Relato Erótico de Tabú: Maia.

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Fecha: 2022-09-13


Maia.


Autor: FAL-08

Categoría: Tabú

Como ya les conté, mis historias son espontáneas algunas y otras son provocadas por mí, pero todas basadas en hechos reales. Mi nombre es Martín, tengo 26 años. Hace algo más de un año fuí al centro de mi ciudad a comprar unos lentes de sol y me senté a tomar una cerveza en un bar. Era uno de los primeros días de calor fuerte. A las 10 de la mañana ya hacía 29 grados. Acá, como en el centro de toda ciudad, está lleno de gente de cualquier edad pidiendo monedas para comer o vendiendo cosas. Se me acercó un niño que no tenía más de 6 años y me ofreció agujas para coser y le compré. Un rato después, una señora de unos 40 años me pidió una ayuda y le dí algo de plata. Yo no estaba trabajando pero había cobrado un buen dinero cuando me echaron. Iba por la mitad de la cerveza y veo que entra una niña de unos 11 años, una criatura bellísima, de cabello largo y rubio, ojos marrones bien claros y un rostro encantador. Me llamó la atención las prendas de vestir bastante sucias que llevaba puestas, pero más curiosidad sentí cuando se agachó a recoger un billete que se le había caído y noté que la minifalda cortísima dejaba ver su ropa interior negra y sus piernas perfectas. Los tacos altos, la mini súper corta y la blusa tan ajustada al cuerpo me hicieron pensar que la chica no era una niña muy inocente, pero al acercarse a mí, me hizo creer todo lo contrario. - Buen día tenga usted, señor. Le ruego me sepa disculpar por molestarlo. La chica tenía una gran sonrisa infantil, que parecía la de una niña más pequeña, y una mirada de inocencia que me hizo sentir que había sido muy prejuicioso y malpensado. Sus modales estaban lejos de lo que pensé en un principio. - Buen día. Cómo te va? No es ninguna molestia, no te preocupes. Me preguntó si quería comprar algún anillo o un par de aros para mi novia. Recién veía que tenía un paño con mercadería. - No tengo novia, pero me gustan- le dije y le pedí que me mostrara lo que vendía. La nena se alegró mucho al ver que iba a venderme algo y deslizó el paño sobre la mesa. En ese momento vino la camarera y le dijo que no moleste a los clientes y que para ingresar al negocio había que consumir, en caso contrario ya sabía que debía retirarse. - Esperá que le compro una cosita y se va- le dije a la moza del bar. Se me ocurrió algo, pero antes de tener problemas, le pregunté a la niña con quién estaba, ya que no podía andar sola. - Con nadie, estoy sola. Me fuí de mi casa con unos pesos y compré esto para ganar algo de dinero. - No me estás mintiendo, no? Estás sola de verdad? Mirá que no quiero tener problemas. Me juró que no mentía y le pregunté si quería comer algo así se podía quedar para ver mejor lo que vendía. En realidad lo hice para llevarle la contra a la encargada del negocio. - Bueno...está bien...no sé qué decirte... muchas gracias....- respondió y le pedí que se siente. Eligió una hamburguesa especial y una gaseosa de naranja. La moza le tomó el pedido con mala cara, eso es lo que quería ver. Maia, así se llamaba, me contó que tenía..... 9, sí, 9 años y yo le daba 11. Vaya que es verdad que los niños de ahora parecen mas grandes. La observé mientras se devoraba la hamburguesa inmensa y me di cuenta de que tenía un hambre feroz. Terminó de comer y le pregunté por qué se había ido de su casa. Me dijo que no quería estar con su padre y se escapó, pero no parecía querer contar mucho más. Le dije si pensaba volver, dijo que prefería estar en la calle. Entonces le expliqué que no era nada inteligente vivir en la calle, que era peligroso. Y, sin nada que perder, le propuse ir a mi casa aunque sea para higienizarse y cambiarse la ropa que - le dije- estaba muy sucia. La pequeña se avergonzó y al mismo tiempo se le iluminó la carita con una sonrisa. - De verdad??? No me estás haciendo una broma??? Pero no voy a molestar? - No, no me vas a molestar. Vivo solo. Además te voy a comprar todo lo que tenés para vender. Se volvió loca de alegría y me lo agradeció. Le dije que tenía el auto en la esquina y si quería podíamos ir. Maia era una criatura encantadora y confieso que sentía algo que se podría definir como una atracción o no sé qué, pero en ese momento no tuve ninguna mala intención. No sé qué fué lo que me hizo proponerle que fuera a casa, quizá no quería volver y encerrarme sólo, con ella estaría acompañado, tendría con quién hablar... Llegamos a casa, abrí el portón del garaje con el control remoto y entramos. Tengo un chalet de 2 plantas, una propiedad hermosa que estoy pagando. La pequeña Maia quedó con la boca abierta de asombro al ingresar a la casa. Quizá nunca había estado en un lugar tan bonito. - No te pregunté tu nombre...perdón...soy una maleducada... - se lamentó. - No sos maleducada, sos una nena muy pequeña y esas cosas se aprenden con el tiempo. Me llamo Martín. - Y cuántos años tenés, Martín...??? - 26. Ya comiste, querés postre?? - y le traje una porción gigante de helado de chocolate y dulce de leche que no iba a terminar de comer, era demasiado. Otra vez me agradeció, pero con un largo abrazo. Le dije que se podía acostar en la alfombra y le prendí la tele. Se sentó sobre la alfombra, apoyó la espalda en la pared y comenzó a tragar el helado como si fuera la primera vez. Me senté frente a ella y la crema le chorreaba por la boca. Se reía mostrando la dentadura blanca y prolija. Me detuve a mirar esa minifalda tan sucia, pero me olvidé de la suciedad cuando de pronto, sin previo aviso, inocentemente, levantó las piernas abiertas y encima las apoyó sobre los tacos altos mientras no quitaba la vista del helado. Quedé hipnotizado mirando otra vez la bombachita negra tan pequeña que, por los costados, se le salía la concha. Era una maravilla que nunca había visto antes. Me preguntó si quería probar un poco de helado, pero no podía dejar de admirar la vagina de la niña, llena de carne que se le salía de la ropa interior infantil negra. Se dió cuenta y se sonrió, no entendí si era consciente de lo que estaba provocando en mí, pero abrió las piernas un poco más y me volvió a preguntar si quería probar. Me desperté y le dije que sí. Me alcanzó la copa a la boca, sin darme la cuchara. - Tomá, Martín, chupá el chocolate...dale!!!! Apurate que se derrite!!! Y pasé la lengua alrededor del helado antes de que se derrita y caiga al suelo. Se reía mucho y siguió chupándolo. Le pregunté si no se sentía incómoda con los zapatos con tacones y dijo que ya le estaban molestando. Siguió comiendo y me acosté frente a ella, le saqué las hebillas y después los dos zapatos. - Aaaaaaaaaaaay..qué placer...jajaja!!! No los aguantaba más....jajajajaja!!! - me dijo al dejarla descalza. Y yo, acostado en frente de mi invitada, no me cansaba de mirarle esa conchita que, sin notarlo, creo, me había hecho poner la verga más dura que nunca. Y no me animé a hacer nada. No quería que se asuste o se me enoje. No sabía qué mierda hacer. Estaba tan caliente que no me había dado cuenta de que se comió el helado entero. Había casi un kilo, cómo podía tragar tanto???? Y se me ocurrió algo. - Te gusta la cerveza, Maia? - Sí, me encanta, pero soy muy chica para tomar, me puede hacer mal. - Bueno, yo voy a tomar un poco. Con gaseosa, porque es más rica y suave. - Aaaaaaaaaaaaaah....con Fanta es muy rica.. Me das un poquito??? Por supuesto que sí, me levanté y preparé dos jarras bien grandes. Se tomó la mitad sin respirar. Le dije que tenía la ropa muy muy sucia y se avergonzó. Le expliqué que una niña tan hermosa como ella no podía estar con esa blusa y minifalda llenas de suciedad. Tomó más y vacío la enorme jarra. Ya estaba distinta, todo le causaba gracia, se reía de todo y volví a llenar las jarras. - Qué pensás hacer, preciosa? Supongo que no vas a ir a la calle. Te quedás a dormir acá? Si querés podés acostarte en mi cama y yo duermo en el living. - Siiiiiiiii....!!!!! Me puedo quedar??? - Claro que sí. Pero tenés que darte un buen baño y darme esa ropa para lavarla. Me volvió a abrazar con fuerza y a darme las gracias. También la abracé y la alcé rodeándole el culito con los brazos. Reía como loca y tomó media jarra más. Le dije que no tenía nada de ropa para ella, así que se la iba a lavar de a poco para que se la pueda poner limpia después de bañarse. - Cuánto hace que te fuiste de tu casa? No te lo pregunté... - Hace casi tres días, por qué? - Porque si tenés así la mini y la blusa, no me quiero imaginar la bombachita, Maia. Te la sacás ahora mismo y en un rato está limpita. Dale, dámela. - Mejor me la lavo yo, me da vergüenza. - Dale, Maia, no seas tonta...dame... Tomó un buen trago y se empezó a quitar la bombachita. Le dije que iba al baño para que no se sintiera incómoda. Volví y la jarra estaba más vacía. Me dió la pequeñísima ropita interior negra. - Está limpita- dijo - No puede ser, mi amor, hace 3 días que no te la sacás. A ver si me decís la verdad...... La acerqué a mi cara y le sentí el olor. Ese aroma de 3 días de la conchita y el culo de la nena era una delicia, un manjar desconocido que me provocó una erección formidable. La pequeña, ya borrachita y feliz, me miró asombrada y después se echó a reír. Me preguntó qué hacía y si me gustaba. Le dije que me volvía loco olerla. Vacío la jarra una vez más y me dijo que estaba loco. Me senté en la alfombra y saqué un porro del bolsillo, lo prendí como si fuera un cigarro común, seguro de que no se iba a dar cuenta de nada. Apenas lo encendí, le brillaron los ojitos. No tuve que pensar demasiado para saber que ya había probado. - No me contaste nada de eso, Martín... Jajajajajajaj!!! Sos terrible, eh...??? - Foaaaaa, nena, vos sos mas viva que yo!!!! Me imagino que no querés... - Te imaginás mal....jajaja...ya probé!! Me vas a convidar??? - dijo y se sentó sobre la alfombra delante de mí, otra vez con las piernas abiertas (inocentemente?) pero ahora sin la ropa interior negra. Cómo decirle a la bellísima criatura que no??? Se lo di, hechizado por la vista que tenía a menos de un metro de distancia. En ese instante, era la mejor conchita del planeta, gorda, hinchada, carnosa, rosada, la perfección misma. Terminó y me lo pasó, pero me dejó la mitad. Olvidé decirle que era muy fuerte. Al minuto ya estaba loquísima, contenta. Hablaba y se respondía sola, riéndose. Me dijo que me amaba y se acostó en el piso abriendo una vez más las piernas como si no recordara que se había quitado la bombacha. Sin darle tiempo a mi cerebro para analizar nada, me hundí en el medio de la niña y le pasé la lengua por la concha antes de que tuviera un segundo para reaccionar. Se quedó inmóvil y sentí el olor incomparable de mi nena. Le subí la mini, levanté aún más sus piernas y me introduje en el agujerito del culo que después de 3 días olía a limpio. Ella no se movía, me dejó hacer lo que quería, pero ahora me pidió por favor que le pase bien la lengua por el hoyito. Lo hice y después me la cogí con la lengua por el ojete hasta que me gritó fuerte que no siguiera porque tenía ganas de ir al baño. - Qué querés hacer mi vida? - pregunté sin parar de chuparla - Quiero popó, Martín!!!!! Me estoy por cagar!!! Se me está saliendo!!! No aguanto más!!!! Se me va a sasaliiiiiiiiir........dejame ir al baño!! Le apreté las piernas contra el pecho, le abrí las nalgas y me la seguí cogiendo por el culo con la lengua. La penetré con violencia, mi lengua entera entraba y salía con la velocidad de mi calentura. Así me la cogí por el orto hasta que no le sirvió de nada toda la fuerza que hizo y algo enorme empezó a salir de el esfínter de la nena. El tamaño de aquello que estaba tratando de salir del interior de Maia, sumado a la impresionante dilatación del agujero del culo me convenció de que la niña no era precisamente una niña virgen. No era posible que habiéndola cogido sólo con la lengua tuviera semejante capacidad de expansión para evacuar el trozo gigante que estaba expulsando. La cuestión es que al otro día me contó la historia completa y me dió la razón. Por ahora cagó tanto que antes de que termine de hacerlo, derramé la cantidad de semen más grande de mi vida sobre el culo abierto de mi futura compañera de vida.


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