Relatos Eróticos de Sexo en Grupo


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Extraña atracción

2019-12-01


Esto es verídico. Hace unos años tuve un accidente y me rompí una vértebra. Estoy en una silla de ruedas, no tengo sensibilidad ni movilidad. Soy independiente y no necesita ayuda de terceros. Tengo una discapacidad y eso no me acompleja en absoluto. Pero me sigue gustando el sexo, y cómo no me corro, duro un montón de tiempo, dale que te pego, en la lesión medular es muy corriente la espasticidad, qué es un daño en el sistema nervioso central, esos son los síntomas, las piernas se mueven como si tuvieras un ataque epiléptico de cintura para abajo, con convulsiones y la polla en cuánto la toco un poco, se pone dura como una piedra. A todo esto. Tuve una relación con una mujer de lo más flipante. Parecía una mosquita muerta y agüita. Su aspecto era normalito, no era fea, ni guapa tampoco. Pero tenía un buen culo y un buen par de tetas, tenía un cuerpo para comérselo. De complexión delgada. Al principio normal, un buen polvo, pero según la fui conociendo y en especial sus puntos erógenos. La cosa ya fue a mayores, descubrí que le gustaban los juguetitos caseros, en especial los calabacineses. no solo eso, también tenía orgasmos vaginales y clitorianos, además, cuando le comía el cuello se corría como una loca, multiorgásmica y cada vez que se corría le daban convulsiones (Hay que ver, voy a omitir más detalles que no vienen al caso e ir al grano). Recuerdo una noche que no olvidaré jamás, empezamos charlando y bebiendo una botellita de vino, al rato entre una cosa y otra, terminemos híper-cachondos. Y empecemos con el ritual, yo me fui a la cama, y ella a la nevera a por el juguete, lo peló y lo calentó en el microondas y vino conmigo. Empecé comiéndole la boca, y cuando llegué al cuello se fue como una loca, yo aún disfrutaba acariciándole y viendo como convulsionaba de lo sensible que tenía el cuerpo reaccionaba aún más cuando la tocaba jejeje. Luego me metí entre sus piernas, le comía la cara interior de los muslos y la hacía sufrir pasando mi lengua cerca de donde ella quería jajaja al final le daba lo suyo, la recompensa ¡¡¡oooh My God!!! (así suena mejor). Seguíamos echando un polvito, yo abajo y ella cabalgando, y según se corría, la convencía para que volviese, una y otra vez, para que no parará, terminó explotando de placer. Hasta cinco lo conté una vez. Terminemos con el calabacín, pero en esta primera ocasión, todo cambio. Ya había notado que le gustaba el sexo anal y como estaba como estaba, la convencí diciéndole que se metiera el calabacín en el coño y que se metiera mi polla poco a poco en el culo, cuando la tuvo dentro y bien encajada empezamos el trote, fue como estar en el cielo. Antes de acabar le dije que me cogiera la pierna y la echara fuera de la cama, que la dejara en el aire vamos, claro la pierna empezó a moverse arriba y abajo, de un lado a otro y a temblar de tal manera que éramos los dos dando botes sobre la cama. Claro no duró mucho la cosa y plaff, tanto fue el gusto que tuvo que arquearse bastante, para salir del temblequeo y de mi polla en su culo. De tal manera que mostró al amiguito olvidado y salió disparado hacia mi cara con tanta fuerza que me dejo un chichón en la frente. Alguna pensará que me lo he inventado. Me da igual, pero mucha imaginación tendría que tener para inventarme algo así, el caso es que nos seguimos viendo y las cosas fueron a mayores, pero para bien, aún sigo pensando en ese día. Donde el sexo se convirtió en culto y ella en mi altar. Con el tiempo, no sé porque dejó de verme sin mediar palabra, pero creo que llego a un límite, en el que cogió miedo. Después de eso no he encontrado nada, solo sexo tradicional. Y aún sigo buscando algo que me saque de esta rutina sexual. Gracias a todos por leer.

Autor: Nemento73 Categoría: Sexo en Grupo

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Sesión Fotográfica

2019-11-28


Me invitaron a ir a una sesión fotográfica en la que no sabía que iba a fotografiar. Tampoco sabía que yo participaría como modelo. Una amiga me propuso ir a realizar una sesión fotográfica grupal. No me dijo en ningún momento de qué aunque le pregunté en varias ocasiones pero supuse que serían modelos u algo similar. Había que inscribirse, lo que hice rápidamente ya que estas cosas, y más siendo gratuitas, solían llenarse pronto. La fotografía no es mi fuerte pero era una buena escusa para pasar la tarde y aprender un poco más. Aparecí en el lugar antes de la hora acordada y en lo que parecía ser una academia de arte. Entré y me señalaron donde iba a ser la sesión. Allí encontré a un par de conocidas mías que hacía bastante que no veía, ambas relacionadas con la fotografía y las artes: una fotoperiodista y una escultora. Nos teníamos que poner en el fondo de la sala, en una sala bastante grande y sentados en cojines. Ante nosotros, en el resto de la sala, había unas esterillas colocadas en el suelo para los supuestos modelos. Esperé a mi amiga y no apareció, tampoco contestó al móvil. Fui sacando el trípode y coloqué la cámara en posición. Aun no sabía que iba a fotografiar, tampoco quería preguntar. La gente guardaba silencio. Los fotógrafos seríamos unas 10 personas. Cuando estábamos todos preparados nos dieron la bienvenida al “experimento fotográfico” que anunció con una sonrisa. Nos ordenó apagar los móviles, no usar fotografías con flash para no molestar a los modelos y guardar silencio. En aquel momento se apagaron las luces de nuestro sector, dejando iluminada el resto de la sala y sonó una campanita. Empezaron a entrar parejas. Tenían edades diferentes, había una pareja veinteañeras, treintañeros, dos parejas de chicas, una de chicos, y una de unos 60 años diría yo. En total serían unas 20 parejas que se colocaron sobre las esterillas. Se pusieron de rodillas mirándose. Pasaron unos segundo y no hicieron nada, solo se miraban. Yo miraba a las parejas, no sabía que iba a pasar. La gente de mi alrededor empezó a fotografiarles. Miré por mi objetivo y delante de mí había una pareja de unos 30/40 años, a los que lancé mis primeras fotografías. Se les notaba nervioso. Giré la cámara y observé a mi derecha, una de las dos parejas de chicas, una pelirroja y otra castaña. Sonreían se los notaba igualmente nerviosas pero tenían algo que hacían que en su rostros reflejara que estuvieran esperando algo. Entonces se acercaron y se empezaron a besar en la boca. Yo las miré sorprendido. No sabía de qué iba esto. ¿Que se suponía que iba a fotografiar? ¿Gente liándose? Entonces hile los hilos y entendí lo de “experimento” las fotografié. Capté como cerraban sus ojos al besarse, cada pausa entre beso, cada movimiento de sus labios… todo ello mientras a su alrededor, el resto de las parejas, empezaban a hacer lo mismo. Observé a las demás parejas y cada una poseía su ritmo. Había parejas más tímidas y otras más desinhibidas. En una de las parejas del fondo, ella le empezó a hacer una paja por encima del pantalón a su chico. Esto se está desmadrando pensé. Pero por el rabillo del ojo vi que muchas de las otras parejas empezaban a quitarse prendas. Quedándose en rota interior, marcando sus erecciones y sus pezones. Empezaron a realizar masturbaciones y felaciones mientras el sonido de las cámaras sonaba. Empezaron los primeros gemidos en la sala. Eran tímidos… pero poco a poco aumentaron y perdieron la timidez. La pareja de chicas empezaron a masturbarse mutuamente metiendo sus manos por debajo de sus bragas húmedas, en la pareja de al lado ella ya estaba sobre su chico cabalgando únicamente con un tanga puesto. Aquella rubia de unos treinta y tantos cabalgaba moviendo su cuerpo de una forma casi hipnótica. Sus pechos botaban, su culo rebotaba cuando chocaba contra las piernas de su chico. Me estaba poniendo malo. De pronto me miró, sabía que la estaba fotografiando. Se pellizcó los pezones mientras se mordía el labio inferior y volvió su cara para mirar a su pareja. De pronto una mano tocó mi polla marcada en el pantalón. Era una de mis amigas. Se acerco a mi oído y me dijo: - Me estoy poniendo muy cachonda. Y entonces me besó. Sus labios finos y suaves, húmedos, se deslizaban sobre los míos en un suave pero apasionado beso. Me había fijado en ella en alguna ocasión, era atractiva, una chica delgada, pero nunca como para tener algo con ella ya que la conocía desde que solo éramos unos críos. Pero en ese momento, con el calentón encima, ese increíble beso y la situación que nos rodeaba, no pensé en nada más que en ella y en el ahora. Cogió fuerza mientras los movimientos sobre mi pantalón de su mano aumentaban en velocidad y en fuerza. Atraje su pequeña cintura sobre mí y le agarré el culo para que se sentara encima de mí. Mientras nos besábamos empezó a moverse como si estuviéramos follando. Notaba como se restregaba por mi polla, ambos lo sentíamos. Le mordí el cuello, le apreté el culo notando el tanga a través de su pantalón vaquero negro… y empezó a gemir muy sutilmente. Nuestra respiración se agitaba. Se aparté, me miró a los ojos y pasó rápidamente su mirada a mis labios. Me volvió a besar. Sus movimientos eran más rápidos. Con una de mis manos uno de sus pequeños pechos. Se apartó y se quitó la camiseta quedándose en un sujetador blanco que poco resaltaba con su blanca piel. Me empezó a quitar mi camiseta y empezó a desabrocharme el pantalón para después sacarme la polla del calzoncillo y empezar a masturbarme. Le empecé a abrir el pantalón para poder masturbarla a ella también pero se levantó y se lo quitó completamente, colocándose a cuatro patas frente a mí. Me miró. Escupió en mi polla y luego se la metió entera en su boca, sacándola completamente llena de babas. Se colocó encima de mí y retirándose el tanga se la metió entera gimiendo hasta llegar al fondo. Me fijé en nuestra otra amiga y nos miró y con su mirada nos dijo “¿pero qué coño hacéis?” y con mi mirada le respondí “no tengo ni puta idea”. Le quité el sujetador y apreté sus pechos. Los empecé a comer y morder ligeramente sus pezones mientras ella me cabalgaba, votando suavemente sobre mí. Me empujó de los hombros para que me colocara horizontalmente mientras ella se mantenía sobre mí, sus botes cambiaron para hacer movimientos circulares mientas subía y bajaba. Mi polla estaba completamente mojada en su interior. Veía como sus pequeños pechos se movían al botar sobre mí. Me iba a correr y ella también. Mientras gimió con la cabeza hacia atrás noté un palpitar en su interior, en ese momento me corrí. Se había corrido e incluso había hecho un poco de squirt sobre mí puesto que mi abdomen estaba un poco mojado. Cayó sobre mi pecho y con un susurro me dijo: - Necesitaba este polvazo… Aun tenía mi polla dentro notando como su semen salía de su coño cayendo sobre mi y estuvimos un rato así mientras aun seguían los gemidos a nuestro alrededor acompañados de los sonidos de las cámaras. En ese momento recordé donde estaba y que estaba rodeado de gente con sus cámaras y ahora nos estaban enfocando a nosotros. Se levantó y una mano la invitó a irse con él. Era el chico de la pareja de unos treinta y tantos. Al levantarse, su chica me vio y sonrió. Se acercó a cuatro patas hacia y me empezó a comer la polla sin previo aviso, quería correrme otra vez. Siguió lamiendo el resto del semen y el squirt que había sobre mi… era rubia, tenía grandes pechos pero sin ser demasiado exuberantes y aunque los tenía un poco caídos eran extremadamente sexys. Tenía un ben cuerpo, con unas caderas perfectas para cogerlas de ellas. Su pelo largo caía sobre mi… me levanté y la besé. Noté aun fluidos en su boca. La cogí del cuello y ella se mordió el labio. Estaba muy cachonda. Le introduje dos dedos con la otra mano y estaba completamente mojada. La tumbé contra el suelo y entonces empezamos a follar. Se agarraba de los pechos mientras me miraba y gemía. Sus gemidos eran casi chillidos. Intercalaba palabras incitándome a follarla más duro. Cambié de posición y la puse a cuatro patas. Se la metí de golpe y chilló. Empezó a fundir mis movimientos con los suyos y entonces se corrió pero no paré. Continúe follándola, cogiéndola de la cintura y manteniéndola a cuatro patas, sus piernas temblaban. Giró su cabeza hacia atrás para mirarme y vi su cara de placer absoluto. Se mordía los labios, gemía, su respiración era jadeante. Y de pronto de volvió a correr. La deje caer y se puso boca arriba y entonces me corrí sobre sus pechos, llegándole a salpicar un poco en la cara, la cual recibió con una sonrisa y un sollozo. A su lado aparecieron las dos chicas que habían estado masturbándose la una a la otra y la empezaron a besar. Una de ellas, la pelirroja, me miró y señaló con su mirada y una sonrisa su coño. Asentí. Me acerqué y se lo empecé a comer. Ya casi no podía mas… le cogí del culo y la penetré con mi lengua, jugando dentro de ella. Se apartó de la mujer mientras dejaba a solas a su compañera con ella y nos empezamos a liar. Era una chica exuberante, sus pechos chocaban contra mi torso. Me encantaba agarrarla de su hermoso culo. Me mordisqueó el cuello, el pecho… jugamos un poco hasta que notó que mi polla estaba lista de nuevo y entonces hicimos un 69, yo abajo. Me encantó comer su coño, como lo restregaba, lo jugoso que estaba… ella mientras me hacía una paja de campeonato. No usaba las manos, solo la boca y la lengua. Escupía, lamía, mordía… me puso a 100 en muy poco tiempo… se colocó para que yo me pusiera encima y la penetrase. Entró sin problemas, no sabría decir si tenía un coño grande o es que lo tenía completamente inundado pero fue más que suave. Empecé a moverme y ella se agarró con sus piernas a mi espalda. A los minutos apareció su amiga y empezaron a comerse la boca. Le mordí el cuello, su amiga hizo lo mismo. Gimió. Me besó, la besó a ella… No duramos mucho pero ambos terminamos. Ella antes pero siguió moviéndose mientras intercambiaba besos con ambos moviéndose para que terminara dentro de ella. Estuvimos los tres liándonos y tocando nuestros cuerpos hasta que volvió a sonar la campana y todos volvieron a su sitio y se vistieron. Yo hice lo mismo. No hablé con mis amigas al salir, tampoco vi a aquellas con las que me había acostado. Supongo que para todos eso nunca había ocurrido aunque había fotos para demostrar que sí. ([email protected])

Autor: autordeldelito Categoría: Sexo en Grupo

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Mi novia, su padrastro y mi suegra.

2019-11-24


Una vez tuve una novia cuya familia era un tanto… peculiar. Su madre se quedó embarazada de ella a los quince años, fue en las fiestas del pueblo vecino donde una amiga y ella participaron en una macro orgía. Según me contó no podía saber quién era el padre pues hasta el mismo alcalde del pueblo se la folló. Cuando su madre cumplió los dieciocho la cogió a ella y se fueron a la gran ciudad, harta de las habladurías de la gente del pueblo. Trabajó duro para sacar a su hija adelante. Conoció a un hombre diez años mayor que ella, muy liberal, nudista y algo bohemio. Para mi novia era normal andar por casa completamente desnudos y el tabú no existía. Me comentó que muchas veces se mojaba cuando veía a su padrastro pasearse por la casa recién levantado con la polla tiesa (esas cosas que nos pasan a los chicos). Otras veces se le ponía dura cuando jugueteaba con su madre, a lo cual ella le agarraba la polla y se lo llevaba a la habitación. Siempre follaban con la puerta abierta, por lo que ella muchas veces los veía desde fuera y se masturbaba. Un día, mi novia, entró al baño para ducharse y pilló a sus padres follando en la ducha. Su padrastro le dijo que si tenía prisa que entrase, que no miraba. Así lo hizo. Él tenía cogida a su madre por las caderas zumbándole por detrás mientras el agua caía por su espalda deslizándose por su culo hasta caer al suelo de la ducha. Ella le había pedido la manguera de la ducha y mientras se duchaba veía cómo se la follaba. Cuando se corrió sus padres se besaron y él comenzó a enjabonar a su hijastra hasta llegar a su coñito, donde se deleitó frotando con su mano. Ella no dijo nada, estaba tan excitada que se dejó manosear. Fue su madre quien le dijo que la dejara a lo cual él respondió riendo: “déjala…mira cómo disfruta” y continuó hasta que se corrió. Recuerdo que cuando me contó esa historia se me puso tan dura que me pajeé delante de ella mientras me iba contando. -Alguna vez te ha follado?-Le pregunté un día. -Sí, de hecho fue él quien me desvirgó. Quieres que te lo cuente? Le dije que sí, mi polla ya estaba en mi mano lista para jugar con ella. -Fue uno de esos días que mis padres se ponen a tontonear en el sofá, sólo que esta vez mi madre no se lo llevó a la habitación sino que comenzó a mamársela allí mismo, justo a mi lado. Él me miraba sonriente y yo no dejaba de ver su polla entrando y saliendo de la boca de mi madre. La verdad es que la chupa realmente bien, sabe cómo dar placer así. Primero suave, subiendo y bajando con dulzura, lamiendo la punta, volviendo a tragar para después, poco a poco, ir subiendo la intensidad de la mamada. Él aprovechó para tocarme las tetas y jugar con mis pezones. Instintivamente, sin darme cuenta, mis piernas se fueron abriendo, cosa que aprovechó él para acariciar mi coño. Estaba muy mojada y cachonda. Me abrí más para que pudiera tocarlo mejor. Cerré los ojos y de repente, sentí una lengua dentro de mí. Abrí los ojos con sorpresa y era él, de rodillas frente a mi, con su cabeza entre mis piernas comiéndome el coño mientras mi madre le acariciaba el pelo y sonreía. Cuando casi estaba a punto de correrme paró. Se puso de pie y pude ver aquella polla tan dura frente a mi boca. Me cogió la cabeza y me la metió en la boca. La chupé tratando de imitar a mi madre. Ella miraba y me decía: “así, así…muy bien”. Luego él la sacó, se la agarró con una mano, como el que sostiene una espada a punto de matar, se arrodilló de nuevo y muy suavemente me la fue metiendo en el coño. Al principio me dolió, por suerte estaba tremendamente húmeda y pudo entrar mejor. Luego el dolor, poco a poco, se convirtió en un verdadero placer y no paró de bombearme mientras mi madre se masturbaba mirándonos. Qué placer! Qué morbo! Me corrí antes que él y gritaba de placer. Él no paró ni un momento hasta que supo que se iba a correr, entonces la sacó, se puso de pie y se masturbó corriéndose en mi cara. Era la primera vez que sentía el semen de un tío en mi cara. Antes había hecho alguna paja a algún amigo, pero aquello fue una mezcla de asqueroso y excitante. Obviamente, a raíz de aquel día comencé a tomar la píldora jajajaja! Estaba a punto de correrme, ella lo notó y enseguida se la metió en la boca para que me corriera dentro. Me exprimió bien la muy zorra. Ni qué decir que el día que conocí a sus padres se me pasaron por la mente todas aquellas historias y a duras penas podía contener las erecciones, porque sí, ellos estaban desnudos. A mí me costó un poco más seguir la tradición, hasta que ya lo vi normal también. Un día me invitaron a comer. Era verano y hacía mucho calor. En aquel momento agradecí estar sin ropa, pero a pesar de eso, de tener el ventilador del techo del salón conectado y la puerta del balcón abierta, apenas corría una brisa. Comenzamos con un vermouth y algo de picoteo, luego unas cervecitas y más picoteo. Mi suegro de vez en cuando me daba un golpecito con el codo y guiñándome un ojo me decía: “ya verás el postre…ya verás…”. Mi suegra me miraba y sonreía la gracia de su marido. Yo miraba a mi novia y sonreía disimuladamente. Cada vez que mi suegra iba y venía de la cocina a traer algo no dejaba de mirar su culo, es de esos culos para hacerse assjob y pensaba en la de veces que mi suegro habría disfrutado de ese culazo bien hecho. Mí novia no había heredado esa genética, tenía un culo normalito, para mi gusto le faltaba un poco de carne, por el contrario, la naturaleza sí le había provisto de un buen par de tetas con las que me hacía unas buenas cubanas. Después, con la comida, seguimos bebiendo hasta alcanzar un puntito de “alegría” contagiosa. Al terminar de comer, mi suegro recogió la mesa y trajo de la cocina un bote de nata en spray y dijo: -Ahora… El postre! Jajaja!!! Mi suegra se levantó y muy suavemente se tumbó boca arriba sobre la mesa y se abrió de piernas. Mi suegro le roció los pezones con la nata y comenzó a chuparlos, cuando acabó puso una buena cantidad sobre la raja del coño, se arrodilló y se puso a lamerlo todo. Ella gemía gustosa, se apretaba las tetas mientras me miraba jadeante y mi polla se puso dura. Mi novia me puso un brazo alrededor de mi cuello y comenzó a besarme la oreja, el cuello mientras me decía cosas guarras en el oído que acabaron por excitarme aún más. Mi suegro se levantó y ofreciéndome el bote de nata me invitó a comer mi parte del postre. Yo miré a mi novia sin saber bien bien qué hacer y ella me empujó de la silla para que obedeciera. Así hice, me puse delante de mí suegra y me quedé un instante admirando aquel chocho húmedo, abierto, esperando ser degustado otra vez. Puse una buena cantidad de nata y la lamí hasta llegar a entrar con mi lengua en su coño. Ella, al sentir mi lengua recorriendo su interior, gemía moviendo las caderas de un lado a otro tratando de contener tanto placer. Soltaba tanto flujo que pude saborear su orgasmo en mi boca. Luego me levanté y vi que mi suegro le ofrecía su plátano que devoró gustosamente. Yo agarré mi polla y me dispuse a penetrarla. La mesa aguantaba bien las embestidas que le daba una y otra vez. Mi novia se levantó y se puso al otro extremo de la mesa, se reclinó sobre ella, sus tetas colgaban como dos campanas acariciando con sus duros pezones la madera. Me miraba relamiéndose los labios mientras su padrastro ya se había colocado detrás de ella y se dispuso a follarla duro. Los dos nos miramos y cruzamos unas sonrisas de complicidad, era como decirle “mira, mira cómo me follo a tu puta” y él me respondía “así me gusta follarla por las noches cuando llega a casa”. Decidí sacar la polla y poner a mi suegra apoyada sobre la mesa, de tal manera que las dos estaban frente a frente. Tenía la polla muy húmeda y opté por cumplir mi deseo: follar aquel culo tan majestuoso. Puse la puntita sobre su orificio y muy despacito fue entrando hasta meterla toda. Ella gimió mientras se dejaba hacer. Estuve unos segundos con la polla dentro, sin moverme, acariciando su culo, azotándolo, luego, me agarré a sus caderas y comencé a follar su culo. Ella gemía, gritaba de placer. Yo miraba a mi novia gimiendo como una zorra, mirando como mi suegro se agarraba a sus tetas a la vez que le daba duro a su coñito. El cabrón acabó corriéndose dentro de ella gimiendo de placer. Yo seguía dándole duro al culo de mi suegra al grito de “puta, zorra!!”, como si quisiera atravesarla. No sé si gritaba de dolor o de placer o, tal vez, ambas cosas, el caso es que no paré hasta que eyaculé dentro de ella. La saqué y le di un par de palmadas a ese culito que por fin pude follar. Mi suegro se acercó y dándome una palmadita en el hombro me preguntó: -Te ha gustado el postre? -Ya lo creo… igual luego repito...- Mi suegro rió complacido. En efecto, fueron varias veces las que repetí y repetimos. Me quedé con la duda si alguna vez madre e hija habían hecho la tijera, me hubiera gustado pajearme mirándolas.

Autor: JoBCN Categoría: Sexo en Grupo

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Lara continuación

2019-11-18


Algo tan intenso y morboso que no sabía si publicarlo, pero necesitaba contarlo; al igual que necesitaba hacerlo cuando lo hice, como unas ganas intensas de vivir en libertad. Si leéis el primer relato, este os sabrá mejor: Primera Parte — (Parte primera de la continuación) — Hace dos días me llamó por teléfono Carolina, la hermana veinteañera de Lara, quería que tomáramos café y que yo le contara los detalles del encuentro sexual que tuve con su hermana y con su cuñado; encuentro del cual ella presenció el final. Ya me había dicho Lara que su hermana quería quedar conmigo, ella lo entendía, porque sabía lo morbosa que es su hermana Carolina. Me dijo Lara... —Juan, ella es muy abierta con solo veinte años que tiene, puedes contárselo todo, total, nos vio a los tres allí liados. —Lara, pero es posible que quiera otra cosa conmigo, no conociéndome de nada es raro que quiera que yo le cuente. Mi instinto me dice que quiere algo más... mejor que se lo cuentes tú, ¿no? —Como te digo, ella es muy morbosa, y quiere saberlo desde tu punto de vista, conmigo no sería lo mismo. No creo que quiera otra cosa contigo, eres muy mayor para ella; tú con cincuenta y cuatro y ella con veinte, la verdad es que no creo que quiera nada más. —Lara, tú tienes treinta y te gusto. —Mucho Juan, pero ella tiene diez años menos que yo; y no creo. Aunque con el encanto que tienes no pondría la mano en el fuego. Juan, yo la he mandado contigo para que le cuentes, solamente, porque aunque es muy moderna y abierta de mente, no está rodada en el sexo, ¡vamos!, que me dijo hace poco que todavía no ha encontrado alguien apropiado para que "la estrene”. Por favor, si fuera como tú crees no la desvirgues, deja que el primero que se la meta en el chocho sea uno de su edad. —Vale, Lara. Quedé con Carolina en una cafetería de moda, un lugar con una estética elegante. Ella llegó a las cinco y media de la tarde, yo la esperaba desde las cinco y cuarto. No iba tan moderna en el vestir como cuando entró en el piso de su hermana y nos sorprendió en el trio. Al verla entrar en la cafetería quedé encantado con su desenvoltura, era foco de atención. Llevaba una minifalda y una blusa que le sentaban de escándalo, intentaba parecer mayor. No obstante, su cabeza afeitada en un lateral y el piercing en su nariz, delataban sus tendencias. Nos sentamos en una mesa apartada. Ella olía a rosas y a recién duchada. Labios color rojo inglés, su juventud y su belleza me gustaban mucho. Nos besamos en las mejillas, yo también iba perfumado y bien vestido. La diferencia de edad se notaba en el espejo que teníamos enfrente, mis cincuenta y cuatro años, aun bien llevados, no podían competir con la belleza de una jovencita de veinte años, es muy guapa. Pedimos café, Carolina me miraba y sonreía, seguro que recordaba la escena que vio en casa de su hermana, cuando la pareja me la acicalaba. No esperó mucho para preguntarme e iniciar una conversación que en un principio me hizo sentir incómodo, pero que en el transcurso de la misma, me hizo sentir muy excitado, mucho; la chica sabía llevar una conversación, por algo es universitaria. Comenzó preguntándome cosas normales... —Juan, ¿yo te gusto? —Mucho, eres preciosa. —Gracias. Mi hermana y tú, ¿cómo surgió aquel encuentro? —Yo vendo donde trabaja ella y nos traíamos desde que nos vimos la primera vez. —Juan, dime, mi cuñado como llego a participar, ya sé que tuvo aventuras con hombres, ¿pero junto con mi hermana?, joder tío, que te la estaban jalando entre los dos. —Tu hermana le dijo a su marido que lo haríamos allí. Él le había dicho a tu hermana que si quería tirarse a algún hombre en pago por las aventuras de él, que allí podía hacerlo allí mismo si quería, que no tenía que esconderse. Ese día Pedro, al saber que lo haríamos estando él en el piso, se fue caldeando y pidió tocármela. A tu hermana le hizo sentirse superior el hecho de que, ¡no solo lo hiciéramos con él allí como venganza y castigo!, sino que además él me la meneara. — ¿Te los follaste a los dos antes de llegar yo? —Solo a tu hermana, mientras tu cuñado me cogía los, ya sabes, desde atrás. Siguió preguntando más de media hora y yo le conté hasta el último detalle de aquellos dos encuentros con su hermana y su cuñado, el que fue mi primer relato y el segundo y último encuentro hasta entonces, que no he relatado. El final de la larga conversación fue este; me dijo Carolina... —Juan, que fuerte me pareció ver de sopetón a mi cuñado, un tío tan serio en mi presencia, y a mi hermana, más poquita cosa que yo, ¡comiéndote la polla los dos a la vez!, y que polla. Tienes un buen rabo, tío, no por grande, que también, es por lo robusta que la vi, y proporcionada. —Gracias Carolina, estaba muy excitado. —Excitada me puse yo, que llegaba algo cansada de la universidad y, al ver la escena, me sentí muy húmeda, mucho. Me da algo de vergüenza decírtelo ahora, pero necesitaba verte desde aquel día, ¿sabes cuántas veces me he tocado y corrido desde ese día pensando en esa escena y en ti, y en tu garrote?, un montón. —Ahora soy yo el que está avergonzado, Carolina confesarme que te has pajeado pensando en mí, imaginando estar conmigo, tu, una chica tan joven; que no querría nada en la vida real conmigo, me hace sentir más joven. Preciosa, gracias. —Juan, y, ¿cómo sabes tú que no querría nada contigo en la vida real?, no eres tan viejo, y te miro la cara y es que estas muy bueno todavía, y muy interesante. — ¿De verdad?, mira que te tomo la palabra. —Jajaj, o puedes tomarme a mí ¿no Juan?, jajás. ¿Cuántos años tienes?, se te ve maduro, pero guapo, ¿cuarenta y siete? —No Carolina, tengo cincuenta y cuatro. —Joder tío, pues los llevas de puta madre. ¿Sabes?, siempre me han atraído los titis maduros, me siento frágil y excitada en presencia de los que me parecen atractivos y seductores, como contigo ahora. —Estas excitada ahora, ¿aquí tomando café? —Sí. La verdad es que yo también lo estaba, pero no quise confesárselo, para que no me viera un viejo salido, aún. Acabamos el café y nuestras miradas llenas de deseo se cruzaron, Carolina carraspeo y me dijo... —Juan, he quedado hoy en ir a casa de una amiga a estudiar, dormiré en su casa y pasaré mañana el día con ella. Tengo que coger dos autobuses, ¿me llevas tío?, y seguimos hablando por el camino. —Sí, claro, digo por supuesto Carolina. Saqué mi coche del parking y salimos. La dirección que me dio era a las afueras de la ciudad. Ya había anochecido, con el cambio de hora enseguida es de noche. Carolina empezó a contarme historias de la universidad, pero de pronto se calló unos minutos y me dijo después... —Juan, el otro día quedé admirada de la erección tan potente a tu edad, y más tú allí de pie, y mi hermana y mi cuñado comiéndotela de rodillas; ¡fue bestial! además tu polla es muy atractiva. Desde ese día mi cuñado no es tan estricto conmigo como lo había sido desde que me vine a vivir con ellos para estar cerca de la universidad. Juan, ¿tomas algo para ya sabes? —No tomo nada, de verdad, solo fue un subidón, chica guapa. Carolina, yo cuando me excito es como si me encendiera, y no he tomado nunca nada, porque si pienso en tomar alguna pastillita, me siento extraño y no lo hago. —Juan, como te dije en la cafetería, me he metido el dedo muchas veces imaginándote. No dije nada —ella siguió hablando. Salimos del casco urbano, la urbanización está cerca de un parque natural donde empieza la montaña, teníamos aún diez minutos de carretera antes de llegar a casa de su amiga, me lo decía el GPS del móvil. Carolina volvió a hacer un silencio, después me dijo... —Juan, ¿te la puedo tocar? —No sé, eres tan joven que creo que no lo merezco, aunque sería estupendo, pero voy conduciendo. —Solo acariciarla. —Bueno, si solo es eso, muchas gracias Carolina, eres una joven tan especial. Dije bueno por no decir estupendo. Una chica de veinte años, preciosa, moderna; tan moderna que llevaba un piercing en la nariz y la cabeza rapada a un lado, esa chica joven quería acariciar mi pene, un pene de cincuenta y cuatro años. Mi pene empezó a desperezarse. Carolina bajó la cremallera de mi pantalón de tergal, alargando las manos para no estorbarme mientras conducía. Como una ratita ágil, metió su mano en mi bragueta, dentro de los calzoncillos; y sin sacarla al fresco, empezó a acariciar pene y testículos muy suavemente. Cuando ella empezó mi pene estaba inflamado, pero no duró. Le daba pasadas como si este fuera el lomo de un perrillo, ¡joder que gustazo! Sus manos son muy suaves. Mi pene estaba ya "embutido al vacío" dentro de los calzoncillos, con la mano de ella aplastada dentro, por la presión de una erección creciente. Carolina sacó mi miembro fuera del pantalón y este se alzó firme, pero peligrosamente cerca del volante, el cual me gusta llevarlo bajo. Vi un camino junto a la carretera, ya era noche cerrada, con la luz larga alumbrándome buscaba un hueco donde parar. Carolina mientras tanto ya había empezado a meneármela. El camino acababa a escasos cien metros de una casa semiderruida. Aparqué en la puerta sin parar el motor y puse más fuerte la calefacción, al tiempo que apagaba las luces del coche. Eché el cierre centralizado y desplacé mi asiento hacia atrás para dejarla hacer. Vi sobre nuestras cabezas, a través del parabrisas, una luna creciente que nos alumbraba, nuestros cuerpos se veían en tonos azulados. Carolina estaba como loca, me la meneaba compulsivamente, con fuerza, su mano, no muy grande; apenas podía rodear mi pene, duro ya como un espinazo. Carolina soltó "la captura" y con las dos manos se quitó las braguitas y la minifalda, desabrochó su blusa y se la quitó también, luego hizo lo mismo con el sostén. Su cuerpo era una escultura griega, ¡perfecto!, su cintura se podría coger con una mano, casi como la base de una copa de vino. Sus pechos, aun siendo pequeños, eran redondeados y con pezones marcados. Su chochito era de un vello espeso pero centrado, no tenía vello en las inglés. La forma de su coñito era parecido a un de tulipán. Ella agachó la cabeza y me lamió el glande con su lengua, rodeándolo despacio. Me sentía el hombre más feliz del mundo, no pensé nunca tener tanta suerte. Los amigos no me creerían y mi mujer, que me engañó con uno de mi misma edad, se quedaría muda... pero no diría nada. Con sus manos había agarrado mis huevos, uno con cada una. Cada vez que su lengua daba un lametón, de abajo a arriba; al frenillo de mi pene, sus manos tiraban hacia abajo de mis huevos, ¡como haciendo hincapié! Mi polla ardía, me temblaba. Carolina, abriendo mucho la boca, se tragó mi glande. Después su lengua lo trabajó desde dentro, mientras que sus labios se apretaban por fuera, más abajo del engrosamiento de mi glande. ¡Ahí mismo apretó sus dientes!, moviendo su cabeza a los lados como imitando a una perrita cuando atrapa un hueso y juega con él; mirándome a los ojos, como diciéndome que era suyo. Puse mis manos sobre su cabeza, acariciando la parte rapada, que raspaba como una lija. Apreté su cabeza hacia abajo un poco, pidiéndole con ese movimiento que se tragara también el resto. Haciendo un esfuerzo se tragó medio tronco, pero no pudo con más, porque al dar mi gordo glande con su campanilla, a ella le daba tos. Siguió moviendo su cabeza rítmicamente, con media polla dentro y media polla fuera de su boca. Se la sacó de la boca, del tirón; trepó por el habitáculo hasta subirse encima de mí, me beso en la boca, yo le comí la suya, sorbiendo sus labios. Ascendió más, mi pene se paseó por su raja, siguió subiendo. Puso sus muslos apretando cada uno una de mis orejas, esa parte interior de sus muslos era tan suave que me hizo suspirar. Sus pies se colaban por ambos lados, reposando sobre el asiento de atrás, allá a mis espaldas. Situó su chocho sobre mi boca y se restregó de un lado a otro. Sus labios externos se doblaban y se arrastraban contra mis mejillas. Olía a limpio, a frescura de mujer joven, le chupé los pliegues internos, los sorbía; le metí la lengua en su rajita. Alcé la lengua y rocé su clítoris, que estaba henchido como una perla rosada. Mi lengua siguió recorriendo su sexo, su vello púbico era tan suave que más que pelos parecían plumas. Carolina comenzó a jadear sonoramente. Yo necesitaba penetrarla, pero recordé lo que me dijo su hermana y tiré de la palanca de mi asiento y lo lleve hasta chocar contra el asiento de atrás. Le dije a Carolina... —Por favor, date la vuelta Carolina, y pon tu culo en pompa sobre mi boca. —Lo que tú digas, Juan, soy tan feliz. Eres tan, tan; unnnn. Como me has comido el chochito, ¡que boca! Estaba tan guapa: sudando, delgada, en tonos azulados su cuerpo por la luz de la Luna. Su culo es tan firme que cuesta pellizcarle un cachete. Sus posaderas descansaron sobre mi cara, sus pechos sobre el volante, sus brazos sobre el salpicadero. Me dijo... — ¡Cómeme el culo, cabrón! Le metí la lengua en el agujero del culo y, para poderlo conseguir, tiré de sus cachetes firmes hacia los lados, dándole con la lengua en el ojito trasero, apretando con la punta de mi lengua y comprobando que su ano se estaba abriendo y dilatando como la flor de un charco. Le di un azote en ese firme culo, y le dije... —Vámonos al asiento de atrás que, si me das permiso, te voy a follar el culo, que no tengo preservativos y, hoy, te voy a respetar el coño, muchacha; ¿te parece bien Carolina? —Me parece estupendo, yo tampoco quiero sin globo; además; lo tengo abierto para tu polla, tu robusta polla, ¡fóllame el culo, cabrito! Dándonos golpes con los asientos, la palanca de cambios y el freno de mano, llegamos hasta atrás. Carolina puso su culo en pompa, pero sus rodillas en cuclillas, para que mi espalda no diera con el techo del coche. Me pegue detrás de ella, le puse la punta en la entrada del ano y apreté, le entró a la primera, casi sin presión. Apreté de un modo soez al sentir su dilatación alrededor de mi miembro, con el firme pensamiento de metérsela hasta el fondo. Quería sentir mi pubis chocar contra sus posaderas y, en tres movimientos, se la metí hasta el fondo, después me moví dentro de ella como un animal, intensamente. Haberla follado por detrás me puso a tope, un cuerpo tan bonito para mí. Mientras mis embestidas la hacían gritar de gusto, ella apretaba de vez en cuando los músculos de su ano, para sentir la robustez de mi miembro, ya que su extrema dilatación no le permitía sentir mi dureza sin tensar sus carnes. Sentí como un chorro de flujo proveniente de su coño se derramaba sobre mis muslos, ella cayó derrumbada sobre el asiento trasero; a la vez que se le salía mi polla del culo. Yo no me había corrido todavía, pero la tensión era tan intensa que estaba a punto. Carolina se dio la vuelta sobre el asiento y me dijo con una voz tan tierna y suave como cariñosa... —Juan, no te quedes así, quiero tragarme tu leche, córrete, aquí en mi boca. Dicho esto y, tendida sobre el asiento, abrió mucho la boca y alzó un poco la cabeza. Tropezando contra el techo con mi cabeza, y poniendo mis rodillas contra el asiento, a ambos lados de sus pechos; comencé a meneármela frente a su cara, muy rápido. Su rostro joven y bello frente a mí, me dejó temblando... ¡Mi semen escapó de mi pene en un chorro tan intenso y abundante que me impresionó incluso a mí mismo!, y, como había mantenido el pulso firme; dicho chorro, haciendo una curva en el aire, se depositó ¡entero!, directamente dentro de la boca de Carolina. Era espeso, un arco de semen de una longitud de unos veinticinco centímetros, que entró con rotundidad en su boca. Mi semen pasó sobre el centro de su lengua, estrellándose contra su paladar y tumbando su campanilla hacia adentro de su garganta. Carolina tosió un poco salpicándome con mi propio semen. Luego tragó y beso la punta de mi pene, me dijo la chica... —Juan, está muy dulce, me encanta, ¿cómo has podido echarme tanto?, ¡lo siento caliente en mi estómago! —Tenía tantas ganas de ti, acumuladas desde que te vi entrar esta tarde en la cafetería. Me dejé caer sobre ella, la bese en la boca y descansamos unos minutos. Luego nos pusimos la ropa y, cuando nos disponíamos a salir, sonó mi teléfono, era Lara, su voz denotaba ansiedad. Me dijo... —Juan, cómo ha ido con mi hermana, ¿habéis hablado mucho? —Bastante, Lara, le he contado todo. —Juan, ¿te ha dicho Carolina que te esperamos a cenar? —Sí, "nada más vernos" (Mentira, se le había olvidado por completo). —Juan, he preparado una cena muy buena para ti y Pedro te ha comprado un regalo. Carolina me quitó el móvil y puso el manos libres, para que yo oyera todo lo que ella hablara con su hermana... —Lara, hola. — ¿Carolina, Sigues con él?, creía que dormías con una amiga hoy, como me dijiste. —Sí, si voy, pero he quedado más tarde, ahora me dejará Juan en casa de Lorena y él irá con vosotros, y mañana no me esperéis, que me quedo con Lorena y volveré pasado mañana. —Vale, no trasnoches Carolina, que tienes exámenes en la facultad. —Si hermanita, que pareces mamá. Nos montamos en el coche camino de la casa de su amiga, en el trayecto me dijo Carolina... —Juan, gracias por decirle a mi hermana que te había dicho lo de la cena, se me había olvidado. Lara y Pedro te esperan en casa, han preparado una cena muy buena en tu honor, no los desaires tío, por no acordarme yo. También me dieron el encargo de decirte que solo quieren que Cenes con ellos, que si no quieres nada más que lo entenderán. —Vale Carolina, así sí, es que no tengo claro lo de hacérselo a tu cuñado. —Te entiendo Juan, una cosa es jugar con él y otra; "eso", vamos, lo que me acabas de hacer a mí, ¿no Juan?, jajaj… —No es lo mismo, el culo de un hombre lleno de pelos, que esos cachetes tan suaves que tienes tú. —Lo sé, tonto; me ha gustado mucho, me sentía llena; es la primera vez que me lo hacen, pero ahora me duele el culo, ¡me lo has torneado bien cabrón! Pero no pasaría nada que te follaras a mi cuñado, total, te pones un globo y lo haces feliz. —No sabes cuánto bien me has hecho Carolina, me he sentido rejuvenecer junto a ti, preciosa jovencita. Pensaré lo de tu cuñado, pero no te prometo nada. —Anda madurito, fóllate a Pedro, aunque solo sea una vez, hazlo por mí. Si lo haces luego dímelo por wasap, ¡me correré solo de saber que el mismo hombre que me ha abierto el culo se lo ha abierto también a mi estirado cuñado! —Ya veremos Carolina, que eres un bicho. La dejé en casa de su amiga y, al despedirnos, la abrace muy fuerte y le besé las mejillas y la boca después. Cuando vi que entraba en casa de su amiga, me encaminé a casa de Lara y Pedro. — (Parte segunda de la continuación) — Al abrirme Lara la puerta de su casa me dio dos besos y Pedro un abrazo muy fuerte, demasiado fuerte. Ella estaba radiante, nuestras miradas se buscaron, la atracción entre los dos seguía igual de fuerte, su deseo hacia mí se veía en su ansiedad. La cena fue digna de un príncipe: había langosta, perdices al horno, vino caro, postre muy elaborado. Yo estuve algo incómodo, estaba sudando por el "atracón" de sexo con Carolina, pero guardé la compostura. En los postres me dio Pedro una caja, el regalo que me dijo Lara. Al ver lo que contenía la emoción me embargó. Él podía permitirse cualquier regalo; agradecido le dije... —Muchas gracias Pedro, no esperaba algo así, me has emocionado. —Nada Juan, me agrada que te guste. Y gracias a ti, el otro día me sentí muy feliz cuando me dejaste estar con vosotros dos mientras se lo hacías a Lara, ella y yo ahora estamos muy bien. Después de haber compartido mi dualidad reprimida tanto tiempo con mi mujer y contigo hemos vuelto a hacer el amor, gracias a ti. Además has sido a un tiempo potente y educado con nosotros y con nuestra situación sentimental. —Me alegro mucho por vosotros dos. Lara me dijo que si me quería quedar con ellos a dormir... —Juan, hay camas de sobra y, como es sábado mañana, ninguno tendríamos que madrugar. Por si quieres quedarte yo te he preparado una habitación. Estaba claro que quería que me la tirara otra vez o algo más, pero yo no quería engañarme a mí mismo ni a ellos tampoco. Mi pene había retrocedido "a sus aposentos", y con cincuenta y cuatro años a mis espaldas lo que yo necesitaba es dormir, ni conducir de noche, harto de comer y cansado de follar con Carolina, hacía un rato, ni hacerlo con ella, o con ellos, me gusta ser sincero... —Lara, te lo agradezco mucho y te tomo la palabra, estoy agotado, he tenido un día tan intenso “que no quieras saber” y no tengo ganas de conducir. Necesito dormir, pero antes necesito ducharme con vuestro permiso; y para qué engañarte Lara, esta noche no tendría fuerzas para hacer lo del otro día. Me respondió Lara... —Te entiendo Juan, además de encantador, eres sincero; me encanta que seas así y no un prepotente; como serian otros en esta situación. Juan, La segunda puerta es tu dormitorio, he puesto sábanas limpias y lleva la calefacción encendida toda la tarde; tenía tantas ganas de verte que lo había preparado todo por si querías quedarte, siéntete como en tu casa. Pedro apostilló... —Digo lo mismo que Lara, Relájate y descansa, no dudes en pedirnos cualquier cosa que necesites, ya eres nuestro mejor amigo, Juan. —Gracias a los dos por todo, y por vuestro cariño. Cogí mi móvil delante de ellos y llamé a mi mujer, le dije que se me había hecho tarde y que me quedaría en un hotel, y que al día siguiente tenía un viaje muy importante; por último le dije... —Cariño, el domingo comeremos juntos, prepara para entonces un arroz de ese que te sale tan bien, ¿quieres? —Claro que si Juan, no te preocupes y descansa, nos vemos el domingo, besos. —Besos, querida. Lara salió del comedor y volvió al poco trayendo para mí, una manta de baño y una toalla pequeña, y un pijama planchado de invierno. También trajo unos calzoncillos nuevos en su envoltorio original. Mientras Lara estuvo cogiendo la ropa para el baño me preguntó Pedro... —Y con tu mujer que tal, no quisiéramos que tuvieras problemas. —Pedro, no te preocupes, mi mujer me da toda la libertad que desee. Ella se siente en deuda conmigo, porque me engañó no hace mucho tiempo con otro hombre, y después me lo confesó. Está muy arrepentida y yo la he perdonado, pero el sexo entre nosotros está muy apagado. Necesito vivir, salir y entrar pero nunca le contaré nada de lo que haga fuera de casa. Me di una ducha caliente de más de quince minutos, puse a adrede la alcachofa de la ducha mirando hacia arriba, a la altura de mis muslos; dejando que el agua caliente espurreada elevara y zarandeara mis testículos como huevos en una fuente. Cogí una maquinilla nueva de afeitar del armario de Pedro y me afeité la barba, después me afeité también la zona íntima, desde el pubis hasta la parte baja de mi escroto, todo, como hago habitualmente. Pasé junto a ellos enfundado en el pijama que me prestó Lara y les di las buenas noches antes de meterme en mi cuarto. Me acosté y me arropé, las sábanas olían a limpio, a suavizante de la banda. Me quedé dormido enseguida, al principio me escuchaba roncar a mí mismo, después no sentía nada. Me había acostado a las once y media de la noche y me desperté a las nueve de la mañana. Cuando miré mi reloj me reía solo diciendo para mis adentros... ¡Pero donde te metes con tu edad! Y es que me siento rejuvenecer siendo querido y deseado, y deseando también. A esa hora me sentía fenomenal, tenía una erección matutina tan intensa que deseaba que alguien me la chupara. La sensación de deseo me invadía, no sabía que sería de aquel sábado, pero tenía que intentar empezarlo por todo lo alto. El dormitorio de ellos estaba junto al mío, los escuchaba murmurar desde donde yo estaba, mi puerta y la de ellos estaban abiertas. Carraspeé, y alzando la voz llamé... — ¡Laraaa!, ¿Puedes venir por favor? Antes de que Lara acudiera a mi llamada, bajé la sábana superior que me cubría, me desprendí de la parte inferior del pijama y de los calzoncillos y quedé expuesto: Desnudo, obsceno, impertinente; pero tan excitado de saber que estaban allí al lado y que me deseaban, que tenía el miembro brillante por la erección tan intensa. Mi pene grueso y robusto fue lo primero que vieron al entrar en mi cuarto, digo vieron porque a mi llamada a Lara, acudieron sobresaltados los dos. Separé las piernas y dije... —Lara, ¿me la puedes chupar?, me gustaría mucho ahora, si no te importa. —De eso hablábamos ahora mismo en nuestra habitación, de no desperdiciar tu visita. Por supuesto que puedo chupártela Juan, ¡si pudiera me la comería! Ella se desprendió de su pijama y de su ropa interior, su cuerpo es casi perfecto, el cuerpo de una mujer joven de treinta años. Su cabello castaño suelto cayó sobre mi vientre y sus labios besaron mi pene. Me besó el miembro más de cincuenta veces, cincuenta besos repartidos, desde la base de mi pene hasta el glande. Después se tragó mi polla entera, poco a poco, como devorándola despacio como haría una serpiente. Luego su cabeza subía y bajaba con un ritmo lento pero constante, ella estaba situada a la izquierda de la cama y mis huevos distendidos y engordados por el deseo se extendían sueltos y desparramados sobre la sábana inferior, muy grandes. Pedro me los observaba. Él estaba de pie, me miraba desde el marco de la puerta; sus ojos eran puro deseo, sus cabellos pelirrojos brillaban con la luz de la mañana. Me dio cosa verlo de espectador en su propia casa y le dije, al mismo tiempo que yo me agarraba los huevos y los alzaba... —Pedro, anda, no te cortes y chúpamelos si lo deseas. —Muchas gracias Juan, lo deseo mucho, no sabes cuanto. Se abalanzó sobre la cama desde los pies de esta y, de un sorbetón, se tragó uno de mis testículos nada más comenzar a chupármelo. Jugó con él dentro de su boca, dio tirones suaves, después, y gracias a la gran distensión de mi bolsa escrotal, ¡se tragó también mi otro testículo! Sin apretarlos mucho, cerró un poco sus dientes, atrapando dentro de su boca mis dos huevos, embutidos en mi bolsa escrotal. Me miró a los ojos, como diciéndome que mi virilidad estaba en sus manos, bueno, en su boca. Se quedó quieto como el perro que atrapa su hueso. Lara me la chupaba con más intensidad al ver a su marido con mi tajada en la boca. ¡Yo estaba que me corría! Acaricié la cabeza de Pedro, de cabellos pelirrojos intensos; situada allá abajo, junto a mis huevos, atrapados por su boca. Me excitaba saber que Pedro podría castrarme solo con apretar los dientes. Lara soltó mi polla, saltó de la cama y se puso en pompa sobre el suelo del dormitorio, diciéndome… —Juan, fóllame, ¡fóllame fuerte!; ¡como si nunca hubieras follado! Al escucharla Pedro soltó el bocado liberándome. Me apeé de la cama y me puse el preservativo que llevaba en la cartera (ese que le dije a Carolina que no llevaba), después me situé detrás de Lara, de rodillas como ella. Se la metí en el coño de golpe, me zarandeé dentro de ella hasta que me dolían los músculos del culo, mi polla hacia el mismo ruido que los pistones de un motor. Pedro se desnudó de espaldas a mí, se agachó también de espaldas y se puso de rodillas, alzando un culo totalmente depilado a la cera. Sus muslos estaban muy juntos, escondiendo sus atributos a mi vista. Solo se veía algo de vello pelirrojo alrededor del ojete de su culo. Cogió un pequeño bote de crema que acababa él de traer y de dejar junto a sus piernas; depósito un poco de crema de ese bote sobre su mano derecha y se unto el ano; después me dijo… —Si me dices que no, te querré lo mismo, pero por favor Juan, penétrame un poco, me harías el hombre más feliz del mundo. Mientras él me decía esto yo seguía follándome a Lara intensamente, ella quiso terciar y dijo sin dejar de recibir polla… —Juan, aaaa, lo que tú quieras, aaa, nadie, aaa, te obliga a nada, pero me gustaría tanto ver cómo te lo follas, aaa, sería mi venganza cariñosa. Pensé en el regalo que me había hecho Pedro, en las palabras de Lara, y en las de Carolina aquella tarde, dudé, pero lo recordé con mis dos huevos mordidos por sus dientes, mirándome desafiante y todo el conjunto de pensamientos hicieron que me apeara de Lara y me acercara a Pedro por detrás. Mi pene se alzó inhiesto en el frío aire de la mañana, me sentía poderoso, habiendo penetrado en el mismo día a una mujer de veinte años y a su hermana, ahora, con treinta años y a punto de follarme al marido de esta última con treinta y cinco años en su pito, que por cierto, digo pito porque en un momento que se la vi, la tenía tan encogida que solo se veía un centímetro de tamaño. Le puse mi polla dura como el cemento en el ojete, lo cogí por la cintura; metí la punta (enfundada, por supuesto, en el mismo preservativo con el que me había follado a su esposa Lara), solo la punta, y cuando le conseguí meter el glande entero y sentí como los músculos de su culo rodeaban mi glande como un anillo, ¡de un empujón!, ¡le metí la polla hasta los huevos! Lo penetré un rato, ¡muy fuerte!, se la metía y sacaba como si él fuera mi marioneta… Apunto de correrme se la saqué y les dije a los dos que se pusieran de rodillas delante de mí. Yo estaba como loco por la excitación y por el extraño poder que me llevaba. Lara me quitó el preservativo y me limpió el miembro con una toalla húmeda y después con una seca. Ya perfecta me la meneé frente a sus rostros, soltando un pegote espeso en el rostro de pedro y un chorro en la cara de Lara, que le llegaba desde la frente hasta la boca. Después me limpiaron los restos y se limpiaron mi leche de sus rostros el uno al otro. Luego oriné en el baño una larga meada, la que llevaba esperando desde que me levanté esa mañana fría de sábado. No debería haberlo hecho, pero lo hice; y, cada vez que lo recuerdo; desde hace dos días que sucedió, donde quiera que esté, mi pene se pone erecto y me siento muy bien. (Todos los nombres del relato menos el mío están cambiados, los que aparecen aquí no son los reales). Final ([email protected])

Autor: Juan Loalre Categoría: Sexo en Grupo

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Pau y Bere ¡mis dos perras!

2019-11-15


Estábamos celebrando el cumpleaños de mi Lety, todas sus amistades estaban ahí, obviamente algunas de sus amigas que ya me había cogido, pero estábamos celebrando a Lety que estábamos como si nada, pero solo dos chicas, parecían estar nerviosas y tensas cada que me acercaba. Paula y Bere, ya les conté que me las comí a cada una, de Bere no sabía que era su amiga y aproveché la fragilidad de Paula para gozar de ambas. La fiesta se desarrollaba normal, pero en un momento ya estaba en la hora de mero desmadre, ¡yo no podía dejar de ver a Paula y Bere y es que ambas estaban vestidas tan sensual que de recordar como las penetre mi verga me ponía en jaque! Al pasar la media noche y con unos tragos de mas, vi que Lety al parecer ya estaba a punto de coger con alguien así que decidí hacer lo mismo yo, tome de la cintura a Ver y empecé a bailar con ella, con la mirada llame a Paula quien se unió al baile, los tres bailábamos muy pegados, no sé si los demás se dieron cuenta, pero yo, me daba las tres con ambas nenas, esas dos hembras que sudaban sexo y te hacían erizar con su mirada. Después de cachondear un rato, le susurré al oído a ambas que las esperaba en la habitación de visitas, ellas me miraron y se miraron, pero no respondieron, ¡yo sonreí y me dirigí a la habitación! Tardaron un momento en llegar, pero ambas entraron al mismo tiempo. B: ¿Que paso, para que querías que viniéramos? P: Rápido, ¡no quiero que Lety nos vea salir de aquí! B: Si, concuerdo con ella, ¿que deseas? Yo las miraba con mucho deseo, ya las había desvestido con la vista, así que sin más preámbulos les dije: L: ¡Deseo a ustedes! Ambas se miraron mutuamente, sus miradas eran de casi, casi mandarme a la fregada, me puse de pie y les tomé la mano, comenzando la labor de convencimiento. L: ¡Anímense chicas, es una muy rica experiencia hacer un trio! B: ¡Es que a mí no me gustan las mujeres! P: ¡No, qué pena, no quiero que me vean! L: No, sean prejuiciosas, eso es malo, mejor, déjense llevar, ¡les prometo que no se van a arrepentir! P: No, además, ¡quedamos en que no volvería a pasar nada entre nosotros! B: ¡Si, yo quiero mucho a mi amiga, la primera vez no sabía que eras su marido! L: ¡Prefieren perderse la diversión por una promesa irreal! B: ¡No es irreal! P: ¡La quiero y no le voy a fallar! Como el dialogo no funcionaba mucho, pase a acariciarlas y besarle el cuello, ellas solo me quitaban la cara, pero yo como pulpo, les acariciaba todo lo que podía, sabía que si seguía en ese camino, pronto lograría mi objetivo, que era cogerme a las dos en ese momento! P: ¡Ya! ¡Estate quieto! B: ¡Nos pueden descubrir! L: ¡Más excitante! Empecé a besar a Bere, ella trato de oponerse, pero mi lengua la convenció poco a poco, mientras mi mano acariciaba las piernas de Paula, acto seguido me dirigí a besar a Paula, ahora mi mano acariciaba las tetas grandes de Berenice, le apretaba su rico pezón mientras mi lengua se enredaba con la de Paula. Ellas poco a poco fueron cediendo ante el calor del momento, las besaba y acariciaba, ellas se miraban y disfrutaban como las estaba prendiendo, las tome de la mano y las lleve directo a la cama, me quite mi playera y les quite la suya, dejándolas solo en brasear, en eso Bere empezó a besar a Paula, ¡que beso!, sus lenguas se mezclaban maravilloso, con sus manos, paula apretaba fuerte las tetas de Bere, yo acariciaba las nalgas de ambas, el hermoso momento aumento cuando los tres nos besamos al mismo tiempo!, sus lenguas y la mía se unían en un triple beso, lleno de lujuria. Paula empezó a besar a Bere con muchísima pasión, le quitaba su ropa y le pasaba su lengua por todo su cuerpo, la nena china solo jadeaba y cerraba los ojos, yo me quite los pantalones y la trusa, Paula despojo de la tanga a Bere y comenzó a saborear sus dulces placeres! L: ¡Si, así nena, comete su rica concha! P: ¡Esta buenísima nena! B: ¡Ah, dios, ah! Paula comenzó a devorar la concha de Bere, no quise quedarme atrás y colocando mi verga en su cara, me incliné a lamerle las tetas, Bere empezó a lamerme el pene y acariciar mis testículos, los tres estábamos disfrutando muy rico! Bere empezó a succionar mi verga en una posición tipo 69, yo me incline directo a donde estaba Paula y entre los dos le mamábamos la pepa a la china, aprovechaba para besar a Paula y lamerle sus tetas, Bere seguía tragando mi verga de una forma magistral en esa posición, empujaba un poco mi pelvis para follarle su boquita, Paula por su parte introducía sus dedos en la ya húmeda concha de Bere y me besaba con pasión! Me acosté en la cama y subí a Paula a mi cara, acomodé su conchita en mi boca y la empecé a tragarme la conchita depilada de Paula, ella tomo posición de 69 y empoza a mamarme mi verga, haciéndole segunda a Bere, la lengua de ambas me daba un rico sexo oral, la tragaban con desesperación, la besaban, me mordían los testículos, luego se besaban, el acto era riquísimo. P: ¡Amo tu verga! B: Sabe deliciosa, ¡además que rico es compartirla contigo nena! L: ¡La maman rico, sigan perras, síganle! P: ¡Ah, tu sígueme chupando Luis, lo haces rico! B: Yo también la quiero chupar, ¡quiero probar a Pau! Acosté a Pau y Bere inmediatamente se lanzó a devorarle la conchita, Bere estaba en cuatro y aproveché para darle sus lamidas también, le metía y sacaba la lengua con fuerza, ella hacia lo mismo con Pau, los gritos y gemidos eran opacados por la música de la sala, mi verga estaba tan dura que aprovechando que Bere estaba en cuatro comiendo vagina, la penetré fuerte, ¡me movía fuerte mirando fijamente a Paula quien jugaba con sus pezones y disfrutaba el oral de Bere! L: ¡Bere, dios, que rico! B: ¡Ah, dame, así, agh! P: ¡Si papi, métesela rico, así, dásela rico! L: ¿Te gusta ver como la penetro? P: ¡Me excita como goza y como se mueve su cara en mi vagina, uf! B: ¡Esta rica ti vagina Pau, uf, dios, Luis me matas! Se la saqué a Bere, mientras ella se hacía para adelante a besar a Pau, yo empecé a penetra a Pau, le abrí las piernas como tijera y en lo que se besaban y mordían, se la metía con fuerza, ¡al mismo tiempo le daba de nalgadas a Bere! Bere se acomoda en 69 y mientras yo penetraba a paula ella le daba de mamadas a la vagina de Paula y a mi verga, sentía riquísimo, como entraba en Paula y como Bere me la lamia al mismo tiempo. L: ¡Ah, si, así, que rico! B: ¡Mmm!, que rico saben! P: ¡Agh, sigan, así, que placer! Me acosté y Paula empezó a cabalgarme, Bere puso su conchita en mi boca y también se movía para que mi lengua entrara y saliera de su vagina, se besaban y se mordían las tetas, las dos me estaban cogiendo riquísimo, me había olvidado que estaba en mi casa y que mi esposa estaba por algún lugar, pero el tener a esas mamacitas encima mío, ¡me hacía gozar y gozar! Ellas se entrelazaron, yo me pare en medio de las dos para que me la chuparan, y mientras hacían eso, juntaban sus conchitas moviéndose suavemente el ruido de sus conchas chocando me la ponía más dura y ellas no dejaban de comerse mi verga, ¡las tome de la cabeza para apoyarme y moverme fuerte y sentir as sus ricas mamadas! L: ¡Ah, así, que rico, dios, que rico! P: ¡Agh, Bere, mm, Luis sabes rico! B: ¡Paula, eres la mejor, dios, que rico te mueves! Paula se acostó y entrelazo su pierna con al de Bere quien se subió encima de ella, mientras se besaban y se mordían las tetas, yo prepare mi verga para que entrara en medio del sándwich, al estar en esa posición al moverme podía penetrar a las dos, a veces estaba en Paula, pero en algún movimiento terminaba en Bere, la estábamos pasando riquísimo los tres! P: ¡Ah, Luis, Bere, dios! B: ¡Cójanme, así, que rico! L: ¡Que rico, uf, agh! ¡La velocidad de los movimientos aumento estrepitosamente, ya gritábamos, nuestros cuerpos sudados y mojados chocaban generando un sonido excitante, mi verga ya no sabía en qué vagina entraba y salía, todo estaba húmedo, las apretaba y las abrazaba, ellas también se movían, hasta que, en un glorioso éxtasis, los tres terminamos juntos! P: ¡Ah!!!, que rico! B: ¡Dios, dios, agh! L: ¡Uf, si!!! Las llené de mi leche caliente, los tres terminamos con un triple beso muy pasional, reposamos unos minutos y nos preparamos para regresar ya que sin darnos cuenta habían pasado 2 horas, primero salí yo, después Bere y al final Pau, pero ella, así como salió del cuarto se fue de la casa. Nos percatamos que no había ya nadie, la música seguía y Lety no estaba, me senté en el sofá, deduje que mi esposa estaba con otro así que solo me relajé, Bere se sentó a mi lado a descansar también y hacer comentarios de lo sucedido, porque estas dos nenas, ¡aun seguirían estando conmigo! [email protected]

Autor: Esposos(LyL) Categoría: Sexo en Grupo

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Pau y Bere ¡mis dos perras!

2019-11-15


Estábamos celebrando el cumpleaños de mi Lety, todas sus amistades estaban ahí, obviamente algunas de sus amigas que ya me había cogido, pero estábamos celebrando a Lety que estábamos como si nada, pero solo dos chicas, parecían estar nerviosas y tensas cada que me acercaba. Paula y Bere, ya les conté que me las comí a cada una, de Bere no sabía que era su amiga y aproveché la fragilidad de Paula para gozar de ambas. La fiesta se desarrollaba normal, pero en un momento ya estaba en la hora de mero desmadre, ¡yo no podía dejar de ver a Paula y Bere y es que ambas estaban vestidas tan sensual que de recordar como las penetre mi verga me ponía en jaque! Al pasar la media noche y con unos tragos de mas, vi que Lety al parecer ya estaba a punto de coger con alguien así que decidí hacer lo mismo yo, tome de la cintura a Ver y empecé a bailar con ella, con la mirada llame a Paula quien se unió al baile, los tres bailábamos muy pegados, no sé si los demás se dieron cuenta, pero yo, me daba las tres con ambas nenas, esas dos hembras que sudaban sexo y te hacían erizar con su mirada. Después de cachondear un rato, le susurré al oído a ambas que las esperaba en la habitación de visitas, ellas me miraron y se miraron, pero no respondieron, ¡yo sonreí y me dirigí a la habitación! Tardaron un momento en llegar, pero ambas entraron al mismo tiempo. B: ¿Que paso, para que querías que viniéramos? P: Rápido, ¡no quiero que Lety nos vea salir de aquí! B: Si, concuerdo con ella, ¿que deseas? Yo las miraba con mucho deseo, ya las había desvestido con la vista, así que sin más preámbulos les dije: L: ¡Deseo a ustedes! Ambas se miraron mutuamente, sus miradas eran de casi, casi mandarme a la fregada, me puse de pie y les tomé la mano, comenzando la labor de convencimiento. L: ¡Anímense chicas, es una muy rica experiencia hacer un trio! B: ¡Es que a mí no me gustan las mujeres! P: ¡No, qué pena, no quiero que me vean! L: No, sean prejuiciosas, eso es malo, mejor, déjense llevar, ¡les prometo que no se van a arrepentir! P: No, además, ¡quedamos en que no volvería a pasar nada entre nosotros! B: ¡Si, yo quiero mucho a mi amiga, la primera vez no sabía que eras su marido! L: ¡Prefieren perderse la diversión por una promesa irreal! B: ¡No es irreal! P: ¡La quiero y no le voy a fallar! Como el dialogo no funcionaba mucho, pase a acariciarlas y besarle el cuello, ellas solo me quitaban la cara, pero yo como pulpo, les acariciaba todo lo que podía, sabía que si seguía en ese camino, pronto lograría mi objetivo, que era cogerme a las dos en ese momento! P: ¡Ya! ¡Estate quieto! B: ¡Nos pueden descubrir! L: ¡Más excitante! Empecé a besar a Bere, ella trato de oponerse, pero mi lengua la convenció poco a poco, mientras mi mano acariciaba las piernas de Paula, acto seguido me dirigí a besar a Paula, ahora mi mano acariciaba las tetas grandes de Berenice, le apretaba su rico pezón mientras mi lengua se enredaba con la de Paula. Ellas poco a poco fueron cediendo ante el calor del momento, las besaba y acariciaba, ellas se miraban y disfrutaban como las estaba prendiendo, las tome de la mano y las lleve directo a la cama, me quite mi playera y les quite la suya, dejándolas solo en brasear, en eso Bere empezó a besar a Paula, ¡que beso!, sus lenguas se mezclaban maravilloso, con sus manos, paula apretaba fuerte las tetas de Bere, yo acariciaba las nalgas de ambas, el hermoso momento aumento cuando los tres nos besamos al mismo tiempo!, sus lenguas y la mía se unían en un triple beso, lleno de lujuria. Paula empezó a besar a Bere con muchísima pasión, le quitaba su ropa y le pasaba su lengua por todo su cuerpo, la nena china solo jadeaba y cerraba los ojos, yo me quite los pantalones y la trusa, Paula despojo de la tanga a Bere y comenzó a saborear sus dulces placeres! L: ¡Si, así nena, comete su rica concha! P: ¡Esta buenísima nena! B: ¡Ah, dios, ah! Paula comenzó a devorar la concha de Bere, no quise quedarme atrás y colocando mi verga en su cara, me incliné a lamerle las tetas, Bere empezó a lamerme el pene y acariciar mis testículos, los tres estábamos disfrutando muy rico! Bere empezó a succionar mi verga en una posición tipo 69, yo me incline directo a donde estaba Paula y entre los dos le mamábamos la pepa a la china, aprovechaba para besar a Paula y lamerle sus tetas, Bere seguía tragando mi verga de una forma magistral en esa posición, empujaba un poco mi pelvis para follarle su boquita, Paula por su parte introducía sus dedos en la ya húmeda concha de Bere y me besaba con pasión! Me acosté en la cama y subí a Paula a mi cara, acomodé su conchita en mi boca y la empecé a tragarme la conchita depilada de Paula, ella tomo posición de 69 y empoza a mamarme mi verga, haciéndole segunda a Bere, la lengua de ambas me daba un rico sexo oral, la tragaban con desesperación, la besaban, me mordían los testículos, luego se besaban, el acto era riquísimo. P: ¡Amo tu verga! B: Sabe deliciosa, ¡además que rico es compartirla contigo nena! L: ¡La maman rico, sigan perras, síganle! P: ¡Ah, tu sígueme chupando Luis, lo haces rico! B: Yo también la quiero chupar, ¡quiero probar a Pau! Acosté a Pau y Bere inmediatamente se lanzó a devorarle la conchita, Bere estaba en cuatro y aproveché para darle sus lamidas también, le metía y sacaba la lengua con fuerza, ella hacia lo mismo con Pau, los gritos y gemidos eran opacados por la música de la sala, mi verga estaba tan dura que aprovechando que Bere estaba en cuatro comiendo vagina, la penetré fuerte, ¡me movía fuerte mirando fijamente a Paula quien jugaba con sus pezones y disfrutaba el oral de Bere! L: ¡Bere, dios, que rico! B: ¡Ah, dame, así, agh! P: ¡Si papi, métesela rico, así, dásela rico! L: ¿Te gusta ver como la penetro? P: ¡Me excita como goza y como se mueve su cara en mi vagina, uf! B: ¡Esta rica ti vagina Pau, uf, dios, Luis me matas! Se la saqué a Bere, mientras ella se hacía para adelante a besar a Pau, yo empecé a penetra a Pau, le abrí las piernas como tijera y en lo que se besaban y mordían, se la metía con fuerza, ¡al mismo tiempo le daba de nalgadas a Bere! Bere se acomoda en 69 y mientras yo penetraba a paula ella le daba de mamadas a la vagina de Paula y a mi verga, sentía riquísimo, como entraba en Paula y como Bere me la lamia al mismo tiempo. L: ¡Ah, si, así, que rico! B: ¡Mmm!, que rico saben! P: ¡Agh, sigan, así, que placer! Me acosté y Paula empezó a cabalgarme, Bere puso su conchita en mi boca y también se movía para que mi lengua entrara y saliera de su vagina, se besaban y se mordían las tetas, las dos me estaban cogiendo riquísimo, me había olvidado que estaba en mi casa y que mi esposa estaba por algún lugar, pero el tener a esas mamacitas encima mío, ¡me hacía gozar y gozar! Ellas se entrelazaron, yo me pare en medio de las dos para que me la chuparan, y mientras hacían eso, juntaban sus conchitas moviéndose suavemente el ruido de sus conchas chocando me la ponía más dura y ellas no dejaban de comerse mi verga, ¡las tome de la cabeza para apoyarme y moverme fuerte y sentir as sus ricas mamadas! L: ¡Ah, así, que rico, dios, que rico! P: ¡Agh, Bere, mm, Luis sabes rico! B: ¡Paula, eres la mejor, dios, que rico te mueves! Paula se acostó y entrelazo su pierna con al de Bere quien se subió encima de ella, mientras se besaban y se mordían las tetas, yo prepare mi verga para que entrara en medio del sándwich, al estar en esa posición al moverme podía penetrar a las dos, a veces estaba en Paula, pero en algún movimiento terminaba en Bere, la estábamos pasando riquísimo los tres! P: ¡Ah, Luis, Bere, dios! B: ¡Cójanme, así, que rico! L: ¡Que rico, uf, agh! ¡La velocidad de los movimientos aumento estrepitosamente, ya gritábamos, nuestros cuerpos sudados y mojados chocaban generando un sonido excitante, mi verga ya no sabía en qué vagina entraba y salía, todo estaba húmedo, las apretaba y las abrazaba, ellas también se movían, hasta que, en un glorioso éxtasis, los tres terminamos juntos! P: ¡Ah!!!, que rico! B: ¡Dios, dios, agh! L: ¡Uf, si!!! Las llené de mi leche caliente, los tres terminamos con un triple beso muy pasional, reposamos unos minutos y nos preparamos para regresar ya que sin darnos cuenta habían pasado 2 horas, primero salí yo, después Bere y al final Pau, pero ella, así como salió del cuarto se fue de la casa. Nos percatamos que no había ya nadie, la música seguía y Lety no estaba, me senté en el sofá, deduje que mi esposa estaba con otro así que solo me relajé, Bere se sentó a mi lado a descansar también y hacer comentarios de lo sucedido, porque estas dos nenas, ¡aun seguirían estando conmigo! 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Autor: Esposos(LyL) Categoría: Sexo en Grupo

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Juntos y revueltos

2019-11-09


Un simple cumpleaños derivó en la mejor y más ardiente fiesta de la vida... -¿Andrés, sabes dónde quedo el vestido que trajiste ayer de la tintorería?- pregunté en voz alta. -¡No tengo idea! – me respondió mientras entra al walk in closet y comienza a darme lengüetazos en el cuello. -¿Te vas a poner ese vestido esta noche?- pregunta - Sabes cómo me gusta que lo uses y sufrir las consecuencias de llevarlo puesto. De eso no te libra ni la FIFA - me dice mientras pellizca mis pezones. - ¡Quédate tranquilo un rato, por favor!- Le digo nerviosa por la hora - Acabamos de darnos la mejor de las duchas y sigues con la tontería. ¡Cómo puedes ser tan caliente. No te cansas nunca por dios! Ya estamos atrasados para la fiesta- terminé por decir mirando mi reloj. Me mira y me dice riendo con cara libidinosa – Quien no estaría caliente todo el día con esas tetitas duritas y ese culito respingón que están para comérselos a cada rato. Fiesta sería quedarnos en casa y que continuáramos con lo que comenzamos bajo el agua ¿no te parece mejor idea? –termina por decir mordiéndome un pecho. Él es sin duda lo más parecido a un Dios griego. No por lo perfecto de sus formas, sino por ese cuerpo rebosante de testosterona, fogoso, vigoroso y viril. Cada vez que lo pienso e imagino en mi mente no puedo evitar que mi entrepiernas se humedezca por completo. Esa noche era el cumpleaños de una de mis mejores amigas, así es que la idea de estar y disfrutar solos en casa no era opción. Maite jamás me lo perdonaría. Por supuesto que llegamos a la fiesta más tarde de lo previsto. El resto de los invitados ya estaban en plena celebración. El lugar era precioso. Una casona estilo colonial rodeada de frondosos árboles con una gran piscina iluminada en el centro. Llevaba puesto mí vestido favorito de color negro, que finalmente encontré después de mucho buscar, sin ningún adorno, con la espalda descubierta, ceñido lo justo y necesario para destacar una que otra curva. El cabello suelto, ligeramente despeinado y los labios rojos hacían el contraste perfecto con el color de mi piel. No podían faltar mis tacones altos de color rojo los que combinaban a tono con mis labios dando el toque perfecto al look casual y sensual. Maite, mi amiga de infancia celebraba un año más y sus fiestas siempre eran apoteósicas, llenas de sorpresas y fantasía. Nunca escatimaba en gastos. Era su día especial. Personalmente nos salió a recibir en medio del bullicio. Al vernos entrar dio un gran grito de alegría abrazándonos efusivamente. -¡Por fin llegan!, Te he estado esperando desde temprano como habíamos quedado cuando hablamos esta mañana. – me recrimina con una sonrisa. -Lo siento Maite- dice Andrés – tuvimos un leve percance cuando nos estábamos bañando. A Fabiola se le cayó el jabón, se agachó a recogerlo y… tuvimos un percance – termina por decir soltando una sonora carcajada. ¡Cállate, no sigas por favor!- le digo molesta, sintiendo como me iba ruborizando. Maite, se larga a reír guiñándome un ojo haciéndose cómplice de lo que decía Andrés de pronto grita -¡Ahora sí! ¡Que comience la fiesta! ¡Hasta que las velas no ardan y las ganas se acaben!- Algo molesta con Andrés por hacerse el gracioso contando intimidades, hicimos el camino para llegar al borde de la piscina donde se encontraba el bar. Al abrirnos paso entre los invitados no pude evitar contornearme más de lo normal. Me gustaba saber que Andrés se deleitaba y gozaba con esos imperceptibles pero sugerentes movimientos de caderas. Sabía que bajo el vestido iba totalmente desnuda. No usaba ropa interior. Era nuestro pequeño y morboso secreto. Mis movimientos daban la señal perfecta de que la noche ya estaba comenzando. Mientras bebía frente al bar una copa muy fría de vino blanco divisé al otro lado de la piscina a un amigo de Maite. Este no dejaba de mirarnos con insistencia y cuando cruzamos nuestras miradas alzó su copa en señal de saludo. Trate de disimular el haberme sonrojado y lentamente volví a beber un sorbo de vino intentando obviar aquel sugerente e inesperado gesto del invitado. -¡Eres genial! - susurró Andrés tomándome por la cintura. Me besó sorpresivamente metiendo su lengua irreverente en mi boca una y otra vez. –Quédate tranquila y no hagas nada - me dice al oído mientras sus manos se deslizaban por mi culo levantando el vestido lo suficiente como para sugerir que no llevaba nada debajo. Con los ojos entre cerrados y con disimulo mirando por sobre su hombro pude ver como el invitado de enfrente derramaba el vaso sobre su camisa impresionado al ver la mitad de mi culo al descubierto y desnudo. Le sonreí a pesar de su torpeza. Este a la vez, metía su mano al bolsillo del pantalón para disimular que estaba teniendo una potente erección. -A ese lo tienes más caliente que a mí – exclamó Andrés riéndose. -¿Me das una cerveza, por favor?-, le dice Andrés a la joven y guapa camarera que pasaba por nuestro lado ofreciendo bebidas. La chica lo miró por unos instantes, se ruborizó, titubeo y con la voz entrecortada le dice – ahora no llevo cervezas, señor, pero voy a buscar una de inmediato- terminó por decir marchándose rápidamente. A los pocos minutos regresó con una fría botella. – Aquí tienes tu cerveza – le dijo a Andrés con una insinuante mirada, voz sensual y segura de sí misma, agregando a todo aquello una coqueta y linda sonrisa. La chica había regresado con una actitud diferente. Con tres botones de su blusa abiertos dejaba entrever el nacimiento y canalillo de sus turgentes pero pequeños pechos. A través de la tela se notaba que sus pezones estaban duros. Andrés tenía un magnetismo casi irresistible para cuanta jovencita se cruzara por su camino. Al parecer percibían las potentes feromonas que manaban de su cuerpo y estas llegaban como abejas a la miel. Andrés sorprendido la miró disimuladamente y le sonrió dándole las gracias. Le iba a decir algo más, cuando Maite pidió la atención de los presentes y dijo a viva voz. -¡Queridos amigos ¡ Han sido tan generosos en darse el tiempo de celebrar conmigo este gran día, que les tengo un regalo. Espero que lo disfruten. El DJ cambió bruscamente de música y por un costado de la piscina aparecieron media docena de chicas y chicos que al ritmo de una seductora música comenzaron a hacer su coreografía. El espacio no era lo suficientemente amplio para todos los invitados así que nos tuvimos que acomodar de cualquier forma en los sillones y sillas que se encontraban en la terraza. De aquella manera podíamos ver cómodamente el espectáculo que nos estaban ofreciendo. Los focos apuntaron a la pista bajando la intensidad de sus luces y estas empezaron a danzar al ritmo frenético de la música. Andrés se acomodó en un pequeño sofá individual y para no ocupar otro espacio me señaló que me sentara sobre sus piernas. Me estaba acomodando cuando disimuladamente empezó a deslizar su mano sobre su pantalón. Bajó la cremallera y levantó rápidamente mi vestido en el mismo instante en que yo me dejaba caer sobre sus piernas. -¡Mierda!- exclamé inconscientemente mientras sentía como su pene se deslizaba por mi vagina hasta llegar al fondo. Mientras todo el mundo estaba pendiente del espectáculo, para mí era imposible no balancear y mover mis caderas sobre Andrés. Me movía al ritmo de la música disimulando la caliente actividad en la cual estábamos inmersos, pero atenta a cualquier señal de que no nos fueran a descubrir. Andrés impertérrito jadeaba silenciosamente mordiendo y metiendo su lengua en mi oreja mientras yo intentaba calmar sus manos que se habían vuelto locas tratando de pellizcar mis pezones. Los repentinos aplausos nos trajeron de vuelta a la realidad. Había terminado el show y todavía estaba sobre Andrés clavada con una estaca entre mis piernas. De pronto veo a Maite caminando directamente hacia nosotros con una pícara sonrisa en sus labios. Mi cara no pudo disimular el nerviosismo y la vergüenza que sentía a que fuéramos sorprendidos en plena faena por mi amiga, festejada y anfitriona. Me sentí morir y observada por todos. Andrés no movía un músculo y sonriente le dice a Maite con su pene aún dentro de mi vagina oculto solo por mi vestido. – Excelente fiesta y muy bueno el show, te felicito por la producción – Maite nos miró y deslizó su dedo índice sobre los labios de Andrés indicándole que guardara silencio y riendo nos dice – Creo que la fiesta de ustedes está mejor. No se le ocurra marcharse antes, se tienen que quedar hasta el final- nos tira un beso y regresa junto los otros invitados. Me sorprendió el mensaje y me relajé como pude. Ya estábamos inmersos en todo esto, aunque igual me avergonzaba de que nos hubiera sorprendido follando en su fiesta delante de todos los demás invitados. En fin, ya había pasado el bochorno deseando que nadie más se hubiera percatado del caliente incidente. Ahora solo había que disfrutar y pasarlo bien el resto de la velada. La noche transcurría de forma tranquila sin mayores novedades. Algunos bailaban, otros hacían grupos riendo a carcajadas y los más en el bar conversando y bebiendo alrededor de la piscina. Andrés insistía en jugáramos e hiciéramos una que otra travesura. Ya con algunas copas de más estuve a punto de ceder en más de alguna de las sugerentes ideas que proponía. Pero me mantuve firme de no cometer ninguna otra locura después de que Maite nos sorprendiera en el sofá. De pronto alguien pronuncia mi nombre. -¿Fabiola?, ¿eres Fabiola? ¿Mi compañera de colegio? ¡No lo puedo creer!- ¡Pero si eres tu mujer! – Era la Sole, antigua compañera de colegio que no veía desde que habíamos egresado. -Fabiola, estás estupenda y regia. ¡Qué cuerpazo te gastas! - me decía mientras me abrazaba una y otra vez. Nos servimos un trago y nos pusimos a conversar. Mientras tanto, Andrés se escabulló sigilosamente y desapareció de mi vista. -Hola- le dijo a la joven camarera que estaba sirviendo las bebidas. Ella lo miró y bajó la cabeza avergonzada. – ¿Quieres otra cerveza? – le preguntó aún con la cabeza inclinada para no mirarlo directamente. -No quiero otra cerveza. Quiero saber cómo te llamas – le preguntó Andrés sonriente levantando con su mano el mentón de la chica para mirarla directamente a los ojos. -Paloma- contestó la chica de forma inmediata con voz suave y entrecortada. - Eres muy hermosa y atractiva Paloma. Me llamo Andrés y te aceptaría una cerveza siempre y cuando tú me acompañaras. ¿Qué te parece la idea?- -Me encanta la idea y no sabes cuánto me gustaría acompañarte Andrés, pero ahora no puedo. Estoy trabajando.- contestó la chica. -Me dejaste muy nervioso cuando me insinuaste tus pechos hace un rato atrás. Más bien me dejaste caliente – le dijo Andrés – Eres muy cruel pequeña Paloma – lo dijo a la chica sin dejar de mirar directamente a sus ojos. -Disculpa, no fue mi intención. Fue una tontería que hice sin pensar- respondió la chica sonrojándose aún más. -No sabía que andabas acompañado. Lo siento- se disculpaba nerviosamente secando un par de copas. -Tu amiga es muy atractiva- remató Paloma. -Fuera de atractiva y rica, folla como las diosas. Me caliento de solo pensar en ella- le contesta Andrés – Pero ella no está ahora. Y quien está aquí y me tiene muy caliente eres tu Paloma –le dice Andrés tomando una copa de la bandeja, rozando a la pasada y a propósito su pequeño pecho. Paloma dio un brinco al sentir el roce de la mano en su cuerpo que hizo tambalear la bandeja que llevaba. -También siento cosquillas cuando estoy cerca de ti - dice Paloma con un aire casi infantil – pero no te puedo acompañar ahora a beber, debo seguir trabajando. Andrés se queda pensativo por unos segundos y le pregunta mirando su reloj -¿A qué hora terminas de trabajar? - En dos hora más. ¿Por qué?- - Vale – dice Andrés – en dos horas más te vengo a buscar y nos tomamos juntos unos tragos. ¿Te parece? -¿Y tú pareja, no se enojará si te ve conversando conmigo?- pregunta la chica -No te preocupes por eso. No se enoja – responde – Además nos esconderemos muy bien de todo el mundo. Seremos solo tú y yo – termina por decir Andrés guiñándole un ojo. -Nos encontramos en dos horas- le dice a Paloma y regresa a la piscina. Durante la noche disfrutamos de la generosidad de Maite. Había alcohol en abundancia y platos con deliciosos entremés, canapés y pastelillos que servían sin cesar. Sin duda era un generoso regalo que nos estaba ofreciendo. Andrés y yo bailamos gran parte de la noche. Podía sentir su perfume en cada movimiento que me envolvía inevitablemente revolviéndome todas las hormonas y humedeciendo hasta el último de mis rincones. Ya tenía un par de copas de más en el cuerpo y eso me daba la libertad de poder desinhibirme totalmente si la situación lo ameritaba. Incluso le dije abiertamente a Andrés que estaba muy caliente. Andrés sin prestar mucha atención a lo que decía miraba constantemente su reloj hasta que le pregunté – ¿Qué pasa? ¿Te quieres ir tan pronto? Podríamos volver a follar escondidos en el sofá – le insinué largándome a reír. Entrada la madrugada la cantidad de invitados comenzaba a disminuir hasta quedar solo el círculo más íntimo de Maite. Éramos aproximadamente unas veinticinco personas. De pronto la anfitriona se levantó de su mesa con una copa en la mano y caminando descalza por el borde de la piscina exclamó. -¡Amigos! ¿No creen que la noche está muy calurosa? ¿Quién se atreve a darse un chapuzón conmigo? – Mientras hablaba, seductoramente se iba sacando el vestido hasta quedar con los pechos al descubierto. Solo un pequeño colaless negro cubría la parte más íntima de su anatomía. Por unos segundos se hizo un silencio sepulcral. Hasta que una voz masculina rompió el maleficio. -¡Tienes razón, el calor es intenso! ¡Te acompaño! - Y se comenzó a desvestir. Era uno de los amigos de Maite. El mismo que me había saludado alzando su copa y que se había excitado al ver mi culo al aire. Descaradamente me puse a observar la notable anatomía del atrevido amigo. Inevitablemente sus caderas fueron el punto de mi atracción. Se quedó junto a Maite al borde de la piscina con su bóxer puesto. Se notaba excitado por el bulto que sobresalía de su entrepiernas. No pude resistir la tentación y grité – ¡que se saque el bóxer! – Todos los presentes me siguieron en la algarabía- ¡Que se lo saque!- gritaban todos. Nuestro amigo haciendo una gran reverencia no dudó en complacer a la concurrencia bajándose el bóxer quedando totalmente desnudo. Tenía el pene erecto. Ambos se situaron al borde de la piscina y de un salto se lanzaron al agua con tanta fuerza que los que estábamos observando al borde de la piscina quedamos igual de mojados que ellos. Maite estaba tan excitada que comenzó a besar frenéticamente a su compañero mientras él acariciaba intensamente sus pechos y mordía sus pezones. Entre tanto jolgorio otro de los invitados grita. -¡Quien más va al agua!- -Veamos quienes son los valientes – invitaba a viva voz mientras se desnudaba y se lanzaba un clavado en la piscina. -¡Yo! ¡Yo voy!- Dije sin pensarlo dos veces y quitándome los tacones me lancé al agua. No podía de dejar de reír. De pronto Maite levanta su mano derecha enarbolando el pequeño colaless que hasta hace pocos momentos llevaba puesto y lo tira fuera. Y yo, para no ser menos me quite el vestido. Así quedamos los cuatro totalmente desnudos en medio de la piscina. Andrés, me miraba sonriendo sentado en un sofá de la terraza meneando la cabeza. Uno a uno se fueron desinhibiendo y se empezaron a tirar a la piscina. Algunos desnudos, otros en ropa interior. El griterío era ensordecedor, Había muchas risas y chapoteábamos como niños. Maite jugaba y agarraba todos los penes que pasaban por su lado. Tenía que catarlos a todos hasta elegir el mejor, decía. La temperatura iba subiendo a raudales entre los bañistas. Y también de los que no se habían zambullido. Una pareja de chicos gay practicaban desnudos el uno al otro el sexo oral a orillas de la piscina. Verlos con que pasión y ganas lo hacían me excitó de sobremanera. Nadaba y jugueteaba con todos hasta que me encontré de frente con Alex. El chico que me había visto medio culo desnudo y me dice directamente. -Estás exquisita Fabiola – y agarró mis pechos empezando a apretar mis pezones. No me resistí y dejé que lo hiciera. La visión del sexo oral y las copas de más me tenían totalmente excitada. Ya no pensaba, solo actuaba y sentía. - Mira como me has tenido toda la noche – dice Alex tomando mi mano llevándola directamente a su pene. Estaba totalmente erecto. -¿Te gusta?- me pregunta insinuante. -Nada mal – le respondí simulando mi asombro. Lo apreté fuertemente con mi mano y lo empecé a acariciar suavemente. Empezó a gemir y a besar mi cuello con la respiración entrecortada mientras su mano se dirigía suavemente a mi vagina llegando hasta mi clítoris. Ambos y al mismo compas nos masturbábamos deliciosamente. Estaba muy excitada y caliente. -Veía cómo te meneabas en el sofá y quiero que hagamos lo mismo. Déjame estar dentro tuyo Fabiola. Abre las piernas, sé que te gustará – me decía con la voz bastante agitada. No alcancé a responder ni hacer nada porque Maite apareció de la nada y nos abrazó diciendo – Yo también quiero jugar a lo que están jugando ustedes – Y sin más palabras se inclina decidida, toma el pene de Alex, lo introduce en su boca y lo empieza a chupar y lamer. Me hice a un lado un tanto desconcertada por el desplante de Alex cuando otro chico se acerca por detrás a Maite y la empieza a acariciar. En un segundo de lucidez empiezo a buscar a Andrés con la mirada y no lo encontré por ningún lugar. Seguí un rato más chapoteando en el agua tratando de calmar mi calentura cuando veo que Maite sale de la piscina con Alex y el otro chico. Se recuestan en el pasto acariciándose y revolcándose entre los tres hasta que Alex se pone boca arriba. Maite se monta sobre sus caderas e introduce el pene de Alex en su vagina cabalgándolo frenéticamente. El otro chico la acariciaba sin cesar, besaba su espalda y la abrazaba por detrás exprimiendo sus pezones. En un momento Maite se queda quieta y se recuesta sobre el pecho de Alex levantado su culo. Podía ver como el pene de Alex seguía introducido en la vagina de Maite. El otro chico se acomodó por detrás y empieza a introducir lentamente su pene por el ano de mi amiga. ¡Se la estaban follando entre los dos! Estaba siendo doblemente penetrada. ¡Era una imagen discordante! Maite se movía desaforadamente para adelante y para atrás. Alex para arriba y el otro chico para abajo. Maite solo gritaba de placer, nada más que de un intenso placer. En realidad eran muchos los gemidos que se escuchaban. La fiesta se había convertido en una orgía pura y dura. Parejas por todas partes tocándose, acariciándose y follando. Todos daban rienda suelta a sus instintos más básicos. Una chica masturbaba a dos chicos, a uno con su boca y a otro con su mano alternadamente. Otros se masturbaban mirando a las parejas. Seguía muy excitada y caliente. El breve encuentro con Alex y toda la visión que había ante mis ojos tenían alborotada totalmente mis hormonas. Me senté al borde de la piscina, abrí mis piernas y llevé los dedos a mi vagina, separé los labios buscando el clítoris, que estaba duro como piedra. Me comencé a masturbar frotándolo circular y suavemente. Mientras lo hacía, buscaba a Andrés con la mirada. No estaba por ninguna parte. Estaba al borde del orgasmo pero no me podía concentrar totalmente. Así que decidí salir de la piscina y buscar a Andrés. Me cubrí con una toalla y entré a la casa. Dentro reinaba un silencio absoluto. De pronto escuché un leve gemido de goce y me dirigí a mirar quien era. Estaban dos chicas haciendo una intensa tijera. Me quedé unos instantes viendo como sus vaginas húmedas y calientes se frotaban una con otra dejándose llevar por el intenso placer que eso entregaba. No estaba Andrés entre ellas. Subí a la segunda planta. Me dirigí a la única habitación que tenía una tenue luz encendida y entré. Allí estaba Andrés. Una chica muy joven lo cabalgaba entusiasmada con su cuerpo y cabeza echada hacia atrás. Se movía suavemente con los ojos cerrados. Estaba disfrutando en un estado de éxtasis tan profundo que ni siquiera me oyó entrar. Los estuve observando durante un rato y me excité intensamente otra vez. Llevé nuevamente los dedos a mi vagina y me empecé a masturbar mientras miraba como Andrés subía y bajaba sus caderas penetrando profundamente a la chica. Imaginaba lo que ella estaba sintiendo. Su duro, grande y firme pene desgarrando sus entrañas, penetrándola hasta lo más profundo, haciéndola volar una y otra vez por los universos desconocidos del placer. Hasta que la voz de Andrés me hizo salir del hechizo. – Entra Fabiola, no te quedes ahí parada - . La chica al oír mi nombre se sobresaltó y se hizo a un lado escondiéndose entre las sábanas. Ahí estaba Andrés de espaldas con su gran pene erecto apuntando directamente hacia el techo de la habitación. -¿Lo pasaste bien en la piscina? – Me pregunta irónicamente – por lo poco que pude apreciar lo estabas pasándo divinamente bien – terminó por decir largándose a reír. -Vamos Paloma sal de ahí. Fabiola no muerde, pero chupa como una diosa – le dice a la chica quitándole la sabana de encima. -¡Enséñale como se hace Fabiola!- me dice señalando su pene ¡Ah! – Dice Andrés –Antes de nada, ella es Paloma señalando a la chica. Paloma, ella es Fabiola señalándome a mí – y continúa. -Ahora que somos todos amigos continuemos jugando. La noche recién está comenzando – Paloma era una hermosa chica. Debía rondar los veinte años. Lindo cuerpo. Delgada con unos pechos que acababan de brotar. Casi no tenía aureola lo que hacía resaltar sus pequeños pero duros pezones. Tenía un culo redondo y muy bien formado. Era muy linda. De Andrés no se podía esperar menos. Conocía sus secretos y sabía perfectamente lo que le atraía y le gustaba. Y esta chica cumplía a cabalidad todos los requisitos. -Hola Paloma- le dije sonriendo – si lo deseas puedes continuar con lo que estabas haciendo. Se notaba que estabas disfrutando en otro mundo. Aprovecha el momento, no te cortes - Yo los miro y me entretengo sola mientras tanto.- -¡No Fabiola!- dijo Andrés – le vamos a enseñar cómo se hace. ¡Que disfrute ella mirándonos! ¿No era eso lo que tanto deseabas, Paloma? ¡Ver a Fabiola desnuda! – le dice riendo a la chica. -Bueno, aquí la tienes completamente desnuda y dispuesta a todo, ¿cierto Fabiola?- Ven aquí – me dice señalando su pene – está listo para que lo montes y lo cabalgues desbocadamente.- Sin pensarlo mucho, me monté sobre su pene y empecé a mover frenéticamente mis caderas. Tenía la necesidad urgente de un intenso orgasmo. No pasó mucho tiempo cuando empezaron los primeros espasmos. Se fueron sucediendo uno tras otro cada vez con mayor intensidad hasta que una violenta descarga eléctrica sacudió mi cuerpo cayendo rendida sobre el cuerpo de Andrés. Apenas podía respirar. Me tiré hacia un lado jadeante y satisfecha cuando escuche a Paloma decirle a Andrés – ¿Y tú no acabas nunca? Yo acabe tres veces y tú ninguna - ¿Hicimos algo mal o simplemente no te gusté? – preguntó con voz suave casi susurrante. -Paloma- le dijo con cariño – acabo cuando es el final del juego, así de simple. Ni antes ni después- Y aún nos queda mucho por jugar – terminó por decir. -A mí no me miren para nada – dije medio adormilada – la excitación, las muchas copas de vino y el intenso orgasmo que había tenido recién era suficiente por la noche. Me puse en posición fetal dándole la espalda a Andrés dispuesta a dormir un rato. En ese caso – dice Andrés – jugaremos con los dos solitos Paloma.- Entre sueños sentía como Andrés se follaba a la chica. La sentía gemir y gritar. Moverse y susurrar. Andrés estaba destrozando a Paloma. Su pequeña vagina quedaría inutilizada y fuera de servicio por bastante tiempo pensaba hacia mis adentros. Hasta que se produjo un silencio. De pronto siento como una boca empieza a lamer mis pechos. Abro los ojos de golpe y veo como Paloma chupaba y mordía mis pezones. Intenté levantarme pero una mano firme me sujetó a la cama impidiendo moverme. Andrés me abrazaba fuertemente por mi espalda. Sentía como su lengua la recorría suavemente desde el cuello hasta el culo. Traté de resistir, pero no pude. Paloma mordía y succionaba mis pezones con avidez y deseo mientras sus manos bajaban a mi vagina buscando el clítoris. La humedad no se hizo esperar al sentir sus dedos en mi entrepierna comenzando a manar líquido a borbotones. Encontró lo que buscaba y lo empezó a mover suavemente sacando tímidos gemidos de mi garganta. Esta chica me estaba calentando y excitando de nuevo. Me giré quedando de espaldas a la cama y abrí mis piernas. Paloma bajó suavemente hasta llegar a mi vagina que ya estaba empapada y empezó a lamer y chupar toda la humedad que de ella brotaba. Con su boca succionaba mi clítoris mientras que dos de sus dedos entraban y salían rítmicamente de mi vagina. Andrés mientras mordía y chupaba mis pezones. Paloma era suave y sutil. Conocía muy bien el camino del placer femenino. Entre los dos me hicieron llegar rápidamente a un nuevo orgasmo. -Ahora nos toca a nosotros – dice Andrés y me coloca en cuatro. Paloma se recuesta en la cama y abre sus piernas dejando ante mis ojos su enrojecida y desgarrada vagina. Estaba empapada. No hay nada mejor que la lubricación juvenil. Me recuesto sobre ella y empiezo a morder sus pequeños y duros pezones. Mi lengua jugaba con esas pequeñas protuberancias arrancando gritos de placer. Andrés se colocó detrás y empezó a mojar mi ano con mis propios fluidos. Me comenzó a penetrar lentamente. No pude evitar el grito de placer que nació de mis entrañas al sentir como se deslizaba suavemente hacia mi interior. Mi boca bajó hasta quedar a la altura de la vagina de Paloma y empecé a lamer y chupar su pequeño pero duro clítoris. Se revolcaba de placer cuando emitió un suspiro, empezó a tener pequeñas pero intensas contracciones y acabó. Quedó jadeante con los ojos cerrados. Con una gran y satisfactoria sonrisa en sus labios. Levanté bien el culo para que Andrés entrara más profundo. Empezó a acelerar el ritmo de las embestidas hasta que en un momento se retira de mi ano y me gira dejándome frente a su pene. Se empieza a masturbar sostenidamente y de pronto me dice – abre la boca – y eyacula violentamente derramando todo su caliente y viscoso semen en mi boca y cara. Cada chorro de semen que su pene disparaba entre espasmo y espasmo trataba de que cayera en mi boca. Eso era uno de mis manjares favoritos. Era una pena desperdiciarlo sobre mi cara. Ya empezaba a amanecer y reponiéndonos los tres en la cama, con más calma le pregunto a Paloma. -¿Qué pasó Paloma, que significa todo esto? - Soy bisexual Fabiola. También te quería a ti- ([email protected])

Autor: Aifa Categoría: Sexo en Grupo

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Solo una tercia

2019-11-09


Un estupendo regalo de cumpleaños... Después de haberte contado las experiencias vividas con nuestros amigos Ana y Fer en el mundo swinger, vamos a dar un salto a una que aconteció hace un par de semanas. Se aproximaba mi cumpleaños y sería una celebración por todo lo alto, sabes que gusto darme ciertos regalos un poco fuera de lo común y que también me gusta complacer y sin duda este plan que venía armando desde hace tiempo sería muy muy placentero, para ese día había comprado algunas cosas que serían necesarias como algunos juguetitos, lubricante, lencería erótica acompañada de sus respectivos zapatos a juego, todo esto doble y me aseguré de que no hubiera nadie en casa ya que eso formaba parte de la fantasía del amo, coger en el mismo lugar en donde dormía y si lo pienso bien la cosa no carece de cierto morbo y un extraño sentido del humor. Durante un par de meses me dí a la tarea de buscar a alguien que diera mas o menos con el perfil y que quisiera unirse al festejo, busqué durante algún tiempo recibiendo constantes negativas navegué en diferentes páginas y hojeando en algunos catálogos vi a una chica que me pareció perfecta, tenía mucha nalga y un par de pechos de buen tamaño, con una bonita melena larga en tono rojizo, El plan del día era simplemente salir a festejar con mis “amigas”, dado que los fines de semana mi marido se ausentaba constantemente, la coartada estaba armada y ya había quedado con mi amigo que le daría un gran regalo para el festejo de mi cumpleaños. Nos quedamos de ver para ir a tomar unas cervezas primero, a diferencia de lo que siempre vestía cuando salía con él esta vez había elegido un vestido corto, color azul con un escote algo pronunciado, me gusta la manera en la que se asoman mis pechos como si quisieran salirse del vestido, me había puesto medías negras y un par de zapatos de tacón muy alto, sabes que tengo una especie de fetiche con los zapatos. Al ir caminando por la calle me sentía muy puta con mi vestido corto y escotado, pensaba en lo que él diría al verme así, ojala le guste no quiero recibir un castigo por haber cometido un error –mentira!!! Si que quiero que me castigue y si me azota mejor. Al llegar al lugar donde nos veríamos me puse un poco nerviosa pues aún no llegaba por lo que espere durante unos minutos, algunos tipos pasaban y me decían cosas muy vulgares, caminaba de un lugar a otro hasta que me di cuenta!!! Él estaba algunos metros alejado de mí y se divertía observando cómo me ponía nerviosa el que me miraran de esa forma. Al acercarse y percibir el rico aroma de su loción, me temblaron las piernas como sucede cada vez que lo veo, sus labios apenas rozaron los míos, pero su mano derecha fue instantáneamente a sobar mi muslo, lo tome del brazo y caminamos al interior del local. Estuvimos en el bar hablando de muchos temas y proyectos, riendo y recordando muchas cosas al tiempo que ya habíamos tomado unas cuantas cervezas el metia cada vez con mas insistencia su mano por debajo de la falda de mi vestido, cada vez con mas descaro tomaba mis senos bajando peligrosamente mi escote, los besos se hacían cada vez mas intensos y la urgencia de pasar a lo divertido apremiaba, y me repetía a mi misma que tenia que ser paciente. Se nos dieron las 10:00Pm y le pedí volver a casa, el ignoraba los planes que tenía y hasta ese momento había sido una salida algo fuera de lo común ya que de otra manera a esa hora ya habríamos cogido durante un buen rato y estaríamos cansados y sudorosos, salimos del bar en donde estábamos, ya algo calientes por el manoseo, le pedí que me llevara a casa por que me sentía algo mareada(esto era mentira, no había bebido mucho) y en el camino de regreso pegaba mi cuerpo al suyo y mi mano que rodeaba su cintura buscaba su tremendo paquete sobándolo por encima del pantalón, en cada bache aprovechaba para repegar mas mis pechos a su espalda, iba imaginando la nochecita que pasaríamos, al llegar a casa él había dado por terminada la velada conmigo y me había dicho que saldría con unos amigos,fue grande mi decepción al ver que la sorpresa aún no llegaba y por un momento pensé que me había dejado plantada , le sugerí comprar un par de cervezas más, prometiéndole que no le quitaría mas tiempo(en lo que ella llegaba) lo invité a pasar a la casa, en el pasillo de la entrada lo arrinconé para comerle la boca y meter mis manos por dentro de la camisa, le sobaba el paquete que por cierto ya estaba durísimo, la idea era ponerlo lo suficientemente caliente para que se quedara un poco mas de tiempo conmigo, si ella no llegaba mínimo una cogida si me llevaba esta noche, abrí el cierre de su pantalón y me hinqué al tiempo que mis labios ya rodeaban su gruesa verga,sabes que el olor que despide me resulta completamente adictivo,mi lengua como si tuviera vida propia lamía ese grueso tronco recorriendo lentamente desde la base hasta la punta ya completamente mojada y chorreante, no puedo decirte cuento tiempo estuve ahí mamandole la verga, solo se que me dolía la mandíbula y que el marcaba el ritmo empujando o jalando mi cabeza, no recuerdo tampoco como fue que recuperamos la compostura lo suficiente como para seguir avanzando hacia la casa. Como pudimos entramos al departamento de abajo(ya te hablé en un relato anterior de el) de un empujón abrimos la puerta con nuestras bocas unidas al tiempo que él luchaba por arrancar las medias que cubrían mis piernas, lo aparté lo suficiente como para ofrecerle otra cerveza a lo cuál no se negó, pidiéndome que la sirviera de una manera muy peculiar, ahh quería comenzar el juego!!! Lentamente fui quitándome la ropa despacio solté los tirantes del vestido dejando que mis senos salieran de su prisión, me acerqué a el ofreciendo uno de mis pezones que sin tardanza introdujo en su boca, jugueteó un poco con el hasta que una de sus manos se estrelló en mi nalga, había olvidado la orden, terminé de desvestirme dejando solo la tanga y los tacones , me puse a cuatro patas y así fui a buscar la cerveza que le había ofrecido, regrese a su lado acuclillada a su lado como corresponde intentando decidir si recargarme sobre su pierna o solamente inclinar mi cabeza en señal de sumisión, opte por la segunda opción. De pronto escuchamos el sonido del timbre de la puerta, quise vestirme para ir a abrir la puerta pero el no me lo permitió, enviándome así a ver de quien se trataba, Valentina(que así llamaremos a este personaje) estaba realmente despampanante, con su larga melena rojiza suelta sobre unos hombros blanquísimos , su blusa entallada resaltaba perfectamente sus pechos, la falda cortita que traía se le entallaba bastante bien sobre unas caderas tremendas, se quedó mirándome con curiosidad y se presentó me saludó como una vieja amiga dándome un par de besos en las mejillas, su perfume olia bastante bien, la invité a pasar y a tomarse unos tragos con nosotros. Al llegar ante él la presenté como una vieja amiga a quien había invitado a tomar una cerveza conmigo, le pregunté si le incomodaba su presencia y que si era así podía pedirle que regresara otro día, por supuesto que se negó ante esa falta de cortesía y es que como ya te dije ella es una mujer muy bella , tiene unas curvas espectaculares, es de tez blanca, con una boca que provoca comerla a besos, cabello , un culazo que desafía la gravedad y unas pechos muy firmes aunque no muy grandes. Es resumidas cuentas de aspecto sexy que resulta muy difícil no fijarse ya que toda ella es sensualidad. La verdad es que me llamó la atención desde que la vi en el catálogo, y al hablar con ella para preguntar por sus servicios de inmediato congeniamos, Valentina(así la llamaremos) me tranquilizo con respecto a algunas cosas, sin embargo fue un poco dura de convencer para que aceptara hacer una tercia, según me dijo había tenido alguna mala experiencia con los tríos, le aseguré que la pasaríamos bien y que no sufriría ningún maltrato(muy severo) y que en el momento en el que ella se sintiera incomoda podía irse, él y yo habíamos hablado muchas veces sobre lo que haríamos ante esta muy erótica situación, pero ese deseo de tener a alguien entre nosotros y disfrutar de un divino trío no se había dado. Después de las presentaciones le pedí que me siguiera al sanitario y sacando de una bolsa un conjunto de lencería le dije que se lo pusiera y le expliqué que el no sabia que la había contratado por esa noche , nos retocamos un poco el maquillaje y regresamos junto a el, al verla llegar semi desnuda la recorrió con la mirada, saboreando su cuerpo entero, ya había caído , ella se sentó a su lado mientras que yo me colocaba en la misma posición de antes, hincada con la cabeza agachada esperando alguna orden suya. --------Una de las cosas más entretenidas de tener una pareja casual es que literalmente puedo ligar con alguien sin temor a ser descubierta o a que mi pareja se moleste por ello. Incluso es el efecto contrario, a el le encanta verme en plan puta con otra mujer o con otros hombres, le gusta ofrecerme para que me cojan y el simplemente observa como me hacen gritar como perra, al mismo tiempo me excitaba saber que el se cogía a otras e imaginaba cuanto placer podía darles ese gran pedazo de verga que se carga.------ Conforme iba pasando la noche deje de beber, me limitaba a servirles y a el al parecer se le había olvidado el plan de juerga con sus amigos, se le veía muy animado al lado de Valentina quien contaba algunas anécdotas de su vida, yo quería iniciar un juego mas sexual, quería sexo perverso así que nuevamente liberé esa rica verga y reanudé mi mamada, él conversaba animadamente dejando escapar de vez en cuando un suspiro de placer, de repente un jalón en mi cabello me indicó que quería que parara, levante ligeramente la mirada y comprendí el mensaje, un suave empujón me confirmó, a cuatro patas me recorrí un poco de lugar hasta llegar a donde estaba Valentina, separé sus piernas y comencé a dedear su rajita depilada, cuando comenzó a humedecerse hice a un lado el hilo de la panti e introduje la lengua, ella se retorcía y gemía escandalosamente, creo que fingía un poco, él fue directamente a comerle la boca y a sobar sus pechos, sus dedos tiraban de sus pezones, mientras mordía sus labios,por mi parte me esforzaba atacando su ya hinchado clítoris, mis manos se aferraban a sus nalgas y ella movía sus caderas buscando hacer mas profunda la mamada, la música sonaba de fondo, sin embargo apenas lograba escuchar un concierto de gemidos y suspiros, ella estaba a punto de terminar lo sentía por que sus caderas se arqueaban buscando con mas insistencia mi lengua, uno de mis dedos hurgaba ya en su mojada panocha, la sentí vibrar. El deseo era ya latente y pude ver como la verga de él estaba ya por explotar, sin apenas tocarla babeaba y se erguía reclamando un rincón húmedo y caliente sus ganas de avanzar me llevó a subir una de las manos hasta su cabello y obligarla a ponerse en cuatro, unas bofetadas bastaron para ordenarle que abriera sus nalgas, lo tomé de la mano y lo llevé hasta el culo perfecto de nuestra acompañante, solo una mirada bastó para que el comprendiera que era suya y que podía hacer con su cuerpo lo que quisiera, la punta de su lengua asomó de entre sus labios y con largos lengüetazos fue lubricando poco a poco ese agujerito que prontamente sería violado. Para ese entonces los tres estábamos ya muy calientes, ella agarró mi mano izquierda que estaba entre mis piernas jugando a darme placer y fue lamiendo lentamente cada uno de mis dedos, esta sensación me puso a mil, sin embargo decidí darles el placer de disfrutarse mutuamente. Me retiré un poco de la escena, los observaría mientras jugaba un poco con mis juguetes. Que gran espectáculo ver la manera en la que le daba, su verga entraba y salía violentamente de su culito apretado, mientras el azotaba sus blancas nalgas y mordía su espalda, a bofetones la obligaba a pedirle más mientras que con la otra mano le estimulaba el clítoris-te gusta puta? Seguido de un azote, mmm que rico sonaba eso, mi vibrador funcionaba a todo, lo metía y sacaba completo de mi vagina, sin duda me excitaba muchísimo pensar que así me usaba a mi. -su puta!!! Si me gustaba ser su puta, ser su esclava, darle placer y hacerlo enloquecer. Estando a punto de terminar dentro del culo de Valentina se salió y tomándola fuertemente del cabello la jaló hasta pegar su nariz en su verga, ella adivinando sus intenciones intento zafarse, momento que el aprovecho para aprisionar su nariz y obligarla a abrir la boca, se la metió hasta la garganta provocándole arcadas que por un momento pensé que vomitaría, y quien no lo haría? Unas bofetadas la convencieron de que la cosa era en serio y temiendo un trato mas violento comenzó a lamerla desde la base hasta la punta, dejándola bien limpia de residuos sospechosos, mientras veía esto me retorcía de gozo, mi vibrador en verdad hacia maravillas. _ de repente el paró la cogida de boca y le dijo a Valentina :Vamos a cogernos a...(omitiré mi nombre) al ver que ella dudaba un poco el la animó _anda ya verás que será rico. Valentina no estaba muy convencida pues sabía que la sesión sería ruda y que a pesar de que la paga no era poca realmente no sabía hasta que punto podría ser buena idea-En realidad tengo que irme , ya es un poco tarde. La verdad es que el no hizo caso a eso que ella acababa de decir, aún la tenía agarrada del cabello y arrastrándola hasta donde yo me encontraba enterró su cara entre mis piernas, cambiando vibrador por su sedosa lengua su aliento en mi entrepierna me produjo escalofrió, mientras ella me daba una buena comida el le restregaba la verga bien parada en las nalgas. Era una situación llena de morbo de ver a dos mujeres gimiendo y disfrutando de sus cuerpos. En otro momento Valentina fuese tomado la iniciativa y fue introduciendo uno de sus largos dedos en mi culo, él le había metido la verga hasta el fondo de la panocha y la bombeaba duro. De pronto Valentina lo detuvo y le pidió cambiar de posición, me incorporé y le di un beso muy húmedo, tenia un sabor algo acre en la boca y un olor extraño que se mezclaba con mis flujos, acaricié sus pechos , sus pezones estaban a punto de reventar, los mordí fuertemente y sentí como su cuerpo se crispó, eso me animó a seguir mordiéndola, el entendió el mensaje y comenzó a azotar su culo, sus manos dejaban marcas rojas en sus nalgas y ella gemía incontrolablemente. Subí el volumen de la música, no quería que los vecinos escucharan lo que sucedía entonces fue que recordé que en mi cuarto tenía algo que nos serviría para acallar sus gritos, me puse una bata de baño y subí a mi cuarto, tome la bolsita roja del cajón ”especial” y baje rápidamente, comencé a sacar un juego de cuerdas, una era mas larga y delgada, la otra era mas corta y gruesa, esa iría a sus manos, aprovechando que el la tenía empinada e inmovilizada le atamos sus manos por detrás de la espalda, ella intentaba resistirse pero el era mucho mas fuerte y se lo impidió, mientras el terminaba de ajustar el nudo(diré que es experto en nudos XD) yo ataba sus pies me complacía enterrar mis unas en sus piernas y pantorrillas cada que ella hacía algún intento de resistirse, mas le hubiera valido irse cuando lo pensó, inmóvil e indefensa ajustamos la mordaza bien apretada para que no pudiera escupirla, y ahora si comenzaba la mejor parte. Dejamos a Valentina con el culo ocupado con un vibrador de buen tamaño, ese de los pinchos que giran y que tanto placer me ha dado, me acerqué a el zalamera intentando hacerle arrumacos, ahora quería mi ración, de un bofetón me recordó cual era mi lugar, me puse de rodillas a sus pies, el me empujó hasta quedar tendida en el piso con las piernas bien abiertas para acceder mejor a mi panocha de la bolsita roja sacó una pequeña fusta con la que a veces jugamos, el primer golpe no se hizo esperar, directamente sobre el clítoris pero no muy fuerte . Me retorcí un poco por el dolor pero no tenía escapatoria y quería aguantar lo suficiente para darle placer. Otro golpe más fuerte, y otro, otros en el interior de los muslos, en el pubis. Dolía mucho y empecé a llorar y suplicar que parase, que haría lo que me pidiera , por favor,... Tenía toda la raja roja e hinchada y no aguantaría mucho más. Los quejidos pasaron a gritos aferrándome fuerte a sus piernas para evitar tocarme o pararlo. Cuando le pareció que ya era suficiente, cesaron los golpes y me hizo besar su mano, me incorporó lo suficiente como para que pudiera mamarle la verga llena de los jugos de Valentina, las lágrimas escurrieron libres por mi cara mientras el violaba mi boca.

Autor: Ruby Categoría: Sexo en Grupo

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Lara

2019-11-06


Lara y su marido, ella con treinta y su marido con treinta y cinco años, me hicieron vivir una experiencia increíble. A mis cincuenta y cuatro años no creía que podría vivir algo así. Con sensualidad y con respeto, pero también con intensidad. Desde que trabajo de representante estoy conociendo a mucha gente, antes trabajaba en una oficina sin contacto directo con el público. Cuando me engañó mi mujer y yo la perdoné, mi vida sexual comenzó a apagarse. En un principio lo atribuí a mi edad, cincuenta y cuatro años, y no a la aventura de ella; ya que mi matrimonio había vuelto a la normalidad y al cariño de antaño. Aunque algo no iba bien, y era que, cada vez que imaginaba a mi mujer haciéndolo con aquel hombre, mi deseo hacia ella se esfumaba; ¡y eso que yo sabía que su arrepentimiento era sincero! Ya hacemos poco el amor y con menos gana. Esa sensación de que algo no iba bien había provocado en mí una reacción opuesta y después de más de treinta años casados, volvía a girar la cabeza por la calle para mirar a otras mujeres. Soy muy atractivo para mi edad, no hablo de guapo, hablo de tener un no sé qué, que enciende a muchas mujeres. Ese sexapil había estado inactivo mucho tiempo; ¡Hasta que despertó de nuevo en mí!, y decidí disfrutar con otras mujeres, pero sin dejar a mi esposa que la quiero mucho. Para eso decidí que todo lo que hiciera lo haría en secreto, sin compartir aventuras o arrepentimientos con nadie, y con mi mujer menos aun. No había decidido disfrutar del sexo y engañarla por despecho, no, había sido por un deseo de volver sentirme excitado y deseado como antes. Lara es encargada de un comercio, tiene treinta años. Es una mujer muy guapa, con el pelo largo color castaño oscuro, su piel es muy clara. Llevo yendo a ese comercio dos meses, la primera vez solo hubo cordialidad y una sensación compartida de que nos gustábamos los dos. La segunda vez que estuve en ese comercio Lara fue mucho más amable que la primera vez, además me hizo un buen pedido, es la encargada. En esa segunda visita ella me tocaba las manos mientras veía mis productos, como sin darle importancia el contacto, pero con un roce tan sutil y constante que resultaba muy sensual. Recuerdo que me sentía muy dichoso mientras nos mirábamos a los ojos, veía el mismo deseo en ella que en mí, su mirada tenía un brillo casi cristalino. En esta última visita Lara me recibió entusiasmada, como si no nos hubiéramos visto en cien años. La había llamado el día anterior para concertar la hora de la visita. Yo me había acordado de ella muchas veces desde la última vez que estuve allí. Lara me recibió con una sonrisa de felicidad, ella llevaba una camiseta de algodón estampada, con un escote tan grande que, ¡se le veía un tercio de los pechos!; unos pechos preciosos y generosos, y unos pezones marcados suavemente, ¡no llevaba sujetador! Me hizo un pedido aun mayor que la última vez. Su perfume se olía desde la puerta, sus labios eran de un rojo brillante. Me rozaba con sus manos, como la otra vez; pero esta vez llevaba las uñas muy largas y no dudaba en clavarlas en mis manos, de un modo casi casual. Recuerdo haber imaginado en aquel momento cómo sería que esas uñas arañaran la piel afeitada de mi escroto y zarandearan mis testículos. Aquel pensamiento obsceno me provocó una erección casi total. ¡No había tenido una erección espontánea desde antes de la aventura de mi mujer! Lara, desde el otro lado del mostrador de cristal, atenta como una gacela en celo; ¡se quedó unos segundos mirando el bulto dentro de mi amplio pantalón de tergal! Mi rostro pasó al rojo fuego en un periquete. La miré a los ojos y vi que ella tenía una sonrisa pícara; pasó su lengua entre sus labios y parpadeó dos veces, después se puso roja como un tomate. Yo, con más de cincuenta años y, casado con una mujer de mi misma edad; había seducido a una joven de treinta años, me sentía pletórico; es más, me sentía más joven.... Pero me tenía que marchar, la dueña del establecimiento había llegado y ya llevaba yo un buen rato allí, observado por otra compañera de Lara. Al ver que la dueña se acercaba a saludarme, mi pene bajó un poco, (menos mal). Salí a la calle, estaba confuso y casi irritado por no haberle pedido su número de teléfono personal, pero no vi el momento; su compañera estaba muy cerca atendiendo a unos clientes. Me metí en una cafetería y, estuve allí hasta la hora de cierre del comercio, pero al llegar esa hora, tuve temor de meter la pata y no fui a buscarla a la salida. No sabía si ella estaba soltera o casada, nuestros roces habían sido teóricamente casuales; aunque yo sabía que habían sido intensos para los dos. Seguí en la cafetería otro rato, luego saqué mi coche del parking. Pasé con el coche por la puerta del comercio donde trabajaba Lara, solo para echar un vistazo mientras conducía alejándome de allí. Al pasar vi que ya habían cerrado. Seguí por la avenida y en una parada de bus, ¡vi a Lara! Como un crío, frené el coche y le pregunté... ¿Te puedo acercar a algún sitio? —Pasas por la calle... —Sí, paso por allí. — le dije, ¡pero era mentira!, me pillaba lejísimos. Se subió a mi coche, su agradable perfume inundó el habitáculo y su presencia me dejó mudo. Lara tampoco hablaba, su respiración era acelerada, se escuchaba incluso con el ruido del motor... Paramos en un semáforo, miré hacia ella, es preciosa pensé, miré sus pechos; con los pezones clavados en su camiseta desde el interior, elevando el tejido como dos alíen a punto de salir. Estando tan cerca, nuestras miradas se cruzaron y le dije... —Lara, eres preciosa, perdona que sea ten sincero, pero te lo tenía que decir. —Estas perdonado. —Me dijo con una gran sonrisa. Seguimos circulando por la ciudad, los demás conductores no existían para nosotros, las luces rojas de los semáforos, de parada obligada, eran aliadas de nuestras miradas furtivas. Habían pasado unos diez minutos, estábamos en un atasco; Lara me llamó por mi nombre... —Juan —Dime, Lara. —Tienes algo especial, estoy muy a gusto contigo. —Yo también contigo, Lara. Salimos del centro en dirección a su casa, vive en un barrio a las afueras. El tráfico había decrecido tanto que íbamos prácticamente solos. Yo tenía el pulso disparado, ella seguía respirando agitadamente. La avenida acababa en una travesía con poca luz; inesperadamente, ¡Lara apoyó su mano izquierda sobre mi muslo derecho!, a escasos cinco centímetros de mi pene, el cual, al sentir la cercanía empezó a crecer de golpe. Mi pantalón de tergal se elevaba como un circo. Giré mi cuello y la besé en la parte izquierda de su frente, solo un segundo, iba conduciendo. Vi que la zona de farolas acababa y aparqué a la derecha. Era una zona de aparcamientos sin un solo coche y sin luz. Ella se giró hacia mí, buscando mi boca y diciéndome bajito... —Bésame Juan. Bajé un poco mi cabeza y besé sus generosos labios, los chupaba más que besarlos. Lara sacó su lengua buscando metérmela en la boca. Separé mis labios y dientes y dejé que con su lengua jugara con la mía, con mis dientes, con mi paladar; estábamos ardiendo. Ella agarró mi pene con su mano izquierda, enfundado aun dentro del pantalón. Abrí mi bragueta, nervioso y excitado; di un tirón a mis slip hacia abajo; luego me agarré el pene y lo saqué al exterior. Me había duchado en el hotel antes de ir a su lugar de trabajo, por lo que me sentía suficientemente limpio. Lara agarró mi pene erecto, su mano era tan suave que mi erección se hizo extrema. Al apretarme ella el miembro con sus largas y rojas uñas, lo rodeaba y sentía yo como se clavaban en la tensa piel de “la cara oculta” de mi pene. Las luces de los coches que pasaban, nos iluminaban intermitentemente, nuestros cuerpos pasaban del color intenso a la oscuridad a intervalos. Lara me la meneaba con un ritmo constante y pausado, me dijo... —Juan, me gusta mucho tu polla, es muy robusta y bonita —después de decirme eso me sonrió y me guiñó un ojo. No es cuestión de hablar de tamaño, pero no era la primera vez que me lo decían; mi miembro no es, (perdón), como le pasa a otros, "una gárgola" desproporcionada. Lara no solo me meneaba la polla como una profesional, sino que, inclinada hacia mí, con su mano derecha había sacado mis huevos de los slip y los agarraba como un trofeo, arañándomelos con sus uñas al apretarlos. Sus dos manos me tenían preso. Lara agachó la cabeza buscando mi bragueta, sin mirarme a la cara siquiera. Fue directa hacia mi polla y se la fue tragando muy despacio, pero sin parar en el descenso; ¡que gusto más grande sentí! Mientras ella me la chupaba, bajando y subiendo la cabeza, yo acariciaba con mi mano izquierda sus cabellos color castaño. Con mi mano derecha le magreaba las tetas por debajo de su camiseta. Era el hombre más feliz del mundo, sentir su boca en mi pene, ella, una mujer veinticuatro años más joven que yo... Lara no se cansaba, ¡llevaba chupándomela más de diez minutos! Tras esos minutos chupando, ella estaba como loca de deseo. Apretó su cabeza contra mi pantalón, tragándose mi miembro hasta la raíz. Sentí como la estrechez de su garganta apretaba mi glande, en ese momento se me escapó un poco de semen, ella tosió. Apreté los músculos de mi culo y evité soltar todo en su garganta, temía que se ahogara. Levanté su cabeza para sacar mi pene erecto de su boca, volví a soltar un poco sobre su lengua, apreté de nuevo el culo y evite soltarlo todo. Una vez fuera, le dije a Lara... —Perdona Lara, se me ha escapado un poco. —No pasa nada, tiene un sabor tan dulce; es el primer semen que pruebo que es dulce; unnnn, me gusta. No sé por qué es dulce, no tomo azúcar, pero siempre me lo han dicho. —Lara, ¿vamos a tu casa?, que está cerca. —Estará allí mi marido. No había pensado en su situación personal, no le había querido preguntar para no romper el encanto. Le dije… —Bueno, buscaré un hotel. Lara se quedó callada, pensativa, al final me dijo… —Juan, si, vamos a mi casa, quiero que conozcas a mi marido. — ¿Para qué?, no podremos hacerlo. —Me ha engañado dos veces, con dos hombres. — ¡Joder!, ¿con dos hombres?, lo siento por ti, pero, yo no pinto nada en tu casa; además, después de lo de aquí, se supone que queremos terminar lo que hemos empezado, ¡que me van a estallar lo huevos Lara! —Lo se Juan, te los he tocado; pero si pintas, te cuento: Cuando Pedro me engañó y me pidió perdón, me dijo que yo tenía derecho a buscar a otro o por lo menos a alguien que me la metiera y, ¡que no le molestaría que lo hiciera incluso en casa con quien yo quisiera! Nos queremos, pero desde su traición no hacemos el amor, y quiero que el vea que he buscado a alguien; para sentirme compensada y para ver si le sirve de lección, no vaya él a creer que no sea capaz de nada. —Sigo sin entender porque quieres que vaya en este momento de tanta excitación. —Juan, quiero que me folles allí, estando él en el piso y sabiendo que vamos a eso. —No sé, me da mal rollo, ¿no se pondrá agresivo? — ¿Pedro?, ni mucho menos, es muy bueno y tierno, además, ¡el me dio esa opción!, ¿no? —Estoy tan excitado que no quiero pensar que me has escogido como conejillo de indias, que es lo que creo, vamos; pero al menor signo de agresividad por parte de tu marido me marcho. —Que bien, gracias por tu comprensión, Juan. Que sepas que eres mi primera aventura tras su engaño, pero si, había pensado en llevarme a mi casa al primero que me sedujera, y has sido tú. Me metí el pene en el pantalón y cerré la bragueta, ella se bajó la camiseta tapando sus preciosas tetas. Salimos del aparcamiento, mi pene aún estaba gordo como una morcilla. No soltar la lechada me tenía con subidón de energía que estaba como acelerado y, no me importaba ni me preocupaba nada. Yo no tenía nada que ver con su problema, pero de pronto, me iba a meter en una casa ajena, haciendo el papel de amante chuletas, cuando yo nunca he sido “un enterado”, y haciendo el papel de "el que la mete". No fumo, no bebo, y mi libido desde joven siempre ha ido a la par de mi autoestima positiva, que en ese momento era de tres flechas hacia arriba, y mi pene también, ¡sin pastillas para eso! Me sentía extrañamente excitado con el que sería mi rol en esa casa. Al llegar quedé impresionado por la casa, muy grande y lujosa. Metí mi coche en su cochera y desde allí entramos a la vivienda. Me presentó a su marido como su amigo, a secas. Me invitó Lara a cenar con ellos. Su marido tiene un trabajo de prestigio y bien pagado, es un hombre de unos treinta y cinco años, pelirrojo y apuesto. Nada más mirarme a los ojos vi en él un destello de deseo, me sentí incómodo y me ruboricé. Cenamos los tres y durante toda la velada Pedro fue de la más amable y educado, sin hacer preguntas personales o sobre nuestra amistad. En los postres, le dijo Lara a su marido que yo era el amigo que había buscado para que le hiciera el amor, y que me había contado a mí lo de sus aventuras. Él se sorprendió, puso cara de circunstancia y lo preguntó a Lara… —Le has contado todo lo referente a mis aventuras, ¿todo? —Todo cariño, incluso que eran hombres con los que lo hiciste. —Me da vergüenza cariño, no conozco a Juan, me siento incomodo —Quise terciar entre los dos para que el hombre no se sintiera mal, y para ello, le conté una mentirijilla… —No te sientas mal porque yo lo sepa, te voy a confesar que yo lo hice con un amigo hace años. Busqué el ángulo perfecto para guiñar a Lara sin que él me viera, como señal de que era una mentira piadosa. Pedro con eso se sintió mucho mejor, le cambio el semblante y a los pocos minutos dijo... —Cariño, me siento feliz de que hayas hecho lo que te dije. —Pedro, aún no lo hemos hecho, pero que si a ti no te molesta, me gustaría hacerlo aquí, esta misma noche. — ¿Ahora cariño?, sin aviso previo. — Si ahora —dijo su mujer haciendo valer la palabra que él le había dado sobre “el asunto”—Pedro se veía tranquilo, le dijo a Lara ya totalmente sometido a la voluntad de ella… —Me parece bien Lara, además Juan se ve muy agradable y un maduro muy apuesto. Cari, ¿tengo que irme de casa mientras te lo hace? —No hace falta, te quedas en otra habitación si quieres, o te marchas un rato; pero lo que tu prefieras Pedro. —Prefiero quedarme, me excita la idea; ¿podré mirar? — ¡Pero Pedro!, no sé, se me hace muy raro. ¿A ti te importaría Juan? —dijo Lara... Mi mente me dijo que dijera que no, pero mi corazón ya galopaba y mi pene se alzaba diciéndome que quería público; así le respondí... —La verdad es que no me importa, aunque es muy raro; pero también me da morbo. Con mi edad espero no fallar; en fin, como queráis, estamos en vuestra casa. Los dos me dieron las gracias, me sentía como un actor porno, ¡a mi edad!, y lo peor de todo es que estaba ya empalmado. Me di una ducha y salí liado en la toalla, con dos preservativos en la mano, la reserva de mi cartera desde que decidí vivir mi libertad. El agua caliente y saberme el más varonil allí, hicieron que nada más secarme, mi pene colgara como una morcilla tras la toalla que me envolvía, no sentí temor de fallar, la verdad es que cuando arranco no tengo problemas. Me sentía muy feliz de poder hacerlo con una mujer tan guapa y tan joven con mis cincuenta y cuatro años mientras el, tan joven y apuesto nos miraba, que morbo me daba la idea. En ese momento pensé en cuantas aventuras me habría perdido durante mis treinta años de matrimonio y siendo fiel. Lara entró a ducharse después de mí, pero antes ,cuando nos cruzamos por el pasillo me dijo… —Juan, mi hermana Carolina vive con nosotros, estudia en la universidad; pero no vendrá hasta las doce de la noche, le pregunté antes de la cena por si nos quería acompañar; bueno, le pregunté sobre todo para saber si nos interrumpiría, me sofoqué un poco y la interrogué… —No vendrá antes, ¿verdad? —No, no creo, ¡pero no te preocupes!, si por casualidad viniera antes, que sepas dos cosas: Una es que le he contado lo de los engaños de Pedro, al detalle (esto me lo dijo al oído), también que sepas que tiene veinte años y es muy liberal; más que yo, pero no vendrá antes de las doce y en dos horas que faltan yo creo que nos dará tiempo, ¿verdad Juan?... —Yo creo que sí. Mientras se duchaba Lara me senté en el sofá junto a su marido, viendo los dos la tele; yo con mi toalla y el, por supuesto, vestido de pies a cabeza; ¡no faltaba más!, ¡hasta ahí podíamos llegar! Pedro me contó que sus aventuras habían sido algo improvisado, pero que le habían gustado más de lo que hubiera imaginado cuando le surgió la ocasión. Me dijo también que necesitaba sentirse generoso con su mujer hasta el punto máximo, que se arrepentía no de haberla engañado sino de habérselo ocultado antes y después de hacerlo con aquellos dos hombres. Lara salió del baño y se secó el cabello de pie junto a nosotros. Pedro me preguntó... ¿Juan, puedo verte el miembro ahora, antes de que lo hagáis?, nunca se la he visto a un hombre maduro, y atractivo como tú, los otros eran niñatos de veinte años. Me sentí muy violento, ruborizado, nunca me la había tocado otro hombre, ni se la había sacado a otro “para que le diera un vistazo”. Si hubiéramos estado los dos solos le habría dicho que no al momento y que, ¡que se había pensado!, pero estando allí Lara solo la miré a ella preguntándole con la mirada, y deseando que dijera que sí, porque me excitaba la idea de que Lara, tan guapa, viera a su marido contemplándome la polla, que en ese momento, al ser deseado por ambos se puso dura como un garrote. Me sentía muy, muy excitado, no por él, por la situación tan morbosa y por mi deseo por ella. Lara dijo... —Juan, si tú quieres, enséñale la polla a mi marido, a mi gustará verla también, y verlo a él comiéndotela con los ojos, más aun; total, ¡de perdidos al río! Abrí la toalla y dejé a la vista mi pene, que se alzó duro y vibrante como un tronco ante sus miradas; mi glande perfecto brillaba como un espejo limpio. Mis testículos estaban colgando a los lados, dilatados por mi auto complacencia en ese momento. Pedro me miró "el paquete" y dijo... —Juan, ¡pero que rabo más robusto!, y es muy atractivo, proporcionado, me gusta; es bestial, parece tallado, con las venas marcadas. —Gracias por el halago hombre Lara dijo que con más luz le gustaba un montón, que era mejor que lo que le había parecido en el coche. Me sentía como un gallo pavoneándose delante de ellos; y más sabiendo que los dos me estaban mirando la polla de un modo tan exagerado, ya no tenía rubor, ni complejos, ni remordimiento alguno. Pedro, tan atrevido, me preguntó… — ¿Juan, puedo agarrarla un poco?, solo un poco, por favor. No dije nada, volví a mirar a Lara. Y ella volvió a tomar la iniciativa. Vi en su mirada el deseo de humillar a su marido para su deleite, dijo ella... —Juan, deja que él te la coja, me excita la idea. Tú Pedro, menéasela con gracia y pónsela más dura todavía, ¡para que me folle delante de ti! Yo estaba como en otro mundo, aún hoy no puedo creer lo que viví allí. Le dije a pedro, ya henchido de suficiencia… —Vale Pedro, pero no te lo vayas a creer, solo te dejo porque me lo pide Lara y porque ella está mirando. Anda, hazme una buena paja sin corrida. Pedro me agarró la polla con fuerza, luego aflojó la presión y me movió el pellejo suavemente, de arriba a abajo. La meneaba muy bien, Lara se quitó la toalla y la tiró al suelo quedando totalmente desnuda, era preciosa. Ella se puso de rodillas en el suelo del comedor, alzando su culo en pompa y enseñándonos desde atrás un coño perfecto y húmedo. Dijo Lara... —Juan, por favor, no puedo esperar más. Pedro soltó mi pene y este dio un saltito en el aire. Me puse también de rodillas detrás de Lara y la penetré de un solo empujón, ¡con brío! Lara agachó más la cabeza y levantó el trasero. Mi ritmo era rompedor, los labios de su coño hacían ruidos a cada embestida mía. La tenía cogida por los cachetes con una mano en cada uno, ¡que culo!, ¡que cintura y que pedazo de coño! Pedro permanecía vestido, se situó detrás de mí y, sin pedir permiso, metió una mano entre mis piernas y sopesó mis testículos inflamados por el deseo. Pedro me los acariciaba a la vez que yo los paseaba por su mano al ritmo de mis movimientos dentro de Lara. Rozaba suave, sus dedos fueron subiendo hacia atrás deteniéndose y acariciando la suave piel entre mi culo y mi bolsa escrotal. Lara comenzó a jadear, alargué las manos hacia adelante y hacia abajo y le agarre los pechos, con unos pezones de punta. Pedro agarró mi bolsa escrotal y dejó que yo tirara de su mano en cada penetración a Lara. Sin soltar el mis testículos, acercó su lengua a mi ojete y me dio en el centro, ¡joder que gusto me dio! Me quedé quieto dentro de Lara y echado sobre la espalda de ella, para facilitarle a él la labor, dejándolo hacer. Pedro hizo círculos en mi ano con la punta de su lengua, Lara no sabía el porqué de mi parada. Él soltó mis huevos de entre su mano y con su boca sorbió uno de ellos, el derecho; ¡atrapándolo con sus labios!, luego sorbió más intentando meterse en la boca mis dos huevos, ¡pero no pudo!, ¡cómo va a poder!, si cuando me los cojo con la mano no puedo cerrarla. Tenía que seguir follándome a Lara, al penetrarla, arrastraba la cabeza pelirroja de Pedro atrás y adelante, con mi huevo derecho atrapado por su boca como eslabón del trío. Mis huevos estaban que estallaban y mi pene tenía una erección dolorosa. Di un tirón poniéndome de pie y, sacando al mismo tiempo, mi pene de Lara y mis huevos de la boca de su marido. Cogí el preservativo de donde lo había dejado y me lo puse, y volví a clavar mis rodillas en el suelo enmoquetado del comedor y se la metí de nuevo a Lara. Pedro me empezó a acariciar los testículos otra vez, pero de una manera más violenta, dándole tirones a mis huevos alternativamente... Lara era un charco, yo quería aguantar más, pero no pude... Mi semen ascendía por mi uretra con una presión e intensidad que me hacían sentir su caudal a su paso por mi pene. Sentía como expulsaba mi leche a borbotones, un estremecimiento placentero recorrió mi espalda y mi culo, ¡coño que placer más grande! Me salí de dentro de Lara y me quité el preservativo, lanzándolo sobre el sofá. Me puse de pie y pude ver que mi pene estaba como un garrote aún. Lara se puso delante de mí, de rodillas, con el torso recto, y comenzó a chuparme el pene; limpiándolo y tragando los restos. Pedro metió su cabeza de lado y me limpió también los restos de semen de la base de mi pene y de mis testículos. Las cabezas de los dos chocaban allá abajo delante de mí. Lara se sacó mi miembro de la boca, lo agarró como si fuera un micrófono y, se lo acercó a la boca a su marido. Pedro, ni corto, ni perezoso, se lo tragó entero, mi polla estaba en su garganta. Apreté los músculos de mi culo y eché un poco hacia atrás, situando mi glande entre sus dientes, y derramando dentro de su boca las últimas gotas de mi corrida, que estaban en la uretra. Pedro se la sacó de la boca, se la acercó a su mujer y esta se la tragó de nuevo. Pedro me dijo... —Juan, está muy dulce tu leche, mucho. Estuvieron pasándose mi polla del uno al otro, ¡más de un cuarto de hora!, me costaba correrme una segunda vez por mi edad, pero al final, y mientras Lara la tenía metida hasta la campanilla, me corrí con un gusto más grande que la primera vez, pero menos abundante. Lara dio un salto hacia atrás y tosió. Saco la lengua y con sus dedos cogió de esta un grumo de mi leche, (de esos que salen cuando llevas mucho "acumulando"); lo comió con sus dientes y me dijo que estaba más dulce aún que líquida. Me dio no sé qué verla masticar mis "cuajadas". Pedro me agarró con fuerza la polla, exprimiéndola y consiguiendo que brotaran de mí ser unas gotas más de mi leche. Él acercó la punta de su lengua a la punta de mi polla y, como cuchara, las arrastró hasta su boca... Saboreó mi semen con cara de felicidad, Lara también se veía feliz y yo que voy a contar. Estando yo con el pene totalmente erecto por sus lengüetazos, y ellos delante de mí dándome con sus lenguas, se abrió la puerta del piso y entró una joven con la cabeza rapada en un lado, un piercing en la nariz, una camiseta sin mangas con los brazos llenos de tatuajes, incluso con esa indumentaria, era muy guapa, parecida a Lara, pero más joven. Sus ojos se quedaron muy abiertos viendo la escena en conjunto, luego detuvo su mirada en mi pene y dijo… — ¡Joder Lara!, que buen tronco te estás jalando, y tu Pedro, que digo. Lara se puso de pie, se tapó con la toalla y le dijo a su hermana… —Perdóname Carolina, no sabía que vendrías antes. —Pero que antes tía, si son las doce y media. Estas súper perdonada, esta es vuestra casa, y me ha gustado ver esa maza que tiene al tío maduro, y además, ¡ver a Pedro en acción!, ¡no tiene precio! Y tú, el nuevo; que buena polla tienes tío. No los volví a ver hasta una semana después, que les hice otra visita, y que repetimos prácticamente lo mismo, pero en la cama. Al final Pedro me dijo que quería que me lo follara también, le dije que lo pensaría para otro día. Esa segunda vez tampoco quise que Pedro se desnudara, que participe me gusta, pero más no. Ese segundo encuentro fue más intenso, ya lo contaré. Después de esos dos encuentros visité a Lara en donde trabajaba y ese día estaba sola, me contó... —Juan, gracias por lo de estos dos encuentros, fue algo increíble, la excitación fue tanta que mi marido y yo lo hemos vuelto a hacer a diario. Ven cuando quieras a vernos, los dos deseamos que nos tomes. Por cierto, le he dado tu teléfono a mi hermana, ¡es una pesada!, y quiere que le cuentes que has hecho con nosotros, quiere los detalles; te llamará para tomar café. No sé si debo hacerles más visitas o no, hace ya diez días desde que visite a Lara en su comercio, me escriben wasap y no contesto. Es que siento que debo dejar que disfruten de su intimidad sin mí, ahora que funcionan de nuevo. Pero no estoy seguro del todo, porque yo he sido su revulsivo y si les quito "el caramelo", ¿seguirán estando bien? Por otro lado temo que si voy Pedro se pondrá pesado con lo de que me lo folle también a él, y es que no acabo de verme metiéndosela a otro hombre, no sé; aunque me excita la idea. Además, creo que la hermana puede ser otro problema. No sé si debería haber narrado y contado esta experiencia, pero ya está hecho. No sé qué hacer, qué pensáis, ¿debo volver o no?, ¿Qué hago con Pedro?, si la hermana se pone “a tiro”, ¿que debo hacer? P.D. Los nombres de él, de ella; y de su hermana son otros, no los que aparecen en el relato, así que cualquier parecido con alguien es pura casualidad. Final ([email protected])

Autor: Juan Loalre Categoría: Sexo en Grupo

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En el Glory Hole

2019-11-06


Visito con mi marido un sexshop, que nos depara una experiencia muy caliente... Salir a comer con mi marido, y de compras, siempre es un buen plan. Un plan que hacía tiempo que no nos podíamos permitir, pero que aprovechando nuestros respectivos dias libre en el trabajo, y que los niños estaban con sus tios, nos permitimos. La mañana fue genial, me encanta estar con mi marido, siempre me alegra y sorprende. Estuvimos comprando, en varias tiendas de un centro comercial. Lo mejor es que, como siempre, el sabe como calentarme... ahora un roce aqui, ahora una nalgadita por allá... en un probador entro conmigo a meterme mano, y aunque no lo dejé ir más lejos, me dejó bien mojadita... Total, que durante la comida ya me tenía a punto, sin duda si nos ibamos para casa el polvo que hecharíamos sería glorioso, pero como siempre, mi marido me tenía preparada una sorpresa... -¿Y adónde vamos ahora? -A follar, cariño. Me tienes loco... -¿A casa? -No.. -¿A un hotel? mmmm....-me imaginé en una habitación de hotel, comiéndome su polla dura, la que ya había toqueteado de sobra durante toda la mañana....- -No, tampoco... -Me tienes intrigada.... Nos fuimos andando del restaurante, mi marido abrazandome, besandome, y calentandome cada cinco pasos... y llegamos a una tienda. A una sexshop... -¿Aqui venimos? ¿A comprar un juguetito?.... -Entra y veras... Entramos, y nos atendió un muchacho muy simpático, con bastante pluma (seguramente era gay). Mi marido le dijo que veníamos a mirar. Había alguna pareja más, y un par de chicos solos. Estuvimos un rato tranquilos, viendo dildos, balas vibradoras, arneses.... tenían de todo. Había un dildo en particular, que me llamó la atención, por el aspecto tan realistico que tenía, y por el tamaño.... -Cojelo...- me invitó mi marido. Lo cogí, era algo más grande que el que ya solemos usar en casa, cuando jugamos en la cama. Mi mano apenas abarcaba a cerrarse entera a su alrededor. -¿Lo compramos?...- me imaginé esa enorme polla en mi interior, yo con los ojos vendados, chupándosela a Jorge (mi marido).... -No me importaría... -le sonreí picarona... mientras tenía el dildo en la mano, y le sonreía a mi marido, pude ver un muchacho algo más joven, no muy guapo pero si ciertamente atractivo, mirándome con media sonrisa en la cara. Me ruboricé... Entonces mi marido me besó, y me susurró al oído: -Quiero follarte, no puedo más. Sabes que me pone mucho verte con un pollón que no es el mío en la mano. Ven conmigo, si en algún momento quieres para me dices, pero porfavor, ven, ven conmigo aquí al lado... Me cogió de la mano, y me dejé llevar tras unas cortinas. Había un pasillo, iluminado con luces de neón. Una pareja venía por el pasillo, en dirección a la salida, y nos cruzamos. Mi marido me llevo a una puerta entreabierta, un cartelito ponía "Glory Hole". Entramos. Era un espacio cuadrado, de unos dos metros por dos. Paredes blancas de madera, y suelo acolchado. No había nada más. Mi marido cerró la puerta con pestillo. Empezó a besarme, a acariciarme, a querer comerme de deseo, como me gusta a mi.... -¿Qué es esto? -pregunté con voz entrecortada por la excitación..- -Ya lo verás -me dijo.- Dejate llevar.... Me siguió besando, en la boca, en el cuello... sus manos bajaron por mi cintura, llegaron a mi culo y lo apretaron con fuerza.... empezó a desabotonarse la camisa... me encanta su torso desnudo.... me quité la camiseta, no llevaba sujetador.... saltó a comerme las tetas, con muchas ganas, como a mi me gusta..... volvimos a besarnos, estaba claro que ibamos a follar alli, en ese cuartucho, pero me daba igual, lo deseaba.... mi marido no tardó en tenerme desnuda, tumbada en el suelo, y se fue directo a comerme mi sexo, mi mojado coñito.... mmmmmmmmm..... como disfrutaba..... cerré los ojos, me dejé llevar... el suelo era algo incómodo, pero la lengua de Jorge se movía muy bien, estaba disfrutando.... -Ah, si, si, no pares..... -empujé su cabeza contra mi coño.-- siguió comiéndome un rato. Luego, me penetró. Empezó a follarme rico, como el sabe, la notaba dentro de mi y quería más, y más, y más.... me follaba mientras me comía la boca, el cuello, las tetas.... me deseaba, y yo más a él.... al rato, se paró, se salió de mi y se puso de pié. Lo miré, intentando adivinar que quería, si deseaba que se la chupara, que me volteara.... -Ahora tengo una sorpresa. Chúpamela amor, como tu sabes... Me pues en cuclillas, y empecé a lamerle la polla, en toda su extensión, hasta los huevos... mi lengua siguiendo el recorrido de la caricia de mi mano...mmmmm, como me gusta la polla dura, como un mástil, de mi marido....- mira a tu derecha, amor -me dijo Jorge. Miré a la derecha y casi me caigo para atrás. Me quedé ojiplática. Ahí estaba, un agujero en la pared, a la altura de la polla de mi marido. Y del agujero, una polla real.. si, real, de alguien, asomando entera, semierecta, a través del agujero. Y tengo que reconocer que era bastante gruesa, y grande. En semierección como estaba, ya se veía espectacular. Me puse de pie... -¿Que es esto?....-sin soltarle la polla a Jorge- -Una polla, jajaja- me besó.... -Ya, ya veo que es una polla... ¿estás loco?... -No, simplemente, me apetecía traerte. Nos vamos si quieres. O nos quedamos a acabar el polvo y le digo al de al lado, sea quién sea, que quite su rabo del agujero.... pero también te puedes soltar, sabes que nos gusta jugar en casa en este plan.... imagina lo mismo.... sólo chúpamela, mientras se la coges con la otra mano.... Sus palabras me encienden. Lo miro a los ojos, lo beso. Desciendo por su vientre, mi mano en su polla, y me la llevo a la boca, empezándo a comérsela. Y si, siento curiosidad, mi otra mano busca la pared, y encuentro ese pollón, que reacciona con el contacto de mi mano, dando un respingo. Mientras le como a mi marido, empiezo a pajear con la otra mano, arriba y abajo, ese rabo desconocido, que empieza a crecer y a crecer, hasta alcanzar un tamaño grande, parecido al dildo que tenía en la mano hacía unos veinte minutos.... mi marido me coge la cabeza, me obliga a subir, me besa, lo abrazo, soltando ambas pollas... me susurra: -¿Te gusta eh...? ¿Te gusta tener dos pollas para ti?.... La verdad que si, lo había imaginado muchas veces, en nuestros juegos, gracias a mi marido que sabe "pervertirme".... y ahora era real. -Me encanta... -le susurro- Me sonríe, y da dos toques a la pared con los nudillos mientras grita: -Ponte un condón!! La polla desaparece, y mi marido me pide que me ponga a cuatro patas, apuntando mi cara al agujero. Miro por el agujero pero no se ve nada, está muy oscuro. Mi marido me mete la polla desde atrás, enterrándola entera en mi coñito, diosss.... que rico.... y empieza a follarme, lentamente como a mi me gusta.... mmmmm..... -Oh, si, si... no pares... fóllame papito.... -¿Te gusta eh? ¿Deseabas mi polla? Ya la tienes, tómala entera.... Jorge se mueve rico detrás mía. Me encanta. De repente, aparece frente a mí esa polla desconocida, erecta, enorme, con un condón puesto.... -Hazlo cariño -dice Jorge- lo estás deseando.... vamos, disfruta de dos polla para ti.... Me encanta. Obedezco. Y mientras Jorge me sigue follando desde atrás, obligándome a avanzar hacia la pared, mi boca llega a la altura de ese pollón. Y lo abarco con la mano, lo beso, me lo llevo a la boca.... empiezo a chupar, al ritmo del vaivén de mi marido.... mmmmmm.... que rico.... -Ohhh, siii -exclama Jorge- Dios, como me pone verte con ese pollón en la boca.... mmmm... ¿Te gusta?... -Mmmmmmm... -me la saco de la boca- me encanta.... Me quedo con las dos manos en el suelo, Jorge sigue desde atrás, abro la boca y engullo la polla de la pared... no tarde en empezar a moverse, me está follando la boca, literalmente.... y me gusta sentirme doblemente penetrada... Tras un buen rato, Jorge se sale, pero yo no me aparto de la pared, abarco ese pollón con la mano y sigo comiéndomelo.... Es Jorge quién me susurra al oído.... -Aprovecha si quieres.... tienes mi permiso.... ¿quieres notarlo en tu coñito, tan enorme, tan duro...? Dejo de chupar. Me levanto. Lo miro... -¿Estas seguro?... -Me encantaría, disfrutaría verte gozar como una perra... Pues no será por mi... pienso... y me giro, me volteo a cuatro patas, como a veces cuando en casa hemos usado el dildo con ventosa. Hacerco mi coño a esa polla desconocida, y Jorge para mi sorpresa me ayuda a que entre en mi interior.... Dios.... como me llena.... -Ohhhh, siiiii- exclama Jorge agarrándose la polla- mmmm... ¿te gusta nena? -Es enorme, joder... -le digo- si...mmmmm.... Mi coño se adapta al tamaño de mi amante desconocido. Noto como se empieza a mover, dejo que me folle a su ritmo, que no es despacio, yo a cuatro patas, las manos en el suelo , mi culo alejado aún de la pared, no puedo dejar que me la meta entera me destrozaría... mi marido se sitúa frente a mi, empieza a follarme la boca.... mmmmmm.mmmm....mmmmm Joder, noto como me va a venir el orgasmo, es imposible aguantarlo, esa polla me está llenando completamente, el ritmo es frenético, no me doy cuenta pero me he acercado más y más a la pared, puedo notar los huevos del desconocido golpeandome las nalgas. -Mmmmmmm...mmmmmm.mmmmmmmmm -mi marido me saca la polla de la boca- oooohhhhh, siiiii, joooodeeeeerrrr....... -mi cuerpo expulsa ese pollón, me lanzo literalmente hacia adelante, me noto el coño palpitante, destrozado, abierto como nunca.... -uuuuffffffff..... Boca abajo, tumbada, mi marido me besa, cuello, espalda.....culo.... -Te amo vida mia- me dice. -Joder, como me pones..... Decido terminar la faena, no voy a dejar a mi marido así... Me incorporo de rodillas, y me llevo su polla a la boca.... -mmmmm, mmmm, mmmmm... -Dios, que rico la chupas joder... ¿No dejarás nuestro invitado así, verdad? Me había olvidado. Miro al agujero y veo esa polla palpitante, erguida, llena de mis fluidos. La cojo con la mano, mientras chupo a mi marido, la pajeo con ganas.... Sin pensarlo, pues me siento en deuda con ese tio, sea quien sea, con el dueño de esa polla que me ha dado un orgasmo descomunal... dejo de chupar a Jorge, y empiezo a chuparle a él, sin soltar la de mi marido.... Y así, termino, como una puta, arrodillada, con una polla en cada mano, chupando un rato una un rato otra... miro a mi marido, y le veo una mirada perdida de deseo, de extasis... -Joder, nena, como me pones. Me encanta.... ¿Quieres mi leche? -Dámela, papito... -y sigo comiendo...- Primero descarga Jorge... -Ohhhh, siiii, Dios.... - Su corrida me llena la cara, cae por mis tetas, llega al suelo.... -Jodeeeer..... No me puedo resistir a volver a meterme en la boca el pollón desconocido, chupando con ganas.... se oyen unos gemidos al otro lado de la pared, una voz masculina, un poco ronca, diciendo: -Jodeeeer que rica... mmmmm.... -Y noto su corrida, saco la boca pero sigo pajeando para ver como se va llenando el condón de leche, joder, menuda corrida de caballo suelta el tio.... Al terminar de recomponernos, nos vestimos y nos fuimos. No nos cruzamos con nadie, no sé quien era el dueño de esa enorme polla del glory hole. Pero si que quedé con mi marido en repetir cuando quisiera. ([email protected])

Autor: parejafeliz2006 Categoría: Sexo en Grupo

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