Relatos Eróticos de Incesto


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El Pequeño Gran Despertar De Mi Hermanita

2019-08-25


Relato Voyeur-Filial e incesto / El hermano narra las vivencias de su hermana bajo las garras del degenerado de su tío. Desde que murieron nuestros padres, en ese fatídico accidente de avión, yo quedé casi a cuidado de mi hermanita, una real tragedia por donde se la mire, era pequeño y no podía asimilar que en casa ya no estaba mi mami, ni mi papi, solamente me quedaba en el mundo mi hermana, quien tuvo que crecer de golpe y para ser la cabeza del hogar. Nuestros padres no dejaron una fortuna, solo un departamento, un auto y un depósito bancario para nada abultado. Mi hermanita actualmente tiene 18 años, y si se lo preguntan, era virgen. ¿El motivo? Simple o no tanto para muchos, pues ella se dedicó a mí... bah, a nosotros. La tragedia ocurrió un año atrás y ella no pudo volver al colegio para terminar sus estudios, tampoco volvió a salir con sus amiguitas, ni hacer muchas cosas más dado el tiempo que le insumía a esa joven niña la responsabilidad de tomar las riendas del hogar. Hubo un administrador de los bienes de nuestros padres hasta que mi hermana alcanzara la mayaría de edad, nuestro tío, nuestro único familiar, al que casi no conocíamos pues el vivía en el campo, en soledad, primitivamente como un ermitaño. El nombre de él es Mark y es enano, si, pequeño, un pigmeo. Nunca le pregunté a mis padres el origen de su malformación, porque en realidad él no me interesaba, las veces que lo vi sólo me despertó temor, no por su tamaño, ya que en esa época eramos iguales casi de tamaño, aunque creo recordar que yo lo superaba por poco, sino por su manera de ser, por su rostro fiero y con barba, además era casi pelado, solo en los costados de la cabeza tenia pelo en vías de extensión. Era el hermano mayor de papá y tenía 51 años de edad. Vino apenas unos minutos al funeral, allí nos dijo que él era nuestro apoderado y que nos enviaría dinero, pero lo poco que mandaba se gastaba rápido, el departamento era algo valioso pero no lo podíamos vender porque vivíamos ahí, el auto era viejo, el depósito con los intereses no cubría los gastos, el dinero no se procrea solo, alguien debe ayudarlo y nosotros, dada nuestra edad no eramos los indicados. Cercados por la pobreza, mi hermanita dejó el colegio y comenzó a trabajar en un negocio de venta de hamburguesas, ahí se la quisieron comer a ella, pero ella nada, pobrecita, ni ganas tenia de comenzar una amistad siquiera. Ella se llama Silvia y siempre fue hermosa, su cabello es negro azabache bien lacio, con un simpático pero a su vez atractivo y sensual flequillito, sus ojos celestes, cuerpito hermoso, pechitos redonditos y firmes, cinturita fina, un culito muy redondito y apetecible para cualquier depredador y sus piernitas encantadoras... 18 añitos, pobrecita, si supiera la que le esperaba, ella hubiera debutado con algún chico sin dudarlo. El dinero se iba, se iba y no regresaba, lo que ganaba mi hermanita no alcanzaba para frenar el drenaje y un día, en que estábamos con Silvia viendo un futuro muy negro, más ella pues yo todavía no bajaba de la nube de mi niñez, donde todo se puede arreglar pero nada se entiende. Ese día sonó el teléfono, mi hermana atendió ya con pánico, pues habíamos comenzado a recibir llamados de gente que preguntaba cuando pagaríamos expensas, gastos bancarios, etc, etc, pero era nuestro tío, quién por supuesto también recibía llamados de nuestros acreedores al ser el apoderados de nosotros y cansado de nuestra insolvencia, con voz de fastidio, le dijo a Silvia que había que vender el departamento y comprar uno más chico para con la diferencia poner cuentas al día y esperar a que todo aclare. A este paso, no solamente nada aclararía sino que la oscuridad sería más cerrada, yo nunca supe si nuestro tío tenía dinero, él vivía, en su casucha del campo, cultivándose su comida y criando sus animales, nunca intentó decirnos que nos ayudaría, el tiempo me hizo ver que él nos dio una mano pero el precio resultaría muy alto para mi hermanita por sobre todo. Ante la ingenua pero realista pregunta de Silvia de donde iríamos a vivir en mitad de las operaciones de venta-compra de nuestro hogar, el enano dijo como con compasión, que podríamos estar con el en el campo, con él, yo hasta casi agradecí ese ”gesto humanitario” hacia nosotros. ¡¡¡Que boludo que era yo!!! Por fin comenzaría a crecer mentalmente y darme cuenta de las malditas cosas como son en la vida. Empacamos nuestras cosas, vino el de la inmobiliaria a buscar las llaves, y nos dijo que la operación de venta se haría sólo cuando se realice en simultaneo la de compra, no entendíamos nada de eso, el tío se ocuparía... el tío se ocuparía de muchas cosas, demasiadas. Por suerte el enano envió un taxi, pues nosotros ya estábamos en cero, pero yo seguía sin entender esos arrebatos de generosidad de nuestro tío Mark. El viaje fue muy largo, no se cuantos kilómetros hicimos, pero 3 horas estuvimos viajando, hasta que el taxista salió de la ruta por un angosto camino de tierra no mejorado y después de un buen rato llegamos a la casa en medio de la nada. Salió tío siempre con esa cara seria, como enojado, pagó al chófer y nos llevó a su casa. Algo comencé a intuir en ese momento, pues iba mi hermana adelante, atrás de ella el enano y yo cerrando la fila, entonces vi que ese familiar casi desconocido miraba con atención el culito de Silvia que se marcaba gracias a la calza negra que tenía puesta. Entramos a una casa muy grande, muy antigua y por demás descuidada, habían como 5 habitaciones, tres baños, un enorme comedor, con una enorme cocina, todo muy viejo, todo muy arruinado, como si Mark desconociera que la pintura existe desde hace mucho tiempo, todo bastante lúgubre, casa de película de terror imagine yo. Nos llevó a la que sería nuestra habitación, en un extremo de la casa, daba contra una de las galerías, una puerta y postigos americanos eran la comunicación con el exterior, con la galería. Tío cerró la puerta interior y nos dejó para que nos cambiáramos la ropa, mi hermana fue al baño que estaba conectado con nuestra habitación, yo revisé ese gran cuarto por las dudas de encontrar algún bicho adentro, por suerte nada, solo vi que la puerta postigo americana tenía dos tablitas rotas abajo, o sea que se veía de afuera hacia adentro y viceversa, la recamara estaba bastante fría, sólo había una estufa eléctrica que parecía recién prendida, el comedor poseía una salamandra que emitía buen calor. Mi hermana comenzó a desvestirse, yo estaba acostumbrado a verla en ropa interior no más y siempre observaba su figura cada vez mas linda, ella estaba ahora en tanguita negra y me pidió que gire porque se iba a cambiar el corpiño, eso hice. Al rato se vistió con un jean muy ajustado y un pullover verde, salimos y fuimos al comedor, luego de tantear puertas, allí estaba el enano sentado junto a la salamandra, ese día no hicimos nada, el silencio se impuso, pero yo empezaba a ver que tío enfocaba sin disimulo el radar en mi hermanita, era tan evidente que ella también comenzó a notar esas miradas hacia su culito bien formado y duro, y esa noche comenzaron las cosas raras. Después de cenar, miramos un poco tele con Silvia mientras el enano leía un libro, más tarde fuimos con mi hermana a la habitación para dormir, Silvia fue al baño y cuando salió, se cambió para ponerse su pijama, vi que alguien estaba espiando por las dos tablitas rotas, pues estas estaban abiertas. Yo miraba fijo en dirección a la tablitas, mientras mi hermana estaba en tanga, sin corpiño y se puso su pijama blanco con florcitas y el pantalón bien ajustado. Parecía una nena y el depredador ya estaba mirando su victima: Silvia – le dije bajo Qué? Alguien esta mirando de afuera. Ya sé. Solo alguien puede ser. Si, el enano depravado de nuestro tío. Ahora se fue. Tiby(así me llama ella), ya me estoy dando cuenta como va a terminar esto. Por qué lo decís?, Qué sabés? Tiby, soy virgen, pero no tonta, todo el tiempo vi a Mark mirándome el culo, varias veces cruzamos miradas y vos estabas de espalda a él y no viste, pero una vez saco su apestosa lengua y se relamió y en otra lo vi tocándose abajo mientras me sonreía con esos dientes marrones horribles... Oh Dios!!, Qué hacemos? Nada Tiby, nada... yo ya perdí, solo debo cuidarte a vos para que no veas lo que tarde o temprano va a suceder... Apartate Tiby, no digas ni hagas nada, estamos en sus manos, estamos perdidos has que tengamos un nuevo departamento, allí yo veré donde conseguir trabajo. Pero, por qué a ti? Sos su sobrina? Y?.. hay padres que abusan de sus hijas y es peor, horrible, todo esto fue preparado por ese enano degenerado para mí, no soy idiota, siempre me acosaron por Internet y yo callé pero tuve el presentimiento que era alguien cercano, este hijo de puta me tubo ganas de chiquita y ahora me tiene... Tengo miedo. Yo también, pero tu debes estar tranquilo, o todo sera peor... A dónde iremos?, Cómo nos vamos de acá?, Caminando?... ahora duerme y deja que todo sucederá como debe ser, pero yo me mato si a vos te pasa algo, por eso ayudame quedándote tranquilo y esperemos. Silvia cerró el libro, apagó la luz y se durmió, yo quedé mirando las tablitas, ahora no se veía nada y así me dormí, pensando en Silvia con el enano hijo de puta y me estremecí, al otro día me desperté primero y sentí en el techo de chapa que llovía, copiosamente, me quedé escuchando el agua golpear contra las chapas, al rato mi hermana se despertó, se levantó de la cama, vino hacia mí, me dio un beso y fue al baño, a pesar de estar nervioso sentía cierta excitación, de pronto mi hermana salió del baño y se cambió, entonces observé que ahora ella estaba con una tanga muy chiquita blanca con corazoncitos, y ahí entendí la causa de mi libido. Por mi cabecita se cruzó una escena donde veía al enano de mi tio montando a esa tierna niña, virgen, de culito tan redondito, de tetitas tan firmes, eso me estaba calentando e iba a ser muy difícil para mí controlarla. Hacía a pesar de la lluvia una temperatura agradable, por eso mi hermana se vistió con un short de jean, bastante cavado que dejaba ver unos hermosos cachetes y arriba una blusa blanca, raro en ella, no llevaba corpiño y se le marcaban los pezones. ¿Estaba mi hermana entregada? Nunca supe. Llegamos al comedor y estaba el enano sentado en la mesa, que cuando vió a Silvia se levantó con unos ojos inyectados que daban miedo y siempre mirándola a ella fijo nos dijo que traería el desayuno, el león ya estaba preparado para devorarse a la gacela, la comida fue en total silencio, Mark no dejaba de mirar a su sobrina fijamente, estaba transformado. Afuera llovía a cántaros, con estruendosos truenos. Mi hermana me miró en un momento y me sonrió, tratando de darme tranquilidad, tenía miedo pero además la tensa calma me excitaba, yo sabía que pronto comenzaría todo... y comenzó. Era media mañana, por nuestro silencio solo se escuchaban los ruidos de la tormenta y al terminar de desayunar el enano dijo con su vista en el cuerpo de mi hermanita: Hoy hace un día horrible... y hermoso. Nena querés sentarte en la galería un rato? Te gusta mirar y escuchar llover? Si, gracias... Tu nene, quedate acá mirando la tele, no sea cosa que te resfríes. Instantáneamente que mi hermanita se levantó junto al enano, yo me senté en el sillón frente al televisor, luego de haberlo encendido y puesto cualquier canal, escuché como salían y ahí comencé a temblar, pasaron más de 15 minutos y no aguanté más, vi que desde la puerta americana del comedor que conectaba con la galería había maderitas que se podían abrir, pero no veía nada, entonces fui a la otra puerta, por suerte estaba entornada, la abrí con sumo cuidado., oí un cuchicheo, susurros, estaban cerca, abrí un poco más y los vi, estaban sentados en un banco tipo plaza, de los que había varios en cada galería, el enano hijo de puta estaba casi encima de ella, hablando en susurros, diciendo cualquier cosa, Silvia escuchaba y lo miraba, Mark actuaba, casi lloriqueaba, hasta que una mano de él se posó sobre una pierna de ella, inmediatamente el reflejo de mi hermana fue sacar la mano de allí, pero él le agarró la mano y la colocó al costado de ella y volvió a situar su mano en la pierna, esta vez ella no insistió, dejó todo así. Entretanto, el enano no paraba de hablar, sabe Dios que decía, su mano ahora comenzaba a acariciar la pierna de su delicada y preciosa sobrina y... comenzó a subir hasta la entrepierna, entonces Silvia le dijo, tratando de sujetarle la mano: Tío, por favor, no... Shhh... pequeña, tranquila, por favor, no me saques más la manito, eso no me gusta, vamos a conocernos bien, mucho tiempo alejados estuvimos, te necesito... No está bien esto... somos familia... Shhhh... por favor, dejame... todo va a estar bien. Que pierna durita tenés... como mi pito jajajaja... parece que saliste a mí... Su voz sonaba excitada, hueca, extraña, mi hermana no dijo nada, el enano volvió a la carga pero esta vez sin resistencia, ella estaba como congelada, cuando la mano alcanzó a el short en la entrepierna, el enano lanzó un suspiro aterrador y mi hermanita comenzó a llorar, Mark ya estaba fuera de si, hizo inclinar a su victima para besarla y su mano comenzó meterse bajo el pantaloncito, Silvia lloraba y el enano gemía, estaba totalmente transformado, se puso cara a cara con ella y mirándola le dijo: Llorá corazón, llorá, crees que me vas a conmover? No ves que no puedo más? Y la besó en las mejillas, la frente, en la boca, ella abrió su boca instintivamente y allí entró la lengua del enano, la mano del deforme saltaba de la entrepierna a las tetas que ya no oponía resistencia, y por fin, el enano tomó una mano de ella y la llevó a su entrepierna. El bulto reventaba por salir del encierro y la mano de mi hermana comenzó a masajearlo. Yo observaba besos, chupones, manoseos, ya la victima estaba servida. Por favor tío, paremos acá, Tiby está adentro y puede escuchar... Esta noche? Si... Se acomodaron la ropa y entraron a la casa, fue un día larguísimo, dos veces el enano le tocó el culo mientras ella lavaba los platos pero mi hermana logró contenerlo, por la tarde le mordió una teta por arriba de la ropa. Llegó la noche, terminamos de cenar y fuimos con Silvia a nuestra habitación, ella se sentó en mi cama y me acariciaba la cabeza. En un rato debo irme... Ya sé y no me gusta... Vas a quedarte tranquilo? Si, me asustan un poco los truenos, pero estaré bien... Vos? Estaré bien... Me prometes que no irás a mirar? ??? Tiby, te vi mirando cuando estábamos en la galería, no me subestimes pequeño... No sé por qué hice eso... Yo me imagino... Te excitas viéndome con el tío? …..no...... Ok, no digas nada, trata de no mirar, te hará mal... No miraré... Gracias. Te vas ahora? En un ratito, voy al baño, me pidió que me vista para él. Ok. Ella tardó casi media hora en el baño, salió en silencio, mirando hacia la nada, estaba vestida con una tanguita rosa con animalitos, solo se puso una remerita roja floreada, la que usaba para dormir y le llegaba al ombligo, se puso las chinelas, miró mi compungido rostro con una sonrisa, me dio un beso y solo me dijo: Hasta mañana bonito mío, duerme pronto... Hasta mañana, mucha suerte. No pasaron 5 minutos y me levanté, caminé por la oscuridad y vi al fondo la luz de la habitación del enano, era una luz muy tenue,de una lámpara colorada, mientras me acercaba comencé a escuchar los gemidos, la puerta estaba toda abierta, mi hermana estaba contra la pared y el enano estaba con una bata azul, su cabeza estaba enterrada en la concha de mi hermana con la tanga puesta, las manos la tenían agarrada de las nalgas, la cara de Mark no la veía. Mi hermana tenía las piernas entreabiertas, los ojos cerrados, sus manos sobre la cabeza del enano y gemía, tío estaba comiéndole la vagina a su pequeña sobrina, le sacó la tanga, volvió a meterle su asquerosa lengua sucia en la concha pero esta vez sin estorbos en el medio. Ella gemía más fuerte y miraba al techo, él gruñía, como una diminuta pero destructiva bestia, luego se incorporó relamiéndose, la sentó al borde de la cama, se paró enfrente de ella, mirándola, bramando, se sacó la bata, la tiró al piso, quedando desnudo, con ese achaparrado cuerpo peludo y con una larga verga, muy dura, no era gruesa, pero si larga y la cabeza desproporcionada, muy grande, como un hongo. Agarró con las dos manos la cabeza de ella y acercó su pija a su boca, ella comenzó a besarla, luego a lamerla, con esfuerzo intentaba meter esa cabezota en su boca, el enano cerraba sus ojos mientras sentía los suaves labios en su brutal miembro. Pujó su glande dentro de la boca provocándole arcadas, pero no se detuvo, murmuraba cosas sin sentido mirándola, luego la amenazó: Te voy a perforar la conchita, me voy a tragar la sangre cuando te rompa el himen... me vas a recordar por siempre... Silvia sabía que esa pequeña bestia la haría mujer y estaba resignada a eso. Luego de un largo rato chupando la pija se acostaron, el enano comenzó a trabajar las tetas de ella, ambos estaban totalmente desnudos, los pezones de ella estaban casi inflamados de las chupadas recibidas, ahora comenzaría lo mejor, la colocó boca arriba, le hizo abrir bien las piernas, se embadurnó la cabezota con crema, se puso en posición y con la pija preparada para entrar a destrozar una cerradita y tibia concha, comenzó a insultarla, a decirle que la iba a penetrar hasta que los dos terminaran destrozados y empujó fuerte. Ella chilló y con sus manos primero intentó sacarlo y luego se agarró de los barrotes del respaldo de la cama de hierro, el enano tenía sus manos en las nalgas de ella, levantándolas, la cabeza sobre los pechos, parecía una garrapata, inamovible, solo el culo de él se veía haciendo fuerza para meter su verga. Ayyaaa.. nenaaa... aayyaaa, la sentís? Mi hermana estaba muy ocupada llorando y gritando, no estaba en condiciones de responder a cuestionarios estúpidos, su concha recibía por primera vez a una cabeza deforme, sin compasión, sin galanterías, no era el sueño de una chica en su primera vez. El glande rompió la telita tan preciada y la pija del enano salía con sangre para volver a meterse. Ella estaba dura, inmóvil, congelada, en ese trance la chota ahora le entró más fácil, y más profundo, la suave cuevita abrazó, envolvió a su terrible visitante hasta que esos dos enormes testículos hicieron tope en ella, ya estaba toda la pija adentro, quieta, sabiendo que iba a haber la última resistencia, esperando, pero firme, Silvia intentaba sacarlo, sujetándolo de la cabeza e intentando empujarlo para atrás, nada, la garrapata estaba muy bien prendida, ella gritaba, el gruñía, ella lloraba el reía, creo que 10 minutos duró esa ultima batalla, hasta que mi hermanita desistió, suspiró y aflojó su cuerpo, tío visiblemente muy experimentado en esas cosas, notó que ya el enemigo cedía terreno y lo aprovechó, muy despacio al principio comenzó a moverse, arriba, abajo, su peludo cuerpo comenzó a saltar sobre ella, sin miramientos ese desalmado comenzó a gritar, a aullar: Ah..ah...ah....ah.... Silvia ya no tenía lagrimas para derramar, pero poco a poco ella comenzó a experimentar lo bueno del sexo, a esta altura, el dolor cedió lugar al placer, la concha ya había aceptado que estaba abierta y que debía estimular más a la bestia, aunque doliera, aunque sintiera el daño y ella empezó a moverse, sin experiencia, torpemente al principio provocando más dolor, pero de a poco el movimiento acompañaba a los embates de la pija y ella comenzó a gemir, ahora ella tomaba la cabeza del enano y la acariciaba. El enano notó eso enseguida y pasó a cogerla frenéticamente, gritos, aullidos, gemidos, era una mezcla de sonidos que retumbaban contra las paredes, Silvia abrió sus ojos y me vio, yo estaba mojado y me había descuidado, pero ella sonrió y levantó la frazada cubriendo al enano y dejando solo visible a mis ojos, su escueto cuello y cabeza. La frazada se movía, solo se la veía a ella, parecía que estaba cogiendo con algo invisible, ella volvió a cerrar sus ojitos al sentir los bestiales embates expandir las paredes de su vagina, la cama crujía, la frazada se desplazaba lentamente por los exagerados movimientos, el enano estaba rompiendo la concha de mi hermanita. No sé cuanto duró, 1 hora, 2 horas, verdaderamente no sé, yo mojaba a cada rato mis calzones. De pronto escuché un gemido de ambos, el torrente de leche ya llenaba a mi hermana, al rato el enano salió de abajo de la frazada y se colocaba a un costado de su sobrina, besándola, pasándole la lengua por su cara, ella se levantó y desnuda fue al baño. Vi que él se tomaba una pastilla azul, era viagra por lo que me enteré después por mi hermanita, era evidente que el enano no era de dejar ningún trabajo por la mitad, mi Silvia regresó con un toallón que colocó sobre las ensangrentadas sábanas, mi tío fue a cagar y volvió con la pija súper dura, se tiró sobre ella y volvió a montarla. Solo el grito de ella cuando la cabeza entró, después placer. Perdí la cuenta de las veces que eyaculó en la ya rota concha de mi hermana, pero fueron varias, cuando se levantaron y fueron tomados de la mano al baño, yo me volví a mi habitación, esperé a que regresen al cuarto y también fui al baño, mi pantalón era un enchastre. Al otro día abrí los ojos y vi que estaba mi hermana sentada en mi cama acariciándome con ternura, sonriendo. Estas bien Silvia? Si... Te dolió mucho? No me preguntes lo que sabes... vos viste todo. Si... Bueno, ahora vamos a desayunar. En el comedor, el enano se reía mientras me miraba, Silvia estaba con un camisón lila bastante transparente, abajo solamente una braga muy chiquita de color azul, muy visible. Después de almorzar Silvia fue a dormir la siesta, ella estaba extenuada, me quedé con el enano sentado en el banco de la galería, mirando llover y mi tío comenzó a hablarme: Qué te pareció anoche? Qué? Jajaja no te hagas el boludo, tuviste platea preferencia. Yo no mir...... jajaja... empezá a crecer. Viste que trabajo me dio la conchita?.. se resistía la hija de puta... pasa que era virgen y estaba cerrada, pero la dejé tan abierta que hasta un camión ahora le entra jajajaja Si..... Se la rompí, todavía tu hermanita esta escupiendo leche por la concha, la llené bien... Ah...... Te imaginás esta noche la guerra que habrá con el culito? Ehh?. . Tio..... Shhhh pendejo, tranquilo, si, esta noche voy a romper el culo de tu hermanita, ayer lo toqué bien y el agujerito esta muy fruncido, muy cerrado, pero lo voy a abrir, se va a comer toda la pija y no voy a sacarla hasta que lo llene de leche, va a ser una gran enema y muy dolorosa, pero le va a gustar... Por favor... Nada. Se levantó, se acomodó la poronga y entró a la casa. Esa noche mi hermana se puso una camisa amplia y que apenas le tapaba el culito y desnuda abajo, yo le quise advertir: Silvia, en un rato el enano te va a...... A coger el culo... Si! Te pido por favor.... Ya sé... ayer sentí varias veces un dedo que entraba en el ano, el hijo de puta lo estaba probando, tranquilo, todo estará bien, solo te recomiendo que no espíes pues habrá dolor y no me gustaría que veas eso. Es tarde, él me invitó a mirar... Me imaginé, nuestro tío es un pervertido hijo de puta, goza con romperme pero también siente placer con vos viendo como él me ultraja. Y qué más te dijo, qué quiere? Que vaya yo con vos y me duerma en el catre, que está en la habitación de él, a un costado de la cama... Oh Dios!!! Tranquila Sil, ya nos acostumbraremos. Y fuimos. Allí estaba el enano, parado junto a la cama, tomando su pastilla de viagra. Hola chicos, Tiby podes acostarte en el catre, es cómodo, arrimalo más a la cama que quiero que Sil te sienta cerca, la va a contener de gritar, jajajajaja Me acosté dándole la espalda a ellos, mirando la pared, comencé a escuchar ruidos y el primer: Ahhhh, que hermoso... que cerradito!!!!!!!, mmmmm... lo quiero, es todo mio. Nuevamente ruidos, silencio, gemidos y me di vuelta tapado hasta la cabeza con mi manta, los vi acostados, desnudos, de costado, mi hermana de espalda a mi, yo le veía el culo y el enano, mientras la besaba en la boca me miraba, hijo de puta, le brillaban los ojos, la mano de él fue a las nalgas de ella, comenzó a frotarle el agujerito y le introdujo un dedo, haciéndola gritar, Mark ahora cerró los ojos, su concentración estaba toda en el ano que pronto iba a destrozar, la verga del enano explotaba y entonces la hizo girar poniéndola de costado pero ahora ella me miraba, la pierna de arriba de mi hermana fue toda para adelante, el enano comenzó a meterle el dedo con crema en el culo y a ponerse crema en la pija, mientras me miraba y sonreía, ahí se perdió en la espalda de ella. Sil me miraba esperando lo peor. El enano después de un rato, levantó la cabeza y le dijo: Ahora flojita, bien flojita. Y se volvió a perder tras ella, Silvi cerró los ojos esperando, de repente los abrió enorme, gritó que me dio terror, intentó manotearlo para sacarlo de ahí, inútilmente, pues la garrapata se prendió. Ayyyyyy Diosssss, por favorrrrr... sacalaaaaa Nooo Por favooooooooooor No Lagrimas, gritos, él aullaba, gruñía, con la cara llena de lágrimas, Sil abrió los ojos, me miró y me dijo: Tiby, por favor no veas esto. El enano levantó la frazada tapando a ambos y me dijo: Si, mejor que no veas, esto esta muy complicado, el agujero no quiere que entre. Pero yo miraba, miraba como mi hermanita tiraba manotazos al aire, gritaba, lloraba, intentaba zafarse, pasó mucho hasta que escuche al enano: Ahhh, por fin... ahhhh, ya está preciosa, ya está adentro... floja... floja... la voy a dejar descansar un rato en tu cálido culito jajajaja El enano había penetrado con esa larga y curvada pija el culito, ya estaba toda adentro, destruyendo, al rato largo Sil dejó de llorar, pero se quejaba permanentemente, la verga dolía mucho, el culo todavía se resistía, 15 minutos, 20 minutos habrán pasado cuando mi enculada hermana abrió los ojos y puso una mano sobre él y le dijo: Despacio, empezá despacio... Te lo quiero romper Rompelo, pero empezá despacio. Comenzaron los gemidos y los movimientos coitales, Silvia me miró y estiró su brazo hacia mí, yo estiré el mío y nos tomamos de las manos, me apretaba muy fuerte y fruncía los labios ante los embates en su culo, gritaba cada bastante, pero no me soltaba, me miraba con los ojos llorosos y gritaba, a esta altura las arremetidas eran fuertes, le enterraba la verga muy rápido. El enano gritaba mientras le destrozaba el culo a mi hermana y con los saltos que daba sobre ella la frazada voló a los pies de la cama, permitiéndome observar, él tenía una mano en la concha con algunos dedos dentro, mientras seguía prendido atrás perforándole el culo, ella gemía y pataleaba, el enano más tarde se soltó y la hizo poner boca abajo con el culo levantado y le dijo: Ya está abierto, ahora a romperlo. Se puso sobre ella, enfiló la cabezota ahora muy roja y penetró hasta el fondo, Silvia gritó, yo me levanté y volví a sujetarle la mano, el enano primero la metió toda adentro, hasta los huevos y después comenzó a bombear a lo bestia, la cama parecía romperse, yo miré hacia otro lado sin soltarle la mano a mi hermana que me apretaba y lagrimeaba, más de una hora estuvo destrozando el culo de mi hermanita, hasta que le puso la enema, cuando la sacó del culo escapó mucha leche y mi hermana se desplomó. Esa noche, ella se comió tres polvos por el culo y nunca me soltó la mano, ahora por suerte ya tenemos hogar, el precio fue muy alto... pero en la vida, nada es gratis. Marcel Milord & Gus Becker ®

Autor: relatosmilord Categoría: Incesto

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Mi navidad con mi prima

2019-08-25


Hola, hace tiempo escribí un relato que no publicaron pero ahora narro la continuación. Yo soy un joven de 21 años que radica en cierto lugar de México, soy alto como de 1.85m, delgado, de piel blanca, cabello negro, ojos café claro y en realidad no soy feo, aunque tampoco soy un galanazo. En fin, tengo una prima que tiene mi misma edad pues nacimos el mismo año, ella es alta como de 1.72m de piel muy blanca, cabello negro lacio hasta media espalda, tiene unos senos que yo diría que son perfectos pues están redonditos y en su lugar de buen tamaño, muy blancos con un pezón bastante grandecito cuando se exita, tiene un trasero de película, bien redondito y paradito, y que conste que no tiene ninguna cirugía por su puesto. En fin, todo comenzó, como lo conté en mi otro relato, hace un año, en las fiestas de diciembre siempre vamos a pasar la navidad a la ciudad de México pues allá se encuentra la familia de mi papá, todo era normal, mi prima y yo siempre hemos sido muy cariñosos el uno con el otro y siempre hemos llevado un tipo de relación mas o menos de novios platónicos, agarrándonos de la mano, caminando abrazados, pero nada más. Pero esta vez todo fue distinto, pues el trato comenzó a ser diferente, la manera de abrazarnos cuando caminábamos por la plaza era más sexual, yo la tomaba por su cintura más abajo de lo normal y ella hacía lo propio, cuando entramos a una tienda de ropa, mientras ella veía alguna prenda yo la tomaba por atrás de su cintura y me acercaba mucho, poniendo mi barbilla sobre su hombro para ver lo que ella estaba viendo (si claro). Para no hacer el cuento más largo, nosotros acostumbramos jugar juegos de mesa en esas reuniones con la familia, así que mientras jugábamos cartas nosotros dos hacíamos equipo y nos sentábamos juntos y pegados a la mesa, de manera que nuestras piernas quedaran cubiertas por el mantel. Debo decir que ella comenzó todo el jugueteo pues mientras jugábamos era yo el que sostenía las cartas mientras que ella con su mano por debajo del mantel acariciaba mis piernas muy seductoramente, en ciertas ocaciones yo tomaba las cartas con una sola mano y con la otra correspondía a sus caricias de la misma manera, era genial pues ella usaba un pantalón de esos pegaditos hecho con una tela muy delgadita que me permitía sentir sus piernas como si no trajera nada. Así pasamos la semana hasta que sucedió que debido a la comida de la cena de navidad, mi mamá se enfermó y la tuvieron que hospitalizar, así que tuvimos que quedarnos más tiempo del planeado en la ciudad. Como mi papá se fue a dormir al hospital para cuidar a mi mamá mi prima se quedó a dormir en la casa de mi abuelita, que es donde nos quedamos nosotros. Ese día, desgraciadamente y por estúpido no aproveché la oportunidad que se presentaba pues me dormí en el sillón de la sala, pero me prometí que no volvería a mi casa hasta haber hecho mi aproximación con ella. Días después una amiga de mi tía nos invitó a su casa al recalentado después de año nuevo, así que fuimos. Obviamente nos sentamos mi prima y yo juntos y empezamos nuestros juegos debajo de la mesa, como de costumbre, pero esta vez fuimos mas allá pues acariciábamos un poquito más arriba que de costumbre y cuando todos se vieron fuera de nuestro alcance después de cenar y nos quedamos relativamente solos en el comedor, ella comenzó a besar mi cuello de manera muy sensual, lo cual me vuelve loco. Luego nos levantamos de la mesa y nos fuimos a la sala donde mis primos estaban viendo una película, yo me senté en el sillón grande y ella junto a mi se acostó prácticamente sobre mí, dejando su torso a mi alcance. Mientras nadie nos veía comencé a rozar con mi brazo su seno izquierdo con el pretexto de calentar con mi mano su brazo del mismo lado, noté que ella no hacía nada al respecto, excepto que, por el contrario, se acomodó de manera que pudiera continuar mi tarea sin que nadie se percatara de lo que estaba haciendo. Luego por fin me di valor y acaricié su seno con la mano directamente y sin decir agua va. Ella se sorprendió un poco y se movió, pero no dijo nada, y luego volvió a la posición en la que se encontraba. Inmediatamente después tuve una idea genial, alegando el clima frío, le pedí a mi primo que me pasara las chamarras que se encontraban junto a él en el otro sillón, me pasó tres chamarras con las que tapé el cuerpo de mi prima y de paso el mío. Ahí empezó todo, comencé a sobarle sus tetas con mi mano derecha (que era la que estaba libre) ya debajo de la protección que nos brindaban las chamarras, las acariciaba a mi gusto pues hace mucho que no tocaba unas tetas y nunca unas tan espectaculares como esas, después me fui animando más y comencé a tocarlas por debajos de su delgado sueter, sobre la blusa, luego, debajo de la blusa hasta que por fin, bajé el sostén de cada uno de sus senos y los pude acariciar piel con piel, yo estaba en la gloria, no sé si ella notaba el grado de exitación en el que yo me encontraba pues mi verga estaba increíblemente grande y dura. Después de un buen rato (aprox 1hr) de estar acariciando esas preciosas tetas a mi gusto, decidí ir más allá y comencé a acariciar su sexo por arriba del pantalón pues traía uno de esos pantalones de tela muy delgada. Ella comenzó a respirar entrecortadamente, lo que me decía que de verdad estaba disfrutando. Abrí el cierre de su pantalón y comencé a meter la mano a ese lugar prohibido, toqué su pantaletita que pude apreciar tenía un moñito, esto me puso a mil, luego introduje mi mano por debajo de su calzoncito hasta que me encontre frente a frente con su lugar más íntimo, su monte de venus, lleno de pelitos, y comencé a meter mis dedos (no sin falta de esfuerzo pues su pantalón era bastante apretadito) y ella me ayudaba poniéndose en posiciones que facilitaran mi acceso. Así comencé a acariciar lo que me pareció que era su clítoris pues no podía ver nada, hasta que ella agarró fuertemente mi brazo y tensó los músculos de sus pies, lo que me hizo ver que había alcanzado el orgasmo más silencioso en la historia de la mujer. Después de eso, regresamos a nuestra ciudad y no la volví a ver hasta este año, en las mismas fechas, donde volvimos a repetir la experiencia e incluso, fuimos un poco más allá.

Autor: Anónimo Categoría: Incesto

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Los masajes de mi hija

2019-08-25


Mi hija, fisioterapeuta diplomada, se ofrece a darme unos masajes, después de un día de senderismo que me había dejado molido. Tengo cincuenta y dos años. Enviudé hace cinco y mi única hija, Isabel, que tiene veinticinco, sigue viviendo en casa. Según había dicho más de una vez, no tenía ninguna prisa en abandonarme. Ella ponía como excusa, entre bromas y risas, que quería cuidar de mí. En realidad es que aún no era independiente económicamente, pues aunque tenía estudios universitarios en Fisioterapia, no había encontrado un trabajo de su profesión, y trampeaba con contratos temporales, mayormente en supermercados y grandes superficies. Al fallecer mi esposa, pasamos unos meses en que la relación, siendo normal, era algo fría. Cada uno iba a lo suyo, yo a mi trabajo y mi hija a sus estudios. Consideraba que ya era mayor, con veinte años, y no necesitaba una especial atención por mi parte. Con el tiempo, la situación se fue relajando, y creo poder decir que alcanzamos una relación de confianza, normal entre padre e hija. De todas formas, Isabel mantenía cierta distancia en lo que se refería a su vida íntima, de novios, amigas, y demás. Y yo tampoco le hacía partícipe de algún encuentro que tenía ya últimamente con alguna mujer. El día en que ocurrió lo que pretendo contar, había regresado a casa cansado, después de una marcha por el monte de quince kilómetros. Me gusta el senderismo. No era mucho pero a mi edad, ya no estaba para ciertos trotes. Así que después de darme una ducha, y con sólo una toalla envolviéndome de cintura para abajo, me tendí en mi cama, con la intención de descansar un poquito. Me quedé dormido. Cuando desperté sobresaltado por el ruido de la puerta del cuarto de baño al abrirse, vi a mi hija salir con una indumentaria similar a la mía, una toalla enrollada pero en este caso desde la parte superior del pecho, que alcanzaba hasta la parte superior de los muslos. Huy! Perdona papá. Es que te vi tan profundamente dormido que no quise despertarte. Pero….¿qué haces aquí? –le dije sorprendido. Es que….quería ducharme, y como la ducha del cuarto grande está estropeada, quería pedirte permiso para ducharme en el tuyo. Pero como te vi tan dormido, no quise despertarte. Está bien….No pasa nada…..Ahhh!! –al intentar incorporarse noté los estragos del esfuerzo, en forma de una fuerte punzada en mi pantorrilla derecha. Me quedé inmóvil boca arriba. Isabel me preguntó que qué me pasaba, y le expliqué a qué me había dedicado esa tarde y cuál había sido el resultado, a la vista del dolor que ahora me atenazaba la pierna. - Si quieres, te puedo dar un masaje… No olvides que tengo formación como fisioterapeuta, aunque no haya ejercido nunca. - Pues la verdad es que no me vendría nada mal. Como seguía quejándome, mi hija descartó hacerme esperar mientras se ponía otra indumentaria. Tal como estaba, con solo la toalla a su alrededor, empezó a darme instrucciones para que me diera media vuelta y me colocara boca abajo. Primero se sentó en un lado de la cama y, preguntándome cuál era la pierna que me dolía, empezó a palpar las dos pantorrillas. - En realidad –dije- me duelen las dos piernas……desde el dedo gordo del pie hasta las ingles…., qué digo ingles, hasta las cejas… También noto la espalda y los hombros doloridos. Debe ser de llevar durante tanto tiempo la mochila. - Bueno….. no te preocupes, papá….. Tú ahora relájate. Empecé a notar las manos de mi hija frotándome las plantas de los pies. Iba alternando por espacios prolongados cada pie, masajeando las plantas, palpando cada uno de los dedos, me flexionaba las piernas por las rodillas, y me palpaba y masajeaba también las pantorrillas……, en todas las posiciones. A penas llevábamos así un par de minutos cuando mi hija me dijo que iba a cambiar de posición para facilitar su trabajo. Se puso de rodillas encima de la cama, a mi lado y siguió aplicándome los masajes. Empezaba por las plantas de los pies y seguía por el empeine, las piernas, pantorrilla y….también los muslos. En un principio solo hasta donde empezaba la toalla. -¿Qué tal? –preguntó ella. - Mmmm..! Qué gusto! Entonces me dijo que para darme masajes en la espalda y hombros, se iba a subir a horcajadas sobre mis piernas…. Me lo dijo como informándome. No me pidió permiso. Pero esperó unos dos o tres segundos antes de iniciar la maniobra, seguramente por si yo ponía algún tipo de reparo. Como no obtuvo respuesta, noté cómo se colocaba sobre mis piernas. Pensé en si la indumentaria de mi hija, la toalla que la envolvía, le dificultaría la posición, e incluso pensé en qué parte del cuerpo de mi hija era la que había empezado a notar que entraba en contacto con el mío. Según los movimientos que ella realizaba, de masajes en la zona baja de la espalda o en los hombros, el cuerpo de Isabel se movía y variaba el contacto con el mío. Unas veces a la altura de las pantorrillas, otras a la altura de mis muslos. Pensé en si serían sus piernas, sus muslos….., hasta que decidí que era todo: sus piernas, sus muslos, se apretaban contra los míos…. Pero, también notaba el vaivén de una parte de su anatomía que, por la posición no podía ser más que su entrepierna. Se alternaba la cara interior de sus muslos con….. joder! ….lo que no podía ser más que una cosa….¿Sería posible? Hasta entonces nunca había estado en una situación parecida, de un contacto físico tan extremo, con mi hija; dejando aparte la época de su infancia, claro. Pero era cierto que, de un tiempo a esta parte, me había sorprendido recreando la mirada en su culo, al cruzarse en el pasillo, y a veces, evitando que ella se diera cuenta, en su escote y pecho. Sin duda la escasa actividad sexual explicaba esa conducta, a la que no quería darle importancia. Es cierto que había llegado alguna vez a un pequeño conato de fantasía, en cuanto al visionado de su cuerpo, pero no pasé nunca de ahí. Siempre acababa esfumando ese tipo de pensamientos. Mi hija se había callado y se dedicaba solamente a proporcionarme las friegas, que habían provocado ya en mí un estado de excitación considerable. -¿Sabes que tienes aún un buen culo? –me soltó ella de repente fingiendo una risita… Siguió masajeando mi cuerpo, aunque yo apreciaba cada vez más ternura y menos energía. De pronto ella me dijo: Date la vuelta, papá. Ahora toca por delante. Me lo dijo de una forma rara, pensé. Con la voz cambiada. Casi temblorosa. Pero le obedecí inmediatamente. Sin que ella tuviera apenas que moverse, solo incorporarse un poco para facilitar la maniobra, me di la vuelta. Nos miramos a los ojos. A horcajadas, a la altura de mis piernas, pero sin aprisionarlas, veía claramente con qué parte de su cuerpo estaba en contacto. Eran sus muslos, y verlos, acrecentó mi excitación. El borde de la toalla dejaba prácticamente la totalidad de los muslos de mi hija a la vista, y la aparición visual de su entrepierna se adivinaba al menor movimiento. Ella se percató de mi mirada de su padre y me dijo: No mires, papá….-fingiendo una voz algo aniñada- o dejo de darte masajes –haciendo ahora como que me recriminaba mi travesura. Inmediatamente recuperé la posición horizontal de la cabeza y quedé mirando al techo. Me descubrí a mí mismo obedeciendo para no poner en peligro las gratificantes sensaciones que estaba teniendo, tanto por los masajes en sí, como por la excitación que estaba experimentando. Empezaron las friegas por delante. Primero los pies, los tobillos…..iba subiendo, las pantorrillas…. ¿Era apreciación mía o más que masajes, se trataba de caricias….? Sí…, sobre todo cuando sus manos llegaron hasta mis muslos. Eran caricias, que aumentaron mi excitación. Fue ahí, cuando me estaba….acariciando los muslos, cuando separé instintivamente las piernas, e inmediatamente noté como mi hija apoyaba su cuerpo, aunque no con todo el peso, sobre mis piernas, y volví a notar con más contundencia la cara interna de sus muslos, y con el movimiento, lo que no podía ser más que su entrepierna. Sus dedos presionaban débilmente sobre la parte interior de mis muslos, haciéndome respirar profundamente. Empecé a notar una intensa erección, pero no podía hacer nada por disimularlo, al estar en esa posición. No me atrevía a mirar a los ojos a mi hija. Entonces ella dirigió sus manos a mi torso, y con las palmas extendidas le aplicó lo que pretendían ser masajes, pero se quedaban en caricias contundentes, casi magreos…. El movimiento del cuerpo de mi hija se convirtió en un vaivén más….expresivo, y cada vez que bajaba su cuerpo acompasado con sus manos, contactaba su pelvis en mis piernas. Hubo una pausa de dos o tres segundos, y sentí que los dedos de Isabel se posaban en mis pezones, iniciando leves giros. Abrí los ojos y dirigí la mirada hacia mi hija, que aguardaba con media sonrisa mi reacción. ¿Te gusta? –preguntó con un hilo de voz. Tardé unos segundos en contestar. Sí. En ese momento mi hija realizó un movimiento de aproximación de su cuerpo, deslizándose sobre mis piernas, sin dejar de acariciarme los pezones. El movimiento provocó que la toalla que rodeaba su cuerpo se desmoronara y cayera, dejando a la vista su cuerpo desnudo. Fijé la mirada inmediatamente en sus pechos. Eran soberbios, contundentes, bien proporcionados a su cuerpo. Con unas areolas grandes, que se difuminaban poco a poco, a medida que se integraban en el resto de la teta. Sus pezones estaban endurecidos. Ella, sin cambiar la mirada, dejó por un momento de mover sus dedos alrededor de mis pezones, pero yo rápidamente puse mis manos sobre las suyas, cubriéndolas suavemente, dando a entender que no quería que dejara de proporcionarme sus caricias. Ninguno de los dos dijo nada. Cuando estuve seguro de que mi hija no rechazaba aquel momento de tensión, puse mis manos sobre las tetas de Isabel, proporcionándole unas caricias suaves que le hicieron cerrar los ojos. Nos estuvimos acariciando así hasta que yo atraje su cuerpo, cogiéndole de las muñecas. Los dos acercamos nuestras bocas y nos besamos largamente. Yo disfrutaba como loco de la humedad de su lengua. De pronto reaccioné, e intentando apartarla le dije: No….. Esto no está bien. Soy tu padre. Pero también soy una mujer –contestó ella-. No pasa nada….. Además, nadie tiene por qué enterarse. Esas palabras bastaron para rendir la tímida resistencia que había opuesto. Recuperamos la posición y reanudamos el cálido y húmedo morreo. Yo la abracé por un instante, pero enseguida empecé a mover mis manos a lo largo de su espalda, deteniéndome en sus nalgas, que amasé y sobé con deleite un buen rato. - Me gusta que me toques el culo, papá. Continué recreándome en aquel más que hermoso trasero, que más de una vez me había quedado mirando con contenido deseo. Lo disfrutaba ahora como resarcimiento de todas aquellas ocasiones en que no me había atrevido ni siquiera a rozarlo. Cuando separé las manos de su culo, mi hija aprovechó para incorporarse un poco. ¿No quieres chuparme las tetas, papá?.... A mí me gusta… - Ven aquí, hija- y empecé a mamar de aquellas fuentes de placer, lamiendo los pezones y succionando con fruición, ocasionando algún leve quejido de mi hija, lo que ayudó a atemperar la acción a su gusto, hasta que conseguí que expresara su deleite. - Uumm!... que gustito papá. Entonces decidí apartar del todo la toalla que aún rodeaba inútilmente las caderas de mi hija, y la que yacía arrugada bajo mi cuerpo, con la clara intención de intentar una aproximación de mi polla al coño de Isabel, que ya había rozado durante los movimientos precedentes, y que había notado húmedo y caliente. Ella, al darse cuenta de lo que buscaba yo, me facilitó la acción y se acomodó para sentir la polla de su padre dentro. Con el primer embate, mi hija emitió un ronco suspiro de satisfacción. Los dos empezamos a movernos rítmica y acompasadamente, manteniendo ella sus manos sobre mi pecho, mientras que mis manos rodeaban y amasaban su culo. - ¿Te gusta así, hija? - Sí, papá. Me gusta mucho. Continuamos moviéndonos hasta que empecé a notar que se iniciaba el desenlace, así que le pedí parar y cambiar de posición. Isabel aprovechó el parón para decirme: - Déjame que te chupe la polla, papá. Quiero darte placer. Nos colocamos adecuadamente y empezó primero a lamer con delicadeza cada rincón de mi miembro, sujetándolo con una mano. Se detuvo en la zona del frenillo y con la punta de la lengua cosquilleaba aquella parte, arrancándome gemidos de placer. Se introdujo el glande en la boca y empezó a succionar, al tiempo que paseaba su lengua en derredor. Sabía hacerlo, estaba claro, pensé. Seguro que no era la primera vez que lo hacía. No se dedicaba a introducirlo del todo en su boca, sino solo la parte necesaria para chupar, lamer… También le dedicó a los testículos una buena sesión, lamiéndolos con delicadeza. - Hija mía…..lo haces muy bien. - ¿Si? Pues ahora fóllame y córrete, papá. -¿Estás segura, hija? - Sí. No te preocupes, que tomo la pastilla. Ella se colocó a cuatro patas, mostrando cuál era la forma en que quería ser penetrada por su padre. Me coloqué detrás, de rodillas y dirigí mi polla al coño de mi hija, que se introdujo sin problema, como un cuchillo entre la mantequilla. Una vez dentro, le acaricié las caderas y las nalgas, que noté cálidas y acogedoras. Le cogí con una mano la cola de caballo que se había hecho con el pelo al salir de la ducha y empecé a moverme rítmicamente. Tras unas pocas embestidas me decidí a hundir hasta el fondo mi miembro, lo que arrancó un gemido de placer de Isabel, que aún me excitó más. Cabalgamos así un ratito y ella no tardó en gemir profundamente, dando muestras de estar recibiendo oleadas de placer. Hasta que por fín dijo: Me voy a correr, papá. Córrete hija. Quiero que disfrutes y goces todo lo que puedas, mi pequeña. Al oír eso, mi hija pareció abandonarse al placer y empezó a emitir verdaderos gritos de gusto. No tardó en alcanzar el orgasmo, y me lo hizo saber. Cuando pensé que mi hija se había corrido a gusto, me detuve. Quería aprovechar la excitación y correrme también, pero en otra posición. Le pedí que, tal como estábamos, sin sacar la polla de su coño, se tumbara en la cama boca abajo, de forma que yo quedé acostado encima de mi hija, contactando así mi pecho con su espalda, mi vientre con su culo, mis muslos rodeando los suyos, y colocando los pies por encima del empeine de los de ella, a modo de estribo. Le dije que relajara las nalgas, que las quería sentir blanditas. Enlazamos nuestras manos y disfrutando de la sensación de tener mi polla dentro, empecé a moverme sólo yo. Con cada empujón, ella soltaba un bufido por la presión. Preocupado, le pregunté: -¿Te peso demasiado? - No papá. Sigue….sigue… Y seguí. No tardé en sentir la llegada del punto sin retorno, lo que me decidió a incrementar las embestidas, y no tardé en sentir que la espita del placer se había abierto, derramando sus fluidos en el interior de mi hija, que se relamía también de gusto. Quedamos los dos inmóviles por unos segundos. Me apoyé en los codos sobre la cama, para aliviar el peso que soportaba mi hija. Luego me aparté, y ella se dio la vuelta. Al cabo de un rato, ella rompió el silencio: - ¿Qué es lo que más te ha gustado de todo lo que hemos hecho? - Lo que más me ha gustado, hija, ha sido escuchar de tu boca la palabra papá, cada vez que me decías algo. Ser consciente del pecado del incesto, de lo prohibido, … excita mis sentidos como no puedes imaginar. Le dije que lo que había pasado no podía llegar a saberlo nadie. Ella me tranquilizó, llevando su dedo índice a mis labios….. Nadie lo sabrá nunca. Será nuestro secreto.

Autor: Capachero Categoría: Incesto

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LA DESVERGONZADA FAMILIA PORRETA 1ª parte

2019-08-25


Antes de seguir tengo que decir que la familia Porreta es muy desvergonzada. De siempre han follado delante de sus cuatro hijos y claro cuando han sido mayores han querido también participar . No le hacen asco a nada, y no les importa lo que los vecinos hablen de ellos. Se las suda a todos. Un sábado cualquiera en casa de la familia Porreta. Son las nueve de la mañana el primero que se levanta es José Porreta, el patriarca. En calzoncillos pues es verano se sienta en la salita a ver la televisión. Tiene 63 años y es un vago total, le gusta que se lo hagan todo. Es un hombre rudo, alto y calvo. En seguida se levanta Marta, su mujer y se va a la cocina a prepararle el desayuno. Marta es un mujer de 60 bajita y rellenita, pero muy saludable, es muy trabajadora y por lo tanto una madura rustica y poco atractiva con el pelo corto a estilo macho. A continuación se levanta la pequeña Clara, la nieta mayor del matrimonio Porreta. Esta noche se ha quedado en casa de sus abuelos a dormir. Clara tiene 18 años y un cuerpecito delgado y pequeño pero con unas formas muy femeninas. Se mete con su querido abuelo en la salita y se sienta a su lado. A clara le encanta tocarle el nabo a su abuelo, es muy caliente. En cuanto puede se la menea o se la chupa. Hoy se ha levantado cachonda y piensa hacer algo más. Clara: qué pito más gordo tienes abuelo!. Es lo que siempre le dice cuando le mete la mano dentro de los calzoncillos. La verdad es que el pito del señor Porreta es un nabo bastante gordo. José está concentrado en las noticias de la tele y no le contesta. La chiquilla le toca el nabo morcillón poniéndoselo cada vez más duro y más gordo. Tiene un glande exagerado, la niña se lo muerde pues sabe que a su abuelo le encanta que le den bocados en el capullo. José: tranquila Clara, que me vas a hacer daño. Mientras tanto José le acaricia el culete respingón de la chiquilla, se moja un dedo y se lo mete en su agujerito anal. Clara se saca los testículos y se los chupa también. En esos momentos se levanta Pedro, el hijo menor de los Porretas. Pedro es gay y tiene 22 años. Vive con sus padres pues aun está estudiando y lo primero que hace todos los días es ir a la salita empalmado y sentarse sobre el nabo de su padre para que lo encule hasta que se corre meneándosela. Hoy no ha podido ser pues su padre está ocupado con su sobrinita. Entonces se va a la cocina en busca de su madre. Pedro va con unos bóxer negros donde se le señala la tremenda erección con la que se ha levantado. Por cierto, no he dicho que Marta viste un bambo fino sin ropa interior debajo. Marta: uy como vienes niño! Está como una piedra. Pedro: buenos días mamá, necesito tu ayuda porque papá está liado con la putilla de tu nieta. Porfa hazme un pajón que estoy muy caliente. Marta: vaya, el sinvergüenza de tu abuelo liado con su nieta. Mira que le tengo dicho que no le haga nada pero la verdad es que la golfilla lo busca. Anda ven pacá que te baje esa picha. Marta deja por un momento de hacer el café y agachándose en cuclillas se le saca la picha a su hijo y se puso a meneársela y a chupársela. Pedro mientras aprovechaba metiéndole las manos en las tetorras a su madre. Se quita el bóxer y poniendo una pierna sobre la encimera de la cocina se abre el culo. Pedro: mamá por favor dame por culo con la otra mano, anda! Marta: bueno vale, guarro maricón, qué te gusta tener el culo lleno! Mientras Marta se la menea con una mano le mete su gorda mano entera en el abierto ojete de su marica hijo. Pedro: ayyyy, que gusto. Un poco más adentro mamá. Marta le mete el brazo hasta la mitad y su hijo empieza a echar leche bañándole la cara redonda de su madre. Mientras en la salita Clara le propone a su abuelo que intente meterle su gordo nabo en el culete. Juan: pero niña, no te va a caber, es muy gordo para ti. Clara: vamos a intentarlo abuelo, que ya estoy bastante entrenada con la picha de mi padre. Es que me gusta tanto sentir una polla en mi culete… Juan: pero mi pollón es el doble de gordo que el de tu padre. Clara se sienta sobre su abuelo y se abre el ano con las dos manos, lo tiene bastante elástico para lo pequeña que es. Se deja caer sobre el nabo duro del abuelo y poco a poco le va entrando en el culo. Juan: ostias nena, te está entrando el gordo capullo. Clara: siiiii, y en cuanto entre me entrará todo el nabo. Aaayyy, me duele mucho, pero me gusta. El ano de Clara empieza a echar un poco de sangre pero ella sigue empujando hasta que de golpe se empala en el gordo pene del abuelo. Ahora sube y baja con los ojos en blanco tocándose el chochete sin pelos. Antes de seguir tengo que decir que la familia Porreta es muy desvergonzada. De siempre han follado delante de sus cuatro hijos y claro cuando han sido mayores han querido también participar . No le hacen asco a nada, y no les importa lo que los vecinos hablen de ellos. Se las suda a todos. Son cuatro hermanos, Daniel de 39 años casado cuya mujer no quiere nada que ver con su familia , Belinda de 37 años, divorciada y madre de Clara ; Rocío de 36 años, la más puta de la familia, casada con Pepe también de su edad que se ha incorporado en la familia como un hijo mas y que le encanta que su mujer le ponga cuernos, tienen dos niños pequeños y no saben quién es el padre . Y por ultimo el soltero mariquita de Pedro. Todos los sábados se reúnen en casa de sus padres y se lo pasan todo el día follando sin complejos. Continuará…

Autor: Inmacul Categoría: Incesto

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Mi hijo, mi cuidador

2019-08-25


Un incendio hace que precise de los cariñosos cuidados de mi hijo. - Elena, Elena, ¿cómo te encuentras? Miré hacia la voz y divisé a un hombre vestido de blanco a traves de la neblina que cubría mis ojos. Murmuré algo ininteligible mientras asentía levemente con la cabeza. - La operación ha sido un éxito Elena. Pronto podrás irte a casa, pero ya te explicaré los cuidados que precisarás cuando estés recuperada. Tu hijo está fuera, voy a decirle que entre y os dejaré a solas. Cuando los efectos de la anestesia fueron desapareciendo el día que me operaron empecé a recordarlo todo. El incendio que se había provocado en la oficina. Un incendio violento y repentino que cogió a varios compañeros por sorpresa. Recordé como corrí hacia la salida tropezando con todo el caos a mi alrededor. El pelo y la manga de la camisa de mi compañera Victoria en llamas. Cómo rodaba por el suelo mientras yo intentaba apagarla a base de manotazos. El olor a pelo quemado, jamás podría olvidar aquel olor. El dolor en mis manos despellejadas. El calor... y la oscuridad que lo invadió todo. Me miré las manos y las encontré vendadas casi hasta el codo. Las lágrimas resbalaban por mis mejillas. Mi hijo pequeño entró y me besó, dedicándome unas palabras de consuelo que no alcancé a escuchar. Unos días después salíamos del hospital. El médico nos explicó que debía llevar las vendas durante una semana, que había zonas donde tuvo que injertarme piel que había retirado del interior de mis muslos y que con cuidados mis manos tendría el aspecto de antes. Al estar divorciado y vivir sola con uno de mis hijos, el doctor le explicó que durante aquella semana no podría usar las manos para absolutamente nada. Mi hijo debía ocuparse de la casa, darme de comer, ayudarme con mis necesidades y bañarme. Ya en la recepción, mi hijo consiguió unos justificantes para aquella semana y poder faltar a clase. Mi exmarido y yo nos enamoramos muy jóvenes, en nuestro primer año de instituto. En el verano previo a mi primer año de universidad me quedé embarazada de mi primer hijo, Rubén. Dos años después nacía David. Vivíamos todos felizmente hasta que yo cometí un error. Empecé a engañar a mi marido con varios hombres durante nuestros últimos años de matrimonio. No tengo excusa, él era un buen marido y un buen padre pero al pasar los años cada vez me gustaba más el sexo y empecé a detestar la monogamia. Si digo la verdad, al final follaba compulsivamente con cualquiera que me resultara minimamente atractivo, hacía shows eróticos en una web en casa de uno de mis "novios" y me pasaba las horas en casa chateando con desconocidos. Finalmente mi marido me descubrió y me pidió el divorcio. En parte yo estaba aliviada por poder ser libre sexualmente. Por otra parte, aunque suene extraño, quería a mi marido y le sigo queriendo. Lo peor fue cuando pidió la custodia de mis hijos. Por suerte, no se descubrieron más deslices por mi parte y dejaron a los chicos decidir con quien querían vivir. Me llevé un duro golpe cuando Rubén eligió a su padre sin dudar un instante. Por suerte, David, mi niño precioso, mi ojito derecho, se quedó conmigo. David y yo siempre habíamos estado muy unidos, él me adoraba y yo lo adoraba a él. Está feo por parte de una madre tener un hijo favorito pero así era. De todo esto hace ya dos años. Desde el divorcio he disfrutado mucho más del sexo aunque sigo sin llevar hombres a mi casa, no quiero que David los conozca ya que no son ni serán nada serio para mi. Además la mayoría son chicos jóvenes. A pesar de tener 36 años conservo una buena figura, siempre la he tenido y con el paso de los años he ido manteniéndola a base de dietas y ejercicio. Soy morena y con ojos negros profundos como buena malagueña. Tengo una talla 100 de pecho, no tan firmes y elevados como los tenía hace 10 años pero siguen siendo un buen reclamo. Mi culito es mi parte preferida, redondito, durito y bien puesto y tonificado por el ejercicio. Siendo sincera, soy la madura ideal para cualquier veinteañero consumidor de pornografía. Cuando llegamos a casa me senté en el sofá del salón y David me puso la televisión. Él se fue a colocar las medicinas que me habían recetado y a preparar el almuerzo. Yo me quedé sola y triste. No me sentía nada sexy. Triste, ojerosa, cansada y encerrada en casa durante una semana sin poder hacer prácticamente nada. David me trajo un refresco en un vaso con pajita y me lo dejó en la mesa. Al rato empezaron a entrarme ganas de orinar. Mientras intentaba aguantar pensé si no sería mejor contratar a una enfermera durante aquella semana aunque sólo fuera durante el día. Me daba mucha vergüenza lo que iba a pasar de un momento a otro. Pero David me había convencido diciéndome que quería cuidarme él, que me quería y que no le suponía ningún problema. - David...- Le llamé. - Dime mamá.- Me dijo cuando llegó al salón. - David...yo...tengo que hacer pis. - Ah vale. Espera que te ayudo a levantarme. Me cogió del brazo y me ayudó a incorporarme. Fuimos al baño y me quedé allí de pie. David me desabrochó el botón de los pantalones vaqueros y empezó a bajármelos mientras yo me ruborizaba. Sin embargo él lo hacía con total naturalidad. "Mi hijo es más maduro que yo" Luego colocó sus manos en el borde de mis braguitas y empezó a bajármelas dejando a la vista mi coñito cubierto por un incipiente vello. Normalmente lo llevo depilado pero ya había pasado un tiempo desde la última vez. David me cogió de las axilas y me ayudó a sentarme. El sonido de mi orina cayendo en el retrete no ayudó a disipar mi vergüenza. - Ya he terminado cariño. - Vale, apóyate en mi y levántate un poco para que te limpie. Hice lo que me dijo y le vi coger un trozo de papel higiénico. Vi su mano desaparecer y noté un escalofrío cuando restregó su mano cubierta de papel por mi coñito con delicadeza. Volvió a pasar la mano dos veces más mientras yo me ruborizaba por motivos muy distintos a los de cinco minutos antes. Habían pasado cuatro días desde mi último polvo y os aseguro que eso para mi es mucho tiempo. Tanto tiempo que mi cuerpo reaccionaba sin importar que fuera la mano de mi hijo la que me estimulaba sin él proponérselo. David dejó caer el papel en el retrete y me sujetó mientras se incorporaba. Vi como sus ojos se quedaron fijos durante unos segundos en mi pecho. Bajé la mirada y vi mis dos pezones marcados en la camiseta. - Mamá, mejor te pongo un pantalón corto de tela que los vaqueros son muy engorrosos. - Como digas David. Me subió los vaqueros sin abrocharlos. Al colocármelos noté su mano acariciar mi culo. Imaginaciones. Tenía que relajarme. Me quedaba una larga semana de convalecencia. Seguí a mi hijo hasta mi habitación y me ayudó a tumbarme en la cama. Empezó a revolver en los cajones de mi tocador y sacó un pantalón corto rojo de andar por casa. Me sacó los vaqueros y me lo puso. Volvimos al salón y estuve mirando el televisor a solas. Digo mirando el televisor porque mi mente iba una y otra vez al cuarto de baño. Al rato almorzamos juntos y David me llevó a mi habitación a dormir la siesta. David pasó la tarde conmigo. Nos quedamos charlando en el salón, siempre habíamos tenido facilidad para comunicarnos lo cual no me pasaba con Rubén. Hasta me hizo reir y olvidarme de mi estado durante un buen rato. Después de cenar le dije que quería acostarme, estaba muy cansada. - Vale, vamos primero a la ducha. Espera aquí mientras preparo tu ropa.- Me dijo sin darme tiempo a réplica. Me llevó a la ducha y empezó a desnudarme. Me sacó la camiseta con cuidado de no rozar mucho las mangas por mis manos vendadas. Después se puso detrás de mi y empezó a desabrocharme el sujetador. Sonreí al notar su torpeza con el cierre y pensé si alguna vez abría desabrochado alguno. Nosotros hablábamos de todo. Aunque no trajera hombres a casa él sabía que yo me veía con ellos. Él, sin embargo , nunca me había hablado de ninguna novia o de alguna cita. Finalmente mis tetas quedaron libres. David me agarró el pantalón y empezó a bajarmelo junto a las braguitas y me imaginé a mi hijo observando mi cuidado culito. Me dio la vuelta, me colocó unas bolsas para proteger los vendajes y me ayudó a entrar en la ducha. Mientras entraba le vi dejar su mirada fija en mis tetas desnudas. No le di importancia, era normal en un chico de su edad y más si no tenía mucha experiencia con chicas, si es que había tenido alguna. David abrió el grifo mientras yo me mantenía alejada del agua mientras él regulaba la temperatura. Cuando estuvo satisfecho colocó la ducha sobre mi y el agua empezó a mojar mi cuerpo. David dejó la ducha en su soporte y empezó a echarse una buena cantidad de gel en la mano. Iba a decirle que tenía la esponja ahí mismo cuando echó parte del gel en su mano vacía y las colocó en mi pecho, entre mis tetas. Me quedé muda de asombro mientras él miraba mi cuerpo desnudo y empezaba a pasar sus manos por mis hombros, mi abdomen y, sobre todo, por mis tetas. Las sensaciones que empecé a sufrir eran muy confusas. Por un lado, la vergüenza de que mi hijo me acariciara mis zonas erógenas. Por otro lado, la excitación de volver a tener de nuevo a un hombre tocándome íntimamente después de tanto tiempo. La segunda sensación empezó a ganar terreno. Mis pezones empezaron a endurecerse y mi boca se entreabría mientras yo intentaba que no se escapara ningún gemido cada vez que David pasaba sus dedos sobre mis pezones. Poco después (a mi me pareció una eternidad) se colocó de rodillas en el suelo para enjabonar mi culo y mis piernas. Él estaba fuera de la ducha en manga corta, pero el agua corría por sus brazos y se estaba llenando el suelo de agua. Volvió a coger el gel mientras yo me miraba mis tetas enjabonadas. Si mis manos hubieran estado libres sin duda me hubiera empezado a tocar. Di un respingo cuando David colocó sus manos llenas de gel en mi culo. - Tranquila mamá jajaja. - Perdona David, es que esta situación me pone un poco incómoda. - No tienes porqué mamá. Empezó a restregar sus manos por mi culo, quizás se recreaba demasiado, y después bajó por mis piernas. Al volver a subir por mis muslos, la mano que pasaba por mi interior llegó a rozarme el coñito con su lateral. Al notar el contacto, incoscientemente y por puro acto reflejo de mi vida sexual, moví mi pierna derecha hacia fuera abriéndome un poco. David volvió a subir las manos mientras me enjabonaba y volvió a rozarme una y otra vez mi coño con el lateral de su mano. Yo ya no aguantaba más, sabía que mi coño se estaba humedeciendo sin que yo pudiera hacer nada a pesar de ser mi hijo pequeño el que lo provocaba. Cerré los ojos para pensar en otra cosa cuando noté los dedos de mi hijo acariciando mis labios vaginales. - David...que... - No pasa nada mamá.- Me respondió. - Pero David...no está bien... - Mamá yo se que lo necesitas. Yo haría cualquier cosa por ti, confía en mi por favor. Era cierto que lo necesitaba. Mi hijo me conocía muy bien. Y también era cierto que la sorpresa y el tabú cultural no habían aplacado mi grado de excitación. Cerré los ojos y me dejé hacer. Noté los dedos de David volver a entrar en contacto con mi coño. Aunque me gustaba era un poco torpe y se notaba que no conocía muy bien el sexo femenino. Pensé en fingir para no hacerle sentir mal, pero quería llegar al orgasmo y de paso darle una valiosa lección a mi amado hijo. - Un poco más arriba David...eso es un poco más... ahí pasa el dedo por ahí...¿notas ese bultito? Es el clítoris, estimúlalo. Así...ahh...así...Ahora mete el dedo pulgar por mi rajita... Mi hijo me obedecía obediente mientras yo gemía despacio y pensaba en pellizcarme los pezones. Había pillado pronto la lección y me estaba poniendo cachondísima. - Vaya mamá, que húmeda estás... - Si cariño, lo estás haciendo muy bien. Ahora saca el pulgar y méteme dos dedos, ya estoy lista...mmm eso es...mételos y sácalos con delicadeza cielo...mmm asi que bueno...ahora más rápido amor... David empezó a follarme con sus dedos mientras yo me derretía. Mis piernas temblaban mientras yo gemía ya sin disimulo mientras miraba mis tetas brillantes por el jabón contornearse por la masturbación. - Ya casi estoy David...mmm que bien lo haces mi vida...deja los dedos quietos dentro de mi... Mi hijo siguió mis órdenes y cuando dejó los dedos quietos me incliné ligeramente y empecé a flexionar las rodillas follándome los dedos de mi hijo como si fuera una polla de uno de mis amantes. - Ohh joder que bueno... Mueve los dedos sin mover la mano David... asii, asii...Oohh me voy a correr cielo...me corro, me corrooo... Tuve un orgasmo brutal. Las piernas me temblaban tanto que mi hijo se asustó y se levantó para sujetarme. Le sonreí y le dije que estaba bien, que no iba a caerme. Ya más tranquilo cogió la ducha y empezó a enjabonarme. Miré hacia su entrepierna y vi un buen bulto en su pantalón mientras él me sobaba las tetas con descaro mientras me aclaraba. No hice el más mínimo gesto. Se lo había ganado. Cuando terminó me ayudó a salir de la ducha. Me secaba mientras sonreíamos cada vez que nuestras miradas se cruzaban. Luego me ayudó a vestirme de nuevo y me acompañó a mi habitación y me ayudó a acostarme. - Buenas noches mamá.- Me dijo después de darme un torpe beso en los labios. Me quedé un poco extrañada por aquel geste pero no le di más importancia. Le dije que no cerrara la puerta por si necesitaba algo, apagó la luz y se fue a su habitación. Sonreí en la noche al escuchar los sonidos del colchón y el somier de su cama. Llevaba escuchándolos bastante tiempo como es normal, pero aquella, noche sabiendo que se estaba masturbando reviviendo en su mente mi cuerpo y la sensación de sus dedos acariciando y entrando en mi coño, disfruté de esos sonidos. Me quedé dormida con un pensamiento inquietante en mi cabeza. Cómo había insistido mi hijo en cuidarme él mismo cuando el médico nos sugirió una enfermera de día, cómo había pasado más veces de la cuenta su mano por mi coño al limpiarme después de orinar, cómo había empezado a estimularme el coño la primera vez que había tenido que ducharme, la forma de sobarme las tetas al aclararme... Desde luego mi amado hijo me conocía muy bien. Tal vez me conocía tanto como para saber que no sería capaz de resistir pasar tantos días sin sexo... Continuará...

Autor: HelenaDeTroya Categoría: Incesto

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Accidente y “daños” colaterales

2019-08-23


Se complica todo con un accidente, lo que en principio parecía un drama se resuelve bien, gracias a una madre, su hija y la amiga de la hija. Este mes con Sara y Raquel iba a ser de lo más entretenido. Lo que no me quitaba de mi cabeza el “tumultuoso” descanso con varias parejas, que había salido totalmente contrario a lo que había planeado. Esa misma noche me llamo Neus, al principio la conversación se desarrolló de forma bastante insulsa y sin sentido. No entendía el motivo de la llamada, porque carecía de sentido y por eso quise ir al grano y saber que quería. - Neus, está claro que me caes muy bien, pero, ¿Puedo saber qué es lo que quieres? Porque esta llamada no tiene sentido y como creo que después de estos días, hay un poco más de confianza, pues podías ser clara. - Jajajajaja, que directo que eres, pero me gustas así. Tienes razón, me ha pedido Helena que te tantease para saber cómo andas. - Pues perfectamente. ¿Por qué quería saber eso? - Supongo por lo que me ha contado, que será por lo que hablaste con su marido. - Que se quede tranquila, porque no hemos hablado de nada en concreto, salvo que quiere quedar a tomar algo conmigo. Y ya que estamos de preguntas, me puedes decir ¿Como es eso de Quela y tú? ¿Hay más de vuestro grupo en circunstancias similares? - Jajajajaja, varias parejas hemos tenido lo que se dice “escarceos” pero sin llegar a mayores. Porque los maridos siempre han dudado en dar el último paso. Sin llegar al final. Muy fantasiosos, pero a la hora de la verdad siempre pasa algo. Y algunas quisimos pasar a la “acción” pero como contigo nunca. - Y tu marido ¿Qué ha dicho? - Dice que todavía no se lo cree, pero que ha sido un puntazo. Pero, siempre pone un pero, que tenemos que reflexionar. Me dice que te de recuerdos, que lo tengo aquí al lado. Acabamos la conversación, dejando la puerta abierta a encontrarnos en otro momento, ya fuera para tomar solo algo o para que pasase algo más, que ella dejo claro que quería esa última opción. Si me gustaba algo de Neus en su forma de ser, era lo directa que era y como tomaba la iniciativa, eso siempre me pone mucho. Llego a mi trabajo. Como siempre me encuentro con algunos de los que habíamos estado unos días de descanso. Unos tienen mirada de complicidad y otros de reserva, como cortados. Pero todos de buen rollo. Lo que extraño es la falta de la llamada de Alex, que le vi muy decidido a hablar conmigo, pero se había enfriado o eso pensaba yo hasta que desayunando recibo la llamada de Alex, ha sido muy madrugador con su llamada y me dice si al día siguiente podemos quedar a comer. Le digo que sí y quedamos en un lugar conocido por los dos. Nada más colgar llamo a Helena se lo cuento y le pregunto si hay algo nuevo. Su respuesta. - No, no mucho, está bastante serio o distante, es difícil de saber. Me ha estado preguntando una y otra durante estos días detalles de lo sucedido y nada mas - Pero hazme un resumen de lo que le has contado. - Pues que nos besamos, que nos metimos mano, que me metiste un poco la puntita, pero que no quise llegar a más. - JAJA, ¿Eso es ser sincera? Joder, te has saltado muchas cosas. Pero me interesa saber de verdad como se lo tomo. - Entre tú y yo, pero no se lo digas a nadie. Se puso muy “bruto” y me hizo el amor con furia, estando tu presente todo el tiempo. - Mujer eso está bien, quiere decir que no le disgusto tanto. - Pues lo disimula bien, porque apenas me habla, esta como ido. Solo cuando hemos estado en la cama ha cambiado, haciéndome preguntas intimas de ti, de mí. Y le lleva a ponerse bruto, bruto. Desconocido. - Pues ya veremos lo que me cuenta mañana. Quedamos en que cuando pudiera la llamara o le mandara algún whatsapp. Es más me insistió en que se lo podía mandar mientras estaba con él, para ir poniéndola al corriente de todo. Porque ella en teoría no sabía que comeríamos juntos. Por lo que me ha dicho Helena, voy muy tranquilo a la comida. Esa noche me acuesto y follo con Sara y Raquel toda la noche, sin poder evitar, pensar en Helena, Neus, Quela y como no, con retazos de cómo puede ser la comida. Me siento adormilado, estoy en un sueño placentero. Siento algo de frio, pero es suave. Noto como susurros, manos que me acarician mi rabo, oigo como pequeños susurros acompañados de leves sonrisa cómplices. También oigo como una voz femenina dice, “Ojala mi chico tuviera algo así, que suerte tienen algunas” y otra voz femenina que le respondí, “Hija siempre pensando en lo mismo. Las casadas no decimos esas cosas, pero jijijiji, te tengo que dar la razón, esta para comérselo” y risitas de las dos. Estoy en la gloria, hasta que en mi olfato se mezclan el olor de un perfume que me gusta y un olor a desinfectante o algo parecido. Sigo notando esas caricias y de pronto, noto rigidez en mi cuerpo, un dolor punzante generalizado. Me cuesta despertarme, salir del sueño y cuando lo logro, tengo una gran pesadez en mi parpados. Susto, sorpresa, desorientación, abro los ojos quedándome alucinado. Ahora oigo algún que otro pitido y oigo a alguien que me dice con voz dulce, “Tranquilo, tranquilo, todo está bien. Estas en el hospital. ¿Cómo te llamas? ¿Te acuerdas que te ha pasado?” fueron demasiadas preguntas, o por lo menos es como lo recuerdo. No me acordaba de nada. Pude ver mis dos manos totalmente vendadas, un poco rígidas. Una pierna que parecía escayolada, que al final era así. Un collarín, ahí lo de sentirme rígido. Una mujer de unos 30 años me estaba aseando con unas toallitas espumosas y otra salió a avisar a alguien. Acortando un poco todo. Tenía que seguir en observación hasta que me pasaran a planta. Me había atropellado un coche, o mejor dicho me había embestido un coche en una rotonda, arrollándome en mi moto. No recordaba nada, absolutamente nada y ni un pequeño retazo en mi mente. Como cuando me dijeron que llevaba cuatro días allí. Solo recordaba que estaba en mi casa, que tenía que ir a comer con Alex y poco más. Mi cabeza dio un vuelo cuando una de las enfermeras, me comento que quien me atropello era alguien que me conocía. El corazón me empezó a latir con fuerza, me vino a la cabeza que hubiera sido Alex, que se le hubiera ido la cabeza. Ese día lo pase bastante mal, hasta que todo mi cuerpo y sobre todo mi mente volvió a estar conmigo. Al día siguiente se me presento la policía a tomar declaración, que fue muy breve, porque no recordaba nada de nada. Como había muchos testigos que lo vieron, me dejaron tranquilo, por lo menos por esa parte que no fui yo el culpable. Me enteré que fue el hijo de una compañera de mi trabajo, que fue a recoger a la madre y luego me dieron a mí. Por más que me decían quién era, ni me sonaba. Ya que tendría que conocerla de vista, porque trabajaba en otro departamento. Me iban a trasladar a planta y se acercó una mujer, por cierto muy guapa de cara, del resto no lo sé, porque iba enfundaba en esa vestimenta, tan poco agradecida. Me explicaba lo que iba a hacer, donde me iban a llevar y mientras lo hacía me llego su olor, era una de las dos mujeres a las que había oído, cuando termino con una sonrisa preciosa me pregunto, “¿Quieres saber algo más?” y le dije, “Si, tengo una gran duda (Sonriéndola) Me gustaría saber quién eres tú, ¿La que tienes chico o la casada que no dicen esas cosas?” Se le corto la sonrisa de golpe y balbuceaba sin decir nada, en eso llego un celador y me trasladaron a la habitación. Me quede sin saber su nombre ni nada. Al entrar en la habitación estaban mi tío Paco y su mujer, Rosalía con su marido y su hija Raquel, Esperanza con su marido y su hija Sara. Todos mostraron su alegría al verme. Miriam había decidido todo esos días y entre otras cosas decidió que las chicas siguieran en mi casa, donde ella se había quedado para estar pendiente de mi todos los días, aunque yo no me había enterado. Después de un buen rato entre unos que se fueron a fumar y otros a tomar un café, por fin despejaron un rato la habitación. Se quedaron conmigo Raquel y Sara. Nada más irse los demás Sara y Raquel se pusieron a hablar conmigo en voz baja y en plan confidencial. SARA.- Hemos tenido que cambiar de planes, pero la estrategia va a ser la misma básicamente. YO.- ¿De qué me habláis? Si ahora mismo me duelen hasta las huellas de los dedos. RAQUEL.- No seas blandito. Que nos lo hemos currado y más estos últimos días. Y.- Venga bichos, contarme, que sois unos bichos. S.- Habíamos estado contando a Rosalía, que el bicho eras tú, que eras muy duro con nosotras, que no nos pasabas una, que eras muy borde y dictatorial, vamos que solo te había faltado darnos unos azotes. Y.- Si que me habéis puesto bien, pensara que soy un pirado. ¿Por qué habéis dicho eso? S.- Porque Raquel y yo pensamos, aunque estamos seguras, de que a ella es lo que le pone, los tíos duros, malotes. Y.- No sé, si será así. R.- Está claro, si no fuera así, mi madre ya nos hubiera sacado de tu casa, si no lo hizo fue por algo. ¿No lo crees así? Y.- No sé, con tu madre puede ser todo, que es muy gilipollas. S.- Bueno el caso es que ya la tenemos más que convencida para que se quede a echarnos una mano y a ti las dos, jajaja, ya que estas de momento imposibilitado y un poco más que te lo tienes que hacer. Y.- Chicas, no quiero aguaros la fiesta, pero en estos momentos no estoy en mis mejores momentos y no sé lo que tardare, pero seguro que tardare, que conozco bien a mi cuerpo. Sus caras se “entristecieron” y pusieron cara de resignación. Regresaron los “mayores” y Miriam y Rosalía ya estaban organizando todo. Me daban tanto dolor de cabeza que una vez que comí, les dije que se fueran a comer tranquilamente y aprovecharía para dormir la siesta, que no hacía falta que se quedara nadie y por una vez me hicieron caso. Estaba entre dormido y despierto, se abrió la puerta y era una enfermera, me tomo la temperatura y cuando me estaba tomando la tensión, apareció vestida de calle la mujer a la que pregunte quien era si la soltera o la casada. Menudo cambio, se la veía super buena y ya no traía la coleta, llevaba el pelo suelto, tendría treinta y tantos largos, morena, algo pechugona y en su peso. Se saludaron las dos, ella dijo que era amiga mía y hablaron de un par de cosas del trabajo, se sentó a un lado de mi cama y cuando se fue su compañera hablamos. - Disculpa a mi compañera y a mí. Fue un comentario totalmente inapropiado y te aseguro que no me volverá a pasar. Que menudo corte y te quería pedir el gran favor de que no dijeras nada, que me complicaría la vida mucho y en todo. (Se mostraba arrepentida y muy nerviosa) - Por mí no te preocupes, ver la cara que ponías abajo cuando te pregunte, me compenso de todo, te tenías que haber visto, jajaja. - ¿Siempre eres tan mamón? Yo aquí preocupada y tu partiéndote en dos de risa. - Pero no me contestaste y eso sí que no está bien. - Pues soy la casada. ¿Ya te has quedado a gusto? - No que va, porque me quedaba una duda y al ser la casada ahora tengo dos. (Me miró extrañada, pero cómplice) - ¿Qué dudas? - La primera que es lo que me comerías, porque te oí decir que estaba para comerme, pero ¿El que? Y ya que estamos, tal vez me puedes resolver una duda. ¿Por qué es como si no lo sintiera? - ¿Qué no sientes? - El rabo, que va a ser. - Tío que burro que eres. Pues no hay nada que no te permita sentirlo, imagino que será por estar como estas, algo pasajero. - Me contestas a la pregunta. - Fue un comentario general, sin nada en concreto (Un poco nerviosa y colorada) - Me podrías hacer un favor. - Si esta de mi mano. - Precisamente de manos se trata. No me puedo tocar, podías enrollarte. - ¿Qué dices? ¿Qué te has creído? - Pues nada del otro mundo, si es fácil, es un sí o un no y punto y pelota. Era solo por saber si “reacciona” o no. - Vete a cagar. Se fue flechada sin decir nada más. Se había cabreado. Lo único que pensé es que había que intentarlo, pero más que nada por saber cómo andaba de esa parte, porque si una mujer tan buena no lograba nada, es que había un serio problema. No habían pasado ni 10 minutos, cuando se vuelve a abrir la puerta y era ella otra vez. “De esto que nadie se entere o te mato y te aviso en cuanto reaccione como tú dices, paro y se acabó” fue lo que me dijo, muy seria y con respiración agitada. Se sentó en el lado de la cama desde donde podía ver la puerta. Metió la mano por debajo de la ropa de la cama, palpo y llego a mi rabo, que estaba “muerto” nunca lo tuve de esa manera. Que podía ser algo de la medicación. Poco a poco, fui notando como un cosquilleo agradable. No se puso dura tan rápido como otras veces, pero si se iba poniendo. Ella no decía nada seguía acariciando. Por fin se puso como en sus mejores momentos y la mano me apretaba bien, me hacia una paja en condiciones y no se quitaba. Pude ver como se le marcaban los pezones y como su respiración estaba acelerada, aunque trataba de disimular todo lo que podía. Con voz “nerviosa” me dijo, “Ya ves que estas perfectamente y si te falta un poco es por la medicación, como te dije, creo que será mejor dejarlo” y ahora el que tenía la voz entrecortada era yo, “No seas cabrona, ni se te ocurra” vi una ligera sonrisa y siguio, de pronto dijo, “No podemos seguir se pringara todo y no tengo pañuelos de papel ni nada” y fue cuando le dije, “No querías comerme algo, pues ya sabes el que” ella no se atrevía por si entraba alguien de golpe, pero al final me dijo que la avisara cuando estuviera al límite. La avise y ella no lo dudo, aparto la ropa un poco, se metió el rabo en la boca y me corrí nada más sentir su lengua. Me dijo que ya la podía haber avisado de que me corría mucho, se fue al aseo y salió al rato. Salió acalorada y con mirada de haber hecho una gran travesura. - Estoy como una cabra. Como puedo haberme dejado embaucar por ti. Loca, estoy más que loca. - Y ahora es cuando viene lo de decirme como te llamas. ¿No crees? - Jijijiji, tienes razón, por lo menos saber mi nombre. María Amparo, pero con el Amparo solo me basta y me sobra. - Pues Amparo, te debo una por lo menos igual, que será difícil superarte. - Deja, deja, no hagamos más tonterías, que con una ya he tenido suficiente. - De eso nada. Que tiene que ser espectacular hacerte correr con mi lengua. - Sigue siendo bruto, no puedes ser más delicado diciendo las cosas, es que. - Ya verás como no te arrepientes y te quedas como nueva. Apunta mi móvil y ya me dices algo. Por lo menos para preguntar cómo voy. - Déjalo, mi marido de vez en cuando coge mi móvil y quien le digo que es Pelayo, deja, deja. - Pues no pongas Pelayo, por el nombre de una mujer. - Que “guarro” que eres, es que piensas en todo. Te da igual que este casada, te da igual mi marido. - No es que me de igual, pero casi. Tu copia mi número y ya decidirás. Ella copio el numero en su móvil y cuando iba a seguir con mi “ataque” apareció toda la familia y compañía. La presente como una amiga y cuando se iba a ir le dije, “Amparo no te lo pienses, llámale que ya verás como merece la pena, que es un buen tipo, que lo conozco bien” al despedirse se agacho a darme dos besos y aprovecho para darme un pellizco, supongo que en venganza por lo último que la dije. La comida les había dado para mucho, porque traían organizada mi vida durante un tiempo. Ni les quise escuchar. No quería que nadie se quedara por la noche. Me costó pero lo conseguí. Al día siguiente un compañero que me vino a visitar me dijo que la compañera dueña del coche, quería venir a verme, pero no sabía si debía o no. No puse ninguna pega, a pesar de que todo el mundo me decía que ni se me ocurriese y esa misma tarde este compañero apareció con ella, ante el disgusto de los presentes. Les mande a tomar café a todos y ella entro en la habitación. Nada más verla ya caí en quien era. Claro, cuando a mí me decían que era María Eugenia, morena, delgada, muy guapa, muy buenas formas, cuarentona, no caía. Porque todo el mundo se refería a ella como la viudita. No llegaba a 50 años, ni de coña. Reservada y simpática, llevaba por lo que decían 3 años viuda y era cortante con los “lobos” que se le acercaban. Nunca había hablado con ella y en esa época tenía una categoría profesional, bastante superior a la mía. - Hola, adelante. No te quedes ahí, pasa que no me como a nadie y menos con estas fachas. - Me alegra verte con ese humor. ¿Cómo te encuentras? ¿Qué dicen los médicos? ¿Tienes para mucho en el hospital? ¿Te duele mucho? ¿Puedo hacer algo para que estés mejor? - Para mujer, que me estas ametrallando con tanta pregunta. Dentro de lo que cabe me encuentro bien y saldré mañana o pasado. La recuperación, ya veremos. Pero tranquilízate que esto le puede suceder a cualquiera. - No sabes cómo te agradezco lo que dices. (Estaba muy nerviosa y nuestro compañero se disculpó saliendo fuera de la habitación) Mi hijo quería venir a verte también, pero he preferido venir sola, que él está muy preocupado también. - Pues tranquilizaros que ya me han dicho, que no dio positivo en nada, fue un fallo, un despiste y ya sabes en una moto la carrocería es el cuerpo. Empezamos a tener una conversación bastante amena. Ella se fue relajando, ya los nervios no eran tan visibles, hablábamos sobre todo del trabajo, personas que conocíamos en común. Anécdotas que habían sucedido, etc. Nos fuimos soltando los dos y ahora que la tenía tan cerca la veía mucho mejor, que cuando la veíamos a lo lejos por las mañanas. - Pues no sabía que trabajábamos en el mismo lugar. No te conocía. - Pues yo a ti sí. - Uy, pues perdona si hemos coincidido alguna vez y no me acordaba, es algo que no me suele pasar. - No que va, nunca hemos coincidido. - Ah, pues entonces, ¿De qué nos conocemos? - Jajajajaja, no he dicho que tú me conozcas. Yo a ti sí. Porque todas las mañanas te veo al pasar y no eres una mujer que se pueda olvidar. Y no es solo mi opinión, que debes traer a los tíos de calle. (Se puso bastante colorada, pero mantuvo el tipo) - No será para tanto y no sé si lo sabes, pero hace un poco más de 3 años que enviude y me quede con mi hijo solo. Que se ha sacado el carnet de conducir hace un par de meses y le deje llevar mi coche. Con 15 años, le pillo en mal momento la muerte de su padre, en plena adolescencia. Lo que no me ha permitido nada, ni cenas, ni una copa ni nada. Pero a todo se habitúa una. - Pues cuando me quiten las escayolas, cuando pueda moverme por mí mismo, me tienes que invitar a una copa. (Su cara decía que no se esperaba eso) - Bueno no sé, en fin. Es que me he quedado descolocada. - Pero ¿Por qué? - No es que puedas ser mi hijo, pero casi. Qué pensaría la gente viendo a una mujer bastante mayor que tú, con un chico tan joven. ¿Me entiendes? - Es un poco enrevesado pero creo entenderlo. Tu piensas que la gente pensara, que una mujer tan guapa como tú, ha seducido a un hombre más joven, para irse a follar luego de la copa, como locos y eso te preocupa mucho. - Lo has explicado de una forma bastante ordinaria, pero sí. - Gracias por lo de ordinario. - No me interpretes mal. Lo que he querido decir, que has sido bastante descriptivo. - Pero a lo que vamos, ¿Hay invitación o no la hay? Que eso es lo importante, no lo que piensen los demás. - Muy bien, acepto. Ya me quede solo y solo pensaba que había tenido mala suerte con el accidente, pero que bien se me estaba poniendo la parte del “vicio” y lo que quedaba por venir, que por lo menos pintaba bastante bien. Antes de darme el alta, el médico me explico todo al detalle. Resumen de lo que me dijo, que estaba todo muy bien, aunque parecía más por lo aparatoso que había sido todo. Lo de los vendajes de las manos y parte del brazo, que era por seguridad más que nada, que en tres días pasara y me lo quitarían, que incluso lo podían hacer ese mismo día, pero prefería dejarlo 3 días más. Le dije que perfecto, que lo mismo no podía ir en tres días, pero si en cinco y me dijo que no pasaba nada. Según se diera en mi casa, iría al tercer día o esperaría. Mi tía Miriam trabajaba y no podría quedarse conmigo, pero su hermana Rosalía si podía. Tanto Sara como Raquel, se ofrecieron a ayudarme en lo que fuera necesario y que no hacía falta que se quedase nadie. La reacción de Rosalía fue al segundo, decía como dos chiquillas iban a hacerse cargo de un adulto como yo. El resto estuvieron de acuerdo, algo que las dos “chiquillas” lo esperan y yo también. Así que se quedaría Rosalía en casa. Me podía mover y manejar mucho mejor de lo que se creía Rosalía. Para lo que si me hacía falta alguien, era para levantarme o sentarme, para el resto me manejaba bastante bien. Pero cuando ella me veía, era el más inútil de los inútiles. En un rato vendría la prueba de fuego y había avisado a Raquel y Sara. Necesitaba orinar y se lo dije a ellas. Que fueron a decírselo a Rosalía y como no había cuña ni nada por el estilo, a Rosalía le dieron los mil males. No sabía qué hacer. Ante eso, Raquel su hija, se ofreció ella a ayudarme y su madre se desbloqueó. Me pregunto si podía llegar hasta el aseo, con cara de resignación le dije que con ayuda sí. Me ayudaron entre las tres y aproveche para meter mano a Sara y Raquel. Una vez en el aseo Rosalía las mando salir y cerrar la puerta. Con bastantes nervios y sin dejar de sujetarme y pasando mi brazo por su cuello, ella me saco el rabo y note en su cara, aunque la veía de perfil, que se sorprendía. Ella agarro el rabo como si le diera asco, con dos dedos nada más, de forma muy fina. Tuve que mantenerme sereno para no reírme. Hice que el rabo se me moviera y se le escapó de los dedos, mojando un poco por fuera y me pare. Le pedí disculpas y ella me dijo que la culpa había sido suya, poniéndose bastante colorada, me garro esta vez el rabo en condiciones y se me puso medio morcillona al notar su mano. Cuando acabe la movió un poco para quitar las ultimas gotas y creció un poco más, sin ser algo escandaloso, pero como muestra estaba muy bien. Rosalía tenía ahora los pezones bien marcados. A la siguiente mañana me desperté pronto y mi rabo estaba bien empalmado. Mi puerta no estaba cerrada del todo y esperaba a que Rosalía se levantara para pedirle que me ayudara a ir al baño, pero cuando apareció por el pasillo ya iba vestida y oí cerrarse la puerta de la calle. Sara y Raquel aparecieron riéndose, estaban sin vestir todavía y venían riéndose, porque decían que había asustado a Rosalía, ellas tampoco sabían a donde había ido. Hasta que Sara desde mi ventana la vio entrando en la farmacia. Empezaron de nuevo las bromas, especulando que había ido por condones y nos reíamos todos. Sara dio un salto y daba gritos suaves diciendo ya viene, va con bolsas. Se fueron de nuevo para su habitación. Rosalía llego y cuando la llame se acercó. Me dijo que un momento, se fue y apareció con dos bolsas y se fue a mi baño. Había comprado un bote de esos para mear los tíos en la cama y unos guantes de látex. Me destapo me agarro mi rabo que ahora estaba a medias y con su mano enfundada en un guante de látex, coloco mi rabo en el bote ese para que orinara. Todo muy aséptico. Me cabreo porque mi plan se iba al traste. En el desayuno y estando Sara y Raquel, que se espatarraban de la risa. Poniendo la disculpa de que eran secretos de ellas. Provoque a Rosalía para ver por donde salía. “Mirar he pensado en contratar a una mujer para que venga a ayudarme. Por lo que no será necesario que nadie se quede conmigo” Rosalía reacciono rápido, “¿Es que te sobra el dinero? Para que vas a traer a nadie estando yo. ¿Es que lo hago tan mal?”, la conteste, “No es eso Rosalía. Dinero no me cuesta, porque el seguro lo tendrá que pagar, solo me tocara adelantarlo. Y no es que lo hagas mal, que voluntad pones, pero eso de comprar el trasto ese, que me es incómodo y me lo has colocado de una manera que me ha hecho daño, aunque me haya cayado. Y lo de los guantes, bueno, tiene un pase, me veo duchándome tu con un traje de buzo” le afecto lo que le dije, me pidió disculpas por haberme hecho daño y reconoció que no fue nada delicada. Su hija Raquel cuando las deje a solas le recrimino la manía que me tenía y hasta estando mal seguía con las mismas y cuando la madre fue a replicarla, Sara le decía que se le notaba mucho la mala leche hacia mí. Antes de dejarlas solas ya le había dicho que me quería bañar, que solo me tenía que dejar unas cosas y ya me apañaría yo solo. Cuando su hija termino de hablar con ella, se acercó a mi habitación para de irme si me podía esperar un momento, que en cuanto se fueran las niñas ella vendría. Se fue a preparar unas cosas y las dos “bichos” se acercaron y hablamos rápido, les dije que iba a por todas, ellas me decían que no, que ellas querían estar presentes y les dije que lo sentía. Se despidieron de los dos y se fueron, Rosalía me dijo que se iba a preparar para ayudarme y que venía. No sé exactamente lo que quería decir con eso, porque iba bien vestida, unos pantalones vaqueros y una camiseta. Regreso rápido y traía una bata-vestido de estar por casa, dejando ver sus buenas cachazas y un escote interesante. Justo en ese momento llamo su marido. Ella en cuanto pudo le corto la llamada le decía que la había pillado en el baño, que luego le llamaba. Entro dejo el móvil en mi baño y me ayudo a desnudarme. Al agacharse para poder quitarme el pantalón, el escote que se le veía era tremendo, una lástima que llevara sujetador. Me pillo mirando su escote, pero no intente disimular, algo que la desconcertó. Tuve la impresión de oír un ruido, preste atención y solo podían ser Sara y Raquel. Hasta Rosalía pregunto si no había oído nada y le respondí que eran cosas suyas. Ya estaba desnudo, no me había fijado, pero había llevado varias bolsas de basuras, que corto con unas tijeras, poniéndome las bolsas alrededor de la escayola, con esparadrapo, estaba todo muy pensado. Hizo lo mismo con mi manos, estaba sofocada y casi sudando, como los pelos los tenía por toda la cara, se lo recogió con una goma. Era gracioso ver cómo me lavaba la espalda, como me pasaba la esponja, hasta llegar a mi culo, que lo pasaba de largo y se dedicaba a mi pierna, pero nada de mi culo. Ya me había lavado bien mi espalda y mi pierna, llego para ella lo más complicado, la parte delantera. Hizo lo mismo lavo todo bien, pero la zona de mi rabo la paso de largo. Echo jabón sobre la esponja y se puso a lavar mi rabo, mi culo y mi entrepierna, me raspo un poco e hice que me había dolido, parando de golpe. Dejo la esponja a un lado y siguió con sus manos, logrando en segundos que mi rabo mirara al techo. Estaba como un tomate y se notaban sus pezones. Apoye una de mis manos sobre su cabeza, como si fuera accidental. Ella miro hacia arriba y vio que miraba su escote, más que lavarme ahora parecía más una caricia y más una paja. No había ya nada de jabón, solo agua que caía con la ducha que tenía ella en una mano y su otra mano subiendo y bajando. No hablábamos, estábamos en silencio, volvió a mirarme, se cruzaron nuestras miradas y sin decir nada, solo moviendo su cabeza hacia mi rabo, me entendió. Porque abrió la boca y empezó a mamarme el rabo. Empezó a un buen ritmo y ante un movimiento de mi cuerpo, se paró asustada y me dijo de salirnos, le daba miedo a que resbalase. Fuimos para mi cama, me tumbe desnudo y sin secar. Rosalía tardo un poco y cuando vino, ya estaba arrepentida. Antes de que dijera nada y pusiera una disculpa, le ordene que se desnudara, dudo pero al final lo hizo. Las tetas las tenía bastante caídas, pero eran divinas. Paso de estar como perdida, a como si estuviera hipnotizada. Se subió a la cama y yo esperaba que continuase con la mamada, pero lo que hizo fue ponerse encima y sin decir nada, agarro mi rabo y se sentó sobre él. Empezó suavemente, como vio que intentaba follarla como yo quería, me dijo, “Tranquilo, no te vayas a hacer daño, déjame a mi” y joder con el tranquilo. Me follaba en plan bestia, menudas subidas y bajadas. Ya nada de estar sin decir nada, gemía potente, se tocaba ella sola mientras se movía. Tenía los ojos cerrados pero no la boca. “Vamos cabrón échame todo tu jugo, te voy a dejar seco, pero muy ¡SECO! Te voy a enseñar lo que es joder” y seguía muy eufórica, se puso a soltar un ruido como un tren, hasta que se corrió sin nada de comedimiento, por si alguien no la había oído. Creía que en el momento que se corría me rompía el rabo, que forma de clavarse el rabo. Paro otra vez en seco, creía que se había arrepentido después de correrse, pero nada de eso. decía que en esa posición estaba intranquila por mí, a mí me daba igual, me había dejado a medias, puso una sonrisa nunca vista en su boca y se puso a comerme el rabo. La misma fiereza demostrada follando ahora la demostraba con el rabo en su boca. Hasta el daban ganas de vomitar de como se lo metía. Mi respiración cada vez era más ruidosa y culeaba porque me iba a correr y me corrí en su boca sin poder ni avisar, Rosalía me lo comía todo, notaba su lengua repasándome bien el rabo, hasta que ya paro y se me quedo mirando. No sabía lo que pensaba cuando me miraba. - ¿En qué estás pensando? Porque me miras raro. - En que hemos hecho una locura, por lo menos yo. - Que va, has hecho lo que te pedía el cuerpo, no te rayes ahora. - No, si no tengo ningún remordimiento, que me he quedado muy bien y me hubiera quedado mejor si no estuvieras tu así, que lo hace más incómodo por si te hago daño. Pero es que estoy casada. - Para mí no es un problema que estés casada. - Que jodio que eres. Ya me he dado cuenta. Pero no entiendo porque conmigo. Si nos llevábamos mal, soy bastante mayor que tú y seguro que muchas chavalitas estarían encantadas de hacérselo contigo, es lo que no entiendo. ¿Por qué yo? - Si te soy sincero lo mismo te lo tomarías a mal. - Venga déjate de películas, después de lo que ha pasado, venga. - Pues tu estas muy bien, perdona que te lo diga, pero tienes pinta de devora hombres, de que te hace falta sexo, pero no cualquier sexo, sexo un poco más fuerte, que porque ahora no puedo que si no. - Que si no, ¿Qué? - Pues te hubiera arreado una buena paliza en el culo, como venganza por portarte tan mal conmigo y pienso dártela. Seré muy duro contigo y me lo agradecerás, porque te hace mucha falta. - Me perturba que seas tan pervertido, pero será bueno comprobar cuanto lo eres. - Seguro que menos que tú. ¿Te imaginas a Sara o a tu hija Raquel, que nos hubieran pillado? - No seas gafe, que menudo disgusto se llevarían, sobre todo Raquel. Son dos niñas muy inocentes. - Seguro que no lo serán tanto. Y no es porque sepa algo, que no se nada, lo digo porque hoy los chavales están muy espabilados. - Puede ser pero sara y Raquel están muy verdes. Tienen a sus novios y parecen más que novios amigos. Hay más complicidad entre ellas, que con sus novios. - Lo mismo es que se desquitan entre ellas. - Eso tiene más posibilidades. - Ah, ¿Es que son lesbianas? - No que yo sepa. Pero no es nada extraño en dos chicas que se conocen desde siempre, en experimentar algo por curiosidad, que es muy normal. - Ah, sí. ¿Y tú con quien experimentaste? - Jajajaja, que listo que eres, no contestare a eso. Jajajaja. Además eso es el pasado, pero muy pasado. Si como pensaba estaban Sara y Raquel escuchando, seguro que estarían sorprendidas por lo que habían oído. Rosalía se fue a vestir y me quede solo esperando que aparecieran Sara y Raquel, pero no aparecieron, empezaba a dudar que hubieran estado. Me quede dormido y me desperté cuando empecé a oler la comida. Ya habían llegado Sara y Raquel, me vinieron a “ayudar” y me confirmaron que lo habían visto y oído casi todo. Lo que me contaron me indicaba que todo lo interesante lo habían oído. Raquel estaba un poco ofendida, pero solo un poco y Sara estaba totalmente excitada. Decía que estuvo a punto de entrar para unirse pero que Raquel se lo impidió. Durante casi un mes, no pare de follar con las tres, aunque con la que más lo hacía era con Rosalía, nada más irse Raquel y Sara, venía a darme los “buenos días”. Mis manos ya llevaban un tiempo libres y la pierna me quitaron la escayola, aunque me recomendaron seguir con las muletas. El día que me la quitaron, ya se me paso por la cabeza varias cosas. Me lleve una alegría cuando al llegar a casa, Raquel estaba con un chico, me lo presento y era su novio. Se iban a pasar todo el día por ahí, todos supusimos que se irían a follar o lo que hiciesen. Sara haciéndome una mueca dijo que ella había quedado también y que vendría a la hora de cenar. Me acerque a Rosalía, diciéndole en el oído, “Hoy es el día de pago, prepárate que te voy a dar todo lo tuyo” se le puso una sonrisa de oreja a oreja. Se fueron Raquel y el novio, Rosalía se bajó con ellos porque tenía que comprar algunas cosas y Sara quería follar. No la deje y me decía que quería participar, que hablara con Rosalía, que si era preciso la “chantajeáramos” lo que fuese que ella quería. Logre tranquilizarla, le dije que se quedara en la habitación sin hacer ruido y que esperase hasta que me oyera decirle a Rosalía, su nombre y el de Raquel. Así quedamos y se llevó una botella de agua a la habitación por si tardábamos. Llego Rosalía con bolsas en las manos, coloco todo y dijo si comíamos primero o que. Me sonreí y le dije que comer más tarde. Se vino con una sonrisa hacia la habitación. Hice que se desnudara completamente y una vez que lo hizo, se acercó a mí a besarme y a meterme mano, pero la pare. “Estate quieta, te tienes que limitar a obedecerme y a hacer lo que yo te diga. Y cuando te pregunte algo, me contestaras sin dudar”, a todo lo que le decía ella me decía que sí. Se tumbo en la cama como le dije, con el culo a mi entera disposición. Hice que lo levantara, así estaba más bonito. Se lo acaricie y acaricie su coño, estaba bastante mojado. Ella me miraba mientras de una caja sacaba una fusta. Era nueva y nunca la había usado. Ni esa ni otra. La había comprado para una amiga especial, que al final nunca vino. No mostro ninguna preocupación. Lo primero que hice fue pasársela por el culo, que notara el cuero. Empecé a fustigarla y desde el primer golpe, lo admitió con gozo. Me era muy difícil saber cuál tenía que ser la intensidad, pero pase con nota, por la cara de satisfacción de ella y la prueba del algodón, ahora esta encharcada. Hice que se diese la vuelta y ate sus muñecas a la cama, no le hizo mucha gracia y se quejaba de que lo mismo estaban muy apretados los nudos, pero lo deje así. Me desnude y empecé a lamer todo su cuerpo. Desde la cabeza a los pies. Los pezones estaban que parecían que reventarían en cualquier momento y ya empezaba a pedirme que la follara. Le comí el coño un poco y cuando lamia su clítoris, sus gemidos se oían sin cesar. Llego un momento que cualquier cosa que le hacía, era una explosión de jadeos, protestas porque quería ser follada. Me puse sobre ella y mi rabo estaba a la altura de sus tetazas. Apretaba suavemente sus pezones y su cara se llenaba de placer. Era el momento preciso, le pregunte, “¿Si tuvieras que elegir para comerte un coño mientras te follo, a quien elegirías a Raquel o a Sara? También está la opción de las dos”, estás loco a ninguna. Aprete sus pezones y ella entonces me dijo, “Vale, vale, no sé, supongo que a Sara, que no es mi hija”, Sara apareció pero se quedó en la puerta ante un gesto mío, venia desnuda. Mirando seriamente a Rosalía le dije, “Eso no me vale. Te gusta Sara o no te gusta. Harías algo o no lo harías” aprete un poco más sus peones y con un tono caliente me respondió, “La verdad que está muy bien. Pero es un imposible”, en ese momento dije pasa y Rosalía giro como pudo la cabeza hasta que vio a Sara. Se movió de manera insistente, diciéndome que la soltara. Me sorprendió la reacción de Sara. Se acerco a Rosalía rápidamente, le agarro con una mano por su barilla y mandíbula diciéndole, “Tu cállate puta. Siempre con lo mismo, recriminando todo y a todos. Pues ahora me lo vas a comer y procura hacerlo bien”, si yo me quede sin saber que hacer, Rosalía se quedó estupefacta. Dejo de moverse y entonces me coloque entre sus piernas y le metí mi rabo de un solo golpe, entro a la perfección y ella exclamo y gimió. Estaba follándola muy suave, con mucha lentitud. Sara se acercó a besarla y ella aparto la cara. Sara no lo pensó, le dio una bofetada, volvió a intentar besarla y otra vez se apartó, esta vez más que una bofetada fue una hostia en condiciones. Volvió a besarla y esta vez sí se morrearon en condiciones. Dejaron de besarse y se colocó para que le comiera el coño. Se puso encima de su boca y se dejó caer suavemente, mirándome me dijo con voz excitada, “Igual de puta viciosa que la hija”, Sara no paraba de dar gemidos y se corrió apretándose bien contra la boca de Rosalía. Rosalía se corrió detrás, aunque notaba que se aguantaba, se corrió una vez se corrió Sara. Desatamos a Rosalía, que se quedó en la misma posición y ahora sara se puso a comerle el coño, Rosalía acariciaba la cabeza de la amiga de su hija y empecé a follarme su culo. Nos corrimos de forma consecutiva los tres. Me fui al aseo y tarde un poco, cuando regrese ellas dos estaban abrazadas y se daban suaves piquitos, acariciando constantemente Rosalía la cabeza de sara. Al verme Rosalía me pregunto, “¿Desde cuándo te acuestas con ellas?” y Sara fue la que contesto, “Desde el primer día” Cominos los tres juntos y pocas palabras tuvimos, se notaba tensión en el ambiente. Rosalía ese día se acostó la primera y después nos acostamos sara y yo, que lo hicimos juntos, quedándonos follando casi toda la noche. Sobre las 6 de la mañana se oía la puerta de la calle, Raquel había tenido un largo día. Fui el último en levantarme esa mañana y cuando llegue a la cocina, estaban las tres levantadas y con las maletas preparadas, Sara y Raquel con cara de enfado y Rosalía me decía que las cosas habían llegado a un punto que requería marcharse. Trate de que se relajara, pero no hubo manera.

Autor: Valenciano Categoría: Incesto

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Deliciosa sobrina (I)

2019-08-23


A las 23.50 estaba acostado en mi cama cuando escuché el alerta en el smartphone. Sele había empezado a masturbarse. Me levanté, desnudo, para sentarme frente a la computadora y ver mejor. Contemplé el delgado cuerpito de mi sobrina, metiéndose un grueso consolador por el culo. Ella ignoraba que había colocado cámaras de video con sensores en su dormitorio, las cuales transmitían en vivo las excitantes imágenes a mi celular, desktop y notebook. Como otras veces, disfruté mirándola, pajeándome a su ritmo. Sele se hospedaba en mi casa desde una semana atrás. Su llegada obedeció a que su hogar estaba en un pueblo distante más de 300 kilómetros de la universidad, en donde comenzó a estudiar Abogacía. Era huérfana de padre, muerto en un accidente cuando ella tenía doce años, y su madre, mi hermana menor, me había pedido si podía alojarla. Yo, hombre de 52 años, buen aspecto, divorciado, abogado, vivía solo en una casa grande. Pese a que la convivencia modificaría mi vida, no podía negarme. Además de la obligación familiar, el recuerdo de la linda sobrina (la última vez un año atrás) despertó mi interés. Efectivamente, al entrar a mi vivienda advertí que se había convertido en una hermosa, sensual y tímida jovencita. Morena, rostro bonito, menuda y esbelta, sus pechos eran chicos pero paraditos, y destacaba su culo bien formado, redondo, firme. Precisamente, doce meses antes, al visitar a mi hermana, saqué algunas fotos de Sele en bikini, metida en una pequeña pileta. Sus nalgas perfectas me maravillaron; la breve telita de la tanga hundida en su rajita lograron excitarme y provocarme una evidente erección. Ella se dio cuenta, me sonrió y paró más su culito. Aquella tarde me calentó tanto la pendeja que me escabullí para mirar las imágenes tomadas y pajearme. Tímida y sexy Desde el primer día la convivencia con mi sobrina fue excelente. Ella era muy educada, amable y silenciosa. Debido a su estudio y mi trabajo, sólo nos veíamos en el desayuno y a veces -cuando no me reunía con amigos o salía con alguna amiga para coger- en la cena. Me gustaba estar con Sele. Hablar con ella, y sobre todo, mirarla. Además de ser una jovencita bonita, sus recatados modos no podían evitar el sensual encanto que transmitía. Al tercer día, de noche, la animé a andar cómoda, vistiéndose como en su casa. - Si querés andar desnuda, no hay problema; soy tu tío, ¡y encima, viejo! – le dije. - ¡Vos no sos ningún viejo! – protestó sonriente. Y agregó: En casa, cuando me quedaba sola, andaba sin nada encima… ¡Me encanta! No sé, es como sentirme libre. Y seguro que vos, antes de que te invada, andabas desnudo… Sus palabras encendieron mis deseos. Se me ocurrió que me había lanzado una indirecta. Me atreví a dar un paso: - Si, tenés razón; hasta que llegaste siempre estaba desnudo. Ahora solamente me acuesto así. Pero no te preocupés; una vez que a vos no te de vergüenza de estar sin ropa, yo volveré a andar en bolas… - sostuve jocoso. - Tal vez… - dijo con cierto misterio. - Bueno, no demos más vueltas; andá a tu cuarto y ponete la ropa más cómoda. Yo me acuerdo que cuando te visitaba siempre estabas descalza, con calza corta y pupera. ¿Las trajiste? - Si, las traje… ¿En serio no te molesta tío? - Dale. Anda cambiate… La piba fue a su dormitorio y cinco minutos después regresó al living y se plantó delante del sillón en donde estaba sentado, a menos de un metro. Quedé boquiabierto: el pantaloncito de adolescente ya le quedaba chico, por lo que se pegaba a las curvas de sus caderas, cola y entrepierna. Una pendeja descomunal, yegüita desparramando sexo. Me asaltaron deseos de cogerla, por mi mente me vi arrodillado, chupando, lamiendo su conchita… - ¿Qué pasa tío? ¿Por qué te quedaste callado? Si, ya sé; me ves gorda, te parezco fea; mejor me voy a acostar… - exclamó compungida, girando su cuerpazo en retirada. Entonces reaccioné. Me levanté rápidamente del sillón y avancé hacia Sele, diciéndole sin pensar: - ¡No! ¡Sos bella, amorcito! La brusquedad de mi movimiento coincidió con su quietud, logrando que la atropellase. Involuntariamente mi cuerpo quedó pegado a su espalda, y la tremenda erección apoyada contra su culo. Todo sucedió en un segundo, sentí una rara mezcla de excitación, deseo, y vergüenza. - ¡Uy…! Perdón Sele… - proferí y di un paso hacia atrás. - No tío, abrazame, me siento sola… ¿En serio me dijiste bella? ¿Y amorcito? ¡Qué lindo! Así me decía mi papi… - sostuvo, y se apretó contra mí. No tuve más alternativa que abrazarla “paternalmente”. Con mi pedazo al palo apoyado sobre su vientre. Ella parecía no darse cuenta. Reprimí el impulso de arrancarle calza y remera y cogerla. Pero su actitud era la de una niña. En cuerpo salvaje. Pocos minutos después nos despedimos con un casto beso y fuimos a nuestros respectivos cuartos. Disfrutándola Apenas entré a mi dormitorio, me desnudé, prendí la notebook, busqué las fotos de Sele y mi colección de putitas y me tire a la cama para descargar la calentura acumulada. Tras la acabada, me dormí. Eran las 2 cuando desperté con ganas de mear. Salí en bolas y advertí abierta la puerta de la habitación de Sele. Me había dicho que no le gustaba dormir encerrada. Oriné, lavé mis dientes y caminé hacia mi cama. De reojo miré el lecho de Sele. Al ver un culito delicioso me acerqué hasta el marco de la abertura. ¡Qué pendeja hermosa! Dormía recostada sobre su costado derecho, destapada, con la bombachita metida entre sus nalgas. Me mordí los labios, mirando la belleza de mi sobrina. La pija se levantó; quería metérsela, era imposible: además de ser la hija de mi hermana menor, era 34 años mayor que ella. Necesitaba otra paja. Antes iba a fotografiar ese precioso orto. Busqué la cámara y el trípode, para prescindir del flash. Mientras tomaba las imágenes, Sele se movió agitada. Mi corazón pareció detenerse. Imaginé a mi sobrina abriendo los ojos, mirándome desnudo a su lado, la expresión lujuriosa, con la poronga parada, sacándole fotos. Gritaría aterrada y escandalizada, me diría degenerado, huiría, sería denunciado, repudiado por mi hermana. Sin embargo, Sele continúo dormida. Y con el sabroso culo más expuesto. Incluso apareció la tela cubriendo a media una vulva carnosa, rosada, ¡y sin vellos! Fue irresistible. Ya tenía el glande totalmente mojado, y el tronco palpitaba, subiendo y bajando, en el límite de la calentura. Entonces, acercándome hasta el borde de la cama, me agarré la pija y la moví. Los espesos chorros de semen cayeron sobre las deliciosas nalguitas y la sábana inferior. Sele continúo en la misma posición. Bajé mi cara al tesoro de la pendeja hermosa para lamer y besar la bombacha y parte de su conchita. La cubrí con la otra sábana y regresé a mi cama. Gracias a mi sobrina disfruté la mejor paja.

Autor: dandar Categoría: Incesto

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Mi hijo, mi amor, mi perdición

2019-08-23


Desde muy jovencita, he intentado darle a mi cuerpo todo aquello que me pedía, sin límites... y sin tabúes. No, el sexo no es mi problema. Al contrario, considero que es la cosa más maravillosa que nos ofrece la madre naturaleza. El problema ha sido y es mi hijo, mi único hijo...Mi gran amor y mi perdición. Mi hijo, su mujer y sus tres hijos, mis nietos, acaban de volver a casa, a la ciudad donde viven, a mas de 500 kms de donde vivo yo. Han estado dos semanas conmigo. Como vivo cerca de la playa, pues aprovechan que tengo sitio y se auto-invitan para pasar unas vacaciones de sol y playa que les salen casi gratuitas. Pero a mí me da igual porque es una ocasión estupenda para tener a mi hijo cerca de mí, y en cuanto podemos, dentro de mí que es cómo más lo quiero. Tengo 57 años. Estoy divorciada desde hace casi diez años, pero no estoy sola. Tengo muchos amigos y amigas con los que salgo, me divierto e incluso follo. Ese no es el problema. Siempre me las he arreglado muy bien para satisfacer mis impulsos y mis necesidades. Siempre. Desde muy jovencita, he intentado darle a mi cuerpo todo aquello que me pedía, sin límites... y sin tabúes. No, el sexo no es mi problema. Al contrario, considero que es la cosa más maravillosa que nos ofrece la madre naturaleza. El problema ha sido y es mi hijo, mi único hijo...Mi gran amor y mi perdición. Sé que muchos y sobretodo muchas, después de leer este relato, vais a considerarme cuanto menos una mala madre, una mujer enferma y pervertida. Quizá tengáis razón. Pero me da igual. Ahora siento la necesidad de explicaros cómo he llegado a mantener relaciones sexuales con mi hijo. Y porqué sigo manteniéndolas hoy en dia, aunque de manera mucho más episódica, pues él hace mucho que está casado y ya me ha ofrecido tres nietos. Antes os he dicho que estoy divorciada. Cierto. Pero el hombre que me dejó por otra hace unos años no es el padre de mi hijo. Y sólo he tenido uno. Un problema en el parto hizo que ya no pudiera tener más. Es posible que este hecho fuera uno de los factores que hizo que nuestra relación, la de mi hijo y yo, fuera muy fusional. Mi hijo se llama David. Lo tuve muy joven, a los veinte. El padre, casi quince años mayor que yo, era un crápula, un hijo de la gran puta, si me permitís la expresión. Aunque follaba como un dios. Siempre ha sido mi gran defecto, el sentirme atraída por hombres mayores que yo, muy seguros de si mismos, muy machos pero también muy irresponsables. El padre de David me dejó cuando todavía daba de mamar a mi hijo. Sin embargo, no tengo ningunas ganas de explicar cómo ocurrió este abandono. Sí que diré que el quedarme sola tan jovencita, con un niño tan pequeño, creó en mí una especie de vació que multiplicó hasta el infinito la necesidad de aferrarme a mi David. Fue durante mucho tiempo mi salvavidas. Y en cierta manera, yo misma fui haciendo que fuera también mi perdición. Algo que me parecía tan natural como darle el pecho, se convirtió en motivo de discusiones y disputas con los miembros de mi familia con los que aún mantenía contacto. Debo aclarar que tras el destete, a los seis meses, yo seguí ofreciéndole mi teta dos o tres veces al día, cuando él lo quería. En realidad, este destete no fue completo hasta que lo llevé a la guardería a los tres años. A mi familia, a mis padres y a mi hermana, les daba mucho reparo y me lo criticaban abiertamente. A la familia de mi ex, bueno, depende de a quién. Como David me reclamaba en cualquier momento, era posible que estuviésemos en plena comida y yo no me retiraba a una habitación aislada. No. Abría la blusa o levantaba el jersey, bajaba la copa del sujetador y le ofrecía mi pezón, que David mamaba con deleite, cerrando los ojitos, unos minutos, bajo la mirada inquisidora de la suegra y la más que libidinosa de mi suegro. Pero de allí no pasaba. No con la familia, en cualquier caso. No os he dicho cómo me llamo, ni cómo soy. Mil excusas. Me llamo Claudia. Soy morena, no muy alta, con el pelo corto y los ojos marrones. Tengo la suerte de haber heredado los genes de mi madre: delgada, poco o nada de celulitis, unos buenos pechos que aun aguantan bastante tersos y una bonita sonrisa, eso dicen algunos y algunas. Me dedico al negocio immobiliario y hoy en dia soy co-socia de mi propia agencia. Mi hijo pronto va a cumplir los 37. Y sigue con la misma mujer, casado desde los 22. Todo un prodigio de fidelidad y constancia paterna si lo comparamos a la vida de libertinaje de su madre. Pero es lo que lo que le digo a veces, cuando estamos juntos: se está mejor sola que mal acompañada. Y yo sé que a él, de una manera u otra, lo tengo siempre. Tras esta larga introducción, voy a contaros cómo empezó todo. Para ello debemos trasladarnos a 1999. Al mes de setiembre. Dias antes de empezar su primer año de bachillerato. El día del accidente. David iba en su scooter cuando tuvo el accidente. Tras el choque, salió proyectado y aterrizó con las manos por delante que le sirvieron de pastillas de freno pero que se le quedaron inutilizables durante un mes. Por suerte llevaba el casco puesto y todo quedó en un gran susto. Hasta entonces, yo había visto y mirado a mi hijo como eso, como mi hijo. No era ajena a los comentarios que algunas vecinas y amigas me hacían de lo bien plantado que estaba y de lo guapo que era. La verdad es que estaba muy orgullosa de él y me encantaba que lo piropeasen de ese manera. A David le iban muy bien los estudios, pero su pasión era el rugby. Tenía cuerpo para ello. Casi un metro noventa, corpulento, todo músculo y fibra. Un adolescente lleno de vitalidad y entusiasmo. Y también era conciente de ya no era un niño. En más de una ocasión había venido a casa acompañado de alguna chica, que iban cambiando muy a menudo de nombre pero a las que siempre terminaba, en algún momento de la tarde o de la noche, escuchando gemir, jadear e incluso chillar tras la puerta de su habitación. Después, cuando salían, les preguntaba con ironía, qué, ¿han ido bien los deberes? Y las chavalas se ponían rojas como tomates. En aquella época yo estaba totalmente soltera. Acababa de cortar, una vez más, una relación muy tóxica con un hombre demasiado aficionado a los juegos SM, que no me disgustan, pero a ese tío se le iba la mano y la olla y me hacía más daño que otra cosa. De todo ello, David nunca supo nada, pues yo me esforzaba en llevar mi vida sexual siempre fuera del entorno familiar, fuera de nuestra casa. Cuando pudo salir del hospital donde le hicieron las curas, nos dijeron que una enfermera vendría cada día por las mañanas a hacerle unas curas. Pero claro, el resto de cosas las tendría que hacer yo o pedir a algun tipo de asistente o trabajador social que las hiciera. Una toma conciencia de lo importantes que son las manos en la vida cotidiana de cualquier persona. Vestirse, desvestirse, lavarse, comer, coger cosas, etc, etc. Total, que me cogí unas semanas de baja y me convertí en la niñera y asistenta de mi hijo. Tanto él como yo, conocíamos nuestros cuerpos con bastante detalle pues habíamos ido infinidad de veces a la playa juntos y en muchas ocasiones a la playa nudista (aunque las últimas veces, ya no quería venir o si venía no se quitaba el bañador). Y en casa, sin hacerlo a propósito, pero como no cerrábamos ninguna puerta, ni la del baño, más de una vez nos habíamos visto en el aseo o en la ducha. Pero, a pesar de esto, ahora era distinto porque él iba a estar completamente desvalido, a ser totalmente dependiente de mí. Enseguida me di cuenta que aquella situación lo perturbaba sobremanera y enseguida miré de tranquilizarlo diciéndole que había sido casi un milagro que saliera con vida del accidente y que aquellas semanas pasarían tan rápido que pronto lo habría olvidado todo. Ni él ni yo teníamos idea de que lo que iba a pasar no lo íbamos a olvidar nunca. No tardé en darme cuenta que lo que más reparo le daba era aquello más relacionado con sus necesidades básicas; ir al váter, por ejemplo. Así que enseguida le propuse que se vistiera con un simple pantalón de chándal y una camiseta. Todavía estábamos en verano y esa vestimenta nos iba a facilitar las cosas. Cuando me pedía de ir al baño, yo lo acompañaba, le bajaba el pantalón para que se sentara en la taza, le dejaba hacer sus necesidades y cuando terminaba, le limpiaba con unas toallitas y le volvía a subir el pantalón. Él estaba muerto de vergüenza, pero yo era su madre y hacía lo que debía hacer, serenamente. Al segundo día, le dije que estaría bien que lo duchara. No teníamos aire acondicionado en casa y la verdad es que el chico empezaba a oler mal. Me costó convencerlo pero el sentido común terminó imponiéndose. Preparé sus manos vendadas, envolviéndolas cuidadosamente con plástico de cocina, lo desnudé y le ayudé a entrar en la bañera, pidiéndole que se sentara en ella. Me acuerdo como si fuera ayer de cómo iba vestida yo, con una camiseta XXL con los colores del equipo de fútbol de Ecuador, herencia de uno de mis últimos amantes, que me llegaba casi hasta las rodillas y que utilizaba para estar por casa, cómoda y fresquita. En frente de la bañera, un énorme espejo, reflejaba la totalidad de la escena. Recuerdo que me fijé que se me marcaban mucho los pezones y que se me pasó por la cabeza de pensar hasta que punto mi hijo se fijaba en estas cosas o no. Me senté en el reborde de la bañera, le enjaboné y lavé el pelo, y se lo enjuagué. Después, con un guante de baño y jabón le lavé el cuello, los brazos, las áxilas, la espalda. David mantenía los ojos cerrados, sin decir nada. Se dejaba hacer. Hacía años que no lavaba a mi hijo, muchos. Desde que le empezó a salir pelo en los genitales, a los doce años. Ahora, era muy distinto. Sin ser muy velludo, como era y es muy moreno, tenía los pectorales cubiertos de una suave y fornido capa de vello. No sé qué debía pasarme por la cabeza en ese momento pero me quité el guante para lavarlo con mis propias manos. No era deseo, no. Simplemente deseaba sentir aquellos músculos, aquella piel tersa contra la palma de mi mano. Le lavé el torso, con pasmosa lentitud, con la mano extendida sobre su pecho, casi sintiendo su respiración, el latir de su corazón, la suavidad de sus tetillas. David entreabrió los ojos, se humedeció levemente los labios y me miró: Mamá... Es muy agradable... Me alegro mucho, mi cielo. Le lavé el vientre, percatándome de la dureza de sus jóvenes abdominales. Por primera vez, mi vista se deslizó hacía sus partes íntimas, sumergidas en el agua jabonosa. David, de pequeño había sido operado de fimosis y lo habían casí circuncidado, con lo cual el glande le quedaba siempre al descubierto. Ahora, lo tenía ante mí, como el ojo de un periscopio saliendo del agua, violáceo, brillante... hermoso. Ahora es mejor que te levantes... Será mejor para lavarte el resto. Me da mucha vergüenza, mamá. Lo sé, cielo. Pero no debe darte. Yo estoy aquí para cuidarte, mi vida. Ya lo sabes. Apoyando el antebrazo sobre mi muslo, se erguió ante mí, de tal manera que durante unos segundos su pene quedó a pocos centímetros de mi cara. Mi chico estaba muy bien provisto. Eso si que lo había heredado del impresentable de su padre. Anda, date la vuelta, cariño, le dije para que estuviera más tranquilo y de paso, yo menos sonrojada. Le volví a lavar la espalda sin que ello fuera necesario pero así podría gozar del tacto de sus músculos. Le enjaboné los muslos, pidiéndole que separara un poco las piernas, bajando y subiendo lentamente hasta sus tobillos, hasta sus nalgas. Le pedí que las flexionara para sacar los pies del agua. Primero uno, después el otro. Durante un breve instante miré las escena reflejada en el espejo del baño y por primera vez tuve la impresión de que me estaba tomando demasiado tiempo para hacer algo que una “buena madre” debería haber hecho con rápidez y eficacia. ¿Por qué obraba de esa manera? ¿Por qué más que lavarlo lo que hacía era acariciarlo? ¿Por qué empezaba a ver a David como algo más que a un hijo? ¿Por qué mi cuerpo empezaba a lanzar señales que conocía a la perfección y que indicaban que Claudia, o sea yo, se estaba excitando? Entonces, deposité una buena dosis de jabón en mis manos y le lavé las nalgas, separándolas con delicadeza hasta sentir en la punta de mis dedos la zona de su ano. Hay que lavarlo todo, hijito, le dije bromeando, ya que aquel silencio se estaba volviendo inquietante, opresivo. No dijo nada. Pero me pareció que emitía un ligero gemido, como un murmullo gutural cada vez que la yema de mis dedos le acariciaba el ojete. Bien. No te gires, cielo. Acércate un poco más a mí. Un poquito más... Bien, así. Me puse de pie. Volví a aplicar gel de baño a mis manos y procedí a lavarle los genitales. En cuanto mis dedos rozaron su verga, se produjo ese fenómeno que vulgarmente se llama “abrir la caja de Pandora”: no sabes qué va a pasar, sólo sabes que ya no vas a poder cerrarla. Y lo primero fue sentir su erección: Oh, mamá... Lo siento, lo siento mucho... ¡No digas tonterías! Es lo más normal del mundo, cielo. Pegué mi cuerpo a su espalda, la cara de lado pegada a su piel. Con una mano le masajeé los testículos y con la otra la verga, lentamente, muy lentamente. Estaba pura y llanamente masturbando a mi hijo, a mi niño. Un minuto, dos, tres. No tengo ni idea. En cualquier caso, demasiado tiempo. Lo peor de todo es que me gustaba, Dios. Me sentía excitada, tremendamente excitada. Y extraña, terriblemente extraña. Sé que tuve un momento de lucidez, que había que dar marcha atrás, terminar con aquello. Y recuerdo muy bien que le dije: Ya está, cielo. Ahora date la vuelta que vamos a enjuagarlo todo. Sí, David me obedeció. Se dio la vuelta. Con las dos manos envueltas en plástico pegadas al cuerpo. Mirándome de una manera que reflejaba perfectamente la tormenta que cobijaba en su interior. Una mirada temerosa, avergonzada, pero también suplicante, ardiente. Y ya se sabe que en vosotros, los hombres, da igual que seas jovencitos que seniors, la testosterona no la tenéis en el cerebro. David tampoco. Su cara me decía, de acuerdo, mamá, ya está. Su verga, brutalmente erecta, drásticamente apuntando hacia arriba, mirándome orgullosa con su único ojo, me decía lo contrario: tómame, haz que me corra. Como en un plano fijo, nos quedamos pasmados, sin hacer nada, los dos. Mi camiseta empapada, marcaba obscenamente mis pezones, duros como piedras. Sentía como la humedad de mi sexo calaba en la fina tela de algodón de mis bragas... Me senté de nuevo en el borde de la bañera. Y hablé: Esto no está bien, David. Esto no puede ser así, cielo... Lo comprendes, ¿verdad? Bajó la cabeza, asintiendo y tapándose torpemente el sexo me dijo: Lo sé, mamá. Pero... Es que... Pero qué, mi vida... Tu y yo... No tenemos secretos, ¿verdad? Sí... No tenemos secretos... Entonces... Termina tu frase, cielo... Hay momentos así, en la vida de las personas, en los que delante de una encrucijada, algo que es más fuerte que nuestra voluntad nos hace tomar un camino determinado, equivocado o no, pero así ocurre. Yo podía levantarme, enjuagarlo en un tris-tras, volver a vestirlo y olvidar lo que había pasado. Ponerme en contacto con alguien que viniera a lavarlo cada dos dias y todos contentos. Me gustaría que siguieras, mamá... Me gustaría mucho. Y tomé el camino que más me apetecía, que no era el más razonable, ni mucho menos. No le dije nada. Le aparté las manos de su sexo, me acomodé para poder masturbarlo con una cierta comodidad y lo pajeé, con toda la dulzura del mundo, con todo el amor de madre que sentía por él, con todo mi saber y mi experiencia. Quería verlo gozar. Quería ver como su glande se hinchaba, se abría y como una fuente termal expulsaba todo su cálido contenido. David levantaba la cabeza, erguía el cuello, la bajaba para mirar cómo su madre lo masturbaba, sin parar de emitir una especie de gargarismos placenteros acompañados de largos hummmm y sigilosos ooohmamááá. Yo me sentía como si tuviera un clítoris en la palma de la mano. Su falo era simplemente una maravilla de la naturaleza, un mazo granítico, un pilón palpitante. Yo estaba al borde del orgasmo. Sin tocarme. Sólo de ver, de sentir, de vivir y de gozar lo que le estaba haciendo. No me dio tiempo... ¡Aaaaaaaaaggggg! ¡Siiiiii! ¡Aaaaaaahhhh! Fue una locura. Una auténtica explosión de semen. Unos auténticos fuegos artificiales en que cada cohete era un reguero de esperma que se estrellaba en el cielo amarillo, azul y rojo de mi camiseta de Ecuador. Cinco, seis, siete... Hasta ocho veces, la pobre bandera ecuatoriana fue mancillada. Y ese olor tan característico del semen me llegó directo al olfato, del olfato al cerebro y de éste a mi sistema neuronal. Oh, sí, mi cielo! Oh, dios! Sí, mi vida, ¡síii! ¡Aggg! Ooohhh, mamá... ¡Te quierooo! Podéis creerlo o no. Me da igual. Pero me corrí. No fue un orgasmo brutal como el suyo, claro, pero me vine, sí. Hasta pude sentir como un chorrito de fluído vaginal me empapaba la entrepierna. Y yo seguía con su polla en la mano. No sé, quizá un minuto más tarde la voz de mi hijo me sacó de mi ensoñación. ¿Me enjuagas ahora, mamá ? Fin del primer capítulo.

Autor: claudia Categoría: Incesto

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ME FOLLO A MI TIA

2019-08-23


Mas que pareja liberal lo defino como mi tio un cornudo consentidor y mi tia, en el sexo una puta que en "faena" puedes hacer lo que quieras con ella una vez la tienes caliente y sobretodo que tengas una buena polla con aguante, ese soy yo, tengo 21 años, una polla de 23 centimetros, e incansable en el sexo, pero la primera vez que me follé a mi tia, fue en una boda, yo acababa de romper con una novieta, fuimos todos a la boda de un familiar mis padres mis tios, era en una hacienda en las afueras, la fiesta se prolongo hasta la madrugada. yo no tenía tabaco fui a buscar un paquete a mi coche, junto al mio estaba el de mi tia y escuché ruidos en la semi oscuridad curioso, me asomé al lateral de su coche, lo que vi .......... mi tió de pie con el pantalón bajado mi tia de rodillas acariciaba sus huevos se veia a la vez una minga pequeña arrugada caida, rapidó me volví a esconder tras el coche. En un primer momento, me iba a marchar pero fui incapaz quedé paralizado, quería mirar, eso hice sin ser visto vi como mi tia se esforzaba en preparar la polla pero tras un buen rato nada, hasta que ella se levantó se dió la vuelta se inclinó y su marido se agachó desde atras empezó a comerle el coño, ahora si mi tia gemía, yo queria verlo mejor agachado en el lateral del coche, a veces miraba hasta que me moví un poco mas para ya mirar sin retraer la cabeza, escuchando los gemidos de mi tía, de pie inclinada, hasta que me vió, yo escondí rapido la cabeza sabía me habia visto, pensé se quitaría y no se, pues no fue así, seguía y yo, no sabía si asomarme irme, finalmente volví asomarme mi verga estaba bien dura pero no queria hacer el minimo ruido, ahora mi tía se incorporó se apoyó en su coché él marido se giró y le comia por delante el coño, yo volvía a tener la cabeza mirando ella hizo un gesto con la mano hacia mi, de acercarme, no sabía quie era solo me habia visto algo, . me levanté, su marido se apartó del coño ella volvío a colocarle la cabeza allí, me fui acercando estaba a nada a tres pasos, mi tía agarró el bultó de mi pantalón lo desabrochó miró me miró, tenía mi verga en la mano, la apretó gemí, apartó a su marido y se agachó se la tragó al instante, mi tio se levanto se quedó a un lado mirando, acariciandose su morcillita, duré nada exploté pero es que mi tia se lo tragó todo hasta la ultima gota, soltó mi polla con su boca, la acarició sin dejarme volvio a lamerla una y otra vez, mi polla apenas bajaba, entonces se levantó abrió la puerta trasera del coche me hizo entrar y entró ella a la vez que le dijo a mi tio vamonos a otro lugar. Quedamos dentró del coche mi tio arranco salimos pero yo empecé a comerle las tetas a mi tia esta a la vez se quitó el vestido, se tumbo en el asiento trasero le comó las tetas el coño, le metí los dedos estaba mojadisima aun no habia mi tio encontrado un lugar cunado yo ya me puse encima a follarla, nada mas sentir mi verga dentro jadeaba intentaba menear su culo, hasta que se corrió en nada pero ello no fue obstaculo para que ahora ella me hiciera quedar sentado mi tio habia entrado en un bosquecillo fuera de la carretera estaba aparcando cuando mi tia ya estaba encima de mi rabo moviendose como una perra sentia su coño encharcado, le cogia su gordo culo sus dos nalgazas a la vez que sus tetas quedaban a la altura de mi boca mordia sus pezones los chupaba, nos corrimos casi a la vez esta vez, entre gritos los dos, salimos del coche desnudos, bebimos agua de una botella, me morreé con mi tia, la toque hasta aque ella volvio a meterse en el coche se coloco a cuatro patas y yo sin entras del coche la monte, la follé como una loca se iba corriendo gritando culeando yo nodejaba de ver aquellas potentes nalgas, grandes moviendose y al compas sus dos tetorras, me encendía, mi tio de mirón en todo momento, esta vez si aguanté bien se corrio dos veces mi tia y yo despues, en su coño. Volvimos a la boda ya decaida despidiendose muchos, era ya sobre las dos de la mañana llevé a mis padres a casa con mi coche, como habiamos venido pero ya habiamos quedado mis tios y yo, le dije que iba a salir la verdad me fui a la casa de mis tios, alli me esperaba mi tia. Duchada ahora en bragas y sujetador y mi tio diciendome que su dormitorio era ahora el mio y él el cabron de la casa, me follé a mi tia hasta el amanecer perdí la cuanta de cuanto se corrió yo me corrí tres veces mas, fue una noche esa primera increible, vaya hembra mi tia, el cabron de mi tio se toqueteo su churro hasta correrse y desapareció al poco a la otra habitacion dejandonos solos a mi tia y a mi, cuanto mas la follaba mas queria mi tia, hasta que al fin me dijo que la tenia agotada y su coño hirviendo de dolor de tanto mete y saca, ahora pues me folló a mi tia.

Autor: Anónimo Categoría: Incesto

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Follando con la pareja de su hija lesbiana.

2019-08-22


Una hija lesbiana provoca a su padre para que folle con la pareja de ella mientras ella mira y aunque no quiere por vergüenza. el al final accede. Carlos estaba muy contento porque su hija iba a pasar unos dias con el. El tenia 52 años y su hija 26 y hacia tiempo que no iba por casa porque se llevaba muy mal con Ramona la mujer de el y la madre de ella.Todo porque Claudia era lesbiana y vivia con otra mujer,eso no le gustaba nada a Ramona.A pesar de que eran madre e hija se llebaban muy mal y en cambio con el padre se llebaban muy bien.Pero lo que habia cambiado es que Ramona le habia salido un trabajo fuera de su ciudad y tenia que irse unos meses fuera y Carlos vio la oportunidad de pasar un tiempo con su hija a la que adoraba. Asi ,Claudia su hija podria pasar con el unos dias de vacaciones.pero Claudia le puso la condicion de que iria con su pareja. Carlos fue a recogerla a la estacion con el coche y la beso como un padre y se alegraron mucho de verse.Y le presento a su pareja y los dos se saludaron muy bien. El cogio las maletas y la metio en el coche.Despues fueron a la casa.pero en el trayecto Carlos se fijo que su hija llebaba una minifalda ajustada.Y mientras conducia no podia evitar mirar sus piernas.Se dio cuenta de que su hija le gustaba pero desecho a quella idea,era su hija.Ella se dio cuenta de que le miraba las piernas pero en lugar de enfadarse le sonrio.El se puso un poco colorado avergonzado y eso hizo que Claudia sonriera mas.La pareja de Claudia tambien se dio cuenta y tambien sonrio. Cuando llegaron a la casa ,fueron a la habitacion que habia preparada para ellas y el se sento en la cama mientras ellas acomodaban la ropa.Mientras hablaban amigable, el se fijo que ellas sacaban sus braguitas y empezo a colocarlas y se empezo a imaginar a su hija con las braguitas puestas y se excito.Ellas se dieron cuenta y se miraron sonriendo y el cada vez estaba mas avergonzado. En la semana siguiente se empezaron a coger confianza y una noche Carlos se levanto al baño y cuando volvia de hacer pis oyo en la habitacion como gemian.Estaban haciendo el amor su hija y su amante.Con la puerta entreabierta vio como Sara,la pareja de Claudia la lamia el coño y ella vio a su padre y quedaron mirando. Su padre no pudo evitarlo y viendo eso se pajeo mirando y se corrio muy fuerte y luego se fue avergonzado a la habitacion. Al dias siguiente se levanto muy avergonzado y ellas se levantaron muy ligeras de ropa.solo con camison y bragas. EL les dijo: -Por favor,taparos un poco. -¿Porque papa?¿No te gustan ya las mujeres? -Si pero tu eres mi hija- -Pero yo no soy tu hija-dijo Sara-¿Te gustaria follar conmigo? -Pero ¿ que dices?eres la pareja de mi hija. Claudia se acerco a su padre y el dijo: -Nos gusta mucho el sexo y seguro que tu con al estupida de mi madre no tienes mucho seguro. Y agarrandole la polal se la empezo masajear por enciam del pijama. A el se le puso muy dura y le dijo que no siguiera que era su hija.Entonces Claudia se la saco y emepezo a mamarsela. -hija no me hagas esto. -Si porque quiero te folles a Sara y yo quiero verlo. -Sois unas pervertidas. -Puede pero ,quiero que lo digas , me quiero follar a Sara. -Me quiero follar a Sara-dijo Carlos sin poder evitarlo. Claudia fue corriendo a la habitacion y trajo un preservativo y Sara se desnudo y se puso con el culo en pompa apoyada en la mesa. Caludia se la chupo otro poco y cuando estab muy dura le puso el preservativo. Carlos ya a tope se la metio por el coño a Sara por detras y empezo a bombera muy fuerte y darla muy bien. Claudia miraba y se acerco a Sara para besarla.AL ver la imagen de su hija besandose se excito mas y empezo a dar mas fuerte.Claudia se empezo a masturbar y al final se corrieron los tres a la vez. Los tes cayeron el tresilllo desnudos y exaustos y Carlos dijo: -Ha sido fantastico,hace muhco que no gozaba tanto. -Si papa,pero la proxoima vez me toca que me folles a mi. Y el penso que si que le gustaria mucho follar con su hija.

Autor: Tortuga9 Categoría: Incesto

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