Relato Erótico de Sexo Oral: Él nunca llama a la puerta

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Fecha: 2019-11-15


Él nunca llama a la puerta


Autor: Susy Alacima

Categoría: Sexo Oral

Hay días que mi vecino se levanta malhumorado. Entonces abre la puerta de mi casa y entra sin permiso para darme el desayuno... Sentí las llaves abriendo la puerta de mi casa. Sólo podía ser Él. Vive en el cuatro derecha y nadie sabe que somos amantes. Esta mañana no dijo ni buenos días. Cerró la puerta con una mano y con la otra ya estaba señalándome el suelo. — Tengo poco tiempo. Arrodíllate y haz tu trabajo, putita—Ese fue su único saludo. Yo soy su obediente sumisa. Siempre dispuesta a complacerle. Sé sobradamente lo que tengo que hacer cuando llega con ansias y a las prisas. Así que eché mis rodillas al suelo frente a sus pies. Él se quedó de pie, con su entrepierna a la altura de mi cara. Ya venía empalmado, con la polla pidiendo a gritos salir de la apretada tela del vaquero. Abrí la bragueta y liberé aquella preciosa erección de tanta presión. Ante mis ojos el manjar que adoro. Una verga jugosa y fresca para desayunar. Mi lengua golosa se paseó desde sus huevos hinchados hacia las gotitas de leche sabrosa, que ya manaban en la punta sonrosada de su capullo. Mi lengua es aplicada, pero Él hoy venía poco dispuesto al juego. Se había despertado arisco. Apartó mi cabeza hacia atrás con un tirón de pelo, para mostrarme esa mirada de animal en celo que tiene cuando está muy caliente, y mostrar quién manda. —Hoy no hay tiempo para jueguecitos, nena. Vengo a follarte la boca y ya estás tardando ¡Mámame ya, zorra! Me bajó la cabeza sin soltarme el pelo y metió de golpe la polla en mi boca. Obedecí. Yo siempre le obedezco. Mi mejor castigo es acoger en mi boca esa turgencia dura y sabrosa. Sabe cómo excitarme. Cómo sacarme de adentro la Puta que necesita en cada momento. Me apliqué en el oficio. Con los labios apretados hice de mi boca un túnel de humedad resbalosa. Sé la presión justa que debo ejercer entre la lengua y el paladar, cómo rozarla contra las mejillas, a qué ritmo balancear la cabeza, cómo presionarla con mis dedos, con los labios. Saborearla, lamerla, gozarla. Y sacarle el máximo placer a ese manjar que me enloquece. Sé qué hacer para dejar a mi amante con los ojos en blanco. Pero hoy venía bestia y con prisas. No me permitió que le tocase más de lo justo. Me puso las manos en su culo y agarró mi cabeza entre las suyas apretando con fuerza mis orejas. Me llenó la boca. Mi cara contra sus piernas y comenzó ese vaivén de embestidas en mi boca plena de polla. Bruto, como es él a veces, marcó el ritmo de la mamada, sin importarle las arcadas que sentía cuando su penetración me llegaba a la garganta. Apenas me daba tiempo a respirar por la nariz, con tanta agitación. Hoy eso a Él no le importaba. Enfrascado en su propio placer, deslizaba la polla desde los labios a la garganta sin soltar un solo gemido. No podía ver su cara, pero conozco ese gesto suyo conteniendo el placer con los labios apretados y los ojos entornados. Sé que mi boca le da lo que necesita. Con un brusco tirón de pelo echó mi cabeza hacia atrás justo al momento en que quiso correrse. Le vi a los ojos. Con la polla en la mano se corrió en mi cara, mientras yo abrí los labios para saborear su espeso manjar. El juego había terminado. Bien guardada en el vaquero se marchó sin tan siquiera dar las gracias. Dejándome así, de rodillas y con la cara hecha un cuadro. No me importó lo más mínimo. Sabía que en cinco minutos bajaría con un par de donuts . Yo preparé el café y no esperé mucho por mi recompensa. Tumbada sobre la mesa de la cocina, con mis piernas abiertas, su boca me devolvió el favor. Con la lengua, con los dedos, con esa habilidad suya que tiene para enloquecerme de placer. ¡Benditas las bocas sabias, que transmiten la gloria sin palabras!


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