Relato Erótico de Transexual: El regalo de mi vecina

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Fecha: 2019-09-16


El regalo de mi vecina


Autor: Golosona27

Categoría: Transexual

Vivo en Ibiza, en un bloque justo encima de la playa y donde en invierno apenas queda nadie. Pero una de las vecinas fijas como yo es una mujer de unos 40 años, con un cuerpazo de gym, tetas operadas perfectas y una carita de angel preciosa. Morenaza de pelo y tostada de piel. Mucho sol desnuda todo el año. Es divorciada y se le nota el dinero en cada prenda que lleva, siempre vestida ideal, muy sexy. Siempre la tuve por bi porque he coincidio varias veces con ella tomando de la mano a una monitora jovencita de fitness muy descarada, más alguna chica ocasional que suele llevarse a su casa. Vive en el ático, un piso impresionante con una terraza increible y unas vistas maravillosas. Nos saludábamos al cruzarnos pero sin mas, aunque reconozco que siempre me despertó morbo. Hasta que un día, llegando yo al parking de casa la vi bajando varias bolsas de su coche. Aparqué, bajé, me acerqué y me ofrecí a ayudarla. Ella asintió sonriendo y así la acompañé hasta su piso ahorrándole un viaje. Hablamos durante el recorrido del ascensor, de hecho nos presentamos porque ya digo, siempre nos saludábamos pero nunca habíamos tenido una conversación. Entramos en su piso, y ya pude ver que era súper moderno y decorado con un gusto exquisito. Dejamos las bolsas en la amplia cocina y me ofreció una bebida pero yo había quedado y no me podía demorar más. Entonces ella se acercó y poniendo su mano en mi brazo, como en una caricia, me invitó a cenar la noche que quisiese para agradecerme y según ella conocernos más. Vi perfectamente a la depredadora desplegar todo su encanto y me sentí halagada e intrigada. Así que quedamos a la noche siguiente. Subí con un vestidito corto blanco que realzaba mi moreno, abierto de espalda y escotado. Casi nunca llevo bra, ventajas de las tetas operadas y porque además me gusta que se marquen los pezones y ver las reacciones de la gente tratando de no mirar descaradamente, o sí. Un tanguita blanco y unas sandalias de tacón verdes a juego con un bolsito de mano completaban mi vestuario claramente intencionado. Me abrió ella misma, tenía una chica de servicio pero le habia dado la noche libre. Fantástica, con un conjunto de a****l print de leopardo, falda corta y blusa muy desabotonada que dejaba ver un bra de encaje marrón oscuro que apretaba sus pechos y realzaba un canal tremendo inacabable. Sus sandalias marrones de tacón finísimo dejaban ver unos pies preciosos y perfectamente cuidados. Mi manipedi era negra, un color que siempre me ha gustado sobre todo por la noche. La suya roja. Rápidamente me ofreció una copa de champán e hicimos el primer brindis "por nosotras", aún de pie. La cena estaba preparada en la mesa baja del salón, con los sofás y ahí nos acomodamos, ella a mi lado. Qué pinta todo, mmmm, un surtido de marisco y un platito de jamón que tenía una pinta bárbara. Y así empezamos a comer, qué disfrute y las copas de champán que no paraban de caer. Todo ello y que realmente era encantadora fue creando un clima de complicidad y buen rollo que nos fue relajando y dando confianza a medida que avanzaba la velada. Casi inconscientemente nos fuimos acercando y estábamos ya hablando una pegada a la otra, las caras muy juntas cuando ella dio el primer paso, me tomo la cara con sus manos, se paró un instante mirándome fija sonriendo, esa sonrisa irrechazable, y me plantó un beso húmedo, largo, intenso en mi boca ya ansiosa de la suya. Retiró la mesa y empezamos a enroscarnos en un beso tras otro donde las manos empezaron a buscar en el cuerpo de la otra. Yo apreté sus tetas, hacía mucho rato que lo estaba deseando, ufff, duras y enormes, los pezones se notaban a través del fino bra y estaban totalmente excitados. Y ella fue directa a mi bulto ya enorme debajo de mi vestido, yo iba a apartarme no sé quizá temiendo tener que darle una explicación cuando ella me lo agarró con fuerza, me mordió el labio y me susurró "ya lo sabía, he soñado con ella muchas veces". Sin dejar de besarme apartó el tanga a un lado, la sacó ya prácticamente erecta y empezó a acariciarla despacio por todo el tronco. Se apartó de mi boca, la miró dura, gorda en su mano, 23cm toda depilada, preparada para todo y sin decir nada se agachó para metérsela en la boca y empezar así a chupármela, mmmm y cómo la chupaba... Yo me empecé a sacar el vestido por arriba quedándome totalmente desnuda poque ella se había encargado de mi tanga sacándolo por abajo, tiré las sandalias y puse los pies en el sofa, abierta de piernas, dándole todo el espacio para hundir su cabeza y tirándome hacia atrás sin dejar de mirarla ni un segundo. Ella, hábil, se había ido desnudando a su vez mientras seguía mamándomela y tragándola hasta la garganta quedándose sin ropa, arrodillada, sin soltar mi rabo ni un segundo. Desde el primer momento vi que era dominante y a mi que me encanta cambiar de roles me pareció delicioso. La contemplaba hacer y vaya cuerpazo, ni un gramo de grasa, la piel perfecta y el olor que desprendía mmmm, era embriagador. Entonces se irguió, no dejaba de sonreir, nuestros ojos conectados y fue la primera vez que la contemple así, desnuda, de pie, de cuerpo entero. Ahora veía las tetas enormes, una 110, perfectas con los pezones gigantes, el vientre liso, y el coñito, madre mía ese coñito !. Todo depilado, precioso, hinchadito y con un corazón tatuado al costadito de la cadera. Me había quedado hechizada, ella se quedó así unos segundos dándome ese placer de la contemplación cuando de repente se subió de pie al sofa y apoyándose en el respaldo con sus brazos uno a cada lado mía, plantó su coñito en mi boca. Mmmm no sabía si era yo la que movía la boca, la lengua chupando, lamiendo mordisqueando todo o era ella que lo frotaba en mi cara. Un poco de todo imagino, cada una ayudando a la otra. Se empapó enseguida y yo no dejaba de tragar todo, de tratar de secarlo con mi lengua cuando lo único que provocaba era que se empapara más. No sé cuánto rato pasó ni cuántos orgasmos tuvo, pero no podía dejar de chupar como una poseida. Y ella sin parar de jadear, gemir, casi gritar y apretando mi cabeza contra su coño sin dejar retirarme, cosa que jamás habría hecho por cierto. y una vez más tomó la iniciativa y se bajó del sofá, yo estaba durísima, con mi polla chorreando de precum, increiblemente excitada. Fue a buscar una caja envuelta de regalo y esta vez riendo abiertamente me dijjo "te he comprado un regalo". Yo intrigada, expectante, ella comenzando a desenvolver la caja. Cuando la abrió, mmmm, sacó un arnés con un rabo precioso de 25cm. Me dijo "te gusta?" yo con la boca abierta, babeando, dije que sí y sin demora alguna empezó a ponérselo. Qué visión, aquella diosa con aquel pene gigante y dispuesta a romperme el culo. Supe lo que quería y me puse a cuatro en el sofá. Ella lubricó aquel pollón con el contenido de un frasco que venía en la caja y se situó detrás mía, mmmmm, noté cómo apoyaba la cabeza en mi ano. Cerré los ojos, relajé el culo, separé más las piernas y esperé ... y poco a poco fue llegando, uuffff, la notaba entrar, abriendose paso, poco a poco, sin retroceder, la oía excitada diciéndome cosas, elogiando mi culo, diciendo que me lo iba a partir, llamándome puta, perra. Notaba mis entrañas abrirse, por suerte lo tengo bien entrenadito y sabía que la recibiría entera sin problemas y así pasó. Al fin estaba toda dentro, y ella empujando para meterse aún más hasta que llegó al tope, el cinturón clavado en mis nalgas. Y fue cuando con una pericia tremenda empezó a follarme, qué ritmo, mmmm, era brutal. Así muchísimo rato mi culo abierto aguantando las embestidas de aquella amazona experta hasta que la oí correrse follándome, soltando un alarido alucinante, fue increible. Mi polla dura no pudo aguantar más y empezó a largar chorros y chorros de semen encima del sofá. Era de piel así que ya había previsto que no lamentaríamos nada. Ella viéndolo me bombeaba más duro más rápido y eso provocaba más leche aun. Al final cuando dejó de salir, quedamos las dos exhaustas y ella se tumbó en mi espalda, con el rabo entero aun dentro. Mis piernas a duras penas aguantaban en esa posición de a cuatro. Y fue cuando se salio, muy poco a poco, disfrutando del momento y haciéndome sentir cada centímetro que me sacaba y una vez fuera me tomó de la mano y me acomodó a su lado, de rodillas en el suelo. A la altuta de nuestras caras, en el sofá, había un charco enorme y otros más pequeños de mi semen, blanco, espeso, seguramente tibio aún. Me besó en la boca y después empezó a chuparlo en el sofá, invitándome a acompañarla. Mmmm no podia esperar eso, bueno, hubo tantas cosas que me sorprendieron, una más. Alternábamos lamer la leche, con besarnos y jugar con ella en nuestras bocas. Era increible cómo me había domesticado a su gusto y hacía de mí lo que quería. Yo feliz, cerda como nunca, gozando cada segundo. La noche siguió ...


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