Relato Erótico de Zoofilia: Mi primer callejero

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Fecha: 2022-05-12


Mi primer callejero


Autor: SEXYBOTON

Categoría: Zoofilia

Un perrazo de la calle muy dominante me cogió.. Hace unos años vivía en un barrio de la periferia de mi localidad, el mismo aún contaba con calles de tierra, zonas de campo y montes, por lo que era habitual encontrar perros callejeros. Para ese entonces ya había disfrutado ser cogido por canes, pero no con callejeros, por lo que hacer eso se había convertido en una fantasía recurrente. Moro era un mestizo semi-callejero, ya que si bien tenía casa, su dueño no lo cuidaba mucho, por lo que era natural verlo por la calle recibiendo comida y agua de los vecinos. Era un animal de pelo corto, pero tupido, negro y marrón con una estatura de aproximadamente 70cm. Si bien era alto, era de una contextura fibrosa. En cuanto a su paquete, a simple vista no parecía la gran cosa (algo que me sorprendería más tarde) pero si tenía un delicioso par de huevos peludos y grandes colgándoles entre las patas. En el tiempo que llevaba viéndolo nunca se me había cruzado tener algo con él, más que nada por la inseguridad que implica hacerlo con un callejero en relación a cuestiones de higiene, pero la semilla siempre había estado dado mis experiencias previas. Para mí es inevitable no mirarle la verga a cualquier perro macho que me cruce y Moro no era a excepción a la regla. Lo que finalmente hizo que tomase una decisión ocurrió una noche en la que estaba acostado tratando de dormir, de repente, escuché unos gruñidos desde la calle, eran consistentes por lo que comenzó a molestarme ya que era tarde y tenía sueño. Supuse que eran perros a punto de pelearse así que mi plan era salir afuera y ahuyentarlos, pero al hacerlo me encontré con una sorpresa, Moro estaba abotonado con una perra callejera. Yo me quedé petrificado, al estar pegado a la perra, el de espaldas gruñía en clara señal de dominación, tratando de alejar a cualquiera que impidiese vaciar sus testículos. Esa imagen me prendió fuego, disimuladamente me quedé mirando la acción, hasta que con un chillido de la perrita Moro se desprendió, era una hermosa pija lo que le colgaba, con el frío de la noche incluso se le podía ver el vapor que desprendía de lo caliente que estaba. Fue ahí cuando tome la decisión, quería que Moro me rompiera el culo, que se vaciara dentro de mí, quería sentir ese fierro de lujuria, quería que me marcase como una de sus perritas. Luego de ver ese acto, retorné a la casa y me masturbé pensando en lo que había visto, el sueño se me había ido porque no podía dejar de pensar en como hacerlo con Moro. Mi vecindario era bastante iluminado por lo que sería raro que alguien me viese entrar un perro desconocido a mi casa por la noche, por lo tanto, debería probar hacerlo en la madrugada de algún día, o algo por el estilo, no se me ocurría nada, hasta que la oportunidad llegó y fue en una noche de tormenta. Un Viernes a la noche, a eso de las 23:00hs se largó una temporal muy fuerte, en estos casos siempre me gusta salir afuera, al resguardo del pórtico de mi casa para mirar un rato la lluvia y fumar algo. Fue ahí cuando vi a Moro sentado bajo un árbol, humedecido casi sin resguardo; si bien es verdad que deseaba con muchas ansias encontrar el momento para que ese perrazo me cogiese, lo primero que sentí al verlo en ese estado fue compasión ya que no era un perro conflictivo (salvo con otros de su especie). Simplemente no dudé, abría la puerta de mi casa que da a la calle y lo llamé, el por suerte respondió (ya me conocía) y se apresuró a entrar. Una vez dentro del pórtico de la casa, dejé que se sacudiese un poco y luego le abrí la puerta para entrar a la casa. Lo llamé y me siguió, le acaricié la cabeza, le di agua y un poco de comida. Una vez que el quedó satisfecho, se echó tranquilo en el piso y a partir de ese momento decidí preparar todo. Lo primero que hice fue arreglar mi cuarto, puse una sábana sucia sobre la cama y me desnudé. Cuando volví al lugar donde estaba llevaba conmigo una toalla, mi idea era secarlo y en el proceso darle unos masajes, acariciar su pecho, pija y testículos. Poco a poco lo fui secando, la verdad que no me interesaba limpiarlo ya que si bien comprendía el riesgo mi calentura era mucho mayor, por lo que quería sentir su aroma de perro callejero en mí. Siguiendo con mis caricias, poco a poco bajé hasta su funda, primero le pasé la mano de forma sutil con la toalla, hasta hacerlo solo con mis manos, así masajeé sus huevazos también. Me encantaba sentir ese paquete caliente en mis manos, lo quería adentro a toda costa. Moro no demostraba mucho interés, algo que me preocupaba un poco, así que decidí aumentar la estimulación tomándole la verga con mi mano izquierda y comenzando una suave paja, ahí fue cuando se le puso dura y se levantó. Al hacerlo, comenzó a olerme por varias partes del cuerpo, incluso me lamía un poco, yo me puse de pie porque quería llevarlo a mi cuarto, el me siguió pero no sabía como subirse a la cama, estaba muy inquieto ya, así que no dudé, desarme la cama y me llevé el colchón al living de la casa, en el camino Moro me olisqueaba la cola ♥♥♥ . Ya no me importaba nada, arrojé el colchón al piso y me subí con Moro por detrás, el hacía como unos pequeños gruñidos, en un momento determinado me coloqué frente a él y mientras lo acariciaba con la mano izquierda con la derecha le hacía la paja nuevamente. Ahí fue cuando se mostró agresivo y emitió un ladrido, acto seguido me daba como topetazos con el morro, eso me calentó muchísimo, amo cuando un perro es un macho dominante. A esta altura la situación no daba para más, de tal forma que me di vuelta poniéndome en cuatro como una buena perrita dispuesta a servir a su macho callejero. Moro no dudó, entendió la señal, se me subió muy fuerte por la espalda clavándome sus patas alrededor de la cintura dando inicios a una serie de puntazos que me humedecían la colita con pre-cum. Quise guiarlo con mi mano pero el gruño nuevamente; entregándome por completo apoye la cabeza en el suelo y saque mis manos, rogándole que me cogiera ya, que me clavara la pija en el culo de una buena vez, yo le decía «-Dale Moro, dame la lechita.» «-Te cogiste a todas las perras de la cuadra menos a mí.» «-Haceme tu perrita, dámela toda.» hasta que dio en el blanco. Que placer, este si que era un auténtico macho puro y salvaje, me trataba como una perrita, algo que me encantaba. Su bombeo era un frenesí, me ardía la colita pero lo valía totalmente «-Más duro, dame más duro Morito» «Dale a este culo de perrita lo que se merece». El jadeaba en mi espalda al mismo tiempo que me ensuciaba todo con su humedad y tierra, algo que me hacía sentir más perra. Hasta que fue bajando la intensidad y de un golpe me metió la bola. El abotonamiento con Moro fue uno de los más duros y doloroso que he experimentado, pero de los más placenteros. Por unos momentos se quedó encima mío hasta que se giró, me hizo ver las estrellas, fue algo increíble, doloroso, pero mi culo explotaba de placer por tanta pija y semen de Moro. Pero lo mejor de todo sin duda, lo que me hizo acabar nuevamente fue lo que pasaría durante el abotonamiento. Mientras estaba unido a Moro , este comenzó a gruñir, oficialmente me estaba reclamando como su perrita ♥♥♥, yo tendido con la cara contra el colchón le decía «-Gracias por esto, gracias por tu lechita, vacíate todo lo que quieras.» A todo esto solo se escuchaban tres sonidos, la tormenta que arreciaba y los gruñidos de Moro que interrumpía con algún jadeo de agitación. La verdad que no tomé el tiempo, pero estuvimos unidos mucho tiempo y cuando lo hizo sonó un «pluop», mucho más grave ya que Moro tenía la verga bien grande, de unos 23cm aproximadamente, con una bola del tamaño de una naranja mediana. Mi culito me ardía, y sentía como venteaba aire hasta que irrumpió su hermosa lengua, algo maravilloso. La verdad que ese macho me partió al medio, no se como no me hizo sangrar. Después de terminar la faena, me esforcé para levantarme y ofrecerle agua en un cuenco, yo rengueaba, quise chuparle la pija pero me volvió a gruñir, era un perro muy dominante, por lo que junté el semen que me escurría de la cola y lo saboreé un poco como para dejar a mi boca satisfecha. Finalmente, le puse un trapo para que se vaya a dormir, luego me fui a bañar y a descansar, había cumplido con mi cometido, coger con un callejero y vaya que exponente, un verdadero macho alfa. Espero que les haya gustado, la semana que viene contaré otra de mis experiencias. Saludos a Todos


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