Relato Erótico de Voyeurismo: La mami del nene quería una consulta

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Fecha: 2021-11-01


La mami del nene quería una consulta


Autor: Sonador

Categoría: Voyeurismo

Escapando de mi vida aburrida, me encontré con algo que ni siquiera había soñado. Despues de vivir una larga y «buena» relación de años, de tener unos negocios que me hacían vivir sin apuros, decidí cambiar de aires, para ya no ver a mi ex en primer lugar, y en segundo, para darle un aire nuevo a mi vida. Buscando donde vivir, me topé con un anuncio que decía: «se renta bonito mini departamento, para doctores». Al principio me pareció ridículo que especificarán que era para doctores. Pero después de un rato, me dió una idea. Jugar a qué en mi nueva vida era doctor. Así que llamé y agendé una cita. Era en las orillas de la ciudad de México, donde la vida es un poco más «humilde» por así decirlo, que en el centro, así que no me agradaba demasiado, pero algo había en esa idea que me agradaba. Al llegar vi que era una colonia no tan fea. La casa era grande y cuidada, así que todo iba bien. El departamento estaba al fondo de un gran patio, y a la entrada, del lado derecho, la casa de la familia que lo rentaba. Me atendió una señora más o menos de mi edad, unos 30años, de nombre Mari, digo señora, por qué por ahí andaba su hijo, de 6 años llamado Manuel, pero le decían Manuelito. Un niño «normal» moreno clarito, ni gordo ni flaco Vi el lugar, era bonito, espacioso y económico, así que sin más, firmé el contrato. Me mudé una semana después, me compré batas y el clásico estetoscopio, para darle realidad a mi farsa. En la primera semana fui conociendo a toda la familia que vivía en la misma casa, los papás de la mari, el hermano de ella, de nombre Juan, un poco más chico que nosotros, y un abuelo de Mari, papá del papá de Mari. Todo parecía normal hasta una semana después de llegar. Entré a la casa y me llevé una gran sorpresa al ver a Manolito, completamente desnudo de la cintura para abajo, en el patio de la casa. Al principio no supe que hacer, si entrar o salirme, pero en ese momento me despertó de mis pensamientos la voz de Mari que me dijo: «es que sigue haciéndose del baño en la noche, y de castigo, se va a andar así todo el día, a ver si le da pena que le vean la cola» Eso no hizo que mi sorpresa bajara, seguía más confundido, y solo atiné a decir: «puedo pasar?» Mari sonrió un poco nerviosa y me dijo que si. Así que saludé y me metí a mi departamento. Fue la sensación más extraña de mi vida. Estaba muy nervioso, y sentía un poco de excitación por la situación, pero al mismo tiempo pensaba que no estaba bien, pero quería encontrar un pretexto para volver a salir, para volver a ver al niño, al fin que su mamá dijo que lo desnudo para que «le vean la cola» así que no debía haber problema no? Volví a salir, pensando que si me preguntaban (como si alguien alguna vez me cuestionara a donde iba) que iría a la tienda por comida. Al salir, vi a Manolito ahí parado, en donde estaba cuando entre, pero ahora sí pude admirarlo mejor, traía una playera corta con un dibujito que no recuerdo, sin más ropa que unos tenis blancos. Podía ver su pequeño pene, algo que nunca había visto en vida, y no podía dejar de verlo, a pesar de que Manolito me estaba viendo a la cara. Mi «emoción» era más poderosa que cualquier cosa. Pero lo que pasó después me dejó aún más helado. Mari salió de su casa, como si estuviera esperándome a que saliera y me dijo lo que más me temía… «A dónde va doctor?» Fue el susto más grande de mi vida, me habrá descubierto? Me reclamará que por qué volví a salir? En fin, mi estómago era un nudo. Le contesté con la voz más temblorosa de mi vida… «A la tienda, por comida» y para hacer aún más grande mi sorpresa me dijo: «lo acompañamos doctor» y tomó de la mano a Manolito, abrió la puerta de la calle, y salió con el niño, semidesnudo a la calle. Wow, no podía creerlo, era demasiado! Apenas pude hablar para decirle «así va a llevar al niño?» Ella sonrió muy pícaramente y me dijo: si claro, que tiene de malo? A lo que no tuve una respuesta. En el camino a la tienda iba como en un sueño, la mente la tenía nublada, y al llegar a la tienda no sabía ni que comprar. Por fin regresamos, casi sin hablar, me despedí y rápidamente me metí a mi departamento. Me fui a mi cuarto y me masturbé como nunca en la vida. Después, no sabía que iba a pasar la próxima vez que los viera, me sentía raro. No salí por el resto del día. A la mañana siguiente, decidí no salir, quería ver si lo volvía a ver sin calzoncitos como el día anterior, estaba nervioso y excitado, pero fuí rápidamente recompensado con una llamada a mi puerta. Alguien tocó, cosa que nunca había pasado. Creí volverme loco al abrir la puerta y ver a Manolito ahí parado, desnudo de la cintura para abajo de nuevo, y me dijo que su madre me invitaba a desayunar, ya que había visto que no habia comprado nada bueno para comer el día de ayer. Y era cierto, de los nervios habia comprado cualquier cosa. Por supuesto que acepté, así podría ver más a Manolito, así que caminé junto a el hasta su casa, y vi a Mari haciendo de comer, le di las gracias por la invitación y se me ocurrió preguntar si no le hacía falta algo de la tienda, tratando de ser educado, pero ella me volteó a ver con esa extraña sonrisa pícara y me dijo: si, creo que falta algo de beber, vamos! Y tomo de la mano a Manolito y camión a la puerta sin dudarlo. Esa no era mi intención, pero por su puesto que no reclamé nada y los seguí a la calle. Esta vez, aunque iba muy nervioso, iba viendo con más detalle, noté como la saludaban los señores al pasar y veían sin ningún recato el pene de Manuelito, no trataban de ocultar la mirada o disimular, algunos incluso se sobaban el pene por encima del pantalón, siguiendo a Manolito con la mirada tanto como podían. Era un espectáculo muy raro, pero muy excitante. También noté que algunas señoras hacían gestos de desaprobación, pero unas pocas, seguían también la desnudes de Manuelito tanto como podían. En la tienda, el trato del tendero fue más que especial para nosotros, y no despegó la mirada del pene de Manuelito y de su trasero en todo momento. Mari solo sonreía complacida. Pagué y nos fuimos de regreso a casa, de regreso, ya había más hombres afuera esperando el paso de Manuelito, como si se hubiera corrido la voz, ya casi todos se sobaban el pene por encima del pantalón. Yo también ya estaba a mil, y mi erección era más que notoria, pero ante lo que veía, no traté de ocultarlo. Llegamos a casa y Mari me dijo: todo el mundo quiere mucho a Manolito, siempre le dan regalos. Claro!, Es un niño muy lindo, le contesté, y ella me regreso esa sonrisa que se estaba volviendo mi «permiso» para disfrutar del espectáculo. Desayunamos de forma normal y le pregunté por el resto de su familia, y me dijo que no estaban, que habían ido a visitar a una tía a 5 horas de la ciudad. Pensé que tal vez por eso había aprovechado para sacar a Manolito así, ya que su familia no vería. Me dijo que regresarían en 5 días, por lo que pensé, que el espectáculo podría durar un poco más todavía. Seguimos con el mismo juego los 5 días, yo iba a comer o a desayunar, preguntaba si faltaba algo, ella se inventaba algo, y salíamos a exhibir a Manuelito por la calle. Ese día me dijo que mañana regresaría su familia, por lo que creí que el juego había terminado. Me masturbé pensando que sería la última vez, por lo menos en algún tiempo. Al día siguiente ahí que entraban por la puerta y me asomé por la ventana para ver cómo terminaba mi experiencia… Pero nada más lejos de la realidad. Manolito salió corriendo de su casa, como siempre, sin calzoncito, mostrando su pequeño pene a todo mundo, mientras gritaba: tío! Abuelitos! Y presencié lo mejor hasta ese momento de mi vida, su tío lo cargo, agarrandolo de su infantil trasero, estoy casi seguro que un dedo llegó a tocar su pequeño anito y le dio un amoroso piquito en la boca del nene, para luego acercarlo con el resto de la familia para que pudieran darle un besito en su boquita también. Mi pene se levantó rápidamente, así que pensé en ir a masturbarme con esa imagen fresca en la cabeza pero Mari me gritó «doctor, va a venir a desayunar?» Obviamente acepté, salí rápidamente, como si la invitación fuera a expirar, y le dije que si íbamos a ir a la tienda. Ella río y me dijo, claro que sí! Que delicia, no solo no iban a parar las salidas para exhibir a Manolito, si no que podía haber algo mejor, ahora que su familia regreso. Continuará…


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