Relatos Eróticos de Incesto


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Accidente y “daños” colaterales

2019-08-23


Se complica todo con un accidente, lo que en principio parecía un drama se resuelve bien, gracias a una madre, su hija y la amiga de la hija. Este mes con Sara y Raquel iba a ser de lo más entretenido. Lo que no me quitaba de mi cabeza el “tumultuoso” descanso con varias parejas, que había salido totalmente contrario a lo que había planeado. Esa misma noche me llamo Neus, al principio la conversación se desarrolló de forma bastante insulsa y sin sentido. No entendía el motivo de la llamada, porque carecía de sentido y por eso quise ir al grano y saber que quería. - Neus, está claro que me caes muy bien, pero, ¿Puedo saber qué es lo que quieres? Porque esta llamada no tiene sentido y como creo que después de estos días, hay un poco más de confianza, pues podías ser clara. - Jajajajaja, que directo que eres, pero me gustas así. Tienes razón, me ha pedido Helena que te tantease para saber cómo andas. - Pues perfectamente. ¿Por qué quería saber eso? - Supongo por lo que me ha contado, que será por lo que hablaste con su marido. - Que se quede tranquila, porque no hemos hablado de nada en concreto, salvo que quiere quedar a tomar algo conmigo. Y ya que estamos de preguntas, me puedes decir ¿Como es eso de Quela y tú? ¿Hay más de vuestro grupo en circunstancias similares? - Jajajajaja, varias parejas hemos tenido lo que se dice “escarceos” pero sin llegar a mayores. Porque los maridos siempre han dudado en dar el último paso. Sin llegar al final. Muy fantasiosos, pero a la hora de la verdad siempre pasa algo. Y algunas quisimos pasar a la “acción” pero como contigo nunca. - Y tu marido ¿Qué ha dicho? - Dice que todavía no se lo cree, pero que ha sido un puntazo. Pero, siempre pone un pero, que tenemos que reflexionar. Me dice que te de recuerdos, que lo tengo aquí al lado. Acabamos la conversación, dejando la puerta abierta a encontrarnos en otro momento, ya fuera para tomar solo algo o para que pasase algo más, que ella dejo claro que quería esa última opción. Si me gustaba algo de Neus en su forma de ser, era lo directa que era y como tomaba la iniciativa, eso siempre me pone mucho. Llego a mi trabajo. Como siempre me encuentro con algunos de los que habíamos estado unos días de descanso. Unos tienen mirada de complicidad y otros de reserva, como cortados. Pero todos de buen rollo. Lo que extraño es la falta de la llamada de Alex, que le vi muy decidido a hablar conmigo, pero se había enfriado o eso pensaba yo hasta que desayunando recibo la llamada de Alex, ha sido muy madrugador con su llamada y me dice si al día siguiente podemos quedar a comer. Le digo que sí y quedamos en un lugar conocido por los dos. Nada más colgar llamo a Helena se lo cuento y le pregunto si hay algo nuevo. Su respuesta. - No, no mucho, está bastante serio o distante, es difícil de saber. Me ha estado preguntando una y otra durante estos días detalles de lo sucedido y nada mas - Pero hazme un resumen de lo que le has contado. - Pues que nos besamos, que nos metimos mano, que me metiste un poco la puntita, pero que no quise llegar a más. - JAJA, ¿Eso es ser sincera? Joder, te has saltado muchas cosas. Pero me interesa saber de verdad como se lo tomo. - Entre tú y yo, pero no se lo digas a nadie. Se puso muy “bruto” y me hizo el amor con furia, estando tu presente todo el tiempo. - Mujer eso está bien, quiere decir que no le disgusto tanto. - Pues lo disimula bien, porque apenas me habla, esta como ido. Solo cuando hemos estado en la cama ha cambiado, haciéndome preguntas intimas de ti, de mí. Y le lleva a ponerse bruto, bruto. Desconocido. - Pues ya veremos lo que me cuenta mañana. Quedamos en que cuando pudiera la llamara o le mandara algún whatsapp. Es más me insistió en que se lo podía mandar mientras estaba con él, para ir poniéndola al corriente de todo. Porque ella en teoría no sabía que comeríamos juntos. Por lo que me ha dicho Helena, voy muy tranquilo a la comida. Esa noche me acuesto y follo con Sara y Raquel toda la noche, sin poder evitar, pensar en Helena, Neus, Quela y como no, con retazos de cómo puede ser la comida. Me siento adormilado, estoy en un sueño placentero. Siento algo de frio, pero es suave. Noto como susurros, manos que me acarician mi rabo, oigo como pequeños susurros acompañados de leves sonrisa cómplices. También oigo como una voz femenina dice, “Ojala mi chico tuviera algo así, que suerte tienen algunas” y otra voz femenina que le respondí, “Hija siempre pensando en lo mismo. Las casadas no decimos esas cosas, pero jijijiji, te tengo que dar la razón, esta para comérselo” y risitas de las dos. Estoy en la gloria, hasta que en mi olfato se mezclan el olor de un perfume que me gusta y un olor a desinfectante o algo parecido. Sigo notando esas caricias y de pronto, noto rigidez en mi cuerpo, un dolor punzante generalizado. Me cuesta despertarme, salir del sueño y cuando lo logro, tengo una gran pesadez en mi parpados. Susto, sorpresa, desorientación, abro los ojos quedándome alucinado. Ahora oigo algún que otro pitido y oigo a alguien que me dice con voz dulce, “Tranquilo, tranquilo, todo está bien. Estas en el hospital. ¿Cómo te llamas? ¿Te acuerdas que te ha pasado?” fueron demasiadas preguntas, o por lo menos es como lo recuerdo. No me acordaba de nada. Pude ver mis dos manos totalmente vendadas, un poco rígidas. Una pierna que parecía escayolada, que al final era así. Un collarín, ahí lo de sentirme rígido. Una mujer de unos 30 años me estaba aseando con unas toallitas espumosas y otra salió a avisar a alguien. Acortando un poco todo. Tenía que seguir en observación hasta que me pasaran a planta. Me había atropellado un coche, o mejor dicho me había embestido un coche en una rotonda, arrollándome en mi moto. No recordaba nada, absolutamente nada y ni un pequeño retazo en mi mente. Como cuando me dijeron que llevaba cuatro días allí. Solo recordaba que estaba en mi casa, que tenía que ir a comer con Alex y poco más. Mi cabeza dio un vuelo cuando una de las enfermeras, me comento que quien me atropello era alguien que me conocía. El corazón me empezó a latir con fuerza, me vino a la cabeza que hubiera sido Alex, que se le hubiera ido la cabeza. Ese día lo pase bastante mal, hasta que todo mi cuerpo y sobre todo mi mente volvió a estar conmigo. Al día siguiente se me presento la policía a tomar declaración, que fue muy breve, porque no recordaba nada de nada. Como había muchos testigos que lo vieron, me dejaron tranquilo, por lo menos por esa parte que no fui yo el culpable. Me enteré que fue el hijo de una compañera de mi trabajo, que fue a recoger a la madre y luego me dieron a mí. Por más que me decían quién era, ni me sonaba. Ya que tendría que conocerla de vista, porque trabajaba en otro departamento. Me iban a trasladar a planta y se acercó una mujer, por cierto muy guapa de cara, del resto no lo sé, porque iba enfundaba en esa vestimenta, tan poco agradecida. Me explicaba lo que iba a hacer, donde me iban a llevar y mientras lo hacía me llego su olor, era una de las dos mujeres a las que había oído, cuando termino con una sonrisa preciosa me pregunto, “¿Quieres saber algo más?” y le dije, “Si, tengo una gran duda (Sonriéndola) Me gustaría saber quién eres tú, ¿La que tienes chico o la casada que no dicen esas cosas?” Se le corto la sonrisa de golpe y balbuceaba sin decir nada, en eso llego un celador y me trasladaron a la habitación. Me quede sin saber su nombre ni nada. Al entrar en la habitación estaban mi tío Paco y su mujer, Rosalía con su marido y su hija Raquel, Esperanza con su marido y su hija Sara. Todos mostraron su alegría al verme. Miriam había decidido todo esos días y entre otras cosas decidió que las chicas siguieran en mi casa, donde ella se había quedado para estar pendiente de mi todos los días, aunque yo no me había enterado. Después de un buen rato entre unos que se fueron a fumar y otros a tomar un café, por fin despejaron un rato la habitación. Se quedaron conmigo Raquel y Sara. Nada más irse los demás Sara y Raquel se pusieron a hablar conmigo en voz baja y en plan confidencial. SARA.- Hemos tenido que cambiar de planes, pero la estrategia va a ser la misma básicamente. YO.- ¿De qué me habláis? Si ahora mismo me duelen hasta las huellas de los dedos. RAQUEL.- No seas blandito. Que nos lo hemos currado y más estos últimos días. Y.- Venga bichos, contarme, que sois unos bichos. S.- Habíamos estado contando a Rosalía, que el bicho eras tú, que eras muy duro con nosotras, que no nos pasabas una, que eras muy borde y dictatorial, vamos que solo te había faltado darnos unos azotes. Y.- Si que me habéis puesto bien, pensara que soy un pirado. ¿Por qué habéis dicho eso? S.- Porque Raquel y yo pensamos, aunque estamos seguras, de que a ella es lo que le pone, los tíos duros, malotes. Y.- No sé, si será así. R.- Está claro, si no fuera así, mi madre ya nos hubiera sacado de tu casa, si no lo hizo fue por algo. ¿No lo crees así? Y.- No sé, con tu madre puede ser todo, que es muy gilipollas. S.- Bueno el caso es que ya la tenemos más que convencida para que se quede a echarnos una mano y a ti las dos, jajaja, ya que estas de momento imposibilitado y un poco más que te lo tienes que hacer. Y.- Chicas, no quiero aguaros la fiesta, pero en estos momentos no estoy en mis mejores momentos y no sé lo que tardare, pero seguro que tardare, que conozco bien a mi cuerpo. Sus caras se “entristecieron” y pusieron cara de resignación. Regresaron los “mayores” y Miriam y Rosalía ya estaban organizando todo. Me daban tanto dolor de cabeza que una vez que comí, les dije que se fueran a comer tranquilamente y aprovecharía para dormir la siesta, que no hacía falta que se quedara nadie y por una vez me hicieron caso. Estaba entre dormido y despierto, se abrió la puerta y era una enfermera, me tomo la temperatura y cuando me estaba tomando la tensión, apareció vestida de calle la mujer a la que pregunte quien era si la soltera o la casada. Menudo cambio, se la veía super buena y ya no traía la coleta, llevaba el pelo suelto, tendría treinta y tantos largos, morena, algo pechugona y en su peso. Se saludaron las dos, ella dijo que era amiga mía y hablaron de un par de cosas del trabajo, se sentó a un lado de mi cama y cuando se fue su compañera hablamos. - Disculpa a mi compañera y a mí. Fue un comentario totalmente inapropiado y te aseguro que no me volverá a pasar. Que menudo corte y te quería pedir el gran favor de que no dijeras nada, que me complicaría la vida mucho y en todo. (Se mostraba arrepentida y muy nerviosa) - Por mí no te preocupes, ver la cara que ponías abajo cuando te pregunte, me compenso de todo, te tenías que haber visto, jajaja. - ¿Siempre eres tan mamón? Yo aquí preocupada y tu partiéndote en dos de risa. - Pero no me contestaste y eso sí que no está bien. - Pues soy la casada. ¿Ya te has quedado a gusto? - No que va, porque me quedaba una duda y al ser la casada ahora tengo dos. (Me miró extrañada, pero cómplice) - ¿Qué dudas? - La primera que es lo que me comerías, porque te oí decir que estaba para comerme, pero ¿El que? Y ya que estamos, tal vez me puedes resolver una duda. ¿Por qué es como si no lo sintiera? - ¿Qué no sientes? - El rabo, que va a ser. - Tío que burro que eres. Pues no hay nada que no te permita sentirlo, imagino que será por estar como estas, algo pasajero. - Me contestas a la pregunta. - Fue un comentario general, sin nada en concreto (Un poco nerviosa y colorada) - Me podrías hacer un favor. - Si esta de mi mano. - Precisamente de manos se trata. No me puedo tocar, podías enrollarte. - ¿Qué dices? ¿Qué te has creído? - Pues nada del otro mundo, si es fácil, es un sí o un no y punto y pelota. Era solo por saber si “reacciona” o no. - Vete a cagar. Se fue flechada sin decir nada más. Se había cabreado. Lo único que pensé es que había que intentarlo, pero más que nada por saber cómo andaba de esa parte, porque si una mujer tan buena no lograba nada, es que había un serio problema. No habían pasado ni 10 minutos, cuando se vuelve a abrir la puerta y era ella otra vez. “De esto que nadie se entere o te mato y te aviso en cuanto reaccione como tú dices, paro y se acabó” fue lo que me dijo, muy seria y con respiración agitada. Se sentó en el lado de la cama desde donde podía ver la puerta. Metió la mano por debajo de la ropa de la cama, palpo y llego a mi rabo, que estaba “muerto” nunca lo tuve de esa manera. Que podía ser algo de la medicación. Poco a poco, fui notando como un cosquilleo agradable. No se puso dura tan rápido como otras veces, pero si se iba poniendo. Ella no decía nada seguía acariciando. Por fin se puso como en sus mejores momentos y la mano me apretaba bien, me hacia una paja en condiciones y no se quitaba. Pude ver como se le marcaban los pezones y como su respiración estaba acelerada, aunque trataba de disimular todo lo que podía. Con voz “nerviosa” me dijo, “Ya ves que estas perfectamente y si te falta un poco es por la medicación, como te dije, creo que será mejor dejarlo” y ahora el que tenía la voz entrecortada era yo, “No seas cabrona, ni se te ocurra” vi una ligera sonrisa y siguio, de pronto dijo, “No podemos seguir se pringara todo y no tengo pañuelos de papel ni nada” y fue cuando le dije, “No querías comerme algo, pues ya sabes el que” ella no se atrevía por si entraba alguien de golpe, pero al final me dijo que la avisara cuando estuviera al límite. La avise y ella no lo dudo, aparto la ropa un poco, se metió el rabo en la boca y me corrí nada más sentir su lengua. Me dijo que ya la podía haber avisado de que me corría mucho, se fue al aseo y salió al rato. Salió acalorada y con mirada de haber hecho una gran travesura. - Estoy como una cabra. Como puedo haberme dejado embaucar por ti. Loca, estoy más que loca. - Y ahora es cuando viene lo de decirme como te llamas. ¿No crees? - Jijijiji, tienes razón, por lo menos saber mi nombre. María Amparo, pero con el Amparo solo me basta y me sobra. - Pues Amparo, te debo una por lo menos igual, que será difícil superarte. - Deja, deja, no hagamos más tonterías, que con una ya he tenido suficiente. - De eso nada. Que tiene que ser espectacular hacerte correr con mi lengua. - Sigue siendo bruto, no puedes ser más delicado diciendo las cosas, es que. - Ya verás como no te arrepientes y te quedas como nueva. Apunta mi móvil y ya me dices algo. Por lo menos para preguntar cómo voy. - Déjalo, mi marido de vez en cuando coge mi móvil y quien le digo que es Pelayo, deja, deja. - Pues no pongas Pelayo, por el nombre de una mujer. - Que “guarro” que eres, es que piensas en todo. Te da igual que este casada, te da igual mi marido. - No es que me de igual, pero casi. Tu copia mi número y ya decidirás. Ella copio el numero en su móvil y cuando iba a seguir con mi “ataque” apareció toda la familia y compañía. La presente como una amiga y cuando se iba a ir le dije, “Amparo no te lo pienses, llámale que ya verás como merece la pena, que es un buen tipo, que lo conozco bien” al despedirse se agacho a darme dos besos y aprovecho para darme un pellizco, supongo que en venganza por lo último que la dije. La comida les había dado para mucho, porque traían organizada mi vida durante un tiempo. Ni les quise escuchar. No quería que nadie se quedara por la noche. Me costó pero lo conseguí. Al día siguiente un compañero que me vino a visitar me dijo que la compañera dueña del coche, quería venir a verme, pero no sabía si debía o no. No puse ninguna pega, a pesar de que todo el mundo me decía que ni se me ocurriese y esa misma tarde este compañero apareció con ella, ante el disgusto de los presentes. Les mande a tomar café a todos y ella entro en la habitación. Nada más verla ya caí en quien era. Claro, cuando a mí me decían que era María Eugenia, morena, delgada, muy guapa, muy buenas formas, cuarentona, no caía. Porque todo el mundo se refería a ella como la viudita. No llegaba a 50 años, ni de coña. Reservada y simpática, llevaba por lo que decían 3 años viuda y era cortante con los “lobos” que se le acercaban. Nunca había hablado con ella y en esa época tenía una categoría profesional, bastante superior a la mía. - Hola, adelante. No te quedes ahí, pasa que no me como a nadie y menos con estas fachas. - Me alegra verte con ese humor. ¿Cómo te encuentras? ¿Qué dicen los médicos? ¿Tienes para mucho en el hospital? ¿Te duele mucho? ¿Puedo hacer algo para que estés mejor? - Para mujer, que me estas ametrallando con tanta pregunta. Dentro de lo que cabe me encuentro bien y saldré mañana o pasado. La recuperación, ya veremos. Pero tranquilízate que esto le puede suceder a cualquiera. - No sabes cómo te agradezco lo que dices. (Estaba muy nerviosa y nuestro compañero se disculpó saliendo fuera de la habitación) Mi hijo quería venir a verte también, pero he preferido venir sola, que él está muy preocupado también. - Pues tranquilizaros que ya me han dicho, que no dio positivo en nada, fue un fallo, un despiste y ya sabes en una moto la carrocería es el cuerpo. Empezamos a tener una conversación bastante amena. Ella se fue relajando, ya los nervios no eran tan visibles, hablábamos sobre todo del trabajo, personas que conocíamos en común. Anécdotas que habían sucedido, etc. Nos fuimos soltando los dos y ahora que la tenía tan cerca la veía mucho mejor, que cuando la veíamos a lo lejos por las mañanas. - Pues no sabía que trabajábamos en el mismo lugar. No te conocía. - Pues yo a ti sí. - Uy, pues perdona si hemos coincidido alguna vez y no me acordaba, es algo que no me suele pasar. - No que va, nunca hemos coincidido. - Ah, pues entonces, ¿De qué nos conocemos? - Jajajajaja, no he dicho que tú me conozcas. Yo a ti sí. Porque todas las mañanas te veo al pasar y no eres una mujer que se pueda olvidar. Y no es solo mi opinión, que debes traer a los tíos de calle. (Se puso bastante colorada, pero mantuvo el tipo) - No será para tanto y no sé si lo sabes, pero hace un poco más de 3 años que enviude y me quede con mi hijo solo. Que se ha sacado el carnet de conducir hace un par de meses y le deje llevar mi coche. Con 15 años, le pillo en mal momento la muerte de su padre, en plena adolescencia. Lo que no me ha permitido nada, ni cenas, ni una copa ni nada. Pero a todo se habitúa una. - Pues cuando me quiten las escayolas, cuando pueda moverme por mí mismo, me tienes que invitar a una copa. (Su cara decía que no se esperaba eso) - Bueno no sé, en fin. Es que me he quedado descolocada. - Pero ¿Por qué? - No es que puedas ser mi hijo, pero casi. Qué pensaría la gente viendo a una mujer bastante mayor que tú, con un chico tan joven. ¿Me entiendes? - Es un poco enrevesado pero creo entenderlo. Tu piensas que la gente pensara, que una mujer tan guapa como tú, ha seducido a un hombre más joven, para irse a follar luego de la copa, como locos y eso te preocupa mucho. - Lo has explicado de una forma bastante ordinaria, pero sí. - Gracias por lo de ordinario. - No me interpretes mal. Lo que he querido decir, que has sido bastante descriptivo. - Pero a lo que vamos, ¿Hay invitación o no la hay? Que eso es lo importante, no lo que piensen los demás. - Muy bien, acepto. Ya me quede solo y solo pensaba que había tenido mala suerte con el accidente, pero que bien se me estaba poniendo la parte del “vicio” y lo que quedaba por venir, que por lo menos pintaba bastante bien. Antes de darme el alta, el médico me explico todo al detalle. Resumen de lo que me dijo, que estaba todo muy bien, aunque parecía más por lo aparatoso que había sido todo. Lo de los vendajes de las manos y parte del brazo, que era por seguridad más que nada, que en tres días pasara y me lo quitarían, que incluso lo podían hacer ese mismo día, pero prefería dejarlo 3 días más. Le dije que perfecto, que lo mismo no podía ir en tres días, pero si en cinco y me dijo que no pasaba nada. Según se diera en mi casa, iría al tercer día o esperaría. Mi tía Miriam trabajaba y no podría quedarse conmigo, pero su hermana Rosalía si podía. Tanto Sara como Raquel, se ofrecieron a ayudarme en lo que fuera necesario y que no hacía falta que se quedase nadie. La reacción de Rosalía fue al segundo, decía como dos chiquillas iban a hacerse cargo de un adulto como yo. El resto estuvieron de acuerdo, algo que las dos “chiquillas” lo esperan y yo también. Así que se quedaría Rosalía en casa. Me podía mover y manejar mucho mejor de lo que se creía Rosalía. Para lo que si me hacía falta alguien, era para levantarme o sentarme, para el resto me manejaba bastante bien. Pero cuando ella me veía, era el más inútil de los inútiles. En un rato vendría la prueba de fuego y había avisado a Raquel y Sara. Necesitaba orinar y se lo dije a ellas. Que fueron a decírselo a Rosalía y como no había cuña ni nada por el estilo, a Rosalía le dieron los mil males. No sabía qué hacer. Ante eso, Raquel su hija, se ofreció ella a ayudarme y su madre se desbloqueó. Me pregunto si podía llegar hasta el aseo, con cara de resignación le dije que con ayuda sí. Me ayudaron entre las tres y aproveche para meter mano a Sara y Raquel. Una vez en el aseo Rosalía las mando salir y cerrar la puerta. Con bastantes nervios y sin dejar de sujetarme y pasando mi brazo por su cuello, ella me saco el rabo y note en su cara, aunque la veía de perfil, que se sorprendía. Ella agarro el rabo como si le diera asco, con dos dedos nada más, de forma muy fina. Tuve que mantenerme sereno para no reírme. Hice que el rabo se me moviera y se le escapó de los dedos, mojando un poco por fuera y me pare. Le pedí disculpas y ella me dijo que la culpa había sido suya, poniéndose bastante colorada, me garro esta vez el rabo en condiciones y se me puso medio morcillona al notar su mano. Cuando acabe la movió un poco para quitar las ultimas gotas y creció un poco más, sin ser algo escandaloso, pero como muestra estaba muy bien. Rosalía tenía ahora los pezones bien marcados. A la siguiente mañana me desperté pronto y mi rabo estaba bien empalmado. Mi puerta no estaba cerrada del todo y esperaba a que Rosalía se levantara para pedirle que me ayudara a ir al baño, pero cuando apareció por el pasillo ya iba vestida y oí cerrarse la puerta de la calle. Sara y Raquel aparecieron riéndose, estaban sin vestir todavía y venían riéndose, porque decían que había asustado a Rosalía, ellas tampoco sabían a donde había ido. Hasta que Sara desde mi ventana la vio entrando en la farmacia. Empezaron de nuevo las bromas, especulando que había ido por condones y nos reíamos todos. Sara dio un salto y daba gritos suaves diciendo ya viene, va con bolsas. Se fueron de nuevo para su habitación. Rosalía llego y cuando la llame se acercó. Me dijo que un momento, se fue y apareció con dos bolsas y se fue a mi baño. Había comprado un bote de esos para mear los tíos en la cama y unos guantes de látex. Me destapo me agarro mi rabo que ahora estaba a medias y con su mano enfundada en un guante de látex, coloco mi rabo en el bote ese para que orinara. Todo muy aséptico. Me cabreo porque mi plan se iba al traste. En el desayuno y estando Sara y Raquel, que se espatarraban de la risa. Poniendo la disculpa de que eran secretos de ellas. Provoque a Rosalía para ver por donde salía. “Mirar he pensado en contratar a una mujer para que venga a ayudarme. Por lo que no será necesario que nadie se quede conmigo” Rosalía reacciono rápido, “¿Es que te sobra el dinero? Para que vas a traer a nadie estando yo. ¿Es que lo hago tan mal?”, la conteste, “No es eso Rosalía. Dinero no me cuesta, porque el seguro lo tendrá que pagar, solo me tocara adelantarlo. Y no es que lo hagas mal, que voluntad pones, pero eso de comprar el trasto ese, que me es incómodo y me lo has colocado de una manera que me ha hecho daño, aunque me haya cayado. Y lo de los guantes, bueno, tiene un pase, me veo duchándome tu con un traje de buzo” le afecto lo que le dije, me pidió disculpas por haberme hecho daño y reconoció que no fue nada delicada. Su hija Raquel cuando las deje a solas le recrimino la manía que me tenía y hasta estando mal seguía con las mismas y cuando la madre fue a replicarla, Sara le decía que se le notaba mucho la mala leche hacia mí. Antes de dejarlas solas ya le había dicho que me quería bañar, que solo me tenía que dejar unas cosas y ya me apañaría yo solo. Cuando su hija termino de hablar con ella, se acercó a mi habitación para de irme si me podía esperar un momento, que en cuanto se fueran las niñas ella vendría. Se fue a preparar unas cosas y las dos “bichos” se acercaron y hablamos rápido, les dije que iba a por todas, ellas me decían que no, que ellas querían estar presentes y les dije que lo sentía. Se despidieron de los dos y se fueron, Rosalía me dijo que se iba a preparar para ayudarme y que venía. No sé exactamente lo que quería decir con eso, porque iba bien vestida, unos pantalones vaqueros y una camiseta. Regreso rápido y traía una bata-vestido de estar por casa, dejando ver sus buenas cachazas y un escote interesante. Justo en ese momento llamo su marido. Ella en cuanto pudo le corto la llamada le decía que la había pillado en el baño, que luego le llamaba. Entro dejo el móvil en mi baño y me ayudo a desnudarme. Al agacharse para poder quitarme el pantalón, el escote que se le veía era tremendo, una lástima que llevara sujetador. Me pillo mirando su escote, pero no intente disimular, algo que la desconcertó. Tuve la impresión de oír un ruido, preste atención y solo podían ser Sara y Raquel. Hasta Rosalía pregunto si no había oído nada y le respondí que eran cosas suyas. Ya estaba desnudo, no me había fijado, pero había llevado varias bolsas de basuras, que corto con unas tijeras, poniéndome las bolsas alrededor de la escayola, con esparadrapo, estaba todo muy pensado. Hizo lo mismo con mi manos, estaba sofocada y casi sudando, como los pelos los tenía por toda la cara, se lo recogió con una goma. Era gracioso ver cómo me lavaba la espalda, como me pasaba la esponja, hasta llegar a mi culo, que lo pasaba de largo y se dedicaba a mi pierna, pero nada de mi culo. Ya me había lavado bien mi espalda y mi pierna, llego para ella lo más complicado, la parte delantera. Hizo lo mismo lavo todo bien, pero la zona de mi rabo la paso de largo. Echo jabón sobre la esponja y se puso a lavar mi rabo, mi culo y mi entrepierna, me raspo un poco e hice que me había dolido, parando de golpe. Dejo la esponja a un lado y siguió con sus manos, logrando en segundos que mi rabo mirara al techo. Estaba como un tomate y se notaban sus pezones. Apoye una de mis manos sobre su cabeza, como si fuera accidental. Ella miro hacia arriba y vio que miraba su escote, más que lavarme ahora parecía más una caricia y más una paja. No había ya nada de jabón, solo agua que caía con la ducha que tenía ella en una mano y su otra mano subiendo y bajando. No hablábamos, estábamos en silencio, volvió a mirarme, se cruzaron nuestras miradas y sin decir nada, solo moviendo su cabeza hacia mi rabo, me entendió. Porque abrió la boca y empezó a mamarme el rabo. Empezó a un buen ritmo y ante un movimiento de mi cuerpo, se paró asustada y me dijo de salirnos, le daba miedo a que resbalase. Fuimos para mi cama, me tumbe desnudo y sin secar. Rosalía tardo un poco y cuando vino, ya estaba arrepentida. Antes de que dijera nada y pusiera una disculpa, le ordene que se desnudara, dudo pero al final lo hizo. Las tetas las tenía bastante caídas, pero eran divinas. Paso de estar como perdida, a como si estuviera hipnotizada. Se subió a la cama y yo esperaba que continuase con la mamada, pero lo que hizo fue ponerse encima y sin decir nada, agarro mi rabo y se sentó sobre él. Empezó suavemente, como vio que intentaba follarla como yo quería, me dijo, “Tranquilo, no te vayas a hacer daño, déjame a mi” y joder con el tranquilo. Me follaba en plan bestia, menudas subidas y bajadas. Ya nada de estar sin decir nada, gemía potente, se tocaba ella sola mientras se movía. Tenía los ojos cerrados pero no la boca. “Vamos cabrón échame todo tu jugo, te voy a dejar seco, pero muy ¡SECO! Te voy a enseñar lo que es joder” y seguía muy eufórica, se puso a soltar un ruido como un tren, hasta que se corrió sin nada de comedimiento, por si alguien no la había oído. Creía que en el momento que se corría me rompía el rabo, que forma de clavarse el rabo. Paro otra vez en seco, creía que se había arrepentido después de correrse, pero nada de eso. decía que en esa posición estaba intranquila por mí, a mí me daba igual, me había dejado a medias, puso una sonrisa nunca vista en su boca y se puso a comerme el rabo. La misma fiereza demostrada follando ahora la demostraba con el rabo en su boca. Hasta el daban ganas de vomitar de como se lo metía. Mi respiración cada vez era más ruidosa y culeaba porque me iba a correr y me corrí en su boca sin poder ni avisar, Rosalía me lo comía todo, notaba su lengua repasándome bien el rabo, hasta que ya paro y se me quedo mirando. No sabía lo que pensaba cuando me miraba. - ¿En qué estás pensando? Porque me miras raro. - En que hemos hecho una locura, por lo menos yo. - Que va, has hecho lo que te pedía el cuerpo, no te rayes ahora. - No, si no tengo ningún remordimiento, que me he quedado muy bien y me hubiera quedado mejor si no estuvieras tu así, que lo hace más incómodo por si te hago daño. Pero es que estoy casada. - Para mí no es un problema que estés casada. - Que jodio que eres. Ya me he dado cuenta. Pero no entiendo porque conmigo. Si nos llevábamos mal, soy bastante mayor que tú y seguro que muchas chavalitas estarían encantadas de hacérselo contigo, es lo que no entiendo. ¿Por qué yo? - Si te soy sincero lo mismo te lo tomarías a mal. - Venga déjate de películas, después de lo que ha pasado, venga. - Pues tu estas muy bien, perdona que te lo diga, pero tienes pinta de devora hombres, de que te hace falta sexo, pero no cualquier sexo, sexo un poco más fuerte, que porque ahora no puedo que si no. - Que si no, ¿Qué? - Pues te hubiera arreado una buena paliza en el culo, como venganza por portarte tan mal conmigo y pienso dártela. Seré muy duro contigo y me lo agradecerás, porque te hace mucha falta. - Me perturba que seas tan pervertido, pero será bueno comprobar cuanto lo eres. - Seguro que menos que tú. ¿Te imaginas a Sara o a tu hija Raquel, que nos hubieran pillado? - No seas gafe, que menudo disgusto se llevarían, sobre todo Raquel. Son dos niñas muy inocentes. - Seguro que no lo serán tanto. Y no es porque sepa algo, que no se nada, lo digo porque hoy los chavales están muy espabilados. - Puede ser pero sara y Raquel están muy verdes. Tienen a sus novios y parecen más que novios amigos. Hay más complicidad entre ellas, que con sus novios. - Lo mismo es que se desquitan entre ellas. - Eso tiene más posibilidades. - Ah, ¿Es que son lesbianas? - No que yo sepa. Pero no es nada extraño en dos chicas que se conocen desde siempre, en experimentar algo por curiosidad, que es muy normal. - Ah, sí. ¿Y tú con quien experimentaste? - Jajajaja, que listo que eres, no contestare a eso. Jajajaja. Además eso es el pasado, pero muy pasado. Si como pensaba estaban Sara y Raquel escuchando, seguro que estarían sorprendidas por lo que habían oído. Rosalía se fue a vestir y me quede solo esperando que aparecieran Sara y Raquel, pero no aparecieron, empezaba a dudar que hubieran estado. Me quede dormido y me desperté cuando empecé a oler la comida. Ya habían llegado Sara y Raquel, me vinieron a “ayudar” y me confirmaron que lo habían visto y oído casi todo. Lo que me contaron me indicaba que todo lo interesante lo habían oído. Raquel estaba un poco ofendida, pero solo un poco y Sara estaba totalmente excitada. Decía que estuvo a punto de entrar para unirse pero que Raquel se lo impidió. Durante casi un mes, no pare de follar con las tres, aunque con la que más lo hacía era con Rosalía, nada más irse Raquel y Sara, venía a darme los “buenos días”. Mis manos ya llevaban un tiempo libres y la pierna me quitaron la escayola, aunque me recomendaron seguir con las muletas. El día que me la quitaron, ya se me paso por la cabeza varias cosas. Me lleve una alegría cuando al llegar a casa, Raquel estaba con un chico, me lo presento y era su novio. Se iban a pasar todo el día por ahí, todos supusimos que se irían a follar o lo que hiciesen. Sara haciéndome una mueca dijo que ella había quedado también y que vendría a la hora de cenar. Me acerque a Rosalía, diciéndole en el oído, “Hoy es el día de pago, prepárate que te voy a dar todo lo tuyo” se le puso una sonrisa de oreja a oreja. Se fueron Raquel y el novio, Rosalía se bajó con ellos porque tenía que comprar algunas cosas y Sara quería follar. No la deje y me decía que quería participar, que hablara con Rosalía, que si era preciso la “chantajeáramos” lo que fuese que ella quería. Logre tranquilizarla, le dije que se quedara en la habitación sin hacer ruido y que esperase hasta que me oyera decirle a Rosalía, su nombre y el de Raquel. Así quedamos y se llevó una botella de agua a la habitación por si tardábamos. Llego Rosalía con bolsas en las manos, coloco todo y dijo si comíamos primero o que. Me sonreí y le dije que comer más tarde. Se vino con una sonrisa hacia la habitación. Hice que se desnudara completamente y una vez que lo hizo, se acercó a mí a besarme y a meterme mano, pero la pare. “Estate quieta, te tienes que limitar a obedecerme y a hacer lo que yo te diga. Y cuando te pregunte algo, me contestaras sin dudar”, a todo lo que le decía ella me decía que sí. Se tumbo en la cama como le dije, con el culo a mi entera disposición. Hice que lo levantara, así estaba más bonito. Se lo acaricie y acaricie su coño, estaba bastante mojado. Ella me miraba mientras de una caja sacaba una fusta. Era nueva y nunca la había usado. Ni esa ni otra. La había comprado para una amiga especial, que al final nunca vino. No mostro ninguna preocupación. Lo primero que hice fue pasársela por el culo, que notara el cuero. Empecé a fustigarla y desde el primer golpe, lo admitió con gozo. Me era muy difícil saber cuál tenía que ser la intensidad, pero pase con nota, por la cara de satisfacción de ella y la prueba del algodón, ahora esta encharcada. Hice que se diese la vuelta y ate sus muñecas a la cama, no le hizo mucha gracia y se quejaba de que lo mismo estaban muy apretados los nudos, pero lo deje así. Me desnude y empecé a lamer todo su cuerpo. Desde la cabeza a los pies. Los pezones estaban que parecían que reventarían en cualquier momento y ya empezaba a pedirme que la follara. Le comí el coño un poco y cuando lamia su clítoris, sus gemidos se oían sin cesar. Llego un momento que cualquier cosa que le hacía, era una explosión de jadeos, protestas porque quería ser follada. Me puse sobre ella y mi rabo estaba a la altura de sus tetazas. Apretaba suavemente sus pezones y su cara se llenaba de placer. Era el momento preciso, le pregunte, “¿Si tuvieras que elegir para comerte un coño mientras te follo, a quien elegirías a Raquel o a Sara? También está la opción de las dos”, estás loco a ninguna. Aprete sus pezones y ella entonces me dijo, “Vale, vale, no sé, supongo que a Sara, que no es mi hija”, Sara apareció pero se quedó en la puerta ante un gesto mío, venia desnuda. Mirando seriamente a Rosalía le dije, “Eso no me vale. Te gusta Sara o no te gusta. Harías algo o no lo harías” aprete un poco más sus peones y con un tono caliente me respondió, “La verdad que está muy bien. Pero es un imposible”, en ese momento dije pasa y Rosalía giro como pudo la cabeza hasta que vio a Sara. Se movió de manera insistente, diciéndome que la soltara. Me sorprendió la reacción de Sara. Se acerco a Rosalía rápidamente, le agarro con una mano por su barilla y mandíbula diciéndole, “Tu cállate puta. Siempre con lo mismo, recriminando todo y a todos. Pues ahora me lo vas a comer y procura hacerlo bien”, si yo me quede sin saber que hacer, Rosalía se quedó estupefacta. Dejo de moverse y entonces me coloque entre sus piernas y le metí mi rabo de un solo golpe, entro a la perfección y ella exclamo y gimió. Estaba follándola muy suave, con mucha lentitud. Sara se acercó a besarla y ella aparto la cara. Sara no lo pensó, le dio una bofetada, volvió a intentar besarla y otra vez se apartó, esta vez más que una bofetada fue una hostia en condiciones. Volvió a besarla y esta vez sí se morrearon en condiciones. Dejaron de besarse y se colocó para que le comiera el coño. Se puso encima de su boca y se dejó caer suavemente, mirándome me dijo con voz excitada, “Igual de puta viciosa que la hija”, Sara no paraba de dar gemidos y se corrió apretándose bien contra la boca de Rosalía. Rosalía se corrió detrás, aunque notaba que se aguantaba, se corrió una vez se corrió Sara. Desatamos a Rosalía, que se quedó en la misma posición y ahora sara se puso a comerle el coño, Rosalía acariciaba la cabeza de la amiga de su hija y empecé a follarme su culo. Nos corrimos de forma consecutiva los tres. Me fui al aseo y tarde un poco, cuando regrese ellas dos estaban abrazadas y se daban suaves piquitos, acariciando constantemente Rosalía la cabeza de sara. Al verme Rosalía me pregunto, “¿Desde cuándo te acuestas con ellas?” y Sara fue la que contesto, “Desde el primer día” Cominos los tres juntos y pocas palabras tuvimos, se notaba tensión en el ambiente. Rosalía ese día se acostó la primera y después nos acostamos sara y yo, que lo hicimos juntos, quedándonos follando casi toda la noche. Sobre las 6 de la mañana se oía la puerta de la calle, Raquel había tenido un largo día. Fui el último en levantarme esa mañana y cuando llegue a la cocina, estaban las tres levantadas y con las maletas preparadas, Sara y Raquel con cara de enfado y Rosalía me decía que las cosas habían llegado a un punto que requería marcharse. Trate de que se relajara, pero no hubo manera.

Autor: Valenciano Categoría: Incesto

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Deliciosa sobrina (I)

2019-08-23


A las 23.50 estaba acostado en mi cama cuando escuché el alerta en el smartphone. Sele había empezado a masturbarse. Me levanté, desnudo, para sentarme frente a la computadora y ver mejor. Contemplé el delgado cuerpito de mi sobrina, metiéndose un grueso consolador por el culo. Ella ignoraba que había colocado cámaras de video con sensores en su dormitorio, las cuales transmitían en vivo las excitantes imágenes a mi celular, desktop y notebook. Como otras veces, disfruté mirándola, pajeándome a su ritmo. Sele se hospedaba en mi casa desde una semana atrás. Su llegada obedeció a que su hogar estaba en un pueblo distante más de 300 kilómetros de la universidad, en donde comenzó a estudiar Abogacía. Era huérfana de padre, muerto en un accidente cuando ella tenía doce años, y su madre, mi hermana menor, me había pedido si podía alojarla. Yo, hombre de 52 años, buen aspecto, divorciado, abogado, vivía solo en una casa grande. Pese a que la convivencia modificaría mi vida, no podía negarme. Además de la obligación familiar, el recuerdo de la linda sobrina (la última vez un año atrás) despertó mi interés. Efectivamente, al entrar a mi vivienda advertí que se había convertido en una hermosa, sensual y tímida jovencita. Morena, rostro bonito, menuda y esbelta, sus pechos eran chicos pero paraditos, y destacaba su culo bien formado, redondo, firme. Precisamente, doce meses antes, al visitar a mi hermana, saqué algunas fotos de Sele en bikini, metida en una pequeña pileta. Sus nalgas perfectas me maravillaron; la breve telita de la tanga hundida en su rajita lograron excitarme y provocarme una evidente erección. Ella se dio cuenta, me sonrió y paró más su culito. Aquella tarde me calentó tanto la pendeja que me escabullí para mirar las imágenes tomadas y pajearme. Tímida y sexy Desde el primer día la convivencia con mi sobrina fue excelente. Ella era muy educada, amable y silenciosa. Debido a su estudio y mi trabajo, sólo nos veíamos en el desayuno y a veces -cuando no me reunía con amigos o salía con alguna amiga para coger- en la cena. Me gustaba estar con Sele. Hablar con ella, y sobre todo, mirarla. Además de ser una jovencita bonita, sus recatados modos no podían evitar el sensual encanto que transmitía. Al tercer día, de noche, la animé a andar cómoda, vistiéndose como en su casa. - Si querés andar desnuda, no hay problema; soy tu tío, ¡y encima, viejo! – le dije. - ¡Vos no sos ningún viejo! – protestó sonriente. Y agregó: En casa, cuando me quedaba sola, andaba sin nada encima… ¡Me encanta! No sé, es como sentirme libre. Y seguro que vos, antes de que te invada, andabas desnudo… Sus palabras encendieron mis deseos. Se me ocurrió que me había lanzado una indirecta. Me atreví a dar un paso: - Si, tenés razón; hasta que llegaste siempre estaba desnudo. Ahora solamente me acuesto así. Pero no te preocupés; una vez que a vos no te de vergüenza de estar sin ropa, yo volveré a andar en bolas… - sostuve jocoso. - Tal vez… - dijo con cierto misterio. - Bueno, no demos más vueltas; andá a tu cuarto y ponete la ropa más cómoda. Yo me acuerdo que cuando te visitaba siempre estabas descalza, con calza corta y pupera. ¿Las trajiste? - Si, las traje… ¿En serio no te molesta tío? - Dale. Anda cambiate… La piba fue a su dormitorio y cinco minutos después regresó al living y se plantó delante del sillón en donde estaba sentado, a menos de un metro. Quedé boquiabierto: el pantaloncito de adolescente ya le quedaba chico, por lo que se pegaba a las curvas de sus caderas, cola y entrepierna. Una pendeja descomunal, yegüita desparramando sexo. Me asaltaron deseos de cogerla, por mi mente me vi arrodillado, chupando, lamiendo su conchita… - ¿Qué pasa tío? ¿Por qué te quedaste callado? Si, ya sé; me ves gorda, te parezco fea; mejor me voy a acostar… - exclamó compungida, girando su cuerpazo en retirada. Entonces reaccioné. Me levanté rápidamente del sillón y avancé hacia Sele, diciéndole sin pensar: - ¡No! ¡Sos bella, amorcito! La brusquedad de mi movimiento coincidió con su quietud, logrando que la atropellase. Involuntariamente mi cuerpo quedó pegado a su espalda, y la tremenda erección apoyada contra su culo. Todo sucedió en un segundo, sentí una rara mezcla de excitación, deseo, y vergüenza. - ¡Uy…! Perdón Sele… - proferí y di un paso hacia atrás. - No tío, abrazame, me siento sola… ¿En serio me dijiste bella? ¿Y amorcito? ¡Qué lindo! Así me decía mi papi… - sostuvo, y se apretó contra mí. No tuve más alternativa que abrazarla “paternalmente”. Con mi pedazo al palo apoyado sobre su vientre. Ella parecía no darse cuenta. Reprimí el impulso de arrancarle calza y remera y cogerla. Pero su actitud era la de una niña. En cuerpo salvaje. Pocos minutos después nos despedimos con un casto beso y fuimos a nuestros respectivos cuartos. Disfrutándola Apenas entré a mi dormitorio, me desnudé, prendí la notebook, busqué las fotos de Sele y mi colección de putitas y me tire a la cama para descargar la calentura acumulada. Tras la acabada, me dormí. Eran las 2 cuando desperté con ganas de mear. Salí en bolas y advertí abierta la puerta de la habitación de Sele. Me había dicho que no le gustaba dormir encerrada. Oriné, lavé mis dientes y caminé hacia mi cama. De reojo miré el lecho de Sele. Al ver un culito delicioso me acerqué hasta el marco de la abertura. ¡Qué pendeja hermosa! Dormía recostada sobre su costado derecho, destapada, con la bombachita metida entre sus nalgas. Me mordí los labios, mirando la belleza de mi sobrina. La pija se levantó; quería metérsela, era imposible: además de ser la hija de mi hermana menor, era 34 años mayor que ella. Necesitaba otra paja. Antes iba a fotografiar ese precioso orto. Busqué la cámara y el trípode, para prescindir del flash. Mientras tomaba las imágenes, Sele se movió agitada. Mi corazón pareció detenerse. Imaginé a mi sobrina abriendo los ojos, mirándome desnudo a su lado, la expresión lujuriosa, con la poronga parada, sacándole fotos. Gritaría aterrada y escandalizada, me diría degenerado, huiría, sería denunciado, repudiado por mi hermana. Sin embargo, Sele continúo dormida. Y con el sabroso culo más expuesto. Incluso apareció la tela cubriendo a media una vulva carnosa, rosada, ¡y sin vellos! Fue irresistible. Ya tenía el glande totalmente mojado, y el tronco palpitaba, subiendo y bajando, en el límite de la calentura. Entonces, acercándome hasta el borde de la cama, me agarré la pija y la moví. Los espesos chorros de semen cayeron sobre las deliciosas nalguitas y la sábana inferior. Sele continúo en la misma posición. Bajé mi cara al tesoro de la pendeja hermosa para lamer y besar la bombacha y parte de su conchita. La cubrí con la otra sábana y regresé a mi cama. Gracias a mi sobrina disfruté la mejor paja.

Autor: dandar Categoría: Incesto

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Mi hijo, mi amor, mi perdición

2019-08-23


Desde muy jovencita, he intentado darle a mi cuerpo todo aquello que me pedía, sin límites... y sin tabúes. No, el sexo no es mi problema. Al contrario, considero que es la cosa más maravillosa que nos ofrece la madre naturaleza. El problema ha sido y es mi hijo, mi único hijo...Mi gran amor y mi perdición. Mi hijo, su mujer y sus tres hijos, mis nietos, acaban de volver a casa, a la ciudad donde viven, a mas de 500 kms de donde vivo yo. Han estado dos semanas conmigo. Como vivo cerca de la playa, pues aprovechan que tengo sitio y se auto-invitan para pasar unas vacaciones de sol y playa que les salen casi gratuitas. Pero a mí me da igual porque es una ocasión estupenda para tener a mi hijo cerca de mí, y en cuanto podemos, dentro de mí que es cómo más lo quiero. Tengo 57 años. Estoy divorciada desde hace casi diez años, pero no estoy sola. Tengo muchos amigos y amigas con los que salgo, me divierto e incluso follo. Ese no es el problema. Siempre me las he arreglado muy bien para satisfacer mis impulsos y mis necesidades. Siempre. Desde muy jovencita, he intentado darle a mi cuerpo todo aquello que me pedía, sin límites... y sin tabúes. No, el sexo no es mi problema. Al contrario, considero que es la cosa más maravillosa que nos ofrece la madre naturaleza. El problema ha sido y es mi hijo, mi único hijo...Mi gran amor y mi perdición. Sé que muchos y sobretodo muchas, después de leer este relato, vais a considerarme cuanto menos una mala madre, una mujer enferma y pervertida. Quizá tengáis razón. Pero me da igual. Ahora siento la necesidad de explicaros cómo he llegado a mantener relaciones sexuales con mi hijo. Y porqué sigo manteniéndolas hoy en dia, aunque de manera mucho más episódica, pues él hace mucho que está casado y ya me ha ofrecido tres nietos. Antes os he dicho que estoy divorciada. Cierto. Pero el hombre que me dejó por otra hace unos años no es el padre de mi hijo. Y sólo he tenido uno. Un problema en el parto hizo que ya no pudiera tener más. Es posible que este hecho fuera uno de los factores que hizo que nuestra relación, la de mi hijo y yo, fuera muy fusional. Mi hijo se llama David. Lo tuve muy joven, a los veinte. El padre, casi quince años mayor que yo, era un crápula, un hijo de la gran puta, si me permitís la expresión. Aunque follaba como un dios. Siempre ha sido mi gran defecto, el sentirme atraída por hombres mayores que yo, muy seguros de si mismos, muy machos pero también muy irresponsables. El padre de David me dejó cuando todavía daba de mamar a mi hijo. Sin embargo, no tengo ningunas ganas de explicar cómo ocurrió este abandono. Sí que diré que el quedarme sola tan jovencita, con un niño tan pequeño, creó en mí una especie de vació que multiplicó hasta el infinito la necesidad de aferrarme a mi David. Fue durante mucho tiempo mi salvavidas. Y en cierta manera, yo misma fui haciendo que fuera también mi perdición. Algo que me parecía tan natural como darle el pecho, se convirtió en motivo de discusiones y disputas con los miembros de mi familia con los que aún mantenía contacto. Debo aclarar que tras el destete, a los seis meses, yo seguí ofreciéndole mi teta dos o tres veces al día, cuando él lo quería. En realidad, este destete no fue completo hasta que lo llevé a la guardería a los tres años. A mi familia, a mis padres y a mi hermana, les daba mucho reparo y me lo criticaban abiertamente. A la familia de mi ex, bueno, depende de a quién. Como David me reclamaba en cualquier momento, era posible que estuviésemos en plena comida y yo no me retiraba a una habitación aislada. No. Abría la blusa o levantaba el jersey, bajaba la copa del sujetador y le ofrecía mi pezón, que David mamaba con deleite, cerrando los ojitos, unos minutos, bajo la mirada inquisidora de la suegra y la más que libidinosa de mi suegro. Pero de allí no pasaba. No con la familia, en cualquier caso. No os he dicho cómo me llamo, ni cómo soy. Mil excusas. Me llamo Claudia. Soy morena, no muy alta, con el pelo corto y los ojos marrones. Tengo la suerte de haber heredado los genes de mi madre: delgada, poco o nada de celulitis, unos buenos pechos que aun aguantan bastante tersos y una bonita sonrisa, eso dicen algunos y algunas. Me dedico al negocio immobiliario y hoy en dia soy co-socia de mi propia agencia. Mi hijo pronto va a cumplir los 37. Y sigue con la misma mujer, casado desde los 22. Todo un prodigio de fidelidad y constancia paterna si lo comparamos a la vida de libertinaje de su madre. Pero es lo que lo que le digo a veces, cuando estamos juntos: se está mejor sola que mal acompañada. Y yo sé que a él, de una manera u otra, lo tengo siempre. Tras esta larga introducción, voy a contaros cómo empezó todo. Para ello debemos trasladarnos a 1999. Al mes de setiembre. Dias antes de empezar su primer año de bachillerato. El día del accidente. David iba en su scooter cuando tuvo el accidente. Tras el choque, salió proyectado y aterrizó con las manos por delante que le sirvieron de pastillas de freno pero que se le quedaron inutilizables durante un mes. Por suerte llevaba el casco puesto y todo quedó en un gran susto. Hasta entonces, yo había visto y mirado a mi hijo como eso, como mi hijo. No era ajena a los comentarios que algunas vecinas y amigas me hacían de lo bien plantado que estaba y de lo guapo que era. La verdad es que estaba muy orgullosa de él y me encantaba que lo piropeasen de ese manera. A David le iban muy bien los estudios, pero su pasión era el rugby. Tenía cuerpo para ello. Casi un metro noventa, corpulento, todo músculo y fibra. Un adolescente lleno de vitalidad y entusiasmo. Y también era conciente de ya no era un niño. En más de una ocasión había venido a casa acompañado de alguna chica, que iban cambiando muy a menudo de nombre pero a las que siempre terminaba, en algún momento de la tarde o de la noche, escuchando gemir, jadear e incluso chillar tras la puerta de su habitación. Después, cuando salían, les preguntaba con ironía, qué, ¿han ido bien los deberes? Y las chavalas se ponían rojas como tomates. En aquella época yo estaba totalmente soltera. Acababa de cortar, una vez más, una relación muy tóxica con un hombre demasiado aficionado a los juegos SM, que no me disgustan, pero a ese tío se le iba la mano y la olla y me hacía más daño que otra cosa. De todo ello, David nunca supo nada, pues yo me esforzaba en llevar mi vida sexual siempre fuera del entorno familiar, fuera de nuestra casa. Cuando pudo salir del hospital donde le hicieron las curas, nos dijeron que una enfermera vendría cada día por las mañanas a hacerle unas curas. Pero claro, el resto de cosas las tendría que hacer yo o pedir a algun tipo de asistente o trabajador social que las hiciera. Una toma conciencia de lo importantes que son las manos en la vida cotidiana de cualquier persona. Vestirse, desvestirse, lavarse, comer, coger cosas, etc, etc. Total, que me cogí unas semanas de baja y me convertí en la niñera y asistenta de mi hijo. Tanto él como yo, conocíamos nuestros cuerpos con bastante detalle pues habíamos ido infinidad de veces a la playa juntos y en muchas ocasiones a la playa nudista (aunque las últimas veces, ya no quería venir o si venía no se quitaba el bañador). Y en casa, sin hacerlo a propósito, pero como no cerrábamos ninguna puerta, ni la del baño, más de una vez nos habíamos visto en el aseo o en la ducha. Pero, a pesar de esto, ahora era distinto porque él iba a estar completamente desvalido, a ser totalmente dependiente de mí. Enseguida me di cuenta que aquella situación lo perturbaba sobremanera y enseguida miré de tranquilizarlo diciéndole que había sido casi un milagro que saliera con vida del accidente y que aquellas semanas pasarían tan rápido que pronto lo habría olvidado todo. Ni él ni yo teníamos idea de que lo que iba a pasar no lo íbamos a olvidar nunca. No tardé en darme cuenta que lo que más reparo le daba era aquello más relacionado con sus necesidades básicas; ir al váter, por ejemplo. Así que enseguida le propuse que se vistiera con un simple pantalón de chándal y una camiseta. Todavía estábamos en verano y esa vestimenta nos iba a facilitar las cosas. Cuando me pedía de ir al baño, yo lo acompañaba, le bajaba el pantalón para que se sentara en la taza, le dejaba hacer sus necesidades y cuando terminaba, le limpiaba con unas toallitas y le volvía a subir el pantalón. Él estaba muerto de vergüenza, pero yo era su madre y hacía lo que debía hacer, serenamente. Al segundo día, le dije que estaría bien que lo duchara. No teníamos aire acondicionado en casa y la verdad es que el chico empezaba a oler mal. Me costó convencerlo pero el sentido común terminó imponiéndose. Preparé sus manos vendadas, envolviéndolas cuidadosamente con plástico de cocina, lo desnudé y le ayudé a entrar en la bañera, pidiéndole que se sentara en ella. Me acuerdo como si fuera ayer de cómo iba vestida yo, con una camiseta XXL con los colores del equipo de fútbol de Ecuador, herencia de uno de mis últimos amantes, que me llegaba casi hasta las rodillas y que utilizaba para estar por casa, cómoda y fresquita. En frente de la bañera, un énorme espejo, reflejaba la totalidad de la escena. Recuerdo que me fijé que se me marcaban mucho los pezones y que se me pasó por la cabeza de pensar hasta que punto mi hijo se fijaba en estas cosas o no. Me senté en el reborde de la bañera, le enjaboné y lavé el pelo, y se lo enjuagué. Después, con un guante de baño y jabón le lavé el cuello, los brazos, las áxilas, la espalda. David mantenía los ojos cerrados, sin decir nada. Se dejaba hacer. Hacía años que no lavaba a mi hijo, muchos. Desde que le empezó a salir pelo en los genitales, a los doce años. Ahora, era muy distinto. Sin ser muy velludo, como era y es muy moreno, tenía los pectorales cubiertos de una suave y fornido capa de vello. No sé qué debía pasarme por la cabeza en ese momento pero me quité el guante para lavarlo con mis propias manos. No era deseo, no. Simplemente deseaba sentir aquellos músculos, aquella piel tersa contra la palma de mi mano. Le lavé el torso, con pasmosa lentitud, con la mano extendida sobre su pecho, casi sintiendo su respiración, el latir de su corazón, la suavidad de sus tetillas. David entreabrió los ojos, se humedeció levemente los labios y me miró: Mamá... Es muy agradable... Me alegro mucho, mi cielo. Le lavé el vientre, percatándome de la dureza de sus jóvenes abdominales. Por primera vez, mi vista se deslizó hacía sus partes íntimas, sumergidas en el agua jabonosa. David, de pequeño había sido operado de fimosis y lo habían casí circuncidado, con lo cual el glande le quedaba siempre al descubierto. Ahora, lo tenía ante mí, como el ojo de un periscopio saliendo del agua, violáceo, brillante... hermoso. Ahora es mejor que te levantes... Será mejor para lavarte el resto. Me da mucha vergüenza, mamá. Lo sé, cielo. Pero no debe darte. Yo estoy aquí para cuidarte, mi vida. Ya lo sabes. Apoyando el antebrazo sobre mi muslo, se erguió ante mí, de tal manera que durante unos segundos su pene quedó a pocos centímetros de mi cara. Mi chico estaba muy bien provisto. Eso si que lo había heredado del impresentable de su padre. Anda, date la vuelta, cariño, le dije para que estuviera más tranquilo y de paso, yo menos sonrojada. Le volví a lavar la espalda sin que ello fuera necesario pero así podría gozar del tacto de sus músculos. Le enjaboné los muslos, pidiéndole que separara un poco las piernas, bajando y subiendo lentamente hasta sus tobillos, hasta sus nalgas. Le pedí que las flexionara para sacar los pies del agua. Primero uno, después el otro. Durante un breve instante miré las escena reflejada en el espejo del baño y por primera vez tuve la impresión de que me estaba tomando demasiado tiempo para hacer algo que una “buena madre” debería haber hecho con rápidez y eficacia. ¿Por qué obraba de esa manera? ¿Por qué más que lavarlo lo que hacía era acariciarlo? ¿Por qué empezaba a ver a David como algo más que a un hijo? ¿Por qué mi cuerpo empezaba a lanzar señales que conocía a la perfección y que indicaban que Claudia, o sea yo, se estaba excitando? Entonces, deposité una buena dosis de jabón en mis manos y le lavé las nalgas, separándolas con delicadeza hasta sentir en la punta de mis dedos la zona de su ano. Hay que lavarlo todo, hijito, le dije bromeando, ya que aquel silencio se estaba volviendo inquietante, opresivo. No dijo nada. Pero me pareció que emitía un ligero gemido, como un murmullo gutural cada vez que la yema de mis dedos le acariciaba el ojete. Bien. No te gires, cielo. Acércate un poco más a mí. Un poquito más... Bien, así. Me puse de pie. Volví a aplicar gel de baño a mis manos y procedí a lavarle los genitales. En cuanto mis dedos rozaron su verga, se produjo ese fenómeno que vulgarmente se llama “abrir la caja de Pandora”: no sabes qué va a pasar, sólo sabes que ya no vas a poder cerrarla. Y lo primero fue sentir su erección: Oh, mamá... Lo siento, lo siento mucho... ¡No digas tonterías! Es lo más normal del mundo, cielo. Pegué mi cuerpo a su espalda, la cara de lado pegada a su piel. Con una mano le masajeé los testículos y con la otra la verga, lentamente, muy lentamente. Estaba pura y llanamente masturbando a mi hijo, a mi niño. Un minuto, dos, tres. No tengo ni idea. En cualquier caso, demasiado tiempo. Lo peor de todo es que me gustaba, Dios. Me sentía excitada, tremendamente excitada. Y extraña, terriblemente extraña. Sé que tuve un momento de lucidez, que había que dar marcha atrás, terminar con aquello. Y recuerdo muy bien que le dije: Ya está, cielo. Ahora date la vuelta que vamos a enjuagarlo todo. Sí, David me obedeció. Se dio la vuelta. Con las dos manos envueltas en plástico pegadas al cuerpo. Mirándome de una manera que reflejaba perfectamente la tormenta que cobijaba en su interior. Una mirada temerosa, avergonzada, pero también suplicante, ardiente. Y ya se sabe que en vosotros, los hombres, da igual que seas jovencitos que seniors, la testosterona no la tenéis en el cerebro. David tampoco. Su cara me decía, de acuerdo, mamá, ya está. Su verga, brutalmente erecta, drásticamente apuntando hacia arriba, mirándome orgullosa con su único ojo, me decía lo contrario: tómame, haz que me corra. Como en un plano fijo, nos quedamos pasmados, sin hacer nada, los dos. Mi camiseta empapada, marcaba obscenamente mis pezones, duros como piedras. Sentía como la humedad de mi sexo calaba en la fina tela de algodón de mis bragas... Me senté de nuevo en el borde de la bañera. Y hablé: Esto no está bien, David. Esto no puede ser así, cielo... Lo comprendes, ¿verdad? Bajó la cabeza, asintiendo y tapándose torpemente el sexo me dijo: Lo sé, mamá. Pero... Es que... Pero qué, mi vida... Tu y yo... No tenemos secretos, ¿verdad? Sí... No tenemos secretos... Entonces... Termina tu frase, cielo... Hay momentos así, en la vida de las personas, en los que delante de una encrucijada, algo que es más fuerte que nuestra voluntad nos hace tomar un camino determinado, equivocado o no, pero así ocurre. Yo podía levantarme, enjuagarlo en un tris-tras, volver a vestirlo y olvidar lo que había pasado. Ponerme en contacto con alguien que viniera a lavarlo cada dos dias y todos contentos. Me gustaría que siguieras, mamá... Me gustaría mucho. Y tomé el camino que más me apetecía, que no era el más razonable, ni mucho menos. No le dije nada. Le aparté las manos de su sexo, me acomodé para poder masturbarlo con una cierta comodidad y lo pajeé, con toda la dulzura del mundo, con todo el amor de madre que sentía por él, con todo mi saber y mi experiencia. Quería verlo gozar. Quería ver como su glande se hinchaba, se abría y como una fuente termal expulsaba todo su cálido contenido. David levantaba la cabeza, erguía el cuello, la bajaba para mirar cómo su madre lo masturbaba, sin parar de emitir una especie de gargarismos placenteros acompañados de largos hummmm y sigilosos ooohmamááá. Yo me sentía como si tuviera un clítoris en la palma de la mano. Su falo era simplemente una maravilla de la naturaleza, un mazo granítico, un pilón palpitante. Yo estaba al borde del orgasmo. Sin tocarme. Sólo de ver, de sentir, de vivir y de gozar lo que le estaba haciendo. No me dio tiempo... ¡Aaaaaaaaaggggg! ¡Siiiiii! ¡Aaaaaaahhhh! Fue una locura. Una auténtica explosión de semen. Unos auténticos fuegos artificiales en que cada cohete era un reguero de esperma que se estrellaba en el cielo amarillo, azul y rojo de mi camiseta de Ecuador. Cinco, seis, siete... Hasta ocho veces, la pobre bandera ecuatoriana fue mancillada. Y ese olor tan característico del semen me llegó directo al olfato, del olfato al cerebro y de éste a mi sistema neuronal. Oh, sí, mi cielo! Oh, dios! Sí, mi vida, ¡síii! ¡Aggg! Ooohhh, mamá... ¡Te quierooo! Podéis creerlo o no. Me da igual. Pero me corrí. No fue un orgasmo brutal como el suyo, claro, pero me vine, sí. Hasta pude sentir como un chorrito de fluído vaginal me empapaba la entrepierna. Y yo seguía con su polla en la mano. No sé, quizá un minuto más tarde la voz de mi hijo me sacó de mi ensoñación. ¿Me enjuagas ahora, mamá ? Fin del primer capítulo.

Autor: claudia Categoría: Incesto

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ME FOLLO A MI TIA

2019-08-23


Mas que pareja liberal lo defino como mi tio un cornudo consentidor y mi tia, en el sexo una puta que en "faena" puedes hacer lo que quieras con ella una vez la tienes caliente y sobretodo que tengas una buena polla con aguante, ese soy yo, tengo 21 años, una polla de 23 centimetros, e incansable en el sexo, pero la primera vez que me follé a mi tia, fue en una boda, yo acababa de romper con una novieta, fuimos todos a la boda de un familiar mis padres mis tios, era en una hacienda en las afueras, la fiesta se prolongo hasta la madrugada. yo no tenía tabaco fui a buscar un paquete a mi coche, junto al mio estaba el de mi tia y escuché ruidos en la semi oscuridad curioso, me asomé al lateral de su coche, lo que vi .......... mi tió de pie con el pantalón bajado mi tia de rodillas acariciaba sus huevos se veia a la vez una minga pequeña arrugada caida, rapidó me volví a esconder tras el coche. En un primer momento, me iba a marchar pero fui incapaz quedé paralizado, quería mirar, eso hice sin ser visto vi como mi tia se esforzaba en preparar la polla pero tras un buen rato nada, hasta que ella se levantó se dió la vuelta se inclinó y su marido se agachó desde atras empezó a comerle el coño, ahora si mi tia gemía, yo queria verlo mejor agachado en el lateral del coche, a veces miraba hasta que me moví un poco mas para ya mirar sin retraer la cabeza, escuchando los gemidos de mi tía, de pie inclinada, hasta que me vió, yo escondí rapido la cabeza sabía me habia visto, pensé se quitaría y no se, pues no fue así, seguía y yo, no sabía si asomarme irme, finalmente volví asomarme mi verga estaba bien dura pero no queria hacer el minimo ruido, ahora mi tía se incorporó se apoyó en su coché él marido se giró y le comia por delante el coño, yo volvía a tener la cabeza mirando ella hizo un gesto con la mano hacia mi, de acercarme, no sabía quie era solo me habia visto algo, . me levanté, su marido se apartó del coño ella volvío a colocarle la cabeza allí, me fui acercando estaba a nada a tres pasos, mi tía agarró el bultó de mi pantalón lo desabrochó miró me miró, tenía mi verga en la mano, la apretó gemí, apartó a su marido y se agachó se la tragó al instante, mi tio se levanto se quedó a un lado mirando, acariciandose su morcillita, duré nada exploté pero es que mi tia se lo tragó todo hasta la ultima gota, soltó mi polla con su boca, la acarició sin dejarme volvio a lamerla una y otra vez, mi polla apenas bajaba, entonces se levantó abrió la puerta trasera del coche me hizo entrar y entró ella a la vez que le dijo a mi tio vamonos a otro lugar. Quedamos dentró del coche mi tio arranco salimos pero yo empecé a comerle las tetas a mi tia esta a la vez se quitó el vestido, se tumbo en el asiento trasero le comó las tetas el coño, le metí los dedos estaba mojadisima aun no habia mi tio encontrado un lugar cunado yo ya me puse encima a follarla, nada mas sentir mi verga dentro jadeaba intentaba menear su culo, hasta que se corrió en nada pero ello no fue obstaculo para que ahora ella me hiciera quedar sentado mi tio habia entrado en un bosquecillo fuera de la carretera estaba aparcando cuando mi tia ya estaba encima de mi rabo moviendose como una perra sentia su coño encharcado, le cogia su gordo culo sus dos nalgazas a la vez que sus tetas quedaban a la altura de mi boca mordia sus pezones los chupaba, nos corrimos casi a la vez esta vez, entre gritos los dos, salimos del coche desnudos, bebimos agua de una botella, me morreé con mi tia, la toque hasta aque ella volvio a meterse en el coche se coloco a cuatro patas y yo sin entras del coche la monte, la follé como una loca se iba corriendo gritando culeando yo nodejaba de ver aquellas potentes nalgas, grandes moviendose y al compas sus dos tetorras, me encendía, mi tio de mirón en todo momento, esta vez si aguanté bien se corrio dos veces mi tia y yo despues, en su coño. Volvimos a la boda ya decaida despidiendose muchos, era ya sobre las dos de la mañana llevé a mis padres a casa con mi coche, como habiamos venido pero ya habiamos quedado mis tios y yo, le dije que iba a salir la verdad me fui a la casa de mis tios, alli me esperaba mi tia. Duchada ahora en bragas y sujetador y mi tio diciendome que su dormitorio era ahora el mio y él el cabron de la casa, me follé a mi tia hasta el amanecer perdí la cuanta de cuanto se corrió yo me corrí tres veces mas, fue una noche esa primera increible, vaya hembra mi tia, el cabron de mi tio se toqueteo su churro hasta correrse y desapareció al poco a la otra habitacion dejandonos solos a mi tia y a mi, cuanto mas la follaba mas queria mi tia, hasta que al fin me dijo que la tenia agotada y su coño hirviendo de dolor de tanto mete y saca, ahora pues me folló a mi tia.

Autor: Anónimo Categoría: Incesto

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Follando con la pareja de su hija lesbiana.

2019-08-22


Una hija lesbiana provoca a su padre para que folle con la pareja de ella mientras ella mira y aunque no quiere por vergüenza. el al final accede. Carlos estaba muy contento porque su hija iba a pasar unos dias con el. El tenia 52 años y su hija 26 y hacia tiempo que no iba por casa porque se llevaba muy mal con Ramona la mujer de el y la madre de ella.Todo porque Claudia era lesbiana y vivia con otra mujer,eso no le gustaba nada a Ramona.A pesar de que eran madre e hija se llebaban muy mal y en cambio con el padre se llebaban muy bien.Pero lo que habia cambiado es que Ramona le habia salido un trabajo fuera de su ciudad y tenia que irse unos meses fuera y Carlos vio la oportunidad de pasar un tiempo con su hija a la que adoraba. Asi ,Claudia su hija podria pasar con el unos dias de vacaciones.pero Claudia le puso la condicion de que iria con su pareja. Carlos fue a recogerla a la estacion con el coche y la beso como un padre y se alegraron mucho de verse.Y le presento a su pareja y los dos se saludaron muy bien. El cogio las maletas y la metio en el coche.Despues fueron a la casa.pero en el trayecto Carlos se fijo que su hija llebaba una minifalda ajustada.Y mientras conducia no podia evitar mirar sus piernas.Se dio cuenta de que su hija le gustaba pero desecho a quella idea,era su hija.Ella se dio cuenta de que le miraba las piernas pero en lugar de enfadarse le sonrio.El se puso un poco colorado avergonzado y eso hizo que Claudia sonriera mas.La pareja de Claudia tambien se dio cuenta y tambien sonrio. Cuando llegaron a la casa ,fueron a la habitacion que habia preparada para ellas y el se sento en la cama mientras ellas acomodaban la ropa.Mientras hablaban amigable, el se fijo que ellas sacaban sus braguitas y empezo a colocarlas y se empezo a imaginar a su hija con las braguitas puestas y se excito.Ellas se dieron cuenta y se miraron sonriendo y el cada vez estaba mas avergonzado. En la semana siguiente se empezaron a coger confianza y una noche Carlos se levanto al baño y cuando volvia de hacer pis oyo en la habitacion como gemian.Estaban haciendo el amor su hija y su amante.Con la puerta entreabierta vio como Sara,la pareja de Claudia la lamia el coño y ella vio a su padre y quedaron mirando. Su padre no pudo evitarlo y viendo eso se pajeo mirando y se corrio muy fuerte y luego se fue avergonzado a la habitacion. Al dias siguiente se levanto muy avergonzado y ellas se levantaron muy ligeras de ropa.solo con camison y bragas. EL les dijo: -Por favor,taparos un poco. -¿Porque papa?¿No te gustan ya las mujeres? -Si pero tu eres mi hija- -Pero yo no soy tu hija-dijo Sara-¿Te gustaria follar conmigo? -Pero ¿ que dices?eres la pareja de mi hija. Claudia se acerco a su padre y el dijo: -Nos gusta mucho el sexo y seguro que tu con al estupida de mi madre no tienes mucho seguro. Y agarrandole la polal se la empezo masajear por enciam del pijama. A el se le puso muy dura y le dijo que no siguiera que era su hija.Entonces Claudia se la saco y emepezo a mamarsela. -hija no me hagas esto. -Si porque quiero te folles a Sara y yo quiero verlo. -Sois unas pervertidas. -Puede pero ,quiero que lo digas , me quiero follar a Sara. -Me quiero follar a Sara-dijo Carlos sin poder evitarlo. Claudia fue corriendo a la habitacion y trajo un preservativo y Sara se desnudo y se puso con el culo en pompa apoyada en la mesa. Caludia se la chupo otro poco y cuando estab muy dura le puso el preservativo. Carlos ya a tope se la metio por el coño a Sara por detras y empezo a bombera muy fuerte y darla muy bien. Claudia miraba y se acerco a Sara para besarla.AL ver la imagen de su hija besandose se excito mas y empezo a dar mas fuerte.Claudia se empezo a masturbar y al final se corrieron los tres a la vez. Los tes cayeron el tresilllo desnudos y exaustos y Carlos dijo: -Ha sido fantastico,hace muhco que no gozaba tanto. -Si papa,pero la proxoima vez me toca que me folles a mi. Y el penso que si que le gustaria mucho follar con su hija.

Autor: Tortuga9 Categoría: Incesto

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NUESTRO ENCUENTRO

2019-08-22


A partir de mis relaciones incestuosas con mis hermanos, de mis locas aventuras, de ejercer mi sexualidad a mi libre albedrío vendría con ello un parte aguas. Mis padres estaban a punto de jubilarse, mis hermanos retomando su vida personal, con ello un giro inesperado que se suponía cambiaría el destino de nuestras vidas. Mi hermano mayor Antonio había cambiado mucho en los últimos meses, de hecho no solo yo me había dado cuenta, Jesús que a decir verdad eran como uña y mugre presentía que algo estaba mal; los días pasaban y los 4 en casa metidos en nuestros rollos. Eran vacaciones de verano, mis padres descansando en el hogar pareciera que la rutina sexual había quedado atrás. Viernes por la noche mi hermano Antonio nos reúne para decirnos que el día de mañana lo acompañáramos a pedir la mano de su novia, pues tenía en mente casarse en unos meses, esto nos cayó como balde de agua fría, todos atónitos ante la noticia. Los días pasaron y con ello los preparativos, en fin miles de cosas. El día llego y ambas familias disfrutamos de tan majestuoso evento. Pero esto no terminaba ahí mi hermano Jesús al cabo de medio año anunciaba que él también se casaba, parecía que era el año de las bodas, sin duda ese año fue de preparativos y fiestas. La vida había dado un giro drástico mi hermano Juan Carlos se iba a otro estado a trabajar, pareciera que después de una vida llena de aventuras, vendría la calma, la paz, la tranquilidad que tal vez nos hacía falta a cada uno. Después de todo, tarde o temprano eso sucedería, era momento de sentar cabeza. A casi dos años de haberse casado mis hermanos el deseo sexual se había minimizado con decir que ya ni sabía que era eso. El sonido del teléfono hizo que regresara de mis pensamientos, conteste y al escuchar la voz me lleno de alegría pues era Toño que me avisaba que vendría el fin de semana pues su esposa iría de viaje con sus padres y vendría a visitarnos. Viernes por la noche mi hermano había llegado obvio se instaló en su antiguo cuarto, enseguida bajo a la sala y me dijo que si cenábamos, le dije que no había nada y el contesto que pediría una pizza, hablamos de trivialidades en lo que llegaba la pizza, en eso tocaron el timbre y nos dispusimos a cenar charlamos un rato más y cada quien se fue a dormir. Por la mañana siguiente me levante pues tendría que hacer algunas cosas y no regresaría hasta la noche así que le deje un recado para que viera que haría pues llegarían mis padres. Ya entrada el medio día mi padre manda mensaje en el que me decía que no irían el fin de semana pues estaban en curso, por un momento dude en avisarle a mi hermano pero sabía que se las arreglaría y seguí con lo que tenía pensado hacer. Al llegar a casa note que se encontraba a oscuras, lo primero que pensé fue que tal vez había salido a dar la vuelta. Al entrar y encender las luces de la sala y dejar mi bolso en la mesa de centro decidí ir a la cocina por un vaso con agua, pero me doy cuenta que la puerta estaba abierta, un resplandor que salía por la ventana de mi cuarto, en ese momento, lo admito, sentí miedo pues por mi mente pasaba que alguien hubiese entrado a robar. Regrese sigilosamente y apague las luces me quite las zapatillas y subí muy lentamente, sin duda, los nervios me mataban, el corazón palpitaba a su máxima velocidad, estaba al borde de gritar y ser descubierta, la puerta estaba entre abierta pero no se podía ver nada. Estaba entre la espada y la pared; quería ponerme a salvo pero la duda me agobiaba, más en un segundo la habitación se quedó en penumbra sin dar reflejo, en ese instante quería correr, sin embargo el ruido del carrusel del dvd me llamaba la atención, cuando de repente nuevamente comienza a iluminarse el cuarto, en ese instante supuse que estaba viendo una película Y justo cuando me disponía a empujar la puerta escucho como dentro el audio del video decía; pero que ricas nalgas tienes; y una voz que por el momento me parecía desconocida pero que apreciaba la figura de esa mujer ¡oh, qué buena estas! Empuje la puerta muy lánguidamente, la silueta de alguien lograba percibir oculta por el respaldo del sofá y el gorro de la sudadera que tenía, eso me alarmaba más, estaba ya paralizada de ser descubierta, tan ofuscada me encontraba que ni siquiera veía lo que pasaba en la tele, pero el movimiento de sus manos me hizo que girara la vista al televisor y al ver las imágenes, quede boquiabierta, las imágenes de la película eran los videos que mi hermano mayor me había tomado cuando recién empezaba a chantajearme. En ese instante de rabia quise gritarle, bofetearlo pero no sé qué me paso, empecé a caminar lentamente hasta llegar a unos pasos donde se encontraba, jamás pensé que eso estaría haciendo, un hombre que llevaba poco de casado, recurriendo a eso, algo estaba mal. En ese instante quería regresar pero la escena era cachonda, ver a mi hermano mayor buscar el placer de la masturbación con los videos que me había tomado, escuchar como vanagloriaba mi cuerpo, no había duda de que aún estaba por encima de su querida esposa, que su hermana despertaba la pasión, deseo, lujuria que tal vez mi cuñada no despertaba en él. Así que decidí hablarle, no sé qué pensaba lo único que se me ocurrió fue ¿qué es lo que haces? Pero el salto del susto, quiso apagar la televisión, esconder su verga pero no pudo hacer ni uno ni lo otro, el me miro se quedó mudo, y de repente después de un silencio lúgubre me dijo son cosas de hombres, me reí y solo me quede callada, pero le volví a preguntar ¿qué es lo que hacías?, el me hecho una mirada más lasciva y con ganas de decirme que es lo que hacía pero, como que se arrepentía, lo notaba apenado, sonrojado hasta podría decir que nervioso. Le hice una pregunta más directa ¿Antonio cuánto tiempo tienes que no estas con una mujer? Esa pregunta le provoco que se pusiera nervioso y con la mirada hacia abajo, como si estuviera apenado, y no saber qué contestar, me dio risa dándole la espalda cuando se me hecho encima, el sujetaba mis manos, nuestros cuerpos se pegaban a tal forma que percibía cuan excitado se encontraba mi hermano, su miembro estaba creciendo en su pijama, cuando su cuerpo se pegaba más a mi sentía la dureza de su pene, yo estaba ya excitada, el creo que lo noto, sin que él se lo esperara le plante un beso en su boca me acerque a él, lo abrace tratando que mi cuerpo estuviera junto a él, me estrechó muy fuerte sentí como mis senos se estrujaban en su pecho, mis senos estaban muy duros y todavía percibía la dureza de su pene, lo notaba aún más grande. Nos besamos más profundo, empecé a sentir como su lengua exploraba mi boca, buscando dentro de ella mi lengua para enrollarla con la suya, esto me prendió al sentir husmear su lengua en mi boca, con su mano empezó a explorar mis partes más íntimas, al principio, con sus manos me tocaba y me acariciaba mi espalda, después la fue bajando hasta tocar mis nalguitas me hizo dar un saltito o más bien mi cuerpo se erizo, sintiendo como una electricidad que recorría todo mi cuerpo. Mi reacción fue bajar poco a poco mis manos, y tratar de tocar su pene, el de inmediato agarro mi mano, tratando de que no lo hiciera, pero con mi otra mano, retire su mano y seguí en mi tarea de buscar su pene, al momento que lo encontré lo agarre arriba de su pijama, el dio un gemidito, al igual que yo. Hábilmente metí mi mano en su pijama, encontrando el pene desnudo, sintiendo el calor de su aparato y me imagino que el también sintiendo mi mano apretarle, el gemía, sentía que estaba dispuesta a todo en ese momento, nos separamos un momento, solo nos mirábamos nunca entablamos una plática, sin más me quite mi faldita y mi top, quedando ante el solo en tanga, el reacciono con una sonrisa, me levante un poco y me quite mi tanguita quedando ante el completamente desnuda, solo dije una palabra desnúdate, lo cual hizo de forma inmediata, quedamos los dos frente a frente desnudos, yo muy provocativamente lamia mis labios con mi lengua y nos fundimos de nuevo en un beso, pero ahora muy distinto, ya que nuestros cuerpos desnudos por primera vez se unieron en uno, yo sentí su corazón palpitar muy fuerte, yo también, sentía su calor de su cuerpo que me trasmitía, estaba súper excitada, el con su pene parado, lo tocaba con mis manos y masajeaba le gustaba lo que le hacía a su pito, su reacción fue de agrado pues él me respondía con besos más intensos quería comerse mi lengua. Fue en ese momento que el dejo de besarme en mi boca para hacerlo en todo mi cuerpo, al sentir que empezó en recorrer mi cuello morderme mis orejitas y besarme el interior de ellas, salían de mi boca solo gemidos (uyyyyyyy, mmmmmmmm ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii masssssssssssssssss besame massssssssssssssssss, bueno dije también algunas cositas pero eran más mis ruidos guturales y gemidos. Él se prendió en mis senos, gemía y empecé a gritar cosas, masssssss besameeeeeee mas quiero sentirte, quiero ser tuya, de nadie mas, quiero ser tuya, le decía en forma insistente a mi papa, yo creo que le gusta lo que decía porque él con más ganas lo hacía, entre mis gritos casi me hace orinar cuando sentí el contacto de su boca en mi vagina, me motivo a que dirá un vistazo y verlo arrodillado a mi vagina, besando y metiéndome su legua, me excito mucho, estaba a punto de volverme loca de tanto gusto que me daba mi hermano, los gemidos no se hicieron esperas y con ello palabras que nacían de mi excitación, mmmaassssss, sigueeeee no te detengassssssss me estás dando mucho placeeeeerrrrr, Antonio soy tu hermana unaaaaaaa putaaaaaaaaaaaa, diossssssssss ya no puedo, que pasaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, siento algooooooooooooooo, diosss, yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa yaaaaaaaaaaaaaaa nooooooooooooooo, aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, me vine en un intenso orgasmo, que no podía conmigo misma, estaba en el punto del delirio. Estaba a punto de caer desmayada por el orgasmo que mi propio hermano me había hecho llegar, me quede cansada, sin decir nada Antonio y viéndome a mi rostro, sin decir nada se paró, viéndolo con su tremenda virilidad, y con sus manos me separo las piernas comprendí de inmediato que ya venía la hora de consumar nuestro acto final, se fue acostando guiando su tremenda protuberancia a mi vagina, sentí como su tremenda cabeza de su pene pegaba en los labios de mi vagina, dio un empujoncito y desapareció, al notar que su glande entraba sin dificultad, gemí de una forma que hice que mi hermano me mirara a mi rostro, ya que al igual que yo estaba observando cómo me iba penetrando, dije un AAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH, MMMMMMMMMMMMMMM MMMMMMMMMMM. , MASS DURO, NOOOOO PARES, me miraba y tan solo con la mirada le decía que siguiera, sin decir nada seguía metiéndomelo sus movimientos eran rápidos, profundos podía sentir como su virilidad salía completamente para dejármela ir con mucho ímpetu, no dejaba de gemir, diosssssssss, nooooooooparesssssss estoy sintiendooooooooomuyyyyy ricoooo aaaaaaahhhhhhhhh, uuuuyyyyyyy masssss, siiii masssss yaaaa yyaaaa nnooo diossss sii massss yyyyaaaaa Ahhhhhhhhhhhhh haaaaaaaaaaayyyyyyy. mmmmmmmmmmm que pasaaaa masssss no pareessss comenzó acelerar sus embestidas ya no sentía lo duro sino lo tupido de la cogida que me estaba dando estábamos al punto de la locura, el me lo metía más fuerte, sentía como su pene llegaba en lo más profundo de mi, esa sensación de golpeteo me excitaba mucho más, ya en un alarido le dije: yyyyyaaaaaaaaaaaaaaaaa, noooo puuuuuuuuuuuuuedooooooo masssssssssssssssss aaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhh, diooooooooooooooooooosssss yyyyyyyyyyyyy aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, me vengoooooooooooooooooooooooooo aaaahhhhhhhhhhhhhhhh, sooyyyyyyyyyyyyyyy todaaaaa tuyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Y quede extenuada parecía que estaba muerta, el no dejaba de moverse seguía metiéndolo lo más fuerte que podía sentía que de nuevo mi cuerpo empezaba a reaccionar, gemía y medio abría mis ojos ya que por la intensidad de mis orgasmos, quede desfallecida y cansada, pero mi hermano seguía en su labor el seguía metiéndomelo no paraba, de repente sentí que su pene se tensaba dentro de mí y en el momento en que yo volvía a sentir un orgasmo nuevo, sentí el chorro caliente dentro de mí, provoco que mi orgasmo fuera más prolongado y fuerte, grite con todas mis ganas no sé si me escucharon en la otra casa de los vecinos o en la calle, pero fue algo indescriptible, aaaaaaaaayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh diossssssssssssss nooooooooooooo puuuuuuuuuueeeeedooooooo maasssssssss se desplomo quedando arriba de mí no sentí el peso de su cuerpo, y solo quedamos dormidos o somnolientos sentía su respiración al igual que la mía era intensa estaba agotada, mi vaginita todavía tenía dentro de ella su flácido pene y chorreando el semen, nos quedamos acostados muy abrazaditos su pene se salió de mi vagina y de ella empezó a brotar más líquido, no nos movimos, el me abrazo y me beso yo con una alegría le recibí su beso, y le correspondí. El tiempo se nos fue como agua, ni me acuerdo a que ahora empezamos ni a qué hora acabamos, cuando yo desperté mi hermano estaba acariciándome el pelo, me levante y le di un gran beso el busco mi lengua y nos fundimos los dos en un gran beso, de nuevo nos excitamos y empezamos a acariciarnos el me beso con más intensidad recorriendo mi cuello, mis orejitas, mi espalda, mi colita, terminando en besarme mi vaginita que todavía tenía vestigios de la noche, se puso de pie mi hermano, pues su miembro ya estaba parado, y me lo fue metiendo con mucha facilidad ya que estaba lubricada por el semen que todavía tenía de la noche y de la excitación del momento, empezó a metérmelo y a sacármelo, al principio lentamente y de repente a hacerlo más intenso, hasta que me empezó a sacar gemidos y gritos, masssss massss yaaaaaaa, no pareessss, no paressss metemelo todaaaaaaa soy toda tuyaaaaa, a mi hermano le provoco más excitación ya que fue más brusco en sus metidas al momento de decirle que no dejara de metérmelo, soy tu mujer de ahora en adelante, no permitiré que le falte el sexo, y que estaría a su disposición para solo el, me vengoooooooo toñooooooooooo, mevengooooo de nuevvoooooooo yaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh, oohhhhhhhhhh yaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhme veeeeengooooooooooo soyy tuyaaaa no me dejesssss yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa asiiiiiiiiii mmmmmmmmmmmmmmmmmm, termine en otro orgasmo y sentí que él me inundo por dentro nuevamente, así quedamos los dos juntos por una hora no nos movimos, me levante y le dije que le iba hacer un rico desayuno así fue me puse su bata y me fui a la cocina a preparar un suculento desayuno para los dos, llego solo en calzones a la cocina y nos dispusimos a desayunar, después él me dijo que fuéramos a bañarnos y no desperdiciamos el momento en el baño por tercera vez en pocas horas tuvimos de nuevo sexo muy intenso, de mil formas. Ya por la tarde el momento de despedirnos vendría pues debía regresar a su casa, el como yo estábamos muy ojerosos y con una carita que pareciera que hubiéramos tenido una gran parranda, por la noche que tuvimos. Cierto era que había vuelto a sentir ese deseo sexual, que la llama del sexo había crecido con tan solo un chispazo que nuestros cuerpos buscaban el calor de nuestra piel, el sabor de deseo en nuestros besos, el palpitar de nuestros sexos. El me tomo de la mano y nos dirigimos a la puerta me tomo de la cara y me planto un beso tierno que al poco tiempo se volvería intenso y sus manos recorrer mis curvas para apoderarse con ambas manos de mis nalgas que las apretaba muy intensamente para después decirme que eso se repetiría.

Autor: XCITANTDLC Categoría: Incesto

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Mi prima va a despertarme

2019-08-22


Era un sábado a la mañana en vacaciones de verano. Yo tenía quince años y aún seguía virgen Así que vi la hora (7:39 am) y agarré mi celular. Me puse a buscar pornografía aprovechado que mamá dormía (no tengo hermanos y papá nos dejó). De pronto oigo la puerta. Mi tía y mi prima habían venido de vista. Mamá todavía en colaless fue a abrirles la puerta. Yo quería aprovechar que todas creían que seguía dormido para empezar con mi paja. Me quité el boxer y quedé completamente desnudo. Iba a empezar cuando oigo a mi tía decirle mi prima Agustina que vaya a despertarme. No tuve ni tiempo a bajarla o a ponerme el boxer. Y así me vio mi prima, en medio de una paja Ella rápidamente se llevó las manos a la boca. Apenas tenía 12 años pero sus tetas ya estaban bien desarrolladas, era muy sexy, y no le gustaban los corpiños Yo me tapé con una mano y con la otra intenté explicarle. Pero ella, notoriamente incomoda, no se volteo, se quedó fija mirando mi erección. -Por favor no le digas nada a mi mamá o a mi tía -No, está bien es normal Yo, según ella ya la habia encontrado en esa misma situación varías veces, pero nunca me había dado cuenta -Perdón perdón perdón perdón -No,yo entré sin avisar -Pero te puse incomoda -No, está bien, somos primos, no es para tanto Tenía tanta vergüenza que ni podía pedirle que se vaya de la pieza para cambiarme. Nos quedamos allí un rato hablando sobre de anécdotas y riéndonos por casi media hora. De pronto ella me dijo -Te la puedo ver -Qué!? -Perdón es que nunca vi una real, si no querés no Hasta ese momento solo la había visto como a mi prima que me visita todos los sábados, pero ahí me di cuenta de que era una chica deliciosa, porque con linda me quedo corto. Me calentó un montón. Se la mostré en pre erección Ella abrió los ojos, se acercó y tímidamente preguntó -Te la puedo tocar -Claro, así mirá Le agarré la mano y le mostré cómo masturbarme. Su mano era cálida y sobre todo muy suave. Se me empezó a poner muy dura. Ella lo notó miró -Puedo seguir? -Sí -Más rápido -No tanto Aceleró mucho para mi gusto. -Agustina, que bien que lo haces! -Gracias primo, voy a seguir Me empezó aa mirar con esa cara inocente de ojitos tiernos que me ponía a mil La calentura se me disparó y le agarré una teta. Ella me soltó mi pija y tapó su boca para no dejar escapar un grito y un saltito. -Perdón Agus -No primo, está bien, seguí Poco después, se sacó lentamente la remera y me dejó ver sus preciosas tetas casi esféricas, con pezones chiquitos y negritos. El corazón le latía muy fuerte en su pecho, subía y bajaba. Mi prima es igual a su madre, negrita de piel y con desarrollo temprano. Se las amasé, se las toqué, se las apreté, se las besé. Luego, le dije -Agus, me dejaste con una paja a la mitad, eres mala -Lo lamento primo -Ahora tendrás que usar tus tetas A ella la idea no le gustó ni cerca, pero aclaró -Te la puedo chupar? Siempre quise chupar un pito como el tuyo -Está bien, sabés cómo? Ella negó con la cabeza -Está bien, yo te voy guiando. Me la agarró nuevamente y se la acercó a la boca. Sentí su aliento agitado en mi cabeza roja. Frunció los labios y le dio un beso dulcemente. Me miraba con esa carita y esos ojitos. Le agarré la nuca y la acerqué despacio a mi pene. Ella abrió la boca y metió todo el glande. Me di cuenta de que no quería usar los dientes, pero igual pensé en que me dolería -Mmmm, que rico es, primo -Ah, seguí Agustina, seguí Su saliva me la mojó toda. Comenzó un tímido mete y saca que me la dejó como roca. Con la mano me bajó el cuerito y con la boca me daba la mejor mamada de la vida. Era hermoso deapertar así en la misma mañana De pronto sentí que me venía, y se lo dije. Ella lamió todo mi tronco y se lo metió entero. Por dentro jugaba con su lengua de un lado a otro. -Ah, Agus, tragate mi leche -Mhmmh No dejaba de mirarme con esos ojitos tiernos mientras me succionaba el pene Frenó sorpresivamente su lengua sobre mi frenillo y se lo largué. Exploté en la boca de mi primita, sobre su lengua, lo que parecieron litros y litros de semen bien espeso. Pensé que lo iba a escupir, pero en vez de eso, chupó fuerte y succionó todo, sin desperdiciar no una sola gota. Se sacó mi pija limpia de su boca y me mostró toda su lengua blanca y pegajosa por mí. Luego la cerró y lo tragó. -No lo puedo tragar entera, se me pega en el paladar Jugó con el um rato, pasándolo de cachete a cahete. -Y, te gustó Agus? -Sí primo, tenés un pito rico y una lechita muy sabrosa, lechita batida Se rio asiendo referencia con su mano a la paja Nos quedamos así un rato, hasta que la tía nos llamó. Ella se puso su remera y yo un pantalóncito corto de esos que no necesitas calzoncillos Mi prima me besó la mejilla, me abrazó aplastandome las tetas y me agarró de la mano para ir Yo, seguí muchas veces más con mi prima Agustina, nos veíamos casi todos los días, así que si quieren saber de más mamadas, escriban, que ella está junto a mí ahora leyendo lo que escribo.

Autor: Anónimo Categoría: Incesto

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|| Mi querido hermano ||

2019-08-22


Me voltea y comienza a acariciarme todo el cuerpo, esta vez de una manera muy cariñosa. Me desabrocha la camisa y toca mis pechos, los besa, chupa y muerde. Yo no podía mas con la excitación, abro los ojos y todo comienza de nuevo. Soy adriii3 y este relato quiero recalcar que no es real, pero me gustó y por eso lo publico. Todo comenzó cuando volvía de la facu. Llego a casa y mi madre me pide de favor que cuide a Lucas en su ausencia, ya que ella y mi padre viajaban a Necochea a causa de la muerte de uno de sus amigos en común. Por supuesto yo no tenia ningún problema ya que adoro a mi hermanito y el a mi, desde siempre hemos sido muy unidos, además me encantaba que me defendiera de los hombres malintencionados que me miran con deseo, en especial de sus amigos que son flor de pajeros. Verán soy una chica de estatura media 1,65 y peso 55 kilos, tengo copa D en busto, una cintura delgada, cabello largo negro, ojos miel y bueno soy bastante atractiva,. Lucas es un chico alto 1, 80 de estatura, de tés blanca, cabello negro y ojos verdes. Tiene un cuerpo muy atlético ya que practica mucho deporte. La primera noche que nos quedamos solos invitamos cada uno a sus respectivos amigos. Lucas invito a Matías y Jorge de 18 y 19 años. Y yo invite solo a Cecilia, mi compañera de la facultad. Mientras los chicos jugaban a la play, nosotras nos preparábamos para salir al boliche. Alrededor de las dos de la mañana cuando nos disponíamos a salir, Matías le grita a Lucas-“Che Lucas, vas a dejar salir a tu hermana vestida de esa forma?. A lo que Lucas me mira y me inspecciona de arriba a bajo, notando la corta pollera que me había puesto, con una remera ajustada al cuerpo y tacos de aguja. Con la cara completamente roja me dice: Lucas- Che hermanita, no te parece que estas muy destapada? Digo porque es peligroso. No es mejor que te quedes en casa hoy o te pongas otra ropa ¿ Yo completamente irritada lo ignoro y me voy dando un portazo, ese día estaba muy indignada. Alrededor de las 6 de la mañana vuelvo a casa y me encuentro con un desorden bárbaro; había botellas tiradas y Matías y Jorge dormían en el sillón. Enojadísima por la situación, sumado a la mala noche que había tenido, subo rápido las escaleras para buscar a Lucas. Cuando entro en su habitación, él estaba completamente borracho, medio desnudo durmiendo a la mitad de la cama. Trato de acomodarlo y cuando lo doy vuelta, tenía el miembro completamente erecto. Yo no podía creer lo desarrollado que estaba mi hermanito. Me lo quede observando un rato debido al asombro. Pero luego subí rápidamente su ropa interior y lo acomode en la cama, cuando estoy por irme a mi habitación, siento que me tiran fuertemente del brazo, provocando que caiga sobre mi hermano. Lucas estaba despierto, me mira un rato y me pide que lo acompañe. Lucas-“Hermanita quédate conmigo un ratito, me siento mal”. A lo que yo respondo. “Solo hasta que te sientas mejor”. Nos acostamos en la cama, yo todavía vestía la ropa del boliche. Acostada de lado, siento como mi hermano se acerca y me abraza fuertemente, susurrándome al oído cuanto me amaba. Lucas-“Sos la mejor hermana del mundo y te amo, te amo. Nunca me quiero separar de vos”; yo en ese momento estaba un poco asustada por la forma en que se comportaba mi hermano, y de pronto siento como su pene se ponía duro y se arrimaba a mi cuerpo. Yo no podía creer lo que estaba pasando. Entonces me levante rápidamente y me fui a mi habitación. Al día siguiente cuando despierto, seguía desconcertada a causa de lo que había ocurrido. No paraba de pensar, me pego un baño y bajo a la cocina para desayunar. Cuando llego noto que todo esta ordenado y Matías y Jorge ya se habían ido. Para mi sorpresa Lucas ya estaba despierto y desayunando en la cocina, consiente de lo que había pasado y sabiendo que seguramente Lucas no recordaría nada de la noche, me dispuse a saludarlo como de costumbre y a desayunar normalmente. Cuando termino me dirijo hacia el living para mirar tv y de nuevo siento que alguien me tira fuertemente del brazo, era Lucas. Me puso contra la pared subiéndome a sus caderas y haciéndome sentir su gran pene erecto. Comienza a besarme de una forma apasionada y violenta; yo completamente desconcertada trato de zafarme, pero es inútil. “Que haces Lucas?”. L-“Perdóname hermanita, perdóname. Pero no doy más. Lo que te dije anoche es cierto, yo te amo, te amo y te deseo con toda mi alma. No quiero que ningún otro hombre en la tierra te toque, te mire. Yo quiero que vos seas solo mía. Por favor déjame amarte”. Yo seguía completamente desconcertada, no podía creer lo que estaba escuchando, lo que estaba viviendo. Mi propio hermano menor me tenía contra la pared frotándome con su gran pene mientras me besaba apasionadamente. Yo pensaba que estaba mal, muy mal. Pero en ese momento el morbo de acostarme con mi propio hermano pudo más y lo deje seguir. “esta bien Lucas, voy a dejar que hagas lo que quieras conmigo”. Con solo decir esas palabras, mi hermano me arranco la ropa del cuerpo, me tiro contra el sillón y comenzó a besarme todo el cuerpo, hasta bajar a mi clítoris. Nunca en la vida había sentido algo como eso, fue el mejor sexo oral de mi vida. Mientras me comía toda, susurraba que me amaba, que era perfecta, que hace mucho tiempo quería hacer esto. Luego coloco la puntita de su gran pene en la entrada de mi intimidad y comenzó a frotar. Yo sabía que no había vuelta atrás. Pero lo deje de todas maneras y con una sola estocada introdujo su duro caño en mi vagina. Debo decir que me rompió toda. Yo no paraba de gemir y el tampoco. En ese momento Lucas no era mi hermano, sino un hombre apasionado que estaba sumergido en la sed de la lujuria. Mi hermano recorría con sus manos todo mi cuerpo, besaba mis pechos con desesperación, como si fuera el fin del mundo. Era una atmósfera apasionante. Y yo gemía entre el placer y el dolor que sentía teniendo el sexo de mi hermano dentro de mí. Lucas me sentó arriba suyo y lubricando mi ano de forma circular, procedió a ir metiendo poco a poco su gran pene. Yo no paraba de gritar, el me tapaba la boca, me decía que me amaba, que nunca iba a dejar que nadie mas me tocara. En ese momento cuando lo escuche, no me importaron sus palabras. Lo único que yo quería, era seguir disfrutando de su gran miembro acariciando mi interior. Estuvimos alrededor de 2 horas haciendo el amor. Cuando acabamos el me abrazo fuertemente y me pidió disculpas por su comportamiento, pero que todo lo que había dicho era cierto. Me amaba, mi propio hermano estaba enamorado de mí. Nunca antes me había dado cuenta, ya que él siempre fue muy sobreprotector como les había dicho anteriormente. Al día siguiente yo seguía pensando en lo que había pasado, acostada en mi habitación. Cuando escucho que la puerta se abre. Era Lucas, yo me hago la dormida y él se acerca lentamente. Comienza a besarme muy dulcemente, se arrima hacia mi cuerpo y me abraza fuertemente. Yo supuestamente seguía dormida. Y de nuevo comienza a susurrarme que me amaba. Me voltea y comienza a acariciarme todo el cuerpo, esta vez de una manera muy cariñosa. Me desabrocha la camisa y toca mis pechos, los besa, chupa y muerde. Yo no podía mas con la excitación, abro los ojos y todo comienza de nuevo.

Autor: Adri Categoría: Incesto

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Mi suegra

2019-08-21


Follando con mi novio en su casa nos descubre su madre. Cualquier otra mujer se hubiera enfadado y puesto el grito en el cielo. Pero ella no. Mi suegra es joven, para haber tenido un hijo de veinte años y esta muy buena. Nos hemos visto unas cuantas veces y nos... no voy a decir que nos llevemos bien, pues no tenemos, teníamos, tanta relación. Pero Sara siempre se ha mostrado simpática conmigo las veces que nos hemos visto. Divorciada y elegante hace su vida sin prestar oídos a lo que piense la gente de ella. Mi novio, Mario, ha salido a ella, guapo, lo suficiente, no muy musculoso pero pero con un bonito cuerpo delgado y fibrado. Y de mí él dice que soy preciosa pero son halagos de novio. Aunque unas tetas y un culo prietos firmes y duros y una cara resultona no me los discute nadie. Follamos, claro, donde y cuando podemos, como todos los novios. Lo hacemos en su coche o el mío o en nuestras habitaciones, cuando no estaban nuestros padres. Y como extra cuando disponíamos de dinero en un hotel o de vacaciones en un camping. Como un montón de chicas yo había tenido mis pinitos con alguna amiga, morreos y magreos, chicas a las que me gustaba proporcionar un momento raro y bello, experimentando sobre todo. Así que en ese momento, aún no me consideraba lesbiana, ni siquiera bisexual. Aunque me gustaba el bello espectáculo de la madre de mi chico con sus atuendos a veces mas provocativos y sexys que los míos, luciendo su bien bronceada piel y sus carnes duras y bien colocadas. Su cuerpo era una bonita imagen y yo apreciaba su belleza. Un sábado noche, en la discoteca lamiendo mi oreja me dijo: -estoy caliente. Vamos a casa. Después de unas copas, fuimos a su piso, cachondos y con ganas de revolcarnos sudorosos en su cama. Su madre había quedado con su ligue del momento y no esperábamos que volviera hasta la mañana siguiente. Así que podíamos follar tranquilos. Ya en el coche tenia la falda recogida muslos arriba hasta dejarle ver el encaje del tanga. Subiendo en el ascensor sus manos no se separaban de mi cuerpo apenas cubierto por un escaso vestido de lycra con escote barco, muy pegado y un tanga minúsculo. Y mi boca seguía a la suya buscando la humedad de su lengua con la mía. Intercambiando saliva y chupando su lengua entre mis labios en un lascivo y húmedo beso. Mi pulso estaba acelerado por la excitación y en cuanto cruzamos la puerta tiré de su camiseta acariciando su suave piel pálida y sudorosa, afiebrada como la mía. Mario intentaba con toda su maña bajarme el tanga aunque yo juguetona le hurtaba mi cadera. Entre risas y besos seguíamos con las caricias. Me giré y hui hacia su dormitorio enseñando mis nalgas bajo el recogido vestido hasta la cintura. Allí fue donde le permití que me lo quitara, solo el tanga, pero sin desprenderme de las sandalias de tacón. Me tumbé boca arriba en su cama tras bajarle el pantalón de un tirón justo por debajo de su blanco y duro culo que a mi me encantaba amasar, besar y lamer. Tendida boca arriba le alcancé uno de mis pies para que lo besara y lamiera, empezando por los dedos. Lo que sabía que a mi me pondría aun mas caliente. Se deshizo de una de mis sandalias lamiendo con habilidad entre mis dedos chupándolos uno a uno metiéndolos en su boca sin importarle el sudor que pudiera tener mi piel. -¡que guarra eres cielo! -y a ti te encanta. Lamiendo la planta sin importarle que yo me retorciera por las cosquillas. Consiguiendo así que mi vestido escalara aun mas por mi anatomía descubriendo mi vientre. Yo misma me amasaba los pechos que rebosaban por el escote, pellizcando los pezones y haciendo que se marcaran bien en la fina tela pues no me había puesto sujetador. Mario subió despacio por mi depilada pantorrilla y el interior de mis muslos sin separar la lengua de mi piel. -¿quien se va a comer este coñito? Sus ojos lujuriosos se clavaban en los míos. Pero no podía ver mis pupilas pues yo los tenía en blanco por el placer que me hacía sentir con su lengua. Cuando por fin la clavó entre los labios de mi vulva apoderándose de mi clítoris gemí y aullé de placer derramándome en el primer orgasmo de la noche. Sabia que vendrían muchos más. Sabia como lamerme, deslizando la lengua del clítoris al perineo y el ano, levantando a veces las piernas hasta mi pecho. Para deslizar la lengua por el culo hasta clavarla en mi ano sin parar ni un segundo. Tan concentrado estaba en su tarea arrancándome orgasmo tras orgasmo y yo disfrutándolos que no oímos el ruido de la puerta de la calle. Abriéndose, dejando pasar a mi suegra al piso y sin darnos cuenta que habíamos dejado la del dormitorio sin cerrar. Así hubo un momento en que abrí los ojos y vi a su madre apoyada en el marco de la puerta vestida con un pequeño top y un mini short que mas parecía micro. Disfrutando del espectáculo de las bonitas nalgas de su hijo desnudas por el pantalón a medio quitar, la cara enterrada entre mis muslos, mis manos sobando mis tetas asomando por el escote y mi cara de gozo, disfrutando. Me llevé el susto de mi vida. Pero la veía ahí enfrente con un oscuro pezón asomando a un costado de la pequeña prenda y una mano dentro del short, sin ninguna duda masturbándose. Eso hizo que mi calentura se disparara aun más si eso era posible y sonriéndole a ella me callé como puta. Puse un dedo en mis labios para indicarle que guardara silencio. Animándola a seguir mirando. Dirigiéndome a él para que no se diera cuenta de quien nos miraba le seguía animando. -¡Vamos! ¡Cariño! me encanta como me lo comes. !Meteme bien la lengua!. Enganché el tacón que me quedaba puesto en el pantalón de mi novio y estiré la pierna para bajarlo mas. Él captó la indirecta y sin separar la cara de mi coño terminó de desnudarse, con una sola mano, arrastrando con el pantalón su pequeño slip. Sara vio al fin el badajo que su hijo se gastaba, duro, colgando entre sus muslos. Y los huevos bien depilados como a mi me gustaban para poder lamerlos sin pelos en la lengua. Ella dejó caer su short al suelo sin hacer ruido, dejándome ver a mí el mínimo tanga echado a un lado y su pubis perfectamente depilado con dos dedos entre los labios de su vulva. Nos sonreímos pícaras. Le hice un gesto para que se acercara y al principio se hizo la reticente. Supongo que pensaba que no estaba bien participar en esa diversión con su propio hijo. Pero tenía que estar muy cachonda y terminó por acercarse. Despacio como un animalillo asustadizo se fue aproximando. Cuando llegó a mi lado sustituí sus dedos por los míos, masturbando a mi suegra lo mas profundo que alcanzaba. La humedad de su vulva me permitía meter dos dedos lo mas profundo que podía dentro de su cuerpo y moverlos arriba y abajo. Su lengua se enredó con la mía y ahí fue cuando Mario se dio cuenta de la compañía que teníamos. No se si por el pedo que teníamos o lo cachondos que estábamos los tres, o por el deseo, pero la delirante situación no nos parecía extraña. Continuamos los tres con la faena iniciada sin preocuparnos de si estaba bien o mal. Mi otra mano se separó sola de los cabellos de mi novio para apoderarse de una de las duras tetas de su madre, algo mas grandes que las mías. Apartando la pequeñez de su top, metiendo la tela en el canalillo entre sus pechos, para acariciar su piel desnuda y suave. Pellizcando sus pezones. Estorbándola cuando se lo quitó, pues mis manos estaban por medio. Así estábamos mi suegra con el tanga mojado y apartado a un lado, ayudándome a sacarme el arrugado vestido por encima de la cabeza. Mientras su hijo, desnudo del todo, seguía comiéndome el culo y a cuatro patas entre mis muslos. -mami, ¿seguro que quieres participar? -si cielo, quiero estar con vosotros. Me moría por tener su polla dentro y tirando de él lo subí para que me la clavara. Sosteniendo su pecho con mis brazos y así dejarle espacio de maniobra a Sara que se estaba comiendo mis pezones a mordisquitos. Me la metió despacio como a mi me gusta, haciéndome notar el glande abriéndose paso en mi encharcado coño. A su madre le pedí que se arrodillara sobre mí y cuando lo hizo fue a la altura de mi cabeza sobre la cama. Fue bajando su cadera sobre mi cabeza hasta que puso la labios de su vulva en mi boca. De inmediato usé la lengua buscando toda su humedad. Le demostré a Mario que no era el único allí que sabia comer coños. Enseguida noté el jugoso sabor de sus corridas en mi lengua, que pasaba por sus labios, buscaba su clítoris o se clavaba lo mas posible en su vulva. Mario a su vez había empezado a prestarle parecidas atenciones al precioso culo de su madre. Sara tenía encajada la pelvis entre nuestras cabezas. Y gemía mientras se corría. Mordisqueando sus nalgas que me pidió que abriera con las manos para poder lamer la raja y el ano a su gusto. -vamos nena, ábrele el culo. Luego quiero follárselo. Por los gemidos que escuchaba no debíamos hacerlo del todo mal. Que te coman a dos lenguas, dos bocas dándote placer es de lo mejor que una puede sentir. Mario no había perdido el agarre en mi agujero y me follaba suave pero sin pausa para no perder el resto de los placeres. Apenas habíamos intercambiado palabra temerosos de romper la magia del momento. Pero los cuerpos hablaban por si mismos el lenguaje del placer. No podía imaginar el morbo que ellos debían sentir en ese momento de incesto. Nunca había sospechado un complejo de Edipo en mi novio pero con lo buena que estaba su madre no me extrañaba de ello. Yo me había corrido ya no se cuantas veces y aun notaba la polla dura de mi chico dentro. Y a la que le quedaba todavía un buen rato tiesa. Seguía sin separar la lengua de la piel de mi suegra, fui bajando a Sara a base de brazos sobre mi cuerpo encajándola entre nosotros. Conseguí apoderarme de sus hermosos pechos con mis dientes mientras su cadera estaba encajada entre nuestros vientres. Mario captó mi indirecta y sacó su pene de mi vulva para abrir con él los labios de la vulva de Sara. Ella abrió la boca y soltó un jadeo notando como esa polla fraternal entraba en ella dulce y despacio. Su jadeo lo acallé con mi lengua aún con el sabor del coño de ella. No le importo compartirlo conmigo. Me escurrí por debajo de ellos para que mi suegra pudiera lamer mi chochito. Lo hizo con una maestría que me hizo sospechar que yo no era la primera chica que se comía y a la que se follaba. Esa lengua de madura juguetona escarbaba entre mis labios penetrando lo mas que podía y chupando mi clítoris al ritmo que le marcaba la polla de su hijo. Este la sujetaba con fuerza por la cadera y se la follaba a cuatro patas como si quisiera volver a entrar por el sitio por el que había salido. Dándole en el proceso a su querida y hermosa madre los orgasmos que parecía necesitar esa noche. Pero yo sabía lo que le gustaba a Mario. Para darle el gran final que se merecía me aparté de Sara y me coloqué a su espalda. Con una mano le agarré los huevos y con un dedo de esa misma mano acariciaba el clítoris de Sara dejándome llevar por sus movimientos. Mientras clavé la cara entre las blancas nalgas de mi chico y lamí su ano hasta que se derramó. Llenando el coño de su madre. En ese momento en el que se separaron, Mario se apartó a un lado haciéndome un hueco a mí. Yo me puse a lamer su vulva rezumando el semen recogiendo todo lo que pude de ese manjar con la lengua. Sin dejarle descanso y saboreando su siguiente orgasmo. Él nos miraba a las dos con una expresión de vicio que me encantaba ver en su rostro. Los dos buscaron mi boca con las suyas para compartir entre los tres esos sabores de sexo en un beso a tres leguas. No solté el culo de mi suegra pues no quería que ella nos dejara y su actitud necesitaba algo mas de explicación. Al contrario, en vez de abandonarnos nos propuso trasladar la juerga a su cama que era mas grande y cómoda que la de Mario. Nos contó que había discutido con el fulano con el que había quedado. Que a su vuelta a casa cachonda y necesitada nos encontró follando. No pudo resistir el pajearse mirando el espectáculo que dábamos sin querer. Ademas que hacía mucho tiempo que no podía admirar la bella polla de su hijo y le había gustado verla de nuevo. También tuvo que admitir que yo no era la primera chica con la que hacía el amor. Había tenido buenas amigas durante sus años de separación con las que había disfrutado. Con ellas había aprendido a hacer disfrutar a una chica. Mario también confesó que que le encantaba el voluptuoso cuerpo de su madre. Que se había hecho un montón de pajas durante años desde adolescente, pensado en ella. Nos dijo que la deseaba como mujer ademas de amarla como madre, sin dejar de quererme a mi por supuesto. Yo tuve que confesar mis deseos y mis experiencias bisexuales con amigas y el por qué tenía tantas ganas de probar ese coñito. Que desde que la conocí la admiraba. Mientras conversábamos desnudos, relajados, tomando unas copas nuestras manos no dejaban de acariciar el cuerpo de los otros. Sara situada entre nosotros, me acariciaba el clítoris con suaves dedos mientras con la otra mano no había soltado la polla de Mario. Yo seguía mimando sus perfectas tetas por que le había dejado a mi novio el depilado coño de su madre. Nos calentábamos despacio preparándonos para un segundo asalto. Ella fue la primera que volvió a animarse en cuanto notó la polla de su hijo dura de nuevo. -nene, quiero chuparla. Quiero tu polla. Se giró hacia ella con lo que me puso el culo a mano. Mas bien a boca... Levantó la cadera para ponerse a cuatro patas mientras empezaba lamiendo los huevos de su hijo. Me detuve un momento para ver como lo hacía, como su lengua recorría el escroto. Y la cara de morbo que ponía mi novio mientras acariciaba el caballo rubio de su madre y sus gemidos de placer. Verles a los dos en acción tan de cerca me excitó aun mas y decidí ponerme yo en marcha. Me incliné sobre la grupa de Sara y empecé a lamer su piel. Bajando por su torneada espalda siguiendo la linea de la columna vertebral hasta el prieto culo. Ya solo agarrar sus duras nalgas y separarlas para descubrir su agujerito es un placer. Al pasar la lengua por allí aún noté la humedad de la saliva de Mario que se lo había comido un rato antes. Y al clavar la lengua en el ano sentía como movía la cadera despacio buscando más contacto con mi lengua. Continué bajando buscando el coño, buscando darle mas placer. No necesitaba ni tocarlo. Sus labios finos y delicados se abrían al mas leve roce dejándome el deleite de sus jugos al alcance de mi lengua. Todo el tiempo que ella le estuvo comiendo la polla a Mario yo le estuve lamiendo el coñito y el ano pero ella necesitaba más de su hijo. Se decidió a cabalgarlo y fue a sentarse sobre su cadera. -nena, ¿me ayudarás? -por supuesto Sara. ¿Pero que quieres? -primero llámame mami, ambas nos lo hemos ganado. Y después Mario quería follarme el culo y me vas a ayudar con eso. Lleva la polla a mi ano. -encantada ¡mami! Contesté sonriendo. El ano estaba bien lubricado con mi saliva. Escupí en el glande y mientras ella iba bajando sus nalgas yo guiaba el pene de mi novio a su interior. Estaba tan duro que ni se doblaba según iba bajando. Podía ver en primer plano como entraba. Como el esfínter se abría para dejarle paso y pensaba que el mío tenía que hacer lo mismo cada vez que me sodomizaba a mí. Una vez que apoyó las nalgas en los muslos de su hijo dejé que siguiera sola. Y yo me fui sobre la cara de Mario para que me comiera el coño mientras su madre lo cabalgaba. Frente a ella me agarré a sus tetas que me tenían loca y volví a besarla a darle mi lengua que ella chupaba. Besaba tan lasciva como su hijo y a mí me encantan esos besos. Sus manos tampoco paraban quietas sin dejar de magrear mis senos o acariciar mi vientre. Para ayudarle a que se corriera también acariciaba su clítoris y el xoxito según subía y bajaba. Y lo hacía cada vez mas rápido hasta que que Mario descargó el semen en ese culo tan duro, el de su propia madre. Las dos nos dejamos caer a los lados de nuestro chico que dulce y cariñoso nos besaba tierno en las frentes o en nuestras caras buscando de vez en cuando labios y lenguas. Así nos quedamos dormidos abrazados, desnudos y pringados de nuestros jugos. Sin necesidad de darle vueltas a lo que habíamos hecho y con quién lo habíamos hecho. No hemos dejado de compartir su cama de vez en cuando. Además de que ahora no tenemos que escondernos para follar. Siempre que tenemos ganas vamos a su casa. De hecho ya duermo la mayoría de las noches allí. Tengo mi ropa en su armario, ni eso necesitaba pues Sara me deja sus modelitos sexys cada vez que quiero. Con Sara he tenido algunos encuentros muy placenteros a solas igual que Mario lo que no nos da celos a ninguno. Nos gusta disfrutar y hacer disfrutar a los otros dos, queriéndonos.

Autor: pern Categoría: Incesto

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A ras de sexo

2019-08-21


Cuando empezó a masajearme los pies para "relajármelos", según decía, noté cómo esa supuesta inocencia me subía por la médula espinal a modo de excitación. Por supuesto, mantuve la compostura que esas situaciones exigen ya que, al fin y al cabo, estaba ahí para hacerme un tratamiento de pedicura con uno de los más reputados podólogos de Barcelona. El problema es que su avanzada edad (unos 50 le echaba yo) no consiguió mermar mi acaloramiento, más bien al contrario. En mi foro interno creo que el morbo iba creciendo tantos puntos como dedos tenía yo en mis pies. Hubo un momento que no supe cómo colocarme para disimular alguna que otra exhalación. Mientras tanto, el doctor, inmerso en su rutinaria maestría con las manos, solo se centraba en aquello para lo que vine. Yo no estaba muy segura de qué hacer en ese momento. Era consciente de que en cualquier momento soltaría un gemido de placer, y eso me avergonzaría muchísimo. Intenté guardar las formas y apaciguar mi excitación moviendo mi trasero nerviosamente sobre la silla modernista de terciopelo. Recuerdo que llegué, incluso, a cerrar los ojos durante algunos segundos, varias veces, y solo esperaba que el doctor no se hubiera percatado de ese detalle. Mis leves movimientos compulsivos habían deslizado mi falda por encima de mis rodillas. La tela que, hasta el momento, me había cubierto mis vergüenzas decimonónicas, se había desplazado hacia arriba, lo cual me llevó a plantearme una osadía que aún hoy me sorprende: decidí separar un poco las rodillas para ofrecer la oportunidad de dejar vislumbrar mis bragas a aquel que estaba justo delante de mí absorto en la terapia. Si soy sincera, no esperaba que esa sutil pretensión mía tuviera consecuencias en absoluto. Es más, imagino que probablemente por eso que me atreví a hacerlo. Justo en ese momento el doctor soltó mi pie derecho y me comentó que "le tocaba al otro". Se levantó del taburete y, a la vez que se incorporaba para desplazarse, colocó el asiento a mi izquierda para proceder con el pie de ese lado. La diferencia es que, en esta ocasión, se lo puso sobre su rodilla derecha "para sentirse más cómodo". Es justo lo que mi subconsciente llevaba deseando desde hacía decenas de minutos. Al ubicar el pie por encima de mi propia cintura, la visión de mi ropa íntima era inevitable tras haberse movido intencionadamente la tela que antes la cubría por completo. El masaje del pie izquierdo fue algo más suave, más cadencioso, con una paciencia que alargaba el tempo de forma insoportable. Estaba tan exacerbada ya que, casi sin quererlo, separé un poco más mis rodillas dejando más a la vista el escudo de mi intimidad genital. Y, sin poder controlarlo, solté un pequeño gemido que enseguida tuvo su reacción: -"¿Te estás excitando bastante, verdad?" -"Creo que me estoy excitando demasiado, doctor". -"Es normal, los pies son una zona muy erógena, y su manipulado talentoso es realmente erótico. Espero que no estés muy incómoda. Yo estoy acostumbrado". -"No es eso…" No supe cómo acabar la frase. "¿No es eso?" Joder, qué lumbreras soy. La auténtica verdad es que la indiferencia de ese tipo, junto a la profesionalidad y dedicación por lo suyo, me ponía más caliente aún. Hirviendo, en verdad. Al tener las piernas un poco separadas, y una de ellas más elevada que la otra, notaba cómo mi coño empezaba a humedecerse en serio. Era la primera vez que sentía físicamente el deslizar de mi flujo desde dentro hacia afuera. Era consciente, por lo tanto, de que en algún momento u otro se me iban a mojar las bragas por la zona más explícita. Eso si no lo estaban ya. Y él a lo suyo. Aunque no tanto: -"Te estás poniendo realmente cachonda, Eva. Esto ya no es simple excitación. No es que me importe, al contrario. Eres muy hermosa y me halaga que, a mi edad, aún pueda poner así a una veinteañera tan guapa como tú". Dios, esto me ratificó que, efectivamente, ya tenía el escudete mojado. Yo no podía verlo, lógicamente, las leyes de la Física me lo impedían, pero lo deduje tras ese comentario tan "halagador". Yo estaba ya desbocada sexualmente, pero reprimida por la vergüenza de la situación. El propio doctor se encargó de romper el hielo: -"Acabo ya con este pie, también, porque veo que estás mojando tus braguitas con tanta agitación". Sin palabras. Se levantó de nuevo y clavó el taburete de diseño justo entre mis dos pies. Con una de sus manos separó un poco mis piernas, que ya descansaban en el raso, y desplazando mis rodillas un poco, una a cada lado, se sentó otra vez. Sin siquiera mirarme a los ojos levantó lo poco de falda que aún quedaba sobre mis muslos y se abrió paso visual hacia mi entrepierna. -"Llevas un buen rato lubricando y, si me lo permites, voy a acariciar tu zona íntima para conseguir que llegues al orgasmo por una buena razón, no con una terapia podológica". -"Sí que me he excitado mucho. No era mi intención mostrar esta lujuria, pero tampoco era consciente de lo que me esperaba con este tratamiento cuando decidí venir". Es lo único que se me ocurrió en ese momento. -"No te preocupes por eso ahora", me dijo. ¡El tio no se cortó ni un pelo! Ahí donde lo veis, tan callado y circunspecto, resultó ser un moja bragas profesional… Agachó un poco la cabeza para poder ver mi tela empapada entre mis carnes. Estiró uno de los brazos hasta que la mano alcanzó su objetivo. Sabía muy bien lo que hacía, claro. Con toda seguridad era un hombre curtido, no solo en la idiosincrasia de la vida, sino en lo más divino de la misma. Cuando posó su dedo pulgar sobre la tela, en la zona más sensible de mi ser, no pude evitar dar un saltito en la silla mientras se me escapaba un "ufff". El doctor no pareció escucharme, no se inmutaba, era como si no estuviera ahí, como si me masturbara yo sola con el dedo de un fantasma. Lo movió primero lentamente, siempre sobre la tela, y luego aceleró el ritmo mientras yo movía mi trasero apoltronado de un lado a otro. Mis "uffs" pasaron a ser gemidos más explícitos. Y entonces el doctor clavó su mirada en la mía: -"¿Te gustan los juguetes, Eva?" No sé si se refería a los Madelman, lo cual no tendría ningún sentido en el contexto actual, o se refería a los sofisticados artilugios sexuales para conseguir orgasmos cuasi forzados. -"¿Juguetes?", respondí entre dos gemidos. "Tengo uno en casa, sí". -"Estupendo, porque voy a usar uno contigo. Me gustaría que no olvidaras nunca esta visita al Podólogo", espetó con una sonrisa cerrada. Me dio un poco de miedo. No entendí qué quería decir exactamente con "juguetes". Pero, la verdad, estaba ya tan sumamente cachondaza, que por mí como si me quería meter un Scalextric por el chocho. En ese momento se levantó dejándome a mí ahí con una postura algo ridícula, el pompis en el extremo de la silla, las rodillas separadas un metro la una de la otra, y agarrada con las manos al respaldo. El doctor se dirigió a un pequeño armario sito al lado de su escritorio, y saco de él algo que no pude apreciar bien desde mi posición. Inmediatamente, abrió uno de los cajones de ese escritorio y sacó lo que me pareció el envase hermético de un condón. Se lavó las manos en una pequeña pila de época que tenía en el rincón del despacho y, al acercarse de nuevo a mi posición empecé a vislumbrar lo que se proponía. El "objeto no determinado" era exactamente un pollón de látex del 20, al menos. Era grande y grueso, lleno de venas simuladas y una cabeza muy bien conseguida. Me quedé sin habla. Pensé que no era un buen momento para decir nada. O me iba a casa en ese preciso momento o me quedaba ahí a "jugar" con Rocco Siffredi. Y me clavé. Mi vista seguía con interés ese objeto inanimado. Y también al pollón. El doctor abrió la funda del preservativo y cubrió el cilindro irregular de la misma forma que se lo pone un follador habitual: habilidosamente. -"Que no te asuste el tamaño, solo voy a darte placer, no tengo intención de que lo pases mal". -"¿Pero es algo grande eso, no?" le comenté con cierta preocupación. -"No olvides que por ahí salen los niños", afirmó el muy capullo. -"Pero no quiero parir, solo eyacular". No le gustó mucho ese comentario. -"Tú relájate". El doctor acercó a mi silla una mesilla baja sobre la que depositó una toalla blanca y el dildo encondonado sobre ella. Se sentó de nuevo en el taburete, justo delante de mí, y me pidió que me levantara "un momento". Así lo hice. Me puse en pie permitiendo que toda mi ropa se recolocara de nuevo por su propio peso. Esa posición erguida hizo que la cabeza del doctor quedara a la altura de mi barriga y, sin prisas pero sin pausas, introdujo las dos manos dentro de mi falda para estirar, por ambos lados, mi ropa interior hacia abajo. El movimiento era tan pausado que estuve a punto de arrancarme yo misma las bragas para empezar con el "tema". Pero en realidad, de eso se trataba. Su morosidad tenía como objetivo mi ascendente excitación. Me deslizó la tela hacia abajo hasta llegar a mis pies. Le ayudé a deshacerme de ellas levantando uno y luego el otro y, cuando las tuvo en sus manos echó una mirada a su interior para confirmar mi extrema calentura. Me enseñó ese pedazo de tela manchado mientras me sonreía con semblante de niño travieso. -"Has estado mojando un buen rato, por lo que veo". -"Ya le dije que para mí es inevitable". Justificando esa guarrada de bragas. Antes de pedirme que me sentara de nuevo, se levantó él para colocar la toalla extendida sobre mi silla. Me pidió que le ayudara a cubrir toda la superficie del asiento, y así lo hice. Se volvió a sentar en su taburete y, levantando mis faldas hasta la cintura, me invitó a sentarme de nuevo. -"Tienes un chochito precioso", dijo. "Pon una pierna en cada posabrazos, por favor". El muy cabrón me quería bien abierta. No dudé ni un segundo en obedecer. Con la falda subida y las piernas abiertas, el acceso a mi sexo era total ahora mismo. -"Menos mal que pusimos la toalla" soltó entre dientes. Es evidente que yo estaba soltando alguna gota de flujo que acabó, afortunadamente, en la toalla. Me puso la mano en la frente y me reclinó con cariño hacia atrás, apoyándome totalmente en el respaldo de la silla. -"Ahora déjame a mí" Enseguida comenzó a acariciar mi clítoris desnudo que, poco a poco se iba hinchando hasta descapucharse del todo. Cuando lo hubo conseguido se centró en mis labios, extendiendo con sus dedos todo el flujo que conseguía de mi cueva. Mientras él invadía mi intimidad más húmeda yo solo podía centrarme en no gemir demasiado alto. Ese frenesí sexual era desconocido para mí. Hasta hoy mismo los tíos solo querían de mí "un buen polvo" y correrse en mi cara, como en las escenas de XHamster. No es que me disgustara ese concepto, pero aquí estaba descubriendo que el placer puede interpretarse de forma muy distinta. El doctor solo se estaba centrando en el mío, y eso me impactó de forma muy positiva. De vez en cuando, entre gemido y soplido, yo forzaba mi cuello para intentar otear de qué forma este tipo me estaba llevando al Limbo. No conseguía apenas ver nada más que su muñeca. El resto lo tapaba la falda arrugada sobre mi estómago. Lo que sí percibí en uno de esos viajes fue un aroma a sexo que subía irremediablemente hacia mis fosas nasales. No era un olor fuerte, pero olía a sexo, joder. La misma esencia que disfruto cuando me masturbo en casa y me corro en mi mano. Reconozco que me daba un poco de vergüenza pensar que mi compañero de paja reconociera ese olor a coño que, por otro lado, no es que estuviera sucio, sino que desde la ducha matinal no había pasado por enjuague alguno. Y sí por varias meadas. Y claro, la ley de Murphy: -"Me gusta mucho cómo mojas y cómo hueles, Eva". Solo se me ocurrió responderle con otro gemido y varios soplidos más. Sus caricias eran cada vez menos sutiles, aportando más fruición. Notaba perfectamente que con el pulgar apretaba mi botón y luego lo deslizaba hacia mis labios calientes y muy lubricados. Luego usaba el dedo medio y el anular para frotarme toda la vulva, haciendo finta de introducírmelos una y otra vez. Pero nunca llegaba ese momento. Yo estaba tan caliente ya que era consciente de un inminente orgasmo. No pude evitar gemir y respirar de forma muy acelerada. No quería descargar aún, pero el doctor sabía muy bien lo que hacía, y el desenlace era inevitable a muy corto plazo. -"Me voy a correr ya", le solté al tipo no sé cómo, ya que mi respiración era ahora caótica. Al oírme decir eso, al doctor no se le ocurrió otra cosa que forzar mi llegada penetrándome hasta los nudillos los dos dedos juguetones, haciendo que entraran y salieran de mis entrañas a toda velocidad. Solo pudo hacer tres viajes porque de repente me contraje brutalmente para empezar a eyacular. Durante algunas centésimas de segundo sentí la invidencia con los ojos en blanco, la boca abierta, la mirada al techo, el cuello encogido y una de mis manos atrapando con fuerza el puño del doctor para evitar cualquier movimiento en esos segundos de hipersensibilidad. Los movimientos pélvicos eran eléctricos y yo notaba cómo mi ano se contraía una y otra y otra y otra vez. Parecía no acabar nunca. Ahora puedo decir que jamás había sentido un orgasmo semejante. En ese momento no parecía algo efímero… el placer no quería abandonarme. Pero lo hizo. La mano ejecutora del doctor seguía agarrada por mí con sus dos dedos dentro, y cuando me relajé un poco yo misma se los retiré fijándome atentamente en todo lo que había eyaculado: sus dedos, pero también la palma de su mano, estaban cubiertos por una película viscosa y lechosa que yo misma le había proporcionado en el límite de mi inspiración. -"Eres preciosa, Eva". Para halagos estaba yo ahora, el doctor me invitó a depositar mis piernas en el suelo. Estaba tan congestionada que cualquier movimiento me dolía. Se fue a la pila y se lavó las manos con ganas. Hacía el gesto de olerse los dedos y lavarse, olerse y lavarse. Parecía querer eliminar cualquier rastro de lujuria, aunque ésta fuera olfativa. De vez en cuando giraba su cabeza para mirar cómo me estaba recuperando yo, sentada sobre una toalla manchada de esperma femenino. -"No he acabado contigo aún. No te limpies el coñito, que me gusta así". Ya me extrañaba a mí que Rocco Siffredi solo sirviera de inspiración. En ese momento llamaron a la puerta de la consulta con dos golpes secos, e intentaron entrar sin éxito gracias a la pretérita precaución del doctor, que había cerrado con pestillo. Pegué un salto, me arregle la ropa y el pelo como pude y me senté en la silla frente al escritorio del doctor, con las piernas cruzadas y cara de niña buena, como una colegiala en el despacho del director. Él se acercó a la puerta y permitió el acceso del, para mí, desconocido. Se trataba de Jorge, su ayudante y relevo en la consulta. Me presentó y se pusieron a hablar de cosas de trabajo que no entendí ni me interesaban. -"Bueno, yo me voy ya, que es tarde", comenté con voz titubeante. -"Espera Eva, te dejas algo", replicó el doctor a mis intenciones. Joder, el tío había dejado mis bragas y a Rocco sobre la mesita, junto a la silla protagonista de la tarde. Lógicamente, Jorge se percató inmediatamente de la situación. Qué coño hacían ahí unas braguitas y un pollón del 20. No podían ser del tipo de mantenimiento… O sí. Pero, por si hubiera alguna duda razonable: -"Eva y yo hemos estado experimentando el nivel de excitación que aporta un buen masaje de pies. Una cosa ha llevado a la otra y he hecho que se corra". Hijoputa… ahora sí que no supe qué decir. -"Joder, pues es un buen pollón ese", esgrimió Jorge regalando una opinión muy semejante a la mía. Empezaba a caerme bien. -"Aún no lo hemos usado, pero tenía intención de follármela con eso antes de que vinieras", vomitó el doctor con tono irónico. "Eva, te importa si Jorge se queda mientras acabo contigo esta tarde?" Me quedé atónita. No me podía creer lo que me estaba pasando. Por un lado me parecía una desvergüenza imperdonable que el doctor me propusiera algo así. Y por el otro reconozco que el morbo del voyeurismo me tira bastante. No tengo porqué estar mirando yo. Ser protagonista de algo así siempre ha sido una de mis fantasías, como hacer un trío con dos tíos, tirarme a un negro o comerme un buen coño. Noté que me estaba poniendo muy perraca otra vez, justo mientras pensaba qué responder a la oferta del doctor. -"No sé si es muy buena idea, doctor. Lo he pasado muy bien antes y no me gustaría estropear la tarde". Se me ocurrió esta excusa tímida, sin convencimiento. -"Te aseguro que nada se estropeará hoy, Eva", comentó el doctor, muy sugestionado. Y Jorge "el ayudante", ahí pasmado, mirándome de arriba a abajo, desnudándome lascivamente con su mirada… Un tipo alto, treintañero, más bien guapetón. Se acercó a mí y me tendió su mano para atraerme hacia él. De cerca estaba más bueno, era algo canoso y tenía una piel muy cuidada. Una especie de metrosexual de gimnasio pero sin tanta cacha. Olía bien. Recién duchado, sin duda. Y perfumado. Llevaba anillo de casado. O sea, no follaba. Se mostró cercano y por encima de las circunstancias, aquellas que a mí aún me tenían ruborizada. Se puso detrás, me apoyó las manos en los hombros y acercó su boca a mi oreja para susurrarme que "estaba muy buena". Yo giré la cabeza hacia atrás para intentar susurrarle también al oído "y tú estás casado". No dijo nada. Se limitó a acariciarme los hombros, desde atrás, los brazos hasta las manos pegadas a mi cuerpo. De allí se abrió camino a mis caderas. Y empezó a moverse como si me quisiera bailar, y que yo le siguiera. Reconozco otra vez que me estaba poniendo muy cachonda. Me resultaba curiosa la rapidez con la que estos dos tipos eran capaces de calentarme. Es algo que nunca me había sucedido antes. Siempre he necesitado mi tiempo para empezar a lubricar y estar dispuesta al sexo físico, pero esa tarde todo lo estaba cambiando. El doctor debió estar haciendo cosas mientras Jorge me estimulaba a flor de piel, porque cuando abrí los ojos estaba a dos metros de nosotros con el dildo color canela en la mano, como diciendo "mira lo que te está esperando". Esa perspectiva era enervante: por un lado tenía a Jorge acariciándome y bailándome de forma sensual y, por el otro, el doctor le estaba sugiriendo, con la mirada, que me preparara para la penetración de goma. Y así lo entendió Jorge porque enseguida metió una mano bajo mi falda, desde atrás, ahí de pie, para accederme a la entrepierna donde, no solo no halló unas bragas, sino que se sorprendió de lo mojada que estaba. Y así se lo hizo saber a la concurrencia: -"¿Cómo puedes mojarte de esta forma, Eva?" No se me ocurrió ninguna respuesta, pero él tampoco la esperaba. Esa retórica era solo para justificar su siguiente movimiento. Me movió hacia una especie de sofá que había en uno de los lados de la sala y, al llegar, me colocó muy suavemente de rodillas sobre él. Como si fuera a follarme como la perra que era en ese momento. Me subió la falda sobre mi espalda y dejó a la vista mi conejo sonrosado e hinchado que una hora antes había escupido el néctar de la pasión. Otra vez me sentía ardorosa y con muchas ganas de un buen polvazo. Pero Jorge no iba por ahí. Se agachó a la altura de mi culo y empezó a lamerme, otra vez desde atrás, repasando toda mi zona, mis dos agujeros, de arriba a abajo, una y otra vez, primero lentamente pero enseguida con gran fruición. Yo no podía contener mis nuevos gemidos. Jorge estaba comiendo mis orificios como nunca antes lo habían hecho. Una vez más "como nunca antes". Vaya tarde… -"Déjame sitio Igor", dijo el doctor". "Igor… Jorge en ruso". Tuve tiempo para darme cuenta de eso antes de sentir cómo el "doctorov" planteaba el pollón de goma sobre mi coño. Estando así, de rodillas, sobre el sofá, aunque muy mojada y excitada, se me antojaba una posición poco adecuada para meter ese trasto enorme entre mis carnes. El doctor no pareció entenderlo así y empezó a empujar con mucho cuidado, milímetro a milímetro, moviéndolo sobre su propio eje. Iba empujando sin prisas. Paraba. Empujaba de nuevo y paraba. Así iba conquistando mi cuerpo poco a poco, mientras yo estaba muy atenta a cualquier desgarro imposible. Una concentración que se desvanecía a medida que la fogosidad me embargaba poco a poco. La humedad relativa de mis partes permitió que, de repente, la cabeza entrara de golpe, seguida de un gemido fuerte, que nos alertó a los tres. Ya habíamos llegado a la primera estación, pero aún quedaba trayecto. Jorge decidió entonces intervenir quitándome la blusa por la cabeza y desabrochándome el sujetador para centrarse en mis pezones. Sin duda, era consciente de la llave maestra para un orgasmo femenino intenso. -"Tienes los pezones durísimos", confirmó Jorge desde mi lateral. Los estuvo acariciando con mucho cuidado y, de vez en cuando, los pellizcaba furtivamente, lo que multiplicaba exponencialmente el deseo de ser totalmente penetrada por el Rocco que manejaba el doctor desde atrás. Y como él no se decidía comencé a moverme yo. Quería follarme ese trasto entero antes de correrme, y así se lo dejé ver al doctor. Pero está claro que no le acabó de gustar que yo manejara el ritmo y decidió, unilateralmente, sacarme a Rocco de dentro y darme la vuelta para ponerme boca arriba en el mismo sofá. Con una mano me levantó una de mis piernas para abrir mis orificios y empezar de nuevo la penetración del dildo canela. Lo presentó en mi cueva y empujó de un solo golpe hasta la cabeza y un poco más. Jorge se agachó a su lado y me levantó la otra pierna para asegurar una apertura total de mis carnes. Mis gemidos eran ahora continuos, y mi respiración volvía a ser abrupta. A cada embestida el pollón salía de mi interior más y más blanco. Mi mirada se centraba en el doctor, pero de vez en cuando echaba un vistazo a mi entrepierna, especialmente cuando noté que ya me quedaba poco para explotar. El doctor notó eso, sintió más resistencia, sabía que estaba a punto. -"Ya me corrr…" No pude acabar. Empecé a temblar, a convulsionarme. La "pequeña muerte" (como llaman los franceses al orgasmo) me había venido de golpe. No pude evitar siquiera que el doctor siguiera dándome una y otra vez, adentro y afuera. Jorge utilizó su corpulencia para contrarrestar mis temblores, que aún no habían cesado. Llevaba 10 segundos corriéndome, joder, y el doctor no paró de follarme con Rocco hasta que solté un chorro enorme que le salpicó en la bata. Enseguida lo sacó y continuó pajeándome con dos dedos en forma de gancho para hacerme chorrear una y otra vez, pero ninguno como el primero. Los demás fueron pequeñas fuentes que dejaron el suelo perdido, pero que no se podían comparar a "la madre de todas las corridas". Así la clasifiqué yo dos días después de aquella tarde extraña, apasionada, agitada, febril. Fin

Autor: EvaManiac Categoría: Incesto

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