Relatos Eróticos de Sexo Interracial


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Dominadas por un negro

2022-05-12


Soy Vanessa, una mujer de 35 años de edad. Actualmente soy divorciada y este es un punto clave en mi primer relato. Cuando mi relación se acabó por completo me mudé con mi única hija a otra ciudad, cerca del Caribe. Quería olvidar mis problemas y trataba de que mi hija saliera adelante conmigo. Tuve a mi hija a los 16. Ella (Miranda) es muy jovencita tan solo 19 años de edad, tiene el cuerpo como yo en mis años mosos: Una estatura baja (1.62) un par de tetas no muy grandes pero que son nuestro mayor atractivo y un culo sensualón mas un tanto pequeño. Miranda llevaba días algo seria pues abandonamos una vida de ciudad de varios años y la cambiamos drásticamente en un lugar cerca del caribe. Un buen día decidí que era una buena idea pasar la noche en un salón de baile por donde en eso días pasé cerca con el coche. Ella en un principio no quería; sin embargo logré convencerla y de un momento a otro la ayudé a arreglarse para ver extremadamente sexy para esta noche, un escote pronunciado por supuesto no podía faltar para presumir nuestro mayor atributo. Ella usaba unos leggins que se le miraban muy bien y hacían resaltar su culo, más de lo que podría haber imaginado. Yo usaba un vestido de noche y zapatillas altas. Para ser sincera, me sentía un tanto urgida pues llevaba casi un año sin tener sexo con mi marido y a decir verdad, él era bastante bueno (obviamente no terminamos por falta de buen sexo). Es un hombre con un atributo bendecido por los dioses. Es un sujeto moreno, no muy delgado pero sí sabrosón, su verga era de unas dimensiones perfectas para mí, 19 cm de largo y un grosor que mi mano apenas y cerraba al tomarlo. Duraba bastante tiempo bombeando y lo mejor es que era ingenioso para las posiciones sexuales. Me movía a su gusto y a mí me encanta ser sumisa. Al momento de salir pasamos por una calle llena de hombres de alrededor de unos 20 años antes de llegar al auto. Todos sin excepción voltearon a ver a mi hija que se sentía apenada en exceso, o al menos eso noté yo, y le lanzaron piropos; uno de ellos, no supe cual, me soltó una tremenda nalgada que me hizo exaltar y voltear. Sólo escuché una voz que decía - Te gustó, zorra?... La verdad es que me encantaban los azotes y las palabras denigrantes hacia mí, me gusta ser una gata. Pasamos de largo y mi hija volteó a decir cuando estábamos en el auto: Miranda: Mamá, tremendos hijos de puta con los que nos hemos topado, pero vaya que les llamaste la atención a pesar de tu edad. Yo: Ay cállate, que no son más que unos cerdos (siendo que yo comenzaba a excitarme recordando como mi ex esposo me daba azotes y me gritaba mientras me metía su delicioso falo) Llegamos al salón después de un camino lleno de risas tontas y pláticas sin sentido sólo para pasar el rato. En la entrada estaba un guardia alto, negro. Le calculo unos 190 cm. cubano (lo noté en su acento cuando dijo): Guardia: No pueden pasar. Está lleno. Miranda (con una sonrisa picarona y agitandose lentamente de un lado a otro como queriendo hipnotizarlo con el movimientos de sus tetas): Ay, pero por favor. Venimos con muchas GAAANAS de bailar. Después de eso, ella volteó a verme con cara de complicidad mientras estaba muy pegada con el guardia dándole la espalda. Se meneó un poco y me di cuenta que le estaba frotando el CULO!!! Quedé anonadada con ello, no podía creer que mi joven hija estuviera actuando como una puta y frente a mí. Por fin el guardia accedió y nos dejó entrar. Yo comenzaba a ponerme cachondísima de recordar la nalgada que me dieron en la calle, que me hayan llamado ZORRA, recordar lo que me hacía mi ex esposo y ahora ver a mi hijita con toda la disposición de ramera. Al entrar al salón nos sentamos en unos sillones mientras tocaban salsa. Era increible cuánta gente asistió, pero más increible fue ver a otro negro (vaya suerte había tenido hoy en toparme con dos de ellos) que venía hacia nosotras. Éste no era tan alto como el guardia ni fornido. Era más bien delgado atlético y de cara de muy buen ver. Me sonrió y estiró su mano en señal de que salieramos a bailar. Yo me sentía un poco apenada de dejar sola a mi hija pero ella misma me animó. Comenzó diciendome que su nombre era Nelson. Pude percibir que también era cubano, muy probablemente por la cercanía con el caribe. Me tomó una mano y la otra la posó sobre mi cadera con parte de sus dedos tocando mi culo, pero me sentía un poco excitada con todo lo que había estado pasando. Comenzamos a bailar y era excelente, me movía a placer y en un momento inesperado me dio la vuelta y rápidamente se pegó a mi cuerpo mientras yo quedaba de espaldas a él. Mis ojos se abrieron pues en la división de mis nalgas quedó posado un pedazo de carne que no me lo podía creer ¡Cómo podía sentirse así con el pantalón puesto! quedé inmovil y Nelson rió. En ese momento yo ya no escuchaba la música sólo sentía ese trozo frotándose sensualmente contra mí, sentía una humedad tremenda que hacía mucho no la sentía, la piel de mis piernas quedó de gallina y mis tetas quedaron contraidas y con los pezones duros como rocas, sentía cómo mi cuerpo comenzaba a cubrirse de sudor y por mi muslo caían lentamente pocas gotas de mi sexo. Nelson: Desde que te vi me pareciste una madurita muy linda y quería sacarte a bailar, mami. Yo ya no volvía de mi estado de excitación, no sé cuánto tiempo pasó pero volteé a ver a mi niña y estaba ebria gritándole a otra muchacha que se encontraba cerca. Rápido fuimos Nelson y yo a calmarla, y pronto entró el guardia y nos pidió que saliéramos pronto luego me sorprendí de lo que le dijo Nelson. Nelson: Tranquilo, bro. Vienen conmigo, no pasa nada. Guardia: Hermano, ya sabes que si vas a traer amigas debes cuidar que se comporten. Yo: Disculpen, ya nos vamos para la casa. Nelson: Tranquila, mami. Que podemos ir para la mía y seguir la fiesta nosotros tres y que en una hora se una mi hermano. Me quedé sorprendida que ellos eran hermanos y supongo que esa hora era para que se desocupara el guardia y llegara a casa. Miranda (borracha): claro! vamos que me hace falta desestresarme. Guardia: Vaya, nosotros somos expertos en desestresar... Y acercándose a ella le dijo.- Si quieres llegando te doy un masaje... Mientras le sobaba los hombros y con sus largos dedos apenas rozaba sus senos. Accedimos y subimos al coche de Nelson quien mientras conducía con una mano me acariciaba las piernas un poco antes de llegar a mi vagina, me tenía completamente excitada, apenas si habíamos hablado y yo ya me sentía con la urgencia de saltar sobre él. Me ponía mucho saber que mi hija nos observaba mientras cachondeábamos. Llegamos por fin y entramos en su sala, nos ofreció algo de tomar y puso algo de música. Ahora él invitaba a Miranda a bailar. Yo me puse celosa epro lo dejé pasar. Comenzaron a bailar y al poco rato estaban sudados y la verdad es que hacía mucho calor. Nelson: Mami, creo que tendré que quitarme la camisa, no te molesta? Miranda: Para nada y para estar parejos... interrumpió lo que decía para retirarse su blusay dejar al aire su par de tetas sostenidas por le brassier. Nelson: Ja Ja Ja, vaya vaya que estás rica, niña. Miranda se movía de manera que cualquier hombre habría desmoronadose con el movimientos de sus chichis, Nelson no pudo aguantar y se abalanzó a comerle los labios, la besaba fuertemente y comezó a estrujarle una de sus tetas. Miranda estaba ida disfrutando la manera salvaje en que fajaban. Vi cómo bajaba su mano pequeña y aprensaba ese monstruo, que sospechaba yo, tenía en las piernas. se hincó Miranda como esperando para hacerle un oral y Nelsón lentamente como queriendo excittarnos con el misterio, sacó la verga más grande que jamás haya visto, era enorme, fácilmente podría abarcar toda mi cara, era negra con el glande rosado que parecía morado, a punto de estallar, tenía venas muy saltadas y gruesas, estaba palpitante y de él pendían unos huevos negros que parecía que apenas con las dos manos podría sostenerlos. Mi pequeña estaba frente a eso tan descomunalcon su mano rodeándolo, no podía cerrarla era extremadamente grueso y cuando ella quiso lamerlo llegó el hermano de Nelson diciendo: Guardia: Apoco empezaron la fiesta sin mí? Nelson: Este par de putas que desde hace horas quieren una dosis de polla Guardia: A mí déjame a la jovencita, quiero destrozarla por dentro A cada palabra yo me excitaba más, sentía un cosquilleo en mi vagina y ganas de que me llenaran. Jamás había sentido esta urgencia! Vi cómo el hermano de Nelson tomó a mi pequeña de la cadera y comenzó a lamer sus pezones mientras su mano se introducía por sus leggins y jugueteaba con su clitoris. Yo en cambio, un tanto nerviosa, no quería sensualidad ni juegos previos, necesitaba que me desprotaran y así se lo pedí a Nelson después de que me subió a un sofá, me levantpi en vestido, hizo a un lado mi tanga y comenzó a lamer mi clitoris y la entrada a la gloria. Yo: Por qué no me cojes de una puta vez?! necesito sexo, necesito verga! Nelson: Quieres polla? quieres que destroce tu pequeña vagina? En seguida puso mis piernas en sus hombros y con su enorme falo comenzó a pasarlo por toda mi rajita. Me sentía debil, pequeña e indefensa al lado de ese pito escultural, me hacía sufrir de ganas con cada movimiento que hacía. Miré a mi pequeña nena que al otro lado de la sala le lamía el trozo al guardia, era muy parecido al de su hermano pero sin venas texturizándolo. Nelson hizo un movimiento salvaje que lo hizo entrar casi por completo de golpe, ayudó mucho que yo estaba chorreando flujos. Rápidamente comenzó a bombear si que entrara hasta el fondo, yo sólo sentía un dolor inefable ya que mis labios estaban abiertos al máximo rodeando ese pene, pero pronto comenzó a ser puro placer y sentía contracciones de mi vagina todo el tiempo, como si estuviera en un orgasmo permanente. Yo: aaaaaahh síiiii necesitaba una vergota, una verga negra y gruesa como la tuya Nelson: Vaya si eres puta, AAAGH estás mojandome todo maldita perra en celo Yo: Destrózame, quiero que me cojas como nadie nunca me ha follado! En ese momento empujó fuertemente y sentía cómo me desgarraba por dentro y llegaba a un lugar donde jamás había sentido yo sensación alguna. Al otro lado de la habitación escuchaba - AAAAAHH sí papi, métela toda enfrente de mami, te gusta exhibirte con mi madre negro hijueputa?, aaaaahhh sí, quiero que te corras dentro de mí, lléname de tu leche caliente, quiero sentirla en mis entrañas hijo de puta, más rápido acaso eres marica? cógeme como me merezco, como a una zorra. Al unísono se escuchó un : AAAAAAAAAAAHHHHHH SÍ!... Yo sentía cómo su verga se expandía aún más y comenzaba a inundarme de semen, chorros y chorros escupía y no dejaba de bombearme mientras de mi vagina salía una cantidad enorme de squirt. Todos caímos rendidos y al día siguiente hubo otra sesión de salvaje y libertino sexo.

Autor: Anónimo Categoría: Sexo Interracial

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Sexo al aire libre

2022-04-13


Pocos hombres logran satisfacerme tanto como lo hace mi amigo Luis. Es un moreno enorme de aproximadamente 2 metros de altura, musculoso, con un cuerpo como tallado en piedra y, lo más importante de todo, una verga que alcanza los 23cm y gorda como botella de coca-cola, además de una impresionante cabeza. Sus ojos café y su rostro tosco y brutal me excitan en gran manera, hacer el sexo con él, es toda una avalancha de orgasmos y sensaciones placenteras. Me llamo Fabiola y soy fanática de las actividades al aire libre y el mes pasado invite a Luis y a otros amigos y amigas a pasar el fin de semana a una cabaña en las montañas. Pero para llegar hasta allí hay que hacer una caminata de casi 2 horas. Es un gran esfuerzo, pero los paisajes, el aire fresco y la sensación de libertad lo compensan ampliamente. Llegamos en mi Jeep hasta el pie de la montaña donde debíamos comenzar a caminar. Bajamos nuestro equipaje y comenzamos el ascenso. El sol brillaba alto y, a pesar de la frescura de los árboles y la vegetación, comenzamos a sudar. La frente de Luis se llenó de brillantes perlas de transpiración que bajaban por sus mejías y nariz, su pecho comenzó a humedecerse también y la camiseta blanca se pegaba a sus bien definidos pectorales. Comencé a excitarme y cuando él se quitó la camisa estallé y me decidí a probar algo de sexo al aire libre. En unos 16 minutos llegaríamos a mitad de camino y tomando una desviación del sendero principal se llegaba a un bello nacimiento de agua escondido entre la vegetación. Solo yo sabía de su existencia por lo que tracé el plan rápidamente. Cuando estuvimos en el punto exacto decidí que quería descansar un momento, y le pedí a Luis que me acompañara y a los demás que se adelantaran para ir preparando todo. Hubo miradas de sospecha y murmuraciones, pero no me importó, mi vagina necesitaba ser taladrada por la polla de Luis y mis pechos urgían por ser envueltos con su carnosa lengua. Karla, Raúl y los demás continuaron el camino, mientras Luis y yo nos sentábamos en unas piedras a la orilla del sendero. Pasados unos minutos me levanté y Luis hizo lo mismo. Le dije que me siguiera, adelantándome entre un par de enormes árboles que bordeaban el camino. Caminé a paso ligero, tratando de que Luis no me alcanzara pero que tampoco se perdiera. A los cinco minutos emergí de entre la vegetación a un hermoso claro donde un estanque de agua cristalina y pura me esperaba. El aroma de las flores era intenso y el murmullo del agua vertiendo de entre unas rocas hacia la pequeña laguna era como una canción. Dejé caer mi morral y esperé a que apareciera mi moreno. No tardó mucho en surgir por el mismo lugar en el que lo había hecho yo. Su mirada fue de auténtica sorpresa y admiración al contemplar la hermosa escena y sus ojos se abrieron aún más cuando comencé a quitarme la blusa y el sujetador, dejando a mis pechos brillantes por el sudor balanceándose ante él, luego las botas, los vaqueros y la tanga blanca, revelando mi pubis perfectamente depilado, solo una pequeña línea de vello le cubría. Me di la vuelta y corrí hacia el estanque dándome una zambullida en el agua que estaba heladísima. Buceé un momento y cuando salí a la superficie con el pelo empapado y la piel de gallina vi que Luis se dirigía corriendo completamente desnudo también hacia el estanque, su oscuro pene se agitaba en todas direcciones, adelante, atrás, de lado a lado chocando con sus increíbles y poderosos muslos. En una fracción de segundo estaba en el agua junto a mí, nadó un poco y luego se acercó a mí –Estás helada – me dijo, pegando su cuerpo al mío. A pesar de la gélida temperatura del agua puede sentir su calor recorrerme entera. Sentí su pene como un martillo colocándose apretado contra una de mis piernas, me moví y me acomodé para ponerlo entre mis piernas, aún no estaba erecto, supuse que por lo helado del estanque, pero me proponía a despertarlo. Le rodeé el cuello con los brazos y le di un beso, hundiendo mi lengua en su boca a lo cual él respondió magníficamente, puso sus manos en mi cintura y comenzó a besar intensamente. Sentí su pene palpitar entre mis piernas así que bajé una de mis manos y comencé a sobarle el miembro con suavidad, despacio, aumentando el ritmo a intervalos para volver a hacerlo con lentitud y sensualidad, aprovechando cada milímetro de aquel grueso pene. Lo sentí crecer entre frotada y frotada, pelándolo bien, sintiendo su enorme cabeza. Cuando estuvo totalmente erecto lo dirigí a mi vagina y comencé a apretarme contra él. Poco a poca su glande fue entrando, me enrosqué a su cintura ayudada por el empuje del agua y por mis brazos en sus hombros y moví la cintura hacia delante tragando su largo pene centímetro a centímetro, hasta tenerlo por completo dentro de mí. Mis blancos pechos, con los pezones erectos tanto por el frío como por la excitación se clavaban en sus pectorales de obsidiana. El movimiento del agua me hacía sentir la polla de Luis de una forma diferente, me llenaba completamente, comencé a mover mis caderas al compás de la corriente que nos bamboleaba, era un movimiento totalmente errático, por lo que cada embestida enviaba oleadas de nuevas sensaciones entre mis piernas, tocando diferentes puntos en cada sablazo. Me solté de sus hombros y me recosté de espaldas en la superficie del agua sin soltar su cintura con mis piernas ni dejar salir su polla de mi vagina. Extendí los brazos a los lados, mi cabello rubio flotaba a ambos lados de mi cabeza como un aura angelical, las manos de Luis se posaron en mi cintura, se inclinó un poco y besó, lamió y mordisqueó mis pezones, las ondas del agua seguían meciéndonos y haciéndome sentir cada parte del pene de mi moreno. Él se enderezó, me aferró con fuerza la cintura y comenzó a penetrarme con más fuerza, más salvaje. Movía sus caderas con intensidad, hacia atrás, sacando casi por completo su falo, cuando el glande estaba a punto de salir el hacía un fuerte movimiento hacia delante penetrándome hasta la base del pene, yo gritaba y tragaba un poco de agua porque sus movimientos levantaban muchas olas y me agitaban en todas direcciones. Me penetró salvajemente, deteniéndose por momentos para acariciar y mamar mis pechos y sobar mi trasero. Entonces con un fluido movimiento me puse recta nuevamente le sujeté por el cuello con mis brazos y comencé a darme de sentones en su impresionante polla, me faltaba el aire por el esfuerzo de dejarme caer en semejante pene y mis gritos y gemidos eran entrecortados, hasta que le sentí apretarme más y sentí su falo pulsar como si fuera su corazón, uno, dos, tres latidos y una corriente de cálido semen, blanco y espeso me llenó el interior, sentía como quemaba, como contrastaba con lo gélido del estanque. Mi vagina recibió con gozo y agradecimiento cada chorro de esperma que dispararon sus huevos, y caí nuevamente tendida en la superficie del agua, me desenrollé de su cintura y floté por largo rato desnuda en la superficie del agua, dejándome llevar de un lado a otro por la corriente, sintiendo como su leche bullía en mi interior y se escapaba a pequeños chorros entre mis muslos. Fue un fin de semana con mucho sexo, pero sin duda la experiencia en el estanque fue la más intensa de todas ellas.

Autor: Anónimo Categoría: Sexo Interracial

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Tercera confusión

2021-12-03


Julia parecía feliz, había conseguido una nueva amiga y se había hecho muy amiga del desconocido. Lo que echaba de menos era el sexo, el desconocido al saber la verdad se sentia cohibido por mantener nuevas relaciones con Julia, pero de vez en cuando la pasión les devoraba, la ultima noche que estuvo con el se derritió de pasión. -en la obra tenemos un negro que no para de quejarse, que quiere unos minutos libres para orar, que le pagamos poco por tanto trabajo, yo no soy racista, pero los negros están aquí para trabajar duro – decía el padre indignado. El motivo de su enfado era distinto, hacia días que no dormía adecuadamente porque su esposa insistía en que se manifestase con ella ante el prostíbulo y la falta de sueño le alteraba un poco. -cierto querido, son sucios y primitivos, no sirven para otra cosa. Julia tenia compañeras de color en su clase y conocía a sus padres, no coincidía con sus papas y no entendía el motivo por el que hablaban tan mal de ellos. -volveremos a manifestarnos contra ese prostíbulo, conseguiremos que lo cierren – dijo su madre con determinación. -¿otra vez? Dios mío, cariño ¿no podríamos darnos un descanso de eso? – dijo su padre. La mujer miró de forma agresiva a su marido, el cual calló de forma sumisa. Julia pensó que si seguían así, podría organizar una fiesta de pijamas sin que se enterasen, ¿Por qué no?. Al día siguiente organizó la fiesta de pijamas, invitó a sus compañeras de clase que agotadas por los exámenes, decidieron que seria una buena idea. También invitó a la hija de su amante, era una joven pelirroja de grandes senos, se llamaba Irene. Los padres de Julia salieron más temprano de lo normal. La fiesta era una fiesta normal, casi infantil en un principio, comieron, vieron la tele, se contaron secretos. Hasta que hablaron de chicos. Ahí la fiesta empezó a perder la inocencia y contaban sus aventuras sexuales. Irene empezó a hablar. -yo estuve en un bar para poderme cambiarme el tampón, el problema es que era un bar de gente mmmm pintoresca. - define pintoresca – pregunto Patricia, una chica de rubia melena de aleonada. -motoristas, macarras, cuando salí del baño habían puesto música y me dijeron que me invitaban a una cerveza si bailaba un rato. -¿y que hiciste? – preguntó Fátima, una chica de color que llevaba un pañuelo en la cabeza. -baile, baile por supuesto, uno de ellos se me puso detrás y rozaba el paquete con mi culo. Todas escuchaban con atención. -Pero luego, me agarraban los pechos mientras bailaba, me daba vergüenza, pero ese chico estaba como un queso. -¿tenia suficientemente grandes las manos? Porque con esas tetas que gastas – decía riendo Carolina, una chica rubia de ojos azules. Irene no hablaba, apartó la mirada con vergüenza. -¡sigue coño! ¿Cómo acabaste? ¿te la metieron bien o huiste como una niña? – preguntó Carolina presa de la incertidumbre. -ni una cosa ni la otra, nos metimos en el baño y se… se… se la pajeé con los pechos. -¿no te comió el chocho ni nada? Que muermo de tío – se quejó Patricia. -¿tu que hiciste Patri? – preguntó Irene sabiendo que la mejor defensa es un buen ataque. Patricia se levantó la camisa del pijama y mostró unos piercings en sus pezones. -¿no te duelen? – preguntó Julia. -a mi novio le encantan – respondió Patricia. -yo estuve en una iglesia – respondió Fátima. -¿no eras musulmana? – preguntó tímidamente Julia. -¡que importa que sea musulmana! ¿Qué coño tiene que ver una iglesia con lo que hablamos? Es como agua y aceite – se quejo Carolina. -sentía curiosidad por ver como era, no es tan distinto de la mezquita, pero había unos confesionarios, sabia para que servían, pero me extrañó que una pareja se metiera en uno que no había cura. -uuuuyyyyyy – dijeron todas. -me metí en el confesionario, en el otro lado y vi como se lo montaban a pesar de que la ventana no se veía bien. -eh aquí el origen del porno codificado – decía Ángela, una chica de largos cabellos negros. -bueno, los veía tan apasionados, tan centrados en lo suyo que…. Me excite y me toqué. -espero que no me espíes cuando tenga novio – dijo medio en broma Irene. -pero no solo eso, eché un vistazo a la biblia y hay muchas cosas calientes en ella, no entiendo porque promueven el celibato – dijo Fátima. -Bienvenida al club – respondió Carolina. -¿y tu Carolina? – preguntó Fátima. Carolina era la más atrevida de todas, pero inexplicablemente se mantenía virgen. (nota del autor: leed la serie Carolina de textos de risa) Carolina sacó de su bolso dos vibradores, uno de treinta centímetros y otro de veinte, el primero era muy grueso, el segundo más delgado. Todas alucinaron con lo que veían, Julia no entendía bien que era eso y Carolina lo sabia. -¿no sabes que es? ¿verdad? – decía Carolina mientras silenciaba a las otras chicas guiñándoles un ojo. -n-no. -quítate los pantalones y las bragas – dijo Carolina. Julia se sorprendió al oír esas palabras, se resistió, pero las chicas la agarraron y Carolina la desnudó de cintura para abajo. -vaya, estas afeitada, significa que hay un chico en tu mente – decía Carolina con una sonrisa. -¡dejadme en paz! ¡no me hace gracia! – decía Julia. -solo te lo meteré todo dentro de ti, ya verás como disfrutas, en cuanto lo encienda, enloquecerás – decía Carolina mientras untaba gel en su instrumento. Julia entendió para que serbia esa cosa ¿se lo iba a meter todo? No podría evitarlo. Lentamente, sentía como algo se metía dentro de ella, estaba demasiado asustada como para notarlo. -¡joder! ¡chicas! ¡mirad esto! Parecía una mosquita muerta y se ve que traga con gusto. Todas miraron con sorpresa , Julia abrió los ojos. Tenia totalmente dentro de ella el vibrador de 30 centímetros, se quedó muda de sorpresa. -bueno, ahora su culito – decía Carolina. Julia quería negarse, pero Carolina encendió el vibrador y la joven anfitriona quedó paralizada por el estimulo. La voltearon y abrieron sus nalgas. -que bonito agujero, pero aún esta agrandado, eso junto a lo raro que caminabas esos días... – decía Carolina. Julia estaba aterrada por lo que iba a decir su amiga. -chicas, nuestra compañera no es virgen del culo. Las reacciones fueron dispares, desde vítores hasta un oh de admiración y sorpresa, pero Julia solo se tapó la cara con sus manos y deseó desaparecer. Carolina introdujo el lubricado vibrador por el ano de Julia que estaba paralizada de placer y vergüenza. Carolina, con lentitud, introdujo completamente el vibrador dentro del ano de Julia. -cielos, preciosa, pensaba que eras una mojigata, pero tus agujeros son insaciables – susurró Carolina al oído de Julia. Pero el timbre del portero automático sonó interrumpiendo la sesión, Carolina, malhumorada, fue a ver quien es. Al volver, Julia entre jadeos preguntó quien era. -un hombre de color de veintitantos que preguntaba si era el prostíbulo de una tal madame Rosa. -si, s-siempre p-pasa, ¿l-le dijiste q-que se había equivocado? – preguntó Julia entre jadeos. -le dije que aquí era y le dejé entrar. Julia dejó de sentir, se quedó pálida como un cadáver, ahora era oficial. Odiaba a Carolina. Todas las chicas miraron a Carolina asustadas, pero esta les dijo con una sonrisa. -¡¿Qué?! ¡es un hermoso ejemplar! ¿podríamos divertirnos con el? ¿verdad chicas?. Las chicas se miraron, estaban sorprendidas por la acción de Carolina, pero les pareció al final una buena idea. Julia parecía que le faltaba la respiración, es cierto que el ultimo hombre que confundió el lugar fue un acierto, a veces se veía con el aprovechando que daba clases a su hija, pero fue suerte. ¿y si ese hombre les hacia daño. Carolina ordenó a las chicas que solo quedasen en ropa interior, todas lo hicieron salvo Julia, que ya había pasado bastante vergüenza. -¡venga! Luego se lo contaras a tus nietos con una sonrisa. Julia no quería, pero Carolina era una fuente de carisma, obedeció con mala gana y de paso se sacó los vibradores que casi le arrancan un orgasmo. El hombre entró en la casa y al ver a las chicas, pensó que eran Huríes que lo saludaban desde el más allá. -bienvenido señor – dijeron todas con una sonrisa. -vaya, sois todas muy hermosas, no se a quien escoger – dijo el hombre de color. -no hace falta, es el primer cliente de la noche, nuestro cliente especial y por eso todas le atenderemos – dijo Carolina guiñándole un ojo. -vaya, pero solo vine a hablar, a desahogarme. Julia suspiró de alivio, pero Carolina no pudo ocultar su decepción. -¿Qué pasa? ¿no somos lo suficientemente bonitas para el señorito? – dijo Carolina. -¡no! ¡no! ¡no!, no dije eso, pero he tenido un mal día con el jefe del sitio donde trabajo y me gustaría desahogarme. Las chicas escuchaban como era siendo explotado por el padre de Julia, esta, oía con vergüenza y pena la historia. -¿y que harías si tu jefe tuviese una hija? – preguntó Carolina de forma picara. -¡seguro que no es más que una pija engreída que se pasa todo el tiempo en tiendas y en un colegio de estrechas! ¡si la tuviera en mis manos la dejaría bien preñada! ¡así sabría lo que es un negro de verdad! – dijo el hombre de color enfurecido. -chicas, asead a nuestro invitado mientras yo preparo "su fantasía" – decía Carolina con una sonrisa. Se llevó a Julia a su habitación, cuando estuvieron a solas, la anfitriona preguntó. -¿Qué planeas hacer? -¿Qué te parece sentir carne negra dentro de ti? Seguro que la tiene más grande que el vibrador que te metí – respondió Carolina. Eso aterró a Julia ¿tan grande podía ser? Le suplicó que no le hiciera eso. -vamos, seguro que lo disfrutas, además, tienes que compensarle por lo que le hizo tu padre ¿no?. Julia bajó su mirada, después de escuchar la historia del "invitado" no podía evitar tener que hacer algo para compensarlo, Carolina al verla, se sintió un poco culpable. -oye, no tienes que hacer eso si no quieres. -no, quiero hacerlo, ¿Qué debo hacer? – preguntó Julia. El hombre de color se sentía feliz, estaba en la bañera con tres hermosas chicas desnudas enjabonándolo con sus pechos. Irene enjabonaba su pecho. Patricia las piernas. Fátima su trasero. No tardó en manifestarse una enorme erección, una erección tal que las chicas se asustaron. -¿queréis chupármela? Preciosas. Las tres, sonrojadas, dejaron de frotarlo, Patricia lamia los testículos, Fátima el tallo y Irene masajeaba el glande con los pechos, aquella cosa tan larga, cálida y palpitante las excitaba. Pero les daba miedo. -chicas, la fantasía de nuestro invitado está preparada, si me puede acompañar, señor – decía Carolina. El hombre de color acompañó a Carolina hasta la habitación de Julia, ella estaba vestida con el uniforme escolar. -aquí tiene a la hija de su jefe, que la disfrute. Después de dejarlos solos, el hombre de color contempló a Julia, reconocía el uniforme, por un momento quiso arrancárselo, penetrarla sin piedad sin importarle el daño que pudiera hacerle. Pero miró sus ojos. -agradezco vuestros servicios, pero, no pasarías por su hija. Julia no lo entendía, le preguntó por que. -tus ojos, tienen algo de soledad, tristeza, en cambio los ojos de la verdadera hija estarían llenos de aires de superioridad. -entonces, no le molestaré más – dijo Julia incorporándose. Pero el hombre de color la agarró y la mantuvo en la cama. -no preciosa, tus amigas me han dejado mi "rifle" bien cargado, así que te toca a ti descargarlo. Las manos del hombre de color acariciaron bruscamente los pechos de Julia por encima de su ropa, luego, con fuerza abrió su camisa, saltando sus botones y mostrando su sujetador que fue inmediatamente arrancado. -pequeños, pero hermosos, demasiado hermosos para un sujetador con ositos – dijo el hombre de color. La boca del hombre succionaba con fuerza los senos de Julia, la cual, sentía como esa boca le estaba arrancando unos jadeos. Inconscientemente sus brazos abrazaron la cabeza que le chupaba como un recién nacido, una boca que succionaba, tocaba y lamia hábilmente sus símbolos de mujer. Una habilidad que le arrancó un orgasmo. El lo notó, acercó el glande a los labios de Julia, la cual, le dio besitos con suavidad para después lamerlo con sensualidad. Pero era demasiado grueso como para entrar en su boca, acarició ese largo falo con sus manos y sus sedosos pechos y empezó a masturbarlo mientras su lengua recorría la cabeza del miembro viril. Aquella paja de cuerpo entero excitaba al hombre de color que no tardó en eyacular abundantemente en la cara de Julia. -cielos, hace dos años que no lo hacia – dijo el hombre de color. -¿esta satisfecho? Mi señor – preguntó Julia de forma tímida. -no – dijo el hombre de color mientras metía la mano bajo la falda. Julia sentía vergüenza, se tapó la cara mientras aquel hombre la tocaba por encima de sus bragas, unas bragas que no tardaron en ser arrancadas para que los oscuros dedos de su amante exploraran su interior. -n-no, mi señor, así no – decía Julia muerta de vergüenza. -si, estas bien mojada – dijo el hombre de color apuntando su pene en la concha de Julia. Julia estaba aterrada, la iba a penetrar con un falo enorme, sentía como ese falo se abría camino por su interior, pensaba que iba a dolerle. Pero no le dolía, el hombre de color bombeaba con suavidad, con dulzura. -cielos, eres tan cálida, tan suave, me encantaría comprarte y hacerte mi mujer. Julia recibía amorosamente esas palabras, quiso agradecerlo usando sus músculos vaginales, pero aún no los dominaba del todo. Lo que veían sus ojos era un hombre de color que se movía encima suya en un ritmo de adelante y atrás, un ritmo que aumentaba conforme ella sentía más y más placer. -joder, creo que voy a llenarte, ahhh – decía el hombre de color mientras llenaba el útero de Julia con sus semillas. Julia también había llegado al orgasmo, un orgasmo tan intenso que la agotó y se sumió en un profundo sueño. El hombre de color iba a vestirse, pero vio al resto de las chicas salvo Carolina que lo miraban. -señor ¿no se ocupa de nosotras también? – decían las chicas mientras abrían sus labios vaginales. Después de que el cliente se fuera satisfecho, las chicas tomaron la píldora antibaby que Carolina les facilitó. -veo que tu no has querido catarlo – decía Patricia con burla. -os dije que me reservo para uno, además, hago mis ejercicios – decía Carolina mientras bajaba sus pantalones. Vieron las chicas como con sus músculos vaginales sacaba y metía su vibrador que estaba metido. -bueno ¿Dónde dormimos? – preguntó Fátima. - en la cama de Julia, es bastante grande y cuando despierte nos repartiremos el dinero y… también podríamos jugar entre nosotras – dijo Carolina guiñándoles un ojo.

Autor: Anónimo Categoría: Sexo Interracial

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Esclavas de granja

2021-11-28


Cassandra y Ashley eran solo una madre e hija que paseaban por el campo, eran sin duda unas bellezas Cassandra un sexy madura de uno 40 blanca, rubia ojos azules, con un buen culo y tetas enormes. Ashley de 15 era básicamente igual que su madre solo que con tetas mucho menores y pecas en su rostro. Bueno las fueron abordadas por el viejo Fred un viejo granjero, un hombre de unos 50 canoso y negro pero sin así musculado y alto. Vivía con sus hijos Jerome, mark y Al de mayor a menor todos dignos sementales incluso Al a sus solo 14 se veía mucho mayor. El viejo logro convencer a madre e hija de pasar a su casa después de divagar un rato entraron el viejo ofreció unas bebidas a ambas mujeres. Todo se oscureció al despertar Lo primero que vio Ashley fue un corral de vacas dónde el menor y mayor de los hijos de Fred estaban con ella desnudos enseñando sus duras vergas. A su lado podía oír lo gritos de su madre siendo cogida por sus 2 agujero por Fred y su hijo de en medio. Ashley intento huir, pero lo 2 jóvenes negros la detuvieron. Y arrancaron sus pocas ropas. Tomaron sus blancas pantis y envolvieron su cara en ellas. Al forzó a Ashley a montar a Jerome, ensartando su enorme verga de 21cm en su virgen y rosa coño. La madre de Ahsley veía todo mientras Fred le cogía el culo y su hijo mordía sus tetas. La mujer rogaba por qué soltaran a su hija, pero Fred le dice al oído que se acostumbré a su nueva vida como putas de la familia. En eso Ashley era empalada por Al mientras Jerome Descargaba chorros de caliente semen en su descifrado coño. Continuara

Autor: Das dick Categoría: Sexo Interracial

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La profesional

2021-11-01


En una habitación muy amplia, Sergio está desnudo tumbado en la cama, apoyado sobre la almohada. Observaba toda la estancia decorada con gusto minimalista, paredes blancas y muebles en madera de ébano. A la derecha, la pared la domina un Miró original. A la izquierda un armario vestidor está ahora vacío pero ha albergado ropas por valor de 100.000 $. Frente a él un gran ventanal con las cortinas abiertas permiten ver todas las luces y neones que iluminan Manhattan. Éste ático en el corazón de la capital del mundo ha sido su hogar los últimos siete años. De repente la puerta del baño, camuflada junto al Miró, se abrie y aparecie Lourleen. Era una espectacular mujer negra de metro ochenta de altura con un cuerpo de top model. Tenía una cara redonda con el pelo corto y flequillo. Unos ojos verdes enormes. Sus labios gruesos y más oscuros que el resto de la piel delimitaban una boca grande dónde una perfecta dentadura blanquísima le había llevado a protagonizar un anuncio de dentífrico. Un cuello esbelto, unos hombros redondeados, unos pechos muy grandes de los que sobresalían unos pezones gruesos y negros. Su vientre era plano y su cintura se estrechaba hasta la perfección. Un prominente monte de Venus rasurado daba paso a unos labios carnosos que escondían un clítoris tremendamente grande. Sus glúteos poderosos y firmes se apoyaban en unas piernas largas y perfectamente moldeadas. Sus manos eran preciosas y su piel de ébano era suave como la seda. Lentamente, casi desfilando por la pasarela, colocando un pie delante de otro, lo que provocaba un sensual movimiento de cadera, se aproximaba a él que le esperaba con una enorme erección. Un tipo como él podría tener a cualquier mujer, tan solo tendría que ir a un local de moda y, como más de una vez había hecho años antes, “camelar” a alguna chica dispuesta a pasar un buen rato con un apuesto broker de Wall Street. Pero esta noche quería otra cosa, algo más prohibido. La última vez que había pagado por sexo había sido en Barcelona, después de la final olímpica de baloncesto con sus amigos hacía dieciséis años. La chica se hacía llamar Gigi y ellos eran cinco niñatos veinteañeros que no habían visto nada parecido en sus vidas. Por supuesto aquello les salió mucho más barato que el servicio que había contratado esta noche. Hoy, desde la perspectiva que dan los años y el dinero, recordaba aquel local barcelonés como un antro donde, como bien dice Sabina en una canción, “...el desamparo y la humedad comparten colchón...”. Lourleen se arrodilla ante él y comienza a chupársela. Engulléndola sin esfuerzo hasta la campanilla antes de comenzar a subir lentamente mirándole con sus ojos de gata y cara de vicio. Sergio subió sus brazos por encima de su cabeza colocando la nuca entre las manos cruzadas dispuesto a disfrutar de la ardiente boca de la profesional. La chica estuvo mamando a conciencia durante un rato. Después comenzó a subir desde su pubis, besando su escultural torso, hasta colocar sus impresionantes tetas a la altura de la boca de Sergio para dejar que le mordiera los pezones. Él se deleitó con estos, lamió, succionó y tiró de ellos con sus dientes arrancando a Lourleen un gemido de placentero dolor. Luego el hombre le besó el cuello y la colocó sobre su pene para que le cabalgara. Ella gemía a cada pollazo que recibía interpretando su papel y él disfrutaba de la visión cogiéndola por la cintura. Estrechándola entre sus manos y sintiendo el calor de su maravilloso coño húmedo abrazando su polla. Tras unos minutos, Sergio le pidió que se colocase a cuatro patas. La mujer apoyada en sus codos ofrecía una excitante imagen de sumisión. El hombre se colocó justo detrás y pudo ver como los henchidos labios no podían abarcar la magnitud de su clítoris excitado y todo el conjunto sobresalía entre sus muslos. Se fue directo a sus poderosas nalgas de ébano. Redondas, duras, impresionantes. Las besó y las mordió para luego abrirlas con ambas manos y lamer toda la raja de arriba a abajo, recreándose en la entrada arrugada de su ano de piel más oscura. Para luego seguir descendiendo hasta saborear los fluidos que manaban de su sexo. Era una auténtica diosa y Sergio quería disfrutar de toda ella. De un cajón sacó un bote de vaselina. Comenzó a untárselo en el ano y luego en su miembro. La mujer hundió su cabeza en el colchón haciendo que su culo quedara más expuesto a la voluntad del hombre. Lourleen se lamió los dedos y comenzó a masturbarse. Sergio se incorporó y apuntó con el glande a su objetivo. La gran experiencia de ella hizo que la penetración fuera más fácil de lo previsto. Una vez la tuvo enculada sintió como ella apretaba su culo abrazando su gorda polla y comenzó un movimiento pausado hasta conseguir una profunda penetración. El hombre fue acelerando el ritmo al tiempo que le agarraba de la cintura. El dilatado esfínter anal de la scort recibía con solvencia las embestidas del broker que fueron aumentando a mediada que lo hacía su excitación. Cuando notó que se iba a correr se la sacó del culo y con una paja terminó sobre la espalda de ella con un sonido gutural. Lourleen gimió al sentir su cuerpo bombardeado con el semen caliente de su cliente. La visión de la espalda negra salpicada con chorros de semen blanco le producía a Sergio un morbo especial. Ella ahora se abría los glúteos dejando a la vista un agujero anal exageradamente abierto. El hombre aprovechó para volver a metérsela, de nuevo hasta el fondo, y depositar allí su último chorro de leche. Sergio cayó rendido sobre la cama y Lourleen, con trabajo para moverse por el esfuerzo soportado, volvió al baño a lavarse. Antes ya lo había hecho cuando él le pidió una “cubana” entre sus maravillosas tetas y le colocó un precioso “collar de perlas” sobre su esbelto cuello. Media hora después la puta de lujo recogió los 5.000 $ que su cliente le había dejado en la mesa del recibidor y se fue. Elegantemente vestida con zapatos de tacón de aguja, medias de seda y un discreto conjunto de falda negra y chaqueta entallada sobre camisa blanca, en las concurridas calles de Nueva York pasaría desapercibida y nadie sabría a qué se dedica ni muchos menos que acababa de hacer un rentabilisimo servicio.

Autor: Anónimo Categoría: Sexo Interracial

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Una noche

2021-09-22


Era un dia sabado, mi esposo eataba de viaje, él y yo vivimos en la casa de mis suegros nos fuimos a vivir allí despues de casarnos, su casa es grande y tiene varios cuartos. Yo soy una chica blanca, pelo negro hasta los hombros, de 1.60 de estatura, 25 años, pienas llenitas, mi trasero llama muchas miradas por que tengo gluteos grandes, mis senos tambien lo son y me gusta el sexo, sobretodo cuando tomo vino me vuelvo una ninfómana. Como ya les dije mi esposo se encontraba de viaje en plan de negocios, ya tenia tres dias de ausencia, una noche que me encontraba en el cuarto puse una película pornografica, esta era uma pelicula que compré en una tienda sin que él supiera, trataba de unos negros albañiles que tienen sexo con la dueña de la casa en ausencia de su esposo la vi el dia jueves, estaba tan buena la pelicula que me masturbe dos veces sin hacer mucho ruido por que mi pequeña hija de 1 año se podia despertar, sobretodo me gustó cuando los tres negros se la follan a la dueña de la casa que dicho sea de paso se parece a mi; al dia siguiente regresé a la tienda y compré un consolador negro de latex, con él me daba mucho placer viendo la pelicula. El dia sabado en la noche estaban mis suegros tomando unos vinos con unos amigos y amigas, mi suegro me dice.. samantha por que no vienes a tomarte unos vasitos con nosotros, asi lo hice, tomamos unos vasos de vino, pero estaba tan rico y dulce que me tome dos botellas yo sola, como ya les conté los vinos me ponen muuuy caliente y como no podía estar ahi mas ya que podia cometer una imprudencia con algunos de los invitados, me fui a mi cuarto. Estaba tan caliente que me puse a ver la película de los negros albañiles que hizo que me encienda mas, busque con locura mi consolador para darme placer, pero dije no!.. es sabado, la noche es joven, quiero sentir una gran polla negra, me puse un hilo dental rojo sin brasier, un polo largo de mi esposo color plomo que me llegaba hasta arriba de la rodilla con una correa, para que marque mi cintura, medias negras hasta la mitad de la pierna y unos zapatos de taco ancho, me pinte los labios de un color rojo intenso, y salí por la cocina para que no me vieran salir, me veia como una gran puta, estaba muy exitada y nerviosa a la vez, la vagina la tenia bien mojada y caliente, camine hacia la avenida principal que estaba a unas cuadras donde llegan algunas chicas para prostituirse, mientras caminaba los carros que pasaban me decían de todo, que buen culo tienes, esas piernas las quiero aqui !, esa boca se nota que la mamas bien rico mamita, y yo que estaba que ya queria tener una buena polla en mi boca y en mi vagina, pero era muy cerca a mi casa y no podía arriesgarme ademas yo queria una polla negra como la de la película. Al llegar a la avenida, prendi un cigarro y lo fume como una puta angustiada, en mi caso de polla, estaba esperando, pararon muchos carros pero yo queria una polla negra, luego de unos minutos un taxi viejo se detiene y me llama, me dice con una voz ronca.. Cuanto me cobras putita para comerte esta tremenda polla que está esperando que la chupes primero, agarrandose el gran paquete que se notaba tenía, dentro del auto un hombre negro, un poco gordo, canoso, se veía de unos 2 metros por lo menos ya que se doblaba dentro del auto, estaba muy sucio con una camisa semiabierta, con unas tremendas manos negras en el volante, era muy negro y su carro tenía un fuerte olor a sudor, pene y vagina, entonces cundo me dijo eso, ya me imaginé en el momento chupando su polla negra y tenerla en mi vagina quitandome la calentura..... Les terminaré de contar el relato muy pronto, mi esposo va a salir de viaje otra vez por una semana, lo tengo que despedir.... Nos vemos.

Autor: Samanta Categoría: Sexo Interracial

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Altruismo en el semáforo

2019-11-09


Manera muy peculiar de como mi esposa "ayudó" a un par de inmigrantes africanos... No se en otros lugares, pero en mi ciudad es común en los semáforos ver a inmigrantes, la mayoría de ellos de origen africano, vender cleenex, mecheros o colgantes para ganarse la vida, siempre mi mujer Frida fue una persona muy altruista y el gusto por ayudar al prójimo lo lleva hasta el final de las consecuencias. Hace unos días, tuvimos en un semáforo una charla sobre lo duro que tuvo que ser para esta gente ir a un lugar lejano de su casa para buscar un porvenir mejor, y siempre, sacando su lado morboso, decía que apetecía de parar en los semáforos aunque sea para mirar el bulto de los pantalones de aquellos inmigrantes. Un dia me los llevo a casa para darles una ducha y algo caliente de comer me decía con tono pìcaro Frida..... pero para mi sorpresa, lo que creí que fue una charla infirmal resultó ser pura verdad . Ese dia llegaba del trabajo más tarde y ella me llamó al celular para darme con lujo de detalles lo que le cundió aquella tarde. Ni corta ni perezosa, se fue en su auto a buscar a dos de estos negros y no se de que manera los convenció para subir y los llevó casa. Les dió de comer y les proporcionó ducha y ropa mía ya vieja pues ambos eran corpulentos de mi estatura como yo. Fred y Moses, asi se llamaban no sabían como agradecer a mi esposa el corazón tan grande que ella tenía por tan noble gesto, eran hombres buenos, correctos y educados, para nada se imaginaban de que manera la puta de Frida iba a cobrar sus servicios. Toda vez ya aseados, mi esposa les pidió un instante de espera en el salón de la casa pues iba a obsequiarles con un regalo, ellos abrumados esperaron sentados en el salón hasta que apareció Frida con una lencería erótica que le regalé por su aniversario de color rosa y según me contò ella se quedaron estupefactos y congelados. Frida, muy sensual como es ella, les pide a ambos que se pongan de pie y que opinaran de lo que estaban viendo, incitándoles a que les confesara la última vez que habían tenido relaciones sexuales a lo que ambos dijeron que llevaban meses sin probar bocado. Eso excitó y de que manera a Frida pues les dijo que ese era el último regalo que ella les iba a ofrecer y era su cuerpo, les comentó que no temieran que estaba sola y que yo tardaría hasta la noche en volver con que los dos negros se despojaron de los chandals que les ofreció Frida , que eran míos, y presentaron sus enormes credenciales para ella. Dos rabos de más de 23 ctms, aproximadamente que hicieron las delicias de Frida y que devoró como loca ante la atónita mirada de ambos que no se creían lo que les estaba ocurriendo. A Frida le cachondeó mucho que entre ellos hablaran un idioma para ella ilegible, suajili o algo así propio del Africa más cerrada, ambos eran Senegaleses. Uno de ellos la recostó en una mesa baja que tenemos en el salón y abriendola de piernas se puso de rodillas y empezó a darle lengua en su coño, a Frida le llamó la atención la grande que tenía igualmente la lengua y que con solo una pasada abarcaba casi todo su coño inundándolo de saliva y sus flujos propios de su excitación mientras el otro se puso a la altura de sus dos tetones y empezó a hacerle una rica rusa Frida , tan grande la tenía que el comienzo de su verga le alcanzaba para entrar en su boca y estuvo largo tiempo así. De pronto y ella siguiendo con la rusa, siente como deja de notar la lengua y aún con el otro negro de rodillas, nota como un enorme trozo de carne intenta abrirse paso por entre sus labios vaginales lo que le hace estremecer de placer. Pese a su gran tamaño dice ella que no le costó trabajo penetrarla y que pronto empezó con unas fuertes embestidas notando en sus gluteos los huevos de este rebotar, entre ellos se seguian hablando y se dieron un relevo para que el otro empezara a follar su coño en tanto que alli Frida dijo basta con un orgasmo que ella mismo creía que se habia meado de lo que llegó a sentir. En un momento, uno de ellos, le hizo un gesto a mi mujer con los dos dedos sin saber a que se refería en principio, la voltearon, uno de ellos se tumbó en la mesa y Frida obediente cabalgó su polla, lo que le esperaba era descomunal, el otro se puso detrás obligando a parar la cabalgada e intentó introducir su polla en el culo de Frida, mi mujer intentó resistirse pero este andaba como loco y le sujetó sus dos brazos por la espalda inmovilizándola y hablando entre ellos empezaron salvajemente a follarla los dos a la vez ante la mezcla de dolor y placer de Frida a la que le duró poco el disgusto toda vez que estaba ensartada por los dos negros llegando a otro orgasmo sideral y cambiándose de postura para que el otro probara tambien su ano totalmente abierto eyacualndo este dentro de su culo y el otro en sus tetas. Agradecieron el gesto a Frida y le invitaron a de vez en cuando parar en su semáforo para “saludarla” de nuevo.

Autor: Frida Categoría: Sexo Interracial

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Mi esposo cornudo por emborracharse

2019-10-13


Este Negro muy dotado, supo qué hacer en el momento indicado, me dió el mejor orgasmo de mi vida a metros de mi esposo... la historia de mi primera infidelidad. Nosotros no somos una pareja abierta, yo lo engañé. No me pudé resistir...Por ahora solo con este negro hijo de puta, que me tiene a mal traer... no me lo puedo sacar de la cabeza. El viene a Argentina cada tanto y cada vez que viene me destroza y me encanta. Esto empezó en Buenos Aires. Mi marido se ganó una invitación a una de estas fiestas empresariales por la compañía en la que trabaja (tiene un buen cargo). Cuestion que nos toco una mesa con gente de afuera, la mayoría hombres y me miraban bastante y no es que yo me haya ido muy provocativa, lo único si, es que tenía un vestido con un tajo lateral que dejaba ver mi pierna...este negro, no tan apuesto, pero si robusto y alto...me miraba más que todos y sin que mi marido se diera cuenta en un momento fuera de la mesa me guiño un ojo...eso me exitó bastante. Fue transcurriendo la fiesta y bailamos tomamos bastante, mi marido por demas. Le pedí que no se pase, que estaban todos sus jefes y me contestó mal, eso me molestó. Seguimos bailando. Había mucha gente y mucho rose...en un momento este negro que no dejaba de mirarme me pasó bailando por atras y sentí como me apoyó y te juró que me mojé al instante...inmediatamente lo miré a mi esposo y el ni enterado estaba ya bastante borracho. Fui al baño el negro me seguía con la mirada casi todo el tiempo...ya en el baño comprobé que estaba toda mojada por la situación. Para cuando volví le dije a mi marido que vayamos al parque a tomar algo de aire a ver si se recuperaba un toque, nos fuimos a sentar a unos bancos que había ahi cerca, era verano la noche estaba rebuena y no va que se duerme en el banco este. Inmediatamente que se duerme me cae el negro, me agarra de la mano y me lleva. Ahi nomas había un salon en desuso con todas las luces apagadas y con cortinas...para cuando me agarró de la mano yo ya estaba super excitada y enojada con mi marido por lo que venia pasando. Me metió en ese salon, nadie nos vio entrar estaba todo oscuro. Me metió la mano entre el tajo del vestido y se encontró con un desastre todo mojado, me miró a los ojos y me beso con mucha intensidad como hacia tiempo nadie me besaba, se le notaba mucho las ganas de cojerme...para esto yo ya estaba al borde de acabarme mientras me jugaba con dos dedos...me agarro la mano y me la puso en su miembro (muy grande y extremadamente duro). Cuando estaba por acabarme me levantó el vestido me pusó de espalda y me la fue poniendo de a poco hasta el fondo, una vez que llegó al fondo empujó a fuerrrrte de abajo para arriba dejándome en puntas de pies casi en el aire ya que era bastante más alto que yo, me pego unos diez bombazos con todo y tuve el mejor orgasmo de mi vida. Se me escaparon unos gritos de placer, en ese mismo momento me acordé de mi esposo, me quise salir y cuando me di vuelta me levanto y me cojió durísimo contra la pared, en el aire...me volví a acabar en pocos bombazos entre lo grande y dura que tenia la pija. El morbo de tener al forro de mi esposo borracho dormido a metros míos y lo bien que se movía el morocho este no podia parar de acabarme. Me quería ir, era mucho el riesgo...pero no podia parar de sentir ese miembro todo venoso y grande provocandome espasmos de placer, me temblaba todo el cuerpo...después quedé parada de frente a él y agachado me ensartó muy hasta el fondo..en total me hizo acabar 4 veces...y sin preguntarme me acabó adentro el descarado...menos mal que tomo pastillas porque no sabes la cantidad de semen que me salía de la concha..rebalsaba...es un tremendo semental. Le deje mi mail, cada vez que viene a Buenos Aires nos encontramos y me coje muy duro...nose que hacer, mi marido algo sospecha..esa noche ni se enteró de nada. Me acomodé el vestido, el pelo un poco, esperé unos minutos...salí al patio y este seguía desmayado...así que me senté junto a él y despues de un rato lo desperté, pedimos un taxi y nos fuimos al hotel...mientras íbamos en el taxi sentía como me seguía cayendo un hilo de leche por la pierna...fue una locura.

Autor: carla4bbc Categoría: Sexo Interracial

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Consiguiendo al inversionista

2019-10-12


En la empresa donde trabajo empecé a los 18 años como ya les comenté en relatos anteriores, mi primer puesto fue el de secretaria de mandados, cuando fui adquiriendo experiencia y cursando la carrera universitaria ascendí de cargo sustancialmente hasta llegar al puesto de Gerente de Operaciones, este puesto me lo gané con esfuerzo, ya tenía 6 meses en dicha dependencia cuando comencé a tener relaciones sexuales con mi jefe, o sea, no me conseguí el puesto por haberle abierto mis piernas, quiero aclarar eso. En dicho puesto se trabaja mucho con lo que respecta a clientes, socios, posibles clientes e inversionistas, en muchas ocasiones y para ganar inversión o clientes tuve que utilizar estrategias para la obtención de resultados, acudía a cenas a las que me invitaban los señores, con un poco de coqueteo y buen trato siempre conseguía persuadirlos y me los ganaba, pero nunca me acosté con ninguno de ellos para obtenerlos, no es que no se daba oportunidades, la mayoría siempre trataba, pero yo me hacía la desentendida, si bien soy la amante de mi jefe, eso no quiere decir que me acueste con los socios también. Hace como 2 semanas contactó conmigo una persona que pretendía ser parte de nuestra empresa, es un coreano con mucho efectivo al cual mi jefe personalmente me solicitó que lo convenza de invertir con nosotros, ningún miembro pudo convencerlo en anteriores ocasiones, entonces me lo tomé como un desafío. El lunes siguiente llegué hasta la oficina del oriental para una reunión informativa que me sirvió de sondeo personal para ver hasta dónde podía llegar para ganarlo, entré a la oficina y nos saludamos, comencé exponiéndole nuestras opciones y todo lo referente a la empresa, me escuchaba atentamente aunque ni una palabra decía, me estaba incomodando que solo yo hablaba, al terminar me dice que lo va a pensar, esa palabra no me gusta para nada, para mí significa "no me interesa", entonces saqué mi tarjeta y atrás le anoté la dirección de un restaurant y le dije que lo invitaba a cenar a las 20 h, tomó la tarjeta y me dijo gracias. Salí más que confundida de ahí, no es fácil el trato con ellos, pero esperaba que me diera alguna sonrisa o respuesta. Llegué algo frustrada a casa, me acomodé, en eso recibo una llamada, al contestar me dijo el coreano que le interesaba la propuesta que le había expuesto y que aceptaba la cena, pero que debíamos hablar más sobre ello, "andá a la cena casual, sin ropa de oficina" me pidió, "perfecto señor" le contesté, al cortar salí rumbo a la peluquería, quería estar espléndida para noche, me puse un jeans al cuerpo y una blusa con escote en V ceñido, sin brassier, la gravedad aún no afecta a mis pechos. Llegué al restaurant, el señor ya estaba sentado, me acerqué y se levantó como todo un caballero a saludar y arrimar la silla para mi, estaba algo nerviosa, quería tocarle de vuelta el tema del negocio y me dijo "ahora no, cenar, tomar algo y después", mientras estaba comiendo noté que me miraba mucho los pechos, bueno, pasa mucho eso en mi caso, entonces ya con las copas encima él se fue abriendo más a la charla, también yo fui distendiéndome más, aproveche y le volví a tocar el tema de negocio y me dice "hasta dónde estás dispuesta a llegar para la firma?", "hasta dónde quiere usted llegar?" le pregunté, "eso me gusta mucho, mujer fuerte y negociadora" me dijo, sonreí mientras me acomodaba los pechos como estrategia para calentarlo, "vamos a otro sitio, conocés alguno?" me preguntó, "conozco muchos lugares para estar tranquilos" le contesté. Salimos, él me escoltó hasta mi casa, dejé mi vehículo y subí con él, por el camino me preguntaba a mi misma "Sonya, qué estás haciendo? se supone que no te gustan los orientales, y si la tiene muy chico como suelo escuchar?", me tranquilizaba al mismo tiempo contestándome "tampoco me gustaban los negros y terminé siendo perforada por ellos, si la tiene chica, igual dale el gusto, total un pene más no te hará más puta" Lo guíe hasta un motel que se encuentra en la ciudad de Lambaré, nos bajamos, él solo me miraba, nunca intentó tocarme, ya adentro empezó a desvestirse sin mediar palabras, tomo unas píldoras, mientras fui al sanitario a pegarme una ducha, me paré frente al espejo y me dije "tu puedes, solo es uno más, mentalizate en el contrato que va a firmar", tomé valor y salí, grande fue mi sorpresa al verlo acostado con el pene erecto hasta más no poder, mi vagina se chorreó por semejante tamaño, medía unos 20 centímetros, grosor normal, pero la cabeza del pene era enorme, me gustó eso, me encantó que la tenga así, me acerqué a la cama entre sus piernas, acomodé mi cabello de lado y empecé a engullir esa preciosa cabeza enorme, el líquido seminal era abundante y rico, me levanté poniéndome sobre él, le puse el preservativo y mirándolo fijo, me fui sentando de a poco hasta meterla toda, él seguía mis movimientos, pero no me tocaba, tomé sus manos y las puse sobre mis pechos para que me las apretara, su pene se sentía delicioso, apenas podía creer que la tuviera así, era irreal para mi verme al espejo de los costados disfrutando sobre un coreano, el solo sonreía mientras me acariciaba los pechos, no emitía sonido alguno, pero noté que disfrutaba de mis gemidos de placer, ya estaba por llegar. Me moví más rápido cada vez y en gran gemido tuve un feroz orgasmo, las contracciones no paraban, me recosté sobre su pecho a escasos centímetros de su rostro gimiendo en cada terminación, "estás por terminar?" fueron mis palabras entre suspiros, "ahora es mi turno" me contestó, me acostó a su lado abriéndome las piernas y fue penetrándome profundo, me encantaba la sensación, observaba el espejo del techo, yo abierta y él cogiéndome sin descanso, no paraba un segundo, sin mentir, me cogía rápido, muy rápido sin descanso, sin emitir sonido, mis gemidos y el clásico sonido de testículos golpeando la vagina era lo único que se oía, así me tuvo durante 40 minutos aproximadamente, ya me estaba volviendo loca, me besaba el cuello, mis orejas, sentía mucho placer cada vez más, en cada arremetida me lo metía fuerte, era como que quería que me duela, comprendí eso y lo complací, "quiero que termines", le dije mientras mis labios tocaban los suyos, "el preservativo hace que tarde más" respondió, estaba súper caliente y me gustaba mucho la forma en que me estaba penetrando que sin pensarlo dos veces lleve mis manos a su pene y fui sacándole la protección, no dijo nada, se quedó quieto un momento y fui acomodando de vuelta su pene dentro de mi vagina, "cuando vas a eyacular avisame" le pedí, sonrió y siguió bombeando hasta el fondo mientras nos besábamos. Después de interminables pero ricos 10 minutos, sus movimientos fueron acelerándose y ya estaba yo llegando a otro orgasmo, casi por eyacular él se sale, pero justo estaba también por llegar yo, mi idea era que me eyacule sobre el pecho, pero no me contuve y lo estiré de vuelta sobre mi, volvió a penetrarme y casi al mismo tiempo llegamos al orgasmo, ambos sentimos nuestras contracciones, terminó adentro mío en abundancia, el semen bajaba entre mis nalgas recorriendo mi ano hasta quedar en la sábana, nos besamos largo rato, ya estaba para otra más, mientras lamía mis pezones me tocaba el clítoris, su pene estaba volviendo a ponerse duro, lo recosté boca arriba y ya que me la estaba pasando más que bien, se la volví a chupar hasta que esté bien erecto, lubricaba mi ano con mi fluido vaginal, mientras se la mamaba dilaté mi ano para poder darle más placer, me coloqué de espaldas y me senté haciéndole ver qué me estaba cogiendo el culo, me movía y abría mis nalgas para que pudiera ver, acomodé de cuatro bien empinada y me penetraba sin cesar, hasta que suspiró y se vino de vuelta bien adentro, podía sentir su líquido salir. Tuve 3 horas de sexo con él, si, 3 horas, a esas alturas ya no me importaba si firmaba o no el acuerdo, solo quería saber cuándo volveríamos a salir, re encantada me quedé con este señor. Me bañé, me iba a vestir y me dijo "me regalas tu ropa interior?" dudé un rato y se la di, antes de salir nos besamos de vuelta un tiempo, subimos a su vehículo, me acercó a casa y se despidió prometiendo volver a repetir la noche, "nada de cena, directo al motel" le dije riendo, "muy rico el postre" bromeó también. Esa madrugada dormí súper bien, relajadísima, como a las 7 am me llama mi jefe "no sé qué ni cómo hiciste pero tenemos la firma del Señor Pablo Saito, sos una genia", se me abrió el mundo, aparte de haberlo pasado rico, ahora tengo el cliente que tanto buscamos y no fue esfuerzo, me gustó haberle abierto mis partes, es la primera vez que consigo algo cogiendo, supe usar mis atributos para los negocios, lo más importante, aún sentía su esperma caer... rico.

Autor: Ameba Categoría: Sexo Interracial

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Muriel entregada al encanto africano.

2019-10-03


Estamos en una ciudad indeterminada, Muriel es la protagonista de esta historia. Una chica normal que puede ser tu compañera de trabajo, tu vecina que siempre encuentras en el ascensor, hasta una total desconocida que te cruzas por la calle. Aparentemente cerca de la treintena, con un trabajo estable y escribiendo las líneas de su propia vida. Físicamente tiene un cuerpo delgado, un pecho desarrollado natural, corte de pelo Bob long y ojos grandes con forma de almendra y tono miel con labios carnosos y nariz fina. Ella aun no lo sabe, pero hoy va a cumplir una de sus mayores fantasías que desconoce que pudiera existir. Ha quedado con su grupo de amigas para hacer una noche de chicas. Primero han quedado para tomar algo en uno de sus locales favoritos. El cuatro monos. Varias cervezas y alguna ración de bocados sofisticados sirven para amenizar su estancia. La siguiente parada es uno de los pub más populares de la ciudad. Llegan cuando todavía no hay exceso de gente y pueden disfrutar de espacio suficiente para bailar libremente y fantasear con ser las intérpretes de las canciones cantándolas como si nadie más estuviera allí. Comienza la aglomeración de gente y con ello no tardan en aparecer los primeros chulos de discoteca buscando atención emocional. Muriel pese a ser algo sumisa, los descarta a las pocas palabras que cruza con ellos. Ninguno es capaz de convencerla ni de llegar a sus instintos más bajos. Todo esto cambia con la irrupción de Bob. Un sudafricano alto, más alto que Muriel, con un cuerpo de proporciones griegas ideales y un tono de piel color chocolate que incita a salivar. Su traje y corbata no pasan desapercibidos para Muriel y las primeras palabras que cruzan ya la cautivan. Dejan las bebidas a parte y comienzan a moverse al ritmo de la música. Bob enseguida lleva la iniciativa en el baile y Muriel se deja llevar. La seguridad de Bob en sí mismo y llevándola en el baile le despierta sus instintos. Se apartan ligeramente del grupo y se hablan al oído. Lo siguiente que sucede es que Bob se fija en el colgante que lleva Muriel y rebusca en sus bolsillos para enseñarle algo a ella. A continuación, Muriel habla con sus amigas y se despide para irse con Bob. Camino del coche tienen la siguiente conversación: (M) - ¿Eres igual de exigente para todo? (B) - Cuando es necesario puedo serlo más. Muriel se muerde los labios y con mirada lasciva pregunta: ¿Cuánto más? Bob se detiene sujetando a Muriel por la muñeca, de la inercia, esta se gira y queda a escasos centímetros de Bob. Con gesto serio y clavándole la mirada en los ojos la responde: Lo que requiera la situación. Muriel le mantiene la mirada y apenas susurrando apostilla: Demuéstramelo Bob sin perder el semblante, mira hacia los lados para asegurarse que no hay nadie más en esa calle. En ese momento empuja a Muriel contra la pared que tienen al lado. Apoya su pelvis en el culo de Muriel y a la vez acerca su boca a uno de los oídos de ella y la comenta: Para ser sumisa eres demasiado insubordinada.Lo descubrirás en el momento adecuado, ¿de acuerdo? -Justo a la vez que manosea su culo y empuja más su pelvis contra Muriel- El silencio sepulcral se adueñó de esa calle. Bob siguió andando dirección al coche, pero al no escuchar los tacones de Muriel se paró de nuevo y miró hacia atrás. Contempló la imagen de Muriel de pie en mitad de la acera paralizada. (B) - Vamos, ¿nunca te han puesto un plug anal? (M) - De esta forma no. -Comienza a andar de forma insegura- Al llegar al coche, Bob la ordena que se desnude y use la ropa a modo de cojín para no manchar el asiento del coche. Apenas son 15 minutos el trayecto. Por el garaje y el ascensor Muriel sigue desnuda. Cada vez más sumisa y servicial con Bob. Al entrar al piso, Bob la guía hasta el dormitorio y una vez allí. Le pide que le disculpe un momento. Al volver Bob, lo hace con dos compañeros suyos de similares características y ya en ropa interior. En ese momento Muriel se sobresalta y de la sorpresa cae al suelo el plug anal que tenía puesto y estaba manipulando. Bob y sus compañeros se sorprenden y acto seguido les aparece una sonrisa pícara en la cara. Muriel en ese momento es consciente de que va a cumplir varias fantasías. Tener sexo interracial, sexo en grupo y además siendo esclava sexual. Bob se acercó a Muriel y le dijo: “Parece que tu cuerpo no puede esperar más”. Se sacó la polla de los calzoncillos y se la ofreció a comer. Ella obediente se puso de rodillas dispuesta a devorarla. Se la introdujo en su boca sin dudas. La erección comenzó a crecer pero ella no la sacaba de su boca. Se atragantaba mientras la acomodaba en su garganta. Bob señaló a sus compañeros y estos rápidamente se colocaron alrededor. Uno de ellos alargó la mano e intentó separar las nalgas de Muriel. Ella hizo un ruido con la garganta y se puso de rodillas pero sentada sobre sus talones. El compañero de Bob, rápidamente se escupió en la yema de los dedos y desaparecieron en el interior del cuerpo de Muriel. Ella siguió con la garganta profunda a Bob pero ahora si que le faltaba el aire. Demasiada actividad en su cuerpo. El compañero de Bob habló algo en africano. El otro se sentó en el sofá con la polla muy erecta, y entre Bob y este compañero pusieron de pie a Muriel y fue penetrada vaginalmente sin más aviso. Muriel se quejó y pedía una y otra vez que fueran menos brutos. Pero sus súplicas caían en saco roto. Bob contemplaba desde la posición de recibir sexo oral como sus dos compañeros se intercambiaban para penetrar duramente a Muriel. Parecía una competición por ver quién le saca el mayor quejido. Después se fueron turnando, Bob siempre siendo el más considerado en sus acciones. Antes de penetrarla le introducía los dedos. Pero no hacía distinción entre ano o vagina. Mientras los otros dos negros, se repartían la boca de ella. Todo fue in crescendo, el ritmo de las embestidas a Muriel, la dureza en la forma de tratarla, el placer en ella y los chicos. De las últimas acciones que hicieron con Muriel fue una doble penetración. Intentaron la triple, pero sus agujeros no daban para más. Ese momento fue el clímax para los chicos. Muriel se debatía entre el placer, el dolor y el sentimiento de humillación y desprecio hacia su persona. Según fue llegando el momento de la corrida de los chicos, se fueron turnando para no dejar de follarla y poder hacerle una corrida facial los 3. Agotada, los tres negros se pusieron a su alrededor y llenaron su cara de semen. Ella abrió la boca por si alguno le apetecía cambiar de opinión. Pero ninguno de los tres la hizo caso. Todos fueron a correrse sobre su cara. Incluso alguno le cerró la boca con la mano. Las corridas fueron muy potentes y surgidas entre gemidos que les salían a los chicos desde las entrañas. La fuerza de la África salvaje estaba siendo reflejada en la cara de Muriel. Que no pudo quitarse el semen de los tres hasta que no se resecó sobre su cara. Ya que Bob en medio de la vorágine de placer y uso sin medida de los agujeros de Muriel, le colocó unos grilletes en las manos que iban atados a otros en los pies.

Autor: Touluose Categoría: Sexo Interracial

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