Me pierdo en las generosas nalgas de mi mujer

2019-09-16


Hace unos años conocí a Sofía, mi actual mujer. Nos presentaron en la universidad unos amigos y pronto hicimos buenas migas. Comenzamos a salir y nos convertimos en novios al poco tiempo. Sofía es muy guapa, pero entonces estaba delgada. Vamos, delgada, pero que estaba bien. Buen cuerpo y demás. Cuando nos casamos empezó a engordar. Bueno, yo también un poco, pero lo que yo veía bien para mí, barriga y piernas gordas, en ella no me gustó tanto. Las tetas se le cayeron un poco y su culo se hizo más grande, aunque no demasiado. Aunque no teníamos hijos, yo perdí las ganas de follar. La pasión de novios se había acabado. Entonces podíamos hacerlo en cualquier sitio. Recuerdo que una vez lo hicimos en unos lavabos y casi nos pillan, pero nos podía el deseo. Ahora todo se había acabado. Cuando estaba solo en casa, ella trabaja de tarde y yo por la mañana, me ponía a ver porno y allí me la cascaba con la película. Alguna noche me despertaba y la escuchaba en el baño masturbándose. Ella no era de vibradores ni consoladores, ni nada de eso. Lo hacía con sus dedos, pero aun así, necesitaba sexo como yo. Lo que no se es porque hasta entonces nunca me había dicho nada. Todo cambió de repente un día. Mi mujer se había comprado un conjunto muy sexy, pero la verdad es que era como una talla más pequeña de la suya. Las nalgas se le salían por los lados. En un principio no le hice mucho caso, pero entonces estaba agachada alisando su vestido, que estaba sobre la cama y volví a sentir deseo por ella, algo que no había experimentado en algún tiempo. Después se giró y me quedé mirándola de frente. Sus pechos grandes se sostenían bien por el body y no pude evitar decirle lo guapa que estaba. -Gracias, me dijo. Me acerqué y la bese apasionadamente. Su lengua se metió en mi boca y yo la correspondí. No pude más y la quité el body y la tumbé en la cama. Estaba tan excitado que solo me bajé el pantalón y el calzoncillo y se la metí sin más. Empecé a moverme dentro de ella, saliendo y entrando como hacía mucho que no hacíamos y terminé corriéndome enseguida, de tan excitado que estaba. Mi mujer me miraba desde abajo. -Has aguantado poco, me dijo. No me he enterado de nada. -No te preocupes, cariño. Volví a llamarla cariño de nuevo como tiempo atrás. Me agaché y la comí el coño como nunca lo había hecho. Yo por aquel entonces solo pensaba en hacerlo y casi nada en los preliminares. Así que se lo comí como si fuéramos novios. Ella se corrió enseguida y para entonces mi polla estaba otra vez erecta y volví a penetrarla, medio vestido como estaba. Estaba vez disfrutó como una loca y se corrió un par de veces más, conmigo dentro. Fue algo increíble. Lo que no sabía es que algo había cambiado en mí. Dos días después, Sofía estaba encantada conmigo, aunque no lo habíamos vuelto a hacer desde ese día. Se paseaba por casa con el body puesto en cuanto volvía del trabajo. Sus nalgas asomaban como os dije y lo que antes me parecía un culo grande, ahora me excitaba un montón. Verla así me puso palote enseguida y me acerqué por detrás a ella y la sobé el culo. -Me encanta tu culo, le dije. -Pues antes no te gustaba tanto. -Ahora me vuelve loco. Sofía nunca quería que lo hiciéramos en la postura del perrito, decía que prefería verme la cara al hacer el amor. A ella, claro, le encantaba cabalgarme. Incluso no le importaba el misionero profundo que me gustaba tanto, porque podía verme la cara. Así detrás de ella, seguía sobándole el culo y luego subí a sus tetas. Nos veíamos en el espejo de nuestra habitación y era muy sexy vernos juntos. Me agaché y separé un poco el body, dejando un poco a la vista sus nalgas. Las besé con cariño y no pudo resistirse a que la pusiera a cuatro patas en la cama. Una vez más, la quité el body y abrí sus nalgas. La penetré despacio, saboreando como mi polla se deslizaba dentro de su coño húmedo y tierno. Puse mis manos sobre sus nalgas, mientras iba bombeando. La visión de su culo botando contra mí era maravillosa. Mis jadeos iban en aumento, mientras sudaba como un loco, presa de la excitación. Ahora apoyaba mis manos en su culo, pero en la parte enfrente de mi. No sabía cuánto tiempo aguantaría sin correrme. Sofía gemía como loca, no le importaba que pudieran oírnos los vecinos. La verdad es que hacía mucho tiempo que no debían oírnos, así que a mi tampoco me importaba. Mi pene seguía entrando y saliendo. Iba despacio, lento, no quería que acabara nunca. Pero llego el final y no pude prolongarlo más. -Me corro, me corro, no puedo aguantar más... ¡me corrooo! -No te preocupes, tú sigue, córrete, córrete, me animaba mi mujer. Un poco mas y acabé corriéndome dentro. Sofía tomaba la píldora y por lo tanto lo hacíamos a pelo. Eyaculé a borbotones como el otro día. Seguí un poco mas, hasta que derramé todo mi semen en su interior. La saqué despacio, y unas gotas de semen aun salían de mi glande. Cogí un clínex y limpié a mi mujer. Nos tumbamos juntos a recuperar la respiración. -Mi maridito, me dijo. Ya creí que te había perdido. -Para nada, aquí me tienes. -¿Cuánto hace que no follábamos así? -Desde que éramos novios. Hace unos años, jeje. Ese body ha salvado nuestro matrimonio. Nos dormimos abrazados, pero antes de dormirnos, se me ocurrió algo. Al día siguiente, mientras mi mujer trabajaba, entré en la farmacia del centro comercial que hay unas calles más allá de nuestra casa. No querían que me vieran en la farmacia de al lado de nuestra casa. Compré un gel lubricante y unos preservativos más gruesos para el sexo anal, que me recomendó la chica de la farmacia. No pareció escandalizarse cuando se los pedí. Me sonrió al cobrarme y me fui a casa. Esa noche estaba preparado para tener sexo con mi mujercita. La había calentado previamente con mensajes picarones y cuando volviera estaría a punto. Lo que no sabía es que lo tenía preparado para ella. Llegó a casa, se puso cómoda y comentamos nuestro día de trabajo. Me dijo que había tomado algo de picoteo, porque era el cumpleaños de una compañera y no traía ganas de cenar. Enseguida se fue a nuestro cuarto y se puso el body. Nos calentamos previamente con besos y sobeteos. La tumbé y la puse a cuatro patas. Ella ya sabía lo que me gustaba esa postura, pero ni idea de mis intenciones. Saqué el lubricante y lo eché por mi polla erecta, cubriéndola toda. Acerqué mi rabo a la raja de su culo y comencé a rozarme, subiendo mi polla arriba y abajo. Entonces, mojé un dedo con lubricante y acaricié su ano. Ella dio un respingo, pero no dijo nada. Con otro dedo, la masturbé, sobando su clítoris. Su ano aún no se dilataba, por lo que procedí a introducir más mi dedo. Un poco más de tiempo y un segundo dedo entró en su ano. Mientras, seguía acariciando su coño. Su humedad lo llenaba todo. Me puse un condón de esos gruesos y se la metí por el culo con cuidado. -Ay, duele. -Tranquila. Iré despacio. No me reprochó que quisiera follármela por el culo y se dejó hacer. Seguí con el mete-saca lento y conseguí que entrara toda en su culo. Abrí un poco sus nalgas y la visión de su culo con mi polla entrando y saliendo, fue maravillosa. Solo duré un par de minutos más y me corrí. La presión de su ano hizo que no durase nada. Lamenté no haber podido correrme a pelo. La saqué despacio. Me quité el condón y lo tiré al suelo sin más. -¿Qué tal? ¿Te ha gustado? Me preguntó mi mujer. -Mucho, cariño. -No quería dejarte con las ganas, aunque yo no he sentido mucho. -Ahora te compensaré. -Me duele un poco el culo. Me dijo. -Ahora lo soluciono. Me levanté de la cama desnudo y fui a por una bolsa, de esas de agua caliente, que todos hemos usado alguna vez. La llené de hielo y se la llevé a mi mujer. La puse bajo su culo y parece que se le pasó un poco el dolor. Pero estando así, abierta un poco de piernas, me puse cachondo otra vez y me puse encima de ella y volvimos a follar. Esta vez podría correrme dentro de mi mujercita. Habíamos recuperado la pasión de antes y era maravilloso.

Autor: Aldebaran Categoría: Erotismo y Amor

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Adorado hijo

2019-09-16


El destino puede llevarnos a hacer cualquier cosa... MI nombre es Raquel, tengo 39 años, muy cerquita de los 40, si bien me casé a fines del siglo XX, nuestras familias mantienen aun arraigadas, ciertas costumbres clásicas de nuestra comunidad, tenía 18 años y mi esposo 32, medico, muy buen hombre. Admito que no estaba muy enamorada de él, pero era una decisión entre familias, en donde mi decisión era nula, parece mentira pero fue así, accedí con la esperanza que con el pasar del tiempo llegaría a amarlo. No tengo quejas hacia él, hemos tenido una buena convivencia, faltaba algo, nuestra relación sexual no era nada apasionada, donde nunca conocí un orgasmo, era algo metódico, en donde me impedía hacer ciertas cosas, como utilizar lencería sexy o tener sexo oral, por ejemplo. Con los años me fui acostumbrando o más bien lo fui soportando, por suerte la venida de dos hijos cambio mi vida, me dedicaba a ellos, hoy Benjamín de 19 y Laura de 15. Adoro a ambos, pero Benjamín, que llamamos Ben, es un chico muy comprador y galante, que con sus piropos y halagos, ha compensado lo que mi esposo no me ha brindado. No sé con exactitud, cuando comenzó todo, recuerdo que en una oportunidad llegue a verlo desnudo saliendo del baño, no sé si se percato de mi presencia, pero su sexo realmente me impacto. Ya no lo vi como mi hijo, sino como hombre, movilizándome por dentro al ver su sexo algo erguido. Traté de apaciguarme, intentando borrar de mi mente ese instante tan alterador, conteniéndome en ese aspecto como lo venía haciendo desde hacía mucho, que comprendía perfectamente que era algo indebido, trate de borrar ese instante profano, aunque un día llegue a masturbarme mientras mantenía ese recuerdo. No era mi costumbre hacerlo, sentía que traicionaba a mi esposo, aunque cada tanto necesitaba aplacar mi excitación.. . En el transcurso de un largo tiempo, se fueron originando una serie de hechos que si bien en un principio, no los tomé demasiado en cuenta, ni sospechaba o realmente trataba de negármelos. Una de ellas fue en un viaje con otros familiares, como los autos no eran suficiente para llevarnos a todos, opte por sentarme sobre las rodillas de mi hijo, tomándome del asiento delantero, el movimiento del auto sumado a mi trasero sobre las piernas de mi hijo, tuve la sensación o más bien la seguridad que ese contacto lo había alterado, lo miré como diciéndole, “Que te pasa?”, cuando note que sus cachetes se sonrojaban, me reí por dentro, continuando el viaje, tratando de olvidar el incidente, aunque creo que ese podría ser el punto de partida. De vez en cuando mientras elaboraba el desayuno, se acercaba por atrás, me abrazaba fuertemente notando su pene apoyarse en mi traste, que si bien en principio trataba de separarme, poco a poco comencé a deleitarme con ese contacto transgresivo e inmoral. Pensaba que estaba creciendo y que se estaba haciendo hombre. También en una oportunidad fuimos a una fiesta los tres, mi esposo tuvo que quedarse, no sé porque, y lo pasamos muy bien, hasta baile con mi hijo, sintiendo su sexo cerca de mi abdomen, dado que él es más alto. Habíamos bailado tan juntos que me encantaba estar unidos por esa melodía, algo que no había experimentado desde hacía mucho tiempo atrás, llegando a un punto dónde ya estábamos apretando nuestros cuerpos. Al regresar a la mesa mi hija dice” - “Vaya, parecían novios”, si bien me sonroje algo, me agrado su comentario. Atentamente mi hijo la invito a bailar la próxima pieza musical, como evitando posibles celos. También creo que a veces trataba de verme mientras me cambiaba o salía de darme una ducha, creo que no me molestaba esa actitud, aunque trataba de no mostrar mis partes más provocativas. No puedo decir que esos momentos me llevaron a excitar, creo que más que nada era sentir que a pesar de ser mi hijo todavía, alguien se interesaba en mi figura. Traté de vestirme más a la moda, haciendo resaltar parte de mi cuerpo, que por supuesto mi esposo lo censuro rápidamente, diciendo que era una señora con dos hijos grandes y no sé cuantas cosas más. Hubo, por parte de mi hijo intenciones de efectuarme algunos masajes o cosas similares, a lo que traté de evitar, aunque su atención hacia mí, esas flores, o los chocolates que eran mi preferencia, me fueron llevando a sentir que estaba tratando de conquistarme, cosa que si bien lo era, fui como aceptándolo con mucho agrado.. Un domingo que tuvimos un almuerzo familiar, alrededor de 12 personas, Ben se sentó a mi lado, en un momento apoyó su mano en mi rodilla, jugando con su pulgar en parte de mi entrepierna, debo confesar que sentí una excitación, al punto de levantarme con la excusa de ir a buscar algo, traté de olvidar ese momento, aunque eran detalles que me iban inconscientemente llevando a algo más. En otra oportunidad, me dolían los pies, se ofreció a hacerme unos masajes, si bien me opuse en un principio, ante su grata insistencia, acepte su ofrecimiento. Fuimos a mi dormitorio, me senté en el borde de la cama y el arrodillado comenzó con unos suaves masajes, que me fueron agradando rápidamente al punto de acostarme, mientras iba disfrutando plácidamente de esas frotaciones. Creo que abrí las piernas un poco, no sé si llegaba a ver la unión de ellas, pero creo que me atraía saber que podría estar observando, Ese momento fue como una especie de fusible que me trajo a la realidad, o por lo menos reconocer que algo buscaba mi hijo, que yo lo estaba consintiendo, y que debía dar un corte antes de llegar a mayores, si bien me atraía todo eso creo que debería poner un limite,. Después de pensarlo durante unos días, tome la decisión de aclarar todo eso, así que una noche apenas se durmió mi esposo y mi hija, silenciosamente fui a la habitación de mi hijo. Diciéndole: - “Hijo, quiero hablar contigo” - “Si, dime madre” - “No te asustes, es para aclarar ciertas cosas”, las que fui enumerando, lo del auto, esos abrazos matutinos, lo de ese almuerzo etc Por supuesto se disculpo, reconociendo que le había sucedido cosas, pero después de una pausa, noté que le costaba decir algo, así que lo alenté para que lo expresase. Cuando comenzó a formular, una serie de cosas, que si bien me agradaban, por otra parte me estremecieron - “Madre eres lo más lindo que me tocado, me encanta tu belleza, tu manera de ser, me encanta mirarte, eres tan dulce, me atrae tocar tu cuerpo, tu cuello, se que posiblemente no te agrade, pero siento una excitación cuando veo tu trasero, hasta te he visto a través de la transparencia de tu camisón,” Así continuo diciéndome cosas, que jamás alguien me lo habría expresado, sentí que mi cuerpo se revolucionaba, como que eso que tenia retenido de golpe despertaba a una realidad, imposible de aceptar. Acaricie a mi hijo, le bese la mejilla, agradeciendo sus palabras. Me había confesado todos sus secretos, abrí los ojos viendo una mirada de amor y a su vez de deseo cuando bajé mi mirada hacia su entrepierna, observando su erección, no puedo negar que me excito, esa mezcla de morbo y de incertidumbre. Apoye mi mano sobre su miembro, bajando mi vista con algo de vergüenza, creo que sentía sus palpitaciones y su calidez producto de ese rigidez, mientras mi mano se mantenía posada en su sexo, le volví a repetir que nadie me había dicho tantas hermosas palabras. Mi mano se poso más firmemente en el pene de mi hijo, dando un pequeño brinco, sorprendido ante mi actitud. Noté su exaltación, ese deseo contenido en su rostro, oprimí su aparato agitándolo suavemente a través de la delgada tela de sus pants, diciéndole con voz susurrante - “No hagas nada” Me arrodille frente a mi hijo, lentamente le bajé los pans, tome sutilmente su sexo erguido, cerrando los ojos comencé a efectuar un sublime movimiento de sube y baja, oprimiendo a la vez su tronco, percibiendo sus palpitaciones, iniciando una leve masturbación. Mientras mi esposo dormía a unos metros y mi hija mucho más cerca, mis manos se deleitaban frotando el pene de mi querido hijo. Hasta que mi boca se tentó a lamer ese erótico trozo de carne, sintiendo que mi cuerpo se comenzaba a incitar, cuando mi ávida boca, lo comenzó a deglutir de una forma desesperada y voraz, disfrutando de su pene en mi cavidad bucal, lamiéndolo y succionándolo con total avidez. Todo se fue intensificando cuando mi cuerpo parecía alterarse con la venida de un orgasmo, algo que prácticamente nunca lo había experimentado de esta manera. Eso me trajo a la realidad, dándome cuenta que estaba obrando pesimamente, que eso no debía de ser. Me levanté rápidamente encerrándome en el baño, bajé mi pantaloncito notando lo mojada que estaba, me lave la cara, traté de calmarme aunque me era difícil. Después de varios minutos salí para dirigirme a mi dormitorio, mi hijo parado en la puerta de su aposento trató de detenerme, pero baje la cabeza, continuando mi camino, sin siguiera mirarlo o saludarlo. Estaba totalmente avergonzada por lo ocurrido, pero ya no había marcha atrás, lo hecho, hecho esta. Los días subsiguientes fueron un infierno, a pesar de que mi hijo me traía flores y obsequios, me era imposible mirarlo a los ojos, me dejaba notas a las que no contestaba, sabía que él no era el culpable sino yo, con ese deseo lascivo e indebido. Pasaron más de dos semanas donde trataba de tener el mínimo contacto con mi hijo, se que estaba intentando preservar algo, no podía dejar de estimularme al recordar su pene erecto en mi boca, hasta llegue a masturbarme, algo que si bien no practicaba comencé a practicarlo mas frecuentemente. Una noche sonó el teléfono, era una urgencia que requerían a mi marido, mientras se vestía, traté de levantarme para prepararle algo, pero me dice: - “Es las tres de la mañana sigue durmiendo” Permanecí en la cama, esperando a que se fuese, apenas lo hizo, me levante para dirigirme a la habitación de mi hijo. No sabía bien que le diría, lo desperté suavemente y me senté en su cama, quería aclarar lo sucedido aquella noche y mi forma de actuar ante el. Cuando se despierta, me mira asombrado, y le digo: - “No te asustes, quiero decirte algo, antes que nada lo que hice contigo, no es propio de una madre, he actuado así últimamente, porque estaba totalmente avergonzada de mi actuación de aquella noche” - - “Quiero que esto termine sin perjudicarnos más, me lastima tanto hacerte daño de esta manera, me lastima ya no verte, cómo te alejas, me lastima mucho no hablarte, pero como te lo dije eso que pasó estuvo muy mal, fue una atrocidad lo que pasó, no tuvo que haber sucedido”, Y así continué hablando tratando de disculparme por lo de esa vez, cuando pone sus dedos en mi boca y me dice: - “Cállate madre, fue lo más hermoso que sentí en mi vida, no dejo de recordar ese momento, tus manos tocando mi sexo, y tu boca besándolo” - “Pero eso no es normal, eres mi hijo, mi propia sangre” le contesto algo avergonzada. - Y así continuo la conversación, apoyando su mano en mis rodillas, acariciando parte de mi muslo, hasta que me dice: - “Me encantaría devolverte ese favor, hacerte sentir mujer, que te permitas romper esa prohibición que nos impone la sociedad” - Realmente no sabía qué hacer, no niego que me agradaba esa proposición, sentí por vez primera como si mariposas aleteaban en mi estomago, a la vez que mis pulsaciones aumentaban, en el momento que me hace acostar sobre la cama, levantando levemente mi camisón, diciéndome: - “Déjate llevar, déjame hacerte gozar, y hacerte lo que nadie te ha dado ” - Sin decir nada traté de relajarme, mientras levantaba mas mi camisón, y sus manos acariciaban mi abdomen, pasando por mi ingle, rosando mi vagina a través de mi calzoncito. Sus manos exploraban mi zona prohibida, excitando mi cuerpo, cuando sentí que mi prenda era desplazada suavemente. Sabía que eso no debía de ser, pero nunca había sentido algo así en mi vida, permitiendo que continuase con su objetivo. . Al estar mi zona intima descubierta, sus dedos continuaron explorando el sector, rosando e introduciéndose levemente en mi vagina humedecida sus dedos, friccionando las paredes de mi interior.. Cuando colocó un almohadón bajo mi traste, separo mis piernas arrodillándose para meter su cabeza entre ella, sintiendo su lengua humedecer mi sexo, no me podía detener en esa loca decisión, me fui entregando, disfrutando de ese regalo que mi hijo me ofrecía. Mientras su ávida lengua recorría mi raja hasta introducirse en ella, rozando mi clítoris, llevándome a un estado de total paroxismo, mi cuerpo parecía explotar, a la vez que mis hormonas estaban totalmente revolucionadas, me arqueaba, empujando mi pelvis contra su cara, contenía mis gemidos para evitar de despertar a mi hija. Mientras su boca succionaba mis labios vaginales sin dejar de acariciar mi abdomen, llevándome en pocos minutos a paroxismo total. Ben no cedía, hasta que me transporto a un conmovedor orgasmo, algo indescriptible, algo que nunca había sentido, sintiendo que mis tetillas se erguían. Traté de contener mi orgasmo que estaba alterando la totalidad de mi cuerpo, sabía que estábamos haciendo algo indebido, pero el placer que me estaba produciendo me impedía detenerlo. Mi mano tapó mi boca para contener mis gemidos, mientras la lengua de mi hijo no dejaba de acosar mi sexo. Después de venirme estuve varios minutos tratando de recuperar el aliento, mientras en mi mente no podía organizar mis pensamientos, abrace la cabeza de mi hijo, agradeciéndole lo que me había hecho, cuando sentimos el auto de mi esposo llegar, corrí a mi dormitorio, para meterme en la cama, tratando de dormirme sin dejar de pensar en lo sucedido. A la mañana siguiente fui la primera en levantarme, cada vez que recordaba lo de la noche anterior me motivaba, cuando sentí que mi hijo, me abrazaba besándome el cuello, me entregue ante esa cálido demostración de cariño. - “Puedo tocar tus pechos? Me pregunto susurrándome al oído” - - “Si te agrada, hazlo” le contesté suavemente, sintiendo aflojarse mis piernas.. Comenzó a levantar mi camisón, hasta que sus manos se apoyaron en mis senos, apretujándolos suavemente, tocando mis pezones erguidos por mi motivación, apretándolos dócilmente, llevándome a pegarme a su cuerpo, inclinando mi cabeza contra su hombro, mientras sus manos recorrían mi candente cuerpo, llegando a mi abdomen, hasta meterse entre mi calzoncito, accediendo a mi sexo. Sentí mojarme al percibir ese acercamiento, no podía contener mi excitación ante esas sutiles y penetrantes caricias de mi hijo. Sentí bajar mi prenda, sin llegar a impedirlo, hasta que sus manos tocaron mis glúteos, sintiendo su verga apoyarse entre mis cachetes, me sentía transportar, con el deseo de ser poseída por mi propio hijo. Continuo bajándola, sintiendo su mano recorrer mis nalgas, hasta llegar a mi vagina, transitando mis humedecidos labios inferiores. Cuando unos pasos en la escalera detuvo nuestro encuentro tan lascivo, arreglando mis prendas rápidamente mientras Ben se sentaba a la mesa, tras ella bajo mi esposo y desayunamos como lo hacíamos habitualmente, aunque mi estado era bastante alterado. Mis movimientos, llegaron a delatarme, dado que mi esposo de una manera algo grosera, me dice - “Que te pasa mujer, pareces trastornada?” No dije nada y trate de calmarme, mientras mi cabeza no dejaba de pensar, aunque mi decisión estaba tomada, para bien o para mal. Mientras todos se preparaban para ir, mi esposo al consultorio y mis hijos a sus escuelas, me acerque a Ben y le dije: - “No vayas a la escuela”, mirándome con una sonrisa de oreja a oreja, me dio un beso en la mejilla y se fue, comprendí cual era su intención. Rato más tarde se fue mi esposo con mi hija para llevarla a su escuela, e ir a su consultorio, no solo sabía que contábamos con más de 5 horas para nosotros, sino que estaba dando un paso a algo prohibido, a un tabú, algo que no tenia explicación. a un deseo que no podía reprimir mas. Está bien, está mal, no sé, solo sé que lo deseaba, pero porque con mi hijo, podría haber sido otro, pero él me despertó de ese letargo, de ese mundo frio e irreal donde el sexo no existía. Sabia con que podía encontrarme, podía destruir la familia, pero creo que lo que haríamos valdría correr el riesgo. Apenas quede sola arregle las camas rápidamente dándole prioridad a la de Ben, me duché, perfume, colocándome mi mejor y más transparente camisón, traté de aligerar mi vello vaginal, terminándome acostando en la cama de mi hijo a la espera de un infrecuente y prohibido encuentro nupcial. ([email protected])

Autor: Sofia Categoría: Incesto

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Azucena, una compañera de oficina caliente

2019-09-16


Recuerdo que apenas había pasado un mes desde que empecé a trabajar para esa empresa. Un día, estando en la oficina arreglando una base de datos con la secretaria, entro una Sra. que jovialmente saludo a la secretaria y se pusieron a conversar. Mientras charlaban, note como la señora me hacía ojitos disimuladamente. Al irse, le pregunte a la secretaria quien era ella. Me comento que se llamaba Azucena y que trabajaba en la sección de planillas de la empresa. Un día me la encontré en la cafetería y terminamos comiendo juntos todos los días, cosa que aproveche para conocerla mejor. Azucena tenía 40 años, vivía sola, trigueña, de cabello corto castaño, algo gordita, un buen par de tetas, aunque algo falta en nalgas. Sin embargo, había algo que me ponía caliente respecto a ella. Un día, conversando con una compañera de trabajo, me entere que Azucena tenía fama de mujer fácil entre los compañeros. Un día, camino al trabajo, me la encontré esperando el bus en una parada y viendo que por lo visto, había perdido el bus de la hora, le di un aventón. En el trayecto, conversando pude notar que venía muy guapa, blusa blanca, saco y minifalda azul marino. Le pregunte a que se debía la ocasión y me comento que tenía una reunión importante y había que ir vestido profesionalmente. Me pregunto si así estaba bien, así que aproveche para decirle que se veía muy bien, cosa que la hizo sonrojar. Varias veces en el camino me pillo chequeándole las piernas. Cuando llegamos al trabajo, me dio un beso en la mejilla y me dijo que me veía en el almuerzo. Me pase toda la mañana pensando en Azucena y en esas piernas que me llamaron tanto la atención. Al mediodía, mientras comíamos y veíamos una revista que tenía consigo, se le cayó un papel que fue a parar debajo de la mesa. Cuando me agache a buscarlo, me quede un rato viendo las piernas cruzadas de Azucena un poco más de cerca. Justo en ese momento, las descruzo y las abrió de par en par, dándome una vista subliminal de sus bragas celestes. Como había demasiada gente en la cafetería en ese momento, me levante para no despertar sospechas. Cuando reanudamos la conversación, me pregunto si había visto algo que me hubiera gustado y le respondí que le quedaba bien el color celeste. Azucena me lanzo una sonrisa pícara cuando fuimos interrumpidos por otro compañero que quería sentarse en la mesa. Un viernes, faltando poco para salir, la secretaria de la oficina me llamo. Al parecer, tenía que venir el sábado a una cuestión de las hojas de tiempo de la oficina, pero también tenía una actividad en la escuela de la hija y que no podía faltar. Me pidió el favor de cubrirla al día siguiente con lo de las hojas de tiempo, ya que yo también tenía experiencia con la base de datos. Al principio lo pensé un poco, pero cuando me dijeron que me lo cargaban como sobretiempo, acepte sin problemas. Ese día, me dirigí a la oficina de planillas. Como no era día de oficina, todo el mundo estaba vestido bien sencillo. Azucena, que no dejaba de hacerme ojitos y sonrisas coquetas, llevaba puesto un vestido de verano verde, que al cruzar las piernas se le veían todos los muslos. Desafortunadamente, no me tocó ver lo de las hojas de tiempo con ella, pero desde donde estaba, podía verla cuando cruzaba las piernas todo el día y de vez en cuando, como abría las piernas para dejarme ver las bragas negras que tenía puesta. Al finalizar la jornada, me pidió el favor de darle un aventón hasta la ciudad. Al sentarse en el carro, el vestido se le corrió bastante, dejando la mayor parte de sus muslos descubiertos. Íbamos hablando de todo un poco y cuando llegamos a la ciudad, me pregunto si no era mucha molestia que la dejara en su domicilio. Viendo mi oportunidad, accedí y siguiendo sus instrucciones, llegamos a su apartamento. Nos quedamos conversando un rato en el carro hasta que finalmente me invito a subir a conversar, tomarnos unos tragos y quien sabe dijo. Nos sentamos en el sillón mientras conversábamos como siempre. Me pregunto si la encontraba atractiva y le respondí que sí. Se acercó a mí y me dijo que se había vestido así para mi justo antes de darme un beso en la boca. Mientras nuestras lenguas jugueteaban, mis manos apretaban sus tetas y su mano sobaba mi paquete y trataba de bajarme el zipper. Al quedar mi pene libre, se arrodillo frente a mí y empezó a mamármelo. Recorría mi pene con su lengua de arriba abajo y de vez en cuando me lamía los huevos y me los sobaba. Alternaba haciéndome una paja y mamando hasta que no aguante más y me corrí en su boca. Se lo trago todo y me siguió pajeando mientras me decía que le gustaba el sabor de mi semen y que era mía para lo que yo quisiera. Al rato de estar así, mi pene se fue poniendo duro de nuevo, entonces me dijo que quería que conociera su cama. Me guio hacia su cuarto agarrando mi pene con su mano. Una vez dentro, me pidió que le ayudara con su vestido. Le desabroche la parte de arriba y le quite el sujetador. Azucena se quitó el vestido quedando solo con la tanga negra. Se acostó en la cama y se abrió de piernas. Me acomode y procedí a quitarle la tanga. Se la quite con fuerza y pude notar que estaba completamente rasurada y mojadísima. Hice que se levantase un poco y le puse una almohada debajo para tener mejor acceso. Empecé a lamerla empapando mi cara en sus jugos cuando me apretaba la cabeza contra su concha. Al rato me dijo que no aguantaba más y que la penetrara. Se la metí de un solo golpe y empecé a bombearla con todas mis fuerzas. Solo se escuchaba los gemidos de Azucena y el rechinar de la cama. Azucena rodeo mi cintura con sus piernas y sentía como su pelvis se meneaba sincronizándose con mis embestidas. Finalmente no pude más y termine viniéndome dentro de ella. Sudados, me separe de ella y quede sentado frente a sus piernas abiertas viendo mi leche chorreando de su enrojecida concha. Se pasó un dedo recogiendo rastros de mi semen y se lo metió en la boca, diciéndome lo delicioso que era. Quedamos acostados juntos abrazados mientras Azucena me agarraba el pene y me lo frotaba una y otra vez. Todavía quería guerra y yo estaba dispuesto a darla.

Autor: Beast Categoría: Transexual

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Consiguiendo los tres fluidos

2019-09-16


Mi pervertida aventura para conseguir los tres fluidos con los que rellenar mis botas de agua fetiche. Hoy, un domingo de Abril cualquiera me levanté de la cama y lo primero que hice fue ir directa al baño y me desnudé para posteriormente calzarme mis botas hunter y darme placer a mi misma durante un buen rato, al fin y al cabo vivo sola y puedo permitirme masturbarme en la ducha el tiempo que sea necesario. Tengo 32 años y, en este tiempo he tenido demasiadas experiencias sexuales, por lo que el sexo y la masturbación para mi dejaron de ser un tabú hace mucho. Comencé acariciando lentamente mi sexo durante un rato enfrente del espejo, tras casi un minuto, paré y empecé a acariciar mis piernas, mis pechos (lametones de pezones incluidos) y mis perfectos gluteos, sentía que me estaba poniendo más y más cachonda por momentos, me descalcé de mi katiuskas y las puse bajo mi coño para que mis botas obtuvieran mi preciado fluido del placer, ya que estaba empezando a gotear, y seguí tocándome, segundos después, cuando no me faltaba demasiado para correrme, decidi calzarme de nuevo mi bota y ponerme de pie para intentar tener un squirt, que, según leí en un foro de Internet, para realizarlo correctamente tenía que relajar la uretra antes de llegar al orgasmo. Seguí haciendome un dedo y el placer fue cada vez mayor, hasta que empecé a gemir, relajé la uretra y empecé a gemir en voz alta de placer, me corrí (squirting incluido), pero algo pasó y acabé meándome y parte del pis acabó dentro de mis botas, pero acabé muy relajada, ahora me tocaba ducharme. Tras la ducha estuve pensando en lo que acababa de hacer, y es que calzarme mis katiuskas aumentaba mi confianza, e introducir mi orín y mi corrida en ellas aumentaba mi perversión de forma moderada, aunque le faltaba un ingrediente mágico: la corrida de un hombre. Me dispuse a salir a la calle ataviada con unos pantalones de cuero negros, una camiseta escotada a juego con ellos y unas katiuskas hunter color rojo intenso que previamente habian sido mancilladas y combinaban con el color de mis labios, aunque, de hecho, durante ese mes de abril no llovía demasiado, pero me resultaba indiferente porque esta vestimenta acentuaba mis curvas y me hacía sentirme más sexy, deseada y más pervertida que nunca. Entré al supermercado y al cabo de varios segundos pude observar que dos chicos me miraron con cierto descaro, los ignoré, seguí comprando y ví al primero de ellos en el pasillo de los detergentes, cruzamos miradas y me desvió la suya instantaneamente, no voy a llevar en mis botas el semen de alguien que no es capaz de mantenerme la mirada, seguí comprando, esta vez fuí al pasillo de los preservativos, es importante que mis sucios y fugaces compañeros de cama estén bien protegidos, al llegar, me crucé con el otro de los chicos que ví al entrar al supermercado, pero este me mantuvo la mirada y sonrió de forma muy pícara, sonreí ligeramente, pero eso no era suficiente para que yo me interesara por él, ya que puedo tener a casi cualquier hombre, asi que se lo tendría que currar más, fuí a coger un paquete de 8 unidades de preservativos, los cuales estaban bajo el nivel de la cintura, tuve que agacharme y, antes de coger el paquete miré hacia los lados y observé al chico mirandome, seguramente estaría mirandome las tetas, mis ajustados pantalones o mis botas de agua, no estaba segura, pero este fue el gesto que me llenó de determinación para ir a hablar con él, un hombre no te mira dos veces si no le interesas. Al hablar con él iniciamos una conversación parecida a la siguiente: Yo: Perdona chico, ¿puedes decirme qué preservativos son más comodos? Los normales o los ultrafinos? Él: Diría que los ultrafinos. Por cierto, no he visto demasiadas veces a una chica comprar condones masculinos, debes de tener una vida sexual plena. Yo: Jajaja, que va. Él: Entonces tienes novio? Yo: A veces sí. Él: A veces? Yo: (de forma lasciva) Pero ahora no. Él: (Levantó el entrecejo) Yo: (Al oído) Sabes? Vivo aquí al lado. Él: (Rojo como un tomate) !Ah! !Que bien! Yo: Te veo un poco tímido, mira, según salgas del supermercado, ve a la derecha al primer portal, te espero allí en 10 minutos. Él: (No dijo nada) Fuí a caja a pagar, ver a este chico me hizo recordar mi adolescencia cuando yo era tan tímida con los hombres, antes ellos elegían que querían tener sexo conmigo, ahora yo elijo quien me penetra y cuando. Llegué al portal y ya estaba el chico del supermercado esperandome, debe de estar sediento de sexo. Llegamos a mi piso, se quedó esperando en el salón mientras yo me cambiaba y me ponía mi traje de látex rojo a juego con las katiuskas que llevaba puestas, volví al salón y me lo encontré tumbado en el sofá completamente desnudo y haciendose una paja, al verme, comenzó a acelerar el movimiento. Estaba yo de pie frente al sofá y, sin yo decirselo, se puso a cuatro patas y empezó a tocar y lamer mis botas, le permití regocijarse en ellas un rato, hasta que me cansé y ambos nos tiramos en el sofá, yo me puse encima de él evitando la penetración (todavía le tocaba sufrir un rato más) y rozando con mi coño su polla para ponersela más y más dura, hasta que se corrió y me manchó el coño por fuera, le obligué a lavarmelo en la ducha y también a oler el interior de una de mis botas con orín durante un rato, creo que la situación hizo que se pusiera más cachondo y eso le dejó listo para una segunda sesión. Durante la segunda sesión fuimos a la ducha, tuvimos los condones a mano, nos metimos en la bañera y comenzamos a embadurnarnos con jabón, él, embadurnó mi cuerpo con jabón para dejar brillante mi traje rojo de latex, puso especial énfasis en mis perfectos pechos, yo le acaricié un poco los pectorales y después me centré en su polla, una vez limpia, la enjuagué con agua y comencé a jugar con ella en mi boca mientras acariciaba su pezón, empece a escuchar sus gemidos, que lentamente iban a más, era la hora de sacar un condón, introduje su polla en el interior del condón y él no tardo en empezar a follarme hasta que nos corrimos, mi orgasmo fue tan grande que salpiqué al chico, y de hecho, creo que parte mi corrida acabó en mis botas. Ahora mismo tenía tres ingredientes que aumentaban mi confianza: -Mis botas de agua hunter -Mi orín dentro de ellas -Mi corrida Me faltaba el cuarto, que es el semen de un hombre, y tenía disponible en el condón, le dije al chico que ya habiamos acabado, se vistió y salió por la puerta apenado, es normal, sabe que dificilmente volvera a tener otra experiencia como la que le acabo de proporcionar. Volví al baño con unas tijeras, cogí el condón, lo introduje en mis botas y lo corté a la altura del semen para que goteara dentro de ellas. Había conseguido el cuarto ingrediente.

Autor: Canaan Categoría: Fetichismo

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Guardando su virginidad para mi

2019-09-16


Me dedicaba a pasear por la escuela como normalmente lo hacía, observando a cada chica del colegio y esperando descifrar cual de todas llevaba la etiqueta de lesbiana oculta, o por lo menos bisexual. como siempre nunca lo lograba, dedicaba sonrisas coquetas pero ninguna de ellas tenía respuestas agradables solo miradas de desconcierto hacia mi…- Deja de intentarlo, sin duda eres pésima en esto lau- escuche decir a mi amigo Antonio mientras su mano rodeaba mi cintura, solo él me decía lau pero mi nombre completo es Laura- Vamos, no puede ser que después de tanto tiempo no pueda tener una oportunidad de un buen sexo con alguien- dije un poco desanimada… la verdad es que yo no carezco de atractivo visual, soy estatura promedio, piel clara, ojos verdes, labios carnosos y sin duda mi cuerpo no es la excepción puesto que soy parte del equipo de futbol en la escuela…- Ya ven vamos a comer algo- dijo Antonio. Estando en la cafetería no esperaba que nada nuevo pasara, sin duda me equivocaba, me levante de la mesa porque ya había terminado mis alimentos y estaba limpiando la mesa, porque en ese aspecto no soy de las que suele dejar todo sucio, soy considerada con las personas de limpieza. Estaba parada justo en medio del pasillo apurando a Antonio. - Vamos Antonio, date prisa, no quiero llegar tarde esta vez a clases- le dije en un tono de berrinche. de pronto escuche esa voz tan dulce – podrías darme permiso- dijo ella, sin poder mover mi cuerpo por aquella impresión que me lleve por lo hermosa que era esa chica. teníamos la misma estatura, su piel morena-clara, y un cuerpazo que a cualquiera podía dejar boquiabierto, pero sin duda sus ojos color café claros, podían hacer perder a cualquiera en ellos, la recorrí con la mirada de arriba abajo y por lo que pude percatar ella hizo lo mismo. -Disculpa guapa, no era mi intención invadir todo el pasillo- dije en tono coqueto, ella solo sonrió. Quede impactada, durante clases no pude pensar en otra cosa que no fuese ella y su tremendo cuerpo y en esos ojos que me transportaron a otra dimensión. Quería verla de nuevo, una y otra vez. Volví a verla un par de veces hasta que me anime a hablarle, charlamos y me dijo que se llamaba Camila y coincidimos en muchas cosas y con el paso del tiempo nos hicimos muy buenas amigas, aunque mis intenciones con ella eran diferentes, sin embargo, nunca se lo dije, había algo que me decepcionaba cada vez que yo intentaba declararle mis sentimientos y eso se debía a que ella coqueteaba con todo aquello que le hablase. Un día después de mi entrenamiento de futbol me dispuse a buscarla estaba decidida a decirle lo que sentía. - has visto a Camila- pregunté a una de sus compañeras- Esta en la cancha- me dijo en un tono pícaro, creí que era porque yo la buscaba, mi sexualidad no es un tabú en la escuela, sin duda todos sabían de mi orientación. Me apresuré para encontrarme con ella, para mi sorpresa Camila estaba muy bien acompañada, ese chico tenía su mano en su seno y hacia ligeros masajes, el sujetaba su boca y ella parecía agitada, parecía gustarle, o al menos eso pensé. Cuando el chico en un movimiento ágil bajo la bragueta de su pantalón y saco su miembro, decidi que debía marcharme. cuando di media vuelta escuche a Camila- Basta déjame ir- dijo ella en un tono que hizo que mi sexto sentido tomara el control algo no estaba bien- Oye déjala- grite, el chavo la soltó y Camila corrió a mis brazos, llorando. El intentaba abusar de ella- Deberías ser menos coqueta, así evitarías todo esto- dije un poco molesta- Yo no coqueteo con nadie, solo trato de ser amable con todos-dijo algo decepcionada de mi comentario, le pedí disculpas por ello, pero decidió irse a su casa. Durante 2 días ella no se presentó al colegio. La fui a visitar, toque a su puerta y enseguida me abrió, - Estas sola- pregunté, ella asintió con la cabeza, sabía que era mi oportunidad- Pasa- me dijo, entre y me senté en el sillón. Estaba a punto de preguntarle de él porque no había asistido a clases, pero ella tenía otros planes, Mientras entraba a su casa me percate que solo tenía puesta una blusa sin mangas, alcanzaba a cubrir sus piernas. una vez sentada en el sillón quise decirle, pero ella sin si quiera esperarlo me beso- Suaves!! Me imagine que serían así pero no tanto- quede asombrada, ella era muy sociable nada tímida y que hiciera eso no me sorprendía, pero sí que fuese a mí a quien lo hiciera. -Como no te has atrevido a decirme nada, decidí que debía hacerlo yo- solo sonreí. comencé a besarla. Pero sus besos subieron de tono, mis ansiedades de tener relaciones con alguien hicieron que mi cuerpo se calentara en un segundo, ella al sentir mis besos en su cuello comenzó a jadear. Era mi oportunidad -Vamos a tu cuarto sí!!- ella se paró y me llevo a su habitación, la acosté en la cama y comencé a besarle el cuello, mi mano recorrió su pierna de arriba abajo y ella soltaba pequeños gemidos, sin desperdiciar el tiempo me subí sobre ella, retire su blusa y deje al descubierto aquellos senos tan perfectos y que de solo pensar que podía hacer lo que quisiera con ellos mi cabeza comenzó a darme vueltas, baje por su cuello dejando pequeños besos y acelerando su respiración, tome uno de sus senos entre mis labios y ella soltó un ligero gemido, besaba su abdomen y ella seguía disfrutando, baje mi mano sin pensarlo y deseando tanto tocar el sexo de Camila, jale un poco su pantaleta hacia abajo y sentí como su cuerpo se tensó- lau, y-yo amm- no he hecho esto antes- dijo, sonreí sin despegar mis labios de sus senos, levante la mirada- no te preocupes, te diré que es lo que hacemos las chicas- dije sonriendo, y tratando que se relajara, sujeto mi cabeza y la levanto hasta que nuestros ojos se encontraron-lau, s-soy virgen- me dijo con una mirada tímida, no podía creerlo, mi cabeza decía vamos hazla tuya, pero mi corazón me pedía que parara, estuve a punto de detenerme, y al parecer ella lo noto, me sujeto de los brazos para impedirme que bajara de ella, la mira confundida,-por favor, he esperado esto hace tiempo y estoy segura que seas tú- me dijo mientras sus ojos no se apartaban de los míos. Después de esas palabras solo me dedique a sonreírle, no podía decir más ella me estaba entregando lo más valioso para ella y definitivamente yo no pensaba arruinarlo con palabras, proseguí besando sus senos y comencé a bajar, deje besos por todo su cuerpo. Abrí sus piernas despacio mientras las escuchaba agitarse, bese sus piernas y lamí a un costado de su entrepierna, cuando introduje mi lengua en ella, su cadera se levantó y un gemido que me excito por completo salió de su boca, continúe lamiendo su clítoris y ella comenzó a desesperarse- Lau, yaaa. hazme tuya por favor- sus deseos eran órdenes para mí, despacio comencé a meter mis dedos en ella, la veía morderse los labios sin dejar de gemir, cuando mi dedo estuvo por completo dentro de ella comencé a moverlo y conmigo sus caderas a la par, Camila me hizo sacar mi dedo el cual estaba cubierto de su virginidad. Por alguna razón eso me excitaba y a ella parecía gustarle, -he visto algunos videos y quiero ponerlos en práctica contigo-quede asombrada, hizo que me sentara en la cama y se subió sobre mis pierna, chupo dos de mis dedos y los metió en su entre pierna y comenzó a moverse, mordía mi oreja sin detenerse- estoy a punto- la escuche decir rápidamente la baje y la coloque de rodillas, baje su cabeza un poco y deje descubierta su entre pierna, lamí su clítoris mientras ella me suplicaba mas, metí 2 de mis dedos- Siii, asiii, no pares lau- me decía con la voz entre cortada, cuando grito que estaba por venirse la puso boca arriba y cruce mis piernas sobre las de ella, su clítoris rosaba el mío y comenzamos a movernos sin poder parar hasta que las 2 tuvimos un orgasmo, Camila me puso de espaldas y comenzó a besarme abrió mis piernas y lamio mi clítoris su lengua recorría de arriba hacia abajo sin parar hasta que me hizo venir en su boca. casadas decidimos dormir un rato, pero Camila después de un rato tenía intenciones de seguir en la cama.

Autor: yunny24 Categoría: Sexo Lésbico

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De verdad te gusta tanto el sexo oral?

2019-09-16


Una mujer casada deseando tener un encuentro morboso que la haga disfrutar sobre todo de sexo oral, tema en el que su marido flojea. DE VERDAD TE GUSTA TANTO EL SEXO ORAL? Eso fue lo que me pregunto cuando la conversación del chat empezo a hacerse más intima. Los 2 estabamos casados y ambos queríamos un encuentro sexual que fuese intenso, que nos hiciera estemecer al recordarlo. Me gusta que los encuentros con mujeres casadas sólo sean una vez, nada de complicaciones, es cierto que a veces "reincido" pero dejando pasar tiempo y solo con aquellas mujeres que se portan muy bien en la cama. Disfruto calentandolas, me gustan las mujeres ya de por si calientes, señoras en la vida y muy putas en la cama. Que le iba a decir, pues que ninguna se había quejado, y que lo mejor no era hablar sobre ello, sino probarlo. Se que soy bueno con el sexo oral, no es que ninguna se haya quejado, sino que la mayoría quedan sorprendidas y agradecidas. Me dijo que no tenia mucho tiempo libre y que su marido era un tanto celoso, por lo que lo mejor que podíamos hacer era aprovechar una época que ella tuviera mucho trabajo, que sacaba adelante haciendo alguna hora extra, y quedar en su lugar de trabajo, un oficina en un piso céntrico en la ciudad. Me explico que la semana siguiente tenían mucho trabajo y que iba a quedarse casi todas las tardes una hora mas en la oficina, que tenía las llaves y que se encargaría de que ese día no hubiera nadie. Por mi encantado, he de decir que tampoco me importaba que me pillasen follandomela, al fin y al cabo no conocia a nadie en ese negocio y la única que se jugaba su reputación era ella. Al parecer alguien le había hablado de mi, y tenia ganas de echar una cana al aire, y como decía que su marido no conseguia llevarla al orgasmos comiendole el coño pues quería probar si realmente yo era tan bueno como presumia. Quedamos en tres días, yo acudiría sobre las seis y media de la tarde y tocaría 2 veces el timbre y al minuto otras 2 veces. Asi lo hice, fui vestido bastante normal, con mis vaqueros y una camisa de manga larga, me gusta que el sexo casual sea de verdad casual, a no ser que la mujer quiera verme vestido de manera especial. Alli llegue, con 5 minutos de retraso, me gusta hacerme de rogar, jejeje eso le dan un poco de más emoción. Alguna vez me ha pasado que a pesar del intercambio de fotos a la chica no le ha gustado mi aspecto, y al final todo a quedado en agua de borrajas. Esperaba que esta no fuera una de esas veces, no es lo normal, por que con la incertidumbre y los nervios las mujeres suelen calentarse bastante y en cuanto llegas y te lanzas de la forma que creas conveniente acorde a la personalidad de la mujer y sus espectativa la cosa suele rodar. Toque con la contraseña adecuada y abrieron la porteria sin preguntar nada, subi en el ascensor hasta la oficina y encontre la puerta abierta ligeramente, empuje y alli estaba ella, una rubia con una cara preciosa, algo entrada en carnes pero con un cuerpo muy atractivo mucho mejor que en las fotos, con un minivestido con mangas, que mostraba ligeramente su escote, de color azul con flores blancas. Le dije hola y se acerco a darme un beso, ante esos labios tan sensuales y claramente recien pintados de rojo intenso, y sabiendo que lo que ella buscaba era sobre todo sexo oral, le robe directamente un beso en los labios, entre abriendo los mios pero todavia sin meter la lengua. Quedo ella sorprendida pero claramente le gusto el beso. Un minuto dijo, poniendose ligeramente colorada, cerrando la puerta con la llave por dentro. Me indico que la siguiera a una habitacion que resulto ser la sala de reuniones, con una alfombra mullida y claramente cara y una mesa enorme ovalada de madera maciza y clasica donde perfectamente se podian sentar 12 personas. En ese momento me fije que debajo del vestido llevaba unas medias con liguero, negras y agarrandola de la mano la giré y esta vez si le plante un morreo metiendo ya parte de mi lengua dentro. Mientras con mi mano derecha toque su trasero firme y redondo, comprobando que llevaba un tanga también. Tras separar las bocas un momento la volví a besar, pero esta vez deje que fuera ella la que metiera su lengua en mi boca. Nos besamos un par de veces mas, y ella estaba ya claramente caliente, solto un par de botones que mantenian sujeto su vestido y lo dejo deslizar sensualmente hasta la alfombra. Ya la tenia delante mia y estaba seguro que se habia cambiado la ropa interior mientras yo llegaba, no creo que hubiese ido asi a trabajar desde antes. Llevaba un conjunto negro de lenceria con sujetador que realzaba sus firmes y hermosas tetas, debia de tenia una talla mas bien grande, pero se mantenian tiesas, bajo el encaje del sujetador asomaban las aureolas de los pezones, oscuras y grandes de esas que te dan ganas de chupar y pellizcar. A juego con el sujetador el tanga y el liguero, el tanga tenia también encaje y el triangulo era de una transparente y suave tela que mostraba su vulva totalmente depilada. No perdi el tiempo y me deshice de mi camisa, mientras disfrutaba del espectaculo de esa hermosa rubia que tenía un gusto exquisito para la ropa interior. Ni que decir tiene que mi entrepierna ya empezaba a tener un bulto importante, no es que yo tenga una gran herramienta, pero cuando se me pone dura marca su forma en el pantalon. Ella miro mi boca, que ya habia probado con los besos y puso su mano encima de mi verga, yo aproveche para empujarla del culo acercandola hacia mi para que sintiera mi bulto rozar su coño por encima de su tanga. La reacción de ella no se hizo esperar, sonriendo picaronamente, se separó lo justo para bajar mi cremellera, soltar el cinturon y el boton del pantalon y bajarlo junto con los boxer ligeramente para poder ver mi polla, sus ojos brillaban con satisfacción y su cara tenia una mueca traviesa que me puso a mil. Mientras ella metia su mano para apretarme la polla, aproveche para soltar el sujetador y dejar los tirantes caer por sus brazos liberando aquellas preciosidades de su prision. Se me hacia la boca agua deseando chuparlas y besarlas. Pero volvi a besarla en la boca, apretando contra mi pecho su cuerpo para sentir sus duros pezones. Ella movio los brazos para librarse del sujetador y yo le bese y lamí el cuello, ella levanto su cara facilitando el trabajo de mi boca. Mientras con mi mano toque su entrepierna en el punto mas bajo, el tanga estaba totalmente mojado. Bese y lami sus hombros y luego levemente chupe su pechos, un estremecimiento recorrio su cuerpo y un suspiro salio de su gargante. Paré para quitarme los zapatos, pantalones y boxer, Y en su cara vi una muesca pues estaba claro que esa leve interrupción no era de su agrado, para compensarla meti los dedos de una mano en mi boca y los chupe uno a uno, para luego subir con mi boca y mi lengua por el interior del brazo, la zona mas sensible hasta llegar a su axila, perfectamente depilada para la ocasion. De ahi volví a los pechos y ya una de sus manos descansaba sobre mi cabeza, signo claro de que no deseaba que el paseo de mi boca y mi lengua terminase alli, Mientras con su otra mano acariciaba mi espalda. Una vez que ya estube comiendole las tetas un rato, segui lamiendo y besando hacia abajo, parando ligeramente en su hombligo, bien definido y precioso, donde habia un piercing con el que jugué con mi lengua. Para gozo de mi compañera, por fin llegue a su tanga y bese y lami sobre la tela, cosa que probocó gemidos de su dueña, luego tiré con mi boca para abajo, descubriendo esa bulba mojada y su clitoris marcado en el centro. Solte el liguero y le dije "quiero que te dejes puestas las ligas, el liguero, las medias y los zapatos de tacón. Voy a quitarte solo el tanga, Lo deslice hasta abajo, donde con un experto movimiento de sus pies salio despedido por encima de la alfombra. Volvi a subir hasta donde las medias dejaban al descubierto sus suaves piernas y empece a lamer hacia arriba, hasta llegar al coño, que para entonces ya tenia tan empapado que se veian las gotas en la entrepierna. Rocé con mi lengua el coño saboreando su esencia pero no paré, baje hacia la otra pierna que quería recorrer con mi boca y mi lengua también. Eso la sorprendió dejandola deseando ya tener mi boca ya comiendole el coño. Entonces la empuje levemente hasta el borde de la mesa y levantandola puse su culo sobre ella y sus tacones sobre mis hombros, dejando todo su coño mojado y reluciente abierto totalmente a mi, con su boton del placer hinchado y colorado. Entonces puse mi lengua abriendo los labios con ella y recorrí todo su coño de arriba abajo lentamente recogiendo parte de sus líquidos, ella ya sujetaba mi cabeza con sus manos, pidiendome que le trabajase el clitoris, pero yo mantuve el ritmo y la hice desearlo mas todavia, mi lengua se abrió camino en su vagina provocandole placer que expresaba con leves gemidos, luego pase a poner mis labios encima de su clitoris abriendolo, succionandolo y por fin lamiendolo y alternando lamidos y golpes con mi lengua. Empece con un ritmo suave, y fui acelerando, me propuse conseguir que se corriera 2 veces, notaba en mi barbilla como su coño se mojaba mas y mas. Su mano sujetaba ya mi cabeza con fuerza, y ella gemia cada vez mas fuerte, y yo seguí lamiendo y su clitoris cada vez mas rapido y con mas fuerza. Soltó un grito como de animal salvaje, su coño se apreto contra mi boca, mientras mis manos pellizcaban levemente sus duros pezones, y su cuerpo se arqueó acompañando aquel genial orgasmo, ni que decir tiene que mi verga estaba dura como una piedra esperando su turno. Baje mi boca a su vagina para degustar el fruto de mi esfuerzo, tenia un sabor genial, como era de suponer, de esa forma ella se relajo un poco despues del orgasmo. Calcule un minuto o minuto y medio y con mi boca volví a recorrer el camino hacia su clitoris de nuevo, no sin antes meter todo lo que pude mi lengua en su vagina unas cuantas veces, como si de una pequeña verga se tratara, lo que le hizo volver a gemir de gusto pero mas levemente. Su mano sobre mi cabeza se tenso, esta vez baje una de mis manos a su coño y mientras volvía a comerle el clítoris de esa manera que yo lo hago, la penetre primero con 1 dedo y luego con 2, Intentando llegar lo mas cerca de su punto G arqueando mis dedos, los tengo largos como los de un pianista y eso me permite dar gran placer con ellos. Esta vez el orgasmo llego antes al ser provocado a la vez sobre el clitoris y con la penetración de mis dedos. Gimio todavía mas fuerte y cuando su cuerpo se tenso para alcanzar el orgasmo en su puento mas fuerte, en vez de un gemido una palabra salió de su boca "caaabrooon" grito mientras se corría con una intensidad que me sorprendió. Segui comiendole el coño y penetrandole con los dedos hasta que vi que había llegado al fina. Con mi otra mano estuve todo el tiempo pellizcandole los pezones alternativamente, no se quejo de ello en ningún momento, pero claramente me excedí un poco pues se los dejé totalmente rojos y duros. Subí mi boca y los dedos hasta su cara, metí los dedos recien sacados de su coño en su boca y con avidez los chupo, saboreandose a si misma. Y la bese en la boca mezclando nuestras salibas y los liquidos soltados por su coño. Algo que me encanta y ella supo apreciar. Le dije, ahora te toca a tí, le cogi una mano y la ayudé a bajar de la mesa, me senté en una silla y abri mis piernas para facilitar la mamada, ella se arrodillo ante mi poniendo comodamente su boca a la altura de mi polla, levanto mis huevos con su mano y me los chupo para luego enterrar mi dura verga en su boca, estaba claro que el nivel de excitación que llevaba era grande, pues su boca salivaba y la saliva goteaba por mi polla cada vez que levemente la abría para acomodarla. Se notaba que le gustaba comer pollas, sabia como hacerlo y chupaba ligeramente mientras con sus labios apretados recorria mi miembro arriba y abajo, con gran placer y su lengua jugaba con mi glande. Lo hacía con tal maestria que en unos minutos llegue al orgasmo corriendome, aprete levemente su cabeza sobre mi verga justo cuando me iba a correr, a ver cual era su reacción, no sabia si querria tragarse mi corrida o no. Al parecer estaba tan excitada que ni se inmuto cuando solté mis chorros de leche dentro de su humeda y caliente boca. Se trago toda mi corrida sin pestañear, y saco mi polla de su boca apretando con sus labios de tal manera que la saque totalmente limpia. Eso me excito aun más, y en cuanto vi que ya se había tragado todo, volvi a besarla en el cuello, levantandola y levantandome yo. Luego la bese en la boca y aprete su cuerpo contra el mio, mi polla que había perdido parte de su dureza rozaba su coño, y con el rato que estuvimos besandonos y acariciandonos volvio a recuperar parte de su dureza. Le dije "ponme el preservativo que llevo en los pantalones, que voy a follarte", ella saco el preservativo del bolsillo de mi pantalon y con gran presteza y medio jugando me lo puso, con el toqueteo y las atenciones mi verga ya se puso en condiciones de penetrarla. Le dije, "ponte a 4 patas sobre la alfombra " y asi lo hizo, dejandome su culo bien visible, cosa que me excito mas aun. Con mi mano acaricié su coño haciendole una suave paja, que agradeción humedeciendose de nuevo, me fijé que ya con la paja ella empezaba a jadear, eso quería decir que iba a tener otro orgasmo, me encanto y le meti la polla de un golpe hasta la mitad, de la embestida le fallaron los brazos y su cara termino contra la alfombra, pero a ella ya le daba igual, empece a follarla con fuerza manteniendo la frecuencia de penetración para que fuese disfrutando de alcanzar el orgasmo, Me sentía tan excitado y su coño apretaba mi polla de una manera que me costaba no correrme, menos mal que ya me había corrido una vez, o no hubiese podido llevarla al orgasmo con ese placer. Ella movio una de sus manos hasta su coño y sus dedos tocaron mi verga entrando y saliendo, lo cual incremento la intensidad de sus gemidos, tenía la cara contra el suelo y los ojos cerrados y con esa mano que primero sintio mi verga entrando y saliendo de su coño empezó a pajearse acoplandose al ritmo de mis embestidas, no pude evitar palmear sus nalgas, auque evite hacerlo demasiado fuerte, no fuese que su marido notase luego algo. Asi, con mis manos azotando sus nalgas, su mano pajeandose el coño y mi polla follandola alcanzo otro orgasmo que volvió a marcar con un aullido de animal salvaje. Eso me excito, me encantan las mujeres que gritan asi al alcanzar el orgasmo, asi no hay duda de que se llegan. Y entonce deje de aguantarme la corrida y eyacule dentro del condon en su estrecho coño, con gran placer. Ella quedo alli tumbada, derrumbada en la alfombra un rato. Y yo a su lado. Nos besamos un poco mas y mientras nos vestiamos me djio "si que eres bueno con el sexo oral, ha sido increible" Le pregunte "porque en el segundo orgasmo mientras te comia el coño gritaste "cabron"? Ella respondio mirandome a la cara "Por que me has hecho sentir un placer que pienso que nunca mas voy a sentir de esa forma y eso es una cabronada, Mas cuando ya hemos aclarado que no vamos a volver a tener otro encuentro" Y con estas me beso y me acompaño a la puerta. ([email protected])

Autor: Jose Categoría: Infidelidad

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Angel

2019-09-16


Reencuentro 30 años después... Me desvirgué a los 18 con mi novia, con quien llevaba algunos años saliendo. Hablo del coito “normal”, pues analmente ya habíamos tenido experiencia previa, por aquello de no arriesgar posibles embarazos. Sorprendentemente a ella no le disgustaba. A mí, pues no hace falta decirlo ... Habían habido infidelidades por su parte, pero éramos jóvenes y yo tolerante. El problema es que el día del desvirgamiento, al finalizar el acto, hizo un comentario que me dejó pasmado: “por fin podré hacerlo con otros …”. Y al poco me dejó. Lo pasé realmente mal durante mucho tiempo. Pero la vida da muchas vueltas, y 30 años después recibí un mensaje por la típica red social que todos tenemos. “Te veo bien”, decía simplemente. No sabía quién era y preguntando me confesó que era mi ex. Me buscó aquel verano por las redes. Descubrí más tarde que su marido estaba con sus hijas de vacaciones y ella se quedó sola trabajando. Se debió sentir sola … Quedamos a la salida de su trabajo. Cuando la vi salir, lo primero que pensé fue “qué hija de puta, qué buena que está”. Realmente quedé impactado. Ella, como si nada, me dio dos besos, que si se alegraba mucho de volverme a ver, que qué tal mi vida … Me invitó a su casa, explicando que estaba sola. Y allí fuimos. Llevaba un vestido veraniego con vuelo y unos zuecos. Al llegar, nos sentamos en el sofá y se quitó el calzado. Cuando llevábamos un rato hablando de las típicas tonterias me preguntó si me podía dar un beso. Evidentemente dije que sí. Pero su beso fue un morreo en toda regla, sentándose a horcajadas encima de mí. Al poco de aquel intenso beso, me vi con una erección de caballo y los pantalones me apretaban. La levanté un segundo para quitármelos y ella aprovechó para quitarse el vestido. Su piel era suave, bronceada y olía como yo recordaba. Sus pechos, pequeños pero firmes y bien formados, quedaban a la altura de mi boca y no pude contenerme de besarlos, lamerlos, chuparlos, … Sus diminutas braguitas negras estaban totalmente empapadas. Ella jadeaba y yo, medio mareado de la excitación y la sorpresa, me quité los calzoncillos. Ella sus braguitas. Pude ver el curioso arreglo de su vello púbico. Depilado, pero con una línea central de vello largo y liso. Inmediatamente me cogió el pene y se lo apuntó a la entrada de su sexo sorprendentemente super húmedo. Ni que decir tiene que cuando bajó su cuerpo y mi miembro se clavó en su interior, la locura se apoderó de mí. Me espabilé cuando ella empezó a subir y bajar de manera descontrolada. ¡Dios! Era una diosa del sexo. Nuestros cuerpos chocaban con un sonido que inundaba el comedor cuando ella sugirió ir a la cama, a su dormitorio. Y aquello fue brutal. Dominado por la locura de aquella mujer que nunca dejé de amar, empecé a empujarla con mis caderas. Por un momento me preocupaba el sonido de la cama chocando en la pared, por los vecinos, pero al ver su cara y sus ojos entornados no pude más que empujar más y más fuerte. “¡cabrón! ¡joder!” me decía. He de decir que se le escapó una vez el nombre de su marido, y se disculpó, pero a mí no me importó. Solo me entró envidia de aquel hombre, que podía disfrutar cuando quisiera de aquella hembra. Me sorprendí a mí mismo de la capacidad de aguante antes de correrme y de la fuerza de la erección. Pero era lo que aquella mujer me provocó. Tras escuchar el grito de su orgasmo, sentí con mi pene una lubricación extra en su interior. Acto seguido, saqué mi verga y gritando me corrí en su vientre y tetas mientras la miraba a los ojos. Esos ojos que siempre me han enloquecido. Con toda naturalidad, empezó a fregarse mi semen en su cuerpo, mi polla y testículos, con una sonrisa maléfica, mordisqueándose la punta da la lengua con sus dientes y labios. Tras un descanso y algunas caricias suyas, mi pene estaba listo de nuevo. Y su sexo otra vez húmedo. Esta vez la puse de espaldas, tumbada en la cama y empecé a cabalgarla como si no hubiera un mañana. “!Qué bien me cabalgas, cabrón!” decía mientras jadeábamos. Cuando le confesé que no podía más me dijo que me corriera fuera y volviera dentro, que ella no estaba todavía. Pero resistí y se corrió. Resistí, sí, pero calculé que por poco tiempo. Así que aprovechando la posición, saqué mi miembro, separé sus nalgas con las manos, y sin previo aviso se la clavé en el culo. Por venganza, creo yo. Gritó de dolor y me insultó. Hijo de puta, o algo así. Cuatro movimientos en aquel irresistible agujero estrechito e inundé su culo con mi leche. Fue como recordaba. Casi me desmallo de placer. Me vengué y ella, aunque cabreada, tuvo que aceptarlo. Por el daño que me hizo tiempo atrás. Tuvimos algún encuentro furtivo más. Su casa, en mi trabajo cuando no había nadie, en el coche, … pero con el tiempo ella prefirió desaparecer de nuevo. Lástima. Nunca la olvidé y nunca la olvidaré.

Autor: apunto Categoría: Confesiones

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El peor regalo de cumpleaños

2019-09-16


Por fin llego el día, me puse de acuerdo con mis amigos para ir a una disco, por fin me dejarían entrar, saque mi mejor tenida, un vestido muy ceñido, soy bajita pero bastante curvilínea, mis rizos rozan mis senos. - Ale estas lista?? A qué hora pasamos por ti?? - mmm como a las 9 está bien, ya casi estoy lista Hasta ahí todo iba a pedir de boca, revise mis cosas Cigarros, celular, billetera, todo ok, sería la mejor noche de mi vida. Ojala fuera Andrés el primo de mi amiga con el que había salido en el verano anterior, era tan guapo, tan caballero, incluso respeto que no quisiera tener relaciones con él y solo nos besáramos y tocáramos por encima de la ropa, porque yo hasta ese día era virgen, pero estaba decidida, si se me daba la oportunidad mi primera vez seria con el. - Ale, ya llegamos estamos afuera no te demores! - estamos? con quien vienes?? - con Martin (el novio de mi amiga Sandra), y si lo que quieres sabe es si Andrés viene, siiii!! También esta acá} - yes! Unas gotitas de perfume, un repaso de labial rojo y salí, me sentía la reina del mundo! Ahí estaba el fumando con Martin, mi amiga se acercó rápidamente. - Estúpida! te ves increíble!! Mira mi primito como te mira, hoy seguro se te da, pero no te vayas a echar para atrás, no me hagas quedar mal, yo le dije que ya no eras la pendeja que conoció en el verano. - Tranquila, yo misma se lo demostrare, así que si de repente desaparezco con él no te preocupes, y le guiñe un ojo Llegamos a la disco bailamos y nos tomamos unos tragos, yo me sentía un poco mareada, así que salí a fumar y tomar un poco de aire a una terraza, en eso llega Andrés - Pero que wuapa estas mujer! cuanto creciste en unos meses! date una vuelta para que te vea!! y pensar que me privaste de todo esto?? Yo sentía mis mejillas sonrojarse, respire profundo y aparentando seguridad le conteste - Ah bueno pero ya no soy la misma, como sabes si tu suerte cambia hoy? - A si?? Ver para creer, si ya sabemos que eres una calienta sopas! y al final puro bla bla!, eso no se hace! - Bueno si no me crees... - y me acerque tanto que ni el aire pasaba entre nosotros y nos besamos por un buen rato. No sé si el alcohol o las ganas que le tenía hizo que las cosas se calentaran, yo sentía como mi entrepierna se mojaba con los besos que me daba en el cuello, o no quería ser menos y rozaba mis uñas en su espalda y cuello. - Mmm pero que gatita me saliste!, porque no vamos a un lugar más piola? - Seria genial, pro no podemos salir, si no no podremos volver a entrar - Tranquila gatita, el dueño del lugar es mi amigo y hay un privado donde podemos ir. - Bueno vamos! Entramos a un lugar donde había un sofá cama, había una lámpara y un closet, lo único que no encajaba ahí era una soga pero en fin no le di mucha importancia. De pronto al contrario de lo que podía pensar, dejo de besarme y le quito el seguro a la puerta, yo no entendía nada, se separó de mí y su mirada ya no era la misma. - Invite unos amigos a la tu fiesta, Felices 18 pendeja! - Pepero Andrés, que te pasa?, porque me hablas así?, y entraron tres tipos un poco mayores que él, uno de ellos era negro, alto claramente extranjero por su idioma, uno de ellos saludo de forma muy familiar a Andrés - Buena compadre! esta es la pendeja que te dejo con las ganas en la playa?, pero como; si tiene una pinta de puta! - bueno llego el momento del desquite, a mí no me la hacen! Trate de salir, pero el negro grandote me cerró el paso, Andrés me tomó por los brazos y el pelo - Donde crees que vas? si la fiesta recién empieza. De un tirón me saco el vestido, mientras los otros tironeaban mi ropa interior, yo comencé a resistirme y a gritar. - Grita todo lo que quieras nadie te va a escuchar, la música está muy fuerte afuera Ahora entendía para que era la cuerda, ya que con ella me estaban atando las manos al sofá que ahora estaba extendido como cama - haga los honores mi amigo, dijo uno de los sujetos a Andrés - no faltaba más. Ya estaba sin pantalones, y pajeandose, tal como pensaba a tenia bastante grande. Se abalanzó sobre mí, me comenzó masturbar y las lágrimas brotaron de mis ojos yo ya no podía ni mirarlo. - mírame pendeja, mírame cómo voy a follarte hasta que no puedas más, hasta que supliques que pare, no era esto lo que querías eh? - Pero porque así, si yo quería, pero solo los dos, quería que mi primera vez fuera especial y contigo! - con que la pendeja es virgen!! mira de que va a ser especial va a ser especial - de pronto me abrió las piernas y sin más ni más me penetro de un golpe, el dolor fue tan intenso que solté un grito, - eso grita putita, no sabes cómo me excita... - para que me duele! No me hizo caso me penetro durante unos quince minutos de forma brutal, como con rabia, mordía mis pezones hasta lastimarlos, apretaba mis senos como si quisiera reventarlos, yo solo sentía el dolor y la humillación. Cuando abrí los ojos el había salido de mi pensé que ya estaba por terminar, pero no esto solo empezaba, dos de los tres tipos estaban pajeandose empalmados y otro me grababa con su celular. Andrés se puso a la altura de mi cara, mientras otro tipo, su amigo, quien después supe era el dueño del lugar se disponía a penetrarme vaginalmente, su pene no era tan grande como el de Andrés, pero sí bastante grueso, y además yo estaba muy lastimada. Se escupió la punta y me lo encajo de golpe, sus embestidas eran bestiales, además puso mis piernas sobre sus hombros lo que las hacía más profundas. Cuando creía que no podía ser más humillada, le dice al del celular - ven graba esto, quiero un primer plano - se estaba pajeando sobre mi cara y tenía su bolas en mi boca, yo me rehusé y la cerré pero con su mano libre apretó mi nariz para que la abriera y así mismo dejo caer toda su leche en ella, era tanta que pensé queme ahogaría - no derrames ni una gota o mi amigo Pascual - apuntando al hombre de color - te va a castigar. Comencé a toser y derrame semen sobre mi barbilla - pero que estúpida, ahora recibirás tu castigo El hombre que estaba en mi vagina gemía como un enfermo mientras me penetraba una y otra vez, apretaba mis nalgas ya y cada cierto rato me palmeaba una teta, de pronto sentí su pene palpitar... no, por favor que acabe afuera!! Suplique llorando - cállate niña, tú te lo buscaste por tener esa zorra tan apretada, me imagino como será tu culo!! Amigo no le molesta si acabo dentro de esta putita?, hace tanto tiempo que no me follaba una concha tan apretada! - No para na da amigo acabe donde quiera, dele su regalito a la festejada! - y rio burlón el muy idiota. Así fue a cabo dentro de mí, no solo el, sino que Andrés, el negro y hasta el del celular, ya no sé cuánto tiempo habría pasado unas dos horas al menos, cuando pensé que ya todo terminaría, veo al negro como mástil erguido, me tomaron y me pusieron en 4 patas. Yo ya ni me movía, cuando de pronto Andrés abrió mis nalgas y le dice - por aquí amigo Pascual, dele su castigo a esta puta mal portada! - no alcance ni a gritar no, cuando sentí como me partían el culo con ese pene descomunal, tenía todo ese negro falo en mi culo taladrándome sentía que me desmallaba, y parece que así fue, porque cuando desperté estaba tirada desnuda sobre el sofá, sola en un charco de semen con hilos de sangre, me dolía cada uno de mis agujeros, como pude me pare y me vestí, tome mi celular y tenía un mensaje de Sandra... "Parece que te fue muy bien, eh zorrita, mañana me cuentas todo, Andrés dijo que te llevaba a casa" En eso apareció Andrés, lo mire con temor, pero de pronto me miro como antes, me beso en la frente y me dijo cínico - Vamos mi putita, te llevo a tu casa... Te gustó mi regalito de cumpleaños?? Respiré profundo... Y que me tendrás para navidad?, ahí comprendí que ya no podría vivir el sexo como una mujer normal, que me había gustado ser usada por varios hombres, y que esperaba volverlo a disfrutar.

Autor: Afroditha33 Categoría: Sexo Lésbico

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Tino, mi perverso vecino, me rompe el culo

2019-09-16


Bueno bueno, pero si es mi vecinito. Menos mal que esta vez no me has fallado, me decía dejando que su bata se abriera mostrándome la enorme pija que le colgaba. Cada vez que se acercaba el sábado, me iba poniendo más nervioso. Sabía que tenía que acudir a la casa de mi perverso y chantajista vecino, Tino. Estaba completamente seguro de que iba a volverme a dar por el culo, y la verdad es que aparte de no gustarme nada de nada mi perverso vecino, me asustaba que volviera a romperme el culito con aquel monstruoso consolador que tenía y me había ensartado la otra vez, cuando acudí a los trasteros. Además, temía que quisiera volverme a amarrar y me volviera a sacar fotos y gravarme en vídeo, no las tenía todas conmigo y desconfiaba de sus intenciones, lo del chantaje me tenía demasiado preocupado. Lo único bueno que le veía, era la larga polla y sus enormes pelotas, eso sí me gustaba y me hacía palpitar el culito. Pero su manera de mirarme y el pedazo de barrigón que tenía, no me gustaba nada. Los días fueron pasando y el sábado llegó, por lo que nervioso y excitado, a las 11 de la mañana, acudí a la cita. Con los nervios que tenía, antes de que dieran las 11 de la mañana, ya estaba saliendo de mi casa, antes había mirado a ver si veía a Luis, mi joven vecino, pero en su casa no había nadie, y no se veía movimiento alguno, por lo que antes de que dieran las 11 de la mañana, ya estaba saliendo de mi casa para acudir a la del perverso y chantajista de Tino, el viejo vecino. Cuando llegué a la planta donde vivía él, toqué el timbre, esperando que no tardara en abrir, no me gustaba que me vieran los demás vecinos. Ya estaba muerto de nervios, cuando escuché como alguien subía en el ascensor. Si ya estaba nervioso, escuchar como el ascensor se aproximaba a la planta donde estaba, me ponía aún más alterado. Estaba a punto de marchar escaleras abajo, cuando de pronto se abrió la puerta del piso, haciendo aparición en el umbral de la puerta vestido tan solo con una bata, el viejo y perverso de mi vecino, Tino. Dios, en aquellos momentos las piernas me temblaban, me recorría un sudor frío por la espalda y la cara se me empezaba a enrojecer. No era capaz de abrir la boca, me quedé mirando aquella silueta que me había abierto la puerta, quedándose contemplándome con una cara de lujuria y perversión, que me hizo estremecer. Noté como las piernas me temblaban, y el viejo vecino me miraba esbozando una sonrisa en su cara. Bueno bueno, pero si es mi vecinito. Menos mal que esta vez no me has fallado, me decía dejando que su bata se abriera mostrándome la enorme pija que le colgaba. Dios que hijo de puta, el muy cabrón solo llevaba puesta aquella ridícula bata, y por encima había dejado que se abriera, mostrándose la larga polla que tenía. Se le veía enorme, y eso que se veía flácida. Yo no podía quitar la vista de aquella verga, ¡ufff! Aquella visión me estaba empezando a excitar, notaba como mi polla se empezaba a empalmar, estremeciéndoseme el culito, quedando allí en el umbral de la puerta mirando medio hipnotizado, la figura de mi viejo y perverso vecino. Pasa me dijo, apartándose a un costado para que pudiera pasar. Yo como hipnotizado empecé a moverme para entrar, y justo al llegar a su altura, el muy cabrón mientras cerraba la puerta, llevaba su mano a mi entrepierna, agarrándome la polla y genitales. Así me gusta putita, que seas obediente y no me falles cuando tenemos una cita, me decía mientras me agarraba el paquete y me empezaba a sobar. Yo por instinto al sentir su mano en mi entrepierna, me giré quedando pegado a la pared del pasillo, justo delante de él, sin poder hacer nada, solo pude llevar mis manos a la suya y soltar un pequeño gritito al notar como me agarraba por mis partes, empezando a acariciarme. Eres muy escurridizo, estuviste tratando de evitarme para no coincidir conmigo, eh putita… Pero bueno, veo que hoy sí has sido de palabra. Vamos a ver cómo te portas hoy me decía, sujetándome una de mis manos mientras me sobaba el paquete, acercando su boca a la mía, empezándome a pasar su larguísima lengua por mis labios. Anda abre esa boquita y deja que te meta la lengua que quiero probarte, me decía pegando su boca a la mía. Con algo de asco fui abriendo ligeramente la boca, hasta que él, introdujo por completo su lengua en mi cavidad bucal, empezando a saborearme toda ella. Chupaba mi lengua y mordía mis labios, sin dejar de manosearme la polla y genitales, que ya empezaban a estar más que excitados. Después de unos minutos donde me estuvo comiendo la boca y manoseando el paquete allí en la entrada de su casa, cuando ya me tenía hinchados y enrojecidos los labios de tanto morderlos y chuparlos con su boca, llevó su otra mano a los cachetes de mi culo, diciéndome lo mucho que le gustaba mi culito y lo sexi que le parecía. Ay maricón como me gusta este culito, me decía estrujando los cachetes de mi culo, me gusta cómo lo mueves y lo sexi que se te ve. Anda vamos para el comedor, que quiero verte desnudito, quiero ver este sexi culito tan rico que tienes, me decía poniéndose detrás mía, sin dejar de sobarme con sus manos. Pegado a mí, me fue guiando por el pasillo, hasta llevarme al comedor, donde además de un televisor, tenía una mesa de comedor redonda, donde tenía abierto un periódico y revistas, así como otros objetos que no pude saber que eran. Al parecer cuando llamé al timbre, se encontraba allí sentado, leyendo el diario, esperando mi llegada. Nada más llegar a la altura de la mesa, se paró, y sin despegarse de mi culito, abrazándome por la espalda, seguía acariciándome y restregándose a mí. Empezó a aflojarme el cinturón del pantalón, mientras me lamía y mordisqueaba mi oreja susurrándome al oído, las ganas que me tenía. ¡Ay maricón que ganas tengo de tener tu culito! Quiero ensartarte de nuevo y entrar en ti, dejándote preñado con mi lechita, me susurraba terminando de aflojarme el cinturón. Empezó a desabotonarme el pantalón sin dejar de manosearme y lamerme la oreja, hasta que una vez desabotonado, empezó a subirme la camiseta que llevaba puesta, y nada más tirar de ella para subírmela, el pantalón empezó a caerme a los tobillos. Me hizo levantar los brazos para sacar la camiseta, la cual una vez me la hubo sacado, la tiró al suelo, empezando a pasar sus manos por mi pecho y abdomen, acariciándome a la vez que pellizcaba mis excitados y duros pezones, mientras me susurraba lo bueno y sexi que estaba. ¡Ay maricón que bueno estás! Me decía acariciándome el pecho y abdomen con sus manos. Y este culito tan rico y sexi que tienes, que me vuelve loco, me decía pegándome a él, mientras me acariciaba con sus manos. Yo a aquellas alturas ya estaba más excitado y caliente que una yegua en celo, tenía la polla dura he hinchada a más no poder. El culito me ardía al igual que las orejas, y los pezones los tenía tiesos he hinchados, de tanto manoseo que me estaba dando, el muy cabrón de mi viejo vecino. Empezó a bajarme el slip, dejando mi culito y genitales al aire, pegando un respingo mi polla, quedando esta pegada a mi pubis mirando al techo, al bajarme por completo el slip. Así maricón, así te quiero tener siempre delante mía, me susurraba restregando ahora su polla por el canal de mi culito. Notaba su larga verga y enormes pelotas restregándose por la raja de mi culo, y como este me pegaba a su entrepierna, sujetándome por mis genitales, los cuales acariciaba a la vez que se restregaba a mí. Notaba el calor en mi culito que me llegaba de su entrepierna, como se iba restregando por él, el contacto de su bata que tenía medio abierta, al rozar mi cuerpo cuando se restregaba, y las caricias de sus manos recorrer mi abdomen, pecho y genitales. Ya estás caliente, eh maricón… Me decía sin dejar de restregarme su paquete por mi culito mientras me acariciaba con sus manos. Mira lo empalmado que estás, me decía agarrándome la polla a la vez que me la iba descapullando, mientras se restregaba a mi culito. Dios, yo estaba que echaba humo por las orejas, el cuerpo me ardía en llamas. Aquella mano acariciándome la polla mientras me la iba descapullando, su otra mano retorciendo mis pezones, me hacían que me inclinara pegándose mi culito a su entrepierna, haciendo que notara su órgano sexual pegado a mi culo, notando el calor que desprendía su polla y pelotas. Como me gustas, maricón, mmm, que calentito estás, me decía mordisqueándome el cuello y hombro mientras me mantenía pegado a él acariciándome y restregando su paquete por mi ardiente y caliente culito. Si continuaba el cabrón con aquello, no tardaría mucho en hacerme correr. El muy hijo puta, tenía mi cuerpo en ebullición, y si seguía con aquello, me llevaría al clímax haciéndome explotar en un orgasmo. El cabrón de mi viejo vecino, veía cómo me retorcía de gusto y como me hacía ronronear con aquellas caricias. Sabía que ya me tenía a punto de caramelo, sabía que estando como estaba, le iba a entregar mi culito y dejarle poseerme y hacer lo que quisiera. Anda maricón, quítate los zapatos y termina de quitarte el pantalón, me dijo separándose de mí a la vez que apretaba con sus manos los cachetes de mi ardiente culito, mientras él se sacaba la bata, quedando en pelotas al igual que me había dejado a mí. Me agaché para sacar los zapatos y terminar de sacarme el pantalón y slip, y mientras estaba así inclinado, me pegó unas palmadas en el culo, diciéndome lo sexi y bonito que se me veía. ¡Ay maricón que caliente me pones! Con lo sexi y bonito que se te ve este culito, me decía dándome unas palmadas en él. Anda maricón, ven para aquí, me decía sujetándome por mis estrechitas caderas, llevándome hacia la mesa para que apoyara las manos sobre ella. Me hizo poner las manos y parte del pecho sobre la mesa, dejándome inclinado listo para ser enculado. Me hizo luego abrir las piernas, quedando mi rosadito y caliente agujerito, totalmente expuesto a él. Se agachó a la vez que me abría más de piernas y separaba los cachetes de mi culito. Noté como acercaba su boca a mi ojete, empezando a pasar la punta de su larga lengua, por la entrada a mi agujerito, haciéndome dar un suspiro a la vez que me estremecía. ¡Ohhh ooohhh! Suspiré a la vez que me estremecía soltando un ligero gemido, al notar como la punta de su larga lengua recorría el contorno de mi caliente agujerito. Te gusta, ¿eh? Decía pasando la punta de su lengua por el contorno de mi caliente y rosadito agujerito. Este culito tan sexi que tienes me vuelve loco, decía mordiendo ahora los cachetes, haciendo que gimiera de nuevo al sentir como mordía mi culito. Siguió hurgando con su lengua en mi agujerito, mientras abría mis cachetes con sus manos. Me gusta lo limpito y lampiño que tienes el culito, no tienes ni un solo pelito y veo que te has lavado bien, me gusta el olor que desprendes, maricón, eres toda una nenita, me decía sin dejar de mordisquear los cachetes de mi ardiente culito y como hurgaba con su lengua en mi esfínter. Después de un buen rato lamiendo mi caliente y desesperado culito, empezó a presionar con un dedo en mi rosadita flor, haciendo que esta se fuese abriendo, dejando paso a aquel dedo que presionaba. Metió el dedo por completo en mi ardiente culito, haciendo que mi esfínter se dilatase, mientras yo daba un gemido al notar como entraba su dedo en mi culo. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí al notar como su dedo abría mi esfínter introduciéndose en el interior de mi culo. Tranquilo maricón, tranquilo, relájate y disfruta que tan solo es mi dedo. Vamos a preparar tu agujerito para que puedas recibir esta tranca que te va a hacer disfrutar, ya verás cómo luego chillas como toda una nenita y te hago gozar con ella dentro de este lindo y sexi culito que tienes, decía doblando su dedo en mi interior, haciendo que mi agujerito se fuese dilatando y se abriera más. Después de meter y sacar su dedo presionando el interior de las paredes de mi culo, varias veces, empezó a meter un segundo dedo, haciendo que el agujero de mi culo se expandiera y abriera más. Yo gemía cada vez más, notando como ahora sus 2 dedos iban abriendo y dilatando mi caliente y cada vez más desesperado culito. Así maricón, así, abre bien las piernas y deja que dilate con mis dedos bien tu agujerito, y pueda hacerte luego mi nenita. Después de abrirme bien el culo con sus dedos, me hizo incorporar dándome la vuelta y quedarme frente a él. Puso sus manos sobre mis hombros empujándome para que me agachara y metiera su larga y gorda tranca en mi boca, empezando a chupar y se la dejara lubricada con mis babas y saliva. Anda maricón, abre esa boquita y chúpala y mámala bien, que luego vamos a metértela para dejarte bien preñado esta barriguita. Agarrando aquella verga que ya empezaba a estar dura y tiesa, con mis manos, abrí la boca empezando a engullirla como si de un helado se tratara. ¡Ohhh maricón! Así, así, ¡ooohhh que boquita! Gritaba mi viejo vecino, enredando sus dedos en mi pelo, mientras impulsaba su pelvis introduciendo su polla en mi boca. Asiiií, maricón, abre bien la boquita y trágala decía bombeando su pelvis mientras yo tragaba todo lo que podía aquel rabo. Los enormes cojones del viejo de mi vecino, cada vez que me introducía la larga y gorda polla en la boca, pegaban en mi barbilla, Como si fuera el badajo de una campana. Pegaban una y otra vez, introduciéndose aquella polla en lo más profundo de mi boca. Dios, ya no podía más, cada vez que aquella polla llegaba a lo más profundo de mi boca, me abría en arcadas, soltando babas y bilis por la comisura de mis labios, dejando empapada aquella larga y gorda polla. La saliva y babas caían por los enormes cojones del viejo de mi vecino, dejándolos empapados por completo. Sujetándome por los brazos me incorporó, haciendo que apoyara mi culo en el borde de la mesa. Me hizo abrir de piernas a la vez que se agachaba, agarraba mi polla que estaba tiesa y dura mirando para el techo, y mientras me decía lo caliente y excitado que estaba, metía mi polla en su boca, engulléndola hasta los mismísimos cojones. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí sujetándome con mis manos en su cabeza, viendo como el viejo de mi vecino, se tragaba toda mi polla. Dios, que boca tenía el hijo de puta, se había engullido mi rabo por completo y sacaba la lengua lamiendo mis bolas. Te gusta ¿eh putita? Me decía sacando mi polla de su boca mientras la sujetaba con su mano y me ordenaba que me abriera bien de piernas. Llevó su boca mientras me hacía abrir bien de piernas, a mis pelotas, empezando a chuparlas. Las mamaba metiéndolas en la boca, luego pasaba su lengua por mi perineo, llegando a mi caliente agujerito, haciéndome soltar pequeños gemidos mientras me sujetaba a su cabeza y me abría todo lo que podía de piernas. Viendo que ya me tenía más que listo y a punto de explotar, me dio la vuelta poniéndome recostado con mi pecho sobre la mesa del comedor, como me había puesto al principio, echó la mano a uno de los objetos que había sobre la mesa, empezando a untarme con su mano el contenido que tenía aquel objeto que parecía un tarrito. Noté como resbalaba su mano por mi agujerito, introduciéndose primero un dedo, para luego hacerlo un segundo dedo, untándome de aquel lubricante, dejando mi culito bien abierto y listo para ser sodomizado. Así maricón, así, decía el viejo y perverso de mi vecino, abriéndome de piernas, mientras colocaba la cabeza de su garrote en la entrada de mi agujerito. Una vez puso la punta de aquel nabo que me iba introducir, sujetándome por las caderas, presionó un poco haciendo que mi esfínter comenzase a abrirse, y dándome una fuerte estocada, enterró toda su virilidad en mis entrañas. ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Grité notando como mi culito se abría dejando paso a aquella larga y gorda verga quedando enterrada hasta los mismísimos cojones en mi interior. Ya maricón, ya está, ya la tienes toda dentro, putita, me decía sujetándome por la cintura a la vez que tiraba de ella, haciendo que su verga quedase bien ensartada en mi culito. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba empezando a bombear su pelvis, sacando y metiendo su polla en mis entrañas. ¡Ay maricón que culito mas rico tienes! Me gusta lo estrechito y calentito que tienes el agujerito, cabrón, me decía taladrándome el culo una y otra vez. Yo gemía sin parar, allí recostado sobre la mesa, con las piernas abiertas y el culo ensartado por la verga de mi viejo y perverso vecino, mientras este me sodomizaba, haciéndome por segunda vez suyo. Así mi nenita, así, goza de tu macho que te va a preñar esta barriguita, y te voy a hacer mi hembrita. Quiero que seas mi nenita y me entregues tu culito siempre que te lo pida, vas a ser mi amorcito, me decía dándome por el culo una y otra vez. ¡Ohhh mi nenita que gusto! ¡ohhh que gusto! Como me gusta tu culito estrechito y tan sexi, cabroncito, me decía sin dejar de culearme. Yo estaba que no podía más, notaba como su verga entraba una y otra vez rozando mi próstata cada vez que su polla me sodomizaba, haciéndome gemir y que mi pene no dejara de gotear, derramando gotas de semen. Tanto era el gusto que estaba sintiendo, que sabía que mi corrida era eminente. Y así fue, empecé a notar como una corriente que subía por mis cojones, me hacía llegar al orgasmo, empezando a eyacular sobre el suelo del comedor donde me tenía abierto de piernas dándome por el culo. ¡Ohhh! Me corro, me corro, ¡ohhh! ¡ooohhh! Gritaba largando varios trallazos de leche sobre el suelo, mientras mi viejo y perverso vecino me seguía dando por el culo. Así mi nenita, así, córrete, córrete y goza del orgasmo que tu macho te ha hecho tener. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba el cabrón de mi vecino, follándome cada vez más rápido y profundo. Los jadeos y respiración eran cada vez más sonoros. Cada vez que me ensartaba la polla en el culo, levantaba mis pies del suelo, quedándome apoyado sobre la mesa, pudiéndose escuchar el golpeteo de su pelvis contra mi culito, cada vez que su polla se introducía en mí. Plof, plof plof plof, plof, plof plof plof. Se escuchaba cada vez que sus cojones y pelvis, golpeaban la entrada de mi agujerito. ¡Ohhh maricón que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! ¡ya, ya me corro! Ya Me corro, gritaba el viejo de mi vecino, empezando a eyacular, llenándome el culo con su esperma, dejándome preñado con su leche. Soltó 4 o 5 trallazos en lo más profundo de mi culito, notando yo como su verga palpitaba e iba escupiendo el semen en mi culo. ¡Ay maricón que gusto! ¡ay que gusto me has dado! Decía acariciándome la espalda mientras iba recuperando la respiración. Ya maricón, ya te he preñado esta barriguita, me decía dejándome levantar mientras me abrazaba por la espalda a él. Justo en esos momentos que nos estábamos recuperando, sonó el timbre de la puerta. Vaya que oportuno, menos mal que fue cuando ya habíamos terminado de follar, soltó el viejo y perverso de mi vecino, poniéndose la bata para ir abrir la puerta. Quédate así como estás, y espera aquí, me dijo yendo a abrir la puerta. Podéis escribirme a: [email protected]

Autor: Danisampedro91 Categoría: Sexo Gay

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EL ALBAÑIL. 1era parte

2019-09-16


Introducción a mi nueva vida, 3era etapa de mi vida sexual Introducción: Mis días de trabajo, inician por lo regular a las 6 am, en lo que hago el desayuno, me baño, etc. Dan las 7:40, hora en la que me subo a mi auto y me voy a la escuela. En 10 minutos estoy ahí, e inician clases a las 8. Ah. Pero, este día es sábado. 23 de mayo de 1998 para ser más exacta. Han pasado ya 5 meses y medio, casi, de aquel día que mi marido se dio cuenta de mis preferencias sexuales. Ese 5 de diciembre de 1997, que hicimos la despedida de fin de año en la escuela, ya que el 12 era de la dirección general, que por lo regular, lo hacían en la plaza de toros de Pachuca y que por razones obvias no fui. Por dos razones. Una, que mi marido estaba muy molesto y yo algo triste, pues me pedía el divorcio. Dos, que, al ir, vería a varios profes, no sólo de mi escuela, sino también de otras, y lógico, sería un tema muy seguro, la relación personal entre ellos y que se les ocurriría ir a alguna parte. Yo no podría negarme, ya que a parte que me gusta, si me negara, se podrían sentir rechazados y no quería que sintieran eso de mí, así que mejor le hablé al director de mi escuela y le dije que estaba malita. Para dejar más clara la idea, también se cumplían, 11 meses de ese 24 de junio, que tuve la plática con la mamá de un alumno. Que marcó la tercera etapa de mi vida sexual. La primera, de bebe, o kínder, que eran besos en los labios, segunda etapa, la que empecé a experimentar entre los 6 y 8 años y en la que se dio todo mi despertar al sexo y que gracias por el apoyo, no solo de mi mamá, sino también de mi papá. Eran recuerdos que tenía, unos me emocionaban, otros me entristecían, por que pasé unos meses muy difíciles, me refiero de ese 5 de diciembre hasta, más o menos, el viernes 17 de abril. Ese día llegó mi marido como a las 5 pm. Por lo regular estaba llegando a las 8 ó 9 de la noche, aunque ya estaba más tranquilo, el trato para conmigo era muy distante, no me trataba mal, ya no me reprochaba nada, bueno, eso desde febrero, así que me extrañó que llegara a esa hora. Ya llegué Lucerito, me dijo con una voz algo más amable, y casi, como antes, por eso, me sentí muy bien, me dio mucho gusto escucharlo decirme así, Lucerito, tenía un tiempo que no me llamaba de esa forma y también que llegara temprano. Dejó sus cosas en el sofá, se quitó la corbata, y me dijo. - Me gustaría platicar contigo, pero, si te pido un favor, ¿lo haces? Yo titubeando, sin saber que actitud tomar, pues sentía ganas de abrazarlo, brincar y abrazarlo del cuello y enredar mis piernas a él. Que no es alto, mide 1.68 m pero combinado con mi 1.51 m sí hay algo de diferencia. Me contuve, y entre cortada por la emoción de que me estaba hablando y diciendo así, sentí que volvería a ser igual que antes. Me equivoqué, no fue igual que antes. - Sí, dime, me salió un poco suave la voz, me sentía que las piernas se me aflojaban de no saber que era y porque, y de qué, y.. bueno. - Se acercó a mí, pero no mucho, se puso como a un metro, yo estaba vestida con un short rosa, algo ajustado, como todos los que uso, y zapatillas, como me pongo para estar cuando él llega a casa y me vea así. - ¿Podrías ponerte el vestido que te llevaste en diciembre? Me sorprendió, ¿por qué? Me pregunté, de que estaba sintiendo o planeando. Agregó, no digas nada, quiero, saber algo. Por favor, ¿podrías? Ya no quise saber más, su forma de portarse era muy diferente a la de los últimos 4 meses, pero, sobre todo, a los días de diciembre que vivimos muy tensionados. Asentí con la cabeza, traté de disimular mi sorpresa y preocupación, me dirigí a la recámara, y en todo ese tiempo, pensaba, que querría, que quería hacer, tal vez verme como me vio ese día para reprocharme y tranquilamente decirme que ya tenía los documentos de divorcio y por eso, ¿trataba de ser muy amable? En mí mente Ya no quise pensar más, nerviosa, con el vestido que usé esa vez con zapatillas de tiritas, rojas, empecé a caminar a la sala. El vestido era rojo, con una tira que salía de la pretina, a la altura de la cintura, subía a mi cuello, y bajaba por el otro lado, de unos 5 cm de ancho en la parte inferior, y al subir se ponía más ancho, al tapar mi seno, pero que si me veías de perfil podrías verlo duro, firme y redondeado, pasaba por la parte de atrás de mi cuello para bajar de nuevo y terminar igual, en la pretina del lado derecho. Por la espalda, lucía toda descubierta, sólo en la parte de la cintura, la tela era un poco más flojita. de largo, cubría la mitad de mi pierna. Algo floja, se movía y a veces dejaba ver más arriba, con esto, lógico, muchos chavos, no me quitaban el ojo de encima y que para mí era muy, pero muy, excitante, tanto para mí, pues, me emocionaba al pensar que estrían sintiendo, ellos, y ellas, algo d envidia pues mi cuerpo y mis piernas, no eran muy comunes. Modestia aparte, no muy largas, no muy llenas, pero sí como me decían muchos, muy atractivas, muy bien torneadas y que excitaban. Se encontraba en el sofá, viendo la tv. - Hola, dije, él volteó y se me quedó viendo. Se sonrió, se levantó y se acercó a mí, una actitud que no me esperaba pero que, al sentirlo, me volvió el alma al cuerpo, colocó sus manos en mi cintura, y sentí caliente, me abrazó, me apretó y me dijo suavemente. - Te amo mucho Lucerito, me gustas demasiado, quiero que sepas que me costó mucho trabajo al principio, pero después de que vino Jorge, se me movió el tapete y empecé a dudar si era lo correcto divorciarme, pues te amo, me gustas mucho y siento mucho sexualmente, cogerte y tener tu cuerpo junto al mío. Me gustaría envejecer contigo, ¿te gustaría? Me agarró todo eso de sorpresa, sus palabras, el tono de voz, lo que me dijo, y para rematar, su pregunta. Hice lo que al principio quise hacer, lo tomé del cuello, brinqué y lo abrasé del cuello con mis brazos y de su cintura, con mis piernas. - Sí, sí, sí, le decía mientras lo besaba por toda su cara. - Hay algo más me dijo, recargué mi cara en su hombro, sentí sus manos que me sujetaba de mis nalgas. - Dime, le dije. - Tú deseo sexual, qué es exactamente. - Guardé unos segundos de silencio, no sabía cómo decirlo. Bueno, le dije, a las mujeres como yo, se nos antoja mucho sentir la verga dentro, ese meter y sacar, aunque también si nos chupan o manosean, igual sentimos mucho deseo. Podemos tener varios orgasmos uno tras otro, y estar unos días bien, otras lo desean diario, yo no, yo con que me cojan…. Me quedé callada. - Sigue amor, no te de pena, estoy preparado para escucharte y entenderte, pero sobre todo para apoyarte. - Seguí con más confianza. Bueno, si me coges… - No, me interrumpió, habla de lo que sientes, no hables dirigiéndote a mí como segunda persona, dime como lo sientes por favor, ya te dije, quiero saber todo de ti, tooodddddooooooo, para que sienta yo como si siempre estuve ahí contigo. Quiero saber que deseas, que has hecho, que son tus sentimientos, tooodddddooooooo. Así entonces más calmada le platiqué cosas de las que había vivido, dieron como las 12 am, me interrumpió y dijo. Por eso te pedí ese vestido, para que con ese pudiéramos recrear lo que pasaste ese día. Amor, de hoy en adelante, seré todo tu apoyo, como tú papá lo fue con tu mamá. Me levanté de la sorpresa, como, ¿lo sabes? Sí, platiqué con tu papá y comprendí muchas cosas, te diré que ya estaba casi convencido de no dejarte ir, pero con lo que platicamos en la mañana tu papá y yo, quedé muy claro conmigo mismo, no te dejaré nunca. - ¿Desde cuándo empezaste a dudar de separarte de mí? De ese día que llegó Jorge con sus amigos e hicimos el teatro que era accidental. - ¿Por qué no me dijiste nada? - Porque seguía con la duda, una que me ha matado mucho. - ¿Cual? - Que, si te diera mi apoyo y todo lo que soy, y al rato resulta que ya te enamoraste de otro y me dejas. - Pero amor, y lo abracé, como se te ocurre. Estoy contigo porque te amo y sólo contigo quiero estar. - No me lo tomes a mal, pero durante toda mi vida he estado con muchos hombres, pero jamás me he dejado llevar por lo que siento sexualmente, estoy segura y nunca te dejaré. - Bueno, me dijo, entonces sigamos disfrutando la noche, ya mañana o un día de estos haremos un plan de como podremos iniciarnos juntos en esta nueva etapa, el compartirte con otros estando yo. De esta forma llegamos a este día, ya todo de acuerdo entre él y yo, planeamos lo que ahora será, bueno, no sólo lo de hoy, sino lo sucedido de junio del año pasado a este día, bueno, dejaré algunas cosas para otros relatos, creo que es mejor. Son ya las 9 am de ese sábado 23 de mayo. Nerviosa preparo todo. El me ayuda con algunas cosas, mientras voy a mi recámara a checar de nuevo la ropa que me iré poniendo. Ya listos con todo, dieron las 10. Nos sentamos a la mesa para desayunar, casi no platicamos, creo que él estaba igual o mas que yo, con sus pensamientos en lo que iría a pasar. Casi puntual, Ruperto llegó. Suena el timbre, baja, me dijo mi marido, yo le dije, pero ¿que pasó con lo planeado? Mira me dijo, creo será más excitante, y se pondrá más nerviosos, si tu abres, él entra, lo saludas con un beso en la mejilla, pero tus labios toquen casi los de él, le dices, pasa, y te adelantas, súbete un poco más la falda, hará, que, al ir subiendo las escaleras, se te vea más de tus piernas. Estoy seguro que se excitará mucho. Me agradó la idea y me dirigí a la puerta de entrada e hice lo que me dijo mi marido. Pasa, le dije, entró le mostré el sofá para que se sentara, le ofrecí algo de tomar y le dije, ahorita viene mi marido. Vestía una falda plisada, azul claro, medio transparente, si me paro en la puerta, seguramente, se podrá ver mi entre pierna a trasluz. Por la cara que ponía, su vista como que em veía y no, estuve segura que si me veía mi panocha, a través de la tela. Mi blusa, con tres botones, uno de ellos estratégicamente puesto para que quedara a la altura de mis pezones, lo que permitía que se abriera más mi blusa en la parte de arriba, que al empinarme y colocar el vaso con agua que me había pedido, vi de reojo, como me veía mis pechos, y su cara de no poder creer lo que estaba pasando. Dejé el vaso y le dije. Ahorita vengo, voy a ver si mi marido no tarda. Casi al entrar a la recámara, él iba saliendo. Me abrazó me dio un beso y em preguntó. - ¿Como te sientes, que cómo me siento?, estoy que no puedo conmigo misma, las piernas se me aflojan, mi panocha late muy fuerte, cosquillas en el estómago, respiración casi sin poder controlarla y mi corazón que va como si fuera por herencia. - ¿Y tú? - Yo, con muchos nervios, no por que decir o que pasa, sino, por saber que este amigo te cogerá, y lo que ha de estar sintiendo. Lo abracé, y le di un beso, ala vez le decía. Gracias amor, muchas gracias por apoyarme así, soy una mujer muy feliz y orgullosa de tener un marido como tú. Se fue a la sala, le pidió los costos por metro lineal o metro cuadrado, dependiendo de que era el trabajo. Cuando terminaron, yo, atenta en la puerta de la recámara, esperé a que mi marido dijera la palabra clave para que yo saliera y fuera a donde é estaba. Bien Ruperto, dijo mi marido, con estos precios, podremos hacer cuentas del costo total del trabajo, no lo hacemos ahorita pues tenemos mi mujer y yo, una propuesta de pago, que tal vez no te convenga, por eso, si quedamos de acuerdo, entonces tomaremos las medidas de cada cosa que tienes que hacer. Mira Ruper, es difícil empezar, y es que, hasta hace unas semanas, mi actividad inicial, al recibir a una nueva amistad en casa, y esto, si esa persona estaría constantemente en contacto con nosotros, si no, no lo hacía. Pero esta vez Ruper es más complicado, pues es la primera vez que lo voy a hacer. Bien, mira, así conocí a mi esposa, y en los primeros meses tuvimos un poco de diferencias, pero como la pudiste ver, está bien buena, así acostumbra a vestir, me lo hizo saber, que era muy importante para ella y que lo que deseaba es que la apoye, después e unas veces, terminé por aceptar, y desde entonces, ya 7 años casi, aquí estoy, diciéndole al amigo que mi mujer tiene una forma de vestir, que si saliera su foto en una revista de moda, tendría al pie de foto, ella, muy sexy, pero si saliera en una revista par caballeros, diría, ella, una muy puta. También cuando el amigo llegaba con su novia o su esposa, mi mujer, con algún pretexto, se la llevaba, a la recámara al patio o a la cocina, para que yo pudiera decirle al amigo lo que debía. A mi mujer le gusta vestir, muy atractiva, (ahí fue la clave, em preparé), conté hasta 20 y salí de la recámara y me dirigí a mi marido, que al verme que llegaba, estiró su brazo, me acerqué y lo puso alrededor de mi cintura, yo me senté y la falda quedó más arriba de mi pierna que cuando estaba parada. Pues sí Ruper, así como vez a mi mujer, así te digo. Estas piernas pueden ser tuyas, al mismo tiempo que su mano se ponía encima de mi pierna derecha, la subía un poco y después la bajaba a la rodilla, para volver a subirla, esta vez, quedó por debajo de la tela de mi falda, Ruperto no despegaba su mirada de mis piernas. Pe..pe..erdón, no comprendo, o sí, pero no quiero equivocarme. Me puse de pie, caminé hasta llegar a un metro y medio de él, subí mi falda a la cintura, así que él pudo ver mi pantaleta de hilo, roja y todo lo que en ella estaba. Lo que quiere decir es que esto va a ser tuya, mi vagina, mi culo, mis pechos, toda yo seré tuya y estaré a tu disposición como tu esclava. Se quedó con cara de wath. Si Ruperto, le dijo mi marido, en la vida de mi mujer han pasado varias etapas que su deseo sexual ha sido diferente entre una y otra, por eso en esta, después de la discusión que tuvimos a fines del año pasado, que casi nos divorciamos, ella tuvo un cambio en sus deseos sexuales, que por eso se te esta entregando, tu serás su dueño en el tiempo que dure tu trabajo. Si, sé que es algo complicado para ti, le dije, sin darle tiempo a decir algo. Tu trabajas por dinero, vas a decir, que estoy muy bien, pero que te interesa más el dinero, pues mi marido te pagará el 20% y yo el 80%, pero no te preocupes, tengo ya un plan en donde si te pones buso, ganarás más. Te daré dos fotos mías, podrás decirles a tus amigos, claro, no a todos, sino a los que más veas con posibilidad de cobrarles caro, que estas trabajando en la casa de esta señora, que según se le perdió el dinero del pago de la semana, pero para compensar, ella esta dispuesta a dejarse coger por algún conocido mío, y ese dinero, sería el abono a tus honorarios. Así que yo estaré a tu disposición, entre más me traigas, mas ganaras, y si cubrimos el pago, y hay tiempo, de los que sigan sería 60% para mí y el 40 para ti. ¿Cómo ves? Muy padre, dijo él. Pues para que pruebes y sepas antes de decidir, hoy seré tuya como si ya estuvieras trabajando aquí, pero eso si te digo, sin temor, de verdad, si al final de este día, ya que me hayas probado como quieras, no te convence y no aceptas el trabajo, no te preocupes, simplemente dime que no aceptas y ya. De otra forma, te esperaré el lunes ya para iniciar la remodelación. Mira, le dijo mi marido, ella será toda tuya, cada vez que quieras, aunque esté yo y te vea, si quieres agarrarle las nalgas o meterle la mano, o lo que quieras, tu no te preocupes, tu eres su dueño. Mira, por ejemplo, Mi marido me tomó del brazo, se paró y me dijo, párate aquí, mira, le dijo si ella estuviera aquí, y tienes ganas de coger, agárrala así la pones aquí, al empinas y te la coges, le decía así mi marido, mientras me llevaba a la silla, me empujó suavemente, y me levantó la falda, se acercó a mí como si me estuviera metiendo su verga. Ruperto pudo ver mis nalgas, mi culo. Ah, dije, solo dos cosas, que te prohíbo, hasta el día de hoy que he sufrido. Primera, que no me chupes, o, mejor dicho, que, si me chupas, no me dejes el chupetón. Segunda, nada que em cause dolor. Me refiero a dolor, por alguna acción agresiva, pues hay dolores que se aceptó. Por ejemplo, que me quieras coger por mi culo, y tu verga esté gruesa, me va a doler, pero es un dolor natural que acepto, solo sería que me la metieras despacio. Otra cosa que me ha pasado es que se excitan tanto que me dan nalgadas, si, si me quieres nalguear, hazlo, me gusta, pero que no sea muy fuerte por favor. Continuará…. ([email protected])

Autor: LuceroAlejandra Categoría: Confesiones

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