Relatos Eróticos de Erotismo y Amor


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20 años de casados

2019-08-17


Una pareja que aguanta 20 años casados, bien merece darse un homenaje. La mejor forma de hacerlo es disfrutando nuevamente de la juventud. En el sentido más ámplio de la palabra. Una inocente y dulce chica veinteañera. Después de 20 años de casados y alguno más de novios, se hace difícil encontrar un regalo que sorprenda y supere las expectativas de la pareja. Pero en los tiempos que corren que las relaciones apenas duran y a la mínima las parejas son incapaces de superar sus diferencias, debería ser un regalo acorde a dicha gesta. Aun teniendo ya algunos años, nuestra vida sexual creo que sigue siendo la envidia de muchas personas de nuestra edad. Y precisamente por esta línea, se me ocurrió el regalo perfecto. Más bien ha sido por un cúmulo de situaciones que lo han permitido y se ha producido la oportunidad. Le he regalado a mi pareja, y para mi también, un encuentro sexual con una veinteañera. Qué mejor regalo que el ímpetu, fogosidad y placer de la juventud. Quizás si eres joven no lo comprenderás mucho, pero si ya tienes cierta edad, sabes perfectamente a lo que me refiero. Ella es una chica perfecta para este tipo de cosas. Guapa, con facciones dulces y piel tersa. Blanquita y que se ruboriza con facilidad. Un cuerpo menudo sin grandes distracciones y que se ocupa de cuidar con delicadeza y recelo. Hace ejercicio y tiene hábitos saludables. Y lo más importante, además de no tener pareja, siente especial atracción por las personas mayores que ella. Algo que he descubierto en los ratos de charla e intercambio de intimidades que tenemos a veces. Cosa que no viene al caso de porqué nos conocemos y tenemos trato habitual siendo de generaciones distintas. Antes del gran momento, yo ya le había enseñado fotos de mi pareja y habíamos hablado en varias ocasiones sobre temas sexuales. Sabía que no iba a ver ningún problema. Para la ocasión, disfrutamos mi marido y yo de un circuito termal, un servicio excelente de comida, y como colofón, una habitación del balneario con unas vistas a la naturaleza. Y la compañía de esta chica, que también disfrutó del lugar. Durante esas horas previas, fuimos rompiendo el hielo y la incomodidad de la falta de confianza. Hasta que después de la comida, subimos los 3 a la habitación. Mi marido, se tumbó desnudo sobre la cama, yo animé a nuestra joven amiga a que se dejara llevar por la tentación. Ella aun seguía vestida con un bañador. La invité a sentarse junto a mi en el borde de la cama y masturbar a mi marido. Comencé yo hasta que entró en erección. Ella miraba tímidamente pero en sus pupilas podía ver como crecía el deseo y la curiosidad. Aunque no era su primer maduro a nivel sexual. El momento en el que alargó su mano para sujetar el pene erecto de mi marido fue el comienzo de todo. Se le pasaron todas las dudas y el morbo comenzó a fluir. Ella se relajó. Lo masturbaba mientras me miraba. Buscaba mi aprobación. Yo la alentaba de forma cómplice. Pasé a desnudarme yo también y acercarme a mi marido. A él le encanta disfrutar de mis pechos. Los masajea y manosea con gran maestría. Yo estaba de espaldas a mi joven amiga y tapando con mi cuerpo el contacto visual de mi marido y ella. En ese intervalo le pregunté por gestos como la veía él. Como la sentía. Su cara de satisfacción lo dijo todo. Apenas unos momentos después, escuché el ruido húmedo de una garganta. Miré a mi pareja y estaba con la cabeza estirada hacia atrás, los ojos cerrados y relamiéndose de placer. Giré mi cabeza y observé el bulto de la chica subido en la cama. Era una felación. Me quité de encima de mi esposo y ella se asustó. Me miró con ojos asustados mientras tenía la polla de mi marido en la boca. Se ruborizó rápidamente y con muchas dudas abrió la boca y lentamente fue subiendo la cabeza. La polla de mi marido brillaba envuelta en babas. Desde la boca de ella, se descolgaban flemas e hilos de saliva que terminaban por el cuerpo del pene y el pubis de mi esposo. Fue una visión realmente hermosa. Inocencia y perversión perfectamente equilibradas. Le di mi enhorabuena y la pedí que se quitara el bañador. Que un cuerpo tan bello era para mostrarlo. Además de que ya había confianza y sería más cómodo para ella. Así lo hizo. Se quedó completamente desnuda. Un cuerpo juvenil de portentosa belleza y perfectamente cuidado. Mi esposo no se contuvo y comentó lo maravillosa que era. Le pidió que se acercara y ella anduvo hasta el lateral de la cama. Pese a yo no sentir atracción por las mujeres, no pude evitar quedarme obnubilada por el balanceo sensual de sus caderas. Sufrir el magnetismo de sus hoyuelos de venus en la espalda e hipnotizarme sus blancas y tiernas nalgas con movimiento acompasado de sus piernas. Mi marido extendió el brazo con la palma de la mano hacia arriba a la altura de la vulva de ella. Con una mirada envuelta en timidez, miraba con gran atención a mi esposo y luego a mi. Yo le hice el gesto de que se relajara y me acerque a donde estaba. Ella separó ligeramente las rodillas y sacó pubis. Mi esposo la acariciaba y la miraba como si de un niño con juguetes nuevos se tratara. Dulzura y suavidad era una. Yo la puse mis manos sobre sus hombros y la susurré: Disfrútalo, no estés tensa. Aquí estamos para disfrutar. Un tímido gemido salió de sus labios carnosos y húmedos. Había sido penetrada por los dedos de mi marido. Ella sopló y resopló. Su cadera cobraba vida, se iba moviendo buscando el placer. Su cuerpo comenzó a sonrojarse. primero un rosa pálido, después un tono más salmón y ahí fue cambiando de tonalidades. Mi marido se revolvió en la cama y se puso cabeza abajo. Quería degustar ese coño joven y caliente. Ella dudo cómo colocarse. Con inseguridad y ayudada por mi, se colocó junto a la cama con la cabeza de mi esposo entre sus piernas. Mi marido rápidamente estiró sus brazos y agarró con firmeza el culo de la chica. Una mano en cada nalga que se apretaban entre su carne. Ella miró al techo y bufó cerrando los ojos para después morderse los labios de forma pasional. No pudo resistirse a llevarse sus manos a sus pechos y manosearlos. Yo me coloqué en el lado opuesto de la cama para verla a la vez que le realizaba una felación a mi pareja. Era una preciosidad verla disfrutar. El mejor momento fue cuando en esa posición, sin dejar de mirar al cielo y con los ojos cerrados, intentó decir que por el culo no. Comenzó con cierta energía, pero “culo” apenas se la oyó, y el “no” fue entre exhalaciones de placer. La pregunté qué le ocurrió, y con dificultad por la agitación de su respiración me contestó, lo tengo virgen. Creo que mi marido ni la escuchó, porque sino se hubiera puesto mucho más excitado. Aunque por suerte para ella, solo estaba experimentado el placer de un beso negro. Les paré un segundo, la pregunté a ella si estaba bien o la incomodaba eso. Mi marido se quedó muy sorprendido y sin terminar de entender lo que ocurría. Ella con timidez y desasosiego, volvió a repetir que nunca había tenido sexo anal. Por eso estaba algo asustada e incómoda. Pero que eso de la lengua, si la estaba gustando mucho. La propusimos probarlo en una postura más cómoda, el beso negro. La penetración ya llegaría después si ella quería. La recomendé ponerse en pompa en mitad de la habitación. Ella enseguida comentó: "¿Cómo haciendo twerking?" y adoptó la postura en un santiamén. Mi marido se puso tras de ella. Yo delante de ella mirándola para apoyarla y sobre todo para sujetarla los glúteos y que mi marido se pudiera esmerar en el beso negro. A mi me resultó tremendamente excitante tenerla así y poder sentir a través del contacto piel con piel su placer. En cuanto comenzó mi marido a usar la lengua, comenzó a respirar más fuerte. En el momento de introducirle algún dedo por la vagina. Ella comenzó a tener pequeños espasmos. Yo animaba a seguir a mi marido haciendo lo que estuviera haciendo y a dare más placer a esa chica. Una juventud que afloraba por cada poro de su piel. Tuve la oportunidad de darla algún cachete en el culete y de arañarla. La pobre joven se derretía con eso. El placer la superaba. Así llegó al clímax, que lo culminó con una eyaculación femenina. Terminó soltando gran cantidad de fluido a chorro por su vagina. Bañó a mi marido y empapó el suelo de la habitación.

Autor: Toulouse Categoría: Erotismo y Amor

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La prueba de una aventura

2019-08-13


Carmen oyó el sonido del despertador de su móvil a las once, y alargó el brazo para deslizar el dedo índice sobre la pantalla y apagarlo; después abrió los ojos. El dormitorio estaba en penumbra; la claridad del día, filtrada a través de los estores, daba un aspecto irreal a la habitación; bueno, eso y lo bien que se sentía esa mañana, no como otras, en las que se despertaba desgastada, sintiéndose vieja, no: esa mañana se sentía joven. Le vinieron a la cabeza borrosas imágenes de lo ocurrido durante la tarde y noche del día anterior, y una leve sonrisa se le dibujó en la boca. Se inspeccionó el cuerpo mentalmente, haciéndose una especie de TAC: los miembros estaban relajados; el torso irradiaba calidez; la cabeza descansaba; eso sí, notó que estaba completamente desnuda bajo la sábana. "¡Cómo!, me acosté desnuda", pensó, y rio para sus adentros. Acto seguido, se levantó. En fin, estaba desnuda, sí, no se había puesto el pijama de verano, ese tan fino que hasta los oscuros pezones se le transparentaban, pero sí se había duchado: un perfume a rosas difuminado proveniente de la tibieza de la cama recién abandonada lo delataba. Carmen se puso una batita y salió del dormitorio. En el saloncito había orientativas pistas sobre lo acontecido hace relativamente escasas horas: una botella de vino tinto Chianti vacía y dos vasos de caña manchados y un cenicero a rebosar de colillas sobre la mesita de centro, y dos condones con los depósitos llenos de semen cerrados con un nudo en la abertura tirados en el suelo, junto al sofá. Carmen recogió las basuras con ambas manos y se dirigió a la cocina. Una vez tiradas las pruebas de su aventura al cubo, preparó la cafetera italiana y cogió dos magdalenas del mueble despensa. "Carmen, oh, oh, Carmen"; "Sigue, no-no pares, Aurelio, ahh, ahh". Le vino esto a la memoria. Carmen, repantigada en la silla, obtenía flashes de sus recuerdos. "Pero ¡tanto no había bebido!", pensó. No, Carmen, no, tanto no habías bebido, sin embargo el cerebro a veces nos juega malas pasadas y, algo que deseábamos apasionadamente, lo borra del intelecto y lo graba en las emociones; así que, Carmen, debes traspasarlo desde tu pecho a tu cabeza, tarea harto difícil. Carmen, ¿cuándo fue la última vez que follaste antes que esta? "Fue con mi marido; yo ya estaba dormida; él llegó del restaurante, me despertó el portazo; él entró en la habitación, se quitó la camisa, se sacó la polla por la portañica del pantalón, me destapó, me subió el camisón hasta el cuello, me apartó la tirilla de las bragas y, de un tirón, me arrancó el sujetador; luego se subió encima mía, olía a sudor, alcohol y mujeres; me salivó y mordió las tetas brutalmente, y me penetró; noté la abrupta presión en mi entrepierna y decidí gemir lastimerante para que acabase antes: pronto, se corrió, y se durmió; unos días después me separé, luego nos divorciamos". ¿Y antes? "Mi marido...". No, Carmen, digo antes de tu marido... "Antes de casarme fui novia de un muchacho muy dulce; era músico, me componía letras, canciones; cuando hacíamos el amor, él, se diría, se posaba sobre mí, como una mariposa, me susurraba al oído mientras me montaba, yo le sujetaba las nalgas y lo apretaba, le marcaba el ritmo, pues él se extasiaba mirando mi rostro y nunca me ponía a punto para el orgasmo: se sacudía lánguidamente cuando se corría y me llenaba de besos; no puedo decir que no me gustara, pero una, en fin...". Carmen, entonces... has tenido orgasmos, ¿verdad? "Pocos, sí, y a mi edad, que rozo la cincuentena, ¡ay!, pero ayer..." Ves, Carmen, a través de una emoción, el orgasmo, resurge la memoria. "Sí, sí, ayer, me acuerdo, fue...": "Fui a la playa, como todas las tardes. Puse mi cesta en la arena, me saqué el vestido por la cabeza, extendí la toalla y me tumbé bocarriba sobre ella. Ah, qué tranquilidad, a esa hora, en la que apenas hacía calor, y tan poca gente había, el murmullo de las olas..., ah; cambié de posición y me senté; tengo las tetas grandes, carnosas, y, como me apretaba el sujetador del bikini me lo quité; las tetas cayeron grávidas, libres; luego cogí el paquete de cigarrillos de la cesta, saqué uno y lo encendí; después de fumar, fui a darme un baño corto en el mar; y fue cuando salía que me fijé: un muchacho joven, musculado, moreno y de pelo rizado me estaba observando; no puedo negar que en ese momento me sentí especial, pero también pensé que quizá el muchacho estaba mirando otra cosa, así que giré la cabeza hacia atrás, aunque sólo vi un barco, muy lejos; sí, sin duda me miraba a mí; me doy cuenta de que el tamaño de mis tetas es llamativo, no obstante el muchacho parecía estar mirándome a la cara; volví a sentarme en la toalla, encendí otro cigarrillo". Aurelio avanzó unos pasos hasta llegar a la posición de Carmen. "Hola", dijo, "¿no me conoces?" Carmen, sorprendida, dijo: "No"; "No, claro", dijo Aurelio, y se sentó junto a Carmen. "Tú eres Carmen, la ex esposa de Ramiro", afirmó Aurelio; "Sí, pero tú ¿de qué me conoces?", preguntó Carmen; "Soy Aurelio, el hijo del por entonces jefe de Ramiro, me traías caramelos cuando ibas al restaurante a ver a tu marido, ¿te acuerdas?, supongo que por hacer la pelota a mi padre", rio Aurelio; "Ahora caigo, ¡oy, hijo, cómo has crecido!", rio Carmen; "La última vez que te vi yo tenía catorce años, te separaste, no volviste más"; "Debes comprender que..."; "Te eché de menos". Esta última frase salió tan de dentro de Aurelio, y fue pronunciada con tal solemnidad, que a Carmen se le transformó el rostro; notó una especie de reclamo en el uso, un algo trascendente, algo que tenía que ver con un profundo deseo. "Oye, Aurelio..."; "¿Me das un cigarrillo?". Carmen tendió el cigarrillo a Aurelio y le prendió lumbre. Aurelio se tumbó de costado en la arena, cara a ella, sin dejar de mirarla. Carmen no tardó en seguir su ejemplo. Ambos se miraban. Carmen reconoció los rasgos de aquel joven que hace tiempo la miraba de la misma manera; Aurelio, a pesar de los años pasados, veía en Carmen aquella mujer treintañera que excitaba sus sentidos. Al principio, se besaron en los labios, con suavidad; pronto sus lenguas se enlazaron entre sus bocas. Los suspiros de Carmen se ahogaban en los labios de Aurelio. Una mano en las tetas de ella, otra mano en la entrepierna de él, la saliva de la cascada de las bocas goteando en la arena; un gemido de Carmen al contacto de una mano de Aurelio sobre las caderas; "Vivo a dos manzanas", y la invitación de Carmen. Sentados en el amplio sofá de la casa de Carmen, hablaron, rieron, fumaron, bebieron vino, y, cuando oscureció en el saloncito y hubo que encender la lámpara de pie, se desnudaron. Aurelio se arrodilló en el suelo, metió la cabeza entre las piernas de Carmen y le comió el coño, degustando sus flujos, oyendo sus grititos y jadeos; notó su clímax, entonces se irguió, se puso el condón, la guio para que se levantase y se sentase en su regazo cuando él se sentara, y follaron: las rodillas de Carmen se hundían en el mullido sofá mientras botaba arriba y abajo sobre la dura polla de Aurelio; los pezones, mordidos y besados, trazaban círculos en el aire. "¡Carmen, oh, oh, Carmen!"; "¡Ahh, ahh, ya, córrete, ya!", gritaba Carmen; y Aurelio eyaculó. Después, tras acabar la botella de Chianti, hubo otro polvo. Esta vez precedido de una mamada de Carmen para que Aurelio recuperase el tono: inclinó la cabeza sobre el regazo de Aurelio y chupó, lamió y mamó; luego, apoyando las manos en el reposabrazos, se puso a gatas para que Aurelio la penetrara a placer. La columna inclinada, el culo subido, el torso adelante y atrás, las tetas bamboleándose, las recias manos de él sujetas a la cintura de ella para no errar nunca en la diana del coño. "¡Ahh, más, más, sigue, no-no pares, Aurelio, ahh, ahh!"; y el ronco rugido de la corrida de Aurelio. Y, ahí, en la cocina, sentada frente a la mesa de formica, Carmen se masturbó. Esta tarde iría de nuevo a la playa.

Autor: Havelass Categoría: Erotismo y Amor

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Alba

2019-08-13


Tras beber dos copas, ya no veía mucho, más si cabe porque se había dejado las gafas en la cena, en casa de su amiga. Sencillamente, era un poco asocial, tantos años metidas en sus libros, habría provocado que su vida fuera monótona, insulsa, y a falta de parámetros sociales vigentes. Así que se había decantado por unas gafas de pasta negra, en contraposición con sus ojos castaño miel y se había venido vestida con una falda recta negra, una camisa gris y unas salome de tacón negro Por lo que cuando la vieron llegar, se rieron y entre las que estaban , le dejaron un top lencero aleopardado y la maquillaron para realzar sus rasgos , sus cejas arqueadas , que ella tapaba con su montura de gafas , sus labios que nunca había cambiado de color y lo más impresionantes , sus grandes ojos , tan expresivos. Durante la cena, estuvo riéndose y bebiendo, cosa que no solía hacer a menudo, pero al decir ellas que tomarían un taxi para ir de marcha y al estar entre amigas, se dejó llevar. Al ponerse las gafas, su amiga, la Guapa del grupo, le espeto que no le dejaría salir con eso puesto en lo alto, después del trabajo que sus otras dos compañeras habían hecho con ella. Así que salió, bebida y sin ver más que sombras a lo lejos. No tenía muchos amigos, pero eso sí, de los buenos. La solían definir estos últimos como un diamante por descubrir pues tenía su casa, su coche y su trabajo , nada que envidiar en cuanto a productividad monetaria se refiere, sin embargo no tenía problemas de liquidez .Esta noche, entre risas , sus amigas habían procurado que luciera con tal piedra preciosa. La noche prometía, la Guapa deslumbraba por donde iba, la Simpática, de sonrisa franca hablaba a izquierda y a derecha y su Compinche, la cual ella no era ella porque no llegaba a la agilidad de palabras de esta última, brillaban con luz propia. Todas estaban bailando, algunas mejor que otras, o mejor dicho que ella destaco por mover la copa de arriba abajo y de poner la cadera de izquierda a derecha. Se puede decir que prácticamente no se movió de la loseta del suelo que sus amigas le habían dejado. Se lo estaba pasando bien, no veía nada en concreto e iba fina. No entendía lo que sus amigas decía, cuando se le acercaba y solo contestaba que si con la cabeza. La habrían podido meter en un berenjenal pero se sentía segura ya que sabía que aunque la Guapa se perdería, la Compinche y la Simpática no la dejarían tirada. Pasaban las canciones y mientras ella se dedicó a analizar los contoneos de la Guapa y sus efectos en el género masculino. Conto al menos, tres tíos que quisieron algo con ella, pero según ella pensaba, esta se estaba reservando para el que sujetaba la columna. Con respecto a las dos Pili-Milis, le habían introducido con dos chavales, no muy altos y de sonrisa fácil, de nombre “no lo sé” y “no lo entendí”, quizás porque no le intereso o porque no les via con nitidez o porque con el barullo de la música no les prestó atención o porque en realidad en su mente, ya les había catalogados. No es que fueran feos, sino que básicamente su forma de comunicarse le hacían recordar a las hienas del rey león, aquellas que están siempre juntas y sin embargo una molesta a la otra. Pensó que sería buena presa para esas dos, y también pensó que no le empezar a entrar ganas de ir al servicio. La Guapa brillaba tanto que era increíble la cantidad de hombre que estaban a su alrededor… cuando quiso ir al servicio casi tuvo que cruzar la muralla que le habían hecho, a codazos. En fin, estaba claro que no era a ella que le hacía reverencia. La música no estaba mal, pero las palabras que se decía el ella, distaban mucho de su agrado, a ella le gustaba leer y corregir libros, y encima la pagaban por ello. Que más pedir. Le gustaba escuchar música indie, vetusta morla, izal , sidecars… y algunos como U2 . Gustos sencillos, vida sencilla, era todo lo que ella quería. Llego al servicio y se topó con la cola, no sabía porque las mujeres siempre iban de dos en dos, si las necesidades no son grupales…estuvo esperando estoicamente hasta llegar al gran espejo. Ahí mientras hacía cola, se dio cuenta que era la primera vez en toda la noche que se había visto. Le habían soltado el pelo, y le habían marcado ondas en su melena negra que le caía por los hombros, tenía los labios de un color tostado, casi dorados y el top le marcaba sus senos delicadamente. Se puso de perfil con disimulo y le pareció que estaba guapa, incluso buena. Entonces alguien se acercó al oído y le dijo que estaba guapa, se giró pero no vio a nadie. Solo escucho su voz, templada y cálida. Se volvió, estuvo esperando al menos diez minutos más. Le dio tiempo de imaginar muchas cosas desde que era el hombre de su vida, que la iba a arrancar de su vida tan estructurada, hasta que era un psicópata que le había elegido para matarla a la salida. Al fin y al cabo la última opción era más probable últimamente según los telediarios… por fin entro y mientras se lavaba las manos, se volvió a mirar de cerca, hizo como si se retocaba los ojos pero en realidad, intentaba ver como estaban maquillados. Definitivamente, tenía que ir al oculista para saber porque ya no veía bien de cerca. Salió, y volvió a toparse con la muralla, así que le espeto a sus amigas si querían una copa, la Compinche salió del castillo y las dos pidieron otra copa… aprovecho para preguntar qué tal le iban a las dos con las hienas, y esta espeto que quizás pincharían esta noche, que hacía tiempo que no se comían nada las dos y que les vendría bien para relajar el histerismo de la semana de trabajo que habían tenido. Ella se rio y se acordó de la cantidad de libros y artículos que habían tenido que revisar desde que habían entrado en el mercado online, era un no parar. Las dos se rieron de lo trágica que se pone la Guapa cuando se le da un trabajo de más y de la colección de donut que trae todo los días la Simpática…había un buen ambiente, eran más de cuatro en la empresa pero ellas estaban a parte, en un cubículo aparte. Bebieron un poco y la Compinche la cogió de la mano y la introdujo detrás de la muralla, la Guapa no paraba de coquetear , era algo natural en ella, siempre lo hacía , hombre , mujer , planta …daba igual. Sintió como una presencia, un olor a madera con almizcle, quiso ver pero se topó con una torre de la muralla que la catapulto a la pared, de donde había dejado hacia casi una hora, su loseta preferida. Las canciones iban pasando y la gente se iba yendo…hasta que por fin la Guapa decidió que le dolían los pies, normal con esos stilettos , cualquiera se contonea toda la noche sin quejarse. Así que fueron al guardarropa a por las chaquetas y por fin salieron, primeros las pilis con las hienas y luego ella con la Guapa. Esta comento si llamaba un taxi y pasando por un puesto de kebab, la Simpática le comento que si le daba tiempo, entonces se pararon e hicieron acopio de pitas, menos ella que no le gustaba comer cosas sin tener el control de lo que allí se ocultaba…estuvieron hablando de la noche, de la música, de la muralla y ella callada…solo sonreía. De repente volvió a oler el perfume, se giró y vio como un hombre se iba…y entonces se dio la vuelta. Ella juraría que le sonrió, pero al estar a la vera de su amiga no tenía claro que era para ella. Así que basculo a la izquierda y en ese momento, se dio cuenta que era a ella a quien sonreía, le devolvió la sonrisa, tal como pudo. En ese preciso momento…sintió algo que jamás había sentido. No tuvo tiempo de pensar cuando se dio cuenta que ella misma había ido hacia él, se miraron y por fin el hablo, y ella supo que era el del espejo. Sin mediar apenas palabras aparte de su nombre, él la agarro y se fueron juntos. La noche andaba fresca y el la abrigaba lo más que podía con su brazo. Nunca había perdido el control y ahora iba con un tal Juan, a no se sabe dónde. El hombre era apuesto, alto, de gran sonrisa, ojos negros, piel blanca y pelo lacio, negro, que le caía sobre la frente con estilo, no le daba más de 40 años. Sus facciones eran casi perfectas si no fuera porque se le marcaba un hoyuelo más a la izquierda que a la derecha, olía de maravilla y transmitía una energía cálida y no sé qué, que la dejaba atontada. Perdió la cuenta del tiempo en el que estuvieron andando. El caso es que llegaron a un portal y el saco con destreza las llaves de un monedero de cuero. Ella pensó que ya su abuelo tenía el mismo, antaño,…esperaron el ascensor en silencio y él le ofreció entrar primero. Se acomodó en la esquina, pero la volvió agarrar, y ella se dejó llevar. El ascensor paro en la undécima, salieron y con la misma operativa saco la llave del piso, de letra A. Entraron y fue como descubrir el universo de Juan, habían tantos libros en las dos imponentes librerías que rodeaban el televisor que no pudo resistirse a ir a mirar…el hombre la detuvo y la beso. Fue como si el tranvía de Frida le hubiera atropellado en ese momento, no pudo detener esa oleada que fue subiendo desde sus entrañas, su lengua estaba ocupada por la suya, su boca invadida, se bebía su sabor y más lo probaba más le gustaba, era como una especie de adicción, no necesitaba sus gafas quería conocerle mediante su lengua. No pensaba, no necesitaba pensar, solo sentía ese calor que la inundaba desde dentro y la energía de Juan que la arroyaba. Sus manos perdieron el control de su cuerpo y decidieron por su propio grado abrirle la camisa y deshacerse de esta, como si eso fuera un ardid habitual en ella. No podía parar, era como una fiera que tiene hambre ante una manada de cerditos rosas. El la frenaba con fuerza, para centrarla en su boca y poder besarla sin tanta avidez por su parte, era difícil de conseguir y no caer en la curva de su cuello o mejor aún probar a bajar hasta sus senos, ella era asocial y no entendía mas que la animalidad que le recorría las venas y el intentaba contenerla con maestría dándose cuenta de lo salvaje que podía llegar a ser. Le besaba, le lamia, la perdía, y la volvía a recuperar entre sus manos para besarla y mirar esa extraña mujer que había conocido en la noche. Con entereza le fue quitando el top, acariciándola con sus manos abiertas en todo su torso y su espalda , mientras ella se debatía con sus vaqueros , el cinturón primero y luego la botonera , trataba de acariciarle el pene a través de sus bóxer azules pegados al cuerpo mientras el con destreza se sacó los zapatos y los jeans, pisándolos . Cuando fue a por su falda, fue fácil porque solo era una cremallera. Así medio desnudos, en ropa interior, la fue llevando, de puntillas en sus tacones por el salón, hasta la habitación. Se pararon un instante, encendió la luz para poder verla, ella no sabía dónde mirar, ahí plantada, la melena revuelta, en sujetador negro y braguitas a juego, medias hasta el muslo, de las que se pegan con arte y te marcan el encaje de silicona cuando te las quitas y en tacones, no sabía qué hacer, no sabía cómo había llegado hasta ahí y la única salida la tapaba Juan con su imponente cuerpo. Juan se acercó y la volvió a besar, suavemente la sentó en los pies de la cama y se dio cuenta que ella estaba pensando, cosa que él no quería, necesitaba un golpe maestro y en eso era conocedor, así que ante ella, casi a la altura de su boca, hizo deslizar el bóxer por sus piernas y ella no pudo más que abrir la boca. Estaba noqueada por el efecto, él lo sabía. Allí estaba esa prodigiosa verga, dura y tiesa a pocos centímetros de su boca, boquiabierta por su presencia, o por el hambre que le tenía. El noto como le ardía la sangre, tanto que casi por medio o por no perder el efecto, se la quito de la boca, la quería deseosa, entre sus manos, la quería comiendo de su mano. Ella levanto la mirada y trago saliva, y él se arrodillo ante ella. La beso tan apasionadamente que casi le falto el oxígeno, volvía a tenerla donde él quería, le gustaba ese juego de atraparla y llevarla donde quería. Le acaricio la espalda hasta llegar al cierre del sujetador, lo desprendió raudo y veloz y se descolgó desde su boca hasta en medio de sus pechos, la olio y se arrimó más aun, le metió un dedo en la boca y entonces le lamio el pezón, era rosado y pequeño. Ella no supo que hacer más que chupar ese dedo como si fuera ese pene que le habían quitado. Noto clavar los dientes de Juan y se retorció, no supo discriminar si de dolor o de placer. Juan iba apuntando cada respuesta a sus acciones, con suma maestría iba lidiando con ella. La tumbo entonces con habilidad, sujetándola casi con su brazo por debajo de su espalda y le reposo la cabeza en la almohada. Entonces en vez de quitarle las braguitas tal y como pensó , cosa que ella deseaba con fervor, Juan la volvió a noquear, se sentó ahorcajada y dejo su pene reposar entre sus pechos, acerco una tarrito que tenía en la mesilla y echo una gotas sobre su verga, el aceite emanaba un olor dulce y ella quiso aproximar sus manos para poder tocarlo pero el le tenía pillado los brazos con sus piernas, a lo largo de su cuerpo, aproximo los pechos entre sí , hasta rodear su carne firme de estos , y se movió tan lentamente que ella no pudo más que sonreír, por fin probaría el fruto. Aproximo la boca como pudo pero el sin mediar palabra se quitó y la dejo embobada otra vez. Casi se enfureció por un momento, pero Juan audaz en sus acciones, supo besarla y meter la mano en sus braguitas para acallar la revuelta. Estaba tan mojada que no pudo resistirse, separo su boca de la suya y se chupo los dedos, con sonido para que no le quedase dudas de lo que estaba haciendo. Los ojos miel parecían negros tanto la pupila estaba dilatada, sus manos querían más y le atrapo el miembro duro, este esbozo una sonrisa , le quito las braguitas en un gesto rápido , casi sin que ella se diera cuenta, le dejo los tacones y las medias puesta. Eso le ponía tanto. Volvió a abrirle las piernas, ella pensó que por fin le iba a dar caña, pero no… se bajó al pilón, desde sus pezones hasta su monte de venus sintió su lengua haciendo círculos, mordisquitos de agujas, molestos y a la vez necesarios para ubicarle. Su piel estaba suave, y lisa, unas estrías en las caderas de mujer y no de niñata, él le daba unos 35 años, cuando llego por fin a su coño, se detuvo a mirarlo, cada centímetro de este relucía y no era por el aceite, le gusto cada peculiaridad de su forma , los labios superiores , voluminosos , terminando como una gota inversa y los inferiores tan recortados que apenas visibles si no los separabas de su hermano mayor, presto especial atención al clítoris, era como un botón , preeminente, que sobresalía por su color rosado oscuro y su redondez . Lo toco solo con la punta de la lengua y observo que se movía ligeramente. Las piernas flexionas de ella temblaron levemente, le recordó entonces que tenía que ocuparle la mente, asimismo saco el joker, inserto un par de dedos para estirar la carne y empezó a lamer y a succionar como si no hubiera otra cosa mejor…, ella se retorcía de placer, emanaba de ella a cada vez más fluido, él se divertía de escuchar sus gemidos y como se detenía en la letra m a cada vez. Ya mismo ella llegaría, así que se arrodillo a su vera, ella le cogió el pene con fuerza, lo estiro y lo relajo, con potencia, que él tuvo que sosegar a golpe de lengua en sus labios mordisqueados y sin pintalabios ya. El control de la fiera que tenía en la cama no era fácil, le estaba dando que hacer, solo atendía a golpe de estímulos, le gustaba el juego tal como a él. La tenía entre sus dedos, solo con presionar, ella se correría, pero la quería dejar ahí, ahí, hasta que el estuviera en su mismo punto. Se arqueo y el aprovecho para pasar el brazo detrás y voltearla hábilmente. Le quito la almohada y se la puso en vientre, así con el culo en pompa, él se montó en su trasero, ella notaba en el surco de sus nalgas como él se deslizaba, y por fin bajo el pene… ahora se deslizaba entre sus pliegues, mas húmedos y más calientes a cada vez…estaba a punto de correrse pero Juan no la dejaba…le espeto un “follame” y el en respuesta le volteo la cara para mirarla. En ese momento, se hundió en ella y pudo ver como sus rasgos se aliviaron por placer. No quería algo fino o sofisticado, ahora el bestia era el, empezó a empotrar, con ganas, con malas y buenas sañas, ella gemía , mordía el nórdico, pero él no paraba, ella quería quedarse y zafarse a la vez, su polla grande, enorme , la llegaba hasta el final y casi era doloroso, pero quería más, no podía resistirse a esa agonía. Cada vez que se movía para salir Juan se balanceaba y la aplacaba con más potencia, y cada vez era más duro en sus movimientos y más violento si cabe. La tenia atrapada con el brazo por medio pecho y la mano en el hombro, no podía escapar, y lo sabía. Le daba rabia y placer, todas las emociones mescladas, no hacía más que en su polla dentro de ella. Gemía y respiraba tan intensamente que era como escuchar a un caballo a galope, el aire era denso, olía a aceite, y a sexo. No dejaba de embestir y a cada vez se hundía más y más y cada vez ella se arqueaba más y más, en protesta, y así llegaron al clímax. Se tumbó y la miro, y ella quito la almohada y se quedó mirándole. Quien era ese tío, que la había embrujado, controlado en todo momento, donde estaba, y porque mierda no se había puesto un maldito condón. Ella estaba sana, más que nada porque con la mano podía contar con quien había estado y este no era el quinto precisamente. Juan se levantó, fue a por agua y le ofreció un botellín, sonriéndole…entonces le dijo:” Maria, increíble esto, ¿no te parece? me voy a la ducha, vente si quieres. Ella le sonrió volteo la cara. Mientras le escuchaba irse, empezó a pensar en escapar, escucho el agua y ya estaba medio vestida, se retoco en el baño mientras estaba en la ducha, detrás de la mampara de cristal y Juan se percató y salió, se lio la toalla mientras ella no le dejaba de mirar, enfadada, y le pregunto : “porque te vas, quédate , quiero saber todo de ti…”ella le corto , justo en el umbral de la puerta, y le lanzo “me llamo Alba” y cerró la puerta.

Autor: Amapolared Categoría: Erotismo y Amor

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