Relato Erótico de Tabú: Milagros, la niña callejera.2

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Fecha: 2022-08-05


Milagros, la niña callejera.2


Autor: Juan321

Categoría: Tabú

Les sigo contando lo de esa mañana que Milagros, la pequeña de 9 años, entró a la fuerza a mi casa. Después de lo que pasó, les conté que me desmayé. Y así fué, desperté casi a las 11, cuando Milagros llegó muy temprano, tipo 8. Me levanté y estaba en el patio, ya cambiada, jugando con una tablet que encontró por ahí. - Hola, Mili, cómo estás? - Estoy feliz, estoy contenta con vos porque hiciste que el día de mierda que tenía haya cambiado. Y se paró, y en punta de pies, me besó, pasando su lengua por mis labios. Era una criatura encantadora, no había dudas. La pequeña tenía una gran necesidad de cariño, de atención, pero también de ayuda económica. Andaba con la ropa que tenía puesta y nada más. - Gracias, mi vida, te lo merecés. Supongo que no tenés hambre con todo lo que comiste. - Jajaja...no, todavía no. Comí tanto que casi me hago popó encima jajajajaja...qué vergüenza...y la cantidad que hice, viste...?? Claro que lo ví, pensé, no lo olvidaré jamás. En ese momento recordé que tenía que limpiar el baño... - Me quedé dormido y no limpié el baño, Milagros!!! Qué boludo!!! Ahora voy... - Ya está, lo hice yo!!! Me daba vergüenza ver semejante desastre jajajajaja...y también lavé el piso del living y la cocina. Fuí a ver y todo lucía impecable, le agradecí y pensé que Milagros había venido para quedarse. Le pregunté cuánto hacía que no se bañaba, me contó que ayer una señora la dejó pasar a la casa y se bañó mientras le lavó la ropa. Y era creíble, estaba limpita y tenía la ropa como nueva. - Pero necesito ropa interior, mi bombachita (bragas) está muy gastada y rota. Ves...??? Se desprendió el shorcito, se lo bajó un poco y se dió vuelta para mostrarme. - No veo nada, parece que está bien. - A vos te parece??? Y se dejó caer el short hasta las rodillas. Pude ver dos agujeritos, un elástico gastado y una bombachita muy usada, pero quedé maravillado mirando cómo se le metía entre las nalgas su ropa interior infantil y diminuta, dejando ver los cachetes rebalsados de carne fresca, firme y blanca. Le prometí comprarle toda la ropa que le gustara y que ya deje de subirse el short. Quería ver ese espectáculo al que no estaba acostumbrado. Se río y la guacha de mierda se lo subió sin hacerme caso. - Ya van a ser las 12. Quiero que me convides "eso", es lo único que te pido. - Otra vez??? Esto vale caro, Mili, no podés esperar un poco más??? - No, no puedo!!! Me vas a dar o no? Teniendo en cuenta el efecto que le había hecho, no pude negarme. Armé uno y le brillaron los ojos de felicidad. Se lo dí, pero lo administré yo, porque ella era muy golosa. - Tomá, ahí tenés, pero despacio y hasta que yo te diga. - Gracias, mi amor, sos tan bueno como nunca nadie lo fué conmigo- me dijo la niña con la voz más suave que oí. Tres veces y se lo saqué para seguir yo y lo guardé. Al minuto se empezó a reír y preguntó qué íbamos a comer. Me asombró al decirme que pagaría ella con el dinero que tenía guardado. - A la una pedimos algo para comer- le dije. No paraba de hablar y reírse. Ya estaba loquita. Me dijo que ahora me iba a mostrar la bombachita así le creía que estaba rota. Ya la había visto, pero no iba a negarme. Se volvió a bajar el short hasta las rodillas y me dijo que ella no mentía, que mirara con más atención. - Sí, está muy gastada, necesitás una nueva. Sacátela así vemos el talle para comprar. La desgraciada me pidió un poco más porque decía que le daba vergüenza. - Mentira, no seas tan mentirosa!!!! Recién terminás de fumar... - Pero quiero un poquito más, siiiii...??? Esta niña me estaba manipulando y lo peor era que yo la dejaba. Le dí de nuevo el gusto. Milagros se sentía feliz y me gustó mucho verla así. No paraba de reírse a carcajadas, pero estaba muy lúcida, no desvariaba ni hablaba pavadas. Su inteligencia parecía aumentar. Al quitarse la pequeña bombachita sentí acelerado el corazón. Se dió vuelta y ese culo me hizo calentar muchísimo más que el de cualquier otra mujer que haya conocido. Era la primera vez que veía en persona a una niña de 9 años recién cumplidos y casi desnuda. Aparte de esta mañana, por supuesto. No me podía acostumbrar a semejante espectáculo, y más teniendo en cuenta que Milagros era verdaderamente preciosa, parecía un dibujo de animé de tan linda que estaba hecha. La alcé y la puse boca abajo sobre la mesa de la cocina, los piecitos con las zapatillas puestas colgando en el aire. Y se reía sin parar. Me agaché y le metí la lengua en el agujerito del culo, abriéndole los cachetes con las manos hasta lograr meterla entera y sacarla. La cogí con la lengua, la metí hasta el fondo y la saqué mil veces. Me decía que le gustaba y que no me detuviera. Así lo hice durante casi una hora. - Ya es la una. Tenemos que comer....!!!! Era verdad, lo había prometido. Tenía la lengua tan acalambrada que no la sentía. Pedí de comer y volvió a tragar como nunca. Creo que hasta comió más que a la mañana temprano. Otra vez se le había hinchado la panza de tanto comer. Al parecer que se había llenado, me pidió un poco más. - Te di hace un rato, nena, esperá un rato. - Ya pasó más de una hora, dale, tengo ganas. Lo encendí y se lo pasé. Cuando se lo pedí, empezó a correr mientras seguía fumando. Me hizo correrla hasta el patio, me esquivó y volvió a la cocina, recién ahí pude sacárselo. Estaba tan loca que se reía de cualquier cosa. Me pidió descansar un rato y se sentó en el sillón. Habló como una hora y, no podía creerlo, se sentó a seguir comiendo. No sé dónde le entraba lo que tragaba, la pancita parecía explotarle de un momento a otro. Sería ridículo explicar que el efecto de lo que me pedía era un hambre excesivo y extraordinario, jamás ví a nadie comer tanto como a ella. Riéndome, le besé la panza y le dije que tratara de no estallar. Se ahogó de la risa. La volví a alzar de repente y la arrodillé sobre la alfombra, mientras pedía por favor y reía. La agaché y volví a chuparle el culito. Me puse saliva y le metí la puntita de la verga, y después un poco más, mucho menos de la mitad, pero la saqué y se la puse muy rápido, sin parar. Cuando estaba casi llegando a introducirle media verga, gritó pidiendo que no la saque porque se iba a hacer popó. - Otra vez?????? Te la pasás cagando, nena!!!!! También con todo lo que comiste!!! En serio me decís...??? - Sí, en serio, no aguanto más!!! Me dejás ir al baño y después seguimos...??? Corrió hasta el baño apretando el culito. La seguí y le pregunté si quería hacer como le gustaba, arrodillada, dijo que sí. No tenía nada de ganas de perderme esta obra de arte. Me senté en el sanitario para tener una vista privilegiada. El culo de la niña arrodillada frente a mí, con la cabecita apoyada en la alfombra me permitió ver cómo su esfínter se dilataba y se volvía a cerrar, preparándose para evacuar. Mientras me masturbaba, la pequeña empezó a dejar salir algo que parecía inmenso, imposible de salir por el hoyito tan pequeño, pero el agujerito se abrió de tal manera que expulsó una cantidad enorme de caca. Era tan grande y dura que el agujero del culo se le extendía inexplicablemente. Largó lo primero, llorando y puteando de dolor, y el ano re abierto de Mili me excitó y me arrodillé detrás de ella. Unos segundos después dejó salir lo más grande, aunque no pareciera posible. Me dijo que ya estaba. Tenía la cola sucia y volví a sentir un deseo irresistible de limpiarla. Pasé la lengua por el culo de mi nena y al metérsela le dieron ganas otra vez y volvió a cagar otra vez. Se ensució de nuevo y con la caca como lubricante, me la pasé por la verga y me la cogí con toda la calentura que había acumulado viéndola defecar. Se la metí entera, sin compasión, y la saqué llena de lo mismo que había evacuado recién. La cogí con violencia mientras la agarraba de la cintura. Al sentir que acababa se la puse en la boca y me la chupó y limpió hasta hacer que acabe como un caballo. Le llené la boca de leche caliente hasta que se ahogó y con las manos volvió a meter el semen que se le había escapado en su boquita y lo tragó con una sonrisa. Me pidió que le diera un poco más de "aquello" y lo compartimos. Esta chica era insaciable.


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