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Me pierdo en las generosas nalgas de mi mujer

2019-09-16


Hace unos años conocí a Sofía, mi actual mujer. Nos presentaron en la universidad unos amigos y pronto hicimos buenas migas. Comenzamos a salir y nos convertimos en novios al poco tiempo. Sofía es muy guapa, pero entonces estaba delgada. Vamos, delgada, pero que estaba bien. Buen cuerpo y demás. Cuando nos casamos empezó a engordar. Bueno, yo también un poco, pero lo que yo veía bien para mí, barriga y piernas gordas, en ella no me gustó tanto. Las tetas se le cayeron un poco y su culo se hizo más grande, aunque no demasiado. Aunque no teníamos hijos, yo perdí las ganas de follar. La pasión de novios se había acabado. Entonces podíamos hacerlo en cualquier sitio. Recuerdo que una vez lo hicimos en unos lavabos y casi nos pillan, pero nos podía el deseo. Ahora todo se había acabado. Cuando estaba solo en casa, ella trabaja de tarde y yo por la mañana, me ponía a ver porno y allí me la cascaba con la película. Alguna noche me despertaba y la escuchaba en el baño masturbándose. Ella no era de vibradores ni consoladores, ni nada de eso. Lo hacía con sus dedos, pero aun así, necesitaba sexo como yo. Lo que no se es porque hasta entonces nunca me había dicho nada. Todo cambió de repente un día. Mi mujer se había comprado un conjunto muy sexy, pero la verdad es que era como una talla más pequeña de la suya. Las nalgas se le salían por los lados. En un principio no le hice mucho caso, pero entonces estaba agachada alisando su vestido, que estaba sobre la cama y volví a sentir deseo por ella, algo que no había experimentado en algún tiempo. Después se giró y me quedé mirándola de frente. Sus pechos grandes se sostenían bien por el body y no pude evitar decirle lo guapa que estaba. -Gracias, me dijo. Me acerqué y la bese apasionadamente. Su lengua se metió en mi boca y yo la correspondí. No pude más y la quité el body y la tumbé en la cama. Estaba tan excitado que solo me bajé el pantalón y el calzoncillo y se la metí sin más. Empecé a moverme dentro de ella, saliendo y entrando como hacía mucho que no hacíamos y terminé corriéndome enseguida, de tan excitado que estaba. Mi mujer me miraba desde abajo. -Has aguantado poco, me dijo. No me he enterado de nada. -No te preocupes, cariño. Volví a llamarla cariño de nuevo como tiempo atrás. Me agaché y la comí el coño como nunca lo había hecho. Yo por aquel entonces solo pensaba en hacerlo y casi nada en los preliminares. Así que se lo comí como si fuéramos novios. Ella se corrió enseguida y para entonces mi polla estaba otra vez erecta y volví a penetrarla, medio vestido como estaba. Estaba vez disfrutó como una loca y se corrió un par de veces más, conmigo dentro. Fue algo increíble. Lo que no sabía es que algo había cambiado en mí. Dos días después, Sofía estaba encantada conmigo, aunque no lo habíamos vuelto a hacer desde ese día. Se paseaba por casa con el body puesto en cuanto volvía del trabajo. Sus nalgas asomaban como os dije y lo que antes me parecía un culo grande, ahora me excitaba un montón. Verla así me puso palote enseguida y me acerqué por detrás a ella y la sobé el culo. -Me encanta tu culo, le dije. -Pues antes no te gustaba tanto. -Ahora me vuelve loco. Sofía nunca quería que lo hiciéramos en la postura del perrito, decía que prefería verme la cara al hacer el amor. A ella, claro, le encantaba cabalgarme. Incluso no le importaba el misionero profundo que me gustaba tanto, porque podía verme la cara. Así detrás de ella, seguía sobándole el culo y luego subí a sus tetas. Nos veíamos en el espejo de nuestra habitación y era muy sexy vernos juntos. Me agaché y separé un poco el body, dejando un poco a la vista sus nalgas. Las besé con cariño y no pudo resistirse a que la pusiera a cuatro patas en la cama. Una vez más, la quité el body y abrí sus nalgas. La penetré despacio, saboreando como mi polla se deslizaba dentro de su coño húmedo y tierno. Puse mis manos sobre sus nalgas, mientras iba bombeando. La visión de su culo botando contra mí era maravillosa. Mis jadeos iban en aumento, mientras sudaba como un loco, presa de la excitación. Ahora apoyaba mis manos en su culo, pero en la parte enfrente de mi. No sabía cuánto tiempo aguantaría sin correrme. Sofía gemía como loca, no le importaba que pudieran oírnos los vecinos. La verdad es que hacía mucho tiempo que no debían oírnos, así que a mi tampoco me importaba. Mi pene seguía entrando y saliendo. Iba despacio, lento, no quería que acabara nunca. Pero llego el final y no pude prolongarlo más. -Me corro, me corro, no puedo aguantar más... ¡me corrooo! -No te preocupes, tú sigue, córrete, córrete, me animaba mi mujer. Un poco mas y acabé corriéndome dentro. Sofía tomaba la píldora y por lo tanto lo hacíamos a pelo. Eyaculé a borbotones como el otro día. Seguí un poco mas, hasta que derramé todo mi semen en su interior. La saqué despacio, y unas gotas de semen aun salían de mi glande. Cogí un clínex y limpié a mi mujer. Nos tumbamos juntos a recuperar la respiración. -Mi maridito, me dijo. Ya creí que te había perdido. -Para nada, aquí me tienes. -¿Cuánto hace que no follábamos así? -Desde que éramos novios. Hace unos años, jeje. Ese body ha salvado nuestro matrimonio. Nos dormimos abrazados, pero antes de dormirnos, se me ocurrió algo. Al día siguiente, mientras mi mujer trabajaba, entré en la farmacia del centro comercial que hay unas calles más allá de nuestra casa. No querían que me vieran en la farmacia de al lado de nuestra casa. Compré un gel lubricante y unos preservativos más gruesos para el sexo anal, que me recomendó la chica de la farmacia. No pareció escandalizarse cuando se los pedí. Me sonrió al cobrarme y me fui a casa. Esa noche estaba preparado para tener sexo con mi mujercita. La había calentado previamente con mensajes picarones y cuando volviera estaría a punto. Lo que no sabía es que lo tenía preparado para ella. Llegó a casa, se puso cómoda y comentamos nuestro día de trabajo. Me dijo que había tomado algo de picoteo, porque era el cumpleaños de una compañera y no traía ganas de cenar. Enseguida se fue a nuestro cuarto y se puso el body. Nos calentamos previamente con besos y sobeteos. La tumbé y la puse a cuatro patas. Ella ya sabía lo que me gustaba esa postura, pero ni idea de mis intenciones. Saqué el lubricante y lo eché por mi polla erecta, cubriéndola toda. Acerqué mi rabo a la raja de su culo y comencé a rozarme, subiendo mi polla arriba y abajo. Entonces, mojé un dedo con lubricante y acaricié su ano. Ella dio un respingo, pero no dijo nada. Con otro dedo, la masturbé, sobando su clítoris. Su ano aún no se dilataba, por lo que procedí a introducir más mi dedo. Un poco más de tiempo y un segundo dedo entró en su ano. Mientras, seguía acariciando su coño. Su humedad lo llenaba todo. Me puse un condón de esos gruesos y se la metí por el culo con cuidado. -Ay, duele. -Tranquila. Iré despacio. No me reprochó que quisiera follármela por el culo y se dejó hacer. Seguí con el mete-saca lento y conseguí que entrara toda en su culo. Abrí un poco sus nalgas y la visión de su culo con mi polla entrando y saliendo, fue maravillosa. Solo duré un par de minutos más y me corrí. La presión de su ano hizo que no durase nada. Lamenté no haber podido correrme a pelo. La saqué despacio. Me quité el condón y lo tiré al suelo sin más. -¿Qué tal? ¿Te ha gustado? Me preguntó mi mujer. -Mucho, cariño. -No quería dejarte con las ganas, aunque yo no he sentido mucho. -Ahora te compensaré. -Me duele un poco el culo. Me dijo. -Ahora lo soluciono. Me levanté de la cama desnudo y fui a por una bolsa, de esas de agua caliente, que todos hemos usado alguna vez. La llené de hielo y se la llevé a mi mujer. La puse bajo su culo y parece que se le pasó un poco el dolor. Pero estando así, abierta un poco de piernas, me puse cachondo otra vez y me puse encima de ella y volvimos a follar. Esta vez podría correrme dentro de mi mujercita. Habíamos recuperado la pasión de antes y era maravilloso.

Autor: Aldebaran Categoría: Erotismo y Amor

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Rencor o cariño

2019-09-03


Un rechazo se convirtió en un intercambio En ese entonces, trabajábamos en oficinas contiguas y los dos pasábamos por momentos familiares difíciles, él se había divorciado y no se acostumbraba a su nuevo ritmo de vida. En mi casa mis padres también se habían divorciado, los hijos quedamos con la madre, con la que yo nunca compaginé y lo que yo más ansiaba era salir de esa casa. Mis planes nunca fueron de casarme y el pensamiento de la posible soledad me abrumaba si decidía mudarme a un departamento, sin alguien con quien platicar o intercambiar ideas, además eso no me resolvía mis problemas. De vernos y saludarnos día con día fue desarrollándose una buena amistad. Al medio día salíamos y comíamos en un pequeño restaurante y ahí platicábamos y nos contábamos nuestros problemas. También a la hora de salida buscábamos algún lugar para platicar y pasar un buen rato. Con el tiempo mis regresos a casa en las noches se atrasaron con las consecuencias y reclamos de mi madre. Los dos tratábamos de expresarnos, uno al otro lo que considerábamos nos podría dar la felicidad con la que sentíamos que no contábamos. La mayoría de las veces él me iniciaba en algún tema y era yo la que hablaba, aunque no soy una mujer de mucha plática, pero con él me sentía y sigo sintiéndome, muy feliz al hablarle y decirle hasta los detalles más íntimos de mi imaginación, estoy segura de que él también siente lo mismo y así pasamos horas y horas platicando sin aburrirnos. Muchos de los temas son imaginados o, de esos, de qué tal si ….. , entre ellos estaba la de vivir juntos y ser libres ambos, de hacer lo que nos viniera en gana, aunque fuera cada quien por su lado sin lastimar al otro y sin sentir o causar celos. Siempre tratando de participar los dos, o estar de acuerdo, por lo menos. Él tiene 14 años más que yo y su preocupación era que yo debería de tener la vida que me correspondiera de joven. En ese entonces tenía yo 22 años, muy juvenil, alegre y bonitilla, aunque recuerdo que mis pechos los tenía pequeños, aún no habían terminado de desarrollarse, en realidad vivía con la creencia de que así se iban a quedar por el resto de mi vida, pero por lo demás, contaba con todo lo necesario. Fueron pocos los eventos a los que en ese entonces asistí, él me acompañaba, o, por lo menos pasaba a recogerme cuando iba sola cuando se lo pedía. Nunca me expresó suspicacia o celos, por el contrario, yo le contaba los más detalles posibles. Ya creí y confirmé al cien por ciento, lo que él me aseguraba, que yo estaba en una edad en que me buscarían los hombres y podría escoger, él me hacía disfrutar las ventajas de esa edad. Pero a Horacio nunca lo dejaría, siempre lo he adorado, en cualquier situación y sí que se me han dado muchas, pero con ninguna he dejado que llegue a algo serio, es mi confidente, mi amigo íntimo, hermanito mayor y me adora. Un día compró un condominio en la playa. Días antes de su inauguración y de que se lo entregaran, los de la inmobiliaria convocaron a una reunión que se efectuó en la playa que quedaba enfrente, a la que tuvimos que asistir. Entre los nuevos condóminos, la mayoría extranjeros, asistía uno, experto tal vez en asuntos legales. La mayoría de los asistentes fue retirándose, Horacio estaba traduciendo así que tuvimos que quedarnos un rato más y el experto se quedó atrás e hizo plática muy amable conmigo mientras Horacio terminaba. Al desocuparse Horacio caminamos hacia el pequeño edificio del condominio y le dije que la persona con la que había estado platicando nos había invitado a cenar. A Horacio, que digamos, no le había caído nada bien este señor, pero no puso objeción, le expliqué que a mí me había agradado, que tenía algo que me gustaba, como su forma de platicar y de decir las cosas, muy tierno en su trato. Decidimos ir, pero nos quedaba muy poco tiempo para prepararnos y echarnos un regaderazo para quitarse el agua de mar del cuerpo. En el camino me dijo que sospechaba que este señor sí traía algunas intenciones y me preguntó si la invitación era para los dos. Que si yo quería podía ir sola. “No, le dije, seguro me insistió en que fuéramos los dos, nos invitaba como pareja”. Se quedó pensativo y le pregunté que debía hacer si este señor se sobrepasaba y sí intentaba algo. Ya en el momento de la cena yo no iba a poder levantarme y salir corriendo o cancelarle la invitación tampoco se vería bien. Horacio insistió en que fuéramos, que me tenía que vestir muy bonita, para eso me escogió un jumper para salir en la noche, algo translucido, con el escote frontal con cremallera que se podía bajar hasta donde se deseara o resbalaba por sí solo, la cremallera terminaba hasta entre la entrepierna, muy apretadito que me acentuaba la cintura y las asentaderas, sin mangas solo los tirantes holgados que eran de adorno, que se abrochaban a la altura del cuello y solo para detener el frente de la blusa que me cubría los pechos. Pero debía tener en cuenta que para cualquier emergencia de ir al baño tendría que desnudarme completamente. Por la parte trasera totalmente descubierto, hasta la cintura. Antes de ponerme la ropa nos bañamos, le pedí a Horacio me ayudara a bañarme, pero no sé el por qué, le pedí no me tocara para nada la pepita, que él y yo ya sabíamos que estaba empapada, no sé porque, tal vez por pena o recato, o por preparación, no recuerdo, pero hasta la fecha el recordar esa negativa mía hace que me ponga caliente y que apriete las piernas buscando sentir algo y me empape. Me secó muy bien, me perfumó discretamente con el perfume que él me había regalado, no me dejó ponerme brasier, que en realidad casi siempre podía darme el lujo de quedarme sin él, mis pechos siempre han estado duritos y paraditos, aunque algo pequeños en ese entonces, pero me quedé con algo de preocupación si eso iba a ser como una invitación a que se metiera con ellos y me los manoseara, además que la cremallera resbalaba fácilmente aumentando la vista de mis pechos y podría llegar a suceder sin yo darme cuenta, algo peligroso que requeriría mantuviera puesta mucha atención. En realidad, la única decisión que tuvo que tomarse entre nosotros, fue la de si me ponía unos pantis u otros, o ningunos. Horacio me escogió unas pequeñas, bordadas que en realidad desaparecían en mi zona del pubis y solo me cubrían los bellos de la venus. Los pantis debían de protegerme que no se me notara la humedad en la entrepierna del jumper. Ya bonita y preparada, lista para la aventura, todavía le pregunté a Horacio si aún le nacía decirme que fueranos. Claro, dijo, tienes que conocer y aprender. “Te ves tan bonita y deseable. Te adoro y me sentiría muy mal perderte, pero creo que con esta aventura, sea lo que sea, no te perderé. En cambio, si te digo que no vayas, además de que no tengo derecho de privarte de algo que sí puede darte mucha felicidad y experiencia y que además de que está en tu edad y sexo lo que te vaya a suceder, sentiría que te quité la oportunidad. ¡Y ésta, tu solita la has encontrado!” Le pedí que me dijera que era lo que él pensaba podría suceder, que me iba a hacer. Respondió que este señor se ve muy experimentado y él te irá llevando, solo tu date el mayor placer que encuentres y usa también tu iniciativa. El que me dijera que me diera el mayor placer que pudiera me puso peor, le dije “Tengo miedo, ya no siento mi cuerpo mío, siento cosquilleo por todas partes, creo que se me nota que estoy empapada y ¿él que irá a decir?” ¿PERO, QUE ME ESTABA IMAGINANDO QUE ME IBA A PASAR, ¿A QUÉ IBA? Horacio cayó y sonrió, no supe si fue por burla o cariño. Así continuó todo el camino de ida, a él le toco conducir, muy callado y no me daba consejos. De nuestro departamento fuimos al de él, que quedaba al lado. Al llegar, él también estaba muy bien arreglado. Nos había preparado unas Margaritas para de ahí ir al restorán de su selección. Nos saludamos amablemente, el me besó suavemente, pero ya en ese beso sentí sus intenciones, un beso entre la mejilla y mis labios, yo le respondí y creo que ahí, en ese beso yo también le envié un mensaje. Todo el camino Horacio me trató de calmar. Me preguntó si aún me caía bien este señor y por qué nos había invitado a los dos si no se caían bien entre ellos. “Ya verás”, le dije, “es muy buena gente y tiene muy buena plática, es simpático solo en la junta no se dejó que le impusieran algunos puntos”. “Vamos a ver”, fue todo lo que contestó. Él también venía muy excitado y su plática y sus comentarios no eran los de siempre. Me sorprendió muchísimo ese estado en el que él también se encontraba y hasta me di cuenta de que a ratos temblaba de nervios. Entramos los tres, en el restorán nos recibieron con mucha cortesía y nos llevaron a una mesa que quedaba rodeada de plantas, hermosa, y en esquina, según parece ya la había pedido especialmente éste señor. Fue ahí en donde, por fin, me enteré del nombre de este señor, se llama Greg. Nos presentamos muy amigablemente y comenzamos a platicar de mí, nuestra acompañante de lujo, de lo bonita que era, mis atributos, mis dimensiones y todo lo más que se puede decir de una mujer hermosa, de la que está uno enamorado. Me abrazó sin pedir permiso y le contesté el abrazo con muchos besos ya húmedos, como él me los regresó enseguida. Me di cuenta de que, con mucha discreción, no me quitaba la vista de mis pechos que se asomaban cada vez más, a los lados del zíper. En un momento llevé mi mano instintivamente a mis pechos, tal vez para cubrírmelos o subir la cremallera que ya estaba casi a la altura de mi ombligo, o bajarla todavía más, pero él, sutilmente, me detuvo la mano y me la beso. Claramente escuché que me dijo “¡por favor, no!” Cada vez que Greg quería intentar ir más adelante en sus tentaleos noté que antes le apretaba un brazo a Horacio, parecía que era preguntando si tenía alguna objeción o si le daba permiso para proseguir, cosa que ya ni era necesario, sus manos ya habían iniciado su investigación por todo mi cuerpo, yo ya las veía y sentía, manoseándome por delante y por detrás, por todas partes, le faltaban muy pocos lugares de investigar sin que se dieran más cuenta los meseros, ni Horacio pudiera objetar. Llegó un momento en que Horacio, discretamente, se levantó y se retiró. Se tardó un poco y a su regreso me platicó, que uno de los meseros le dijo que se habían apropiado de su chica. Para no quedar mal, les respondió que no era suya y podía hacer lo que quisiera. Cuando no estaba Horacio presente Greg me preguntó que si tenía algún acuerdo con mi marido, no entendí bien lo que quería saber, pero le contesté que sí y sentí que se sintió todavía con más libertad. Mientras tanto Greg continuaba abrazándome libremente y pasando su mano por debajo de mi axila, me sobaba suavemente el lado del pecho y acariciaba mi pezón, causándome una ¡sensación deliciosa, explosiva, tremenda!, cosa que me puso más débil y desarmada, me derretía y ya no podía oponer resistencia a cualquier cosa que él deseara de mí, o quisiera hacer conmigo. Después de esas escenas de exagerado erotismo, tremendas, ya porno, salimos del restorán sin terminar lo que habíamos pedido de cenar, pagamos y nos dirigimos al condominio. Confieso que yo ya iba un poquito pasada de copas. Al llegar, Greg me ayudó a salir del carro, casi me cargó hasta su unidad. No peso mucho ni la distancia es muy grande, pero ya íbamos los dos que explotábamos de excitados. Yo ya iba casi desnuda, mis pechos de fuera y el vestido solo me cubría algo de los hombros. ¡Qué cosa más hermosa! Después le platique a Horacio que en esos momentos yo ya no estaba consciente de lo que hacía o lo que me sucedía y no recuerdo muy bien ni adonde me llevó Greg ni en donde me tuvo. Horacio cuenta que al entrar al departamento, de un lado queda un closet y del lado de enfrente una barra del bar, algo elevada y con bancos para sentarse y tomar la copa. Greg la sentó en la barra, cargándola, ya totalmente desnuda, solo le quedaban los pantis y, enredadas a la altura de los tobillos las piernas del jumper, enredadas en sus pies, pues para tener lo que él quería tuvo que desnudarla completamente y lo que sobraba del jumper ni lo tomó en cuenta. Ella quedaba con las piernas colgando, abiertas y su pepita directamente a su vista, accesible a todo lo que Greg deseo. Vi como comenzó a besarle las piernas, sus muslos y la abrió de piernas, le bajó los pantis y con sus dedos le abría sus labios y le metía la lengua con una avidez tremenda, ahí donde yo consideraba que solo a mí se me permitía ir y chuparle su perlita. La jalaba de sus nalgas y se la comía. La acariciaba sobándole la piel, ¡ahí en donde yo sabía que a ella le gustaba!, alrededor de su cintura y de su vientre. De mi ni se acordaron ni me tomaron en cuenta, quedé en la puerta viendo lo que debería de haber sido mío, gozando de la vista del banquete que se estaba llevando Greg de ella, excitadísimo, pero con un sentimiento de enojo, o furia. Todavía miré como él la bajaba de la barra, deslizándola sobre su pene haciéndola sentirlo en su pepita. Ella, se arrodilló y comenzó a jugar con su miembro, y ¡a lamérselo! ¡A tratárselo de meter a la boca hasta lo más profundo de su garganta! Pobrecita, se forzaba, lo sacaba y volvía a introducírselo, me di cuenta de que en la boca solo le cabía la cabeza, de lo grande que lo tenía. Él le acariciaba sus pechos, se arrodilló y comenzó a besárselos, a chupárselos y succionarlos, mientras ella continuaba jugando con su enorme pene, juntaba sus dos manos y éste era más largo que sus manos juntas, y más gordo, apenas le entraba en la boca su glande y lo más grave es que se veía que a ella le agradaba sentirla dentro. La sacaba y la volvía a meter. Se abrazaron y ya desnudos subieron la escalera a la alcoba de él, besándose. Yo ya no podía contenerme y el sentimiento de enojo era ya muy fuerte al observar que a esa mujer, que, aunque no era mi esposa aún era mía y la estuviera gozando un extraño y lo peor, ella aceptándolo y retorciéndose de placer. Me di la vuelta, salí del departamento y bajé a la playa en donde me quedé mucho tiempo sentado en unas rocas. Ya medité y me calmé y me convencí de aceptar que a ella la hiciera gozar alguien además de mí, eso era darle un regalo. No era muy importante el hecho de tener a alguien que se la cogiera, que tal vez sería una única vez, una gran oportunidad para una chica en que su pareja la deje y ayude a gozar con otro y además la oportunidad de que ella pudiera probar y sentir un miembro tan grande, algo que yo consideraba fuera de lo normal, increíble. Tardé en reaccionar y arrancarme los prejuicios y atavismos. A ella, si lo que yo deseaba era hacerla feliz, con esa aventura le daba algo, que mejor que fuera así, hasta acepté observar que Greg la tenía grande, mucho muy grande y gruesa, que probablemente le iba a dar un placer mayor que el que le pudiera dar yo, si Sonia, por su estreches, lo podía aceptar que le entrara, esa era otra cosa. Pero no era el tamaño, sino cómo la iba a tratar y hacer feliz y que recuerdo le iba a dejar. Ya iba a amanecer y Sonia no venía. De repente entró en el cuarto, muy apenada, pero feliz, se acercó a la cama, a mi lado y trató de contarme todo lo que le habían dado y a disculparse conmigo por lo que había hecho, pero se comportaba trastornada e incoherente, estaba excitada aún por la sorpresa y el gusto de lo que había experimentado. Me dijo que la tenía enorme, “¡verdaderamente enorme¡”, que al vérsela y sentirla en su boca le entró miedo de que la fuera a lastimar y que a lo mejor no podía aguantar todo eso dentro, sabiéndose ella misma que era estrecha, pero dijo que él la preparó y con sutileza y cariño le dijo que si sentía molestia o dolor, que él se detendría y así fue como se dejó y se la fue metiendo poco a poco para no lastimarla. Ya casi con todo el miembro dentro, dice que si comenzó a sentir que le golpeaba en el fondo, muy suave y muy agradable, se acomodó y le cupo algo más. A medida que bombeaba le cabía más y más, hasta llegó a sentarse en él con su pene totalmente dentro, sin dolor ni molestia y ya al terminar, “¡La tenía toditita ADENTRO!” casi al salir terminaron cogiendo como perritos y platica que hasta sintió los golpecitos de sus huevos en su ano, como dice ella, confirmándole que ya estaba todo adentro otra vez y ¡en esa posición! Lo que mejor le gustó fue el tiempo que tardó en venirse desde la primera vez y eso que dijo que no podía contenerse mucho porque ella lo había excitado tanto que estuvo por explotar casi inmediatamente. Platicó que tuvo una segunda sesión, descansaron y después él la volvió a invitar. Medio dormida él se le acercó por detrás y con caricias, se la metió entre las nalgas, pero por la pepita y ahí llegaron a un nuevo clímax después de mucho tiempo que ella tuvo para gozar el aguante de él y de tener varios orgasmos seguidos, o uno muy prolongado, se dejó venir y sintió como él empujaba para que ella sintiera más adentro su pene y que le dejara ahí su semen, que ella pedía que se lo dejara muy, muy, muy adentro, y él le trató de dar gusto. Me pidió que le diera un besito en su pepita, que la sentía lastimada y que le chupara un poquito del semen que Greg le debería de haber dejado dentro y que ella estaba segura de haber sentido sus eyaculaciones calientitas cuando él se vino, sintió como lo hizo, con mucha fuerza y cantidad, pero no quiso en ese momento que yo tuviera sexo con ella. Quería, en realidad y como ella me lo dijo después, que yo participara de su semen, que le dijera como me sabia. Yo estaba tan caliente y excitado que lo hice, le chupé su cosita, se la lamí y si saboreé los jugos que ahí se encontraban y su olor inconfundible, pero el semen no lo sentí. Me di cuenta como ella se decepcionó cuando le aseguré que no sentía nada, insistió en que checara bien. Le introduje los dedos, pero solo encontré sus babitas habituales. Nos quedamos dormidos hasta tarde, al despertar ella fue directo al baño y me confesó que había ido a ver si le había dejado algo de semen, pero no le salió nada en ese momento. Nos arreglamos y desayunamos juntos los tres. Solo se habló del amor que ambos sentían el uno por el otro, que él se había enamorado de ella, que no me la quería quitar pero que anhelaban de que yo los sintiera para que formáramos entre los tres una unidad de amor, un trio perdurable en que yo participara con ellos. Ella se sentía segura del amor que yo le tenía y el cariño que le mostré aceptando con amor lo sucedido la noche anterior, pero con él tendría que pasar más tiempo y conocerlo. Sin embargo, ella estaba ya muy enamorada de él y sentía un conflicto porque también de mí se sentía muy enamorada. Estábamos platicando en el desayunador cuando repentinamente Sonia fue al tocador y después de un rato me pidió que fuera. Temí algo grave, pero era solo para que le confirmara que sí le había dejado semen dentro, lo palpe y si lo sentí como tal, además de su olor característico. Greg se acercó y Sonia lo llamó a que entrara y participara de su felicidad pues se encontró que sí tenía semen de él dentro y le confeso que ella había creído que no había sido capaz de haberle dado el placer de que se viniera dentro de ella. “¡Cómo crees, mi chiquita!”, le dijo, “¡estoy seguro de que en todo el tiempo fueron hasta tres eyaculaciones las que tuve dentro de ti, me vine rico! ¡No te imaginas que explosiones fueron, maravillosas, increíbles, con ninguna otra chica lo sentí en mi vida como contigo! ¡Eres maravillosa y sabes manejar tu vulva muy bien, no sabía que ustedes pueden hacer movimientos succionando, o lo que más me sorprendió fue el cómo me lo abrazaba tu interior!”. Todos reímos de gusto y mi explicación fue que como decía ella que él la tenía tan larga, el semen se lo depositó muy dentro y solo le tardó en bajar. Ya Greg solo intentó disculparse por no haberse preparado y usado un condón. Sonia le contestó muy fuerte y seria y le dijo que nunca se hubiera dejado si él hubiera tratado de usar condón con ella, su cuerpo lo daba por amor. Se aseó ligeramente y nos pidió que nos acostáramos los dos con ella y la usáramos con mucho cariño y le dejáramos, dentro, semen de los dos. Nos turnamos en realidad Greg me guio para que yo fuera el primero, él deseaba verla haciendo el amor conmigo. Le levanté una pierna buscando la posibilidad de un mayor acercamiento y más alcance profundo de mi pequeño miembro. Greg aprovechó, le detuvo la pierna y se la besaba y le acariciaba las nalgas y le llegó a lamer su ano. Después de un rato en que gozamos de las acciones del trio, la coloqué de lado, con una pierna levantada y por lo excitado, en poco tiempo me vacié como acordamos, dentro de ella, Me esforcé lo más que pude para depositárselo muy dentro, mientras él continuaba comiéndosela por todas partes. Después ya le tocó a Greg, que lentamente, desesperando a los acompañantes, despacito se la fue dejando ir no sin antes tallarle sus labios y su clítoris con la cabezota de su pene, que la puso tan excitada que hasta pedía en voz alta, que se la metiéramos los dos juntos. Claro, yo también me volví a excitar y de nuevo quería volver con ella. Pero ella ya estaba sobre de él, con todo ese miembro dentro, como cabalgando y se empujaba para que le entrara más, se veía tan excitada, alocada, inconsciente, lo jalaba, le clavaba las uñas, pero él también la jalaba de sus nalgas, se las apretaba, verdaderamente me sorprendí de lo bien que su pepita lo aceptó, solo observaba como le iba entrando, como le iba dando cabida su vagina y sus labios color de rosa se ajustaban a lo ancho de su pene, se abrían suavemente y cómo lo abrazaban cada vez que se lo sacaba y se cerraban y volvía a meter en todo lo largo, bien despacio, a propósito repetía el sacárselo totalmente y lo volvía a meter todo. Yo la sobaba y chupaba, me comía su ano, me di cuenta de que cuando ella sentía mi lengua al rozárselo, le venían suaves contracciones que repercutían en él lo que dice le provocó que se viniera en muy poco tiempo y con mucha fuerza dejándole dentro más de su semen junto con el mío. Habíamos cumplido con placer. Hasta ese momento no nos habíamos puesto a considerar que ella estaba en sus días más fértiles y podría haber quedado embarazada, platicamos largamente del tema y decidimos que si así sucediera, como no sabría de quien iba a ser el bebe que naciera, yo, con piel morena, él muy blanco y ella casi blanca. Pero hicimos un trato, fuera de quien fuera el bebé, éste viviría con ella y conmigo, él aparecería como el tío querido y se le visitaría con la mayor frecuencia posible. Este último hecho cerró el trato y desde ese día en adelante siguieron muchas visitas y creció el gran amor que hasta la fecha nos tenemos y cada vez que hay una oportunidad nos vemos. ¡Ah, pero eso sí, en esos días en que nos reunimos, ella deberá de estar en sus días de mayor fertilidad! Esto lo hemos llevado a la práctica ya varios años y ya tenemos una hijita morenita, pero con el carácter de su gran tío que adora. Sin embargo, seguimos buscando esperanzados al blanquito. A lo mejor solo es el pretexto para que ella pueda tener la oportunidad de gozar a los dos, de él con el pene que una vez mencionó, de 8, o más pulgadas, pero gordo, con muy largo aguante, y yo con uno normal, pero la pasamos requete bien, y ella mejor. Ya en privado, Sonia me confesó que lo que afirmaba Greg, que dentro de ella le había succionado su pene, en alguna ocasión, en el gimnasio le mencionaron que con movimientos de la vagina y útero sí podían lograr un efecto de succionar el pene dentro, pero que ella nunca lo puso en práctica, ni aprendió hacerlo, lo que sintió Greg fueron los movimientos que ella hacía de su vulva y probablemente también con su útero, más al fondo, acomodándose para que el pene le cupiera más dentro y pudiera ella sentir más sin molestias. Recuerda que en ese momento ella cerró los ojos y se dejó llevar por un orgasmo como en olas que se movían, sus órganos internos se lo ofrecían. Sobre su vientre, al tocarse, encimita y a la altura de la venus, al sobarse con la mano, sentía los movimientos del pene dentro de sí, sentía como éste subía y bajaba, como se notaba en su barriga, desde fuera, la presencia del enorme pene que estaba dentro de su vientre. Una gran experiencia y una gran mujer. Tiempo después y ya en horas en la intimidad le pregunté si aquel día Greg le había hecho una invitación, o insinuación para estar con ella. Me contó que de lo poco que hablaron ningún tipo de acercamiento se mencionó, que solo le cayó bien y le gustó platicar con él. El acercamiento fue totalmente casual, al azar, ella nunca se imaginó como era físicamente ni la sorpresa que se iba a llevar al verlo tan largo y grande, ni siquiera si se le notaba en el pantalón o en el traje de baño. Fue mucha suerte haberlo encontrado. Cuenta que cuando estuvieron acariciándose en el restaurante ella lo sentía que era grande, pero nunca pensó en el tamaño real, ni tuvo tiempo ni estuvo consiente para evaluarlo. Cuando estuvo de rodillas frente a él en su departamento, fue cuando comenzó a darse cuenta, cuando se lo trató de meter en la boca todo fue cuando pensó si eso le fuera a caber por su vagina, si sus labios de la vagina se irían a estirar sin lastimarla pero que solo pensó en el que sí le tenía que caber, que se lo tenía que meter ella, toditito, hasta adentro, era un desafío que ella ansiaba ver cumplido. La sorpresa y el modo de como acomodarse para hacerle espacio dentro la hizo olvidar un poco el pensar en las nuevas sensaciones que estaba recibiendo, pero eso hizo que el primer orgasmo que sintió lo sintió larguísimo y, recuerda que olvidó todo, sintió que flotaba sobre algodones durante todo el tiempo hasta que él llegó a su máximo y sintió claramente como se vaciaba dentro de ella, la jaloneaba de su trasero y empujaba muy fuerte bombeando dentro de su vulva, o probablemente hasta su matriz. Esa sensación es la que nunca olvidará, ni el sentir el momento de recibir en su interior, una eyaculación de una persona extraña. El sentir la eyaculación dentro de sí es como sentir he logrado complacer y complacerme y ver o sentir el semen es como confirmarlo. Cuando escurre entre las piernas, al salirse es realmente cuando siente uno un cosquilleo y ansias de embarrárselo por todas partes y hasta lamerlo y saborearlo. En ese momento, también se desea quedar embarazada. Esta vez no iba a ser posible, ella iba protegida, ya habíamos planeado un embarazo, pero cuando nos casáramos, próximamente.

Autor: SUSAN Categoría: Erotismo y Amor

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El ultimo de la fiesta

2019-09-02


Mi amiga y su esposo gusta de las fiestas en casa y yo era un invitado de ellos en cada fiesta. Decidieron hacer una fiesta en un club al cual rentaron porque eran muchos invitado. La verdad que llegaron muchos invitados y no era posible que todos cupieran en la casa de los anfitriones. Mayra, como siempre, lucia de lo mas bella. Yo a veces le guiñaba un ojo. Comence a bailar con una chica y Mayra me miraba de reojo y senti que se reia contra su voluntad. Sergio, el esposo de Mayra se acercaba a mi para decirme que la fiesta estaba buenisima..yo le secundaba. Al entrar poco a poco mas de la noche. Yo seguia bailando con la misma chica. mayra, aprovecho el momento en que me encontraba solo cuando mi compañera de baile se encontraba en el baño y me decia Mayra que dejara de bailar con la chica..pregunte cual era la razon y me amenazo "Quiero que no bailes mas con ella y punto". Mayra daba la vuelta y me dejaba apendejado. Sergio estaba pasado de copas y decidi dejar de bailar con la chica. La fiesta termino y todos los invitados se marcharon quedando Mayra y yo. Sergio se habia ido a dormir al carro de la gran borrachera que tenia encima de él. Mayra tenia que dejar limpio el salon y ella me decia que le hiciera compañia hasta que dejara limpio el salon de baile. No tenia otra alternativa y me puse ayudarle a Mayra. En la cocina del salon. Teniamos casi todo por terminar el aseo completo del salon y ella apagaba la luz de la cocina que ya estaba limpia y quedamos en oscuridad y pegamos nuestros cuerpos "Cuidado!" decia Mayra "Que la oscuridad insita hacer cosas" me volvia decir ella a mi. "No me digas que tu tienes miedo Mayra" y ella me contestaba "Miedo yo?. quien tiene miedo eres tu amigo". Sus palabras le salian muy calientes de su boca y yo le decia "No quiero ser atrevido contigo Mayra" ella continuaba y decia "¿Y que harias de mi con tu atrevimiento?...¿Metermela?...si es asi, eso no tiene nada de malo". Mayra termino de decir eso y yo le besaba de manera agresiva. Mayra de dejaba besar y me respondia abrazandome con sus dos brazos..separo su boca de mi boca y me decia "Metemela". la lleve a ella contra la pared, le subia su vestido para alcanzar su panti y se lo bajaba hastadespojarlo de ella. Los dos de pie inicamos a copular. Me saque la berga y ella me decia que me apresurara mientras ella abria sus piernas. Busque su raja que por cierto estaba muy mojada que ayudo de lubricacion y la penetre para consumir lo que se convirtio en un polvaso salvaje. Los dos terminamos a un mismo tiempo. Estuvimos trabados despues de habernos corrido y nos besabamos y despues le sacaba mi berga y ella me decia "Como me gustaria que nunca te destrabaras de mi". Terminamos de limpiar el salon y ella se marchaba en su auto con Sergio y yo en el mio. Mayra y Sergio son nombres ficticios.

Autor: Anónimo Categoría: Erotismo y Amor

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Aclaro su incomodidad.

2019-08-28


Para entonces mi amigo de infancia tenia varios años de casados con Fanny una chica que conocio en la ciudad. Los dos Fanny y él me recibian en su apartamento como si fuera uno de sus familiares. Mi novia se habia mudado a la ciudad primero que yo y habia hecho contacto con ella. Mi novia y yo lo habiamos planeado todo para reencontrarnos aqui en la ciudad para en un futuro hacer vida marital entre los dos. Con respecto al dormitorio que habia rentado, mi amigo me daba permiso para traer a mi novia a mi dormitorio los fines de semanas si asi yo lo quisiera. Acepte, pero le preguntaba si Fanny tambien estaba de acuerdo con él y él me contesto que si, que lo habia consultado con ella. Con duda, le pregunte a Fanny y ella me decia en tono ameno "Claro que puedes traerla aqui". Un viernes mi novia y yo llegamos al apartamento de mi amigo y todo estaba sobrentendido. Fanny y mi amigo conocian a mi novia de lo mas normal. Por educacion platicamos por un rato en la sala y tomamos un par de cervezas hasta que llego el momento de irnos al dormitorio. Nos dimos una ducha en separado tiempo por respeto a mi amigo y señora. Una vez los dos duchados sin esperar tiempo haciamos el amor por primera vez en la ciudad como nuevo ciudadanos nuevos en la ciudad. La pasamos de maravillas como una noche inolvidable. Mi novia gime fuerte cuando esta en accion conmigo y a veces tenia que cubrir su boca para que sus gemidos fuertes no fueran ecuchados por Fanny y su espooso (mi amigo). Al dia siguiente (Sabado)y por la mañana tomabamos cafe los cuatro, pero habia miradas tipo morbo en Fanny y a veces su esposo, pero ella (Fanny) era mas. En un momento Fanny decia asi "Hummm! Preguntaba asi "Y la pasaron bien anoche los dos?". Yo le conteste que si...que la habiamos pasado de lo mas bien. Fanny y su esposo se miraron las caras y se echaron a reir. Todo bien y por seis meses de continuidad y sin problemas alguno, yo habia notado un cambio en Fanny y con valor ella me preguntaba "Parece que tu amiga la pasa bien contigo ¿Que le haces a ella?." No pude contestar y me decia "No me lo digas ahora, pero dimelo en otra ocasion que es lo que haces que la haces gemir tanto a ella".Una mañana yo no iba al trabajo por unas diligencias pendientes para hacer y me levante por la mañana y me daba una ducha. Sali de la ducha y me quedaba en mis boxer, pero sin ropa interior. Tome una taza de cafe y me fui al sofa con mi taza de cafe en mi mano para ver las noticias en la television. Una vez yo sentado en el sofa, Fanny pasaba frente a mi saliendo de su dormitorio y se metia a la ducha. Yo miraba las noticias de la television y con mi taza de cafe en mano. Mire a Fanny que salia de la ducha y con una bata abierta hasta arriba donde yo miraba sus desnudas piernas y se detuvo frente a mi y me decia "Estamos los dos solos" al mismo tiempo me enseñaba su panocha que ella se tocaba y sacaba sus dedos llenos de mucha lubricación y me decia "Mira como me has tenido por la veces que tu novia y tu cogen ahi dentro de ese cuarto". Ella jugaba con los dedos y su lubricasion y se me venia encima al mismo tiempo que abria las piernas para sentarse en mi. Con agilidad ella metia su mano dentro de mi boxer y tomaba mi pene que por cierto lo tenia duro porque eso sucede cada mañana y al tomarlo me decia "Uy! que a proposito esta todo esto, lo tienes duro asi como a mi me gusta". Me saco el pene de mi boxer y yo le decia " Mi cafe Fanny, se me cae". ELla me decia "Haber dame esa taza para aca para ponerla a un lado". Fanny, tomaba la taza y la retiraba de nosotros y sentia como ella se metia mi pene en su panocha hasta que hubo una penetracion profunda en ella. Segura de que estaba bien clavada, me abrazaba como si yo fuera una almohada y quede preso en su abrazo para despues ella comenzar a moverse y me decia "No te muevas si quieres que yo lo hago todo". Sorprendido yo, me daba cuenta lo bien que se movia Fanny y comence a repsonderle conra mi voluntad porque me deje llevar del placer. Nunca cambiamos posicion y todo sucedio ahi en esa posicion como comenzo todo hasta que nos corrimos (acabamos, nos venimos los dos al mismo tiempo). Ella despues de correrse caia desplomada en mi cuerpo y me decia "Ves que ya paso todo. Ahora he sido tuya asi como tu fuistes mio". Fanny, se levanto y podia ver sus piernas chorreadas de semen que salian de su panocha y me decia "Aqui no ha pasado nada y me gustaria volver intentarlo otra vez" Yo le miraba su panocha toda llena de mucha lubricasion y sin poder decir nada. Fanny, mas calmada se regresaba a la ducha y despues me duchaba para irme a mis diligencias, pero estaba fuera de la tangente. Poco a poco Fanny me pedia que no me casara con mi novia y eso no me gusto que termine mudandome a otro lado. Los invite a mi casamiento y solo mi amigo llego y me decia que Fanny de la nada ella se habia enfermado y no podia asistir a mi casamiento. Fanny me llamo al celular y me decia "Casate, pero no te olvides que siempre estare esperando por ti acualquier hora que lo quieras, preciso aqui estoy sentada en el sofa donde fui tuya...lo recuerdas?. Dilo que lo recuerdas y te puedes marchar, pero dilo". Yo le conteste que si lo recordaba y fue cuando ella me decia "Vete que ella esta esperando por ti". y la llamada terminaba.

Autor: Anónimo Categoría: Erotismo y Amor

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Y... que hago?

2019-08-27


Eugenia me confeso su vida desastrosa que lleva con su esposo al cual ella quiere mucho con toda pasión. Abrodamos el tema de la intimidad y ella se destapo en decirme que ella con él era una puta en la cama. Me dejo sorprendido al decirme tanto asi. Me conto que su marido la cogia, pero que era como un gallo (polvo rapido). No hay romance, palabras de amor y sobre todo me quedo con unas ganas de seguir cogiendo mas. Me siento usada. Terminaba de decir Eugenia con preocupacion y tristeza. ¿Que hago amigo? me pregunto ella. El esposo de Eugenia es muy conservativo y ella muy saleroza, inteligente para hacer caer al cualquier hombre. Eugenia tomando en serio mi personalidad de buen consejero me invito a su casa para darme una demostracion de lo que ella es cuando esta a solas en su casa con su marido. El esposo de Eugenia salio de la casa para visitar a un pariente cercano que vivia a dos horas de camino. Llegue a la casa de Eugenia y ella abria su puerta de su casa donde ella se encontraba vestida solo en calzon y una camiseta sport puesta. De una vez mi cuerpo reaccionaba y mi berga se comenzo a inchar "Pase" Me decia ella y yo entre a su casa y ella cerraba la puerta de su casa. Ella continuaba actuando tan normal como si estuviera su consejero profesional ante ella. Me decia que la siguiera y ella caminaba adelante de mi y yo aprovechaba ver su culo cuando llegamos a la cocina "Cafe o jugo de naranaja?" me preguntaba ella y decidi por un cafe. De una vez ella comenzo a decirme de su problema con su marido y me decia "Y asi es que comporto con mi marido..insinuante al sexo y esta ropa muy sexy" Yo la mire a ella de pie a cabeza y le decia "Si asi es como usted se comporta con su marido...usted hace su trabajo muy bien". Nos trasladamos a la sala con el cafe y ahi nos acomodamos en la mesa del comedor "No sé que mas quiere mi marido de mi..¿Que hago?". Eugenia mira el sofa y corre hacia el mueble y cae boca abajo en muestra de demostracion y me dice "Hago esto para animarle a que me haga el amor y a veces resulta cuando levanto hacia arriba mi nalgas, pero como le dije anteriormente él es un polvo de gallito..precoz y se corre (acaba) rapido en mi..Le aseguro que a cualquier hombre que yo le haga esto..lo pondria loco. Mi berga ya estaba dura, dura de toda esa demostracion y me entraron ganas de cogerla, pero para eso yo tenia que ser muy astuto si queria yo llegar a cogermela y le prergunte si ella podia moverse cuando esta cogiendo con su marido....ella penso para contestarme y me contestaba entre medio de dudas "Yo creo que me muevo bien". Tome mi tiempo y yo contestaba "Habemos hombres que no nos gusta el movimiento de cinturas de mujeres porque a veces no tienen tiempo y se mueven a distiempos...ella prestaba mucha atencion a lo que yo le decia y despues le preguntaba si sabia mamar berga y al igual me decia que ella creia que mamaba bien. Le decia a ella que a mi me gustaria decirle mas de ese tema, pero si ella me lo permitiese. Quedo pensativa y me decia "Bueno si es para bien, continue". Yo le decia a ella "Para eso yo tengo que enseñarle mi miembro". Eugenia se ponia mas seria y miraba la cremallera de mi jeans y al ver su cara de preocupacion le decia a ella "Esto es si usted quiere y no se sienta forzada hacerlo". Ella me daba su visto bueno de que si....que lo hiciera. Me acomode en la silla extirando mis piernas y poco a poco para poner mas excitacion escenico tome el zipper de la cremallera y lo bajaba, meti mi mano dentro de mi pantalon y agarre mi berga que con todo cuidado me la sacaba y la exponia ante la mirada de Eugenia. Sé que Eugenia no esperaba que esto llegara mas alla de los limetes, pero yo tampoco lo creia tambien. No queria que nada se enfriara de lo que ocurria y le decia a Eugenia Que me mamara la berga para yo poder dar el punto bueno de que ella era una buena mamadora. Eugenia me miro y la vi que estaba media confundida "Esto es si tu quiere Eugenia, de lo contrario lo dejamos aqui y seguimos hablando otro dia". Eugenia, se levanto para ir a la puerta de la casa y asegurara que esta estuvier estar bien cerrada y se fue directo a donde mi y me abria mis piernas y se incaba. Recogia su pelo hacia atras y abria su boquita para comenzar a chuparme la punta de mi pija. Poco a poco ella se metia toda mi berga dentro de su boca dejandome claro de que maba muy bien. Comenzamos a enredarnos en los hilos del goce y le pedia que nos pasaramos al sofa y ella sugirio que mejor a su cama matrimonial para sr mas emocionante. Mientras me mamaba mi berga me decia refiriendodse a su esposo "Hummm mi esposo ya se hubiera corrido con esta mamada". En la cama matrimonial de ella decidi mamar su concha y la extremecia con mucho placer y me dijo ella "Metemela". Le mamae sus tetas y abria bien sus piernas con mis piernas y colocaba la punta de mi berga en su concha apartando un poco de pelos de concha y penetre en ella que le hice retorcer su cuerpo de mucho placer. Eugenia se tragaba mi berga y la vomitaba en entrar y salir y me decia "Yo pense que todos los hombres eran asi como mi marido...polvo de gallo". Eugenia se la gozaba hasta que llego el momento de su corrida y me decia ella "Ahi va, ahi va...es toda tuya" Eugenia se convulsionava co tremendo orgasmo hasta que su cuerpo quedo inerte. Me miro y se puso a reir y me decia "Y tu que?...No te vas a correr?" Yo le conteste "Hoy me toca a mi gozarte como es debido". La goce pidiendole posiciones de sexo y ella me complacia con toda buena voluntad. Hasta que llegamos a la ultima posicion en cuatro patas y ahi me corria yo en Eugenia. Mi calificacion sobre ella era excelente y mamaba bien y se movia sabroso.

Autor: Anónimo Categoría: Erotismo y Amor

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Paloma

2019-08-26


Soy Belinda de treinta y dos años de edad y felizmente casada con el hombre que conoci en el colegio. En la cama con Jose Manuel, mi esposo no hay problema, pero ese alcohol daña su personalidad que cada vez que bebe aparece con un amigo del trabajo. Una miga me conto que mi esposo se habia conocido un amigo mecanico que le apodaban Paloma...un apodo conocido solo entre hombres por tener una pija enorme. Aida me lo informo y desde que Aida me lo menciono me entro una curiosidad de conocer al famoso paloma y fui al taller de mecanica para que revisara nuestro auto "Habla con Rene" me dijo mi esposo. Me lleve a Aida conmigo y Aida me afirmaba "Si ese es del que te hablo, Rene, pero le dicen Paloma. Rene es Delgado y con un bigote que le va bien con su persona. Mire a su cremallera de su pantalon y Aida me decia que no lo mirara asi para no levantar sospechas de que hablaban de él. Me presente como la esposa de Jose Manauel y paloma me miro "Oh! Usted es la esposa de Jose Manuel?" Me pregunto y yo le dije que si. Un mes mas tarde mi esposo aparece con Paloma en mi casa y los dos estan ebrios. Insulte a mi espso y en voz Baja me decia hacia yo misma con respecto a mi esposo "Baboso que es. Nunca supo lo curiosa que soy y me trae la tentacnion en persona". Los dos borrachos se durmieron en el sillon de la sala y yo commence a sudar frio por el hecho de que paloma estaba en mi casa y queria salir de dudas si era verdad lo que se decian de paloma. Le miraba su cremallera y pasaba a cada instante por donde el dormia y no quede conforme hasta sentarme al lado de paloma mirando a su cremallera. Mire a a mi esposo al otro lado y por primera vez acaricie por encima de la cremallera el huevo de palomo. Tome el zipper de la cremallera y lo commence a bajar y logre bajarlo todito y habia terminado con el primer paso. Meti mi mano y di con la pija de Paloma y la tenia parade a lo largo de su pierna y como pude se la saque. Escuhe que tocaban la puerta y era Aida y le conte de lo que sucdia y ella tambien queria ver la pija de paloma. Aida se iba de culos al ver tremenda pija y me lo advertia "te lo dije". "Que vas ahcer?" Pregunto Aida". Y yo le conteste aprovechar el momento para tocar y acariciar tremenda pija. Aida me pedia que la dejara tocar y le dije que si. Aida lo hacia y se deleitaba que queria meterselo en su panocha. Aomodamos a paloma y este quedo en major posicion y Aida se quitaba su calzon y con cuidado se metia la berga de paloma dentro de su panocha "Con solo la cabeza me basta Belinda. La quiero toda, pero temo a que despierte". Le apresure a Aida porque de verla a ella como lo dsifrutaba me dieron ganas de ensartarme en la paloma de Rene. Aida se metio siete pulgadas de paloma y me daba la oportunidad a mi. Me la meti y queria seguir a que se meitera toda la paloma de Rene y llegue casi a siete pulgadas de paloma y de solo ver lo que hacia yo me coria que por poco caigo en toda la paloma de Rene y mi leche le caia en su pantalon "Te corriste" me dijo Aida y yo le conteste fue por la emocion. Me quite y Aida se volvia a sentar en la paloma de Rene mietras yo quedaba con la piernas que me temblaban. aida se corria y toda su leche caia en el pantalon de Rene. Limpiamos a Rene entre las dos y cerramos la cremallera del pantalon de Rene. Me fui para la casa de Aida y su esposo le preguntaba que a donde estaba y Aida le contesta que estaba en mi casa. Su esposo no pregunto mas y Aida y yo nos reiamos.

Autor: Anónimo Categoría: Erotismo y Amor

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Viaje nocturno

2019-08-25


Estabamos recien casados y a la hora de tomar el auto bus que nos llevaria a casa, éste estaba lleno con otros pasajeros muy comodos en sus asientos. Casi se daban las seis de la tarde hora que se habia estipulado para salir de regreso a casa. Mi esposo y yo subimos al auto bus y buscabamos asientos donde los dos pudieramos viajar juntos de regreso a casa y no fue posible. No habia alternativa y me tuve que sentar en un asiento donde un extraño seria mi compañero de viaje. Mi esposo se fue a sentar casi al final de los asientos traseros del auto bus. Esperamos media hora y el auto bus con todos los pasajeros completo saliamos rumbo a casa. El tipo que viajaba al lado mio parecia estar ebrio porque olia a licor pesado. Me acomode en el asiento y trate de dormir. El conductor del auto bus apagaba la luz interior del transporte y tod mundo callado quiza por el cansasncio del concierto. Me quede dormida y enre media dormida senti que alguien me acariciaba mi mano. Siempre fui timida y como pude averigue que el que me acariciaba mi mano era el pasajero del lado mio y me asuste. Pretendi no hacer caso para ver si dejaba de molestar y lo deje que me acariciara la mano, pero parece que no fue suficiente que tomaba mi mano para ponersela por encima de su cremallera del pantalon..pense reclamar a voz alta, pero me dio temor al escandalo y lo deje que siguiera haciendo lo que quisiera con mi mano. Poco a poco senti como se le iba inchando su berga y me detuve, pero el me tomo con mas fuerza y seguia sobando su berga con mi mano. Abrio el zipper de su pantalon y con su abrigo tapaba mi mano y sacaba su berga de su pantalon y la senti con mi mano...su berga la tenia dura y me decia que se la tomara con mano. Me nege y me apretaba la mano y con insistencia forzosa me daba a entender a que se la agarrara y se la agarre. Él mismo se masturbaba ayudado con mi mano y de repente me di cuenta que el hombre tenia una berga gruesa y me comence a emocionar y ya despues yo lo pajeaba con mi voluntad. Me gusto como el le hacia al sentir el placer que yo le producia "Sigue, sigue" me decia él. Cerre mis ojos y comence a volar pensando en como seria sentir esa berga merida en todo mi ser y la hormonas se despertaron en mi que me dieron unas ganas de coger con él, pero en el auto bus como?. Saque un pañuelo y tapaba el pene de él para que cuando se corriera no desparramara leche por toda su ropa y él se sacudia por los efectos de su corrida que de pronto apareceria y aparecio que me lleno de leche todo el puño mio. El me metia su mano por mi falda e iba directo a mi coño mojado y me masturbaba hasta que lograba a que yo me corriera. Nos corrimos los dos y mire que todos los pasajeros atendia a lo suyo sin importar lo que habia sucedido en mi asiento. Comodos los dos volviamos a conciliar el sueño y dormiamos hasta que llegamos a nuestra ciudad. Me levante el asiento y ni siquiera le dije adios a ese hombre al cual vivi una aventura que nunca espere. Me uni a mi esposo y nos dirigiamos a nuestra casa. Quede pensativa por lo sucedido, pero poco a poco me acostumbre a lo que vivi en ese momento del viaje nocturno.

Autor: Anónimo Categoría: Erotismo y Amor

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Amiga, amo a tu papa

2019-08-19


Mi papa un mecanico de profesion no sabia que mi amiga estaba enamorada de él.Pero despues de que los presente a los dos, observe como mi papa la miro a ella aunque tuvo manera de haberlo hecho comprendi que mi papa habia sentido algo por mi amiga. Yo me hice la desentendida para no incomodarlos a los dos. Desde que los introduje a los dos ellos,éstos conversaban a solas por horas y horas. No pense que la relacion de ellos se extendiera tanto.Un dia fui al cine (domingo)y cuando regresaba a casa mire la bicicleta de mi amiga de colegio afuera de mi casa dejandome intrigada. Con todo cuido,desde ese instante y casi en puntillas, yo entraba a la casa para ver que hacia mi amiga dentro de mi casa.Me impresiono lo que vi sin que ellos me miraran cuando entre por la puerta de la cocina.Tenia una buena vista hacia el sofa de la sala y ahi estaban los dos desnudos. Mi padre sentado y mi amiga le chupaba el pene de mi papa de manera afanosa. Descubri de que mi papa tenia un pene muy proporcionado en tamaño y mi amiga se lo deleitaba en su boca.Los dos se sirvieron y mi papa le comenzo a chuparle la concha a mi amiga haciendola casi de inmediato a sacarle unos gemidos de inocencia.La mamo por unos largos minutos y mi papa le decia que se pusiera en cuatro patitas y mi amiga obedecio. Mi amiga en cuatro patas esperaba sentir el pene de mi papa a que la penetrara. Al hacerlo, mire que mi amiga se resentio cuando mi papa trataba de penetrarla y ella se quito de la linea de fuego y le decia a mi papa de que era muy gruesa para ella. Mi papa le dijo que trataran una vez mas y ella acepto para otro intento y una vez en cuatro por segunda vez mi papa logro meterle la punta y ella de su garganta dejo escapar un ¡ay! y mi papa se detuvo para que el cuerpo de ella se aclimatara a la berga de mi papa. Mire como mi papa suavecito le inyectaba en su concha el resto de su pene. Mi amiga empuñaba sus manos cuando sentia como las pulgadas se le penetraban poco a poco en ella. Mi papa era un experto. Mi papa la acostumbro a su pene y comenzo a culearla suavecito hasta que ella se calento mas y decia lo rico que habia comenzado a sentir. Mi amiga se corria en casi diez minutos.Mi papa le saco su pene dentro de ella para colocarse un condon y la volvio a rematar para él correrse en ella. Yo sali y me aleje de la casa y a mi regreso a casa ya no mire la bicicleta de mi amiga, encontrando solo a mi papa. El timbre de la puerta sono y yo abri la puerta encontrando a mi amiga que regresaba otra vez. Cenamos juntos y yo miraba a mi papa que miraba con ganas de caerle otra vez a mi amiga (pensaba yo).AL dia siguiente en el colegio mi amiga se mostraba muy alegres y me decia-no sé,pero amo a tu papa!.

Autor: Anónimo Categoría: Erotismo y Amor

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20 años de casados

2019-08-17


Una pareja que aguanta 20 años casados, bien merece darse un homenaje. La mejor forma de hacerlo es disfrutando nuevamente de la juventud. En el sentido más ámplio de la palabra. Una inocente y dulce chica veinteañera. Después de 20 años de casados y alguno más de novios, se hace difícil encontrar un regalo que sorprenda y supere las expectativas de la pareja. Pero en los tiempos que corren que las relaciones apenas duran y a la mínima las parejas son incapaces de superar sus diferencias, debería ser un regalo acorde a dicha gesta. Aun teniendo ya algunos años, nuestra vida sexual creo que sigue siendo la envidia de muchas personas de nuestra edad. Y precisamente por esta línea, se me ocurrió el regalo perfecto. Más bien ha sido por un cúmulo de situaciones que lo han permitido y se ha producido la oportunidad. Le he regalado a mi pareja, y para mi también, un encuentro sexual con una veinteañera. Qué mejor regalo que el ímpetu, fogosidad y placer de la juventud. Quizás si eres joven no lo comprenderás mucho, pero si ya tienes cierta edad, sabes perfectamente a lo que me refiero. Ella es una chica perfecta para este tipo de cosas. Guapa, con facciones dulces y piel tersa. Blanquita y que se ruboriza con facilidad. Un cuerpo menudo sin grandes distracciones y que se ocupa de cuidar con delicadeza y recelo. Hace ejercicio y tiene hábitos saludables. Y lo más importante, además de no tener pareja, siente especial atracción por las personas mayores que ella. Algo que he descubierto en los ratos de charla e intercambio de intimidades que tenemos a veces. Cosa que no viene al caso de porqué nos conocemos y tenemos trato habitual siendo de generaciones distintas. Antes del gran momento, yo ya le había enseñado fotos de mi pareja y habíamos hablado en varias ocasiones sobre temas sexuales. Sabía que no iba a ver ningún problema. Para la ocasión, disfrutamos mi marido y yo de un circuito termal, un servicio excelente de comida, y como colofón, una habitación del balneario con unas vistas a la naturaleza. Y la compañía de esta chica, que también disfrutó del lugar. Durante esas horas previas, fuimos rompiendo el hielo y la incomodidad de la falta de confianza. Hasta que después de la comida, subimos los 3 a la habitación. Mi marido, se tumbó desnudo sobre la cama, yo animé a nuestra joven amiga a que se dejara llevar por la tentación. Ella aun seguía vestida con un bañador. La invité a sentarse junto a mi en el borde de la cama y masturbar a mi marido. Comencé yo hasta que entró en erección. Ella miraba tímidamente pero en sus pupilas podía ver como crecía el deseo y la curiosidad. Aunque no era su primer maduro a nivel sexual. El momento en el que alargó su mano para sujetar el pene erecto de mi marido fue el comienzo de todo. Se le pasaron todas las dudas y el morbo comenzó a fluir. Ella se relajó. Lo masturbaba mientras me miraba. Buscaba mi aprobación. Yo la alentaba de forma cómplice. Pasé a desnudarme yo también y acercarme a mi marido. A él le encanta disfrutar de mis pechos. Los masajea y manosea con gran maestría. Yo estaba de espaldas a mi joven amiga y tapando con mi cuerpo el contacto visual de mi marido y ella. En ese intervalo le pregunté por gestos como la veía él. Como la sentía. Su cara de satisfacción lo dijo todo. Apenas unos momentos después, escuché el ruido húmedo de una garganta. Miré a mi pareja y estaba con la cabeza estirada hacia atrás, los ojos cerrados y relamiéndose de placer. Giré mi cabeza y observé el bulto de la chica subido en la cama. Era una felación. Me quité de encima de mi esposo y ella se asustó. Me miró con ojos asustados mientras tenía la polla de mi marido en la boca. Se ruborizó rápidamente y con muchas dudas abrió la boca y lentamente fue subiendo la cabeza. La polla de mi marido brillaba envuelta en babas. Desde la boca de ella, se descolgaban flemas e hilos de saliva que terminaban por el cuerpo del pene y el pubis de mi esposo. Fue una visión realmente hermosa. Inocencia y perversión perfectamente equilibradas. Le di mi enhorabuena y la pedí que se quitara el bañador. Que un cuerpo tan bello era para mostrarlo. Además de que ya había confianza y sería más cómodo para ella. Así lo hizo. Se quedó completamente desnuda. Un cuerpo juvenil de portentosa belleza y perfectamente cuidado. Mi esposo no se contuvo y comentó lo maravillosa que era. Le pidió que se acercara y ella anduvo hasta el lateral de la cama. Pese a yo no sentir atracción por las mujeres, no pude evitar quedarme obnubilada por el balanceo sensual de sus caderas. Sufrir el magnetismo de sus hoyuelos de venus en la espalda e hipnotizarme sus blancas y tiernas nalgas con movimiento acompasado de sus piernas. Mi marido extendió el brazo con la palma de la mano hacia arriba a la altura de la vulva de ella. Con una mirada envuelta en timidez, miraba con gran atención a mi esposo y luego a mi. Yo le hice el gesto de que se relajara y me acerque a donde estaba. Ella separó ligeramente las rodillas y sacó pubis. Mi esposo la acariciaba y la miraba como si de un niño con juguetes nuevos se tratara. Dulzura y suavidad era una. Yo la puse mis manos sobre sus hombros y la susurré: Disfrútalo, no estés tensa. Aquí estamos para disfrutar. Un tímido gemido salió de sus labios carnosos y húmedos. Había sido penetrada por los dedos de mi marido. Ella sopló y resopló. Su cadera cobraba vida, se iba moviendo buscando el placer. Su cuerpo comenzó a sonrojarse. primero un rosa pálido, después un tono más salmón y ahí fue cambiando de tonalidades. Mi marido se revolvió en la cama y se puso cabeza abajo. Quería degustar ese coño joven y caliente. Ella dudo cómo colocarse. Con inseguridad y ayudada por mi, se colocó junto a la cama con la cabeza de mi esposo entre sus piernas. Mi marido rápidamente estiró sus brazos y agarró con firmeza el culo de la chica. Una mano en cada nalga que se apretaban entre su carne. Ella miró al techo y bufó cerrando los ojos para después morderse los labios de forma pasional. No pudo resistirse a llevarse sus manos a sus pechos y manosearlos. Yo me coloqué en el lado opuesto de la cama para verla a la vez que le realizaba una felación a mi pareja. Era una preciosidad verla disfrutar. El mejor momento fue cuando en esa posición, sin dejar de mirar al cielo y con los ojos cerrados, intentó decir que por el culo no. Comenzó con cierta energía, pero “culo” apenas se la oyó, y el “no” fue entre exhalaciones de placer. La pregunté qué le ocurrió, y con dificultad por la agitación de su respiración me contestó, lo tengo virgen. Creo que mi marido ni la escuchó, porque sino se hubiera puesto mucho más excitado. Aunque por suerte para ella, solo estaba experimentado el placer de un beso negro. Les paré un segundo, la pregunté a ella si estaba bien o la incomodaba eso. Mi marido se quedó muy sorprendido y sin terminar de entender lo que ocurría. Ella con timidez y desasosiego, volvió a repetir que nunca había tenido sexo anal. Por eso estaba algo asustada e incómoda. Pero que eso de la lengua, si la estaba gustando mucho. La propusimos probarlo en una postura más cómoda, el beso negro. La penetración ya llegaría después si ella quería. La recomendé ponerse en pompa en mitad de la habitación. Ella enseguida comentó: "¿Cómo haciendo twerking?" y adoptó la postura en un santiamén. Mi marido se puso tras de ella. Yo delante de ella mirándola para apoyarla y sobre todo para sujetarla los glúteos y que mi marido se pudiera esmerar en el beso negro. A mi me resultó tremendamente excitante tenerla así y poder sentir a través del contacto piel con piel su placer. En cuanto comenzó mi marido a usar la lengua, comenzó a respirar más fuerte. En el momento de introducirle algún dedo por la vagina. Ella comenzó a tener pequeños espasmos. Yo animaba a seguir a mi marido haciendo lo que estuviera haciendo y a dare más placer a esa chica. Una juventud que afloraba por cada poro de su piel. Tuve la oportunidad de darla algún cachete en el culete y de arañarla. La pobre joven se derretía con eso. El placer la superaba. Así llegó al clímax, que lo culminó con una eyaculación femenina. Terminó soltando gran cantidad de fluido a chorro por su vagina. Bañó a mi marido y empapó el suelo de la habitación.

Autor: Toulouse Categoría: Erotismo y Amor

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La prueba de una aventura

2019-08-13


Carmen oyó el sonido del despertador de su móvil a las once, y alargó el brazo para deslizar el dedo índice sobre la pantalla y apagarlo; después abrió los ojos. El dormitorio estaba en penumbra; la claridad del día, filtrada a través de los estores, daba un aspecto irreal a la habitación; bueno, eso y lo bien que se sentía esa mañana, no como otras, en las que se despertaba desgastada, sintiéndose vieja, no: esa mañana se sentía joven. Le vinieron a la cabeza borrosas imágenes de lo ocurrido durante la tarde y noche del día anterior, y una leve sonrisa se le dibujó en la boca. Se inspeccionó el cuerpo mentalmente, haciéndose una especie de TAC: los miembros estaban relajados; el torso irradiaba calidez; la cabeza descansaba; eso sí, notó que estaba completamente desnuda bajo la sábana. "¡Cómo!, me acosté desnuda", pensó, y rio para sus adentros. Acto seguido, se levantó. En fin, estaba desnuda, sí, no se había puesto el pijama de verano, ese tan fino que hasta los oscuros pezones se le transparentaban, pero sí se había duchado: un perfume a rosas difuminado proveniente de la tibieza de la cama recién abandonada lo delataba. Carmen se puso una batita y salió del dormitorio. En el saloncito había orientativas pistas sobre lo acontecido hace relativamente escasas horas: una botella de vino tinto Chianti vacía y dos vasos de caña manchados y un cenicero a rebosar de colillas sobre la mesita de centro, y dos condones con los depósitos llenos de semen cerrados con un nudo en la abertura tirados en el suelo, junto al sofá. Carmen recogió las basuras con ambas manos y se dirigió a la cocina. Una vez tiradas las pruebas de su aventura al cubo, preparó la cafetera italiana y cogió dos magdalenas del mueble despensa. "Carmen, oh, oh, Carmen"; "Sigue, no-no pares, Aurelio, ahh, ahh". Le vino esto a la memoria. Carmen, repantigada en la silla, obtenía flashes de sus recuerdos. "Pero ¡tanto no había bebido!", pensó. No, Carmen, no, tanto no habías bebido, sin embargo el cerebro a veces nos juega malas pasadas y, algo que deseábamos apasionadamente, lo borra del intelecto y lo graba en las emociones; así que, Carmen, debes traspasarlo desde tu pecho a tu cabeza, tarea harto difícil. Carmen, ¿cuándo fue la última vez que follaste antes que esta? "Fue con mi marido; yo ya estaba dormida; él llegó del restaurante, me despertó el portazo; él entró en la habitación, se quitó la camisa, se sacó la polla por la portañica del pantalón, me destapó, me subió el camisón hasta el cuello, me apartó la tirilla de las bragas y, de un tirón, me arrancó el sujetador; luego se subió encima mía, olía a sudor, alcohol y mujeres; me salivó y mordió las tetas brutalmente, y me penetró; noté la abrupta presión en mi entrepierna y decidí gemir lastimerante para que acabase antes: pronto, se corrió, y se durmió; unos días después me separé, luego nos divorciamos". ¿Y antes? "Mi marido...". No, Carmen, digo antes de tu marido... "Antes de casarme fui novia de un muchacho muy dulce; era músico, me componía letras, canciones; cuando hacíamos el amor, él, se diría, se posaba sobre mí, como una mariposa, me susurraba al oído mientras me montaba, yo le sujetaba las nalgas y lo apretaba, le marcaba el ritmo, pues él se extasiaba mirando mi rostro y nunca me ponía a punto para el orgasmo: se sacudía lánguidamente cuando se corría y me llenaba de besos; no puedo decir que no me gustara, pero una, en fin...". Carmen, entonces... has tenido orgasmos, ¿verdad? "Pocos, sí, y a mi edad, que rozo la cincuentena, ¡ay!, pero ayer..." Ves, Carmen, a través de una emoción, el orgasmo, resurge la memoria. "Sí, sí, ayer, me acuerdo, fue...": "Fui a la playa, como todas las tardes. Puse mi cesta en la arena, me saqué el vestido por la cabeza, extendí la toalla y me tumbé bocarriba sobre ella. Ah, qué tranquilidad, a esa hora, en la que apenas hacía calor, y tan poca gente había, el murmullo de las olas..., ah; cambié de posición y me senté; tengo las tetas grandes, carnosas, y, como me apretaba el sujetador del bikini me lo quité; las tetas cayeron grávidas, libres; luego cogí el paquete de cigarrillos de la cesta, saqué uno y lo encendí; después de fumar, fui a darme un baño corto en el mar; y fue cuando salía que me fijé: un muchacho joven, musculado, moreno y de pelo rizado me estaba observando; no puedo negar que en ese momento me sentí especial, pero también pensé que quizá el muchacho estaba mirando otra cosa, así que giré la cabeza hacia atrás, aunque sólo vi un barco, muy lejos; sí, sin duda me miraba a mí; me doy cuenta de que el tamaño de mis tetas es llamativo, no obstante el muchacho parecía estar mirándome a la cara; volví a sentarme en la toalla, encendí otro cigarrillo". Aurelio avanzó unos pasos hasta llegar a la posición de Carmen. "Hola", dijo, "¿no me conoces?" Carmen, sorprendida, dijo: "No"; "No, claro", dijo Aurelio, y se sentó junto a Carmen. "Tú eres Carmen, la ex esposa de Ramiro", afirmó Aurelio; "Sí, pero tú ¿de qué me conoces?", preguntó Carmen; "Soy Aurelio, el hijo del por entonces jefe de Ramiro, me traías caramelos cuando ibas al restaurante a ver a tu marido, ¿te acuerdas?, supongo que por hacer la pelota a mi padre", rio Aurelio; "Ahora caigo, ¡oy, hijo, cómo has crecido!", rio Carmen; "La última vez que te vi yo tenía catorce años, te separaste, no volviste más"; "Debes comprender que..."; "Te eché de menos". Esta última frase salió tan de dentro de Aurelio, y fue pronunciada con tal solemnidad, que a Carmen se le transformó el rostro; notó una especie de reclamo en el uso, un algo trascendente, algo que tenía que ver con un profundo deseo. "Oye, Aurelio..."; "¿Me das un cigarrillo?". Carmen tendió el cigarrillo a Aurelio y le prendió lumbre. Aurelio se tumbó de costado en la arena, cara a ella, sin dejar de mirarla. Carmen no tardó en seguir su ejemplo. Ambos se miraban. Carmen reconoció los rasgos de aquel joven que hace tiempo la miraba de la misma manera; Aurelio, a pesar de los años pasados, veía en Carmen aquella mujer treintañera que excitaba sus sentidos. Al principio, se besaron en los labios, con suavidad; pronto sus lenguas se enlazaron entre sus bocas. Los suspiros de Carmen se ahogaban en los labios de Aurelio. Una mano en las tetas de ella, otra mano en la entrepierna de él, la saliva de la cascada de las bocas goteando en la arena; un gemido de Carmen al contacto de una mano de Aurelio sobre las caderas; "Vivo a dos manzanas", y la invitación de Carmen. Sentados en el amplio sofá de la casa de Carmen, hablaron, rieron, fumaron, bebieron vino, y, cuando oscureció en el saloncito y hubo que encender la lámpara de pie, se desnudaron. Aurelio se arrodilló en el suelo, metió la cabeza entre las piernas de Carmen y le comió el coño, degustando sus flujos, oyendo sus grititos y jadeos; notó su clímax, entonces se irguió, se puso el condón, la guio para que se levantase y se sentase en su regazo cuando él se sentara, y follaron: las rodillas de Carmen se hundían en el mullido sofá mientras botaba arriba y abajo sobre la dura polla de Aurelio; los pezones, mordidos y besados, trazaban círculos en el aire. "¡Carmen, oh, oh, Carmen!"; "¡Ahh, ahh, ya, córrete, ya!", gritaba Carmen; y Aurelio eyaculó. Después, tras acabar la botella de Chianti, hubo otro polvo. Esta vez precedido de una mamada de Carmen para que Aurelio recuperase el tono: inclinó la cabeza sobre el regazo de Aurelio y chupó, lamió y mamó; luego, apoyando las manos en el reposabrazos, se puso a gatas para que Aurelio la penetrara a placer. La columna inclinada, el culo subido, el torso adelante y atrás, las tetas bamboleándose, las recias manos de él sujetas a la cintura de ella para no errar nunca en la diana del coño. "¡Ahh, más, más, sigue, no-no pares, Aurelio, ahh, ahh!"; y el ronco rugido de la corrida de Aurelio. Y, ahí, en la cocina, sentada frente a la mesa de formica, Carmen se masturbó. Esta tarde iría de nuevo a la playa.

Autor: Havelass Categoría: Erotismo y Amor

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