Relatos Eróticos de Tabú


¡PRUEBA LA NUEVA WEB: EROTISMOSINTABÚ!


El vuelo nocturno de regreso a casa

2019-08-13


La había visto en el hall de espera en el aeropuerto. Una morocha exuberante, con unas hermosas tetas y unas largas piernas matadoras que asomaban por debajo de su breve vestido de verano. El bronceado de su piel era espectacular; pero justo en ese momento mi adorable mujercita tironeó de mi brazo, para decirme que ya estaban anunciando el embarque de nuestro vuelo de regreso a casa. Las mini vacaciones en Miami habían sido geniales; pero ahora teníamos un vuelo bien rutinario para volver a la realidad de Buenos Aires y demás… Ana y yo pasamos por Migraciones y finalmente abordamos el avión. Cada fila tenía tres asientos. Ana decidió sentarse en el correspondiente a la ventanilla y a mí entonces me quedó el del medio. Esperaba que el del pasillo quedara sin ocupar: el viaje sin escalas sería largo y con ese asiento libre, tal vez resultaría más cómodo para estirarme y descansar mejor. Finalmente, todos los pasajeros ya estaban sentados y ese asiento del pasillo contiguo al mío permanecía sin ser ocupado. Pero justo antes de que se cerraran las puertas delanteras, un hombre entró atropelladamente, arrastrando en el aire a su esposa. Era esa misma morocha voluptuosa que yo había estado desnudando con la mirada mientras esperábamos embarcar. Ahora llevaba lentes oscuros y no podía disimular su cara de hartazgo, mientras su esposo discutía con la jefa de cabina. Ella siguió camino hacia el fondo, buscando su asiento. Sonrió al llegar a mi lado y sus curvilíneas piernas ubicaron su bonito cuerpo en ese asiento que yo esperaba tener vacío. Su esposo siguió protestando, hasta que fue a sentarse en otro asiento más adelante… La miré de reojo, comprobando que no era hermosa; tenía rasgos duros, pero todo el conjunto, empezando por su tremendo cuerpo, la hacía muy atractiva. Era ya una mujer que estaba llegando casi a los cincuenta; pero, de todas maneras, verla sentarse a mi lado provocó que mi hasta entonces tranquila verga diera un leve respingo. A pesar de la rápida sonrisa que me había dado al sentarse, yo podía sentir su mala vibra. Su esposo parecía todavía peor; ni siquiera volteó su cabeza desde su asiento, para verificar si su mujer se encontraba cómoda… Ana seguía distraída mirando por la ventanilla todos los preparativos para despegar. Me acerqué a ella y pude ver que solo estaba interesada en un musculoso auxiliar de pista, que sonreía exhibiendo sus trabajados bíceps. Apenas despegamos, las azafatas ofrecieron un refrigerio. La morocha a mi lado eligió un tequila y unos minutos después, solicitó una segunda vuelta. El vuelo era nocturno y al poco tiempo apagaron las luces de la cabina para que quienes lo desearan, pudieran descansar a gusto en la oscuridad. Anita no fue la excepción y muy pronto se sumió en un profundo sueño, apoyando su cabeza sobre mi hombro. La sensación de inmovilidad se hizo aún más evidente en mi cuerpo. Estaba apretado entre mi delicada mujercita y esa hembra morocha que sorbía su vaso de tequila en la penumbra del avión. Yo solo podía mover mi mano izquierda y eso fue lo que me invitó a jugar con fuego. Las piernas de mi sensual vecina eran una invitación a acariciarlas. Conteniendo la respiración y con el corazón latiendo un poco más rápido de lo normal, fingí rascarme mi pierna izquierda; pero al hacerlo rocé con suavidad la pierna de esa mujer, que también había cerrado los ojos… No hubo ninguna reacción por parte de ella; así que decidí arriesgar un poco más y esta vez le pasé las yemas de mis dedos por su muslo. Otra vez ella no dio señales de haberlo notado. Me imaginé el escándalo que podría organizar esta mujer si me recriminaba en voz alta mi conducta. El riesgo era muy alto, pero no podía detenerme, la suerte estaba echada. La siguiente vez la caricia fue deliberada, imposibilitado por un impulso perverso y morboso para detenerme. Observé de reojo la cara de esa mujer, sin encontrar reacción alguna. También volteé a mirar a Anita, que seguía respirando suavemente sobre mi hombro. Esa combinación me provocó una erección un poco dolorosa. Sin pensar demasiado en las posibles consecuencias, apoyé mi mano sobre ese muslo bronceado y esperé unos segundos. Nada, ella seguía con los ojos cerrados, sin mover un solo músculo de su cara. No quité mi mano, pero esperé un poco más de tiempo para avanzar. Sentí que su piel era suave, sedosa, bien firme y muy deseable. Entonces noté que, a pesar de sus ojos cerrados, esa hembra ahora tenía su respiración cada vez más agitada. Entonces ya más confiado, empecé a extender mis caricias desde su rodilla hasta llegar al ruedo de su vestido. Mi corazón ahora latía a mil por hora y la respiración de ella era agitada. Posé mi mano entre los muslos y froté suavemente su pubis a través de la delgada tela del vestido. Ella evidentemente ya no pudo reprimirse más y empezó a empujar sus caderas hacia adelante. Su respiración seguía en aumento. Las venas de su cuello se empezaron a ver, palpitaban al igual que su deseo. Entonces supe que esa hembra no me iba a reclamar nada. La tentación aumentaba; aunque yo sabía que Ana podía despertase en cualquier momento y agarrarme a patadas… Mi mano despacio se sumergió bajo su falda y acaricié con las yemas de mis dedos su pubis, que se notaba todo depilado. Una pequeña tanga de algodón era lo que ahora separaba mis dedos de sus labios vaginales. Noté que esa tela se iba humedeciendo bajo mis suaves caricias. Me decidí a entrar en esa humedad lo antes posible; la invitación era constante; ese cuerpo sensual se arqueaba pidiendo más. Mi vecina marcaba con rítmicos empujones de su pubis, mientras mi mano encontró un espacio entre esa breve tanga y el vientre plano de mi vecina. Mis dedos se deslizaron dentro, encontrando esa labia bien depilada, empapada de sudor, caliente y excitada… Hundí el dedo índice y el respingo de la mujer no se hizo esperar, cuando un ligero gemido, casi imperceptible, escapó de su garganta. Pronto el dedo mayor se sumó al ataque, buscando el punto G. Su delicada vulva había abandonado toda resistencia y ahora se entregaba al placer prohibido. Miré sus rasgos duros, pero ella nunca abrió sus ojos. Sus labios rojos apenas abiertos dejaban escapar unos muy leves suspiros. Durante un largo rato mis dos dedos siguieron entrado y saliendo, disfrutando de esa humedad caliente. De repente sentí que sus caderas se tensaron y un pequeño espasmo me hizo saber que esa hembra sensual había tenido un orgasmo. Su cuerpo se relajó finalmente y yo delicadamente saqué mis dedos de su hermosa concha… Ella siguió con los ojos cerrados, pero su boca se acercó a mi oído, para susurrar suavemente un “gracias…”. Giré para mirar a mi dulce mujercita, que seguía con sus ojos cerrados y respirando tranquilamente sobre mi hombro. Decidí relajarme yo también y tratar de conciliar un poco de sueño. Pero apenas me acomodé, sentí que un par de manos luchaban afanosamente para desabrochar mi cinturón y deslizar el cierre de mi bragueta. Mi verga todavía seguía un poco endurecida y pronto sentí un par de labios calientes y húmedos alrededor de ella. En la poca penumbra que había, pude ver la cabeza de mi vecina que subía y bajaba al compás de la tremenda chupada que me estaba dando. Tuve que morderme los labios para no gritar mi placer y me preocupó bastante que Ana pudiera despertarse y ver lo que estaba sucediendo. Pero esa hembra era muy buena en cuestiones orales: en menos de dos minutos me hizo explotar en su boca. Después de acabar, me relajé bastante y dejé que ella me dejara limpia mi verga a golpes de lengua. Cuando se incorporó, me miró con intensidad fijamente a los ojos. Esta vez fui yo quien le agradeció lo que me había hecho… Unas horas después desperté, junto con Anita. La luz del sol ya entraba por algunas ventanillas abiertas. Mi dulce esposa me sonrió, diciendo que ahora servirían el desayuno y que estábamos bastante cerca de casa. Mi vecina ahora leía una revista y tenía sus larga piernas cruzadas. La miré de reojo y ella me dedicó una sonrisa sugestiva, casi imperceptible. Y supe que esa hembra ya no tenía tanta mala vibra…

Autor: Anitaslut44 Categoría: Tabú

Leer relato »

Cuando conocí a mi prima

2019-08-11


Hace años cuando mis papás se estaban divorciando yo tenía 16, y, por problemas legales y falta de tiempo tuve que ir a vivir a casa de una tía para no perder años de la escuela. Era una tía a la cual no frecuentaba mucho pero que le tenía mucho aprecio, vivía ella junto con mi prima en un apartamento relativamente pequeño, tenía todo junto, sala, comedor y la cocina a unos cuantos metros, el baño estaba a no más de 2 metros del comedor y junto a él la puerta a la habitación de mi prima y junto la habitación de mi tía, realmente era muy pequeño el apartamento, pero quedaba a pocas cuadras de la escuela. Mi prima Rebecca en aquel entonces cumplía los 19, estudiaba la universidad y se le veía poco en el apartamento. Al llegar me recibió mi tía, mi prima estaba fuera, pero me dijo que me instalara en la habitación de mi prima, que podía dejar ahí mis cosas y ya para dormir me colocaría una cama inflable. Más tarde como a las 9:00pm llego mi prima, realmente no la recordaba, había cambiado mucho desde la última vez que la vi, creció poco, no media más de 1.70mts, de cuerpo era realmente bonita sin llegar a exagerar, no tenía mucho pecho, pero no era plana, una cadera relativamente normal, de cabello claro a los hombros, un broche que le sostenía el pelo de su lado izquierdo y unos ojos verdes oscuros, llevaba puesto un suéter rosa de mangas más largas que sus brazos y una falda a cuadros negra con blanco, debajo unas mallas rojo suave y una botas negras. Nos saludamos sin mucho afán. Llegada la hora de dormir mi prima y mi tía tuvieron una discusión corta con respecto a donde yo dormiría, al final mi prima se resignó y acepto su destino. Nos acostamos, sin embargo, yo no podía conciliar el sueño, siempre es difícil hacerlo cuando duermes en otra casa, quizás pasaban de la una de la mañana cuando comencé a escuchar un ruido que provenía de la cama de mi prima, yo fingí estar dormido, no quería incomodar más de lo que ya lo había hecho, de pronto escuché que se levantó, tal vez para ir al baño, pero no, se detuvo justo a un lado de mí, no podía ver nada por la oscuridad pero el sonido de su ropa al moverse indicaban que se había hincado a un lado de mi ahora cama, yo seguí fingiendo estar dormido, de pronto sentí su mano tocar mi pierna a la altura de mis muslos, acercándose a mi entrepierna poco a poco, acostumbrándome ya un poco a la oscuridad entre abrí mis ojos y vi que mi prima estaba completamente desnuda junto a mí, hincada con las piernas abiertas, su mano apoyada en mi pene que poco a poco crecía y su otra mano en acariciando su vagina, no lo podía creer, seguí con mi plan de fingir estar dormido para saber hasta dónde llegaría. Después de no más de dos minutos ella recorrió la cobija que me cubría y lentamente comenzó a meter su mano debajo de mi pijama, no lo pude resistir más y sin que ella se diera cuenta acerqué mi mano a su vagina y la toque, casi pega un grito al sentirme, pero puso su mano, la misma con la que se estaba dedeando en su boca para contener el grito, le dije que no se preocupara que yo la ayudaría, me levante y no deje que ella lo hiciera, se quedó hincada tome su cabeza en la oscuridad y dirigí su boca a mi pene para que me lo chupara, lo hizo de una manera increíble, escuchaba como se atragantaba con mi pene erecto en su garganta y sus dedos que no dejaban de entrar y salir por su vagina, la habitación comenzó a oler a sexo, la levante y le dije que se inclinara en la cama, al hacerlo abrí sus piernas y le metí mi pene en su vagina toda mojada, entro con mucha facilidad, enterró su rostro contra las sabanas para amortiguar el sonido de sus gemidos tras cada embestida que yo le daba, en un momento mientras se la estaba metiendo me dijo que le diera por el culo, que eso le excitaba mucho y yo siendo buen primo lo hice, esta vez escuche un grito ahogado entre las cobijas, cada embestida era más fácil meterlo, de repente con una de sus manos me paso un consolador, me dijo que se lo metiera en la vagina sin dejar de meterle mi verga por el culo, así estuvimos hasta terminar satisfechos los dos, terminamos durmiendo hasta las 5 de la mañana y mi prima Rebecca con el culo lleno de mi semen

Autor: zarevna Categoría: Tabú

Leer relato »

En la cabaña

2019-08-08


A pesar de mi corta edad me estaba volviendo adicto a la verga de mis dos culiadores. Desde lejos vi a mis dos amigos platicando sentados en las vías cerca del arbusto donde tanto placer había recibido, Me dio gusto verlos y sentí que se me hacia agua el culito. Al estar junto a ellos creí que nos meteríamos a nuestro escondite pero Paco nos invito a su casa que estaba por ahí cerca. Caminamos unos 15 minutos mas y al ver una vereda que partia y se alejaba de las vías nos dijo,-Es por aquí, mas adelantito esta mi cabaña. Llegamos a una pequeña casa y entramos, era nada mas un gran cuarto que tenia una mesa con dos sillas, una estufa unos trastos y en el otro extremo una cama y una comoda con cajones.Paco y Juan llevaban unas bolsas de papel de donde sacaron una botella de licor y unos refrescos sacaron unos vasos desechables y se sirvieron medio vaso de ron con coka y un poco de agua mineral a mi me ofrecieron un refresco de naranja que acepte. Juan me dijo, -Mira mijo te traje esto para que te pongas, Yo vi lo que saco de otra bolsa de papel y vi que era un vestido de mujer, mas bien de niña ya que estaba muy chico. Me desnudaron y ya que me tenían bien encueradito Juan me ayudo a ponerme el vestido, me quedaba muy apretado de arriba y de abajo nomas me cubria hasta media nalga, Ellos estaban felices con ese espectáculo. Me dijeron que caminara por todo el cuarto y yo bien obediente camine moviendo mis nalguitas para que ellos me vieran y se calentaran. Seguían tomando sorbos a sus tragos y festejando el espectáculo que les daba al caminar por toda la habitación, Uno le dice al otro, -Mira que bonita se le ve la verga levantando el frente del vestido, baje la mirada para mirarme y vi mi verguita bien paradita, apuntando hacia enfrente y levantando el vestidito con mi cabecita asomándose, mientras por atrás el vestidito me tapaba nada más la mitad de mis nalgas. Paco me dice,- Ahora parate de espaldas a nosotros y agachate hasta agarrarte con las manos tus tobillos, Me agache y asi lo hize, voltie hacia ellos y ya estaban desnudos jalándose las vergotas ricas que se cargaba cada uno. Ahí estaban mis dos culiadores sentados en la cama y jalándose cada uno su chilote, viendo como les ofrecia mi casi recién desquintado culo de chamaco. Paco volteo a verle la verga a Juan y le dijo, -Que gorda la tienes, me dejas tocártela a lo cual este accedió ofreciéndosela, Paco la tomo con una mano y se la empezó a chaquetear, Juan hizo lo mismo y se la agarro a Paco asi que ahora se estaban puñeteando la verga uno al otro. Yo seguía en la misma posición, agachado, ofreciéndoles mis nalgas con mis manos en los tobillos. Juan me dice, -Ven Mijo, acércate a nosotros y soltando la verga de Paco me sienta en una de sus peludas piernas y me da un buen bezo en la boca para luego seguir besándome el cuello y las orejas, El otro nomas veía esto casi con la baba de fuera y también se une a nosotros besándome atrás de mi cuello para luego bajar por mi espaldita hacia mis nalgas para besarlas también. Yo me sentía en la gloria, me estaban besando todo, incluyendo mi verga y mis huevitos, Que rico sentia todo eso!. Me acomodaron sobre la cama con los brazos y las piernas bien abiertas y después de turnarse mamandome el culito, Mi desquintador Juan se acomodo detrás de mi y procedio a meterme la verga, me la hiba metiendo centímetro a centímetro y yo sentia como se me habría mi ano pero ya no sentia dolor, ya la quería adentro completita y asi se fue llendo hasta que sentí que me llegaba hasta el estomago. Me tenían bien empalado pero eso es lo que yo quería desde hacia varios días y eso es lo que me estaban dando.

Autor: rulisdtj Categoría: Tabú

Leer relato »

¡PRUEBA LA NUEVA WEB: EROTISMOSINTABÚ!