Relatos Eróticos de Zoofilia


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Cómo me cojo a las perras en celo de mi barrio

2019-10-12


Vivo en una ciudad en la zona oriental de Cuba. La ciudad no es tan pequeña como un pueblo pero tampoco es tan grande como la Habana, la capital. Por suerte vivo en la periferia y en trescientos metros caminando ya llego a la circunvalación que es un anillo-carretera que rodea a la ciudad y después de eso comienza el campo y hay varias líneas de trenes que pasan por esa zona. Hay mucho monte cerca de mi casa. Yo no tengo perra pero todos mis vecinos tienen una o dos y por lo general se la pasan en la calle. El día y la noche se pasan bajo el ladrido continuo de los perros. Yo salgo en las tardes vestido con un short, un pullover y mis botas de agua, con un machete en la mano por si necesito cortar algún poco de yerba que luego vendo a los dueños de caballos. Siempre voy por el camino fijándome si hay alguna perra en calentura. Cuando salgo en las tardes ya casi haciéndose se noche todo se me hace mas fácil. Uno se da cuenta que hay una perra en celo cuando hay movimientos de perros corriendo y luego aparece la perra acosada por varios perros. Si ella no esta lista aun para el apareamiento pues se resiste y se muestra agresiva. Por lo general yo me voy acercando o me muevo de manera que logro espantar la manada hacia una zona que me sea cómoda para mi. Trato siempre de lograr la simpatía de la perra hasta que ella casi siempre sumisa se acuesta de espalda con la panza al aire. Ahí es cuando la cargo y le pongo el lazo. Siempre me la llevo discretamente por la línea hacia un lugar bien intrincado que ya conozco. Y en eso me van persiguiendo por lo general tres o cuatro perros de la manada. Tengo que caminar como quince minutos para llegar a mi escondite en el monte. Una vez en el escondite la dejo que se relaje un poco y me mantengo alejando a los perros que se vuelven frenéticos por quererla coger. Ellos nunca abandonan el lugar. Empiezo por tocarle la panza y poco a poco voy bajando hasta que logro tocarle la panocha e introducirle un dedo. Me gusta siempre palparla por dentro para comprobar que no tiene ninguna malformación o lesión como verrugas. Eso es provocado por una enfermedad que le da a las perras. Pero bajo ningún concepto es trasmitida al hombre pues el virus no es compatible con el hombre. No obstante siempre me cuido y no juego con perras que tengas esas verrugas vaginales. Si esta bien pues empiezo a mojarme bien los dedos de saliva y trato de meterle dos dedos u luego tres dedos. Por lo general ellas aceptan y el anillo que tienen dentro lo van dilatando hasta que logran meterse los tres dedos. Con esos dedos mojados de saliva y sus jugo de calentura, los perros alrededor se vuelven locos y quieren acercarse a toda costa. Solo con el olor se ve como se les hinchan los nudos dentro de la funda. Cuando ella aguanta tranquilamente los tres dedos es cuando me desnudo ya con mi verga dura y la empiezo a lubricar. Mi verga tendrá unos 18 cm de largo y tiene una buena cabeza. Verga lubricada cojo la perra por detrás y trato de meterle la cabeza en la vagina. Al inicio me cuesta trabajo encontrar el conducto pero cuando lo encuentro dejo la perra que valla dilatando poco a poco. Por lo general llega un momento en que ella pega un grito y es cuando la verga se le va completa hasta adentro, por la base de mi verga. Alli la dejo tranquila para que se adapte y luego empieza a moverme. Si esta bien dilatada ella se queda tranquila y si esta en el punto correcto del celo abre las patas y separa la cola. Casi siempre se logra meter la verga completa pero la parte exterior de la vagina le queda realmente bien estirada, al limite, por el grosor. Los perros cuando ven eso se vuelven mas desesperados y tratan de montarla por todas partes y se acercan a lamer mi verga cuando la saco un poco. Cada ciertos intervalos siento las contracciones de ella que me aprietan y los fluidos que me corren por la verga. La agarro por la cola pero si ella esta bien receptiva y caliente la puedo soltar y ella se queda quieta con la verga clavada. Asi paso el rato dandole verga poco a poco para sentir el placer. Si ese dia estoy con ganas de hacer cosas mas locas empiezo a sacarle la verga de la funda a los perros que se acercan hasta que empiezan a moverse y se les forma el nudo. Unos a otros se ponen a lamerse las vergas. En eso me demoro mi media hora hasta que no puedo mas y le aviento todo mi semen en su interior. Ella se safa y corre inmediatamente de un lugar para otro como desesperadas hasta que se para y empieza a comerse la esperma que le sale de la panocha. Si los perros han quedado excitados con el nudo afuera un buen rato, una vez que se les baja no la molestan mas. Yo cansado y con las piernas temblorosas vuelvo a casa a ducharme y a ellos los dejos lo mas cerca posible para que continúen solos hasta sus casas. Realmente esos son momentos de disfrute para mi…. Un dia escuche un vecino comentando en broma que una de sus perras amanecía con la panocha bien hinchada y destilando leche, pero creo que es una exageración suya pues la leche no dura tanto dentro de una perra. Bueno esta es mi típica experiencia cada vez que salgo en las tardes por mi barrio. La próxima vez les contare como entrene a un perro macho de mi vecina para convertirse en el perro-puta de otros perros en mi barrio. Cuando no hay perras en celo, ellos se cogen a ese macho en el escondite donde vamos.

Autor: cagli76 Categoría: Zoofilia

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Llegué virgen y volví preñada -1

2019-09-23


Pasé las vacaciones con mi familia y conocí el incesto y la zoofilia Mi padre tiene 4 hermanos, dos mujeres y dos hombres. Mi padre s vino a Madrid cuando era soltero y se casó en Madrid con mi madre que es madrileña, mi madre estaba preñada de mí cuando se casaron, creo que he salido a ella, porque me gustan las pollas cuanto más y más gordas mejor, además me gusta follar con quien sea. Voy a contar lo que me sucedió un mes de Agostó en el pueblo de mi padre, me fui virgen y volví preñada. Tenía 18 años, estudiaba en un colegio de monjas. Me picaba el coño más que una quemadura. Estaba todo el día sobándome y con las bragas mojadas, había veces que de tanta calentura me corría con ellas puestas y empecé a tomar gusta en ir con la bragas meadas, esa humedad me mantenía el coño húmedo y caliente a la vez Mi padre se empeñó en ir 15 días al pueblo y yo me aburría soberanamente., los amigos y amigas que tenía en el pueblo eran muy infantiles. Me dijo mi padre que me subiera a la sierra con mis tíos y dos primos que tenía, él 21 años y ella 19, la verdad que no me apetecía pero se convirtieron en los quince días mejores de mi vida y viendo el panorama que me esperaba pensé que por lo menos haría algo diferente. Mi padre me subió en un Simca 1200 que tenía y pasó el día con su hermano y su cuñada Gloria que tenía 45 años y la verdad que estaba como un tren, tenía unas tetas enormes y un culo gigante. Mi padre no quitaba ojo de encima, seguro que por la noche se consoló con mi madre aunque creo que le hubiera gustado follarla. La casa de mis tíos estaba en plena sierra y era pequeña, tenía luz producida por baterías y no tenía agua corriente, en verano no había problemas pues a 100 metros hay una garganta con charcos de agua cristalina para bañarte, pero en casa tenías que lavarte en barreños de agua de zinc que son bastante grandes pero si quieres agua caliente lo tienes que calentar en una cocina de gas butano que mi tío subía en su Renault 4 viejo y destartalado pero la economía no daba para otra cosa. Yo tenía que dormir con mi prima Susana que tenía en ese momento 19 años, mi primo dormía en un cuartucho al lado, por cierto mi primo se llama Luis y tenía 21 años y mis tíos se llaman Gloria y Joaquín Mis primos se alegraron al verme ya que hacía casi un año que ni iba por el pueblo. Mi primo la primera frase que me dijo fue que parecía que me habían crecido un poco las tetas, me dieron ganas de soltarle un guantazo pero la verdad es que en el fondo me gustó porque mis amigos estaban todo el día en el futbol y poco más. Pasó el primer día y al atardecer mi padre se bajó al pueblo y a mí me dieron ganar de largarme con él pero dije, voy a aguantar un par de días por lo menos. Después de cenar y charlar un poco nos fuimos a la cama, mi prima me preguntó que si tenía novio -no ¿ y tú? Tampoco. Cuando me acosté me dijo que tenía unas bragas muy bonitas, las suyas eran muy antiguas y grandes pero a la vez me gustaban porque parecía una niña pequeña, la verdad es que me sorprendió un poco que me dijera eso Cuando estábamos en la cama empezaron unos gemidos. -Son mis padres que se pasan el día follando. En ese momento mi prima se arrimó a mí y me empezó a acariciar por la espalda, me asusté. -Tranquila que no pasa nada pero es que me pongo caliente y pensé que a ti también te pasaría. Yo estaba más que caliente -Claro que tú en la ciudad follarás mucho -No he follado nunca, -¿Cómo? -Has oído bien, nunca, solo tengo 18, mentí, bueno los cumplo en septiembre, y mis amigos parecen maricas. -¿Y tú como te apañas? -Ya lo irás viendo, y ya te contaré porque si te lo cuento ahora no lo vas a entender. Con esta conversación ella me puso una mano en una teta y no sé porqué mi pezón, que era largo y fino, se puso de punta. -Prima estás caliente -un poco, es que tus padres me están poniendo cachonda. No te preocupes que aquí, si tú quieres, pollas no te van a faltar. Me quedé sorprendida Mi prima empezó a sobarme y la verdad es que no me desagradaba, me tocó las tetas y me decía: me parece que eres un poquito puta . Me bajó las manos al coño y me lo tocaba juntó dos dedos y me los fue a meter en el chocho -No, que soy virgen -¿cómo? Si ya te he dicho que no he follado nunca No te preocupes que ese problema o bien Luis o mi padre te lo van a quitar. Me puse de pie de un salto, me quedé helada. Si te acuestas y te cuento; antes te dije que había cosas que no te quería contar pero tú te has precipitado, no hay nada de malo en ello, qué más da quien te la meta, lo importante es que quien lo haga te lo haga bien y disfrutes. A mí me desvirgó mi padre, aquí no hay muchos hombres y los animales follan y yo estaba todo el día caliente, es que ni comía. Un día fue a la cama mi madre y me acarició de tal manera que me puse como las cabras que verás mañana, caliente como ellas, entró mi padre en la habitación y se bajó los pantalones a mi me daba miedo ya que mi padre tiene un polla de 22 centímetros y gorda, mi madre le ayudó a metérmela, se que está mal pero así fue y te cuento más, a mi hermano le desvirgó mi madre y algunas veces hemos follado los cuatro juntos. Ellos quieren lo mejor para nosotros y no veo nada malo en ello, es peor que estemos cabreados y buscando por ahí y tener problemas. Además tenemos un vecino a menos de un kilómetro que se quedó viudo y a su hijo que les hacemos un favor, la verdad es que mi padre también se follaba a su mujer. Yo alucinaba, donde me he metido. -¿Que te crees que si tu padre pudiera no se follaba a mi madre?, si cada vez que viene se la come con los ojos y se le pone la polla dura y viene aquí para intentar follar con ella pero mi padre no le traga, lo siento pero es la verdad. -mañana me voy. De aquí a un rato pensarás e otra manera. Ella seguía sobándome el coño, era la primera vez que otras manos que no fueran las mías me tocaban ahí, no tardé no cinco minutos en correrme. -Has visto como no es nada malo. Oye a ti te gustan las mujeres. -No me gustan los hombres, estoy deseando que me metan una polla en el coño. Mi prima me dijo que la tocara, las tenía como su madre, parecían dos cántaros, me enseñó a chupar y a meter mano a las tías. Lo pasé genial -Mañana te vas a marchar. No pero eso que me has dicho de Luis y de tu padre no me gusta, prefiero seguir virgen. No te preocupes que tenemos al vecino y su hijo, están deseando follar, yo me los he follado a los dos, el único problema es que el hijo tiene la polla muy larga, unos 30 centímetros pero muy delgada, a mi me gusta que me la meta por el culo, sin embargo su padre la tiene más corta pero ten gorda como un brazo, te queda el coño escociendo. Levanta y mira como follan mis padres. Me volví a poner caliente, por una rendija del puerta se veía como cabalgaba encima de mi tío, tenía el chocho lleno de pelos y unas tetas que a pesar de ser grandes estaban tiesas, mi tía tiene 45 años. Pasaron dos días, mi prima me enseñó todo lo que había en su casa y establos donde estaban las cabras por las noches, el olor era nauseabundo. -¿a qué huele? Son los machos, dijo mi prima. Ese olor es del semen, es un olor fuerte pero a mí me pone cachonda. Había tres animales que yo pensé que eran cabras porque les colgaban las tetas y unos centímetros más adelante tenía n un mechón de pelos muy largos. Dos de ellos, los más grandes tenían unos petos parecidos a delantales atados y colgaban justo por delante del mechón de pelos. -Si son macho ¿cómo es que tienen tetas? - Pareces tonta, eso no son tetas, son los testículos Eran enormes -Esos petos de cuero ¿para qué son? Para que no se follen a las cabras porque ahora no se pueden quedar preñadas, cuando sale la polla da en el peto y no pueden follar a las cabras, hay que esperar al otoño para que cuando paran haya más comida y dar más leche a los cabritos. -¿cómo es que tienen esos pelos en la barriga? - Por ahí les sale la polla y así cuando se corren sin sacarla del todo por ahí les escurre el semen y no les mancha. La naturaleza es muy sabia. ¿Quieres verlo? -vale, me estaba poniendo caliente Mi prima llamó a uno por su nombre y se acercó, entró en el aprisco y le acarició en los testículos, al momento le salió un músculo que parecía un sacacorchos, era su polla, soltaba unos chorros de semen que daban en el cuero, olía fatal, mi prima se la cogió y se la metió en la boca a la vez que se tocaba el coño. Además de lo que daba en el cuero y caía al suelo, por lo pelos chorreaba, la verdad que era muy morboso y empecé a notar que se me mojaban las bragas -ven, chupa, -Qué asco vomité el desayuno, era un sabor a cuajada agria. Mi tía estuvo viendo todo, yo no me había dado cuenta Hija, no pretendas que la primera vez le guste, decía mi tía Ella continuó pajeándole y se rebozó el coño con su semen y se corrió como una loca. Cuando terminó marchamos a la garganta las tres y nos bañamos. Mi tía tenía un cuerpo espectacular, ellas se bañaron desnudas yo con bragas y sujetador. -mamá, ¿sabes que Paloma es virgen? -¿cómo? - lo que oyes, pero sé que tiene ganas de follar. Lo que no tengo muy claro es si le gustan los coños o las pollas, porque cuando le toco el coño se derrite. Ven cariño, me dijo mi tía, se acercó a mí y me dio un abrazo y un beso, mi prima me bajó las bragas y empezó a tocarme el coño y mi tía me chupaba las tetas, me corrí y mi tía me abrió y dijo: vaya coño que tienes cariño tu tío y tu primo no van a tener problemas para meter sus pollas. Gloria y Susana se lo comieron la una a la otra, yo miraba y pensaba que una había salido por el coño de la otra y me ponía más caliente. Ya me había puesto las bragas y me corrí con ellas puestas, parecía que las tenía meadas. Mi tío y mi primo se marchaban todos los días con las cabras para que pactaran en el campo. Esa noche cuando estábamos en la cama apareció Luis y dijo a su hermana que al día siguiente iba a salir con los animales sólo porque su padre y su madre tenían que bajar al pueblo a comprar la comida para la semana Por la noche pregunté a mi prima que si alguna vez se había follado a un macho cabrío - No porque mi padre no me deja, tienen una polla de unos 40 centímetros y cuando se la meten a la cabra les llega a los ovarios y las dejan preñadas a la primera pero emiten un sonido y se quedan encogidas como si recibieran un fuerte dolor. A mi madre si la he visto alguna vez y dice que es como si recibiera una descarga eléctrica y que no es muy placentero porque dura pocos segundos. -Me gustaría verlo -con quien he follado es con los perros ¿cómo? -Ya lo verás. Me acerqué a mi prima y la besé en la boca, se dio la vuelta y nos hicimos una comida de coño que dormimos como dos benditas Desayunamos y no me sentó muy bien porque la leche de cabra es muy fuerte pero además me sabía un poco rara Mi prima me comentó que hacia las 12 de la mañana nos aceraremos al lugar donde pasan las cabras las horas de calor y así nos bañaríamos en un charco muy grande y bonito. La verdad que era precioso y estaba en un lugar muy escondido, me tuve que poner un pantalón largo para no pincharme las piernas porque había muchas zarzas y helechos. Por el camino tuve que parar a hacer caca porque se me soltó la tripa. Cuando llegamos nos bañamos y a los 10 minutos llegó mi primo con las cabras. Se quitó la ropa, yo le miraba a la polla, no s que me pasaba pero estaba todo el día con el coño húmedo. Salimos del agua y mi prima me tocaba las tetas y mi primo me lamía el coño, llegó un momento en que mi prima me separó las piernas y el apuntó la polla a mi coño y me la metió con una brusquedad enorme, me hizo daño pero no dejaba de correrme Después mi primo se corrió dentro de mi coño y me la sacó, al momento se acercó un perro y me empezó a lamer el chocho., le salía la polla, mi prima pegó el culo a mi lado y el perro se lo lamió, en un momento se subió encima de ella y se la metió se quedó un rato como suspendido en el aire y luego se dio la vuelta, mi primo sujetaba al perro pues empezó a moverse y tiraba de ella ¿Qué pasa? Dije yo -Que se han quedado pegados pues le sale un nudo para no separarse y preñar a las perras. Se escuchaban voces en la arboleda, eran Fermín y su hijo Carlos ¿Que bien lo pasáis y este niña quién es? -mi prima, la acabo de desvirgar pero sigue caliente como las cabras Fermín se quitó la camisa y el pantalón, tenía unos calzones blancos sucios y meados o manchados de semen, se acercó a mí y me metió la polla en la boca, fue la primera vez que probé el semen no daba abasto se me caía por la boca -chupa puta Era como uná botella de coca-cola o más gorda Carlos miraba, tenía la polla como un barra de hierro -¿Quieres follar Carlos? -Claro que si -Vale, pero para que te vea mi prima tienes que metérsela a una cabra Agarró una cabra que tenía la vulva hinchada y se puso por detrás, sacó su polla que era larguísima pero delgada y se la metió, la cabra se quedaba quieta le gustaba Mi coño era una fuente, se abría y cerraba, nunca me había pasado esto, Fermín en píe me subió encima de él y cuando fui bajando me la clavó el coño me dolía -Te voy a preñar puta flaca Hasta ese momento, mi segunda polla no había pensado en ello, pero en ese momento lo único que quería eran pollas y cuantas más mejor. Fermín se sentó en el suelo Y me levantó el culo -Ven, saca esa polla de la cabra y métela por el culo. Me la metió, era la primera vez me hizo daño pues le tenía escocido porque tenía colitis. Nos corrimos los tres pero a la vez no controlé y se me escapó un poco de caca -puta como nos has puesto de mierda- Mi prima estaba chupando lo polla a su hermano la sacó y se partía de risa Sácala dijo Fermín y métesela en la boca Chupaba me daba igual había mierda, caca, semen y flujo de la cabra pero yo seguía caliente Fermín me apuntó al ojete y empezó a apretar -No que me lo rajas. Al final logró metérmela .Cuando terminamos acabamos en el agua ¿Qué ha tomado esta chica? Susana-Una pastilla de las que damos a las cabras para que se pongan en celo. Eso explicaba todo. Si quieren contactar correo: [email protected] [email protected]

Autor: ferpal Categoría: Zoofilia

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Mis días de perros

2019-09-21


Ya habían transcurrido como dos meses de mí estancia en la casa de mi prima Davyna, y ya llevaba casi otro tanto de iniciada las clases. Si bien mantenía en mi memoria lo sucedido ese verano con Davyna, y me excitaba recordarlo, lentamente traté de dejar de lado ese pensamiento, porque lo estaba considerando como algo no muy natural que me atraía. Por suerte con el tiempo fui superándolo y considerándolo un secreto más de qué disfrutar en la vida junto con mis estudios y relaciones con amigos. Una tarde al regresar a casa después de clase, vi en la calle dos perros acoplados, me vino a la memoria Davyna con Eros, un tosa japonés, sentí una extraña y súbita excitación, apenas llegué a casa corrí a mi habitación, levanté mi faldita y bajando mi malla no pude evitar de enviar mis dedos a mi ya húmeda rajita, que de manera impetuosa friccioné castigando a mi clítoris, y apreté mis pezones, sin dejar de crear una serie de fantasías, hasta lograr desencadenar una deliciosa corrida acompañada de estrepitosos gemidos. Nuevamente me invadió una carga de culpa, pero no estaba arrepentida del acometimiento, ni tampoco de esos morbosos pensamientos, ilusiones que no sabía, si sería capaz de llevarlas a cabo en algún momento. Trataba de olvidarlas, aunque a pesar de mi lucha interna, terminaba cayendo en la tentación. Me era difícil evitar mis pensamientos, que me iban excitando cada vez más, masturbándome para aplacar mi deseo y a su vez acrecentando mis fantasías en una espiral sin fin. Una mañana me llamó por teléfono Davyna, para decirme, que en el mes de octubre, habría una semana sin clases, que si estaba dispuesta podríamos ir a la casa de campo de sus padres. Realmente no sabía que contestarle, así que le dije, que habíamos proyectado con unas compañeras del instituto ir a pasar unos días a la casa de una de ellas. No sé porque le dije esa mentira, a pesar que me tentaba estar con ella, creo que en el fondo sabía en que terminaría todo. Pero a pesar de eso, dos días después la llamé, para comunicarle que se había suspendido y que me encantaría ir. Debo aclarar que esperé el día de mi partida con bastante ansiedad. Llegó el día tan esperado, el viaje se me hacia interminable hasta que por fin arribamos a la casa. Esa noche se quedaron sus padres a dormir para regresar a la mañana siguiente a sus actividades. Apenas se fueron, nuestras cómplices miradas se cruzaron, para iniciar nuevamente el frustrado intento de aquella noche. Hasta el momento no habíamos comentado nada, de lo sucedido la vez anterior, pero esa noche decidimos preparar una rica cena, y disfrutar nuestro nuevo encuentro. Interiormente ambas estábamos dispuestas a repetir, o mejor dicho a concretar para no fracasar la ocasión. Después de una buena cena con algunas copas de vino, estábamos lo suficientemente alegres como para llegar a hacer cualquier travesura. Mientras mirábamos la tele, mis ojos se cerraban, me recosté sobre el sofá, dado que el sueño me estaba venciendo. Cuando la mano de Davyna comenzó a hurgar mis pantorrillas, era tal mi sopor que dejé que lo hiciese, disfrutando de sus tiernas caricias. Me fui relajando, su mano no cesaba, de mantenerse en contacto con mi piel. Me quitó los zapatos y los calcetines para estrujar con suavidad mis pies, era delicioso sentir esos masajes, giré sobre el sofá para quedar boca abajo, abriendo un poco las piernas, la palma de su mano se deslizaba por mi entrepierna, hasta llegar casi a rozar apenas mi coñito. Mi excitación iba en un amplio aumento. Levanto mi falda hasta la cintura, para acariciar mis glúteos y efectuando una serie de leves palmadas sobre ellos, comenzó a oprimirlos, y a su vez separarlos. Sus manos se apoyaron sobre mi cintura, para luego tomar los bordes superiores de mis leggins y comenzar a desplazarlos hasta quitármelos. Mis hormonas estaban más que alborotadas, su dedo se abría paso por la raya de entre mis nalgas, para pasar de mi ano hasta mi más que mojada vagina, ¡me estaba volviendo loca!, levantó más mi falda, hasta sacarla por la cabeza, se desprendió el sostén y lo quitó, idéntico procedimiento paso con mi blusa, para quedar totalmente desnuda. Me giró, para besar mis tetas y succionar mis pezones, que se erguían ante el juego que me estaba proporcionando mi adorable prima. Sus manos acomodaban mí cuerpo a su deseo y ocurrencia, sin ofrecerle resistencia. Me bajó del sofá, para apoyarme sobre uno de los bordes, dejando mis más íntimas aberturas expuestas a sus intenciones, sin dejar de penetrarme con sus ávidos dedos de dominadores. En ese instante una lengua áspera y cálida se deslizaba por mis íntimas partes, me sobresalté un poco, pero no tarde en comenzar a disfrutarla, realmente estaba más que alterada, con tal excitación que me dejaba hacer. Acercándose a mi oído, mientras besaba mi cuello, me dice con un susurro… – ¿Te gustaría que te follasen? No respondí de inmediato, cuando sentí que algo me montaba para iniciar una serie de empellones que casi me tira del sofá, por suerte Davyna lo retiró. Empecé a temblar por la emoción o el miedo, realmente no sabía. Mi prima me abrazó, mientras me decía… Me encantaría ver cómo te penetran. Había una morbosidad en su voz, creo que sentía lo mismo, que la primera vez que la vi, cuando Eros la poseía hasta quedar ambos apresados. Sin decir palabra abrí mis piernas, en señal de aprobación a su propuesta, mi calentura era tal que ya no pensaba. – Te propongo que lo hagas con Eros, es menos impetuoso, pero tienes que adoptar la posición del misionero, así podrás controlarlo mejor, me dice. Creo que estaba dispuesta a cualquier cosa, pero tenía esa lucha interna, por un lado el temor y por otra el pecado (cosa que mis padres me lo habían inculcado), pero a pesar de eso opté por hacerlo, ¿Quién iba a saber nada, estando solas? A pesar que en ningún momento los animales me habían hecho algo, ni les tenía miedo, había un cierto resquemor al no ser animales racionales muy bien dotados… ¡Sus vergas eran enormes! Y al estar desnuda me sentía como más desprotegida. Me propuso que me acostara boca arriba en el sofá, apoyara los pies en el suelo, abriendo bien las piernas. Así lo hice. Colocó unos almohadones bajo mi culo, a fin de tener mi coño a la altura de la verga del animal. Le puso unas fundas en las patas para evitar que me dañaran sus garras. Después hizo acostar al perro y empezó a acariciar su panza, hasta llegar a la funda de su verga, pronto su apéndice rojo y venoso comenzó a aflorar, así siguió hasta alcanzar una mayor dimensión. Mi prima sin el menor pudor llevó su boca y empezó a chuparlo, su tamaño continuaba creciendo. Sentía un poco de aversión, pero a pesar de eso me excitaba el espectáculo, se notaba que no era la primera vez que lo hacía… mi prima y ese perro eran amantes desde hace mucho tiempo y se notaba lo bien que se compenetraban. Cuando el miembro viril de la bestia llegó a su máximo exponente, mi prima me dice que me prepare. Me sentía como la doncella ofrecida en una ceremonia pagana, a punto de ser penetrada por Eros, “El dios canino del amor”, primordial responsable de la lujuria y el sexo. Mientras mi corazón latía a mil y no dejaba de temblar como una hoja, por la tensión que me embargaba, ante lo que me acontecía, ser desvirgada por un perro de verga sorprendentemente larga y gruesa, me parecía desproporcional al tamaño del animal de tan solo 40 Kg. El caso es que él que sin saberlo sería el responsable de desflorar mi virginidad. Davyna lo estaba montando sobre mí, cuando dudé en lo que estaba por hacer, a pesar de que mis hormonas estaban más que revolucionada. Tenía algo de incertidumbre, cuando sentí el cálido extremo de su polla rozar mi acuosa vagina, pero mi decisión llegó demasiado tarde, pues el fabuloso rabo de Eros ya estaba introduciéndose. Sentía su pelo acariciar la desnudez de mi cuerpo, mientras su rígida verga entró sin reparos, para friccionar el interior de mi matriz de un solo golpe la metió a tope. No demoré en sentir un desgarro de la rotura del himen. Me abrió en canal partiéndome en dos…Grité y me eché a llorar como una chiquilla, no sé si por perder mi virginidad, por la tensión que tenia o el dolor que me produjo el duro pollazo de Eros. A lo que mi prima me abrazó para contenerme, su aptitud hizo que me tranquilizara para que comenzara a gozar más de esa primera penetración. A partir de ese instante, un pistoneo frenético comenzó a frotar mi útero. Me dejé llevar, mientras Davyna me acariciaba el cabello y besaba para tranquilizarme. Trataba de cerrar mis piernas e impedir que entrara su bola, sintiendo como el resto de su verga parecía crecer en mi cavidad. Parecía que mi cuerpo explotaba, el dolor perduraba, pero mi calentura aumentaba. Davyna observaba mi reacción y el accionar del animal, para comenzar a chupar y morder mis pezones, que creía que estallaban. No creía lo que me estaba sucediendo…, esa frenética y voluminosa penetración, no tardó en llevarme a una sucesión de orgasmos, hasta culminar casi simultáneo, con una prominente descarga de leche cálida, que excedió mi compartimiento vaginal, haciéndome exhalar una serie de improperios como final de mi enajenación. Davyna no evitó que el can introdujese su bola y comenzó a hincharse a en el momento que su polla eyaculaba infinidad de chorro candentes dentro de mi útero…notaba como me llenaba y su bola presionaba evitando que nos pudiéramos desacoplar, me rendí dejándole inseminarme como a su perra. En esas circunstancia solo queda esperar disfrutando como te insemina el semental acariciando su lomo. Cuando comprendí la metodología canina me relajé después de la impetuosa penetración llega la interminable cobertura de la hembra. Al rato se desabotonó saliendo su bola y tras ella el grueso y largo badajo…, detecté un hilo de sangre en mi entrepierna mezclado con el esperma del can, experiencia que nunca he dejado de olvidar. Davyna estaba más que excitada, después de ver mi primer contacto con Eros, se quitó su ropa y comenzó a excitar a Brutus, quien no tardo en penetrarla sin contemplación, sacándole sin remisión gemidos y gritos a mi prima que se convulsionaba ante cada empellón que le propinaba el perro. Creo que fue más violento que la vez anterior, pero me fascinaba esa escena llena de morbo pese a estar algo adormecida por el polvo de Eros, veía como la poseía con dureza haciéndola su hembra. Mi prima ni siguiera hizo el más mínimo esfuerzo por retenerlo y se la embutió hasta las pelotas…y de pronto se detuvo, ese es el instante que se infla su bola abotagando a la hembra y la comienza a cubrir de lefa llenándola. Si deseas saber como termina esta historia visita mi Blog desde mi perfil. Tendrás este y otros relatos abiertos en disponibilidad. Esa noche nos acostamos juntas y abrazadas, durmiendo plácidamente después de una inigualable sesión de zoofilia. A la mañana siguiente, decidimos hacer un paseo a un bosquecito cercano a la casa, era un hermoso paraje, y casi pegado corría un arroyo. Disfrutamos del lugar y nos divertimos mucho, corriendo con los animales. Como no teníamos bañador, decidimos bañarnos desnudas en el arroyo, aprovechando que era un día caluroso y la piscina estaba vacía. A continuación de salir del agua nos acostamos para secar y calentar nuestros cuerpos, después de un buen rato, decidimos vestirnos para comer algo y regresar a la casa. Hasta el momento no había ocurrido nada, pero al agacharme para recoger mi ropa para vestirme, Brutus se abalanzó sobre mí, aprovechando mi posición con la intención de follarme, a lo que caí al suelo con él arriba. Davyna muerta de risa me comenta… – Parece que está caliente contigo. – Creo que sí, le conteste. – ¿Te animarías a probarlo? Realmente no estaba preparada, y menos el medio del campo donde podría pasar alguien, pero me tentaba recibir su aparato reproductor, más grande que el de Eros, una polla exageradamente grande para un animal, unido a su fuerza me daba miedo y deseos de notar su virilidad. – Pues aquí no tenemos cama. – Ya lo sé, contesté. – Deberás colocarte a cuatro patas querida prima y hacer de perrita. En ese instante, descubrí que me estaba empezando a gustar, ser poseída por esos animales tan viriles. Sin esperar demasiado, desplazamos una manta colocándome en la posición sugerida por mi prima, apoyé mi cara sobre el suelo, levanté mi culo abriendo bien mis piernas, para dejar mis tesoros a su disposición. Llamó al perro, sentí su hocico húmedo y frío tratar de entrar en mi raja, pero enseguida percibí su lengua lamiéndola, ya estaba lo suficiente caliente que al sentir su aspereza entre mi vagina y mi ano hizo que rápidamente me corriera. Davyna lo preparó y a cuatro patas esperé impaciente que me hiciese suya. Brutus es un Mastín napolitano de 55 kg con cinco años, hace 2000 años esta raza ya utilizada por los romanos como gladiadores en los circos, y ahora daba diversión a unas niñas muy traviesas. El mostrenco apenas se apoyó en mi espalda, emprendió su traqueteo, hasta que después de varios intentos, introdujo su tronco de carne en mi raja hambrienta, con un empuje rápido y violento, chocaba su protuberancia genital contra los labios de mi vagina, que impedían su intromisión. Pero su grueso falo seguía clavándose una y otra vez como una máquina perforadora. Mi placer no se detenía, sentía como me quemaba mi sexo, completamente lleno, por esa masa de carne, llevándome a un éxtasis jamás sentido. La fricción de su polla contra las paredes de mi vulva, era cada vez intensa, me asustaba su pelota, a lo que trataba de impedir su paso, cuando intentando acomodarme para no perder el equilibrio, la secuencia de embates hizo descargar un buen chorro de semen canino en lo más íntimo de mi vagina y para asegurarse de estar bien inseminada y obtener su propósito, el can introdujo su bola atorándome el coño…En ese instante grité y maldije por haberlo permitido, pero era tarde, creo que fue un error porque sentí como un desgarro en mi interior. La totalidad de su verga estaba depositada en mi pobre y vejada vagina.Los labios parecieron cerrarse sobre el extremo de su verga impidiendo que se saliese. Al girar su pata, quedamos totalmente abotonados. El animalito ya no empuja, simplemente tenía todo su cipote enterrado en mi estrecho coñito sin saber muy bien como esa manga de 20 cm con su bola incluida podía caber, el caso era que Brutus tenía su verga sumergida por completo en mi útero con su gran pelota abotagando mi chochito y sin parar de eyacular…, durante más de diez minutos me estuvo inseminando llenándome mi cubículo de semen canino. Era un semental increíble con unos huevos orondos muy buenos productores de esperma. A pesar del dolor inicial yo resistía acomodándome, en tanto percibía cada chorro de lefa de Brutos, sentía una agradable presión en la entrada de mi coño muy cerca del clítoris, era una muy placentera y estimulante sensación. Las permanentes palpitaciones y cortos movimientos, me provocaron un delicioso orgasmo a oleadas, continuaron repitiéndose. Me había olvidado de Davyna y Eros, cuando los vi muy cerca de mí como la bombeaba sin reparo…, la estaba follando a base de bien. Nos reímos juntas de nuestro comportamiento impúdico. Mi temor fue si en ese momento alguien llegaba a vernos, sería un bochorno, pero estaba gozando tan plenamente que esa idea no me inhibía demasiado, creo que hasta me excitaba. Y de pronto una sacudida y un gran chorro de leche… sentí la descarga de Brutus, su última eyaculación. Su simiente cálida y algo ácida, mis hormonas volvieron a convulsionarse, seguida de una serie de gemidos que no podía detener. Noté que apenas había acabado, intentaba sacarla, haciéndome desplazar como consecuencia del acople, era como una ventosa. Después de algunos intentos, que parecía abrir mis labios, un ruido como de descorche se produjo al quitarla, seguida de un chorro de su líquido acuoso que bañó mis piernas. Sentía un ardor, pero una satisfacción por lo que me había producido, realmente esa posición era mucho más placentera. Después de esta fabulosa follada regresamos a la casa con nuestros amantes caninos. A partir de ese día se iniciaron una serie de orgías zoo-lesbias, que gradualmente se fueron incrementando, lástima que muy pronto llegó el día en que debimos regresar. Nunca más se volvieron a producir aquellos encuentros, pero la experiencia me dejó marcada. ([email protected])

Autor: TrovoDecimo Categoría: Zoofilia

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El bosque

2019-09-14


Un relato para amantes de la Naturaleza... Esta noche he tenido un extraño sueño... Estaba completamente desnuda, corriendo en la noche, atravesando un bosque oscuro y nevado. Corría, corría como una loca, sintiendo cómo me ahogaba, cómo me faltaba el aire en el pecho, cómo me palpitaban las sienes y el corazón amenazaba con salirse por mi boca. Las plantas de mis pies se destrozaban, congeladas sobre la nieve, reventadas por los filos fríos de las rocas y por las ramas secas que se clavaban en ellas. También mi cuerpo empezó a sufrir múltiples cortes y heridas por todas partes, pechos, vientre, cara, brazos, nalgas, piernas, golpeado por ramas dura y heladas y atravesado por espinas sin compasión. Traté de pensar, de recordar por qué corría, de comprender de qué estaba huyendo. Pero no era capaz, mi cabeza estaba tan nublada como aquel bosque denso y oscuro, donde la niebla espesa impedía entrar la luz de la brutal luna llena que iluminaba aquella noche al resto del mundo. A todos, menos a mí. Me dolían los pies, las piernas, las manos. Me dolía la cabeza y los ojos me lloraban. Me dolían los pezones, mortalmente hinchados y endurecidos por el intenso frío invernal. Sin embargo, esa dureza de mis pezones tenía algo libidinoso que resultaba extraño en medio de aquella situación de urgencia y temor. Los pezones, alargados y perfectamente erectos se erguían, brillando como si atraparan los únicos rayos de luz lunar que se atrevían a penetrar la densidad de la niebla y del lúgubre arbolado, tirando de unas hinchadas areolas que tiraban aún más de mis pechos también endurecidos por el frío, pero para nada fríos en sí... Al contrario, mis órganos sexuales y en ralidad todo mi cuerpo se encontraban espantosamente calientes. Los copos de nieve caían sobre mí ya derretidos por el calor que emanaba todo mi ser, y su agua fundida se mezclaba con mi propio sudor que envolvía toda mi piel en una capa resbalosa y lúbrica que ayudaba a mitigar algo el dolor de las laceraciones que recibía mi cuerpo en aquella alocada carrera. Aquella extraña sensación de lujuria me resultaba por completo incompatible con mi desesperada huida de no sabía que. Y, al mismo tiempo, me hacía comprender que precisamente por ello no tenia escapatoria posible. Mis largos y firmes pezones se comportaban como dos antenas que emitían alto y claro sus lujuriosas señales, a lo que se unía mi propio olor, el olor del sudor copioso de mi cuerpo atormentado pero también erotizado. Eso, y una fuerte peste a hembra en celo emanando de entre mis piernas, y que hasta para mí era fácilmente perceptible. Puede que no entendiera nada de mi situación ni mi destino, pero tenía claro que en aquella situación era una presa fácil para determinados cazadores por negra que fuera la noche. Porque lo que sí sabía es que estaba siendo cazada. Y, a pesar de mi desenfrenada carrera, pronto comencé a verlas. Sombras, enormemente rápidas y silenciosas a mi alrededor. Adelantándome por ambos lados, cruzándose por delante y por detrás de mí. Pero siempre sombras, unas más grandes, otras más pequeñas. Siempre veloces, cada vez más audaces, cada vez más cerca de mí. Aunque nunca llegaran a tocarme ni atacarme. Se limitaban a salir de las sombras, asustarme y volver a desaparecer en la niebla. Cuerpos negros y grises que pronto me acostumbré a oler y oír yo también. Algunos eran enormes. Pero aunque llegara a anticipar su presencia algunas veces, siempre eran infinitamente más rápidos que yo. Se interponían en mi camino, y veía sus colmillos refulgir y sus ojos brillando amenazantes en la noche negra como la boca del lobo. Entonces cambiaba de dirección, hasta que otro de aquellos seres volvía a salir de la nada frente a mí. Creo que comprendí demasiado tarde que, en realidad, me estaban guiando, conduciendo a donde ellos querían. Hacía ya demasiado rato que corría errática con el rumbo perdido, cambiando una y otra vez de dirección cada vez que aquellos seres querían que así lo hiciera. Al darme cuenta de aquello, fue como si de alguna manera se cayeran los velos de mi cara que me impedían ver y entender lo obvio. Negro como la boca del lobo... ¡Sería estúpida! ¿Habían estado realmente en silencio o es que el terror me había impedido escuchar antes los aullidos? Sólo cuando entendí que eran, de hecho, lobos, empecé a oír también sus largos y lastimeros gritos rasgando la noche. Lobos, pero no uno, sino una inmensa manada. Y yo era la caperucita del cuento, solo que había perdido mi capa y esta vez no tenía cerca ningún fuerte leñador dispuesto a blandir su hacha por mí. Al entrar por fin en el amplio claro del bosque, me di cuenta también de que aquellos animales eran mucho más inteligentes que el torpe lobo feroz de las historias que me contaban cuando era niña... La manada me había conducido a aquel lugar, con un claro propósito, además. Sobre una alta roca, recortada contra una inmensa luna llena que se recortaba baja sobre las copas de los árboles, la oscura silueta de un inmenso ejemplar aullaba saludando mi llegada. Era enorme, sencillamente inmenso. No podía ser un lobo, no uno normal. Era uno de esos animales legendarios que aparecen en las historias antiguas de reinos olvidados. Podía ser fácilmente el doble o el triple de grande que el resto de la manada que empezaba a entrar también al claro detrás de mí, desde todos los puntos a mi alrededor. Me tenían rodeada por completo, y eran decenas: no tenía escapatoria posible. Tampoco pensaba en escapar, por otro lado. La figura de aquel lobo enorme, erguido como un rey sobre la negra roca, me fascinaba de tal manera que para mí ya no existía nada más a mi alrededor. Desconectada de la amenazante realidad en la que me encontraba, fui avanzando como sumida en un hechizo hacia él. Su poder era tal que no podía resistirme ni mirar otra cosa que su cuerpo imponente. Pronto me vi en el centro del claro, exhausta y sollozante, rodeada de casi un centenar de lobos hambrientos... De repente, el silencio era total, y el frío se hizo aún más intenso, arreciando la nevada y soplando un viento helado que comenzó a lanzar violentas cuchilladas contra mi cuerpo desnudo. Pero mi carne seguía emanado aún un calor capaz de fundir la nevada y detener el viento, con una energía que casi me hacía brillar con luz propia, tal era la fuerza con la que el sudor que perlaba mi piel reflejaba la luz lunar. Gruesas gotas saladas escurrían por mi cuello y entre mis tetas, resbalando por mis formas redondeadas hasta los pezones ardientes, donde se condensaban en contacto con el calor que irradiaban mis protuberancias. En medio de remolinos de viento y nieve, pude ver al Huargo levantar su cabeza, hinchar su colosal cuello y aullar a la misma luna que me iluminaba. La orden estaba dada. No le vi llegar, pero sí que escuche al primero de los animales que saltó corriendo hacia mí para derribarme. Caí de lado, y aún pude incorporarme. Otro animal aún más fuerte y pesado volvió a derribarme. Tendida boca abajo, noté como una o dos de aquellas fieras hocicaban entre mis piernas y lamían mi ano con ásperas lenguas. Repté a gatas hacia delante, y me giré sin ser capaz de levantarme. Antes de poder siquiera pensarlo, otro de los lobos se lanzó sobre mi cara. Sentí su aliento en mi rostro, y el sudor de su cuerpo se mezcló con el mío mientras me hacía caer de espaldas. Pasó sobre mí veloz como el viento, pero ya tenía a otro metiendo su cara en mi coño, lamiendo y lanzando feroces dentelladas. Noté a otros de esos animales acercarse a mí, sus dientes afilados en mis piernas, y temí por primera vez ser devorada. Pateé con fuerza y logré espantar a los últimos en llegar, que salieron aullando, pero no al que hurgaba sádico entre mis muslos. Lloré al sentir que avanzaba sobre mí, casi arrastrándose, lamiendo y mordisqueando mi vientre, mi torso, mis pechos, mi cara. Se tumbó durante un instante sobre mí, aplastándome y dejándome sin respiración. Sus babas cayeron sobre mi rostro, mojándome los ojos, entrando en mi boca. Aquél lobo se estaba frotando contra mi cuerpo. Espantada, lloré, manoteé su cara, traté de moverme sin conseguirlo. Los aullidos a mi alrededor me recordaban que yo era la única víctima posible de aquel akelarre. De pronto, sin más, la bestia se levantó y avanzó sobre mi cuerpo. Pude sentir su pene húmedo y levemente endurecido que, fuera de sus protecciones, golpeaba mi cuerpo, mi coño, mis tetas, mi cara, hasta que el animal se alejó por fin de mi. Como si yo misma fuese una bestia, pude notar los efluvios a sexo caliente que emanaban de sus genitales y de su ano. El contacto conmigo le había puesto cachondo. Tan cachondo como yo misma estaba. Encogí las piernas y aproveché para levantarme. ¿Quizás todavía estaba a tiempo de huir? Pero, antes de poder siquiera buscar una salida viable, me vi de nuevo en el suelo, cayendo hacia atrás con violencia y sintiendo como mis nalgas se destrozaban en el brutal golpe con un suelo áspero, de duras y afiladas piedras congeladas. Venciendo el dolor, me levanté de nuevo, y de nuevo fui inmediatamente abatida. Esta vez por dos de ellos. Uno me derribó saltando sobre mi torso. El otro se ocupó de que no volviera a levantarme, clavando con fuerza sus afilados dientes en mi muslo. Aquella vez fui yo la que aullé, cayendo de rodillas sobre el suelo. Noté cómo me desollaba las palmas de las manos, las rodillas, y las partes delanteras de las piernas. Pero no sentí ese dolor en absoluto, sino el mucho mayor de las dentelladas que empezaron a lloverme desde todos los lados. Allí, de rodillas, me convertí en una de ellos, a cuatro patas y aullando también, de dolor, de rabia. De deseo. Porque seguía cachonda, excitada, inexplicablemente en celo... Y, por algún motivo, era capaz de comprender sus olores. Todos aquellos ejemplares que me rodeaban eran machos, y me buscaban como si yo fuera la única loba en leguas a la redonda. Pronto pude notarlo e mis propias carnes cuando uno de ellos me montó sin contemplaciones. Por algún motivo, quizás por su brutal excitación, aquella bestia equivocó su camino y me rompió el culo en lugar de penetrar mi vulva. Una pena, porque mi vulva se encontraba ya abierta y preparada para él, pero no así mi ano. Sin embargo fue precisamente mi estrechez lo que, junto con mi calor, provocó que el miembro del lobo se hinchara casi al momento en mi interior, como hacen los de los perros. Aullé, aullé de dolor hasta que pude empezar a aullar de placer. Me había convertido yo también en una loba, en la única loba de la manada. Y debía ser sometida a toda la manada si ellos así lo querían. Podía comprender, además, que lo necesitaban; me necesitaban: no podía fallarles. Empalada en aquel miembro que se iba hinchando como un globo en mi recto con cada embestida furiosa y veloz que el lobo arremetía contra mí, sabía que no podía hacer nada más que aguantar o disfrutar, ya que no tenía la fuerza necesaria como para apartar a aquél animal excitado de mi, aún en el caso de que fuera capaz de aguantar el dolor de aquella polla que se estaba hinchando en mis entrañas, hasta alcanzar el tamaño de un brazo. Mientras me dejaba someter por el lobo que me había tomado, el resto se dedicaba a dar vueltas alrededor de nosotros, pasando muy cerca de mí para frotarse con mi cuerpo. Yo aprovechaba, instintivamente, para meter mi cabeza entre sus patas traseras, buscando el olor denso de almizcle en su ano y, más allá, tratar de lamer y meterme en mi boca la polla ardiente de aquellos ejemplares que estaban más excitados por mi presencia. Sin embargo, su incesante danza en torno a mi cuerpo y el estar siendo penetrada al tiempo por el culo por uno de los más grandes de ellos, me dificultaba enormemente conseguir mis objetivos, y a penas podía ir pasando desesperada de ano a ano, de pene a pene. Pero el lobo que me había tomado era grande, y en su arrebato trató de montarme como si fuera una auténtica loba yo también. No fui capaz de soportar su peso, claro, y caímos los dos rodando sobre la nieve. Él se retorcía pegado a mí por sus genitales, aullando sin duda de dolor. Yo tenía otras cosas de las que ocuparme. Notaba cómo se rasgaba mi culo arrastrado por su miembro, mientras contemplaba horrorizada cómo otras de aquellas bestias se abalanzaban sobre mí al descubrir de nuevo mis tetas al descubierto y mi sexo abierto chorreando flujos calientes, que caían derritiendo la nieve del suelo. En medio de un barrizal noté como se iban turnando para morder mis tetas, tratando de mamar de mis pezones como ubres, mientras otros atacaban con sus afilados colmillos mi chocho después de haberlo lamido con ansiedad. Todo aquello duró una eternidad, envuelta en una nube furiosa de cuerpos animales que ladraban, aullaban, mordían y se atacaba a mi alrededor, tratando de hacer presa en mi cuerpo una y otra vez. Y así siguió, hasta que noté que la nube se deshacía y el lobo que me había montado se empezaba a relajar y su miembro se iba deshinchando en mi interior. Pensé que se había dado por vencido ante la imposibilidad de consumar el coito en aquella posición, aunque sabía que el resto sólo se había apartado esperando el momento en que él se retirara para que otro ocupara su puesto en una postura más ventajosa. Sólo la sangre caliente chorreando sobre mi cara me hizo ver que otro ejemplar mayor había acabado con aquél que había osado profanar mi cuerpo. La sangre, al abandonarle por la raja que aquellos enormes colmillos que brillaban ante mí le habían abierto en el cuello, había dejado de hinchar así su miembro, permitiendo entonces que la dura tranca saliera de mi culo. Me arrastré llorando y cubierta de sangre y barro de debajo del cuerpo inerte. El suelo era un lodazal de nieve y sangre, donde estaban mezclados mis propios olores y fluidos. Entonces pude ver lo que había ocurrido. El majestuoso Huargo se alzaba frente a mí. Naturalmente. Los lobos son animales fuertemente jerárquicos. La manada había llevado la presa hasta su jefe, pero no podría disfrutar de ella hasta que éste no lo hubiera hecho y consintiera compartirla. Aquél que había sido incapaz de retener su deseo y se había lanzado a follarme, sin acertar si quiera a hacerlo debidamente tal era la ansiedad que le alimentaba, había firmado su sentencia de muerte. El Huargo me miraba, resollando. Llevaba toda la noche, quizás toda la vida, esperando ese momento: de él era de quién huía y por fin me había dado caza. Abandoné toda esperanza de huir. Tampoco quería hacerlo. Yo misma estaba tan caliente que necesitaba ser poseída de una vez, aunque fuese lo último que hiciera en mi vida. A cuatro patas, me giré y le ofrecí mi trasero. Enseguida noté su enorme cabeza olisqueando violentamente entre mis nalgas, lamiendo con fuerza mi ano repleto del esperma que ya había vaciado en mí su compañero pese a no haber sido capaz de completar su cópula, esparciéndomelo por las nalgas y la vulva hinchada y peluda que mi nuevo amante lamía con deleite y con sorprendente delicadeza, en comparación con sus hermanos menores. Sin embargo, el primer intento de montarme fue desastroso. Evidentemente, aquél animal era sumamente enorme como para que mi cuerpo fuera capaz de soportar su peso, así que me vine abajo nada más recibirle. Ni siquiera llegué a sentir su pene contra mi sexo. El lobo rugió enfurecido y sentí un brutal zarpazo en la espalda que me hizo rodar por el suelo. Temí que me hubiera partido en dos con su fuerza y su furia. Pero seguía viva, y podía moverme. Aquel animal, negro como el carbón, giró su inmensa cabeza hacia mí y me miró con sus ojos luminosos e inyectados de deseo. Me recosté sobre una piedra plana, caliente y seca, sabiendo que no podía hacer nada para huir. Pensé que era imposible, antinatural recibirle así, de frente, pero su mirada era implacable y revelaba tan hondo deseo por mi cuerpo que sentí su dominio absoluto sobre mí y entendí, sin lugar a dudas, que me quería precisamente así. Sumisa, le abrí las piernas según se iba acercando a mí. Justo antes de alcanzarme, el lobo se irguió, aullando a la luna. Tenía, por fin, a su presa. Esta vez sí. Esta vez iba a ser suya. La figura colosal del lobo delante mío me hizo morir de terror por última vez aquella noche. Me meé, lo confieso. Fue tan sencillo como eso. Muerta de miedo, como una niña pequeña, no pude contener mi pavor y noté como el caliente líquido salía dorado y brillante de entre mis piernas, brotando a raudales como un manantial. Para mi sorpresa, vi cómo el inmenso Huargo se acercaba a beber de mi fuente. A lametones bebió mis pises. Comprendí que yo era una loba para él. Era su loba. Para aquél colosal jefe de tan diabólica manada, yo era no ya su igual, sino su dueña. Un inmenso placer recorrió mi cuerpo, y arqueé la cintura desplazando mi coño más al exterior para facilitarle el trabajo al Huargo. Mi sexo se iba calentando más y más, igual que mi cara que sentía arder sintiendo el recorrido de su lengua mezclándose con mi peluda vulva, enrojecida de la fuerza con la que me estaba lamiendo. Con mi mano derecha guié su hocico hacia mi clítoris, para después separar con dos dedos mis labios mayores, dejando todo el esplendor de mi coño a su lengua. La fiera no tardó en intensificar sus lengüetazos que llegaban hasta lo más profundo de mi cuerpo, de manera que en un par de lamidas me hizo desvanecer en un intenso orgasmo. Tuve que aferrarme con la mano izquierda a la piedra sobre la que me tumbaba, mientras mis piernas se cerraban entorno a la cabeza del lobo para después estallar en un orgasmo bestial. Supe entonces quién era, por fin entendí todo, mi huida, mi captura... Mi deseo. Pero no cerré las piernas, sino que las abrí todavía más, con el corazón acelerado... Mi lobo se había ganado su premio. Por fin había osado reclamar lo que era suyo. Su cuerpo no tardó en entender mi postura y, en seguida, tras un leve olfateo, comenzó a avanzar sobre el mío, mordiendo con saña mis pechos al hacerlo. Me vi envuelta en la más negra oscuridad. Solamente olía su denso sudor animal, me envolvió con su cuerpo caliente y sentía su miembro golpear ya fuerte, bamboleante, entre mis piernas, cuando su lengua enorme como una sábana alcanzó mi cara. Las fauces descomunales se abrieron y engulleron toda mi cabeza de una vez. Estaba dentro de él, era irreal, pero supe que era su forma de besarme, así que abrí su boca. Su lengua chorreante de salivas y babas luchó por llenar mi propia boca y buscar mi propia lengua. Nos estábamos besando, nos estábamos morreando... y pude sentir su deseo endureciéndose entre mis piernas justo antes de que aquella bestia me cubriera. Su cabeza se retiró y se quedó justo frente a mi cara, cubriéndome de sus babas y del vapor fuerte de su respiración. Había tenido suficientes experiencias con perros como para saber que en aquella postura era prácticamente imposible que... Y, sin embargo, pude notar la cabeza de su pene apuntando justo hacia mi vulva. Con delicadeza, agarré aquél duro y caliente vástago entre mis dos manos, y tiré de él hacia mí. Ahí es donde tiene que ir, mi amor, le dije besándole suavito en el hocico. La bestia empujó hacia delante y hacia arriba, y pronto me vi ensartada en un pene ardiente que iba creciendo por segundos al notar cómo mi vagina se iba cerrando poco a poco en torno suyo. Sé quién eres... le susurré mientras empezaba a hacerme el amor. Había decidido entregarme por fin al lobo como la perra que en realidad soy. En cuanto notaste el calor de la cueva, diste una tremenda embestida que me hizo apoyar las dos manos en el suelo para poder aguantar… Dabas enormes sacudidas, y yo no paraba de gemir... tu pene se iba haciendo mayor, como les ocurre a los perros, tu bola se estaba empezando a hinchar en mi interior, yo apretaba las paredes de mi vagina con fuerza alrededor de tu sexo para retenerlo, para abrocharme a ti, a tu polla, y quedar por fin unidos tú y yo... diste tal embestida que me desplazaste hacia delante, a pesar de que intentaba abrazarme, pegarme a ti, pero tanto placer me tiene sin fuerzas. Noto cómo tu pene dentro de mí va hinchándose más y más, y su bola en mi interior crece y crece... ya no paro de gemir descontrolada, mientras me corro varias veces… No puedo decir nada, solo gimo hasta que, de repente, paran las embestidas y ambos nos relajamos un poco. En ese momento puedo notar al fin cómo te vacías dentro de mí… mientras me pregunto cuánto tiempo voy a estar enganchada al miembro más enorme que jamás me haya penetrado, cuánto tardará en deshacerse tu bola, la erección de tu polla de lobo en mi interior. Respiro a bocanadas entre gemido y gemido, pues sigo corriéndome una y otra vez mientras sigues dentro, y de pronto te noto empezar a tirar. Aterrada, te pido que pares, ¡no!, quieto, y consigo contenerte un instante, pero vuelvo a tener otro orgasmo sintiendo que tu pene está dentro y que me estás inundando con tu semen. Y, de nuevo tu empiezas a tirar y esta vez no basta el “quieto”... tiras lo bastante fuerte, moviéndome a mí también, así que me veo obligada a apretar un poco los músculos del coño para intentar expulsar tu tremenda verga y su bola. El placer es incomensurable… Suena un ruido sordo y húmedo, y me giro, quedando tumbada en el suelo con la cara pegada a tu verga. Me toco para ver como estoy, noto cómo recorre tu semen mis paredes buscando una salida así que, como puedo, porque estoy agotada, me pongo en cuclillas y vuelvo a apretar mi vagina... Sale una cantidad enorme de semen mientras me vuelvo a correr… con mi mano puesta, noto cómo poco a poco mi agujerito va recuperando su tamaño original, mientras te paseas a mi alrededor empujando tu polla aún medio hinchada contra mi cara. Sé lo que quieres, así que abro la boca para dejar que entres en mí, y te chupo la verga húmeda. Me asombro de lo parecido que es el sabor del semen del lobo al humano. Mientras mamo de tu polla como una bebé de su madre, noto cómo nos van rodeando tus hermanos. Me huelen, me chupan. También a ti. Les veo lamer tu ano, complacidos. Ha llegado también su momento. Van a follarnos a los dos. No sé si saldré de esta, porque tengo claro que cuando ellos terminen tú volverás a empezar. Una y otra vez, hasta que agotes tu deseo, que es enorme. Hasta que caigas rendido, o tal vez hasta que te canses de mí. Que igual da. Yo obedeceré, porque soy tuya, soy tu perra ahora, hasta que tú quieras que deje de serlo. O quizás, simplemente, porque quiero. Porque, en el fondo, lo que ocurre es que simplemente eres tú el que siempre ha sido mío. Y que ahora quiero tomarte. También sé que, si quiero, podré disfrutar de ti y de tus hermanos hasta quedar saciada, si es que eso es acaso posible... O enfrentaros a muerte si me aburro, si me siento molesta, si sencillamente se me antoja. Mi olor a sexo os ha vuelto locos. Entiendo que ahora soy la reina de la manada. Me despierto por fin, empapada en sudor y no sé qué cosas más. Rodeada de blanco, en la oscuridad. Creo que sigo en el bosque, tumbada en la nieve, pero me cuesta darme cuenta de que estoy en casa, tumbada en mi cama. Es pleno invierno, y duermo desnuda a pesar del frío. No sé dónde están mis mantas, han debido de caer al suelo... he tenido un sueño algo movido... las sábanas están empapadas, además... mi sudor... Ni siquiera tengo mis braguitas, la única prenda que llevaba al acostarme. Esas braguitas nuevas, un tanguita transparente que mi mejor amiga, Nuria, me dio justo ayer como regalo de navidad... Unas bragas absurdas, que en nada son capaces de tapar mi poblado peluchito... Pero a Nurita le pone cachonda ver cómo el pelo de mi coño se transparenta en tan fina tela, la atraviesa y rebosa por los lados... y yo siempre hago todo lo que a ella le pone cachonda, porque sé que luego tengo premio :) El caso es que mi nuevo tanga estaba hecho un amasijo, enrollado en la punta de mi pie izquierdo... Tenía el coño mojado, el vello púbico enredado y emplastado y las bragas literalmente empapadas, pegajosas, con costras de flujo ya resecas que hacían imposible desenredar aquella madeja. Estaba agotada, tremendamente cansada. En la cama había restos de sangre, también. Mía, al parecer. Tenía heridas, arañazos y marcas por todo el cuerpo. Respiré hondo. El aire enrarecido y cargado de la habitación después de una larga noche se notaba espeso y cargado de sexo. Con un fondo rancio, animal, que no era típicamente mío... al menos, no sólo mío. Quizás, después de todo, era verdad que habías estado aquí. Quizás no todo había sido un sueño. Sonreí. En el reloj de la mesilla, la hora y la fecha: madrugada del 5 de enero. Hay veces que los reyes magos se portan bien... Tiré el tanga al suelo. Estaba mejor desnuda. Además, iba a seguir manchando. Recogí las mantas del suelo y me tapé hasta la nariz. Y me dormí... Recuerdo verme en la cama, como si volase hacia el techo, y luego aún más, subiendo y subiendo. Sobre mi cuerpo, unas sábanas y mantas, cubiertas por la piel de un enorme lobo negro recién cazado, que iba tiñendo con su sangre la blancura inmaculada de las telas que me cubrían y, después, mi propio cuerpo... De nuevo, desnuda, tan sólo cubierta por esa piel de lobo. Recién cazado. De sus colmillos enormes, relucientes, aún goteando sangre y flujo que iban dejando un rastro sobre el suelo. El rastro perfecto para que un buen cazador pudiera encontrarme de nuevo. ([email protected])

Autor: laualma Categoría: Zoofilia

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Dos perros me follaron y me gustó

2019-09-14


Cuestión, hace unos años descubrí la zoofilia y por alguna razón eso picó mi atención, no podía evitar imaginarme a mi misma haciendo todo eso que describían, me mojaba de solo pensarlo. En mi casa hay perros, aunque chicos, y ellos fueron mi “primera vez” en todo mi trayecto zoofilico. Nunca pensé que algún día iba a ser la que escribiera sobre algo así.. pero supongo que mi perversión ganó. En un principio tengo 18 años recién cumplidos, me llamo Soledad y soy medio gordita. Soy algo tímida aunque acepto que escondo una puta por dentro que de vez en cuando sale. Aunque nada de eso es lo que importa, no? Siempre fui una “pervertida”, desde chica ya me masturbaba y disfrutaba ver porno, hentai o leer novelas eróticas, nunca le hice asco a ningún género y así encontré los lugares más oscuros. Paradojicamente seguía y “sigo” siendo virgen. Obviamente tenía miles de fantasías sobre cómo perdería mi virginidad, más de una vez se me pasó por la cabeza simplemente cojer con el primer desconocido que me cruce. Pero como dije, soy algo tímida y socializar nunca fue lo mío, además me daba miedo arriesgarme a hacer algo así y que me descubra mi familia. Cuestión, hace unos años descubrí la zoofilia y por alguna razón eso pico mi atención, no podía evitar imaginarme a mi misma haciendo todo eso que describían, me mojaba de solo pensarlo. En mi casa hay perros, aunque chicos, y ellos fueron mi “primera vez” en todo mi trayecto zoofilico. Mi primera vez fue con mi perro, un caniche toy blanco. Después de pasar toda una tarde leyendo relatos eróticos de zoofilia no podía aguantar más, así que aunque sabía que no estaba sola en casa lo lleve conmigo al baño (en ese entonces no era raro porque era muy cercana a él y hacia que me acompañe a todos lados) y nos encerré. Me desnude completa y empecé acercándolo a mi vagina. Sorprendentemente, aunque un poco inseguro, el olor upo que hacer sin necesidad de instrucciones y me empezó a lamer, lo que hizo que un escalofrío de placer recorra todo mi cuerpo, era la primera vez que experimentaba algo así. Con su pequeña lengua me hizo probar lo prohibido hasta que termine a los pocos minutos por el estímulo y que ya estaba al borde desde antes. Aunque me encantó lo que hizo yo quería ir al show principal, quería que me penetre. Ya había investigado el tema y sabía que era probable que no lo haga de primeras había que enseñarle. Siguiendolos consejo que dejó otra mujer que disfrutaba de la zoofilia, empece acariciándolo lentamente hasta llegar a su pene, el que acaricie por encima con cuidado, esperando que tenga cualquier reacción. Al poco tiempo mí esmero cobro resultado pero me apresure y pensé que así estaba bien, me recosté sobre mi espalda y poniéndolo encima mío espere que haga lo suyo. Para ese entonces la expectativa me tenía super excitada, pero por más de que lo acariciaba y trataba de mostrarle lo que tenía que hacer no hacía caso. Al final me rendí y decidí conformarme con quizás probar su semen, una vez más o acaricie hasta que su pene se enfureció y salió de su escondite. Con cuidado y algo insegura pase mi lengua por su cabeza. Esperaba un sale salado o amargo, algo insoportable, pero a pesar de que era algo salado no era “insoportable” adique lo hice unos minutos mientras me masturbaba a mi misma, y al terminar me sentí satisfecha por cumplir mi fantasía. Por otra parte me sentía culpable, porque sabía que lo que había echo estaba mal y que si alguien hubiese tocado la puerta del baño o entrado hubiera estado en graves problemas. Por un tiempo dejé de leer o ver todo lo relacionado a la zoofilia, me sentía sucia. Con el tiempo simplemente decidí que no iba a negar ese lado mío y seguí leyendo esos relatos o viendo vídeos, aunque no tanto como antes, y repetí en varias ocasiones lo mismo con mi perro, pero solo las lamidas porque note que a él no le hacía tanta gracia lo de que yo lo lama y demás. Podría y debería terminar el relato acá pero la realidad es que vine a contar lo que viví hace minutos. Cómo dije soy muy pervertida a pesar de mi estado de virginidad, y tengo muchas fantasias como mi deseo de ser tratada como puta, dominada al extremo o estar con alguien mucho más grande que yo, o de alguna vez tratar de tener relaciones en un lugar público En fin, quería contarles como acabó ser perder mi virginidad anal con el perro de mi hermano. Él es un perro mediano y como últimamente la perra de mi mamá está en celo el está atado para que no la vuelva a dejar embarazada, me fío pena verlo así estos últimos dias, llorando por llegar a su perra. Entonces tuve la mejor idea, ¿Por qué no ser yo misma su perra en celo? Tuve que esperar al momento ideal, cuando había menos personas en mi casa porque somos demasiados y nunca está vacía vacía. Viendo que solo quedaban mi mamá y mi sobrina durmiendo la siesta fui hasta donde ataron al pobre y me lo llevé una vez más hacia el baño porque mi pieza es compartida. Repetí la acción y me desnude completamente frente a él. Cómo intuyendo lo que se venís solo se acercó a mí entrepierna y empezó a lamer desesperado. Cabe decir que ya había echo esto con él, solo que nunca pasó de ahí nomás por el miedo a que me descubran. Pero hoy estaba especialmente caliente con la idea de ser sometida por un perro y decidí probar algo nuevo. Después de lamer mi clítoris lo suficiente como para que ya no piense más, intento montarse.. pero en mi pierna, y Eos no es lo que quería. Trate de ayudarlo a posicionarse pero parecía tener una manía con mi pierna. Cada que lo bajaba de ahí me daba otros lametazos en mi concha y en miraba como esperando que lo dejara hacer. Después de hacer unos cambios de posición me acosté sobre mi espalda y levanté mis piernas para arriba sosteniendolad con mi mano contra mi pecho, mi culo y concha estaban a su completa disposición de esa forma. Sin dudarlo ni un segundo me empezó a lamer devuelta, solo que esta vez al tener más fácil acceso, le prestó especial atención a mi ano, logrando hasta meter su lengua ahí. Obviamente que yo no me quejaba porque más de una vez yo misma me había masturbado con uno o dos dedos por ahí. Finalmente, después de un rato así, intenta montarme despertado, pero devuelta le daba a la parte de mis nalgas y mi pierna, pero estaba más cerca del lugar principal. Retorciéndome un poco mientras el seguía intentando montarme, logré que su pene pegue contra mi vagina, pero no lograba entrar, hasta que en una logro entrar, pero no a mí concha como esperaba yo, sino que a mi ano. No quería que haga eso porque me daba miedo el dolor que sentí ya en el primer pinchazo adique rápidamente lo saqué. Sin embargo seguía caliente adique seguí intentando que me monte de la misma forma, pero siempre le pegaba a m cola pero no más arriba… Al final me rendí y me dije que no importaba porque no era tan grande y yo misma ya me masturbaba por ahí, gran error porque desde el inicio hasta ese momento su miembro había crecido sorpresivamente. Metiendo un dedo para probar que tan preparado estaba mi pobre ano, está vez lo deje hacer. Desesperado me monto y de primeras logro meterlo para mi alegría y sufrimiento. Dolió al principio, pero eso ya me lo esperaba, fue un pinchazo pero nada insoportable. Mientras él me agarraba fuertemente y se desvivía en el mete y saca yo empezaba a experimentar un nuevo tipo de placer al sentir mi culo lleno. Sentí como me mojaba más segundo a segundo, por la excitación, por el saber que cualquiera podría llegar y verme ahí, en esa situación tan inmoral, porque mi trasero era llenado por algo que no debería nunca. Demasiado rápido termino y se quedó quieto, en ese momento me acordé de la bola que tiene y con la que se quedan pegados a las letras. En otro momento me hubiera excitado pero yo ya sabía que no tenía el lujo de estar pegada a el por media hora sin levantar sospechas. Aunque seguía con el pensamiento de que su miembro era “chico” no quería subestimar el volumen de su nudo, adique lentamente y tratando de no lastimarlo lo saqué de mi. Dolió más de lo que esperaba y cuando vi lo que había estado dentro mío me di cuenta porque, era tres veces más grande que al principio, sin mencionar el nudo. No pude evitar volver a caer en lujuria y lo atraje a mi, haciendo que su pene entre, esta vez, en mi concha, pero como él no se movía más, ya satisfecho, era yo la que contraía mi vagina y me retorcía tratando de saborear mejor su miembro. Al rato termine y ya satisfecha decidí devolverlo a dónde estaba antes de que los atrapen. Me volví a vestir y limpie donde hicimos lo nuestro, vi que su miembro no bajaba y entre un poco en pánico pero después decidí dejar que se baje solo porque sabía que iba a tardar y yo no iba a hacer la diferencia. Completamente satisfecha, con un ligero dolor en mi parte trasera y las piernas medio temblorosas de la excitación pasada lo devolví a dónde estaba y me dirigí a mi habitación a seguirme masturbando por lo echo hasta que se me ocurrió compartirlo con ustedes. Espero que les guste y entiendan que es mi primera vez contando mis experiencias adique me disculpo si no es lo mejor, saludos y quizás alguna vez vuelva a escribir otra de mis experiencias. Si lo quieren pueden decirlo en los comentarios ([email protected])

Autor: lizmaury Categoría: Zoofilia

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El fin de semana con Rex

2019-09-10


Bueno como ya saben los viernes comienza la maratón de sexo con rex bueno el viernes en la mañana solo nos besamos ya en la noche hacemos de todo mayormente regreso y rex creo q sabe que le toca su maratón así que viene de frente a mi entrepierna a lamerme mi chochito yo le dijo ¡ya bb tranquilo déjame darme un baño !pero no sigue lamiendo así que me voy a nuestro cuarto y entro a la bañera a abrir la llave para que se llene el me sigue pero lamiendo ahora mi culito ya en la cama esperando a que se llene la bañera me desvisto y rex sigue lamiendo y le dijo¡ tranquilo bebe mama te lo va hacer bien rico! entonces me tiro en la cama y me pongo en la pose del 69 y rex se pone de la misma manera y comenzamos hacernos un oral ambos se la chupo completa el tambien a mi ¡uhm,uhm papi si sabes usar bien tu lengua bb sigue! ya cuando la bañera se llena me levanto y le dijo¡ ahora vengo bb voy a darme un baño ! hay veces en que está muy excitado y me sigue y se mete a la bañera conmigo y le dijo te traigo loquito no bb y me lame los labios, la bañera que tenemos se presta para hacer el misionero muy cómodo, ya en la bañera rex está como loquito así que me pongo en pose de misionero y le dijo ¡ ya papi metemela lo mejor de hacer el amor con rex es que me lo hace suave entra y sale despacio no como otros perros que follan bruscos y cuando nos abotonamos se queda quieto ya anudados le dijo que lo amó y nos besamos apasionadamente disfrutamos el momento ya cuando nos desabotanamos le dijo ya bb hay que bañarnos para seguir haciéndolo así que lo baño a el primero lo seco bien seco ya bb esperame en la cama ahora salgo, ya cuando salgo rex está en la cama como le dije y me le acerco y se pone boca arriba ¡oh papi quieres que te monte! me subo en su verga y la cabalgo rex es un perro muy viril ya que otros perros se moverían o no harían esa pose pero rex se queda quieto ¡así es bb uhm ahh uhm ahh me agacho y lo doy beso y le muestros mis pezones y rex se pone a mamar como un becerro mis pezones imaginense a mi montando su verga y a él mamando mis pezones eso me exita mucho y comienzo a moverme más rápido y él agarra mi cuerpo con sus patas y nos abotonamos en esa posición ya de ahí cuando siento que el semen me esta llenando me quitó sus patas y me pongo erguida ¡uhm ah bb si preñame ahh ahh ! plow salió su verga me tumbo y se la limpio toda de ahí nos quedamos dormidos ya en la mañana el me despierta como siempre olisqueando mi chochito¡bb buenos dias tienes ganas espera bb! me pongo en 4 patas y me comienza a bombear de otra dosis de leche ¡ahh ahh bb que manera de despertar los sábados estamos en el cuarto casi todo el dia solo salimos a almorzar y volvemos a lo nuestro pero rex es un amor pero ya no me satisface.

Autor: Allison Categoría: Zoofilia

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Mi dia a dia con Rex ?

2019-09-10


Hola hoy les voy a relatar cómo convivo con mi amado canino “rex” espero les guste y anime a contar cómo conviven ustedes con sus machos caninos. Sin más que hablar me presento. Mi nombre es Alisson tengo 24 años, mis medidas son 80-60-85, mido 1.70cm y llevo una relación de pareja de 2 años con mi perro rex. Rex es un rottweiler de 4 años el es amoroso, inteligente y sobre todo es muy cachondo. Él y yo vivimos en una casa la cual se a convertido en nuestro nidito de amor en estos 2 años que hemos hecho de todo en el sexo Bueno para empezar quiero aclarar que la que manda en la relación soy yo y no todo es sexo mi dia comienza con un apasionado beso de mi amado en mis labios el cual es correspondido por mi lengua hay veces en que hacemos un rapidin antes de irme a trabajar de 8am a 6pm, ya cuando estoy devuelta en casa a las 7.30 pm,rex me recibe muy cariñoso viene hacia mi y se levanta en dos patas para darme un beso de bienvenida ,hacemos el amor los martes,jueves, sábados y domingos los otros días de la semana solo descansamos y jugamos en la cama bueno como ya comente rex y yo dormimos juntos en una cama king yo duermo con una mini y sin calzon también nos bañamos juntos hay veces en que hacemos sexo en la bañera.llego a mi casa saludo a rex y me doy un duchazo despues soy suya si son los días de sexo follamos 1 hora nomas porque al dia siguiente tengo que trabajar,pero cuando es viernes, sábado y domingo hay si nos desestresamos los dos juntos dandonos amor.

Autor: Allison Categoría: Zoofilia

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Zoo Sexual

2019-09-07


La mujer siempre ha tenido doble personalidad, es zorra y araña. Sabes que el tiempo ha pasado cuando las excursiones del colegio ya no las haces tú sino tus hijos. Todavía recuerdo lo nervioso que me ponía la noche antes de una excursión; escalofríos por todo el cuerpo, la mirada ojiplática clavada sobre el techo de mi habitación al mismo tiempo que mi mente iba creando millones y millones de historias sobre todo lo que podría suceder al día siguiente, continuas mirada al despertador, deseando que las horas fuesen pasando una detrás de otra hasta que por fin sonase la alarma y empezase la aventura, y así hasta agotar una amplia lista de sensaciones. Marcos y Oliver acababan de empezar primaria, por lo que el colegio siempre solía organizar una excursión al zoológico de la ciudad. Mi padre desde bien pequeño me había inculcado el amor por los animales; siempre me estaba hablando de ellos, desde los más grandes como las ballenas hasta los más pequeños como las hormigas, nunca dejaba de sorprenderme. Uno de los mejores días de mi vida fue cuando cumplí nueve años, estaba jugando en la parte trasera de casa cuando de repente me atropelló un cachorro de pastor alemán. Desde aquel día ambos fuimos inseparables, pasábamos todo el tiempo del mundo juntos, donde iba él, iba yo, y donde iba yo, iba él. La otra cara de la moneda fue el día que Lucky murió, los médicos nos dijeron que era sorprendente que un pastor alemán viviera por encima de los veinte años sabiendo que estaba enfermo de cáncer, pero yo siempre pensé que eso era por el amor que nos teníamos el uno al otro. Por razones como esta es lo que me hizo obligar a Marcos y a Oliver a que fuesen a aquella excursión al zoológico, y por si fuera poco los padres estábamos invitados a ir. La excursión estaba programada para lunes, por lo que ya podéis imaginar cómo pasé la noche del domingo. A la mañana siguiente, eran tres niños lo que habían en aquella casa, Marcos, Oliver y yo, no me avergüenza reconocer que aquel viaje al zoo me hacía más ilusión a mí que a ellos. Muchas veces pienso en esa frase que tanto repetimos “ojalá volver a ser un niño, ellos son verdaderamente los que disfrutan las cosas”, sinceramente creo que somos los adultos con alma de niño los que disfrutamos la vida de verdad, porque somos conscientes de lo dura que es y los pocos momentos que tiene de buena. Aquel lunes parecía un viaje en el tiempo; los niños corriendo y saltando, el sonido de las cremalleras de sus mochilas abriéndose para comparar sus desayunos o los dulces que sus mamás les habían comprado, los profesores pidiendo silencio mientras iban llamando a los niños por orden de lista, el sonido del autobús al frenar delante nuestra…todo era como aquellos días. Los profesores nos separaron en dos autobuses, en uno iban los niños y en otro los padres. -Lo hacemos así para que se vayan acostumbrando y no tengan miedo para las próximas excursiones. La idea era buena, pero eso no evitó que más de un padre no viese a su hijo bajar llorando del autobús al llegar al zoo. Durante el trayecto me hice amigo del chico que se sentó a mi lado; se llamaba Miguel y parecía compartir el mismo amor por los animales que yo. Al llegar al zoo recogí a Marcos y Oliver y junto con Miguel y su hija Marta nos fuimos a ver todos y cada uno de los animales. Como fiel animalista, odio los zoológicos con toda mi alma, pienso que los animales deberían vivir en su hábitat natural, pero aunque no sea una excusa el zoo de Bilbao cuida a los animales como si fueran de su propia familia, no les faltaba de nada. Uno de los primeros animales que vimos fue un avestruz; nada más ver aquel animal mi vena friki afloró y no tardé ni un segundo en empezar a hablar sobre ellos; el avestruz es el ave más pesada del mundo por lo que esa es la razón por la que no puede volar, es uno de los animales más veloces por detrás del guepardo, se han encontrado esqueletos fosilizados muy antiguos de avestruz por lo que también se le considera una especie de dinosaurio…y así seguí con todos y cada uno de los animales que nos íbamos encontrando por el zoo. La hora de comer se nos echó encima como aquel que dice; aproveché aquel parón para poder comer algo y sobre todo beber un poco de agua para recuperar fuerzas y también saliva por todo lo que había hablado. -Veo que te gustan los animales más de lo que pensaba dijo Miguel mientras comíamos. -No te lo puedes ni imaginar, son mi pasión respondí. -Entonces creo que puedo confiarte un pequeño secreto, prosiguió. Tengo un pequeño zoo en mi casa de campo, aunque no es nada parecido a esto, allí los animales campan a sus anchas y puedes acercarte a ellos con total libertad, eso sí, siempre y cuando ellos te dejen. Durante unos segundos mi cuerpo permaneció petrificado, no me lo podía creer, aquel hombre había hecho realidad el sueño de toda mi vida, tener su propio zoo, así que en cuanto recuperé el control sobre mi cuerpo y mi habla, acepté por completo la invitación. -¿Por qué no dejas a los chicos con su madre, hago yo lo mismo con Marta y te vienes esta noche a mi casa? Verás lo impresionante que es ver dormir a un rinoceronte de cerca. Sin pensármelo dos veces, seguí al pie de la letra la idea de Miguel y para cuando me quise dar cuenta, ya había dejado a Marcos y a Óliver con su madre, cuando al salir por la puerta me tropiezo con un hombre. -Es usted Mario Gómez dijo con tono de pregunta aun estando bien seguro de la respuesta que iba a obtener. Durante unos segundos dudé en si responder o no, no conocía de nada a aquel hombre y que alguien sin conocerte, trajeado de la cabeza a los pies, con gafas negras y un micrófono en el oído te lo pregunte, de normal te asusta. -Sí, soy yo terminé respondiendo al mismo tiempo que convertía mi mano en puño tras mi espalda por si en algún momento se le ocurriese a ese ser atacarme. -Perfecto, me manda el señor Miguel para recogerle. Sin poder creérmelo acompañé a aquel hombre hasta la puerta donde nos esperaba un flamante coche. -Suba por favor; dijo aquella especie de guardaespaldas al mismo tiempo que sujetaba la puerta trasera del coche. Póngase cómodo, llegaremos enseguida. Pasaron unos minutos desde que el coche arrancó y se volvió a detener. La puerta del coche se volvió a abrir y con ella aquel guardaespaldas a su lado. -Salga, el señor Miguel le recibirá enseguida. Cuando salí de aquel coche mis ojos no dieron crédito a lo que estaban viendo. Aquella casa debía ser igual o incluso más grande que un estadio de fútbol; la fachada principal era impresionante. Columnas jónicas sujetaban la estructura principal de la casa al mismo tiempo que un grupo de ventanas parecían darle el aire que le faltaba a aquella fachada tan señorial y elegante. Mi madre siempre lo decía, “hijo, una casa cuanto más ventanas tenga…mejor” Y aquella tenía muchas por lo que mi madre le daría el visto bueno. En ese momento solo podía pensar en lo bonito que tenía que ser ver el amanecer desde cualquiera de las habitaciones de esa casa; ver como el sol va saliendo por el Este y va superando aquella manta de árboles que formaban el bosque que rodeaba aquella casa. Seguía captando los detalles de ese monumento cuando una voz sonó a mis espaldas; -Perdóname por hacerte esperar pero unas lobas han revuelto la manada y hemos tenido que tranquilizarlas. ¿Qué te parece si empezamos ya con la visita? Acompáñame por aquí. Miguel me fue enseñando una por una todas y cada una de las habitaciones e instalaciones de la casa; mi mente había pasado de imaginar aquellos espacios a poder verlos en vivo y en directo y debo reconocer que en ese caso la realidad superó la ficción. Aquellas habitaciones eran inmensas, no les faltaba de nada, tenían decorador por todos lados; cuadros, lámparas, tapetes, cuartos de baño para no tener que salir en ningún momento de la habitación, etc. -Me vas a perdonar que te lo pregunte pero…¿A qué te dedicas? Mi pregunta pareció provocar una pequeña sonrisa en el rostro de Miguel; Mi negocio son los animales, aunque ahora mismo lo verás respondió este. Nos dirigimos de nuevo a la puerta de la casa donde nos estaba esperando aquel hombre que me había recogido en casa. -Carlos, ¿Está todo listo? Preguntó Miguel. -Sí señor, el coche les está esperando afuera y todo está en el maletero como siempre. -Vale, muchas gracias le dijo Miguel a aquel hombre al mismo tiempo que pasábamos sin detenernos junto a él y este le dejaba su mano sobre el hombro en forma de afecto. Vamos Mario, nos espera una gran noche. Cuando salimos por la puerta, un flamante bugui aguardaba ante nosotros. -¿Te apetece conducirlo? Dijo Miguel mientras me tiraba las llaves. En menos de un abrir y cerrar de ojos Miguel y yo nos adentramos en aquella selva que rodeaba la casa, era impresionante sentir como la noche había hecho de aquel lugar un peligro constante, en el que cualquier momento podría asaltarnos una bestia y matarnos por completo. Miguel estaba encantado, vacilaba un momento tras otro diciendo que había escuchado o que había visto como algo se movía entre las ramas de los árboles o el fango del suelo. El silencio pasó a reinar de un momento a otro nuestras vidas, habíamos detenido el bugui y ahora íbamos a pie. -¿No crees que es un poco peligroso Miguel? Pregunté. -Claro, ahí está la verdadera aventura Mario. ¿Qué gracia tiene saber que el hombre viene de un animal del mono si no se mezcla entre ellos, ni vive como ellos? Por eso te he traído aquí esta noche, para que sepas qué es ser un animal que puede cazar o…ser cazado. Ambos nos miramos y nos pusimos a reír, aunque el quiebro de una rama nos puso en alerta. -¿Has escuchado eso Miguel? Dije con voz entrecortada al mismo tiempo que notaba como unos nervios increíbles iban recorriendo mi cuerpo de arriba abajo, inyectándome así una dosis de adrenalina pura. En ese momento Miguel echó mano a uno de sus bolsillos y sacó una pistola. -Qué vas a hacer con eso pregunté. -Tendremos que defendernos ¿no? Respondió. Tanto Miguel como yo permanecimos quietos, esperando que aquella criatura nos dejase tranquilos y sobre todo…vivos. La aventura había empezado antes de lo que ninguno de los dos hubiera pensado, nuestros ojos miraban hacia todas las direcciones posibles al mismo tiempo que nuestros cuerpos se iban acercando el uno al otro hasta tener una espalda pegada a la otra. Fue entonces cuando dos grandes y brillantes ojos parecieron abrirse paso entre la inmensa oscuridad que nos rodeaba. Aquellas esferas de luz se fueron haciendo cada vez más y más grandes hasta que parte del cuerpo de aquella criatura se dejó ver entre los pocos rayos de luz de luna que se colaban entre las ramas de los árboles. -Eso es un…lobo avisé a Miguel al ser el primero en darme cuenta. -Efectivamente dijo él al mismo tiempo que hacía disparar su arma. -¡No! Exclamé por su reacción, no lo mates. -Tranquilo Mario es una pistola de dardos tranquilizantes. Nos acercamos lentamente al animal estando seguros de que ya estaría durmiendo y fue entonces cuando me llevé la sorpresa. -¿Qué es esto Miguel? Pregunté ensimismado. ¿Es una mujer? - Sí Mario, es una mujer respondió con toda la tranquilidad del mundo. -Me puedes decir qué coño hace una mujer disfrazada de lobo en tu casa y a la cual le acabas de pegar un tiro. -Tranquilízate amigo mío, si te he invitado esta noche a mi casa es justamente como te he dicho antes para que veas de qué vivo y como he visto esta mañana que te gustan tanto los animales he decidido que disfrutes tú también de él. -No sé dónde coño ves tú la relación entre que me gusten los animales a cazar personas disfrazas de ellos respondí con gran agresividad. Con gran arrogancia Miguel se fue acercando hacía mí; la diferencia está en que aquí puedes cazar los animales y…follártelos. Y no te preocupes por ellos, están entrenados de tal manera que se creen que son animales de verdad. -Más que entrenados yo diría que torturados. -Llámalo como quieras, pero es una realidad. La ley siempre nos ha considerado a los que nos gusta follar con animales como a unos enfermos y solo por la pequeña diferencia de que los animales solo follan para reproducirse ya que no sientes placer algún cuando lo hacen. ¡Y una mierda! Es tan fácil como ponerse un documental y ver a dos monos del mismo sexo follando entre ellos, ¿tú crees que si no sintiesen algo lo harían? Por eso me he pasado años y años construyendo este paraíso al que cada vez viene más y más gente. Nosotros queremos penetrarlos y ellos quieren que lo hagamos ¿Dónde está el problema? Su forma de pensar me aterraba, solo quería salir huyendo de allí y llamar a la policía lo antes posible. -Sé que estarás pensando que estoy loco, pero por qué privarnos de follar como animales, no podemos ocultar nuestra naturaleza animal. Si hemos nacido siendo animales con la suerte de poseer un raciocinio, ¿por qué no aprovecharlo? ¿Qué me dices? ¿Quieres probar qué se siente al follar con una mujer lobo? En ese momento salí corriendo como alma que lleva el viento con tal mala suerte de verme perdido sin saber hacia dónde ir. Seguro que Miguel ya habría avisado a su guardaespaldas y estarían los dos buscándome para darme caza, nunca mejor dicho y convertirme en uno de esos animales para otros enfermos como él. Anduve sin dirección alguna hasta que decidí subirme a lo alto de un árbol con la intención de resguardarme de todo peligro y esperar hasta que se hiciera de día para poder escapar de aquella jungla. Todo se quedó en calma por un momento y eso es lo que me hizo activar las alarmas, fue entonces cuando una figura se abalanzó sobre mí tirándome por completo desde lo alto del árbol quedando así inconsciente. Cuando me desperté vi como una especie de criatura me arrastraba tras ella, rápidamente empecé a gritar y haciendo uso de mis piernas conseguí asestarle una patada y huir; pero como animal que era me alcanzó en menos de un segundo. Allí estábamos aquel ser y yo, el uno frente al otro, no me había fijado con el susto pero me encontraba ante lo que jamás pensaba que lo fuese a hacer, una mujer tigre. Sus ojos eran igual o incluso más grandes que los de aquella loba a la que Miguel le había disparado; el pelo en su cuerpo era abundante pero eso no evitaba que se siguiese apreciando su figura humana, incluso me atrevería a decir que aquella melena hacía a ese ser más atractivo de lo que ya era. Siempre he sido un firme defensor de la majestuosidad que los animales ejercen con su cuerpo, pero en este caso era algo totalmente diferente. Aquella mujer o animal, no sabría muy bien cómo llamarlo, se movía en círculos, atenta a todos y cada uno de mis movimientos, imposibilitándome por completo mis intentos de fuga, relamiéndose una y otra vez como si supiera lo que iba a pasar de un momento a otro. Hubo un instante en el que aquel animal se levantó y se puso sobre dos patas, adoptando por completo la postura humana que por pura naturaleza le correspondía. Sin saber cómo sus ojos me fueron atrapando poco a poco hasta tal punto de colocarse tan cerca de mí que un simple golpe con una de sus afiladas uñas me hubiese matado. Comenzó a olerme como el buitre que saborea desde la distancia su presa ya muerta, pero en este caso la comida era yo y estaba muy vivo. Por un momento aquel animal abrió la boca, dejando salir así su lengua de ella, haciéndola pasar por mi cuello de arriba abajo. Esta era rasposa, como la propia de los felinos; recuerdo aquella vez que vi un documental donde explicaban como era la lengua de estos, y estaba llena de pequeños filamentos que con un simple lametón podían llegar al hueso del animal raspando por completo su carne. La de esa mujer gato no era igual de fuerte pero si me hizo un poco de sangre la cual pareció gustarle. Continuó lamiendo mi cuerpo por todas las partes que su instinto le iba pidiendo hasta tal punto que un ligero cosquilleo pareció avisarle de que algo iba creciendo muy poco a poco en mi entrepierna. Una sonrisa sardónica se dibujó en su cara dejando así al descubierto sus colmillos; aquella mirada de deseo mezclada con aquella sonrisa animal hizo que me replantease la idea de que no sería tan mala opción el follarse a aquel ser. Nadie estaba mirando y como dijo Miguel, nuestra naturaleza animal es muy poderosa y a veces es bueno guiarse por los instintos y lo que mi cuerpo me pedía en aquellos momentos es que me follase a aquella mujer con disfraz de tigresa. Decidí acariciarle la espalda pero ésta temerosa por no saber lo que iba a hacerle retrocedió al mismo tiempo que asestaba un golpe con sus garras sobre mi cara. Un grito volvió a romper la calma que reinaba en la noche, aquellas afiladas uñas me habían desgarrado mi ojo izquierdo. Aquella sensación de impotencia junto con el dolor que sentía en ese momento hicieron que se despertase en mí el verdadero animal que llevaba en mi interior. Sin pensármelo dos veces me abalancé sobre aquella bestia y juntos comenzamos a forcejear. Durante unos minutos perdí mi condición humana hasta tal punto de no saber lo que hacía, actuaba bajo mi instinto de supervivencia, golpeaba sin saber y sin medir mi fuerza, solo quería ver como mi adversario dejaba de moverse y moría ante mis ojos. La pelea continuaba sin un claro vencedor hasta que en uno de esos momentos nuestros instintos se juntaron en uno solo y empezamos a devorarnos el uno al otro como fieras que éramos. Mi polla iba creciendo por momentos, con cada golpe, cada arañazo…hasta que estuvo lo suficientemente. Fue entonces cuando conseguí domar a aquel animal y poniéndolo a cuatro patas coloque mi polla sobre su coño y le asesté el golpe más fuerte que ningún otro animal sería capaz de darle…el de mi polla. Comenzamos a follar como auténticos salvajes, su culo animal impactaba sobre mi abdomen humano al mismo tiempo que ambos disfrutábamos de un polvo que iba más allá del límite entre las razas. Ese polvo era lo más simple y primitivo que había visto la tierra en sus cientos de millones de años, no existían los preliminares, los juegos, el morbo; era el follar por follar y eso era justo lo que lo hacía más exótico. Seguimos durante un par de minutos hasta que mi glande y su clítoris fueron recibiendo la excitación suficiente como para correrse al mismo tiempo. Fue en ese momento cuando se escucharon dos disparos seguidos y acto seguido ambos caímos al suelo, siendo conscientes no solo del efecto que el dardo tranquilizante estaba haciendo sobre nosotros sino que estaríamos dispuestos a repetir aquella noche en otra vida, ya fuese humana o animal. ([email protected])

Autor: Bufalozx Categoría: Zoofilia

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Guia de zoofilia femenina

2019-09-06


Aqui les enseño como follar con su perro (para mujeres) hola aqui les dare una seria de pasos para ser follada por su perro y unos tips 1 debes tener un perro no muy agresivo y acostumbrado a que lo acaricie y lo toquen para que no muerda cuando lo toques 2 si quieres ser follada debes tener un perro algo grande para que te alcanze y que la tenga grande 3 debes bañar regularmente a tu perro 4 deja que tu perro huela tu intimidad y pantis para que el olor lo prenda (si estas en tus dias es mas eficiente) 6 si te rasguña ponle calzetines en las patas delanteras PROCEDIMIENTOS: mamada: 1 debes empezar a cariciar al perro en la espalda y no comenzar por el miembro 2 debes empezar a acercarte poco a poco al miembro 3 acaricia su miembro lento y suave 4 debe empezar a sacar su pene que es rojo y puntiagudo 5 agachate y mama su pene 6 succionalo con delicadesa listo LAMIDAS EN TU VAGINA: 1 acuestate en el suelo 2 deja que olfate tu sexo (que reconosca tus intenciones) 3 el empezara a meter su nariz y a lamer tu vagina 4 deja que el te haga acabar SEXO VAGINAL: 1 deja que el te olfate 2 ponte en cuatro (de preferencia en el piso,deja una toalla en el piso si no quieres que se ensucie de semen) 3 el empezara a lamerte y olerte lo que ya lo exito asi que tratara de montarte por lo que debes guiar su miembro a la puerta de tu vagina 4 el empezara a follarte freneticamente 5 despues de unos 15 a 35 minutos de sexo salvaje su pene empezara a hincharze dentro de ti (esto es muy doloroso ,pero rico?) 6 su pene se hinchara y crecera de unos 4 a 7 cm, se llama "abotonamiento" 7 el empezara a correrse ,llenando y dilatando tu coño en el proceso (se siente como una mangera hechando chorro calientitos) 8 despues de unos 5 a 10 min de eyaculacion su pene empezara a encojerse 9 su pene sale y se escucha un !plooop! (el semen empieza a salir) 10 el te empieza a lamer en lo que recuperas la conciencia de tanto placer? 3.2 en caso de que quieras sexo anal debes estar bien lubricada (es mucho mas doloroso ,pero aun mas placentero,rico, delicioso y satisfactorio. eso es todo. a decir verdad es mucho mas satisfactorio que un hombre si no me creen intentelo es lo mas rico que hay p.d si no quieren tener sexo con un perro o no tienen tambien hay dildos que simulan la forma, el abotonamiento y la eyaculacion se llaman dog dildo

Autor: maria Categoría: Zoofilia

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Experiencia zoofilica canina

2019-09-03


hola les contare una de mis experiencias mas eroticas de mi vida despues de comenzar el florecimiento de vida sexual con mi perro pasaron 3 semanas (desde el ultimo relato) un dia me desperte en la mañana para ir a la uni cuando el livido me invadio me empeze a calentar y obviamente alli estaba alex (mi perro). asi que tuvimos unos rapidito hasta que el se vino,me limpie y despues me percate de 2 cosas 1 no salio todo el semen y 2 ya era tarde para ir a la uni asi que solo me arregle ,me peine y me vesti para irme.despues de un dia cansado ya solo tenia que irme a mi casa cuando vi una sexshop .cuando lo vi recorde como me follaba mi perro ,me calente y me moje pero me di cuenta que el semen se me salia .y mi pantalon negro lo hacia muy notorio asi que tuve que irme lo mas rapido posible . cuando llegue a mi casa vi mi pantalon estaba muy humedo y el semen escurria de mis labios y de mis muslos . la emocion de ser descubierta llena de semen me excito mucho y mi perro se acerco pues el me olio .pronto el empezo a lamer mi vagina como si fuera el dulce mas rico ,yo cada vez mas excitada me recoste en el suelo para que el hiciera lo suyo . el me lamia de una forma tan perfecta (lamia mi clitoris ,mis lavios y toda mi vagina) que me corri tanto que el suelo termino mojado de mis fluidos.pronto note que mi perro ya estaba listo para la accion y sorprendida dije: -valla ya estas listo? me puse en 4 y puse mo coño expuesto frente a mi macho -vamos te espero y con mi mano guie su pene a la entrada de mi vagina ,el empezo a cojerme como loco (era delicioso ??) pero el se salio de mi coño y trataba de atinarle cuando el me la metio por en culo (era mi primer anal). la sensacion de dolor era mas que inmensa solo pude soltar un grito de placer (mis fluidos facilitaron la entrada) gemia como una perra y gritaba -sacalo ,ah ,me duele mucho obviamente no entendia ? y el me follaba tan bestialmente podia sentir como expandia mi culo con su enorme polla .me dolia mucho pero tanbien me gusaba? podia sentir una sensacion en el estomago,el ano y el pecho que me hacia perder la razon y solo queria mas -ahh mas rapido ahh follame mas y sentia que estaba a punto de correrse asi que abri el culo mo mas que pude y empeze a sentir como su pene se hinchaba. ya me habia abotonado pero no en el culo.su pene hinchaba cada vez mas ( y me dolia peor que mi primera vez con el) (a decir verdad me gusto que el fuera el primero en disfrutar de mi ano) no paraba de crecer y crecer era un placer muy doloroso cuando por fin el empezo a correrse.senti como su semen calientito llenaba mi culo con unos clorros fuertes que masageaban mis puntos mas profundos y intimos ,era glorioso era tan caliente que me derretia de placer y nos quedamos pegados mas o menos unos 15 minutos hasta que se solto y de mi culo solte todo su semen y como su perra lami todo el semen que se me salia y lamia su polla (aun con semen) y el me lamia y me limpiaba?. y asi concluye esta historia pronto subire "la guia para que te folle tu perro (para mujeres)" (lo siento por estar algo ausente pero la uni no me da tiempo)

Autor: maria Categoría: Zoofilia

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