Relatos Eróticos de Incesto


¡PRUEBA LA NUEVA WEB: EROTISMOSINTABÚ!


¿MI ÁNGEL O MI DEMONIO? II

2021-04-09


Nos bañamos para subir al restaurante a cenar, al vestirnos, Adriana se vistió delante de mí, su blusa, sus leggins, así, sin nada debajo. Era excitante ver caminar a mi nena delante de mí, moviendo sus bellas nalgas con sus leggins azul y más sabiendo que no traía su tanga, ni ninguna otra prenda debajo, me excitaba tremendamente, a pesar de que ya me había deslechado minutos atrás ya tenía el miembro de nuevo duro. Con buena vista de noche hacia le ciudad, no había mucha gente, por lo que nos sentamos al lado de un gran ventanal donde había una luz tenue, muy romántico el lugar con platillos de muy buena calidad. Cenamos carne y pasta, acompañado de una botella de vino tinto, la cual fue la primera que me llevaron. Adriana quiso tomar también vino, por lo que no tuve inconveniente alguno, el mesero enseguida nos sirvió nuestras copas, mi nena tomo la suya y dio un trago, lo saboreo y dio otro sin hacer ningún gesto. Durante la cena acabamos la botella entre los dos, terminamos de cenar y pedí otra, ya que su entusiasmo por el lugar, por encontrarnos los dos solos y por lo que vivíamos entre ambos decidí pedir otra, no deseábamos irnos tan rápido del lugar. Charlando de diversas cosas nos tomamos la mitad de la botella, luego se me acerca mi nena y me dice muy quedito –Papi, me siento caliente y siento caliente mi cosita ¿nos regresamos al cuarto? Quiero que me des más lechita y que me chupes aquí.- veo que lleva su manita derecha hacía en medio de sus piernas. -¿Y no quieres que te chupe los pechitos? ¿Qué meta mi lengua en tu colita?- le digo muy cerca de su oído. -Si papi, también en mi cosita quiero que me la metas.- me dice con una sonrisita. Pedí la cuenta, pagué y nos fuimos nuestro cuarto llevándome la media botella que aún nos quedaba. Entramos y en lo que yo cerraba, Adriana se tumbaba sobre la cama, cuando llegué a su lado, se despojaba de su blusa, descubriendo sus lindos y tiernos pechitos. Me quite solo la camisa, mientras ella se quitaba sus leggins, tirando a donde cayeran ambas prendas, luego separo sus lindas y carnosas piernas, mostrándome su exquisita y hermosa cosita. Sus labios cerrados y lisitos se veían brillosos –Papi, estoy mojadita- me dice mi nena metiendo su mano y acariciando su cosita, enseñándome sus dedos –Mira.- mira sus dedos están mojaditos. Me acerco a ella y tomo su mano, llevándome sus dedos a la boca y los chupo, deliciosas sus mieles de mi nena. Sus ojos miran mi pantalón, me lo quito y mi miembro salta frente a ella, que me sonríe al verlo. Se gira y toma mi miembro llevándoselo a su boquita que lo besa en la punta, poco a poco comenzándolo a chupar mientras mi mano acaricia su cosita, lentamente recorriendo con mi dedo medio toda la rajita de su vagina. Lo meto entre su rajita, ahí donde mi lengua ya ha hurgado y explorado entrando en su vaginita y que la ha hecho explotar en más de un orgasmo. Encuentro su pequeño botón y lo masajeo, arrancándole un suave suspiro. -Hazlo con tu boca papi, méteme tu lengua, me gusta más.- me dice entre un suave gemido. Decidido a complacer a mi nena, me recuesto y la acomodo sobre mí en un 69, con mis pies hacia la cabecera. Levanto mis brazos entre sus muslos y los separo al máximo, provocando que su cadera se recueste sobre mi cara y su casita prácticamente caiga sobre mi boca. Hermosa vista de su casita y de su culito frente a mis ojos, ambos al alcance de mi boca y de mi lengua. Le lamo a todo lo largo, introduciendo mi lengua poco a poco por su rajita hasta meterla toda en su vaginita. Que deliciosa miel derrama, que caliente y exquisita. La meto y saco de su vaginita una y otra vez, presiono su botoncito, lo juego y presiono, meto mi lengua de nuevo en su vaginita y ella explota de placer. -Si papi, ahí, así.- me dice entre jadeos –Sigue metiendo tu lengua, me gusta, me gusta- me repite y la complazco. Mientras ella chupa con ansias mi miembro, lo masajea y acaricia mis huevos. Le meto la lengua a todo lo que da, la hincho y agito dentro de su vaginita, lo que la hace sacudir sus caderas más de una vez hasta que las presiona contra mi cara, derramando sus dulces mieles. Saco un poco mi lengua y masajeo su botoncito, haciéndola subir y bajar sus caderas contra mi cara. El panorama de sus nalguitas y piernas separadas sobre mí cara, con su vaginita y su rosada colita frente a mi es excitante, más lo es el sabor que emana de ella. No dejo de chuparle, de lamerle, de meter mi lengua en su rica vaginita, de hacerla explotar en más de un orgasmo. Mientras su boquita chupa y chupa, hasta que me hace venir dentro de su boquita. Se traga la primera venida cuando ya viene la segunda y apenas logra contenerla y tragársela, entonces saca mi miembro de su boquita para tragarse la segunda y las siguientes explotan en su cara. Chupa un poco y traga, sigue chupando hasta que mi miembro deja de expulsar, entonces levanta sus caderas y se gira, sentándolos en la cama y mirándome con parte de mi leche escurriendo en su cara. Me sonríe mientras su lengua recoge restos de mi leche. -Ahorita vengo- me dice y se va al baño, mientras me levanto y me giro, sentándome y recargando mi espalda en la cabecera, tapando mis piernas y mi miembro semì erecto con la sabana. Sale Adriana del baño y me sonríe, sin ningún pudor se muestra desnuda frente a mí. Es hermosa, sus caderas amplias para su edad, sus nalgas redonda y paradas, sus pequeños senos desafiantes, ¡guau! Sensualidad pura en un pequeño cuerpo. Trae la cara enjuagada, le extiendo los brazos y ella hace lo mismo, sentándose sobre mis piernas, acomodando sus caderas y cosita sobre mi miembro semì erecto con sus piernas a cada lado de mi cadera. Me abraza y besa en los labios, mientras mi miembro siente el calor de su vaginita y comienza a endurecerse de nuevo. Adriana me sonríe y mueve despacio sus caderas, tallando su vaginita en mi miembro una y otra vez. La tomo de sus nalgas y se las acaricio despacio, gozando de ellas. La sabana es delgada y por eso, siento a lo largo de mi miembro el calor y la humedad que emana de su vaginita en cada uno de sus movimientos. Como mueve sus caderas de atrás hacia adelante, una y otra y otra y otra vez, humedeciéndose cada vez más. Hace sus manos hacia atrás y trata de jalar la sabana –Tápame papi- me dice, aunque sé que no es precisamente lo que desea, quiere sentir mi carne entre el calor de su rajita tierna. Le ayudo y jalo la sabana, para luego colocarla sobre sus hombros, mientras acomoda sus caderas sobre las mías y su vaginita encima de mi miembro ya erecto de nuevo. Estiro mi mano derecha para apagar la luz, ya que la habitación cuenta con doble apagador. –No papi, no la apagues hasta que nos vayamos a dormir.- me dice. La dejo prendida y me concentro en ella, en disfrutar de sus labios, de su cuello, de su piel, de su entrega y fogosidad, es una pequeña demonio llena de lujuria. Nuestras bocas se funden en un apasionado y lujurioso beso, perverso e incestuoso. Beso su cuello, sus mejillas, sus hombros hasta llegar a sus pequeños pero duros pechitos, que beso y chupo uno y luego otro. Adriana gime y suspira, mueve sus caderas un rato despacio y otro con fuerza. Mete su mano entre nuestros cuerpos y agarra mi miembro, hace sus caderas un poco hacia atrás y se talla la cabeza de mi miembro en su vaginita, haciéndolo despacio y poco a poco arreciando, empujando inclusos sus caderas hacia adelante, abriendo la rajita de su vagina y metiéndose la cabeza en ella. Jadea y gime fuerte sin importar nada, se empuja cada vez con más fuerza hasta que la cabeza está dentro y sentimos el tope, el paso más allá de la perversión y de la lujuria. No hay marcha atrás, ambos lo deseamos, eso que años atrás inicio como algo infantil y como juego, hoy está a punto de llegar al clímax. Jalo la sabana que yace detrás de sus nalguitas y la hago aun lado. La tomo de sus nalgas y la giro hacia un lado, tirándola sobre la cama. Adriana me sonríe mirándome a los ojos, pero sus ojos reflejan lujuria y perversión, una perversión que nos acompañara por siempre y que estoy seguro los míos reflejan lo mismo y que a ella le gusta. Separa sus piernas, mostrándome su ardiente y deliciosa vaginita, esa vaginita que está ansiosa de recibir al miembro que la hará gozar y de la que se hará dueña. Me coloco encima de ella, mientras apoya sus pies sobre la cama y abre sus piernas sin dejar de mirarme y sonreírme. Agarro mi miembro con la mano derecha y le tallo la cabeza a lo largo de su vaginita, Adriana mete sus manos entre nuestros cuerpos y separa los labios de su vaginita. Se la centro en la entrada y comienzo a empujar, entrando la cabeza. Suelto mi miembro y la abrazo, metiendo mis brazos por debajo de su espalda, ella saca sus manos y me abraza también, Siento como hacen presión los labios de su vaginita en la punta y es delicioso. Las piernas de Adriana rodean mi cintura, jalándome hacia ella, lo desea así como yo. Empujo más fuerte sin piedad y ¡puf! Siento como se rompe su virgo, Adriana me abraza y sus uñas se entierran en mí espalda, entonces empujo con más fuerza y meto mi miembro hasta que la punta toca el fondo de su vaginita. Es un demonio, un demonio de lujuria, que a su corta edad contiene tanta pasión y perversión. No llora, ni suplica, solo aguanta, sostiene un fuerte y largo suspiro, para luego de unos segundos soltarlo. Me quedo quieto por unos instantes hasta que su boca busca la mía y en un apasionado beso se funden, mientras miro sus ojos y veo un par de lágrimas correr por sus mejillas. Comienza a mover sus caderas, mi miembro apretado por las paredes de su vaginita, entumido y duro, lo saco un poco, lo vuelvo a meter despacio. -Más papi, más. Ya no le hagas esto a Alicia papi, solo a mí házmelo.- me dice, refiriéndose a su mamá a quien le llama normalmente por su nombre. -¿Ya no quieres que tenga relaciones con tu mamá? ¿Ya no quieres que me la coja?- le pregunto mientras muevo más duro mis caderas, metiéndosela con más fuerza. -No papi, ya no te la cojas, solo cógeme a mí, solo a mí.- me dice entre jadeos y suspiros. -¿A la hora que yo quiera?- le pregunto. -Si papi, cuando quieras. Si tú quieres duermo sin calzones para que me cojas.- me contesta. Me excita aún más lo que me dice, el dolor le ha pasado y se la meto con más fuerza. -¿Me vas a dar más leche papi?- me pregunta mientras mueve sus caderas al mismo tiempo que las mías. -Si mi nena, te voy a dar más leche, solo que te la voy a dar aquí en tu cosita.- le digo mientras se la meto con fuerza pero pausado. -Si papi, donde tú quieras dármela.- me contesta. Se la saco y le digo que se ponga de rodillas a la orilla de la cama, me obedece y se acomoda separando bien las piernas y mostrándome la sonrisa más hermosa. Su mano izquierda jala su nalga, enseñándome su hermoso culito rosado y su cosita abierta, de donde brotan unos hilitos de sangre. La tomo de sus caderas y se la meto despacio, empujándosela hasta el fondo, arreciando mí mete y saca, suelta su nalga y se apoya sobre la cama poniéndose cómoda con el pecho sobre la cama. Era un verdadero demonio de lujuria y pasión, lo que Alicia hacia años ya no me daba, ahora me lo daba mi nena, nuestra hija. Se la meto y saco una y otra vez con fuerza, ya sin compasión y a ella le gusta, me lo dicen sus gemidos, sus jadeos y su respiración acelerada. Se la saco y le digo que se acueste boca arriba a la orilla de la cama, ella obedece rápido, separa sus piernas y me muestra su cosita rosada y con los hilitos de sangre, sellos de su virginidad rota. Mi miembro también tiene hilos de sangre, en la punta y en el tronco. Le levanto las piernas y se las sostengo sobre los brazos, vuelvo a meter mi trozo de carne y sigo cogiéndola con cierta fuerza, sintiendo como golpeo el fondo de su vaginita. Adriana no deja de jadear, sacude su cadera, me mira y me sonríe feliz. Levanta la cara y mira como la cojo, como entra y sale mi miembro de su cosita, me mira de nuevo y me sonríe. Siento como se hincha mi miembro, como desea descargar esa gran cantidad de leche que mi nena también desea. Alento un poco mis movimientos pero firmes, de afuera hasta dentro y me detengo cuando siento golpear el fondo de su vaginita, de nuevo se la saco y meto con fuerza, dejándola dentro de ella, Adriana suspira y me mira con sus ojos entreabiertos, muerde sus labios, luego saca su delgada lengua y se la pasa por los labios, la está gozando, está gozando de la cogida, tanto que ya ni se acuerda del dolor de su desvirgue. La penetro con más fuerza, ya no hago pausas –Papi te va dar tu lechita mi amor, te va llenar tu cosita de leche.- le digo. -Si papi, dámela, lléname mi cosita de leche.- me contesta entre jadeos. No paro de cogerla con fuerza, de golpear su vaginita lo que veo a ella le gusta. No tardó mucho en que por fin me vengo dentro de ella, en varias y abundantes venidas. -¡Ha! Que rico se siente en mi cosita tu leche papi. Que calientita esta.- me dice entre suspiros largos y jadeos. Sigo metiéndosela con fuerza hasta que ciento que ha salido la última gota. Me quedo quieto por un rato, así con sus piernas sobre mis brazos, dejando que poco a poco su respiración se normalice. Luego de un rato le saco mi miembro de su vaginita, aun semì erecto, bajo despacio sus piernas, no deja de mirarme y de sonreírme. Le ayudo a ponerse de pie, mira mi miembro con un poco de sangre y me pregunta el ¿Por qué? Le explico que he roto su himen y su virginidad, que ahora es mi pequeña mujercita, me pequeña amante. De camino al baño me dice que le duele un poco, pero me vuelve a repetir, que ya no quiere que coja con Alicia, que nada más quiere que la coja a ella. Nos bañamos y regresamos a la cama, con solo mirarla caminar delante de mí así desnuda, ver como se bamboleaban sus deliciosas nalgas, su cinturita y al girar ver sus exquisitos senos y su cosita rosadita por su primera cogida recibida, con su carita de ángel, me excito de nuevo y mi miembro se me volvió a poner duro, pero había que descansar, tenía al día siguiente un compromiso que cumplir. Adriana vio mi miembro erecto de nuevo y sonrió. Se acostó y apague la luz, nos abrazamos y cobijados con la misma sabana, busco mi miembro y la acaricio hasta quedarse dormida al igual que yo. Al día siguiente nos despertamos pasado de las nueve, mi compromiso era a las doce, así que había tiempo. Nos bañamos y arreglamos, vi a mi nena ponerse una tanguita lila debajo de un pantalón blanco de mezclilla, con una blusa rosa de tirantitos y un suéter blanco con rosa. Le gustaba modelarme, mostrarme la prenda que se pondría y más tarde preguntarme que color era, ya que así lo hizo ese día. Podría contar todo el sexo que tuvimos la noche del viernes cuando regresamos al hotel, así como el sábado en la mañana y la noche, la mañana del domingo y el rápidin que nos aventamos la tarde del domingo cuando fuimos por nuestro equipaje para regresarnos, pero sería largo. Lo que sí puedo decir, es que al regresar, Adriana fue más posesiva conmigo, aunque no me podía quejar, era toda una perrita en la cama, mi ángel era un demonio de lujuria.

Autor: Ivan El Terrible Categoría: Incesto

Leer relato »

Lucila II.

2021-04-05


Los días se subseguían sin muchas alteraciones, Lucila seguía tan caliente como siempre, aprovechábamos cada ausencia de nuestros padres para encerrarnos a follar como conejos, a ella le encantaba cuando le lamía su chochito por tiempo infinito, hasta que se corría en mi boca un par de veces, lo que más nos preocupaba era no dejarnos descubrir por nuestros padres, pero no habíamos pensado a nuestra hermana menor, Carolina, ella tiene solo trece años y no reparamos en que ella pudiese hacer algo contra de nosotros. Así una tarde en que nuestros padres habían decidido ir a divertirse invitados por otras parejas, Lucila me llamo a su habitación, yo estaba jugando con la Play y me quede a terminar la partida, cuando llegue al cuarto de mi hermana, ella estaba con una remera y calzoncitos, dormitaba apoyada en su lado derecho, su pierna izquierda estaba doblada y podía apreciar sus hermosos glúteos, y marcada por la estrecha tela de la prenda, la rajita de su chochito, empalme inmediatamente, así que me saqué los pantalones y monté a horcajadas su muslo derecho comenzando a rozar con mi pene sus nalgas y conchita, ella no abrió sus ojos, pero inició a gemir. Mis dedos se entremetieron bajo su calzón para sobajear sus hinchados labios vaginales, ella más gemía y yo más masajeaba su chocho, no aguante más y le bajé las bragas, se la comencé a chupar y a lamer desde atrás, sus gemidos aumentaron y su respiración se hizo afanosa, entonces me puse de costado y se lo enchufé fácilmente en su empapada vagina comenzando un mete y saca estable, me la culié por varios minutos mientras ella presionaba con sus nalguitas hacía atrás y abrazaba su almohada − ¡oh! ¡ssiii! Hermanito rico … házmelo más fuerte – empezó casi a gritar, había metido su mano sobre mi cadera y me empujaba para que se lo metiera más fuerte y rápido en su apretado chocho, así lo hice t cuando le vino la tembladera me hizo acabar, le mande unos cuantos hectolitros de lechita caliente dentro su sedienta chuchita, me quedé un ratito para recuperarme, le di unos besitos por sus hombros y acaricié sus téticas bajo la remera y ella me saco las manos y me dijo – buenas noches hermanito … ándate … tengo mucho sueño − la muy guarra me echo sin más ni más. Me regresé a mi cuarto con la pija colgando y goteando fluidos, volví a jugar con la Play, ya me había entusiasmado con el juego, cuando siento que entra a mi cuarto Carolina, ella también con una remera y unos shorts de lycra muy ajustados, me dice que, si me puede hacer un poco de compañía ya que le teme a la obscuridad y todavía no tiene sueño, yo sin parar de jugar le digo que sí y ella se acomoda al lado mío, en lo mejor del juego nada más me quedaba una vida, mi hermanita pone su mano sobre la convergencia de sus muslos y comienza a pajearse por sobre la lycra, nada más mirarla, pues que me sale el “Game Over” − pues mira lo que me has hecho … he perdido la única vida que me quedaba … me has hecho perder el juego −le dije un poco ofuscado y sin poder perder de vista su mano que sobajeaba su coño. − ¿Ustedes creen que yo no los he visto?... ¿piensan que porque soy chica no me doy cuenta de nada? – mi hermanita me estaba queriendo decir algo y yo no la quería entender – ¡pero de qué diablos me estás hablando Carolina! … te puedes explicar − le conteste haciendo ver que me sorprendía su suspicacia – pues tú y esa guarra de Lucila … los he visto y sentido follar cuando nuestros padre no están – me la soltó así de sopetón que no me dejaba espacio para alguna mentirilla – tu eres muy pequeña todavía y no sabes nada de nada – le dije con un tono de seguridad que no sentía, mi pene ya se había comenzado a endurecer mirando la entrepierna de mi hermana chica que ella no cejaba de sobajear – mira … o me haces lo mismo que haces con ella … o se lo diré a nuestros padres – me dijo mirándome con sus ojitos que le pestañeaban inocentemente. − Carolina … tu eres muy chica todavía … no sabes lo que sabe tu hermana – le dije tratando de desalentarla – yo sé lo que ella te hace porque la he visto – me respondió apresuradamente − ¡ah! si … tú crees saber lo que ella me hace … demuéstramelo … hazme ver si sabes – le dije desafiante y ella se quitó su remera dejándome ver dos tetas que eran más grandes que las de Lucila, luego me tironeo mis shorts hasta las rodillas y envolvió mi pene en sus sedosos y enhiestos senos, mi verga endurecida por la situación erótica, alcanzaba sus labios y ella comenzó a mamar mi enrojecida polla. Esta pequeña me la chupaba como una puta de profesión – ¿dónde has aprendido a hacer esto? … porque lo haces riquísimo – le dije acariciando sus cabellos y abriendo más mis muslos para dejarle más espacio – una amiga me enseño como encontrar sitios porno en mi celular … y ahí hay de todas las guarradas que tú quieras – me dijo entre lamida y lamida − ¿y que más has aprendido? … otra cosa que te haya gustado – le pregunté – quiero que te corras en mis tetas … también en mi cara – me dijo rapidito, sorprendiéndome un poco y comencé a mirarla como a una mujer. Justo como ella quería, cuando sintió que mis glúteos se endurecían y mis muslos se tensaban, Carolina me dijo que me pusiera a horcajadas sobre su pecho, continuó a chuparme ávidamente hasta que recibió un chorrito de semen en su boca y luego me agarró en sus manos y se roció ella misma sus tetas y su cara, para luego continuar a chuparme hasta la última gota, después me empujó para que me recostara y ella me monto con su chorito sobre mi boca, su chochito casi lampiño brillaba húmedo e invitante, aferré sus caderas y la hice descender sobre mi boca, sus esponjosos y suaves labios eran acariciados por mí lengua y ella comenzó a gemir y a magrear sus redondas y exuberantes tetas, atrapó sus pezones entre sus dedos y los estiraba hacía arriba, haciendo parecer sus pechos todavía más grandes. Carolina gemía y se quejaba más fuerte con grititos agudos − ¡ooohhh! si … que rico … chúpame más fuerte – me decía tensando sus muslos y agarrando mis cabellos, se corrió en mi boca refregando su chorito en toda mi cara, la acosté de espalda y continué a chupar su almejita que generaba fluidos en abundancia, luego subí a morder sus pezones y lamer sus tetas, ella subía su pecho enterrando sus tetas en mi boca, bese apasionadamente sus labios y ella respondió jadeando y respirando con la boca abierta. Me puse entre sus piernas con mi verga dura como palo − ¡no! … tengo miedo – me dijo con un tono de terror en su voz – no temas … lo pondré solo entre tus muslos … nada más que eso – le dije tratando de calmarla, luego junte sus piernas y acomodé mi polla entre ellas y a contacto con sus inflamados y excitados labios, el roce me estaba llevando al goce – mételo … mételo todo … lo quiero sentir dentro – me dijo ella abrazándome estrechamente, me hice espacio entre sus muslos y ella abrió ampliamente sus piernas, froté mi glande contra la abertura de su chuchita, ella arqueó su espalda – métemela … ahora métemela toda – me dijo, yo empujé y luego algo cedió − ¡aaarrrgghh! … mi dios – grito Carolina, haciendo que me detuviera mientras su conchita se acomodaba a la penetración, ella como que se hundió en la cama y alzando su zona pélvica comenzó a follarme con su coño estrecho, yo comencé a moverme − ¡no! … no te muevas todavía – me dijo mientras ella se movía acompasadamente y sin prisa, luego me amarró con sus piernas – ahora … muévete … muévete rápido – me dijo apretándome contra sus tetas, comencé a culear a mi hermanita gozando de su estrecho coño que se tiraba pequeños pedos con el mete y saca frenético que le estaba proporcionando. Sentí sus afiladas uñas desgarrar mis hombros y luego mi espalda − ¡aaarrrgghh! … ¡ooohhh! … ¡ooohhh! … que rriiiicooo … ¡aaarrrgghh – mi hermanita se estaba corriendo mientras me la culeaba furiosamente y lancé mis propios gritos, gruñidos y gemidos descargando mi semen dentro de ella, su estrecho chocho se contraía repetidamente alrededor de mi verga que latía dentro de su concha succionadora, Carolina me tenía inmovilizado con sus piernas y sus brazos, su pelvis no cesaba de moverse y tragarse mi polla que seguía expeliendo espermatozoos dentro de ella. Estaba tan concentrado y ensimismado en mis acciones y sensaciones eróticas, que ni ella ni yo sentimos que se había abierto la puerta de mi cuarto – ¡desgraciado! … ¿qué estás haciendo? … ella es una niña – Lucila había entrado hecha un torbellino, me agarró por los hombros y me tiro fuera del coño de Carolina, solo entonces vi que la pequeña sangraba de su chocho, la había desvirgado, Lucila también se dio cuenta y me lanzo una bofetada que atrapé al vuelo – espera un poco maldita … escúchala a ella … pregúntale cómo fue que paso … − Lucila pareció calmarse y se quedó mirando a su pequeña hermana, Carolina se encogió de hombros – tenía que pasar … es lo mismo que haces tú con él … lo amenacé con decirlo a nuestros padres si no lo hacía conmigo … − dijo algo desafiante y sin pestañear siquiera, Lucila la quedo mirando y se le endulzaron sus ojos − ¡uy! hermanita … has crecido más a prisa que yo … también tienes tantos deseos como yo … ahora entiendo – dijo sentándose en la cama y volviéndose hacía mi dijo – perdóname … me ofusqué demasiado rápido … no sabía lo que había pasado – luego se volvió hacía su hermana − ¿eras virgen? … ¿estás sangrando porque eras virgen? le pregunto mientras acariciaba los cabellos de la pequeña, Carolina asintió con la cabeza, Lucila se giró otra vez hacía mí – que suertudo que eres … primero yo y después ella … has roto dos hímenes en menos de un año – no dije nada, solo sonreí con complacencia. Carolina se fue a lavar y Lucila dijo que ella también necesitaba una ducha, ya que yo me la había follado poco antes que, a su hermana, así que yo me uní a ellas y nos fuimos los tres a la ducha, Lucila abrió el agua y dejamos a nuestra pequeña hermana en medio a nosotros dos, su culo bajito era rozado por mis cojones, Lucila comenzó a jabonar sus tetas hermosas y duras con la esponja y yo comencé a sobar mi glande en esos glúteos duritos de ella, muy luego Lucila estaba en cuclillas encargándose de su panochita y yo detrás con el pene duro, haciéndolo subir y bajar en medio a sus nalgas. La mano de Lucila apareció entre las piernas de Carolina y agarro mis cojones, sentí que me acariciaba con la esponja y que guiaba mi miembro hacía el culito de la pequeña, se las ingenió a meter sus dedos en el rosado y rugoso orificio de su ano, la chiquitica gemía y se contorsionaba, subía una pierna y después se alternaba con la otra, se notaba que Carolina estaba muy caliente, Lucila tomó mi pene y lo coloco justo a la entrada del culito de nuestra pequeña hermanita, cuando estaba pensando en empujar suavemente para no hacerle daño, Carolina plegó su cinturita y se sentó en mi falo enhiesto tragándose la mitad de mi verga con su apretadísimo culo, mi pene estaba lleno de jabón y se deslizó dulcemente en ese trasero exquisito de mi hermanita menor. Agarré sus téticas menudas y comencé un mete y saca con mis cojones todavía en manos de Lucila que acompañaba mis embates al culo de Carolina, luego ella siguió estimulando la vaginita de la pequeña que estaba en punta de pies y con las piernas ligeramente separadas gozando la penetración de su virgen esfínter, Lucila se levantó a mitad para comerse las téticas que se cimbraban verticalmente y yo la tomé de las caderas para darle verga con más fuerza, la pequeña movía su trasero hacía atrás con pasión, gimiendo y moviendo sus manitas en el aire como si quisiese atrapar alguna cosa invisible, Lucila refregó sus propias tetas con las de la pequeña mientras la besaba ardorosamente y ese fue mi limite, me vine con un caudal de semen en el recto de Carolina que jadeaba y gritaba pidiéndome más verga, los deditos de Lucila en su pequeño coño la hicieron correrse con espasmódicas convulsiones, sentí las contracciones de su ano que expulsaba mi verga chorreando esperma, no quedamos en silencio los tres, solo el rumor monótono del agua que escurría por nuestros cuerpos desnudos era audible. ‒ ¡Uuff! que rica cogida chicos ‒ dijo Carolina rompiendo el silencio ‒ ahorita entiendo porque les gusta tanto follar ‒ agregó mientras su mano se movía a aferrar mi verga flácida, le pidió la esponja a Lucila y comenzó a lavar mi miembro concienzudamente ‒ despacito pequeña … que después de ese culo estrecho tuyo me ha quedado delicado ‒ le dije y ella siguió lavándome suavemente, Lucila dijo que nos fuéramos a su cuarto, así que nos secamos y ellas como buenas hermanas se fueron de la mano mientras yo las escoltaba detrás. Lucila se recostó y le dijo a Carolina de colocarse sobre su cabeza, la chica se dio vuelta y luego se trenzaron en un 69 de miedo, fluían torrentes de jugosos néctares de ambos chochitos, yo me senté en mis talones a deleitarme con tan excitantes espectáculo, mi verga volvió a ponerse dura y comencé a hacerme una chaquetica, la angelical e inocente carita de Carolina estaba deformada con el ceño fruncido en angustiosas y agónicas oleadas de placer y lujuria, se estaba corriendo en la boca de su hermana, Lucila se contorsionaba con cuatro dedos de su hermana menor que entraban y salían de su chocho y luego también se corrió a mares, la pequeñita después de haberse respuesta de su orgasmo miró mi pene duro y a punto de explotar, rápidamente se recostó cerca diciéndome ‒ báñame las tetas hermanito … dame toda tu lechita … vamos … deslechate sobre mi ‒ así que apunte a sus téticas regordetas y se las empapé en lefa caliente, Lucila vino a chupar las últimas gotas que restaban. Desde ese día nos dábamos satisfacción sexual los tres, aun cuando jamás habíamos visto un video porno, con toda naturalidad podríamos haber sido protagonistas de cualquiera de esas grabaciones, había una especie de adicción, cada vez que nuestros padres nos dejaban solos, nos reuníamos en el cuarto de Lucila y nos desnudábamos para procurarnos placer, las chicas eran las más calientes, ya que ellas dos a veces lo hacían hasta con nuestros padres en casa y yo me masturbaba pensando en sus lenguas y chochos que se estaban devorando un cuarto más allá. Carolina había desarrollado una preferencia al sexo anal, siempre me pedía de acabarle dentro de su angosto canal vaginal, esto para delicia mía que me afeccioné a su hermoso culo, Lucila también me instaba a culearme el trasero de la pequeña porque ella se metía bajo nosotros para comerle la almejita, pienso que ella se había puesto un poco lésbica porque no cesaba de hacerle el amor a Carolina, pero debo señalar que nunca me impidió de perforarle su culo o su coño mientras lamía la pequeña vaginita de su hermana. Creo que hemos abierto la caja de Pandora al incluir a Carolina en nuestros juegos incestuosos, porque ahora es ella la que nos esclaviza con su libido hiper desarrollada, me busca en todas las ocasiones y si no estoy yo parte a lamer el chocho de Lucila, la muchachita es insaciable y no me sorprende para nada porque desde muy pequeños que escuchamos a nuestros padres que se solazan de lo lindo prácticamente todas las noches, somos hijos de tigres y los tres fantaseamos en seducir a nuestros genitores y nos reímos de la idea, imagínense a quien se le ocurrió tal perversión … justo a ella, mi hermana chica. Criticas, comentarios, sugerencias y aportes, escribir a: [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

Leer relato »

¿MI ANGEL O MI DEMONIO?

2021-04-03


¿MÍ ÁNGEL O MI DEMONIO? Nos conocimos Alicia y yo en la prepa, ella cursaba segundo y yo tercero. Luego, luego nos hicimos buenos amigos y aunque ella era mayor que yo por dos años, ella tenía 20 y yo 18, a los quince días ya éramos novios. Alicia me gustaba, era muy linda, blanquita, delgada y menudita, pero con unas caderas marcadas y unas nalguitas preciosas y paraditas. Bajita de estatura, media 1:55. Cabello lacio y negro, debajo de los hombros, pechos pequeños pero paraditos. Ojos negros, boca mediana y de labios delgados. Como diría una amiga refiriéndose a ella misma, era una zancudita sexy. Nariz pequeña pero puntiaguda. A los cuatro días de hacernos novios, me invitó a su casa, me presento como tal con su mamá y sus dos hermanas menores que ella, con quien luego hicimos química, lo cual note, no le gustó mucho a Alicia. Marisol de 15 y Fernanda de 14. Doña Carmen era viuda de sus dos pequeñas hijas y divorciada de Alicia. Había tenido ya dos maridos. Como mencione, a los quince días de conocernos ya éramos novios, aunque supuestamente ella tenía novio, pero sucedió que como nos llevábamos muy bien, un día antes, una tarde al terminar las clases, ella salió mal con él, hizo coraje con un maestro que le califico mal un trabajo y aparte le había bajado puntos. La intercepto y trato de animar, la invito a un departamento de mí madre, la cual estaba solo pero amueblado, ella acepta, ya que no deseaba llegar a su casa y salir mal con alguna de sus hermanas o su mamá. Como ninguno de mis padres iba, prácticamente lo tenía de soltero, por lo que ahí tenía cervezas y licores. Como Alicia aún seguía con el coraje le invite una cerveza, la aceptó y se la tomo en tres tragos, mientras yo aún seguía con la primera, me pidió otra, la cual le di, esa, se la fue tomando ya más despacio. Para la tercera ya se notaba que le había pegado, más porque no había almorzado y eso yo no lo sabía. Trataba de animarla, le contaba algún chiste o le hacía alguna broma sin perder detalle de sus lindas piernas, mientras Alicia daba sorbos a su cerveza despacio. Cuando se terminó la tercera cerveza, yo apenas iba con la segunda, agarro mi cerveza, le dio un trago y luego me la puso en la boca, le tome un sorbo, me la quita y se la termina toda, voltea la lata y no sale más que unas gotas, me mira y me pide otra, me paro y Alicia tambaleando va tras de mí, saco la cerveza del refrigerador, me giro y me la pide, la abre y le da un gran trago, luego me mira, la tomo de la cintura y la traigo hacia mí, la beso sin tener oposición de su parte. Luego se separa y me dice –Cógeme Iván, quiero que me cojas- Y me repite –Cógeme, estoy caliente y quiero que me cojas.- La jalo hacia mí, nuestras bocas se unieron y nuestras lenguas se buscaron, iniciando una exquisita danza, donde mis manos aprisionaron su estrecha cintura y mi miembro duro y erecto hacia presión en su abdomen. No perdimos tiempo, nos fuimos a la recamara, la despoje de su blusa blanca y su brassier para luego besar sus pequeños pechos, chupar sus pezones rosados y duros. Me quito la camisa, me desabrocho el pantalón y me lo bajo junto con la trusa para luego hincarse y chuparme el miembro con ansias, con esa boquita donde apenas cabía mi miembro. Una, dos, tres, cuatro chupadas con deseos de succionarme la leche. La levante –Ven Ali, que quiero chuparte la pepita.- Le dije, levantándola y tirándola sobre la cama, donde le despoje de su falda y su pantaleta azul cielo. Una muy pequeña mata de vellos púbicos color negro cubrían su pepita. Le separe las piernas y hundí mi cara entre ellas, chupando con hambre sus labios íntimos. Mi lengua penetro sus labios, buscando su botoncito que luego encontró, estaba pequeño y duro, juguetee con él, lo presione una y otra vez, luego la metí en su vagina hasta hacerla agitar sus caderas con fuerza. Mi amiga estaba completamente transformada, jadeando como perra embrama completamente desnuda y con las piernas totalmente abiertas, con mi cara entre ellas. Le metí y saque la lengua de su vagina una y otra vez, cogiéndola y saboreando de sus jugos, presione su botoncito, lo agite y chupe, gozando al máximo ese momento. Ella tenía novio y según éramos solo amigos, así que tenía que aprovechar su calentura y más porque ella misma me lo pedía. -Ya métemela Iván, ya cógeme.- Me pedio. Me levanté, le separe las piernas al máximo y me acomode entre ellas, agarrando mi miembro y dirigí la punta a su vagina, que despacio la fui penetrando. Estaba apretada y empapada. Sin esperar nada, comencé a cogerla, mientras sus brazos se aferraban a mi espalda con fuerza. Luego de un rato quise cambiar de posición pera ella se negó, así que seguí cogiéndola así hasta que por fin me vine dentro de su vagina, llenándosela de leche. Me tumbe sobre ella por un rato, luego que mi miembro se puso flácido me recosté aun lado de ella, quedándonos dormidos por un rato, casi cuando empezaba a oscurecer. Fue entonces que la acompañe a su casa. Así, al día siguiente a la hora del receso me dice que había terminado con su novio, entonces le pregunte si quería ser mi novia, a lo que ella acepto enseguida. Al día siguiente volvimos a ir al departamento para volver a coger. Dos días más tarde me invito a su casa para presentarme como su novio. Lo que resto del curso de dos a tres veces por semana nos íbamos al departamento a tener sexo, éramos sumamente activos, aunque ella no aceptaba muchas veces variar posiciones y las clásicas eran tres, misionero, de pie o de pie por atrás, nada anal, más que una sola vez me dejo hacérselo. Año y medio después de haber iniciado nuestro noviazgo salió embarazada, apenas si termino la prepa. Yo ya la había terminado, por lo que trabajaba y estudiaba en un sistema abierto, lo cual me daba tiempo para ella también. Cuando salió embarazada, ella no estaba muy segura de tener al bebe, yo, si y le propuse casarnos y aunque ella no quiso, acepto que viviéramos juntos, hablamos con su mamá y sus hermanas, su mamá al ver mi voluntad, me dio la mitad de su terreno para que ahí construyéramos nuestra casa y me lo dio con todo y papeles ante el notario. Y así lo hice, construí rápido una pequeña casa para ambos con apoyo de mis padres al ver los papeles, de un tío y de unos amigos que me apoyaron. Aun embarazada, seguimos siendo activos en el sexo y en un par de ocasiones casi nos cachan sus hermanas aunque yo sentía que nos espiaban, pero todo cambio cuando ella se alivió y dio a luz a nuestra bebe, una nena a la que le pusimos por nombre Adriana. Alicia se volvió fría en la cama, desamorada, su fuego se había extinguido. Apenas si atendía a nuestra hija a la que yo le dedicaba todo el tiempo que podía. Tan así que desde recién nacida buscaba mi calor aun dormida. Como una noche recuerdo bien, tenía ya dos años, dormíamos los tres en la misma cama. Ella dormía en medio de los dos. Sentí cuando se levantó y se acomodó entre medio de mis piernas, colocando su cabeza en mi pelvis, ahí se acomodó y siguió completamente dormida hasta el amanecer. Ese no fue un suceso único, se repitió varias veces hasta que cumplió cuatro años, fue cuando Alicia me dijo que Adriana ya debía tener su propia cama y recamara, aprovechando nuestros ahorros, se la hice y compre su cama. Pero en nuestra relación era tolerable y amistosa. Nuestras relaciones íntimas eran ya muy escasas, aun así Alicia parecía tener celos de nuestra hija quien era muy cariñosa conmigo, quien cada rato me abrazaba, llenaba de besos y cariños, así como era muy común que pidiera que yo la bañara o llevara dormir. No puedo negar que el verla desnudita y lavar su tierno cuerpo no me provocara una tremenda erección, porque si, pero me contenía, pero en una ocasión cuando ella tenía ya seis años, al estarla bañando me pregunto ¿Por qué no me bañaba con ella, como ya lo había hecho en otras ocasiones atrás? Acepte sin pensar y me desnude frente a ella, mi miembro que estaba duro y erecto saltó frente a ella, Adriana lo miro por un rato y siguió mojándose bajo la regadera, aunque no dejaba de mirarlo y sonreír. Entre que la bañaba y jugábamos me agarraba el miembro, lo agitaba y palpaba con curiosidad, la cual era tanta que en un par de ocasiones lamio la punta y en otra le dio un beso al ver que yo solo le sonreía por lo que hacía, tomándolo como juego. Pero se repitió en tres ocasiones más, no pasando de ahí. Por cuestiones de trabajo, tuve que dejar de pasar tiempo de día con mi nena, llegaba a casa pasado de las 10 de la noche, ella me esperaba despierta para darme beso e irse a dormir en los primeros días, después comenzó no solo a esperarme para darme beso, sino que esperaba que cenara y me bañara para que me acostara con ella para dormirse. Cuando lo comencé hacer, mi miembro al sentir su cálido cuerpo se ponía erecto y duro, Adriana se dio cuenta y estiraba su manita, bajándose un poco para acariciarlo por encima de mi bóxer hasta quedarse dormida agarrándolo. Pero a Alicia seguía con sus enfermizos celos y era lo que me molestaba por otra parte, teníamos muy poco sexo, ya era muy poco cariñosa conmigo y el cariño que mi nena me daba le molestaba. Yo en el trabajo hacia un año que andaba teniendo relaciones con una compañera, madre soltera que tenía una niña de dos años, por lo que mi amarga situación con mi mujer hizo que mi relación con Lorena, mi compañera se fuera haciendo más estrecha. Brenda, su hija, me agarro cariño desde el primer día, al año ya me decía papi, cuando comenzamos a pasar más tiempo junto al acompañar a Lorena a su casa en la noche y cenar con ambas, por lo que llegaba más tarde a mi casa, cuando ya las había vencido el sueño a mi nena y a mi mujer, y no tenía que soportar su seca atención. Al año dos meses de nuestra relación, embarace a Lorena, quien sin problemas aceptaba su papel del amante, de ser la segunda. Me trataba bien, con amor y atención, así como Brenda de quien ahora era su “papito”. Tuvimos una hija, a la que le pusimos por nombre Zaida. Brenda estaba encantada con su hermanita, por lo que nuestra relación se fortaleció más, aun cuando pasaba poco tiempo con ellas. Mientras en casa, mi relación con Alicia iba igual, no así con Adriana, quien cada día parecía quererme más, aun cuando ya casi no la acompañaba a dormir y pasaba poco tiempo con ella en casa, pero la llevaba al parque cuando me tocaba descansar. Cuando ya tenía ocho años, mi nena comenzaba a tener un desarrollo físico hermoso, sus caderitas ya estaban más anchas, sus nalguitas grandes y paraditas, sus piernas anchas, su cintura estrecha y sus pechitos comenzaban a mostrarse. Su cabello era largo, lacio y castaño, sus ojos cafés claros como los míos, su piel blanca y su nariz pequeña pero puntiaguda. Por el calor que hace en la región en la que vivíamos, era común que Adriana anduviera vestida con pequeños short de algodón, muy ajustados a su cuerpo, los cuales se los compraba Alicia. Así que andaba por la casa con sus shorcitos y blusitas tipo camisetas sin corpiño. Desde hacía unos días, Alicia andaba batallando con Adriana para que se arreglara la pantaleta, ya que una parte la traía metida muy comúnmente entre las nalgas y que era muy visible a través de su short, así que le decía “que se arreglara la pantaleta o le iba a terminar por comprar tangas, para que la tuviera bien metida en el culo”. Adriana por no discutir se arreglaba la prenda. En una ocasión, una tarde antes de irme al trabajo, en la sala vi que Adriana traía una parte de la pantaleta metida y le dije: “que se arreglara la pantaleta o se la iba meter toda entre as nalgas”, me miro y me sonrió, paró las nalguitas y me dijo: “órale, métemela”. Como Alicia no estaba por ahí cerca, andaba lavando en la azotea, agarre el short de mi nena y se lo baje a las rodillas, agarre su pantaleta y se la metí por completo entre las nalgas y luego le subí el short. -Hay no papi, mejor quiétamela, así no me gusta.- me dice mi nena. Entonces le digo que en la noche que regrese de trabajar y ella me dice que así se iba aquedar hasta que llegara para que se lo quitara. Me fui a trabajar con el miembro bien duro y erecto entre el pantalón. Esa noche regrese pasado de las once, fui a ver a mi nena, quien al oírme entrar en su cuarto se despertó y me pregunto: ¿si le iba a quitar la pantaleta? Que así se la había dejado. Levanto su sabana y me mostró que aun traía puesta la misma ropa. De solo imaginar, mi miembro se me puso duro. Cerré la puerta, me quite la camisa y me acerque a ella, le quite su short y enseguida su pantaleta., luego le di unos besos en sus nalguitas. Me dijo que sentía rico mis besitos y me pidió más, así que seguí besándoselas, lamiendo sus nalguitas ricas, le pase la lengua entre sus nalguitas, lamí su anito y se lo pique con la lengua hasta meterla un poco, Adriana se separó sus nalguitas, aproveche la invitación, se la metí y saque varias veces, mostrándome que le encantaba lo que le estaba haciendo. Luego baje un poco más y lamí su vaginita, esa vaginita abultada y deliciosa. Adriana separo las piernas y me permitió ir más allá. -Que rico se sienten tus besitos papi.- me dijo. Como Alicia ya estaba dormida, no había nada que me impidiera disfrutar de esa pequeña y dulce fruta. -Espera.- se gira boca arriba, separo sus piernas –así mejor.- me dice, clavo mi cara entre medio de ellas, gozando con sus dulces mieles, metiendo mi lengua entre sus carnosos labios, hasta su dulce vaginita. Gozo de esa exquisita fruta como niño hambriento, la cual es dulce y tierna. E igual que con su anito, clavo mi lengua en su cerrada y apretada vaginita. Se la meto y saco, metiéndola despacio, haciéndola gozar y agitar sus caderas de placer. Recorro entre sus labios y encuentro su diminuto botoncito, el cual masajeo una y otra vez. Vuelvo a su vaginita para seguir disfrutando de sus ricas mieles, no sé por cuanto tiempo, hasta que la sujeto de sus caderas y la hago girar junto conmigo, quedando yo boca abajo y su cadera sobre mi cara. Apoya sus manos sobre la cama y empuja sus caderas contra mi cara, dándome a devorar su exquisita fruta tierna. Meto mi lengua más adentro de su vaginita, Adriana hace un pequeño gesto de dolor pero no se quita, solo se queda quieta. Aproveche el momento y me despoje de los zapatos y el pantalón, ya que mi miembro de dolía de lo apretada que estaba, quedándome solo en trusa. Enseguida tome de las caderas a mi nena y la jale hacia abajo, le subí su blusita y le chupe sus pechitos, uno y después el otro, Adriana se la termino por quitar, así no solo los chupe, sino los bese con más calma, disfrutando de ellos. Y mientras lo hacía, levante las caderas y termine por quitarme la trusa dejando mi miembro completamente duro y erecto libre, mi nena se dio cuenta y giro un poco la cintura agarro mi miembro, lo agarro y comenzó a acariciarlo. -¿Quieres acariciarlo?- le pregunte y ella me dijo que si, le dije que se acostara sobre mí, en sentido contrario y así lo hizo. Volví a chupar de su vaginita empapada de sus mieles, mientras la sujetaba de sus nalguitas, le metía y sacaba la lengua, follandola oralmente. Al tiempo que sus manitas agarraban mi miembro y lo acariciaban, aprendiendo rápido. Sentí cuando su boquita le daba un beso en la punta. –Chúpalo mi nena.- le dije, obedeciendo al instante. Chupando la punta poco a poco hasta meter en su boquita toda la cabeza y un poco más. Realmente lo estaba haciendo bastante bien, sin lastimarme con sus dientes. –Acaríciame los huevos.- Le dije. Así lo hizo dócilmente pero ansias y cariño sin dejar de chuparme el miembro. Mientras yo seguía chupando y follando su rica vaginita con mi lengua, haciéndola agitar sus caderas cada vez más seguido, regalándome más de un orgasmo y dándome sus ricas mieles. -Me gusta papi, me gusta eso.- me decía entre suaves gemidos. Y así como ella, yo también deseaba explotar, venirme y que ella se bebiera mi leche, pero no quería forzarla. -¿Quieres tomar leche de papi?- le pregunte. -Si papi, dame leche.- me contesto. Entonces baje la mano y me comencé a masturbar aun cuando ella no dejaba de chupármelo. Entre su boquita y mi mano me hicieron venir dentro de su boquita. –Aquí está mi nena, la leche de papi.- le dije a mi primera venida. Apreté mi miembro antes de la segunda y Adriana se tomó mi leche. Aflojé mi mano y vino una segunda y tercera, tomándoselas enseguida para seguir chupándolo. Quite mi mano y Adriana siguió chupándolo, exprimiendo y tomándose el resto de mi leche. -Que rica esta tu leche papi.- me dijo sin dejar de chupar. -Es para ti mi nena.- le conteste. -¿Me vas a volver a dar de tu leche papi?- me pregunto. –Pero que no se entere Alicia.- Me dice refiriéndose a su mamá. -Si mi nena.- le contesto mientras se acomoda con la cabeza en la almohada y me abraza, mi miembro que aún sigue duro, se lo acomodo entre su vaginita y se lo comienzo a frotar, Adriana hasta expulsar unas ultimas gotas de mi leche que embarran su deliciosa vaginita. Luego me levanto y le ayudo a ponerse su pantaletita y su blusa pata dormirse. Me pongo mi trusa y me acomodo con ella para dormir. Esto lo repetimos varias veces más y cada vez me pedía ella más y más de mi leche. Tomando ella poco a poco el mando a su corta edad, me decía si se la quería tomar o que se la embarrara en su vaginita aunque termináramos yéndonos a bañar ya muy noche para que no se diera cuenta Alicia. Habíamos iniciado el camino de un viaje lleno de enigmas y sorpresas. En casa, Adriana seguía vistiendo con sus acostumbrados shorcitos y blusitas, solo que para no estar escuchando los regaños de su mamá, no se ponía pantaleta ni corpiños, aun cuando sus pechitos ya se notaban. Del corpiño Alicia no le decía nada, solo de que se pusiera la pantaleta, a lo que Adriana alegaba que le quedaban grandes y le molestaba, por lo que Alicia le reiteraba que le iba a comprar tangas. Y en unos de esos días raros en los que andaban de buenas y se llevaban bien, salieron de compras y cuando llegué en la noche a casa, mi nena me mostro contenta que su mamá le había comprado cinco tangas, llevándome a su recamara para enseñármelas. Eran de color blanco, rosa, azul, lila y una verde que traía puesta. Esa noche le cupe la pepita a mi nena hasta dejarla completamente agotada y con la pepita y la tanga empapada de leche. Un año después, su cuerpo mostraba como una de quince, sus senos casi del tamaño de una naranja, su cintura algo estrecha y sus caderas y nalgas grandes y desafiantes, claramente levanta miembros cuando iba por la calle. No había crecido mucho, seguía chaparrita, pero muy hermosa. Por mi trabajo tuve que salir de comisión a la capital a un congreso viernes, sábado y domingo, pero Alicia mi esposa tenía que trabajar y planeaba ir con su mamá a su pueblo, por lo que no podía hacerse cargo de Adriana, por lo que acordamos en que yo me la llevaría. Nos fuimos desde el jueves en la tarde, ella iba tremendamente contenta, vestía unos leggins azul cielo, bastante bien ajustados y una blusa azul camuflajeada. Lucia hermosa y parecía no traer ropa interior, por lo que en el aeropuerto llamaba la atención de muchos, mientras yo me sentía orgulloso de traer a mi lado a mi pequeña belleza. Cuando subimos al avión, me dice mi nena al oído con una sonrisa –Papi, traigo una tanga puesta.- lo cual me excito y se me puso el miembro completamente duro. Adriana me sonríe y da un beso en la mejilla. -¿Me vas a dar mi leche para cenar?- me pregunta con cierta picardía. -Claro que si mi nena, toda la que quieras.- le contesto. -Porque tengo mucha hambre.- me añade. Llegamos al hotel caída la noche, nos instalamos y ya en el cuarto se tumba sobre la cama con los brazos estirados a los lados. Mis ojos la recorren de arriba abajo, Adriana lo nota y me sonríe -¿Quieres ver mi tanga papi?- me pregunta mientras sus manos recorren el elásticos de sus leggins. -Claro que si mi nena.- Le contesto mientras me sobo el miembro duro dentro de mi pantalón. Sin dejar de sonreír, se baja los leggins hasta las rodillas, mostrándome una tanguita azul cielo de encaje. -Qué bonita esta tu tanguita y que rica se ve tu cosita mi nena.- le digo mientras Adriana se acerca a mí, que estoy al pie de la cama. Su mano derecha soba el gran bulto que se hace en mi pantalón, a lo que hago palpitar mi miembro. Me baja el cierre mirándome a los ojos y sonriendo, me desabrocho el cinturón y el pantalón, me lo bajo junto con la trusa, saltando mi miembro frente a su cara, lo agarra y se lo lleva directo a la boca, comenzando a chuparlo despacio. Mi mano izquierda acaricia su cosita por encima de su tanga, a la que hago enseguida aun lado y la meto para acariciarla. Meto el dedo medio a lo largo de su cosita, está caliente y húmeda, por lo que jalo de su prenda hacia abajo, queriéndosela quitar, pero Adriana me lo facilita, se levanta y rápido de despoja de toda su ropa, quedando completamente desnuda frente a mí. Esta hermosa. Hago lo mismo y me despojo de mi ropa, para enseguida acomodarme con ella en un 69, gozando uno del otro. Adriana está sobre mí como la primera vez, es la posición que más le gusta porque se le facilita empujar sus caderas contra mi cara. Meto la lengua en su vaginita dulce y caliente, haciéndola gemir de placer una y otra vez. Busco su botoncito y lo presiono, Adriana empuja sus caderas contra mi cara una y otra vez con fuerza, mientras chupa con ansias mi miembro y acaricia mis huevos. Es fogosa, ansiosa y de gran apetito. Goza al máximo cuando mi lengua entra en su vaginita, explota cuando masajeo su botoncito y pide más. Al tiempo que su boca devora mi miembro con fuerza hasta hacerme venir en su boca, esta vez no me detengo, mis venidas son continuas y su boquita no alcanza a tragar toda mi leche, así que saca mi miembro y me vengo también en su carita de ángel, ella sonríe, vuelve a chupar y tragar, lo suelta y lo masajea, queriendo que más leche caiga sobre su rostro y luego sobre mi pelvis, de donde lame y traga. Nos recostamos por unos minutos ahí juntos, luego nos bañamos para subir al restaurant a cenar, vistiéndose Adriana con sus mismos leggins y blusa, más un suéter, solo que ya no se puso su tanga, se fue sin nada de ropa interior…

Autor: Ivan El Terrible Categoría: Incesto

Leer relato »

Dálida y yo.

2021-03-24


¡LORANA! (Bienvenidos) Mi madre está separada de mi padre hace muchísimos años, ni siquiera nos visitamos porque él se fue a otro país, yo terminando mi cuarto medio con excelentes calificaciones, fui sorprendido por mamá con un viajecito de regalo de diez días a la Isla de Pascua, solos ella y yo. Mi madre es de origen italiana, se llama Dálida, tiene 39 años, 1.74 cms. es una bella mujer mediterránea, con cabellos oscuros que se los porta en un moño, el que hace resaltar su tez blanca con esa nariz un poquito respingada y pronunciada de los italianos, como buena italiana sus senos son voluminosos y al parecer a ella le gusta meterlos en muestra, porque de siempre que la recuerdo usando cosas un poco apretadas y que denotan su prosperidad mamaria. Gracias a mis abuelos, mamá que también fue hija única, heredó una panadería, pastelería y fábrica de masas, el negocio nos proporciona una vida holgada y mamá ha sido buena administradora, logrando abrir una sucursal. Tengo que confesar que más de una vez me he tirado una paja pensando a esos senos de ella, pero como no soy ningún adefesio, tengo mis cositas con las mujeres y desde mi tierna edad (15), que jamás me ha faltado un chorito para llenar, así que no puedo decir de haberme obsesionado de mi madre ni nada por el estilo, solo un leve complejo de Edipo, pero con una madre como la mía, debería al menos estar loco de atar por su belleza, es muy linda mi madre. Bueno, me contenté de verdad de viajar junto a mi madre a un lugar tan remoto, nunca he salido del continente, entonces para mi este viaje era todo un programa, me dediqué a informarme en internet sobre lo que ofrecía la Isla y los hoteles, cosas de ese tipo, hasta que llegó el día señalado, nos presentamos al aeropuerto dos horas antes e hicimos los tramites regulares, abordamos el jet y partimos, como primer vuelo en vida mía estaba un tanto nervioso, pero luego nos relajamos, más que nada yo, porque mamá había volado a Europa un par de veces en el pasado. Llegamos y nos vinieron a buscar desde el lugar donde teníamos la reserva, con una maravillosa vista al mar una cabaña con dos cuartos individuales y un baño común, una sala de estar con una cocina en una esquina, estábamos a un kilómetro de la ciudad y del aeropuerto, la vegetación y los paisajes me resultaron un tanto singulares, hay mucha historia sobre la migración de los habitantes de esta Isla, algunas historias hasta de canibalismo me llamaron la atención, pero lo más llamativo son esos enormes monumentos dejados por los antepasados de este pueblo con una rica historia mitológica. Los primeros dos días recorrimos todos los lugares de interés histórico arqueológico y después mamá se aburrió de tanta chiacchiere, bla bla bla, cuando mamá se pone a hablar en italiano es porque está enojada o excitada, así que empezamos una rutina de ir a la playa, aquí comenzaron los problemas para mí, ella se vistió en el baño y nos fuimos a la playa de Pea, llegamos nos ubicamos en un lugar central, porque lo dije, a mi madre le encanta llamar la atención, ¡porca miseria!, mi madre se saca su vestidito floreado de playa y todos se vuelven a mirarla, un bikini amarillo que a mala pena podía contener todo ese bien de dios que es mi madre. Yo tengo dieciocho, casi diecinueve, pero represento más, mi madre a sus treinta y nueve, representa no más de treinta, podríamos hasta pasar como pareja, la tomé de la mano y nos fuimos a bañar, había un aleteo de jotes por todos lados ― mamá dejaste la cagá … todos te están mirando ― le dije ― non essere scemo … nessuno mi guarda ― me dijo, lo sé que ella habla italiano solo si algo la turba, ahora me está diciendo que no sea tonto y que nadie la mira, pero yo lo estoy viendo y palpando, parece que caímos en la playa de los jotes. Pero me doy cuenta de que no es para menos, mamá debe tener por lo menos unos cien de senos, una cinturita de reloj de arena y sus caderas serán por los menos noventa o cerca de eso, alta, esbelta, ágil, es una felina de tomo y lomo, nos estuvimos bañando cerca de una hora e inusitadamente todos se vinieron bañar cerca de nosotros, mi mamá se divertía conmigo, nos comenzamos a tirar agua y hacer olitas, luego ella se sumergió y apareció como a diez metros nadando hacía el mar, mamá es buena nadadora y yo gracias a ella también, así que la seguí hasta que la alcancé ― mamá no nos alejemos demasiado porque pueden haber corrientes … en el hotel nos dijeron de tener cuidado con las corrientes ― le dije jadeando después del esfuerzo por alcanzarla ― veamos si me puedes alcanzar otra vez ― me dijo lanzándose a nadar hacía la playa, me esforcé al máximo y le di alcance mucho antes y la tomé por su cintura ― te alcancé ― le dije estrechándola a mí, al contacto de su carne desnuda mi pene reaccionó al segundo y ella lo sintió ― sei tutto scemo ― me dijo y me dio un rodillazo en mis bolas ― ¡uugghh! ― dije yo con un poco de dolor y la solté, ella se alejó nadando velozmente y no volvió a mirar hacia atrás. Me fui detrás de mamá, llegué a la playa me dolía la ingle, mamá me vio que estaba adolorido ― stronzo andiamo via subito ― dijo ella muy enojada, mamá no me trata así, me dijo pedazo de mierda vámonos de inmediato eso quiere decir que esta disgustada conmigo o quizás excitada, yo considero de no haber hecho nada de malo, tuve una reacción humana de hombre, sí ella es mi madre, pero también es una mujer, además, es una bellísima mujer, el problema es que yo soy su hijo. Nos fuimos a nuestra cabaña en silencio, cuando llegamos mamá cambio su actitud, su comportamiento comenzó a ser diferente (ella se dirigió a mí en italiano, pero lo escribiré traducido) ― pequeño mío … ¿cosa te he hecho? … ¿te he causado daño? … ven donde mamita tuya y muéstrame donde te duele ― ella se acercó a mí y me toco mi pene cubierto por mi traje de baño, yo retrocedí un poco, pero ella ya había sujetado mis shorts ― no hagas caso mamá no sucede nada … tendré las bolas azules por un par de días, pero ya no me duele ― le dije tratando de no contrariarla y hacerla enfurecer, la prefiero excitada ― ¡oh! querido mío, vamos a la ducha que mamita pensara a hacerte pasar ese mal augurado dolor ― dijo ella y metió sus dedos en la banda elástica de mi traje de baño y me llevo al baño. Ella estaba todavía con su pequeño bikini, le estaba mirando su trasero perfecto mientras caminaba delante de mí con esas caderas atractivas y perfectas, mí miembro se estaba excitando una vez más, llegamos al baño y ella echó a correr la ducha, me bajo finalmente mi traje de baño ― ¡mamá que haces! ― dije yo haciendo ver mi sorpresa ― tonto … desde pequeño que te he visto desnudo … déjame hacer ― me dijo muy seria, yo ya lo estaba disfrutando, así que me hice casi el desentendido. Nos metimos juntos a la ducha, mamá se puso en cuclillas mientras me sobajeaba las pelotas ― donde te duele pequeño mío … mamita te hará sentir mejor ― tenía una bola en cada mano, me encontraba en una situación al cuanto complicada, mis sensibles pelotas en manos a mi madre, cuya ira podía desatarse de un momento a otro con inconcebibles consecuencias para mis huevos, sus caricias y mi nerviosismo me hacía tiritar ― ¿Qué querrá hacer esta madre mía ― pensaba mientras observaba que mi pene no paraba de crecer. ―Con questo mi hai punzecchiato … ¿vero? ― mi madre agarrándome el pene me preguntaba si la había pinchado con mí miembro ― ¡oh! mamá … no fue mi intención … solo que tú eres una mujer muy linda y yo, como dijiste tú, soy un pedazo de caca … no debí estrecharte así de fuerte … excúsame tanto ― le dije observando como ella me echaba hacía atrás el prepucio, haciendo aflorar a mi glande duro y brillante ― hijo … estas muy bien dotado al parecer ― dijo mí madre agarrando mi asta con una mano y acariciando mi glande bañado del agua de la ducha, desde mi posición en alto podía ver sus hermosos senos grandotes, mi madre se despojó justo en ese momento de su sujetador, sus dos mamas se distendieron in avanti, libres y poderosas, hizo deslizar mi verga en medio a sus masas mamarias, yo ya estaba sin palabras y lograba a mala pena mantener mi respiración en modo normal, unos jadeos y gemidos me estaban provocando sus grandes senos duros aprisionando mi pene. Mamá estaba con sus labios rozando mi endurecida verga, se alzó y se quitó la parte inferior de su bikini ― hijo … es mucho tiempo que no estoy con un hombre … no vayas a tratarme como una de tus putanelas … eres único para mí … el hombre con quien quiero hacerlo … no lo olvides ― mamá me miraba intensamente a mis ojos, su mirada escudriñaba en lo profundo de mi ser y me hacía sentir un sentimiento desconocido para mí hasta este maravilloso momento, tenía ante mí una mujer bellísima que siempre se había consagrado a mí y ahora se entregaba a mí en una pureza y pulcritud que hizo mella en lo profundo de mi corazón. Ella me beso como amante, éramos amantes, éramos hombre y mujer, aferré su cintura y sus pechos cubrieron mi torso, nos besamos por momentos infinitos, los labios de mi madre eran cautivantes, sabrosos, delicados, carnosos, un hechizo de placer sintiendo que su lengua sometía a la mía una y otra vez, volvió a meterse en cuclillas y engullo mi pene en sus hermosos labios, se aferró a mis muslos y su boca se deslizaba al largo de mi verga velozmente, su sangre italiana la tenía encendida y fogosa gozando con su hombre, cierto soy su hijo también, pero somos dos seres libres de poder elegir con quien yacer. Ella apegada a mi piel y yo sintiendo cada poro suyo, mi madre me tomo de la mano y dijo ― andiamo … necesitamos una cama ― nos secamos y nos fuimos al dormitorio, mi madre me guio a su lecho, ella se sentó al borde de la cama, era como la Betsabé de Drost, con esos senos duros y firmes como una niña-mujer, en su cama yo la abracé bien estrecha a mí, quería sentir esa suave y cálida piel, quería hacer míos sus labios ardientes, quería sentir ese vientre plano que me tuvo tantos meses en su interior, le mordía el cuello, sus lóbulos, bajaba a sus pezones, volvía apropiarme de su boca, jamás mujer alguna me inspiro tanta calentura, ella me envolvía en su cuerpo, seguía mis caricias, las secundaba y disfrutaba de ellas. Después de lamer y morder sus maravillosas tetas, resbalé poco a poco hacia su pancita y luego a su chorito que tenía rizos a forma de “V” con labios gordotes, brillantes, empapados en sus fluidos, cerré mis labios sobre su clítoris y ella gritó e intento cerrar sus muslos, pero al levantar sus piernas, se las doblé hacía arriba y me dediqué a besar su culito sumamente estrecho ― ya habrá ocasiones de ocuparme de ti ― pensé lamiendo ese pequeño ojetillo y volviendo a su conchita maternal desde donde salí tanto años atrás y ahora estoy tratando de entrar, no con todo mi ser, pero si una preciada parte de mí se quiere refugiar en ese lugar fiable y que ya me protegió una vez. Mamá no me soltaba mi pene era una atracción que ella no podía resistir, me hizo recostar en su cama y comenzó a comerse mi verga en modo demencial, acariciaba mis huevos los tironeaba delicadamente se los metía a la boca, se volvía a tragar mi verga hasta cuando le venían conatos de arcadas y se relajaba un poco, luego otra vez gustaba de sentir mi pija en el fondo de su garganta, enseguida me hizo alzar y ella arrodillada con sus rodillas bien abiertas se tragó mi verga comenzando un movimiento muy rápido con su cabeza ― ¡aaahhh! … mamá … que me corro … ¡uy! mami rica … ¡ssiii! … me corro … mamiiiiiiii ― los borbotones la sorprendieron de todas maneras, cerro sus ojos y yo llene su cara, sus cabellos, sus parpados, sus inmensas tetas, toda ella estaba llena de semen por todos lados, jamás me había corrido de esta manera, solo con mamá, recogí una toalla que ella había traído y comencé a limpiar su bellísimo rostro, tenía los ojos y la boca cerrada, por la comisura de sus labios escurría un hilillo de esperma, limpié su frente, sus parpados, bese sus ojos y después limpié sus labios para besarlos, ella lucía bella así sentada con su chochito apoyado sobre la colcha de la cama y sus brazos sudados y bañados de semen descansaban sobre sus muslos, parecía una diosa romana. Mamá abrió sus ojos y sorprendida exclamo ― ¡ma quanta sborra!⁕ … hijo mío si acabas siempre así vas a terminar deshidratado y desnutrido … me has bañado completamente con tu leche … te tendré que alimentar mejor ― así mi madre concluyo su magistral mamada, con mis piernas tembleques y mi polla todavía dura, me recosté, mamá se puso a horcajadas sobre mí, luego sentí su chocho húmedo rozar mí glande y bañar la cabeza de mi verga, ella mojaba su conchita con las gotitas de semen que escapaban de mi miembro erecto, luego se sentó y centímetro a centímetro, hizo desaparecer mi pene en su concha empapada de fluidos, su lubricación era la apropiada y mí polla invadió sus rosadas carnes con un apriete involuntario de sus músculos vaginales. Ella se sentó con mi pene profundo en su interior, no se movía, pero su coño se contraía y me causaba inesperados temblores y escalofríos de placer, después apoyó sus manos en mi pecho y comenzó a mover su torso arriba-abajo y luego hacía rotar sus caderas como en una danza del vientre, ella poco a poco aumento la velocidad de sus brincos, sus jadeos y gemidos se inclinó y nos unimos en un beso bañado de pasión y lujuria, mientras nuestras lenguas se enredaban yo no paraba de cogerla por sus caderas y enterrarle mi pene lo más profundo dentro de su concha ― hijo que me estoy corriendo … ¡ooohhh! mi niño … es que no aguanto … ¡aaahhh! me corro mi niño … ¡ssiii! … ¡ssiii! ― mi madre se corrió y su cuerpo se descontroló saltando y contorciéndose sobre mí, la tuve que tomar delicadamente en mis brazos y acompañar su orgasmo infinito, todo el tiempo ella gritaba frases en italiano y refregaba su coño en mi pelvis y mi polla erecta. ―Mámma mía bambino … esto sí que estuvo fuerte … me has hecho correrme como una puta caliente ― mi madre con sus poderosas tetas en mis pectorales, respiraba entrecortado y no cesaba de besuquearme por todos lados ― ¡uy! hijo hacía mucho tiempo que no probaba una verga … tenías que ser tú … estoy contenta porque estas hecho todo un hombre … no me importa si te pierdo cuando te cases … has sido y eres mi hombrecito crecido ― mi madre me hablaba en tono materno como si yo fuese todavía un niño de pecho ― ¡ay! mamá no digas eso que ni siquiera tengo una “fidanzata” … y ahora menos, quiero ser ese hombre que tú quieres … quiero ser de ti mamá … solo de ti ― le dije mientras la besaba y estrechaba a mí su cuerpo dulce y sensual ― quizás en este momento no … pero ya conocerás a la muchacha justa y yo pasaré a segundo lugar … non ti preoccupare per me … la vida es así … lo capisco molto bene ― concluyo recostando su cabeza en mi hombro, un dulce sueño se apropió de mí y de ella, su cuerpo cual una cobija, cubría todo mi cuerpo. Cuando desperté ella se había deslizado y dormía profundamente con su mano aferrada a mi pene, si hubiese podido fotografiar la escena tan irreal, no lo hubiese dudado, una mujer bellísima durmiendo boca abajo con un culo precioso y marcas blancas de su bikini, sus largas piernas bronceadas, su torso femenino y estriados que magnificaban sus opulentas formas de hembra mediterránea, bajo su pecho dos enormes tetas con pezones marrones-anaranjados, esa es mi madre, toda una mujer. Mamá se despertó y al parecer ya había asumido nuestro actuar, se enderezo hasta llegar a mis labios y me beso, como una esposa besaría a su marido, su piel de durazno volvió a ponerme a mil por su chocho, pero ella italianísima, dijo ― hijo voy a calar un poco de pasta así comemos algo… ¿quieres una bistecca? ― yo no tenía ninguna elección, mamá había decidido ya, así que asentí con mi cabeza acariciando una de sus esquivas tetas, sus dulces ojos se posaron en mi ― goloso ― me dijo y se fue contorneando sus maravillosas caderas. Mamá me llamó desde la cocina para comer, nos servimos unos spaghetti con ajo y aceite que mamá cocinaba en forma exquisita, teníamos un vino tinto y una ensalada de tomates con aceite de oliva, mamá vestía solo una bata de seda tipo kimono muy corta, sus glúteos eran visibles cada vez que se inclinaba por algún motivo, me tenía en una semi erección perenne. Mis abuelos eran de un pueblito de nombre Ostia, cerca de Roma, la capital, es decir eran romanos y los romanos practicaban mucho el incesto, en realidad se daba en toda Europa, es decir, está en nuestra sangre, somos de razas incestuosas, hice varias investigaciones al respecto y concluí que no habíamos hecho nada de nuevo ni tan reprochable. Terminamos de comer, mamá me permitió ayudarla a lavar la vajilla, cada vez que ella se inclinaba lavando la vajilla, sus redondeados glúteos se lucían en toda su belleza, me tenía enfermo de caliente y ella me miraba con sorna y continuaba a lavar los platos, no me puede resistir y me fui detrás de ella y tomándola por la cintura le hice sentir mi erección en medio a sus nalgas ― no hagas eso … déjame terminar … luego quiero mi postre ― me dijo ella, yo masajee sus grandes senos y luego preparé un poco de café para ella y para mí. Nos volvimos abrazados a su dormitorio y de entradita le saqué su kimono, toda su espléndida belleza se me presentó ahí ante mis ojos, ella me empujo hasta que quedé sentado en la cama y se sentó a horcajadas en mi regazo, procedí a magrear sus fabulosas tetas y a comerme sus pezones uno a la vez, intercambiando mis lamidas y mordidas a esos enhiestos botoncitos de carne materna, ella me desvistió y me empujo de espaldas, se puso en cuclillas a chuparme la verga, su cabeza subía y bajaba engullendo mi pene que lucía brillante con su saliva, yo empujaba su moño acompañando sus lamidas, yo gozaba a ojos cerrados, no me di cuenta cuando ella se giro y se sentó en mi polla dura como el acero, sentí solo el chapoteo de mi glande en su encharcada vagina y luego la estrechez y tibia humedad que envolvió mi pene. Mamá luego se subió a la cama y en cuclillas se volvió a sentar sobre mi miembro, me estaba follando ella a mí, lo que me procuraba un placer enorme, me había convertido en su hombre, en su amante, me regocijaba ver a esta hermosa mujer tomando posesión de mi pija, como si hubiésemos nacido el uno para el otro, éramos hombre y mujer, en una relación exquisitamente incestuosa y no nos importaba, mamá se comía mi verga con su panocha y sin remordimiento alguno, abría bien sus piernas para hacerme ver como mi asta se incrustaba en su chocho. Mi madre apuró sus movimientos chillando como una quinceañera perdiendo su virginidad, su culo se contraía una y otra vez y sus uñas arañaron mis pectorales cuando ella se corrió en modo salvaje, se estremeció toda y luego abrió sus ojos claros y me besó, su respiración jadeante denotaba el esfuerzo, pero sus movimientos de cadera se mantenían, la atraje hacía mí y mordiendo sus lóbulos le susurre a su oído ― mamá … quiero tú culito … dame tu piccolo culito ― ella detuvo sus movimientos y como que lo pensó ― está bien … pero no me hagas daño … ni siquiera tu padre me toco por ahí, ni nadie antes que él, eres él primero … así que no me hagas daño ― me dijo y lentamente se colocó en cuatro. Su orificio anal era en realidad muy pequeño, en un primer momento pensé que sería imposible que la verga de mi tamaño horadase su ano tan estrecho, ella tenía una cremita facial en su velador, le espalmé un poco en su hoyito y poco a poco con mi dedos empecé a ensanchar su recto, mamá gemía y cuando le dolía me detenía con su mano, pero mantenía su posición a lo perrito, por varios minutos magree su ano hasta que cuatro de mis dedos andaban en su interior, luego apoye mi glande en su abertura anal y empujé y empujé y empujé … centímetro a centímetro mi polla profanó su virgen culito, la metí hasta la mitad, me detuve y tome sus brazos hacía atrás, de ese modo ella termino de empalarse solita, gemía y to sentía las contracciones de su esfínter tratando de expulsar al intruso visitante. Mama liberó sus brazos y puso su cabeza en la cama como para mirar por debajo mi pija en su culo, yo veía sus tetas como se columpiaban como péndulos en un vaivén infinito, las acaricié, estaban duras y sólidas, luego me di cuenta que mamá se estaba masturbando con mi verga ensartada en su culo y sus quejidos se transformaron en gemidos, sentó como ella propulsaba su trasero contra mi pija con movimientos fuertes y veloces, luego arqueó sus hermosa espalda y se corrió con un sinfín de contracciones de su esfínter que me hicieron explotar dentro de ella, llené su recto a borbotones de semen, pero mi verga continuaba dura como palo. Mamá se recostó con su cabeza en un almohadón y yo enterré mi pija en su chocho, ella dobló sus piernas y las levantó, tomándome de las caderas ella miraba complacida como el pene de su hijo entraba y salía de sus maternales carnes, me miraba intensamente y me tiraba más hacía ella ― cógeme hijo … cógeme fuerte … dame tu lechita caliente … soy tuya … cógeme más fuerte ― mamá cerro sus ojos, echó su cabeza hacía atrás moviéndola de lado a lado, sus manos se ubicaron en mis muslos y me tironeaban con fuerza y velocidad para que la follara más fuerte y más rico. Sus gruñidos salvajes y junto a sus movimientos de pelvis furiosos, la hacían gozar y me hacían gozar también a mí, nos corrimos juntos esta vez, no besábamos y acariciábamos desesperados de lujuria y deseos, nuestros sexos unidos estrechamente, yo vertiendo mi semen y ella estrujando mi verga, enloquecidos de pasión y delirio de amantes. Fueron días memorables, me convertí en su hijo-marido, no parábamos de amarnos, volvimos al continente y si hubiésemos podido casarnos, lo hubiésemos hecho sin duda alguna, después de tantos años nuestro amor no decrece ni un poco, me transformé en un abogado y después en un experto chef, ahora tenemos un par de restaurantes italianos y la vida nos sonríe, hemos ido a visitar las tierras ancestrales de Roma y de los incestuosos romanos y por supuesto, también cogimos en esas tierras. ⁕ ¡ma quanta sborra! = ¿pero cuanto esperma? -------------------------------------------------- ooo ----------------------------------------------- Sugerencias, criticas y aportes, son todos bienvenidos, escribir a: [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

Leer relato »

SANANDO HERIDAS CON MI HIJA

2021-03-22


Después de ese viernes en que salimos mal entre mi hija Diana y yo, a causa de un mal día, en la siguiente semana no me hablo, ni en la segunda hasta llegar al viernes, donde yo no quise hablar con ella, ni siquiera verla, solo para aplicársela. Solo le deposite el dinero que cada quince días le daba como apoyo para sus estudios. A causa de su actitud grosera contra Gaby y hasta contra mí, no quise verla, por lo que hasta casi la tercera semana, cuando me llamaba por teléfono, le decía que tenía mucho trabajo y que no podía verla el viernes como el día en que nos veíamos para convivir. Así que ella me busco un día, martes para ser exacto, yendo a mi trabajo. Como nunca había tenido la necesidad de buscarme ahí o el deseo de saber donde trabajaba, nadie la conocía, no yo había platicado sobre ella. Simplemente se presentó, dio su nombre y ya. Trabajo hasta la fecha como director de seguridad de una importante empresa, por lo que las visitas de familiares no son muy comunes, no así las clientas o amigas del personal. Yo estaba en una junta de trabajo cuando ella llegó, por lo que la pasaron a mi oficina y ahí le pidieron que me esperara. La reunión terminó antes de que me pudieran avisar. Cuando llegué a la oficina no supe que me sorprendía más ¿si el ver a ahí a mi hija Diana o lo hermosa que se veía? Más por la sonrisa de alegría que florecía de sus lindos labios. Al entrar luego se paró y me abrazo, dándome un beso en la mejilla y apretando su cuerpo con el mío. En eso entra Gerardo, un compañero que estaba organizando una fiesta de fin de semana y a la cual pensaba asistir con Elizabeth, una niña que era todo amor, sumisa y exquisita. Nadie ahí lo visita una hija o su esposa y se la presenta a los demás, aunque todos presentan a las chicas que lo visitan como sus “hijas, sobrinas o ahijadas, uno que otro osado como sus esposas” aunque la mayoría las presenta como una “amiga”. Yo no pensaba presentar a Diana como mi hija y como Gerardo iba con prisa, apenas si saludó, dándome información sobre la fiesta. En eso volteo a ver a Diana y ella me suelta, le sonríe. Diana entonces me mira: -¡Esperaba poder verte el viernes y pasar contigo el día!- Me dice con cierta tristeza. -¿Y porque no la llevas?- Se adelanta Gerardo a cualquier contestación mía y añade –Llévala, no seas gacho, se van a divertir ambos.- dice con un tono de complicidad a lo que ya sabía cómo eran esas fiestas de fin de semana. -¡Si! Anda, llévame, no seas malo.- Me dice melosamente mientras me da un fuerte beso en la mejilla derecha, muy cerca de la boca. -Sí, llévala, la van a pasar bien y con mucho tiempo de calidad. A parte, ¿Cómo puedes ir sin tan bella dama?- Dice con una sonrisa y una cara perversa. Diana agradece el cumplido y me abraza, dándome otro beso y mirándome con ternura. Dudo por un momento. -Nada más que esa fiesta del viernes, no hay refresco, solo botabas y alcohol, hasta morir ¿Segura que quieres ir?- Le digo a Diana. -Sí, no hay problema.- Me contesta. Gerardo se retiró mientras Diana y yo nos poníamos de acuerdo a qué hora pasaba por ella. Después de eso, ella se quedó ahí conmigo platicando de cosas sin importancia. Se llegó el día viernes, pase por ella 09:30 de la noche a su casa. Llegue y pite, saliendo ella casi en seguida. ¡¡Guau!! Cuando la vi, tuve una erección instantánea, vestía una blusa blanca escotada, la cual marcaba perfectamente sus bellos y apetitosos pechos y que transparentaba el encaje de su pequeño y sexy brassier, la misma que mostraba su lindo ombligo. Con una falda blanca, bastante ajustada a su cuerpo, la cual le llegaba casi a las rodillas y que marcaba perfectamente su bien delineada figura. -¡Que hermosa te vez hija!- Le dije, a lo que ella agradeció abrazándome y dándome un fuerte beso en la mejilla. Emprendimos el viaje, llegando al lugar una hora después. Llegamos, me baje y enseguida le di la vuelta al carro para abrirle la puerta y darle la mano para salir, ella agradeció el gesto. Cuando camino delante de mí, no pude evitar la tentación de mirar sus nalgas y es que Diana tiene de por si unas nalgas preciosas y bien formadas. Cuando más clavada estaba mi vista en ellas, Diana volteo a verme, como sintiendo mi mirada, se detuvo y me sonrió, paró un poco más su cola, mostrándomela con coquetería. Había buena luz y aun de noche se puede visualizar a través de la ropa que tipo de prenda interior se trae y a Diana no se le marcaba nada por lo que mi lujuriosa mente trabajo al mil pensando ¿es una tanga o no trae nada de bajo? Ya que no alcanzaba a ver siquiera la parte de su cintura para deducir. Levante la vista y la mire a los ojos, ella me sonreía, a lo que correspondí de igual forma, luego regrese la mirada a su bien formada cola. Si mi excitación ya se iba tranquilizando, en ese momento se volvió a reactivar, mi verga estaba dura dentro de mi pantalón. Y más porque lo había provocado la cola de mi hija Diana, con quien seguido había diferencias y hasta enojos entre nosotros. ¿Y si esa noche supiera que estaba excitado y tenía pensamientos pecaminosos con ella, podría ser motivo de otro enojo y hasta pelea? Pero solo esas sonrisas entre los dos, solo esa acción de ella de parame más la cola al ver que la miraba. ¿El lugar? Era en una gran casa con un enorme jardín, ahí estaba centrado todo. Cuando llegamos, ya iban llegando muchos compañeros, la gran mayoría con chicas muy jóvenes y hermosas, algunos hasta con dos acompañantes. Diana que iba delante de mí, me toma de la mano derecha y la lleva hasta su abdomen de donde la abrazo y ella se pega a mi cuerpo, mi verga esta dura y hace gran bulto en mi pantalón, se acomoda perfectamente entre sus duras nalgas, Diana no dice nada mientras seguimos avanzando, al contrario, se acomoda a ella, así seguimos hasta llegar a la meza donde nos sentaremos junto a otros compañeros. Mientras entre mis compañeros uno que otro tuvo la puntada de presentarlas como sus hijas o esposa y hubo algunas compañeras que también fueron con chicos jóvenes, yo no la presente como mi hija, solo como Diana y ella no sé molestó, al contrario, parecía disfrutarlo.. Todo pintaba para una noche de alegría, alcohol y mucha, mucha diversión. Y así fue, corrió el Ron, el Brandy, el Whisky, el Tequila, el Mezcal y hasta la cerveza en grandes cantidades, hubo gomitas de licor de diferentes sabores, las cuales fueron consumidas de entrada, aunque principalmente por las damas. Botanas que no podían faltar. Las mesas eran para diez personas, ahí nos juntamos los más allegados. Nos preguntaron que deseábamos tomar, acordamos entre todos tomar whisky, el cual nos llevaron enseguida tres botellas, agua mineral y hielos, aunque también nos llevaron unas cervezas. Diana, tomo la iniciativa y preparo los vasos de ambos al mismo nivel, no dije nada, solo me limite a disfrutar lo que ella me había preparado. La música estaba prendida, buena rolas, bailamos como si no fuéramos padre e hija y así se comportó ella conmigo en la mesa entre mis compañeros, aunque sin darnos algún beso o caricia atrevida, pero yo no perdía detalle de sus preciosas nalgas y es que mi curiosidad era tanta, así como mi excitación de saber ¿si traía tanga o no? O ¿Cuál era la prenda íntima que vestía esa noche? Ya pasadas varias horas, bailes, chistes y copas, algunos compañeros, ahí mismo en sus lugares comenzaban las danzas de caricias con sus acompañantes, algunos con las chicas sentadas en sus piernas, otros con las chicas sentadas sobre las mesas y frente a ellos. Diana solo miraba y expresaba una sonrisa pícara y me comentaba lo que todos podíamos ver a pesar de que la luz ya era escasa en algunas partes del jardín. Así como dos o tres parejas más de nuestra mesa, solo bailábamos y bebíamos, en una de esas nos paramos a bailar y en uno de esos movimientos no desaproveche la oportunidad para tocar sus caderas y sus nalgas de una manera ya atrevida, Diana sin hacer escandalo o algo parecido, me abrazo, me dio un beso en la mejilla izquierda mientras la pegaba con más fuerza hacia mí, me dijo: ¿Quieres saber lo que traigo abajo verdad? –“Si”- le contesto, al tiempo que ella me regala una sonrisa maliciosa y picara. Era notorio que ya estaba algo tomada, pero a la vez caliente y cachonda, porque cuando regresamos a la mesa, me senté en mí silla y ella se sentó sobre mis piernas como cual amante sobre su hombre, me abrazo y sonrió. La abracé mientras ella se recostaba sobre mí pecho, le di un beso en la mejilla izquierda, pero ella volteo y sus labios de unen a los míos en un profundo y caliente beso que dura varios segundos, luego se separa y me sonríe. Me dice que mire a mi izquierda y con discreción lo hago, en la otra mesa, hay un compañero sentado en su silla, con su chica sentada sobre él, con sus piernas a sobre los descansa brazos y la falda de su vestido rojo a la cintura, con lo que desde nuestro lugar podemos apreciar las manos de mi compañero acariciando sus blancas nalgas mientras sus bocas se comen entre ellas, apasionada y lujuriosamente. Entonces Diana me da un beso en la mejilla derecha y me pregunta al oído -¿No fue ese que presento a la chica como su hija?- Le doy un beso en la mejilla y acerco mi boca al lóbulo de su oreja y le contesto, -“Si y de hecho si es su hija”.- Y le menciono a otros dos más, diciéndole donde esta otro que de igual forma se agasaja con su hija. Diana gira su cara y ve como el que le mencione, está en la misma posición que ella, pero comiéndose a besos con su padre. Diana me voltea a ver, sonríe y me da un fuerte beso en los labios. -¿Y tú como lo sabes?- Me pregunta con cierto asombro e interés. –Porque a esa chica la conozco, fue compañera de la prepa.- Añade. Luego me mira a los ojos, me sonríe y me da un beso en los labios. -¿Tú ya has venido a estas fiestas?- Me pregunta. -Si.- Le contesto y enseguida me pregunta -¿Viniste con mi “hermanita” Gaby o solo?- Sé que no quiere ni muy acepta a mi otra hija, es más, siempre evita hablar de ella y ahora quería saber si ya había ido con ella a ese tipo de fiesta. Se quedó en silencio y me miro a los ojos, luego de unos segundos, su mano izquierda tomó mi mejilla, saco su lengua con la que acaricio mis labios, la metió en mi boca, la saco y luego volvió a meter, luego sus labios se unieron en un suave beso. No era un beso muy de padre e hija, yo estaba caliente y excitado y mi verga dura y palpitando debajo de su muslo izquierdo y que estoy seguro la sentía. Separo sus labios de los míos, luego tomo su vaso vacío y se sirvió whisky solo, a la mitad del vaso, tomando un gran sorbo, me ofreció e hice lo mismo, dejando de nuevo vacío el vaso. -¡Mí padre es un cabrón pervertido!...¡Y yo una [email protected] caliente!- Me dice al oído, al tiempo que meto despacio mi mano izquierda entre sus muslos, me mira a los ojos, me sonríe y separa un poco sus piernas, dejándome avanzar más allá, hasta llegar a tocar con los dedos una muy suave telita. -¿Ha si? ¿Por qué lo dices?- Estaba excitado ya de por sí y quería saber si ella estaba dispuesta a seguir lo que ya había empezado tal vez primero como un juego y en esos momentos por todo el alcohol ingerido. -Porque tienes a tu hija en las piernas en una fiesta donde viene puro pervertido, tu verga está palpitando debajo de mis piernas y tienes la mano metida en mi falda tocándome la tanga y todo esto me pone bien caliente.- Me contestó con una sonrisa llena de perversión y lujuria. Diana estaba irreconocible, de la chica con la que semanas atrás había discutido a la chica caliente que ahora estaba en mis piernas, pero que sobre todo ¡¡era mi hija mayor!! Las horas de la madrugada avanzaban y como varios ya estaban más que borrachos, calientes y cachondos, apagaron las luces y solo permanecían encendidas unas cuantas al centro del jardín, por lo que muchos podían con mayor confianza desatar su lujuria ahí mismo, sin importar que el compañero de a lado estuviera haciendo lo mismo. Luego bajo su pierna derecha para apoyarse y estiro su mano para alcanzar la botella, lo cual me permitió meter más mi mano y poder acariciar por completo su empapada concha. Pude ver como Diana cerraba los ojos al sentir mi mano y un suave gemido escapaba de sus labios. Junto con fuerza sus piernas y las talló con suavidad entre ellas y mi mano, luego me volvió a besar. -¡¡Travieso!! Te voy a castigar ¿sabes?- Me dice mientras suaves gemidos explotan en mi oído. Le da un fuerte sorbo a la botella y sin pasarse el licor me besa, compartiendo ese exquisito sabor que le da sus labios y saliva. Escapa un poco de nuestras bocas y cae sobre sus pechos, a lo que enseguida comienzo a chuparlos. La mano de Diana abraza mi cabeza -¡¡Chúpale mi rey, que son tuyas!!- Me dice mientras acaricia mi cabeza. Beso despacio su pecho, lamiendo el licor que pueda encontrar, luego bajo a su seno izquierdo, lamo y chupo por encima de su blusa, voy a su seno derecho y ahí encuentro un poco más, entonces lamo y chupeteo con más ansias, metiendo mi lengua entre el escote de su blusa. Y en una acción rápida, con mi mano izquierda jalo su blusa y brassier y dejo al descubierto su seno derecho, al cual chupo y dirijo mii boca a su ya duro pezón. Diana aprieta sus dientes para no gemir con fuerza, pero al final oigo ese suave gemido que logra escapar de sus labios mientras intenta cubrirse un poco apretando su pecho contra mí cara. Chupo su pezón con fuerza con mis labios, luego lo muerdo con suavidad, abro mi boca y succiono lo que más puedo alcanzar de su seno. -¿Te gustan mis tetas?- Me pregunta mientras agarra su seno y me lo ofrece abiertamente. -¡¡Me encantan!! Están deliciosas.- Le digo llenándome la boca de él. Luego de un rato, jalo su blusa del otro lado y dejo al descubierto su seno izquierdo y prácticamente de frente a quien pudiera estar atento a nosotros, pero no hay nadie, ya que casi todos están en la misma situación, sumergidos en la lujuria. -¡Son tan deliciosos y suaves, que podría besarlos, así como cada rincón de tu cuerpo!- Le digo sin dejar en algún momento de gozarlos. -¿Todo mi cuerpo?- Me cuestiona con una sonrisa pícara. -¡Si, todo, en especial tu concha y tu rico culo!- Le contesto mientras nuestros labios se funden en un beso. -¿Le quieres chupar la concha a la [email protected] de tu caliente hija que tienes en las piernas?- Me pregunta. -¡Si, te la quiero chupar y te quiero coger, meterte la verga en tu rica concha, que me la chupes y luego metértela en el culo y llenártelo de leche! Me tienes bien caliente Diana.- Le contesto mientras mi mano izquierda atrapa toda su concha ya empapada. Es verdad, Diana estaba tomada, el alcohol se le había subido bastante y más le había pegado por el aire fresco que pegaba en aquel jardín, pero estaba caliente y excitada y yo también desde que había pasado por ella a su casa. Y por donde se pudiera ver, había varios que ya estaban en candentes situaciones y que muchos podíamos observar si deseábamos. Algunas chica casi desnudas, algunas sin blusas y con los pechos al desnudo, otras solo con sus tangas puestas aun, una que otra debajo de la mesa haciendo el sexo oral a sus hombres, un sin fin de calientes escenas dignas de película porno. -¡¡Vámonos a otro lado!!- Me dice al oído entre suaves gemidos. -Sí, nada más espera.- Le conteste mientras le llamaba al mesero que nos atendía, le di una propina y le pedí una par de botellas, las cuales me llevó enseguida. No hubo necesidad de despedirme de alguien, todos estaban bastante ocupados, incluso, al salir, nos topamos con otro compañero que igual, se iba para continuar la fiesta en privado con su chica. Tal y como entramos al llegar, así salimos, Diana delante mío y yo detrás, abrazándola y tallando mi verga dura entre sus nalgas. Llegamos al carro y le abrí la puerta y antes de meterse nos fundimos en un profundo y lujurioso beso. Ya dentro del carro, Diana se levantó la falda y delante de mí se despojó de su pequeña tanga blanca, la cual colgó sobre el espejo retrovisor. Me mostro su concha depilada y brillosa por sus jugos. No tuvo ningún reparo en separar las piernas y con su falda arriba de la cintura, dejarme ver sus pequeños labios íntimos, abrírselos y pasar su dedo medio entre ellos para gemir con los ojos fijos en mí. Rápido prendí el carro y nos pusimos en marcha enseguida, no tardamos mucho en llegar a un motel del que tenía buenas referencias en cuanto a calidad y comodidad, aparte de la discreción del lugar. Subimos las escaleras, Diana delante de mí, no dejaba de contonear sus lindas caderas, voltear a verme y sonreírme con picardía. Apenas habíamos entrado a la habitación, Diana se giró y sus brazos se colgaron de mí cuello para fundir sus labios con los míos en un profundo y lujuriosos beso que duro por varios segundos. Luego se separó, destapo la botella que ella llevaba y le dio un gran trago, luego me sonrió, dejo la botella sobre la mesita que estaba aún costado de la cama y dándome la espalda comenzó a desnudarse, se despojó de su blusa y de su brassier, enseguida de su falda, quedando completamente desnuda frente a mi…era una completa perversión ver a mi hija mayor desnuda frente a mí, mi verga dura dentro de mi pantalón quería reventarlo. Se giró y se tumbó sobre la cama boca arriba mientras me despojaba de la camisa. -¡Ven papi! ¿Aun sigues deseando comerme la concha?- Me dice mientras su mano derecha se mete entre sus piernas y se acaricia la concha y su mano izquierda los pechos. Apoya los pies sobre la cama y separa completamente las piernas. Me termino de desnudar frente a sus ojos que se clavan fijos en mi verga dura y erecta. La agarro con mi mano derecha y la sacudo mientras ella pasa su lengua entre sus labios. -¡Mira mi amor lo que te vas a comer! -¿Dejaras que te coma la verga?- Me pregunta con un brillo de lujuria y de sorpresa en sus ojos. -¡Si! Te vas a comer este trozo de carne- Le conteste mientras me acercaba a la cama. Se levantó de prisa y se puso de rodillas a la orilla de la cama, nos abrazamos y fundimos en un beso profundo, largo y hambriento, mientras mis manos agarraba por completo sus ricas nalgas y mi verga se acomodaba entre su empapada concha. Se las apreté con fuerza una, dos veces. Con fuerza pero con delicadeza se las jale separándoselas y empujando mis dedos medios hacia su culito. -¡Que lindas y ricas nalgas tienes Diana!- Le dije mientras gemía suave en mis oídos. -¿Te gustan las nalgas de tu hija?- Me pregunto mientras empujaba sus caderas contra las mías. -¡Me encantan! ¡Me voy a comer a besos tus nalgas, voy a meter mi lengua en tu culo una y otra vez, me voy a comer tu concha para después meterte la verga y llenártela de leche, así como tu culo.- Le dije firme mientras ella solo gemía. -¡Si papi! ¡Que rico! ¡Hazlo, hazlo, cógete a la [email protected] de tu hija! ¡Cógetela como no lo quiere hacer el marica de mi novio!- Me dijo entre fuertes gemidos y jadeos. No esperaba que mi hija de veinte años aun fuera virgen, pero tan poco que viviera frustrada en el sexo. La separe de mí y suavemente del hombro la empuje hacia abajo, ella entendió rápido y se puso en cuatro frente a mí y llevo su boca a mi erecta verga que ya goteaba líquido seminal de la punta y un poco torpe la comió hasta donde más pudo. La saco de su boca y comenzó a toser. -Despacio, cómela despacio. Disfrútala, saboréala.-Le fui indicando como. La volvió a engullir ahora despacio, la saco un poco de su boca y se la volvió a meter. Si se notaba que no había mamado verga antes, por lo que con paciencia le fui guiando. La comenzó a chupar despacio, una y otra vez la metía despacio en su boca apretando los labios en todo su ancho. -Succióname la cabeza, anda mi niña.- Le dije. -¿Cómo?- Me pregunto. Le indique que se levantara y le comencé a chupar uno de sus senos, succionándolo con suavidad pero a la vez con fuerza. Ella entendió como y comenzó a succionar la cabeza de mi verga.¡¡Guau!! Lo hacía de maravilla. Pero la separe y me acosté sobre la cama, Diana me siguió rápido como perrita hambrienta y se prendió de nuevo de mi verga acomodándose entre medio de mis piernas. -¡Ven mi perrita, chúpame los huevos!- Le dije sin pensar que pudiera ofenderse, pero no, enseguida comenzó a chuparme los huevos con ansias. -¿Así papi? ¿Así te gusta que te los chupe?- Me pregunto entre jadeos. -¡Si preciosa, así!- Le conteste. -¿Te gusta cómo te chupa la verga y los huevos la perrita de tu hija?- Me pregunto mirándome a los ojos. -¡Si, me encanta y me vuelve loco!- Le conteste. Era evidente la excitación que le causaba las palabras sucias. Decirle que era mi perrita y comportarse como una verdadera perra, era perverso y lujurioso para ella. Me chupaba la verga y los huevos con ansias y me hubiera hecho venir en su boca si no la hubiera detenido. Le digo que se recueste y ella obedece con una sonrisa y su mirada clavada en mis ojos. Se recuesta como inicialmente lo había hecho y me acomodo entre medio de sus piernas, paso mis brazos por debajo de sus caderas y la jalo más hacia mí, hundo mi cara entre su empapada concha y la chupo con fuerza, succionándola toda. Diana jadea y gime con fuerza, tanto así que estoy seguro se oyó hasta otras habitaciones. -¡Que rico! ¡Más, hazlo más!- Me implora. Vuelvo a chupar y succionar con ansias y hambre su concha, luego meto la lengua entre sus labios íntimos y la sacudo, agitando su pequeño clítoris…sacude sus caderas con fuerza y un fuerte gemido expulsa de sus labios. Sin piedad sigo una y otra vez, agitando mi lengua y presionando su clítoris. -¡Si! ¡Así papi! ¡Que rico!- Grita ahogadamente Diana quien no tarda en llegar a su primer orgasmo. Con mis brazos jalo con fuerza sus caderas contra mi cara y meto mi lengua en su vagina, la saco y vuelvo a meter, cogiéndola así una y otra vez. Diana sacude sus caderas con fuerza, entonces la suelto y me levanto, jalo una almohada y la pongo debajo de sus caderas, agarro mi verga y la apunto a su vagina, donde sin piedad la hundo, dejando caer mi cuerpo sobre ella y comenzándola a coger sin miramientos. Sus piernas rodean mis caderas y las aprieta, mis brazos rodean su cuerpo y nuestros labios se funden con fuerza mientras mi verga entra y sale con fuerza de su caliente concha. Luego de un rato, se la saque e hice que Diana se girara boca abajo con la almohada debajo de sus caderas, le separe las piernas y lamí sus bellas nalgas, las bese y chupe. Era increíble que estuviera ahí, besándole las nalgas y cogiéndome a mi hija con la que más problemas tenia, con la que no podía estar sin pelear o discutir. Completamente desnuda y comportándose como una verdadera perra hambrienta de sexo. Pase mi lengua por entre medio de sus nalgas, presione la entrada de su culito con fuerza y ella levanto sus caderas contra mi cara. Su respiración era agitada y fuerte. Metí con fuerza mi lengua en su culo, la saque y volví a meter. Diana estaba gozando y me pedía más, pedía que le metiera la verga en su culo, pero aun no, quería seguirla cogiendo por su concha y venirme dentro de ella. Entonces me levante, y le volví a penetrar en su concha, bombeándola con fuerza una y otra vez. Luego se la saque y la hice ponerse sobre su lado izquierdo, le levante la pierna derecha y penetre en su concha…que maravillosa vista, veía como entraba y salía mi verga de ahí. Y aprovechando su posición, en su culo le fui metiendo el dedo pulgar, despacio hasta que se lo metí todo, entonces se lo saque y metí despacio, haciendo que su culo se acostumbrara, mientras mi verga entraba y salía con fuerza de su chorreante concha sin piedad alguna. Y como se lo había sentenciado, de una fuerte venida comencé a llenarle su vagina, luego otra y otra vez. Mi semen salir de su concha, empapando mis huevos y su muslo izquierdo. -¡Que rico papi! ¡Si, así, llénale la concha a tu hija!- Me decía entre gemidos. Le saque mi trozo de carne aun chorreando y me tendí sobre la cama, la tome de la mano y la jale hacia mí, su boca fue directo a mi verga y comenzó a chuparla con ansias, tomándose la leche que aun salía. Yo estaba súper excitado al tener ahí a mi hija mayor desnuda y comportándose como una perrita en celo, con la que seguido tenia discusiones y hasta enojos chupándomela después de haberla cogido por su concha. Fue bajando la intensidad de sus chupadas, poco a poco haciéndolo con más cariño, lamiendo todo lo largo y ancho, chupeteando y succionando la cabeza mientras con mi mano derecha acariciaba su hombro, su espalda hasta su cadera y nalgas. Me estire un poco más y alcance su culito, chupe mi dedo medio y con él pique su entrada, presionándola y metiéndolo poco a poco más allá de la mitad, se lo saque y volví a meter. Mi verga no perdía su dureza, aún seguía firme, entonces me levante y volví a acomodar a Diana boca abajo con una almohada debajo de sus caderas con su culito levantado, le separe las piernas y me acomode entre medio de ellas. Le separe las nalgas, contemple por unos segundos su culito, le eche un poco de saliva y con el dedo medio se la unté y le volví a meter el dedo medio, luego también el índice. Diana solo gemía y agitaba sus caderas. Ya era el momento, tome mi trozo de carne y se lo apunte a su culito, empujándolo despacio. Aun cuando le había metido los dedos, estaba cerrado, por lo que ensalive aún más mi verga y se la empuje de nuevo. Las manos de Diana se aferraron con fuerza a las sabanas, mientras intentaba cerras las piernas. -¡Auch! ¡Me duele, me duele!- Me decía. Pero no pensaba retroceder, ni tenerle piedad, seguí empujando despacio hasta que entro la cabeza. -¡Despacio, despacio!- Me imploraba. -¿Nunca te la han metido por el culo?- Le pregunte con firmeza. Tardo unos segundos -¡No! Nunca.- Contesta mientras endurece las nalgas. -Que rico saber que hoy te voy abrir el culo. Tú papi te va a meter la verga por el culo y te lo va llenas de leche.- Le conteste al momento que le empujaba con fuerza la verga y entraba más allá del cuello. -¡Si papi! Métemela, ábrele el culo a tu hija.- Me contesto entre jadeos y girando su cara para mirarme a la cara con sus ojos llorosos. Estaba bastante estrecho y apretaba riquísimo. Seguí empujando hasta que sentí como la cabeza se liberaba de la presión esta permanecía solo en el cuello y el resto del tronco. Pero empuje un poco más, hasta que mis huevos chocaron con sus nalgas, entonces me detuve por unos instantes para que se acostumbrara. Pero fue ella quien comenzó a mover sus caderas -¡Ya! Ándale papi, cógete a tu hija, llénale el culo de tu leche.- Me dijo chasqueando sus labios y gimiendo con fuerza. Entonces se la saque un poco y volví a meter, así despacio, poco a poco arreciando mis embestidas mientras ella paraba sus caderas. Que delicioso, que rico apretaba el culo de Diana. Por un buen rato así la estuve embistiendo y bombeándola, hasta que se la saque y me baje de la cama, le indique que se acomodara boca arriba y a la orilla. Le levante y separe las piernas y despacio se la volví a meter en su culo, bombeándola de nuevo con fuerza mientras le sostenía las piernas. Sus gemidos eran fuertes y agitaba sus caderas a cada embestida. Me detuve un instante para besar y chupar sus pechos con fuerza, se los mordí con suavidad así como sus duros pezones. Volví a embestirla con fuerza una y otra vez hasta que por fin, con fuertes venidas comencé a llenarle su culo de leche. Sin dejar de bombearla hasta la última gota, entonces se la saque, mire como quedaba abierto su culo y chorreaba leche. Agarre mi verga y se sacudí sobre su concha, arrancándoles un largo gemido. Le baje las piernas y le ayude a levantar. -Me tiemblan las piernas.- Me dice con una sonrisa. – Ciento el culo bien abierto.- Me añade riendo. -Y lo tienes bien abierto chorreando leche.- Le conteste con una sonrisa. Nos fuimos a bañar, le ayude a lavarla, ya que le dolía la cadera para inclinarse. Fue exquisito lavarle su cola y su concha chorreantes de mi leche. Ahí mismo le chupe los pechos por unos instantes, para terminar secándola y regresar a la cama. Diana había bebido bastante, se había desinhibido y descarado a tal grado que se había ofrecido a mí, me la había cogido por la concha y por el culo, llenándoselos ¿Qué podía esperar cuando despertara y en su lucidez se diera cuenta de lo que había pasado? Ya con las luces apagadas, apenas nos acostamos, ella se abrazó a mí y se quedó completamente dormida. Estaba completamente claro cuando me desperté, Diana seguía abrazada a mí, con su pierna derecha sobre la mía, su brazo sobre mi pecho y mi brazo sobre su espalda. Entonces ella comenzó a despertarse, yo esperaba que cuando se diera cuenta hiciera un escándalo, pero no. -¡Buenos días papi! ¡Qué linda noche!- Me saluda a la vez que su mano acaricia mi pecho y baja hasta mi verga que acaricia con cariño. -¡Hola hijita!- Le contesto. Con la punta de los dedos recorre todo lo largo de mi trozo de carne que poco a poco se va poniendo dura y erecta. -Me duele el culo y la cadera. Y lo siento bien abierto, gracias.- Me dice mientras me da un beso en la mejilla. Sigue acariciándomela hasta que decide bajar y chupármela como niña con su dulce más rico. Sigue y sigue, baja a mis huevos y los chupa, luego regresa y chupa con ansias hasta hacerme venir en su boca, tragándose toda mi leche, sin dejar una sola gota. -¡Me llenaste la concha y el culo, faltaba que me llenaras la boca! Ahora si estoy satisfecha.- Me dice con una sonrisa. Nos fuimos a bañar y vestirnos, para salir a almorzar y llevarla a su casa hasta la tarde. La relación entre ambos cambio y bastante, tanto así que unos días después, martes para ser exactos fue a buscarme para comer juntos y pasar la tarde como padre e hija de nuevo.

Autor: PEDROVL76 Categoría: Incesto

Leer relato »

UNA FIEL, SUMISA Y COMPLACIENTE HIJA

2021-03-22


(SIN TEMOR A NADA) Continuación de recompensando sacrificios Ni las ocho cervezas que me había tomado la noche anterior eran como para hacerme perder el control o conocimiento de lo que había sucedido la noche anterior entre Gaby y yo, mucho menos para no recordarlo, y aun cuando no hubiéramos tomado ninguna cerveza, de una u otra manera habríamos terminado cogiendo, esa solo fue el chispazo que necesitábamos para encendernos. Gaby es muy hermosa y sensual. Y era increíble que a sus dieciocho años aun fuera virgen y que esa virginidad me la hubiera entregado a mí que soy su padre. Una chica alegre y a la que le había conocido por lo menos un par de novios. Después de esa maravillosa noche de cervezas entre Gaby y yo, en la que ella solo buscó el motivo para desinhibirse frente a mí y ofrecérseme como la hembra que era, sin importarle su madre con quien ya no tenía nada y solo me detenía ella para no irme del departamento. Esa mañana me despertó Gaby para avisarme que había llegado la señora que nos lavaba, me levante para quitar las sabanas de su cama, entonces me di cuenta que estaban impresas las huellas de nuestra lujuriosa e incestuosa noche, había manchas de semen e hilos de sangre y apestaban a sexo jajajaja. Supe por Gaby que la señora olió las sabanas y esbozó una sonrisa delante de ella, no dijo nada más y las comenzó a lavar hasta dejarlas completamente sin huella alguna. Ya después de almorzar ese día sábado, Gaby recibió a medio día a cinco de sus compañeras de escuela con las que hizo trabajos de equipo. A las chicas ya las conocía, tanto que me saludaban con mucha confianza, abrazo y beso. En el tiempo que estuvieron ahí, todas no dejaban de mostrar su alegría y lo bien que se llevaban, tanto así, que Gaby en varias ocasiones a dos de ellas les agarro las nalgas delante de mí, me miro e hizo señas con los ojos, dándome a entender sino me gustaría cogerlas, siguiéndole el juego, le daba a entender que sí, aunque una de ellas si se dio cuenta, “bibi” quien vestía una falda floreada y suelta a medio muslo. La chica era muy parecida a mi hija Gaby, solo que ella tenía el cabello más corto y era rizado y rojizo. Al darse cuenta de que me había hecho señas Gaby cuando le agarro las nalgas, “bibi” le dijo que tuviera más respeto con su futura “mamá”, a lo que todos reímos, aunque en mi calenturienta mente tenía ya a “bibi” desnuda y follandola. Después de ahí todo transcurrió normal, ellas en su trabajo y yo en mis asuntos. Ya llegado la hora de la comida, salí a comprar de comer para todos, cuando regrese, me ayudaron con las bolsas de comida Gaby y Viry, llevándoselas a la cocina, mientras “bibi” y Tania seguían con el trabajo. No me percate de la ausencia de Ilse y Mayra, sino que fui al baño y al abrir la puerta ahí las encontré besándose y acariciándose, ellas se espantaron y trataron de justificarse, así como pidiendo perdón por lo que había presenciado. Sin hacer aspavientos, les tome de las mejillas y les hable con calma y cariño, diciéndoles que no había problema conmigo y que no me oponía al fuego de su juventud, solo que tuvieran cuidado ya que otras personas sí podrían escandalizarse. Se tranquilizaron y salieron del baño, no sin antes darme un beso y agradecerme mi comprensión. Primero fue Ilse, después Mayra, quien al darme beso me abrazo con fuerza e igual le correspondí, no sin antes agarras sus duras nalgas, a lo que ella no se molestó, sino al contrario, más se repegó a mí y me dio un beso en los labios. Ya con todo preparado comimos juntos los siete, reímos de las ocurrencias e indirectas de “bibi” y de los chistes de Tania y una que otra mirada furtiva que me hacía Mayra. Cuando terminamos, las chicas se acomidieron a levantar todo y a ponerlo en completo orden. Ya pasaban de las siete de la noche cuando terminaron su trabajo, Gaby me pidió de favor si podía llevarlas a sus casas, a lo que accedí. Como eran cinco, Gaby me dijo que ella se quedaba en él departamento y preparaba algo para la cena, en lo que yo regresaba. Recomendándoles a sus compañeras se portaran bien conmigo y que no se fueran a “propasar”, a lo que todas rieron e hicieron algunos relajos. Mayra e Ilse se subieron adelante conmigo, “bibi”, Tania y Viry en la parte atrás. Así con todas las chicas en el carro fui a dejarlas una por una, que al despedirse cada una me daba beso en la mejilla. Siendo la cuarta en bajarse, “bibi” me da el beso muy cerca de los labios, para después decirme que sueñe con ella y se baja del carro, me quedo solo con Mayra a quien llevo a su casa, va callada, solo me dice hacia dónde y por donde debo de ir, luego de unos minutos rompe el silencio, tratando nuevamente de disculparse por lo que había visto de ella e Ilse, le digo que lo olvide, que no hay problema. La volteo a ver y es imposible no mirar sus muslos, son gruesos y bellos, apenas contenidos por esa faldita azul cielo que le cubre la mitad de ellos, levanto la mirada y ella me mira a los ojos, me sonríe y me da las gracias. Me indica a las últimas dos calles donde debo de girar, por fin llegamos, casi no hay gente en la calle y antes de bajarse, me vuelve a dar las gracias, en eso se estira creo yo para darme beso en la mejilla y acerco mi cara, ella toma mi mejilla izquierda y me hace voltear para besarme en los labios…un beso agresivo y lujurioso, mete un poco torpe su lengua en mi boca buscando la mía que encuentra y juguetea por unos segundos. Mi mano derecha va a su seno izquierdo y lo masajeo, el cual es grande, como una toronja, redondo, firme y duro. Trae puesto un body blanco con flores, por lo que no puedo descubrir su seno, pero aun así me conformo. Luego de unos segundos, suspira y se separa de mí, me da un beso en la mejilla y se baja, entrando en un portón desde donde me lanza otro beso, me despido y voy de regreso con Gaby, pero en el trayecto voy pensando en Mayra y en que muy seguramente ya no es virgen y que provoco se me pusiera dura la verga. Regreso al departamento y al abrir me recibe de un brinco a mis brazos Gaby, quien huele riquísimo a perfume con su cabello aun mojado pero peinado. -Que rico hueles mi amor.- Le digo mientras me da un beso en los labios que me hace olvidar de Mayra enseguida. -Ya está la cena.- Me dice mientras se baja de mis brazos y muy coquetamente se va a la cocina. Veo como se contonea frente a mí y me excita verla con esa bata negra semì transparente que apenas llega a la mitad de sus muslos y hace notar que no trae ropa interior. -Que hermosa te vez mi amor.- Le digo. -¿Te gusta api como me veo?- Me pregunta al tiempo que da una vuelta sobre la punta de sus pies y hace que al girar se levante la bata, confirmando lo que ya pensaba. Sonríe y sigue girando mostrándome sus bellas y redondas nalgas, su conchita con apenas una manchita de vellos. Se va a la cocina y desde ahí me grita que me vaya a bañar mientras ella sirve la cena. Obedezco a lo que ella me dice y regreso solo en un bóxer, me indica que me siente en la sala donde hay un platón de fruta picada, miel, una botella de vino y una sola copa. Me siento y Gaby se acomoda hincada entre medio de mis piernas, con la mesita aun lado, le pone miel a la fruta. -¡Haber api, abre la boquita!-Me dice y me da fruta en la boca con un tenedor, muerdo la mitad y ella la otra mitad. Ahí, hincada frente a mí, puedo admirar sus hermosos pechos, redondos y firmes. Sigue dándome de comer esa deliciosa fruta con miel. Luego agarra la copa y sirve el vino, me ofrece y bebo un sorbo, luego ella hace lo mismo mientras la miro. -Tu perrita va comer del mismo plato que tú comas y va tomar del mismo vaso que tomes.- Me dice mientras recuerdo que desde niña ella había hecho eso, tomar de mi vaso y comer de mi plato. Es excitante tener así a mi hija, sumisa y fiel, como perrita sirviéndome y mi verga es emblema de eso, esta dura y erecta. Sigue dándome de comer y de beber hasta que acabamos todo entre ambos, entonces se incorpora y levanta todo para llevarlo a la cocina, regresa… -¿Quieres algo más api?- Me pregunta mientras agita su bata. -¿Qué más me quieres dar mi amor?- Le pregunto. -Lo que tú quieras api, solo quiero hacerte feliz.- Me dice mi hermosa hija. Le sonrió y ella se coloca frente a mí y me besa en los labios, su lengua juguetea y busca la mía, que encuentra y se enlazan entre ambas jugueteando eróticamente. Luego se hinca entre mis piernas y agarra mi verga que se ha salido del bóxer, le besa la punta, luego comienza a chuparla despacio toda la cabeza, poco a poco hasta la mitad del tronco…chupa y chupa despacio, succiona la cabeza una, dos, tres veces, la saca de su boquita y baja a lamer mis huevos, luego recorre con su lengua todo lo largo de ella. Mi verga ya esta dura y bien erecta, con líquido pre seminal goteando de la punta, Gaby lo nota y con la yema del dedo índice de su mano derecha, lo toma y se lo lleva a la boca, lo saborea y me sonríe. La tomo de su mano izquierda y ella se pone de pie, se despoja de su bata negra y queda completamente desnuda frente a mí, es hermosa. La jalo hacia mí y se sube al sillón colocando una pierna a cada lado de mi cuerpo pero sin dejar caer su cadera. Dirijo mi boca a su pecho derecho y comienzo a chuparlo, succionando todo, hasta donde puedo devorarlo, jugueteando con mi lengua su pequeño y duro pezón…un suave gemido escapa de los labios de Gaby. Lo saco de mi boca y lo beso, recorriendo cada centímetro de su seno, regreso a su pezón y lo mordisqueo con suavidad, haciéndola gemir más fuerte. -¡Así api, así!- Me dice entre jadeos Gaby. Sin soltarlo, mi lengua juguetea con él, sacudiéndolo de arriba abajo, luego chupándolo y mordiéndolo. Lo dejo y voy a su seno izquierdo donde hago lo mismo, mientras las manos de Gaby acarician mi cabeza. -¿Te gusta como jadea tu perrita? ¿Te gusta chupar y morder las tetas de tu perrita?- Me pregunta entre jadeos y gemidos, los cuales me excitan, así como lo que me dice. -¡Si, bastante, me excitan y vuelven loco las tetas de mí perrita! ¡Están preciosas!- Le contesto mientras chupo y devoro a besos esas duras y ricas tetas. -¡Son tuyas, todas tuyas! ¡Esta perrita es toda tuya, para que te la cojas cuando tú quieras y como quieras!- Me dice y me excita aún más que esta entregada totalmente a mí. Sus caderas se comienzan a mover cadenciosamente sobre mi erecta y dura verga, su empapada concha derrama los jugos de su exquisita fruta sobre mi verga y chorrea por mis huevos, mientras mis manos acarician sus aterciopeladas nalgas. Las jalo hacia mí, se las separo y eso excita a Gaby quien gime sobre mi oído izquierdo. -¡Si api, así, jálamelas, ábremelas para ti!- Me dice entre gemidos y suspiros. Se baja y se iba a poner de rodillas frente a mí, pero la detengo y le digo que se voltee, recargándose sobre la mesita de centro, le separo las piernas y su hermoso culo queda frente a mí. -¿Te gusta mi culito api?- Me pregunta agitándolo. -¡Me encanta!- Le contesto y hundo mi cara en entre sus nalgas, lamiéndolo con fuerza, un fuerte gemido escapa de sus labios. Meto mi lengua en su apretado agujerito, la sacudo y luego la saco para volverla a meter con fuerza…una, dos, tres veces, la saco y bajo a lamer su empapada concha. Las caderas de Gaby se sacuden con fuerza. Me hice hacia atrás y Gaby se puso de rodillas frente a mí, agarro mi verga y comenzó a chuparla despacio, primero la punta, luego poco a poco devorándola cada vez más. Se la sacaba y metía de su boquita una y otra vez como saboreando un rico dulce. -¿Así te gusta api?- Me pregunto mirándome a los ojos. -¡Si mi niña, así me gusta! ¡Lo haces perfecto, me la chupas bien rico!- Le conteste. Me chupaba tan rico que a punto estuvo de hacerme venir, por lo que la detuve aunque ella no quería. Por lo que después de unos minutos, la separe y le dije que se acomodara en el sillón separando completamente las piernas. Que bello espectáculo, ver su concha brillosa y empapada. Me arrodille frente a ella, pase mis brazos por debajo de sus muslos y comencé a chupa esa rica concha de mi hija. La succione totalmente, luego con la punta de lengua presione y la agite entre sus labios íntimos, haciéndola gemir y sacudir sus caderas. Gaby separo aún más sus piernas y hundí mi lengua en su exquisita vagina, saboreando sus ricas mieles. Le metí y saque la lengua follandola, hambriento de ella y de llegar hasta el fondo para deleitarme de su sabor juvenil y fresco. Luego, saque mi lengua y busque su botoncito, lo presione y jugué con él, arrancando enseguida un furico orgasmo. Las manos de Gaby presionaron mi cabeza como deseando fundirme con ella mientras seguía sin parar de disfrutar ese rico manjar. Entre jadeos…-¡Api, vamos a tu cama! ¿Sí?- Me suplica. Me levante y ayude a levantarse, camina delante mío y puedo ver sus hermosas nalgas bambolearse de una forma exquisita y provocativa. Al entrar en la recamara, ella se tumba sobre la cama con las piernas completamente abiertas, doblando sus rodillas y apoyando sus pies sobre la cama, mostrándome su bella concha. -¡Ven api!- Me suplica. Me acerco a ella, la tomo de sus muslos y la jalo hacia la orilla, le levanto las piernas y las coloco sobre mis hombros, agarro mi verga con la mano derecha y se la centro en su vagina y despacio se la voy metiendo, poco a poco hasta que siento como choca con el fondo de su apretada vagina. -¡Huy, que rico api! ¿Te gusta la concha de tu perrita? ¿Te gusta cogerme api?- Entre jadeos me pregunta. -Si mi amor, me encanta cogerte, estas bien rica y apretada.- Le contesto mientras gozo como aprieta mi verga. -¡Cógeme api, como tú quieras! ¡Dame duro, lléname la concha de tu leche!- Me dice mientras mueve sus caderas. Aprieta los músculos de su pelvis y siento como muerde mi verga, lo cual es riquísima la sensación. -¡Que rico perrito tienes mi amor, que rico me la muerdes!- Le digo y Gaby esboza una sonrisa. Se la saco un poco y vuelvo a meter despacio, una y otra vez, hasta que poco a poco voy arreciando mis embestidas en su apretada concha. Le separo las piernas y admiro como entra y sale mi verga de la concha de mi hija quien no deja de gemir y jadear de placer. Se la saco y le digo que se voltee, ella obedece y rápido se pone en cuatro a la orilla de la cama, con las piernas separadas. Me acerco a ella y Gaby pasa una mano por debajo de ella, agarra mi verga y la dirige a la entrada de su concha, mientras la tomo de las caderas, entonces de un solo golpe se la meto y sigo embistiéndola con fuerza mientras mi dedo pulgar de la mano derecha comienza hacer presión en su culito y donde poco a poco se va metiendo hasta que entra todo y comienzo a cogerla despacio con el dedo. -¿Le quieres meter la verga en el culito a tu hija api?- Me pregunta mientras suspira con fuerza. -¡Si mi amor, te quiero coger por el culo!- Le contesto. -¡Pero primero lléname la concha de tu leche api! ¡Llénamela!- Me exige. -¿Te gusta sentir mi leche en tu concha?- Le pregunto bastante excitado y esperando esa respuesta que me llena de lujuria. -¡Si api, me encanta sentirla!- Me responde como yo deseaba. La embisto con fuerza una y otra vez, luego se la saco y me acuesto sobre la cama, Gaby se sube sobre mí, apoya sus manos sobre mí pecho y comienza a cabalgarme con furia, mientras meto mi mano derecha entre nuestros cuerpos y con el dedo pulgar comienzo a masajearle su pequeño botoncito, lo cual enloquece más a Gaby que arrecia y sube y baja sus caderas enterrándose con fuerza mi verga en su concha. Siento como golpea con fuerza la cabeza de mi verga el fondo de su vagina. Su respiración acelerada se confunde con sus gemidos, sacude su cabeza y su cabello sobre mi pecho. -¡Ya api, ya!- Me implora mientras siento como se contraen sus músculos vaginales. Ha llegado a un orgasmo, mientras yo aún no. Cae rendida sobre mi pecho y apenas si moviendo sus caderas. -¡Ayúdame api!- Me pide. La bajo de mí y me levanto de la cama, la jalo a la orilla y separa las piernas, mostrándome su bella concha abierta y rosita adornada por unos cuantos pequeños vellos, la cual contemplo por unos segundos mientras Gaby me mira y sonríe toda agotada pero con una mirada llena de lujuria. -¡Anda api, lléname la concha de leche! ¡Tú perrita quiere leche!- Como me excita lo que me pide. Le meto despacio mi verga en su concha caliente y empapada hasta el fondo, embistiéndola enseguida poco a poco y arreciando, golpeando sus nalgas con mis huevos. -¡Más api, más! No pares.- Me implora Gaby y la complazco. Siento como se contraen las paredes de su vagina, como muerden mi verga deliciosamente. No ha tardado mucho en llegar a un nuevo orgasmo. Agita y sacude sus caderas con fuerza mientras embisto con fuerza y sin parar hasta que mi verga comienza a hacer erupción dentro de ella. Los gestos de satisfacción son evidentes en la cara de Gaby, sentir como mi leche caliente la inundan por dentro poco a poco a cada erupción, una, dos, tres, cuatro veces. Comienza a escurrir mi semen por sus nalgas y mis huevos, se la saco aun dura y erecta. -¿Ya quieres coger el culo de tu perrita?- Me pregunta Gaby con una carita de perversión y lujuria. -¡Sí!- Le contesto y enseguida ella se gira y se pone en cuatro, recostando la cara sobre la cama. ¡¡Guau!! Que hermoso se ve como le escurre mi leche por sus muslos. Ensalivo mi dedo medio mientras ella se abre las nalgas, luego se lo meto despacio en su culito hasta que entra todo, se lo saco y meto para no crear una acostumbre de solo meterle la verga y ya como fue la noche anterior. Luego le meto también el índice, luego el anular…tres dedos en su culo, se los meto y saco una y otra vez, hasta que siento que ya está lista y se los saco, entonces centro la punta de verga y se la empujo despacio, entrando la cabeza, se la saco y meto una, dos veces, luego el cuello y repito hasta que poco a poco le voy metiendo toda la verga, hasta sentir como se libera en el fondo la cabeza, se la saco y vuelvo a meter despacio, arreciando mis embestidas hasta que la tomo de las caderas y de forma brutal la cojo mientras sus gemidos son descontrolados. -¡Así api, así, llénale el culo de leche a tu perrita!- Me dice entre jadeos y gemidos. Pero lo que más me excito y que no esperaba oír fue -¿Cuál cola te gusto más de mis amigas?- Hubiera mentido si hubiera dicho una en particular, ya que todas estaban deliciosas y a todas me cogería si se pudiera. -¡Me gustan las tuyas mi amor!- Le conteste. -¿A poco no te gustaría cogerte a Ilse o a “bibi” o a Mayra, o a Viry o a Tania?- Me insiste. -¿A ti te gustaría que me las cogiera?- Le pregunto mientras no dejo de embestir su culo con fuerza. -¡Si me gustaría! Y que me contaras como las cogiste y como las llenaste de leche, saber lo perras que son.- Me dice y enloquece aún más. No tardó mucho en explotar una vez más con la mente llena de perversas imágenes, llenando el culo de mi hija Gaby de mi leche que expresa su satisfacción -¡Que rico api! Mmmm. Aquí está tu perrita para que la llenes cuando tú quieras de leche o si quieres que se la tome.- Me dice. Es abundante mi venida brotando del culo de Gaby mientras aún sigo bombeándola y expulsando leche. Hasta que ya no sale una gota más, entonces agarro sus deliciosas tetas y las aprieto, abrazando a Gaby por la espalda, nos dejamos caer sobre la cama y así permanecimos por un rato, hasta que le saque mi trozo de carne semì erecto, me levante y le ayude para irnos a bañar. Ahí seguimos las caricias y besos que se prolongaron a la cama nuevamente. Ahí en la cama, al estarnos besando y acariciando me dice ella -¡Ahora ya tienes una amante! O ¿O no quieres a tu hijita como amante?- Entre una carita de pucheros y lujuria. -¡Claro que si te quiero, te amo!- Le respondo. -Imagínate, andar en la calle como padre e hija, sin que nadie se imagine que somos amantes.- Me dice con cierto éxtasis de perversión. No podía amarrar a Gaby a mi lado, ni deseaba hacerlo, el ser amantes durante el tiempo que ella deseara estaba bien y esto fue mucho más allá de lo que podía imaginar aquella noche. Pasado un mes desde que se fue Susana de la casa, la madre de Gaby, levantamos acta de abandono de hogar, quince días más tarde, pase el departamento a nombre de Gaby, al cabo yo lo había comprado. Gaby tenía un pretendiente al que le tenía cariño, quien seis meses después me pidió su mano, ella no estaba muy segura, pero termino aceptándolo y casándose tres meses más tarde. Aun cuando estaba comprometida, seguíamos entregándonos a la lujuria sin freno alguno, tan así, que ya iba embarazada la noche de bodas…si, su primer hijo(a) era mía, aunque mi yerno no lo sabe y cree ser el padre. Y aún seguimos teniendo fuertes y lujuriosos encuentr

Autor: PEDROVL76 Categoría: Incesto

Leer relato »

RECOMPENSANDO SACRIFICIOS

2021-03-22


RECOMPENSANDO SACRIFICIOS Aquel viernes no fue un día cualquiera, por la tarde cuando fui al bachiller por mi hija Gaby, para después pasar a ver a Diana, mi otra hija, hija de una relación anterior, pero que se llevan entre ambas dos años. Cuando Diana me vio llegar en el carro con Gaby, se puso seria y es que le tiene ciertos celos. El acuerdo para ese día es que le daría dinero y que no podíamos pasar la tarde porque tenía ella compromiso, pero se los cancelaron y conmigo fue con quien se desquito. Regresamos al departamento Gaby y yo, ahí tuve otra discusión ahora con Susana, su madre, con quien llevo ya tiempo distanciado, aunque vivimos en el mismo departamento, pero ya no existe nada de intimidad entre nosotros. Gaby se metió a su recamara para no oír la pelea, la cual se prolongó cerca de las 7 pm hora cuando Susana decide irse a casa de su madre, sin tomar en cuenta a Gaby. Cuando se va, saco una cerveza de la nevera y me siento en la sala para calmar mi coraje mientras veo el canal de deportes. Eran las ocho cuando sale Gaby quien me da un beso en la frente y enseguida se va a la cocina a preparar unos sándwiches de jamón c/queso. Regresa a la sala y me convida, no deseaba comer nada, solo beber, pero ella insiste, así que se lo acepto y como mientras ella se sienta y ve la tele conmigo sin decir nada. Luego de un rato ella rompe el silencio. -Api ¿Por qué sigues con mi madre, si ya hace tiempo que no se quieren y no tienen ya nada de intimidad?- La miró después de dar un sorbo a la cerveza y le contesto que no deseaba que viviera lo Diana. Entonces ella me contesta –Hay api, soportaste a una loca durante dos años y a esta ya 18 años ¿Cuándo piensas estar tranquilo y feliz? Es mi madre, pero esta lucas. ¿O porque no te buscas una amante? Una chica que te haga feliz, total, a mí no me molestaría, sabes que te quiero mucho, siempre has estado conmigo, me has dado todo lo que necesito y deseo.- Termino mi cerveza, voy por otra y cuando regreso le contesto -Mi niña, tener una amante significaría gastar lo que a ti deseo darte, prefiero quedar solo, total entre tú, el trabajo y el gym, ahí se va mi tiempo.- -Hay api, con lo que me das hasta me sobra, incluso aún tengo dinero.- Con cierta seriedad me contesta. Ya no dijo nada, termino su sándwich y se levantó, limpio todo y se fue a bañar. Cuando iba saliendo del baño yo me iba levantando para ir por otra cerveza. La miro de frente y como era costumbre en ella, que aunque le molestaba a Susana, vestía para dormir una camiseta de tirantitos y una pantaleta blanca. Ya no es una nena, es toda una mujer de dieciocho años muy hermosa…cabello largo y lacio, color café rojizo, blanca de piel, piernas anchas y bien formadas, cintura estrecha, caderas anchas, pechos grandes, redondos y firmes, boca chica, labios carnosos, nariz chica y ojos azules como los de mi abuela. -¿Vas por otra cerveza api?- Me pregunta mientras me sonríe –Yo te la traigo, siéntate.- Me dice a lo que agradezco, sin poder evitar excitarme. Me lleva la cerveza, que ya son tres. Mientras ella se va a su recamara. Después de un rato, oigo que apaga la luz de su recamara, volteo y su puerta está cerrada, a lo que supuse ya era para dormirse. Un rato más tarde, sale ella de su recamara, se sienta en el descansabrazo del sillón y me abraza, me da un beso en la cabeza mientras pongo mi brazo en su muslo y se lo acaricio despacio. Ahí está por unos minutos hasta que –Api ¿Me dejas tomar una cerveza contigo?- Me dice con melosa voz. Le digo que sí y que de paso me traiga otra. Se para y va por ellas, regresa, me da la mía y al pasar por enfrente mío, tira algo de la mesita de centro, se agacha y sus hermosas nalgas quedan de frente a mí. Son hermosas y desquiciantes – ¡Diablos señorita, gusto en conocerla!- Le digo mientras mi excitación aumenta. Gaby se levanta y me sonríe -¡Hay api!- Me dice mientras mueve sus caderas e inclina su espalda de frente a mí moviendo sus nalgas. Luego se sienta en el mismo sillón que yo, solo que recargada en el otro descansabrazos, subiendo sus piernas y acomodándolas a su derecha de dónde puedo ver la belleza de su piel y muslo derecho, como se marca sus pezones sobre esa blusita blanca y sus pechos que son hermosos y tentadores a chupar. Observo el tremendo sorbo que le da a la cerveza y que le hace hacer cierto gesto, pero le da un segundo. Tomo un buen sorbo de mi cerveza para tratar de distraerme y no pensar en lo que mi hija estaba provocando en mí. Gaby repite con otro sorbo, tratando de aparentar que no le hacía nada la bebida. Pasan los minutos, Gaby termina su cerveza, se para y me pregunta si quiero otra, a lo que le digo que sí. Regresa con otras dos, ya no me pide permiso para tomar otra. Solo que esta vez se sienta acurrucándose conmigo. -¿No podríamos ver otra cosa api? Ya me aburrí.- Me dice con un tono chipilón. -¿Y qué quieres ver?- Le pregunto mientras la abrazo. -No sé, lo que quieras ¿si quieres vemos porno?- Me dice entre risas -¿O a poco te chivea ver porno con tu hija?- Añade. -No, para nada me chivea, pero si de por sí ya como me tienes, ahora si vemos porno voy a terminar montándote.- Le digo. -¿Y cómo te tengo?- Pregunta con voz chipilosa y cariñosa. Le muestro el tremendo bulto que hay debajo de mi short y ella solo pone una carita maliciosa. Le di el control de la tele a Gaby y ella comenzó a buscar los canales, llegando a ellos fue viendo uno a uno mientras cada uno le daba grandes sorbos a la cerveza, parecía que deseábamos acabar con ellas en dos o tres tragos, así fue como las terminamos. Gaby que ya había encontrado algo de su agrado, se paró y fue por otras a la nevera. El apresurarse a tomarse las dos primeras cervezas, rápido le comenzó a pasar factura, ya que cuando venía de regreso vi que tambaleaba un poco, venía muy risueña y parlanchina. Al llegar a la sala y pasar entre la mesita de centro y el sillón donde yo estaba sentado, sus pies se enredan y por no soltar las cervezas, se iba a caer sobre la mesita, entonces yo la jalo de la cintura y cae sobre mí, sentada justo sobre el bulto de mi verga, la abrazo y nos reímos del suceso. Ella hecha su espalda para atrás y ahí se queda ya, comenzamos a ver le película del canal que eligió, la cual era muy candente y especifica de una chica teniendo sexo con un hombre maduro. Gaby le da tremendo sorbo a la cerveza mientras observa atenta como la chica de la película le chupa la verga al tipo, mientras estoy con las piernas sobre la mesita, Gaby tiene sus piernas colgadas a los lados de las mías, mis brazos rodeando su cinturita. Le doy un trago a mi cerveza, enseguida la dejo en el descansabrazo y llevo despacio mi mano a su seno izquierdo, Gaby no dice nada, con suavidad se lo acaricio, así como el pezón. Bajo mi mano y la meto debajo de su camiseta de tirantitos hasta volver a llegar su seno izquierdo. Esta vez se lo acaricio con más firmeza, los estrujo con suavidad con toda la mano y con la yema de los dedos acaricio su pezón, mientras Gaby le da un sorbo a su cerveza y la pone junto a la mía, luego lleva su mano derecha a mi cabeza que acaricia. Extiendo mi mano derecha a su seno derecho mientras la izquierda la meto despacio entre su pantaleta y llego a una pequeña matita de vellos, la bajo más y toco su concha, la cual esta húmeda y caliente, unos suaves gemidos escapan de los labios de Gaby quien separa las piernas un poco más. Meto mis dedos entre sus apretados labios vaginales que con delicadeza acaricio de arriba abajo una y otra vez hasta llegar a su pequeño clítoris, entonces suelta un fuerte gemido. Subo su camisetita, dejando al descubierto sus exquisitos senos, los acaricio con firmeza uno a uno mientras mi verga palpita entre sus nalgas y mis dedos soban su botón hasta hacerla venir en un suave orgasmo. Le digo que se levante y que se voltee de frente a mí, ella se levanta y en lo que se gira le doy un trago a mi cerveza, Gaby hace lo mismo, entonces se acomoda sobre mí, con una pierna a cada lado de mis caderas y arrodillada sobre el sillón. Con mi brazo izquierdo la jalo hacia mí, sus labios se funden con los míos mientras mi mano derecha comienza hurgar entre sus nalgas y se mete por debajo de su pantaleta hasta entrar en sus labios vaginales de nuevo, mi dedo medio en su clítoris y el índice en su culito, donde se mete y entra y sale una y otra vez. Entre gemidos y su respiración acelerada, Gaby hace su espalda hacia atrás, tomo su camisetita y se la quitó, admiro sus hermosos y grandes senos con sus pezones erectos. Me acerco a ellos y su los chupo uno a uno, lamo sus senos, los chupeteo con avidez mientras los brazos de Gaby rodean mi cuello y acarician mi cabeza. La tomo de sus nalgas con la mano derecha y con la izquierda de su espalda, me levanto con ella y me giro, depositándola en el sillón. Me hinco frente a ella, jalo de su pantaleta mientras ella levanta sus caderas para ayudarme. Aspiro en ella el aroma de sus mieles, le separo las piernas y hundo mi cabeza entre ellas para chupar de su concha caliente, meto mi lengua en su vagina haciéndola gemir y levantar sus nalgas. Meto mis brazos por debajo de sus nalgas y las llevo hasta sus senos que acaricio con fuerza y pellizco sus pezones, son tan suaves. Mientras mi lengua juega y explora todo el interior de su vagina que está apretada, deliciosa, jugosa y caliente…es un manjar. Gaby explota más de una vez y yo deseo cogerla, meterle la verga en esa fruta jugosa. Y ella también desea lo mismo, ya que me implora -¡Más api, más!- le saco la lengua de su vagina y se la tallo en su culito, con dificultad se la meto en su culito apretado y rico…sus jadeos son exquisitos. -¡Pareces una perrita en brama y deseosa de verga!- Le digo perdiendo todo respeto a mi hija que someto a lo que ella misma también deseaba. -¡Si, soy tu perra, tu perra fiel que desea le des la verga que otras no quieren!- Palabras que me excitan aún más. -¿Eres mi perra?-Le pregunto y ella me contesta entre gemidos -¡Si, soy tu perra…llévame a tu cama y cógeme!- Me dice. Nos abrazamos y la levanto, la llevo a mí cama donde la acomodo en la orilla, le separo las piernas mientras ella relaja su espalda, tomo mi verga con la mano derecha y se la tallo entre sus labios íntimos que están estampados de sus mieles, de arriba abajo una y otra vez hasta que la centro en la entrada de su vagina, Gaby levanta la cara y mira, luego recuesta la cabeza y relaja su cuerpo. Con firmeza comienzo a meter la punta de mi verga entre sus labios íntimos, entra la cabeza con un poco de dificultad lo cual me excita aún más, ya que era algo que no me esperaba, entonces con fuerza empujo, se la meto y siento como algo se rompe dentro de ella, despacio sigo empujando hasta que siento tocar el fondo de su matriz. Me quedo quieto por unos segundos mientras me inclino hacia el frente y me abrazo con ella quien me abraza con fuerza y me besa en las mejillas, la frente y los labios. Se la saco un poco y vuelvo a meter, una y otra vez así despacio y poco a poco voy arreciando mis embestidas mientras sus gemidos arrecian y se escuchan por todo el departamento. Meto y saco una y otra vez mi verga de su calienta vagina que ya se enamoró de mi trozo de carne y ansia no dejarla ir. Me levanto y se la saco, le digo que se voltee y se acomoda en cuatro, recostando su pecho sobre la cama, la tomo con firmeza de las caderas y vuelvo a meter, bombeándola sin parar durante un buen rato. Se la saque y la acomode de nuevo boca arriba con las piernas separadas por completo, se la metí sin miramientos y con fuerza, bombeándola una y otra vez por varios minutos, luego baje su pierna izquierda y la acomode de lado, bajo su mano izquierda y se agarró su nalga izquierda y se la separo, abriéndose y dejándome ver como entraba y salía mi verga de su vagina. -¿Te gusta como se ve? ¿Te gusta ver cómo le metes la verga a tu perra?- Escucho sus palabras y me excita aún más. Ya no aguanto, estoy a punto de explotar y se cruza por una estreches de cordura, la posibilidad del embarazo, le saco la verga, pero Gaby me exige que se la vuelva a meter e incluso parece leer mi mente porque siente como se hincha mi verga antes de explotar, vuelvo a bombearla con fuerza. -¡No importa si me preñas, métemela, lléname api, así sabrás que el cachorro es tuyo!- Me dice y enloquece de excitación de solo imaginármelo. Entonces con más fuerza se la meto y bombeo hasta venirme de dentro de ella y llenarle su vagina de mi leche con varias venidas, tantas que chorrean fuera de ella. Le saco la verga aun erecta y dura y se la tallo entre sus nalgas, Gaby que esta fuera de sí por los orgasmos, agita sus caderas golpeando mi verga, pero yo apunto a su culito y despacio se la empujo, ella las deja quieta y yo sigo hasta metérsela poco a poco mientras Gaby se aferra a las sabanas y las muerde y empuña. Logro meter más allá de la mitad de mi trozo de carne en su culito y sin esperar comienzo a bombearla con fuerza hasta que me vengo dentro de él…una, dos, tres, cuatro veces vaciándome totalmente. Se la saco y me tumbo a su izquierda, unos segundos después Gaby se gira, me besa en los labios, mejillas y frente, me abraza con fuerza. Luego de un rato me levanto y le doy la mano para levantarse, nos vamos al baño, donde nos besamos y acariciamos, ella se inclina y me chupa por un rato la verga. Cuando terminamos de bañarnos, así envueltos en toallas nos regresamos a la sala y tomamos un par de cervezas más, para terminar durmiendo en su cama completamente desnudos. Al día siguiente me despierta Gaby para decirme que había llegado la señora que lavaba la ropa, por lo que apenas me levante para quitar las sábanas manchadas de pecado. Señora que al ver las manchas solo las miró y sonrió, me contó Gaby y que después confirmaría.

Autor: PEDROVL76 Categoría: Incesto

Leer relato »

Antonella y yo.

2021-03-21


Acababa de colgar el teléfono, mi hermana Giórgia me mandaba a su hija a vacacionar como regalo por el buen comportamiento de la chica en el colegio, Antonella es mi sobrina y no la veo desde hace unos cuatro años, no sé en qué momento me pillo Giórgia que yo accedí a recibir a mi sobrina por el mes de febrero, estoy acostumbrada a vivir sola y una niña chica en casa no me resultaba para nada como una buena idea, pero el jaleo me lo había armado yo solita y debía ponerle el pecho a las balas, como se usa decir. Yo soy Dalida y vivo en Reñaca, una localidad de la costa central de Chile, en verano tenemos un flujo de turistas de muchas partes de Sudamérica y otros sitios del mundo, me encanta vivir sola porque debo decir que tengo un carácter fuerte y soy una predadora, soy lésbica y me encanta solazarme con alguna muchacha extranjera en mi departamento lejos de miradas indiscretas, mi lugar de caza es el paseo marítimo donde hay una serie de pubs, bares y restaurants. Tengo veintisiete años, soy la hermana menor de Giórgia que tiene trece años más que yo, si no recuerdo mal mi sobrina debería tener unos catorce o quince años, toda una adolescente rompe huevos, seguramente será una de esas rebeldes y tendré que hacerle de niñera por todo un mes, ya me estaba arrepintiendo de haber aceptado de alojarla conmigo. El jueves fui al terminal de buses a recogerla y llevarla a casa, me esperaba a la flaca y remilgada colorina llena de pecas que había visto hace cuatro años atrás en una visita a mí hermana, me sorprendió ver llegar una muchacha alta de cabellos rojos cortitos y escultural silueta y sus grandes pechos como todas en la familia, somos todas pechugonas, me saludo con una mano ― ¡Hola! tía … como está … mamá mando muchos saludos y gracias por recibirme ― dijo, nos dimos un abrazo y nuestras tetas prácticamente se estrellaron, pude sentir la dureza de sus senos e inmediatamente me salieron cachitos de diablita que hicieron que mi tanga se humedeciera ― es mi sobrina y es menor de edad ― sonó la alarma dentro mi cabeza, después de saludarnos nos fuimos a mi carro y la conduje a casa. Antonella se había convertido en una preciosísima muchacha, una señorita, le mostré el cuarto donde la alojaría y a ella le pareció encantador, la ayudé a desempacar y me di cuenta de que su lencería no era la de una adolescente, con tangas y sujetadores minúsculos, también me mostró sus bikinis y me sentí de repente vieja de frente a esta exuberante joven mujer, solo para cerciorarme ― Antonella … ¿Cuántos años tienes? ― le pregunté ― dieciséis, tía … ¿por qué? ― respondió ― pues por nada … sí que te has pegado un estirón … yo te recordaba cómo una niña … en cambio eres toda una señorita … sí que has crecido ― le dije ― es normal tiita … ahora nos desarrollamos más rápido las chicas ― dijo, la dejé que se acomodara y yo me fui a preparar un poco de café y jugo de frutas, con la prisa de ir a buscarla no había tomado desayuno. ― Antonella … está listo el jugo … ¿quieres un poco de café? ― le llamé ― ¡Oh! tía … te pasaste … está bien un poco de café ― respondió, se había cambiado y lucía una remera ajustada y sin sujetador que realzaba la belleza de sus enhiestos senos, me quedé embelesada mirando a mi sobrinita ― ¡ay! tía no me mires así ― dijo Antonella, yo estaba hipnotizada con sus mamas, no atiné más que a balbucear ― pero nenita, que con ese cuerpazo te devoraran en la playa ― ella se ruborizo un poco y sonriendo contesto ― tía si no es para tanto … tú debes estar acostumbrada a ver chicas lindas aquí en Reñaca ― me quedé observándola y me resultaba imposible convencerme que este bombón de mujer, fuese mi sobrina de algunos años atrás, completaba su atuendo un par de shorts de lycra super ajustados que se le veía claramente todo el chocho, mis bragas se me soltaron solas. Pasamos el resto de la tarde ordenando sus cosas y charlando de mi hermana, su padre, sus estudios y cosas varias que interesan a las mujeres, le pregunte si tenía novio, me dijo que no tenía tiempo para eso y que los muchachos, más que nada la molestaban y no había encontrado ni uno solo que la hubiese atraído como para iniciar una relación, además, dijo ser muy joven para prestar atención a ciertas cosas y que prefería la compañía de sus amigas y se divertía con ellas, quizás porque, pero eso me hizo recordar que a mí me sucedía lo mismo cuando tenía más o menos su edad. Estuvimos luego mirando la tele hasta tarde, yo me sentía cansada así que me levanté le di las buenas noches y me dirigí a mi dormitorio, una vez en mi cama me volvieron las imágenes de mi sobrinita, sus senos, sus caderas y el diminuto chocho se dibujaba en su ajustada lycra, mis manos abrieron mi almejita y extraje de mi velador mi consolador para fines especiales, diecinueve centímetros insertables de puro deleite, su color rosado siempre me ha causado una excitación extra, me unté abundante YES para lubricar mi concha, luego lo encendí y el ronroneo compinche me lleno de deseos y ansias. Me provoque al menos un tres orgasmos casi consecutivos, levantaba mi pelvis en el aire empalada en ese falo de juguete, me metí tres dedos en el culo mientras me revolcaba en la cama, cabalgué uno de mis almohadones con el ronroneo suavizado por el cojín y la profundidad de mis carnes rosadas y trepidantes que no cesaban de vibrar, los temblorcillos de mi cuerpo me hacían lanzar gemidos y quejidos, los gritos con las convulsiones espasmódicas delataban mi lujuria y mi goce, entre las miles explosiones de colores y rociados de estrellas de mi cerebro obnubilado, me pareció ver la imagen de Antonella en el vano de mi puerta, fue tan fugaz que pensé fuese un sueño, desapareció tan rápido que pensé a un reflejo de mi mente enferma de orgasmos, cuando recuperé algo de mis sentidos estaba sola y la puerta de mi dormitorio ligeramente entreabierta, sin fuerzas de nada me adormecí. Al rayar el alba, cuando las penumbras de la noche empiezan a retirarse correteadas por la luz del padre sol, me senté en mi cama sintiendo el alboroto de algunos gorriones y uno que otro zorzal, la bruma del océano se apreciaba por los ventanales, me levanté en sigilo para ir al baño, el departamento estaba temperado, cuando pase por la puerta del cuarto de huéspedes había solo silencio, pero al regresar del baño sentí los inconfundibles gemidos, quejidos y m de un orgasmo femenino, su puerta estaba entreabierta y pude ver el cuerpo desnudo de Antonella que todavía se contorsionaba con sus manos perdidas en medio de sus muslos, me sobresalté cuando vi que ella se giraba hacía la puerta, sin decir nada me retiré a mi alcoba. ― ¿Me habrá visto? ― esa pregunta rondaba por mi cabeza y no me daba paz, cerca de las ocho de la mañana, me fui a la ducha y luego de vestirme con un shorts y un polerón para abrigarme de la fría mañana, me fui a la cocina a poner a hervir agua para el desayuno, Antonella con una elegante chaquetilla albornoz, entro a la cocina y me saludo con un beso en la mejilla, su indumento cubría si y no sus desnudas nalgas, portaba una tanga con bordados, de esas preciosas pero poco practicas porque molestan e irritan los labios vaginales, se ven esplendidas sobre todo sobre el chocho de una chiquilla adolescente como mi sobrina, me sonrió y dijo que se iba a la ducha, se dio media vuelta y salió meneando sus coquetos glúteos duros y redondos, literalmente se mi hizo agua la boca. Nos dedicamos a labores hogareñas de orden y limpieza, yo le mostré donde estaban los implementos y luego nos dedicamos a asear nuestros cuartos, yo me encargué de la cocina y ella muy colaboradora puso orden en la sala de estar, cerca de las once de la mañana con la temperatura más elevada, nos pusimos nuestros trajes de baño, túnicas y agarramos un bolsos de playa con las toallas y los artículos de playa, nos fuimos de a pie a la playa distante unos seiscientos metros, todavía no había mucha gente así que nos ubicamos a pasos del mar. Nos despojamos de nuestras túnicas y Antonella una vez más me impresionó con su belleza, un bikini color turquesa estupendo, una tela muy fina y casi traslucida, sus delicados labios vaginales, restaban ocultos bajo su ingle, pero sus glúteos sobresalían atrevidos y prepotentes hacía atrás y hacía arriba, sus generosos senos se veían un tanto oprimidos bajo la suave tela que fatigaba a contenerlos, regia, totalmente bella mí sobrinita. Nos espalmamos protector solar y nos dedicamos a gozar de los cálidos rayos del astro sol, conversamos del más y del menos, criticamos a algunos paseantes, flirteamos con quienes nos parecieron simpáticos e ignoramos a los que no lo eran, cuando el sol se hizo insoportable, recogimos nuestras cosas y regresamos a la casa, Antonella se fue primero a la ducha y luego me fui yo, nos juntamos en la terraza a disfrutar de la agradable temperatura y nos bebimos unos jugos naturales de mango y piña. Antonella había conservado su bikini y yo me había calzado mis shorts y un top amarillo que cubría mis senos, pero que se ceñía y los resaltaban, ella me dio una mirada de aprobación y yo le dije lo estupenda que era en su mini bikini, luego me dispuse a leer un libro empezado la semana precedente, Antonella estaba sentada en una silla playera frente a mí, podía ver sus bronceados muslos que relucían con aceites naturales que ella usaba, por más que trataba no me podía concentrar en la lectura, su silueta era como un imán para mis ojos. Al tener sus piernas ligeramente entreabiertas, los labios de su vagina era visibles en su totalidad, mis propios fluidos vaginales comenzaron a emanar de mi chochito y en breve me sentí mojada, no sabía si alzarme e ir al baño a refrescarme o alzarme e irme a mi cuarto a masturbarme, inconscientemente comencé a acariciar mi vientre y la orilla de mis senos bajo mi top, cruce mis piernas y comencé a apretar mis muslos refregando mis labios vaginales entre sí, tuve un mini orgasmo que se me soltó el libro de las manos y lancé un gemido. ― ¿Estas bien tía? ― sentí la voz de Antonella un tanto alarmada, mi rostro estaba rojo de excitación y jadeaba ― Estoy bien mi niña … creo que me quedé dormida … me iré a la cama a reposar … quizás allá sido mucho sol ― le dije para tranquilizarla, pero ella me dio una mirada suspicaz. Me fui a mi dormitorio y corrí las cortinas, quería estar en penumbras y relajarme, el torbellino en mi cabeza me turbaba, estaba siendo atraída por mi sobrina y eso no podía ser, debo controlar mis impulsos, pero mi calentura era tanta que agarré mi dildo que había dejado bajo la almohada y encendiéndolo rápidamente lo empecé a refregar por la hendedura mojada de mi almejita, muy luego estaba con mis piernas abiertas y metiéndome mi juguetito hasta el fondo y lanzando chillidos de placer cuando mi orgasmo me hizo convulsionar y girarme a uno y otro lado, mis ojos estaban cerrados y la imagen del chocho de mi sobrina me daba vuelta bajo mis parpados, cuando los abrí, Antonella estaba atónita en las sombras de mí habitación ante mí. ― Estás bien tía? ― escuché que preguntaba con sus bellos ojos muy abiertos, todavía con mi consolador en lo profundo de mi chocho ― estoy bien mi niña … solo que me sentí un tanto turbada y no lograba desahogarme … este es mi modo de desahogarme … no te desconciertes … cuando serás adulta lo entenderás ― le contesté tratando de justificar mi estado y la exposición de mi cuerpo desnudo ― lo entiendo tía porque yo también me desahogo como tú … quizás sea una cosa de familia ― me dijo ella sonriendo relajada y acercándose más a mi cama, yo le hice espacio y ella no dudó en acomodarse sentada en sus talones, luego sentí su cálida mano en mi muslo ― ¿puedo? ― dijo tomando mi mano que mantenía mi ronronéante consolador en mi chochito, saqué mi mano y comencé a acariciar mi sensible clítoris mientras ella inició a meter y sacar mi juguetito, mi otra mano fue por su muslo hasta la delgada tela de su bikini, ella abrió ligeramente sus piernas y mis dedos trazaron la rajita de su vulva desde la cual rápidamente empezaron a fluir sus humores. Ahí estábamos las dos con la calentura de nuestros cuerpos en aumento, Antonella con graciosos movimientos se despojó de su tanga-bikini y mis dedos acariciaron su conchita húmeda por primera vez, extraje de mi velador un segundo consolador un poco más pequeño que el que ella estaba usando en mí ― tía … soy virgen ― me dijo con su rostro hermoso de doncella de cuentos de hada, un poco atribulada ― está bien mi niña … no temas que no te haré daño ― dije metiendo el artilugio bajo mi almohada, tomé delicadamente su pierna y la hice colocarse sobre mi rostro, el brillo de su mojada vagina me hizo correrme ahí mismo lanzando un desgarrador grito de agónico goce, ella detuvo momentáneamente el mete-saca y se inclinó a besar mi vientre trepidante y se deslizó en un tobogán de lengua y sudor hacía mi inflamados labios vaginales. Cuando me repuse un poco, abrí mis ojos y de su vulva pendían gotas de fluidos, me pareció el bocado más apetitoso de mi vida y procedí a degustarlo con voracidad, sus gemidos se tornaron chillidos y grititos, el movimiento de su ingle sobre mi boca me instaba a beber y lamer su chocho enrojecido de excitación, mis manos abrieron sus nalgas y su minúsculo ano me pareció el postre merecido de este banquete sensual, hice que alargara sus rodillas y tuve tan preciado orificio al alcance di mis lamidas persistentes, Antonella se alzó de pronto gimiendo y descontroladamente refregó su sexo en mi rostro moviendo sus caderas y chillando y boqueando como enloquecida, yo no soltaba sus nalgas y seguía propinándole golpes de lengüita a su chocho que era un diluvio de exquisitos fluidos, ella se aferró de mis senos y luego colapso a mi lado convulsionando y temblando completamente, yo la deje ir y me puse a su lado teniéndola estrecha sintiendo como sus senos copiaban el movimiento de su afanosa respiración. No sé cuánto tiempo nos quedamos así juntitas, ella tenía su mano sobre su ceñuda frente como tratando de recuperarse de su orgasmo estremecedor, su boca era una mueca sensual de agónico placer, su lengua humedecía sus labios una y otra vez, y entre respiro y respiro ella mordía su labio inferior libidinosamente, pareciendo más hembra y más caliente, la observé todo el rato hasta que sus dulces ojos se abrieron, parecía un tanto perdida, desconcertada, yo me acerqué y la bese en la boca, no respondió mi beso pero al parecer se despertó del trance en que estaba, abrió su boca y su lengua se enfilo en mi boca y empujándome sobre mi espalda me dio un beso interminable. Antonella estaba sobre mí, me había aferrado las manos hacía arriba y besaba mi boca con inusitada pasión, me estaba imponiendo su beso, sus duras tetas sobre las mías también me aprisionaban, su lengua extraía mi saliva y sus labios succionaban los míos, era un beso voraz, jamás nadie me había besado con ese ardor salvaje, tuve que empujar sus labios y recuperar mi respiración ― ¿qué haces? ― le pregunté un poco ansiosa ― tía … esto lo había soñado … jamás lo había hecho con nadie … no se si lo he hecho bien o si hice algo mal … ― me dijo con cierta preocupación ― ¡no! nenita … no has hecho nada mal … solo que al final, como que te excediste un poco y me desconcertaste ― le dije calmadamente ― tía tú eres muy linda y yo te deseaba de siempre … eras un sueño que se ha hecho realidad … quizás fui un poco efusiva … de niña que soñaba con vos ― me dijo con cierta emoción, esta fue una revelación para mí, me sentía seducida por esta pequeña y no me disgustaba para nada, aun el hecho de que es mi sobrina, tampoco era ya un dilema, éramos solo dos mujeres calientes la una por la otra, nada más. Me liberé de sus manos y me senté a horcajadas a la altura de sus rodillas, en mi poca iluminada habitación, veía el bellísimo cuerpo de mi sobrina que no dejaba de recorrer mi cuerpo con su mirada ― daté vuelta ― le dije y ella obedeció al instante, comencé a acariciar ese culo perfecto. Mi lengua iba y venía por la separación de sus nalgas le abrí sus piernas y separé sus prietos glúteos viendo finalmente mi objetivo, un pequeñísimo orificio un poco rugoso y coronado de rosado, mi lengua fue a por él, estaba embelesada lamiendo su ano y sintiendo los dulces gemidos de Antonella, extraje de mi velador la cremita lubricadora y unté su hoyito y mis deditos, uno a uno fui metiendo mis dedos en su culo hasta conseguir penetrarla con tres, su boquete anal se enrojeció forzado por mis falanges y luego saqué el consolador de debajo de la almohada y lo apunte a su trasero ― no te olvides que soy virgen también de ahí ― dijo Antonella en un susurro de voz y respirando con jadeos, poco a poco metí el arnés dentro de su culo, cuando estaba hasta la mitad lo eché a andar, ella se sobresaltó por un instante sintiendo el zumbido del falo de látex rojo, pero luego cubrió su cabeza con la almohada y paro su culito hacía arriba, la comencé a penetrar y a masajear su chochito, ella dobló la pierna izquierda y me dio mejor acceso a su vagina, abrí su conchita con mis dedos y luego inserí uno y pude palpar su himen intacto. Mientras masajeaba los labios inflamados de ella, mi chocho lo refregaba en su muslo derecho, mi conchita se deslizaba sobre su piel bañada con mis fluidos, Antonella gemía más fuerte y su culo lo empezó a mover al ritmo que yo masajeaba su chocho, luego fue impresionante ver vibrar sus nalgas y ver como su orificio anal se contraía repetidamente alrededor del consolador, sus gritos guturales venían apagados por la almohada, le metí el dildo hasta el fondo y ella más empujaba su trasero para devorarlo con él, su orgasmo fue espasmódico, sus manos aferraban las sabanas con fuerza. Su culito ya no era virgen y ahora era el turno de su panochita, la dejé con su trasero apuntando hacia arriba y me fui a buscar un par de toallas y unos Clínex, cuando volví estaba en la misma posición así que limpié su trasero con las toallitas húmedas y ella salió de debajo de su almohada ― creí que moriría ― dijo suspirando y estirando sus brazos, yo sequé sus pechos sudados y luego la atraje hacía mí para besarla ― para todo hay una primera vez tesoro … ahora haremos lo mismo con tu panochita ― le dije ― ¡uy! tía … sí … quiero que seas tú … toma mi virginidad … lo quiero ― dijo con fervor y decisión, como si fuera una tarea a emprender, un deber, una ofrenda religiosa. Nos acariciamos, ella se colocó en medio a mis piernas y comenzó a comerme la concha ― Antonella … si continuas así yo no respondo de mí ― le dije aferrando mis sabanas y abriendo más mis muslos, su lengua me estaba volviendo loca, aferré una de sus manos y puse mi consolador en ella, luego sentí que me penetraba y sus labios se cargaban en mi clítoris, mil delicias comenzaron a recorrer mi cuerpo entero, temblorcillos de vientre, piernas y tetas, todo cimbraba, mis manos estaban empujando su boca contra mi concha en un violento orgasmo que me hacía contorsionar mis caderas sin mi propia voluntad. Estaba exhausta pero no rendida, me tomé el tiempo necesario a recoger mis pedacitos diseminados por aquí y por allá y me recompuse, me dolían mis tetas por la fuerza de la estimulación, masajee mis pezones y me enderecé en mis codos, Antonella tenía mi consolador en su boca y lo lamía cual fuese una paleta de caramelo, desde mi bien surtido velador saqué un arnés de cinturón y elásticos me lo calcé y agregué un pene de látex blanco y lo monté en el artilugio, Antonella tenía los ojos muy abiertos y seguía todos mis movimientos entre divertida y nerviosa ― tía tienes un pene ― me dijo apuntando a mi miembro albino, yo me sonreí ― sí … y es todo para ti ― le dije. Antonella estaba fascinada con mi pene y lo masturbaba mientras me devoraba mis senos que se habían endurecidos yo la empuje con dulzura sobre su espalda y me incliné a comer su almejita por varios minutos, hasta que la sentí que gemía y contorsionaba sus caderas deseosas de ser penetrada, arrodillada frente a su chochito ella levanto su pierna izquierda y abrió la derecha para dejarme espacio hacia su conchita, apoye la punta de mi pene en su vagina y Antonella emitió un grito y puso su mano en mi vientre, muy despacio mí verga plástica, comenzó a entrar en su chocho, luego hubo un poco de resistencia y con un par de grititos más, ella acepto la penetración, sujetándome para hacerlo lentamente, puse una mano en su cuello y ella acaricio mis senos y los suyos alternadamente, estaba completamente dentro de ella, me incliné a besar sus labios mientras ella gemía y me tiraba hacía las profundidades de su concha. Puse ambas manos sobre la cama a la altura de sus hombros y comencé a follarla más rápido y con más energía, Antonella exhalaba quejidos y gemidos y tiraba de mis caderas para mayor penetración, estaba gozando con mi pene ficticio, ella chillaba y envolvía mí cintura con sus piernas, sus gemidos aumentaron y sentí sus espasmos cuando se corrió apretando sus muslos a mi cintura, pero no había sido suficiente, la tire hacia mí y ella con el impulso me hizo caer de espaldas, luego se puso en cuclillas y ella misma se empaló en el pene falso e inicio una frenética cabalgada con gritos y gemidos mientras me tocaba mis pechos aprisionando mis pezones con sus dedos. Antonella estaba como poseída no cesaban sus movimientos arriba-abajo, se arrodillo y comenzó a mover sus caderas en forma casi violenta, me tenía casi al borde de mi propio orgasmo cuando la sentí que se estremecía en otro orgasmo y se dejaba caer de lado, yo que estaba al vértice para acabar, la puse boca abajo, le doble una pierna y seguí follándola desde atrás, le di duro hasta que fui bendecida con un fabuloso orgasmo que me hizo colapsar encima de ella, mi consolador salió de su panochita con algunas manchas de sangre, fin a la virginidad de Antonella. Nos pasamos toda su estadía en mi cama, casi no salíamos a ninguna parte, después yo invité a la que es mí pareja y enseñamos a Antonella lo que es un trio, la poseímos por detrás y por delante, mi sobrina al final andaba desnuda todo el día porque sus esculturales formas eran un incentivo por poseerla en todo momento y ella lo disfrutaba con la fuerza de sus quince años. ¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬ Comentarios, criticas y colaboraciones, escribir a: [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

Leer relato »

La bella Giovanna.

2021-03-18


Pareciera como si fuese ayer, yo estaba de pie detrás de ella y podía ver sus túrgidos senos redondos con esos pezones rosados por el escotado cuello de su remera, mi hermana estaba sentada en la silla de playa con shorts y esa vieja y ajada polera amarilla, la piel blanca de sus senos desnudos me hechizaba. Estábamos de vacaciones en Bahía Inglesa, en la parte norte de Chile, hermosas playas blancas, aguas color turquesa y poco frecuentadas, mi hermana estaba tomando un poco de sol, la temperatura eran unos agradables 25 grados Celsius, una ligera brisa nos hacía aún más placentero estar bajo el sol, la vista de sus tiernas tetas me turbaba, de pronto sus ojos claros estaban sobre mí, no supe que hacer porque estaba seguro que ella había sentido mi lasciva mirada sobre su piel suave y adolescente, mi hermana acaba de cumplir trece años. Me sentí atrapado, no sabía que hacer ni que decir, no sé si ella entendería que mi naturaleza humana, de hombre, hacía que mis ojos no pudiesen resistir la tentación de mirar sus carnes de hembra joven, estaba pensando de como escabullirme de la situación, en vez de esbozar alguna excusa ― me estás mirando las tetas ― dijo ella con una sonrisa divertida en su rostro, mis mejillas se pusieron rojas de vergüenza ― lo siento hermanita … no pude evitarlo … eres muy linda ― dije admitiendo mi descaro. Giovanna no dijo nada más, se levantó y se fue, yo miraba sus torneadas y largas piernas y sus glúteos redondeados en sus shorts que se movían acompasados con la rotación obscena de sus caderas, mi hermana era fuego, mi erección me hacía sentir mal porque ella es mi hermana, la mujer agraciada, sexy y voluptuosa que mi mirada sigue sin perder de vista ni uno solo de sus movimientos, es mi hermana. Las vacaciones continuaban y yo no podía sacar de mi mente esa perfección de mujer, mis manos se iban solas a mi pene erecto y me pajeaba todas las mañanas y todas las tardes con las fulgurantes imágenes que mi hermana me regalaba día a día, la tarde en la playa, ella con su diminuto bikini tomando sol con los ojos cerrados, lo que me permitía observarla de pies a cabeza sin descanso, sus muslos perfectos, la convergencia de ellos en su entrepierna, los lineamentos de su chochito dibujado en la tela de su bikini, sus senos adolescentes llenos y redondos con la marca blanquecina del bronceado del sol. Toda esa figura femenina esplendida, todas esas curvas sensuales, todas esas redondeces eróticas, toda esa piel lasciva y lujuriosa me mantenía con la sangre recorriendo mis venas a mil y se concentraba la presión en mi glande erecto, y mi semen salía a borbotones pensando en ella, noche tras noche, mi hermana me hacía enloquecer. Por eso esa noche no aguanté más y poco antes de medianoche me colé en su cuarto sin luz, solo la luz de la luna formaba fantasmagóricas figuras en el silencio de la noche, en la lejanía podía sentirse el oleaje del mar que llegaba apagado y traía ese olor marino característico que te regocija y humedece tú piel, mis pies hicieron crujir el piso de madera, pero no hubo ninguna reacción, sobre la cama y bajo las cubiertas donde yacía la inspiración de mis pajas, solo se percibía su forma femenina. Levanté lentamente las cubiertas y en el máximo sigilo me acosté a cucharita al lado de ella, pude sentir sus glúteos cubiertos con sus calzoncitos, pude sentir la delgada tela de la remera que cubría su torso, mi mano se apoyo en su cadera, me acomodé recostado a su espalda, mi mano se deslizo suavemente a su vientre y poco más arriba, el borde de sus senos, ella levanto ligeramente su brazo haciendo acomodar mi mano a la redondeada forma de su teta, lanzó un callado gemido cuando aprisioné su pezón. Mi mano famélica de piel iba de un pezón al otro y acariciaba esas duras mamas de genuina femineidad, mi pene presionaba la tela de ese calzoncito que protegía esas carnosas nalgas, la sentí gemir, la sentí como de su cuerpo emanaba esa esencia de mujer, ese calor delicado y suave, ese ardor y pasión de su tez inmaculada, una niña pura, una niña casta e inocente, pero con todas las esplendorosas formas de mujer. El contacto con sus senos y su vientre desnudo, tenían a mi pene casi rasgando la tela de esos calzoncitos inoportunos, mis dedos levantaron la barrera elástica de esas bragas y se posicionaron más abajo del ombligo, mis yemas y falanges adivinaban la ardiente temperatura y humedad más abajo, rozaban casi esa hendedura fértil y fecunda. Giovanna no se movía, pero su respiración se había hecho afanosa y tentaba mantener sus muslos prietos en defensa de su virginidad, mis dedos invasores, inquisidores, indagadores, sondeaban las cercanías de su intimidad, mis dedos comenzaron a enrollar la huincha elástica de sus calzoncitos hacía abajo, ella se quejó y gimió, pero sus caderas permitieron a sus bragas descender hasta sus muslos, las calenturientas imágenes de mi hermana giraban y llenaban mi mente, ella se giró y sus turgentes senos crearon sombras en la oscuridad, mi mano volvió hacia arriba para enroscar la tela de su remera hacía arriba, la prominencia de su busto me hizo soñar con colinas suaves, fértiles y sedosas, la punta de sus pezones enhiestos apuntaban hacia las estrellas, en busca de constelaciones ancestrales para navegar sus curvas sinuosas cual ondas de un mar tempestuoso. Los gemidos de mi hermana se hicieron más fuertes y sus manos rozaban mis manos como implorando ternura, entregándose a ese desconocido traído por la oscuridad de la noche, a ese intruso que buscaba su tesoro, mi boca se cerró sobre uno de sus duros pezones y mi mano alcanzó la cálida humedad de su sexo, un grito sofocado por un gemido y su mano frenando el frenesí de mi mano, mi dedo medio se bañó en ese charco inexplorado, su hendedura venía profanada por sangre de su sangre. Mi tacto de su clítoris me transmitió un estremecimiento de sus sentidos, su silencio cómplice me incitaba a continuar con mis caricias a su cuerpo, levanté las cubiertas y me deslicé a la convergencia de sus muslos, ella no abría sus piernas por nada al mundo, mi boca besó sus piernas y en la unión con su ingle la punta de mi lengua recogió el sabor salino de su chuchita, Giovanna gimió y puso su mano en mis cabellos, su pelvis se alzó invitante y receptora a mis mimos. La insistencia de mi lengua intrusa, logro vencer la resistencia de esas piernas que poco a poco se abrían dejando a la vista una vagina pequeña con unos labios gordotes y cerrados herméticamente salvaguardando el himen de ella, Giovanna jugaba con mis cabellos y emitía grititos agudos cada vez que mi lengua embestía su botoncito erecto, mi virilidad avasalladora probo su fortaleza carnosa y tibia, la punta de mi glande chapoteó en ese charco de fluidos y su lubricada vagina cedió ante la fuerza de mi pene. Giovanna dio un saltó y un grito al romperse su telita virginal, mi pene horadaba ese túnel rosado de carnes tiernas y jamás tocadas, milímetro a milímetro mi miembro se incrustó en esa dulce caverna y ella solo gemía y me apretaba contra su pecho, la escuche sollozar y me mordió en el hombro y su mano en mi cabeza empujo mi boca sobre su boca, sus piernas se abrieron de par en par para volver a cerrarse sobre mis nalgas y luego más arriba alrededor de mi cintura. Mi pene estaba profundo en ella y lleno de amor, un amor prohibido, un amor vetado, un amor pecaminoso se estaba consumando, yo y mi hermana estábamos unidos por nuestros sexos y nadie al mundo podría impedir esta unión carnal, atávica, consanguínea, salvaje, ella se aferraba a mis embestidas y yo la penetraba casi con violencia, mi hermana gozaba bajo el peso de mi cuerpo enardecido por su pura femineidad. Estábamos compenetrados en nuestro acto sexual y obteniendo un goce inenarrable de este amor incestuoso, yo acariciaba sus pechos, besaba su frente, mordisqueaba sus lóbulos, fornicábamos en un modo demencial, como solo dos amantes consumados saben hacerlo, nos regalábamos nuestros cuerpos el uno al otro, nos amamos una y otra vez sin descanso, los primeros rayos del sol expulsaron las sombras de la noche, en las penumbras del amanecer, el rostro de mi hermana se veía claramente y Giovanna veía claramente el mío, mis ojos estaban hechizados por los suyos, y la besé una y mil veces y ella me respondió con la misma fuerza e ímpetu, no nos dijimos una sola palabra, no había necesidad estábamos unidos por nuestros sentimientos, sentimientos que deberíamos mantener ocultos al mundo, me levanté y me fui al baño a lavar mis genitales pegajosos de fluidos y sangre. Me encontré con Giovanna en la cocina que charlaba con mamá, nos saludamos con una sonrisa que no reflejaba lo que decían nuestros ojos, nos amábamos y era un secreto, mamá continuó con su chachara sobre el viaje a Caldera y como habían solucionado el problema de las tarjetas, mientras yo y ellas nos lanzábamos señales de amor y ternura con nuestras miradas. Sus ojos estaban convertidos en un haz de luz que emitía amor, tenían un brillo nuevo, su mirada me acariciaba sin tocarme, penetraban en mí y llegaba hasta mi alma, mi corazón latía con mayor fuerza por ella, mamá hablaba de una y mil cosas, pero no nos comunicaba nada, la verdadera conexión estaba entre mi hermana y yo, estábamos unidos inexorablemente por una fuerza superior, una fuerza que mamá y papá jamás comprenderían por considerar nuestra familia un grupo tradicional y sin espacios para evadir los cánones de la sociedad. Quizás nuestro amor estaba condenado, pero el ímpetu de nuestra juventud nos hacía aceptar el desafío de amarnos contra corriente, yo la amaba y estaba dispuesto a luchar por ella y estaba seguro de que ella sería mi aliada perfecta en esta lid, teníamos las armas de nuestros sentimientos y la coraza de nuestros corazones, no necesitamos un ejército, somos una guerrilla combatiente y vamos a lidiar contra la mojigatería. Ese fin de semana nuestros padres dijeron que volverían tarde, que no los esperáramos, Giovanna me miró con una casi sonrisa en el rostro, yo le guiñé un ojo y apunté un dedo hacía arriba, éramos una vez más cómplices y nos devoraba la espera de ver salir a nuestros padres a divertirse y dejar la casa para nosotros, por fin llego un Uber a recogerlos y salieron despidiéndose y encargándonos de comportarnos y cuidar de la casa, Giovanna se fue a su cuarto y yo me fui detrás de ella. Por unas horas seriamos libres de restricciones, el mundo entero había quedado fuera de esa puerta que acabábamos de cerrar, en forma vertiginosa nos lanzamos el uno en brazos del otro, como dos imanes, una enorme fuerza unió nuestros labios, nuestras manos recorrían nuestros cuerpos, yo necesitaba de sus pechos y sus pezones, en un santiamén su remera voló por los aires y su sujetador siguió aguas, y mis manos coparon sus senos insolentes de niña adolescente. Giovanna se había deshecho de mi cinturón y estaba bajando mis jeans, mi polerón restaba en el piso y mis brazos estaban atrayendo su torso desnudo para sentir sus redondeces aplastadas contra mis pectorales, Giovanna sacándome los pantalones junto a los boxers quedo arrodillada frente a mí, sin siquiera pensarlo se tragó mi sexo y comenzó a mover su cabeza rápidamente que casi me hizo tambalear, pero era puro éxtasi, me enloquecía sentir los labios de ella en mi pija succionando mis primerizas gotas de semen. Ella se levantó y nos fuimos a la cama, esta vez no había penumbras, en la privacidad de su cuarto nos amábamos a rostro descubierto, ella mi hermana y yo su hermano, sin tapujos, sin engaños ni reservas, solo nuestro crudo amor, solo nuestro amor puro, yo entregaba todo a ella tal como yo recibía todo de ella, reciprocidad en su esencia, en su origen, mi pene portentoso se apoyó en su minúscula vagina, estrecha como un guante, cálida y suave como la seda, Giovanna puso una mano en mi vientre para indicarme de hacerlo despacio y con cuidado, lo saqué y me deslice a lamer su chocho y mejorar su lubricación y deseos. Ella aferró mis cabellos y me guiaba con suaves impulsos la dirección de mis lamidas y me jalaba si quería que mi lengua explorase su profundidad, la belleza y calidez de sus muslos perfectos, me tenían anclado al portezuelo que cobijaba mis obscenos deseos, mi pene palpitaba de deseos por ese orificio estrecho y trepidante, volví a ponerme en posición para penetrarla, Giovanna expectante abrió más sus piernas, fue como una imagen perversa que cruzó mi mente como un relámpago y enterré mi miembro en su fosa rosada. Giovanna grito y escondió su rostro bajo sus enmarañados cabellos, pero me asía a su cuerpo con fuerza mientras gemía en delirio y se contorsionaba bajo mis violentos embates, mis embestidas la hacían gritar de placer y sus uñas se enterraron en mi espalda, el silencio del cuarto era quebrado solamente por nuestros jadeos y sus chillidos de mujer ardiente y fogosa, sus muslos se abrían y se cerraban y su pelvis se alzaba para acompasar mis embestidas, me aprisionaba con sus piernas y luego las abría al máximo, para después alzarlas en el aire y volver a envolver mi cintura con ellas, sus movimientos eran rápidos, con pasión y bríos y sus orgasmos la descontrolaban y la hacían más hembra. Yo la besaba, la mordía, la acariciaba, mi olfato se llenaba de esa esencia suya embriagante y excitante, sus pechos resbalaban en mis pectorales sudados, mis manos llegaban hasta sus nalgas que no cesaban de moverse, mi semen era succionado por su vagina, me estaba vaciando en ella, quería darle todo sin que ella me pidiera nada, todo mi ser le pertenecía y yo me posesionaba de todo lo de ella. Mi juventud me permitía de quedarme dentro de ella y continuar a copular y continuar a sentir sus espasmos y convulsiones, sus gruñidos y quejidos, Giovanna no me soltaba ni decrecían sus deseos por mí, el apetito vehemente de nuestros cuerpos era un torrente, un aluvión de sensaciones, nuestra cama era nuestro universo, nos quemábamos en este fuego de pasión, nuestras bocas intercambiaban líquidos energéticos que nos insuflaban nuevas fuerza para continuar a amarnos carnalmente, salvajemente, animalescamente. Giovanna gruñía cómo una bestia, quizás el incesto es esto, algo maléfico y diabólico, pecaminoso, pero innegablemente satisfactorio, innegablemente excitante, una pasión que obnubila los sentidos y la moral, un amor más puro que el amor, donde dos seres de la misma sangre se entregan sin inhibiciones, sin pretensiones, sin intereses, solo sentimiento y ardorosa fogosidad, solo una búsqueda insaciable de entrega y posesión reciproca e irrefrenable. Con renovadas energías tome a mi hermana de la cintura y la gire sobre mí, le cedí el control de nuestra obscena lujuria, ella apoyó sus manos en mis pectorales e inició una danza de caderas buscando ese placer intenso que las mujeres disfrutan mucho más que los hombres, ella prendía posesión de mi cuerpo, todo mi ser se entregaba a ella, y ella renunciando a todos sus pudores me tomaba y usaba mi cuerpo para su propia satisfacción. El incesto es algo antediluviano, da cuando el mundo es mundo existe, pero eso no hace disminuir mi culpabilidad en el yacer con mi hermana, no estamos rompiendo reglas que no hayan sido ya rotas, incluso en la biblia hay varias formas de incesto, madre-hijo, padre-hija y entre parientes cercanos, somos humanos y nuestras debilidades se han diseminado a través de todo el mundo, en este mismo instante hay cientos de parejas con lazos estrechos de sangre, son sentimiento, son pasiones, fuerzas de la naturaleza que no siempre podemos controlar. Giovanna había colapsado en mi pecho con su respiración entrecortada y los latidos de su corazón retumbando en mi caja torácica, su piel fundida con mi piel en un abrazo fraterno y de amantes, besaba mis mejillas y mi cuello, sus ojos lagrimeaban de gozo, sabía que éramos nosotros dos solos en este amor prohibido, me tenía para ella y sabía que el tiempo corría en contra, nuestro infinito amor podía ser cercenado en cualquier momento. Yo ya me había corrido dentro de ella, pero el placer de sentirla gozar con mi pija en lo profundo de su conchita mantenía mi erección al máximo, ella había acabado en un largo orgasmo, probablemente multi orgasmo, vibraba y se estremecía toda y yo la aguantaba para que no se desvaneciera y deleitarme con las contracciones de su chocho en mi pija, que se sienten como aterciopeladas caricias indescriptibles e inenarrables. Descansamos por un largo rato, nuestros ojos unidos en románticas miradas, nuestras manos gozando de la juventud de nuestros cuerpos, nos decíamos enamorados, nos decíamos amantes, nos decíamos frases de amor, soñábamos nuestro amor imposible. Giovanna había comenzado a jugar con sus tetas sobre mí miembro que casi de inmediato se puso duro en medio a sus redondos senos, luego se lo metió en la boca y me lo chupó una delicia, su lengua se había hecho experta y recorría mi glande haciéndome cosquillas en la punta de mi verga, mis gemidos eran acompañados de caricias a sus cabellos que subían y bajaban lamiendo mi pene y mis huevos, alcancé una de sus piernas y la jalé hasta que su sexo estuvo a la altura de mi labios, nos sumimos en un sesenta y nueve atrevido e impetuoso, no me cansaba de beber sus humores femeninos, era como un elixir, era como una embrujadora poción, las carnes suaves de sus muslos y nalgas ensalzaban exquisitamente ese regalo sensual de su vagina. Los labio carnosos e inflamados de su chochito me hipnotizaban, el brillo y resplandor de sus húmedas carnes me encadenaban a su concha y mi paladar me exigía de seguir saboreando su zumo sabroso, gustoso y placentero, la sentí cuando se levanto ligeramente para refregar con movimientos rápidos toda la amplitud de su sexo en mis labios, barbilla y rostro, la sentí gemir y sollozar en otro potente orgasmo, ella era mía, debía ser mía, mía por siempre. Me levanté y la recosté, luego la penetré lentamente, gustándome el roce de su vagina trepidante en mi sensible verga, su lubricada vagina hizo espacio a mi miembro y sus pliegues me envolvieron en un acogedor apretón que me hizo erizar la piel y me provoco escalofriantes tiritones de placer, era como un estrecho guante con vida propia que estrujaba mi pene sin cesar, sus músculos vaginales estrangulaban mi musculo viril con contracciones que multiplicaban mi goce. Giovanna masajeaba mi verga con su esplendorosa vagina, no pude resistir y me vacié en ella una vez más, sintiendo su chochito ordeñar mi pene extrayendo hasta la última gota de semen de mis bolas, una sensación inolvidable se grababa en mi cerebro sintiendo a esta mujer que me hacía el amor de esta manera demencialmente satisfactoria, mi hermana me hacía suyo, también yo le pertenecía a ella. Ese verano fue el comienzo de nuestras relaciones incestuosas que se prolongan hasta el día de hoy que estoy casado y con dos hijos, ella también tiene marido y una nenita, pero esa atracción prohibida, no cesa y nuestra sangre hierve cuando nos encontramos, cuando nuestros cuerpos desnudos se unen en la cama. Criticas, sugerencias y aportes colaboradores, escribir a: [email protected]

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

Leer relato »

MONICA, LA MAS PEQUEÑA DE MIS HERMANAS...UNA FAMILIA ATÍPICA.

2021-03-16


Nada de una familia común y normal era la mía y lo que aún sigue siendo a pesar de los años y a pesar de que hay en la actualidad nuevas personas. Una familia atípica en la que tienes relaciones filiales o incestuosas con todas y cada una de tus hermanas y que cada una sabe de las otras no es común, pero da cierto toque de picardía después de cada día en la que arde la lujuria al estilo o gusto de cada una de mis hermanas y que yo me adapto con tal de gozarlas. Es excitante el inicio de mi primera relación con Mónica, le encanta el sexo oral, recibir y dar, pero lento, despacio, sentir recorrer cada milímetro de ella una y otra vez, sentir como se bebe uno cada gota de su néctar íntimo. Sentir como mi lengua traviesa explora hasta el más profundo de su cueva virginal. Así mismo le gusta y goza chupar, lamer y succionar ese trozo de carne que se le invita para conocerlo y saber el que abrirá esos pequeños y cerrados labios virginales por primera vez. Que como tierna borreguita bebe cada gota de leche, pero que no tiene la capacidad aun de beberla toda, y que aun así la busca y se la lame. Al amanecer de ese día, no puedo decir que cambio su actitud hacia mí, sino que si ya de por si mi hermanita era cariñosa conmigo y me buscaba, ahora parecía como una gatita melosa enredada entre las patas de un león. Sandy, Betty y Andrea dibujaban sonrisas picaras en sus rostros cuando notaron la melosa actitud de Mony, mi madre y mi abuela, solo una sonrisa y un pestañeo de aprobación a lo que ya presentían y aceptaban. Por nuestros horarios y actividades, no había mucha oportunidad de estar solos Mony y yo, había más con Sandy, Betty o Andrea, pero en el poco o escaso tiempo y oportunidad que había, Mony no dejaba de mostrar su deseo por estar sentada en mis piernas o acostarse sobre mi pecho, acariciarme o darme de besos en las mejillas muy cerca de los labios, pero siempre fuera de la vista de mi padre. Para la conmemoración de la expropiación petrolera y del natalicio de Juárez, Sandy fue elegida para participar, por lo que tuvieron que comprarle ropa, calzado y otras cosas, a lo que se encargó mi madre, aparte de que tenía que ir a ensayos. Uno de esos días tuvieron que salir de compras mi madre con Sandy, mi abuela se quedó en casa, Betty estaba ocupada con unas investigaciones y exposiciones escolares, Andrea por igual con sus clases extras de inglés y de su licenciatura, por lo que Mónica y yo nos quedamos en casa. Después de comer mi madre y Sandy se fueron de compras y mi abuela a su recamara, ya que deseaba dormir la siesta. Antes de retirarme nos miramos mi hermanita y yo, nos sonreímos y con los ojos nos hicimos señas. Unos minutos más tarde, cuando ya estaba en mi cuarto y después de haberme bañado debido al calor y estar acostado con solo un short puesto, llega mi hermanita con muestras de haberse bañado también, puesto que traía el cabello aun húmedo, su blusa amarilla de tirantes también la delataban, junto con un shortcito del mismo color, el cual le ajustaba y mostraba su rica frutita. -¡Hola manito!- Me dice mientras se tumba sobre mi cama y muy cerca de mí. Acostada sobre su abdomen y con sus rodillas dobladas, sus pies juguetean de lado a lado. Una pose muy sexy y sugestiva. -¿Qué haces?- Me pregunta con una suave y bella sonrisa. -Nada, solo esperándote- Le contesto. -¿Para qué?- Contesta. -Para comerte.- Le contesto al tiempo que me acerco a ella y comienzo a acariciar sus bellas y duras nalguitas. Mony solo sonríe y se deja hacer, no dice nada. Meto mi mano derecha entre el elástico de su shortcito y me doy cuenta que no trae pantaleta, ella me mira y me sonríe pícaramente. -¡¡Que ricas nalguitas tienes hermanita!!- Le digo mientras le acaricio toda su nalguita izquierda. -¿Te gusta?- Pregunta ella. -¡¡Me encanta y más así como vienes!!- Le contesto. -¿Te gusta que no traiga pantaleta?- Me pregunta con un brillo perverso y lujurioso en sus ojos. Solo asiento con la cabeza y con una sonrisa. -¿Quieres que ande así?- Pregunta ella con una carita picara. -¡¡Me encantaría, pero solo cuando vengas a verme o que yo me duerma contigo!!- Le conteste. -¡¡Ok!! Entonces así andaré de hoy en adelante.- Me contesta con su bella sonrisa. –Pero dijiste que querías comerme.- Me cuestiona ella -¡¡Si y me voy a comerme toda, tu boquita, tus chichitas, tus nalguitas, tu conchita que esta riquísima!!- Le digo mientras la jalo hacia mí y ella rápido se acerca más. Le doy un beso en sus labios al que ella corresponde entreabriéndolos, me abraza y yo a ella con más fuerza mientras acaricio sus ricas nalguitas. -¿Me vas chupar mi conchita como lo hiciste el otro día?- Pregunta ella. -¿Te gusto?- Le pregunto. -Sí, mucho y quiero que lo vuelvas hacer.- Contesta ella. Le doy un fuerte beso en sus labios y luego me separo de ella, tomo su short y se lo quito, luego su blusita, quedando completamente desnuda frente a mí, se recuesta sobre mi cama boca arriba y me sonríe. No espero más y me abalanzo sobre sus pequeñas tetitas chupándolas una a una, lamiéndolas y chupando sus pequeños pezoncitos, pero ella me frena. -¡¡Más despacio!!- Me dice ella. Obedezco y lamo más despacio sus pechitos, despacio, saboreando cada milímetro de su piel, de sus aureolas, de sus pezones. No una, ni dos veces, más de las que pueda acordarme recorrí una y otra vez sus tetitas arrancándole una mil veces más suspiros de satisfacción. Bajo por su abdomen, despacio, lamo, chupo y mordisqueo su piel hasta llegar a su vientre, ahí Mony levanta con suave violencia sus caderas, toma mi cabeza con sus manos y la empuja hacia ella, hacia más debajo de su vientre, pero no, desvió mis labios y voy hacia sus caderas, las beso una y otra vez una a una, luego bajo por su muslo izquierdo, voy lamiéndolo, chupándolo haciéndola enloquecer. -¡¡Más manito, más!!- Me dice entre jadeos. Ahora no hay nadie que pueda escuchar e interrumpir, no hay nadie que se moleste o nos descubra. Bajo por la parte externa de su muslo, lamiéndolo y besándolo, llego a su rodilla, luego a su pierna llegando hasta su tobillo, luego subo por la parte interna y antes de llegar a su concha que se nota veo esta empapada de sus deliciosas mieles, paso a su muslo derecho, al cual le hago lo mismo bajo, lamiendo y besándolo. No solo Mony goza, yo estoy al full de excitado y deseo penetrarla, pero antes deseo conocer cada milímetro de su tierno y virginal cuerpo. La hago girar boca abajo y desde la parte posterior de sus rodillas comienzo a lamerle, primero con la izquierda, subo por su muslo, lamo y beso su dura y aterciopelada nalguita, luego sus caderas, su espalda, bajo y devoro de igual forma su nalga derecha y muslo. Luego, con mis manos separo despacio sus nalguitas y paso mi lengua por toda su raya haciéndola gemir con fuerza, una y otra vez para luego presionar con la punta el agujero de su cola. Que delicioso es hacerla gemir y jadear, que delicioso es escucharla. Bajo un poco más y lengüeteo su empapada concha. ¡¡Guau!! Que rica la miel de su virginal concha. Mónica se gira y queda boca arriba, con sus manos agarra mi cabeza y la empuja contra su concha la cual chupo con hambrienta pasión, entonces de sus labios escapa un fuerte gemido que tal vez hasta mi abuela escuchó. Con mi boca chupo toda su tierna concha, la succiono, luego meto mi lengua en su apretada cuevita una y otra vez. Las piernas de Mony se abren al máximo para luego cerrarse con mi cabeza y presionarla. Luego las afloja y con ellas rodea mi cuello para atraerme más a ella. Succiono su rica miel, presiono una y otra vez con mi lengua su diminuto clítoris, meto toda mi lengua en su cuevita ¡¡¡Guau!!! Que manjar, que delicia. Paso mis manos por debajo de sus caderas y las subo hasta sus pequeños pechitos que acaricio con ternura, pero enseguida siento las manos de Mony que aprisiona las mías y las estruja contra sus pechitos. Meto mi lengua en la cuevita de su vagina una y otra vez, ese caminito que ya una vez explore y saboreé, ahora con más calma, pero con más ansias. No tarda mucho en que Mony explota en su primer y sublime orgasmo. Sus caderas se agitan, se sacuden con violencia y sus manos aprietan mi cabeza contra su empapada concha, me tomo toda su rica miel, saboreándola gota a gota. Pero no dejo de lamerle su caliente concha, de meter mi lengua y presionar su clítoris, y ella no suelta mi cabeza de sus piernas. Mónica está bien caliente, es notable ya que esta vez no tardó mucho en tener su primer orgasmo. Tal vez en su mente revolotea lo mismo que en la mía. Sus manos intentan jalar las mías, intenta hacerme subir, pero no dejo de chupar mientras sus piernas sueltan mi cabeza y apoya sus pies sobre la cama con las piernas bien abiertas. Explota en un segundo orgasmo, gime y jadea con fuerza, su respiración esta acelerada, puedo oír las fuertes pulsaciones de su cuerpo…¡¡Ya está lista!! Suelta mis manos y me despojo de short, quedando desnudo frente a mi hermanita y con la verga completamente erecta y dura que ya gotea líquido seminal. Mónica no levanta la cabeza, trata de recuperar el aliento y solo sus ojos miran los míos con lujuria. Me voy subiendo sobre ella que para nada cierra las piernas, al contrario hace el esfuerzo por abrirlas más, hasta que nuestros labios ya cerca se funden en un apasionado beso, la punta de mi verga golpea la concha de Mony, sus jugos y mis líquidos se mezclan, por lo que con la cadera hago que la punta se talle por toda su concha, presionándola poco a poco. Entre nuestros besos se oye el gemir de mi hermanita. Bajo mi mano entre nuestros cuerpos, agarro mi verga y se la tallo a lo largo de su concha, mi hermanita separa sus labios de los míos para exclamar un fuerte gemido, al tiempo que me abraza con fuerza. Ya está lista, así lo deduzco, sus fuertes gemidos y su empapada concha, por lo que centro la punta de mi verga y despacio comienzo a presionarla, poco a poco comienzo a penetrarla. Las manos de mi hermanita me sujetan con más fuerza, al grado que siento sus uñas penetrar mi espalda. Despacio, lentamente se la voy metiendo en esas cerrada concha, pero empapada y caliente. Sus labios íntimos poco a poco se van abriendo, cediendo ante el empuje de mi carne gruesa y dura. Siento como entra la cabeza y poco a poco el tronco en su apretada cuevita, entonces algo impide seguir, empujo con más fuerza y siento como se rompe su tierna virginidad. No me detengo sigo empujando con más fuerza, así como las uñas de Mony entran en mi carne y me excita a lo máximo. La respiración de Mony es fuerte pero pausada. Sigo empujando y siento como las paredes de su concha aprietan el tronco de mi verga ¡¡Guau!! Riquísimo. -¡¡Que rica estas manita!! ¡¡Y que rico es ser el primer macho que te coge y eres solo mía!! – Le expreso mientras siento como la punta de mi verga toca el fondo de su tierna matriz. Era la última de mis hermanas en ser desvirgada por mí y eso me hacía enloquecer y hasta perder cierta compostura. No llora, ni suplica, esta callada, con su respiración poco a poco calmándose y sus manos relajándose de mi espalda. Me quedo quieto por unos instantes para que su conchita se acostumbre a mi verga, luego la saco un poco y se la vuelvo a meter despacio una y otra vez, a ritmo lento pero firme, hasta el fondo de su útero que golpea la punta de mi verga. Poco a poco voy arreciendo mis embestidas… -¡¡No manito, despacio, despacio!!- Me pide Mony. Me quedo quieto y la miro, la contemplo por unos instantes…es, tan bella mi hermanita, tan delicada, que es increíble que ni una lagrima o un quejido haya emitido. Accedo y despacio comienzo a bombearla, despacio le concedo el ritmo para que tenga un hermoso momento de su desfloración por mí, por su hermano. Despacio saco casi toda la verga de su rica y apretada concha, para metérsela una y otra vez, así despacio como ella desea. Gime y jadea con dulzura, sus manos suaves acarician mi espalda, mi cabeza, así, despacio como la estoy penetrando. Sus suaves piernas las dobla y estira una y otra vez a cada gemido que de sus labios ha hecho ya una dulce melodía. Al mismo tiempo que beso sus hombros, su cuello, sus mejillas…nuestros labios se encuentran y nos fundimos en un apasionado beso, como dos novios que se han entregado al fin. No dejo de penetrarla, de bombear su deliciosa, apretada y caliente concha…despacio, despacio. Llega el momento que incluso la verga se me entume, esta dura y firme como tronco, pero estoy lejos de sentir deseos de venirme. Los gemidos de Mony son un dulce de tan exquisito que es, no deseas acabártelo y lo prolongas, así son sus gemidos, suaves y prolongados. Miro sus ojos cerrados, sus labios entreabiertos, sus mejillas rosadas, su pechito suave y sudoroso, es un exquisito bocado para cualquiera, pero no, ese bocado es solo mío. De a poco arrecio mis embestidas mientras sus piernas rodean mi cintura con fuerza y sus jadeos aumentan. Me detengo por un instante y sacó la verga de su caliente concha, me bajo de la cama y la jalo de sus piernas, le digo que acomode sus caderas a la orilla y ella obedece rápido, le levanto las piernas y se las separo, miro su empapada y roja concha, con finos hilos escurriendo, totalmente abierta…¡¡Guau!! Es excitante verla así. Despacio le vuelvo a meter la verga y sigo bombeando con un poco de mayor intensidad. Sus piernas bien rectas, separadas y sujetas firmemente con mis manos mientras miro como entra mi verga en su apretada concha, me provoca, inconscientemente imaginarme a mi padre cogiéndose a Andrea ¿desde cuándo? ¿Qué edad tendría mi media hermana Andrea cuando se la cogió mi padre por primera vez? Ese pensamiento me excita aún más y mi verga se endurece más y siento como palpita, miro la carita de Mony y ella me mira con ojos llenos de lujuria. Mony, mi hermanita pequeña, me siento como mi padre cogiéndose a su pequeña hija. Mis embestidas son más fuertes y firmes, llegan hasta el fondo de su concha, sus pequeños pechitos tiemblan a cada golpe de mis caderas contra las de ella. -¡¡Ya manito, ya!!- Me dice al momento que cierra sus ojitos y sus caderas se agitan con fuerza en el aire. Me quedo quieto por unos instantes, observando cómo se agita, como explota en su orgasmo. Una, dos, tres sacudidas hasta que deja quietas sus caderas sobre la orilla de la cama y vuelvo a bombearla con fuerza. Ya estoy cerca de venirme y bombeo más fuerte, la sujeto de sus suaves y firmes muslos, mientras la punta de mi verga golpea el fondo de ella, hasta que ¡¡puf!! Exploto dentro de su concha, una, dos, tres exquisitas erupciones de caliente leche le llenan su pequeña matriz. Con la verga metida hasta el fondo de su concha, miro como empieza a brotar mi leche, primero del lado izquierdo, luego del derecho. Le voy sacando despacio mi trozo de carne y va brotando más y más de mi leche, hasta que por fin se la saco toda y una buena cantidad brota de ella, que esta bellamente abierta, roja e hinchada. Miro su carita tierna y delicada, su respiración aun agitada, su pecho y abdomen sudorosos, sus piernas se van relajando poco a poco y despacio abre sus ojitos que me miran con cariño. -¡¡Te amo manito, te amo!!- Me dice con su dulce voz, mientras me lanza varios besos, a los cuales correspondo. Bajo despacio sus piernas para que cuelguen de la cama, me recuesto a su lado y nos subimos un poco más para abrazarnos, mientras besos su carita, sus mejillas, sus ojos, su nariz…Mony es una completa ternurita y es mía. Luego de un rato cuando nos levantamos para bañarnos mi hermanita se levantó aun adolorida de sus caderas y piernas, mientras yo realmente contento y satisfecho…había desvirgado a la última de mis hermanas, primero Betty, luego Sandy y por ultimo a Mónica y aunque ya no era virgen, también había tenido sexo con Andrea, mi hermana mayor. Había dicho y reclamado que todas las conchas y colas de esa familia serian mías y bueno, a excepción de mi abuela y mi madre, las de mis hermanas eran mías, aun cuando sabía que mi padre se había hecho de Andrea, pero ella me había dado su cola y era al primero y al único que se la daría, aun después de casada. Nos bañamos uno al otro, nos besamos y seguimos acariciando dentro del baño. Cuando terminamos, me dice Mony que aun sangraba un poquito, por lo que agarro papel de baño y se lo puso como si fuera toalla dentro del short, se terminó de vestir con su blusita de tirantes y su cabello mojado y salió de mi cuarto no sin antes besarnos. Una media hora después llego mi madre con Sandy. Más tarde cenamos mi madre, mi abuela, Sandy, Betty, Andrea y Mony, quien se veía cansada. Mi abuela la miro con ojos de ternura, se levantó y fue a la cocina, unos minutos después regreso con un té y se lo dio, todo ante las miradas de mis hermanas, quienes solo dibujaron una sonrisa pícara y se miraron unas a otras con ojos de complicidad. Ya serian como las diez de la noche, cuando ya todos estábamos en nuestros respectivos cuartos, tocaron a mi puerta, baje y era Betty, quien venía con un camisón blanco de tirantes. -¡¡Hola manito!! ¿Me puedo dormir contigo?- Me dice dándome un beso en los labios. Subimos, ella delante de mí que al llegar, mira mi cama y comienza a quitar las sabanas, la miro y me mira con una sonrisa, entonces me enseña las sábanas manchadas de lo que había sucedido unas horas antes…no me reclama ni cuestiona nada, solo sonríe y pone sábanas limpias. Cuando termina, me recuesto mientras ella apaga la luz, cuando llega a mi lado, me abraza y besa, me doy cuenta que ya está completamente desnuda, me despoja del short que traigo, agarra mi verga y me la comienza a chupar, rápido me la pone bien dura y erecta. Engulle todo lo que más puede para luego sacarla y volverla engullir una y otra vez, luego lame mis huevos y todo el tronco. Luego se levanta, se acomoda sobre mí y se mete toda mi verga en su caliente y ya empapada concha. Comienza a cabalgarme con fuerza, gime despacio mientras sus manos se posan sobre mi pecho. -¿La hiciste gozar?- Me pregunta mientras me cabalga. -¡¡Si!!- Le contesto. -¿La hiciste gemir de placer como a mí?- Sigue. -¡¡Si, también!!- Le contesto. -¿La trataste con cariño?- Me pregunta mientras se queda quieta y siento como su concha muerde mi verga. -¡¡Si!! La trate con cariño, chupe su concha despacio y cuando se la metí lo hice despacio, para que gozara.- Le conteste. Me pidió entre gemidos que le contara más, que le contara como la había desvirgado a Mony, que le dijera si había gemido o llorado cuando la desvirgue. Con forme le contaba más se excitaba Betty, cabalgaba con fuerza por momentos y en otros lo hacía suave. No supe cuántas veces se vino mi hermana, hasta que ella mismo se bajó de mí, pidiendo que le ayudara, se acostó a mi lado, separo las piernas, me acomode entre ellas y se la metí, bombeándola despacio. Sus uñas arañaban mi espalda mientras nuestros labios se fundían en uno solo. -¿Cómo la pusiste para desvirgarla?- Me pregunta. -Así, en esta posición.- Le contesto. -¿Solo así se la metiste?- Me vuelve a preguntar entre gemidos. -¡¡No!! También así.- Le contesto mientras se la saco, me levanto de la cama y la jalo hacia la orilla, tal como le hice a Mony. Entonces se la meto mientras le separo sus piernas bien rectas, la comienzo a bombear despacio, pero poco a poco arrecio mis embestidas golpeando con la punta de mi verga el fondo de ella. -Quiero que me la chupes, quiero venirme en tu boca.- Le digo. -¡¡Si, si!!- Me contesta ella. Estoy cerca de venirme, entonces se la saco y me tumbo sobre la cama mientras ella se abalanza sobre mi verga, la toma y engulle, chupándola con ansias hasta hacerme venir. Cada erupción ella se la toma, no rehúye. Una, dos, tres, cuatro, todas se las toma, luego comienza a chupármela hasta dejármela completamente limpia. Entonces se tumba a mi lado, me abraza y así nos quedamos, desnudos durmiendo. No sé qué horas serían cuando me despierto al sentir unos cálidos labios chupar mi verga que ya estaba dura y erecta, levanto mi cara y veo a Betty golosamente chupándomela. -Dame más.- Me pide. Entonces, ella se sube sobre mí y comienza a cabalgar de nuevo. La tomo de sus duras y suaves nalgas y le ayudo en sus movimientos, luego de un rato, ella se baja y se acuesta, pero esta vez, la hago que se pinga de lado, me acomodo sobre su pierna derecha, le levanto la izquierda hacia el frente y se la meto, bombeándola una y otra vez. Con la mano derecha acaricio sus nalgas, luego chupo mi dedo medio y con él le picoteo su cola, despacio se lo voy metiendo hasta la mita, entonces con él la bombeo, mientras con la verga bombeo su concha. Luego le meto también el dedo índice y ahora con ambos sigo. Saco la verga de su concha y se la apunto a su cola, despacio le empiezo a presionar, metiéndosela poco a poco. De sus labios escapa un chillido como si se hubiera enchilado. Ya cuando se la metí toda, entonces comencé a bombearla despacio. Su mano izquierda jalaba su nalga, separándose aún más, facilitándome las embestidas. ¡¡Guau!! Que rica la cola de Betty, que rico apretaba. Le bombeaba con más y más fuerza, luego se la saque y la acomode boca abajo, poniéndole una almohada debajo de sus caderas. Separo sus piernas y me coloque entre medio de ellas, luego le meto la verga de nuevo en su cola, apoye las manos a los costados de sus hombros y seguí bombeándola con fuerza. Ya ahí no tarde mucho, me vine dentro de su cola, dos, tres erupciones. Cuando ya no sentí que saliera más leche, me salí de ella, me levante y nos fuimos a bañar, luego nos acostamos de nuevo así desnudos a dormir. Cuando sonó el despertador, Betty se levantó, se puso su bata, agarro las sabanas sucias y se las llevo. Ahora tenía que hacer feliz a cada una. Mónica cada vez que iba a mi cuarto iba sin ropa interior, o cuando me pedía “dormir” con ella, así estaba. Sandy y Betty me buscaban más después de tener sexo con nuestra pequeña hermanita. Me pidieron varias veces que no me bañara para saborear la miel de la pequeña.

Autor: PEDROVL76 Categoría: Incesto

Leer relato »

¡PRUEBA LA NUEVA WEB: EROTISMOSINTABÚ!