Relato Erótico de Tabú: Morena y su hermana se van de casa.

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Fecha: 2022-08-09


Morena y su hermana se van de casa.


Autor: Ford Járrison

Categoría: Tabú

Estaba lavando la moto en la cochera de casa y suena el timbre. - Acá estoy...en el garaje, quién es?? Lo que relato pasó el lunes pasado, hace una semana, como a las 9 de la mañana. Creí que era un vecino que a veces viene a hablar de motos conmigo. Pero no, se asomaron tímidamente dos niñas de entre 7 y 9 años, evidentemente hermanas por el notable parecido. - Sí, chicas, en qué las puedo ayudar? - Buen día, señor, perdón por la molestia- dijo la mayor. - Buen día, no me molestan, pasen... La que habló entró y me dijo casi susurrando, con vergüenza, que estaban pidiendo unas monedas para comer. Recién cuando se acercó noté el aspecto descuidado y la ropa gastada y rota de la niña. - Para comer...?? Dónde viven?? Y tus padres?? Me contó que se habían escapado de la casa. Uuuuuh, pensé, menudo problema. Lo primero que imaginé era a la policía buscándolas. Pero me dijeron que eran huérfanas y vivían con un hermano mayor que hacía días que no volvió a la casa y no tenían nada de comida. Las invité a pasar y desayunar, recién había comprado masas en la panadería. Entraron y cerré la puerta, no quería que me robaran la moto. Pasaron por el patio y se quedaron admirando las plantas y la piscina. - Pasen al comedor que les voy a hacer café con leche. Cómo se llaman? - Yo soy Morena- dijo la mayor. Y ella es mi hermana Sofía. Saludé a la niña más pequeña con un beso, para que entrara en confianza, ya que era demasiado tímida. Me sonrió y empezó a hablar. Estaban realmente muy mal vestidas, pero se las veía bien alimentadas, las dos eran algo gorditas. Y ambas llevaban shorcitos y blusas livianas, hacía calor, pero de noche refrescaba bastante. Morena, la mayor, tenía 9 años, casi 10. Y Sofía 8 recién cumplidos. Le pedí a Morena que me trajera agua del patio y al verla de espaldas, agachada al lado de la canilla de agua, me percaté de su belleza. El shorcito diminuto se metía entre las nalgas y, con inocencia, se lo levantó aún más dejando prácticamente la mitad de la cola descubierta y sentí que me había calentado sin siquiera pensarlo. El short roto tenía varios agujeritos lo suficientemente grandes como para llegar a ver la bombachita (o bragas) blanca. Volvió con el agua y le dije que era una criatura muy bonita y me lo agradeció sonriendo y abrazando mi cintura. Serví el desayuno y comieron como nunca. Había 1 kg de masas. Morena me pidió permiso para pasar al baño y le indiqué dónde estaba. Caminando lentamente y con las manos en las caderas, noté que se sentía muy a gusto en mi casa. Le pregunté si quería hacer popó para darle papel, pero dijo que sólo iba a hacer pis. Al rato volvió levantándose el short. Había entrado en confianza muy rápido. Comió tanto que tenía la panza hinchada y no podía subirse el cierre y menos prender el botón del shorcito. Se tapó con la blusa y se sentó a seguir masticando. La más pequeña no dejaba de comer. - Coman todo lo que quieran, chicas, no tengan vergüenza- no sé porqué lo dije, ya que no demostraban nada de timidez para tragar las masas. Era obvio que tenían mucho hambre. Sofía, la menor, que había cumplido hace días los 8 años, se levantó dejando ver la panza increíblemente grande, parecía una embarazada en miniatura de tanto que había comido. Me causó gracia verla y no aguanté la risa. Me pidió que la acompañe al baño porque no aguantaba las ganas de hacer popó. Le dije a la hermana mayor si quería ir con ella y me dijo que la llevara yo mientras lavaba las tazas. Llevé a Sofía al retrete y tuvo que bajar su short hasta las rodillas para darme cuenta de que no me había percatado del cuerpito fabuloso de la niña. Tenía el culo bien gordito. Se sentó y empezó a hacer fuerza para terminar haciendo popó de un tamaño que no imaginaba que podía salir del culito de una nena tan pequeña. La verga se me puso re dura al ver por primera vez espectáculo semejante. Pregunté si ya estaba y me dijo que todavía no, entonces me ubiqué detrás de Sofi para no perderme nada. Siguió haciendo fuerza para cagar y me dijo que siempre le costaba porque hacía mucho y muy duro y que le dolía. Cerré la puerta y le dije que se parara, así era más fácil. Se levantó y se agachó sobre el inodoro con las manitos apoyadas en las rodillas y dejó salir de su agujerito algo inmenso, más ancho que mi propia verga y se me paró al máximo. Morena golpeó la puerta y le pregunté si la limpiaba o si lo hacía ella sola. - Ella se sabe limpiar, pero hacelo vos, porque es muy cómoda y prefiere que yo le limpie la cola. - Entonces la limpio yo...?- pregunté con emoción. - Sí, dale, yo voy a barrer la cocina!!!! Le dije a Sofía que le iba a pasar el papel higiénico y qué me contestó?????? - Mi hermano dice que el papel hace mal y me limpia la cola con la lengua. Eso está bien??? No lo podía creer. Le dije que era mejor como lo hacía su hermano. Pregunté cómo era y me dijo que se tenía que arrodillar y abrir las piernas. Eso fué lo que hizo y me calentó tanto que casi acabé. Me agaché y pasé la lengua por el hoyito de la niña. Jamás lo había hecho antes y sentí (quizá parezca muy raro) que me agradaba muchísimo chuparle el agujerito y el sabor de su caca, amargo y tan exquisito a la vez. Al meterle la lengua varias veces la muy putita suspiraba de placer y le dieron ganas de hacer popó otra vez. Le separé los cachetes del culo con las manos y volvió a evacuar un trozo más grande que antes y no me pude contener, saqué la verga durísima y se la apoyé en el hoyito sucio frotándola hasta que se me llenó la punta de caca y la penetré despacio metiendo el glande apenas, y gritó cuando entraba, pero no me pidió que la dejara, sinó todo lo contrario. Decía que le dolía un poquito pero le gustaba mucho, que así le hacía su hermano. Morena golpeó otra vez la puerta y me asusté y se la saqué, me metí la pija en el pantalón y le abrí mientras le pasaba papel higiénico. Morena entró y le dijo a su hermana menor por qué no me había dicho que le limpiara la cola como en casa. Y Sofía le dijo que así lo había hecho. Yo me quería morir, porque no creí que se lo contaría. Pero en ese instante me dí cuenta de que para ellas era algo muy normal lo que estaba haciendo. Y me contó lo mismo que Sofía, la manera en que el hermano las higienizaba a las dos. Terminé de pasarle el papel y salimos. Morena seguía con el short desabrochado y la panza más grande que antes. Al mirar hacia la mesa ví que quedaba muy poco del kilo de masas. Mientras estábamos en el baño se comió casi todo. - Aaaaaaaaaaaah.....ahora me está doliendo mucho la panza a mí...!!!- dijo Morena apretándose el vientre. - Bueno, nena, eso te pasa por tragar como un animal, comiste un montón. Pasá al baño, si querés. Yo voy a acomodar el comedor. - Pero no me vas a limpiar como a Sofi...?????? Yo no soy una chica sucia, el papel no sirve, dijo mi hermano, yo quiero estar limpia....pero bueno...si no querés... Claro que sí, lo que pasó es que no esperaba tanto placer de golpe. - Vamos, Morena, te acompaño. Y la niña de 9 años se puso contenta y me llevó de la mano. Las acostumbraron a hacer esto y además lo disfrutaban. Ya en el baño le pregunté si quería hacer popó de rodillas sobre la alfombra. Dijo que no porque íbamos a ensuciar el piso y le dije que no importaba. Se bajó el shorcito y la bombachita blanca hasta los tobillos y se me cortó la respiración. Esta niña tenía un cuerpito de no creer. El culo redondo y hermoso se veía mucho mejor cuando se puso de rodillas en el suelo y apoyó la cara en la alfombra. - Voy a hacer, no aguanto más!!!!!- dijo y se le dilataba el esfínter y lo volvía a cerrar. Abría y cerraba el hoyito haciendo fuerza hasta que salió la caca de a poco, y los esfínteres se le dilataban, se estiraban y agrandaban de una manera que no parecía posible. De repente evacuó una cantidad enorme y dura como su hermana. Le pasé la lengua por el culo y sentí ganas de cogerla ya mismo, pero siguió haciendo popó. Mucho más que antes. Volví a limpiar el ano de la nena con la lengua y la penetré tomándola por la cintura hasta meterle la verga entera y hacerla llorar. Pero pedía que no dejara de cogerla. Le pegué una cogida violenta entrando y saliendo sin parar hasta que se volvió a hacer popó. Saqué la pija llena de la caca de Morena y se la metí en la boca. La chupó hasta dejarla impecable y después se tragó toda la leche espesa y caliente que le disparé. Esa noche se quedaron a dormir en casa.


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