Relatos Eróticos de Sexo con Maduros


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Bianca.

2022-02-15


Con mi mujer, Alessia, compramos una pequeña finca en los suburbios acomodados de la ciudad, mi nombre es Nico y yo y ella somos profesores. Nuestra propiedad son cinco hectáreas de terreno muy fértil, por lo que en el transcurso de los años hemos creado un vasto jardín con arbustos, arboles de pequeñas dimensiones y arbustos que forman una especie de muro divisorio de nuestra propiedad con las parcelas colindantes. Todos nos admiran nuestro trabajo, porque no hay nada similar en los alrededores, somos como una especie de isla florida y bien cuidada. La última inversión que hicimos con Alessia fue un elegante y cómodo Jacuzzi al aire libre, dada nuestra edad ya adulta, fue nuestra preferencia espontanea, la piscina la descartamos por lo onerosa y gastadora de agua. En el trabajo tuve un accidente al resbalar en una escala recién lavada y me fracturé un brazo, razón por la cual estaba con licencia medica disfrutando de los primeros días de sol primaveral, mi esposa continuó trabajando y acordó con la nana de mi nuera, de venir los sábados a ayudar con la limpieza, así que de lunes a viernes, me quedaba solo en casa tratando de engañar las horas y que estas pasaran rápidamente. Dada la privacidad de nuestro jardín, yo y mi mujer solemos tomar el sol en traje de “Eva”, totalmente desnudos, así esa tarde estaba dormitando sobre una tumbona, había almorzado lo que mi mujer me dejaba preparado, agarré una cerveza fría y satisfecho después de haber saciado mi hambre y mi sed, me quedé dormido. Nada presagiaba que mi vida iba a cambiar y a tomar un nuevo rumbo, no creo haber dormido mucho, pero algo me despierta, abro los ojos y me encuentro con una visión encantadora. Sentada en mis pantorrillas, con ambos brazos a los costados y las manos juntas en el medio, mirando mi pene desafiante, orondo y duro, yacía la pequeña Bianca, hija de nuestros vecinos. Bianca va en cuarto básico y su hermanita en sexto, a menudo rondan por nuestra casa. Somos como parte de una misma familia. Ya me había dado cuenta de que tanto esta niña como su hermana, habían comenzado precozmente a desarrollarse como pequeñas mujercitas, las ajustadas remeras mostraban esos cachitos puntiagudos de incipientes tetitas tiernas. Bianca estaba tan fascinada con su descubrimiento, que entornaba sus ojitos como mirando un preciado juguete nuevo, ni siquiera se había dado cuenta de que me había despertado. Manteniendo mi calmada respiración, trato de no moverme para no asustarla, mis ojos están abiertos solo como estrechas grietas para no perderme nada de las reacciones de la niña. La situación es inverosímil y surrealista, estoy aquí cómodamente gozando de un sol esplendido con una pergenia que todavía no sabe ni limpiar su nariz y tomando mi cipote entre sus manitas suaves e inmaculadas. Con sus deditos estira mi prepucio casi por completo y la cabezota amoratada de mi glande emerge a la luz del astro rey. Sus minúsculas manos no alcanzan a abarcar toda mi polla, pero instintivamente comienza a moverlas de arriba abajo en un sutil movimiento. Pareciese como si toda su vida hubiese estado haciendo este tipo de acto lascivo. Quien sabe si ha ya jugado con la polla de alguno de sus compañeros, ¡Vaya uno a saber con los chicos de hoy en día! Esta concentradísima en el orificio de mi cabezota. Mi glande está aún completamente seco, trato de mantener mi compostura, pero se está haciendo cada vez más difícil. Escondo mis gemidos y respiro casi con una pequeña abertura de mi boca, luego me vuelve a sorprender. Como si nada se inclina hacia adelante y su nariz casi toca mi glande, observa con mucha atención ese intrigante hoyito de mi glande, comienzan a aflorar las primeras gotitas de esperma. Como la cosa más natural del mundo, acerca su boca y con su lengua recoge ese líquido perlado que emana de mi verga, lo saborea y humedece sus labios con su lengua y luego se acerca a lengüetear el resto de semen que sale de mi pija. Literalmente tiene la situación en mano. Se envalentona y se pone más arriesgada, agarra mi polla con sus dos manos y la tira hacia su rostro, luego se inclina y engulle toda mi cabezota violácea, siento su lengua envolver los bordes de mi corona y moverse como un pequeño remolino. Esta nenita sin saberlo me está haciendo feliz, no puedo evitar una mueca como una sonrisa en mi rostro, estaba disfrutando el inesperado evento. Ella comenzó a moverse hacia atrás y adelante en una mamada casi Pro, sorbía y tragaba todos los jugos que se filtraban de mi pene, a veces se quitaba la polla de la boca y se golpeaba suavemente las mejillas con ella, y sus manitas apretaban mi verga cada vez con más fuerza. Evidentemente, esta estimulación bestial no puede tener otro fin que una corrida bestial. Trato de aguantar, quiero prolongar esta sensación nueva. Me muevo en modo casual, levanto una mano y la coloco en su cabecita de sedosos cabellos claros, empujo mi polla en su boca. En ese momento abro mis ojos y la miro con cara de sorprendido. —¡Bianca! … ¿Qué estás haciendo? … Me olvidé completamente de quitar mi mano de su cabeza y con mi verga profundamente enterrada en su boca la nena no me podía responder. Me golpea un muslo con sus puños y le suelto la cabecita. Bianca echa la cabeza para atrás y trata de levantarse, su cara esta roja y sus ojos denotan un pánico terrible, salen una lágrimas de sus ojitos azules, tose y traga saliva. —Tranquila … cálmate … no te haré daño … Con sus ojitos llorosos trata de sonreír, paulatinamente se calma. Yo finjo de no haberme dado cuenta de nada. —¿Cuánto tiempo llevas aquí? … ¿Cómo llegaste? … —¡Emh!, no tanto, tío … Bianca y su hermana usan llamarnos tíos tanto a mi como a mi mujer. —¿Te das cuenta de que no debes hacer lo que estabas haciendo? … No es para niñas pequeñas … ¿Me entiendes? … —Lo sé, tío … pero me están saliendo tetitas y hay algunos chicos que han intentado de tocarme, tío … algunos quieren que yo pruebe sus pollas … me asusta eso … y cuando te vi a ti durmiendo y con tu cosa así durita, pensé que podría probar primero contigo … siempre has sido dulce y amigable conmigo … No era una explicación del todo plausible, además, todo el rato mientras conversábamos, ella no había dejado de jugar con mi herramienta, qué a propósito, estaba a punto de explotar. —Si quieres deveras experimentar que sucede cuando le tocas el pene a un chico, debes continuar haciendo lo que estas haciendo … solo si tú lo quieres, por supuesto … —¡Sí!, tío … tengo muchas ganas de verlo … ¿me dejas probar? … Tomo su mano y la muevo con mayor rapidez arriba-abajo, ella instintivamente entiende y comienza a menear sus manitos con mayor velocidad. —Puedes hacerlo también con tu boca y tu lengua … Tan pronto como mi pija entra en su boca, tomo su cabecita y comienzo a follarla demencialmente, poco después, ese electrizante impulso de la espina dorsal que me recorre todo el cuerpo y exploto con gruesos chorros de semen en su boquita virgen, en el epilogo de mi corrida, fuerzo mi polla hasta sentir la estrechez de su garganta. La nena se desespera por un momento al quedar sin aire para respirar y me da con su puño en mis flancos. Pensé de encontrarme con la cara de una niña atemorizada y gemebunda, pero al contrario, tenía una cara esplendida, lucida, como si hubiese recibido el mejor regalo navideño. Comienzo a tornar en mi y a tratar de entender la situación, es cierto que lo he disfrutado, sin lugar a duda, también es cierto que esta es una de las primeras experiencias sexuales de la niña, sino la primera de todas, tampoco dudo al respecto. Me quedo un rato confuso, cierro mis ojos queriendo encontrar una explicación que deje tranquila mi conciencia, es una pequeña niña. Quizás si … todos mis pensamientos se interrumpen cundo siento otra vez la boca de la pequeña chupando mi verga, mi masculinidad está toda entera dentro de su pequeña boquita, aprieta mi polla como para estrujarla y saborear los últimos remanentes de mi corrida. Me mira con ojos de adoración, brillan con sumisión, juega otro poco con mi polla y ésta flácida se desliza a un costado. Me regala la más sexy de las sonrisa que jamás he visto hasta el día de hoy. Mi mano acaricia una de sus mejillas y le digo: —Bianca … tengo que darte las gracias por lo que has hecho hoy conmigo … pero debes entender que no es una buena cosa … aunque si es maravillosa, no debemos repetirlo … todo esto debe ser un secreto valioso … solo tú y yo debemos saberlo … nadie más … ¿me entiendes? … La chicoca se incorpora y se sienta en mi vientre. Inmediatamente me doy cuenta de que no porta ropa interior bajo su faldita y su coño virgen se coloca directamente sobre mi blandengue pija. Se apoya en mi pecho y comienza a frotar su diminuta panocha sobre la longitud de mi pene que rápidamente revive de su letargo y se pone una vez más duro. La nenita se da cuenta del efecto que me ha causado y me sonríe. Estoy aterrorizado, me parece una sonrisa demoniaca ¿Pero que está haciendo esta criatura?, afortunadamente me queda un poco de criterio y rápidamente la empujo hacia un lado evitando la inminente penetración. —¡Bianca! … no debemos hacer esto … ¿me quieres hacer terminar en la cárcel? … —Nadie lo sabrá, tío … —Quizás no … pero no está bien … Me levanto y busco a mi alrededor mis shorts. Raídamente me los pongo y me siento más seguro ante este Súcubo del sexo. Bianca me sonríe y apunta a mi polla rígida que ha formado un característico bulto en mis pantalones cortos. —Y recuerda que nunca debes mencionar esto a nadie … ¿quieres un refresco? … —Lo sé, tío … lo sé … no temas … pero a mi me mando mi madre, ella quiere conversar contigo … no sé de qué cosa, pero quiere verte … —¿Y ahora me lo dices? … Quizás que va a pensar tú madre de todo el tiempo que te has tomado … para venir a recogerme … —Pues le diremos que estabas ocupado haciendo algo importante … los grandes siempre tienen cosas importantes que hacer … y tu eres grande … ¿verdad? … Me sonrío por lo maquiavélico de la nenita, sin pensarlo más la tomo de la mano y nos encaminamos hacia su casa. Después de una decena de minutos llegamos al umbral de la casa de Bianca, la puerta está abierta y ella grita: —¡Mami! … estamos aquí … Poco después aparece Loreto sonriendo y con las manos llenas de masa. —Entra … entra … ¡Uy!, tanto tiempo sin verte … disculpa que estoy horneando unos bollitos … Bianca no me suelta la mano y me lleva a la cocina. Es una cocina enorme, muy bien equipada y se siente el agradable olor de los panecillos horneados de reciente. Loreto me mira: —Siéntate … ¿quieres un cerveza o un café? … —Una cerveza fría, estaría bien … —¡Vale! … Bianca, trae una cerveza para Nico … La pequeña diablesa, regresa con una cerveza, la abre ella misma, toma un sorbo y con una sonrisa cómplice me la entrega. Loreto, se da cuenta. —¡Bianca! … ¡Sabes que no debes beber cerveza! … excúsala, Nico … pero las chicas de hoy … ¡Urgh! … —Está bien, Loreto … es solo un sorbo … ¡Ah!, Bianca me dijo que querías hablar conmigo … —Sí, hay algo que quisiera sugerirte … pero disfruta tu cerveza, luego cuando termine hablaremos calmadamente y disfrutaremos un bollo recién horneado … Mientras tanto Bianca ha regresado con su Tablet, antes de que pueda evitarlo se sube a mi regazo, como suele hacerlo siempre. —¡Bianca! … ¿Qué haces? … ¡Eres demasiado grande para eso! … ¡No molestes a Nico! … —Está bien, Lore … déjala … me mostrará sus fotos … —Sí, mami … quiero que vea las fotos de los caballitos … Bianca me sonríe maliciosamente, todo el tiempo sentada en mi regazo rotando su culito sobre mi verga. Cuando se sentó había echado su faldita para arriba y ahora su culito desnudo descansaba en mi vientre. Mi polla lentamente comenzó a crecer otra vez. Conscientemente, la pequeña coloco su vagina sobre mi pija, y ahora solo la delgada tela de mis pantalones cortos impedía la penetración. Miré a Loreto y estaba ocupada con unas bandejas y controlando la cocción de los bollos, afortunadamente no se había dado cuenta de nada. —Mira tío … estos son los caballitos y yo los quiero cabalgar, tío … así, tío … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … Bianca mimaba sus movimientos saltando con su chocho desnudo sobre mi pija dura como el acero. No me cabía la menor duda de que sería una brava y hábil amazona montando no solo esos caballos, sino también algunas vergas humanas. Sintiendo sus solapados movimientos no pude evitar de gemir y quejarme, más aún cuando con su mano derecha entre sus muslos y a través de la pernera del pantalón, aferró firmemente mi pene que ahora estaba totalmente duro. Estaba aterrorizado de que Loreto se pudiera voltear y nos descubriera, pero ella estaba tan concentrada en sus labores que no nos brindó ni la más mínima ojeada. Bianca frotaba mi polla con calma y energía de un lado a otro, tirándola hacia su pequeña ranura rosada. Casi entro en pánico cuando sentí que mi glande se presentaba al ingreso de ese chocho brillante y húmedo, ella frotó mi virilidad contra su grieta cálida, tenía sus ojos entrecerrados y respiraba con afano. Traté de aumentar el contacto de mi glande con su húmedo chocho. Lo más increíble de todo es que simplemente me deje dominar por una pequeña niña, ella controlaba toda la situación y yo era un juguete de sus acciones lascivas. ¿Alguna vez pensé en detenerla? —¡No! — ¡simplemente lo dejé pasar! Y esto no terminaba. Después de frotar su coño sobre mí, levantó una pierna y hábilmente dirigió mí glande hacia su entrada húmeda y tibia, al principio la cabeza entró y ella se detuvo para acostumbrarse al intruso. Sus ojos ahora estaban completamente abiertos y sus mejillas habían adquirido un tono claramente rojizo. En breve, jadeó para respirar, y al mismo tiempo se mordió el labio para contener cualquier posible estallido de dolor. Me senté completamente hacia atrás en la silla y empujé mi abdomen hacia adelante. No hice nada para empujar a la niña lejos de mí, si bien podía sentir que le dolía a la chica, y que su apretado coño nunca había tenido que dejar espacio para algo penetrante. Estuve a punto de levantarla, — para evitarle más dolor, — cuando la siento levantarse lentamente por sí misma. Ella se levanta suavemente, hasta el punto de que mi polla todavía estaba dentro de su coño. Aquí hace una pausa, después de lo cual vuelve a bajar y deja que se mueva unos centímetros más hacia adentro. Así es como continúa durante algún tiempo, movimientos lentos hacia arriba y hacia abajo sobre mi polla rígida, para finalmente sentir la membrana transparente, que bloquea una mayor penetración. Aparentemente, Bianca había decidido que este debía ser el día, por lo que ella continuó con ese movimiento constante hacia arriba y hacia abajo, justo hasta la barrera del himen. Yo había tenido ya un orgasmo, de modo de que podía resistir y continuar durante mucho rato, pero la excesiva estrechez de su coño diminuto que ahogaba mi pene me hizo acercar a una nueva eyaculación. Bianca continuaba a moverse rítmicamente controlando sus movimientos hábilmente, pronto agarró mi mano y la llevo a la convergencia de sus muslos y al vértice superior de su panocha, sobre su ardoroso botoncito. Sin perdida de tiempo comienzo a frotar su clítoris. Ella se aferra con fuerza al borde de la mesa y aprieta tan fuerte que puedo que ver sus nudillos se vuelven completamente blancos. —¡Te sientes bien, Bianca? … Preguntó su madre volteándose a mirarla, preocupada se acerca a ella. —¿Te estás enfermando? … Loreto vuelve a preguntar, Bianca abre sus ojos y mira felizmente a su madre y le responde. —Sí, madre … estoy bien … quizás un poco cansada por que ayudé a Nico a ordenar unos muebles del jardín … tal vez debería regresar con él para que me regale uno de los refrescos que me ofreció … —Si quieres beber algo te traeré un vaso de agua fresca … Diciendo eso toma un vaso de la alacena y lo llena, luego gira alrededor de la isla de la cocina y se acerca y coloca el vaso frente a Bianca. Se detiene un momento y creo que sucederá la catástrofe, el escandalo, nos descubrirá, pero no, fija sus ojos en la pantalla de la Tablet y pregunta: —¿Qué estas mirando? … Afortunadamente, la pantalla no había cambiado al modo de espera, porque aún mostraba la imagen de un caballo. Loreto está ahí a un paso de su hija la cual está ensartada profundamente en mi verga, con mis dedos acariciando su pequeño clítoris de niña. Luego se gira y corre a controlar la cocción de sus panecillos, en ningún momento mostró signos de observar la lujuriosa escena que estaba sucediendo en su acogedora cocina. Abriendo la puerta del horno con el guante de silicona, exclama: —¡Oh!, caballos … caballos … caballos … todavía estas loca por los caballos … Me siento con la tranquilidad de afianzar sus comentarios y así desviar definitivamente su atención sobre nosotros: —Quizás cuando sea un poquito más grande pueda tener su propio caballo … —No lo creo querido … cuando crezca un poco más sus intereses cambiaran a algo llamado “Chicos” … Responde la madre de Bianca, riendo con aires de autosuficiencia y continua con sus labores frente al horno. En tanto Bianca se queda callada manteniendo mi polla dentro su estrecho chocho. De repente mis dedos le procuran un fuerte orgasmo, la siento temblar en mis brazos y es claro que se está esforzando para ocultar sus espasmos y mantenerse calma. Loreto vuelve a encuadrar a su hija que sacude un poco su cabeza: —¿Estás segura de encontrarte bien, querida? … —¡Aaaahhhh!, mami … que molestosa que eres … estoy divinamente bien … déjanos tranquilos … —¡Perdona, muchacha! … pero me preocupo por ti … Bianca respira profundamente, esta recuperando el control sobre si misma, su orgasmo la ha tomado por sorpresa e inconscientemente ha echado su cuerpo hacia atrás, haciendo que mi verga escape fuera de su cálido coñito. Pero su reacción fue aferrar mi pene y comenzar a frotarlo fuerte y rápido y en un minuto disparé un violenta carga de esperma en su faldita, un chorro cayo sobre la mesa cerca el vaso de agua que su madre acababa de dejar. La besé en el cuello y trato de limpiar el semen de su faldita, luego le susurro al oído. —Levántate y ve a lavarte y trae un paño húmedo … Se vuelve hacia mí sonriente y antes de que me de cuenta, me da un gran beso en los labios, acto que no pasa inobservado por su madre: —A Bianca le gustas mucho, Nico … ella siempre está a hablar de ti … La miro y me doy cuenta de que ha visto lo que ha hecho Bianca, respondo simplemente: —Sí, Bianca es una niña muy dulce … Ojala todo el mundo fuera como ella … Trato de mantenerme lo más tranquilo posible, manteniendo mi verga oculta a los ojos de Loreto, la erección había disminuido, pero mi verga estaba bañada con mi esperma y los fluidos de Bianca, necesitaba limpiarme antes de acomodarla dentro de mis shorts. Bianca regresó del baño trayendo a escondida un paño tibio, se volvió a sentar en mi regazo y procedió a limpiar mi pene fingiendo de mirar su Tablet. Mi pene recibió un amoroso tratamiento por parte de la niña y por fin lo pude acomodar dentro de mis pantalones cortos. Justo en ese momento Loreto venía con una bandeja llena de bollos frescos. —¿Qué me dices? … ¿Quieres otra cerveza o te preparo una taza de café? … —Creo que aceptaré la taza de café … y si tienes mantequilla para acompañar estos panecillos que se ven deliciosos … Loreto se giró a buscar el café y la mantequilla. Bianca se había tranquilizada y restaba sentada sobre mí y yo me preparaba para festinar estos exquisitos bollos. ----- ----- ----- ----- ----- ooo ----- ----- ----- ----- ----- Los comentarios vuestros son un incentivo para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor. [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Sexo con Maduros

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Una Princesa, acosada, espiada y excitada

2022-01-20


Hola Soy Priscila, tengo 26 años, soy modelo independiente y diseñadora gráfica, para mi trabajo como modelo todo lo dejo en manos de mi amiga Nicole que a la misma ves es mi representante informal, porque no tenemos nada firmado, todo parte de la confianza. Lo que me encanta de mi cuerpo son mis senos, son grandes sin pasar a lo exagerado, sin ánimo de ser presumida, yo diría que son perfectos, pues para mi altura se ven bien, mido 1.75 m, tengo las piernas largas y las nalgas firmes, me esfuerzo mucho para mantenerme en forma, mi trabajo lo requiere, tengo el pelo rubio y la piel blanca. Soy muy caliente, mi mente casi siempre me dibuja escenas por donde vaya, simplemente reacciona a cualquier piropo o mirada. Por fuera continúo disimulando, pero por dentro mi mente hace que me excite mucho, debo llegar a mi departamento corriendo para tocarme y bajar la calentura. Bueno, la siguiente historia me pasó hace unos meses, antes de las fiestas de fin de año: Resulta que Nicole debía pagarme lo que me correspondía de una sesión de fotos que hice para una marca de perfumes, a diferencia de otras ocasiones, esta vez necesitaba el dinero urgentemente ya que había quedado con cuentas pendientes para pagar el internet, tv cable, Netflix y principalmente mi nuevo mi sitio web (que por cierto te invito a visitarlo, lo encontrarás en mi perfil) , así que fui más insistente porque ella no se daba el tiempo para encontrarnos. Confío en ella, nunca me falló, pero la necesidad me obligaba, entonces un fin de semana me llamó para que le de encuentro en un lugar recreativo porque tenía un evento que controlar, sin pensarlo mucho accedí. Ese día hacía mucho calor, me puse un pantalón jeans ajustado y una playera roja sin mangas, no era algo extravagante, pero sabía que por mi figura como siempre llamaría la atención de muchas personas a pesar de que no estaba con escotes o minifaldas, mis senos siempre son notorios y mis glúteos redondeados y firmes que con el pantalón jeans se denotan mucho más, simplemente no puedo evitarlo y a decir verdad, me encanta… Al llegar al lugar pude percatarme de que se festejaba una fiesta infantil, era al aire libre, la temática de princesas de Disney o algo así. Llamaba a Nicole con el móvil, pero no contestaba, fui caminando entre la gente, sentí como llamaba la atención sobre todo de personas mayores que seguramente no se esperaban encontrar tan buena vista en una fiesta infantil, había mucho ruido por la música, los niños estaban en algo así como un concursos de dos equipos, no le di mucha importancia, me alejé del ruido para seguir llamando a Nicole, estaba como a 50 metros de todo el alboroto, me tapaba con una mano la oreja derecha y con la otra tomaba mi celular llamando a Nicole una y otra vez. Me sorprendió un mozo de edad avanzada, era canoso, bajito, medio gordo, la tez blanca y ya con lagunas arrugas, pero eso no lo desanimaba, casi de inmediato me di cuenta que era uno de esos viejos verdes vulgares que intentan algo más… - ¿Hace mucho calor no señorita? – Me dijo mientras me ofrecía un vaso de refresco - Buenas tardes, si mucha – le sonreí, mientras pensaba “como se dio el trabajo de caminar hasta donde estaba tan solo para ofrecerme algo y más aun viéndome ocupada,” continuó con su charla… - Es que en ésta época el Sol es más fuerte - Sí, es por la época del año – Buscaba alguna frase para cerrar la conversación sin ser grosera - Hay que cuidar más la piel por los rayos del Sol, ¿se puso bloqueador solar? - Si, siempre lo uso, muchas gracias por el refresco, le agradezco– Le sonreí nuevamente como despidiéndome - No tiene porque, es que la vi tan agotada y con éste Sol es peor – El tipo insistía en hablar, no se daba cuenta que incluso hablaba de lo mismo, solo quería mi compañía mientras fantaseaba conmigo seguramente… Por suerte ese mismo rato sonó mi cel, era Nicole - Oh, disculpe – Me dí la vuelta y contesté, dando unos pasos más para alejarme - ¿Hola? - Pri, donde estás - A un costado de la fiesta, donde hay unos arbustos. - Ahhh ok, ¿y qué haces por ahí? Bueno, voy para allá – Colgué y me di a vuelta nuevamente, me dio un susto grande cuando vi al mozo ahí cerca mío, me había seguido, me miraba sonriendo. - Gracias - Le dije, devolviéndole el vaso aún con refresco, a pesar de que era uno de plástico, no había necesidad de que esté esperando a que le devuelva, pero lo hice nuevamente para que se vaya. - De nada damita, ¿sabe lo que me gusta de estas épocas?, Que las chicas visten más ligeras, es realmente agradable ver un monumento pasearse por aquí, mostrando sus atributos – Noté como sus ojos bajaban hacia mis senos, ya casi sin disimulo, también note que, al momento de hablar con Nicole, le di una espectacular vista de mis nalgas, el tipo la estaba pasando realmente bien, se había olvidado de su trabajo y de todos los demás invitados. - Si, bueno gracias por todo, si me disculpa estoy algo ocupada – Me hice a un laod y me fuia alejando y Nicole que no aparecía por ningún lado - Para servirle – Parecía que se estaba despidiendo, pero él mismo se obligaba a continuar la charla, me siguió los pasos, ya no podía controlarse, siguió con sus frases de doble sentido – Estoy para lo que usted quiera, si necesita algo solo me llama y estoy ahí como mascota entrenada jaja - Jaja, ok muchas gracias - No, enserio, si quiere agua para tomar o para mojarse, me lo pide – Era tan pesado – También tengo un bloqueador solar, le puedo ayudar a ponerse, estoy para lo que guste, ¿se lo bailo? Jaja, le hago un streeptease jajajaja - ¿Disculpe? - Solo bromeo jaja – Entonces vi a Nicole saliendo de la multitud… de inmediato me puse a salvo dando pasos rápidos hacia ella, llamándola “Nicoooole” Mientras me alejaba de ese viejo mi mente me traicionaba, era obvio que el viejo mozo me miraba las nalgas con deseo mientras me alejaba moviéndolas para él y yo no podía hacer nada para evitarlo, eso extrañamente me calentaba. Por un momento imaginé ceder a sus chantajes, al final era decisión mía, eso es lo que más me prende, que yo tengo el poder de decisión con quien revolcarme, tan solo si lo hubiese querido, le diría “Ya sé lo que quieres” “Quieres verme los senos” “vamos tras los arbustos” “cógeme” Mi mente dibujó la escena claramente: “Tras los arbustos que no eran muy altos, como de 80 cm. echada, con la playera descubierta mientras el mozo me besa las tetas con desesperación tratando de quitarse el pantalón torpemente pero sin perder detalle de mis senos mientras gimo, ayudarlo a quitárselo, y luego juntos deshacernos de mis pantalones jeans, me dé la vuelta bruscamente, me jale las bragas y…” Ya basta.!! Me dije a mi misma... Todo eso lo pensé en uno segundos mientras caminaba apresurada hacia Nicole. - Pri, como estás? - Bien gracias - Te noto algo agitada - El calor - Ven vamos te invito algo de tomar aquí adentro - Ok Mientras caminamos a los ambientes Nicole me fue comentando… - Pri, cariño necesito tu ayuda - Que pas… - Me corto desesperadamente – Nooo, me fallaron y tú eres mi salvación - Pero a ver cuéntame - Hay Prisci, te cuento… Estamos a 15 minutos de presentar un show con los chicos y una de mis chicas no llega - Y?? - Es esta laaaa – Se tomó la frente para recordar – Rapunzel..!! y es la principal, no contesta la chica, ay no que voy hacer… - Tranquila, entonces ¿quieres que la remplace? - Por favor, vos eres linda, no necesitas maquillarte, además ya tienes el cabello rubio - Pero no es tan largo - Eso es lo de menos, eres modelo, te queda lo que sea - Pero.. – Otra vez me cortaba - Solo va ser un rato, no tienes que hacer nada, la chica debía cantar, pero vos solo vas a sacarte fotos, yo les diré a los demás que cambiarán los planes, solo pondremos una música de fondo - Amiga quisiera ayudarte, pero… - Me jaló del brazo – Te voy a pagar lo que le tocaba a la otra – Y simplemente le seguí Mientras me llevaba con todo su equipo mi mente pensaba “¿Realmente soy tan fácil de convencer?, ¿si el mozo me insistía de esa manera me dejaría coger por pena, por plata, por puta?... otra vez la calentura y yo tratando de contenerme repitiéndole a mi mente: ya basta...!! Al entrar a los vestidores, todo su equipo ya estaba listo, Nicole me presentó como si fuera una estrella “Ya tenemos a nuestra Rapunzel” y todo el mundo se alegró, pero de inmediato sobre todo los varones se dieron cuenta de mi figura, sus ojos saltones me comían - Muy bien, señoritas y principalmente señoreees… a despejar el lugar que nuestra Rapunzel se va a encuerar – Tenía que ser tan descriptiva, me sonrojé. Los chicos fueron saliendo poco a poco mientras Nicole me alcanzó el vestido lila con cierre por detrás Como el vestido era largo no me quité los jeans pero si la playera quedando cubierta solo con mi sujetador en la parte arriba. Me puse el vestido desde abajo hacia arriba, Nicole estaba en la puerta que más bien era una cortina improvisada, custodiándome, logré subirme el vestido hasta la cintura y noté como se veía parte de mis tobillos, el vestido era pequeño para mi… - Nicole, Nicooole..!! – Se dio la vuelta – Ayúdame por favor, no me entra - ¿Que pasó? A ver vamos a ver el cierre – Se puso detrás mío, me ayudó a ponerme las mangas del vestido pero no pudimos colocar las hombreras en su lugar, realmente el vestido era corto pero por suerte a lo ancho me quedaba bien, seguramente la chica era pequeña y medio gordita e hicieron el vestido a su medida. Afuera ya se escuchaba como el animador llamaba a los niños para presenciar el show. - ¿Qué hacemos? – Preguntaba Nicole - ¿Y tú no podrías hacerlo? – le pregunté - Nooo, yo soy la relatora del cuento… Ya sé, ponte las hombreras en los brazos – Me acomodó y quedé con los hombros desnudos y por la parte del pecho donde supuestamente debía cubrirme todo hasta la parte baja del cuello, se me dibujaba un escote improvisado, dejando ver casi la mitad de mis senos, era demasiado pero poco le importó a Nicole, seguramente por la desesperación. - Te ves bien – Me dijo poniéndose delante mío – Pero quítate el sujetador, se ve muy mal los tirantes - ¿Esto no te parece demasiado? Le dije cubriéndome los senos con la palma derecha - No, son niños, ni se dan cuenta, va ser solo un momento - Y qué me dices de los adultos que.. - Me cortaba nuevamente, Nicole tiene una energía impositiva – Y quítate también los pantalones, no se ven bien… Rápido Priscila Me subí la falda para desabrocharme los janes, me los bajé quedando en bragas y bajándome la falda rápidamente, me quité los tenis blancos porque Nicole me alcanzó unas zapatillas azules planas que eran parte del disfraz, por suerte la amiga tenia los pies más grandes, me sobraba algo espacio en los pies…. Luego me ayudó a bajar el cierre del vestido y me desabroché el sujetador, por un par de segundos quedé con el torso completamente desnudo, boté el sujetador al piso para apresurarme en subirme nuevamente el vestido, sentí como se presionaban mis senos, con el sujetador estaban bien pero ahora tenía que acomodarlos juntándolos como un sujetador push up, mientras Nicole me subía el cierre nuevamente, pero apresurada - Esperaaaa – Le dije – Tengo que acomodarme los senos – Me volvió a bajar el cierre, me los acomodé y le di la orden para subirme le cierre Un vestido hasta los tobillos y por arriba casi ofreciendo mis pechos al mundo, “¿y el mesero?” pensé…. “Si no se hizo ya una paja en mi honor, ahora si va explotar” - Ya estás – Dijo Nicole y salió apresurada. Traté de jalar el vestido un poco más arriba pero el cierre no me dejaba, sentía presión en las costillas, no podía hacer nada, solo me llevé el pelo adelante para cubrir ese descarado escote que presionaba mis senos y un rato después escuché la voz de Nicole con el micrófono, todo paso muy rápido… - Una joven encerrada por una malvada bruja en una torre – De inmediato la risa de la que hacía de bruja y el grito de los niños, decía sus líneas, yo no entendía mucho, luego Nicole seguía el cuento… - Un día, mientras pasea por el bosque, un apuesto príncipe escucha su melodiosa voz y se enamora perdidamente de ella – Escuché una voz masculina diciendo sus líneas, yo no sabía a qué hora debía salir, me puse algo nerviosa. Mi mente, como ya se hizo un hábito dibujaba escenas eróticas con el viejo mozo, junto algunos adultos que me observaron al llegar e incluso esos jovencitos del equipo de Nicole que se impresionaron conmigo, todos en una orgia, cogiéndome aun disfrazada de Rapunzel, con los senos al aire, uno levantándome el vestido y bajándome las bragas para penetrarme y…. - Rapunzel…!!! – los gritos de los niños me devolvieron a la realidad - Parece que no escucha, más fuerte niños – Decía Nicole - Rapunzeeeel…!!! – Era momento de hacer el ridículo… hice a un lado las cortinas y salí… - Ahhh – El griterío de los niños – Rapunzel..!! – No sabía que hacer o decir, solo saludé sonriendo. Miré a los adultos con pena, estaban serios, como impresionados, debía controlarme, la música empezó a sonar… No me sabía la letra, improvisé caminando de un lado a otro, de inmediato noté varios celulares enfocándome, parecía una de esas pasarelas de modas en las cuales participé, lleno de camarógrafos. Era evidente la mayor parte de mis paparazis eran hombres, entre ellos un jovenzuelo que filmaba con la boca abierta. Terminó la canción y volví a mi sitio inicial… - Cuidado Rapunzel..!! – Seguían los gritos de los niños – Cuidado..!! - Entonces la bruja malvada capturó a Rapunzel – Dijo Nicole mientras por el costado una señora me abrazaba, eso hizo que me incline ligeramente a un costado, mi cabello se hizo a un lado dejando al descubierto el escote junto a mis senos queriendo salir, rápidamente me cubrí con la palma. Apareció un niño disfrazado de camaleón - Pascal..!! – Gritaban los niños – Ayuda a Rapunzel..!! mata a la bruja..!! – El pequeño niño con su disfraz de camaleón que hasta era grande para su talla tomó a la bruja de un pie y ésta se cayó, luego apareció el príncipe, un muchacho delgado, nada que ver con un príncipe, pero que puedo hacer, no me interesa solo quería acabar con esto… Sacó una espada de utilería y clavó a la bruja. “¿El cuento era así?” pensé “Ay, qué importa, seguramente están improvisando para que yo no actúe” - Y así, el Príncipe rescató a Rapunzel y se mudaron al castillo y fueron felices para siempre – Dijo Nicole, consiente de la trama mal hecha. El supuesto príncipe se puso al lado mío, me llegaba a los hombros y claramente desviaba la mirada hacia mis senos, yo los había vuelto a cubrir con mi pelo. - Ahora, niños por favor hagan una fila para que Rapunzel se tome fotos con cada uno de ustedes – Otra vez Nicole continuaba mi martirio. Me acomodaron una silla envuelta con tela blanca, al costado derecho estaba Pascal, el niño disfrazado de camaleón, “Pobrecito” pensé, “metido en ese disfraz y con este calor… y de paso no le alcanzan ni un asiento.” A mi lado izquierdo acomodaron otra silla, el excitado príncipe se sentó, pero Nicole lo hecho graciosamente diciéndole que era para los niños que se sacarina fotos conmigo, nadie quería a los demás personajes. Inicio la sesión de fotos… Uno a uno los niños pasaron a mi lado, al otro el fiel camaleón Pascal, “Pobrecito niño, teniendo que trabajar en una fiesta” pensaba - Alcáncele una silla a Pascal – reclamé al equipo de Nicole, varios de ellos rápidamente se movilizaron, uno entró al vestuario y salió con una silla triunfante. Ayudaron al pequeño camaleón a sentarse, pero éste se puso de pie sobre la silla, no decía una palabra… Entonces noté que en la fila también estaban algunos adultos, unos señores ¿Qué hacían ahí? ¿Querían una foto conmigo?, realmente no pueden con su calentura. Pasaron los minutos y cuando llegó el turno del primer adulto colado en la fila de los niños, se acercó junto a uno para acompañarlo, el niño tomo asiento pero el tipo se puso detrás, ya era obvio lo que hacía, solo quería verme los senos… Ya casi habían pasado la mitad, inició una música de esas zambas brasileñas. Entonces, vi al mozo viejo que se me había insinuado, parado, mirando desde la izquierda como a 3 metros, lo noté rojo, ancioso, sudoroso, excitado, no podía acercarse más… Mi mente voló, todos esos momentos de adrenalina finalmente me excitaron y ver al tipo fue como la cereza sobre el pastel, nuevamente dibujé en mi mente la escena en los arbustos, desde donde había quedado; “El viejo mozo me había volteado, ya con su miembro afuera y súper erecto, me jala las bragas y me penetra con toda su fuerza”, le decía a mi mente… ya basta..!! Pero ésta respondió continuando con la escena “El mozo me tomaba con ambas manos mis senos y los apretaba dejando los pezones entre los dedos y estos sentían el frio del pasto y con cada envestida se frotaban mientras gemía tratando de que no se me escuche. El mozo me lamia la mejilla sacando su lengua, tembloroso y jadeando… estar ahí con los jeans hasta las rodillas, las bragas a mitad de mis piernas, la playera por encima de mis senos, sin sujetador, echada de frente, mientras el viejo me penetra haciendo rebotar mis nalgas, con su pantalón quitado completamente, aun con esos zapatos ridículos, camisa y chaleco de mesero aún puestos” Sacudí la cabeza para concentrarme… A dos turnos estaba un señor feo de lentes con chompa de nerd y una camisa a cuadros, “No esto ya es demasiado” pensé… Ya muy caliente… Instintivamente me arreglé el pelo llevándolo hacia atrás, ahora si el escote se me veía descaradamente, no era natural para una fiesta de niños, ya no me importaba, noté como el Sol se reflejaba en mis pechos blancos, exuberantes, imponentes, levantados, listos para ser tomados, el vestido tenía una contextura gruesa así que no se notaba lo duro que se habían puesto mis pezones Llegó el turno del señor con pinta de nerd, tenía la postura agachada, se acercó sonriendo como agradeciendo, haciendo ese ademán que hacen los asiáticos, como desubicado y nervioso, se puso detrás de mí, yo puse de mi parte: encorvé la espalda sacando pecho y poniendo las manos entre las piernas, por un momento, mis senos eran suyos. Así pasaron unos cuantos, estoy segura que muchos no se animaron, pero sí que tenían ganas y se morían de la envidia de los privilegiados que solo usaron a los niños para mirarme las tetas. Sentí un olor fuerte, asqueroso, “seguramente es la excitación de mis admiradores” pensé, pero me di cuenta que era el niño disfrazado del Camaleón Pascal, seguramente sudoroso, seguía sintiendo pena por él pero que más podía hacer. Acabada la fila, noté muchas miradas de los que no pudieron darse el festín de mis senos por estar con sus esposas o por ser menos descarados que los que se animaron, entre ellos el jovenzuelo que seguía filmando con la boca abierta y a medio sentarse queriendo levantarse de su lugar, como empujándose a pedirme una foto, pobrecito… era la oportunidad de filmarme los senos de cerca, que excitación debía llevar… Decidí colaborar con todos, para levantarme me agaché como tomando impulso pero tarde más de lo debido, como 3 segundos agachada con los senos cerca las rodillas, mostrando el escote y mis hombros desnudos a todo el mundo, en esa misma posición coloqué mis manos en mi cintura como arreglándome el vestido y di unos cuantos saltitos, noté como mis senos rebotaron mientras miraba a un costado haciéndome a la desentendida y luego me levanté, al poner la espalda recta noté como el vestido había bajado un poco más por el lado derecho, justo al borde de uno de mis pezones, mi reacción inmediata fue llevar mi mano para arreglarme, pero la excitación hizo que solo me frote delicadamente con la palma y la bajé haciéndome a la desentendida nuevamente… Nicole dio la orden de despedirse de Rapunzel, me puse de pie y levanté ambas manos, como tratando de que le vestido se me corriera para abajo, pero estaba ajustado. Las miradas de los adultos me excitaban mas, sobre todo de algunos señores mayores que no podían disimular, para terminar, me agache en forma de reverencia un par de veces, mandé besos y me di la vuelta. Estaba como mareada, excitadísima, pedí a Nicole que me lleve al baño, al entrar y mirarme en el espejo, noté lo mujerzuela que me veía, ¡como nadie dijo nada!, era tremendo para una fiesta infantil o cualquier otro evento, solo faltaba que me pasen un tuvo, seguramente Nicole recibiría quejas… Por el morbo, en mi soledad, levanté los brazos como hacia un instante al despedirme para ver si el vestido podría haberse corrido, di unos saltos y me estiré un poco hacia la izquierda como saludando con el brazo derecho, llevándolo al centro por encima de mi cabeza y sucedió… El vestido cedió, miré al espejo y noté como todo mi pezón derecho quedaba al aire, seguí en mi fantasía saludando de un lado a otro imaginando las miradas, haciéndome a la desentendida, por un momento me arrepentí de no haber hecho realidad esa escena… Mi mente hizo lo demás: “Me imaginé al señor Nerd levantándose de su asiento, desesperado corriendo hacia mí, asaltando mi pezón descubierto, sin importarle nada, chupándolo con fuerza, yo asombrada, pidiendo ayuda mientras los miembros del equipo tratan de separarlo, pero que se apegue a mí con toda su fuerza, gemir al sentir sus labios apretando en medio de la multitud y que cuando consigan separarlo de mí, junte sus labios muy fuerte, mi seno alargándose por la presión de su boca mientras lo despegan y finalmente dejando salir un sonido de chupetón, dejándome ultrajada, chupada y denigrada, mientras lo alejan de mi él siga estirando la más manos para alcanzarme.” Volví a mi realidad, me acomodé el vestido apenas metiendo mi seno y tapando el escote con mi cabello Rápidamente volví hacia los vestuarios, adentro estaban todos los del equipo de Nicole pero nuevamente desalojaron el lugar para que pueda cambiarme… Nicole nuevamente me ayudó primero bajándome el cierre por la espalda y luego custodiando la puerta. Me quité el vestido quedando solo en bragas, recogí mi sujetador para acomodarme los senos, de inmediato tuve que cubrirme como pude… Porque detrás de un motón de ropa vi a Pascal el niño disfrazado de camaleón, se encontraba en un montón de ropa camuflado como un verdadero camaleón. - Oye, que haces aquí – Le reprendí, Nicole se dio la vuelta, el niño no dijo nada - ¿Qué pasa Pri? ¿Quién está ahí? - El niño – Le dije, mientras le señalaba el lugar con una mano y con la otra me cubría los senos con el sujetador mal acomodado - Cual niño - Allá, en ese montón de ropa - ¿Victor? Que hace usted aquí – Hubo un silencio incómodo, pero como Nicole es tan autoritaria, al niño no le quedo más que hablar - Vi.. vine a devolver el traje señora Nicole – La voz le salía ronca - ¿Pero no me escuchó o no estaba?, todos tenían que salir del lugar para darle privacidad a Priscila - Si, este… disculpe señorita – Definitivamente había algo raro en su voz, se dispuso a salir, pero Nicole lo detuvo - Bueno entonces entregue el traje y espere afuera para el pago por favor – No hizo nada - Apure..!! – le exigió Nicole y casi de inmediato todo asustado el niño ronco se quitó el traje Fue ahí que me di cuenta que no era un niño, era un enano, todo sudoroso, me impresionó tanto porque todo el tiempo estuvo a mi lado, él se dio el gusto de observarme el escote como le dio la gana y de paso se había dado el gusto de mirarme las nalgas en bragas y peor aún, las tetas completamente desnudas por un momento. Ese olor putrefacto que sentía en la sesión de fotos era de él mezclando sudor y erección, a pesar de ponerse en evidencia no podía evitar desviar la mirada para verme, mientras entregaba el trajecito, Nicole le reprendía – ¿Que está viendo?, dese la vuelta!! - y no pudo evitar su erección que se notaba bajo el pequeño pantalón plomo, además llevaba zapatos negros grandes y una sudadera blanca semitransparente, se dirigió hacia la salida mientras yo me cubría como podía… Con el susto y la excitación rara que sentía en ese momento me cambié. Nuevamente con mi ropa veraniega (jeans y playera roja) quise salir, pero me dio mucha pena, abrí un poco las cortinas para ver, afuera solo estaban los invitados en sus mesas y los niños jugando, correteando por ahí. Nicole entró bruscamente. - Pri, vamos a esperar a que la señora nos pague para repetir el dinero, mientras espérame afuera por favor porque los chicos se van a cambiar - Ok – Le dije, como si me hubiese regañado. Salí sin mirar a nadie, pero mi curiosidad hizo que levante la mirada por un instante, como lo había pensado… Todo el mundo me estaba mirando, caminé hasta alejarme de todos, al mismo lugar del principio, cerca a los arbustos. Mi mente seguía imaginando al mozo cogiéndome, disfrutando de algo que no se merecía. Crucé los brazos y mis ojos lo buscaban, definitivamente quería que se me insinúe nuevamente, aunque no pensaba en llegar hasta tan lejos con él, quería sentir la adrenalina. Como no aparecía por ningún lado y nadie me estaba viendo, caminé lentamente hacia los arbustos, levanté la mirada, nadie se percataba, me metí en ese jardín detrás de los arbustos, parada, esperando a que alguien me reprenda, pero no había nadie, me senté, luego me eché de espaldas, me apoyé sobre mis codos, la gente no podía observarme… Decidí revivir la escena, tenía tantas ganas de sentir esa adrenalina. Abrí las piernas imaginando que el mozo viejo me estaba penetrando, comencé a moverme dejando que mis nalgas se froten en el pasto, de rato en rato miraba por sobre los arbustos estirando el cuello, nadie observaba, me levanté la playera dejando al descubierto mi sujetador, no me animaba a quitármelo, ahí estuve un rato, se me salía un gemido y miraba rápidamente por sobre los arbustos… Me dí la vuelta y saqué el culo lo más que pude, otra vez mis gemidos, me incorporaba para ver si alguien se acercaba, pero nada y volvía a mi posición de perra, ahora sí me bajé el sujetador y mis senos chocaron en el frio pasto, me moví más rápido imaginando al viejo y chaparro mozo penetrándome, la adrenalina de ser sorprendida me excitaba mucho más… Temerosa de ser vista, me di la vuelta nuevamente, nadie estaba cerca, eso daba rienda suelta a mi morbo, tomé un puñado de pasto frio y lo frote sobre mi pezón izquierdo como si fuera una pluma, se sintió tan rico, me puse de cuatro patas, levanté la cabeza para ver a la multitud, observando a los viejos que se habían sacado fotos conmigo para verme las tetas. Se las estaba dedicando. Me frotaba los pezones con el frio pasto mientras los observaba entre algunos vacíos de los arbustos, abrí la boca, no podía cerrarla, mientras me balanceaba de adelante hacia atrás, mis tetas colgaban y yo hacía que en el balanceo rocen con el puñado de pasto en forma de rama, luego me arrodille para poder observar mejor a la gente, mi cabeza quedó por encima de los arbustos, hice que mis tetas choquen con ellos, jadeaba, ya algo sudorosa, noté al señor nerd sentado sonriendo, hablando con sus compañeros… Se me salieron palabras que nunca las había dicho y nunca pensé que las diría: - Ahhh, asi papito, chúpalas ahhh, papito ahhh, son tuyas mi rey, soy tu perra, dale mi macho ahhh De inmediato me incorporé, me reí de mi misma por lo que había dicho, me eché de espaldas mirando al cielo dejando que se me baje un poco y nuevamente sentí unas tremendas ganas de sentir la misma adrenalina… Pero algo definitivamente me estrelló, nunca había sentido tanto impacto, tanta adrenalina junta, quedé como en shock, pues… No me había dado cuenta que detrás de los arbustos, pero por el otro costado, tenía un observador… Era Víctor, el enano, que se ocultaba perfectamente tras los arbustos, me había seguido y lo había visto todo, su calentura hizo que se acerque y lo descubra… Quedé petrificada por un momento mientras temblorosa me cubría las tetas, me arreglé rápidamente, fueron segundos de mucha tensión acomodándome el sujetador, se mi hizo difícil, estaba temblando, cuando lo logré me arreglé la playera y de un salto me levanté para irme, haciendo de cuenta que nunca lo vi. Caminé a paso rápido, sabía que el enano no me alcanzaría con sus diminutas piernas, pero sentía como mis nalgas estaban siendo ultrajadas con su mirada. No quise encontrar a Nicole, solo caminé lo más rápido que pude a la salida. Cuando estuve afuera miré hacia atrás, parecía que en cualquier momento el enano aparecería para reclamar su premio… Comencé a correr hacia la avenida principal y tomar la movilidad que me ponga a salvo y nunca más en mi vida toparme con el enano. Al llegar a mi departamento me toqué como loca en la bañera, fue una de las experiencias más excitantes que tuve en mi vida. Espero que el relato haya sido de tu agrado, si quieres contactarme escríbeme al correo. De igual forma te invito a visitar mi sitio web, donde encontraras más información mía y además el final alternativo de esta historia que, confieso es inventado pues dejo volar mi imaginación, pero es más descriptivo y sexual [email protected] www.priscila.website Besitos… Atte: Priscila

Autor: Priscila Categoría: Sexo con Maduros

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II - Don Leandro.

2021-11-22


yoLos hechos que he narrado sucedieron hace más de veinte años, pero están siempre impresos en mi mente y esto hace que se active mi libido, también mí hija que aún vive conmigo se sentía excitada al recordarlo, así ella aprendió a disfrutar junto a mí de muchas maneras, volviendo a la época en que todo comenzó, les diré que había comprendido que Leandro era tan pervertido como yo, dada mi situación esto podría traerme ventajas: —Leandro, ¿has cambiado alguna vez un pañal? … —¡No! … y si la nenita tiene caca … ¡me da asco! … —¡Ay!, que tonto que eres … te pierdes de ver esa conchita pequeñita … de lavarla … de acariciarla … —¿Me dejarías hacerlo? … —¿Qué cosa! … —Eso … cambiarle los pañales … —Pero si dijiste que te daba asco … —No … estaba bromeando … —Bueno … ven aquí para enseñarte … primero la levantas y ves si el pañal esta como inflado … le tomas el olor … si no tiene olor, ha solamente orinado … te preparas una toallita húmeda y otra seca … si es solo orina, la limpias con la toalla húmeda y luego la secas con la otra … —¿Y si ha hecho caquita? … —Es mas o menos lo mismo, pero en vez de solo limpiarla … tienes que lavarla en su bañito de bebé, preocupándote de lavarle bien el culito … una vez que esté bien lavada, le echas la cremita para que no se irrite su piel … luego le colocas un pañal nuevo y fresco … así ella estará tranquila y no llorará … —¡Uy! quiero hacerlo … —Bueno … hazlo … Leandro tomó la bebita y la olfateo por todos lados, de tanto en tanto mirándome para ver si aprobaba o desaprobaba su actuar, se dio cuenta de que la nena estaba solo húmeda, la llevo a la mesita donde la cambiamos normalmente y procedió a sacarle el pañal mojado, se quedo a contemplarla por largo rato. —¡Leandro! … ¡No seas bobo! … la nena prenderá frio si la tienes así desnudita tanto rato … —¡Oh! perdona … pero no hay nada más hermoso que una bebita sin nada encima … —Esta bien … pero se puede resfriar … haz lo que tienes que hacer … y abrígala … Leandro hizo todo perfectamente, sus manos temblaban cuando procedió a echar la cremita a sus piernecitas, esos muslitos regordetes, el fino tallo de su conchita, me acerqué a él y con mi mano toqué su verga, estaba dura como palo. —Leandro … ¿Quieres que te ayude con esto? … Me arrodillé y le saqué su asta dura y nervuda, lo comencé a pajear y luego cuando comenzó a jadear, lo tomé en mí boca y él comenzó a follar mis labios apretados alrededor de su verga. —¿Puedo tocarle su cosita? … —¡No! … ¡No lo hagas! … tienes las manos muy grandes y eres muy bruto … quizás más adelante te dejaré hacerlo, pero ahorita no … Le mamé la verga hasta que descargo un poco de esperma en mi boca, a su edad no eyaculaba una gran cantidad de semen, pero tenía un sabor agradable. Ordené a mi nenita, me saqué una teta y le di de mamar, Leandro se acomodó a mirarnos embelesado, él tenía mucho morbo al verme alimentar a mi pequeña Emma, yo aprovechaba esos momentos para crear una atmosfera propicia para pedirle cosas en mi beneficio y en el beneficio de mi hija. Pasaron un par de año y me convertí en la conviviente de Leandro, me enteré de que no tenía más familia, su señora nunca se embarazó, nunca quisieron hacerse exámenes para descubrir quien de los dos era el que fallaba, yo lo incitaba con los encantos de mi pequeña y luego dejaba que él me cogiera, era bastante tierno en ese sentido, me acostumbré a él, pero lo que me interesaba más que nada era la situación económica de Leandro. Él era propietario de la casa en que vivíamos, además, tenía otras dos propiedades heredadas de sus padres, un conspicua suma de dinero en Banca y no tenía herederos. —Caro … ¿Cuándo dejarás que le toque su cosita a Emmita? … —Leandro … ¿Qué intenciones tienes tú con nosotras? … ¿Aprovecharte de la pequeña y luego botarnos a la calle? … —¡No! … ¡Por el amor de Dios, hija! … ¡Jamás haría una cosa así! … ¡Siempre te he ayudado, no me pagas nada por vivir aquí y yo cargo con todos los gastos de la nena! … —Lo sé Leandro … siempre seré agradecida de ti … y tú puedes darte cuenta de que tú y yo funcionamos como pareja … o ¿eso no vale nada para ti? … —Caro, te tengo mucho cariño a ti y a Emmita … les he dado todo lo que puedo … ¿Qué más quieres? … —Quiero un hijo tuyo, Leandro … —¡Pero yo no puedo darte eso … no puedo tener hijos! … —Me dijiste que tú y tú señora nunca se hicieron exámenes … yo di a luz a la pequeña Emma, así que puedo embarazarme … ¿Quieres que probemos a embarazarnos? … A Leandro se le encendió el rostro, estaba sin palabras, mi propuesta lo había tomado totalmente desprevenido, me dio la espalda y se fue sin decirme nada. Quedé muy preocupada, porque Leandro salió esa noche y no volvió. Estuvo dos días desaparecido, pensé en que había hecho mal en hacerle tamaña propuesta, pensaba en que volvería y nos echaría de su casa, era la mañana del tercer día cuando Leandro volvió, vestía la misma ropa un poco más ajada por el uso, olía a sudor, yo sé que él no bebe, pero había admitido esa posibilidad, me dio un beso en la mejilla, luego nos sentamos a la mesa y yo le serví el desayuno. —¿Dónde te habías metido, Leandro? … ¡Me tenías preocupada! … —Me fui a la tumba de mi señora … —¡Pero dos días! … —Es que mi mujer fue enterrada en Iquique … Me contó toda la historia de su imprevisto viaje a Iquique, que había pensado mucho en mí, que lo había consultado con su mujer, que no sabía que hacer, pero la respuesta se la dio su mujer, yo me quedé muy intrigada. —¿Y cómo que tú mujer te dio la respuesta? … —Es una cosa muy curiosa … quizás no me vas a creer … —¡Pero cuéntame, hombre que me tienes en ascuas! … —Le llevé un ramo de flores a mi mujer … me sentía desorientado y confuso … el ramo de flores era bastante grande … quise compartirlas con las tumbas que estaban aledañas a la de mi mujer … cuando leí el nombre del epitafio de la primera, era de una tal Carolina Fuentes, me sorprendí, luego quedé atónito, la tumba del otro lado era de una tal Emma Garrido … ¿lo entiendes? … —Leandro … ¿Te estas volviendo loco? … ¿De que estás hablando? … ¿Quiénes son esas otras personas? … —¡Tienen el nombre tuyo y el de tu hija … acompañan a mi mujer … Carolina y Emma … —¡Oh!, tú dices … ¡Oh!, que coincidencia … ¿verdad? … —¡No creo haya sido una simple coincidencia! … pero ahora puedo responder a tú pregunta … probemos a si puedes tener un hijo mío … probemos … —¡Uy! Leandro, me hiciste preocuparme tanto … pensé miles de cosas … —¡Pero dime si aceptas! … ¡Yo ya he aceptado! … ¡No me digas que has cambiado de parecer! … —Leandro, por supuesto que acepto … mira dejaré de tomar la píldora hoy mismo y veremos que pasa … ¿quieres que te pida una hora para el doctor y te examine? … —¡Por ningún motivo! … ¡Jamás iré a dejarme ver por un matasanos! … Volvimos a nuestro habitual modo de vivir, mi hija más crecidita, se divertía jugando en el amplio patio de la casa, Leandro le había construido un columpio y una casita en un árbol, la nena lo llamaba Tata, como si fuera su abuelo, todos los días yo bañaba a Emma antes de acostarla a dormir, Leandro siempre estaba ahí pegado a mí. Me ayudaba a espolvorearle el talco y era su tarea embetunarla con cremitas para bebe. —¿Puedo tocarle su cosita? … —¡Pero si ya se la has tocado decenas de veces! … ¿Crees que no me daba cuenta? … —¿Mami, que quiere tocar el Tata? … —¡Nada mi niña! … a tú Tata le falta un tornillo … —¡Nunca la he tocado de verdad! … ¡Siempre he respetado lo que tú me dices! … —¡Está bien, Leo! … ¡Tócala, pero con el máximo de cuidado, ella es bebita todavía! … —¿Crees que no lo sé? … ¡Por supuesto que lo haré con cuidado! … ¡Jamás le causaría daño! … Lo sabes, ¿no? … —Lo sé Leo … Además, que ella tendrá un hermanito o hermanita … —¿Cómo? … ¿Qué estás diciendo? … —¡Mami! … ¡Mami!, Sí … yo quiero un hermanito … —Leo … Estoy con retraso y no creo equivocarme si digo que estoy embarazada … me duelen mis pechugas … están muy sensibles … —¿Y cuando tienes control? … —Tengo que pedir hora … mañana iré al Consultorio … —¡Dios mío! … ¿por qué me lo dijiste? … no voy a poder cerrar ojo esta noche … —Anda, ve a acostarte … espérame en la cama … yo te ayudaré a dormir … Obedientemente Leandro se fue a la cama sin siquiera mirar la conchita de mi hija, estaba impresionado con lo que le acababa de comunicar, se había erguido y parecía rejuvenecido, se fue a su cama y luego de acostar a Emma me fui al dormitorio nuestro, pues ya hacía más de un año que compartíamos su cama matrimonial. Debo decir que Leandro a sus sesenta y tres años se mantenía super bien físicamente, todos los días salía a caminar, iba a la piscina municipal casi todos los fines de semana y me decía que había aprendido a usar los aparatos de gimnasia de la plaza cercana, yo con diecinueve años, me consideraba en forma, las tardes salía a la plaza con Emma y mientras ella jugaba con otros niños, yo aprovechaba para ejercitarme en los aparatos a disposición, mis piernas largas estaban sólidas, como así también mis glúteos, mi vientre plano y mis senos aún cuando había dado de mamar por largo tiempo a Emma, se mantenían esponjosos, pero firmes. Leandro después de excitarse con mi niña, una vez que estábamos en nuestra cama, sabía sapientemente como tocarme y llevarme a un nivel de excitación en que me penetraba haciéndome gozar como mujer, su verga era ligeramente más grande que las vergas de adolescentes que yo había conocido hasta ese momento, pero lo más que me gustaba de su pija era su grosor, siempre entraba en mi con una cierta dificultad, muy apretadito y a él eso le encantaba y me lo hacía sentir cogiéndome casi a diario. Después de diez días tuve los resultados de la matrona y el test dio positivo, me fui a la casa muy contenta, ya que esto daba pie a una nueva etapa en la relación entre Leandro y yo, tenía un plan de acción y todo se iba dando de acuerdo con lo que tenía pensado hacer, él estaba mucho más cariñoso este último tiempo con Emma y conmigo, los encantos de mi Emma siempre lo encendían y enardecían, lo que me daba a mi el favor de disfrutar de ser cogida por él con mucho vigor y fogosidad. —Leandro, siéntate … —¿Qué pasó? … ¿Fuiste al consultorio? … ¿Qué dicen los exámenes? … —Leandro … ¡Debes estar tranquilo! … ¡No te pongas ansioso! … —¡Pero mujer! … ¡Anda y dime! … ¿Qué te hicieron? … —¡No me hicieron nada de extraño! … ¡Solo lo que se hace a toda futura madre! … ¡Leandro, estoy encinta! … Estoy en la tercera semana y debo controlarme al menos una vez al mes … —¡Oh!, Caro … ¿Qué va a ser? … ¿Hombrecito o mujercita? … —¡Ay!, hombre …. ¡No te apresures! … ¡Es muy pronto para saberlo! … Leandro estaba en un estado de euforia, salió de casa y volvió a la hora con un ramo de flores para mí, me sorprendió y me hizo recordar cuando quede embarazada de Emma que todo había sido tan traumático para mí, ahora él se estaba comportando como un marido contento, cariñoso y esto me llenaba de dicha, me rendía feliz, también me hacía pensar a Leandro como un marido de verdad, ya que en mi vientre se estaba gestando un futuro heredero suyo. —¡Leandro! … ayúdame con la niña, por favor … que le estoy preparando su comidita … —Voy, Caro … voy … —Emma, no te muevas … tengo que bañarte … —Sí, Tata … —Por qué no me dices, papi … cuando nazca tú hermanito él me llamará “Papa” … tú también puedes hacerlo desde ya … ¿No te gusta? … —Sí, Tata … me gusta, pero le preguntaré a mi mami … —Haber levanta las piernecitas para sacarte el pañal …. Sí poh, Emmy … me puedes llamar Papá, seguro que a tu madre también le gustará … —Pero yo no la he escuchado, Tata … yo no lo sé … —Siéntate para sacarte el vestido, te tengo que bañar … Emmita, estoy seguro de que tú madre también quiere que me llames Papá, además, que yo te compro todo lo que tu necesitas … —Sí, por que eres mi Tata … —¡Ay!, niña … eres más complicada que tú madre … ¡Vamos al baño! … estas toda sucia … ¿Dónde anduviste jugando que tienes tierra por todos lados? … —Estuve haciendo unas tortitas de tierra, Tata … —¡Ya!, levanta tú pierna para enjabonarte ahí en medio … tienes tu culo todo sucio … —Pero ahí no me entró tierra, papi … —¡Me dijiste, “Papi”! … ¡Me dijiste, “Papi”! … —Me equivoque, Tata … —¡Caro! … ¡Caro! … ¡La Emma me llamo “Papi”! … —Tata, si ya te dije que me equivoqué … —¿Qué hizo mi niña? … —¡Caro, me acaba de llamar “Papi” … —¡Mami!, me equivoqué, mami … —Está bien, hijita … tú Tata va a ser “Papa” … así que lo puedes llamar “Papi” … no hay nada de malo … —¿Sí, Mami? … le puedo decir “Papá” al Tata … —Sí, mi niña … lo puedes hacer … —¡Ya!, niña … sigamos lavando ese culo sucio que tienes … —Pero no tengo tierra ahí, papi … —Leo … ten cuidado con tus dedos … —¡Ay!, Caro … siempre he tenido cuidado y tú lo sabes … —Esta bien … pero te lo recuerdo … nunca está demás … Yo sabía que Leandro le acariciaba la conchita a Emma y ella se quedaba muy tranquila, me preguntaba si así tan pequeña lograba sentir alguna excitación al sentir su diminuto clítoris sobajeado con dedos y esponja, Leo me había confesado de que su dedo había estado a la entradita del chocho de Emma, pero era muy estrecho y él no quería causarle ningún daño, pero cuando la ponía envuelta en la toalla encima de la lavadora, podía ver que su chocho no tenía espacio para nada, ni siquiera su dedo meñique hubiera entrado, estaba muy estrechita, pero la nena se bañaba y su conchita lucía empapada y no lograba retener sus risitas cuando él la había lamido, su sabor era increíblemente dulce. Toda esta perversión me hacía excitar mucho, además, mis hormonas estaban un tanto revolucionadas con mi embarazo, por lo que me encontraba excitada prácticamente todo el día, esperaba las noches para acurrucarme con mi culito sobre la verga de Leandro que rápidamente me quitaba las bragas para comerse mi conchita y cogerme con su vergota gruesa, solida y cálida. Una noche estábamos en su cama, su verga estaba dura como palo, yo tenía tomada su base, acariciaba sus cojones llenitos de leche y estaba pasando mi lengua de arriba abajo y metiéndomelo en la boca para darle con mi lengüita a su cabezota hinchada. —Mami … ¿Qué estás haciendo? … —¡Emmy! … cariño … le estoy haciendo cariñito a tú papi … —¡Ven Emmita … ven a ver! … —¡Leo! … ¿Qué quieres hacer? … —¡Emmy! … aprende con tú mami … ella lo sabe hacer muy rico … —¡Mami! … ¿Te gusta? … —¡Sí!, hijita … me gusta … acércate más … ves estos con pelitos son las bolas de papá … son delicadas … yo me puedo echar solo de a una a la boca … ¿Ves? … —Mami, ¿Puedo dar un besito a papi ahí arribita? … —¡Sí!, mi niña … pásale la lengüita … —¡Umpf! … ¿Así, mami? … —¡Emmy!, tómame con tu manito … —¡Pero es muy grande, papi! … ¡Mí mano no alcanza a tomarla toda! … —No importa mi niña … chúpale ahí arribita … yo lo moveré con mis manos que son más grandes … —¡Acércate, Emmita! … te voy a revisar tu pañal … —¿Que vas a hacerle Leo? … —¡Quiero comerle su chochito! … —¡Pero no vayas a meterle tus dedos, son demasiado gruesos y la dañaras! … —¿Me va a doler, mami? … —¡No mí niña … papi no te hará daño! … Leandro la tomó, la puso sobre su pecho y bajó su pañal, sacándoselo del todo, después llevo su ingle hasta su boca y comenzó a lamer la conchita de Emma, no podía creerlo, mi hija se acomodó abrió su boca en manera lasciva y cerró sus ojos, ¿Es posible que esté sintiendo placer con las lamidas de Leo?, está próxima a su cumpleaños, pero es chica todavía. Seguí mamándolo y la conducta colaboradora y lasciva de mi hija me había enardecido, comencé a jugar como si mi chocho fuera una guitarra y mis dedos rozaban velozmente mi clítoris tembloroso, sin contención alguna me monté a horcajadas y deslicé por entero en mi concha toda esa verga dura, primera vez que junto a mi nenita montábamos a Leandro, yo sobre su pija y ella sobre su boca, me incliné un poco y Emma con toda naturalidad comenzó a chupar mis pezones. —¡Mami!, no te sale leche … —¡Umpf! … todavía … ¡Umpf! … no, hija … ¡Umpf! … cuando … tenga a tú hermanito … ¡Umpf! … —¿Tendrás leche solo para él, mami? … —¡No! … ¡Umpf! … Si tú quieres, también te daré a ti … ¡Umpf! … ¡Umpf! … El roce con la gruesa pija de Leandro me tenía al borde del orgasmo, comencé a sentir ese hormigueo característico y pensé que, si mi hija quería leche, yo le iba a dar leche … —¡Ven, Emmita! … ¡Aquí hay leche de papá! … Leandro captó todo al vuelo y dejo ir a Emma que se apresuró inclinándose sobre la verga de él que yo acababa de desmontar, comencé a pajear rápidamente la enhiesta verga y sentí cuando Leo tensó sus piernas, justo cuando mí Emma cerraba sus labios sobre su lustroso glande. —¡Cof! … ¡Cof! … ¡Urgh! … mami, me ahogo … ¡Umpf! … ¡Cof! … ¡Cof! … Sin hacer una presión excesiva, mantuve la cabeza de Emma sobre la pija de Leandro, él quería follar su boca con más fuerza, pero yo lo contuve, levanté el rostro de mi hija bañado en semen y procedí a limpiarla con mi lengua y dándole besitos diciéndole cuanto había sido buena en hacer feliz a su papi, ella tenía los ojitos un poco llorosos y no entendía del todo lo que hacíamos, pero no la vi atemorizada, lo que me dejo tranquila. Leandro estaba totalmente en órbita, mantenía sus ojos sobre nosotras que nos besuqueábamos compartiendo su lefa, le sonreí y monté su rostro, rápidamente él hizo funcionar a maravilla su lengua haciéndome acabar y completar mi orgasmo. Emmita pasaba su lengua por sus labios y limpiaba su carita empapada con el dorso de su mano, me miraba con una carita alegre y tranquila mientras mis espasmos me hacían estremecer toda. —¿Te duele, mami? … —¡No!, hija … nada me duele … es muy rico y tú lo probaras algún día … —¿Con mi papi, mami? … —¡No lo sé, mi niña! … ¡No lo sé! … —¡Sí!, Emmita … ¡Lo haremos tú y yo ¡… —¡Sí!, mami … ¿Con mi papi? … —¡Ya veremos, Emmita! … ¡Ya veremos! … ----- ----- ----- ----- ----- ooo ----- ----- ----- ----- ----- Los comentarios vuestros son un incentivo para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor. [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Sexo con Maduros

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I - Don Leandro.

2021-11-20


Me llamo Carolina, siempre he sido una adicta al sexo, a temprana edad mi tío José me sentó en su regazo, jugando al caballito y casi sin que yo me diera cuenta me metió su verga haciéndome llorar por el dolor que me hizo sentir, era muy chiquita de edad por ese entonces, lo hizo muchas veces más y como ya no me dolía lo empecé a disfrutar, mi hermano mayor, Tulio, se dio cuenta del juego que hacíamos mi tío y yo, así que una noche se metió a mi cama y me dijo que si no lo hacía con él, me acusaría a nuestros padres. Desde entonces tuve sexo con ambos hasta que mi tío fue transferido por razones de trabajo, mi hermano y yo seguíamos teniendo sexo sin muchas preocupaciones por cuidarnos, por fortuna nunca me embarazó. Ya con diecisiete año tenía sexo con diferentes muchachos del colegio, hasta que pasó lo inevitable, quede embarazada sin saber quien podría ser el padre, mis padres se enojaron tanto que me dieron dos semanas de plazo para salir de la casa, me quedé esperando que ellos cambiaran de parecer, pero no lo hicieron, así que terminé en casa de una tía de allegada, mi tía me dijo que ella tenía sus propios problemas y la casa nos era suficientemente grande como para acomodar a una persona más con un hijo a cuestas, así que encontré un trabajo en un supermercado y junté lo suficiente para arrendar una pieza en casa de don Leandro. Don Leandro un hombre maduro de sesenta y un año, me aceptó en su casa y por una cifra permisible para mí, me arrendo una pieza que él tenía sin ocupar, inmediatamente me di cuenta de que él me miraba en forma extraña, asumí que debía ser porque siendo viudo le faltaba una mujer y como mis formas son generosas, lo aduje a eso, me miraba con ojos lascivos cuando yo bajo el parrón me sacaba mi teta para alimentar a mi hija, tengo que decir que también para mí era una cosa morbosa que me excitaba y a veces recurría a la masturbación pensando al vejete que se corría mirándome las tetas y a mi hijita que me mordía y succionaba mi pezón. El viejo me dijo que si tenía algún problema con la bebita, él podía de tanto en tanto cuidarla, así yo podría tener más libertad para trabajar, a mí me pareció genial y más de una vez me aproveche de su “generosidad”, para salir a hacer compras o simplemente vitrinear y desentenderme un poco de mis obligaciones como madre, ya no tenía relaciones sexuales muy a menudo, no muchos hombres quieren a una mujer madre soltera, pero había aprendido a autosatisfacerme y me sentía bastante más cómoda y tranquila, una de mis fantasías seguía siendo don Leandro y su voyerismo, ya que no se limitaba solo a mirar descaradamente mis senos, sino que a veces mientras bañaba a mi nena, él aparecía como por arte de magia trayéndome un chocolate, galletas o cualquier cosa le diera la oportunidad de mirarme mientras yo bañaba a mi hijita, esto para mí constituía otro perverso morbo. Le pedía a él de tomarla por sus bracitos mientras yo le lavaba sus piernecitas, se las abría, enjabonaba esa vulvita regordeta, hacía que la girara para abrir sus nalguitas y lavar prolijamente su diminuto orificio anal, el viejo terminaba con una colosal erección y yo con mis bragas empapadas, yo bañaba la niña todos los días antes de ponerla en su cunita y todos los días don Leandro se hacía presente con algo para regalarme, hasta que le dije que no era necesario, me bastaba su ayuda, se le iluminó su cara y desde ese día rondaba mi puerta a la hora del baño de mi bebita. Pasaron algunos meses y mi calentura era tal que había comenzado a mostrarle a don Leandro la minúscula vagina de mi niña, casi se le caía la baba al pobre viejo y yo tuve que comenzar a usar un apósito para contener la cantidad de mis fluidos: —Leo, ayúdame a bañarla … sostenla con una mano y con la otra abres un poco su vaginita, así la puedo enjabonar mejor … Se lo tuve que decir dos veces al vejete para que lograra entender lo que le estaba pidiendo, sus grandes manos pudieron hacer lo que le pedí, su rostro estaba enrojecido y su respiración alterada, casi tiritaba con la excitación de estar tocando la suave piel de mi bebita: —¿Leo desde cuando que eres viudo? … —El próximo mes se cumplirán diez años … —¿Y por qué no te has buscado otra mujer? … —Porque mi pensión es baja y no quiero tener otra mujer que me venga a mandonear en mi propia casa … —¿Y cómo lo haces sin una mujer? … —Bueno, sé hacer todas mis cosas … lavo, plancho, cocino, limpio … se hacer de todo … —Sí, pero … cómo hombre, digo … ¿Cómo lo haces? … —Bueno, eso es lo más complicado … pero también me las arreglo solo … hay algunas veces que logro invitar a alguna vecina o amiga que quiere lo mismo que yo … un poco de sexo sin obligaciones … —¿Tienes muchas de estas vecinas? … —Tuve una viuda que me visitaba dos a tres veces por semana … pero encontró una pareja y no la volví a ver … de esto hace dos años … —¡Dos años sin nada de nada! … —Sí … más o menos … —¿Te tocas? … —¿Cómo? … —Lo haces tú solo … sin nadie más … —¿Y tú como lo haces? … no te veo nunca con un muchacho … —Supongo que como tú … tengo dedos … —¿Te tocas? … —¡Pero por supuesto! … ¿o te piensas que soy de fierro? … —Y … ¿Podrías mostrarme cómo lo haces? … —¿Y que me das a cambio? … —¡Una semana de renta! … —¡Dos! … —¡Umh! … ¡Está bien! … pero hazlo ahora mismo … —¡Sí … pero déjame abrigar a mi nenita … —¡No! … quiero mirarla a ella también … —¡Entonces van a tener que ser tres semanas! … —¡Urgh! … esta bien, pero hazlo ya … Cuidando de que mi nena no se nos fuera a caer, comencé a hacer unos pasos de danza mientras comenzaba a desvestirme, primero mi blusa, mis tetas oprimidas por mi sujetador negro lo hicieron pasar su lengua por sus labios lascivamente, acerqué una silla y me senté en ella acariciando mis longilíneas piernas: —¡Sácate la falda! … ¡Sácate la falda! … Leandro estaba totalmente hipnotizado, me levanté desabroché y abrí el cierre de mi falda, después la hice bajar con parsimonia, sacándomela y plegándola en el respaldo de la silla, el vejete sin poder resistir, también se sentó sacando su verga dura como palo, mi hija ignara de la perversión que se desarrollaba a dos metros de ella, hacía sonidos de bebita y se tiraba sus piececitos dejando a la vista de Leandro su culito y vaginita infantil, la cara del hombre estaba visiblemente alterada por la visión de ese diminuto sexo, ya casi no me miraba, sus ojos estaban fijos en mi pequeña: —¿Te gusta mi nenita? … —¡Uh-Umh! … —¿Te gusta su vaginita cerradita y pequeñita? … —¡Umh! … ssiii … —¿Te gustan esas nalguitas regordetas? … —¡Ssiii! … me gustan … —¿Te gustaría correrte en su pechito? … ¡Mira, ni siquiera tiene tetitas! … —¡Ssiii! … déjame que me corra en esas tetitas … ssiii … —¿Me dejas libre de la renta del mes? … —¡Ssiii! … ¡Ssiii! … todo lo que tú quieras … pero déjame correrme en ella … Mientras acercaba mi mano al cuerpo de mi bebita, sentí el primer chorro de semen espeso y caliente de Leandro aterrizar en mi mano y el vientre de mi nenita que desconocedora de la pecaminosa situación, venía bañada en esperma, su barriguita, piernas y un hilo de lefa en su bracito, era la carga del vejete que se sacudía de pies a cabeza mientras su verga disparaba chorros y chorritos por doquier. —¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … —¡Mírala! … la has dejado toda bañada … mira este coño pequeño … ¿Te gusta? … Leandro convulsionaba fuertemente y su demacrado rostro estaba en éxtasis mirando el chochito de mi nena, recogí un poco de su lefa y comencé a espalmar a mi bebita con esa esperma cual, si fuese una crema para bebé, Leandro estaba hechizado, subyugado totalmente, no podía apartar sus ojos de la perversa visión de ver su semen esparcido sobre el cuerpo de la bebita. —¿Quieres que me coma el coñito de mi hija? … —¡Umh! … ¡Urgh! … —¿Quieres que bañe su chochito con tus mocos? … —¡Ssiii! … ¡Ssiii! … ¡Hazlo! … ¡Ssssiiii! … Yo estaba tan caliente como el vejete, acomodé a mi hija y comencé a lamer su barriguita, sus muslitos y su conchita, Leandro comenzó a pajearse otra vez, yo tenía cuatro dedos en mi chocho encharcado y miraba la verga dura del viejo: —¡Leo … ven y métemela! … El viejo no se lo hizo repetir, se colocó detrás de mí, sentí el bulbo de su cabezota deslizarse entre mis glúteos, luego su glande se abrió espacio entre mis hinchados labios y se deslizó dentro de mi causándome una sensación tremendamente placentera: —¡Cómele el chochito! … ¡Cómele esa conchita chiquita! … ¡Cómesela! … Mi nena se reía sintiendo las cosquillas que le procuraba mi lengua en su diminuta vulvita, yo encontraba deliciosa la lefa de Leandro sobre la suave piel de su conchita, Leandro me estaba follando como un poseído, me daba unos embistes muy fuertes, me tuve que afirmar bien para no caer y arrastrar conmigo a la bebita, apreté mis muslos mientras sentía que Leo me llenaba la vulva con su esperma, se corrió muy rápido, pero lo suficiente para darme un muy necesitado desahogo, me corrí con él y él me mantuvo empalada en su miembro tirándome fuertemente por mis caderas. —¿Te gusto? … —¡Oh, Caro! … eran muchos años que no lo hacía dos veces seguidas … ¡Mira ese chochito pequeñito! … ¿Dime si no es lo más bello que hay? … —¡Te gustó la conchita de mi Emma! … —¡Me encantó, Caro! … ¡Me encantó! … —¿Entonces cómo lo haremos con la renta de este mes? … —¡No te preocupes, Carolina! … me das la del mes siguiente … ¡Pero dime que lo repetiremos, dímelo! … —¡Ya veremos, Leo … ya veremos! … ----- ----- ----- ----- ----- ooo ----- ----- ----- ----- ----- Los comentarios vuestros son un incentivo para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor. 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Autor: Juan Alberto Categoría: Sexo con Maduros

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En el campo

2021-11-06


Aprendí varias cosas aparte de trabajar con animales. Mi nombre es daniel tengo 53 años , todo esto pasó en el año 77 recién habían llegado los militares a Argentina, mis padres regentaban un pequeño bar , pero no daba para mucho, mi padre gracias al bar conocía a varios capataces y me consiguió trabajo en una estancia , era para ayudar a los peones y poco más ,yo era delgado moreno por el sol y alto , para mis 9 años tenía un buen cuerpo por eso me aceptaron , trabajaba desde que amanecía hasta que oscurecía de lunes a viernes ,sábado y domingo volvía a casa , la primera noche Raúl el capataz ,me dio una cama con sus mantas, dormíamos 11 peones en la misma cabaña salió Raúl de la cabaña se apagaron las luces porq se madruga todos los días, así transcurrió la primer semana , hasta que después empecé a sentir gemidos y ruido de las camas que me hacían acordar a mi padre cuando follaba con mi madre , en las semanas siguientes ya tenía mucha confianza con los peones y en broma me tocaban el culo y era todo normal , hasta que una noche llovía como nunca , me acoste y uno de los peones vino a mi cama y empezamos a conversar, y en eso empezaron los gemidos y las camas a moverse y le pregunté que pasaba y me dijo aquí trabajan muchos hombres solteros y se sacan la leche entre ellos , como la leche pregunte yo no sabía nada de sexo, y empezó a tocarme mi pija que se puso dura, se la llevo a la boca y me gustaba mucho estaba con los ojos cerrado disfrutando de ese placer que no conocía,mientras la lluvia aturdida mis gemidos , cuando abro un poco los ojos para ver que pasaba veo a casi todos mis compañeros mirando como me chupaba la pija yo traté de sacarlo por vergüenza no se, y en eso veo a el más viejo de todos un hombre de metro noventa barrigón agarrarme los brazos y otro más pequeño de estatura saco su pija gigante y la pone en mi boca y me dice chupa , solo dije no me gusta rieron y me dijo hoy chuparas 10 y algunas más de una vez , me ahogaba con su pija mientras me agarraba el pelo, no se quien pero sentía que alguien estaba chupandome el culo, yo gemía de placer hasta que me dice abre la baca más grande que acabo me empujó mi cara hacia su pija y empezó a tirar leche que me ahogaba y la fue sacando mientras se ponía blanda no soltaba el pelo y se puso otro en la misma posición y me la metió en la boca hasta la garganta era un poco más pequeña pero más larga , y en eso siento en mi culo como empiezan a meterme primero 1 y después 3 dedos ,me intentaba safar y trataba de gritar pero no podía me sacaron los dedos y siento como una pija entra por mi agujero solo podía llorar porq mi boca estaba tapada por una pija que no me dejaba ni murmurar esa noche no se si fueron 20 las pija que chupe y otra 20 por mi culo pero creo que después de la tercera por el culo ya me gusto igualmente por la boca , al otro día me quede en la cama porq me dolía el culo y la mandíbula, paso Raúl el capataz y me pregunto como estaba y le dije que bien , a partir de esa noche solo fui la nena del capataz Raúl.

Autor: NOEBERNABEU Categoría: Sexo con Maduros

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Una sorpresa en portaligas

2021-09-22


Apenas dan las 10 de la noche en Tenerife. Un divertido día se está terminando. Y el recuerdo de los paseos por las playas desencadena el destello de una enorme sonrisa en nuestros rostros. Estamos juntos en tu departamento sentados sobre los almohadones de un cómodo y mullido sillon. Vos estás sentada sobre mis faldas, con tus brazos alrededor de mi cuello, y tu mejilla apoyada cariñosamente sobre la mía. Me besás de vez en cuando en el cuello, tocando mi piel con tus labios, y permaneciendo pegada a ella por algunos segundos. De pronto me mirás, y preguntás: "Mi príncipe: Querés algo de beber, puedo prepararte un trago?”. Yo te contesto que Sí, que tengo ganas de tomar uno de tus tragos. Tan servicial como es tu costumbre, te levantás del sillón y me traés tu trago. Yo lo bebo lentamente, detectando a cada sorbo el sabor dulzón de su contenido. Mientras tanto, y mirándome, vos pasás tus dedos formando suaves caricias sobre mi cara... De pronto, y sin que yo lo esperara, me decís: "Mi Amor: Esperáme un momento, quiero mostrarte algo". Yo te contesto: "Está bien, corazón de mi vida, estaré aquí saboreando el trago que me preparaste". Pasan algunos minutos. Yo termino de beber el contenido dulzón de mi bebida y sobre el sillón me relajo, me pongo cómodo. Tengo un poquito de sueño y pienso en los planes para el otro día. Estoy sumido en mis pensamientos, planificando, y de repente, me sorprendo al verte! Estás caminando hacia mí, y estás vestida con un hermoso conjunto de ropa interior blanco, con un portaligas puesto por encima que te hacer lucir estupendamente. Te acercás lenta y seductoramente hasta pararte frente a mí. Estás en silencio. Yo también conservo la misma actitud silenciosa, y no soy capaz de emitir palabras. No puedo hace más que mirar tu sensual cuerpo parado frente a mí. Y todavía sin emitir sonidos, me animo a tocar la tan seductora ropa que te cubre: Tu corpiño con puntillas que ajustan tus hermosos pechos: te toco primero uno con la mano derecha, lenta y superficialmente para sentir la suavidad de tu prenda, y luego empiezo a apretar un poco tu seno hasta poder agarrarlo: tu pecho es firme y eso hace que con mi mano izquierda también me decida a tocarte y a mover mis manos sobre tus Increíble senos. Y luego te acerco más hacia mí, trayéndote y empujándote con mis manos sobre tus glúteos. Me inclino sobre tu cuerpo, y comienzo a besar tu pancita. Lentamente. Muy lentamente. Con pequeñísimos besos desde arriba hacia abajo. Y pasando mi lengua infinita sobre tu cariñoso piercing. Vos, ante ese estremecimiento que se inicia en tu vientre, con tus dos manos me acaricias el cabello... Ahora mis dedos han iniciado un recorrido destinado a la magia de tocar tus piernas: las acaricio en una zona neurálgica, muy cercana a tu vagina. Acaricio y beso los bordes de tu más preciada intimidad. Movimientos suaves y besos pequeños en tus piernas. Casi en la entrepierna. Allí en la zona cercana y prohibida. Elevando la temperatura corporal. Vos empezás a suspirar. Y exhalás una respiración que me indica, claramente, que lo que estoy haciendo te está gustando. Estás disfrutando el momento. Estás mojándote poco a poco. Pero de pronto, sorpresivamente, me tomás de la cara y con un movimiento firme me hacés entender que me detenga...! Me tirás hacia atrás en el sillón. Luego te arrodillás. Y de inmediato, sin que yo tenga tiempo a ofrecer alguna resistencia, me quitás el pantalón y la ropa interior. Tocás mis piernas...! Las recorrés! Las apretás con fuerza, las pellizcás y me besás los muslos hasta tocar el límite de mis redondas pelotas...!! Eso me hace estremecer. Me deja sin aliento. Tus besos en la zona de mi ingle están demasiado cerca de mis huevos. Y están muy cerca de mi ya “Despierto Instrumento”. Luego de divertirte viéndome sufrir por tus desafiantes besos, finalmente tomás mi erecto miembro y empezás a acariciarlo. Lo acaricias suavemente primero. Explorás sus formas. Y luego, tras mirarme fijamente y con Dulzura, empezás delicadamente a masturbarme. Los dos nos sonreímos. Nuestras miradas cómplices validan ese acto sensual, tan erótico y elegante. Vos me masturbás mientras yo acaricio tu Preciosa Cara. Luego, vos acomodás mis piernas, te acercás y te acomodás con las rodillas sobre el suelo, inclinás tu cuerpo: un arco se forma en tu cintura, y luego de comprobar con tu mano el tamaño gigante que se aproxima y se afirma, empiezas a darle placer con tus labios a mi crecido miembro. Lo hacés dulcemente y de un modo muy tranquilo, suave y armonioso. A veces te detenés, y guardamos silencio. Y me mirás fijamente. Te sonreís y yo también sonrió. Y el seductor silencio se rompe cuando yo hablo. Te digo, con voz extasiada: "Sos una mujer Increíble..." Vos te sonreís y no me contestás nada. Pero por tu gesto me doy cuenta que mi cumplido te ha llenado de orgullo y satisfacción. Y ese reconocimiento que te he hecho, te ha impulsado a seguir demostrándome que no estoy equivocado. Sos la mejor. Otra vez tu boca se traga completamente mi tremenda pija. Te tragás mi Lanza hasta el extremo. La soltás. Y luego otra vez, hasta el fondo!! Y vas cambiando de lado en tu boca, porque primero te la metés de modo tal que la punta de mi miembro toque y resbale por el lado derecho del lado interior de tu mejilla. Y luego cambias de lado, y es ahora el lado interior izquierdo de tu boca la que saborea las mieles de mi enorme y caliente pene. Yo disfruto de tu práctica majestuosa y desbordante!! Yo disfruto y me siento orgulloso de la Mejor Novia del Mundo. El placer que me invade es Inigualable! Dos o tres minutos de tus perfectas prácticas orales me llevan al límite del estallido. Cada vez me pongo más tenso! Cada vez me quedo más quieto y rígido! Pero no quiero llegar todavía al final: Quiero recompensar a mi novia. Quiero hacer con ella lo mismo que ha hecho conmigo: Quiero llenarla de besos en su punto exacto de pasión. Entonces yo me abalanzo y me acerco a ti, te tomo de las mejillas con mis manos, vos estás muy entusiasmada y atragantada con mi pija en tu boca y parece que no querés dejar de comerla. Tu entusiasmo me hace dudar, y vos te ves tan contenta tragándote mi miembro, que ahora no sé si dejarte hacer lo que vos estás buscando: hacerme estallar en tu boca y salpicarte con mi leche. Pero No! No quiero llegar al orgasmo todavía, no quiero eyacular sin antes comerme tu preciosa vagina rosa. Yo decido entonces inclinar tu cabeza hacia arriba, con un gesto firme pero delicado te hago entender que necesito que te detengas. Vos te resistís un poco. Parece que vas a soltar mi miembro pero cuando estás por sacarlo completamente de tu boca. Gluppp!!! Te lo tragás entero otra vez. Pero por suerte en una de tus retiradas hasta la punta de mi miembro, cuando tu boca está casi libre, aprovecho la ocasión y te saco tu juguete. Inclino tu cara para mirarte. Y vos me mirás muy sonriente. Contenta y divertida. Feliz por haberte devorado una fruta tan caliente. Yo me lleno de emoción con tus gestos. Me conmuevo. Porque me doy cuenta de que me amás sinceramente. Me amás tanto como yo te amo a vos. Entonces te acaricio las coloradas mejillas, y empiezo a besarte. Te beso dulcemente con todo el amor de mi alma. Ahora me levanto del sillón, y te levanto a ti también... te doy la vuelta y te siento ahora a ti sobre el mullido sillón. Yo me quedo arrodillado, y vos te sentás y te acomodás con la gracia y la delicadeza tan propia de una chica con mucha clase. Yo me acerco y sigo besándote en la boca, y en la comisura de los labios. Luego me arrodillo frente a ti. Me deslizo con las manos sobre tus piernas y te acaricio las medias. Esas divinas medias. Y luego beso las partes donde tu piel está libre. Y mis manos se deslizan hasta tu braga y te la quito prontamente. Sé lo te dejo las medias y las ligas ajustadas a la cintura. Ahora acomodo tus piernas sobre los bordes del sillón: quedan abiertas y mi mano acaricia y palpa la frontera más cercana de tus íntimos labios vaginales. Y empiezo a besarte lentamente desde los extremos cercanos hasta llegar al centro. Desde los labios mayores, a los menores. Lamo tu conchita y mi lengua llega hasta los puntos donde tu máximo placer se enciende. Una y otra vez recorro tus partes. Tus bordes. Tus finos y medianos bordes internos. Mmmm... Siiii... Vos estás muy excitada! Lo noto porque tus manos me toman muy fuerte. Y te aferrás fuertemente a mis cabellos. Poco a poco te voy calentando hasta llevarte al borde de tu abismo líquido! Y cuando sé que ya no soportás más porque estás por estallar. Dejo de chuparte...! Vos me Implorás con la mirada que siga chupándote la conchita!!! Me pedís por favor que siga en esa tarea de desenfreno y seducción. Y como yo me debo ti completamente, como yo disfruto sabiendo que vos gozás con mis besos. Me deslizo nuevamente sobre tu privada perla que me implora. Me introduzco de lleno en la cavidad húmeda y caliente. Y vos exclamas: “Siiii Siii. Así me gusta... chupáme toda. Toda. Todaaa! Repito la sesión que acabo de darte, y vos otra vez llegás al punto más elevado de calentura y excitación. Los labios de tu vagina se hinchan notablemente, tu vibración corporal va en aumento. Tus gemidos son casi gritos de desespero. Hasta que un grito final y contundente es el signo más preciso de tu desbordante orgasmo. Ayyy!!! Ayyyy!!! Siiii!!! Siiiii!!! Tu largo grito es acompañado de un torrente abundante de tibio líquido. Un constante fluido que me llena la boca y la desborda. Tus preciosos jugos se escurren entre mis labios, deliciosos jugos que saboreo al mismo tiempo que una sensación de plenitud me llena el alma: te he provocado un hermoso y largo orgasmo. Pero apenas finaliza tu incursión liquida, veo en tu cara la necesidad de prolongar el juego. Todavía tu cuerpo emite esa vibración tan típica de una mujer ansiosa por sexo. Y yo no me opongo a esta propuesta, ya que mi pene es un fierro candente que añora una fuente donde enfriarse. Entonces me acomodo nuevamente sobre mis rodillas, pero me levanto un poco, me acomodo y aprovecho la posición en la que estás ubicada: las piernas abiertas sobre el sillón y tu conchita humeante que todavía no está completamente satisfecha. Me preparo, me acerco, agarro mi miembro y lo pongo en tu vagina. Empiezo a penetrarte. Lentamente mientras me mirás, te penetro. Te penetro y te toco los pechos. Mi mano se mete por debajo de tu corpiño hasta correrlo: ahora tomo fuertemente tu seno. Pongo mi mano en tu seno y te penetro. Mi enorme pija se filtra hasta donde llega en el interior de tu vagina. Y vos estás disfrutando mucho...! Me ponés la mano en la cara, me pellizcás los cachetes, y tus gemidos hacen que yo me excite más y más. El ritmo de la penetración es constante. Constante y placentero. Pero luego me detengo. Me detengo un instante para poder acercarme y besarte en la boca. Nos besamos apasionadamente y con locura...! Entonces te levanto, te doy la vuelta, y quedás arrodillada sobre el sillón con tus codos apoyados sobre la parte superior del respaldo... Yo me acerco por detrás, inclino un poco tu cuerpo hacia adelante y pongo tus glúteos junto a mis piernas, y luego abro un poco las tuyas y te penetro. Te penetro suavemente mientras mis manos están en tu cintura. Una y otra vez, te la meto desde atrás. Ahora mis manos bajan por tus piernas. Y la cintura otra vez, y luego la panza. Ahora subo la inclinación de tu cuerpo hasta dejarte en paralelo al mío. Seguís arrodillada sobre el erótico sillón, pero con tu cuerpo levantado. Entonces me acerco y me acomodo nuevamente. Y vuelvo a meterte la pija por atrás. La penetración se repite, se repite y se repite. Y mientras estoy dentro de tu cuerpo mis manos acarician tus pechos. Tus pechos, como me calientan tus pechos!! He corrido tu corpiño y tus pechos han quedado al descubierto...Y nos besamos porque vos girás tu cuello y con tu lengua alcanzás mi lengua. Y el movimiento de nuestras lenguas es estrepitoso y ardiente. Siii!!! Ardiente!!! Y el ritmo de la penetración se hace más fuerte. Más fuerte y profunda!!! Vos ya no podés besarme más porque necesitás gemir y gemir por tanto placer. Vos gemís y gritás pronunciando expresiones de placer. “siiiii. Adentro mi amor. Metémela más adentro!!!” Yo estoy cada vez más excitado. Y mis manos siguen ahí firmes y fuertes prendidas a tus pechos. Pero ya hay signos en mi cuerpo que me anuncian el delicioso final... Y cuando sé que estoy por terminar, te agarro muy fuerte con mis brazos y te penetro muy profunda e intensamente. Te penetro y te penetro en un ritmo que aumenta con tus gemidos que ya son gritos. Introduzco mi pija hasta el fondo último de tu territorio, y me súper-caliento cuando tus nalgas hacen contacto con mi cuerpo. Duro contacto con tus nalgas calientes y mojadas. Este acelerado ritmo se extiende hasta que exhalo un muy contenido y prolongado gemido de satisfacción. Contenido grito que nos hace entender a los dos que he llegado al punto final de nuestro sexo. “ohhh ohhh si! Si! Siiii! Leticiaaa” Cuando termino y lleno tu rosadita vagina de mi abundante y tibia leche, me quedo abrazado a ti por unos instantes, unos instantes destinados a la relajación y el reparador descanso. Te beso apenas en el cuello y dejo apoyada mi cara sobre tu espalda. Luego te doy la vuelta, y sigo apenas besándote. Nos miramos, y no decimos nada. No emitimos ni siquiera una palabra. Te siento de frente en el sillón. Yo me arrodillo frente a ti y apoyo mi cara sobre tus piernas, como si me fuera a dormir. Y la noche se hace más noche mientras vos, dulcemente, me acaricias el cabello para enamorarme eternamente... A pedido de Leticia, 18 años. Tenerife, España.

Autor: TeensForSex Categoría: Sexo con Maduros

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¿Quiere un dulce el Señor? - La Perversión se extiende.

2021-09-13


Toda esta experiencia nueva para mí, me despertó una especie de perversión inimaginable para mis ortodoxas ideas, me parecía aberrante, pero era cualquier cosa que me superaba, yo con toda mi educación superior de Arquitecto, casado y divorciado, padre de dos hijas mayores de edad, ciudadano de conducta intachable, me encontré convertido en un predador, algunas veces a la semana recorría las calles de la ciudad buscando alguna nena de calle para llevarla a mi departamento, Vanessa se había convertido en mi cómplice, ella me buscaba otras chiquitas y además, participaba en los hechos. Con Vanessa nos encontrábamos un par de veces al mes y los resultados eran orgiásticos, ella me follaba a mí y yo la cogía a ella, de hecho, me confeso que ahora yo era su único novio, estaba tan embelesado sexualmente con esta chicoca, que le creí, así fue que nos fuimos conociendo cada vez más, yo tengo dos propiedades más en el barrio Brasil, hice arreglar una de ellas y construimos una especie de nidito de amor para nuestros encuentros, fue ella que me presentó a Helena, una chica de diez años y que tenía problemas similares a ella, me pidió si la podía acoger por un par de días en nuestro nidito, con una carita igual a la del gato con botas de Shrek, jamás habría podido negarme. Vanessa me había dicho que Helena estaba al tanto de nuestros encuentros, en un principio ella salía del departamento cuando teníamos nuestros encuentros, pero un día conversando entre nosotros, salió el tema —Papito … ¿Qué te parece Helena? —Porque, ¿Le vas a pedir que se vaya? —¡No! … Quiero saber si te gustaría tirártela también a ella —¿Y tú crees que ella lo haría conmigo? —Justo por eso te estoy preguntando … no creas que no me he dado cuenta como la miras —Bueno … entonces pregúntale y la próxima vez lo haremos los tres … ¿te parece? —Papito rico déjamelo a mi … así tendrás otra almejita lampiña solo para ti Vanessa y yo convivíamos ya desde hace un año y se había establecido un cierto grado de complicidad en nuestra relación, yo un sexagenario con una chicoca de casi once años, me parecía algo inhabitual por decir lo mínimo, con dos me parecía de haber encontrado un ángel sin haber cruzado las puertas del paraíso, mi Vanessa me había comprendido a la perfección y trataba de complacer mi morbosidad para con las niñas, buscando más carne para mi parrilla. Habíamos concordado que este fin de semana sería la ocasión de convocarla a nuestra cama, yo llegué de viernes y las muchachitas estaban viendo el cable con sus reguetoneros preferidos, Vanessa ya no era la chicoca que encontré hace un par de años, le había comprado un completo vestuario en el sector de Patronato, en todas esas tiendas para niñas, ajustados jeans y remeras de todo tipo, la nena se había acostumbrada a un modo de vivir diferente y me lo agradecía cada día que nos encontrábamos en nuestro nidito, ahora me estaba preparando su amiguita Helena y yo no veía la hora de tenerlas a las dos en esa cama amplia que me había costado una fortuna, pero que había valido la pena, nada mejor que follar en una cama amplia, cómoda y sin una sonajera de muelles desvencijados. Vanessa giraba en el departamento vistiendo una tanga y una remera amarrada a la altura de su ombligo, Helena estaba vestida, pero me di cuenta de que vestía ropa de Vanessa pues la talla era muy similar, parecían fresquitas, como si se hubiesen duchado de reciente, yo había traído unas pizzas y Vanessa tenía cervezas frescas en el refrigerador, me dijo que prepararía la mesa y yo le dije que me iba a duchar. Me desvestí en el dormitorio y me puse mi albornoz, escuchaba a la chicas cuchichear y reírse en la cocina y en la sala comedor, me fui al baño y el agua caliente comenzó a darme ese gustito de relajo y bienestar, haciendo que mi cuerpo se recargara de energías nuevas, estaba pensando en cómo consumir estas nuevas energías cuando sentí que corrieron la cortina de la ducha, ambas pequeñas estaban piluchitas pidiendo espacio en la vasca de baño, este no era el yacusi que tengo en casa, solo una bañera común y corriente, solo un poco más espaciosa, procedí a agacharme a poner el tapón y la diabólica Vanessa aprovechó a meter su manita entre mis nalgas, mi pene estaba duro como una roca de granito, ¡ops! dije yo y me levante de prisa, la chicoca se mataba de la risa, al menos el tapón estaba puesto … —El que se agacha pierde —dijo Vanessa, ambas nenas comenzaron a manosear mi cuerpo haciéndome cosquillas, afortunadamente no soy muy sensibles a esos estímulos, así que me desquite toqueteando sus partes íntimas. Cuando metí un dedito en la panocha de Helena, ella se quedó quietecita y Vanessa aferró mi pene comenzando una paja con sus manitos milagrosas, luego agarró la cola de caballo de Helena y empujo su cabeza sobre mi pene, Helena en un principio no abrió su boca, pero luego sin via de escape, se rindió y comenzó a hacer delicias con su pequeña lengua, Vanessa empujaba su cabeza rítmicamente, de vez en cuando Helena hacía una que otra arcada y Vanessa se reía a carcajadas —Comete la pija de mi papito … prueba lo rica que está … ¡chúpala! … ¡chúpala! … Vanessa diabólicamente caliente, se metió detrás de Helena y comenzó a comerle el culito, la perversa pequeña de vez en cuando asomaba sus ojitos y me hacía un guiño, luego entendí el porqué, ella misma hizo girar a Helena y le dijo que se sentara en mi pija dura como el acero, la chica un poco dubitativa me miró y yo me encogí de hombros, la que comandaba era Vanessa, así que se giró y comenzó a flexionar sus piernas para bajar su trasero, yo agarré un poco de jabón y me impregné el pene, Helena quiso arrepentirse, pero prestamente Vanessa se cargó en sus hombros y la chicoca resbaló y se empaló completamente en mi pene, lanzo un grito e intento pararse … —¿En que habíamos quedado? … —Es que me duele … me está doliendo … —Sí, pero eso es pasajero … ya verás … resiste … es rico, te acostumbraras también tú … —Quizás si se lo saco un poquito …. —No, papito … tu no hagas nada … a ella le gusta, se está haciendo la cartucha … ya veras —¡Ay! Vane … sí que me duele … —No me digas … ¿cómo cuando te metí la zanahoria no te dolió? … —¿Le metiste una zanahoria? … ¿y cuando fue eso? … —Hace dos días, estábamos practicando para estar contigo y a ella no le dolió … —¡Uy! Vane que mentirosa que eres … sí que me dolió … pero como tu insististe tanto … yo no quise reclamarte mucho … pero si me dolió … —¿Y ahora Helena te duele? … —No, ahora se me está pasando … —¡Viste! … yo te dije que se sentía rico … sigue … culéatela papito … culéatela más fuerte a esta putita … —¡Uy! Que rico que tiene el potito esta nena … lo tiene apretadito … —¿Viste papito? … culéatela … yo le voy a comer el coño para que acabe con tu pija dentro de su culo … abre las piernas maldita putilla … ábrelas que te voy a hacer gozar como nunca lo has hecho … Así diciendo, vi que la cabeza de Vanessa desaparecía entre los muslos de Helena, yo la agarré por debajo de sus muslos y le hice abrir bien las piernas, ella se puso a gemir más intensamente, era tan livianita, que podía mantener su peso con mis brazos y hacerla subir y bajar en mi verga que al parecer se había puesto aún más dura, de tanto en tanto la lengua de Vanessa acariciaba mis bolas rugosas y lampiñas, ya que la misma chicoca acostumbraba a afeitar toda mis zonas erógenas. Muy luego Helena empezó a menear su culo y sentí las contracciones de su esfínter alrededor de mi verga, la pequeña Vanessa chapoteaba con sus manos, tratando de penetrar mi propio culo con sus deditos, cuando mi culo fue invadido por sus falanges, mis bolas explotaron y descargue una abundante rociada de esperma en el culo de Helena, ella se contorsionó toda y la sentí que se apegaba a mí —¡Oh! papi me estas llenando todo mi culito … ooohhh … que rico papi … que rico … ssiii … dámela toda … dame toda tu lechita papi … Sentía unos movimientos en las paredes del recto de Helena que me estimulaban mucho, luego entendí que Vanessa le había hecho un Fisting a su amiguita y lo que yo sentía era su mano dentro del chocho de Helena … mi polla muy disminuida, después de semejante acabada, se deslizó fuera del culo de Helena … —Ahora me toca a mi papito … ahora me toca a mi … Vanessa me urgía tratando de hacer de lado a Helena, para tomar ella posesión de mi pene, la mitad de la pastilla de Viagra que me había tomado, había hecho efecto y mí pene conservaba una respetable erección, Helena se movió y Vanessa se sentó en mi pene que le entró fácilmente, solo que ella lo hizo quedando con su rostro hacia mí, sus piernas estaban por el costado de mis caderas y ella trataba de besarme mientras daba saltitos sobre mi pene, causándome un inmenso placer, me di cuenta que sus senos comenzaban a florecer, mi niña se estaba convirtiendo en mujer, hasta sus gemidos eran más de hembra adulta, pronto festejaríamos su doceavo cumpleaños, el año pasado había comenzado a menstruar, lo único que no cambiaba era su insaciable apetito sexual, ella gozaba y me hacía gozar a mí, además, me había tomado cariño y trataba de hacerme feliz en todo … —Como se siente rica tu pija en mi culito, papito rico … culéame más papito … tú sabes que me gusta cuando me das duro en mi anito … dámelo todo papito … dámelo, tú puedes y te gusta … dámelo papito … así … ssiii … muérdeme mis tetitas … papito cómeme toda … La chicoca caliente al máximo, seguía moviendo sus caderas y pelvis, alternando saltitos acompañados de gemidos y gritos de niña, es lo que más me gustaba de Vanessa, esa fuerza natural de entregarse al sexo sin ningún tapujo, ella quería gozar y hacer gozar, lo estaba consiguiendo con creces, mi pene había vuelto a su erección total y palpitaba dentro de su recto a punto de explotar —¡Ay! nenita que me vas a hacer que me corra en tu culito hermoso … aaahhh … ooohhh … ssiii —¡Ssiii! Papito lléname … dame tu lechita ardiente, papito rico … culéame más fuerte … ssiii que rico papito … más papito mio … más … dámela toda … más papito … yo también me corro … que rico papito … ssiii … ssiii … Agarré sus caderitas con fuerza y se la metí hasta el fondo una y otra vez hasta que los borbotones de esperma salieron a inundar su culito que se contraía apretando mi verga, ordeñando hasta la última gotita de mi leche caliente, la retuve apretada a mi pecho sintiéndola respirar afanosamente, Vanessa tenía mi rostro en sus manos y me besaba por todas partes —Te amo papito … te amo … —Y yo a ti nenita … también yo te amo mucho … —Si me amas … entonces … ¿Por qué me tratas con una niñita? … soy grande … soy una mujer … y tú eres mi hombre … eres mi amante … no eres mi padre … —Tienes razón nen… umh … quiero decir amorcito … te llamaré amorcito … ¿está bien? … —Estamos mejorando, papito … tienes que darme más méritos de mujer … soy tú mujer o no … —Eres mi tesoro … no puedes dudar de que te quiero mucho … ¿verdad? … —Sí, papito … sé que me quieres … pero tienes que amarme también … La chicoca se aferraba a mí, yo la besaba estrechándola, casi desaparecía en mi pecho, era menudita, pero no había lugar a dudas que también era una amante formidable y realmente me había afeccionado a ella y a su fogosidad, Helena en tanto nos miraba con una cierta desazón, Vanessa se dio cuenta de que la estábamos dejando relegada … —Ven Helena … tú también estás con nosotros … no somos dos … somos tres y papito puede con nosotras dos … él es nuestro hombre … también a ti te quiere … ¿no es verdad papito? … —Tal como dice la Vane … eres parte de nosotros … te has quedado aquí y nosotros somos tú familia ahora … —Lo sé … debo acostumbrarme … hay veces que yo los veo muy felices a ustedes dos … siento alegría y una sana envidia también … la Vane se merece a ti … tú la cuidas … bueno cuidas de nosotras dos y en el modo en que a nosotras nos gusta … eres nuestro papito … —Ya papito, que tal si vamos a comer algo a la cocina, tu trajiste una pizzas … vamos Helena, ayúdame a poner la mesa para los tres … Así las chicas salieron de la bañera, se secaron, se pusieron alguna prenda de vestir, yo vi a Vanessa que se puso la remera y nada más, sin braguitas ni nada, en cambio Helena se puso sus bragas y un top cortito que se le veía el ombligo, eran un sueño tener estos dos chochitos solo para mí, yo me quede un rato en la bañera acariciando mi sensible pene que se quedó en una semi erección, quizás en mi subconsciente ya me veía otra vez con aquellas dos. Cuando entré a la cocina, las dos chicas tenían todo realmente ordenado y limpio, así que como había traído algunas provisiones, además de las pizzas, cociné unos bistec de lomito con huevos fritos y metí al horno con una pizca de aceite papitas fritas precocidas, yo me preparé también un vinito del tinto y había bebidas gaseosas, la chicas hicieron arcadas al probar el vino, no les gustó, bueno ya habrá tiempo para que aprendan a apreciar un buen mosto, por ahora me basta el apetito sexual voraz de mis ninfas. —Papito estuvo todo muy rico … no solo, eres un buen amante, también eres un cocinero experto, todo te queda rico … también tu pija es rica, papito … —Si papi, la Vane tiene razón, se come muy rico y tú nos comes muy rico también … je je je —Bueno si ustedes dicen que estuvo rico, creo merecer una recompensa … ¿no? … —¿Y qué quieres que te hagamos, papito? … ya hemos hecho de todo contigo … —A mí me falta tragarme tú lechita, la Vane dice que es muy rica … yo quiero hacerte eso papi … ¿quieres que te haga eso? … —Ya eso me gustó … dejemos los platos en el lavaplatos … mañana los lavaremos … vámonos al dormitorio … Así riéndonos de todo nos fuimos al dormitorio, la Vanessa por el camino se despojó de su remera quedando desnuda, su culito menudo y redondito era todo un programa, Helena para no ser menos se quitó su top, su pechito plano aún denotaba su corta edad, ambas niñas gozaban de su fogosidad innata y yo me deleitaba de que así fuera. Pronto nos acomodamos en el amplio lecho y Vanessa puso sus manos en mi pene … —Yo te lo preparo Hele … me gusta hacer que se ponga durito … —¡Pero Vane! … no seas glotona, déjame a mí … yo también se hacerlo y también me gusta cuando se pone más grueso … —¡Ya sin discusión! … primero estaba Helena … tú Vane, ven para acá que te quiero comer el chocho … —¡Uy! Papito rico … como tú digas … como quieres que me ponga … de frente … ¿o quieres comerte mi culito también? … dime si me tengo que girar … —Gírate … te voy a meter de todo … ya verás … —¡Uy! Papito … mira cómo se me pone la piel … que rico papito … —¡Ya poh! Hele … es todo tuyo … comienza … —¡Ay! papi, pero la Vane no para de moverse y no me deja hacerlo … —¡Pero Hele! … estás puro pintando monos … si no quieres hacerlo dímelo y lo hago yo … —¡Ay! por dios, parecen maracas baratas … no se peleen y hagan lo que acordamos … ¿Ok? —Sí papito, no te enojes … mira … me abrí mis cachetitos … méteme tu lengua, papito … —Sí papi … ahora puedo chupártela … ahora sí … Finalmente, Helena cerro sus labios sobre mi pene y la Vanessa con sus dos manos se abrió sus glúteos para permitirme que le besara su culito, pero mi intención era jugar con su orificio, le metí mi dedo pulgar y ella gimió intensamente —¡Ay! papito, pero méteme un poco de cremita … me duele si lo haces así solo … ahí en el comodino hay un tubito con cremita, papito … ponme un poquito papito rico … —Espera papi … yo te lo busco … toma … aquí está … Así estábamos concentrados en lo que estábamos haciendo, Helena me lo chupaba con ardor y dedicación, Vanessa continuaba con sus manitos forzando la apertura de su culito y yo me embadurné dos de mis dedos con cremita y se los metí en su estrecho canal rectal, ella gimió … —Sí papito … ssiii … ahora sí … ¿quieres que me gire para que te comas mi almejita, papito? … —umh … umh … girate un poco … Helena, por favor sin los dientes … más suavecito, tesoro … —¡Uy! Esta boba todavía no aprende … ¿quieres que te lo haga yo, papito? … —¡Ay! Vane … no te pases de lista y déjame tranquila … que yo también sé hacerlo … —¡Ya chicas! … ¡basta! … estamos aquí para pasarlo bien y no para discutir … terminen con la tontería … —¡Ay! papito ssiii … comete mi almejita, papito … —(Slurp, slurp, slurp) … nunca me cansaré de comerme tu chorito, cariño … Hele, me vas a hacer acabar si me pajeas así tan rápido … ooohhh ¡que ricooo! … aaahhh … —Acaba papi … acaba … estoy lista para que me des tu lechita, papi … acaba … —¡Uuuggghhh! Ssiii … ssiii …. Aaahhh … aaahhh … ssiii … comete mis mocos … ssiii cómetelos … ssiii … Termine dentro de la boca de la pergenia y con mis piernas tiesas y moviendo mi pelvis, exploté una y otra vez, rociando mi esperma dentro de su cavidad bucal, Vanessa se dejo caer al lado de su amiga … —Dame … dame un poquito a mi, Hele … Vanessa no se movía un centímetro de mi verga, continuaba a succionar con frenesí, con potencia, sus mejillas estaban hundidas por el esfuerzo de chupar, Vanessa la levantó casi con fuerza y puso sus labios en los labios de su amiga, escarbando con su lengua en busca de un poco de semen, Helena la abrazó y cayeron las dos en la cama besándose efusivamente, intercambiaban sus salivas con sabor a lechita, se besaron por cerca de cinco minutos y Vanessa metió sus deditos en la vagina de Helena, la hizo gemir, en un dos por tres, la chicas se trenzaron en un sesenta y nueve muy caliente, pues se veía que ambas disfrutaban el sabor de sus conchitas empapadas, no se si fue la pastillita azul o el erotismo de la escena, pero mi miembro volvió a ponerse duro en tiempo récord, me quedé observándolas con la prolijidad que se chupaban y lamían sus chochitos, entonces me di cuenta que solo una mujer sabe como comerse la concha de otra mujer, sus movimientos eran similares, y la apertura de sus muslos, y los quejidos y gemidos, eran comparables, casi idénticos, Vanessa fue la primera que grito su orgasmo, pero junto a sus espasmos, no cejó en lamer y besuquear el chocho de Helena, la cual entró en un paroxismo convulsivo, cuando acabó en la boca de su amiga, había una mueva de agonía en su rostro y con su ceño fruncido y con sus ojitos cerrados, se abandonó a las caricias de Vanessa … a un cierto punto la Vane me miró, yo acariciaba mi erección … —Papito, ven … culéatela … esta lista para ti … Me coloque entre las piernecitas de Helena y sin mucho preámbulo, coloque mi glande en sus enrojecidos labios vaginales y le hundí mi asta profundamente, la pequeña arqueó su espalda y luego empujó su pelvis hacia arriba tragándose toda la longitud de mi verga, gimoteando y profiriendo inentendibles vocablos, sus brazos se aferraron a mis brazos, luego me los tiro al cuello mientras movía su pelvis … —Así papito … culéatela fuerte, papito … dale … dáselo todo, papito rico … La Vanessa estaba detrás de mí empujando mis nalgas para aumentar la penetración al chocho de su amiga, luego sentí que comenzó a masajear el surco entre mis nalgas, luego sus dedos húmedos con cremita comenzaron a hurguetear mi orificio anal, hasta que me penetró con sus deditos, mi pene pareció adquirir mayores dimensiones dentro del chocho de Helena, la comencé a embestir con mayor energía, la chicoca gemía y no soltaba mi cuello … —¡Umpf! Papi … ssiii papi … culéame … dámelo todo … me vas a hacer acabar, papi … umpf que rico, papi … umpf … aaahhh … ooohhh … El chocho de la pequeña se contraía en modo demencial, me apretaba con sus músculos vaginales, hasta casi causarme dolor en mi delicado glande, sin poder contenerme, exploté una vez más, mis pelotas se descargaban dentro Helena, la que se apretaba a mi sollozando y gimoteando, de su garganta salían una especie de bramidos de calentura indescriptibles … Vanessa me empujo hacia un lado y se lanzó de cabeza a lamerme mi pene chorreante de semen y fluidos de Helena, acuciosamente deslizaba su lengua por toda la longitud de mi asta y a ratitos me succionaba para hacer salir hasta la última gota de esperma, causándome un placentera tortura que me tenía boqueando y respirando por la boca, aparte de mover mi pelvis automáticamente. Tomé la cabeza de la pequeña y la atraje a mi pecho, le di un beso voraz, sensual, caliente, nuestros labios mojados de fluidos y lujuria, mi manos acariciaban esas tetitas incipientes de ella y la chicoca restregaba su cuerpo caliente contra el mío, la pequeña Helena aún con sus piernas abiertas, su sexo enrojecido vertiendo semen sobre las sábanas, nos miraba con un dedo en la boca y suspirando apagada de su orgasmo, me quedé al centro de las dos abrazándolas a ambas, Helena se giró y se adormeció, pero esa no era la intención de Vanessa que continuaba serpenteando su cuerpo contra el mío y susurrándome al oído palabras apasionadas … —Papito mío … quiero que me hagas a mí lo mismo que a ella … mira como la dejaste … esa no despierta hasta en varias horas más … te la comiste tan rico que me están dando celos, papito … quiero quedar igual que ella … Vanessa me mordía mi lóbulo derecho y tomando mi mano se la llevo a la rajita de su concha … —Mira papito … estoy toda mojadita … mi lagunita quiere tu pececillo, papito … lléname también a mí, te quiero dentro de mi panochita … Me estaba mordiendo mis labios y su mano se movía en ascenso y descenso aferrada firmemente a mi verga, su imploración era como una oración, una petición que hizo palpitar mi pene y las azulinas venas de mi polla se rellenaron de sangre haciendo endurecerse a mi pija, me coloque entre sus piernas y ella las abrió de par en par, sin soltar mi herramienta, la enfilo entre sus labios ardientes, cuando sintió mi glande deslizarse en la hendedura de su vagina, Vanessa se volvió como loca, sus piernas me envolvieron y sus brazos se cerraron en torno a mi cuello y jadeaba como poseída … —¡Uy! Papito … ¡que rico! … umpf … umpf … umpf … ssiii … te siento papito … dámelo más fuerte … soy tuya papito … dámelo todo … La pequeña, bramaba bajo mis embestidas, casi me dolía mi hueso pélvico, se lo estaba metiendo con todas mis fuerzas, entonces le tome sus piernecitas y las levanté hasta casi hacerlas tocar sus hombros, su culito también se levanto y su cuerpo formo cómo un resorte que resistía los golpes de mis caderas y volvía a poner su chochito pronto para la siguiente embestida, Vanessa me enterró sus uñas en mis brazos, pero nada podía distraerme del placer y la desenfrenada lujuria que su estrecha panocha me hacía sentir, sentí los estremecimientos de ella y también cuando me mordió mi hombro, luego solo emitía unos cortos sonidos y se abandonó a mis enérgicos embates, finalmente se quedó inerte, respirando afanosamente, las contracciones de su vagina surtieron el efecto de hacerme explotar dentro de ella, su párvula almejita venía inundada una vez más con mi lechita caliente … —¡Ugh! … ¡ugh! … ¡ugh! … me pediste que te la diera toda … aquí la tienes toda para ti, amorcito … siente como te lleno toda … ¡ugh! … Con fuerza descargué mis últimos chorritos dentro de ella, quedé exhausto y acaricié sus enmarañados cabellos, despejando su angelical rostro que se mantenía con sus ojitos cerrados y su ceño aún algo fruncido, deposité un apasionado beso en sus labios invitantes, me correspondió alzando su pecho y haciéndome sentir sus pequeños senos en mis pectorales … —¡Ay! papito … ¿cómo lo haces? … mis piernas me tiemblan con escalofríos y mi chochito no deja de palpitar … quisiera que nunca se acabaran estas sensaciones … me acostumbras mal … no hago más que pensar en ti y a como me haces sentir, papito rico … me haces feliz … Vanessa me estaba acariciando mis mejillas y sus ojos brillantes iluminaban mi rostro y borraban de mi cuerpo el cansancio, esta chica era realmente milagrosa … —Vane … eres tú que me transformas y haces que mi cuerpo sea rejuvenecido cada vez que estoy contigo, tú me haces feliz a mí … —Papito te amo … te amo … te amo … —También yo a ti Vane … Se acurrucó a mi lado, pasó una pierna sobre mi vientre y me abrazó, luego sentí su respirar acompasado mientras se abandonaba a un sueño reparador, también yo me entregué al dulce arrullo de Morfeo y sin darme cuenta me sumí en un sueño restaurador, necesario para estar a la par de estas diablillas que les gusta coger tanto como a mí. Pasaron las semanas y este trio que habíamos formado funcionaba a la perfección, las chicas se sentían hermanadas en mi verga y para una era “Papito” y para la otra simplemente “Papi”, pero las dos se afanaban en gozar de esa sana y desenfrenada sexualidad que le otorgaban sus juveniles cuerpos, yo me ayudaban un poco con la pastillita azul y otro con las sensuales incitaciones de ambas, yo era el proveedor y ellas odaliscas de mi pequeño harem. ¿Cómo dice el dicho? … “Si el diable te quiere tentar … a la casa te viene a dejar”, no estoy del todo seguro que así sea, pero sucedió que una de mis hijas se divorció del marido y se quedó con dos pequeñas, mis sobrino-nietas, Marcela de 10 y Ximena de 12, llegó desesperada a casa mía una tarde, se echo a llorar por su situación y me dijo que su mayor problema era donde dejar las niñas, ya habían terminado el colegio y no podían quedar solas en casa, yo le dije que no tenía las comodidades para tener dos niñas y que tampoco el tiempo necesario, fueron tantas sus suplicas que accedí, pero le dije que contrataría a alguien que las cuidara mientras yo estaba al trabajo, me dijo que era solo una cosa momentánea y que cuando solucionara el problema se las llevaría consigo, no lo sé, pero a mi me pareció que se estaba deshaciendo de un cacho, como que le molestaran las niñas, bueno eso daría tema como para un libro, las madres de hoy en día son mucho más centradas en sus propios asuntos que en los de sus hijos, pero quien soy yo para criticar, al día siguiente me encontré con dos chiquitas en casa y dos en el nido de Vanessa, ¿a quién podía pedir ayuda? … a ella, a Vanessa. Vanessa me escucho atentamente cuando le expliqué la situación, pero su sonrisa maliciosa me dejo intranquilo y no pude evitar de hacerle la pregunta … —¿De qué te ríes amorcito? … es una cosa triste … —je je je … dos almejitas lampiñas al cuidado tuyo … perdóname, pero imagino cosas … —¡Uy! ¡Vanessa, como puedes pensar tales cosas! … son mis nietecitas … —Sí, lo sé … lampiñas … estrechitas y muy probable vírgenes, papito rico … La lujuria brillaba en sus ojos y mi pene se endureció al instante …… ----- ----- ----- ----- ----- ooo ----- ----- ----- ----- ----- Los comentarios vuestros son un incentivos para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor. [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Sexo con Maduros

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El amiguito de mi papi

2021-08-25


Se me calentó la sangre cuando vi por primera vez al mecánico de mi viejo la noche que lo invitó a cenar. No podía quitarle los ojos de encima! Tanto es así que hasta mami se dio cuenta y me mandó a la cama ni bien recogió mi plato vacío. Pero él no iba a sospechar de una mocosa en ese entonces. Ahora que tenía 18 ansiaba tanto su vuelta a casa para que me vea y así ingeniármelas hasta seducirlo. Una tarde vino a traerle un repuesto a papi, y como yo sabía que casi siempre se quedaba a tomar una cerveza con él en el patio, pensé que algo podía planificar. Además, por charlas que les escuché, supe qe es el más cogedor del barrio, y que su debilidad son las colegialas. Eso a mí me parecía perfecto, ya que su mujer no le daba bola desde que fue mamá, según él Cuando Carlos llegó fingí quedarme dormida tomando sol en una reposera, con una pequeña remera roja y un culote rosa, boca arriba y con las manos entre las piernas. Mi viejo y Carlos hablaban de fútbol, de una modelo y, casualmente de un tiroteo en una gomería. Hasta que sonó el teléfono en la cocina, y papi corrió a contestar, oportunidad en la que él me miró como yo lo necesitaba. No tengo una figura muy llamativa que digamos. Pero me destaco por tener una linda cola. Siempre me calentó que los chicos me peguen o me la pellizquen en la escuela, o que me la apoyen en el colectivo cuando voy a danzas y no hay lugar para moverse. Soy morocha, algo rellenita y tengo los ojos del color del tiempo. Entonces me acomodé boca abajo y, simulando que me picaba la cola hundí mi mano bajo mi culote y me lo levanté, hasta que se me acercó y dijo temeroso: ¡daiana, te quedaste dormida bebé! Yo, emputecida y en celo me puse de pie y le comí la boca de una sin dejarlo reaccionar, con mi lengua deseosa porque me haga mujer. Ya no quería ser la nenita pajera entre las sábanas, si bien ya me había movido a todo quinto primera. Él estaba nervioso y con serias razones, pues, si mi viejo lo veía lo mataba a trompadas. A mí, como mucho me cortaba la mensualidad y listo. Por ello, en cuanto él regresó con unas papas y algo más para picar, pedí disculpas por quedarme dormida y rajé a mi habitación toda mojada, mientras Carlos se hacía el distraído. Pero esto no quedó ahí, porque, una semana después, cuando yo caminaba lo más campante hacia lo de una amiga, oí su voz replicar mi nombre, como si fuese un trueno a lo lejos. No lo veía, pero mi corazón y mi cosita palpitaban rozagantes por su encuentro. Me sorprendió con sus pesadas manos en mi cintura tras salir impaciente de una arboleda en la avenida atardeciendo, como si tuviese una noticia impostergable. Dijo que en su taller íbamos a estar mejor, y me llevó alucinada después de tranzarme, metiendo su mano adentro de mi shortsito, haciendo presagiar con su tacto febril a mi orto y a mi conchita lo que les esperaba, sin fijarse en los dos tipos que nos miraban, ávidos por tocarse los pitos. Realmente Charly no tenía grandes atributos. Pero siempre tuve la fantasía de que me viole un hombre rudo, con la voz áspera, con la ropa llena de grasa y tabaco, y si era amigo de papi mejor. Ni bien entramos a su museo de autos rotos, tendió una lona en el suelo, al tiempo que trancaba la puerta con una caja de herramientas, y luego afirmó: ¡hoy no safás calentonsita de mierda! Me alzó en sus brazos para quitarme las sandalias, mordisquearme las gambas con sus bigotes lacerando mi piel con cosquillitas, y desatarme el pelo lo más desprolijo y bruto que pudo, jurándome que si me portaba bien sería su putita preferida. Se desnudó, me quitó la remerita azul sin mangas y el corpiño para comenzar a fregar su pija sudada pero imponente en mis tetas, y pronto me convenció de que no soy una nena metiéndome tamaño instrumento en la boca para que me envicie de tanto chuparlo, lamerlo y frotarlo en mi carita ruborizada, arrodillada en un tablón manchado de aceite. Tenía la verga muy grande, mucho más que la de mis compañeritos del colegio! Jamás me había atragantado al borde de vomitar con una pija intentando traspasar mi garganta! Se la escupí, lo pajeé con verdaderas ganas de que me dé la mejor cogida del universo, lamí sus colgantes huevos peludos hasta engullirlos en mi boca, y él gimió muy encendido bajándome el shortsito. Luego me tiró con todo sobre la lona donde me re chuponeó pajeándome, me devoró las gomas cerca de lastimarlas con sus rústicas uñas y dientes, me pegó con su chota más dura cada vez en ellas y en la cara diciendo que le fascinan las nenas que adelante del papi se hacen las santitas y son flor de trolas. Una catarata de semen ardiente estalló en mi rostro de repente. Fue un disparo espeso, agridulce y abundante, tras el que Carlos pareció rendirse agotado. Pero al toque me puso como perrita arriba del capot de de un auto rojo muy antiguo, me olió toda mientras me apretaba y castigaba la cola con una cinta métrica porque, según él mi piel olía a pipí de gata, y me comió la conchita introduciéndole un caramelo con su lengua inteligente. Cuando la movía intrépida con un dedito presionando en la entrada de mi culo, o cuando sus labios finos atrapaban mi clítoris, o cuando succionaba cada gota de mis jugos y me los escupía con fuerza en las piernas tras degustarlos, me daban unas ganas irrefrenables de cabalgarlo todo el tiempo como una guacha salvaje! De repente se adueñó de mi voluntad y me tomó varias fotos. Me sacó la bombacha, me sentó sobre él de espaldas para darme unas furiosas contracciones cuando su enorme pedazo cabeceaba con vehemencia en mi vulva hambrienta, oliendo mi calzón con la mirada tan turbia como la guerrera ambición con la que me arañaba las piernas. Luego, aún sentada sobre él pero de frente, siguió invadiéndome de pija, saboreando mis pezones duros y pidiéndome que no pare de gemir. Enseguida decidió ponerme en cuatro sobre el suelo, y mientras me prometía que ni en pedo se pondría un forro para garcharse a una villerita como yo, lamió mi orto para clavarla allí sin previo anuncio y moverse con mucha agilidad, haciéndome tragar los dedos que retiraba de mi vagina. Me azotaba el culo con sus manos y su pubis endiablado, me tiraba el pelo, mordía mis orejas con su respiración derrumbada en mis oídos, y quería que le diga que es mi papito chanchito y asqueroso. Después me sentó en una fría mesada repleta de trapos sucios, donde me hice pis bajo sus órdenes, y ahí mismo, mientras me sujetaba me cogió la chuchi manipulando mis piernas con cierta violencia por momentos. No paraba de gritarme: ¡te voy a dejar preñadita loca, toda enlechadita te vas a ir de acá putita barata! Hasta que me recostó con la cabeza colgando para regalarme su leche ágil en la boca tras lamérsela enterita, la que me tragué sacando la lengua para no derrochar ni un solo sorbito de mis labios, con un tímido jadeo y su pene deshinchándose contra mis mejillas. Después me hizo acabar en corpiño y bombacha, con su lengua y sus dedos en mi concha sobre la butaca trasera de aquella chatarra roja. Sabíamos que con solo rozarnos o mirarnos el deseo nos prendía fuego lo poco que conserváramos de moral. Como él debía entregar un motor en breve, me llevó a su bañito personal, roñoso y despintado para que me vista. Pero ni bien terminé, ya que él registró todo mi trámite, me cogió hasta dejarme un nuevo río de leche entre mi tanga y mi entrepierna. Eran las 8 cuando me subió a su moto hiper fachera para llevarme a casa. Lo hizo zarandeándome como a una cualquiera murmurando: ¡dale boludita, que llegás tarde, y no tengo tiempo para esperar a que la nenita se decida! Durante el viaje no podía evitar mojarme de tanto fregar las tetas en su espalda al descubierto y mi fresa en su culo poco generoso. Creo que con los movimientos y vibraciones del mismo cuerpo sobre el rugido del motor acabé dos veces. Cuando llegamos a casa me manoteó de la remera para bajarme, y antes de tocar el timbre dijo bajito en mi cara: ¡no te laves ni te cambies la ropita… sentate a comer así con tu familia, toda enlechada, y que tu papi sepa que la puta de su hija se revolcó con Carlitos en su taller! Se subió a la moto con una risa macabra que, de a poco era silencio en la noche nublada, y en mi aroma a sexo insaciable. Por supuesto, le hice caso, y en medio de la cena me acordé de Jazmín, mi amiga a la que dejé plantada. A la madrugada la llamé para disculparme, y no pude evitar pajearme mientras le contaba todo, y con lujo de detalles. Creo que ella me cortó cuando mis gemidos eran imposibles de censurar! Fin

Autor: ámbar coneja Categoría: Sexo con Maduros

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Me deje tocar por un hombre mayor

2021-08-24


Mi nombre es Gabriela, tengo 27 años soy delgadita, güerita, nalgona y mi busto es firme y grande gracias a los implantes que me coloque a mis 21, soy soltera, sin novio desde hace mucho tiempo, pues nunca me ha gustado limitar compartir mi cuerpo, esto hice hace apenas cuatro días, se los compartiré pues me encantó y aún lo sigo disfrutando, por la casa de mi amiga de la infancia, está una tienda de telas, mi amiga y yo vamos seguido por su trabajo, siempre nos ha atendido el dueño un señor ya mayor de unos 60 años, muy amable pero no aparenta su edad, se ve muy joven, aún así es muy educado, hace unos días fuimos a comprar algunos materiales, cuando entramos al parecer no escuchó, elegimos las cosas ella se quedó en el mostrador mientras yo iba a buscarlo, pase por una puerta dónde escuché que estaba don Luis, toqué pero nadie contestó, me asome un poco por una rendija, y ví una revista masculina, y un poco del miembro de él, corrí hacia el mostrador y en dos minutos apareció el señor, no pude contarle a mi amiga lo que vi, llegando a la casa nos dimos cuenta que olvide una bolsa de mercancía en la tienda, le dije a mi amiga que iba sola, la verdad quería ver si se había dado cuenta que lo había visto, cuando llegue don Luis ya estaba cerrando, le dije que había olvidado una bolsa, pero el me dijo que no podía abrir de nuevo que tenía prisa, no pude evitar reír un poco, pues sabía por qué tenía prisa, solo pensar que buscaría placer viendo porno me dió lastima, pero necesitábamos las cosas así que le dije que si lo estaban esperando, el parecía apenado, y me abrió para pasar por las cosas, cuando entré puso un letrero de cerrado, me pareció divertido hacerme la tonta y mostrar por accidente mis pechos me incline mucho para asomarme si "estaba mi bolsa" y ví la mirada de don Luis directo en ellos, -le gustan don Luis?, - están hermosos muchacha, me contestó, me encanta que los hombres me miren con deseo y esa fue la primera vez que don Luis lo demostraba abiertamente, - Si quiere toquelos, el me miró incrédulo, me acerqué y le di un beso tierno en los labios, me senté en una silla alta, el me acaricio un poco el cuello, lo besó y beso un de mi pechos por encima, lleve sus manos a mi cintura, note enseguida su miembro erecto, descubrí mis pechos al aire, el se puso rojo, pero enseguida los lamió como desesperado, - que rico se siente, no pare don Luis, no pude evitar soltar unos ligeros gemidos, me quite por completo la blusa, el bajo a mi vientre, después metió su cara por debajo de mi falda, me quito la tanga, y al mismo tiempo que lamía metía sus dedos, - que rico me comes mi amor , le dije, - estás riquísima mi amor, me contestó, se apartó después de un buen rato, se sacó el pene, - cómetelo preciosa, lo obedecí como si fuera su esclava, estaba riquísimo, se lo mame hasta que se corrió en mi boca, para mí sorpresa quería otro round, el se sentó en la silla y yo me monté en el, mientras el me mamaba las tetas yo me movía de arriba a abajo como una puta, el soltaba frases que me prendían más y más aunque no fueran la gran cosa, - preciosa, - que rico te mueves reina, - tus tetas están deliciosas, - mi amor eres un angelito, pero la que más me calentó, - quiero llenarte de leche, don Luis era un viejo pero pensé en lo feliz que lo hice que deje que me llenará de leche mi vagina, en cuanto se vacío me abrazo y mordisqueo mis pequeños pezones, - no te vayas preciosa, quiero cojerte todo el día, acepte y nos fuimos al motel, lo demás lo contaré en otra parte.

Autor: Gabriela Categoría: Sexo con Maduros

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¿Quiere un dulce el Señor? - Un nuevo día.

2021-08-21


Sentía el peso de la pequeña sobre mi pecho que dormía como una verdadera angelita, me había regalado momentos de un erotismo maravilloso e indescriptible con su manito, su boca y su conchita, había insuflado energías nuevas y vigor a mi viejo y trasnochado instrumento que había vuelto a la vida como si fuese todavía un adolescente, en otras ocasiones necesitaba de un par de horas para reponerme, en cambio ahora lo lograba en minutos. Mi glande lucía enrojecido a la espera de que otra vez, la boca de la pergenia lo gratificara con la arrogante pretensión de hacerlo gozar de nuevo, como si estuviésemos en la India, donde la serpiente se yergue hipnotizada por el sonido de la flauta, así mismo mi verga alzaba su cabezota estimulada por los afelpados labios de esta chiquilla, al sentir su cálida boca en mi pene me desperté instándola a proseguir con tan magna tarea que me hacía poner mi piel como la de un pollo desplumado, puse mi mano en su cabecita empujándola para que se tragara toda mi verga. —Vamos nenita … bésame mi carajo … vamos cariño … haz feliz a tu papito que te quiere mucho. La nena rozaba mi glande con su diminuta lengüita, una vez, luego otra y otra, después fijo sus infantiles ojos en los míos como si quisiera penetrar mi alma, como si quisiera descifrar mis más oscuros pensamientos, los pensamientos perversos que inundaban mi mente, esos antojos lascivos por su cuerpecito de niña, esos deseos carnales por ese chochito estrecho, antojos atávicos y patriarcales nacidos lejos en el tiempo y que nuestra civilizada sociedad de hoy los reprime y condena, yo quería cogerla, besarla de pies a cabeza, hacer rodar su humanidad de nueve años en mi tálamo nupcial. La tomé delicadamente, la puse boca abajo y le comí su culito hasta hacerlo dilatar y le enterré mi verga en ese estrecho esfínter, Vanessa gimió y mordió mi brazo, pero no gritó ni lloró, le había introducido mi pene completo en su trasero y la nena empujaba sus caderitas ensartándose aún más y más, sus pequeños mordiscos no me dañaban, pero me hacían enardecer queriendo descargar toda mi esperma en sus vísceras, me la culié primero con suavidad y después con arrojo, sin pausas, mi miembro palpitaba en la profundo de este pequeño ser y mi hambre de sexo comenzaba a despertarse en lo profundo de mis cojones. —¡Aaahhh! … ssiii … toma puta … toma … todo para ti — los chorros de semen salían con inusitada fuerza desde mi polla e inundaban las rosáceas paredes anales de Vanessa que se contorcía y ahora sí lanzaba unos chillidos agudos —Ssiii papito … dame toda tu lechita … ssiii lléname toda … uummff que rico papito … culéame más … asíii ricooo — la nena no cesada de contorsionarse bajo mi peso, sus dos manitas estaban tratando de abrir aún más sus nalguitas y forzaba a su ano a prender más de mi polla. Non sé cuánto duró esta celestial enculada, lo cierto es que no la olvidaré jamás, mi pene poco a poco se puso flácido y salió se su estrecho potito dejando un chorro de esperma y otras porquerías, pero el todo había valido la pena, en medio de la noche la tomé envuelta en una toalla y me la lleve al baño para limpiarnos, ella rodeo mi cuello con sus bracitos y me dio un beso —Ha sido rico papito — dijo y luego escondió su rostro en mi pecho. Nos metimos al agua tibia del yacusi y Vanessa comenzó a juguetear con mi polla, sus manitos milagrosas pronto hicieron que mi pene se endureciera, con verdadero asombro de mi parte, la nenita se untaba jabón en sus manitas inmaculadas y luego las deslizaba arriba y abajo sobre mi verga, enrollando mi prepucio hacia atrás y haciendo surgir la cabezota hinchada y violácea de mi pene, se moría de la risa viendo los efectos de sus caricias, se divertía cual si fuese su juguete preferido, y quizás lo era. Vanessa no terminaba de impresionarme con sus jueguitos para nada infantiles, fue así que me hizo señas de que me sentara en el borde de la vasca y ella se ubicó entre mis piernas, su boca se cerró sobre mi glande y comenzó una enérgica chupada a mi polla, sus mejillas se hundían tratando de chuparme con el máximo de su fuerza, mi rostro se deformaba en muecas de goce intenso, lo que realmente aumento mi placer, es que ella estaba tratando de meterme su pequeños deditos en mi culo, sentía su manito bajo mis huevos buscando el orificio de mi ano, me eché un poco hacía adelante y abrí más mis muslos, hasta que sentí en el boquete de mi ano esos delicados deditos que se introducían dentro de mí, mi verga estaba que explotaba de un momento a otro. —Brava Vanessa … asiii … ssiii … brava … se buenita con papito … ssiii hazme acabar en tu boquita cariñito mío … ssiii amorcito … ahora … ssiii — no sé realmente como mi cuerpo produjo tanto semen en tan poco tiempo, pero chorros enormes de lefa le llenaron su boquita haciéndola ahogar en un principio, pero luego sincronizó sus chupadas y se tragó todo lo que pudo, casi sin fuerzas me deslicé dentro del agua tibia y reconfortante, pero nada más abrir mis ojos me encontré con una almejita lampiña que chorreaba agua y se avecinaba a mi boca. —Papito es tu turno … comete mi coño … es todo para ti — Vanessa con sus piernecitas abiertas me entregaba su capullo empapado en agua y jabón, tomé sus párvulos glúteos y acerqué sus impúberes carnes a mi labios, Vanessa gimió al sentir que mis labios atraparon a su erguido clítoris, aún jadeante después de la acabada en boca de ella, mi lengua comenzó a recorrer ese diminuto chocho, lentamente el sabor a agua y jabón se fue transformando en un exquisito elixir de chuchita infantil, sus fluidos emanaban en abundancia y ella aferraba mi cabeza y refregaba su concha en mi boca, tenía una capacidad asombrosa de mover su pelvis y sus caderas, su conchita hacía un sube y baja en mi boca tragándose mi lengua, le metí un dedo pulgar en su culo y ella se volvió como loca —Ssiii papito … uummff que rico papito … — comenzó a follar mi boca desesperadamente y luego colapso en interminables convulsiones y espasmos que la tuve que sujetar para que no se cayera, gemía y respiraba entrecortadamente, susurraba muchos “que rico” y otras ininteligibles palabras, la hice deslizarse junto a mi pecho y quedo inerme a recuperarse en mis brazos. Fueron momentos de total éxtasis, no emitíamos una sola palabra, solo había espacio para besos y caricias, Vanessa muy acurrucada a mi pasaba su lengua humedeciendo sus labios una y otra vez, yo recogí la esponja y comencé a bañar sus hombros, luego traté de jugar con sus inexistentes tetitas, solo un pequeño pezón que se endureció entre mis dedos, levanté su barbilla y le di un beso en la boca, ella respondió efusivamente, luego tomó mi flácido pene en sus manos —Éste no quiere más guerra, papito —Tú lo has dicho, cariño —Tengo hambre papito … ¿podemos comer alguna cosa? —Por supuesto mi amorcito … sequémonos y vamos a la cocina … te prepararé algo Vanessa salió de la vasca chorreando agua y alcanzó una toalla para ella luego me pasó una a mí, nos secamos, ella fue a buscar la remera que usaba como pijama y yo me puse mi albornoz —¡Uy! Que elegante que estás, papito —No te burles de mí, pequeña —Pero si es verdad, papito … pareces un acaudalado Señor de negocios importantes … —¡Que acaudalado ni que acaudalado! … soy solo un profesional que trabaja para papá fisco —Pero estoy segura de que eres un importante trabajador de papá fisco Me hizo un guiño que me resulto divertido, la chicoca continuaba a asombrarme con su rapidez de mente, no se le escapaba detalle y era muy divertida en sus comentarios, charlamos de todo y me parecía estar con una mujer adulta acostumbrada a tener amantes y a despertarse en casas ajenas, le pregunté por su novio y me dijo que no era tanto su novio, más bien un amigo con ventajas, ya que él tenía una esposa —Y tú … ¿Dónde está tú esposa? —Yo … bueno … yo me separé hace muchos años y vivo solo —¿Y tú mujer? —Ella … bueno ella rehízo su vida y vive con otro —Eres un cornudo … tienes una cornamenta de alce Se reía con una risa contagiosa que hizo que yo también me riera casi a carcajadas —Te equivocas … fui yo que le fallé … ella me sorprendió con otra … nos divorciamos —Entonces eres un viejo caliente que se anda follando hasta a las nenitas que encuentras por ahí —Quizás … tu eres la primera … nunca había sentido esta atracción que tú me provocas —¿Y tú quieres que yo te crea? —Pues es la verdad y a mi edad, ¿de que vale mentir? —Pues no te hagas, que no eres tan viejo, me has cogido muy rico … mejor que mi novio —Gracias nenita, pero el mérito es todo tuyo porque me provocas mucho —Y tu también me provocas a mí, papito rico Vanessa se levantó de su taburete y me pidió que la alzara y la pusiera en mis rodillas —Ves … haciendo eso eres tú a provocarme —Pero si no he hecho nada papito … a ver … déjame ver … ¿Qué es esta cosita que se está poniendo durita? Metió su manito entre los pliegues de mi bata hasta que alcanzó mi verga que de reflejo se inició a erguir como un soldado dispuesto a dar guerra, esta nenita haría quebrar a los laboratorios del Viagra, es mucho más efectiva con su falsa inocencia y lujuria, se acomodó a horcajadas en mi regazo e inició una masturbación fantástica, luego con una cuchara saco un poco de dulce de leche, me embadurno el miembro y se puso a chuparlo como una delicia. Yo no entendía nada, sentía mi pene algo delicado —Córrete en mi boca una vez más, papito — sus ojitos centelleaban con lujuria e imploraban por mi semen, por dos veces ella me echo dulce de leche y luego lo quitó todo con su lengua y sus chupadas, el placer más grande que madre natura nos ha regalado, me lo estaba haciendo sentir esta pequeña con su menuda lengüita —¡Oh! … pequeñita … ssiii … continua asíii … ssiii — me corrí una vez más, pero esta vez no fue abundante, después de todo soy un adulto mayor, no puedo generar esperma como un joven, eso sí, mi esperma fue espesa y cremosa, la chiquita no me soltaba el pene, lo estrujaba con sus deditos para hacer salir hasta la última gota, yo estaba con mi cabeza hacia atrás perdido en una nube de lujuria. —¿Te ha gustado, papito? La nena limpiaba sus labios con el dorso de su mano y me miraba con una mirada ávida, en espera de alguna recompensa, para ella una aprobación mía iba a ser su pago, esperaba ansiosa mi respuesta, yo la levanté y la volví a sentar en mis rodillas —Tesoro … nadie me ha hecho correrme cómo tú y jamás pensé que eras tan buena mamadora, querida … simplemente ha sido la mejor chupada de mi vida — Vanessa me hecho sus brazos al cuello y me besaba y me abrazaba —¡Oh! papito, a mi también me gusto tu semen, junto con el dulce fue un manjar exquisito Sus ojitos estaban sonrientes, ella estaba feliz, me besó muchas veces y sus labios sabían a manjar y a esperma, sentí mucha ternura por ella y por la simpleza de sus afectos y sentimientos, nos habíamos entregado ambos a un festín de sexo y lo disfrutábamos entre ambos con intensidad, esta chiquita a su tierna edad ya tenía su técnica, me masturbo, me mamó, me metió sus deditos en mi ano, acaricio mis huevos cómo nadie, me los chupo y los metió en su pequeña boca, primero uno y después el otro, después se tragó mí verga hasta la raíz y engulló todo el semen que salió de mis pelotas, era una libidinosa putilla y lo hacía con gusto, de su propia iniciativa, no había que forzarla a nada, todo estaba bien para su placer y lujuria. Sentada en mi regazo, metí mis dedos bajo la remera y toqué ese chocho liliputiense, me parecía extraordinario que haya podido aceptar mi gruesa verga, en ese coño pequeñísimo y regordete, enfilé uno de mis dedos y le acaricié su botoncito, Vanessa gimió y se apretó a mi pecho, abrió sus muslos espontáneamente, con dificultad le metí un segundo dedo y comencé a masturbarla, ella comenzó a lamer mi pecho y a contorsionarse, sus gemidos se intensificaron y su respiración se puso más afanosa, luego tomó mi antebrazo y comenzó a forzar mis movimientos para hacerlos más rápido, abrió sus muslos y los pellizcaba desesperándose en su calentura … —¡Ooohhh! … papito … papito … me estoy corriendo … uummff … que rico … ssiii … La chiquita se estaba muriendo de placer en mi brazos, busqué sus labios y me respondió con un apasionado beso, su minúscula lengua bailando alrededor de la mía, su torso encorvado hacia adelante y su pelvis frotándose contra mis dedos y su pelvis follando mi mano, la había hecho acabar y por algunos instantes se quedó inmóvil sintiendo mis dedos que continuaban a follarla, luego junto sus muslos y me dio a entender que debía sacar mis dedos de su conchita, con un tímido ademán bajo la remera para cubrir hasta sus rodillas y se escondió en mi pecho. Ambos estábamos un tanto extenuados, ella dormitaba abrazada a mí, me levanté con ella en brazos y la llevé a la cama, la acomodé, la cubrí con las sabanas y ella abrazó la almohada para volver a dormir, eran la cinco de la mañana, no tenía que ir a trabajar ese día, así que me acosté detrás de ella a cucharita y me quedé dormido. El sol estaba alto en el cielo y sus luz entraba a rayitas por mis persianas, la pequeña dormía sueños beatos, a veces se sobresaltaba como si estuviese soñando, quizás teniendo alguna pesadilla, ¿cómo una nena como ella podría tener pesadillas?, me pregunté, a nueve años folla como una vieja puta, sabes todo o casi todo del placer del sexo y lo disfruta, quien sabe desde hace cuantos años que folla, quien habrá sido su mentor … ¿el chofer del colectivo? … no quise creer que un simple conductor de un taxi pudiese haberle enseñado tantas cosas, la sentí refunfuñar y gemir, luego la sentí que lanzó una patadita hacia abajo, quizás sueña que pelea con alguien, mire su cara y no pude leer nada en su rostro inexpresivo. La observé por largo rato, sus rasgos de niña eran evidentes, reflejaban su tierna edad, Vanessa abrió sus ojos y esa mirada era diferente, sus ojos parecían de una adulta, movió su cuerpecito para sentir mi polla en sus nalgas y luego apoyó su espalda en mi pecho, pasé una mano y acaricié sus pezoncitos diminutos, sensualmente besé su cuello y ella se refregó en mí, haciéndome sentir que le gustaban mis caricias, poco a poco moví mi mano hacía su fruto prohibido, me sentía cómo en el paraíso, todo un Adán sintiendo la serpiente que se contorsionaba en mi piel y mis manos recorriendo su cuerpo dirigiéndose hacia su manzana empapada en lujuriosos fluidos, la voltee en su espalda y me fui a besar esas tetitas que un día no muy lejano crecerían, chupé toda esa delicada piel, cómo Adán, estiré mi mano para coger la manzana, mi Eva abrió sus muslitos atrayéndome hacia el pecado, cuando abrí sus labiecitos una descarga eléctrica recorrió mi espina haciéndome encorvar mi espalda, creí sentir un dolor, quizás era un castigo de dios, pero ya nada importaba, las cataratas hechiceras de sus fluidos se habían abierto y mi cerebro se obnubiló, borrándome del paraíso —Que hermosa eres, mi amor … eres tan linda mi pequeñita … Vanessa solo gemía y empujaba mi cabeza hacia su arroyo divino, su encharcada vagina lucía brillante e inflamada, milímetro a milímetro mi lengua recorrió su torso, su vientre y ese maravilloso monte de venus, liso sin pelitos ni vellos, mi lengua se perdió en esos tiernos y sabrosos pliegues, su pelvis comenzó a rotar y ella comenzó a gozar … —Papito … cómo me gusta … que rico lo haces … más … chúpame más … La hice estremecer apoderándome por un rato de su clítoris, luego me deslicé hacia arriba y apoyé mi pecho en esos pezoncitos, sus mamas eran inexistentes, pero verla así pequeña y femenina, era una carga erótico de por sí, mis sentidos comenzaban un viaje hacía la concupiscencia absoluta, quería volver a depositar una carga de lefa en su coño novicio, su suavidad y elasticidad eran suficiente cómo para provocarme esa lascivia morbosa de querer poseerla. Tendría que reencarnarme en cualquier excepcional escritor, para encontrar los términos claros y concisos y describir a los lectores las sensaciones que estaba sintiendo, los estímulos que me transmitía esta chicoca, quizás nunca encuentre modo de relatar esta experiencia inaudita, pecaminosa, perturbadora, no había nada en mí de arrepentimiento, de culpa, de pesar, me sentía como un semental dándole a su potranca ganosa de verga con todo, la sentía revolcarse bajo mi cuerpo contorciéndose sin escrúpulos ni medias tintas, a ella le gustaba follar y ser follada, por lo menos es lo que intentaba mantener en mi mente para disfrutarla a concho. Me parecía una pequeña criatura sedienta de sexo, quizás una picola ninfómana, lo cierto es que Vanessa era insaciable, me la estaba comiendo a besos mientras acercaba mi glande a su bañada hendedura, ella abrió al máximo sus muslos para dejarme penetrarla, su boquete estrechísimo hizo que mi miembro resbalara fuera un par de veces, su manito aferró mi pene y con experticia, se enterró mi verga en su chocho, apretó sus muslos y gimió con largos quejidos, y tentó abrazar mi cuerpo sudado y caliente, mi lujuria estaba desatada, me la estaba devorando, sus gemidos y chillidos me hacían aguijonearla con mi punzón en lo profundo, hasta hacerla gritar —¡No! te detengas, papito … sigue … sigue … asiii … ssiii … papito rico … asiii … Vanessa colapsó y sus palabras se transformaron en algo incoherente, balbuceaba y gemía, trataba de enterrar sus uñas en mí sin lograr rasgar mi gruesa piel, me empujaba cómo si la estuviera ahogando con mi peso, pero cuando trataba de alzarme, ella me tiraba sobre su cuerpecito una y otra vez, luego sus fuerza la abandonaron y se relajó con sus muslos abiertos, yo no había acabado, pero me parecía irrelevante al lado de su potente orgasmo, lo único que deseaba era complacer su chocho hirviente. Me deslicé a su lado y ella se giró exhausta, me dediqué a acariciar su cadera y su nalga, ella se giró quedando boca abajo, me levanté y mis besos se esparcieron por su espalda, bajando a sus glúteos, me encanta lamer, así que lamí la tierna carne de esos cachetes blanquitos y los abrí para penetrarla con mi lengua, Vanessa se medio giró y me miro con una sonrisa en sus labios, yo también le sonreí y le hice un guiño, ella volvió a apoyar su cabeza en la almohada y levantó ligeramente su culito, el canal que se formaba en medio a esas dos protuberantes nalgas y la calidez que emanaba su orificio rugoso y diminuto, que me hizo aflorar mi libido, sus ruidos, murmullos y quejidos me decían que disfrutaba el asalto a su ano, estaba sintiendo tanto placer como yo al lamer su culito albino, tuve que arreglar mi tremenda erección para que no me molestara, Vanessa de dio cuenta que la estaba follando con mi lengua, ya que mis movimientos habían aumentado en el frenesí de sentir la palpitaciones y contracciones de su esfínter, la llevé al paroxismo, muy cerca de un orgasmo, pero no la hice acabar, la giré, puse un grueso almohadón bajo sus glúteos, y teniéndola así de frente, apunté mi glande a su esfínter y delicadamente la penetré toda, Vanessa se movía lo suficiente para hacer deslizar mi polla dentro de ella, sus ojos no se despegaban de los míos, una vez más nos uníamos carnalmente deleitosamente. Su culito era muy estrecho, mucho más que su panocha, me hacía sentir una perversa lujuria el tenerla empalada en mi pene y con su rostro lleno de goce, delicias supremas indescriptibles, mi Vanessa se movía gozando de ser pistoneada profundamente en su ano, esto superior a millares de pajas, esto era un goce extremo, un goce divino, su conchita derramaba fluidos que bañaban mi verga que entraba y salía de ese túnel de placer, lubricándola para aceitar el mecanismo de la maquina perforadora en la que me había convertido, Vanessa comenzó a mover su cabecita de lado a lado, bramaba y resoplaba su lujuria, intentaba tirarme encima de ella, pero yo me gozaba la vista de mi verga que penetraba su culito estrecho repetidamente. Chilló en modo espeluznante cuando al fin convulsionó en un orgasmo animal y salvaje, lo que gatilló mi percutor e hizo que yo también me corriera en su agosto pasaje, con sus manitas juntas me pedía que le acabara un poco de semen en ellas, quité mi pene de su hoyuelo y dirigí unos chorritos a esas tiernas manos, ella sonreía gozosa y comenzó a espalmar mi esperma en todo su cuerpecito, me derrumbé a su lado respirando fatigosamente, ella se excuso y se levantó al baño, seguramente para evacuar mi lefa de su recto, me quedé solo por un momento y los pensamientos culposos comenzaron a devorar mí conciencia, pero cuando ella regresó y se puso a caballo en mis muslos, el peso de la chicoca hizo que la balanza se moviera hacia el lado de la libidinosidad, y ya nada me detuvo, si bien no podía tapar el sol con un dedo, mi erección era suficiente para obnubilar cualquier razonamiento circunspecto. Abracé a la chicoca y la tiré hacia mí … —¿Te dolió? —No mucho … la primera vez que me lo hicieron, si que me dolió … —Y de eso, ¿hace mucho tiempo? —Sí … hace unos cuatro años … —¿Y de cuando qué haces el amor? … quien fue tú primer hombre … —¿Por qué me haces estas preguntas? … no me gusta hablar de ello … no es agradable —Perdóname … no quiero que te recuerdes de cosas feas que te hayan sucedido —¿Recuerdas que te conté que mi padre bebía y mi hermano se drogaba? —Ellos eran mi pesadilla … temblaba cuando los escuchaba regresar a casa … no tenía via de escape … ellos me usaron todas las veces que quisieron … y todavía lo hacen cuando regreso a casa con ellos … por eso prefiero quedarme afuera con alguien … hago el amor con hombres mayores, pero no me maltratan, no me pegan, no me hieren … por el contrario, recibo muchos halagos … me he acostumbrado a esto … y me pagan lo suficiente para alquilar una pieza por ahí y no regresar a casa … —¿Y cuantas veces a la semana encuentras algún cliente? —¿Sabes dónde están Los Trapenses? —Hay gente por ahí que me conoce y a veces estoy varios días por allá … ellos tienen bellas y cómodas casas … lindos autos y mucho dinero … puedo vivir más de un mes fuera de mi casa con lo que ellos me dan Vanessa me narró muchas situaciones horrorosas, pero sin perder un momento su dignidad ni su temperamento, a veces me hablaba como en tercera persona y no se tratará de ella misma como protagonista, creo que esa era su válvula de escape a la realidad, una realidad paralela para sí sola. Bueno, la chica se prostituye, estaba pensando con el pene lo sé, pero no seré yo el que se la pueda a cambiar las asquerosidades de este mundo, pensé en procurarle un desayuno frugal y llevarla al sitio de donde la recogí, había pasado unos buenos momentos con ella, demasiado hermosos y no podía dejar que se fuera sin disfrutar su propio deseo y placer, la chicoca se había puesto a cabalgar mi verga, no se la introducía, solo refregaba sus labiecitos en la cabeza de mi glande, quise tomas sus caderas pero ella me quitó las manos y siguió balanceándose sobre mi miembro duro, su angelical rostro era todo un programa, era una mujer que quería disfrutar de su macho y sería ella la que comandara la escena. Vanessa había tomado su ritmo y en estos momentos el instrumento del placer era yo, su dulce boquita subió a mis labios y su lengüita se introdujo en mi boca como una serpiente, jugaba a lamer el interno de mi boca, emitía sonidos de ninfa en celo, más de un par de veces mordió delicadamente mis labios, embriagándome en el sabor de su saliva, después apoyó ambas manos en mi pecho y contorsionando su cinturita, bajó sus caderas hasta empalarse una vez más en mi miembro —Ssiii mi niña … estoy dentro de ti … muévete … muévete … asiii El afelpado guante de su chocho envolvía toda mi pija, soplé en sus oídos un saco de sonidos y palabras calientes junto a gemidos libidinosos, me estaba haciendo gozar nuevamente, el goce insuperable, mi verga se hacía espacio y escarbaba en sus entrañas, Vanessa ronroneaba como una gatita, frotaba su pelvis contra la mía, mis vellos púbicos contra su tierna piel lampiña, era una danza de amor, ella sentía tanto placer y incontrolable, sus muslos vibraron tratando de apretar mi cuerpo, la nena se corría jadeando de placer y emitiendo agudos chillidos de lascivia, su orgasmo se prolongó por varios minutos, yo la dejaba hacer y que desahogara su placer en mí, cuando ella se normalizó, me bastaron pocos embates y descargué mis cojones en su conchita, la nena me acariciaba y besaba, extraordinario el sentimiento, me parecía estar en un harem con mi preferida que me entregaba toda su pasión de hembra, me sentía como un Jeque o un Sultán, mi odalisca, mi concubina estaba allí para satisfacerme, era como una criatura de cuentos de hadas de las mil y una noche. No había que darle tantas vueltas al asunto, Vanessa se regocijaba y le encantaba sentir una pija en su concha, lo hicimos varias veces más, hasta el mediodía, le di suficiente dinero para que se mantuviera alejada de sus parientes y luego bajamos al estacionamiento, salimos raudos hacia el centro de la ciudad, no había gran circulación de personas ni de vehículos, en el edificio nadie salió a fisgonear, cuando atravesamos San Pablo con Manuel Rodríguez, me dijo papito déjame en el mercado —¿Te volveré a ver?... —No lo sé, papito … gracias por todo … gracias por el dinerito … —¿Dónde te puedo encontrar? —No lo sé, papito … la vida va dando tumbos … en uno de esos, quizás volveremos a vernos La vi alejarse con su andar despreocupado, hasta filosófica fue la despedida, la vi que se perdió en un pasaje dentro del mercado, desapareciendo de mi visual. ----- ----- ----- ----- ----- ooo ----- ----- ----- ----- ----- Los comentarios vuestros son un incentivos para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten, por favor. 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Autor: Juan Alberto Categoría: Sexo con Maduros

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