Relatos Eróticos de Zoofilia


¡PRUEBA LA NUEVA WEB: EROTISMOSINTABÚ!


Guillermo.

2021-12-26


No sé como comenzar con este relato, ya que es una historia que me contó un querido lector, una experiencia personal de él y yo no tengo la experticia sobre este genero de relatos, espero estar a la altura y satisfacer vuestras expectativas, vamos con el relato: He vivido muchas experiencias de vida, pero esta es la primera vez que me sucede cosas de las que estoy por recontarles, he leído algunas historias de zoofilia, me llama la atención ese tipo de relatos, pero jamás pensé que algún día me encontraría a probar cosas así extremas, de siempre que amo los animales, pero no pensé que pudiesen ser parejas sexuales, debo confesar que hoy en día he tenido encuentros con perros, asnos y caballos, experiencias muy positivas y placenteras. Con esto de la pandemia me encontraba en un estado de agotamiento nervioso y me fue recomendado de alejarme de la ciudad y buscar algún sitio tranquilo donde recomponer mi estado anímico y psicológico, por lo que un amigo me llevo a una gran parcela en la periferia de Santiago, a cerca cuarenta y cinco minutos se encuentra una localidad apacible de nombre Pirque, famosa por ser sede de las mejores vitivinícolas de Chile. Mi amigo me dejo en un sitio encantador de su propiedad, estaba a cargo de don Guillermo, un hombre de más de cuarenta años bastante simpático, mi amigo dijo que era un hombre de fiar y que él se haría cargo de mí, en los alrededores de la propiedad no había nada, solo otras parcelas con muy poca gente, para beber algo había que ir al pueblo cercano, no había nada que pudiese comparar con la inmensa y alocada urbe que es Santiago u otros sitios turísticos de mar o montaña. Mi amigo me dejo ahí y me dijo que en cualquier momento yo necesitara, él vendría a buscarme y me llevaría de regreso a la ciudad, yo me sentía un poco extraña, nunca había estado en sitios tan solitarios, pero como todo era en favor de mi estado de salud mental, terminé por aceptar esta especie de confinamiento obligado, al menos aquí había aire puro y según mi amigo don Guillermo era un excelente cocinero campestre. Don Guillermo era viudo, un avezado campesino experto en cuidar tierras y cultivos tenía a cargo las veinte hectáreas de viñedos selectos de donde se sacaban los mejores mostos de Cabernet Sauvignon, tenía además, dos perros pastores alemanes, dos caballos y un asno, aparte de gallinas, pollos y conejos. En el sector todos eran más o menos de la misma situación que don Guillermo, no había jóvenes chicas ni chicos, solo algunas viudas y viudos de media edad, nunca me había encontrado en un sitio como este, un silencio sepulcral y sin anima viva por los alrededores, lugar especial donde reflexionar y cargarse de nuevas fuerzas. Como dije anteriormente, don Guillermo era un hombre muy simpático y pronto a lanzar comentarios chistosos, o por lo menos a mí me parecían así, un humor campesino, inocente y sin mala intención, otra cosa que me llamó la atención es que el hombre me miraba intensamente de arriba abajo, como si nunca hubiese visto una como yo, cual si fuera una extraterrestre, además, que siendo verano, me vestía como lo hago en ciudad donde nadie me mira, mi jeans eran muy cortos que dejaban a la vista el inicio de mis glúteos, una remera con cuello bastante amplia y sin mangas, la que dejaba entrever mí sostén de satín rojo, con una chalas de cuero y metal amarrados en mis pantorrillas, me había maquillado bien esta mañana y mi atuendo terminaba con un sombrero y lentes del sol bien obscuros, le llamaba la atención a este hombre no acostumbrado a ver un cuerpo femeninos ataviado con estas prendas llamativas para él. Mi amigo se despidió de mi y de don Guillermo dejándome sola, según él en optimas manos, el celular no tenía señal, pero la casa contaba con un vetusto teléfono negro, de esos de un tiempo, don Guillermo continuaba a fijarme con esos ojos inquisitivos, a veces a escondidas sin que yo me diera cuenta. Me llevo a recorrer las cercanías de la propiedad, me presento a sus perros, Goliath y Oso, me puso nerviosa su miranda insistente, me comencé a sentir inquieta y también un poco temerosa, no es que pensara que estaba delante a un loco psicopático o peligroso, pero había algo que me mantenía alerta. Después de cenar una exquisita comida casera, don Guillermo me acompaño a mi cuarto, me acosté un poco cansada de la jornada ardua que había tenido, pero no logré conciliar sueño, me desvelé, el silencio era absoluto, uno que otro ladrido en la lejanía, como si el mundo hubiese detenido su marcha. No es como Santiago que a cada rato se escuchan bocinazos, ruidos de motores, ruidos de ciudad y hasta disparos, me dedique a observar mi cuarto, mi cama era de fierro batido, el colchón rechinaba un poco, se notaba que había sido pintada de hace poco, los ventanales amplios y obscuros, no sé porque me imaginé a don Guillermo caminando por el pasillo arrastrando cadenas y con un hacha y un afilado cuchillo acechándome a mi puerta, se me puso la piel de gallina, temblaba asustada y maldecía el momento en que acepte de quedarme en este lúgubre lugar sola. Eran pasada las tres de la madrugada y yo todavía no conseguía dormir, este lugar tétrico y llenos de misterios me estaba aterrorizando, luego me cubrí hasta la cara, unos sonidos de pasos se sintieron en el pasillo, puse mucha atención, no quería equivocarme, me levanté y agarré una silla pronta a defenderme de cualquier atacante, la manilla de la puerta comenzó a girar, mi corazón latía desbocado y casi escapaba de mi pecho de miedo, a la tenue luz de la luna que se filtraba por la ventana, logré darme cuenta de que era don Guillermo. Él me hablo con una tranquilidad única: —¿Te asusté? … ¡Perdóname si lo hice … no era esa mi intención! … ¡No sé porque me imaginé que estabas todavía despierta! … —¿Despierta yo? … ¡Por el amor de Dios … si casi me haces venir un infarto! … blanquísimos dientes mostraron la afable sonrisa de don Guillermo, yo por el contrario estaba todavía temblando: —¡No entiendo que es lo que encuentras tan divertido! … La cara de don Guillermo cambio inmediatamente y se puso serio, después me explico que aquí no había ningún peligro, él conocía a todos los lugareños y no había ningún loco criminal entre ellos, sus palabras me tranquilizaron, pero como él ya estaba allí y no podía dormir al igual que yo, le pedí mi hiciera un poco de compañía, él accedió inmediatamente, luego tomando un poco más de confianza me hizo algunos cumplidos por mi belleza, diciendo que no habían mujeres tan hermosas como yo, admiró mi femineidad, mi elegancia y sofisticación, le sonreí con la mejor de mis sonrisas. Todos los miedos desconfianzas desaparecieron por completo, nos pusimos a conversar animadamente, entre sus muchas alabanzas y adulaciones, como un verdadero caballero de otros tiempos, él me pidió si podía tocarme, yo me hice adelante y le dije que sí, lo hice sentarse a mi lado sobre la cama, tomé su gruesa y ruda mano guiándosela a la exploración de mi cuerpo, acompañe su mano a mis tetas y la oprimí sobre mis pezones, luego la empuje a mi vientre, después a mis muslos, luego mi entrepierna, para terminar sobre mi verga que se había comenzado a endurecer. Don Guillermo no se sobresaltó ni siquiera un poco, se dejó guiar por mi, me miraba derecho a los ojos, su mirada era muy tierna, poco a poco deslizó mi slip hacia abajo y aferró decidido mi pija enhiesta, comenzando a moverlo arriba y abajo, me estaba masturbando con pasión y ternura: —¡Sí! … ¡Jálamelo así … despacito! … Me acomodé un poco y le baje sus pantalones y boxers, su verga estaba durísima, además, el hombre era un super dotado, su verga era grandiosa, larga, gruesa y nudosa, llena de venas, la polla más hermosa que haya visto en vida mía, nos estábamos masturbando el uno al otro, mis delicadas manos esmaltadas de un color brillante, contrastaban con sus manos callosas, me incliné un poco hacía él para hacerle sentir mis tetas, luego el volvió su rostro hacia mí y yo deposité en sus labios un apasionado beso, invadiendo su boca con mi lengua, el hombre comenzó a correrse a borbotones en mi mano, cosa que causo que mi pene explotara con una inmensa cantidad de esperma, jamás me había corrido así tan copiosamente, yo continuaba a besar sus labios con pasión, luego nos separamos y yo mezclé mi esperma con el suyo y me lo llevé a la boca, hubiese sido una pena desperdiciar todo ese exquisito semen, esa noche él se fue a su cuarto y yo pude al fin adormecerme. A la mañana siguiente, don Guillermo me esperaba con un desayuno frugal, huevos con tocino con lonjas de pan amasado recientemente, también había jugo de frutas, una fuente con manzanas frescas y otra fuentes con cuadritos de melón y sandía, el hombre había cruzado el umbral de una forma diferente de sexo y le había gustado, me hizo acomodar en la silla y no dejaba de alabarme y darme las gracias por lo de anoche, quizás desde cuando que el pobre hombre no tenía sexo con nadie y yo le había remecido sus hormonas adormecidas, pero con un sexo nuevo para él. Don Guillermo me habló de todo lo concerniente a la propiedad, los cultivos, los años que había estado con el padre de mi amigo, entre toda su chachara interminable, no paraba de abrazarme, acariciarme y besarme como un loco enamorado, parecíamos una pareja de recién casados, me ofrecí a lavarle los platos mientras él se iba a efectuar otros trabajos en la parcela, me hizo levantarme, me apretó en sus fuertes brazos y me beso sujetando con ambas manos mi culito, la fuerza de sus brazos y el olor a sudor de macho que emanaba me tenía loca, mientras él se iba al campo, yo me quedé a asear la casa y luego me fui a la cocina a cocinar algo para mi hombre. Después por la tarde, mientras degustábamos un tinto de la casa, don Guillermo me dijo que le gustaría hacerme el amor, yo no esperaba nada más, así que le dije que sí, nos retiramos a su cuarto, para mí también tenía algo de novedoso hacer el amor con un hombre de media edad, él parecía un enamorado apasionado, me beso y acarició por todas partes, me lleno de frases y palabras bonitas, me dijo que me amaba, el me desvistió casi por completo, me dejo solo mi sostén y mis pequeñas bragas, mi polla casi escapaba por el borde, su cama matrimonial nos permitía estar bastante cómodos, nos besamos apasionadamente por varios minutos, yo aferré su verga y comencé a masturbarlo, él me acariciaba mi pene por sobre mi tanga, estábamos ambos muy excitados, yo quería que me penetrara, pero él lo hacía un poco torpemente. Lo calmé por un poco, me gustaba sentir sus manos callosas y ásperas en mi delicada piel, me recosté boca abajo, pero él tenía mucha prisa en poseerme, abrí mis piernas y mis nalgas, él se coloco en medio a mis glúteos, yo tomé su pene y lo guié a mi orificio anal, él empujo un poco violentamente y me hizo daño, el pene rozo mi culito y salió disparado, le dije de calmarse, luego con dulces palabras, volví a enfilar su polla en mi culo, esta vez su verga dura y nudosa se deslizo dentro de mí, cerré mis ojos y suspire de placer sintiendo que su pija se hundía en mi culo hasta las peludas bolas. Sin mediar más palabras, él comenzó a follar mi trasero apretando mis tetas y besando mi cuello, poco a poco incrementando su velocidad, al parecer tenía más resistencia que la noche pasada en que se corrió muy rápido, me estaba cogiendo con maestría declarándome su amor con románticas palabras que nunca jamás otro hombre me dijo, evidentemente era un amante enamorado, todos los recuerdos adormecidos le venían a la mente y me los expresaba con besos y caricias, además de fuertes arremetidas con su verga nudosa y dura. Me estaba haciendo gozar con tanto ímpetu y pasión, era muy placentero su verga inmensa que se movía dentro y fuera de mi ano rugoso y abierto, no podría decir que es el hombre que más me ha hecho gozar, muchas pijas han pasado dentro mi culito, pero él es el único hombre que me ha llenado de frases de amor y ternura mientras me rompía el culo esa noche de fuego. Por primera vez me hizo sentir una mujer entera, una hembra como nunca me sentí en tantas cogidas hechas con anterioridad, me sentía mujer hasta la medula, mi espíritu entero era mujer, como pude me entregué a él como novia, esposa y puta, lo tenía merecido, me enamoré de este hombre rudo y gentil, quizás no lo crean pero me pidió de casarme con él, de hacía poco habían aprobado la ley de matrimonio aquí en Chile, en un primer momento lo pensé, pero luego lo descarté, no podía permanecer en este lugar para siempre, no pertenezco a este entorno y no quiero causar daño a Guillermo, yo soy animal de ciudad, no resistiría mucho tiempo junto a él. Pasaron los días y continuábamos más enamorados que nunca, hacíamos el amor varias veces en el día, después de unos diez días, Guillermo comenzó a comportarse un poco diferente, seguía dulce, premuroso y gentil, pero me sorprendió cuando me preguntó si podría hacer el amor con alguno de sus animales, en un primer momento quedé consternada, pero la innata depravación en mi pudo más y le respondí que quizás podría ser excitante, esa misma noche Guillermo entró los perros a la casa y luego los condujo a su dormitorio. A la luz de las velas, los dos perros saltaban por todos lados, ignaros de lo que pensábamos hacer con ellos, tanto Goliath como Oso estaban alborotados, esta es mi primera vez con animales y no tenía la más puta idea de lo que harían o me harían, estaba solo preocupada y titubeante, Guillermo en cambio estaba super excitado, se diría que casi se le caía la baba por la desmesurada excitación de verme follada por esos dos inmensos perros, él logró calmarlos, los perros estaban adiestrados y no fue difícil comandarlos, Guillermo me hizo señas para que me metiera sobre la cama, estaba casi desnuda, solo mi pequeña tanga cubría mi pene que se endurecía poco a poco, el hombre hizo que me metiera a cuatro patas sobre la cama en la que me cogió por vez primera, Goliath me miraba atentamente, él lo tenía agarrado por el grueso collar. Guillermo me dijo que me pusiera con la rodillas bien abiertas, luego acerco al perro para que olfateara mi trasero, este acerco su hocico y su pelaje me hizo cosquillas, luego sentí su húmeda lengua barrenar mi culo de arriba abajo, después de un rato Goliath intento montarme y penetrarme sin lograrlo, Guillermo se agachó tomando el pene del perro lo apunto a mi ano e hizo entrar la puntita, el perro empujo salvajemente y sentí como mi culo se ensanchaba para darle paso a esa enorme verga, lo sentía rico inflarse dentro mis entrañas, yo estaba gozando pero Guillermo estaba en el paraíso, su cara era de loco pervertido e incitaba al perro a hacerme gozar como una puta, me llamada con todos los adjetivos que se le venían a la cabeza, puta, ramera, cachera, perra caliente, no hubo ninguna palabra de amor esta vez, no puedo negar que me estaba divirtiendo y gozando lujuriosamente, no había nunca probado una pija semejante, Guillermo se masturbaba a toda fuerza a mi lado, luego acercó al otro perro y me dijo que le tocara la verga y se lo chupase, él mismo acercó a Oso, después de acariciarlo me incliné a besar esa pija que goteaba, él se corrió como un grifo en mi espalda y cabellos, también yo me masturbe magreando mi propio pene, Goliath me tenía empalada con su verga en la profundidad de mi culo, Oso me regalaba su caldo caliente en mi boca, mientras mi espesa esperma salpicaba las sábanas de Guillermo. Me fui a mi cuarto y pase el resto de la noche masturbándome con las imágenes de los perros y sus magnificas vergas, a la mañana siguiente me dolía mi pija después de tanta actividad, estaba viviendo experiencias únicas al mundo, me excitaba pensar a las nuevas guarrerías que este hombre pudiera imaginar para nuestra lujuria y placer, con ansias esperaba el nuevo día. La jornada paso lenta y plácidamente a diferencia de las anteriores, esa tarde estaba convertida en un atado de nervios en esta espera espasmódica en la que me llevaba Guillermo con sus locuras, el hombre parecía haber regresado a la gentileza de los primeros días, me besaba y acariciaba mis largos cabellos, me tocaba y susurraba palabras de amor, parecía haber desaparecido el loco maniático sexual de las tardes precedentes. Comencé a preguntarme si había hecho mal en mostrarle este camino a lo prohibido del sexo diferente, cosa que él no conocía hasta cuando no se encontró conmigo, en esos días vi muy poca gente, solo un par de hombres vinieron a pedirle lagunas herramientas a Guillermo, también una mujer anciana vino a vender algunas cosas y después no vi a nadie más hasta el día en que me fui. Cuando me levanté esa mañana, Guillermo se encontraba en grupa a su tractor arando el terreno, luego se fue al granero a limpiar la caballeriza, me junté con él ahí cuando le llevé un vaso de jugo de frutas, él estaba cepillando uno de los caballos, vino cerca de mí y comenzó a tocarme, me beso en los labios y me preguntó si me atrevería a hacerlo con un caballo, le respondí si por caso había estado mucho rato al sol y se le había fundido el coco, cómo se le podían ocurrir ciertas cosas, claro que al mirar el pene flácido del caballo que estaba cepillando algo sucedió en mi que me hizo excitar, el agarró mi pene, me dijo lo hermosa que estaba, acaricio mis nalgas y metió un dedo cerca de mi culo, me besaba y me decía procacidades inimaginables y mi vista más se fijaba en la gruesa pija del caballo. Termine accediendo a probar la verga del caballo, él se comprometió a cuidar de mi para no resultar dañada, había leído que más de alguna muchacha había tenido que recibir puntos de sutura en sus vaginas, luego de haber tenido relaciones con un caballo y yo no quería terminar en algún descuidado hospital de periferia con mi culo roto, me aseguró que él cuidaría de mi y que los caballos eran mansuetos y fáciles de manejar, se enfurecían solo si los molestabas mientras comían o cuando se les intentaba montar, por lo demás se dejaban hacer casi cualquier cosa. Entre tantas perplejidades, me decidí a realizar este procaz sueño de Guillermo, quizás más tarde podría graficarlo en algún relato a escribir, esa tarde me puse un calzado con tacos, unas medias de red negras, una tanga y sostén del mismo color, luego me envolví en un exótico y erótico pareo rojo, Guillermo se quedó sin habla cuando me vio aparecer, me había ligado mis largos cabellos a cola de caballo, eran cerca de las nueve de la noche, no había anima viva en circulación, en estos lugares todos se van a dormir junto con las gallinas. Guillermo había preparado unos fardos de alfalfa bajo la panza del caballo, yo estaba nerviosa de que pudiese darme alguna patada, pero el animal estaba extrañamente tranquilo, casi dopado, Guillermo cubrió los fardos con mantas y me hizo recostar boca arriba, la panza del caballo estaba a pocos centímetros de mi rostro, me sentía muy excitada sintiendo el olor agrio del sexo del caballo, mi lengua remojaba mis labios una y otra vez en espera de poder chupar la inmensa y ardorosa pija del animal, era una situación nueva para mí y me gustaba. Guillermo hizo mover al animal de algunos pasos en modo que el largo y grueso pene me quedara a la altura de mi boca, no pude retenerme y se lo toqué con mis delicadas manos, el caballo reaccionó con una especie de placenteros tiritones, era tan grande y tan grueso que a mala pena podía manejarlo con mis dos manos, era una verga oscura con manchas rosadas, Guillermo me insinuó de chuparlo y lamerlo, mi lengua humedeció los flancos de esa asta palpitante de verga equina, jamás había tenido una polla así de grande cerca de mi boca, inicié a lamerlo dulcemente, deslizando mi lengua todo el largo de ese miembro tieso, Guillermo con una mano sujetaba las riendas y con la otra masturbaba su espléndido pene, después de un rato se me paso el miedo y comencé a disfrutar de este glorioso y gigantesco miembro equino, tentando incluso lo imposible, metérmelo en la boca, pero era demasiado grande y no pude hacer entrar esa gruesa cabezota más allá de mis labios, entonces procedí a masturbarlo y a masturbarme yo también, ,e encontraba en una especie de paraíso sintiendo todas esas sensaciones nuevas. Estaba restregando la enorme cabezota en medio de mis senos, mientras mi lengua viajaba por toda la longitud de ese ariete, Guillermo otra vez había comenzado a insultarme con palabrotas suyas: —¡Eres una perra caliente! … ¡Una maldita puta chupadora de vergas de caballo! … ¡Mira como te gusta y saboreas esa pija! … ¡Métetela más en medios a tus tetas, cariñito! … ¡Te amo putita mía! … Sus palabras retumbaban en el silencio de la caballeriza, él se acercó más a mí al momento de explotar y me lleno las tetas de esperma tibio, al mismo tiempo yo me corrí apuntando mi pene hacia sus piernas y lo embadurné con mi propio semen, el caballo parecía tranquilo, pero dio unos relinchos y luego una marea blanca comenzó a bañar mis pechos, vientre, cuello y todo mi cuerpo, el caballo me bañaba toda entera en su esperma blanquizco, luego se quedó tranquilo, era la primera vez que me bañaban completamente en litros de esperma, sentí como mi pene pulsaba y me corrí una segunda vez, nunca antes me había sucedido. Guillermo me instaba a abrir mi boca y beberme ese esperma, pero era demasiado para mí, mi cuerpo estaba temblando, me estremecía de placer, quedé aturdida bajo el caballo, quise levantarme pero no pude, el hombre me dio una mano y me ayudó a levantarme, me beso en los labios y apretó mis glúteos, me dijo que me había comportado magníficamente, yo lo único que deseaba era ir a darme una ducha caliente y sacarme de encima toda esa lefa pegajosa, me acompaño al baño y juntos nos metimos en la vasca, el hombre tenía su verga dura como el acero, el se sentó en la bañera, luego me acompaño dulcemente sobre su pija y me ensarto, su manos se fue a mis huevos y muy pronto me masturbaba haciendo espumita en la superficie del agua, me besaba el cuello y mordía mis lóbulos, muy rápidamente me hizo eyacular, luego aferró mis tetas y comenzó a meterme su pija con fuerza y rapidez hasta que lleno mi recto con su propia eyaculación, no quedamos casi sin fuerzas en brazos el uno del otro, de vez en cuando Guillermo me besaba en los labios y luego susurraba en mis oídos cuanto me amaba. La semana entera nos dedicamos a amarnos en todos los rincones de la hacienda, pero había llegado el momento de partir, este hombre me había cargado de energías nuevas, mi culo y mi pene estaban muy sensibles debido al continuo uso y abuso de ellos, pero me sentía feliz, estaba reticente a regresar a la movimentada ciudad, pero había trabajo que hacer y somos todos esclavos del tiempo, la experiencias que Guillermo me había proporcionado eran únicas y la excitación infinita, nunca había eyaculado tanto en mi vida, tres semanas de fuego, todos los días, todos los días mi corazón estaba agitado y excitado pensando a las cosas que me haría Guillermo, todos los días había algo nuevo y excitante, me hubiera quedado toda una vida junto a él, pero estaba fuera de lugar, no era mi puesto. Me hacía falta volver al caos de la ciudad, a la locura del tráfico, a los cientos de miles de personas que caminan a tu lado, me hubiese marchitado como una flor si me quedaba, así que llame a mi amigo para que me viniera a recoger. El Mercedes se estacionó fuera de casa y Guillermo junto al chofer acomodaron mis cosas en el maletero, yo subí y me acomodé en el asiento trasero, no me atrevía a mirar a Guillermo, no hubiese resistido el deseo de abrazarlo y besarlo para llorar en su pecho, pero eso no me hubiese dado el valor para dejarlo, el chofer encendió el motor y suavemente guio el coche fuera de la propiedad al asfaltado camino, el sol estaba alto en el cielo, me sequé algunas lágrimas que involuntariamente se escurrieron por mis mejillas y mi pensamiento voló junto al hombre que nos saludaba con su nudosa mano en alto, era un adiós … ----- ----- ----- ----- ----- ooo ----- ----- ----- ----- ----- Los comentarios vuestros son un incentivo para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor. [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Zoofilia

Leer relato »

Senderismo.

2021-12-17


Es una noche muy obscura … seguro me he despertado por alguna razón que al momento desconozco … tengo sueño … me siento cansada … siento que mi cabeza me explota … debo continuar a dormir … si es mejor que me acomode bien y siga durmiendo … pero … —¿Dónde está mi almohada? … —¡No! … ¡Esta no es mi almohada! … ¡Son! … ¡Son ramas! … ¿Dónde estoy? … No veía nada, la obscuridad era absoluta, mis ojos no lograban vislumbrar nada en la penumbra de la noche, mi respiración estaba alterada, no podía respirar muy bien me sentía algo mareada, tenía una cierta sequedad en mi boca, no hay luz en este mundo donde me he despertado, es terrorífico, me pregunto como podré superar estas tinieblas, mi cabeza estaba pegajosa y mis cabellos tiesos. —¿Y esto que cosa es? … Hay algo tibio y peludo a mi lado, este ser mantiene mi temperatura, no debe ser una bestia salvaje ni feroz, sino ya me hubiese atacada, su olor no me es desconocido, es un olor peculiar, estamos muy cerca el uno del otro, esto debe ser una pesadilla … ¡Sí, eso debe ser … un sueño horrible! … debo despertarme y salir de esta angustia. Continuo a palpar a este ser que comparte mi estrecho espacio, se mueve, se mueve y se levanta, es un cuadrúpedo, puedo tocar sus patas, asemejan a … ¡un perro! … ¡Sí me parece un perro! … siento su legua que roza mi mano, es una lengua babosa y áspera, tibia y maciza, debe ser un animal de proporciones, pasa su lengua por mi cabellos apelmazados, pero por qué tengo mis cabellos así descuidados y sucios, tengo una especie de costras, me duele mi cabeza, creo que algo me golpeó o quizás me golpee yo misma en algún modo que desconozco. Mi ropas están en mal estado, estoy vestida con una especie de jeans, una parka, un chaleco y una remera de mangas largas, el ambiente es abrigado, tengo botas con cierre y largas medias de lana que cubren hasta mis muslos, es como si hubiese salido a recorrer alguna parte apartada y es probable que haya sufrido algún percance o accidente. Estoy tomando conciencia de que no es una pesadilla, lo que estoy pasando es muy real, pero no tengo recuerdos de nada, quizás perdí mi memoria y debo haber estado inconsciente por un tiempo indeterminado, siento mi boca seca, el animal como si leyera mis pensamientos me lengüetea los labios, lamo su lengua para absorber esa humedad, a ciegas pongo mis manos en su gruesa cabeza y mojo mis labios en su baba, necesito saciar esa sed, no tengo otro medio que absorber y beber de su baba, no me resulta desagradable, él me lengüetea el rostro, mis cabellos, como si quisiera limpiarme, lo dejo hacer, siento que él está cuidando de mí, me da confianza, pero me atemoriza la obscuridad alrededor de mí, creo haber perdido mi sentido de visión … ¡Estoy ciega! Me levanto y me golpeo la cabeza, estoy en una especie de caverna, a gatas comienzo a descubrir las dimensiones de mi refugio, palpando los muros me acerco a la entrada de la cueva, el exterior es más fresco, hay aire menos temperado, por el momento debo permanecer aquí hasta restablecer todos mis sentidos, me hago la idea de que mi refugio tiene como un metro y medio de alto y unos cuatro metros cuadrados de extensión, lo mejor es que acabo de encontrar una mochila que seguramente me pertenece, tengo una muda de medias y ropa interior, además, encontré varias barras de chocolates y unos paquetes de galletas, mientras no pueda ver donde me encuentro, debo permanecer en este lugar, pienso que ya habrá algún ente nacional de rescate buscándome, me imagino que tendré alguna familia, de momento no recuerdo nada de mi pasado y esto sí que me aterroriza. Encontré una botella grande de agua, la debo dosificar pues no sé cuanto tiempo restaré con mis limitaciones visuales, hay momentos como que, si viera algo y luego regreso a una total obscuridad, estar cerca del animal que me está a mí lado, me da una cierta seguridad y tranquilidad, me siento cansada, me acomodo para reposarme y siento que el perro sale de nuestra guarida, me siento intranquila sin él a mi lado, pero estoy tan cansada que me pierdo en un sueño inquieto pero reparador. No sé cuantas horas he dormido, siento la tibieza del perro a mi lado, no sé si es día o es noche, todavía estoy totalmente ciega, ¿cuál es mi nombre?, me doy cuenta que no sé nada de nada, ni siquiera recuerdo mi nombre, pero siento que mi cuerpo reacciona un poco mejor, sé que estoy en una cueva con un perro, sé que tengo una herida en mi cabeza, sé que tengo una perdida de memoria, sé que estoy perdida en alguna parte solitaria, me muevo y siento que el perro se alza conmigo, trato de orientarme hacia la salida de la cueva, a gatas me deslizo fuera, siento el frio ambiente y deduzco que es noche, hay solo una suave brisa muy fría y percibo algunos arbustos, no me atrevo a alejarme, no quiero perderme en estas tinieblas que me rodean, estoy de pie, me muevo para buscar la entrada de la caverna y escucho al perro delante de mí, me apoyo en mis rodillas y manos y gateo hacia donde siento el ruido del animal, casi sin darme cuenta entro en la gruta, estoy otra vez en la seguridad del cubil, me abrazo al perro buscando su seguridad, él me lengüetea con afecto. Me esforcé por tratar de recordar cosas, me parece increíble, pero recordaba algunos temas musicales, trate de relacionar esos temas con otros recuerdos, pero habían como flashes de luz con algunos rostros, no lograba reconocer a ninguna de esas caras que cruzaban velozmente por mi mente, logré establecer que mi lugar de domicilio es la ciudad de Santiago de Chile, vivo en un departamento, no recuerdo ninguna dirección cívica ni nada de eso, pero me alegro de recordar algunas cosas, poco a poco me recuesto y duermo, el perro se acurruca cerca de mí y me parece que se dispone a dormir junto a mí. Me despierto y logro ver una cierta claridad en un sector de la gruta, imagino sea la salida, me dirijo hacia ese claror y salgo de la cueva, la temperatura ambiente es bastante agradable y hay mucha luz, pongo mi mano ante mis ojos y veo solo una sombra borrosa, no distingo mi mano, pero percibo que tenemos mucha luz, concluyo que es de día, un día soleado, percibo la temperatura de los rayos solares, no logro distinguir formas ni colores, pero me reconforta el haber logrado recuperar en algún grado mi visión, todavía no es suficiente como para aventurarme lejos del cubil, me siento en un lugar sombreado y ejercito mis ojos, distingo las formas de algunos árboles y también me doy cuenta de que estoy en una especie de ladera de un cerro, he consumido la mitad del agua, me preocupa quedarme sin agua, al parecer hay algún afluente en las cercanías, pues Rocco, mi perro se llama así, otro recuerdo que no sé cómo emergió de mi cabeza, es claro que todos mis recuerdos están ahí, solo que por alguna razón no logro acceder a ellos. Tercer día, recuerdo que mi nombre es Joselyn, soy apasionada de senderismo, no recuerdo haber declarado a carabineros de que me aprontaba a aventurarme en la montaña, vivo sola con mi perro, en lo Barnechea, no recuerdo tener un novio que se preocupara por mi ausencia, me encontraba sin trabajo desde hace tres semanas y se me había ocurrido salir a la montaña a practicar mi deporte favorito, saltando de una roca a la otra resbalé y seguramente azoté mi cabeza en alguna piedra procurándome una herida con perdida de sangre, no recuerdo todo, pero me parece que esto es lo más cercano a lo que me ha sucedido, así que no debería haber nadie buscándome, pues no tuve la precaución de avisar a carabineros de mi intención de adentrarme por un par de días en la montaña, afortunadamente es octubre, aquí es primavera, el tiempo es templado, la noche en la montaña es muy frio, pero mis vestimentas me han mantenido abrigada, también recuerdo que mi perro es más que una mascota, solo ahora me explico ciertas actitudes suyas … ¡mi perro es también mi amante! He recordado muchas cosas, sobre todo el hecho de que mi perro y yo hemos tenido relaciones de sexo, no recuerdo desde cuando lo hacemos ni cuantas veces lo hemos hecho y ni siquiera como lo hemos hecho, por eso él se quedo a mi lado, estaba cuidando a su hembra, no me pareció tan abominable la idea, es más algo entre mis piernas me decía que debo haber gozado de esa experiencia, mi vagina se había humedecido, ahora me explico porqué él venía a olfatear mi orina y había intentado usar su lengua en mí. Mis recuerdos poco a poco iban emergiendo y mi vista también había mejorado, pero no puedo decir que veía todo, vislumbraba un poco mejor y también las tonalidades de grises se habían transformado en coloridas imágenes un tanto borrosas que lograba asociar a cosas conocidas, pero no lograba situarme ni orientarme en forma satisfactoria, por lo que prefería permanecer al cobijo y seguridad de la gruta. Al cuarto día el agua se había acabado, me acerqué a Rocco y busque su lengua para humedecer mi boca, él me prodigó caricias introduciendo su lengua en la profundidad de mi boca saciando mi sed y dejando mi boca húmeda, pensé si ayudaría a recuperar mi memoria el tener una sesión de sexo con él, pero lo descarté por lo caluroso del día y el no saber cómo hacerlo, pero después pensé que la que había perdido la memoria era yo y no él, entonces si lo habíamos hecho alguna vez, seguramente él tenía vivos recuerdos, esperé que bajara el sol y el ambiente se pusiera más fresco, me quedé fuera de la gruta hasta que llego el ocaso y los rayos del sol comenzaron a dejar el paso a la obscuridad de la noche, lograba ver muchos objetos brillantes en el cielo, la luna estaba en su cuarto creciente y una suave brisa refrescaba el crepúsculo. Entré en la cueva y Rocco entro junto a mí, me había sacado la parka con anterioridad y solo me había dejado la remera de mangas largas, no portaba sostén, lo que permitía que mis tetas se movieran a péndulo cada vez que me agachaba, mi vagina mostraba una incipiente vellosidad creciendo día a día, cuando bajé el cierre de mis jeans, Rocco se levantó a olfatearme de cerca, me metí un dedo en mi orificio y gemí al sentir mi húmeda vulva, me pareció pequeño mi boquete vaginal, saqué mi dedo y sentí que Rocco me daba lengüeteadas buscando mi mano, extendí mi dedo hacia su lengua y con cierta voracidad, Rocco me chupó mi dedo, luego metí dos dedos en mi panocha y se los volví a ofrecer, el perro casi me los devoró y después intento meter su hocico en mis jeans, me anduve asustando por la insistencia y la fuerza con que empujaba para buscar una via libre hacia mi panochita, algo en mi me decía que debía probar, pero me sentía extraña sintiendo esa atracción pecaminosa hacia Rocco. Finalmente pudo más mi curiosidad y con mis jeans a mis rodillas le deje el espacio suficiente para que llegara a mi intimidad carnal, ¡Oh, Dios mío! Su lengua se metió entre los hinchados labios de mi coño estrecho, caí hacia atrás abriendo con dificultad mis muslos, él metió su cálida lengua entre los delicados pliegues de mi conchita, quise escapar a esas abrumadoras y exquisitas sensaciones, pero no pude, me aferré a su cabeza y la enterré más en mi ingle, Rocco comenzó a forzar su hocico en mi bajo vientre queriendo penetrarme con esa lengua bífida que serpenteaba en la entrada de mi chocho, como pude alcance los cierres de mis botas y me las quité, luego empujé mi jeans hacia abajo y logré sacar mis piernas, ahora estaba totalmente desnuda de la cintura para abajo, excepto por mis abrigadoras medias de lana. Mi corazón latía desbocado, las sensaciones eran apabullantes, me estremecía toda, Rocco estaba sobre mi vagina y hundía con fuerzas su hocico en ella, a cada empuje se me escapaba un grito de demencial placer, lujuria pura, su lengua entraba por completo al interior de mi vulva sedienta de sus caricias, el aplastante goce me hacía querer cerrar mis piernas, pero al mismo tiempo empujaba su cabeza dentro de mí, comencé a retorcerme y contorsionar mi cuerpo al ritmo de sus embates, estaba disfrutando como nunca esta sesión amorosa con Rocco y en mi mente volvieron esos flashes de recuerdos, lo veía montándome y penetrándome con su pija hermosamente rosada, larga y gruesa, me hacía gemir con desesperación. Después de un fragoroso orgasmo que me hizo chillar y gritar a todo pulmón, traté de detenerlo: —¡Detente! … ¡Detente, Rocco! … ¡Por favor! … ¡Oh, diosito mío! … Él se detuvo y se quedó aparentemente tranquilo, quizás, un poco extrañado y confundido: —¡Oh, Rocco! … ¡Gracias! … ¡Estuviste magnifico! … Todavía me sentía caliente, como si mi cuerpo supiera que el jueguito no terminaba ahí, también Rocco estaba a la espera de algo más, tenía sentimientos encontrados, me toqué mi conchita y estaba empapada con mis fluidos y la baba de Rocco, sentía como si mi corazón latiera en mi panocha, mis grandes labios pulsaban, una abrumadora sensación me hizo pellizcar mis tetas y tironear de mi pezones, sin duda alguna mi cuerpo me pedía continuar con la joda: —¡Ven Rocco! … ¡Acércate! … ¡Ven aquí, mi niño! … Él se acercó directamente a mi vagina y otra vez sentí la consistencia de su lengua golpeando mi clítoris haciéndome chillar y abrir mis piernas de par en par, me estaba entregando a él, miles de placenteras imágenes volvían a mi mente y me hacían sentir más cachonda que nunca. Después de un segundo y maravilloso orgasmo, me quedé abstraída por un momento, como juntando fuerzas, mis ojos brillaban absortos, lograban definir la singular forma de mi perro, estaba mirando a Rocco ¡Lo estaba viendo con mis ojos! Me abracé a él por unos instantes casi a punto de llorar, mi mano se deslizó bajo su pancita y palpé su monstruosa verga húmeda y enhiesta, casi sin temor me arrodillé y apoyé mis manos sobre el piso de tierra, me alegré de sentir las zampas de Rocco arañando mi espalda protegida por mi remera, luego acomodó sus patas casi tocando mis muslos y comenzó a tironearme hacia su verga, instintivamente levanté mi culito sintiendo la puntita de su polla golpear mis muslos y nalgas. Di un chillido y un salto hacia adelante cuando la puntita de su pene centró mi vagina y resbaló fuera, la sensación de su miembro enfilando mi conchita me calentó aún más y me acomodé a recibirlo, Rocco hábilmente me penetró al segundo intento, me arrastré gateando ante la abrumadora sensación que me hacía sentir su pija que forzaba las paredes de mi chocho, Rocco aferró con sus dientes mis cabellos y me inmovilizó, mi mente luchaba en medio a esos lujuriosos y esplendidos efectos que me causaba su pene, el sentirme cogida como una perrita por este exuberante animal me daba una alegría y paz interior, no se si eran los recuerdos que regresaban a mi mente o solo el hecho de copular con él, pero me sentía feliz de ser una perrita humana. Rocco empujaba su verga con fuerza y rapidez inaudita, era como una maquina cogedora, mi conchita se estiraba haciendo espacio a su pija que crecía y crecía, algo había crecido más de la cuenta y Rocco me tironeaba tratando de meterme esa masa de carne que encontraba la resistencia de mi estrecha conchita, chillé a todo pulmón y él volvió a agarrarme por mis cabellos y me tironeó tan fuerte que una cosa inflada se metió en mí chocho y continuo a inflarse una vez dentro, estaba estirando mi panocha casi a reventar, pero no alcancé a preocuparme porque un avasallador orgasmo me estremeció de pies a cabeza, estaba berreando y chillando como una marranita, levanté más mi colita para sentirlo más profundo dentro de mí. Repentinamente, calientes chorros de esperma comenzaron a verterse dentro de mí, Rocco me brindaba su lechita privilegiada con su descendencia, trataba de preñarme, agarré sus patas traseras y apoye mi rostro sobre la tierra, me sentía tan natural con mi macho que me poseía en esta apartada gruta de la montaña, quizás si en tiempo prehistóricos las hembras humanas se convertían en perritas de vez en cuando, según dibujos ancestrales, al parecer de siempre el ser humano ha copulado con animales, otros recuerdos vinieron a mi mente, me recordé de mi departamento y también la dirección en Avenida las Condes, un montón de números giraban en mi cabeza y no sabía cual de ellos correspondía al número cívico de mi edificio, algo como doce mil y algo, no quise seguir esforzándome y seguí disfrutando de la verga de Rocco que pulsaba y expelía lechita caliente en mis entrañas. No sé cuanto tiempo estuvimos pegaditos con mi perro, pero recordé que lo hacíamos en mi departamento, en mi amplia cama y los hacíamos varias veces al día, sintiendo mi pancita llena de su leche, su verga salió expulsada de mi chocho, un aluvión de líquido se vertió de mi vagina, escurriendo por mis muslos y piernas, Rocco vino a lengüetearme y me llevo al paroxismo de un nuevo orgasmo, mis sienes latían a mil, una sonrisa se dibujo en mi rostro cuando abrí mis ojos y pude ver casi nítidamente a mi perro que salía de la gruta, rápidamente me limpie y me vestí, salí del cubil y había un cielo estrellado, la luna estaba lejos al poniente, me rendía cuenta de que mi visión no era del todo normal, pero distinguía las cosas mucho mejor que antes, alegre ante la perspectiva de volver a bajar la montaña e irme a casa, hice algunas cosas naturales que me pedía mi cuerpo y luego me adentré en la cueva para dormir, estaba en un estado casi eufórico cuando sentí que Rocco regresaba, traía su hocico mojado, inmediatamente me tragué su lengua humectando mi boca sedienta, lo besuquee hasta saciarme, pero eso tuvo un efecto secundario. Me despojé de mi vestimenta y Rocco se acerco a lamer mi sexo delicadamente, muy pronto su lengua chapoteaba en mi encharcada panocha, yo quería volver a sentirlo a él, así que me giré y me puse en cuatro, Rocco me volvió a montar, hábilmente enfiló su vergota en mi orificio lubricado abundantemente, fácilmente me penetro con su pene y su bola que rápidamente comenzó a inflarse dentro de mí, el roce permanente de su pene magnifico que cambiaba y cambiaba sus dimensiones me hacía enloquecer, enterré las uñas en la tierra y casi en un alarido de liberación, pasión y lujuria, me corrí en un sinfín de multi-orgasmos que me hicieron convulsionar, la apoteosis fue cuando él se corrió en mi con su cálida lechita rellenando todos los vericuetos y andurriales de mi estrecha vagina, simplemente colapsé en su verga que me transmitía descargas eléctricas que me causaban espasmos de placer. Simplemente increíble, mi cuerpo era un amasijo de carne inerte que pendía de su pene, él no se movió hasta que su pene resbaló con un potente sonido de descorche fuera de mi conchita que vibraba y pulsaba contrayéndose por simpatía, ni siquiera tuve la fuerza de alzarme, me desplomé sobre el piso y me quedé adormecida como en un trance, no sé si dormí mucho o poco, pero me desperté con más de mis recuerdos que se agolpaban en mí mente, me llamo Jocelyn Barraza, me recuerdo del número cívico del departamento donde vivo, me recuerdo que me encontraba sobre unas rocas temprano en la mañana y realicé una especie de salto en el que resbalé sin obtener el impulso necesario y me desbarranqué, aclaro mis ojos y logro ver las dimensiones del cubículo donde me encuentro, un leve claror se filtra desde el exterior, me visto con mis ropas que huelen muy mal, me siento desaseada, luego me deslizo fuera de la gruta. Un golpe de aire fresco golpea mi rostro, hay una noche de luna esplendente, pero no sé dónde me encuentro, la noche cambia la apariencia de cualquier paisaje con la diferencia de que me doy cuenta de que mi visión ha mejorado, siento que Rocco regresa de quizás donde y su hocico roza mi mano, su hocico esta húmedo, él va a beber en algún lugar no muy distante, debo averiguar donde está ese lugar, necesito lavarme y limpiarme, pero en tanto me acuclillo y lo tomo de sus mofletes y lengüeteo su hocico para humedecer mis labios agrietados y resecos, su lengua baña mi rostro, siento mi pelo sucio, siento que mí sexo se excita al explorar el hocico de Rocco, mi mano instantáneamente recorre su pancita y encuentra las joyas de la corona, me arrodillo y mi boca busca la punta de esa verga oculta que gotea un líquido que me es necesario, debo beber de él, su lechita aplacará mi sed y me alimentará. Me llevo a Rocco dentro de la gruta para continuar a jugar con su verga, sus olores y sus sabores me fascinan, creo que de siempre me han subyugado la forma de ser de estos animales y el apareamiento sexual con ellos, para mi Rocco no es solo parte de mi vida, él es mi vida, ahora que comienzo a recordar tantas otras cosas, me he dado cuenta lo importante que es Rocco para mí, ahora mientras lo hago echarse y mantengo mi boca muy cerca de su pene, paso mi lengua por mis labios casi a pre saborear su exquisito semen, que por lo demás, son fuentes de proteínas y otros elementos no dañinos para la salud, ahora recuerdo que las veces que me he bebido su lefa tibia son incontables, recuerdo de haber hecho el amor con mi Rocco al menos cinco días de la semana, para mi es la cosa más natural del mundo. Mientras estimulo a Rocco, él se ha girado de espalda acomodándose a que yo pueda hacerle salir su verga entera y engullirla placenteramente con mi ávida boca, esta vez no solo me dará placer, también me amamantaré de su lechita saciaré mi sed, debo esperar que amanezca para ubicar la fuente de agua donde Rocco va a beber, mi noble Rocco luce como un bondadoso genitor nutriendo a su hembra, yo devoro su verga metiéndola toda en mi boca, saboreando su exquisito y sápido miembro, es grueso, contundente, casi quisiera morderlo, mi boca sube y baja chupando su pene, con mis ojos bien abiertos trato de ver lo que estoy haciendo, mis ojos enfocan en la obscuridad de la gruta, veo su pelaje claro, mi panocha está húmeda bien lubricada, es la sensación de su caliente verga que moja mi boca, mi cuerpo entero está caliente por él, sigo chupando más rápido, lo acaricio con mi lengua y lo aprieto con mis labios, presiento la inquietud de Rocco, él sabe que está a punto de descargarse en mi paladar, siento las pulsaciones de su polla y repentinamente comienza a chorrear semen directamente en mí garganta, ha explotado con fuerza en mi boca, lo bebo todo, lo necesito todo, mi conchita esta muy húmeda, inserto dos de mis dedos y acaricio por algunos instantes mi flor de flores, succiono con fuerza el pene de Rocco y me corro en un mini orgasmo, junto mis muslos para apaciguar las olas de placer que me golpean una tras otra. Saciada de mi sed de líquido y de sexo, me acurruco al lado de Rocco y me adormento, en la obscuridad extrema de la gruta, logré ver el pene de mi perro, incluso el claror de mi piel blanca también lo percibí, pienso que mi vista ha mejorado ulteriormente, esperare el alba para ver que hacer, aún tengo muchas preguntas sin respuestas, pero ya he recordado lo suficiente y si mi vista me lo permite intentare regresar a casa. No tengo la menor idea de la hora que es, Rocco no está junto a mí, mientras me enderezo, salgo encorvada de la gruta, el día está nublado, maravilla de maravillas, logro ver nítidamente todo a mi alrededor, la nubes ocultan las crestas de los cerros cercanos, hay una especie de niebla húmeda, escucho ruidos y desde mi espalda veo a Rocco que regresa, toco su hocico y está fresco y mojado, me acerco a besuquearlo y mojar mi propia boca en su humedad, él generosamente lengüetea mi cara, me levanto a mirar por la dirección desde donde él venía, la niebla no permite ver más allá de un centenar de metros, me dirijo a unos matorrales con deseos de orinar, Rocco me viene detrás, bajo mis jeans y mis bragas, me acuclillo para hacer mis necesidades, siento la lengua de Rocco en mi culo. —¡Déjame orinar, perrito! … ¡Sí quieres que lo hagamos, espérame un poquito! … ¡Sabes que mami nunca te dice que no! … ¡Espérame, tesoro! … Inteligentemente él se aleja y me permite orinar, lo veo como él también alza su pata y orina unos metros más allá, me voy rápidamente a la gruta y Rocco entra de carrerita detrás de mí, me quito mis botas, mis jeans y bragas, me siento en el piso de tierra y Rocco viene directo a mi panocha, su fría nariz toca mi vientre mientras algunos centímetros de su lengua ya se adentraban dentro de mi conchita haciéndome arquear mi espalda, metiendo mis tetas en muestra, decidí quitarme mi remera y así quedé a la par de mi mascota, él con su pelaje y yo solo con mi piel, comencé a acariciar con delicadeza su miembro que comenzó a crecer paulatinamente en mi mano, siempre me ha excitado mucho el sentirme con ese poder de hacer que su miembro crezca desmesuradamente. No estaba en una cómoda posición, así que me acosté debajo de él y quedamos en una especie de sesenta y nueve, el con su cabezota lamiendo mi ingle, yo debajo de su pancita chupando su miembro colgante, él me lamía con gusto mi vagina, rozando mi clítoris una y otra vez, la sensación era tan abrumadora que me hacía estremecer, yo intente cerrar mis muslos y calmar esa vorágine de placer que me estaba volviendo loca, pero él empujo su hocico y metió su lengua entera dentro de mi y me hizo convulsionar de goce, solté su verga y agarré mi senos tirando de mis pezones que querían estallar, encorvé mi espalda y su pene me llego casi a la garganta, Rocco comenzó un movimiento frenético y le salió un copioso chorro de semen caliente que casi me hace ahogar, me relajé y comencé a tragar sus semillas ardorosas, calientitas y saladitas, él seguía atacando mi vagina con su lengua, no aguanté un minuto más, salí de debajo de él y me puse en cuatro como a él le gusta, una perrita sumisa y pronta a recibirlo. Paré bien mi colita y él se colocó detrás de mí, diestramente me montó acomodando sus zampas alrededor de mi cintura, casi tocando mis muslos, me tironeó hacia atrás y su pene se incrustó de una en mi conchita, me hizo gritar y pedir por más, acomodé mi vulva para permitirle de afondar su polla dentro, profundamente en mí, su bola entró y salió un par de veces procurándome un orgasmo espontaneo, luego se atascó en mí y comenzó a estimular mi punto “G”, mis chillidos se hicieron desesperados cuando otro salvaje orgasmo me hizo temblar y vibrar de pies a cabeza, Rocco estaba bombeando mi coño profundamente, la punta de su miembro se encontraba a la entrada de mi útero, pronto su lechita impregnaría mis paredes vaginales rociando vida dentro de mí. Desnuda y abotonada por mi perro en ese abrigador cubil, me sentía una perra de verdad, follando en medio de la naturaleza, libre y feliz, la mayoría de mis recuerdos están regresando a mi mente, creo ser pronta a bajar la montaña y buscar algún sitio civilizado donde comunicar con los míos, tengo una madre que se llama Olga y mi padre ya no está, tengo algunas amistades y tengo también un teléfono celular que al parecer perdí en alguna parte, siento el enorme pene de Rocco y tengo una serie de pensamientos lascivos, disfruto de haber quedado pegadita a mi macho, él está quieto y tranquilo dándome placer, si la situación fuera diferente quizás mi goce hubiese sido mayor, pero mi cabeza es un torbellino de placeres e ideas confusas, siento que Rocco se mueve hacia la salida de la cueva, estamos atorados, no debe hacer eso: —¡Rocco! … ¡Porquería! … ¡No te muevas! … Pero él no obedece y me saca pegada a su pene fuera de la caverna, escucho el sonido característico de un helicóptero en la lejanía, la niebla comienza a disolverse y puedo ver a mayores distancias, pero no veo físicamente a la aeronave, pienso lo embarazoso que sería qué un equipo de rescate me encontrara abotonada a mi mascota, trato de aferrar las patas de Rocco, pero él se mueve y su pene resbala fuera de mi conchita, rápidamente entro en el cubil y me visto, quizás haya alguien buscándome, hoy es el quinto día. Me visto y comienzo a caminar en la dirección en que creo Rocco vaya a beber, necesito lavarme y beber mucha agua, caminando por la ladera de la montaña, veo un despeñadero de rocas que creo reconocer, voy en esa dirección, observo el paisaje y creo reconocer la quebrada, me parece que en fondo a esa hay un arroyo. Llego al despeñadero y veo algunas rocas manchadas de sangre seca, veo un objeto que brilla, quizás sea solo un pedazo de vidrio, pero no encuentro mi celular, trato de encenderlo, pero lo único que logro es ver aparecer un “0%” en la pantalla que al instante desaparece, no tiene carga, un par de metros más allá hay una bolsa “canguro”, rápidamente la recojo, creo reconocerla, hay una billetera con algo de dinero y mi documentación personal, creo que me caí en este despeñadero y me golpee la cabeza en la rocas de aquí. Mi cabeza está caliente, otros recuerdos se agolpan ante mis ojos, me veo en esa fría mañana en que también había niebla, los arbustos estaban mojados y las piedras resbaladizas, me veo dando un salto y al resbalar, no tuve el suficiente empuje para caer sobre la otra roca y caí golpeándome la cabeza, debo haber estado inconsciente, solo Rocco estaba conmigo, no sé como llegué a la gruta, él debe haberme guiado a algún lugar donde me pudiese proteger y recuperar, Rocco me ha salvado la vida, nadie más estaba conmigo, mientras todas estas cosas van y vienen en mi mente, siento la presencia de mi perro a mi lado, me ladra como para advertirme de tener cuidado, me agacho y lo abrazo y lo beso: —¡Gracias, Rocco! … ¡Mi vida es tuya! … Recorriendo el sector, encuentro también un bastón de montaña que me pertenece, con cuidado bordeo el despeñadero y continuo a bajar por la quebrada, creo divisar un riachuelo más abajo. El sol estaba alto en el cielo cuando llegamos al borde del pequeño rio que se enanchaba y angostaba en su descenso hacia el valle, formando curvas y medios círculos, había una especie de remanso con una laguna, el agua prístina de la montaña es muy fría, pero en el remanso el sol la calentaba un poco, mire alrededor y no había signos de vida ni presencia humana, me desvestí, de mi bolsa recuperé un espejo y comencé a lavar mi cabeza con sangre reseca, mi remera olía horrible así que lavé algo de mis vestidos, después encontré bayas y semillas que devoré ávidamente, Rocco apareció con un conejo muerto, me lo dejó a mis pies, pero no había ninguna posibilidad de que yo comiera aquello, estaba tibio todavía, así que le hice un hoyito en una de sus patas y lo inflé como un globo, su piel se despegó de su cuerpo y fácilmente lo despojé de su piel, le abrí la panza y extraje sus órganos, Rocco lengüeteaba mis manos ensangrentadas, lo corté en algunos trozos que Rocco devoró plácidamente, no recuerdo haber hecho nunca lo que hice y por el momento no podría explicar como y porqué lo hice, lo importante es que tanto yo como él logramos comer algunas muy necesarias proteínas. El sol de mediodía recalentaba la tierra bajo mis pies, no pusimos a descansar Rocco se había bañado junto a mi en la laguna y ya frescos y secos buscamos la sombra acogedora de algunos arbustos y pequeños árboles, yo estaba desnuda sobre el césped en medio a los arbustos y Rocco apareció con su cabeza, su media lengua afuera y me miraba a los ojos y luego miraba mi vagina: —¡Uy!, perrito … ¿Qué pretendes? … Meneaba su frondosa cola y me hacía unas divertidas y juguetonas reverencias: —¿Quieres jugar? … ¿Quieres hacerlo con mami? … ¿Eres mi salvador? … ¡Ven, dame tu lengua! … ¡Te lo mereces! … ¡Ven y cógeme, perrito! … ¡Soy tú perrita! … ¡Ven! … No hubo necesidad de repetírselo, se ubicó en medio a mis muslos y su lengua comenzó a hurguetear en los delicados y calientes pliegues de mi chocho, abrí mis muslos al máximo y con mis dedos me abrí mi almejita para que me comiera hasta lo profundo de mi ser, comencé a gemir y mover mi pelvis, la sensación era formidable, arremetía con fuerza con su hocico y me enterraba su lengua profundamente, mis gemidos se transformaron en chillidos y gritos, me di vuelta y le ofrecí mi chocho, levanté mi culito y abrí mis rodillas al máximo para bajar mi panocha a su altura, Rocco se puso sobre mi y sin sostenerme centro su pija en mi chochito acogedor, fue goce de principio a fin, saqué unas champas de pasto mientras me corría demencialmente con su verga taladrando mi coño estrecho, me volvió a llenar con su semen y luego nos quedamos quietecitos por varios minutos, nos despegamos y pensé que lo mejor era retomar el descenso de la montaña. Caminamos ladera abajo siguiendo el curso del río, ya estaba reconociendo varios puntos geográficos de la montaña y si mis cálculos no se equivocaban, debía esta próxima a una postación de la policía de Carabineros, esto me dio aliento y ánimos, a paso firme continué a caminar, después de un par de horas llegué al camino asfaltado, seguí caminando y después de una curva divisé la estructura verde blanca del Reten de Carabineros, Rocco jadeando caminaba a mi lado, creo que el calor lo afectaba más a él que a mí, su pelaje lucía esplendoroso. En las afueras de la postación no había ningún policía, así que subí los dos peldaños y accedí a la puerta de ingreso, entre a las oficinas: —¿Joselyn Barrazas? … —¡Sí! … ¡Soy yo! … —Hay un operativo de ejército y carabineros buscándola por todas partes … quédese ahí quietecita mientras yo informo que usted está aquí sana y salva … Como a la hora un helicóptero de carabineros me llevó a mí y a mí mascota a una clínica, me curaron y me hicieron declarar muchas veces lo sucedido luego me acompañaron a mi domicilio donde me esperaba mi madre y alguna de mis amistades. Al cabo de algunos días fui citada a declarar, me aplicaron una multa por no haber tomado la precaución de avisar a carabineros mis intenciones de adentrarme en la montaña, pero eso es lo que menos me preocupa. Todavía mi madre no se explica como regresé sana y salva a casa, le he dicho una infinidad de veces que le debo mi vida a Rocco, él es mi protector y él fue mi salvación, además, continua a ser el mejor amante que he tenido en mi vida. Los comentarios vuestros son un incentivo para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor. [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Zoofilia

Leer relato »

El nuevo perro de mi tío

2021-12-16


Hola me llamo Esteban, ya tengo tiempo leyendo todo tipo de relatos así que por primera vez me anime a escribir uno que es 100% real. Actualmente tengo 18 años, conozco la zoofilia desde hace tiempo pero en el último año me he adentrado mucho en páginas de videos y relatos pues aunque me parecía algo extraña me excita demasiado, por lo que habitualmente me masturbo con dicho material. Un día a mi tío le regalaron un perro realmente enorme, creo que es un gran danés (aunque no estoy muy seguro), la primera vez que lo vi me asusté pues nunca había visto un perro tan grande en persona así que siempre trate de mantenerme alejado. Pero todo cambio no hace mucho, pues después de ver que el perro era muy tranquilo y amigable se me pasó por la cabeza intentar algo con él pero para ser sincero me dio un poco de miedo pues pensaba que podría morderme al tratar de acercarme y es que a pesar de tener mucha curiosidad siempre que estaba con el perro se me pasaban las ganas. Un día que no había nadie en casa me propuse en por fin intentar algo, así que cuando me asegure de que realmente no había nadie tome mi teléfono y salí al patio a buscar al perro. Cuando lo vi estaba dormido por lo que entre a un pequeño cuarto en construcción y comencé a tratar de llamar su atención, estuve al rededor de cinco minutos tratando de hacer que fuera a donde estaba pero al ver que no funcionaba pensé en irme pues no quería que algún vecino pudiera verme pero justo antes de irme el perro apareció por la entrada del cuarto. Cuando lo vi me puse al mil y sin pensarlo comencé a desabrocharme el short que traía puesto, el perro cuando se acerco a mi se restregaba en mi tanto que me empujo hasta una pared y no podía moverme pero eso no me impidió sacar mi pene. Al inicio el perro solo seguía restregándose, tanto que me lastimó la ereccion que tenía pero después se detuvo y comenzó a oler mi pene para después empezar a lanzar lengüetazos. Dios, era lo más rico que pude haber sentido. A pesar de que ya me la han mamado antes, nada se compara con la deliciosa lengua áspera de un un perro, era tanta mi excitación en ese momento que había olvidado que tenia mi teléfono conmigo por lo que con todas mis fuerzas aparte al perro de mí para poder tomar el celular que estaba en mi short y después de tomarlo comencé a tomar un par de fotos y videos pues quería tener recuerdos de aquel delicioso encuentro. Después de unos minutos decidí irme pues aún tenía miedo de que alguien pudiera vernos, pero no tarde mucho en regresar pues sin importar que quería venirme en presencia del perro pues de solo pensarlo me excitaba demasiado. Así que cuando volví a salir para buscar al perro de inmediato vino hacia mi y después de escondernos nuevamente en el cuarto en el que estuvimos volví a sacar mi pene y sin pensarlo el perro volvió a lamerlo, sentía tan rico que apenas y aguantaba las ganas de gemir y decirle cosas sucias al gran perro que me la chupaba. Un rato más tarde dejo de darme lengüetazos y por más que lo intente no pude hacer que volviera a hacerlo pero estaba tan excitado que comencé a acariciado y a susurrarle que yo también quería hacerlo sentir bien tal y como él me había hecho sentir así que a pesar de que el perro se movía mucho logré llegar a tomar sus enormes bolas y cuando lo hice se quedó inmóvil como sabiendo lo que yo estaba buscando. Se sentía raro tocarle las pelotas pero eran tan grandes que me prendía demasiado así que cuando intente vérselas para ver como eran vi como su pene comenzaba a salir y después de unos segundos comenzó a sacar chorros de semen, no lo pensé tanto que en un segundo ya me encontraba chupando aquel pene del canino para poder saborear la leche que arrojaba a chorros. Mientras se la chupaba solté algunos “Yo también quiero” pues estaba tan caliente que también quería chupársela como el lo hizo conmigo sin importarme que alguien pudiera vernos. Después de hacerlo el perro se recostó en el suelo y como seguía caliente comencé a masturbarme para después venirme encima de él y cuando el perro se dio cuenta comenzó a lamer mi semen de su pelo uff eso me calentó de nuevo pero ya debía volver a casa por lo que me abroché el short y me fui. Cuando volví días después intenté que el perro repitiera lo que había hecho antes, pero no lo he conseguido, ¿Alguien sabe como puedo hacer que me la vuelva a chupar? Me gustaría que me dieran algunos consejos pues también me gustaría coger con alguna perra y si es posible poder compartir material propio, me encuentran en Telegram como @EstebanRhodes, y mi correo es [email protected]

Autor: [email protected] Categoría: Zoofilia

Leer relato »

Una cálida tarde de verano.

2021-12-12


Esperando lo disfruten tanto como yo que lo viví, les contaré lo sucedido con mi esposa Mariela hace un par de meses, tengo que remarcar que suelo visitar sitios con videos y relatos de perros cogiendo a chicas estupendas y que gozan como locas, siempre me quedaba con la duda si esto era así en la vida real o simplemente eran muchachas actrices profesionales haciendo algunos dólares en esa industria. Bueno, vamos al hecho. Una cálida tarde de verano, casi al ocaso, estábamos Mariela y yo descansando plácidamente sobre nuestras tumbonas, con sendas bebidas frescas y ligeramente cargadas de Pisco, escuchábamos viejas canciones de juventud a la radio y charlábamos de cosas de familia y otras cosas del diario vivir, el sol prácticamente se había ido dejando un rojizo cielo al poniente y el mundo comenzaba a sumirse en las penumbras habituales, estaba a punto de alzarme a buscar otro trago cuando Mariela se levantó y dijo que iría al baño, me senté y le alargué mi vaso pidiéndole que me trajera otro trago, ella llevo su vista al cielo como para refunfuñar algo, pero me recibió mi vaso y se fue contoneando sus maravillosas caderas hacia el interior de la casa, no pude evitar de clavar mis ojos en ese armonioso culo que se mecía de lado a lado y su largas y longilíneas piernas, mi mujer es un espectáculo, me considero muy afortunado de tenerla a mi lado. La imaginé caminando desnuda sobre el césped del jardín, ignara de los efectos que causaba a mi verga que se endurecía solo a mirarla, escuché que los vecinos nuestros también estaban disfrutando del cálido atardecer, habían encendido alguna luz, conversaban y se reían enfrascados en su charla. Mariela mientras regresaba de la cocina, pude apreciar su belleza frontal, esos pies que se deslizaban con gracia, sus tetonas magnificas se cimbraban bajo su remera ajustada cual dos melones maduros y sabrosos, sus pezones amenazaban de romper la delicada prenda, se inclinó a darme mi vaso y no pude evitar de estirar mi mano y apretar uno de esos pezones enhiestos, me sonrió y me dio una ligera palmada en mi mano, se sentó en su silla y su faldita corta se le subió dejándome ver las pulcras bragas blancas que vestía. —¡Umh! … ¡Que bellas y sexys bragas blancas! … Mariela volvió a sonreírme y levanto su falda abriendo la belleza de sus piernas, metió sus dedos entre el elástico de su ingle y estiro el delgado género que cubría su conchita, luego movió sus dedos hacia un lado mostrándome los labios gorditos de su pequeño coño, sentí una contracción en toda mi ingle y mi verga se endureció aún más, me acomodé para hacerle ver la protuberancia formada en mis shorts, ella se recostó bajando su faldita y acomodando la redondez de sus senos a la ajustada prenda que mantenía su exuberancia con evidente esfuerzo. El sol definitivamente se había ido y las sombras oscurecían nuestro patio, la oscuridad no era total ya que se filtraba la luz del patio de los vecinos, ni ella ni yo queríamos levantarnos a encender nuestra propia iluminación, pero ya no podía ver las exquisiteces de mi mujer, escuché unos ladridos del perro de los vecinos, ellos poseen un magnífico ejemplar de pastor alemán y su prestancia nos da una cierta seguridad contra los amigos de lo ajeno, la voz de Jessica me llamo la atención, ella le hablaba al animal cariñosamente que éste de tanto en tanto le respondía con un ladrido y otros sonidos que no supe interpretar, pero me pareció sentir unos gemidos que al momento no me llamaron mucho la atención. Mariela y yo charlábamos en voz baja para no disturbar a nuestros vecinos, volví a sentir esos quejidos y gemidos que me parecieron de carácter sexual. —¡Uy! … ¡Estos cochinitos lo están haciendo en el patio! … Le dije a Mariela mientras me alzaba a fisgonear por sobre el muro, ella me dio una mirada displicente y continuó sentada a sorber su bebida, cautelosamente me asomé por sobre el muro, vi a mi vecina que me daba la espalda y estaba recostada en su tumbona, la luz era tenue y no la veía claramente, había sombras que no permitían ver bien, pero vi que estaba ella sola, me estaba volviendo a mi tumbona cuando escuché los gemidos más audibles y frecuentes, me volví a asomar y escondido entre las ramas del limón, me levanté para ver mejor, mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que el vestido de ella estaba arremangado y vi que Lucky, el pastor alemán estaba entre sus piernas y se estaba festinando, lengüeteando el área de su vagina, acomodé una mesita metálica que tenemos en nuestro patio y mientras me subía en ella, llame a Mariela poniendo un dedo en mis labios para indicarle de no hacer ruido. Con un cierto desgano se levantó y la ayudé a encaramarse a la mesita donde nos acomodamos juntos a mirar por encima de la valla, los ojos de Mariela se agrandaron y su boca se entreabrió en sorpresa cuando se dio cuenta de que el perro estaba lamiendo a nuestra vecina que gemía y se contorcía placenteramente en su tumbona, puso una mano en su boca y me sonrió picarescamente. Nos quedamos pegados a mirar la erótica escena, el perro acariciaba con ahínco el área púbica de su ama, ella gemía cada vez más y separaba sus piernas para permitir a su mascota un acceso mejor a su sexo sin bragas, por el claror de su piel se adivinaba una conchita depilada, el perro le enterraba su hocico en su chochito una y otra vez haciéndola emitir unos agudos grititos de placer, me acomodé detrás de Mariela, ahora Jessica se había girado un poco y un haz de luz filtraba sobre sus piernas permitiendo ver la cabeza del perro que disfrutaba lamiendo la jugosa vagina de la vecina. Jessica, se había bajado la parte superior de su vestido y jugaba con sus suculentas tetas, tironeando de sus pezones oscuros y tiesos, ahora se podía apreciar un poco mejor su coño y la lengua de Lucky que iba y venía de su estrecho canal vaginal, podíamos escuchar el ruido de ese lengüeteo chapoteando incansablemente, las tetas de ella subían y bajaban al ritmo de su afanosa e intensa respiración. —¡Va a hacer que se corra! … Susurré al oído de Mariela, ella hizo un movimiento afirmativo con su cabeza, me fijé que estaba mordiendo sus labios y sus manos estaban peligrosamente cerca de su chocho, Lucky continuaba enardecido a lamer a Jessica y yo puse mis manos en la caderas de Mariela y acerqué su culo a la dureza de mi verga, ella no dijo nada, pero su mano comenzó a acariciar mi pene sobre mis shorts, entonces una de mis manos se metió a acariciar su conchita por sobre sus blancas bragas que al tacto de mis dedos se sentía tibia y húmeda. Nos estábamos poniendo calientes, me asombraba un poco ver a Mariela tan excitada viendo como el perro lamía el chocho de Jessica, ella siempre se había rehusado a mirar los sitios porno que yo visito con regularidad y muchas veces me había llamado pervertido por mirar ese tipo de videos y ahora la tenía aquí delante de mí con su chocho empapado y caliente viendo en vivo y en directo una escena zoofílica, era una ocasión imperdible para involucrarla más con mis cosas oscuras. Mariela restaba subyugada a mirar, metí mis manos bajo el borde elástico de sus bragas y ella movió sus caderas para facilitarme el bajárselas y cuando las tenía bajo sus rodillas solita levanto una pierna primero y luego la otra para que se las pudiera quitar, cuando se los saqué me los llevé a mi nariz y aspiré toda su dulzura exquisita, luego metí mi mano entre sus muslos y los labios regordetes de su conchita estaban totalmente mojados, mi esposa estaba realmente excitada, me puse completamente detrás de ella y le levanté la faldita hasta su cintura, sus blancos glúteos resplandecían en la oscuridad de la noche. Mis manos abrieron sus glúteos e intente besar su engurruñado culito, ella se dio vuelta y me dijo que no, su coño estaba inundado de sus propios jugos, le metí un par de dedos en su chochito y luego me los llevé a mi boca, mi mujer sabía de maravillas, mi pene estaba como una roca y luchando por salir de mis shorts, me baje mis pantalones junto con mi boxers y tomé una mano de Mariela para ponerla en mi verga, tan pronto como sintió mi pija entre su dedos ella aferró con energía mi herramienta y comenzó a masturbarme, yo comencé a follar su chuchita con mis dedos, los labios de su coño estaban bien hinchados y su boquete vaginal muy estrecho, estaba gimiendo en silencio mientras yo le decía todas las sandeces calientes que se me venían a la cabeza. —¡Mira cómo es de gruesa esa lengua, cariño! … ¡Que rico que se debe sentir! … ¿Cómo te verías tú con esa inmensa lengüita dentro de tu chochito? … ¿Te gustaría te hiciera acabar con esa cosa tan gorda y mojadita … al igual que tu conchita gordita y mojadita? … Mariela había comenzado a mover sus caderas mientras mis dedos entraban y salían de su encharcada vagina, se había puesto una mano en su boca para acallar sus gemidos y su mano exploraba todo el largo de mi pene con veladas caricias a mis bolas llenas de esperma hirviente, separé los hinchados labios de su conchita y comencé a restregar su clítoris, la vecina en tanto, se estaba revolcando en la tumbona, a ratos levantaba ambas piernas en el aire, a ratos las bajaba y tomaba la cabeza de Lucky para empujarla dentro de su coño, sus gemidos se habían transformado en sollozos y grititos, sus tetas rebotaban con los movimientos de ella y Lucky la penetraba con su lengua dándole golpecitos hacia su interior, haciéndola enloquecer más y más. La vagina de Jessica era un torrente de líquidos que estaban formando un pequeño charco a sus pies, ahora tenía ambas piernas en el aire abiertas de par en par, Lucky lamía su agujero anal y la cabeza de Jessica se movía casi sin control de lado a lado, sus ojos estaban cerrados y su ceño fruncido en una mueca agónica de placer, la carne de sus muslos tiritaba con escalofríos lujuriosos, se podía adivinar que su momento de éxtasis se aproximaba, comencé a follar la panocha de mi mujer con mayor ahínco, ella trato de girar su cabeza para morderme, sus ojos estaban brillosos y su respiración entrecortada y jadeante también me decía que ella se acercaba a su momento de goce máximo. Mariela me estaba masturbando con frenéticos movimientos que casi arrancaban mi pene de cuajo, ciertamente sentía un poco de dolor, pero la calentura de ver a mi mujer tan desesperada y caliente era mayor a cualquier malestar, mis piernas se atiesaban poco a poco y mis bolas ya se aprontaban a lanzas su contenido, escuchamos los gritos y chillidos desesperados de Jessica y mi mujer se corrió junto a ella plegándose y dejándose caer de rodillas sobre la mesita que a todo esto crujía amenazadoramente, mi esposa se giró justo a tiempo de aferrar mi verga que comenzaba a expeler copiosos chorros de semen, ella es muy de chupadas y tragadas, así que hizo desaparecer enteramente mi polla en su boca y succionó mi esperma como sedienta de lechita caliente, me afirme a unas ramas del limón y me quedé mirando a mi mujer que estrujaba mi pene sobre sus tetas y espalmaba las ultimas gotas de lefa sobre sus cándidas mamas, le acaricié sus cabellos y ella levantó su vista a mirarme y volvió a meterse mi pija reblandecida entre sus labios. Nos quedamos así por unos momentos, no sabíamos que decir, solo nos mirábamos y sabíamos de haber gozado mirando un acto sexual diferente, bizarro, fuerte, en sí animalesco, una mujer gozando con un perro, me asomé una vez más y al otro lado de la valla Jessica estaba con sus muslos cerrados intentando de alejar a Lucky, como pude me bajé de la mesita y ayudé a Mariela a bajarse, la ayudé a recomponerse, a guardar sus maravillosas tetas que me animaban a continuar con el cachondeo. La acompañe a sentarse en la tumbona y ella termino de acomodarse su faldita. —¡Ay! ¡Dios! … ¡Pero que guarra y calentona esa mujer! … —¡Bueno! … ¡Tú también te corriste, mi cielo! … ¡Te gustó ver esa lengua perruna comiéndole su cuquita! … ¿Verdad? … —¡No seas bobo! … ¡Esa chamaca debe estar enferma! … ¡Con un perro! … ¡Dios me salve y libre de esas cochinadas! … —¡Pero mi amor! … ¡Sí tú también te corriste mirándola! … —¡Cómo no me iba a correr si tú me estabas dando dedo así de fuerte y rápido! … ¡No soy de piedra! … ¿Sabes? … —¡Entonces …! ¿No más mi dedo te hizo efecto? … ¿Ver esa lengua larga, rugosa, bañada que entraba y salía de la panochita esa no te hizo nada? … —¡Ay! … ¡Pero sí tú eres otro enfermo que anda viendo por ahí esos videos cochinos! … ¡Seguramente a ti te hizo efecto! … No hubo caso de que Mariela admitiera de haberse calentado viendo a Lucky comerse el chocho de Jessica, todo era culpa mía y de mis perversiones, cómo era ya tarde no quise contradecirla, me metí a la ducha con ella y mientras el agua bañaba nuestros cuerpos, me puse a jugar con sus tetas y puse una rodilla en el piso, metiendo un dedito en su coñito, los músculos de su panocha me dieron un apretón de bienvenida, ella levantó un poco su pierna y yo comencé a lamer su clítoris rechoncho y duro, muy luego la tenía gimiendo. —¿Te gusta mi lengüita, amorcito? … No contesto nada, pero con sus manos empujaba mi rostro contra su bajo vientre. —¡Imagina la lengüota de Lucky! … ¡Imagina esa lengua así grande! … ¡Imagina esa lengua así caliente! … ¡Imagina esa lengua así mojada! … ¡Imagina hasta donde llegaría dentro de ti ¡… Le estaba follando el chocho con tres dedos, mientras con el pulgar acariciaba su clítoris túrgido y protuberante, la sentí que cerraba sus muslos con fuerza y de repente convulsionó espasmódicamente, me levanté y la sostuve en mis brazos sintiéndola tremar y respirar con dificultad, ella escondió su rostro detrás de mi cuello, la sentía boquear y gemir, saqué mis dedos de su vagina y ella me abrazó buscando la fuerza de mis brazos para sostenerse en pie, cerré el grifo del agua y estire un brazo para agarrar una de las toallas que habíamos preparado, comencé a secarla con besos y caricias, Mariela restaba en silencio y yo no quise disturbar sus pensamientos, la acompañé a la cama y se acostó así desnuda como estaba, la cubrí con la ropa de cama, terminé de secarme yo y cuando me voltee, mi esposa dormía sueños beatos, me acurruqué junto a ella y también me adormecí. Al día siguiente ninguno de nosotros hizo referimiento alguno a lo ocurrido la noche anterior, Mariela estaba feliz y dicharachera, no creí oportuno importunarla, si ella había dado vuelta la página, yo también lo haría en espera de otra ocasión propicia, yo me había dado cuenta de que ella disfrutaba ciertas cosas que también yo disfrutaba, pero si no lo quería admitir, yo no iba a ser quien iniciara algo que podría llevarnos a alguna discusión desagradable, debía ser positivo y esperar. Pasaron algunos meses y nuestra vida matrimonial continuó en forma intensa y buena como siempre, lo sucedido con Lucky y Jessica era ya cosa del recuerdo, entonces fue que sonaron el timbre y Mariela se dirigió a abrir la puerta, era nuestro vecino Alfredo, el marido de Jessica que se puso a conversar con Mariela, no era nada fuera de lo normal, generalmente lo hacía cuando necesitaba alguna cosa o hacernos algún encargo. —¡Giorgio! … —Dime, amor … Había hecho entrar a Alfredo y este se acercó a saludarme con un estrechón de manos. —Giorgio, Alfredo quiere pedirnos un favor … —¿De qué se trata? … ¡Dinero no tengo! … —Dije riéndome. —¡No! … no es nada de eso … lo que sucede que los padres de Jessica nos invitaron para este fin de semana a San Felipe y no tenemos con quien dejar a Lucky … ya que el hermano de Jessica también viene con nosotros … ¿Podrían ustedes echarle una miradita … Cambiar su agüita y ver que no le falte alimento? … Tiene de todo, pero alguien tiene que supervisarlo … no nos atrevemos a llevarlo al veterinario y dejarlo allí … —¡Cuenta con nosotros! … Además, que él nos conoce … no creo sea un problema … ¿Qué dices tú, Mariela? … —¡Ay! Amor … si es solo por algunos días, no hay problema … Así fue como nos hicimos cargo de Lucky por los siguientes cuatro días, ya que era un fin de semana de esos largos, me fui con Alfredo y éste me enseño donde estaban las cosas de Lucky, me entregaron una copia de las llaves de casa donde tenían almacenado un saco de alimentos para la mascota y al día siguiente muy de mañana se fueron, ni Mariela ni yo sentimos cuando ellos se marcharon. A media mañana me recordé y fui a ver a Lucky, apenas me sintió paró sus orejas y en un principio me ladró, pero luego al reconocerme me saludo con sus movimientos de cola, vino a olfatearme y luego comenzó a lamer mis dedos, esa mañana hice acabar a Mariela con mis dedos y lengua, a ella le encanta el sexo oral y dice que lo hago muy bien, así que jamás rehúsa una buena comida y lamida de chocho, probablemente con su fino olfato el percibe el olor a hembra de mis dedos, verifiqué que no le faltara nada, había dado vuelta el recipiente del agua, así que vertí un poco de agüita fresca y un poco de alimento y me regresé a casa, Mariela había preparado el desayuno, así que nos sentamos a charlar un poco, en mi mente había comenzado a girar la idea de traerme a Lucky e intentar algo con Mariela, pero no dije ni hice nada que pudiese delatar mis maquiavélicos pensamientos, tampoco sabía cómo llevar a cabo mis maquinaciones. Almorzamos ligero, solo ensaladas con una presa de pescado frito y un vinito blanco convenientemente enfriado, justo cuando vertía el segundo vaso generoso para mi esposa, sentimos un lamentoso aullido de Lucky. —¿Ese fue Lucky? … —No tenemos muchos perros en los alrededores … seguramente fue él que se siente solo … sus amos no están y debe sentir la soledad … —¡Uy! … pobrecito … ¿Y qué podemos hacer? … —¡Sí aúlla por soledad … podríamos traerlo aquí con nosotros … él nos conoce … ya no estaría tan solo … —¡Me parte el alma sentirlo aullar! … ¡Ve y tráelo aquí con nosotros! … ¡Pobrecito … Chiquitito! … El diablillo en mi se pegó una risotada de esas, me levanté y fui a buscar a Lucky mientras Mariela levantaba la vajilla de la mesa y anunciaba que se iría a tender a la tumbona, al minuto entré a Lucky por la cochera y le acomodé sus cosas bajo el limón, Mariela siempre se tumba bajo el árbol y así Lucky podría percibir su olor a conchita y quizás … —¡Ya! Amorcito … lo dejé bajo el limón con su agua y alimento … —¡Chiquitito! … esperemos que no sufra más su soledad … Mariela estaba cargando el lavavajillas y levantaba su culo acomodando platos, vasos y tazas dentro de la máquina, le metí mi mano en medio de sus muslos y la encontré sin sus bragas, mis dedos desaparecieron en su orificio vaginal humedecido, ella dio un respingo, pero cuando sintió mi lengua empujo su culito hacia atrás para dejarme saborear su perfume de mujer exquisito, le lamí su panochita por un par de minutos, dedeándola con ahínco, luego le abrí sus nalgas y lamí su culo, ella se levantó de golpe. —¡Uy! … Pero ¿qué haces? … ¡Dame un poco de respiro! … ¡Tanto mi culo no te lo doy! … —¡Lo sé, amor! … ¡Pero lo tienes muy sabroso! … ¿Sabes? … —¡Eres un pervertido! … —¡Lo sé! … ¡Por eso te casaste conmigo! … ¿No? … Me voy a duchar, hace mucha calor … luego iré a dormir una siestecita … Me alejé sonriendo mientras ella refunfuñaba barboteando quizás que cosas, de hecho, me fui a bañar, cuando salí de la ducha estaba el ruido del lavavajillas y Mariela estaba tendida bajo el limón, había acomodado las cosas de Lucky y éste estaba echado prácticamente a sus pies. Envuelto en mi albornoz fui al patio y le di un beso en sus piernas, ella abrió los ojos y me sonrió. —¿No ibas a dormir la siesta? … —¡Sí! Mi amor … pero debo llevarme tu olor y sabor conmigo … Así diciendo le levanté su falda y procedí a pasar mi lengua en la convergencia de sus muslos, la tironee un poco hacia abajo y ella me dejo hacer, abrí sus piernas y le metí dos deditos y me puse a succionar su clítoris, Mariela lanzo unos gemidos y abrió sus piernas para mí, entonces me levanté. —¡Ya! … es suficiente … me basta para dormir pensando en ti … —¡Eres un maldito cabrón! … Me dijo ella volviendo a acomodarse en la silla, me acerqué a Lucky y fingiendo acariciar su cabeza le acerqué mis dedos bañados con los fluidos de Mariela, Lucky me dio unos lengüetazos y se saboreó en forma ávida, supe que había entendido todo, me fui lanzándole un besito a mi adorada, ella me hizo un desprecio y giro su cabeza. No había ni siquiera entrado en la casa y ya Lucky miraba las piernas de Mariela como sabiendo de dónde venía el olor y sabor exquisito que yo le había mostrado, levantó su cabeza como oteando el viento y fijo nuevamente su mirada en las piernas de ella, se levantó y le dio unos lengüetazos a sus pies, Mariela dio un salto y le pego una patada, pero esto no amilanó al animal que comenzó a olfatear sus rodillas y al improviso empujó su hocico entre sus muslos, Mariela se enderezó y miro hacia la casa, yo la espiaba detrás de las cortinas así que era imposible que me viera. Podía apreciar que tenía sus muslos férreamente cerrados y trataba de empujar a Lucky lejos de ella, pero el perro no iba a renunciar al zumo de panocha al cual era habituado, seguía lamiendo y empujando sus tiernos muslos, había logrado hacer subir su falda muy arriba, casi lengüeteaba su ingle, el rostro de Mariela denotaba preocupación pero no temor, seguía luchando contra el perro, pero no trataba de escapar, el perro había forzado sus muslos abiertos y yo imaginaba que la larga lengua estaba acariciando sus labios regordetes, Mariela levantó sus piernas para dificultarle más el acceso a su concha, pero no solo expuso más su chochito, sino también su culito, ahí fue cuando se sentó a horcajadas de un golpe en la tumbona con la piernas abiertas y Lucky lengüeteando su concha incansablemente. Ella se levantó y miró hacia la casa, la vi que se dirigía a la cocina y yo me pegué una carrera y me metí bajo una manta fingiéndome dormido, la sentí entrar en nuestro cuarto y me miraba atentamente, lancé unos suspiros y me di vuelta para el otro lado, sentí que salía del dormitorio y se iba otra vez al jardín. Espere unos segundos interminables y me levanté cautamente, Mariela había vuelto a la tumbona y estaba con las piernas abiertas sintiendo las lamidas y ya no luchaba, había agarrado la cabeza del animal con ambas manos y podría decir que lo estaba acariciando … ¡Oh, mi Dios! … mi mujercita teniendo sexo oral con Lucky, mi verga casi reventaba bajo mi albornoz, desaté el nudo y comencé a pajearme de lo lindo, no tenía ninguna intención de disturbarla ni detenerla, era mi sueño hecho realidad, la vi tirar sus tetas afuera y encoger sus piernas abiertas, seguramente ahora Lucky lamía su coño y su culo, ella tironeaba sus pezones y masajeaba sus tetas, estaba disfrutando la lamida de su vida con Lucky. Mariela estaba tan ensimismada en su goce que podría haber terminado el mundo y quizás nunca se habría dado cuenta de ello, sus gemidos eran audibles hasta para mí, yo reconocía esos agudos chillidos de niña que se le escapan cuando está muy caliente, su boca estaba abierta en una “O” infinita, su ceño fruncido, acomodaba sus tetas de tanto en tanto que se le apretaban a los costados, Lucky se subió a la silla y su pija rosada de un par de decenas de centímetros, golpeó el borde de la tumbona, Mariela abrió los ojos y se asustó al ver al animal casi encima suyo, lo empujo y éste bajó sus zampas de la tumbona y continuó a lamer esa rajita jugosa de ella, la vi que sus piernas se cerraron en torno al cuello del animal y comenzó a follar su hocico, gritaba sin pudor alguno, se estaba corriendo como nunca. Mis chorros de lefa terminaron sobre los visillos de la cortina, me corrí con una media docena de potentes chorros que me dejaron el orificio del glande un tanto delicado, el esfuerzo por expeler mi copiosa cantidad de lechita había sido el máximo, miré a mi esposa que estaba agachada tratando de alcanzar el pene de Lucky, yo quería verla coger con el perro, así que me senté en un taburete del bar y mi pene semi flácido comenzó a revivir prontamente viendo a mi esposa con esa enorme pija en mano, vi que lo masturbaba hasta hacerlo explotar con una cuantiosa expulsión de semen sobre sus pies y el césped, la vi llevarse un dedo a la boca y lamer el semen canino, mi verga otra vez estaba dura en espera de otras cachondeces de mi mujer. Pero no sucedió nada más, el perro una vez descargada su semilla, se acomodó a lamer su verga a los pies de la tumbona, Mariela se levantó y miró una vez más hacia la casa, luego se arrodilló y metió en su boca ese pene recién eyaculado, sé que a ella le encanta el sabor del semen, así que no me sorprendió, pero toda la escena en sí me tenía una vez más con una enorme erección, la vi que se levantaba y se dirigía a la casa, corrí al dormitorio y me senté en la cama como si recién me hubiese despertado. Mariela entró a la habitación y yo estiré los brazos al cielo dando un histriónico bostezo, quizás algo exagerado. —¡Amor! … ¿Te despertaste? … ¿Dormiste bien? … —¡Yawnn! … ¡Sí tesoro, dormí un buen rato! … ¿Y tú … te reposaste? … —¡Sí! … Y Lucky ha estado tranquilo … —¡Que bien! … ¡Qué bueno que no eche de menos a nadie! … ¡Sobre todo a su ama! … ¿Te recuerdas lo que le hacía? … Mi mujer me miró inquisitivamente, luego su expresión facial cambió y relajadamente dijo: —¿Y tú crees que eso le hará falta? … —¡No lo sé! … ¡Pero cuando yo no te tengo a ti … te extraño … te echo de menos … me haces falta … pienso constantemente a ti … toda … enterita … y me recuerdo de las cosas que hacemos, tengo tú panochita sabrosa en mi mente las veinticuatro horas del día! … —¡Por qué eres un pervertido! … —¡No! … ¡Porque te amo! … Alcance su mano y la tironee haciéndola caer sobre la cama, mi mano se fue a su entrepierna y encontré su panocha toda mojada, había un olor a perro, pero no me disgustaba, es más, más me calentaba. —¡Ay! … ¡No! … ¡Déjame, cretino! … ¿Qué haces? … ¡Deja que me lave! … —¿Y quieres que me pierda estos juguitos sabrosos? … Ya le había arremangado la faldita y mi lengua tocaba su clítoris, Mariela luchó un poco para no dejarse lamer su coño apenas lamido por Lucky, pero cuando le abrí sus muslos y mi lengua acarició sus labios inflamados y calientes, se sosegó y agarro mis cabellos comenzando a gemir suavemente, mientras mi lengua recorría su botoncito de arriba abajo, refunfuñaba y musitaba incoherencias ininteligibles, gimiendo y menando su pelvis en mí boca. Al cabo de unos diez minutos logre hacerla vibrar y correrse en mi boca, mi verga estaba dura y tiesa como un poste eléctrico, mientras todavía su panochita pulsaba, me erguí y le enterré mi polla durísima hasta que mis cojones se estrellaron con sus labios mayores, Mariela lanzo un gemido audible, casi un aullido de perrita en celo, no alcancé a durar más de tres minutos y me corrí en su encharcado chocho, ella trabajó con sus músculos y me hizo gozar apretando mi pija en sus caldeadas carnes. Nos quedamos jadeantes el uno al lado del otro, estábamos tomados de la mano y jugábamos con nuestros dedos como dos amantes enamorados, exhaustos, sus maravillosas tetas subían y bajaban al ritmo de su respiración, estaba con los ojos cerrados, me enderecé a mirar su rostro angelical, besé sus tiernos y apetitosos labios, sus piernas estaban pegajosas con la baba de Lucky y sus propios jugos, le sugerí de ducharnos y ella asintió, arremangue su remera y la saqué sobre su cabeza, desabotoné su faldita baje el cierre y la hice correr hasta que se la saqué, estaba desnuda sobre la cama y se veía fantástica. —¡Que linda que eres Mariela! … Dije pasando mis dedos por su ranura vaginal, ella abrió los ojos, juntó sus muslos y plegó sus piernas no dejándome acceso a su coño enrojecido y mojado, tomó mi mano y la posó sobre sus senos, se sonrió: —¡Vamos y duchémonos! … No hicimos nada importante bajo la ducha, solo muchos besos y caricias, luego nos secamos y nos vestimos con prendas limpias y ligeras. —¿Te apetece un traguito? … —¿Qué sugieres? … —¡No lo sé! … creo que yo beberé un Jack Daniels … ¿Quieres un Cinzano/Campari? … —¿Un “Americano”? … —¡Si quieres te lo preparo como un “Americano”! … —¡Sí, amor … es fresquito y me gusta! … Nos fuimos a las tumbonas a gozar de la tarde que se aproximaba, Lucky dormía a pata suelta bajo el limón, se había bebido toda el agua, así que le rellené su escudilla y él se acercó a beber, Mariela sonreía y miraba como servía las necesidades del perro sin decir una palabra, pero se veía que le gustaba que yo estuviera a cargo de él, me senté en mi playera y levanté mi vaso para hacer un brindis. —¡Por Lucky! … —¿Por qué por Lucky? … —Porque es nuestro huésped y debemos darle lo mejor de nosotros … yo creo que a él le hace mucha falta su ama … —¿Por qué su ama? … ¿No crees que eche de menos a Alfredo también? … —Porque no es lo mismo … él tiene una intimidad con Jessica … ¿Te recuerdas? … —¡Ay! Cuanto eres estúpido Giorgio … tú siempre piensas en una sola cosa … —Porque soy macho y Lucky es un macho … yo lo entiendo … cuando yo estoy lejos de ti … pienso en ti … pienso cuando te acaricio … echo de menos tus tetas … tu conchita gordita y apretada … mi verga está dura las veinticuatro horas del día … —¡Giorgio tú eres un enfermo! … ¿Cómo vas a pensar solo a esas cosas? … ¿Soy solo eso para ti? … ¡Que básico que eres! … —¡Por supuesto que no! … Pienso a cuando me mamas … pienso a tu culo … si estoy solo en mi cama comienzo a soñarte y me corro soñando con todas tus exquisitas cositas … y tú tiene tantas … ¡Dios mío, que linda que eres! … —¡Dios mío! … ¡qué pervertido que eres! … Mariela se sonreía fingiendo una molestia que no sentía mientras sorbeteaba su bebida, en tanto Lucky se había aproximado a sus pies y volvió a lamer sus extremidades. —¡Uy! Lucky … ¡compórtate, perro tonto! … —¿Qué está haciendo nuestro huésped? … —¡Me está ensuciando los pies con su lengua! … ¡Este perro cochino! … ¡Échate! … —¡Pero no lo retes! … ¡No hay maldad ni malas intenciones en él! … ¡Déjalo hacer! … ¿Qué sabes tú que es lo que quiere? … —¡Pero me molesta sentir su lengua! … —¿Te molesta o la encuentras irresistible? … ¿Te acuerdas de Jessica como gozaba? … —¡Eres un pervertido! … —¡No lo soy! … ¡Tienes una vulva fresca y sabrosa … mucho más linda que la de Jessica! … ¡Cómo macho yo te comería tu panochita todos los días! … ¡Además … a ti te gusta … no puedes negarlo! … —¡Pero éste es un perro! … —¡Una lengua es una lengua! … ¡Cual es tú miedo! … ¡Podrías probar! … ¿No? … Mariela se quedó en silencio mientras Lucky continuaba a forzar su hocico entre sus muslos. —¡Si tienes algún miedo yo te ayudaré! Le dije mientras me levantaba dejando mi vaso de lado, tomé su vaso y lo apoyé en la mesita del jardín, Mariela me miraba y su respiración ya estaba alterada, Lucky le había subido su faldita a mitad de su muslo, puse mi mano en su pierna y comencé a hacer subir su falda más arriba, yo sabía que estaba sin bragas porque no la había visto vestir ninguna, efectivamente la convergencia pálida de sus muslos estaba desnuda, su conchita no fue visible hasta cuando Lucky le dio un fuerte empellón con su hocico y abrió sus muslos con fuerza, Mariela lanzó un gemido y volvió a apretar sus muslos, pero la lengua de Lucky estaba alcanzando sus labios mayores y forzaba la apertura de su chocho girando su cabeza para obtener una mejor angulación. —¡Oooohhhh! … ¡Es increíble! … —¿En serio? … ¿Te gusta? … Mariela todavía mantenía sus piernas apretadas, pero Lucky instintivamente empujaba su hocico hacia el interno del agujero vaginal, un par de centímetros de esa lengua ya se adentraban en su concha buscando la sabrosa humedad de su vulva, ella trataba de resistirse, pero Lucky ya había saboreado lo que buscaba y nada al mundo lo detendría de saciarse de ese jugo de coño que tanto le apetece, empujaba y empujaba con vigor y ardor, Mariela gemía y gemía cada vez más alto y ya no lo rechazaba, sus quejidos eran ardorosos. —¿Estás bien? … ¿Te sientes bien? … —¡Ssiii! … ¡Pero no está bien lo que … oooohhhh … aaaahhhh … no deberíamos hacer esto! … —¡Relájate y diviértete! … ¡Si lo sientes rico … disfrútalo! … —¡Pervertido! … ¡oooohhhh! … Mariela al fin había abierto sus muslos y Lucky se estaba esforzando en beberse todos sus fluidos deliciosos que emanaban copiosamente de su conchita, cada vez que la oscura lengua desaparecía al interno de su vagina, Mariela parecía volverse loquita, ya tenía sus exuberantes pechos en plena libertad y jugaba a apretar y tironear sus pezones rosados emitiendo chillidos de goce con la entera lengua de Lucky en lo profundo de su cuquita. Las lascivas y lujuriosas sensaciones obnubilaban su razón, estaba totalmente entregada a la conscupiscencia y placer que le brindaba la gomosa lengua de Lucky que había desmoronado todas sus barreras de pudor, estaba totalmente entregada al goce que le procuraba el perro, levantó ligeramente sus piernas y toda la longitud de esa lengua desapareció dentro su pequeño chocho, Mariela se contorsionó y emitió un agudo chillido de placer, abrió sus piernas de par en par y sus muslos comenzaron a tiritar, presagio de un inminente orgasmo, ella agarró la cabeza de Lucky y la apretó contra su ingle follando esa lengua serpentina que la enloquecía. —¡Oooohhhh! … ¡Aaaahhhh! … ¡Que puta que soy! … ¡Estoy gozando con un perro! … ¡Que puta! … ¡Que puta! … ¡Tú me has pervertido también a mí! … ¡Aaaahhhh! … Mariela estaba tremando, sus rostro estaba desencajado de loco placer, su espalda encorvada hacia que sus tetas parecieran haber crecido, mi verga estaba a mil, pero yo esperaba que la Lucky la cogiera con su chocho inflamado, enrojecido y encharcado de fluidos, ella estaba azogada y no podía controlar las contracciones espasmódicas de su orgasmo, sus piernas no le obedecían y boqueaba tratando de recuperar su respiración, Lucky hábilmente de había echado un poco para atrás y trataba de montar sus piernas. —¡Deja que te coja! … Le bisbisee desde atrás de la tumbona teniendo sus dos tetas en mis manos y pellizcando sus duros pezones. —¡Abre tus piernas … él te quiere coger! … ¡Quiere tu conchita! … ¡Quiere que le retornes un poco del placer que él te ha dado! … ¡Vamos! … ¡Abre tus piernas para él! … ¡Yo estoy aquí para cuidarte! … ¡Déjalo que te coja! … increíblemente ella abrió sus piernas, su conchita estaba a la altura justa con la pija de Lucky que estaba con sus zampas delanteras sobre la playera, rápidamente me fui a ayudarlo a follar a mi mujercita, agarré su pene que no estaba del todo afuera, solo unos cinco o seis centímetros asomaban de la funda peluda, apenas sintió el calor y la humedad del chocho de ella, Lucky dio un par de saltitos hacia adelante y le clavo con fuerza su azulina pija en la conchita de ella, Mariela dio un grito y aferró al animal con sus brazos, lo estaba tironeando dentro de ella con gemidos y bramidos desesperados. —¡Aaarrrggghhh! … ¡Aaarrrggghhh! … ¡Oooohhhh! … ¡Aaaahhhh! … ¡Aaaahhhh! … Me agaché a ver como la verga del pastor entraba en ella y una bola entre blanquizca y rosada también se había deslizado dentro el chocho de Mariela, debo decir que su pene en mucho más grande que el mío y esa pala redundaba en abundancia de pija, Mariela lo mantenía aferrado con brazos y piernas y casi se colgaba del animal que la follada a una velocidad demencial, pero ese frenesí duro solo un par de minutos, Lucky pareció calmarse, jadeaba con la mitad de su lengua afuera y puedo decir que su expresión era la del macho en poseso de su perra, su polla totalmente perdida dentro la conchita de mi esposa, se veía como una delgada y rojiza extensión de su pene salía del interior de su vagina. Acomodé mi tumbona para continuar viendo a Mariela que no habría sus ojos, estaba como en un trance, aferraba al animal y movía su pelvis cogiendo con la enorme verga de Lucky, me senté y me desahogué meneando mi polla que explotó en un par de minutos, toda mi lefa voló por los aires con tal fuerza que una estría de semen cayo en el hombro de Mariela, al fin ella abrió sus ojos y me miró con una mirada de ensueño, su vientre estaba hundido, bajo sus manos hacia las ancas del animal y comenzó a follar con él más rápido. —¡Aaarrrggghhh! … ¡Uuuuhhhh! … ¡Ssssiiii! … ¡Que rico me está dando su lechita! … ¡Uy! … ¡Ssssiiii! … ¡Me está llenando todita! … ¡Que rrricooo! … ¡Que rrricooo! … ¡Aaaahhhh! … Mariela había enloquecido, tironeaba del perro y lo follaba con todo su cuerpo, Lucky emitía unos ligeros y agudos chillidos sintiendo los músculos de mi esposa que ordeñaban con fuerza su pene, tal y como lo hace conmigo, las manos de Mariela cubrían sus ojos casi a no querer ver que estaba empalada en la pija de Lucky y gozaba como perra en celo, su boca se abría y cerraba emitiendo gemidos y quejidos guturales, con algunos bramidos animalescos, sollozaba y reía, todo al mismo tiempo, a ella le gustaba mucho el sexo, pero siempre fue bien reservada y pudorosa para hacer cosas en la cama, ahora había un desenfreno total, muy diferente de su naturaleza habitual, continuaba a apretar al perro contra su cuerpo, Lucky se había corrido y permanecía impertérrito con su verga dentro de Mariela, ella también había alcanzado su clímax y jadeaba afanosamente sin soltar al perro, su cuerpo todavía se estremecía y gritaba cada vez que el perro se movía dentro de ella. Lentamente Mariela comenzó a relajarse y la verga de Lucky salió expulsada de su chocho, se acomodó un poco mejor en la tumbona y con su remera trato de impedir que el copioso torrente que escapaba de su vagina, se extendiera ensuciando la playera, delicadamente hice a un lado a Lucky y me senté frente a mi esposa que yacía exhausta y casi sin aliento. —¡Ay!, amor … fue magnifico … te veías tan linda cogiendo con Lucky … hicieron que me corriera dos veces solo con el espectáculo … ¿Qué te pareció a ti? … ¿Te gustó? … Mariela no contestaba, todavía cubría sus ojos con sus manos, pero el blancor de sus labios, lucían límpidos mostrando una amplia sonrisa. —¡Dime, amorcito! … ¿Te gustó? … —¡Ay!, tesoro … los mejores orgasmos de mi vida los he experimentado hoy con Lucky … jamás pensé que me podría involucrar con un perro … pero recréeme, los perros son los perfectos amantes para cualquier mujer … su polla esta hecha para la vagina humana … para estimularla y hacerla que se corra en modo bestial … ¡Me gusto! … ¡Me encantó! … ¡Quiero volver a hacerlo todas las veces que sea posible! … —¡Amorcito, quiero cogerte ahora! … —¡Tesoro … dame un poquito de tiempo para recuperarme! … Mi verga estaba dura que casi me dolía, entonces miré a Lucky y me pegué una palmaditas en mis piernas, el perro se levantó y vino hacia mí, me di dos palmaditas cerca de mi pene y el perro se acercó a olfatear y luego me dio un par de lengüetazos a mi polla, Mariela estaba siguiendo toda la situación con una cara de estupefacción, Lucky enrollo su lengua en mi pija un par de veces y comenzó a lamerme el nabo de arriba abajo, me acerqué al chocho de ella y metí mis dedos en su sexo extrayendo el máximo de fluidos, los que espalmé sobre mi verga, luego me eché para atrás a observar como Lucky trabajaba mi miembro hasta hacerme explotar en su hocico. —¡Pervertido cabrón! … Dijo Mariela mirando incrédula como Lucky se bebía toda mi lechita y recorría mi pene que continuaba a emitir flujo de semen. —¡Ven! … ¡Siéntate en mi polla! … Mariela un poco escéptica se levantó y metiéndose mi pene en su chocho, me montó a horcajadas, mi miembro no estaba flácido, así que comencé a follarla lentamente, ella se abrazo a mi gimiendo, puse mis manos en sus nalgas y abrí su culito, Lucky se ubicó debajo de ella y empezó a lamer el agujero de su ano y mis bolas al mismo tiempo, se apretó a mi gimiendo y susurrando: —¡Eres un jodido cabrón pervertido! … ¡Aaaahhhh! … —¿Te gusta? … —¡Oh! … se siente tan rriiiicooo y caliente … —¡Lo sé, amor! … ¡Sí qué lo sé! … Le dije mordiéndole sus lóbulos rojizos, ella se apretó más contra mi pecho como para hacerme sentir sus poderosas tetas, Lucky golpeaba sus nalgas con su nariz tratando de penetrar su pequeñísimo ano, Mariela gemía y movía sus caderas provocándome gran placer, de pronto se detuvo: —¡Quiero ver cómo se corre! … Me dijo casi en un susurro, con una vocecita de niña mala y curiosa, se desmontó de mi y se fue directo a tomar la polla de Lucky que estaba totalmente escondida en su funda, me levanté mirándola como sus ojos resplandecían esperando ver aparecer en toda majestuosidad la enorme verga de Lucky: —¡Necesito beber algo! … Dije lamiendo mis labios resecos, ella me miró y se giró como para ir a la casa: —¡Yo necesito ir al baño … tú te quedas y me lo preparas … yo te traeré de beber! … Dijo y se marchó sin esperar una respuesta, así que me dejó a pajear a nuestro huésped, no es que me disgustara, pero habría preferido que ella nos pajeara a mí y a él, después de varios minutos apareció mi esposa con sendas bebidas y se había puesto un vestidito de esos antiguos que ya no le quedaban tan bien, era más bien estrecho y corto, pero su look era estupendo, se veía muy sexy por decir lo menos, en tanto yo pajeaba a Lucky y su verga estaba casi toda fuera de su vaina. —¡Eres el hombre más sexy del mundo con esa enorme polla en la mano! … Me dijo mi esposa sonriendo y tendiéndome un fresco vaso de campari soda, ella bebía lo mismo: —¿Sí? … ¡Y yo quisiera ver porque tú la quieres tan durita! … —¡Quiero ver cómo se corre … quiero ver salir su lechita! … —¡Sí! … ¿Eso es lo que quieres? … ¿Por qué no te sientas … te tocas el coño … restriegas tu clítoris y yo masturbo a Lucky para que te salpique en tu conchita mientras tú te corres? … —¡Eres un sucio pervertido! … Dijo Mariela sentándose en su tumbona, se arremangó su vestidito, tal como pensaba estaba sin bragas, separó su muslos y comenzó a acariciar su botoncito enardecidamente, yo hice que Lucky subiera sus dos zampas a la playera y continue a masajear su rojizo miembro, gotas de semen comenzaron a bañar los muslos de mi esposa, ella frotaba su concha con todos sus dedos cual si fuese un mandolino tocando todas sus cuerdas al mismo tiempo, se había colocado casi debajo de Lucky y la lefa comenzó a formar una laguna en su vientre y ombligo, los chorros de semen del perro escurrían por sus glúteos, su pelvis y los costados de su vientre, Mariela bajó la parte superior de su vestido liberando sus tetas y comenzó a espalmar esperma sobre ellas dejándolas esponjosas y brillantes. Justo cuando chorros de semen comenzaron a bañarla por completo, ella exhalo un suspiro quejumbroso y luego se estremeció de pies a cabeza, gritó y chilló corriéndose junto a Lucky, yo no resistía otro segundo ante tanta estimulación, corrí al perro y me paré a horcajadas sobre la tumbona y le metí mi verga en la boca a Mariela, ella rápidamente se tragó mi polla y follando su boca le acabé dentro en menos de treinta segundos, mi bella mujercita agradeció tragándose todo. —¡Umpf! … ¡Urgh! … ¡Slurp! … ¡Que pervertido que eres! … —¡Y tú eres la más linda de todas! … ¡Pídeme lo que quieras! … ¡En estos momentos me tienes en tus manos! … ¡Todo lo que quieras te lo concederé! … —¿Qué dices de un perro? … —¿Un perro? … ¿Qué dices de un chihuahua? … —¡Eres un cabrón! … ¡Quiero un perro grande! … ¡Tiene que ser grande! … ¡Grande! … ¡Grande! … Los comentarios vuestros son un incentivo para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor. [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Zoofilia

Leer relato »

Mi mayor secreto

2021-12-03


No es nuevo que tenga sexo con mi perro, el es un pitbull de apenas 3 años, me da las mejores cogidas de mi vida. Aun que la verdad no vengo a hablarles de zoo, si no de mi fantasia incumplida. Empezare por describirme, mido 1.80 de complexion robusta y un cuerpo fuerte y tez morena, nunca me an interesado los hombres sin embargo me gusta mucho jugar con mi ano, creo que algunos me entenderan que no se necesita ser homosexual para disfrutar del placer anal. Todo empezo cuando apenas era un adolecente con decada y media de vida, aun no tenia experiencia con mujeres pero un perro ya me habia hecho disfrutar con su lengua en mi ano alguna vez sin querer mientras hacia del baño en el campo. De ahi mi curiosidad crecio, e participado en trios, intercambios, orgias, e jugado con pepinos, zanahorias, desodorantes y muchas otras cosas, sin embargo nunca e sentido una verga en mi ano y es que mi fetiche no es que me coja una verga y ya, si no una trans o una mujer con strappon, siempre me an gustado las mujeres, la figura femenina es el ejemplo mas grande de belleza y perfeccion. Añadido a esto me encanta grabarme cuando estoy con mi perro o tomarne fotos con pepinos en mi trasero, debo decir que debido a ese gusto mio me caben pepinos de 20 cm de largo y de 5 a 8 cm de gruesos, pero aun me pica la cosquilla de que una hermosa mujer con polla me atraviese o alguna enculadora que disfrute de coger culos varoniles. Se que muchos entenderan lo dificil que es poder compartir este tipo de gustos que solo se dan en mentes abiertas y sin prejuicios. Tengo mucho material por si alguien quiere que le comparta material o si algun voyeur quisiera ver en vivo como me atravieza mi perro o cualquier perro o compartir videos de como me meto pepinos enteros por el ano, deje su correo y yo me comunicare. Nota esto lo escribo justo despues de haber estado abotonado con rocks y con un pepino en el culo.

Autor: Zoowolf Categoría: Zoofilia

Leer relato »

Mi nueva inquietud

2021-12-03


Hola me presento soy miguel, desde muy pequeño e sido muy despierto con mi sexualidad, me declaro eterosexual aun que tambien me encanta la zoofilia, bueno en otra ocacion les contare como fue que empece, lo que les vengo a contar hoy acaba de pasar hace unos dias, estaba como siempre solo en mi casa pues vivo solo en cdmx, tengo un perro pitbull que me da muchos momentos de felicidad. Acababa de llegar de trabajar y decidi fumar un poco de marihuana cuando mi perro ladraba afuera, se trataba de un perro ageno, no le tome mucha importancia y meti a mi rex adentro para que no estuviera haciendo escandalo y por vicio decidi sacarme la ropa, ya saben, para que mi perro sacara su estres, decidi poner unos videos de zoofilia para inspirarme y la verdad muchos ya e visto, por lo que decidi grabarme por primera vez eso me prendio al mil. Poder ver como me abotonaba una y otra vez, fue donde nacio mi nueva inquietud hacerlo con publico, aun no estoy muy seguro pues me gustaría que fuera con alguien con la misma inclinacion o aun mejor una mujer y compartir este tipo de experiencias juntos que me vea y [email protected] si alguien quisiera tener una experiencia similar favor de mandar msg al+52 56 2391 8806 cero malos rollos solo busco placer y seguir disfrutando

Autor: Zoowolf Categoría: Zoofilia

Leer relato »

Noche erótica con mi vagabundo

2021-12-01


Buenas tardes, pues me encantó anoche, fui mui satisfecha, ese perrito callejero ya lo avía visto varias veces vagar en la cuadra, es como cruzadito de doberman con no se que jijiji, pues estaba en casa toda la tarde viendo películas, ya noche como s las 9 pm escuché ruidos cómo perros peleando, me asome y estaba un mugrero de basura y me enoje mucho?, salí y les grite ya largarse perros chiflados, y Vi que un perro tenía buen pescado a una perra jijiji y me dió curiosidad de verlos, de pronto se asetco mi amiguito que una tarde me visito, dije hoooli cariño ase mucho que no venías por aquí? jijiji ya novia su colita y se asetco a mi y me lambio la mano y me dió cosquillitas ?, voltie y Vi que el perro tenía bien ganchada a la perra y otro les lambia abajito y me cachondie de ver eso??, se me ocurre Aser lo mismo pero yo ser la perra?, pues abrí el barandal y dejé poquito abierto, fui al refrigerador saque jamón y le di a mi amiguito, me meti a apagar el foco del porche para que los vecinos de a lado no vieran lo que quería hacer?, ya que enfrente de mi casa es una barda grande que divide la a calonia con la carretera, total se metió mi amiguito, m es agache y lo acaricie, e la se dejaba y empeso a saca su pene y como a expulsar chorritos de orines jiji me salpicó las piernas, ya que traía un chircito y una blusita de tirantes, tu desidia meterme y bañarme, pero primero lo metí al pasillo después si lo o cerré la puerta del porton, fui a la cocina para dejarle comida en lo de que me baño y fui a mi cuarto, abrí la ventana y estaba paradito víendome, eso me pareció mui eritico y desidia desvestirme delante de él, ?, empese a moverme sexy y a quitarme todo, quedé desnuda y empese a tocarme, el se movía y como que quería brincarse al cuarto, me estaba exitando al saber que quería cojerme mi amiguito peludo, y desidia así sudada ponerme algo sexy??, me puese mis medias que uso en mi trabajo de oficina, unas color natural, y tambn mi liguero negro de encaje, y mis tacones, mi tanguita negra y mi brasier negro de encaje, y mi vestidito que me encanta gris con negro? me exita verme así , empese a bailarle y a tocarme y que se mete por la ventana el mui bribón jjiji, lo acaricie arriba de mi cama y empesava a escupir chorritos de semen o de orines no sé que sea pero estaban calientitos ?, me salpicaba mi vestidito y mis medias eso me pone mamillon?, lo empese a seducir a masturbarloy que empiesa a creser su pene ?, me pare y me empese a desvestir para el, me quite mi vestido y mi brasier, me quedé solo con el ligero las medias y los tacones, me empine para provocarlo y solo se acercaba a lamberne mi culito, de pronto que se trepa pero no le atinaba, me empine más y sentí como entro poquito y empeso a moverse rápido, me dolió por qué entró mui rápido y me quise safar, pero me gruñó y se afianso de mi cintura, y jadeaba y eso me exito como diciéndome note muevas perra o te muerdo?? sentí eso y me moví más hacia atrás dándome todo para que me cojiera más duro, y le desia así miamor dame más resio soy tuya soy tu perra???, deprinto se quedó quieto y sentía como palpitaba su pene ya que me metió con la bolita o nudo, eso estubimos como media hora, y deprinto salió y me dolió grité pokito y empeso a lamberme y a limpiarme toda mi bulba junto con mi ano, me exite mucho me vine como tres veces, y dije te boi a compensar miamor, le empese a chupar el pene enorme que se le hizo? es lo más exitante que he hecho, asta quedar bien cansada y me quedé en el piso, el se quedó conmigo y desperté asta la mañana, me levanté y fui a darme un baño, elestaca en el porche comiendo lo que le dejé, y alsalir de la duha se quería ir, salí ya cambiada y lo saqué, le deje baby miamor vuelve pronto jiji que delicia me desestreso de tanto trabajo y lo amo, desde entonces me a visitado varias tardes y noches y le daré placer mientras el quiera, saludos y esoere más relatos ??

Autor: Yazmin dogy Categoría: Zoofilia

Leer relato »

Me cogí a una cerda a escondidas

2021-11-29


Hola me llamo leo tengo 32 años y le vengo a contar mi experiencia con una cerdita bueno eran las 2 am en mi trabajo y hai estaba cuidadin unos asuntos pero hai misno avia unas cerdad de engorde me acorde de unos videos que avia visto de un hombre y una serdita la verdad se veia mui rico entonses coji me foi despacio para los chiqueros donde se encontraba la serda la verdad ya le agua pasado el celo de la cerda entonses comence a tocarle su panocha y estaba calientita le unte saliba es su cosa y le meti un deto y comenso a apretarme super rapido los dido dentro de eya era una censagion bien rica despues le meti 2 dedos y comenso a moberce entonses coji me baje los pantalones pero estaba nervioso de que alguien me viera hai la verdad estaba todo oscuro dudo mucho que alguien me viera hai metido pero aun asi tenia miedo y por eso no se me parava la verga entonses me unte saliba me masturve y se me paro pero aun flagida no se me paraba vien erecta del todo comence me la agarre del tronco y se la meti de un solo pero eya se comenso a mober denuevo y se salio comence a metersela otra ves y entro la verdad que mi verga es bien grusa y no entraba bien y entro oero hien apretado creo que le dolia por eso se mobia a cada rato de hai coji se la meti otra ves quedandome quito para que eya no lo pudiera sacar y comese a darle duro dale y dale ne apretaba super rico era una sensacion mui rica estube como dies minutos asta que termine le dje toda la leche a dentro no me lo creia lo que acabava de acer pero me encanto fui algo inlvidable de hai coji me labe y me vesti y volví a mi ronda la verdad no la disfrute mui vien por los bervios que tenia de que alguien me viera y me quede con muchas ganas lo bolbere a intentar en estos dias y le contare que tal ustedes me podrian ayudar con algo para que se me quiten los nervios y asi ponerla bien dura apenas enpiese a metercela sera de mucha ayuda gracias

Autor: Leones Categoría: Zoofilia

Leer relato »

Trio.

2021-11-26


Como cada viernes te esperaba con ansias, tú lo sabes muy bien, te deseo, te deseo con todo mi cuerpo, es todo el día que mi vagina no deja de emitir fluidos, son para ti, mi vagina y yo esperamos por ti, estacionas el coche y corro a verte, a sentir tu olor, escuchar tu voz, apoyarme a ti y sentir los latidos de tu corazón, mis labios buscan tus labios, me besas, dejas todo de lado para envolverme en tus brazos y besarme, esos besos que dejan ronchas en mi piel, levanto un pierna para poder juntar más mis muslos y apretar los labios de mi vagina que tiembla de deseos por ti, te quiero, te necesito, mi mano roza la incipiente protuberancia debajo de tu pantalón, la dureza de tú verga me hace lanzar gemidos y suspiros. Me abrazas y me guías al interno de nuestra casa, Lancelot también viene a tu encuentro, nuestro Pastor Alemán te saluda con ese bailoteo peculiar en él, mueve su cola y ladra dándote la bienvenida a casa, eres el Señor de la casa, el Rey del lugar y Lancelot y yo te pertenecemos. Dices que necesitas un baño y te dejo ir, sé que también disfrutas de un trago, voy al bar y te preparo un Chivas, así como te gusta a ti, temperatura natural, sin agua y sin hielo, para mi verso una generosa porción de Cinzano y dos cubitos de hielo, siento el agua de la ducha y no resisto las ganas de ir a verte, necesito gozar una vez más la vista y la majestuosidad de tú cuerpo de macho, esas espaldas anchas con esos bíceps desarrollados, las marcas de tus músculos en tu abdomen, tus musculosos muslos, esa verga que pende de tu ingle semi erecta y que se mece con tus movimientos y capturan mis ojos como en un trance de libídine y lujuria, me muerdo mis labios y mi lengua se mueve en el aire como dibujando ese glande lustroso y henchido del sangre que circula en tus venas, esas venas que son claramente visibles en la longitud de tu miembro, te sonrío mientras mueves la esponja espumosa entre tus cojones redondos y pesados de esperma hirviente, siento que la humedad de mis bragas va en aumento. Te veo salir de la ducha y extiendo mi mano con tu trago, lo recibes guiñándome un ojo atrevido, prometiente y perverso. Me incitas con esos guiños y muecas, me haces reír, mis senos parecen quisieran explotar, mis pezones luchan contra la copa de mi sostén, quisieran ser liberados y atrapados en esos dedos tuyos que juegan ahora con tus cabellos mientras los secas con la toalla, tu pene continua a mecerse y a tentarme, me tienes hipnotizada y subyugada, lo único que quiero es que termines pronto y me prendas en tus brazos, lo única que quiero es cerrar mis labios sobre tu polla cimbreante, quiero sentir el sabor de gotitas perladas de tu semen, el sabor agridulce de tu esperma deleitando mi paladar. Descansamos en nuestra sala de estar y abres la puerta del balcón y acaricias a Lancelot, nuestra fiel mascota lame tu mano, me siento celosa de las caricias que le prodigas y las que él te retribuye, quisiera ser yo a lamer todo tu cuerpo, veo cómo te inclinas y le rascas su barriga, luego tu mano encuentra su verga canina, no resisto más y voy junto a ti, me inclino y te beso, mi mano se junta con la tuya, me das un húmedo beso y nuestras lenguas se saludan envolviéndose la una con la otra, por primera vez veo que te inclinas a mirar la gruesa verga rosada que comienza a asomar, esa punta afilada de Lancelot que lanza destellos de luz, me miras y creo adivinar lo que quieres, me inclino y mi lengua acaricia la húmeda y rosácea carne desnuda de Lancelot, mi mano te ofrece la brillante polla que continua a crecer, tú de un lado y yo del otro, nuestras miradas se encuentran bajo la panza de Lancelot, tomo esa vara caliente y la meto en mi boca, la chupo ávidamente mientras tú me fijas con tus ojos impregnados de lascivia, vuelvo a ofrecerte esa polla lustrosa, abres tus labios y yo empujo el asta caliente entre tus labios, se la chupas y siento como succionas la verga de Lancelot, estoy sorprendida y excitaba viéndote con esa gigantesca verga en tu boca, no puedo dejar de mirarte excitada e hipnotizada por la escena que me regalas, lamo junto a ti y siento en mi paladar el sabor de Lancelot que chorrea semen desde su polla, te dejo en esa placentera pose y me levanto para dar placer a tu miembro duro, marmóreo, gimes con la verga de Lancelot en tus labios mientras mis manos escurren al largo de tu pene, gimes cuando sientes mis labios envolviendo tu glande, gimes cuando mis manos acarician tus cojones, gimes cuando mis dedos llegan al orificio de tu ano. Te alzas y yo me arrodillo a chupar tu verga, uno de mis dedos se insinúan en tu trasero, siento la contracción de tu glúteos, has tirado la bata sobre el piso y buscar arrodillarte, me miras con unos ojos suplicantes, quieres algo que nunca has tenido, quieres una experiencia nueva, no dices ni una palabra, pero no es necesario, estoy conectada contigo, estoy amarrada a tu almas, estoy saldada a tu concupiscencia, quieres la verga de Lancelot, te pones en cuatro, el fiel Lancelot también ha entendido, sube sus zampas a tu espalda igual como lo hace conmigo, mi dedo prueba tu diminuto ano, la enorme verga de Lancelot podría hacerte daño, pero yo estoy ahí para ti, apunto el enorme miembro a tu trasero y la punta se inserta en tu culo, lanzas un grito lujurioso sintiendo la gruesa polla en tu culo, Lancelot enloquece y comienza a bombear su verga rápidamente dentro y fuera de ti, con mis dedos impido que la enorme bola dañe tu esfínter, lo dejo follar tu trasero sin que su bola vaya dentro, ya habrán otras ocasiones, te masturbo mientras Lancelot te coge y te trasforma en su perrita, mi fuerte macho gime, mi fuerte macho se estremece, mi fuerte macho se pliega de rodillas ante la potencia del macho alfa que lo posee. Me doblo hasta conseguir tu polla crecida a dimensiones increíbles que entre en mi boca, con una mano mantengo el pene de Lancelot mientras mi boca le hace espacio a tu verga que pulsa, siento una descarga eléctrica en mi mano y sé que Lancelot está llenando tu esfínter con su esperma caliente, contemporáneamente unos increíbles y potentes chorros salen disparados de tu pene, casi me ahogo, hago fatiga a tragar, estornudo y algo de semen escapa de mis narices, el resto desciende por mi garganta, tienes la cabeza gacha sumiso, respiras con tu boca abierta y jadeas pesantemente tratando de recobrar tu normalidad, Lancelot baja de tu espalda y tú te sientas en tus talones, mis vestidos vuelan por el aire y me arrodillo frente a ti para besarte, me has regalado un maravilloso orgasmo sin siquiera tocarte, sin siquiera tocarme, solo verte cogiendo con Lancelot ha sobrepasado hasta mis fantasías más salvajes. Me abrazas y me invitas a arrodillarme sobre tu bata, vienes detrás de mi y lames mi chocho, estoy en cuatro y te ofrezco mi conchita cual, si fuese una perrita, siento que me das unas palmaditas en mis glúteos y luego las poderosas zampas de Lancelot se adueñan de mis caderas, siento su pene en mis muslos, en mis glúteos, yo también tengo ganas y muchas, quiero ser poseída, Lancelot irrumpe en mi conchita, él me tira fuerte de mis flancos y me entierra su pija enorme, veo que te arrodillas frente a mi y me ofreces tu verga una vez más dura y exquisita, chupo y succiono tu pene mientras la verga de Lancelot inunda completamente mi chocho y el roce de su bola con mí punto “G”, me hace explotar, un orgasmo bestial, no puedo seguir chupando una polla mientras la otra me hace enloquecer, me tomas de los cabellos y fuerzas tu verga en mi boca, grito de placer con dos pollas en mí, mi boca hambrienta se cierra alrededor de tu pija y con mi lengua atrapo tu glande contra mi paladar y lo martillo hasta sentir el liquido tibio de tus semillas cubriendo mis papilas y trago y trago y trago, Lancelot termina de bombear su semen en mi panocha, mis muslos están bañados de semen canino, él levanta una pata sobre mi y quedamos anudados trasero con trasero … es solo viernes, tenemos dos días más para nuestro trio … ----- ----- ----- ----- ----- ooo ----- ----- ----- ----- ----- Los comentarios vuestros son un incentivo para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor. [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Zoofilia

Leer relato »

Sexo con una perra a mis 23 años

2021-11-22


Hola soy un chico delgado, alto, de piel blanca y cabello rubio, ojos cafés y soy de Tecamac estado de México. Me gusta mucho la zoofilia, me excita muchísimo mi pene se pone muy grande por los animales me gusta ver mucho a mujeres disfrutar como locas y perras con perros y caballos. Cuando tenia 23 años le hice el amor a una perra bien rico le encanta que le metiera mi pene y sentir como me apretaba y me succionaba bien rico para que me viniera y saliera toda la leche. Me excita mucho ver a las mujeres empinadas a cuatro patas y que los perros las monten bien rico y en una ocasión vi como una mujer ordeñaba la leche de un caballo para tomársela al natural, aun que a muchas les gusta beberla con miel y con cereal ya que en otros países es una tradición. A mi me encantaría que me vieran cuando me estoy montando una perra y quisiera yo también ver a una mujer montada por un perro. Después salimos a pasear al parque y estaba muy feliz porque le había dado mucho amor y tenia mucha sed y mucha hambre de tanto ejercicio que hicimos juntos. Me encanta compartir esta experiencia con ustedes me gustaría poder platicar y conocer mujeres de cualquier edad que les guste la zoofilia y que ya practicaron y son activas con sus animales, si son de donde yo vivo mejor para salir y conocernos, puedes escribirme SOLO si eres mujer de cualquier país por Telegram el mio es @AzureEmpyrea1 solamente si estas decidida a platicar conmigo y que seamos amigos espero tu mensaje, soy 100% real y honesto puedo comprobar con fotos y vídeos, puedo enseñarte también de animales que me gusta y compartir algunos vídeos de Internet.

Autor: Anónimo Categoría: Zoofilia

Leer relato »

¡PRUEBA LA NUEVA WEB: EROTISMOSINTABÚ!