Relatos Eróticos de Sexo con Maduros


II - Don Leandro.

2021-11-22


yoLos hechos que he narrado sucedieron hace más de veinte años, pero están siempre impresos en mi mente y esto hace que se active mi libido, también mí hija que aún vive conmigo se sentía excitada al recordarlo, así ella aprendió a disfrutar junto a mí de muchas maneras, volviendo a la época en que todo comenzó, les diré que había comprendido que Leandro era tan pervertido como yo, dada mi situación esto podría traerme ventajas: —Leandro, ¿has cambiado alguna vez un pañal? … —¡No! … y si la nenita tiene caca … ¡me da asco! … —¡Ay!, que tonto que eres … te pierdes de ver esa conchita pequeñita … de lavarla … de acariciarla … —¿Me dejarías hacerlo? … —¿Qué cosa! … —Eso … cambiarle los pañales … —Pero si dijiste que te daba asco … —No … estaba bromeando … —Bueno … ven aquí para enseñarte … primero la levantas y ves si el pañal esta como inflado … le tomas el olor … si no tiene olor, ha solamente orinado … te preparas una toallita húmeda y otra seca … si es solo orina, la limpias con la toalla húmeda y luego la secas con la otra … —¿Y si ha hecho caquita? … —Es mas o menos lo mismo, pero en vez de solo limpiarla … tienes que lavarla en su bañito de bebé, preocupándote de lavarle bien el culito … una vez que esté bien lavada, le echas la cremita para que no se irrite su piel … luego le colocas un pañal nuevo y fresco … así ella estará tranquila y no llorará … —¡Uy! quiero hacerlo … —Bueno … hazlo … Leandro tomó la bebita y la olfateo por todos lados, de tanto en tanto mirándome para ver si aprobaba o desaprobaba su actuar, se dio cuenta de que la nena estaba solo húmeda, la llevo a la mesita donde la cambiamos normalmente y procedió a sacarle el pañal mojado, se quedo a contemplarla por largo rato. —¡Leandro! … ¡No seas bobo! … la nena prenderá frio si la tienes así desnudita tanto rato … —¡Oh! perdona … pero no hay nada más hermoso que una bebita sin nada encima … —Esta bien … pero se puede resfriar … haz lo que tienes que hacer … y abrígala … Leandro hizo todo perfectamente, sus manos temblaban cuando procedió a echar la cremita a sus piernecitas, esos muslitos regordetes, el fino tallo de su conchita, me acerqué a él y con mi mano toqué su verga, estaba dura como palo. —Leandro … ¿Quieres que te ayude con esto? … Me arrodillé y le saqué su asta dura y nervuda, lo comencé a pajear y luego cuando comenzó a jadear, lo tomé en mí boca y él comenzó a follar mis labios apretados alrededor de su verga. —¿Puedo tocarle su cosita? … —¡No! … ¡No lo hagas! … tienes las manos muy grandes y eres muy bruto … quizás más adelante te dejaré hacerlo, pero ahorita no … Le mamé la verga hasta que descargo un poco de esperma en mi boca, a su edad no eyaculaba una gran cantidad de semen, pero tenía un sabor agradable. Ordené a mi nenita, me saqué una teta y le di de mamar, Leandro se acomodó a mirarnos embelesado, él tenía mucho morbo al verme alimentar a mi pequeña Emma, yo aprovechaba esos momentos para crear una atmosfera propicia para pedirle cosas en mi beneficio y en el beneficio de mi hija. Pasaron un par de año y me convertí en la conviviente de Leandro, me enteré de que no tenía más familia, su señora nunca se embarazó, nunca quisieron hacerse exámenes para descubrir quien de los dos era el que fallaba, yo lo incitaba con los encantos de mi pequeña y luego dejaba que él me cogiera, era bastante tierno en ese sentido, me acostumbré a él, pero lo que me interesaba más que nada era la situación económica de Leandro. Él era propietario de la casa en que vivíamos, además, tenía otras dos propiedades heredadas de sus padres, un conspicua suma de dinero en Banca y no tenía herederos. —Caro … ¿Cuándo dejarás que le toque su cosita a Emmita? … —Leandro … ¿Qué intenciones tienes tú con nosotras? … ¿Aprovecharte de la pequeña y luego botarnos a la calle? … —¡No! … ¡Por el amor de Dios, hija! … ¡Jamás haría una cosa así! … ¡Siempre te he ayudado, no me pagas nada por vivir aquí y yo cargo con todos los gastos de la nena! … —Lo sé Leandro … siempre seré agradecida de ti … y tú puedes darte cuenta de que tú y yo funcionamos como pareja … o ¿eso no vale nada para ti? … —Caro, te tengo mucho cariño a ti y a Emmita … les he dado todo lo que puedo … ¿Qué más quieres? … —Quiero un hijo tuyo, Leandro … —¡Pero yo no puedo darte eso … no puedo tener hijos! … —Me dijiste que tú y tú señora nunca se hicieron exámenes … yo di a luz a la pequeña Emma, así que puedo embarazarme … ¿Quieres que probemos a embarazarnos? … A Leandro se le encendió el rostro, estaba sin palabras, mi propuesta lo había tomado totalmente desprevenido, me dio la espalda y se fue sin decirme nada. Quedé muy preocupada, porque Leandro salió esa noche y no volvió. Estuvo dos días desaparecido, pensé en que había hecho mal en hacerle tamaña propuesta, pensaba en que volvería y nos echaría de su casa, era la mañana del tercer día cuando Leandro volvió, vestía la misma ropa un poco más ajada por el uso, olía a sudor, yo sé que él no bebe, pero había admitido esa posibilidad, me dio un beso en la mejilla, luego nos sentamos a la mesa y yo le serví el desayuno. —¿Dónde te habías metido, Leandro? … ¡Me tenías preocupada! … —Me fui a la tumba de mi señora … —¡Pero dos días! … —Es que mi mujer fue enterrada en Iquique … Me contó toda la historia de su imprevisto viaje a Iquique, que había pensado mucho en mí, que lo había consultado con su mujer, que no sabía que hacer, pero la respuesta se la dio su mujer, yo me quedé muy intrigada. —¿Y cómo que tú mujer te dio la respuesta? … —Es una cosa muy curiosa … quizás no me vas a creer … —¡Pero cuéntame, hombre que me tienes en ascuas! … —Le llevé un ramo de flores a mi mujer … me sentía desorientado y confuso … el ramo de flores era bastante grande … quise compartirlas con las tumbas que estaban aledañas a la de mi mujer … cuando leí el nombre del epitafio de la primera, era de una tal Carolina Fuentes, me sorprendí, luego quedé atónito, la tumba del otro lado era de una tal Emma Garrido … ¿lo entiendes? … —Leandro … ¿Te estas volviendo loco? … ¿De que estás hablando? … ¿Quiénes son esas otras personas? … —¡Tienen el nombre tuyo y el de tu hija … acompañan a mi mujer … Carolina y Emma … —¡Oh!, tú dices … ¡Oh!, que coincidencia … ¿verdad? … —¡No creo haya sido una simple coincidencia! … pero ahora puedo responder a tú pregunta … probemos a si puedes tener un hijo mío … probemos … —¡Uy! Leandro, me hiciste preocuparme tanto … pensé miles de cosas … —¡Pero dime si aceptas! … ¡Yo ya he aceptado! … ¡No me digas que has cambiado de parecer! … —Leandro, por supuesto que acepto … mira dejaré de tomar la píldora hoy mismo y veremos que pasa … ¿quieres que te pida una hora para el doctor y te examine? … —¡Por ningún motivo! … ¡Jamás iré a dejarme ver por un matasanos! … Volvimos a nuestro habitual modo de vivir, mi hija más crecidita, se divertía jugando en el amplio patio de la casa, Leandro le había construido un columpio y una casita en un árbol, la nena lo llamaba Tata, como si fuera su abuelo, todos los días yo bañaba a Emma antes de acostarla a dormir, Leandro siempre estaba ahí pegado a mí. Me ayudaba a espolvorearle el talco y era su tarea embetunarla con cremitas para bebe. —¿Puedo tocarle su cosita? … —¡Pero si ya se la has tocado decenas de veces! … ¿Crees que no me daba cuenta? … —¿Mami, que quiere tocar el Tata? … —¡Nada mi niña! … a tú Tata le falta un tornillo … —¡Nunca la he tocado de verdad! … ¡Siempre he respetado lo que tú me dices! … —¡Está bien, Leo! … ¡Tócala, pero con el máximo de cuidado, ella es bebita todavía! … —¿Crees que no lo sé? … ¡Por supuesto que lo haré con cuidado! … ¡Jamás le causaría daño! … Lo sabes, ¿no? … —Lo sé Leo … Además, que ella tendrá un hermanito o hermanita … —¿Cómo? … ¿Qué estás diciendo? … —¡Mami! … ¡Mami!, Sí … yo quiero un hermanito … —Leo … Estoy con retraso y no creo equivocarme si digo que estoy embarazada … me duelen mis pechugas … están muy sensibles … —¿Y cuando tienes control? … —Tengo que pedir hora … mañana iré al Consultorio … —¡Dios mío! … ¿por qué me lo dijiste? … no voy a poder cerrar ojo esta noche … —Anda, ve a acostarte … espérame en la cama … yo te ayudaré a dormir … Obedientemente Leandro se fue a la cama sin siquiera mirar la conchita de mi hija, estaba impresionado con lo que le acababa de comunicar, se había erguido y parecía rejuvenecido, se fue a su cama y luego de acostar a Emma me fui al dormitorio nuestro, pues ya hacía más de un año que compartíamos su cama matrimonial. Debo decir que Leandro a sus sesenta y tres años se mantenía super bien físicamente, todos los días salía a caminar, iba a la piscina municipal casi todos los fines de semana y me decía que había aprendido a usar los aparatos de gimnasia de la plaza cercana, yo con diecinueve años, me consideraba en forma, las tardes salía a la plaza con Emma y mientras ella jugaba con otros niños, yo aprovechaba para ejercitarme en los aparatos a disposición, mis piernas largas estaban sólidas, como así también mis glúteos, mi vientre plano y mis senos aún cuando había dado de mamar por largo tiempo a Emma, se mantenían esponjosos, pero firmes. Leandro después de excitarse con mi niña, una vez que estábamos en nuestra cama, sabía sapientemente como tocarme y llevarme a un nivel de excitación en que me penetraba haciéndome gozar como mujer, su verga era ligeramente más grande que las vergas de adolescentes que yo había conocido hasta ese momento, pero lo más que me gustaba de su pija era su grosor, siempre entraba en mi con una cierta dificultad, muy apretadito y a él eso le encantaba y me lo hacía sentir cogiéndome casi a diario. Después de diez días tuve los resultados de la matrona y el test dio positivo, me fui a la casa muy contenta, ya que esto daba pie a una nueva etapa en la relación entre Leandro y yo, tenía un plan de acción y todo se iba dando de acuerdo con lo que tenía pensado hacer, él estaba mucho más cariñoso este último tiempo con Emma y conmigo, los encantos de mi Emma siempre lo encendían y enardecían, lo que me daba a mi el favor de disfrutar de ser cogida por él con mucho vigor y fogosidad. —Leandro, siéntate … —¿Qué pasó? … ¿Fuiste al consultorio? … ¿Qué dicen los exámenes? … —Leandro … ¡Debes estar tranquilo! … ¡No te pongas ansioso! … —¡Pero mujer! … ¡Anda y dime! … ¿Qué te hicieron? … —¡No me hicieron nada de extraño! … ¡Solo lo que se hace a toda futura madre! … ¡Leandro, estoy encinta! … Estoy en la tercera semana y debo controlarme al menos una vez al mes … —¡Oh!, Caro … ¿Qué va a ser? … ¿Hombrecito o mujercita? … —¡Ay!, hombre …. ¡No te apresures! … ¡Es muy pronto para saberlo! … Leandro estaba en un estado de euforia, salió de casa y volvió a la hora con un ramo de flores para mí, me sorprendió y me hizo recordar cuando quede embarazada de Emma que todo había sido tan traumático para mí, ahora él se estaba comportando como un marido contento, cariñoso y esto me llenaba de dicha, me rendía feliz, también me hacía pensar a Leandro como un marido de verdad, ya que en mi vientre se estaba gestando un futuro heredero suyo. —¡Leandro! … ayúdame con la niña, por favor … que le estoy preparando su comidita … —Voy, Caro … voy … —Emma, no te muevas … tengo que bañarte … —Sí, Tata … —Por qué no me dices, papi … cuando nazca tú hermanito él me llamará “Papa” … tú también puedes hacerlo desde ya … ¿No te gusta? … —Sí, Tata … me gusta, pero le preguntaré a mi mami … —Haber levanta las piernecitas para sacarte el pañal …. Sí poh, Emmy … me puedes llamar Papá, seguro que a tu madre también le gustará … —Pero yo no la he escuchado, Tata … yo no lo sé … —Siéntate para sacarte el vestido, te tengo que bañar … Emmita, estoy seguro de que tú madre también quiere que me llames Papá, además, que yo te compro todo lo que tu necesitas … —Sí, por que eres mi Tata … —¡Ay!, niña … eres más complicada que tú madre … ¡Vamos al baño! … estas toda sucia … ¿Dónde anduviste jugando que tienes tierra por todos lados? … —Estuve haciendo unas tortitas de tierra, Tata … —¡Ya!, levanta tú pierna para enjabonarte ahí en medio … tienes tu culo todo sucio … —Pero ahí no me entró tierra, papi … —¡Me dijiste, “Papi”! … ¡Me dijiste, “Papi”! … —Me equivoque, Tata … —¡Caro! … ¡Caro! … ¡La Emma me llamo “Papi”! … —Tata, si ya te dije que me equivoqué … —¿Qué hizo mi niña? … —¡Caro, me acaba de llamar “Papi” … —¡Mami!, me equivoqué, mami … —Está bien, hijita … tú Tata va a ser “Papa” … así que lo puedes llamar “Papi” … no hay nada de malo … —¿Sí, Mami? … le puedo decir “Papá” al Tata … —Sí, mi niña … lo puedes hacer … —¡Ya!, niña … sigamos lavando ese culo sucio que tienes … —Pero no tengo tierra ahí, papi … —Leo … ten cuidado con tus dedos … —¡Ay!, Caro … siempre he tenido cuidado y tú lo sabes … —Esta bien … pero te lo recuerdo … nunca está demás … Yo sabía que Leandro le acariciaba la conchita a Emma y ella se quedaba muy tranquila, me preguntaba si así tan pequeña lograba sentir alguna excitación al sentir su diminuto clítoris sobajeado con dedos y esponja, Leo me había confesado de que su dedo había estado a la entradita del chocho de Emma, pero era muy estrecho y él no quería causarle ningún daño, pero cuando la ponía envuelta en la toalla encima de la lavadora, podía ver que su chocho no tenía espacio para nada, ni siquiera su dedo meñique hubiera entrado, estaba muy estrechita, pero la nena se bañaba y su conchita lucía empapada y no lograba retener sus risitas cuando él la había lamido, su sabor era increíblemente dulce. Toda esta perversión me hacía excitar mucho, además, mis hormonas estaban un tanto revolucionadas con mi embarazo, por lo que me encontraba excitada prácticamente todo el día, esperaba las noches para acurrucarme con mi culito sobre la verga de Leandro que rápidamente me quitaba las bragas para comerse mi conchita y cogerme con su vergota gruesa, solida y cálida. Una noche estábamos en su cama, su verga estaba dura como palo, yo tenía tomada su base, acariciaba sus cojones llenitos de leche y estaba pasando mi lengua de arriba abajo y metiéndomelo en la boca para darle con mi lengüita a su cabezota hinchada. —Mami … ¿Qué estás haciendo? … —¡Emmy! … cariño … le estoy haciendo cariñito a tú papi … —¡Ven Emmita … ven a ver! … —¡Leo! … ¿Qué quieres hacer? … —¡Emmy! … aprende con tú mami … ella lo sabe hacer muy rico … —¡Mami! … ¿Te gusta? … —¡Sí!, hijita … me gusta … acércate más … ves estos con pelitos son las bolas de papá … son delicadas … yo me puedo echar solo de a una a la boca … ¿Ves? … —Mami, ¿Puedo dar un besito a papi ahí arribita? … —¡Sí!, mi niña … pásale la lengüita … —¡Umpf! … ¿Así, mami? … —¡Emmy!, tómame con tu manito … —¡Pero es muy grande, papi! … ¡Mí mano no alcanza a tomarla toda! … —No importa mi niña … chúpale ahí arribita … yo lo moveré con mis manos que son más grandes … —¡Acércate, Emmita! … te voy a revisar tu pañal … —¿Que vas a hacerle Leo? … —¡Quiero comerle su chochito! … —¡Pero no vayas a meterle tus dedos, son demasiado gruesos y la dañaras! … —¿Me va a doler, mami? … —¡No mí niña … papi no te hará daño! … Leandro la tomó, la puso sobre su pecho y bajó su pañal, sacándoselo del todo, después llevo su ingle hasta su boca y comenzó a lamer la conchita de Emma, no podía creerlo, mi hija se acomodó abrió su boca en manera lasciva y cerró sus ojos, ¿Es posible que esté sintiendo placer con las lamidas de Leo?, está próxima a su cumpleaños, pero es chica todavía. Seguí mamándolo y la conducta colaboradora y lasciva de mi hija me había enardecido, comencé a jugar como si mi chocho fuera una guitarra y mis dedos rozaban velozmente mi clítoris tembloroso, sin contención alguna me monté a horcajadas y deslicé por entero en mi concha toda esa verga dura, primera vez que junto a mi nenita montábamos a Leandro, yo sobre su pija y ella sobre su boca, me incliné un poco y Emma con toda naturalidad comenzó a chupar mis pezones. —¡Mami!, no te sale leche … —¡Umpf! … todavía … ¡Umpf! … no, hija … ¡Umpf! … cuando … tenga a tú hermanito … ¡Umpf! … —¿Tendrás leche solo para él, mami? … —¡No! … ¡Umpf! … Si tú quieres, también te daré a ti … ¡Umpf! … ¡Umpf! … El roce con la gruesa pija de Leandro me tenía al borde del orgasmo, comencé a sentir ese hormigueo característico y pensé que, si mi hija quería leche, yo le iba a dar leche … —¡Ven, Emmita! … ¡Aquí hay leche de papá! … Leandro captó todo al vuelo y dejo ir a Emma que se apresuró inclinándose sobre la verga de él que yo acababa de desmontar, comencé a pajear rápidamente la enhiesta verga y sentí cuando Leo tensó sus piernas, justo cuando mí Emma cerraba sus labios sobre su lustroso glande. —¡Cof! … ¡Cof! … ¡Urgh! … mami, me ahogo … ¡Umpf! … ¡Cof! … ¡Cof! … Sin hacer una presión excesiva, mantuve la cabeza de Emma sobre la pija de Leandro, él quería follar su boca con más fuerza, pero yo lo contuve, levanté el rostro de mi hija bañado en semen y procedí a limpiarla con mi lengua y dándole besitos diciéndole cuanto había sido buena en hacer feliz a su papi, ella tenía los ojitos un poco llorosos y no entendía del todo lo que hacíamos, pero no la vi atemorizada, lo que me dejo tranquila. Leandro estaba totalmente en órbita, mantenía sus ojos sobre nosotras que nos besuqueábamos compartiendo su lefa, le sonreí y monté su rostro, rápidamente él hizo funcionar a maravilla su lengua haciéndome acabar y completar mi orgasmo. Emmita pasaba su lengua por sus labios y limpiaba su carita empapada con el dorso de su mano, me miraba con una carita alegre y tranquila mientras mis espasmos me hacían estremecer toda. —¿Te duele, mami? … —¡No!, hija … nada me duele … es muy rico y tú lo probaras algún día … —¿Con mi papi, mami? … —¡No lo sé, mi niña! … ¡No lo sé! … —¡Sí!, Emmita … ¡Lo haremos tú y yo ¡… —¡Sí!, mami … ¿Con mi papi? … —¡Ya veremos, Emmita! … ¡Ya veremos! … ----- ----- ----- ----- ----- ooo ----- ----- ----- ----- ----- Los comentarios vuestros son un incentivo para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor. [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Sexo con Maduros

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I - Don Leandro.

2021-11-20


Me llamo Carolina, siempre he sido una adicta al sexo, a temprana edad mi tío José me sentó en su regazo, jugando al caballito y casi sin que yo me diera cuenta me metió su verga haciéndome llorar por el dolor que me hizo sentir, era muy chiquita de edad por ese entonces, lo hizo muchas veces más y como ya no me dolía lo empecé a disfrutar, mi hermano mayor, Tulio, se dio cuenta del juego que hacíamos mi tío y yo, así que una noche se metió a mi cama y me dijo que si no lo hacía con él, me acusaría a nuestros padres. Desde entonces tuve sexo con ambos hasta que mi tío fue transferido por razones de trabajo, mi hermano y yo seguíamos teniendo sexo sin muchas preocupaciones por cuidarnos, por fortuna nunca me embarazó. Ya con diecisiete año tenía sexo con diferentes muchachos del colegio, hasta que pasó lo inevitable, quede embarazada sin saber quien podría ser el padre, mis padres se enojaron tanto que me dieron dos semanas de plazo para salir de la casa, me quedé esperando que ellos cambiaran de parecer, pero no lo hicieron, así que terminé en casa de una tía de allegada, mi tía me dijo que ella tenía sus propios problemas y la casa nos era suficientemente grande como para acomodar a una persona más con un hijo a cuestas, así que encontré un trabajo en un supermercado y junté lo suficiente para arrendar una pieza en casa de don Leandro. Don Leandro un hombre maduro de sesenta y un año, me aceptó en su casa y por una cifra permisible para mí, me arrendo una pieza que él tenía sin ocupar, inmediatamente me di cuenta de que él me miraba en forma extraña, asumí que debía ser porque siendo viudo le faltaba una mujer y como mis formas son generosas, lo aduje a eso, me miraba con ojos lascivos cuando yo bajo el parrón me sacaba mi teta para alimentar a mi hija, tengo que decir que también para mí era una cosa morbosa que me excitaba y a veces recurría a la masturbación pensando al vejete que se corría mirándome las tetas y a mi hijita que me mordía y succionaba mi pezón. El viejo me dijo que si tenía algún problema con la bebita, él podía de tanto en tanto cuidarla, así yo podría tener más libertad para trabajar, a mí me pareció genial y más de una vez me aproveche de su “generosidad”, para salir a hacer compras o simplemente vitrinear y desentenderme un poco de mis obligaciones como madre, ya no tenía relaciones sexuales muy a menudo, no muchos hombres quieren a una mujer madre soltera, pero había aprendido a autosatisfacerme y me sentía bastante más cómoda y tranquila, una de mis fantasías seguía siendo don Leandro y su voyerismo, ya que no se limitaba solo a mirar descaradamente mis senos, sino que a veces mientras bañaba a mi nena, él aparecía como por arte de magia trayéndome un chocolate, galletas o cualquier cosa le diera la oportunidad de mirarme mientras yo bañaba a mi hijita, esto para mí constituía otro perverso morbo. Le pedía a él de tomarla por sus bracitos mientras yo le lavaba sus piernecitas, se las abría, enjabonaba esa vulvita regordeta, hacía que la girara para abrir sus nalguitas y lavar prolijamente su diminuto orificio anal, el viejo terminaba con una colosal erección y yo con mis bragas empapadas, yo bañaba la niña todos los días antes de ponerla en su cunita y todos los días don Leandro se hacía presente con algo para regalarme, hasta que le dije que no era necesario, me bastaba su ayuda, se le iluminó su cara y desde ese día rondaba mi puerta a la hora del baño de mi bebita. Pasaron algunos meses y mi calentura era tal que había comenzado a mostrarle a don Leandro la minúscula vagina de mi niña, casi se le caía la baba al pobre viejo y yo tuve que comenzar a usar un apósito para contener la cantidad de mis fluidos: —Leo, ayúdame a bañarla … sostenla con una mano y con la otra abres un poco su vaginita, así la puedo enjabonar mejor … Se lo tuve que decir dos veces al vejete para que lograra entender lo que le estaba pidiendo, sus grandes manos pudieron hacer lo que le pedí, su rostro estaba enrojecido y su respiración alterada, casi tiritaba con la excitación de estar tocando la suave piel de mi bebita: —¿Leo desde cuando que eres viudo? … —El próximo mes se cumplirán diez años … —¿Y por qué no te has buscado otra mujer? … —Porque mi pensión es baja y no quiero tener otra mujer que me venga a mandonear en mi propia casa … —¿Y cómo lo haces sin una mujer? … —Bueno, sé hacer todas mis cosas … lavo, plancho, cocino, limpio … se hacer de todo … —Sí, pero … cómo hombre, digo … ¿Cómo lo haces? … —Bueno, eso es lo más complicado … pero también me las arreglo solo … hay algunas veces que logro invitar a alguna vecina o amiga que quiere lo mismo que yo … un poco de sexo sin obligaciones … —¿Tienes muchas de estas vecinas? … —Tuve una viuda que me visitaba dos a tres veces por semana … pero encontró una pareja y no la volví a ver … de esto hace dos años … —¡Dos años sin nada de nada! … —Sí … más o menos … —¿Te tocas? … —¿Cómo? … —Lo haces tú solo … sin nadie más … —¿Y tú como lo haces? … no te veo nunca con un muchacho … —Supongo que como tú … tengo dedos … —¿Te tocas? … —¡Pero por supuesto! … ¿o te piensas que soy de fierro? … —Y … ¿Podrías mostrarme cómo lo haces? … —¿Y que me das a cambio? … —¡Una semana de renta! … —¡Dos! … —¡Umh! … ¡Está bien! … pero hazlo ahora mismo … —¡Sí … pero déjame abrigar a mi nenita … —¡No! … quiero mirarla a ella también … —¡Entonces van a tener que ser tres semanas! … —¡Urgh! … esta bien, pero hazlo ya … Cuidando de que mi nena no se nos fuera a caer, comencé a hacer unos pasos de danza mientras comenzaba a desvestirme, primero mi blusa, mis tetas oprimidas por mi sujetador negro lo hicieron pasar su lengua por sus labios lascivamente, acerqué una silla y me senté en ella acariciando mis longilíneas piernas: —¡Sácate la falda! … ¡Sácate la falda! … Leandro estaba totalmente hipnotizado, me levanté desabroché y abrí el cierre de mi falda, después la hice bajar con parsimonia, sacándomela y plegándola en el respaldo de la silla, el vejete sin poder resistir, también se sentó sacando su verga dura como palo, mi hija ignara de la perversión que se desarrollaba a dos metros de ella, hacía sonidos de bebita y se tiraba sus piececitos dejando a la vista de Leandro su culito y vaginita infantil, la cara del hombre estaba visiblemente alterada por la visión de ese diminuto sexo, ya casi no me miraba, sus ojos estaban fijos en mi pequeña: —¿Te gusta mi nenita? … —¡Uh-Umh! … —¿Te gusta su vaginita cerradita y pequeñita? … —¡Umh! … ssiii … —¿Te gustan esas nalguitas regordetas? … —¡Ssiii! … me gustan … —¿Te gustaría correrte en su pechito? … ¡Mira, ni siquiera tiene tetitas! … —¡Ssiii! … déjame que me corra en esas tetitas … ssiii … —¿Me dejas libre de la renta del mes? … —¡Ssiii! … ¡Ssiii! … todo lo que tú quieras … pero déjame correrme en ella … Mientras acercaba mi mano al cuerpo de mi bebita, sentí el primer chorro de semen espeso y caliente de Leandro aterrizar en mi mano y el vientre de mi nenita que desconocedora de la pecaminosa situación, venía bañada en esperma, su barriguita, piernas y un hilo de lefa en su bracito, era la carga del vejete que se sacudía de pies a cabeza mientras su verga disparaba chorros y chorritos por doquier. —¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … —¡Mírala! … la has dejado toda bañada … mira este coño pequeño … ¿Te gusta? … Leandro convulsionaba fuertemente y su demacrado rostro estaba en éxtasis mirando el chochito de mi nena, recogí un poco de su lefa y comencé a espalmar a mi bebita con esa esperma cual, si fuese una crema para bebé, Leandro estaba hechizado, subyugado totalmente, no podía apartar sus ojos de la perversa visión de ver su semen esparcido sobre el cuerpo de la bebita. —¿Quieres que me coma el coñito de mi hija? … —¡Umh! … ¡Urgh! … —¿Quieres que bañe su chochito con tus mocos? … —¡Ssiii! … ¡Ssiii! … ¡Hazlo! … ¡Ssssiiii! … Yo estaba tan caliente como el vejete, acomodé a mi hija y comencé a lamer su barriguita, sus muslitos y su conchita, Leandro comenzó a pajearse otra vez, yo tenía cuatro dedos en mi chocho encharcado y miraba la verga dura del viejo: —¡Leo … ven y métemela! … El viejo no se lo hizo repetir, se colocó detrás de mí, sentí el bulbo de su cabezota deslizarse entre mis glúteos, luego su glande se abrió espacio entre mis hinchados labios y se deslizó dentro de mi causándome una sensación tremendamente placentera: —¡Cómele el chochito! … ¡Cómele esa conchita chiquita! … ¡Cómesela! … Mi nena se reía sintiendo las cosquillas que le procuraba mi lengua en su diminuta vulvita, yo encontraba deliciosa la lefa de Leandro sobre la suave piel de su conchita, Leandro me estaba follando como un poseído, me daba unos embistes muy fuertes, me tuve que afirmar bien para no caer y arrastrar conmigo a la bebita, apreté mis muslos mientras sentía que Leo me llenaba la vulva con su esperma, se corrió muy rápido, pero lo suficiente para darme un muy necesitado desahogo, me corrí con él y él me mantuvo empalada en su miembro tirándome fuertemente por mis caderas. —¿Te gusto? … —¡Oh, Caro! … eran muchos años que no lo hacía dos veces seguidas … ¡Mira ese chochito pequeñito! … ¿Dime si no es lo más bello que hay? … —¡Te gustó la conchita de mi Emma! … —¡Me encantó, Caro! … ¡Me encantó! … —¿Entonces cómo lo haremos con la renta de este mes? … —¡No te preocupes, Carolina! … me das la del mes siguiente … ¡Pero dime que lo repetiremos, dímelo! … —¡Ya veremos, Leo … ya veremos! … ----- ----- ----- ----- ----- ooo ----- ----- ----- ----- ----- Los comentarios vuestros son un incentivo para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor. 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Autor: Juan Alberto Categoría: Sexo con Maduros

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En el campo

2021-11-06


Aprendí varias cosas aparte de trabajar con animales. Mi nombre es daniel tengo 53 años , todo esto pasó en el año 77 recién habían llegado los militares a Argentina, mis padres regentaban un pequeño bar , pero no daba para mucho, mi padre gracias al bar conocía a varios capataces y me consiguió trabajo en una estancia , era para ayudar a los peones y poco más ,yo era delgado moreno por el sol y alto , para mis 9 años tenía un buen cuerpo por eso me aceptaron , trabajaba desde que amanecía hasta que oscurecía de lunes a viernes ,sábado y domingo volvía a casa , la primera noche Raúl el capataz ,me dio una cama con sus mantas, dormíamos 11 peones en la misma cabaña salió Raúl de la cabaña se apagaron las luces porq se madruga todos los días, así transcurrió la primer semana , hasta que después empecé a sentir gemidos y ruido de las camas que me hacían acordar a mi padre cuando follaba con mi madre , en las semanas siguientes ya tenía mucha confianza con los peones y en broma me tocaban el culo y era todo normal , hasta que una noche llovía como nunca , me acoste y uno de los peones vino a mi cama y empezamos a conversar, y en eso empezaron los gemidos y las camas a moverse y le pregunté que pasaba y me dijo aquí trabajan muchos hombres solteros y se sacan la leche entre ellos , como la leche pregunte yo no sabía nada de sexo, y empezó a tocarme mi pija que se puso dura, se la llevo a la boca y me gustaba mucho estaba con los ojos cerrado disfrutando de ese placer que no conocía,mientras la lluvia aturdida mis gemidos , cuando abro un poco los ojos para ver que pasaba veo a casi todos mis compañeros mirando como me chupaba la pija yo traté de sacarlo por vergüenza no se, y en eso veo a el más viejo de todos un hombre de metro noventa barrigón agarrarme los brazos y otro más pequeño de estatura saco su pija gigante y la pone en mi boca y me dice chupa , solo dije no me gusta rieron y me dijo hoy chuparas 10 y algunas más de una vez , me ahogaba con su pija mientras me agarraba el pelo, no se quien pero sentía que alguien estaba chupandome el culo, yo gemía de placer hasta que me dice abre la baca más grande que acabo me empujó mi cara hacia su pija y empezó a tirar leche que me ahogaba y la fue sacando mientras se ponía blanda no soltaba el pelo y se puso otro en la misma posición y me la metió en la boca hasta la garganta era un poco más pequeña pero más larga , y en eso siento en mi culo como empiezan a meterme primero 1 y después 3 dedos ,me intentaba safar y trataba de gritar pero no podía me sacaron los dedos y siento como una pija entra por mi agujero solo podía llorar porq mi boca estaba tapada por una pija que no me dejaba ni murmurar esa noche no se si fueron 20 las pija que chupe y otra 20 por mi culo pero creo que después de la tercera por el culo ya me gusto igualmente por la boca , al otro día me quede en la cama porq me dolía el culo y la mandíbula, paso Raúl el capataz y me pregunto como estaba y le dije que bien , a partir de esa noche solo fui la nena del capataz Raúl.

Autor: NOEBERNABEU Categoría: Sexo con Maduros

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Una sorpresa en portaligas

2021-09-22


Apenas dan las 10 de la noche en Tenerife. Un divertido día se está terminando. Y el recuerdo de los paseos por las playas desencadena el destello de una enorme sonrisa en nuestros rostros. Estamos juntos en tu departamento sentados sobre los almohadones de un cómodo y mullido sillon. Vos estás sentada sobre mis faldas, con tus brazos alrededor de mi cuello, y tu mejilla apoyada cariñosamente sobre la mía. Me besás de vez en cuando en el cuello, tocando mi piel con tus labios, y permaneciendo pegada a ella por algunos segundos. De pronto me mirás, y preguntás: "Mi príncipe: Querés algo de beber, puedo prepararte un trago?”. Yo te contesto que Sí, que tengo ganas de tomar uno de tus tragos. Tan servicial como es tu costumbre, te levantás del sillón y me traés tu trago. Yo lo bebo lentamente, detectando a cada sorbo el sabor dulzón de su contenido. Mientras tanto, y mirándome, vos pasás tus dedos formando suaves caricias sobre mi cara... De pronto, y sin que yo lo esperara, me decís: "Mi Amor: Esperáme un momento, quiero mostrarte algo". Yo te contesto: "Está bien, corazón de mi vida, estaré aquí saboreando el trago que me preparaste". Pasan algunos minutos. Yo termino de beber el contenido dulzón de mi bebida y sobre el sillón me relajo, me pongo cómodo. Tengo un poquito de sueño y pienso en los planes para el otro día. Estoy sumido en mis pensamientos, planificando, y de repente, me sorprendo al verte! Estás caminando hacia mí, y estás vestida con un hermoso conjunto de ropa interior blanco, con un portaligas puesto por encima que te hacer lucir estupendamente. Te acercás lenta y seductoramente hasta pararte frente a mí. Estás en silencio. Yo también conservo la misma actitud silenciosa, y no soy capaz de emitir palabras. No puedo hace más que mirar tu sensual cuerpo parado frente a mí. Y todavía sin emitir sonidos, me animo a tocar la tan seductora ropa que te cubre: Tu corpiño con puntillas que ajustan tus hermosos pechos: te toco primero uno con la mano derecha, lenta y superficialmente para sentir la suavidad de tu prenda, y luego empiezo a apretar un poco tu seno hasta poder agarrarlo: tu pecho es firme y eso hace que con mi mano izquierda también me decida a tocarte y a mover mis manos sobre tus Increíble senos. Y luego te acerco más hacia mí, trayéndote y empujándote con mis manos sobre tus glúteos. Me inclino sobre tu cuerpo, y comienzo a besar tu pancita. Lentamente. Muy lentamente. Con pequeñísimos besos desde arriba hacia abajo. Y pasando mi lengua infinita sobre tu cariñoso piercing. Vos, ante ese estremecimiento que se inicia en tu vientre, con tus dos manos me acaricias el cabello... Ahora mis dedos han iniciado un recorrido destinado a la magia de tocar tus piernas: las acaricio en una zona neurálgica, muy cercana a tu vagina. Acaricio y beso los bordes de tu más preciada intimidad. Movimientos suaves y besos pequeños en tus piernas. Casi en la entrepierna. Allí en la zona cercana y prohibida. Elevando la temperatura corporal. Vos empezás a suspirar. Y exhalás una respiración que me indica, claramente, que lo que estoy haciendo te está gustando. Estás disfrutando el momento. Estás mojándote poco a poco. Pero de pronto, sorpresivamente, me tomás de la cara y con un movimiento firme me hacés entender que me detenga...! Me tirás hacia atrás en el sillón. Luego te arrodillás. Y de inmediato, sin que yo tenga tiempo a ofrecer alguna resistencia, me quitás el pantalón y la ropa interior. Tocás mis piernas...! Las recorrés! Las apretás con fuerza, las pellizcás y me besás los muslos hasta tocar el límite de mis redondas pelotas...!! Eso me hace estremecer. Me deja sin aliento. Tus besos en la zona de mi ingle están demasiado cerca de mis huevos. Y están muy cerca de mi ya “Despierto Instrumento”. Luego de divertirte viéndome sufrir por tus desafiantes besos, finalmente tomás mi erecto miembro y empezás a acariciarlo. Lo acaricias suavemente primero. Explorás sus formas. Y luego, tras mirarme fijamente y con Dulzura, empezás delicadamente a masturbarme. Los dos nos sonreímos. Nuestras miradas cómplices validan ese acto sensual, tan erótico y elegante. Vos me masturbás mientras yo acaricio tu Preciosa Cara. Luego, vos acomodás mis piernas, te acercás y te acomodás con las rodillas sobre el suelo, inclinás tu cuerpo: un arco se forma en tu cintura, y luego de comprobar con tu mano el tamaño gigante que se aproxima y se afirma, empiezas a darle placer con tus labios a mi crecido miembro. Lo hacés dulcemente y de un modo muy tranquilo, suave y armonioso. A veces te detenés, y guardamos silencio. Y me mirás fijamente. Te sonreís y yo también sonrió. Y el seductor silencio se rompe cuando yo hablo. Te digo, con voz extasiada: "Sos una mujer Increíble..." Vos te sonreís y no me contestás nada. Pero por tu gesto me doy cuenta que mi cumplido te ha llenado de orgullo y satisfacción. Y ese reconocimiento que te he hecho, te ha impulsado a seguir demostrándome que no estoy equivocado. Sos la mejor. Otra vez tu boca se traga completamente mi tremenda pija. Te tragás mi Lanza hasta el extremo. La soltás. Y luego otra vez, hasta el fondo!! Y vas cambiando de lado en tu boca, porque primero te la metés de modo tal que la punta de mi miembro toque y resbale por el lado derecho del lado interior de tu mejilla. Y luego cambias de lado, y es ahora el lado interior izquierdo de tu boca la que saborea las mieles de mi enorme y caliente pene. Yo disfruto de tu práctica majestuosa y desbordante!! Yo disfruto y me siento orgulloso de la Mejor Novia del Mundo. El placer que me invade es Inigualable! Dos o tres minutos de tus perfectas prácticas orales me llevan al límite del estallido. Cada vez me pongo más tenso! Cada vez me quedo más quieto y rígido! Pero no quiero llegar todavía al final: Quiero recompensar a mi novia. Quiero hacer con ella lo mismo que ha hecho conmigo: Quiero llenarla de besos en su punto exacto de pasión. Entonces yo me abalanzo y me acerco a ti, te tomo de las mejillas con mis manos, vos estás muy entusiasmada y atragantada con mi pija en tu boca y parece que no querés dejar de comerla. Tu entusiasmo me hace dudar, y vos te ves tan contenta tragándote mi miembro, que ahora no sé si dejarte hacer lo que vos estás buscando: hacerme estallar en tu boca y salpicarte con mi leche. Pero No! No quiero llegar al orgasmo todavía, no quiero eyacular sin antes comerme tu preciosa vagina rosa. Yo decido entonces inclinar tu cabeza hacia arriba, con un gesto firme pero delicado te hago entender que necesito que te detengas. Vos te resistís un poco. Parece que vas a soltar mi miembro pero cuando estás por sacarlo completamente de tu boca. Gluppp!!! Te lo tragás entero otra vez. Pero por suerte en una de tus retiradas hasta la punta de mi miembro, cuando tu boca está casi libre, aprovecho la ocasión y te saco tu juguete. Inclino tu cara para mirarte. Y vos me mirás muy sonriente. Contenta y divertida. Feliz por haberte devorado una fruta tan caliente. Yo me lleno de emoción con tus gestos. Me conmuevo. Porque me doy cuenta de que me amás sinceramente. Me amás tanto como yo te amo a vos. Entonces te acaricio las coloradas mejillas, y empiezo a besarte. Te beso dulcemente con todo el amor de mi alma. Ahora me levanto del sillón, y te levanto a ti también... te doy la vuelta y te siento ahora a ti sobre el mullido sillón. Yo me quedo arrodillado, y vos te sentás y te acomodás con la gracia y la delicadeza tan propia de una chica con mucha clase. Yo me acerco y sigo besándote en la boca, y en la comisura de los labios. Luego me arrodillo frente a ti. Me deslizo con las manos sobre tus piernas y te acaricio las medias. Esas divinas medias. Y luego beso las partes donde tu piel está libre. Y mis manos se deslizan hasta tu braga y te la quito prontamente. Sé lo te dejo las medias y las ligas ajustadas a la cintura. Ahora acomodo tus piernas sobre los bordes del sillón: quedan abiertas y mi mano acaricia y palpa la frontera más cercana de tus íntimos labios vaginales. Y empiezo a besarte lentamente desde los extremos cercanos hasta llegar al centro. Desde los labios mayores, a los menores. Lamo tu conchita y mi lengua llega hasta los puntos donde tu máximo placer se enciende. Una y otra vez recorro tus partes. Tus bordes. Tus finos y medianos bordes internos. Mmmm... Siiii... Vos estás muy excitada! Lo noto porque tus manos me toman muy fuerte. Y te aferrás fuertemente a mis cabellos. Poco a poco te voy calentando hasta llevarte al borde de tu abismo líquido! Y cuando sé que ya no soportás más porque estás por estallar. Dejo de chuparte...! Vos me Implorás con la mirada que siga chupándote la conchita!!! Me pedís por favor que siga en esa tarea de desenfreno y seducción. Y como yo me debo ti completamente, como yo disfruto sabiendo que vos gozás con mis besos. Me deslizo nuevamente sobre tu privada perla que me implora. Me introduzco de lleno en la cavidad húmeda y caliente. Y vos exclamas: “Siiii Siii. Así me gusta... chupáme toda. Toda. Todaaa! Repito la sesión que acabo de darte, y vos otra vez llegás al punto más elevado de calentura y excitación. Los labios de tu vagina se hinchan notablemente, tu vibración corporal va en aumento. Tus gemidos son casi gritos de desespero. Hasta que un grito final y contundente es el signo más preciso de tu desbordante orgasmo. Ayyy!!! Ayyyy!!! Siiii!!! Siiiii!!! Tu largo grito es acompañado de un torrente abundante de tibio líquido. Un constante fluido que me llena la boca y la desborda. Tus preciosos jugos se escurren entre mis labios, deliciosos jugos que saboreo al mismo tiempo que una sensación de plenitud me llena el alma: te he provocado un hermoso y largo orgasmo. Pero apenas finaliza tu incursión liquida, veo en tu cara la necesidad de prolongar el juego. Todavía tu cuerpo emite esa vibración tan típica de una mujer ansiosa por sexo. Y yo no me opongo a esta propuesta, ya que mi pene es un fierro candente que añora una fuente donde enfriarse. Entonces me acomodo nuevamente sobre mis rodillas, pero me levanto un poco, me acomodo y aprovecho la posición en la que estás ubicada: las piernas abiertas sobre el sillón y tu conchita humeante que todavía no está completamente satisfecha. Me preparo, me acerco, agarro mi miembro y lo pongo en tu vagina. Empiezo a penetrarte. Lentamente mientras me mirás, te penetro. Te penetro y te toco los pechos. Mi mano se mete por debajo de tu corpiño hasta correrlo: ahora tomo fuertemente tu seno. Pongo mi mano en tu seno y te penetro. Mi enorme pija se filtra hasta donde llega en el interior de tu vagina. Y vos estás disfrutando mucho...! Me ponés la mano en la cara, me pellizcás los cachetes, y tus gemidos hacen que yo me excite más y más. El ritmo de la penetración es constante. Constante y placentero. Pero luego me detengo. Me detengo un instante para poder acercarme y besarte en la boca. Nos besamos apasionadamente y con locura...! Entonces te levanto, te doy la vuelta, y quedás arrodillada sobre el sillón con tus codos apoyados sobre la parte superior del respaldo... Yo me acerco por detrás, inclino un poco tu cuerpo hacia adelante y pongo tus glúteos junto a mis piernas, y luego abro un poco las tuyas y te penetro. Te penetro suavemente mientras mis manos están en tu cintura. Una y otra vez, te la meto desde atrás. Ahora mis manos bajan por tus piernas. Y la cintura otra vez, y luego la panza. Ahora subo la inclinación de tu cuerpo hasta dejarte en paralelo al mío. Seguís arrodillada sobre el erótico sillón, pero con tu cuerpo levantado. Entonces me acerco y me acomodo nuevamente. Y vuelvo a meterte la pija por atrás. La penetración se repite, se repite y se repite. Y mientras estoy dentro de tu cuerpo mis manos acarician tus pechos. Tus pechos, como me calientan tus pechos!! He corrido tu corpiño y tus pechos han quedado al descubierto...Y nos besamos porque vos girás tu cuello y con tu lengua alcanzás mi lengua. Y el movimiento de nuestras lenguas es estrepitoso y ardiente. Siii!!! Ardiente!!! Y el ritmo de la penetración se hace más fuerte. Más fuerte y profunda!!! Vos ya no podés besarme más porque necesitás gemir y gemir por tanto placer. Vos gemís y gritás pronunciando expresiones de placer. “siiiii. Adentro mi amor. Metémela más adentro!!!” Yo estoy cada vez más excitado. Y mis manos siguen ahí firmes y fuertes prendidas a tus pechos. Pero ya hay signos en mi cuerpo que me anuncian el delicioso final... Y cuando sé que estoy por terminar, te agarro muy fuerte con mis brazos y te penetro muy profunda e intensamente. Te penetro y te penetro en un ritmo que aumenta con tus gemidos que ya son gritos. Introduzco mi pija hasta el fondo último de tu territorio, y me súper-caliento cuando tus nalgas hacen contacto con mi cuerpo. Duro contacto con tus nalgas calientes y mojadas. Este acelerado ritmo se extiende hasta que exhalo un muy contenido y prolongado gemido de satisfacción. Contenido grito que nos hace entender a los dos que he llegado al punto final de nuestro sexo. “ohhh ohhh si! Si! Siiii! Leticiaaa” Cuando termino y lleno tu rosadita vagina de mi abundante y tibia leche, me quedo abrazado a ti por unos instantes, unos instantes destinados a la relajación y el reparador descanso. Te beso apenas en el cuello y dejo apoyada mi cara sobre tu espalda. Luego te doy la vuelta, y sigo apenas besándote. Nos miramos, y no decimos nada. No emitimos ni siquiera una palabra. Te siento de frente en el sillón. Yo me arrodillo frente a ti y apoyo mi cara sobre tus piernas, como si me fuera a dormir. Y la noche se hace más noche mientras vos, dulcemente, me acaricias el cabello para enamorarme eternamente... A pedido de Leticia, 18 años. Tenerife, España.

Autor: TeensForSex Categoría: Sexo con Maduros

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¿Quiere un dulce el Señor? - La Perversión se extiende.

2021-09-13


Toda esta experiencia nueva para mí, me despertó una especie de perversión inimaginable para mis ortodoxas ideas, me parecía aberrante, pero era cualquier cosa que me superaba, yo con toda mi educación superior de Arquitecto, casado y divorciado, padre de dos hijas mayores de edad, ciudadano de conducta intachable, me encontré convertido en un predador, algunas veces a la semana recorría las calles de la ciudad buscando alguna nena de calle para llevarla a mi departamento, Vanessa se había convertido en mi cómplice, ella me buscaba otras chiquitas y además, participaba en los hechos. Con Vanessa nos encontrábamos un par de veces al mes y los resultados eran orgiásticos, ella me follaba a mí y yo la cogía a ella, de hecho, me confeso que ahora yo era su único novio, estaba tan embelesado sexualmente con esta chicoca, que le creí, así fue que nos fuimos conociendo cada vez más, yo tengo dos propiedades más en el barrio Brasil, hice arreglar una de ellas y construimos una especie de nidito de amor para nuestros encuentros, fue ella que me presentó a Helena, una chica de diez años y que tenía problemas similares a ella, me pidió si la podía acoger por un par de días en nuestro nidito, con una carita igual a la del gato con botas de Shrek, jamás habría podido negarme. Vanessa me había dicho que Helena estaba al tanto de nuestros encuentros, en un principio ella salía del departamento cuando teníamos nuestros encuentros, pero un día conversando entre nosotros, salió el tema —Papito … ¿Qué te parece Helena? —Porque, ¿Le vas a pedir que se vaya? —¡No! … Quiero saber si te gustaría tirártela también a ella —¿Y tú crees que ella lo haría conmigo? —Justo por eso te estoy preguntando … no creas que no me he dado cuenta como la miras —Bueno … entonces pregúntale y la próxima vez lo haremos los tres … ¿te parece? —Papito rico déjamelo a mi … así tendrás otra almejita lampiña solo para ti Vanessa y yo convivíamos ya desde hace un año y se había establecido un cierto grado de complicidad en nuestra relación, yo un sexagenario con una chicoca de casi once años, me parecía algo inhabitual por decir lo mínimo, con dos me parecía de haber encontrado un ángel sin haber cruzado las puertas del paraíso, mi Vanessa me había comprendido a la perfección y trataba de complacer mi morbosidad para con las niñas, buscando más carne para mi parrilla. Habíamos concordado que este fin de semana sería la ocasión de convocarla a nuestra cama, yo llegué de viernes y las muchachitas estaban viendo el cable con sus reguetoneros preferidos, Vanessa ya no era la chicoca que encontré hace un par de años, le había comprado un completo vestuario en el sector de Patronato, en todas esas tiendas para niñas, ajustados jeans y remeras de todo tipo, la nena se había acostumbrada a un modo de vivir diferente y me lo agradecía cada día que nos encontrábamos en nuestro nidito, ahora me estaba preparando su amiguita Helena y yo no veía la hora de tenerlas a las dos en esa cama amplia que me había costado una fortuna, pero que había valido la pena, nada mejor que follar en una cama amplia, cómoda y sin una sonajera de muelles desvencijados. Vanessa giraba en el departamento vistiendo una tanga y una remera amarrada a la altura de su ombligo, Helena estaba vestida, pero me di cuenta de que vestía ropa de Vanessa pues la talla era muy similar, parecían fresquitas, como si se hubiesen duchado de reciente, yo había traído unas pizzas y Vanessa tenía cervezas frescas en el refrigerador, me dijo que prepararía la mesa y yo le dije que me iba a duchar. Me desvestí en el dormitorio y me puse mi albornoz, escuchaba a la chicas cuchichear y reírse en la cocina y en la sala comedor, me fui al baño y el agua caliente comenzó a darme ese gustito de relajo y bienestar, haciendo que mi cuerpo se recargara de energías nuevas, estaba pensando en cómo consumir estas nuevas energías cuando sentí que corrieron la cortina de la ducha, ambas pequeñas estaban piluchitas pidiendo espacio en la vasca de baño, este no era el yacusi que tengo en casa, solo una bañera común y corriente, solo un poco más espaciosa, procedí a agacharme a poner el tapón y la diabólica Vanessa aprovechó a meter su manita entre mis nalgas, mi pene estaba duro como una roca de granito, ¡ops! dije yo y me levante de prisa, la chicoca se mataba de la risa, al menos el tapón estaba puesto … —El que se agacha pierde —dijo Vanessa, ambas nenas comenzaron a manosear mi cuerpo haciéndome cosquillas, afortunadamente no soy muy sensibles a esos estímulos, así que me desquite toqueteando sus partes íntimas. Cuando metí un dedito en la panocha de Helena, ella se quedó quietecita y Vanessa aferró mi pene comenzando una paja con sus manitos milagrosas, luego agarró la cola de caballo de Helena y empujo su cabeza sobre mi pene, Helena en un principio no abrió su boca, pero luego sin via de escape, se rindió y comenzó a hacer delicias con su pequeña lengua, Vanessa empujaba su cabeza rítmicamente, de vez en cuando Helena hacía una que otra arcada y Vanessa se reía a carcajadas —Comete la pija de mi papito … prueba lo rica que está … ¡chúpala! … ¡chúpala! … Vanessa diabólicamente caliente, se metió detrás de Helena y comenzó a comerle el culito, la perversa pequeña de vez en cuando asomaba sus ojitos y me hacía un guiño, luego entendí el porqué, ella misma hizo girar a Helena y le dijo que se sentara en mi pija dura como el acero, la chica un poco dubitativa me miró y yo me encogí de hombros, la que comandaba era Vanessa, así que se giró y comenzó a flexionar sus piernas para bajar su trasero, yo agarré un poco de jabón y me impregné el pene, Helena quiso arrepentirse, pero prestamente Vanessa se cargó en sus hombros y la chicoca resbaló y se empaló completamente en mi pene, lanzo un grito e intento pararse … —¿En que habíamos quedado? … —Es que me duele … me está doliendo … —Sí, pero eso es pasajero … ya verás … resiste … es rico, te acostumbraras también tú … —Quizás si se lo saco un poquito …. —No, papito … tu no hagas nada … a ella le gusta, se está haciendo la cartucha … ya veras —¡Ay! Vane … sí que me duele … —No me digas … ¿cómo cuando te metí la zanahoria no te dolió? … —¿Le metiste una zanahoria? … ¿y cuando fue eso? … —Hace dos días, estábamos practicando para estar contigo y a ella no le dolió … —¡Uy! Vane que mentirosa que eres … sí que me dolió … pero como tu insististe tanto … yo no quise reclamarte mucho … pero si me dolió … —¿Y ahora Helena te duele? … —No, ahora se me está pasando … —¡Viste! … yo te dije que se sentía rico … sigue … culéatela papito … culéatela más fuerte a esta putita … —¡Uy! Que rico que tiene el potito esta nena … lo tiene apretadito … —¿Viste papito? … culéatela … yo le voy a comer el coño para que acabe con tu pija dentro de su culo … abre las piernas maldita putilla … ábrelas que te voy a hacer gozar como nunca lo has hecho … Así diciendo, vi que la cabeza de Vanessa desaparecía entre los muslos de Helena, yo la agarré por debajo de sus muslos y le hice abrir bien las piernas, ella se puso a gemir más intensamente, era tan livianita, que podía mantener su peso con mis brazos y hacerla subir y bajar en mi verga que al parecer se había puesto aún más dura, de tanto en tanto la lengua de Vanessa acariciaba mis bolas rugosas y lampiñas, ya que la misma chicoca acostumbraba a afeitar toda mis zonas erógenas. Muy luego Helena empezó a menear su culo y sentí las contracciones de su esfínter alrededor de mi verga, la pequeña Vanessa chapoteaba con sus manos, tratando de penetrar mi propio culo con sus deditos, cuando mi culo fue invadido por sus falanges, mis bolas explotaron y descargue una abundante rociada de esperma en el culo de Helena, ella se contorsionó toda y la sentí que se apegaba a mí —¡Oh! papi me estas llenando todo mi culito … ooohhh … que rico papi … que rico … ssiii … dámela toda … dame toda tu lechita papi … Sentía unos movimientos en las paredes del recto de Helena que me estimulaban mucho, luego entendí que Vanessa le había hecho un Fisting a su amiguita y lo que yo sentía era su mano dentro del chocho de Helena … mi polla muy disminuida, después de semejante acabada, se deslizó fuera del culo de Helena … —Ahora me toca a mi papito … ahora me toca a mi … Vanessa me urgía tratando de hacer de lado a Helena, para tomar ella posesión de mi pene, la mitad de la pastilla de Viagra que me había tomado, había hecho efecto y mí pene conservaba una respetable erección, Helena se movió y Vanessa se sentó en mi pene que le entró fácilmente, solo que ella lo hizo quedando con su rostro hacia mí, sus piernas estaban por el costado de mis caderas y ella trataba de besarme mientras daba saltitos sobre mi pene, causándome un inmenso placer, me di cuenta que sus senos comenzaban a florecer, mi niña se estaba convirtiendo en mujer, hasta sus gemidos eran más de hembra adulta, pronto festejaríamos su doceavo cumpleaños, el año pasado había comenzado a menstruar, lo único que no cambiaba era su insaciable apetito sexual, ella gozaba y me hacía gozar a mí, además, me había tomado cariño y trataba de hacerme feliz en todo … —Como se siente rica tu pija en mi culito, papito rico … culéame más papito … tú sabes que me gusta cuando me das duro en mi anito … dámelo todo papito … dámelo, tú puedes y te gusta … dámelo papito … así … ssiii … muérdeme mis tetitas … papito cómeme toda … La chicoca caliente al máximo, seguía moviendo sus caderas y pelvis, alternando saltitos acompañados de gemidos y gritos de niña, es lo que más me gustaba de Vanessa, esa fuerza natural de entregarse al sexo sin ningún tapujo, ella quería gozar y hacer gozar, lo estaba consiguiendo con creces, mi pene había vuelto a su erección total y palpitaba dentro de su recto a punto de explotar —¡Ay! nenita que me vas a hacer que me corra en tu culito hermoso … aaahhh … ooohhh … ssiii —¡Ssiii! Papito lléname … dame tu lechita ardiente, papito rico … culéame más fuerte … ssiii que rico papito … más papito mio … más … dámela toda … más papito … yo también me corro … que rico papito … ssiii … ssiii … Agarré sus caderitas con fuerza y se la metí hasta el fondo una y otra vez hasta que los borbotones de esperma salieron a inundar su culito que se contraía apretando mi verga, ordeñando hasta la última gotita de mi leche caliente, la retuve apretada a mi pecho sintiéndola respirar afanosamente, Vanessa tenía mi rostro en sus manos y me besaba por todas partes —Te amo papito … te amo … —Y yo a ti nenita … también yo te amo mucho … —Si me amas … entonces … ¿Por qué me tratas con una niñita? … soy grande … soy una mujer … y tú eres mi hombre … eres mi amante … no eres mi padre … —Tienes razón nen… umh … quiero decir amorcito … te llamaré amorcito … ¿está bien? … —Estamos mejorando, papito … tienes que darme más méritos de mujer … soy tú mujer o no … —Eres mi tesoro … no puedes dudar de que te quiero mucho … ¿verdad? … —Sí, papito … sé que me quieres … pero tienes que amarme también … La chicoca se aferraba a mí, yo la besaba estrechándola, casi desaparecía en mi pecho, era menudita, pero no había lugar a dudas que también era una amante formidable y realmente me había afeccionado a ella y a su fogosidad, Helena en tanto nos miraba con una cierta desazón, Vanessa se dio cuenta de que la estábamos dejando relegada … —Ven Helena … tú también estás con nosotros … no somos dos … somos tres y papito puede con nosotras dos … él es nuestro hombre … también a ti te quiere … ¿no es verdad papito? … —Tal como dice la Vane … eres parte de nosotros … te has quedado aquí y nosotros somos tú familia ahora … —Lo sé … debo acostumbrarme … hay veces que yo los veo muy felices a ustedes dos … siento alegría y una sana envidia también … la Vane se merece a ti … tú la cuidas … bueno cuidas de nosotras dos y en el modo en que a nosotras nos gusta … eres nuestro papito … —Ya papito, que tal si vamos a comer algo a la cocina, tu trajiste una pizzas … vamos Helena, ayúdame a poner la mesa para los tres … Así las chicas salieron de la bañera, se secaron, se pusieron alguna prenda de vestir, yo vi a Vanessa que se puso la remera y nada más, sin braguitas ni nada, en cambio Helena se puso sus bragas y un top cortito que se le veía el ombligo, eran un sueño tener estos dos chochitos solo para mí, yo me quede un rato en la bañera acariciando mi sensible pene que se quedó en una semi erección, quizás en mi subconsciente ya me veía otra vez con aquellas dos. Cuando entré a la cocina, las dos chicas tenían todo realmente ordenado y limpio, así que como había traído algunas provisiones, además de las pizzas, cociné unos bistec de lomito con huevos fritos y metí al horno con una pizca de aceite papitas fritas precocidas, yo me preparé también un vinito del tinto y había bebidas gaseosas, la chicas hicieron arcadas al probar el vino, no les gustó, bueno ya habrá tiempo para que aprendan a apreciar un buen mosto, por ahora me basta el apetito sexual voraz de mis ninfas. —Papito estuvo todo muy rico … no solo, eres un buen amante, también eres un cocinero experto, todo te queda rico … también tu pija es rica, papito … —Si papi, la Vane tiene razón, se come muy rico y tú nos comes muy rico también … je je je —Bueno si ustedes dicen que estuvo rico, creo merecer una recompensa … ¿no? … —¿Y qué quieres que te hagamos, papito? … ya hemos hecho de todo contigo … —A mí me falta tragarme tú lechita, la Vane dice que es muy rica … yo quiero hacerte eso papi … ¿quieres que te haga eso? … —Ya eso me gustó … dejemos los platos en el lavaplatos … mañana los lavaremos … vámonos al dormitorio … Así riéndonos de todo nos fuimos al dormitorio, la Vanessa por el camino se despojó de su remera quedando desnuda, su culito menudo y redondito era todo un programa, Helena para no ser menos se quitó su top, su pechito plano aún denotaba su corta edad, ambas niñas gozaban de su fogosidad innata y yo me deleitaba de que así fuera. Pronto nos acomodamos en el amplio lecho y Vanessa puso sus manos en mi pene … —Yo te lo preparo Hele … me gusta hacer que se ponga durito … —¡Pero Vane! … no seas glotona, déjame a mí … yo también se hacerlo y también me gusta cuando se pone más grueso … —¡Ya sin discusión! … primero estaba Helena … tú Vane, ven para acá que te quiero comer el chocho … —¡Uy! Papito rico … como tú digas … como quieres que me ponga … de frente … ¿o quieres comerte mi culito también? … dime si me tengo que girar … —Gírate … te voy a meter de todo … ya verás … —¡Uy! Papito … mira cómo se me pone la piel … que rico papito … —¡Ya poh! Hele … es todo tuyo … comienza … —¡Ay! papi, pero la Vane no para de moverse y no me deja hacerlo … —¡Pero Hele! … estás puro pintando monos … si no quieres hacerlo dímelo y lo hago yo … —¡Ay! por dios, parecen maracas baratas … no se peleen y hagan lo que acordamos … ¿Ok? —Sí papito, no te enojes … mira … me abrí mis cachetitos … méteme tu lengua, papito … —Sí papi … ahora puedo chupártela … ahora sí … Finalmente, Helena cerro sus labios sobre mi pene y la Vanessa con sus dos manos se abrió sus glúteos para permitirme que le besara su culito, pero mi intención era jugar con su orificio, le metí mi dedo pulgar y ella gimió intensamente —¡Ay! papito, pero méteme un poco de cremita … me duele si lo haces así solo … ahí en el comodino hay un tubito con cremita, papito … ponme un poquito papito rico … —Espera papi … yo te lo busco … toma … aquí está … Así estábamos concentrados en lo que estábamos haciendo, Helena me lo chupaba con ardor y dedicación, Vanessa continuaba con sus manitos forzando la apertura de su culito y yo me embadurné dos de mis dedos con cremita y se los metí en su estrecho canal rectal, ella gimió … —Sí papito … ssiii … ahora sí … ¿quieres que me gire para que te comas mi almejita, papito? … —umh … umh … girate un poco … Helena, por favor sin los dientes … más suavecito, tesoro … —¡Uy! Esta boba todavía no aprende … ¿quieres que te lo haga yo, papito? … —¡Ay! Vane … no te pases de lista y déjame tranquila … que yo también sé hacerlo … —¡Ya chicas! … ¡basta! … estamos aquí para pasarlo bien y no para discutir … terminen con la tontería … —¡Ay! papito ssiii … comete mi almejita, papito … —(Slurp, slurp, slurp) … nunca me cansaré de comerme tu chorito, cariño … Hele, me vas a hacer acabar si me pajeas así tan rápido … ooohhh ¡que ricooo! … aaahhh … —Acaba papi … acaba … estoy lista para que me des tu lechita, papi … acaba … —¡Uuuggghhh! Ssiii … ssiii …. Aaahhh … aaahhh … ssiii … comete mis mocos … ssiii cómetelos … ssiii … Termine dentro de la boca de la pergenia y con mis piernas tiesas y moviendo mi pelvis, exploté una y otra vez, rociando mi esperma dentro de su cavidad bucal, Vanessa se dejo caer al lado de su amiga … —Dame … dame un poquito a mi, Hele … Vanessa no se movía un centímetro de mi verga, continuaba a succionar con frenesí, con potencia, sus mejillas estaban hundidas por el esfuerzo de chupar, Vanessa la levantó casi con fuerza y puso sus labios en los labios de su amiga, escarbando con su lengua en busca de un poco de semen, Helena la abrazó y cayeron las dos en la cama besándose efusivamente, intercambiaban sus salivas con sabor a lechita, se besaron por cerca de cinco minutos y Vanessa metió sus deditos en la vagina de Helena, la hizo gemir, en un dos por tres, la chicas se trenzaron en un sesenta y nueve muy caliente, pues se veía que ambas disfrutaban el sabor de sus conchitas empapadas, no se si fue la pastillita azul o el erotismo de la escena, pero mi miembro volvió a ponerse duro en tiempo récord, me quedé observándolas con la prolijidad que se chupaban y lamían sus chochitos, entonces me di cuenta que solo una mujer sabe como comerse la concha de otra mujer, sus movimientos eran similares, y la apertura de sus muslos, y los quejidos y gemidos, eran comparables, casi idénticos, Vanessa fue la primera que grito su orgasmo, pero junto a sus espasmos, no cejó en lamer y besuquear el chocho de Helena, la cual entró en un paroxismo convulsivo, cuando acabó en la boca de su amiga, había una mueva de agonía en su rostro y con su ceño fruncido y con sus ojitos cerrados, se abandonó a las caricias de Vanessa … a un cierto punto la Vane me miró, yo acariciaba mi erección … —Papito, ven … culéatela … esta lista para ti … Me coloque entre las piernecitas de Helena y sin mucho preámbulo, coloque mi glande en sus enrojecidos labios vaginales y le hundí mi asta profundamente, la pequeña arqueó su espalda y luego empujó su pelvis hacia arriba tragándose toda la longitud de mi verga, gimoteando y profiriendo inentendibles vocablos, sus brazos se aferraron a mis brazos, luego me los tiro al cuello mientras movía su pelvis … —Así papito … culéatela fuerte, papito … dale … dáselo todo, papito rico … La Vanessa estaba detrás de mí empujando mis nalgas para aumentar la penetración al chocho de su amiga, luego sentí que comenzó a masajear el surco entre mis nalgas, luego sus dedos húmedos con cremita comenzaron a hurguetear mi orificio anal, hasta que me penetró con sus deditos, mi pene pareció adquirir mayores dimensiones dentro del chocho de Helena, la comencé a embestir con mayor energía, la chicoca gemía y no soltaba mi cuello … —¡Umpf! Papi … ssiii papi … culéame … dámelo todo … me vas a hacer acabar, papi … umpf que rico, papi … umpf … aaahhh … ooohhh … El chocho de la pequeña se contraía en modo demencial, me apretaba con sus músculos vaginales, hasta casi causarme dolor en mi delicado glande, sin poder contenerme, exploté una vez más, mis pelotas se descargaban dentro Helena, la que se apretaba a mi sollozando y gimoteando, de su garganta salían una especie de bramidos de calentura indescriptibles … Vanessa me empujo hacia un lado y se lanzó de cabeza a lamerme mi pene chorreante de semen y fluidos de Helena, acuciosamente deslizaba su lengua por toda la longitud de mi asta y a ratitos me succionaba para hacer salir hasta la última gota de esperma, causándome un placentera tortura que me tenía boqueando y respirando por la boca, aparte de mover mi pelvis automáticamente. Tomé la cabeza de la pequeña y la atraje a mi pecho, le di un beso voraz, sensual, caliente, nuestros labios mojados de fluidos y lujuria, mi manos acariciaban esas tetitas incipientes de ella y la chicoca restregaba su cuerpo caliente contra el mío, la pequeña Helena aún con sus piernas abiertas, su sexo enrojecido vertiendo semen sobre las sábanas, nos miraba con un dedo en la boca y suspirando apagada de su orgasmo, me quedé al centro de las dos abrazándolas a ambas, Helena se giró y se adormeció, pero esa no era la intención de Vanessa que continuaba serpenteando su cuerpo contra el mío y susurrándome al oído palabras apasionadas … —Papito mío … quiero que me hagas a mí lo mismo que a ella … mira como la dejaste … esa no despierta hasta en varias horas más … te la comiste tan rico que me están dando celos, papito … quiero quedar igual que ella … Vanessa me mordía mi lóbulo derecho y tomando mi mano se la llevo a la rajita de su concha … —Mira papito … estoy toda mojadita … mi lagunita quiere tu pececillo, papito … lléname también a mí, te quiero dentro de mi panochita … Me estaba mordiendo mis labios y su mano se movía en ascenso y descenso aferrada firmemente a mi verga, su imploración era como una oración, una petición que hizo palpitar mi pene y las azulinas venas de mi polla se rellenaron de sangre haciendo endurecerse a mi pija, me coloque entre sus piernas y ella las abrió de par en par, sin soltar mi herramienta, la enfilo entre sus labios ardientes, cuando sintió mi glande deslizarse en la hendedura de su vagina, Vanessa se volvió como loca, sus piernas me envolvieron y sus brazos se cerraron en torno a mi cuello y jadeaba como poseída … —¡Uy! Papito … ¡que rico! … umpf … umpf … umpf … ssiii … te siento papito … dámelo más fuerte … soy tuya papito … dámelo todo … La pequeña, bramaba bajo mis embestidas, casi me dolía mi hueso pélvico, se lo estaba metiendo con todas mis fuerzas, entonces le tome sus piernecitas y las levanté hasta casi hacerlas tocar sus hombros, su culito también se levanto y su cuerpo formo cómo un resorte que resistía los golpes de mis caderas y volvía a poner su chochito pronto para la siguiente embestida, Vanessa me enterró sus uñas en mis brazos, pero nada podía distraerme del placer y la desenfrenada lujuria que su estrecha panocha me hacía sentir, sentí los estremecimientos de ella y también cuando me mordió mi hombro, luego solo emitía unos cortos sonidos y se abandonó a mis enérgicos embates, finalmente se quedó inerte, respirando afanosamente, las contracciones de su vagina surtieron el efecto de hacerme explotar dentro de ella, su párvula almejita venía inundada una vez más con mi lechita caliente … —¡Ugh! … ¡ugh! … ¡ugh! … me pediste que te la diera toda … aquí la tienes toda para ti, amorcito … siente como te lleno toda … ¡ugh! … Con fuerza descargué mis últimos chorritos dentro de ella, quedé exhausto y acaricié sus enmarañados cabellos, despejando su angelical rostro que se mantenía con sus ojitos cerrados y su ceño aún algo fruncido, deposité un apasionado beso en sus labios invitantes, me correspondió alzando su pecho y haciéndome sentir sus pequeños senos en mis pectorales … —¡Ay! papito … ¿cómo lo haces? … mis piernas me tiemblan con escalofríos y mi chochito no deja de palpitar … quisiera que nunca se acabaran estas sensaciones … me acostumbras mal … no hago más que pensar en ti y a como me haces sentir, papito rico … me haces feliz … Vanessa me estaba acariciando mis mejillas y sus ojos brillantes iluminaban mi rostro y borraban de mi cuerpo el cansancio, esta chica era realmente milagrosa … —Vane … eres tú que me transformas y haces que mi cuerpo sea rejuvenecido cada vez que estoy contigo, tú me haces feliz a mí … —Papito te amo … te amo … te amo … —También yo a ti Vane … Se acurrucó a mi lado, pasó una pierna sobre mi vientre y me abrazó, luego sentí su respirar acompasado mientras se abandonaba a un sueño reparador, también yo me entregué al dulce arrullo de Morfeo y sin darme cuenta me sumí en un sueño restaurador, necesario para estar a la par de estas diablillas que les gusta coger tanto como a mí. Pasaron las semanas y este trio que habíamos formado funcionaba a la perfección, las chicas se sentían hermanadas en mi verga y para una era “Papito” y para la otra simplemente “Papi”, pero las dos se afanaban en gozar de esa sana y desenfrenada sexualidad que le otorgaban sus juveniles cuerpos, yo me ayudaban un poco con la pastillita azul y otro con las sensuales incitaciones de ambas, yo era el proveedor y ellas odaliscas de mi pequeño harem. ¿Cómo dice el dicho? … “Si el diable te quiere tentar … a la casa te viene a dejar”, no estoy del todo seguro que así sea, pero sucedió que una de mis hijas se divorció del marido y se quedó con dos pequeñas, mis sobrino-nietas, Marcela de 10 y Ximena de 12, llegó desesperada a casa mía una tarde, se echo a llorar por su situación y me dijo que su mayor problema era donde dejar las niñas, ya habían terminado el colegio y no podían quedar solas en casa, yo le dije que no tenía las comodidades para tener dos niñas y que tampoco el tiempo necesario, fueron tantas sus suplicas que accedí, pero le dije que contrataría a alguien que las cuidara mientras yo estaba al trabajo, me dijo que era solo una cosa momentánea y que cuando solucionara el problema se las llevaría consigo, no lo sé, pero a mi me pareció que se estaba deshaciendo de un cacho, como que le molestaran las niñas, bueno eso daría tema como para un libro, las madres de hoy en día son mucho más centradas en sus propios asuntos que en los de sus hijos, pero quien soy yo para criticar, al día siguiente me encontré con dos chiquitas en casa y dos en el nido de Vanessa, ¿a quién podía pedir ayuda? … a ella, a Vanessa. Vanessa me escucho atentamente cuando le expliqué la situación, pero su sonrisa maliciosa me dejo intranquilo y no pude evitar de hacerle la pregunta … —¿De qué te ríes amorcito? … es una cosa triste … —je je je … dos almejitas lampiñas al cuidado tuyo … perdóname, pero imagino cosas … —¡Uy! ¡Vanessa, como puedes pensar tales cosas! … son mis nietecitas … —Sí, lo sé … lampiñas … estrechitas y muy probable vírgenes, papito rico … La lujuria brillaba en sus ojos y mi pene se endureció al instante …… ----- ----- ----- ----- ----- ooo ----- ----- ----- ----- ----- Los comentarios vuestros son un incentivos para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten y voten, por favor. [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Sexo con Maduros

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El amiguito de mi papi

2021-08-25


Se me calentó la sangre cuando vi por primera vez al mecánico de mi viejo la noche que lo invitó a cenar. No podía quitarle los ojos de encima! Tanto es así que hasta mami se dio cuenta y me mandó a la cama ni bien recogió mi plato vacío. Pero él no iba a sospechar de una mocosa en ese entonces. Ahora que tenía 18 ansiaba tanto su vuelta a casa para que me vea y así ingeniármelas hasta seducirlo. Una tarde vino a traerle un repuesto a papi, y como yo sabía que casi siempre se quedaba a tomar una cerveza con él en el patio, pensé que algo podía planificar. Además, por charlas que les escuché, supe qe es el más cogedor del barrio, y que su debilidad son las colegialas. Eso a mí me parecía perfecto, ya que su mujer no le daba bola desde que fue mamá, según él Cuando Carlos llegó fingí quedarme dormida tomando sol en una reposera, con una pequeña remera roja y un culote rosa, boca arriba y con las manos entre las piernas. Mi viejo y Carlos hablaban de fútbol, de una modelo y, casualmente de un tiroteo en una gomería. Hasta que sonó el teléfono en la cocina, y papi corrió a contestar, oportunidad en la que él me miró como yo lo necesitaba. No tengo una figura muy llamativa que digamos. Pero me destaco por tener una linda cola. Siempre me calentó que los chicos me peguen o me la pellizquen en la escuela, o que me la apoyen en el colectivo cuando voy a danzas y no hay lugar para moverse. Soy morocha, algo rellenita y tengo los ojos del color del tiempo. Entonces me acomodé boca abajo y, simulando que me picaba la cola hundí mi mano bajo mi culote y me lo levanté, hasta que se me acercó y dijo temeroso: ¡daiana, te quedaste dormida bebé! Yo, emputecida y en celo me puse de pie y le comí la boca de una sin dejarlo reaccionar, con mi lengua deseosa porque me haga mujer. Ya no quería ser la nenita pajera entre las sábanas, si bien ya me había movido a todo quinto primera. Él estaba nervioso y con serias razones, pues, si mi viejo lo veía lo mataba a trompadas. A mí, como mucho me cortaba la mensualidad y listo. Por ello, en cuanto él regresó con unas papas y algo más para picar, pedí disculpas por quedarme dormida y rajé a mi habitación toda mojada, mientras Carlos se hacía el distraído. Pero esto no quedó ahí, porque, una semana después, cuando yo caminaba lo más campante hacia lo de una amiga, oí su voz replicar mi nombre, como si fuese un trueno a lo lejos. No lo veía, pero mi corazón y mi cosita palpitaban rozagantes por su encuentro. Me sorprendió con sus pesadas manos en mi cintura tras salir impaciente de una arboleda en la avenida atardeciendo, como si tuviese una noticia impostergable. Dijo que en su taller íbamos a estar mejor, y me llevó alucinada después de tranzarme, metiendo su mano adentro de mi shortsito, haciendo presagiar con su tacto febril a mi orto y a mi conchita lo que les esperaba, sin fijarse en los dos tipos que nos miraban, ávidos por tocarse los pitos. Realmente Charly no tenía grandes atributos. Pero siempre tuve la fantasía de que me viole un hombre rudo, con la voz áspera, con la ropa llena de grasa y tabaco, y si era amigo de papi mejor. Ni bien entramos a su museo de autos rotos, tendió una lona en el suelo, al tiempo que trancaba la puerta con una caja de herramientas, y luego afirmó: ¡hoy no safás calentonsita de mierda! Me alzó en sus brazos para quitarme las sandalias, mordisquearme las gambas con sus bigotes lacerando mi piel con cosquillitas, y desatarme el pelo lo más desprolijo y bruto que pudo, jurándome que si me portaba bien sería su putita preferida. Se desnudó, me quitó la remerita azul sin mangas y el corpiño para comenzar a fregar su pija sudada pero imponente en mis tetas, y pronto me convenció de que no soy una nena metiéndome tamaño instrumento en la boca para que me envicie de tanto chuparlo, lamerlo y frotarlo en mi carita ruborizada, arrodillada en un tablón manchado de aceite. Tenía la verga muy grande, mucho más que la de mis compañeritos del colegio! Jamás me había atragantado al borde de vomitar con una pija intentando traspasar mi garganta! Se la escupí, lo pajeé con verdaderas ganas de que me dé la mejor cogida del universo, lamí sus colgantes huevos peludos hasta engullirlos en mi boca, y él gimió muy encendido bajándome el shortsito. Luego me tiró con todo sobre la lona donde me re chuponeó pajeándome, me devoró las gomas cerca de lastimarlas con sus rústicas uñas y dientes, me pegó con su chota más dura cada vez en ellas y en la cara diciendo que le fascinan las nenas que adelante del papi se hacen las santitas y son flor de trolas. Una catarata de semen ardiente estalló en mi rostro de repente. Fue un disparo espeso, agridulce y abundante, tras el que Carlos pareció rendirse agotado. Pero al toque me puso como perrita arriba del capot de de un auto rojo muy antiguo, me olió toda mientras me apretaba y castigaba la cola con una cinta métrica porque, según él mi piel olía a pipí de gata, y me comió la conchita introduciéndole un caramelo con su lengua inteligente. Cuando la movía intrépida con un dedito presionando en la entrada de mi culo, o cuando sus labios finos atrapaban mi clítoris, o cuando succionaba cada gota de mis jugos y me los escupía con fuerza en las piernas tras degustarlos, me daban unas ganas irrefrenables de cabalgarlo todo el tiempo como una guacha salvaje! De repente se adueñó de mi voluntad y me tomó varias fotos. Me sacó la bombacha, me sentó sobre él de espaldas para darme unas furiosas contracciones cuando su enorme pedazo cabeceaba con vehemencia en mi vulva hambrienta, oliendo mi calzón con la mirada tan turbia como la guerrera ambición con la que me arañaba las piernas. Luego, aún sentada sobre él pero de frente, siguió invadiéndome de pija, saboreando mis pezones duros y pidiéndome que no pare de gemir. Enseguida decidió ponerme en cuatro sobre el suelo, y mientras me prometía que ni en pedo se pondría un forro para garcharse a una villerita como yo, lamió mi orto para clavarla allí sin previo anuncio y moverse con mucha agilidad, haciéndome tragar los dedos que retiraba de mi vagina. Me azotaba el culo con sus manos y su pubis endiablado, me tiraba el pelo, mordía mis orejas con su respiración derrumbada en mis oídos, y quería que le diga que es mi papito chanchito y asqueroso. Después me sentó en una fría mesada repleta de trapos sucios, donde me hice pis bajo sus órdenes, y ahí mismo, mientras me sujetaba me cogió la chuchi manipulando mis piernas con cierta violencia por momentos. No paraba de gritarme: ¡te voy a dejar preñadita loca, toda enlechadita te vas a ir de acá putita barata! Hasta que me recostó con la cabeza colgando para regalarme su leche ágil en la boca tras lamérsela enterita, la que me tragué sacando la lengua para no derrochar ni un solo sorbito de mis labios, con un tímido jadeo y su pene deshinchándose contra mis mejillas. Después me hizo acabar en corpiño y bombacha, con su lengua y sus dedos en mi concha sobre la butaca trasera de aquella chatarra roja. Sabíamos que con solo rozarnos o mirarnos el deseo nos prendía fuego lo poco que conserváramos de moral. Como él debía entregar un motor en breve, me llevó a su bañito personal, roñoso y despintado para que me vista. Pero ni bien terminé, ya que él registró todo mi trámite, me cogió hasta dejarme un nuevo río de leche entre mi tanga y mi entrepierna. Eran las 8 cuando me subió a su moto hiper fachera para llevarme a casa. Lo hizo zarandeándome como a una cualquiera murmurando: ¡dale boludita, que llegás tarde, y no tengo tiempo para esperar a que la nenita se decida! Durante el viaje no podía evitar mojarme de tanto fregar las tetas en su espalda al descubierto y mi fresa en su culo poco generoso. Creo que con los movimientos y vibraciones del mismo cuerpo sobre el rugido del motor acabé dos veces. Cuando llegamos a casa me manoteó de la remera para bajarme, y antes de tocar el timbre dijo bajito en mi cara: ¡no te laves ni te cambies la ropita… sentate a comer así con tu familia, toda enlechada, y que tu papi sepa que la puta de su hija se revolcó con Carlitos en su taller! Se subió a la moto con una risa macabra que, de a poco era silencio en la noche nublada, y en mi aroma a sexo insaciable. Por supuesto, le hice caso, y en medio de la cena me acordé de Jazmín, mi amiga a la que dejé plantada. A la madrugada la llamé para disculparme, y no pude evitar pajearme mientras le contaba todo, y con lujo de detalles. Creo que ella me cortó cuando mis gemidos eran imposibles de censurar! Fin

Autor: ámbar coneja Categoría: Sexo con Maduros

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Me deje tocar por un hombre mayor

2021-08-24


Mi nombre es Gabriela, tengo 27 años soy delgadita, güerita, nalgona y mi busto es firme y grande gracias a los implantes que me coloque a mis 21, soy soltera, sin novio desde hace mucho tiempo, pues nunca me ha gustado limitar compartir mi cuerpo, esto hice hace apenas cuatro días, se los compartiré pues me encantó y aún lo sigo disfrutando, por la casa de mi amiga de la infancia, está una tienda de telas, mi amiga y yo vamos seguido por su trabajo, siempre nos ha atendido el dueño un señor ya mayor de unos 60 años, muy amable pero no aparenta su edad, se ve muy joven, aún así es muy educado, hace unos días fuimos a comprar algunos materiales, cuando entramos al parecer no escuchó, elegimos las cosas ella se quedó en el mostrador mientras yo iba a buscarlo, pase por una puerta dónde escuché que estaba don Luis, toqué pero nadie contestó, me asome un poco por una rendija, y ví una revista masculina, y un poco del miembro de él, corrí hacia el mostrador y en dos minutos apareció el señor, no pude contarle a mi amiga lo que vi, llegando a la casa nos dimos cuenta que olvide una bolsa de mercancía en la tienda, le dije a mi amiga que iba sola, la verdad quería ver si se había dado cuenta que lo había visto, cuando llegue don Luis ya estaba cerrando, le dije que había olvidado una bolsa, pero el me dijo que no podía abrir de nuevo que tenía prisa, no pude evitar reír un poco, pues sabía por qué tenía prisa, solo pensar que buscaría placer viendo porno me dió lastima, pero necesitábamos las cosas así que le dije que si lo estaban esperando, el parecía apenado, y me abrió para pasar por las cosas, cuando entré puso un letrero de cerrado, me pareció divertido hacerme la tonta y mostrar por accidente mis pechos me incline mucho para asomarme si "estaba mi bolsa" y ví la mirada de don Luis directo en ellos, -le gustan don Luis?, - están hermosos muchacha, me contestó, me encanta que los hombres me miren con deseo y esa fue la primera vez que don Luis lo demostraba abiertamente, - Si quiere toquelos, el me miró incrédulo, me acerqué y le di un beso tierno en los labios, me senté en una silla alta, el me acaricio un poco el cuello, lo besó y beso un de mi pechos por encima, lleve sus manos a mi cintura, note enseguida su miembro erecto, descubrí mis pechos al aire, el se puso rojo, pero enseguida los lamió como desesperado, - que rico se siente, no pare don Luis, no pude evitar soltar unos ligeros gemidos, me quite por completo la blusa, el bajo a mi vientre, después metió su cara por debajo de mi falda, me quito la tanga, y al mismo tiempo que lamía metía sus dedos, - que rico me comes mi amor , le dije, - estás riquísima mi amor, me contestó, se apartó después de un buen rato, se sacó el pene, - cómetelo preciosa, lo obedecí como si fuera su esclava, estaba riquísimo, se lo mame hasta que se corrió en mi boca, para mí sorpresa quería otro round, el se sentó en la silla y yo me monté en el, mientras el me mamaba las tetas yo me movía de arriba a abajo como una puta, el soltaba frases que me prendían más y más aunque no fueran la gran cosa, - preciosa, - que rico te mueves reina, - tus tetas están deliciosas, - mi amor eres un angelito, pero la que más me calentó, - quiero llenarte de leche, don Luis era un viejo pero pensé en lo feliz que lo hice que deje que me llenará de leche mi vagina, en cuanto se vacío me abrazo y mordisqueo mis pequeños pezones, - no te vayas preciosa, quiero cojerte todo el día, acepte y nos fuimos al motel, lo demás lo contaré en otra parte.

Autor: Gabriela Categoría: Sexo con Maduros

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¿Quiere un dulce el Señor? - Un nuevo día.

2021-08-21


Sentía el peso de la pequeña sobre mi pecho que dormía como una verdadera angelita, me había regalado momentos de un erotismo maravilloso e indescriptible con su manito, su boca y su conchita, había insuflado energías nuevas y vigor a mi viejo y trasnochado instrumento que había vuelto a la vida como si fuese todavía un adolescente, en otras ocasiones necesitaba de un par de horas para reponerme, en cambio ahora lo lograba en minutos. Mi glande lucía enrojecido a la espera de que otra vez, la boca de la pergenia lo gratificara con la arrogante pretensión de hacerlo gozar de nuevo, como si estuviésemos en la India, donde la serpiente se yergue hipnotizada por el sonido de la flauta, así mismo mi verga alzaba su cabezota estimulada por los afelpados labios de esta chiquilla, al sentir su cálida boca en mi pene me desperté instándola a proseguir con tan magna tarea que me hacía poner mi piel como la de un pollo desplumado, puse mi mano en su cabecita empujándola para que se tragara toda mi verga. —Vamos nenita … bésame mi carajo … vamos cariño … haz feliz a tu papito que te quiere mucho. La nena rozaba mi glande con su diminuta lengüita, una vez, luego otra y otra, después fijo sus infantiles ojos en los míos como si quisiera penetrar mi alma, como si quisiera descifrar mis más oscuros pensamientos, los pensamientos perversos que inundaban mi mente, esos antojos lascivos por su cuerpecito de niña, esos deseos carnales por ese chochito estrecho, antojos atávicos y patriarcales nacidos lejos en el tiempo y que nuestra civilizada sociedad de hoy los reprime y condena, yo quería cogerla, besarla de pies a cabeza, hacer rodar su humanidad de nueve años en mi tálamo nupcial. La tomé delicadamente, la puse boca abajo y le comí su culito hasta hacerlo dilatar y le enterré mi verga en ese estrecho esfínter, Vanessa gimió y mordió mi brazo, pero no gritó ni lloró, le había introducido mi pene completo en su trasero y la nena empujaba sus caderitas ensartándose aún más y más, sus pequeños mordiscos no me dañaban, pero me hacían enardecer queriendo descargar toda mi esperma en sus vísceras, me la culié primero con suavidad y después con arrojo, sin pausas, mi miembro palpitaba en la profundo de este pequeño ser y mi hambre de sexo comenzaba a despertarse en lo profundo de mis cojones. —¡Aaahhh! … ssiii … toma puta … toma … todo para ti — los chorros de semen salían con inusitada fuerza desde mi polla e inundaban las rosáceas paredes anales de Vanessa que se contorcía y ahora sí lanzaba unos chillidos agudos —Ssiii papito … dame toda tu lechita … ssiii lléname toda … uummff que rico papito … culéame más … asíii ricooo — la nena no cesada de contorsionarse bajo mi peso, sus dos manitas estaban tratando de abrir aún más sus nalguitas y forzaba a su ano a prender más de mi polla. Non sé cuánto duró esta celestial enculada, lo cierto es que no la olvidaré jamás, mi pene poco a poco se puso flácido y salió se su estrecho potito dejando un chorro de esperma y otras porquerías, pero el todo había valido la pena, en medio de la noche la tomé envuelta en una toalla y me la lleve al baño para limpiarnos, ella rodeo mi cuello con sus bracitos y me dio un beso —Ha sido rico papito — dijo y luego escondió su rostro en mi pecho. Nos metimos al agua tibia del yacusi y Vanessa comenzó a juguetear con mi polla, sus manitos milagrosas pronto hicieron que mi pene se endureciera, con verdadero asombro de mi parte, la nenita se untaba jabón en sus manitas inmaculadas y luego las deslizaba arriba y abajo sobre mi verga, enrollando mi prepucio hacia atrás y haciendo surgir la cabezota hinchada y violácea de mi pene, se moría de la risa viendo los efectos de sus caricias, se divertía cual si fuese su juguete preferido, y quizás lo era. Vanessa no terminaba de impresionarme con sus jueguitos para nada infantiles, fue así que me hizo señas de que me sentara en el borde de la vasca y ella se ubicó entre mis piernas, su boca se cerró sobre mi glande y comenzó una enérgica chupada a mi polla, sus mejillas se hundían tratando de chuparme con el máximo de su fuerza, mi rostro se deformaba en muecas de goce intenso, lo que realmente aumento mi placer, es que ella estaba tratando de meterme su pequeños deditos en mi culo, sentía su manito bajo mis huevos buscando el orificio de mi ano, me eché un poco hacía adelante y abrí más mis muslos, hasta que sentí en el boquete de mi ano esos delicados deditos que se introducían dentro de mí, mi verga estaba que explotaba de un momento a otro. —Brava Vanessa … asiii … ssiii … brava … se buenita con papito … ssiii hazme acabar en tu boquita cariñito mío … ssiii amorcito … ahora … ssiii — no sé realmente como mi cuerpo produjo tanto semen en tan poco tiempo, pero chorros enormes de lefa le llenaron su boquita haciéndola ahogar en un principio, pero luego sincronizó sus chupadas y se tragó todo lo que pudo, casi sin fuerzas me deslicé dentro del agua tibia y reconfortante, pero nada más abrir mis ojos me encontré con una almejita lampiña que chorreaba agua y se avecinaba a mi boca. —Papito es tu turno … comete mi coño … es todo para ti — Vanessa con sus piernecitas abiertas me entregaba su capullo empapado en agua y jabón, tomé sus párvulos glúteos y acerqué sus impúberes carnes a mi labios, Vanessa gimió al sentir que mis labios atraparon a su erguido clítoris, aún jadeante después de la acabada en boca de ella, mi lengua comenzó a recorrer ese diminuto chocho, lentamente el sabor a agua y jabón se fue transformando en un exquisito elixir de chuchita infantil, sus fluidos emanaban en abundancia y ella aferraba mi cabeza y refregaba su concha en mi boca, tenía una capacidad asombrosa de mover su pelvis y sus caderas, su conchita hacía un sube y baja en mi boca tragándose mi lengua, le metí un dedo pulgar en su culo y ella se volvió como loca —Ssiii papito … uummff que rico papito … — comenzó a follar mi boca desesperadamente y luego colapso en interminables convulsiones y espasmos que la tuve que sujetar para que no se cayera, gemía y respiraba entrecortadamente, susurraba muchos “que rico” y otras ininteligibles palabras, la hice deslizarse junto a mi pecho y quedo inerme a recuperarse en mis brazos. Fueron momentos de total éxtasis, no emitíamos una sola palabra, solo había espacio para besos y caricias, Vanessa muy acurrucada a mi pasaba su lengua humedeciendo sus labios una y otra vez, yo recogí la esponja y comencé a bañar sus hombros, luego traté de jugar con sus inexistentes tetitas, solo un pequeño pezón que se endureció entre mis dedos, levanté su barbilla y le di un beso en la boca, ella respondió efusivamente, luego tomó mi flácido pene en sus manos —Éste no quiere más guerra, papito —Tú lo has dicho, cariño —Tengo hambre papito … ¿podemos comer alguna cosa? —Por supuesto mi amorcito … sequémonos y vamos a la cocina … te prepararé algo Vanessa salió de la vasca chorreando agua y alcanzó una toalla para ella luego me pasó una a mí, nos secamos, ella fue a buscar la remera que usaba como pijama y yo me puse mi albornoz —¡Uy! Que elegante que estás, papito —No te burles de mí, pequeña —Pero si es verdad, papito … pareces un acaudalado Señor de negocios importantes … —¡Que acaudalado ni que acaudalado! … soy solo un profesional que trabaja para papá fisco —Pero estoy segura de que eres un importante trabajador de papá fisco Me hizo un guiño que me resulto divertido, la chicoca continuaba a asombrarme con su rapidez de mente, no se le escapaba detalle y era muy divertida en sus comentarios, charlamos de todo y me parecía estar con una mujer adulta acostumbrada a tener amantes y a despertarse en casas ajenas, le pregunté por su novio y me dijo que no era tanto su novio, más bien un amigo con ventajas, ya que él tenía una esposa —Y tú … ¿Dónde está tú esposa? —Yo … bueno … yo me separé hace muchos años y vivo solo —¿Y tú mujer? —Ella … bueno ella rehízo su vida y vive con otro —Eres un cornudo … tienes una cornamenta de alce Se reía con una risa contagiosa que hizo que yo también me riera casi a carcajadas —Te equivocas … fui yo que le fallé … ella me sorprendió con otra … nos divorciamos —Entonces eres un viejo caliente que se anda follando hasta a las nenitas que encuentras por ahí —Quizás … tu eres la primera … nunca había sentido esta atracción que tú me provocas —¿Y tú quieres que yo te crea? —Pues es la verdad y a mi edad, ¿de que vale mentir? —Pues no te hagas, que no eres tan viejo, me has cogido muy rico … mejor que mi novio —Gracias nenita, pero el mérito es todo tuyo porque me provocas mucho —Y tu también me provocas a mí, papito rico Vanessa se levantó de su taburete y me pidió que la alzara y la pusiera en mis rodillas —Ves … haciendo eso eres tú a provocarme —Pero si no he hecho nada papito … a ver … déjame ver … ¿Qué es esta cosita que se está poniendo durita? Metió su manito entre los pliegues de mi bata hasta que alcanzó mi verga que de reflejo se inició a erguir como un soldado dispuesto a dar guerra, esta nenita haría quebrar a los laboratorios del Viagra, es mucho más efectiva con su falsa inocencia y lujuria, se acomodó a horcajadas en mi regazo e inició una masturbación fantástica, luego con una cuchara saco un poco de dulce de leche, me embadurno el miembro y se puso a chuparlo como una delicia. Yo no entendía nada, sentía mi pene algo delicado —Córrete en mi boca una vez más, papito — sus ojitos centelleaban con lujuria e imploraban por mi semen, por dos veces ella me echo dulce de leche y luego lo quitó todo con su lengua y sus chupadas, el placer más grande que madre natura nos ha regalado, me lo estaba haciendo sentir esta pequeña con su menuda lengüita —¡Oh! … pequeñita … ssiii … continua asíii … ssiii — me corrí una vez más, pero esta vez no fue abundante, después de todo soy un adulto mayor, no puedo generar esperma como un joven, eso sí, mi esperma fue espesa y cremosa, la chiquita no me soltaba el pene, lo estrujaba con sus deditos para hacer salir hasta la última gota, yo estaba con mi cabeza hacia atrás perdido en una nube de lujuria. —¿Te ha gustado, papito? La nena limpiaba sus labios con el dorso de su mano y me miraba con una mirada ávida, en espera de alguna recompensa, para ella una aprobación mía iba a ser su pago, esperaba ansiosa mi respuesta, yo la levanté y la volví a sentar en mis rodillas —Tesoro … nadie me ha hecho correrme cómo tú y jamás pensé que eras tan buena mamadora, querida … simplemente ha sido la mejor chupada de mi vida — Vanessa me hecho sus brazos al cuello y me besaba y me abrazaba —¡Oh! papito, a mi también me gusto tu semen, junto con el dulce fue un manjar exquisito Sus ojitos estaban sonrientes, ella estaba feliz, me besó muchas veces y sus labios sabían a manjar y a esperma, sentí mucha ternura por ella y por la simpleza de sus afectos y sentimientos, nos habíamos entregado ambos a un festín de sexo y lo disfrutábamos entre ambos con intensidad, esta chiquita a su tierna edad ya tenía su técnica, me masturbo, me mamó, me metió sus deditos en mi ano, acaricio mis huevos cómo nadie, me los chupo y los metió en su pequeña boca, primero uno y después el otro, después se tragó mí verga hasta la raíz y engulló todo el semen que salió de mis pelotas, era una libidinosa putilla y lo hacía con gusto, de su propia iniciativa, no había que forzarla a nada, todo estaba bien para su placer y lujuria. Sentada en mi regazo, metí mis dedos bajo la remera y toqué ese chocho liliputiense, me parecía extraordinario que haya podido aceptar mi gruesa verga, en ese coño pequeñísimo y regordete, enfilé uno de mis dedos y le acaricié su botoncito, Vanessa gimió y se apretó a mi pecho, abrió sus muslos espontáneamente, con dificultad le metí un segundo dedo y comencé a masturbarla, ella comenzó a lamer mi pecho y a contorsionarse, sus gemidos se intensificaron y su respiración se puso más afanosa, luego tomó mi antebrazo y comenzó a forzar mis movimientos para hacerlos más rápido, abrió sus muslos y los pellizcaba desesperándose en su calentura … —¡Ooohhh! … papito … papito … me estoy corriendo … uummff … que rico … ssiii … La chiquita se estaba muriendo de placer en mi brazos, busqué sus labios y me respondió con un apasionado beso, su minúscula lengua bailando alrededor de la mía, su torso encorvado hacia adelante y su pelvis frotándose contra mis dedos y su pelvis follando mi mano, la había hecho acabar y por algunos instantes se quedó inmóvil sintiendo mis dedos que continuaban a follarla, luego junto sus muslos y me dio a entender que debía sacar mis dedos de su conchita, con un tímido ademán bajo la remera para cubrir hasta sus rodillas y se escondió en mi pecho. Ambos estábamos un tanto extenuados, ella dormitaba abrazada a mí, me levanté con ella en brazos y la llevé a la cama, la acomodé, la cubrí con las sabanas y ella abrazó la almohada para volver a dormir, eran la cinco de la mañana, no tenía que ir a trabajar ese día, así que me acosté detrás de ella a cucharita y me quedé dormido. El sol estaba alto en el cielo y sus luz entraba a rayitas por mis persianas, la pequeña dormía sueños beatos, a veces se sobresaltaba como si estuviese soñando, quizás teniendo alguna pesadilla, ¿cómo una nena como ella podría tener pesadillas?, me pregunté, a nueve años folla como una vieja puta, sabes todo o casi todo del placer del sexo y lo disfruta, quien sabe desde hace cuantos años que folla, quien habrá sido su mentor … ¿el chofer del colectivo? … no quise creer que un simple conductor de un taxi pudiese haberle enseñado tantas cosas, la sentí refunfuñar y gemir, luego la sentí que lanzó una patadita hacia abajo, quizás sueña que pelea con alguien, mire su cara y no pude leer nada en su rostro inexpresivo. La observé por largo rato, sus rasgos de niña eran evidentes, reflejaban su tierna edad, Vanessa abrió sus ojos y esa mirada era diferente, sus ojos parecían de una adulta, movió su cuerpecito para sentir mi polla en sus nalgas y luego apoyó su espalda en mi pecho, pasé una mano y acaricié sus pezoncitos diminutos, sensualmente besé su cuello y ella se refregó en mí, haciéndome sentir que le gustaban mis caricias, poco a poco moví mi mano hacía su fruto prohibido, me sentía cómo en el paraíso, todo un Adán sintiendo la serpiente que se contorsionaba en mi piel y mis manos recorriendo su cuerpo dirigiéndose hacia su manzana empapada en lujuriosos fluidos, la voltee en su espalda y me fui a besar esas tetitas que un día no muy lejano crecerían, chupé toda esa delicada piel, cómo Adán, estiré mi mano para coger la manzana, mi Eva abrió sus muslitos atrayéndome hacia el pecado, cuando abrí sus labiecitos una descarga eléctrica recorrió mi espina haciéndome encorvar mi espalda, creí sentir un dolor, quizás era un castigo de dios, pero ya nada importaba, las cataratas hechiceras de sus fluidos se habían abierto y mi cerebro se obnubiló, borrándome del paraíso —Que hermosa eres, mi amor … eres tan linda mi pequeñita … Vanessa solo gemía y empujaba mi cabeza hacia su arroyo divino, su encharcada vagina lucía brillante e inflamada, milímetro a milímetro mi lengua recorrió su torso, su vientre y ese maravilloso monte de venus, liso sin pelitos ni vellos, mi lengua se perdió en esos tiernos y sabrosos pliegues, su pelvis comenzó a rotar y ella comenzó a gozar … —Papito … cómo me gusta … que rico lo haces … más … chúpame más … La hice estremecer apoderándome por un rato de su clítoris, luego me deslicé hacia arriba y apoyé mi pecho en esos pezoncitos, sus mamas eran inexistentes, pero verla así pequeña y femenina, era una carga erótico de por sí, mis sentidos comenzaban un viaje hacía la concupiscencia absoluta, quería volver a depositar una carga de lefa en su coño novicio, su suavidad y elasticidad eran suficiente cómo para provocarme esa lascivia morbosa de querer poseerla. Tendría que reencarnarme en cualquier excepcional escritor, para encontrar los términos claros y concisos y describir a los lectores las sensaciones que estaba sintiendo, los estímulos que me transmitía esta chicoca, quizás nunca encuentre modo de relatar esta experiencia inaudita, pecaminosa, perturbadora, no había nada en mí de arrepentimiento, de culpa, de pesar, me sentía como un semental dándole a su potranca ganosa de verga con todo, la sentía revolcarse bajo mi cuerpo contorciéndose sin escrúpulos ni medias tintas, a ella le gustaba follar y ser follada, por lo menos es lo que intentaba mantener en mi mente para disfrutarla a concho. Me parecía una pequeña criatura sedienta de sexo, quizás una picola ninfómana, lo cierto es que Vanessa era insaciable, me la estaba comiendo a besos mientras acercaba mi glande a su bañada hendedura, ella abrió al máximo sus muslos para dejarme penetrarla, su boquete estrechísimo hizo que mi miembro resbalara fuera un par de veces, su manito aferró mi pene y con experticia, se enterró mi verga en su chocho, apretó sus muslos y gimió con largos quejidos, y tentó abrazar mi cuerpo sudado y caliente, mi lujuria estaba desatada, me la estaba devorando, sus gemidos y chillidos me hacían aguijonearla con mi punzón en lo profundo, hasta hacerla gritar —¡No! te detengas, papito … sigue … sigue … asiii … ssiii … papito rico … asiii … Vanessa colapsó y sus palabras se transformaron en algo incoherente, balbuceaba y gemía, trataba de enterrar sus uñas en mí sin lograr rasgar mi gruesa piel, me empujaba cómo si la estuviera ahogando con mi peso, pero cuando trataba de alzarme, ella me tiraba sobre su cuerpecito una y otra vez, luego sus fuerza la abandonaron y se relajó con sus muslos abiertos, yo no había acabado, pero me parecía irrelevante al lado de su potente orgasmo, lo único que deseaba era complacer su chocho hirviente. Me deslicé a su lado y ella se giró exhausta, me dediqué a acariciar su cadera y su nalga, ella se giró quedando boca abajo, me levanté y mis besos se esparcieron por su espalda, bajando a sus glúteos, me encanta lamer, así que lamí la tierna carne de esos cachetes blanquitos y los abrí para penetrarla con mi lengua, Vanessa se medio giró y me miro con una sonrisa en sus labios, yo también le sonreí y le hice un guiño, ella volvió a apoyar su cabeza en la almohada y levantó ligeramente su culito, el canal que se formaba en medio a esas dos protuberantes nalgas y la calidez que emanaba su orificio rugoso y diminuto, que me hizo aflorar mi libido, sus ruidos, murmullos y quejidos me decían que disfrutaba el asalto a su ano, estaba sintiendo tanto placer como yo al lamer su culito albino, tuve que arreglar mi tremenda erección para que no me molestara, Vanessa de dio cuenta que la estaba follando con mi lengua, ya que mis movimientos habían aumentado en el frenesí de sentir la palpitaciones y contracciones de su esfínter, la llevé al paroxismo, muy cerca de un orgasmo, pero no la hice acabar, la giré, puse un grueso almohadón bajo sus glúteos, y teniéndola así de frente, apunté mi glande a su esfínter y delicadamente la penetré toda, Vanessa se movía lo suficiente para hacer deslizar mi polla dentro de ella, sus ojos no se despegaban de los míos, una vez más nos uníamos carnalmente deleitosamente. Su culito era muy estrecho, mucho más que su panocha, me hacía sentir una perversa lujuria el tenerla empalada en mi pene y con su rostro lleno de goce, delicias supremas indescriptibles, mi Vanessa se movía gozando de ser pistoneada profundamente en su ano, esto superior a millares de pajas, esto era un goce extremo, un goce divino, su conchita derramaba fluidos que bañaban mi verga que entraba y salía de ese túnel de placer, lubricándola para aceitar el mecanismo de la maquina perforadora en la que me había convertido, Vanessa comenzó a mover su cabecita de lado a lado, bramaba y resoplaba su lujuria, intentaba tirarme encima de ella, pero yo me gozaba la vista de mi verga que penetraba su culito estrecho repetidamente. Chilló en modo espeluznante cuando al fin convulsionó en un orgasmo animal y salvaje, lo que gatilló mi percutor e hizo que yo también me corriera en su agosto pasaje, con sus manitas juntas me pedía que le acabara un poco de semen en ellas, quité mi pene de su hoyuelo y dirigí unos chorritos a esas tiernas manos, ella sonreía gozosa y comenzó a espalmar mi esperma en todo su cuerpecito, me derrumbé a su lado respirando fatigosamente, ella se excuso y se levantó al baño, seguramente para evacuar mi lefa de su recto, me quedé solo por un momento y los pensamientos culposos comenzaron a devorar mí conciencia, pero cuando ella regresó y se puso a caballo en mis muslos, el peso de la chicoca hizo que la balanza se moviera hacia el lado de la libidinosidad, y ya nada me detuvo, si bien no podía tapar el sol con un dedo, mi erección era suficiente para obnubilar cualquier razonamiento circunspecto. Abracé a la chicoca y la tiré hacia mí … —¿Te dolió? —No mucho … la primera vez que me lo hicieron, si que me dolió … —Y de eso, ¿hace mucho tiempo? —Sí … hace unos cuatro años … —¿Y de cuando qué haces el amor? … quien fue tú primer hombre … —¿Por qué me haces estas preguntas? … no me gusta hablar de ello … no es agradable —Perdóname … no quiero que te recuerdes de cosas feas que te hayan sucedido —¿Recuerdas que te conté que mi padre bebía y mi hermano se drogaba? —Ellos eran mi pesadilla … temblaba cuando los escuchaba regresar a casa … no tenía via de escape … ellos me usaron todas las veces que quisieron … y todavía lo hacen cuando regreso a casa con ellos … por eso prefiero quedarme afuera con alguien … hago el amor con hombres mayores, pero no me maltratan, no me pegan, no me hieren … por el contrario, recibo muchos halagos … me he acostumbrado a esto … y me pagan lo suficiente para alquilar una pieza por ahí y no regresar a casa … —¿Y cuantas veces a la semana encuentras algún cliente? —¿Sabes dónde están Los Trapenses? —Hay gente por ahí que me conoce y a veces estoy varios días por allá … ellos tienen bellas y cómodas casas … lindos autos y mucho dinero … puedo vivir más de un mes fuera de mi casa con lo que ellos me dan Vanessa me narró muchas situaciones horrorosas, pero sin perder un momento su dignidad ni su temperamento, a veces me hablaba como en tercera persona y no se tratará de ella misma como protagonista, creo que esa era su válvula de escape a la realidad, una realidad paralela para sí sola. Bueno, la chica se prostituye, estaba pensando con el pene lo sé, pero no seré yo el que se la pueda a cambiar las asquerosidades de este mundo, pensé en procurarle un desayuno frugal y llevarla al sitio de donde la recogí, había pasado unos buenos momentos con ella, demasiado hermosos y no podía dejar que se fuera sin disfrutar su propio deseo y placer, la chicoca se había puesto a cabalgar mi verga, no se la introducía, solo refregaba sus labiecitos en la cabeza de mi glande, quise tomas sus caderas pero ella me quitó las manos y siguió balanceándose sobre mi miembro duro, su angelical rostro era todo un programa, era una mujer que quería disfrutar de su macho y sería ella la que comandara la escena. Vanessa había tomado su ritmo y en estos momentos el instrumento del placer era yo, su dulce boquita subió a mis labios y su lengüita se introdujo en mi boca como una serpiente, jugaba a lamer el interno de mi boca, emitía sonidos de ninfa en celo, más de un par de veces mordió delicadamente mis labios, embriagándome en el sabor de su saliva, después apoyó ambas manos en mi pecho y contorsionando su cinturita, bajó sus caderas hasta empalarse una vez más en mi miembro —Ssiii mi niña … estoy dentro de ti … muévete … muévete … asiii El afelpado guante de su chocho envolvía toda mi pija, soplé en sus oídos un saco de sonidos y palabras calientes junto a gemidos libidinosos, me estaba haciendo gozar nuevamente, el goce insuperable, mi verga se hacía espacio y escarbaba en sus entrañas, Vanessa ronroneaba como una gatita, frotaba su pelvis contra la mía, mis vellos púbicos contra su tierna piel lampiña, era una danza de amor, ella sentía tanto placer y incontrolable, sus muslos vibraron tratando de apretar mi cuerpo, la nena se corría jadeando de placer y emitiendo agudos chillidos de lascivia, su orgasmo se prolongó por varios minutos, yo la dejaba hacer y que desahogara su placer en mí, cuando ella se normalizó, me bastaron pocos embates y descargué mis cojones en su conchita, la nena me acariciaba y besaba, extraordinario el sentimiento, me parecía estar en un harem con mi preferida que me entregaba toda su pasión de hembra, me sentía como un Jeque o un Sultán, mi odalisca, mi concubina estaba allí para satisfacerme, era como una criatura de cuentos de hadas de las mil y una noche. No había que darle tantas vueltas al asunto, Vanessa se regocijaba y le encantaba sentir una pija en su concha, lo hicimos varias veces más, hasta el mediodía, le di suficiente dinero para que se mantuviera alejada de sus parientes y luego bajamos al estacionamiento, salimos raudos hacia el centro de la ciudad, no había gran circulación de personas ni de vehículos, en el edificio nadie salió a fisgonear, cuando atravesamos San Pablo con Manuel Rodríguez, me dijo papito déjame en el mercado —¿Te volveré a ver?... —No lo sé, papito … gracias por todo … gracias por el dinerito … —¿Dónde te puedo encontrar? —No lo sé, papito … la vida va dando tumbos … en uno de esos, quizás volveremos a vernos La vi alejarse con su andar despreocupado, hasta filosófica fue la despedida, la vi que se perdió en un pasaje dentro del mercado, desapareciendo de mi visual. ----- ----- ----- ----- ----- ooo ----- ----- ----- ----- ----- Los comentarios vuestros son un incentivos para seguir contando historias y relatos, vuestra opinión es siempre invaluable, negativa o positiva, es valiosa y relevante, todo nos ayuda a crecer como escritores y narradores de hechos vividos o imaginados, comenten, por favor. 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Autor: Juan Alberto Categoría: Sexo con Maduros

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Cuando mis papás me vendieron 2

2021-08-19


Mis aventuras con mi marido 25 años mayor que yo . Cuando me desperté de mi primera noche como casada a la edad de 15 años, tenía que cumplir como esposa y así que me bañe y como no tenía permitido traer ropa puesta pues me fui desnuda a la cocina para preparar el desayuno de Juan antes de que se fuera al trabajo, desayuno y me dijo no puedes ponerte ropa, cuando vayas a dejarme la comida te pones una falda y una blusa que te deje en la cama me dió un beso y se fué. Después de unos 15 minutos tocaron la puerta yo no conteste me daba miedo abrir no conocía a nadie en ese pueblo, cuando volvieron a tocar y escuché que dijeron: señora Adela, su esposo el ingeniero Juan le manda un regalo puede abrir yo temerosa abrí un poco la puerta cubriendo me pues estaba desnuda. El señor me dijo le traigo un horno de microondas que su esposo compro y lo tengo que instalar antes de que yo dijera algo me dijo aquí hay un nota para usted y me la entregó yo con pena le dije no sé leer me la puede leer por favor el me vió y empezó a leer el papel: Adela te compre un horno deja pasar al señor para que te explique cómo usarlo no lo dejes solo, solo abre la puerta y déjalo pasar, yo como toda mujer sumisa me quite y lo deje pasar, entro y trago grueso cuando me vio desnuda me dijo si gusta puede ir a cambiarse yo negué y le dije dónde está la cocina, él me veía y se acomodaba la verga yo con poco de vergüenza medio me tapaba pero a la ves pensaba que era normal pues si fuera algo inmoral creo mi esposo me hubiera dicho usa ropa ese era mi pensamiento de niña ilusa total el vendedor conecto el horno me explico y se fue no sin antes acomodarse su verga descaradamente, me subí a bañar y a cambiarme pues tenía que ir a dejar la comida de mi esposo a su trabajo. Salí de la casa con una canasta de comida y de ropa llevaba una falda pegada que apenas y me tapaba las nalgas, una blusa que era suelta pero tenía un escote que si no tenía cuidado se me veían mis chiches, lo bueno era que tenía chiches y eso hacia que se atorara la tela y no enseñará de más, cuando llegue al trabajo de Juan pregunté por él en la obra los trabajadores me veían con ojos de hambrientos, me fui directo a dónde estaba mi esposo, saludé estaba con tres hombres más viendo unos papeles él levanto la vista y me presento a sus amigos y ellos le daban una mirada de que pasó cuando te casaste. Juan me preguntó si me había gustado el regalo le dije que si pero que me hubiera dicho que iban a ir para yo poderme cambiar él miro a sus amigos y dijo hay Adela si te hubiera avisado ya no era sorpresa que más da si estabas desnuda o no, solo eres mía ellos abrieron los ojos al escuchar que no estaba vestida, me dió un beso y me dijo tengo otro regalo pero este lo usarás tú, espero y te guste yo emocionada le sonreí me dió una caja la cual abrí delante de sus amigos y ví lo que era yo no sabía para que era esa punta y tenía una base de cola de conejo, sus amigos abrieron los ojos casi a salirse de su órbita, me volteo a ver a Juan y me preguntó que que es y el con una sonrisa me dijo se llama plug y es para que lo uses y yo después también lo disfruté contigo yo iba a cerrar la caja para guardarlo cuando escuché a Juan decir: agáchate te lo pondré yo no sabía que decía a si que con pena me agache y sus amigos de Juan se pasaron a dónde el estaba solo escuché que le dijeron eres un perro con suerte, Juan me dijo tienes que ponerle saliva y lo puso en mi boca lo chupe y dijo Mario agárrala cuando empecé a sentir que me sobaban mi coño y empecé a sentir rico igual que en la noche a un punto que sentía un calor insoportable cuando sin me puso el plug en mi culo me dolió mucho pero jamás dejaron de estimular mi clítoris y exploté en un órganos me ayudaron la enderezar y sentía una incomodidad en mi culo, le dije a Juan que ya me iba y me contestó que esperará a que terminará de comer estaba parada cuando me dijo siéntate mujer yo miraba incomoda a sus amigos en eso él leyó mis pensamientos y me dijo no te preocupes ellos son mis amigos irán a la casa y los atenderas comiste debe estás en confianza así que intente sentarme pero la incomodidad del culo no me dejo y me pare le dije no puedo sentarme es incómodo él vió a sus amigos y dijo ven siéntate en mis piernas abre las para que estés cómoda, lo hice y el vestido se subió todo yo con pena me tapaba hasta que él me dijo déjate como si nunca hubieran visto una vagina casi virgen y mejor dame de comer en la boca como siempre solo obedecía, sus amigos se sobaban la verga encima de la ropa y me veían, en ves de comer su comida me querían comer a mí, cuando Juan dijo ya me cansé Adela y Mario le respondió puedo cargarla yo a si tú descansas y sin pensarlo me aventó dónde estaba Mario cuando me senté sentí una gran verga no sé por qué pero empecé a sentir ese calor otra vez, ganas de tocarme la vagina y sin querer empecé a cerrar las piernas ya no era tan molesto el plug era tanta mi calentura que lo disfruta, se dió cuenta Juan y le dijo a Mario no ves el calor que tiene Adela por qué no me bajas el calor con tu mano Mario o alguien quiere, sin mas sentí una mano y levanté la vista y Juan me vio como diciendo si te quitas te pego yo con temor no hice nada más que disfrutar y gozar, sentir esa mano tocando mi clítoris y viéndome los demás era rico una adrenalina que no había sentido nunca cuando empecé a sentir que lo que tenía en el culo entraba y salía una bruma grande empecé a sentir cuando ví a Juan con la verga de fuera y masajeandola empecé a sentir más calor los otros dos estaban igual a Juan cuando de repente dije me voy a orinar y solté un gran chorro de mi squirt que moje a Juan mientras yo convulsionaba de mi orgasmo ellos me llenaron de semen el coño hay me los aventaron. Juan dejo que me relajará un poco y me acomodo la ropa comieron y me dijo vete no vayas a quitarte eso del culo en la noche lo usaremos vete con cuidado y no le habrás a nadie, yo llego en un rato despídete de mis amigos dales beso en la boca yo todavía en mi estupor deje que me besaran y me despedí cuando escuché que uno decía que rico se te ve el culo con eso cuando vayas a pasar por el mercado te agachas como si recogerás algo pero con el culo hacia arriba que vean querés la puta esposa del ingeniero. Yo solo hice lo que me pidieron y pude escuchar en el mercado cosas de los hombres como de quién es esa puta y de las mujeres que decían válgame Dios esa mujer de que prostíbulo la sacaron y se persinaban como si hubieran visto al diablo. Hasta aquí este relato espero y les guste y se hagan una jaladita pensando en mí

Autor: AIMEE25 Categoría: Sexo con Maduros

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Mis padres me vendieron 1

2021-08-19


A los 10 años me vendieron y hasta los 15 años mi esposo me uso y de qué manera primero él, luego sus trabajadores hasta tener una vida incestuosa. Mi nombre es Adela tengo 37 años y esta es mi historia. Nací en un pueblo donde las mujeres no sirven más que para tener hijos y coger, a la edad de 10 años me vendieron a una persona 25 años mayor que yo el tenía 39 años cuando me compro, pero no desvirgó ni tampoco me fui con él, el pidió que me cuidarán y me enseñaran cuáles eran mis obligaciones. Cuando iba a cumplir 15 años yo ya sabía cocinar, lavar hacer todo tipo de trabajos de una ama de casa menos coger solo mi esposo lo podía hacer, él me visitaba cada 20 días me llevaba regalos y un poco de dinero para mis gastos pero nunca me tocó, una semana antes de cumplir los 15 mis papás me dijeron que ya era hora de que supiera lo que era coger y satisfacer a un hombre así que llegando la noche me pudieron que no me durmiera que tenía que ver unas cosas y así fue a las 10 de la noche que ya se habían dormido mis hermanitos corrieron la cortina que separaba el cuarto de mis papás, mi mamá y mi papá desnudos me empezaron a explicar que lo que le colgaba a mi papá era una verga y como tenía que darle placer a un hombre. Mi mamá agarro la verga de mi papá y empezó con la mano a masajear le escupía y sin más se la llevó a la boca y empezó con una mamada que en ese tiempo yo no sabía nada de acto, luego mi papá le dijo a mi madre acuéstate y ella lo hizo mi papá me dijo lo que seguía y que al principio me iba a dolor pero que para eso estaba para satisfacer a mi hombre y si el quería me compartía con otros hombres o si le gustaba hacerlo duro con golpes yo no podía quejarme para eso me compro y tenía que complacerlo, yo solo veía a mi papá como le metía la verga a mi mamá y lo que le decía y como ella se quejo y lloró cuando el se la metió por el culo sin contemplación, yo tenía miedo pero igual algo dentro de mí se empezó a sentir unas de sobarme mi coño como mi papá me decía que se llamaba llegó el momento que él caliente me dijo: yo quería tener a una niña por qué me la quería coger yo pero me ofrecieron dinero por tí y ya no puedo tocarte. Así pasaron los días cumplí 15 años me hicieron de comer mole y me mandaron a bañarme al río como siempre mi mamá me acompañaba a todos lados para cuidarme pues ya era una mujer casada y tenía que estar virgen hasta que mi marido me usará y así fue la tarde llegué y mi marido igual no era un hombre guapo ni buen cuerpo, era feo y medio gordo me llevo un regalo y me dijo que no lo abriera hasta que estuviera a solas con él, comimos y me dijo despídete por qué ya no los verás iremos a vivir a otro lado y así fue. Cuando llegamos al nuevo pueblo me dijo: eres mi mujer y de ahora solo harás lo que yo te diga, llegamos a una casa no grande pero tampoco chica, amueblada bonita yo iba toda nerviosa por qué no sabía cómo hacer de ahora en adelante. Cerro la puerta y me dijo aquí no usarás ropa todo el día y noche estarás desnuda solo en ocasiones especiales te pondrás ropa pero prohibido usar calzones, estás limpia bañada y cuando tengas tus sangrados te compraré unos tampones y eso usarás solo eso, me voy a trabajar a la obra a las 9 y me tienes que llevar comida a las 2 de la tarde y te regresarás cuando termine y después llegó a las 6 y tienes que estar bañada y con la cena lista, no puedes hablar con nadie al menos que yo lo permita eres mi esposa y yo solo decido con quién estarás y a quién le hablas. Vamos al cuarto y por primera vez vas a saber lo que es tener una verga en tu coño virgen ponte mi regalo y nada de llorar que ya sabes a lo que vienes le dije a tu mamá que te explicará. Yo como toda niña con miedos me fuí a bañar y ponerme lo que me regaló, era una tanga muy pequeña y un brassier que no me tapaba nada me lo puse y salí el estaba viendo una película porno y se estaba masturbando viendo la película, me vió y me dijo ven acuéstate boca abajo y ve la tele así lo hice y cuando sentí el me empezó a masajear las nalgas yo empecé a sentir un calor como cuando ví a mis papás coger la película era muy explícita y era una niña con un hombre más grande que mi esposo, empecé a sentir algo mojado mi coño y el empezó a darme besos y mordidas en las nalgas cuando empezó a escuchar unos quejidos míos me dijo: mira si vas hacer una puta perrita y vas a gozar mucho cuando sentí que un dedo resbaló dentro de mi coño y el me restregaba su verga en mi culo al principio tenía miedo y asco pero ya a esas alturas solo quería que me hiciera lo de la película, le dijo ahora sí puta volteate y te voy a comer tu coño y así lo hizo jamás pensé que podía sentir tantas cosas con solo la lengua, me la pasaba por toda mi vagina, metía día dedos y los sacaba mientras con la legua tocaba mi clítoris que era lo más rico que había sentido en mis 15 años de vida, cuando sentí que otro dedo se fue dentro de mi culo y fue cuando perdí toda razón y exploté en un orgasmo mi primer orgasmo no me dejo descansar cuando sentí un fuerte dolor en mi centro un desgarre tan grande que empecé a llorar y él solo me dijo ahora sí sabrás lo que es bueno y empezó a cogerme sin parar la verdad no duró mucho pues me decía que era muy estrecha y que sentía que lo ahorcaba y terminó luego. Así empieza mi vida de casada.

Autor: AIMEE25 Categoría: Sexo con Maduros

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