Relatos Eróticos de Infidelidad


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Fin de semana en que la pasamos de 100

2019-09-29


Les quiero platicar uno de nuestros fines de semana que, realmente, no sé de donde salió, el sábado inicio común y corriente, desayuno, alistarse para el medio día de trabajo y regresar para la hora de la comida, para esto mi esposa Maricruz salió normalita a hacer compras para la semana, vestimenta normal para hacer las labores domésticas y poder salir a comprar lo que hiciera necesario, sin llamar la atención aunque con ropa ligera se ve bien, es de las personas que si bien no va de fiesta todos los días, le gusta andar arreglada, y como mínimo sus labios pintados, para no pasar desapercibida y como dice ella no sentirse tan fodonga, siempre le gusta causar buena impresión. Total que hizo sus compras normal y al momento de salir del supermercado y subir sus compras en la cajuela del carro, se topa con una llanta vacía. Me marca para avisarme del incidente y esperarme para poner la llanta de refacción, y cuando me estaba platicando lo sucedido un par de chicos alcanzaron a escuchar lo que me estaba diciendo por teléfono y se ofrecieron a ayudarle, yo más tranquilo y sin preocupaciones seguí con mi trabajo y ella más tranquila por lo frustrante de sentirse incapaz por cambiar una llanta. Rápido los chicos ayudaron a cambiar las compras al asiento trasero del carro para dejar libre el maletero y poder sacar la llanta de refacción y las herramientas para hacer el trabajo. Los chicos si bien se acercaron a ayudar, no perdían oportunidad en detenerse por momentos y observar el cuerpo de mi esposa, y que ella les coqueteaba con disimulo, más bien por agradecimiento a que fueran ellos tan amables en ayudarle, como vestimenta mi esposa traía un pantalón de mezclilla que marcan sus preciosas nalgas, y blusa de tirantes que no tiene prácticamente nada de escote pero que al inclinarse permite ver el inicio de sus pechos, así como asomar la costura de su tanga por encima del pantalón cada vez que se inclina. Desde nuestra primer aventura los dos llegamos a el acuerdo que si sucedía algo cuando más bien yo no estuviera presente, siempre sin importar que sucediera, me lo contaría inmediatamente después de vernos, todo esto para que entre los dos exista una confianza y tener como prioridad siempre nuestra relación, rara pero sincera relación. Así que ella permitía que los chicos observaran un poco de su sensualidad, al terminar de cambiar la llanta vacía por la de repuesto, ella insistió en que la acompañaran a casa para ofrecerles algo de beber y comer, e insistió tanto que los chicos aceptaron un tanto tímidos pero aceptaron, de camino a casa me marco de nuevo mi esposa para decirme que ya estaba todo solucionado y que iba de camino a casa, y que invito a comer a los chicos a casa, y me pidió comprar carbón para hacer una carne asada en el patio de nuestra casa y de esa manera agradecerle a los chicos por su amable atención. Llegue poco después que ellos y entre los 3 llevaban muy avanzados los preparativos para la comida, en cuanto llego mi esposa me saluda con un beso de piquito en la boca y me presenta a los chicos, de igual manera me presente y agradecí de inmediato su ayuda, de la nevera saco unas cervezas y ofrezco una a cada uno para empezar a hacer hambre como decimos en el norte, pongo el carbón en el asador y en pocos minutos está listo para poner la carne y todos los complementos, pronto nos sentamos los cuatro a comer, tenemos un patio trasero adornado sencillo pero te da gusto salir a comer, y no sé como pero el tiempo para rápido y más con gente que sabe platicar y que la conversación fluya, así que estuvimos compartiendo anécdotas, puntos de opinión y todo siempre agradablemente. Para esto antes de que la comida estuviera lista, mi esposa decidió darse un baño para reposar el trabajo de limpieza de la casa y lo acalorado que paso el tiempo bajo el sol al momento de cambiar la llanta, decidió no cambiar mucho de vestimenta pero si un tanto más arreglada, mismo tipo de pantalón, que adorno con sandalias de tacón para resaltar su trasero y en lo que si cambio fue una blusa blanca que al darle la luz del sol deja ver su bra, pero al ser del mismo color, en lugar de verse provocativa se ve bien, se arregló su pelo con una coleta y levemente maquillada y un rojo en sus labios que la hacían lucir aún más bonita. Comimos tranquilos entre platicas y risas, terminando seguimos tomando cerveza los hombres y mi esposa decidió tomar vino tinto, ella hace esto para ir en menos ocasiones al baño, la plática seguía y seguía, los chicos eran muy agradables y parecía que tanto fue el gusto de estar ahí que la noche pronto nos alcanzó, y como era de esperarse ya estábamos algo tomados. Por ser fin de semana los bares están abiertos y decidimos seguir nuestra noche en un bar donde podemos bailar y platicar ya que no hay tanto murmullo o la música no está del todo subido el volumen, nadie nos cambiamos así salimos de nuestra casa. Una vez en el bar seguimos bebiendo nuestra platica seguí afluyendo bien, saco a bailar a mi esposa y todo excelente, al bailar algunas canciones regresamos a nuestra mesa con nuestros compañeros y les preguntamos por qué seguir sentados que salieran a bailar que había más chicas para salir, y ellos respondieron casi al mismo tiempo, que ellos iban acompañándonos así que ahí estarían además de que la plática seguía siendo buena, y que no tenían necesidad de salir a bailar, en eso se acerca mi esposa a mi oído y me pide permiso para sacarlos a bailar, y después de un breve pensamiento, dije porque no, todo el día se han portado como personas educadas y no vi inconveniente en aceptarlo. Los chicos son más jóvenes que nosotros pero bien formados de cuerpo y de muy buena pinta, uno un poco más moreno que el otro. Así que Maricruz toma de la mano a Jorge el más moreno y lo saca a bailar, yo los sigo con los ojos hasta que se acomodan uno con el otro al ritmo de la canción, mientras platico con Santiago, este último vestido formal con un toque vaquero, el otro un poco más sport. Bailaron un par de canciones y regresaron a la mesa contentos, ella me comento que siempre fue respetuoso y nunca intento propasarse ni un poco, entonces saco a bailar a Santiago y de igual manera los sigo con los ojos, también bailan un par de canciones y regresan, y me dice que este si aprovecho tantito y en un par de ocasiones roso sus nalgas con algún movimiento muestras bailaban pero sin llegar a malinterpretar nada. Regresados todos de bailar y un poco más tomados la plática se fue haciendo más abierta y más candente, así que ellos platicaban de sus aventuras que no sé cuál de los dos tenia mas pero se veía que disfrutaban del sexo a plenitud y multitud, jeje. Y cuando comienzan a preguntarnos por nuestro ritmo de vida sexual, mi esposa y yo volteamos a vernos y nos reímos al mismo tiempo. Ellos rieron con nosotros pero sin saber cuál sería nuestra respuesta y sin contarles nuestra vida actual si les comentamos que queríamos experimentar cosas nuevas y que estábamos abiertos a aprovechar las situaciones que se nos presentaran. A estas alturas ya se nos era un poco más complicado el hablar y el caminar cuando lo hacíamos al baño, los 4 estábamos ya bastante bebidos pero aun así sin perder del todo el suelo. Seguimos sacando a bailar a Maricruz pero estos ya aprovechaban para acercarse más a ella y poderla tener más cerca. después de una ronda de bailes decidimos seguir la fiesta en la casa pero al salir del lugar, el aire nos pegó a todos e hizo que la tomada se convirtiera en borrachera, inmediatamente tomo de la cintura a mi esposa por un lado y caminamos hasta el carro, habíamos ido en nuestro carro y el de ellos se había quedado en nuestra casa, en el trayecto de regreso y ya más envalentonados todos comenzamos a jugar verdad o reto, y las preguntas todas iban de índole sexual, así que supimos que Santiago tenia novia y que su número de parejas había sido 22 y Jorge soltero y con más experiencia 30 chicas con las que había estado. Cuando nos preguntan a nosotros respondimos a sus preguntas y que si habíamos estado con más personas antes de casarnos sin llegar a decir el número. Decido pasear por la ciudad para seguir con el juego para ver en donde parábamos y los retos comenzaron a salir, los chicos a gritar en la calle que estaban locos, o tirar el rollo a alguna chica que iba caminando y quitarse las playeras, por nuestro lado mi esposa había tonteado con algún que otro chofer, guiñarle un ojo o tirarle algún beso, y le impusieron una verdad, que ha estado en un trio o en una orgia, ella respondió que no pero que si le gustaría. Esto los chicos lo tomaron de sorpresa y abrieron los ojos como platos, acto seguido le impuse un reto a Maricruz que se quitara la blusa y ella sin miedo se la quitó. Para esto apresuro el carro para llegar pronto a casa y seguir con el juego ya estaba con mi pene que me quemaba por dentro por ver a mi esposa exhibirse. En cuanto llegamos mi esposa fue la que pidió que se quitaran las playeras y blusa como venían en el carro para continuar con el juego, y ahora en lugar de verdades eran puros retos, hasta quedar todos en ropa interior, ellos al no saber cómo seguir, mi esposa fue la que rompió el hielo y le dice a Jorge que lo reta a desabrochar el sostén con una sola mano, y este no pudo hacerlo, y fue el turno de Santiago que muy hábilmente lo hizo, y Maricruz reta de nuevo a Jorge pero que le quite el sostén con la boca, así que este inmediatamente lo hizo y lograron ver los hermosos pechos de mi esposa, el siguiente fui yo en retar a Santiago a abrazar por la espalda a mi esposa, cosa que vi que ya estaba con su miembro duro y que cuando se acercó a ella se metió entre sus nalgas y lo único que le impedía sentir su virilidad en sus nalgas era la delgada tela del bóxer de él y ella al llevar tanga pues pudo sentir perfectamente el calor que su miembro emanaba. Ella echaba su cuerpo para atrás para sentir más el caluroso abrazo, y fue el turno de Jorge que de la misma manera tenía que quitar la tanga, y lo hizo muy hábilmente, delicadamente tomo la parte baja con su lengua claro está que sintió perfectamente el roce de la lengua con su sexo lo que ocasionó un gemido que acaparo toda la sala de nuestra casa. ya sin más ni más me acerque a ella completamente desnuda y con cara de vicio, le di un morreo que si bien estaba cachonda le termine de calentar, así que me baje el bóxer y le di mi miembro a que me hiciera oral, y así ordene a Santiago a que hiciera lo mismo con la vagina de Maricruz y este de inmediato hundió su cabeza en ella, y a Jorge de momento le tocaba recibir una masturbación de las manos de ella, estuvimos cambiándonos para todos recibir el mismo trato por aproximadamente media hora, para darle el privilegio a Jorge que fuera el primero en cogérsela y para esto ella se pudo en la posición de perrito para ofrecerle sus nalgas y por enfrente tenia sentado en el sofá a Santiago y yo desde el comedor veía la acción, se turnaban cada uno para poseerla y después de un rato me uní a ellos, pero los invite a nuestra recamara, me acuesto y le pido a mi esposa que me cabalgue y ahora es el turno de Santiago, le digo que la coja por atrás, (cosa que para nosotros era la primera vez que alguien más ocupara mi exclusivo lugar) así que era nuestra primera orgia y nuestra primera doble penetración, y claro que Jorge también recibió la boca de mi esposa en su pene, el único requisito era que el que estuviera en su culo tenía que ponerse condón, para después poderle hacer el sexo oral además de higiene. Estuvimos rotando todos sus agujeros por aproximadamente 2 horas así que todos exhaustos terminamos cada quien en un lugar, después fuimos uno a uno a darnos un baño, ofrecimos toallas y un short mío para salir del baño, como ya había confianza los invitamos a dormir porque para ese entonces ya estábamos en las 4 de la mañana, y aceptaron los dos con gusto. (Es la ventaja de estar entre adultos). Maricruz para dormir prácticamente no se puso nada, una bata de encaje que nos permitía verla prácticamente toda, pero ya cansados todos nos fuimos a dormir. En la mañana despierto primero que todos y fui a poner café y comenzar con el desayuno que mejor opte por pedir a domicilio un caldo para mitigar un poco la cruda de la velada anterior. Cuando suena el timbre de la puerta corro a mi cuarto por la billetera pero Maricruz ya venía con ella en su mano, que el olor a café la despertó y oyó que pedía a domicilio, y como yo iba en bóxer le pedí que ella lo recibiera, sin cortarse ni un pelo fue a la puerta con su bata de encaje negro y recibió la compra y la pago, que al cerrar la puerta rio de manera sínica y me comento que el repartidor había quedado con la boca abierta. Llame a los chicos a desayunar y que al ver a mi esposa en su bata inmediatamente les creció el pene bajo el short que yo les había prestado, y mi esposa en cuanto vio eso, libero de su prisión sus penes y de manera alterna tomaba y mamaba cada uno, hasta hacerlos venir. Limpiada su boca y repuestos todos desayunamos y seguimos con la plática de antes, diversa, amena y graciosa. para esto al terminar yo le pido a mi esposa sentarse en mi pene que era el único que no había tenido alivio esa mañana, y ella nada mas se subió su bata y se sentó complaciente, y subía y bajaba después de un rato fue con Jorge que hizo lo mismo saca su miembro del encierro y ella de una sentada se lo mete todo, después fue el turno de Santiago que este la recuesta hacia enfrente con la vista hacia mí y la ensarta, ella sin dejar de verme me dice que me ama mientras el la penetra con fuerza hasta venirse dentro de ella, después es Jorge que en la misma posición la penetra y con majestuosa fuerza le mete y saca su pene hasta también venirse dentro de ella, fueron los chicos a bañarse para vestirse después y agradecer la noche y los buenos días que pasaron y mi esposa de la misma manera agradeció el cambio de llanta y la magnífica noche que había pasado. Al cerrar yo la puerta mi esposa venia saliendo de bañarse y corrió desnuda hacia mi para decirme que me quería y que esperaba seguir disfrutando de nuestras vidas como hasta hoy. Espero que nuestra aventura haya sido de su agrado, saludos desde el estado grande.

Autor: Timken Categoría: Infidelidad

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Mi primera vez como cornudo

2019-09-28


Somos un matrimonio maduro. Hace 20 años que estamos casados, mi mujer se llama Lola y yo Javier. Ella tiene 42 años y yo 45. Aunque en la cama nos llevamos muy bien, tenemos una fantasía, quiero ver a mi mujer follar con otro hombre. Que la folle por todos lados y yo mirar. Siempre que hablamos sobre el tema, nunca nos ponemos de acuerdo, yo quiero que el que se la folle sea nuestro compadre, el padrino de nuestro hijo, pero ella quiere que sea un extraño, y si fuera un negro mejor. Yo le digo que si es un extraño debe usar protección y yo quiero ver como le llenan de leche o el coño o el culo, como le sale la leche. Lola es una mujer ni gorda ni flaca, de buenas tetas, con unos pezones grandes y un culo redondo de nalgas grandes, metro sesenta de altura, una mujer de buen ver. El argumento que me dio mi mujer, en el fondo tiene razón, y eso me hizo acceder a su pedido. «Que pasa si no queremos volver a hacer eso, un desconocido termina, se va, y nunca lo volvemos a ver, pero con el compadre, después que me haya follado puede querer seguir follandome», me dijo y tiene razón. El sábado nos vestimos y salimos a beber unas cañas y buscar a quien se folle a Lola. Cerca de donde estábamos sentados, había un top manta, un chico negro, alto, de algo más de metro ochenta, se notaba que estaba muy bien de cuerpo, se lo mostré a Lola y a ella le gustó. Me acerqué a él como viendo lo que vendía, nos pusimos a hablar y le dije lo que queríamos hacer mi mujer y yo. Al principio se negaba, hasta que le ofrecí 50 euros y bebidas en casael, ahí aceptó, Lola pagó las cañas que habíamos bebido y nos fuimos para casa. Lola iba sentada en el asiento de atrás con Jeremías, que asi se llamaba el negro. Cuando miro por el retrovisor, Lola y el negro se iban besando, mi mujer tenía las tetas al aire y Jeremías mientras la besaba, se las iba estrujando. Escuchaba los gemidos de mi mujer entre los brazos del negro, hasta que en un momento dadodado vuelvo a mirar y no vi a Lola, me volteo mas y estaba ella chupando la polla del negro y este metiendo su mano dentro del pantalón de mi mujer, acariciando su culo. Yo iba con la polla dura. Cuando llegamos a casa, se arreglaron la ropa y subimos. De inmediato nos fuimos al dormitorio, Lola se lo comía a besos a Jeremías, se iban desnudando mutuamente, cuando le vi bien la polla a Jeremías, me quedé sorprendido por el tamaño y el grosor. Jeremías se tendió en la cama boca arriba, con su tremenda polla dura, Lola la cogió con su mano y la empezó a besar, pasaba su lengua por toda esa enorme polla, intentaba meterse algo en su boca para chuparla. Mientras mi mujer le chupaba como podía la polla al negro,. yo pasé mis dedos por su coño, estaba empapada. Se fue subiendo sobre Jeremías besando su cuerpo, acomodó la polla contra su coño, y yo escuchaba sus quejidos de dolor y placer, viendo como esa tremenda polla entraba en su coño, abriéndolo como jamás me imaginé ver así de abierto su coño. Las manos del negro acariciaban el cuerpo de mi mujer, mientras Lola, jadeaba de placer y movia sus caderas, haciendo que la tremenda polla de Jeremías entre y salga, haciendo un sonido acuoso. Yo veía como el negro la estaba follando y me empecé a masturbar. Solo se escuchaban los ayes de placer de Lola, disfrutando esa enorme polla. En un momento dado, Lola le dijo que la folle por el culo, bajando de la polla de Jeremías, dejando que vea por un segundo su coño abierto como jamás se lo habia visto. Lola se puso en cuatro patas, y se abrió sus redondas y gordas nalgas, dejando que Jeremías y yo le veamos el ano. Lola tiene el ano abierto, pero por mi polla, que no es ni la mitad que la de Jeremías. Le empecé a pasar bastante vaselina, mientras Jeremías se pasaba vaselina por su polla, yo le metí dos dedos llenos de vaselina en su culo. Lola seguía en cuatro patas abriendo sus nalgas, jadeando, ansiosa de que Jeremías le folle el culo. Yo la veía así, estaba ansioso de ver como Jeremías le iba a destrozar el ano a mi mujer, pero tenía miedo que le haga daño. Jeremías se acomoda detrás de Lola, apoyando su polla contra el ojete de mi mujer y escucho el grito de dolor de Lola cuando Jeremías se la empezó a meter por el culo. Yo escuchaba a mi mujer quejarse a medida que desaparecía esa tremenda polla dentro de su culo. Lola daba fuertes gemidos, entre dolor y placer, ella seguía en cuatro patas y no dejaba de abrir sus nalgas, hasta que vi como su culo se pegaba al cuerpo del negro, le había metido toda la polla en su culo. Jeremías empezó a hacer salir su polla del culo de mi mujer y se la volvía a meter toda. Los gemidos de Lola eran cada vez mas fuertes, escuchaba como a medida que entraba y salía esa tremenda polla de su ojete, ella se tiraba pedoste. Jeremías la cogió de las tetas y la trajo bien contra él, haciendo que su polla le entre lo mas adentro que pudo, y la siguio follando entre los gemidos y gritos de placer de mi mujer. Yo quedé muy sorprendido cuando vi que a medida que Jeremías le follaba fuerte el culo, Lola se empezaba a cagar. Conmigo nunca le había pasado eso, y yo veia que cada vez que Jeremías metía y sacaba su polla, salía mas cagada. «Mi amor, te estas cagando», le dije viendo que a Jeremías no le molestaba, ya que no dejaba de follar cada vez mas fuerte el culo de mi mujer. «Siiiii, me estoy cagando de placerrrrr», me gritó y empezo a morder las sábanas corriendose como loca y Jeremías le follaba cada vez mas fuerte el culo. Hasta que dio un grito, le metió bien adentro la polla y el negro se empezó a correr dentro de su culo. Yo no aguanté más y cogiendo a mi mujer por la cabeza, le metí la polla en su boca y al sentir el calor y la humedad me empecé a correr yo también en la boca de mi mujer. Cuando Jeremías le sacó la polla del culo a Lola, su ojete estaba literalmente destrozado, la polla del negro estaba toda cagada. Lola jadeando hacía fuerza con su ano para adentro, como queriendo cerrarlo, lo tenía tan abierto, que le empezó a salir leche y no podía evitar seguir cagándose. «Te gustó mi vida ver como me follaron», me dijo Lola, cayendo de costado en la cama, completamente agotada de como la había follado el negro. Fue la experiencia mas extraña, pero la mas excitante que viví en todos estos años de matrimonio. Con Lola habíamos follado muchas veces por el culo, pero jamás se había cagado, como se cagó con la polla del negro, siempre fue esquiva a tragar mi leche, pero ahi la tragó sin problemas. No se si volveremos a repetir esto, es algo que debemos hablar mas adelante.

Autor: Anónimo Categoría: Infidelidad

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Infidelidad por primera vez

2019-09-28


He leído en estos espacios y comentado con algunas amigas las propuestas sexuales que en ocasiones nos llegan a hacer nuestros maridos o parejas, como la de realizar un trío o mirarnos teniendo relaciones con otro hombre. ¿Fantasías? ¿Qué significado tiene todo esto? No soy psicóloga pero lo que puede ser una simple fantasía y se convierte en realidad implica riesgos. Supongo que estas proposiciones se dan en parejas que llevan tiempo de casados o viviendo juntos. Dice mi marido que es para condimentar el matrimonio, pero lo que para algunos es una perversión para otros son simples fantasías y otros desean convertirlo en realidad. Estas propuestas no dejan de tener su riesgo, pues provocan nuestra imaginación. Pero aunque no se den, la infidelidad de las mujeres va en aumento, sé de algunos casos que van de simples aventuras a relaciones más duraderas, por ejemplo, tengo una amiga que lleva 17 años de casada y lleva 10 años de aventura con un hombre también casado. Me dice que todo es perfecto pues se reúnen una vez al año una semana, generalmente en otro país y la pasan de maravilla, sin compromisos ni exigencias. Hay otras que aprovechan la mañana, mientras los hijos están en la escuela y el marido en el trabajo, para irse al hotel con el chico que conocieron en el gimnasio o el maestro de karate de su hijo o el ex novio que ha encontrado en las redes sociales; o también otras que en el propio trabajo tienen a sus amantes, por cierto, siempre más jóvenes. Otras más recatadas lo hacen virtualmente a través de los sitios como Ashley Madison. Hay de todo. Lo que quiero decir es que estas situaciones son más comunes de lo que se imaginan nuestros maridos, creen que solo ellos engañan y tienen todo bajo control. Recientemente cumplí 10 años de casada, tengo 41 y mi marido 43. De un tiempo para acá mi marido me salía con esas propuestas, que si un trío, que si no me gustaba alguien del trabajo o que si no miraba a los hombres en el gym, etc. Yo siempre le decía que no y me hacía la loca con sus propuestas. Sé que con el tiempo de casados la pasión ya no es igual y que las relaciones ya no son tan frecuentes. Pero aunque fuera por complacerlo no aceptaba sus juegos. No se dan cuenta que con todo lo que nos dicen en la cama, nuestra imaginación puede dispararse ante una oportunidad que se nos presente. La empresa en que trabajo me ascendieron de secretaría del jefe de un área a asistente ejecutiva de un director, al cual ya conocía y que a veces me coqueteaba; siempre se me hizo un hombre muy atractivo, más grande que yo, más de cincuenta años. Lo que más me agradaba de él era su formalidad y respeto con el que trataba a la gente y yo no era la excepción, a pesar de sus coqueteos, a los que yo, no lo niego, le respondía. Llegué a conocer a su esposa, muy guapa, con un cuerpazo, como de 45 años. A raíz de conocer a su esposa, me entró el morbo y este señor se me hizo todavía más atractivo. Me di cuenta de que me empezaba a gustar y yo también a él. Sin duda, la convivencia de lunes de viernes contribuyó. Llegué al grado de modificar mi vestimenta, me compré trajes sastre con faldas cortas o ajustadas, con tacones altos y a veces no me ponía medias. Sabía que no podía competir con su exuberante esposa, pero lo diferente llama la atención. En una ocasión, que amanecí caliente y que me le ofrecí a mi marido y no me hizo caso, dejándome insatisfecha y molesta, me duché y me rasuré el pubis; me puse un vestido negro corto y tacones. Era viernes, me acuerdo muy bien. Mi jefe ese día llegó un poco tarde pero casi de inmediato me pidió que pasara a su oficina, pues íbamos a revisar los pendientes. Esa vez no se puso detrás de su escritorio sino en una pequeña salita que se encuentra en la oficina. Quedamos de frente y cuando me vio con ese vestido corto, sin medias, no pudo evitar mirarme las piernas, que todavía no las cruzaba. Cuando lo hice no sabía si seguir mirándome o seguir con el trabajo. Me dijo que anotará los nombres de las personas a las que había que llamar por teléfono y si no las encontraba el recado que había que dejarles. Me dio las gracias y me retiré a mi lugar, sintiendo su mirada mientras me alejaba. Supongo que lo dejé entusiasmado pues ese día varias veces me llamó para preguntarme o solicitarme cosas sin mucha trascendencia. Llegó la hora de la salida y me pidió, si no existía inconveniente de mi parte, quedarme un rato para revisar los pendientes de la próxima semana, pues estaría de viaje toda la semana. Le dije que no. Además mi marido me había enviado un mensaje diciéndome que llegaría tarde pues iría con amigos a un bar a ver el béisbol. Llegó la hora de la salida y la mayoría del personal de la empresa se retiró. Al poco tiempo me llamó y cuando me senté cruce mis piernas y mientras me pedía que anotara los pendientes, sentía su mirada. No sé pero me empecé a sentir nerviosa y deseosa al mismo tiempo. Después me dijo que iba a al baño y que buscara un libro en el librero pues lo recogería una persona la próxima semana. No encontraba el libro. De repente escuché que entró y cerró la puerta y se acercó detrás de mí y me señaló dónde se encontraba el libro. Cuando me estiré para tomar el libro sentí que me abrazó por detrás, rodeándome con sus brazos mi cintura. Pensé en hacerme a un lado, pero al sentir su miembro en mis nalgas y besándome en el cuello, me paralizó. Luego me voltee y nos abrazamos y empezamos a besarnos. Me subió el vestido y acarició mis nalgas e intentó bajarme los calzones, a lo que me rehusé primero pero después lo dejé pues me estaba excitando. Yo sentía su miembro en mi vientre y me gustaba esa sensación. Me dieron deseos de tocarlo y lo hice pero encima de su pantalón, masajeándolo un poco, hasta que le desabroché el cinturón y se bajó los pantalones. Quedó en trusa y vi cómo se le marcaba su miembro. Me puse en cuclillas y lo seguí tocando, hasta que bajé la trusa y surgió su miembro grande y erecto. Lo tomé con mis manos y la tentación me superó. Me lo llevé a la boca. Jugué con su miembro de diferentes maneras, llevando mi lengua a su glande. Me gustó su tamaño y su grosor, diferente al de mí esposo. Sentía su excitación y parecía que estaba a punto de eyacular, pero de repente me pidió que ya no continuara, que me quitara el vestido y me quedara en tacones. Recordé que estaba en mis días fértiles y le pregunté si tenía preservativos y me respondió que sí. Mientras iba a abrir el cajón de su escritorio por un preservativo yo me quité el vestido. Quedé desnuda en tacones, como me lo pidió. Me abrazó por detrás y me dijo que pusiera mis manos en el escritorio. Desnuda, en tacones, casi en cuatro, se puso detrás de mí y empezó a acariciar mis nalgas y luego el interior de mis muslos hasta llegar con sus dedos a mis partes íntimas, dándome un masaje como nunca lo había hecho nadie, simplemente magistral. Completamente húmeda, sentí la necesidad de que me penetrara y no tuve que pedírselo pues empezó a penetrarme, pero poco a poco. Me embestía sin fuerza, suavemente y de forma coordinada, pero con uno de sus dedos masajeaba mi clítoris. Yo movía mis caderas sincrónicamente mientras su miembro entraba y salía. En un instante empecé a sentir como venía mi orgasmo en camino al igual que el de él. Movía más mis caderas y su miembro se mantenía rígido, lo que me excitaba más. En ese momento me preguntó si mi marido me cogía así, la pregunta me volvió loca y le dije que no y al instante explotamos al mismo tiempo. Me voltee y nos dimos un beso. Él se quitó el preservativo y lo envolvió en un Kleenex. Se subió los pantalones y antes de retirarse me dijo que cerrara bien la oficina y que fuera discreta pues como sabía había cámaras. Llegué a mi casa. Afortunadamente no había llegado mi marido. Inmediatamente entré al baño para ducharme. Mientras me bañaba escuché a mi marido. De repente se metió conmigo a la ducha; nos bañamos, venía caliente pues ya lo conozco. Ya en la recamara me dijo que me pusiera en cuatro, con las rodillas en la orilla de la cama. Es su posición favorita. Le dije que se pusiera un preservativo porque estaba en mis días fértiles, se lo puso y empezó a penetrarme. Me envestía rápidamente y con fuerza, luego empezó con lo mismo: que si no me gustaría hacer un trío o que le respondiera sino me gustaría que me penetrara otra verga en esa posición, a lo que le dije que sí y en ese instante sentí como se venía, supuse que lo excito mí respuesta. Se mantuvo así, con su miembro dentro de mí. Me preguntó si me había gustado, le respondí que sí. En mis adentros sabía que me había dejado insatisfecha, que mi jefe me había cogido mejor en todos sentidos. Al mes le ofrecieron a mi jefe un mejor trabajo fuera del país. En ese lapso no volvimos a tener contacto físico pues estaba demasiado ocupado para la entrega-recepción con los directivos de la empresa. La última vez que lo vi fue días antes de que se fuera del país. Yo no tenía automóvil ese día. Me llevó a mi casa. En el trayecto nos dimos unos besos y nos excitamos. Estacionó su auto a pocas calles de mi casa, me pidió que le hiciera sexo oral, que le había gustado como se lo había hecho aquella vez en la oficina y también me dijo que me quitara los calzones, a lo que accedí. Me recosté hacia la izquierda para mamarle la verga. Entonces me levantó el vestido y pasó su mano derecha por mi espalda para luego acariciar mis nalgas y por detrás meter sus dedos en lo más profundo de mi vagina, hurgándome suavemente y provocándome un delicioso orgasmo al poco tiempo, mientras sentía como eyaculaba en mi boca con poca fuerza y muy poco semen. Supuse que por su edad ya no era igual cuando eyaculaba, como mí marido. No sé por qué lo hice y me tragué su semen. Nos despedimos. Cuando metí la llave para abrir la puerta recordé que no me había puesto los calzones. No supe qué hacer. Mi marido me abrió la puerta y me recibió con un beso. Se me quedó viendo y me dijo que me veía muy con el vestido que traía: era un vestido blanco, suelto y corto. Me abrazó, acarició mis nalgas y luego metió la mano por debajo del vestido, dándose cuenta que no traía calzones. Me preguntó quién me había llevado a la casa, le dije que mi jefe. Me vio fijamente a los ojos y no supo qué decir.

Autor: hotmom Categoría: Infidelidad

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Infiel

2019-09-27


Ojo por ojo. La mayorìa de las infidelidades tienen sus razones,no por esto las justifico sino trato de entenderlas. Todos en algún momento hemos sido infieles de alguna manera y víctimas de un infiel. El denominador común que tienen las infidelidades es el dolor.Causan dolor,dejan dolor,en mayor o menor grado siempre causan daños a involucrados y hasta a terceros y cuartos en discordia.Yo misma he sido víctima y verdugo algunas veces y les garantizo que por mucho que se disfruten y dejen sonrisas, siempre el toque amargo las adorna. La venganza en muchos casos es el antídoto que una vez consumido no sabes si en realidad te mata o te sana. Venganza, eso fue lo que buscaba aquel dia.La sinceridad me explotó en la cara,me dejó aturdida, sin saber qué sentir o pensar,solo quería venganza. Y teniendo las herramientas, gesté una deliciosa venganza. Llamo , me atiende,me halaga.Primer paso para que la seguridad me sea devuelta.Me dice que piensa siempre en mi, que extraña mi compañía.Me hago grande,me regodeo conmigo misma.”Te invito a un café” suelto directa.Acepta y en 30 minutos estoy subiendome a su auto.No deja de verme y alabarme. Me siento hermosa y considerada. Entramos a un restaurant y sonriendo me dice “Cafe no, un trago mejor” y ordena dos cócteles que vienen de perlas para esta tarde calurosa.Esta muy guapo,una camisa blanca y un jean, sonríe siempre y me mira como si no hubiese otra persona en el mundo.Charlamos de todo al principio, reímos y nos pusimos serios varias veces, y de pronto me preguntas por él, siento de nuevo esa sensación en mi estomago, como si me hubiese tragado una bola de hormigas.Le digo que estas bien “por ahí” y sonrío.Me dice : “Entiendo, no hablemos de eso” , sonrío agradecida y proseguimos nuestras charla multitemática. Los cócteles van danzando uno tras otro pero sin excedernos.Me invita a comer y le digo que mejor le cocino algo.Entendiendo la indirecta responde “Vamos a mi casa” y veo como le brillan los ojos.En el camino me repite lo bella que soy, lo mucho que me extraña, lo increíble de mi compañía. Me eleva mi golpeada autoestima y me da valor para continuar mi plan. Pienso en ti, en tu confesión, en mi.Decidida, continuo y le toco la pierna a mi amigo,”estas muy guapo” le digo con voz de gatita y se sonroja. Entramos a su casa, un lugar que ya conoci mil veces,donde viví gratos momentos.Me siento de nuevo una reina.Mi amigo acaricia mi cabello y me pregunta que cocinaremos.Voy directo a su nevera y empiezo a imaginar cien platillos mientras me observa embelesado.Colocó varios ingredientes sobre el mesón y empiezo mi culinaria labor mientras mi amigo trae dos copas de vino rosado.Charlamos alegremente mientras comemos trocitos de todo lo que voy disponiendo en un plato: quesos,embutidos, frutas,galletitas...recuerdo cuánto le gusta que cocine para Él y pienso “ no se lo merece”. Veo a mi acompañante, que me sonríe y se acerca para besarme. Acepto sus labios y lo invito con mi lengua.Me abraza,sin dejar de besarme y correspondo a su abrazo. Me mira y me dice simplemente “Bella” para continuar besándome y acariciando mi espalda y mi cabello suavemente. Mi hembra lasciva aparta a la niña triste y herida y se impone.Quiere venganza, quiere sentirse dueña de sí misma, quiere arrancarse de la piel el dolor. Correspondo a sus besos con pasión, con entrega.Sus ojos me miran buscando aquello que le sorprende y confunde.La rabia me impulsa a ser más salvaje, más erótica. Desabotono su camisa con rapidez para luego sin quitarsela meter mis manos tocando su torso bronceado. Le lamo el pecho y chupo suavemente sus pezones, noto como su piel se eriza ante el roce de mi lengua. Me leva de la mano al sofá de su salon y me sienta como si fuese una virgen vestal, toma mi pierna y acariciandola llega a mi pie y me quita el zapato, hace lo propio con mi otra pierna y acomodándose entre ellas me sube la falda hasta los muslos,para meterme la mano justo en mi vértice que ya está caliente y húmedo.Se levanta para quitarse su pantalón y observo su erección. Me le acerco a mi antiguo conocido y se lo comienzo a chupar completo, lo sacó de mi boca y le doy largas lamidas desde sus testículos hasta su punta, quedándome allí para hacer circulos con mi lengua en su orificio que comienza a manar pequeñas gotas de placer. Siento su respiración profunda y espesa ,su cuerpo que tiembla casi imperceptiblemente mientras me trago completo su tallo y comienzo rítmicamente a sacarlo y meterlo de mi garganta. Acaricia mi cabello y me dice que lo hago divinamente,que nadie se lo chupa así,lo miro con su pene en mi boca y esbozo una media sonrisa.Me toma por los hombros y me recuesta sobre el sofá,me quita la blusa y mi brassier,admira mis blancos senos y los acaricia con delicadeza,chupa mis pezones y me viene el a la mente, que me los muerde hasta casi arrancarme un orgasmo, alejo esa imagen de mi mente y me concentro en mi compañero sexual, que me esta quitando mis bragas y las huele para decirme “ tu olor es único, me fascina” Luego separa mis piernas y admira mi vagina totalmente depilada,se relame como un animal ante su presa y me toca con todos sus dedos mi clítoris , que se asomaba excitado. Acerca su lengua y comienza a lamer en círculos mi pequeña cabeza. Respiro profundo de excitación y placer,siento como empieza a latir mi vagina justo cuando me mete dos dedos y su dedo pulgar continúa masajeándome el clítoris.Presagiando un orgasmo me muerdo los labios y me abandono al placer,mi vientre siente el vuelo de mariposas, mis senos se convierten en dos picos duros y turgentes.Mi boca se humedece y comienzo a jadear.Me ahoga un beso sensual y unos halagos que aumentan más la autoestima de esa hembra atormentada.Le digo “Métemelo” y obediente lo hace.Vuelvo a sentir a aquel amigo acostumbrado a mis formas, lo acepto.Comienza a follarme con un ritmo antiguo, nada desagradable, pero no le reconozco, comparo por unos segundos y Él sale ganando con sus perversiones y con su conocimiento perfecto de mis reacciones. Recuerdo mi herida y dejo de lamerla, me concentro en este macho que me folla ahora con fuerza, sacándome el aire de mis pulmones y la rabia del cuerpo. Me levanta por los brazos y me voltea, poniéndome apoyada en mis rodillas y codos,me penetra de nuevo y de nuevo mi mente te recuerda, te extraña, pero deseo vengarme, deseo que sientas el mismo dolor que guardo.Respiro profundo y se me salen las lagrimas, no de dolor físico, pero de dolor. Mi compañero follador no advierte mi debilidad y continúa taladrándome. Me concentro en sus embestidas y acerco mi mano a mi entrepierna para estimular mi clitoris.Quiero un orgasmo, lo necesito.Me advierte que va a acabar y quiero hacerlo con el. Me toco frenéticamente y me llevo al umbral de la muerte, ese segundo donde el gozo te deja sin aire y sin latidos , sin pensamientos ni dolor, simplemente mi cuerpo se desintegra y se arma de nuevo,no se quien soy ni donde estoy por una fracción de segundo donde el placer te arranca de la vida y al segundo siguiente estas más viva que nunca.Caigo sobre mi jadeante,sudorosa y feliz. No sentí su orgasmo, pero si viví el mio.Mi amigo se deja caer a mi espalda, dandome una lluvia de besos.Me dice que fui muy salvaje, que jamás me había sentido así. me preguntó qué había comido y yo pensé : “Dolor” Me levanto aun con las piernas débiles por mi reciente orgasmo y busco mis cosas para ir al baño. Coloco mi bolso sobre el lavamanos mientras me retoco el maquillaje y siento que suena mi celular,es un mensaje de Él que dice “Hablamos?” Vuelve el dolor, vuelve la niña triste. Quiero gritarle, llorar, odiarlo, pero no puedo.Siguen las abejas comiendome el estómago, siento el sabor amargo de mi reciente venganza en la garganta. No fue antidoto, fue veneno. Me veo al espejo, escucho una voz que me susurra “lo merece y sabes que no estuvo nada mal”. Me sonrío a mi misma, cínica. Salgo y veo a mi amigo ya en su cama,medio tapando su desnudez con una sabana, mirándome de esa manera tan dulce, tan exacta mientras me invita a acostarme a su lado. Aceptando todo sin hacer preguntas,solo estando allí a mi lado.Aun medio vestida, me acuesto a su vera y me dice “Te extraño, deberíamos algun dia volver a intentarlo”. No puedo,no quiero. Me martilla el mensaje de Él en la cabeza. Sin embargo le respondo “Quizas un dia de estos”. Me abraza y me besa en la frente,no dice nada pero se lo que piensa. Le doy un beso en la mejilla y correspondo a su abrazo.Pienso si hubiese sido mejor la mentira de Él o la verdad que me quemó las manos, el engaño de que no pasó nada o el engaño en sí. No se que pensar ni que sentir.Sigo aferrada literalmente a mi amigo mientras estos pensamientos dan vueltas sobre mi.Mi amigo me dice que me quede con el, digo que debo ir a casa. ”Te llevo” dice y se levanta a vestirse. Mientras lo hace abrazo su almohada y huelo su perfume, es un buen hombre y un excelente amante.Es especial, pero no es Él. De regreso a casa, mi amigo y yo charlamos plácidamente. Antes de bajar del auto nos abrazamos y me dice al oído “Que suerte tiene Él que te tiene a su lado siempre y que mala suerte la mía que te tengo de a ratitos” Le doy un beso dulce en la boca y entro a mi casa con esa sensación de satisfacción que da la venganza, fiera, orgullosa,altiva,dueña de mi misma. Entro y escucho el ruido de la ducha,Él está en casa.No lo esperaba hasta dentro de tres días. Tengo ganas de llorar, me voy directo a la cocina y me sirvo un trago corto que apuro y me quema la boca, pero me da valor. En el ambiente puedo oler el aroma de su loción. Entra a la cocina y me mira con sus ojos muy abiertos, llenos de vergüenza. Estaba muy guapo,su piel aun húmeda, su cabello alborotado y mojado, descalzo,solo lleva puesta una toalla cubriendo su cintura .Le digo un “Hola” cargado de culpa, se acerca a mi y dándome un beso que esquivo me pregunta cómo estoy. Respondo “Cansada” “¿Mucho trabajo?” me dice. “Cansada de todo” respondo mientras camino a la habitación. Me desvisto para ir a la ducha y me atrapa en la puerta.Me dice que tenemos que hablar, “Ahora no “ digo. Me abraza y siento como mi acabada de estrenar fiera huye. Me embriaga su olor, su tacto. Me dice que hablemos y me empuja desnuda como estoy de alma y cuerpo a la cama,me recuesta y me dice que no significa nada, que fue una tontería, que no quebró las reglas de nuestro juego, que somos más que cualquiera. Quiero llorar, siento como mis ojos se inundan y trato de incorporarme sin decir nada, pero el me atrapa de nuevo y me acuesta ,colocándose encima de mi, mirándome con esos ojos que adoro, puedo oler su aliento que me da vida, siento sus brazos a los lados de mi cuerpo desnudo y una electricidad recorre mi piel. Mi mente dice que sea fuerte, mi corazon debil solo se pregunta mil por qués y mi vagina se alegra de no tener más invitados sino al dueño de la mansión. “Disculpame” dice y cree que eso puede resarcir todo. Me besa y lo siento agridulce, no es mio ni yo de el. Pero esa sensación de tenerlo cerca me enceguece y debilita.Me empieza a besar la cara y el cuello, y mi piel responde, mi sexo grita,es Él. Hace unas horas otro cuerpo disfrutaba de mio, la venganza me dio el mejor postre. Ahora Él , antiguo victimario, ahora era víctima. Besaba una piel que acababa de ser besada por otro, una boca que tuvo otra lengua danzando con la mia, un cuerpo que aun tenia la miel de otro panal. Estos pensamientos me hicieron sonreír con toda la maldad del mundo, mi venganza se hizo más fuerte y llegó a encender uno de mis más grandes morbos: ser deseada y gozada por dos machos. Excitada con mis cavilaciones, dejaba que el disfrutara de mi cuerpo que aún conservaba huellas de mi reciente encuentro. Cuando comenzó a morderme los pezones recordé mi comparacion de hace algunas horas, y ahora tenía lo mejor de dos mundos. Abrió mis pìernas y me chupaba con vehemencia, provocándome un orgasmo casi al instante que su lengua se posó como un aleteo de colibrí sobre mi clítoris. Afortunadamente no me introdujo esta vez sus dedos como acostumbraba, pues se abría encontrado con algo más que mis jugos. Me penetró casi de inmediato, con fuerza, con hombría, con pasión y locura. No recuerdo cuantos orgasmos me provocó, pero si puedo decir que esa sensación de ser muy puta es muy excitante. Él culminaba el trabajo iniciado por otro, dentro de mi ahora un coctel de pasión destilaba desde adentro de mi vagina. Cansado, casi sin poder respirar producto de su orgasmo,se recostó tranquilamente a mi lado, y sonriendo me dijo “¿Me perdonaste?” Mirándolo sin expresión le dije “No” ,me levanté a darme una ducha dejándolo en la cama con una expresión confundida, entre rabia y confusión. Bajo el agua de la regadera, las lágrimas contenidas desde hace horas fueron liberadas a su antojo, mis heridas sangraron , mi dolor me quitó el aliento. Respiré profundo y mi verdugo interno salió al ruedo riendo, victorioso . La venganza había sido mejor que lo pensado. ([email protected])

Autor: L De La V Categoría: Infidelidad

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Compañera de trabajo casada y su marido

2019-09-27


Una compañera casada que siempre está muy distante con los hombres, por complacer a su marido, se decide a intentar mantener una relación con un hombre y en principio ese hombre seré yo. Trascurrió más de una semana desde la “propuesta” que me hizo mi compañera Alejandra. Y aunque nos veíamos todos los días, actuaba como si no me hubiera dicho nada, no es que actuara de forma distinta, ella actuaba de la misma forma que siempre. Me mantuve al margen, porque entendía que podía haberse arrepentido, que su marido se lo hubiera pensado mejor, etc. así que mejor estar callado y no decir nada ni tampoco insinuar ni preguntar. Unos días después estando trabajando la vi que aparecía por mi sección, venia directa hacia mí con unas carpetas en la mano. Golpeo con sus dedos en la puerta y me pregunto si me pillaba mal, como no, le dije que adelante, no hizo ni amago de cerrar la puerta. Fue directa, “Ya lo hable con Rafel y no ha dicho que no, pero tampoco está muy conforme, por eso de ser compañeros. Pero como le he dicho que es lo que hay, me ha dicho que primero quiere tener un primer contacto contigo. Ver si le caes bien, explicarte como seria, etc. ¿Qué te parece?” iba a contestar algo fuerte pero quise ser delicado en mi contestación, “Alejandra, me caes muy bien, estas muy buena. Pero no estoy dispuesto a hacer un examen” ella se quedó cortada y solo me dijo, “Bueno, hazme ese favor y si se pasa ya le corto yo, de verdad”, “No si eso me da igual, que ya le contesto yo” le dije, al final quedamos en tomar una copa al día siguiente por la tarde. Estábamos los tres tomando la copa, la presentación, aunque nos conocíamos de vista, fue un tanto fría. Estábamos en el interior de una cafetería y nos salimos a la terraza porque el fumaba. Lo hacía compulsivamente y aunque lo disimulaba se le notaba nervioso, igual que a Alejandra. Me sentía analizado por él, en un principio hablábamos de todo un poco, sin centrarnos en nada en concreto. Se que esperaba que yo iniciara la conversación de porque estábamos todos allí, pero él era el que había querido tener esa reunión, así que tendría que tomar el la iniciativa. No sé porque no se decidía, pero enseguida lo entendí, cuando le dijo a su mujer, “Alejandra, ¿Te importa ir a comprarme tabaco?”, Alejandra se tensó y con cierta preocupación le dijo, “El estanco está lejos. Si eso luego pasamos, aquí tienen máquina de todas maneras, porque compres un paquete aquí no pasa nada”, el marido insistió y entonces intervine yo, “Personarme los dos por meterme en vuestro temas. Alejandra está claro que tu marido quiere hablar conmigo a solas. Por mí no hay ninguna pega, le entiendo. Si a ti te da igual y tienes algo que hacer, pues por mi puedes hacerlo” Los dos se quedaron callados, no sé porque esperaban que el otro dijera algo. Al final quien hablo fue Alejandra, “Está bien, voy a aprovechar para ir a hacer un par de cosas, pero yaos aviso, ni discusiones y os esperáis a que yo vuelva, aunque no os habléis”, los dos estuvimos de acuerdo y los dos coincidimos al decir a la vez, que no nos íbamos a pelear. Alejandra se levantó y se marchaba, los dos nos la quedamos mirando. Se alejo no llegaba a 100 metros, cuando se dio la vuelta y regreso a la mesa. Se sentó nos miró seria y nos dijo, “Me lo he pensado mejor. No tengo porque irme, que esto me concierne a mí también. Hablar lo que tengáis que hablar y me comprometo a no intervenir en nada. Aunque me reservo a dar mi opinión al final, salvo que algo me haga hervir la sangre”, yo le dije que me parecía bien y su marido se quedó pensativo. Al final accedió, entre otras cosas porque no le quedaba más remedio. - Esto es muy sencillo, tú has querido que nos viéramos. Pues para empezar dime para qué. Así podemos avanzar en algo. - Tienes razón. Te quiero dejar claro que el estar aquí, no quiere decir que sea que sí. Solamente es un primer contacto. - Lo he entendido así antes de venir y lo sigo entendiendo así. Pero vayamos al grano. - Te voy a exponer mis preocupaciones. Mi primera preocupación y la única, es mi mujer. Yo la amo más que a mi vida. Solo quiero que disfrute de otro hombre, porque solo ha estado plenamente conmigo. He contactado por las redes con otros hombres. Ninguno nos ha dado la confianza necesaria y a Alejandra no le gusto ninguno, a todos les encontró alguna pega. Esto quiero que lo entendamos como una diversión totalmente privada. ¿Lo vas entendiendo hasta aquí? - Si claro. Tu sigue si en algún momento hay algo que no entienda te interrumpiré. - Si se diera el caso de que intimáramos, hay una serie de condiciones, que tenemos muy claras mi mujer y yo. Te las diré para que lo tengas tan claro como nosotros. - Dímelas, pero si adornar, esta, esta, esta y esta otra. Sin necesidad de darme los motivos. - Vale, así lo hare. Pues, Siempre con preservativo. Siempre estando yo presente, si por algo tuviera que dejar el sitio donde estuviéramos, se para todo. Nada de hablar en privado y sin que yo me entere y lo mismo que lo anterior, siempre estando yo. Yo soy el que más o menos dirijo como se hacen las cosas. Nada de eyacular en su boca. Nada de sexo anal. Son cosas reservadas solo para mí. En todo momento mucha educación y respeto. Nada de pasarse con el lenguaje. Siempre recordando que tú no eres nada nuestro, salvo que eres un accesorio encargado de nuestro entretenimiento. Estas son las condiciones básicas. ¿Qué te parecen? - Pues me parece perfecto. Es bueno que lo tengáis tan claro. - Que peso me quitas de encima. Porque creía que pondrías algunas pegas. No sabes cómo me alegra que te parezcan bien nuestras condiciones, porque eso abre mucho el camino. - Espera Rafel, que creo que no me has entendido. Te he dicho que me parece muy bien que lo tengáis tan claro, pero eso no quiere decir que esté de acuerdo. Porque de todo solo estoy de acuerdo en una cosa, de momento. Exactamente lo de usar siempre preservativo. En el resto no estamos de acuerdo y por eso creo que no vamos a llegar a entendernos. Se quedó callado, no se creía lo que le había dicho. Estaba asimilándolo. Alejandra que hasta ahora había estado como espectadora, tampoco decía nada. Solo se tocaba su melena pelirroja y se le veían los ojos azules con más intensidad. No sé a quién quería “pegar” si a su marido, a mi o a los dos. Era pérdida de tiempo seguir tomando nada, el o ellos no se bajarían del burro y yo tampoco aceptaría esas condiciones. Nos despedimos y nos marchamos. Varios días después, Rafel me llamo al móvil. “Disculpa que te llame, no le digas nada a Alejandra, que le he cogido tu número para llamarte. ¿Podríamos hablarnos por el whatsapp para ver si encontramos un punto de acuerdo?” le conteste que aceptaba pero que si no contestaba rápido era porque estaba en otras cosas y así quedamos. Le había dicho que si por compromiso, no porque pensara que íbamos a llegar a entendernos, que eso era casi imposible. Aunque se le veía un hombre agradable y bastante simpático. Estuvimos con el whatsapp casi un mes, falto muy poco para cumplir el mes. Estuvimos con tiras y aflojas, pero no llegamos al entendimiento. El ultimo whatsapp que me puso decía, “Le he enseñado a Alejandra nuestras conversaciones y le he dicho que podíamos tomar una copa en el mismo sitio de la otra vez, ¿Qué te parece?”, mi contestación fue “No creo que valga para nada, pero si queréis que tomemos una copa, pues tomémosla” Es que le conteste eso, porque es la verdad, su posicionamiento del mío distaba mucho. Había un abismo. Ese día me había llevado el coche y me toco estar un rato dando vueltas para encontrar donde aparcar. Lo que me vino bien para pensar cómo encarar esa “reunión”, a Rafel se le veían ganas, pero no quería quedar a ojos de su mujer como un “flojo”, a ella era más difícil saber lo que quería, porque hasta ese momento no había expresado lo que ella quería. Cuando estábamos ya los tres juntos. El que inicio la conversación fui yo, no quería perder el tiempo. YO.- No es necesario andarnos por las ramas. Por mucho que le demos vueltas no vamos a llegar a un entendimiento, no sería la primera vez y tampoco se acaba el mundo por ello. RAFEL.- No me lo puedo creer. Si te ha sucedido alguna vez mas, seguro que era porque no te encontraste a una mujer tan buena como Alejandra. Y.- En eso es en lo que si estamos de acuerdo, en que tu mujer está muy buena. Pero si no llegamos a entendernos, entre otras cosas es porque no me considero ni soy un “accesorio” ni tuyo ni de nadie. ALEJANDRA.- Déjame a mi Rafel. Tienes todo la razón y ya le dije a Rafel que se había equivocado mucho tratándote de simple accesorio. Estuvo muy desafortunado. Y ahora cuales son las otras cosas por la que no podamos entendernos. Y.- Por ejemplo en lo de como hablar follando. En estar pensando no meter la pata, etc., así no se está a lo que se está. Además yo soy bastante dominante en esos momentos. No es que lleve un guion, porque mi único guion es como vaya transcurriendo la situación, el morbo, el calentamiento. Me fijo más en la mujer que en el hombre. R.- Pero ponme un ejemplo en tu forma de actuar, en eso de dominante y en eso de que te fijas más en la mujer que en el hombre. Y.- Me gusta rebuscar dentro de la mujer la calentura que nunca ha salido y exponerla. Si para eso la tengo que dar un par de azotes pues se los doy, si tengo que llamarle zorra, pues se lo llamo y si me esta mamado el rabo, estoy a punto de correrme y ella no dice nada, pues me corro en su boca. Y en lo que me fijo más en la mujer, pues claro. Tu Rafel eres un cornudo aunque no lo quieras reconocer y busques las disculpas que busques, lo que quieres ver es eso, a tu mujer follada por otro y sacándole lo que tú no has sabido sacarle y que sabes que tiene dentro. A.- Rafel y yo lo tenemos muy hablado y yo no lo considero ningún cornudo. R.- Yo no me considero un cornudo. Y.- Alejandra seguro que tú, cuando tu marido empezó a meter en tu cabeza estas ideas, aparte de no entenderlo y no encontrar una respuesta a ello te hacías una pregunta, ¿Por qué quiere que le sea infiel, que le ponga los cuernos? ¿Cuántas veces te lo preguntaste? No hace falta que me contestes, si te preguntabas eso, que seguro que lo haces es porque lo veías como un cornudo. (Ella se quedó muda) R.- Pues vas a tener razón, no estamos para entendernos. Y.- Ya te lo había dicho. R.- Lo que espero es que no afecte esto en vuestro trabajo. Y.- Por eso no te preocupes, que no pasaría nada en ninguna circunstancia, pero es que además lo único que tenemos en común es que trabajamos en el mismo edificio pero no nos vemos. Porque estamos en distintos lugares. (Alejandra se fue al aseo) R.- ¿De verdad no estás dispuesto a ceder? O es que esperas que nos rindamos a tus encantos. Y.- Esto último me ha sonado a cachondeito. No espero que nadie se rinda a los encantos de nadie y cuando estoy en una situación similar, siempre digo lo mismo. Seguro que encontráis a más de uno dispuesto. R.- Pues tú te lo pierdes. Y.- O tu. Nunca lo sabremos. Como regreso Alejandra ya no seguimos con la conversación. Pero no fue como la otra vez, esta vez nos quedamos hablando de otras cosas, como si nada hubiera pasado y sigo diciendo que Rafel era un tío simpático y amable. Me sabia mal que no hubiéramos congeniado en lo otro, porque nos hubiéramos llevado muy bien en esa faceta. Descubrimos que teníamos muchas cosas en común en la vida cotidiana. Con posterioridad a ese día, a Alejandra la vi una sola vez y ya había pasado más de un mes. Con Rafel había tenido algo más de contacto por el whatsapp, para cosas muy concretas y en ninguna ocasión volvimos a tocar el tema dichoso, aunque sabía que estaba latente por ambas partes. Tan latente que un día tuvo unos comentarios tal vez “hirientes” tratando de provocar en mí una reacción que no iba a lograr. Otro día veía que empezaba más o menos de la misma manera y le escribí, “Rafel, no vayas por ahí. Que no te estoy echando un pulso ni quiero que tú me lo eches a mí. Decidimos lo que decidimos y nos llevábamos bien, ¿Por qué estropearlo?” y su contestación me dejo seco, “Tienes toda la razón, perdona. ¿Te puedo llamar? Siempre que no estés ocupado.” Al decirle que si no tardo nada. - Que esto quede entre tú y yo, Alejandra no debe de enterarse. - La cantidad de veces que me han dicho cosas similares. Adelante, entre tú y yo. - Tenias razón. Lo hemos intentado y cada vez ha sido peor. Al final hemos acabado cabreados. - Pues me sabe mal. Seguro que al final lo conseguís. - Alejandra está prácticamente cerrada a todo. Dice que es una locura y una equivocación. - Pero que pasa, ¿Le duraron poco o no obedecieron? - No llego prácticamente a nada, no le agradaron. Si yo cediera un poco, estarías dispuesto a intentarlo. - Rafel, no creo que salga bien y sinceramente no por tu mujer ni por mí, seria por ti. - Joder, te digo que estoy dispuesto a ceder en algo. Cede tú también. - Te hago una contrapropuesta y que tiene que aceptar tu mujer también, no la podemos ignorar. Lo intentamos de la siguiente manera. Lo hacemos sin tu decir nada, sin tratar de dirigir. Y dejas que acabemos. Si no te ha gustado, no se vuelve a repetir y si te gusta, pues perfecto. Pero te dejo un comodín, si en un momento dado dices que paremos, paramos y se acabó. Pero se acabó nada de decir luego seguimos. - Pero por lo menos con preservativo y nada de anal ni de correrse en su boca. - Solo te acepto lo del preservativo, lo demás según vayan ocurriendo las cosas. No es necesario que me contestes ahora, lo piensas lo hablas con Alejandra y ya me dices, aunque si quieres tampoco es necesario ni que me contestes. - Hombre contestar si te contestare, solo déjame pensarlo. - Tienes todo el tiempo que quieras. Y si aceptas, te mandare que hagas una cosa para ese día. Pasaron bastantes días. Una de dos o no se lo había contado a Alejandra, algo que era muy posible, porque me encontré alguna vez con ella y estaba como siempre o había decidido no contárselo porque él había decidido que no. Cualquier cosa me parecía bien. Hasta que pasaron unos días más y em llego un whatsapp que decía, “Alejandra está dispuesta a intentarlo, solo hay un problema. Ella no quiere ir a un hotel ni nada similar y tampoco quiere en nuestra casa por miedo a que los vecinos se enterasen”, me dio una gran alegría y le conteste, “Si no hay ningún problema, podemos en mi casa. Pregúntaselo a ella y solo tenéis que decirme que día” y su respuesta fue inmediata, “Ya lo hemos hablado y si era en tu casa a ella le parecía bien. El día, si te viene bien este viernes o sábado noche” mi respuesta fue que el día que quisieran, a mí me venía bien. Quedo en decirme el día. Esta conversación por whatsapp la estaba teniendo en mi desayuno y veía en otro lado de la cafetería a Alejandra. Que en ese momento leía algo en su móvil, me miro un poco, contuvo una sonrisa y al rato Rafel me escribía “Ya he hablado con Alejandra, que si te viene bien el viernes, pues el viernes” le conteste que perfecto. Seguí desayunando y al rato me llego otro whatsapp de Rafel. “¿Qué es lo que tendría que hacer?” le respondí, “Primero tengo que saber y vamos a cenar y tomar una copa o venís directos a mi casa” Rafel rápido me dijo, “Alejandra prefiere vernos en tu casa, porque dice que estará muy nerviosa” tarde un poco en contestarle, no para dar intriga, sino porque apareció un plasta y tuve que despacharlo. Le respondí, “Quiero y es innegociable que tu elijas toda la ropa que se pondrá la putita de tu mujer. Quiero que sea la que tú te digas, menuda pinta de zorra tiene con esta ropa. Pues esa y la ropa interior igual. Quiero que cuando lo hagas te digas, la estoy preparando para que se la follen y ver cómo me hace cornudo la muy zorra” Vi el doble check azul. Lo había leído y tardo casi una hora en decirme, “Juegas fuerte, pero acepto. No sé cómo hacerlo sin que se dé cuenta ella, pero lo hare” y le respondí, “Si has aceptado, seguro que te has puesto cachondo, no hace falta que me lo digas. Pero no seas tonto y que ella se dé cuenta, es más, le puedes decir que yo te lo he dicho, lo mismo descubres algo en ella”, no me llego ningún comentario por parte de Rafel. Pero al día siguiente si me llegaron los “comentarios” me llegaron por Alejandra, que apareció con varias carpetas y se sentó frente a mí. Ni buenos días, ni nada. - ¿Cómo le has dicho eso a Rafel? Lo he leído todo que no nos tenemos secretos. No soy una “pilingui” mi marido no es ningún cornudo, simplemente quiere experimentar, llevamos mucho juntos y quiere revitalizar la pareja. Además que no se te olvide que estoy casada, soy madre. No sé qué te has pensado. - Le he dicho a Rafel algo, para ponerle en bandeja el que se pueda echar atrás si tiene alguna duda. Ha sido eso, porque es el único que tiene dudas. - No sabía que habías echo eso. Me acabo de quedar cortada. - Pues sí, porque si sigue adelante, te guste o no, es porque quiere ser un cornudo y si lo quiere, seguro que ya ha pensado en como debes ir vestida. A ti te habrá extrañado pero habréis echado un polvo fabuloso. ¿Ha sido así? O ¿Ha dicho que se anula lo del viernes? - Lo del viernes no se ha anulado, si es lo que quieres oír. Pero me das miedo, o me da miedo todo esto. ¿Qué va a pasar? - Que te voy a follar delante de tu marido, que te hare mi puta durante esa noche, que harás cosas que no has pensado, que me pedirás cosas que desees. Que tu marido se pondrá cachondo como un mulo. No te pongas colorada, tengo ganas de ver esos ojazos azules clavados en mi mientras me montas y que tu marido los vea clavados en él, la primera vez que mi rabo entre en el coño que solo ha disfrutado tu marido. Ni se despidió, se levantó y se fue, pero no se iba enfadada se iba cachonda, eso seguro, pero antes de irse me dijo, “Pues olvídate de que vaya vestida como tú quieres”, me gustaba como se puso. Y la semana llego a su término el viernes, casualidades que al salir nos cruzamos con más gente Alejandra y yo y como con el resto nos deseamos todos un buen fin de semana. Yo ya tenía todo preparado en mi casa, la bebida fría, hielo preparado, no había dejado nada por hacer. Hice una comida bastante completa y luego vino una buena siesta. A las 19,00 h. me sonó la alarma me desperté y me di una ducha. Estuve viendo que ponerme y decidí que fuera algo muy normal, total no íbamos a salir de casa. Me puse un pantalón chino azul y una camisa de manga larga sin metérmela por el pantalón. Las mangas sin remangar pero sin abotonar, recogidos los puños. La cena fue mucho más suave y me prepare una copa, mientras prepare hasta la música que pondría como ambiente. Ellos vendrían a las 23,00 h. así habíamos quedado. Pero a las 22,40 h. sonó el portero automático y cuando pregunte quien era, la voz de Rafel me decía un “Nosotros”, había imaginado como vendría ella de explosiva y ahora estaba deseando verla. Abrir la puerta, el venia normal, como yo y ella con un chaquetón y como siempre pantalones. Que rabia que me dio. Pantalón de tela color blanco. Estuve a punto de hacerme el duro mandarles a la mierda y se acabó, pero no podía olvidar que era una compañera de trabajo, si no, si lo hubiera hecho. Al entrar y sacarse el chaquetón, ya me gusto más la cosa. Llevaba un top de color verde liso, con unos tirantes que parecían dos hilos un buen escote en pico y con un encaje. Se notaba perfectamente que no llevaba sujetador. Mi rabo empezó a dar los primeros síntomas de excitación. Me saltare unos pasos hasta que llegamos a sentarnos, ella y su marido se sentaron juntos, algo que subsane rápidamente diciéndole a Rafel que estaría mejor en el otro sillón. Estaba claro de que estaban muy “verdes” en esas lides, pero eso lo hacía más morboso, más excitante y la sensación de que podía prometer mucho la noche. Alejandra estaba nerviosa y Rafel expectante, como si fuera un guardaespaldas. Los que más hablaban eran ellos y se entremezclaban los temas de conversación, algo normal. Me puse de lado con una pierna sobre el sillón, para ver a Alejandra de perfil. Eso la puso un poco más nerviosa, si creía que era porque iba a “atacar” ya se equivocó, lo digo porque al rato se relajó un poco más, no mucho. Empecé a acariciar su pierna, en concreto su muslo. Vi cómo empezó a ponerse colorada y dejo de hablar. Rafel haciendo un esfuerzo y viendo que había empezado, trataba de mantener la compostura y como si eso no estuviera pasando. Después de bastantes minutos, mi mano ya campaba a sus anchas por sus muslos y por la marca que hacia su coño en el pantalón. Alejandra estaba resoplando muy discretamente y no me miro en ningún momento. Había todo tipo de tensiones. Rafel quería evitarlo pero su ojos iban a la cara de su mujer y a mi mano. Baje el cordel que tenia de tirante y empecé a besar su hombro y luego fui a su cuello. Ahí se produjo el silencio. Solo se notaba la respiración de Alejandra. Quite mi mano y la fui subiendo hacia arriba, hasta que llegue a sus tetas. Sus pezones estaban ya duros. Le cogí una mano y la lleve hacia mi muslo, para que ella siguiera sola, pero lo que hizo fue quitarla. Ahora me gire un poco y le di un beso en la boca, tardo un poco en reaccionar, pero al final nos dimos un beso tremendo, donde note que se relajaba. Cuando paramos de besarnos, bale el otro tirante y baje el top, quedando sus dos tetas al aire. Los pezones eran grandes, pero muy blanquitos. Alejandra cuando iba a comerme sus tetas, puso una mano en mi frente parándome y le pregunto a su marido, “Rafel, ¿Quieres que sigamos? ¿Estás seguro?” yo no podía ver a Rafel, porque en la posición que estaba solo veía las tetas de Alejandra. Pero debió de decir que si de alguna manera no hablada, porque Alejandra, quito la mano y me empecé a Omer las tetas, en ese momento se le escapo un buen gemido y le dijo a su marido con voz excitada, “No te entiendo, no sé cómo dejas que otro hombre me esté haciendo esto, pero si tú quieres vas a llevar unos cuernos muy bonitos” y ahora si llevo su mano hacia mi rabo, fue un momento especial para ella, indecisa pero con ganas, aunque seguía pendiente de su marido. Me tocaba solo por arriba del pantalón y era evidente mi bulto. Desabroche su pantalón y la tensión creció, metí mi mano por dentro de sus bragas y cuando mis dedos llegaron a su clítoris, se agito fuertemente, dijo algo así como un “AAUUGGGG” y apretó su palma de la mano sobre mi rabo, sin agarrármelo. Para saber en el momento que estábamos después de tocar su coño mojado, pare el movimiento y ella me apretó fuerte el rabo y como seguí igual, con su mano libre apretó por encima de su pantalón mi mano contra su coño y mirando con cara de zorra a su marido. La cara de su marido era igual que la de ella de cachondo a tope. Alejandra estaba tan nerviosa que no atinaba a desabrocharme los pantalones. Una vez que lo consiguió metió su mano y me agarro el rabo, lo toqueteo por todos los lados y después miro a su marido, poniendo una cara de puta inaguantable. Pero me tuve que quitar, porque necesitaba quitarle sus pantalones y no puso ninguna pega, se quedó con unas mini bragas. Y también le quite el top, estaba rebuena. Su coño parecía un rio llegando a una catarata. Se fue espabilando y era ella la que me quitaba los pantalones, me gustaba ver como lo hacía, era muy decidida. Levante un poco mi culo y Alejandra tiro de mis pantalones y mis calzoncillos a la vez, quedándome sin nada. Nos volvimos a besar y después de estar haciéndolo un buen rato, sin dejar de meternos mano. Me agache, me metí entre sus piernas, quiete las bragas y me puse a comerle el coño. Mientras se lo comía la miraba y ella estaba con los ojos cerrados. Como también le metía varios dedos en el coño, ella estaba muy excitada. Hasta que le metí un par de dedos en el culo. Ahí abrió los ojos y miraba a su marido, tenía su vista clavada en él y de pronto se puso a correrse, gritando y gimiendo a todo volumen. Me iba a quitar para que ella me comiera el rabo ahora, pero me di cuenta de que se volvía a correr y no la deje a medias. Se corrió por segunda vez y se quedó muy relajada. Me senté de nuevo y me fije en Rafel, que tenía su rabo en la mano, tenía un rabo más largo que el mío, pero muchísimo más delgado que el mío, me llamo la atención. Alejandra no se “durmió” empezó a besarme por mi hombro luego por mi pecho y al final se acercó a mi rabo. Empezó a comerlo con timidez y una vez que cogió confianza, menuda mamada me empezó a hacer. Vi que Rafel estaba como inquieto, me ponía nervioso, por si cortaba ese momento tan rico. Hasta que me di cuenta que lo que le pasaba es que por culpa de la melena de su mujer, no podía ver lo que hacía su mujer, por eso con una de mis manos, recogí la melena de ella y así él podría ver como la zorra de su mujer me come el rabo. No me equivoque, se quedó ya quieto y vi cómo se hacia una buena paja. Mire a Rafel, le hice gesto de la buena mamada que me hacia su mujer y aparte de eso se lo quise hacer saber, para así tantear también como estaba él. “Rafel tu mujer la mama de película. No hay nada que me guste más, que una buena puta casada comiendo el rabo así, viendo como disfruta haciéndolo y como me hace disfrutar a mí, que zorrona que tienes, macho”, el resultado fue que mientras lo decía Alejandra me comía el rabo mas brutalmente y que su marido casi se corre de oírme. Me tenía tan salido con esa lengua que esta vez dije, “Con lo recatada que se la ve en el trabajo y menuda zorra comiendo rabos, me mata de gusto. Zorra metete el rabo hasta la garganta, vamos, que lo vea el cornudo de tu marido” Rafel se quedó mirando y ella se metió el rabo varias veces hasta el fondo, dejando escapar alguna nausea. Pero no me quería correr tan pronto, la quite, sin decir nada, cogí un condón que tenía ya preparado y me lo puse. Alejandra no espero que le dijera nada, se puso de pie, se acercó y se fue a sentar sobre mi rabo, mirándome con vicio. Pero no la deje, hice que se diera la vuelta y una vez que estuvo así, dije, “Mejor empieza así, para que tu marido cornudo vea cómo te entra mi rabo y sobre todo para que vea tu cara de puta” no hicieron ningún comentario. Alejandra se echó para atrás, se colocó, agarro mi rabo y lo puso en la entrada de su coño. Rafel no perdía vista a ese momento, ella se fue metiendo a su ritmo el rabo y guando soltó un tremendo “AAAHHHHH” que fue cuando lo tuvo todo dentro, vimos como Rafel, estiraba sus piernas y se corría de forma abundante. Se le bajo el rabo. Como había que seguir animándole de alguna manera, después de estar Alejandra follándome, le hice levantarse para que se diera la vuelta y tenerla de cara. Ella así lo hizo pero no la deje que se metiera mi rabo de nuevo, la hice quedar de pie y mirándola a los ojos le dije, “Quiero que te toques para mí, así de pie y mirándome. Que tu marido vea lo zorra que eres”. Los ojos de Rafel eran de no creérselo pero cachondo al máximo, ella muy cortada me dijo, “Eso no, me da corte, pídeme otra cosa”, no dije nada, la hice una seña para que se acercara y cuando estuvo cerca de mí, la gire un poco, para que mirara a su marido y azote su culo. Para los dos fue una sorpresa y después de darle unos buenos azotes, se giró de nuevo hacia mí y le dije, “Empieza ya y no digas nada” Alejandra aunque estaba cortada empezó a acariciarse. Yo creo que lo que le daba corte no era el hacerlo en sí, era no saber cómo hacerlo. Pero una vez que empezó, se fue desenvolviendo muy bien y si no que se lo pregunten a su marido que fue verla desde atrás como lo hacía y empalmarse de nuevo de golpe. Hasta que la cara de Alejandra era de estar cerca del orgasmo y la hice que se acercara, se volvió a meter mi rabo y esta vez su marido podía verla desde atrás como se movía. Nos empezamos a morrear ella y yo, su forma de besar lo decía todo, nos besábamos más que con pasión, con mucho vicio. Le pregunte al oído muy bajo, “Te pone cachonda, saber que tu marido está ahí viéndote, ¿Verdad?” y ella con la voz entrecortada me respondió, “Bufff, mucho más que cachonda” y Rafel se descomponía al no saber lo que decíamos. “Rafel, porque no vienes y le hacemos el primer bocadillo a esta zorra” le dije y vino lanzado. Paramos de follar, pero sin sacar mi rabo. Rafel se colocó detrás de su mujer que me miraba con cierta “emoción” iba a ser su primera vez. Rafel estuvo un poco torpe, algo normal en su primera vez. Pero al final logro empezar a follar el culo de su mujer. Ella nada mas notar el rabo de su marido en su culo, me miro muy viciosa y me morreo “cerdamente” un placer en ese tipo de besos. Yo apenas me movía, para que le fuera más fácil y coger el ritmo. Era complicado porque él estaba como un animal, la follaba salvajemente y lo que parecía increíble se produjo, quedando yo como mero espectador. El marido le daba buenas embestidas, lentas pero profundas y le decía, “Que puta que eres, estabas loca por follarte a tu compañero. No digas que no que ya he visto lo ¡PUTÓN! Que eres SO ZORRA” me sorprendió en parte, pero más me sorprendió su mujer que le replico, “Ya he visto yo lo que te gusta ser un buen cornudo ¡CABRONAZO!” y fue un aceleramiento a continuación, que se corrieron los dos como si se acabara el mundo. Ella cayo hacia atrás en brazos de su marido. Tenía una sudada espectacular. Se quito de encima y me quite el condón. Rafel se quedó sentado junto a mí y ella se puso de rodilla entre mis piernas para comerme el rabo. Sabía que no duraría mucho porque la mamaba muy bien y porque me había quedado dos veces a punto de correrme. Lo que pasa que Alejandra no estaba dispuesta a dejarme correr cunado yo quisiera. Como ya he dicho la mamaba de película. Como su marido estaba sentado junto a mí, una vez miraba a uno y luego al otro. Mamaba, paraba, pasaba la lengua y si le daba la impresión de que me podía correr, paraba y me apretaba el rabo. Me estaba produciendo una dulce tortura. Una de esas veces mientras apretaba le dijo a su marido, “Ves como no me equivoque al elegirlo. Joven, fuerte, buena polla y con aguante” se volvió a meter el rabo y ya me tenía desesperado. Le dije que estaba a punto de correrme, que tuviera cuidado. Ella con cara de provocación, paro de mamar nos miró a los dos y nos dijo, “Mira y alucina Rafel y tu relájate y disfruta”, se metió el rabo dentro de su boca y fue apoteósico, no aguante a ese sunami que tenía por boca. Me corrí dentro de su boca y no se quitó, cuando me des tensione, saco su lengua con parte de la corrida y se la enseño a su marido, que estaba haciéndose una paja sin parar. Me quede mas que relajado. Ella se fue para su marido, le quito su mano y fue ella la que continuo haciéndole la paja, cuando él estaba a punto, porque además de notársele mucho lo anunciaba, ella le metió un morreo con la boca con la corrida reciente y el que se resistió, la final claudico y vi cómo se morreaban mientras él se corría sobre su propia tripa. Nos quedamos todos bastante relajados. Alejandra le dijo a su marido que se fuera a limpiar que estaba pringoso. Se quedo mirándome y le dije dónde estaba el aseo y le dije también que había dos toallas preparadas, que cogiera la que quisiera. Rafel se levantó, cogió toda su ropa y se fue al aseo. Lo que nos indicó que se había acabado todo. Antes de irse dijo a su mujer que podía ir vistiéndose si quería. Mas que una opción era una orden. Quise besarla cuando nos quedamos solos y ella me dijo que no, que tenía que estar Rafel, que si no se mosquearía mucho. Y le dije claramente que quería follarme su culo, a ella le brillaron sus ojos, pero me dijo, que si había una segunda vez, que se podría intentar. Que ya sabía lo que Rafel del sexo anal y del oral y ya se había saltado una. Se levanto y fue recoger su ropa, dejándome el culo casi en mi cara. Lo que me llevo a levantarme y pasar mi rabo empalmado por detrás de ella. Ella me dijo sin moverse, sin quitarse, “De verdad, no podemos, no seas así” y yo seguí, ella dejo caer un par de prendas que había cogido, lo que me indico que me tenía que dar prisa. Hice que se apoyara sobre uno de los sillones. Me puse un condón para que el mosqueo no fuera muy grande. Y con algo de dificultad pero no mucha, empecé a follarme ese culo ideal. Entre la corrida de su marido y el lubricante del condón, aunque algo apretado que estaba el culo, mi rabo entro hasta el final. Me la follaba “bruscamente” era un inmenso placer, me agarraba de su rojiza melena y tiraba de ella, levantando su cabeza, mientras le decía lo puta que era y lo que me gustaba follarme el culo más deseado del trabajo. La follaba cada vez mas fuerte y ella me pedía más, estaba desconocida. Tantee como respondía a mis azotes en el culo y respondió más que bien. Su piel que era blanquísima se puso de un color rosado fuerte y cuando me di cuenta, estaba su marido mirándonos desde la puerta, vestido y con su rabo fuera. Le hice un gesto con la cabeza y se acercó por delante a su mujer, que se quedó cortada al verlo, quiso disculparse, “Perdona, no quería pero” y el no dejo que terminara, le metió su rabo en la boca mientras le decía, “Cállate putón, que ya te he calado y Pelayo ha sacado lo puta que eres, que ya sabía yo que lo eras” ella mamaba sin decir nada, mientras yo seguía follándola, azotándola y haciéndome dueño de su melena. Las corridas fueron escalonadas, pero con tanta excitación no sabría decir quien fue el primero en correrse. Ahora fue ella la que se fue al aseo y nos quedamos Rafel y yo. Hubo un momento de silencio, hasta que Rafel me dijo si al día siguiente sobre las 11 podíamos quedar los dos solos. Le dije que sí y quedamos en un bar conocido por los dos. Alejandra salió vestida del aseo y su cara era la de siempre, con un grado de seriedad y distancia. Llegue antes de las 11 al bar. Tenía una terraza fuera y allí me senté. Como no había desayunado me pedí una tostada con mantequilla y mermelada, acompañado de un café. Termine de tomarlo todo y mire la hora, eran casi las 11,30, me dije a y media me marcho. Recibí un whatsapp de Rafel, “Voy de camino, 10 minutos” me quede esperando y llego un poco antes de los 10 minutos, venia aturullado y se sentó. - Perdóname, siempre soy puntual. No como, pero no he oído la alarma, me he quedado dormido. - No pasa nada, eso le puede ocurrir a cualquiera. - Seguro que te preguntaras porque he querido quedar contigo sin decirle nada a Alejandra y seguro que habrás pensado de todo. - Es verdad ayer por la noche empecé a pensar en ello, pero me dormí sin enterarme. Así que no lo he pensado mucho. - Aunque eres mucho más joven que yo, te veo muy suelto en esta materia, ya me entiendes. ¿Verdad? - Vamos a dejarlo en “practicante” asiduo de ese entretenimiento que tu llamas “materia” - Bien, vale. Ya nos entendemos. - Pues ya que nos entendemos, ¿Qué quieres preguntarme? - Mas que preguntar es decir, hablar. Tengo agolpándose en mi cabeza muchas contradicciones. Por ejemplo, llevo años buscando lo que sucedió ayer noche, teniéndolo todo muy claro, muy estudiado. Pero al ver como la metidas mano, como os besabais, etc., se me hizo muy extraño, a pesar de haberlo deseado. Hasta me dio como un retorcijón en la tripa. - Pues no te vi con mucho retorcijón. - Pues a eso me refiero con lo de las contradicciones. Me puse mas cachondo que nunca y mi empalme fue anormal, nunca me vi así. - Y que malo tiene eso. Lo importante es si te lo pasaste bien o mejor dicho si lo pasasteis bien. Lo demás es secundario. Porque si te pones a comparar lo que habías pensado que ocurriera y lo que ocurrió lo mismo te vuelves loco. - Desde luego. Porque no se parece en nada a lo que teníamos pensado. Sinceramente fue mucho mejor y eso que a ti no te vi muy suelto en algunos momentos, salvo en la “actuación” final. - Ahora que estamos en confianza. Se que cuando nos conocimos no te caí bien y no quieres nada conmigo. ¿Por qué? - Tienes razón. Pero no es que me cayeras mal. Te veía muy sobrado, demasiado seguro. Un tío joven, demasiado dominante, no sé, esa es la impresión que me lleve. Pero a la vez te veía simpático, agradable y muy educado, mientras no habláramos del “tema” porque ahí te veía de otra manera. - Pues las dos preguntas obligadas, ¿Alejandra que dice? Y ¿Ahora como lo ves? - Alejandra pone cara tierna cuando le preguntas y con eso vale. Y yo digo, que si tú quieres podemos explorar un poco más allá. - ¿Qué es lo de cara tierna? Porque en el trabajo es todo menos tierna. Y también dime que es eso de explorar un poco más, para tener clara las ideas. - Pues que cuando pone cara tierna, es que le ha gustado más de lo que dice. Que lo mismo es por no provocar en mi celos. Y lo de ir más allá, es que hagas de “guía” “maestro” o algo similar, lo digo para que no te enfades por el termino, como la otra vez. - Pero no me has dicho lo que opina Alejandra. - Es que no ha opinado cuando le he dicho si quería repetir. Lo único que me ha dicho es que ha estado muy bien, mucho mejor de lo que había pensado y que hubiera estado mejor de no estar tan nerviosa. - ¿Solo te ha dicho eso? - Ah, bueno y que besas de vicio, que eres mortal besando, que besándola la pusiste al máximo. - Pues me alegro. Y ahora solo falta saber que quiere ella, que hay que tener claro que es la estrella de todo esto. - Si eso es así. Pero la conozco y sé que lo mismo se hace remisa pero al final lo pedirá de una manera o de otra. - Pues cuando llegue ese momento si es que llega, le tienes que decir que es ella la que me lo tiene que decir. Tú te buscaras cualquier excusa para no ser tú el que me lo dices. - Así lo haré. ([email protected])

Autor: Valenciano Categoría: Infidelidad

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Cita con Jose Manuel

2019-09-24


Nos volvemos a encontrar con el primer macho al que entregue a mi mujer... Segunda cita con Jose Manuel. Infidelidad Consentida - Sexo con maduros - Dominación. Buenas noches, tras un verano agotador en todos los sentidos paso a narraros la primera de nuestras experiencias veraniegas. Somos Mirian Y Julio, muchos ya nos conocéis de las paginas de contactos, otros tenéis/tenemos el placer de conocernos en persona. Para los nuevos, somos un matrimonio joven, bueno ella mas que yo 34 años mi mujer y 48 yo. Yo soy un tipo muy normal en el más amplio sentido de la palabra. Mido 175cm y peso 75 kg me cuido bastante, pero sin ser un crac. Mi mujer si, mi mujer es una diosa, una mujer muy guapa y con un cuerpazo de escándalo, muy cuidado, ya que se dedica a entrenar entre otras cosas, prácticamente todo los días de la semana. Mide 170cm y pesa 60 kg. Tiene unos pechos divinos hipersensibles, el abdomen perfecto, esta muy dura en general y su culo…..en fin no se si habrá un culo mejor, para mi desde luego no. En lo sexual ya nos conocéis , llevamos 8 años golfeando y conociendo gente, y nuestra sexualidad ha ido derivando en que ella cada vez es mas zorra y a mi cada vez me gusta mas mirarla sometida a otros tíos y parejas. Hemos estado con bastante gente, pero tenemos alguien especial, y que sin duda saco de lo más profundo de ella, su verdadera naturaleza de zorrita-sumisa y a mí, la mía de cornudo consentidor, Jose Manuel. Este tipo es un tío grande 190, con un sobrepeso importante, y una estructura osea muy seria, grandes manos, grandes pies y enorme espalda, 150 kilos de hombre. Muy seguro de sí mismo, dominante, directo, con mucho saber estar y con un nardo de 22 cm, no el mas largo, pero sin duda, el mas gordo de los que mi mujer ha recibido, no le cabe en un vaso de tubo. Estábamos a finales de julio, preparando nuestras ansiadas vacaciones. Decimos bajarnos la primera quincena de agosto a Cádiz a el Palmar como siempre. Dejaríamos a nuestra hija con mis suegros. Un chalecito apartado, muy privado y discreto al final de la playa para acceder directamente a la zona nudista y disfrutar al máximo. Llevábamos meses sin saber nada de Jose Manuel, así que estábamos pensando ir a la aventura y si se terciaba conocer a algún amigo o pareja nuevos para algunos de estos días. Pero estando en el trabajo me llego un wasap, que me hizo ponerme nervioso a la vez de gustarme: - ¨Que pasa Julio, he estado muy liado viajando con el rollo de la expansión de mi empresa a China y ya tengo casi todo encarrilado. Me voy a coger 3 o 4 días a primeros de agosto y me gustaría poder veros y liberar todo el estrés que tengo follandome a tu mujer. Llevo lo menos dos meses sin meter y como te imaginas te la voy a reventar, que me dices?¨ Me quedé un poco bloqueado, me apetecía mucho volver a ver a Mirian a sus pies, no sabia que decirle, no quería que me lo notara: - ¨Hola Jose Manuel, cuanto tiempo. Me alegro de que todo vaya viento en popa. No sabría que decirte, el día uno nos vamos para Cádiz al Palmar, Mirian y yo, que hemos alquilado el chalet de siempre y vamos a estar 15. Si quieres se lo comento a Mirian a ver qué me dice.¨ Tardo en contestar, el wasap decía :¨escribiendo¨ se lo estaba pensando, pero no me defraudó: - Comentar a Mirian? Si tu lo estas deseando mamon, y ella jajaja, no la digas nada. Pásame los datos de donde vais y el día uno estoy yo allí, conozco aquello, imagino que iréis al final, a la zona nudista? Que cabron, como nos conocía, no quise enredar mas y le pase la dirección exacta y la hora estimada de llegada. Quedamos en que yo no diría nada a Mirian y que él y yo iríamos hablando. Continúe mi vida como si nada, mas cachondo que un perro, Mirian me lo notaba, pero pensaba que seria por la ansiedad de irnos. La dije que dejábamos de buscar acompañamiento en la web y que mejor lo haríamos directamente allí, en la playa o saliendo, o si no había suerte en la web, pero ya en la playa. El 30 por la mañana ya mi último día de trabajo nuestro amigo me escribió: - Hola julio no he encontrado nada así que voy a dormir con vosotros. Compra condones por si dejo a alguno que se la folle, lubricante y echa el dilatador anal. A ver que ropa echa que me gusta lucir bien a mis putitas y ella es la mejor. Llevo sin correrme 6 días, y para el 1 serán 8 así que imagínate como te la voy a llenar. Os llevo en informe medico del chequeo que me hice anteayer, vosotros también estáis al día imagino, quiero follara sin tonterías. Como siempre directo: - Ok no te preocupes, nosotros llevamos nuestra analítica de la semana pasada, llevamos meses sin golfear osea que tranquilo. En cuanto a lo demás, cuenta con ello. - Así me gusta, el uno cuando ya este por allí te doy un toque a ver que se me ocurre. Ya estaba empalmado, se me hicieron los dos días eternos, busque mil excusas para no follarme a Mirian y lo conseguí, ella estaba mas que caliente, pero lo comprendía con el supuesto estrés final antes de las vacaciones. Madrugamos mucho y salimos para Cádiz, cuando nos quedaban 90 km, Jose Manuel, me escribió: - Como vais, yo ya estoy aquí. Cuando llegues dame un toque y vemos. Donde vais a comer, imagino has aguantado sin decir nada? Suerte que este último tramo conducía Mirian: - Nos queda una hora, creo que a las 13 estaremos allí. Descargaremos e iremos a comer también. Comemos en casa pepe? Y tranquilo, Mirian no sabe nada. - Ok, buena elección estaré atento a que no me vea ella, cuando vayáis hacia el restaurante dame un toque, os sentáis vosotros y aparezco yo ok? - Ok Jose Manuel, yo te aviso. - Ahh otra cosa, bájamela con poquita ropa, o mejor con el bikini más pequeño que tenga y caliéntamela un poco hablándola de lo bien que lo paso conmigo. Mi cabeza daba vueltas de nuevo, me gusta esa sensación, que estaría maquinando ya el cabron. Llegamos a chalet. Todo perfecto como siempre. Los dueños nos ayudaron a descargar todo y nos despedimos de ello, Mirian con una alegría inmensa me dijo: - Que hacemos cariño, nos cambiamos y nos bajamos a comer y luego a la playa?, estoy deseando tocar arena y mar Poniéndome interesante la conteste: - Claro que sí, nos damos una duchita rápida los bañadores y nos bajamos a comer a casa pepe que me apetece un buen arroz. Nos desnudamos y nos metimos juntos en la ducha, yo estaba empalmado, Mirian me la agarro. - Cariño me tienes que follar antes de salir por que estoy muy muy caliente y me tienes en el dique seco. Empezó a pajearme y chuparme el cuello como solo ella sabe susurrándome: - Venga follame un poquito que mira como estoy. Cerré los ojos, y me imagine lo que la esperaba, no aguanté y me corrí. - ¡¡¡ Serás cabron ¡!! Me increpo mi mujer sin dejar de sacudírmela, aun así se agacho y me la dejo bien limpia diciéndome: - Ahora me lo vas a tener que comer y que por lo menos me corra un par de veces, así no puedo salir, voy a ir chorreando por la pata abajo. Miré el reloj, las 14:45. - Ostia cariño, lo dejamos para luego corre que si no nos dan de comer, luego te doy lo tuyo de verdad o mejor te follo en la playa, ponte este bikini. La jugada me salió redonda, le di su bikini blanco de triangulitos en el pecho y tanga brasilero en su culazo, y que al cabo de los tres pasos era tangazo total. En una entrada el baño escribí a Jose Manuel, ¨ya vamos¨, y salimos por la puerta andando hacia el restaurante. Mirian se había puesto un pareo ya que era terriblemente llamativo ese bikini en su culo y podría partir algún cuello. Yo cogí dos toallas grandes. Según íbamos andando agarrados de la cintura, la dije: - Vas caliente zorrita?, sabes de quien me acuerdo y que hubiera sido la ostia que viniera? - A ver sorpréndeme, me contesto mirándome con cara de putita lamiéndose los labios. - Jose Manuel. Solté en seco. Se la ilumino la cara, y mordiéndose el labio me contesto: - Que pena no haber vuelto a saber de él, si te soy sincera es del que mas me acuerdo y cállate o me voy a tener que tocar para poder comer tranquila que mira cómo me llevas. Metió su dedo índice en el pliegue del bañador y sacándolo empapado me dio a chupar. Llegamos al restaurante y como siempre al entrar a este sitio, todo eran halagos hacia mi mujer, no paraban de mirarla, clientes y personal, ya nos conocían y mas de uno babeaba al verla de nuevo. Nos sentaron al fondo en un mesa alta para cuatro, yo estaba de frente hacia el acceso y Mirian de espaldas estaba muy lleno. Pedimos una botella de vino, los taburetes eran alto y mi mujer aún no se había subido, tenia en culazo apoyado, estábamos leyendo los platos. Alce la vista y le vi entrar, me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, traía una camisa de manga corta abierta, larga hasta el muslo enseñando barrigón y pelos y un bañador tipo turbo, el paquetón era un disparate, no le cabía tanta carne en esas tela, me guiño un ojo y se fue acercando. Mirian seguía a lo suyo mirando que tipo de arroz íbamos a pedir. Llego a nuestra altura, detrás de Mirian. Se arrimo a ella. Mirian al notarlo hizo un gesto de sorpresa mirándome. La guiñe el ojo para tranquilizarla, me frunció el ceño como diciendo ¿ y esto?. Jose Manuel la poso sus manos en sus muslos desde atrás y acercando su boca al oído de mi mujer la dijo: - Tranquila putita, por mi tripa, mis manos y mi voz ya sabes quien soy, así que ya eres de mi propiedad de nuevo, ahora te vas a dar la vuelta y me vas a dar la bienvenida que merezco. Mirian temblaba, sus ojos eran platos. Me miro para ver que decía yo. La guiñe un ojo de nuevo y asentí para hiciera lo que tenía que hacer. Mi mujer se puso en pie, se dio la vuelta y colgándose del cuelo de Jose Manuel le dio un morreo de película. El la agarro del culo y la respondió con su lengua también, se fundieron en un beso muy intenso. Todo el mundo miraba, sobre todos los camareros, estaban alucinando con la escena, sabían que era mi mujer y la veían morrearse con un puto viejo gordo de esa manera. Jose Manuel la aparto: - Muy bien zorrita echaba de menos tu sabor tan rico, ahora vamos a comer. Nos dejo descolocados como siempre. Bajo la tensión, y empezamos a hablar de todo, Fuimos bebiendo y comiendo. Tomamos unas copas incluso. Jose Manuel pago la cuenta. Nos pusimos de pie y mirando el pareo: - Este trapo ya lo puedes guardar. Lo cogió y me lo dio. Agarrando a mi mujer por la cintura y magreandola el culo salimos del restaurante, era un poema la cara del personal. - Vamos para la casa, por cierto Miri, me voy a quedar con vosotros unos días así que espero que te portes bien desde ya mismo y no me toques los cojones con tus tonterías que he hecho un montón de kilómetros para darte lo que necesitas. Julio no te ha dicho nada por que es un buen cornudo, pero ya estaba todo preparado. Así que espero que no me defraudes y seas lo puta que un macho como yo se merece, lo vas a ser? dime Mi mujer me miro y sonrió como diciendo que cabronazo: - Jose no has tenido ni vas a tener una mujer mas entregada a ti que yo en tu vida, quiero darte todo lo que desees y quieras cuando quieras. Mirian Estaba de nuevo entregada al macho, ya no había vuelta atrás. - Muy bien zorra, por esta vez vengo con ganas de reventarte a follar. Y cogiéndola como si fuera una niña, la levanto del suelo abrazándola y besándola con las lenguas fuera, babeándola entera. Era un cuadro ver a ese yeti gordo, feo y viejo morreando a mi precioso bombón magreandola el culo hasta deformárselo. Llegamos a la casa entre morreos y magreos, cerré la puerta del jardín, Jose Manuel se quitó la camisa. Aparto enfrente a mi mujer y me dijo: - Quítala el bikini La quite la tira del sujetador y la baje la braguita. Mirian chorreaba por las piernas flujo, estaba hiper cachonda. Jose Manuel la miro con una cara de deseo que daba miedo. Aparto a un lado el bañador y como un resorte salto el pollon gigante, daba miedo, lleno de venas, enorme una polla morada con una cabeza brutal, y escupiendo liquido preseminal. Mirian se la Miraba con deseo y a la vez con sorpresa, no la recordaba del todo. Mirándole de frente, mordiéndose el labio se tocó el clítoris. Jose Manuel avanzó a hacia ella y la dio un bofetón en las tetas, Mirian grito. - Que cojones haces?, ya empezamos?, te he dicho que te toques? Mi mujer agacho la cabeza mirándole con cara de niña buena: - No Jose, perdóname, No lo volveré a hacer. - Eso espero, pero por esta ya te castigaré. Agarro a Mirian la cogió en brazos de pie, y con las piernas bien abiertas mientras ella le morreaba abrazada, se la empezó a clavar. Mi mujer chorreaba y aun así, el misil entraba muy muy prieto. Cuando se la clavo entera mi mujer se fundió en un orgasmo que la hizo temblar. Jose Manuel la empezó azotar con la mano. Ordenándola que cabalgara. Mirian como una loca subía y bajaba del mástil. Solo decía : - Otra vez, otra vez, Dios no puedo parar de correrme, otra vez. Jose manuel me miraba y sonreía, mi mujer era completamente suya, no paraba de correrse. - Así zorra, que vea tu marido lo puta que eres y vas a ser conmigo y con quien yo quiera. Me miro con cara de cabron, estaba claro que tenia preparadas cosas para nosotros, bueno para mi mujer. En lo mas álgido de la follada agarro a Mirian del cuello y la dijo: - Me corro y es mucha leche guardada para este momento si no la tomas toda no te follaré más. Bajo a Mirian, que como con un resorte se puso a sus pies de rodillas y abriendo la boca con las manos atrás como ya antaño Julio la había enseñado y metiendo el enorme capullo en la boca empezó a escupir semen a borbotones gritando como un jabalí. - Arhggg tómala toda, traga zorra traga toda arghh. Mi mujer puso una de sus manos en la barbilla para que no cayera nada, ya que esa manguera escupía mucha leche, con gran esfuerzo trago toda, enseñándole la boca a su macho y las gotitas que cayeron en su mano las lamio con deseo, mirándole a los ojos. - Lo he hecho bien amo.? Pregunto mi mujer totalmente entregada. Jose Manuel la toco la barbilla como un padre a un hijo: - No ha estado mal esclava, vas aprendiendo. Amo?, esclava? Esto iba más allá, hasta ahora nunca mi mujer llamo amo a ningún tío y ningún tío la llamo a ella esclava. Yo estaba empalmadisimo, necesitaba correrme. Agarro a Mirian y la puso de pie, el pollon había bajado un poco, pero seguía morcillona. Apoyo a mi mujer contra su pecho, dándome mi mujer la espalda. La abrió las cachas del culo y me dijo: - Ven Julio, Follala el culo y córrete dentro que no se lo quiero reventar de primeras. Me acerqué con mi polla en la mano. El la abrió para mí, mientras ella le agarraba del cuello y le morreaba con deseo. Me hundí en el ano prieto de mi mujer, mientras la bombeaba, el se aparto hacia un lado dejándola en el aire, agarrándola del cuelo con una mano a distancia y maltratándola las tetas y los pezones. - Vamos cornudo dala cera a esta zorra que ahora la voy a reventar el culo. Jose Manuel bajo su mano y pellizco la vulva entera de mi mujer agarrándosela con la mano, Mirian se corrió de nuevo con temblores y espasmos, Yo no aguante mas y me vacié en ella. De un empujón me saco de mi mujer y agarrándola los brazos por detrás de pie como estábamos se la empezó a incrustar. Mirian sollozaba, notaba el diámetro, estaba bien lubricada por mi corrida , pero eso era un pollonazo. - Te duele zorra? La saco y lo dejamos? Pregunto el cabron agarrándola la melena. Mi mujer sollozando: - No por favor, me duele mucho pero métela toda por favor Julio, soy tuya. Lléname toda. Jose Manuel mi miro indicándome con la cabeza que me pusiera delante de mi mujer para verla la cara. - Quiero que veas la cara que pone la zorra de tu mujer cuando su amo la perfora y que sientas como es mi completa esclava. Sus palabras me turbaron de nuevo, pero miraba a mi mujer y veía un brillo en sus ojos de dolor pero de entrega total y me gustaba. Tirándola fuerte del pelo hacia atrás, empezó a empujar con fuerza en pollon dentro y del arreón se clavo entero. Parece imposible, pero hay estaban sus pelotas pegadas al coño de mi mujer. La pecho a su pecho y la hizo cerrar las piernas con todo dentro. La agarraba de los pezones y se los pellizcaba. La susurro al oído: - Quieres estar así toda la tarde? ¡!!!Muévete cojones!!!!! Mirian como pudo de puntillas empezó a moverse, con un sube y baja cada vez mas intenso, el manejaba el ritmo tirándola de los pezones, cada vez mas rápido. Mi mujer empezaba a coger temperatura, se iba a correr de nuevo y gritando con toda su alma se lo dio otra vez, empapando sus piernas y las de Jose Manuel sin ni siquiera tocarse el coño. Este al verlo se rio y dijo: - Es que no hay puta igual que esta, que zorra y guarra es. Y entregándomela en los brazos a mí, el sin desclavarse la agarro de las caderas y empezó un brutal mete saca, clavándola y sacándola entera, mi mujer ni me miraba, tenia los ojos cerrados agotada aguantando los envites del toro, que con un nuevo bramido y metiéndosela hasta el mango, se corrió de nuevo en lo mas honde de mi mujer. Espero unos segundos dentro de ella. Y dijo de nuevo: - Veamos a ver Se desclavo, del culo de mi mujer salían borbotones de semen nuestro y la polla de Jose Manuel estaba llena de semen y … Miro a Mirian, y esta se tiro de nuevo como un resorte abrió la boca y empezó a mamar y limpiar la polla de su macho, que orgulloso dijo: - He tenido mis dudas, pero está claro que esta zorra traga ya lo que su amo le mande. Eso significo el ¨vamos a ver¨ , él sabía que la clavada brutal, además de semen ,vendría con mas cosas y seria una prueba de fuego para mi mujer, que por suerte o desgracia superó. La puso de pie, Mirian estaba fundida, entre el viaje, las copas y los polvos, tenía cara de rendirse. Vamos a la ducha y a echarnos un rato a dormir, que esta noche promete. Mi zorra y yo dormimos en la cama grande, tu en el sofá de la habitación, no quiero que pierdas detalle, al fin y al cabo es tu mujer. Nos duchamos, comimos algo y nos fuimos a descansar , ya eran las 18H. (continuará) ([email protected])

Autor: genesis48madrid Categoría: Infidelidad

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Y mi mujer, sin enterarse

2019-09-23


Héctor lleva una vida feliz con su esposa. Hasta que, la llegada de la nueva asistente, da un vuelco en su vida. Cuándo Bea, su mujer, contrató a Ludmila, Héctor permaneció impasible; su belleza caribeña, contrastaba con sus ojos color miel, haciendo una mezcla de pasión y fuego. Hacía las tareas encomendadas, y él no le prestaba la más mínima atención. Hasta que un día, tuvo una interesante charla con Gonzalo, su mejor amigo. -Héctor, ¿de verdad estáis tan mal? -Así es. Bea y yo ya apenas follamos. Siempre está con excusas. Cuándo no es el trabajo, es una jaqueca, o, si no, una visita a sus chismosas amigas. -Vamos, que tienes la polla a rebosar - Dijo, dando un trago a su cerveza. -Ni te lo imaginas... Si no follamos pronto, siento que voy a desfallecer. -¿Y si te vas de putas? -¿Bromeas? No lo encuentro ni digno, ni atractivo. -¿Qué piensas hacer? Eres un hombre. Y, la teoría dice que tienes que desfogarte. -Y lo hago. Siempre que Bea está ausente, me hago mis buenas pajas, no creas. -No es suficiente... Necesitas algo más. -¿Cómo qué? Gonzalo se quedó pensativo. En un gesto que Héctor había visto muchas veces. -Bueno... Ahora que caigo. Hemos contratado a una sirvienta que... -Perfecto - Dijo Gonzalo, chasqueando los dedos - Ahí lo tienes. -No sé, Gonzalo... El único sitio en el que la veo es en nuestra casa. -Buah... Más morbo, imposible. Fóllatela. Basta con esperar a estar un día a solas. Héctor, pensativo, se terminó la cerveza. ............................................................ A la mañana siguiente, Ludmila llegó un poco más temprano de lo habitual. Beatriz había ido a trabajar, y, Héctor, mientras pasaba unos documentos al ordenador, le dió vueltas a la conversación con su amigo. ¿Sería capaz de ponerle los cuernos a su mujer, con la asistenta, en su propia casa? Miró al pasillo, esperando ver a Ludmila, atareada con las tareas encomendadas; no tenía traje de asistenta, ni nada por el estilo. Vestía pantalones negros y camiseta blanca. Se quedó ensimismado, observándola; estaba pasando el polvo a una estantería. Ajena a él, al caersele el paño, se agachó para recogerlo, y, al hacerlo, un tanga se vislumbró. "Dios mio... Tiene un culo precioso... Pero no sé si sentirá lo mismo que yo... Es de locos..." Y, pensativo, continuó con el trabajo. ............................................................. Al agacharse para agarrar el paño, miró de reojo al señor de la casa, Gonzalo. Estaba muy elegante, trabajando impasible ante su presencia. Fué instantáneo. Nada más verlo, deseó que la follase donde fuese. En la cocina, en el jardín, a la vista de los vecinos... Dónde más le plazcara al señor... Al pensar en eso, sintió un pinchazo en el estómago. Anoche, al llegar a casa, como en anteriores días, se había metido en la ducha, y se había masturbado con el plato de ésta, imaginando las escenas más morbosas con su señor. Imaginó cómo la colocaba delante de él, la lamía los pezones hasta quedar completamente excitada, para después, agacharse y comerle la polla hasta dejarla seca. "Cómo me gustaría sentir tu dura polla en mi interior", pensó, ruborizándose, mientras agachada, continuaba limpiando el polvo. Y LO QUE TENÍA QUE PASAR, PASÓ Aquel día lluvioso, Bea, ataviada en un traje gris, se dispuso a ir al trabajo, como cada día. Héctor se ofreció a llevarla, pero ella declinó la oferta, alegando que había quedado con su compañera para que lo acercase. Ludmila permanecía de pie, frente a la ventana, viendo como se despedían con un casto beso. Pensó en la imagen que tuvo anoche, en su cama. Una imagen de lo más sugerente, que, si tenía oportunidad, aprovecharía. -Ludmila, voy a ducharme. Por favor, pasa nuestra habitación, cuándo termines aquí. -Si, señor. Cuándo Gonzalo desapareció, dejándola en la cocina, no lo pensó dos veces. Se quitó el uniforme, y se quedó en ropa interior. Se sentía sucia, y eso, le encantaba. No iba a demorarlo más. Subió las escaleras, y, al llegar al cuarto de baño, se encontró con la puerta entornada. ¿Casualidad? Prefería no pensarlo. Se asomó, y, las mariposas en estómago, volvieron. ......................................................... Gonzalo se duchaba con la imagen del tanga de Ludmila en la cabeza. Esa imagen le atormentó durante los últimos días. Cerró los ojos, bajó su mano a la dura polla, y comenzó a masturbarse. La imagen de Ludmila, le vino a la cabeza. "Ojalá poder follármela bien duro", pensó. Un ruido en la puerta le hizo volverse. Ludmila le miró con los ojos como platos. El cuerpo desnudo de Gonzalo, frente a ella, hizo que quisiera follársela como un loco. -Lo.. Lo siento, señor. Iba a darse la vuelta, cuando la voz de él, la hizo detenerse en seco. -Ludmila. Pasa y cierra la puerta. Temblorosa, cerró la puerta con pestillo. Se dio la vuelta, y la mirada lujuriosa de Gonzalo, la atrapó al instante. -Bonita ropa interior. -Verá yo... -Acércate, Ludmila. Así lo hizo, sus tacones, resonando por el cuarto de baño, excitaron a Gonzalo. -Quitatelos - Dijo. Ella se agachó, dispuesta a hacerlo. El, se pasaba la lengua por los labios, excitado. -Ahora, las medias. Ludmila se sentó en el retrete, dispuesta a obedecer, mientras Gonzalo, salía de la ducha, con la mano en su dura polla. Ella no quitaba la vista de ahí. -¿Te gusta lo que ves? - Preguntó. -Sí, señor. Muchísimo. -¿Quieres probar? -Pero la señora Bea... -No te preocupes por Bea... ¿Crees que no sé a lo que se dedica en la oficina? Ludmila, abrió los ojos como platos. -Sí, Ludmila... Esa zorra lleva engañándome dos meses con un compañero. -Lo... Lo siento, señor. Acarició la cabeza de Ludmila. Ella, ronroneó. -¿Quieres chuparmela? - Preguntó, sin más rodeos. Si esperaba una repuesta verbal, no la obtuvo. Ludmila, bajó la cabeza hacia la polla de Gonzalo, y comenzó a chupar con vehemencia. El, soltó un gemido. -Eso es, Ludmila. Chupala. Excitada, comenzó a masajear los huevos de Gonzalo, que ahogó un gemido. -Eso es.... Al levantar la vista, Gonzalo le hizo una seña con la cabeza, que comprendió al instante: "A la cama". -Estoy demasiado excitado, Ludmila. Quiero follar tu cuerpo caribeño. Sin demorarse en exceso, y ya en la cama, Ludmila se quitó la ropa interior, mientras, Gonzalo la escrutaba con mirada felina. -Déjate llevar - Dijo él. La colocó a cuatro patas sobre la cama, y dirigió su dura polla al recoveco más preciado de Ludmila. Ella soltó un gemido. -Lo tienes ardiendo - Dijo comenzando a follársela. -Su polla hace que me sienta así. -¿Cuánto llevas espiándome? -Unas semanas. -Eres una zorrita. La polla de Gonzalo comenzó a acelerar, mientras, Ludmila, se masturbaba a su vez. Estaba a punto. -Me corro, señor. Me corro. -Córrete, empapa las sábanas. Que vea la zorra de Beatriz, lo que hago contigo. Se sentía en el paraíso. El duro miembro de Gonzalo, hizo que tuviese un orgasmo más, mientras, su cabeza, que reposaba en la almohada, ahogaba sus gemidos de placer. Levantó la cabeza, al sentir llegar el orgasmo. -Siiii... qué polla tiene, señor. -Estoy a punto, zorra. ¿Donde quieres que me corra? Los dedos de Ludmila, masturbaron su coño, hasta que no aguantó y mojó las sábanas de nuevo. -Lo quiero en mi cara - Gimió Ludmila. Gonzalo salió de ella. Se colocó de pie en la cama, mientras, Ludmila, como una gata en celo, gateaba hasta ponerse debajo de él. Sin previo avisó le acarició los testículos y los lamió con vehemencia. -Que bien lo haces, zorrita.... Me corro... El semen salió disparado hacia el rostro de Ludmila, que pasó la lengua orgullosa, limpiándoselo. Desde entonces, tanto Gonzalo, como Ludmila, desean que Beatriz salga temprano a trabajar.

Autor: Danonino456 Categoría: Infidelidad

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El cornudo suele ser el último en enterarse.

2019-09-22


Carta de un cornudo a otro. Me has pedio que te mande una foto de mi ex, la que me puso los cuernos. Lo prometido es deuda. Te mando unas fotos en top less. Las del famoso bikini negro, el que ella decía que era muy decente porque no se la notaban los pezones y a los 10 minutos de llegar a la playa se quitó el sujetador. Seguro que son las que más te van a gustar. Mira que tetazas tenia (y creo que aún tiene) la muy puta. ¿Estaba buena verdad? Ese día en la playa, detrás de las dunas, terminó sin la braguita. No tengo más fotos, no me dejó sacarla desnuda del todo, pero si te digo: imagínatela con su coño depilado... Si te fijas bien, en la tercera foto, se la notan los labios perfectamente. Salía del mar y se había subido la braguita del bikini. Se lo puso tipo tanga. Por detrás, se la veía todo. Me gustó pasear cogidos de la mano por la playa. Muchos tíos se volvían a mirarla. No me extrañaba. Entre los meneos de esas tetazas y su culito… La verdad, me excitaba presumir de chavala. Por cierto, solidaridad entre cornudos. Tengo que confesarte que ese verano, cuando lo de las fotos, ya estaba follada por su compañero de oficina. Bueno, bastante más que follada. Aunque yo no lo sabía claro. Ya sabes. El cornudo suele ser el último en enterarse. Se la había estado cepillando desde navidades. Ya ves… llevaba follándosela más de seis meses, y yo, novio enamoradísimo, no solo estaba metiendo mi polla en su coñito usado, es que, además, en cuanto ella me dejaba, me lo comía hasta que me dolía la lengua. Como dices tú, estaba follando en un “coño profanado” por otro rabo, y “catando” sus sabores. Cuando la pillé, empezó a llorar. La muy puta decía que me quería, que estaba enamorada de mí, que lo nuestro era lo más grande… Y fíjate, dos días antes de irse de vacaciones conmigo, ya con los billetes sacados, el tío ese, la bajó las bragas en la oficina y se la echó un polvete de despedida. De eso me enteré luego claro… Te repito que el cornudo es el último que se entera. Me lo confesó cuando la pillé, cuando no había más remedio... Llorando como una Magdalena… Y según ella arrepentida. Ese día la dejé en la puerta de la oficina y me fui a hacer las últimas compras. Miré el reloj. Vuelvo en dos horas, dije. Vale, respondió sonriendo y nos dimos un besito al bajar del coche. Recuerdo perfectamente su impecable traje de ejecutiva con su chaqueta verde oliva. Su blusita blanca. Me dijo que la llevara a la oficina a imprimir los billetes del avión, que con los nervios se la había olvidado. Y él estaba allí, revisando unos documentos importantísimos… Fue una casualidad. Me lo juró y perjuró un millón de veces, no sabía que estaba allí, no lo había planeado… El caso es que no había nadie más. Ni el de seguridad. Y, textualmente, dijo: “estábamos solos, y pasó lo que pasó”. Ya ves que frasecita. “Pasó lo que pasó”. Con cuatro palabras te cuentan que se han echado un polvazo, que han estado jodiendo, que te han engañado, que… Que realmente han roto tu vida. Me lo he imaginado millones de veces. Unos besos, unos toqueteos y… La blusa abierta, con la chaqueta de ejecutiva aun puesta. Las tetazas por fuera del sujetador y los pezones duros como piedras. La cosa se calienta más todavía y en un “pispas”, ya sabes, la mano a la entrepierna, cuatro jadeos y las bragas por debajo de las rodillas. Luego ya viene todo rodado: media vuelta y… la posturita adecuada. Codos apoyados en la mesa, culito en pompa, con los labios asomando por debajo... Solo es colocarse y empujar el rabo. Menudo morbo follársela medio vestida con el novio a punto de llegar. Lo he imaginado perfectamente, tan bien como si lo hubiera visto de verdad. Casi puedo ver su carita, excitada, nerviosa e impaciente por recibirle, gimiendo con cada caricia. Temblando de impaciencia al sentir la punta de su polla en la entrada. Y el grito por el primer empujón… Toda adentro… Hasta los huevos. Tuvo que ser magnífico. El hijo de puta metiéndola la polla por detrás, dándola viaje tras viaje, con las tetas colgando, meneándose como locas. Agarrado a las caderas para empotrársela a tope. Y por qué no, de vez en cuando dándola algún que otro azote en ese culito... Eso si no se la clavó también por el culo, porque ya puestos… No sé cuánto tiempo tardaría en apoyarse solo sobre un brazo, recostándose en él y levantando un poco más el culito. Cuando está a tope, se suele poner así para tocarse con una mano y llegar antes. En seguida viene la respiración agitada, los temblores, los jadeos, los grititos… y por fin, el descontrol total. La locura. Luego, rendida por el orgasmo se dejaría caer sobre la mesa y se quedaría allí. Inmóvil, expuesta a merced de lo que él quisiera. O se pondría en cuclillas para chupársela…o… Ni idea. Cuando se corre es como una marioneta, puedes hacer lo que quieras con ella. Ya sé que son solo imaginaciones mías, que no sé lo que pasó, pero… ufff... en esa posición… Rendida… Completamente expuesta… Con el culito diciendo: fóllame, fóllame… Me encanta imaginar que el tío la separa las nalgas, la coloca en su ojete y con el rabo bien lubrificado, la rompe el culo haciéndola chillar. Luego se lo taladra sin parar hasta que se lo llena de lefa. Por delante o por detrás, da igual. El caso es que mientras yo estaba abajo buscando donde aparcar, ese hijo de puta se la empotraba hasta el fondo. Luego, la llamada perdida, y un mensajito: “en cinco minutos bajo cariño”. Cínica… Acababa de follar con otro y la muy zorra me llamaba cariño mientras se vestía. O a lo mejor, aun en pelotas y gimiendo con la polla del otro incrustada a tope. Si, seguro que fue por eso, porque no podría ni contestar. Estaría jadeando y yo me daría cuenta que algo estaba pasando. Seré idiota… Si solo había ido a imprimir dos putos billetes de avión. Para eso no se necesitan dos horas. Subir y bajar. Como mucho, tenía que haber estado esperándome abajo. Salió por la puerta principal. La muy puta venía sonriendo. Supongo que, o disimulando, o contenta por el polvazo que acababa de echarse. El caso, es que no sé por qué, pero la encontraba guapísima. Y súper sexy. Me puse cachondísimo en cuanto la vi. Nada más subir al coche, empecé a besarla y tocarla los pechos, a intentar meter la mano entre las piernas… No podía parar. No podía resistirme. Ella se reía y no me dejaba. Me decía “para, para, para, que pueden vernos… venga arranca el coche so tonto” ... Esa misma noche, al llegar a casa quise… Ya sabes, quise hacer el amor con ella. Nada más entrar en el ascensor del garaje, volví al ataque. Sí, tocando y ella apartándome la mano. La arrinconé mientras sobaba impaciente sus tetas. La descoloqué toda la blusa, y metiendo la mano por abajo, tiré hacia arriba del sujetador. Se las saqué por debajo. Ella dio al botón. Y yo al stop. Otra vez ella al botón riéndose, y yo al stop. Mientras, la solté varios botones. Prácticamente estaba toda la blusa abierta. Y los pezones parecían los botones del ascensor. Al final dejé que subiera el ascensor, pero por el camino no dejaba de morrearla y tocarla. La di la llave. Yo me puse detrás pegándome a sus nalgas haciéndola notar mi polla dura como un palo. Según abría, la tocaba los pechos. Al principio ella no quería. Me la tocaba y yo no la dejé. No porque sabía que buscaba hacerme una paja, que me “desahogara” y la dejara tranquila. Y yo no quería eso. Yo quería follar. No sé por qué, pero necesitaba metérsela hasta adentro. Me decía que no, que estaba muy cansada, insistí, insistí y la tocaba un poco y a la fuerza por su entrepierna. Acabó cediendo claro. Sobre todo, cuando por fin conseguí apartar sus braguitas y metí los dedos entre sus labios. Estaba húmeda. Estaba ganando la batalla. Empecé a acariciarla el clítoris. Al primer jadeo supe que la había vencido. La desnudé allí mismo en el hall, prácticamente a oscuras y con todas las bolsas tiradas por el suelo. Mucho que no, que no, pero luego… Uf… menuda fiera. Ni llegamos al dormitorio. Un polvo de película. Desde atrás, aplastando sus tetas contra la pared, tumbados en la alfombra, rodando por el suelo... En ese momento, yo no lo sabía, pero estaba follando en su coño recién usado. No noté nada raro. Bueno sí, que se corrió muy pronto y estaba encharcada, pero no pensé nada extraño, no le di importancia. Pensé que era por el lugar, por lo inesperado, porque nos íbamos de vacaciones… No sé. Todo menos que la muy puta venia ya cachonda y con el chocho al rojo vivo. Vamos que ya tenía el precalentamiento hecho. Sí, ya estaba preparada para la segunda sesión. Claro, luego ya todo encaja… El hacerlo a oscuras… El sujetarme la cabeza entre sus tetas, el no dejarme bajar para que no la comiera el coño y pudiera notar algo raro… El “hazlo dentro”, el “no la saques” … Su insistencia con el “córrete dentro” … Claro… para tener una excusa y ducharse inmediatamente… Y borrar cualquier huella del otro. Como siempre, minuciosa hasta en esos pequeños detalles. Es cierto. Cuando me enteré, me cabreé. Bronca. Insultos. Tremenda discusión... Y ella lloros. ¿Qué porqué me cabreé? ¿Qué por qué la llamé de todo? Imagínate que se acaban de follar a tu mujer. Ella lo ha hecho porque ha querido y a tus espaldas. No lo sabes y por la noche, vas tú y quieres meterla la polla. Ella te dice que no quiere, que no la apetece… Te miente diciéndote que es que está cansada, pero al final, a base de insistir, o de rogarla. De suplicarla más bien, acabas metiéndosela en su coño. Y su coño está usado no hace ni media hora. Y sus orgasmos se suceden. Chilla, berrea, goza como hacía años que no la veías. Ni de novios follábais así. Y piensas que es por ti. Una semana más tarde, mientras lo estáis haciendo todo acaramelados, en medio de unas deliciosas vacaciones, ¡Zas!. Una indiscreción, un error en el nombre, un “cuidado no lo hagas tan fuerte, que luego me dejas marcas”, y la pillas. Su cara de susto al darse cuenta. Sus ojos como platos la delatan. Y te enterarás de todo. Sobre todo, te enteras que el famoso día, no había pasado ni media hora... Se la acababan de follar, por eso venía tan caliente, por eso se corrió tanto... ¿Cómo la llamarías? ¿puta? ¿zorra? Yo me cabreé y la llamé de todo. La bronca fue monumental. Y los polvos que nos echamos luego brutales. No sé… pero los cuernos en un primer momento cabrean y duelen. Luego ya… Me fue contando todo. Con quien, cuando, como, donde y por donde… Menuda puta tenía en casa. ¡Y menuda colección de cuernos! Y yo sin enterarme y sin saber muy bien qué hacer con lo nuestro. Te lo digo porque al principio yo no tenía muy claro cómo enfocarlo. Si. Por un lado, me cabreaba que mi novia fuera tan puta y sobre todo, lo que más me dolía, que me hubiera engañado. Por otro, me ponía a mil por hora. Además, empecé a hacer cosas con ella que antes ni se me hubieran ocurrido. Se borraron los tabús. Hacíamos de todo, hablábamos de todo, y muchos días, hasta me contaba alguna de sus aventuras. Sus aventuras eran mis cuernos claro. Y ella se daba cuenta que me cabreaba, sí, pero cada día menos y además me ponía como una moto. A veces, cuando tenía la regla y no podíamos follar, me hacía una paja mientras me lo contaba sin saltarse ni un solo detalle. Un día incluso me pidió permiso. Sí. Lo que oyes. Bueno, lo que lees. Tenía una cena de empresa y quería follarse a un compañero que la gustaba mucho. Que no pasaba nada, que era de fuera, que nadie se enteraría, que se conocían de un congreso… Bueno, incluso me dijo que si yo quería hacerlo con otra, pues que no la parecería mal… No lo hice con otra, pero me dejé convencer. Y cedí. Otra polla en su coño qué más daba, pensé. Además, con o sin mi permiso, estaba seguro que se lo iba a calzar. Salió de casa con su elegante vestido negro, ese que tiene ese sugerente escote de pico, el que deja casi la mitad de las tetas al aire. Bien maquillada, arreglada… Iba guapísima. La vi alejarse por el balcón y montarse en un coche. Había quedado con alguien para que la recogiera. No conseguí ver al conductor. No pude dejar de pensar que era el que esa noche se la iba a follar. Si, seguro que era el que la iba a meter mano por el escote. Apartar un poco la tela y… Era fácil acariciar las tetas. Sobárselas, pellizcar, estirar, mordisquear sus pezones… Iba a hacerla todo lo que le diera la gana mientras yo estaba en casa solo, viendo la tele como un estúpido. Esa noche empecé a darle vueltas. ¿está bien esto? ¿pero qué acabo de hacer? ¿la he dado permiso para joder con otro? El caso es que sabiendo que en ese momento estaba follando con otro me puse como una moto. Tuve que hacerme una paja. Mi primera paja de cornudo consentidor me decía mientras me la meneaba. No sé si te parecerá ridículo o no, pero no podía evitarlo. La esperé desnudo. Oí el ascensor. Miré por la mirilla. Nada más llegar al rellano abrí la puerta. Ni la di tiempo a meter la llave. Agarré las solapas y la metí en casa de un tirón. Estaba fuera de mí. Y ella lógicamente con un susto del demonio. Ni buenos días ni nada. Directamente pregunté: ¿te le has follado? Acojonada dijo que sí. Bueno susurró que sí. En ese momento sintió mi polla dura y la agarró. Me miró con más cara de susto todavía, aunque creo que más bien era de sorpresa. No tardó en entender qué es lo que estaba pasando. “Espera, espera… no me he duchado”, me dijo, “hace poco que…” No terminó la frase. Ni falta que hacía para saber lo que me estaba diciendo. Eso me encendió más. Prácticamente la arranqué la ropa. Me quedé embobado mirando su cuerpo desnudo. Como si fuera la primera vez que la veía en pelotas. Como si nunca la hubiera visto. Tenía las tetas con marcas rojas y estaba naciendo un buen chupetón. Vi como los pezones se replegaban sobre las aureolas poniéndose de punta. Puso su encantadora carita de circunstancias y movió los hombros como disculpándose. Cuando bajé la mano me encontré con su coño completamente calado. Estás empapada so zorra, la dije mirándola a los ojos. Sonrió y asintió. No sé qué cara de salido tendría yo, pero sentí que se podía leer en ella no solo mi excitación, sino también el porqué. Pegándose a mí se abrazó y se restregó contra mi cuerpo. Olía a colonia de hombre. Cogió mi mano y la colocó entre sus piernas. Me lo dijo susurrando al oído: “He sido suya… Me ha hecho de todo… Me ha follado de maravilla”. No pude más. No sé por qué, pero tenía que follármela yo. Y tenía que hacerlo inmediatamente. El saber que esa zorra tenía el coño caliente de otro rabo me ponía más todavía. La tumbé en la cama. Abrió exageradamente las piernas. No sé ni cómo ni por qué, pero sabía que yo quería ver su coño. Luego fue bajando las manos, acariciándose los pechos, la barriga… y por fin abriéndose los labios del coño. Vi su sexo enrojecido. Brillante por los fluidos. Había tenido una buena sesión. Indudable. Permanecí embobado mirando un ratito. ¿Se... se… se ha corrido ahí?, la pregunté. Susurrando y con voz de viciosa me dijo: “Si… pero aquí solo no cariño… Ya te lo he dicho…. Me ha hecho de todo… Pero de todo, de todo, de todo”… Finalizó la frase con un suave jadeo. Cerró los ojos. Como si lo estuviera recordando. Una de las manos empezó a acariciar el clítoris. La otra los pechos. Todo su cuerpo se movía… Jadeaba… Sacó la lengua y después se relamió la boca poniendo una cara de puta increíble. La mano con la que se tocaba los pechos había estado jugando con los pezones y los tenía encabritados a tope. Jugaba con ellos como si se estuviera dando la crema para el sol. Entendí perfectamente lo que me estaba diciendo. No pude resistir mas. Me tiré encima de ella y la penetré. No tuve ningún problema, Su coño estaba completamente abierto. Y no hace falta decir que súper lubrificado. Fue el primer súper maratón de sexo. Luego ya la cosa se calmó y ya sabiendo lo guarra y lo puta que era, pues pasó de todo. Aunque eso ya no sé si son o no cuernos. Te lo digo porque se supone que los cuernos te los ponen a traición, y yo lo sabía, lo consentía, más de una vez lo vi en directo y al final, incluso llegué a participar en alguna de sus movidas. ([email protected])

Autor: undiaesundia Categoría: Infidelidad

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Aprovechándome de mi jefa de diseño

2019-09-21


Me dieron ganas de contarles más experiencias que he tenido, hoy les voy a contar lo que sucedió con una amiga, bueno en realidad era la jefa del área donde yo trabajaba, su nombre es Hillary siempre me gusto, es chaparrita mide 1,50, tiene unas buenas nalgas y es blanquita. Ella traía broncas con su pareja que también es mi amigo, ese día en especial estaba ella muy enoja obviamente por problemas con ese tipo, pero se veía buenísima una licra negra que se transparentaba y una blusa sin tirantes ni mangas, tuve muchas erecciones mientras estábamos en el trabajo, total que en la tarde ella se acercó y me dijo: H: ¿Oye quiero un trago, vamos al Kings? Yo sin dudarlo y mirándola de arriba abajo le conteste: L: ¡Mejor compramos unas y vamos a tu depa, ya que ando corto de dinero! Ella acepto y así pasamos por unas cervezas y empezamos a embriagarnos en su depa, me conto sus broncas con su pareja, ¡sus sospechas que tenia de él y la confesión que abrió mi mente y mi colmillo, que tenía más de 3 años sin sexo! Ella se desahogaba y me preguntaba si había algo de malo en ella, yo sarcásticamente le decía que no, que ella estaba súper, sabía que tenía que ser listo, así que mientras la escuchaba le daba más cerveza hasta que al parecer ya estaba lista para ser mía. H: ¿Oye soy bonita? L: ¡Claro que lo eres! H: ¿Oye, tengo bonito cuerpo? L: ¡Obviamente, estas buenísima! H: ¿Así? estás jugando conmigo! L: ¡Claro que no, que no te haría, día y noche no saldríamos de la cama! Ella me miro me sonrió y yo sin dudarlo comencé a acariciarle sus piernas, sus brazos y de repente puse mi mano en su conchita, solo vi cómo se erizo me miro y comenzamos a besarnos, mientras nos besábamos le agarraba ese riquísimo trasero mientras ella repagaba su pepita en mi verga, la leve a su habitación nos desnudamos mutuamente, yo todo acelerado agarre sus nalgas con desesperación y comencé a morderlas como si fuera mi última comida, ¡mientras ella jadeaba muy excitantemente! L: ¡Que ricas nalgas, que estúpido tu marido por no comérselas! H: ¡No digas eso, no hables de él! L: ¡Es verdad nena, que rica estas! ¡La acosté en la cama y baje a chuparle su pepita depilada y blanca, ella se retorcía riquísimo y me dijo, -yo también quiero chupar..., me levante y nos acomodamos para un delicioso 69, me di cuenta que era una come vergas deprimida ya que se tragaba mi pito como si nunca hubiera comido! L: ¡Hillary que rico lo chupas! H: ¡La tienes enorme! ¡Apenas si me entra! ¡Sus chupadas eran deliciosas, yo no podía creer que mi jefa me estuviera dando una rica mamada, yo me daba gusto lamiendo sus labios vaginales y metiéndole mis dedos, su vagina estaba caliente y humedísima, lista para mi verga dura! Le levante las piernas para un rico patitas al hombro, no use condón y mi verga entraba riquísimo, ella lanzaba pequeños gemidos mientras cerraba los ojos, me movía normal, mis manos acariciaban sus piernas y sus nalgas, ella me abrazaba y me besaba el cuello, ¡la puse de cucharita y mientras besaba su espalda mi macana entraba y salía más fuerte! L: ¿Te gusta hermosa, te gusta lo que te hago? H: ¡Si Luisito, síguele así! L: ¡Desde que te conocí te quería coger! H: ¡No seas mal hablado y mejor síguele nene! ¡La puse de perrito, se la daba duro y suave lo que la hacía gemir tan fuerte que sentía que se escuchaba hasta la calle, le daba pequeñas nalgadas y sin que se diera cuenta graba lo que acontecía, ella movía deliciosamente su cadera, se empinaba todita y mi verga entraba por completo! H: ¡Que rico, nunca me había cogido tan rico! L: ¡Te mueves riquísimo, que abandonada te tienen! Me acosté y la subí encima de mí, ella movía su cadera bien rica como una licuadora, yo apretaba sus tetas y ella me arañaba de placer, ¡métemela toda!, ¡no pares por favor!, me gritaba toda extasiada. Yo me movía también, la apretaba las piernas, la besaba, le mordía sus pezones, la estaba cogiendo como nunca nadie lo había hecho, ¡esa sumisa resulto tan fiera que no creía que estuviera dándose sentones arriba de mí! H: ¡No le vayas a contar a nadie, será secreto! L: ¡Como tú digas, sabes que siempre te obedezco en todo! H: ¡Que rico lo haces, me voy a venir! ¡Ella comenzó a moverse como loca, sus caderas hacían que su vagina devorara mi verga de una forma tan rica que yo igual comencé a sentir que me venía! L: ¡Así jefa, muévete, muévete rico! H: ¡Dios mío, que placer, no pares! ¡Sentí como se vino y me mojo todo, eso me excito más, así que aprovechando que estaba todo lubricado la empine y se la metí por el culo, sentía como mi verga era exprimida por un culo virgen y ella gritaba, pero al mismo tiempo me agarraba para que no se la sacara! H: ¡Me duele, dios mío, pero que rico se siente! L: ¡Jefa que culo más apretado, me exprimes todito! H: ¡Luis, me matas, me matas! ¡Ella seguía escurriendo del orgasmo que sentía al tenerme en su culo, yo le daba de nalgadas y le apretaba sus tetas! L: ¡Hillary me voy a venir! H: ¡Si hermoso, lléname de ti, lléname! ¡Sin dudarlo me vine en su culo! un grito excitante salió de su boca, ella se dio vuelta y metió mi verga en su boca, la lamia y limpiaba todo el semen que aun salía, yo gemía del placer que eso me provocaba, terminamos en su cama abrazados y me dijo, ¡quiero más!, yo sonreí y entonces cogimos toda la noche oral vaginal y anal fue la orden de la noche. Al día siguiente nos despertamos, hicimos de desayunar y cuando estábamos en la mesa llego su pareja y nos dijo, -como les fue ambos sonreímos y contestamos. ¡Muy bien!...

Autor: Esposos(LyL) Categoría: Infidelidad

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La chica de mis sueños

2019-09-20


Siempre tuve una mente viajera. A pesar de haber vivido toda mi vida en Madrid, soñaba con vivir en el extranjero, lo más lejos posible. Me atraía la distancia. A los 22 años, me fui con la beca Erasmus a Copenhague, ciudad que me encantó. Volví a Madrid a terminar la carrera, y tras unos años trabajando, me tomé unos meses sabáticos para ir a vivir a Nueva Zelanda. Allí, quizá por casualidad, o quizá no, conocí a una danesa, Aneka, que estaba viajando por el país. Me enamoré y dejé todo para irme a vivir, otra vez, a Copenhague. A pesar de chapurrear el idioma, no me costó encontrar trabajo, dado mi buen perfil. Aneka era de mi edad, la mayor de tres. Tenía dos hermanos, uno 2 años menor, y el otro 5. El menor, Soren, llevaba un tiempo saliendo con una chica, Dana, que había conocido en su universidad. Ella tenía 2 años más que él, 3 menos que yo, y ya estaba integrada en la familia como una más. Tras unos meses en la ciudad, Aneka decidió que era momento de presentarme a su familia. Hasta ese momento había vivido de alquiler en un piso, pero la idea era irnos a vivir juntos lo antes posible. Había ido todo muy rápido. La reunión sería en casa de los padres de Aneka. Estarían también sus dos hermanos, y Dana. Llegamos los primeros, recibiéndonos con cariño sus padres. Unos minutos más tarde llegó el hermano mediano, Karl. Finalmente aparecieron Soren y Dana. Ya la había visto en fotos, pero en directo me dejó sin palabras. Alta, aunque más baja que yo, rubia de melena casi hasta la mitad de la espalda, potentes ojos azules claros, muy claros, claros como el océano en las Maldivas, de nariz y labios finos, tenía una expresión muy sensual. Sus increíbles ojos marcaban la cara, era lo primero que veías. Tenía buen cuerpo, claramente ejercitado. Esto no era raro en los daneses, pueblo muy atleta y deportista. La bici es un medio de transporte habitual en el día a día. Dana llevaba puestos unos pantalones vaqueros, con unas botas altas. La figura de sus piernas y culo era espectacular. Durante la reunión se veía a Soren y Dana jugar tontamente, bromear, se les veía en sintonía. El encuentro fue bien, caí en gracia en la familia, y pasé a ser uno más. Los años siguientes fueron buenos. Progresé en el trabajo, me acomodé a la vida en la ciudad, la relación con Aneka iba bien. Organizábamos salidas y excursiones con la familia una vez al mes. En verano, íbamos al barco que tenían los padres de Aneka y navegábamos por las islas. Por aquel entonces, mi mente estaba fielmente concentrada en Aneka, pero la visión de Dana en bikini era distractora. Dana vestía elegante, con gusto, pero nunca de forma provocativa, era bastante tímida para ello, y por ejemplo nunca mostraba escote. Por tanto, estas ocasiones eran una delicia, a pesar de usar bikini conservador que cubría todo lo que un bikini podía cubrir. Tenía unas piernas tonificadas, fruto de ejercicio habitual y de usar la bici a diario. La parte de abajo del bikini cubría todo el culo, pero se notaba que estaba en forma. Una tripa plana ligeramente marcada. El top era también conservador, y no dejaba mucho que ver, pero daba para intuir que de tetas iba bien. Estaba muy buena, pero no iba de diva. Yo intentaba concentrarme en Aneka, que por otro lado no estaba nada mal, me daba pena por ella cuando mi mente se fijaba en Dana. Dana no solo era una chica bonita. Era bastante inteligente, se le notaba en la cara, en la forma en que miraba. Trabajaba para una consultora tecnológica, y estaba ascendiendo con rapidez. Sin ser muy extrovertida, más bien tranquila y discreta, era bastante atenta. Siempre preguntaba en las reuniones cómo iban las cosas, recordaba cualquier evento, examen, entrevista, visita, cumpleaños, etc. de cualquiera, y mostraba interés. Me llevaba bien con ella, las conversaciones siempre eran interesantes. No me extrañaba que le fuesen bien las cosas en el trabajo. Pasé los 30, llevaba ya bastante tiempo en Dinamarca, con Aneka. La vida nos iba bien, y claro, las preguntas sobre descendencia empezaron a llegar. Aneka estaba lista, pero yo no tenía prisa. No es que dudase de mi relación, pero muy en el fondo, dentro de mí, algo no iba bien. Poco a poco, con los años, había tratado de enterrar este sentimiento que empezaba a florecer. Más que desaparecer, se estaba haciendo más grande. Ya no me sentía culpable de mirar a otras mujeres, y con el tiempo, de fantasear con ellas. Seguía queriendo a Aneka, pero ya no era lo mismo. El tan ansiado nieto para los padres de Aneka llegó sin embargo por un lado inesperado. En una de nuestras reuniones familiares, Soren y Dana, por aquel entonces ya de 27 y 29 años respectivamente, anunciaron que iban a tener un hijo. Por un lado, esto me quitó algo de presión, pero por otro, el humor de Aneka decayó. No me reprochaba nada, pero se lo notaba en la mirada y comportamiento, quería un hijo. La relación empezó a deteriorarse, y mi humor empezó a ensombrecerse. No sabía qué hacer. La quería, pero al mismo tiempo ya no la quería. Con el embarazo, Dana se puso aún más bonita. En este caso, era cierto que las embarazadas se ponían más guapas. Aunque seguía vistiendo de la misma forma, nunca escote, se notaba que las tetas adquirieron más volumen. Mi mente ya calenturienta empezó a fijarse más de lo normal en ella. Hasta entonces había sido un pasatiempo, una chica en la que me fijaba, pero nada más allá. Me empezaba a preocupar que mi mente pensase habitualmente en ella. Cuando tuvieron el niño, Soren y Dana anunciaron que ella iba a dejar de trabajar a tiempo completo. Es más, iba a pedir una reducción de jornada para trabajar solo 2 días a la semana. Esto era bastante habitual en Dinamarca, país que ayuda bastante en la conciliación familiar. Sin embargo, en la práctica, especialmente para Dana que no había cumplido todavía los 30 años, supondría un parón en su carrera. Parecía convencida de ello y no preocuparle. En mi opinión, para una chica tan brillante y ambiciosa, era un error del que quizá no se estaba dando cuenta todavía. Pasó un año. En la celebración del cumpleaños del niño, noté que Dana estaba más callada de lo normal, algo más sombría. La verdad, llevaba un tiempo sin ser la misma. Seguía estando preciosa, pero tenía un aire más triste. Aneka me contó que Dana tenía el ánimo más decaído desde el parto. Soren viajaba a menudo entre semana por el país, y estaba ella sola para cuidar al niño. Se estaba planteando volver a trabajar a tiempo completo, aunque Soren no estaba del todo de acuerdo ya que él viajaba y consideraba que el niño debía estar con uno de los padres. En cuanto a mi relación con Aneka, seguía igual. No estábamos mal, pero tampoco bien. Nos queríamos, pero había algo que nos estaba separando. Mi trabajo también se convirtió en mi distracción. Los martes me había acostumbrado a ir a comer a un bar que estaba relativamente cerca. Era el único día que me permitía el lujo de tomarme tiempo de más para comer. No era casualidad que el bar estuviese también relativamente cerca de la casa de Dana y Soren. La había visto una vez mientras comía, hacía un mes paseando con el cochecito del niño. No sé muy bien qué estaba haciendo. Estaba peleando conmigo mismo. Cada martes iba al bar, me sentaba, y esperaba mirando por la ventana ver otra vez a Dana. Y ese día llegó. El día estaba desapacible, y presagiaba lluvia. Estábamos en primavera, por lo que a pesar del día, la gente ya había dejado el abrigo en casa y vestía más ligero. Estando sentado en la mesa, comiendo, observé que el cielo se cubrió completamente, y oscureció. Se esperaba lluvia, pero esto parecía que iba a ser una tormenta grande. Empezó a llover, primero de forma normal, para pasar a llover de forma muy fuerte. El viento se intensificó, la fuerza de la tormenta era inesperada. Las calles se vaciaron. Estaba ensimismado en mis pensamientos, cuando vi una mujer con un cochecito de bebé corriendo lo más que podía, y con una mano sujetando un paraguas que pronto rompió el viento. Era Dana, la había pillado la tormenta en medio del paseo. Estaba diluviando como no había visto nunca en los años que llevaba allí. Pagué rápidamente y salí en su ayuda. Crucé la calle y llegué hasta ella, ya prácticamente empapado en un par de segundos. Ella, que llevaba ya un rato debajo de la lluvia, estaba como si hubiese saltado a una piscina. Me miró sorprendida de encontrarme ahí, y sin decir nada, cogí el cochecito y empecé a empujar corriendo hacia su casa, mientras ella me siguió detrás. Llegamos a su casa, abrió la puerta y subimos a su piso por unas escaleras. Iba con un vestido blanco hasta las rodillas, de tela algo gruesa, sin mangas, sin escote como habitualmente. Ella iba delante y yo detrás con el cochecito a cuestas. El niño estaba algo mojado, aunque se había salvado de lo peor al llevar la capota puesta. Ella sin embargo estaba tan empapada que, a pesar de no ser un vestido de tela fina, y gracias también a que era blanco, intuí desde atrás el contorno de un tanga. Me puso a mil. Llegamos a su piso, y abrió la puerta rápidamente. Se dio la vuelta, tenía la cara algo manchada con el maquillaje de los ojos que se había corrido por la lluvia. Más allá de estar preocupada por su apariencia o por lo que yo pudiese ver o no, estaba preocupada y centrada, como buena madre primeriza, en calentar lo más rápido al niño. - Voy a meterle en la bañera en agua caliente! – dijo apresuradamente. Su cuerpo chorreaba agua en el suelo. Entonces, sin importarle lo más mínimo mi presencia ni prestarme atención, y para no mojar el suelo, se quitó los zapatos primero, y estando de espaldas a mí, bajó las manos a la parte inferior del vestido, lo agarró y empezó a subirlo. Me quedé paralizado. Estaba parado en el descansillo, agarrando con ambas manos el cochecito con el niño dentro, mi boca abierta por completo y mis ojos como platos. Delante de mí, y de espaldas, Dana levantaba con dificultad el vestido, ya que estaba pegado a su cuerpo por la humedad. Cuando llegó a la altura de la cintura, me recorrió un escalofrío por el pecho, oprimiéndolo. Al levantar el vestido dejó ver un tanga blanco, los extremos de unos 5 centímetros que al llegar al centro bajaba, disminuyendo en grosor y perdiéndose a medio camino entre sus nalgas. Qué culazo, ni un defecto, fuerte, tonificado por el continuo deporte que había comenzado al poco de dar a luz, me entraron ganas de follármelo ahí mismo. Siguió subiéndose el vestido, dejando a la vista la parte de atrás del sujetador. Al pasárselo por la cabeza, y por lo mojada que estaba, se quedó atascado, y ahí estaba intentando quitarse el vestido mientras yo observaba sin ningún rubor su increíble culo, moviéndose de un lado a otro para sacarse la ropa. Finalmente se lo consiguió quitar, y aceleradamente sin mirarme dijo que trajese al niño al baño. Desperté del trance, cogí al niño y lo llevé. Allí otra vez me quedé embobado. La bañera se estaba llenando, y Dana se acercó a coger al niño. Ahora la vi de frente. El sujetador enseñaba más que los bikinis que solía llevar, y pude ver más de lo que jamás había visto. Era un sujetador también blanco, ajustado, sus tetas lo llenaban completamente y lo rebosaban, y dejaba a la vista el canalillo entre ellas. Además al estar empapada, tenía agua por toda la piel, incluido sus tetas, parecía una película de adultos. Cogió al niño a toda velocidad para desvestirlo y meterlo en la bañera de agua caliente. Con el movimiento sus tetas botaban visiblemente en el sujetador. Yo no podía más. Nunca me había pasado, pero esto era de película. Me dio la sensación de que me iba a correr ahí mismo. Qué espectáculo. Metió al niño en la bañera, y por primera vez me miró para decirme que se iba a bañar con él, y yo podía usar el otro baño y coger ropa de Soren. Claramente era una invitación a irme. Reaccioné, salí, me sequé, me vestí, y dije desde fuera que me iba. No esperé a escuchar su respuesta. No sé si se había dado cuenta de cómo la miraba pero tenía que irme de allí lo antes posible. Sentí vergüenza. Llamé a mi trabajo y dije que me iba a casa, ya que me había pillado la tormenta en la calle. Los días siguientes no escuché nada de ella, ni un mensaje de gracias, o de cualquier otro tipo. Me acojoné, pensé que la había cagado, se había dado cuenta seguro del repaso que la di con la mirada. El fin de semana fuimos a casa de los padres de Aneka, para la típica reunión familiar. La ocasión esta vez era hablar de la boda de Karl, el hermano mediano, que se casaba en 2 semanas con una chica con la que salía desde hacía un par de años. Estaba nervioso por cómo me recibiría Dana, o peor, por si le hubiese contado algo a Soren. Por fortuna nada ocurrió, es más, Dana, dentro del estado de ánimo algo más decaído que tenía, charló amigablemente conmigo y se disculpó por no darme las gracias antes por haberla ayudado el día de la tormenta. Sin embargo, parece ser que no se lo había contado a nadie, lo que me resultó raro. La boda se celebró a mediodía, y por la tarde cenamos en un restaurante que tenía un club en el piso de debajo. Como es tradicional allí, a la cena y fiesta acudimos un grupo pequeño de los familiares más cercanos, unas 30 personas en total. El alcohol fluyó durante la cena, y después en la pista de baile. Tanto Aneka como Dana, necesitadas anímicamente de ello, iban bastante contentas. Dana vestía un elegante vestido rojo pasión por encima de las rodillas, sensual para lo habitual en ella. Era la fotógrafa oficiosa de la boda, por lo que iba con su móvil haciendo fotos. Se la veía animada, por fin después de tanto tiempo, aunque fuese fruto del alcohol. Era ya tarde, y no me había prestado especial atención hasta ese momento. Aneka estaba en un sillón, medio borracha, hablando con sus primos, y yo estaba de pie con mi copa apoyado en una mesa, cuando vi que Dana finalmente se me acercaba, sonriendo y caminando con cierto desequilibrio. Sin dejar de sonreír y a un metro de mí, dijo: - Una sonrisa del chico más guapo de la fiesta! Sorprendido por la espontaneidad, miré alrededor, y vi que Soren seguía en el club, hablando con algún familiar. Me pregunto qué hubiese pensado de esta afirmación. Se puso detrás de mí, alargó el brazo con el móvil en la mano para hacernos una foto. Entonces se acercó más para salir los dos, y noté que apoyaba su cuerpo en mi espalda. No se apoyó fuertemente contra mí, pero tampoco fue un ligero roce. Sentía claramente sus tetas, y estoy seguro de que ella se estaba dando cuenta de que estaba apoyándose con ellas en mi espalda. Puso su cara a unos centímetros de la mía, y sacó la foto. Un relámpago recorrió mi cuerpo, presionando mi pecho, los pocos segundos que estuvo apoyada contra mí. Me vinieron a la cabeza las imágenes de ella empapada, en tanga y sujetador, sus tetas apretadas dentro, botando, esas mismas tetas que ahora estaban apoyadas contra mi cuerpo. Mi polla empezó a dar saltos, mis piernas a flojear. Una vez hizo la foto, se alejó como si nada buscando alguien con quien hacerse más fotos. Yo por mi parte quedé hecho un flan, mi corazón latiendo fuertemente. Tenía que salir de allí. Dejé la copa en la mesa y me fui al baño. Eran los últimos momentos de la fiesta, y ya quedábamos pocos, por lo que el baño estaba vacío. Abrí el grifo, me mojé la cara y me quedé mirándome al espejo. Qué coño estaba pasando con mi vida. Entonces, en el espejo vi que la puerta del baño, detrás de mí se abrió. Me quedé de piedra. Dana estaba entrando. Me di la vuelta rápidamente del susto. Se acercó hacia mí sin titubear, mientras yo me quedaba hipnotizado por esos preciosos ojos azules que me miraban fijamente. Se abrazó a mi cuello, volvió a apoyar sus tetas contra mí, esta vez contra mi pecho, y enterró su cabeza sobre mi hombro. Esta vez se apretó fuertemente, sentía completamente sus tetas, y arrimó su cintura contra la mía. No supe cómo reaccionar, me quedé inmóvil. Mi única preocupación en ese momento era que alguien entrase y nos viese. - Qué haces! – conseguí decir finalmente - Por qué me mirabas así el otro día? – me dijo al oído Me quedé helado. Entonces sí se había dado cuenta. Sin dejarme responder, Dana levantó su cabeza de mi hombro, y tras medio segundo en la que su cara quedó a unos centímetros de la mía, me besó. Estaba borracha, aun así no pude resistirme. Me encantaba la delicadeza de sus labios, no me podía creer que me estuviese besando con ella. Por un momento me olvidé de lo peligroso de la situación, y me dejé llevar. Tras unos segundos en los que ella estaba besando mis inmóviles labios, empecé a mover los míos también. Cerré los ojos, puse mis manos alrededor de su cintura, mientras ella seguía agarrándose a mi cuello, besándome cada vez más apasionadamente. Sus tetas presionando mi pecho, noté su entrepierna contra mi polla. Esto era demasiado, había fantaseado con este momento muchas veces, pero nunca imaginé que ocurriría. Mi polla no tardó en ponerse dura. Dana lo notó. Dejó de besarme, abrí los ojos. Me estaba mirando con esos preciosos ojos fijamente, mordiéndose el labio inferior sensualmente, estaba calentísima, y borracha, no tenía ya control sobre sí misma. Bajó su mano y me tocó la polla ya bien dura por encima del pantalón. Yo estaba alucinando, conocía a Dana desde hacía años, nunca me dio la impresión de que fuese tan atrevida. En ese momento, mi conciencia volvió a despertar, y asustado, la separé de mí. Qué estaba haciendo. Me estaba liando con la novia del hermano de mi novia, madre de un niño. Me dirigí a la puerta y salí apresuradamente. Por suerte, a los baños se accedía por un pasillo, por lo que la poca gente que quedaba en la fiesta, la mayoría pasada de alcohol, no nos vio entrar ni salir del mismo baño. Me dirigí a Aneka, que seguía en el sillón, la dije que me quería ir que estaba cansado, y que la esperaba fuera. Desperté el día siguiente, domingo, con dolor de cabeza. Aneka se pasó el día en la cama, se había pillado una buena borrachera. Salí a caminar, mientras me comía la cabeza sobre lo que había pasado la noche anterior. A parte del remordimiento, había otra pregunta, egoísta, que no podía quitarme de la cabeza. Fue lo ocurrido consecuencia del día de la tormenta y del alcohol? O se había fijado ya antes en mí? No me atreví a escribirla, pero necesitábamos aclarar las cosas. No había sido un desliz con una desconocida. Éramos en cierto modo familia, y nos íbamos a seguir viendo sí o sí. Tenía que hablar con ella, tenía que mirarla a los ojos y asegurarme de que había sido un error, por mucho que hubiese fantaseado en el pasado con ella. Soren iba a estar un par de días fuera esa semana. Dana trabajaba miércoles y jueves, por lo que el lunes estaría en casa. Y yo no podía esperar. Tomé una decisión impulsiva, quizá no muy reflexionada, estaba en un momento muy confuso. El lunes por la mañana me despedí de Aneka como si fuese a trabajar. Llamé a mi trabajo para decir que estaba enfermo, y me fui directo a casa de Dana. Esperé al otro lado de la calle hasta que vi marcharse a Soren. Entones crucé, y llamé al timbre. Solo esperaba que Dana no le hubiese confesado nada. No tenía ni idea de cómo iba a responder. Quizá no me quisiese ver. Me había convencido a mí mismo de que tenía que verla para aclarar las cosas. Pero era esto cierto? Era esta la única razón por la que necesitaba verla? En mi mente repetía una y otra vez el momento en el baño, la sensación que sus labios me habían provocado al tocar los míos, la sensación al sentir sus tetas, su mano tocando mi polla. Vivía una lucha interna. De repente sonó el aparato y la puerta se abrió automáticamente, sin mediar ninguna palabra. Quizá Dana se pensó que Soren se había olvidado algo y abrió sin preguntar. Subí las escaleras, lentamente, mi corazón martilleando contra mi pecho. Llegué a la puerta, dudé un momento, y llamé. La puerta se abrió, y apareció Dana. Llevaba puestos unos leggings ajustados, y una camiseta sin mangas. Qué preciosidad de mujer. Se quedó muda. Esos increíbles ojos azules sorprendidos al verme. Yo tampoco sabía qué decir. Las palabras se atropellaban en mi mente. Finalmente habló ella. - Qué haces aquí - dijo con voz temblorosa - Tenemos que hablar de lo que pasó. Tenemos que arreglar esto lo antes posible, antes de volver a vernos con toda la familia delante - respondí Se retiró, cabizbaja, quedando apoyada contra la pared. Entré cerrando la puerta, quedé enfrente de ella. Viéndola apoyada contra la pared, con la cabeza agachada, indefensa, derrotada, se me olvidó cualquier razón por la que había venido, y la abracé. Tras un segundo, subió los brazos para rodearme el cuello, y me devolvió el abrazo, mientras la oía sollozar. Nos quedamos un rato abrazados hasta que me separé ligeramente. Dana levantó la cabeza, y se me quedó mirando con esos ojos azules claros, llorosos ahora. Me miraban de una forma especial, me tenían atrapado. - El niño está durmiendo - dijo No entendí qué quiso decir, pero no hizo falta. Inmediatamente después, se acercó a mí para besarme, otra vez. Esta vez no había alcohol de por medio, sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Estaba rendido a ella. No podía rechazarla, Aneka no era ya un elemento de fuerza suficiente para sentir culpa. Dana me tenía loco, esos ojos, esa bonita cara, esa cuidada melena rubia, esa figura atlética, esas tetas perfectas, ese culo increíble. El tiempo de remordimiento y cautela había pasado. La rodeé con los brazos y bajé las manos hasta su culo, agarrándolo. Qué culazo, que sensación al tocarlo. Nos besamos, la empujé contra la pared mientras la sujetaba del culo, ella me abrazaba fuertemente del cuello. Sentí sus tetas contra mí, y me pareció que no llevaba sujetador. Me gustaban sus suaves labios, tocaba su lengua con la mía. Tras un rato, me apartó para mirarme. Su expresión había cambiado. Volvía a ver en sus ojos la lujuria que vi en el baño. Me cogió de la mano y me llevó a su cuarto. Mientras caminábamos, iba mirando su culo de forma perfecta en esos leggings ajustados. Entramos y me empujó a su cama, todavía deshecha. Quedé tumbado bocarriba. Se quedó delante de mí, de pie. Bajó sus manos para agarrarse la parte inferior de la camiseta. Se quedó un momento así, con la mirada perdida, quizá dudando, quizá pensando en Soren, que había sido con bastante probabilidad su primer novio serio. Si daba este paso, ya no había vuelta atrás para ella. Salió de su pequeño trance, me miró y esbozó una pequeña sonrisa. Que Dana me sonriese así me hizo sentir especial, ya no me veía simplemente como uno más de la familia. Empezó a subir su camiseta de forma lenta. No creo que fuese su intención hacerlo de forma tan provocativa, más bien sus nervios no la dejaban ir más rápido. Noté que las manos le temblaban. Yo respiraba con rapidez, estaba a punto de ver lo que había soñado durante años. Descubrió su tripa plana, como la recordaba. Siguió subiendo la camiseta, y a continuación se produjo la imagen más sexy que hubiese visto nunca. Vi el contorno inferior de sus tetas, sin sujetador, como había pensado, lo que ya me provocó un sentimiento frío en el pecho. Iba a explotar, mi corazón acelerado como nunca, mi mente iba a la velocidad de la luz. Dana era un monumento de mujer. Al seguir subiendo la camiseta lentamente, las tetas se elevaron también, arrastradas por ella. Subió más, y finalmente las tetas se liberaron de la camiseta, bajando botando a su posición normal, mientras se terminó de quitar la camiseta por completo y la dejó en el suelo. No se podía ser más sensual. No se podía estar más buena. Qué tetas tenía. Voluminosas, pero no grandes, bien sujetas en su sitio, con los pezones pequeños pero sexys. Dana, la novia del hermano de mi novia, madre de un niño, a la que conocía desde hacía años, con la que había hablado normalmente, parte de la familia, a la que lo máximo que había visto era en un bikini conservador, y a la que nunca me había siquiera imaginado que podría ver desnuda, estaba de pie, enfrente de mí, vistiendo solo unos leggings ajustados. Me incorporé y la arrastré de la mano para tumbarse encima de mí. La agarré del culo, y la besé. Yo estaba nervioso, y ella también, pero la atracción mutua era grande, y la calentura empezó a vencer al miedo. Cogí los leggings del elástico y tiré hacia abajo, hasta dejarlos a la altura de sus muslos. Volví a subir las manos para ponerlas en su culo. Llevaba un tanga parecido al de la otra vez. El tacto de su culo era brutal, lo agarré con fuerza, dando Dana un suspiro al que acompañó con una pequeña sonrisa. Se levantó, se quitó completamente los leggings, y quedó de rodillas sobre mi cintura. Levanté las manos para tocar sus tetas. Suaves, las cubrí con mis manos, apretándolas, luego pasé a tocar sus pezones con mis dedos, excitándolos. Ella mientras desabrochaba los botones de mi camisa, quitándomela. Pasó entonces sus manos hacia abajo, centrándose en el botón del pantalón. Un escalofrío me recorrió el vientre, desde hacía años las únicas manos que habían estado por esa zona eran las de Aneka, a parte de la misma mano de Dana el otro día en el baño. Me desabrochó el pantalón y cremallera, mientras yo seguía disfrutando de sus preciosas tetas con mis manos. Se incorporó un momento para quitarme el pantalón y demás, dejándome únicamente con mi bóxer puesto, bajo el que se notaba ya una incipiente erección. Según volvía a ponerse de rodillas sobre mí, sus tetas se movían acordemente, libres. Me excitaban muchísimo. Se quedó mirando el bulto debajo de mi bóxer antes de ponerse encima de mí, para posteriormente mirarme a los ojos echándome una traviesa sonrisa. Esa mirada con esos ojos y esa sonrisa podrían parar guerras. Solo la tela de mi bóxer y de su tanga separaba mi polla de su coño, pero podía sentir el enorme calor que desprendía su entrepierna. Dana estaba cachonda como una mula. Se empezó a mover, restregando su entrepierna contra mi polla, mientras se agachaba para besarme, agarrándome la cabeza. Yo no desaproveché el momento para poner las manos en ese culo que tanto me gustaba. No iba a esperar más. Cogí el tanga de los lados y tiré para abajo. Ella me ayudó despegándose de mí, para que pudiese quitárselo del todo. Parece que ella tampoco quería esperar más, porque dejó de besarme, se incorporó y cogiendo el bóxer del elástico, empezó a bajarlo. Fue en este momento cuando pude verla por fin completamente desnuda. Tenía un coño tremendo, depilado y tan solo dejando una pequeña tira de pelo. Como había notado, estaba cachondísima. El coño estaba ya bastante mojado, se veía lubricado, más de a lo que estaba acostumbrado con Aneka. Entonces vi dos pequeñas gotas saliendo de su coño, deslizándose por su pierna. Estaba chorreando. Madre mía, pensé. Esto no lo había visto nunca. Qué follada me va a pegar. Me quitó el bóxer y sin esperar un segundo se lanzó a por mi polla, metiéndosela en la boca por completo. Mi polla estaba dura, pero no completamente erecta. En cualquier caso, tardó solo unos segundos en llegar a su máximo dentro de la boca de Dana. Recorría el largo de mi polla despacio, pero sin descanso, con los ojos cerrados, se la veía disfrutar. Se sujetaba el pelo para que no le cayese en la cara, así también podía yo ver perfectamente su boca rodeando mi polla. Sus tetas colgando me ponían cachondísimo, me incliné un poco y alargué las manos para poder sujetarlas, sintiendo sus excitados pezones en las palmas de mis manos. Con una mano se sujetaba el pelo, con la otra sujetaba mi polla, o se apoyaba en mi muslo, momento en el que quedaba su boca como única sujeción. Levantó la mirada hacia mí, abriendo los ojos, con mi polla dentro de su boca. Me temblaron las manos, que estaban sujetando sus tetas. Era demasiado para mí, yo no podía con semejante mujer. Esos ojos azul claro brillante del mar, esa preciosa cara conocida durante años, familiar, prohibida, imposible, esa delicada boca de sensuales labios, que llevaba años viendo, y ahora estaban rodeando mi polla. Tenía que recomponerme o me iba a correr en segundos. La atraje hacia mí, ella comprendió al instante. Se sacó mi polla de la boca, y se puso otra vez de rodillas sobre mí. Por sus muslos se deslizaban gotas. Cogió mi polla con la mano y se la acercó a la entrada de su coño. Se me pasó por la cabeza preguntar por un condón, pero estaba tan caliente que no dije nada, quería follármela a pelo. Ella tampoco lo mencionó. Mientras me miraba fijamente, mi polla empezó a entrar lentamente dentro, dándome un placer indescriptible. Tenía un coño estrecho a pesar de haber tenido ya un hijo, notaba perfectamente como la piel de mi polla se iba retirando según entraba más profundo. Pero gracias a lo mucho que estaba lubricando, entraba sin dificultad. Dentro la sentía caliente, el coño de Dana era un horno. Vi cómo apretaba los labios fuertemente de placer, una pequeña lágrima salió de sus ojos mientras me miraba. Mi polla entró por completo dentro. La cogí con las manos del culo y empecé a moverme. Ella me siguió, y pronto estábamos cabalgando a buen ritmo. Entraba y salía de su lubricado coño una y otra vez. Mi entrepierna chocaba contra su culo, el cual yo sujetaba con fuerza. Sus tetas botaban al ritmo de la follada, su melena se movía como una cortina con el viento. Dana jadeaba, gemía, suspiraba. Ya no era la novia de Soren, ni parte de mi familia, ni la cuñada y nuera perfecta de Aneka y sus padres, ni una amiga, ni una persona a la que conocía desde hacía años. Era mi mujer, entregada totalmente a mí. Me iba a correr casi ya, pero quería seguir disfrutando del momento. La levanté y eché a un lado, indicándola que se pusiese a cuatro patas. Al lado de la cama, colgado en la pared, había un espejo estrecho, pero largo, y tuve una idea. La moví de tal forma que su cara quedó de frente al espejo, por lo que podía follármela a cuatro patas, viendo y sintiendo su magnífico culo, mientras en el espejo podía ver su bonita cara y tetas. No sé si se dio cuenta de que la quería ver en el espejo, Dana estaba solo concentrada en la follada que la estaba dando. En esa posición, con todo el culo de Dana delante de mí, acerqué mi polla a la entrada de su coño, y la metí sin ninguna dificultad. Empecé un movimiento cada vez más rápido de mete y saca, golpeaba con fuerza contra su culo con mi cadera, estrujándolo con fuerza con una mano mientras con la otra me sujetaba de su cintura. Sentía mis huevos balancearse cada vez que su culo detenía mi embestida una y otra vez. Su jadeo dio paso a un gemido cada vez más alto, hasta convertirse en gritos de placer cada vez que mi polla salía y entraba en su coño, entrecortados e interrumpidos por el fuerte golpe de mi cuerpo contra su culo. Esperaba por nuestro bien que a esas tempranas horas del día los vecinos no estuviesen en casa, si no Dana tendría un problema en explicar esos gritos de placer mientras su novio estaba de viaje. Me iba a correr de un momento a otro. Levanté la mirada hacia el espejo. Dana estaba con las palmas de las manos apoyadas en la cama, sus tetas bailaban con cada arremetida, y su cara, esa preciosa cara, era la descripción literal del placer absoluto. Cerraba y abría los ojos, la boca medio abierta gimiendo y gritando, miraba hacia un lado, hacia el otro, hacia abajo, no se dio cuenta de que la estaba mirando por el espejo. Esta imagen fue la más morbosa de todas, la buena de Dana, cariñosa y atenta novia de Soren, madre de su hijo, disfrutando como una poseída de la follada que yo la estaba pegando. No aguantaba más, quería correrme dentro de ella, quería llenarla con mi semen, quería vaciar dentro de ella hasta la última gota que mis huevos almacenaban. Mi mente no pensaba racionalmente y no pregunté si podía correrme dentro. Ella tampoco dijo nada. Faltaba muy poco, sentí el cosquilleo típico que precede a la descarga. Embestí con todas mis fuerzas, más aún que antes, la estaba follando con rabia. Sentí presión en mis huevos, que seguían balanceándose con cada golpe. Un cosquilleo frío, la presión se trasladó a mi polla, y finalmente un sentimiento de descarga tremendo por toda la base hasta llegar a la punta, desde donde sentí cómo el semen salió con violencia, dentro del coño de Dana. Mientras me corría, la miré en el espejo, sus ojos cerrados con fuerza, cara desencajada y boca completamente abierta emitiendo unos entrecortados gritos de placer enormes que se tuvieron que oír hasta en la calle. Al mismo tiempo que Dana gritaba fuertemente y yo me empezaba a correr dentro de ella, sentí líquido descendiendo por mi polla, bajando por mis huevos y deslizándose por mi entrepierna y muslos. Pensé que era mi propio semen, dada la potencia de una corrida como no recordaba nunca. La sensación del semen cargándose en la base, el movimiento de espasmo en el tronco y la descarga por la punta se repitió unas veces más, cada vez con menos intensidad, haciéndome desfallecer al final por la brutal corrida. Mi ritmo también deceleró, quedando en una simple embestida brusca contra su culo en las últimas descargas. Al terminar de correrme, me dejé caer sobre la espalda de Dana, ella se dejó caer sobre la cama, y me tumbé a su lado. Me miré los muslos, el líquido que había descendido por ellos no era mi semen, Dana se había corrido al mismo tiempo que yo. Nunca había estado con una mujer que se corriese así. Dana quedó tumbada bocabajo, con su cabeza girada hacia mí. Sus bonitos ojos azules mirándome, con una pequeña dulce sonrisa. Por primera vez en mucho tiempo, vi un atisbo de felicidad real en ella.

Autor: Gab Categoría: Infidelidad

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