Relato Erótico de Sexo Gay: Y fui

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Fecha: 2019-09-02


Y fui


Autor: richardnoxin

Categoría: Sexo Gay

El mensaje decía solamente: "Venís?". Y fui. Pero no iba a ser lo mismo que la semana anterior, en que me había quedado con las ganas de chupar la pija de Martín, la cual no podía sacarla de mi cabeza a toda hora, todo el día. Y las ganas de que me devuelva la gentileza, porque mi pija casi estallaba ante cualquier mínimo estímulo, o simplemente de sacudirla al ir al baño. Decidí aguantar las ganas de pajearme por varios días, ya que mi novia estaba fuera de la ciudad y la mano se me iba descontrolada por las noches o en la ducha. Para ir, y aprovechando estar en invierno, me produje por debajo de la ropa: la infaltable tanga negra, corpiño también negro, y medias panty sobre la tanga. Todo muy disimulado por sweater amplio y campera de abrigo. Más algunos accesorios que sabía que iba a necesitar, en un bolsillo amplio de la campera. Al llegar, como ya era habitual, Martín estaba con jogging, en zoquetes y remera, con buena calefaccion que invitaba al juego de desnudarse. Pero antes de que llegara a la habitación, metí mi mano debajo de su jogging con el dedo medio buscando el agujerito de su culo, cosa que lo hizo quedarse inmóvil, mientras lo rodeaba con mi otro brazo inmovilizándolo. El juego le gustó pues además mi otra mano le acariciaba el bulto, que se sentía cada vez más duro, e intentaba sacar su pija, pero yo no lo dejaba, para evitar una acabada rápida como la que me había dejado tan caliente. A intervalos sacaba mi dedo y lo escupía con bastante saliva para ir abriendo su culito, y si bien no había pensado ese juego, y siendo bastante guarro, nos estaba gustando a los dos. Mi idea era ser toda una dama pasiva y luego cambiar los roles, pero allí estaba penetrando su culo ensalivado con mi dedo y sintiéndolo jadear suavemente, con lo que yo estaba siendo una dama, pero activa, pues él aún no había visto mi producción de lencería. Luego de un rato me acordé yo también de eso y decidí sacarme la ropa para que me vea, manteniéndolo aún sin permitirle sacarse el pantalón. Al verme se vio sacudido como por un rayo, pues no dejaba de mirarme de arriba a abajo, como yo quería que me mirara un chico activo, para ser la pasiva que había planeado. Entonces saqué de mi bolsillo el conjunto de lencería que había llevado bien dobladito, le saqué los joggings, no llevaba calzoncillo, y sin dudarlo le puse la bombacha, negra por supuesto, y a pesar de su resistencia, el corpiño, que era bastante armado y daba la sensación que debajo del mismo había un lindo par de tetas, no exageradas pero bien formadas. Su bulto no dejaba de atraerme, pero dado como iban saliendo las cosas, avancé en dilatarle el agujerito, ayudado ahora por un lubricante que había en la mesa de luz del cuarto, adonde habíamos entrado al vestirlo. No hubo mucho que hablar pues él se puso de rodillas abrazando mis piernas cubiertas por las medias de nylon color piel, que la verdad me quedaban muy bien, sin ser las de ligas que me harían verme muy de película porno. Y sin usar las manos, con una lengua cálida y húmeda, sacó mi pija por el costado de la bombacha, cosa que no le requirió mucho esfuerzo por la dureza que tenía yo a ese momento. Y empezó a chuparla con una habilidad que creo que nos sorprendió a ambos, pues si bien ya había tenido un round de ida y vuelta conmigo, esta vez lo estaba haciendo con suavidad y morbo sobre mi cabeza, la que era recorrida por su lengua y cada dos o tres vueltas alrededor, se metía en la boca hasta el fondo. Y si bien no soy muy dotado, cuando digo hasta el fondo, era exactamente eso, pues mi pija desaparecía en su garganta, dejando apenas mis huevos que estaban comprimidos contra el cuerpo, listos para... Sí, para acabar. Y acabé sin pensarlo, descontrolado al máximo, sin siquiera, y como gentileza, avisarle que iba a hacerlo. Por mis gemidos, se dio cuenta antes, y en el último segundo sacó mi pija de su boca y la acabada cayó sobre su corpiño, manchándolo de blanco en tres grandes chorros de mi leche, que luego fueron otros tres o cuatro más chicos, mientras descomprimía la tensión del momento. Mirándome desde allí abajo aún, me dijo: "estamos a mano?" y yo le dije que sí, pero la próxima tendría que tragarse mi leche, y sin dudarlo me dijo que jamás lo haría porque le daba asco. Y yo pensé que tendría que ir convenciéndolo de a poco. O no, porque bien visto, también a mí me daba, no diría asco, pero me parecía muy desagradable. Pero eso estaba a punto de cambiar.


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