Relato Erótico de Transexual: Un viernes para recordar

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Fecha: 2019-10-16


Un viernes para recordar


Autor: afuentes

Categoría: Transexual

Hace no mucho tiempo me encontraba solo en casa, era una noche de jueves común y corriente, yo había regresado de trabajar y me dispuse a descansar un rato viendo la televisión y cenando algo ligero. Decidí irme a dormir temprano ya que aún quedaba el día viernes para concluir con la semana laboral. No era muy tarde, aun no daban las 11 de la noche cuando el silencio que había en mi habitación fue interrumpido por un inesperado rechinido que provenía del departamento de arriba, nunca había escuchado a mis vecinos teniendo sexo, ellos son ya una pareja madura y me parece que siempre habían sido cuidadosos con ello hasta esa noche. El rechinido se empezó a hacer más fuerte y a los pocos minutos se escuchaba como ella gemía de placer, el show auditivo no duró mucho pero fue lo suficiente para ponerme inquieto. A la mañana siguiente desperté como todas las mañanas para iniciar mi rutina de todos los días y cuál es mi sorpresa que de nuevo se hacía presente el rechinido de la cama de los vecinos y los gemidos de ella haciendo evidente que lo estaban pasando muy bien. Mientras me bañaba no dejaba de pensar en mis vecinos teniendo sexo, pero sobre todo en los gemidos de la vecina, curiosamente mis pensamientos no eran imaginándola desnuda o en alguna posición en específico, sino más bien, mi imaginación estaba en lo que ella sentía para gemir de esa manera tan sensual. No pude contener las ganas y me masturbé bajo la regadera ayudado de un poco de shampoo. Por ser viernes, el código de vestimenta en la oficina es bastante más relajado que los demás días, así que decidí vestirme sexy para mi, después de todo, aún me sentía bastante excitado, no me había sido suficiente con haberme tocado durante el baño. Sequé mi cuerpo con la toalla y me puse crema en todo el cuerpo, lo hice lentamente especialmente en mis partes íntimas. Saqué un pantalón de mezclilla azul claro del closet y me los puse sin ropa interior, me agrada la sensación áspera de la mezclilla en mis nalgas, sobre todo usando ese pantalón que me queda muy ajustado, y aunque no tengo mucha retaguardia no se me mira del todo mal ya que me he percatado que algunas mujeres y alguno que otro caballero me miran de forma coqueta. Completé el outfit con una playera color arena también ajustada, un blazer azul marino y unos mocasines color café sin calcetines. Antes de salir de casa me eché un poco de fragancia en tonos dulces, nada que ver con la que uso cuando visto de traje o con outfits formales. Salí de casa y me dirigí al transporte público como todos los días, la sensación de la mezclilla en mis muslos y en mis nalgas me hacía sentir sensual y un poco prendido. Cuando subí al autobús eché una rápida mirada para ubicar un asiento libre y para mi sorpresa un hombre de aspecto maduro y viril se recorrió de su asiento como sugiriendo me sentase con él. Yo hubiese preferido ir al lado de una chica pero bueno, no había mucho de donde elegir así que accedí a sentarme junto a aquel hombre y le agradecí el gesto con una leve sonrisa y un saludo de “buen día”. El hombre me sonrió y solo atinó a decir “por fin viernes”, a lo que yo contesté “sí, me ha parecido una semana larga”... de ahí se detonó una plática típica de autobús, cosas triviales y generalidades. Como los viernes suele haber más tráfico que los otros días duramos charlando cerca de una hora. Minutos antes que mi compañero de viaje bajara del autobús me dijo, “me caes bien, te doy mi teléfono por si deseas seguir charlando desde tu oficina”. Intercambiamos teléfonos, él bajó del autobús y yo seguí con mi camino unos minutos más. Por ahí de las 10 de la mañana recibí un mensaje en mi teléfono que decía “hola galán, quieres seguir charlando?”, como el día estaba tranquilo en la oficina accedí a charlar vía mensajes de texto, pero la plática de inmediato tomó otros rumbos. Estás muy guapo, me gustaste desde que te vi subir al autobús. Disculpa no soy gay, perdona si mi actitud te confundió. No te disculpes, yo tampoco soy gay, pero bueno, sé apreciar cuando alguien es guapo o agradable. Además hueles riquísimo. Pues gracias, me dejaste sin palabras, tú también eres muy agradable. ¿Solo agradable? ¿Yo no te gusté? Pues si te soy sincero, feo no eres ja ja ja. Vamos bien entonces. ¿Qué harás después del trabajo? Ir a casa ¿y tú? También, mi esposa estará fuera el fin de semana. Ya somos dos solitarios. Te invito una cerveza o un café en mi casa. No sé… me pones nervioso. De eso se trata corazón. Ok… me agrada la idea. Quedamos en vernos en una plaza comercial cerca de nuestro rumbo a las 6 de la tarde, aprovecharíamos en comprar unas cervezas y algo de cenar para finalmente tomar un taxi que nos llevaría a su casa. A eso de las 3 de la tarde recibí un mensaje de Adrián, mi nuevo amigo, era una foto de su pene erecto y con un breve mensaje que decía “¿te gusta?”. Yo entre nervioso y excitado solo atiné a decir, “se ve rica, luce grande”. De nuevo comenzó un intercambio de mensajes, ahora más subidos de tono. Es toda tuya corazón. ¿Te gustaría chuparla? Claro, pero yo nunca he chupado una. No te preocupes, tenemos toda la tarde para que aprendas. Se me hace agua la boca solo de imaginarlo. A mi se me hace agua la boca imaginar tus nalguitas, bajarte el pantalón y apretártelas. Me estás poniendo a mil Adrián. Tu así me has tenido todo el día mi rey. Ya quiero verte para cogerte y hacerte mi putita. En cuanto me dijo “mi putita” vinieron a mi cabeza los gemidos de mi vecina, por fin iba a saber lo que ella sentía mientras se la cogían, para nada me molestaba que mi nuevo amigo tomara la iniciativa y yo ser su putita, así que le contesté. Sí papito, quiero ser tu putita esta tarde, quiero que me hagas tu mujercita. Después de unos minutos Adrián me mandó un nuevo mensaje. ¿En verdad quieres ser mi mujercita? ¿Usarías lencería para mí? Claro que sí, no solo lencería, me vestiría completamente de mujercita si es lo que tú quieres. Ardían en un tono más serio comenzó a hacerme preguntas más específicas sobre mi estatura, talla de cintura, talla de zapatos, si tenía mucho vello, etc. Después del interrogatorio me dijo. Por zapatos, ropa, lencería y accesorios no hay problema, puedes usar de mi esposa, ella es alta y frondosa, pero me gustaría que compráramos una peluca ya que vamos a ir a la plaza. Me parece bien papito, yo estoy dispuesto a complacerte. Ya a estas alturas lo único que quería era sentirme la hembra de ese macho, ya no podía pensar con claridad ni medir consecuencias. A las 6 de la tarde los dos estábamos puntuales en plaza comercial y nos encontramos en el punto acordado, de inmediato fuimos a dos estéticas para buscar la peluca sin éxito, así que decidimos ir a una sex-shop, tal vez ahí tendrían algo que nos pudiera ayudar. La persona que atendía la sex-shop era una chavo evidentemente gay, así que no hubo necesidad de disimular, Adrián preguntó si tenía pelucas, pero el chico nos dijo que no las vendía solas, sino junto con disfraces o kits de fantasía. Tanto a Adrián y a mi nos resultó evidente lo que era un disfraz, mas no así lo que era un kit de fantasía. El vendedor sacó del mostrador una caja y dentro de ella venía una peluca rizada pelirroja, una especie de diadema con orejas de gato, un antifaz y una especie de cola de zorro con un plug anal. Sin preguntar mi opinión, Adrián solo pudo decir, “nos la llevamos”. Mientras el chico registraba la venta en la caja, Adrián mi susurró al oído, “vas a ser mi zorrita esta noche”. El chico nos dio la caja en una bolsa negra bastante discreta y salimos de la tienda, fuimos al supermercado y yo esperé a Adrián afuera con la bolsa mientras él compraba las cervezas y la cena. Cuando abordamos el taxi eran ya casi las 7:30 de la noche. No hablamos mucho en el trayecto, los dos íbamos como entre bloqueados e hipnotizados por lo que nos esperaba. Llegamos a casa de Adrián que estaba a unos 15 minutos de distancia de la mía, pagamos el taxi y entramos con toda naturalidad como si se tratase de dos buenos amigos. La casa de Adrián era linda, muy ordenada, ni bien habíamos entrado buscamos nuestros cuerpos y nos fundimos en un gran beso francés. De inmediato las manos de mi hombre se fueron a mis nalgas y yo solo me dejaba hacer. ¿Quieres agua o ya quieres tu cerveza? Agua para el nervio jajaja… contesté! Mientras Adrián iba a la cocina rápidamente me desnudé en la sala, no me costó mucho trabajo, con los mocasines sin calcetines y sin ropa interior fue muy sencillo despojarme de los demás. Sin pensarlo fui a la cocina para alcanzar a Adrián, y cuando me miró se sonrió morbosamente, se acercó a mí comenzó a manosearme. To acariciaba con una de mis manos su entrepierna por sobre el pantalón, mientras sus manos de él recorrían mi cuerpo. Regresamos a la sala, abrimos la caja y me puse el antifaz, la peluca y la diadema con las orejitas de zorra. Adrián fue por una de las bolsas del súper y sacó una botellita de lubricante vaginal, se acercó a mí y con su mano firme y fuerte comenzó a ponerme un poco en el ano, después tomó la cola de zorra y puso lubricante en el plug anal. Ven, apóyate en la mesa, vamos a ponerte tu colita. Yo totalmente obediente me apoyé en la mesa, abrí mis piernas y paré un poco el culo, sentí el frío del plug y mi primera reacción fue contraer el ano, a lo que delicadamente Adrián respondió con una tierna caricia en mi espalda y con un tono de voz dulce y coqueto me pidió me relajara para que entrara fácilmente. Con un poco de más lubricante y después de un par de intentos aquel plug que no era tan grande se insertó completamente dentro de mí, era una sensación extraña, más cuando trataba de caminar, por momentos sentía que si me movía iba a salir expulsado pero poco a poco fui sintiéndome cómodo con aquel plug. Ahí estábamos, Adrián y yo abrazados, en una especie de bailoteo a mitad de la sala, le encantaba mirarme convertido en su zorrita. Con aquel accesorio peludo saliendo de mis nalgas y con el antifaz y la peluca que disimulaban mis facciones hombre. Era el momento de abrir nuestra primera cerveza, tomamos un par de tragos y fue que le pedí a Adrián que se desnudara para mi, así lo hizo y una verga de unos 17 o 18 cm salió disparada cuando se bajó finalmente el bóxer. Me hinque frente mi hombre, tenía su verga erecta a unos centímetros de mi cara, el olor era fuerte pero sugerente, quería tragarla de un solo golpe pero el shock de saber lo que estaba por ocurrir me hizo tomarla con una mano y comencé a darle besitos a aquel duro tronco de carne morena. Acaricié sus huevos, y de forma tímida comencé a meterme la cabeza en mi boca. Wow, que deliciosa y extraña sensación, me resultaba complicado poder moverme con fluidez, solo sentía un pedazo de carne duro en mi boca, poco a poco me fui adaptando a la nueva sensación y comencé a devorar esa verga como si se tratara de una rica paleta de dulce, alternadamente la sacaba de mi boca para chupar los huevos de Adrián, por un momento atiné a subir la mirada buscando ver su reacción y el tipo estaba en el cielo, con los ojos cerrados y gimiendo. Me sentí una hembra que le estaba dando placer a su hombre, ya no recordaba el plug dentro de mí. De repente Adrián me detuvo y me ayudó a incorporarme, fuimos al sillón, me recostó delicadamente en él y comenzó a besar mi boca, mi cuello, mi orejas, bajó a mis pezones y comenzó a devorarlos como si se trataran de unos suculentos senos femeninos, poco a poco fue bajando hasta que sentí como me estaba dando un maravilloso sexo oral, mi pene para nada se comparaba al suyo, era evidentemente más chico y extrañamente aunque me sentía sumamente excitado no estaba tan erecto, pero lo disfruté muchísimo. Adrián se puso de pie y fue de nuevo a las bolsas del súper, sacó un paquete de condones y se puso uno, ambos sabíamos lo que seguía, así que me puse en cuatro sobre el sillón, Adrián me sacó el plug y comenzó a penetrarme. Haber traído el plug anal ayudó mucho, no sentí dolor en la penetración y todo se facilitó, sentí cada una de las embestidas, de su pelvis chocando con mis nalgas, de sus manos firmes que por momentos me apretaban de la cintura y que finalmente me jalaban por los hombros para hacer más fuerte las embestidas. Sentí que el ritmo de Adrián bajó y se vino dentro de mí, obviamente con el condón puesto. Ambos estábamos sudorosos así que nos tumbamos en el sillón para terminarnos nuestra cerveza. Entre los tragos, nos dábamos algunos besos y alguna que otra caricia tierna. ¿Te gusto?... preguntó Adrián Mucho, ¿y a ti? También, estas deliciosa corazón. Muchas gracias. ¿No te molesta que te hable en femenino? No, para nada, soy tu mujercita esta noche, ya habíamos quedado. Te voy a llamar Claudia, si no te importa. Es un hermoso nombre, me gusta. Es tarde ¿Ya tienes hambre Claudia? Una poca, si. Si gustas podemos cenar. Claro, pero déjame que sea yo quien te atiende. De ninguna manera, tú eres mi invitada. Déjame ser tu mujercita, anda. Ok, si eso te hace sentir mejor, yo encantado. Préstame la ropa de tu esposa que quieres que use, quiero atenderte vestido de mujer. Dame cinco minutos en lo que elijo algo para ti. Ok. Cuando Adrián regresó, me entregó un vestido de terciopelo color negro, unas zapatillas negras de 12 o 13 cm, que debo confesar me dieron un poco de miedo porque nunca había andado en tacones, me entregó también un liguero una panti diminuta y unas medias negras. Yo aún vestía con las orejas de zorra, la peluca y el antifaz, así que solo me quité las orejas y fui al baño a vestirme para mi hombre. En el baño había crema corporal así que me puse en todo el cuerpo para suavizar mi piel además de perfumarla, me puse las medias, la panty y el liguero, me coloqué el vestido y por último los tacones, acomode bien la peluca y el antifaz. Debo decir que no lucía nada mal, aunque era evidente que mi cuerpo era de hombre, mis piernas largas y el color negro ayudaban a disimular un poco. Ya entaconada superaba el 1.85 de estatura, yo creo que la sacaba unos 10 cm a mi hombre, pero cuando él me vio parecía no importarle, todo lo contrario, parecía que mi tipo de cuerpo le excitaba. La erección que comenzaba asomarse me lo decía todo. Yo traté de no hacer mención de la erección para poder ir a la cocina a preparar la cena, pero no pude evitar pasar a su lado procurando no caerme de los tacones, a lo que él se limitó a regalarme un apretón de nalga y una nalgada. Indudablemente me cogería de nuevo, así que los dos con una gran sonrisa decidimos continuar con nuestro juego. Preparé la cena, la serví y le abrí otra cerveza. Ahí estaba yo atendiendo a mi hombre, a mi pareja, a mi marido por aquella noche. Yo trataba de fingir un poco la voz, los dos jugábamos y aceptábamos las fallas que podía haber porque afortunadamente no había dobles intenciones por ninguna de las partes más que el consentimiento de pasarla bien. Acabada la cena fuimos a la sala a bailotear un poco, yo me sentía segura entre sus brazos, ya sea que el acariciara mi espalda o mi cintura. Me encantaba que ocasionalmente metía su mano bajo la falda para sobarme el culo. Regresaron los besos, el cachondeo más descarado, le dije que me cogiera en su cama, que me hiciera suya una vez más. Ya en su habitación se tiró en la cama con el pene erecto, era una sugerente invitación a chupársela de nuevo, ésta vez sin vacilar me fuí directo a comer ese pedazo de carne, ésta vez lo recorrí con voracidad, mi saliva escurría y cuando me separaba de ella para lamer sus huevos se dibujaba un hilo de saliva que hacía más erótica la escena. Ven recuéstate ahora tu… ordenó Adrián Yo pensé que ahora él me daría un oral como la había hecho antes, pero no, metió sus manos bajo el vestido y me saco la pequeña pantaleta, tomó una almohada y la puso debajo de mi cadera, me tomó de los tobillos y acomodó sus hombros debajo de mis pantorrillas para que me culo quedara expuesto a su merced. Se puso un condón, llenó sus dedos de saliva y lubrico mi ano, para después buscar la penetración. En ésta ocasión costó un poco más de trabajo pero no mucho, yo solo entre cerré los ojos y medio veía su silueta, poco a poco el ritmo se aceleró y regresó el placer, y juntó con él el recuerdo de los gemidos de mi vecina. Así debió de gozar ella con la verga de su marido adentro, y casi como por reflejo comencé a gemir de placer al compás de los movimientos de mi ahora amante. Sí, así… así… cógeme papito. Qué rica verga tienes! Así te gusta putita? Sí amor así, ooohhh que macho eres! Eres mía Claudia, mi putita. Aaahhh Aaaahhh Aaaahhhh Mis gemidos parecían gustarle, cada vez me daba con más fuerza y yo cada vez me sentía más mujer. Me estaban dando el mejor sexo, la mejor cogida de mi vida. Adrián se vino nuevamente dentro de mí y quedamos tendidos en la cama. Nos dio más de media noche cogiendo, a diferencia mía, Adrián trabajaba los sábados, así que me desnudé completamente fui a la sala por el plug de zorra y yo misma me lo coloqué para dormir juntos, para que él durmiera junto a su zorrita. A la mañana siguiente nos bañamos, y nos vestimos. Adrián me pidió que yo guardara nuestro kit de fantasía, a lo que yo no tuve problema, abordamos juntos el transporte juntos, yo me bajé del autobús pronto ya que la distancia de su casa a la mía no era mucha y el siguió su camino al trabajo. Quedamos en volver a repetir la experiencia cuando estuviera solo en casa para disfrutar sin prisa. Fue sin duda la mejor noche de viernes de mi vida. ********************** Me gustaría saber qué te ha parecido el relato, ¿qué te ha hecho sentir? Puedes escribirme a [email protected]


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