Relatos Eróticos de Sexo con Maduras


Milagros 1 en el love hotel

2019-08-27


Milagros I Llevaba más de un año que mi mujer no me hacía caso y yo estaba más salido que el pico de una plancha, por aquel entonces yo ya conocía a Milagros una señora que conocía de un taller de cerámica que realizaba los jueves a las afueras de Barcelona. Milagros siempre había mostrado una actitud muy receptiva hacia mí y yo procuraba corresponderle interesándome por sus trabajos y comentando diferentes técnicas, ella tenía 69 años era Uruguaya y vivía con su hijo, y su nuera, pero cada vez la relación con la nuera iba a peor, yo 56 años y siempre me han gustado las mujeres maduras un poquito rellenitas. En los últimos tiempos había notado una aproximación un poco más intensa entre ella y yo cuando nos rozabamos en el taller, o cuando nos saludabamos al darnos un beso, nos tocábamos más. Así que decidí dar un paso al frente he invitarla a tomar un café para contarnos cómo fue el verano y las vacaciones y así empezó todo. Hablamos y hablamos durante una hora y como hacía buen tiempo fuimos a dar un paseo por el paseo de la playa, fuimos con mi coche y dejamos el suyo bien aparcado, al volver le abrí la puerta y aproveché la cercanía para darle un beso en los labios, ella se sorprendió pero no dijo nada, yo sí le dije ruborizado que me gustaba mucho desde hacía tiempo. Así que fuimos a por su coche que habíamos dejado en un centro comercial, cuando ella me puso la mano en la pierna diciendo : “esto no lo podemos dejar así”. Por lo que nos fuimos a un “hotel del amor” de la autovía de Castelldefels (son hoteles muy discretos para parejas), pillamos una habitación, en el ascensor nos mirábamos con codicia, deseo, y respeto y nada más cerrar la puerta, me lancé a comerle la boca acariciándole el pelo y dejando que nuestras lenguas bailasen a un mismo ritmo, mordiendo sus labios (superiores) y atrayendo su cara hacia mí de tanto en tanto me iba hacia su cuello y lo besaba, los dos ardíamos de pasión, más tarde me enteré de que hacía años que ella no se comía un colín y esta experiencia le vino como agua en el desierto, se le notaba que tenía falta de cariño carnal, que su piel tenía un deseo que había que satisfacer, seguí apretándole las tetas, mientras la miraba y la besaba, me puse detrás de ella, le mordía el cuello y me apretaba contra su culo, pues entonces yo ya tenía un rabo que no me cabía en el pantalón y a la vez que le magreaba los pechos le fui quitando el sujetador para ver como estaban de duras las tetorras, y comprobé que eran como dos grandes flanes desinflados, pero con muchas posibilidades. Tuve que parar porque estaba super excitado y quería disfrutar del momento y que ella también se sintiese como una reina y le ofrecí si quería algo del minibar o si quería que pidiésemos una botella de cava para relajarnos un poco. Puse un poco de música y ella comenzó a contonearse así que la seguí, bailamos cada vez más juntos ,y comencé poco a poco a quitarle el vestido por la cabeza dejando que sus tetazas bamboleasen con el movimiento, ella estaba super cachonda y se notaba que necesitaba amor y yo tenía amor en barra dura . Se quedó en bragas y me miraba a los ojos mientras yo miraba sus ojos, sus tetazas, su sexo y sus piernas, se sentía querida y deseada y eso la ponía como una perra en celo, yo me desvestí y me quedé en gallumbos pero con el rabo tieso, se me notaba un bultaco en los calzoncillos, que ella no desaprovechó y se acercó para explorar, lo palpó y me sacó la minga, la calibró en la mano, se agachó y se llenó boca de amor. Estaba salivando mucho para que todo fuese suave pero le dije que se levantara y así una vez de pie la agarré del coño y le metí un dedo en su rajita pero sin entrar en la vagina, y estuve tanteando el clítoris para sentir su evolución, así que me bajé a su pepita y la lubrique con mi lengua, a lo que ella dió un gemido, mientras empecé a comerle la concha, y ella me agarró la cabeza y me guiaba hacia donde queria a veces apretandome mucho y luego soltandome alargué las manos y le acariciaba y apretaba las mamellas (mano que teta no cubre, no es teta sino ubre) y pellizcaba suavemente los pezones que estaban como pitones a punto de envestir. Empezó a gemir de manera continua y mojé mi dedo en saliva y se lo acerqué por Detroit muy dulcemente y ella dio un pequeño grito, por lo que seguí acariciándolo porque la respuesta era muy salvaje, gritaba y se movía como si estuviera poseída, tenia un ojete super sensible pero no queria reconocerlo quería que parase pero que siguiese, parecían convulsiones hasta que finalmente se corrió y se quedó quieta En ese momento estaba como si volviese de un trance no sabía quién era y qué hacía allí cuando volvió en sí,me miró agradecida y agarró mi polla y comenzó a besarla y salivarla y la metió entre sus tetas y empezó a moverse delante y atrás y mirándome a los ojos para después comérsela toda, yo le agarré la cabeza y le acariciaba el pelo, flipaba del gusto y del morbo que me daba ya no pude aguantar mas y me corrí en su boca. Estábamos abrazados en la cama sin creer lo que nos había pasado y nos prometimos que eso tenía que repetirse a la mínima ocasión. Continuará...

Autor: Mandala9 Categoría: Sexo con Maduras

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Vacaciones con mi tía

2019-08-26


El marido de mi tía. Mi tía me ha invitado a su casa a pasar mis vacaciones con ella, siempre me he llevado muy bien con ella casi tenemos la misma edad solo me lleva cinco años nos contamos todo y me quiere muchísimo. Ya casi llega la guagua a su terminal estoy ansiosa por verla. Ya ha llegado la guagua estoy bajando las escalerillas ahí está ella pero hay un señor a su lado Wao que alto es, que bien se ve, es fuerte es todo un macho en verdad, me dice mi subconsciente que soy una niña no debo pensar así, conozcámoslo primero mi tía me abraza, me encanta cuando lo hace, sentir su tetas grandes rosándose con las mías pero ella siempre lleva ajustadores en cambio yo no, me encanta sentir cuando rosan mis mesoncitos son grandes y negros y muy susceptibles a las caricias, bueno llegó la hora de presentar al señor se llama David de cerca luce mejor es un verdadero macho es el novio de mi tía, me abraza que delicioso huele en verdad huele a macho se me erizan los bellos cuando me roza y se me ponen duros los pezones se me queda mirando al parecer le gustó el sentirlos. Ya estamos en la casa mi tía me enseña donde dormiré que lastima no dormiré con ella al parecer no habrá jueguitos nocturnos que tanto nos gustan. Mi tía me dice que se tiene que ir a trabajar, me quedo sola con David me pondré sexi para el vestido cortito una tanguita y sin ajustadores. Quieres algo de comer me dice David, si a ti pienso, no gracias no tengo hambre, se sienta delante de mí un poco más bajo del nivel en que estoy le abro mis piernitas para que pueda observar, noto su vista desnudándome giro la cabeza, lo tome por sorpresa y le pregunto cuánto lleva con mi tía, dos meses me dice, y tú tienes novio, no hace poco salí de una relación, siempre vistes así, si me gusta, me levanto a por unas galletas me diste hambre le digo quiero unas galletas, sabes dónde están me dice, si no te ocupes me subí a la meseta tomo la caja cuando me giro ahí está el observándome me ayudas a bajar, sí como no me carga en sus brazos fuertes y me baja quedó muy pegada a él siento su erección y el siente la de mis pezones, parece escena de telenovela, se aleja de mí y sube a su habitación subo sigilosa la puerta está abierta y el de espalda está haciendo un movimiento con su mano, porque lo haces si me tienes a mi disponible piensa mi subconsciente, ojalá se girara para ver su tamaño, no quiero que me descubra vuelvo a la sala, está bajando las escaleras, todo bien le pregunto si chiquita todo bien. Le digo a David que necesito tomar un poco de sol me pondré en el patio con una de las tumbonas, me puedes regar el dorador, me responde diciéndome que porque hago esas cosas, ingenua le pregunto que cosas no estoy haciendo nada, traigo el dorador de una ves y me tiró en la tumbona el comienza a regármela está fría y se me ponen duros los pezones y se me erizan la piel noto la mirada de David clavada en mis pechos me arqueo un poco para realizarlos noto su mano deslizándose por mis muslos casi llega a mi bollito pero no sé atreve a subir más yo solo suspiro me encantan sus mano son manos de hombre sube a mi estómago ha echado más dorador ya no lo siento tan frío pero estoy toda erizada se acerca a mis pechos al menos roza mis pezones con la parte superior de la mano Aah gimo me gusta me pide que me voltee obedezco le digo que si quiere suelte la tira del bañador se me ha quedado mirando supongo que mis nalguitas son duras y tienen una linda forma redonditas primero en la parte de atrás de los muslos rosa sigilosamente mis nalgas le digo que ahí también suspira y lo hace luego a mi espalda se ha sentado en mi en la tumbona me está haciendo un masaje me siento encharcadas casi he tenido un orgasmo y solo me está untando el dorador. Tengo sueño le digo voy a dormir el viaje me ha agotado está bien pequeña, llega mi tía en ese momento le abrazo fuerte y al oído le digo jugaremos está noche y me dice que no que estará ocupada con trabajo, pero son dos meses de vacaciones y David también trabaja de noche, entonces me voy a dormir tomo un baño antes en su habitación es la única que tiene baño en la planta alta, de pronto se abre la puerta es David a entrado a hacer pis y yo estoy desnuda se me queda mirando y de pronto se gira y me pide disculpas, le digo no hay problemas, salgo del baño en ajustadores y Blúmer y el está sentado en la cama otra vez se sorprende. Ya puedes utilizar el baño le digo como si nada hubiera ocurrido. A los pocos min ya el sueño casi me vence siento unos gritos pero no son de dolor y es mi tía me asomo a su cuarto están teniendo sexo, ella está en cuatro encima de la cama su cara está apoyada en ella y el está detrás de ella dándole una embestidas descomunales mi tía grita de placer cuando la saca un poco parece muy grande su pinga sin querer me estoy tocando estoy empapada he cerrado los ojos al abrirlos el me está mirando con cara de vicio y entonces regreso a mi cuarto a terminar de complacerme esa escena me ha encantado he tenido un orgasmo delicioso ya no se sienten los gritos de mi tía vuelvo a salir en su cuarto solo está ella dormida voy a la sala está ahí completamente dormido la tv encendida, bajo las escaleras está tapado de la cintura abajo, le destapó está desnudo me quitó los ajustadores y mis Blúmer y cojo su pinga en mi boca aún tiene jugos de mi tía y restos de su semen esto es la gloria pensé él se ha despertado sorprendido, pero que haces, quiero que me lo hagas igual que a mí tía, me has estado provocando todo el día chiquita, me ha gustado hacerlo y ahora quiero el resultado me empieza a tocar el bollo y le digo no soy virgen convencido sigue en su maniobra dios él sabe cómo tocar a una mujer, tengo su pinga en mi boca ya está dura es grande al menos es la más grande que he visto siento un dedo que entra en mi bollito me encanta me dice estás empapadita si me gusta mucho se levanta y me hace ponerme en la misma posición que tenía a mi tía ahora juega con mi bollito con su lengua esto es un mejor pensé, me dice tienes un culito muy sexi y me gusta apuesto a que tampoco eres virgen de él, le digo que si soy virgen por mi culito pero si me prometes que no me dolerá es todo tuyo, ok nena y lleva sus lamidas hasta mi culito se me escapa un gemido eso me ha gustado y él lo sabe se queda un rato ahí y mete un dedo ah creo que me voy a venir eso me gusta disfrútalo bebé me dice luego otro dedo y llega un orgasmo espero que mi tía no me haya escuchado aaaahhhh siiiii que rico, saca su dedo y empieza a jugar con su pinga a tratarla de entrar se ha untado algo logra entrar la caza me ha dolido un poco pero ya el sofá no me deja escapar el se detiene un momento sigue empujando es una sensación de dolor y placer exquisita me tocó el clítoris para incrementar el placer sigue empujando ya siento sus huevos en mis nalgas y empieza a embestir suave y va incrementando la velocidad le advierto que me duele aminora la velocidad ese es el punto así me encanta tío me gusta mucho ah que delicia estoy toda erizada los pezones se me quieren reventar estoy a tope otro orgasmo se me acerca así tío no pares ah sí rico rico quiero más el otro orgasmo tengo espasmos David me acusa boca arriba y sin haberme recuperado me la mete en mi bollito me siento llena quiero más ahora dame duro tío desgárrame el bollito aumenta las embestidas mi dios que pinga tan rica tienes no te vengas ahora dame duro quiero venirme así ah siiiii dame pinga tío ahhh aaah otro orgasmo y el también me dice que se viene dónde quieres la leche en mi culito tío la saca de inmediato y de un solo golpe me la mete en el culo grito aaah que dolor y siento su leche caliente llenando mi culito que rico tío ya la ha sacado y está saliendo su leche de mi culo tomo un vaso con whisky servido de la mesa de noche lo pongo en el piso me siento sobre él y comienza a salir su leche cuando ha salido toda le tomo de nuevo su pinga y se la dejo limpia tengo los restos de su limpieza en mi boca tomo el vaso de whisky con leche y me lo empujó de una el me dice a partir de ahora tu me vas limpiar la pinga cuando termine de hacerlo con tu tía pues a ella no le gusta.

Autor: Ailem Categoría: Sexo con Maduras

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El abuelo cabezón

2019-08-26


Te dije que era cabezón en muchos sentidos y ahora lo vas a ver y notar pues este conejito esta falta de macho y de ser bien follada, parece no te dieron rabo en su justa medida. Salía de visita del hospital de visitar a un buen amigo que había sido operado de la próstata, dirigiéndome a coger un taxi pues estaba cayendo una lluvia ligera y me empapaba toda, y no iba a dejar que mi blusa se trasparentara y dejara ver no llevaba nada debajo, cuando vi un taxi aparcado a la salida y me dirigí rápidamente a subirme por una de las puertas laterales cuando por la otra un abuelo hacia lo mismo, mirándome al verme pero sin cortarse un pelo entro y se sentó. Me sentí ninguneada pues fue poco cortes dejando lo cogiera ya que era el único, por lo que sin cortarme un pelo me senté también atrás por la otra puerta, contestando el con tono cabreado,que ya estaba ocupado. Le dije que me pareció poco caballerosa su postura, respondiendo el que lo mismo de una, que parecía no respetaba las canas que no le extrañaba nada hoy en día viendo las mujeres feministas que lo son solo para cuando les interesa. Me sentí tocada en mi ego y le dije que el parecía un abuelo machista de la vieja escuela y además cabezón… si no llega a ser por la intervención del taxistas no sé lo que hubiera sucedido pues en segundos nos dejimos de todo, hasta el punto que él me dijo que sí que era cabezón pero en doble sentido y yo necesitaba un macho me domara. No serás tú le dije, además ya tengo de vez en cuando quien me doma, cayendo en su trampa dialéctica, respondiendo el que parecía no me lo hacían bien pues era una respondona y feminista que tenía mucha falta de una cosa que él sabía bien. Estaba ya a punto de explotar cuando el taxista volvió a intervenir calmándome al igual que al abuelo, diciendo que como era el único taxi de momento en la parada pues la lluvia había hecho coger todos los demás, si éramos una pareja civilizada nos llevaría a los dos destinos sin problema. Viendo como llovía en ese momento y medio mojada, acepte si el abuelo también aceptaba, llegando a un acuerdo y dándole las direcciones el taxista dijo, no hay problema viven casi cerca, les saldrá más barato si van los dos. Tomo el camino el taxistas y sin apenas mediar palabra nos dirigimos algunas miradas ya más calmada como intentando pedirnos disculpas… cuando llegamos a su calle , esta andaba cortada con camión de limpieza de alcantarillas pues parecía había una rotura… el taxista dijo, que hago la calle es sentido único y tengo que dar un buen rodeo, el abuelo dijo, vale déjala a ella primero y después intentamos dar una vuelta pues llueve fuerte ahora. Cuando paro en mi puerta fui a pagar mi parte, dándome cuenta esa mañana había cambiado de bolso equivocado y el que llevaba dinero y las tarjetas no estaba en ese, poniéndome colorado en ese momento pues no sabía cómo pagar, diciéndole al taxista lo que me pasaba y subiría a casa y bajaba a pagarle mi parte. El abuelo rio a carcajada y dijo, si encima es gorrista, anda tome que lo pago yo y sacando un billete de 20€ se lo dio al taxista y le dijo cobre de aquí.. Me quede cortada y fui a responder cuando le dije, no, no, no quiero nada de usted, espere que le doy su parte y menos con lo borde que es... El viejo le dijo al taxista cóbrate que me bajo aquí que hay un bar y espero a que pare de llover y luego regreso a casa, no quiero más guerra con la víbora esta, ya diciendo en tono más cómico. Nos bajamos los dos yo medio cabreada pero también conmigo misma pues me había puesto sola en evidencia y le dije, espere que le bajo su parte, él se negó y dijo que aún quedaban caballero y me invitaba, volviendo a entablar otra pequeña guerra dialéctica ya menos fuerte sin darnos cuentas nos estábamos mojando. Entre risas mirándome ya con descaro el pecho que se trasparentaba con la lluvia, me dijo, anda sube que tu marido te estará esperando y te va a ver llegar así con esa pinta y va a decir de dónde vienes esta. Le dije era viuda que ya falleció hace tiempo, el pedio disculpas rápidamente y dijo lo siento, y perdona por esta pequeña pelea, no te preocupes y deja la deuda saldada, no te lo voy a cobrar… bueno le dije, ya que nos hemos mojado lo menos que puedo hacer es invitarle a subir y tomar un café y se seca un poco y si no para de llover le dejo un paraguas… anda suba y no discutamos más. Al final resulta que encima de guapa y buena va a ser una buena persona, dijo el para saldar ya la discusión… bueno no soy tan mala como piensa y creo usted tampoco será un ogro. Subimos a casa y nos dirigimos a mi baño principal que era más grande y espacioso diciéndole me dejara la camisa que se la ponía a secar delante de un secador de toallas que tenía allí, el riendo dijo le doy la mía y tú también pones la tuya aunque ya queda poco que mostrar, riendo con sarcasmo y mirando mis pezones que se transparentaban en la blusa empapada. Buenos somos adultos le dije, no creo usted con sus años se asuste de ver una mujer medio desnuda… él dijo, no,no me asustare aunque me agrada la vista, y siento decirte que los pantalones también los tengo empapados. No será un problema me los quite, tú también habrás visto hombres medio desnudos. En ese momento mire su pantalón distinguiendo un bulto bastante pronunciado en un lateral del mismo, viendo cargaba paquete a un lado y este abultaba bien. Bueno si se porta bien le dejare se los baje, y acto seguido soltó la correa y se los quito a la vez que la camisa, quedándome anonadada de aquel cuerpo delgado pero fibroso para su edad y además con un pectoral superpoblado de vello negro que contrastaba con su canosa y blanca cabellera. Por cierto disculpa por todo lo anterior, a la vez le dije que lo mismo por mi parte, quedándose en calzoncillos delante de mi sin saber en ese momento como actuar pues me quede un poco perpleja con la buena presencia del abuelo, mirando de reojo su paquetón y notando ahora porque me dijo aquella expresión que era doblemente cabezona en el taxis, pues se marcaba una barra a través del bóxer que indicaba un final grueso y cabezón. Me solté mi blusa como embrujada por su mirada y presencia y me di la vuelta como intentando ocultar mis pechos, sin darme cuenta que estaba frente al mueble del lavabo con un gran espejo que mostro mis pechos en todos su esplendor a la vista de él que miraba este sonriendo tras de mí. Me di cuenta de mi error e inocentemente trate de taparlos con mis manos haciendo más cómica si cabe aun la situación, acercándose el con caballerosidad y agarrándome mis manos, dijo, no tape lo que es bello y deje un viejo se recree en algo tan lindo como estos pechos, a la vez retiro estas, sin decir yo nada ni poniendo impedimento alguno, quedando ambos unos segundos mirándonos sin decir nada y diciendo mucho. Un suspiro por mi parte cuando rozo con sus manos mis senos, dio pie a que su boca besara mi nuca suave y dulcemente, haciendo ladeara mi cabeza para que siguiera con la labor pues me sentía ardiendo con su postura masculina y varonil a la vez que caballerosa, pues paso a ser delicado y retirando parte de mi melena volvió a besarme por el cuello mientras su cuerpo se pegó al mío, sintiendo ahora como su paquete se endurecía rozando mi trasero. Me sobaba los pechos con un buen arte, bajando seguidamente las manos para soltar mis falda y bajarla junto a mis braguitas, siguiendo el tras de mi pero a la vez también dejando caer los boxes para sentir ahora el calor y dureza de su grueso y sorprendente miembro. Me acaricio mi sexo con la mano intensamente introduciendo dos dedos dentro de el a la vez notaba estaba empapada y mojada, diciendo el que veía era una mujer ardiente, y parecía necesitaba un macho la calmara, volviendo a surgir su dialéctica dominadora y machista que ahora me gustaba oír. Me contornee frotando mi pompi con su duro rabo a la vez alargue una mano metiéndola entremedias de nosotros para palpar aquel miembro, quedando de sorprendida del grosor y dureza en mi mano mientras el mirándome por el espejo fijamente a mis ojos, reía ante la cara de asustada que había puesto. Te dije que era cabezón en muchos sentidos y ahora lo vas a ver y notar pues este conejito esta falta de macho y de ser bien follada, parece no te dieron rabo en su justa medida. Me gustaba oírlo, cuando le dije que esperaba se portaba como tal y me hiciera el amor hasta saciarme. El dijo, no te voy hacer el amor, te voy a follar como una hembra como tu merece, e inclinándome hacia el mueble del lavabo, sin dejar de mirarlo a través del espejo, puso una mano en mi espalda como aguantándome hacia adelante y con la otra agarro el rabo que no veía pero sentía y tras ayudarse con sus piernas para abrir las mías y un poco mis glúteos, acerco su duro estilete y poniéndolo en la puerta de mi deseosos y hambriento conejo, con un golpe sorprendente y fuerte de cadera, me la clavo de una fuertes estocada. Solté un seco gemido y mis ojos se quedaron blancos en un instante ante el ímpetu y la sorpresa del pollazo que acaba de recibir, pero a la vez un placer intenso como si explotaran millones de burbujas del gusto en mi interior y que subían por todo mi cuerpo hasta el resto de este, me hizo gemir como una hembra salida y deseosa de macho. Ves lo que decía, estas mal follada, mientras su cadera se contorneaba a veces hacia los lados y otras aceleraba sacando y metiendo hasta la base de aquel largo y duro rabo, haciendo me corriera como una novata en celo a las primera de cambio. Ufff dijo el, al notar mi explosivo orgasmo que me había sacado a las primeras de cambio., veo la falta es grande y voy a tener que cubrirte más de una vez para saciar tu falta de macho, agarrándome ahora de mi pelo sin hacerme daño pero dominándome como una yegua que está siendo domada, a la vez que de vez en cuando me daba golpes secos y fuertes de cadera sintiendo las penetraciones hasta el fondo de mi sexo, cambiando los ritmos sabiamente de aquel buen polvo me estaba dando. En cinco minutos mas de este polvo endiablado me hizo explotar por segunda vez, esta vez si no estay clavada me hubiera caído al suelo ,pues las rodillas se me aflojaron por la intensidad del placer me daba aquel viejo y portentoso macho que ahora se apoyaba sobre mi espalda para mordisquear mi cuello y sobar mis pechos mientras seguía penetrándome hasta el fondo. La postura no era lo suficiente cómoda por el lavabo bajo mis pechos pero sus manos amortiguaban las fuertes embestidas, notando a veces al bamboleo de sus bolas me golpeaban en los labios vaginales e interior de los muslos, notando estas eran gordas y peludas.. Le suplicaba ya que parara pues estaba fundida de tanto goce y placer haciendo el aún más acelerara sus embestidas, gruñendo como un macho en celo que domina mientras preña y cubre a la hembra delante de la manada para vean todos el poder masculino de dicho semental. Pensé se iba a correr pero paro y desclavándose me tomo y sentándose sobre la pieza del baño con la tapa bajada me agarro y me dijo me sentara sobre él, si bien le dije que me tomaba un pequeño receso, pues mi conejito estaba fundido, para degustar semejante rabo y verlo en primer plano la dureza y longitud. Me arrodille delante de aquel macho viejo con su enorme rabo apuntando hacia arriba apoyado en su barriga y agarrando sus hermosas pelotas ante su sonriente mirada, comencé a degustarlas, al igual que su grueso rabo al que subía con mis carnosos labios hasta lamer y degustar su enorme y brillante cabeza. Esto le ponía loco pues notaba subía su cadera y me agarraba la cabeza por mi melena alabando mi sabia comida. Le dije me diera sus jugos que quería tragarlos y degustarlos, pero él me dijo que primero quería dármelos en mi chochito y haciendo me levantara me sentó clavada frente a él comenzando nuevamente a sumirme y bajarme sobre su duro rabo ayudándome con sus manos en mis caderas mientras ahora su lengua recorría mi boca acosando la mía. Explote nuevamente sin casi previo aviso, haciendo el ahora resoplara y rugiera como un mancho acerando mi monta y empezando a recibir fuertes descargas de aquel viejo largo y duro rabo que lleno mi sexo de espesa nata que anhele haber recibido en la boca. Quede clavada sobre el recuperándome de aquel orgasmos descomunal mientras el aún mantenía su mirada de macho dominante, pero jadeando también por la suculenta corrida que había tenido y que habían le había hecho mella pues su hermoso rabo comenzó a aflojarse en mi interior, dejando se derramara parte de su copiosa corrida. Me beso a la vez me decía había sido un polvo increíble y que había cumplido su palabra de follarme bien follada. Haciéndome la valiente le dije, que si pensaba ya me había liquidado, que una aún tenía ganas y no se iba a ir de allí de rositas, pues quería cuando se recuperara tomar su nata con mi boca y degustarla hasta dejarlo seco. Ufffffffffffff resoplo, veo esta hembra es más hembra que lo que pensaba…. Primero cuando me recupere te voy a volver a follar bien follada en tu cama y cuando me pidas pare que no puedes más te la voy a dar en la boca hasta atragantarte pues ya vistes mis gordos huevos tienen mucha producción y vas a tener que tragar con desespero cuando mi polla comience a vomitar leche en tu garganta…… Pero esto lo voy a dejar para contar en otro relato pues se haría largo ya que como dijo e hizo aquel abuelo, me alago por todos lados y formas posibles….

Autor: rosaviuda Categoría: Sexo con Maduras

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Festividad de la Asunción con Tere y sorpresa!

2019-08-25


Como tras un tiempo sin vernos Tere y yo coincidimos en el pueblo y pasa lo que siempre pasa cuando estamos juntos. Pues vamos con una nueva entrega de mi historia con mi excompañera de trabajo Tere, podéis ver mis relatos anteriores en mi perfil, si queréis contactar conmigo… en mi email [email protected] Hacía mucho tiempo que no nos veíamos, sí que manteníamos la conversación por chat de Facebook y por email y muchas veces nos mandábamos fotos o incluso nos llamábamos para oir nuestras voces pero vernos como tal, sentirnos, besarnos… poquito, últimamente yo no había podido pasar por el pueblo y ella no se ha podido escapar a mi ciudad actual, así que entre nosotros dos estábamos a pan y agua y para que engañarnos, el sexo con Tere se llega a echar de menos mucho. Al ser verano y en un pueblo… como en todos los pueblos de España hay fiestas regionales, y como la mayoría de aquí el 15 de agosto es festivo, por lo que organicé un viaje al pueblo para pasar el tiempo con la familia, amigos y si se puede… con Tere, ya sabéis como funcionan los pueblos, siempre hay cotilleos, y la gente habla mucho, a mi sinceramente me da igual, pero a Tere se que no, es una mujer mayor, que ya fue el foco de atención del pueblo durante su época de casada y lo pasó muy mal, así que no quería otro escándalo y además con tanta diferencia de edad. Llegué al pueblo el mismo día 15 de agosto, el día de la fiesta grande y todo el mundo se pone sus mejores galas, bueno… todo el mundo menos yo por lo que pude ver, que iba con un pantalón chino ajustadito, se podía marcar bien el culito y un polo normalito. Me fijé en todas las mujeres del pueblo y era una competición para ver quien tenía el mejor vestido, se podía diferenciar entre las más jóvenes de 18 a 25 años con los vestidos más ajustados y cortos, las mujeres de 25 a 35 años aproximadamente que eran a medio muslo y jugando más con el maquillaje y accesorios y las mujeres de la edad de nuestra Tere, entre 40 y 50 años que iban con vestidos más largos, más entallados, con escotes más sugerentes y sobre todo más caros. Tras estar un poco con el grupo de gente joven ya que tengo tanto familiares como amigos me fui al mío y allí pasamos la mañana con un aperitivo y un vermut poniéndonos al día, contándonos anécdotas y planes de futuro, mientras tanto no perdía vista de una chica jovencita del pueblo que siempre me ha llamado la atención, pero como si lo supiera… rápido se puso Tere a hablar con ella, ya que Tere es amiga de los padres de ésta chica, como le gustaba ser mi centro de atención y que fácil lo tenía… rápido cambiamos un par de miradas, hice un repaso visual y vi esos taconazos negros con una falda muy ajustada realzando sus muslazos y culazo, para seguir subiendo y encontrándome con una camisa que llevaba un botón más desabrochado de como la había visto al principio y aún así parecía que iba a estallarla, nos miramos los 3 nos sonreímos, ellas sin saber que la sonrisa era para ambas y me acerqué a saludarlas, diferencias… la chica joven al ser amigo de toda la vida de su primo se colgó de mi cuello y me dio un montón de besos en cada mejilla mientras me abrazaba y cuando me dejó libre Tere con cara de pocos amigos me dio dos besos recatados pero acercándose mucho a mi, haciéndome sentir esos pechos pegamos a mi cuerpo, yo pasé mi mano por su espalda para apretarla un poco más, al separarnos estábamos un poco más excitados que al principio, ella un poco ruborizada y me pude fijar como sus pezones que si recordáis de otros capítulos son bastante grandes se marcaban a través de la camisa y yo con una incipiente erección que menos mal que llevaba bóxer y el paquete bien colocada, porque si no con lo ajustado de los pantalones se empezaba a notar. Estuvimos hablando un ratito los tres, pero la joven se fue rápido dejándonos solos a Tere y a mi, delante de todo el mundo pero sabiendo que no iba a pasar nada, ya que en el pueblo era vox populi que habíamos sido compañeros y pensarían que estábamos hablando de cosas del antiguo trabajo y del centro comercial. Se acercaba la hora de comer y mi familia me estaba esperando, por lo que nos despedimos con un beso y con un hasta luego, al pasar detrás de ella aproveché para apretar su culo, ya que entre el tumulto del bar en el que estábamos no fue perceptible para nadie, o eso pensábamos nosotros… A pesar de ser el primer día de fiesta y estar descansados la mayoría de la gente, sobre todo la gente joven aprovechó para dormir un rato la siesta para tener más aguante durante la noche, ya que el primer día siempre se coge con más ganas, yo dije en casa que estaba descansado y que me iba a dar una vuelta por el pueblo, a acercarme a la peña para ver como estaba montada este año, pero solo buscaba una excusa para ir a casa de Tere que como bien me dijo antes iba a estar sola. En 10 minutos estaba en su casa, por la entrada principal era imposible, por lo que me fui por el garaje al que tantas veces habíamos llegado y tenía la puerta abierta esperándome, recorrí el pequeño jardín que tiene y entré en su casa, cual fue mi sorpresa que me estaba esperando desnuda, de rodillas y con un collar y la cadena puesta. Como sabéis muchas veces hemos tenido sexo donde yo dominaba un poco a Tere, pero ésta vez era la más extrema, solo hice una pregunta… ¿estás segura? Ella no dijo nada, solo asintió y agachó su cabeza. Dije buena perrita, cogí la correa y nos dimos un paseo por toda la casa, ella en 4 como una perrita siguiéndome hasta que me paré y dije perrita da placer a tu amo, me desabrochó botón a botón el pantalón, me lo bajó y me desvistió de cintura para abajo, yo mismo me quité el polo y quedé desnudo en mitad de su salón, mi erección era casi total gracias a esa sorpresa y cuando menos me lo esperaba… se tragó mi polla de una sola embestida, hasta el final, eso sí que no me lo esperaba, nunca lo había podido hacer entera pero ésta vez sin dudarlo… sin yo esperármelo… hasta adentro, me dio un escalofrío y empezó a hacerme una mamada como pocas veces me había hecho, yo notaba como me temblaban las piernas y tirando de su pelo la hice parar, cogí al correa y la llevé hasta el sofá, donde me senté y ella quedó abajo del sofá, pero dije continúa perrita pero desde arriba del sofá, de un saltito subió, vi como se movían esas tetas y volvía a tragarse mi polla de una sola tacada. Mientras ella chupaba yo solo podía cerrar los ojos y jugar con esos pezones, a cada apretón que daba a sus pezones ella emitía un gemido, cada vez mayor, y de ahí empecé a alternar entre sus tetas y sus muslos, subiendo cada vez más, hasta llegar a su coñito, estaba sin un solo pelo como acostumbraba ella y muy muy húmedo, me entraron dos dedos directamente y empecé a jugar con sus dos agujeritos, cuando veía que mi corrida estaba próxima tiré de la correa y le hice parar, en ese momento le quité el collar y le dije has sido una perrita muy buena y obediente, te toca disfrutar. Me puse yo de rodillas en el sofá y empecé a lamer su cuerpo, desde el lóbulo de su oreja, pasando por el cuello, mordiéndolo a la vez, sus pechos, los pezones, la tripa, seguía bajando y cuando ella pensaba que iba a pasar por su ratija húmeda la bordeé y seguí bajando por sus muslos, sus rodillas… para rápido empezar a subir y cuando hice el amago de bordear su rajita… ahora sí di un lametazo desde el culo hasta su ombligo que provocó un gran gemido y un escalofrío por todo su cuerpo, de ahí… empecé una comida de coño sin precedentes según me confesó ella después, jugaba con mis dedos con su coño y su culo mientras mi lengua ayudaba en todo momento tanto a lubricar como a dar más placer, centrándome sobre todo en el clítoris. Cuando noté que estaba apunto de correrse metí dos dedos más, tenía cuatro en su coño y aumenté el ritmo con mi lengua y ella me apretó la cabeza contra sí misma para que no parara… y con unos gritos como jamás le había escuchado dar estuvo corriéndose como 2 minutos, yo estaba alucinando por semejante orgasmo, tuve que ir al frigorífico a por una bebida fría para que se recuperara bien. Una vez recuperada y repuesta con el refresco me pidió cabalgarme de espaldas, me senté de nuevo en el sofá y podía ver en el reflejo del televisor como cabalgaba y como se movían sus tetas, para poco después ser ella quien se llevara su teta a la boca y se mordía y lamía el pezón. Aprovechaba que estaba de espaldas a mi para darle algún azotito y decirle al oído lo bien que se movía mi perrita y sobre todo para ir preparando la puerta trasera, metí dos dedos en su ya preparado y lubricado culo y ella se movía más deprisa, sus gemidos la delataban lo mucho que le gustaba y así se lo dije, te gusta perrita? Y ella respondió con un siiiiiiiiiii muy largo y volví a preguntar, Tere a cuantas perras has visto follar así? Se giró un poquito, me miró y empezó a reírse y se levantó lentamente. Me dijo vamos a la habitación y allí te follas a ésta perra en 4 como te gusta, me llevé una grata sorpresa al ver su nuevo armario de tres cuerpos, pero lo que más me gustó es que la puerta entera era un espejo inmenso, se subió a la cama, se puso en 4 y riéndome le dije gírate y ponte mirando al armario que quiero ver tu cara de puta mientras te follo y como se te mueven esas tetazas a cada embestida. Puse mi polla en la entrada de su culo y cuando metí la puntita me dijo que de un golpe que hacía mucho que no sentía mi polla en su culo y quería que se lo rompiera fuerte, sus deseos fueron órdenes y me un golpe de cadera se la clavé entera, vi a través del espejo como ella se mordía los labios y cerraba los ojos cuando se acostumbró a ella vi como los abrió, me miro directamente por el espejo y me dijo, rompe el culo a tu puta por favor y empecé un ritmo infernal que sabía que iba a desencadenar en un orgasmo mutuo, cuando notó como mi polla empezaba a palpitar cada vez más me dijo que quería que me corriera en su coño, paré, se la cambié de agujero pero con la misma fuerza seguí follándola hasta que avisé que me corría, ella me dijo que cuando quisiera, se tocó un poquito el clítoris y empezamos los dos a convulsionar mientras nos corríamos, yo no recuerdo una corrida tan abundante en toda mi vida, tal y como nos pasó la primera vez caímos los dos rendidos, yo encima de su espalda y todavía con mi polla dentro de ella, hasta que poco a poco se fue encogiendo y mi leche saliendo de su coñito, aproveché que me iba a mover para ponerme a su lado y darle un beso como no nos habíamos dado y tanto deseábamos, fue un beso con lengua, muy largo mientras nos acariciábamos todo el cuerpo, la cara, el pelo, nos apretábamos para sentirnos y sentir que nada había cambiado, hasta que ella volvió a sentir mi polla dura, se separó y me dijo mejor vamos a la ducha. Mi sorpresa fue que había reformado el baño y tenía un minijacuzzi con vistas al patio, ella se puso de espaldas a la ventana, de frente a mi y yo viendo por la ventana el jardincito tan bien cuidado que tiene, pero no podía quitar mi vista de sus tetas y de su cara risueña. Estuvimos hablando, poniéndonos al día mientras jugábamos con nuestros pies por debajo de la espuma, hasta que se acercó a mi y se sentó de frente, donde aprovechamos para volver a follar muy lento, suave y despacio mirándonos a los ojos, y besándonos con pasión, mordiéndonos el cuello, el lóbulo de la oreja… hasta que me volví a correr dentro de ella, se quedó sentada encima de mi, hasta que por incomodidad se levantó y noté como salía mi leche de dentro de ella y le dije, la próxima vez no desperdiciarás ni una gota y ella afirmó sonriendo, pero me dijo que llevaba tanto tiempo sin mi que las primeras veces quería que fuera en su coño. Nos metimos a la ducha para darnos un agua rápido y como tras cada sesión de sexo, al menos nosotros nos entraron ganas de orinar, ella directamente empezó a orinar en la ducha y veía como su pis le recorría los muslos, yo no me quedé atrás y empecé a orinar también pero decidí orinar sobre ella, empecé por su pie, pero fui subiendo por su muslo, su tripa y le pedí que se agachara para orinar su cabeza y veía como caía por su espalda, me produjo una erección momentánea ese estado de dominación y pasé mi polla por su cuello, por su cara y ella sin pensarlo empezó a chuparla de nuevo con su garganta profunda, veía como se masturbaba hasta que avisé que me correría paró un segundo y me dijo, no voy a desperdiciar ni una gota y se tragó todo mientras me miraba a los ojos. Nos duchamos tranquilamente, entre besos, abrazos caricias y nos secamos del mismo modo, sabiendo que éste iba a ser nuestro único encuentro durante estas fiestas, aunque sí que es cierto que aprovecharíamos la verbena para algún rocecito pero poco más. Mientras nos vestíamos me confesó sus celos al verme hablar con la hija de sus amigos, porque según ella se notaba que quería algo conmigo, de ahí su botón desabrochado y esperarme desnuda con el collar y la correa, para sorprenderme y que me diera cuenta que no iba a encontrar una puta como ella en ningún otro sitio, como si eso no lo supiera ya!! Y así se lo hice saber que como ella no hay ninguna. Estuvimos hablando de nuestras relaciones actuales que por mi parte estaba bastante parado el tema y por el suyo casi también porque se limitaba a un consolador bastante grande que se había comprado y según me confesó con el que había practicado para la garganta profunda que tanto me había gustado. Nos despedimos con un beso y un abrazo muy largos y quedando para vernos antes de que termine el verano en mi ciudad, cosa que seguro ocurrirá. Al irme de su casa de nuevo por la salida trasera, antes de salir… siento como una mano me toca, me giro y era la hija de sus amigos, me dice joder, sí que la has echado larga… nos miramos y pregunto que hacía allí y me dice, hay cosas que las mujeres notamos a leguas y ésta es una de esas cosas, al menos yo os he visto miraros ésta mañana y sabía que pasaba algo, me estuvo diciendo que Tere para ella era como de la familia por la relación tan estrecha tenían sus padres y ella y que no iba a decir nada, pero que era una lástima que estuviera pillado, maticé los términos y ella se sorprendió al explicar nuestra relación, lo cual me extrañó ya que parecía más liberal, me dijo bueno, ya hablaremos ésta noche, voy a hacerte pantalla para que puedas salir que seguro que nadie se extraña de verme a mi salir que ya se empiezan a oir voces por aquí, salió ella primero avisándome de que saliera y así me fui para casa. Por la noche… da para otra historia la verdad, en la verbena estaba con mi grupo de amigos y tenía por un lado a Tere que de vez en cuando cambiábamos miradas y cuando íbamos a algún sitio aprovechábamos para un ligero apretón en el culo o en la polla cuando a ella le subieron un poquito más las copas, sabiendo que entre toda la gente nadie le iba a ver. Y por el otro lado estaba mi jovencita, de 24 años, que por cierto se llama Ana, que notaba que me miraba mucho, con el consiguiente mosqueo de su primo que también lo notó. Una vez terminó la verbena estábamos en las peñas del pueblo y ya aprovechamos para hablar, hablamos de todo y la muy lista me había seguido desde el principio y vio a Tere con la correa y el collar, hablamos mucho de sexo y al final una cosa llevo a la otra y la otra a la una, pero eso… lo dejo para otra historia.

Autor: raimond2004 Categoría: Sexo con Maduras

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Atado en la escalera

2019-08-25


Se trataba de una escalera de hierro que comunicaba el piso bajo con el alto. Ellas habían pasado varias veces por allí. En un principio creí que se burlaban de mi delgadez pero, en realidad no sabía lo que tenían planeado. La escalera estaba bien oculta por una pared, lo cual no permitía verla desde la calle. Ellas tuvieron eso muy en cuenta. Una tarde pasaron por mi casa que estaba en la planta baja. Una de ellas, la más madurita, me pidió ayuda porque se le había zafado la correa de la sandalia. Cuando me interné en el cuarto de desahogo para buscar las herramientas imprescindibles, escuché la puerta cerrarse. Eso, en vez de atemorizarme, provocó una erección fabulosa. Encerrado con tres mujeres en mi propia casa, pensé. Con todo, ignoraba lo que venía a continuación… Rápidamente, me desvistieron. Reían y reían. No supe si compararlas con tres brujas, engendros nacidos del odio y la venganza contra mi género o simplemente con matronas libidinosas cuyo fin era divertirse. Empezaron a jugar con el miembro. Sentí tres, cuatro, cinco, diez manos calientes en mi sexo. Auscultándolo, amasándolo, apretando. No puedo negar que era delicioso. Traté de no venirme porque era consciente de que tramaban algo más. No me había equivocado. Me llevaron hacia la escalera. En el tejado, un viejo perro miraba sin comprender nada, ya sin fuerzas para ladrar, a causa de la vejez. Apareció una cuerda, surgida de uno de sus bolsos. Uno nunca sabe que puede salir del bolso de una mujer, incluso un arma de fuego. Esperé impasible a que me ataran las muñecas tras la espalda y luego, con mucha fuerza a uno de los estrechos peldaños de hierro. Bocarriba, con los genitales a la vista, horriblemente mostrados, al desgaire. De pronto apareció otra cuerda, esta vez de fibras plásticas muy resistentes. Lo supe de antemano porque había trabajado alguna vez con ese material. Ahora sí era consciente de lo que harían. Vas a ser castigado, macho, exclamó una de ellas. En realidad, las tres eran maduras. Acaso me llevaban como diez años. Mi sexo se endureció rápidamente. Era una sensación de calidez absoluta como si lo que tuviera entre las piernas fuera una hoguera. Una mano sobaba mis testículos. Era el preámbulo de los azotes. Metieron un pañuelo en mi boca para ahogar los posibles gritos pero en realidad lo que soltó mi garganta fueron gemidos de placer demente. Locura total cuando vino el primer azote que golpeó justo en el glande que a medida que recibía los azotes se iba inflamando. Ya se tronaba púrpura y pasaron a castigarme los testículos. Como se avecinaba lluvia, allí me dejaron para mayor sufrimiento. Mientras se alejaban, podía oír sus risotadas de matronas sádicas y me vino a la mente un cuento del Maestro: el Marqués de Sade. RAFA50

Autor: rafa50 Categoría: Sexo con Maduras

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Una Musulmana Buscona

2019-08-25


[Breve] Una musulmana buscona Jalima es una mujer árabe que ya lleva algún tiempo en España, pero siempre había vivido bajo la doctrina musulmana de vivir reprimida. Un día, por primera vez, su marido le levanta la mano y le llama zorra. Ella decide romper con todo, porque si la llama de esa manera lo hará con motivo. Por otra parte, Dante, es el hijo de los amigos de Jalima y su marido. Estando en el parque con los amigos ve pasar a la conocida de sus padres vistiendo un portentoso vestido y, al reconocerla, tiene un motivo para acercarse a ella y hablarle. Todo esto, bajo la atenta mirada de sus amigos adolescentes. ¿Abusará la musulmana despechada de un jovencito yogurín? ************* Capítulo 1: Inalcanzable Bajo un sol de justicia, los grillos y los pájaros cantaban para acompañar la apacible melodía del viento. Era un parque enorme, uno de los más floridos y bien cuidados de toda la región. Había estanques, puentes de madera que sobrepasaban riachuelos, árboles de todas las especies… Era tan grande que incluso el día con más gente era difícil sentirse incómodo con la multitud. Estaba bien suministrado de papeleras y baños públicos, y de funcionarios que en su vigilancia se encargaban de multar a cualquiera que se atreviese a ensuciar o destrozar el parque. En el centro de todo el parque había una cuadrilla de adolescentes pasándose un porro sentados en dos bancos muy cerca el uno del otro, no hacían ninguna fechoría y por lo tanto el guardia los dejaba en paz, haciendo la vista gorda en lo referente a la droga blanda. Estaban haciendo campana, y a sus quince años eran los más despreocupados del instituto. Nadie se metía con ellos y ellos no solían meterse con nadie. Aún así, de vez en cuando se hacían los chulitos delante de las chicas sin llegar a tener tanto éxito como les gustaría. Alguno había tenido sexo, algún que otro podía jactarse de haber tenido bastantes experiencias frente los que aún no habían probado bocado. Dante era un punto intermedio, con poca experiencia y nervioso por repetir. Todos estaban desesperados porque frente a ellos se cruzase algunas chicas de su instituto con las que poder probar suerte… Pero eso no pasaba. Entre anécdotas de peleas, cotilleos de barrio, alardes de polvos aprovechaban también para comentar lo buenas que estaban ciertas conocidas en común. Entonces uno de ellos, el que sostenía el porro entre los dos dedos, apuntó con su dedo índice hacia el camino de piedra que pasaba frente a ellos. — ¡Vaya pibón! -exclamó. — ¡Ostia puta! ¿Quién es? -dijo otro. — No lo sé, nunca la he visto por aquí. — ¿Me estás jodiendo? -dijo el rubio regordete inclinándose hacia delante sin levantarse del banco-. Está buenísima. — Esa quiere polla. Mira como va vestida. Dante arrugó la frente y enfurruñó los ojos en un intento de ignorar sus problemas de vista. Al estar algo lejos, no logró verle la cara aunque en general le pareció una mujer muy atractiva. — ¿Vamos a dejarla escapar? Si se está paseando. — Esa mujer está en otra liga, tio. ¿Cómo se va a interesar en un crio como tú? — Cierra el pico, nano. Nunca lo sabré si no lo intentamos. Era una mujer de largos cabellos negros, portando unas gafas de sol y un collar que colgaba sobre su escotazo. Tenía unos pechos enormes, que retumbaban dentro del corpiño de su vestido con cada paso que daba. Sus nalgas, que parecían trabajadas en un gimnasio, amenazaban con dejarse ver por debajo de la falda, la cual era exageradamente corta. En complemento llevaba unos zapatos de tacón de aguja no tan fina y un bolso negro por debajo del hombro izquierda, el cual no era ni demasiado grande ni muy chiquito. Se paseaba por el caminito de piedra sin salirse de él, mirando la naturaleza que la rodeaba como si no tuviese nada mejor que hacer. Durante unos segundos se quedó mirando al pintoresco grupo de adolescentes y les sonrió tímidamente, sin tardar demasiado en pasar de largo. Joaquín, tomando la iniciativa, se levantó del banco con aspecto decidido y se encaminó con inercia hacia la mujer, la cual ya les estaba dando la espalda o, más bien, el trasero. Todos pensaron lo mismo, y es que ella sabía muy bien que la seguían con la mirada sin perder detalle. Vieron al intrépido adolescente acercarse a ella, dedicarle unas palabras y la vieron reírse antes de continuar andando. Cabizbajo y con el rabo entre las patas, se espatarró en el banco sintiéndose humillado. — ¿Qué te ha dicho? — Que no está interesada en hacer de canguro, que gracias. — Que coño… -gruñó un chico de cabellos largos, lisos y rubios. Era el más delgado y alto del grupo. Se puso en pie de un brinco, anduvo hacia la madurita e intercambió unas palabras. No tardó mucho en ser descartado como su amigo. En cambio, al llegar con los demás no se sentó y permaneció de pie. — ¿Qué ha pasado? -inquirió Dante, mirando como el resto como la mujer se alejaba poco a poco más y más. — Me ha dicho que no está interesada en menores, que nos busquemos alguien de nuestra edad. — Vaya tia… -opinó, sorprendido, otro de los chicos que se llamaba Dani. Se encendió un cigarro y dio la primera calada justo antes de dirigirse allí, sin soltarlo. Dani era guapo, alto. Ya tenía sus primeros inicios de barba en el mentón y en la parte inferior de los pómulos. Iba peinado con gomina y, en el grupo de amigos, era de los pocos que acumulaba méritos con las chicas. Aún así, le quedaba mucho camino por recorrer para ser considerado un seductor. Su mano rozó la espalda de la morena, deteniendo su paso. Lejos de m*****arse o apartarse, la mujer permaneció quieta. Hablaron largo y tendido, al menos, por cuatro minutos. Él hablaba y ella sonreía. La mujer cambió el peso del cuerpo de un pie al otro, se cruzó de brazos y movió las manos para gesticular lo que decía. De vez en cuando, la cuadrilla lo veían llevarse el cigarro a los labios y consumirlo en cenizas. Al rato, Dani volvió mientras todos le esperaban impacientes. Se sentó en el mismo lugar que había abandonado minutos atrás y pegó en silencio una última calada, antes de tirarlo al suelo y pisarlo. — ¡Tio! -le advirtió Dante señalando al guardia, el cual con el pecho inflado se detenía en su paseo por la otra punta del parque mirando lo que parecía ser el cigarro aplastado bajo la bota del chaval. A regañadientes lo agarró y lo tiró sin levantarse en la papelera que había inmediata al banco. El guardia pareció bufar y continuar su marcha, mientras la mujer a la que intentaban conquistar parecía haber cambiado de opinión volviéndose por donde había venido. Parecía no m*****arle el hecho de que la mirasen, más bien no le afectaba porque frente a ellos continuó mirando flores, árboles y disfrutando de la brisa veraniega que compensaba las altas temperaturas. — ¿Has conseguido su número o algo? -le preguntó Joaquin esperanzado, montándose en su cabeza la película de hacer una orgía entre todos. — Que va, me ha dicho que soy bueno. Pero que me faltan unos años para poder intentar algo con ella. También ha dicho que no me desanime, que soy muy guapo y con las de mi edad seguro que triunfo. — A tomar por culo, si Dani no ha podido aquí no puede nadie -estalló Jonathan cruzándose de brazos. Estaba sentado sobre el reposamanos del banco en una posición que se antojaba incómoda, pero no lo era para él. Jonathan era el macarrilla del grupo, el que sacaba malas notas y pensaba dejar el instituto en cuanto cumpliese los dieciséis. Aún así de los que más valor podía tener en el grupo era él, al menos, de cara a sus amigos. Se peinó con las manos echándose su pelo hacia atrás y recogiéndoselo tras las orejas, se crujió los nudillos y espetó. — Seguro que habéis sido muy suaves con ella. Esa busca tema, solo mirad como va vestida. Hay que ser directo con ella. — Directo…¿Cómo? -le cuestionó Dani entrecerrando los ojos, preparado para llevarle la contraria. Ambos tenían maneras muy diferentes de ligar. — ¿Quieres polla? Te veo muy solita. ¿Quieres venirte a mi casa? Vivo cerca y nadie se va a enterar. — Solo nosotros -rio, con ironía, el más bajito del grupo, el cual era paliducho y rubio. Estaba de pie muy cerca de Dani y la papelera. — Que no sabéis como tirarle a una tía. ¿No os dais cuenta que está paseándose frente a nosotros esperando a que uno tenga los cojones de hablarle clarito? Que quiero follar -exclamó, tan decidido que hasta la mujer se giró a mirarlo y vio como se le acercaba. El macarrilla, con los lados de la cabeza rapados y una melena de remolinos castaños desde frente hasta su nuca, se plantó frente a ella y cumplió con lo que dijo segundos atrás a sus amigos. Le habló claro y directo, insinuándole que estaba falta de sexo y que quería un buen polvo. Lejos de escandalizarse o m*****arse, la morena se cruzó de brazos mirándolo y le respondió con tenacidad. Estuvieron hablando bastante rato, donde ella reía con complicidad y parecía estar interesada en lo que le proponía el adolescente. Tan agradecida que hasta, con un ademán de ternura, le tocó la mejilla como si se la estuviese acariciando. La batalla estaba ganada, y volvió victorioso a ellos mientras ella, dejaba de caminar y se sentaba sobre el césped en un árbol que tenían en frente, al otro lado del camino de piedras. — ¿Qué mierda le has dicho? -dijo Dani sorprendido-. ¿Vamos a algún sitio? -preguntó ilusionado. — Es una calientapollas. Al principio va muy del palo ``me molas´´, pero luego se ha echado unas risas. — Yo… pensaba… -empezó a decir José, el pequeñín. Estaba decepcionado, pues al ver a la mujer morena sentarse bajo la sombra de aquel árbol se había ilusionado pensando que habían llegado algún tipo de acuerdo. Los seis la miraron sin reparo alguno. Estaba a unos quince metros de ellos, y de su bolso apoyado en el césped sacó un libro de tapa dura y marrón, del cual tras quitarse las gafas y dejarlas colgadas en el pliegue de tela que limitaba su escote, inicio una larga y silenciosa lectura. No volvió a mirarlos, aunque sus poderosos muslos se removían inquietos amenazando constantemente con abrirse y dejarles ver lo que había debajo de aquella falda… Aunque nunca llegó a separarlas del todo. Pareció darle igual saber que la estaban estudiando de arriba abajo, impotentes, sin saber que no poder hacían nada para saborear ese delicioso cuerpo. Estaban embobados mirándola cuando Jonathan, con malicia, propuso algo que sabía que no podía acabar bien. — Eh, Dan. ¿Por qué no lo intentas tú? Quien sabe… A lo mejor tienes suerte y todo. El guardia volvió a pasar, siguiendo el camino de piedra, entre la mujer absorta en su lectura y los chicos. Su presencia parecía querer lanzarles un mensaje: ``Dejad en paz a la señora´´, pero de manera disimulada también se tomaba el lujo de mirarla de pies a cabeza. Una de las veces la mujer levantó la vista y le pilló de pleno, sonriendo al vigilante con un brillo provocativo. Desde ese momento, el guardia comenzó a dar vueltas alrededor de ella, como si creyese tener alguna posibilidad. Era un cuarentón, ni feo ni guapo, con una barba que comenzaba a teñirse en algunas partes de un blanco ceniza. Tras titubear en varias ocasiones, acabó agachándose a la izquierda de la mujer y, sin dejar de mirarle las tetas y la unión de los dos muslos que se perdía bajo la falda, le preguntó si le m*****aban esos chicos. Ella debió responder que no, que no lo hacían para nada, porque el guardia se levantó de mala gana y comenzó a hablar con ella. Nunca perdió su sonrisa, a pesar de que el guardia acabó aceptando su derrota y marchándose, dejándola tranquila para seguir siendo objeto de mirada de los adolescentes mientras continuaba con su lectura. — Venga, anímate -insistió Jonathan. — Que no, joder. Que no quiero pasar vergüenza. ¿No veis que está tranquila ahí sentada? — Coño, pues por eso, si de todo el parque se ha quedado ahí es porque algo querrá. Venga, ve. Dante se levantó y se encaminó a un paso evidentemente dubitativo. Llevaba unos pantalones negro, eran tejanos lisos aunque algo holgados para no apretarle las rodillas; su camisa llevaba escrito el lema: ``I want to break free´´ con letras negras y fondo blanco, siendo esta de manga corta. Cuanto más se acercó a ella, más se agobiaba. No soportaba el rechazo, y esa era la razón por la que nunca entraba a las chicas. Se plantó frente a ella, y la mujer, de treinta y pico años, le devolvió la mirada. Le pareció familiar, le recordó a alguien pero, en ese momento, no sabía a quien. Estaba demasiado buena, tenía un cuerpazo y hermosamente definidas, quedaban eclipsadas por sus ojos penetrantes totalmente negros. La mujer estuvo a punto de decirle algo, pero al mirarle a los ojos se calló. — Hola... Perdona que te m*****e. ¿Qué lees? — Batalla de sexos. Trata de una mujer que decide dejarse llevar y hacer locuras tras ser… bueno, después de que su marido no la trate demasiado bien. — ¿Es una novela erótica? — Bastante erótica -contestó con complicidad-. ¿Vienes porque quieres? ¿O porque te han obligado? El aludido estaba entre ella y sus amigos, por eso estos no se percataron de que ella los miró de refilón. — Me han empujado hasta aquí prácticamente -rió con nerviosismo-. Aunque creo que ha sido más para burlarse de mí que por otra cosa. — Siéntate aquí conmigo -solicitó dando unos golpecitos suaves a su izquierda, sobre el césped. La sombra también cubría ese punto. — ¿No te m*****o? — Pero Dante, cariño. ¿Cómo vas a m*****ar a tu tía? Sin pretenderlo, quedó boquiabierto mirando a los ojos a aquella mujer desconocida, sin saber como reaccionar. ¿Esa era Jalima? ¡Imposible! Capítulo 2: Conocidos — ¿Qué pasa? ¿No me habías reconocido? Siéntate a mi lado, anda. — Sin el velo… -empezó a decir, en estado de shock-. Lo siento. — No te disculpes, tonto -Cerró el libro por la página marcada y lo dejó a su derecha, aguardando a que se sentase y, como no lo hacía, por tercera vez golpeó el césped con alegría-. Venga, siéntate. Obedeciendo con retraso, se desplomó al lado de la mujer bajo la incrédula mirada de sus amigos, los cuales habían visto a la perfección que había sido ella misma la que le había invitado a sentarse. — ¿Te sorprende verme así? -Jalima estaba diferente, le hablaba de una manera muy diferente a como lo había hecho siempre. Aunque Dante no sabía identificar cual era la diferencia-. No hace demasiado que estuvimos en casa de tus padres. — No, ya lo sé… pero no te había reconocido sin el velo. — Se acabó lo del velo, aunque eso no se lo digas a Rakin. No sé lo que me haría si se enterase. — ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué estás así…? -puntualizó Dante intentando no mirarle a las tetas. — He tenido una… discusión matrimonial con Rakin, y me he venido aquí. Pese a su origen árabe, llevando más de una década viviendo en España su acento era prácticamente inexcusable. La mujer musulmana se mostraba resplandeciente, totalmente volcada en la conversación con el adolescente. Sus pechos, acentuados por la posición, parecían gritar a voces que estaba interesada en algo con él pero, claro, cualquier cosa que haga una mujer así puede ser malinterpretado con mucha facilidad. — ¿Os… Os vais a divorciar? -preguntó algo cortado. Era como si hablase con una completa desconocida, pues la esposa de Rakin era una mujer ataviada con telas y mantas encima. Siempre tenía la mirada gacha en casa de sus padres y parecía muy sumisa, eligiendo muy bien ser recatada al elegir sus palabras. Esa mujer… Esa diosa era todo lo opuesto. — No creo… Solo ha sido una pelea tonta -mintió con evidente resquemor-. ¿Te gusta mi conjunto? Creo que a tus amigos les encanta… Dante se volvió a mirarlos, sintiéndose intimidado porque estos no le quitaban la mirada de encima. — Estás… Estás muy guapa. — ¿Tienes novia, Dante? — N… No. — Si sigues con esos chicos no creo que la consigas nunca. Y bajo ningún concepto aceptes consejos de esos tontos. — Pero… Jalima aguardó a que el chico formulase su pregunta, sin interrumpirle y sin dejar de sonreírle. — Parecías disfrutar cuando se acercaron a ti. Y no parecías querer rechazarlos -hablaba con lentitud, como si anduviese sobre terreno minado. — Me lo he pasado bien jugando un poco con ellos, solo eso. — ¿Por eso vistes así? — ¿Te gusta que vista así? Aquella mujer nunca le había hablado así, y le chocó. Sentía el pecho arderle, con un fuego que no quemaba pero le hacía sentir estar a punto de echar a arder. Temía estar haciéndose ilusiones y que solo estuviese jugando con él. — Sí. No me gusta que vistas el velo… tía -se obligó a decir. — ¿Por qué no? — Porque eres muy guapa y nunca me había dado cuenta. — ¿A qué sí? Por eso mismo lo he hecho. Y me he venido bien lejos porque en mi ciudad… bueno. No quiero que Rakin se entere. ¿Tienes prisa? — No -contestó automáticamente, y la musulmana de grandes atributos se inclinó hacia él como si le fuese a dar un beso en la mejilla y le susurró: — ¿Quieres hacerle cosas sucias a la tia Jalima? Tras retroceder al susurrarle, Dante vio en los ojos de aquella mujer un libido y una lujuria desenfrenadas. No sabía si le estaba tomando el pelo y se estaba quedando con él o hablaba en serio porque, en la cabeza del chico, una mujer así podría estar con quien quisiera. ¿Por qué iba a conformarse con él? Seguro solo sería un otro chico más del que se estaba burlando. — Tia… ¿Qué te pasa? ¿Por qué actúas así? — ¿Acaso no quieres? -no parecía decepcionada ni aplacada por su supuesta negativa, continuó con voz bajita y melosa, sonriéndole coqueta. — Quiero hacer locuras… Solo si quieres, claro… No quiero forzarte a nada. — Tia… Estás demasiado buena, pero. Eres amiga de mis padres, y si luego te incomoda… — Será un secreto. Tuyo y mío. No se lo dirás a nadie y yo no se lo diré a Rakin. Pero no vamos a hacer nada aquí, a la vista de todos. ¿Sabes de algún sitio por este parque donde no nos pueda ver nadie? Dante, que ya había caído totalmente en sus redes, repasó mentalmente los sitios más adecuados para hacer algo con ella. — Hay unos baños públicos que no funcionan, no tienen agua. Pero están bastante apartados… — Será perfecto. ¿Llevas a tu tía allí? No conozco tanto este parque como me gustaría. — Pero… ¿Y ellos? -preguntó sin mirarlos. — Vaya vaya, Dante. ¿Acaso quieres invitar a todos tus amigos? Eso es injusto… Yo solita contra tantos salidos -Su tono era juguetón, coqueta. Como si no le desagradase para nada la idea pero, algo le hizo intuir a Dante que esa no iba a ser una respuesta adecuada. — Te quiero para mí solo. — Así me gusta, cariño. Ellos que nos sigan y miren, pero por hoy solo tú y yo sabremos lo que va a pasar. — Un momento. Espera. ¿Y si se lo dicen a alguien? ¿Y si se entera Karin? Me matará. — No seas tonto… No ves que ni tú mismo me has reconocido -contestó con dulzura, acariciándole el mentón. Tras meter su libro en el bolso, y colgarse este al hombro, echaron a andar. Dante, excitado y tembloroso, intentaba no echar a perder esa ocasión, guiando a la amiga de sus padres a un lugar apartado del parque. Para llegar desde la solitaria zona donde estaban, al abandonado trozo del parque donde no había prácticamente vigilancia ni transeúntes, tendrían que cruzar una de las zonas más visitadas del parque, donde las madres y los padres paseaban a los perros y a sus hijos. Donde las estudiantes de instituto disfrutaban de otro mediodía más veraniego, y donde hasta los guardias se giraban a mirar disimuladamente la destacada pareja que formaban aquella mujer de lujuriosas curvas con un adolescente que bien podría haber sido su hermano pequeño… o su hijo, aunque por la manera en la que ella hablaba a su joven acompañante, era evidente, o eso pensaron todos, que era algo mucho más turbio. Capítulo 3: El lado peligroso del parque La musulmana llamada Jalima andaba provocando, literalmente. Ya fuese de manera inconsciente o no, contoneaba su culo a sabiendas de que cinco adolescentes los seguían a una distancia prudencial. — Tienes mucha experiencia haciendo cosas sucias -preguntó de repente ella, dándole igual que unos padres con carrito de bebe oyesen la descarada pregunta-. La verdad -puntualizó. — Lo he hecho solo un par de veces… y han sido bastante cutres. — Eso es porque no has tenido una buena profesora. — Tía, el sitio a donde vamos… Está abandonado. No es precisamente seguro -le advirtió. — Bueno, para hacer lo que queremos hacer tampoco puede haber mucha gente. — Pero tía, es peligroso. Quiero decir, si en esa parte del parque te ven… No hay vigilantes. — Estás tú para protegerme, cariño. Además, sin riesgo no hay diversión. Ante esa respuesta, quedó callado por unos segundos, acercándose a un camino de piedra abandonado y medio destruido que se adentraba en el espeso follaje de los árboles. Mientras que el resto del parque era luminoso, a campo abierto y sin verjas ni muros. El camino al que se dirigían era oscuro, tenebroso y con una muralla de árboles que prometía que nadie a sus espaldas vería lo que pasase allí dentro. — Tia… ¿Me estás gastando una broma? Porque si es así, no tiene gracia -le espetó Dante, y ella, para demostrarle lo en serio que iba, lo agarró de la muñeca y guio su mano hasta su cadera, rozando por poco su nalga derecha. — No es que me guste la idea de que nos vea toda la gente del parque, pero para que veas que no te estoy engañando puedes tocar todo lo que quieras. ¿A qué esperas? ¿No tienes ganas de tocarme el culo? Quizás debería haberme ido con el chulito ese de la cresta. Aún si lo hizo para provocarle, que diese a entender que Jonathan no habría dudado le animó a deslizar sus dedos desde la cadera hasta su nalga. — Así, así… Sin miedo. ¿Te gusta lo que estás tocando? — Quiero tocarlo todo ya… Sus dedos, impacientes, intentaron colarse dentro de la aureola que formaba el vestido y rozándole el tanga que llevaba debajo, se vio detenido por la manita de Jalima agarrándole de la muñeca. — Cariño, si quieres llegar ahí tienes que esperar un poco. La impaciencia no es buena. Era solo ligeramente más alta que él debido a los tacones, pero todo el mundo en el parque había visto como Dante le había manoseado el culo y había intentado meter la mano por debajo. Sus cinco amigos, sorprendidos, los seguían esperando poder hacer algo con ella en cuanto llegasen a donde fuese que se dirigiesen. Por fin, la morena y el adolescente cruzaron el arco de vegetación encontrándose protegidos de miradas indiscretas. En el bolsillo de Dante el móvil vibraba como loco con sus amigos preguntándoles que a donde iban y que iban a hacer, por supuesto, el lo ignoró. Los árboles estaban descuidados y muy juntos, a pesar de que la luz del sol conseguía filtrarse entre las ramas dando a toda esa zona del parque una iluminación salvaje y verdosa; había trozos del suelo con malas hierbas que impedían el paso pero, aún así, existía un caminito de piedras bastante descuidado además de viejo que guiaba hasta algún sitio entre los árboles. Como solo había dos caminos, Jalima optó por uno, como si quisiese ir a la aventura pero Dante la retuvo de la muñeca y le espetó. — Demuéstrame ahora que vas en serio. — Que impaciente… -lo halagó sonriendo complacida, y soltándose del agarre de muñeca, se contoneó hacia el árbol mas cercano y con ambas manos en el tronco puso el culo en pompa, levantándosele por si sola la falda del vestido dejando ver un tanga de hilo negro escondiendo sin mucho éxito los extrovertidos labios vaginales de la mujer-. ¿Quieres hacérmelo aquí? Se llevó sus propios dedos al lugar donde estaba su clítoris y, por encima del tanga, se frotó un par de veces antes de parar. Se dio la vuelta y puso recta la espalda, apoyándola en el árbol. — Si vas en serio, puedo… — Puedes hacerme lo que quieras. Quiero hacer locuras, y me pone mucho pensar que precisamente tú… — ¿Por qué? -se limitó a preguntar, sintiéndose arropado por un exceso de confianza que no había sentido con ninguna mujer. La primera lección que le había dado es que tenía que sentirse seguro de sí mismo. La mano derecha de Dante resbaló por encima de su tanga, palpando la grieta vaginal con la yema de su dedo corazón. Su mano izquierda manoseó por encima del vestido el seno izquierda, y sus labios, muy cerca de la boca de ella, a punto de besarla. — Porque te he visto crecer, porque eres adolescente y está mal, porque quiero hacer cosas sucias y tú eres demasiado adorable… Puedo responderte de muchas maneras a esa pregunta. Ahora llévame a ese maldito baño, no puedo esperar más. Y dejándolo ahí plantado, se dirigió hacia la bifurcación que llevaba a dos caminos diferentes entre los árboles. — El baño está a la derecha -avisó Dante con el corazón latiéndole a mil por hora. Su polla le palpitaba, incómoda, bajo el calzoncillo. Seguía sin poder creerse que iba a poder follarse a una diosa así. El camino de la izquierda no tenía caminito de piedras, pero las personas que se aventuraban por aquel bosquecito habían aplastado tanto aquella tierra que ya no crecía vegetación. En el de la derecha, el caminito viejo creaba una especie de camino seguro hacia algún lugar… Hacia el cual Jalima se adelantó seguida prestamente por el adolescente. Los muslos de la amiga de sus padres estaban resbaladizos, húmedos. Se deslizaban uno contra otro entre la campana que formaba su vestido, no tardaron en llegar a un descampado con un edificio en medio rodeado de arboles altísimos que tapaban buena parte de la luz solar, aún así, se veía nítidamente todo lo que había entre ellos. Un edificio de unos cuatro metros de altura, de aspecto rectangular y decorado por fuera con azulejos de un blanquecino sucio, opacos por la falta de limpieza por parte del ayuntamiento. Había dos puertas, una para el baño de mujeres y otra para el baño de hombres. La madera de esos portones eran marron verdoso, y al parecer no podían cerrarse del todo. — ¿A cual entramos? ¿Dónde vas a abusar de tu tía Jalima? — ¿En el de mujeres? -preguntó, creyendo que allí se sentiría más cómoda. Soltó una risita cómplice antes de agarrarlo de la muñeca y llevarlo en pequeñas zancadas hacia el de hombres. — Así será más divertido -musitó cachonda perdida, dándose la vuelta para Dante, agarrándolo de la camisa y tirando de él hacia el interior del baño. Sus bocas chocaron como en una batalla la caballería impactaban unas contra la otras, las manos de Dante olvidaron la timidez y empezaron a rebuscar bajo el ceñido vestido de aquella mujer. El seno izquierdo rebosó y quedó completamente a la vista mientras Jalima tropezaba y se empotraba de espaldas contra la sucia pared del baño, hecho que no los detuvo en absoluto. Las extremidades del chico olvidaron lo que era la timidez, su mano izquierda pellizco el pezón y jugó con él. La mano derecha se adentró bajo el tanga y clavó los dedos en el sexo carnoso de la mujer. — ¡Así! Hazme lo que quieras, sin miedo -rugió en un alarido placentero, antes de estirar el cuello. Los colmillos de Dante se clavaron instintivamente contra su carótida, aunque sin dañar la piel, logró erizarla más si cabía. Las dos manos de la musulmana buscaron desabrochar el pantalón negro del chico hasta que su tremenda erección quedó en el aire. Esa vez fue ella la que se sorprendió. — ¡Es enorme! ¿Cómo un chico tímido como tú tiene algo tan bueno aquí? Y agarrándolo de nuevo de la camisa, jaloneó de él hasta una de las puertas que conducía a un rincón individual con un solo retrete. Siendo esa la única que estaba cerrada, necesitó un par de empujones para acceder dentro. Podría haber entrado en cualquiera de las otras, pero pareció querer esconderse en el menos accesible. Por costar, también le fue difícil estando ya los dos dentro cerrar con un fuerte empujón la puerta hasta que se quedaron encerrados dentro. No había manera de abrirla, aunque tampoco es que lo intentasen mucho. Las puertas eran de las antiguas, desde el nivel del suelo hasta el umbral de la puerta no dejaba hueco alguno por el que poder ver. El baño estaba oscuro, iluminado por una sucia y opaca cristalera muy cerca del techo. Había botellas y bolsas tiradas por el suelo, mucho polvo y ruinas acumuladas por todo el baño. Los azulejos eran blancos también por dentro, siendo las puertas en las que se acababan de encerrar la inmoral pareja marrón verdoso. — Que cochino eres… Voy a tener que decirle a tus padres -bromeó la morena, sentándose sobre las piernas de Dante con medio pecho fuera y la polla tiesa contra su coño. — Y…Yo le diré a tu marido que eres una corruptora de menores. Eso la hizo echarse a reír, justo antes de estamparle la cara entre sus tetas. Parecía quererlo ahogar. — ¿Te estoy corrompiendo? Seguro que tú eres más cochino que yo… -contestó, hiperactiva. Su cuerpo, erótico, no dejaba de moverse con movimientos suaves y provocativos. Parecía estar bailando una especie danza del vientre, pero sin bailar-. ¿Quieres tenerla dentro de mí? — Sí… — Que niño más malo. Y pensar que te vi como un niño inocente cada vez que iba a tu casa. Sus manos apartaron la polla de su vagina y empezaron a pajearle, necesitando usar las dos. El pene de Dante era grande, aunque no excesivamente grande. Se sintió demasiado bien tener a semejante mujer ignorando la suciedad que había a su alrededor. Le puso demasiado cachondo pensar que le daba igual estar casada, o las consecuencias de hacer algo con él. Estaba demasiado desesperada como para preocuparse de que alguien los pudiese pillar. — Espero que me aguantes mucho… Tengo mucha, mucha hambre -aseguró y, poniéndose en pie, le dio la espalda y apoyó ambas manos en la puerta. Estando sentado frente a su culo en pompa, estaba su cara a la misma altura que su entrepierna, y esta, con todo el descaro posible le pidió que le quitase el tanga. Tenía claro que negarse a algo podría cortarle el rollo, así que agarró de los pliegues de las caderas el tanga y lo arrastró hacia sus rodillas. Se sobresaltó al ver como, marcha atrás, aquella treintañera estampaba su coño en su cara estremeciéndose de placer. — Mueve la lengua… Cariño, mueve la lengua. Haz lo que quieras con mi vagina. Alah… Me vuelve loca pensar en la de hombres que me desean y que solo tú puedas usarla. Agarró sus dos nalgas y las abrió todavía más. Era el primer coño que comía, pero Dante pareció aprender rápido. Su lengua no daba abasto para unos labios vaginales tan dilatados. Sus labios jugaban y practicaban besando y absorbiendo diferentes partes de aquella vagina. Estaba empapada de ano a clítoris, desprendiendo goterones elásticos de color transparente. Sin dejar de presionar el coñito contra la boca del yogurín se abrió todavía más de piernas y agarró el miembro endurecido que brincaba de un lado a otro en un movimiento de zigzag. Sin reparo alguno empezó a chupársela sin dejar de masturbarlo, en una posición imposible para ella si no hubiese tenido aquella elasticidad. Aquella fue la primera vez que hacía una especie de sesenta y nueve, y le encantó sentir la blanda y resbaladiza boca de aquella musulmana succionando su miembro. No sintió ganas de acabar, pero sí de incitarle a que la chupase de manera más ruda. Sin dejar de incrustar su nariz y boca entre sus labios vaginales, con ambas manos en la peluda nuca de ella forzó que su polla llegase más hondo. Glug, glug, glug, glug… Grugt, grugt, grugt, grugt… Los ojos de Jalima se pusieron en blanco, sorprendida, a pesar de que se dejó follar la boca incrustando más duro su vagina en la boca de él. Como no podía mover las manos, empezó a menear el culo, haciendo retumbar sus nalgas en la cara del joven. — ¿Viste a esa guarra? ¿Dónde se habrán metido? -escucharon los dos parando de inmediato. — Llámalo otra vez -le oyeron decir a Dani. — No lo coge, estoy harto de llamarlo -Por suerte la mayor parte del tiempo lo tenía en silencio. Jalima había detenido su movimiento de cuello, pero aún continuaba chupándosela a un ritmo empalagoso. Como si no se dejase amilanar por la irrupción de los otros dos. — Como se la folle sin nosotros lo mato. — Estaba buenísima macho. ¿A dónde habrán podido ir? -gruñó Jonathan. Jalima no perdonó todavía a Dante, castigándolo a tener la cara enterrada entre sus nalgas mientras se reincorporaba. — ¿Quién es? ¿Qué coño le dijo Dan para que se fuese con él? — A lo mejor le dijo que le pagaría por echar un polvo -replicó con crueldad uno de ellos, riendo entre dientes. — Sí, pero… ¿Dónde? — ¿Y si están en el de las mujeres? — Pues podría ser. Id a mirar -ordenó Jonathan-. Si Dan ha podido, nosotros también. — Mierda, quiero follar no aguanto más. Me ha puesto bien caliente esa guarra -dijo Dani. Jalima se dio la vuelta y se mordió el labio inferior mientras separaba las piernas, posicionaba su vagina preparada sobre el miembro de Dante y bajaba lentamente. Pareció ponerle más cachonda posible, si eso era posible, escuchar a ese par decir aquellas cosas sobre ella. No hubo más contemplaciones, el glande ensartó los labios inferiores y fueron atravesando las paredes de carne hasta besar su asterisco en el cérvix de la musulmana. — ¿Me quieres compartir con tus amigos? Se miraron mientras ella restregaba sus labios vaginales contra la pubis del muchacho, saboreando el extremo en lo más profundo de ella. Ya no escuchaban lo que decían los otros dos, se concentraron en no hacer ruido y en susurrarse tan bajo que solo podían oírse ellos mismos. — No… — ¿No te gustaría ver como me follan? — Te quiero solo para mí -contestó con decisión. — Buen chico… Aunque a mí me vuelve loca pensar que tus amigos abran esa puerta y nos sorprendan. Y abusen de mí… Me vuelve loca. Como si hiciese sentadillas, empezó a subir y bajar deslizando su coño alrededor de aquella polla. El ritmo era lento y suave, pero decidido. Era tan provocativa que sin ser habitual en él, consiguió hacer gemir al muchacho; en seguida volvió a estampar su cara entre sus tetas y abrazándolo por la nuca y estrangulándolo de aquella manera tan erótica, aumentó el ritmo empezando a hacer un poco de ruido. Clap… Clap… Clap… Clap… Clap… El ritmo era estable y repetitivo, sin variantes, aunque para Dante fue un verdadero infierno porque sentía que estaba a punto de estallar dentro de ella. Quería avisarla de la misma manera que quería acabar dentro, pero las tetas le tapaban la boca y ya tenia bastante dificultad con respirar. La adulta siguió subiendo el ritmo, cada vez más rápido, como si estuviese intentando llamar la atención de los dos que estaban fuera. Se mordió el labio y sonrió, masturbando aquel niño con su sexo. Le ponía totalmente cachonda estar pervirtiéndolo, saber que algún día quizás lo pagaría caro por haberlo mal acostumbrado. Su imaginación volaba y se lo imaginaba manoseándola en casa de los padres de él, muy cerca de su marido. Clap, clap, clap, clap, clap… Parecía un milagro que no la escuchasen. — Uy… Que bien se siente… -susurró. Apretujó todavía más la cara de Dante entre sus tetas y empezó a girar su vagina en torno a aquella polla, como si buscase exprimirlo. — ¿Por qué es la única que está cerrada? -preguntó Dani, el cual no solía acercarse a aquel lugar e intentó abrirla. Más que intentarlo, la empujó. — Está rota, no se abre -contestó sin importancia Jonathan mientras se encendía un cigarro-. ¿Tienes un mechero? El mio no enciende. Dani continuó intentando abrir la puerta, sin responder a la pregunta de su amigo. Intentó abrirlo chocando el hombro contra la madera, una vez, y otra vez. ¡Clop, clop, clop, clop, clop…! En unos segundos Jalima dio los chapoteos más fuertes, justo cuando le sintió tan acelerado que supo que se estaba corriendo, chocando su clítoris contra el vello púbico de él y dejando que todo los restos de semen fluyesen dentro de ella. Quedando abrazando su cabeza en silencio justo cuando Dani paraba de insistir, sacaba el mechero y se lo cedía a su amigo. — No están en el baño de mujeres ni en los alrededores -Dijo el pequeño Richi, el más escuálido del grupo. — Estarán follando en algún matorral. — ¿Sería una puta? Una tia así ni se fijaría en Dante. — Ya dije que estaba en otra liga… Justo en ese momento, la musulmana miraba con una sonrisa de oreja a oreja a Dante mientras apartaba su vagina de su polla impregnada de semen. — ¿Ya está? ¿Eso es todo? ¿Acabas dentro de mí sin permiso y me vas a dejar así? -inquirió entre susurros poniéndose de pie-. Supongo que voy a tener que dejarme abusar por esos amigos tuyos que hay ahí fuera… Otra provocación más que Dante no aceptó. Realmente la quería solo para él, aunque le daba morbo saber que estaban ahí fuera deseando algo que solo él podía tener. Podría repetir las veces que quisiese, porque era amiga de sus padres. Podría llevársela a su habitación con cualquier excusa y hacer cosas con ella, podría ir a su casa cuando su marido no estuviese y repetir las veces que quisiese. Montándose películas en su cabeza, tiró de su muñeca y la hizo sentar, poniendo esta cuidado en no hacer ruido al apoyar la espalda en la pared. Se intentó pajear, aunque la erección no acudí a él. Estaba dormida y sin probabilidad alguna de levantarla… por el momento. — Eres mía -le susurró al oído. — Si quieres que sea tuya tendrás que hacerlo mucho mejor. Hazme cosas sucias. — ¿Puedo hacerte lo que quiera? Ella asintió, con aquel brillo de perversión en su mirada. — ¿Seguro? ¿No te quejarás luego? — Te doy permiso para que seas creativo… Ahora, fóllame. Con sus labios vaginales simulando una ostra revelando aquella blanca surgiendo de su interior, Dante agarró el tanga que colgaba del talón de aquella mujer y se la incrustó entre los labios, pillándola por sorpresa. Si no se le levantaba, usaría los dedos y tras escupir un largo escupitajo al coño… TxutitxutiTxutitxutiTxuti… Aquella vagina, encharcada, pedía más. — Joder… no me contesta -se lamentó Joaquin. — Puede que le prometiese algo solo para aparentar que se la llevaba. — ¿Estás flipando? No viste como le manoseó el culo frente a todo el parque. — ¡Eh, a mí no me hables así, subnormal! Los gritos pasaron a un segundo plano, mientras berreaban y gruñían unos con otros, dándose empujones y discutiendo. — ¡Hmhmhmhm…! -Jalima tenía los ojos en blanco mientras Dante, por casualidad, daba con el punto exacto para hacerla temblar de placer. De haber tenido la boca desocupada la habría suplicado que no se detuviese; presenciando como poco a poco su polla iba adquiriendo de nuevo una nueva erección muy cerca de los mismos dedos que la masturbaban. Tan cerca que la musulmana deseó, en silencio forzado por el tanga obstruyéndole la boca, que esa polla sustituyese aquellos dedos juguetones y la empalase. Pareció leerle la mente porque, cuando ya estuvo suficientemente duro, sacó los dedos, apoyó todo su peso en los dos muslos de Jalima y con torpeza intentó clavársela, fallando una vez tras otra sin poder valerse de sus manos. — ¡¡Siempre me estás criticando, eres un subnormal!! -rugía Joaquín mientras otros dos intentaban apartarlos de Jonathan. El cual le propinaba una colleja entre risas. Desesperada, Jalima usó su mano para darle una ayudita y guiarla hasta dentro de ella. Dejó claro que le gustaba duro abriéndose más de piernas y dándole igual que la apretase del cuello y jugase con sus tetas. Plas, Plas, Plas, Plas, Plas… Las embestidas de Dante no es que hiciesen mucho ruido, pero el choque de carnes quedó eclipsado por los gritos y los insultos. Formando dos coletas alrededor de las orejas de ella con su largo y precioso pelo negro, acentuó la follada sin ser capaz de sentir la necesidad de correrse de nuevo. Ponía los ojos en blanco aquella mujer, extasiada por un sexo tan inmoral, saboreando tantas cosas que estaban mal y deseando muy en el fondo que los chicos de fuera la oyesen y se turnasen para cogerla. Quizás, de suceder, no le habría gustado pero la fantasía estaba ahí. Sin demasiado movimiento demostrando que le faltaba experiencia, el adolescente movía las caderas como un mono repitiendo una misma manera de oscilas la polla dentro de ella que le dio tremendo placer a ambos. Volvió a sentir ganas de correrse, ganas de acabar dentro de ella. Le tapó la boca para asegurarse de que no iba a gemir, mirándola a los ojos a pesar de que estos mirasen sin ver hacia el interior de sus pestañas. Disparó una segunda carga dentro de ella, disfrutando el cosquilleo hasta que se le hubo pasado y pudo continuar. No sentía su polla, era un palo duro entre sus piernas, pero siguió follándosela con él porque quería demostrarle que podía ser esa polla que necesitaba. A pesar de no haber visto un orgasmo en su vida, verla actuar tan extraño le hizo saber que estaba a punto de explotar. Chop, chop, chop, chop… Su coño estaba tan encharcado que parecía estar pisando charcos en una calle inundada. — ¡Hmm…! ¡Hmm…! ¡Hmm…! -gemía ella, sin servir de nada tener la boca taponada y silenciada por la ineficaz mano de Dante. Sus ojos totalmente cerrados, mientras ella saboreaba las potentes embestidas que hacían crujir aquel retrete se abría todavía más de piernas y recibía el orgasmo levantando el culo y quedándose quieta, muy quieta. Abrió los ojos, con la mirada perdida, temblando de placer. Sabiendo que aquel silencio significaba que los había pillado, y aún así le dio igual, porque disfrutó, también, de como aquel enérgico adolescente restregaba el extremo de su glande contra la parte más profunda de su sexo. Las piernas se cansaron y cayeron por los lados hasta aplastar el suelo con sus plantas. Mientras Dante se incorporaba con dificultad, lamentándose desdichado por lo que impulsivamente había hecho en el éxtasis del sexo. Era la primera vez que, sin buscar su propio orgasmo, estaba tan desesperado por llegar a algo. Por ver a una mujer correrse, o más bien, por lograr que ella acabase. A cambio, había echado a perder la posibilidad de mantenerla oculta para tan solo él. Capítulo 4: Promesa de algo más. — Sal… Sal hijo puta. Venga, Dante, no nos toques los cojones -ordenó Jonathan con una voz que se antojaba peligrosa. Abre la puta puerta, joder -dijo forzando el manillar y tratando de abrirla con un golpe de hombro. Necesitó hasta tres hasta que finalmente la abrió de par en par. Los cinco chicos se quedaron anonadados, viendo a la mujer abierta de piernas con el vestido negro convertido en un mero corsé de vientre y su vagina vomitando semen. La morena se mordió el labio, maldiciéndose por su suerte. — ¿Te la follas tú solo? ¿Y no compartes? Serás mamón -le reprochó Dani empujándolo fuera y regalándole una colleja en la nuca. Dante se cubrió las manos en la nuca, pero todos, sin excepción, le golpearon con la mano abierta hasta que se vio acorralado en un rincón del baño. Jalima, con dificultad, se puso en pie tratando de ponerse bien el vestido, incluyendo sus enormes pechos dentro del corpiño. — Niños… no os peleéis. Seguro que podemos llegar a un acuerdo. — ¿Qué coño te dijo este mierda para que follases con él y no con nosotros? — Fue amable -reconoció ella, encogiéndose de los hombros, claramente cansada. — ¿Y que pasará ahora? -le espetó malhumorado Jonathan-. Porque bien que nos provocaste en ese momento. Y es injusto que Dan se lo haya pasado bien y nosotros no. — Puedo aliviaros un poco… -propuso. — Aliviarnos… ¿Cómo? -preguntó, desconfiado. Preparado para advertir que no se iba a conformar con una sola paja. Se arrodilló contra la pared, de cuclillas con la vagina aún extenuada. Abrió la boca y sacó la lengua, sin necesidad de decir nada más. — No me voy a conformar solo con eso.. — Vuestro amiguito me ha dejado agotada ahí abajo… Hacemos una cosa, ahora os conformáis con mi boca y otro día lo hacemos en otro sitio… ¿Qué os parece? — ¿Cómo sabemos que cumplirás? — Porque me daréis vuestro número de teléfono y os hablaré… Los cinco se apelotonaron en torno a Jalima, con la espalda apoyada contra la pared. Cinco pollas de diferentes tamaños, ninguna sobresaliente. Alguna más gorda, alguna más pequeña pero todas estaban entre tamaños aceptables o similares al de Dante. No lo hizo a desgana, se divirtió agarrando con cada mano un miembro duro y frotándolo mientras un tercer usaba su boca como vagina. — Es mi turno -interrumpio la mamada de Jonathan Dani con impaciencia. Sorprendentemente el otro no puso pegas, como si tratase de estar de buenas y no echarlo todo a perder. Todos los glandes llegaron hondos en la garganta de Jalima, todos la clavaron profundo como si fuese una vagina sin fondo. El pequeño Richi se corrió con el efectivo movimiento de mano de la mujer, Dani y Jonathan se corrieron, cada uno a su ritmo, haciendo gargantas profundas que Jalima aguantó pacientemente. Joaquin y Santiago, sin necesitar nada más, se pajearon y corrieron en tiempos muy parecidos el uno del otro dentro de la boca de Jalima, como si fuese una diana y acertando en la mitad de la lengua. Sorprendentemente, Jalima se sintió sucia por aquel trato. ¿Mamársela a cinco adolescentes? Que locura. Era lo suficientemente masoquista como para haberse encendido por el mero hecho de consentirles de aquella manera, todos se quedaron sin ganas de repetir, ilusionados con la promesa de volver a verla. Cuando salieron de aquel baño y se dirigieron al parque, el sol solo había bajado un poco su intensidad, quedaba mucho para que se hiciese de noche pero aquella mujer ya había tenido suficiente. En cuanto salieron de entre los árboles, varias personas vieron surgir a una mujer con vestido provocativo y despeinada con seis adolescentes más contentos que un tonto con un lápiz. Le dio su número a Dante y solo a Dante con la excusa de que no podía tener a cinco chicos enviándole mensajes. Y prometió que en poco tiempo quedaría con ellos para pasarlo bien alguna tarde o alguna noche. Le hizo gracia que los muy ingenuos se lo creyeran, por supuesto, no pensaba volver a verlos. La despidieron incómodos, sin tener muy claro como debían hacerlo de una mujer que se la acababa de chupar. Dante, por el contrario, tuvo la extraña sensación de que esa no iba a ser la última vez que se viese con ella. Con la mujer, se refería, no con la esposa de Rakin. Jalima se acercó a una parada de autobús, cuyo transporte la llevaría a cierto punto donde haría transbordo hacia su ciudad. Nunca habría esperado encontrarse con unos adolescentes y mucho menos tener sexo con alguno de ellos. Si se vistió así fue para sentirse deseada, para verse bien. Quizás para conocer alguien interesante y ser invitada a una copa o, si le gustaba mucho esa persona, a un café. No se sentía culpable por haber sido infiel a su marido, pues sin haberlo sido antes, su marido Rakin le pegó y la llamó zorra… Pues si lo volvía a hacer, sería con razón. Una zorra, y con mucho orgullo. Capítulo 5: Los amigos de mis padres. — ¡Salam! -exclamó Rakin al ser recibido por el padre de Dante. — Alekum Salam, amigo mio -contestó el dueño de la casa, dándole un abrazo. No eran musulmanes, pero la amistad con sus invitados les facilitaba saberse algunas palabras de su lengua-. Jalima, pasa por favor, pasa. ¿Cómo esta el pequeño Nahemed? -dijo chocándole la mano al pequeño de ocho años. Estando los cinco en el comedor, solo faltaba Dante, el cual no esperaba que llegasen tan pronto. Estaba vestido, aunque con ropa veraniega y se había pasado la noche muy nervioso al saber que volvería a ver a Jalima tras lo sucedido un mes atrás en aquel parque. Sus amigos le habían insistido en que le hablase, pero el se había negado en redondo asegurando que era un número falso. Llevó su tiempo, pero dejaron de insistirle sobre el tema aceptando que solo había sido una mujer que buscaba una aventura y nada más. — ¿Puedo? -escuchó decir a lo lejos a una voz femenina. — Claro. Está encerrado en su cuarto, seguro que está hablando con alguna chica -contestó orgulloso su padre. Tres golpes picaron a la puerta, y sin esperar respuesta alguna, una mujer ataviada con un velo negro entró al interior. No solo el pelo, sino que la boca y la nariz también permanecían ocultas tras otro manto horizontal, dejando a la vista unos preciosos y penetrantes ojos negros. — Salam, Dante. — Alekum Salam. ¿Key fal hal? -preguntó el aludido sin dejar de mirarle. — Jam du li la… -contestó antes de remover con sus manos parte de su atuendo y, asegurándose de que su marido no estaba cerca de la habitación, dejó entre ver dos grandiosas tetas debajo del manto-. Te echado de menos, tontito. No puedo olvidar ``eso´´ que hicimos el otro día en aquel sitio. — Yo tampoco he podido pensar en otra cosa. — Si no tenias demasiada experiencia… Me encantó. Estoy deseando ver que me haces -comenzó a decir, acariciando, aún con las tetas en el aire, el bulto que se palpaba fuera del pantalón de Dante- con un poco más de práctica. El adolescente de quince años había fantaseado muchas veces a responderle a una pregunta similar a esa. Se levantó de la silla dándole igual que su marido los pillase, aunque aún así la puerta estaba entrecerrada, su mano fue excavando bajo su ropa interior y acabó palpando su coño. Aplastando su vientre contra el suyo tras atraerla a si con un buen agarre de culo y mientras estimulaba su clítoris le dijo: — Te haré todo eso que tu marido no te hace. Te haré sentir sucia y te voy a hacer mía. Porque así es como te gusta. Se sumieron en un beso sucio y libidinoso. Con intercambio de saliva, un duelo de lenguas inquietas y unos labios que no hacían ascos a nada. ¿Era una zorra Jalima por no reprimirse por un hombre que no la respetaba? ¿O era ese hombre, sin merecer a aquella mujer que le había sido fiel, el cerdo? Lo que estaba claro es que Jalima quería emociones fuertes, y estar casada con un asqueroso no iba a limitarla lo más mínimo. FIN…… ?

Autor: AkuSokuZan Categoría: Sexo con Maduras

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Mi abuela Conchi 2.

2019-08-25


Lo ocurrido en las primera historia con mi abuela aconteció el viernes, mis padre trabajan de lunes a viernes de 9 a 13 y de 16 a 20 menos los viernes que terminan alas 18. Ese fin de semana mis padres apenas salieron así que mi abuela se contuvo aunque nuestra relación canto para mejor, us no se cabreaba conmigo por hacerle rabiar sino todo lo contrario, se reía, me preparaba el desayuno, meriendas... yo por mi parte también le traté mejor, lo poco que la vi porque me pasé casi todo el fin de semana masturbándome pensando en lo ocurrido y lo que podría ocurrir el lunes por la mañana cuando se marchasen mis padres a trabajar. La noche del domingo apenas pegué ojo por los nervios y porque no paraba de empalmarme y cascarmela, la última sería a las 5 de la mañana cuando usas me dormí. Cuando me deperté, justo fue cuando mi abuela se despedía de mis padres cuando iban a trabajar, mi abuela solía desayunar con ellos para que se lo preparase mi madre y después se acostaba, pero ese día me daba la sensación de que no se ibas a ir a su cuarto. Mi casa tiene dos pisos, lar habitaciones están arriba claro, habrá unos 20 peldaños, cada vez que oía que subía uno, mi corazón latía más fuerte, cuando ya llegó al distribuidor estaba a mil, mi puerta se empezó a abrir despacito, mi abuela empezó a asomar la cabeza muy despacio y entró. Cuando noté que estaba pegada a las cama empecé a hacer como que me desperezaba, se sentó al borde de la cama y mientras preguntaba "estas despierto mi rey" en un tono muy suave, me puso las mano encima del paquete por encima de la sábana, "uy pero di usas la tienes tiesa, está dura como un palo, te has hecho muchas pajas pensando en mi?? Yo le contesté que bastantes. "Me dejas verla otra vez?"Si claro, y ella bajó la sábana y el pantalón del pijama. "Tienes un picha muy bonitas y para lo joven que eres estás muy bien, tu abuelo que murió joven no la tenía tan grande como tu" yo estaba alucinando, mi abuela me volvió a echar mano a la polla y empezóa menearla suavemente, madre mía que gusto, con las otra empezó a acariciarme los huevos, a pesar de todas las pajas que me había hecho estaba a punto de explotar pero todavía faltaba algo por ocurrir, cuando mi abuela vió el precam en mi capullo se detuvo un poco, se comenzó a agachar hachia mi picha y me dijo "te voy a hacer tu primera mamada y no se te va a olvidar en tu vida" su boca se acercaba despacio y yo no quitaba ojo, cuando estuvo muy cerca de repente sacóunas lengua súper grande, ni recordaba haber visto esa lengua de mi abuela, comenzó a lamerme el capullo con el precam "ummmm no lo recordaba tan rico" y entonces se metió toda la polla en la boca y empiezó a chuparla de arriba a abajo, dentro, fuera, "que gusto por Dios, me corro abuela" y entonces mirandome a los ojos se sacó parte de las polla, dejó el capullo dentro, empezó a menearmela a toda velocidad y yo empecé a correrme y a tener casi hasta convulsiones pero mí abuelas no se sacó las pocha picha en ningún momento de la boca y se lo trago todo, me la estuvo chupando un rato más y lamiendome todo lo que había chorreado por fuera, cuando terminó me dijo "ahora pegate una ducha, descansa y no te hagas ninguna paja que por la tarde cuando se vayan tus padres a trabajar te voy a follar y quiero que las tengas bien dura y me la metas hasta dentro" me acaroció la mejilla me sonrió y se fue. Yo por supuesto obedecí.

Autor: juanpalencia Categoría: Sexo con Maduras

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Mi abuela Conchi.

2019-08-23


Hola, me llamo Juan, tengo 43 años y vivo en un pueblo de Palencia. Cuando tenía 15 años, nos mudamos a casa de mi abuela Conchi, llevaba viuda 30 años y vivía con una hermana pero falleció y nos pidió ir a vivir con ella. Mi abuela de aquella tendría unos 75 años, era muy guapa, siempre tenía los labios pintados de rosa, mediría 150, estaba gordita y tenía unos pechos bastante grandes. Desde que llegamos a mi no me trataba bien, tenía celos de mi porque estaba acostumbrada a que su hermana le mimase mucho, todas las atenciones eran para ella y esperaba lo mismo de mi madre pero no fue así. Yo además le hacía rabiar mucho dándole sustos, quitándole su serie favorita de la tele o despeinándola, esto último le disgustaba mucho y cada vez que le fastidiaba gritaba " te voy a coger de los huevos ya verás" yo me marchaba corriendo y casi nunca me cogía y cuando me cogía me daba una colleja ó hacía el gesto de cogerme los huevos pero no hacía más. Un día estaba tumbado en el sofá y mi abuela sentada en su amaca viendo su serie, para variar empecé a hacer el tonto y a cambiar de cadena y ella "paaara, paaara, paaara que te cojo", y paraba, lo solía hacer solo un par de veces, pero ese día estaba especialmente pesado, no sé si sería por el calor del verano ó porqué... a la décima vez que le quito la serie se levantó para darme un mosquilón y quitrme el mando y yo solía levantarme corriendo y marcharme pero estaba tan cansado que ni me moví, después de la colleja no me quitó el mando porque le dije que ya no volvería a cambiar pero nada más girarse lo volví a hacer, se giró y efectivamente me echó mano y me cogió, nos sorprendimos los dos, pensabamos que nunca lo iba a hacer , yo me quedé de piedra pero empecé a empalmarme rápidamente, a mi abuela se le cambio la cara de sorpresa a una sonrisa traviesa y empezó a sobarme la picha por encima del pantalón corto diciendo "oye, pero que tenemos aquí, se te esta poniendo tiesa eh, te gusta que te la toque tu abuela" a mi no me salían las palabras, después de un par de sobadas empezó a morderse el labio inferior y me preguntó si me podía quitar los pantalones par enseñarle la picha, que llevaba más de 30 años sin ver una, obedecí y me los bajé, la cara de mi abuela se volvió a transformar en una cara de deseo que nunca antes le había visto ni tan siquiera con el protagonista de sus serie que le hacía sudar y tenía que abanicarse, "tienes buena picha, me dejas tocarla" asentí con la cabeza, tenía unas manos arrugadas pero muy suaves porque no había trabajado nunca, ni siquiera en casa, yo cada vez que se iba acercando para cogérmela notaba que el corazón se me salía del pecho, cuando me la cogió fue increíble, cuando empezó a menearla estaba en la gloria, comenzó a relamerse los labios y con la otra mano se la metió debajo de su falda a tocarse y a mi eso me enloqueció, de repente me empezó a apretar fuerte la picha y yo empecé a correrme como una bestia, "vaya lefada",me susurro, tengo esa frase guardad en mi cabeza, cada vez que me acuerdo de como me lo dijo me empalmo. Después de correrme no se porque pero pedi disculpas y ella que continuaba con la picha en la mano y después acariciándome la barriga con toda la lefa me dijo con una sonrisa pícara"tranquilo, acaba de empezar el verano y creo que nos lo vamos a pasar muy bien".

Autor: juanpalencia Categoría: Sexo con Maduras

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Líos en el mercado de abastos

2019-08-23


Carlos encuentra un trabajo para el mes de agosto. El trabajo no es gran cosa, pero las placeras del mercado se lo harán muy entretenido. Gracias por vuestros comentarios y valoraciones. Mi nombre es Carlos, tengo ahora veintitrés años, había terminado la carrera hacía poco más de un mes y como todos los jóvenes de mi edad en esta época, había pasado directamente al paro. Mi tío Manolo, el marido de mi tía Ana, me había conseguido una mierda de trabajo para el mes de agosto, chico de los recados en el mercado de abastos de su barrio. Pero yo necesitaba el dinero para poder seguir pagando el apartamento donde me había emancipado. Mi tío Manolo estaba prejubilado y como tenía todo el tiempo del mundo se pasaba las mañanas tomando café y hablando con los placeros. Cuando se enteró que la persona que hacía los recados habitualmente se iba de vacaciones en agosto y que estaban buscando alguien para sustituirlo, se acordó de mí, me propuso y aceptaron. El trabajo era sencillo, yo ayudaba a los placeros a descargar por las mañanas las furgonetas, a llevarles mercancías del almacén al puesto y a recoger otra vez en el almacén o la cámara la mercancía que no se había vendido cuando se cerraba el mercado. Como se ve, no parecía nada complicado. En ese momento tenía dos líos estables, aunque sin compromisos. Antonia, una buena amiga de mi edad muy maciza y muy liberal, pero que vivía a más de cuatrocientos kilómetros y Julia, otra amiga también muy maciza, divorciada, quince o veinte años mayor que yo y vecina del edificio donde vivía. Además de estas dos amigas, tenía a mi tía Ana, más o menos de la edad de Julia, que me perseguía cada vez que mi tío se iba a cualquier sitio. Desde luego no me podía quejar. El mercado era pequeño y además como era el mes de agosto, algunos de los puestos del mercado estaban cerrados. Quedaban abiertas una pescadería regentada por Pepa, ayudada por su hija Pepita, una frutería regentada por Laura a la que ayudaba algunas pocas veces su marido, Julián, una floristería que atendía una mujer empleada llamada Maribel y una carnicería propiedad de Mariano. Pepa, la pescadera, era una mujer guapa de unos cuarenta años, morena, más baja que alta y con algún kilo de más. Pepita, su hija, tenía entonces dieciocho años recién cumplidos y estaba tremenda de buena y como me daría cuenta más tarde, también estaba tremendamente salida, aunque no más que su madre. Laura era una mujer algo parecida a Pepa, aunque rubia, más alta que esta y con unas tetas que por su tamaño llamaban la atención de todo el personal y la clientela masculina del mercado. Julián, su marido, era un tipo gordo, con aspecto de sucio, pero sobre todo era un flojo de muchísimo cuidado. Las raras veces que acompañaba a su mujer se metía en alguno de los bares de alrededor del mercado y no volvía hasta que ella había recogido el puesto. Para rematar al personaje, el individuo miraba a Pepita de una forma tan grosera, que tanto Pepa como su propia mujer se daban cuenta de su lascivia. Maribel la dependienta de la floristería era una mujer de unos treinta años, ni guapa ni fea y muy poquita cosa de cuerpo. Sin embargo, tenía bastante elegancia personal y mucha simpatía. Por último Mariano, el carnicero, era un hombre ya mayor, viudo, que no se jubilaba ni vendía el puesto porque no quería pasarse todo el día en su casa solo. Como he dicho antes el trabajo era sencillo, pero hay que ver cómo pueden complicarse hasta las cosas más sencillas. El problema era que todos los puestos descargaban a la misma hora y querían también cerrar a la misma hora, con lo que requerían de mis servicios a la misma vez. Además me di cuenta a los pocos días de empezar que entre Pepa y Laura había ciertas tensiones más que evidentes. Si atendía a una antes que a la otra, la bronca estaba servida. - Carlos te estoy esperando y tengo que montar el puesto. –Me decía a la que yo no estuviera ayudando en ese momento-. - Organizaros entre vosotras. Yo puedo alternar, pero no puedo ayudar a las dos a la misma vez. –Les contestaba yo-. De todas formas yo no era el único tema de discusión entre ellas, cualquier cosa podía terminar en una guerra a voces. - ¡Dile al puerco de tu marido que no mire a mi hija como si fuera desnuda! –Le decía Pepa a Laura los días que la acompañaba su marido-. - ¡Mira, puerca serás tú y tu hija, que va provocando, si no se vistiera como una fulana no la miraría mi marido! –Le contestaba la otra y ya estaba servida una bronca hasta el final de la mañana-. Pepa y su hija Pepita se turnaban para desayunar. Cuando era el turno de Pepita se acercaba a mí y me decía si la acompañaba. Si yo no lo había hecho todavía, iba con ella y charlábamos mientras nos comíamos la tostada. - ¿Tienes novia? –Me preguntó el primer día que desayunamos juntos- - Ahora no, la tuve hasta hace unos meses, pero me dejó. - ¿Por qué te dejó? - Porque decía que yo iba detrás de unas y de otras. - ¿Y era verdad? - No, ella es una mujer muy celosa. ¿Y tú tienes novio? - Novio no, tengo algunos moscones. Mi madre me dice que no me eche novio, que todos los hombres son cariñosos y atentos al principio, pero que luego se vuelven unos groseros y unos holgazanes. - Vaya, tu madre no tiene muy buena opinión del género masculino. - Mi padre nos dejó hace ya bastantes años por una vecina sin decir ni adiós. Desde entonces mi madre dice que no quiere nada con los hombres. Otros días me preguntaba por mi vida. - ¿Sigues estudiando? - No, he terminado la carrera en junio pasado. - ¿Qué carrera? - Sicología. - Eso es lo de los locos. - No mujer, todas las personas necesitamos cuidar nuestras mentes, igual que cuidamos nuestros cuerpos. - ¿Vives con tus padres todavía? - No, vivo sólo en un apartamento muy pequeño, al menos mientras pueda pagarlo. - Entonces te llevarás allí a todos tus ligues. ¿Ligas mucho? - No me puedo quejar, pero tampoco estoy todo el día ligando. - ¿Me invitarás algún día a ver tu apartamento? En fin, Pepita me zorreaba todos los días un poquito y yo la dejaba que lo hiciera porque me resultaba divertido. Un día fue Pepa, la madre, la que me dijo si quería que fuésemos a desayunar juntos. Acepté por educación y porque Pepa me caía bien. - ¿Cómo llevas el trabajo? - Ya lo ves tú, de un lado a otro y siempre con alguien enfadado conmigo. - Es que la Laura esa es una abusona y si no le paro los pies te acapara para ella sola. He visto que hablas mucho con mi niña. ¿De qué habláis? - De cosas sin importancia, conversaciones de desayuno. - ¿No pretenderás follártela y dejármela luego con una barriga? - Pepa, me parece que esas no son formas de hablar con nadie. - Bueno, tú ya me has entendido. Si tú necesitas follar con alguien fóllame a mí. Miré alrededor en el bar, por si acaso alguien la había oído y creí que no. - Eres muy directa hablando. - Mira, yo sé lo que necesitáis los jóvenes y lo que yo necesito también, así que no voy a perder el tiempo con tonterías. La observé detenidamente. Tenía un polvo morboso, pero no iba a liarme con nadie del trabajo o eso pretendía. - Me ha dicho mi niña que vives solo, vamos que tienes un picadero, así que podemos quedar cualquier tarde. A mí todas me vienen bien. - Pepita tiene una imaginación desbordante. Si vivo sólo, pero no tengo ningún picadero. - Venga ya, a tu edad, universitario y buen mozo, tú tienes que follar lo más grande. ¿A qué sí? - Pepa, no creo que debas meterte en eso. - Te lo voy a decir más claro. Hace un siglo que no me folla nadie y estoy que reviento. Si follamos tú y yo, te aseguro que no te vas a arrepentir. Si te follas a mi niña no te va a saber a nada. - Vale Pepa, vamos a dejar aquí esta conversación. - Otra cosa te voy a decir, no te folles a Laura. - Pero bueno, es que no entiendes que yo no voy follándome a todas las mujeres con las que me cruzo. Afortunadamente, la conversación quedó ahí. Esa tarde, después de la siesta recibí un mensaje de Pepita, todos los placeros tenían mi número de móvil para cualquier cosa que pudiera ocurrir. Abrí el mensaje y era una foto de ella desnuda, en frente de un espejo de cuerpo entero. Estaba buenísima. Guapa ya sabía que lo era, pero su cuerpo era la tentación personificada. Unas tetas grandes y con un aspecto de estar duras a reventar, unas areolas grandes y oscuras y los pezones erectos. Vientre completamente plano, el chocho depilado con un monte de Venus muy carnoso, unas bonitas caderas y unas piernas largas y torneadas. La foto venía acompañada por el siguiente mensaje. “Me he estado tocando pensando en ti. Si quieres puedo ir luego a tu apartamento.” Esta chica había perdido la cabeza. ¿Cómo se le ocurría mandar esa foto a un casi desconocido? Pensé que si no le contestaba malo, pero si le contestaba peor. Después de pensarlo, le envié el siguiente mensaje: “No puedes mandar ese tipo de fotos, en un solo día puede estar circulando por medio mundo. Yo la he borrado, bórrala tú de tu teléfono.” No era verdad, no había borrado la foto o, al menos, todavía no. En menos de treinta segundos tenía otro mensaje. “¿Y de lo de vernos luego, qué?” ¡Joder con la madre por la mañana y la hija por la tarde la que me iban a dar! La casa donde vivieran sería peor que la “Casa de Bernarda Alba”. ¿Y si me las follaba a las dos? Ya sé que no estaría muy bien, pero yo tenía veintipocos años y una calentura permanente. Le contesté el mensaje a Pepita: “Hoy no puedo, ya vemos otro día” Volví a mirar la foto y me dije, ¡Vaya cómo está la muchacha! Llamaron a la puerta, abrí y era Julia, mi vecina. - Hola preciosa, pasa. - Hola Carlos, estaba harta de televisión y he pensado en venir a verte. ¿Y tú qué haces? - Si te lo cuento no te lo vas a creer. - Prueba. - ¿Quieres algo de beber? - Si lo que me vas a contar es tan interesante, ponme una ginebra con tónica. Le preparé su copa y otra para mí y me senté con ella en el sofá. - Carlos como echo de menos la casa de tus padres en la playa. Agosto en Sevilla es la muerte. - Le puedo decir a mis padres de ir a verlos, lo que pasa es que tendríamos que irnos el puente del día 15, sino, para una sola noche, no merece la pena. - No te da cosa que vaya contigo. No creo que a tu madre le guste mucho que te saque cerca de veinte años. - Se lo comentaré antes, pero estoy casi seguro que no le va a importar. Cada vez tiene la mente más abierta. - De acuerdo, porque me encantaría salir de Sevilla. ¿Entonces que estabas haciendo? Cogí el móvil que estaba encima de la mesa y le enseñé el primer mensaje de Pepita con la foto. - ¡Qué suerte tienes bribón, está como un tren y podría ser hija mía! Me voy para que la recibas a gusto. - No hace falta que te vayas, le he dicho que estaba liado esta tarde. Además hay dos problemas: es la hija de la pescadera del mercado donde estoy trabajando este mes y su madre me ha dicho esta mañana que quiere follarme. - ¿Pero siempre te tienes que estar metiendo en líos? - Te aseguro que no pretendía meterme en ningún lío, son los líos los que me asaltan. - La niña está para comérsela ¿y la madre? - Bueno no es que sea una Venus, pero tiene mucho morbo. Ya sabes tú que me gustan las mujeres maduras. - ¿Lo dices por mí? - Por supuesto. Oye vienes hoy muy fresquita. –Julia llevaba un pantalón corto vaquero muy ajustado y una camiseta de tirantas bastante holgada que dejaba ver parte de sus hermosas tetas-. - Con el calor que hace como quieres que vaya. Incluso estoy pensando que llevo mucha ropa. –Diciendo esto se quitó la camiseta dejando sus preciosas tetas al aire-. - ¿Sabes lo que es muy bueno para el calor? - No sé dímelo tú. - Una ducha, ¿te apetece? - Sólo si nos duchamos juntos. Se levantó del sofá y me tendió la mano para que la siguiese al baño. Me pegué a ella por detrás y le cogí las tetas, ella echó su culo hacia atrás para apretar mi polla que empezaba a estar dura. Luego se giró y nos besamos en la boca. Me quitó la camiseta que llevaba y nos volvimos a abrazar. - Me parece a mí que tú no quieres ducharte. –Me dijo soltándose de mí-. Se soltó y se quitó el pantalón corto que llevaba, quedándose con un tanga negro. Yo aproveché para terminar de desnudarme. Me puse en cuclillas frente a ella, le quité el tanga y le besé su chochito repetidamente, mientras ella me acariciaba el pelo. Luego me levanté y tiré de ella hacia la ducha. - Túmbate –me dijo-. Lo hice y ella se puso sobre mí para hacer un “69”. Subí la cabeza y pegué mi boca a su chocho, estaba ya muy húmedo. Puse un dedo en su ojete y se lo acaricié. Ella me tenía cogida la polla con una mano y me lamía el capullo y el frenillo. - Tienes un culo para morderlo –le dije-. Al poco rato se incorporó y de espaldas a mí se metió la polla en el chocho. Le di un par de sonoros cachetes en su culo y luego le cogí las muñecas por su espalda. El movimiento de su cadera me estaba volviendo loco. - Julia me voy a correr. - Hazlo, yo también me voy a correr. - ¡Aaaagggg, aaaggg! –Grité mientras me corría a la misma vez que ella-. - Ves como tú no querías ducharte. Nos duchamos y salimos desnudos al salón para terminar nuestras copas. - Lo he pensado y creo que deberías follar con la madre. –Me dijo-. - Más morbo sí que tiene, pero es que la hija está para reventar de buena. - Hazme caso que te lo pasarás mejor. Nos volvimos a besar y luego ella dijo que tenía que irse. Se vistió y cuando se iba me dijo: - Me gusta a mí esto de follar sin tener que salir a la calle. - Ya iré yo a hacerte una visita próximamente. A la mañana siguiente en el mercado Pepa y Pepita no me quitaban ojo de encima. Nuevamente me propuso Pepa que desayunara con ella. - Esta mañana he visto el móvil de la tonta de mi niña. Gracias por borrar la foto y decirle que la borrara ella, aunque no lo hizo. - No hay de qué. Se le debió ir la pinza. - ¿Has pensado en lo que te propuse ayer? - Sí, pero todavía no he tomado una decisión. - Decídete que nos lo vamos a pasar muy bien. A media mañana Laura, la verdulera, me pidió que la acompañase al almacén a buscar mercancía. Entramos, cerró la puerta y me dijo: - He visto como te zorrean la Pepa y la guarra de su hija. No te las vayas a follar a ninguna. Si quieres pasarlo bien fóllame a mí. Cuando terminó de hablar se abrió la bata que llevaba y debajo iba completamente desnuda. Sus tetas eran espectaculares de grandes con unas areolas grandes y rosadas y unos pezones grandes también y duros. Tenía una buena mata de pelo oscuro en el chocho. En conjunto era una mujer bastante apetecible. - Mira bien lo que te puedes perder –dijo cogiéndose las tetas-. - Laura de verdad que yo no quiero líos con nadie y menos contigo que estás casada y tu marido viene por aquí. - Mi marido es tan penco que ya ni me folla. - Lo lamento por los dos. - Ya sabes lo que te he dicho. Coge un par de cajas de tomates para disimular. Salimos del almacén y las cajas de tomates disimularon poco. - Mira cacho puta, deja al chaval en paz que estás casada, aunque no te valga para nada. –Le gritó Pepa mientras limpiaba una lubina-. - Oye, que putas seréis tú y tu hija. Pues ya se formó la tangana hasta el cierre del mercado, pensé, pero también pensé que Laura tenía un polvo descomunal. Después de comer me tumbé en boxes en el sofá para echarme una cabezada. A las seis me despertó el timbre del portero electrónico. - ¿Sí? - Hola Carlos, soy Pepita, quería hablar contigo. - ¿Pero qué quieres Pepita? ¿Cómo has dado con mi casa? - Ya te he dicho que hablar contigo. Le abrí por no tener una discusión con Pepita que pudiera escuchar cualquiera que pasara por la calle. La esperé con la puerta abierta. Venía con un peinado diferente y con un vestido corto muy veraniego. - ¿Pepita que pasa? - He visto como la guarra de Laura te ha metido en el almacén y no voy a permitir que se me adelante ni ella ni mi madre. - ¿Adelantarse a qué? - A qué va a ser, a follar contigo. ¿No me invitas a pasar? - Claro pasa –le contesté aunque no tenía ninguna gana de hablar con ella-. - ¿Recibes a todas las chicas en calzoncillos? ¡Joder, tenía razón, se me había olvidado por completo! - Perdona, voy a ponerme algo encima. - Por mí no lo hagas, me gustas más así - ¿Cómo has dado con mi dirección? –Le pregunté mientras me ponía un pantalón corto y una camiseta-. - Está en tu contrato, vi como mi madre leía el contrato y aproveché para mirar tu dirección. ¿Te gustó la foto que te envíe ayer? - No debes hacer eso. Si yo fuera de otra manera la podría haber reenviado y podría verla medio mundo en internet. - No has contestado a mi pregunta. - Claro que me gustó, a mí y a cualquiera. Se había sentado en el sofá y el vestido se le había subido, tenía unas piernas preciosas. Estaba seguro de que no llevaba sujetador ni falta que le hacía. - ¿En qué te basas para pensar que tu madre y Laura quieren follar conmigo? –Le pregunté para hacerme el despistado-. - Tendrás una carrera, pero estás muy poco espabilado. Observo cómo te miran las dos y cómo se miran luego entre ellas. Me senté a su lado en el sofá. - ¿No quieres besarme? –Me dijo mirándome a los ojos-. - Pepita no tengo nada claro que deba haber algo entre nosotros. - Yo no quiero tener nada contigo, sólo me apetece hacerlo contigo. Nunca lo he hecho con un universitario y además ahora no tienes novia. Se acercó ella a besarme. Le acepté el beso, pero no se lo devolví. Pepita estaba buenísima y era una tentación para cualquiera, pero no me gustaba que me quisiera para tener una muesca más en la culata. - ¿No te gustan las mujeres? –Me preguntó al no devolverle el beso-. - Me gustan y mucho más de lo que puedas pensar. - ¿Entonces? - Te lo he dicho, no estoy seguro de querer hacerlo contigo. - ¿Prefieres a los vejestorios como Laura o mi madre? - No son vejestorios, son espléndidas mujeres maduras, que seguramente podrán darle a un hombre más que tú. Me había enfadado que las llamara vejestorios. Para ella sería un vejestorio cualquier mujer de más de veinte años. - Anda no te enfades conmigo –me dijo poniendo su mano sobre mi entrepierna-. ¿Quieres que te la chupe? Iba a ponerla de patitas en la calle, cuando sonó el timbre de la puerta, pensé que sería Julia, la vecina. - Abre Carlos soy Pepa, sé que estás ahí. Se nos descompuso la cara a los dos. - Si me pilla aquí me mata. –Susurró Pepita-. Escóndeme. Como el apartamento era un estudio, no tenía donde esconderla que no fuera el armario. La cogí de la mano, abrí el armario, la metí dentro y entorné la puerta. - Carlos abre –insistió Pepa-. Abrí finalmente la puerta después de tomar aire y recomponerme. - ¿Qué haces aquí Pepa? - Ya que tú no te decides, pues he venido yo a verte –dijo entrando y cerrando la puerta tras ella-. Se había arreglado mucho más que por las mañanas. Estaba guapa más maquillada. Se había hecho una coleta muy tirante. Llevaba un pantalón blanco ajustado, que le hacía un culo poderoso, una blusa suelta estampada con varios botones abiertos para lucir escote y unos zapatos con bastante tacón. Resultaba una mujer atractiva, aunque con algún kilo de más. - Carlos soy una mujer sola desde hace años. Me resulta muy difícil conocer a hombres y no quiero vincularme con ninguno. - Por favor habla más bajo, que las paredes son de papel. –La interrumpí tratando de evitar que la oyera Pepita-. - Necesito sexo sin compromiso y me apetece mucho tenerlo con un hombre más joven que yo. Sé que mi hija va detrás de ti, igual que va detrás de cualquiera al que le haya echado el ojo. Los dos sois mayores de edad y podéis hacer lo que queráis, siempre que no haya nada serio. Lo único que no quiero es que mi hija se ennovie tan joven, para que luego la dejen cómo me pasó a mí. No sé si Pepita habría oído lo que había dicho su madre. Me sentía fatal con la situación, aquella mujer diciendo intimidades que podían ser escuchadas por su hija, pero no podía decirle nada de su presencia. - Pepa iba a salir, mejor lo hablamos en otro momento. Pepa me caía bien y la única solución que se me ocurrió para salir de la situación tan embarazosa en la que estaba sin saberlo, fue salir con ella del apartamento. Cogí las llaves para presionarla. - ¿No puedes esperar cinco minutos? - No Pepa, ya voy tarde –le dije abriendo la puerta y saliendo los dos-. - Pues dime un día de esta semana para venir a verte, si no me quedo esperándote. –Me dijo ya fuera del apartamento-. - Vente mañana a cualquier hora de la tarde. - No me falles. Cerré la puerta sin echar la llave para que Pepita pudiera salir luego. - ¿Qué haces, estás loco? Cómo no vas a echar la llave, que esto es Sevilla en agosto. –Me dijo Pepa-. - Da igual, total para lo que me pueden robar. - No Carlos, no puedes hacer eso. Cuando vuelvas te habrán robado todo, especialmente las cosas de informática. Vamos que me quedo en la puerta hasta que vuelvas como no eches la llave. Tan pesada se puso que al final tuve que echar la llave, dejando a su hija encerrada. O sea que cuando volviera me la iba a encontrar otra vez. Bajamos y nos despedimos. No quería volver a subir inmediatamente, porque no me fiaba que Pepa no se quedara vigilando. ¡Estupendo ahora estoy en la calle en Sevilla a las seis y media de la tarde de un día de agosto! Pensé. Di un paseo y me metí en un pub a tomar algo. Naturalmente el pub estaba desierto. Una camarera muy mal encarada me preguntó: - ¿Qué vas a tomar? - Ponme una ginebra con tónica. - ¿Qué ginebra y qué tónica? - Las que tú quieras, pero que sean baratas. La tía me miró con auténtico desprecio, debía ser que tenía una clientela de marqueses la muy siesa. Yo pensé, anda y que te folle un pez. La tía me puso la peor ginebra con tónica que he tomado en mi vida, además de cobrarme ocho euros. Después de pagarle le di la espalda y me puse a mirar la puerta por no verla a ella. No pasaron ni dos minutos cuando entraron mi amigo Luis, el tío con la polla más grande que he visto en mi vida, y mi tía Ana. - ¿Pero hombre que haces aquí sólo? –Me dio un abrazo como si hiciera años que no nos viéramos-. - Hola Carlos, qué sorpresa. –Me dijo mi tía Ana dándome dos besos en las mejillas-. - Qué sorpresa la mía –le contesté con un poquito de mala leche-. Pensé que tenía que contarle el encuentro a Julia, que se iba a divertir. Yo los había presentado a ambos unos días antes en la casa de la playa de mis padres, estando allí Julia. Para quien no lo sepa, mi tía Ana, que está buenísima a sus cuarenta y tantos años, se tira a todo lo que se menea en cuanto mi tío se va algún sitio y ella se queda sola. No quiero entrar mucho en lo que pasó esa tarde, salvo que los dos se empeñaron en que tomara otra copa con ellos y luego en que fuéramos a tomar algo de comer, el folleteo les habría dado hambre. En un momento de la tarde-noche, mi tía me dijo: - Me he enterado por tu tío que estás trabajando en el mercado. - Sí, me buscó él el trabajo haciendo una sustitución en el mes de agosto. - Yo tengo mucha amistad con algunas de las placeras, les diré que te traten bien. - No te preocupes, no hace falta. –Temía cualquier recomendación de mi tía a otras mujeres más que al demonio-. - ¿Sabes algo de Antonia? Me acuerdo mucho de ella. - Está bien, le daré recuerdos tuyos. En definitiva, que a mí se me había olvidado que había dejado a Pepita encerrada en casa y sólo cuando fui a meter las llaves en la puerta a las doce de la noche me acordé. Traté de no hacer ruido, seguramente se habría quedado dormida. No estaba en sofá, miré hacia la cama y allí estaba desnuda. Tenía los ojos cerrados y los auriculares puestos, se estaba acariciando el chocho y las tetas. La imagen era muy erótica y comencé a empalmarme. Pensé que no debía seguir observándola, pero también pensé que ella estaba en mi cama, no es que yo la espiase por una ventana. Si quería follar con ella era la ocasión perfecta. Decidí volver a la puerta y hacer ruido al entrar para que ella supiese que no estaba sola. Lo hice y después de cerrar de nuevo, esta vez con un portazo, dije: - Buenas noches Pepita, perdona que llegue a esta hora, pero me he liado y no he sido consciente de que era tan tarde. Cuando miré hacia la cama se estaba terminando de vestir. - Gracias por haber sacado antes a mi madre. Ves como te quiere follar, si no a que iba a venir aquí. Bueno ya me lo contarás que ahora me tengo que ir. No se te ocurra decirle nada a mi madre sobre que he estado aquí. –Me dio un pico en los labios y se fue-. Soy tonto del culo, pensé. Con la belleza que tenía en mi cama, desnuda y caliente y a mí no se me ocurre otra cosa que dejarla ir. A la mañana siguiente la tensión entre Pepa, Pepita y Laura se cortaba con un cuchillo. Pepa iba muy maquillada y se había abierto un botón más de la bata que llevaba normalmente, evidenciando que en todo caso llevaría unas bragas debajo, pero nada más. Entre Laura y Pepa me tuvieron toda la mañana de un lado a otro para cosas inútiles. Las dos habían adoptado la estrategia de macarse mutuamente y marcarme a mí. Pepita me ponía ojitos cada vez que podía zafarse de su madre y de Laura. Cuando terminó la mañana volví a casa temiendo la visita de Pepa por la tarde, como así fue. A mediodía llamé a Antonia, pues llevaba varios días sin hablar con ella. - Hola preciosa. - Hola Carlos. ¿Cómo llevas tu trabajo? - Un lío detrás de otro. - ¿Pero de los líos tuyos? - Del todo, ahora resulta que me quieren follar la pescadera, su hija y la verdulera. –Antonia se partió de la risa-. - ¿Y con cual te vas a quedar? Claro que igual puedes con todas. - Yo que sé, creo que la pescadera tiene muchas papeletas. - Hombre eso tiene la ventaja de que así podrás comer almejas. - Tú tómatelo a guasa, pero me tienen como puta por rastrojo en el mercado. ¿Y tú, que tal? - Con mucho trabajo, tengo que doblar turnos muchos días para poder atender a los enfermos. - Vaya lo siento. - No te preocupes que también tengo mis ratos de asueto. - ¿Tienes previsto venir por Sevilla? - En agosto imposible. - Lástima. Ayer me encontré a mi tía Ana y me dio recuerdos para ti. - La tengo que llamar un día cuando me quede más tranquila en el trabajo. Te tengo que dejar que entro en quirófano. Besos a mi pollita y ten cuidado con los atracones de almejas, que producen reacción. Antonia era una gran amiga a la que echaba mucho de menos, pero los más de cuatrocientos kilómetros entre los dos eran una dificultad importante. Más o menos a las cinco llamaron al portero automático. Mi casa se había convertido en una fonda. - ¿Sí? - Soy Pepa. Le abrí y esperé que subiera. La oí llegar y abrí la puerta del apartamento. Venía igual de arreglada que el día anterior. No se anduvo con tonterías, conforme cerré la puerta se me abalanzó a besarme. Era más baja que yo, pero con los tacones que llevaba estábamos más o menos a la misma altura. Venía bastante acalorada dada la hora que era y el sol que caía en la calle. - ¿Quieres un vaso de agua o un refresco? –Le pregunté-. - Un vaso de agua. Fui a la cocina por el vaso de agua y al volver se había quitado la blusa, mostrando un bonito sujetador que presionaba sus tetas. Tenía una barriga abultada, con algún michelín. En ese momento se estaba quitando el pantalón, mostrándome su fantástico culo cubierto por unas pequeñas bragas a juego con el sujetador. Me acerqué a ella para darle el vaso de agua. Después de un largo trago volvió a besarme con un ansia excesiva, que casi me hizo daño en los labios. - Pepa relájate, estás muy tensa. - Claro que estoy muy tensa, llevo mucho tiempo sin follar. –Me dijo llevando su mano a mi entrepierna y apretando fuerte-. ¿Qué te pasa, por qué no estás empalmado? - Pepa vamos a hacer las cosas a mi manera. Siéntate en el sofá. La miré ya sentada, se veía guapa y pese a tener algunos kilos de más, era una mujer atractiva con mucho morbo en su cuerpo. De joven debía haber sido como era ahora su hija. Me quité la camiseta y los pantalones cortos que llevaba. Mi polla había empezado a ponerse morcillona y se marcaba bajo mis boxes. Me senté sobre sus piernas de frente a ella, le cogí sus manos, se las puse sobre la cabeza y empecé a besarla en la boca con suavidad. - Carlos creía que no volvería a besar así a un hombre. - ¿Por qué? Eres una mujer atractiva. - Estoy sola, gorda y vieja. Si yo no te presiono tú no me hubieras mirado. - Nada de lo que has dicho es verdad, excepto que estés sola. Besarla y el contacto con su cuerpo había terminado de despertar mi polla, que luchaba por salirse de los boxes. Empecé a besarle sus tetas por encima del sujetador. - Me gusta que me coman las tetas. Metí mis manos por detrás de su espalda, le solté el sujetador y se lo quité. Sus tetas eran grandes y poco caídas, sus areolas rosas pequeñitas y sus pezones grandes y muy duros. Ella aprovecho que le había soltado las manos para llevarlas a mi polla, soltándome los botones del boxes. - ¿Te pasa algo, no tienes pelos? –Me preguntó extrañada-. - Tengo la costumbre de depilarme. Cosas de mi ex novia. - Déjame verte, tengo mucha curiosidad. Me levanté, me quedé cerca de ella y terminé de quitarme los boxes. Miró atentamente y luego con sus manos fue acariciándome la polla y los huevos. - Está mucho más bonita que con pelos. –Me dijo-. Acercó su cabeza, se la metió en la boca y empezó a moverse con mucha rapidez. - Más despacio Pepa, no tenemos prisa. –Le dije cogiendo su cabeza para indicarle el ritmo-. - Me gusta comerme una buena polla y nunca lo había hecho con un hombre depilado. Se agachó más y empezó a lamerme los huevos mientras seguía sobándome la polla con las manos. - Levántate –le pedí y ella lo hizo sin soltarme la polla-. Me puse detrás de ella y en cuclillas le quité las bragas. Tenía un poco de celulitis, pero seguía siendo un culo imponente. Fui besándoselo y mordiéndoselo lentamente. - Tienes un culo muy bonito. - Mi culo es la parte que siempre me ha gustado más de mi cuerpo. –Me dijo-. Pase mis brazos alrededor de su cintura y puse mis manos sobre su chocho. Ella gimió con fuerza. Tenía mucho pelo en el chocho. - ¿No te gustaría ir depilada como yo? - No lo sé, tengo el chocho muy grande. Me incorporé y puse mi polla entre sus nalgas, mientras seguía sobándole el chocho. Noté que empezaba a temblar, se estaba corriendo, cuando terminó se tumbó boca abajo en el sofá. Me dejó la mano llena de sus jugos. - ¡Por Dios, qué gusto Carlos! –Me dijo mirándome-. Me senté sobre sus piernas y le acaricié su hermoso culo. - Ayer estaba aquí mi hija cuando vine, ¿verdad? Me extrañó la pregunta, estaba convencido que ella no se había enterado. - Sí. ¿Cómo lo sabes? - Por su perfume. Gracias por haberme sacado del apartamento, podía haber dicho y hecho muchas tonterías. - ¿Entonces por qué te empeñaste en que echara la llave? - Por fastidiarla un rato. ¿Hicisteis algo? - Nunca respondo a esas preguntas, pero no, no hicimos nada. Me tumbé sobre ella y le besé el cuello y las orejas. Ella echó los brazos atrás y puso sus manos sobre mi culo. Me levanté y le pedí que se recostara sobre el sofá. Le abrí las piernas y le fui besando sus muslos y luego metí mi cabeza en su entrepierna. - No Carlos, nunca me han hecho eso y me da vergüenza. - Pues ya es hora de que te lo hagan. En efecto tenía un chocho muy grande y un clítoris también muy grande. Se lo abrí con mis dedos y me apliqué a lamérselo y a mordérselo suavemente. - Carlos esto es la gloria. –Me dijo poniendo sus manos sobre mi cabeza-. - Ves lo que te perdías. - Desde luego, si sigues me voy a correr otra vez y eso debe ser pecado. ¡Qué lengua tienes bribón! Su chocho estaba muy húmedo y olía mucho a sus jugos. Yo me estaba calentando mucho ya. - Dime cuando te vayas a correr. No te calles, di lo que sientes en ese momento. –Le dije-. - Mira Carlos, que soy pescadera y tengo una boca muy sucia. - Mejor, a mí me pone mucho escuchar a las mujeres cuando se están corriendo. - Pues ve poniéndote, porque no voy a aguantar mucho más con esa lengua en mi coño. Sigue Carlos, si te paras ahora te corto la polla. ¡Aaaagggg, tengo el coño a reventar, aaaagggg, qué bueno! ¡Por la Virgen no pares, sigue, sigue, yaaaa, me corroooo! ¡Chúpame los jugos, sigue, siguuee! Me retiró la cabeza con sus manos y cerró las piernas con fuerza. Esperé un poco sin sobarme la polla, porque si lo hacía me corría fijo. Cuando se había medio recuperado, le dije: - Ponte a cuatro patas, que te voy a follar. - No te corras dentro –me dijo mientras se ponía a cuatro patas-. Ver su culo en pompa y sus tetas colgando me sacaron de mis casillas y le metí la polla de una vez en su coño. Ella gritó un aaaagggg, que debió oírse en todo el edificio. Empecé a darle cachetes en su culo, que ella agradecía con nuevos gritos. Bombeaba tan fuerte que notaba como mis huevos rebotaban en su inflamado clítoris. - ¡Carlos que me corro otra vez, no pares, sigue, dame más fuerte en el culo, más, más, aaaagggg, aaaagggg! Noté que se corría, yo no podía más, le saqué la polla del chocho y me corrí sobre su espalda y su culo. Eran las ocho de la tarde, le propuse que nos ducháramos y que tomáramos una copa. Fuimos a la ducha y enjabonarla me puso otra vez como una moto. - Hazme una paja –le pedí-. - ¿No prefieres que te la coma? - No, quiero que me hagas una paja. Ella agarró mi polla y mis huevos y empezó a hacerme una paja mientras yo le sobaba sus tetas. - ¿Quieres que te la haga yo a ti también? –Le pregunté-. - No, no puedo, me duele el coño lo más grande. - Sigue, sigue Pepa, que me voy a correr. Ella aceleró el ritmo y me corrí en su barriga. - Tenía yo razón queriendo follar con un hombre más joven que yo. –Me dijo mientras nos secábamos-. Nos tumbamos en la cama para tomarnos las copas. - ¿Por qué os lleváis Laura y tú tan mal? - Antes de casarnos las dos éramos muy amigas. Conocimos juntas a Julián, su marido, que entonces era un encanto de hombre. Él se fijó primero en mí, pero ella maniobró para follárselo y después para engañarle diciéndole que estaba embarazada de él. Lógicamente rompí con Julián y la muy puta terminó casándose con él. - Y después de tantos años seguís peleadas. - Esa marranada no se le hace a una amiga. Se quedó un rato callada pensando, luego me dijo: - Sabes Carlos, creo que debes follarte también a mi niña. Tiene que disfrutar de esto para que ponga el listón alto y no se conforme con cualquiera. Cuando se fue Pepa me llamó mi madre: - Hola mamá. - Hola Carlos, ¿qué tal te va el trabajo? - Bueno no es gran cosa, pero no tengo otro por ahora. - Te llamaba, además de para saber de ti, porque el puente de agosto está ya aquí y quería saber si ibas a venir. - Creo que sí. - Estupendo. - Seguramente vaya con una vecina y buena amiga. - Sin problemas, a tu casa vienes. - Una cosita que creo debo decirte. Es mayor que yo unos quince años. - Carlos tus amistades las decides tú, no tu padre ni yo. Así que lo que tú decidas está bien para nosotros. - Gracias mamá, nos vemos pronto. A la mañana siguiente Pepa tenía una sonrisa de oreja a oreja que no le pasó desapercibida a Laura. En un aparte oí que Laura le decía a Pepa: - Cacho puta, ya te lo has follado. ¿Verdad? Pepa levantó las cejas, sonrió y le contestó: - Cacho puta serás tú, que tienes marido, aunque no te sirva más que para mantenerlo. ¿Desde cuándo no te folla como a mí me follaron ayer? Laura se encaró conmigo y me dijo: - Me las vas a pagar y lávate bien la polla, que habrás cogido algo malo. La mañana fue espantosa, menos mal que esa tarde empezaba el puente. Como ni Julia ni yo teníamos coche nos fuimos en el tren hasta Jerez, luego en autobús hasta Atlanterra y finalmente en taxi hasta Bolonia. Una pesadilla de más de cuatro horas. Durante el viaje le conté el encuentro con mi tía y Luis y la conversación con mi madre. Julia se quedó más tranquila al saber que mi madre no había puesto ningún problema. Llegamos pasadas las ocho de la tarde. Mis padres estaban en el jardín hablando con los vecinos, Rosa y Pepe, con los que, según me había enterado por Rosa, hacían comuna durante los veranos. Presenté a todos a Julia y nos saludamos con dos besos. Rosa y mi madre estaban en biquini y Pepe y mi padre en bañador debido al calor que hacía. - Bañaros que vendréis muertos del viaje. –Nos dijo mi padre-. - Vamos a dejar las cosas en la habitación y a ponernos los bañadores. –Le contesté-. - No tardéis mucho para que podáis bañaros antes de cenar. –Nos dijo mi madre-. Subimos con las mochilas que llevábamos, mientras dejábamos las cosas en el armario y nos cambiábamos, Julia me dijo: - Están muy bien los cuatro, tienen que liar unos cachondeos entre ellos de mucho cuidado. Me gustaría llegar así a su edad, sobre todo por las ganas de cachondeo. - Y a mí. Julia se puso un biquini bastante pequeño que resaltaba su bonito culo. Nos dimos un beso y bajamos a bañarnos con las camisetas al hombro. Yo me di un baño corto y me salí de la piscina, Julia se quedó un rato nadando. Rosa, Pepe y mi padre estaban muy enfrascados hablando de política. Me senté junto a mi madre. - Muy guapa tú amiga y parece muy simpática. Te vendrá muy bien. - ¿Por qué dices que me vendrá muy bien? - Una mujer madura tiene una visión de la vida mucho más formada que la mayoría de las chicas de tu edad. Si estás atento aprenderás muchas cosas de la vida, de las mujeres y hasta de los hombres. Oye y que además está todavía tremenda. - Gracias. ¿Y vosotros qué tal? - Muy bien. Pasamos unos veranos muy divertidos con Rosa y Pepe. Hemos hecho mucha amistad. –No sabía a qué se refería mi madre con la palabra divertidos-. - Estupendo. Me encontré a Rosa cuando estuve en Julio y estuvimos comiendo y cenando algunos días. - Me lo contó ella, me dijo que se lo pasó muy bien contigo. - Y yo con ella. Cenamos los seis en el porche y Julia y yo nos retiramos temprano a mi habitación. - Mi madre tiene muy buena impresión de ti. –Le dije a Julia-. - Y yo de ellos cuatro. Saber que se lo montan entre ellos me ha despertado las ganas de experimentar cosas nuevas. - Por mí encantado. La besé en la boca y comencé a acariciarla. Ella cogió mi mano y la llevó a su depilado chocho, que ya estaba lubricado. - Hazme un dedo –me pidió abriendo las piernas-. La atraje hacia mí y mientras la besaba empecé a hacérselo. Ella gemía quedamente. Me cogió la polla que ya la tenía en erección, e inició un suave movimiento. Cambié a besarle las tetas y sobárselas con el brazo por detrás de su cabeza. - Sigue Carlos, que me voy a correr muy pronto. Apreté más mis dedos sobre su clítoris y aceleré mis movimientos. - Bésame para que no se me oiga correrme. –Me dijo-. La besé en la boca y ella aceleró el movimiento de su mano sobre mi polla a la vez que yo lo hacía sobre su chocho. Nos corrimos los dos juntos y nos quedamos descansando. A la mañana siguiente me levanté temprano, la casa seguía en silencio. Bajé a la cocina y preparé café. Mientras se hacía miré hacia el salón y vi como Rosa, con el mismo biquini de la noche anterior, lo cruzaba en dirección al porche e imagino que a su casa. Me dio alegría que se lo pasaran tan bien. Le subí un café a Julia. - ¿Quieres que vayamos a la playa? –Le pregunté-. - Vale, pero a la zona nudista, que me pone el cuerpo cachondo. - Cómo quieras. Nos fuimos a la playa con la intención de desayunar en un chiringuito naturista. Al llegar al chiringuito mis padres estaban sentados desnudos, al menos, de cintura para arriba. Julia se bajó el pareo del pecho a la cintura y yo me quité el bañador, quedándome sólo con el pareo. Había visto a mi madre hacía años muchas veces haciendo toples en la piscina o en la playa. Nos vieron y nos indicaron que nos sentáramos con ellos. Nos acercamos y estaban los dos desnudos. - Buenos días –dijo mi madre incorporándose para darle dos besos a Julia-. ¿Qué tal habéis dormido? - Muy bien –le contestó Julia mientras se quitaba el pareo y lo colocaba sobre el asiento-. - Mujer lista, el nudismo es fantástico. Y tú Carlos, ¿también lo eres ahora? - Sí mamá –le contesté abriéndome el pareo una vez sentado-. Yo no sabía que vosotros lo fuerais. - Hace un par de años decidimos probar y estamos encantados. Nos insistió mucho tu tía Ana. Julia y yo nos miramos, ¡la tía Ana tenía que ser! Después de desayunar nos fuimos los cuatro a la playa. Me sentía extraño al estar desnudo con mis padres, pero a la misma vez me gustaba tener con ellos esa intimidad. Desde luego tenía que reconocer que mi madre, con más de cincuenta y cinco años, se conservaba estupendamente. - ¿Juegas al mus? –Le preguntó mi padre a Julia-. - Y bastante bien –le contestó ella-. ¿No habrá partida por aquí? - Claro, podemos jugar con Pepe y Carlos, los dos son muy malos, pero que le vamos a hacer. - Papá ya está empezando la partida metiéndole miedo a los adversarios. Como somos tan malos vamos a jugar Julia y yo contra vosotros dos. - Ni para el mus me dejas ser pareja de esta chica tan guapa. –Dijo mi padre-. - ¿Por qué no te callas, que estás más bonito? –Le dijo mi madre, sabiendo que si mi padre se crecía no habría quién lo parase-. Yo me subí de la playa con mi padre y ellas se quedaron tomando el sol. - Me gusta esta chica –me dijo mi padre-. - Es un encanto de mujer. - Hijo, yo estoy muy feliz con tu madre, pero no te eches novia, vive la vida y diviértete, ya tendrás tiempo de sentar la cabeza. - Eso mismo me dice mi amiga Antonia. - No sé quien es Antonia. - Una chica de mi edad que me tiene un poco pillado, pero dice lo mismo, que nada de novio o similar. - ¿Es guapa? - Preciosa. - Me la tienes que presentar. - Venga ya papá que tienes sesenta y tantos años. - ¿Y qué? - Estás cada día peor. ¿Qué ibas a hacer tú con una chica de veinte años? - Maravillas Carlos, maravillas. - Uff papá, estás más salido que yo. - Tú qué te crees, que porque tenga más de sesenta años no me siguen gustando las mujeres. - Sí, pero es que parece que cada día te gustan más. - Y así es, lo malo es que el cuerpo empieza a no querer colaborar. Me había gustado la conversación con mi padre. En gran parte él me había inculcado el gusto por las mujeres. Comimos en casa de Rosa y Pepe. Después de comer Pepe sacó la baraja y las piedras para jugar al mus y Rosa y mi madre se tumbaron al sol en el jardín de nuestra casa. - ¡Joder qué ganas tengo de una buena partida de mus! –Dijo al poner las cosas en la mesa-. ¿Cómo jugamos? - Julia y yo jugamos de pareja y lo demás como siempre –le contesté-. - ¿Por qué no quieres jugar de pareja con tu padre y yo juego con Julia? –Preguntó Pepe-. - Porque no –corté la discusión-. Empezamos a jugar y era verdad que Julia jugaba francamente bien. Los otros tres metíamos la pata cada vez que podíamos, que era con bastante frecuencia. Ganamos, bueno mejor ganó Julia, y dijimos de subir a echar una siesta. Cuando pasamos de un jardín a otro, Rosa y mi madre estaban desnudas tomando el sol. Julia empezó a hablar con ellas y al final me dijo que me subiera yo, que ella iba a tomar un poco el sol también y luego subiría. La deje allí y me subí yo solo. Me dormí y no sé cuánto tiempo después me despertó Julia. - Carlos, me ha dicho Rosa que te dijera que iba a tomar el sol en su jardín. No entiendo por qué tenía que decírtelo. - Rosa ha tenido siempre la costumbre de tomar el sol en su jardín a la hora de la siesta, cuando yo era un adolescente la espiaba y día sí día también me hacía una paja. Hace unos días cuando nos encontramos aquí, me confesó que ella veía como me la hacía y se ponía muy caliente de saber que yo me excitaba con ella. - Pues mírala, ahí está ya. Te entiendo, la verdad es que resulta muy excitante, es una mujer de lo más atractiva. Me levanté y me puse al lado de Julia a mirar por la ventana. Ver de nuevo a Rosa tomando el sol en biquini produjo que empezara a empalmarme. Puse mi brazo en la cintura de Julia, que no dejaba de mirar por la ventana. Yo sabía que Rosa nos veía perfectamente. - Hasta ahora nunca me había sentido atraída por otra mujer y me gusta sentir la excitación que tengo ahora por ella. –Me dijo Julia-. - Ella nos está viendo, vamos a devolverle la excitación. Le dije a Julia empezando a hacerme una paja lentamente. - Me está poniendo mucho verla a ella así tomando el sol y a la misma vez verte a ti haciéndote una paja. –Dijo Julia metiendo su mano bajo la braga de su biquini-. - Creo que hoy Pepe va a follar a base de bien con Rosa. Julia movía su mano bajo la braga a la misma vez que se sobaba las tetas. Rosa debía estar ya muy excitada, cogió el bote de aceite solar y empezó a dejarlo caer por su cuerpo, esparciéndolo con la otra mano. Luego dejó el bote en el suelo y siguió sobándose con las dos manos. - Carlos estoy a punto de correrme. Córrete conmigo. Yo estaba también a punto, ver a Rosa sobarse y a Julia haciéndose un dedo me estaba calentando más de la cuenta. Aceleré el ritmo de la paja y cuando escuché a Julia decir: - ¡Ahora, ahora, aaaagggg, Carlos me corro! Me corrí a grandes chorros sobre el suelo como cuando era un adolescente. Al poco Rosa se levantó y entró en la casa. Pepe iba a tener mucha suerte. Pasamos otros dos días fantásticos en la casa de la playa y además tuvimos la suerte de hacer el viaje de vuelta con mis padres, que tenían que hacer gestiones al día siguiente en Sevilla. Al llegar a casa le propuse a Julia tomar una copa para concluir el fin de semana. - Carlos ha sido una experiencia fantástica. Quiero hacer un trío contigo y estar con otra mujer. - Me encantaría. Las candidatas podrían ser mi amiga Antonia, una mujer que te gustaría mucho y tú a ella, pero que está a cuatrocientos kilómetros o mi tía Ana, pero no quiero tener muchos líos con ella. Déjame que hable con Antonia, a ver si nos podemos ver a mitad de camino. - No tengo prisa, llevo cuarenta años sin hacerlo, puedo esperar unos días más. Julia me dio un beso en la boca, una cosa llevó a la otra y terminamos durmiendo juntos en contra nuestra costumbre. Cuando iba al trabajo a la mañana siguiente, pensé en cómo estaría el ambiente en el mercado después del puente. Como era lunes Pepa no abriría la pescadería y podría estar más tranquilo. Nada más llegar ayudé a Laura a descargar la mercancía de la furgoneta. Estaba guapa y con el movimiento para colocar las cajas, pude ver que lo más que podría llevar bajo la bata serían las bragas. De vez en cuando me pillaba mirándole el escote, cosa que no debería extrañarla porque lo hacía toda su clientela masculina y sobre todo Mariano el carnicero. - Ya que hoy no está la Pepa aprovecha y ordéname el almacén. –Me dijo después de desayunar-. En eso estaba cuando entró Laura y cerró la puerta. - No me mires las tetas de tapadillo, cuando me las puedes mirar directamente. –Se abrió la bata como la otra vez, pero ahora llevaba un tanga negro-. Desde luego no se podía negar que tenía unas buenas tetas. Se quedó con la bata abierta. - ¿Por qué te follas a la Pepa y a mí no? - Yo no hablo de lo que hago o dejo de hacer con otras personas. - Tú no, pero ella sí. - Porque tú estás casada y ella no. - ¡Eso que tendrá que ver, eso es cosa mía! Sigo casada para no darle el gusto a la Pepa. - No parece una razón muy sólida para joderte tú sola la vida. - Tampoco quiero volver a casa todos los días y encontrarme sola. Trataba de mirarla a los ojos, pero su cuerpo y sus tetas me tentaban demasiado como para no mirarlos también. - Búscate a otro hombre con el que puedas ser feliz. –Le dije-. - Como que eso es tan fácil a mi edad. - Eres una mujer atractiva y muy vistosa. Además tienes tu propio medio de vida, no tienes que depender de nadie. Verla así con la bata abierta y sólo con el tanga estaba haciendo que comenzara a empalmarme, lo que no pasó desapercibido para Laura. Que centró su mirada en mi entrepierna. - Creo que tu cabeza no querrá follar conmigo, pero tu polla sí. –Me dijo poniendo su mano en mi entrepierna-. No está nada mal de tamaño. - Laura no sigas, por favor. - Cómeme las tetas –me pidió-. - Laura si esto fuera al revés sería claramente un abuso, piénsalo. - No quiero pensar, quiero follar. - Laura tienes el puesto abandonado –le dije, a ver si por ahí me dejaba- - Si no quieres comerte mis tetas, déjame que yo te coma la polla –me dijo abriéndome el pantalón y cogiéndome la polla bajo los boxes-. Se puso en cuclillas, me bajó los pantalones y los boxes y empezó a hacerme una mamada de escándalo, lo mismo me lamía el capullo, que toda la polla y los huevos o que se la metía casi entera en la boca. Ella se sobaba las tetas y bajó una mano hasta el chocho para tocárselo por encima del tanga. Me estaba poniendo muy caliente, aunque también estaba muy cabreado con ella. - No sigas Laura –le dije-. - Eso díselo a tu polla –me contestó-. - Laura si sigues me voy a correr. - Córrete en mi boca, me gusta recibir los chorros de semen. No lo pude evitar y me corrí en su boca. Cuando terminé de correrme se lo tragó todo, después me limpió el capullo con la lengua y se incorporó. - Hoy te has librado de follarme porque tengo la regla, la próxima vez no te libras. Se cerró la bata y se fue del almacén, dejándome con los pantalones bajados y la polla fuera. Esa mujer iba a conseguir que tuviera que dejar el trabajo. A mediodía llamé a Antonia. - Hola preciosa. - Hola Carlos, ¿qué tal van tus líos? - Pues cada vez peor, esta mañana me ha asaltado la verdulera. Si las cosas siguen así voy a tener que dejar el trabajo, con la falta que me hace el dinero. - No seas tan exagerado, tú no sabes lo que tenemos que aguantar las mujeres. - No, pero me he hecho una idea bastante próxima esta mañana. - ¿Es atractiva? - Sí, bastante. - Pues fóllatela, ¿qué trabajo te cuesta? - ¿Tú follas con todos los tíos atractivos? - Con unos sí y con otros no. - ¿Cómo tienes el fin de semana que viene? - Imposible. ¿Por qué? - Julia, ya sabes mi vecina, tiene ganas de hacer un trío y había pensado en ti. - Gracias por acordarte de mí para esas cosas, pero estoy de trabajo hasta arriba y más los fines de semana. Cuando pase agosto no te digo yo que no me apetezca. - ¡Qué le vamos a hacer! Cuídate mucho y un besito en tu chochito. - Se lo daré luego en casa de tus partes. Después de la siesta vino a verme Julia. - Julia no sé qué hacer. La verdulera me ha asaltado hoy otra vez y me he librado de que me follase porque tenía la regla. Es una mujer atractiva, pero joder, es que más o menos me ha violado. Ya sabes tú lo que a mí me gustáis las mujeres y sobre todo las maduras, pero es que odio que me traten como un nabo con piernas. - Carlos tu eres consciente de lo que tenemos que pasar las mujeres. ¿Tú sabes cuantos me acosan en el bufete desde que se enteraron que me había divorciado? Pues todos los jefes y la mitad de los empleados. - Es una vergüenza que estemos así. Llamaron al portero automático. - ¡Joder ya están aquí Pepa o Pepita! - No te quejes que Pepita es un dulce y Pepa me has dicho que tiene su morbo. - ¿Sí? –Dije por el portero-. - Abre Carlos, soy Pepita, mi madre hoy está de funeral, así que no nos joderá como el otro día. - Pepita, ¿es qué tú no tienes otra cosa que hacer? - Mejor que venir a verte, no. Terminé abriéndole. - ¿Quieres que me vaya? –Me preguntó Julia-. - A esta la vamos a enseñar bien. ¿Te apetece un trío con ella? - Me gustaría con una mujer con más experiencia, pero esta tarde no tengo otra cosa que hacer. - Métete en el baño y deja la puerta entornada. Volvió a sonar el timbre, esta vez el de la puerta. Abrí, Pepita venía con el mismo vestido veraniego del otro día. - Buenas tardes Carlos, ya sé que mi madre folló contigo el otro día. - ¿Y por qué lo sabes? - Porque me lo ha contado ella y también me ha dicho que se lo pasó muy bien. - Las mujeres habláis demasiado entre vosotras. - El otro día nos interrumpió mi madre cuando te había propuesto chupártela. ¿Te has pensado la respuesta? –Pues sí que venía directa-. - ¿Sólo chupármela? –Le dije acercándome a ella y besándola-. - Si quieres más, por mí encantada. Le bajé la cremallera que el vestido tenía en la espalda y ella lo dejó caer. Sólo llevaba un pequeño tanga blanco, desde luego estaba buenísima. Volví a besarla cogiéndole el culo y apretándola contra mí. Sus tetas estaban durísimas. Ella puso su mano en mi entrepierna y yo se la retiré suavemente. Me senté en el sofá, la puse de espaldas y le bajé el tanga. Tenía un culo duro, respingón y en forma de pera, que comencé a besar y a morder. Llevé una mano a su chocho y gimió cuando se lo toqué. Luego le di la vuelta para besarle el vientre y el chocho. Me levanté para llevarla hacia la cama. Yo estaba completamente empalmado bajo los pantalones. La tumbé en la cama boca arriba y cogí del cajón de la mesilla de noche el antifaz que a veces utilizaba para dormir y se lo puse. - Huy como en las sombras de Grey, Carlos esto me pone mucho, estoy muy caliente. Mientras me desnudaba vi que Julia ya desnuda se acercaba a la cama. - Pepita cuando te presentas en una casa sin avisar, te puedes encontrar con alguna sorpresa. Afortunadamente para ti va a ser una sorpresa estupenda. –Le dije-. Ella hizo intención de quitarse el antifaz, pero le sujeté las manos. - No, todavía no. Mi amiga Julia prefiere que no la veas todavía. - ¿No estamos solos? –Preguntó-. - No, tenemos una estupenda compañía femenina. ¿Has hecho alguna vez un trío? - Nunca, pero es una de las fantasías con las que más dedos me hago. - Ves como has tenido suerte. Me puse sobre su cabeza mirando su cuerpo, bajé mi polla que estaba a reventar de dura y se la metí en la boca mientras le sobaba las tetas. Julia se puso de rodillas entre sus piernas abiertas y empezó primero a acariciarle el chocho con las manos y luego a lamérselo. Pepita gemía cuando podía con mi polla en la boca. Julia había llevado una mano a su chocho y se acariciaba lentamente. Saqué mi polla de la boca de Pepita y le puse los huevos en sus labios para que me los lamiera. - Ya me dijo mi madre que ibas depilado, que gusto da chupar así unos huevos. –Dijo cogiéndome la polla con su mano y empezando a hacerme una paja con una energía excesiva-. - Más despacio Pepita, no queremos terminar pronto, sino pasar una buena tarde. Seguimos así un rato hasta que Pepita dijo: - No pares de chuparme el coño, es la primera vez que me lo hace otra mujer y noto que me voy a correr pronto. - ¿Te puedes correr varias veces? –Le preguntó Julia-. - No lo sé, pero creo que hoy sí. Estaba en la gloria con Pepita chupándome los huevos, mientras me la meneaba y viendo como Julia le comía el chocho a ella. - ¡Me voy a correr, sigue, sigue! Suelto muchos jugos cuando me corro. ¡Aaaagggg, ya, que bueno, que rico, aaaaggg! Julia cogió un buen lametón de los jugos de Pepita, se incorporó y me besó en la boca, pasándome parte de los jugos. ¡Vaya si producía jugos Pepita! Nos pusimos sobre el cuerpo de Pepita y seguimos besándonos. - Me encanta esto del trío, estoy tan caliente que me voy a correr. Déjame que le ponga el chocho en la boca a ella. –Me dijo Julia-. Me quité de en medio y Julia avanzó hasta sentarse en la boca de Pepita que comenzó a lamerle el coño de inmediato, mientras nos besábamos. Sentía la tensión en la boca y en el cuerpo de Julia, que pronto gritó: - ¡Aaaagggg, sigue que voy a correr, sigue, sigue, aaaaggg! Me acordé del trío que había hecho en la casa de la playa con Antonia y mi tía Ana y todavía me excité más. Me jalé varias veces la polla y me corrí sobre las tetas de Pepita y la barriga de Julia. Nos quedamos los tres un rato tumbados en la cama descansando. Julia le quitó el antifaz a Pepita, le dio un beso en la boca y le dijo: - Vamos a tener que ducharnos. - De mayor nunca me he duchado nadie. - Tampoco ni tú ni yo habíamos hecho nunca un trío hasta hoy, siempre hay una primera vez para todo. Se levantaron de la cama para ir al baño. - ¿Os acompaño? –Les pregunté-. - Si quieres, pero esta vez sólo para mirar. Ellas siguieron andando cogidas por la cintura. Sus culos eran preciosos. Mi apartamento tiene un baño extrañamente grande para su tamaño, así que tiene un plato de ducha amplio con una mampara de cristal. - Voy a orinar –dijo Julia acercándose al inodoro-. - No, méate en la ducha conmigo –le contestó Pepita-. - Bueno, suena bastante sucio. Me senté en la tapa del inodoro para verlas. Todavía tenía la polla como un palo. Abrieron el agua de la ducha y Julia descolgó el rociador. Se abrazaron y empezaron a besarse en la boca. Sus tetas se apretaban y sus vientres se rozaban. Julia desvió el rociador y empezó a mear sobre las piernas de Pepita, que no tardó ni dos segundos en empezar a mear sobre las piernas de Julia. - Me encanta esta guarrería –dijo Julia-. Carlos esto tenemos que hacerlo tú y yo. Cuando terminaron de mear Pepita cogió el bote de gel y fue enjabonando a Julia desde el cuello hasta los pies. Julia disfrutaba de forma evidente del sobe que le estaba dando Pepita. Cuando Pepita terminó de enjabonarla le pasó el bote a Julia que hizo lo mismo que ella antes. Luego Julia se puso detrás de Pepita y le fue sobando las tetas y el chocho. Pepita comenzó a gemir. - Me gusta mucho, Julia. Siento algo especial con que sea una mujer quien me esté dando este placer. - Y yo también siento algo especial al dártelo. Date la vuelta. Pepita se dio la vuelta, Julia agarró su culo y puso la boca en su chocho. - ¡Aaaagggg! –Exclamó Pepita-. Por Dios me encanta, estoy caliente como nunca antes. Ven a besarme y sigue con tus dedo

Autor: porecharelrato Categoría: Sexo con Maduras

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Un Yerno Competente

2019-08-21


La Hija lo comparte todo.. **** La familia de doña Guillermina eran originarios de un pueblo de la provincia de Valencia,-Alquería de la Condesa-de sus padres, doña Guillermina heredo tierras, casas, y una participación accionarial de una empresa Valenciana, y no solo eso, si no qué del padre heredó también su visión para los negocios, y de su madre el temperamento de mujer apasionada que junto a una belleza fuera de lo común, la hacía más que deseable. Sí curvas tenía por delante, por detrás aún más. Por si no había bastante, doña Guillermina, tuvo una hija, que era una reproducción suya. A los 23 años ya llevaba media docena de novios a sus espaldas, y de todos los pelajes. Está, con un carácter como sus progenitores en cuando uno de estos novios no daban la talla los mandaba a tomar el aire a la Albufera, o más allá. Doña Guillermina hubiese deseado, que ella se casase y que la hiciese abuela. Aunque esta no era la verdadera razón. Doña Guillermina, que ya por estas fechas se había cumplido 54 años, el ser abuela no le decía nada, y menos tener a su alrededor críos que incordian o peor aún cambiar pañales oliendo a mierda de Tigre. Ella conservada todos los encantos de la juventud lo que soñaba ir a conocer a otro hombre con buenos argumentos entre las piernas, que le hiciese vibrar como su difunto marido. El deseo de ver a su hija casada, no era por otra cosa que esta se tranquilizase. Sí seguía encontrando novios aquella velocidad el desfile parecería la parada del bus. pero su hija a la que llamaba Guillermin, no le preocupaba lo más mínimo, lo que su progenitora pudiese pensar de sus amoríos continuados. Su inquieta vagina no le daba tregua. Y ella, tampoco, se lo daba a su entrepierna. Pretendientes los tenía docenas, y polvos, tantos o más que la casa talco. Fue un sábado noche con la discoteca a rebosar cuándo Guillermin conoció a un gacho que tenía una planta como un jugador de rugby. El tío no se andaba con estrecheces, cuando aún no llevaban 20 minutos contorsionándose en medio de la abarrotada pista, este le grito al oído que si quería salir al exterior a tomar unas copas de champagne y podrían hablar con calma. Guillermin, también en su oído le pregunto de que tenían que hablar. Este con desparpajo, le dijo, qué de cosas muy importantes que tenía la necesidad de decírselo a solamente a ella. Guillermina, que aquel pollo le había caído bien, acepto. Sentados en la terraza exterior y ante una descorchada botella de champagne, aquel atrevido garañón le dijo que se llamaba Recaredo, y que era soltero, sin compromiso, así como que tenía 28 años, y que era de Castellón. -La ostia macho-le dijoGuillermin algo sorprendida- y ¿Esto es la cosa tan importante que tenías que decirme? -bueno, en realidad esto es solo el comienzo-le dijo este sonriéndola enigmáticamente- -Lo que tenía que decirte, siguio, era que no es la primera vez que te veo y que desde aquel día siempre he deseado encontrarte sola. Si te digo esto es porque siempre me gustaste mucho o más bien muchísimo. -Pero como siempre llevabas algún moscardón al lado no me acerque a ti. -¡Caray con el de Castellón! - ¿Esto suena declaración amorosa, o son las burbujas del champagne? -le soltó con amplia sonrisa Guillermin. Recaredo, como si no lo hubiese oído, siguió con su acelerada marcha. No te tomes a broma lo que te acabo de decir, si me dices que sí, dentro de un mes me caso contigo, o si lo prefieres, antes. Guillermin, se lo quedó mirando fijamente sin llegar a comprender si lo que Recaredo le decía era una fanfarronada, con la idea de seducirla. No me mires así -le dijo este-que cuánto te digo, es lo que siento. Aunque quizá no te lo parezca, soy hombre de una sola palabra-y como decían mis antepasados-me visto por los pies. -¡Vaya…vaya, con los de Castellón! Es que sois la hostia, Guillermina estaba más que sorprendida.¿no serás familia de este cacho que en Castellón construyó un aeropuerto sin aviones? -No es nada extraño lo que hizo este señor, al que todos lo tomaron por aprovechado-la cara de Recaredo era todo un poema-este hombre, el proyecto del aeropuerto lo realizó con otros misteriosos fines que solo él y 2 personas de su entorno saben, pero al ver lo que le montaron todos guardaron silencio. El señor acuñó la frase de “Quien natura non da,salmántica non presta”-y yo creo que no iba equivocado. Algún día se sabrá el que y él porque-Recaredo, al ver la cara que se le había quedado Guillermin, la sonrió dulcemente. ¡Vamos a brindar por nosotros y nuestra próxima boda! Cuando Guillermín llego a casa faltaba poco para que amaneciese. Su madre ni se enteró, pero 7 horas después, esta fue a la habitación de ella para decirle que había conocido a un gacho, todo cachas, y que este le había propuesto matrimonio. -¿Y tú qué le has dicho? -le dijo esta. -Le he dicho que lo tenía que consultar con la almohada, mamá. ¿Te lo has cepillado?-continúo doña Guillermina. -Pues no- -Anda mi cielo, no pierdas el tiempo y cásate de una -doña Guillermina- todo carácter la abrazo tiernamente, como sí aún fuese una cría-si quieres-siguió ella- lo invitas a comer aquí en casa y lo conoceré yo. Supongo que cuatro ojos ven más que dos,¿No te parece? -Dos semanas después Recadero estaba sentado en la mesa entre las dos hermosas Guillerminas. Si una atraía sus miradas, la mamá de ella también. Sí una era muy hermosa, la madre aún más. La madurez le daba el encanto de la hembra cálida y gozadora. Recaredo,cuándo dejó la casa de ellas ya no sabía cuál de las dos le gustaba más. -Una semana después, Recaredo se llevó a la Guillermina al piso que vivía para enseñárselo y ahí también le enseño más cosas dignas de tener en cuenta. El gacho entre las piernas llevaba un carajo como un misil antitanque, al cual lo manejaba como quería. Cuando Guillermín volvió a casa, tiempo le faltó para explicar a la mamá que Recaredo sin sacarla, le había pegado dos polvos que la hizo recorrer el firmamento. Creo mamá que este es el hombre-le dijo a doña Guillermina exultante de tanta felicidad. Solo tres semanas después llegó la boda, Guillermin se fue a vivir a Castellón con el hombre de su vida. Doña Guillermina quedándose sola y feliz al pensar que ahora ya no tendría que preocuparse de su inquieta hija. Quizá fuese el momento de buscarse algún semental que le hiciese galopar. Lo que ella no podía imaginar era que esto ya lo tuviese en la familia. Solo dos semanas después Guillermin se fue a ver a la mamá. Recaredo había salido de viaje y estaría varios días fuera. La expectante Guillermina no terminada de creer lo que decía su hija. Para mi marido no es nada, follarme dos y hasta tres veces en una noche. Cuando se ha ido para varios días he tenido la sensación de que se me quitaba un peso de encima. -Doña Guillermina, no pudo evitar el decir medio en broma, que cuando ella se cansase se lo prestase. -A ver-continuo esta- sí mientras tú descansas, me cansa a mí. -Guillermin, no se asombró de la propuesta, ella sabía que su madre aún le hacía falta un buen semental. -¿ Y si nos lo montamos, mama? -Estas cosas lo mejor es decirlas claramente, lo que no se debe hacer dentro de la familia es crear engaños, ni decir mentiras- concluyo doña Guillermina-. Cuando a la vuelta del viajeGuillermin le comento a Recaredo la propuesta de mamá, a este no le pareció mal. Yo lo deseo, le dijo, es que en esta corta familia todos nos sintamos felices y más tratándose de tu mamá, a la que también quiero y le deseo lo mejor. Cuando doña Guillermina supo la aprobación de su yerno con el beneplácito de su hija se sintió la mujer más feliz del mundo. Ella también deseaba aquella felicidad perdurase eternamente. Después de deliberar la cuestión y de mutuo acuerdo se acordó que fuese Recaredo quién se fuese a vivir a valencia, a la majestuosa casa de doña Guillermina, así volverían a estar juntas madre e hija y este podría atender con más facilidad a sus entregadas damas. La primera noche que el hombre de la casa tuvo que actuar en la habitación de doña Guillermina fue a consecuencia de una indisposición de Guillermin. Cuando Recaredo entró en el dormitorio de doña Guillermina, esta lo esperaba con un conjunto recién llegado de parís, de color negro y con los correspondientes ligueros. La tenue luz de la estancia daba un toque entre misterioso y sensual. El hilo musical daba la música perfecta para que el encuentro entre suegra y yerno. La voz de Edith Piaf los envolvió, mientras abrazados danzaban lentamente, los brazos de Guillermina puestos en el cuello de aquel hermoso yerno hicieron que se fundiesen en un apasionado abrazo. Solo unos momentos después doña Guillermina sintió entre sus piernas la presión de aquel duro príapo. Sin intercambiar palabra sus labios se unieron en un beso todo pasión y deseo lujuriosos. La mano de ella bajo para agarrar aquella robusta polla como si no creyese que sería todas para ella, mientras la mano del encendido yerno le entraba por debajo de las minúsculas braguitas clavándole los dedos en medio de su soberbio culo, como si quisiese abrírselo, como una sandía. Cuándo ambos fueron a parar encima de aquella robusta cama, Recaredo, ardiente como una tea, de un seco tirón rompiéndole las finísimas braguitas y sin preámbulos le metió su príapo por entre el poblado bosque, color negro, como si fuese un obús. Allí, entre jadeos, doña Guillermina, le fue repitiendo ¡Destrózame el chocho! ¡Soy toda tuya, toda….toda… Cuando 5 horas después Recaredo volvió a la habitación donde descansaba Guillermin, está aún tuvo fuerzas para preguntarle, cómo le había ido con su mamá -Bien muy bien le dijo Recaredo en el oído. Guillermin cogiéndole la mano se la apretó fuertemente como dándole las gracias. -Nota del autor- Esta historia, es una más de las que viven los humanos, aunque no parezca real. © OMAR BERKANE

Autor: AkuSokuZan Categoría: Sexo con Maduras

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