Mi abuelo me dejó a solas con el cura. Dominación.

2019-08-21


Uno de los castigos más dolorosos que mi abuelo me hacía pasar, era untarme una guindilla en el coño. Me dejaba en el sofá del salón mientras él iba a la cocina, escogía una guindilla y la traía hacia mí. Quítate la ropa y ábrete de piernas - me decía muy serio. Yo tenía 10 años. (Continuación de “Mi vida con mi abuelo. Dominación, filial.“) Uno de los castigos más dolorosos que mi abuelo me hacía pasar cuando no hacía las cosas bien, era untarme una guindilla en el coño. Me dejaba en el sofá del salón mientras él iba a la cocina, escogía una guindilla y la traía hacia mí. Quítate la ropa y ábrete de piernas - me decía muy serio. Yo tenía 18 años cuando empezó este castigo. ———— Aún me dolía el culo de la noche en la que mi abuelo me había follado por primera vez, aunque ya habían pasado un par de días. Desde esa noche mi abuelo me dijo que no hacía falta que usase braguitas nunca más, que sería más cómo disponer así de mi culo cuando él quisiese. Dos días después de que mi abuelo me abriese el culo por primera vez, estaba yo limpiando con una camisa desabrochada, por la cual mi pecho aún no desarrollado asomaba, igual que mi culo y mi coño de niña. Hoy vendrá el cura del pueblo. — me dijo mi abuelo. ¿Para qué? No es domingo. Sí, es verdad. Me encogí de hombros y seguí limpiando la casa de campo, no quería hacer enfadar a mi abuelo. El cura era el único que venía a visitarnos, era un señor de unos 57 años, canoso y grande, sudaba mucho, y parecía ser el único amigo de mi abuelo. Siempre venía los domingos a comer y luego se marchaba. Serían las cinco de la tarde cuando mi abuelo y yo vimos al cura venir andando a lo lejos, y fue entonces cuando mi abuelo me ordenó quitarme la camisa que llevaba, dejándome totalmente expuesta. Esto me resultó muy extraño, pues siempre que había venido el cura a casa, mi abuelo me hacía ponerme la mejor ropa que tuviese. Me sentía desnuda y me daba vergüenza, una cosa era que mi abuelo me viese, pero, ¿el cura?, me tapé mi vulva con las manos, bajé la mirada y me ruboricé, esperando a que llegase a casa. Cuando llegó, me saludo como si no reparase en el echo de que no tenía ropa con la que taparme, y mi abuelo nos hizo sentarnos a los tres en el salón: yo en una silla, ellos delante mía en el sofá. Jimena, cuéntale al cura qué haces todas las mañanas. —dijo mi abuelo. Or… ordeño las vacas —respondí con vergüenza, sin atreverme a levantar la mirada. Qué niña más buena — dijo sonriendo el cura. ¿Y por qué ordeñas las vacas? -preguntó mi abuelo. Hay que sacarles la leche. —dije. ¿Para… qué? Venga Jimena, habla sin vergüenza, que no pasa nada, estás en familia, a ver, míranos y explícame para qué sacas la leche a las vacas. Así hacemos queso, y… y también nos podemos beber su leche. El cura sonrió aún más y mirando a mi abuelo tomó él la palabra. ¿Sabes por qué estoy hoy aquí, Jimena? Negué con la cabeza. Él se levantó y sujetó mi cabeza con sus manos, haciendo que le mirase a los ojos. Digamos que a los hombres, es decir, a tu abuelo y a mí, también nos tienen que sacar la leche. ¿Lo entiendes? Moví la cabeza asintiendo, aunque sus manos seguían sujetándome por la barbilla. Mira Jimena, ya no eres una niña, tienes 18 años y tienes que comportarte como una mujer, ¿esto también lo entiendes? Yo miré a mi abuelo por encima del hombro del cura, y al ver que me asentía con la cabeza, sonriente, yo hice lo mismo, aunque sin sonreír. Temía que me volviese a abrir el culo con su pene, ¿a qué se refería con sacar la leche a los hombres? estaba muy confundida y asustada. El cura volvió a sentarse en el sofá, y tras una breve charla entre él y mi abuelo que no logré oír, vi cómo el cura se bajaba los pantalones y sus calzoncillos, quedándose sentado, mirándome sonriendo y con un pene no erecto que parecía, aún así, bastante grande. Acércate Jimena, hoy vas a aprender a sacar la leche a un hombre. —dijo mi abuelo. — Os dejaré solos, avísame cuando hayas acabado con ella. Yo me acerqué al cura mientras mi abuelo terminaba de salir de la habitación. Por favor, no me haga daño en mi culo, por favor, aún me duele. - Le dije sin mirarle a la cara. El cura se rió y me ordenó ponerme de rodillas delante suya. Jimena, Jimena… tranquila. Lo primero que quiero que hagas a partir de ahora es llamarme Padre, ¿sí? y lo segundo es que confíes en mí y me obedezcas, ¿vale? S… sí —titubeé ¿Sí qué? Sí Padre. Bien, dame tus manos. Levanté mis manos, que al estar yo de rodillas y él sentado en el sofá, quedaron a la altura de sus rodillas. Él las cogió y las llevó a su pene, el cual pareció moverse en cuanto puse mis manitas sobre él. El cura jadeó de placer. Quiero que con tus manos cojas mi polla, una encima de otra, ¿vale niña? y las muevas de arriba a abajo despacio, hasta que crezca. Yo coloqué mis manos sobre su pene, sin saber muy bien lo que estaba haciendo, se notaba caliente y la textura no me resultaba muy agradable, además, se hacía cada vez más grande y no sabía si era culpa mía o si estaba haciendo algo mal. Como el cura no decía nada comencé a mover mis manos como él había dicho, muy torpemente. El cura me miraba desde arriba sonriendo. Ay tesoro, voy a hacer de ti una puta increíble, sigue moviéndolas así, sí. Seguí masturbando su polla lentamente, hasta que estuvo totalmente para reventar. No me cogía en las manos y mis brazos de niña me dolían, estaba cansada. Mírame Jimena, tesoro, mírame, lo estás haciendo muy bien Le miré en silencio Ahora quiero que pongas tu boquita en la punta de mi polla — la señaló con su dedo— aquí, y que la chupes Mi cara tuvo que dar a entender que me daba asco lo que decía, ¿Cómo le iba a chupar la polla? ¿Tenía esto que ver con lo de sacar la leche? olía mal y sudaba, y además, no parecía que eso fuese a caber en mi boca, ni siquiera la puntita. Negué con la cabeza. Padre, prefiero seguir lo que hacía con las manos Me da igual lo que prefieras, putita, he dicho que con la boca, y es con la boca No, por favor Abre - la - boca - ya — me dijo muy serio Yo seguí negándome. El cura suspiró y mirándome me dio una hostia en la cara que me caí al suelo, yo comencé a llorar sin levantarme, gimoteando en el suelo. Estando así noté cómo me levantaba por el pelo y me arrastraba por el suelo, volviendo a ponerme de rodillas delante del sofá. Abre la boca, zorra. Me mordí los labios para no abrirla. Me tiró aún más del pelo e hizo que le mirase. Abre la boca o lo vas a lamentar. Puso su polla en mis labios cerrados con fuerza, y empezó a intentar meterla dentro de mi boca, dándome embestidas con ella. Yo lloraba y las lágrimas me caían por la cara, intentaba apartarle con las manos pero era inútil, era una niña de 18 años contra un señor de 57. Al final acabé abriendo la boca y noté cómo entraba su polla con fuerza en mí, un sabor horrible inundó mi boca, me dieron arcadas e intenté quitarme, pero sus manos sujetaban con fuerza la parte de atrás de mi cuello, con lo cual él era el que controlaba cómo y cuándo salía su polla de mi boca. Pensé que me iba a rajar las mejillas, que no me cabía todo aquello. La boca me ardía y empecé a salivar muchísimo. Bien bien, así me gusta — decía el cura mientras sacaba su polla y la volvía a entrar con fuerza. La saliva caía por mis labios, al igual que mis lágrimas por mis mejillas. Eres una buena zorra para ser tan pequeña, ¿eh? Me tiró del pelo hacia abajo para que le mirase. Contesta, zorra. Asentí con la cabeza. No te oigo, puta de los cojones shzzsi —dije con su polla metida hasta el fondo en mi boca, que ahora no se movía. En ese momento sentí como si me vertieran un líquido caliente directamente en la garganta, me atraganté y comencé a toser. El cura se apartó riendo. Bien, Jimena, ya eres toda una mujer.

Autor: Jimena Categoría: No Consentido

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BOULEVARD OF BROKEN DREAMS: introducción

2019-08-21


Natalia pertenece a los 7 pecados capitales, lucha con la esperanza mas allá de los sueños y las espinas rotas del amor de Madame Scarlett a la que considera su única Madre. Acompáñame en este relato en el que narro una historia de fascinantes pasiones, deseos, secretos y traiciones que nuestra protagonista experimentara con finales en el que cada vez reconocerá su pasión interna y el significado del amor. Para que otros se inspiren debo de contar una historia apasionada. Para ser honesta no me interesa lo que piensen, sus pasiones están ocultas en la falda de una servidora, de lo contrario no estarían aquí leyendo lo que tengo que contar. Su Nombre era Madame aunque en realidad se llamara Scarlett Monroe, pero todos la conocían como Madame. Ella no pretendía ser especial sin embargo lo era, podría considerarla mi madre, mi mentora o la bruja que modelo a detalle mi material y esculpió de mi un rubí color de sangre. ¿Pero quién era Madame? en el alto y en el bajo mundo era reconocida en sus días como mujer, una belleza en elegancia, un fino paso en elegante tacón negro. Madame dominaba las pasiones de hombres y mujeres por igual, ya que ella pertenecía a una amplia casta en este oficio que recorría centenares de años, provenientes de la Inglaterra medieval prácticas que hasta hoy día no se han perdido. Madame no era malvada, pero hay que reconocerlo que pertenecía a un mundo que no le permitía actuar de otra manera para proteger a sus hijas. De la mano de madame 5,000 mujeres fueron educadas en el arte de la seducción, las sumas de dinero eran exorbitantes de tal modo que gobernantes mundiales estaban inmiscuidos en su trata de blancas. El producto que entregaba madame era por muchos el más valorado dentro de las subastas, solo los más ricos podían llegar a pedirle a madame el favor por alguna de nosotras. Recuerdo como fue la primera vez que la vi, era intimidante, yo tan solo era una niña que vivía en las calles, robando la comida de los perros. Ella me recogió del suelo y me ofreció convertirme en su protegida, me enseño todo lo que pudo sobre este arte. Ella fue mas estricta con migo que con nadie, me dejo crecer el cabello y me mando a vivir con las otras, quienes desde niñas habían sido compradas a sus padres para ser adoctrinadas por madame y sus institutrices. Dentro del edificio no conocíamos otro mundo que no fuera ese lugar, todas cumplíamos con un código de conducta teníamos diferentes clases como ballet, canto, cocina, genitales, química, idiomas, seducción y placer, música y contrario a lo que cualquiera llegase a pensar no nos permitían tocar nuestro cuerpo hasta cumplir los 16 años, hasta entonces no podíamos estimularnos. Madame controlaba nuestra dieta y ejercicios para nuestra feminización, además del suministro diario de estrógenos a temprana edad. Después de cumplir los 16 años la práctica sexual era llevada con una disciplina poética, pues debíamos estar a la altura de una diosa del sexo antes de salir al mercado, nuestros modales debían ser perfectos y nuestra inocencia tan pura como la de quienes todavía creen en el Ada de los dientes, al menos hasta que nos compraran, pero madame tenía otros planes para mí. Al cumplir los 18 años separo a 7 chicas especiales las cuales se convertirían en la representación de la compañía. Madame lo había propuesto al señor Regal, el cual era un hombre de mayor edad, aproximaría los noventa años el cual era el jefe capitalista de madame. Suponíamos todas que el viejo no tenia ningún interés en las chicas ya que disfrutaba de otros placeres más masculinos. Aunque madame era estricta nos permitía divertirnos, esas 7 chicas eran mis mejores amigas. Madame nos puso por nombre los 7 pecados capitales, por la diferencia entre nuestras personalidades, ya que éramos su especial dolor de cabeza con nuestros constantes juegos y peleas. Madame nos reconocía como sus hijas en sociedad y si nosotras éramos los 7 pecados capitales Madame era el diablo. Las chicas que pertenecíamos a este grupo éramos Adele “la Avaricia” una chica de cabello rubio, la típica Barbie americana, grandes pechos y labios rosas, una interesada con ambición, la que no se levantaba de la cama si no le pagaban por hacerlo. Andrea de “la Lujuria” ella era una especialista en la seducción, solía pintarse el cabello de rosa y llevarlo despeinado, no le importaba si se trataba de madame ella jugaba con todo el mundo. Carlota “la Soberbia” su cabello era negro y lacio como la noche, ella era el método, por mi que se trataba de la sucesora de Madame, sabia todo lo que hay que saber y no aceptaba menos que la perfección, ella era una especialista. Kimani era nuestra querida “Envidia” y mi mejor amiga, una mulata de cabello chino, ella era algo especial, solía tomar todo lo que quería y todo lo que hacía le era perdonado, lo hacía con especial coquetería restándole importancia a lo material. Nana “Gula” una chica afroamericana, no todas tenían por que aceptar las dietas de Madame, Nana creaba conflicto en la cocina, pues su trasero era gigante y su hambre insaciable, solía asaltar la cocina por lo que madame la castigaba con ejercicio incluso madame la convirtió en su reto personal, se convirtió en una chica BBW sus pechos eran enormes, solía abrazarme y asfixiarme entre esos dos enormes pedazos de carne lactantes. Yumie nuestra apática consentida “la Pereza” en persona, era japonesa y la menor en el grupo, era nuestra consentida todas solíamos provocarla estimulándola mientras dormía. Por ultimo me presento yo soy “la Ira” madame me hiso de su chica mas apasionada y me dijo "que su ira solo era reflejo de una pasión expresando su verdad y yo era esa verdad" Natalia fue como ella me nombro y mi pelo tiño de rojo venganza, no entendí a madame hasta que el momento llego. Al cumplir los 18 años madame nos tomo a nosotras 7 y de su propio dinero opto por traer a los mejores cirujanos plásticos del mundo, para realizar la operación que terminaría con nuestro proceso de feminización Recuerdo como era mi cuerpo entonces, la mayoría de mis facciones femeninas eran solo producto del estrógeno que Madame había suministrado en mí, se trataba de un derivado de un compuesto especial. Mis pechos aun eran adolecentes y mis pezones en punta suaves y sensibles al roce de mi sujetador, solía masajear la entrada de mi ano esperando que algún hombre hiciera uso de él. Recuerdo una ocasión en la que Andrea entro a mi habitación mientras hacía uso de mi cuerpo, aunque era más pequeña y yo bastante alta me derribo, me sujeto de los senos y comenzó a besarme de una forma tan descarada, sus pechos eran más pequeños que los míos y su pene era una miniatura de 10 cm en erección. Ella me besaba mientras masajeaba mi pene con su sonrisa picara, ella me silencio y comenzó por introducir mi pene en su apretado ano, me monto como una jinete ansiosa, no pude evitar mover mis caderas. Aunque había entrenado mis caderas toda mi vida para moverlas como una zorra en celo, jamás había experimentado la sensación que experimentaban los hombres, comencé a tomar el control de la situación, mis manos actuaron por si solas tomando las piernas de Andrea y colocándola contra la pared con mi mano en su cuello, mordía su oreja izquierda mientras me la follaba. Una zorrita como Andrea no tenía por que entrar a mi habitación si no estaba lista para asumir las consecuencias de un comportamiento tan provocador como ese. Así pasamos la tarde en mi habitación, cuando termine con ella mi polla aun estaba erecta y ella tirada en la cama con todo mi semen sobre su rostro, pecho y saliendo de su ano estrenado por mí. Todas buscaban a Andrea me limite a decirles que estaba en mi cuarto durmiendo. Desde ese día Andrea dejo a Madame en paz, trataba de pasar más tiempo con migo, ella tocaba mis pechos cada que tenia oportunidad, sobre todo en las duchas después de hacer algo de deporte. Solía pasar tiempo amamantándose de mi pecho y bebiendo de mi miel especial. Cuando llegaron los cirujanos Madame los presento a todos los mejores especialistas solo para nosotras 7, ellos nos ofrecieron mejorar nuestros cuerpos como nosotras lo deseáramos. Por mi parte pedí que mis pechos fueran más grandes y que pudiera lactar de ellos, quería unas caderas más grandes y un trasero equilibrado, para poder lucir un cuerpo natural en un vestido de noche. Madame me sugirió que no le hiciera ningún cambio a mi rostro, ya que este le parecía ser perfecto, acepte su solicitud con la condición de que me permitiera tatuar mi espalda con un tigre, una flor de loto y una mándala, Incluso le enseñe el diseño a Madame, el que yo misma había dibujado. Por ultimo un cirujano hiso la recomendación de retirarme el iris para que mis ojos se vieran azules y combinaran con mi cabello carmesí por lo que no me negué y acepte su consejo. Kimani pidió lo mismo para ella, pero quería como tatuaje una pantera y una rosa además del mándala. Nana quería una redistribución de su grasa, por lo que le realizaron una faja bajo la piel, lo que hiso un gran favor en ella, ya que por primera vez tenía una cintura. Su cuerpo permanente ahora era grande y sensual, sus pechos solo podían ser sujetados por un sostén de tela, seguramente un record, desde entonces comenzó a usar un corset muy ajustado que solo se quitaba para ducharse tener sexo o simplemente para relajar el abdomen. Carlota no pidió mayores cambios que cualquiera que la acercara a parecerse a una mujer perfecta, su cuerpo tenía que ser una sola línea bien acentuada, quería que todo pareciera ser natural, desde sus pechos hasta su cintura. En cuanto a Adele teníamos que hablarlo, ella exagero. Sin embargo esta vez la exageración llevo a resultados sorprendentes, ella siempre quiso ser como sus muñecas y como el dinero para las operaciones iba de las manos de Madame, se dio el lujo de gasto desmesurado, su proceso llevo más de 2 años, incluso fracturo su mandíbula solo para hacer su rostro más femenino. Siempre la veíamos con vendas en el rostro, opero todo lo operable e incremento el tamaño de sus labios, sus pechos eran grandes y antinaturales, si por ella hubiera sido habría removido su pene lo cual no hiso, ya que Madame lo prohibió a fin de que no desgraciara ese bonito miembro entre sus piernas. Debo admitirlo jamás vi un pene más bonito que el de Adele, era simplemente perfecto desde su curva pronunciada hacia arriba, hasta su limpieza. No tenia prepucio su cabeza era rosada y su vello púbico muy suave, como si del pene de un Ángel estuviéramos hablando, ya que sus vellos eran rubios casi dorados, lo digo porque lo examine de cerca, sus testículos eran firmes casi sentía envidia. Yumie se hiso un rostro femenino, opero sus pechos y agrando sus ojos el sueño de toda chica japonesa, se tiño el cabello de castaño cobrizo, se hiso dos coletas y cambio el color de sus ojos por un color almendra, aclaro bastante su piel dándole un toque de lolita, solo usaba vestidos victorianos y cuando dormía parecía una muñeca que respiraba. Andrea no quiso hacer muchos cambios, ella quería mantener esa apariencia infantil. Se hiso de unos pechos pequeños, aumento el tamaño de su trasero solo un poco, se deshizo de la poca grasa que tenía en la cintura a base de dieta y ejercicio. Todas crecimos menos Andrea, ella hiso lo posible por verse infantil más tiempo, incluso a sus 24 años parecía una adolecente de 1.53 cm. Después de la operación pase más tiempo bailando frente al espejo, Madame me decía que la practica hace al maestro cuando me observaba bailar, pero en realidad estaba observando mi nueva figura a detalle. Sin embargo tenía un problema recurrente que pocos conocían constantemente mis pechos lactaban a la mínima presión. Mi tratamiento con estrógenos aumento la cantidad de leche que producían mis pechos y la sensibilidad de mis pezones provocaban que constantemente mojara mi sujetador, durante los ejercicios podía notar como mi pezones manchaban mi sostén deportivo antes que mi sudor. Requería constantemente la ayuda de Andrea para que vaciara mi excedente, succionando de mi pecho, ella se volvió muy apegada a mí, Madame se dio cuenta de esto y me consiguió un extractor de leche materna, pero para ser justos Andrea se había vuelto adicta a mis pechos. Después de transcurrido un tiempo madame nos preparo unos días de descanso en la playa, preparándonos para nuestra graduación. Es aquí donde comenzara nuestra historia. En el siguiente capítulo llamado “El Principio del Escape” relatare los motivos por los cuales tuvimos que escapar de nuestro mundo y el destino que tenían preparado para nosotras. ¿Cómo te adaptas a un mundo cuando no estás acostumbrada a trabajar para conseguir lo que necesitas para vivir?

Autor: karina Categoría: Transexual

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Carmin la puta de todos

2019-08-21


Como me convertí en Carmín, la puta de un grupo de adolescentes (introducción). Mi historia comienza de una forma bastante comun pero dio un giro que aun no puedo explicar. Para empezar dire que soy maestro de musica, mido 1.73, delgado, piel morena y si bien no soy una galan no me considero un hombre feo y he tenido bastante suerte con mujeres muy bonitas, lo que sigue es mi historia, una historia que nunca espere que sucediera. Durante la primavera siempre me invitan a dar un curso especial para chavos de barrios populares de la Ciudad de Mexico, yo accedo con gusto porque me gusta trabajar y enseñar algo del arte que tanto me ha dado, el ultimo curso que di, me encontre con una adolescente de aproximadamente unos 18 años, era una chica delgadita, pequeña, morenita con unos ojos cafes y aunque todavia era joven tenia un cuerpo muy bonito y bien definido, como casi siempre me pasa en este tipo de cursos la chica se enamoro de mi (el clasico enamoramiento de una adolescente por su maestro) yo tenia 31 años y si bien nunca he salido con ninguna alumna tampoco soy despota ni cortante con ellas. Sucede que el dia final del curso ella me pidio mi face y yo se lo di sin tomar mucha importancia del asunto, pasadas unas semanas ella comenzo a platicar conmigo, primero preguntas sobre la guitarra, luego sobre porque decidi dedicarme a la musica y poco a poco fue llevando todo esto a algo mas personal, para no hacer el cuento largo una tarde, despues de platicar la invite a un evento que iba a tener y rella gustosa fue, al terminar ella se acerco a mi y me dijo que si podia invitarme a tomar un cafe, esa tarde se veia espectacular, llevaba puesto un vestidito rojo con un escote muy pronunciado que dejaba ver demasiado y unos tacones que la hacian ver muy sexy, yo pense en rechazarla porque si bien no era menor de edad, si era mucho mas chica que yo pero algo me hizo aceptar y fuimos a un bar, convirtiendose el cafe en cerveza, despues de dos o tres tragos ella me dio un beso que yo correspondi y poco a poco nos fuimos olvidando tanto de la grente a nuestro alrededor como de la diferencia de edades hasta que ella me susurro al oido que fueramos a su casa ya que sus papas se encontraban de viaje y ahi la podiamos pasar mejor y asi terminamos en su casa. No puedo decir que lo hice por el alcohol pero algo en mi razon no funcionaba bien y asi todo fue subiendo de tono hasta que ella me dijo algo que me volo la cabeza. -Me excita mucho que me amarren y me traten rudo ¿tu lo puedes hacer? -¿Estas segura? -Hazlo por favor Asi que casi sin darme cuenta ya la tenia amarrada de manos y pies y tumbada en la cama donde con mi cinturon le daba en las nalgas, el oir sus gemidos me ponia cada vez mas caliente y cuando ella suplico que se la metiera lo hice sin delicadeza, ella gimio aun mas fuerte, le date los pies e hice que sue pusiera de rodillas y atandole una soga al cuello la lleve por toda la casa como una perra dandole nalgadas con una regla de metal cada vez que por tener sus manos atadas se cansaba o se detenia y cada ocasion que ella suplicaba por deternernos un instante pues ya no soportaba yo le daba mas fuerte y la hacia pasar por lugares mas dificiles, al final ella me pidio hacerme sexo oral y al parecer por como lo hizo, estaba aun mas excitada que yo, al final me corri en su cara y ella con verguenza pero aun excitada me dio las gracias, la desate y nos metimos a bañar juntos, ya en la cama la platica fue aun mas candente, me conto de videos que habia visto e historias, libros y como estaba casi loca por el sexo y me pregunto que si yo alguna vez habia hecho algo asi -La verdad no, claro que he visto videos pero nada que lo haya practicado, solo fue el momento -Pues lo hiciste bastante bien, la verdad pocas veces he estado tan escitada, me corri delicioso -Yo igual, me alegro de haber venido, ¿oye te puedo hacer una pregunta? -Claro, la que quieras -¿Que es lo que te excita de que te traten asi, de estar amarrada, de la humillacion? -No se, el ceder el control a alguien mas me libera, pero ademas mexcita mucho que me humillen, no me gusta pero me excita, es algo extraño ¿yo te puedo hacer una pregunta? (asenti) ¿Tu nunca tuviste una fantasia con una situacion de sexo rudo, el someter a una chica o algo asi? Y mi respuesta, traeria consecuencias nada agradables para mi que llegarian muy pronto y de forma brutal, de saber lo que pasaria habria respondido muy diferente pero me sentia en confianza -Para ser sincero una vez si, soñe que era una chica y y compañera me jaloneaba para darme un beso, yo me sentia indefenso o indefensa jaja ya que apesar de que no queria no competia en fuerza con aquel tipo y al final lograba llevarme hasta un lugar apartado y me besaba para despues decirme que me iba a hcer todo lo que el quiseira, ahi desperte pero me di cuenta que tenia una gran ereccion y por muchos dias juguetee con la idea de ser una chica indefensa a merced de un tipo mas grande y fuerte jaja claro que nunca se me ocurriria practicarlo, la idea de ser un hombre sumiso no me atrae en absoluto -Claro. es diferente Eso lo dijo en un tono raro y apesar de que continuamos hablando de otros temas, la note algo rara pero lo atribui al cansancio o a que el alcohol iba perdiendo su efecto. Pasaron varios dias desde que me volvio a llamar y ya suponia que algo la habia molestado pero cuando mando mensaje todo fue como antes, ella se mostraba muy linda y las platicas fueron como antes algo cotidiano, hasta el dia que me dijo que se habia ganado una noche en un hotel y queria pasarlo conmigo, yo aun con el recuerdo de lo que habia pasado accedi de inmediato y pactamos la cita de lo que seria la noche que cambio mi vida para siempre... (Continuara)

Autor: carmin Categoría: Transexual

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Primera vez que me exhibieron

2019-08-21


Voy a contaros la primera vez que me vestí de putita delante de más gente. Fue hace un mes, en un conocido local de sexo gay de Madrid. Yo había estado chateando con un oso morboso, y habíamos quedado en mi habitación del hotel. Yo le esperé vestidita, con mis tacones, mi lencería, mi peluca rubia y maquillada... En cuanto llegó se lanzó a sobar mi culo, mientras me metio la lengua hasta la garganta... ya venía con la herramienta preparada. Después de un rato metiéndome mano, agarrándome las nalgas y azotándome duro, me hizo bajar hasta su paquete... justo cuando iba a quitar sus calzoncillos con mi boquita de puta me paró y me dijo que parase, que tenía una sorpresa para mí. Me asusté bastante, lo conocía de 3 charlas calientes por skype. Me propuso ir a un club, a tomar algo como si yo fuese su novia... Al principio le comenté que era muy discreto y que nadie podía saber nada, pero no sé muy bien como, a los 10 minutos tenia toda mi ropita de Vanesa metida en una mochila y estábamos los dos saliendo de mi habitación tan tranquilos, como dos amigos. Durante el trayecto íbamos hablando como dos colegas, de futbol y de muchas más cosas. Aún así en el metro (me hizo llevar el tanguita y las medias puestas), se arrimaba todo el rato a mi culo y yo notaba su bulto... Vaya calentón llevábamos los dos! Una vez en la puerta del bar al que íbamos, que para nada parece por fuera lo que está pasando dentro, pagamos nuestra entrada con consumición y entramos. Parecía un bar gay normal, para tomar algo antes de ir de discotecas. Pero tenía un pasillo que algo me decía no era para ir al baño. Antes de bajar entré al vestuario que tienen y me convertí de nuevo en Vanesa. Estaba a tope, mi clitoris iba a reventar pensando en todos los machos que me iban a ver así. Pensaba que iríamos directos a un sitio tranquilo, a recibir polla por todos los lados. Pero no. Estaba esperándome en la barra, tan tranquilo tomándose algo. Yo le dije que estaba muy nerviosa... aún así me pidió una copa y me empezó a besar como si fuera su novia, acariciándome el culo en todo momento... En la barra había como otras 6 personas, que no paraban de mirar lo que estaba pasando. Era un sex bar de gays, pero no acostumbraban a ver travestis con carne como yo... Entre morreo y morreo, siempre con la mano de mi macho en mi culo, se acercaron dos tios. Dos gordos que iban a ver lo que por ahí se hacía. Me dijeron que estaba muy buena y que les encantaría bailar conmigo... Mi macho me dijo que sí, asique salí a la pista sobre mis tacones y se puso uno en cada lado. Uno pegado a mi culo y otro por delante pero con las manos en mis nalgas también. Me empecé a mover pero era muy difícil... entre los dos me tenían muy agarrado... notaba el bulto de mi acompañante trasero y el otro empezó a morrearme mientras agarraba fuerte mi trasero... no podía más de excitación, por lo que tras terminar el baile y morrearme con mis dos nuevos amigos, me fui otra vez con mi macho... Tenía la polla fuera y se estaba masturbando... Al llegar, me volvió a morrear a saco y me puso mi mano en su pene... lo pajeé todo lo que duró el beso, para después volver a salir a bailar con otro hombre más maduro que se acercó. Tras 3 bailes con todo el que se acercaba, mi macho decidió que ya estaba bien por hoy... Me metió por el pasillo y me hizo comerle la polla hasta que se corrió 2 veces. Una en mi boca y otra en mi culo... Por cierto, como estaba oscuro no me enteré de quién fue, pero en mi culo cayeron 3 corridas más a parte de la de mi oso... Fue una sensación espectacular y estoy deseando repetirla... Algún gordito morboso interesado?? Vanesa

Autor: labaslakome Categoría: Primera Vez

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Un Yerno Competente

2019-08-21


La Hija lo comparte todo.. **** La familia de doña Guillermina eran originarios de un pueblo de la provincia de Valencia,-Alquería de la Condesa-de sus padres, doña Guillermina heredo tierras, casas, y una participación accionarial de una empresa Valenciana, y no solo eso, si no qué del padre heredó también su visión para los negocios, y de su madre el temperamento de mujer apasionada que junto a una belleza fuera de lo común, la hacía más que deseable. Sí curvas tenía por delante, por detrás aún más. Por si no había bastante, doña Guillermina, tuvo una hija, que era una reproducción suya. A los 23 años ya llevaba media docena de novios a sus espaldas, y de todos los pelajes. Está, con un carácter como sus progenitores en cuando uno de estos novios no daban la talla los mandaba a tomar el aire a la Albufera, o más allá. Doña Guillermina hubiese deseado, que ella se casase y que la hiciese abuela. Aunque esta no era la verdadera razón. Doña Guillermina, que ya por estas fechas se había cumplido 54 años, el ser abuela no le decía nada, y menos tener a su alrededor críos que incordian o peor aún cambiar pañales oliendo a mierda de Tigre. Ella conservada todos los encantos de la juventud lo que soñaba ir a conocer a otro hombre con buenos argumentos entre las piernas, que le hiciese vibrar como su difunto marido. El deseo de ver a su hija casada, no era por otra cosa que esta se tranquilizase. Sí seguía encontrando novios aquella velocidad el desfile parecería la parada del bus. pero su hija a la que llamaba Guillermin, no le preocupaba lo más mínimo, lo que su progenitora pudiese pensar de sus amoríos continuados. Su inquieta vagina no le daba tregua. Y ella, tampoco, se lo daba a su entrepierna. Pretendientes los tenía docenas, y polvos, tantos o más que la casa talco. Fue un sábado noche con la discoteca a rebosar cuándo Guillermin conoció a un gacho que tenía una planta como un jugador de rugby. El tío no se andaba con estrecheces, cuando aún no llevaban 20 minutos contorsionándose en medio de la abarrotada pista, este le grito al oído que si quería salir al exterior a tomar unas copas de champagne y podrían hablar con calma. Guillermin, también en su oído le pregunto de que tenían que hablar. Este con desparpajo, le dijo, qué de cosas muy importantes que tenía la necesidad de decírselo a solamente a ella. Guillermina, que aquel pollo le había caído bien, acepto. Sentados en la terraza exterior y ante una descorchada botella de champagne, aquel atrevido garañón le dijo que se llamaba Recaredo, y que era soltero, sin compromiso, así como que tenía 28 años, y que era de Castellón. -La ostia macho-le dijoGuillermin algo sorprendida- y ¿Esto es la cosa tan importante que tenías que decirme? -bueno, en realidad esto es solo el comienzo-le dijo este sonriéndola enigmáticamente- -Lo que tenía que decirte, siguio, era que no es la primera vez que te veo y que desde aquel día siempre he deseado encontrarte sola. Si te digo esto es porque siempre me gustaste mucho o más bien muchísimo. -Pero como siempre llevabas algún moscardón al lado no me acerque a ti. -¡Caray con el de Castellón! - ¿Esto suena declaración amorosa, o son las burbujas del champagne? -le soltó con amplia sonrisa Guillermin. Recaredo, como si no lo hubiese oído, siguió con su acelerada marcha. No te tomes a broma lo que te acabo de decir, si me dices que sí, dentro de un mes me caso contigo, o si lo prefieres, antes. Guillermin, se lo quedó mirando fijamente sin llegar a comprender si lo que Recaredo le decía era una fanfarronada, con la idea de seducirla. No me mires así -le dijo este-que cuánto te digo, es lo que siento. Aunque quizá no te lo parezca, soy hombre de una sola palabra-y como decían mis antepasados-me visto por los pies. -¡Vaya…vaya, con los de Castellón! Es que sois la hostia, Guillermina estaba más que sorprendida.¿no serás familia de este cacho que en Castellón construyó un aeropuerto sin aviones? -No es nada extraño lo que hizo este señor, al que todos lo tomaron por aprovechado-la cara de Recaredo era todo un poema-este hombre, el proyecto del aeropuerto lo realizó con otros misteriosos fines que solo él y 2 personas de su entorno saben, pero al ver lo que le montaron todos guardaron silencio. El señor acuñó la frase de “Quien natura non da,salmántica non presta”-y yo creo que no iba equivocado. Algún día se sabrá el que y él porque-Recaredo, al ver la cara que se le había quedado Guillermin, la sonrió dulcemente. ¡Vamos a brindar por nosotros y nuestra próxima boda! Cuando Guillermín llego a casa faltaba poco para que amaneciese. Su madre ni se enteró, pero 7 horas después, esta fue a la habitación de ella para decirle que había conocido a un gacho, todo cachas, y que este le había propuesto matrimonio. -¿Y tú qué le has dicho? -le dijo esta. -Le he dicho que lo tenía que consultar con la almohada, mamá. ¿Te lo has cepillado?-continúo doña Guillermina. -Pues no- -Anda mi cielo, no pierdas el tiempo y cásate de una -doña Guillermina- todo carácter la abrazo tiernamente, como sí aún fuese una cría-si quieres-siguió ella- lo invitas a comer aquí en casa y lo conoceré yo. Supongo que cuatro ojos ven más que dos,¿No te parece? -Dos semanas después Recadero estaba sentado en la mesa entre las dos hermosas Guillerminas. Si una atraía sus miradas, la mamá de ella también. Sí una era muy hermosa, la madre aún más. La madurez le daba el encanto de la hembra cálida y gozadora. Recaredo,cuándo dejó la casa de ellas ya no sabía cuál de las dos le gustaba más. -Una semana después, Recaredo se llevó a la Guillermina al piso que vivía para enseñárselo y ahí también le enseño más cosas dignas de tener en cuenta. El gacho entre las piernas llevaba un carajo como un misil antitanque, al cual lo manejaba como quería. Cuando Guillermín volvió a casa, tiempo le faltó para explicar a la mamá que Recaredo sin sacarla, le había pegado dos polvos que la hizo recorrer el firmamento. Creo mamá que este es el hombre-le dijo a doña Guillermina exultante de tanta felicidad. Solo tres semanas después llegó la boda, Guillermin se fue a vivir a Castellón con el hombre de su vida. Doña Guillermina quedándose sola y feliz al pensar que ahora ya no tendría que preocuparse de su inquieta hija. Quizá fuese el momento de buscarse algún semental que le hiciese galopar. Lo que ella no podía imaginar era que esto ya lo tuviese en la familia. Solo dos semanas después Guillermin se fue a ver a la mamá. Recaredo había salido de viaje y estaría varios días fuera. La expectante Guillermina no terminada de creer lo que decía su hija. Para mi marido no es nada, follarme dos y hasta tres veces en una noche. Cuando se ha ido para varios días he tenido la sensación de que se me quitaba un peso de encima. -Doña Guillermina, no pudo evitar el decir medio en broma, que cuando ella se cansase se lo prestase. -A ver-continuo esta- sí mientras tú descansas, me cansa a mí. -Guillermin, no se asombró de la propuesta, ella sabía que su madre aún le hacía falta un buen semental. -¿ Y si nos lo montamos, mama? -Estas cosas lo mejor es decirlas claramente, lo que no se debe hacer dentro de la familia es crear engaños, ni decir mentiras- concluyo doña Guillermina-. Cuando a la vuelta del viajeGuillermin le comento a Recaredo la propuesta de mamá, a este no le pareció mal. Yo lo deseo, le dijo, es que en esta corta familia todos nos sintamos felices y más tratándose de tu mamá, a la que también quiero y le deseo lo mejor. Cuando doña Guillermina supo la aprobación de su yerno con el beneplácito de su hija se sintió la mujer más feliz del mundo. Ella también deseaba aquella felicidad perdurase eternamente. Después de deliberar la cuestión y de mutuo acuerdo se acordó que fuese Recaredo quién se fuese a vivir a valencia, a la majestuosa casa de doña Guillermina, así volverían a estar juntas madre e hija y este podría atender con más facilidad a sus entregadas damas. La primera noche que el hombre de la casa tuvo que actuar en la habitación de doña Guillermina fue a consecuencia de una indisposición de Guillermin. Cuando Recaredo entró en el dormitorio de doña Guillermina, esta lo esperaba con un conjunto recién llegado de parís, de color negro y con los correspondientes ligueros. La tenue luz de la estancia daba un toque entre misterioso y sensual. El hilo musical daba la música perfecta para que el encuentro entre suegra y yerno. La voz de Edith Piaf los envolvió, mientras abrazados danzaban lentamente, los brazos de Guillermina puestos en el cuello de aquel hermoso yerno hicieron que se fundiesen en un apasionado abrazo. Solo unos momentos después doña Guillermina sintió entre sus piernas la presión de aquel duro príapo. Sin intercambiar palabra sus labios se unieron en un beso todo pasión y deseo lujuriosos. La mano de ella bajo para agarrar aquella robusta polla como si no creyese que sería todas para ella, mientras la mano del encendido yerno le entraba por debajo de las minúsculas braguitas clavándole los dedos en medio de su soberbio culo, como si quisiese abrírselo, como una sandía. Cuándo ambos fueron a parar encima de aquella robusta cama, Recaredo, ardiente como una tea, de un seco tirón rompiéndole las finísimas braguitas y sin preámbulos le metió su príapo por entre el poblado bosque, color negro, como si fuese un obús. Allí, entre jadeos, doña Guillermina, le fue repitiendo ¡Destrózame el chocho! ¡Soy toda tuya, toda….toda… Cuando 5 horas después Recaredo volvió a la habitación donde descansaba Guillermin, está aún tuvo fuerzas para preguntarle, cómo le había ido con su mamá -Bien muy bien le dijo Recaredo en el oído. Guillermin cogiéndole la mano se la apretó fuertemente como dándole las gracias. -Nota del autor- Esta historia, es una más de las que viven los humanos, aunque no parezca real. © OMAR BERKANE

Autor: AkuSokuZan Categoría: Sexo con Maduras

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La ultima con Suzy

2019-08-21


2019. Mas de 2 años practicamente sin experiencias. Pero me pica el gusanillo. Vuelvo a tener ganas de Suzy. Es una chica que me resulta adictiva. Con el paso del tiempo, me he dado cuenta, que depende de lo que quieras y busques, cada una tiene su propio estilo. Hablé con ellla el fin de semana y me comentó que vendría a San Sebastián, si puede. Perfecto, le comento que me avise. El martes, me comenta que mañana estará aquí; y yo dando brincos de alegria. Le comento, que si puedo el propio miercoles voy a verla. Tras unos incidentes, veo que me resulta imposible, asi que le comento que voy el jueves. De paso, me pide un pequeño favor, que yo estoy encantado de solucionarle. Llego al portal y me abre. Me dice el piso, mientras subo las escaleras andando, con mis ligeros nervios. Me acerco a la puerta y se empieza a abrir. Cruzo y ahí esta esa maravillosa rubia que es ella. Dos besos, y veo una despampanante mujer con su traje de enfermera. Me lleva a la habitación. Se coloca en la cama y me dice que empiece. Empiezo a lamerla mmmmm. Tiene puestas unas medias y no puedo evitar lamer sus piernas por encima de las medias. La sensación me gusta. La lengua se me reseca más rápido. Sin embargo, parece que la humedad de mi lengua llega a su piel. Le quito con cierta torpeza las botas y después las medias y ya empiezo a lamerle las piernas como a mi me gusta. Empiezo por esas piernas, subiendo y bajando. mmmmmm. Bajo despacio hasta sus pies, después los dedos, me meto dedos en la boca, saboreandolos. Subo despacio por las piernas hasta la altura de las rodillas y en ese momento, se incorpora un poco y me da unos azotes en las nalgas. mmmmmm. Me estremezco. Bajo otra vez a sus piernas y sigo lamiendola. Como echaba de menos el sabor de su piel! Lamo lentamente sus piernas, hasta llegar a la falda que tiene, de enfermera. Aún no quiero quitarle la ropa, quiero lamer todo lo que pueda. Subo hasta su pecho y empiezo a lamerle el ombligo. mmmmm. Después subo hasta el cuello y una vez allí empiezo a lamerle el cuello. Ahora quiero chuparla enterita, asi que me incorporo un poco y en ese momento, me dice que la desnude. mmmmmm. Ahora mismo la tengo en toda su gloria, desnuda, como a mi me encanta, para poder comérmela a mi total antojo. Se pone boca abajo. Quiero seguir comiendo. Suzy sabe lo que me gusta, y a ella también. Suzy tiene un cuerpazo de escándalo para poder comértelo. Su piel, su cuerpo, tiene un sabor particular, que me enloquece. Lamo ahora su espalda, bajo por su columna hasta el culo. Luego lamo los hombros uno y otro. Sus brazos, mmmmm. Me levanto y ella se da la vuelta. mmmmmm. Verla tumbada boca arriba, con su polla morcillona me encanta. Voy a su entrepierna, pero me centro en los muslos. Ahora viene el sabor que me encanta. Su zona pélvica tiene un sabor más fuerte, en contraste con el resto de su cuerpo. Me encanta. Paso mi lengua por su polla. Le gusta que le lama el cuerpo, pero ella tiene ganas de que me c*** su pollon. Empiezo a lamerle las ingles, y ella abre sus piernas. Empieza a removerse más. Paso mi lengua por sus huevos. mmmmm. Empiezo a lamer y a meterme su pollon en la boca. Empiezo a succionarla, está ligeramente morcillona, pero quiero ponerla bien gorda con mi boca. Me la meto en la boca. Intento tragarmela todo lo que puedo. Ella empieza a gemir y a removerse. Con su polla engordando en mi boca, me da un par de bofetadas más y me pellizca los pezones. ¡uf! Me encanta que lo haga, hace que mi cuerpo y mente se vuelvan locos. Coje mi cabeza y empieza a meterme su polla, que ya tiene un grosor considerable. Quiere metérmela bien profundo. Me ahoga mientras me folla la boca. Me separo ligeramente, respirando. Vuelve a cojerme la cabeza y empieza a metérmela bien profundo. Me ahogo, pero me encanta. Empieza a tocarse mientras empiezo a lamerla de nuevo. Empiezo a lamer con ansia sus muslos, por la parte interna, rápido, ansioso. Ella empieza a bufar. Noto que está cada vez más cachonda. Me incorporo, estoy de rodillas en la cama. De repente oigo “Ponte a cuatro patas”. Estoy nervioso, hace mucho que no me entra nada y me viene el pánico. Me insiste, está claro que quiere follarme. Me pongo a cuatro patas en el borde, y me empieza a lubricar. Yo nervioso uf! Aquí viene ahhhh! Me duele. Ella se sale y más despacio empieza a montarme. No duele tanto, pero su polla sigue siendo enorme, un delirio y una delicia. Al poco, no puedo evitar salirme, me duele. Al ver mi apuro, me dice, “descansa”. Se vuelve a tumbar y yo comienzo a comer, a lamer, que me encanta. Me gusta a mi, y se que a ella también ya que se le nota. Ella se relaja un poco y yo también. Me dice que me tumbe boca arriba en la cama, me coloca un cojín, me sube las piernas y empieza a bombearme uffffff! Me la clava todo lo que puede aguantar mi culo, hasta que para. Se da la vuelta. Se coloca boca abajo. Meto mi lengua por su rajita y meto mi lengua en su ano mmmmmmm. Ella se remueve. Lamo su rajita más rápido. Ella esta poniéndose más caliente; gime. Estoy seguro que volverá a querer follarme de nuevo. Se da la vuelta, me da un par de bofetadas más y me vuelve a ordenar. “A cuatro patas, ven”. Obedezco. Lo hace como al principio, pero ya no me duele tanto. Empieza a montarme de nuevo. ¡Dios! A cada movimiento me la va metiendo más dentro. ¡Joder! Se sale, y se tumba a mi lado mientras se toca. Está cachonda. Me pellizca los pezones, mientras empiezo a tocarme como un mono. Me da unos cuantos bofetones, me estoy poniendo más burro. No puedo evitarlo, quiero correrme como una puta, y se lo digo. Me dice que me corra y yo le digo si puedo correrme sobre su pollón. Me dice que si y me corro inmediatamente uffff! Me ayuda a limpiarme, charlamos animadamente, hablamos de cuanto tiempo habiamos estado sin vernos. Estamos tumbados y bien relajados. Gracias Suzy. “Volveré”

Autor: Pagoandas Categoría: Transexual

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El Yerno y Las Cosas de la Vida

2019-08-21


Desde aquel inolvidable día de playa, que Doña Hortensia no había vuelto a ver a su yerno. No sabía si estaba disgustado por algo, o quizá avergonzado por lo que pasó. Desde aquel día, que en sus pensamientos y sueños este aparecia continuamente. Doña Hortensia no tenía otro remedio que poner sus deditos allí hasta que le llegaba un orgasmo. Mientras, esperaría a que este volviese a verla. Ella dudaba de que aquel día de calentura le hubiese olvidado. Por una vecina supo que a pocos kilómetros había una vidente, que lo adivinaba todo. Aunque dudase de estas historias, tomó la decisión de hacerle una visita. Quizá esto fuese como el horóscopo – pensó ella – que a veces hasta acertaba. Cuando estuvo delante de aquella extraña mujer tuvo la sensación de que esta le leía los pensamientos. Que para ella era como un libro abierto. Esta con rostro inexpresivo le dijo que la persona que esperaba llegaría a su casa al día siguiente. Cuando dejó atrás aquella misteriosa mujer su corazón latía mucho más deprisa. Al llegar a casa lo primero que hizo fue ponerse delante del gran espejo del armario y mirarse en él, su exuberante culo con la falda arremangada. Ilusionada como una novia después se desnudó y se puso una bellísima combinación de marca parisién, con sus correspondientes ligueros. No satisfecha, se quitó los minúsculos sostenes que no los cubrían porque sin estos se sentía más bella y deseable enseñando sus voluminosos pechos de piel blanquísima con unos pezones oscuros y grandes, que invitaban a ser besados y succionados, más de una vez. Doña Hortensia, sabia, que los hombres que se cruzaban con ella por la calle aún la desnudaban con la vista. Lo único que le faltaba era que viniese su querido yerno con su delicioso instrumento y después de chupárselo bien, se lo metiese en el chocho, eso sí, más de una y dos veces. Solo de pensar en tenerlo entre sus piernas se volvió a masturbar. Aquella noche, para la ilusionada señora Hortensia, fue más que larga, larguísima. Durante horas y horas lo fue soñando con extrañísimos sueños: ‘’En aquella inmensa llanura con andar cansino y soportando un inclemente sol el yerno de Doña Hortensia, transitaba a lomos de rocinante. La armadura que llevaba aún lo hacía sudar más, y su larga y pesada lanza hacia que se le durmiese el brazo. En el horizonte, como si fuese un planeta deshabitado no se veía nada. Solo un endeble árbol que apenas daba sombra. Cuando al cabo de más de media hora rocinante y su jinete pudieron cobijarse bajo su sombra, el yerno de Doña Hortensia levantando sus ojos al cielo dio las gracias por haberlo mantenido en pie en su largo camino – El yerno de Doña Hortensia – o sea el ‘’Don Quijote’’ – había recorrido grandes distancias por caminos y senderos llenos de polvo, siempre buscando enderezar entuertos allá donde fuese, para ello tuvo que pasar de todo y nada bueno, y como ahora un terrible calor que asaba hasta las pocas piedras que encontraba. Pero él, seguía adelante sin desmayo, siempre confiando en los Designios Divinos. El hombre de la mancha sabia que la fe movía montañas aunque por aquellas partes no se vislumbrase ninguna. Desde que unos facinerosos le robaron a su Dulcinea – en este caso a su Hortensia – su vida convirtiose en un mar de angustias. Incluso hubo momentos que perdió la fe. Pero él, después de breves descansos seguía y seguía adelante en busca, de ella. El hidalgo caballero de la mancha no se daría por vencido, hasta que encontrase a su amada, dando su merecido a aquellos desalmados. Sin piedad los traspasaría con su larga lanza. Del hombre de la mancha no se reirían, como tampoco se rieron, los molinos de viento cuando lanza en ristre los embistió sin piedad. Cuando la claridad del día borraba la oscuridad de la noche creyó ver no lejos de donde estaba un molino de viento encima, de una pequeña colina. Don Quijote dirigió a Rocinante hasta allí. Tal como iba acercándose logró ver a dos cabalgaduras atadas al lado de la puerta. El corazón del incansable hombre de la mancha se aceleró. Aquellas dos bestias tenían que ser las de los facinerosos, que le robaron a su Dulcinea. Este, descabalgando del incansable Rocinante se acercó a la vieja puerta sin hacer ruido y por una rendija pudo ver a su amada en una extraña posición, y con su falda encima de la cabeza. Aquellos rufianes la tenían a cuatro patas encima, de un camastro, y uno de ellos le tenía clavado en el culo su grueso PRÍAPO. El hombre de la mancha se extraño muchísimo de que su amada no se quejase, más bien al que la enculaba ella le repetía una y otra vez que la traspasase totalmente. Cuando este la llevó, el compinche reemprendió la labor y como este tenía un carajo aún más grande el hombre de la mancha creyó que ahora sí que se quejaría. Pero no. Ella dio a entender como si aquel enorme falo la hiciese gozar más. El hombre de la mancha, ya no pudo aguantarse, él sabía que a su amada la tenían que haber obligado a beber un pellejo de vino, y esta ya no era consciente de nada. Fue entonces cuando dando una patada a la vieja puerta entro lanza en ristre, y aquellos desalmados se quedaron con la boca abierta por la gran sorpresa. Con ella los ensartó sin piedad, como si fuesen dos pollos para cocerlos en la hoguera. Y de un fuerte golpe los clavó a ambos en la pared, como si fuesen un calendario, uno de ellos con su PRÍAPO colgando. ¡Aquí estoy amada, mía, para salvaros de todos los males! – le dijo un embravecido Don Quijote. Ella que no entendía nada de estos supuestos males le dijo más bien cabreada; ¿y no podías llegar unos días más tarde? ‘’Cuando Doña Hortensia despertó de aquel extrañísimo sueño de Quijotes, Rocinantes, y molinos de viento inútilmente intentó que aquel sueño no acabase. A ella le hubiese gustado que el segundo facineroso que la enculó hubiese estado muchísimo más tiempo haciéndolo con aquella voluminosa herramienta. Aún no eran las 9 de la mañana cuando Doña Hortensia hoyó que llamaban a la puerta. Era su amado yerno. Por esta vez, aquella vidente si dio en el clavo. Al cerrarla, esta le echó los brazos al cuello y lo besó como solo saben hacerlo las suegras enamoradas. En la oscuridad de la habitación y como dos almas perdidas en el paraíso Doña Hortensia fue recibiendo por todas sus cuevas la majestuosa polla de aquel yerno al que quería con locura. Ella no recordaba cuando en su vida había vivido tanto amor y tantos goces como le proporcionaba este. Posiblemente nunca. Aquel yerno era el reverso de la moneda del hombre con que se casó hacia ya más de cuarenta años. Mientras, en su lugar de la mancha el espíritu del caballero de la triste figura continuaba su eterno caminar por aquellas planicies, pero esta vez ya en compañía de su escudero y servidor Don Sancho montado en un flaco borrico, al que las moscas daban tormento. Cuando ambos se acercaron a un molino de viento que tenia atados al lado de la puerta dos cabalgaduras al ir a abrir la puerta de este a sus narices les llegó un fuerte olor a putrefacción y el caballero de la triste figura le dijo a Don Sancho, que mejor sería pasar de largo. ¡Vámonos Don Sancho, que aquí los entuertos ya alguien los arregló! Bajo un sol de justicia ambos continuaron andando por polvorientos caminos que nunca terminaban. (Capítulo 2) La prueba del 9 le llegó a Doña Hortensia el día que fue invitada a una boda de la sobrina de su difunto marido. Invitados también, fueron la hija y el yerno. Cuando Doña Hortensia apareció entre los numerosos invitados, los que la conocían quedaron sorprendidos ante el cambio hecho por esta. De ser una apenada viuda, convirtiose en la mujer más admirada, de todos los asistentes a la boda. Incluidos su hija y su amado yerno. Después de haber pasado por una peluquería que le transformó el peinado como a la Reina de Inglaterra, estrenó un escotado vestido de color azul claro, y zapatos, de medio tacón, que le realzaban la belleza, como si fuese una de aquellas damas que aparecían en las revistas. Y algo que ella, nunca hacia, se pintó los labios y se hizo la manicura en que le quedaron las uñas como a una modelo. En el escote, un collar de oro que tenía guardado desde que se casó. Aquello causó sensación hasta a su hija, que nunca la había visto tan bien arreglada. Al yerno, se le fueron los ojos, pero tuvo que hacerse el distraído para que nadie se diese cuenta de que allí había tomate. Cuando terminada la opípara comida se llegó al baile, uno de los asistentes que no la perdía de vista se le acercó para solicitarla a bailar. El Don Juan, tan pronto la tuvo en brazos la apretó contra si como si fuese el marido o el amante pero ella no hizo ni caso, y siguió bailando. Doña Hortensia sabia que al yerno le daría celos. En realidad si se puso tan elegante fue para llamar la atención de este, y que no continuase viéndola como a una suegra de tantas. Como ella no le dio importancia al apretado de su pareja, el Don Juan algo tocado por tantos vasos y no de agua, bajo su mano hasta el culo de ella. Doña Hortensia continuó bailando como si tal cosa. Desde la mesa en donde comieron, la hija acercando sus labios a los oídos de su marido le dijo que a su madre ya no la conocía. ¿No crees que se le ha ido la olla? – le dijo a este escandalizada. El marido que ya estaba rojo de indignación ni se atrevió a contestar. El Galán que la llevaba en brazos, entre la calentura del culo de ella y sus prominentes pechugas, y el vino trasegado bajó su otra mano también hasta el culo como si fuese a tirársela. Esta vez Doña Hortensia si le susurró algo al oído y el Galán la dejó en medio de la pista. Cuando fue a sentarse al lado de su hija y el yerno, esta le preguntó que le había dicho a aquel Don Juan para que se largase tan rápidamente. – Nada importante – le contestó – que si quería tocar culos se lo tocase a su madre. – esta vez sí que a la hija la dejó más que sorprendida. Nunca, esta, la había oído hablar y proceder de aquella manera…. ¡Pero mamá, que te ha pasado, que ya no te conozco!. – a tu mamá no le ha pasado nada, pero alguna vez tenía que volver a vivir, ¿no lo crees así? – Si me prestas a tu marido – continuó lanzada – bailaré con él porque sé que es un caballero, y las manos en el culo seguro que no me las pondrá – les dijo riendo alegremente como nunca hacia. Ya dentro de la pista. Doña Hortensia le dijo al oído del yerno, que las manos no se las pusiesen allí, que si quería irían a los lavabos y en el culo le metiese su polla. Al yerno le sobraba calor y le faltaba valor, para seguir el ritmo, de aquella gozadora suegra. ¡Te lo digo en broma, hombre!. – Mañana – siguió ella – tan pronto puedas ven a casa que te enseñaré una cosa que te gustará, y también te tengo reservado un regalo que aún te gustará más. Cuando a la mañana siguiente se presentó el desconcertado yerno, Doña Hortensia lo hizo pasar a su habitación y quitándose el albornoz que llevaba encima, dejó ante los asombrados ojos de su yerno una de las ultimas combinaciones aparecidas en Paris. Con ligueros y toda la parafernalia para momentos especiales. Como la braguita llevaba un clip, esta se la abrió dejando a la vista del azorado yerno, su frondoso chocho. Tumbándose encima de la cama le dijo que empezase por allí, pero con la lengua. Lo de dejar a aquel capullo – continuó – tocarme el culo solo fue para darte celos. ¿No creerás que aquel Don Juan de pacotilla me gustaba? – Pues a mí si me lo pareció – le dijo este con cara inexpresiva – Anda,… anda, que tú no entiendes de juegos amorosos – le dijo ella riendo como una adolescente. ¡Ven, chúpame el coño bien chupado! – que después te enseñaré el regalo. Ah… si no me lo haces bien no lo tendrás, así que dale marcha. – Esta vez fue el yerno quien se preguntó si a esta suegra se le había aflojado algún tornillo. – Cuando esta estaba ya a punto de caramelo le dijo a este que si se enteraba que se tiraba a otra que no fuese su hija o a ella, que le cortaría los huevos. Este, sacando la lengua de su cueva y quitándose un pelo de la boca, solo pudo decirle que haría lo mismo con ella si lo engañaba con otro. Quizá no fuese por el encendedor de la casa Cartier de oro macizo, regalado, pero lo cierto que aquel día el amado yerno de Doña Hortensia estaba más animado que de costumbre. Lo que este no llegó a decirle, era que estaba obsesionado con ella, y que la deseaba locamente. Durante horas el yerno le fue entrando por todos sus agujeros, pero en un receso la enamorada suegra, dentro de una taza de café le puso 2 grageas sin que este se enterase. Este al cabo de poco y creyéndose SUPERMAN, continuó, con la labor, hasta las 22 horas. La suegra, aquella noche ya no tuvo ni tiempo para soñar… Cuando se durmió el último pensamiento fue para su amado yerno. Doña Hortensia tanta ilusión había puesto en aquella relación, que ya no se acordaba ni de su familia. Si durante casi 30 años, les había dedicado toda su atención, quizá ya le tocaba gozar algo de la vida, aunque fuese con aquel hermoso yerno. A la hija no le gustaba nada. Más bien era una de tantas historias que se daban en tantas y tantas familias, en donde estas cosas quedaban entre cuatro paredes, y lo que no se sabía; como dijo alguien – no existía. Lo de los pecados que decían los santos padres de las iglesias costaba bastante creerlos. Quizá el día en que desde el cielo o del infierno volviese alguno de estos pecadores se sabría la verdad. Pero de momento desde allá no venia nadie. Mientras, los hombres se preparaban para habitar otros planetas. En estos, nadie dijo que allí se encontrasen signos de santos, pecadores y alguna que otra cruz. Y menos, suegras y yernos. (Capítulo 3) Aquel querido yerno no era muy dado a los excesos. Y Doña Hortensia muchas veces si los necesitaba. A esta le costaba, aceptar, el paso del tiempo y notar como la vida igual que el humo a poco viento que hiciese se lo llevaba. Y ella sabía, como saben todas las mujeres que a ciertas edades el día no aprovechado era un día perdido. Como sabia, que su cuerpo sin tardar perdería todos sus atractivos y ya ni incluso su yerno pasaría a verla, y aquello a ella la llenaba de negros pensamientos. Este, cada vez más tardaba en pasar en visitarla. Por su hija sabía que su marido continuaba haciendo su vida normal. Algo angustiado se preguntó si él no tendría alguna amante. Ocasiones y físico no le faltaban. Doña Hortensia, igual que otras muchísimas mujeres recursos si tenía. Hablando por teléfono con su hija le dejo caer como algo sin importancia, que había conocido a un hombre que le había gustado mucho, que era viudo y estaba bien posicionado, y que quería salir con ella. Al día siguiente y a primera hora, en la puerta estaba su yerno llamando… Como un pececillo este había engullido el cebo. De la forma en que la miró supo que estaba celoso, y enfadado. Doña Hortensia lo prefería así. Quería ver como se comportaría, y lo bravo que se pondría. Y si que se puso bravo, si. -¡Giro la espalda y tu ya tienes a otro preparado! Y que te crees, que soy un juguete.- El yerno estaba cabreado como nunca lo había visto. Este sin poderse contener la llevó hasta la cama y tirándola encima de ella, le levantó la falda y con la palma de la mano la fue azotando fuertemente hasta que el voluminoso culo de ella tomó el color de las amapolas. De momento no dijo nada, pero llegó un momento en que tuvo que pedir clemencia. Pero el yerno no estaba para hacer concesiones y la fue azotando hasta que esta hecha un mar de lagrimas le suplicó que no la azotase más. El yerno, de un tirón le rompió las bragas dejando frente a él. La oscura entrada de su culo, y sin contemplaciones la penetró como si su PRÍAPO fuese una daga. ¡Zorra… que te crees, que me vas a torear! – le dijo este borracho de ira. El yerno, caliente como el horno de una fundición, le soltó su carga llenándoselo. Después, le dio la vuelta y abriéndole las piernas se la clavó por allí. La rabia que llevaba hizo que su polla no se encogiera. Sus labios buscaron los de ella aún con sabor a lagrimas, y mientras la cabalgaba furiosamente le iba repitiendo... ¡Eres mía, zorra, golfa caliente, toma toda mi polla para que sepas quien es tu dueño! Doña Hortensia no sabía por qué nunca se lo habían hecho, lo que era gozar de aquella manera, tan salvaje. Su yerno totalmente lanzado y mientras la iba clavando su PRÍAPO, la pellizcaba por todas las partes en que podía dolerle más. Los gemidos que ella soltaba aún los enardecían más hasta que ambos llegaron a un prolongado, orgasmo, que los dejó inertes encima de la cama. Cuando despertaron 2 horas después, fue ella que subiéndose encima de él le fue diciendo entre beso y beso que lo quería incluso más que a su difunto marido. Y que de ella hiciese lo que quisiese. Después gozosa como estaba invirtió su postura dejando su peludo chocho en la cara de él y cogiéndole su PRÍAPO se puso a lamerlo y chuparlo concienzudamente. Tan lujuriosa estaba que hasta sus huevos se puso en la boca, y con su mano buscó el culo de este clavándole el dedo en el. El yerno, contagiado de aquella loca pasión, con su lengua le recorrió todos los rincones de aquella frondosa cueva, mientras ronroneaba como una bestia en celo. El dedo de su mano derecha se lo metió hasta el fondo del ano. Durante más de una hora exploraron sus cuerpos como poseídos. Próximos al orgasmo tanto ella como él, se dijeron las obscenidades más depravadas, que jamás se habían dicho. La lujuria había entrado en sus mentes como un huracán devastador. Rendidos, volvieron a sumergirse gozosos en el mundo de los sueños. Otra vez fue Doña HORTENSIA, con todo el cuerpo dolorido, y inmensamente satisfecha se adentró en un largo y extraño sueño que la hizo viajar en el tiempo, como si lo viviese; Cuando llegó a la parada del bus, este ya había partido y era el último de aquella noche de domingo. Doña Hortensia se sintió perdida; el temporal de agua que caía daba la compresión que desde el cielo la enviaban con mangueras. Sin paraguas y con los zapatos completamente anegados poca cosa podía hacer. El agua, desde la cabeza le bajaba por la espalda empapando hasta los brazos y su hermoso culo. Cuando desde el coche, que se paró frente a ella, le dijeron que subiese que la llevarían a casa, ella sin pensarlo subió en el asiento trasero donde también había un ocupante. Delante, además del conductor iba el acompañante. Los tres eran jóvenes de unos 25/30 años y más contentos, que unas castañuelas. Algunos cubatas si los llevaban y a aquellas horas encontrarse con aquella dama en pleno diluvio, aún los puso más animados. Con el tiempo que hacía y la hora que era nadie los estorbaría. Sin preverlo, para ellos sería un magnifico fin de fiesta. Ellos sabían cómo convencer a estas señoras de buen ver para que se portasen bien. No sería la primera vez. Doña Hortensia, confiadamente les dio su dirección y al ver que el coche no lo dirigían allí, al conductor se lo recriminó al temer que estos le hiciesen algo. El acompañante de esta en el asiento trasero, amablemente le dijo que daño no le harían, pero que querían follársela los tres.- Si Ud. Acepta buenamente aquí no habrá pasado nada.- le dijo este – Pero si se pone brava, nosotros igual la follaremos, y si lo hacemos a la fuerza algún daño si lo sufrirá. Ud. tiene la palabra. Después la llevaremos a casa y si te he visto no me acuerdo. Doña Hortensia todo y estando atemorizada no tuvo más remedio que aceptar la situación y evitarse males mayores. Ella sabía que en estos casos la resistencia tenía malas consecuencias, además que estos no tenían aspecto de ser navajeros. Bien, tal como me lo plantean, procedamos – les dijo ella ya algo más tranquila. – El que estaba a su lado, educadamente, le dijo que se quitase la ropa y que el haría lo mismo. El coche lo aparcaron en un descampado en que no se veía una luz. La lluvia había parado. El conductor dejó el motor en marcha y con un punto de calefacción, en el exterior hacia fresco. Cuando Doña Hortensia estuvo como cuando vino al mundo a indicación del que llevaba al lado se sentó en las rodillas de este con sus pechos pegados a los de él. Sin esperar a que esta le dijese nada su iniesto PRÍAPO se lo encaró a su vagina. Entonces este, cogiéndole por su culo la apretó con sí y su verga le entró hasta al fondo. Con las rodillas la iba moviendo cadenciosamente, mientras sus labios buscaron los de ella hasta llenar su boca con la lengua. Los que iban en la parte delantera, no tardaron en bajarse las cremalleras y con sus pollas en la mano empezar a masturbarse. Doña Hortensia aún sin querer demostrar sensación alguna no pudo contenerse. El estar con aquellos 3 hombres a sabiendas que todos la iban a follar, y que los del los asientos delanteras la miraban, en vez de cohibirla aún la encendió más. El que le clavó la polla en su chocho, tanto la sabía manejar que dentro de ella sintió como todo su cuerpo se acercaba al orgasmo. Mientras la lengua de este se enredaba con la suya. Como si hubiesen sido antiguos amantes ambos llegaron a un virulento orgasmo. El chofer del coche, educadamente le ofreció un paquete de clínex. El hombre que se la había tirado, vistiéndose se sentó en el asiento del conductor, y este ocupó su sitio para a continuación tirársela él. Este, cuando quedó desnudo, a los ojos de ella apareció una polla como jamás hubiese podido imaginar. Aquello, más que un PRÍAPO era una gruesa estaca de encina. Cuando le entró totalmente en el chocho a punto estuvo de desmayarse. Sintió como si en sus entrañas la hubiese penetrado la polla de un mulo. Esta vez sí que Doña Hortensia no pudo evitar gemir de tanto placer como sentía. Mientras el que la poseía le pellizcaba fuertemente el culo. Este que era aún más guerrero que el primero, aguante si tenía. Durante más de 10 minutos y mientras la hacía subir y bajar con sus rodillas dejándola de pellizcar, le metió entero el dedo de su mano derecha en el culo. Cuando este notó que ella llegaba al orgasmo y como si su polla fuese un grito, le soltó todo su contenido, mientras gruñía como un a****l. Doña Hortensia al sentir como dentro de ella le invadía su caliente semen, le metió su lengua en la boca de este para que se la chupase. El interior del coche ya solo olía a semen cuerpos desnudos y sexos lujuriosamente húmedos. Doña Hortensia no es que estuviese enfadada con aquellos hombres, si no que llegó a pensar que podía quedar, con ellos para otro día aunque le dijesen puta. El tercero de estos y como Doña Hortensia dijo que le dolía el chocho, no lloviendo en el exterior, la puso su tronco encima del capó del maletero y dejando su cueva posterior en posición le clavó su verga, como si fuese un clavo de los gruesos, mientras con sus manos le aplacaba un duro castigo, hasta que ambos se corrieron como dos bestias de la selva. Cuando a Doña Hortensia la dejaron cerca de casa, ella los besó a los tres en agradecimiento a la noche que le habían dado. Cuando tanto ella como el yerno despertaron, esta sonriéndole gozosa le dijo que había soñado que en un coche se la habían tirado 3 hombres y que le habían hecho gozar como a una loca. Había uno – siguió esta para darle celos – que tenía una polla como el mástil de un velero. No veas cómo me dejaron entre los tres. Esta vez, al oírla, el yerno no se enrabietó, más bien fue lo contrario, sin decir palabra la volvió a montar como si fuese una yegua de carreras. © OMAR BERKANE

Autor: AkuSokuZan Categoría: Sexo con Maduras

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Regalo

2019-08-21


Mi esposa me sorprende. Estabamos los dos juntos en el sofá y sonó tu teléfono. Te levantaste y me dijiste amor llegó tu regalo. Fuiste al cuarto y saliste con mi corbata y me tapaste los ojos. Yo sorprendido me deje. Esperando algo material. Me dijiste quédate quieto y colabora. Yo: ok amor y escuche q tocaron la puerta. Abriste y luego Escuche un cuchicheo en la cocina. Y pense q era aquella q traía el regalo. Tú: amor por favor no hagas trampa y no te quites la venda de los ojos Yo: ok mi vida Tú: ya falta poco amor Yo sentí q te me acercarte y me dijiste Tú: mi vida te traje el mejor regalo q te darán en tu vida. Pero no podrás verlo Yo: cómo así me vas a sacar los ojos Tú: no vale. Relájate. Me empezaste a besar y acariciar mi pene y me dijiste al oído Tú: espero no me quedes mal. Lo quiero bien duro. Para q otra mujer lo disfrute. Yo pensé. Otra mujer no le creo y te dije Yo: siiiiiii y cuál otra mujer mi vida Tú: la q está aquí al frente de nosotros Yo: siiii y cómo se llama la supuesta mujer Tú: no te puedo decir su nombre y menos la vas a poder ver: Aquí mi corazón se sobresaltó y empeze a creer en q podía ser verdad. he intente ver de un lado pero tú no me dejaste ver. Yo: y por q no puedo ver a esta supuesta mujer. Acaso la conozco? Tú: digamos q siiii Mientras me ponías bien alborotado con tu mano sobre mi pene Yo: y esa supuesta mujer q vino a hacer. Solo a ver ? Tú: no. solo va a hacer una cosa. Solo una por esta vez. Yo: si, y q será esa cosa Tu: te lo va a chupar bien rico y yo me voy a encargar de q no te quites las vendas. Ese es mi regalo mi vida. Te gusta? Yo: si es en verdad. Claro q me gustaria En eso siento otra mano en mi pene. Ya no era solo la tuya. Allí si mi corazón se aceleró y me entró un medio susto y un morbo Y me dijiste al oído Tu: ahora si me crees Con la voz algo cortada dije Yo: empiezo a creer Sentí como las dos manos empezaron a desabrochar el pantalón y sentí q mi guevo era una mezcla de presión y semen. Lo sentía super mojado Tú: mi vida estás muy humedo es decir q si te gusta tu regalo Yo: si mi vida. Tú:. Quieres q ella te lo chupe de una vez o quieres q te masturbe? Yo: lo q tú quieras amor. Pero segura q quieres ver a otra mujer chuparmelo Tú: si mi cielo. Yo quiero complacerte en todas tus fantasías Yo: si mi vida. Y acaso estás pagando o es un favor de mujeres Tú: deja la preguntadera y disfruta.. Sentí poco a poco q me bajaban el boxer y sentí como mi pene salio casi de un brinco Tú: lastima q no puedas verle la cara a ella. Se está mordiendo los labios. Se muere por chuparlo Yo: dejame ver aunque sea una rato Tú: esa es su condición y la respeto Yo: ok mi vida será como tú digas Sentí unos dedos acariciar mi guevo de arriba a abajo. Jugaba con la humedad de guevo mientras tú me besabas y acariciabas Sentí una presión inmensa q sentia q iba a acabar de una vez Tú: te gusta mi cielo q jueguen con tu guebote Yo: si mi vida. Quiero q me digas más de la mujer q está tocando mi guevo Tú: mmmmm tiene pareja y no le estoy pagando. Yo: siiiiii En eso sentir q me apretó mi guevo y empieza a masturbarme con fuerza y despacio. Me apretaba fuerte. Sentí su lengua lamer mi guevo en la punta limpiandolo Sentí un morbo inmenso. Me provoco estirar mis manos y tomar su cabeza pero tú me tenías controlado. Me moría por q me lo chupara. Sentí q sus labios me daban pequeñas chupadita en la punta. Sentía q mi pene iba a explotar. Mientras tú me decías cosas al oído Tú:. Qué rico mi vida ver cómo lo tienes. No pensé q me excitaría verte ver q otra te lo chupara. Pero tengo mi cuquita mojada ven tócame. Y me llevaste mi mano a tu cuquita. Eras una húmeda tan rica. Te empeze a tocar. Y en eso sentí como su boca se abrió y se metió mi guevo. Yo: oh Dios mío q rico Sentí una chupadas fuerte. Mi cabeza empezó a volar. Quería saber quién era esa q se atrevió a hacerlo en frente de ti. Empeze a tocarte con más ganas sentí como acababas en mi mano. Eso me hizo casi acabar Yo: mi vida quiero ver quien se come mi guevo tan rico Tú: no mi vida. Disfruta ese es parte del acuerdo entre jadeo por la mamada q me estaban dando. Yo: y q más trae este maravilloso acuerdo Tú: ya te dije. Por ahora solo te lo van chupar bien rico hasta q acabes Yo: y se van a tragar mi lechita Tú: mmm ese depende de ella. Tú: quieres q ella se la trague o yo mi vida Yo: las dos mi vida Tu: bueno amor disfruta Yo: si mi vida estoy disfrutando no quiero q termine nunca. Yo: y ese acuerdo q te toca hacer a ti mi vida Tú: ya lo hice mi cielo Yo: y q hiciste mi vida Tú: lo mismo q te están haciendo Yo: si mi vida Tú: si se lo chupe a la pareja de mi amiga Yo: si mi amor y te tragaste su leche Tú: si mi amor toda. La tenía rica Yo: y no te dieron por tu culito Tú: no amor por ahora solo era una mamada y el tampoco vio Yo: cómo me hubiese gustado estar allí Tú: si lo sé mi vida En eso sentir q la chupada cada ves se aceleraban más como si se excitaba por nuestra conversación Yo también sentí q iba acabar Yo: mi vida y esta amiga es de donde del trabajo o de la universidad Tú: una compañera más nada Yo: amor no aguanto más voy a acabar. Sentir como empezó a masturbarme más rápido hasta q no pude aguantar más. Y sentí acabar en su manos luego sentí como su boca recorría todo mi guevo recogiendo toda la leche que podía. Se lo metió todo y su lengua lamía cada gota de semen. Sentí q se levantó y tu me dijiste q me quedará quieto. Pasaron unos minutos y sentí q la puerta de atrás era abierta y cerrada Tú regresaste y me quitaste la venda.

Autor: Victor Categoría: Fantasias Eróticas

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Habitación 248

2019-08-20


La primera vez que entró, iba acompañado de Gabriela, su mujer. Nunca más se le volvió a ver con ella por las instalaciones del Palace Spa Resort. Las siguientes reservas, cada viernes de cada semana, una chica más joven que él lo llevaba sujeto del brazo o de la cintura. Cómo me gustaba limpiar la habitación 248 cada sábado en la mañana... Emilio era la única persona capaz de sacar esos instintos tan salvajes de mi interior. Del mío y del de cualquiera. Aquel hombre levantaba el interés de todas las féminas que trabajábamos en el hotel y bajaba bragas a su paso. Y si no conseguía bajarlas, os aseguro que las mojaba. Cada sábado, al abrir la puerta tras avistar el cartel que indicaba el permiso para pasar, lo primero que inundaba mi nariz era el fuerte olor a sexo que se respiraba en la habitación. Un olor que nunca me apetecía liquidar, pero no me quedaba más remedio que ventilar la habitación. Las sábanas siempre estaban revueltas, arrugadas y fuera del colchón y, en la mesita de noche, Emilio, siempre dejaba los evidentes rastros de su fogosidad con cada chica, sin importarle lo que pensáramos las limpiadoras. Si él supiera lo que pensábamos realmente. Y yo, mientras recogía los preservativos usados y los tiraba a mi gran cubo de basura o limpiaba con una bayeta húmeda algún lefazo que hubiera cruzado cualquier mueble, me excitaba de manera surrealista, imaginando que era una de esas chicas facilonas que, con suerte, un viernes al azar podría probar su medicina. Todas ellas eran bombones exclusivos de revistas: modelos, cantantes, caza famosos... Y Emilio era un cuarentón adinerado que dedicaba su vida a invertir y follar. Pero yo no quería su dinero ni ser un bombón arreglado y envuelta en botox; yo quería que Emilio entrara en la habitación mientras limpiaba y me subiera el ridículo uniforme blanco y azul para empotrarme de una manera bestial. Juro que nunca, nadie, había sacado aquella parte de mí. Y estaba deseando desenfrenarme de aquella manera loca y convertirme en la guarra de Don Emilio. Aquel sábado, las chicas comentaban en las cocinas que Emilio seguía con su mujer, pues la habían visto con ella la noche antes y varios clientes se habían quejado de los gemidos emitidos a través de sus paredes. Pensar aquello me calentó demasiado y es que el morbo que un tío casado me daba era demasiado. Aquel sería mi día, sin lugar a dudas. Dejé la habitación 248 para la última sabiendo que Emilio pasaba a última hora a recoger sus pertenencias después de la verdadera conferencia que cada sábado hacía en la sala de oficios. Recogí tres condones de la mesita de noche y cambié las sábanas mientras esperaba su llegada. Aquel día no abrí las ventanas; quería que olor a sexo que había creado con su mismísima mujer, estuviera presente mientras lo provocaba. Oí unos pasos acercarse y, siendo precavida por si era él, comencé con el plan trazado: saqué mis bragas y las escondí en el carro de la limpieza. Oí como una tarjeta se hacía paso por la ranura y con rapidez me agaché y metí la cabeza bajo la cama, haciendo como quien busca algo. La puerta se abrió; era él. Hice como la que no oí su llegada, pero percaté perfectamente como sus pasos se detuvieron al verme allí y de aquella manera: A cuatro patas mientras mostraba el trasero y un coño chorreante que esperaba su llegada. Saqué la cabeza de mi escondite y me levanté como si nada. Al darme la vuelta y encontrarme de bruces con él, pegué un pequeño repullo, fingiendo asustarme por su repentina llegada. —Disculpe, no sabía que estaba ahí. Emilio alzó una ceja y sonrió de medio lado con aquellos labios carnosos y apetecibles. —¿Qué se le ha perdido? —El tornillo de uno de mis pendientes —mentí, echándome la mano a una oreja y apartando el pendiente de manera disimulada. —¿Y las bragas? Me quedé sin respiración al escucharle decir aquello. —¿Cómo dice? —pregunté, fingiendo voz ofendida. —Que si ha perdido también las bragas, como no las lleva puesta... —¿Quiere que termine de limpiar la habitación, o vuelvo cuando se haya marchado? —Cambié de tema. Sonrió. —Quiero que la limpie mientras yo acabo, no la molestaré. Sonreí interiormente. Estaba llamando su atención. Emilio, enfundado en un traje oscuro que marcaba un perfecto trasero y unas piernas largas y estilizadas, entró al baño y tiró de la puerta, dejando una ranura bastante descarada. Me moví por la habitación con sigilo, disimulando limpiar mientras lo espiaba. Vi como aflojaba la corbata delante del espejo y desabotonaba la camisa, dejando a la vista un abdomen perfecto; desabrochó la correa y la sacó de las hebillas con lentitud, consiguiendo que se me resecara la boca; atrapó el filo del pantalón y tiró hacia debajo, dejando su falo al aire, caído hacia abajo y dejándome paralizada con su tamaño. Joder con Emilio. Se metió en la ducha, mostrándome su trasero, y cerró la mampara privándome por completo de las vistas. Aburrida de esperar, decidí que aquel, definitivamente, no era mi día de suerte, así que me puse a limpiar con rapidez para terminar contra antes mejor. Y cuando ya estaba todo perdido, y solo me quedaba dejar las toallas limpias encima de la cama, la puerta del baño se abrió por completo y Emilio salió con el colgajo al aire y su magnífico cuerpo trabajado. Lo miré mientras notaba como mi boca se abría poco a poco, sin querer disimular la expresión. —Disculpa, creía que había terminado y se había marchado. Negué con la cabeza, embobada con su miembro. Dio dos pasos hasta mí, se quedó mirándome fijamente y, sin decir palabra alguna, me dio la vuelta y pegó mi espalda con su pecho húmedo. No me moví, puesto que lo que yo quería lo estaba encontrando. —¿Cuántos años tienes? —preguntó atrapando mi coleta con fuerza y tirando hacia detrás con brusquedad, para hablarme al oído. —Veintitrés —respondí con la respiración acelerada. —Umm... cumples mi regla de oro: No más de veinticinco años. Noté como su miembro crecía, chocando contra mi muslo. Emilio se refregó contra ellos y metió su pene entre mis piernas, haciéndose una especie de paja entre ellas y llegando a rozar mi clítoris a veces. —Joder, niñata, no veas cómo te mojas —exclamó empujándome y tirándome a la cama. Caí apoyando las manos y quedando con el culo a su vista, como cuando entró a la habitación. Emilio se acercó por detrás, azotó mi trasero con fuerza y arrimó su boca a mi coño, lamiéndolo con una furia y una destreza increíble. Notaba su barba rozarme, su lengua imparable, los flujos corriendo por mis piernas... y creí morir antes de lo debido. —Venga, confiesa, ¿donde están tus bragas? —dijo para volver a meterse entre mis piernas y refregar su cara por mi vagina y culo—. Quiero olerlas. Gemí, señalando el carro de la limpieza y con los brazos temblando. Emilio me abandonó para ir a buscarlo, y tras unos segundos, las sacó con una sonrisa triunfante. Las olió, se colocó tras de mí y me metió su verga dura y gigante, haciéndome sentir que me partía en dos, dándome la sensación de que mis caderas crujían. Pero Emilio no tuvo compasión con su tamaño, amordazó mi boca con mis propias bragas y se agarró de los extremos, tirando hacia atrás de cada uno y consiguiendo que mi cuello se doblase hacia detrás, mientras empujaba con garra y vigor. Mis gemidos se ahogaron en mis propias bragas mientras temblaba toda yo y Emilio rugía como un león. Siguió embistiéndome con furia, gritando que era una guarra, contándome que el orgasmo estaba cerca. Y entonces, consumido por la excitación y de manera rápida, salió de mí y lanzó un escupitajo de su semen, manchando toda mi espalda y parte del pelo. Salí de la habitación acto seguido, tras tomarme solo unos segundos para recomponer mi coleta, el vestido y ponerme las bragas. Al otro día todo el mundo en las cocinas, rumoreaban que Emilio había gritado como un loco a una hora fuera de lo normal de cada fin de semana, que no se habían encontrado rastro de preservativos ni de semen, y que había llamado a recepción para quejarse: no habían dejado toallas limpias en la habitación 248.

Autor: NoeliaMedina Categoría: Heterosexual

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Secuestrada por error

2019-08-20


Había ido con Víctor esa noche a una fiesta en la casa de un nuevo cliente de la empresa. El lugar era una fastuosa mansión. Se notaba que el anfitrión era realmente un hombre multimillonario. Mi esposo había sido enviado para representar a sus jefes, que se encontraban de viaje y no habían podido suspender otros compromisos para cumplir con este cliente.Víctor saludó a este hombre y él nos presentó a su esposa. Era una muy sensual mujer, apenas un par de años mayor que yo. Esa noche se había peinado con un estilo de rodete muy similar al que yo usaba y, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo para parecer mellizas, lucía un elegante vestido de un color verde agua casi idéntico al mío.Su nombre era Susana y se rió alegremente al verme vestida y peinada casi de la misma manera que ella.La fiesta resultó ser bastante aburrida; demasiada gente insulsa y muy poco baile o entretenimiento. La cena fue excelente y las bebidas también.En un momento me separé de Víctor y subí las escaleras rumbo al baño.Toqué con unos leves golpes a la puerta y entonces se abrió, apareciendo Susana frente a mí. Ella tomó mi mano y me arrastró hacia adentro. Abrí mi boca con una expresión de sorpresa, pero entonces esa sensual mujer me hizo callar dándome un profundo beso de lengua que me dejó loca…Después me miró unos segundos a los ojos y me dijo que me esperaría más tarde en su dormitorio...si yo me animaba…Después salió del baño, dejándome allí totalmente excitada y humedecida.Al salir avancé por el pasillo, pero antes de llegar a la escalera, sentí un olor penetrante en mi nariz y de repente todo se volvió oscuro…De un golpe abrí mis ojos. Estaba recostada en algo que parecía ser una silla ginecológica. Estaba desnuda, solamente podía ver que aún conservaba mis zapatos de taco alto. Tenía las piernas abiertas y podía ver unas manchas blancuzcas sobre mi vientre. Sentí un ardor en mi vagina y entonces supe que alguien me había cogido mientras estaba desmayada.Una mordaza cubría mi boca. Giré mi cabeza y pude ver en las penumbras de la habitación a cuatro hombres sentados a una mesa. Estaban jugando a las cartas, bebiendo, riéndose y hablando a gritos.Uno de ellos se levantó y se acercó hacia mí.“Por fin te despertaste, putita… así vamos a poder divertirnos mucho mejor”Me imaginé que este tipo no me había cogido hasta ahora, esperando que yo me despertara para gozarme mejor… y no me equivocaba…“Me gustan las perras que gritan mientras me las cojo…” Dijo amenazante.Apenas terminó de decirlo, se bajó los pantalones y me mostró una enorme verga ya erecta. Se acercó entre mis muslos abiertos y de repente sentí que me la metía a fondo en mi ahora dilatada vagina, sin compasión.El tipo comenzó a gruñir mientras me bombeaba sin darme respiro. Me miraba a los ojos y me llamaba “puta” cuando veía que yo gemía bajo la mordaza. Por suerte duró poco; se notaba que estaba muy caliente y entonces se descargó dentro de mi concha demasiado rápido. Después me la sacó riéndose, girando la cabeza para decir a sus amigos:“Vamos a tener que pedirle más plata al viejo cornudo por esta perra…”Entonces entendí todo. Esos hombres me habían confundido con Susana en la fiesta… el peinado, los vestidos del mismo color…Quise advertirle pero la mordaza me impedía hablar; agité mi cabeza pero el tipo que acababa de cogerme solamente se rió a carcajadas:“Parece que la perra todavía quiere más… quién sigue…??”Otro de los hombres se levantó de la mesa y se acercó diciendo:“Ya probé esa concha; ahora veamos si el cornudo ya le estrenó el culo…”Desató mis ligaduras y me tomó con rudeza por los cabellos, lanzándome al suelo. Intenté levantarme, pero me empujó otra vez y me hizo girar, dejándome sobre mis manos y rodillas. Quise sacarme la mordaza para poder hablar y decirles que habían secuestrado a la persona equivocada; pero entonces otro hombre se acercó y me sujetó las manos con firmeza.El segundo hombre se hincó a mis espaldas, se bajó los pantalones y pronto sentí un dolor lacerante en mi entrada anal, mientras ese tipo se hundía en mi trasero mientras me aferraba por las caderas...“Ahhh, parece que este culito ya estaba bien abierto… qué lástima…”Empaló su verga tiesa hasta el fondo de mi cavidad anal y entonces se quedó quieto, esperando que mi recto se adaptara al tamaño de su verga. Luego comenzó a bombearme sin delicadeza, embistiéndome con duras estocadas, mientras sus amigos festejaban a los gritos y con carcajadas.Esta vez mi propio cuerpo me traicionó: mientras ese bruto me taladraba el culo sin piedad, mi vagina se convulsionó teniendo un intenso orgasmo. El tipo alcanzó a notarlo y se lo comentó riendo a sus compañeros.Después de un bien rato, por fin acabó en el fondo de mi culo. Cambió de lugar con el que me sujetaba las manos y pronto tuve otra verga dura enterrada en mi castigado recto. Esta vez la brutalidad de este tipo me hizo desmayar de dolor. Era demasiado para mí.Al despertar estaba acostada boca abajo en una cama de sábanas sucias y arrugadas; con un hombre sobre mi espalda, clavándome fuerte su pija.Comencé a llorar de dolor, pero justo en ese momento el hombre gruñó, pataleó, se tensó sobre mi espalda y acabó, llenándome el culo con otra descarga de semen caliente.Parecía ser el jefe; porque cuando se salió de mi culo, anunció a los otros:“Voy a insistir con ese viejo, a ver si paga o no por su puta mujercita…”Regresó unos minutos después diciendo en tono jocoso: "El viejo dice que su mujercita está con él ahora mismo… dijo que nos confundimos de perra; ésta se llama Ana y es otra invitada de la fiesta”Pensé que iba a suceder lo peor, al ver que el jefe se acercaba a la cama.Me susurró al oído:“Estuviste callada, nena, podrías haber dicho que vos no eras esa perra…”Lo miré con bronca y farfullé a través de la mordaza, pero no me la quitó.“No importa, nena, esa rubia puta ya va a caer en nuestras manos…”“Mientras tanto, los muchachos todavía tiene ganas de probar tu cola un poco más… después te van a llevar hasta tu casa, con tu esposo…”Yo cerré los ojos y comencé a llorar, sintiendo otra vez que los resortes del colchón comenzaban a chirriar…

Autor: Anitaslut44 Categoría: Sexo Anal

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