Vis a Vis 1/3

2019-10-29


Andrés, a sus 27 años, acaba con sus huesos en la cárcel por su mala cabeza. Su padre, juez, le ha dejado en la estacada. Sólo encuentra el apoyo de su madre y su mente empieza a maquinar cómo vengarse de su padre. 1. Un día cualquiera. Justo antes de la venganza. -¡Cerdaaaaa! El grito resonó por toda la casa. Debían ser las cinco y pico. Acababa de despertarme de la siesta con una erección de caballo. La tele, con el sonido al mínimo, iluminaba tenuemente la habitación, que permanecía con las persianas cerradas y el aire acondicionado puesto a tope, para evitar que el tórrido calor veraniego achicharrase el expuesto comedor del piso veraniego. Llevaba ya un par de meses en el apartamento veraniego de mis padres y, en vista de que el cabrón de mi viejo me la tenía jurada y no me dejaba volver a la mansión de la familia, había convencido a mi buena madre para que me dejase alojarme, a espaldas del viejo, en aquel minúsculo apartamento. Allí ocupaba su lugar como "rey león" de la familia y hacía, literalmente, lo que me salía de los cojones. Por eso estaba medio resacoso después de haberme zampado una botella de su mejor Rioja, con la inestimable ayuda de la cerda de mi madre, y ahora despertaba así de la minicogorza. Despatarrado en pelotas en el sofá, con la polla tiesa como un mástil, apuntando al techo, y viendo, con mi amodorrada mirada, como se meneaba el culazo de la cerda, apenas oculto por un ajustado tanga, mientras trataba de arreglar el estropicio que habíamos hecho en la cocina mientras echábamos el polvo previo a la comida La cerda, que ya sabía de qué iba el rollo, no tuvo que escuchar mi berrido por segunda vez y acudió, rauda y veloz, meneando sus tetazas, a arrodillarse ante mi rabo y, tras encajar la tranca en su garganta (le entraba a la perfección, debían ser de la misma talla), se sometió a la rutinaria y placentera (para mí) tortura de la follada babosa y salvaje de su cálida garganta. La sujeté fuerte con las dos manos. Me encanta menear la cabeza de la puerca a lo bestia, mientras escucho sus guturales gemidos, noto como sus babas van resbalando sobre mis depilados cojones y las arcadas se suceden inevitablemente. Mientras le muevo el cabezón a la cerda, bien sujeta por el pelo, me gusta contemplar sus ojos vidriosos y, entre insultos, exigirle entusiasmo y dedicación a la muy puta, al tiempo que le doy estimulantes bofetadas en la cara y voy lanzando espesos lapos que, de vez en cuando, restriego por su frente y sus llorosos ojitos de furcia. Ella no suele quejarse. De hecho, si alguna vez lo ha hecho siempre ha sido para exigir más caña. ¡Qué bien amaestrada tengo a la muy puerca! No nos engañemos, recién despierto y con la polla apuntando al techo, no hay nada mejor que una buena mamada para afrontar el resto de la jornada. Y si la puerca que te come la tranca pone el mismo entusiasmo y las ganas que la cerda de mi madre hay pocos placeres comparables. Durante un buen rato contuve la excitación y disfrute como un gorrino insultando a la puta sumisa de mamá. Ella aguantaba los insultos con el mismo estoicismo que los guantazos, los escupitajos y las arcadas que disfrutaba provocándole. Para aliviar la situación se limitaba a masturbarse, como buenamente podía. Aunque ambos sabíamos que, a esas horas lo que de verdad estaba esperando era la rayita de coca que su cuerpo le estaba pidiendo con ansía. Yo, disfrutaba como un gorrino con su humillación y estaba dispuesto a hacerle sudar la gota gorda para obtener su premio. Intenté retrasar al máximo la corrida. Estaba muy, muy cachondo, pero no tenía ganas aún de darle el gustazo a la cerda de que disfrutase de su rayita sin hacerle sudar la gota gorda. La puta se esforzaba con ganas. Churretones de sudor y lágrimas por el esfuerzo surcaban su cara y goteaban, mezclados con sus babas sobre mis tensos cojones. Ver trabajarse su premio a la cerda, con tanta dedicación, me ponían muy palote. Además, la gorrina tenía un cuerpo diez. Las tetazas operadas (por un excelente cirujano, ¡no hay nada como tener pasta!) se mantenían firmes y tersas a pesar de su enorme tamaño y, acompañando los rítmicos vaivenes de su cabeza, frotaban mis muslos. En su culazo, reflejado en el cristal cerrado de la ventana del salón, todavía se podía adivinar la apertura de su depiladito ojete, que había taladrado un par de horas antes y en el que se acomodaba la fina tira del tanga. En cuanto estuve a punto la agarré con fuerza de los pelos y coloqué su jeta bajo mis huevos para que me los fuese lamiendo. Ella, conocedora del ritual, soltó un gutural gemido tras ver liberada su garganta, procedió a cerrar los ojos y se concentró en restregar la lengua en la tierra de nadie, entre mis cojones y el ojete, pero sin descuidar ninguno de ambos objetivos. Apreté los dientes, agarré con fuerza mi pringosa tranca y seguí meneándola con rabia, mientras notaba la leche en la pole position, pugnando por salir. El manguerazo fue apoteósico y dejó la cuidada media melena castaña de la cerda, así como parte de su frente y ojos, a rebosar de espeso y saladito esperma que la guarra asumió con resignación, boqueando y empezando a salivar por la coca que en breve iba a deslizarse por sus ansiosas fosas nasales. ¡Se había ganado el premio, sí señor…! Todavía jadeando y con los dientes apretados, sujete su cabeza, agarrando sus cabellos y contemplé, con una sonrisa irónica, su esperpéntico aspecto. La cara babosa, sudada y pringosa de esperma de mi progenitora iba recuperando el aliento. Mientras la cerda me lanzaba una mirada entre sumisa y ansiosa, musitó tímidamente: -Venga, Andrés, por favor... No pude evitar soltar una risita sardónica y le contesté cortante: -¿Por favor...? Por favor, ¿qué?, cerda... -No seas así, hijo... Ya sabes lo que quiero... ¡Me he portado bien...! -el tono suplicante subió de intensidad y me pareció que se le escapaba alguna lágrima... Al final, la puta me acabó dando un poco de penilla y decidí complacerla. A fin de cuentas, este finde se estaba portando... -Anda, guarrilla, anda... Toma. -le lancé un sobrecito que tenía en la mesita con material para un par de rayas- Con esto tienes para lo que queda de jornada. Ella lo cogió al vuelo y se incorporó a toda velocidad. Corrió a la mesa sin ni tan siquiera limpiarse la cara en la que se iba resecando la lefa. Desde el sofá, mientras mi polla iba recuperándose del asalto, contemplé como la cerda extendía el polvo sobre la sucia mesa del comedor, todavía llena de migas y con manchas de cerco de vino de las copas. Con la pericia que había adquirido en los últimos tiempos, se metió las dos rayas entre pecho y espalda, mostrándome una perfecta panorámica de su ojete al agacharse a esnifar. Después, echó la cabeza hacia atrás, agitó la melena, se rascó un poco la nariz y, tras ver qué había quedado algún resto de polvo en la mesa, pegó un par de lametones para aprovechar toda la mercancía. La miré con una pizca de orgullo. Sabedor del éxito de mi tarea de sometimiento. Cuando, displicente, la guarrilla se dirigía a la cocina le dije: -¡Eeeh, cerdita! ¿Qué se dice...? Se detuvo y se giró. Con los ojos vidriosos y una mirada humillada y como ida, musitó: -Gra... Gracias... -¡Muy bien, cerdita! Así me gusta... La buena educación, que no falte. 2. Farlopa, contigo empezó todo… ¿Amor? Esto no es una historia de amor. No tiene nada que ver con el amor. Es una historia de sexo, de deseo, de dominio y de venganza. Eso es todo. Ni más, ni menos. Mi padre se llamaba Anselmo. Bueno, mejor dicho, se llama, aunque ya no ejerce… de padre, quiero decir. Hace bien poco que la cerda y yo le dimos puerta y pude pasar a ser amo y señor del castillo, por decirlo así, como con ínfulas. Mi padre es dieciséis años mayor que mamá. La conoció cuando ella estudiaba derecho en la universidad, con veintidós años. Él era profesor suyo. Se casaron dos años más tarde, cuando mamá acababa de cumplir 24 años y mi viejo, ya en la cuarentena había abandonado las clases para centrarse en su verdadero oficio: la judicatura. Efectivamente, el viejo era (y es) juez. Un juez rígido, carca y conservador. Don Anselmo el Incorruptible, así le llaman. Sí, ya me imagino qué es lo que estáis pensando: el último tipo de persona a la que le conviene un hijo indolente, porrero y adicto a la coca como yo. Sí, amigos, ese soy yo, un genuino vivales, un jeta dedicado al menudeo. Mi madre, Maruja, tenía un carácter sumiso y apocado y siempre me había mimado en exceso. Lo que me acabó convirtiéndome en un tipo malcriado y egoísta, acostumbrado a manipular y a salirse con la suya. Todo un dechado de virtudes, vamos. Y, claro, cuando me detuvieron por trapicheos supuso un auténtico shock para mis progenitores. Aunque el mayor trauma se lo llevó el viejo. Para mí madre también, pero ella, por lo menos, fue más comprensiva y solidaria. Adoptó los típicos argumentos exculpatorios, ya se sabe: las malas compañías, la desorientación de los jóvenes (aunque, cuando ocurrieron los hechos ya tenía veinticinco años, tampoco era un inocente pipiolo) y otras excusas similares. Todo, para no creer que su adorado hijito era un crápula que menudeaba con coca y no tenía más intereses que colocarse y follar pelanduscas. Por otra parte, el comportamiento de mi padre me había dolido. Me responsabilizó de los hechos y se negó a echarme un cable ante la justicia, y eso que tenía multitud de contactos y relaciones y podría haberme librado de la pena con la que me tocó apechugar. Me cayó un año de cárcel y el cabrón del viejo no movió un dedo para sacarme de chirona. Si bien no tenía la culpa del comportamiento que me había mandado entre rejas, sí que, con su mojigata moralina, no había movido un dedo para ayudarme. Supongo que su intención era darme una lección. Pero desde el momento en que entré en la celda ya empecé a maquinar la forma de darle una lección a él, y cuanto más cruel, mejor. La venganza es un buen motor. Muy motivante, y más en los tipos como yo, de moral disipada. Era bien consciente de que, en realidad, el viejo tenía razón, pero, así y todo, me sentía humillado y, teniendo en cuenta que la empatía es la última de mis virtudes, decidí golpearle dónde más podía dolerle. Deseé vengarme con todas mis fuerzas. Además, estaba seguro que tenía intención de desheredarme, así que: de perdidos al río. Busqué su flanco más débil para atizarle. El que, paradójicamente, él consideraba más sólido. Al principio no sabía muy bien por donde embestir. Pensaba que, cuando saliese tendría que hurgar en algún caso en el que hubiera cometido alguna incorrección o algo similar. Pero claro, con su fama de firme e incorruptible, iba a resultar complicado. Aunque estaba seguro de que algo encontraría o, si no, ya vería la forma de inventármelo. Pero, después, ya en prisión tuve otra perspectiva y una especie de epifanía me hizo alterar el objeto a utilizar para vengarme. Así que desvié mi atención al firme pilar en el que se sustentaba su matrimonio, mi buena, inocente y sumisa madre. Una mujer de una bondad intachable y a la que siempre me había resultado facilísimo manipular. Mi madre, un lustro y medio más joven que él y que todavía podía poner en pie de guerra algunas pollas. No la del viejo que seguro que era blandurria y arrugada. Cómo ya he dicho, desde que ingresé en prisión, mi padre pasó de mí, pero mamá se encargó de suplir mi desamparo y de abastecerme con dinero de sobra para el economato (como habréis podido deducir, mis viejos están forrados) y mis gastos, así como de dar la murga y hacer el suficiente ruido como para que mi vida en prisión fuese lo más cómoda posible. Tuve, casi desde el principio un portátil y una tele, así como otras comodidades que, rápidamente, me convirtieron en un VIP. Con todas las ventajas que ello suponía. Me libré de todo tipo de acoso y presiones tanto de los otros presos, como de los funcionarios. Así que, aunque es evidente que no podría decir que fue un periodo feliz, fue mucho menos duro de lo que podría haber sido. Sólo echaba de menos algún coñito fresco de vez en cuando. Así y todo, me cuidé muy mucho de hacer ver a mi madre mi situación como idílica. Todo lo contrario. Me mostré crítico y exigente haciéndole sentir lo vanos e infructuosos que eran sus esfuerzos. Quería convencerla de que mi vida allí era un infierno. Quería hacerla sentir culpable y utilizar esa culpabilidad en mi provecho. Por ello, procuraba mostrarme triste y deprimido en los días de visita. Trataba de darle la impresión de que era víctima de acoso y que todos sus titánicos esfuerzos por hacerme la vida más fácil resultaban infructuosos. Ella, cada vez que terminaba una visita salía hundida, hecha un paño de lágrimas. Yo volvía sonriendo a mi celda, a ver algún DVD porno que hubiera podido conseguir y cascármela a gusto esnifar alguna rayita de coca comprada con la pasta que le sangraba a mi ingenua madre. La cárcel no es ninguna bicoca, pero al final es como todo y si tienes pasta, puedes comprarlo todo, desde tranquilidad a droga. Y eso es lo que me propuse hacer. Inicialmente sólo contemplé a mi madre como una tabla de salvación que pudiese hacer más llevadera mi estancia en prisión. Pero ahora había llegado el momento de devolverle el favor a mi progenitora y pagarle con intereses sus atenciones. Y de paso, joder al cabrón de mi viejo. Había decidido dinamitar mi familia. Aunque creo que antes de llegar a ese momento, convendría que os pusiese en antecedentes. Un día, tras varias visitas, mamá llegó al locutorio embutida en un ceñido traje ejecutivo con falda que le iba algo, bueno, mejor dicho, bastante, ajustada. A la buena mujer la tenía prácticamente desesperada. Exactamente en el punto en el que quería tenerla. Cuando le estaba contando mis fingidas penurias, me dijo que iba a protestar oficialmente, que iba a hablar con el director de la prisión. Yo puse mi mejor cara de pánico y le dije que no se le ocurriese, que los otros presos me machacarían si se enteraban de eso... Ella, entonces, hizo la pregunta mágica: -Entonces, ¿qué hago...? ¿Qué puedo hacer..? -murmuró entre lágrimas. -Hay algo... -comencé. -¿Qué,.. qué?-preguntó ansiosa. -Mira… A la gente que me hace la vida imposible... se la puede comprar. Pero, pero no con dinero. Esa gente quiere droga. Coca. Si consigo pasarles algo de droga. A lo mejor me dejan en paz... -Pero... pero, Andrés, hijo, ¿cómo voy a hacerlo...? Eso no se puede hacer. Aquí no puedo traerla... -Hay una forma. -¿Cómo...? -En un Vis a Vis. -¿En un Vis a Vis? ¿Pero eso no es para parejas...? Además... ¿Cómo...? -No, no, mamá, no es solo para parejas. -La interrumpí- También los hay para familiares. Y estaríamos solos los dos. Pero para pasar la coca sólo hay una forma... Sólo hay una forma de salvar el registro... Son exhaustivos, pero no tanto. -¿Co... cómo...? ¿Cómo puede hacerse? -Es delicado... -ella enrojeció y miró medio asustada. Creo que ya empezaba a intuir por dónde iban los tiros. -Dímelo... –murmuró con un hilo de voz. -Tendrías que guardarla en la vagina... O en el recto... Pero mejor en la vagina, dentro de un preservativo. O en un tampón. Te será más fácil. -Ella me miraba sin pestañear, muy seria. Me dio la impresión de que estaba dispuesta a hacerlo. Si lo lograba, sí que me iba a convertir en el Rey de la cárcel, como Elvis Presley. Sólo me hizo una última pregunta: -¿Dónde puedo obtenerla? -¿Tienes boli...?-ella asintió- Te daré el número de un colega, dile que llamas de mi parte. Cómprale cincuenta gramos o así... Con eso bastará por ahora. Ella obediente anotó todo. Y, resolutiva, concluyó la visita con un: -¡Tranquilo, hijo, yo me encargaré de todo! Nos despedimos. La última imagen que vi de ella fue su culazo panadero, envuelto en aquella ajustada falda, al salir del locutorio. Cuando volvía a mi guarida, un compañero de la galería, que también tenía visita, aunque él de su parienta, me dijo: -Oye tío, ¿y ésa quién era? -Ah, mi madre... -¿Tú madre...? ¡Joder, menuda jaca! Si yo tuviera una madre como esa, mi padre dormía en el pasillo... -¡Anda ya...!-sí, sí, anda ya, pero, vaya, bien mirado, y tras la visión del escote y del culazo de mi santa madre, quizá mi colega no andaba tan desencaminado. La verdad es que estaba muy buena, no hay por qué negarlo... “Si no fuera mi madre...”, pensé. Aunque, por otra parte, darle un buen pollazo tendría un plus de morbo más que notable. Sin poder evitarlo, empecé a maquinar. Se me estaba ocurriendo lo que sería una venganza perfecta. Ya en la celda, me hice un pajote a su salud. Y empecé a pulir unos planes más ambiciosos.

Autor: Schuko Categoría: Incesto

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Ni parientes somos

2019-10-29


Tonantzin Rodríguez, es una vecina que tengo, que resulta que es pariente de una de mis tías, en mi defensa puedo decir que nunca la había visto, pero esta chica, tiene unas tetas muy ricas, un tremendo par de piernas y unas nalgas muy ricas. La conocí en una fiesta, en ese tiempo iba mucho a reuniones de trabajo y la conocí porque era asistente de un cliente nuestro. Hicimos química desde que empezamos a charlar, ella acostumbraba a usar vestidos y ropa entallada, me encantaba verla con su medias negras o color carne, ¡siempre me tenía la verga dura! Hoy les contare la primera vez que tuve la dicha de cogérmela, aunque era mi pariente lejana. En ese momento ya nuestra relación era más que buena, ya había mucha confianza, todos los días iba a recogerla a su casa y la llevaba a su trabajo, mi esposa me había encontrado con mi amiga Cindy cogiendo y las cosas estaban difíciles, pero no podía dejar de andar de caliente, “Toni” como yo le digo, me traía loco. Fuimos a bailar, ella traía un vestidito ajustado rojo, con sus medias negras, y sus tacones, me encantaba como se movía, ¡a cada oportunidad le arrimaba mi verga que poco a poco se endurecía! L: ¡Me encanta como bailas nena! T: ¡Jajá, gracias! L: ¡Oye te quería preguntar algo! T: ¿Dime? L: ¿Te gustaría tener sexo conmigo? Ella me miro y sonrió, a principio no me dijo nada, seguimos bailando y disfrutando el ambiente, cuando regrese de ir al baño, ella me miro, se acero a mí y me dijo ¡quiero hacerlo contigo! Su respuesta me excito mucho, inmediatamente pague y salimos rumbo a un hotel cercano. Al principio increíblemente estábamos tensos, ya que de pequeños besos y arrimones no pasábamos, la verdad yo admito que con los problemas con mi esposa dudaba un poco, pero ella tomo la iniciativa. Comenzó a besarme muy rico, nuestras lenguas se juntaban en nuestras bocas, sus manos me acariciaban muy apasionadamente, fue entonces que yo reaccione, quería desde hace tiempo, probar su rico cuerpo, mis manos acariciaban sus piernas cubiertas de sus sexys medias, fue entonces que ella me separo un poco. T: ¡No está bien, somos como primos! L: ¿Toni, en serio? T: ¡Es que de pensar en la tía, me da remordimiento! L: Nena, somos parientes lejanos, ¡no pasa nada! T: ¡No lo sé, me gustas, pero…! L: Mira, te confieso que eh tenido sexo con algunas parientes incluso directas, al final bebe, es solo sexo, ¡nada ha pasado! Me miro un poco seria, creí que le molesto el confesarle que antes de ella, Lourdes, Violeta, Lupe y Yesenia, ya habían sido mías, pero entonces me fascino su reacción. Se paró frente a mí y se despojó de su sensual vestido, dejándome ver su escultural piel morena, un ligero sosteniendo sus medias, una tanga de encaje negro y un brasear muy escotado igual de encaje fue lo que me enseño, yo quede anonadado por verla así, me puse de pie y me dirigí a besarla, los besos eran más fuertes y con más pasión que antes, mis manos acariciaban su espalda bajando por su cintura y apretando sus duras nalgas y sus ricos muslos, ligeros suspiros salían de ella, mi amigo empezaba a despertar tan intensamente que tuve que despojarme del pantalón! L: ¡Eres hermosa, que cuerpo! T: Tú también, me encantas Nos tiramos en la cama, ambos nos besábamos y acariciamos muy rico, me despojo de la camisa y empezó a pasar su lengua por mi pecho, ¡me erizaba cada que me lamia el ombligo hasta que por encima de mi trusa lamia mi pene! Uf era una adrenalina mortal, ¡mi pene ya no podía estar encapuchado ella muy amablemente lo saco de su prisión y lo acaricio como si fuese un animal tierno! T: ¡Pero que hermoso pene, uhm! L: ¿Te gusta? T: Sabía que eras dotado, ¡pero esto es más de lo que esperaba! Lo llevo a su boca, demostrando que era un amante del oral, su lengua me raspaba el tronco, sus largas uñas arañaban mis testículos, lo tragaba como pato y luego lo sacaba deliciosamente de su boca, la cabecita era su parte preferida, me la dejo rojísima, yo no sabía si era el labial o sus chupadas, estaba en la gloria, ¡” Toni” me estaba haciendo gozar rico! L: ¡Ven bebe, yo también te quiero probar! T: Luis, que rica, sabes riquísimo, ¡me encantan grandes! Se colocó de forma para un delicioso 69, su depilada y húmeda vagina ya hacía en mi cara esperando que mi lengua entrara, antes empecé con besos en sus entrepiernas y en sus nalgas, mi verga cada vez más se erectaba, ¡Toni se comía riquísimo mi animal y yo empezaba a devorarle su cochino! Mi lengua entraba y salía rozando su clítoris, sus fluidos sabían a miel, sus gemidos y la forma de chupármela, me la ponía cada vez más dura, mis dedos empezaron a jugar el clítoris de mi prima política o tía, la vedad no me interesaba que fuera, ¡solo quería seguir comiéndome esa hembra tan rica! Después de gozar con nuestros aparatos sexuales, la acosté en la cama levantándole las piernas formando una ye, sin condón, empecé a introducirle mi verga venosa y llena de baba de ella, penetré con suavidad mientras le besaba sus pies, pasaba mi lengua entre sus dedos para después bajarla a sus talones, esto me ponía a mil ya que ella traía aun sus medias puestas, ella solo me miraba con ojos de dinamita, me movía suave, para disfrutar más de ella, me acerque más hacia sus tetas, cogiéndomela de forma normal, ella me arañaba la espalda y me mordía el cuello, me besaba los hombros y me acariciaba el cabello, mis manos acariciaban sus ricas piernas que aún estaban envueltas en sus medias negras, le jugaba los pezones y le besaba su cuello, ambos lo estábamos haciendo con mucha pasión. T: ¡Que rico, así, que rico! L: ¡Eres magnifica bebe, que rico cuerpo! T: ¡Lo único malo es que somos primos! L: ¡No, importa, somos lejanos, así casi no vale! T: ¿Que diría tu esposa, sabe dónde estás? L: No sé, probablemente sepa dónde estoy, ¡pero no con quien! Cambiamos de pose, ahora ella me cabalgaba delicioso, yo le lamía las tetas y le acariciaba como desesperado sus nalgas, ella cabalgaba delicioso, se apoyaba en la luna de la cama para moverse más rico, nadie me había cabalgado como ella, su cuerpo sudoroso sabia a gloria, me encantaba ver como se tragaba todo mi palo, entraba y salía tan rico, mis huevos chocaban con su parte baja, ¡el tenerla toda adentro la hacía gemir y pedirme más y más! T: ¡Bebe, que rico, uf, así amor, así! L: Muévete más, muévete nena, ¡que rico lo haces! T: ¡Coges rico papi, uf, que rico! L: ¡Jajá, es de familia nena! T: ¡Jajá, te pasa, uf! La puse en cuatro, en verla en esa pose toda escurría me puso más duro aun, le acaricié sus ricas nalgas y pernas, me estaba empezando a volver loco por ellas, le puse mi pene en medio de sus nalgas y comencé a masajearlo con ella, ella gemía y movía sus caderas muy rico, ¡le apretaba sus nalgas y las abría para ver como su dilatado culo pedía verga y como su vagina escurría del placer que le estaba dando! L: ¿Puedo hacértelo por ahí? T: ¿Por dónde? L: ¡Por tu hermoso ano! T: ¡Bebe, es que nunca lo hago por ahí, mejor no, sigue normal! L: ¡Pero bebe, ya está listo, no te vas a arrepentir! T: No, es la primera vez que estamos juntos, mejor sigamos así y tal vez para la próxima te deje, ¡mientras ya métemela! ¡Una vez recibida la orden, la tomé de la cintura y la embestí con fuerza, en esa pose me apretaba más rico, mi verga entraba por completo, sus gemidos eran más fuertes y sus movimientos más sabrosos! Yo le agarraba las piernas y le acariciaba las nalgas ¡que ricas las tienes nena! Le decía mientras la embestía con más fuerza, ¡con desesperación o con mucha adrenalina le apreté su cabello y la tomé del hombro para empalarla mejor! L: ¡Toni, que rico, que rica eres! T: ¡Dame más, así, no pares! L: Tómala, tómala toda, ¡que rico la aprietas! T: Esta grandísima, que rico, así, hazme venir bebe Ambos aceleramos nuestros movimientos, antes de que me viniera ella me pidió lo hiciera donde quisiera, yo estaba decidido a terminar dentro de su vagina así que me puse con todo, ella ya estaba a punto de llegar, sentía como empezaba a precipitarse, ¡eso género en mi la sensación de ya querer salir y en un movimiento brusco ambos nos corrimos en fluidos de placer! T: ¡Ah!, ¡Luis, que rico! L: ¡Tonantzin, dios que bien se siente! La llena de semen, nos besamos para aguantar el orgasmo maravilloso, después de fajar un rato más, nos limpiamos y salimos rumbo a casa de mi tía, en el camino ya más relajados, ella me dijo que aunque fue muy rico, estuvo mal ya que por mi tía éramos parientes, yo la mire y sonriendo le dije; tranquila bebe si lo ves del punto real ni parientes somos! Tuve más aventuras con ella, aun al día de hoy extraño tenerla en mi cama, pronto les contare más relatos con ella. [email protected]

Autor: Esposos(LyL) Categoría: Incesto

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El inocente raulito

2019-10-29


Un inocente joven que no sabe el poder que tiene en los hombres... Raulito camina por la calle contoneándose. Su madre lo ha mandado hasta el almacén de la esquina. El almacén de Tito. Allí va meneando su tremendo culazo. Hermoso. Lo miran al pasar mujeres, chicos, hombres, todo el mundo se siente en algún punto atraído por aquel inocente muchachito que mueve sus caderas de manera natural, sin aspavientos. No es consciente de lo que provoca o se hace el tonto. La cuestión que casi al cerrar, cuando el mediodía el sol atraviesa las calles, Raulito ingresa al local que está vacío. __¡Don Tito, don Tito!!__ llama el chico culón. __¡Hola Raulito!__ saluda Tito __¡Mi mamá manda a buscar lo que encargo!!__ dice __¡Si pasa, pasa, que lo tengo por acá!!__ dice el hombre saboreando su paladar de antemano. Viene y cierra con llave la puerta y da vuelta el cartelito donde se lee "Cerrado". __¡Por acá, vení Raulito!!__ dice y el joven lo sigue, moviendo sus caderas. Van hasta el depósito que huele fuertemente a perfumes y desinfectantes. __¿Y cómo has estado?__ pregunta Tito __¡Bien don Tito! __¡Te ves muy lindo! __¡Gracias!__ dice el chico sonrojándose. __¿Tienes puesto lo que te regale la ultima vez?__ pregunta el hombre __¡Sí claro! __¡Oh no me digas!__ la baba le cae al tipo y le brillan los ojos__ ¡Quieres mostrarme! __¿Usted dice?¿Y su señora? __¡Ella está en casa con los chicos!!¡No vendrá! __¡Bueno, no tiene nada de malo! __¡No, claro que no!!¡Muestra, muestra!!__ dice don Tito relamiéndose. El chico se baja los pantalones y aparece una tanguita muy fina, color roja. __¡Muéstrame tu culito, anda, Raulito!!!__ siente que su verga se levanta irremediablemente al ver el culazo que gentil le muestra el joven. Sus nalgas desbordan la tanguita. Siente que se va a acabar allí mismo. Baja sus pantalones y saca su morcillón. __¡Ven ayúdame Raulito mira la inflamación que me ha producido verte así!!__ el chico se acerca, maravillado al ver lo que ya conoce muy bien. Se arrodilla y saca un poco mas su culón duro y joven y protuberante. Mete el garrote en su boquita y empieza a chupar. El hombre empieza a gemir. __¡Oh así, chupa Raulito, ahhh, si, si, que boca tienes y ese culazo!!!¡Las bolas lame las bolas, anda, ahhh!!!__ los gemidos inundan el depósito. Raulito se encarga de las bolas. Se las mete de a una en la boca, tragando, es un chico muy glotón. Con sus manos, masajea la espada del almacenero que está en trance. __¡Ahh déjala, un momento, por favor que quiero meterla en tu agujerito, ahhh!!__ pide el hombre que no quiere largar su semen en la boca del joven. Tito de pie se agacha y corre la tela roja y mete su lengua en el orto de Raulito. Lo llena pronto de saliva. Parece un desaforado. Un demente. Chupa y besa las carnes y el agujero. Cuando lo ha baboseado bien, lo pone en cuatro y clava su lanza de un golpe. Raulito se queja y el hombre empieza a ir y venir dentro de aquel culazo. __¡Como me gustas!¡Me vuelves loco! __¡Ahh, si, así, me gusta cómo me clava!__ gime el chico caliente. __¿Te gusta? __¡Me encanta!!__ dice Raulito golpeando con sus nalgas hermosas en las bolas gordas y llenas. Tito esta pronto a vaciarse sin remedio. Muerde la oreja del chico que se sacude sintiendo el sudor que le chorrea por todo el cuerpo. Tito se ha prendido de los pezones gorditos y erectos. Los aprieta gozándolos, mientras empieza a descargar su leche dentro del anillo abierto del joven. Unos momento después, ya están vestidos. Tito besa en la boca a Raulito, le da lo que había venido a buscar. __¡Ya sabes Raulito!¡dile a tu madre que no encontraba el pedido!! __¡Sí Tito!! __¡¡La próxima ponte la tanguita que acabo de darte!! __¡Nos vemos!__ dice el chico y sale meneando su hermoso culo para todos lados, bajo los potentes rayos del sol de la una de la tarde. __¡Raulito!¿Trajiste lo que te pedí?__ grito la madre al escuchar la puerta de calle. __¡Sí mamá! __¿Porqué tardaste tanto? __¡Tito no lo encontraba!...¡Voy al baño!!__ Raulito corrió al baño ya que sentía que su cola abierta aún chorreaba jugos. Sacó la tanguita roja y rápidamente se cambió y escondió en su lugar secreto la tanguita. __¡Me dijo don Evaristo que esta tarde te llegues a correr unos muebles o algo así! __¿Tu no me necesitas mamá? __¡No hijito, anda después y ayúdalo al pobre hombre está tan solo!! __¡Sí, ni lo vienen a ver los hijos! __¡Bueno, tu no hagas lo mismo y vamos a comer ahora!!__ dijo la madre acariciando la lacia cabellera de su hijito. Luego del almuerzo Raulito se fue a dar un buen baño. Lavo sus cabellos, su cuerpito, su culito bien a fondo. Su pequeño sexo que buscaba levantarse. Se vistió. Se puso un suave perfume. __¡Mamá voy a ver que necesita el vecino!! __¿No es temprano?__ dice la madre __¡No, además, quizá precise alguna otra cosa y la tarde se va rápido ¿Te parece? __¡Ay Raulito tienes tan buen corazón, anda, anda!!¡Dale mis saludos a don Evaristo!!__ le da un sonoro beso en la mejilla al chico y este se pierde por la puerta de frente. Raulito golpea la puerta. Don Evaristo abre. Va por la casa en calzoncillos, hace calor. __¡Hola Raulito! __¡Don Evaristo!¡Mamá me dijo que precisaba ayuda!! __¡No sabes cuanta Raulito!!¡¡Sígueme!__ Raulito sigue a don Evaristo. Entran en una gran habitación en la que el joven ya ha estado. Hay unas cajas al costado de la cama y una escalera pequeña. __¡Subes esas cajas al ropero!! __¡Oh si claro!!__ el hombre observa al chico. Cuando tira su culo para atrás al recoger las cajas, siente que su verga se levanta como con un resorte. Se relame. Está tan cerca de aquella monumental cola. El chico sube los peldaños, se estira, su musculosa se levanta y su pantaloncito está tan cerca de la cara del hombre. Toma al chico de las caderas. __¿Qué pasa don Evaristo?__ pregunta inocentemente Raulito __¡No quiero que te caigas!!__ las manos fuertes se aferran al pantalón y lo tiran suave para abajo, aparece el enorme y hermoso culito del joven __¡Ohhhh se ve tan precioso!!__ exclama alzado por completo don Evaristo. __¿Le gusta?__ pregunta el joven __¡Me encanta!!__ dice el viejo y acercaba su nariz para oler. El olor a limpio lo arrebataba un poco mas y ya metió la lengua en el anillo del chico. Abrió las carnes, la lengua jugaba con el fogoso agujero. El joven temblaba de calentura. La saliva bañaba el agujerito del chico que contoneaba sus caderas, entregándose a las caricias del viejo a su trasero ardiente. La saliva caía a borbotones abriendo el ojete de Raulito que aullaba de placer. Su pijita se había levantado y las manos del viejo Evaristo la apresaron masajeándola sin descanso. El viejo giro al muchachito y se metió de un saque la viborita endurecida. La chupo, bañándola, lubricándola, en tanto sus dedos se perdieron en el anillo de Raulito que se sacudía como una cobra venenosa. Un semen líquido, transparente y viscoso tragó el vecino. Sabroso néctar que le dio a beber aquel chico salvaje y sexual. __¡Ven baja ya de ahí!!__ don Evaristo guió al chico hasta la cama que se extendía al lado del ropero. Quitó la musculosa de Raulito y se prendió a sus pechitos erectos y riquísimos. Mordió el cuello, y llego a la boca del muchachito. Los besos ardían. Las lenguas se sacaban chispas. En tanto las manos inocentes de Raulito se apoderaban de la poronga gruesa del vecino que ardía de calentura. __¡Me pones a cien!¡No recuerdo haber estado tan caliente, esperándote!! __¡Usted dice cada cosa Evaristo!! __¡Dame esa lengua, dámela!!__ el chico cruzaba la lengua y el viejo la chupaba. La baboseaba, no dejaba de tragarla. La poronga era estrujada por el joven que la sacudía de un lado a otro, arrancando los gemidos del macho, bramando caliente, volcánico. __¡Debo meter este pistón en tu culito, dejame hacerlo Raulito, quiero cogerte, anda dame ese culazo que tienes tan lindo!! __¡Sé que lo necesita don Evaristo, ay, ay, le gusta tanto mi culo!!¡Sé que lo quiere!! __¡Claro que lo quiero!!__ dijo el hombre enloquecido de placer y lujuria. Roza con la cabeza inflamada el agujero. Parece que lanza llamas el culito del chico, que se prepara para recibir la tremenda morcilla del viejo. Que seguía acariciando, apretando los pezones de Raulito que gemía, anunciando, que a el también le gustaban aquellas caricias infernales que le hacía su vecino, en tanto intentaba meter la chota dentro de su cuerpo. Repetía para sus adentros lo que su madre le había enseñado, ayudar a todos aquellos que lo necesiten, y bueno sentía como aquella espada se enterraba de a poco en su canal y disfrutaba, todo lo que podía, de aquella poronga que recorría terreno y se internaba en su túnel gozoso y abierto para el placer del hombre que ya lo estaba bombeando ferozmente, sin calma, apresurado. __¡Despacito Evaristo, con calma, ahhh, así, ohhhh que lindo!!__ gimió Raulito al sentir la lanza que lo somete. La lanza que lo perfora y lo hace sentir sublime y lleno de gozo. Su pijita en tanto volvió a levantarse endurecida, la masajeó mientras sentía el bombear y bombear del hombre clavado en su ojete. Las manos de este le retorcían los pezones duros, sin vellos y lo hacían retozar. __¡Que delicia de culón que tienes, que belleza de chico, ohhhh eres mi perdición, ohhhh, te voy a llenar el ojete de leche, ahhh, ahh, ohhhh!!!__ gritaba el vecino mientras ráfagas de semen llenaban el tubo de Raulito que mordía la almohada al notar las cataratas de jugos que se mezclaban en su acalorado agujero. Chorrea leche por toda su abertura. El viejo suda y deja un poco el perno enterrado, sintiendo como sigue escupiendo las últimas gotas de líquido dentro de aquel culazo que lo tenía loco desde hace tanto tiempo. En tanto mordía la nuca del jadeante Raulito. __¡Me vuelves loco Raulito!¿Te quedas a dormir la siesta conmigo? __¡Si quieres Evaristo! __¡Claro que quiero!¡No me sentía tan vivo desde hace tiempo!! __¡Me gusta que quieras estar conmigo!! __¡Oh si , eres tan sensual y tu cola me vuelve loco!!__ diciendo así acaricia las nalgas del joven que sonríe y busca la boca del viejo y se besan furiosamente. Ha llegado a la casa a la tardecita de lo del vecino. __¿Has ayudado a don Evaristo hijo? __¡Sí ma, todo bien!¡Voy a ducharme hace calor y debo llevar unos libros a lo de Pino!! __¿El profesor? __¡Sí en realidad al hijo!! __¡Ah ockey!__ el chico se mete en el baño. Al rato sale refrescado y limpio. Se ha escarbado bien su ojete, ha aprovechado y se ha metido los dedos, dejando limpito el orificio que ha sido penetrado varias veces por el vecino viejo. Busca los libros que debe llevar. Sale a la calle y esta recién haciéndose noche. Una noche de sábado, en que la gente empieza a ir y venir. El mueve su culo y muchos se dan vuelta para verlo. El inocente Raulito llega a la casa donde va. Toca el timbre y espera. __¡Hola profesor!! __¡Raulito! __¡Vengo a dejarle los libros a Pablito!! __¡Qué lastima no está!¡Pero pasa, pasa! __¡Bueno…es que lo buscaba a el…debo devolverle estos libros que me prestó!! __¡Pasa que este fin de semana se ha ido con la madre!! __¿Y no va a volver? __¡Al menos este fin de semana! __¡Entonces se lo dejo a usted profesor Pino!! __¿Puedes ayudarme Raulito?__ dice el profesor cayéndole un hilo de baba __¡Sí dígame! __¡No…sabes…justo iba a darme un baño!! __¿Y bueno?__ dice el inocente Raulito sonriendo con un brillo especial en los ojos. __¡Acompáñame!__ dice el profesor alto y un poco encorvado. Raulito lo sigue, mordiéndose los labios. Entran a un baño grande, allí esta una bañera llena de agua cristalina. Un vapor se levanta casi imperceptible, y el perfume a limpio sacude los sentidos. __¡Que lindo baño profesor!!! __¿Te gusta? __¡Oh si claro…__ dice Raulito tragando saliva, deseando lo que viene. __¡Mira necesito que me ayudes a lavarme la espalda!!!__ dice el hombre mientras se va quitando la camisa, luego el pantalón y por último el calzoncillo. Aparece una anguila larga. Venosa, se mueve intentando levantarse. El hombre sonríe. Sabe que Raulito está deseando ya mismo ese pedazo. __¿Te animas?__ pregunta el zorro del profesor mientras entra al agua. Se sienta y parece más chico de lo que es. __¡Sí profesor, lo ayudare!! __¡Me parece que tendrás que quitarte la ropa, para no mojarla!! __¡Sí tiene razón!!__ Raulito inmediatamente queda en pelotas. La ultima prenda que se saca es el calzoncillo y para eso se pone delante del profesor y se agacha mostrando su enorme y hermoso culazo. El hombre traga saliva y siente que su poronga se pone nerviosa y dura. Raulito toma el jabón y la esponja y empieza a frotar la espalda ancha del hombre. __¡Así, sí, me encanta!__ gruñe el alzado macho. Su poronga aparece por debajo del agua, como un animal prehistórico. Frota el chico y el hombre suspira, cuando las manos del joven llegan a los pectorales, el hombre siente que mil caballos lo sacuden. Se tira hacia atrás y Raulito muerde suave su cuello. __¡Oh que muchachito travieso eres Raulito!!¡En verdad es que sabes atender a un macho como yo!!¡Ahhhh!!__ los dedos del chico rozan la cabeza que se asoma por el agua. La poronga se pone mucho mas tensa. Raulito se mueve y aferra la vara rocosa. Esta tan dura. Como la suya propia, su pijita se ha alzado de manera vertiginosa. Sus pezones se han puesto duros, en tanto roza la espalda del hombre. __¡Ven aquí delante, quieres!!__ dice el profesor Pino que apenas puede con su erección. Raulito cruza por delante de el. El hombre se ha sentado al borde de la blanca bañera. El joven observa aquel tronco magnifico. __¡Es muy grande!!__ exclama realmente sorprendido. __¡Hace rato que quiero mostrártela!! __¡Es muy linda y gruesa!!__ dice el chico que agarra la tremenda poronga, la rodea con su mano y empieza a sacudir aquel mástil sabroso. Sube y baja la barra de carne. Los gemidos del hombre empiezan a tronar. Raulito en tanto mientras hace esto, con sus deditos juega en su agujero. Lo abre. Lo dilata. Lo prepara y gime también alzando la voz y levantando la temperatura. La boca del chico se abre y la lengua saborea el brioso helado. __¡Síi asiii, sigue, chupa, si, ahhh!!__ pide el desaforado profesor. El joven traga el sable. Lo mete hasta el fondo, sus arcadas no le impiden meter hondo y mas hondo aquel pedazo de carne que hace que se caliente su cola. Todo su cuerpo. Las manos también aprietan los huevos del macho que gime y acaricia la cabeza del Raulito que traga y traga. La saliva se mezcla con el agua de la bañera. Y el pedazo de carne se mueve y se encabrita saltarín. La boca es audaz. La boca es devoradora insaciable. Mordisquea. La lengua juega un poco, arrancando soplidos y bramidos salvajes, guturales. __¡Ohh espera, espera Raulito, saca tu boca, que me harás llegar, date la vuelta, gírate!!__ el chico lo hace despacio, gira su cabeza sonriendo. El enorme culo aparece delante de los ojos del hombre. Lo acaricia extasiado. Masajea las masas de carne duras y firmes, las marcadas caderas. __¡Es una belleza esta cola!¡Sos la envidia de muchas mujeres!__ el profesor Pino abre su boca y se mete en medio de las medialunas comiendo, atragantándose de agujero baboso, limpio, dilatado ya. Gime Raulito tirando hacia atrás su ojete. La lengua se pierde dentro. Hace dibujos y la pijita del chico expulsa líquidos como en un orgasmo feliz. Aúlla de placer y su arito se abre un poco más. El profesor induce al chico a que lentamente se vaya sentando en su tremenda vara. El anillo se expande, el miembro morcillón va horadando, va ganando terreno. El hormigueo sacude ferozmente al macho. Hunde totalmente aquel garrote en el culito. El joven se empieza a mover, sacado, lujurioso. __¡Ahh es tan grande profesor!! __¿Te lastima? __¡No no papi déjala dentro, ahhh, Uhhh me encanta sigue dándomela!!!__ el hombre se agarra bien prendido de las nalgas del chico. Lo levanta y lo deja caer. Su enorme garrote se mete dentro, se hunde. El anillo lo aprieta. Juega con el machete. Lo estruja, eso hace que el hombre aguante para no irse en jugos. Las bocas se encuentran. Se muerden, se babean casi inhumanos. El fragor de los roces encienden las llamas aún más. Los gritos se escuchan desde la calle. El profesor Pino apura las embestidas su tremenda espada se endurece un poco más, se hincha, Raulito sabe que viene el chorro, los gemidos son incontenibles. Las ráfagas de leche lo inundan todo. Lo llenan todo. El dulce canal del chico pronto se ve totalmente colmado y escapan los chorros abundantemente. El sigue moviéndose y apretando la poronga con su anillo. Exprimiendo hasta la última gota del hombre que se relaja por fin, se deja caer como un muñeco apoyado en el chico. __¡Ohh me has sacado hasta la última gota !¡Eres una putita muy hermosa Raulito!! __¡Me encanta ser su putita profesor Pino!! __¡Ese culo tuyo es muy poderoso!¡Es que lo tienes tan parado, tan bien formado que enloquece a cualquiera!! __¡Ay a todos le dices lo mismo!!__ comenta histérico Raulito. Como toda respuesta el profesor muerde sensual los labios del chico y se besan ardientemente, comiéndose las bocas. En un momento todo volverá a empezar y el profesor volverá a apoderarse de ese culo que tanto le gusta. El domingo luego del almuerzo Raulito se acostó a dormir una buena siesta. Los eventos ocurridos el día anterior lo habían dejado de cama. Al levantarse, el sol, aún alumbraba en lo alto. Eran como las siete de la tarde calurosa. __¡Raulito, ya te iba a llamar!! __¿Qué pasa mamá? __El padre Luis quiere que vayas a la iglesia __¿No dijo para qué? __¡Raulito, sabes que no pregunto al cura! __¡Está bien ma, no te enojes! __¡No me enojo, haz como quieras! __¡Sabes que voy a ir mamá!__ el chico se da un baño profundo, como los que se da siempre que sale a la calle. Llega al templo, se está retirando la gente que ha ido a la misa de las seis. __¡Oh Raulito!¿Como estas? __¡Bien padre! __¡Pensé que no vendrías! __¿Y por qué no iba a venir? __¡Ven, ven vamos a la pieza a charlar! __¿A charlar?__ sonríe el inocente Raulito. El chico se dirige a la habitación moviendo su culo bello y el cura se intranquiliza ante la imagen que seduce y golpea los sentidos. La fragancia que despide el muchacho al caminar también al cura Luis le hacen perder los estribos. Cierra la puerta de la habitación y toma las manos del chico. Las manos del cura arden. __¡Cuéntame Raulito, dime tus pecados!! __¡Bueno…desobedecí a mamá…mentí algunas veces…!! __¡Vamos, vamos Raulito, dime algo mas!! __¿Pero qué quiere saber?__ pregunta divertido el chico __¡Raulito, no seas malo!…tu sabes…¿Tuviste relaciones carnales? __¡Oh bueno, padre…!! __¡Dilo ya, dilo, dilo…sabes que me gusta escucharlo!!__ decía el hombre en tanto su temperatura subía y su entrepierna pujaba por salir de su encierro. __¡Bueno si he tenido a algunos hombres conmigo!! __¡Oh estoy tan caliente!! __¡¡Creo que fueron tres!! __¿En la semana? __¡No, no ayer…soy muy pecador!! __¡Quítate ya mismo la ropa!!__ Raulito con velocidad queda desnudo. El cura muerde los pezones del chico y estruja sus glúteos, parece un desaforado. Se quita sus prendas. Besa al chico en la boca . Lo acuesta junto a el. Hace que se pongan en sesenta y nueve. El debajo, Raulito engulle su poronga alzada y dura. La lengua esponjosa del cura se mete veloz en el frugal ojete del chico. Lo chupa. Rasca y escarba. Las manos de Raulito juegan con el mástil. Con las gordas bolas lampiñas. El goloso chico se come las bolas, de a una, las relame, la baba chorrea por las piernas del cura. El abierto culito de Raulito es un manjar para el padre Luis. Los gemidos han inundado el lugar. Hunde un dedo en ese ojete que tanto le gusta y luego dos. Los grititos del chico hacen que el hombre se vuelva más loco, más caliente. __¡Oh no sabes cuánto te he extrañado estos días, pequeña putita!!___ vuelve a hundir la lengua, y de paso lame las pequeñas bolitas del chico. Este se retuerce de gusto y larga las gotas de su lechita sobre el pecho del cura que ya está ardiendo en una hoguera de perversión. __¡Ven, sube, sube trepa, cabálgame por favor Raulito cabalga!!!__ el joven deja el garrote, se gira y mirando los ojos en blanco del cura, va enterrando en su orto la lanza. El hombre grita con desesperación, desgarradoramente. Hunde toda la barra en la fosa oscura y palpitante. Raulito empieza a subir y bajar, gimoteando, chorreando baba de su boca. Lanza un poco más de su lechita y baña la cara y la boca del cura Luis de la enorme potencia con que han salido esos chorros. El hombre se aferra a las caderas, a las nalgas y en un grito salvaje animal se deja ir y los chorros golpean con fuerza el interior de Raulito que cae desanimado sobre el hombre. Son ríos de leche que caen en catarata, buscan aire, desplomados, con un último suspiro el cura ruega que Raulito se quede a cenar con el.-

Autor: pocker123 Categoría: Sexo Gay

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Cogiéndome a Andrea

2019-10-29


Andrea es la hija de mi jefe, es una joven de 18 años y como la mayoría de las mujeres venezolanas es de buen cuerpo y bella. Yo soy un hombre -para ese entonces de 39 años- y para mi edad me conservo bastante bien. Todo comenzó cuando vino al pueblo donde yo vivo de vacaciones escolares, pero antes se las describiré para que se hagan una idea. Es una joven de piel blanca, cabello bastante largo, no mucho seno, pero si de amplias caderas y un buen culo además de unas piernas bien tonificadas todo eso heredado de su madre que es otra hembra. En sus vacaciones ella vino y ahí nos cruzábamos a cada rato hasta que llegó el momento de hablar y allí empecé a atacarla con mi experiencia en busca de ese coñito y eso culo que se gasta la chica, así pasaron los días y resulta que en uno de estos me dan la tarea de que le dé clase de manejo y así lo hice, pero en la finca de sus padres resulta que nos fuimos al final de la vía de toda finca y emprendí mi ataque. Ya la niña me había ganado confianza al llegar al sitio. Le dije que estacionara el carro debajo de un árbol frondoso que estaba cerca, allí nos bajamos y empezamos a hablar, le dije que tenía bonito cuerpo que se le notaba lo terso de su piel y lo duro de sus nalgas por encima de la ropa, ella se reía y me decía que era un cuerpo normal así seguí la conversación y mi ataque hasta que le dije que tenía ganas de orinar. Ahí ella me dijo que "ok, así aprovecho y yo también lo hago”, después de orinar me pregunta que si de verdad me parecía que tenía buen cuerpo le dije que sí, que era bella, que lo único que le faltaba era un poco de tetas, “de seguro tienes esas nalgas bien duras”, “de verdad como se ven -me dice- si las tengo duras hago muchos ejercicios si quieres tócalas, pero que nadie sepa” le dije” ok será un secreto”, se las toqué así como con pena para disimular un poco las ganas de írmele encima. Me dijo “tócalas bien que te estoy dando permiso”, entonces la agarré y la abracé y la tomé por las nalgas sintiendo su cuerpo pegarse al mío y si, las tenía duras y firmes ella sintió mi guevo pegado a su vientre y me dijo “uy te has calentado siento tu cosa parada” le dije que quien se iba a aguantar con semejante hembra. Mi sorpresa fue cuando me dijo si podía tocar le dije de inmediato que si pero que ya va. Nos separamos un poco y me abrí el pantalón y me saqué el guevo, ella quedó con la boca abierta al verme el guevo y me dijo “oohh es grueso y largo” le dije “si y si puedes tocarlo”, allí lo tocó y me dijo “está caliente y late” le dije “es por ti Andrea me tienes loco con ese culo tuyo enséñamelo”. A ver ni corta ni perezosa se abrió el pantalón y se lo bajo a los tobillos con todo y pantaleta y la abracé de nuevo pegando ahora mi huevo a su vientre desnudo y agarrando esas nalgas sin nada que me frenara. La empecé a besar por el cuello y empezó a respirar agitada de inmediato, me fui a su boca y la besé, le metí la lengua en su boca hasta que bajé una de mis manos a su coñito y estaba húmedo, metí un dedo y ella pegó un brinco “aah me duele soy virgen”, le dije “tranquila aun lo serás” ella no me soltaba el guevo. Abrí la puerta de la camioneta le di la vuelta y ahí estaba su culo frente a mi guevo le dije abre tus nalgas Andrea y así lo hizo pude ver ese botoncito rosado y los labios de su cuca pidiendo ser saciado me ensalivé el guevo y empecé a pasarlo por la raja de su culo y me paraba en la cuca así estuve un rato hasta que detuve la cabeza de mi guevo en la entrada de su culo y me dijo "no lo hagas ya está bueno vámonos". Le dije "no, aun no termino", allí se asustó porque la tome por las caderas y le empuje el huevo le metí la cabeza en su culo ella pego un grito "aah me duele que haces", sus manos trataban de empujarme pero tenía la posición ganada, le dije "tranquila relájate", "ah me duele sácalo aah", escupí en el espacio que me daba el guevo en su culo y la tome por la cintura y de un solo golpe se lo deje ir entero "ah ah me matas ah" se lo deje quieto un rato ya había logrado mi objetivo meterle el guevo en su culo ah lloraba y se quejaba "ah le diré a mi mama ah". Empecé un mete y saca suave "aah que apretado tienes ese culito Andrea ahh que rico ahh de seguro varios quieren cogerte", ella solo lloraba cuando sentí su culo más abierto empecé a darle verga con más fuerza el choque de mi pelvis con las nalgas de ellas sonaban paf paf ella ya no lloraba solo emitía sonidos con su boquita "ah ah uf uff ah" empezaba a disfrutar cuando note que le gustaba le saque el guevo y le termine de sacar una pierna de su pantalón para acomodarla mejor ella no opuso resistencia se entregó en su totalidad en mi guevo pude ver restos de sus heces eso no me importo y se volví a meter esta vez un poco más fácil así la estuve cogiendo por quince minutos hasta que no aguante más y le inundé sus tripas con mi leche caliente y espesa "ah que rico culo aah", ella respiraba agitada y estaba sudada sus rostro estaba rojo de la excitación me quede un rato dentro de su culo hasta que le saque el guevo. El culo le quedo abierto cuando ella se quedó recostada en la misma posición empezó a salir la leche de su culito me dijo “que me has hecho mira nada más mi culo me lo destrozaste” subió su pataleta y se le mojo con mi leche yo me lave el huevo con agua que cabalgamos para tomar y se lo mostré mira todo lo que ese culito se tragó nos acomodamos y regresamos le dije “si quieres dile a tu mama no me importa". Me respondió “tranquilo tenemos un secreto hoy fue mi culo el que me desvirgaste quien sabe si después es mi cuca, me gusto lo que me hiciste. Trata de sacarme a un hotel sin que nadie se dé cuenta y te entrego mi cuerpo para que hagas con él lo que quieras”. Le dije "ok así será, prepárate porque es guevo lo que te daré". Llegamos y ella se bajó, abrazó a su mama y todo volvió a la normalidad. Luego les cuento mis otros encuentros con la fogosa Andrea.

Autor: Intocable Categoría: Confesiones

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La perdida de la inocencia

2019-10-29


Las vacaciones en que mi prima y yo aprendimos a follar, descubrimos que mi madre me quiere enseñar ella a follar para que ninguna lagarta me traumatice, en cuanto a mi padre que se folla a mi tía con consentimiento de mi madre, le hace ilusión follarse a mi prima. Una madre y una hija le pone cachondo... Para contar esta historia me tengo que remontar a diecisiete años atrás. Lo que ha pasado durante muchos años no hubiera sido posible sin lo que pasó entonces. Por deseo de mi padre pasábamos las vacaciones en un cortijo andaluz propiedad de un viejo amigo suyo. Un latifundio de más de 2.000 hectáreas dedicado a las labores del campo y sobre todo a la caza. Tanto a mi padre como a mi madre y a mi nos gusta la caza, sobre todo de perdices y conejos y en la finca había muchos. Casi cuatro semanas de campo, mi padre, mi madre y yo. Soy hijo único, me llamo Pablo. Para mi, las mejores vacaciones del mundo. La libertad absoluta. El cortijo tenía una casa que solo usaban los dueños y que era la que ocupábamos nosotros y otra en la que vivían los guardeses. Aquel año, no se por qué, mi madre invitó a mi prima Julia a que viniera con nosotros al cortijo y ahí empezó todo. La noticia no me hizo ninguna gracia, la hija de la única hermana de mi madre a la que apenas conocía y con la que tendría que cargar en mis expediciones cinegéticas por el campo. Mi prima era y es casi de mi misma edad. Ella acababa de cumplir dieciocho años y a mi me faltaban seis meses. El encanto de aquellas vacaciones era vivir en absoluta libertad, a monte total, gastando el tiempo en recorrer la enorme finca, yéndome a bañar en los tres o cuatro sitios en que se podía, pescando en el rio, saliendo a cazar perdices o conejos, la mayor parte de las veces solo. La casa, y lo cuento porque tuvo influencia en la historia, era una especie de pabellón de caza con varias habitaciones pero carente de intimidad. Los cuartos en lugar de puertas tenían cortinas de esas tan frecuentes en el sur que consisten en cadenas colgando para evitar que entren las moscas. Mis padres Paco y Lola son personas estrictas, de una moralidad a prueba de bombas, católicos practicantes y críticos con cualquier cosa que se salga de la moral y las buenas costumbres. Gente conservadora de esa que toda la vida se han llamado de buena familia. Ellos establecían la rutina que había que cumplir a rajatabla. Nos levantábamos temprano a pesar de estar de vacaciones, desayunábamos todos al tiempo y a partir de ese momento yo y en ese verano mi prima, éramos libres de hacer lo que quisiéramos hasta la hora de comer, mejor dicho hasta la hora de darnos un baño antes de comer. A unos doscientos metros de la casa principal, se había construido un gran alberca para regar las huertas y ahí era donde nos bañábamos. Mis padres se bañaban primero, ellos solos, y cuando habían acabado nos bañábamos Julia y yo. Un día, a los pocos días de llegar, mi prima y yo decidimos ir a dar un paseo en burro y acercarnos hasta el chozo en el que vivía un pastor que cuidaba un rebaño de cabras. En verano las cabras suelen tener crías y nos gustaba ver a los chivos recién nacidos correteando por el campo. Doroteo, el guardés del cortijo nos aparejó al borriquillo y en el nos montamos, Julia delante y yo detrás. Yo me sujetaba a mi prima como si fuéramos a ir a cien por hora cuando el andar del borrico era cansino y teníamos prohibido azuzarle para que corriera. Mi prima dirigía la operación por orden de mi padre, que se fiaba más de ella que de mi, aunque yo la tuviera que indicar el camino. Julia era ya una mujer. La señal evidente era que sus vestidos no podían ocultar el par de tetas que se gastaba. A mi me gustaba aplastarme contra ella con mis manos justo por debajo de sus pechos, me hubiera gustado echar mano a sus tetas pero prefiero el fracaso que el ridículo y suponía que su reacción sería reírse de mí. El camino de vuelta lo hicimos por una vereda distinta, en realidad fue la que eligió el burro. El sol caía a plomo. Ya llegando a la casa, desde un pequeño cerro vimos a mi padres jugueteando mientras se revolcaban sobre una toalla. Nos pareció que estaban desnudos. Fue Julia la que decidió que íbamos a ir a ver que hacían sin que ellos no vieran a nosotros. La alberca estaba rodeada de una densa valla hecha con haces de jara para evitar que cualquier animal fuera a beber y se ahogara si se caía dentro. Dejamos al burro atado y nos acercamos en silencio. Cuando llegamos a la altura de la valla, tendidos en el suelo pero con una perfecta visión de lo que hacían y hasta de lo que decían mis padres, comprobamos que efectivamente los dos estaban desnudos, tan pronto veíamos la espalda de mi padre como el culo de mi madre, porque no paraban de pasar uno por encima del otro. Oímos como mi madre preguntó: ¿Me vas a comer el coño? Paco, sabes que me gusta mucho y estoy muy caliente. Llevo toda la mañana mojada. Por toda contestación mi padre colocó su cabeza entre los muslos de mi madre y empezó a hacer lo que se le había pedido. Que cachonda estoy y como me gusta que me comas. Odio esa casa en la que no podemos echar un polvo sin miedo a que no oigan. Sigue cariño, sigue que me estás dando mucho gusto, me excitas mucho, dame con la lengua a lo largo de todo mi coño, que eso me vuelve loca. Joder que gusto. Que cachonda me tienes. ( Yo oía a mi madre y me parecía que quien hablaba era otra persona, una mujer completamente distinta a la que yo conocía. La estricta, la conservadora, la mojigata católica había sido sustituida por una hembra descarada hablando y hambrienta de sexo ) Mi padre siguió a su tarea a lo que mi madre contestaba con gemidos de placer. Me tienes muy arriba y me están dando ya ganas de correrme. Me voy a correr como una perrita mi amor, me voy a correr, tu putita se está viniendo, me estoy viniendo, me estás haciendo correrme muy duro. Me encanta que te comas mi coño. Para, para por dios, que me vas a matar. Mi padre se tumbó del lado nuestro y tanto mi prima como yo vimos que tenía la polla apuntando al cielo. Una buena tranca, pensé. Mi madre tardó muy poco en recuperarse y tan pronto lo hizo, dijo: No te creas que ahora te vas a montar encima de mi y me vas a follar, antes te quiero corresponder. Antes te voy a hacer una mamada. Entonces fue cuando mi madre imitó a su marido, se colocó entre sus muslos, con las tetas colgando (me llamó la atención el tamaño de sus tetas) y cogió la polla que tenía delante y se la metió en la boca. Julia y yo estábamos a apenas tres metros de la escena con lo que no nos perdíamos ni el más mínimo detalle. Miré a mi prima, tenía cara de asombro y yo seguro que también la tenía. Mi madre empezó metiéndose en la boca apenas el prepucio, por un momento se tragó la polla al completo, para inmediatamente volver a dedicarse al prepucio de su marido. Como me gusta que me comas la polla y verte con las tetas colgando mientras te la comes. Mi madre ocupada como estaba no dijo nada. Lola, me están dando ganas de venirme, sigue, sigue. Sigue mamando. Tan pronto le oyó mi madre cambió de táctica. Se puso de pie encima de él y poco a poco fue bajando hasta poder dirigir la verga de mi padre a su entrada natural. Que gorda se te pone cuando te la mamo. Me encanta. Ahora si, ahora puedes soltar toda la leche que quieras. Ahora te voy a follar yo a ti. Sentada en tu polla la siento bien adentro. Me tienes atravesada. Tócame el clítoris que me da mucho gusto que me toques mientras follamos. Lo siguiente fue un repertorio de gemidos de mi madre y una serie de empujones de mi padre que hacían que pareciera que mi madre montaba un caballo salvaje. Dada la lejanía de la casa mi madre cada vez gritaba más fuerte. Que gorda la tienes y que gusto me das. Aaagh. Me estas destrozando el coño eres una bestia, pero me matas de gusto. Dame ya tu leche que no puedo esperar más. Córrete cabrón, córrete. Cómo necesitaba que me echaras un polvo. Los empellones de mi padre fueron en aumento y por primera vez mi padre también bufó. Te la doy, te la doy toda. Te siento, siento como me estás dando tu leche. Desocúpate, dámela toda que quiero que me llenes el chocho. Me vas a hacer correrme, siento como me estas dando toda tu leche. Sigue dándome polla que yo también me voy a venir. Sigue dándome duro que ya me estoy corriendo. Me corro toda, tu puta se corre. Me corro como una perra salida. Mi madre se movía frenéticamente y mi padre se apoyaba en sus pies para embestirla, a lo que mi madre respondía con gemidos cada vez más altos. En medio de aquella vorágine, mi madre dio un grito largo y se desplomó sobre su pareja. Que buen polvo me has echado Paco. Me vuelve loca que me folles. Y sabes que yo necesito tu polla un par de veces al día. Hoy me corrido muy duro. Desde esta mañana estaba muy caliente, muy necesitada de tu verga. He sentido el flujo corriendo por mis muslos. Tendida de nuestro lado tuve una perspectiva perfecta de mi madre. Echada boca arriba las tetas se le desbordaban por los costados, unas tetas que me parecieron inmejorables. El vientre apenas marcado, tan solo un pequeño escudo de carne, su sexo cubierto con una hermosa mata de pelo y unos muslos definidos. Me pareció un cuerpo precioso. Aprovechamos ese momento para alejarnos sin hacer ruido. Por el camino vi que Julia tenía las mejillas arreboladas. Está tan caliente como yo, pensé. Llegamos junto al burro y ayudé a Julia a subir, caliente como iba aproveché para cogerla del culo para ayudarla a subir. Me recreé en la maniobra y aproveché para darle un buen repaso. Como mi prima llevaba una faldita pude deslizar mi mano por debajo de la tela y coger sus nalgas desnudas para ayudarla a acomodarse. Comprobé que Julia era dueña de un culo duro como una piedra y al mismo tiempo que su carne era suave. Dimos un largo rodeo para perder tiempo y para aparecer por donde siempre. Una vez arriba, detrás de mi prima, siguiendo un impulso irresistible para mi, en vez de cogerla por la cintura la cogí directamente de las tetas, una en cada mano. Lo hice muerto de miedo, esperando que mi prima me diera una bofetada o se riera de mi. Julia no solo aceptó mi gesto sin pronunciar una palabra, sino que pude notar como echaba sus nalgas ligeramente hacia atrás para sentir más el contacto con el hierro que yo tenía entre mis piernas. Lo que acabábamos de ver nos tenía a los dos salidos como dos mandriles. Y así, con mi polla arrimada a su culo y mis manos en sus tetas, Julia dio un rodeo en mi opinión más largo de lo necesario, ella era quien dirigía al borriquillo, pero como yo estaba gozando como un niño, hubiera dado la vuelta al mundo agarrado a sus tetas y sintiendo su culo contra mi polla. A pesar de que entre mis manos y su pechos había un vestido y un sujetador si pude comprobar que sus tetas estaban duras, que se le marcaban los pezones y que le abarcaba un pecho con mi mano. Las primeras tetas que yo tocaba en mi vida. Con solo tocarlas supe que las tetas de mi prima eran más pequeñas que las de mi madre pero para mi ese detalle carecía de importancia. Eran unas tetas. Cuando llegamos a la casa, mi madre nos metió prisa. Venga iros a bañar, que en un rato estará la comida. Julia entró en la casa a coger su bañador a mi no me hizo falta porque mi atuendo era siempre el bañador y una camiseta. Nos fuimos a la alberca y mi prima me pidió que me diera la vuelta porque se iba a poner el bañador. Un bañador negro que le tapaba todo lo que un bañador puede tapar. Le hice caso pero por el rabillo del ojo pude ver como se quitaba el vestido y se quedaba en bragas y sujetador. Ella también me daba la espalda. Vi como se quitaba la ropa interior y por un momento pude disfrutar de ver su cuerpo desnudo, sobre todo de su culo. Un culo grande y lleno, el que yo acababa de acariciar. Aquí tengo que hacer una pequeña pausa, yo a mis años no había visto una mujer desnuda, bueno a mi madre medio de refilón, y el cuerpo de mi prima me pareció precioso. Julia era una muchacha rotunda, unos muslos potentes y un culo grande, redondo y firme, en mi opinión de aquel momento, el más bonito del mundo. Ya metidos los dos en el agua mi prima lo primero que hizo fue, con una voz grave pedirme un favor: No se te ocurra decirle a tus padres que ha sido idea mía lo de ir a espiarles. No confesaría ni aunque me torturaran, pero a cambio yo también te quiero pedir un favor. Dime que quieres y no abuses. Quiero que me enseñes las tetas, solo verlas un momento. Nunca he visto las tetas de una mujer. Acabas de ver las de tu madre. Esas no cuentan y tampoco las he visto con detalle. Ahora pienso que Julia, estaba tan caliente como yo y quería enseñarme sus tetas porque bastó con proponérselo para que mi prima se bajara el traje de baño hasta la cintura y dejara sus tetas gloriosamente al aire. Una tetas firmes, paradas, como ya he dicho no tan grandes como las de mi madre, pero por contraste y luego he sabido que es algo frecuente, el tamaño de sus tetas lo compensaba con el de sus pezones. Una areola pequeña que apenas rodeaba cada pezón y unos pezones descomunales como dos corchos de una botella de vino, que en esos momentos estaban duros y contraídos. Las comparé un momento con las de mi madre y no pude decidir cuales me gustaban más. Bueno si, me gustaban más las que tenía a mi alcance. Hice intención de acercarme y Julia y me leyó el pensamiento. Me has dicho ver, nada de tocar. Solo una caricia, te lo prometo. No me las ha tocado nadie y no vas a ser tu el primero. Te voy a hacer un regalo porque estoy muy excitada, pero eso va a ser todo, te dejo que me des un besito en cada uno de mis pezones, sin manos. Y a continuación dijo una frase que rebotó en mi cerebro: Si me haces trampa no te volveré a enseñar las tetas nunca más. Al primer pezón le di un beso rápido, demasiado fugaz a mi juicio, para el segundo ya había tomado nota y más que un beso fue un chupetón que no terminé hasta que Julia me dijo: Te he dicho un beso, aprovechado. Y no te creas que no me he dado cuenta que subido en el burro me has cogido las tetas. No pierdes ocasión de abusar. ¿Y te ha gustado? Insistí: ¿Te ha gustado que te acariciara las tetas? Iba tan nerviosa que no te puedo decir. Todavía estoy muy nerviosa. Bueno, si, me ha gustado. A mi me ha encantado, tienes unas tetas preciosas. Por favor no te subas los tirantes, hoy nos bañamos los dos con el pecho al aire. Eres un pedigüeño insaciable ( Pero no se los subió ) Estando los dos de pie en la zona que no cubría mi prima me hizo una pregunta que era toda una invitación. ¿Tu has besado a una chica alguna vez? Yo no, y tu, te ha besado algún chico. Ni me ha besado nadie ni a ninguno le he enseñado las tetas. Eres el primero que me las ve y que me las besa. Podemos probar a besarnos y si no nos gusta lo dejamos. Nos juntamos, las tetas y sobre todo los pezones de Julia apretadas contra mi pecho y poquito a poco, como con miedo, acercamos nuestros labios, más que un beso fue un piquito. No he sentido mucho, me dijo. Yo tampoco. Vamos a probar otra vez. Juntamos nuestros labios, al principio los dos los mantuvimos cerrados pero casi al tiempo abrimos los dos la boca y sentí como la lengua de mi prima se lanzaba al fondo de mi boca. Algo parecido debió sentir ella porque yo hice todo lo que pude por enredar mi lengua con la suya mientras le daba mordisquitos. Poco a poco fuimos mejorando nuestra coordinación y al cabo de un rato nos estábamos besando como si fuera algo que habíamos hecho toda la vida. Y como nos gustaba a los dos seguimos, seguimos como dos enfermos que no se daban tregua, yo abracé a Julia por su espalda desnuda y me atreví a bajar una mano hasta meterla por debajo de su bañador hasta alcanzar su nalga, ella me echó los brazos al cuello. Con las tetas de Julia apretadas contra mi pecho, nuestras lenguas entrelazadas y mi mano acariciando su culo me sentí en el paraíso. En medio de aquel fragor mi prima hizo algo que para mi no pasó desapercibido. Abrazados como estábamos sin que yo hiciera presión, ella adelantó su pubis hasta hacerlo chocar contra mi verga. Una vez establecido el contacto ahí se quedó. Ya sin resuello los dos, nos salimos de la alberca y nos echamos en las toallas. No se nos había quitado la fiebre y seguimos besándonos, ella boca arriba y yo echado a su lado. Como la postura la permitía y los dos estábamos ardiendo de deseo, eché mano a sus tetas que ahora estaban desnudas. Estaba preparado para recibir una bronca. La reacción de mi prima fue hundir mas aún su lengua en mi garganta, mientras respiraba agitadamente por la nariz. Para mi tomar posesión de las tetas de Julia fue el mejor acontecimiento de mi vida. Dos pequeños cerros de carne dura y a la vez suave, coronados por unos pezones desproporcionados que parecían de acero y todo eso a mi disposición. Era más de lo que yo podía soñar. Estoy muy a gusto con lo que me haces pero tenemos que irnos, Pablo. Déjame que antes de que nos vayamos haga una cosa. Y lo que hice fue comerme las tetas de mi prima. Mordisqueé los pezones mientras le acariciaba el vientre, cada caricia más abajo que la anterior. Para, por dios, para. Eres un abusón insaciable, pero me das mucho gusto. Me vuelve loca que te comas mis pezones. No se que droga me has dado pero me tienes presa. Estoy muy caliente, pero no se te ocurra bajar más tu mano. Yo creo que nos ha trastornado lo que hemos visto. Yo no se a ti primo pero a mi me ha puesto hirviendo. No había visto nunca a una pareja follando. Me ha excitado mucho. Todavía estoy muy caliente. Estoy indefensa. Nunca había sentido esto. ¿Cómo cuando te tocas? Que descarado eres. Pero dime: cómo cuando te tocas. No ha sido igual, pero si parecido. Ve yéndote tu que me tengo que cambiar Prefiero quedarme. Me gustaría verte desnuda. Pues yo prefiero que te vayas, largo. Después de cenar Julia y yo nos dimos un paseo por el jardín que rodeaba la casa. No tuvimos que cruzar palabra para empezar a besarnos. En esa ocasión me comporté como un lord inglés, lo único que hice fue besarla y no se me escapó ninguna mano a tocar donde no debía, aunque sus tetas me tentaban una barbaridad. Cuando ya me parecía que íbamos a volver a la casa fue mi prima la que tomó la iniciativa. ¿No tienes ganas de acariciarme? O es que ya te has aburrido de mí. Abrí los botones de su camisa y se la quité, acto seguido le di la vuelta y tras pelear un momento con el sujetador conseguí desabrocharlo y le volví a poner la camisa pero sin abotonarla. En el frio de la coche los pezones de mi prima estaban tan duros como por la mañana en la alberca, lo supe tan pronto como los tuve metidos en mi boca. Su respuesta fue coger mi cabeza para hundirla contra sus tetas. Estoy muy caliente, primo, y me da mucho gusto que te comas mis tetas, me matas de gusto. Sigue por dios, sigue. Aún no se me ha quitado la calentura. Estuvimos un buen rato antes de volver a los besos y fue ella quien decidió acabar la fiesta: Me pasaría toda la noche con mis pezones en tu boca, pero ya está bien por hoy, no quiero perder el control y estoy a punto de hacerlo. Vámonos a dormir. Volvimos a la casa como dos gorrioncillos que acabaran de descubrir el placer. A la mañana siguiente preparé un plan, le sugerí a Julia que fuéramos a bañarnos a la Poza Larga. Alejada de la casa, la Poza Larga era un lugar perfecto, el riachuelo que cruzaba la finca formaba una poza en una zona rocosa. Poco profunda, el agua cristalina y sobre todo alejada de toda mirada humana. A buen paso del burro se tardaba casi quince minutos en llegar. Aprovechamos el camino para hablar. Julia, ¿tienes novio? Estás loco, que voy a tener novio, y tu tienes novia. Yo tampoco. Que sepas que soy una chica decente y que lo que hicimos ayer no lo había hecho nunca, me cogiste desprevenida, con las defensa bajas. Ver follar a tus padres me puso muy cachonda. Esta vez no me dijo ni caliente ni indefensa, me dijo cachonda. Yo tampoco lo había hecho nunca, me gustó mucho. Eres una mujer preciosa. Lo tienes todo bonito. Y me gustó mucho besarte y comerme tus tetas. Qué descarado eres. A mi también me gustó pero debemos ser juiciosos y no dejarnos llevar por los instintos. Pues en cuanto nos bajemos te voy a besar. Eso no tiene importancia, me estoy refiriendo a otras cosas. Yo llevaba todo el trayecto en modo respetuoso, no quería que por algo que hiciera Julia se enfadara de manera que salvo ir arrimado a sus nalgas no hice nada. Ante lo que mi prima me acababa de decir decidí darle unos besitos en el cuello y morderle la oreja. Ella los aprobó ronroneando como un gatito y apretándose contra mi. Seguí insistiendo hasta que Julia me preguntó: ¿Falta mucho? Vamos a medio camino. Entonces acaríciame un poquito. No me dijo donde, ni falta que hacía. Ese día mi prima se había puesto un pantaloncito corto y una camiseta. Metí mis manos por debajo de la camiseta pensando en el engorro de encontrarme con su sujetador. Subí lentamente mis manos hasta encontrarme con sus tetas desnudas, y sus pezones erectos. Huy, que sorpresa, se te ha olvidado el sujetador. No, no se me ha olvidado, me lo he quitado cuando he ido a coger el bañador, me pareció que te gustaría y yo estaba loca porque me volvieras a acariciar mis tetas sin obstáculos. Me das mucho gusto. ¿Te gustan mis tetas? ¿ Y mis pezones? Me encantan. Es lo que más me gusta del mundo acariciarte las tetas y comérmelas. Además tienes unos pezones divinos. Sigue acariciándome y pellízcamelos, pero suavecito. Se me han puesto duros como dos piedras. Cuando lleguemos a la poza quiero que te los comas otra vez. Mi prima pidiéndome y yo deseándolo estuve un buen rato disfrutando de sus los pechos. Lo que quedaba de camino se nos hizo más corto. Nada más llegar Julia tendió su toalla y le dedicamos un buen rato a nuestro juego preferido, besarnos y acto seguido a comerme sus tetas. Primo me tienes caliente todo el día. Me vuelves loca y no se decirte no a nada. Me da mucho gusto que te comas mis tetas. Bueno déjame un momento que me tengo que poner el bañador. No me parece justo que yo lleve el pecho al aire y tu vayas tapada. Quiero que te bañes con las tetas al aire. En vez de ponerte el traje de baño, báñate con las braguitas. Eres muy pedigüeño insaciable. Siempre quieres más. Luego me vas a pedir que me quite las bragas, pero no me las voy a quitar. Aunque te parezca lo contrario soy una chica decente. Lo que me pasa es que tengo las defensas bajas y tu tienes la culpa porque me tienes muy caliente. Y Julia se sacó la camiseta y se bajó los pantaloncillos. Debajo me dejó ver las típicas bragas que las madres compran para sus hijas pensando que siguen siendo unas niñas. Bragas mata pasiones de algodón blanco que casi le llegaban a la cintura. Tienes el cuerpo más bonito del mundo. Me encantan tus tetas, pero también tu vientre, tus caderas, tus muslos. Eres una diosa. Que sabrás tu si solo me has visto a mi. Venga, al agua. Nos lanzamos a la poza, el agua estaba helada. Ardiendo como estábamos los dos nos volvimos a besar con el agua hasta la cintura. Yo fui el primero en salirme. Aguanto poco el frio. Cuando salió mi prima me la quedé mirando y solté una carcajada. Me contestó muy enfadada: Por qué te ríes de mi. No me rio de ti, me han hecho gracia tus remilgos y ahora te estoy viendo desnuda. Mírate. Te veo una mata de pelo preciosa. Julia bajó la vista y comprobó que sus braguitas de algodón al mojarse se volvían casi transparentes. Su vello púbico era perfectamente visible. Tu sabías que esto iba a pasar. Yo no tenía ni idea. Te propongo una solución, yo ya te he visto desnuda, para que ninguno tenga ventaja yo me quito el bañador y tu te quitas esas bragas que no te tapan nada. Por cierto, lo que he visto me ha encantado. Eres un cochino, pero es verdad que se me ve todo, pero como tu ya me has visto desnuda, yo también te quiero ver a ti, primero te quito yo el bañador y después me quitas tu las bragas. Esta bien acepto pero te quiero hacer una pregunta: ¿Tienes ganas de ver mi polla? No te voy a mentir, si, tengo muchas ganas de ver tu polla. He pensado mucho en ella y la he sentido bien gorda cuando íbamos en el burro. Y tu, ¿ tienes ganas de ver mi coño? Pues sinceridad por sinceridad, yo estoy loco por verlo. Julia se arrodillo delante de mi y recreándose en la maniobra me fue bajando el bañador con toda lentitud hasta que, de repente, liberada, mi verga saltó como si tuviera un muelle. Julia se la quedó mirando apenas a un cuarta de distancia y me dijo: Tienes una polla preciosa, grande y gorda. Es la primera que veo. La tienes muy hinchada, se te ven las venas. Me encanta. Ahora te toca a ti. La imité, me arrodille frente a ella y yo también con lentitud le fui bajando la bragas, cuando empecé a ver pelo fui aún más lento hasta dejar su sexo completamente al aire. Vista de cerca su mata de pelo parecía más que densa, maciza. La mayoría de los pelillos cortos, todos oscuros y algunos rizados. Formaban una pequeña felpudo sobre su monte de Venus que apenas se extendía por los costados. Si hubieras sido hoy hubiera pensado que se lo había perfilado con cera. Saltándome el protocolo le di un beso fugaz a aquel jardín que me volvía loco. Julia no dijo nada por lo que del beso pasé a darle una lametada. Tendimos las toallas y nos tumbamos en ellas, nuestros cuerpos casi juntos. La postura de mi prima me permitió ver algo impensable hoy, mi prima tenía una matita de pelo en cada una de sus axilas. Puede parecer ridículo que después de haberla visto desnuda eso me excitara, pero lo cierto es que me excitó. Pablo me da pena pensar que dentro de unos días esto se acabará y ya ni nos daremos besos, ni nos tocaremos y con lo feliz que me haces no se como voy a llevarlo. Ya te estoy echando de menos. Quedan mucho tiempo y los vamos a aprovechar, vamos a venir aquí todos los días, a estar juntos, desnudos y a gozar el uno del otro. Esto no se nos va a olvidar en la vida. Ahora que estamos tranquilos necesito que me jures una cosa. Dime. Me vuelve loca todo lo que me haces, nunca había sentido tanto placer, pero necesito que me jures una cosa, cuando yo te diga que pares, tu te vas a parar. Soy virgen y me da mucho miedo que me la quieras meter. He visto que la tienes bien gorda y me da pánico. Mi amiga Luisa es la única que se ha acostado con su novio y según me dijo fue una experiencia horrible, le hizo mucho daño y fue muy bruto. Tanto que lo han dejado. Si te digo para, tu te paras. Julia, no me cuesta nada jurártelo, solo vamos a hacer lo que queramos los dos, también te digo que me gustaría que me dejaras hacer lo que los dos estamos locos por probar. Quiero follarte y que me folles tu a mi, como mi madre se folla a mi padre. Si al final eres el hombre con el que me voy a casar, me lo agradecerás. La noche de bodas te lo voy a dar todo, lo primero mi virgo para que lo destroces. Solo de pensarlo se me encharca mi chochito. Pero sin ser mi marido no me voy entregar a ti. Vale pues te pido en matrimonio ahora mismo. No, tonto, te estoy hablando en serio. Ojalá fuera tan sencillo y yo pudiera dártelo todo ahora mismo. Me tienes muy mojada pensando que me pudieras desflorar, pero debemos ser juiciosos. (Nada en ese momento nos podía hacer prever la sesión de sexo que nos esperaba en los próximos días) Julia te quiero hacer una pregunta: esta noche te has tocado. Si. Nada más entrar en mi cama. Cuando me acaricias las tetas me sacas de mis casillas. Me dejaste muy excitada. Y tu. Yo también me he tocado, me he hecho una paja muy rica pensando en ti. Somos dos enfermos. Y dos pecadores, sabes que lo que estamos haciendo es pecado mortal. Si nos morimos hoy iremos de cabeza al infierno. Pablo, me tienes que dar crema, tengo la piel muy sensible y si no me la das me voy a quemar. Era verdad que le sol caía a plomo pero los dos sabíamos que lo que necesitaba era una coartada para poner su cuerpo a mi disposición. Se tendió boca abajo y yo me recree acariciando su espalda, pero mi objetivo era otro: su culo. Llegué a sus nalgas , les di más crema y las amasé durante un buen rato, metiendo mi mano entre sus cachetes y recreándome en la tarea. Julia que al principio tenía los muslos cerrados como la puerta de un penal, poco a poco se fue relajando y eso me dio la oportunidad de darle crema en donde no la precisaba, en lo más profundo de donde se juntaban sus nalgas. En algún momento sentí que estaba tocando pelo. Aclaradas ya muchas cosas mi prima no se cortó lo más mínimo en irme contando lo que iba sintiendo. Que gusto, primo, que gusto me da que me acaricies toda. Me excitas mucho, estoy toda mojada, sigue por favor, sigue. No me reconozco, lo que me está pasando contigo, no me había pasado nunca. Yo siempre he sido una estrecha. Eres el primero que me toca, no sabía yo lo rico que es esto. Y yo seguí, de sus nalgas pasé a sus muslos, unos muslos fuertes, duros, potentes, dos columnas de carne suaves como la seda. Julia colaboró separándolos aún más. Acaríciame los muslos pero no sigas más arriba que me vas a matar. Gocé acariciándolos y la postura me permitió ver el chocho de mi prima entre sus nalgas. Que sepas que te estoy viendo el chochito y que me parece precioso. Yo me lo noto hinchado y caliente. Además estoy muy mojada. Acabada la cara B mi prima se dio la vuelta y mi ofreció la cara A. Empecé por su cara, le acaricié levemente los labios y tan pronto como Julia tuvo mis dedos a su alcance empezó a chuparlos como si fueran otra cosa. Decía que era mocita pero pienso que me estaba engañando. De la cara pasé directamente a sus tetas, les di crema y me esmeré en embadurnarle los pezones. La respuesta de Julia fueron unos casi inaudibles gemidos mientras se pasaba la lengua por los labios. Como te gusta sobarme las tetas, eres un vicioso. Llevas razón, estoy obsesionado con tus tetas. ¿Y a ti te gusta que te las toque? Me vuelves loca, por eso te dejo. El día que se te acaben las ganas de comerte mis tetas, te mataré. Mientras hozaba en sus tetas mi mano fue recorriendo su vientre. Lentamente, atento a su reacción, esperando por si mi decía que me parara. Sin recibir ninguna negativa acaricié su vientre, cada vez más abajo, de vez en cuando subiendo como si renunciara a mi objetivo. Julia respondía mis esfuerzos respirando profundamente y soltando pequeños gemidos. Sabiendo que la batalle estaba ganada, que Julia se había rendido incondicionalmente puse mi mano directamente sobre su mata de pelo y mis dedos fueron a caer sobre su sexo. Lo sentí empapado lo que me animó a recorrerlo de arriba abajo, separándolo levemente. Para no violentarla y que se me acabara la fiesta me dediqué a acariciar su clítoris casi sin tocarlo, solo toques fugaces. No fue tarea difícil porque lo tenía hinchado y palpitante. Eres un asesino, me quieres matar. Ha puesto tu dedo donde yo deseaba que lo pusieras. Me estás dando mucho gusto. Dame suavecito ahí. Ni más arriba ni más abajo. Si sigues me vas a hacer que me corra, me vas a hacer que me corra. Eso es lo que quiero, que te corras, que te corras como nunca te has corrido. De ahora en adelante cuando tengas ganas de tocarte me llamas. ¿Quieres que yo haga que te corras? Si quiero que me toques hasta hacerme correrme. Me tienes que dar gusto hasta que me corra, yo ya no puedo parar. Y sí, cuando tenga ganas de tocarme te voy a llamar. En la seguridad de que estábamos en el medio de la nada Julia cuando empezó a sentir que le llegaba el orgasmo chilló como una fiera, gimió y entre medias me pidió que siguiera. Sigue por dios sigue que estoy muy cachonda y quiero correrme para ti, no pares, apriétame un poquito más mi clítoris, no pares que me voy a venir. Ya me está viniendo mi vida, me está viniendo muy duro. Me corro. Cuando se corrió soltó un alarido como si la hubiera traspasado con una lanza. Ahora te toca a ti, ponte boca arriba. Te voy a devolver lo que me has hecho. Empieza por la espalda. No quería yo que viera que tenía la polla acharolada aunque estaba seguro de que ella lo sabía. Me imitó casi en todo, en su caso dándome crema en la parte interior de los muslos y no pudo o no quiso evitar en más de una ocasión el rozarme los huevos. Más aún se dio crema en la mano y dedicó un rato a protegérmelos. Yo también te estoy viendo a ti. Esta es una zona muy delicada y no voy a consentir que se te queme. Me lo dijo mientras me acariciaba con toda lentitud los testículos. Cuando me tuve que dar la vuelta estaba más excitado que cuando empezó a tocarme. Y eso era algo que no podía ocultar. Mi polla estaba gorda, hinchada y apuntaba a mi ombligo. Primito, tu también te has puesto cachondo, tienes la polla que parece que te va a estallar. ¿Ha sido por mi culpa? Completamente, eres la culpable y ahora no puedes parar hasta que yo te autorice. Todo lo anterior fue un trámite para llegar donde ella quería. Y llegó. Sin enmascarar sus intenciones se dio crema y recorrió mi verga desde la raíz hasta la punta. Con las dos manos agarrando mi polla y con sus tetas colgando, me recordó lo que habíamos visto de mi madre. Mi verga al sentir el contacto no se pudo hinchar más porque ya estaba en su inflamación máxima. Voy a dejar de darte crema porque como siga acariciando te va a explotar. Tienes una polla preciosa. Pero antes de acabar me voy a dar un capricho. Y mi prima imitando lo que había visto hacer a mi madre se inclinó sobre mi y me dio un beso en el capullo. Se ve que le gusto porque, como yo con sus pezones, lo que empezó como un beso acabó en una lametada. Julia también estaba tanteando lo que podía o debía hacer. Después del besito decidió que me iba a corresponder y de rodillas a mi lado me empezó a menear la polla. Yo que ya venía caliente de antes, supe desde el primer momento que mi resistencia iba a ser poca. Sácame la leche, Julia, haz que me corra como te has corrido tu. Sigue que me estás dando mucho gusto. Que rico me la meneas. Quiero ver como te brota la leche, quiero verlo, quiero que me la des. Ya me está viniendo, prima, me está viniendo y me voy a correr. No fue una corrida, fue una explosión. Tuve la sensación de que me vaciaba al completo y que mi semen iba a llegar a la estratosfera. Solté cuatro descargas antes de sentir que me moría de gusto. Cuanta leche me has dado, creí que no acababas de correrte nunca. Me ha encantado. Se tumbó junto a mi y estuvimos un rato descansando. La calentura que nos dominaba hizo su efecto y de nuevo empezamos a tocarnos. Mientras nos besábamos aproveché para acariciar sus nalgas, y de ahí pasé directamente a meter mi mano de nuevo entre sus muslos. Ten cuidado y no me metas los dedos, acaríciame el clítoris que eso me vuelve loca. Suavecito mi amor que estoy muy excitada. Hazme como antes. Mientras hablaba había echado mano a mi polla y había empezado a masturbarme de nuevo. A pesar de que me acababa de correr o quizás por eso, esta vez la paja que mi prima me hizo duró más tiempo, y la que yo le hice a ella también. Julia quiero que me digas cuando te vas a correr porque ese va a ser mi mayor placer, saber que estoy haciendo que te corras. Cuando sienta que ya me voy a correr te lo diré. Ahora sigue, sigue, dame un poquito más arriba. Y yo ¿te las estoy meneando bien?, te gusta. Me estás volviendo loco. Con la mano que tenía libre Julia tiró de su chocho hacia arriba para dejar más al aire su clítoris. Me has envenenado primo, quien me iba a decir a mi que íbamos a estar tu y yo tendidos en una toalla, los dos desnudos y haciéndonos una paja. Has destruidos todas mis defensas y me tienes presa. Ya no voy a poder prescindir de este placer, dame por dios, dame que me estas subiendo y ya tengo ganas de correrme como una puta. Seguí acariciándola, deslice mi dedo a lo largo de su sexo, disfrutando de lo encharcado que lo tenía, bajando por el hasta alcanzar el culo a lo que Julia me respondió pegando un brinquito acompañado de un gemido. Estás muy mojada. Tu también tienes mojada la punta. Los dos estamos muy cachondos. Me gusta que nos hagamos pajas, me encanta. Quiero sacarte la leche. Julia quizá como consecuencia de su propia excitación me la empezó a menear con más ahínco. Me vas a hacer que me corra, Julia, me vas a hacer que me corra. ¿Sabes lo que me gustaría hacer ahora? Hacer como tu madre, subirme encima de ti, clavar esta polla divina en mi coño y follarte. Me estoy viniendo, me está haciendo correrme, eres un demonio, me viene un orgasmo muy duro. Su excitación provocó la mía. Yo también me voy a correr y quiero echarte toda mi leche en tu barriguita. Me estas haciendo una paja muy rica. Échamela, me estoy corriendo Pablo y siento como me das tu leche, la siento caliente, me corro, me corro. No me sigas haciendo que me vas a matar. Que orgasmo tan duro, mi amor. Deslavazados uno junto al otro mi prima confesó: Nunca en mi vida me había corrido tan duro, sentir tu leche caliente en mi tripa me ha hecho correrme, he sentido que se me iba la vida, he sentido un corrientazo que me ha recorrido todo el cuerpo. Y tu, mi amor, ¿Te has corrido rico? ¿Te ha gustado la paja que te he hecho? ¿ te gusta que tu prima sea bien puta y te haga pajas? Me la meneas muy bien, nada que ver con cuando yo me toco. Me das mil veces más placer. Todavía siento que el corazón se me sale del pecho, nunca me había corrido así. Pues ya sabes, repitió, cuando estés cachondo me lo dices y yo te la meneo. Ya no te tienes que tocar tu nunca más. ¿Y tu te vas a volver a tocar? No, cuando tenga ganas te llamaré para que seas tu quien me toque. ¿Me lo prometes? No te lo prometo, te lo juro por mi vida. Siento mucho más gusto cuando me tocas tú. Me has dejado la tripa encharcada con tu semen. Lo voy a probar. Julia recogió parte de mi regalo con sus dedos y se los llevó a la boca. Quiero como sabe, está un poco saladito pero me excita mucho estar probándola. Está caliente. Gastamos un buen rato en recuperarnos. Seguíamos abrazados y poco a poco nos fuimos destrabando. Se nos ha hecho tarde, primo, tenemos que volver. Si fuera por mi me quedaría aquí toda la vida. Me has hecho correrme dos veces muy rico. Julia, respecto a lo que me has pedido antes que te jurara, voy a respetar mi juramento pero quiero que sepas que yo voy a ser el primero que te va a follar. Tu coño es mío, tu eres mía y yo soy tuyo. Nadie en el mundo me va a quitar ese tesoro. Me voy a casar contigo y vas a ser mía toda tu vida. Lo que he sentido hoy quiero seguir sintiéndolo y que no lo sienta nadie más. Has pensado lo mismo que yo, anoche en la cama pensé lo precioso que sería que tu y yo termináramos casados, follando todos los días. Me excité tanto al pensar en tenerte dentro de mi que me tuve que volver a tocar. Al día siguiente, mientras desayunábamos , recibimos una noticia que cambió totalmente nuestras expectativas y nuestros planes. Mi amigo Antonio ( el dueño de la finca) nos ha invitado a Lola y a mi para que pasemos unos días en una casa que tienen en Fuengirola, a nosotros nos gustaría seguir aquí pero no podemos decirles que no. Y cuando os vais. Tan pronto preparemos las cosas, tenemos un par de horas de viaje hasta allí. Su repentino viaje significaba que Julia y yo íbamos a tener la casa a nuestra disposición. Entre unas cosas y otras, como pasa siempre, salieron a media tarde. Ese día no fuimos a bañarnos. Se no había hecho tarde. Además los dos teníamos en mente que íbamos a acostarnos juntos y de alguna manera nos reservamos para el gran combate. Cenamos con los guardeses como todas la noches y nos volvimos a la casa. Por el camino le dije a mi prima: Esta noche vamos a dormir juntos, en tu cama, en la mía o en la de matrimonio. Yo no preciso una cama grande, cuanto más chica sea mejor. Y quiero que durmamos desnudos los dos. Eso era algo que me volvía loco de Julia, ella decía en alto exactamente lo que yo estaba pensando. Nos metimos los dos en mi cuarto y en completo silencio nos quitamos la ropa. Cuando Julia se iba a meter en la cama le pedí que se quedara de pie y que se diera una vuelta para yo poder gozar de ver su cuerpo desnudo, cuando de nuevo estuvo de frente me acerque y metí mi mano entre sus muslos. Primita estas muy mojada. Estoy mojada y estoy muy nerviosa. Tengo miedo de lo que pueda pasar y al mismo tiempo estoy deseando que me des placer. Estoy muy cachonda. Si el miedo es que acabemos follando, te he hecho un juramento y lo voy a cumplir aunque me cueste un ataque al corazón, pero salvo eso entiendo que esta noche tenemos permiso para gozar el uno del otro como queramos. Menos eso, puedes hacer conmigo lo que quieras, trátame bien, trátame con cariño porque además de sexo eso es lo que yo necesito: sentirme querida, sentirme valorada. Creo que me estoy enamorando de ti. Nos tendimos en la cama y empezamos a besarnos. Estábamos por el primer beso cuando mi mano fue en busca de su chocho y la suya me cogió la polla como quien se agarra a un clavo ardiendo. Nos hicimos una paja deliciosa. Cuando Julia empezó a anunciarme que se iba a correr, acordándome de lo que había hecho mi padre, me coloqué entre sus muslos y lancé mi lengua a lo más profundo de su sexo. Mi prima recibió mi ataque con un grito. Aaaaay, que rico lo que me haces, méteme la lengua bien adentro que me estás volviendo loca de gusto. Esto no me lo habían hecho nunca. Pásame la lengua a lo largo de mi chocho. Seguí sus instrucciones pero mi inexperiencia me hizo bajar más de lo necesario y me recreé en la zona. Eres un cochino, me estas dando con tu lengua en mi culo. Pero sigue dándome que me estás dando mucho gusto. Que rico , mi vida, y que cachonda me pone saber que tienes tu lengua clavada en mi culo. Somos unos guarros. Pasé de su culo a su coño y vuelta a su culo y mis esfuerzos parecieron volver loca a mi prima. Sabiendo que nadie podía oírnos gimió primero y luego grito con todas sus fuerzas, mientras se movía como una lagartija. En mitad de aquel desenfreno, mientras la cama se bamboleaba, me dijo: Dame más lengua, canalla, dame más lengua en el coño y en el culo. Me vas a dar lengua siempre que yo te lo pida. Sigue, sigue, dame más duro que siento que me voy a correr como una perra salida, sigue que ya me estoy viniendo toda, me corro , mi vida, me corro muy duro, se me va la vida, que orgasmo tan fuerte, me estoy mareando de placer. Y en medio de su orgasmo cambió de opinión. Te lo suplico Pablo, fóllame, quiero que me folles, olvídate de todo lo que te he dicho, quiero que me metas toda tu polla, quiero que me desvirgues y me des toda tu leche. Viólame por dios, que ya no puedo esperar más. Necesito tenerte dentro o me volveré loca. No me fue difícil ascender a lo largo del cuerpo de mi prima hasta alcanzar la posición para penetrarla. Julia, metete la punta de mi verga y dime cuando quieres que empuje. Voy a entrar muy despacito y si sientes algo que no te gusta me lo dices y paro. Con más habilidad de la que yo esperaba mi prima maniobró para que mi glande enfilara a su vagina. Esperaba yo encontrar cierta resistencia pero no fue así. Tan pronto como mi prima me pidió que avanzara, con una presión mínima mi polla se deslizó dentro de su vagina sin el menor esfuerzo. Cuando sentí que mis huevos chocaban contra sus nalgas, se lo dije: Tienes toda mi polla dentro y tu vagina me la está estrangulando. Tienes un chocho hecho a mi medida. ¿Te hago daño? No mi vida lo que me das es mucho gusto. Yo también me siento llena. Poco a poco de una forma instintiva empecé el mete y saca, al principio muy lentamente. Salía hasta casi estar fuera de su chocho y desde ahí me lanzaba a sus profundidades. Como me gusta lo que me haces, primo, y no me ha dolido nada. Solo me has dado placer. Siento que con tu polla me das en el fondo de mi chocho. Dame un poquito más fuerte que quiero sentir que me dominas, que mi coño es tuyo. Quiero ser tu puta y de nadie más. En eso me has convertido, en una guarra y en una puta viciosa. Estábamos en la postura del misionero, yo tenía agarrada a Julia por sus nalgas y ella estaba espatarrada. Poco a poco fui aumentando la cadencia, mis empujones cada vez eran más rápidos y más violentos. Ese primer día aprendí que mi prima desde que sentía mi polla dentro de ella hasta que empezaba a correrse apenas dejaba pasar unos instantes. Y algo que entonces no pude valorar, pensé que era algo común a todas las mujeres y luego supe que es algo común en las mujeres de mi familia: Julia se corre, y se corre y se vuelve a correr. Ante mis primeras embestidas me dijo: Dame todo lo duro que puedas, rómpeme el coño con tu polla que ya me estoy viniendo. Ya me vas a hacer correrme. No te puedo esperar. Me estoy corriendo y me estas matando de gusto. Me corro mi amor, me corro pero sigue dándome polla que quiero que tu te corras conmigo y me das toda tu leche. Y claro que seguí, seguí follando como si en ello me fuera la vida, sentía el sudor corriendo a lo largo de mi espalda y una especie de fiebre que me obligaba a entrar y salir de Julia cada vez con mayor empuje. Me has vuelto a subir, Pablo, me vas a hacer correrme otra vez. Quiero que me des tu leche. Quiero que te vacíes en mi. Quiero sentirla. Ya no pude contenerme más. Creí que se me iba la vida cuando lancé toda mi simiente dentro de mi prima. Te estoy sintiendo, siento que me estas dando tu leche, siento los borbotones, me estás matando de gusto. Ahora comprendo a tus padres. Que rico es follar. Quiero que me folles todos los días. No puedo soportar más placer, me corro otra vez, me corro otra vez. Me matas. Julia tuvo unas convulsiones que llegaron a alarmarme. Sin piedad ninguna clavó sus uñas en mi espalda. Los ojos medio en blanco y su cuerpo temblando como si estuviera recibiendo corrientes eléctricas. Los espasmos le duraron un rato y después se relajó. Me has convertido en la guarra más guarra y más puta del mundo y me encanta. He sentido un gusto que no había sentido nunca al correrme. Cuando se tendió junto a mi me hizo una confesión. Me había propuesto que por nada del mundo iba a dejarte que me la metieras pero no he podido soportar las ganas de tenerte dentro. Y después del gusto que me has dado quiero que no dejes de follarme. No me arrepiento de nada, me has dado tanto gusto que debería habértelo pedido antes. Creo que soy como tu madre que necesita follar a diario. Tu también me has corrompido a mi. Quiero que seas mía para siempre. Y que sepas que vamos a follar a diario aunque muera en el intento. Dime que tu chocho es mío. Si, mi vida, mi chocho es tuyo y lo puedes disfrutar cuando tu quieras. Y vamos a follar todos los días. Mis padres estuvieron fuera cinco noches, las mismas que nosotros aprovechamos para tener sexo en sesión continua. Quizás inconscientemente copiamos lo que oímos decir a mi madre y follamos dos veces al día y algún día, tres. Fuimos a la poza todos a diario y era tanta nuestra urgencia que por el camino nos bastaba con ver un claro con hierba para interrumpir la marcha, tender las toallas y echar un polvo. La sensación que teníamos los dos era la de estar en una isla desierta en la que podíamos disfrutar del sexo sin ninguna traba. Éramos Adán y Eva en el paraíso. El sexo nos parecía la cosa más natural del mundo. Cuando sentíamos ganas nos poníamos a follar y casi siempre sentíamos ganas. Con mis padres ya de vuelta, Julia saco su lado morboso Quiero que volvamos a ir a la alberca a ver como tus padres follan, verlos me pone muy cachonda y mientras los vemos quiero ponerme a cuatro patas y que tu me folles desde detrás. Para que nuestro punto de observación fuera perfecto fuimos a la alberca y colocamos los haces de jara de manera que pudiéramos ver todo desde cerca, sin que nos pudieran ver. Mi prima era una mezcla de naturalidad, inocencia casi infantil y necesidad enfermiza de sexo. Creo que solo la tuve satisfecha los momentos en los que se estaba recuperando de sus orgasmos. Pasado un rato ya estaba necesitando más placer. La sorpresa Como he dicho al principio todo lo que está pasando hoy tuvo su origen aquel verano. Julia y yo fingimos irnos a pájaros a las huertas. Desde allí podíamos ver todo lo que pasaba en la casa. Vimos salir a mis padres camino de la alberca y nos pusimos en marcha dando un rodeo hasta alcanzar el sitio elegido. Mientras dábamos la vuelta mis padres tuvieron tiempo de quedarse en pelota. Lola, me tengo que recuperar, que días tan intensos hemos pasado. Yo he tenido lo que necesitaba, un polvo por la mañana y otro por la noche. Bueno un día follamos tres veces. Lola yo creo que con los años te has vuelto más folladora. Disfrutas más y me follas mejor. Paco, no me jodas, yo he sido muy folladora de siempre. O se te ha olvidado cuando éramos novios. Cada vez que salíamos yo iba sin bragas y sin sujetador para ponértelo fácil. No has conocido en tu vida una mujer más folladora que yo. Ni más señora en la calle y más puta en la cama. Es igual, yo creo que follamos ahora mucho mejor que de jóvenes. Me estás llamando vieja. Tengo cuarenta años. Pero llevas razón, ahora follamos mejor porque nos hemos vuelto más guarros. Hablando de guarros tu amigo Antonio no me ha quitado la vista de las tetas desde que llegamos a su casa. Le entiendo su mujer tiene unas tetas que no valen nada y tu tienes un par de tetas cojonudas. Y sin cirugía. Esta noche he tenido un sueño tan rico que me he corrido como una colegiala. He soñado que estaba en la cama, tu entrabas en el cuarto y sin mediar palabra me empezabas a comer el coño. Ya sabes como me pongo cuando me comes el coño. Te he pedido que me follaras y me has montado como un animal. Te he sentido más excitado que nunca. Me ha parecido que tenías un bate entre las piernas y con él me has dado unos empujones bestiales. Cuando te he podido ver la cara no eras tu quien me estaba follando. Era Pablo. ¿Qué Pablo? Qué Pablo iba a ser, nuestro hijo. Esta mañana lo he pensado con calma. Pablo es ya un hombre y cualquier día de estos le coge una lagarta y se lo folla. Una tonta inexperta con la que va a echar un polvo de mierda. Le puede hasta dejar un trauma. Sin embargo yo, que le quiero con locura, le echaría un polvo que no iba a olvidar en su vida. Quien mejor que yo para iniciarle, con delicadeza, con cariño y con pasión. Solo de pensarlo me pongo cachonda. Una vez yo le haya enseñado estará preparado para andar por la vida. Lola eres insaciable. Bueno, dime como lo ves. Ya sabes nuestras normas. Nos podemos follar a quien queramos cumpliendo tres condiciones, avisando antes de hacerlo, sin continuidad y sin enamoramientos. Lo de la continuidad no está muy claro, porque tu te llevas follando a mi hermana desde hace 14 años. No, hace 15, me lo recordó ella la última vez que la vi. Quieres decir la última vez que estuvisteis follando, hace menos de un mes. Y cuando volviste a casa estabas seco. Llevas razón, pero ten en cuenta que a veces nos pasamos dos o tres meses sin vernos. ¿ Qué te excita tanto de mi hermana? Me excita todo. Es como follar contigo y con otra mujer al mismo tiempo. La vida sexual de tu hermana es una mierda. Su marido en vez de polla tiene una colita, pequeña y blanda. Follan una vez al mes como mucho y Blanca no ha tenido un orgasmo con su marido nunca, o por lo menos eso es lo que me cuenta. Tengo dudas de que Julia sea hija de su marido. Cuando tiene mi polla a su alcance se vuelve loca, y en cuanto la tiene dentro todo son elogios: Que polla, por dios que pedazo de polla, me tienes lleno el coño, me vas a reventar, que gorda, dame duro, rómpeme el chocho. Y siempre acaba pidiéndome que se la meta en el culo. Méteme ese pollón en el culo y destrózamelo. Por lo visto, a pesar de que se lo ha ofrecido mil veces, a tu cuñado lo del culo le parece repugnante y contra natura. Dice que le da asco y que es algo propio de maricones. Conmigo se corre como una perra. Es muy guarra en la cama y es adicta a tomar por el culo. Yo también soy muy guarra y también te doy mi culo ¿Te folla mejor que yo? Nadie en el mundo me ha follado mejor que tu. Mira Lola, por lo que me has dicho está claro que te vas a follar a Pablo, tienes mi bendición, pero debes ser muy cuidadosa. Nada de follártelo tu, eso sería un error, tienes que ponerle cachondo como solo tu sabes hacerlo y que sea el quien te lo suplique. Tu te haces un poco de rogar y luego le das todo lo que te pida. Si te vale de algo, si en vez de un hijo hubiéramos tenido una hija yo haría lo que fuera necesario por ser yo quien la iniciara en su vida sexual. Ningún botarate inexperto iba yo a consentir que desflorara a nuestra niña y la dejara traumatizada. Pero haría lo que te he dicho, que fuera ella quien me lo pidiera. Y hablando de hijas, te has fijado en Julia, esa niña tiene un cuerpo de escándalo. Tiene unas tetitas y un culo que me ponen cardiaco. Me pone cachondo pensar que me podría follar a la madre y a la hija. como seponga atiro me la follo. Llevas toda la razón, voy a hacer lo necesario para que no piense en otra cosa que en meterse en mi cama. Le voy a volver loco hasta que me lo pida. Pensar en que Pablo me folla me pone muy cachonda. Mira, pásame la mano, solo de pensarlo tengo el coño encharcado. Julia y yo no dábamos crédito a lo que estábamos oyendo. Aunque nuestro plan era follar mientras los veíamos a ellos lo cierto es que Julia echó mano a mi polla y yo a su chocho y escuchando lo que estábamos escuchando nos hicimos una paja deliciosa. Paco se te ha puesto la polla enorme, hoy no quiero juegos, hoy quiero que me montes y me folles como un animal. Estoy muy caliente. Mi padre espatarró a mi madre, se puso entre sus muslos y le lanzó una estocada a la que mi madre contestó con un grito. Follaron como dos salvajes durante un buen rato, tanto como para que mi madre olvidara la discreción y gritara como si la estuvieran matando. En medio de aquel desenfreno mi madre dijo: Como yo me corro antes que tu, quiero que tan pronto me corra me pongas en cuatro patas y me la metas por el culo. No quiero que mi hermana te de más culo que yo. Después de una serie de embestidas que a mi me parecieron bestiales la reacción de mi madre fue la prevista. Me voy a correr, sigue que me voy a correr muy duro, estoy muy cachonda. Me corro, mi amor, me estoy corriendo, ya me he corrido toda. Dame en mi culo. Mi madre se puso en cuatro patas y mi padre dedicó un momento a pasar la mano por su coño, pensé yo que para lubricar la entrada. Acto seguido afinó la puntería y se la clavó. Dios que gorda la siento. Me tienes el culo lleno de carne y me estas dando mucho placer. Dame duro, rómpeme el culo que quiero sentir que te vuelve loco encular a tu mujercita. Desde nuestra posición podíamos ver de medio lado la cara de mi madre, tenía la boca abierta y los ojos en blanco y gemía como un niño. Sus tetas se balanceaban cada vez que mi padre la embestía. Me vas a matar, siento que tu polla me atraviesa el cuerpo. Tócate mientras me follo tu culo. Ya lo estoy haciendo, tengo el clítoris ardiendo. Creo que no me voy a poder contener y me voy a mear. Ya me estoy meando de placer, échame toda tu leche que yo la sienta. Desocúpate en mi culo, dámelo todo, mientras me meo como una perra. Era verdad y nosotros lo vimos, mientras recibía la embestidas mi madre se meó. Un chorro potente que le duró un buen rato Ya te lo doy, te lo doy todo mi amor. Te estoy dando toda mi leche. Te la doy, me vengo en ti, toma, tómala toda. Estás llenando mi culo, canalla, me estás llenando. Desocúpate en mi, dame toda tu leche. Y como ya habíamos visto cuando le llegó el orgasmo gritó como si mi padre la estuviera matando. Acto seguido se desplomó con mi padre todavía metido en ella. Me has echado un polvo delicioso, en mi chocho y en mi culo. Ya has visto que no me podido contener y me he hecho pis. Me has hecho correrme por mis dos huecos. ¿Cuándo te estaba follando en quien pensabas? En ti, cariño. ¿Y cuando te estaba dando por el culo? También en ti. ¿ Solo en mi ? Bueno también he pensado un poquito en Pablo. Supongo que para quitarse la calentura los dos se metieron en la alberca momento que aprovechamos Julia y yo para abandonar nuestra posición para irnos a la huerta. A pesar de que ya nos habíamos estado tocando al llegar la huerta, debajo de una higuera, sin necesidad de cruzar palabra Julia tendió la toalla, se tumbó en ella, se levantó las faldas y abrió sus muslos para ofrecerme su chocho desnudo. Fóllame Pablo, fóllame que estoy ardiendo y necesito sentirte dentro de mi. Que cachonda me pone ver follar a tus padres. Quiero ser como tu madre, igual de folladora. Cómo disfruta follando. Copiando a mi padre en esta ocasión me salté todos los juegos previos. Ponte en cuatro como mi madre que te quiero coger por detrás. Quieres que me ponga como tu madre. Me la vas a meter por el culo. No, te voy a follar. Me había dado miedo. Con esa verga tan gorda me podrías destrozar mi culito. Me da miedo pero si lo quieres yo te lo doy. Lo que quiero ahora es echarte un polvo. Tu culo ya me lo darás. De un envite le clavé mi polla hasta el fondo. Julia me contestó con un grito de placer. Pablo, así me gusta mucho, la siento muy adentro, cógeme las tetas, cógemelas y dame verga como si quisieras destrozarme. Me estás atravesando, sácame la polla por la boca. No solo le cogí una teta, mi otra mano bajó hasta su coño pero me encontré con que mi prima ya se estaba tocando. Eres una cochina, te estas tocando mientras te follo. Si mi vida. Me estoy tocando el clítoris como hace tu madre, estoy muy salida y lo tengo muy gordo. Sigue, por dios, sigue. Llevé mi mano a su cadera para que mi empujones fueran aún más violentos y Julia me lo agradeció gimiendo a todo pulmón. Échame ya tu leche, échamela toda que me tienes muy cachonda y necesito correrme. Lléname el coño con tu leche. Llénamelo. Le di todo lo que tenía Así, así, siento tus borbotones de leche en mi chocho, me estoy corriendo muy duro, me corro, me corro. Cuando ya habíamos acabado Julia me confesó: Pablo, lo que hemos visto estos días me ha cambiado la vida. Lo primero ver a tus padres follando. Yo que ya te he dicho que era una estrecha y una mojigata, he visto como disfrutaban y me he puesto cachonda como una perra, por eso he echado mis prejuicios a un lado y te he pedido que me la metieras. Pero lo que de verdad me ha roto la cabeza ha sido saber que tu padre lleva follándose a mi madre a mi madre desde hace quince años, y no solo eso, el que yo puedo no ser hija de mi padre. Cuando tuve la regla mi madre me aleccionó: de ahora en adelante debes tener cuidado con los chicos, son todos unos cerdos que solo piensan en una cosa, en follarte. Quiero que hagas como yo, ser casta para llegar virgen al matrimonio. No te acuestes con un hombre hasta el día de tu boda. La castidad es el mejor tesoro de una mujer, guárdalo como una joya y no se lo entregues a cualquiera. Y ahora descubro que lleva quince años follando con tu padre. Me hubiera dejado matar defendiendo que mi madre era la mujer más casta y más honesta del mundo y que nunca había engañado a su marido y oigo a tus padres decir lo que han dicho. Que puta y que falsa. Y encima tu padre después de follarse a la madre piensa en follarme a mi, a la madre y a la hija. Que familia. El que mi tía de cara a su marido defendiera su virginidad hasta su noche de boda explicaba el que esa noche descubriera que su marido no estaba dotado para darle placer. El bobo del marido ni sospechó que su mujer ya había sido estrenada. Los doce días que no quedaban de vacaciones para Julia y yo fueron de un desenfreno continuo. Habíamos descubierto que Julia para sentirse a gusto tenía que chillar cuando me tenía dentro, por lo que como mis padres, desechamos el hacer algo en la casa. La Poza larga se convirtió en nuestra residencia y allí dimos rienda suelta a nuestros deseos. No satisfechos con eso después de cenar nos acostumbramos a dar un paseo en el que descubrimos un juego nuevo. Yo me sentaba en uno de los bancos del jardín, el más alejado de la casa y Julia se subía encima de mi y enfilaba mi polla hasta sentir que la tenía dentro. Follábamos furtivamente con el morbo de que mis padres pudieran salir y sorprendernos. Mi prima sentada en mi polla aprendió a sacar partido a la postura y a reprimir sus gritos. Los días fueron pasando y nosotros seguimos con nuestra rutina que incluía el acercarnos a la alberca para ver a mis padres follar. Era un espectáculo que nos encendía y en el que aprendíamos cosas que inmediatamente repetíamos. Julia llegó a copiar hasta el lenguaje de mi madre. La Julia de los últimos días nada tenía que ver con la Julia de los primeros. Lo que habíamos visto había derrumbado todos sus prejuicios y había hecho brotar su auténtica naturaleza. Solo quería una cosa: follar. El día que teníamos que volver pudimos hacer nuestra ultima visita a la Poza y en ella mientras echábamos el último polvo Julia se puso a llorar desconsoladamente. Se acabó primo, se acabó todo. Volveremos a nuestra vida normal el uno sin el otro y yo no se tu, pero yo no se como voy a superarlo. Además vivimos cada uno en una ciudad por lo que igual no nos veremos hasta el año que viene. Y además me da coraje pensar que te va a follar tu madre. Voy a convencer a mis padres para irme a estudiar a Madrid y así podremos seguir acostándonos a diario. Lola Me llamo Lola, estoy casada con Paco y soy la madre de Pablo. Tengo 40 años, y puedo decir sin temor a equivocarme que soy una hembra de bandera. De cara soy bonita, labios gruesos, piel morena, melena negra y ojos verde claro, un contraste poco frecuente que vuelve locos a los hombres. Desde los 15 años tuve, y sigo teniendo, unas tetas firmes y grandes con unos pezones que son como un radar, a la menor excitación se ponen duros como dos piedras y amenazan con perforar mis vestidos. Tengo la cintura estrecha y unas caderas y un culo de escándalo, grande, redondo, parado, culo de caribeña. Yo creo que mi culo es lo que más atrae a los hombres. Pero todo eso no valdría nada si a mi cuerpo no le acompañara mi manera de pensar Desde muy joven supe que lo que más me importaba en la vida era mi propio placer y donde más lo he conseguido ha sido en el sexo. Por esa razón necesito follar a diario. Yo creo que mi búsqueda es más espiritual que física, lo que yo busco y todavía no lo he encontrado, a pesar de los hombres que he conocido, es el placer en estado puro, el trance, el éxtasis que te hace levitar como a los místicos y te trasporta a otra dimensión. No necesito enamorarme, ni ilusionarme ni tener la menor involucración emocional, todo lo contrario, cuanto menos sentimientos mejor. Si me gusta un hombre me lo follo y punto. Si me vuelve loca follándome puedo repetir con él, y al más mínimo detalle que no me satisfaga, no le vuelvo a ver. S

Autor: benazaire Categoría: Incesto

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La primera vez que me follaron vestida con lencería.

2019-10-29


Como un amigo con el que tenía confianza me contaba sus experiencias sexuales en el ambiente liberal, los tríos que hacía (HMH-HMM) etc..., y yo había leído que el punto p en los hombres daba placer con el sexo anal, sentía curiosidad por probarlo, y como este amigo es de mente abierta y sabía que siempre practicaba el sexo seguro, le dije que me gustaría probar el sexo anal con él para experimentar con el punto p, me contestó que vale, que como era un amigo que le caía bien lo haría conmigo, y como sería su primera vez con un hombre, me pidió que me vistiera con lencería y tacones para excitarse y disfrutarlo visualmente, por lo que compré unos zapatos de tacón abiertos, medias, un tanga, y un corset todo blanco a juego y le llamé para quedar en un par de días. Llegado el día le abrí la puerta y nos saludamos como siempre, le dije que esperara un momento a que me cambiara. Cuando salí de la habitación con el conjunto noté que la polla se le puso dura al momento, me dijo que estaba genial y que los tacones acentuaban mis piernas y el culo. Me puso de espaldas y empezó a acariciarme las piernas, el tacto de sus manos sobre las medias me encantó, siguió acariciándome el culo y la parte del corset, me excité mucho por lo que le bajé la cremallera del pantalón para sacarle la polla, y empecé a acariciarla con la mano mientras notaba su respiración en mi cuello, la noté caliente y muy dura, ahí estábamos los dos acariciándonos y metiéndonos mano. Ya puestos en esa situación pensé en tener una experíencia más completa por lo que me dí la vuelta, me puse de rodillas, le bajé el pantalón y empecé a chuparle los huevos (los tenía totalmente depilados), me metí su polla en la boca y empecé a chuparla y acariciarla con las manos como había visto en algunos vídeos, empezó a gemir y me dijo que no parara que era la mejor comida de polla que le habían hecho, mucho mejor que cualquier mujer con las que había estado, y eso que era mi primera vez con una polla en la boca. Puso sus manos en mi cabeza y empezó a follarme la boca, por lo que puse mis manos en su culo para acariciarlos. Al rato me dijo de parar que se iba a correr si seguía así, y aún teníamos que probrar lo del punto p. Lo tumbé boca arriba en la cama para ponerme entre sus piernas, se puso un condón y yo lubricante en el culo, empecé a meterme su polla en mi culo muy lentamente, volvía a sacarla y a volver a metérmela poco a poco para ir acosbumbrando a mi culo, hasta que conseguí metérmela entera y me quedé unos momentos quieto para acosumbrarme a tenerle toda dentro. Empecé a subir y bajar lentamente mientras me acariciaba las medias y toda la lencería, noté que le gustaba mucho lo que veía y tocaba, tenía una vena fetichista que se le notaba en la cara lo que disfrutaba con la vista y el tacto. Aumenté el ritmo cabalgando su polla hasta que me acostumbré totalmente a tenerla dentro de mi culo, y sin esperarlo ninguno de los dos me corrí encima de él teniendo un orgasmo anal muy intenso y placentero como nunca había tenido. Ahora le tocaba a él correrse, por lo que me puso apoyado en la mesa con las piernas abiertas y me la metío hasta el fondo empezando a bombear lentamente, aumento el ritmo mientras me agarraba fuertemente del culo notando con cada embestida como me entraba hasta el fondo su polla, hasta que entre espasmos y gemidos se corrió. Le quité el condón, me metí su polla en la boda y se la dejé bien limpia de semen. El resultado fué espectacular, el sexo anal fué genial, vestirme con el conjunto me gustó mucho, tanto el tacto como la visión, y mi amigo tambíen lo disfrutó mucho, y aunque teníamos sexo con mujeres, dijimos de quedar en otras ocasiones para follar y probar otras cosas. Este fué mi comienzo en un nuevo mundo de experiencias sexuales y placenteras.

Autor: Sandra_cd_Sandro Categoría: Transexual

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Gus y Adriana me invitan a otra barbacoa

2019-10-28


Adriana sigue consiguiendo lo que quiere, y yo encantado de formar parte de sus fantasías... Había estado unos días de vacaciones, que aproveché para venir a España y pasarlos en la playa con mi familia. Desconectar un poco del trabajo y sobre todo de tanto morbo como estaba viviendo últimamente, me vino bien para retomar contacto con la realidad. Esos días, debido al calentón que traía y el tiempo que llevaba fuera, cada vez que pillaba a mi mujer, como pudiésemos sacar un ratín, acabábamos echando un polvazo rápido en cualquier sitio. Además en la playa, yo le insistía en que hiciese topless, y le estaba yo untando protección solar cada dos por tres, y aprovechaba para sobarle las tetas en público. La verdad es que mi mujer siempre ha tenido buenas tetas. Tienen un tamaño medio, ni muy grandes, ni tampoco pequeñas, pero sobre todo es que las tiene muy bien puestas. El caso es que cada vez que se las sobaba, o veía como otros hombres la miraban, se me ponía la polla dura. Mi mujer me decía que me estaba volviendo un viejo verde, pero lo decía con esa sonrisilla pícara de no molestarle en absoluto. Cuando las vacaciones se terminaron, volví a los Estados Unidos para retomar el trabajo. Aterricé un domingo por la mañana y al recoger la maleta, cogí un taxi y me fui para casa. Debía ser medio día aproximadamente cuando llegué. Deshice la maleta y lo estuve colocando todo un poco, y antes de comer me fui a la piscina a aprovechar el sol y darme un baño. Al llegar allí me encontré con Gus y Adriana, que estaban tomando el sol. Me fui directo a ellos, y tras darle un abrazo a Gus y dos besos a Adriana, cogí una tumbona y me puse junto a ellos. Les estuve contando que acaba de llegar de España y me estuvieron preguntando por las vacaciones y demás, hablando de trivialidades. Me extrañó no verles con sus hijas y al preguntarles por ellas Gus me dijo que estaban en el cumpleaños de una amiga, que se las habían llevado a todas al “six flags”, un parque de atracciones que había cerca y que pasarían allí el día. Gus – Oye, pues si acabas de llegar no tendrás comida. Te vienes con nosotros a casa, que le echamos algo de carne a la barbacoa y como no están las niñas comemos tan tranquilos y nos echamos un roncito después. La verdad es que no me parecía mal plan, pero aunque me lo hubiera parecido, cuando Gus se ponía cabezón, no había forma de llevarle la contraria, así que acepté encantado con la condición de que me dejasen llevar un vino español. A eso de las 2 o así, dijeron de irnos yendo para su casa, así que les dije que iba un momento a casa a por un vino y ahora mismo iba a la suya. Como sabía lo bien que quedaba siempre que llevaba vino español a las comidas que me invitaban, solía tener varias botellas en casa, así que cogí una botella de blanco de Rueda y una de un buen tinto, y me fui para su casa. Al llegar me abrió Adriana, que iba aún solo con el bikini, y según cerró la puerta, me agarró y me dio un buen morreo. El morbo del momento me puso la polla morcillona inmediatamente, y al ir en bañador, no era fácil disimular. Como llevaba una botella de vino en cada mano, no pude aprovechar y sobarle su cuerpazo a ella. Y – Vas a conseguir que Gus nos pille, y verás la que liamos. A – Tú déjame eso a mí, que igual te llevas una sorpresa…. Y – ¿Qué quieres decir? Se rio, me agarró la polla sobre el bañador y me dio otro beso, y me dijo que nada, que me fuese al patio, que estaba Gus encendiendo la barbacoa. Cogió las botellas para meterlas en el frigorífico y aproveché yo para darle un buen repaso a su cuerpo. Le agarré las tetas desde atrás y la pegué contra mí, y mientras le comía el cuello, llevé una mano a su coñito y lo toqué por dentro del bikini. Estaba bien depilado como siempre y húmedo, para variar… A – Déjame cabronazo, que me tienes cachonda perdida desde que te he visto llegar a la piscina. Cuando saqué el dedo, se lo llevé a la boca y me lo chupó sin pensárselo, dejando escapar un ronroneo. Le di un azote, y salí al patio donde estaba Gus con una cerveza en la mano y encendiendo el carbón. Enseguida salió ella con la botella de vino blanco con un sacacorchos y unas copas. Llevaba un bikini blanco que con su cuerpo moreno, hacía un contraste muy bonito, y parecía aún más atractiva. La muy cabrona se había puesto unas sandalias tipo chancla, pero con un tacón de unos 4 o cinco centímetros. No muy alto, pero lo justo para hacerle una forma súper sensual a sus pies, y estilizar con ello sus piernas y realzar en conjunto su figura. Puso una pose muy sensual y con voz melosa y provocadora, dijo A – Así que hoy tengo a estos dos hombretones para mí sola… G – Pues claro mi amor, tú te mereces todo, y estos dos hombres están aquí para lo que tú quieras, ¿verdad hermano? Y acercándose a ella, le rodeó la cintura y mientras le daba un beso le dio la vuelta para que yo viese como le tocaba el culo y me guiñaba un ojo Y – Claro, como no, semejante mujer…. Para lo que ella quiera!!! A – Bueeeno, eso espero, que cuando yo pida ustedes me dén Nos reímos los tres, pero yo no puede evitar excitarme con ese intercambio de palabras tan cargado de dobles intenciones. Empecé a pensar que Gus no era precisamente un inocente cornudo, sino que esos dos tenían algo más entre manos. Por un lado me sorprendía que de ser así Adriana no me lo hubiese contado ya, pero ese juego de provocación no parecía casual. En todo caso, solo quedaba dejar pasar el tiempo y el vino, y ver qué iba pasando. Abrí la botella y le serví vino a Adriana, y me puse yo también una copa. Gus estaba con la cerveza y rechazó el vino de momento. Juntamos las copas y brindamos. Finalmente la barbacoa prendió y Adriana entraba y salía sacando algunas cosas de la cocina. Me ofrecí a ayudarla, pero me dijo que mejor me sentase, que yo era el invitado. Fueron pasando los minutos y cayendo la primera botella de vino, y Adriana cada vez que se acercaba a la parrilla aprovechaba para abrazarse a Gus, que no se cortaba un pelo y la comía la boca con descaro y la sobaba bien el culo, asegurándose que yo le viese hacerlo, y cuando ella le daba la espalda, me hacía algún gesto sobre lo buena que estaba. Una de las veces, tras uno de esos magreos de Gus, ella se vino hacia la mesa para picar un poco de guacamole, y aprovechó y se sentó en mis rodillas con toda naturalidad mientras seguía hablando con Gus. Yo viendo el panorama, pensé que quizás debería hacer algún movimiento, así que le puse la mano directamente en la cintura, y después le acariciaba la espalada. Ella al sentir mi mano recorrerla, dijo A – mmmmmm, Gus, qué manos tiene este hombre…. Que rico se sienten sus caricias en mi espalda. Era el momento crítico… seguía acariciándola más por inercia y por simular normalidad que por otra cosa, esperando la respuesta de Gus. G – Mi amor, pues si en la espalda se sienten ricas, imagina cómo se sentirán en el resto del cuerpo, ¿verdad hermano? Y – Bueno, no sé. Podemos probar y que ella nos lo cuente… Y dicho eso, dejé mi copa en la mesa y sin quitar la mano derecha de la espalda, con la izquierda le empecé a acariciar los muslos, desde casi la braguita del bikini, hasta la rodilla, por la parte superior pero dejando que las yemas de mis dedos entrasen en la parte interior de sus muslos. A – mmmmmm, papá que rico. Este hombre sabe cómo tratar a una mujer. Mira mi amor como se me pararon los pezones enseguida. G – Ya sabía yo que mi hermano sabía cómo tratar a una mujer, y que mi amor hoy iba a tener lo que ella quería. Porque Víctor, ¿tú sabes que mi amorcito lleva tiempo queriendo que le pongas las manos encima? Y mientras decía eso, se acercó a nosotros, y dándole un piquito en los labios le pellizcó los pezones. Yo ya en ese momento entendí que tenía carta blanca, y en cuanto Gus se retiró de nuevo hacia la barbacoa, llevé mi mano izquierda a las tetas de Adriana. Y metiendo la mano por debajo del top del bikini, se lo subí, dejando al descubierto sus tetas, y mientras le sobaba la derecha, le chupaba el pezón de la izquierda, que era el que tenía más cerca de mí. Ella entonces me agarró de la cabeza y gimió sonoramente para que Gus la escuchase. Afortunadamente su patio solo se veía desde la casa de los vecinos de al lado, pero estaba todo cerrado, así que era evidente que no había nadie, por lo que no había problema en cuanto a la intimidad. Yo la estuve lamiendo el pezón un rato y sobándole el otro pecho mientras Gus se acercó y la besaba. Ella directamente llevó su mano a la polla de Gus y se la sobó por encima del bañador, que se notaba que ya la tenía casi dura, y se la estuvo sobando hasta que la notó dura, y entonces, yo retiré mi cabeza, y ella tiró del bañador de Gus para abajo dejando su polla al descubierto. Su polla no era ni grande ni pequeña, era bastante normalita, pero la tenía ya totalmente dura. Ella sin levantarse de mis rodillas, se echó para adelante y se la metió en la boca. Empezó a hacerle una mamada a apenas un palmo de mi cara. A mí los hombres no me gustan, pero reconozco que aquella visión me estaba excitando mucho. Después de un rato de chupársela, se la sacó de la boca, y mientras con la mano derecha seguía masturbándole despacio, giró la cara y me besó a mí. Su boca sabía salada. Evidentemente era el sabor del líquido pre seminal de la polla de Gus. No solo no me molestó, sino que me dio tal morbo, que dejé de sobarle las tetas y bajé mi mano a su coñito por dentro del bikini y recorrí toda su rajita con mi dedo corazón. Estaba chorreando ya la muy zorra. Había conseguido tenernos a los dos para ella. Metí mi dedo dentro de su coñito y lo noté ardiendo. Al sentirlo dentro ella dio un gemido en alto A – Ahhh, amor, me ha metido un dedo el cabrón, y lo está moviendo. Ahhh, que placer Metió la mano dentro de mi bañador y empezó a apretarme la polla queriendo sacarla para masturbarme también como hacía con Gus, pero como estaba sentada casi sobre ella, no podía. Se incorporó justo frente a mí, dándome la espalda y con las piernas estiradas, se echó para adelante para volver a chuparle la polla a Gus, ofreciéndome a mí todo su culazo. Agarré la braga del bikini y se la bajé hasta los pies. Al hacerlo pude disfrutar de nuevo de la visión tan extremadamente sensual que ofrecían sus pies subidos en esas sandalias de tacón sin más sujeción que la de la parte delantera del empeine, junto a dedos. Aquello me excitaba muchísimo. Una vez que hice eso, me bajé yo el bañador también hasta los pies, y dejé mi polla al aire, que ya estaba dura como una piedra, y muy babosa de lo cachondo que estaba. Me volví a sentar y restregué bien todo el líquido pre seminal por el glande para facilitar la penetración. Agarré el culo de Adriana, que seguía chupando la polla de Gus, y la bajé sobre mi polla, haciendo que se sentase sobre mí. Se paró lo justo para que yo apuntase la punta en la entrada de su coñito, y sin más dilación, se fue dejando caer poco a poco. A – Ahhhh, mi amor, que polla tiene. Me está destrozando ahí dentro. La siento bien profunda en la tripa G – Sí mi amor, ya la tienes dentro, como me la pedías anoche. Ya tienes tu capricho bien dentro de ti. Yo alucinaba con la conversación que se traían, y me reía por dentro, porque no estaba muy seguro de si estaban haciendo su teatrillo y en realidad eran liberales desde siempre, o realmente ella le había engatusado para que la dejase follar conmigo delante de él. El caso es que ella empezó a follarme restregando su coñito de adelante a atrás recorriendo sobre mis piernas, mientras mi polla entraba y salía de su coñito y Gus seguía con su polla en la boca de Adriana. Ahora gemíamos los tres de gusto. Gus mientras disfrutaba de su mamada, no perdía ojo de cómo ella me follaba y como yo la agarraba de las tetas y le pellizcaba los pezones mientras ella no paraba de emitir sonidos y ronroneos, pero sin sacarse la polla de Gus para nada. Entonces se la sacó, se la agarró con la mano y empezó a masturbarle a buena velocidad mientras aceleró también el ritmo de la follada que me estaba dando. Tras varios minutos así, Gus la avisó de que se iba a correr, y ella apuntó la polla hacia su boca y la abrió, esperando que Gus disparase su carga. Yo me eché hacia un lado para poder verlo bien, y observé con detalle como justo cuando él empezó a gruñir como un perro amenazante y su cuerpo se tensaba, empezó a disparar varios chorros de semen sobre la boca y la cara de su mujer. Aquello debió terminar de rematar a Adriana, que me follaba a toda la velocidad y justo al terminar de correrse Gus, ella empezó con su orgasmo, haciendo que pegase la boca sobre la tripa de su marido para sofocar el grito de placer que estaba dando. Cuando terminó su orgasmo, se quedó parada, pero yo aún no había terminado, así que ahora yo tomé las riendas. Me levanté y la cogí a ella de la cintura, y la llevé contra la mesa, de espaldas y le apoyé el culo sobre ella. Ella abrió bien sus piernas para recibirme, y yo sin esperar apunté mi polla a su coñito y se la volví a meter de un solo golpe. Empecé a follarla agarrándola de las caderas para poder tirar de ella a cada una de mis embestidas, mientras nos mirábamos a los ojos con cara de salvajes. Me acerqué y nos besamos como locos mientras seguía follándola con fuerza y Gus a nuestro lado, nos miraba y se tocaba la polla, que ya se le había quedado flácida. Estuvimos así otro ratillo. Nadie hablaba. Gus estaba como hipnotizado mirándonos, con una cara muy morbosa y Adriana y yo nos mirábamos a los ojos con cara de vicio y admirábamos nuestros cuerpos tensos follándonos con ansia. Aunque ya sabía por las veces anteriores que me podía correr dentro, avisé que me iba a correr ya, y Gus enseguida respondió G – Dale hermano, suéltale tu lechita dentro a mi hembra, que le gusta notarla calentita, ¿verdad mi amor? A – Siiii, dámela dentro, dámela, que yo también me vengo ya Y noté llegar mi orgasmo como una explosión y empecé a soltarle todo mi semen dentro. Reduje el ritmo para disfrutarlo bien y admiraba el espectáculo físico y sexual que era esa mujer, al tiempo que le amasaba las tetas. Al notar mi semen derramarse caliente en su interior ella también alcanzó un nuevo orgasmo y rodeó mi culo con sus piernas atrayéndome con sus pies con fuerza hacia ella, mientras buscaba a su marido para abrazarse a él. Finalmente nos quedamos exhaustos los dos. Ella abrazada a Gus, y yo apoyado sobre la mesa, le besaba suave los pezones y el cuello mientras notaba mi polla aún dentro de su coñito ir perdiendo vigor y empezar a escurrirse fuera. Cogí un poco de papel de cocina que había sobre la mesa y me limpié el pene ya casi flácido, y luego la limpié a ella el coñito. Le di un último lametón y un besito y me senté de nuevo a su lado a tomar el vino que quedaba en mi copa para hidratarme tras el esfuerzo. Nos recompusimos un poco, y nos dispusimos a continuar con la comida. Afortunadamente Gus había retirado la carne de las brasas al ver que nos estábamos liando, y no se había quemado, así que ahora volvió a ponerla y pudimos finalmente comer. La comida fue realmente divertida una vez que ya estábamos relajados y actuábamos sin tabúes ninguno de los tres, y me estuvieron contando que esa no era su primera experiencia liberal. La sobremesa y el resto de la tarde, como ya os podéis imaginar dio mucho juego…. ([email protected])

Autor: Torcuato Categoría: Sexo en Grupo

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Excursión de la universidad

2019-10-28


Ya nos conocíamos hacía algún tiempo, diferentes clases y teníamos también amigos en común, ya nos habíamos coqueteado y habíamos llegado a hacer algunas cosas sin penetración, pero habíamos decidido dejar esas cosas a un lado para conservar la bonita amistad que aún tenemos. Al llegar a la universidad el día de la excursión, alrededor de las 5 de la mañana nos encontramos ya en el grupo de la actividad, nos saludamos sin ningún tipo de malicia, todo marchaba normal (por lo menos de mi parte). Al subir al autobús le dije que fuéramos hasta los últimos asientos, siempre me ha gustado viajar ahí, puedes recostar el asiento sin molestar a nadie atrás de ti, y nadie te está pasando por el lado, aunque claro, tienes la desventaja de estar más cerca del baño y la gente duro ser muy desordenada en esas cosas. Durante el camino todo transcurría normal, hablábamos sobre fotografía y que sitio conocíamos o no de los lugares que visitaríamos en esta excursión, hasta que hablamos sobre lo frio que estaba el aire acondicionado del autobús. Al ser de madrugada casi todos dormían, se escuchaban una que otra conversación pero en su mayoría dormían, ella llevaba unos jeans cortos y una blusa que no la abrigaba mucho así que sacó la toalla que llevaba para el viaje, ya que esta excursión después de visitar lugares históricos y monumentos, terminaría en la playa para ya retornar a la ciudad. Al ella estar con tanto frio y arropada yo no podía ver sus piernas pero le pedí dejar colocar mis manos entre la coyuntura de sus rodillas para calentármelas y de verdad digo, por mi mente no pasó en ningún momento iniciar un coqueteo con ella, hasta que ella me dijo, ponlas más arriba, yo puse mis manos entre sus rodillas y ella me pidió otra vez ponerlas más arriba, entonces ahí se me llenó la cabeza de dudas, recuerdo haber pensado “será que me está pidiendo que la toque? O solo soy yo de pervertido?” y ella me dijo “ponlas ahí señalando con su mirada su entre pierna” como yo aún no estaba seguro de la indirecta (después me sentí tan infantil al no entender desde el principio) solo coloque mis manos a mitad de sus muslos y ella llamándome por mi nombre me dijo “tócame” y entonces comenzamos con el magreo y los besos. Estaba oscuro y la situación era muy excitante, personas alrededor y nadie se daba cuenta de la situación, ella me pedía que fuera más fuerte con la mano que ya estaba sintiendo la humedad de su entre pierna, mientras con la otra mano tocaba sus tetas, así que la complací e hice el intento de meter mi mano entre su pantalón pero le quedaba tan ajustado que se hacía muy difícil, cuando nos dimos cuenta que alguien venía hacia el baño, nos compusimos rápidamente y actuamos natural, desde que la persona entro al baño volvimos a donde estábamos y ya si logré meter mi mano en su pantalón, y sentí tu humedad, su vulva era muy suave, estaba totalmente húmeda, y ella lanzó un pequeño tenido al sentir cuando mi dedo toco sus labios mayores, me quede observando su cara mientras tentaba introducir mi dedo medio en ella, pero quería que ella me lo pidiera, así que solo hacia ademán de introducirlo u volvía a retirarlo, ella me miró y me dijo entre gemidos “mételo” y para mi fue como una orden, al momento de hacerlo ella suspiró profundo como una especia de alivio y placer juntos, yo comencé a jugar con mi dedo dentro de ella mientras buscaba su boca para besarla, y justo ahí salió la persona que había entrado al baño, pero solo la escuchamos, porque no nos importó en esta ocasión si nos veía o no, el calor del momento era muy intenso y ya ni siquiera sentía frío por el aire acondicionado. Ella me sujetaba la mano fuerte por la muñeca y me pidió que introdujera otro dedo, lo cual con mucho guato hice y ya se escuchaba el sonar de la fricción de mis dedos entrando en su vagina. Yo estaba tan caliente que quería desnudarla y penetrarla ahí mismo, pero era algo que no podíamos hacer, y por desgracia ya comenzaban nuestros compañeros a despertar por la claridad que el sol y ya se iluminaba por completo el autobús. Ella y yo seguimos el magreo disimuladamente bajo su toalla pero ya era más incómodo porque nos interrumpían demasiado, después de cómo hora y media de camino llegamos a la primera parada que era un restaurant en la autopista, para que compraran comida o alguna otra cosa antes de continuar el viaje… ella y yo nos quedamos en los asientos y notamos que estábamos prácticamente solos en el autobús, y volvimos a la acción nuevamente, yo le pedí que me hiciera un poco de sexo oral y saque mi miembro, pero ella no quería hacérmelo en ese momento, (después me dijo que le encantaba verme desesperado) y pese a mis insistencias solo me masturbo un poco, ya al poco rato regresaron al autobús y seguimos el camino. Ya todos estaban más despiertos, habían comido algo y pidieron al chofer música y algunos hasta bailaban, nosotros seguíamos hablando de cosas triviales pero yo más que nada pensaba en como podíamos hacer para poder coger durante el viaje y pensé en los lugares que visitaríamos, pero no se me ocurrió algo discreto, hicimos la siguiente parada y solo tomamos fotos, no encontré ningún lugar que no fuera obvio lo que haría una pareja que entrara por ahí así que no pudimos hacer nada ahí, después durante la segunda parada si era un lugar más amplio y nos fuimos lejos del grupo, igual nos tomamos fotos, pero solo pudimos besarnos y magrearnos un poco, el lugar era una plaza pública y habían niños y más personas corriendo y caminando por el lugar. Ya en el autobús de nuevo fui directo con ella, le dije que quería cogérmela y que estaba desesperado, y ella sonreía y me dijo que estuviera tranquilo, que veríamos que podíamos hacer. Luego que nos marchamos en el autobús todo fue tranquilo, ya era lleno día y todos cantaban y estaba bastante alborotado todo. Terminamos las visitas a los puntos pautados y ya nos dirigíamos a la playa y ahí estaba mi me te volando, pensando en cómo podía cogérmela en la playa disimuladamente con todos ahí, lamentablemente al llegar allá estaba abarrotada de personas, toda la excursión se lamentó que al fin y al cabo, no podríamos disfrutar bien, pero encontramos un ladito donde podíamos meternos al agua el grupo y ahí solo pude magrearme otra vez con ella poder meterle los dedos otra vez, ella se veía que lo disfrutara pero entre tanto tumulto era algo obvio lo que hacíamos, así que decidimos solo nadar un poco y esperar a volver al autobús ya que el regreso seria de noche. Después que comimos, nos bañamos en un baño público y veníamos de regreso, todo fue más que un caos, pusieron música en el camino y todos bailaban y bebían, pensé que sería imposible lograr hacer algo con ella ahí, pero al poco rato se fueron cansando y todos iban quedando dormidos, ahí aprovechamos y volvimos a la acción y le pedí de nuevo que me hiciera un poco de sexo oral, a lo que ella me respondió que solo si lograba hacerla llegar al orgasmo, puse manos a la obra (literalmente) y ella se retorcía de placer, me sujetaba fuerte de la muñeca y susurraba entre gemidos “ahí, si, si, sigue”, yo sentía toda su humedad en mi mano derecha y me encantaba, ella trataba de ahogar sus gemidos, mordía su toalla, me agarraba el cabello desde mi nuca fuertemente, y hacia movimientos como de querer montar mi mano, yo la miraba fijo a los ojos, y cuando ella encontraba mi mirada con sus expresiones de placer me dejaba saber lo bien que la estaba pasando, la bese, ella me beso muy apasionadamente y sus gemidos ahogados eran música para mis oídos, pero por desgracia nos interrumpían, alguien que quería ir al baño o alguien que encendía una luz, y por más que trate, aunque si ella pasó su buen rato disfrutando, no logré que me hiciera sexo oral, por lo menos no en esa ocasión, pero ya eso es historia para otro momento.

Autor: Mr. Mer Categoría: Infidelidad

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La escritora (4)

2019-10-28


Ya de madrugada mi madre me despierta con un beso y me pide que me vaya levantando. Recomiendo leer el: Relato Anterior Ya llegamos a la casa, y para mi asombro escucho ruidos extraños, como de animales. Mi madre se alegra y entonces me explica, mientras nos dirigimos a unas cuadras que hay en la parte de atrás de la casa que ha pedido a Cipriano que nos traiga algunos animales de granja para entretenerlos mientras estamos aquí. Una vez en la nave, enciende la luz y podemos ver que hay gallinas al fondo, un par de cabras en una pared cercadas por un muro de media altura y en frente descubrimos una burrita. Mi madre entra en la habitación donde está y se pone a acariciarla, invitándome ha hacerlo, aunque a mi me da bastante reparo, por si se no le gusto y me da una coz. Por lo visto es muy mansa, así que concierto temor me acerco y lo compruebo por mí mismo. Ya verás, nos comeremos los huevos de las gallinas y ordeñaremos a las cabras por la mañana, y esta burrita nos puede pasear por el campo, se ve que está bien cuidada. Este Cipriano es un sol, no ha puesto ninguna pega y ha cumplido a la perfección. A mi lo que me llama poderosamente la atención es la vagina de la burrita, la tiene toda negra, aunque descubro que también parece estar como mojada, a lo mejor es de haber hecho pis pienso. En mi mente surge una idea, “¿y si probase a copular con la burrita?”. Pero inmediatamente me surge la duda sobre cómo reaccionará el animal ante estos tocamientos, tendré que ser cauteloso cuando lo intente. Tras el largo día estamos cansados así que cenamos y nos vamos a la cama temprano sin ver la tele, por lo visto también habrá que madrugar mañana para echarle de comer a los animales y seguir encalando. Ya de madrugada mi madre me despierta con un beso y me pide que me vaya levantando. Ella me espera preparando el desayuno en la cocina. De nuevo tostadas con aceite, pero me gusta el menú, hoy además a incluido jamón, con lo que las tostadas saben aún mejor. Vamos a la nave de los animales y barremos a las gallinas, cabras y burra, después les echamos agua y comida en sus respectivos recipientes. Luego la diversión comienza cuando intentamos ordeñar a las cabras. Otra faceta que desconocía de la madre rural que tengo es que sabe hacerlo, y muy bien, después descubro que el tema no es tan fácil y que hay que estrujarles bien las tetas para que suelten cada chorrito de leche por lo que termina haciéndolo ella. Mientras sujeto a la cabra, observo también su vagina y me pregunto si no serán otras dos candidatas para una relación zoofílica. Bien pensado son más manejables que la burrita y menos peligrosas. Aunque me da un poco de asco, pero lo cierto es que la excitación que me produce el pensar en estrenar mi pollita aunque sea en una vagina del mundo animal puede vencer cualquier reparo inicial ante tal acto. Sólo pienso en la ocasión propicia para iniciar mis prácticas sexuales, aunque va ser difícil pues mi madre está siempre a mi lado. Hoy toca pintar el salón de la casa, aunque técnicamente aquello sólo es parecido a un salón, pues apenas tiene una vitrina para guardar los platos y las copas y una mesa cuadrada con cuatro sillas a su alrededor. todos los muebles son de estilo provenzal, de pura y maciza madera y las paredes tienen colgados utensilios del campo, junto con una especie del candiles y objetos de bronce. Sin duda todo muy típico, todo muy de campo. El techo está cruzado por vigas de madera que por supuesto también habrá que pintar, aunque no está muy alto por lo que no nos será muy difícil el hacerlo. De nuevo sujeto la escalera y de nuevo puedo observar las braguitas de mi mamá subida a los peldaños superiores de la misma mientras pinta las vigas. Hoy son de un tono rosado, yo diría que de algodón. Al ser más temprano que ayer no estamos sudando tanto, lo que también observo en su ropa íntima que no está manchada como ayer. Hemos decidido turnamos pues pintar vigas es cansado y ella me pide que la releve, sujetándome la escalera a mí. Así la mañana transcurre sin nada de particular, más tarde almorzamos y a diferencia de ayer estamos cansados y sólo nos apetece echarnos la siesta tranquilamente en nuestras habitaciones. La verdad es que apenas he tenido con media hora de sueño, lo suficiente para reponer fuerzas y recuperarme del sopor post-almuerzo. Pero apenas he podido dormirme, pensando en escabullirme mientras mi madre echa la siesta para visitar a mis animalitos de granja. De este modo echo un vistazo al cuarto de mi madre, oyéndola respirar en profundo sueño desde la puerta. Así que nervioso y excitado me apresuro a salir de la casa, al principio sin hacer ruido para que la durmiente no despierte y una vez fuera casi corriendo hacia la parte de atrás del cortijo. Al entrar en la nave el calor es considerable, pero nada me va a detener. Paso al corral donde están las cabras y cierro la puerta tras de mí. Con tacto me acerco a ellas y comienzo a acariciarlas por el lomo para tranquilizarlas. Cojo el banco de ordeñar y me siento detrás de la que parece mas vieja, entonces pruebo a ordenarla un poco, acariciando sus ubres suavemente y piellizcándole los pezones después, consiguiendo apenas unas gotitas de leche. Con la cola se tapa su vagina así que se la levanto suavemente para verla. Ahora que me fijo, su vagina es pequeña, no sé si me va a caber el pene en ella, pero tengo que probar. Así que comienzo a frotársela con los dedos para que lubrique, tal como he leído en los libros de sexología del colegio, también le escupo para que con la saliva resbalen mejor mis dedos. Pero cuando comienzo a introducirle el índice el animal protesta e intenta zafarse de mi. Yo la retengo contra su voluntad y mientras la sujeto con una mano la penetro con la otra. Parece que la cosa funciona y está suave para recibir mi pene. Yo hace rato que estoy muy excitado, así que la libero un momento mientras me quito las bermudas. Luego la persigo por el corral y la arrincono en una esquina, cogiéndola desde detrás intento penetrarla si éxito. El animal bala y protesta, esto me inquieta, pues mi madre podría oírlo, pero creo que la distancia que nos separa es suficiente. Apenas consigo introducirle la punta del glande y para colmo el bicho se agacha dificultándome más la penetración. Finalmente sudoroso desisto, y con la excitación que tengo termino con mi mano lo empezado, corriéndome como pocas veces lo he conseguido. Mi leche salpica a la cabra, esta es mi venganza por su reticencia a mis deseos, mañana nos volveremos a ver las caras. Antes de salir me llama la atención la burrita, deciendo entrar a “saludarla”. La acaricio por el lomo y la cabeza y ella no se inmuta, continúa comiendo paja. Entonces decido atreverme a tocarle sus parte íntimas, separándome de sus patas para evitar una posible coz. Apenas la rozo, pero ella no se inmuta, así que le toco el chocho sin miramientos, cosa que tampoco la altera. Creo que me he equivocado de animal, mañana esta burrita y yo practicaremos sexo, hasta me permito introducirle un dedo y dos en su negro chocho animal sin que esta muestre reticencias. Mi ropa huele a cabra, decido entrar a la casa y darme una ducha, por suerte mi madre aún no ha despertado. Saludos cordiales. ([email protected])

Autor: Zorro Blanco Categoría: Incesto

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Hagas lo que hagas sin bragas

2019-10-28


Viene de golpe. Poderosa. Fulminante. Desde el entre muslo hacia el ombligo. Y estremece todo mi cuerpo como una campaña cimbreando. Mi taconeo rítmico y concienzudo siempre atrae oídos y luego miradas en cada fiesta VIP que me invitan. Luego se antepone el brillo de mi conjunto y el rojo pasión de mis labios. Ese carmín L´Oreal que parece gritar sexo. Después viene lo mejor. Mi belleza facial natural que siempre me convierte en el centro de las miradas y en el alma de la noche. Mis cejas marcadas y arqueadas. Mis ojos negros y enigmáticos. Mi silueta trabajada en el gimnasio con duras sesiones diarias. Mi cadera avispada que se contonea al mismo tiempo que las miradas que hipnotizan al paso. Se llama clase. Saber ser elegante con un toque de puta y una pizca de "soy la mejor". Así se debe sentir una chica. Y si un tío pedorro se burla o se ríe de ti, patadón en los cojones y para urgencias. No solo valgo yo. VALEMOS TODAS. Estemos estudiando, meando en el váter o zorreando desde la mesa de un bar. DIVINA LAS 24 HORAS DEL DÍA. Y si te bajan las bragas mucho mejor. Las bragas están para dos cosas: el tampax y seducir, el resto del día con el coño al aire, que para eso le dedicamos horas al día para tenerlo precioso. Es como un catalizador de pollas. Lo enseñas y ya hay 5 pollas duras delante. ESO ES PODER. Y cuando eres la sensación de la fiesta, empieza el zorreo y el cortejo de miradas, cruce de piernas y miradas fugaces. No enseñes. Insinúa. No seas directa. Disfruta de tu poderío. Y nunca te arrodilles frente a un maromo para una mamada. Tu siempre de pie, controlando y disfrutando la primera. Que él se queja? Alégrate. Que él eyacula? Eyacula con él y goza como te mereces. Se puede ser feminista y una perra en la cama. Y finalmente viene el clímax de la noche. Sexo, sexo y más que sexo. Tú decides quién eyacula y quién no. Aquí manda tu coño. Que deseas a dos de ellos dándose por culo? Ten por seguro que lo harán a cambio luego de un trio contigo. Que no lo harás, pero es divertido engañarles y que babean por una. Y lo más importante. Cada polla tiene un Instagram o un Facebook que se convertirá en tu esclavo para que hagan lo que tú desees. Es lo que tiene poseer el poder y ser buenorra. En una bacanal puedes conseguir nuevos followers que correrán la voz igual que se corrieron contigo, y van pasando tu nombre de boca en boca y tus fotos de móvil en móvil. Y al final eres la reina de internet, de la noche urbana y la puta más deseada. En eso consiste todo. Ellos se corren a gusto y se convierten en zombies babosos que harán por ti lo que tú exijas y digas. No se trata de ser la más sino lo más. Yo soy joven, fértil, atlética, muy guarra y con ganas de vivir nuevas experiencias. Hay que sentirte viva y muy puta, que no es malo. Cuando voy meneando el culo por el campus y todos salivan al paso, eso es CONTROL y PODER, y verás la satisfacción que sientes, de ser tú el único faro de la bahía que guía los barcos de la zona. No dudes. Actúa. No preguntes. Hazlo. No folles una vez. Hazlo cuatro. Que somos diosas griegas mitológicas y con unas medias Calzedonia bordadas y unas braguitas de encaje lo tienes todo a tus pies, y ya sabes, lo que tengas a tus pies písalo. Todo se puede sustituir. Todo tiene su ahora y su después. Tú eres la que propone y dispone. Todo cambia cuando alcanzas tres orgasmos y tienes otras 8 pollas esperándote en fila. Siempre tendrás 3 o 4 noches semanales así. Que se enoja uno? Punto y partido.

Autor: Ana Etxeberria Categoría: Confesiones

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