Relatos Eróticos de Zoofilia


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Mi hija Sandra

2019-09-02


Nunca antes habia visto a mi hija en un plano sexual hasta que llegó aquella experiencia que cambió nuestra vida para siempre. Tal vez no sea el mejor padre, sin embargo a mi hija nunca le faltó de nada, ni ropa, ni comida, y mucho menos amor. Aunque su madre y yo ya estabamos divorciados, entre nosotros habia una buena relación de amistad, por lo que yo me llavaba a Sandra a mi casa o de paseo siempre que quería, no había ningún problema. Mi hija Sandra es una chica joven, aún en el instituto. Es morena, y delgada, y como hombre no puedo evitar decir que su cuerpo es muy atractivo. Su piel es morena, su pelo liso y negro. Apesar de ser delgada tiene un culo respingon y redondito. Y sus tetas pequeñas pero bonitas. Nunca antes habia visto a mi hija en un plano sexual hasta que llegó aquella experiencia que cambió nuestra vida para siempre. Todo pasó un martes de verano. Como sandra no tenia clases, se vino a pasar unas semanas conmigo, pero yo aun estaba trabajando. Como cada día, aquel martes, me fui a la oficina por la mañana, y no regresaria hasta la noche, asi que Sandra se quedaría sola todo el dia, bueno sola del todo no, estaría en compañia de mi perro Rocky, un pitbull negro majestuoso. Aquel dia llegué a la oficina con normalidad, hice unas llamadas, unos documentos y a las 2 de la tarde fui a un restaurante a comer. Volví a la oficina, me disponia a seguir con el trabajo pero me di cuenta que ya iba bastante adelantado, y lo que faltaba lo necesitaria para la semana siguiente, asi que avisé a Fátima, mi secretaria, que esa semana me la cogeria de vacaciones y asi podria pasar la semana con Sandra y tal vez hacer un viaje. Sali de la oficina muy contento, me subí en mi coche y me dirigí a casa, aparqué, a las 4 de la tarde. Y entré en casa. Al entrar no vi a nadie en el salón, miré en la cocina y no habia nadie,ni Sandra ni Rocky. Asi que empecé a subir las escaleras hacua el segundo piso, donde me imaginaba que estaría Sandra en su habitación. Mientras subía escuchaba ruidos, gemidos y suspiros. Pensé que tal vez Sandra estaria masturbandose, no me parecía mal, pero al pensar en mi hija de esa forma una curiosidad sexual me invadió y quise ver si eran ciertas mis sospechas y si mi hija se estaba masturbando. Me acerqué poco a poco a la puerta de su habitación, no estaba cerrado, la abrí un poco y lo que vi jamás podria habermelo imaginado. Sandra estaba a cuatro patas en el suelo desnuda, apoyando su cabeza en la cama, y detrás de ella empotrandola, y penetrando su coño esta Rocky dando embestidas a mi hija. Esa imagen de mi hija siendo follada por mi perro provocó que mi polla se pusiera dura, desabroché el cinturo, me saqué la polla y empecé a masturbarme viendo aquel espectaculo. Sandra gemia recibiendo la polla de rocky y en un momento dado su cabeza giró y me vio, vio a su padre espiandola y haciendose una paja. Su reacción fue gemir mas fuerte, mi reacción fue abrir la puerta del todo y entrar. No salia de mi asombro, Sandra seguia disfrutando de un perro y permitia que su padre se pajeara mirandolo. Entre embestidas y gemidos me dijo:papi, quitate la ropa, sientate y disfruta. Como si fuera mi dueña obedecí, me quite la ropa, me senté en un sillon de su cuarto, y seguí masturbandome. Mi hija sacó a rocky de su coño, y empezó a chuparsela hasta que de la polla de rocky salio mucha leche y yo con aquella imagen no pude aguantar más y también me corri, uno de mis chorros cayó en el suelo, el resto en mi tripa, mi pecho y mi mano. Mi hija despues de sacarle la ultima gota a rocky me miró y me dijo: jo papá, ¿tu también?. Y gateando se fue acercando a mi, bajo su cabeza y de un lenguetazo limpio el resto de semen del suelo, se acercó mas a mi hasta apoya sus brazos en sus muslos, y con su lengua fue limpiando cada uno de los restos de mi lefa. Me miró a los ojos, y sin quitarme la mirada de encima, introdujo mi polla flácida en su boca, la succionó dos veces, se la sacò de la boca y haciéndome una paja, mirandome a los ojos me dijo:"papá, no sabes cuanto tiempo llevo esperando esto." Se levantó, y se fue al baño a ducharse. "Voy a limpiarme todo el semen de rocky... Si quieres puedes mirarme" dijo, y yo como buen perro faldero la seguí al baño. Me dijo que me sentará en el váter e hiciera lo que me apeteciese. Me senté, y ella se metió en la ducha, abrió la llave y el agua empezó a caer por el cuerpo de mi hija, mi polla volvió a ponerse dura y yo empecé a masturbarme. Sandra lo vio, y se puse dandome la espalda y se agachó dejandome ver su coño y su culo, no aguanté y me corrí, en ese momento recobre la conciencia, y me di cuenta de que aquello estaba mal, me limpié rápidamente el semen y salí del baño. Me vestí, salí de casa, me subi al coche y empecé a conducir, intentando olvidar lo que había visto y lo que había experimentado. No volví a casa hasta que no era de madrugada y sabia que Sandra estaría dormida. Llegué a casa, sin hacer ruido, tampoco queria despertarla, subi las escaleras y todo estaba apagado, entré en mi habitación, cerré la puerta, encendí la luz y en la cama, bien puestas y junto a una nota estaban un tanga de sandra. Cogí la nota y la leí:"Papá, siento lo que ha pasado hoy, pero desde que conozco el sexo tu eres mi mayor fantasia. Se lo que buscas por internet, incestos, lluvia dorada, y me encanta. Espero que con este obsequio quieras cumplir fantasias con tu hija. Este tanga es de hoy, despues de que te fueras me lo puse y me masturbé con el, me corrí y oriné con el puesto, espero que te guste. Te quiero Atentamente: Tu hija". Cogí el tanga y vi que tenia un liquido blanco seco, me lo acerqué a la nariz y efectivamente olia a flujo y a orina de Sandra, volví a masturbarme pero esta vez todo mi semen cayó en el tanga de Sandra dejándolo empapado. Lo cogí, salí de mi habitación, entre despacio en la de Sandra y puse el tanga en el sillón y me fui. Durante la noche no pude dormir, no paraba de pensar en que todo eso estaba mal, asi que decidí estar el menor tiempo posible en casa, al dia siguiente iria a trabajar, no podia estar en casa. Pero era un iluso y no sabia que Sandra conseguiria todo lo que queria. Aclaración: este relato es de mi entera imaginación, si os gusta dejadmelo saber y subiré la segunda parte. Espero que os haya gustado. [email protected]

Autor: donovan16 Categoría: Zoofilia

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Regresando a casa.

2019-09-01


Llevaba dos meses fuera de casa, llegue un domingo y Max me recibió con mucha alegría así como suelen ser los perros pero mi macho quería algo mas, traía la verga bien dura, me apure a despedir a la persona que conseguí para que cuidara de el, un vez estando solos me apresure a mi cuarto. Llegue a mi cuarto y abrí mi maleta para sacar mis cosas y estar listo para mi macho, compre unas medias negras, unos tacones negros, una tanga negra y saque un baby doll negro del closet como de encaje, saque una peluca roja y y maquillaje, me pinte los labios de rojo y me puse unos guantes negros largos, me encanta usar lencería, me pone al 100, me coloque unos lentes para verme mas femenina, me miraba al espejo y no aguantaba las ganas de estar con max así que baje y le abrí la puerta, Max estaba esperando en la puerta, ya sabia lo que venia, entro corriendo a la casa y ya traía el pene de fuera, me agache y me metió la lengua en la boca, subimos rápidamente y me servi una copa grande de vino me puse frente al espejo me abrí las nalgas y max comenzó a chuparme la cola con desesperación, me sentía en el cielo, después de dos meses sin mi max ahora lo tenia listo para hacerme su hembra, se levantaba en sus patas traseras queriéndome tirar para penetrarme pero me gusta hacerlo esperar, me encanta ver como se le pone dura por mi, me agache para tomar ese delicioso pene que es muy grande tanto que aveces no me puede meter la bola, pero esta vez ya con varias copas encima me decidí a que me la dejara adentro toda. Me puse en 4 frente al espejo y Max me monto enseguida, con mi mano guíe su pene hasta mi agujero que ya extrañaba tanto su pene y de un solo golpe entro su pene y me comenzó a bombear como nunca lo había hecho, sonaban mis nalgas chocando contra el y eso me excitaba mas, me encanta escuchar mi voz cuando jimo y pido mas verga, max me penetraba pero no me abotonaba, se bajaba pero no tardaba y me volvía a montar, me daba y me daba, creo estuvimos así por unas dos horas yo buscando su verga y el mi huequito hasta que finalmente sentí como se estiraba mi culo al limite con toda su bola adentro, se sentía delicioso y sentía que no cabía pero ya no la podía sacar, me empine tanto como pude y me comenze a masturbar, tan solo me vasto con verme al espejo penetrado por max para tener un mega orgasmo toda abotonada a mi macho, sentí como le succionaba el pene con el ano, me quede así con empinada en el piso hasta dormirme con max encima de mi, quede exhausto como nunca.

Autor: bennyben420 Categoría: Zoofilia

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El inicio

2019-08-28


La protagonista nos narra su primera experiencia zoofílica, que le ocurrió en su despertar sexual.Lo que les voy a contar es un echo real, que me ocurrió cuando contaba con 18 años. Por aquel entonces, vivía junto a mis padres en una casa del gran Buenos Aires. Mis padres se dedicaban a las tareas propias del campo y yo en los ratos libres de mis actividades escolares, les ayudaba en mínima parte. En aquel entonces me encontraba cursando el último grado de la primaria y concurría a un colegio que distaba tres kilómetros de mi casa, distancia que cubría a diario a caballo, para lo cual, disponía de una yegua. El día anterior al hecho, mi padre le había dicho a mi madre que mi yegua debía quedarse en casa el día siguiente, pero llegado ese día, a las siete de la mañana, yo ensille mi yegua y me fuí para el colegio como todos los días, desconociendo el porqué de lo manifestado por mi padre.Cuando iba atavesando los campos, noté algo raro en mi yegua, ya que ésta quería ir contra los alambrados de los campos vecino, cosa que nunca hacía, pero no le dí gran importancia. Debo hacer notar que siempre me acompañaba al colegio un perro marca perro, tipo o mezcla con doberman. Llegué al colegio y terminada la hora de clase, volví a mi yegua a los fines de retornar a mi casa, en momentos que se desencadena una fuerte tormenta, cuando esto ocurría, siempre me quedaba en el colegio esperando que amainara la misma, por tanto mis padres también sabían que esto era así, pero al ver a mi yegua muy briosa, pensando que la tormenta no iba a ser muy fuerte, preferí montar en ella y retornar a casa. Durante el viaje comenzó a llover en forma copiosa, pero igual continué mi viaje, hasta que llegado al campo del que llamabamos Don Ernesto, aparece un padrillo al costado del alambrado de tres hilos que lo separaban de la callejuela por la que yo iba, a lo que la yegua se volvió loca al igual que el padrillo, el cual de un salto, atravesó la alambrada y se vino encima de mi yegua. Yo para esto debo decirles que no tenía ni idea de lo que era el sexo, sabía lo mínimo para mi edad, pero desconocía del período de celos de los animales, ya que ese trabajo lo hacía papá solo, la custión fue que la yegua entró a levantarse de manos de tal forma que me tiró de la montura, quedando yo en el suelo, con mi pollerita subida hasta la sintura, cubierta solamente por el calzón que tenía puesto, quedando media mareada del golpe recibido. Cuando me comienzo a despabilar, veo desde el suelo que el caballo intenta subirse sobre mi yegua, ambos estaban a tan solo 3 ó 4 metros de mí, y me sorprendí enormemente al ver el garrote que colgaba del padrillo, que no cesaba en acosar a la yegua. Por su parte, ésta, en principio rellinchaba y tiraba coces para alejar al caballo, sin lograrlo. Yo seguí presenciando esto en la posición en que había quedado, y mi perro estaba a mi lado; de pronto veo que los caballos comienzan a acariciarse con los hocicos en plena armonía, como que ambos disfrutaban de ello, y en los giros que ellos daban, pude apreciar que el garrote del caballo se hacía cada vez más grande y se notaba cada vez más duro, y que la cucha de la yegua, se abría y cerraba como respirando y se veía cada vez más mojada. Yo comence a sentir una extraña sensación entre mis piernas, lo que hizo que me comenzara a acariciar mi conchita virgen, en la cual los abundantes pelos que tenía ya apesar de mi corta edad, los encontraba pegoteados, producto de los líquidos que emanaban de mi conchita, el perro, por su parte, me comenzó a dar lengüetazos, primero en mi cara, luego, por mis brazos, y cuando yo comence a toqueterme, comencé a sentirlos en mis muslos. Los caballos seguían en sus caricias cada vez más violentas, hasta que en un momento dado, el potrillo se sube sobre mi yegua y veo que apunta esa terrible barra de carne a la concha de mi yegua, pero sin lograr aún meterlo, haciendo los movimientos, que luego supe, clásicos, esto me producía una mayor sensación, ya totalmente agradable, entre mis piernas, acariciandomé en forma totalmente descarada, sintiendo toda la humedad que de mi conchita fluía, cuando de repente siento que la lengua de mi perro se estaciona justo en el lugar que yo tenía mi mano, esto me asusto un tanto, al extremo que retiré rapidamente mi mano, sin saber porque, y el resultado fue maravilloso, comencé a sentir la lengua del perro por sobre mi bombacha en mi cosita, y esto me llevó a un estado totalmente descontrolado que hizo que en forma automática, sin pensarlo, me sacase mi bombacha, a lo que el perro comenzo gozoso a lamer totalmente mi rayita, llevandome a un estado total de placer. A todo esto, dejo que el perro siga lamiéndome, y miro a los caballos, los que ya a esta altura, el caballo continuaba con intentos de montase sobre la yegua, hasta que en un momento dado, veo que el trozo de carne del caballo roza la concha de la yegua, esta retrocede a los efectos de ayudar la penetración, y esto provoca un nuevo yerre del padrillo, quien vuelve a intentarlo y veo que esta vez si logra su cometido, la barra de carne comienza, suavemente a deslizarse dentro de mi yegua, la cual lo recibe gustosa. Cuando esto ocurre, siento que el perro a dejado de lamerme tan bien como venía haciéndolo, y noto que sus patas delanteras se encuentran tomándome de la cintura -recuerden que yo me encontraba en el piso boca abajo- y en ese momento presentí que el perro quería hacer con migo lo mismo que el padrillo con la yegua, pero no llegaba dada mi postura, por lo que levanté suavemente mi cola, y esto favoreció para que sintiera algo duro rozando mi rayita, lo que me provocó mayor exitación, moviéndome nuevamente de manera tal que luego sentí que eso duro estaba en la puerta de mi concha, pero esto duró muy poco tiempo ya que de un golpe, el perro me enterró toda su herramienta hasta el fondo. Pegué un grito de dolor, ya que me había desvirgado, pero luego de ese dolor, sobrevino en forma abrupta el placer, y que placer, ver a mi yegua penetrada por semejante herramienta y yo sentir un pedazo dentro mio por primera vez. Creo que en ese momento me llegó mi primer orgasmo, pero luego si se que llegaron otros, hasta que veo que el padrillo retira ya su herramienta de adentro de mi yegua, chorreando, y al momento noto que el perro intenta penetrarme más a fondo, lo que logra, provocandome un nuevo dolor, el que luego se transformó en un inmenso placer, que me hizo desvanecer, me sentí desmayar y me deje ir. A la hora me desperté por los lamidos de mi perro, quien intentaba repetir la operación, pero eso es cosa de otra historia.

Autor: Anónimo Categoría: Zoofilia

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El perro de mi amiga

2019-08-27


Mi amiga me dejo a cargo de su perro y no pude resistir el deseo de ser cogida por el. ¡Hola! Una disculpa a quienes me siguen por tardar tanto en escribir pero el trabajo me tiene ocupada; bien esta vez les contare una de las que me tenía guardadas ya que en uno de mis relatos en un comentario se me sugirió hacer lo que ha sido mi relato anterior y ahora este sin saber que ya lo había hecho (Así que ojala y leas este, tal como el anterior) así pues vamos a empezar con lo que les interesa. En el diciembre anterior una amiga que vive a unos quince minutos de mi casa planeo unas vacaciones, fue a la playa con su novio que es con quien ella está en esa casa, pero, su perro un pitbull llamado Káiser no era bienvenido en el hotel en el que se hospedarían, ella fue consciente de eso desde un inicio y tenía planeado encargármelo ya que sabe que soy buena cuidando perros (Aunque no sabe qué tan buena) y el perro me conoce más sin embargo no me lo dijo hasta que prácticamente ya estaba a punto de vacacionar, supongo que para que no pudiera negarme…aunque siendo honesta ya me lo había imaginado montándome una o dos veces y esta era la oportunidad perfecta para intentarlo, no le habría dicho que no aunque me hubiese avisado con tiempo. Ese mismo día en el que me lo encargo empezó su viaje en el que estarían fuera por poco más de una semana, mientras yo tenía a mi cuidado a dos perros en dos diferentes casas y lo único que tenía que hacer con Káiser era alimentarlo, limpiar lo suyo, jugar con él y pasearlo si tenía tiempo, él se ocuparía de cuidar la casa de sus dueños. Como dije antes ya lo había imaginado haciéndome suya y es que es un perro que realmente me parece precioso es de un color muy oscuro, casi negro, con una mancha blanca en su pecho, de ojos grises, corpulento y un poco más grande y alto que la mayoría de pitbulls que he visto por lo cual es natural que a alguien de mis gustos le llamara la atención. A diferencia de Max que no tuvo hembras antes de mí, Káiser ya había estado con más de una perra por lo que no tendría que enseñarle a montar a una como lo soy yo ni tendría los mismos inconvenientes que tuve al inicio con Max (Más o menos). “¿Entonces?, ¿Me animo o no?...es el perro de tu amiga, una cosa es cogerte al tuyo y otra a uno ajeno” era uno de mis pensamientos más recurrentes mis primeros dos días a cargo del pitbull pues sabía que lo deseaba pero una especie de moralidad por llamarlo así me impidió hacer algo, hasta que al tercer día de camino a la casa de Káiser pensé “Bueno, mínimo con que le jale la verga para quitarme la tentación” así pues al llegar primero hice lo que debía para tras terminar y dejarlo comer acercármele mientras estaba recostado diciéndole “Voy a hacer algo que te va a gustar, tu quédate quieto y disfruta”. Entonces agarre su verga a lo que el extrañado acerco su hocico y comenzó a lamer mi mano la cual recorría de arriba abajo su pene que poco a poco se iba endureciendo y descubriéndose mostrando su hermoso color carmesí, después que quedo totalmente fuera le dije “Ahí está ahora hay que sacarle el jugo” por lo que no tarde en hacerle una chaqueta moviendo mi mano rápidamente mientras con la otra tocaba su nudo a la vez que Káiser se limitaba a gozar moviendo su pata hasta que por fin aventó la leche, un poco cayo en mi parpado izquierdo pero la mayoría en mi nariz y labios para mi deleite pues no dude en saborearla y mientras lo hacía le dije “Que rica y calientita leche a ver si luego me das más” después de eso en esa casa ya no tenía nada que hacer así que me limpie la cara para después irme. Mientras me dirigía a mi casa no paraba de pensar en lo ocurrido y lo mucho que me excito incluso mis pezones se endurecieron y me moje un poco las pantis a lo cual tan solo entre Max no tardo en oler a su perra en celo, se me acerco y bruscamente puso su hocico en mi entrepierna para olfatear su premio y yo le dije “Tu mami está caliente por andar de puta, ¡Métesela por perra! enseguida me puse en cuclillas a su costado jalándole el pito rápidamente mientras le decía “¡Vamos mi amor ponte duro! Te quiero adentro” supongo fueron mis feromonas y mi buen movimiento de muñeca lo que hizo que no tardara en pararse su pene para lo cual yo respondí bajándome el pantalón y rápidamente poniéndome en cuatro para mi macho. Max no se la pensó dos veces y monto lo que le pertenece, me sostuvo fuertemente de la cintura mientras me introducía su verga y comenzaba a castigarme por puta y yo no hacía más que gemir y decirle “¡¡¡¡Ahhhhh!!!! Eso dámela toda recuérdame que soy tuya” mientras con una mano agarraba su bola y hacia un movimiento similar al que hago al masturbarlo pues yo estaba bien caliente y lo que quería era que me diera ahora el su leche, “Ándale mi amor llena a tu mami de leche” le dije cuando sentí su verga palpitar y sus primeros chorros de semen para después resignarme a gemir y gritar excitada mientras se vaciaba en mí. Esa vez no quedamos pegados pues lo hice acabar rápido y sostuve su bola afuera ya que realmente solo quería que fuera un rápidin para bajarme lo cachonda que me había dejado Káiser…pobre Max esa vez solo lo utilice. El resto de la semana me debatía en si dejarme coger por Káiser o solo limitarme a jalar su hermoso miembro ya que continúe haciéndolo después de acabar con lo que se me encargo, tanto que incluso se acostumbró un poco llegando a recibirme con la punta del pene afuera y chillándome un poco lo cual me hizo recordar a mi querido Max; “Ok vamos a hacerte gozar pequeño” le dije antes de proceder con su chaqueta de aquel día. Por aquel entonces yo tenía dos días de descanso por semana (Sábado y Domingo) a diferencia de hoy día (Solo Domingo) y el sábado se lo dedique enteramente a Max pues tenía remordimiento por no haberla pasado con él, pero si había andado de zorra con su rival aunque solo fueran unas jaladitas de verga nada más. Aun así seguía indecisa sobre si dejarlo cogerme o no y ya sé que quizá este sonando repetitiva al respecto pero realmente no estaba segura de hacerlo por alguna razón, por eso solo lo masturbaba ni siquiera había querido chupársela porque sabía que al hacerlo eso probablemente iba a conducir a otra cosa. El domingo temprano me encontraba desayunando mientras Max estaba al lado mío y lo observe algo agotado como de costumbre tras un día de pasión, al terminar mi desayuno me acerque a él con planes ricos y obviamente no se negó a su mami por lo cual yo se la jale hasta sacarla de su funda para luego empezar a mamársela, mientras saboreaba su verga recorriéndola con mi lengua y haciéndola llegar hasta mi garganta pensé en Káiser, luego cerré los ojos e imagine que el afortunado era el pitbull “Que rica verga Káiser, quiero tomarme tus mecos, dámelos” pensaba mientras hacía que Max acabara en mi boca y yo me tragaba todo el delicioso premio. Entonces mientras aun saboreaba la leche de mi perro decidí que tenía que hacerlo, ¡Me tenía que dejar coger por el perro de mi amiga! Ya no podía negarme a mis impulsos de perrita, quería que ese perro me hiciera su hembra de una buena vez así pues aun con el sabor de la leche de Max en mis labios fui a casa de mi amiga a darle una buena perra ya bien aprobada a su perro. “¡Káiser ven! Hoy te toca” le dije poco después de entrar y enseguida el me recibió como ya se había hecho ligeramente costumbre, con la punta del pito afuera y le dije “Mmm que rico, bien que sabes quién te consiente” entonces lo lleve a la sala que es donde más espacio tiene esa casa y el quiso recostarse, alistándose para su chaqueta, pero no lo deje e hice que se mantuviera parado mientras se la sacaba toda y lo acariciaba del lomo hasta que en efecto, salió su rojo pene listo para ser mamado. Mi lengua recorrió mis labios en un gesto de lujuria y luego le dije “Vamos a ver qué tal sabe tu verga mi amor” así que empecé recorriendo su grumosa punta con mi lengua saboreando cada parte, mientras poco a poco rodeaba el tronco sintiendo palpitar su delicioso miembro para luego llevarlo hasta mi garganta forzándolo a entrar hasta escucharme atragantarme con su gran verga. No seguí mucho puesto que ya comenzaba a aventar su lechita y esta vez la quería dentro de mí. Cuando por fin me la saque de la boca note como el jadeaba con esa expresión de los perros que parece una sonrisa mientras su trozo tenia espasmos y aventaba lubricante a lo cual yo mencione “Ya estás listo verdad; ahora si vas a tener una hembra de verdad, no se la vas a querer ni sacar” y entones me levante para quitarme toda la ropa que tuviera quedando desnuda para él, lo cual no hizo ni que se inmutara. Estaba excitado claramente pero a diferencia de Max el no veía mi cuerpo desnudo y se activaba era obvio el porqué, aun así por un breve momento no supe que hacer y luego recordé que mi pastor alemán tampoco se mostraba interesado al verme desnuda cuando incursione en la zoofilia. Así que enseguida me puse a dedearme pasando mis dedos rápidamente por el clítoris y con la otra mano meterme un par de dedos para estimularme y que mis olores le hicieran verme como una perra dispuesta a aparearse. De esa manera Káiser se libró de toda duda, lo que tenía en frente era una potencial perra lista para ser montada así pues busco mi retaguardia y comenzó a brincotear en busca de mi puchita y ahí note la diferencia entre mi pastor primerizo y el pitbull ya calado mínimo con las de su especie. Hice que me diera un poco de espacio y me puse en cuatro abriéndome un poco más de piernas pues Káiser es algo más bajo que Max, encorvando mi espalda y preparándome para la ensartada; así fue el modo que el pitbull no titubeo al ver a esa perrita enfrente ya más que dispuesta a ser montada y paso a subirse para sin mucho rodeo comenzar con lo suyo. Él no se aferró a mi cintura solo puso sus patas al costado y suavemente empezó a empujar hasta que se aseguró que no iba a salir su verga en pleno apareamiento y entonces me demostró su fuerza “¡¡¡Ahhh así, así sigue!!!” le grite mientras me embestía con todo lo que tenía haciendo mi puchita tronar con cada empuje y después le dije “Que rico mmmm…me gusta así de fuerte” y es que no pienso negar que me dio más fuerte que Max aunque este último es más rudo. Siguió cuanto pudo manteniendo un ritmo rápido y con unos vergazos penetrantes los cuales los sentia llegar hasta el fondo luego su bola entro como si nada y después dio unos cuantos empujones aún más duros los cuales me hicieron quedar en el suelo, el me llenaba de su néctar mientras me rasguñaba con sus patas traseras y yo no tenía palabras solo gemía sintiendo sus chorros y luego se dio la vuelta e intento zafarse pero lo detuve para que no me lastimara y así quedamos pegados con la clásica imagen de dos perros pegados que ya todos conocerán. Después de despegarnos yo me limpie y vestí para hacer lo que debía y Káiser se fue a un rincón agotado y yo le dije “Ojala me la vuelvas a meter otro día” día que hasta ahora no ha llegado y quién sabe si lo haga. Sinceramente Káiser no está ni de cerca al nivel que esta Max pese a ser más fuerte al embestirme, aunque es algo que se arreglaría con practica (Así quizá se le acerque a Max) pero no podemos practicar por evidentes razones; pero bueno eso sería todo solo cabe mencionar que mi amiga volvió ese mismo día en la noche por lo cual decidí no dejarme agarrar más veces ya que no sabía a qué hora volvería y como curiosidad mis dos amantes se conocieron una vez y no se agradaron mucho que digamos…me pregunto porque. Esta vez me extendí un poco más de lo normal pero había mucho que relatar y explicar, espero les haya gustado y déjenme en los comentarios que les pareció y sus sugerencias ¡Bye!

Autor: Paty Categoría: Zoofilia

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Paco mi amor

2019-08-27


Comprometida a guardar un perro por cinco días. PACO MIO Para asistir a la universidad en la capital, mi padre nos rentó una de las pequeñas casitas para estudiantes que quedaba cerca del campus. Una casita de 2 pisos, con cochera, amueblada. Me pareció hermosa, muy cerca del campus y de las pistas adonde se van a entrenar. Espacios muy amplios para poder salir a pasear. Siempre había gran actividad en el campus, pero en la época de vacaciones la gran mayoría de los estudiantes salían a los hogares de sus familiares, que quedaban en otras ciudades. Éste fue el caso de mi amigo Roberto, que tenía un perro bóxer, que él adoraba, pero no lo podía llevar a su ciudad. Casi todas las mañanas yo salía muy temprano a correr acompañada de mi Schnauzer, una hermosa perrita que la bauticé Perlita. Generalmente encontraba a mi amigo Roberto, también corriendo, acompañado de su bóxer de nombre Paco, un perro muy simpático y amable, pero demasiado consentido y meloso. Ese día amenazaba lluvia aunque parecía poco probable, era temprano y quería salir como todos los días. Andábamos lejos, en el campus, repentinamente comenzó a llover bastante fuerte, corrimos lo más fuerte que pude, nos dimos una buena empapada. En el camino nos encontramos, como era habitual, a mi amigo Roberto acompañado de su perro, éste se llevaba muy bien con mi Perlita y a mi me saludaba siempre con gestos de amabilidad, aunque, como dije, no era de mi completo agrado, era encimoso y juguetón. Ya para regresar a casa y secarnos de la lluvia, Roberto me pidió que si le podía guardar a Paco por los cinco días que planeaba estar fuera. Recordé que una vez yo tuve necesidad de pedirle que me cuidara a mi Perlita por un par de días, así que no pude negarme esta vez. Le dije que sí, que me pasara sus concentrados de comida y yo me encargaba de lo demás. Pero Perlita estaba en su temporada de celo y no lo tuve en cuenta al aceptar. Ya en casa saqué toallas viejas y sequé a los dos perros. Hasta ese momento Paco se comportó perfectamente y respetó a Perlita. Ya Perlita estaba acostumbrada a estar en el espacio de la cochera, sola, ahí era su mundo, de vez en cuando la dejaba entrar en la casa y se comportaba. Paco se comportó bien, pero al secarlo con una toalla que tenia destinada a la Perlita, al secarle la panza comenzó a enseñar la puntita de su pene, lo vi, pero no le hice caso y separé a los perros, a él lo dejé entrar en la casa, en donde estaría y cuidaría que no molestara a mi perrita. Hice mi desayuno y quehaceres de la casa y me senté al escritorio a continuar con un trabajo de la escuela. El Paco vio que estaba quieta y vino hacia mí y comenzó a hacerme movimientos de copulación, abrazando mi pierna y lamiéndome. Me disgustó, lo corrí, le aventé uno de sus juguetes que me había dado Roberto, pero no fue tras él como acostumbraba. Lo levanté y lo volví a lanzar, pero el perro no fue tras él. Al no hacerle caso y yo volver a mi trabajo, éste volvió a subírseme a la rodilla y repitió sus movimientos. Lo corrí, pero no obedeció, insistía en estar junto a mí, lamiéndome las piernas, pero ya se estaba excediendo y empezó a meter su hocico cada vez más dentro de mi entrepierna. Me levanté y traté de que se distrajera con su juguete, pero en vano. Le di galletitas para perro que les gustan mucho, pero después de un rato éste volvió a darme molestias. Caminé alrededor de la sala, subí escaleras y el Paco seguía tras de mí. Para dejarlo atrás yo brincaba sobre los sofás, echaba maromas, pero ni así. Tenía la radio prendida y se me ocurrió bailar un poco, le levanté las partas delanteras al Paco convirtiéndolo en mi pareja, pero tiene las piernas demasiado cortas, así que lo dejé que subiera sus patas traseras sobre mi cama y así teníamos casi la misma altura, y su pene quedaba muy bien a la altura de mi pubis y fue al bailar que me vino la idea tonta de frotarme con él. Sentí una sensación muy excitante y me froté con él un buen rato. Lo jalaba hacia mí, lo abrazaba y sí dejaba asomar una punta roja de su pene, que tomé como que le estaba gustando mi insinuación. Aunque no creo que él haya sentido nada sexual en ese momento, por lo menos no dio muestras de ello, pero dejó que yo me sobara con él. Ya estaba segura que lo que intentaba este perro era ensartarme, yo no lo iba a dejar y no tenía intenciones de ello. Aunque ya en repetidas ocasiones había pensado y soñado con tener relaciones sexuales con un gran perro, sobre todo después de recordar haber participado con mi amiga Ilse del sexo con su perro Tibo, desde entonces me quedó una gran curiosidad y muchas ganas, y si en ese entonces no acepté el ofrecimiento no sé que me hubiera pasado, creo que fue por miedo o porque en ese entonces aún era virgen. Bailé un rato con Paco. Yo solo vestía mis chones y una camiseta larga, me había quitado el resto de la ropa cuando sequé a los perros, así que el roce y contacto con Paco era intenso, muy pegadito a mi piel. Ya fatigada, descansé y me recosté en mi cama, boca arriba, con las piernas colgando, el Paco se dio cuenta e inmediatamente se abalanzó sobre de mí. “¿No perrito, no y no!” Lo rechacé con amabilidad, lo acosté sobre la alfombra, boca arriba y me monté sobre él. Por un rato, se dejó sin protestar y yo busqué que su miembro me quedara exactamente bajo mi cosita que estaba protegida todavía por mis pantis. Con la mano, y con la intención de provocarlo, le sobé su pene y reaccionó inmediatamente dejando crecer su punta roja, aproveché para sobárselo y buscar una reacción que me diera algún placer. Se la jalé un poco y me la tallé contra mi cosita, inmediatamente enloquecí, me provocó una excitación muy fuerte, pero aún no eran mis intenciones aparearme con él, todavía sentía estar consiente de lo que hacía. No estaba en mis planes tener sexo en ese momento, y menos con un perro. Pero el Paco insistió, vino y se dedicó a lamerme desesperadamente mi cosita, se me fue metiendo poco a poco entre las piernas, hasta llegar al punto donde yo ya no podía seguir resistiendo , abrí ligeramente las piernas y lo dejé llegar hasta mi cosita, aún protegida por la tela delgadita de mis pantis, que me los empapó con su saliva, pero como me provocó una de las sensaciones más hermosas lo dejé me siguiera complaciendo con su lengua, subió sus patas delanteras sobre mi pecho e inició sus movimientos dirigidos a tener sexo conmigo, desesperado y alocado. Lo retiré, volvimos a corretearnos nuevamente, pero volví a mi cama y ya lo dejé hiciera lo que quisiera con mi cuerpo, pero eso sí, como a mí me pareciera. El condenado se me subió encima estando yo boca arriba y sin preámbulos inició sus intentos de meterme su cosa, completamente alocado y aunque fuera con todo y mis pantis, que los hice a un ladito y lo dejé llevara a cabo su apareamiento, pero eso sí, como a mí me pareciera, como aún insistía yo, boca arriba. Creí que no iba a hacerlo, pero o sorpresa, ya encima de mi pecho bombeó alocadamente varias veces, me lastimó y picoteó mis muslos, mi entrepierna y mi pubis con su pene duro, erecto. Terminé haciéndome a un lado los pantis para darle mejor cabida y ya con la mano le guie su pene a mi pepita en la que entró de golpe, a la primera, después de todos los intentos fallidos que había hecho él antes. Yo gemía y lo jalaba para que lo metiera más y más y no se le saliera de mi. Él también empujaba y lo oía resoplar, haciendo mucho esfuerzo. Con mis talones lo detenía para que me lo clavara más. Cada vez que yo hacía presión él disminuía su ritmo, aflojaba y reiniciaba sus movimientos alocados. Me olvidé de todo, extasiada de lo que me estaba haciendo sentir este perrito, enloquecí, ¡que ricura y que locura! Repetidas veces se le salía de mi pepita, yo le ayudaba un poco a que la volviera a meter. Al principio era delgada y muy dura, cada vez que volvía a metérmela, estaba más y más gruesa pero más suave y menos rígida. Me entraba y salía muy suave, aunque apretadita, estaba muy lubricada con mis jugos y los de él tal vez. Pero en una de esas veces que se le salió el pene, éste dejó salir bastante líquido y él ya no regresó conmigo, tal vez porque en esa posición se sentía apresado, lo abrazaba con mis piernas para ayudarle y jalarlo hacia mí, pero en el momento en que las abrí para que entrara más y más fácil, lo liberé y se salió de mí, en el fondo yo me abría de piernas más y más para ayudarle a que me metiera su bola fácilmente. En ese momento me enfurecí, creí que ya había terminado y el poco líquido que me salía era su semen y a mi me había dejado a medias. Dio varias vueltas alrededor en la recamara. Yo seguía frustrada, recostada sobre la cama y con lo que creía era su semen, escurriéndome en las piernas, pero después de un tiempo volvió a mí. Con el hocico me dio varios empujones que interpreté que él quería que me levantara, pero en vez de eso me voltee, dejé las rodillas en el suelo, con el pecho sobre la cama y sin invitación, éste volvió a subírseme encima, con sus patas delanteras aprisionándome la cintura y arañándome. Ya había quedado en posición de perrita y comenzó con nuevos bríos a tratar de insertarse de nuevo. Después de no se cuantos intentos y cambios de posición y de altura, Paco logró acertar en mi hoyito, claro que con ayuda de mi mano. Tuvo varias sesiones de bombeo intenso y alocado y de escapatorias de mi interior, como antes. Afortunadamente fuimos ganando práctica y cada vez que me lo remetía era más placentero y suavecito, y fácil a pesar de que cada vez estaba más y más grueso, aunque más suave. Yo, cada vez que lo remetía, sentía más intenso el placer y esta vez sí me llevó a un orgasmo que duró hasta que se salió de mi totalmente, no sé cuánto tiempo duró, pero yo estando en el punto más alto me logró meter su bola. Me dejé y hasta ayudé, sí me causó un poco de dolor aguantable y como el orgasmo estaba sintiéndolo en ese momento, el dolor pasó desapercibido para mí. Desde antes de que su bola me entrara me comenzó un orgasmo enorme, estaba como perdida, jalando y mordiendo el cubrecama, no sé si alguien me oyó, recuerdo que grité de placer, no sé que cosa, pero recordé a Ilse que en ese momento fue cuando estalló y apretó gritándome, que buena idea tuvo, que linda, la adoro por haberme dado esta muestra. Paco se mantuvo en calma dejando su bola dentro de mí por un buen tiempo, jadeando, vaciándose en mi interior, bombeándome en espacios, en cada espasmo que le venía, yo lo sentía rico, calientito. Después de un tiempo bastante largo, jaloneó y su bola salió suavemente, sin dolor, pero mi pepita sí quedó inflamada y algo de dolor y perdiendo el rico semen que me había dejado este adorado animal, ahora sí, chorreando en cantidades. Me tiré en la cama, me quité la camiseta que traía y me la enrollé entre las piernas para que en ella quedara el semen que me salía. Al rato me aseé, me curé las heriditas que las locuras de Paco me dejaron en las piernas y un rasguño en la espalda y ya pude trabajar en calma y muy bien inspirada, lo que me hacía falta era descargar mi energía retenida en el Paco, que después de pasar un tiempo acurrucado, limpiándose sus restos, se quedó dormido. Como en las noches lo dejaba dormir en el interior de la casa y la puerta de mi recamara permanecía abierta, Paco entró, olfateó mi cama y a mí y descaradamente se acurrucó a mi lado. Así pasamos la noche, como amantes. Después del paseo matutino y desayuno volví a mi trabajo de la escuela, pero Paco, que se había mantenido quieto, empezó de nuevo a buscar mi atención. Sentada en la silla del escritorio, descaradamente se me subió al regazo, hasta con las patas y se me sentó sobre las piernas y comenzó a lamerme la cara y a darme mordisquitos en el cuello y en los hombros, tal vez como gesto de cariño. Lo bajé y le sobé la panza estando echado, boca arriba. Causé que se excitara y dejó nuevamente que la punta roja de su pene apareciera, se la toqué y provoqué que le creciera causando que ahora yo me excitara, me monté de rodillas sobre él, quedamos en posición de misionero sin dejar mi peso sobre su cuerpo, me quité los calzones y me restregué los labios de mi vagina con su pene, que creció más, Paco no protestaba, se mantenía quietecito, boca arriba. Con cariño, y muy despacito, le masturbé un poco para tratar de que le creciera y me pudiera dar lo que yo anhelaba. Logré metérmelo poco a poco, lo suficientemente como para sentir placer, y para él también. Busqué irme clavando más y más, lo que él dejaba que creciera. Yo ya tenía la cantidad de miembro que me daba placer, pero continué apoyándome sobre de él, pendiente de que podría levantarse repentinamente, como ya lo había hecho, y zafarse, pero no, continuó consentido debajo de mí, con su pene bien apapachado, recibiendo el sexo sin esfuerzo alguno. Yo proseguí egoístamente, masturbándome, sintiendo lo rico, pero él no podía ni moverse y necesitaba hacerlo para engancharse conmigo y bombear a su ritmo y gusto y vaciar dentro de mi pepita su rica lechita. Se levantó e inmediatamente se abalanzó sobre mi espalda al yo inclinarme estando de rodillas en la alfombra, para conseguir y meterme su pene de nuevo. No fue fácil, aunque ya habíamos practicado y encontramos la posición adecuada, costó mucho esfuerzo atinarle de nuevo, la relación de ayer fue relativamente sencilla, a pesar de haber sido la primera vez que yo hacía esto, pero esta vez, después de haber cambiado de muchas posiciones, terminé prácticamente de panza en el piso, levanté la colita y ahí fue en donde sí pudo metérmela. Con sus patas traseras arañaba sobre la alfombra, con eso se ayudaba a tener mejor apoyo para metérmela con más fuerza haciéndome sentir más y más bonito. Su bola me entró muy fácil, nada de dolor, esta vez ya me di cuenta de que las pulsaciones que yo sentía eran cuando él hacía fuerza para echarme dentro más de su lechita, claro, favoreciendo mi placer. De todas maneras, este nuevo contacto causó que perdiera toda la relación con mi alrededor cuando estábamos en el punto más alto. Me hizo sentir cosas diferentes. Mantuve los ojos cerrados casi todo el tiempo, soñando y me dejé sentir que todo me daba vueltas, que estaba sobre las nubes, que flotaba y que alguien me abrazaba y que me hacía un sexo con un pene enorme, que sentí muy bonito dentro de mí. Esta vez sí me di cuenta de que me retorcí, que me menee mucho como perrita y también que le bombee ayudándole a que me entrara más. Ya no le tuve miedo a su bola y aprendí que con ella dentro de mí, él hacía presión con su pene y me tocaba lugares mucho más sensibles, causándome un orgasmo interminable. Me retorcía y ansiaba sentir mi clítoris con la mano, me lo tallaba, el espacio que me quedaba era pequeño pero mi cosita estaba muy bien lubricada gracias a nuestras secreciones, o más bien a las de él que le vinieron desde un principio, mucho antes de vaciarse dentro de mí, y que ayudaron a que desde el momento en que puso su puntita en la entrada de mi vagina, su pene, que al principio siempre estaba muy duro y lastimaba al picotear en sus intentos, empezara a suavizarse y repentinamente se deslizaba hasta mi interior. A pesar de sus bombeos alocados, medio se me salía, pero entraba de nuevo hasta adentro, o me lo metía yo orientándoselo con la mano, lo veía muy crecido y lo sentía cada vez más gordo y largo, pero con más fuerza. Ya con su bola dentro de mí se quedó inmóvil, solo sentía que le pulsaba. Se dio la vuelta y quedamos cola contra cola. Me acomodé para estar cómoda y esperar a que Paco terminara de eyacular, ansiaba que me dejara bien satisfecha. Estuvimos enganchados mucho tiempo dejándomelo dentro, suficiente para haber sentido lo más hermoso, y fue cuando sentí que su miembro se agrandó aún más al meter también su bola. No me molestó ese aumento de tamaño porque estaba ya algo blando, aunque mucho más gordo, sentía que rellenaba los espacios libres de mi interior que todavía dejaba algo más, ahí, dentro de mí. Al sacar su bola, salió su miembro aún largo. Me impresionó lo grande y gordo que se veía, muy sabroso como para repetir. Me quedé recostada en el piso, otra vez con otra camiseta entre las piernas que ahora sí quedó empapada. Paco regresó y me comenzó a limpiar con su lengua todo el semen que emanaba del interior de mi vagina. Me volteé boca arriba, abrí mis piernas y, con mi mano, me abrí los labios exponiendo mi clítoris para que me lo acariciara con su lengua. Me dejé atender de esa manera, él se detenía a ratos y como veía que yo no me levantaba volvía a lengüetearme, estaba yo sintiendo una excitación diferente que también me inducía a buscar de Paco que nuevamente me montara, pero no quiso. Se dio la vuelta, se echó a lamerse su pene y a descansar. Yo me levanté, fui a la regadera y me lavé, pero cada vez que me pasaba la mano por mis labios mi ansiedad crecía porque Paco me volviera a montar. Después lo busqué, pero ya no dio muestras de que deseara. Me puse a trabajar quedándome frustrada, pero muy productiva. Será después, o mañana en que haya otra oportunidad, pero esa oportunidad solo hasta el último día pudimos tenerla y hacer sexo. Al tener en cuenta que ese día se iban a llevar a mi amor, tempranito, después de salir a correr, de desayunar, lo bañé y lo sequé. Me sentía ridícula de lo desesperada que estaba, lo ansiaba con desesperación. Lo sequé suavemente, su pija salió a relucir, pero no grande, así que lo masturbé y en esas estábamos cuando reaccionó, yo estaba de rodillas, me abrazó de frente pasándome sus patas delanteras sobre los hombros, me lamió la cara y mis pechos, las tetillas, como nunca me lo había hecho. Lo acaricié como agradecimiento a sus muestras de cariño, su pene me quedaba pegado a mi vientre así que solo me enderecé y logré que me quedara exactamente frente a mi pubis, abrí tantito las rodillas y ¡que mejor posición para que ahí me penetrara! Si entendió mis intenciones, se dejó que lo jalara de su trasero hacia mí, su pene estaba algo crecido y él si lo empujaba para meterlo. Como no lo lográbamos meter, lentamente me dejé caer de espaldas, deteniéndolo siempre para que su pija no se me escapara y me entrara directamente. Ya había abierto mis piernas, pero la poca altura no ayudaba así que me fui arrastrando hasta el sofá, sin soltarlo, quedé recostada de espaldas con las piernas colgando, como el primer día. ¡Pum! Logró entrar desde los primeros intentos. Como siempre, se alocó y después de unos cuantos bombazos que me parecieron demasiado pocos, se dedicó a luchar por meterme su bola, que se acomodó de inmediato a pesar de no haber estado acostumbrado a hacerlo conmigo boca arriba. Demasiado rápido y corto este inicio, su bola la dejó bastante tiempo, suficiente como para que yo haya sentido mi orgasmo y mi mente y mis sentimientos hayan gozado de esta oportunidad para guardar este recuerdo.

Autor: SUSAN Categoría: Zoofilia

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Deseo animal

2019-08-26


La historia de este deseo animal, se la dedico a Mer, con quien aprendí a hacerlo todo, y a Bel, con quien hoy me hubiera gustado hacerlo todo realidad de la forma más animal posible. Tengo que contarte una cosa. Algo que me ha pasado esta noche, y que no aguanto sin decírselo a alguien, solo que ahora mismo sigo aún confundida y no sé a quién decírselo... quitando dos o tres amigas, que a estas horas tampoco tengo disponibles... lo que he hecho es algo que no me veo hablando con nadie, al menos por el momento no todavía... Pero necesito soltarlo ahora, y creo que tú, al menos, podrás entenderme, o al menos no juzgarme por lo que he hecho. Esta noche me he dejado follar por un perro. No una vez, sino dos. Y no un perro pequeño, sino uno grande, grande y en plena madurez. Joder. Me cuesta seguir, perdona... No sé bien por dónde empezar. Quizás lo más fácil sea hacerlo por el principio. Y quizás el principio sea en realidad mucho antes de lo que yo misma me habría querido reconocer. En fin, hace años, muchos en realidad, éramos aún dos jovencitas con todo por descubrir, con una amiguita mía, con la que jugaba a descubrir el sexo (ella fue la primera concha que probé), bueno, pues tenía un perrillo, uno pequeño así como tipo salchicha... Un día me confesó que a veces se untaba el coñito con miel y se lo daba a lamer, y me ofreció probar. Y claro, yo nunca digo que no a nada! Y menos si es una novedad, y en aquella época todavía tenía más ansia por descubrirlo y probarlo todo. Me sorprendió lo distinta que se sentía esa lengua, áspera, rápida, grande para el tamaño del animal... era curioso porque conmigo ese perrillo se excitaba bastante más que con su dueña, a la que simplemente lamía para comer la miel de su coño. Pero conmigo era distinto, me ladraba, frotaba su hocico en mí, se movía nervioso... y realmente se dedicaba más a comer mi coño que a lamer la miel. Tanto era así que llegó a hacer que me corriera un par de veces. Algo que con mi amiga nunca había llegado pasarle. Ella participaba del juego conmigo, claro, me metía mano y me besaba, contribuyendo a excitarme. Estábamos en plena época de descubrimientos, y todo era una experiencia excitante para las dos. Recuerdo ahora, y es algo que tenía en buena parte olvidado, enterrado en el fondo de mi cabecita, que la segunda vez que aquel animal me provocó un orgasmo, yo estaba muy excitada. Realmente estaba caliente, y recuerdo que sentía mi chocho muy abierto. Aquel perrillo se puso a mil enseguida cuando mi amiguita le ofreció mi sexo untado en miel. Y aquella vez fue distinta a todas. El perro notó enseguida que yo estaba muy bruta. Notó que mi sexo estaba anormalmente abierto y caliente. Y fue directo a por ello. Ignoró la miel, apenas probó mi vulva y mis labios, buscando casi directamente, después de algunos deliciosos lengüetazos y lametones, el interior de mi vagina. Me comió el coño tan ricooo, tan profundo... Cuando me corrí entre gritos, entre los brazos de mi alucinada amiga que no dejaba de besarme y tocarme las tetas (recuerdo bien que ella se puso muy cachonda viendo aquello, recuerdo su cuerpo sudando a mares contra el mío), aquel animal saltó sobre mí y empezó a frotar su cuerpo contra el mío. Sólo nos dimos realmente cuenta de lo que pasaba cuando ya era demasiado tarde. Lau, te está follando... me dijo mi amiga con voz de asombro. Yo enseguida me apresuré a decirle que no, que no era así, que solamente se estaba frotando... ufff lo cierto es que el pobre animal sí estaba tratando de montarme, pero no lo conseguía, supongo que por su tamaño, por su pequeño tamaño respecto a mi cuerpo. O más exactamente por el pequeño tamaño de su pene... que además yo estaba súper abierta en ese momento, y muy mojada después de la corrida, y con todas sus babas que me había dejado dentro. Así, aunque su pequeña polla me penetraba una y otra vez no conseguía realmente meterla lo suficientemente dentro, ni era capaz de aguantar ni medio segundo porque su cuerpo nervioso resbalaba entre mis muslos abiertos... Con todo y con eso la situación era tan excitante que yo me estaba viniendo arriba otra vez, y casi deseaba que el pobre animal consiguiera montarme de una vez por todas, solo para ver qué pasaba... En todo caso fue mi amiga la que no le dio oportunidad. Regañándole cariñosamente le sacó de encima de mí, y explicándole entre ladridos y aullidos que no podía follarse a sus amigas le echó del cuarto. Yo luego no le di mayor importancia a todo lo que pasó, de hecho lo olvidé de inmediato cuando mi amiga volvió y se metió entre mis piernas para comerme el coño como nunca me lo habían hecho. Yo luego le pregunté si no le daba un poco de asco el comerme con todas las babas de su perro y ese sabor a polla de perro que se me debía de haber quedado en el coño, pero ella, con gran cariño, me dijo que habría disfrutado hasta comiéndose el pene de su perro si ese pene guardaba todavía mi sabor... jijijijiji esta amiga mía es muy pero muy guarra, ¿sabes? De ella y con ella he aprendido y hecho todo tipo de cosas relacionadas con el sexo. Lo cierto es que ese día tuvimos sexo como nunca antes lo habíamos tenido entre nosotras. Nos habíamos quedado ambas muy excitadas y deshinibidas tras la experiencia y fue totalmente natural dejarnos conocer rincones y aspectos de nuestros cuerpos que hasta entonces todavía guardábamos con cierto pudor. Después de aquello yo no volví a tener nada con su perro (ella seguía haciendo lo de ponerse miel en el chocho para que le lamiera... y bueno, no dejo de creer que seguramente en algún momento tuvo que hacer algo más, o al menos intentarlo, aunque jamás me lo reconoció). Digamos que ella y yo nos dejamos pronto de perritos y nos lanzamos a buscar pollas más adultas, expertas y aptas para nuestros deseos más inconfesados, y cada vez lo hacíamos con menos reparos. Pero, volviendo a lo que estaba. No volví a hacer nada raro con animales nunca, ni siquiera a pensar en algo semejante. Hasta hará unos dos o tres años, con el perro este de esta noche... A ver cómo te lo cuento: Este amigo, Borja (digamos que se le puede considerar un follamigo), tiene un perro, un pastor alemán, desde hace algo más de tres años, creo. Ahora está enorme, joven, fuerte y muy grande, porque además le tiene todo el día corriendo por ahí (mi amigo es súper deportista). Yo me vengo liando con este amigo desde mucho antes, no sabría decir ya, muchos años. Cuando apareció el perro en su casa, siempre me tuvo mucho cariño, desde cachorrito. El caso es que cuando creció, la cosa fue a más... Quiero decir, el animal en un año, o dos, pues se ve que desarrolló su instinto sexual. Lo que al principio eran juegos conmigo, con el tiempo se fue haciendo más fuerte, más violento... Mi amigo flipaba, porque decía que era algo que solamente le pasaba conmigo. Ya desde cachorro tenía que sacarlo del lugar donde estábamos cuando nos enrollábamos, porque de otra manera era imposible follar. Pero cuando alcanzó su madurez sexual, empezó... en fin, el animal sabía perfectamente cuando yo estaba caliente, cuando tenía ganas de... me empezaba a acosar, se ponía como loco, aullando y ladrando. Y como empezara a desnudarme, y Borja me tocara o besara, ya resultaba imposible sacármelo de encima. Bueno, hubo una vez que... ufff, si es que casi la había olvidado, un día, no recuerdo bien por qué, creo que Borja dijo que es que cumplía justo un año, y no quería tenerlo encerrado, le dejo estar con nosotros... es cierto que ese día mi amigo no estaba en plan hacer nada, y nos pusimos a ver una peli, con Max encima de mí todo el rato, babeándome y demás, pesado pero asumible, aunque claro, yo tampoco había ido a casa de mi amigo a disfrutar del buen cine, así que acabamos enrollándonos, claro, aunque al principio sin desnudarnos ni nada, solo morreos y tal, pero yo tenía ganas y acabé de rodillas entre sus piernas, y el se acomodó en el sofá dejando que le abriera la bragueta y se la sacara y empecé a chupar y comer con ganas, tratando de conseguir que se empalmara bien y, bueno, Max ahí seguía, ladrando, lamiéndome y tal hasta que... hasta que, cuando logré tener la polla de mi amigo bien arriba (y debo decir aquí que Borja está bastante bien dotado, tiene una verga muy bonita y larga cuando está bien empalmado), pues bueno, aquello era tan grande, yo ahí lamiendo por los lados, Max lamiendo mi cara, buscando mi boca, mi lengua, empezó a recoger mi saliva untada en el tronco de mi amigo, y cuando me quise dar cuanta los dos lamíamos aquella polla grande con toda la lengua, como un niño con un helado, y yo no sabía si me excitaba más que a mi amigo se la estuviera chupando su perro, o estar yo allí dejando que ese animal metiera la lengua en mi boca, lo que me resultó excitante, incluso sintiendo cómo me llenaba de sus babas, las mismas babas que yo recogía del cipote de Borja, y me acordaba de mi amiga comiendo mi coño con baba de perro, y explicándome por qué no le daba asco, y entonces la entendí, claro, pero lo mío era aún peor porque no era ya que disfrutara de la polla con sus babas, que también, sino que en realidad me estaba besando a boca abierta con su perro... Quizás por eso Borja se hartó, o quizás es que estaba ya tan trempado y cachondo (y seguro que la manera de lamerle de su perro había contribuido y mucho a ello) que le dio un manotazo al pobre Max y me llevó a su habitación donde me encerró con él, los dos bien a salvo del perro, para que yo terminara mi trabajo con su polla antes deempezar a follarme. Mi amigo siempre decía que con ninguna otra persona tenía que hacer algo así, pero conmigo siempre encerraba al pobre perro (que se llama Max, por cierto, no sé ya si lo he dicho ya ¿he dicho ya también que es un precioso ejemplar de pastor alemán? Escribo de corrido, casi sin pensar, perdóname si resulto algo confusa pero estoy todavía demasiado nerviosa), le encerraba en su habitación antes de hacer cualquier cosa conmigo, hasta que llegó un momento, quizás porque Max se había hecho demasiado grande, quizás por cansancio de andar siempre peleando con él para encerrarle, y seguramente coincidió con la mamada que le hice junto con Max, ahora que lo pienso, que más bien empezamos a ser mi amigo y yo los que nos encerrábamos en su cuarto para enrollarnos. Invariablemente, recuerdo escuchar cada vez que estaba en su casa, en su habitación follando con él, a su perro aullando fuera, dando vueltas frenéticamente por el resto de la casa y lanzándose contra la puerta del dormitorio. Quizás así a lo largo de... no sé, ¿un año, un año y medio? Cinco, diez polvos, quizás veinte o treinta. Soy incapaz de calcular eso ahora, aunque tampoco viene al caso. Así hasta hoy. Hasta esta noche. Esta vez fue Borja quien me llamó, quien me pidió follar. Lo hizo directamente, otras veces da más vueltas, pero debía andar necesitado, o simplemente con ganas de jugar. Quiero follarte, me dijo. Yo sí tenía ganas de jugar (también de follar, claro): Te va a costar esta vez, le dije, tendrás que invitarme a cenar, a un sitio de los caros... Bueno, me llamó puta y todo eso, porque sabía perfectamente que yo quería, pero que estaba jugando con él, pero de alguna manera el juego fue a más y al final yo doblé la apuesta y le exigí el pago como condición para tenerme, y él al final accedió a todo lo que le pedí. Estaba con ganas. Yo también lo estaba, ya digo, pero si además de tener buen sexo se lo podía cobrar, no iba a perder la oportunidad, ¿no? Era algo que nunca habría esperado hacer con Borja, cobrarle por tener sexo, y confieso que me daba mucho morbo. Quedamos pronto para poder aprovechar bien la noche, aunque cenamos con calma, disfrutando de una comida deliciosa, y terriblemente cara, y luego le pedí que me invitara una copa... Joder. He de reconocer que me estoy enrollando más de la cuenta porque no sé bien cómo seguir, cómo voy a poder contarte todo lo que pasó... Ni siquiera tengo claro ya que quiera seguir haciéndolo. Aunque ahora que he llegado hasta aquí, tampoco tiene sentido no acabar de hacerlo y dejar de darle a enviar a este mensaje. Quizás sigo esperando que sea entonces cuando me sienta realmente mejor... Resumiendo, decir que acabamos en su dormitorio, desnudos y cachondos. Tuvimos una larga y completa sesión de sexo, en la que ambos quedamos razonablemente satisfechos. Por mi parte, desde luego creo que me gané bien el dineral que se dejó en invitarme a cenar... más el extra adicional que le exigí, más como juego que por necesidad. Max montó su numerito fuera, o eso supongo. Quiero decir, le escuché, claro, como siempre, como un eco lejano, pero no le di la menor importancia ni tengo recuerdo alguno de él una vez que nos encerramos a follar. Sí recuerdo que se me lanzó encima nada más entrar en la casa. Bueno, Borja me había estado besando y magreando desde que nos fuimos a tomar la copa. Yo tampoco podía negarme, porque sencillamente se estaba cobrando el dinero que se había gastado en mí, claro. Era una sensación extraña y excitante estar con él así, de una forma digamos tan... profesional... Pero el caso es que Max casi me tira al suelo nada más entrar en su casa. Parecía como si me hubiera olido en la distancia. Y es cierto que llegaba cachonda, reconozco también que no soy muy exigente para que me pongan a tono. Sudada y con el coño húmedo y caliente entré en el portal, y parece como si Max me hubiera detectado nada más pisar el edificio. Al abrir la puerta del piso, medio desnuda ya en los fuertes brazos de Borja, su perro me saltó encima. Llevaba mucho tiempo sin verle y, a decir verdad, me sorprendió lo grande que estaba, había crecido mucho, se le notaba fuerte y ágil, y con el pelo muy... cómo decir, lustroso, como si se lo hubieran lavado y cepillado hacía poco. En fin, si no es porque Borja me sostuvo, el perro me hubiese tumbado. Nos quedamos así enfrentados, el perro a dos patas delante de mí, prácticamente de mi misma altura en esa postura. Me empezó a lamer la cara y la boca, y las tetas (Borja había empezado a desvestirme ya en el ascensor, ya digo que me metió en su casa casi en bolas y muy sobada ya). Yo estaba tan sorprendida que le dejé hacer. Bastante borrachita también, supongo. Su lengua y su hocico mojados me empapaban la cara y la boca abierta de pasmo. Y de deseo… Al sentirle la lengua en mi cara abrí los labios y dejé que me metiera aquella enorme y áspera lengua en el interior. Mi coño se deshizo al notar aquel potente trozo de carne moviéndose frenéticamente en mi interior, mientras sus babas desbordaban mi boca, entrando por mi garganta y bañando mis tetas desnudas al mismo tiempo... Iba borracha y razonablemente caliente como para no cuestionar el origen de cualquier posible estímulo sexual que hiciera a mi cuerpo recibir placer. Y menos aún si provenía de una fuerza física tan desmesurada como ese animal. Sentir sobre mi piel su energía, su cuerpo musculoso, fuerte y caliente, todo su ímpetu sexual sobre mí... Fue Borja quien cortó la situación, golpeando a Max con severidad en el hocico, regañándole y apartándole con violencia de mí. Pensando ahora en ello, me doy cuenta de que ese momento, ese contacto de esa manera con Max, por primera vez piel con piel, se me quedó grabado de tal manera y me había causado tal impresión que, de alguna manera y sin saberlo todavía, mi mente había convertido ya a ese animal en objeto de deseo. Yo ahí todavía no asumía que lo que luego pasaría fuera posible, pero si lo hubiera pensado hubiera comprendido que era inevitable. Si en vez de Max hubiera sido una persona con quien hubiera tenido ese tipo de contactos, yo hubiera sabido bien que antes o después acabaría por meterla en mi cama, como siempre. Pero con aquel animal todavía me resultaba imposible entender lo que yo misma ya deseaba. Fue su dueño quien actuó, decidiendo por Max y por mí y contra nuestro deseo, porque Borja en ese momento tan solo pensaba en el suyo propio. Me sacó al perro de encima (al hacerlo me pareció sentir con mi mano izquierda, que colgaba muerta en mi costado por la sorpresa y la excitación, un trozo de carne largo, caliente y húmedo resbalando por mis dedos…) y tras apartarlo a golpes, me cogió a mí de la mano y me arrastró a su dormitorio. Quizás hasta me insultó o me regañó a mí también. Según había avanzado la noche me había ido tratando con más dureza, él que en los preliminares siempre jugaba a ser tierno y elegante... No di importancia a esa alteración de su carácter, que atribuí a una clara sensación de pertenencia por su parte, derivada de mi exigencia de cobrarle esta vez por algo que siempre le había entregado gratuitamente. Igual me daba: yo quería ser follada, y eso era exactamente lo que él me iba a dar. Conozco a Borja y sé que cuando está muy excitado a veces se puede poner algo violento, pero a mí eso en realmente pone. Que hoy estuviera sacando esa violencia desde el principio lo relacioné con mi imposición de que me pagara el sexo esta noche... Cerró su habitación pasando el pestillo, me obligó a arrodillarme de un golpe y, mientras me retiraba el pelo de la cara y me acariciaba la mejilla, metiéndome un dedo en la boca para abrirme, se bajó la bragueta con la otra mano y consiguió sacar su verga, para entonces ya monstruosamente dura. Simplemente me folló la boca de golpe y sin contemplaciones. Digamos que no estuvo especialmente cariñoso, sino más bien duro y soez, me trató con cierto desdén y creo recordar que me llamó de todo. Mejor así, en realidad, porque esta noche yo estaba muy a punto en realidad, tenía muchas ganas y cuando estoy así lo cierto es que soy de pocas caricias y pocos besos. Borja podía resultar algo aburrido a veces en la cama, pero desde luego que esta noche no tenía pinta de que fuera a ser así... Se corrió rápido y, a juzgar por la brutal cantidad de semen que me echó dentro y encima, supe que iba a tener una larga noche de sexo. Genial, pensé... En fin, le dejé desahogarse sobradamente antes de empezar a entrar en acción yo poco a poco, dándole por todos los medios todo lo que él iba necesitando para seguir bien arriba, según su cuerpo se iba desfogando. Quería llevarle al límite, pero quería que me durase, y por cómo disfrutó, diría que cada euro invertido en mí esta noche se lo devolví generosamente en sexo. Y así, prácticamente mi siguiente recuerdo es estar ambos desnudos metidos bajo su edredón, sucios de sexo, dormidos y satisfechos. Debí pensar que soñaba en el ruido de Max arañando la puerta. Estaba agotada de la intensa sesión, y dormía a gusto abrazada al rico cuerpo desnudo de Borja. No sé si soñé también en el ruido de la puerta al abrirse, la respiración agitada de Max, su pateo nervioso por la habitación. Su hocico empujando mi cuerpo bajo las sábanas, encontrado hábil el hueco para meter allí su cabeza, guiado por mi inevitablemente intenso olor. Evidentemente, el olor de mi coño en ese momento habría llamado la atención a la nariz más insensible incluso en una pescadería, un puerto pesquero, o un vertedero de pescado podrido. Yo estaba acostada de medio lado, mirando hacia Borja (en realidad abrazada a él), con el cuerpo algo encogido. Lo cual suponía ni más ni menos que, una vez que el perro metió la cabeza debajo del edredón, yo le estaba ofreciendo mi culo y mi sexo en esa postura. El pobre Max llevaba buscando precisamente eso de mí desde que nació. Y al menos desde hace un año, ya maduro sexualmente, que me lo buscaba de manera explícita. Sin duda esta noche el perro estaba en celo, o como quiera que se diga. En fin. Evidentemente me olió metiendo su hocico entre mis piernas, y abriéndome el culo. Para entonces yo estaba ya plenamente despierta, no puedo decir ni por un momento que me confundí pensando que era un sueño ni nada parecido. Supe que era real y que era él el que estaba allí, y que había entrado a la habitación para follarme. Supe lo que iba a pasar desde ese primer momento en realidad. Lo deseaba. Lo supe. Tuve que reconocerme eso. Hacía tiempo que lo deseaba, siempre había querido algo así. Siempre había sido receptiva, o incluso provocativa con ese perro. Y por eso él siempre me había buscado, claro. Todo eso lo pensaba mientras empujaba mi trasero contra su cara, acercándole el sexo abierto, encharcado de flujo y semen y, una vez más, calentorro. Max reaccionó muy favorablemente a mi buena disposición hacia su acercamiento. No soy capaz de describir la sensación de que una lengua enorme, fuerte, áspera, mojadísima como la suya me estuviese dando toneladas de placer como él estaba haciendo. De verdad que nunca había sentido nada así. Era como si a la vez me estuviera lamiendo y penetrando, buscando y abriendo mis pliegues, encontrando y llenando mis agujeros, lubricándome a mares con su baba y los litros de flujo de me estaba haciendo soltar de puro gusto. Me puse brutísima, pero bruta de verdad. Casi no podía respirar, me dolía la cabeza de dolor, sentía relámpagos por mi espina dorsal y temblores en mi pubis. Los pezones se me hincharon poniéndose duros rocas y grandes del tamaño de dos pulgares, tirando de mis tetas hinchadas como globos. Estaba súper sensible a todo. La enorme lengua me buscaba y lamía y penetraba el coño, pero en sus amplias pasadas fregando mi culo y mi peluda vulva también me masajeaba y me llenaba el ano, dilatando mi ojete al tiempo que me follaba la vagina por la parte delantera. Me empalmé de golpe, sentí mi clítoris crecer brutalmente y salir de su esponjosa protección. Llevé una mano entre mis piernas. Quería pajearme. A mí misma me sorprendió encontrarme aquéllo así, parecía que me hubiese salido una pequeñita polla de repente, muy dura y sensible... Empecé a frotarme pero no tuve oportunidad de hacerlo demasiado. La monstruosa lengua enseguida exigió también ese trofeo y me empujó sin piedad alguna, tomando plena posesión de mis órganos genitales, de mi ano, de toda la vulva y el culo en realidad, y hasta de la parte interior de mis muslos. Sentía sus afilados dientes y colmillos arañando la delicada piel de mi trasero, su húmedo y frío hocico empujando dentro de mi raja, raspando con sus dientes y sus pelos, pero en realidad resultaba tremendamente cuidadoso y hasta sensible en su forma de comerme y poseerme. Bien, no iba a ser precisamente yo quien pusiera freno a aquella locura, cuando se trataba ni más ni menos que una de las más placenteras experiencias de mi vida (y estoy diciendo mucho con esto). Había decidido dejar hacer a aquel perro. En realidad, estaba ya dispuesta, y hasta deseosa de entregarme a Max (aunque muerta de miedo por lo desconocido, por las dudas, por la presencia del propio Borja a mi lado). Él debió notarlo, o quizás es que igual que yo ya estaba suficientemente a tono de todo lo que había comido de entre mis piernas, porque le noté intentando avanzar la cabeza, lanzando hacia arriba las patas tratando de trepar a la cama y a mi cuerpo. Yo para entonces gemía como una puta, claro, me revolvía agitada y debía estar hasta empezando a gritar de gusto. Ni idea de cuando despertó Borja, pero a esas alturas seguro que despierto estaba. Quizás fue el propio Max, aunque quizá fui yo la que separó el edredón, o pudo ser el mismo Borja el que lo hizo y ayudó a su perro a subirse sobre mi cuerpo caliente y expectante. Y si Borja no estaba parando aquello ya, nadie lo iba a parar, porque él de repente lo estaba deseando tanto como nosotros mismos. El cuerpo de Max me aplastó por un momento, mientras él intentaba afianzar su postura en la cama y sobre mí. En cuanto pude hacerlo, levanté un poco el culo tratando de buscar su cuerpo. Creo que lloraba de nervios en ese momento, aunque también era su baba, la sentía caer caliente sobre mi cara a espesos goterones. Fue en ese momento la primera vez que le sentí dentro. Empujó fuerte para poder penetrarme a fondo, y casi me mata del gusto. Pero él seguía con su gran cuerpo medio colgando de la cama, y se ve que le faltó apoyo, porque resbaló hacia abajo y su pene hacia fuera de mi vagina encharcada. Yo me derrumbé, dándome la vuelta desesperada para buscarle. Así que, cuando Max recuperó el equilibrio y se abalanzó de un salto nuevamente sobre mí, mi cuerpo le recibió tumbada boca arriba, y con las piernas abiertas y levantadas. Max se recolocó hábilmente y pronto me estaba penetrando otra vez. Yo aluciné de lo fácil que estaba siendo. Me estaba follando cara a cara, lamiendo mi cuerpo sudado, ¡comiendo mis tetas! yo como una loca, como una puta me abrazaba a él con brazos y piernas para sentirle aún más dentro y me lamía mi cara, yo abrí la boca, claro, le ofrecí mi lengua deseando que me besara, aunque el pobre animal solamente podía pasar su hocico por mí cara, lamer mi lengua y llenarme la boca de babas, y a mí no me importaba ni el sabor, ni que sentir su lengua espesa y áspera y enorme ahogándome hasta la garganta ni nada, porque realmente quería darle todo por lo que él me estaba dando ya, empujando en mi interior mientras gemía y soltaba algún ladrido cuando se intentaba recolocar tratando de conseguir una postura en la que poder metérmela entera, y yo estaba obsesionada con besarle y angustiada tratando de poner mi cuerpo de la mejor manera para que él pudiera hacer lo que tuviera que hacer, porque claro, yo no tenía ni idea de cómo hacer, de cómo facilitarle el trabajo, solo quería besarle y que no saliera de mi jamás para no dejar de sentir aquel placer tan nuevo y tan hondo… Estuvimos así largo rato, desde luego, igual diez minutos, igual la mitad o el doble quizás, no sé. Yo veía las estrellas, a pesar de que era consciente de que el perro todavía no había conseguido colocarse, e incluso dudaba de tuviera una erección completa porque de alguna manera me parecía que no era capaz de meterme su sexo entero dentro del mío. Borja, mientras tanto, se ve que se había despertado por completo. De alguna manera, consiguió meterse debajo de mí, y cuando me quise dar cuenta me había insertado por completo su larga polla en el culo. Trató de follarme así, pero yo estaba aplastada, hecha un sándwich entre ambos cuerpos calientes por poseerme, y aquello era ya sencillamente imposible... Max volvió a caer, vaciando mi coño, Borja decidió que aquello no iba a ningún lado tampoco, con una postura tan forzada que mi culo apretado amenazaba con partirle la polla dura, así que salió de debajo de mí, quedándome súbitamente vacía, aunque pronto me compensaron, Max volviendo a enterrar su hocico entre mis piernas, y mi amigo sobando mi cuerpo y mis tetas y restregando su entrepierna por mi cara. Apretando a Max con mis manos contra mi sexo, abrí la boca buscando el pollón de mi amigo. Estaba verdaderamente empalmado, como nunca lo había estado, dura como una estaca... Y salvajemente excitado. En cuanto mi boca le encontró y se consiguió colocar, empezó a empujar sin parar. Hasta el final. Nunca antes le había hecho una garganta profunda, nunca a él... ya digo que la tiene especialmente larga. Bueno, quizás tampoco pensaba que fuera capaz, pero entre la excitación de ambos y la postura especialmente favorable, ahí estaba, y poco le importó que yo protestara... al fin y al cabo, es cierto que nunca le había comido la polla así a él, pero me había visto hacerlo a otros más de una vez... quiero decir, que sabía bien de lo que era capaz... la polla le sabía tremendamente a mierda de mi propio culo donde acababa de estar enterrada, pero yo seguía convulsionando por la comida de Max, y por otro lado respecto a Borja me bastaba con que no me ahogara ni me partiera la garganta de un pollazo. Qué además, me empezó a sobar la garganta, se conoce que intentando sentir su miembro duro ahí dentro de mí, casi amenazando con ahogarme... En ese momento Max volvió a intentarlo, saltando de nuevo sobre mí y buscando penetrarme. Aquello debió pillar por sorpresa a Borja, que en un momento de descuido acabó con la polla fuera de mi boca. Yo alargué la lengua buscándosela, pero no solo le encontré la verga dura y mojada, sino otra vez la lengua de Max en la mía... y en el capullo de Borja. Max estaba siendo incapaz de penetrarme en esa postura, pero igual yo le abrazaba, sentir su cuerpo pesado, sudado, peludo y musculoso sobre el mío era taaan excitante!! Y entonces, allí me encontré otra vez, comiéndole la polla a mi amigo con su perro, pero esta vez los tres desnudos y yo abrazada y abierta al perro, entregada a ese animal, deseando que me tomara y me metiera su polla de perro en mi vagina mientras me chupaba la boca y me lamía la cara y lamíamos la pollaza de Borja... Yo creo que me corría ahí, quizás ya antes, Max no me conseguía penetrar pero aún así frotaba su sexo contra el mío con fuerza en cada embestida buscándome y cada ataque a por la polla de su amo. Y Borja... bueno, supongo que ver aquello, verme a mí en aquella... Lo digo porque le conozco bien, sexual y físicamente hablando, y además después del largo y productivo encuentro que tuvimos en la primera parte de la noche... En fin, que me sorprendió que se corriera así de esa manera, tan rápida y furiosamente, una corrida abundante, a borbotones. Yo tenía la boca y la cara llenas de lefa y baba de perro, mezcladas, y hasta me costaba distinguir ya una de otra, ni por sabor, ni por textura ni por temperatura... Borja se retiró dando un alarido, y su perro se centró entonces nuevamente en mí, lamiendo la semilla de su amo de mi cara y mi cuerpo, limpiando mi rostro y tratando cada vez con mayor ímpetu de follarme. Pero se ve que en aquella postura era más difícil, yo ya me preguntaba si realmente lo que quería hacer, lo que Max y yo estábamos tratando de hacer era posible incluso, a parte de un absurdo, una auténtica locura claro. Max ladraba, cada vez más nervioso, sentía su verga golpeando mi cuerpo intentando encontrar la entrada, incluso intenté agarrársela para ayudarle, pero estaba demasiado nervioso, y la postura era demasiado antinatural para él, imagino, y tampoco mi mano supo reconocer aquella verga dura cuando la agarró, no se parecía a ninguna polla que hubiera tocado antes, blanda aunque muy rígida y tiesa, suave y mojada pero como por sudor... E increíblemente sensible. Cuando se la agarré Max dio un brinco sobre mí. Le vi pasar sobre mi cabeza, y le seguí para ver cómo acababa entre los brazos de Borja que se había vuelto a incorporar, llenándole de lengüetazos la cara. Y, cuando cuerpo del perro volvió a caer, esta ver fue precisamente su polla lo que aterrizó en mi cara. Una polla larga, oscura, y parecía, no sé, como carne viva, como si la hubieran desollado. Me resultó visualmente desagradable, quizás fue por eso que no dudé en cerrar los ojos y tomarla con mi boca. La verga me entró con ganas, no sé lo que sentiría Max ahí, pero a mí me puso a mil, claro. El hecho mismo de haberme atrevido a hacer algo así. Y además, disfrutándolo como una loca! Lo que más me sorprendió es que el sabor no era para nada desagradable, sabía diferente a cualquier polla humana, claro, pero te aseguro que he tragado muchas pollas que sabían bastante más desagradables que ésa, quizás no era muy bonita, vale, pero estaba disfrutando de tenerla dentro de mi boquita. Lo único malo es que a esas alturas me deshacía por darle placer, y era consciente de que no lo estaba consiguiendo... Tanto es así que de repente Max volvió a saltar, abandonando la cama y dejándonos a Borja y a mí allí, desnudos, desconcertados y sin poder reconocernos prácticamente... Lo que acababa de hacer... no era capaz de mirarle a los ojos... Pero Max... Max ¿Había sido capaz de dejarme? Retiré la visita del hombre, mirando al perro. No. Max me ladraba, me ladraba a mí. Saltaba agitado, la cola tiesa pero mirada implorante. Esa mirada... Entonces entendí. No me preguntes cómo. Pero entendí claramente. Era... joder, Max me estaba hablando ¿Sabes? Debo parecer loca, lo sé, pero entonces entendí y obedecí a aquel animal, que no solo no me había abandonado, sino que me pedía claramente desde el suelo que bajara con él, que me pusiera a su altura para poder tomarme como ambos deseábamos. Para entonces yo... yo ya necesitaba desesperadamente ser follada, ser follada por él... joder, ser follada por Max, por esa polla portentosa que acababa de tener en mi boca. Me moría realmente porque me hicieran correrme como... como una perra, sí, jajaja, pero ¿por qué habría de avergonzarme algo así? ¿Tú me entiendes, verdad? Un momento así, con un calentón tan brutal que de repente eres capaz de cualquier cosa. Y más todavía con él... es que no sé cómo decirlo... cuando le había tenido encima, cuando me penetró por primera vez, me hizo suya de verdad, de una manera muy especial, porque cuanto más me entregaba yo a él, cuánto más me abría y me esforzaba por meterle dentro de mí, él más se daba a mí, tratando de follarme con fuerza y desesperación. Para ese momento tenía ya, al fin, comprendido y asumido que quería hacerlo con ese perro, que lo que acabábamos de intentar obedecía a un profundo deseo de los dos que ya solamente podríamos calmar juntando por fin nuestros cuerpos. Pocas veces he deseado realmente tener sexo con alguien de una manera parecida, tan decidida y desesperada. En realidad... en realidad analizado ahora mis reacciones debo reconocer que no puedo hablar tampoco de un calentón. Quiero decir, estaba caliente en ese momento, lo que acabábamos de intentar... uf... ¡era imposible no estar caliente! Pero es que cuando Max entró en la habitación y empezó a hurgarme el culo y el sexo debajo de las sábanas, yo me entregué a él, en lugar de detenerle, me coloqué para excitar todavía más a ese animal ofreciéndole mi sexualidad, casi igual que cuando en mi adolescencia me ofrecí al primer chico que me hizo el amor de la manera más inconsciente y sin importarme para nada las seguras consecuencias... Y en ese momento quería que me follara Max. Lo quería en ese momento, lo había deseado cuando él me asaltó al abrir la puerta de la casa, lo había deseado cuando nos besamos al comerle el rabo a su amo, a nuestro Amo...lo había deseado cada vez que me saltaba encima, que se lanzaba contra mí queriendo jugar conmigo, porque yo para entonces ya sabía el placer que podía darme un perro gracias a mi experiencia con el de mi amiga... Había deseado a Max desde siempre, y de repente le tenía frente a mi pidiéndome claramente que me bajara y me entregara a él. Y yo solo quería hacer precisamente eso en ese momento, aunque no supiera bien cómo. Si tan solo consiguiera encontrar la manera de que me pudiera montar... Como una perra. Su mirada. Su llamada. Me lo estaba diciendo ¡Claro! Eso era, como no podía ser de otra manera. Me bajé de la cama. A cuatro patas. Saltando al suelo, y a cuatro patas avancé hasta ponerme a su lado. Max ladró, aulló y movió el rabo. Me lamió la cara. Yo saqué la lengua y le lamí también a él. Su carita sabía tremendamente a perro sudado. Su lengua lamió mi lengua y mi boca. Me dejé besar por él de nuevo. Volvió a aullar y ladrar, y se separó de mí rodeando mi cuerpo un par de veces a la carrera. Hasta que empezó a meter la cabeza en mi culo, en mi raja. Lamiendo y metiendo lengua. Me puso hipercachonda. Me giré buscando su verga, aunque me dejó cortada ver qué se le había metido para dentro por completo, su pene ya no estaba erecto y estaba por completo guardado en su peluda funda. Al girarme yo Max dejó de tenerme a tiro. Ladró y me golpeó. Comprendí que por mucho que deseara volver a sentir su sexo en mi boca tenía que quedarme quieta y dejarle hacer. Era él quien tenía que prepararme a mí para la penetración, y también preparase él. Claro, para empalmarse necesitaba oler mi sexo, era su manera de exictarse, y su manera de preparar la toma de su hembra. Yo debía ofrecerme a él, y sacar al macho en celo que tenía dentro. Me volví a colocar. Al recuperar mi posición, me di cuenta de que había quedado colocada paralela al gran espejo que cubría el armario del dormitorio de Borja. Mi amigo siempre decía que era porque le daba mucho juego cuando tenía sexo (lo que era verdad), pero yo siempre he creído que simplemente es que en realidad no es más que un presumido narcisista al que le encanta contemplar su cuerpo (lo que también es verdad que merece ser contemplado). El caso es que, reflejada en aquel espejo, pude ver cómo Max volvió a meter su hocico en mi entrepierna. Me sentía muy mojada, y no solo por los litros de baba de perro que me lubricaban el sexo en ese momento. Max estuvo un buen rato comiéndome el coño, devorándome a lengüetazos y empujando su hocico dentro de mí, como intentando abrirme aún más la vagina. O como buscando allí dentro todo mi olor. Sus gruñidos cada vez sonaban más hoscos y amenazantes. Jadeaba y babeaba en mi sexo y en mi culo. Yo me abrí al máximo para él, y me acodé en el suelo, mareada de placer. Me estaba corriendo, levemente todavía, pero moría ya de gusto. Gritaba sin disimulo ninguno. Joder, me estaba dejando comer el chocho por un perro, así que tampoco me iba a andar con remilgos. Así, bien abierta, con los antebrazos extendidos en el suelo y la cabeza también casi pegada al suelo, elevé el culo lo máximo que pude para él. Y entonces pasó. Max saltó sobre mí. Una primera vez, en la que pude notar algo duro y blando a la vez, como un hueso envuelto en carne viscosa, caliente y pringosas, golpeando mi nalga izquierda. Cayó encima de mí, y casi me tumba del ímpetu y del peso. Me costó sostenerle, pero aguanté, el escaso tiempo que él se mantuvo encima de mí. Resbaló. Y, enseguida, volvió a saltar. Esta vez estaba preparada. Aunque tampoco acertó, me pareció sentirle esta vez apoyado en mi raja abierta, pero no había acertado a introducirla y se le había quedado extendida, palpitante… Hubo alguna repetición, algún intento más en que sus nervios le impidieron siquiera llegar a echarse sobre mí, pero la siguiente vez que consiguió impulsarse lo suficiente para montarme ya no falló y consiguió meterme su polla. Quedé sin aliento por la impresión, porque estaba convencida de que le iba a costar mucho más, que no podía ser tan fácil, que de hecho debía ser imposible. De hecho dudaba si intentar ayudarle con la mano, aunque tampoco hubiera sabido cómo. Y, de repente, estaba dentro sin más. Ni siquiera me había costado recibirle, había sido taaan fácil… como si mi coño hubiera estado siempre pensado para recibirle ahí.... Poco antes, hoy mismo, esta misma noche, he tenido dentro de mí a Borja, y meterme su polla hasta el fondo cuando la tiene totalmente a tope lo cierto es que siempre me cuesta bastante más, al menos al comenzar, de lo que me había costado recibir a Max. También es cierto que a esas alturas de la noche yo estaba muy dilatada y excitada, así que todo era fácil, también recibir el pene de Max. Noté sus garras caer sobre mí. Se plantó, esta vez firme, sobre mí cuerpo. Yo estaba clavada al suelo. Su peso me inmovilizaba, su calor, su cuerpo peludo como una manta. Max me embistió brutalmente, y le sentí entrar. Más. Su largo pene, seguramente bastante más largo y grueso ya esas alturas de lo que un rato antes había probado con mi boca, estaba muy lejos de haber entrado por completo en mi interior. Solo entonces alcanzaba a comprenderlo, aunque ya era tarde. Tampoco imaginaba que el portentoso animal ni siquiera se podía decir que hubiera empezado a empalmarse de verdad. Max volvió a embestir brutalmente, y yo grité, viendo aquella bestia casi subida completamente sobre mí cuerpo humillado, brillando ambos en el espejo iluminado. Borja había encendido todas las luces de la habitación. No sé desde cuándo me estaba grabando siendo follada por su perro. Mi coño temblaba con cada empujón de Max. Nunca nadie me había follado con tanta fuerza. Y tener aquella brutal palanca en mis entrañas... quizás si hubiese sabido, si hubiera comprendido cuál iba a acabar siendo el tamaño real de aquel órgano, solo quizás... Quizás nunca me hubiera dejado. O quizás sí. Aunque ya daba igual. Max me estaba tomando, y aquello era ya sencillamente imparable. Me mantenía tan apretada a su cuerpo que me follaba con una hondura impresionante, y cada vez le sentía más hondo, más apretado y llenando más mi vagina con su pene. No creo que ningún humano, y menos con una polla mínimamente comparable, pueda ser capaz de penetrar a una hembra con tal violencia, precisión y un ritmo tan desmesuradamente frenético como el que mi adorado perro me ha hecho disfrutar hoy… todavía tiemblo de solo recordarlo… Supongo que el perro hubiera despedazado a quien intentará separarle de mí, tal era su furia sexual contra mi cuerpo en ese momento. Yo gritaba a pleno pulmón, lloraba al sentir mi cuerpo desgarrado, aplastado, taladrado por aquella máquina sexual, y violentas oleadas de placer acompañaban cada acometida con que Max hacía todavía más honda su penetración. Su verga parecía que no iba a dejar nunca de crecer y de hincharse. Mi pobre coño no daba más de sí, más bien al contrario, la violencia del placer que estaba sintiendo hacía que mi sexo se cerrara cada vez mas fuerte sobre el del perro, como si mi cuerpo pretendiera que el suyo no saliera nunca más de mi interior. El perro no ladraba, solo jadeaba con fuerza, con respiración agitada y cada vez más frenética que iba marcando el ritmo de su cada vez más acelerada follada. Yo hacía rato que vivía ya un orgasmo completo y continuo. Y todavía estaba por llegar lo mejor. O lo peor. Lo más grande. En ese momento Max explotó. Y digo explotó porque realmente reventó soltando un mar de semen dentro de mi vagina. Supe que era semen, no podía ser otra cosa, me ardía por dentro, llenando cada rincón de mi sexo, y escurría a borbotones espeso, viscoso y quemante por mis muslos hasta el suelo. Y no paraba de salir, acompañado con rápidos gemidos de Max y hondos gemidos míos, tan profundos y bestiales que realmente parecía yo mucho más animal que él. Todo el cuerpo de Max vibraba encima del mío, manteniéndose pegado a mí, apretándome con todas sus fuerzas mientras eyaculaba en mi interior, haciendo de nuestros cuerpos un solo cuerpo, y esas vibraciones de su cuerpo se transmitían a su pene que avanzaba como un taladro por el interior de mi vagina llegando a una profundidades donde quizás ningún hombre había sido capaz de llegar antes con su pene. Me miré en el espejo. Tenía esa montaña de pelo subida encima de mí. Dentro de mí. Max me había tomado por completo, había tomado pleno posesión de mi cuerpo. Me había hecho su perra. Y me estaba dando un placer nuevo, diferente y más fuerte, intenso y profundo que el que ningún polvo humano me pudiera haber dado antes. Era curioso, porque la follada había sido muy rápida, diría que desde que consiguió meter su miembro en mi vagina hasta que se corrió no pasarían más de, dos, tres minutos. Al principio sí dio sus empujones más lentos, para meterla en cada uno más a fondo, más y más, se conoce que hasta quedar perfectamente colocado y con la polla bien introducida. En ese momento su follada se hizo frenética, moviendo sus patas traseras contra mi culo con un velocidad claramente inhumana, animal. Fue entonces cuando noté su verga crecer de verdad y cuando comenzó eyacular en mi coño y cuando comprendí que me acababa de convertir en una auténtica perra en ese momento. Ahora Max mezclaba jadeos con gemidos, pero a una velocidad más acompasada, como si al fin hubiera cogido el ritmo de su respiración, que nada tenía que ver con el frenético retumbar de su verga en mi coño justo antes de eyacular y durante el larguísimo rato que duró su corrida. Y yo, yo creo que aullaba ahí, de auténtico placer, me importa una mierda todo, el placer había merecido la pena, aunque ciertamente me extrañaba la corta duración de la follada, porque siempre había oído que los perros duran mogollón follando, y se me había hecho demasiado corto, sobre todo porque estaba disfrutando de un hondísimo orgasmo que me llegaba seguido tras varios orgasmos menores aunque intensos, pero Max estaba, aún en medio de la corrida, dándolo todo para hacer reaccionar a mi coño. Que vaya si reaccionó. Joder qué corrida... Aquello habría sido corto, pero me había compensado, incluso sabiendo que Borja me va a llamar perra toda la vida, y ahora lo va a hacer con razón... Pero aquello no había terminado ahí... Cuando me llegó el orgasmo, ya digo que para empezar fue un pedazo de orgasmo, pero es que entonces, bueno, Max fue como si lo notara y empezó a acelerar, todavía más si cabe, su follada, como si quisiera meter todo su cuerpo entero en mi interior. Era absurdo, porque no me daba el coño para más, y me estaba retorciendo de placer, como siguiera haciéndome eso me iba a matar del gusto pensé, pero seguía, y yo lo cierto es que cada vez le notaba como si estuviera más dentro, aunque no entendía como podía penetrarme todavía más hondo, pero así era, y como si su polla estuviera incluso todavía más larga y más hinchada... Hasta que entonces sentí algo muy raro, que fue como si mi vagina se cerrara, como si se hubiera contraído del gusto en alguno de los espasmos del orgasmo, y hubiera apretado su falo de perro, atrapando aquella verga y tirando todavía más para meterla más dentro, como si fuera una planta carnívora devorando a su presa... Y cuando hice eso, o cuando lo hizo mi sexo, porque yo realmente no controlaba en absoluto esas reacciones de mi cuerpo, claro, en ese momento, Max se detuvo... Él lo notó, quiero decir me notó crecer a su alrededor, su polla empalmada tuvo que notar aquella reacción de mi vagina... La sentía hinchada, como si se estuviera empalmando también, nunca me había pasado nada así, pero también es verdad que la corrida estaba siendo intensamente larga e inusual, supongo que porque él había seguido follándome con violenta eficacia aún cuando ya se había corrido, y su verga mientras no solo no se había empezado a relajar sino que, al contrario parecía crecer cada vez más... Solamente cuando el dolor se hizo repentinamente presente, duro, insoportable, impensable, entendí al fin que lo que estaba haciendo no era asemejable al sexo humano, en absoluto. No había querido verlo hasta entonces, pero dejarme follar por un animal, tenía que ser forzosamente distinto. Pero no fue hasta que noté en mi interior toda la potencia de su miembro animal completamente desplegada… porque es que es imposible imaginar o describir lo que es eso si no lo has sentido antes… solo cuando ya estaba aquello tan desproporcionadamente hinchado que era imposible que saliera ya de mi coño apretado y reventado a la vez, entendí al fin lo que significaba el haberme entregado sexualmente a una bestia en plenitud. Tiemblo ahora recordándolo. Pero lo repetiría. Una y mil veces. Con Max. Cada vez que él me deseara… Pensé que me iba a matar, de verdad que lo pensé. El dolor, o el placer, era tan brutal que no creía que pudiera haber nada más después de eso. Pffffff… Es que no sé ni cómo explicarlo… Mira, cuando el paró... pensé que era el final, aunque en ese momento estaba más atenta a la extraña reacción de mi cuerpo que al perro, claro, más aún teniendo en cuenta que se había quedado quieto... No tardé en darme cuenta de mi error. No todo en Max estaba quieto. Quiero decir, su pene... Su pene crecía. Es ilógico, no podía crecer más, me dije. Pero así era. Supongo que su reacción al hinchamiento de mi sexo era justamente esa... Supuse que esa debía ser su manera de follar... Me había estimulado el sexo hasta conseguir aquella reacción que estaba provocando que su erección fuera todavía más inconcebible... ¿Se había detenido para disfrutar ese momento? ¿Se iba a volver a correr cuando terminara de empalmarse? Aunque, una segunda corrida después de la copiosísima eyaculación que me acababa de soltar... Y, sobre todo ¿era posible que aquello creciera todavía más? De ser así dudaba hasta que fuera capaz de aguantar, aunque había tenido alguna experiencia de que me metieran manos enteras y más, y esta polla... en fin, no dejaba de ser una polla pero... Es que a pesar de todo no dejaba de sentirla crecer. Y, cuanto más crecía, notaba que mi coño más la abrazaba, pero temía el momento en que mi cuerpo cediera y aquella monstruosidad acabara por desgarrar mis entrañas... Fue en ese momento en el que Max se volteó. No me esperaba algo así. No sé ni cómo el perro bajó de mi espalda y se giró sobre su eje, su polla, ensartada en mi agujero, y se quedó dándome la espalda, culo con culo, su rabo golpeando mis nalgas y su polla hinchada metida hasta el fondo de mi vagina. Si estaba alucinando de que no se le hubiera salido al girarse, y aún que no se le hubiera partido con aquél movimiento, enseguida entendí que, más bien iba a ser al contrario: el reventón de sangre que le debió llegar de golpe a su miembro hizo que, en medio del giro, aquello se pusiera todavía más horriblemente duro y gordo (de largo ya no podía crecer más... o al menos eso esperaba!!). Todavía me duele el coño del intenso fogonazo que supuso que aquello creciera ¡todavía más! Los labios y la entrada de la vagina se me abrieron como si fuese a dar a luz en ese momento de lo gorda que se le puso en la base, y sentí como Max llenaba hasta el último milímetro de mi sexo, absolutamente dado de sí más allá de los límites de lo posible. Llena, eso me sentí, repleta, colmada por entero. El alarido que pegué al dilatarse tanto su verga, mientras que mi chocho parecía por el contrario cerrarse cada vez más sobre su miembro, ese alaridos debió de escucharse en todo el edificio y por todo el vecindario. Y seguí ya corriéndome a gritos una vez más. En ese momento, en esa postura, enganchada a Max, sexo con sexo, sexo en sexo, me sentí de veras animal, ese perro había sacado mi parte más animal y la había sublimado, la había elevado hasta anular por completo a mi parte humana. Mis alaridos mezclados con gemidos de placer y llantos de dolor se entrecortaban en hipidos y gruñidos, aunque más que una perra ladrando los sonidos que soltaba parecían los mugidos de una vaca pariendo. Por un momento me sentí una perra, pero una perra de verdad. Una perra en celo cuyo único objetivo había sido ser montada por aquel perro y que en ese momento solo me importaba mantenerle en mi interior, con la polla así de gorda y dura, follándome sin freno. Joder, siempre que me pegan un buen polvo, sueño eso, pero es casi imposible conseguir que la mayoría de los tíos vuelvan a empalmarse lo suficientemente rápido después de correrse, o conseguir mantener su erección sin que salga de mi coño, sin que dejen de follarme… y que me sigan dando, una y otra vez, sin salir de mí un orgasmo tras otro… Siempre que follo lo intento, darle todo a la polla que tengo dentro como para conseguir que se mantenga dura y me siga follando aun después de haberse venido dentro de mí. Cuando una amiga me penetra con una prótesis de arnés siempre jugamos a eso, a seguir follando sin parar después del orgasmo, pero eso jamás es igual que tener una polla de verdad dentro... Y, sin embargo, con Max todo había sido tan normal, había sido tan natural... Mientras me corría en continuo, mi cuerpo derrotado y desnudo se estrellaba contra el suelo, la cara allí estampada, mi boca llenándose de pelusas y polvo del suelo del dormitorio de Borja, mis ojos llorosos, mis gritos, mi cuerpo sudado y retorcido, tratando de mantener al menos las piernas firmes y el culo en alto para permanecer enganchada a su polla tiesa, a riesgo de desgarrarme por completo de no ser así... No era capaz de entender como Max podía seguir follándome en esa postura, pero yo sentía ese meneo incesante de aquella maquinaria bestial trabajando en mi interior, la polla del perro taladrando mi vagina a toda velocidad, y los dos sexos unidos, enganchados, uno cerrándose sobre el otro, y el otro llenando el uno hasta no dejar el más mínimo resquicio de coño sin llenar de polla. Aquella vez duró algo más, no sé, quizás fueron menos de cinco minutos, quizás fueron diez, en los que mi cuerpo tardó más de la cuenta en adaptarse a aquella tremenda y especial, única, forma de follar, e incluso ser capaz de empezar a disfrutar de ello plenamente, más allá de los orgasmos sucesivos que mi coño había decidido ya afrontar de manera completamente autónoma. En ese momento Max tuvo una segunda corrida, tan copiosa o más que la primera, e incluso mucho más agitada y ardiente. Esta segunda eyaculación se quedó, a diferencia de la primera, prácticamente completa en mi interior, de tan apretado como tenía el coño, con su polla bien hinchada haciendo tapón, solo algunas espesas gotas de su semen pudieron rezumar por mis labios dilatados a pesar de que Max me llenó con un río caliente que me colmató interiormente de tal manera que casi me hizo sentir el sabor de su esperma en mi boca (y en aquel instante, he de reconocer que hasta me hubiera excitado la posibilidad de que me bañanara el cuerpo, la cara y la boca con su semilla...) También es cierto que para aquel momento mi amigo Borja ya no había aguantado más, después de estar grabando todo el encuentro entre Max y yo (en todo momento le sentí alrededor mirando, grabando, metiéndose por medio, tocando, diciéndome todo tipo de cosas excitantes y groseras, animando a su perro y dándole órdenes, o dándomelas a mí...) así que, en algún momento indeterminado en medio de esa segunda follada "inversa" de Max, Borja me levantó la cabeza tirándome del pelo, me abrió la boca y me metió el rabo duro sin compasión, empujando sin parar y sin darme opción a resistir. Dudo que hubiera sido capaz de intentarlo. Sencillamente, su verga no me entraba, mi cuerpo era incapaz de recibir más sexo o de ser objeto de un deseo todavía mayor que el de su perro. Al final de nada importó, Borja quería meterla en mi boca, y me forzó a hacerlo sin preocuparse por nada. Tampoco había nada que yo pudiera hacer, con aquella tranca en la boca y su perro que me tenía atrapada por completo, no tenía opción para rechazarlo. Quizás morderle, no sé arrancarle la polla, no hubiera sido posible otra salida, pensé mientras me follaba la boca con violencia, pero claro, él me hubiese partido la cara a cambio, así que hice lo que pude como estaba, empotrada en Max y tratando de recibir a Borja como mejor pude. Mi amigo tardó en correrse bastante más de la cuenta, aquello sí se me hizo largo. Por el camino, la segunda explosión de Max mezclada con un intenso dolor en mi coño y en mi vientre, sumada al destrozo que su dueño me estaba haciendo por arriba y a una postura y un agotamiento físico difíciles de sobrellevar. Aguanté como pude. Borja me destrozó la garganta, todavía siento el dolor. Jamás le había tenido tan dentro y por tanto tiempo, hasta acabarle… Pero al final Borja terminó por correrse, por agotarse, por deshincharse y salir de mí. Me había dejado destrozada, me había violado literalmente la boca, y yo había sido incapaz de hacer nada para impedirlo, porque llegó un momento en que mi único esfuerzo se centraba en realidad en aguantar, en respirar para sobrevivir. Mi cuerpo volvió a caer al suelo. Mi coño, más relajado, más acostumbrado, supongo que sencillamente reventado, dejó de sentir dolor y pasó a mantenerse en una agradable sensación de placer sostenido, atravesado por frecuentes picos de goce a modo de latigazos. En todo ese largo rato, lo único que siguió inmutable fue el rabo largo, duro e hinchado del perro dentro de mi coño. Después de correrse Max siguió enganchado a mí, con su polla a tope. Todo lo que tardó Borja en correrse. Lo que tardó Borja en recuperarse. Y más. Mucho más. Estaba agotada, sencillamente. Porque además no dejaba de sentir placer. Aunque no podía ni moverme. Y aquello había llevado mi coñito al límite de lo posible. Llevaba media hora, seguramente bastante más, siendo follada por aquella bestia. Y no tenía pinta de que fuera a parar. Aquello seguía tan hinchado como cuando se le puso así tras darse la vuelta. Me dolía la cabeza de placer y tenía la boca seca de jadear. La garganta me dolía, en parte por culpa de la última follada de Borja, pero me quemaba de gritar y de respirar agitadamente todo este tiempo. Borja estuvo desaparecido un buen rato tras acabar, así que cuando volvió a aparecer por mi lado le pedí agua. Él se rió de mí. Mira que eres puta, Laurita, estamos cansados de decírtelo. Qué te follas todo lo que se mueve. Pero hoy te has pasado de guarra. Joder, cuando enseñe este video la gente va a flipar. Eres una puta perra en celo. Tienes la polla de mi perro metida en el coño so zorra... Siguió así un rato, aunque francamente me daba igual lo que me dijera. Cualquier cosa valía a cambio del placer que he recibido esta noche. En un momento dado, empezó a pisarme la cara, que tenía yo otra vez pegada al suelo. Le veía desde abajo, seguía completamente desnudo, imponente, bello con su cuerpo perfecto y su larga polla, por completo relajada ya, colgando laxa a los lados de sus grandes cojones. Tampoco me importaba sentirme sometida a él, si que me pisara la cara y me humillara era el precio que tenía que pagar para que me hubiera entregado a su perro, poco pago me parecía. Me metió el dedo gordo del pie abriéndome la boca, mientras se dedicaba a seguir diciéndome cosas como que me merecía que me dejara en una granja para que me follaran hasta los cerdos, y que si me gustaba ser la perra en celo de su perro... Yo ignoré sus comentarios calientes, y volví a pedir agua, porque realmente necesitaba mojar mi boca y mi garganta resecas... ¿Quieres beber Laura? Pues bebe esto, me dijo llevando sus manos a su pene. Lo siguiente fue sentir un golpe caliente en la cara y un picor ácido que me hizo cerrar los ojos. El fuerte sabor en mi boca me permitió saber enseguida que Borja me estaba meando la cara. Aunque me atinó en la boca con enorme puntería, me había bañado ya la cara entera cuando el líquido caliente pero ligero empezó a entrar en mi cuerpo. Lo recogí y degusté con mi lengua. No era precisamente lo que esperaba, pero hasta eso en ese momento me valió para poder refrescar y relajar mi garganta. Joder, eres puta hasta decir basta... Desde luego, es meterte dentro una polla de perro y ya te vuelves loca y todo te vale. Sus últimos regueros de meada los esparció más libremente por mí cara y mi cuerpo. Parece que te está gustando más follar con Max que conmigo, puta perra... Si hubiera podido me hubiera reído al escucharle aquello... Entendí entonces su actitud. Borja, estaba simplemente celoso. Se había dado cuenta de que, sexualmente, estaba a un nivel muy inferior que su propio perro. Lo que me había dado Max... en fin, seguramente ni el pollón del propio Borja sería capaz de dármelo nunca. Jamás. Bien, ¿quieres perro so puta? Pues vas a tener perro para rato, ya verás. Me parece que todavía puede quedarle media hora mínimo hasta que te deje ir. Y no intentes separarte de él, o tu coñito apretado ya nunca volverá a ser el mismo. Te vas a dejar follar por Max hasta que él quiera. ¿Entiendes perra? Yo solamente contesté que sí y cerré los ojos. ¿Media hora más sintiendo a Max? Su gruesa polla dentro de mí dándome ese ya suave y mantenido placer... No lo habría cambiado por nada. Por supuesto que me voy a dejar follar por Max todo lo que él quiera, todo lo que él necesite, me dije a mí misma, por supuesto que soy muy perra… Soy SU perra. La perra de Max. A partir de ahí, pasó un rato realmente largo en el que nada pareció cambiar. Mi cuerpo devastado, derrumbado en el suelo, era simplemente un receptáculo para la polla y el semen de Max, mi amante, mi amor. Y mi coño arrasado se lo agradecería cada cierto tiempo con un leve y profundo estertor, que como un nuevo orgasmo apagado, o como un eco del orgasmo original, que quizás nunca había llegado a terminar de irse, volvía a agitar de placer mis entrañas. Los jadeos continuos aunque ya bastante tranquilos de Max acompañaban mis gemidos de puta y algún que otro grito bien de placer o bien de dolor que no era capaz de contener. En algún momento Borja volvió, porque había salido de su habitación después de los últimos insultos que me había dedicado, y volvió a grabarme, o quizás nunca había de dejado de hacerlo y todo ese rato su teléfono había estado grabando mi follada con Max. Borja me sobó todo el cuerpo a su antojo. Lo he hecho con el tantas veces y de tantas maneras que dudo que haya algún rincón de mi cuerpo que no se conociera ya antes de esta noche. Pero aún así, esa forma de tocarme mientras tenía a su perro metido en mi vagina... Era una forma distinta, nueva en él. Me tocaba, o mejor dicho me sobaba de una manera soez, impúdica. Como queriendo humillarme deliberadamente, como demostrando su superioridad sobre mí, su posesión de mi cuerpo, mi sumisión... Borja utilizó por primera vez, al menos conmigo, ese rol de dominante. Jamás habría dicho que él sería capaz de algo así. Sin embargo, hace ya tiempo que descubrí que prácticamente todos los hombres, en realidad casi todas las personas, llevamos dentro a una dominante y a una sumisa. Solo hace falta que nos estimulen adecuadamente para sacar a flote esos papeles. Y yo... ¡soy muy buena descubriendo dominantes! Y comprendí que esta noche no solo me había convertido en la perra de Max, sino que Borja se había decidido por fin a tomar posesión de mi cuerpo y todo mi ser para disfrutarme a su antojo. Nada iba a ser igual después de acabar, pero en ese momento era todo tan extremo que casi parecía que mi relación con Max no iba a acabar nunca... En su sobada a mi cuerpo, Borja se entretuvo un buen rato con mi culo, apartando la cola de Max que estaba pegada a mí raja y de vez en cuando golpeaba, restallando, sobre mis nalgas. En ese sobarme el culo y la raja, mi amigo llegó a introducir un dedo en mi ano. Todo mi cuerpo se tensó. La vagina se me volvió a contraer y un latigazo de orgasmo nuevo volvió a estremecerme de arriba a abajo. Borja tuvo que darse cuenta de aquello por mis hondos gemidos, acompañados de un gruñir por parte de Max, cuya polla sin duda se vio de nuevo estimulada por mis movimientos pélvicos y vaginales. Creo que el perro tuvo una nueva corrida, no tan brutal y animal como las anteriores, pero corrida al fin y al cabo. O quizás era yo en realidad la que seguía regando inhumanamente de flujos nuestros sexos. Borja me folló un rato con su dedo, honda y calmadamente. Después de una eternidad, le sentí salir, y le vi frente a mi cara. El móvil sobre una silla debia de estar grabándonos a los tres. Borja se metió el dedo sucio de mí en la boca y lo chupó hondamente cerrando los ojos. Mmmmmmm, dijo exagerando su cara de placer, me encanta cómo sabes a puta, Laura... Cuando se lo sacó, empapado también ya de sus babas, me buscó la boquita. Yo separé los labios, obediente, y le permití entrar. Me hacía daño rebuscando en mi garganta, pero me esforzaba por hacer lo que él reclamaba de mí, claro. Chupé y lamí su dedo, disfrutando de aquella sensación y del grado de excitación que notaba que estaba provocando a mi amigo con ello. El sabor de mi culo, de mi mierda, tan reconocible, estaba muy mezclado con otro sabor intenso que no podía ser otra cosa que las babas de Borja. Por un momento me pareció que ese sabor de Borja era en realidad muy parecido al de las babas de Max. Quizás es que para mí ya todo sabía y sentía a Max. Es algo muy raro estar siendo follada tanto tiempo seguido, sin parar ni separarse ni un segundo, con la polla plenamente a tope después de dos o tres corridas en mi interior... Cuando me quise dar cuenta mi amigo salía de nuevo de la habitación, su pene semierecto bamboleándose entre sus piernas, y dejándome una preciosa vista de su magnífico trasero. Queda

Autor: laualma Categoría: Zoofilia

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Mi abuelo dejó que un perro me follase. Dominación

2019-08-22


Me llamo Jimena y vivo con mi abuelo desde que nací, en una casa alejada de cualquier civilización, con la única visita del cura los domingos. (Continuación de: ) El relato que os traigo hoy es sobre la primera experiencia sexual -obligada- que tuve con un animal. Mi abuelo había salido por la mañana temprano, dejándome sola en el campo, donde me mantuve ocupada haciendo las tareas: cuidar de los animales, limpiar y cocinar, lo que debía hacer según lo que él me había enseñado. Cuando se acercaba la hora de comer, vi cómo mi abuelo se acercaba a lo lejos, venía andando, con bolsas en una mano, y una correa con un perro enorme en la otra. Al llegar a casa le pregunté por el perro: Este es el perro que va a follarte No no no no no no no abuelo, no por favor Mi abuelo me había follado por primera vez el culo días atrás, y el cura del pueblo había usado mi boca para correrse en ella también no hacía mucho, obligada por mi abuelo, ¿y ahora esto? ¿Que me follase un perro? Retrocedí con miedo, mientras mi abuelo me miraba sonriente, con el perro a su lado, un perro que babeaba y seguro pesaba más que yo. Mi abuelo cerro la puerta principal del campo, la única salida a la calle, puesto que todas las ventanas tenían barrotes, y se guardó la llave mirándome. No vas a ir a ningún lado hasta que no hayas complacido a este perro como la perra que tú eres. Abuelo, por favor… -supliqué. Él seguía sonriendo mientras yo me pegaba más a la pared más alejada de él en el salón, un tanto desesperada, sabiendo que no tenía escapatoria. Mira Jimena, mientras más hagas esperar al perro, más duro va a ser para ti, ¿lo entiendes? -me dijo complaciente, como intentando convencerme. No abuelo no… - respondía mientras me agachaba cada vez más en el suelo, haciéndome una bola. Mientras estaba en el suelo, rodeando mi cuerpo desnudo -pues siempre iba desnuda por el campo, por órdenes de mi abuelo- con los dos brazos, oí cómo mi abuelo se acercaba a mí y, poniéndose delante de mí, agachado en el suelo, me empezó a acariciar el pelo. Yo no podía levantar la cabeza, pues también las lágrimas resbalaban por toda mi cara. Jimema… Jime cariño, si no pasa nada Yo negué con la cabeza mientras respiraba con dificultad por culpa de las lágrimas, que se amontonaban en mi ojos y mi cara. Mi abuelo me cogió la cabeza con las manos y me levantó la barbilla para que mis ojos y los suyos estuviesen a la misma altura. Mírame cielo, sabes que tienes que hacer lo que digo y lo que quiero, y lo que quiero ahora es que ese perro que he traído te folle hasta que se canse -me dijo de una manera muy dulce Per… pero ¿me va a doler? Eso no importa ahora — respondió mientras intentaba separar mis brazos de mi cuerpo, para levantarme. Yo intenté soltarme de sus brazos y esconder la cabeza de nuevo entre mis piernas. A mi abuelo se le acabó la paciencia y cogiéndome los brazos con fuerza, me levantó de un tirón del suelo, y me empezó a arrastrar hacia una pared que tenía unos amarres para sujetarme en ellos. Yo empecé a patalear y gritar, suplicando que me soltase. Abuelo no nono no no NO POR FAVOR! - las palabras salían de mi boca con mucha rapidez, por lo que apenas se me entendía Mi abuelo me empezó a atar las manos a los amarres de la pared, quedando yo así totalmente expuesta y desnuda ante él, con los brazos en alto. Igualmente me ató los tobillos, pese a mi resistencia. Pero él era mucho mayor y más pesado que yo, en el fondo sabía que no tenía escapatoria. Cuando me tuvo inmóvil y de pie contra la pared, me miró a la cara y me puso un pañuelo dentro de la boca, pegado con cinta adhesiva. Jimena, a veces me decepcionas tanto - dijo él mirándome casi con asco. - Sabes que tienes que obedecerme, que no busco el mal para ti, que intento que seas feliz. Y te pido que te dejes follar, que es lo que deberías hacer complacida, y sólo encuentro por tu parte pataletas de niña pequeña. Yo le miraba, con lágrimas en los ojos, no me podía creer lo que estaba escuchando. Bajé la mirada y cerré los ojos. Mi abuelo, que ya me tenía inmóvil sobre la pared, me ató ahora las manos con cuerda sin tener en cuenta los agarres de la pared, e igualmente los pies, y me liberó de los agarres de la pared, aunque seguía inmóvil e indefensa por culpa de las ataduras de cuerda. Cogió mi cuerpo, que no pesaba mucho para él, y me tumbó en el suelo, donde me volvió a atar al suelo, dejando que mi cuerpo estuviese a cuatro patas sin que yo pudiese hacer nada. Luchar ya no merecía la pena. Estando así, a cuatro patas, con mi culo y mi coño expuestos, oí cómo el perro se acercaba a mí, un perro enorme. El perro empezó a olerme el cuerpo. Me sentía totalmente indefensa y no estaba preparada para lo que vendría a continuación. Mi abuelo untó sobre mi coño un paté, y cuando terminó de untarlo, dejó que el perro viniese a lamerlo. Muy bien chucho, debes lubricarle primero la zona a la putita Sentía la lengua del perro sobre mi coño, estaba húmeda y caliente, las babas del animal chorreaban sobre mis muslos, dejándomelo totalmente mojado y reluciente Mi abuelo repitió la operación y puso más paté en mi coño y ahora también en mi culo, y el perro no parecía cansarse de lamer mis dos agujeros, llenándomelos de babas. Me moría del asco pero podía sentir cómo mi abuelo estaba disfrutando con la escena. ¿Te está gustando, cielo? Yo bajé aún más la cabeza, esperando a que el momento pasase rápido. Voy a dejar al perro decidir si quiere follarte el culo o el coño, ¿qué te parece? Yo no dejaba de llorar, aunque ya no oponía resistencia ninguna, ¿qué sentido tenía? Noté cómo el perro subía sus dos patas delanteras a mi espalda, y cómo torpemente su polla intentaba entrar dentro de mí, dándome embestidas sin sentido. Oía al perro jadear encima mía. Finalmente noté cómo la punta de la polla del perro chocaba cada vez más contra mi coño, más lubricado por sus babas que mi culo, y cómo intentaba entrar dentro de mí. Al cabo de unos segundos noté un dolor intenso en mi coño: había entrado. Yo mordí el pañuelo con fuerza. El perro tenía una polla enorme y estaba bombardeándome con ella. Un perro de unos 40 kilos, con una fuerza abismal, me estaba abriendo en dos. Me arañaba la espalda, me hacía daño, y estaba totalmente a su merced. Vi cómo mi abuelo se abría una cerveza y miraba el espectáculo, vi también cómo se bajaba los pantalones y empezaba a hacerse una paja. Preferí no seguir mirando y volver a cerrar los ojos, esperando que todo acabase. Al cabo de unos minutos que se me hicieron eternos, el perro se corrió dentro de mí. Aunque no sacó su polla de mi cuerpo, sino que la dejó dentro hasta que volvió a su tamaño normal. Luego se separó y se tumbó al lado mía. No sé si mi abuelo también se corrió viéndome así, debajo de aquel perro y a merced suya, no quise saberlo, aunque supongo que sí. Lo que sé es que me quedé atada en el suelo, a cuatro patas, bastantes horas más, con el pañuelo aún metido en la boca, y que cuando mi abuelo me desató, estaba físicamente imposibilitada para quejarme de nada: me dolía todo y estaba muy cansada. Mi abuelo me llevó a la cama y me dio un beso de buenas noches.

Autor: Jimena Categoría: Zoofilia

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Mis amigos ilse y tibo

2019-08-21


Mi amiga me hace una invitación misteriosa y resulta una cita con Tito. Desde que éramos chicas nuestras familias de Ilse y la mía, fuimos muy amigos. Vivíamos en granjas contiguas e íbamos a la misma escuela. Ella es año y medio mayor que yo pero nos llevábamos como si fuéramos de la misma edad. Cabe decir que nuestros padres se querían como hermanos, salían, hacían compras y paseábamos juntos. De la escuela a nuestras casas viajábamos en un autobús público, pero a pesar de la monotonía durante esos viajes nos entreteníamos contándonos lo relevante del día de la escuela, tonterías de niñas, pero interesantes para nosotras. Pasaron los años y un día ella y su familia tuvieron que mudarse a un nuevo rancho que su padre había adquirido, una hora y media de distancia en coche. En un principio nos mantuvimos en constante contacto, nuestra amistad tenía que continuar, pero con el tiempo tuvieron que disminuir las largas pláticas telefónicas. Un día, casi 2 años de haberse mudado, recibí su llamada y me pedía que la fuera a visitar el próximo fin de semana, que no se lo dijera a nadie, sus padres, junto con los míos, estarían ocupados en la capital del Estado en la feria anual que duraba desde el jueves y el domingo era la clausura. Yo ya había asistido a esas ferias y no me interesaba volver, así que no me era problema irla a ver y quedarme unos dos días con ella, pero la razón de su petición me parecía extraña, además del tono en que me lo pidió, pidiéndome que no le fuera a contar a nadie en mi casa que iba a estar con ella. La curiosidad me mataba, pero ella no me quiso adelantar nada. Llegó el viernes y, después de comprar algunas golosinas para comer, una botella de vino blanco y cervezas partí para su casa. Al llegar me recibió con mucho amor, lo mismo que su perro, un labrador muy bien educado, se llama Tito, que me lamia toda y me brincaba con mucha alegría, ya nos conocíamos de antes y me recordó. Una casa hermosa con la alberca parte al sol y aire libre y la otra dentro de la sala. Me cambié de ropa, quedé con el calzón del bikini y un shorcito encima, y una blusa. Ilse me recibió ya vestida con un shorcito también y blusa suelta, sin brasier las dos. Nos sentamos en el suelo, frente a la alberca y comenzamos a platicar y tomar unas cervezas. Desde que venia en el camino pensaba en qué podría ser la urgencia de Ilse de verme. Me pasaron por la cabeza muchas posibilidades, hasta la de que a lo mejor estaba embarazada y quería abortar. Mientras tomábamos la cerveza, creo que nuestras pláticas ya reflejaban nerviosismo, por lo menos la mía en que me estaba desesperando por saber la razón de la petición de Ilse que al final, afortunadamente inició ha hablar pidiéndome, primero, que guardara en secreto lo que me iba a pedir y luego, con mucha cautela y pena me dijo que estaba desesperada por hacer sexo con su perro, pero que si a mi no me agradaba que no lo haría y lo olvidara. Me estiré y toqué al Tito, lo acaricié y éste reaccionó, se puso de pie y fue conmigo a que lo siguiera acariciando. Ya Ilse me aclaró que desde hacia varios días ella lo había estado preparando, pero que no se había dejado por miedo estando sola. En ese momento al Tito le sobé el vientre e hizo algunos movimientos que reflejaban claramente su interés. Ya Ilse se había preparado, se quitó el shorcito quedando desnuda de la cintura para abajo y permitió que Tito le lamiera su entrepierna. La lengua de Tito no solo se quedaba en el exterior, se incrustaba más y más entre sus piernas hasta alcanzar su pubis y sus labios vaginales, yo observaba que hasta su entradita. Ella no permanecía quieta, se balanceaba y poco a poco fue abriendo las piernas y me repetía que sentía maravilloso tener la lengua de su perro entre su conchita. Así estuvo un rato, el Tito se aburrió y dio la vuelta. Lo llamé y lo invitaba dándole palmaditas en la espalda de mi amiga para que intentara subírsele. No tenia éxito así que se me ocurrió ofrecerle el olor y sabor de los jugos de Ilse. Sin preguntarle si estaba de acuerdo, le metí mis dedos en la vagina e inmediatamente se los daba a oler, o lamer, al Tito, que le gustó y empezó a acercarse a su ama, que ya estaba preparada en posición de perrita, esperando. Este me lamia la mano, le lamia un poco a Ilse y se alejaba. El haberle tocado la piel a Ilse y luego sus partes íntimas, me había puesto super excitada y aproveché para manosearla y acariciarle las pompas y su piel lisita y muy suave. Le besé su cosita y le metí la lengua entre sus labios lo que la enloqueció y creo que en ese momento produjo más babitas que en parte se me quedaron en mi cara y parte en mi mano. Me acerqué al Tito y le pasé la mano por el hocico y lo reanimó, fue derechito a montársele a Ilse. Le sobé el vientre provocando que su pene comenzara a crecer, ya montado comenzó como loco a bombearle, dándole piquetazos en sus muslos y en la entrepierna, lastimándola, pero Ilse estaba tan desesperada que no protestó ni se quejó, pero sí se vio que la lastimó. Después de unos 10 o 15 bombazos alocados y a alta velocidad, éste se bajó y se retiró. Hizo varios intentos similares, a veces si llegando a metérselo un poco, inclusive por el ano, pero Ilse protestó. Yo, sin alguna experiencia sobre sexo con perros, la aconsejaba, “¡súbeles más a tus nalgas!, ¡no bájalas, abre las piernas, apriétalas”, y así luchábamos. En un nuevo intento el Tito logró encajarle su miembro, seguramente todo, que si es algo larguito, pero de sus patas traseras se resbaló y se le salió dejándole rasguños en los muslos. El miembro, que había entrado delgadito, del grueso de una salchicha, pero duro como palo de escoba, ahora se veía gordo, aunque del mismo largo. Después de varios intentos logró volvérselo a meter, ya estaba bien lubricado y se metió fácilmente aún con ayuda de mi mano. Bombeó otra vez y se le volvió a salir, pero ésta vez sí le fue fácil volverlo a encajar, nuevamente yo se lo guie con la mano. De nuevo, alocado y a alta velocidad el Tito alcanzó lo que creo fue su clímax. Ilse, que me había olvidado de ella, se movía y trataba de sincronizarse con su perro, sin lograrlo, pero excitadísima y contoneándose y diciendo frases locas, de excitación, en eso me jaló hacia ella, me sobo las piernas y me besó. Poniéndome todavía más excitada. Tito continuó con sus movimientos de bombeo, ya pausados y se quedó quieto por unos segundos en que nos distrajimos dándole el tiempo para que le metiera su bola ya bien lubricada, que era precisamente para eso que me necesitaba, para evitar que no se la fuera a meter por el miedo al dolor. ” ¿Ilse, ya casi está toda su bola adentro, quieres que trate de impedirlo?” “¡No, duele un poquito, pero está muy rica, déjala por favor!” “¡Déjala, déjala ….!” No había terminado de decirlo cuando el Tibo pasó su pata por encima de sus nalgas y quedaron colita con colita. Le ha de haber dolido bastante, pero me decía que estaba sintiendo sus palpitaciones y que con cada contracción le echaba más y más de su lechita que quería detener dentro, pero le escurría un poco entre las piernas. La veía apretar sus manos a ratos y a moverse como jalándolo. Ya me tenía junto de ella, mi cadera pegada a su mejilla, en eso me metió la mano por debajo de mi calzón del bikini y me sorprendió al sobarme los labios de mi vagina, que estaban empapados de mis jugos ¡claro!, provocados por el estado de excitación tan grande que yo ya tenía solo de estar presenciando el que Ilse tenía el miembro de su perro todo adentro, que me pareció enorme. Me pidió me bajara el calzón, lo hice y emocionada me coloqué junto a ella, con mi cadera, ya sin tela, pegada a su mejilla. Me jaló a que me metiera debajo de su cara, con mi pubis a la altura de su boca y comenzó a chuparme los labios y mi clítoris. Yo ya estaba exageradamente excitada con lo que estaba viendo que el perro se la metía, imaginándome que también a mi, así que no pude contenerme más y me vine inmediatamente, ella notó mi orgasmo y creo que también a ella le provoqué que se viniera mientras el Tito continuaba moviéndose y, de vez en cuando, bombeando. Mientras eso sucedía ella iba describiendo, con detalles, lo que estaba sintiendo. Me abrazó de las pompas, hasta me llegó a rasguñar y dejar una cicatriz del recuerdo de este día. Después de no se cuanto tiempo, el Tito terminó y se despegó. Ella y yo nos quedamos recostadas en el piso, sobre la alfombra. En eso Ilse se soltó en llanto, decía que era por felicidad, la consolé y nos quedamos dormidas hasta el día siguiente. Al despertar y limpiar la alfombra, se le dio de desayunar al perro que después de un rato comenzó a intentar montárseme, se dio cuenta de mis olores, pero lo retiré con cariño, Ilse se dio cuenta y me propuso que si yo quería probar con él, que lo hiciera. Yo me moría de ganas, me derretía, desde ese momento comencé a sentirme incoherente, desbalanceada y calientísima, con un cosquilleo y por poquito accedo a probar el sexo con el Tito. Lo dejé que me lamiera mi cosita todo el tiempo que quisiera, hasta le facilité el acceso haciéndome a un lado las pantaletas que ya traía puestas y bien mojadas, pero decidí que no era ese el tiempo, yo aún seguía siendo virgen.

Autor: SUSAN Categoría: Zoofilia

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Inicié en la zoofilia masturbando a mi perro

2019-08-17


Hola mi nombre es Erika tengo 26 años y vivo en México en el estado de Michoacán, este es el primer relato que escribo pare gente completamente desconocida, tengo pechos grandes, pero no tengo mucho trasero, soy delgada y algo alta mido 1,73. Bueno todo comenzó hace varios años, en el 2016 para ser exacta, yo tenía 23 años y vivía con mis padres en ese entonces, tengo un perro ratonero (o así es como se le llama aquí) no sé qué raza sea porque lo adoptamos cuando tenía 20 años, él es bastante juguetón, siempre se la a pasado mordiendo todo lo que encuentra, y como siempre solía morder los cojines del sofá, así que le compramos un peluche para que se pasara todo el tiempo que quisiera mordiéndolo, en barias ocasiones yo me ponía a jugar con él, cuando él lo mordía yo trataba de quitárselo, era super gracioso el cómo lo mordía de todas partes, un día estaba tratando de quitárselo, y cuando solté el peluche el solo se fue lanzándolo a lo loco así que lo seguí, seguía tratando de quitárselo cuando de pronto tomo el peluche como si fuera una perra y se lo comenzó a coger, eso me dio bastante gracia ya que tal vez el no se percataba que era un peluche pero yo si después de reírme por un rato quise ver a donde estaba metiendo su pene, así que me acerque lento para ver que el solo estaba frotándolo contra el peluche, en eso llego mi mama y trate de quitarlo del peluche para que no se diera cuenta mi mamá, pero lo noto y me dijo que lo sacara para el jardín, pasaron varios días y yo seguí jugando con él, en ocasiones trataba de hacer que cogiera con el peluche, mas que nada era por morbo, me gustaba ver como frotaba su pene contra el peluche, ya que su pene se me hacia interesante, ya que en ocasiones se veía delgado y pequeño y en otras se veía bastante grande y gordo, sin mencionar el nudo en el tronco de su pene, me puse a investigar un poco sobre eso, y leí que el semen de los perros es un tanto transparente, yo no tenia idea de eso, creía que tenia un cierto parecido al de los hombres, o que por lo menos seria algo espeso, un día me quede sola encasa, mi mama salió con sus amigas, y como mi papa trabaja la mayor parte del día, quise seguir viendo el pene de toby (por cierto mi perro se llama toby, había olvidado mencionarlo) como siempre comencé a jugar con el par que se montara en el peluche, tardo bastante en hacerlo, pero al final lo hizo, me recosté a un lado y solo veía como su pene crecía más y más, me quede viendo el techo por un momento y escuchando a toby por un lado cogiendo con su peluche, en ese momento solo pensaba en los perros y sus formas de masturbarse, me levante y me senté en el sofá y después de un rato, vi que toby se sostenía de mi pierna mientras trataba de montarla, eso me causo gracia, y le dije -O pobre toby el solo quiere complacerse Y recordé que con un ex novio que tenía, cuando yo no quería tener sexo, solo lo masturbaba, así que se me ocurrió el porque no hacerlo con toby, así tal vez descubriría cosas nuevas de su pene, así que me senté en el piso, lo puse enfrente de mi y tome su pene, que no les voy a mentir al inicio me daba un poco de miedo y de asco, pero no me molestaba hacerlo, cuando tome su pene me di cuenta de que estaba seco, y comencé a hacer los movimientos, y toby solo gritaba y se quería alejar, le dolía no estaba lubricado, trate de poner algo de agua en mi mano para que resbalara un poco, pero no funcionaba, al final solo le escupía, justo como con mi ex, después de un tiempo el hacia los movimientos, yo solo tenia que dejar mi mano en su pene, y estarla lubricando de vez en cuando, pronto me di cuenta de que se comenzó a correr, así que lo deje de lubricar y use eso para pajearlo, cuando termino, yo solo me limpie limpie la mano y todo siguió como siempre, seguía haciendo eso con él por bario tiempo siempre que estaba la casa sola. Un día llegue a mi casa de la escuela y no te que la casa estaba sola, estaba algo enfadada así que me fui a mi cuarto, y como siempre toby solo rascaba la puerta de mi cuarto porque no quería estar solo, lo deje pasar, abrí mi computadora y busque algo de porno ya que siempre que estoy estresada, me masturbo par liberar un poco mi mente, dure como 15 minutos buscando un buen video, cuando estaba por comenzar, me pregunte porque no hacer que toby también la pasara bien, lo subí a la cama me quite los pantalones y me quede en bragas, escupí en ambas manos, con la derecha masturbaba a toby, y con la otra me lo hacía a mí misma, como perdía la concentración siempre que tenía que ponerle más saliva a toby, así que decidí poner algo de mis jugos para que durara un poco más, al final toby se corrió y lo solté mientras yo seguí conmigo, cuando estaba apunto de llegar al orgasmo pare por un momento, junte mis piernas y levante mis rodillas, el eso toby las tomo y comezo a montarlas, al inicia lo iba a tirar de una patada, pero lo deje, me dije que solo seria hasta que me corriera, yo comencé a frotar mi clítoris, pero no me di cuenta que fue con la mano derecha, con la cuan toby se había corrido, quería parar, se me hacía bastante asqueroso lo que había hecho, pero no podía, mi vagina estaba super mojada, y mis piernas estaban llenas del semen de toby, al final solo quería coger, trate de dejar que toby me montara, pero es bastante pequeño, solo me podía dar por el culo. Pero en ese tiempo aun era virgen por ahí, así que me di vuelta y con algo de asco comencé a darle una mamada, notaba que tenia pequeños espasmos, así que lo baje de la cama, baje mi cabeza por una orilla, lo mas abajo que pude, y trate de acomodarlo para que me cogiera por la boca, al inicio no quería, pero después de un rato de estársela chupando en esa posición, comprendido como iba todo, y comenzó cogerme por la boca mientras yo me comenzaba a meter los dedos de la mano con la que lo masturbe, como si no hubiera un mañana, al final lo tuve que bajar, su pene había crecido tanto, que no me dejaba respirar, termine masturbarme, y seguí con el hasta que se corrió, lo acomode de tal manera en que todo su semen me callera por fuera de mi vagina y en parte de mi estómago, después de un rato no podía creer lo que me había pasado, dure barios dias tratando de no jugar con toby ya que no me sentía cómoda con lo que había hecho. Bueno eso es todo por ahora, espero y les halla gustado, no una gran historia, pero apenas les estoy contando como inicie, en los siguientes relatos les hablare sobre todos los distintos animales que me he logrado coger

Autor: zooErika Categoría: Zoofilia

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Isa y Elsa

2019-08-14


ISA Y ELSA relato dedicado a una lectora de mis relatos y que de alguna manera inspiró lo aqui relatado Lo que voy a relatar sucedió hace dos años, por aquel entonces tenía 40 años y acababa de romper con mi pareja, trabajaba en una compañía constructora en Barcelona, soy ingeniero en puertos y me asignaron a la obra que estábamos haciendo en un puerto en el caribe, cercano a una pequeña población de Costa Rica, el lugar estaba un poco lejano de la ciudad, sabía que mi estancia no sería mayor a dos meses, así que no me importó pasar ese tiempo en el medio rural sin ninguna de las comodidades a las que estaba acostumbrado y además, me serviría para olvidar mi reciente fracaso sentimental. Llegué a San José y de ahí me fui al puerto en donde se realizaban los trabajos en la parte norte del país en el mar caribe. Al llegar fui a las oficinas de mi empresa, me estaban esperando y me asignaron una camioneta pick up para mi uso, les pregunté sobre algún lugar para hospedarme y me dieron varias opciones, les dije que prefería algún lugar calmado pues el trabajo que tenía que desarrollar era muy intenso y quería descansar cuando no estuviera trabajando. Me dijeron que el puerto no era conveniente, pero había muchas casas que ofrecían pensión a los trabajadores en zonas un poco alejadas, pero no más de 20 minutos en la camioneta, además ayudaba a la gente a tener ingresos extra, me agradó la idea y uno de los oficinistas sacó de su escritorio unas hojas con direcciones, como no conocía el lugar escogí la primera que agarré. Me hicieron un croquis como llegar y partí de inmediato pues estaba muy cansado del viaje y tenía que empezar mi trabajo al día siguiente. Después de manejar algunos kilómetros, llegué a una población muy pequeña, las casas estaban diseminadas y todas tenían un terreno en donde aprovechaban para tener hortalizas y algunos animales. Pregunté por la casa de Elsa, que era el nombre de la persona que ofrecía la pensión y me indicaron que era la ultima de las casas, era una casa de adobe y se veía un huerto con un gallinero, y atrás, un pequeño establo, me salió a recibir con ladridos, un perro parecido a un labrador cruzado y entonces vi una mujer guapísima que se asomaba a la puerta y con una sonrisa me preguntó que se me ofrecía. --“Vengo por el anuncio que dejó en la oficina de la constructora xxx, estoy interesado en la pensión que ofrece”— La mujer salió inmediatamente y con una gran sonrisa me dio la bienvenida. --Bienvenido señor…--empezó a decir. --Miguel, me llamó Miguel Salvat, pero llámeme únicamente, Miguel— --Mucho gusto Miguel, yo soy Elsa Silva, mi casa es muy humilde pero limpia, puede tener un dormitorio para usted solo y ofrezco desayuno y cena en la pensión. —me dijo rápidamente. Enseguida entramos en la pequeña casa que tenia dos habitaciones, en lugar de puertas tenían unas cortinas, todo el piso era de cemento y en la habitación principal tenían una pequeña mesa y unos sillones con un televisor bastante viejo, la cocina también estaba en esa habitación. Pasamos al dormitorio que era bastante amplio con una cama doble, una mesa con dos sillas y un armario para ropa. --¿Y el baño en donde está? –pregunté. Elsa me señaló por la ventana un pequeño cuarto en el patio trasero. --Allí tiene el baño, es una regadera y un retrete, para lavarse las manos puede utilizar el fregadero de la cocina. La verdad, la casa era mucho más humilde de lo que imaginaba, pero me gustó la soledad y la limpieza del local, pero más que todo, Elsa, que era una mujer además de guapísima muy simpática y atenta, tenía un cuerpo muy bello, con senos pequeños pero muy firmes, le calculé no más de treinta años. -- La pensión mensual es de 300.000 colones—Me dijo. Yo me asombré, pero después de hacer el calculo vi que eran poco más de 500 euros, lo que me pareció muy barato. Elsa, al ver mi cara de asombro, se preocupó y me dijo que, si se me hacía mucho dinero podía rebajar un poco el precio, yo por supuesto, le dije que estaba muy correcto. Me enseñó la casa y su parcela, tenia un gallinero de donde me dijo que comería huevos frescos todos los días, también un pequeño corral en donde estaba un burro que se llamaba Jonás y su perro Duque, también me dijo que comería pescado fresco todos los días que ella personalmente compraba directo de los pescadores, y los domingos comería pollo. Por último, me dijo que vivía con su hija que estudiaba secundaria en el puerto y que llegaría por la tarde. Me indicó que me acomodara y que iría a comprar pescado para preparar la cena, yo le dije que era estupendo y que mientras echaría un pequeño sueño pues me estaba cayendo de cansado por el largo viaje. Esa tarde nada más puse la cabeza en la almohada y quedé totalmente dormido. No se cuanto tiempo pasó, tal vez tres o cuatro horas, cuando me despertó una sensación de ser observado, y efectivamente, cuando abrí los ojos vi una jovencita extremadamente bella, parada en la puerta observándome atentamente, era muy esbelta y alta para el promedio de esas latitudes, su piel era color canela, con grandes ojos pardos, una nariz pequeña que hacia su cara más graciosa y aniñada y una cabellera hermosa que le caía debajo de los hombros, su cuerpo era muy delgado con los senos pequeños y firmes. --Hola, me llamo Isa—me dijo con una voz suave y melodiosa pero llena de sensualidad, pues a pesar de su aspecto aniñado destilaba una voluptuosidad muy especial. --Hola soy Miguel, el nuevo inquilino—le dije --Si, ya lo sé, me lo dijo mami, pero no me dijo lo guapo que eras, ja, ja. —Me respondió con gran coquetería que la hacía todavía más encantadora. Esa tarde cené estupendamente, pues Elsa, además de todo, era una excelente cocinera, cada vez la veía más guapa, tenía unos ojos gatunos de color aceituna y un cuerpo delgado con formas tenues y sensuales, pero sobre todo una forma de mirar y hablar que encendía la pasión de cualquier hombre, por otra parte, Isa, había heredado la belleza de su madre, pero multiplicada y tenia una sensualidad natural, en fin, era una Lolita de una película de Kubrick en moreno. Estaba feliz, había escogido azarosamente el lugar ideal para mi estadía en ese bello país. Cada día me sorprendía más Elsa con sus guisos, era el mismo tipo de pescado, pero se las ingeniaba para que parecieran diferentes, las noches eran muy plácidas y dormía como tronco. El primer sábado llevé unas botellas de vino español que compré en el puerto y al verlas Elsa se esmeró mucho en hacer una cena de gala, se puso un vestido sencillo pero que la hacían ver como una diosa, y ni que decir de Isa que esa noche parecía que los ojos le brillaban más y cada vez que pasaba junto a mi me rozaba de una forma muy incitante. Después de una opípara cena y con dos botellas de vino de por medio, Elsa y yo nos quedamos platicando largamente, Isa se levantó y se fue a acostar y cuando entró en su cuarto, Elsa la alcanzó y le dijo algo al oído disimuladamente. Esa noche ya con varias copas, me relató cómo había quedado preñada del amor de su vida cuando tenia apenas un poco más de quince años, de un ingeniero portugués que había llegado con una constructora, y el cual, la abandonó antes de que naciera Isa, de tal forma que tuvo una vida muy dura para sacar adelante a su hija, pues sus padres la habían abandonado por no estar casada al quedar embarazada, así que, cuando Isa tenía edad para estudiar su secundaria, empezó a recibir huéspedes para poder solventar su educación, y desde entonces habían estado muy unidas. A medida que pasaba el tiempo platicando, ella me miraba cada vez con más coquetería, o al menos, me lo parecía, y no estaba tan equivocado, pues en un momento en que los dos estábamos de pie, se me acercó de una forma muy provocativa y nos besamos apasionadamente, y así, apenas si llegamos a mi dormitorio, comiéndonos mutuamente a besos y quitándonos la ropa hasta quedar desnudos y caer en la cama. Elsa se lanzó sobre mi y empezó a besarme lenta y apasionadamente, desde mi boca hasta llegar a mi verga, me la empezó a chupar como nadie, cuando se dio cuenta de que no me faltaba mucho, se acostó de espaldas y me recibió en su vulva pidiéndome que la penetrara, estaba anegada de deseo y fluidos, y ya estando en plena cópula, sentí una manos en mi espalda y una lengua que empezaba a recorrer mi espina dorsal, y cual sería mi asombró, cuando vi que era Isa, desnuda y besándome en la espalda, cuando Elsa se dio cuenta de mi sorpresa, me dijo que no me preocupara, que ella y su hija siempre compartían todo, sentí como me abría las nalgas e introducía su lengua en el ojete, era algo que nunca había experimentado y que duplicó el placer que sentía haciendo mis embistes más acelerados mientras la lengua de Isa penetraba más profundo en mi culo. Tuve una corrida enorme, producto de varios días de ayuno y de estar frente a esas beldades que despertaban mis fantasías más morbosas. --¿Te gustó el “menage a trois”, Miguel? —Me pregunto Elsa con una sonrisa maliciosa. --A Isa le encanta hacer esas cosas, ahora, estará esperando que la penetres en el culo que es donde más le gusta—me susurró en el oído jugando con su lengua para después empezar a bajar su cara por mi cuerpo hasta llegar a mis pies y empezar a chupar uno a uno mis dedos mientras Isa se subía encima de ella en posición sesenta y nueve. --¡Métemela en el culo!, ya no aguanto más—me dijo la niña alzando el culo invitándome a encularla. Yo ya estaba completamente empalmado al ver semejante escena llena de erotismo, y parándome en la orilla de la cama empecé a penetrar a la jovencita por su agujero más estrecho, sin embargo mi verga se deslizó como si fuera un guante y sentí también la lengua de Elsa que pasaba alternativamente del coño de Isa a mi verga que penetraba profundamente el ojete de su hija, cuando la sacaba ligeramente, Elsa la terminaba de sacar para metérsela en la boca y chuparla, para luego volverla a acomodar en el culo de Isa, quien emitía pequeños gritos de placer y empezó a vociferar - ¡Métela más, cabrón!¡Pégame!¡Cógeme!¡Dime que soy una puta! — En ese momento empecé a darle nalgadas, cada vez más fuertes hasta dejarle las nalgas rojas y me corrí dentro de sus intestinos. Isa cayó encima de su madre y pegó su boca en su coño chupando los restos de mi esperma, mientras, ella me tomó de las caderas y abrió la boca, cosa que tomé como una invitación y le metí mi verga recién salida del culo de Isa y la empezó a chupar hasta dejarla limpia. Después. caímos agotados a reposar un rato tendidos en mi cama y abrazándonos. Desde ese momento toda nuestra relación fue diferente, al estar reposando, Elsa me empezó a narrar parte de su historia: “ Desde hace unos cuatro años, como te decía, empecé a tener huéspedes, el primero fué un hombre como de 50 años, brasileño y casi negro, era jefe de mantenimiento de una de las empresas del puerto, ya para entonces estaba necesitada de un hombre que me satisficiera sexualmente, yo siempre he sido una mujer muy caliente y tenia que utilizar cualquier cosa para satisfacer mis instintos, así que la llegada de Joao, que así se llamaba el brasileño, vino a aliviarme mucho y también sirvió para que Isa que es tan sexual como yo, empezara a vivir plenamente y gozar con su cuerpo. Joao era un hombre muy lujurioso, tal vez demasiado perverso en sus vicios, pero a mí me satisfacía mucho y me enseñó distintas formas de gozar con el sexo y de quitarme los tabúes con que nos han educado nuestros padres, y yo quería que Isa también fuera una mujer liberal, sin tabúes y que gozara del sexo en todas sus formas, y así fue. Joao estuvo viviendo cerca de un año con nosotras, en ese tiempo experimentamos muchas cosas con el o con las personas que a veces invitaba. Pero ya te iré contando todas esas cosas y lo que pasó con los que le siguieron”. Yo me quedé con la curiosidad de saber qué cosas utilizaba Elsa para satisfacerse antes de llegar Joao a su vida y que cosas experimentó ella y su hija posteriormente. Después aclararía esas dudas. Mientras Elsa me contaba parte de su historia, Isa me mamaba suavemente la verga. A partir de ese momento vivíamos muy libremente, generalmente estábamos desnudos en la casa y cada noche teníamos sexo, ambas eran incansables. También empecé a conocer los vicios o preferencias de Isa. Una tarde, que entré al cuarto de baño a orinar, Isa se estaba bañando, al verla me disculpé y me di la vuelta y empecé a salir, entonces me dijo que me quedara, que no le molestaba, así que me paré frente al retrete y empecé a orinar, mientras, ella salió de la ducha y se hincó a mi lado, yo me turbé un poco pero me dijo que le gustaba verme mear, entonces, antes de terminar, agarró mi verga y se la metió en la boca tomando el ultimo chorro, cuando terminé, me miró y me dijo que le gustaba mucho que le meara en la boca y beber mi orina, luego se agachó al retrete y empezó a lamer toda la orilla en donde había salpicaduras. Al acabar levantó su cara y relamiéndose me dijo que a su mami le gustaba que estuviera limpito. - ¿Te gusta mear en mi boquita Miguel? —Me preguntó Isa poniendo cara de niña traviesa. --Me encanta, Isa, se me hace muy morboso, ¿Quién te enseñó esas marranadas? — Le pregunté tomándola de la cara dándole un beso en la boca que aún conservaba el olor y sabor de mi orina. --A mi también me da mucho morbo, me lo enseñó Joao, diario meaba en mi boca y me ordenaba, cuando recibía a sus amigos a jugar póker, que los acompañara al baño cada vez que tenían ganas y los limpiara después de mear, ja, ja, ¡me encantaba! --¡Y que más te enseñó, querida!, ¿más porquerías? —le dije. --Ja, ja, ni te imaginas, pero ya te las iré diciendo a su tiempo—me dijo con cara pícara guiñándome el ojo. El viernes siguiente pude salir más temprano del trabajo y llegué a casa como dos horas antes de lo acostumbrado. Me pareció algo extraño no oír ruidos, como si no hubiera nadie, incluso “Duque”, el perro, que siempre salía a recibirme moviendo su cola, no salió. Pensé que tal vez habían salido a comprar pescado. Entré silencioso y oí algunos ruidos raros en el dormitorio de Elsa, entré como siempre, sin zapatos y sin hacer ruido, y cuando estaba en el umbral del dormitorio, la cortina estaba abierta y entonces vi el espectáculo más morboso de mi vida. Elsa se encontraba a cuatro patas sobre Isa en posición 69, ambas completamente desnudas, y “Duque”, montado sobre la espalda de Elsa follandola furiosamente mientras Isa lamia alternativamente el coño de Elsa y la verga del perro. Estaban tan ensimismadas, que no se dieron cuenta de mi presencia hasta pasar varios segundos en que me vio Elsa parado en la puerta observándolas mientras me masturbaba, me miró con cara lánguida, pero sin sorprenderse y me hizo una señal para que me acercara. El olor que impregnaba la atmosfera era de sexo humano y canino, penetrante e incitante a la vez. Me paré delante de Elsa con la verga en mi mano, acercándola a su boca, ella no tardó en aceptarla y la empezó a lamer como si fuera una perra y luego la mamó completa, yo no aguanté más y eyaculé profusamente en su garganta, una vez que hubo tragado toda mi simiente se destrabó del perro diciéndole: --¡Ya duque!, ahora le toca a la pequeña— Isa se levantó y me abrazó dándome un beso en la boca con sabor al coño de Elsa y a lo que debían ser las secreciones del perro, esto me hizo acrecentar todavía más mi lascivia. --¿Quieres ver como me folla el perro?, te va a poner muy calentorro—me dijo. Enseguida ella se puso en cuatro patas encima de Elsa de la misma manera que habían estado, pero ahora Isa arriba, entonces el perro, que sabia perfectamente lo que debía hacer, se montó sobre Isa y la empezó a follar con ayuda de la lengua de Elsa, esta vez le tocó a Isa recibir mi verga que se había empinado nuevamente, en su boca ansiosa. Al terminar acabamos todos en el piso una a cada lado mío, hasta el perro, que parecía agotado estaba echado a los pies de sus amas. Isa acercó su rostro al mío y me dijo suavemente: --Esto también me lo enseñó Joao, pero mi mami ya lo hacía anteriormente— Elsa, del otro lado de mi cara oyendo a Isa, me dijo. --¿Quieres saber que otra cosa aprendió Isa? — Isa se rio y dijo: --No mami, ¡deja que lo cuente yo! — Eso hizo crecer mi curiosidad y les dije que lo contara cualquiera pero que ya lo hiciera. Isa continuó con voz melodiosa muy quedamente: --Después de varias semanas enseñando al perro a montarme, quería probar otras cosas, pues su perversidad iba en aumento y entonces…nos dijo que ahora nos tocaba aprender a mamar verga de burro, al principio a mi mami le pareció muy exagerado, pero el insistió, yo por mi parte estaba muy ilusionada, así, un día, amarró al pollino de sus cuatro patas para evitar que nos soltara una coz y primero fue mi mami la que poniéndose abajo agarró la gran verga y la empezó a menear como le indicó Joao, la verga del animal empezó a crecer dejando ver una cabeza negra como hongo, yo estaba estupefacta viendo la tremenda estaca de Jonás, entonces mami empezó a lengüetear su glande mientras el burro se ponía más nervioso y su verga se ponía dura y echaba chorros de líquido denso y oloroso, Joao nos dijo que era el lubricante que echaba para poder aparear a la hembra, mami pego su boca y tomó un poco pero hizo cara de asco y lo escupió, pero yo era más valiente y ya estaba bien excitada y les dije que quería probar… pero mejor quiero que mañana lo veas todo en vivo y a todo color, ja, ja, ¿Verdad mami, que le haremos una demostración a Miguel? —ella asintió riendo --Me has puesto muy excitado con tu historia Isa, pero cuéntame más de lo que te enseñó Joao—le dije muy interesado. --Tenemos mucho tiempo, te adelanto que son muchas las cochinadas que nos enseñó, y sobre todo a Isa le gustaron mucho, ja, ja. —Me dijo Elsa que ya estaba tratando de levantarme la tranca a base de unos dedos juguetones. --También algunas veces traía algunos amigos a jugar póker y yo les servía las cervezas mientras Isa estaba bajo la mesa y les chupaba la pija— Isa me besó y continuo el relato de su madre. --Me gustaba mucho y también distraía a los amigos de Joao para que ganara, ja, ja, y luego…cuando alguno se paraba para ir al retrete y tenían que salir de casa, mi mami me decía que los acompañara, a mi me gustaba agarrarles el pito mientras orinaban o me hincaba frente a ellos cuando estaban sentados en el retrete y se las mamaba mientras cagaban, esto se me hacía muy morboso y me mojaba todita. A ellos les encantaba ir a mear y como tomaban mucha cerveza se la pasaban yendo al baño. Elsa continuó: --Joao estuvo cerca de un año viviendo aquí, después llegó Don Mateo, un ingeniero ya bastante mayor, era argentino, al pobre no se le levantaba, pero era muy libidinoso y le encantaba excitarse viendo marranadas…el gozaba viendo como nos chupábamos mutuamente y después nos mamaba la cuca, nos hacia gozar, aunque claro, nos faltaba una buena tranca, así que, también se aficionó a vernos como follábamos con el perro y…verás, todas las semanas nos entrega el pescado y el marisco un trabajador del puerto, es un pobre señor que se dedica a cargar cosas y dejar mercancía, el pobre huele muy mal, no sabes si es el pescado que trae o si es él. El caso es, que un día, lo vio Don Mateo y se le ocurrió que podríamos darle un espectáculo con el pobre hombre, así que, cuando llegó a entregar la mercancía, lo invito a tomar unas cervezas en la casa, nosotras ya sabíamos el plan y pasamos a servirles completamente desnudas lo que casi le da un infarto al pobre hombre, después de varias cervezas, Don Mateo le preguntó si le gustábamos, el pobre hombre casi no podía hablar entre la emoción y las cervezas que se había tomado, así que, Don Mateo, empezando a desnudarse, le dijo que hiciera lo mismo, pues le tenía una sorpresa, imaginando lo que sería, el hombre se desvistió rápidamente dejando ver un cuerpo regordete y mugroso, tenía una verga larga y gorda cubierta con un gran prepucio y estaba todavía flácida, entonces Isa, que es muy marrana, se arrodilló delante de él y empezó a subirle el pellejo que le cubría el gran hongo, dejando ver un glande negro cubierto con una capa de mantequilla apestosa producto de meses sin lavar, como sabes, mi pequeña no le hace ascos a nada, al contrario, le excitó aquel olor a marisco podrido y se apresuró a mamarlo y comerlo como si fuera un manjar, el pobre hombre yo creo que no había tenido una hembra por años y estaba sudando de la emoción tomando a Isa por la cabeza, mientras, yo estaba a su espalda y le empecé a lamer todo el sudor que lo bañaba, bajando hasta sus nalgas, pero la verdad no me atreví a más, pues al abrirle las nalgas sentí la peste y vi lo sucio que tenía el ojete y pese a la insistencia de don Mateo que me gritaba que le mamara el culo, no pude hacerlo, después descargó una gran corrida en la boca de la niña que no sé cómo, pero se tragó hasta la última gota, después de esto, cada semana que venía Amancio que así se llama el hombre, tenía su ración de boca de Isa, y ¡hasta llegó a lamerle el culo la marrana!.”. Pero ahora dormiremos me dijo Elsa, que mañana te tenemos una sorpresa. Al día siguiente que era sábado y tenía todo el día libre, me dijo Elsa que Isa quería ir a la playa y me preguntó si quería acompañarla pues ella se sentía un poco indispuesta, pero que antes pasáramos al establo que tenia una sorpresita para mí, yo ya me imaginaba que era, así que rápidamente le dije que sí, cuando entramos al establo, ya Elsa había amarrado las patas del burro y lo tenía amarrado a un poste, junto estaba una burrita que había llevado para la ocasión y que ponía muy inquieto a “Jonás”, Isa iba desnuda y muy contenta me dijo: --Mmmm…ahora vas a ver en vivo lo que te contamos ayer y que me gusta mucho ja, ja. — Elsa se paró al lado del burro acariciándolo, sosteniendo una jarra, mientras Isa se puso debajo en cuclillas y empezó a acariciar el miembro del animal, que por lo visto le gustaba y estaba acostumbrado, la tranca se le empezó a levantar dando golpes en su panza, entonces Isa la agarró y se la llevó a la boca tratando de meterse aquel hongo negruzco que no cesaba de lanzar chisguetes de líquido, la joven apretó el glande de tal forma que consiguió metérselo completamente mientras con ambas manos le hacia un movimiento de arriba abajo, yo estaba petrificado viendo a la chiquilla mamar aquella verga, los líquidos rebasaban las comisuras de sus labios en grandes cantidades, pasaron varios minutos hasta que el burro empezó a rebuznar y a moverse como si estuviera cruzándose, y de repente, echó una cantidad muy grande de esperma amarillenta y muy densa que la chiquilla no pudo retener en su boca y separando aquella verga que parecía una manguera, la depositó, todavía convulsionándose, en la jarra que aguantaba Elsa. El olor fuerte y penetrante inundó aquel lugar, Isa, con su carita chorreando de lefa de burro, se acercó a mi con la jarra que contenía casi medio litro del esperma animal, se paró frente a mi y depositó la jarra en el suelo mientras se hincaba y tomaba mi verga a punto de explotar después de haber presenciado la escena más lúbrica que jamás haya visto y sentí como, su boca completamente lubricada del esperma del burro, envolvía mi verga, aquello era el paraíso, pero no fue todo, sacando mi verga de la boca, la sumergió en la jarra para sacarla toda embarrada y goteando de lefa y metérsela en la boca nuevamente, esto lo repitió varias veces hasta que no aguanté más y cuando empezaron mis convulsiones previos a la eyaculación, Isa, diestramente se la sacó de la boca y la acercó a la jarra para que depositara mi esperma revolviéndose con el esperma animal. --Mmm, así me va a saber más rica—Me dijo dándole un ligero sorbo. --Mañana estará mejor, guardaré un poco para mi desayuno— Elsa se acercó riendo y me dijo: --¿Ya te diste cuenta de que tan marrana es esta niña? —y me dio un beso profundo en la boca jugando con su lengua en mi paladar. --Te sabe al esperma que te depositó Isa, ja, ja. ¿Te gustó? — --me gusta todo lo que sabe a ustedes—le respondí. Esa tarde nos fuimos a la playa Isa y yo, eso dio pie a que me contara algunas cosas más de su vida. Nos tumbamos en la arena, Isa se tumbó a mi lado, llevaba una tanga muy pequeña y hacia top les, sus pequeños y firmes senos brillaban con el sol, la admiré detenidamente, ella se dio cuenta y sonrió, acercó su boca y me dio un beso húmedo y cálido. --¿sabes lo que voy a hacer con la jarra que guardé? —Me preguntó con picardía. --No sé, me imagino que alguna marranada—Le dije riendo. --Escucha, cuando nos acostemos, le echaré un poco en el coño de mami para que pase toda la noche húmeda, y luego, al despertar, se pondrá a horcajadas sobre mi boca y me dará a beber lo que quede, ¡Puro jugo de marisco!, eso me da mucho morbo y me pondrá bien caliente, así que luego me pasaré a tu cama y haremos el amor. — --Y te estaré esperando— --Eso también me lo enseñó Joao, durante una semana juntaba el semen que le chupaba y lo mezclaba con el de Jonás, pero además le echaba un poco de sus meados y de los míos, le llamaba cóctel de marisco, porque olía a eso. Luego me lo hacia beber, eso lo excitaba mucho. Siempre se le ocurría algo sucio, y yo lo disfrutaba pues mi madre no es tan marrana como yo. --¿quieres verme haciendo una marranada? —Me preguntó con cara lujuriosa. --¿Más que la de Jonás? —Le pregunté sonriendo. --Ven—Me dijo tomándome de la mano y encaminándonos hacia una casucha junto a uno de los bares playeros pero que estaban casi desiertos. --Aquí, una vez me trajo Don Mateo, y me enseñó a hacer algo que vas a ver, aquí están las letrinas del bar— Entramos a un cuarto que apestaba a orines, tenía un canal en toda la orilla en donde se orinaban los clientes del bar, se veía que no la limpiaban nunca. --Ahora te voy a masturbar y quiero que eches tu leche en el caño—Me dijo muy excitada. Y poniéndose hincada en aquel suelo lleno de orines empezó a mamarme como solo ella lo hacía, parece mentira, pero el olor de los meados y suciedad, hacía todo muy morboso y no tardé mucho en empezar a sentir que me corría, Isa, sintiéndolo, sacó mi verga de su boquita y la dirigió hacia el caño en donde solté una eyaculación impresionante, entonces pasó lo que no me imaginaba, Isa poniendo sus manos en el suelo acercó su cara al caño lleno de meados anónimos de varios días y en donde flotaba mi eyaculación y con la lengua empezó a lamer hasta terminar comiéndose todo el semen revuelto con los meados. Después se paró frente a mí y me dijo: --¿te gustó? ¿te excitaste?, dime que te dio tanto morbo como a mí— No pude negarlo, era como ver a un cisne en el fango y salir de él con el plumaje limpio, así era Isa, podía hacer las cosas más sucias y después estar tan bella, limpia y candorosa, como una virgen. Esos dos meses que pasé con Elsa y su hija no los podré olvidar, desde entonces no he pensado en otra cosa que volver, y esta vez para mucho tiempo.

Autor: pierrelouys Categoría: Zoofilia

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