Relato Erótico de Sexo Anal: Las calientes vivencias de las nietas de doña Juanita 4 y5

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Fecha: 2022-09-22


Las calientes vivencias de las nietas de doña Juanita 4 y5


Autor: sexotabuxyz

Categoría: Sexo Anal

Capítulo 4 Karen caminaba contoneando su enorme culo, era una niña muy nalgona, ella lo percibía al caminar y sentir el compás que marcaban sus carnes, era eso y las miradas que los hombres de todas las edades ponían en sus nalgas, ella podía adivinar los pensamientos de ellos, como mojaban sus labios con la lengua saboreando todo lo que le haría a esa niña si tan solo tuvieran una pequeña oportunidad; eran tontos, pues difícilmente Karen les diría que no, a ella le gustaba ser mirada y sobre todo imaginar entregándoles su cuerpo y gozando viendo los rostros lujuriosos cuando la poseyeran por todos sus orificios. Habían pasado 2 meses desde que comenzó a tener relaciones con el viejo Don Jorge, se la había cogido casi a diario desde que pudo volver a usar sus huecos, su rajita sangro casi por una semana, durante la cual le hiso duchas vaginales para limpiar los coágulos que se formaban, su hueco posterior no tuvo tanta suerte, el pervertido viejo se sació de él casi a diario, la dejaba toda llena de saliva en su cuerpo de tantas lamidas que le daba, ella tenía que lavarse con agua porque el aroma del viejo se impregnaba en su piel y no quería que su abuela o la esposa de éste se enteraran, por ningún motivo dejaría de coger con él, le había agarrado el gustillo a ser enculada y después limpiar la verga aunque supiera a mierda. Karen caminaba feliz en dirección a su escuela, sentía la brisa fresca de la mañana acariciando su rostro, podía sentir como de repente su falda se elevaba con los aires cuando eran más intensos, sus nalgas era presumidas con orgullo, se había estirado la pantaleta para que se le metiera entre las nalgas y cuando su falda se elevara diera el aspecto de que era una tanga de hilo dental. Llegó a la cuadra principal de su escuela y vio como todos los niños entraban, miró hacia la tienda y vio al viejo calvo y gordo que atento la miraba, veía su cara de enojo pervertido, ella podía estar segura que si el tipo tuviera oportunidad la violaría y asesinaría, veía maldad en sus ojos y como su grasienta frente emanaba gotas de sudor, sus brazos peludos y semicanosos se apoyaban en el mostrador, mientras sus manos estaba empuñadas marcando lo gordas que eran. Karen se acercó hasta la puerta de entrada, la cual era ancha y de vidrio, se agacho para “atar” sus zapatos de nuevo, cuando lo hiso el aire hiso de las suyas y levanto la falda dándole al pervertido gordo un espectáculo de culo infantil, un culo nalgón, pero infantil; Karen podía sentir como la mirada del tipo se perdía muy dentro de ella, sus corazón latía fuerte, eso por alguna razón la excitaba sobre manera, desde donde estaba agachada volteo a ver al viejo que se vio sorprendido por la niña, pero no retiro la mirada, siguió gozando del espectáculo, sus miradas se cruzaron y ella le brindó una sonrisa tierna, el gordo no sonrió solo siguió viendo el culo infantil lamiéndose los labios como un lobo que observa al pequeño cordero que se comerá. Karen se enderezó y camino, sin voltear a verlo, en dirección a la escuela, el tipo de la fruta apoyado en su carrito le brindo una sonrisa amable, Karen le correspondió y entró de lleno a la escuela; el bullicio dentro era el propio de una escuela elemental, los niños gritaban, se empujaba entre ellos, algunos más grandes se detenían para ver a la tranquila y natural Karen que coqueta caminaba, se empujaba entre ellos hacía ella mientras inmaduramente se reían, Karen fastidiada los veía, por eso ella prefería a los mayores, eran más calmados, serenos y maduros. El timbre sonó y los niños se dirigieron a sus aulas, Karen veía fascinada como su maestro les impartía clases, como su voz grave era escuchada por todos, ella no ponía atención a lo que explicaba, ponía más atención a sus ademanes, su ropa bien arreglada y sobre todo a su entrepierna que abultaba mucho, imaginaba que la tendría más gruesa y larga que el viejo Don Jorge. En eso estaba cuando el timbre de la escuela sonó, era el final del día, ella tomó su mochila y caminó hacia afuera. Tenía hambre pero no tenía dinero, su abuela no tenía el suficiente para darle, miró la fruta con ansias, con gusto se comería un vaso de fruta fresca, el tipo del carrito lo notó ‐ Hola, ¿tú eres Karen verdad? Karen se quedó quieta y sorprendida, no imaginaba que el tipo supiera su nombre, se quedó callada mirándolo, estudiándolo y finalmente contesto ‐ Si, ¿cómo supo mi nombre? ‐ Un pajarito me lo dijo ‐ ¿Si? ‐ Si, ¿tienes hambre? ¿Quieres fruta? ‐ Sí, pero no tengo dinero ‐ No pasa nada, anda toma un vaso de fruta, desde hace tiempo he querido platicar contigo de algo Karen tomó tímidamente el vaso con fruta y lo comió frente a él mientras lo veía atenta, se pasó un trozo de sandía y le preguntó ‐ ¿de qué quería hablar conmigo? ‐ De algo serio Volteo a todos lados, nadie los veía, los niños salían en sus asuntos, sacó una bolsa de plástico transparente y se la enseño discretamente a Karen, ella no distinguía el contenido, hasta que puso más atención descubrió su pequeña pantaleta manchada de sangre, era la pantaleta que había tirado en el monte, la misma que quedó inservible y que ella creyó se había desecho de ella al tirarla, se puso pálida ante la sonrisa del tipo ‐ ¿Qué es eso?—pregunto tratando de dar a entender no saber de qué hablaba ‐ ¿no la reconoces?—ella negó con la cabeza—es tuya, vi cuando tiraste algo en el monte hace tiempo, me acerqué y vi que era esto, tu calzón manchado de sangre, eres pequeña para tener regla, así que no puede ser otra cosa ‐ No es mía ‐ ¿a no? Pues parece que sí y por la cara que pusiste adivinó que sabes que te descubrí, le diré a tus papás ‐ No, por favor, no les diga, ellos se enojarán conmigo… por favor ‐ Mmm creo que tenemos que llegar a un acuerdo ‐ ¿acuerdo? ‐ Si, te veré en una media hora en la construcción abandonada Karen se sorprendió de escuchar eso, una parte por lo que le pedía y otra porque en sus fantasías había soñado con eso, era telepatía, ¿acaso el tipo adivinaba sus pensamientos? Haciendo esas preguntas en su interior asintió a la petición ‐ Si, está bien ahí lo espero Caminó en dirección hacia la construcción abandonada, era una construcción de algún edificio de condominios que había sido abandonada hacía 5 años o más, ella era más pequeña en ese entonces, ni siquiera recordaba los detalles, pero sabía que era un lugar solitario donde solo el viento hacía compañía, se adentró y se sentó en un block de concreto y jugó en el suelo con una piedra para pasar el tiempo en la espera de su extorsionador amigo; ella no estaba segura que le pediría pero su mente infantil tenía una vaga idea, imaginándolo se tocó con un dedito en la rajita y jugó con ella acariciándola por encima de la blanca y limpia pantaleta, no era miedo lo que la invadía, era más ansiedad, recordó sus fantasías mientras pensaba si sería posible realizarlas, talvez el solo querría manosearla por encima y con eso se conformaría, pero ella no estaba segura de querer solo eso. Escuchó ruidos de pies pisando piedras y vio al señor de la fruta caminar hacia ella, ni siquiera sabía su nombre, pero él si sabía el de ella, la había estudiado, eso era ventaja de él sobre ella; talvez él ya sabía que era niña huérfana abandonada de madre, de padre desconocido y que estaba solo al cuidado de su abuelita, una anciana no representa peligro importante para un pervertido. Ella lo miraba atenta sentada con sobre el block de concreto, sus piernas juntas y sus manos sobre sus rodillas, perfectamente sentada, su mochila a un lado de ella, el tipo se acercaba y daba una sonrisa extraña, miraba a todos lados queriendo adivinar si estarían completamente solos, sus dientes emergieron y pareció un verdadero lobo en celo ‐ Hola, ¿sabes si hay alguien más aquí? ‐ Creo que no, estamos completamente solos— aseveró la nalgona Karen sin inmutarse—ahora sí ¿de qué quiere hablar? ‐ Bueno, me preguntaba quién fue el afortunado que uso esa rajita ‐ ¿Para eso me trajo aquí? ¿Solo para eso? Porque eso no lo puedo decir ‐ Bueno no, también quería platicar a solas contigo, lo que hiciste no estuvo bien—la voz de él sonó fingida—creo que tendré que hablar con tu abuelita ‐ No, eso no por favor, me regañará y castigará, por favor La cara de Karen cambió a miedo, ella sabía el lio que sería si su abuela se enterara, empezarían las preguntas y ella no quería eso ‐ Por favor haré lo que quiera pero no le diga a ella La cara del tipo cambió, eso es lo que él esperaba escuchar, su pene brincó dentro del pantalón excitado por el momento ‐ Bueno mi niña, mi pequeña Karen, creo que tendrás que ser muy “amable” conmigo ‐ Está bien, ¿qué quiere de mí? ‐ Primero que me enseñes tu pantaleta, siempre la veo por accidente, eres una niña muy coqueta y se me antoja que me la enseñes ‐ Y ¿eso será suficiente? ‐ Ya veremos, anda súbete la falda Karen se puso de pie y lentamente, más bien tímidamente se fue levantando la falda, estaba nerviosa y con algo de miedo, el tipo la devoraba con los ojos mientras ella se subía su falda para permitirle ver su pantaleta; levantó con ambas manos el borde de la falda y esto permitió que su blanca pantaleta quedara expuesta, el frutero podía ver la entrepierna de la niña cubierta por la blanca tela, como se dibujaban sus labios sobre esta, sus piernitas estaban juntas y sus muslos apretados uno sobre el otro y dibujaban mejor la entrepierna, era un espectáculo que pocos han tenido la suerte de ver. Karen la pequeña y caliente nalgona miró como el tipo se fue acercando, caminaba titubeante, sus manos temblaban, Karen lo esperaba con la falda elevada, inmóvil, miraba directo al rostro del pervertido frutero, que una vez que estuvo cerca levanto su mano en dirección a la parte prohibida, Karen suspiro emocionada, sabía lo que el haría; la mano, que temblaba como gelatina, se fue acercando en cámara lenta a la pequeña abertura y con el dorso del dedo índice acarició la zona entre los labios, La niña nalgona no pudo evitar abrir la boca y gemir quedito, sus emociones estaban liberándose con alguien que no era el viejo Don Jorge, sintió por primera vez el dedo de otro hombre, la caricia lasciva que otro pervertido le daba, su fantasía erótica cumpliéndose, dentro de la inocencia de la pequeña nalgona no tenía idea que podía conseguir lo que fuera de los hombres, para ella era como un imposible que estaba realizando, una oportunidad que sería única ‐ Aaahhh La pequeña lanzó un gemido que fue captado por los oídos del frutero, sintió en el dorso de su dedo ese calorcito que se libera cuando una mujer disfruta de las caricias de alguien, el pene de este brincó dentro del pantalón y el dorso del dedo oprimió más la zona entre los labios, la niña movió sus caderas por instinto puro y entrecerró sus ojitos, abrió más su boca y libero una serie de quejiditos bajitos. La mano del frutero se movía masturbando a la pequeña y morena niña nalgona, que ya sin disimulo movía de atrás hacia adelante su cadera, disfrutando las ilegales caricias que el tipo le daba, no había soltado su falda, aún la mantenía elevada con sus manitas, las cuales vibraban al compás del movimiento, los gemidos se hacía más rápidos e intensos, lo mismo que el movimiento de la mano del frutero que vuelto loco se maravillaba como el dorso de su dedo ya estaba empapado lo mismo que la blanca pantaleta de algodón. La mano libre del frutero se acercó a la zona posterior de la niña y sintió como la pantaleta estaba metida entre las nalgas, por lo que pudo palpar los tiernos bollitos de la nalgona, acarició las dos nalgas y comprobó por cuenta propia por que le decía Karen “la nalgona” todos los muchachos cuando la veían pasar. El afortunado tipo acariciaba rápidamente la rajita infantil con una mano y mallugaba las nalgas con la otra, estaba agachado dando las malsanas caricias, disfrutando como nunca había disfrutado a una mujer, eso tal vez porque Karen no era propiamente una mujer, sus enormes nalgas eran dignas de las caricias, pero seguía siendo una niña, ese morbo era indescriptible en la mente del pervertido frutero que escuchaba en su oído los gemidos que la niña excitada daba al compás de las caricias. El frutero sentía los gemidos de la pequeña y la respiración de esta rezumbaba en la mejilla de este, la tentación era mucha, se volteo mirando a Karen y acercó su boca ala de ella, sintió los labios de ella y como se abrieron un poco permitiendo el beso que este le daba, sus bocas se unieron en un beso y el casi eyacula en los pantalones cuando la niña nalgona metió su lengua dentro de la boca de él, la suave y pequeña lengua recorría toda la boca del tipo que correspondió entrelazando la lengua de él con la de ella, los dos a ojos cerrados se besaban como lo harían dos novios apasionados, el frutero la jalaba hacia él desde las nalgas, que tenía bien sostenidas y movió con más intensidad la mano que manipulaba la raja ‐ Mmmggghhh La pequeña Karen gemía ahogando sus gemidos dentro de la boca del frutero que la besaba loco de excitación, nada lo detendría a partir de ese momento, de disfrutar el cuerpo de esta niña, cuando le propuso ir a la construcción no sabía hasta donde llegaría, para él hubiera sido suficiente acariciar la vagina o solo vérsela, pero después de este magreo y ese beso que ni su esposa le daba, sabía que no habría otro oportunidad, la disfrutaría en todo su esplendor. ‐ Mmmggghhh, señor, me siento rara—la pequeña Karen se separó un poco de él para tomar aire y hablar ‐ Si mi pequeña, es porque estas muy arrecha El frutero no tenía la mejor educación del mundo apenas si sabía leer y escribir, no había acabado la escuela elemental y desde muy joven empezó a trabajar en lo que pudo, acabo vendiendo fruta enfrente de la escuela, al haber heredado el carrito de fruta de una amigo de su papá, tenía cerca de 5 años vendiéndola en esa escuela y para él era suficiente, vivía en una humilde casa en la zona marginada de la ciudad, estaba casado y tenía dos hijas, muy parecidas en edad a Karen, pero por su cabeza nunca había pasado la idea de hacerles algo, para él solo eran sus hijas, pero en una ocasión por accidente vio a la nalgona Karen arrojar algo al monte, se acercó y vio una pantaleta manchada de sangre, supo que debía aprovechar esa oportunidad, no sabía como pero lo haría; tampoco sabía que podría conseguir, por eso se fue con cautela, comenzó a preguntar, a los chicos que le compraban fruta, el nombre de ella, con quien vivía, si tenía papá, etc. Lo hiso con mucha cautela y prudencia, no quería despertar sospechas, había guardado la pantaleta dentro de una bolsa hermética y la escondió donde su esposa nunca buscaría, ahora estaba ahí con la nalgona niña de sus fantasía más bajas y ruines, la seguía masturbando mientras le magreaba las nalgas y le besaba con pasión ‐ ¿Qué es arrecha?—preguntó inocentemente Karen. ‐ Esto Le contestó él tomando una de sus manitas y llevándosela a la entrepierna, ella palpó la humedad de su raja y comprendió que arrecha significaba excitada, muy seguramente el frutero no usaba ese vocabulario, sería muy avanzado para él, tendría que enseñarle a hablar correctamente, porque en lo particular no le gustaba la palabreja esa. ‐ Aaahhh Volvió a suspiras y gemir Karen cuando el arremetió nuevamente en su raja, el seguía acariciándola mojando su pantaleta y su mano, impregnándola del aroma de mujer excitada, estaban en un punto máximo de magreo, cuando de repente se escucharon pasos cerca y voces de niños que seguramente irían a ese lugar a fumar o pasar el rato, los dos se asustaron, él la soltó casi aventándola, ella pensó y le dijo ‐ Vámonos arriba, ellos nuca suben, y solo se quedan aquí abajo, fuman un rato y se van, ¡vamos! Lo tomó de la mano y lo jaló, él tomó la mochila de esta y casi corriendo subieron hasta el tercer piso de la abandonada construcción, lo hicieron por una escaleras de difícil acceso, la verdad se arriesgaron en algunos escalones que faltaban, y ellos los brincaron; Karen divertida veía como el aventaba la mochila, brincaba y después le extendía la mano para ayudarle a brincar, se sentía muy elogiada por la caballerosidad de este hombre, y en agradecimiento le daría el mayor placer que pudiera darle una niña a un adulto. Una vez en el tercer piso el frutero se asomó por las escaleras y vio que nadie subía, a lo lejos se escuchaban los gritos y risas que los chicos daban mientras fumaban en la planta baja, calculó que no los escucharía a menos que gritaran a garganta suelta, por lo que estarían muy tranquilos y a solas, volteo a la niña que lo esperaba en el otro extremo y su pene volvió a brincar cuando vio a Karen que nuevamente le mostraba su pantaleta levantando su falda como lo hiso en la planta baja ‐ ¿Vamos a seguir jugando? Preguntó Karen con cara de pícara inocente, el excitado y pervertido frutero solo asintió y se acercó a ella, mientras lo hacía escucho su propio corazón que parecía tambor de guerra, la abrazó tomándola de la cintura y la besó nuevamente con pasión, Karen no soltó la falda, lo que le facilitó bajar sus manos hasta las abultadas nalgas infantiles, las apretó con ganas y siguió besando, Karen soltó finalmente su falda para a abrazarlo y besarlo mejor, las manos de los dos no se estaba quietas, el tipo magreaba una y otra vez las nalgas de ella y mientras ella acariciaba la espalda y pícaramente bajaba las manos hasta las nalgas de él jalándolo hacía ella y lo soltaba, como invitándolo a que moviera sus caderas y se la cogiera. El tipo fascinado se dejaba manosear por ella, nunca alguien lo había acariciado así, su esposa era una mustia con poca imaginación, que solo se sabía abrir de patas y dejarse coger por él, el sexo era solo eso, sexo de descarga, para él era como ira la baño y cagar, su esposa a veces se quedaba dormida y él tenía que seguírsela cogiendo así, siempre en la misma posición sin nada de cambió, eso le fastidiaba pero no tenía dinero para ir de putas, así que solo se conformaba con la fea y apestosa raja de su esposa, pero ahora tenía una niña que lo cachondeaba como nunca hubiera imaginado. ‐ Mmmggghhh ‐ mmmggghhh Eran los gemidos de los dos, Karen a ojos cerrados lo besaba como una adulta, sus manitas soltaron las nalgas de este y se fueron hacia adelante buscando el cierre del pantalón, una vez ubicado, lo bajó y metió una manita buscando al erecto amigo, cuando lo palpó el frutero no pudo evitar gemir ‐ Aaahhh, mi pequeña eres una cusca cachonda Nuevamente el lenguaje del frutero no era muy halagador, pero su verga si estaba dura y de buen tamaño, como pudo lo sacó del pantalón y lo masturbo un rato mientras lo besaba, él nunca se hubiera imaginando este placer con ella, más se asombró cuando vio como ella se agacho doblando sus caderas y metió la verga en su boca, mamó con pasión agarrándose de los muslo de este, su boquita literalmente chupaba su verga sacando el líquido pre seminal de esta, sus ojitos cerrados marcaban la concentración de la niña nalgona al mamar con devoción la verga masculina, su cabeza se movía de atrás hacia adelante y sus labio se quedaban pegados cuando ella se movía hacía atrás, parecía una niña con una paleta gigante chupando el dulce sabor, el frutero solo la sujeto de la cabeza y movió su cabeza hacia arriba cerrando los ojos, el placer era infinito, no recordaba la última mamada que alguien le hubiera dado, habían pasado años desde ese suceso. ‐ Mmmggghhh ‐ Aaahhh Los dos gemían, Karen con la boca ocupada por el miembro del tipo y él con los labios apretados, frenando su orgasmo, porque eyacularía en cualquier momento, ella se sacó la verga de la boca y la lamió como si fuera un palo dulce, metió en su boca un huevo de este y el casi grita de placer al sentir la tierna boquita mamarle un huevo, sintió ese cosquilleo que sienten los hombre cuando les maman un huevo por primera vez, le tuvo que sacar el huevo de la boca porque la excitación era demasiada y terminaría aventando leche antes de tiempo, aunque no estaba muy seguro de si aguataría lo que él quería aguantar, la excitación era demasiada, como nunca la había sentido en la vida. ‐ Espérate Karen, deja que se me baje un poquito si no aviento la leche al aire y no la quiero aventar pa´lla, esta leche es pa´ esa rajita. La miró respirando fuerte y agarrándose la verga, Ella vio como él se retiró un poquito agarrando aire, se enderezó de donde estaba agachada y mientras lo miraba agarrando aire se desabotonó la falda y esta calló libre al suelo, su blusa corrió la misma suerte y quedó solo en corpiño y pantaleta, el frutero vio el bien formado cuerpo de la niña, que a pesar de su edad ya enmarcaba una cintura, caderas musculosas y esas nalgas de ensueño, sus tetitas estaba en desarrollo, eran dos pequeños montículos que con el paso del tiempo sería dos suculentas tetas que amantaría al más dichoso de este mundo, pero ahora el dichoso y afortunado era él, que las mamaría hasta sacarles leche. ‐ Se quedó serio ¿está enojado? ‐ No mi Reyna La pregunta de Karen lo sacó del trance del que estaba, agito su cabeza para despejarla un poco y se volvió a acerca a ella, tomó su corpiño y lo sacó por encima de la cabeza, ella colaboró levantando sus bracitos y después le bajo la pantaleta, ella nuevamente colaboró levantando sus piernitas para que saliera por abajo Ahora sí, ahí estaba el sueño que él creyó imposible, tener a esa nena desnuda ante él para darle placer, mas imposible aun porque ella en todo momento colaboró para facilitar la compenetración, no tuvo que enseñarle a besar, ni convencerla mucho de lo que quería, por lo visto era una niña que sabía a qué iba y de que se trataba. Ella volteo a ver el entorno y no vio cómo sería posible hacerlo, ella por ningún motivo se acostaría en ese suelo lleno de arena y suciedad, parados sería difícil porque él era mucho más alto que ella, él notó eso y también calculó posibilidades, no había pensado llegar tan lejos por lo que no se preparó, pero su cachondez era mayor que su limpieza, así que se bajó el pantalón y se acostó en el suelo, total era solo arena y se limpiaría el polvo. ‐ Jijiji ¿quiere que esté arriba?—preguntó Karen con inocente risita ‐ Si mi reina, tu estarás arriba y me cabalgaras como un potro ‐ Jijiji Ella rio por el comentario y se acercó al tirado frutero que con los brazos abiertos la esperaba, se acomodó a horcajadas sobre él y escupió en su manita, llevó la saliva a su rajita y la esparció, ella ya era experta en lubricación, tomó el pene del él y lo guio a su rajita, este se atoró en el introito y se fue metiendo, la cara de Karen era compungida, hacía esfuerzo por dilatarse rápido la rajita y lubricarse al mismo tiempo, sus piernita soportaban su peso, el hombre solo se dejaba hacer, miraba como ella solita se ensartaba la verga en su rajita, se fue bajando y subió sacándola, para después bajar nuevamente, hiso ese ejercicio hasta que logro metérselo por completo, el afortunado pervertido veía como la nena había logrado meterse todo su palo dentro, miró su carita de sufrimiento, como su entrecejo se fruncía y sus ojitos eran de sufrimiento, ella sabía debía aguantar lo primeros momentos de la cogida y después sería placer, se movió lento sobre él sacando y metiendo su verga, cuando los jugos empezaron a secretarse la verga resbaló mejor dentro de ella y esa fue la señal para moverse con más intensidad. El frutero no salía de su asombro era un hecho que esta niña cogía seguido, le intrigaba quien disfrutaba de ella, pero ese sería tema para después de cogérsela, por lo pronto disfrutaría esa tierna rajita; ella apoyaba sus rodillas en la arena que invadía el suelo, se raspaba pero ya la calentura era más que la sensación desagradable en sus rodillas, se movió como amazona sobre el afortunado y el por primera vez se movió, sus caderas se acoplaron al movimiento de ella y se inició la lasciva danza entre un hombre adulto y una niña precoz. Karen ya sentía su excitación trasmitida por lo jugos de su rajita, el hombre también lo percibía arrobado, viendo los gestos de placer de la niña que ya no disimulaba en lo más mínimo su placer, abría y cerraba su boquita como queriendo hablar, pero solo salían gemidos de placer de ella, era como si con eso le expresara todo el placer que ella sentía sobre él. Karen se quejó de dolor y era porque sus rodillas ya tenían piedritas enterradas en su piel, por más excitada que estaba se lastimaba con ellas, el frutero lo notó y la sujeto, se enderezó y como pudo se levantó con la nena ensartada, la llevo hasta una pared caminando con dificultad, porque sus pantalones aún estaban en sus tobillos, cualquiera que lo viera pensaría que caminaba como pingüino, moviendo graciosamente los pies atrapados por su pantalón. ‐ Aaahhh Fue el quejido que la niña lanzó cuando él la apoyó en la pared y su verga entró más de lo que ya había entrado, lo volteo a ver y sus bocas nuevamente se unieron, sus lenguas se enroscaban, los dos disfrutaban la cogida, no se podría decir quién más, la verdad los dos se disfrutaban por primera vez, los dos realizaban su fantasía, ella emanaba jugos y gemidos y él bufaba como toro enojado mientras se lo cogía con todas las ganas que su ser le daba. Las piernas del frutero iniciaron su degaste, le temblaban pero no dejaba de moverse, pensaba como seguírsela cogiendo en ese incomodo lugar, de pronto volteo a su derecha y vio un block de concreto cerca de la pared, se acercó a el block de concreto y se la sacó ala pequeña Karen que desconcertada abrió los ojos, vio como él la bajo y la paró sobre el block, quedaron los dos completamente de frente, la beso con pasión y ella se colgó de su cuello, con este block quedaron los dos a la misma altura, eso facilitaba las cosas. Mientras la besaba la fue girando lentamente, ella se dejó hacer y giró su cabeza lo más que pudo para seguir besándolo, llegó un momento en que ya no pudo hacerlo y apoyo sus dos manitas en la pared, el tipo tomó su verga, escupió en la punta y la guio nuevamente a la rajita infantil, la verga se perdió dentro sin ningún problema, entró casi por completo, la sacó y la regresó al interior de la nalgona Karen, era una fantasía sentir como las nalgas rebotaban al ser embestidas, vibraban a cada arremetida que el hombre daba, ella apoyada en la pared se sostenía para darle firmeza a las estocadas del tipo, él la sostenía de ambas caderas maravillado de esa visión que tenía del culo de la pequeña vibrando a cada embestida. Llevaban ya media hora en esa posición, el hombre le daba duro a la niña y ella feliz lo recibía, los dos gemían, la construcción estaba nuevamente abandonada, los niños que habían llegado se había ido, él lo notó por que los vio partiendo por una de las ventanas, vio cómo se perdían a lo lejos, Karen feliz recibía la cogida del hombre cuyo nombre ni sabía, para ella era solo el señor de la fruta, así lo llamaban todos, que importaba el nombre, a ella solo le importaba lo bien que se sentía su verga dentro de ella, le estaba dando mucho placer, su mente voló de nuevo imaginando que esto se lo hacía su maestro o el conserje y más se mojó cuando pensó en el hombre calvo y gordo de la tienda, él en especial la hacía mojar más, imaginaba su cara pervertida satisfaciéndose de ella, enloquecido, estaba segura que sería capaz de golpearla, a ella por alguna razón le excitaba eso, pensar que un hombre muy hombre la sometiera como una simple hembra, satisfaciéndose de ella de las formas más pervertidas, la raja de Karen se contrajo cuando imagino como se lo haría de una manera tan egoísta y salvaje El frutero notó que Karen se excito más, sintió la humedad de su orgasmo, se sintió súper macho al arrancarle orgasmos a esa niña sin imaginar que ella en sus fantasías ya estaba en otro lado, pero eso no impidió que el acelerara sus embestidas dándose placer al mismo tiempo. Karen notó las embestidas, sintió la boca de él besar su espalda desnuda, como intentaba morderla sin éxito, lamía todo lo que podía, ella notó que la gozaba pero al mismo tiempo trataba de darle placer, eso la llenó de ternura, le regalaría algo más a ese “considerado” hombre, quitó una mano de la pared y escupió mucha saliva la llevo a su culo y lo embarró todo, después pasó la mano a donde la verga la taladraba y la tomo con su manita, él se detuvo tratando de adivinar que quería la niña, pensó por un momento que ella quería parar porque le dolía la raja, pero cuál fue su asombro cuando ella lentamente la sacó para guiarla a su culito, su verga sola respingó cuando sintió el esfínter abrirse y su glande atorarse en él, por reflejó empujó la cadera ayudando a Karen a sodomizarse, ella gimió cuando la verga entró más casi hasta la mitad, la sacó y metió más quedando toda dentro ‐ No la mueva, deje tantito a que me acostumbre ‐ Si ‐ Aaahhh Los dos se quedaron quietos, Karen con mil gestos y l tipo con los ojos en blanco de placer, estuvieron un ratito, Karen como pudo volteo a verlo con cara de sufrimiento ‐ Ya, muévase ‐ ¿Quedito?—pregunto tontamente él ‐ Como quiera Eso fue masque una respuesta la amacizó de las caderas y sacó su verga solo para regresarla, ella gritó al sentirlo ‐ Ay ay ay Pero el tipo continuo, no se detuvo, su verga salía y entraba a una velocidad que él consideraba buena, pero conforme subió su excitación poco le importó el grito de dolor de la niña, que cabe decir gritaba pero de placer, a ella le gustaba eso, sentirse usada de esa forma, no importaba si dolía, solo importaba el placer que sacaba ese hombre de ella. Karen apoyó nuevamente sus dos manos en la pared porque el frutero le daba duro y tupido, le daba más fuerte que por su raja, eso le agradó, significaba que estaba sintiendo mucho placer con su culito y tenía razón, este afortunado nunca había cogido una hembra por el culo, lo más cercano a eso era cuando se masturbaba viendo revistas porno donde penetraban a las mujeres por el culo. El frutero estaba demasiado excitado le daba muy fuerte a la nalgona y pequeña Karen que feliz lo recibía, ya estaba toda apoyada en la pared porque las embestidas de él vencieron a sus bracitos y no tuvo más remedio que apoya su cara y pecho en la rasposa pared a medio construir; la excitación era mucha él sintió como sus huevos ya querían explotar, ya llevaba mucho fuera de su puesto, lo había encargado al hombre de la tienda diciéndole que iría al baño, pero ya había tardado mucho, ya era tiempo de acabar, así que aceleró como una bestia en ese culito infantil y sintió como la leche salió de sus huevo y se estrelló en el recto de la nena que ya gemía fuerte ‐ Aaahhh aaahhh señor, lo siento… siento su leche en mi culo aaahhh ‐ Aaahhh aaahhh me vengo mi perrita… me vengo Fue lo único que le ocurrió a este hombre con pocas ideas, pudo haber dicho mil cosas pero su corto cerebro solo pensó en ella como una perra, no una perra grande más bien una cachorra y de ahí pues “perrita” ‐ Mi perrita linda como te disfrute ‐ Aaahhh yo también, me vine muy rico aaahhh Karen contraía su vagina teniendo su último orgasmo originado en su culo, no se desacoplaban aun, ella se movía contrayendo el culo y el disfrutaba esa sensación, su verga se fue aguadando y sola fue expulsada del culo infantil tal como lo haría con un pedazo de mierda, cuando lo hiso la leche emergió y salió escurriendo por sus muslo, el hombre tambaleante buscaba donde sentarse mientras Karen aun recargada en la pared expulsaba la leche de su culo sintiendo la tibieza escurriendo por sus muslos. Karen se despegó de la pared y volteo a ver al hombre que recuperaba el aliento, se apiadó de él y se acercó agachándose metiéndose la verga en la boca, limpiándolo mientras le mamaba extrayendo sus últimas gotas, él enloquecido la tomó de la nuca, acariciando su cabello lacio, eran demasiadas cosas experimentadas en un día. Karen se sacó el miembro de su boca y se limpió la leche de sus labios con el dorso de su mano, volteo a ubicar su ropa y fue por ella, con su pantaleta limpió la leche que le escurría en los muslos y después se la puso, coloco su corpiño y se puso el resto de su ropa, el hombre hiso lo miso ‐ Oiga y ¿cómo se llama?—Karen pregunto por primera vez el nombre del tipo ‐ Pedro mi amor, me llamo Pedro. ‐ Jijiji, siempre me pregunte su nombre y nunca imagine como se llamaría ‐ Bueno ahora ya sabes cómo me llamo ‐ Y no va a decirle nada a mi abuelita ¿verdad? ‐ No, no le diré, pero debes prometerme qué regresaremos aquí otra vez ‐ Si, prometido, pero a ver si para la otra trae deperdido una colchita don pedro, me dolieron mis rodillas mire las traigo todas rapadas ‐ Jajaja a ver Se acercó a ella y limpió con su mano la arena que estaba incrustada para después con su lengua limpiar el polvo que quedó. Levantó su falda y desplazó su pantaleta a un lado dejando su raja descubierta, le chupó literalmente la raja arrancándole suspiros de placer a Karen que lo sujetaba de la cabeza metiendo sus dedos entre el cabello de este, cuando se satisfago se apartó volviendo a tapar la raja con la pantaleta y bajar la falda, ella solo le sonrió agradecida por la chupada ‐ ¿Y eso?—preguntó Karen con una sonrisa ‐ Quería llevarme el sabor de tu raja para todo el día, quería saber a qué sabe ‐ ¿Y le gustó? ‐ Mucho mi perrita, mucho. ¿Cuándo regresamos? Prometo traer una colcha ‐ Mmmm yo le aviso don pedro, no puede ser todos los días. Yo le aviso. Ande no sea malo y ayúdame a bajar, no puedo yo sola con mi mochila. ‐ Pero antes me tienes que platicar con quien has estado ‐ No puedo decirlo, si quiere regresamos y hacemos “cositas”, pero de eso no hablaremos ‐ Está bien, a ver deja te ayudo con tu mochila Don pedro resignado le ayudo a bajar como ella se lo pidió, ya tendría tiempo de sacarle sopa; en la planta baja se despidieron con un beso de lengua y manoseo, primero salió él y ella se esperó un ratito y luego salió volteando a todos lados, verificando que nadie la veía, Karen caminó contenta, cuando se levantó esa mañana no imagino lo rico que se pondría el día, caminaba feliz sintiéndose la niña más afortunada del mundo, ya tenía dos novios a quien darles cariño y eso la emocionaba, obviamente que a don Jorge no le comentaría que tenía nuevo novio, eso sería un secreto solo de ella. Tocó la puerta de la vieja casa y don Jorge abrió ‐ Karen, tardaste mucho, ¿dónde andabas? ‐ En la escuela, me quede a hacer tarea ‐ Mmm está bien, mira te tengo una sorpresa, hoy tenemos visitas Hiso pasar a Karen y ella desconcertada vio a un hombre igual de viejo que don Jorge ‐ mira Karen, él es mi amigo Anselmo, Anselmo ella es Karen, es la niña de quien te hable Karen la inocente, precoz y nalgona niña miró desconcertada al viejo, recordó vagamente que en una de las ultimas enculadas de don Jorge le dijo que si podía invitar a un amigo a “pasarla bien” ella en su nebulosa le dijo “si don Jorge invite a quien quiera, que me cojan rico como usted, soy suya puede hacer conmigo lo que quiera aaahhh aaahhh” ella lo había dicho en un momento de calentura y tal parecía que don Jorge se la había tomado muy en serio, pues ni modo, ya había dicho que sí y ahora tenía que mantener su palabra, resignada dejó su mochila ‐ Bueno está bien, espérenme en la recámara, me voy a lavar, ahí los veo Los dos tipos se vieron sonriendo cómplices, se subieron por las escaleras, Karen se dirigió al baño y se preparó… Continuará


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