Relatos Eróticos de Transexual


¡PRUEBA LA NUEVA WEB: EROTISMOSINTABÚ!


Sofía me hizo mujercita sin saberlo

2019-10-11


Era yo una diosa, al mirarme en el espejo sentí el reflejo de mis sensaciones, por un lado el macho que lentamente se apagaba dentro de mí y que arremetió a tocar esas bellas piernas, pies, cintura, nalgas, tetas y por otro la dulce jovencita que aparecía en la imagen frente a mis ojos se ruborizaba. Todo empezó como la mayoría de las cosas que duran mucho: en un momento de ocio, de soledad. Vivía en ese entonces en un departamento alquilado junto a otros dos chicos y tres chicas de edad universitaria, como yo. Mis compañeros y compañeras se habían marchado a visitar a sus familias, y yo por falta de recursos tuve que quedarme sólo en el depa durante las fiestas de fin de año. Me había bebido media botella de vino la noche anterior y me desperté iniciando la tarde, luego del mediodía. Estaba desnudo en la cama de una de las chicas que era realmente la más atractiva de las tres, muy dedicada a los estudios, pero también muy coqueta y provocativa. En esa misma cama ya se habría tirado a unos siete chicos de la facultad. A los “roomies” nos había aclarado que no lo hacía por putería, era simplemente “una forma de aliviar el estrés del estudio”. Como decía, ella era muy estudiosa. La chica de la que les hablo, Sofía, era delgada, pero muy bien formada, todas sus curvas y contornos estaban en su lugar, e incluso habría unos cuantos que pocas chicas ostentaban con tanta perfección. Su piel era blanca y perfecta, sin una sola mancha o imperfección, excepto por un pequeño y casi imperceptible lunar sobre sus labios, del lado derecho. Cabello ondulado rubio cobrizo, alta, dulce, de manos y pies perfectos, solía caminar por todo el apartamento descalza, en una pequeña faldita de mezclilla y con un pequeño top, que le aliviaba del calor y le permitía mayor libertad de movimiento, mientras nos mantenía a todos sus compañeros del departamento atendiéndole a diario, para envidia de sus otras dos compañeras de habitación. Volviendo a mi historia, me encontraba tendido sobre esta cama cuyo aroma era puramente el de esa adolescente que se ha convertido en mujer, delicado, con no más de una semana de antigüedad, incluyendo los tres días que ella tenía de haberse ido de vaca, y su textura era suave, tan suave que provocaba revolcarse en ella por horas. La resaca había pasado y la única sensación que tenía en ese momento era el delicioso contacto de esa suave y perfumada tela sobre mi piel, y quería más. Me movía deliciosamente sobre las sábanas y almohadas, y de alguna manera comencé a pensar que eso es lo que ella sentía cada día. ¿Estaré sintiendo exactamente lo que ella siente? Seguramente, aunque un pequeño detalle haría la diferencia en contra de mi recién nacida fantasía: Sofía tenía su cuerpo totalmente depilado, como es lo correcto para toda mujer que se sienta muy femenina. Incluso nos había confesado en una noche de conversaciones calientes que ella depilaba por completo su pubis y axilas porque disfrutaba mucho de tocar esas partes de su cuerpo y sentirlas tan suaves como el trasero de un bebé. Comprendí entonces que para sentir por completo la suavidad y dulzura de esa suave cama tendría que tener una piel depilada y suave como la de Sofía, y por unos momentos sentí tristeza porque aunque mi torso y en general mi cuerpo eran bastante lampiños, mis piernas si tenían una espesa población de vello y ni qué decir de mi entrepierna, muy masculinas, total, yo era un macho a toda regla y mi cama también tendría varias historias que contar para ese entonces. Pero la tristeza duró muy poco. Sólo levantarme de la cama y pisar la suave alfombra alrededor de la misma me tomó el idear un plan. Ya que tendría todo el verano para disfrutar de la suavidad de su cama, por qué no hacerlo al máximo como Sofía. Me fui al baño, tomé crema de afeitarme y la unté en la parte inferior de mi vientre, y la fui untando suavemente en mi zona púbica. Sólo tomó unos ocho recorridos de la navaja, y mi piel quedó como la de una niña de quince años, lisa y bella, como nunca la había visto. No pude resistir bajar la crema y la navaja por una de mis piernas, y me depilé hasta la rodilla, ambos muslos quedaron divinos, hermosos. No me había fijado en lo femeninas que eran mis piernas hasta ese momento, y sentí un nuevo tipo de orgullo. Ni me imaginaba las largas caminatas que darían esas bellas piernas sobre tacones de aguja, o las veces que soportarían el peso de algún chico musculoso del equipo de futbol. Pero ya llegaremos a eso. Para no alargar mucho la depilada duró hasta que no tuve nada que depilar. Con cada pasada de la navaja sentía que había que perfeccionar otra parte, y al mirarme al espejo vi un cuerpo delgado, muy femenino, de hecho bello, sin un solo pelo y lo más delicioso, suave como los pétalos de una rosa, con una durísima erección en el centro. Que poco varonil y masculino se veía mi pene, a pesar de tener muy buen tamaño y forma, parecía algo mal puesto en ese cuerpo que era el motivo de mi propio deseo. Estaba teniendo una erección por mis propias piernas y cola, y era maravilloso. Estaba listo para una deliciosa paja, pero recordé la cama de Sofía y decidí disfrutar primero de ese placer. Volví al lecho de mi musa inspiradora y me recosté suavemente sobre esas dulces sábanas. Indudablemente era otra sensación, poderosamente superior a la anterior y mucho más profunda y placentera. La piel se deslizaba sobre la tela a mayor velocidad y no había casi ninguna fricción, era sencillamente el cielo y yo volaba sobre él como un ave migratoria en dirección al sur. Pasaba arrebatadoramente mis manos por mi nuevo cuerpo, un nuevo físico tan suave y deseable como el de Sofía, a quien secretamente había admirado durante mucho tiempo, y comencé a restregarme mi verga como tantas veces lo había hecho pensando en ella, lentamente deslizaba mi mano desde mi ombligo hasta mi “monte de Venus”, y luego a lo largo de mi semi erecta polla que palpitaba emocionada con mi excitación. Lentamente me pajeaba cuando pensé nuevamente en las sensaciones de Sofía, en lo que sentía ella recién bañadita como yo lo estaba, y vestirse con sus seductoras y pequeñas prendas de ropa íntima, y sus atrevidos conjuntos de calle. Así que me puse de pie y caminé hacia el guardarropas y ups, me di cuenta de que lo hacía de puntillas, con mis bellos y delicados pies apoyando sólo la parte frontal en el suelo y mis talones flotando como si lo hicieran sobre imaginarios tacones de entre seis y siete centímetros. Verme así en un espejo de cuerpo entero que adornaba la puerta del guardarropa me hizo sentirme poco varonil, de hecho bastante marica, pero estaba sólo en el depa, sin nadie para criticarme o comentar nada, y al final lo estaba disfrutando tanto que incluso me di una vuelta y miré mi hermosa cola. Mientras lo hacía mis propios pensamientos me preguntaban cómo era posible que una cola de nena como esa jamás hubiese estado en manos de un chico. Llegué incluso a pensar que las chicas que terminaron conmigo alguna vez lo habrían hecho por no seguir acostándose con lo que prácticamente las convertía en lesbianas, y por esto último se me escapó una leve risilla, casi como la de una chica que comenta sus picardías con sus amigas. Entré al guardarropas y descubrí el inmenso tesoro de prendas de vestir que tenían Sofía y sus dos compañeras guardado. Con razón tardaban tanto en arreglarse, obviamente tomar una decisión en ese lugar debía ser todo un reto. En un lado, canastas de ropa interior, sostenes, panties de hilo, tangas, cacheteros, entre otros cuyo nombre desconocía, en otras tops, blusas y remeras, mientras de las perchas colgaban faldas largas, cortas, cinturones, pantaloncitos muy cortos y algunos pantalones largos, pero eran los menos. A pesar de tener plena consciencia del mucho tiempo con el que contaba, tomé un panti tipo tanga, de color negro, que hacía pleno contraste con mi piel muy blanca, como la de Sofía, y lo deslicé desde abajo, lentamente por mis piernas perfectas, hasta acomodarlo con algo de dificultad entre mis nalgas. Y digo dificultad porque a pesar de que mi cuerpo tiene dimensiones y proporciones similares al de Sofía, sigue teniendo ese “extra” que en ese momento parecía querer explotar. Tonta de mí que aún no comprendía cómo manipular este “percance” y tuve que esperar unos minutos a que bajara su rigidez para luego acomodarlo hacia atrás entre mis muslos, dentro de mi reluciente y bella tanga negra. Luego tomé la faldita de mezclilla preferida de Sofía, me la puse en la cintura, le cerré los botones y la bajé hasta donde mi cola se volvió un obstáculo, quedó poco más arriba de la mitad de mis muslos, pero se veía perfecta. Me encantó la sensación de abrigo y calor que le producía a mi cintura y nalgas, mientras que dejaba entrar la brisa entre mis muslos y hasta mi entrepierna, provocándome una sensación morbosa de que incluso el aire deseaba meterme mano. No podía creer lo que hacía. Allí estaba yo depilada, sintiéndome sencillamente hermosa y atractiva, parada sobre las puntas de mis pies modelando frente al espejo mi precioso y curvilíneo cuerpo con sólo una tanga y una minifalda. Yo, el chico, el hombre, al que le gustaba penetrar y bombear a las chicas del primer año de la universidad que necesitaban ayuda en un proyecto, estaba allí casi listo para ser llevado por algún enamorado al cine, a que me usara a su antojo. Me faltaba la parte superior y para esto elegí una blusa amplia, con muchos vuelos sobre los brazos y mediano escote, con la espalda descubierta, que se amarraba detrás de la nuca. Me formé unos hermosos senos con un “wonderbra” de Laura, otra de las chicas, y aunque los zapatos de la bella Sofía no me calzaban ya que eran levemente más chicos que mi talla, los de Tatiana, la segunda compañera de Sofía, me quedaron perfectos. Escogí unas sandalias doradas de tiras muy delgadas y un elevado tacón, que hacían ver mis pies como si fuesen copas de champaña listas para beberse y lamerse si fuera necesario. Era yo una diosa, y al mirarme en el espejo sentí el reflejo de mis sensaciones al encontrarse: por un lado el macho que lentamente se apagaba dentro de mí, arremetió a tocar esas bellas piernas y pies, cintura, nalgas y tetas, y por otro la dulce jovencita que aparecía en la imagen frente a mis ojos se ruborizaba al sentirse hostigada, y descubrirse disfrutándolo. Me cansé de mirarme luego de una media hora. Todo ese tiempo había estado excitada, pero aún no me había terminado de hacer la deliciosa paja que tanto necesitaba desde mi despertar. Caminé por el apartamento, asegurándome de que nadie me viera por alguna ventana abierta, hice mi cena, para cuando sobrevino la obscuridad de la noche, ya estaba terminando la segunda mitad de la botella de vino, sentada en una silla en el salón del depa, frente a la puerta, con las piernas cruzadas de tal suerte que mi ya relajada verga estaría posiblemente azul, con la copa en mi mano derecha y una revista Cosmopolitan en mi mano izquierda. “Con que así se siente ser ella”, pensé, mientras la puerta del apartamento se abría lentamente, dejando entrar la fuerte luz del pasillo, dibujando una silueta parecida a la de la famosa “Sailor Moon”, cuyas aventuras habrán entretenido a más de una de mis lectoras. La puerta se cerró detrás de Sofía, y mientras mi mundo se descomponía lentamente y mi rostro reflejaba la angustia y desnudez que me embargaban, los dilatados ojos de la mujer que me había convertido en un mariquita travestido y depilado, con un trago en la mano y una revista de mujeres en la otra sin siquiera mover un dedo, me recorrían una y otra vez mientras sus labios dibujaban una sonrisa perversa y caliente atte Tsver00 e-mail [email protected]

Autor: tsver00 Categoría: Transexual

Leer relato »

Sobre machos alfa y lindos machos beta

2019-10-07


Como macho no tenía oportunidad, pero como hembra no faltaron otros machos que se ocuparan de mí. Hay una cosa muy curiosa con las lagartijas de la especie Uta stansburiana, que viven en la costa Oeste de E.U. y de Baja California: de los tres tipos de machos que hay, las de mayor tamaño y más agresivas lucen una garganta anaranjada, mantienen un gran territorio, tienen varias hembras y expulsan a las de garganta azul; las de garganta azul son de tamaño medio, mantienen un pequeño territorio, tienen una sola hembra y expulsan a los de garganta amarilla, que son las más pequeñas y, por lo mismo, no pueden enfrentarse ni a las azules ni a las anaranjadas. De ahí que despertara curiosidad entender cómo es que las pequeñas lagartijas amarillas no se hubieran extinguido desde hace tiempo, pese a no representar amenaza para las otras lagartijas macho, más grandes. El secreto, publicado en la revista Nature hace una veintena de años, radica en que, por su tamaño, por su color, las de garganta amarilla son casi iguales a las lagartijas hembras, lo que les permite meterse en los harenes de los machos más grandes y, haciendo de “lesbianas”, consiguen así preñar a algunas hembras. Pero, claro está, para poder conseguir esto, deben además satisfacer de cuando en cuando las necesidades del gran macho de garganta naranja, entregándose a él cuando lo requiere. No hace falta decir más para entender lo mucho que aquello me llamó la atención cuando por primera vez leí aquel artículo en la universidad, pues ahí había en cierta forma una especie de explicación, de razón o respuesta parcial extrapolada de por qué algunos machos humanos, como yo, fuéramos bastante más delicados que los otros y, por nuestro tamaño y constitución general, más bien parecidos a las hembras: biológicamente, para sobrevivir, reproducirnos quizá, debíamos mezclarnos entre las hembras de un macho alfa y someternos a él... y si se podía quizá preñar a alguna de ellas. En todo caso, así como las personas cis-género-heterosexuales (esas que se llaman “normales”) siguen buscando copular sin tener ninguna verdadera gana de reproducirse (muchas veces incluso haciendo todo lo posible por evitarlo), supongo que así también, para los pequeños y afeminados machos beta como yo, el hecho de poder reproducirse o no pasa a un plano secundario, pero, como nuestros cuerpos y mentes siguen siendo más como los de las hembras, como ellas, instintivamente, también buscamos a los machos, a los machos de verdad, para entregarnos a ellos. Supongo también que por eso muchos de “nosotros”, pequeños machos femeninos, solemos tener rasgos más bien suaves, carácter blando, sumiso, e incluso antes de comenzar a tomar hormonas femeninas tenemos traseros amplios, nalgas grandes, pene pequeño y una latente facilidad para recibir por el ano-recto al miembro masculino, de lo que sólo nos damos cuenta cuando nos penetran por primera vez. Además, no son tampoco escasos los hombres que nos buscan y disfrutan copular con “nosotras”, atraídos en gran medida por nuestra cola, tan distinta a la de ellos y tan parecida a la de las hembras y que, como una ventaja paradójica, les permite efectuar la cópula y satisfacer su deseo sin el riesgo del embarazo. En mi caso al menos, y estoy segura que en el caso de muchas otras, no fui precisamente yo quien buscó en primera instancia unirse a hombre, sino que fueron ellos los que, deseosos, se acercaron a mí, atraídos quizá no sólo por mi carácter dócil y rasgos suaves, sino, insisto, por el aspecto llamativo de mi cola. Desde una relativa temprana edad me di cuenta que mi trasero resultaba “curioso” para los demás, tanto hombres como mujeres, aunque, para ellos en particular, era difícil no mirarlo con atención, consciente o quizá sólo inconscientemente. Así, sin hacer en realidad algún intento por acercarme o “atraer” a un macho, lo que me habría resultado casi imposible por el miedo que me daba, igual acabé llamando la atención de algunos de ellos que, intuyendo por mi aspecto mi “sexo verdadero”, buscaron unirse a mí. Y yo no me opuse. En todo caso, y como quizá no podía ser de otra manera, esa atención involucró también a algunos miembros masculinos de mi familia, en especial de mi tío Fernando, hermano de mi mamá, quien, durante una fiesta de cumpleaños que celebramos en grande en una finca, arreglándoselas para llevarme a parte en un momento de la noche, después de hablarme de un montón de cosas y hacerme reír mientras nos paseábamos lejos de la fiesta, poco a poco fue desviando la conversación a terrenos íntimos, halagó lo bonito de mis ojos, mi sonrisa, discretamente y como a broma mencionó lo mucho que me parecía a una chica, hasta llegar un punto en que me preguntó si había tenido ya relaciones sexuales. Algo nerviosa, inquieta, le mentí y le dije que no, pese a que ya había estado con al menos tres chicos, y él entonces, más específico, insistiendo en mi forma de ser tan delicada, preguntó si no había deseado tenerlas... con un hombre. --Pues... bueno, la verdad es que sí --le respondí tras vacilar un poco, sabiendo en el fondo a dónde es que quería llegar, añadiendo que me daba miedo y sólo por eso es que no lo había hecho. Aquello fue sin duda lo que mi tío esperaba escuchar, pues, tras dibujársele una sonrisa de satisfacción, me contestó que no había por qué tener miedo, que lo único que necesitaba era encontrar al hombre adecuado, y que no tenía en realidad nada de extraño o malo que ciertos chicos, como yo, por naturaleza, desearan unirse con un hombre... con un hombre de verdad. --Un hombre... ¿como tú? --le pregunté yo entonces, con mirada traviesa, juguetona, atrevida, sintiendo cómo mi colita se iba ya poniendo húmeda. --Pues... sí, como yo, je, je --me respondió, y, mirándome, tras vacilar todavía unos segundos, finalmente se acercó despacio a mí, acarició mi mejilla, mi cabello, se inclinó y me dio un beso en la boca, al que yo respondí con nervios y algo de espanto pero también con deseo, y, tras besarnos y acariciarnos unos momentos, sentí por primera vez su verga durísima bajo los pantalones. Así por encima y sin dudarlo se la acaricié, lo seguí besando, exploré sus hombros, su pecho duro, sus brazos fuertes, todo ese cuerpo de macho tan distinto al mío, hasta que ya no pudo más y, excitado, con suavidad pero también con firmeza, me hizo recargarme en un pequeño muro, comenzando a acariciar entonces con toda libertad mis nalgas. Ya hacía varias semanas que no cogía y, deseosa, tras dejarlo juguetear un rato, yo misma me bajé los jeans, mostrándole las lindas bragas de encaje con que desde hacía mucho adornaba mi trasero, encendiéndolo, si cabe, todavía más. Luego de eso, no hubo ya forma de pararlo. Él se bajó los pantalones, los calzones, descubriéndome su pija ya erectísima, lista para copular, bajó luego mis bragas a medio muslo y volvió a acariciar mi trasero, con un par de dedos palpó mi ano, escupió en él un par de veces y me dedeó, arrancándome algunos gemiditos. Llevaba para entonces algo más de año y medio teniendo sexo, siempre en calidad de hembra, pero aquello sin duda resultaba una novedad, no sólo por ser él bastante mayor que yo sino por tratarse de alguien a quien conocía de toda la vida, con quien me unían lazos de sangre y, sumando eso al miedo que me daba que alguien pudiera pescarnos ahí cogiendo al aire libre le dieron al encuentro un toque poco común. Tras acomodarse a mis espaldas, creyendo que había humectado y abierto suficiente con los dedos, llevó su miembro duro a mi entrada posterior, recargó la cabeza, dejándome sentir su suave dureza y su calor e incrementando todavía más mis ganas de sentirla dentro por primera vez. --Hazlo... por favor --le pedí en un susurro, todavía nerviosa pero con un enorme antojo de verga. --Muy bien, intenta relajarte --me indicó, y, con tiento, suave pero firme, empezó a hacer presión, mi ano comenzó a expandirse ante su avance, consiguió enterrarse un par de centímetros, hasta que la contracción refleja de mi esfínter lo hizo parar. --¡Ayyy...! --gemí adolorida, pasando una mano hacia atrás para indicarle que esperara. --¿Dolió mucho? --Un poquito, sí. --Relájate, no me hagas fuerza, verás que pasa pronto --me indicó mi tío, seguro tal vez de que mi cola era virgen y no sabía qué esperar. En cualquier caso, transcurridos apenas unos instantes en que mi ano aflojó un poco, él volvió a apuntar, halló de nueva cuenta mi entrada y de nuevo hizo presión. --¡Aayyyayy...! --volví a gemir yo, todavía algo dolida, pero, segura y bien consciente de que el dolor no tardaría en desaparecer, procuré aguantar, resistir su gran volumen, su grosor, la cabeza tan gorda. --Shhh... tranquila... procura no hacer fuerza, ¿vale? --siguió diciendo él, procurando hacerme sentir cómoda, a lo que yo respondí con una fingida inocencia: --O-okey. Así, lento pero seguro, firme, tras conseguir enterrarme un buen trozo, me agarró por las caderas y presionó aún más fuerte, recargó más su peso en mí, entrándome tanto que tuve que gritar, un poco por dolor y otro tanto de gusto, sintiendo mi ano bien expandido y mi recto casi lleno. --¡Aaaayy... ayyayyy..! --exclamé maricona, de pronto olvidada que alguien pudiera escucharnos. --Ya, ya... shh... ahí va, ahí va... --continuó él, decidido, encantado quizá de mis chillidos y abriendo más y más mi recto. --¡Aayyy... ayyy...! --Tranquilita, mi reina, así es siempre al principio. ¿Querías ser mujercita, no? --dijo él, temeroso tal vez de que pudiera arrepentirme, sin por ello dejar de presionar. --Sí... claro que sí. Tal como sabía que pasaría, al poco rato mi cola cejó toda resistencia, se ajustó al tamaño y forma de ese pene nuevo y, como siempre, se dejó al fin sodomizar. --Ayy... ayyy... ayyayyy... --seguí gimoteando, aunque ya sólo de puro gusto, del placer enorme que me causaba sentir una verga entrarme por atrás, y que mi tío debió sentir por la mayor facilidad para penetrarme. --Ahh... ahh... eso, ¿ves cómo entra mejor? --Mmhh... sí... un poquito... --Bien, muy bien... ahhh... ahhh... eso --exclamó él, comenzando poco a poco el mete-saca e iniciando bien a bien nuestra cópula. --Ayyy... ayyy... mmhh... --seguía yo, ahí de pie en medio del campo sin bragas, saboreando aquel gran pedazo de carne que fue agarrando un rico ritmo al penetrarme. --Eso... eso... ohhh... ¿verdad que sabe rico? --preguntó él de pronto, más suelto también y cogiéndome muy a gusto. --Mmmh, sí, sí... riquísimo... --le respondí, con mi propia pijita entre las piernas completamente dura. --Ahh... ohhh... te lo dije... ahh... --Mmhhh... mmhhh... sí, sí... sigue, sigue... Toda su pija estaba dentro, a cada nueva embestida me entraba bien a fondo, su pelvis dura chocaba deliciosa contra mis nalgas suaves, que, con su volumen, amortiguaban los continuos golpes, pues tal era su verdadero propósito: la Naturaleza, en su sabiduría, me había provisto con las herramientas necesarias para acoplarme con el macho. --Oohhh... te entra riquísimo... ohhh... --Ji, ji, sí... más... más... --le pedía ansiosa, excitadísima, volviéndome ligeramente hacia él y sujetándome muy bien contra el pequeño muro para no perder el equilibrio con los embistes. --Qué colita más sabrosa... oohhh... --siguió diciéndome sin dejar de penetrar, apoderado por completo de mis nalgas, que acariciaba y apretaba ansioso, disfrutándolas. --¿Te gustan? --le pregunté yo entonces, coqueta, divertida, meneándoselas y apretando un poco su pija con mi ano. --Me encantan... son las mejores nalgas que he probado... --Ji, ji... mmhh... El ritmo fue en aumento, creció la dureza, la rapidez, su verga entraba por momentos de modo casi feroz, acariciando mi próstata y causándome un placer maravilloso, y que no tenía ningún empacho yo en mostrarle, gritando y gimiendo como la perra que era. --¡Ay, sí, sí, sí...! ¡Más, más... cógeme, tiíto, cógeme duro, duro, duro...! ¡Me encantaaa!--le decía, agarrando uno de sus muslos velludos con mi mano y echándole el trasero hacia atrás. --Ahh... nena... ahhh... Seguimos fornicando un rato más, emocionados, jadeantes, él mi macho y yo su hembra, seguramente ya mis nalgas estaban coloradas de semejante tunda, pero seguía pidiendo más, más y más verga, y mi tío, no menos emocionado que yo, se me dejó ir sin duda con todas sus fuerzas, penetrando poderoso, hasta que, de pronto, sintiéndolo estremecerse, lo escuché gemir más fuerte que antes: --¡AAaahh... nena... aaahhh...! --al tiempo que yo misma experimentaba en mi interior una especie de mini-explosión deliciosa, caliente, líquida, y que no era otra cosa que su chorro de leche preñando mis entrañas. --¡Aayy... tío, ayyyyy...! --grité también yo unos momentos después al experimentar un intenso orgasmo anal. Seguimos por inercia unos momentos más, su pene se descargó del todo, deslechando aliviado, en tanto mi propia leche caía en la tierra húmeda a mis pies. Nos separamos. Jadeantes y sudorosos, despeinados, nos miramos y nos sonreímos; instintivamente yo llevé uno de mis dedos a mi ano y, contenta, algo orgullosa incluso, sentí los rastros de semen. Con un trozo de papel limpié luego mi clítoris ya también blando y, al subirme luego las bragas, lo apreté como de costumbre. --Bueno, vamos a regresar, antes de que se note que nos fuimos --me dijo mi tío, acabándose de subir los pantalones. Caminamos hacia la fiesta en silencio, escuchando cada vez más notoriamente la música, y, ya con el edificio principal a la vista, mirándome y aminorando un poco el paso, él me dijo que le había gustado mucho y que, si yo quería, le encantaría poder hacerme mujer otra vez. --Sí, claro, cuando quieras --le respondí, sonriente, dejándole bien en claro que me encantaba ser hembra. Poco antes de mezclarnos con los otros nos separamos, él se fue junto a mi tía y yo junto a mis primos; la verdad era que nadie se había dado cuenta que nos habíamos desaparecido casi una hora y el resto de la velada se pasó como de costumbre. Fue así que comencé a hacer visitas regulares a mi tío, casi siempre en su oficina al salir de la escuela y una que otra vez en su casa, cuando mi tía se iba con sus amigas a comer o a alguna obra de teatro, y, ya fuera en el sofá de la oficina o en la cama de su habitación, tras una breve charla insustancial, volvía a bajarme las bragas y me enculaba, increíblemente satisfecho por poder hacer conmigo todas esas cosas que con mi tía nunca había podido, pues yo me le entregaba sin reservas, sin melindres, me dejaba coger en la posición que él quisiera y el tiempo que fuera necesario, se la mamaba con entusiasmo, con auténtico gusto, lo que con el tiempo tuvo además otras ventajas para mí, pues, gracias a él fue que pude comenzar a comprar y usar hormonas, lencería, maquillaje y todo tipo de cositas que me alegraban la existencia. Como las pequeñas lagartijas de garganta amarilla californianas, pues, más parecida yo también a las hembras humanas que a otros machos, pasé a formar parte del harem de un macho alfa, si bien el harem sólo nos incluía a mi tía y a mí, sin que ella lo supiera. ([email protected])

Autor: Reina Loana Categoría: Transexual

Leer relato »

El Infierno

2019-10-04


Tal vez aún se preguntase qué diablos hacía allí, donde la oscuridad se recoge en una habitación, rodeado de criaturas extrañas, sombras iluminadas, cual fogonazos, por destellos rojizos. Seguramente fue incapaz de resistir la tentación de empujar las pesadas puertas de “El Infierno”. Vestidos cortos y tacones de vértigo, pelucas, mucho maquillaje, silicona que nunca falta y carne que en ocasiones sobra. Las habituales de “El Infierno” tenemos nuestras armas, suelen ser similares, lo que cambia es la manera de usarlas. Puede servir un simple coqueteo, o llegar a ser una mano que retiene tu nuca hasta descolocarte el peinado, a veces un cachete en la nalga, incluso un desagradable insulto. Una acaba aceptando casi todo por comportarse como realmente se siente. Que nadie entienda esto como un reproche a las tímidas que no abandonan la soledad de su cuarto, a las casadas que deben contentarse con vestir las ropas de sus señoras, simplemente algunas no tenemos más remedio que vivir de esta manera. Verdaderas damas, auténticas putas, jovencitos aniñados, maduros de vuelta de todo. Entre todo lo que podía encontrar, él me eligió a mí, discreto empleado público de día, travesti de noche. Su mirada me huye cuando la busco desde abajo. Antes no ha sido así, antes me ha invitado a una consumición, se ha mostrado educado, tímido, terriblemente tímido, cuando le he dicho que lo entendía, que no se preocupara, que yo sabía perfectamente lo que esperaba de mí. Por eso estamos ahora así, en este banco corrido, rodeado de otras sombras emparejadas, por eso su mirada me huye cuando lo busco, le cuesta aceptarlo, a todas nos lleva nuestro tiempo, pero también por eso su mano se hunde entre las fibras de mi peluca cobriza y trata de acompañar los movimientos de mi cabeza. Porque es algo que llevamos dentro, algo que no podemos mantener callado durante más tiempo, algo que en algún momento tiene que sobrepasar los muros, salir de los armarios, expandirse más allá de los mundos virtuales. Seguramente él también dudaba, también tenía miedos, también ha prolongado la espera mucho tiempo, hasta reunir el coraje necesario. Habrá captado el nombre al vuelo en una conversación ajena, en una de machitos, en una en la que se nos trataba de yo no sé qué al Infierno y a sus moradores. Quizás él también se ha reído, nos ha insultado, ha dicho “yo no…” No, claro, nadie viene nunca por aquí; si un día se encendieran las luces de repente iba a haber muchas explicaciones que dar. Pero ahora no puede negar que le gusta, que sentir unos labios sin género tragando su polla lo excitan. Vuelvo a levantar la cabeza para mirarlo y encuentro unos párpados que caen al compás de un gemido. Redoblo esfuerzos. Mi mano tira de su pantalón, quiero masajear sus huevos, pero sus dedos agarran mi muñeca y la vuelven a colocar en un sitio menos pudoroso. Mi cara apenas si se separa de su vientre. Siento múltiples calores, el del ambiente cargado, el del alcohol, pero mi preferido es el suyo corporal. Chupo sin prisas, mis dientes lo torturan, mi lengua lo calma, siento su glande chocando con las paredes internas de mis mejillas. Me acomodo, en cuclillas sobre mis tacones, vuelvo a sumergir mi cabeza hasta tragármelo entero. Quisiera que me agarrara la cara con ambas manos y me hiciera mamar rítmicamente, pero ante su indecisión yo no me detengo. Mi lengua recorre su pene de abajo a arriba, remato con un largo lengüetazo a su capullo, varias veces, hasta que él se revuelve en su asiento. Intuyo que el final está cerca. Trago una buena porción, el resto es recorrida por mi mano frenéticamente, hasta golpearme los labios. Lo masturbo, apenas unos segundos, está nervioso y es inexperto. Luego siento una descarga de semen pegándose a mi paladar, rebotando en mi garganta, formando hilos desde mis dientes hasta su pene que mi lengua se empeña luego en limpiar. - ¿Crees que en un rato podrás…? Tienes buena pija, me gustaría poder sentirla- digo sentada en sus rodillas. Si me ha permitido esta postura sé que el único impedimento es la naturaleza. No dice nada, pero yo ya conozco la respuesta. Mira hacia otros lados, quizás en la cercanía mis rasgos no están suficientemente escondidos por el maquillaje y la oscuridad y lo perturban. Mis dedos giran su cara, quiero que me mire a mí, no quiero que pueda encontrar a otra que juzgue mejor. No ahora que siento, bajo mi vestido, en su regazo desnudo, el calor de un pene retornando a su estado natural. Ruego a una conocida que se acerque a la barra y pida dos margaritas por nosotros, pues no quisiera nunca bajarme de mi trono. Quisiera muchas cosas, que me rodeara con sus brazos, que me prometiera más y mejor, pero lo que no estoy dispuesta es a dejar de sentir su sexo contra mi cuerpo. - ¿De verdad crees que tengo una buena polla? - dice después de apurar de un trago media copa. Yo saco mi lengua esperando el encuentro con la suya, allí, a medio camino de nuestras bocas; cuando se traban, se da por respondido. Han pasado unos minutos cuando llevo sus manos a mi trasero. Ya no hay rastro de turbación en su cara, el sexo oral le ha gustado demasiado como para pararse a pensar, aún así tengo que insistirle para que apriete, para que calibre por si mismo la dureza. A nuestro alrededor no faltarían voluntarias para hacer rebrotar el esplendor de su pene, pero prefiero ser yo quien lo haga. Lo hago aparecer entre nuestros cuerpos, uno sobre el otro, e inmediatamente desaparece preso en mi mano. Lo masturbo lento, no quiero que vuelva a terminar antes de tiempo, lo siento crecer, endurecerse. Algunas miradas se posan sobre nosotros, ya ni siquiera eso le inquieta. Sigo masturbándolo, deslizando mi mano a lo largo de un pene que crece y crece. Cuando su mano me coge el relevo, me giro. Levanto el vestido, bajo la ropa interior, no le doy tiempo de fijarse en mi pene, pequeño y arrugado, ni de comparar mi culo con otros más femeninos. Me agacho, siento que su pene se dobla, que él lo dirige casi a tientas, que por fin acierta y va entrando poco a poco en mí. Hundo mi cuerpo, lo dejo caer esperando que él me sostendrá. Me siento sobre él, con su pene duro alojado en mi ano y la espalda apoyada en su pecho. Comienzo a moverme lento, no por conocido un dolor inesperado me hace detenerme. Luego continúo; me yergo, me dejo caer despacio, sintiendo como su tronco me abre en dos. A nuestro alrededor un corrillo se ha formado, la música que resuena a todo volumen me ahorra las envidias, los comentarios insidiosos. Él es mío, yo soy suya, aunque no más sea por esta noche. Está concentrado en follarme, aunque no lo pueda ver imagino su vista dirigida a la parte más baja de mi espalda, allá donde su vientre se contrae en cada caída de mi cuerpo. En algún movimiento más brusco, escapo de él, le urjo a que vuelva a metérmela. Así lo hace y yo sonrío satisfecha. Se incorpora y me agarra de las muñecas para que no salga disparada. Trastabillo y se me sale un zapato. Le pido que pare, jamás sin mis tacones. La expectación a nuestro alrededor se ha disuelto, otras parejas en diferentes estadios del mismo juego llaman más la atención. Apoyo mis manos en el lugar donde él había estado sentado, la espalda recta, las piernas estiradas y ya sobre mis tacones, puede volver a follarme. Lo hace. Va incrementando el ritmo, haciendo que cada vez suene más alto el choque de nuestros cuerpos, aunque la música lo tape todo, también mis gemidos. Sus manos alternan mis caderas con mis hombros, él empuja, siempre a mi espalda y mi cuerpo se sacude por sus ímpetus. Ya no temo por un movimiento más brusco que haga caer mi peluca, simplemente dejo que se alborote, que caiga por mi frente y me nuble la vista. Me folla, ya sin rastro de la timidez inicial, ya sin miedo al qué dirán, me folla y con su polla enterrada en mi ano yo me siento en la gloria. He acostumbrado a mi pene a permanecer tranquilo, más adelante, en la tranquilidad de mi apartamento, me masturbaré recordando cada detalle de esta noche, pero ahora apenas si es un mínimo trozo de carne al que mi amante permanece ajeno. Maldigo las pausas con la misma intensidad que adoro sus idas y venidas; tan sólo deseo que me folle sin descanso, sentir el placer rayano con el dolor de una polla dura abriendo mi culo, recorriendo mis entrañas, esa sensación que consigue que me sienta en verdad tal como soy. Quisiera prolongar eternamente este momento, pero su respiración se agita, sus movimientos son más torpes. Intuyo el final. Le pido que acabe sobre mi nalga. Lo siento salir, trato de mirar, pero el giro forzado de mi cuello únicamente me permite adivinar el frenético gesto de su mano. Apoya el glande en mi piel, golpea mi trasero en cada viaje de su mano, y al fin siento varias gotas gruesas regando mi carne. Después, él se retira, como haría un pintor para contemplar su obra, hasta perderse en la oscuridad. Tal vez vuelva a encontrarlo, tal vez nunca vuelva por aquí. Mientras, yo mojo mis dedos en el semen y degusto una vez más ese intenso sabor que alimenta mi espíritu. ([email protected])

Autor: elamanuense Categoría: Transexual

Leer relato »

Mis inicios como niña.

2019-09-30


Hola debo comenzar diciendo que esta es la primera vez que escribo o intento escribir un relato sobre mi vida por lo que agradeceré no me juzguen tan duramente al momento de leerme. Mi nombre es Liliana y tengo 36 años soy chica solamente en la intimidad, ya que aun los prejuicios familiares y de trabajo son tan grandes que no he tenido el valor para vivir como quisiera hacerlo aunque no por ello me sienta menos femenina o me limite a la hora de disfrutar mi feminidad. Como espero contarles cosas de mi vida creo debo comenzar por el principio, naci en un hogar amoroso de padre, madre y hermanos. Recibí todos los cariños y afectos que una familia amorosa le da sus hijos y en ningún momento me incitaron a vivir como niña, sin embargo una no puede negar su naturaleza esa que llevamos dentro. Siempre fui un niño de rasgos finos, de piel muy blanca, cabello castaño claro mis padres me lo dejaban largo y era medio gordita sin llegar a serlo y mis labios muy gruesos desde siempre motivo por el cual me hacían bullying en el cologio. Incluso recuerdo que una vez al salir de un juego de futbol en cual siempre era banca uno de los muchachos al yo estar caminado a mi casa se me acerco y me agarro la cola mas que agarrármela me punteo la rayita con sus dedos sobre mi short y salió corriendo, riéndose de mi, recuerdo que llegue a la casa apenada, confundida y para que negarlo hasta llore, aun no sabia que una despierta en los hombres esas conductas. Desde muy chiquitita sentí admiración por las cosas femeninas, incluso recuerdo una vez que mi mama se estaba maquillando para salir con mi papa y yo entre a la habitación y me puse a jugar con los labiales de ella, recuerdo mi mama me los quito y yo me puse grosera por lo que me dio un par de nalgadas y me regaño. Creo que fue una de las primeras veces que tuve contacto con cosas femeninas y créanme desde entonces no han dejado de gustarme. Pero la primera experiencia que tuve donde realmente me sentí niña fue cuando estudiaba 2do grado tendría unos 8 años la verdad en esa etapa de mi vida no sabia nada de sexo y era totalmente inocente, recuerdo que tenía un compañerito llamado Juan Carlos que si mal no recuerdo podría ser 1 año mayor que yo. Con El me la pasaba mucho tiempo por esa época, recuerdo que en un par de ocasiones nos escapamos de la escuela para ir a pescar en un arrollo cercano, en una escapada de esas me dijo que nos fuéramos a su casa y jugáramos allá que le habían comprado videojuegos, como su casa quedaba cerca de allí decidí ir con el. Cuando estuvimos allá la casa estaba sola pues sus padres trabajaban todo el día y su hermana era mayor que nosotros estudiaba en el liceo así que tampoco estaba. Eso nos permitió dedicamos a jugar con su nuevo atari sin ningún problema, mentiría si digo que recuerdo el momento con exactitud, ni de lo que estábamos hablando pero recuerdo que me pregunto si conocía la playa que el estuvo de vacaciones alli y le había gustado mucho, yo no conocía la playa así que le dije que no, en un momento determinado de la conversación me propuso que jugáramos a “la playa”, hoy día creo que el si sabia mucho mas que yo de las cosas del amor y no se qué habría visto pero estoy segura que me llevo a su casa ya sabiendo lo que íbamos a hacer. En mi inocencia le dije que no sabia como jugar a “la playa” y el me dijo que me enseñaba, asi que recuerdo apagamos la consola y nos fuimos a la parte de atrás de su casa. Era un espacio abierto con césped y vegetación, allí me dijo que me recostara que yo iba a ser el hombre y el la mujer, para ese momento no tenia ni idea del “juego” que me proponía asi que solo me deje llevar, recuerdo que nos desnudamos y quedamos solo en ropa interior la cual eran nuestros “trajes de baño” pues como estábamos en la playa… Recuerdo estaba acostada en el césped y el se me acerco tratando de caminar exageradamente como una mujer y comenzó a tocarme mis brazos y tratar de frotarse conmigo pero inmediatamente me dijo que asi no le gustaba que mejor fuese yo la mujer, no se si por su inducción o porque me estaba gustando el juego o porque realmente quería serlo lo cierto es que yo acepte. Al hacerlo me dijo que me iba a prestar algo que lo esperara, así que se fue rápido para dentro de la casa y yo me quede allí medio desnuda esperándole. Rápidamente llego con lo que fue a buscar una pantaleta de su hermana creo (hoy día recuerdo la prenda blanca de algodón nada sexy pero si que en ese momento la sentí muy femenina) me la dio y me dijo que me la pusiera, no se por qué pero en ningún momento me negué a lo que me proponía Juan Carlos. Experimentando sentimientos de vergüenza, pero con mucha adrenalina, y me retire de donde el estaba para quitarme mi interior y ponerme la pantaleta que me había traído, lo hice y no sabría cómo describir lo que sentí en ese momento, pero me una niña teniendo esa prenda puesta. El había estado mirándome allí recostado en el césped, cuando me voltee me dijo que me acercara, yo con timidez, pero disfrutando de este juego que me estaba enseñando fui y me acosté a su lado, recuerdo sus manos pasándose por encima de mis piernas y como se arrimaba a mi cuerpo, en un instante sentí como su boca busco la mía para regalarme lo que sería mi primer beso. Yo estaba en blanco, o mejor dicho roja porque el me lo dijo creo que era de vergüenza. Luego me dio vuelta dejándome de espalda a el pegando su cosita a mis nalgas todo con la ropa íntima puesta. Recuerdo me decía que estaba muy bonita y me preguntaba si me gustaba la playa, y yo respondí en todas las ocasiones que sí me gustaba. Me punteaba con su cosita a pesar de que era chica recuerdo que si se le paraba y lo que mas recuerdo es que me decía que me estaba “cogiendo”. Hoy día veo la inocencia de ambos pues ni siquiera tocaban nuestras pieles, pero el juego era muy entretenido para dos chiquillos que recién descubrían su sexualidad. Esa tarde fue la primera vez que me sentí niña fue inolvidable como todas las cosas que la marcan a una en el camino que tomamos y en lo que soy ahora. Espero les haya gustado este breve relato y pueda seguir contándoles partes de mi historia de vida. Gracias por leerme. Hasta la próxima.

Autor: LilyPatricia Categoría: Transexual

Leer relato »

Veracruz

2019-09-22


Tengo 20 años, me gusta vestirme de mujer, en mi casa saben de mis tendencias y mis padres apoyan mi sexualidad. Mis más grandes vacaciones fueron rumbo al carnaval de Veracruz, mi nombre no es importante, tengo 20 años, me gusta vestirme de mujer, en mi casa saben de mis tendencias y mis padres apoyan mi sexualidad. Todo estaba preparado para irme al puerto de Veracruz, seis meses antes comencé un tratamiento de hormonas, mi cuerpo empezó a cambiar, mis senos se fueron creciendo poco a poco, lo cual me gustaba, hasta ese momento nunca había tenido ninguna relación sexual, soy alta, blanca, de ojos cafés, cara afilada, de cabello negro lacio. Mi papá me llevo a la central, vestida lo mas provocativa posible, unos jeans a la cadera blancos pegaditos y un topples negro. Al caminar por la central no faltaba los tipos que volteaban a verme el culo, eso me excito bastante. El viaje era largo, aproximadamente 10 horas de camino, fue por eso que decidí irme en la noche, al subirme al camión, la mirada de los hombres no se dejo de esperar, el camión no se lleno, casi iba vació, me senté en el ultimo asiento, las primeras 3 horas de camino no paso nada, el camión hizo una escala, aproveche para bajarme a fumarme un cigarro, el chofer me abordo en seguida, sacándome platica, termine mi cigarrillo y me subí al camión al regresar a mi asiento vi un tipo gordo sentado a lado de mi asiento, voltee a ver que había muchos lugares solos, no me importo y le me senté a su lado, me puse nerviosa, pues el tipo se me quedo viendo con unos ojos de lujuria, pensé en ese momento que si me había sentado a su lado, en algún momento me iba abordar. Me quite mi chamarra de mezclilla y volteo a verme mis senos, mis pezones estaban prendidos, el tipo no dejo la oportunidad para verme, se levanto para guardar una maletita que llevaba en el portaequipaje de arriba, voltee a verle su paquete, mis ganas fueron en aumento, el me sorprendió viéndole su paquete, con una ligera sonrisa me dio entender que era lo que estaba buscando, me dieron ganas de mordérselo en ese momento pero me contuve. Al sentarse se acerco más a mi, estaba dispuesta a perder con ese tipo, mi miedo era que se supiera que era puto, el camión se puso en marcha, el volteaba a cada rato y se acerco al oído diciéndome -eres un puto muy rico. Trate de decirle algo pero el puso su dedo en mis labios, ya no me importo nada, me relaje, le chupe su dedo como una gatita, su dedo recorrió mis senos, su mano me empezó a recorrer toda, le quise dar un beso, pero el se negó diciéndome. -solo quiero que me chupes la verga putito. Tome su verga, arriba del pantalón, le baje el cierre, lo saque muy despacio, pues era mi primer mamada, no quería desaprovecharla, al tocarle su verga, al sentir sus venas, empecé a estirárselo suavemente, para que creciera, me tomo del cuello y me empujo hacia su verga, mi lengua recorrió su verga, como si fuera una paleta. -solo, no hagas mucho ruido. Mis labios apretaban la cabeza de la verga y la chupaban, mi manos jugaban con sus huevos, su sabor era saladita, sus primeros chisguetes me llenaban la boca de su sabor. Me tomo del cuello, me vio a la cara. -Me gusta que me vean a los ojos cuando me la chupan, vamos al baño del camión. El se sentó en la taza del baño, me arrodille, se tomo su verga y la puso en mi cara. -tienes muy bonita cara putito. La tome con mis manos y la chupe otra vez, viéndole hacia la cara, la verdad es que estaba hipnotizada pues era mi primer verga de hombre que tenia en mis labios y en mi boca, el me sujetaba fuertemente de la nuca, me estiro el topples, dejando al descubierto mis tetas, jugo con ellas, recorrí su verga en mis pezones, quería que me metiera su verga en mi ano virgen, cuando menos lo espere, salto su chorro de esperma dentro de mi boca. -come todo, todo putito. Lo limpie en su totalidad, me trague cada gota de semen que salía de su verga, el se levanto se metió su verga y se salió del baño, ahí me quede super excitada con ganas de más, me lave la cara y la boca, salí del baño, el viejo ya no estaba, se había sentado en otro lugar. Que nochecita había tenido, me urgía llegar al hotel, pues todo estaba saliendo como lo planee. [email protected] cuentame tus experiencias

Autor: tsver00 Categoría: Transexual

Leer relato »

Armando me hace su mujer y su puta

2019-09-21


Armando uno de los amigos de mi papa, descubre mi pasión por vestir de mujer y me convierte en su mujer y después en su putita. Desde que tuve nueve años, comencé a desear ser mujer y a vestirme y maquillarme como las bellas mujeres que veía en televisión. Utilizaba un biquini rojo de mi hermana, como sujetador y braguitas, el resto de ropa de mí mamá, osea medias, faldas, jerseys y blusas, vestidos, collares, zapatos de tacón, maquillaje y barra labial. Me gustaba modelar delante en un gran espejo que había en la habitación de mis padres. Allí comencé a experimentar mis primeros pasos como mujer y a fantasear con aquel joven cuerpo afeminado que yo tenía. En el sujetador y para dar más realidad a aquel débil cuerpo de niña, solía meter calcetines, o pelotas pequeñas de color verde que regalaban con la compra de zapatos de la marca "Gorila", o para dar mayor efectividad a unos pechos reales de mujer, globos llenos de agua que te hacía tener de que aquellos pechos artificiales, eran reales porque notabas su peso, su turgencia y autenticidad dentro del sujetador y cuando modelabas notabas su movimiento de tetas de mujer casi perfectas. Todo maravilloso y estupendo, salvo cuando alguno de los globos explotaba y te mojabas toda la ropa, con el inconveniente que ello acarreaba. Así cuando me quedaba sola en casa, enseguida me disponía a vestirme y modelaba ante aquel gran espejo, sintiéndome una reina, guapa y sexy, con ambición de ser la mujer femenina y sumisona de un gran macho alfa que me diera bien rico. Imaginaba casi siempre y para llegar a experimentar eyacular, que era raptada por unos árabes y vendida en una subasta junto con otras mujeres, a un harem donde era tratada como esclava y obligada a satisfacer los lujuriosos deseos sexuales de quienes me habían comprado, para lo cual incluso me ponía un velo transparente a modo de “niqab”. En otras ocasiones, me transformaba en una erótica y desvergonzada prostituta, que profusamente maquillada con colores llamativos, fantaseaba con trabajar como pupila en un burdel a las órdenes de una exigente “Madame”, donde tras modelar antes lo posibles clientes era alquilada por uno de ellos, para atenderle en sus deseos sexuales, a cambio de una cantidad de dinero que pagaban a mi “Madame” o a mi “Chulo”. Tuve suerte de no ser sorprendida nunca vestida como una bella odalisca o una furcia despampanante, aunque en dos o tres ocasiones, mi confidencialidad estuvo a punto de irse al garete. Así estuve ocultando aquella afición a vestirme de mujer, durante muchos años. Casi todas las semanas lo hacía dos o tres tardes, hasta que con la edad de diecisiete años, decidí emigrar a Madrid, para comenzar una nueva vida y dejar atrás, aquellos momentos de miedos continuos a ser sorprendida, aquella insatisfacción de querer una mujer todo el día y no poderlo conseguir. Mi padre habló con un de sus mejores amigos, llamado Armando. Este era nacido en nuestro mismo pueblo y tenía un bar en el Barrio de Vallecas en la Capital de Madrid. Le requirió que haber si podía emplearme en su establecimiento como aprendiz de camarero, o podía encontrarme algún otro trabajo en la Capital, a lo que éste accedió. Llegue a Madrid a últimos de Junio, con una maleta en la que, sin que nadie lo supiera, había incluido algún que otro tanga de mi hermana y ropita ya en desuso. Me instalé en una habitación alquilada, en una de aquellas fondas clandestinas que existían, cerca del bar de Armando. En mi ratos libres inicié mis recorridos por los lugares de ambiente de Madrid, aunque nunca me atreví a traspasar sus puertas, además, adquirí algún maquillaje y barras labiales, así como algo de ropa de mujer más actualizada, con la que me travestía en la soledad de mi habitación todas las noches. Me acostumbré a llevar siempre puesto un femenino tanga, bajo mi pantalón de chaval, lo que me hacía sentirme mujer, pese a que cuando vestía de hombre no aparentaba la feminidad que llevaba dentro. Un día estando trabajando atendiendo la barra del bar, Armando de indicó que me agachara a coger una caja de servilletas de papel que había caído al suelo. Yo con ímpetu incliné mi torso hacía el suelo, dejando mi culete en pompa, a la vista de Armando y de casi todo el mundo que había en la barra, quienes no dieron mayor importancia. Al agacharme, se ve que por detrás el pantalón se bajo un poco y dejó al descubierto, la parte superior trasera del hilo dental de un tanga rojo, que llevaba puesto, lo que no dejó desapercibido a Armando. Armando al ver aquella prenda femenina asomar, se vino para el lugar donde yo me encontraba y rozándose con mi trasero me dijo: - Entra en la trastienda que quiero habla contigo. Yo lo mire y obedecí aquella extraña y seria indicación hecha por aquel hombre, dirigiéndome hacia la pequeña habitación interior que había al fondo de la barra, y al echar a un lado la cortina que en la puerta había, fui sorprendida por Armando quien nada más traspasar aquella puerta me dio un fuerte manotazo en mi trasero que me hizo soltar un grito, y me dijo: -Ah..muy bien...con que tengo a mi lado una putita y no me doy cuenta. Desde cuando te gusta vestir de mujer, puta? Me hice de nuevas y negué con rotundidad aquellas afirmaciones que hacía mi jefe, de que me gustaba vestir de niña y que llevaba un tanga de mujer puesto. Armando en el fragor de aquella discusión, se abalanzó sobre mí y agarrándome fuertemente por mi cintura, me besó en el cuello y me dio un pequeño mordisco, mientras metía su mano entre mi pantalón y sacaba hacía arriba, la parte superior de aquel tanga rojo que yo llevaba puesto. Tras ello y dándome un leve empujón me dijo: - Furcia, te crees que soy tonto y no distingo a la legua una puta como tú. Vas a subir arriba al piso ahora mismo, mi mujer marchó ayer al pueblo, y cuando yo cierre el bar y suba, te quiero ver vestida con ropa de mi mujer, bien maquillada, guapa y provocativa, me vas a servir la cena que hay en el frigorífico y luego ya veremos... Me negué a hacer lo que aquel hombre me ordenaba y se lo suplicaba por favor, que no me hiciera hacer aquello. - O haces lo que te digo o llamó a tu padre y le cuento la maricona que tiene en casa y además difundo por todo el pueblo, que andas vestido de mujer por Madrid. Así que tu veras...contestó Armando. Me arrodillé ante Armando y le imploré que no hiciera eso conmigo, que era muy joven, que solo tenía 17 años. Armando no hizo caso a mis súplicas, todo lo contrario, se arrimó a mí y rozando su bragueta por mi cara, me dijo: -Con tu edad eres ya toda una mujer...y quiero que seas mi mujer, asi que si no quieres que se entere todo el mundo lo maricona de mierda que eres, obedece a mi petición y obedece yaaa. Dándome la llave del piso, me dijo: - Anda haz lo que te he ordenado...ponte guapa para mi esta noche y no te pasará nada, sube te duchas y te maquillas como una puta, ponte ropa interior negra que tiene Adela en el armario de nuestra habitación, unos ligueros y medias del mismo color, una de las pelucas que hay al lado del cuarto de baño y unos zapatos de tacón de aguja de los que ella usa y espérame que pronto subo. Deseo ver y comprobar lo guapa que estas. Luego te iras a tu casa…. Cogí la llave, agache mi cabeza y me dispuse a obedecer como aquel hombre me había ordenado, al pasar por su lado, estando los dos detrás de la barra, me dio un pellizco en mi trasero y me susurró: - Ya sabes te quiero muy puta y guapa... Comencé a subir las escaleras, en dirección al piso superior de aquel bar, donde Armando y Adela vivían. Durante el trayecto sollozaba y no dejaba de pensar en qué terminaría todo aquello. Una vez en el interior de aquel piso me dirigí a la habitación matrimonial y saque del armario la ropa que Armando me había dicho, comprobando que Adela tenía un rico armario con ropa muy sexy e interesante, para ser ya una mujer de cuarenta años. Seguidamente y pensando que conforme Armando me había dicho, que una vez me viera vestida bien guapa, me dejaría ir a mi casa, me fui al cuarto de baño, donde me duche frotándome a fondo y pasándome la máquina depiladora, para hacer desaparecer el poco bello que pudiera tener y seguidamente ante el espejo, empecé a dar un poquito forma a mis cejas, a delinear y dar sombra a mis ojos, maquillar mi rostro y por último, a pintar mis labios con un rojo intenso, perfilándolos con otro rojo más oscuro. Después cogí y como mejor pude, me coloque una peluca de color caoba, cortita, en los hombros me descansaba, y una vez de vuelta al dormitorio, comencé a vestirme como Armando me había ordenado. Primero medias y ligueros, después braguitas y sujetador negro, me subí en unos taconazos de 10 centímetros y me mire al espejo, donde puede comprobar lo guapísima y rica que aparentaba. Aunque así e iba a estar demasiado vistosa y deseada para cualquier hombre, pues me veía demasiado provocativa, por lo que volví al armario y me puse encima una batita corta transparente, viéndome así más decente. No se me acababa de ir de la cabeza como Armando me había presionado y como me encontraba allí esperándole, como una putita de un burdel y me daban ganas de salir corriendo, pero por otro lado me daba morbo la situación. Instantes después, escuche como tocaban a la puerta y decir a Armando: - Putita abre que ya está aquí tu chulo. Sentir decir aquella palabra de " tu chulo", me gustó una barbaridad y enseguida se me vino a la cabeza la fantasía de pequeña, cuando imaginaba ser pupila de un burdel, ruborizándome al mismo tiempo que me ponía muy excitada, me sentía muy nerviosa, por creer que hoy Armando, quizás quisiera llevar a la práctica aquellos sueños. Por otro lado, cambiaba de opinión, al creer lo que me había dicho, que solo quería verme guapa como una mujer. Abrí la puerta y apareció Armando, que mirándome de arriba abajo, hizo que yo agachara mi cabeza por la vergüenza que me dio, por la forma como me observaba y por estar asi vestida tan exuberante a los ojos de un hombre. Armando no pudo evitar decir: - Guauuu...sabía que ibas a estar muy guapa, pero tanto no....y decir que te tenía ahí a mi vera y no te estaba aprovechando...zorrita. Que me llamara zorita erizo mi piel y me estremeció mí sentimiento de mujer, nunca pensé que un hombre me iba a decir ese calificativo, llegando incluso a gustarme. Seguidamente se sentó en el sofá y dirigiéndose a mí en plan mandón, dijo: - Venga furcia pasea delante de mí y vende tus encantos como una puta de burdel, vamos como lo que eres...ahhh y quien te dijo que te pusieras esa bata que llevas puesta? contesta. -Yo Armando, pensé que así estaría más guapa, mas recatada como una señora y te gustaría más. -Pues no. No me gusta más, todo lo contrario. Te dije que te vistieras bien puta, como lo que eres...te has equivocado. Y poniéndose de pie, se quitó el cinturón del pantalón y tras darme con él suavemente, me dijo: - Quítatela yaaaa y sigue modelando que vea como contoneas esas caderas de putón que tienes...exhíbete como lo que eres, una fulana barata. Mientras se quitó el pantalón y volvió a sentarse en aquel sofá, sacando su móvil y haciéndome un video de mis pasos por aquella pasarela, pese a que le dije que no me grabara. Acto seguido comenzó tocarse por encima de los calzoncillos su pene, el que yo veía que aumentaba de tamaño. Yo estuve paseando ante él moviendo suavemente mis caderas y mi culete, como me había ordenado y tras estar así unos diez minutos, me ordenó: - Puti ve a la cocina y trae una cerveza a tu hombre... - Si Armando, ahora mismo. Conteste. Cuando volví con la cerveza y un vaso en una bandeja, observe que delante de Armando, había un cojín en el suelo. -Sírveme la cerveza en el vaso y arrodíllate aquí delante. Me dijo con tono muy amenazante. - No por favor Armando, no me obligues a eso que soy muy joven, te lo pido por favor...apiádate de mi...por favor te lo pido. No me hagas eso…. - Te he dicho que te arrodilles ante tu hombre y no lo vuelvo a repetir. - Yo me arrodillo ante ti por supuesto y te acaricio si quieres…, incluso si lo deseas te hago una paja, pero eso noooo…..lo que estoy suponiendo que me vas a pedir, no por favor. - Todas las zorras al principio os pasa lo mismo, imploráis piedad y luego os gusta tanto que estáis todo el día con el biberón en la boca.....jajaja, que putas que sois todas. Añadió en contestación a lo que le suplicaba como una corderilla. - Vengaaaa....obedece zorrón si no quieres que te zumbe un guantazo. Tú desde hoy eres mi puta..., que lo sepas... y harás lo que a mí me apetezca. Enterada?. Contesta...te has enterado?. - Sí Armando… -Dilo fuerte que te oiga...tu que eres? - Soy tu puta. - Y qué más? - Soy tu puta y haré lo te apetezca. - Así me gusta mi hembra...que sea obediente y que tenga sabido que aquí mandan mis huevos....pues ya sabes empieza, o es que piensas que te he traído aquí, solo para mirarte...solo para que fueras mi novia…que imbécil. Aquella humillación a la que era sometida por parte de Armando, hacía que sintiera una doble sensación, por una parte me indignaba ser tratada como lo estaba siendo, pero por otra comenzaba a gustarme aquella relación de sumisión a un hombre. Algo que siempre había anhelado, pues tenía en mi cabeza la convicción de que una mujer femenina y tutelada al máximo por un macho, macho, era el deleite más placentero al que podía aspirar una mujer. Me puse ante él, me arrodille en aquel cojín y no sabía cómo empezar a tocar aquel gran pedazo de carne que embutía aquel calzoncillo, aquel pedazo de carne que iba a tocar por primera vez. Mientras seguía con su móvil filmándome y sacándome fotos, pese a mis protestas, dijo: -Perra a qué esperas...vas a pensártelo mucho, no tenemos toda la noche, ponte a trabajar yaaaa? -Aiiii Armando, pero si no puedo...a ver que hago. Déjame que te haga una “manuela” y ya está cariño. Le contesté para a ver si así me dejaba tranquila. En ese instante, haciendo un movimiento con su pierna izquierda, me propinó una patada en mi pene y en mis “huevos”, que hizo que instintivamente ante el dolor producido, me precipitara sobre su cuerpo y rozara con mi boca aquel paquete, diciéndome en ese preciso instante: - Venga puta asquerosa a mamar la polla a tu amo, como buena mamona que has de ser...o es que te da asco? Con aquel dolor recibido en mi pene y preocupada por haber oído decir a Armando que era mi amo, eché mano a aquel pollón, sacándolo del calzoncillo, notando una calentura desorbitada y como sus venas se llenaban de sangre y palpitaban como si de un ser distinto con mucha vida se tratara. Comencé a masturbar de arriba abajo aquel tiburón que cada vez se ponía más grande, notando como Armando me cogía por la nuca y arrimaba mi boca a sus testículos, diciendo: -Venga mamona, es que no tienes lengua?, lame los huevos de tu macho como una perrita en celo… Aquello me excitó tanto que me puso calentísima notando como mi pene comenzaba a crecer y mi chochete a ponerse tierno y jugoso, por lo que de manera tímida, con la punta de mi lengua roce levemente aquel glande colorado y jugoso, que olía como a agua de mar. Así una y otra vez, así podía ver y comprobar como cada vez que mi tímida lengua rozaba aquel monumento, Armando se retorcía de gusto y a mi aquello me reconfortaba. Poquito a poco, fui lamiendo toda su polla desde la base hasta la punta y masajeaba sus huevos, lo que le ponía loquísimo. - Métetela toda entera en tu boca. Dijo Armando. - Todaaa..? contesté yo. - Si toda o es que pareces sorda putón….que no te tenga que volver a repetir las cosas. Ahhh y estoy notando que te estas excitando….aquí polla no hay nada más que la mía…entendido?... así que la tuya no se puede excitar…., tu no tienes polla, tu solo tienes coño…tu eres un coño que anda, te has enterado? - Si Armando me he enterado… pero es que me estoy excitando tanto que no puedo controlarla. En ese instante volvió a darme un fuerte punta pié en mi verguita, la que estaba comenzando a levantar cabeza, de tal manera que fue tanto el dolor que recibí que enseguida se volvió a su ser, a ser un cuerpo flácido e inerte, diciéndole yo a Armando. - Aiii que dolor más grande me has provocado con tu patada, es natural que se ponga tiesa mi polla cuando estoy lamiendo un manjar como este que tengo en la mano….déjame que me pueda excitar. Armando volvió a darme otra patada y dijo: - Aquí la única polla que se excita es la mía…esa tuya te la acobardo a base de patadas… de aquí a unos días solo te servirá para mear zorrón… tu no follas más con ella, te lo aseguro…. Ante tales afirmaciones se me ocurrió preguntar: - Cómo de aquí a unos días….no decías que esta noche tras estar contigo me dejarías ir a mi casa. - Jajajaja….enseguida. Tu serás para mí para siempre….no puedo dejar que te coja por ahí un chulo y te ponga a trabajar para él en la Casa de Campo o en algún puticlub. Yo te cuidaré y estarás a mi disposición como mi querida. Comencé a llorar porque me estaba dando cuenta en la que me estaba metiendo y el rímel comenzó a corrérseme, por lo que Armando que tenía el cinturón sobre el sofá, lo cogió y dándome dos o tres lapazos, me dijo: - Puta déjate de mamandurrias y lloros…las putas no lloran, solo trabajan….y tú estás perdiendo el tiempo, saca la leche que hay en la polla que tienes delante yaaaa….si no quieres que te mate a palos, zorrón. Me cogió por la nuca con una mano y con la otra, tapó mi nariz obligándome a abrir la boca, la que una vez abierta, fue penetrada por aquel pollón caliente y grueso que entraba y salía como un resorte. La presión de aquel tiburón en mi boca, me llegaba hasta la campanilla y en ocasiones, intentaba llegar más para dentro, lo que me producía ciertas arcadas. El sabor salado de aquel rabazo y su olor intenso a macho, me hacía ponerme cada vez más apasionada. En el fondo el trabajo de aquella polla, me estaba gustando más por momentos. El estar allí sometida y humillada ante aquel falo, como una linda y sumisa hembra que atiende y da el placer solicitado por su hombre, en definitiva, por su dueño, me reconfortaba como mujer y como persona, pues venía a ser, lo que llevaba muchos años queriendo, ser una mujer en todo y por todo. Cuando llevaba casi diez minutos me soltó la cabeza. Yo había perdido ya la noción de lo que estaba haciendo y me entregaba como una loquita mamoma, en aquel trabajo de chupar, succionar y lamer aquel rico miembro, el que cabeceaba con intensidad cuando sentía mis masajes. Mi pene intentaba ponerse erecto, pero yo hacía todo lo posible porque no se pusiera, aunque aquella labor me gustaba tanto, que era prácticamente imposible poder controlarlo. Armando, continuamente me sacaba fotos con su móvil y pateaba de forma leve lo que él llamó mi clítoris, para que no creciera y para que yo, no lo dejara creer. Aquel orgasmo interno y controlado que no me dejaba exteriorizar, me hacía mostrar una intensa fogosidad y calentura, propia de la mujer más ninfómana. Aquel rabo se ponían ya indomable y su dueño se retorcía de gusto, cada vez que movía mi cabeza para darle placer. Noté como su cabeza se dilataba y contraía a un gran ritmo y cuando se iba a venir, lo intenté sacar de mi boca, pero Armando lo impidió volviéndolo a introducir. De repente, note como aquel pollón empezaba a rociar mi boca, con un líquido casi pastoso por su intensidad, caliente que casi quemaba, con sabor como a mantequilla, pero más sabroso y además dulzón, no sé, algo exquisito que saboreé y paladee durante un rato, hasta que Armando me dijo: - Me gusta que mis mujeres se traguen mi leche y tú no vas a ser menos, guapetona…trágate y veras como te sienta bien y quedarás con ganas para otra vez… Hice lo que me dijo mi hombre y trague aquel néctar delicioso, que me sorprendió por lo rico que estaba, pues nunca antes lo había probado. Acto seguido comencé con mi lengua a limpiar la cabeza de aquella linda polla y a tragarme los restos de leche que succionaba. Mi actitud le encantó a Armando, quien me dijo: - Me estas volviendo loco putita, jamás creí que ibas aprender tan rápido y que lo ibas a hacer tan bien. Eres de las mejores putas que he conocido...me gusta tu actitud. Anda ve y trae papel higiénico y termina de limpiar bien mi polla, después arréglate que con los lloros y las lamidas, se te corrió la pintura de los ojos y la boca. Hice lo que me había ordenado Armando y tras concluir con mi labor, dándome un manotazo en el culo, me dijo: - Pues ahora zorra a servirme la cena….que tú ya has cenado….jajajaja…pero yo no. - Que deseas que te prepare?...pregunté. - Una tortilla con jamón y tomate que hay en el frigorífico…, ponte el delantal no te vayas a quemar…y tráeme para beber tinto. Empecé a preparar la cena y él mientras veía la televisión atentamente. Cenamos los dos juntos como si fuéramos marido y mujer y aquella situación me atraía. Siempre también soñé con ser algún día la ama de casa, encargada de la limpieza y del hogar, que espera la llegada de su hombre, del rey de la casa, al que debe atender con dulzura y encanto en todo lo que él le pida. Él de vez en cuando, me tocaba y me abrazaba, manteniendo conmigo una fluida conversación, que me hacía ponerme muy sensual, durante la charla se interesó por mi. - Desde cuando te sientes mujer? Preguntó Armando. - Y eso que importa ahora, me siento mujer y ya está, contesté yo. - Seguro que desde siempre y seguro que has tenido engañados a tus padres, mis buenos amigos Juan y Soledad, quienes ignoran tus preferencias y deseos. Verdad? Dijo Armando. - Y qué más da Armando. Lo importante que estoy aquí ahora contigo y que ya no soy Juanito, sino una linda mujer a la que tienes a tu disposición….contesté. - Con cuantos has estado antes de estar aquí conmigo? dijo Armando. - Tu eres el primero, contesté. - No me lo creo. Nunca has comido un rabo?...no me lo puedo creer…si lo haces mejor que una puta profesional…yo he estado con muchas que no me han dado el gusto que tu me acabas de dar…se ve que es algo que llevas innato, … nunca estuviste con un hombre? Volvió a preguntarme. -Te he dicho nunca, Armando, y nunca es nunca…la primera pija que he tenido en mis manos, ha sido la tuya…jamás había tocado un trocito de carne más rico…y menos lamerlo. Le contesté yo. - Ni con mariconas como tú?. Insistió. - Te he dicho que no. Ni con travestis, ni con ningún hombre, ni con ninguna mujer, ni con mariconas como yo…, como tú dices. Soy virgen en todo y por todo cielo. Contesté. Armando abrazándome por la cintura y poniendo una de sus manos sobre mi entrepierna, me dijo: - Sabes.., como mujer eres maravillosa y me gustaría tenerte a mi lado para siempre…he pensado… que no volverás a pisar más el bar para poner copas a nadie…tú las copas que tengas que poner…solo me las pondrás a mi… a tu hombre…a tu marido…a tu chulazo, yo te mantendré y no te faltará nunca de nada…permanecerás aquí en mi casa hasta que vuelva Adela del pueblo… después alquilaré un apartamento para ti…donde te visitaré y estaré contigo…Que te parece? - Ser mujer es algo que siempre he tenido en mente y por eso decidí venir a Madrid…, pero tan joven atarme ya a un hombre no era la idea que yo tenía. Le contesté y aquello no le gustó para nada. Me soltó enseguida y eso que estaba gustándome un montón, sentir como me aprisionaban aquellos dos robustos brazos; pero ante mi contestación se enfadó y subiendo el tono, volvió a salirle el macho duro que llevaba dentro y que a veces me gustaba también una barbaridad y dijo: - Tu harás lo que yo te mande….enterada?... no te ha gustado como te he follado esa linda y sabrosa boquita que tienes? ….Tú vas a ser mi mujer…, bueno mejor dicho mi querida, mi putita, puesto que a Adela no puedo dejarla a estas altura de mi vida…, estarás ahí siempre para cuando yo desee estar contigo…, quieras o no…. Te enteras? .. así que ya lo sabes… - Pero Armando, yo soy muy joven aún y no me puedo atar a una relación como la que me estas proponiendo, lo debes de comprender. Contenté. - Tu harás lo que yo te diga…- añadió Armando-, serás mi mujer en la calle cuando quiera llevarte por ahí de paseo…, mi sirvienta en mi casa para tenerla limpia y preparar de comer…y mi putita en mi cama y si quieres volar vuela…pero serás para siempre la maricona de nuestro pueblo y tus padres lo pasaran seguro peor que tu….cuando vean tus fotos comiéndome la polla…cuando te vean babear mí lefa y saborearla...lo has comprendido?...así que tu verás?...., bueno…cambiando de tema, siempre no puedo estar llamándote puta o putita…que nombre utilizas cuando te reencarnas en pretty girl?. - Y eso que es? exclamé yo. - Tía Buena burraca…hay que ir cultivándose un poquito. Dijo Armando dándoselas de ilustrado. - No suelo utilizar ningún nombre…contesté haciéndome la enfadada. - Pues serás de las pocas, todas las maricas locas tienen uno…y como te gustaría llamarte? dijo Armando. - Me da igual…llámame como tú quieras, no te pertenezco,…pues ponme el nombre que desees como si fuera tu esclava…respondí yo. - No pretendo tener una esclava…., deseo tener una mujer como me gustan que sean las mujeres…., de las de toda la vida…, yo creo que a vosotras también os gusta el trato áspero y duro…lo sé por Adela y otras mujeres a las que he tratado…. Volvió a arrimarse a mí y a acariciarme como si fuera una gatita, me besó en la cara y en lamió mis tetitas y después me beso en la boca, introduciéndome su lengua, lo que me hizo ponerme muy calentita otra vez, alisándome el cabello me dijo: - Anda perrita no seas así…, no te enfades bombón…, estás guapísima y te pones muy fea…me ha encantado besarte beses muy bien…a ti te ha gustado? - Si mucho…, así me gustaría que me trataras siempre y entonces…contesté yo. - Entonces qué? Dilo… - No me importaría ser tu querida como tú quieres…., con derecho a pelear con Adela por ti…contesté. - Tanto te gusto? Me preguntó. - Me gustas y me podrías gustar más…, ahora mismo estoy muy ilusionada contigo…, es el primer hombre que conozco. Tras mi respuesta volvió a abrazarme con fuerza y a susurrarme en el oído: - Tú me vuelves loco zorrona…., ves si tuvieras un nombre… no tendría que llamarte zorra… A lo que le contesté: - La verdad que un poco sí que me gusta que me llames zorra, furcia, puta, putita…, cuando me llamas así, algo se me estremece por dentro y me gusta… Y enseguida me interpeló: - Bueno está bien…., pero putón como te gustaría que te llamara? - Yolanda….le dije. - Yolanda no me gusta…-dijo Armando enseguida-, te llamaras Lorena, es un nombre que de haber tenido una hija, se lo hubiera puesto… así que Lorena, entendido? - Sí mi amo…, le contesté lo que no le gustó mucho por la expresión que puso en su cara y me contestó - Déjate de coñas conmigo. Lorena recoge la mesa y vente aquí que quiero proponerte otra cosa… vale? Hice lo que me había dicho Armando y tras pasar por el baño y acicalarme un poquito, me dirigí al salón donde se hallaba ya sentado en el sofá. - Siéntate aquí, sobre mis piernas…me dijo. - Sobre tus piernas?....uiii que peligro tiene eso. Contesté. - Siéntate ya jodía y no hagas más el tonto… increpó Armando. Estando sentada sobre sus piernas el comenzó a acariciarme y a sobarme por todos lados. Me introdujo su mano bajo mi braguita y comenzó a ordeñar mi clítoris como él lo llamaba. Al rato, aquel pizarrín iba tomando forma, ya que entre las caricias y la masturbación me estaba poniendo a mil. Me quitó el sujetador y comenzó a lamer mis pezones, poniéndome aquellos lametones muy tontita, como una pantera en celo. Cuando mi pollita se puso casi erecta, me mandó levantar, cosa que hice al instante y por detrás, agarró mi rabito y comenzó a estrangulármela como si intentara introducirla en mi propio culo. Al tirar hacia atrás con fuerza, aquello me producía un dolor grandísimo, comenzando a chillar como chilla una cerca cuando va al matadero. Aquello hacía que yo para evitar el dolor, me inclinaba cada vez más hacia adelante, dejando mi chochete cada vez más al descubierto. Así cogida, osea con mi polla hacia detrás fuertemente cogida, Armando, me empujó y me hizo caminar inclinada hacia la mesa sobre la que habíamos cenado y dejando mi tronco caer sobre ella, tirándome más fuerte de mi rabo hacia detrás, se echó encima de mí, me retiró a un lado el hilo del tanga y empezó a presionar con su polla sobre mi coñito. Le suplique y resuplique que no me follara, que no violara, que era virgen y me iba a causar destrozos y lesiones. A lo que contestó: - Tu virgo como tú, también me pertenece y por lo tanto, te voy a desvirgar ahora mismo, tengo que aprovechar el momento, eso es lo que hace un buen macho, aprovechar el momento y aprovechar la primera noche que tiene a su mujer a su disposición, la noche de bodas, hoy para nosotros es nuestra noche de bodas, no? Así que calla, disfruta si puedes y coopera para recibir mi polla…, una mujer como tu pretendes ser, estaría encantada por ser desvirgada por su hombre, has lo que te digo, osea colabora, porque en otro caso, te será más doloroso…. - Ayyy por favor no seas así de burro…lubrícame un poquito por lo menos…, mi coñito no podrá tragar ese trabuco que tú tienes a pelo…, no podrás volver a usarme en un buen tiempo, por los desgarros…no me hagas sufrir cariño… por favor…. me está doliendo mucho. De improviso dio un fuerte empujón y se metió dentro de mí, yo pensé que me moría de dolor que notaba en mi coñito y en todas mil nalgas, los alaridos que daba tuvieron que oírse en todo el barrio, gemía, chillaba, lloraba, me retorcía de dolor, pero él solo atendía al placer que aquel chochete nuevo le reportaba. Una vez la tenía toda dentro de mi vagina, seguía barrenándome una vez y otra, yo ya totalmente vencida sobre la mesa, lo que le servía a él para presionar de mí hacia sí, hacia aquella vara gorda y dura que yo notaba dentro. Agarrándome fuertemente de mis hombros y dando empujones hacia mi coño, creía que me iba a partir en dos. Yo notaba un calor sofocante, como si me hubieran metido por mi chocho un hierro ardiendo. También notaba como sus huevos daban sobre mis nalgas y como un líquido impregnaba aquella zona. De pronto él empezó a resoplar y a dar fuertes gritos, hasta que note una gran descarga de líquido en mi vagina, mientras barrenaba más intensamente y más fuerte y después, iba bajando la intensidad. Tras saturar mi chocho con un río de leche, Armando cayó rendido sobre mi espaldas en aquella mesa, donde me había casi violado. Me besaba el cuello, la nuca, la espalda y me pedía perdón por habérmelo hecho de aquella manera y alababa lo mucho que le había gustado y el placer que mí vagina le había proporcionado, llegando a decir que tenía un tesoro entre mis nalgas. Saco su picha de mi chochete y se incorporó, ayudándome a mí a incorporarme, observando yo como su polla estaba totalmente impregnada de un líquido rojizo, semen y sangre consecuencia de mi hemorragia. Me toque mi vagina y toda la mano se me llenó de una gran cantidad de leche que se me salía de mi coño y también pude observar, como sangraba como una corderita. Estaba totalmente reventada. Armando me dijo ve al baño, coge una toalla y vienes y me limpias mi polla, no me gusta verla así. Yo le dije que antes debían de limpiarme yo y tratar de contener mi hemorragia, que me corría la sangre por las piernas. Me indicó donde Adela, su mujer, guardaba un botiquín y compresas. Me lavé bien mi coño y después me lo cure con los productos que había en aquel botiquín. Después me puse una compresa y presione muy fuerte, poniéndome unas bragas con el fin de contener la compresa. Seguidamente cogí papel de cocina y con delicadeza y esmero, limpie la polla de mi hombre y cuando termine, me volvió a besar en la boca dulcemente y dijo: - Lorena tienes el coño más bonito y rico que probé nunca…, eres un pibon del que voy a disfrutar como un enano….. - Sí pero no te puedes imaginar cómo me has dejado el chocho…, totalmente partido y lesionado… no podré follar en un mes…. – le contesté. - Anda no seas exagerada….- replicó Armando- y acto seguido me ordenó que fregara los platos y después que me duchara, que él me esperaba en la cama donde debería ir totalmente desnuda y guapa. Así lo hice, fui a la cocina me ocupe de limpiar los cacharros que habíamos utilizado y después me pase al baño, donde me quite la compresa y vi que la tenía totalmente impregnada en sangre, volví a curarme la zona lesionada, aunque me dolía una barbaridad. Me duche y me arregle el maquillaje, mientras Armando a voces me reclamaba y decía que estaba tardando. Cuando termine me fui hacia el dormitorio, donde Armando me esperaba. Me había puesto unas bragas de aquellas antiguas recatadas y de las llamadas cuello alto, bajo las cuales, llevaba puesta otra compresa, ya que no dejaba totalmente de sangrar, y me puse también, la bata transparente que al principio tuve puesta. Andaba como un pato, pues el dolor que tenía en mi coñito era exagerado y no me permitía andar con normalidad. Armando se rió de mí y dijo otra burrada: “ya me explico por qué a los maricas como tú, le llaman patos” y soltó un carcajada. Yo me cabree mucho, pues le dije que de mi dolor no debería mofarse. - Ven putita…métete en la cama conmigo….te voy a tratar esta noche como una reina…guapa que eres muy guapa…te voy a acariciar como una hembra rica. –contestó Armando. Me iba a meter en la cama con la bata que traía puesta y me ordenó que me quitara la quitara. Ya en la cama, comenzó a rozarse conmigo y a abrazarme con mucha fuerza. Yo me sentía una muñequita en brazos de un fortachón. Me dijo que estaba muy guapa y que era feliz teniendo una hembra hermosa como yo. Intentó convencerme para que volviéramos a hacer sexo, pero yo le suplique que me dejara tranquila, que estaba muy dolorida. Esta vez me hizo caso y me dijo que me diera la vuelta y en la postura de la cucharita, se durmió placenteramente, totalmente aferrado a mí. Mientras yo seme saltaron las lágrimas como una tonta, acordándome de lo que había vivido aquella noche, aunque por otra parte, me sentía muy satisfecha por haber sabido complacer a un hombre, igual o mejor que cualquier otra mujer. Ello me llevo a pensar en barajar la posibilidad de continuar con Armando, pues si bien era un bruto, luego me acariciaba, me quería, me apreciaba y me trataba en ocasiones con delicadeza, como si yo fuera su mujer. Lo vivido con Armando durante más de tres años, da para escribir un libro, pues me hizo conocer el sexo en todas sus facetas y me hizo vivir experiencias inolvidables.

Autor: lorenahem Categoría: Transexual

Leer relato »

Devora y su chocolate

2019-09-20


Hola soy devora actualmente vivo en mexico soy trans de closet delgada blanca mido 165 con tacones. Hace un tiempo estuve viviendo en estados unidos tenia 19 años y desde que tengo uso de razon me facina usar ropa de mujer me siento sexy cada que llegaba de la escuela me vestia con mini vestidos lenceria sexy tacones y me maquillaba tengo mucha ropa tacones y lenceria me facina verme y modelar un poco. Pero tenia ganas de estar con un hombre que me iciera mujer un dia me puse ropa interior femenina y me vesti normal sali a hacer el super cuando regresaba a casa a tres calles me abordo un hombre y me pregunto que si podia usar mi telefono por que lo avian robado le dije que fueramos a mi casa ya que lo tenia cargando y combersamos un poco el se llama cris alto afroamericano. Llamo a su familia y pasarian por el en mi calle a los dias tocaron ala puerta y era el lo invite a pasar yo tube varios sueños que me hacia su mujer. Le invite unos tragos y comversamos yo no podia dejar de fantacear con el. Entro al baño y olvide sacar unas tangas que tenia ahi el pregunto que si eran de mi novia y ya con unos tragos encima le dije que no que eran mias el sorprendido me niro y dijo como? Si me gusta usar ropa de mujer. Ufff ya decia yo que ese cuerpo que tienes lo lucirias mejor de mujercita. Este era el momento y le dije quiero que me digas que tal me veo bueno si quieres? Claro. Fui a mi abitacion me puse un liguero rosa medias un vestido muy ajustado para realzar las curvas de mi cuerpo peluca y me maquille unos tacones muy altos de 15cm y sali. Como me veo? Waaaooo estas divina que cuerpazo. Me sonroje y camine a sentarme me contoneava para provocarlo dio una vuelta y seguimos charlando y tomando. El no me dejava de ver las piernas y cuando me le vantaba sentia su mirada en mi cuerpo y yo mas me movia. Puse musica y senti sus manos que me abrazaron por la cintura por detras me repego su pene y se sentia duro me dijo al oido. Me gustaria hacerte mi mujer preciosa le repegue el culo en su pene y respondi eso quiero papi. Besaba el cuello y me recorria completa yo no podia con tanta lujuria acaricie su bulto y algo enorme se sentia. Papi lo tienes enorme!!! Quieres verlo princesa. Me inque frente a el baje el cierre y desabroche el pantalon. Ooooo dios que enorme chocolate. Es todo para ti. 23 cm y muy grueso. Le di unas lamidas a la cabeza y lo recorri hasta sus huevos toda mi cara era su pene. Que deliciosa mi primera vez y me toco la mejor. Te voy a partir el culo para que me pidas diario putita. Se la chupe un rato sabia raro y me decia. Mirame puta como me aces gozar. Me levanto y me lamio mi culo yo setia su lengua como etraba saque un condon pero no le quedo y le dije pues sera asi sin condon me enpino levanto en vestido y izo a un lado mi tanga y comenzo a pasearme su enorme pene en mi ano. Yo estava super caliente y le dije. Papi ya damela te quiero sentir dentro hasme tu mujer porfavor. Eso zorrita suplica. Senti un empujon y entro la cabeza. Aaaaaaaaaayyyyyy!!!! Papi lento porfavor. Abre tus nalgas mami. La dejo poquito dentro y el dolor pasaba la saco y escupio en mi culito y de nuevo. Aaaaaa wwwwaaaaaooooo ciento como me abre el culo papi. Me la ensarto muy lento hasta el fondo y la dejo asi. Aaaaa que culo tan apretado me estas casi haciendo venir de lo rico que aprietas y me dio una nalgada. Yo no podia ni hablar por debajo acariciava sus huevos y el lo erectava mas. Ahora si perra eres mia. Siiii toda tuya papi aaaaaayyyy que delicia. Y empezo a meter y sacar mas y mas. Haaaaaa siiiiiii esoooo siiiiii hasme sentir mujer dame asiii riccoooo papi no paressss siiiiiii masssss. Sentia todo su pene cm a cm al entrar y salir como chocavan sus huevos en mi y sus nalgadas que me hacian moverme tambien incremento la velocidad. Aaaaaa sssiiiiiiiiiii papi duro abreme el culito siiiiii aaaaaaaaaa que delicia. Te gusta perra. Si papi dame duro. Asi duro 25 minutos y seti unos chorros de leche caliente en mi y me dijo. Te quiero dejar preñada putita. Descargo todo dentro y lo saco me escurria el semen por mi culo y se lo chupe Para dejarselo limpio y le dije quiero provar tu semen y segui chupando hasta que se volvio a venir me los echo en la cara y con su pene me los dio en la boca estan deliciosos papi. El sigue siendo mi macho hoy en dia vivo con el como su mujer y me presume cuando salimos le gusta que vean a su sexy hembra.

Autor: Devora Categoría: Transexual

Leer relato »

Azucena, una compañera de oficina caliente

2019-09-16


Recuerdo que apenas había pasado un mes desde que empecé a trabajar para esa empresa. Un día, estando en la oficina arreglando una base de datos con la secretaria, entro una Sra. que jovialmente saludo a la secretaria y se pusieron a conversar. Mientras charlaban, note como la señora me hacía ojitos disimuladamente. Al irse, le pregunte a la secretaria quien era ella. Me comento que se llamaba Azucena y que trabajaba en la sección de planillas de la empresa. Un día me la encontré en la cafetería y terminamos comiendo juntos todos los días, cosa que aproveche para conocerla mejor. Azucena tenía 40 años, vivía sola, trigueña, de cabello corto castaño, algo gordita, un buen par de tetas, aunque algo falta en nalgas. Sin embargo, había algo que me ponía caliente respecto a ella. Un día, conversando con una compañera de trabajo, me entere que Azucena tenía fama de mujer fácil entre los compañeros. Un día, camino al trabajo, me la encontré esperando el bus en una parada y viendo que por lo visto, había perdido el bus de la hora, le di un aventón. En el trayecto, conversando pude notar que venía muy guapa, blusa blanca, saco y minifalda azul marino. Le pregunte a que se debía la ocasión y me comento que tenía una reunión importante y había que ir vestido profesionalmente. Me pregunto si así estaba bien, así que aproveche para decirle que se veía muy bien, cosa que la hizo sonrojar. Varias veces en el camino me pillo chequeándole las piernas. Cuando llegamos al trabajo, me dio un beso en la mejilla y me dijo que me veía en el almuerzo. Me pase toda la mañana pensando en Azucena y en esas piernas que me llamaron tanto la atención. Al mediodía, mientras comíamos y veíamos una revista que tenía consigo, se le cayó un papel que fue a parar debajo de la mesa. Cuando me agache a buscarlo, me quede un rato viendo las piernas cruzadas de Azucena un poco más de cerca. Justo en ese momento, las descruzo y las abrió de par en par, dándome una vista subliminal de sus bragas celestes. Como había demasiada gente en la cafetería en ese momento, me levante para no despertar sospechas. Cuando reanudamos la conversación, me pregunto si había visto algo que me hubiera gustado y le respondí que le quedaba bien el color celeste. Azucena me lanzo una sonrisa pícara cuando fuimos interrumpidos por otro compañero que quería sentarse en la mesa. Un viernes, faltando poco para salir, la secretaria de la oficina me llamo. Al parecer, tenía que venir el sábado a una cuestión de las hojas de tiempo de la oficina, pero también tenía una actividad en la escuela de la hija y que no podía faltar. Me pidió el favor de cubrirla al día siguiente con lo de las hojas de tiempo, ya que yo también tenía experiencia con la base de datos. Al principio lo pensé un poco, pero cuando me dijeron que me lo cargaban como sobretiempo, acepte sin problemas. Ese día, me dirigí a la oficina de planillas. Como no era día de oficina, todo el mundo estaba vestido bien sencillo. Azucena, que no dejaba de hacerme ojitos y sonrisas coquetas, llevaba puesto un vestido de verano verde, que al cruzar las piernas se le veían todos los muslos. Desafortunadamente, no me tocó ver lo de las hojas de tiempo con ella, pero desde donde estaba, podía verla cuando cruzaba las piernas todo el día y de vez en cuando, como abría las piernas para dejarme ver las bragas negras que tenía puesta. Al finalizar la jornada, me pidió el favor de darle un aventón hasta la ciudad. Al sentarse en el carro, el vestido se le corrió bastante, dejando la mayor parte de sus muslos descubiertos. Íbamos hablando de todo un poco y cuando llegamos a la ciudad, me pregunto si no era mucha molestia que la dejara en su domicilio. Viendo mi oportunidad, accedí y siguiendo sus instrucciones, llegamos a su apartamento. Nos quedamos conversando un rato en el carro hasta que finalmente me invito a subir a conversar, tomarnos unos tragos y quien sabe dijo. Nos sentamos en el sillón mientras conversábamos como siempre. Me pregunto si la encontraba atractiva y le respondí que sí. Se acercó a mí y me dijo que se había vestido así para mi justo antes de darme un beso en la boca. Mientras nuestras lenguas jugueteaban, mis manos apretaban sus tetas y su mano sobaba mi paquete y trataba de bajarme el zipper. Al quedar mi pene libre, se arrodillo frente a mí y empezó a mamármelo. Recorría mi pene con su lengua de arriba abajo y de vez en cuando me lamía los huevos y me los sobaba. Alternaba haciéndome una paja y mamando hasta que no aguante más y me corrí en su boca. Se lo trago todo y me siguió pajeando mientras me decía que le gustaba el sabor de mi semen y que era mía para lo que yo quisiera. Al rato de estar así, mi pene se fue poniendo duro de nuevo, entonces me dijo que quería que conociera su cama. Me guio hacia su cuarto agarrando mi pene con su mano. Una vez dentro, me pidió que le ayudara con su vestido. Le desabroche la parte de arriba y le quite el sujetador. Azucena se quitó el vestido quedando solo con la tanga negra. Se acostó en la cama y se abrió de piernas. Me acomode y procedí a quitarle la tanga. Se la quite con fuerza y pude notar que estaba completamente rasurada y mojadísima. Hice que se levantase un poco y le puse una almohada debajo para tener mejor acceso. Empecé a lamerla empapando mi cara en sus jugos cuando me apretaba la cabeza contra su concha. Al rato me dijo que no aguantaba más y que la penetrara. Se la metí de un solo golpe y empecé a bombearla con todas mis fuerzas. Solo se escuchaba los gemidos de Azucena y el rechinar de la cama. Azucena rodeo mi cintura con sus piernas y sentía como su pelvis se meneaba sincronizándose con mis embestidas. Finalmente no pude más y termine viniéndome dentro de ella. Sudados, me separe de ella y quede sentado frente a sus piernas abiertas viendo mi leche chorreando de su enrojecida concha. Se pasó un dedo recogiendo rastros de mi semen y se lo metió en la boca, diciéndome lo delicioso que era. Quedamos acostados juntos abrazados mientras Azucena me agarraba el pene y me lo frotaba una y otra vez. Todavía quería guerra y yo estaba dispuesto a darla.

Autor: Beast Categoría: Transexual

Leer relato »

El regalo de mi vecina

2019-09-16


Vivo en Ibiza, en un bloque justo encima de la playa y donde en invierno apenas queda nadie. Pero una de las vecinas fijas como yo es una mujer de unos 40 años, con un cuerpazo de gym, tetas operadas perfectas y una carita de angel preciosa. Morenaza de pelo y tostada de piel. Mucho sol desnuda todo el año. Es divorciada y se le nota el dinero en cada prenda que lleva, siempre vestida ideal, muy sexy. Siempre la tuve por bi porque he coincidio varias veces con ella tomando de la mano a una monitora jovencita de fitness muy descarada, más alguna chica ocasional que suele llevarse a su casa. Vive en el ático, un piso impresionante con una terraza increible y unas vistas maravillosas. Nos saludábamos al cruzarnos pero sin mas, aunque reconozco que siempre me despertó morbo. Hasta que un día, llegando yo al parking de casa la vi bajando varias bolsas de su coche. Aparqué, bajé, me acerqué y me ofrecí a ayudarla. Ella asintió sonriendo y así la acompañé hasta su piso ahorrándole un viaje. Hablamos durante el recorrido del ascensor, de hecho nos presentamos porque ya digo, siempre nos saludábamos pero nunca habíamos tenido una conversación. Entramos en su piso, y ya pude ver que era súper moderno y decorado con un gusto exquisito. Dejamos las bolsas en la amplia cocina y me ofreció una bebida pero yo había quedado y no me podía demorar más. Entonces ella se acercó y poniendo su mano en mi brazo, como en una caricia, me invitó a cenar la noche que quisiese para agradecerme y según ella conocernos más. Vi perfectamente a la depredadora desplegar todo su encanto y me sentí halagada e intrigada. Así que quedamos a la noche siguiente. Subí con un vestidito corto blanco que realzaba mi moreno, abierto de espalda y escotado. Casi nunca llevo bra, ventajas de las tetas operadas y porque además me gusta que se marquen los pezones y ver las reacciones de la gente tratando de no mirar descaradamente, o sí. Un tanguita blanco y unas sandalias de tacón verdes a juego con un bolsito de mano completaban mi vestuario claramente intencionado. Me abrió ella misma, tenía una chica de servicio pero le habia dado la noche libre. Fantástica, con un conjunto de a****l print de leopardo, falda corta y blusa muy desabotonada que dejaba ver un bra de encaje marrón oscuro que apretaba sus pechos y realzaba un canal tremendo inacabable. Sus sandalias marrones de tacón finísimo dejaban ver unos pies preciosos y perfectamente cuidados. Mi manipedi era negra, un color que siempre me ha gustado sobre todo por la noche. La suya roja. Rápidamente me ofreció una copa de champán e hicimos el primer brindis "por nosotras", aún de pie. La cena estaba preparada en la mesa baja del salón, con los sofás y ahí nos acomodamos, ella a mi lado. Qué pinta todo, mmmm, un surtido de marisco y un platito de jamón que tenía una pinta bárbara. Y así empezamos a comer, qué disfrute y las copas de champán que no paraban de caer. Todo ello y que realmente era encantadora fue creando un clima de complicidad y buen rollo que nos fue relajando y dando confianza a medida que avanzaba la velada. Casi inconscientemente nos fuimos acercando y estábamos ya hablando una pegada a la otra, las caras muy juntas cuando ella dio el primer paso, me tomo la cara con sus manos, se paró un instante mirándome fija sonriendo, esa sonrisa irrechazable, y me plantó un beso húmedo, largo, intenso en mi boca ya ansiosa de la suya. Retiró la mesa y empezamos a enroscarnos en un beso tras otro donde las manos empezaron a buscar en el cuerpo de la otra. Yo apreté sus tetas, hacía mucho rato que lo estaba deseando, ufff, duras y enormes, los pezones se notaban a través del fino bra y estaban totalmente excitados. Y ella fue directa a mi bulto ya enorme debajo de mi vestido, yo iba a apartarme no sé quizá temiendo tener que darle una explicación cuando ella me lo agarró con fuerza, me mordió el labio y me susurró "ya lo sabía, he soñado con ella muchas veces". Sin dejar de besarme apartó el tanga a un lado, la sacó ya prácticamente erecta y empezó a acariciarla despacio por todo el tronco. Se apartó de mi boca, la miró dura, gorda en su mano, 23cm toda depilada, preparada para todo y sin decir nada se agachó para metérsela en la boca y empezar así a chupármela, mmmm y cómo la chupaba... Yo me empecé a sacar el vestido por arriba quedándome totalmente desnuda poque ella se había encargado de mi tanga sacándolo por abajo, tiré las sandalias y puse los pies en el sofa, abierta de piernas, dándole todo el espacio para hundir su cabeza y tirándome hacia atrás sin dejar de mirarla ni un segundo. Ella, hábil, se había ido desnudando a su vez mientras seguía mamándomela y tragándola hasta la garganta quedándose sin ropa, arrodillada, sin soltar mi rabo ni un segundo. Desde el primer momento vi que era dominante y a mi que me encanta cambiar de roles me pareció delicioso. La contemplaba hacer y vaya cuerpazo, ni un gramo de grasa, la piel perfecta y el olor que desprendía mmmm, era embriagador. Entonces se irguió, no dejaba de sonreir, nuestros ojos conectados y fue la primera vez que la contemple así, desnuda, de pie, de cuerpo entero. Ahora veía las tetas enormes, una 110, perfectas con los pezones gigantes, el vientre liso, y el coñito, madre mía ese coñito !. Todo depilado, precioso, hinchadito y con un corazón tatuado al costadito de la cadera. Me había quedado hechizada, ella se quedó así unos segundos dándome ese placer de la contemplación cuando de repente se subió de pie al sofa y apoyándose en el respaldo con sus brazos uno a cada lado mía, plantó su coñito en mi boca. Mmmm no sabía si era yo la que movía la boca, la lengua chupando, lamiendo mordisqueando todo o era ella que lo frotaba en mi cara. Un poco de todo imagino, cada una ayudando a la otra. Se empapó enseguida y yo no dejaba de tragar todo, de tratar de secarlo con mi lengua cuando lo único que provocaba era que se empapara más. No sé cuánto rato pasó ni cuántos orgasmos tuvo, pero no podía dejar de chupar como una poseida. Y ella sin parar de jadear, gemir, casi gritar y apretando mi cabeza contra su coño sin dejar retirarme, cosa que jamás habría hecho por cierto. y una vez más tomó la iniciativa y se bajó del sofá, yo estaba durísima, con mi polla chorreando de precum, increiblemente excitada. Fue a buscar una caja envuelta de regalo y esta vez riendo abiertamente me dijjo "te he comprado un regalo". Yo intrigada, expectante, ella comenzando a desenvolver la caja. Cuando la abrió, mmmm, sacó un arnés con un rabo precioso de 25cm. Me dijo "te gusta?" yo con la boca abierta, babeando, dije que sí y sin demora alguna empezó a ponérselo. Qué visión, aquella diosa con aquel pene gigante y dispuesta a romperme el culo. Supe lo que quería y me puse a cuatro en el sofá. Ella lubricó aquel pollón con el contenido de un frasco que venía en la caja y se situó detrás mía, mmmmm, noté cómo apoyaba la cabeza en mi ano. Cerré los ojos, relajé el culo, separé más las piernas y esperé ... y poco a poco fue llegando, uuffff, la notaba entrar, abriendose paso, poco a poco, sin retroceder, la oía excitada diciéndome cosas, elogiando mi culo, diciendo que me lo iba a partir, llamándome puta, perra. Notaba mis entrañas abrirse, por suerte lo tengo bien entrenadito y sabía que la recibiría entera sin problemas y así pasó. Al fin estaba toda dentro, y ella empujando para meterse aún más hasta que llegó al tope, el cinturón clavado en mis nalgas. Y fue cuando con una pericia tremenda empezó a follarme, qué ritmo, mmmm, era brutal. Así muchísimo rato mi culo abierto aguantando las embestidas de aquella amazona experta hasta que la oí correrse follándome, soltando un alarido alucinante, fue increible. Mi polla dura no pudo aguantar más y empezó a largar chorros y chorros de semen encima del sofá. Era de piel así que ya había previsto que no lamentaríamos nada. Ella viéndolo me bombeaba más duro más rápido y eso provocaba más leche aun. Al final cuando dejó de salir, quedamos las dos exhaustas y ella se tumbó en mi espalda, con el rabo entero aun dentro. Mis piernas a duras penas aguantaban en esa posición de a cuatro. Y fue cuando se salio, muy poco a poco, disfrutando del momento y haciéndome sentir cada centímetro que me sacaba y una vez fuera me tomó de la mano y me acomodó a su lado, de rodillas en el suelo. A la altuta de nuestras caras, en el sofá, había un charco enorme y otros más pequeños de mi semen, blanco, espeso, seguramente tibio aún. Me besó en la boca y después empezó a chuparlo en el sofá, invitándome a acompañarla. Mmmm no podia esperar eso, bueno, hubo tantas cosas que me sorprendieron, una más. Alternábamos lamer la leche, con besarnos y jugar con ella en nuestras bocas. Era increible cómo me había domesticado a su gusto y hacía de mí lo que quería. Yo feliz, cerda como nunca, gozando cada segundo. La noche siguió ...

Autor: Golosona27 Categoría: Transexual

Leer relato »

El internado

2019-09-15


Mi juventud en un colegio de élite. Mi nombre es Valeria tengo 31 años y vivo en Barcelona aunque no siempre fue así… Era un chico muy afeminado hijo de una familia muy acomodada, era el menor de 3 hermanos, el mayor ya hacía 3 años que trabajaba junto a mi padre y el mediano estaba en su último año de carrera. Yo ese año empezaba mi último curso en el instituto, iba a un internado elitista al que acudían los hijos de las familias más importantes de España y también algunos de otros países. En mi casa sabían perfectamente cuál era mi orientación sexual (tampoco había que ser muy listo para darse cuenta), por ese motivo en casa no se escandalizaban de cómo me pudiera vestir o peinar, la verdad tenía mucha suerte en ese aspecto y eso me hacía ser libre. El internado era un colegio solo para chicos, así que ya os podéis imaginar que cosas pasaban entre chicos de 16 años encerrados juntos 3 meses seguidos. Y yo era la única nota femenina en ese mar de penes. Evidentemente yo tenía mis favoritos, eran 3 chicos de mí mismo curso habíamos formado una pequeña panda éramos Dimitri, Fran, Marco y yo misma. Dimitri era un chico ruso de cuerpo escultural aunque no era el más dotado, tampoco se quedaba corto, su cuerpo era impresionante para tener 18 años, Fran era más bien normalito no era muy fuerte pero sin embargo bajo sus pantalones había una gran sorpresa, Marco era un chico deportista le gustaba jugar a futbol pero tampoco era un portento físico pero de los 3 era mi favorito, aparte de tener sexo con el me encantaba pasar tiempo con el hablando de todo. Ese año era el último que estaríamos juntos en el colegio ya que al siguiente todos cogeríamos rumbos diferentes, y era muy probable que no nos volviéramos a ver. Así que en septiembre decidí que ese año iba a ser memorable. Cuando prepare la maleta para empezar el curso, hice 2 maletas una de chico para cuando fuera de día y otra de chica para las noches. Llevaba de todo tangas, medias de rejilla, corsés, faldas, mallas, tops, zapatos de tacón, pelucas y naturalmente un set de maquillaje increíble. Tenía tanta ropa que prácticamente podía pasar casi todo el curso sin repetir modelito. En el internado cada uno de nosotros tenía su habitación, y cada noche después de cenar a sobre las 23:00 se apagaban las luces, y se suponía que debíamos ir a dormir. Así que cada noche a las 23:01 empezaba mi ritual de trasformación, cabe decir que mantenía mi cuerpo sin vello siempre, y como cada noche después de la ducha empezaba a vestirme. Habitualmente solía quedar con cada uno de ellos por separado salvo en ocasiones especiales, podríamos decir que era la putita de los 3 y se repartían mi culito por turnos. Ese día sin embargo era el primero así que decidimos quedar todos en la habitación de Fran porque era la que estaba más retirada del resto de habitaciones y así no se podría escuchar nuestros gritos de placer. Para el primer día elegí un corsé negro a juego con un tanga del mismo color, sobre esto un vestidito blanco ajustado, medias y unos zapatitos negros preciosos. Me maquille y me coloque una peluca morena de media melena, me mire al espejo y sabía que había nacido para esto. Había quedado con Marco y Dimitri que vendrían a buscarme a mi habitación e iríamos juntos a la de Fran sobre 23:40, naturalmente a las 23:38 ya llaman a mi puerta dos machos deseosos de sexo. Les abrí la puerta, a mi tan solo me quedaba coger unos detalles y meterlos en un pequeño bolsito que hacia juego con mis zapatos, en el metí condones, cremita para mi agujerito. Salimos de la habitación, los pasillos estaban a oscuras así que alumbramos con la luz de la pantalla de los teléfonos, no podíamos hacer mucho ruido ya que si nos cogían el escandalo hubiera sido mayúsculo. Llegamos a la habitación de Fran, estaban todos alucinando con mi transformación, nos hicimos unas selfies y Fran saco unas botellas de tequila que había traído de sus vacaciones en Méjico, nos tomamos unos chupitos y empezamos a desinhibirnos. Los chicos cada vez se iban rozando más conmigo, hasta que Fran puso una peli porno y la cosa ya se puso caliente del todo. Yo estaba sentada en el sofá tenia a Marco a mi derecha y a Dimitri a mi izquierda, Fran que regresaba de poner la peli en el televisor y se quedó de pie frente a mí y se desabrocho el pantalón y saco de su interior su pene que todavía no estaba duro del todo, incapaz de contenerme me lance a por el sin dudarlo, primero lo cogí con la mano y empecé a masturbarlo suavemente mientras le miraba a los ojos desde abajo. A su vez Dimitri y Marco empezaron a meterme mano mientras sacaban sus pollas del pantalón. No pude resistir mucho tiempo teniendo esa polla ante mí y solo masturbarla así que abrí la boca y empecé a chuparla lentamente, primero la puntita luego la recorrí entera con la lengua y después me la trague entera. Por lo visto al ver esto Dimitri y Marco se pusieron muy cachondos y se levantaron del sofá y me ofrecieron sus pollas para que también las chupara. Y allí estaba yo rodeada de 3 pollas apuntándome a la cara, estaba en el paraíso. No daba abasto mientras mamaba una el siguiente ya me estaba golpeando la cara con su pene reclamando su turno, después de unas cuantas rondas de mamadas, Marco me coloco de cuatro patas sobre el sofá y mientras seguía comiéndome las pollas de Dimitri y Fran, el me levanto el vestidito hasta la cintura y comenzó a chupar mi culito primero con el tanguita puesto hasta que con un dedo aparto el tanga y me lamio el anito con su lengua una y otra vez hasta penetrarme suavemente con ella. Luego de dejarme el culito bien lubricado con su saliva empezó a restregar su pene contra mi culito. Yo a esas alturas estaba tan caliente que no sabía ni donde estaba solo quería que el tiempo se detuviera y quedásemos allí atrapados follando hasta la eternidad. De pronto sentí como Marco empezaba a penetrarme lentamente, Marco era muy dulce conmigo y siempre me penetraba con cariño y sin hacerme daño. Una vez ya me la había metido entera comenzó con un bombeo lento pero incesante, mientras tanto yo continuaba comiéndome las pollas de Fran y Dimitri, Marco acelero el ritmo y Fran le pidió cambiar, así que Marco salió de mí y Fran me la metió sin piedad, ya hacía rato que yo no paraba de gemir aun teniendo la boca llena pero al sentir esa embestida grite, fue un grito en el que se mezclaba el dolor y el placer a partes iguales. La cosa fue a más y Fran no paraba de embestir y embestir sin cesar yo ya no sentía dolor, pero embestía tan fuerte que a cada embestida la polla de Dimitri se me clavaba en el fondo de mi garganta. Entre embestida y embestida me pude ver reflejada en el espejo que había en la habitación la imagen que vi fue brutal, y en ese momento me corrí note como entre mis piernas bajaba un chorro de mi lechita estaba tan cachonda!!!! Me había corrido sin que nadie ni siquiera yo misma me masturbase, fue brutal me sentía una autentica perra!!! Dimitri reclamo su turno, mientras me la metía les propuso a los otros que aguantasen y me hicieran un bukake. Llevaba mucho rato comiéndome el rabo de Dimitri así que no estuvo mucho rato follándome y enseguida se retiró de mí y me hizo ponerme de rodillas en el suelo mientras ellos 3 se masturbaban alrededor de mi boca, y en unos segundos empezó la lluvia el primero fue Dimitri el primer chorro directo a la boca, el segundo quedo entre la nariz y mi ojo derecho, enseguida Fran empezó a suspirar y me lleno la boca con toda su corrida y al fin Marcos descargo sobre mi cara. Como una niña buena me trague toda su leche y les deje bien limpias sus herramientas. Después de la fiestecita de inicio de curso volví a mi habitación me duche, y al día siguiente fui a las clases como si nada, aunque no podía borrar de mi mente la imagen que vi reflejada en ese espejo. Continuará…

Autor: REBE86 Categoría: Transexual

Leer relato »

¡PRUEBA LA NUEVA WEB: EROTISMOSINTABÚ!