Relatos Eróticos de Sexo Gay


¡PRUEBA LA NUEVA WEB: EROTISMOSINTABÚ!


Me gustaba él y lo sorprendí con mi mujer (1)

2019-10-14


En el invierno de ese año el clima había sido muy frío durante las dos semanas habituales en que baja algo la temperatura. Lo que habitualmente es una época refrescante en 15 días de noviembre y lo mismo en 15 días de febrero, se convirtió en verdaderos inviernos polares. Hasta el suelo se había congelado. El trabajo en el campo de golf había sido lento, sobre todo en la limpieza y el mantenimiento de la maquinaria, asegurándose de que todo estuviera bien para cuando el tiempo mejorara. El chico nuevo, Fabricio, al que le llamamos no sé por qué Fabri —si no es por acortarlo—, tiene 19 años de edad, mantenía las plantas vivas. Fabri era el nuevo blanco de los chistes de los demás, pero no era una un tipo de persona que se encogiera cuando sin darse cuenta encerró al jefe en su oficinas, tras desconectar la calefacción durante una tarde entera. Tuvieron que buscarlo porque el jefe llamaba por su móvil a todos para que le abrieran, pero Fabri se hallaba, al ser viernes, en la Politécnica para su clase habitual de un día a la semana. Ni se inmutó cuando regresó de clase para cerrar todas las demás puertas. El jefe no pudo decirle nada porque el muchacho era así, cumplía con su deber. Iba a comenzar el campeonato de Golf que se celebra cada año que patrocina el Ayuntamiento de la ciudad. De nuevo era viernes y todo el mundo había estado rematando los últimos detalles en las faenas asignadas. Dieron las 11 de la mañana, hora programada para pasar revista, se presentó don Leopoldo Miró, el jefe, llamó a todo el mundo para asegurarse que todo estaba a punto para el campeonato que comenzaba al día siguiente, sábado, y todo el equipo estuvimos dándole los pormenores de nuestras ocupaciones. Es verdad que habíamos trabajado toda la semana a conciencia y, al darse cuenta de todo, se percató de que no faltaba detalle, que todo estaba hecho y en orden, entonces gritó satisfecho: —Chicos, si todo está hecho, podéis tomaros el resto del día libre, os veré de nuevo aquí mañana en la mañana; todo comienza a las 10 de la mañana como sabéis, pero nosotros estaremos aquí… Todos contestamos a coro: — A las 7 en punto. — Perfecto, cada uno en su puesto. Ahora a casa y a descansar, dijo el jefe. Cada uno se fue por sus medios a su casa. A mí nunca se me escapan los detalles. Llegando tan pronto a casa, decidí pasar por la floristería y traerle unas flores a Mariluz, mi esposa. Mariluz es muy delicada conmigo y también tiene buenos detalles conmigo, como aquel que me había preparado la semana anterior, una fiesta para celebrar mi trigésimo cumpleaños, ella misma había cumplido treinta años dos meses antes, pero estábamos tan ocupados que lo celebramos con su familia, uniendo la celebración suya y mía para más gente. Tanto ella como mis familiares estuvieron en la fiesta, también todos nuestros amigos, entre ellos algunos de los chicos del trabajo y se presentaron. Fue una gran noche, todos parecían haber disfrutado, especialmente mi esposa, bailando toda la noche. Salí de la floristería con las flores, las metí en el coche y me dirigí a casa. Entonces me di cuenta de que había un coche aparcado junto al frente de mi casa, pensé que podría ser un mensajero que estuviera entregando algún paquete por las casas de alrededor o que tal vez uno de los vecinos tenía familiares o amigos de visita, ya que no reconocía el coche, pasé de largo hasta la rotonda y di la vuelta para estacionarme delante de mi casa, junto a mi acera. Llegué intrigado y aparqué, en un espacio que había como 10 metros adelante. Al bajar del coche con el ramo en la mano y caminando por la acera, miré y vi que el auto de mi esposa estaba estacionado en su lugar habitual, luego estaba en casa. A la vez miré a las ventanas y noté que las cortinas del salón estaban cerradas, lo cual era inusual para esa hora del día. Al entrar en la casa supe inmediatamente que algo andaba mal, había un par de botas de hombre en el pasillo y no eran mías, también oí un gemido bajo y un gruñido, los pelos de la nuca se me erizaron. Dejé las flores en la mesita del recibidor, mientras escuchaba unos genios raros. Mariluz y yo solíamos ver porno juntos añadiendo algo a nuestras vidas sexuales, incluso me dijo que había aprendido mucho con un consolador que yo mismo le había comprado para cuando yo no estuviera en casa, mientras veía porno, pero esto era diferente, estos eran los sonidos inconfundibles de mi esposa teniendo sexo con otra persona y por los sonidos de ellos, él o ella tenía a mi esposa muy cerca del clímax. La cólera y el miedo afloraron en mí al mismo tiempo. Me quedé allí casi atravesado por algo en mi pecho, como si fuera un sueño o no fuera real lo que escuchaba. Por un momento deseé irrumpir abruptamente y enfrentarme a ellos o a lo que fuera aquello, pero al mismo tiempo también pensaba en dar la vuelta y simplemente alejarme para no enterarme de nada que me pudiera perjudicar. Llegué silenciosamente hasta la puerta de la sala de estar, con la mano extendida, empujé suave y silenciosamente la manilla hacia abajo, abrí la puerta lentamente y entré en el salón. Lo que vi allí cambió mi vida totalmente y para siempre, pero nunca pensé que sucedería en mi matrimonio nada de lo que estaba viendo. Allí estaba, tumbada boca abajo y desnuda, apoyándose sobre la mesa de café, arrodillada en el suelo sobre una alfombra…, era Mariluz, mi esposa ya durante seis años, sus pechos aplastados contra el cristal, sus manos extendidas delante de ella, sosteniéndose de las patas opuestas de la mesa. Detrás de ella y inclinado por sus caderas y volcado encima de ella había un tipo medio moldeado, con el culo al aire y su espalda desnuda, su polla enterrada en lo más profundo del culo de mi esposa, follándosela con largos y lentos golpes. ¡¡La follaba por el culo!! Mariluz y su amante estaban de cara a la pared opuesta de la puerta hacia otro lado de la puerta, ella mirando al suelo a través del cristal de la mesa y el tío aquel mordisqueándole el cuello mientras la estaba follando. Obviamente ni me habían oído entrar ni me había visto. Yo estaba sorprendido de mí mismo, en lugar de enfrentarme a ellos a golpes, pues los tenía a mano, me encontré colocándole suavemente un poco más hacia el lateral, y me coloqué casi justo detrás de ellos, pero a su izquierda porque ellos tenía sus caras más inclinadas a su derecha. Entonces pude ver bien que no sólo la polla de su amante entraba y salía del culo de Mariluz, sino que sus huesos huevos golpeaban contra el jugoso culode Mariluz, pero además, ahora podía ver el consolador que le comprado clavado en su chocho, sacando de su coño sus jugos femeninos. En ese momento, por un breve instante me olvidé de que aquella puta era mi esposa y me interesé por el tío de la larga y gruesa polla morena que entraba y salía del aquel culo; esa polla, incluso estando cubierta con los jugos anales de mi esposa, se veía hermosa mientras se movía hacia adentro y hacia afuera, brillando, y mi propia polla se movía en mis pantalones solo de verla entrar y salir con tanta fuerza y majestad. Me vi incapaz de moverme o incluso de hablar, viendo como este tipo con su polla carnosa tomaba a mi esposa profundamente por el culo. Cuando Mariluz explotó con un grito gutural repentino, recobré el sentido común, ella estaba en el clímax, temblando, empujando más hacia atrás para que la penetrara más profundamente, y la polla de aquel hombre golpeaba más rápido y más fuerte hasta que él también llegó al cenit de su orgasmo, sacando de aquel culo femenino pero muy abierto su polla fácilmente de unos 22 cms. de largo, arrojando espermatozoides por todo el culo y la espalda de la mujer. No sé por qué me vino un arranque natural y empecé a aplaudir. Ss dos cabezas giraron de cara a mí y me miraban con absoluto terror en sus ojos, se desenredaron, se movían rápida y torpemente hacia un sofá, tratando de ocultar su inmodestia, pero yo seguía aplaudiendo. Mi esposa decía algo, pero no la escuché porque en ese momento preciso me di cuenta de quién se había estado follando a mi esposa y de quién era la polla que se le caía mirando al suelo, encogida todavía que daba unos 18 centímetros de largo. Se trataba de Fabri, nuestro nuevo aprendiz de jardinero del campo de golf, el chico de diecinueve años. Hice que el jefe despidiera a Fabri del trabajo, pero ni esto ni el arrepentimiento mil veces manifestado constantemente de mi esposa pudieron hacer disminuir mi sentimiento de pérdida y la traición durante los siguientes tres meses. No sabía como resolverlo, solo pude mantenerme muy ocupado con mi trabajo, me encontré también un nuevo pasatiempo que consistía en caminar, conducía hasta un lugar afuera de la población y desde allí caminaba durante horas, kilómetros y kilómetros por la campiña. Nuestro matrimonio se mantenía unido simplemente por el hecho de que todavía amaba profundamente a Mariluz, y esperaba que algún día quizá la podría perdonar, quizá entonces podríamos rehacer nuestra vida y continuar juntos para seguir adelante y hacer algo para un nuevo comienzo, uno en el que hubiera total sinceridad y completa honestidad, me estaba preparando para darle una oportunidad, mientras tanto me consideraba viudo con una puta por dentro de casa que me daba asco usar. El jefe me mandó a un seminario en Barcelona sobre Gestión de un campo de golf, ese año se simultaneaba con otro curso de Starter y Marshall. Sabía que entre las dos cosas que ya se hacían a horas diferentes estaría muy ocupado. Vi que también había otros cursos a la vez, como uno de Trepa, poda y tratamiento de palmeras. Llegué al hotel un miércoles justo después del mediodía, guardé mis cosas en la habitación, y me senté pensando cuando fue la última vez que había estado en un seminario de este tipo. Habían pasado dos años desde mi último curso de actualización cuando vine con mi actual jefe, así que decidí aprovechar la oportunidad para ponerme al día con las últimas tecnologías, equipos y procedimientos, pero sobre todo porque el hotel estaba al lado de un enorme terreno, con su fabuloso campo de golf y senderos para caminantes, con lo que decidí aprovechar los momentos libres para mi nueva actividad, caminar, ahora con la oportunidad de hacerlo en un entorno de una belleza asombrosa. La mayoría de las caminatas que iba a hacer habían sido planeadas antes de viajar, así que después de entregar mi ficha y organizar mis horarios entre ambos cursos, el de Gestión y el seminario de Starter y Marshall, me puse de deporte para mi primera caminata caminata y a punto de salir del hotel, escuché una voz familiar, miré tras de mí y me encontré cara a cara con Fabri. En ese momento necesité toda mi fuerza interior para no pegarle un puñetazo en toda su maldita cara, no lo hice no sé por qué, lo que hice fue preguntarle: — ¿Qué haces aquí, no has hecho suficiente daño? Me contestó: — Por eso estoy aquí, me enteré de que estabas en este curso, así que me inscribí en el de cuidado de palmeras para coincidir contigo porque necesito desesperadamente hablar contigo, desde que hiciste que me despidieran has ignorado mis llamadas, entonces pensé que esta sería la mejor manera de verte. — Mira, yo voy a dar un paseo, —le dije. Fabri contestó: — Está bien, caminaré contigo, me vendría bien uno después de ese viaje de tres horas. Por mi cabeza habían pasado en los últimos tres meses todo tipo de pensamientos, me encontré a mí mismo repasando una y otra vez la escena con la que me encontré aquel día en el salón de mi casa, pero lo que seguía saliendo a la luz era mi atracción por la polla de Fabri, cómo deseaba obtener acceso y agarrarme a ella, cómo quería pedirle queme follara mí para que yo disfrutara de la sensación de tener la polla dura de otro chico en mi mano mientras me la masturbaba. — Bueno, no puedes caminar con esa ropa, —le dije, estaba vestido con pantalones, zapatos de cuero fino y una camisa de lino de diseño. — Me cambiaré, no tardaré mucho, por favor, espérame aquí, —contestó Fabri. No entendí como accedí que viniera conmigo y que le esperara, pero lo hice. Fabri regresó unos diez minutos más tarde, vestido con pantalones cortos de algodón gris y sueltos y una camiseta de gimnasia, sus zapatillas parecían viejas y obviamente no eran puro cuero, tenían algo de tela. —Estoy listo, —dijo Fabri. Salimos del hotel y no mucho después de encontrar la pista que quería seguir, empezamos a hablar mientras caminábamos. Fabri fue el que hablaba sin parar, me explicó que era bisexual, pero que en su mayoría disfrutaba del sexo gay, y que cuando llegaba al club de golf, me encontraba atractivo, pero nunca decía nada, incluso cuando se daba cuenta de que lo miraba cuando se cambiaba, que al parecer le miraba la polla. Me dijo que tenía una idea de que estaba negando mi sexualidad y que secretamente quería explorar el sexo masculino, que durante una de las mañanas en el trabajo, me pilló mirando una de sus revistas gay mientras estaba en mi descanso, sintiéndome a mí mismo a través de mis pantalones, y luego sacándome la polla y masturbándome, echando toda mi eyaculación por toda la portada, antes de poner la de nuevo en su bolso. También me dijo que la única razón por la que se cogió a mi esposa fue por la frustración de no recibir ninguna atención sexual de mí, ¡joder!, que la oportunidad se presentó para follarla, en mi fiesta de cumpleaños. Mariluz había bailado con él muy pegaditos. Sintiendo ella el empuje de su palla, lo seguía medio cabreada, arriba y abajo, hasta que consiguió que él se dejara hacer una mamada en el baño. Me dijo también que después de rogarle ella que se la follara allí mismo, lo quiso y tampoco cuando se lo llevó a mi casa y le volvió a invitar que la follara allí en el baño, pero añadía cada momento que él sólo le daba por el culo a las mujeres, pero que no era el momento de hacerlo. Intercambiaron números de teléfono, y se las arreglaron para que él llamara al viernes siguiente cuando se suponía que iba a estar en la universidad. Fabri continuó diciéndome, cómo había llegado a mi casa sólo treinta minutos antes de que yo los encontrara follando, Mariluz lo había llamado por teléfono y le dijo que estaba esperando, que ya estaba caliente y cachonda. Cuando él llegó allí, Fabri entró y de inmediato vio a mi esposa desnuda, se sentó en el sofá dominando con el consolador, y que luego ayudó a Mariluz a correrse, follando con ella con el consolador mientras ella le chupaba la polla, moviéndola a la mesa antes de que finalmente la empalara por detrás…: —Ya sabes el resto, —concluyó su explicación. Toda esta charla de sexo me había puesto duro y caliente, especialmente la idea de que Fabri supiera que me había estado masturbando con su revista porno. Acabábamos de subir una colina y ahora estábamos entrando en un denso bosque. Fue entonces cuando me dirigí a Fabri y le dije: — Fabri, tenías razón, yo también me he sentido y me siento atraído por los hombres y cuando era joven por los niños, pero nunca he hecho nada al respecto, supongo que siguiendo el patrón habitual de la sexualidad de la sociedad, pero ahora mismo y aquí contigo, me siento atraído mucho por ti, me has puesto con tu cháchara muy cachondo. Fabri se detuvo y agarró mi brazo, yo me detuve y me giré, se acercó sin decir una palabra, agarró mi otro brazo, me acercó, nuestros rostros se separaron unos centímetros, se acercó aún más, sus labios tocaron los míos, su suavidad presionando mis labios me encendió y nos besamos; nuestras bocas comenzaron a explorarse una a la otra, mis manos agarraron a Fabri por su cintura y espalda. Seguimos besándonos, su lengua entró en mi boca, buscando la mía, nuestro deseo se volvió más ferviente. Las manos de Fabri moviéndose hacia abajo pasaron por mis brazos y por mi espalda, apretándome y tirando de mí hacia sí a medida que nuestro beso se volvía voraz, moví mi mano derecha hacia abajo y entre nosotros, agarrándome de su creciente erección a través de sus calzoncillos. Nos separamos, Fabri me alejó un poco: — Quítatelos, quítatelos, luego quítame los pantalones, pero primero quiero que te desnudes. Me quedé allí mirando a mi alrededor, buscando a la gente o el sonido de la gente, luego procedí a desnudarme, quitándome la mitad superior de mi ropa primero, revelando mi pecho musculoso y mi estómago plano, un rastro de pelo que bajaba desde mi ombligo y se mentira abajo por dentro de mis pantalones. Fabri me sostuvo mientras me quitaba las botas, luego mis pantalones y mi ropa interior al mismo tiempo, mi polla de 17,7 cms., incircuncisa, caía hacia adelante. —Ponte las botas, —dijo Fabri. Yo estaba allí desnudo, pero me lo dijo para salvar los calcetines con las botas. La verdad es que ya ahora, delante de Fabri, en una zona boscosa, ya no me importaba nada, yo estaba muy caliente. — Ahora quítame los pantalones, —dijo Fabri. Me adelanté y me agaché, agarré la parte superior de sus pantalones y los bajé, sabía lo que había dentro, porque había visto su polla dos veces antes, una en el trabajo y otra metida en el culo de mi esposa Mariluz. Pero cuando bajé sus calzoncillos, aún así fue un poco chocante cuando su polla saltó hacia mi cara, su polla parecía más grande, mucho más grande de lo que recordaba, pero también se veía muy hermosa. Fabri colocó sus manos sobre la parte superior de mi cabeza, yo ya supe lo que quería y no perdí tiempo en dárselo, abrí la boca y saqué la lengua, dejándole mover la cabeza hacia su impresionante hombría, mi lengua entró en contacto con su polla por primera vez, luego empecé a lamer y deslizar mi lengua sobre su cabeza de bulbosa polla, saboreando su presemen cada vez que ponía mi lengua sobre su hendidura. Tomándome mi tiempo, poco a poco me la metí completamente en mi boca, sintiendo cada pulgada deslizarse sobre mi lengua a medida que yo la iba chupando, la estaba chupando muy rápido, gustando de su pene las palpitaciones dentro de mi boca. Fabri gemía de gusto a medida que mi nueva habilidad para chupar pollas se hacía más y más intensa. — Fabri —dije mientras me ayudaba a levantarme—. Yo no quería parar, no quería parar, no me cansaba de su polla, pero él me levantó, me dio la vuelta y me dijo: —Inclínate hacia adelante y agárrate del árbol. Lo hice. Me separó las piernas, luego sentí su aliento cálido en las nalgas de mi culo mientras se acuclillaba detrás de mí. Sus manos agarraban las nalgas de mi culo, tirando de ellas como si las quisiera arrancar. Su cálido aliento fue reemplazado por su jugosa boca caliente mientras besaba y lamía mi culo. Su lengua se deslizaba cada vez más cerca del agujero de mi trasero, luego la puso sobre él, lamiéndolo suavemente y sin cesar, sondeando mi antro. ¡Se sentía como algo divino!, sus dedos estaban hurgando en la entrada de mi culo juntamente así con en su lengua. Un dedo se deslizó fácilmente, su lengua lamía su dedo y vuelta a entrar dejando cada vez mi trasero más abierto; luego jugaba con otro dedo más, esta vez hubo un poco más de resistencia por mi parte, pero aún así presionó hasta que ambos me estaban penetrando, entrando y saliendo, entrando y saliendo sin parar, me sentía deliciosamente follado por dos dedos, y ya así ansiaba que me follara de verdad. Fabri se levantó para ponerse de pie detrás de mí, con la boca al lado de mi oreja: — ¿Quieres que sea de verdad? —Oí a Fabri susurrar—: ¿Quieres que te folle como me follé a tu mujer Mariluz? Sólo tuve una respuesta: —Oh,¡ joder!, sí, por supuesto que lo deseo. Estaba tan excitado que un grupo entero de caminantes podría haber pasado por allí y seguir queriendo que me follaran enfrente de ellos. Cuando me la metió, no fue lento como se dice en los relatos eróticos o en el porno, no, fue repentino, de una sola estacada me penetró su polla, enviándome dolores punzantes por todo el cuerpo. Fabri se detuvo, sólo unos segundos pero lo suficiente para que el dolor disminuyera un poco, pero luego volvió a empujar hacia adelante, y ya tenía un tercio de su polla dentro de mi culo, de nuevo se detuvo. — Estás bien, ¿quieres que me detenga? —dijo Fabri. — ¡Joder!, no, lo quiero del todo dentro de mí, quiero que me jodas y me metas hasta los huevos, —contesté silenciosamente a causa del dolor. Envolvió sus brazos alrededor de la cintura y el pecho, como si fuera un oso que me abrazaba, me sacaba su polla un poco, pero de nuevo la sensación fue mejorando, el dolor casi desapareció, empezó a entrar y a salir un poco más, hasta que su polla se deslizaba en lo más profundo de mis entrañas, la sensación fue totalmente abrumadora, sentía yo su polla como si fuera parte de mí, Fabri follándome lo sentía como si ambos fuéramos uno solo. El empuje de Fabri estaba creciendo, yo estaba retrocediendo sobre él tal como lo había visto hacer a mi esposa, cuando Fabri había estado follando su apretado trasero, él se agachó y me agarró la polla mientras continuaba su empuje, haciéndome la paja al mismo ritmo que me estaba follando. Llegó un momento en que me estaba golpeando tan fuerte que su mano tiró furiosamente en mi polla, y no pasó mucho tiempo y yo ya estaba disparando mi semen por todo el tronco del árbol. Ese gruñido familiar que había oído tres meses antes se hacía más fuerte en mi oído, hasta que se estrelló contra mí una última vez, volcándose encima de mí. Sus escalofríos durante su clímax continuaban siendo electrizantes, entonces se inclinó hacia atrás sosteniendo mis hombros mientras bombeaba fuerte y profundo mi culo con su enorme polla hasta que se sació totalmente. Eyaculando todo su esperma dentro de mí, volvió a inclinarse encima de mí y giró mi cabeza, volvimos a besarnos, esta vez como lo hacen los amantes, suavemente y con sentimiento, me di la vuelta besándolo todavía mientras nos abrazábamos, su polla salió de mi culo, su mano izquierda acariciando mis nalgas, un dedo entrando en mi culo, pero esta vez lenta y gentilmente. Fabri levantó la mano y la sostuvo hasta que llegó a mi boca, insertándome el dedo dentro de la boca, pude gustar algo de su propio esperma y lamí otra vez el dedo y me besó para contagiarse del sabor a su esperma que tenía mi boca.. — ¿Cuándo repetimos esto? — Por mí cuando quieras, pero si no te molesta, ¿no podría ser un trío con Mariluz? — Me gustaría también, —dije. No me fue difícil hablar con mi esposa y accedió a participar en un trio. Esa misma noche mi esposa y yo tuvimos un sexo diferente, fue mas natural y algo tenía de salvaje. Cuando vino Fabri a casa, lo habíamos invitado a cenar, estaba algo nervioso. Lo recibí con un beso en la boca y lo mismo hizo Sara. La cena y la sobremesa fue muy dialogada y trató sobre nuestro trabajo y el estudio de Fabri. Eso centró nuestra amistad y confianza. Llegado el momento fuimos a la habitación. Insinué a Fabri que me desnudara y lo comenzó a hacer mientras Sara lo desnudaba a él. Nos acariciamos y nos dirigimos a mi esposa para desnudarla entre los dos, llenándola de besos. Continuará…

Autor: janpaul Categoría: Sexo Gay

Leer relato »

Después de desvirgarme, fui la putita del capitán

2019-10-13


Llevaba casi un mes siendo follado por mi capitán, después de haberme desvirgado en su cuarto de la compañía donde yo estaba realizando el servicio militar. Después de aquel día, volvió a darme por el culo varias veces más, además de ser su asistente, era su putita particular. Mi culo ya estaba acostumbrado a su gorda polla y no había semana que no me follara varias veces. A mí aquello me encantaba, tenía un macho que me daba verga, después de haberme desvirgado e iniciarme en el sexo gay. Mi culo era totalmente de su exclusividad, me dejaba tan pero que tan abierto y satisfecho, que no necesitaba de otras pollas que me dieran por el culo. Hasta que un día, mi capitán me propuso realizar una orgía con varios amigos suyos. Sería en su casa, para lo que me daría todo el fin de semana libre, e iría a dormir a su piso, piso que tenía en Alicante. Por supuesto que no hizo falta que insistiera mucho para convencerme, aunque yo tenía mis dudas y temores, pero si no aceptaba, sabía que mi vida en aquel cuartel iba a ser un infierno. Así que prefería claudicar y dejar que mi capitán hiciese de mí, lo que quisiera. El viernes por la tarde, salí del cuartel rumbo al piso que el capitán tenía en Alicante. Ya sabía donde era el piso, pues ya había estado allí con mi capitán en un par de ocasiones. Iba nervioso y excitado a la vez, sabía que me esperaba el capitán junto a 2 amigos suyos. Cada vez que me iba acercando más al piso donde me esperaban el capitán y sus amigos, un miedo iba recorriendo mi cuerpo, cada vez iba estresándome más y más. Cuando toqué al timbre para que me abrieran el portal del edificio, noté como las piernas me temblaban y un sudor frío, recorría todo mi cuerpo, pero aquello ya no tenía marcha atrás. Cuando me abrieron la puerta del portal, empujé la misma, entrando en el edificio. Iba subiendo para el apartamento del capitán con aquellos nervios que cada vez me atenazaban más, a la vez que según me iba acercando, la excitación que sentía iba en aumento, ya estaba empalmado y mi culito temblaba, no sé si de emoción o de miedo. No conocía a los amigos del capitán, y aunque sentía algo de miedo, estaba intrigado por conocerlos. Cuando llegué a la puerta del apartamento, esta ya estaba abierta, allí me estaba esperando mi capitán. Estaba con el torso desnudo, solo llevaba puesto un pantalón de deportes. Pasa pasa, ya verás lo que te espera dentro. Pasé esperando a que el capitán cerrase la puerta, siendo llevado luego por el capitán hacia la sala donde estaban sus 2 amigos. El capitán venía pegado a mí, con una mano sobándome el culo, a la vez que me decía lo mucho que lo iba a disfrutar. Ya verás maricón como vas a gozar esta noche, hoy tu culito se va a hartar de polla, te vamos a dejar bien preñado y abierto. Nada más entrar en el salón, allí estaban de pie esperándonos sus 2 amigos. Ambos estaban desnudos, solamente llevaban puesto los calzoncillos, notándoseles unos tremendos bultos. Dios, al momento mi cara se enrojeció al ver aquel cuadro. Ambos eran de la edad de mi capitán, uno era alto y fuerte, notándosele un paquete enorme, y el otro era más bajo y con una ligera barriguita, pero su paquete, aunque menos abultado, también me pareció enorme. Sin más preámbulos, el capitán me ordenó que me desnudara, cosa que empecé hacer, viendo como aquellos hombres no me quitaban la vista de encima. Estaba enrojecido y nervioso desnudándome, viendo como aquellos hombres junto a mi capitán terminaban por quitarse los calzoncillos, quedando en pelotas como Dios los trajo al mundo. Pude ver las herramientas que calzaban, viendo como el más alto y fuerte, tenía una polla enorme y gorda, colgándole unas enormes bolas, el otro, aunque algo más bajo, tenía una polla más corta, pero gordísima, joder era la más gruesa de las 3, eso que la de mi capitán era una polla bastante gorda. Una vez me encontré desnudo por completo, poniéndome delante de ellos, el capitán me ordenó ponerme de rodillas. Cosa que obedecí al momento poniéndome cómo me ordenó, quedándome frente a aquellas vergas que me iban a follar aquella tarde noche por todos mis orificios. Me iban a preñar bien preñado y dejarme bien abierto y satisfecho de verga. El primero en meterme la polla en la boca, fue mi capitán, que, sujetándome la cabeza, me ordenó abrir la boca, metiéndome de un empellón su gordo mástil. Joder, ni tiempo me dio a saborear la polla de mi capitán, me la había metido hasta las amígdalas, noté como sus cojones pegaban en mi barbilla y su glande rozaba mi campanilla, haciéndome atragantar salivando por las comisuras de mis labios. Le puse las manos en el pubis, empujándolo para que me sacara la polla de la boca y pudiera respirar. Empecé a toser diciéndole que fuera despacio. Ya maricón, ya, es que me tienes desesperado y no aguantaba más, me dijo metiendo de nuevo su polla en mi boca, pero ahora con más suavidad y dejando que yo fuese tragando poco a poco su gordo mástil. Mientras mamaba la polla de mi capitán, los otros 2 maduros amigos de mi capitán se acercaban uno por cada costado, y mientras el capitán sujetándome con sus manos por la barbilla y nuca me introducía su polla en la boca, los otros 2 llevaban sus manos hacia mí. Uno llevó su mano a mi cabeza revolviéndome el pelo y acercaba su polla para que se la cogiera con mi mano y la acariciara; era la del más bajo de ellos, era la polla más corta, pero la más gorda de las 3, era una polla gordísima. Eché la mano a su entrepierna, empezándole a acariciar los gordos y suaves cojones, empezándole a descapullar la polla mientras le iba acariciando aquellas suaves bolas. El otro maduro que era el más alto y fuerte de ellos, llevando su mano a mi espalda, empezó a acariciármela, para luego ir llevándola a mi pecho, apoderándose de mi pequeño e hinchado pezón, empezando a pellizcarlo y retorcerlo. Como pude llevé mi mano a su entrepierna, empezándole a palpar aquel enorme falo, Estaba circuncidado, de los 3, era el más grande de todos, no era tan gordo como el del otro amigo, pero aquello se notaba enorme, aquello me iba a reventar el culo. Y joder encima tenía unas pelotas gigantescas, si contenían tanto semen como hinchadas y gordas se veían, me iba dejar bien repleto de leche aquel semental. Mi capitán sacándome la polla de la boca, dejó el sitio al maduro más bajo para que le chupara aquella gordísima verga. ¡Dios! Apenas me cabía en la boca, eso que yo tenía unas buenas tragaderas. Abría la boca todo lo que podía, pero no era capaz de chuparle más que la cabeza de esta. Mientras intentaba tragarme todo lo que podía aquel gordísimo mástil, mi capitán poniéndose en el suelo detrás de mí mojó con su boca 2 de sus dedos, llevándolos a la entrada de mi culo, empezando a abrirme el culo, metiéndome sus dedos en él. Noté como mi esfínter se iba dilatando y cediendo, dejando paso a sus 2 dedos, hasta que estos terminaron por entrar por completo dentro de mí. Estuvo abriendo y dilatando mi ano metiendo y sacando sus 2 dedos, hasta que, colocando la punta de su polla en la entrada a mi ano, dio una envestida mientras me sujetaba con sus manos por las caderas, ensartándome toda su polla dentro de mí. Abrí la boca y ojos, notando como la polla de mi capitán me abría el culo, introduciéndose hasta los mismísimos cojones. ¡Ohhh ooohhh ohhh! Gemí murmurando mientras tenía la gordísima polla del amigo en la boca, notando como mi capitán me ensartaba su mástil en lo más profundo de mis entrañas. Dios, notaba los cojones de mi capitán pegados a los míos, y como este manteniéndose pegado a mí, me abrazaba rodeándome con sus brazos por mi abdomen, mientras me gritaba lo maricón y puta que era. ¡Ufff maricón que pedazo de culo que tienes! Te voy a reventar este culito pedazo de maricón, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba introduciendo una y otra vez su polla dentro de mí. Solo se escuchaba gritar al capitán, y el golpeteo de su pelvis y pelotas chocar con mi culo, plof plof plof. Mientras mi cuerpo se bamboleaba a causa de sus envestidas, e iba tragando todo lo que podía la gorda polla de su amigo, y agarrado al enorme falo del otro maduro, el cual no dejaba de pellizcarme y retorcerme el pezón que ahora tenía súper hinchado, enrojecido y sensible. Mientras mi capitán me daba por el culo, los 2 amigos se iban turnando para que les chupase la polla. Si la de uno era gordísima, la del otro era tan pero que tan enorme, que tampoco era capaz de tragarla por completo. Estaba alucinado de los enormes cojones que tenía el de la polla enorme y circuncidada, mientras mi capitán me daba por el culo y el más bajito me torturaba pellizcando el otro pezón, yo no dejaba de acariciar aquellas enormes pelotas del maduro que me introducía una y otra vez su enorme mástil en la boca, intentando que yo tragase por completo aquel enorme falo. No dejaba de acariciar aquellas bolas, notando como mi pobre polla no dejaba de gotear semen, y mi culito se abría cada vez más con las fuertes envestidas que me daba mi capitán. Cerraba los ojos notando como aquellos 3 maduros me hacían suyo aquella tarde noche del viernes. De repente mi capitán que estaba montándome a 4 patas sobre el suelo de la sala, empezó a galoparme más fuerte, mientras entre gruñidos, gritaba que se corría. ¡Ohhh maricón que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh me corro! Me corro, me corro maricón, gritaba clavándome una y otra vez la polla en el culo, empezando a eyacular regándome las entrañas con su esperma, dejándome preñado con su semen. Una vez hubo soltado toda su leche dejándome preñado, su respiración se fue normalizando y su polla fue perdiendo rigidez, sacó su verga de mi culo, dejando este libre para que me enculara uno de sus amigos. Joder maricón que pedazo de culo que tienes, me decía dándome 2 palmadas en él. Eres toda una puta, pero esta noche te vamos a reventar este culito tan bueno que tienes, pedazo de maricón. Bueno ahora que se lo folle el siguiente, pero eso sí, hay que hacerlo con goma, que este culo solo lo follo yo a pelo. Así que ya sabéis, calzaros la verga y todo listo para vosotros, ya veréis que culo más rico se gasta el muy maricón. Mientras yo no dejaba de chupar la enorme polla del más alto y fuerte de ellos, el que tenía la polla más corta y gorda, fue a por unos condones, y luego de dejar varios tirados en el suelo, empezó a ponerse uno, y una vez tuvo su polla enfundada, colocándose detrás mía al igual que me había dado por el culo mi capitán, se arrimó a mí, llevó su mástil a mi ojete, y después de colocar la punta sobre mi esfínter, empezó a empujar sujetándome por las caderas. ¡Dios! Notaba como mi esfínter se iba abriendo y abriendo cada vez más, y aquella polla no terminaba de entrar en mi culo. Notaba mi esfínter dilatado al máximo y aquella gordísima polla no lo terminaba de traspasar. De pronto el maduro que me estaba empezando a sodomizar, sujetándome fuertemente por las caderas, dio un fuerte empellón, tragándome aquella gordísima verga de un solo golpe. ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Grité a la vez que me caían unas lágrimas por los ojos, al sentir como aquella gordísima polla me abría en canal, introduciéndose en mí. Ya maricón, ya está, ya la tienes toda dentro. Buen culito tienes maricón, me decía dándome unos azotes en el culo, esperando a que mi culo terminara de dilatarse y fuese acostumbrándose al grosor de aquel intruso que acababa de invadir mi cuerpo, sodomizándome. Recostado sobre mi espalda, a la vez que me retorcía y pellizcaba mis pezones que estaban hinchados y enrojecidos como fresas maduras, empezó a mover su pelvis, haciendo que se fuese deslizando aquella gordísima polla por mis entrañas, mientras yo chupaba la enorme polla y acariciaba las enormes pelotas del otro amigo de mi capitán, que aquella tarde noche del viernes, me estaban haciendo suyo. Aquella tarde noche, yo era la putita de aquellos 3 maduros. Poco a poco fue incrementando la velocidad el que me estaba dando por el culo. Recostado sobre mi espalda, retorcía y pellizcaba mis pezones, culeándome cada vez más fuerte y a mayor ritmo, mientras me iba diciendo de todo. ¡Ohhh maricón que bueno estás! Que culito tienes cabronazo, te voy a dejar bien preñado y abierto, hijo de puta. Dios que gusto, maricón, ¡ohhh como me gusta este culito! Gritaba sin parar de culearme a toda velocidad, mientras yo con los ojos cerrados, disfrutaba de aquella follada, e intentando tragarme la enorme polla del maduro que me introducía su verga en la boca. En varias ocasiones me había atragantado al haberme metido casi por completo aquella enorme polla en la boca. Notaba como mi boca no paraba de babear cayéndome las babas por la barbilla y comisura de mis labios, y de vez en cuando notaba los bellos púbicos rozarme la nariz, y las enormes pelotas golpearme la barbilla. Notaba como la gorda polla que me daba por el culo, rozaba mi próstata, mantenía mi culo súper abierto, y sus cojones chocaban golpeando mi ano, haciéndome delirar de tanto gusto que estaba sintiendo. De vez en cuando se escuchaba como su polla entraba en mí, pudiendo escuchar el sonido que hacía al entrar, chof, chof chof, y notaba como mi polla se bamboleaba soltando gotas de semen. Aquellos cabrones iban a acabar conmigo. Me iban dejar el culo para el arrastre, y la mandíbula desencajada de tanto chupar las enormes vergas de aquellos 3 maduros. Ahora si que me podían considerar una auténtica puta, ahora era un maricón al servicio de mi capitán y sus vergones amigos. Después de un buen rato de estarme dando por el culo el maduro más viejo y el que tenía la polla más gorda, noté como aceleraba las envestidas, clavaba sus dedos en mis caderas y empezaba a gritar que se corría. ¡Ohhh maricón! Me corro, me corro, gritaba dándome unas fuertes envestidas, haciéndome tragar por completo la enorme polla de su compañero. Dios, me daba tan pero que tan fuerte por el culo, que me había tragado hasta los mismísimos cojones, la enorme verga que me tenía metida en la boca su compañero. Me sujeté fuertemente sobre sus piernas, y abriéndome en vómitos, empecé a soltar babas por la comisura de mis labios, nariz, y a llorarme los ojos. Me había hecho tragar aquella enorme polla llegándome a la tráquea, pensé que me ahogaba al notar como aquella enorme verga entraba por completo en mi boca, quedando mi nariz pegada a sus bellos púbicos y sus enormes pelotas debajo de mi barbilla. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba el que me daba por el culo eyaculando dentro del condón, manteniéndome fuertemente sujetado por mis caderas, clavándome sus dedos mientras terminaba de correrse, soltando todo su esperma, dentro del condón. Una vez terminó de eyacular, dejando que su gorda polla terminase de soltar toda la leche que sus cojones contenían, sacó su verga de mi culo, y pegándome unas palmadas en mis glúteos, me decía lo bueno que estaba, el pedazo de culo que tenía, y lo maricón que era. ¡Ay maricón que pedazo de culo tienes! Decía golpeándome con sus manos los cachetes de mi culo. Como lo vamos a pasar esta noche, cabrón, te vamos a dejar bien preñado y abierto. Yo sujetándome a las piernas del que faltaba por sodomizarme, trataba de recuperar la respiración, después de aquel atragantamiento de verga que había tenido. Notaba mi culo super abierto, después de haberse tragado y ser follado por aquella corta pero gordísima polla, el muy cabrón me había dejado bien abierto el ojete, si se les llega a ocurrir meterme en aquellos momentos los dedos en el ano, casi estoy seguro de que les abría cabido la mano completa. Temblándome las piernas, miraba como el que faltaba por sodomizarme, se agachaba para recoger uno de aquellos condones que su amigo había dejado en el suelo de la sala donde me estaban follando. Mordiendo con los dientes la envoltura, sacó el condón, empezando a ponérselo mientras se iba acercando por detrás de mí. Yo miraba todo lo que iban haciendo, manteniéndome a 4 patas sobre el suelo de la sala. Mi capitán en pelota picada, sentado sobre el sofá, miraba como me follaban sus 2 compañeros. El más bajito ya me había follado, y ahora ataba el condón lleno de esperma, después de haberme dado por el culo. Y el que faltaba por follarme, se acercaba por detrás a mí, Ya se había puesto el condón, y se le veía una enorme y tiesa polla, que, junto a aquellos cojones, asustaba al ver aquella enorme herramienta. Las piernas me temblaban, y el culo lo tenía dolorido y caliente después de las 2 folladas que me habían largado, sobre todo la última que me había dejado el ojete super abierto, después de haberme ensartado aquella gordísima polla. Miraba para la verga que ahora me iba a taladrar el culo, y aunque todavía estaba excitado y caliente, sentía algo de miedo, no sabía si iba a poder aguantar aquella enorme verga, sobre todo después de haber sido follado ya 2 veces, en menos de 30 minutos. Tranquilo maricón, no tiembles que ya verás como vas a disfrutar con la follada que te voy a dar, me decía acariciándome el culo mientras se arrodillaba detrás de mí. Cogiéndome por la cintura me pegó a él, notando como sus enormes pelotas se pegaban a mi culo, y su enorme y largo mástil lo ponía sobre mi espalda, mientras me decía que viera lo que me iba a meter en mi vicioso culo. Mira maricón, mira todo lo que te voy a meter en este culito vicioso que tienes. Todo esto es para ti, te la voy a meter hasta los mismísimos cojones. Vas a gemir y chillar como una perra en celo. Anda, túmbate en el suelo y ábrete de piernas que quiero follarte así echado sobre el suelo. Tumbándome sobre el suelo como me había ordenado, notaba como un hormigueo recorría mi cuerpo al sentir al maduro abrirme de piernas, agarrarme con sus manos por la cintura pegando mi culo a sus genitales. Así maricón, así. Anda levanta un poco el culito para que pueda meterte mejor la verga. Así, así, decía mientras yo levantaba un poco el culo, facilitándole la penetración. Noté como colocaba la punta de su polla en la entrada de mi abierto y dilatado ojete, y poco a poco me iba introduciendo aquella larga y enorme verga en mi culito. ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gemía notando como mi culito era invadido por aquella enorme tranca. ¿Te gusta maricón? Te gusta, ¿eh? Mira cómo gimes. ¡Ufff que gustito! Mira que mojadita tienes la pollita, la tienes toda pringada, maricón, me decía pasando sus manos por mi polla y genitales, mientras me arrimaba tirando por mi abdomen a la vez que me ensartaba la polla invadiendo mi cuerpo. ¡Dios! Aquella verga me llegaba a la boca del estómago. El muy hijo de puta tenía un vergón enorme. Me sentía totalmente invadido por aquella tranca. Una vez me tuvo bien empalado, deslizando sus manos por mi abdomen, las fue llevando hasta mis hombros, y recostándose sobre mi espalda, empezó a darme por el culo. Primero fue moviendo su pelvis poco a poco, notando yo como aquella polla me iba taladrando el culo poco a poco, y como sus enormes pelotas chocaban una y otra vez con mi ano, haciendo que me abriera cada vez más de piernas. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba el maduro recostado sobre mi espalda a la vez que con su boca mordisqueaba mi oreja, mientras me culeaba, dándome por el culo allí tumbado siendo observado por mi capitán y el otro maduro. Se podía escuchar los gritos que daba mientras me sodomizaba, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! El golpeteo de sus pelotas al chocar con mi ano, chof, chof chof, y los gemidos y lamentos que yo daba cada vez que su verga invadía mis entrañas, ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Menuda follada que me estaba dando el muy hijo de puta. Yo no paraba de gimotear, notando como el maduro aquel me daba por el culo, y como mi polla no paraba de gotear semen. Cuando empezó a culearme con mayor rapidez y darme envestidas más profundas, yo empezaba a gritar que me corría. ¡Ohhh! Me corro, me corro, ¡ooohhh! Gritaba yo explotando en un fuerte orgasmo que hizo que mi polla empezara a expulsar semen. ¡Dios! Había largado 4 largos trallazos de esperma, que me habían dejado medio ido. Aún mi polla no había dejado de soltar semen, cuando el maduro gritaba que se corría. ¡Ohhh maricón me corro! Me corro, me corro, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba soltando todo su cargamento de leche en el condón. Una vez hubo eyaculado y de su polla ya no salía nada, después de recuperar y normalizar la respiración, sacó su verga de mi abierto y dolorido culo, y dejándome allí tumbado mientras me recuperaba de la follada que me habían dado, se levantó, retiró el condón de su polla, yendo a tirarlo a la basura. Luego de esta tremenda follada que me dieron y después de limpiarnos y vestirnos, bebimos unas cervezas y charlamos un buen rato, luego los amigos del capitán se marcharon y quedamos solos mi capitán y yo, ya que ambos íbamos a dormir ahí juntos, y donde volvería a ser follado por mi capitán. Podéis escribirme a: [email protected]

Autor: danisampedro91 Categoría: Sexo Gay

Leer relato »

Se corrían en mi cara dormido

2019-10-12


Esto ocurrió en mis años universitarios, donde compartí habitación con dos tíos de mi edad. Uno se llamaba Manuel, el otro Raúl. Les conocí el primer día que llegué a la habitación. Raul era alto y estaba bien en forma. Tenia unos hombros anchos y parecia que siempre estaba en el gimnasio. Mauel, era un poco mas flaco, pero siempre soltaba chistes de sexo y era mas extrovertido y mucho mas cachondo. Pasaron un par de semanas cuando yo no hacia mucho mas que estudiar. Ellos seguian llendo a fiestas y bebiendo a mas no poder. Varias noches llegaron a la habitación totalmente bebidos, tanto que Raúl se equivocó de cama y se tiró encima mio, quedandose dormido casi al momento. Le dije que se moviese, pero no me hizo mucho caso. De hecho, me agarró del abdomen y me acercó, pegando mi culo a su verga, que ahora estaba claramente dura. La frotó unas cuantas veces antes de que me lo quitara de encima y le llevase a su cama. Todo fue un poco mas tranquilo despues de eso pero rllos se distanciaron un poco de mi. Hicieron mas amigos y después de un tiempo pararon de contarme lo que ocurría en sus fiestas y las tias que se tiraban. La verdsd es que no me preocupaba. Pero empezó a ocurrir algo raro después de eso. Yo me despertaba con un sabor extraño en la garganta. Y pensándolo ahora, lo que estaba pasando ndo era obvio, pero entonces, implemente limpiaba mi cara todas las msñanas para quitarme lo que yo pensba que era saliva seca. Fue hacia mediados del curso que me desperté una noche con la polla de Manuel en la boca. El tenia una rodilla a cada lado de mi cabeza y en cuanto se dieron cuenta de que habia despertado, Raul me cogió de la cintura, manteniéndome quieto y Manuel apollo mis brazos contra la cama con solo una mano. Con la otra, se frotó la polla hasta que se corrió en mi cara. Tres hilos de semen blanco, denso y caliente calleron en mi cara. Entonces me soltaron, riéndose y dejandome correr al baño y lavandome la cara. "Que coños estabais haciendo"? Grité desde el baño. Raul rió y le dijo a Manuel, "ya sabia yo que no lo finjia y que de verdad estaba dormido". La realidad es que estaban menos bebido que aquella noche, pero aún habían bebido bastante. Manuel entró en el baño, aun sin pantalones y me habló, "tio, lo llevamos haciendo unas cuantas noches. Además, nos mamas la polla. No solo nos corremos en tu cara, es que las lames y te las metes en la boca. Yo pensaba que estabas despierto y te gustaba". Me giré y les dije que mentian, porque no podia ser verdad, pero en cuanto lo hize, Raúl sacó su movil y me mando tres vídeos. Los miré. En todos, les estaba mamando la polla como un profesional. Parecia casi despierto. En algunas incluso les hacia pajas. Como pude hacer eso dormido? La verdad es que yo ya sabi desde hace tiempo que me gustaban los hombres y habia visto mucho porno. Yo deseaba probar el sabor de una polla desde hacia mucho, y pensar que lo hacia mientras dormia, quizas no era tan irreal. En el último vídeo, una vez terminaban, me quitaban la sábana y me bajaban el pantalón mostrando mi erección. Me avergonzé, pero alguna prte de mi se puso muy cachonda. Raúl se acercó a mi, sin camiseta y enseñando su tableta. "Mira tio, es obvio que te gusta, y a nosotros nos gusta una mamada de vez en cuando, así que podríamos hacerlo para deshaogarnos". Al principio me negué, pero Manuel sabia lo que decir. "Pues ese video que te hemos mandado, se lo podemos mandar a mucha mas gente". Eso es donde terminó la conversación, y unos minutos después, estaba de rodillas y mamandole a Raúl. A partir de esa noche me convertí en su putita. Cada noche que volvian bebidos, probaba su precum. Algunas noches me escupían en la cara y me llamaban puta. La verdad es que me ponia muy canchondo, y en cuanto se iban me masturbaba con el sabor de sus semen o con el olor de su ropa interior que dejaban tirada por el suelo. Después de unas semanas, empezé a ser yo el que lo ofrecía, y ellos empezaron a acostunbrarse a follarme la cara. De hecho, les dejé grabarme unas cuantas veces más. Después de una semana me trajeron un diodo y me dijeron que si no me lo metia en el culo, les mandaban los videos a todo el mundo. Lo empezé a hacer poco en el suelo. Ellos mientras tanto me observaban sentados en la cama o en una silla. Me veían gemir, sudar y retorzerme, y parecia gustarles. "Que tal se siente, putita"? Me preguntó Manuel. "Duele". Respondí entre respiros. "Pues es mas corto que nuestras pollas, así que practica puta. Y a partir de ahora, llamanos amo". Dijo Raúl. "Nos vamos a tomar algo, cuando volvamos, mas vale que te lo puedas meter entero. Esa noche practiqué y de hecho lo conseguí, cuando volvieron me recompensaron con su semen. Unas semanas después, invitarían a un tercer amigo, y me follarían el culo en turnos. Pero eso es una historia para otro momento.

Autor: Alexxx Categoría: Sexo Gay

Leer relato »

El jefe humillado

2019-10-10


Antonio es un cruel directivo de una empresa aficionado a maltratar a sus empleados, pero no sabe que pronto le dará una lección uno de ellos. «Vaya puto desastre», pensó Antonio Quirós mientras repasaba el informe de ventas. El día había comenzado desastrosamente mal. Como cada lunes, la desconexion del fin de semana solía preceder a un torbellino de caos y malas noticias. Tras ocho años ejerciendo como director general del área de negocio de la empresa, debería haberse acostumbrado a aquel nivel de exigencia, especialmente desde que el cabrón del fundador vendiera la inmobiliaria al puto fondo buitre, pero había días en los que no veía el momento de mandarlo todo a tomar por culo. «Pero no puedes -solía decirse para calmar aquellos arrebatos-. Están Rosa y los niños... Estarás aquí atrapado hasta que te pudras...» Había conocido a Rosa poco tiempo después de entrar a trabajar en la empresa, cuando no era más que un simple licenciado en económicas. Ella trabajaba en el departamento de Recursos Humanos y había sido la encargada de hacerle la entrevista. La complicidad había surgido casi al instante y, en menos de un año, ambos estaban saliendo juntos. Antonio había llegado a quererla con el tiempo, al menos a su manera, pero hacía ya tiempo, concretamente desde el nacimiento de Pablo, en que su relación era más propia de dos viejos amigos. «¿Y cuándo habéis sido otra cosa? -se preguntó de pronto-. Tu vida, Antonio... Toda tu vida es una farsa.» Dejó el papel sobre la mesa y se dirigió hacia el espejo del despacho, mirándose a los ojos. El atractivo juvenil que lo había caracterizado años atrás se resistía a abandonarlo, pero a sus cuarenta y cinco años todavía podía vanagloriarse de resultar atractivo. A pesar de los mechones plateados y del leve retroceso en la zona de las entradas, conservaba buena cantidad de pelo. Era cierto que le habían salido arrugas en los ojos y en la frente, así como marcas de expresión en la comisura de los labios, pero aún se mantenía en buena forma, pese a la incipiente barriguita que ocultaba bajo el traje de chaqueta. -Mataría por una raya, joder -dijo en voz alta, mientras se aflojaba un poco el nudo de la corbata. Se había prometido a sí mismo no meterse más mierda durante la semana, pero había días en los que le resultaba particularmente difícil. «Tendré que aguantarme con un puto café», pensó resignado. Lo único bueno que conllevaba el café era el hecho de que alguien se lo trajese. El liderazgo, con todas sus presiones, conllevaba necesariamente la servidumbre de sus empleados y era uno de los pequeños placeres a los que Antonio no habría sido capaz de renunciar. Se sentía poderoso escogiendo a alguien de los departamentos a su cargo y apartándolo de su trabajo expresamente para que le llevase el café. Se sentó en su sillón de respaldo alto, sopesando las múltiples opciones. Se sentía tentado a elegir a algún cargo intermedio, pero se abstuvo. No por miedo, claro. Antonio no le tenía miedo a nadie, pero sabía que aquellos desgraciados con ínfulas de trepar protestarían más que cualquier currito, y ya había tenido que escuchar las quejas de Rosa en casa, por lo mucho que le complicaban la vida aquellas cosas en su departamento. «El de Atención al Cliente -se le ocurrió entonces-. Risitas...» "Risitas" era el apodo que le había puesto a un muchacho que llevaba poco tiempo en la empresa. No tenía ni idea de cómo se llamaba en realidad, al igual que sus compañeros de Atención al cliente, le importaba un bledo quién fuera. Sólo era otra rata que trabajaba de ocho a ocho por mil euros de mierda. -Miguel López -murmuró al encontrarlo en la base de datos de la empresa. Tenía veintitrés años y acababa de firmar una prórroga en su contrato por seis meses más, según decía el archivo. Antonio se fijó en la foto, estudiando aquellos rasgos-. No está mal el niñato... Le había llamado la atención desde que se cruzase por primera vez con él en los pasillos. Rosa le había hecho la entrevista, igual que a media plantilla, y había comentado que parecía un chico bastante despierto y educado, pero esos no eran los atributos que interesaban a su marido. El muchacho era alto y espigado, más fibroso que musculado a juzgar por lo que dejaba entrever la camiseta barata y los vaqueros con los que solía ir a trabajar. Antonio se había sorprendido a sí mismo mirándole el culo cuando ambos subían juntos por las escaleras. Estaba seguro de que era maricón, y de buena gana se lo habría llevado a la cama si se hubiese atrevido. Sin embargo, Risitas tenía algo que no terminaba de gustarle. Cuando se cruzaban le saludaba y sonreía con la cortesía debida para alguien tan inferior a él en la jerarquía y posición social, pero no era la sonrisa babosa y servicial que acostumbraba a brindarle el resto de la plantilla, siempre deseosa de ganarse su favor. Aquel niñato le sonreía con un punto de insolencia, casi de diversión, como si supiese un chiste divertidísimo que no compartía con nadie más. Decidido, Antonio le escribió al skype empresarial. "Miguel, tráeme un café. Italiano, muy cargado y con un cuarto de terrón." El mensaje era claro y conciso, aunque Antonio no pudo evitar sonreír al imaginarse al niñato yendo a correr a toda prisa a la cocina para partir un terrón de azúcar en cuatro partes. Era posible que no tuviese ni idea de cómo era un café italiano. Esperaba una respuesta inmediata, pero aunque el chico aparecía en línea, nadie le respondió. Aquello le alteró. No era habitual que un empleado se demorase en su respuesta. Aquello lo alteró. Si había algo que Antonio no toleraba eran las muestras de insubordinación, y mucho menos de alguien que parecía reírse de él cada vez que lo veía. «Ese puto maricón de mierda -pensó pasados cinco minutos-. Juro por Dios que como no me responda en tres minutos, tiene la carta de despido en la mesa antes de mediodía. -Dió un golpe en la mesa, tirando la pluma estilográfica al suelo. Antonio suspiró, agachándose a recogerla-. Cálmate... No puedes despedir a nadie por esto... Es el puto mono... Dios, cómo necesito una raya...» Curiosamente, antes de que se cumpliese el plazo, alguien tocó la puerta del despacho. -¿Se puede? -preguntó la voz de un chico joven desde el otro lado. «Risitas...», supo Antonio al instante, sintiendo que el corazón se le aceleraba. Trató de sosegarse de inmediato, carraspeando. ¿Por qué estaba nervioso? Sólo era una rata asalariada más, una a la que podía poner de patitas en la calle con sólo mover un dedo. -Adelante -dijo, poniendo una voz monótona. La puerta se abrió y Miguel López entró en el despacho con paso ufano, casi pavoneándose. Llevaba el pelo largo y despeinado, seguramente por los cascos con los que atendían las llamadas de los clientes. Los ojos, claros y vivaces, miraban lo miraron fijamente y sin apenas parpadear, taladrándolo al igual que lo taladraba aquella sonrisa insolente, de labios gruesos. Por suerte para él, Risitas llevaba una taza de café humeante en ambas manos. -Pensaba que no me habías leído -comentó Antonio-. ¿No te enseñaron en casa que había que responder cuando tus superiores te reclaman? ¿También haces lo mismo con los clientes? -He respondido -repuso el chico, encogiéndose de hombros-. Aquí tiene su café. Risitas dejó el café de forma descuidada sobre la mesa, derramando parte del contenido sobre el platito. -¡Huy! ¡Qué torpe! -dijo sin mucho entusiasmo. -Joder... -Antonio puso los ojos en blanco-. De verdad, ¿era mucho pedir que sirvieses un simple café sin tirarlo? -Pero no ha caído nada sobre la mesa, da igual, ¿no? -preguntó Risitas, aguantándose la risa. -Pero, ¿tú eres gilipollas, chaval? -Antonio empezaba a perder su ya escasa paciencia. El incidente en sí carecía de importancia, pero las maneras de aquel niñato le sacaban de quicio-. ¿Qué quieres? ¿Que me lleve la taza a la boca y me ponga perdido con lo que gotea? Puede que con los trapos con los que te vistes, a tí te da igual, pero este traje vale más que tu casa. Baja a la cocina y trae papel para limpiar el plato inmediatamente. Risitas se quedó inmóvil, pensativo. Antonio permaneció expectante unos segundos aguantándole la mirada. Casi podía escuchar el cerebro del muchacho zumbando a toda velocidad dentro del cráneo, aunque habría dado lo que fuese por saber qué pensaba. «El punto de quiebre», pensó sin mover ni un músculo. Así llamaba al momento en el que alguien debía escoger entre su orgullo y su trabajo. Tanto el empleado como el jefe sabían que, se tomara la decisión que se tomara, no había vuelta atrás. Antonio debía reconocer que el muchacho no carecía de agallas, pero confiaba en que agachase la cabeza tarde o temprano. No obstante, su respuesta lo dejó sin palabras. -¿Y si no quiero? -preguntó con total naturalidad. -¿Cómo has dicho? -preguntó Antonio, enfatizando al máximo la pregunta. Notaba cómo la furia le subía desde el estómago hasta las sienes. Una agresividad a duras penas contenida que evidenciaba que aquel niñato acababa de buscarse un buen lío. Podría haberlo despedido en aquel momento, pero, sin saber por qué, decidió darle otra oportunidad-. No te he oído bien. Me ha parecido entenderte, "ahora mismo, Antonio". -He dicho que no voy a bajar -respondió Risitas, remarcando cada sílaba como si Antonio fuese imbécil-. ¿Te lo repito? NO-VOY-A-BA-JAR. Antonio lo miró con incredulidad un momento, antes de reponerse. Aquel muchacho había elegido orgullo en lugar de trabajo. No se lo podía reprochar, e incluso casi le resultaba admirable tal arrojo, aunque eso no impedía que Antonio fuese a hacer lo imposible para que aquel desgraciado no volviese a trabajar en el sector en su puta vida. -En vista de tu actitud -dijo, manteniéndose sereno-. Estás despedido, Risitas. Haciendo honor al apodo una vez más, Risitas comenzó a reírse. Antonio había dado por hecho aquella posibilidad, pues ahora mismo sentía el alivio de quien se veía libre de un yugo, pero ya se arrepentiría cuando la cuenta bancaria a cero evidenciase la cruda realidad. -No creo que te convenga hacerlo. En aquella ocasión, Antonio fue el que se echó a reír. -¡Esto sí que es nuevo! -exclamó en cuanto se hubo recuperado-. Veamos, voy a picar... ¿Por qué no me conviene? -Tú sabrás, Caramelito. Una palabra, una única palabra fue todo lo que bastó para que Antonio sintiese cómo el corazón se le detenía. Sintió cómo los huevos se le encogían dentro del escroto, al tiempo que se levantaba de un salto del sillón, mirando al chico con los ojos como platos. -Qué... ¿qué has dicho? Risitas ensanchó su sonrisa, dedicándole una mueca casi felina. -Paolo es muy bueno en lo suyo, aunque no muy discreto -le explicó-. Qué casualidad, ¿no? Que de entre todas las putas de Madrid, justo fueses a contratar a mi nuevo compañero de piso. Antonio sintió cómo las piernas le comenzaban a temblar. Por más que lo intentara, era incapaz de hacer o decir nada, si bien su cerebro trabajaba a toda velocidad tratando de buscar desesperadamente una salida. Paolo era un prostituto brasileño que se anunciaba en páginas para adultos. Movido por la curiosidad y deseando escapar de lo anodino de su matrimonio, Antonio había recurrido a él en más de una ocasión, dejándole ingentes sumas de dinero a cambio de su culo, un poco de cariño fingido. Todo dulzura y pretensión, Paolo lo llamaba "Caramelito", algo que en principio le había parecido un poco hortera, pero que había acabado por gustarle. «Esa maldita puta... Lo voy a matar... A los dos -pensó, sin ser capaz de reaccionar-. Pero calma, por mucho que este imbécil sepa, no hay pruebas. Todas las transacciones están hechas con la tarjeta 5 y el número desde el que lo llamé no deja rastro... No tiene forma de demostrar nada.» -No sé de qué me estás hablando, chaval -dijo al final, tratando de aparentar serenidad-. Por si no te has enterado, soy un hombre casado y lo último que se me ocurriría sería contratar los servicios de un... En fin, lo que coño sea el Paolo ese. A mí me suena más bien a un intento de difamación por tu parte, que desde luego no quedará sin una respuesta. Pienso demandarte por calumnias y te juro que me vas a estar pagando hasta que te jubiles. Lejos de amilanarse, Risitas sacó el teléfono móvil. «¿Qué hace?» -Pues para no saber de qué te hablo, aquí se te ve bastante cómodo -dijo Risitas, mostrándole un vídeo desde el aparato. Antonio contempló horrorizado la grabación, en la que se le podía apreciar sodomizando al tal Paolo. Movido por puro acto reflejo, Antonio lanzó la mano para intentar atrapar el móvil, pero el muchacho fue más rápido, apartándolo y retrocediendo hasta una distancia prudencial. -¡Dame eso! -gritó Antonio, fuera de sí-. ¡Que me lo des, hijo de puta! -Alto! -chilló el muchacho, quien por primera vez parecía levemente alterado-. ¡Tengo más copias! Antonio se quedó clavado en el sitio, con la boca abierta. -He guardado varias copias en discos duros en casa -prosiguió el chico-. ¿No pensarías que iba a ser tan imbécil de traer el móvil para que me lo jodas? Puedes despedirme, Caramelito, y tardaré medio minuto en bajar hasta Recursos Humanos y enseñarle el vídeo a Rosa. Creo que no hace falta que te diga lo que pasará a continuación... -Se llevó la mano al mentón, fingiéndose pensativo-. O puedes ser bueno conmigo y yo me encargaré de mantener este vídeo en secreto. Antonio no acertaba a reaccionar. ¿Cómo podía haber sido tan imbécil para dejar que aquel maldito puto lo grabase? Debía haber instalado alguna cámara en algún sitio, el muy cabrón. Pero ahora era tarde para lamentarse por ese hecho, aquel hijo de perra tenía el vídeo, y era lo único que importaba. Antonio sintió cómo un sudor frío le perlaba la frente, al tiempo que le ardían las orejas. «El punto de quiebre -pensó de manera absurda, sin poder evitar sonreír ante lo irónico de la situación. Ahora era aquel niño quien tenía la sartén por el mango, y tenía que reaccionar de inmediato. Podía despedirlo, eso sin duda, a cambio de que aquel mierda le arruinase la vida. Tal vez conservase el trabajo, a costa de ser el hazmerreír de toda la empresa, pero estaba seguro de que Rosa jamás le dejaría ver a los niños-. Orgullo o trabajo -se dijo-. Orgullo o vida.» Y, por primera vez en su vida, Antonio renunció al orgullo. -¿Qué es lo que quieres? -preguntó, agachando la cabeza. Risitas volvió a sonreír con aquella mueca insolente suya. -En primer lugar, quiero firmar un contrato fijo hoy mismo, blindado, y un aumento en mi nómina -pidió-. No demasiado, tranquilo. Dos mil al mes estaría bien. -¿Dos mil? ¿Cómo coño quieres que justifique eso? -¿No eres el director general de negocio? -preguntó Risitas, engolando la voz a modo burlón-. Además, tu mujer trabaja en recursos humanos. No debería ser complicado trampear un poquito la nómina, ¿no crees? También me lo puedes pagar tú en negro, no me importa. Antonio suspiró, pensando que iba a poder salvarse de aquello con dinero. Tendría que derivar una parte de los fondos al salario de aquel hijo de puta, pero era una cantidad ínfima comparada con lo que facturaba la empresa. Aunque lo peor era tener que verle la cara a diario. -Veré lo que puedo hacer -dijo con la voz neutra. -También quiero el doble de vacaciones y una cesta en Navidad, con champagne y jamón ibérico. -Está bien. -Y... -Risitas retrocedió levemente hasta la puerta, echando el pestillo-. Quiero que te bajes los pantalones. -¿Qué? Tú estás zumbado, chaval. -¿De verdad? Venga, Caramelito, tienes mucho que perder si no lo haces. Maldiciéndolo por enésima vez, Antonio se desabrochó el cinturón y el botón del pantalón del traje, dejandolos caer. Llevaba unos boxers blancos que le cubrían hasta el medio muslo. Risitas se llevó la mano al mentón, fingiéndose pensativo de nuevo. -Qué calzoncillos más feos, Caramelito, ¿no te parece? -guardó silencio, esperando a que Antonio respondiese-. Digo que son muy feos, ¿no? -Sí, son muy feos -respondió él de mala gana. -Son muy feos, Amo Miguel -le corrigió-. ¡Venga, puedes decirlo! -Son muy feos, Amo Miguel -repitió él, apretando los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos. -Estoy de acuerdo, por eso te los vas a tener que bajar. -¿Cómo? ¡No! ¡Me niego, chaval! -chilló Antonio horrorizado. Miguel volvió a reír. -Caramelito... No terminas de ser consciente de la situación, ¿no? Estás en mi poder, así que vas a hacer todo lo que yo quiera. Paolo me comentó que tenías un gusanito entre las piernas, y la verdad, tengo curiosidad. Venga, bájatelos. Sabiéndose atrapado, Antonio sintió cómo se le formaba un nudo en la garganta. Su pene había sido su segundo secreto más vergonzoso, aquel que se había atrevido a compartir con las pocas mujeres en las que había estado dispuesto a confiar para el acto amoroso. Había sido testigo de las miradas de incredulidad y ligera decepción de cada amante, mejor o peor disimuladas. Incluso Paolo había hecho lo posible por no reírse, aunque él sabía que por dentro todos estarían pensando que él, Antonio, el macho, el jefe, el triunfador, tenía la colita de un niño. Era consciente de que, si se bajaba los calzoncillos delante de aquel chaval, la poca dignidad que le quedaba desaparecería para siempre. «Gilipollas, ¿qué dignidad? Te tiene totalmente atrapado», dijo una voz en el interior de su cabeza. Con los ojos vidriosos y rojo como un tomate, Antonio se bajó los calzoncillos de un tirón, apresurándose a cubrirse la entrepierna con las manos de manera instintiva. -¿Por qué te tapas, Caramelito? -preguntó Miguel, juguetón-. Venga, ¡manos arriba! Antonio suspiró, retirando las manos lentamente y sin atreverse a mirar hacia abajo para comprobar lo evidente: Su pilila estaba aún más pequeña a causa del miedo, y lo que era peor, la piel sobrante del prepucio le daba un aspecto aún más infantil. Miguel estalló en carcajadas al ver aquella cosita ridícula colgando inerte sobre dos huevecillos del tamaño de canicas, enmarcados por una mata de pelo rizado y negro. -¡Paolo exageraba y todo! -dijo entre risas-. ¡Gusanito es demasiado! ¡Tal vez deberíamos llamarla "pistachito" o "cacahuete"! ¿No te parece? -¿Por qué haces todo esto? -se atrevió a preguntar Antonio, no sin cierta timidez-. No sé... Yo no te he hecho nada, chaval. Todo esto es de ser muy hijo de puta. En ese momento, Miguel se puso algo más serio. -¿Y tú hablas de hijos de puta, Caramelito? Llevo tiempo sabiendo esto, pero nunca he querido hacer nada -le explicó-. Pero después de observarte, te lo mereces. Eres prepotente, cruel, engreído, te crees mejor que nadie y maltratas a tus empleados solo para entretenerte de la mierda de vida que llevas... Mereces que alguien te dé una lección, y me temo que ese alguien voy a ser yo. -Pero, ¿qué más quieres hacer? -Todo lo que me dé la gana -dijo Miguel, encogiéndose de hombros-. Por lo pronto, no eres un hombre, sino un perro. ¡Ladra! -Venga, tío... En serio, ¿qué quieres? ¿Más pasta? Te daré diez mil euros y nos olvidamos del tema, ¿qué te parece? Miguel negó con la cabeza. -Veinte mil... Con todo lo que me has pedido. -No te enteras, Caramelito... No todo en este mundo es la pasta. Desde luego eres como un perro, no tienes sensación de saciedad. Quieres más, y más, y más. ¡Ahora ladra, perro! ¡Ladra o voy a contárselo a su mujer! Antonio se demoró un instante, sin ser capaz de creer que aquel tipo prefiriese humillarlo por el mero placer de humillarlo que el dinero. -Guau -dijo de mala gana. -¡Mas alto! -¡Guau! ¡Guau! -ladró. -¡Buen chico! -dijo Miguel, divertido-. Pero los perros no llevan ropa, y tú todavía tienes bastante encima. ¡Quítatelo todo! Sumiso, Antonio obedeció. Después de haber dejado expuesto su pene, aquello fue relativamente sencillo. Se quitó la americana y se desabrochó la corbata y la camisa, terminando de quitarse la parte de abajo junto con los zapatos hasta quedar totalmente desnudo. -Así estás mucho mejor, perrito. Ahora, quiero que muevas la cola, ¿estás contento de ver a tu amo? ¡Venga, mueve esa colita! -Co... ¿Cómo? Miguel suspiró. -Eres tonto, ¿no? Mueve las caderas y que se menee de un lado al otro... aunque con lo pequeña que es, igual ni se nota. Antonio obedeció, comenzando a moverse como si bailase. La pilila rebotaba en todas direcciones, como la minúscula trompita de un elefante. -¿Ya? -preguntó Antonio al cabo de un minuto. -Sigue. Y así lo mantuvo, minuto a minuto, hasta que las caderas comenzaron a dolerle. -Ya basta... por favor... -Tienes razón, Caramelito -dijo Miguel, impasible-. Bailas tan mal que ni siquiera es divertido... ¡Ya sé! Quiero que te recuestes sobre el escritorio. -¿Todavía más? -gimió Antonio-. ¿Para qué? -Ya que eres un mal hombre y aún peor perro, voy a tener que castigarte. Venga, apóyate sobre el escritorio y pon el culo en pompa. -¿Qué... qué vas a hacer? -Unos azotitos de nada, Caramelito, no te preocupes -Miguel le guiñó un ojo con malicia. A punto de echarse a llorar, Antonio se recostó sobre la mesa de su despacho, sobre la que tantas y tantas veces había hecho y deshecho a su antojo. En cuestión de unos minutos, se había visto convertido en una miseria, un despojo humano que gimoteaba desnudo a merced de un niñato. Miguel se acercó a él, acariciándole las nalgas. -Para ser un cuarentón, casi no tienes vello -comentó antes de pellizcarle el costado-. Aunque estás gordo, ¿eh? ¿Qué es esta lorcilla? Antonio no respondió, tragándose la humillación una vez más mientras su improvisado amo le separaba las nalgas con las manos. -Aquí sí que tienes algo más de pelo -observó, acariciándole el agujero-. No tienes mal coñito. Comenzó a presionar con el dedo, tratando de introducirlo. -¡Eh! -Antonio se incorporó como un resorte-. ¡Eso sí que no! ¡Ahí no! Miguel le dio una colleja. -Eso sí que sí -le dijo tajante-. ¿Desde cuando tienes potestad de decisión, Caramelito? Antonio tuvo que hacer gala de todo su autocontrol para no estrangularlo allí mismo. Pero la cárcel no era un destino hecho para él, de modo que hizo lo posible por contenerse y volvió a tenderse sobre la mesa. -Con cuidado, por favor -pidió-. Nunca me han... ¡Aaaargh! Antes de que terminase la frase, Miguel había hundido el dedo con todas sus fuerzas en la carne virginal de su ano. Notó cómo se desgarraba el culo en dos. Aquella cosa ardía, quemaba en su interior. Intentó forcejear para sacarla, pero Miguel presionaba aún con más fuerza. -Aguanta -le susurró al oído-. Ya no falta mucho. Miguel comenzó a meter y sacar el dedo a toda velocidad, provocándole una de las sensaciones más dolorosas que jamás había experimentado. Privado ya de todo, Antonio se echó a llorar, suplicando que parase. -¡Cállate! -Miguel descargó la otra mano sobre su nalga derecha con todas sus fuerzas-. ¡Te he dicho que aguantes! ¡Sé un hombre! -Sí, Amo... -lloriqueó Antonio, con el culo ardiendo por dentro y por fuera. Miguel descargó otro azote, y otro, y otro más. -Repite conmigo -Volvió a azotarlo- No volveré -Y lo azotó de nuevo- a maltratar -Un nuevo azote-. ¡A mis empleados nunca más! -No... ¡Ay Volveré a maltratar a mis empleados nunca... ¡Au! ¡Más! Pero pese a su obediencia, Miguel continuó azotándolo, al tiempo que lo follaba con el dedo. Antonio perdió la cuenta al azote número veinte, desplomándose en el suelo y arrastrándose, desnudo y patético hacia los pies de su amo. -Por favor... perdóname... Basta -dijo gimoteando-. Basta ya... haré lo que me pidas, pero para... Miguel lo miró desde arriba, observándose el dedo. Al caerse Antonio al suelo, se le había salido del culo de su víctima. -Te he hecho sangre, Caramelito -dijo, mostrándoselo. Tenía la punta roja y brillante-. ¿Qué tal sienta que te rompan el ojete? Bien, ¿verdad? -S... sí, amo -replicó Antonio, tratando de librarse de un nuevo castigo-. Todo... Todo lo que tú quieras... -Bueno, pues creo que has aprendido la lección... Por hoy. -P... ¿¡Por hoy!? Miguel volvió a sonreír con malicia. -Aquí van a cambiar muchas cosas a partir de ahora -le dijo, frotándose los dedos índice y pulgar para eliminar cualquier resto de sangre-. No tienes ni idea de hasta qué punto.

Autor: Zephyr Categoría: Sexo Gay

Leer relato »

Mi primera vez fue con mi primo de 25 años. Yo tenia 7

2019-10-10


Todo empezó cuando nos cambiamos a vivir cerca de la casa de una tia. Yo tenia 7 años y me la pasaba mucho con mis primos que casi todos éramos de la misma edad. Pero había uno que era ya adulto y creo que tenía unos 25 o 27 años. Una vez llegué de la escuela y le pedí permiso a mi mama para ir a la casa de mis primos a jugar, como ya lo mencioné anteriormente ellos vivían unas cuadras de mi casa y ella aceptó. Llegué a la casa de mi tia y mis primos aún no llegaban de la escuela y me dirijí a la recámara de mi primo mayor porque escuche la televisión y ahí estaba mi primo mayor ese que tenía 27 años y me dijo pasa a ver la televisión mientras llegan los demás de la escuela y yo muy inocente me pase y me senté en la cama ya que el estaba acostado. Ya de rato me dice hay!! Me duele mucho mi espalda porque trabaje mucho. no te gustaría ponerme un poco de crema? Y te doy 5 pesos! En aquel entonces era mucho para mí y dije que si muy emocionado. Empecé a ponerle crema en la espalda por unos 5 minutos y me dice ahora ponme en el pecho un poco porque me duele también y le dije que si . Ya de rato me dice ponme más abajo y le ponía más y me dice cercas del ombligo . Yo seguía poniéndole más hasta que se baja el pantalón y se saca su pene ya erecto y a mi me pareció súper grande y lleno de pelos y me dice ahora ponle crema y sobamelo porque me duele también y yo le seguí y ya de rato de repente le salió un líquido blanco a chorros y le digo porque te orinas y me dije no son orines son mecos (esperma) y le preguntó que es eso??y se ríe . se limpia y me da mi dinero y salgo contento a la tienda. Pasaron algunos meses y nos movimos a vivir a otra parte de la ciudad y un día fuimos a visitar a mi tia y creo que había una fiesta o algo la cosa fue que nos quedamos a dormir esa noche y ahí estaba mi primo ese al cual le puse la crema y le dice a mi mama. Tia José se puede quedar conmigo. José soy yo. y mi mama dice claro está bien y recuerdo que nos fuimos a su recámara a dormir y el cerro bien la puerta con seguro y se me hizo raro pero no le tome mucha importancia y nos acostamos y nos pusimos a ver televisión y recuerdo que el se desnudó y solo quedó en ropa interior y me dice que también yo me la quitara y yo muy inocente lo hice. Recuerden que yo tenía 7 y el 27 años. Ya de rato apago la televisión y nos acostamos y de repente comienza a tocarme mi pene y recuerdo que me hace sexo oral y me pongo erecto y me dice ahora tu a mi y yo accedí hacerlo muy inocente y recuerdo que tenía un sabor salado y no me cabía en mi boca y me daba mucho asco y ya de rato se vino en mi boca y casi me vomito y le digo porque te orinas en mi boca y se ría y ya nos vamos a dormir por fin otra vez y recuerdo que me acostado me empieza a poner su pene en mi ano y yo no sabía que hacer y lo dejaba y sentía que me ponía saliva y me lo relpegaba mucho cuando de un trancazo me lo dijo ir todo y me dolió hasta el alma una cosa horrible que nunca lo olvido y me sujeta fuerte y no me dejaban ir y empecé a llorar y me deja ir y salí corriendo de su recámara con un dolor horrible y desde entonces jamás me volví a estar cercas de él.

Autor: Anónimo Categoría: Sexo Gay

Leer relato »

Aceptando mi nuevo gusto culposo

2019-10-09


Han pasado unas semanas desde que terminé seducido y desquintado, la sensación de confusión en mi mente no se va, así como también cierta sensación de arrepentimiento, no he querido contestar sus llamadas, realmente no sabía que pensar, la idea de haber sido penetrado y haberlo disfrutado era algo que estaba entrando de una forma en mi mente que iba en contra de mi idea anterior de lo que debía ser el sexo, pero mi curiosidad jugaba en contra de mi razón, empecé a estar buscando en el internet, a través de diversos sitios, imágenes y videos, así como estar platicando en algunos chats, percatándome, que incluso me excitaba más en mi imaginación el tener sexo con un hombre o travesti que con una mujer y con la idea de volver a ser penetrado. Habiéndome armado de valor, luego de varias masturbaciones con fantasías alimentadas por esos videos, fotos, relatos y platicas hot en los chats, me decido a marcarle a esa persona que me termino metiendo dudas en mi vida, contestando al teléfono prácticamente de inmediato, preguntándome en ese momento, que me había pasado, porque no le contestaba, a lo que le dije yo, había estado pensando muchas cosas, la verdad desde ese día, no estaba completamente en calma mi pensamiento y que si era posible que nos viésemos para poder platicar de lo que paso y ver finalmente si estoy bien o mal, a lo que responde que sí, que si hoy mismo estoy disponible, le respondo afirmativamente, quedándonos de ver a cierta hora en el mismo lugar donde nos vimos la última vez. Una vez colgando el celular, me preparo para salir, me muevo a donde debo de ir, tratando de llegar antes de la hora acordada, yo mismo estoy sorprendido de mi súbita ansiedad por llegar a tiempo y verle nuevamente, no creo haber pasado una sensación así en mi corta vida hasta ese momento, he llegado por fin, me siento en un lugar donde pueda observar bien desde donde llego la vez que nos vimos ahí y a esperar su arribo con bastantes ansias, en esta ocasión llega vestido/a de pantalón color blanco, playera color negro, sus tenis blancos y de gorra, al percatarse de mí, prácticamente acelero su paso a donde estaba yo, me paro para saludarle, llega a darme un beso en la mejilla y me abrazo, a lo que respondo de la misma manera y le pide que tome asiento junto a mí. Comenzamos a platicar, primeramente de como habíamos estado y cosas normales, llegando finalmente al tema del porque estaba ahí, a lo que le digo, que desde ese día, me dejo pensando demasiado, realmente tenia bastantes dudas en mi cabeza y estaba de cierta manera confundido, ya que a mi forma de ver, había perdido algo que consideraba importante, a lo que me toma mi mano y simplemente me dijo, ¿estás seguro que perdiste algo?, le respondo que no lo sé, me pregunta, ¿no fue algo que disfrutaste?, le contesto que si, a lo que me dice, entonces has ganado más bien, ya que has probado una nueva forma de disfrutar para ti, porque no vamos a mi cuarto y vemos que pasa ahí. Un poco temeroso me pongo de pie y me lleva prácticamente de la mano a donde vive, dejándome llevar, llegamos a la puerta, la cual abre y me deja pasar a mi primero, entrando después y cerrando la puerta tras de sí, tomándome de la mano, jalándome hacia el/lla, abrazándome por la cintura y de frente, plantándome un beso que correspondo, al momento de separarnos de ese beso, me dice, deja tus miedos y vamos, este nuevo mundo te va a encantar, le respondo que sí, llevándome al interior de la habitación, me abraza por la espalda y empieza a recorrer con sus manos por todo mi cuerpo por sobre mi ropa, me besa el cuello y me quita la playera, siento cuando pega su pubis contra mis nalgas, como ya se empieza a sentir su verga por encima del pantalón, paso mi mano para atrás y toco esa parte, notando que se está poniendo duro, a lo que se baja el pantalón, dejándome tocarla por encima de su trusa y que se va poniendo más dura al tacto de mi mano, esa sensación me está prendiendo, me desabrocha el cinturón y el pantalón y los deja caer al suelo, dejando únicamente mi bóxer puesto, me inclino para quitarme los zapatos, donde aprovecha para pegarse a mí y restregarme por encima del bóxer su verga, quitándome zapatos y lo demás que faltaba, a lo que le dejo hacer un poco más así, me está gustando esto. Hace que me levante de nuevo y me pone de frente a él, y comenzamos a besarnos nuevamente, donde empieza a tocarme con su manos por todo mi cuerpo, rosando cada parte de mí, es increíble esa sensación de gusto cada que me acaricia, se detiene de besarme y coloca sobre la cama inclinado, dándole la espalda, acto seguido, comienza a besar mi espalda y a ir bajando de poco en poco por ella, pasando sus manos por mi cuerpo y poniendo mucho énfasis en mis nalgas, bajando finalmente mi bóxer y quitándolo del camino, me estoy dejando hacer, estoy gimiendo de placer, baja finalmente a donde comienza a besar mis nalgas y darle algunos mordiscos, lo cual me hace sentir algo extraño pero rico, siento que con sus manos separa mis nalgas y empieza a pasar su lengua entre ellas y por encima de mi ano, que deliciosa sensación, lamia mi anito, de una forma tan deliciosa, empezaba a sentir más y más placer, empezó a meter uno de sus dedos, mi anito ponía algo de resistencia e intentaba con su dedo vencer esa resistencia, hasta que por fin entro, un poco doloroso sí, pero de poco a poco que iba metiéndolo y sacándolo, iba cambiando ese dolor por placer, siento como ahora intenta con dos dedos, a lo cual ya no ofrece tanta resistencia mi culito, logrando meterlos en pocos intentos, vuelve al insistente mete y saca y de vez en cuando los saca para echar otro poco de saliva, está preparando el camino. Después de haber metido sus dedos por unos momentos deliciosos, me levanta y me pone de pie nuevamente frente a frente y nuevamente me besa con grande pasión, yo me dejo hacer, con su mano, toma mi mano y la pone en su verga, a lo que yo empiezo a masajearla por encima de su calzón y lo hago a un lado para tocarla ya directamente, me empieza a llevar a la cama paso a paso y me sienta en ella, acercando su verga a mi cara, sentía un aroma que lejos de repugnarme, me estaba excitando, la agarra con su mano y apunta con su glande hacia mi cara, hago lo que tal vez nunca me hubiera imaginado hacer, la meto en mi boca y empiezo a chuparla, a lo cual empieza a gemir de placer cada que la meto y saco de mi boca, después de esos instantes me detiene, levantándome ligeramente y poniéndome de pie dándole la espalda, pone su verga entre mis nalgas, como aquella primera vez, haciendo que me estremezca de placer, y empieza a subir y bajar por entre ellas, lanza un poco de saliva por entre mis nalgas y me va agachando y restregando su verga nuevamente entre mis nalgas, pone la punta de su verga, en la entrada de mi culo, ya estoy deseando sentirla dentro, empieza a empujar un poco, de poco en poco va metiendo presión, se retira, echa un poco de saliva en mi culo y me imagino que también en su verga, mete sus dedos, y otra vez, vuelve a arremeter, hasta que finalmente, es vencida la resistencia y se abre paso la punta hacia mi interior, provocando que deje escapar un gemido de placer puro al sentirme perforado, esta ocasión se fue hasta dentro, me la metió toda de golpe, se quedó así unos momentos, como esperando a que mi culo lo sintiera por completo, se inclina hacia mí y se acerca a mi oído y es donde me dice, ¿qué se siente el estar en este mundo de placer para ti, dime si no lo estas disfrutando?, me da un beso y empieza a sacarla poco a poco hasta que sale por completo, se levanta de mí y se acomoda nuevamente en mi entrada, dejándomela ir otra vez hasta el fondo y empieza a sacarla y a meterla, empezando a tomar ritmo, está gimiendo también de placer y a decir, ¡que rico culito!, ¡que apretado estas!, estoy gimiendo también de placer, me gusta cómo me está haciendo y esas palabras que me dice, me hacen sentir más excitado. Me la saca un instante, y me hace acostarme en esta ocasión de lado, se acuesta a un lado mío y empieza a acomodar su verga en la entrada de mi culo, metiéndola de lleno provocando un ligero quejido mío y comenzando nuevamente a entrar y salir de forma rítmica y rápida, gimiendo nuevamente de placer ante esto, se está sintiendo tan rico que termino eyaculando sin más, tirando todo sobre la cama, ella sigue bombeándome y diciendo todas esas palabras, anexando también, ¡ya viste como si lo disfrutas!, ¡tu culo es mío!, sigo gimiendo de placer, me sigue bombeando, me sigue dando verga bien rico, mi culo está disfrutando las embestidas que me está dando, está aumentando su ritmo, de pronto me la saca y me pone arriba y empieza a masturbarse enfrente de mí y apunta con su glande a mi pecho, en ese momento dejando salir varios chorros de su caliente semen, dejando ir varios gemidos de satisfacción ante eso y dejándome a mi viendo todo lo que soltó hacia mí, que rico se vino. El/lla se levanta y va por papel de baño, me ayuda a limpiarme los restos de su venida, y se recuesta conmigo y me empieza a besar y a acariciar mi cuerpo, me dice, ¡a partir de ahora, ya no debes de tener duda, solo disfruta de esto, te va a encantar así como hoy y la vez pasada!, metiendo en ese momento sus dedos en mi culo todavía abierto, le contesto que si, así será a partir de ahora y le beso nuevamente, quedamos así un rato recostados, después de un tiempo, me levanto ya para empezar a vestirme y se para detrás de mí, me besa el cuello y me susurra al oído, ¡te veré pronto!, le contesto que sí, termino de vestirme, salgo de ahí y me dirijo finalmente a mi casa, en mi mente se quedan grabadas las escenas y sensaciones, siento que mi culito está palpitando en el camino, y si, nos veríamos pronto nuevamente, ya sin dudas ni temores, empezando a un mundo delicioso. Micifusarm [email protected]

Autor: MicifusARM Categoría: Sexo Gay

Leer relato »

A punto de dar a luz

2019-10-08


Llegó el momento de tener la reunión en el club privado con 8 hombres y yo en el mes 8 y medio de mi embarazo, mi vientre estaba enorme! El último mes había sido muy cansado y cuando me fui del trabajo en ausencia por maternidad agradecí eso porque era ya muy complicado llevar un ritmo normal de trabajo estando tan cambiada físicamente. Sin embargo, mi calentura no disminuyó, me dediqué a tener sexo oral con mis machos y mi esposo y llegado el día me excité solo de pensar que me ofrecería estando tan avanzado mi embarazo a esos hombres que sabían quién era en realidad… Días antes me reuní con Jesús, el hombre que me había introducido al club y me mostró las fotos de los candidatos para que escogiera quienes estarían invitados, me dijo que previamente le había mandado una invitación al evento a todos los miembros del club con una carta menú mía donde había una descripción mía, dos fotos, una vestida y otra desnuda, de manera que ya todos sabían que era gerente de mi trabajo y estaba casada además de estar embrazada en el último trimestre. Escogí a hombres de igual posición a las mía y un par de trainees de un corporativo importante del área farmacéutica para que asistieran a la reunión, todos ellos alrededor de los 35 y muy vergones… Salvo los trainees que tenían 22 años, los demás eran un poco mayor que yo, y las invitaciones fueron enviadas inmediatamente confirmando la selección por parte mía, Jesús insisto en anexar una foto mía actual donde mostrara el estado de mi embarazo y acepté, me tomo algunas en el sillón de su oficina completamente desnuda mostrando mi voluminoso vientre y agregamos un clip de audio donde iba invitando personalmente a cada uno de ellos para que me acompañarán en esa velada especial… Llegó el día y me arregle de acuerdo a la ocasión, pasaron por mi y llegamos a la casa club, al entrar me di cuenta que todos los invitados estaban ya ahí y al verme entrar en la sala me saludaron efusivamente, alagada por la recepción, sonreí satisfecha de saberme tan deseada por aquellos hombres, me senté frente a ellos y brindamos por la ocasión. Me di cuenta que había cámaras en toda la casa y Jesús me comentó que el evento sería transmitido a todos miembros del club en vivo,-seguro mi papá no se perdería la transmisión-, iniciamos con las fotos de rigor para la memoria visual del club, uno a uno de ellos se fueron presentando aprovechamos para ir tomando fotos con todos ellos y en un momento dado sonó la campanita que conocí en la primera reunión a la que a asistí y fue la señal para dejarlos desnudarme y que los fuera desnudando yo… Rápidamente quedé al natural y al ver mi vientre abultado y mis senos crecidos ya por el embarazo… La erección en varios era más que evidente, me sentaron en el sillón y fueron pasando conmigo para que los desnudara. Cada uno de ellos me iba diciendo que me querían coger hasta venirse dentro de mi y me sentí excitada de saberme tan deseada, baje los pantalones de uno de ellos y su enorme verga saltó frente a mi y le di una mamada deliciosa, decidí empezar la velada y me puse de pie de frente a la cámara y llamé a mis hombres para que uno a uno fueran pasando junto a mi y desnuda como estaba le pedía la audiencia del vídeo fuera diciéndome que hacerle a cada uno y se llenó la pantalla de sugerencias de inmediato. Empecé a calentarme mucho y regrese al sillón, me acomodé y abrí mis piernas dejando a todos verme la raja abierta y dije: -Hoy estoy aquí para complacerlos a todos, háganme lo que quieran… Dos de ellos se acercaron y empezaron a acariciarme las tetas y las mamaron con lujuria, Uno más se acercó y me puso de nuevo el collar con la correa en el cuello y dijo: -Aquí tenemos a la gerente de compras del área de caballeros de la tienda más grande de departamentos del país, una mujer caliente que está casada y embarazada y se ofrece en su trabajo a los hombres y hoy viene a ofrecerse en para nuestro placer sin condiciones, verdad perrita? -Dijo Jalándome del collar y haciéndome que me pusiera en cuatro. Todos empezaron a decirme que era una puta descarada y demás linduras...y lo único que lograron fue que me excitara al límite mientras mi hombre me paseaba en cuatro con el collar frente a todos… Me di cuenta entonces que la idea era humillarte antes de cogerme, no tenía problema con eso, de hecho, entre más me decían cosas, más me calentaba… Me llevo alrededor de todos y finalmente me subió al sillón colon si fuera una perrita y me dejó en cuatro lista a recibir a los machos que estaban en la reunión en mi raja velluda que estaba ya abierta por la excitación… Llegó el primero y me dio un par de nalgadas que dejaron mis nalgas rojas, puta! Dijo el en voz alta, ‘eres una puta Mariela… Qué pensarían tus empleados si te vieran así?’. -Que soy lo que todos sospechan: una hembra caliente siempre dispuesta a recibir una buena verga! -dije casi gritando mientras él me seguía nalgueando cada vez más duro, finalmente, mientras gemía yo de placer al recibir sus nalgadas me preguntó: -tienes problema si le enviamos unas fotos tuyas así a tus empleados para que te vean a punto de coger? Volteando a verlo le dije: -adelante! hazlo! pero métemela yaaaa!!! Me empine y con ambas manos me abrí los labios de mi vagina velluda mientras varios de los presentes me sacaban fotos en esa posición. Me di cuenta que esto tendría consecuencias en mi trabajo cuando regresara de la incapacidad por embarazo, pero decidí dejarlo para ese momento, ahora lo que deseaba era ser penetrada porque estaba excitadísima! Rogándole a mí macho en turno, me ofrecí descaradamente a él diciéndole: -méteme la verga ya bien adentro, aquí estoy esperándote para que me llenes de tu semen! Se acercó a mis nalgas y de un solo golpe me metió la verga hasta adentro, gimiendo como loca empecé lentamente a mover las caderas atrás y adelante, el me tomo de los muslos y empezó a moverse rápidamente mientras me pellizcaba las piernas... Mi raja estaba mucho más sensible en mi avanzado estado, un orgasmo intenso me llegó casi de inmediato y gritando: -me vengo!, me vengooo! Lo sentí llenarme de su leche… Se salió de mi vagina y tomó el collar para guiarme como perrita de nuevo… Me llevó lentamente hacia las recámaras seguida por los hombres que iban a poseerme… Acercándose a mí cara, me dio un beso y me dijo en voz baja mientras acariciaba mi espalda: -de verdad no te molesta que enviemos algunas fotos a tus empleados de cómo eres en las intimidad? mira que a partir de ese momento vas a ser vista diferente, te verán como una señora putísima… -Siempre he sabido que varios de mis empleados me ven así, esto solo será la confirmación de sus sospechas, y cuando regrese a trabajar después de dar a luz, varios de ellos seguramente me harán propuestas explícitas… No tengo problema con ello -dije sonriendo. Otro hombre se acercó y me pego boca arriba en la cama abriendo las piernas, me acomodé lo mejor que pude y me penetró profundo mientras apuntaba sus brazos extendidos sobre mi, empezamos a movernos rítmicamente y mientras me cogía me preguntó: -Mariela, te excita saber que tú esposo seguramente está viendo esta orgía a través de la transmisión? -sí, siempre he sido muy caliente, y cuando le dije que vendría a ofrecerme a Uds. en mi actual estado se inquietó bastante, estoy segura lo está disfrutando tanto como yo… -Lo sentí venirse dentro de mí mientras decía mi nombre y me pellizcaba los pezones con rudeza… Uno a uno, los demás hombres fueron pasando a cogerme dejándome su semen dentro de la raja, el último, uno de les trainees, me metí la verga en el ano y después de cogerme por un largo rato así me dio su venida en la cara, acostada como estaba, la cara llena desengrasante y mi raja derramando leche de los demás, terminó la transmisión en video y Jesús se acercó a mí para decirme que las solicitudes de los demás miembros de conocerme en privado se recibían de manera tumultuaria… Mi reunión había resultado un éxito...

Autor: Ejecutiva Mx Categoría: Sexo Gay

Leer relato »

Padre e hijo: Mi oportunidad

2019-10-08


Justo después de mi decimoctavo cumpleaños, noté que mi padre me daba miradas extrañas, luego, unas semanas más tarde, comencé a notar que papá me estaba espiando cuando estaba en la ducha, o desnudo en mi habitación. Nunca olvidaré la primera vez que vi a papá mirándome. Estaba en mi habitación, masturbándome, cuando escuché un sonido viniendo de mi puerta. Miré para encontrar que mi puerta estaba entreabierta y, como pude ver, mi papá se quedó mirándome. Tenía los pantalones caídos alrededor de los tobillos y estaba sacudiendo su gruesa polla de siete pulgadas. No sabía por qué, pero por alguna razón, el pensamiento de mi padre mirándome masturbarme, me excitaba. Rápidamente fingí no darme cuenta, y moví mi propia vara hasta correrme, arrojando mi esperma sobre mi pecho sin pelo. Al día siguiente comencé a buscar imágenes gay en internet. Aprendí mucho de ellos; así que me enganché al sexo gay. En muy poco tiempo, me estaba tocando con los dedos en la ducha. En menos de un mes me había estirado el culo lo suficiente como para aceptar un pene entero. Así que durante unos meses me seguí tocando en la ducha, y papá seguía mirando mi habitación. Finalmente, casi tres meses después de que atrape a mi papá mirándome por primera vez, decidí que quería que papá me follara. Mi oportunidad llegó un sábado temprano por la mañana, cuando mi madre dijo que iría de compras con algunos amigos y que no volvería por al menos cuatro horas. Papá todavía estaba dormido. Tan pronto como mamá se fue, me desnudé rápidamente y me metí en la habitación de mis padres. Papá estaba acostado en la cama matrimonial, todavía dormido y estaba completamente desnudo. Me subí a la cama y me acosté con la suave polla de mi padre tocando mi cara. Moví mi mano y comencé a jugar con la polla de papá, masturbando lentamente su largo pene, tal como me gustaría. Después de un par de minutos, finalmente me armé de valor para comenzar enserio con mi padre. Comencé lamiendo la cabeza de la polla de papá, jugando con la lengua en el pequeño agujero del pene, luego, lamiéndolo , llevé toda la polla de mi padre a mi boca y a mi garganta. Fue entonces cuando papá se despertó. "¡Qué demonios estás haciendo, hijo!" Papá exclamó, sorprendido, pero emocionado de que su hijo le estuviera haciendo una mamada. Por supuesto que no pude responder. Con la enorme polla de papá metida en mi garganta. No saqué su polla de mi boca hasta que papá estuvo a punto de empujarme. Me di la vuelta y me puse de rodillas con el culo frente a papá. "¡Ahora fóllame papá, fóllame!" "Yo... no puedo follarte, eres... eres mi hijo", murmuró papá. "¡Sé que me quieres! Sé que me ves en mi dormitorio. Vamos, papá, quiero que lo hagas. Mamá no estará en casa por horas. Podemos follar todo lo que queramos". "Oh Dios", gimió papá, finalmente cediendo a su pasión. "Te follaré. Justo después de chupar ese pequeño y lindo ano tuyo". Papá se inclinó y comenzó a lamer y chupar ferozmente mi trasero. "Oh sí, ¡Chupa mi culo!" Después de diez minutos de lamidas, papá se detuvo, se levantó de la cama y sacó un poco de lubricante de un cajón de la cómoda. Luego echó una buena cantidad en mi culo. "Ahí. Tu trasero debería estar lo suficientemente lubricado para que yo pueda meter mi polla". Con esa última oración, papá comenzó a meter su polla por mi trasero. Siguió empujando y empujando, y después de unos cinco minutos, papá tenía toda su polla en mi trasero. "¡Ah sí!" Yo gemí. "¡Está toda en mi, papá! Toda tu gran polla está en mi trasero". - REALMENTE me estaba metiendo eso ahora. "¡Ahora fóllame! ¡Fóllame fuerte! ¡Golpea mi culo!" Papá comenzó a entrar y salir de mi trasero, follándome. ¡Se sintió tan bien! Papá continuó golpeándome el culo durante los siguientes treinta minutos, todo el tiempo que gemí suavemente. "Fóllame. Fóllame. Fóllame..." Pero todas las cosas buenas llegan a su fin, y pronto papá tuvo que correrse. "¡Me estoy corriendo! ¡Me estoy corriendo!" Papá gritó, descargando cucharaditas de jugo de hombre en mi trasero. Solo había una cosa que decir: "¿Podemos hacerlo de nuevo?" -El fin- Padre hijo Justo después de mi decimoctavo cumpleaños, noté que mi padre me daba miradas extrañas, luego, unas semanas más tarde, comencé a notar que papá me estaba espiando cuando estaba en la ducha, o desnudo en mi habitación. Nunca olvidaré la primera vez que vi a papá mirándome. Estaba en mi habitación, masturbándome, cuando escuché un sonido viniendo de mi puerta. Miré para encontrar que mi puerta estaba entreabierta y, como pude ver, mi papá se quedó mirándome. Tenía los pantalones caídos alrededor de los tobillos y estaba sacudiendo su gruesa polla de siete pulgadas. No sabía por qué, pero por alguna razón, el pensamiento de mi padre mirándome masturbarme, me excitaba. Rápidamente fingí no darme cuenta, y moví mi propia vara hasta correrme, arrojando mi esperma sobre mi pecho sin pelo. Al día siguiente comencé a buscar imágenes gay en internet. Aprendí mucho de ellos; así que me enganché al sexo gay. En muy poco tiempo, me estaba tocando con los dedos en la ducha. En menos de un mes me había estirado el culo lo suficiente como para aceptar un pene entero. Así que durante unos meses me seguí tocando en la ducha, y papá seguía mirando mi habitación. Finalmente, casi tres meses después de que atrape a mi papá mirándome por primera vez, decidí que quería que papá me follara. Mi oportunidad llegó un sábado temprano por la mañana, cuando mi madre dijo que iría de compras con algunos amigos y que no volvería por al menos cuatro horas. Papá todavía estaba dormido. Tan pronto como mamá se fue, me desnudé rápidamente y me metí en la habitación de mis padres. Papá estaba acostado en la cama matrimonial, todavía dormido y estaba completamente desnudo. Me subí a la cama y me acosté con la suave polla de mi padre tocando mi cara. Moví mi mano y comencé a jugar con la polla de papá, masturbando lentamente su largo pene, tal como me gustaría. Después de un par de minutos, finalmente me armé de valor para comenzar enserio con mi padre. Comencé lamiendo la cabeza de la polla de papá, jugando con la lengua en el pequeño agujero del pene, luego, lamiéndolo , llevé toda la polla de mi padre a mi boca y a mi garganta. Fue entonces cuando papá se despertó. "¡Qué demonios estás haciendo, hijo!" Papá exclamó, sorprendido, pero emocionado de que su hijo le estuviera haciendo una mamada. Por supuesto que no pude responder. Con la enorme polla de papá metida en mi garganta. No saqué su polla de mi boca hasta que papá estuvo a punto de empujarme. Me di la vuelta y me puse de rodillas con el culo frente a papá. "¡Ahora fóllame papá, fóllame!" "Yo ... no puedo follarte, eres ... eres mi hijo", murmuró papá. "¡Sé que me quieres! Sé que me ves en mi dormitorio. Vamos, papá, quiero que lo hagas. Mamá no estará en casa por horas. Podemos follar todo lo que queramos". "Oh Dios", gimió papá, finalmente cediendo a su pasión. "Te follaré. Justo después de chupar ese pequeño y lindo ano tuyo". @@@ Papá se inclinó y comenzó a lamer y chupar ferozmente mi trasero. "Oh sí, ¡Chupa mi culo!" Después de diez minutos de lamidas, papá se detuvo, se levantó de la cama y sacó un poco de lubricante de un cajón de la cómoda. Luego echó una buena cantidad en mi culo. "Ahí. Tu trasero debería estar lo suficientemente lubricado para que yo pueda meter mi polla". Con esa última oración, papá comenzó a meter su polla por mi trasero. Siguió empujando y empujando, y después de unos cinco minutos, papá tenía toda su polla en mi trasero. "¡Ah sí!" Yo gemí. "¡Está toda en mi, papá! Toda tu gran polla está en mi trasero". - REALMENTE me estaba metiendo eso ahora. "¡Ahora fóllame! ¡Fóllame fuerte! ¡Golpea mi culo!" Papá comenzó a entrar y salir de mi trasero, follándome. ¡Se sintió tan bien! Papá continuó golpeándome el culo durante los siguientes treinta minutos, todo el tiempo que gemí suavemente. "Fóllame. Fóllame. Fóllame ..." Pero todas las cosas buenas llegan a su fin, y pronto papá tuvo que correrse. "¡Me estoy corriendo! ¡Me estoy corriendo!" Papá gritó, descargando cucharaditas de jugo de hombre en mi trasero. Solo había una cosa que decir: "¿Podemos hacerlo de nuevo?" -El fin-

Autor: Faraday Categoría: Sexo Gay

Leer relato »

Orgía en los aseos públicos de la plaza de Pontevedra

2019-10-07


Caliente y excitado como me encontraba aquel día, después de vencer el miedo y vergüenza que me daba a causa de mi timidez, me atrevo a bajar a los aseos públicos de la plaza de Pontevedra, buscando sexo, me encuentro de repente en medio de una orgía. Uno de los lugares donde me gustaba y me sigue gustando ir en busca de sexo, es a los aseos públicos. No solía ir siempre al mismo, ni tampoco a la misma hora, procuraba cambiar. Pero uno de mis lugares favoritos, eran los aseos públicos de la plaza de Pontevedra, en mi ciudad, La Coruña. Principalmente era porque estos solían estar abiertos todo el día y toda la noche, y a mí, que era muy tímido y bastante vergonzoso, cuando más me atrevía era cuando se hacía de noche. Solía ser más peligroso, ya que, al no haber vigilantes a esas horas, te podías encontrar con ladrones o gente poco deseada. Cosa que me tiene pasado, pero sin embargo era cuando yo más valor tenía y cuando vencía la timidez de acudir a estos sitios. Por eso estos aseos que había en la plaza de Pontevedra, eran mis favoritos, y a los que acudía con mayor frecuencia. Aquella tarde de verano, en un arrebato de valor me atreví, y bajé a los aseos de dicha plaza, a eso de las 20:30, una hora a la que no solía acudir. Iba caliente y excitado a más no poder. Había bajado las escaleras a toda prisa con cierto nerviosismo, pero ya estaba allí. Entré en los aseos de caballeros, nada más entrar, había que girar a la derecha. Allí pegados a la entrada a mano derecha estaban los 3 urinarios, siguiendo el pasillo, a esa mano derecha había 3 retretes, quedando de frente una puerta donde guardaban los utensilios de limpieza. A la entrada y pegada a la pared de la izquierda, mirando justo a la puerta donde guardaban los utensilios, había un lavamanos, y luego seguía toda la pared de la izquierda, recubierta de azulejos, donde no había nada. Al entrar ya me encontré con que los urinarios estaban los 3 ocupados, eran 3 hombres maduros los que allí se encontraban meando, o al menos eso parecía. Quedé algo sorprendido al ver que había tanta gente, por lo que después de quedarme unos segundos parado y viendo que eran 3 hombres mayores, seguí por el pasillo, dispuesto a meterme en uno de los retretes. Pero ¡oh sorpresa! Si los urinarios estaban todos ocupados, en el pasillo había 3 hombres. Todos estaban mirando para el retrete del medio, y al verme entrar a mí, uno se metió en el primer aseo, otro dio media vuelta pasando por mi lado hacia los urinarios, y el tercero, que fue el que más feo y bajito me pareció de todos, se quedó mirando para mí. Con una sonrisa en la cara, me escudriñó de arriba abajo, volviendo la vista a lo que estaba ocurriendo en ese segundo aseo, el cual se encontraba con la puerta abierta y de donde salían jadeos y voces. No me quedó otra opción que pararme, pudiendo ver lo que estaba ocurriendo en dicho aseo. ¡Joded! Había otro hombre con un joven menor que yo, al que tenía con los pantalones bajados hasta los tobillos, al que le estaba dando por el culo. Los retretes eran de los que hay que ponerse de cuclillas para defecar, y lo tenía con las manos apoyadas en la pared lateral, donde se podía ver cómo le entraba y salía la verga por el culo a aquel jovencito, el cual no dejaba de jadear mientras lo estaban cogiendo. Dios que morbo me dio ver aquello. Si ya iba caliente y excitado, el ver como le entraba la verga por el culo al chaval aquel, hizo que mi polla se pusiera tiesa al momento, recorriéndome por todo el cuerpo una sensación extraña de placer, excitándome aun más de lo que ya estaba. En esos momentos quedé paralizado sin saber que hacer, no sabía si dar media vuelta y salir de allí escopeteado, o esperar a que quedara algún urinario libre, y dejar que me dieran por el culo como le estaban dando al chaval aquel. Al momento el nerviosismo y vergüenza que me entró me hizo temer por que pudiera venir alguien y reconocerme. Me di cuenta de que era una hora en la que podía venir por dichos aseos un hombre que había sido pareja de un tío mío, el cual yo había descubierto que eran gays, y aunque mi tío había fallecido hacía poco, seguíamos teniendo trato con su pareja, al cual mi familia siempre había pensado que simplemente eran amigos y compañeros de trabajo. Yo que hacía unos 4 años que lo había descubierto, nunca les dije nada, cuando empezaba a descubrir mi homosexualidad. Pero no hacía ni un año que un día estando con dicha persona, después de haberme cabreado por una tontería, le insulté llamando maricón, que era un puto maricón de mierda. Eran los años en que yo no aceptaba mi homosexualidad, y ese día estallé faltándole al respecto e insultándolo gravemente. Luego me arrepentí, y aunque le había pedido perdón, sentía vergüenza confesarle de mi condición sexual. Nunca me atreví a decírselo, y me daba mucha vergüenza que pudiera descubrir mi homosexualidad. Hacía 2 meses que estuvo a punto de descubrirme, y aunque realmente no se si lo llegó a descubrir, él nunca me dijo nada, y nada me reprochó si llegó a saberlo. Fue no hacía mucho, un día en que andaba yo paseando por los jardines de Méndez Núñez en busca de una polla que me follara, que casi tropezamos. Cuando lo vi, di media vuelta saliendo como alma que lleva el diablo. Al ser él una persona ya mayor, supuse que, al ser de noche, y no tener ya buena vista, no llegó a reconocerme. Yo sí pude verlo perfectamente, al igual que el pudo verme y reconocerme a mí. Sin embargo, él nunca me dijo o insinuó nada de nada. Hoy me arrepiento de no haberle confesado mi homosexualidad, porque realmente con nosotros siempre fue una buena y gran persona. Pero por aquel entonces, yo estaba aterrado de que pudiera descubrirme, y sabía que a esas horas pudiera ser que frecuentase aquellos aseos. Y en eso estaba pensando, viendo cómo le daban por el culo a aquel chaval. Cuando de repente el hombre maduro que estaba en el pasillo delante de mí mirando como le daban por el culo a aquel joven, sujetándome por la muñeca, tira por mí mandándome que pasara para el último aseo, apartándose él y así aprovechaba a taparme la salida. Estoy seguro de que el muy cabrón vio mis dudas, y antes de que saliera de aquellos aseos, me hizo pasar para el final del pasillo, dejándome libre el último aseo y de esa manera poder aprovecharse de mí antes que cualquiera de los que allí estaban. Sin soltarme la muñeca, va y me dice: mira mira, mira como se cogen al chaval, no quieres que te cojamos a ti también. Mira como le gusta y como está disfrutando, me decía dejando que viera como le daban por el culo al joven. Llevó mi mano a su entrepierna, frotándola por su paquete, mientras decía, mira lo que tengo para darte, te gusta ¿eh? Anda que, seguro que lo estás deseando, me dijo llevando su otra mano a mi culo empezando a meterme mano. Como veía que no le protestaba y decía nada, quedándome paralizado mirando como le daban por el culo al adolescente aquel, soltándome la muñeca por la que me sujetaba frotando mi mano por su paquete, con esa mano empezó a sacarse la verga, mientras con la otra seguía manoseándome el culo. Cuando me di cuenta, el hombre aquel ya tenía su verga de fuera, y mi mano estaba agarrándosela. Medio hipnotizado le mire a la cara, pudiendo ver como se relamía los labios con la lengua, sin dejar de sonreír, mirándome a los ojos. Anda, tócala y acaríciala, que lo estás deseando, me decía pegándose a mí, mientras empezaba a aflojarme el cinturón, a la vez que me iba arrinconando contra la puerta de donde se guardaban los utensilios de limpieza. Dios, todos estaban mirando como me empezaba a desabrochar el pantalón teniéndome allí arrinconado y como le daban por el culo al chaval en el aseo del medio. Nadie decía nada, todos miraban teniendo la polla de fuera, acariciándosela. Yo que con la calentura y excitación que llevaba, ya no pensaba en nada, solo tocaba la polla del hombre aquel que me estaba bajando los pantalones. El cabronazo tenía una polla bastante gorda, y unos testículos grandes y bien calientes. No era el más guapo, más bien parecía el más feo y bajo, además de casi calvo y algo panzudo. Mientras el que me tenía arrinconado me iba bajando poco a poco el pantalón y slip, a la vez que me iba manoseando y diciendo: Ufff maricón que bueno estás, ya verás cómo vas a disfrutar con mi polla en tu culo, te voy a dejar bien preñado, te voy a hacer gemir como a toda una zorrita. Pude ver como uno de los mirones, iba hacia la puerta de salida y cerraba la misma. Se ve que aquellos no era la primera vez que frecuentaban aquellos aseos, y al ver como se estaba poniendo aquello, no querían que pudiera bajar nadie más y pudiese terminar aquella orgía que parecía estaba a punto de comenzar. Yo que ya estaba pegado a la puerta del cuarto donde se guardaban los utensilios de limpieza, con los pantalones y slip resbalando por mis piernas, cayendo sobre mis tobillos, siendo manoseado por el hombre aquel, que ya empezaba a subirme la camiseta que llevaba puesta, dejando mi torso al aire y llevaba su boca a mis pezones que estaban erectos y duros por la excitación que tenía, empezando a morderlos y chuparlos. Solté un gemido estremeciéndome, ¡ohhh! ¡ooohhh ohhh! Exclamé suspirando al notar la boca de aquel hombre mordiéndome los pezones y sus manos subiendo mi camiseta, mientras me iba manoseando todo el cuerpo. Podía ver como le seguían dando por el culo al chaval, y como todos se amontonaban en el pasillo, viendo cómo se follaban al chaval, y como me iba desnudando a mí, aquel hombre, haciéndome suspirar soltando gemidos. Así maricón, así, deja que te desnude y de por el culo que lo estás deseando. Mira como le dan por el culo al maricon, mira. ¿Tienes envidia verdad? Pues no te preocupes, que yo te voy a complacer. Ya verás como vas a disfrutar y gozar con mi polla en tu culo. Me iba diciendo aquel hombre mientras iba tallando todo mi cuerpo con sus manos, a la vez que chupaba y mordía mis erectos y excitados pezones. Yo que ya no podía pensar nada más que en lo excitado y caliente que estaba, me dejaba hacer. Con mis manos tocaba y acariciaba la polla y cojones de aquel hombre, acariciándola y dejando que me fuese desnudando y metiendo mano. No me importaba la gente que había, ni si me estaban viendo, en aquellos momentos estaba tan pero que tan caliente, que nada me importaba, solo me dejaba hacer y llevar por aquella excitación que sentía. Cogiéndome por la cintura, me hizo girar, poniéndome de cara a la puerta donde estaba pegado, quedando mi culo delante de aquel hombre. Pasó su mano por la raja de mi culo, volviéndola a pasar de nuevo, haciendo que me abriera de piernas, mientras él, metía su mano entre mis piernas, tocaba mis pelotas y me decía: ¡Uy que culo mas rico tenemos! Con sus dedos buscaba la entrada a mi ano, a la vez que con la otra acariciaba mi polla meneándola. Así maricón, así, mira que empalmado estás. Anda ábrete de piernas y déjame ver tu lindo culo, decía presionando con su dedo mi ojete. ¡Oh maricón! Mira que culo, mira que calentito estás, decía introduciéndome un dedo en él. ¡Ohhh! Gemí al notar entrar su dedo, ¡ooohhh! Volví a gemir notando como lo removía en mi interior, haciendo que mi esfínter se fuese dilatando. Mira que bien se abre, maricón. Decía introduciéndome un segundo dedo en el culo, mientras seguía meneándome la polla con la otra mano. ¿te gusta eh? Te gusta, maricón. Venías con ganas, ¿eh? Claro que sí, maricón, si hasta nos vienes lubricado y preparado para ser follado. Sacó los dedos de mi ano, empezando a aflojarse el cinturón y desabrocharse el pantalón, bajándose un poco este junto al calzoncillo, pudiéndosele ver el pubis y la polla tiesa y lista para introducírmela hasta los mismísimos cojones. Giré la cabeza para ver lo que hacía, pudiendo ver como se bajaba un poco el pantalón, y como su verga tiesa y dura como un fierro, brillaba apuntando a mi culo. Me puso una mano en la espalda, dejándome pegado contra la puerta, a la vez que me decía: Quédate así no te muevas, maricón, que vamos a meterte la polla que estás deseando, en este culo caliente y vicioso que tienes. Sujetó mis caderas con sus manos tirando por ellas, haciendo que me curvara dejando pegado mi pecho y manos sobre aquella puerta, y colocando su verga en la entrada a mi ano, empezó a tallarme el ojete, hasta que este fue cediendo, dejando que su verga fuera entrando en mí. Así maricón, así, relájate y deja que se abra tu culo, me decía, introduciéndome la verga en él. ¡Ohhh! Exclamó dando un bufido a la vez que movía su pelvis y tiraba de mis caderas hacia él, enterrándome toda la verga en el culo de una estocada. ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Grité a la vez que me estremecía poniéndome de puntillas. Calla maricón, calla que ya la tienes toda dentro, me decía pegándose todo lo que podía a mí. Bombeó varias veces su pelvis introduciéndome su verga, a la vez que se colocaba mejor dejándome ensartado en su polla, manteniéndome sujeto con sus manos por mis caderas. Así maricón, así, relájate y deja que se abra tu culo, ya verás que rico sabe y como disfrutas con mi polla dentro tuya. Volvió a darme varias culeadas introduciéndome más su verga en mi culo, y sujetándome por las caderas mientras me tenía enterrada su polla hasta los mismísimos cojones, tiró por mí, diciéndome: Ven maricón, ven para aquí, así, así, decía apoyándose sobre la pared de azulejos, quedando yo mirando para el aseo que estaba delante mía. Aaaaasí maricón aaaasí, decía exhibiéndome y dejando que los demás vieran como me daba por el culo. Déjalos que te vean y puedan mirar cómo te doy por el culo, que vean como disfrutas, maricón, decía metiéndome la polla por el culo. Yo me mantenía inclinado con el culo pegado a su pelvis, las manos estiradas alcanzando apenas el marco de la puerta del último aseo, sujetado por las caderas con sus manos. Podía ver cómo seguían dándole por el culo al adolescente, y como este miraba junto al resto, como empezaban a darme por el culo a mí. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba el hombre que me estaba dando por el culo, ensartándome una y otra vez su polla en mis entrañas. Mira como disfrutan viendo como te cojo, mira maricón, mira cómo tienen las vergas, decía clavándome hasta los cojones su polla. Yo apoyándome ligeramente en el marco de la puerta, mordía mi labio inferior, gimiendo y jadeando, viendo como aquellos hombres miraban como me follaban en el pasillo del aseo público, ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Gemía derritiéndome de gusto, mientras la verga de aquel tío me taladraba una y otra vez el culo. Poco a poco iban acercándose más, hasta que uno de ellos, poniéndose delante mía, tiró de mi camiseta, sacándomela por la cabeza. La tiró al suelo, y dejando que me apoyara en sus hombros, empezó a morderme el cuello mientras me acariciaba con sus manos mientras el otro seguía dándome por el culo. ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gemí al notar como me mordían el cuello mientras me daban por el culo. Dios, mi cuerpo se estremecía, empezando a temblarme las piernas. Me abracé al que me mordía el cuello, mientras el otro seguía dándome por el culo. Al ver como me retorcía de gusto y me abrazaba a él, siguió con sus mordiscos por el cuello, mientras buscaba mi mano para llevarla a su polla. Dios, la agarré con todas mis ganas, empezando a descapullársela mientras se la meneaba, dejando que fuese mordisqueando mi cuello, hasta que este llegó a mi boca, empezando a morderme el labio inferior. Ahí ya no pude más, abrí la boca, dejando que metiera su lengua en ella, empezando yo a succionarla y morderle los labios. Dios que placer estaba sintiendo, uno que me estaba dando por el culo manteniéndome inclinado, haciéndome gemir cada vez que su polla tocaba mi próstata, y otro viejo mordiéndome el cuello y comiéndome la boca, mientras yo le agarraba la polla meneándosela. Con el bombeo que me daba cada vez que me enculaba el que me estaba dando por el culo, no pude más que apoyar la cabeza sobre el hombro del viejo que tenía delante mía. Dejando que mordiese mi cuello mientras yo agarraba su polla meneándosela, sin poder dejar de gemir. Así maricón, así, chilla y disfruta, me decía el viejo que iba mordisqueando el cuello. Te gusta, ¿eh maricón? Me decía acariciándome con sus manos y apretando mis erectos pezones. Anda se bueno, y chúpame la polla que estoy a punto de correrme. Justo en el momento que me inclinaba un poco más para meterme aquella verga en la boca a la que no dejaba de menear, el que me estaba dando por el culo, empezó a bombearme más fuerte y profundo, escuchándose el golpeteo de su pelvis y pelotas golpeando mi culo, plof, plof plof, a la vez que soltaba unos bufidos, gritando que se corría. Me corro, me corro, gritaba empezando a eyacular dentro de mi culo. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Decía preñándome el culo con su leche. Cuando terminó de eyacular, sin sacarme la polla y mientras recuperaba el aliento, iba acariciándome con sus manos el culo, y diciendo: Ufff que bueno, maricón, que culo tienes cabrón. Ahora que ya había parado de embestirme el que me estaba dando por el culo, pude llevar la polla del otro viejo a la boca, la cual empecé a chupar como un loco. El cual, sujetándome la cabeza, impulsaba su pelvis introduciéndome todo lo que podía aquella verga en lo más profundo de mi garganta. ¡Ohhh siiií maricón! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba metiéndome la polla en la boca mientras yo me sujetaba con una mano a él, y con la otra le acariciaba las pelotas. El que terminaba de darme por el culo, después de salirle la polla de mi culito, dándome unas palmadas en él, se apartó yendo al lavabo, donde se puso a lavar las manos, a la vez que se vestía. No tardó nada otro de aquellos viejos que nos miraban, en ocupar el puesto del que terminara de darme por el culo. Sin decir ni preguntar nada, se colocó detrás de mí y después de abrirse el pantalón y bajarlo un poco dejando al aire su pelvis y genitales, llevó la punta de su polla a la entrada a mi culo, y mientras me sujetaba por las caderas, empezó a introducirme su chorizo por el culo. Yo que estaba chupando la verga del otro viejo, abrí exageradamente los ojos y la boca, sin poder soltar más que unos murmullos, mmm, al tener en mi boca la polla del otro viejo, notando como me abrían el culo, introduciéndome una verga descomunal. Dios, tenía el culo dilatado y lubricado a más no poder, y aquella polla que me estaban introduciendo por el culo, me estaba abriendo en canal. Joder aquello me llenaba por completo, menos mal que terminaban de darme por el culo, dejándome bien abierto y dilatado, si no aquel pedazo de verga me hubiera destrozado el culo. Cuando noté que aquella polla llegaba al tope de mi culito, sintiéndole los cojones y pelvis pegados a mi ojete, respiré profundamente varias veces. Justo en ese momento, la polla del que se la estaba chupando, empezó a escupir semen, llenándome la cara y boca con su esperma. ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Me corro, me corro, gritaba el viejo al que le chupaba la polla. Después de recibir varios trallazos en la cara y boca, metiéndome la verga en la boca, empecé a chupar y tragar todo el semen que iba soltando. No dejaba de chuparle la polla, cuando el que me había introducido el pedazo de vergón por el culo, empezaba a bombearme. Dios, tuve que volver a abrir la boca, suspirando profundamente mientras jadeaba, teniendo que sujetarme al marco de la puerta del aseo, ya que el viejo que se había corrido en mi cara y boca marchaba hacia el lavabo. En esos momentos pude fijarme de nuevo en el adolescente al que le estaban dando por el culo cuando había entrado en los aseos, viendo que ahora lo estaban follando otros 2. Uno que no parecía tan viejo le daba por el culo, y otro le follaba la boca. Solo quedaba uno de los mirones, que se estaba pajeando como un poseso, viendo como nos follaban al adolescente y a mí. Menos mal que el que se limpiaba en el lavabo, había vuelto a cerrar la puerta de los aseos públicos al marcharse los 2 primeros que nos dieron por el culo al adolescente y a mí, si no, podía haber entrado alguien y descubrir aquella orgía que había en los aseos públicos, y a saber que hubiese pasado. Tanto el adolescente como yo, gemíamos y jadeábamos sin cesar. Se escuchaban nuestros jadeos y gemidos, y a los demás que nos estaban follando, sus insultos, y el golpeteo de sus pelvis y cojones, golpeando nuestros glúteos mientras nos daban por el culo. Plof, plof plof, se escuchaba repetidamente. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba el que me daba a mí por el culo, bombeándome rápido, ensartándome la polla profundamente. Yo sujetándome al marco de la puerta de aquel aseo público, sudaba por todos mis poros, con la cara manchada de esperma, mi polla bamboleando mientras me daban por el culo, salpicando gotas de semen sin parar. Tenía mi polla toda pringada y escurriendo gotas de semen, viendo como se follaban al joven, y como el mirón que quedaba, se pajeaba como un poseso mirando ahora para mí, viendo cómo me enculaban. Yo que no podía apartar la vista de la polla de aquel mirón veía como se pajeaba, deseando llevármela a la boca, y que se corriera en ella, haciéndome tragar su corrida. Pero aquel hombre no se acercaba, seguía pajeándose, mirando como me daban por el culo. Yo seguía allí inclinado sujetándome como podía al marco de la puerta, siendo follado por aquel viejo que no paraba de gritar, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Ensartándome una y otra vez la polla en el culo, mientras el mirón allí seguía pajeándose como un poseso, sin dejar de mirar como me daban por el culo. Ya los que se estaban beneficiando al adolescente, habían terminado de follarlo, y al salir estos del aseo, hicieron que el que se estaba pajeando, se acercara más a donde me estaban dando por el culo, pudiendo yo echar la mano y tocarle el rabo mientras se pajeaba. Dios, ardía en deseos por agarrarle la polla y llevármela a la boca, y cuando estaba a punto de conseguirlo, este empezó a eyacular. Soltó varios trallazos de semen que fueron a pegar en mi pecho, cuando me inclinaba para meterme la polla en la boca. El hombre aquel que parecía el más joven de los que allí había, salvo el chaval y yo, dando unos fuertes gruñidos mientras se pajeaba mirando como me daban por el culo, empezó a escupir semen por la polla, cayendo la mayor parte de la corrida por mi pecho. Llevé mi mano a sus genitales, y aun terminando de soltar las últimas gotas de esperma, introduje aquella verga en mi boca, empezando a succionarla, dejando que se derramaran las últimas gotas en ella. El hombre aquel dejando que le succionara la polla derramándose en mi boca sus últimas gotas de esperma, puso sus manos sobre mi espalda, y mientras se retorcía de gusto, impulsaba su pelvis mientras frotaba mi espalda con sus manos, dejando que yo terminara de succionar su polla extrayendo los últimos restos de semen. En ese mismo momento, el viejo que me daba por el culo empezaba a darme unas fuertes y profundas envestidas, gritando que se corría. Ya, ya me vengo, ya me vengo, gritaba aferrándose fuertemente con sus manos a mis caderas, haciéndome gritar a mí, por la profundidad de las envestidas que me estaba dando, ¡ohhh ooohhh ohhh! Notaba como su pelvis y genitales golpeaban mi culito, y aquella verga que me estaba dando por el culo, dejándome abierto en canal, empezaba a hincharse en mi interior derramando su semen en lo más profundo de mis entrañas, dejándome bien preñado. ¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Gritaba el viejo preñándome con su leche. Una vez terminó de eyacular, sin sacarme la polla del culo, llevó su mano a mi polla, empezando a meneármela, haciendo que me estremeciera, empezando a correrme sobre el suelo de aquellos aseos públicos, mientras seguía empitonado por su verga, y las manos del otro hombre, acariciándome la espalda. ¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Me corro, me corro, gritaba temblándome las piernas mientras mi polla soltaba varios trallazos de leche. Una vez terminé de eyacular, fuimos recuperando el aliento, y después de salir su polla de mi culo, levantando el slip y pantalón, recogí mi camiseta del suelo, fuimos al lavabo nos aseamos un poco, y después de vestirnos, abrimos la puerta de aquellos aseos, empezando a salir todos poco a poco. Tanto yo como el adolescente y el último que me dio por el culo, fuimos los últimos en salir de allí. El viejo aún se aprovechó y mientras estuvimos allí, no dejó de meterme mano toda la que quiso. Cuando por fin subía las escaleras, marchando de aquellos aseos públicos, llevaba el culo bien abierto, repleto de leche, el cuerpo con olor a semen, y la calentura aplacada. Podéis contactar o escribirme a: [email protected]

Autor: danisampedro91 Categoría: Sexo Gay

Leer relato »

Espiado mientras me daban por el culo

2019-10-07


Ese sábado había ido a bailar a la discoteca Xornes, de mi ciudad, La Coruña. Era una discoteca donde acudían muchos homosexuales, aunque no era estrictamente de ambiente gay, pero donde además de pasarlo bien, podías encontrar algún ligue. Además, que allí era a donde solían ir los pocos amigos gay que tenía. Me había costado mucho empezar a frecuentar esa discoteca, tenía miedo de que descubrieran mi homosexualidad. Pero poco a poco y gracias a que era de ambiente mixto, empecé a acudir a ella. Solía ir solo, salvo unos meses en los que acudí con, digamos pareja, aunque oficialmente no lo éramos, más bien éramos folla amigos, o amigos con derecho. Vamos que solíamos estar todos los días juntos, días en los que siempre terminábamos follando. Ese amigo o pareja, se llamaba Juan, en el ambiente gay, le llamaban “ricitos de oro”. Por aquellos días aun no conocía a Juan, por lo que ese día estaba yo solo. Cuando entré en la discoteca, serían sobre las 12:45 de la noche, en aquellas fechas era cuando empezaba a haber marcha en estos establecimientos, siendo la hora punta a las 2 de la madrugada, y las 4 de la madrugada la hora de cierre, la cual siempre se alargaba un poco más. Pero esas eran por aquel tiempo los horarios, los cuales fueron cambiando debido al auge de los Pub, que eran la competencia directa de las discotecas. Como solía hacer, primero me situaba en la barra, y allí solía estar hasta que llevaba encima un par de cacharros. Así que me animaba, solía salir a la pista, bailar un poco si la música era de mi agrado, y luego ya no salía de las proximidades de esta. Ya llevaría unos 4 o 5 cacharros, cuando acudí a los baños, tenía si o si que ir a desbeber. Estando allí en los urinarios, un chico algo mayor que yo, más o menos unos 4 o 5 años, va y me toca el culo. Yo que era un cortado en estas lides, además muy pero que muy tímido, y bastante vergonzoso, quedé paralizado por la sorpresa que me llevé. El al ver mi enrojecimiento y lo tenso que me había puesto, me pidió perdón, empezando a entablar una conversación. Enseguida se dio cuenta de lo vergonzoso y tímido que yo era, por lo que sin haber salido todavía de aquel baño donde estábamos los 2 solos, me preguntó si entendía. Yo que por aquel entonces era un total pardillo en esas lides, no sabía a qué se refería, por lo que mirándole a la cara le dije que no se lo que quería decir. Por lo que él viendo mi cara de sorpresa y candidez. Me dijo si yo era del ambiente. Dándome yo cuenta en ese momento a lo que se refería, me encogí de hombros, sin poder ser capaz de decirle claramente que sí, que era del ambiente o que entendía. El todavía algo sorprendido por mi timidez, va y me dice: O sea que no sabes si eres gay… Yo me volví a encoger de hombros, empezando a abrocharme el pantalón. Entonces va él y me suelta, ¿eres virgen? No, le contesté a la vez que movía la cabeza de forma negativa. El sonriendo, al ver que tenía enfrente del a un auténtico pipiolo en la materia, viendo que podía tener chance conmigo, va y acariciándome la cara, me dice que me invita a una copa, si se la acepto. Yo volviendo a encogerme de hombros, le digo que bueno, por lo que, saliendo de aquel baño, nos vamos ambos hacia la barra, donde después de preguntarme lo que quiero beber, le pide al barman las 2 copas, donde seguimos, más bien seguía él, charlando, ya que yo solo me dedicaba a contestarle sin apenas decir nada. Ya nos habíamos presentado, al igual que ya sabía que yo me encontraba solo en la discoteca, como también se había dado cuenta de mi timidez y lo vergonzoso que yo era. Por lo que viendo la poca conversación que yo tenía, y temiendo que se le escapase aquella oportunidad que se le había presentado, me pregunta arrimando su cabeza a mi oído, evitando que nadie pudiera escuchar lo que me decía y por causa del alto ruido que allí había, si tengo sitio. Le contesto que no, a la vez que movía en señal de negación la cabeza. En esto va y mira la hora en su reloj de muñeca, viendo que ya pasaban de las 4 de la madrugada, y que, en poco tiempo, la discoteca se empezaría a despejar, quedando bacía, ya que pasaba de la hora de cierre. ¿TE apetece venir conmigo? Me dice. Como siempre, yo me encojo de hombros a la vez que le digo que bueno. No me desagradaba, y aunque no es que fuese un adonis ni me volviera loco, con la calentura que tenía encima, el colocón que ya empezaba a notar, estando cada vez más desinhibido, estaba dispuesto a irme con él a follar. No sabía si el tenía sitio a donde ir, pero ya todo me empezaba a dar igual, iría con él a ver a donde me llevaría para follar. Cuando salimos de la discoteca, me dijo que él tampoco tenía sitio, pero que sabía de un lugar a donde podríamos ir. Empezamos a andar rumbo a la plaza de María Pita, saliendo por Puerta Real, cruzando hacia la dársena. Al principio creí que iríamos a coger el vehículo, que él tendría, y que lo habría dejado por allí aparcado. Pero no, seguíamos andando, viendo que nos dirigíamos hacia los varaderos que había en aquel costado de la dársena, recordándome en esos momentos, la vez que me había dado por el culo el viejo lobo, como le llamaba yo, al caza jovencitos, allí en aquellos varaderos no hacía mucho de eso, que me había dado por el culo, como cuento en el relato titulado: De cancaneo (cruising), en la ciudad. El al ver que yo dudaba y mis pasos eran más lentos, cogiéndome de la mano, me llevaba pegado a él, tratando de tranquilizarme, diciendo que allí sabía de un buen sitio, donde nadie nos molestaría ni nos verían. Yo que ya tenía encima un buen colocón, y la calentura cada vez era mayor, me dejaba llevar como un ternerito al matadero. Después de llevarme casi hasta el final de aquellos varaderos, arrimándonos a una de las paredes de una de aquellas casetas donde guardaban los pertrechos los carpinteros de Ribeira. Donde también se encontraban apilados un montón de palés, así como varias maderas, y algún que otro bote que estaba en reparación. Allí nos paramos resguardados de posibles vistas por los palés. Nada más llegar allí, me abrazó a él, empezando a comerme la boca. Dios, era como un animal salvaje saltando sobre su presa. No dejaba de morder y succionar mis labios, metía su lengua en mi boca, succionaba la mía a la vez que saboreaba y sorbía mi saliva, pegándome cada vez más a la pared. Era como un auténtico ciclón envolviéndome en sus brazos atrayéndome hacia él. Con una desesperación inusitada, me sacó la cazadora haciendo lo mismo con la camiseta que llevaba puesta, echando ambas prendas sobre una pila de palés y siguiendo, abrazándome a él, mientras no paraba de besarme y meterme mano. Dios, no me daba tregua, ya me tenía desnudo de cintura para arriba, con un empalme y calentura cada vez mayor, sin yo poder haberle dicho todavía nada de nada. No me gustaba hacerlo allí, aquello me estresaba temiendo que nos pudiesen ver o ser pillados en plena faena. Si llegase esa noticia a mi casa, de que fui detenido siendo pillado manteniendo relaciones homosexuales en plena vía pública, el mundo se me caería a los pies. Dios, no sería capaz de volver a casa, ni de mirar a la cara a mi familia. Pero a pesar de la vergüenza y el estrés que aquello me producía, la calentura del momento era más fuerte, dejándome llevar por la lascivia y excitación que en aquellos momentos sentía. Después de un buen rato donde no paró de meterme mano, besarme, morder y succionar los labios dejándolos enrojecidos e hinchados, empezó a aflojarme el cinturón al igual que le iba haciendo yo, intentando sacar su polla de la cárcel donde estaba recluida. Notaba su excitación, y lo dura que se le notaba la polla, estaba deseando tenerla entre mis manos y acariciarla. Mientras tanto él, ya me había aflojado el cinturón, estando ya terminando de desabotonarme el pantalón tejano que llevaba puesto. Una vez lo hubo desabotonado, tiró de él para abajo, dejándolo caer sobre mis tobillos, haciendo luego lo mismo con el slip. Ya me tenía desnudo frente a él, con el pantalón y slip sobre los tobillos, la polla tiesa, enrojecida e hinchada, y una calentura desesperante. Agarró mi polla con sus manos, empezando a descapullarla mientras me acariciaba los genitales, mientras yo terminaba de sacarle su verga. Dios, que sensación al tener aquel rabo entre mis manos. Una corriente recorrió todo mi cuerpo, excitándome aún más de lo que ya estaba. No era una polla gigante ni muy gruesa, era una polla de tamaño promedio, pero muy que muy suave al tacto. Se curvaba un poco hacia arriba y a la izquierda, pero muy bonita y apetecible, la hija de puta. Miraba con lascivia como asomaba por la piel del prepucio un glande rosadito, invitándome a meterlo en mi boca y chuparlo como si fuese el más rico y apetecible de los manjares. Y eso fue lo que hice, ayudado por sus manos que colocadas sobre mis hombros me empujaban para que me agachase, me fui poniendo de cuclillas, hasta apoderarme de aquella verga la cual metí en mi boca, empezando a chuparla. ¡ohhh! ¡ooohhh! Gimió él a la vez que impulsaba su pelvis mientras enredaba sus dedos en mi pelo, sujetando mi cabeza, haciéndome tragar prácticamente toda su polla. Que sensación más placentera tuve al acariciar aquellos cojones, mientras chupaba aquel rico falo, que iba deslizándose por mi boca, entrando y saliendo. ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh ohhh! Gemía él con sus manos sobre mi cabeza teniendo los dedos enredados en mi pelo, impulsando su pelvis tratando de meter todo lo que podía su verga en mi boca. Yo lamía y chupaba aquella rica verga, a la vez que le iba acariciando sus suaves pelotas. Cada vez yo estaba más caliente y salido, y aquella situación en la que estaba, totalmente desnudo, con el pantalón y slip sobre los tobillos, en aquella especie de callejón solo medio tapados a la vista por aquellos palés, en los varaderos de la dársena de mi ciudad, La Coruña, agachado de cuclillas, con una polla metida en la boca la cual chupaba a la vez que acariciaba los genitales de aquel tío, pudiendo ser descubiertos en cualquier momento. Aquella situación que me estresaba y hacía subir la adrenalina, me excitaba y calentaba haciéndome perder la razón. Lo que ambos no sabíamos, era que estábamos siendo espiados por otra persona, la que nos había visto ir a ambos cogidos de la mano, cruzando hacia la dársena, dirigiéndonos hacia los varaderos, por donde no había salida alguna, por lo que supo al momento a lo que íbamos. Así que no dudó en seguirnos, y quedarse espiando, viendo lo que estábamos haciendo. Nos había visto desde el principio, por lo que vio como me desnudaba, quedándome totalmente desnudo, con el pantalón y slip sobre los tobillos, como me agachaba de cuclillas, empezando yo a comerle la polla. No se movía de su escondite, desde donde disponía de una perfecta visión de lo que estábamos haciendo. Sabía que lo mejor estaba por llegar, que aquel joven le iba a dar por el culo al otro jovencito, que no era otro más que yo, al que ya había despojado de sus ropas, y no tardaría en empitonarlo por el culo, follándoselo allí mismo delante de sus ojos. Mientras yo seguía tragando aquella verga que en muy poco tiempo sería introducida por mi culo, sin sospechar que estábamos siendo vistos por el hombre que nos espiaba, hombre de aproximadamente 40 años, chupaba y lamía la polla a la vez que acariciaba aquellas pelotas que tanto me excitaban y calentaban, me gustaba la suavidad de su piel. Sin esperar más, ni dejarme que le bajara de todo el pantalón y slip, ni siquiera dejarme acariciarle el pecho y abdomen, ya que me retiró la mano cuando se la metía por debajo de su camiseta, intentando acariciar aquel torso, me hizo poner de pie, me agarró por la cintura dándome la vuelta, pegándome contra la pared de aquella caseta donde guardaban los pertrechos. Allí pegado contra la pared, llevó su mano a mi culo, tanteó mi agujerito, y luego de escupir en su mano volvió a pasarla por la entrada de mi ano, lubricando de esta manera mi ardiente y caliente agujerito. Yo miraba, girando la cabeza a ver que hacía, viendo en ese momento como acercaba aquella polla que hacía unos instantes estaba chupando, la colocaba en la entrada de mi agujerito, y sin más contemplaciones, sujetándome por las caderas, enterraba toda su virilidad en mí. ¡Oh! ¡ooohhh ohhh! Grité a la vez que me erguía, pegándome a la pared de aquella chabola, notando como entraba por mi culo aquella verga. Que hijo de puta, me había metido la polla de una estocada, no había tenido ningún cuidado ni consideración. Poco le importó al muy cabrón que yo estuviera preparado o no lo estuviera. Ni siquiera me había dilatado un poquito, entró a saco y listo, ya me tenía empitonado en su mástil. Despacio, ¡ooohhh! Despacio, ve despacio, le pedía yo, pegado a la pared, erguido todo lo que podía, estando ensartado en aquella polla. El muy hijo puta me había hecho daño, y por encima, todavía impulsaba su pelvis, queriendo ensartarme su verga bien profundo. Cosa que prácticamente era imposible, tenía sus pelotas pegadas a la entrada de mi ano, teniendo enterrada toda su hombría en lo más profundo de mis entrañas. El muy cabrón bombeaba sin parar, metiendo y sacando su polla de mi culo, haciendo que esta se fuese deslizando por mi interior, profanando mi ardiente y caliente culito. Poco a poco el dolor fue pasando, y ahora empezaba a disfrutar de la follada que me estaba metiendo aquel cabronazo, notaba como su polla rozaba mi próstata, sus pelotas y pelvis golpeaban mi caliente culito, haciéndome gemir a la vez que procuraba pegar mi culito todo lo que podía a su pelvis. Quería sentir aquella verga dentro mía, y notar como su leche preñaba mi culito, derramándose dentro de él. Escuchaba sus jadeos y el plof plof plof, de su pelvis y pelotas golpeando mi ardiente culito, mientras gritaba: ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Yo que apoyado a la pared me inclinaba procurando mantener todo lo que podía pegado mi culo a su pelvis, veía mi polla bamboleándose al ritmo de las culeadas que me daba, empezando a soltar pequeñas gotas de semen, que caían en el suelo. Empecé a notar como sus jadeos aumentaban, al igual que sus arremetidas eran más rápidas y fuertes, cuando noté como su polla se hinchaba más, empezando a soltar varios trallazos de leche dentro de mi culo, a la vez que clavaba sus dedos en mis caderas y gritaba que se corría. ¡Ohhh me corro! Me corro, me corro, gritaba derramando su esperma dentro mía, dejándome preñado el culo con su semen. Apoyó su cabeza sobre la mía, mordiéndome en la nuca, mientras su polla terminaba de soltar las últimas gotas de semen dentro de mi culito, e iba recuperando el aliento. Fue dejando que su polla se fuese desinflando, mientras mordía mi nuca y hombro, a la vez que jadeaba ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! Hasta que esta salió por si sola. Yo que sudando y caliente como estaba, esperaba apoyado contra la pared, cuando escucho como el muy pedazo de hijo de puta se marchaba después de subirse la cremallera y abrocharse el pantalón, dejándome allí tirado desnudo con el pantalón y slip sobre los tobillos, con una calentura y empalme de campeonato. ¿Te vas? Le pregunté extrañado que me dejara allí tirado, sin ni siquiera esperar a que yo me corriera. Sí, lo siento, pero es que tengo mucha prisa, va y me suelta el pedazo de cabrón, ya nos veremos. Yo que aún estaba medio colocado por todo lo que había bebido en la discoteca, caliente y salido como una perra en celo, no me lo creía, aquel cabrón me dejaba allí tirado, desnudo, con una calentura y empalme descomunal. El muy hijo de puta se había limitado a darme por el culo, correrse dentro mía, y si te he visto no me acuerdo. Miraba para los varaderos, viendo como el mar bañaba estos, pudiendo escucharse las pequeñas olas rompiendo sobre la orilla. No sabía que hacer, si pajearme allí mismo y vestirme marchándome luego para casa, o vestirme y marcharme y pajearme al llegar a casa. Además, iba ir andando, y si tenía suerte hasta podría encontrar alguien por el camino. Claro que viendo la suerte que había tenido esa noche, hasta lo dudaba. Iba a agacharme para subir el slip y pantalón, cuando de repente escucho unos pasos saliendo de entre unos de los pilares de palés que había allí, viendo luego como salía de allí, un hombre de unos 40 años. Quedé asustado al ver aquel hombre aparecer de repente, pillándome allí desnudo. Joder, de donde hostias había salido, aquello me extrañaba. Y si llevaba allí tiempo, habría visto como me daban por el culo. ¡Ufff! Un sudor frío recorría mi cuerpo, no sabía que hacer, por lo que, sin sacarle la vista de encima, empecé a subirme el slip y pantalón, cuando me fijo que este viene con la polla de fuera. Joder, pedazo de rabo que tenía el tío, el cabrón además de un buen rabo venía empalmado a tope. Seguro que este nos estuvo espiando y vio cómo me daban por el culo. Veía como seguía acercándose a mí, llevando su mano a aquella verga que me parecía enorme, como diciendo, no te muevas que ahora te voy a meter yo por el culo esta verga. Quedé paralizado mirando como se acercaba a mí, sin terminar de abrocharme el pantalón, cuando ya lo tenía encima mía. Echó su mano a la cintura de mi pantalón, impidiendo que terminara de subírmelo y abrocharlo, a la vez que me decía si no quería seguir follando. Espera, no tengas miedo que no va a pasar nada, no te apetece probar mi rabo, me decía. El cabrón que te dio por el culo, te ha dejado bien caliente y excitado, ni siquiera ha esperado a que te corrieras, se marchó dejándote aquí tirado y parece que bien caliente. Me decía tirando de mi pantalón hacia abajo impidiendo que me lo abrochara. ¡Ufff! No sabía que hacer, tenía una calentura y excitación descomunal. Por supuesto que tenía ganas de polla, pero ver aquel rabo y aquellas pelotas, me asustaba un poco. Aquello me iba a destrozar el culo. Pero… ¡Ufff! La calentura que llevaba encima era demasiada, por lo que poco a poco fui cediendo, y dejé que me bajara de nuevo los pantalones y slip, quedándome de nuevo desnudo, con la polla enrojecida e hinchada, viendo como aquel hombre me sujetaba por la mano, llevándola a su verga. Cógela, me decía, no tengas miedo que no va a pasar nada. Mira como me la has puesto. He visto todo, os he visto cruzar desde Puerta Real para aquí, y como te daba por el culo. Y joder estás muy bueno, tienes un culito muy apetecible, no entiendo como te dejó tirado, con lo bueno que estás. Me decía mientras yo agarraba aquella enorme pija, acariciándola y relamiéndome mientras miraba embobado aquel órgano sexual. Dios, era enorme, y los cojones no se quedaban atrás, tenía unas pelotas descomunales. Aquello me iba a destrozar, me iba hacer chillar cuando me la metiera por el culo. ¿Te gusta? Me preguntaba acariciando mis pelotas y abdomen con sus manos, haciendo que me fuese calentando y animando. Contesté que sí, moviendo la cabeza en señal afirmativa, mientras miraba con lascivia aquel órgano sexual que acariciaba con mi mano. Iba descapullando aquella verga, viendo como asomaba un enorme enrojecido e hinchado glande. Ya tenía pringada toda la cabeza de líquido preseminal, a causa de la excitación que tenía por haber estado espiando y viendo cómo me habían dado por el culo. Chúpala, me decía empujando con su mano por mi nuca. Dejé que fuese acercando mi cabeza a su polla, echando la punta de mi lengua a aquel enrojecido e hinchado glande, bañado de líquido preseminal. ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Gimió a la vez que se estremecía, al notar mi lengua pasando por la punta de su capullo, lamiendo y saboreando aquel líquido preseminal. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Métela en la boca, me decía suspirando a la vez que se estremecía e impulsaba su pelvis, mientras sujetaba mi cabeza poniendo su mano sobre mi nuca. Abrí todo lo que pude mi boca, empezando a succionar aquel enrojecido e hinchado glande. Empecé a tragar todo lo que mi cavidad bucal me permitía, mientras con mi mano acariciaba aquellas enormes bolas. Después de chuparle la polla durante un buen rato, llevándome de la mano, nos arrimamos a los palés que había allí apilados, y sentándome sobre una pila de ellos que quedaban a la altura de mi cintura, se agacho, empezando a sacarme los zapatos para luego quitarme por completo el pantalón y slip, quedándome ahora desnudo por completo, sentado sobre aquella pila de palés. Empezó a aflojarse el cinturón bajándose luego el pantalón y calzoncillo, dejándolos caer a la altura de los tobillos, y luego de hacerme tumbar de espaldas, mientras mordía mis labios e iba bajando, dándome pequeños mordiscos por mi cuello hasta llegar a mis tetillas donde empezó a morderme los hinchados pezones, haciéndome suspirar y gemir de placer, mientras llevaba mis manos abrazándole por el cuello, y abría mis piernas enlazándolas a su cintura. ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh ohhh! Gemía abrazándome a él, notando su órgano sexual pegado a mi culito, mientras él no paraba de morder mis hinchados y excitados pezones. Te gusta, ¿eh? Estás muy excitado y calentito, el muy cabrón te dejó a medias, ¿eh? Pero no te preocupes, que yo te haré gozar y que te corras como nunca te has corrido, ya verás que orgasmo te voy a hacer tener. Dios, aquello sí que me gustaba, aquel hombre me estaba haciendo gozar y retorcer de gusto. Me tenía caliente y deseoso de verga, me estaba llevando al clímax del placer. Con su mano agarró su polla mientras seguía mordiendo mis hinchados pezones, y mientras yo seguía abrazado a él con mis manos por su cuello, y con mis piernas abiertas y enlazadas sobre su cintura, fue buscando la abertura de mi ojete, y una vez lo encontró, colocando la punta de su polla sobre su entrada, presionó un poco mientras seguía mordiendo mis pezones, haciendo que la punta de su glande quedara encajada empezando a abrir mi esfínter. ¡Ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh ohhh! Grité al notar como mi esfínter se abría quedándome medio metida la cabeza de su polla. Ya, ya, decía tranquilizándome mientras ahora subía sus manos sujetándome por los hombros, a la vez que me pedía que me relajase. Ahora respira hondo y relájate, que ya casi la tienes dentro, decía tratando de relajarme y tranquilizarme. Así maricón, así, respira y relájate, me decía acariciándome con sus manos. Tranquilo mariconcito, tranquilo que ya falta poco, ya verás como vas a disfrutar, decía sujetándome por las piernas a la vez que las levantaba, colocándolas sobre sus hombros. Volvió a poner sus manos sobre mis hombros a la vez que se echaba sobre mí, haciendo que mi culito se fuese respingando hacia arriba al hacer que mis piernas apoyadas sobre sus hombros, se fuesen acercando más hacia mi pecho, al echarse él sobre mí. Dios, notaba como mi culo se abría, quedando totalmente expuesto y a punto de ser sodomizado de nuevo. Su polla que ya la tenía en la entrada de mi esfínter con el agujerito medio abierto, terminó de abrirse dejando que se colase poco a poco en mi interior, cada vez que él se echaba más sobre mí. ¡Ohhh! ¡ooohhh! Gritaba yo, notando como aquella polla abría mi culo entrando en mí. Espera, espera, le pedía yo, notando como aquella enorme verga me iba abriendo el culo a la vez que se incrustaba dentro mía. Sin escuchar mis súplicas, terminó por dar un movimiento a su pelvis, terminando por enterrarme todo aquel pollón, en lo más profundo de mi culo. ¡Ohhh! ¡ooohhh ohhh! Grité al sentir como era ensartado en aquella verga. Notaba sus pelotas y pelvis pegadas a mi culo, con aquel pollón dentro mía. Ya maricón, ya está, ya la tienes toda dentro, ahora relájate para que puedas disfrutar. Ya verás como vas a gozar con mi polla dentro tuya, me decía empezando a mover su pelvis, haciendo que su verga se fuese deslizando por mi interior, sodomizándome allí tumbado sobre aquellos palés, desnudo por completo en plena vía pública. ¡Ohhh que culito! ¡ohhh que culito! ¡ooohhh que culito, maricón! ¡Ay que gusto! ¡ay como me gusta! Gritaba sin dejar de mover su pelvis, ensartándome una y otra vez su polla. Pellizcaba con su mano mis pezones, viendo como yo gemía sin parar, metiendo y sacando su polla por mi culo. Yo que me aferraba con mis manos a sus hombros, gemía como una puta, gozando de aquella polla que me estaba dando por el culo, ¡ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh ohhh! Gritaba cada vez que aquel pollón rozaba mi próstata, sus enormes cojones y pelvis golpeaban mi culito, escuchándose plof, plof plof plof, plof, plof plof plof, cada vez que estos golpeaban mi culo. Mi polla no paraba de gotear semen, resbalando por mi polla y huevos, pringándola toda junto a mi vientre. Estaba seguro de que no tardaría en empezar a correrme, era demasiado placer el que estaba soportando, notaba como una corriente se iba incrementando a la vez que iba subiendo por mis cojones, hasta que mi pobre polla, empezó a palpitar, empezando a escupir semen. ¡Ohhh me corro! Me corro, me corro, ¡ooohhh ohhh! Gritaba empezando a soltar varios trallazos de esperma, 1, 2, 3, y hasta 4 trallazos salieron disparados de mi polla, manchando mi pecho y cara, siguiendo luego eyaculando sobre mi vientre, el resto de semen que quedaba en mis pelotas. Dios que gusto, había quedado exhausto. Aquel cabronazo, me había llevado al orgasmo, haciéndome correr sin tocarme, mientras me daba por el culo. Así maricón, así, ves como te hago gozar, te he hecho tener un orgasmo y hacerte correr sin tocarte. Te gusta, ¿eh? Te gusta que te den por el culo, ¿eh mariconazo? Ahora te voy a llenar este culito de leche, te voy a dejar bien preñado con mi semen, gritaba sin dejar de bombear su pelvis dándome por el culo. Cada vez sus envestidas eran más rápidas y profundas, hasta que, apretándome por los hombros, empezó un frenético mete y saca, empezando a gritar que se corría. Ya, ya maricón, ya me vengo, ya me vengo, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba derramando su semilla dentro de mi culito. Noté como su verga se hinchaba empezando a palpitar, a la vez que empezaba a eyacular dentro mía, derramando todo su esperma en lo más profundo de mis entrañas, dejándome preñado con su lechita. ¡Ohhh que guuusto! ¡ohhh que guuusto! ¡ooohhh ohhh! Dios que gustazo me has dado, maricón, tienes un culito divino, joder que bueno ha estado. Decía mientras su polla terminaba de escurrir toda la leche que le quedaba, a la vez que iba recuperando el aliento. Una vez ya no salía nada por su polla y esta se fue desinflando, saliendo por si sola de mi abierto y sodomizado y dolorido culito, dejó que mis piernas cayesen de sus hombros, y luego de morderme los labios y meterme su lengua en la boca saboreándome, se puso de pie ayudándome a incorporar a mí. Me ayudó a recoger mi ropa que estaba esparcida, y luego de limpiarme un poco, ayudado por él, me vestí, saliendo de aquellos varaderos que hay en la dársena de mi ciudad, La Coruña, marchando ambos juntos. Fue acompañándome un buen tramo del camino a mi casa, dándome una palmadita en el culo además de una buena metida de mano junto a un morreo, cuando nos despedimos, marchando cada uno para su casa, él iba satisfecho por el polvo que me había echado, y yo feliz, con el culo abierto y algo dolorido, pero eso sí, bien preñado y llenito con la leche de 2 machos en mi culito. Podéis contactar conmigo escribiéndome a: [email protected]

Autor: Danisampedro91 Categoría: Sexo Gay

Leer relato »

¡PRUEBA LA NUEVA WEB: EROTISMOSINTABÚ!