Relatos Eróticos de Sexo en Grupo


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No es que no te quiera...

2019-08-16


Un cuentecillo con forma de perorata, con cornudo, mujer bien servida, escenas de sexo homosexual, y todas esas cositas que me gustan, ya sabes. Si no es que no te quiera. Realmente no es tan grave, cariño, no hay por qué dramatizarlo. De hecho, creo que, cuando te acostumbres, incluso te gustará. Por lo menos, me parece coherente con estos últimos días. Con tu rol, quiero decir ¿Es que tú no lo ves? Mira, recuerdo perfectamente la primera noche, la del club de intercambio, en septiembre ¿Te acuerdas? A la vuelta de vacaciones: Mientras Lucía y Paco nos contaban sus aventuras en aquella terraza del puerto, me di cuenta de cómo te brillaban los ojos, y estuve segura de que la cosa acabaría en uno de esos sitios. La verdad es que no me sorprendió nada que me lo propusieras, y tengo que confesar que, a mí, cuando me lo dijiste, me puso como una moto. Bueno, como una moto ya estaba, porque hay que ver lo bien que eliges los momentos tú: boca arriba, con los muslos abiertos y tu polla clavada hasta la garganta, follándome como un animal. Me estabas haciendo ver las estrellas cuando vas y me sueltas: - ¿No te gustaría ir a uno de esos sitios, putita? Joder, fue como si me lo vertieras en el cerebro. No necesité más explicaciones. De repente me vi rodeada de desconocidos calientes con sus pollas bien grandes follándome por todas partes, y me corrí como una perra ¿Te acuerdas de eso? Debieron oírme todos los vecinos del bloque, porque acabé chillando a lo zorra zorra. La verdad es que no era la primera vez que me corría fantaseando con otros hombres con buenas pollas, porque la verdad es que la tuya... Bueno, no es que no me guste, cielo, pero ¿quién no quiere una grande de verdad? No te voy a negar que al principio me resultó raro lo de estar allí tomándome una copa contigo mientras la gente se enrollaba de aquella manera a nuestro alrededor. Sobre todo porque parecía que todo el mundo se conocía, y nosotros estábamos allí como de plantón, sin conocer a nadie, en aquel sitio donde todo el mundo sabe a lo que se va... Pero a la segunda copa... A la segunda copa ya estaba yo toda animada. A mi lado había una pareja que me empezaron a calentar. La tía se lo comía a besos, y le meneaba la polla de una manera... Menuda polla tenía el tío. Muy guapo no era, pero... Ahí yo ya estaba supercaliente. Les miraba por el rabillo del ojo, como disimulando, hasta que la tía me animó a mirar sin vergüenza y me preguntó si no quería probar. Ahí ya fue el acabose: no sé ni como me atreví, pero el caso es que se la agarré al tipo y la muy zorra empezó a comerme la boca. En cinco minutos me tenía con las tetas al aire, y me lamía los pezones que me estaba poniendo a cien. Hasta me cogió la mano y me hizo tocarle el coño. Yo no había tocado a una mujer ni en sueños, pero me resultó tremendamente excitante la sensación de sentir en los dedos su humedad, y aquella manera de gemirme en la boca ¿Te acuerdas no? Martia, sí Martia. ¡Cómo se contoneaba! Al cabo de un rato, su marido, José, me tenía a cuatro patas y me follaba mientras yo le comía el coño. Estaba perra perra. Y tú nada. Mira que ella te llamaba con el dedo. Yo creo que estaba loca por comértela, pero tú ni puto caso. Te quedaste allí con la polla como una piedra y cara de palo, mirando como un pasmarote. Y entonces aparecieron Luna y Curro. ¿Te acuerdas? Ahí fue donde perdí la razón del todo. Luna empezó a morrear a Martia. Mientras, le metía los dedos en plan “te voy a dejar seca”. La otra culeaba que era un puntazo verla. Y yo que ni sabía que se podía una correr tantas veces tan seguidas, que me encontré con otra polla en la boca. Joder. Entre el que me estaba poniendo el coño como una olla a presión, y el que me la clavaba en la garganta que no podía ni respirar, es que uno se me iba y otro se me venía. Cuando me quise dar cuenta, tenía corro alrededor. Las chicas me jaleaban y los chicos me daban con todo lo que tenían. No sé ni como, me encontré cabalgando a uno, comiéndoles las pollas a dos, y con las manos saltando de una en otra. Me salpicaba leche por todas partes. Hasta que, de repente, un empujón en el culo y yo que creía que me iba a partir en dos, pero que no podía parar. Martia me tranquilizaba comiéndome la oreja y susurrándome yo qué sé qué. Que si “vamos, putita, que tú puedes con esto y con más”; que si “venga, demuéstrales quien es la más zorra”. En una de esas, estábamos las dos comiéndonos la misma polla. Ella estaba a cuatro patas, y un negrazo muy grande le reventaba el culo. La muy puta me jadeaba en los morros, y el capullo del otro entre las dos, pasándonoslo de una a otra. Se empezó a correr en mi boca y ella que medio se peleaba conmigo para pillar su parte. Al final, nos corríamos como perras morreándonos y pasándonos la leche de la boca de la una a la boca de la otra. Ahí ya me vino una que no pude más. Martia gritaba “¡¡¡Asíiii… asíii… córrete asíii, puta!!!” y yo es que, más que correrme, me convulsionaba. Ya no sabía ni quien me estaba follando, pero quien fuera no podía ni sujetarme. Se me venían unos escalofríos que me retorcía en el suelo chillando, y las chicas, alrededor, se las pelaban a los chicos, que se me corrían encima. Medio me desmayé en aquel baño de leche chillando y pidiendo que me lo dieran todo. Y, cuando me quise dar cuenta, la fiesta andaba por otra parte. Yo ya creía que para mí se había terminado. Solo quedaba Martia a mi lado, que se había encariñado de mí. Parecía que me cuidaba como a una niña, dándome besitos y haciéndome caricias. Pero qué equivocada estaba. Cuando me quise dar cuenta, se había echado a nuestro lado Maurice. Te juro que en mi vida había visto nada igual: tan grande, tan fuerte, tan negro… Me miraba sonriendo mientras ella acariciaba aquella polla monstruosa. Agarrándola, ni siquiera conseguía juntar los dedos, como si tuviera manos de muñeca. Sonreía y aquellos dientes blancos perfectos parecían iluminarla la cara negra. Y tú con aquellas dos nenas. Yo no andaba como para preocuparme por ti, porque ya me había dado cuenta de que iba a terminar con aquel pedazo de polla clavada y estaba acojonada, pero me llamó la atención. Al principio pensé que estabas tonto, que no te habías dado cuenta, pero enseguida te vi agarrándoselas a las dos por debajo de aquellas falditas cortas como de uniforme escolar. “¡Vaya con el maricón de mi marido!”, pensé, pero me dio igual. Bastante tenía con haber conseguido meterme en la boca aquel pedazo de capullo. Al cabo de un momentito, apareció Denis, su hermano. Yo estaba tratando de comerle la polla a Maurice con poco éxito. Él me clavaba los dedazos aquellos negros y grandes en el coño, y me tenía encendidita. Vi cómo Martia se la cogía. Tú, por entonces, estabas ya hecho una nenaza, comiéndoles la boca a aquellas dos y meneándoselas. Recuerdo que, en el mismo momento en que Marti me lió para que me echara encima de Denis, te arrodillabas y empezabas a comérselas a las dos al mismo tiempo. Ibas de una a otra como una mariposilla, de flor en flor. La verdad es que me puso todavía más cachonda. No sé por qué, la imagen de mi marido mariconeando mientras yo me clavaba aquel pollón negro me puso perra perra. Pero no te creas que fue fácil. Martia me animaba. Yo estaba de rodillas, encima de Maurice, que sonreía. Siempre sonreía. No hablaba ni palabra de español, pero sonreía. Me fui bajando muy poco a poco, porque aquello era como empalarse en una estaca. La sentía entrar centímetro a centímetro. Por una parte, me volvía loca la sensación de tener aquella tranca dentro; por otra, parecía que me iba a desgarrar. Me daba miedo. Me fui dejando caer, resoplando como una loca, hasta que la tuve dentro entera. Me dolía, pero estaba muy caliente. Marti me chupaba el culito. Pronto empezó a moverse. Mira que yo no tengo las tetas pequeñas, pero le cabían enteras en aquellas manazas. Martia me chupaba el culito. Yo casi no podía ni hablar. Le veía las intenciones, pero ya no podía hacer nada por evitarlo. Aquel cabrón había empezado a moverse y cada pollazo que me daba era como una revolución. Se me saltaban las lágrimas. Entonces te vi por el rabillo del ojo: le habías subido la falda a una de las nenas y le clavabas la polla por un lado del tanguita aquel de cuadritos escoceses. Su pollita asomaba por encima. La otra se había sentado en el mostrador, y se la estabas comiendo. Las dos chillaban como auténticas locazas. Y entonces, la golfa de Martia, me clavó tres dedos en el culo. Creo que chillé como una posesa. Me lo veía venir, y le decía que no, que era muy grande y me iba a destrozar, que me dejara… Pero ya no había nada que hacer. Maurice me estaba follando como un animal. Su pollón entraba y salía de mi coño como Pedro por su casa. Lo sentía arder. Me sujetó con un abrazo de oso sin dejar de follarme mientras me chupaba los pezones como si quisiera ordeñármelos. Yo me corría enterita. Cuando me apuntó aquel rabo entre las nalgas… ¡Madre mía! Entró como una locomotora. Martia lo había lubricado bien con un gel que no se de dónde había salido, así que entrar entraba, pero era como si me partiera en dos. Yo lloraba, gemía, suplicaba, pero me dio igual. Al principio, creo que no me había metido ni la mitad, y ya me estaba bombeando. Parecían sincronizados: Uno entraba y el otro salía. De repente, sentí un empellón, y aquella otra me atravesó entera también. Casi me desmayo. La puta de la Marti, tirada a nuestro lado, despatarrada, se clavaba los dedos en el coño como si quisiera rompérselo. Para mí, todo era un batiburrillo. Se me iba la cabeza. La veía a ella frotándose como una loca, a ti sentado en la pollita de aquella maricona y comiéndosela a la otra, y sentía aquellos dos rabos reventándome por dentro. Me dolía, y me corría sin parar. Cuando reapareció Jose, y empezó a follarme la boca, aquello fue el acabose. Yo no podía ni mamársela. Bastante tenía con respirar. Era él quien me follaba la garganta enchufándomela entera. ¿Sabes? Era terrible. Me moría de dolor y, sin embargo, me daban un placer brutal al mismo tiempo. Vi que, nuevamente, se había formado corro a nuestro alrededor, pero en esa ocasión, tú y tus nenas estabais a nuestro lado. Te habías sentado sobre una de ellas y la otra, empujándote, se había hecho hueco también entre tu piernas. Te follaban las dos el culito, y tu jadeabas como un animal mientras te la meneaban. Todo el mundo nos jaleaba, y comenzaron a turnarse. Primero fue Jose el que empezó a corrérseme en la boca. Vi que otro de los hombres hacía que tú se la comieras, y tú encantado, hecho un maricón. El traqueteo ya era una locura. Los dos hermanitos me follaban como si quisieran matarme a pollazos. Yo, cuando no tenía una verga en la boca, lloriqueaba ya sin fuerzas para nada. Había empezado a correrme, y aquello era como un orgasmo que subía y bajaba. Como en sueños, sentía las pollas en mi boca, no sé cuántas. Llegaban, me la metían, empujaban hasta el fondo, y sentía su leche pasarme por la garganta. Cuando la sacaban, babeaba y tosía para coger aire hasta que llegaba el siguiente. Las chicas me animaban y me daban palmadas en el culo. Había como un millón de manos sobándome las tetas, y me corría sin parar de tragar leche. Debí beberme como un litro. Y tú, a mi lado, haciendo lo propio, con la pollita amoratada y dejándote follar por dos mariconas chillonas mientras tragabas y tragabas. Cuando empezaron a correrse los hermanos, fue como dos explosiones de leche al mismo tiempo. Me clavaron las dos hasta el fondo a la vez y me puse a gritar como una perra. Parecía imposible, pero me las clavaron los dos hasta el fondo. Sentía toneladas de lechita estallándome dentro. Me ahogaba. Todavía algunas pollas me salpicaban la cara, y tú gimoteando, corriéndote mientras te chorreaba esperma por el culo. Tenías la cara llena de lefarrones y tu polla palpitaba en el aire y soltaba un chorro tras otro. Ahí fue cuando medio me desmayé. No recuerdo exactamente como, pero perdí la conciencia y, cuando la recuperé, Marti me tenía en el jacuzzi. La pobrecita me daba cachetitos para reanimarme, y me lavaba con una esponja suave hablando diciendo que si aquellos animales, que si hay que ser más considerado, que si pobre Coque… Cuando me vio reaccionar, se volvió como loca de contenta. Me daba unos besos tremendos, y yo me dejaba hacer sin resistirme. Al final, terminamos abrazadas en el agua, con las piernas entrecruzadas y frotándonos. Nada comparable con lo otro, claro, una cosa tranquila, como de quererse, pero muy excitante. A ti ya no te encontramos. Como estaba que casi no podía ni andar, Marti y Jose me llevaron a su casa. “No vaya a ser que lleguemos a la tuya y te encuentres a esos tres mariposeando”, me dijo Jose con mucho retintín. En fin, a lo que vamos, que es que me pongo a acordarme y me voy por los cerros de Úbeda, que le he estado dando vueltas al asunto y contigo… Bueno, como que no. Que es que me da la risa de pensarlo ¿sabes? Además… es que esa pollita tuya… Pues eso, que me da la risa. Vivir juntos sí, sin problemas. Te pasas al otro cuarto y listo, porque yo voy a ver si le acabo de coger la horma al pollón de los franceses una temporada, y luego ya veremos. Tú, si quieres verlo, pues nada, que, cuando vengan, te pasas a mi cuarto y nos miras, que eso de verte hecho un cornudo me pone muy cachonda, pero en mi cama no duermes. ¡Ah, oye! Y, si quedas con las mariconcitas esas tuyas, no te cortes, te las traes a casa y me dais un espectáculo, que eso también me pone. Pero en mi cama… No, en mi cama no duermes. Por cierto… ¿No te gustaría que Maurice…?

Autor: Clementine Categoría: Sexo en Grupo

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Regalo de cumpleaños

2019-08-14


Hola, mi nombre es Roberto tengo 28 años, estoy casado con una muy linda mujer 25 años de nombre Cristal, llevamos apenas 8 años como matrimonio, cuando aún eramos novios Cristal me contaba algunas experiencias que llegó a tener con sus antiguos novios, eso a decir verdad más que m*****arme llegaba a exitante, la primera vez que me contó una de sus historias fue después de festejar el cumpleaños de su mejor amiga, aquella noche nos sentamos a beber cerveza, después continuamos con un poco de tequila con refresco de toronja, este cóctel animo a las chicas a bailar mucho más sensuales de lo normal, debo aclarar que su mejor amiga de nombre Lizbeth, una chica de tez bronceada se comportaba de una manera sumamente sugerente y atte ido al momento de bailar, por más que buscará el disimular la obvia atracción que tenía hacia Lizbeth, Cris se daba cuenta que me quedaba viendo de manera fugas a la pronunciado escote de su amiga, después de varias horas de estar el el bar bebiendo y bailando ya pasada las 3:00 am residimos encaminarnos cada quien a sus respectivos hogares, claro, también teníamos planes a parte, Cris me i territorio un poco de lo que pensaba hacer caso de su amiga, yo no tenía el gusto de conocerla Ganges de ese día así que le dije que me parecía una persona muy divertida pero algo destrampados, Cris me comentó que hace un tiempo atrás ambas habían abierto un pequeño local de ropa al cual llegaban a ir sus respectivas parejas de ese entonces, llegada la hora de cerrar, ambas parejas tomaban posesión de una parte de la tienda y daban rienda suelta a su libido, el cual era casi casi un ritual pues ambas amigas sabían y les editaba la idea que se pudieran ver mientras cogían con su respectivo novio en turno, dicho ritual se volvía algo común y hasta sincrónico, ambas comenzaban mamando el miembro erecto del chico sin siquiera desvestirse, y sin dejar que las tocasen ni las tetas, les gustaba el roll dominante en esas circunstancias, la señal de aprovechamiento era cuando se despojaban de las blusas y el sostén que ocultaba sus hermosas tetas, los cuatro podían verse teniendo relaciones sin pudor ni vergüenza, los novios conocían los cuerpos desnudos de ambas chicas y también de la pareja de la otra, terminaban cabalgando a sus chicos y haciendo que terminaran en sus bocas para dejar el menor rastro posible de lo ocurrido en el pequeño local y finalizaban con un largo beso entre ellas, era como un juego, mezclar el semen de los chicos en un beso prolongado, sintiendo el fluido del sexo mientras entrelazaban sus lenguas, en ese momento le pregunte el porque había sido la diferencia aquella ocasión, a lo que ella contestó que fue porque el novio de Liz no le gustaba ser observado al tener sexo, mi hubiera encantado ver el cuerpo desnudo de Lizbeth. Cómo es de suponer, es noche tuvimos un sexo salvaje y también fue la primera vez que pude probar el apretado culo de mi novia, nunca pensé que haceptaria tener sexo anal, quizá el alcohol, solo puedo decir que fue genial verla penetrada por mi verga boca arriba teniendo como panorama su exquisita vagina la cual chorreaba de lo editada que se encontraba. Así poco a poco me comenzaba a contar sus experiencias sexuales con sus no nos y en una que otra ocasión con algún amigo, cada vez que me relataba dichas travesuras era casi seguro que tendríamos sexo desenfrenado durante toda la tarde. Sus constante historias hacían que la imaginara teniendo sexo con otros chicos, misma idea que me rebotaba constantemente por mi cabeza y lo que comenzó como una visualización pasajera se convirtió poco a poco en una fuerte fantasía la cual acresento cierto día cuando ella misma me confeso que era capaz de estar con dos machos a la vez. Esto nunca lo había comentado a mi esposa hasta hace un tiempo, me encontraba en la oficina cerca del centro de la cuidad, los sexshop abundan por la zona al igual que el servicio sexual de las prostitutas, ni que decir de la proliferación de hoteles. Me encontré con un anuncio de un cine para adultos en el cual se leía "compartiendo esposa" esto me despertó nuevamente mi morbo, al llegar a casa le comenté a mi esposa sobre el anuncio que tanto había llamado mi atención a lo que ella comentó : acaso eres compartido? Yo me limité a levantar los hombros y ella correspondió con una sonrisa y moviendo la cabeza, el asunto quedó ahí, hasta cierto día que ella retomo el tema repitiendo me la misma pregunta " y si eres compartido?" Dicho comentario me callo un poco por sorpresa a lo cual conteste " si a ti te gustaría yo no tengo inconveniente" sentí una mezcla de celos y exitacion, la imagen de verla con un sujeto teniendo relaciones sexuales me hacía sentir m*****o y ansioso pero no fue hasta el día de mi cumpleaños en que estando en la oficina me llegó un mensaje con la dirección y el número de cuarto de un hotel no muy lejos del trabajo seguido de una foto de mi esposa en un conjunto muy sexy color negro, medias y zapatillas, dicha imagen me puso duro que en un inicio me costaba disimular mi erección, al terminar mis labores no podía esperar para encontrarme con mi esposa, ella me llamó y me preguntó donde me encontraba y le contesté que estaba a un par de minutos de hotel, a lo que contestó que me esperaba. Al llegar al lugar me encontraba muy ansioso con ganas de cogerme a Cris de muchas maneras, toque la puerta y escuché la voz de mi esposa diciéndome que entrara, en cuanto lo hice me lleve una enorme sorpresa, mi esposa estaba mamando una enorme verga de uno de sus amigos, yo me quedé atónito al ver semejante escena, mi esposa paresia una auténtica puta con el conjunto negro, mayas y zapatillas del mismo color e incada recibido un miembro en su boca, ella me miró y con el pene en la boca me sonrió y me hizo señas para que me acercara, me desvestirse me inmediato y me uni a mi esposa, ella pasaba de un miembro al otro, mamando ambas vergas desde los testículos hasta jugar un poco con su lengua en la punta de los duros miembros a su disposición,, liberándose del sostén, sus lindas tetas se adornaron con las cabezas de los penes acompañado de fluidos seminales y saliva los cuales cubrían sus tetas, levanté a mi esposa y la acoste, su amigo de nombre Rafael se acomodo para regresarle el sexo oral mientras ella continuaba dando me lamidas y chupadas en mi miembro cuando sin darme cuenta Rafa ya se estaba cogiendo a mi esposa, ella me sonrió me me dijo " feliz cumpleaños mi amor" , era realmente exitante ver a mi esposa siendo una completa puta, ella gemía y se retorcía recibiendo en su vagina el miembro de su amigo y escucharla como puta en celo me encendía aún más, llegó el momento para cambiar de lugares a lo cual quedamos haciendo una hermosa "H" estuvimos haciendo varios minutos, las tetas de mi esposa se balanceaban increíble al compás de cada arremetida, hasta que el primer orgasmo de mi esposa vino dejándose caer sobre la cama, me sonrió y la bese, aproveche para acomodarme detrás de ella y quedar en cucharita, mi miembro comenzó a buscar donde posarse abriéndose paso entre sus nalgas, siempre a sido más fácil que su ano se relaje en esa posición además de ser el que más cerca estaba de mi pene, así que poco a poco ella se acostumbro a tener mi pedazo de carne en su culo hasta que logró entrar por completo, ella extasiada solo decía, "cógeme como la pita que soy" Rafa le ofreció su miembro en la boca la cual abrio sin espera, me sorprendió ver a Rafa propinarle a mi esposa una tremenda mamada en su puchita al dejarla descubierta al subirle la pierna, solo escuchaba a Rafa confirmar lo hermosa que se veía mi esposa siendo enculada y sus jugos saliendo constantemente, después de algunos minutos mi esposa se separó, beso a Rafa en un beso sumamente ardiente y lo recostó, ella lo monto increiblemente, sus gemidos y gritos eran muy ruidosos hasta que llegó un momento en que me estiró la mano para que me hacer cara y comenzó a lamer mi miembro como si estuviera poseída por la Liguria, me beso y me dijo "amor, te quiero atrás, romperme el culo, quiero sentirlos a los dos" su petición fue lo maximo, en cuanto me acomode y con algo de dificultad para penetrarla por el culo pues ella no paraba de moverse, tuve que tomarla por la cintura con fuerza y metérsela casi de lleno, yo solo sentía mis testículos chocando con los de Rafa y al principio fue extraño, sensación que desaparecio casi de inmediato, el sentir en miembron de otro hombre dentro de ella con la única separación de un las paredes vaginales y anales, el sentir como ambos penes se estimulaban entre sí acompañados del cuerpo de mi esposa es una sensación difícil de describir. Ella soltaba enormes gemido repitiendo "sí sí sí así, partanme en dos, empuja cabron, coganse a su puta " el éxtasis de mi esposa nos invadió a los dos y con enormes embestidas cogíamos a mi esposa hasta que no soportamos más, nos separamos, ambos nos vacíamos en la boca de mi esposa y ella nos recibió con guía, la imagen se convirtió en una escena inigualable, su tez brillaba con el semen de los dos, de sus tetas, vientre y piernas escurria la leche y se confundían con el sudor de los tres, nunca había visto a .mi esposa tan hermosa como aquella vez. Esa noche repetimos en dos ocasiones más y ahora Rafa es un invitado constante en casa, mi esposa me manda videos cuando está a solas con el por si yo no puedo estar por cuestiones del trabajo, me muestra fotografías donde la llena la vagina y el culo de semen. Me encanta saber lo puta que es mi esposa

Autor: amphithere Categoría: Sexo en Grupo

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¡Qué noche de placer!

2019-08-14


Este sábado pasado con Silvina fuimos a Santa Fe, a un bar en Boulevard Gálvez. Ella vestía un vestido ajustado a su cuerpo, bien minifalda y hermoso escote, con sandalias de tacón negras. Me senté en una mesa a beber una cerveza y ella se situó en la barra. No tardó un hombre de muy buena presencia en acercársele a dialogar. Ella, muy sonriente entabló plática con ese galán de pelo oscuro, muy bien vestido deportivamente. Demás está decir que la conversación debe haberse derivado a una conquista bien recibida. Bebieron un par de tragos y se dispusieron a retirarse. Silvina le comentó algo y me miraron. Estaba programado lo que mi mujer le contaría a su reciente enganche. Me señalaron algo y salieron. Yo salí detrás. El departamento del hombre, que después sabría se llamaba Pablo, estaba a menos de una cuadra, por calle Balcarce. Vi que en el camino Pablo llamaba por su celular. Llegaron a la puerta del edificio y me esperaron. Allí, Silvina nos presentó y entramos. MI mujer le había relatado a su nuevo hombre que yo, por una intervención quirúrgica era totalmente impotente y que había derivado a la homosexualidad. Entramos, la parejita, delante de mí comenzó un gran espectáculo mientras se desnudaban. En ese momento sonó la llamada y entró un joven de una presencia espectacular. Pablo le dijo: - Hola Enrique, ese pollito es el tuyo, Silvina es para mí. Yo fijé mi posición: - Hazme todo lo que desees pero besos en la boca me dan asco... Nos desnudamos, lo acosté al borde de la cama hincado a su lado comencé a lamerle, mamarle todo su sexo. Lamía sus bolas, subí por esa vena que los penes tienen en su parte inferior, a todo lo largo, llegaba a su hermoso glande y después de lamerlo, golpear con mi lengua esa riendita que une el glande con el tronco, volvía a bajar disfrutando ese miembro que estaba hermosamente circuncidado. El glande era grande, bien formado, con sus bordes con un vuelo su alrededor, mucho más grande que su grueso tronco. Lamí y lamí, levanté sus caderas y seguí lamiendo su periné, hasta llegar al agujerito dorado de mí en ese momento macho. Mi lengua jugaba en su agujerito, volví a la verga se me esmeré en masturbarlo y mamar ese tronco hasta que con un quejido: - Estoy por acabar! Me metí esa cabeza en la boca y gocé recibiendo una catarata de semen, caliente, espeso, sabroso que devoré de inmediato. Comencé a jugar con mi lengua en su pecho con bastante vello varonil, chupaba sus tetillas, le acariciaba la espalda. Lo di vuelta y comencé a besarle y chuparle sus nalgas peludas, le abrí las nalgas y comencé una bárbara lamida de culo. Mojé con saliva mi dedo mayor de la mano derecha y comencé jugar en su agujerito. Enrique jadeaba, después de rozar la yema de mi dedo en su ano comencé a meter ese dedo en ese hermoso agujero. Demás está decir que mi verga estaba parada a mil. Me di vuelta y le ofrecí todo mi trasero. Me abrió desmesuradamente mis nalgas y acercándome ese hermoso y falo me lo fue introduciendo en mi culo. No fue en forma violenta pero si sin detenerse hasta que llegó hasta que sus pelos me frotaban la puerta, sus bolas se pegaban a mi periné. Mayor era mi gozo porque a mi lado, Silvina gemía y rogaba: - Qué hermosa pija tienes!! Cógeme fuerte!! Lléname la concha de leche!!! Préñame!! Rómpeme el ojete!! Teneme de puta tuya! Se imaginan, tener la tripa estirada por esa vergota y oír a tu mujer con es palabras? Estaba en el paraíso. Era tal mi calentura que eyaculé sin tocarme y sentí que con un ruido que no se si era un gruñido, un bufido o un alarido, Enrique me llenó el culo de leche. Se le fue achicando y me la sacó. Mamé esa esplendorosa verga, tenía sabores mezclado, a semen, a mis jugos y un pequeño gustito a... (a culo, me entienden?) que me enloqueció. Comenzamos a acariciarnos como en un dulce idilio, besé todo su cuerpo, sus muslos, su vientre, su pecho, sus transpiradas axilas. No sé cuál de los dos estaba más cliente. Enrique me pidió: - Métemela bien hondo. Abrí sus nalgas y le enterré mi verga en su hambriento culo. En realidad no tardé mucho en acabar dentro de su tripa. En eso se acerca Pablo: - Enrique, cógetela a Silvina, esté riquísima y es una puta calentona. Pablo me hizo abrir la boca y me metió su verga toda encastrada de su semen, de los jugos de mi mujer y qué se yo más. Estaba deliciosa. Después que Enrique llenó de semen a Silvina, nos vestimos y nos fuimos al coche, los dejamos acostados uno lado del otro y desnudos. Como intercambios teléfonos nos juntaremos en dos o tres semanas. Cuando llegamos a casa cogimos con Silvina, no hay otra cosa que me caliente más que cogerla con su concha llena de leche ajena El lunes le comenté Silvia que sentía un exquisito dolor sordo y excitante en el interior de mi vientre. Ella sólo sentía una molestia interna sin llegar a ser ese dolor. Llama por teléfono un médico que integra nuestro grupo de orgías, junto su mujer. Me explico que entre el recto y el colon hay una válvula que fue forzada y que en unos días se iría ese dolor. Rio y me dijo ahora no te salvas de nuestras vergas, jaja. Estoy esperando que llegue un nuevo encuentro par que me produzca el mismo dolorcito.

Autor: Fantasito Categoría: Sexo en Grupo

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Dos Amigas y un pueblo

2019-08-13


¡El viaje de Sara y Silvia acababa de empezar! Libres de sus maridos, se disponían a empezar unas vacaciones en solitario por la Rioja y emprender la ruta del vino. Empezaron su viaje, para poder beber sin tener que conducir, en el Enobus. Un autobús que llevaba a sus pasajeros a través de bodegas, viñas y pueblos en un pack en el que no tendrían que preocuparse por nada. Aprovechando el buen tiempo primaveral, las dos jóvenes se vistieron cómodas y desinhibidas para la ocasión. Entradas en la treintena, sus cuerpos se mantenían en forma y delgados, y al tener ambas la misma edad muchas veces les preguntaban si eran hermanas. De espaldas sólo el pelo liso de una y el ondulado de la otra las distinguía. El recorrido de aquel autobús turístico por la ruta del vino les llevó de un pueblo a otro, parándose en varias bodegas. Al margen de una parejita compuesta por un chico delgado y una chica grandota que no dejaba de besuquearse cada dos por tres, el resto de los viajeros del Enobus eran mayores que ellas, algunos con el pelo totalmente blanco y otros directamente sin pelo. Hacía muchos años que eran buenas amigas y conectaban muy bien. De carácter jovial y dotadas de un estupendo sentido del humor, hacían reír al grupo más de una vez con sus ocurrencias. En una de las paradas pasearon entre frondosos viñedos cargados de uvas que prometían excelentes jugos fermentados. - ¿Las puedo probar? - Preguntó Silvia con descaro a un chico que pasaba por allí. - Claro maja, lo que son para hacer vino, no sé si te gustarán - Respondió con acento local y alegre el joven ofreciéndole un pequeño racimo. La chica mordió con sus blancos dientes un grueso fruto y observó su interior. - Tienen bastantes pepitas. - Ya te dije que eran para hacer vino, ja, ja, ja. Igual estás acostumbrada a esa aberración sin semillas de los supermercados. - ¿Y es bueno el vino que sale de estas? - Preguntó Sara, haciendo caso omiso de los comentarios del chico, mientras su amiga devoraba una a una cada uva tiñéndose de carmín la boca y las manos. - ¡Qué te voy a decir yo! ¡Claro! Si sois del grupo del bus, luego os darán a probar. Aunque como los vinos de mi pueblo... - ¿Eres de por aquí? - Preguntó Sara sonriente. - Sí, a ver hoy acabo pronto porque estamos de fiestas en el pueblo - Le dijo escaneándola, sin que ellas se dieran cuenta, de arriba a abajo. Les calló bien, y no vieron ninguna segunda intención ni malicia en él. Intercambiaron teléfonos con quien descubrieron que se llamaba José María y le dijeron que igual se pasarían por el pueblo. Tras una estupenda comida regada por magnífico vino, el autobús les trajo de vuelta a la parada donde lo habían cogido. En el camino de regreso, los pocos que quedaron despiertos pudieron oír más de un ronquido. Aquella tarde dieron un paseo por la ciudad en el que pudieron hablar con sus maridos por teléfono y contarles cómo les iba. Al volver al hotel, se ducharon por turnos y se prepararon para ir al pueblo del que les habían hablado con ganas de pasarlo bien en aquellas fiestas y probar el codiciado néctar alcohólico local. Silvia lucía un short vaquero ajustado que dejaba a la vista sus blancas piernas. En la parte de arriba llevaba puesto un top a rayas horizontales con amplio escote en "U", finos tirantes y volante con lazo en el centro. Sólo el sujetador con push-up realzaba el valle de la tentación en sus pequeños pechos. Unas zapatillas blancas cerraban el atuendo. Su bello rostro siempre lucía una sonrisa enmarcada por su noche estrellada de pecas. Sara se había ataviado con una camisa blanca abotonada que transparentaba un poco su sujetador. Una bermuda vaquera, un poco más larga que los shorts de su amiga, estilizaban sus fuertes piernas. Llevaba puestas las mismas zapatillas blancas parecidas a las de su amiga. Como no era tarde, decidieron coger un bus para llegar hasta el pueblo, que no estaba muy lejos. Una vez allí, se encontraron con un sitio muy acogedor, de casa antiguas y rústicas y todo decorado para celebrar la festividad del lugar. La población se había disparado ante las fiestas, viniendo gente de todas partes. Dieron un paseo y el único bar del pueblo estaba a rebosar. «¿Dónde cenaremos?», se preguntaron. Al girar en la siguiente calle descubrieron que la gente sacaba mesas y sillas a las calles para cenar al aire libre. Decidieron preguntar a una señora que estaba sirviendo dónde podrían cenar. La mujer, todo corazón, les dijo que en el bar del pueblo era imposible y que se sentaran, que había comida para todo el mundo. Las chicas, agradecidas pero algo cortadas se sentaron en la zona de los jóvenes. Un gigantón de aspecto intelectual se presentó como Mateo y las acribilló con preguntas durante toda la cena. A parte del pequeño interrogatorio, la vista del joven estaba se desviaba más allá del contacto visual escaneando el cuerpo de las dos chicas. Cuando Sara preguntó por el cuarto del baño, Silvia se levantó rápidamente, no quedando claro si era por no dejar sola a su amiga, o por no quedarse sola ella. Mateo las acompañó al interior de la casa hasta indicarles que al final del pasillos se encontraba el aseo. El chico no quitó ojo de los finos cuerpos de las chicas alejándose, sin pompa ni contoneo, pero con dos pequeños traseros que le hicieron tragar saliva antes de volver a la mesa. La cena terminó con una de copas de vino, y las chicas, antes de que Mateo se les acoplara toda la noche, agradecieron la generosidad y hospitalidad y se fueron excusándose con que habían quedado con otras personas de la ruta del vino. La plaza del pueblo era un frenesí de gente hablando, bebiendo, y los más jóvenes saltando al son de la banda que estaba tocando música. Sara y Silvia se unieron a la fiesta y saltaron como si dos adolescentes más se tratara. - Guapas, ¿os invito a una copa? - Dijo un chico bastante moreno y con pinta de canalla. - Se ve que aquí deben funcionar estas técnicas de ligue del siglo pasado... - Le dijo Silvia a Sara divertida esgrimiendo una media sonrisa. - Serás... - Dijo él frunciendo el ceño. - ¡Primo! - Le interrumpió no otro sino José María, el chico que habían conocido en un viñedo y les había invitado a venir al pueblo. Sara le guió un ojo a su amiga y se lanzó a los brazos del recién llegado. - ¡José María! - El chico no se esperaba la reacción y no supo qué hacer. Quedó con las manos inertes colgando a los lados. - ¡Hemos venido al final! - Dijo con entusiasmado. - Me... me alegro. Este es mi primo Hugo. Perdonar si os ha molestado. - ¿Y a mí quién me pide perdón? - Dijo el aludido indignado empezó una perorata de protestas. - Venga primo. Vamos a probar el ponche del tío Eusebio y luego volvemos. ¿Os venís? - Quizás luego... - Improvisó Silvia. - Tenemos tu teléfono y justo la canción que van a tocar es un temazo, aunque desafinen un poco con la versión. José María se despidió y se marchó con su primo que no paraba de quejarse ante lo que él denominaba "las creiditas de ciudad". Las chicas se pidieron en una copa cercana aliviadas de haberse quitado en encima a aquel plasta y se mezclaron con el resto gente. Un rato más tarde, y algo contentillas, una chica tropezó con ellas. - ¿Esta no es...? - Preguntó Silvia. - Perdón.. se ha pasado un poco - Se disculpó un chico ayudándola echándole un brazo sobre los hombros. - ¿Vosotros estábais en el Enobus esta mañana verdad? - Inquirió Silvia. - Eh... ah, ¡vosotras! Sí, sí. Justo en ese momento un trueno hizo que la gente se alterara. - Y eso que no iba a llover. ¡La que va a caer! - Dijo Sara. - Joder... ¿Me ayudáis a llevarla a algún sitio resguardado por favor? Las amigas ayudaron a la pareja. Y se acercaron al porche de las casa más cercanas justo cuando empezaban a caer las primeras gotas. Un fuerte chaparrón empezó a caer arruinando la fiesta y espantando a la gente haciendo que salieran en desbandada. - ¡La qué está cayendo! - Dijo un chico que acababa de abrir la puerta de una casa. - Ostia-puta, ¡las creiditas! - Dijo el impertinente que habían conocido antes. - ¿Qué pasa Hugo? Pasad chicas, que os vais a empapar. - Tarde. - Dijo Sara señalando su camisa blanca totalmente empapada. - ¿Te importa si pasan estos compañeros del Enobus? La chica ha pillado un buen pedo. - Para nada. Ahora le pido a mi tío unas toallas. Entraron en la casa donde un señor de unos cincuenta años se afanaba por encender una chimenea de leña. El edificio de una única planta se veía antiguo, y los grandes bloques de piedra de las paredes y las grandes vigas de madera del techo así lo atestiguaban. Poca iluminada y con una decoración basada en elementos de agricultura restaurados y colgados de la pared, rezumaba calor de hogar por todas partes gracias a la gran lumbre y temperatura que las danzantes llamas proyectaban. - Don Eusebio, mire quién ha venido, las chicas de las que le hablé. - Dijo Mateo, el gigantón con el que habían comido. - ¿Es que en este pueblo todo el mundo se conoce? - Preguntó Silvia mientras se escurría el pelo de su larga melena. - Tú lo has dicho... Es un pueblo. Yo soy amigo de la infancia de José María, y el señor de la leña es su tío Don Eusebio, dueño de esta casa. - Encantado niñas. - Dijo estrechándole unas gruesas manos endurecidas por el campo. - Como si estuvierais en vuestra casa. Chaval, te ayudo a llevar a tu chica hasta una cama que tengo ahí - Dijo señalando un sofá cama ubicado en un extremo del comedor. Colocaron con cuidado a Amelia en la cama. - Creo que deberías quitarle la ropa mojada para que no coja una pulmonía. Al instante, todo el mundo de la casa desvió su mirada hacia la pareja. - ¡A lo vuestro! - Dijo Gorka, el novio, con el ceño fruncido. El joven se las apañó para despojarle la ropa mojada sin desvelar nada del cuerpo de la chica gracias a las sábanas. - ¿Y vosotras qué? ¿queréis constiparos? - Hugo sonreía con malicia y señalaba la camisa empapada de Sara, la cual transparentaba perfectamente la forma del sujetador. El gigantón de Mateo no quitaba ojo de Sara. Una rápida mirada hacia el top de Silvia evidenciaba sus diminutos pechos, que apenas eran dos ondas en su top a rayas. - ¡Ya te gustaría a ti! - Respondió Silvia. - Creo que no es al único que le gustaría - Dijo Sara señalando con la barbilla a Mateo. - Lo siento chicas. Es que chicas como vosotras no hay en el pueblo. - Dijo el aludido avergonzado. - ¡Sois unos cerdos! - Bueno, creo que lo mejor sea preparar una copa para entrar en calor- Dijo José María yéndose hacia la cocina. - ¡Buena idea, te ayudo! - Sara huyó del comedor dejando a su amiga sola con aquellos cuatro hombres y la durmiente. José María estaba agachando rebuscando entre varias botellas de cristal. - ¡Hola! ¿Cómo te puedo ayudar? - Coge vasos de ese armario por favor - Dijo señalando un armario de gruesa madera que colgaba de la pared. La chica lo abrió y a duras penas llegó hasta los recipientes. Se puso de puntillas y cogió uno. Sonriente, lo dejó en la encimera y repitió el proceso con el siguiente pero se tuvo que parar en el acto el susto que se había dado. José María estaba a su espalda, y había apoyado ambas manos en su trasero. Aquello no era un accidente, ya aquel chico con pinta de buenazo estaba apretándole la bermuda manoseando su pequeño y duro culo. Puesto que el lugareño no dijo nada, ella tampoco lo hizo y repitió el proceso hasta que recuperó siete vasos. Se giró, y extrañada, su acompañante estaba sacando refrescos del frigorífico. Como si no hubiera pasado nada, entre el chico y ella prepararon varios combinados y él los llevó en una bandeja hasta el comedor. - ¡Aquí están las copas! - Dijo Sara con entusiasmo. - ¿Por qué estáis todos tan serios? - Tía, aquí el primo, que no ha dejado de tirarme los trastos. Ya iba a ir yo a la cocina. - Relájate Silvia, que estamos de vacaciones. - Sí, sí, pero recuerda que estamos casadas. - ¿Sois pareja? - Preguntó Don Eusebio divertido. La tensión se aflojó y el grupo se rió. - No, no lo somos - Respondió Sara sonriente al tiempo que se quitaba la camisa empapada. - ¡Qué haces loca! - ¿No querrás que pille una pulmonía? - ¿Te da igual que te vean? - Estoy en sujetador - Dijo señalando la prenda íntima de color blanco - No hay mucha diferencia a estar en bikini, y ¿en bañador no te importa ir por la playa, verdad? - No... ¡no es lo mismo! Además, yo me iría con cuidado porque seguro que verte así no tranquiliza a estos salidorros. - A mí me tranquilizaría que te quedaras tú también en sujetador - Dijo con cara malévola Hugo. - ¿Ves Sara? ¡Te lo dije! Sólo falta que Gorka diga algo ahora que su novia duerme. Todos miraron al aludido quien se encogió de hombros. - ¿Qué quieres que te diga? Me he quedado sin polvo después de todo el día con besitos y calentones. Ahora mismo, Silvia, te aplastaría contra el suelo hasta que gritaras como una loca. Los chicos rieron y le chocaron la mano con bravuconearía. - ¡José María pon orden por favor! - Imploró Silvia. - Orden el que ha puesto en la cocina... metiéndome mano en el culo sin decir nada - Reveló Sara. Todo el mundo se quedó callado, atónito. Se escuchó un pequeño azote cuando Gorka se acercó a las chicas y le dio una palmada en el culo a Sara. - No me extraña, tienes un culito de infarto. - ¡Mía! ¡Déjala! - Dijo Silvia apartándole. - ¿Tuya? - Respondió Sara con una mirada perversa. Sin esperar una respuesta le pasó los brazos por encima y la besó. Silvia estaba atónita no pudo hacer más que abrir la boca y recibir la lengua de su amiga del alma. Sara le sujetó la cara y le comió la boca como si la estuviera devorando. Su amiga cada estaba más excitada y abandonó su actitud pasiva para corresponderla con la misma pasión. Las manos saltaron a la cintura y fueron subiendo lentamente hasta colocarse en el lateral de sus pequeños pechos. Siguió el trazado del top a rayas hasta palpar dos pequeños y apretados pechos. - Estás empapada - Dijo haciendo referencia a la textura húmeda de la prenda. - No lo sabes tú bien... - Contestó riendo su amiga. La presión en los pechos aumentó formando un atractivo canalillo que hizo las delicias de Gorka, quien no quitaba ojo. Con maña y rapidez, deshizo el lazo del top y estiró de los tirantes hasta dejarlo caer a la cintura. Un pequeño sujetador negro con push-up brillaba con los encajes de una famosa marca de lencería. Las jóvenes fundieron sus cuerpos apretando el uno contra el otro mientras que sus lenguas se devoraban con lujuria. Sus pelvis se rozaban buscando un imposible. Gorka se mordió los labios al ver el movimiento de aquellos dos pequeños culitos redonditos. Ni corto ni perezoso, apretó la nalga de Silvia. Ésta, concentrada en el beso, se pensó que había sido su amiga, a quien devolvió el apretón. - ¿Con que esas tenemos, eh? - Con mirada maliciosa, la rodeó con los brazos hasta alcanzar la hebilla del sujetador. La prenda íntima cayó al suelo liberando los dos mangos bien erguidos que eran los pechos de Sara. Ésta guió con su mano la cabeza de su amiga hasta ponerle un pequeño pezón rosado al alcance de de la boca. Su amiga comenzó a lamérselo con devoción. - ¡Será cabrón! - Exclamó Hugo cuando Gorka se colocó detrás de Sara y se pegó a ella. Le mordisqueó la oreja y le besó el cuello provocando que la chica iniciara un suave contoneo contra su paquete. Primero en círculos y luego agitándose de lado a lado. El apretado trasero de la joven se movía de forma hipnótica contra el incipiente bulto en el pantalón del joven de origen vasco. Excitada, Sara sacó la lengua por fuera de la boca y jugueteó con la de su amiga en un frenesí erótico. Sin que nadie se hubiera dado cuenta de cómo lo hizo, Gorka había desabrochado el botón de la bermuda de Sara. De un tirón se lo bajó hasta los tobillos. Ella dio pequeños pasitos y una patada para desprenderse de la prenda. Un pequeño tanga se hundía en el cañón de sus apretadas y pequeñas nalgas que eran un reclamo ineludible para aquel chico con novia. Le propinó un azote sensual marcándole una silueta rosada para después. No bien se había juntado con aquella parte al descubierto cuando su propietaria inició un contoneo que le volvió loco. Un bulto muy serio se apreciaba en el pantalón del chico y cómo desaparecía bajo la presión en aquel culito. Excitado, el joven sujetó la cara de la chica y la giró hasta donde estaba él. Los labios se encontraron con pasión mientras Silvia observaba anodina sin saber qué hacer. - ¿Qué hacemos? - Preguntó Mateo inocentemente a José María. - ¡No perder el tiempo! - Respondió al tiempo que se quitaba la camiseta. Al ver que se dirigía a las chicas, le siguió nervioso. Hugo fue el primero en unirse a aquella fiesta. Estiró una mano para tocar a Silvia sonriente pero esta se la apartó en seco. Dio unos pasos atrás y el resto se centró en Sara. Gorka se apretaba contra su culo mientras que José María colocó su mano sobre uno de los turgentes pechos de la chica y sintió su dureza al apretarlo. Pronto, el cuerpo de la chica se cubrió por un tapiz de manos de los tres jóvenes, ante la atenta mirada de Mateo y Silvia. Los pechos oscilaban escondidos en sus fundas mientras el abdomen y pierdas eran estudio de un escaneo intensivo. Pronto, el hábil Gorka desabrochó el sujetador, y la prenda íntima cayó al suelo liberando los pequeños pechos con forma de pera coronados por pezoncillos rosados. - Los demás también queremos - Dijo el gigantón apartando a Gorka de su sello. El chicarrón agarró el trasero de la preciosa ninfa con sus grandes manos y lo apretó como si estuviera dando forma a la masa madre del pan. A unos metros de distancia Silvia contemplaba excitada el espectáculo sentada en el sofá. Se había desecho del top a medio quitar, y observaba la escena sin participar con una mano oculta en el interior de su pantalón: José María y Hugo succionaban pezones a dos manos como dos lactantes mientras que el chico que inició todo se estaba desnudando. Mateo hundía la maza de su mano entre las piernas de la chica mastúrbandola por encima del tanga y provocándole gemidos incesantes. Ocho manos inquietas cubrían el cuero de Sara convirtiéndola en un ser difuso. Los chicos estaban cada vez más excitados y deseosos, y desinhibían en las guarradas que le decían al tiempo que eran más aventurados con los tocamientos. En un abrir y cerrar de ojos los jóvenes se desnudaron. - Silvia, no seas tonta y ven a ayudarme. - Dijo señalando los enhiestos mástiles que apuntaban al techo. La aludida negó con una expresión a caballo entre el miedo y la desaprobación, manteniéndose distante. - Tú misma, más para mí.- Agarró el nervudo pene de José María y comenzó a masturbarle con los mismos movimientos de mano que haría al sacudir una servilleta llena de migas. - ¡Yo también quiero! - Dijo Hugo acercándose con su pequeño pene erecto. - A ver lo que me duráis - Respondió Sara con media sonrisa maliciosa al tiempo que se arrodillaba en la alfombra. Los cuatro amigos formaron un apretado semicírculo frente a la muchacha y pusieron sus falos a su disposición. Ella se lanzó a succionar el pene de José María con hambruna. Pronto los otros tres chicos se apretaron más rozando su cara con sus mástiles. Le dieron toquecitos en labios y lengua con sus herramientas percutoras. Ella intentó ser ecuánime y dar rápidas succiones a cada miembro, pero no daba a basto. Manos traviesas jugueteaban con sus pechos y trasero al tiempo que ella se esforzaba por complacer a los cuatro hombres. - ¡Tu novia, Gorka! - Dijo con malicia Hugo. Se giró asustado, pero allí no había nadie. El otro se río y aprovechó la falta de competencia para prolongar su turno. Su pequeño pene, a diferencia del resto, desaparecía entero cada vez. Sara agarró los de José María y Mateo y se los acercó a la boca. Los lamió con avidez al tiempo que intentó metérselos a la vez en la boca. Sólo las cabezas de aquellos troncos cupieron apretados en las fauces hambrientas de deseo. Les miraba desafiantes sin soltar su presa hasta que el bueno de José María le cogió la mano y la ayudó a levantarse. * * * Silvia se masturbaba distante contemplando la escena. Espatarrada y vestida sólo con ropa interior, se masturbaba sin tapujos ocultando su mano en el interior de las braguitas. Contempló cómo José María guiaba a su amiga hasta una silla cercana donde él se dejó caer. Su compañera de viaje supo qué hacer. Tras desprenderse del tanga, se acercó de espaldas con la intención de "sentarse" sobre el joven. Justo cuando aquel pene, de tamaño por encima de la media, hacía contacto con los labios inferiores de su amiga, un contacto sobresaltó a Silvia. Su sujetador cayó al suelo liberando sus pequeñas tetas; poco más que ondulaciones que elevaban sus oscuros pezones. «¿Cómo era aquello posible. ¡Todos los chicos estaban ocupados con Sara!» - Estás muy cachonda, ¿verdad pequeña? - Se giró para comprobar la procedencia de aquella voz grave. - El tío Eusebio te dará lo que te mereces. La chica se le quedó mirando anonadada sin saber qué hacer, con su carita de ángel pecosa y los labios a medio abrir sorprendida. Con una delicadeza impropia de aquellas grandes manos callosas, el hombre la volteó suavemente colocándola de lado. Sin mediar palabra, le acarició sus lisas y blancas piernas hasta llegar al trasero. - Tienes un culito precioso. Mira que las dos estáis delgadas, pero el tuyo es aún más pequeño que el de tu amiga. - Su voz sonaba serena mientras le acariciaba las nalgas por encima de las braguitas. Las manos la toquetearon cada vez con más pasión hasta, desde atrás,llegar a su entrepierna. Ella,sumisa y desconcertada, se dejaba hacer con docilidad. - Joder, ¡estás empapada! - Dijo al comprobar su mano humedecida. Silvia se dejó hacer emitiendo pequeños y agudos gemidos mientras tenía la mirada perdida en su amiga, quien estaba cabalgado como una loca. Don Eusebio la ayudó a tumbarse boca arriba sobre el sofá y la dejó esperando mientras se desnudaba. El hombre se acercó a la chica quien esperaba paciente tapándose los pezones con el brazo. Él los destapó con ternura y apretó con cariño sus diminutos pechos. - Estás deseando que te folle ¿verdad? Tendrás que esperar aún un poco más pequeñinaghhh. Su última palabra se ahogó cuando comenzó a lamer lentamente un pezón con una lengua larga y carnosa. Apretó sus tetitas e intentó que los pezones se juntaran. - Date la vuelta por favor. Ella accedió sin rechistar. Aquel hombre maduro le bajó con tranquilidad las braguitas dejando un culo, propio de una adolescente, a la vista: pequeño y redondito lucía compacto en una adorable tentación de melocotón. Una gruesa mano callosa se deslizó como una máquina quitanieves por la superficie blanquecina formando una ola por la presión. Pronto, ambas extremidades hicieron contacto con sendas nalgas e iniciaron un atípico masaje. Rápidamente, y pese a que no había habido violencia en el acto, la superficie enrojeció. Silvia se extrañó cuando durante algunos segundos nada ocurrió hasta que de repente sintió la mano de su amante de forma muy concisa sobre su sexo. Incesante, sabía perfectamente qué movimientos hacer y cuando hacer pequeñas pausas para volverla loca. No tardó mucho en comenzar a gemir al tiempo que empapaba al intruso con sus fluidos vaginales. Sintió la lengua inquieta de Don Eusebio pero prefirió no mirar atrás. Una nueva pausa le puso nerviosa. - ¿Quieres que te folle? - Le preguntó el hombre. Ella contestó un escueto "sí" apenas audible. Sintió un cuerpo ajeno en la entrada de su cueva y se sorprendió cuando entró con facilidad. No sólo gracias a la buena lubricación, sino por el pequeño tamaño del miembro. Se giró para asegurarse que no le estaban introduciendo un dedo y se quedó estupefacta ante lo que vio. Don Eusebio se masturbaba con fiereza a su lado mientras su sobrino, Hugo el Malote, la miraba complacido al tiempo que la penetraba con su pequeño falo. - ¿¡TÚ!? - Gruño ella, ante lo que él aceleró el ritmo con fuertes embestidas de su bastoncito. Si bien el tamaño del pene era pequeño, las embestidas eran muy fuertes. Gracias a Dios no calzaba algo más parecido a lo de sus compañeros o la habría destrozado. - ¡Sí, yo! No te puedes imaginar lo que he deseado este momento. Ella le empujó para apartarle, pero claramente lo hacía sin convicción ya que estaba disfrutando de la situación. Hugo le agarró por la cadera con ambas manos y y la agitó hacia sí mismo con un fuerte empujón. Su pene desapareció entero al tiempo que el culito de ella ondulaba con la embestida. Las penetraciones eran como navajazos cada 3 segundos. Silvia se colocó las manos en las nalgas y retiró hacia los lados para sentir mejor las penetraciones de aquel pequeño pene. El chico pasó a un ritmo más rápido provocando pequeños gemidos en su amante. La chica apoyó la cabeza en el sofá y se dejó llevar emitiendo sonidos cada vez más fuertes y captando la atención del resto. Silvia no vio llegar a su amiga hasta que la tuvo al lado. - ¿Ves como soltándote disfrutas más? - Le dijo sonriente Sara. Ella apenas pudo esgrimirle una sonrisa fugaz. Su amiga se acomodó como pudo en el sofá y sentó abierta de piernas pegada a su cabeza. No hicieron falta palabras. Los labios vaginales estaban a tan solo unos centímetros. Desprendía un fuerte olor a pasión tanto femenino como masculino. Sara le acarició el liso pelo y ella le acarició el coño con la lengua. Aquello pareció excitar a Hugo, quien aumentó la fuerza y velocidad de las embestidas provocando que ella pegara más su cara a la entrepierna de su amiga. El chico se lo hacía tan fuerte que ella acabó tumbada aplastada contra el sofá y compañera de viaje. Extasiada gimió apartándose un poco del salado sexo que degustaba. El joven aprovechó para manosear con una mano los pechos de Sara, quien le animaba a darle más caña a su amiga. - Bueno chavalote, me parece que me debes una. - Dijo Don Eusebio. - Salid todos del sofá un momento, que es un sofá cama y voy a estirarlo para estar todos más cómodos. Las dos amigas se abrazaron y besaron con pasión de pies mientras duraba la operación. El hombre maduro cogió la mano de Silvia y la guió hasta el sofá cama invitándola a tumbarse. Acercó su pene, claramente superior en tamaño al de su sobrino, a la entrada de la joven, y tras levantarle las piernas, comenzó a follarla. Ella gritó fuerte por el cambio de tamaño del objeto que se abría paso en su interior. - Venga, acercaos todos, no seáis tímidos - Invitó el dueño de la casa. José María y Gorka obedecieron complacientes y acercaron sus penes a la boca de la chica. - Yo te ayudo - Dijo Sara lamiendo las pollas que se acercaban a su amiga y creando una batidora de lenguas con ella. Ambas mujeres lamieron a la vez el pene del gran Mateo cruzando latigazos entre sus lenguas. Hugo se abrió paso entre sus amigos e hizó a Sara con la fuerza de sus músculos hasta colocarla tumbada bocarriba pegada a su amiga.ç - Venga tío, vamos a follarnos a estas dos putas a la vez. - ¡Trátalas con respeto, niño! - Respondió indignado Don Eusebio. Efectivamente, los finos cuerpos se movían al compás de las penetraciones familiares, aunque las tetas de Sara se movían más que las de su compañera. - ¡Míralas qué cachondas están! - Dijo el joven mientras contemplaba cómo las muchachas se besaban con pasión durante la penetración. - ¿Eso es todo lo que puedes hacer? - Retó Sara a Hugo. El chico frunció el ceño y le indicó que cambiara de postura. Colocó a la chica encima de su amiga, como si fuera a hacer un 69. Sara, a cuatro patas, sintió como su amiga le chupaba el clítoris como podía mientras aquel macarrilla la penetraba. Ella, viciosa, le lamió los pezones al hombre de más edad de la sala mientras veía como los otros tres chicos se masturbaban contemplando la escena. - Mmmmm, sí, Silvia cariño, ¡no pares! - Le exhortó. - ¡Qué buenas están! - Dijo entre los dientes Hugo. - Eso está mejor - Le respondió complacido su tío. Siguieron así unos minutos más hasta que Hugo no pudo aguantar más y se retiró para evitar acabar. Silvia aprovechó el momento para incorporarse y coger aire. Pronto, el grandullón de Mateo ocupó tenaz la vacante y ambas mujeres quedados una frente a la otra en la postura del perrito. Ambas se besaban con cuidado de no darse un cabezazo ante los empujones de sus amantes. Los "plas plas" de cada golpe de abdomen con trasero estallaban como un extraño baile flamenco de ámbito sexual. - Ya tengo ganas de que me toque - Dijo Gorka mientras contemplaba, polla en mano, la escena. - Viendo tus ansias, no pensaba que estuvieras tan necesitado. - Contestó José María. - Bueno, ya sabes cómo reza el dicho "mucho lirili pero poco lerele", jajajaaa. La última "a" de su risa se subió de volumen amortiguada por el gemido gutural de Sara, quien en esos momentos estaba teniendo un orgasmo. - No pares, no pares, no pares, no pares, sí, sí, sí... - Pronunció como una fanática acelerando el ritmo del mete-saca favoreciendo ella misma el movimiento de su pelvis. Se corrió con movimientos espasmódicos dejándose caer sobre el colchón. Los amantes se retiraron y todo el grupo dejó descansar a las chicas. - ¡¿Quién es el siguiente?! - Exclamó Sara, poniéndose en pie, aún con la respiración entrecortada. - Jo tía, ¡qué energía! - Ja, ja, ja. No es para tanto. ¡Te echo una carrera! - Dijo tras subirse en una postura de cabalgar sobre José María. - ¡Hecho! - Contestó su amiga en montando a Gorka. Tras introducirse los penes respectivamente iniciaron un ligero trote mirando de cara a los chicos. Los pequeños pechos danzaban con los movimientos ascendentes y descendentes que cada vez eran más rápidos. - Me encantas Saragggghhh - Dijo medio atragantándose mientras le succionaba un pezón durante la penetración. - Tú eres un amor José María. - La chica juntó sus pechos con las manos apretando entre medias la cara de su amante. - ¡Qué ganas tenía de follarte, Silvia! - Ya veo - Le contestó a Gorka a sabiendas del ritmo acelerado con el que le ayudaba a subir y bajar. Las chicas aceleraron el ritmo pero ninguna quedó como ganadora ya que los chicos prefirieron parar antes de correrse. - Sara, vamos a disfrutarte en familia - Dijo Hugo. - ¡Súbete aquí, guapa! La joven se lo pensó unos segundos y finalmente no accedió, sino que se encaramó sobre su tío. - ¿Con que esas tenemos, eh? - Dijo acercándose desde atrás al tiempo que le daba un azotito en el culo. - ¡Fóllame el culo cabrón, a ver si me entero de algo! - Le dijo ella retadora. Su tío le hizo una señal con la mano para que se calmara, y su sobrino se acercó sonriente. - Como tú quieras,dijo con voz de pervertido. - Pegó su cuerpo al de la pareja. - ¡Cuidado, estúpido! - Dijo su tío cuando el otro falló el tiro y le rozó con su pequeño miembro. El grupo se detuvo, y Hugo, tras preparárselo, penetró analmente a Sara con facilidad. Mateo se acercó a aquel conjunto de pasión y taponó el último orificio con posibilidades sexuales de la chica dejándola con sexo, ano y boca ocupados. El circuito de carne se movió lentamente mientras que el resto no perdía el tiempo. José María se follaba a Silvia salvajemente en la postura del misionero al tiempo que ésta se la comía a Gorka. - Cómo se despierte ahora tu novia... - Dijo con malicia José María. - Calla, calla, no me cortes el rollo. Las pollas viejas y pequeñas oscilaban como si de un mecanismo de relojero se tratara al introducirse y escapar del interior de Sara. Aprisionada en aquella celda de lujuria poco más podía hacer que dejarse follar la boca lentamente por parte de aquel joven sencillo y grandullón. - ¡Alto! ¡Parad! - ¿Estás bien Sara? - Sí, pero veo que os queda poco para correros y creo que mi amiguita se merece, por lo esquiva que ha sido, toda la tarta. Venga, ¡todos con Silvia! La aludida miró con los ojos como platos a su amiga. - Tú no. - Cogió a José María por el brazo. - Quiero que me llenes con tu leche. Te lo has ganado. - Le dijo Sara. Los hombres se arremolinaron en torno a Silvia, quien se arrodilló en la alfombra frente a ellos. Las cuatro pollas oscilaban como si de los palos de los barcos de un puerto en un día ventoso se tratara. Mientras, José María ya se había lanzado sobre Sara como un salvaje. Le había excitado mucho el gesto de la chica, y se comportaba en aquellos momentos como un animal enloquecido. - ¡Te voy a reventar el coño! - Le dijo sin filtros. - Mmmm, sí, ¡fóllame sin parar! El joven la aplastó con su cuerpo y apretó sus labios contra su pecho succionando como un loco le pezón. Su pene encontró y logró colarse entre los labios vaginales y comenzó la traca final. Ella le apretaba las nalgas con los talones, y él la tenía sujeta por la nuca con ambas manos. José María tensó todo su cuerpo y comenzó un mete-saca brutal y muy rápido. Los otros se giraron al sonido de los gemidos y el impacto de la carne contra la carne. Sara apretaba los dientes y le miraba desafiante ante el sudoroso rostro de su amante. Los senos se movían rítmicamente y el hombre dejó caer todo su peso encima de ella para besarla profundamente. La penetración también era profunda y no se oía ningún ruido salvo el crujir del sofá cama debido a los movimientos de su cadera. Se separaron, y el joven volvió a la carga en un esfuerzo final. - Sí, sí, no pares, no pares, me corro, me corro... Excitado aceleró para fundirse con ella y dejarse caer encima con una eyaculación brutal. Sara sintió los potentes chorros seminales invadir su interior como si fueran columnas de magma eyectados por un volcán. Se corrieron a la vez, y el sonido de sus gemidos provocó un efecto mariposa. El bosque de penes tras el que se escondía Silvia era un batir de manos imparable. Ante el sonido agónico de su amiga y amante, Hugo entró en éxtasis y le introdujo el pene en la boca. Le sujetó la cabeza con las manos y comenzó a penetrarla como si sus labios superiores fueran los inferiores. Sintió manos que no pudo identificar que aprovechaban el momento para toquetearle los pechos, el culo y la vagina. Se sentía saciada con tantas sensaciones táctiles. Hugo gritó, y sin apartarse, se derramó sin parar de follarle la boca. Silvia sintió un conato de arcada, pero abriendo la comisura de los labios, dejó escapar todo el líquido que había proyectado aquel pequeño pene, que cayó de golpe como un torrente blanquecino sobre abdomen y pierna. El joven se retiró, y no bien pudo recuperarse cuando dos chorros a mucha presión le cruzaron la cara con trazas blancas. Don Eusebio se rió le dio toquecitos con su miembro en la cara. Gorka y Mateo batían sus pollas furiosamente frente a ella. - Espero que no te moleste... - Dijo tímido Mateo - Pero... ¿podría acabar sobre tu culito? - Nada dentro, ¿eh? - Dijo tras colocarse a cuatro patas frente a los dos chicos. El grandullón se excitó ante aquella visión y se dejó llevar. Pegó su gran cuerpo al de ella, haciéndola desaparecer y, sin apoyar todo su peso para no aplastarla, restregó su miembro contra aquel pequeño trasero. Sara afianzó bien los brazos para no caer y ser aplastada contra el suelo. Sintió cómo el falo del chico se tensaba, y tras unos gruñidos de oso por su parte, se corrió empapando su culo y salpicándole la espalda. Cuando dejó de sentir la presión del cuerpo, se giró para afrontar al último amante. - Y tú Gork... No pudo acabar de hablar ya que el chico se le echó encima masturbándose a toda velocidad y apoyando su pene contra sus senos. Lentos y blancuzos lefazos enguarraron sus pequeños pechos. Cuando vio que ya no quedaba nadie más con ganas de sexo, se dejó caer en la alfombra agotada. * * * Sara y Silvia se introdujeron juntas, y solas, en la ducha de aquella casa. - Estoy agotada - Confesó Sara. - Uffff. Estamos locas. ¿Qué hemos hecho? - Respondió su amiga. Sara la abrazó, y los dos cuerpos sucios y recubiertos de sudor y otros fluidos entraron en contacto. - ¿No has disfrutado? - Sí... - Pues quédate con eso. - Le dio un beso cariñoso en los labios. Una vez mojadas, Sara enjabonó a su amiga con ternura. La piel blanca aparecía enrojecida en varias zonas por el roce. Se aclararon y tras cubrirse con unas toallas salieron fuera. - ¡Ánimo, que esté ha sido sólo el primer día de viaje!

Autor: jovenesalegres Categoría: Sexo en Grupo

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Con cuatro... y mi novio mirando

2019-08-11


A partir del primer trío que hicimos mi novio y yo, nuestras fantasías fueron en aumento. A nuestros juegos sexuales siempre añadíamos un consolador de buen tamaño para esa doble penetración que tanto me gusta. Sentirme llena de polla por los dos agujeros me pone muy arrecha. Me corro varias veces y con una intensidad salvaje. Incluso compramos una funda que se colocaba mi novio en la polla para que aumentara su grosor y longitud. La idea de hacer un gang bang, es decir, estar con más de tres hombres para mí sola empezó a cobrar forma. Probábamos en una especie de ensayos; me metía consoladores por todos los orificios y la verdad es que me corría como una verdadera perra. A través de una web de contactos pusimos un anuncio con nuestra propuesta. Buscábamos hombres con buen cuerpo, saber estar, bien dotados y morbosos. La educación, en estas situaciones, es fundamental para nosotros. Un tío bueno con una polla descomunal que sea un gañán no me pone nada. Recibimos, como era de esperar, más de cien respuestas a nuestro anuncio. Ahora se trataba de elegir a los cuatro candidatos, porque habíamos decidido que eran cuatro hombres más Jose, mi novio de ese entonces, el número ideal. Mi novio se encargaría de grabar toda la sesión, y por supuesto, de participar si así lo deseaba. La idea de tener a cuatro hombres para mí sola, dispuestos a darme placer por todo el cuerpo me mantenía en un estado de permanente excitación. Cuando pensaba en ello me humedecía siempre; era una reacción instantánea. A mis veinte años, y después de mi primera experiencia en un trío con un hombre que me llevaba 30 años y muy atractivo, me siento en la plenitud de mi vida sexual. Y, así como consideraba hasta hace poco la experiencia de un trío como algo que se quedaba en el terreno de las fantasías, ahora ya no me cerraba a ninguna posibilidad. Me considero una hembra caliente y atractiva, deseable por cualquier hombre que tenga buen gusto por las mujeres. Por razones evidentes, decidimos elegir a cuatro que fueran mayores que yo. La primera e imprescindible condición que pusimos fue verlos en foto, tanto de cara como de cuerpo entero, con sus pollas erectas. Entre los cuatro, había un chico venezolano, con una polla espectacular, de 24 años. Solo de verlo se me hacía agua lo que imagináis. Los otros tres andaban entre los treinta y ocho y los cuarenta y dos años, argentinos, con buen cuerpo, altos y con unas pollas que no bajaban de los veinte centímetros. Por fin, una vez decididos los hombres que tanto me iban a hacer disfrutar, establecimos el día, la hora y el lugar para la cita. Aunque pueda parecer muy lanzada, y en realidad lo soy, me cuesta arrancar. Al principio me siento cohibida, como cortada; pero en cuanto se enciende en mí el interruptor de la guarra que llevo dentro, entonces ya no hay marcha atrás. Me entrego en cuerpo y alma hasta quedar exhausta y satisfecha como toda hembra después de disfrutar de unos buenos machos. Convinimos en quedar en un bar de copas cercano a un motel discreto, fuera de nuestra ciudad. Una cosa es ver a esos hombretones en fotos y otra muy diferente ver cómo se comportan, si saben estar, si son educados…, creo que me explico bien. Mi novio Jose y yo tuvimos una cena romántica antes de acudir a la cita. Me encontraba muy excitada por el morbo de la situación. Si todo marchaba bien, dentro de pocas horas tendría cuatro auténticos pollones a mi disposición. Cuatro pollones que me penetrarían por mis agujeros, que metería en mi boca y que se correrían en mi cuerpo. La espera me calentaba muchísmo a la vez que me cohibía en cierto modo. La presencia de Jose me daba la seguridad que necesitaba. Después de cenar acudimos al bar de copas donde habíamos quedado. Ellos solo habían visto fotos de mi cuerpo, pero Jose tenía sus teléfonos, así que no había posibilidades de confusión. Llegamos antes de la hora prevista y nos sentamos a una mesa con un gintónic cada uno. Me había vestido con unos vaqueros que me sentaban de maravilla y una blusa blanca, abotonada, que insinuaba mis pequeños pechos. Alrededor de las doce empezaron a llegar y a presentarse. Los cuatro cumplieron mis expectativas, tanto en el físico como en la forma de vestir y de comportarse. saludaron a mi novio con un apretón de manos y a mí con un beso. Uno de ellos se llamaba Jose, como mi novio; el venezolano, Osmar, y los otros dos, Jorge y Luis. Pidieron sus copas y se sentaron alrededor de la mesa. Osmar, Jose y mi novio estaban frente a mí; Luis y Jorge se sentaban cada uno a mi lado. En ese momento, rodeada de hombres que habían venido exclusivamente a follarme y darme y recibir placer por mi parte, me mantenía en un estado de efervescencia hormonal. Vaya, que me estaba mojando. Pedimos una segunda ronda y mi novio les preguntó qué opinaban de mí. Todos me llenaron de elogios. La mirada de Osmar se clavaba en mi escote, y en seguida Luis dejó su mano en mi muslo y Jorge la suya en mi cadera. Me sentía deseada, y eso me ponía muchísimo. Había llegado el momento de dejar claras un par de cosas: imprescindible el uso del condón y, si en un momento, por el motivo que fuese, yo decía basta, era basta. Sin preguntas, insistencias ni malos rollos. Todos asintieron. A esas alturas, la mano de Jorge ya acariciaba mi teta, cuyo pezón respondió endureciéndose enseguida. Mi novio les preguntó si tenían alguna experiencia parecida, y excepto Osmar, todos dijeron que sí; incluso dijeron que sabían cómo tratar a una “dama”. El hecho de que usaran la palabra “dama” para referirse a mí todavía me puso más cachonda. A medida que se acercaba el momento de levantarnos y dirigirnos al motel, mi nerviosismo aumentaba. Estaba decidida a todo, pero como he comentado antes, me cuesta arrancar. Mi novio añadió, pidiendo una tercera ronda, que tenía pensado grabar toda la sesión para nuestro disfrute privado a solas, en pareja. También se mostraron de acuerdo, pero dos de ellos pidieron que no salieran sus caras, puesto que estaban casados. Cuando mi novio se levantó a por la ronda, Jorge le acompañó. A los pocos segundos, Osmar estaba a mi lado; parecía estar caliente de verdad, porque enseguida empezó a meterme mano. Hacia la una, mi novio notó que estaba preparada para salir hacia el motel. No es que estuviera preparada, es que estaba cachonda perdida entre las caricias que recibía y el alcohol, el rumbo de la conversación y pensar en lo que me esperaba. Salimos en dos coches. Osmar y Jorge venían con nosotros. Jose y Luis en el otro coche. Durante el trayecto, Osmar, que estaba detrás de mí, no dejó de acariciarme las tetas, con una destreza tal que me puso los pezones como piedras. Jose había reservado una habitación con jacuzzi y una cama lo más amplia posible. Al motel se entra por el garaje privado que tiene. Nada más entrar, mi novio puso música y enseguida me sentí rodeada por los cuatro. Eran cuatro bocas y ocho manos que no dejaron un centímetro de mi cuerpo sin recorrer. Me desnudaron entre caricias y besos, y al poco ya solo estaba con el tanga y el sujetador. Ellos no tardaron nada en desnudarse del todo. Me deleitaba mirando sus cuerpos y sus pollas. Mientras tanto, mi novio había dejado en la mesilla de noche condones y un frasco de lubricante. Nos fuimos a la ducha. Osmar y Luis tenían las pollas morcillonas en ese momento, pero eran gordas. Las imaginaba en todo su esplendor. Jorge y Jose, aunque tenían unas pollas menos espectaculares, estaban completamente empalmados. Me sentía una diosa rodeada de hombres cuyo único objetivo era satisfacerme. Cuando salimos de las duchas, empezó realmente lo bueno. Es difícil recordar con exactitud todo lo que ocurrió, así que trataré de centrarme más en mis sensaciones que en el orden exacto de los hechos. Yo estaba de pie, con Osmar detrás de mí sobándome las tetas y frotándose su pollón en mi cadera. Los otros se dedicaban a besarme por todo el cuerpo. Noté cómo Jorge se agachaba, me separaba las piernas y empezaba a lamerme el clítoris. Mi novio, cámara en mano, no perdía detalle. Jorge me lo comía de maravilla, follándome con la lengua y bajando hasta mi ano. Estaba en el séptimo cielo. Me tumbaron en la cama y me abrí de piernas por completo para facilitar la comida de coño que me hacía Jorge. Cogí la polla de Osmar y comprobé que no podia abarcarla con la mano. Me corrí en la boca de Jorge. Empezaron a turnarse. Unos me comían las tetas, otro el coño, mi novio se pajeaba y Jose se puso un condón. Me la clavó a lo misionero, primero despacio, pero enseguida con unos pollazos que parecía que me iba a partir en dos. Cuando se corrió, ocupó su lugar Jorge, que puso mis piernas en sus hombros, levantándome el culo. Tenía una polla gorda, como me gustan. Me daba fuerte, y a cada embestida, notaba los golpes de sus huevos en mi culo. Me acariciaban el clítoris y me comían las tetas, no sabría decir quién de ellos hacía cada cosa. Con cada mano pajeaba una polla diferente. Tenía el coño hecho agua… Jorge y yo nos corrimos a la vez. Gritando de gusto. Me sentía muy hembra. Le había llegado el turno a Osmar, que, por el tamaño de su verga, había traído sus propios condones. Madre mía, ¡qué polla! Empezó a meterla despacio, abriéndose camino en mi coño, que no podía chorrear más. Entró un poco más de media, y bombeaba sin parar. En mi vida he sentido mis entrañas tan llenas de polla como en el momento en que sentí sus huevos golpeando mi culo. ¡Me la había clavado entera! La notaba hasta la boca del estómago… Se puso muy cachondo conmigo al ver el gusto que me daba y creo que también de ver cómo nos grababa mi novio, con una mano en la cámara y la otra en la polla, pajeándose. Osmar me puso a cuatro patas y me empezó a dar fuerte; cada pollazo me empujaba hasta casi perder el equilibrio, tanto que me costaba mucho mamar la polla que Jose me había metido en la boca. Cuando de verdad me volví como loca fue en el momento en que Osmar se salió de mí y se tumbó en la cama. Qué preciosidad de verga, pensé mientras me sentaba encima de ella. Creía que me iba a salir por la boca. Vi como Jose se ponía otro condón. Ahora venía lo bueno. Mientras me lubricaba el agujero del culo con toda la polla de Osmar en mis entrañas me volví a correr entre gritos. Estaba como poseída por el placer. Noté la punta de la verga de Jose entrando en mi culo y les pedí que me dejaran respirar un momento. Necesitaba tomar aire después de una corrida tan descomunal. Enseguida Osmar empezó a moverse y también Jose, cuya verga ya estaba completamente dentro de mi culo. ¡Qué cachonda estaba! La follada de mis dos agujeros estaba tan bien sincronizada que no podía resistir tanto gusto a la vez. A nuestro lado Luis y Jorge me sobaban las tetas y se pajeaban las pollas sin perder detalle. Era un momento tan intenso que no quería que se acabara nunca. Empezaron a darme fuerte de verdad, notaba que esas dos pollas me reventaban. ¡Qué guarra y qué deseada me sentía! ¡Qué placer me daban esas dos vergas empujando dentro de mi coño y mi culo! ¡Cómo sonaba el flujo a cada embestida de Osmar! Y los otros dos con el cipote en la mano pajeándose… Era como estar en el cielo de la lujuria. Sentía la llegada de mi orgasmo y empecé a gemir más fuerte y luego a gritar, sin el menor pudor. Sin duda mis gritos y las embestidas ayudaron a que ellos también soltaran su leche y llenaran los condones, porque nos corrimos los tres casi a la vez. Me dejé caer encima de Osmar, agotada. Tenía la boca seca y mi novio abrió un par de botellines de cava del minibar. Bebí un poco y enseguida sentí el pollón de Jorge intentando abrirse paso en mi culo. Era muy gorda y me dolía un poco; le dije que esperara. En cambio, mis machos no parecían tener paciencia. Me puse de pie, casi me temblaban las piernas. Osmar se metió entre ellas y me empezó a comer el coño de una forma maravillosa. Sin esperármelo, Jose y Luis me levantaron en volandas, uno me sujetaba las espalda y el otro las piernas. Osmar volvió a ensartarme así, en el aire. Parecía volar con sus acometidas de macho joven. Volvió a tumbarse en la cama y me senté otra vez sobre su pedazo de polla que tanto gusto me daba. La punta de la polla gorda de Jorge empezó a abrirse camino en mi culo; parecía empeñado en conseguirlo. Ahora sí me la clavó hasta las pelotas y volví a correrme entre gritos, aunque ellos continuaron el mete saca. Delante de mi cara vi las pollas de Jose y Luis. Empecé a mamárselas alternativamente, pero las embestidas en mi culo de Jorge me lo hacían imposible. Les pajeé, pero perdía el equilibrio con tanta embestida… Se acabaron ellos; Luis me echó la corrida casi en la cara y Jose en mis tetas. Osmar y Jorge seguían dándome fuerte hasta que Osmar volvió a correrse; le pedí que no se saliera de mí. Jorge y yo nos vinimos casi a la vez. ¡Qué locura! Estaba reventada, molida, irritada. Me sentía la hembra más guarra del mundo, y eso me volvía loca. Tenía los muslos chorreando de flujo. Me separé de ellos y me quedé derrengada boca arriba en la cama. Les di a entender que ya estaba satisfecha. Fueron a ducharse, se vistieron, me dieron un beso y se marcharon. Ahora solo necesitaba descansar y dormir. Cuando mi novio se tumbó a mi lado, me di cuenta de que casi ni me había tocado. La verdad, pensé antes de dormirme, es que no hay nada como una buena sesión de sexo.

Autor: panchi6666 Categoría: Sexo en Grupo

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Follando en Familia y otros amigos

2019-08-08


Bueno mi casa en el campo, ya más de casa de campo parecía un casa de citas, porque allí, se montaba cada orgia de escándalo, lo que yo no sabía es que en la Ciudad que vivimos hubiera tantos matrimonio liberales como lo éramos nosotros, pero se lleva todo muy discretamente, por el que dirán, hay que guardar las apariencias. Pues a lo que voy, mi mujer Amalia, que desde que se le ha soltado el pelo y folla más que ríe, en esta ocasión y a vísperas de las fiestas locales, mi mujer me propuso que invitáramos a nuestros consuegros al campo a pasar la semana de fiestas, ellos son unos años más jóvenes que nosotros,43 años tiene ambos, se llama Carmen y Antonio, ella es una mujer con unos ojos azules muy bonitos y aunque metidita en carnes está muy potable además tiene una 110 de pecho, es decir bien servida, mide sobre 1,65 cm, Antonio es algo más bajo que yo mide 1,80 cm. Pues quedamos el Viernes por la noche para irnos los cuatro a cenar y luego irnos de Pub a bailar un poco, así lo tantearíamos a ver si eran como nosotros porque sospechábamos algo según nos había comentado nuestra nuera que nos veía a nosotros muy liberales para nuestra edad, 50 y 53. Quedamos en vez de comer en un Restaurante, tapear como decimos por aquí y luego irnos a bailar. Íbamos de Bar en Bar siempre tapeado, Antonio iba charlando con mi mujer y yo con Carmen, esta me dijo en una de sus conversaciones que había hablado con su hija y que le había dicho lo de liberales que eramos y me dijo que si no me importaba que mi mujer follara con otros,yo le dije que si se referia al intercambio de parejas, yo en principio no dije nada solo sonreí, se acerco mi mujer y me dijo que Antonio le había preguntado lo mismo, entonces ya lo descubrimos y le dijimos que al intercambio o a que follaramos cada uno con quien quisiera, a lo que ellos contestaron que le gustaría practicarlo pero no sabían con quien porque era un tema muy delicado pero si queríamos y que como éramos de la familia quedaría todo en casa si lo practicaban con nosotros a lo que dijimos que por supuesto, y yo añadí para ya coger confianza que si al consuegro le gustaba su consuegra que no había problema que a mí me gustaría follarte a ti consuegra, ellos contestaron “de puta madre pues al lio”, ya si intercambiábamos las parejas porque Carmen me abrazo como lo hacía con su marido y su marido con mi mujer igual. Después de ya haber tapeado, nos fuimos a un Pub, que se llama “Nostalgia”, que ponen música para personas de nuestra edad, tiene una pista de baile muy grande y además está muy poco iluminado todo, con unos buenos sillones en unos reservados donde las copas costaban más pero estabas apartado de posibles curiosos, y allí nos fuimos nos costó 125€ el reservado con las copas incluidas, pero estábamos los cuatro solos y podíamos bailar allí la misma música de la pista, y así lo hicimos yo me puse a bailar con la consuegra, mi mujer con el marido, llevábamos cerca de una hora bailando y bebiendo, mi consuegra me tenía ya la polla dura, pero disimulaba estaba esperando ver al marido, metiéndole mano a mi mujer al mirar vio que mi mujer ya tenía la polla en la mano, así que ella ni corta ni perezosa me bajo la bragueta y empezó a acariciarme yo le cogí sus hermosa tetas y empecé a jugar con sus pezones y note que le pasaba como a mi mujer que se ponía muy cachonda, ya mi mujer estaba entre la piernas de Antonio comiéndole su polla, el sentado con la cabeza echada para atrás del gusto que estaba recibiendo, a mi también Carmen empezó a chupármela, empezamos los dos a reírnos y de pronto mi mujer dijo seguimos aquí o nos vamos ala campo Carmen, ella dijo que seria mejor irnos al campo era más privado, no metimos las pollas en el pantalón como pudimos y nos fuimos a coger los coches, pero Carmen se vino conmigo y mi mujer con Antonio, ya íbamos con las parejas cambiadas, jajá yo le dije a Carmen que aparte de los caballos sementales que tenía en el campo, tenía al casero que tenía una polla de 28 cm, ella dijo “joder nunca he visto una polla tan grande” yo le dije pregúntale a tu consuegra que está harta de follársela jajá, ella dijo joder pues yo quiero probarla a ver si me entra a mí también, llame a Alim que ya estaba el hombre durmiendo para decirle que no se asustara que íbamos para el campo. Bueno pues cuando llegamos, vimos que nos estaba esperando el encargado porque tenía la luz encendida y salió a recibirnos bajamos de los coches y el muy mamón de Alim a ver bajarse mi mujer de otro coche con Antonio y a bajarme con Carmen del mío, empezó a afilarse los dientes, con una sonrisa maliciosa, solo nos abrió la puerta de la casa y dijo si me necesitan para algo llámeme a cualquier hora. Yo lo miré con cara de estar un poco enfadado, veía que se estaba tomando ya demasiada confianza encima de estar follándose a la dueña de la casa, y aunque a Carmen ya se lo había dicho no me gustaba que fueran tan descarado. Nos acomodamos, nos fuimos a ducharnos, yo con Carmen y mi mujer con Antonio, yo y me supongo él también estábamos deseando de echarle un polvo a las consuegras, por lo que cuando nos metimos Carmen y yo en el baño nos pusimos a enjabonarnos y acariciarnos para empezar la faena ella empezó a lavarme mi polla que ya estaba poniéndose dura, pero se puso más cuando empezó a pasarme su lengua por el capullo, sabía que tenía ganas de metérsela, yo le acariciaba sus hermosas tetas jugando con sus pezones, sabía que se estaba mojando, mucho por los suspiros que daba, se levantó y se me puso de espalda inclinándose sobre el borde de la bañera, yo por detrás empezó a pasarle mi polla por su culo y coño para entre el agua y su flujo intentar metérsela ella me dijo” Juan métemela ya que me tienes loca” y así lo hice empecé despacio a metérsela y sacársela para prolongar el acto, luego acelere más el ritmo, porque ella ya quería correrse, yo sabía que yo aguantaría más porque normalmente tardo mucho en correrme, entonces nos salimos de la bañera, yo me senté en el WC, y ella se subió encima se fue metiendo mi polla poco a poco y empezó a cabalgarme yo le comía sus hermosas tetas como se en ella fuera la vida. Así estábamos cuando aparecieron Amalia mi mujer y Antonio, mi mujer se quedo mirándonos y dijo “mira consuegro como mi marido aguanta más que tú mira como se lo esta pasando tu mujercita “ yo me quede un poco cortado, pero ella Carmen solo dijo me estoy corriendo otra vez, que bueno esta esto, sigue, sigue, más, más, yaya me corro y empezó a salirme leche de su como como si fuera una fuente, cerró los ojos, yo la levante y la puse sobre el lavabo porque quería terminar además tenía más morbo viéndome Antonio, empecé a darle fuerte hasta que de un empujón me quede dentro soltándole leche y ella cerro sus ojos y se quedó traspuesta, así nos quedamos pegados un buen rato, cuando terminamos nos fuimos a descansar pero con la parejas cambiadas. En toda la noche yo me había follado a Carmen un par de veces más, la verdad no sabía que mi consuegra con 45 años era un volcán, siempre estaba dispuesta a follar, lo que pasa es que estaba reprimida por el que dirán, porque su marido parece ser que tenía eyaculación precoz, lo que por la mañana confirmo mi mujer cuando aparecieron sobre la 10 de la mañana. Mi mujer pregunto a Carmen “Oye tu no le has puesto Carmen los cuernos a Antonio, porque este es métela en caliente y con dos metidas se va como un mirlo jajá”, los cuatros nos empezamos a reír aunque Antonio se avergonzaba un poco, a lo que yo le quite importancia y le dije “mira Antonio tú lo que tienes que hacer ahora que tú mujer aquí en el campo se va a hartar de follar con todos sin problemas de nada porque lo tenemos todos los participantes en secreto y no sale de aquí, te haces una buena paja y veras como así aguantas un poco más, el pobre solo dijo “bueno vale vamos a probar”. Entonces decidimos los dos ir con el coche a pueblo de nuestro amigo Ricardo y Teresa a ver si comprábamos algunos comestibles y bebidas, mi mujer quedo con Carmen en salir a dar un paseo por el campo a caballo con Carmen. Yo por el camino llamé a Ricardo al que le dije que estaba en el campo con otra pareja sin decirle que eran consuegros para evitar males mayores en principio, le dije lo que necesitábamos y que fuera comprando y avisara también a su mujer si se venía al campo a pasarlo bien, él dijo seguro que se apunta la guarra jajá. Bueno pues llegamos al pueblo ya nos estaban esperando Ricardo con la compra y Teresa, que estaba radiante, y así se lo dije, presente a Antonio y nos montamos en el coche para volver al campo, Ricardo se subió delante conmigo y Teresa subió atrás con Antonio, yo sabía que lo hacía con picardía, pues ella es así, en el camino seguro que haría una de las suyas, como así fue, empezó primero a acariciarle la polla por lo arto el pantalón y enseguida principalmente dirigiéndose a Ricardo su marido nos dijo ¿Me dejáis que le dé una mamada ala nuestro nuevo amigo Antonio?, a lo que su marido contesto “adelante” prepáralo ya para la fiesta, yo solo por el espejo retrovisor vi perderse la cabeza hacia la bragueta de Antonio, este solo dijo “ostias” y hecho la cabeza para atrás, jajá, yo sabiendo lo que le pasaba, le duro a Teresa cinco minutos jajá como así fue, Teresa que ella misma se estaba masturbando quería habérselo follado por el camino, pero se quedó con la gana, ella solo río un poco y dijo “Antonio espero que ahora cuando lleguemos al campo en vez de echármela en la boca me la eches en el coño jajá”. Bueno pues llegamos a la cancela de la finca toque el claxon a ver si me abrían la puerta y veo venir a Alim corriendo en pelota cargándole ese pedazo de polla de 28 cm, nosotros empezamos a reír al verlo, Ricardo dijo “este cabrón ya se esta follando a tu mujer y compañía jajá,” Teresa se bajó de coche y fue derecha a cogerle la polla a Alim, este decía espere señora Teresa que estoy liado con la señora Carmen que es la nueva, ella se abrazó a él se engancho al cuello cogiéndolo entre la piernas, ella misma se guio la polla al coño metiéndose un pedazo cogiéndoselo con una mano para que no se le saliera, y podérsela meter a su gusto, empezó a subir y bajas por ese pedazo de polla hasta que hizo que Alim se corriera dentro de su coño, que ganas tenia de esta polla dijo Teresa y Alim dijo si pero ahora me ha dejado sin leche hasta dentro de un rato para Doña Carmen. Nosotros que ya habíamos entrado con los coches, y mientras Teresa terminaba con Alim, nos fuimos para la casa, donde estaban mi mujer y Carmen totalmente en pelota sentadas en la mesa que tenemos en la cocina, pichando algo de comer, y cuando entramos los tres hombres, y mi mujer dijo, ”ya viene refuerzo”, Antonio se fue al WC, yo me cogí una cerveza y me salí fuera y me fui a ver los caballos, lo que aprovecho Ricardo, para desnudarse y ofrecerle su polla a mi mujer y Carmen para que se la chuparan, ya venían Teresa y Alim para la casa, Teresa me pregunto que para donde iba, que si iba a salir a pasear a caballo le dije que no que solo iba a verlos, me dijo voy a lavarme el coño, de la leche del morito y voy en busca tuya, ¿vale?, ok, yo seguí mi camino y me puse a echarle un poco de heno y limpiarlos a entretenerme y descansar, estando en ello llego Teresa y me dijo Juan ven para la casa veras la que hay formada jajá, nos volvimos para la casa , y allí estaban mi mujer y Carmen dejadas caer sobre la mesa Ricardo se la tenía metida a mi mujer y Alim a Carmen además mi mujer se la estaba chupando a Antonio, jajá para preparlo. Carmen que estaba recibiendo los 28 cm decía” ay morito vaya polla ten cuidado que me rompes, ay ay sigue sigue que me he corrido nada más metérmela mira maridito esto es follar que bien nos lo estamos pasando, menos mal que tomo la píldora sino ibas a tener un morito, más, más” de aquí a que nos vayamos este me la mete hasta el fondo. Yo viendo lo que estaba viendo se me puso la polla como un palo, Teresa se agacho y empezó a chupármela yo lo que quería es metérsela y la puse sobre la mesa culo en pompa como estaba mi mujer y Carmen y se la clave por detrás empecé a darle fuerte la calentura que tenía era ya superior, mientras estaba dándole veía lo bien que estaban pasándoselo los demás, Ricardo pego un grito y se quedó pegado a mi mujer se estaba corriendo y se dejó caer sobre su espalda Ricardo se salió de ella y se puso Antonio que le entro más suave, por la leche de Ricardo y los flujos de mi mujer, el pobre riéndose dijo“a ver lo que aguanto” su mujer y la mia junto con Teresa empezaron a reírse, y a decir venga venga machote que ahora nos vamos a correr todos a la vez; Alim que estaba dándole fuerte a Carmen dijo ¿señora me puedo correr dentro no?, Carmen dijo como la saques te la corto jajá. Empezó a echarle leche que cuando la noto dentro se mareo y se cayó al suelo quedándose sentada, nos asustamos un poco, Alim la cogió, y le dijo, ”señora que no es para marearse ”jajá, como que no si me has echado dos litros de leche. Los demás que estábamos a terminar nos corrimos casi seguidos, yo en Teresa y Antonio en mi mujer la que le dijo, que ya le faltaba poco para correrse con él, yo le dije Amailia no seas mala deja que se acostumbre jajá ,ella contesto este lo espabilamos aquí nosotros ya que se han apuntado a nuestras orgias, a lo que su mujer Carmen dijo, más vale que te acostumbres Antonio porque esto que estamos haciendo es ponerte los cuernos, pero entre familia, pero como no sigamos en esto me voy a follar al primero que se me antoje “vale”, él que es muy serio dijo bueno mientras que sea aquí, vamos a aprovechar, porque a mí se me está poniendo otra vez tiesa y ahora si tú quieres Teresa vamos a follar nosotros ¿no Ricardo? ,él dijo folla con quien quieras mientras no folles a tú mujer es lo que llevamos haciendo ya muchas veces y es la norma de la casa jajá no Juan, yo dije follar con quien queráis mañana llamaremos a Pepe para que venga con su mujer y ya estamos más. Vamos a liar una orgia descomunal mañana cuando se incorporen, tiene dos cosa una buena polla para que Carmen se harte y una buena hembra para follárnosla los demás.

Autor: murgis Categoría: Sexo en Grupo

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Una noche en la playa

2019-08-08


Era un viernes por la noche cuando toda la pandilla nos dirigiamos a la moraga que el resto de nuestros amigos estaba organizando. Nos montamos en los coches y como no habian muchas plazas libres, algunos optaron por ir en las motos, ya se sabe, algunas parejas despues se van para darle utilidades al coche y los que irian en ese coche despues se volverian a casa andando. Yo iba en el coche con mi novio. Paso a recogerme por mi casa y yo ya sabia que algo especial sucederia aquella noche, no se, un presentimiento, puesto que nosotros no habiamos follado nunca. Quien sabe si aquella noche seria la ideal para hacerlo? La playa, la fiesta, la musica, el ambiente…todo daba pie a algo nuevo. Estabamos en la moraga, claro, tipicamente tonteando como siempre, besos y abrazos, pero ya esta, lo tipico. Cuando eran las 4 de la mañana casi todo el mundo estaba ciego, algunas parejas estaban en los coches y los que no, se estaban bañando en bolas en el mar. Mi novio estaba en una manta y yo me acerque a la orilla para ver lo que la peña estaba haciendo. De repente, me encontre con mi primo en bolas y a un colega, el cual estaba totalmente desnudo tambien, enfrente mia diciendome que me bañase con ellos, pero si queria hacerlo tendria que quitarme toda la ropa. Le dije que esperasen un rato, que preferia mirar lo que ellos hacian para ir entonandome un poco. Mi primo me dijo : – Quieres entonarte un rato? Pues mira esto. Mi primo se acercaba a Chencho (que asi se llama mi otro amigo) y comenzo a tocarle la polla, me quede plasmada porque mi primo y su novia llevaban ya cosa de un año saliendo juntos y no me explicaba el que mi primo le estuviera cogiendo la polla a un amigo. Pero la cosa no acabo ahi, mi primo y mi amigo me miraban de manera lasciva mientras se acariciaban la polla el uno al otro, y, cuando chencho ya la tenia como el asta de una bandera, mi primo se agacho y empezo a mamarsela. Chencho gemia de placer, empujando adentro y afuera de la boca de mi primo, que tal cantidad de polla no le cabia en la boca, (la polla de chencho es una de las mas grandes que he visto) Mi primo chupaba y chupaba mientras me miraba a mi y me decia: – Prima, te gustaria comerle la polla al chencho verdad? mira mira….. ( y se la lamia..recorriendo toda la base hasta la punta… un capullo rosado que asomaba por encima y estaba a punto de explotar…) La verdad es que hubiera dado lo que fuera por haber estado en el lugar de mi primo, cuando de repente, note una mano que me acariciaba el hombro. Me gire y mi como mi novio no quitaba la vista de la polla de mis amigos que estaban en el agua. – Te gustan las vistas? le pregunte ironicamente- – A ti no? – Hombre, la verdad es que si, la polla de chencho no es que sea algo desagradable para la vista. – La polla de chencho? me pregunto mi novio. – Si cariño, la polla de chencho. Cuando mire el paquete de mi novio lo tenia completamente empalmado y sin mediar palabra, le empece a acariciar la polla por encima del bañador. Se tumbo en la arena sin decir nada, con los brazos extendidos y con la polla tiesa como un palo. Comence a besarle la polla por encima de la ropa, y cada vez se ponia mas y mas cachondo, hasta que por fin le quite el ansiado bañador. Comence a lamerle la polla, a chuparsela lo mas lascivamente que sabia, le cogia y le chupaba los huevos, mi novio gemia de placer, estabamos ahi, mi primo chupandole la polla a chencho y yo chupandosela a mi novio. Pare de repente cuando mi novio tenia una ereccion monumental y me pidio que por favor siguiera, yo le dije que esperase, que tenia una sorpresa para el Llame a mis amigos que salieran del agua y de repente, mi primo dejo la polla de chencho y comenzo con la de mi novio, y yo hice lo mismo con la de chencho.. Mmmm que bien sabia…….. era la polla mas grande que habia tenido jamas en mi boca… Comence a lamerle el glande…. lamiendole los huevos…. la polla…chencho estaba como en extasis…. nos pusimos a hacer un 69… Chencho era un experto lamedor de coños porque me estaba llevando a un lugar tan placentero que ni mi novio me ha llevado…. Me empezo a lamer los muslos mientras que con su mano jugaba con mi pubis.. deseaba con todas las fuerzas que me metiera la lengua, estaba chorreando… mi coño estaba esperando que chencho entrase en el con lo que fuera, dedos, polla, lengua… lo esperaba impaciente mientras mi novio no se creia la escena, ahi estaba yo, en pelotas con mi primo y un amigo y no iba a ser mi novio el que me follase primero. La lengua de chencho recorria todo mi exterior mientras yo le pedia una y otra vez que me lamiese el coño, estaba super caliente !! Por fin !! la lengua de chencho, calida, humeda… experta… se introdujo en mi sexo, dandome el mayor placer que jamas haya sentido… Mientras chencho me follaba con la lengua, mi novio me acariciaba las tetas, me besaba por todo el cuerpo, pero mi sexo no era suyo.. Comence a mamar la polla de mi novio, cuando de repente mire y no estaba mi primo, lo localice a escasos metros masturbandose mientras veia la escena. De repente y no se como, estaba siendo follada por mi novio y con la polla de chencho en mi boca…. era una experiencia fantastica.. Mi novio me lamia las tetas mientras me follaba mas y mas fuerte… Estaba a punto de explotar y se corrio fuera, mientras yo seguia teniendo la polla de chencho en mi boca, cuando se fue a correr, lo hizo sobre mi novio. Mi novio lleno de semen de mi mejor amigo….. Ya habian acabado conmigo, cuando de repente me dice mi primo: – Prima, sientate y descansa, pero no dejes de mirar eh… Me sente y vi como entre los 3 chicos se mamaban unos a otros… Chencho a mi primo y mi primo a mi novio, chencho mientras se estaba haciendo una paja con la mano. Cuando los 3 ya estaban bien empalmados, mi primo le dijo a mi novio que se pusiera a 4 patas, y asi, mientras chencho le lamia la polla, mi primo lo enculaba por detras….. Uhh … eso me pone…. les dije… Me tuve que empezar a acariciar mi coño porque me estaba poniendo cachondisima la escena, 3 tios follandose para mi, cuando momentos antes me habian follado ellos a mi …..increible, pero me gustaba.. Estuvimos practicamente todo lo que quedaba de la noche asi. Cuando empezo a salir el sol, nos metimos en el agua, no sin antes habernos masturbado mutuamente, nos vestimos y nos fuimos hacia donde estaban los restos de la moraga. Todos nuestros amigos se habian ido, no se si nos verian o no, quizas si alguno fue a buscarnos mas lejos de lo previsto, quizas vio algo, pero lo dudo. Desde aquel momento, los 4 nos volvimos inseparables, y cada vez que nos apetece, nos vamos a casa de alguno o a la playa para poder disfrutar del sexo sin tapujos los 4 juntos.

Autor: Anónimo Categoría: Sexo en Grupo

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