Fiesta familiar

2019-10-28


Sin saber, como, sin saber de que manera, infidelidad doble... Esto sucedió en un mes de mayo. Tenía que ir al pueblo porque se casaba un primo hermano mío y no valía ninguna excusa para no ir. La boda era un sábado a las 12,00 con su respectiva comida y como eso no parecía suficiente, se enlazaría con una cena. Todo en plan exagerado, algo normal en mi pueblo. El viernes me lo cogí como día especial y el jueves me fui al salir de trabajar al pueblo. Donde me encontré que esa misma noche había cena en casa de mis abuelos, para cenar solo la familia y sobre todo por los que veníamos de fuera. Entre todos los comensales había algunos que no eran familia, pero que mis abuelos los trataban como si lo fuesen y entre ellos, estaban Pedro y Mª Ángeles que tenían sobre los 45 años. Ella de muy buen ver, siempre lo había estado, pero ahora lo estaba mucho más. Nos saludamos y llego su hija Angelines a saludarme, me quede estupefacto, llevaba menos de tres años sin verla y como había cambiado, era un poco más baja que su madre, que le faltaba poco para el 1,70, así que la hija estaría en el 1,65. La última vez que la vi, recuerdo que tenía un cuerpo bastante esmirriado y ahora estaba buenísima, menudas tetas, había salido a su madre, eran algo exageradas, pero el culo era espectacular, con muy buena forma, respingón y bien levantado. Su madre se me enrollo junto a la hija, estaba acabando el último año de bachillerato y tenía las notas más altas de su curso. Luego salió la conversación de que los tíos babeaban por la hija, que había mucho salido, etc.… no me extrañaba y también me enteré que el padre hacía de guardián. La llevaba y recogida del colegio, controlando todo y en el pueblo poco se podía desmandar. La casa de mi abuela eras una casa de pueblo, con patio, dos plantas y la terraza que cubría todo el techado de la casa. A mí me gustaba desde pequeño subirme a la terraza y mientras llegaban los que faltaban, me cogí un par de cervezas bien frías y me subí. Angelines me siguio y subió también. La avise de que su padre la echaría de menos y muy chula me dijo, “¿Es que tienes miedo a mi padre?” le conteste que no, porque me llevaba de siempre bien con él. No llevaba bolso ni nada, llevaba falda y blusa, y lo digo porque no se dé donde se sacó un cigarro y el mechero. Nos sentamos uno enfrente del otro y ella, que sabía de sobre lo buena que estaba, me provocaba de distintas maneras, enseñándome mas pierna de lo que era normal, echándome el humo y bebiendo de mi cerveza. Hasta que se oyó la puerta. Dejo el cigarro de forma veloz y era Pedro, que buscaba a su hija. Empezó echándole la bronca por fumar y ella con todo su papo, le dijo que no era suyo. Su padre se quedó mirándome y me dijo, “¿Desde cuándo fumas? Si tú siempre has dicho que tenían que prohibir el tabaco”, no me quedo otra que coger el cigarro y ante la mirada de Pedro esperando ver que hacía con el cigarro y la cara de Angelines angustiada, di una calada y poco me falto para toser, vomitar, etc.… Que mal lo pase y le dije que no era habitual, que lo hacía solo en fiestas y momentos especiales. Le pego una charla a su hija, mezclando de todo un poco y luego a mí me dijo que se fiaba de mí, que echase un ojo a su hija, que la protegiera como a una hermana de los depravados. Sabía que me lo decía porque tenía fama de que me gustaban las maduras y no las jovencitas. Cuando nos quedamos solos, Angelines se precipito sobre mí, me dio varios besos en mi cara, dándome las gracias y me dijo. - Te debo una muy grande, porque si me hubiera pillado con el cigarro o bebiendo cerveza, me quedo un mes sin salir, que es muy recto. - No te preocupes, no me debes nada. - Que si, que te la debo. - No te comprometas a nada, que te pueden pedir algo que no te guste o que no puedas dar. - Hombre si es lo que piensas, eso no, porque nunca lo he hecho, pero cualquier otra cosa sí. - Jajaja, ¿Y qué es lo que pienso? - Pues que va a ser, como hacerme “tras, tras” y eso no se puede, porque no lo he hecho con nadie, aunque eso no quiere decir que sea una beata. - Además del “tras, tras” como dices, digamos que está el “tros, tros” jajaja. - “¿Tros, tros?” ahora no te entiendo. - Pensaba que eras mas espabilada, por detrás, que es otra forma. - Que guarro. - ¿Es que te escandaliza? - Noooo, es que no lo tengo claro, porque amigas mías que lo hacen, o se lo pasan muy bien o muy mal, no hay término medio. - Pues mira tienes un culo perfecto, por lo que he visto con la ropa. Me lo pensare y lo mismo te tomo la palabra y me “cobro” el favor. - ¿Lo dices en serio? ¿Serias capaz de pedirme eso? Me fui riéndome y me reuní con los demás, me las apañe para sentarme junto a Angelines y dos primas y una amiga de mis primas se sentaron también cerca y me di cuenta de que no se llevaban muy bien con Angelines, no sabía por qué ni pregunte. La cena estaba bastante ruidosa porque unos hablaban por encima de otros, el vino ya se hacía notar y cuando mis primas y su amiga trataban de llamar mi atención, con mi pierna empecé a “tontear” con la pierna de Angelines, que se dejaba hacer y viendo cómo iba todo, me acerque mas a ella y le dije, “Cuando yo me levante, a los cinco minutos ves al tendedero que me vas a pagar con tu culo el favor” Seguí de risas con los demás y cuando vi que la cena estaba en su mejor momento, me levante y me fui, nadie notaria mi ausencia y tampoco la de Angelines si aceptaba mi oferta. Pase por el baño grande, donde hay de todo, desde el botiquín de mi abuela, hasta rollos de papel higiénico en cantidad, parecía un almacén. Eche un vistazo y cogí un tubo de crema suavizante para la piel. Llegue al tendedero, que era el lugar idóneo para hacer lo que quería. Podríamos ver si alguien venia. Se oía perfectamente el jolgorio que había dentro. Se notaba que la gente estaba alegre, se oía mucha marcha y música alta. Angelines no aparecía, hasta que oí con más intensidad todo, porque alguien había abierto la puerta del tendedero. Era Angelines, que nada mas cerrar la puerta, lo primero que hizo fue encenderse un cigarro y mirarme con una sonrisa que era bastante provocadora. Cuando llego junto a mí me dijo, “Y ahora ¿Qué?”, me quede recostado sobre un poyete y solo la miraba, ella se acercó mas y me echo el humo en la cara. No hice nada la deje, volvió a dar otra calada y repitió la escena, ahora sí, la cogí el cigarro y lo tire, la abrace con fuerza y nos morreamos. Empecé a meterle mano y ella quería hacer lo mismo, pero no la deje. Cuando toque su coño estaba chorreando, le di la vuelta de golpe, la poye en un recodo pequeño y desde esa posición le metía mano perfectamente. Ella se movía con mis avances y le metía mis dedos en su coño y Angelines me decía seria que no me pasara que era virgen y quería seguir siéndolo. El tubo de crema que estaba abierto, porque así lo había dispuesto, aprete y cogí bastante crema entre mis dedos, luego me fui a su aculo, llenándole el ano de crema. Se le escapo una carcajada excitante y me dijo, “Que cerdo, si te lo has tomado en serio. No me digas que vas a ser capaz. No me lo puedo creer” pero mientras lo decía, ponía su culo en mejor posición. Mis dedos entraban con dificultad, pero no tanto como pensaba. Me tenía muy burro, levante su falda, su culo era perfecto, dispuesto para mí. Angelines cada vez mas excitada me provocaba diciéndome cosas, hasta que ,e dijo, “Piénsatelo bien, que si mi padre te pilla te capa, lo sabes, ¿verdad?”, para picarla yo mas le respondí, “Cállate que te vas a enterar ahora y que tu padre se preocupe por sus cuernos, que tu madre tiene que ser tan puta como la hija y seguro que se los pone”, ella en vez de enfadarse se puso mas cachonda. Me puse un condón, me unte bien de crema y ante la algarabía que oímos, empecé a follarme su culo. Cuando noto mi rabo se quejó un poco, “Joder, ten cuidado, que menudo ciruelo que debes de tener, madre mía”, totalmente cachondo le dije, “No me vengas con tonterías, que este culo ya se ha comido mas de un rabo”, sin cortarse me respondió, “Si, claro que sí, pero te aseguro que ninguno como el tuyo. Cabrón más despacio, pero sin parar” Oírla me ponía mas cachondo y mucho mas me puso, cuando vi reflejado en la cristalera, a Mª Ángeles la madre. No sé cómo no oí abrirse la puerta. Era un momento en el que no sabía si salirme, si seguir o qué coño hacer. Angelines si se dio cuenta de que pasaba algo, porque me dijo que no me parara ahora y lo decía con mal genio. Seguí con mi movimiento y esta vez gire mi cabeza, mire a su madre que me miro y no dijo nada, agarre las caderas de Angelines y el metí el rabo sin miramientos, ella se quejó bastante, pero al notar los dos cuerpos juntos, exclamo, “Que buro pero que PASADA” De pronto sin esperármelo Angelines me dijo, “Seguro que mi madre como tu decías, no aguantaba esto” y yo le decía que seguro que sí. Follándola con más fuerza, le decía que su madre aguantaría eso y más, que tenía que ser mas puta que la hija y Angelines me decía que ella la ganaba. Me incline y desabroche su parte de arriba, dejando dos buenas tetas libres. Mis embestidas eran fuertes y con esa misma fuerza agarraba sus tetas. Seguía diciéndole cosas de su madre y esta miraba con la boca un poco abierta, como queriendo decir algo, pero sin salirle las palabras. Estaba como loco y cada vez mis impulsos eran más fuertes, Angelines ya no gemía gritaba y mire hacia donde estaba su madre, pero ya se había ido. Angelines se tocaba ella sola y estaba cachondísima, se había corrido por lo menos una vez, casi al principio aunque fue muy discreta, pero ahora ya no lo estaba siendo. Se corrió con mucho ruido, mucho movimiento y le saque el rabo. Me quite el condón y sin decirle nada, le pase el rabo por toda la raja y se le escapo una exclamación de placer. No nos decíamos nada, solo podía notar la dureza de mi rabo y como se encajaba en la entrada de su coño. Seguía sin decir nada y fui avanzando hasta llegar al tope, me quedaba bastante rabo fuera. No quería forzar nada que ella no quisiera y viendo que no decía nada, empecé a sacar mi rabo y ella con voz suave me dijo que la metiera un poco más, pero no hasta el final. Me salí del todo y me coloque otro condón a toda velocidad y empecé a hacer lo mismo. Angelines era como si arrullara, mi rabo entraba y salía con suma suavidad, sin pasar ese límite. Angelines cada vez se movía más y mejor. En una de mis suaves penetraciones, me pidió que me parara y mi rabo quedo en su tope. Ella movía sus caderas de ¡un lado para otro, aumentando su respiración, era un placer sentir ese movimiento, hasta que por sorpresa, ella dio un empujón hacia detrás, no muy fuerte, pero lo suficiente para saber y notar, que mi rabo penetro más de lo que ella hubiera querido al inicio de esa noche. Ya no tuvo que decir nada mas, con suma suavidad fui penetrando, lo hacía a medida que percibía que ella quería. Al final mi cuerpo toco el suyo y oí un “¡PARA!” de forma muy seca. Me quede parado y paso un tiempo intenso hasta que empezó a moverse, muy lenta, poco a poco, hasta que sus movimientos se hicieron un poco violentos, entonces deje de estar parado y nos corrimos los dos a la vez, de forma accidentada y a punto de caernos. No saque mi rabo, fuimos recuperando el aliento los dos juntos. Cuando ya estábamos más centrados, saque mi rabo y mientras me quitaba el condón ella me dijo, “Eres un puto cabrón, te había dicho que eso no. Que tengo novio ¡JODER! Me tenías que haber respetado” y luego se echó a reír diciéndome “Te tenías que haber visto la cara. Si se entera mi novio, se lía y gorda” Nos arreglamos la ropa, ella se fumó otro cigarro y volvió con lo mismo, “Espero que no se dé cuenta ni mi padre ni mi novio. Que además la familia de mi novio son íntimos de mis padres. ¿Se me nota algo?”, ahora el que se echó a reír fui yo por semejante pregunta. La tranquilice y ella me dijo que saliese yo antes. Al salir el primero que me paro casualmente fue Pedro el padre. Que me empezó a preguntar por unos asuntos profesionales. Poco después se nos acercó Mª Ángeles. Nos miramos con intensidad y solo ella y yo sabíamos el motivo. Pedro le conto lo que hablábamos y lo que me había pedido. Mª Ángeles me soltó sin venir a cuento, “¿Te pasa algo? Que tienes mala cara” y sin cortarme le dije, “Si, que el postre me ha sabido a poco y me hubiera gustado comerme algo más consistente”, se puso un poco roja y Pedro sin saber a qué me refería dijo, “¿Cómo dices eso? Si tu abuela siempre pone de todo en cantidad” y con segundas y sin dejar de mirar descaradamente a Mª Ángeles le respondí, “Es que como lo que da una madre no lo da nadie” Llego uno de la familia y se puso a hablar con Pedro, lo que aproveche para acercarme a Mª Ángeles y tratar de quedar como hice con la hija, pero antes de que pudiera decir nada, la muy cabrona, puso el tacón sobre mi pie y apretó, haciéndome un daño considerable, disculpándose como si hubiera sido accidental. Eso me enfado y ella no sabía de qué manera. Con mucho disimulo y aparentando que no pasaba nada, la cogí de su brazo y la lleve a un extremo del salón para hablar con tranquilidad. Empezamos a hablar y poníamos cada uno una sonrisa como si fuera muy gracioso lo que nos decíamos. - Eres una autentica zorra, me has hecho mucho daño con tu tacón. - Te jodes, eso te pasa por listillo. - Pues no ponías esa cara cuando veías como me follaba a tu hija. Que por cierto tiene un culo riquísimo. - Eres un autentico cerdo, hacerle eso a una chiquilla inocente. - JA, JA, ¿Inocente? Pues no sabe nada tu hija. Aunque lo que oíste que decía era verdad, que seguro que la madre era más puta. - No te pases. - Y también que hace tiempo que no te follan bien, cuanto follas al mes, ¿2, 3 veces? - A ti te lo voy a decir. - Jajajajajaja, me da que menos por la cara que pones. Seguro que te hubiera gustado estar en el lugar de tu hija. Lo hubieras aprovechado mejor. - Cómo se puede ser tan ordinario. Con lo educados que son todos en tu familia, parece mentira. - Pues este ordinario tiene un rabo que bien mirabas antes, seguro que te mojaste pensando que lo tenías entre tus piernas. - JA, que iluso. Que fantasma que eres. - Si soy un ordinario, un fantasma, un cerdo y todo lo que se te ocurra, ¿Por qué no te has ido y me has dejado solo? ¿Quieres saber por qué? - No me he ido y te he montado un follón por respeto tu familia. Pero sorpréndeme diciéndome lo que habías pensado. - (Me acerque a su oído) Porque quieres que te folle esta noche y no sabes como hacerlo. Te lo diré, si quieres vamos al mismo sitio o podemos ir a tu casa que esta a dos pasos. Si eres tan zorra y tan valiente como pienso tú me dirás como, porque igual que siempre he deseado follarte y me he hecho muchas pajas pensando en ti. Tu esta noche necesitas que te folle bien. Esta vez si se fue sin decir nada, pero pude ver como apretaba de fuerte su copa y su mirada llena de confusión. Estuve hablando con unos y con otros, casi todo versaba en como me iba en Valencia, mi nueva vida, si tenia novia, etc. lo que me permitía responder casi con automatismo y poder estar pendiente de otras cosas. Como darme cuenta de que Pedro estaba pasado de copas, Angelines con cara mustia y Mª Ángeles con cara nerviosa y mas cuando se cruzaban nuestras miradas y la traición que le jugaban sus grandes tetas, que hacían que sus pezones se le marcaran de manera ostensible. Difícil de disimular, aunque colocara estratégicamente sus brazos. Angelines se fue junto a su madre y la convenció para irse a casa de una de mis primas con otras chicas, al final cedió. Había varias personas no solo hombres que estaban mas que pasados. Uno de ellos era Pedro, que esta pasadísimo. Ya quedaba poca gente, los mas pasados y poco más. Mª Ángeles que estaba totalmente sobria, porque solo bebió un par de copas de vino, trataba de hacer callar a su marido, que empezaba a hablar mas de la cuenta. Un tío mío conto un chiste sobre esposas que no quieren follar y las disculpas que ponían y otro de los invitados y Pedro, le decían a sus mujeres, que como ellas. Las dos mujeres aguantaban el tipo y el resto de las mujeres se metían con los hombres, se produjo una “lucha” entre ambos bandos y yo me mantuve callado. Durante el resto del tiempo estuvieron así y en concreto Pedro desvelo cosas intimas de su matrimonio. Llego la hora de irse y mi abuela me dijo que Mª Ángeles le había pedido el favor si podía ayudarla a llevar a su marido a casa. Me hice el remolón diciendo que había quedado con algunos amigos del pueblo y deje que mi abuela me “convenciese” pero quise ser un poco mas malo y le dije a mi abuela, “Pero que me lo diga ella, que no me fio de ti. Que te ofreces siempre para todo y luego la gente se ve forzada”, mi abuela me insistió en que era verdad y llamo a Mª Ángeles para que me lo pidiera ella. Mi abuela le dijo que no la creía y ella nerviosa me dijo, “Es que mira como esta Pedro, de aquí a casa aunque está aquí al lado, este se me cae, se que es una molestia, ¿Pero me harías el favor?” mi abuela se quedo mas tranquila y yo le respondí, “Como no te iba a hacer un favor mujer” mi abuela justo en ese momento nos dejó y añadí, “Pero ya sabes que el nos haremos los dos un gran favor, ¿Verdad?” y ella muy seria me respondió, “No te confundas, es un favor solo para ayudarme con Pedro” le puse una sonrisa perversa y le dije en voz baja, por fin ese culo va a ser mío. Ya se despedían todos y yo agarre a Pedro, que se ponía pesado diciendo que el solo podía. Pero según lo decía, había que agarrarle que se iba al suelo. En el camino seguía contando intimidades de su matrimonio y su mujer le regañaba para que se callara. Una vez que entramos en su casa, me decía que me iba a dar un consejo, “Si te casas, que lo mejor es no casarse. En la cama no seas blando con tu mujer, que todas son unas putas y les gustan que las traten duro, como a mi mujer. Que contra mas duro se es mas se excitan, no seas blando como yo, que ella me lo dice muchas veces” Mª Ángeles estaba muy congestionada y roja por lo que oía a su marido y con cara de furia le decía que se callara. Se lo decía de una forma no tan suave como en casa de mis abuelos. Pedro se emperro en que le pusiéramos otra whiskey y después de una breve discusión, Mª Ángeles se lo puso y cuando se lo fue a dar, su marido ya está sin sentido. Mi siguiente paso era que mientras lo llevábamos a la cama, aprovecharía para meter mano a la mujer, pero al volver ella, traía una manta, se limito a quitarles los zapatos, a aflojarle el cinturón y el pantalón, para luego echarle la manta por encima, quedando tumbado a lo largo del sillón. Estaba sentado en un sillón, ella en otro y el marido en el grande y balbuceando de vez en cuando cosas que no se entendían. Ella dio un sorbo al vaso de whiskey y luego me lo ofreció a mí, que acepte y moje un poco los labios. No decíamos nada y en verdad ella parecía enfadada, lo que tampoco me extrañaba por todo lo que había largado Pedro. Aunque ya debía de estar acostumbrada. - Tampoco te enfades mujer, se ha pasado un poco bebiendo y ya está. Eso es porque estaba a gusto. - Si no me preocupa que beber, que tampoco es todos los días. Es que se lo tengo advertido, que no sabe beber, que luego se le va la lengua y dice nada mas que tonterías. Que no son verdad pero la gente puede pensar que sí. - Y yo que creo que si decía la verdad. - ¿En qué? (Pregunto preocupada) - Pues que eres una mujer caliente. Que te va la marcha follando y que el mismo reconoce que no llega a tu nivel. - Por favor no seas vulgar y no digas tonterías. No se en que te basas, aparte de en el comentario de una persona bebida. - Me baso en que tienes un cuerpo lujurioso, en que estas muy buena. En como mirabas cuando estaba con tu hija y sobre todo en que no me hubieras pedido venir a tu casa. - Sabia que eso te podía confundir, no había nadie mas que estuviera en buenas condiciones. Veo que te lo tienes muy creído. - Vale pues será así. Me marchare y los dos perderemos esta oportunidad, salvo que te decidas y quieras que me quedes. Su mirada estaba llena de deseo, pero no dijo ni decía nada. Salvo que era hora de que me fuera. Me levante y fui hacia la puerta, ella venia detrás y me iba diciendo que muchas gracias por todo. Antes de abrir la puerta, me di la vuela para decirla adiós y justo en ese momento, la di un morreo. Puso sus manos sobre mis hombros empujando para quitarme. Cerraba con fuerza sus labios, para que mi lengua no pudiera entrar en su boca. Cuando ya estaba desistiendo de seguir, ella fue a decir algo, algún reproche y aproveche para meter bien mi lengua y en ese momento, ella se dejó. Dejo de empujarme y suavemente me cogió por la cabeza, siendo ahora un morreo en condiciones. Cuando paramos trato de titubear, de arrepentirse y no la deje. En la entrada de su casa había una silla pegada a la pared. La empuje hasta que se sentó. Me agache, le quiete de “malas” maneras las bragas que llevaba. Metí mi cabeza en medio de sus piernas y cuando se quiso dar cuenta, mi lengua lamia su coño y su clítoris. Mientras ella de forma instintiva, puso sus piernas por mis hombros y me apretaba mi cabeza contra ella para que no parara. Solo se le oí un gemido contenido, como un murmullo, hasta que me pare un momento y rápido me dijo, “NO, NO, NO pares, ahora acaba, no seas así” lo decía con voz entrecortada y en tono bajo pero contundente. Metí mis dedos en su mojado coño, sacándole otro potente gemido. Le dije que se desnudara y volví a lamer su coño. Mientras la miraba y veía como de forma acelerada se desabrochaba su blusa y su sujetador, saliendo dos inmensas tetas, que la colgaban y eran, muy bonitas, teniendo unos llamativos pezones, por lo oscuros que eran y el gran tamaño. Empezó a correrse y me apretó con sus piernas, se movió como si le hubiera dado algo, casi se cae de la silla. Mi intención no era que se corriera tan pronto, por miedo a que se acabara todo. Ella se coloco bien en la silla, me pidió unos segundos de descanso, se coloco el pelo y se levantó, me dio la mano y estiro de mí. Abrió la puerta de una habitación, que evidentemente no era su habitación, porque había dos camas separadas. Empezamos a besarnos y nos terminamos de desnudar. Lo primero que hizo fue hacerme sentar en la cama y luego ella se puso entre mis piernas para comerme mi rabo. Lo lamio por todos los sitios y luego se lo metió en la boca. Qué manera de comerse el rabo y una de las veces que se lo saco me dijo, “Que preciosidad, como me pone, es mucho mayor que el de mi marido” y siguio mamándomelo. Paro y me hizo tumbar boca arriba, luego se sentó sobre mi rabo, metiéndoselo despacio y viendo que su cara de vicio era tremenda. Puso sus manos sobre la almohada y sus tetas quedaron en el sitio justo, para que mi boca pudiera comer tranquilamente sus pezones. Que grandes que eran. Cuanto mas los apretaba con mis labios, mas cachonda se ponía. No me quise resistir y le di un par de azotes en cada nalga, eso provoco que se moviera más. También jugué con su ano, mis dedos entraban bien y ella no se quejaba. Se incorporo mas quedando su cuerpo recto, se empezó a tocar con una mano su clítoris y con la otra se pellizcaba un pezón y se lo llevaba a su boca. Era una imagen muy cachonda. Como meneaba su cuerpo hasta que se empezó a mover a toda velocidad y se corrió de nuevo. Se tumbó sobre mi pecho, sin dejar de mover su cuerpo, pero mas suavemente. Aproveche para decirle, “Ahora me toca follarte el culo y correrme dentro de él” su respuesta fue muy sugestiva, “SIIIIIII, es todo tuyo, CAMPEÓN”, se quito de encima y se tumbo boca abajo diciéndome, “Pero no seas muy malo” lo dijo de tal modo que era como si me dijese lo que había dicho su marido, hazme de todo. Me levante de la cama y le extraño, ahora fui yo quien le di la mano, ella me dio la suya e hice que se levantara. Mª Ángeles me miraba extrañada, tire suavemente de ella y me siguio. Cuando íbamos a entrar al salón, donde estaba Pedro durmiendo la borrachera, ella se freno de golpe. Me miraba interrogándome y ahora con un poco mas de fuerza la metí en el salón. Había solo una luz suave encendida. La apoye en la mesa de comer que había en el salón. Me puse detrás de ella y ella no se dejaba. En el “forcejeo” logre meterle mi rabo en el coño y eso la dulcifico. Me pedía en susurros que nos fuéramos, me llamo pervertido y otras cosas. Según la follaba su resistencia disminuía a pasos agigantados y la situación la ponía mas cachonda. Una vez tenia el rabo bien empapado, lubricación natural, lo coloque en la entrada de su ano y fui empujando. Lo hacia despacio, metiendo y sacando, sin llegar al tope, me apoyaba sobre ella y le decía, “Mira al cornudo de tu marido, ahí durmiendo su borrachera y la puta de su mujer ensartada por el culo” ella se movía mas cuando oía eso y me decía, “Que le jodan, que no se hubiera emborrachado”, se movía mas provocadoramente y eso hizo que de un solo estoque terminara de reventar ese culo tan grande. Ya no tan bajo le decía, “Vamos puta, mueve tu culazo, haz que mi rabo te llene de leche”, ella se movía con más fuerza y agarrándome bien a ella, empecé a empotrarla en todos los sentidos, porque hasta movíamos la mesa, se oía de tal manera, que Pedro entre balbuceos preguntaba que pasaba y ante la estupefacción de su mujer yo le decía, “Estoy reventando el culo de la puta de tu mujer”, el de forma inconsciente decía párteselo bien a esa hija de puta. Mª Ángeles con voz normal y muy cachonda me dijo, “ya has oído al cornudo, pártemelo bien”, la empotraba al máximo y ella ahora gemía bien a gusto y se había animado, porque le decía a su marido, “Que animal que es, me esta destrozando el culo Pedro” y así seguimos hasta que me empecé a correr y ella al sentirme se corrió también. Lo que mas me alucino fue que al sacar mi rabo de su culo, ella cogió parte de la corrida en sus dedos, se acerco a pedro y le dijo, “Toma cabrón, tu parte” Pedro lamio como un bebe y ella puso cara de satisfacción. Nos fuimos a su baño, esta vez si vi su gran habitación, nos bañamos en una ducha amplia y quise seguir, pero ella me dijo que mejor no, que no fuera a ser que Pedro se levantara. Me vestí y me acompaño a la puerta, llevaba solo un albornoz. La tentación era muy grande y empecé a meterla mano de nuevo, ella con lujuria me dijo, que me quedara quieto que me haría una mamada y por ese día ya estaba bien. Se agacho, me desabrocho el pantalón y se puso a hacerme una mamada perfecta. El único problema que al haberme corrido, me costaba mucho poder correrme de nuevo. Por lo que ella me pidió que me hiciera la paja y cuando estuviera a punto la avisara. Empecé a hacerme la paja, mientras ella se abría el albornoz, se sentaba en la silla de la entrada y estirando sus piernas, abriéndolas bien para mí, se pajeaba conmigo. Era cachondísimo verla de esa manera, ya no era tan recatada, era una mujer cachonda y disfrutando de su sexualidad. Me acerque a ella puse mi rabo junto a su boca y nos compenetramos también, que según me corría en su boca, ella se corría también. Me limpio el rabo perfectamente y me dijo que le había sabido muy bien. Al día siguiente me la encontré por la calle, venia de comprar el pan y pensé que se cortaría, pero que va, estaba pletórica. - Buenos días, campeón, como has dormido, porque yo he dormido como hacia mucho que no dormía. (Sonrisa pícara y provocadora) - Pues a mi me ha pasado lo mismo. ¿Pedro qué tal? - Jajajajaja, con una resaca considerable y que ha tenido sueños raros, según el que alguien me follaba en su cara. - ¿Pero eso le ha mosqueado? - Que va si me ha dicho que se ha tenido que hacer una paja y todo de lo que le ha puesto. Si al final va a querer ser cornudo. Jajajaja. - No te extrañe que no seria el primero. Que ya conozco a muchos. - ¿SIII? ¿NO PUEDE SER? Te estas quedando conmigo. - No me quedo contigo, que ya he estado con muchas parejas con esos gustos. Tu haz la prueba, sácale cuando puedas el tema a tu marido. Si se pone burro y quiere tema, es que le gusta. Tu hazlo varias veces. - Que no, que Pedro no es así. Si es celoso hasta con los que se acercan a su hija. Con eso te digo todo. - Pues tu hazlo y si es como dices, estaré equivocado y si no es así, se abren muchas posibilidades. - Jajajaja, que pervertido y que peligroso que eres, jajajaja. Ese fue el final de esa breve conversación y el final de mi estancia ese día en mi pueblo. ([email protected])

Autor: Valenciano Categoría: Infidelidad

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La visita de mi sobrina

2019-10-28


Bueno otra vez aquí, esta vez les voy a contar mi última aventura con una de mis sobrinas, si tengo 42 años, me conservo bien aunque ya mi cabello escasea, pero ese es otro cuento, yo vivo en mi apartamento y tengo bastantes comodidades, no me puedo quejar, mi trabajo me ha dado para vivir muy bien. Entremos en materia, había hecho una pequeña reunión en mi apartamento e invité a una par de amigos son sus señoras, la idea era compartir un poco y hablar de bobadas, eran las horas de la tarde y mi hermana llegó de improvisto, llegó sin avisar y con ella venía mi sobrina Catalina, o sea su hija, Cata, como le decimos, es una niña pequeña de estatura, tal vez mide 1 metro con 55 centímetros, tiene 18 años y tiene un cuerpo muy bien proporcionado, ella está muy linda y con su cuerpo pequeñito se le acentúan sus curvas, tiene un culito precioso y unos senitos pequeños pero se le ven preciosos, tiene una carita de yo no fui, que deja con la boca abierta a más de uno. El caso es que llegó mi hermana con su hija y se sentó a conversar y a departir con nosotros, como ni novia no estaba entonces se dedicó a atender la reunión y pasar pasabocas y servir los tragos, como ya sabrán mi trago favorito es el tequila, así que yo era el único tomando tequila y los demás bebían cerveza o Whisky. Mi sobrina mientras tanto se había sentado frente a mí, no me había fijado bien en ella pero al pasar los minutos me di cuenta que venía vestida de manera espectacular, traía una camisa blanca, mejor una camisita blanca, porque para ella todo es diminuto, como su camisa era blanca se podía ver un poco a través de la tela y se notaban sus senos pequeños y sus pezones se destacaban por su color café, también tenía puesto un jean como o usan ahora las niñas, descaderado y dejan ver todo su ombligo y sus caderas preciosas, ahora algunas niñas también dejan ver un poco sus pantaletas o por lo menos el inicio de ellas, Catalina no era la excepción, su cara de niña buena solo hacía pensar que era una tesorito divino, apenas reparé en ella tuve la sensación de querer comérmela toda, ella me miró y se levantó de su asiento y me dijo, "tío quieres que te ayude en algo", yo solo le dije que no había necesidad que todo estaba servido y que no hiciera nada, cuando dio la vuelta para dirigirse a la cocina me quedé mirándola y pude ver su culito, tiene una cola paradita y unas caderas anchas para su cuerpo, se veía fenomenal, mis pensamiento no fueron nada buenos para con ella, pero pronto me olvidé de ella y seguí conversando con mis amigos. Al pasar los tragos el ambiente se fue calentando y dejamos de estar sentados y ya nos paramos por toda la sala y conversábamos animadamente, chistes van y chistes vienen, los tragos se acababan y cada uno se iba sirviendo por su propia cuenta, en un momento dado entré a la cocina para partir algunos limones para mis tequilas, sin darme cuenta entré a la cocina y sin darme cuenta mi sobrina estaba un poco inclinada tratando de servir no sé qué cosa, yo pasé por detrás de ella y mi guevo sin querer chocó contra su culo, al sentir su culo mi guevo cobró vida, pero inmediatamente pedí disculpas y pasé rápidamente hacía la parte de la cocina donde se encontraban las cosas que yo quería, mi sobrina solamente me sonrío y me dijo, "la cocina es un poco pequeña tío", yo le dije que así eran los apartamentos de hoy en día, ella seguía inclinada hacia adelante y su culito se veía muy provocativo, tomé las cosas que necesitaba y otra vez tenía que pasar por donde ella estaba, así que con mis manos ocupadas, fui pasando despacio y esta vez coloqué mi guevo bien pegado a su culito, se lo restregué un par de segundos como para que ella se enterara de que yo estaba pasando, mi sobrina lo que hizo me dejó perplejo, se inclinó un poco más y sacó su cola y me pegó totalmente a mi guevo, ella tenía que sentir mi guevo en su culo, pero no dijo nada, solo bromeo y me dijo medio en broma y medio en serio, "si vuelves a pasar por aquí te voy a estripar con mi culo", yo solo le dije, "con esa culo que tienes, seguro que lo puedes hacer", mi guevo estaba empalmado completamente y mi cabeza me daba vueltas, no podía ser, mi sobrina no me dijo nada y yo había podido poner mi guevo en su culito, que rico, pensé. La reunión siguió y cada vez estábamos más contentos, mi sobrina entraba y salía de la cocina, ahora era ella la que servía los pasabocas y atendía a los invitados, mientras tanto su mamá estaba sentada en la sala conversando con las señoras y toda parecía normal. Se me acabó la guarnición de limones y me dirigí a la cocina, cuando voy entrando mi sobrina se vuelve a inclinar como para no dejarme pasar y poner como obstáculo su lindo culo, el solo hecho de ver ese culito se me volvió a parar mi guevo y como ya tenía mis buenos tragos en la cabeza no lo pensé, pasé muy despacio y al pasar mi sobrina me obstruyó el paso con su culo, quedé atrapado por su culito, la tomé por la cintura y le restregué mi guevo un poco descaradamente, ella no dijo nada, solo se reía y yo seguía pasándole mi guevo por su culito, imposible que ella no lo sintiera, me dijo: "ves tío no te dejo pasar", yo solo le dije, "no hagas trampa, así casi no puedo pasar mi linda", sin querer me tocó pasar con un poco de esfuerzo y dejarla quieta, mi nenita estaba jugando y al parecer le gustaba hacerlo, pensé, yo estaba nervioso y al mismo tiempo estaba muy empalmado, rápidamente hice lo que tenía que hacer y me tocaba volver a pasar, ella me dijo, "por aquí no vas a pasar tío", en tono de risa, "ya veremos le dije", me dirigí a pasar y ella me fue dejando pasar pero cuando estaba pasando volvió a poner su culito en mi guevo, esta vez se lo restregué sin ningún pudor, ya sin pena, le arremetía su culito con mi guevo y ella también hacía su parte, coloqué lo que llevaba en las manos a un lado y la volví a tomar por las caderas para poder manejarla y estrechar mi guevo contra su culito, la cosa ya era descarada, sentí que su respiración estaba agitada y la mía ni hablar, le dije al oído, "¿te gusta?", ella solo asintió con la cabeza, uno de mis brazos fue bajando hacia delante y coloqué mi mano en su entrepierna, empecé a recorrer su cuevita por encima de jean, ella me tomó la mano y me dirigía hacia donde quería que la tocara, mi guevo seguía empujando hacia delante y ella con su culito hacia atrás para sentir bien mi guevo, subí un poco mi mano y la empecé a meter por arriba del jean para poder tocar su cuquita, ella se pegó a mi cuerpo para dejar pasar mi mano, mi mano fue bajando y se encontró con su mata de vellos púbicos, los acaricié un poco y traté de seguir adelante pero la estrechez hacía imposible la labor, se inclinó un poco hacia adelante y mi mano pudo pasar a tocar cuevita, mis dedos recorrieron toda su cuquita y con sus flujos mis dedos se deslizaban deliciosamente, tenía una cuquita pequeña, mi mano la ocupaba toda, le trataba de meter un dedito pero por la posición era muy difícil , le dije, "lástima que no hubieras venido con faldita", me preguntó, "¿para qué tío?", "para poder tocarte mejor mi linda", me respondió, "tío esto no está bien, tu eres mi tío y no debemos hacer nada", pero no se quitaba de ahí y mis dedos seguían jugando, le dije:" ponte una falda que quiero hacerte de todo", "no tío, no podemos", Catalina jadeaba y arqueaba la cabeza hacia mí, estaba entregada y le encantaba, le volví a decir, "cámbiate de ropa, ve y busca una faldita que hay en la ropa y te la pones", "no tío que va decir mi mamá", "le dices que se te regó algo", enseguida la solté y le volteé un copa de tequila llena en su entrepierna, quedó completamente mojada, le volvía decir: "ve, mi amor a mi cuarto y busca una faldita que hay para jugar tenis que han dejado aquí", enseguida mi sobrina salió de la cocina y fue hasta donde su mamá y le comentó lo que había pasado, después se dirigió a mi cuarto. Ya todos estábamos un poco pasados de tragos, hasta mi hermana, que pocas veces toma, la noche era larga, pensé, me quedé esperando que mi guevo se calmara un poco para poder salir de la cocina, decidí entonces ir al baño y hacer como si tuviera ganas de entrar, así lo hice y nadie notó nada extraño, entré al baño que también tiene una puerta hacia mi cuarto y cerré la puerta, de verdad no lo había pensado, pero la otra puerta, la que da hacia mi cuarto estaba medio abierta, me asomé un poco y estaba mi hermana con mi sobrina, ella le buscaba entre mis ropas alguna prenda qué ponerle, por fin encontró la faldita que yo la había dicho y mi hermana dijo: "Jaime es el colmo, tiene ropa de sus aventuras aquí, ponte esta falda y luego sales", mi hermana salió y dejó a Catalina sola, yo me quedé observando desde donde estaba sin que me vieran, Catalina se fue quitando su jean y quedó en pantaletas, eran negras, o como le llaman ahora "Hilo Dental", se paseó un rato así y yo la veía como un lobo a su presa, sin ponerse la falda todavía se dirigió al baño donde yo estaba, cuando me vio se asustó uy me dijo, "tío, qué haces aquí, mi mamá puede venir en cualquier momento", se veía hermosa, su triángulo era divino, yo le tape la boca y la entré al baño, cerré la puerta y me arrodille entre sus piernas, mi boca quedó a la altura de su cuquita y empecé a pasar mi cara por su cuevita, ella me decía, "no, tío, no, déjame, nos pueden agarrar, mi mamá me mata", yo no le hacía caso, aparté su tanga y pasé mi lengua por sus pelitos y su cuquita, ella solo decía que no, que por favor no, pero no hacía nada, me tomó la cabeza y empezó a dirigir, yo solo chupaba su cuevita, ella gemía y decía que no, no sé en qué momento me entró la razón y decidí que era mejor no correr riesgos, le dije que entrara al cuarto y se pusiera la falda y saliera, ella salió corriendo y así lo hizo, mientras tanto yo cerré con seguro la puerta del baño que da a mi cuarto y me quedé unos segundos esperando a que todo se calmara y nadie sospechara nada, cuando decidí salir, en encontré con mi hermana en la puerta, "por qué te demoras tanto Nacho, estoy que entro al baño hace rato, los tragos me están ya mareando", yo solo le dije, "tranquila Julia, estaba haciendo cosas que nadie puede hacer por mí", en tono de broma, me dirigí a la sala y la gente seguía en el mismo plan, es más me pareció que había más gente, pero eso no me importaba, busqué con mi mirada a mi sobrina y estaba conversando con una amigo, ella me miró y bajó la mirada como apenada, decidí que era mejor dejarla un rato tranquila, de todas maneras la faldita se le veía muy bien. La reunión siguió y ya los tragos habían hecho su efecto, algunos estaban dormidos y otros estaba enfrascados en conversaciones políticas que nunca tienen fin, mi hermana se había ido a dormir en uno de los cuartos y me había recomendado a Cata, yo no estaba tan pasado de copas, pero los demás parecía que si, en un momento no vi a Cata y decidí ir a buscarla, no la encontré, le pregunté a mis amigos pero ya todos no servían para nada, solo uno estaba medio despierto pero estaba muy tomado, sin pensarlo me dirigí a la cocina y ahí estaba Cata, estaba preparándose algo de comer, me miró y me dijo: "tío, fue una locura, esto no debió pasar, yo no soy así", me acerqué a ella y le dije, "tranquila mi amor, tu no eres una cualquiera, simplemente esas cosas pasan y punto, además tus hormonas están revoltosas y punto", "no tío, lo que pasó es que cuando entraste la primera vez y me rozaste la cola, yo sentí muy rico y me dejé llevar después, eso no está bien, tu no me debes tocar", yo la interrumpí, "tranquila mi niña, no pasa nada, además esto es lo más rico que hay en el mundo, ¿o no?", "si, tío pero esto no lo debo hacer contigo, tu eres mi tío y yo soy tu sobrina, esto es incesto", yo le dije: "si mi amor, pero con una niña tan hermosa como tu cualquiera se vuelve loco, con ese cuerpo que tienes me imagino que ya lo has hecho muchas veces", me dijo: "no, tío no muchas, pero siempre me pongo así cuando me tocan la cola", "cómo así mi amor", "si tío, la otra vez en un bus un señor se me arrimó y me tocó el culo como lo hiciste tu", "¿y tu qué hiciste?", "nada lo dejé hacer, porque me daba una vergüenza que todos se dieran cuenta", "y cómo fue, cuéntame", "ay tío, me da vergüenza", "mi amor con lo que hemos hecho hoy, conmigo no tienes por qué volver a tener vergüenza, cuéntame, te gustó", "ay tío, no hagas hablar", "cuéntame mi amor, esas historias me encantan ya tienes que contarme, no me dejes así", "bueno, está bien, hace unos días salí del colegio un poco tarde y se subí a un bus para ir a mi casa, no sé en qué momento se llenó el bus y quedé en la parte de atrás, de pronto es que siento que alguien se me acerca por atrás y me empieza a rozar la culo yo no le di importancia pero de pronto sentí un bulto pegado a mi culo y cada vez se restregaba más en mi culito, yo miraba para todos lados y no sabía qué hacer, tenía mucha gente cerca y no quería que nadie supiera que estaba pasando, el señor seguía apoyándose y me colocó los brazos como tu hiciste, como llevaba falda el me empezó a tocar por todos lados, pero como yo llevaba cachetero no creí que fuera hacer nada, pero hizo como tú, me metió las manos y me tocó toda, me fue tratando de bajar el cachetero y yo no lo dejaba, pero lo bajó un poco y se sacó su guevito y me lo puso en el culo, yo no sabía qué hacer, pero al ratico acabó y me dejó toco untado mi culo de su leche, me dio un asco tío", "ah, pero te gustó", "si, un poco tío, pero no se lo vayas a contar a nadie, mi mamá me mata", mientras mi sobrina me contaba sus desventuras mi guevo estaba como un riel, me acerqué a ella y le pasé la mano por el culo "es que tienes un culito precioso mi amor", mi mano acariciaba cada cachete de su suculento culito, ella se dejaba hacer, pero me decía. "no tío, no empieces otra vez", me arrodillé otra vez y metí mi cabeza por delante de su falda y empecé a chuparle su cuquita por encima del bikini lo aparté un poco y mi lengua fue directo a su cuquita, estaba muy mojada , ella abrió las piernas y me dejaba hacer, le bajé el bikini y se lo fui quitando, cuando se lo quité me levanté y se lo mostré, le dije: "mira, este es mi trofeo", "no tío, no te puedes quedar con él, qué le voy a decir a mi mamá", "no sé mi amor, pero este es mío y pasé mi lengua por su panty, justo donde quedaba su cuquita, estaba lleno de sus fluidos, ella me dijo: "tío no seas cochino", le dije: "me encanta tu sabor, y ahora quiero comerte toda", "no, tío, no sigamos, esto es una locura, por favor tío, no sigas", pero ya era demasiado tarde, mi sobrina no tenía interiores y el camino estaba abierto, la senté en mis piernas, ella me daba la espalda, le restregaba mi guevo en su culito y ella trataba de no dejarse hacer nada pero sin mucha convicción, le levanté un poco después de haberle sobado por todos lados, sus piernas, su cuquita y por supuesto sus senitos, pero no había tiempo para más, yo me la quería culear, le levanté un poco y me saqué mi guevo ella se dio cuenta de lo que iba a pasar y me dijo: "No tío, no me lo metas, por fa, no lo hagas", era por hacerse la difícil, porque no hacía nada por levantarse e irse, "mi amor, quiero culear contigo y la vas pasar delicioso", ella solo decía que no, pero estaba esperando que se la metiera, poco a poco le fui acercando mi guevo a su cuquita, ella me dijo: "no, tío, con cuidado, tienes que tener cuidado, me puede doler, pero mejor no lo hagamos, si quieres te lo chupo, te hago lo que quieras, pero no me lo metas", "ya mi niña, ya va entrar, ya no hay paso atrás te voy a culear bien rico y vas a disfrutar muchísimo, después me lo chupas bien rico", mi guevo se fue acercando a su entradita, hice que abriera muy bien las piernas y mi guevo tocó su cuquita, el primer contacto fue delicioso, ese calorcito, esa humedad, mi guevo encontró su huequito y como estaba muy lubricada y en esa posición mi guevo entró un poco, ella gimió y echó su cabeza para atrás, se entregó totalmente, la tome por la cintura y la fui sentando en mi guevo, poco a poco mi guevo entró, hasta que quedó totalmente adentro, ella sintió que estaba completamente adentro y me dijo: "tío es muy grande tu guevo, es muy grande, me estas abriendo mucho y mi cuquita no creo que aguante, me vas a matar", yo no dije nada, solo le daba besitos en el cuello y con una mano te tocaba sus senitos, y con la otra dirigía mi guevo al tiempo que le frotaba su pepita, ella jadeaba cada vez más, "tío me matas, tío eres un degenerado te estas culeando a tu sobrina de 18 años", esas palabras me enloquecieron aún más, "tío yo solo tengo 18 años, tío me estas matando", yo empecé a subirla y bajarla en mi verga, mi verga entraba toda y se la volvía a clavar toda, en cada embestida ella gemía más fuerte, jadeaba y movía su cabeza para un lado y para el otro, las embestidas eran fuertes, hasta que le dije que ella misma se levantara y se volviera a sentar encima de mi guevo, se fue acomodando y así lo hizo, mi guevo entraba y salía, era todo un poema, solo le veía su culito y pensaba, "por aquí también", pero estaba en el cielo, Cata había pasado varios orgasmos, eso era seguro, había mucho flujo por mis piernas y por las de ella, se debía haber venido muchas veces, pero no estaba yo para contar cuántas veces, estaba llegando a mi limite y el pregunté si se cuidaba, "no tío, no creas que lo he hecho muchas veces, pero quiero que acabes dentro de mí, quiero sentir tu lechita dentro de mí", yo estaba loco pero no para tanto, imagínese mi sobrina embarazada, decidí disminuir las embestidas para no acabar y le dije que debía chupármelo un rato, ella estaba entregada y me dijo, "tío nunca lo he hecho pero me enseñas", yo ya estaba que me corría, así que le la fui sacando y le dije que debía arrodillarse en el piso y chuparme el guevo quería acabar en su boquita, el morbo era total, ella se levantó y se acomodó como le dije, su cabeza inclinada sobre mi guevo, al tiempo que podía ver sus piernas abiertas acurrucada y podía ver su cuquita abierta por mis embestidas, su pequeña cuquita estaba abierta en las dimensiones de mi guevo, en ese momento quería chuparle su cuquita pero primero quería que me chupara mi guevo decidí levantarme y dejar que si sobrina se metiera mi guevo en si boca, así lo hizo, me dijo: "tío, nunca he hecho esto, es sabor es.", no la dejé terminar, le metí mi guevo en su boca y le dije: "Chúpalo como una chupeta cuidado con los dientes, chupa mi amor", ella se dejó llevar, yo le manejaba la cabeza, mi guevo entraba y salía como si fuera su cuquita, fui acelerando y mi guevo estaba a punto de estallar, le dije: "chupa, chupa mi amor, chupa y se la dejé adentro", mi guevo estalló en una acabada bestial, mi leche salía por su boquita y ella trataba de que mi guevo no se le saliera, la tomaba con las dos manos, una acabada fenomenal, que delicia y con mi sobrinita, que mejor, su carita me miraba, sus mejillas estaban coloradas de la excitación, decidí que esa carita merecía un premio así que la acosté en el piso, le abrí las piernas y me dispuse a chuparle su cuquita otra vez, me metí entre sus piernas y su cuquita todavía estaba abierta, le chupe su cuquita deliciosa y ella jadeo, de arqueó y casi se desmaya. La levanté del piso, nos dimos un profundo beso y le dije, "quiero seguir así toda la noche, mi amor", ella solo me dijo: "yo también tío, yo también".

Autor: Intocable Categoría: Incesto

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Noche en el hospital

2019-10-28


Y yo que pensaba que en los hospitales solo se cuidaba a enfermos... Lamentablemente hace unas semanas tuvieron que ingresar a mi anciana madre, después de 2 días en el hospital decidieron trasladarla a un hospital más grande en Madrid. Al principio se quedaban por las noches mis hermanas pero según iban pasando los días y consultar en mi convenio colectivo que tenía 4 días de permiso por hospitalización, decidí quedarme una noche con ella. Aunque primeramente pasaba todo el día en el hospital con ella, mientras mis hermanas descansaban y me iba a dormir por la noche a casa, pude ver el trasiego de altas y bajas, gente que va y viene en las habitaciones, hasta que un día llego un chico joven acompañado de una mujer madurita con un pelo larguísimo casi hasta el culo y un color platino que le hacía su cara muy muy sensual. Al tener ellos la puerta abierta, cuando entraba y salía de la habitación de mi madre miraba y ella me respondía con una mirada llena de sensualidad. Después al encontrarnos por los pasillos la saludé muy cortésmente y le dije que si su hijo estaba muy mal a lo que me contestó que no era familia suya, era el hijo de los señores de la casa en la que se encontraba interna, yo la comenté que estábamos allí por mi anciana madre pero que parecía que pronto la iban a dar el alta. La verdad que los hospitales son muy aburrido se te hace el día eterno no sabes si estár sentado, si pasear, fue cuando me fui a dar una vuelta por los pasillos cuando me la encontré de frente que venía con un café , me dijo que si quería un café que me invitaba, acepté inmediatamente, así la pude ver un poquito más de cerca tenía un jersey de cuello alto pero se apreciaban unas tetas muy apetitosas ni muy gordas ni muy pequeñas aunque era muy bajita tenía una cara muy muy guapa, y unos leggins que dejaba ver un culo muy apretadito Me presente muy cortésmente le dije que me llamaba José y ella me dijo que se llamaba Elizabeth, no parece un nombre muy español le dije a lo que ella me respondió que era hondureña y que solamente llevaba dos meses en España trabajando de interna en una casa donde antes estaba una amiga suya que se tuvo que volver a su pais por problemas personales. Le dije que debía ser muy duro dejar su país y su familia, costumbres a lo que me contestó que efectivamente se sentía muy sola hasta el punto de que el día que tenía de libranza se lo pasaba en la habitación encerrada sin salir a la calle, al oír eso le dije que me daba mucha pena su situación y que al ser una mujer tan guapa y sensual podía enseñar Madrid poco a poco sirviéndole de guía turístico, al oír eso se le encendieron los ojos y me dijo me encantaría acompañarte en mis días de libranza. Me dijo que había dejado en su país a su marido y sus hijos y que aunque les echaba mucho de menos porque necesitaba cada día tenerlos muy cerca por lo menos estaba enviando dinero para que a ellos no les faltase de nada, a los que me conocéis por mis anteriores relatos sabéis que enseguida empiezo a pensar y empecé a soltar toda mi artillería pesada, diciendola que con lo guapa que era quizás echaría en falta a su marido en la habitación y dormir ella sola porque las latinas tienen fama de ser muy fogosas. Ella me sonrío y me dijo bueno pasamos las noches de soledad como buenamente podemos. Llegó la noche y con ella el silencio total en el hospital, aunque es un hospital privado y tienes un sofá para dormir el acompañante, al estar entrando y saliendo las enfermeras continuamente no te dejan conciliar bien el sueño, por lo que decidí salir a los sillones que tenían en la sala de espera con un poquito más de luz para consultar mis mensajes de móvil. Estaba tan absorto buscando algún relato erótico que no me di cuenta que se acercaba Elizabeth, al tenerla tan cerca levanté la vista y me dijo tampoco puedes dormir, mirándola con cara de circunstancias le dije que era casi imposible aunque el sofá era muy cómodo para hacer otras cosas, ella me dijo eres un poco picarón a lo que le contesté diciendo teniendo una mujer delante tan guapa y sensual como tú no es para menos que a uno se le suba la libido. Se sentó al lado mío en el sofá por lo que tuve que dejar de leer el relato, cuando al ir sentarse me di cuenta que llevaba puesto unas mallas en la cual se veía totalmente su pubis hasta sus labios vaginales haciendo una separación que daban ganas de meterla mano allí mismo. Comencé a decirle que parecía una mujer muy guapa y que me gustaba mucho su pelo mitad negro mitad blanco que parecía una yegua no sé si en celo o no, ella me sonrío y me dijo me parece que tú eres muy fogoso, le dije que en cuanto tengo una mujer guapa cerca se me alteran las hormonas. Ella apoyo su cabeza sobre mi hombro lo que me dio pie para poner mi mano encima de su muslo al ver que no decía nada empecé a subir hasta su pubis empezando a masajearle por encima de los leggins la verdad que se notaba muy caliente quizás se estaba empezando a poner cachonda, empecé a darla besitos por el lóbulo de la oreja, por el cuello hasta que ya empezó a suspirar, ahhh ahhh, y fue cuando metí mi lengua en su boca para darla un beso muy apasionado entrelazando nuestras lenguas cosa que aproveche para subir una mano a su pecho notando que no llevaba sujetador debajo del jersey, por lo que metí la mano por debajo y empecé a masajearle sus pechos aunque no eran tan gordos como a mí me gustan tenían unos pezones que parecían avellanas y eso sin tocarlos con las yemas de mis dedos, cosa que hice hasta que ella empezó a suspirar más largamente, uuff ufff me estoy excitando, me tienes muy caliente, estoy deseando que me folles. Nos levantamos y nos dirigimos a una habitación la cual sabía que estaba vacía, la tumba en el sofá y empecé a bajarle sus leggings apareciendo ante mí un tanga diminuto con un triángulo de vellos que le hacía a su coñito un manjar para comérselo, y aparte la fina tira y empecé a meter mi lengua en su vagina hasta que ella misma se aparto sus labios vaginales con sus dedos y me dijo cómemelo, estoy deseando correrme en tu cara, yo también dirigi mis manos hacia sus labios vaginales para chuparle el clítoris y meterle un dedo en su vagina con un móvimiento de mete y saca, el coño que estaba encharcado de jugos pero seguia chupando y chupando, solo se oía en la habitación el chapoteo de su coño, chof, chof, ella puso una mano en mi nuca aplastandome contra su coño hasta que estalló en un delicioso orgasmo, me mojó toda la cara como si se estuviese meando. Como mi polla a esas alturas estaba totalmente tiesa me levante, me baje los pantalones y se la puse en su cara, ella con una cara de vicio me la chupába de maravilla, me estaba quedando muy claro que ella era muy fogosa y necesitaba follar a diario, me la estaba chupando de maravilla, estaba notando que era una buena mamadora pero no quería terminar en su boca y si follar con ella esos labios vaginales pequeños pero muy sonrosados y deseosos de meter un pene y terminar en el fondo de su vagina. Por lo que me senté en el sofá, ella se puso a horcajadas encima mía y apúntando mi polla hasta su coño, de un solo golpe entro hasta el fondo cabalgandome como buena amazon yo la tiraba del pelo a mi yegua en celo, después de estar dándome unas sentadas grandiosas, al ser tan pequeñita la cogí de las nalgas de su culo me levante y la sente a ella en el sofá todavía con mi polla dentro, le dije que pusiese sus piernas encima de mis hombros y empecé a darle unas emboladas salvajes hasta que notabamos como mis huevos chocaban contra las cachas de su culo. Yo estaba en el séptimo cielo follándome a esa mujer, y estaba tan caliente que ni le avisé donde quería que me corriese empecé a echarle chorros y chorros de semen en su interior estallando los dos en orgasmo bestial. No tenía ni fuerzas ni para sacar mi pene de su coñito, me sentía tan satisfecho con mi polla dentro de su vagina tan calentita y estrechita, hasta que ya me dijo en la oreja muchas gracias necesitaba ser bien follada como tú me lo has hecho. A lo que le contesté que el placer era mío de haberla dejado bien satisfecha y que a partir de ese día me quedaré las noches que haga falta para hacerla compañía, me contestó con otro beso largo y apasionado, nos levantamos y por fin pudimos dormir plácidamente. si alguna madurita quiere que le haga compañía en el hospital este donde esté, de la zona de Madrid, solo tiene que escribirme. ([email protected])

Autor: Vamosaver Categoría: Sexo con Maduras

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La mano del bus (I)

2019-10-28


Me llamo Carlos y tengo 20 años, soy hijo único y muy cuidado, y engreído por mis padres, ellos están atentos a todos mis gustos y preferencias, confían mucho en mí y siempre me dan mis caprichos; soy muy mimado. Hace algún tiempo miraba mi cuerpo y note que me estaba saliendo cinturita, y eso a mi me agradó, pues iba aclarando mi sexualidad ya que nunca había probado una chucha ni tampoco una verga, no sabía si era hombre o mujer, pero me gustó notar en mi cuerpo esa característica, mis pezones se volvieron muy sensibles así como mi piel, que tenía un color muy bonito, por la calle a veces volteaban a mirarme, creo que mis nalgas son agradables y más de uno me mira en donde estudio, yo estudiaba todo el día en un instituto técnico, y tenía pocos amigos, como yo era muy tímido me costaba empezar amistades nuevas; salía del instituto y no paraba hasta llegar a mi casa. La movilidad era muy complicada para mi, siempre los buses iban muy llenos y apretujados. Un día salí un poco tarde del instituto, espere largo rato el bus, y cuando este llegó venia cargado de mucha gente, me acomodé al centro del vehículo, no podía ni moverme ya que estaba muy apretujado, sentía el calor muy fuerte, más o menos a mitad del viaje, sentí que una mano empezó a tocarme el culo, yo no podía ni alejarme, tampoco voltear hacia atrás, era tanta la gente que ni eso se podía, y tuve que aguantar, esa mano recorría mis nalgas de arriba y abajo; las apretaba rico, su dedo del centro empezó a tocarme mi ojete, era mi primera caricia a mi culo y… eso me estaba gustando, me dejé hacer todo lo que viniera de esa mano; cuando la gente empezó a bajar, la mano desapareció, yo miraba a quien pudo haberme hecho eso, pero no tuve éxito, cuando me toco bajar, hice una última mirada, pero tampoco; al llegar a casa encontré una nota de mis padres que iban a llegar tarde; yo estaba arrecho, un olor a putito que no podía, fui al cuarto de mama escogí una tanga y me la puse quería sentirme putito. Al día siguiente estuve muy atento en el bus, al salir de mi casa observé y venia casi vacío, me senté tranquilo; al terminar las clases y cuando ya estuve en el paradero, era muy difícil saber quién era el pervertido; subí y me acomode al centro, no sé si quería encontrar a quien hacia esas cosas o si quería sentir de nuevo esas manos; pero ahí me puse; cuando se llenó más el bus, volví a sentir esa mano fuerte, enérgica y arrechante, yo ya no intente saber de quién era, solo quería sentirla, y ese día venia sin trusa, sabía que lo iba a sentir, y empezó su trabajo de arriba abajo, y creo que se dio cuenta que no traía nada, que se esmeró en sus apretaditas de nalga, su dedo del centro se puso más duro y quería meterse por la tela del pantalón, lo sentía muy arrecho, yo paré el culo y él me ajustó su manaza, que ricooo… eso duró poco ya que la gente empezó a bajar y se hacía notar, me quedé con más ganas, así llegué a casa muy arrecho, allí estaban mis padres, los saludé y me fui a duchar, cené y a dormir soñando con esa mano o su verga de qué tamaño seria; tenía ganas de verga, me di cuenta que me gustaban las pingas y no las chuchas. Esa noche desarrollé los trabajos del instituto, hasta muy tarde, cuando fui al baño note que la puerta del cuarto de mis padres estaba entreabierta y fui a cerrarla cuando veo que mi madre le mamaba la verga a mi papá, si que era una verga grande y gruesa, y la mía chiquitita. Papa: déjame meterla a tu ojete. Mama: No me duele mucho, y tú la tienes muy grande… Ellos estaban en ese dilema hasta que papa gano y la puso de a perrito, le echo gel al culo y zas se la enchufó de un solo golpe… Mi culo se estremeció y la verga de papa gozaba con el culo de mama y ella de tanto mete y saca empezó: ‘más mas mas quiero más, métela más adentro’. Je je yo me sonreía, el placer lo acompaña al comienzo el dolor pero después viene lo rico… Me fui a la cama a soñar como sería mi primera vez y mi primera verga en mi culo. Al día siguiente al ir al instituto, observaba a la gente en el paradero y después en el bus, me senté tranquilo, no había muchos pasajeros; cuando llegue fui a mi aula, estuve con los amigos y al terminar las clases, fui al baño y me saqué la trusa, y como fui con buzo deportivo muy suelto, quería como el día anterior sentir más caliente esa mano del bus; salí al paradero siempre mirando, pero no había nada raro, me subí en el más lleno, me coloqué al centro donde estaba más apretado, cuando de pronto sentí que algo se apretaba a mi cuerpo, no era una mano, era una pinga, gruesa y caliente, tuve un poco de temor, no quise voltear por eso, pero me gustaba sentirla sobre la ropa, estaba tan rica que inconscientemente me bajé el buzo un poco, lo suficiente para que me meta la mano, pero no fue la mano, fue una pinga descomunal, recta y larga, caliente y venuda; me la puso entre las nalgas y sus manos en mi cintura apretándome a su cuerpo; yo me dejé quería pinga mucha pinga, el bus hizo el resto nos movíamos a su ritmo… De pronto oigo su voz en mi nuca: ‘Vamos a bajarnos, dame tu mano, ven…’ Yo hice lo que pidió, estábamos a dos cuadras de mi casa y recién pude verlo y era un tipo de raza negra, muy negro y corpulento, y atractivo; me gusto y lo seguí Yo: donde me llevas El: a mi cuarto y hace tiempo te tengo ganas putito. Nos fuimos y al llegar a su cuarto él empezó a besarme la boca, metía su lengua como culebra hasta mi garganta yo: sigue besándome esta rico… Él: me gustas mucho mariconcito y te va a gustar lo que vas hacer esta noche conmigo. Yo: no puedo quedarme toda la noche solo un rato. Él: me llamo Félix y tú? Yo: Carlos, pero sígueme besando, sácame la ropa y cáchame. Félix: Si toma mi verga y chúpala. Era una pinga negra muy negra y larga y ancha, no era cabezona pero rica, era mi primera verga que chupaba; él empezó apretar mis nalgas y sus dedos entraban y salían de mi ojete… que rico era todo eso; con su otra mano apretaba mis pezones y los chupaba… Mas ricooo. Hasta que yo no pude más y le dije Yo: Félix ya métela muy dentro muchooo dentro. Él no se hizo de rogar y sus 32 cm. de verga entraron en mi virginal culo… despacio… despacio… muy despacito y cada centímetro que entraba abría mis pliegues y yo los gozaba era mi primera pinga en mi culo… ‘sigue mete mete más…’ pedía yo y cuando ya estuvo toda dentro empezó a moverla en círculos y saca y casa y mete y mete muy rápido, demasiado rápido que perdía la noción donde estaba y yo buscaba su boca, su geta inmensa, el metía hasta su lengua, su mano apretaba mis pezones y sus cadera mi culo, sus piernas aprietan mis muslos era un experto cachando y yo quería que me cache mucho… hasta que me vine y su mano agarro mi leche y la paso por mi cuerpo, pero él no llegaba todavía y siguió moviéndose con un ritmo increíble, volví a correrme y nuevamente mi leche la rego en mi cuerpo, y de repente… ‘yaaa me corrooo que rico culo…’ se venía y me llenaba las tripas de leche… termino en mi culo y espero que se desinfle un poco y cuando la saco y si que era enorme… Yo: me gustó Félix. Félix: te volveré a cachar otro día. Yo: ya no ya, solo una vez contigo y nada más… Me vestí y así me fui, oliendo a leche de negro y la mía, llegue a casa y encontré una nota de papa ”Hijo nos fuimos al cumpleaños de tu tía no venimos hasta mañana” Yo de haber sabido me hubiera quedado con el negro. Me fui a mi cuarto. Me fui arrecho a mi ducha y luego a dormir… Mañana será otro día.

Autor: ANITO Categoría: Transexual

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Costumbres distintas

2019-10-28


Un viaje a Japón fue mi segunda luna de miel... Que experiencia he vivido, gracias a ella renací como mujer. Acabamos de regresar de oriente, que mundo extraordinario, cuantas diferencias y adelanto, cada dia miles de detalles iban perfilando una forma de vida muy distinta a la nuestra. Mi niño me invitó que lo acompañara a disfrutar un preciado premio que ganó con su esfuerzo, estudios y conocimientos, me sentí alagada pero el con sus 18 recien cumplidos y yo con mis 30, hacíamos una pareja extraña y además con gustos y vivencias distintas, pero insistió tanto que no pude negarme. Un viaje a Oriente de 15 dias para conocer la cultura del país anfitrión, por el que había concursado. Como no tiene novia, me halagó diciéndome que lo fuese al menos por ese lapso y lo acompañase. Sus palabras me resultaron encantadoras, nunca pensé que serian premonitorias. Para entender mejor lo ocurrido he de comentar que soy separada, desde hace diez años, cuando mi ex huyó de mi con mi hermana menor. Me casé enamoradísima luego de dos años de noviar y fui deflorada el dia de mi boda. Mas boluda no podría haber sido mi adolescencia. Desde mi abandono, solo en dos oportunidades he tenido sexo muy poco frecuente y por lapsos muy reducidos, sin gusto alguno, al menos comparable al que tuve con mi marido. Del matrimonio nació Roberto, mi niño, que por mi estado desde esa época su educación fue pupilo en instituciones de primer nivel. De aquí surge que su experiencia sexual al menos con chicas fuese desconocidas. Era excesivamente vergonzoso. Al punto que en vacaciones al ir a la playa no solia cultivar ni frecuentar amistades de ningún tipo, al extremo de pensar que era asexuado. Sin embargo podía ocasionalmente observar su reacción al verme tomar sol en toples, su bermuda solia estar abultada, cosa que al parecer resolvia yendo al mar por un rato. Nunca hablamos de sexo ni de amoríos. De allí que esa mención de ser novios al menos durante el viaje, lo tome muy inocentemente y luego supe que lo era, pues rememoramos el asunto. De pequeño eramos muy cariñosos pero al ir creciendo, perdimos esa costumbre y por todo cariño solo besos en la mejilla por despedida o retorno al hogar, nada mas. El viaje, fue largo, hubo un trasbordo y al llegar nos esperaba un asistente que nos orientó hasta el hotel, pues ignorábamos el idioma local, solo nos podíamos comunicar en ingles, poco en el mio pero bastante bien en el de él. Era de noche, ya habíamos cenado frugalmente en el vuelo, asi que con solo un café nos fuimos a dormir. La primer sorpresa fue que la cama era muy amplia pero matrimonial. Había un gran sofá y el se ofreció a dormir en él. La cosa que yo no lo dejé, y dormimos juntos. Como hacíamos hacia 10 años cuando su padre nos abandonó, pero eso duró muy pocas noches y la edad de el era de solo 8 años. Ahora era diferente, un joven en su plenitud. La cosa era incomoda tanto para él como para mi. Ambos nos pusimos nuestros pijamas, y sin casi mediar palabras nos dormimos pues estábamos rendidos del largo viaje. Al despertar tuve la intención de pedir camas separadas, luego pensé, y si lo hablo con él, al final opte por el silencio, quizás a él se le podía ocurrir algo, solo al desayunar me dijo: sabes mamá: recordé cuando dormía junto a ti. Nada mas, yo tampoco. Ese dia fue de aprendizaje total, fuimos presentados al grupo, 8 parejas jóvenes y una de dos chicas ya mayorcitas, acaso como yo; nuestros guias una pareja de mediana edad, ambos muy ilustrados y atentos al máximo. En total 2 profesores y 20 alumnos, donde se nos informó sobre el plan de visitas, los días libres, la moneda, la forma de viajar, las costumbres básicas, la gastronomía, la educación, algo de historia del país, consejos varios y nos dieron un cumulo de planos, fotografías y cuadernos con los distintos temas abordados, además de un minúsculo manual para el uso de un celular y un traductor automatico, ambos obsequios realmente valiosos. Sobre todo que si queríamos, ellos podían localizarnos de inmediato, claro era fácil perderse. El comentario de que allí la seguridad es total, llamó nuestra atención. Ellos ya poseían nuestro historial social y las principales costumbres. Era raro en el aspecto que nunca se hizo mención del grado de parentesco ni profundidad de cada pareja. Lo que me tranquilizó, sobre todo al pasar los días. El desayuno americano y el almuerzo frugal tipo autoservicio, hacían suponer que nunca probaríamos las comidas que presentaban en vitrinas como especialidades locales. A la cena, una fiesta de bienvenida, con menú y música internacional. La jornada había sido relajada pero intensa, lo que de nuevo al acostarnos nos sumió en un largo sueño. Al otro dia, luego del desayuno, partimos en una combi muy comoda hacia nuestra primera visita, una aldea típica, su templo y museo. Esa noche dormiríamos en un hotel tradicional. La campiña, una hermosura, los labriegos tanto hombres como mujeres estaban realizando tareas en arrozales con alegría a pesar de lo rudo del trabajo, los niños ayudaban y los bebes estaban en cestos jugueteando sin berrinches, una paz, algo raro para nosotros. Las plantaciones eran reamente de calidad, muy elaboradas y al llegar a la hora del almuerzo llegamos a la casa de ese pequeño campo a conocer a la familia que la habitaba. Era una casona sobre una plataforma de madera, a unos 40 cm del piso, con paredes de grueso bambú y techo a dos aguas, de casi un metro de espesor de paja de arroz, estaba caluroso, pero al entrar estaba fresco y como es su costumbre hubo que quitarse el calzado y pisar un fino tapete continuo de tatami, hecho con paja de arroz. Las puertas y ventanales de papel semi translucido con finos dibujos a su estilo. Todas eran habitaciones de tamaño medio, con muy poco mobiliario, mesitas ratonas, y armarios sobre las paredes, algún brasero hecho en piedra tallada y nada mas. Los baños están separados de la casa y están bien instalados, pero en recintos individuales los wáter de las piletas y las duchas. Todos se habían cambiado las ropas de trabajo, que les daba un aspecto de pordioseros muy tapados para preservarse del fuerte sol de verano. Estaban con yucatas los hombres y sencillos quimonos las mujeres, el almuerzo se servia en habitaciones separadas los hombres de las mujeres, sobre las mesitas y se comia en cuclillas, de lo mas incomodo. Los manjares eran rarísimos, algunos daban asco y otros parecían conocidos, no había pan. Se bebía te verde, sake o cerveza y eventualmente alguna gaseosa de las de marca mundial. El pescado crudo con arroz y otros vegetales era lo mas consumido. La verdad, incomodos y con ese menú, además separados y compartiendo con desconocidos que se deshacían en sonrisas y atenciones, me resultó una triste experiencia. Luego levantan todo y extienden un tatami mas mullido, no demasiado y un cilindro de igual material, y allí se acuestan a dormitar por no mas de una hora. Luego las visitas a los templos que resultaron realmente interesantes. A las 18 arribamos a un hotel de tres pisos la construccion mas alta del poblado, allí pernoctaríamos. La habitación pequeña. Con dos camas individuales una mesa una silla, un placard, y dos casillas de plástico, una con el retrete y otra con pileta y ducha, esta ultima de plástico transparente. Al pie de las camas un televisor y equipo de audio. Pensamos bueno al menos no dormiremos en el piso. Había una invitación a una sesion de relax antes de pasar al comedor a cenar. Los guias nos recomendaron no perderlas. Allí fuimos, había que ir con solo unas yucatas que estaban colgadas en el placard y sandalias de plástico descartables. Yo pensé dejarme las bombachas pero luego imaginé que nos darían un masaje de los que tanto habíamos escuchado, asi que con solo la yucata, nos fuimos al tercer piso. Allí entramos a un salón amplio donde había una suerte de terraza con banquitos y duchas manuales, y una pileta con agua humeante no muy profunda. Lo raro era que en las duchas, dos de ellas estaban ocupadas por señores asiáticos uno jabonandose y otro ya duchándose sentados en esos banquitos tan pequeños. A uno se le veian sus largos huevos colgando y su pija toda arrugadita, chiquitita. Me frené, y cuando me voy a ir mi hijo me pidió, es costumbre, no hagas papelones. El la pileta había gente joven y vieja, hombres, mujeres y algunos niños, todos acostaditos con la cabeza apoyada en el borde quietos como desmayados. El agua los cubria pero cuando el de las bolas largas se levantó y fue la pileta, lo hizo ya desnudo, allí tomé conciencia que la cosa era en pelotas. A todo ello mi niño ya estaba sentadito jabonándose, que bello es, igual a su padre a esa edad, y a este mocoso le cuelgan además de las bolas bien lampiñas una pija que promete ser algo grande. Mientras yo hacia lo propio, pensaba asi y me sonrojaba al punto de sentir necesidad de ir a jabonarlo yo, como cuando era niño, pero ahora era un hombre y que hombre, me sentí sucia, pensar como hembra respecto de mi hijo. Lo que no podía era dejar de sentir como mi concha palpitaba de deseo y si bien estaba enjabonada también estaba con mis flujos que me parecía me estaba meando de ganas. Lo veo pararse e ir a la pileta, nadie lo miraba solo yo, al caminar su poronga oscilaba de muslo en muslo algo que nunca imaginé tan bello y excitante. Me pareció gigantesca al lado de la del japonés. Luego de enjuagarme voy yo también al baño de agua bien caliente y veo que estaban los guias y las dos chicas juntas estas ultimas como cuchicheando sobre mi hijo, me dio rabia, jaja, celos?, no se, la cosa no me agradó nada. Conversamos algo pero realmente el calor y la humedad reinante nos sumió en un suave sopor, como nirvana, una paz infinita. Vimos llegar de a uno a todo el resto del grupo, pudiendo apreciar los atributos tanto de los hombres como de las mujeres, ilusionandome que culo y tetas como las mias no había ninguna. Ni pijas como la de mi niño tampoco, lo que me colmó de orgullo. El tiempo pasó volando y como no se podía estar en remojo mas de 45 minutos un señor también en pelotas nos iba anunciado que era hora de retirarse, de a poco se renovaba el plantel, nos secamos con sendos toallones y cada uno con su yucata y sandalias regresamos a la habitación. Lo hicimos en silencio, ni mi niño ni yo dijimos nada. Nos cambiamos y cuando me peinaba le comento que había pensado íbamos a recibir un masaje, me mira ya libidinosamente, asi lo pensé yo porque estaba recaliente y me dice cuando regresemos de la cena si quieres yo te lo hago.. Gran silencio, solo una sonrisa que le decía todo, incluso que quería cogerlo. Por suerte la cena era en mesa y sillas normales, además autoservicio, y había, pulpo, langosta, langostinos, y mariscos algunos ignotos, me servi varias veces, estaba loca, me tome dos cervezas yo sola, y como bajativo un Suntury, el wisky mas lujoso que hacen, una delicia. Medio mariadita, con la concha muy mojada, tomada del brazo de mi Roberto, voy pensando en lo vacio que le he de dejar esos huevos, pensar que hace tanto no cojo, temo desilusionarlo, incesto?, jaja , me importa un carajo, estoy muy caliente, pero cuidado, no vaya espantarlo por muy puta, como hacerlo?, justo ahora camas separadas, que cagada. Pensé y si me duele algo, cerca de las tetas? O del culo?, no tan boludo no es, se va a dar cuenta, que hacer?. Salir del baño, desnuda, pero ahora bañarme? No tiene sentido. Cuando me besa para darme las buenas noches, correrme a su labios y darle un beso de lengua que le perfore la garganta?, no tampoco. Acostarme sin los pantalones del pijama, y dejarme ver bien el culo?, no nunca lo hice, se va a avivar que soy una vieja desesperada. Que hacer?. Pero estos japoneses son unos campeones, tarde a la noche, hay canales porno, varios, lo único pixelan los sexos pero eso no importa. Allí esta la solución, mirar tv. y luego cuando él haga carpa, decirle algo o mirarlo con asombro, no se, es lo mejor y mas natural, una madre debe velar por los deseos de sus hijos, cierto?. Nos acostamos y mirando canales, le digo al enganchar uno, que hacen, también tienen porno?, que cosa, no lo creía que lo pasasen con tanta libertad. Hace añares no veo algo asi y tu?. Me contesta, yo ya lo sabia, pero no me atrevía a contártelo. Hijo, ya somos mayores, y mas a tu edad…… Si claro pero me inquieta mucho. Tonto son artistas consumando el amor, para que otros lo visualicen. Pero…… Claro te comprendo, soy tu madre. Si también la mujer mas hermosa del grupo. (Pensando ya cayó). Como dices? hermosa y vieja. Es tu cariño que habla… No es en serio….. Jaja, mira que postura tan rebuscada…… Mami, por favor….. Que? Mirame… descorriendo el cobertor. Hay amor que carpa tienes, no te duele?. Si la dejo asi, seguramente, haciendo ademan de levantarse… Que haces?, vienes a costarte conmigo? con cara de asombro fingido. No mama, voy al baño. A pajearte? Si. Ven siéntate aquí a mi lado, …. Lo hace, a ver ese monstruo tuyo…….. sacándoselo… Se lo acaricio, el cierra los ojos,…… te gusta?..... Siiiii ….. aguanta un poquito, disfrutalo bien. Lagrimea ….. Pobrecito me incorporo y me la meto en la boca, que cosa tan rica, por fin, ahora ya no paro mas……. Que puta soy….. Me acaricia el pelo y dice: mami ya me viene……. Yo hago que no lo escucho, siento como que quiere sacarmela, me resisto y succiono con ansias, asi llega su ansiado polvo, a mi garganta. Lo dejo bien vaciadito, sus ojos en blanco y mi concha vomitando lava. Perdón…. Escucho. De que? Porque no aguanté. Estuvo muy rico y no imaginas como me has dejado a mi. Se compadeció y sigiloso desliza su mano a mi entrepierna toca mi pantalon muy mojado, me mira y dice: esto es por mi? Si hijo por ti y para ti. Me lo bajo mientras el me desabrocha el saco, luego siento sus labios sobre mis pezones, que gloria, temo yo también acabar muy rápido. Baja hasta el ombligo me lo recorre con su lengua y sigue bajando, me abro de piernas, cuando siento su caliente y dura lengua pasar por sobre mi lengüeta hacia abajo comienzan mis temblores porque ya no pude aguantar mas, pobrecito le lavé la cara con mis jugos y el goloso seguia lamiendo hasta que le pido, por favor, un minuto. Nos besamos y sentí de su boca el gusto de mis flujos y su olor, temi fuesen muy fuertes, que se sintiese mal, pero no; nuestras lenguas jugaron mientras sobre mi panza sentía como su pija se iba endureciendo, por mi, si por mi. Se quita el pijama ya ambos desnudos en la estrecha cama, que no cabíamos uno al lado del otro, opto por subirse sobre mi, mis piernas se abrieron automáticamente y su pija entró rauda en mi hasta sentir a sus huevos pugnando por seguir entrando. Todo su cuerpo frotaba el mio, yo estaba de nuevo a mil, temia correrme tan rápido y el la sacaba y ponía con maestria, luego supe que no era tal cosa, que se estaba aguantando tambien él. Mi mente volaba, por fin mio, por fin un macho de veras, por fin soy feliz, lo escucho susurrar, ma te la saco?, no por favor…… Y su leche me orada hasta la matriz por tres veces con fuerza, ya en la segunda mi cerebro me abandona y toda mi calentura interior parece bajar y abrazar su palpitante poronga en un polvo inolvidable. Quedamos asi hasta un buen rato luego de que ya pequeña había abandonado mi cueva de amor. Mama, no ira a pasar nada?, que amor? Acabé adentro. No te preocupes, ya veremos, además soy una vieja. Pero reglas? Si, y? Mami… por favor. Le digo: seria lindo.. Es que es mi primera vez. No pude resistir besarlo por largos minutos, había desvirgado a mi hijo!!!! Que fuerte nos abrazamos…… luego no se como dormitamos uno al lado del otro en esa estrecha cama. Mi cerebro estaba loco, lo había desvirgado, que honor, no lo habré lastimado,…no mi concha ya esta bien dilatada, si me entro sin ninguna resistencia, que lindo…… ni me jodio su prepucio, es que se le repliega todo, muy bien ….. esa cabeza …. Divina, hay de mi ya me estoy meando de ganas. Lo busco?, no…. esperemos un rato por allí quiere de nuevo, seria su tercero al hilo, podrá?. Si pudo!!!!! Siento su aliento y su lengua jugando con la punta de mi nariz, que loco, cierto?,…. saco mi lengua y nos confundimos en un beso larguísimo, mi mano fue a su pija y la de él a mi culo, ya estaba para seguir, este pendejo me va a reventar a polvos y yo no le voy a dejar ni una gota de su licor. Otra buena cogida donde yo lo goce dos veces, el ya aguantó mas, me echo el suyo y nos dormimos. De madrugada me despierto con terribles ganas de mear, estaba sobre un charco pegajoso, pero me gustó, lo que no me gustó nada era el fuerte dolor de espalda. Dormir asi, es un suplicio, pero tan lindo que volvi a mi posición incomoda pero con sus huevos en mis manos, segui durmiendo, me sentía tan dichosa. Al despertar, le comento que vergüenza cuando la mucama levante estas sabanas… No te preocupes estaremos muy lejos, Donde?, creo que Inuyama al santuario de Ogata, aca dice que es una sorpresa para los turistas lo que allí se adora, sus castillos medievales, luego a Nagoya allí pernoctaremos, espero que haya camas grandes. Allí llegamos, una ciudad moderna pequeña donde anualmente se conmemora la fertilidad mediante fastuosa muestra y desfile de palanquines, la mayoría de ellos conteniendo grandes representaciones de vaginas, si como leen un festival donde de adora a la concha. Nos contaron que hay otro, en otra fecha y lugar; mucho mas importante que adoran a la pija. Es que para ellos nada del cuerpo es vergonzoso, todo es natural y le brindan sin tapujos sus actos. Su concepción del pecado va hacia la traición, la infidelidad, la mentira, la falta de respeto a la propiedad, y a los bienes morales y materiales de las personas y cosas. El sexo es sublime, como debería ser en todo el mundo. Fue una jornada de castillos, templos y jardines, llegamos al hotel cansadísimos. También con hambre pues el almuerzo fue típico japonés y la verdad todavia no estábamos acostumbrados, comimos muy poco. El hotel era tipo internacional cama doble y cena normal. Pasamos nuestra tercer noche de luna de miel de maravillas. Por fin viajamos en el chi kan sen o tren bala, fue luego de visitar la ciudad, y almorzar en un bar típico, la verdad cosas gustosas, lo mejor es ignorar lo que uno come, pues pasamos por una carnicería y había unos bichos blancos, eran murciélagos pelados!!!. Nos mostraron donde se crian las sabrosas tempuras, en albañales. Lo maravilloso es viajar en el tren ni se siente la velocidad, una suavidad nunca experimentada, poco tardamos en apearnos en Kyoto, la antigua capital de imperio. Nadie me supo explicar si Tokyo, es un anagrama de Kyoto. Allí los parques y templos ocupan gran parte de esta pintoresca ciudad, el pabellón dorado y el plateado son famosísimas residencias veraniegas de los antiguos emperadores. De nuevo a un hotel tradicional, ahora ya eramos veteranos y aprovechamos sus instalaciones como si fuésemos orientales. Llamo la atención, los inodoros al estilo japonés con bidet incorporado, donde haciendo equilibrio agachados se cumplimenta todo el tramite. Los lugares turísticos tienen baños estilo oriental y estilo occidental, a no equivocarse allí en wáter de asiento es estilo oriental. Esa noche fue histórica, como me acariciaba demasiado la cola, le pregunto: te gusta? Si, mucho. La deseas probar por allí? Me quedó mirando sin saber que contestar. Si bien habíamos ya practicado varias poses, en cuatro no lo habíamos hecho, bueno amor, yo me pongo y tu eliges, que opinas? Me paso bastante de mis jugos por el ojete y lo espero, me la apoya, en ese momento casi me arrepiento pues la tiene normal tirando a XL sobre todo en su diámetro, pero el amor y el deseo pudieron mas. Le digo asi, asi ahora empuja sin miedo. Para que le habré dicho sin miedo, me metió media con gran dolor, tranquilo, tranquilo, tomando su pelvis con mi mano hacia atrás. Te lastimé? No, pero esta cerradito, sabes? Si me aprieta la cabeza, te la saco? No…… sigue despacio yo te digo. Mas no puedo. Sentí su panza en mi culo, ahora despacio sacala pero hasta la mitad y vuelve a meterla. Asi? Si….. Sigue asi….. Sigue que me voy…… Al sacudirme se sale. Vuélvela a poner despacio. Mami cuando salió sentí un plop, que fue? El vacio…. Mami, ya me viene…. La siento que divina…. Quedate, dejala adentro, siento como te late. Al sacarla de nuevo plop y jugoso… De dije ahora ya estaba chica, fue un pedito, perdón. Mi amor me había hecho por primera vez la cola. No debió haberle gustado tanto pues tardó hasta regresar para pedírmela, ya que cada vez que me ponía en cuatro me la metía por la concha. De allí a Osaka y luego a Hiroshima. Allí, nuestra alma se estrujó del dolor. Ahora es una gran ciudad pujante con muchos rascacielos y muy alegre pero tiene en su intimidad el triste honor de haber recibido desde el cielo la primera bomba atómica de la humanidad. Hubo solo dos arrojadas sobre poblaciones y ambas sobre su pueblo. Nos preguntamos: esta gente es asi, por eso?, no creo, es asi de siempre. La guerra es la peor lacra de los humanos. No hay ser organico en la naturaleza con tal ferocidad. Visitar el parque de la paz, es algo que todo el mundo alguna vez en su vida debería hacer. De la época solo se conserva un edificio destruido y armado con acero, dicen que era el único de ese tipo de estructura pues era la prefectura, lo que para nosotros seria la municipalidad. En un segundo la cuidad desapareció de la faz de la tierra y por años las secuelas radioactivas engendraron monstruos animales y humanos, que hubo que ir sacrificando para que las nuevas generaciones no heredaran tales anomalías. Hay un museo que nos informa de toda la tragedia. También hay tiras de cuerda donde están anudadas miles y miles de palomitas hechas en papel de colores por niños en edad escolar, (origamis); El origami junto al bonsái, son practicados por todos. Pues en el ultimo año del primario a todos los alumnos, el estado los lleva a conocer el horror y rezar por la paz, como único valor verdadero. Cada niño aporta una palomita, es su tributo. Fueron tantas las emociones que fue la única noche que no hicimos el amor. Ni la regla que por suerte apareció a los dos días, pudo suspender lo nuestro. De regreso a la capital, visitando impresionantes parques históricos, centros comerciales gigantescos, museos, muestras de arte, el kabuki teatro folclórico, desde afuera el imponente palacio imperial y el centro del mundo, guinza. Una cosa llamo nuestra atención, cualquier producto de igual calidad y marca cuesta lo mismo en cualquier lugar además no hay diferencia alguna si se adquiere en el mas lujoso local que en un kiosco barrial. Lo notable en cualquier kiosco de golosinas hay a la vista para la venta los mas variados consoladores. Los locales tipo sex, están con amplias vidrieras a la calle, y no es raro ver entrar a una señora con su hijo de la mano a realizar alguna adquisición. El zoológico, alberga familias de osos pandas, algo que nunca habíamos visto, allí los chicos como golosinas comen fideos hervidos, calamares asados, choclos hervidos, y unos brochetes de algo misterioso para nosotros, es carne pero nunca supimos de que. La pizza en japonés se llama pizza!!! Y es muy buena a nuestro gusto. De país destruido, paso a ser la tercera economía mundial, la primera en robotica y una de las mas avanzadas tecnológicamente en el mundo. La honestidad, gentileza, respeto y laboriosidad fue la base. Muy cercano a la capital hay un pueblo donde anualmente se adora a la pija, si a la pija, y fuimos a ese festival. Palanquines con replicas de porongas descomunales, algunas con chicas y chicos montados el él, cantando eufóricos de alegría, todo era tan inocente, increíble. Vendían helados palito con forma de pija blancos con la cabeza roja, las nenas las chupaban sin vergüenza alguna, le pido, me compras uno? El pendejo compró dos, uno para él, que raro me pareció verlo chupándose una cabeza con gusto a frutilla mientras yo saboreando la mia. Luego hacia el norte visitando templos legendarios en uno de ellos los tres monos, el que se tapa los oídos, el que se tapa la boca y el que se cubre los ojos, un clásico, en su estado original. Las obras hidráulicas, viales y ferroviarias son realmente monumentales. Pensar que son incontables los terremotos y sunamis. En estos últimos tramos, ya se rumoreaba que entre el grupo había algunos intercambios y pequeñas orgias, a nosotros no nos invitaron. Lo que si la pareja de chicas solas, ya mayorcitas revoloteaban alrededor de mi chico, pero me encargué de mostrar los dientes a tiempo. Una sola pareja, la mujer un dia como al pasar le agarró la poronga, se asustó y me lo contó, la quería devorar pero él me calmó diciéndome que solo había sido un roce circunstancial, pero la mina lo miraba lujuriosamente y su pareja me comia con los ojos, luego de ese episodio no hubo otros. Regresar ha sido lindo, retornar a lo nuestro, con un sabor en la boca a falta de mucho, envidiando a ese pueblo y admirándolo, con una óptica que supera aquello de que son todos tintoreros o floristas. Asi terminó nuestro viaje transformado en luna de miel, la mas dulces de las lunas que una mujer pueda libar. Mi hijo, hoy para mi, mi marido, mi macho, mi todo, cada día me coge mejor. ([email protected])

Autor: susyalfi Categoría: Incesto

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!Que suerte amanecer a su lado!

2019-10-28


¿Cuánto tiempo llevaba contemplando la misma cara al despertarme? Era temprano Si, para mí, siempre era temprano. Era el débito de un trabajo inmisericorde que, entre sus múltiples exigencias, exhibía esa despiadada obligación de levantarme a las cinco y media en punto. Un sacrificio mejor o peor soportado que se compensaba por el inigualable privilegio de apagar el despertador, girarse y dar un beso al rostro completamente dormido de Vero. A veces ella refunfuñaba, a veces esbozaba un apenas audible “te quiero”. Pero respondiera como respondiera, me parecía siempre piadosa, tierna y sumamente hermosa. Era abrir un ojo, contemplar y saber que, veinte años antes, di en el clavo. Y eso que su manera de dormir no era precisamente la de un angelito. Vero pernoctaba tensa, manteniendo siempre alguna fibra en estado de alerta. Aun con esas, me resultaba imposible no enternecerme, no acercarme para besar su cuello, para susurrarle un “voy a pasarme el día echándote de menos”. Abandonar a una mujer así, escapando a su calidez sobre el lecho, era el momento más cruel de cada jornada. Luego venía el resto; fichar a las seis y media, agachar la cabeza, comenzar por los balances de compra-venta, apostar por la mercancía que intuyes es más provechosa, tirar de agenda para colocarla entre la clientela más fija, negociar, mejorar precio y condiciones, bajarte los pantalones cuando no hay manera, prometer asumir los costes de transporte, enfadarme cuando el asesor cuadra mal el IVA, hacer una parada para tomar café solo con doble de azúcar y una napolitana industrial ultracalórica, acudir al banco, saldar dos, tres, quince facturas, reclamar impagos, llamada a Vero para recordar que en el stress sobrevive alguien que la ama con locura, recibir un inesperado mensajito con diez mil emoticonos besucones, pelearme con un subalterno incompetente al que se aguanta por ser sobrino de alguien, adelantar agenda, proponer una hora a un cliente comercial para tratar de convencerle que nadie como nosotros…apurar las últimas fuerzas, suplicando porque sean las cinco en punto de la tarde. Extenuado. Tanto que, dentro del ascensor, del rellano al sexto piso, cerraba los ojos disfrutando del minuto y medio que se constituiría, en mi único pestañeo independiente de cada día. Al abrir la puerta, mi hija pequeña sonríe a verme, con auténtica alegría, de oreja a oreja. La mayor acude desde la cocina, con una rebanada de pan con crema de chocolate a medio tragar, tratando de explicarme que ese día, ha hecho un dibujo en el colegio del cual se siente especialmente orgullosa. Vero se acerca, me besa, acaricia mi cuello, me mira con inocultable amor. Ya no duele la espalda. Ya no me acuerdo de la caries que me lleva tres días martilleando ni de que hoy fiché de salida con unas cuentas mal cuadradas. Decidimos no salir y pasar la tarde juntos. Juntos en nuestro paraíso. Tomamos un café mientras los niños apuran la merienda. Les ayudamos con sus deberes. Nos contamos la jornada mientras preparamos la cena, la comida de mañana y la organización de toda una semana de colegios, obligaciones, citas médicas y actividades extraescolares. Vero se enfurruña pues he dejado los calcetines tirados en el suelo. Me callo. Tiene razón. Prometo ser más diligente mientras le acaricio el lóbulo. Zalamero – sonríe mientras finge que se lo cree. La beso y, aprovechando que a los niños nos los entretiene Bob Esponja, bajo la mano para palpar sus nalgas. No es hora travieso – advierte con ese tono que, de fondo, agradece la galantería, el hecho de que tras dos décadas juntos, su marido la tiente a poco que se quedan solos. Preparo empanada para cenar con la pequeña intentando llamar mi atención a base de lloros fingidos y zalamería exageradas. Trato de explicarle que necesito algo de tranquilidad para cocinar ese plato que tanto le gusta. Ella me mira con ojos devotos y persiste en el empeño. Respiro hondo. Hondo sí, pero sin mutar ese agobio por nada de este mundo. Vero entra. Lleva un rato observando la escena. Entra, se acerca desde atrás con pasos de felino y me abraza. ¡Vaya padrazo estas hecho! Cenamos sin apenas hablar. Mientras masticamos y corregimos la indolencia de nuestros vástagos…”come con la boca cerrada, espabila que se enfría, mira que te dejo sin postre”…bajo la mesa, entrelazamos nuestros pies descalzos. Recogemos y nos dividimos. Ella acuesta a la pequeña. Yo a por la grande. Ninguno quiere. Están visiblemente agotados pero utilizan mil triquiñuelas para resistirse. Contamos un cuento, besamos, apaciguamos para que se sientan, bajo la oscuridad, seguros y protegidos. No hay problemas. Se duermen en diez minutos. Es nuestro momento. Me ducho. Se ducha. Cuando Vero sale del baño yo estoy ya en pijama, contemplando como se ha olvidado el albornoz y se ve obligada a pasear al otro lado de la habitación tal y como mis suegros la trajeron a este mundo. Cuarenta años. Cuarenta y uno en enero. Pechos muy grandes, levemente caídos pero bamboleantes y de pezones grandes, mucho mayores que cuando nos conocimos. Tripilla evidente, creciente pero aun bien parapetada. Nalgas generosas, amparadas por esos dos paréntesis de devoción que son sus caderas. Pubis abandonado, nada procurado, con algo más de vello del acostumbrado. Muslos gruesos, con alguna venilla zigzagueante pero sosteniéndose en su largura. No puedo ver sus pies pero sé de sobras que sus uñas están pintadas de rosa muy estridente y que, aunque de forma algo hombruna, conservan un “je na sai qua” irreprochablemente femenino. Se pone con presteza el camisón y se mete casi de un salto entre mantas. Uf que frio. Se pega a mí para arrebatarme el calor. Eso termina de concluir la faena de conseguir una erección de campeonato. Cariño – la beso esta vez a tumba abierta, palpando todos los botoncitos a ver si, por una vez, me toca la lotería. Deja tonto que estoy agotada – se ríe Como buena mujer, le gustaba ser halagada. Le gustaba sentirse aún capaz de provocar una erección como la mía en ese momento. No ofendía el rechazo. No soy hombre que ponga el peligro todo por primar la carne antes que el espíritu. Con este, sumaban ya unos cuantos. La besé con devota ternura. Ella sonríe, suspira y hunde su barbilla en mi pecho. Apenas tarde unos segundos en quedarse dormida. Hoy hace ochenta y un días desde la última vez que nos gozamos. Y esa última, extenuados, domingo de niños a punto de despertarse, consistió en un esparcimiento apresurado, plagado de palabras amorosas, carente de variedad y posturas, tratando de hacer lo que se sabía hacíamos bien para culminar pronto y aguardar a que un lloriqueo, un berrido, un “Mamaaaaaa” diera comienzo a la jornada. Me consolaba recordando nuestra larga apoteosis sexual de en torno a catorce años. Recordar como apenas estábamos juntos sacábamos una botella de vino, poníamos música a medio volumen y hablábamos durante horas postergando, intencionadamente, el momento de besarnos, de desnudarnos, de incrementar la pasión el deseo, hasta conseguir superar ese tono de locura que, en cuanto al sexo, hasta los más reprimidos poseen. Entonces, solo entonces, cuando los corsés están destrozados, cuando los prejuicios, miedos y equívocos los has mandado a tomar por culo, solo entonces, ocurría todo. Vero a cuatro patas, abriéndose las nalgas para facilitar el ser profundamente penetrada mientras giraba la cabeza y, con ojos inyectados en pecado, sacaba por boca frases que en su vida pública habría confesado pronunciar…”Azótame. Azótame fuerte cabrón. Que me duela el culo tanto como me derrites el coño” Eran esos recuerdos y mi capacidad masturbadora lo que equilibraba mi asexuado matrimonio. Sexo quebrado, irónicamente, justo en el momento en que mi amor por Vero se incrementaba hasta el punto, de que uno es incapaz de concebir la existencia junto a nadie que no sea ella. Había sacrificado todo mi pastel vital por mis hijas y por Vero. No tenía planes propios, mis amigos desconocían mi presencia y la soledad, como los yates o los cruceros en velero, se había transformado en un inalcanzable lujo. Todo lo que mi minutero poseía, era invertido en un café junto a ella, una cena junto a ella, un tiempo para comprarle flores o regalos, un detalle, un acto devoto… Y ella, más pragmática, menos romántica, daba a entender, a su manera, que yo era, igualmente, su único y todo. Esa mirada enternecida, ese abrazo inesperado, el detalle de pasear descalza sin motivo alguno, delante de mis ojos, para mi propio y exclusivo agrado. Veinte años con la sensación de desear otros veinte por delante, a poco que la salud respondiera. Cinco en punto de la mañana. Sueña el despertador. Sueña porque llevo ya despierto un rato y soy yo quien lo desconecto. “No me pagan horas extras” – maldigo antes de sacar los pies a la realidad del ambiente urbano. Beso a Vero. Ella ni se da cuenta. Luego mandara un mensajito a modo de disculpas. Tesoro. Conduzco el coche por la avenida Primero de Mayo. Es la principal del barrio aunque, a esas horas, somos un puñado de pringados los que la recorremos entre bostezos y deslumbramientos de luces largas. Un semáforo se pone en rojo. “Joder” Allí aguardo, como un pasmarote, como un borrego aguardando a que una circulación inexistente vuelva a autorizar mi avance. Una pareja noctámbula atraviesa entre arrumacos el paso de cebra. Hay algo extraño. Extraño por la disformidad de la pareja. El, treinta, como mucho treinta y cinco. Bien constituido, melena negra, mandíbula a cincel helenístico, cuerpo abultado y musculoso bajo una gabarra de las que cuestan lo suyo. Ella en torno a los sesenta. Ni fea ni guapa pero, desde luego, nada modosita. Pongo la atención sobre su cara. La cara. Y trago saliva. Incluso me tiemblan las piernas. Suena un claxon. El camión de la basura me obliga a regresar del ensimismamiento. Luz verde, vía verde. Llego a la empresa donde el jefe, tan beato del trabajo extra como yo, aguarda ya con los cafés humeando sobre la mesa. Me nota nervioso.. ¿Todo bien? Si, si. Acato con la jornada sin leyenda y con eficacia. Incluso consigo arrinconar mi perturbación. Hasta que, a la salida, lo veo aguardando al treinta y seis que lo llevará al barrio obrero donde lleva toda una vida echando los anises en la misma cantina. Fermín – bajo la ventanilla - ¿Te hace un café y te llevo a casa? Venga vale que hace un frío que jode lo suyo. Fermín es el empleado ejemplar. Cincuenta y seis años, cuarenta de vida laboral, casi todos en nuestra empresa. Cumplidor hasta el detallismo, sin ganas de exigencias ni de causar problemas, sagaz y enérgico, sabedor de sus obligaciones aunque carente de propia iniciativa. Máxima confianza. Eso es lo que el bueno de Fermín…bajito, de brazos gruesos, leve tripa y calvo monacal pasaría perfectamente por ser un aldeano de los descritos por Delibes, de los de deshacer terruños a bocados. Es de los pocos compañeros con los que, muy de vez en cuando, apetece compartir cerveza. Eso es precisamente lo que Fermín pide. Yo optó por un café con leche, más negro que blanco y, como siempre, doblemente azucarado. Charlamos sobre temas banales. Maneras de rodear la manera de afrontar el motivo que me ha llevado a convidarlo. Así que, cuando Fermín decide pedir la segunda, antes de que el camarero la traiga, voy recto, y pico. Fermín disculpa porque igual estoy equivocado pero esta mañana, viniendo al trabajo, en el cruce de San Andrés vi una pareja. No sé, de verdad que a lo mejor la farola iluminaba mal o andaba medio dormido, pero, me pareció que la mujer era Juana. Mi compañero pareció quedarse absorto. Lentamente su rostro se arrugó, entristeciéndose, pasando de roca a barro. Es el precio – dijo. ¿Perdona? El precio de amarla tanto. Mi Juana. El gran amor de toda mi asquerosa vida. Callé. Los hombres callan cuando un semejante, educado en la firmeza, en la templanza y esa hipócrita manera de afrontarse a sí mismos con una rudeza que en realidad no posee, se derrumba. Fermín y Juana llevaban juntos desde los catorce años. Juntos para todo y por todo. Juntos para enamorarse, ilusionarse, desvirgarse, casarse, quedarse tres veces preñados, enterrar a todos sus padres, sostener mil peleas, mil y una reconciliaciones, comprarse un apartamento en Torremolinos, conocerse, aburrirse, reenamorarse, lucharse el uno, por el otro. A Juana, la conocía de encuentros de calle y cenas de empresa. Era una mujer de aparente vulgaridad física. No desagradable eso no. Pero poseía ese aire entre barriobajero y chabacano que lo mismo acabas amando, que detestando con todas tus fuerzas. Corta de estatura y muy flaca, de pelo largo muy bien procurado y nariz algo aguileña. Sus caderas debieron parir con dificultad, sus piernas necesitaban el doble para caminar la mitad dada la escasa largura y aquellas rodillas nudosas y arrugadas, terminaban convenciéndote de que su físico no era la cualidad a resaltar en ella. En el otro lado era ser de gran sociabilidad, abierta, dicharachera, muy bromista, dada a los juegos, miradas y guiños confusos, sacando fértil provecho de su verdadero punto fuerte; esos dos ojos negros azabache promesa de todo lo que luego, su cuerpo no refrendaba. Lo sabes…¿verdad? Tú lo sabes. Si lo sabes. Nadie lo ha sabido hasta ahora. Solo yo, ella y ellos, siempre ellos. Los otros. ¿Sabes? No. No sabía. Y deseaba saber. Algo en mi interior reclamaba cordura, reclamaba respeto hacia Fermín y su evidente desconsuelo. Y algo, todavía más adentro de mí, reclamaba saciar su codicia de desgracia ajena. “Una mañana me levanté, marché a trabajar, trabajé, regresé, entré en casa, nos dimos un beso y, mientras cenábamos comentando cualquier cosa, me di cuenta de hasta dónde nos amábamos….y que poco follábamos. Ella siempre inapetente, yo siempre cansado y los niños, adorables y absorbentes siempre exigentes, siempre robándonos algo. Me sentía agotado casi suplicante cada vez que me metía en la cama, de que Juana no tuviera ganas. Ella se sentía torpe, inapetente, insatisfactoria para mí. Ella, que en ese sentido, era mi único astro. No te preocupes. Por mucho que ella me lo repetía, no podía evitar preocuparme. ¿Por qué si nuestros trabajos nos eran gratos y nuestro matrimonio una piscina dichosa, el deseo no acudía de manera natural? Como cuando teníamos veinticinco años. No te preocupes – eso era lo más erótico que escuché de ella durante casi tres años. Tres años y nueve veces. Nueve. Y en cada una de aquella veces, su cuerpo me parecía tan apetecible, sus ojos tan intensos y su amor tan sincero como cuando nos conocimos. Me amaba tanto. Y se notaba tanto. Así que dejé de preocuparme. Hasta que la espalda quebró una mañana. Era la quinceava caja de diez kilos de patata argentina y mis costillas dijeron basta. El “crack” se escuchó en toda la nave. Incluso tuve que echarme al suelo, atosigado por el mareo. Hizo “crack” por la edad, por la dureza, por el stress, por lo que fuera. En todo caso, desde entonces, no hay un solo día en que, una leve punzada de mis riñones, no me recuerde ese puto “crack”. No dejé que me acompañaran. Yo no era un lisiado. El camino de vuelta a casa lo hice solo. Muerto de dolor. Pero solo. Hice bien. Hice bien porque, media hora después de entrar, sentado en el borde de nuestro lecho, con la cabeza aplastada entre mis menos encrespadas, lloriqueaba como un niño. Juana, desnuda y de rodillas, trataba de abrazarme con todas sus fuerzas. Perdóname mi amor, perdóname, perdóname – ella me atrapaba, me atesoraba entre sus nervios casi con inquina, agarrando entre su piel mi dolor y mis hipidos. Ya no me dolía la espalda. ¿Por qué me haces esto Juana? Yo te amo. ¡Yo te amo! No lo sé, no lo sé. De verdad no lo sé – sus lágrimas eran tan, pero tan grandes que ocupaban gran parte de sus casi inexistentes carrillos. El chaval, tan escuchimizado como ella, había hecho fuga tratando con torpeza de ponerse los calzoncillos bajo una camiseta descolorida. El chico, diecinueve o veinte a los sumo, era uno de sus alumnos de francés en la academia. Es un crío Juana. Lo sé – reconoció. ¿Pero qué te ofrece el para arriesgarlo todo? Mi amor, mi vida…!te lo di todo! ¡Todo! – traté de represar esa frase cariñosa. En realidad no debí decir amor. Debí tratarla de puta lastimera. Ella fue tajante. Aun llorando como yo, aun temblando como yo, aun rota….como yo. Tajante. Lo necesito. Necesito lo que me da. Necesito lo que me das. No quise saber más. No pregunté más. No lo soporté más. Escapé, marché al hotel más alejado, a la otra punta de la ciudad. Pasé la noche en vela, recibiendo cada quince, veinte, treinta minutos sus mensajes….”Perdóname….perdóname….mi amor vuelve” Estuve tentado de telefonear a mi amigo Pascual, abogado matrimonialista, para plantearle un divorcio largo y sádico. En toda regla. Organizar una carnicería conyugal con todas las víctimas que cayeran. Que se supiera en todo el barrio. Juana Bernal era una soberana puta. Pero, en lugar de ello ocurrió algo que jamás imaginé y para lo cual, ninguno de los dos hemos sido educados. Me la imaginé desnuda, con las piernas abiertas de par en par. Sus pies apuntando el techo y su cara mortificada por el placer, acogiendo las embestidas rápidas, fulgurantes, salvajes, del saco de huesos mocoso que se la había follado. Y me sorprendí. Me sorprendió la erección, me sorprendió la excitación, me sorprendió planear el divorcio más doloroso imaginable, al tiempo que me masturbaba compulsivamente imaginando la leche de aquel imbécil desgarbado, inundando el coño de zorra de mi señora. A los cinco minutos de eyacular, me quedó dormido, en un remanso de paz, agotado, increíblemente satisfecho. Como un niño o un pecador reconciliado consigo mismo. A la mañana siguiente, frente a la puerta de nuestro hogar, revisé uno detrás de otro todos los mensajes que Juana había, en una noche para ella de insomnio, enviado…”Perdóname, Eres mi amor, piensa en todo lo vivido” No leí una promesa de no volver a hacerlo, un reconocimiento de su gran error o un, solo fue un desliz sin importancia. ¿No te arrepientes verdad? – le solté a la cara en cuanto esta, con los ojos hinchados y el gesto demacrado apareció tras la puerta de la cocina. Te dije que necesitaba lo que Carlos me daba. ¿Y qué te da que no pueda darte yo? – cogí su mano y la llevé a mi miembro. Ella, intuitivamente, lo aferró sin hacerle ningún asco. Novedad – frotó con fuerza – Salvajismo – asió los testículos – Salvajismo imprevisto. Con él nunca se cómo acaba la cosa. Y eso – llevó mi mano hacia la parte de tela de su camisón que le cubría la entrepierna – eso me pone muy cachonda. Es nos puede conducir al divorcio Juana – advertí meciendo sutilmente los dedos. Lo sé – sus ojos se cerraron – Pero no puedo…uf….no podré evitarlo. ¿Cuánto tiempo llevas con este juego amor? Es el primero. Lo juuuro. ¿Debo creerte? Él no es como tú – pareció no escuchar la pregunta – Nada le preocupa, nada le atosiga. En la cama no hay hipotecas, desconchados del pasillo, nóminas cortas, suegras quisquillosas ni averías del wifi. Con el solo esta….esta… Dilo. Esta…. Dilo cielo. Esta él y su larga polla. Con Carlos no hay chanza. Deseo esa polla. L deseo dentro de mi boca, la deseo sobre mí y, sobre todo, la deseo hincándose en mi coño hasta las entrañas, hasta donde más me encloquece. Porque me enloquece Fermín. Solo pensar en su manera de fornicarme, de hacerme correr, de follarme como un trozo de carne….me vuelvo loca. Y se humedeció. Se humedeció mientras lloraba. Y yo me excité. Me excité mientras lloraba. Porque al acercarme, interrumpiendo aquel peligroso juego, solo supe abrazarla. Ni pegarle, ni insultarle, ni definirla despiadadamente. Abrazarla. Perdóname mi amor, perdóname. No puedo evitarlo. Os necesito. Os necesito a ambos. Al día siguiente, seguía casado. Y a la semana siguiente. Y un mes más tarde. Cada jueves, a las once en punto de la mañana, repasando la orden de cumplidos matinales, no podía evitar levantar la cabeza y permanecer, como un pasmarote, mirando al vacío, sabiendo que en ese mismo instante, mientras yo me ganaba los mil trescientos ochenta euros mensuales, un desconocido estaría penetrando a mi mujer en la misma cama donde yo me acostaría, solo para dormir, doce horas más tarde. En ocasiones el nerviosismo me dominaba de tal forma, que no quedaba otra que escaparme al cuarto de baño para masturbarme. En ocasiones, lo reconozco, algunos jueves, antes de marchar, le pedía a Juana que no cambiara las sábanas luego de su adulterio. Quería olerlo. Quería averiguar la razón de su constante caída. Cada jueves, a las once en punto de la noche, Juana me abrazaba, me besaba, me sobrepasaba con esa especie de entrega sincera e infinita. Juntos. Juntos continuamos. Juntos con los niños, las comidas de domingo en familia, los fines de semana playeros, los cursos de salsa. Juntos, prodigándonos un inmenso cariño. Un cariño que, en mi sentía, en ella veía, se nos iba, día a día acrecentando. A pesar de los jueves, a las once en punto de la mañana. ¿Jugar? Jugábamos. Y mucho. Pero nuestra vida sexual pasó de intensa a tierna, de apasionada a romántica, de carnal, sublime, ardorosa a interconectada menos con la polla que con la mirada. La amaba cada día más. La amo cada día más. Cuando Juana me montaba, con lentitud, con sabiduría en los movimientos de sus caderas, me sentía más apresado por la intensidad de sus miradas, que por la fogosidad de nuestros orgasmos. Mi vida – decía siempre que se quedaba tendida sobre mí – Mi vida cuanto puedo llegar a quererte. Yo enredaba mis dedos entre sus cabellos rubio alambre, inmaculadamente teñidos. ¡Dios como la quería! Solo que mi vida sexual evolucionaba de contar con ella para todo, a contar tan solo con mi imaginación…y yo mismo. Y en mi imaginación, Juana se topaba con multitud de situaciones morbosas, arriesgadas, grotescas, pornográficas en posiciones indescriptibles. Y yo me corría siempre satisfecho pues en mi mente, Juana siempre coordinaba su eyaculación con la mía. Comencé a encontrar el verdadero placer, en la realidad de saber que ella, se acostaba con otros. ¿Otros? Carlos…¿no era el del paso peatones? ¿Carlos? El chaval desapareció de la cama, de la academia y de la vida de Juana convencido que me presentaría frente al portal de sus padres con una espada en la mano. El de ahora se llama Rubén….un doble vida. Policía de treinta años de inmaculado expediente, miembro de los cuerpos especiales, con novia beata desde los tiempos del Clearasil. Eso de mañanas. De noche resulta ser un asiduo a clubs liberales, a la variedad y a las rayas de coca esnifadas sobre los muslos de Juana. Pero…¿Cómo puedes aceptar una situación así? Tan manso. Por el amor infinito y por aquel inesperado jueves con su segundo. Se llamaba Alberto y lo conoció en una cena de empresa al año de que escapara Carlos. No, no era un compañero de trabajo. Ella nunca mezcla bragas y nómina. Alberto mezclaba cocktails en el local donde lo celebraron. Hubo entre ellos una especie de guiño. El que Alberto le lanzó preparándole un margarita y el que Juana le regaló, incluyendo sutil caricia de dedos, cuando recogió el vaso. Esa misma noche, Juana fingió marchar a casa y el terminó por abrirle la puerta trasera del local en cuanto echaron el pestillo. No llegaron a ninguna cama. Se la folló sobre una fila de cajas de Coca Cola que tintineaban con cada mecida. Ella me lo contaba todo, sin omitir detalle alguno, describiendo minuciosamente cada pelo que tragaba, cada señal que el dejaba sobre su piel. Yo no sabía si se adornaba o no. Hasta aquel jueves en que decidí verlo por mí mismo. Jueves, once de la mañana. Maritalmente estaba en el trabajo. Laboralmente cogí día de asuntos propios. No mentí. Aquello era un asunto muy propio. Ella regresó pronto de la academia. Venía con él. Escondido bajo la cama del menor de nuestros hijos, que a esas horas peleaba contra el bachillerato, los escuchaba hablar. El, vozarrón vizcaíno. Ella, recurriendo a frases saturadas de intención. ¿Te has puesto tan guapo para que te arranque la ropa a bocados? Esto sí que es guapo – escuché un cachete sin duda estampando en la nalga de Juana. Hablar, hablaron más bien poco. Había dejado la puerta abierta para facilitar el sonido de sus besos, de los suspiros largos de los…”Joder Alberto que polla marcas allá abajo” Empezaron a llegar los evidentes sonidos de una felación, practicada en el pasillo principal del piso….los gemidos de él, la ensalivada boca de ella. Ella, seguramente, aun vestida. Descalza no cabe duda. Eso de arrear los zapatos a la otra esquina era un gesto automático apenas cruzaba la puerta. El, con los pantalones o la bragueta bajada. Agggg pero que puta estas hecha maestra – recalcó intencionadamente la profesión de mi esposa. Eeeeeee…que las instructoras somos todas, unas guarras reprimidas – y retornó de inmediato a ejercer de feladora. Alberto debía de verse apurado. Para evitar derramarse donde y cuando no quería, tiró de mi mujer hasta obligarla a fundirse en un beso lascivo. Se escuchaba el beso y el ruido de su ropa, pieza a pieza desprendida…un calcetín en el descansillo, una falda en el suelo entarimado, sus pantalones justo en el zaguán de entrada a la habitación donde yo me ocultaba. Una camiseta estampada modelo hawaiana volando para parar a saber dónde. Llevaba toda la mañana deseando quitarte esa horterada – dijo Juana. Me la pongo siempre para que me la arranquen rápido. Ummmmm…¿Cuántas te habrás follado esta semana? Me guardo todo lo de aquí para ti. Ogggg tienes los huevos duros. Bien cargados. No aprietes tanto que de gusto casi me corro. De eso nada. Tú te correrás aquí dentro – imaginaba a Juana dirigiendo la mano de su amante por debajo de sus bragas. La cama, King Size metida con calzador en una habitación principal de barrio obrero, aguantó bien el empentón de los dos amantes dejándose caer sobre ella a plomo. Permití que se apasionaran a conciencia, que se olvidaran del entorno. Solo cuando los gemidos de Juana, acogían a creciente ritmo los lametones de Alberto en su coñito, solo entonces, nerviosamente, me arrastré temblando fueran de mi escondrijo. La ventaja del explorador que conoce bien el terreno que pisa, fue, en mi caso, escoger con premeditación una esquina, un ángulo vivo para mí gracias al espejo del frontal de armario, pero muerto para ellos. Viendo sin ser visto. Al menos en parte. Porque desde donde yo estaba podía contemplar los pies de Juana, clavando los talones entre los omoplatos de su amante mientras este, aplicaba toda su docencia sobre el mismo lugar donde mis tres hijos fueron paridos. Siiiii – Juana esbozaba unos sies largos y tensos, retenidos, compactos- Ooggg siiiiii. Nunca había escuchado algo parecido. Nunca mis tímpanos se habían deleitado oyendo el chapoteo de su vagina, completamente humedecida, mezclados sus jugos con la saliva de quien la estaba engullendo. Tras tantos años juntos, el lubricante formaba ya parte del neceser de mesilla. Era evidente que aquello no era consecuencia de la edad ni de la menopausia. Su apatía era la ausencia de novedad, la pereza sexual que yo le generaba. Alberto fertilizaba de lubricante natural el coñito de Juana y la prueba, era la manera con que hincaba sus pies en la ancha espalda de su amante, retorciéndose con cada lametón, con cara suspiro directamente dirigido al clítoris. El chico, que no ofrecía cara, exhibía no obstante glúteos de diez kilómetros diarios y una musculatura natural, innata, de poco gimnasio, entrenada al aire libre, meticulosamente exfoliada, depilada, engrasada. Pensé en que jamás me había depilado y que todo lo que paraba de mi cintura hasta los talones, era una apoteosis de la naturalidad misma, del abandono, de pelos más o menos largos o canosos, todos ellos olvidados y enrizados unos con otros. No me extrañaba pues que a mi… Alberto como me comes el coño joderrrr …no me dijera semejantes cosas. Entre los crecientes gritos de Juana, también era capaz de escuchar los suspiros graves y varoniles de su amante pero no descubrir su cabeza pues parte de la esquina tapaba todo lo que hubiera desde sus riñones hasta la cabecera de la cama. Hubiera pagado lo que fuera por deleitarme con la cara de Juana, por averiguar la técnica que aquel ser desplegaba para provocar esos movimientos pélvicos casi dolorosos, en busca de su lengua. Métemela joder, métemela no aguanto más. Alberto no era yo. Eso quedó claro. En lugar de obedecer sumisamente, suplicante, casi humillado, el chico se incorporó de rodillas sobre el lecho. Fue la primera vez que pude verlo. Sus brazos, hercúleos, resultaban algo sobredimensionados para mi gusto aunque la verdad, los míos, parecían una oda a la flacidez, un monumento al “me apunto al gimnasio después del verano”. Un llamativo tatuaje con forma de telaraña ascendía desde el bíceps derechos, extendiéndose hacia el hombro, el cuello, el pectoral y el omoplato, produciendo un embaucador efecto entre lo atractivo y lo rechazable, entre lo rebelde, lo temible y maligno. Su cuello exhibía una testa propia de Fidias, equilibrada, bien gestada, extremadamente varonil, de nasal ligeramente grande y melena generosa, abundante, sin una sola hebra blanca visible desde aquella distancia. Daba percepción de energía salvaje e inagotable. Esa posición y distancia me impidieron ver otras diferencias que ansiaba. ¡Qué le vamos a hacer! Los hombres somos así. Siempre tendemos a pensar que cuando una mujer se mete entre las piernas a un hombre, lo hace solo por cuestión de catar un tamaño y gordura diferentes. ¿Cuánto te mide? Eso es lo que nos preguntamos desde los doce o trece años. Y aunque la edad hace ganar en discreción, con el medio siglo, todavía seguimos curioseando sobre ello. Las mujeres pueden desear esa diferencia en concreto sí, pero solo durante la porción final de la tarta. Una tarta que incluye ingredientes de buen físico, sentido del humor, conversación inteligente, saber estar, olor corporal, presencia, sociabilidad, cultura general. Una especie de equilibrio entre la sensatez externa y el puterío privado que, evidentemente, para mi mujer Alberto encajaba con maestría. Y el maestro se detuvo un segundo para, brazos en jarra, contemplar la desnudez de Juana extendida sobre la cama. En esas sonrió con suficiencia. Sonrisa pícara, satisfecha, bien pagada consigo misma. Aquella señora cincuentona se le estaba entregando sumisa, dispuesta a todo para que le hiciera lo que le iba a hacer. Pero, en lugar de actuar como Fermín, abalanzándose para dárselo en cuatro o cinco minutos, se hizo a un lado, colocando la palma de su mano sobre el pubis de Juana e, imagino, los labios sobre sus pequeños pechos, iniciando un movimiento sincronizado entre los dedos sobre la vagina, y la lengua sobre los pezones. Mi esposa gemía histriónicamente. No podía verlo pero supongo que intentaría amortiguar sus gritos de placer chupándosela para devolver a su amante, unos gramos del placer que le estaba proporcionando. Nunca habíamos ni aun hemos hecho eso. Mis dedos sirven para acariciar, para firmar hipotecas, incluso para escribirle algún torpe pero sincero poema. Pero no para provocar que mi Juana me la fele al tiempo que los utilizo para masturbarla. Los gemidos no pudieron represarse y, finalmente, se descontrolaron. Podía sentirse a un Alberto gozoso pero, más que por tener la polla dentro de la boca de una mujer como Juana, lo hacía por la sensación de absoluto dominio que parecía ejercer sobre ella. Un cuarto de hora más tarde dio por concluida la faena y, asiendo la cara de Juana con cierto ensañamiento, la forzó a besarle con rabia mientras con gesto decisorio, se colocaba sobre ella. Una ella que se abrió gustosamente de piernas, supongo que en V, tan alzadas que desaparecieron del ángulo visual, dejando ver las enormes piernas del chaval y su culo, aquellos dos glúteos trazados sin mácula alguna. Mis retinas se dilataron para captar cada microsegundo. Un microsegundo que se estaba postergando. Uffff Alberto que diablo. Parecía haber dispuesto su miembro justo a la entrada, acariciando, arriba, abajo los labios hasta derretirlos todavía más de lo que ya estaban. Hombre y amante paciente, travieso, juguetón y entregado al noble arte de dar placer. Juana pareció confiar en que aquella diablura duraría algo más hasta que, Alberto, sabiendo exactamente cuando ella mecería las caderas en su busca, la penetró recurriendo a una lenta pero intensa tacada. Agggggggggggg Todas las terminaciones nerviosas de Juana, hipersensibles en su entrepierna, se estremecieron, extendiendo dicha sensación por cada una de las millones de células de su anatomía. Y, de nuevo, la tortura. Cuando tocó fondo tras un largo gruñido ella, permaneció allí, intencionadamente detenido. Haz que palpite dentro…haz que palpite por DIosssssss No había mecido de cama. No había empentones sádicos. Alberto se limitaba a hacer latir, voluntariamente, pum, pum, pum, pum, su polla en el interior del humedecido coñito de mi esposa. Por favor, por favor, por favor me mueroooo ogggg Y entonces lo vi. Entonces sí que comenzó todo. Alberto lo extrajo rápidamente y volvió a apretar sus glúteos iniciando un vaivén vertiginoso, resuelto, mortíferamente placentero, incentivado más y más con los gritos encabritados de Juana con cada vez una de aquellas embestidas. Era un copulador alfa sin cortapisas, sin vergüenzas ni fronteras, capaz de sostener un ritmo, para mi inalcanzable, durante diez minutos intensísimos. Salió hizo un gesto afilado dando la vuelta a mi señora, la acercó al borde de la cama, le hizo apoyar los pies en el suelo y el resto del cuerpo extendido sobre el lecho, con el trasero alzado pues la estatura de Juana, obligaba a que se pusiera de puntillas al máximo de su elasticidad. Parecía apoyarse en un dificultoso equilibrio, sobre sus maravillosas uñas pintadas de rosa. Entonces contemplé todo en su verdadera esencia. Alberto hizo un quiebro, agachándose para facilitar el acoplamiento. Al hacerlo, asió su miembro para empezar a rozar de nuevo los labios e ir, perezosamente, encontrando su hueco. Unos movimientos magistrales que transportaban a Juana, al borde mismo del enloquecimiento. Por Dios Alberto métela de una asquerosa vez. Aquella liturgia favoreció el que, por vez primera, viera su miembro. Y salí sorprendido. Sorprendido de no topar un mastodonte. Era grueso, mucho desde luego, de un moreno casi negroide y extremadamente venoso. Pero, en longitud, nada debía envidiar la propia. Claro que una cosa era el arma, levemente superior en calidad la de Alberto y otra la capacidad y habilidad con que este sabía manejarla. En ese terreno, Alberto resultaba ser titánico. Con un sutil movimiento volvió a ejercer el muy pasional arte de la penetración. Esta vez, sin pausas. Meter y bombear. Nunca imaginé que el trasero de mi mujer resultara visualmente, tan adiposo. Juana era flaca. Flaca sana, nervuda y carismática. Pero alzado y siendo intensamente penetrado, semejaba la hermosura de un trasero venezolano, bamboleando hacia la cabeza esa ola grasa que generaba cada reventón de la cadera de Alberto contra ello. Un reventón a ritmo creciente aderezado por el escándalo, intensamente sexual de los gritos de ella, los bufidos de él y el ambiente de depravada copula. ¿Cómo podía Alberto ser capaz de aguantar aquella sesión tan intensa? ¿Cómo era capaz Juana de gritar aquellas expresiones tan soeces? Ooooo me matas cabron me matas dame joder dame ufff tu puta madre como follas. Y el daba. Daba con cara enrojecida aunque, pero controlada, seria, valiente, como si se concentrara en el trabajo eficaz y profesional que estaba realizando. Había empentones tan sádicos, que Juana se alzaba totalmente del suelo, quedando durante una décima en el aire, cayendo justo en el instante en que su querido le daba la siguiente, incrementando su placer y la sensación de ser profundamente fundida. Los dedos de Alberto se aferraron, incrustándose y amoldando las nalgas de su agraciada. Solo entonces, observé como apretaba los dientes, arrugaba la nariz, abría los ojos y, aun más si era posible, se ensañaba con el coñito de Juana quien, a punto de derrengarse apuntaba los pies todavía más fruto del salvaje orgasmo que la poseía. Durante tres o cuatro minutos más estuvo apretándose, desahogándose, corriéndose dentro, incentivando el sonido de chapoteo, entregados uno a vaciarse y la otra a sentir como se vaciaban dentro de sus entrañas. Momentos eclécticos, distraídos que aproveché para regresar a mi cubículo sin que se percataran, como si yo fuera ladrón, sorprendido en su propia casa. Escuche el desacoplamiento. Escuche como se acomodaban recuperando, entre bufidos, el resuello. Madre mía que marcha tienes Juana. Bufffff como me han venido. ¿Plural? Tres si conté bien. Ummmm no te las des de más…dos…pero muy intensos. Este último…casi me desmayo. Siguió un largo silencio. Sin duda ambos se quedaron adormilados, acaramelados por esa sensación dulce y relajada de envuelve a quienes se han gozado. Ummmm Alberto se estiraba. La verdad, yo no podría estar con alguien que no supiera follarme como lo hemos hecho. ¿A qué te refieres? –Juana parecía mosqueada. Si alguien no me pusiera los ojos haciendo chiribitas como tu hace un rato al menos una vez al día… ¿Tu novia lo hace? Mi novia cuando folla, parece estar rezando. Lo que quiero decir es que no sé cómo no te has divorciado. ¿Cuánto llevas? ¿Vente años soportando que la cosa acabe en cinco minutos? Con el me he corrido siempre. No tan intenso desde luego, pero siempre ha sabido… ¿Dejarte satisfecha? Entonces ¿Qué haces conmigo en esta cama? Oye niñato ¿alguna vez has hecho con esa niñata que tienes por novia planes más allá del próximo polvo? ¿Alguna vez has visto a tu pareja llorar el día en que le dices que esperáis vuestro primer hijo? ¿Alguna vez te has puesto enfermo y no se ha separado de ti al tiempo que procuraba por los niños o la casa? ¿Alguna vez has tenido la certeza de que el mundo sigue en pie en medio del peor vendaval tan solo cuando lo sientes entrar por la puerta? ¿Alguna vez tienes un problema y sabes que tu pareja no tiene la solución pero si el consuelo? ¿Alguna vez has sabido, en medio de la peor discusión, que discutes con la persona adecuada? ¿Alguna vez te ha faltado el aire tan solo con imaginar que te levantas y no está a tu lado? Hubo un instante de silencio. Las lágrimas no hacen ruido. Si no las dos gordas que corrían por mis mejillas habrían hecho gran escandalera. Todo lo que quieras chata, pero él no tiene esta polla. Definitivamente, el affaire con Alberto, era meramente sexual. Nunca más volví a sentir curiosidad por quien, como y cuando. De aquella experiencia, supe que ella buscaba lo que yo no era capaz de darle. Tipos como Alberto llenan un vaso…pero nosotros somos el manantial que las hace sentirse amadas y seguras. Asumí mi papel. Y los tipos que fueron pasando por su vida, tres o cuatro más no lo recuerdo, asumieron el suyo. ¿Y tú no te diste capricho? Sería lo justo. Juana lo propuso para que voy a mentirte. Yo, sin embargo, no es que este asexuado. Solo que he encontrado aunque te cueste creerlo, cierto equilibrio en estas cosas. Lo único que te pido, es discreción. Si no, puedes hacernos mucho daño. Al fin y al cabo, nuestras circunstancias no son únicas y esto le puede pasar a cualquiera. Ese “cualquier” resonaba en mi mente conduciendo de regreso a casa. Pensaba en Vero y en la enorme fortuna que para un bandarra como yo, había sido terminar a su lado. Pensaba en la inmensa felicidad que desde que comenzamos a caminar juntos, nos había embargado. ¿Peleas? Muchas ¿Diferencias? Incontables Pero la sensación de estar luchando por sacar adelante algo verdaderamente importante, junto a la aliada adecuada, en la etapa adecuada, siempre había sido una constante. Tan solo nos faltaba recuperar nuestro hueco, nuestro instante, toda la pasión que el trabajo, la crianza, la familia y las obligaciones nos había ido restando. Aparcando el coche, recordé el “Garmo” aquel restaurante de carta original y minutas mareantes al que la llevé en nuestra primera cita, cuando la quise impresionar terminando poco menos que lavando los platos. Seguía abierto y en el mismo sitio. Reservaría para la semana siguiente, un sábado que pudieran socorrernos nuestros suegros. Abril el portal, esquivar a una vecina cotilla, falsa y peligrosa, meterme en el ascensor. ¿Cómo se llamaba el hotelito aquel de la carretera gallega? ¿“El Ciervo” “El Corzo”? Creo que era algo así…en todo caso reservaré para ese mismo día. Allí nos escapábamos aun de novios, cuando no teníamos nuestro espacio. Allí disfrutábamos de nuestros quince metros cuadrados para largas sesiones de miradas con sexo o sexo con miradas. Recuperarnos sí. En eso y en dos entradas para Fito, su favorito entre los favoritos, pensaba al abrirse la puerta del ascensor. Cena, Fito, un hueco exclusivo y privado…darnos placer como antaño para volver a tener aquello que tuvimos. Si, introduje la llave en la cerradura….si volvemos a devorarnos con los ojos, entre lo que recuperemos y lo que hemos conseguido, se redondeará el placer de tenernos el uno al… ¡Azótame. Azótame fuerte cabrón. Que me duela el culo tanto como me derrites el coño! Tarde – pensé con las piernas temblando, dejando que los gritos de Vero se extendieran por todo el hueco de la escalera - Llegas tarde. Y caminé para llorar como un niño, sentado en el borde de nuestro lecho. ([email protected])

Autor: pinoverde Categoría: Infidelidad

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Comprobando la fidelidad de Anita

2019-10-28


Esa tarde estaba en mi oficina, cuando me llamó por teléfono Sandra, una de las compañeras de ofician de mi dulce Ana. Me dijo que mi fiel mujercita le había confesado que tenía fantasías con su esposo Ariel; un flaco que yo sabía, era bastante bien dotado… Yo lo había visto varias veces después de jugar al fútbol en el club y sabía que el tal Ariel tenía una verga monstruosa. Me preguntaba si Anita ya lo había averiguado por ella misma… Pero entonces Sandra me aseguró que jamás habían estado solos ni por un momento; al menos, eso era lo que ella creía. Me aseguró que solo era una fantasía de mi esposa y yo estuve de acuerdo con ella… Entonces le pregunté a Sandra si le importaría probar la fidelidad de su marido y también de mi esposa. Se mostró sorprendida de mi pedido, pero estuvo de acuerdo en colaborar para lo que fuera necesario… Entre ambos preparamos un plan. Y logré que Anita invitara a ambos para compartir una cena en casa. Después de los postres, Sandra inventó una excusa para salir a fumar al patio trasero. Me ofrecí a acompañarla con un cigarrillo, dejando a Anita y Ariel solos en la cocina. Mi sensual mujercita estaba parada contra el lavadero, cuando Ariel se acercó por detrás y puso sus manos sobre los hombros de mi esposa. Le susurró algo al oído y entonces Anita dejó escapar una leve carcajada. Ella llevaba puesto un vestido liviano corto y yo sabía que no usaba bombacha esa noche; algo que hacía normalmente en el verano. Ariel apoyó su entrepierna contra las redondas nalgas de Anita. Ella se revolvió, tratando de escapar, pero él la sostuvo firme por la cintura. Protestando, Ana puso sus manos contra el fregadero y trató de empujar hacia atrás su cuerpo. Pero, en lugar de escapar, solo apoyó su firme cola contra la verga endurecida de Ariel. Pude ver que entonces ella arqueaba su espalda, para sentir todo el largo de esa verga enorme contra su culo. Ariel empujó todavía más y de repente se separó de ella, para abrir el cierre de sus pantalones. Enseguida sacó su gruesa verga ya erecta. Pude calcular que eran casi veinte centímetros de pura dureza. Le murmuró tranquilamente a mi esposa, si ella quería sentirlo… Para mi sorpresa, Anita despacio farfulló que quería hacerlo… Cuando él hizo girar a mi mujercita, ella se dio cuenta que esa verga enorme estaba entre sus muslos y casi estaba cabalgando sobre esa cosa. Yo sabía que mi fiel esposa ya estaría humedecida al haber sentido esa verga presionando contra su culo. Ahora sus labios vaginales, apenas cubiertos por ese liviano vestido, estaban casi en contacto con esa verga enorme y dura. Pero la intención de Ariel no era cogerla en ese momento. Solamente quería hacerle sentir a Anita cómo se sentía una buena pija. Entonces ese turro empezó a frotar su duro mástil despacio, hacia adelante y atrás, sobre el pubis todavía cubierto de mi esposa. Entonces Ariel levantó el ruedo del vestido y continuó empujando su pija arriba y abajo. Ana carraspeó al sentir su vientre subiendo y bajando sobre esa cosa enorme. Yo estaba seguro de que mi mujercita deseaba tener esa verga empalad dentro de su concha caliente; pero Ariel seguía jugando con ella, sin darle ese gusto. Parecía que su intención era hacer acabar a mi mujercita, pero sin penetrarla… De repente pude notar que Ana se encontraba ya cerca de su orgasmo. Abrió sus muslos un poco más y apoyó su pecho contra Ariel, sin dejar de moverse a buen ritmo y rozar su vulva humedecida contra esa poderosa verga. Mi enfebrecida mujercita finalmente alcanzó su propio orgasmo y colapsó contra el fregadero, exponiendo su vulva inflamada sobre la verga de Ariel. Entonces él presionó la punta contra los labios vaginales y la hizo suspirar y respirar entrecortadamente. Un segundo orgasmo recorrió el cuerpo de mi sensual mujercita.. Pude ver que ella cerraba sus ojos y abría un poco más sus muslos, para sentir mejor esa gruesa verga rozando casi su clítoris bien inflamado. Así Anita se quedó quieta por unos instantes. Yo sabía que estaba tratando de hacer todo lo posible para resistir la tentación de empalarse ella misma… Pero entonces lo pudo sentir mientras yo lo veía… el semen de Ariel por fin se asomó y se esparció por la humedad de sus labios vaginales inflamados y bien abiertos. Enseguida Ana abrió sus ojos, empujó a Ariel y corrió hacia el baño. Afuera en el patio, mire a Sandra de pie junto a mí. La amiga de mi esposa estaba sonriendo, mientras miraba a su esposo acabar sobre el piso de la cocina. Miré hacia abajo y pude ver su delicada mano aferrando mi verga endurecida. La muy perra me estaba haciendo una tremenda paja. De repente acabé en esa pequeña mano. Sandra me sonrió y lamió sus dedos hasta dejarlos limpios… Después me susurró al oído que ahora mi esposa había sentido una buena verga dura deslizándose contra su delicada concha. Mientras se ponía de rodillas frente a mí, murmuró suavemente que ahora ella iba a averiguar si era verdad que yo podía aguantar una erección por casi tres horas... Antes de meterse mi verga en su boca, me dijo que Ana le había dicho eso. Cerré mis ojos y gemí con suavidad, sabiendo que podría acabar en la delicada boca de esa linda puta muy, muy pronto…

Autor: Anitaslut44 Categoría: Sexo con Maduras

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Con el taxista

2019-10-28


Una noche saliendo de un bar ya algo ebrios una amiga y yo nos divertimos junto con el taxista. Ella es una chica pequeña, de cabello castaño claro y unas tetas muy grandes, areolas rosadas y pezones pequeños. Durante el trayecto comenzamos a besarnos y le empecé a meter mano, ella tenía un vestido ligero, corto y de tirantes, le acariciaba las tetas, y mientras le lamia el cuello, le desabroche el sujetador, le corrí los tirantes. Al principio le daba pena que la vieran, me va a ver las tetas me decía, y le respondía que estaban re buenas, se las saque del escote y sus pezones ya estaban parados, y empezaba a humedecer sus calzones, mientras se las acariciaba y se las lubricaba con mi saliva, miraba de reojo el retrovisor donde podía ver que el taxista no perdía vista de ese manjar de tetas, ella se dio cuenta que la miraban y me decía no me deja de mirar las tetas, pero si están deliciosas además te están empapando solo de decírmelo, me dijo que nunca había puteado en un taxi y que se estaba excitando de que la vieran, seguí jugando con sus tetas y acariciándola sobre el calzón que ya estaba un poco mojado, ha este cabrón seguro ya se le antojaron tus tetas y la ha de traer bien dura mirándote, ella se excitaba cuando le recordaba que la andaban mirando y deseando, ¿tú quieres que me las chupen?, cuando me dijo esto me prendió muchísimo y es que imaginar ver como perdía el recató y era disfrutada por un desconocido me calentó. ¿Quieres que te las chupen? Le pregunte, no me respondió, pero ella ya se acariciaba las tetas de forma que la pudiera disfrutar totalmente el conductor, ¿quieres ver cómo me las chupan? Me susurro al oído y sin pensarlo le dije déjame verlo, se colocó de frente, de tal manera que ambas tetas fueran fácilmente vistas por el taxista y le pregunto sin vergüenza ¿te gustan? El chico que no le había quitado los ojos desde que se dejó ver las tetas le respondió sencillamente que claro que sí, que estaban re buenas, ella titubeo un poco y me volteo a ver, y por mi mirada lasciva lo volvió a mirar y le pregunto ¿me las quieres chupar?, al escuchar esto un rush de adrenalina y excitación recorrió mi cuerpo, el chico dobló en una calle lateral y en el primer alto, se volteó, tomo con una mano una de las tetas y se metió el pezón en su boca, succionando, lamiendo y mojándole todo el pecho, ella gimió entre dolor y placer, ey despacio le dije, y continuo su faena de forma más controlada, ella gemía y gemía, cuando dejo de chupar ese manjar tenía el pezón de roca, todavía te falta el otro le dije, ella tomo su otra teta y se la ofreció, el taxista la tomo con sus manos y de nuevo empezó a comer ese exquisito pezón, dejándolo húmedo y brillante con su saliva, entonces acaricie su entrepierna que estaba empapada, se había excitado demasiado que un desconocido la estuviera disfrutando, la empecé a masturbar y ella suspiraba caliente de verga. Cuando llegamos a su casa el taxista se detuvo en la calle, y le pregunte si quería que la tocaran hasta que se viniera y me dijo que si, le comente eso a nuestro amigo, quien sin dudarlo le paso la mano en la entrepierna y continuo lo que yo había empezado, ella estaba muy prendida y dijo que tenía ganas de ver que tan dura teníamos las vergas, así que nuestro amigo taxista apagó el carro y se pasó al asiento de atrás, ella estaba en medio y comenzó a jalarnos la verga a ambos, dudo un momento si se la chupaba pero la anime a que lo hiciera, y pude ver el espectáculo que como le comía la verga, ella estaba muy concentrada en hacer venir al chico y yo me masturbaba con el show, tras mamársela un rato, el tipo dijo que ya se iba a venir y ella aceptó la corrida en su cara, una buena eyaculación le lleno el rostro, y verla con tanto semen me hizo venir a mí también y le tire mi leche en su cara, al final quedo con dos corridas en su rostro, nos miraba con ojos de puta, deseosa de más verga, le pagamos y se fue y yo me quede en su casa, subimos al cuarto de su hermana que estaba de viaje y ahí le di por el culo mientras me contaba las veces que había escuchado a su hermana coger en su cuarto y pedir verga, ella estaba muy excitada y caliente, le pregunta si sabía si su hermana tenia juguetes en su cuarto, pero no sabía, así que pare la cogida un rato y busque en sus cajones, y ahí donde su hermana guardaba las tangas tenía un dilo, condones y lubricantes y terminamos usando el dildo, la penetre con mi verga en el culo y el dildo en su vagina, mientras le preguntaba si le gustaría que le hicieran doble penetración, y ella me decía que fantaseaba con que se la cogieran entre dos cabrones y se vinieran dentro, en su culo y su vagina, excitado me volví a correr dentro de su culo, y al salir miraba el hoyo abierto y lleno de semen y ella bien servida y agotada.

Autor: sandromacos Categoría: Sexo en Grupo

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Antro

2019-10-28


Soy Fer, y tengo una amiga media locochona como yo, cierto día, estábamos con ganas..de unos tragos, de irnos de reve y pasarla muuuyy bien, así que decidimos ir a un Antro a ver que pescabamos para nuestro propósito. Fuimos a uno llamado Conga, buena música para bailar, nos vestimos muy sexys para ligar a un chavo y que nos invitara los tragos y lo que resultara. Pues si, fue fácil, se nos unieron rápidamente un par de chicos y a disfrutar los tragos y un buen baile, muy pegaditos y muchos roses pues andábamos prendidas... Pero..surgió algo, uf llego el novio de Gaby y valió.. pensé.. Como era de esperar, ella se fue con el, y me dijo, regreso, tu sigue aquí.. yo me quede con el par chicos y seguí a sabiendas que regresaría, pero pasó el tiempo y nada.. y entre trago y trago.. ya andaba un pokito happy.. y aún bien prendida.. Senti que ya era tarde y les dije que mejor me iba, pues mi amiga no regresaba, ellos se ofrecieron en llevarme, pues me vieron algo mareada y acepté. Entre relajo y relajo y manoseo con uno de ellos.. llegamos.. me despedí.. pero.. no me dajaron entrar sola, vivía en un depto. Sola con Gaby, esperaba encontrarla, pero no, no había llegado aún, ellos dijeron, ni modo que te quedes sola, te acompañamos... bueno.. pensé.. Mientras seguíamos medio cachondeando uno de ellos y yo.. Nos sentamos en el sofá y ellos a cada lado mío.. Ufff ahí empezó todo.. Se lanzaron si más a besarme... lejos de m*****arme.. me prendi aún mas!!! Lujuriosamente abrían mis piernas y me manoseaban como desesperados!!! Rápidamente uno de ellos me sacó mi tanguita y se bajó a chuparle la pucha riquisimoooo!!! El otro no paraba de besarme y mordisquearme las tetas!!!! Estábamos como desesperados, agitados y jadeantes!!!! Era una lujuria increible!!!! Mientras me chupaba la pucha el otro aaahhhh sacó su pistola y siii a mamarle rico ese trozo de carne!!! Era riquísimo como mientras se la chupaba me chupanan ami!!!! Sentia increible miniorgasmos con su lengua dentro de mi.. y saborear ese trozo de carne uff Dejo de chuparme y.. mmmm saco su verga y zaazź toda me la clavó cañón de un solo golpeee aaaahhh arranco mis gemidos y ufff senti que la tenía grande y gruesa... y me daba durisimoooo!!!!! Yo no dejaba de mamar la otra verga y masturbar la con mi boquita.. ufff Hasta que intercambiaron posiciones y shhhh empece a mamar la verga gruesa y grande... mmmmm mientras me daba duro por mi pucha el otro... Se safaron... se sentó uno de ellos.. y me senté en esa verga a jinetear!!!! Riquisimo!!!! Por mi pucha.. Se acomodó el otro a mi espalda.. y.. poco a poco.. empezó a empujarla por mi culooooooo!!! Sentia que me partía el culo en 2!!! Era la verga más gruesa y.. de un solo empujón en cuanto entro esa cabecita.. o clavo todooooo!! Grite.. y trate de safarme del dolor, pero ambos me sujetaron y poco a poco fue pasando y aaaahhhhhh siiii empecé a sentir riquisimooooo!!!! Ambas vergas dentro de mi se movían a un ritmo intenso.. mientras me manoseaban las tetas y me besaban sin parar... Aumentaron el ritmo.. hasta aaahh siiiii los tres gemiamos... y ahhh shhhh más!! Más!!! Masaaasss!!!! Los tres juntos tuvimos ese rico orgasmooooo!!!! Senti como ambas vergas se venían dentro de mi... aaahhh que placer!!! Se me nubló la vista.. y aaahhhh que rico palpitaban ambas dentro de mi... Pasaron unos instantes donde los tres gozavamos esa intensidad del orgasmo.. Me saco la verga del culo.. y me safe de la otra.. ambos se quedaron sentados en el sillón exhaustos.. yo.. hinchada en la alfombra.. les chupe ambas vergas hasta dejarlas sin una sola gotita.. shhhh las saborie a mi antojo... Hasta que.. se volvieron a parar... aaahhhh sentí una increíble lujuria... y más y más las chupaba.. logré tenerlas ambas en mi boquita aaahhhh que ricoooo shhhhhh Y.. les dije... las quiero de nuevo dentro de mi.. Me acomodaron de ladito ahí en la alfombra... y mmmm poco a poco se acomodaron uno de frente y otro a tras y durooo!!!! Se movían riquisimoooo les decía más!! Más!! Más!!!! Y me besaban.. me manoseaban cañón!!! Cuando sentí que se venían. Les dije.. quiero que vengan en mi boca!! Y siiiiii ambos!!! Aahhh lechitas!!! Ambas vergas estallaron en mi rostro.. sentia una sensación de hormigueo.. y uffff hasta saborear la última gota de cada verga... ufff Fue intenso.. increíble... después de esto.. quedamos los tres tendidos ahí mismo.. hasta quedarnos dormidos.. A la mañana siguiente.. uff desperté.. y vi.. recordé.. y sin hacer ruido me fui a bañar.. con una sonrisa de satisfacción.. Y me fui.. Hoy día.. de ves en cuando los llego a ver.. y somos muy buenos amigos.. amigos con derechos.. Bye!!!

Autor: Ma-Yik Categoría: Sexo Anal

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Un incesto muy peculiar

2019-10-27


La amplia cama tenía una almohada negra y una colcha gris, Delilah estaba de lado sobre ella vestida con unas braguitas blancas y un top de seda con encajes, bragas y top eran de color blanco. Su mano izquierda acariciaba su teta izquierda y su mano derecha acariciaba su coño por encima de las bragas. Sus ojos estaban cerrados y de su boca salían dulces y casi silenciosos gemidos. Se sobresaltó al oír un pequeño ruido, se puso boca arriba y vio que su padre la estaba mirando. Miraba el escultural cuerpo de su hija, una preciosidad de metro setenta y cinco de estatura, que tenía los ojos azules, el cabello rubio y largo (recogido en ese momento), labios carnosos a la Jolie, con tetas grandes, cintura estrecha, caderas anchas. Delilah, muy seria, le dijo: -¿Qué haces aquí, papa? John, cuarentón, alto, rubio... Agraciado físicamente, le dijo: -Venía a mirar cómo estabas. -No debiste invadir mi intimidad, y menos no estando Jenny en casa (Jenny era su madrastra). ¡Márchate! -¿Me dejas ver, hija? -¿Ver, qué? -Cómo te masturbas. Delilah se enfadó. -¡Vete! John, que estaba en bata de casa, la abrió y sacó la polla, una polla gorda y descapullada, casi erecta. -Deja que me masturbe viéndote. -¡Vete! John, se quitó la bata, y se arrodilló a los pies de la cama. -Se lo voy a contar a Jenny. ¡Vete! John, comenzó a menear la polla. Delilah veía cómo la piel subía y bajaba cubriendo y descubriendo el glande. Se mordió el labio inferior, pasó la lengua por los labios, y después le dijo: -Para... Vete. -Se buena, cariño. -No, vete. Eres mi padre. ¿Estás bebido?. -No, no estoy bebido. Soy tu padre, pero también soy un hombre. -Que tiene una esposa que podría ser mi hermana y que te da todo el sexo que quieras. La esposa y madrastra de Delilah, modelo de profesión, era rubia como ella, tenía los ojos azules cómo ella tenía 28 años (nueve más que Delilah) y un cuerpo perfecto. A Delilah no le caía bien. Pensaba que se casara con su padre por el dinero, ya que John era un empresario muy rico. -Tú eres mi gran fantasía. Delilah, ufana por las palabras que le había dicho su padre, mirando para la polla, volvió a llevar la mano a donde la tenía, y le preguntó: -¿Tanto me deseas? -Mucho más de lo que puedas imaginar, hija. Delilah, que ya estaba cachonda antes de llegar su padre, al ver la polla se había calentado aún más, así que le dijo: -No debía, pero voy a hacerlo, total acabarás por masturbarte tu solo... John, cogió un alegrón. -Eso es muy cierto, si no es contigo lo haré solo. Después de ver semejante monumento... Salió la presumida que llevaba dentro. -¿Tan buena crees que estoy, papá? -Buena, no, lo siguiente. -Me gusta que pienses eso de mi. Solo una cosa más... No me toques. -¿Ni un poquito? -Ni un poquito. Poco después la actitud de Delilah, cambió. Tocándose por encima de las bragas y sonriendo, le preguntó: -¿Me deseas más que a Jenny? -Mucho más, hija, mucho más. Delilah cerró los ojos y se siguió tocando. John, miraba para sus tetas y se moría por comerlas, pero tenía que hacer lo que quisiera su hija o la podía joder. Al rato, Delilah, abrió las piernas, John se acercó a ella y le puso el glande al lado de la mano, una mano con dedos largos y finos con uñas pintadas de negro. Le preguntó: -¿Te excita ver cómo me masturbo, papa? -Mucho -le tocó con la polla húmeda en los dedos-, muchísimo, hija. A Delilah se le escondieron las pupilas y solo se le vio el blanco de sus ojos una fracción de segundo, luego los volvió a abrir, y suspiró mirando a su padre a los ojos. Así estuvieron más de cinco minutos, mirándose y masturbándose despacito, muy, muy despacito. Al final, los gemidos de Delilah le decían a John que ya estaba madura y la aguadilla que salía del meato de su padre le decían a ella que había puesto perro a su padre. Le preguntó: -¿Quieres que me desnude, papá? -Sí, hija, sí. Delilah se quitó las bragas y el top. John vio sus tetas, grandes, duras como rocas, con enormes areolas rosadas y gordos pezones y su coño con una pequeña mata de pelo rubio. La muchacha abrió las piernas y acarició su coño con dos dedos. Sus pupilas volvieron a desaparecer y un suspiro salió de su boca, después dijo: -Estoy muy mojada, papá. Delilah mirando a su padre, sintiendo la polla mojada rozar sus dedos y masturbándose, gemía, se le cerraban los ojos, mordía el labio y de cuando en vez levantaba la pelvis como si se fuese a correr. John, le preguntó: -¿Puede acariciar tus tetas? -No, solo me podrás tocar con tu polla en mi panochita cuando te lo diga, -sonrío-, o sea, ahora. Delilah retiró la mano del coño y John, muy lentamente, cómo si la polla estuviese besando los labios la frotó de abajo a arriba. Al llegar al clítoris, lo golpeó con ella. Delilah puso los ojos en blanco, después los cerró y gimió cómo si ya se fuese a correr, pero no, aún no se iba a correr... Una docena de veces se le pusieron los ojos en blanco con los golpecitos mientras jadeaba cómo una perrita. Sintiendo que no iba a durar, le dijo a su padre: -Para, para que lo voy a estropear. John, paró de jugar con la polla en el coño. Delilah volvió a masturbarse. Ahora iba más aprisa, miraba cómo su padre también aceleraba y gemía. Le preguntó: -¿Estás listo, para darme tu leche, papá? -Aún no, cariño. Delilah dejó de tocarse el coño. Echó las manos a las tetas, y sin dejar de gemir, las magreo y jugó con sus pezones. John le volvió a pasar la polla por el coño. Ahora apretándola contra los labios... Le metió la puntita. Delila no quería ser penetrada. -¡No! Así no, otro día lo haremos con penetración, papá. Se la siguió frotando y llevando con ella los cremosos jugos que salían de su coño. Le volvió a meter la puntita, Delilah, exclamó: -¡Oh, Dios! Le cogió la polla a su padre y mirándolo a los ojos se la meneó. Luego la frotó en el clítoris. Sus gemidos ya eran escandalosos, John, le echó las manos a las tetas, Delilah, le preguntó: -¿Te vas a correr, papá? -Si, cielo. Dejó la polla. Se volvió a masturbar el coño mirando a los ojos a su padre. Sus dedos volaron de abajo arriba y de arriba a abajo. John la sacudió la polla endiabladamente rápido. Ni un minuto tardó Delilah en coger la almohada con una mano apretarla y decir: -¡Oh, God! ¡¡I´m gone cum!! O lo que es lo mismo: ¡Oh, Dios! ¡¡Me voy a correr!! Un chorro de leche de John fue a para a una de sus tetas. A Delilah, viendo cómo la leche salía de la polla de su padre se le cerraron los ojos de golpe. Echó la cabeza hacia atrás, abrió la boca y jadeó cómo una perra mientras temblaba azotada por el placer. Cuando abrió los ojos para mirar a la cara a su padre, ya no vio nada... Sus ojos estaban en blanco. Fueron dos corrida espectaculares. Cuando Delilah acabó, sonrió a su padre. John, le metió todo el glande dentro del coño, Delilah, lo quitó, y le dijo: -Otro día, papá. -Pero... -Otro día. Así me cogerás con más ganas. Quique. ([email protected])

Autor: Quique Categoría: Incesto

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