Mi experiencia en el sector del telemarketing

2019-08-16


El ser jefazo en un sector como el del telemarketing tiene sus cosas malas. Pero también sus cosas buenas. Mónica fue la primera que me lo enseñó. Al final me pasó como a tantos otros de mi generación. Estudié una carrera, realicé un master, cursos de todo….pero al final lo de encontrar trabajo fue una locura. En un par de años estuve en varias empresas, hasta que terminé en el sector del telemarketing. Es un sector duro, con mucha movilidad, sueldos y condiciones de mierda…..pero necesitaba trabajar ya que había empezado a vivir con mi pareja y los gastos se acumulaban. Afortunadamente tras varias experiencias desastrosas terminé en una empresa que, lejos de la venta del telemarketing, se dedicaba a prestar atención telefónica a usuarios de un servicio público, de una administración. Las condiciones eran buenas y el trabajo no era excesivamente duro. Y encima tuve bastante suerte, ascendiendo rápido a jefe de equipo. De esta forma tenía bajo mi cargo un equipo de unas 10 personas y me dedicaba fundamentalmente a motivarlos, controlar su desempeño, realizar escuchas, organizar horarios, decidir si se renovaban contratos y cosas así. Era jodido a veces, pero me sentía muy cómodo, la verdad. Y encima el sitio de trabajo, en Sevilla capital, estaba a poca distancia de mi casa. En como suele ser habitual en ese sector, la mayoría eran chicas y mujeres. Más de una vez me encontré mirando un culo o un par de tetas, pero no pasaba de allí. La verdad es que estaba bien con mi pareja y no quería jaleos. Pero el tiempo pasaba y había situaciones que no pude dejar escapar. Con Mónica fue la primera. Mónica había entrado hacía cuatro meses en la empresa. Era una chica de treinta y pocos. Pecosa, tirando para pelirroja, piel blanca, ojos claros, algunos kilos de más. Una vez me había contado que su familia materna era de origen danes. Se le notaba. Estaba casada con un crio de algunos años. Cuando le faltaba poco para terminar el contrato empezó a hablar más conmigo. Cualquier situación parecía buena para charlar. Yo sabía que lo que le pasaba es que sabía que su renovación o no dependería de mi informe. Y aquella situación me gustaba. La verdad. Quizás fuera una situación injusta, o no, pero me gustaba. Sabía que esos cafés en los que ella aparecía, esas sonrisas o esas conversaciones tenían para ella un objetivo, pero me daba igual. Cuando le faltaba una semana más o menos para la terminación del contrato le hice una jugada. Teníamos el encargo del cliente de mantener las lineas abiertas durante un par de horas más de lo normal un viernes noche, ya que había surgido un problema en otra plataforma. Mi equipo debía ser el encargado, pero dado el horario que sería sólo serían necesarias un par de personas. Vi la ocasión y no la perdí. Le dije a Mónica que había que mantener el servicio abierto y que yo me quedaría para cubrir ese hueco y que me gustaría que, aunque no estaba obligada a ello, se quedara ella también. Me comentó que lo tenía que hablar con su marido y tal y que me diría lo que fuera al otro día. Yo sabía que, dadas las circunstancias, iba a decir que si Y sí fue. La respuesta al otro día fue un sí, tal como me imaginaba. No sé si fue queriendo o sin querer, pero me soltó que su marido se iría con el hijo a casas de sus abuelos ya que saldría tarde del trabajo un viernes y, la verdad, eso me envalentonó. Fue decirme eso y ya me la veía a cuatro patas recibiendo mi leche. No sé si fue, ya digo, un comentario inocente o no, pero en mi jugó un papel determinante ante aquella situación. Ese viernes le había dicho a mi mujer que volvería tarde porque tendría trabajo hasta las tantas. Ella no mostró sorpresa ya que mis horarios más de una vez conllevaban eso. Llegué al trabajo y solo miraba la puerta para ver cuando entrara Mónica. Entró un par de minutos antes de empezar su turno. Unas zapatillas de deporte NB de color rosa, unos vaqueros y una camiseta sin mangas blanca. Una sonrisa al pasar a mi lado y a empezar la jornada. Fueron pasando las horas hasta que nos quedamos solos. Y entonces ataqué. Viendo que el trabajo era apenas ninguno y tal, me acerqué a ella. Ella estaba con el móvil, sin trabajar tampoco, porque como digo a aquellas horas las llamadas eran casi inexistentes. -Qué tal? Hablando con el marido? -Si, si. Me decía que mi hijo estaba ya acostado. -Es que estas horas…. -Ya te digo. -En mi casa, igual seguro, todos acostados. Pero yo ya con el jaleo del trabajo….deseando que termine la jornada pero ya verás para coger el sueño. Pensando en tomarme una copa que estoy. - jajajaj, que te gusta un bar. -Estas horas es lo que tiene! Oye, podías apuntarte a la copa. Una y verás como duermes más relajada. Además, si no te espera nadie en casa….. Vi la duda reflejada en aquellos ojos, pero la respuesta fue la que esperaba. Que vale. Me volví a mi sitio medio morcillón ya. Cuando llegó el final de la jornada laboral bajamos juntos al parking hablando de chorradas. Nos despedimos del guardia de seguridad y nos dirijimos a los coches. -Bueno, ¿dónde vamos a ir a por esa copa? - le dije inocentemente. -Donde tú quieras. Yo sabía que ella vivía en Alcalá de Guadaira, a las afueras de Sevilla, así que le dije un sitio de Sevilla Este que no le caería mal de camino a casa. Ella conocía el sitio. Obviamente me decisión no había sido casual. Había elegido un sitio tranquilo, donde tomarnos no una, sino varias copas, sin peligro de ser reconocidos. Cada uno nos fuimos para allá en su coche. El que llegara primero debía avisar por whatsapp. Lo hice yo el primero. Pero ella no tardó mucho. Nos sentamos en la terraza del sitio y pedimos un par de copas. Ella ron. Yo ginebra. Era un sitio bastante concurrido, pero por una gente joven que era difícil que nos conociera. La conversación fue sobre chorradas. En el fondo yo creo que ambos sabíamos que iba a pasar aquella noche, pero ya sabéis que pasa en estas ocasiones. Charla intrascendente. Habíamos dicho una copa, pero a esa primera le siguió una segunda. Durante esa segunda copa, en medio de la charla sobre gilipolleces, le saqué el tema de la renovación. Le comenté que me gustaría que siguiera con nosotros, pero que no me lo estaban poniendo fácil. Que la idea de la empresa era ir rotando gente, pero que yo estaba luchando porque la renovaran. Ella me dijo que estaba muy contenta en el trabajo, que lo necesitaba y que, por favor, yo hiciera lo posible por conseguirlo. Le dije que no dudara de mi interés en que siguiera. Esa caía esa noche. Fui al baño y pagué la cuenta. Cuando volví a la mesa le dije que ya estaba todo pagado y no acepté sus protestas ni su dinero. Le solté, de forma inocente pero con toda la maldad, que ya que estaba sola en casa, invitara a una última copa en su casa a cambio de mi invitación. Sus ojos lo decían todo. El no saber que hacer ante aquella propuesta. Pero aceptó. Me dio su dirección y nos fuimos, de nuevo, cada uno en su coche. Me costó aparcar cerca. Pero al final lo hice. Ella ya me había avisado de que había llegado, ya que tenía parking. Mentiría si dijera que iba tranquilo, iba con el corazón a mil, medio empalmado y loco por follarme aquel cuerpo. Vivía en un bloque de pisos modernos. Un pequeño jardin con una valla que daba acceso a un pequeño pasillo. Allí llamé al número que ella me indicó. La puerta se abrió y me encaminé al ascensor. Vivía en el segundo. Subí y me esperaba en la puerta. Me dijo que no hiciera mucho ruido que no quería jaleo con los vecinos. Nos encaminamos dentro, mi mirada clavada en aquel culo. Era un piso bastante cómodo. El salón tenía un chaisselong de color gris, una pantalla gigantesca, una mesita y juguetes del niño tirados allá y acá. -Perdona el desorden, pero ya sabes que… -Jjajaj, no te preocupes. Sé lo que significa tener hijos y tener nuestro horario. -Ya ves. Qué quieres tomar? -Si tienes ginebra…. -Si, claro. Te preparo algo y vengo. Se fue para la cocina y me dejó allí sentado. Mis ideas eran claras. Cuántas veces habría follado Mónica en aquel sofá con su marido? Cuántos gemidos habría soltado allí? La situación me tenía a mil. Al poco volvió con las dos copas y de nuevo empezó la charla intrascendente. Pero yo no pensaba dejar escapar la ocasión y cuando llevaba la copa a medias me lancé al cuello. No sabía si me llevaría un ostión o no, pero me lancé. La respuesta de ella fue dejar de mi boca y mi lengua recorrieran su cuello mientras mis manos apartaban su pelo. Sentía como su respiración se disparaba. Y aún lo hizo más cuando mi mano fue a sus tetas. Unas tetas grandes pero firmes. Joder. Notaba sus pezones duros. Esa tía estaba caliente a mil, algo que pude volver a comprobar cuando mi mano entró en sus vaqueros y se topó con un coñito depiladito y húmedo a tope. La miré a la cara y solo le dije una cosa: “voy a reventarte a pollazos”. Me aparté de ella un poco y me bajé los pantalones. Mi polla lucía erecta y no hizo falta decir nada para que Mónica se fuera directa a ella. Vaya mamada me hizo la tía. Tras esa cara de niña buena se escondía una buena zorra. Sabía lo que hacía con la lengua, recorriendo una y otra vez mi polla, ensalivándola de lujo. Todavía recuerdo y me pone a mil como jugaba con mis huevos con su lengua. Había pensado mil formas de follarme aquella tía, pero la realidad estaba siendo la mejor. Le apretaba la cabeza contra mi polla y se la metía entera. No parecía molestarle. Como me tenía la tía. Pero en mis planes no entraba correrme en su boca. Iba a correrme dentro de su coño si o si. Le dije que se apartara y que se desnudara. Vaya cuerpo tenía. Una piel blanca sólo “manchada” por unos pezones rosados, una pequeña línea de pelo en el coñito y un par de tatuajes: una mariposa en una cadera y el nombre que compartían su marido y su hijo escrito en la espalda sobre el culo. Yo me desnudé al mismo tiempo. Y tras meterle la lengua en la boca le dije que siguiera comiéndome la polla. Allí de pie en el salón, con ella de rodillas a mis pies, con mi polla en su boca, mi mano apoyada en su pelo rizado…… joder como me tenía. Me encantaba sentir esa punta de la lengua en mi polla, en mis huevos…. Pero me iba a hacer que me corriera y no quería. La levanté y la puse en el sofá tumbada para lanzarme a comerme el coño. Lo tenía superhúmedo. Tenía un sabor dulzón. Me gustaba. Lo saboreaba con placer mientras sus gemidos iban creciendo. Aquella tía estaba consiguiendo que aquella noche fue la de mi mejor polvo. Me agarraba la cabeza y me la hundía contra su coño al tiempo que decía que no parara. Allí estaba yo relamiendo aquel coñito, saboreando sus fluidos, disfrutando de sus gemidos y del tacto de sus dedos en mi piel. No podía más. Me agarré la polla y se la metí sin miramientos en el coño. Se deslizó hasta dentro gracias a lo mojada que estaba. La respuesta de Mónica fue agarrar mi culo y rodearme con sus piernas, pidiendo que la follara. Joder con Mónica. ¿Sabría su maridito lo que se escondía tras esa mirada de niña buena de su mujercita? Sentía mi polla en su cuerpo, mis huevos golpeando contra su cuerpo, mis ojos anclados en sus pupilas dilatas…… El movimiento de sus tetas ante mis acometidas era hipnótico. Las gotas de sudor que recorrían su cuerpo se multiplicaban al ritmo de mis pollazos. Pero no me iba a correr así. La hice girarse y ponerse a cuatro patas. Así veía el tatuaje que llevaba. Y veía su culito. Por un momento pensé en reventarle el culo, meterle la polla en el culo y escuchar sus gemidos ante ello. Pero al final se la metí de nuevo en el coño. Y empecé a follarla todo lo duro que podía. Me encantaba el movimiento de su culo ante mis movimientos. Me dedos se clavaban en su culo, dejando marcas rojizas en su blanca piel. Le di un bofetón en el culo y el rojizo que apareció hizo que mis acometidas fueran a más. Quería que mi leche la llenara, que su interior se viera relleno con mi lefa. Recorrí su cuerpo con mi mirada. Desde el pelo rizado caído a un lado del cuello, su espalda blanca salpicada de sudor, su tatuaje sobre el culo, su culo mezclando el blanco con el rojo, y al final mi polla entrando y saliendo ella, rebosante de sus fluidos que goteaban contra el sofá Joder, me iba a ir. Entonces vi la foto. Era una foto que estaba sobre un mueble del salón. Se veía a Mónica y a su marido abrazados y contentos en uno de sus viajes. Me quedé con la mirada fija en aquella foto mientras se la clavaba. No conocía al marido. Pero me podía la situación. Ver aquella foto de ambos. Su marido ahora descansaría tranquilo sin imaginar que su mujer estaba abierta de piernas frente a mi, recibiendo mis pollazos y deseando recibir mi leche. Lo miraba y pensaba...mira tío, que guarra es tu mujer….mira como folla la zorra. Y encima en ese momento vi el anillo en el dedo de Mónica. El anillo de casada. No pude más. Mis manos apretaron su culo y de un último pollazo, con un gemido, se lo solté dentro todo. Fueron cuatro o cinco chorreones enormes. No se merecía menos Mónica. Sentía, con una sonrisa, mi leche derramarse dentro de ella ante mi respiración agitada y sus gemidos. Necesité luego un buen rato para recuperarme, antes de vestirme y tirar para mi casa. Por cierto, mi informe para su renovación fue positivo.

Autor: sevillano Categoría: Infidelidad

Leer relato »

Mi vida con mi abuelo. Dominación, filial.

2019-08-16


Mi abuelo solía decir que, al igual que nosotros ordeñábamos las vacas, un día él me ordeñaría a mí, pero que antes tenían que crecerme las tetas. Nadie sabía que yo existía, y vivía con mi abuelo desde que nací, en una casa en el monte. No sabía quiénes eran mis padres, o cómo había llegado allí, pues todos mis recuerdos estaban en aquella casa. Mi abuelo me decía que nadie sabía de mi existencia: el parto había ocurrido en la misma casa y nadie notificó nunca que, quien fuese mi madre, estaba embarazada. Así que, por unas cosas o por otras, vivía sola con un señor mayor, en mitad del campo y a un par de horas del pueblo más cercano. Nadie me echaba de menos. Con 6 años solía pensar que en el mundo sólo existíamos mi abuelo y yo, y que todo lo que pasaba en el campo, era natural. Era natural que yo hiciese las labores de la casa desnuda en verano, era natural que mi abuelo me pellizcase los pezones, era natural que a veces durmiese en el suelo junto con las vacas que teníamos. Mi abuelo solía decir que, al igual que nosotros ordeñábamos las vacas, un día él me ordeñaría a mí, pero que antes tenían que crecerme las tetas. No recuerdo el primer día que mi abuelo empezó a tocarme mis tetas aún sin desarrollar o mi culo, pero recuerdo, como si fuese ayer, la primera vez que me folló. Estaba en el sofá tumbada, con un camisón, sin hacer realmente nada, mirando al techo, tranquila y relajada, era algo tarde. Mi abuelo estaba delante de mí, mirándome de arriba a abajo como de costumbre, lo cual era normal, mientras él bebía una copa de vino. Parecía que tenía dudas sobre si hacer algo o no, y me miraba tanto con pena a ratos, como con convicción. ¿Te pasa algo, abuelo? —dije mirándole desde el sofá, lo cual pareció darle fuerzas a que se decidiese. ¿Por qué no te quitas el camisón ese que llevas? Hace calor, ¿no? Yo me quité el camisón y me senté con las piernas cruzadas en el sofá, seguía mirándome y bebiendo vino. Anda cielo, vete ya a dormir, que ya se ha puesto el sol, pero deja el camisón aquí. Me levanté del sofá sonriendo, le di un beso de buenas noches y me fui a mi cama, en el cuarto de al lado del suyo. Llevaría un par de horas durmiendo cuando noté cómo mi abuelo entraba en la habitación, se subía a mi cama, me bajaba las bragas y se colocaba encima de mí, cogiéndome el culo, ahora desnudo, con las manos. Yo dormía boca abajo, así que no podía verle la cara. Abuelo, ¿qué…? Shhh, tesoro, tranquila, soy yo. —Dijo mientas me daba un beso en la cabeza. ¿Qué… qué haces? ¿por qué me quitas las braguitas? Cielo, no te preocupes, todo está bien. Pero… Duérmete, ¿quieres, tesoro? no pasa nada, confía en mí. Esa frase me tranquilizó, asentí con la cabeza y me acomodé en mi cama, con mi abuelo aún encima de mí. Pasaron unos segundos y mi abuelo comenzó a tocarme el culo de nuevo, esta vez con más fuerza, agarrando cada nalga con una mano y apretando con fuerza una y otra vez, abriendo y separando las nalgas. Notaba cómo se me hinchaba el culo por el dolor bajo sus manos. - Abuelo, me duele lo que haces —dije susurrando. Shhhh cariño, no pasa nada…no pasa nada —repetía suave en mi oreja, mientras me acariciaba el pelo— Lo estás haciendo muy bien…, muy bien cariño. En ese momento sentí cómo me untaba algo en el ano, que más tarde me diría que usó mantequilla, y cómo introducía poco a poco un dedo en mi culo. Abue… Sh, cállate, me estás poniendo nervioso, o te comportas como una niña buena o te tapo la cabeza con la almohada para que te calles. Me entró miedo y guardé silencio mientras notaba cómo su dedo entraba poco a poco en mi culo, para posteriormente salir y volver a entrar. Era una sensación que no me gustaba nada, me dolía el ano y me quemaba, y cada vez lo hacía más rápido. Yo guardaba silencio con los ojos cerrados con fuerza. - Bien, parece que esto ya está mejor —dijo. — Voy a introducir otro dedo, ¿Vale tesoro? Y quiero que te portes tan bien como hasta ahora. Yo asentí con la cara en la almohada, no sabía lo que pasaba y esto nunca había pasado antes. Él cogió más mantequilla y empezó a meter dos dedos por mi culo, y una vez que los tenía dentro, sentía cómo los separaba, para crear más espacio dentro de mí. Pasarían varios minutos en los que hizo el mismo movimiento: masturbarme el ano y dilatarlo, sin importar que me doliese o me molestase. Salieron lágrimas de mis ojos cuando sacó los dos dedos de golpe de mi culo e introdujo tres en él sin avisar, para masturbarme con ellos con fuerza. Por favor — susurré — no aguanto más, por favor… abuelo, lo que haces… duele. Cariño, tienes que aprender a complacer a los hombres, ¿lo entiendes? ¿Entiendes lo que quiero decir? Yo negué con la cabeza. Él mantenía los tres dedos dentro de mi culo, aunque ahora no movía la mano, sino que paró para escuchar lo que yo decía. —dijo con voz comprensiva y suave — y tienes que hacerme feliz, igual que yo te hago feliz a ti, ¿lo entiendes? Ahora asentí con la cabeza, aunque seguía sin estar muy segura de lo que estaba pasando. Bien, así me gusta, pues ahora voy a follarte, ¿vale? tienes que quedarte quieta. Sacó los dedos de mi culo y con una mano me agarró la cabeza y la aplastó contra la almohada. Supongo que no quería oírme más. Se embadurnó la polla de mantequilla, una polla que era de un señor mayor, enorme y dura, y empezó a meterla en mi culo. Yo me quejaba casi en silencio, y cada vez que me oía quejarme, aplastaba más mi cabeza contra la almohada. He esperado mucho tiempo para esto —dijo mientras terminaba de meterme su gran polla en mi culito de niña recién estrenado. —Y quiero que merezca la pena. Me folló al principio despacio, sin prisa, sacando y metiendo su polla totalmente en mi culo, una y otra vez, y vuelta a empezar. Su polla entrando lentamente por mi ano, abriendo mi culo en dos, dejándola dentro unos segundos, sacándola despacio de nuevo. Volver a meter la punta, el tronco, toda entera: sus huevos chocando con mi culo. Otra vez. Yo lloraba en silencio. Empezó a moverse más rápido, y uno de los dedos de la mano que tenía sobre mi cabeza, lo metió en mi boca, provocándome arcadas. Shh, shhhh… Me ardía el culo, creo que estaba sangrando incluso, y él cada vez sacaba y metía su polla más rápido que la embestida anterior. Su dedo en mi boca impedía que me quejase, las lágrimas por mi cara caían deprisa, al igual que se movía su polla dentro de mí. Finalmente, al cabo de muchos minutos, sentí cómo un líquido salía de su polla para quedarse dentro de mi culo. Yo no entendía nada. Él sacó sus dedos de mi boca y se apartó de mi lado, y dándome un beso en una mejilla me deseó buenas noches. Se fue a su cuarto a dormir.

Autor: Jimena Categoría: Incesto

Leer relato »

El castigo de mi amo en el metro

2019-08-16


Mi amo me obliga a que se la coma a un indigente y dejar que los ocupantes del vagón de tren hagan conmigo lo que quieran. Dominación, lésbico, fantasía. A la mañana siguiente mi marido apenas me miró. Llevaba el atuendo que me había pedido mi amo solo que con una rebeca encima. Cuando entré al metro me la quité, me bajé el escote y como si no lo percibiera exhibí parte de mis pezones frente a la atónita mirada de los hombres y mujeres con los que me cruzaba, que no decían nada. Estaba nerviosa no le había visto pero sabía que estaría allí, en algún lugar, contemplando mis actos. Pasé por delante del primer indigente pero no me detuve hablaba solo con un perro y un gato y olía soberanamente mal. El siguiente, me dije. Escuché música, procedente de algún lugar y la seguí. Me quedé gratamente sorprendida al ver un chico de unos veinticinco años, un macuto en el suelo, una funda de guitarra abierta y una melodiosa voz rasgada que invadía en ambiente. Me paré justo delante de él, parecía extranjero, tenía los ojos azules, barba de varios días algo descuidada y me miraba de arriba abajo. Saqué un billete de veinte euros y lo deposité en su funda. Abrió los ojos sorprendido y me sonrió, apenas tenía unas monedas. Esperé a que acabara la canción para cerciorarme de que fuera lo que buscaba. —Hola, cantas muy bien. —Gracias —dijo guardándose el billete en el bolsillo y dejando las monedas—. Y usted es muy generosa. —No me llames de usted me haces sentir mayor —coqueteé. Él torció el gesto. —Para nada, tiene un físico espectacular. —Estiré un poco el jersey mostrando mis piercings y le vi salivar. —Gracias. ¿Te dedicas a esto?—Se encogió de hombros. —Es lo único que se me da bien, además de algo tengo que vivir. —¿No vives con tus padres? —Negó. —Vine de Rumania con una mano detrás y otra delante hace más de medio año, pensando que con mi voz era suficiente. Ahora vivo en el metro desde que mis pocos ahorros se agotaron. Voy al día, como decís aquí. —¿Eres un indigente? —Me miró resignado. —Podría decirse que sí, aunque trato de que se me note poco, siempre me aseo en los baños, cada día, que viva aquí no significa que me haya abandonado como otros, algún día un cazatalentos me descubrirá y seré un cantante importante. —Seguro que sí, dije relamiéndome los labios. —Y… ¿ligas mucho? —Abrió los ojos con sorpresa y soltó una carcajada. —¿Está de broma? ¿Es una cámara oculta o algo así? —Negué—. ¿Cree que las chicas matan por acostarse con alguien como yo? —¿Y entonces? —Entonces… —Me mostró la mano y me imitó una paja. —Entiendo. ¿Y te gustaría? —¿Follar? —inquirió sorprendido—. ¿A quién no le gusta el sexo? —¿Y qué dirías si yo quisiera ir algún lugar contigo y aliviarte con mi boca? —Su cara de sorpresa no tenía desperdicio. —¿Me está pidiendo que quiere chuparme la polla? —Sí —afirmé rotunda. —¿Por qué? —Por qué me apetece. —A ese chico no iba a contarle que tenía un amo no lo hubiera entendido. —¿Cuánto? —¿Cuánto qué? —Cuanto va a pagarme porque le deje mamármela. —Eso sí que no lo esperaba, me sentí humillada. —¿Cuánto quieres? —murmuré. —Cincuenta euros. —Está bien —asentí. Era la primera vez que iba a pagar por chupársela a un tío. —Pago por adelantado —Tendió la mano y yo saqué el billete del bolso y se lo ofrecí. Lo guardó sin problemas. —Ven vamos, sígueme. Pensé que me llevaría a un baño o algo así, pero no, buscó un recodo, hizo que me arrodillara y se bajó la goma de los pantalones de deporte, no llevaba calzoncillos. Tenía un bonito ejemplar, con vello rubio ensortijado, de momento estaba relajada. La gente podía verme de rodillas y muy listos no debían ser para saber qué estaba haciendo. —Date prisa, el de seguridad no tardará en llegar. —Me amorré a aquella verga laxa, pasando la lengua de abajo arriba—. Sácate las tetas para que te las vea y pueda empalmarme. —Así lo hice mostrándoselas fuera del jersey—. Joder que puta eres. Traté de esforzarme y hacerle la mejor mamada de su vida. No tardó en comenzar a ponerse dura. Paseé mis dientes por toda su extensión, tenía razón, por lo menos estaba limpio. No tardó en hacerse con el control y meterla de lleno hasta el fondo de mi garganta, ensartándomela por completo y agarrándome la cabeza con fuerza para que no pudiera separarme. Traté de respirar, apenas podía con la presión que ejercía sobre su pubis. Cuando creí que me ahogaba la sacó por completo y volvió a encajarse, repitiendo la operación diez veces más. Me revolví tratando de respirar. —Shhhh, puta, no te muevas o voy a ahogarte a pollazos, eso es, me encantan tus arcadas cobre mi polla. —Apenas lograba contener el vómito cuando comenzó a follarme con brutalidad. Noté el desayuno subiendo por mi garganta e intenté contenerlo. El chico me penetraba sin descanso una y otra vez, cuando creí que ya no podía más empujó mi barbilla hacia abajo y enterró los huevos, friccionándose contra mi rosto hasta descargar por completo. Tragué y tragué, su semen era abundante y espeso, no me dejó que me separara hasta que el último chorro cayó en mi esófago. Después se apartó, me pidió que le limpiara bien la polla y se subió el pantalón. —Muy bien puta, ya has tenido tu ración, si mañana quieres volver a por más ya sabes dónde estoy, y no vengas sin dinero, no dejo que señoras como tú me coman la polla sin pagarme a cambio. Se apartó antes de que pudiera meterme las tetas en el escote y levantarme. Varios hombres se me quedaron mirando. Me incorporé como pude y seguí mi camino. No podía llegar tarde a clase. El metro llegó y me metí en el vagón, pos suerte había un sitio en un banco donde me acomodé. Todavía tenía el sabor de la corrida del chico en los labios. Separé los muslos cómo se me había ordenado y fijé la vista al frente donde una chica miraba entre mis muslos sin pudor. Me daba vergüenza pero sabía que no podía cerrar las piernas, fueron unos minutos eternos, el chico de mi lado se levantó exactamente igual que mi vecina de enfrente, que debía rondar los treinta. Cuando el vagón se detuvo ella se sentó a mi lado y sin decir esta boca es mía arremangó mi falda para colarme dos dedos en el coño. Cubrí su mano con la rebeca pero no cerré las piernas ella me sonrió. —Estás chorreando, muy resbaladiza, me encanta que me hayas enseñado tu coño cariño —murmuró en mi oído mientras no dejaba de follarme con los dedos. Los pasajeros bajaron y subieron de nuevos. El lugar de la chica lo ocupo un hombre de unos cincuenta y largos, trajeado que iba conversando por su móvil. Fue cortar la llamada y fijar la mirada en lo que sucedía frente a sus narices. Vio aquellos dedos meterse en mi coño, mis muslos separados y hambrientos que engullían no dos, sino tres dedos. La sorpresa inicial fue cambiada por una mirada de interés que me hizo humedecer todavía más. Busqué con la mirada a mi amo, estaba convencida que estaría en algún lugar viéndolo todo y yo solo le quería satisfacer. -Separa más las piernas, voy a meterte otro dedo, ¿te gusta lo que te hago cariño? —La chica tenía cara de viciosa, morena, ojos oscuros y con un cuerpo bonito. —Mucho. —Sí, eso me está diciendo tu coñito goloso, es muy tragón, me encantaría que estuviéramos solas en mi piso para jugar contigo. Tal vez puedas bajar conmigo. —Voy de camino al trabajo. —Murmuré notando el cuarto dedo presionando mi entrada para abrirse paso. Gemí audiblemente y ella me giró el rostro para besarme abiertamente dándose un festín con mi lengua mientras me seguía follando. Podía imaginar el hombre de delante cómo le estaría afectando todo aquello, pero yo no podía detenerla y me gustaba mucho lo que me hacía, estaba muy cachonda. Sacó los dedos completamente y empezó a frotarme el clítoris, para después ahondar con los 4 dedos. Era una locura y me encantaba, no podía dejar de chuparle la lengua, no quería que terminara. Los dedos ahondaban y frotaban, ahondaban y frotaban. El vagón se detuvo y ella se apartó de mi boca. —Es mi parada tengo que dejarte —Sacó la mano para ofrecérmela y yo lamí todos sus dedos. Terminó besándome saboreándome en mi lengua y guiñándome un ojo. La siguiente parada era la mía. Miré al frente, el hombre seguía ahí, sin apartar la vista de mi chorreante e inflamado coño. No se movió se limitó a mirarme sonriente lo que incrementó mis ganas de correrme. Cuando el metro se detuvo bajé, apresurada apretando los muslos y notando como resbalaba mi humedad por ellos. En el pasillo noté un empujón que me lanzaba detrás de un pequeño puestecito de bisutería que estaba cerrado. No me dio tiempo a reaccionar que alguien ya me había subido la falda, me estaba pellizcando las tetas y me decía que separara las piernas. —Eres muy zorra, todo el tiempo provocándome con esa bollera en el vagón, ¿te gusta comer coños puta? Pues ahora verás lo que es ser follada por una buena polla. Me la metió sin avisar, sabía que era el hombre que había estado sentado delante de mi. Apoyé las manos en la pared y le dejé hacer, golpeaba con saña mi culo, a la par que me follaba con rudeza. —Golpéate el coño puta, como hizo tu amiga, quiero que lo dejes rojo e hinchado, vamos. Los golpes se sucedieron, los suyos y los míos, el cuerpo se me calentaba y cada vez estaba más cerca de correrme. Gemí con fuerza y él espoleó entre mis muslos. —Eso es puta, te gusta verdad, no hay nada como una buena polla para que te haga comprender lo zorra que eres, ahora voy a romperte el culo puta. Separó mis nalgas y se encajó, lo tenía algo irritado por mi marido pero a él no iba a contárselo. Comenzó a tirar de mis piercings a retorcerlos, yo gritaba y el me follaba instándome a que me golpeara más fuerte, ya no aguantaba más, no podía contenerme. Oí su rugido al llenarme el culo de leche y yo también me corrí eyaculando contra el suelo. —Vaya, que putita has salido, arrodíllate y límpiame. —Así lo hice, sin protestar—. Y ahora limpia el suelo de tus flujos, no queremos darle faena a la señora de la limpieza por una guarra como tú. —No por favor, eso no, el suelo… —olía a orines, estaba segura que ahía había meado más de uno el fin de semana. Su mano me golpeó con contundencia en el rostro y empujó mi cara pegándola a mi corrida. —¡Come perra! —ordenó restregándome el rostro. O tuve más remedio que obedecer pues no paró hasta que dejé el suelo reluciente. Cuando separé mi cara de él, el desconocido ya no estaba, cogí el móvil y busqué algún mensaje de mi amo, ya que no le veía. Las lágrimas de la humillación recorrían mi rostro. Miré la pantalla, tenía un mensaje suyo. —Lo siento puta debemos postergar el castigo para cuando salgas de trabajar esta mañana me ha sido imposible seguirte, ya sabes lo que deberás hacer esta tarde. Que pases un buen día. Lloré tratando de imaginar cómo iba a pasar por eso de nuevo, pero lo único que fui capaz de responder fue: Sí, amo. Continuará…

Autor: sumisaroa78 Categoría: Dominación

Leer relato »

Follada delante de la cámara

2019-08-16


Allí me encontraba, sentada en la cama, en aquel pequeño cuarto a modo de estudio de grabación. Sola, con aquel hombre mucho mayor que yo, a espera de hacer mi primera sesión delante de una webcam a cambio de dinero. Ya era casi la hora. Estábamos esperando a que llegasen las 12 de la noche, momento en el que más usuarios se encuentran conectados en las salas de webcams, para así aumentar el número de espectadores. El a modo de hombre machito machista, vestido con pantalones vaqueros y camisa interior blanca, dejando ver su torso peludo. Yo, a modo de puta sumisa sometida, con un pequeño tanga rojo cubierto por la fina capa de unas medias de color blanco y tela blanca que marcaban mi pequeño pene bajo ellas, una minifalda de colegio y un pequeño top que cubría mis tetitas, y una peluca de pelo largo y color azul. Todo estaba preparado para empezar. Por fin se decidió a dar comienzo al espectáculo, y entrando en la plataforma encendió la cámara. Yo no sabía como funcionaba aquel mundo totalmente ajeno a mí. Los usuarios conectados aportarían dinero a cambio de ver nuestro espectáculo o de realizar ciertos retos propuestos. Al principio, no había ningún usuario conectado en la sala, y él se limitaba a acariciar mi pierna, mientras yo, inquieta, no podía hacer otra cosa que permanecer paralizada. Cinco minutos transcurrieron, y ya eran tres las personas conectadas en la sala viendo nuestra grabación. Comenzaron así comentarios del tipo. - Buenas noches, que buena esta esta perra. - Dile que te chupe bien ese pollón - Fóllatela y déjala preñada. Él comenzó entonces a acariciar su polla por encima del pantalón. Yo pude ver como esta ya se encontraba erecta, pero a pesar de sus ganas de violarme, esperaba a que los usuarios aportasen dinero, que hasta el momento era más bien poco. Al rato de espera llegó una propuesta, la de chuparle la polla a cambio de 1000 monedas virtuales. Él la aceptó y ahora me tocaba a mi hacer la parte del trabajo. Siguiendo sus órdenes, y nerviosa sabiendo que había gente viéndonos, saqueé su polla por la bragueta desabrochada de su pantalón. Era muy grande, una buena polla podría decirse, como las que veía cuando me masturbaba durante todos estos años sola en casa. De un color marrón oscuro, nada de prepucio en la parte superior, lo que dejaba completamente al descubierto la cabeza de esta de color bastante claro en comparación con la piel, y que desprendía un olor no demasiado agradable. La tomé con un mano y, tras pajearsela unos segundos para terminar de ponerla dura fuera, y forzada por su mano sobre mi cabeza que me empujaba hacia abajo, abrí la boca separando mis labios pinados de rojo y me metí la polla en la boca, la cual llenaba casi todo el espacio. Ya dentro de mi boca, comencé a mover la cabeza, y empecé a chupársela. Él entonces se echó ligeramente hacia atrás para que su polla se alzara lo máximo posible y así poder metérmela más adentro en la boca. Yo simplemente hacía lo mismo, mover la cabeza y mamársela, sintiendo un mal sabor de boca parecido a orina que emanaba de ella. Mientras lo hacía, podía oír de fondo el ruido cada vez que uno de los espectadores aportaba dinero. Mientras más fuerte chupaba y mamaba, más numerosas eran las aportaciones. -Para que me voy a correr ya… Dijo al cabo de unos minutos. No dejó de correrse por educación, sino porque la leche en boca era algo que había que vender, razón la cual exigió una determinada cantidad de dinero. Entonces paramos la mamada, y simplemente masajeaba su polla lo suficientemente poco como para que esta siguiera dura sin llegar a correrse. Cuando la cifra se había alcanzado, llegó el momento de dar aquello por lo que se nos había pagado. Yo permanecí sentada en el borde de la cama, y él, bajando completamente sus pantalones hasta el suelo, puso su enorme polla encima de mi cara. -Chúpame los huevos un poquito. Yo obedecí, y agachando aún más mi cabeza, abrí la boca ampliamente y dejé descansar el saco de sus huevos dentro de ella, mientras los lamía con la lengua y el me cogía del pelo. Cuando se cansó, llegó el momento de volver a comer polla y esta vez dejarle acabar. Me la volví a meter en la boca entera y esta vez, con más fuerza que antes y buscando la leche, empecé a mover rápidamente la cabeza mamando, intentando apretar con fuerza mis labios alrededor para hacer más fricción. De fondo, el ruido de las aportaciones de dinero, similar al de una máquina expendedora. A los cinco minutos, no pudo resistirlo más. -Mmmmm….abre bien la boca. Mirándome a la cara, sacó su polla de mi boca, y pajeándose fuertemente, termino corriéndose en mi cada, dejando que toda la leche espesa cayera sobre mis labios. No hizo falta que me lo dijera, y yo saqué mi lengua y empecé a recoger con ella toda la corrida para tragármela, algo que incrementó el número de monedas dadas. Empezaba a comprender como hacer para recaudar más dinero. Después de correrse, la siguiente propuesta era, como no podía ser de otra forma, la follada por el culo. Para ello, tuvimos que esperar a que su polla recuperarse la fuerza para ponerse dura después de darme por la boca. Varios juegos se sucedieron entre mientras, como hacerles pequeños flashes de mis tetas, o dejar que el me acariciara mi pequeña polla por encima de mis medias a ver si se me ponía dura y así comprobar mi impotencia. Al cabo de casi tres cuartos de hora, su polla estaba de nuevo lista para metérmela, y cuando se había alcanzado la cantidad de dinero pedida, llego el momento de la gran follada por el culo. Para ello, comenzó a desnudarme, quitándome la minifalda a la vez que me pegaba y azotaba mi culo. Me veía como siempre había querido, delgada y blanca, depilada, en tanga y con medias, y con la buena polla de un maduro latiendo por follarme el culo. Me puso a cuatro patas, con el culo apuntando hacia la cámara, y me bajó las medias. Visto desde atrás, y al ser mi pene tan pequeño, la forma de mis testículos bajo la tanga no era muy distinta de la de un coño de mujer. Mis piernas estaban separadas, y el hilo del tanga se veía perfectamente atravesar mi ano, tapando el pequeño orificio. Tras unas cuantas bofetadas en el culo, bajó el tanga hasta las rodillas, saliendo mi pequeño pene, que apenas se veía detrás de mis huevos. Con una mano lo agarró y lo masturbó inútilmente ya que no se ponía dura, mientras que con un dedo de la otra acariciaba mi ano como si un clítoris fuese. Debido a la posición de la cama y la cámara, la follada debía de ser a cuatro patas para que esta se viera bien. Fue más rápido de lo que yo pensaba, y al poco más de unos segundo, y sin previo aviso, me clavó la polla por el culo. La costó entras, ya que no había sido lubricado mi ano, y tuvo que separarme bien los cachetes del culo y empujar fuerte para metérmela. Yo esta vez, sí con dolor real, grité como una gata cuando la montan. Ya dentro, y colocando sus manos sobre mis hombros, comenzó a follarme el culo. Yo gemía, mezcla de dolor y de morbo y excitación a ser follada y saber que tanta gente me veía. La follada duró cinco minutos, y tras unas fuertes embestidas a grito de macho dominante, se corrió dentro de mi culo, sacándola rápidamente, y enfocando la cámara hasta mi ano para que la gente pudiera ver como la leche comenzaba a salir y resbalaba hasta caer por mis testículos.

Autor: Perrito Categoría: Sexo Gay

Leer relato »

La hija de mi amigo

2019-08-16


LA HIJA DE MI AMIGO De cómo me sedujo la hija de mi amigo. Hace ya tiempo que no escribo ningún relato y supongo que es porque me cuesta imaginar una historia para después plasmarla en un folio en blanco. Lo que voy a contar es completamente verídico y esa es la razón de que no me suponga esfuerzo alguno hacerlo. Me llamo Héctor, tengo 52 años, estoy soltero y vivo solo en un apartamento de la playa de San Juan, en Alicante. Tengo un trabajo que no está mal y que me consiguió mi cuñada, quien me utilizó como un mero objeto sexual hasta que se cansó de mí (ver los 2 relatos "Le hice un favor a mi cuñada 1 y 2"). Un día, después del trabajo, Manolo, un compañero de la empresa con el que había trabado cierta amistad, me invitó a tomar unas cervezas. En principio todo parecía indicar que era para relajarnos y reírnos un poco, pero a los pocos minutos el tono de la conversación cambió por completo. Héctor, quería hablar contigo porque tengo un problema. Si te puedo ayudar en algo, cuenta conmigo, pero me tendrás que decir primero qué te ocurre. Verás, se trata de mi hija, de Anabel. Su marido la ha dejado por otra. ¡El muy cabrón! La pobre está hecha polvo y se pasa el día llorando. Y encima él se ha quedado con el piso y ella ha vuelto a vivir con nosotros cuando ya estaba haciendo su vida y nosotros la nuestra. Chico, lo siento. Ya me hago cargo de que la pobre lo estará pasando mal, pero no veo en qué puedo serte útil. Me imagino que Laura y tú le habréis dado todo el cariño del mundo. No encuentra consuelo. La cuestión está en que Laura y yo cumplimos veinticinco años de casados, son nuestras bodas de plata y tengo pagado un crucero con el que quería celebrar este aniversario, y ahora, calcula qué fastidio. Me sabe mal por mi hija, pero no puedo dejar sin aniversario a mi mujer. Pues sí que es un problema, sí -respondí yo-, pero no sé qué quieres que haga. Anabel te conoce. Para ella eres como de la familia. Algo así como un tío. ¿Podrías venirte a vivir a mi casa mientras estemos fuera? Serían solo un par de semanas. Es para poder irme tranquilo. Si no lo creyera absolutamente necesario no te lo pediría. Valoré la situación y la verdad es que, aunque era un atraco a mano armada, lo que me pedía tampoco estaba tan mal. Yo acababa de comenzar mis vacaciones y el plan que tenía era continuar con mi vida de siempre, con la excepción de que no tendría que ir a trabajar, ya que mi economía no me permitía demasiadas alegrías. Sin embargo, Manolo disponía de un magnífico chalet con piscina, que estaba vallado para que no se pudiera ver nada desde el exterior y gozar de privacidad. Él correría con todos los gastos y yo solo tenía que encargarme de que Anabel estuviera lo mejor posible. Como es lógico, acepté. Manolo me dio las gracias abrazándome de manera efusiva y me dijo que no sabía cómo agradecérmelo. Llegó el día y me trasladé al chalet, dispuesto a pasar 15 días con la hija de mi amigo. Sus padres partieron de viaje y allí nos quedamos los dos, mirándonos, un poco sin saber qué hacer. Anabel era una chica alta, con buenas tetas y buen culo y aunque no se la podía calificar de excesivamente guapa sino más bien normal, sí que resultaba muy atractiva en conjunto. Durante la despedida se había mostrado muy triste, pero una vez se hubieron marchado sus padres, pareció animarse un poco. Bueno, Héctor. Supongo que mi padre te ha pedido que cuides de mí ¿no? La verdad es que estaba preocupado y así se marcha más tranquilo. Si necesitas algo de mí o tienes ganas de hablar... bueno, tenemos mucho tiempo. Aquí podemos estar muy a gusto, a menos que quieras salir por ahí a divertirte, claro. No. Quiero quedarme en casa. No tengo ganas de ver gente. No quiero ver a nadie. Pues entonces vamos a pasar unos días muy buenos. Ya verás -dije para animarla-. Anabel, a sus 22 años, era una mujer de esas a las que no puedes evitar mirar de buenas que están. Esa misma mañana fuimos a la piscina a nadar y refrescarnos un poco, ya que el intenso calor de julio era sofocante. El bikini con el que se presentó no podía ser más provocador. El sostén apenas le tapaba los pezones y las areolas, dejando sus tetas de frente y de lado al descubierto de manera más que evidente y sin que fuese necesario recurrir a la imaginación para hacerse una idea exacta de la forma y tamaño de sus pechos. La parte de abajo consistía tan solo en un tanga muy pequeño, sujeto por dos lazos a ambos lados, fino y estrecho que dejaba un culo perfecto a la vista y que hacía que se marcasen sus labios vaginales. Más que nadar, en el agua, como se estaba bien, nos limitamos a quedarnos a remojo y entablamos conversación. Bueno, Héctor ¿Y qué te ha decidido a venir aquí y hacerle este favor a mi padre? Tampoco es tan gran favor. Piensa que seguramente aquí lo pasaré mejor que en mi casa. Además, estando tú tengo con quien hablar. Por otro lado, sabes que os aprecio a todos. Me alegro mucho de que hayas venido. Lo estoy pasando bastante mal. Aparte de que mi marido me haya puesto los cuernos y se haya ido con otra, hay otra causa que me está acabando de hundir moralmente. Chica, lo siento. No sé. Si puedo hacer algo... Quizá sí, Héctor. Verás, yo soy una mujer muy ardiente y necesito sexo todos los días, al menos una vez. Desde que mi marido se fue he tenido que satisfacerme sola, pero no es lo mismo ni de lejos. Necesito una buena polla y un tío que me folle bien follada, que me dé un buen morreo, que me abrace, que me apriete y que me coma las tetas y el coño. Necesito un tío al que vea calentarse conmigo y desearme, y con el que me pueda correr de gusto mientras el lo hace dentro de mi chocho, llenándome de leche. Como ves, estoy muy necesitada. Y tan necesitada que estaba. Yo también debía de estarlo, porque solo de oírla había tenido una tremenda erección que procuraba disimular para que no me la notase. Era difícil mantener la calma cuando una hembra así se te ponía a tiro de forma tan descarada, pero no podía caer en la trampa que me tendía. Al menos, no tan pronto. Decidí continuar con la conversación como si fuera la cosa más natural del mundo. Yo creo que no debes preocuparte por eso, Anabel. Eres joven, guapa, lista y muy atractiva. No creo que tengas ningún problema en encontrar este verano un chico dispuesto a darte todo eso. Incluso diría que será muy afortunado el que lo haga. No quiero liarme con ningún niñato de playa, que además no vacilará en contarle a todo el que quiera escucharle que se ha tirado a una tía buenísima y encima dejarme como a una cualquiera. Es patético. Ya veo -le dije-. Quizá tengas que esperar un poco hasta encontrar a la persona adecuada. Alguien que te valore y que no vaya contando por ahí sus aventuras sexuales. El caso es que creo haber encontrado a esa persona, Héctor. Estoy segura de que tú no contarías nada a nadie si follásemos ¿Me equivoco? Anabel me había metido la mano dentro del bañador y me sujetaba la polla firmemente. Acercó sus labios a los míos y me dio un húmedo beso con lengua. Empezó con un suave vaivén, masturbándome lentamente. Yo oía cómo su respiración se agitaba, pero no podía dejarme llevar. Era la hija de Manolo y, aunque se trataba de una mujer adulta, solo tenía 22 años y yo 52. No estaba bien y no me lo podía permitir. Tuve que cogerle la mano y apartársela. Anabel, lo siento, pero no podemos hacer esto. Sería traicionar la confianza que tu padre ha depositado en mí. Por otro lado, has pasado por una experiencia dolorosa y posiblemente no ves las cosas con claridad. ¿Ah, sí? -respondió airada- Te aseguro que veo las cosas con absoluta claridad y sé muy bien lo que quiero y necesito. Héctor, por favor, no te hagas de rogar más. Lo estás deseando. Lo sé. Te voy a ayudar a que veas tú las cosas con claridad. Y dicho esto se quitó la parte de arriba del bikini, dejando dos hermosos, perfectos, firmes y redondos pechos que desafiaban la gravedad. Esto unido al tamaño que tenían, ya que por lo menos usaba una talla 100, y el de los pezones y areolas, hizo que mi polla alcanzase su máximo esplendor, justo cuando me la volvía a coger con la mano. Después se pegó a mí y clavó sus tetas desnudas en mi pecho, mientras ensayaba un nuevo beso con lengua que me acabó de poner a cien. Ahí ya no pude resistir más y en un momento me quité el bañador y deshice los lazos de la parte de abajo de su bikini, quedando los dos completamente desnudos. Comencé a pasar mi dedo medio por dentro de sus labios vaginales sin llegar a penetrarla, pero estimulándole el clítoris cuando lo alcanzaba. Anabel estaba fuera de sí y su mano se movía a toda velocidad pajeándome y suplicándome que no la hiciera esperar más. ¡Oh, Héctor, así, sigue, que bien lo haces! ¡Dame más, vamos, fóllame! Tranquila, zorrita, que esto en solo el principio. Si quieres mi polla te la vas a tener que ganar -le decía mientras le pasaba el dedo por la rajita y el clítoris con una lentitud desesperante-. Anabel no paraba de suplicarme que se la clavara entera, diciéndome toda clase de guarrerías y pidiéndome que la tratase como a una perra, como a mi puta particular. Verdaderamente me había puesto a cien y escuchar su respiración entrecortada y su aliento de súplica pidiéndome por favor que se la metiera toda, era un poema para mis oídos. Al final, no pude resistir más. Quería calentarla al máximo para darle el mayor placer posible, pero la verga la tenía ya durísima y los huevos me dolían de caliente que iba y de llenos de leche que estaban. Dicho y hecho, allí mismo en la piscina y abrazada como estaba a mí, la cogí por el culo y la levanté. La muy puta adivinó mi intención y se abrazó a mí con las piernas en mi espalda, dejando su coño bien abierto esperando a que la ensartara con mi mástil. Entonces, lo más lentamente que supe o pude hacerlo le fui metiendo mis 22 centímetros de verga, horadando su agujero y llenándolo con mi miembro con precisión calculada. Anabel se apretó más a mí, clavándome sus tetazas y comiéndome la boca con desesperación, mientras yo empecé a arrearle una follada sensacional a toda velocidad, sin darle tregua ni reposo a su hambriento coño, de abajo a arriba, prisionera entre la pared de la piscina y mi cuerpo, en el que se aplastaban sus pechos. ¡Aaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh, Asíiiiiiiiiiiii Héctor, me matas de gusto, sigue, sigue, ooooooooooooooohhhhhh! Toma, toma, toma, golfa, putón, tirarte a tu tío. Debería darte vergüenza. Me has buscado desde el principio y ahora te voy a dar verga hasta que te hartes. Por zorra. ¡Así, sigue, fóllame, insúltame, que eso me pone más cachonda! ¡Ooooooooohhhhh, que bueno, dame más, más deprisa, más deprisa, sigue, sigue! Era imposible follarla más deprisa de lo que lo estaba haciendo, y aun así me pedía más. Debía estar a punto de correrse. Si en ese momento paraba, sería capaz de hacer lo que le pidiese y de convertirla en mi esclava, pero yo era incapaz de hacer algo así y, por el contrario, continué el ritmo de mis embestidas sin darle tregua ni reposo. ¡Así, Héctor, así! Vamos, dame unos minutos más. Estoy casi a punto de correrme. Pues entonces vas a tener que dejar que haga contigo lo que quiera y te folle cuando me dé la gana ¿Aceptas o la saco y paro? ¡De acuerdo! ¡Te tomo la palabra! ¡Soy capaz de aguantar mucho sexo y tendrás que darme todo el que te pida! ¡Solo de pensar que seas capaz de hacerlo se me hace la boca agua, pero ahora sigue follándome y calla, amor, que estoy a punto de correrme! Dicho esto, la sentí convulsionarse intentando ahogar los jadeos y gemidos sin éxito. Yo estaba a mil por hora y no paraba de comerle la boca metiéndole la lengua y buscando ella la mía, al tiempo que estrujaba sus abundantes pechos y la taladraba sin parar. Anabel seguía corriéndose en un orgasmo continuado que no podía tener fin hasta que yo no parase. Allí la tenía yo, ensartada con mi verga, mientras ella estaba dejada caer hacia delante, desmadejada, con el placer dibujado en su rostro. Yo era su amo y Anabel lo había aceptado de forma tácita. Aguantaría todo el sexo que yo fuese capaz de proporcionarle. Al final, a pesar de haber hecho todo lo posible por aguantar, llegó ese momento en el que llegas a un punto de no retorno, a ese cosquilleo en el que sientes que va a salir la leche a borbotones, sin poderlo evitar, y me corrí. Descargué todo el semen que había estado acumulando en su interior, mientras ella, presa del paroxismo al sentirlo dentro, emitió un gemido intenso y brutal, fruto del orgasmo cumbre de todos los que había experimentado hasta ese momento. Salimos y nos tumbamos en la hierba. Descansamos un rato y nos dormimos abrazados. No sabría decir cuánto tiempo pasó hasta que desperté. Me di cuenta al poco de despertarme de que me estaba haciendo una felación. Le acaricié el pelo, nos miramos y nuestras miradas expresaron el intenso deseo que sentíamos en ese instante de devorarnos el uno al otro. La hubiese rematado allí mismo, follándomela salvajemente y hacer que se corriera con mi polla dentro, dándole sin parar y abriéndole con la verga el coño cada vez más, en un orgasmo interminable en el que me suplicara que parase porque se moría de gusto y no podía soportarlo más, para entonces correrme yo a placer y soltarle toda la leche acumulada para que la sintiera invadir su interior, pero no era el momento de hacer eso. Mis planes eran otros. Pretendía calentarla, torturarla sexualmente, darle algo nuevo que no hubiese experimentado jamás, para que se aficionase a mí y solo quisiera estar conmigo. Para conseguir mi objetivo tenía que hacerlo muy bien e ir más allá de satisfacer su líbido y calmar sus ansias de sexo. Le dije que me esperase y fui al cuarto de baño. Tras una breve inspección, encontré lo que buscaba: una botellita de aceite corporal para después de la ducha. Estaba prácticamente entera. Volví con ella y cuando me vio llegar, Anabel me miró con expresión interrogativa e hizo un gesto al que acompañó con las palabras exactas que le daban su significado. ¿Y eso? Aceite corporal para después de la ducha. Como estás mojada he pensado en ponerte un poco para hidratarte la piel. Esto es el colmo -dijo algo enfadada-. Estaba chupándote la polla y entonces tú vas y paras, me dejas a mitad y no se te ocurre otra cosa que traerte una botella de aceite corporal para hidratarme la piel. Tú, calla, déjame y disfruta. No voy a parar de darte sexo hasta que estés completamente satisfecha. Todo el que puedas aguantar, pero ahora déjame a mí. Túmbate boca abajo, extiende los brazos, separa un poco las piernas y relájate. Extendí un poco de aceite por su espalda y comencé con un suave masaje, que más tenía de magreo que de masaje, acariciándole la espalda y tocándole las tetas por los lados cuando pasaba mis manos por esa zona. Después bajé a la parte baja de la espalda, con un movimiento circular hasta llegar al culo, el cual también magreaba para volver a subir de nuevo y bajar cada vez más. Anabel, instintivamente, abría las piernas cuando mis manos se acercaban a su sexo al masajearle las piernas por dentro. Empecé a acariciarle por fuera sus labios vaginales y pude escuchar un gemido involuntario. Insistí en lo mismo, pero pasando el dedo medio por entre sus labios, aunque sin llegar a penetrarla. En mis dedos quedó impregnada la humedad que se escurría de su coño. Su espalda se arqueó, elevando su culo y su sexo, como invitándome a poseerla. La pobre Anabel estaba cachonda perdida y ya no contenía sus jadeos y gemidos. Seguí torturándola un poco más, frotándole suavemente el clítoris, primero despacio y después cada vez más deprisa. Yo tenía la polla tiesa como un garrote, y a pesar de estar deseando metérsela, todavía habría de esperar un poco más. Los jadeos y gemidos de Anabel subieron de tono y estuve seguro de que ya no había vuelta atrás. Había comenzado a tener un tremendo orgasmo que mis dedos hacían incrementar en intensidad por la velocidad con la que se movían. ¡Ooooooooooohhhhhhhhhh, Héctor! ¡Me corrooooooooooooooo! Ahora verás, puta. Vas a suplicarme que pare de follarte, pero te voy a dar con el manubrio hasta que revientes, zorra. Y me coloqué detrás de ella y de un solo golpe se la metí entera. Con el coño chorreando y en pleno orgasmo, entró como si nada y me puse a bombearla sin piedad. Cuanto más le daba más se prolongaba su orgasmo. Yo no paraba de darle sin descanso y su corrida no tenía final. ¡Sigue, sigue, para, sigue! ¡Que bien lo haces, cabrón! ¡No puedo aguantar más, pero quiero que sigas! ¡Dame, dame, más, reviéntame el coño! ¡Ay, como me llenas, que gusto! ¡Sigue dándole a esta puta que te va a chupar la polla para ponértela tiesa otra vez y que la vuelvas a follar! ¡Menudo pollón tienes, Héctor! ¡Vas a hacer que me corra otra vez!, ¡Para, sigue, ay que me viene, Héctor, que ya no aguanto más, que no puedo pararlooooooo, que me muero de gustooooooooooooo! ¡Oooooooooooooohhhhhhhhhhhhhhhhhh, Héctooooooor! ¡Me corrooooooooooooooooo! ¡Córrete, Anabel, vamos! ¡Vaya calentorra que estás hecha! ¡Te voy a soltar toda la leche en ese coño de puta que tienes! ¡Sí, lléname toda, lléname, amor! ¡Eso es un hombre! ¡Siiiiiiiiiiiiiiii, ya lo noto! ¡Me corrooooooooooooooooo, Anabel! ¡Me corrooooooooooooooooo dentro!¡Tu chocho me succiona y me saca la lefa! Le solté varios chorros dentro, al tiempo que de puro placer sentía que se me iba la vida detrás a causa de las contracciones orgásmicas del coño de Anabel. Caímos los dos rendidos. Por lo visto, Anabel era multiorgásmica y al meterle la polla y empezar a follarla en plena corrida encadenó varios orgasmos. Cuando la chica se está corriendo es el mejor momento para meterla, porque las contracciones vaginales te dan más placer y ellas al sentir como las penetras mientras se corren gozan mucho más. Anabel se quedó tumbada junto a mí, abrazada y dándome tiernos y cálidos besos en la boca. Amor, cuánto me has hecho disfrutar y cómo lo necesitaba. Tu si que sabes dar placer a una chica -decía mientras no paraba de besarme-. Yo también he disfrutado mucho, Anabel. Eres una chica muy atractiva y estás buenísima. Tu cuerpo, tus tetas y tu chocho son una gozada que no esperaba tener para mí. Ojalá no te canses de mí. ¿Bromeas? -respondió-. En toda mi vida he encontrado a nadie que me folle también y me dé tanto placer. Creí que me moría de gusto. Puedes apostar a que no te voy a dejar escapar. Desde hoy eres mío y si ser tu esclava sexual conlleva que disfrute tanto, voy a ser la esclava más obediente del mundo. Nos levantamos y nos fuimos a descansar a su cuarto, por tener una cama más grande que la del cuarto de invitados, de metro y medio de ancho por dos de largo. Me tumbé boca arriba y ella se acurrucó a mi lado. Me acariciaba el pecho y me daba tiernos besos en la boca. Sus pechos presionaban mi costado izquierdo y la verdad es que yo me sentía en la gloria. Al final, con tan placenteras sensaciones, me quedé dormido. No sé cuánto tiempo estuve durmiendo esta segunda vez. La verdad es que el sexo con Anabel me dejaba exhausto. Por la hora que vi en un reloj de pared, entre una hora, y hora y media. Todavía estaba amodorrado, pero algo había interrumpido mi sueño despertándome. Enseguida me di cuenta de lo que era- Allí estaba Anabel, chupándome de nuevo la polla con ansia. A pesar de estar dormido me la había puesto morcillona y ya tenía un considerable tamaño y cierta rigidez. Supongo que la suficiente para poder follármela de nuevo, pero debo reconocer que me comporté de manera bastante egoísta y dejé que prosiguiera con la felación. La verdad es que lo hacía divinamente, moviendo la cabeza de arriba a abajo, hasta tocar el glande casi en su garganta y apretándome la verga suavemente con sus labios carnosos, como si de una hambrienta vagina se tratara. Estuve a punto de dejar que llegara al final y correrme en toda su boca obligándola a tragarse toda mi leche, pero me dio lástima, porque sabía que necesitaba más sexo y por supuesto que se lo iba a dar, aunque de forma algo distinta, ya que estaba visto que Anabel era una tía muy, muy caliente, y cuanto más placer le diera y más la hiciera disfrutar, más se convertiría en esclava mía. La separé de mí y le saqué la polla de la boca. ¡Héctor! ¿Qué haces? ¿No te gusta que te la chupe? Quería que te corrieras en mi boca y saborear tu leche, mientras me corría. ¿Y como pensabas correrte si tenías mi verga en la boca? Me estaba haciendo un dedo. Me excita mucho comerme una buena polla, Y dicho esto siguió con la mamada que me estaba haciendo. La tia la chupaba como los ángeles y mientras lo hacía se metió un consolador de unos 25 centímetros, algo más largo que mi polla, aunque no tan grueso. Cuando se lo metió en la vagina, vi el deseo reflejado en su cara, y la velocidad de la mamada se incrementó hasta ir pareja con la de la follada que a sí misma se estaba metiendo. Entonces, saqué el miembro de su boca y el consolador de su coño. Cogí los cordones de sus deportivas y de las mías y la sujeté de las muñecas. ¿Qué vas a hacerme? Torturarte por puta. La até a las patas del somier de la cama de forma que quedó en el centro en aspa, con las piernas abiertas y hacia abajo y los brazos abiertos y hacia arriba. Ahora verás, putita. Te vas a comer toda la lefa, pero cuando yo lo decida y después de correrte varias veces, que es lo que estás pidiendo a gritos. Por favor, Héctor. Fóllame ya de una vez. Cogí el consolador y se lo enchufé en el coño mientras le lamía el clítoris y lo pellizcaba suavemente con los dientes. Puse el vibrador a máxima potencia y le empecé a hacer movimientos circulares dentro de su vagina al mismo tiempo que le daba lengua sin parar. Cuando noté que estaba a punto de correrse, paré. Esta operación la repetí varias veces. Si notaba que estaba a punto de llegar al clímax paraba y cuando se le pasaba un poco la calentura volvía a comenzar. La pobre Anabel, casi en el paroxismo, gritaba, lloraba y suplicaba que se la metiera ya y constantemente me pedía por favor que no me demorase más y que quería sexo sin límites. ¡Héctor, por favor, fóllame ya! ¡Méteme ese pollón que tienes en el coño y dame lo que necesito! Si empiezo será hasta que yo decida parar. Te estaré follando sin descanso ¿Lo aceptas? ¡Sí, sí, sí, sí! ¡Vamos! Me subí encima de ella y se la metí toda de golpe. Empecé a bombearla primero despacio, después deprisa y le cambiaba el ritmo cada poco. Cuando notaba que empezaba a tener ganas de correrme, me salía de dentro de ella y le metía el vibrador a máxima potencia. Anabel encadenaba un orgasmo tras otro. ¡Héctor, dame más, así, me muero de gustoooooo! Toma, toma y toma putita. Voy a hacer que te corras hasta que yo quiera. ¡Me corrooooooooooooooooo! ¡Me corrooooooooooooooooo por todaaaaas partes! Después tendrás que sacarme toda la leche, puta. ¡Haré lo que quieras, dejaré que me la metas donde quieras y que te corras donde quieras, amor! ¡Te quiero, te amo, te deseo! Cuando vi que ya no podía más, paré. Héctor, no puedo más. Me he quedado completamente satisfecha y eso es algo que no me había pasado nunca. Soy tuya para siempre. Ven, amor, que voy a hacer que te corras como nunca lo has hecho. Desátame, vamos. Le aflojé las ligaduras y apenas estuvo libre me cogió de la mano y me llevó a a la piscina. Yo cogí el consolador por si hacía falta, que nunca se sabe. Me tumbó en la hierba y empezó a hacerme una mamada espectacular. Según se introducía la verga en la boca, con una lentitud desesperante, apretaba sobre ella sus labios carnosos hasta que no podía más y le llegaba hasta el fondo de su garganta, y después, también con una lentitud pasmosa, la sacaba apretando de nuevo los labios sobre ella y aplicaba rápidos movimientos de succión sobre el glande. La felación, poco a poco comenzó a ganar en velocidad e intensidad, apretando un poco más esos labios diseñados para chupar pollas, y de forma más rápida, tanto al entrar y salir en su boca como al succionarme la punta de la verga. Yo me sentía morir y comprendía que así no iba a poder aguantar mucho. Le dije que parara pero hizo caso omiso. Intenté apartarla con mis manos, pero ella se resistía, chupándomela con mayor ansia si cabe. Noté que me venía, que estaba a punto de correrme y que no podía evitarlo ya. La avisé para que se apartara, le dije que iba a eyacular de forma espantosa, que presentía que me saldría una gran cantidad de leche. En lugar de quitarse de enmedio, que es lo que pensé que haría, mis palabras parecieron calentarla y enardecerla más todavía e incrementó el ritmo y la intensidad de la mamada, y pude ver como con una mano me sujetaba la polla para chuparla y con la otra mano se pajeaba a toda velocidad. Por fin ya no pude aguantar más y descargué todo el torrente de leche acumulado en su boca glotona que tragaba sin parar y seguía succionando para extraerme hasta la última gota de semen. No pude reprimir los gemidos y jadeos mientras me corría en su boca sintiendo un placer inenarrable. Enseguida la oí chillar de placer. Estaba teniendo otro orgasmo. Aún cansado y habiéndome acabado de correr como estaba, cogí el consolador y se lo enchufé en todo el coño a máxima potencia, aumentando de esta manera la intensidad de su corrida. Se me abrazó y empezó a comerme la boca, buscando mi lengua, en un morreo interminable acompasado a su orgasmo y susurrándome cada vez que nuestras bocas se separaban “Así, así, amor, te quiero, te quiero, soy tuya para siempre. Quiero que me folles hasta que te hartes. Mi coño, mi boca, mis tetas, mi culo, toda yo soy tuya. Soy tu esclava”.

Autor: acalorado Categoría: Sexo con Maduras

Leer relato »

Una corta historia de amor

2019-08-16


Buscaré tus manos y tus dedos, los veré, los acariciaré, te preguntaré quien eres. Cuando con tu linda sonrisa me respondas, ya habrás hecho un gran espacio para ti en mi corazón, el más grande que exista. No sabes cuan ansiosa, cada día espero la mañana para pasar en frente de ti, no sabes con qué cuidado arreglo mi ropa y mi maquillaje, solo para que me veas. Soy joven, no tengo experiencia, no sé como conquistar a una chica, no sé cómo acercarme, cómo hablarle. Pero no hace falta práctica para enamorarse, para que el corazón en el pecho haga pum pum pum, para que las manos suden y las piernas tiemblen. En mi mente imagino tantas cosas, toda mi vida pasa una y otra vez, tu y yo, yo y tu, bajo un cielo azul y nada importa más que tú. Mi respiración se acelera y tú sonríes, siento como mi rostro se enciende y se colorea de un escandaloso tono rojizo. Porque mi cuerpo se sincera sin que yo quiera y te dice con timidez lo que ocasionas dentro de mí. Voy a tu encuentro y repito lo que cada día te digo, tú me entregas un café negro bien cargado y cuando lo cojo en mis manos siento el débil roce de tus dedos, me quiebro en mil pedazos. Vuelves a sonreír porque sabes lo que sentí, percibiste mi estremecimiento, estos ojos negros que no saben ocultar nada, que no se quedan callados. ¡Dios! ¡Cómo me gustaría perder mi timidez y preguntarte tu nombre! Es que eres tan hermosa, tan perfecta, tan guapa y linda… y yo, yo no soy nadie ¿Cómo te fijarías en mí? Entonces me veo y le digo a mi reflejo que me ve desde una vidriera “al menos creo que tengo una oportunidad”, “Ella, ella podría… después de mucho, ella… ella al menos me vería como alguien que le agrada”. “¡Sí!”. Mi resolución es tan tenaz que ni yo misma me la creo, me revelo a todo los roles que me impusieron antes de mi nacimiento, juego otros juegos, interpreto otros papeles, escribo el guión de mi vida, este es mi acto, y tú, tu mi amada, eres la protagonista, yo, yo soy una estelar. Cada día empiezas a notarme (yo, te juro, no me hallo de la alegría), busco un detalle, un regalo, una rosa, una palabra, una mirada para darte, para demostrarte lo mucho mi alma te desea, te anhela y te añora. Y pasan las semanas y tu sigues allí, no te molestan mis atenciones, no me ves con fastidio o desagrado. Mi pecho se llena de algo mágico y hermoso que me hace querer gritar y callar a la vez. Siento que este amor en un amor de dragón, como dice aquella canción, un amor que solo tú puedes develar, que solo tú puedes hallar en este enigma. Toco tu mano, no la retiras, eres tan suave, tan tierna, me dejas tomarte y llevarte de paseo. Te llevaría por todo el mundo, te compraría el universo, pero hasta el momento solo me alcanza para llevarte a la feria y conseguir unos helados. Pero a ti parece no importarte, me sonríes y me agradeces, ¿Por qué agradeces? Si yo muero por hacerlo todos los días. Pasa el tiempo, los meses, sigo buscándote y encontrándote, salimos, te beso en la mejilla y siento que mi pecho arde y estalla, soy tan feliz, no te lo imaginas amor. Te beso en los labios, corazón, alma y anhelo, todo confluye en ese momento, admiración, cariño y amor, me fundo en tu boca. Tus manos me recorren y parecen conocerme más de lo que yo me conozco, siento que puedes leerme tan claramente, tan fácil, y si te soy sincera, ese sentimiento me asusta. A veces te lo digo, te pregunto que me has hecho y tú, tu respondes… “lo mismo que tú me hiciste a mí”. Tantos momentos y te sigo viendo como el primer día, te sigo amando y creo que mientras más avance el tiempo más te amaré. Me has llevado a sitios que pensé no existían, a placeres inexplicables, a sensaciones dentro de mí que me hacen llorar y reír a la vez, sufrir por la necesidad de ti, doler de pasión. Mi amor, cuando estás dentro de mí siento que nuestras células se mezclan, que nuestras venas son una , que nuestra sangre es indivisible, que estás tan profundo… y… y que yo estoy tan latente en tu corazón, que la vida separadas sería imposible, no tendría sentido. Cuando te toco, cuando te tengo debajo de mí, cuando te empinas hacia mí… muero de amor, cuando tus fluidos forman un mar ardiente y yo deseo beber hasta la última gota, querida, sacio mi sed, estoy completa. ¿Dependencia? Y qué... Yo se que amarás mientras las estrellas existan, no tengo miedo, confío en ti. Y esa luz que veo frente a mí no es otra cosa que la realidad de ser correspondida, la dicha de me ames como yo te amo. Cuando Muerte de los Eternos, me tome y me lleve a su reino, habrá una pregunta que tengo que responder, que tienes que responder, que todos responden “¿Lo mejor de tu vida?” Mi amada, lo que mejor de mi vida a has sido tú.

Autor: WithAllHeart Categoría: Sexo Lésbico

Leer relato »

SESIÓN, Doloroso placer.

2019-08-16


Toda la mañana había estado pensando en ella, en su cara, en su cuerpo, en sus tetas, porque no decirlo. Tenía ganas de besarla, de acariciarla de tocar su sexo húmedo y caliente. Deseaba amasar sus nalgas y azotarla, ponérselas rojas y hacerla arrodillar ante mí para volver a meterle mi polla en su boca y sentir sus caricias que me llevarían al nirvana. Pensando en todo esto llegué al hotel, una vez en la habitación preparé todo rápidamente, ya le había dado el numero y sabía que correría hasta mi. Llaman a la puerta, me puede la impaciencia, abro, allí esta ella, le hago pasar y le abrazo fortísimo, tenía tantas ganas. Venía como le había dicho, desnuda, solo con el abrigo, cayéndole por los hombros, bien abierto, la falda se la había quitado en el ascensor, había avanzado por el largo pasillo mostrando todo, cualquiera podía haberla visto antes de entrar, esa era la idea, le avergonzaba, pero el morbo la podía y la calentaba. Una putita muy obediente. Mis manos recorrieron su cuerpo, acariciaron sus tetas, mi boca seguía a mis manos, el abrigo estaba en el suelo, aquella locura nos invadía, ambos tratábamos de apoderarnos totalmente del otro. Mi mano llegó a su sexo, si, estaba húmedo y caliente, me gustó acariciarlo, ella arqueaba su cuerpo, le gustaba, seguí con mas intensidad. Noté que me había subido el polo y que volaba por la habitación hasta la cama. Su boca, después de besarnos con verdadera lujuria, bajaba hasta mis pezones y empezaba a torturármelos, dulce, pero enérgicamente, me gustaba enormemente. Ahora sus manos me soltaban el cinturón y me bajaban el pantalón, se apoderaba de mi “chiquitina” y empezaba a acariciarla. Yo empezaba a estar totalmente fuera de mí. No podía ser, necesitábamos cuidar la escena. Un último atisbo de cordura me hizo pensar que, desgraciadamente, él podría llegar en cualquier momento. Recogimos todo, lo ordenamos, le puse el collar, las muñequeras y la hice tumbar en la cama, diez azotes con la fusta y algunas nalgadas con las manos, las marcas eran bien visibles, la coartada estaba preparada, podíamos dedicarnos a lo nuestro. Le di la vuelta en la cama y la atraje hasta el borde, si en la última sesión lo dejé a medias esta vez iba a acabar lo empezado. Le separé las piernas y metí mi boca en ese sexo húmedo y cálido. Mi lengua lo recorrió de arriba abajo, varias veces, antes de llegar a su clítoris y martirizarlo con dulzura. La veía retorcerse y gozar, yo gozaba más que ella, necesitaba sentirla, sin dejar de besar su coño, me fui subiendo a la cama y, dándome la vuelta, me situé sobre ella, le metí mi verga en su boca, empezamos un 69 de antología. Al ratito la vi correrse, por fin me lo decía, se estaba corriendo y me lo contaba, normalmente lo tenía prohibido, yo me retiré, no quería correrme aun, la sesión acababa de empezar. La hice ponerse en cuatro, los dos queríamos estrenar su agujero trasero, era el día, sabíamos que nos iba a costar un poco, pero estábamos dispuestos a ello. Lubriqué bien mi mano y su ojete. Con delicadeza, pero firmemente, fui introduciendo el pequeño plug, lo moví lentamente, agrandando su agujero. Se quejaba calladamente, pero insistí, todo lo que lográsemos dilatarlo ahora, sería menos trauma cuando intentase meter mi verga. Saqué el plug y metí dos de mis dedos, se quejaba, lágrimas, le dolía, era tan estrecha, nunca había podido pasar de aquí, pero hoy habíamos acordado, incluso con él, que era el día, con suavidad, conseguí que llegara a admitirlos. Pensé que ya estaba preparada. Suavemente puse mi endurecida y embravecida verga en la entrada de aquella cueva inexplorada, apreté delicada, pero insistentemente. La cabeza de la polla, perfectamente lubricada se deslizaba hacia dentro. Paré, la veía sufrir, quería que se acostumbrase a ella, que fuese relajándose, al final, me dijo que siguiera, que le dolía menos, fui introduciendo el resto, la saqué y añadí un poco más de aceite de almendras, necesitábamos que se deslizase con suavidad. Me coloqué de tal forma que pude bombear suavemente, le preguntaba por el dolor y me decía que iba mejor. La creí y empecé a bombear más intensamente. Con la mano, inclinándome sobre ella, llegué a su clítoris y se lo acariciaba con cariño, deseando que pronto empezase a gozar de ese doble y dulce martirio. La oí suspirar, aquello empezaba a causar efecto, seguí bombeando y pude escucharla pedir que lo hiciera más fuerte. El dolor se transformaba en placer. Mi polla, en aquel agujero caliente y estrecho estaba gozando hasta el paroxismo, seguimos duro, estábamos a punto de corrernos, pero aun no estaba todo terminado, me enderecé, tomé su enorme vibrador, con cuidado, pero firmemente lo fui introduciendo en su coño. Una doble penetración deliciosa, aquella vibración, recorría todo nuestro ser, llegando hasta la médula espinal y haciéndonos entrar en una vorágine increíble de placer. Al final nos corrimos al unísono, gritando, suspirando, abrazándola con furia en un orgasmo salvaje y estremecedor. Caímos sobre la cama y nos abrazamos, fuertemente, mientras aun nuestros cuerpos se estremecían con los últimos estertores de aquella corrida doble y espectacular, un beso fundió nuestras bocas y nuestras lenguas jugaron entre si. Al separarnos nuestras bocas se dirigieron, la mía hacia sus agujeros y la suya a mi verga, limpiando, parte de nuestros fluidos y volviéndose a encontrar para un postrer beso sensual y maravilloso. Deseábamos permanecer así, fundidos en nuestro abrazo, pero sabíamos que la sesión debía continuar. Comprobamos que las cosas estaban como él esperaba, ajusté las mordazas de sus pezones, una nueva tanda de fustazos dejaron las marcas sobre su cuerpo, se arrodilló frente a mí y se metió mi verga en su boca, me pedía que le diera más fuerte. Otro orgasmo estaba por estallar dentro de ella. La vi estremecerse, pero sin decir nada. Pregunté que pasaba y su respuesta me conmovió. - Perdón mi Señor, olvidé que puedo hablar, me he vuelto a correr, mi Amo. Aquello nos animó, la hice subir a la cama, situándome a su lado, ella introdujo mi verga en su boca y continuó mamándomela con destreza, mientras, mi boca se deslizó besándola a lo largo de su cuerpo, llegando a su pubis, depilado y suave como el de un bebé, giré y abrí sus piernas, vi sus labios rojos, inflamados, brillantes por sus jugos. ¿Quién podía resistirse a aquella visión? pasé lentamente mi lengua por ellos abriéndole esa dulce cueva, ahondando mi lengua en ella chupé aquel dulce manjar. Ella se retorcía de placer y yo continué acariciándole con mi boca, mientras una de mis manos se apoderaba de su abultado clítoris y lo acariciaba con maldad. Noté como su boca aceleraba el ritmo y por un momento temí por mi “chiquitina”, en su nerviosismo podía dejármela más chiquita. Mi otra mano amasando sus nalgas, la apretaba contra mí haciendo que mi lengua se ahondase y la follase despiadadamente. Nuevamente se había apoderado de nosotros una lujuriosa pasión, nos separamos y ella dijo con una gran tensión en su voz. - Por favor, métemela, no puedo más. La miré sorprendido, ella se dio cuenta al punto. ¿Cómo se había atrevido a hablar y a pedir? Sin embargo, quizás al ver mi cara, aun húmeda de sus jugos, rápidamente, pero sin ningún arrepentimiento me dijo. - Perdón Amo, pero es que no aguanto más, por favor rómpeme el coño, destrózamelo. Espoleado como por un resorte me situé entre sus piernas y de un golpe le metí mi pene hasta el fondo de su vagina, empezando a bombear con furia. Su cara estaba transformada por un rictus de locura, los ojos cerrados, sus dientes furiosamente apretados, subía su pelvis para recibir mis embestidas con más profundidad si ello era posible, seguimos así por un rato olvidándonos de toda prudencia. Con voz entrecortada me dijo. – ¡¡¡Destrózame las tetas, muérdeme los pezones, me corro, no puedo más me coooooorroo, siiiiiiiiiiiiii, aghhhhhhhhhhhh!!! Sus estremecimientos, las contorsiones de su cuerpo, sus dedos, sus uñas, incrustadas en mi espalda, provocaron que yo también terminara de una forma loca entre convulsiones. Desmadejados sobre la cama, permanecimos un buen rato. No oímos los suaves golpes de él en la puerta, finalmente hizo sonar el timbre, eso nos volvió a la realidad. Lentamente me incorporé avancé hacia la puerta, abrí y allí estaba él, quiso saber porque no le habíamos abierto a la primera, le hice pasar y pudo ver a su esposa en una postura absolutamente disoluta, con las sábanas enrolladas alrededor de su cuerpo, sudorosa, las piernas abiertas, una de ellas doblada, inerte, mientras que de su coño y su culo salían unos leves restos de semen. Me senté sobre la cama mientras él, obediente y aturdido por la escena, se sentó en el rincón, en su lugar, solo repetía una y otra vez. - La condición era que esperaseis a que llegara. Lo miré displicente y le dije,- Qué te voy a decir, tendremos que repetirlo, hoy te has demorado demasiado y entre la bonita y ardiente carne de mi sumisa, tu mujer, y mis ganas de azotarla y follármela, pues es lo que hay. Siéntate en el sofá y admira como me limpia la polla con su viciosa lengua, mientras le doy una última tanda de fustazos en su enrojecido y profanado culo, mientras se corre de gusto para nosotros.

Autor: MEGASENSUAL Categoría: Dominación

Leer relato »

Mi madura Triple C (Caliente Cachonda y Culona)

2019-08-16


Mi madura Triple C (Caliente Cachonda y Culona) La conocí por una amiga de la universidad, trabajaban juntas en un despacho de consultoría especializada, mi amiga me había invitado a festejar su cumpleaños en un restaurante de la Condesa y fue ahí donde conocí a ITZEL. ITZEL Tenía una voz angelical casi como de jovencita, aunque ella era ya toda una mujer, como era un poco mayor que yo, nos divertíamos hablandonos de "usted" y ella me seguía el juego. Que doña Itzel esto que doña Itzel lo otro. Pero dejen les describo a mi madura Caliente Cachonda y culona: Ella es de estatura normal unos 1.67m de pelo negro, largo y quebrado de esas que se le hacen chinos con la humedad, bastante caderona y un poquito llenita pero nada del otro mundo, la verdad una fémina muy apetecible para su edad, en ese entonces ella tenía 41 años y yo 36. Una carita blanca y redonda con unas cejas algo grandes estilo Frida Kahlo, su belleza me recordaba a las mujeres árabes blancas y de pelo negro como la oscuridad, unos labios delgados y traviesos y un par de tetas normales pero paraditas. Como les decía: Itzel era una madura solitaria ya que se vino a trabajar a la Ciudad, ella era de un pueblito allá en Sonora donde hay mujeres muy hermosas, según me enteré estuvo casada con un militar pero se divorció hace tiempo y no tuvo hijos, la verdad se me hacía raro porque se notaba que estaba bien sabrosa de joven, si asi de madura me ponía duro no quiero saber como tenía ese culo de jovencita y cuantos estaban detrás de ella. En la reunión nos caímos bien y entre bromas intercambiamos nuestros números. Algunos días despúes le mandé un mensaje y quedamos de ir al centro a comprar unas cosas que ella necesitaba, Ese día ella se puso unos jeans ajustados y unas botas como deportivas una blusa negra como de licra y sacó unos lentes oscuros pero de color rosa y una gorr apara el sol, se veía muy alegre y juvenil, estuvimos dando vueltas hasta que nos dió hambre y nos fuimos a comer a un restaurante por ahí, me dijo que se había cansado por la caminata y que le dolía la espalda, me dijo que le encantaría estar en su casa y que le dieran un MASAJE, yo como ya la había estado calando, entendí el mensaje y le dije, ¿en serío? ¡Estas de suerte!¿sabías que soy en EXPERTO dando masajes de relajación? Me dijo: ¿a poco? ¡Pues tendrás que demostrarlo!... mientras ponía una sonrisa picarona Le dije: claro que sí cuando usted guste. (y le guiñé el ojo) Acabamos de comer y tomamos un taxi hacia su casa (ella vivía por Tasqueña) en el camino ibamos hablando y bromeando muy a gusto. Cuando llegamos le dije ¿es en serio lo del masaje? y me dijo: ¡claro que si! ¿a poco crees que era broma?(pero tenía esa sonrisa pícara)y me tomó de la mano...Entramos pues a su casa, una casa bastante normal pero decorada muy bonito con esos detalles que saben las mujeres y le pedí permiso para pasar a su baño: pasé a orinar y echar un poco los nervios. Al salir me dijo: espérame aqui en la sala mientras me pongo cómoda, hay cerveza y vino en el refrigerador por si gustas, ponte cómodo. Ella subió al primer piso y yo saqué una cerveza del refri y me senté en la sala, me puse a respirar para bajar un poco la calentura y los nervios cuando después de unos minutos me gritó: ¡¡Estoy Lista!!! Excitado como estaba, subí las escaleras hacia el primer piso hasta llegar a una pequeña estancia y le pregunte ¿dónde estasss? y me dijo aquí en mi cuarto pásale: pasé por dos puertas: una recámara y un baño y me detuve en la entrada de su habitación, ella estaba de pie, preciosa, envuelta en una bata blanca semitransparente que dejaba ver que llevaba debajo: la zorra se puso una TANGA ROJA de hilo dental y no llevaba brassier por lo que sus pezones erectos se marcaban sobre la diáfana bata. Tenía un frasquito en las manos, el cuál me dió y vi que tenía aceite de algunas hierbas, no recuerdo cuales eran pero olía muy bien y me dijo que usara ese aceite que le gustaba mucho el aroma que le dejaba en el cuerpo. Ella se quitó la bata y se recostó en la cama boca abajo Y SE COLOCÓ UN CUBREOJOS COMO PARA DORMIR, yo rápido me quité el pantalón y quedé en boxers y me quité la camisa, ella como que se sacó de onda por mi prisa, pero le dije: es para que quede mejor el masaje y le sonreí y ella sonrío también. Me acerque a ella y le dije al oído: Esta usted preciosa, será un placer darle masaje; pude ver como se estremeció y se le enchinó el lomo y la nalgotas, destapé el frasquito y con cuidado le puse unas cuantas gotas de aceite en sus hombros y su cuello, así como en partes de su espalda. Me froté las manos para que estuvieran tibias y lentamente acerqué las manos hacias sus hombros y comencé a masajear su cuerpo de hembra madura, los hombros, omóplatos, su cuello, su costillar, mmm aprovechaba para pasarle mis dedos por toda su espalda hasta llegar a la base de sus nalgas que aun estaban cubiertas por la tanga roja. Mi Madura solo atinaba a emitir gemiditos: "ah ah!, así ,así, que ricoo" Saqué el frasquito y le puse unas gotitas en sus nalgas, tres en cada una lo recuerdo bien y seguía masajenado sus nalgas y sus piernas, para ese momento mi madura estaba que se derretía de la calentura y yo también estaba muy caliente, me tenía como hipnotizado el aroma de aceite y la vista del culo de mi madura, ver esa tanga como se perdía entre sus nalgotas me puso como un maldito burro y me decidí a quitarle la tanga, mientras que le decía que era para un mejor masaje y quien sabe que jaladas, ella solo me decía ¡ay si que rico!!! ¡me gustan mucho tus manos! ¡siento delicioso cuando me tocas! ¡por favor continúa! le dije claro que si nena, y fue cuando me coloque junto a su culo y con las dos manos abrí lentamente TODO LO QUE PUDE sus cachetes separándolos para podr ver el HERMOSO ano de mi madura, ¡¡¡¡¡¡¡¡hmmm lo tenía delicioso, con sus pliegues perfectos se le veía un poco oscuro lo que me excitó mucho mas, ella sintió el culo expuesto y cerró su culito, yo volvía a abrir sus nalgas y le dije rélajate hermosa, relajate, déjame verte toda, ella me dijo ES QUE ME DA ALGO DE PENA, le dije: QUE NO TE DE PENA ES LO MAS NATURAL DEL MUNDO OK? OK? tienes un culo divino, -le decía- mientras le abría las nalgas y veía como se abría y cerraba su culito, así así!, siente como se abre poco a poco! Como tenía el frasquito de aceite a la mano, como pude lo destapé y le eché UNAS GOTAS LO MAS CERCA DE SU ANO, así pude ver como el aceite resbalaba por sus nalgas y se le metía en el anito, MI MADURA estaba bien prendida gemía cada vez que sentía mis manos amasando esas nalgas, pero ELLA SABIA que no era suficiente, así que tomé mi dedo mayor de la mano derecha y comencé a metérselo en el ano, poco a poquito y ella se puso como loca, mientras gemía y se contorsionaba de la excitación mientras yo estaba en el paraíso dedeando el culo de mi Madura y sobado sus nalgas, de pronto ella se quitó el antifaz para dormir y me agarró la verga y me la empezó a chupar y metérsela a la boca y me decía ahh que rico estas cabrón, dame tu leche dame tu leche dame tu lecheeee estoy muy caliente soy tu perraaa!!! Eso me hizo descontrolar y me empecé a masturbar hasta venirme como desquiciado, una parte de mi leche le cayó en la boca y cara y otra parte alcancé a echárselos en las nalgas uffff!!! Para Terminar con el masaje le sobé la nalgas con mi semen y le dí las gracias por dejarme darle masaje, y le dije que tenía un culo delicioso, ella me dijo que el placer fue suyo, jejeje. Ya después ella me contó que estuvo casada con un militar pero que nunca se la cogía y que no le gustaba el sexo anal ni le gustaba chuparle la pussy porque le parecía sucio y asqueroso, la verdad yo pienso que era un homosexual, porque mi madura esta deliciosa, incluso me contó de todas las porquerías que le dicen los hombres en la calle (me contó que una vez sorprendió a un muchachito que la seguía y se venía masturbando y le echó semen en sus leggings y luego el muchacho se echó a correr) y también lo que le propuso una vez su jefe. Pero eso se los contaré en otra ocasión.

Autor: corneador77 Categoría: Sexo Duro

Leer relato »

Con la mamá de mi amigo

2019-08-16


Hola otra vez ,en esta ocasión les voy a contar el como me cogí a la mamá de mi amigo Para empezar describiré a la señora ,su nombre es Guadalupe (Todos le decimos Lupe),es una señora de unos 45 años,mide aproximadamente 1,63 cm,pechos algo caídos, buen trasero ,cabello corto castaño ondulado,algo gordita, como la mayoría de las maduras jaja A la señora la conozco desde hace aproximadamente 8-9 años,que fue cuando conocí a mi amigo(Luis),es una señora bastante agradable,es casada,pero su esposo no vive con ella ya que trabaja en el extranjero,en fin Esto ocurrió un sábado en el cumpleaños del hermano de mi amigo(Daniel) ,y como soy amigo de la familia me invitaron,llegue temprano ya que me pidieron ayuda para adornar y demás, todo iba bien, de momento sacaron cervezas para ir entrando en ambiente, llegando la noche fue cuando empezó la fiesta,pero ella ,mi amigo y su hermano ya estaban algo tomados(yo no,ya que no soy de tomar mucho),la fiesta transcurrió con normalidad, baile ,alcohol,pastel,etc ,conforme fue transcurriendo la noche,todos los invitados se iban yendo,hasta que a eso de las 2 de la mad**gada,solo quedamos, la señora,mi amigo,su hermano y yo Daniel: Oye mamá,gracias por la fiesta pero mañana debo trabajar,así que me iré a dormir,si quieren ustedes sigan Luis: Yo también ya me voy a dormir,que mañana voy a salir con mi novia Lupe: Eso quiere decir que me voy a quedar sola con José?,o tú también tienes cosas que hacer mañana? -dirigiéndose a mi Yo: No,yo no tengo cosas que hacer mañana,si quiere la acompaño otro rato Lupe: Tú si eres buen muchacho,no como mis hijos – en este momento la señora ya estaba muy tomada,al grado de casi caerse Luis: Como digas,ahí te encargo a mi mamá José, ya no dejes que tome más,buena noche Daniel: Buenas noches Yo: Claro,buenas noches Ambos se fueron a su cuarto y yo me quede con la señora en la sala Lupe: Ya qué esos dos se fueron,pon más música para seguir bailando Puse la música en aleatorio y yo solo veía como la señora baila,hasta que me pidió que bailará con ella Yo: Ustedes siga,yo estoy bien viéndola, además no se bailar Lupe: Como no,nada mas agárrame y sígueme el paso Me jalo hacia ella y me hizo que la abrazara,lo cual estaba haciendo mal ya que no quería tocar más de lo que debía y se fuera a m*****ar Lupe: Pero agárrame bien o los dos nos vamos a caer Yo: Pero de donde quiere que la agarre? Lupe: Pues agárrame de aquí,que por eso tengo mucho – agarro mis manos y las puso en su trasero Yo: No le m*****a que la este agarrando de ahí? Lupe: No,si para eso son jaja Seguimos según bailando ,ya que el baile no tenía nada que ver con la música,pero a mi no me importaba ya que yo estaba feliz con sus nalgas en mis manos ,estuvimos así como media hora, hasta que la señora se empezo a caer más de lo que ya se estaba cayendo Yo: Le pasa algo? Lupe: Ya me estoy quedando dormida jaja,ayúdame a ir a mi cuarto Me acomode para apoyarla en ir a su cuarto,pero yo no soltaba su trasero jaja,llegamos a su cuarto y la acomode en su cama Lupe: Ahí agarra una cobija para que te acuestes en la sala Yo: Si,muchas gracias Lupe: No,gracias a ti hijo,ya después te doy algo,no se dinero,un regalo,una chupada, algo para agradecerte Termino de decir eso y se quedó dormida,la verdad tome lo que me dijo de alguien que ya estaba bastante tomada,así que no le di mayor importancia,me fui a la sala,acomode un poco para poderme acostar y me quede dormido,al día siguiente mi amigo me despertó Luis: Hey José,todo bien? Yo: Si, que paso? Luis: Te la seguiste mucho con mi mamá anoche? Yo: Algo,como una hora y media,ya que se empezó a quedar dormida tu mamá Luis: Bueno,esta bien,ya me voy, luego nos vemos Yo: Deja me despierto bien y me voy contigo Luis: Como crees,quédate dormido otro rato,estamos en confianza,así que no te preocupes,mi mamá lo va a entender Yo: De verdad? Luis: Si,ahí quédate,nos vemos Yo: Adiós En ese momento no creí que me fuera a dormir otra vez,pero cuando me di cuenta la señora Lupe me despertó con el ruido que estaba haciendo al acomodar su casa Lupe: Buen día,perdón si te desperté Yo: No se preocupe, ya era hora de que me levantará jaja Lupe: Y parece que “alguien” más se levantó Como es normal, al despertarme tenía una erección, la que tape con la cobija que tenía Lupe: No te preocupes,tengo dos hijos y se que eso es algo normal,aunque si es algo raro verlo en alguien distinto a mi familia jaja Yo: Para mi también fue algo raro oírlo de usted jaja Lupe: No se porque se te hace raro,si sabes que yo hablo muy abiertamente jaja Yo: Lo sé ,pero es la primera vez que la oigo hablar sobre ,bueno, una erección y más sobre la mía Lupe: En eso tienes razón,pero es algo aun mas raro,escuchar ese tipo de “quejas” de alguien que se la paso manoseándome en la noche jaja Yo: Pero eso fue porque usted me dijo que lo hiciera Lupe: Y tú no tuviste alguna queja sobre eso jaja,pero bueno,olvida eso y ven a desayunar algo para que me ayudes a acomodar un poco aquí Acomode en donde estaba acostado, recogí un poco de basura que había en lo que la señora me avisaba para desayunar,nos sentamos a comer mientras platicábamos Yo: Y a hablado con su esposo? Lupe: Si, apenas hable con él hace un par de días,solo que me hablo un poco raro , siento que me ha de estar engañado ese hombre Yo: Y no le m*****a eso? Lupe: Mientras me siga enviando dinero y hable con mis hijos,por mi que haga lo que quiera Yo: Es la primer persona que escucho que dice eso tan tranquilamente Lupe: Me tiene sin cuidado,ya que de una noche sus encuentros no pasan,porque antes de irse,se operó para no tener más hijos así que otra familia ya no puede formar y seria muy tonto de su parte casarse con alguien que tiene hijos Yo: Ahora se porque no se preocupa tanto Lupe: Asi es,y que tal tú?. Ya tienes novia?. Yo: Pues no,por ahora no tengo novia Lupe: Pero si has de tener a alguien que te ayuda con tus erecciones jaja Yo: Si que es bastante directa con algunas cosas,además eso ya es algo privado Lupe: Qué tiene? ,estamos en confianza ,y por la forma que respondiste,si hay alguien. Dime, quien es? Yo: Por mucha confianza que tengamos,son temas ya muy privados como para decírselo a cualquiera Lupe: A ver,para que veas que si puedes confiar en mi,pregúntame cualquier cosa sin importar que tan íntima sea y te responderé con total sinceridad Yo: Esta completamente segura? Lupe: Completamente,pero después de responderte,tú me dirás lo que te pregunte Yo: Okey,usted a engañado a su marido con alguien desde que se fue? Lupe: Si,con un chico que me traía el agua Yo: Ah si,y como fue? Lupe: Fue una vez que me trajo mi agua,paso aquí a la sala a dejármela y mientras yo la acomodaba me agaché por unos segundos, cuando sentí que me dio una nalgada,se puso rojo y me pidió disculpas tantas veces que casi iba a llorar,pero para no hacerte tan larga la historia,le propuse que no le iba a dar propina por los siguientes 2 meses a cambio de que se la chupara en ese momento y bueno,me ahorre dos meses de propinas jaja Yo: Y ya después, nada de nada? Lupe: No,de hecho pocos días después de pasar los 2 meses,se cambio de casa y ahora viene un señor a traerme el agua Yo: Si que fue una buena aventura jaja,y solo con él? Lupe: Asi es,y ya hable mucho yo,ahora dime tú y quiero detalles Yo: Bueno,es una vecina que conocí en una fiesta y aparentemente esa vez discutió con el novio,así que me uso para vengarse de él y ahora cada que ella o yo tenemos ganas,quedamos en algún lugar para complacernos *Tuve que inventar una historia, ya que no le iba a decir que quien me ayudaba con lo sexual era mi propia tía* Lupe: Van a hoteles y así o donde lo hacen? Yo: Pues en cualquier baño público, ya que lo único que le gusta a ella es darme sexo oral jaja Lupe: Le ha de gustar mucho hacerlo o tu pene a de saber muy rico jajaja Yo: No se, jamás le he preguntado a que me sabe el pene jaja Lupe: Pues al chico este que te digo,le sabia como a jamón jajaja Yo: Eso es algo que no quería ni tenia que saber Lupe: Pero ahora lo sabes jajaja. Bueno,bueno,ya termina de comer,mientras yo me iré a bañar que esta conversación me hizo entrar en calor Se fue la señora Lupe a bañar, mientras terminaba de comer pensaba el como tomar la conversación que habíamos tenido,había sido una insinuación,simple platica o que exactamente,termine de comer ,levante mis cosas,y me puse a limpiar lo que faltaba de la fiesta de anoche,en eso regreso la señora Lupe Yo: Ya esta mejor? Lupe: Si,ya vengo más fresca y espero que también traigas la cabeza fría, bueno,ambas cabezas jaja Yo: Si, ya esta todo en orden Lupe: Me parece bien, y aprovechandome un poco de ti,ayúdame a mover la mesa para limpiar debajo de ella,por favor Yo: Claro Jalamos la mesa que me había dicho y por un error nuestro no limpiamos lo que había encima de ella,así que al moverla un vaso de cerveza que estaba ahí,cayó encima de mi Lupe: Ay José, ya te ensuciaste todo y lo malo que es cerveza Yo: Si,lo peor es que voy a ir apestando todo de aquí a mi casa Lupe: Pero ve el lado bueno Yo: Cuál es? Lupe: Ahora el pene te va a saber a cerveza jaja Yo: Algo bueno tenía que salir ja Lupe: Pero ya en serio,si quieres ve a bañarte y mientras yo te lavo tu ropa,al fin que con la lavadora se seca rápido Le tome la palabra,me presto una toalla y me fui a bañar,termine rápido y me senté en una silla que tenían ahí en el baño solo con la toalla envuelta en la cintura,en lo que me traía mi ropa, en eso toco la puerta del baño la señora Lupe Lupe: Ya terminaste de bañarte? Yo: Si,necesita algo? Lupe: La verdad es que si,quiero entrar al baño Me apreté más fuerte la toalla, y me salí Lupe: Gracias hijo,ahí pásate a mi cuarto para que no te de tanto frío Hice lo que me dijo,así que me fui a su cuarto y me senté en su cama,después de un par de minutos llego ella Lupe: Perdón por sacarte así del baño Yo: Cuando se tiene la necesidad, hay que hacerlo jaja Lupe: Si verdad jaja, ahorita en un par de minutos queda tu ropa,mientras deja te doy una pijama de uno de mis hijos para que no te vayas a enfermar Fue al cuarto de mi amigo y su hermano, y trajo varias pijamas para mi Lupe: Traje algunas a ver si una te queda Yo pensé que se saldría, pero solo se dio la vuelta en lo que me vestía,por suerte la primera que me puse me quedo,lo malo es que el pantalón era de los que vienen abiertos de enfrente,o sea que si por alguna razón tenia una erección,se me podría salir el pene Lupe: Qué bueno que te quedo uno,pero a ver si no te entra mucho aire ahí abajo jaja – señalo mi pene Yo: No me preocupa tanto el aire,si no que me preocupa más otra cosa Lupe: Te preocupa que se te salga? Yo: Amm,pues de hecho si Se empezó a reír y se sentó junto a mi Lupe: jaja ,pues no creo que pase,mi hijo siempre que la usaba jamás se le salió o se le llegaba a asomar, aunque puede ser porque él si traía ropa interior,igual no creo que pase jaja Yo: La verdad eso espero,porque no me gustaría estar de exhibicionista jaja Lupe: Aunque así fuera,yo no soy una religiosa como para que me de miedo ver eso jaja Mientras decía eso,puso su mano en mi pierna y la empezó a sobar Yo: Lo dice como si hubiera visto varios Lupe: Bueno,tengo casi 50 años,es obvio que en mi vida si llegue a ver varios Yo: Ah si,y como cuantos más o menos? Lupe: Tú si que sabes como hacer que la gente te diga cosas que no jaja Yo: Bueno,solo fue una pregunta para hacer plática,pero si no me quiere responder no hay ningún problema Lupe: Nada más porque me siento algo culpable de que te hayas ensuciado,además de que se ve que eres bueno para guardar secretos jaja. Pues que serán,aproximadamente en mi vida he visto unos 20 penes más o menos,sin contar los de mi esposo e hijos Yo: Si que han sido muchos jaja ,y a todos les dio una mano o solo los veía? Lupe: La mayoría al menos si se llevó un beso jaja Yo: Si que tuvo una juventud muy activa jaja Lupe: Pues si,ya después me case y ahí se acabó eso,bueno,paso ese último que te conté jaja. Y tú como cuantas vaginas has visto? Yo: No tantas como usted,pero si al menos unas 5 hasta ahora,son 15 menos de los que ha visto Lupe: 16 para ser exactos jaja Yo: No había dicho que eran 20? Lupe: Pues ya estoy viendo otro jaja Estaba tan concentrado en la platica que olvide completamente que traía la pijama de mi amigo y que no traía mi bóxer,y con la platica que teníamos ,más aparte la mano de la señora Lupe en mi pierna,hicieron que tuviera una erección y se me empezaba a salir el pene,así que como pude me tape con la mano Lupe: Ahora sabemos que si se podía salir jaja Yo: Le pido perdón Lupe: Supongo era algo normal,con estas pláticas y con mi mano en tu pierna,no era para menos jaja,pero no te tapes ,deja que se asome jaja Yo: No, como cree que voy a tenerlo de fuera? Lupe: Qué tiene?,a ver,quita tus manos -con sus manos quito las mías dejando que se asomara un poco mi pene - Ves?,no hay ningún problema Yo: Esta segura que no le m*****a? Lupe: Si estamos hablando de eso,que me va a m*****ar,además estamos en confianza y el ya quería unirse a la platica. Verdad que ya te querías unir a la platica? -Empezó a hablarle a mi pene, mientras que con uno de sus dedos lo empezó a mover Yo: Oiga,no era solo verlo?,ya hasta lo está tocando Lupe: Tú toda la noche te la pásate tocándome las nalgas,es mi turno de tocarte algo – Quito su dedo y agarro completamente mi pene con su mano- o acaso te m*****a que alguien que no es tu vecina te agarre el pene? Yo: No,para nada,al contrario,se siente bien jaja. Oiga y no me dejaría tocarle otra vez las nalgas? Lupe: Tú tócalas, total, “estamos en confianza” jaja Me recosté en su cama mientras le sobaba su trasero y veía como me estaba masturbando Lupe: Te pondré en la misma situación que el chico que me trajo el agua,te doy un pago por haberme ayudado o quieres que te la chupe? Yo: Pues ya se ahorro otro pago señora jaja Lupe: Aunque hubieras elegido el pago,igual te la iba a chupar jaja Sin soltar mi pene se subió a la cama,acercó su trasero lo más que pudo hacia mi y se metió mi pene en la boca, todos esos penes que dijo haber tenido en su vida,le sirvieron muy bien para practicar,ya que la chupaba muy bien Lupe: Ahora entiendo porque a tu vecina le gusta chuparte tanto el pene,sabe muy bien jaja Yo: Como a que sabe? Lupe: No se,déjame seguirlo chupando para ver si le encuentro sabor jaja Continuo chupándolo por un rato,cuando de repente sonó el teléfono que tenía en su recámara Yo: Quién es? Lupe: Es mi marido jaja Yo: Si quiere me voy,para que hable tranquila Lupe: No te preocupes, tú quédate jaja,solo no hables ni hagas ningún ruido Ya no pude decirle nada,ya que contesto el teléfono Lupe: Bueno,ah si,hola amor,nada,aja,aja,es que ando comiendo un helado,por eso se escucha que chupo algo,el sabor?,es de fresa jaja,si esta bien,te amo, adiós – Colgó el teléfono y siguió chupándome el pene Yo: Ahora se que mi pene sabe a helado de fresa jaja Lupe: Obvio no le iba a decir que estaba chupando un pene,o si? Yo: Claro que no ja,aunque no sabia que le gustará hacer eso,de hablar por teléfono mientras tenia sexo y menos cuando hablará con su esposo Lupe: Es la primera vez que lo hago y fue algo muy excitante jaja,pero ya deja que termine aquí Continuo chupándome el pene ,yo solo me la pase sobándole el trasero,por encima de la ropa y por dentro de su calzón,así seguimos por un par de minutos más hasta que solté todo en su boca ,el cual fue a escupir a la basura Lupe: Hum,si hay algo que nunca me ha gustado,es el sabor del semen jaja Yo: Me hubiera dicho y no se lo habría echado en la boca Lupe: No importa,al menos así no ensucie nada jaja,pero bueno,ya debe estar más que seca tu ropa,deja voy por ella o ven conmigo y de paso lavo esa pijama Fui con ella hasta donde tenía su lavadora y al agacharse a sacar mi ropa,me dio una vista completa de todo su trasero,lo cual hizo que me volviera a excitar Yo: Oiga,le puedo hacer una pregunta? Lupe: Si,dime Yo: Hace como cuanto tiempo que no tiene sexo? Lupe: Desde que se fue mi esposo,o sea más o menos, año y medio Yo: Ya fue hace mucho tiempo Lupe: Así es,pero de vez en cuando calmo la necesidad masturbándome,no todos tenemos a algún vecino o vecina que nos ayude,como en tu caso jaja Yo: Pues no soy su vecino,pero si quiere la puedo ayudar Lupe: Y traes protección? Yo: Es necesario? Lupe: A menos que quieras tener un hijo con la mamá de tu amigo,yo creo que si es necesario, entonces, tienes? Yo: En mi mochila tengo algunos Lupe: Y cuantos son algunos? Porque ha sido un año y medio muy largo jaja Yo: Con una caja alcanzará? Lupe: Y si no alcanza,aquí a un par de casas hay una farmacia para comprar más La empecé a besar y ella me correspondió el beso,mientras yo le apretaba su trasero ella me masturbaba,le comencé a quitar su ropa,dejando salir sus algo caídos pero bonitos pechos,con un pezón café que sin pensar empecé a chupar Lupe: Con calma,tenemos hasta las 6 pm y apenas va a dar la 1pm,así que ve por los condones y me alcanzas en mi cuarto Yo: Pero yo me la quiero coger aquí Lupe: Me puedes coger por toda la casa si quieres,pero primero trae los condones Yo: Mejor la llevo conmigo antes que se arrepienta La cargue y me la lleve a la sala que era donde estaba mi mochila,mientras yo sacaba y me ponía el condón, ella se termino de quitar la ropa Lupe: Aún crees que me voy a arrepentir? Yo: Viéndola así, ya no lo creo Me jalo con ella hacia su sillón,me dio un pequeño empujón,se subió en mi y sin más se metió mi pene en el ano,y empezó a darse de sentones Yo: No creí que fuera a empezar por ahí Lupe: Bueno..mi vagina..hmm…si la masturbo..ah…pero ahí atrás no..hmm… Ya no dije nada y solo deje que ella se moviera tanto como quisiera,le cogí su ano por un rato,después cambio de posición poniéndose en 4 sobre el sillón, y ya le di por su vagina ,cogimos en su sala durante un rato mas,termine,me quite el condón y lo tire a la basura Lupe: Va el primero jaja,donde quieres continuar? Yo: Yo diría que nos fuéramos a su cuarto,para estar más cómodos Lupe: Pero primero,ven y cojeme en el comedor - Me agarro de mi pene y me llevo a su comedor Yo: No nos vayan a ver sus vecinos por la ventana Lupe: No se ve nada para afuera Yo: Como sabe? Lupe: Porqué una vez mi marido me empezó a coger delante de la ventana y pasaba mucha gente,pero nunca volteaban a ver,así que supongo que no se ve Yo: Eso basta para mi jaja Se subió a la mesa,se recostó boca arriba y con sus dedos,abrió los labios de su vagina y de un empujón se la metí completa, mientras cogíamos,solo se escuchaba como rechinaba la mesa,cambiamos de posición y lugar,en sillas,piso,la mesa ,incluso me jalo a la cocina para también hacerlo ahí. Pasado el tiempo termine con otra descarga en el condón Lupe: Otro más,ya estas cansado? Yo: No mucho,todavía aguanto jaja,usted ya se canso? Lupe: Pues yo creo te aguanto otro par mas jaja,pero ahora si vamos al cuarto,que si es muy incómodo el estar entre sillas y mesas Yo: Esta bien,y me va a llevar otra vez jalándome del pene? Lupe: No,esta vez quiero que me cargues,me crees aguantar hasta mi cuarto? Yo: Estoy algo cansado,pero yo creo que si La cargue y durante el camino hasta su cuarto nos íbamos besando,llegando a su cuarto,agarro el condón y con su boca me lo puso,empezamos a coger tantas veces como el poco tiempo que teníamos nos dejará,después de unas horas, su cuarto termino todo aventado, y ambos nos quedamos acostados y abrazados,cuando volvió a sonar el teléfono Yo: Es su esposo de nuevo? Lupe: No,es mi hijo,a ver espérame. Que paso hijo?,aja,aja,okey,aquí sigue,si, esta bien,adiós Yo: Qué pasó? Lupe: Ya viene Luis,llega en media hora Yo: Entonces creo hasta aquí quedo esto jaja Lupe: Si,gracias, esperar ese año y medio valió la pena jaja Yo: De nada jaja,bueno,déjeme ayudarle a levantar un poco su cuarto Lupe: Déjalo así,total aquí nadie entra,mejor vamos a bañarnos que estamos todos sudados Nos levantamos de su cama para irnos a bañar,tan solo abrio el agua y se agachó a chuparme otra vez el pene,la deje chuparlo un rato,después se levantó,le di la vuelta y se la metí de nuevo pero ahora sin condón Lupe: Nada más….hmm….no te vengas dentro Yo: Solo quería sentir su vagina al natural Me quede dentro de ella haciendo movimientos lentos por un par de minutos,después se la saque y terminamos de bañarnos,antes de salir nos besamos,salimos, nos vestimos y nos fuimos a la sala a ver televisión en lo que llegaba Luis. Después de un rato llego,saludo a su mamá y nos fuimos,en el camino empezamos a platicar Luis: Y a todo esto,porque aún seguías aquí? No me digas que me estabas esperando Yo: No,es que a tu mamá le gusta platicar mucho Luis: Eso sí, ella siempre esta platicando y como te tiene confianza,por eso platica mucho más Y bueno,esa es la historia de la vez que me cogí a la mamá de mi amigo,después de eso,cada que voy a su casa,busca cualquier forma para quedarnos solos y poderme chupar un poco el pene jaja

Autor: asasin_xxx Categoría: Sexo con Maduras

Leer relato »

Camila: la calentura puede más que la razón

2019-08-16


Camila: la calentura puede más que la razón (capít ADVERTENCIA: este relato contiene situaciones completamente inverosímiles y que rayan en la exageración. Si lo tuyo es el realismo, este no es un lugar para ti; en caso contrario, disfruta el viaje. Escena I La hermosa Camila García recién acaba de egresar de una universidad privada de gran prestigio del noroeste de México. La posición económica de su familia le permitió darse una buena vida, gracias a la confianza en sus capacidades por parte de sus padres, cualidades que solía exagerar para mantener sus privilegios. Pero ahora, con 22 primaveras y en proceso de titulación, se enfrentaba a la realidad: la escasez de trabajo. Había estudiado Ciencias políticas, según ella, por evitar las matemáticas, ya que nunca fueron lo suyo, más bien ninguna asignatura lo fue. No obstante, sus calificaciones siempre fueron altas. Teniendo en cuenta esta situación, no faltaban rumores sobre cómo fue que obtuvo esas notas. La mayoría de sus compañeros coincidían en que lo logró mediante favores para con algunos de sus profesores, incluso se llegó a decir que fue capaz de coger con algún catedrático con tal de mantener ese promedio. Y de igual manera cuentan que en una ocasión la vieron haciéndole una mamada a su profesor de Teoría del Estado. Sobra decir que quienes vieron tal escena se tuvieron que hacer una puñeta ahí mismo de lo excitante que les resultó ver a Camila en ese acto, succionando aquella verga, pero eso es harina de otro costal. De ahí que esa fama de nuestra protagonista no está tan alejada de la realidad, puesto que tiene una marcada afición por los hombres, o mejor dicho por las vergas: naturaleza que ella siempre se empeña en negar, en mayor medida por esa sólida moral que le inculcaron en su hogar. Ambas condiciones resultan contradictorias y le generarán conflictos internos, que probablemente terminen en situaciones cargadas de erotismo, como ya iremos viendo. Basta de antecedentes y prosigamos con esta historia. Era un lunes por la mañana, muy temprano, cuando ella se despertó con la intención de acudir al gimnasio, porque empleo no tenía y en honor a la verdad no se preocupaba mucho por conseguir uno, por los motivos ya explicados. Hay que agregar que desde temprana edad ha sido muy cuidadosa de su aspecto, y por ello éste tiene una alta prioridad en su rutina diaria. Lo primero que hizo para arreglarse fue escoger qué ropa utilizaría para iniciar la semana, y fue así que acorde a su estilo, se dedicó a combinar diferentes prendas. Empezó por un sostén deportivo negro, el cual a duras penas podía albergar su regalo de graduación: unas redondas y firmes tetas copa 34C, que se asemejan a un par de jugosos melones, que están coronados con unos pezones y areolas de tamaño pequeño, y de un color marrón claro que contrasta con esa piel morena clara, suave como la seda y sin imperfecciones. Y por encima del sujetador se puso un top negro con rosa, que no cubría el área del abdomen, ya algo definido por el entrenamiento. El escote era algo más pronunciado de lo que debería. En el caso del calzón, se decantó por una tanga negra de encaje, porque según ella era más práctica para entrenar y además no se harían esas desagradables marcas en los leggings que iba a usar. Está de más mencionar que la tanguita se perdía entre ese par de suculentas y redondas nalgas. Éstas eran sin duda su mejor atributo. Este trasero le había traído múltiples beneficios, tanto a ella como a los afortunados que lo habían podido probar. Cuántas veces terminaron escurriendo leche luego de una buena cogida, sólo ella lo sabe con certeza. Y ya pasando con los leggings, eligió unos de color negro, con los que se sentía muy a gusto, y que eran de una tela muy flexible. Ella sabía que la prenda la hacía lucir espectacular, pues el material del que estaban elaborados provocaba que le quedaran prácticamente untados, enmarcando a la perfección ese culote, como si no llevara nada; además de esos muslos que a pesar de ser gruesos, eran por demás femeninos; y por último, se calzó un par de tenis deportivos negro con rosa. Fue así que, tras terminar de peinar en una coleta su lacia y negra cabellera, se desayunó un jugo verde y se dirigió hacia el gimnasio, mismo que quedaba retirado de su casa, pues fue el que mejor equipado estaba. Para llegar a aquel sitio, consideró usar el camión, ya que desafortunadamente no era una persona que supiera administrarse y estaba algo limitada de efectivo en ese momento. Una vez salió de su hogar, se dirigió hacia la acera, y el casi hipnótico rebotar de su jugoso trasero al andar no pasó desapercibido para Pedro, su vecino de al lado, hombre en sus treintas, quien regaba el pequeño huerto que tenía a un costado de su casa, y quien a pesar de estar casado no perdía oportunidad de intentar ligar con la atractiva jovencita: Pedro: buenos días Camila, tan temprano y ya activa, ahora entiendo porque tienes ese cu...erpazo jajaja. Camila: buenos días, ¡ay gracias!, pues yo siempre trato de cuidarme, más que nada por salud, ya sabes. Pedro: oye, espero no ser entrometido pero quería comentarte que me parece que deberías consumir más chile, porque se ve que necesitarás proteína para mantener todo ese músculo. Un día puedes venir y comerte el mío... el que siembro, claro está jajaja, no pienses mal. Camila: jajaja, es interesante, no había escuchado eso antes, y tal vez sí me ayude, en especial si es orgánico. Pedro: verás, es que tengo plantas de chile acá atrás, en mi jardín, y pues contienen muchas proteínas que le caerán muy bien a ese cu…erpo, y sobra decir que pican rico, tanto que te apuesto a que si pruebas uno, vendrás por más, no serías la primera... persona en hacerlo. Kamila: siendo honesta, me encanta el chile, sobre todo en las ensaladas. Le da ese toque picosito que necesita mi comida. No sé qué tan rico esté tu chile, sí está grueso o no, digo, eso importa a la hora de degustarlo. Una siente la diferencia, tú sabes. Pedro: te aseguro que tiene un grosor nada despreciable, no te dejará indiferente, créeme. Siendo así, haber cuando vienes a probármelo... el chile, le das una mordida y te garantizo que te lo comerás enterito. Otra cosa, ¿me permites tocar poquito tu músculo?, es que se nota el esfuerzo que has hecho. Camila: por supuesto, toca para que veas el efecto de los meses de entrenamiento que he llevado. Dicho esto, Camila flexionó su brazo para resaltar su bíceps pero su vecino, astutamente, aprovechó para dar un leve apretón a uno de los duros glúteos de ella, dado que ella no especificó qué parte. Dicha acción de inmediato causó efecto en la persona de Pedro, pues en su pantalón se dibujó un bulto considerable, detalle que no pasó desapercibido para nuestra protagonista, pues de reojo lo alcanzó a ver. Pedro: ¡Camila!, sí que te estás ejercitando muy bien... parece que toqué acero jajaja. Camila: ¡ay Pedro, cómo eres! yo no me refería a esa parte, sino a mi brazo. Pero bueno, ya me voy porque es tarde y se me pasará el camión. Hasta luego. Pedro: de acuerdo, que tengas buen día, y a ver cuándo pasas por la casa. Kamila: claro, luego acordamos el día. Bye. Y la joven se fue rumbo a la parada, mientras Pedro se imaginaba cosas sobre ella: Pedro: “qué buena estás pinche Camila, ese culote se va a ver de maravilla cuando te tenga empinada esperando este chile, vas a acabar escurriendo mecos mamita, mmm. Ojalá y aceptes pronto, culona”. Y volviendo con Camila, esperó el transporte por espacio de 15 minutos, y mientras lo hacía meditaba sobre lo acontecido instantes atrás: Camila: “creo que me pasé con Pedro, debo darme a respetar y ser decente”. Kamila: “pero sí debería ir a casa de Pedro, con el antojo que tengo de darle unos buenos sentones, se ve que tiene una verga deliciosa. Es más, lo haré en la cama donde duerme con su esposa, se ve que es una frígida la vieja esa, va a terminar su sábana llena de mis jugos jajaja”. Camila: “no, no, no, eso está mal, no es correcto meterse con hombres casados. No seas así, me pregunto por qué pasan por mi mente estas ideas tan perversas”. Transcurrida casi media hora y ya desesperada, divisó con aquellos hermosos ojos color miel un autobús que iba para el rumbo del gym, y lo abordó sin importarle que iba lleno de estudiantes, de esos, m*****os, pues era hora de entrada a la escuela. Escena II Al abordar el bus, la joven se percató de que le faltaba algo: Camila: buen día. Chófer: muy buen día linda… pásale a lo barrido. Camila: ¡ay!, no tengo mi monedero. Déjeme revisar si lo tengo por aquí. Y buscó en su mochila, y en efecto, el bolso se había quedado en su casa. Al momento de buscarlo, se agachó para abrir su mochila, lo que provocó que sus gemelas fueran más visibles por el escote de su top. Sin duda era un buen par de melones, y el conductor se dio un buen taco de ojo viendo las prominentes tetas de la chica. Fue por ello que se portó muy servicial: Chófer: no te preocupes corazón, no te cobro, por cortesía. Camila: ¿Ah?, gracias, qué amable por subirme gratis. Chófer: no hay de qué, estamos para servir, pásale. Ya arriba, se percató de que no había asientos libres y tuvo que irse hasta al fondo del camión, donde se quedó de pie, para tratar de evitar el bullicio de los adolescentes. Dado que con su 1.60m los tubos le quedaban altos, tuvo que agarrarse de los asientos. Unas calles adelante, abordó un hombre joven, de aspecto algo desaliñado, de estatura media, 1.75 por mucho, y fue tal la suerte de Camila que aquel individuo fue a parar directamente detrás de ella. Cabe mencionar que el sujeto llevaba una camiseta desmangada y un pants de los holgados, aparentaba que iba a correr a alguna parte. Instantes después, Camila comenzó a sentir que el sujeto se pegaba cada vez más a ella, y como el espacio era muy reducido, no pudo cambiarse de sitio y debió aguantar el arrimón que le estaba dando a su bien formado trasero. Y así siguieron las cosas, hasta que ella pudo sentir como, poco a poco, se fue endureciendo y agrandando ese bulto, el que ahora estaba frotándose de manera leve pero insistente con sus nalgas, a lo que ella no reaccionó, pues no quería armar un escándalo, tenía una imagen que cuidar. Sin embargo, el sujeto siguió tallando, cada vez con más descaro su verga, ya bien erecta, contra los suculentos y redondeados glúteos de nuestra protagonista, quien cada vez sentía mejor aquella reata. Por el tipo de ropa que ambos llevaban, parecería que fueran restregándose piel con piel. Hasta que un tope hizo que el camión diera un salto y ella reaccionó agarrándose con fuerza de los sillones, con lo que de manera ¿involuntaria?, arqueó su espalda y levantó más ese culote, lo que aquel fulano tomó como una invitación, y fue ahí cuando aprovechó para acomodar su pito ya completamente tieso entre la separación de los nalgas de Camila, que estaba muy marcada, dada su vestimenta. Ante tal situación, Camila empezó a sentir cierto calorcito en su entrepierna, además de una humedad en su tanga cada vez mayor, por lo que actuó, sin pensar en las consecuencias, y empleando la mochila que llevaba para el gym como cobertura, cooperó. En un principio, se limitó a darle leves apretones al chorizo del individuo, mismos que produjeron quejidos de su parte, y como no, si prácticamente le estaba estrujando la verga con esas nalgotas, el placer que sentía el sujeto era enorme. Ahora sí que el tipo estaba ansioso porque su palo pudiera sentirlas mejor, creyó que lo más probable es que desnudas fueran el paraíso, y era un hecho que de haber practicado esa misma acción desnudos, habrían acabado aquel par de pompas bañadas en chorros de espesa leche. Tras lo anterior, era inevitable que por su mente cruzara la idea de clavársela: Anónimo: “no mames, qué ricas nalgas tiene está vieja, ya me tiene con la verga bien tiesa, qué ganas de cogérmela, se ve que le encanta el chorizo. Es obvio que anda ganosa, por los apretones que me está dando, aparte se ve que ha de estar bien apretadita”. A la par de ésto, el temperamento cachondo de Camila salía aún más a flote, ya que continuaba con esa especie de masaje, mientras pensaba: Kamila: “qué buen palo tiene este tipo, y con las ganas que traigo de una buena cogida, si por mí fuera ya me lo estuviera comiendo en cuatro, mmm, la trae bien tiesa, ay no, qué antojo de probarla”. Tanta fue la calentura que la invadió que su panocha, que por cierto acostumbra a depilar, ya escurría jugos, y estaba deseosa de albergar ese barra de carne en su interior, y por tal motivo, pasó una de sus pequeñas manos para tomar la verga del sujeto, a lo que éste reaccionó con emoción. Ella tanteó el palo sobre el pants, comenzando desde los huevos, que apretó un poco y sintió abultados, llenos de leche; para luego irla deslizando con suavidad por el venoso tronco, con esos dedos tan finos y suaves que tiene nuestra Camila, hasta subir a la cabeza, la cual sintió gruesa y algo húmeda. Definitivamente era el tipo de pito que le encanta, ya que suelen gustarle cabezones, pues así le talla mejor todo el interior de su panocha, además de que disfruta más lamerlas a la hora de mamar, lo cual en no pocas ocasiones culmina en chorros de mecos que acaban en su carita. Luego de esta exploración, volteó a verlo con una mirada lujuriosa, para luego comenzar una suave chaqueta, la cual endureció más ese palo, si es que era eso posible, y sí, ya que la había convertido en una carpa de circo. Por lo delgado del pants, ella creía sentir las venas marcadas de esa estaca de carne, aparte del nada despreciable grosor de ésta. Kamila: “cómo no estamos en otro lugar para gozar de esta delicia, tengo tantas ganas de darle una chupada bien dada, lamerle bien la cabeza para que luego al clavármela resbale más rico, mmm, seguro la dejó bien cremosa, así como ando”. Camila: “¡no! ¿qué estás pensando?, estás en un camión, no seas vulgar”. Con ese pensamiento salió de su trance, y cayó en cuenta que iba en público. Convenientemente, faltaban dos cuadras para bajarse, por lo que se giró y le dio una cachetada al individuo: Camila: ¡Idiota, cómo te atreves a andar haciendo esas cochinadas, pervertido! Ante ésto, los pasajeros voltearon a ver la escena, mientras que Camila, presurosa, sacó partido de una señora que pidió la bajada en ese momento, y descendió tan rápido como pudo, para evitar salir perjudicada. Mientras que el sujeto se quedó apenado por lo sucedido y mejor se bajó unas calles después para salvar su pellejo. Volviendo con la protagonista, al caminar sintió algo de humedad en su glúteo izquierdo y se dio cuenta que tenía un líquido algo transparente, seguramente era lubricante del acosador, ante lo cual optó por tratar de limpiarlo y seguir rumbo al gimnasio. Kamila: “estaría mejor que me lo hubiera echado dentro”. Camila: “¡no!, qué ideas tengo, a este paso tendré que irme a confesar, ando muy descarriada”. Luego de esto, siguió su camino hacia el gimnasio, así caliente como estaba. Escena III La estancia en el gym se dio sin contratiempos, salvo las usuales miradas libidinosas. Sin embargo, ella consideró todo ese lapso la invitación de Pedro a probar su chile, tan es así que su panocha se mantuvo húmeda todo ese rato, y no precisamente por el sudor. Fue así que al terminar su rutina pasó a las regaderas para ducharse. Durante estos minutos, Camila estuvo tentada a masturbarse para saciar un poco su necesidad de sexo. Con lo que no contaba es que al sentir el agua corriendo por su curvilíneo cuerpo, su piel se iba a erizar al recordar a aquel hombre y su herramienta. Por tal motivo aprovechó su cuerpo enjabonado para acariciar sus duras tetas y pellizcar suavemente sus pezones, y ya había bajado la mano a su ya muy mojada panocha, para comenzar a deslizar un dedo sobre su sensible clítoris, y fue ahí cuando se detuvo, pues pensó: Kamila: “mmm, mejor me aguanto y voy a ver qué tiene Pedro para ofrecerme, mis dedos no me van a bastar esta vez, necesito carne, de hombre”. Camila: “no debería tocarme así aquí, es un lugar público, qué dirían de mí si me vieran; además no debo meterme con el vecino, qué dirán de mí”. A continuación, terminó la ducha y se dispuso a vestirse. En su mochila traía una faldita negra que a duras penas cubría ese culote, pues se le levanta por acción del mismo; así como una blusa roja escotada y abierta por la espalda. De ropa interior un conjunto rojo de brassier de media copa y una tanga; y unas zapatillas negras de tacón alto, y abiertas. No cabe duda que a nuestra protagonista la atención le fascina. Posteriormente, tomó el transporte para dirigirse a casa de Pedro. Una vez ahí tocó el timbre, y éste salió, visiblemente sorprendido. Pedro: hola vecinita, qué gusto verte por acá, dime, ¿qué te trae por aquí? Kamila: hola, verás, es que vengo llegando del gym y se me acabó el agua, y don Erick no quiso fiarme hoy, porque ya le he pedido varias cosas esta semana, así que vengo muriendo de sed y necesito líquido. ¿Podrías darme... un poco de agua? Pedro: por supuesto, yo te doy... lo que quieras, agua, refresco, leche… lo que gustes. Adelante, pasa y ponte cómoda mientras te sirvo el agua. Kamila: ¡ay gracias!, te tomaré la palabra, conste eh. Y mientras Pedro fue a buscar el vaso, se dio cuenta que no había uno limpio, y como él no sabía dónde guardaba Martha, su esposa, el jabón, tardó en buscarlo. Simultáneamente, Camila observó que la puerta de la habitación principal estaba abierta, así que se le ocurrió entrar. Y sin perder tiempo se despojó de su ropa, hasta quedar desnuda del todo, y así aguardó a Pedro. De repente vio una foto de la pareja en una mesa al lado de la cama, y prefirió voltearla, pues como ustedes podrán comprender, sería indecente cogerse al esposo mientras el retrato de la feliz esposa observa, no, eso no se hace. Tras ésto, oyó un grito: Pedro: ¡Camila, dónde estás!, aquí tengo tu agua. Kamila: te hice caso y me puse cómoda, ven acá Pedro. Y Pedro fue hacía el lugar de donde provino la voz: su habitación, y al entrar dejó caer el vaso de la impresión: tenía a Camila en su cama, completamente desnuda, dejándolo boquiabierto. Luego, Camila se puso de pie y le hizo una seña para que se acercara y él lo hizo. Ya que estaban frente a frente, Camila se giró y le dijo con un tono muy sensual: Kamila: ¿te gusta lo que ves?, yo digo que sí, siempre te noto viendo mis nalgas, hasta podría pensar que las deseas, no sé si me equivoque. Pero dime, ¿qué te parecen, ha valido la pena el ejercicio o no?, ¿están bonitas?, ¿son lo suficientemente grandes? Pedro: ¿Qué preguntas son esas?, ¡claro que sí preciosa! mira nada más este pinche culote, es el más redondo y paradito que he visto. Mientras decía eso, presuroso llevo sus manos hacía aquel par de glúteos y los comenzó a acariciar y a amasar. Se sentían tan suaves y duros como él imaginaba, hasta se les marcaban los dedos; y ya entrado se dio el lujo de abrirlos un poco para ver el pequeño agujerito que yacía entre ese par de montañas de carne. Ganas no le faltaban de agacharse y lamerle el chiquito, que se veía cerradito y sin un solo vello. Todo ésto le estaba provocando la mayor excitación de su vida. Kamila: creo que me prometiste algo hace ratito, así que quiero ver ese chile para ver si me lo como o no, así que sácalo, ándale. Al oír eso, Pedro sin pensarlo dos veces se bajó el short que traía y el bóxer, liberando su verga: larga y gruesa, con venas que cruzaban el tronco, y una cabeza con forma de hongo, más gruesa que lo demás, de color rosado y brillante; así como un par de huevos colgantes que se veían bien cargados de lácteo listo para dárselo a la cachonda mujer. Pedro lo tomó con la mano y lo sacudió un poco, presumiendo, y dijo: Pedro: aquí tienes tu chile mamita, ¿lo vas a querer? Y al ver Camila aquella reata, se le hizo agua la boca. Sabía que estaba rica, pero no a ese grado. Su panocha comenzó a escurrir jugos tan sólo de verla, y hasta salivó. Kamila: mmm papito, no mentías con lo de tu chile, está delicioso, me lo como porque me lo como. Pedro: pues adelante chiquita, pero antes date la vuelta, que quiero probar algo desde hace tiempo. Kamila: como gustes, papi. Y Camila se giró y con ésto sus nalgotas se tallaron con la verga de Pedro, lo que provocó un gemido de parte de ambos. A continuación Camila comenzó a frotarlas con aquel palo, que se ponía más tieso al tallarse con esas redondeces. Entonces a Pedro se le ocurrió acomodar ese bulto en el canal en medio de aquel culote y ella procedió a hacer suaves movimientos de arriba a abajo, con lo cual la cabeza de la verga empezó a sacar más jugos, que la estaban embarrando sus deliciosos glúteos, mientras que el cuero de la verga subía y bajaba como si lo estuviera chaqueteando. A la par, Pedro llevó su mano a la jugosa y lampiña panocha de Camila, y la acarició por fuera, empezando con el ya erecto clítoris, hasta llevar un dedo al orificio vaginal, lo que provocó más gemidos de parte de ella. Mientras tanto, y al tener sus manos libres, Camila se dedicaba a masajear sus tetas, que tenían los pezones como rocas. Sus palabras dejaban claro el placer que sentían: Kamila: ¡ay qué rico papi!, qué buen palo tienes, mi panocha ya lo necesita adentro y lo quiero hasta los huevos, no aceptaré menos. Pedro: tú no te quedas atrás. Tus nalgotas están justo como me las imaginaba al jalármela, y tu panochita está bien jugosa. Kamila: ¡ay papito, ya no aguanto más, métemela toda! mmm. Pedro: como digas Camilita. Consciente del escaso tiempo que tenían, Camila se subió directamente a la cama y se puso en la posición que sabía que a él le gustaría más en ese instante, además de ser de sus favoritas: de perrito. Primero arqueó la espalda, la cual se veía tonificada pero muy femenina, para que aquel culote quedara bien parado, con esa panocha completamente lubricada y libre de vello, ya deseosa de sentir aquel chorizo hasta la base. Sólo volteó a verlo por arriba del hombro y le hizo la seña de que lo quería ya. Y él, por su parte, se la jaló un momento, observando aquellas nalgotas que en esa pose formaban un corazón invertido, esas que tantas veces había deseado, tanto él como muchos otros, y justo ahora tenía en su cama, a su entera disposición. Fue ahí cuando tomó por la cinturita a la chica con una mano y con la otra acercó la cabezota de su verga para que se abriera paso a través de esas suculentas nalgas, rozándolas y haciéndola gemir. Luego las abrió para poder llegar a su objetivo, la entrada de esa jugosa panocha, justo cuando estaba ahí ella exclamó: Kamila: ay papi, ya métela, ya me urge, anda, no seas malito. Pedro: ahí te va, ricura. Y él, obediente, acercó la puntita de esa cabezota a los labios vaginales, lo cual provocó un sonoro gemido de ambos, y justo cuando se disponía a meter la parte restante y ya se saboreaba ese caliente y húmedo agujero, se escuchó el pitido de la alarma de un auto. Pedro: ¡valió madre, mi mujer, vístete, rápido! Camila: ah sí, ¡eso haré! Y la pareja se vistió como pudo, y Pedro salió a recibir a su esposa; mientras Camila se sentó en la sala, tratando de calmarse: Camila: “esta vez sí me pasé, qué miedo, si me hubiera encontrado no sé qué me hubiera hecho, se ve de muy mal carácter esa mujer”. Posteriormente, entraron los esposos, y Martha saludó a nuestra protagonista: Martha: buenas tardes Camila, me sorprende que estés aquí, ¿a qué se debe tu visita? Si puedo saber. Camila: buenas tardes, sólo venía de pasada por un chile... que necesitaba para la ensalada de hoy, ya ves que tengo preferencia por la comida orgánica, y Pedro, amablemente, me lo ofreció... ya ves que él se le da eso de sembrar... Tras una intrascendente plática sobre nutrición, a Martha le pesaron los tacones que traía y decidió ir a ponerse unas sandalias, dejando al otro par platicando y riendo en la sala. Al entrar al cuarto y buscar debajo de la cama sus chanclas, observó que frente a ella había una tanga roja, la cual se veía húmeda, y ella por algún motivo, la olió, y el aroma la embriagó. Eso provocó en ella un calor que no solía sentir a menudo. Era evidente de quién era aquella prenda. Cabe mencionar que Martha es una bella psicóloga, de 27 años. Últimamente se sentía insatisfecha con su matrimonio, algo le faltaba, y no tenía la menor idea de qué podía ser. Quizá tenga relación con el hecho de que oculta un ¿pequeño? detalle de su persona: un cierto interés por las mujeres, mismo que ha reprimido desde su adolescencia temprana. Y que por supuesto Pedro ignora, aun y cuando es su esposo. Aunado a esto, en secreto encuentra sumamente atractiva a su sensual vecina. Cada que la ve, de manera muy discreta la admira. Ese tentador cuerpo le resulta muy llamativo, en especial el suculento par de glúteos de nuestra protagonista. Es más, es tal el grado de fascinación que le tiene que en múltiples ocasiones ha soñado con estar compartiendo la cama con su marido y la erótica Camila, cosa que por supuesto niega, aunque su mojada panocha diga otra cosa. Martha siempre ha negado su bisexualidad, pero el hallazgo de esa tanga la hizo comprender que no hay fecha que no llegue, ni plazo que no se cumpla. Continuará...

Autor: Yesska Categoría: Masturbación

Leer relato »

¡PRUEBA LA NUEVA WEB: EROTISMOSINTABÚ!