Relato Erótico de Sexo Gay: EL PELA

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Fecha: 2021-10-11


EL PELA


Autor: Alejandrogusta

Categoría: Sexo Gay

La época de la infancia es la que nos permite tener todas las experiencias que marcaran nuestras vidas y que serán únicas para nosotros aunque se parezcan a otras muchas. En el lugar en que nací, una populosa localidad, de gente laboriosa y común, había muchos niños de corta edad, entre 6 y 10 años, muchachos entre 17 y casi 30 y mayores. Había pocas mujeres entre todos los rangos etarios. Entre el grupito de mi sector de la población éramos 4 o 5 los más allegados que nos juntábamos para jugar con los más grandes (17 a 24) en horas de la siesta y hasta hacerse la noche. Comenzábamos con fútbol y terminábamos jugando a las escondidas. Cerca pasaba un arroyito que serpenteaba entre una arboleda y matorrales y donde, después del fútbol nos quitábamos el calor y la tierra. En esas ocasiones podíamos ver los más chicos a los mayores desnudos. Eso nos llamaba la atención sobremanera. A mí en particular uno de los más grandes. Le decían “El Pela” porque pelaba una maquina portentosa que se mecía apoyada en dos gordos y peludos huevotes que colgaban de manera impúdica balanceándose ante la vista de todos. El hombre era de estatura media, blanco, peludo y con un cuerpo armonioso. Me llamaba la atención la forma de la cola, pequeña, redondita y cubierta de pelos rubios. En mayor cantidad en la raya del culito- Las piernas eran gruesas y el abdomen liso y trabajado. Toda vez que podía dejaba a mis ojos que disfrutaran de ese panorama intocable. Muchas veces me descubrió mirándolo y yo miraba a otro lado. En la orillita del arroyito había unos troncos tirados en los que, después de lavarse se sentaban para secarse al sol. Trataba yo de tener una ubicación de privilegio para ver a mi sueño imposible y muchas veces lo lograba. Todo el tiempo esperaba poder admirar su colita perfecta y sus genitales grandotes. Me descubrió muchas veces mirándolo. Hasta creo que el mismo provocaba mis miradas. Se sentaba de manera que sus colgantes genitales quedaran a la vista solo en la dirección en que yo estaba. Entonces él se los acariciaba como al descuido y solo para mí. El Pela estaba casado y tenía dos hijos pequeños, eran mellizos. Al parecer no se llevaba muy bien con la esposa por culpa de la suegra y vivían separados. Debo decir que mi edad era entonces de 9 años y ya hacia un año que un muchacho del grupo que por entonces tenía casi 16 años me había penetrado y tenido sexo conmigo en varias ocasiones. Es decir que yo era pasivo. Mi iniciador no tenía la gran verga y comparándolo con El Pela no entendía por qué me hizo doler tanto cuando me rompió el potito. Imaginaba estar con El Pela pero no podía pensarlo mucho porque nunca se la había visto parada, un poquito morcillona cuando se tocaba para mí pero nunca más que eso. El Pela era un oficial de la policía, recientemente incorporado, y tenía uno de los primeros grados en la jerarquía. Verlo vestido de policía me hacia latir el corazón a cien mil latidos por segundo. Por la contextura y por su juventud, además de ser lindo hombre, le quedaba pintado. Se le notaba el paquetote que es lo primero que le miro a todo uniformado. Hay algunos que parten la tierra ¡Que cosa bonita por favor! Una vez lo vi entrar a los baños del club del pueblo y lo seguí. Estaba parado frente a la pared contra la que orinaban todos pues en el piso había una canaleta que llevaba los meos al pozo negro. Tenía colgando el animalito que largaba un fuerte chorro de orina y estaba con las manos a la cintura. Me miró. -Eh, Pablito ¿Cómo estás? Sin dejar de mirarle el miembro le contesté. -Bien ¿Y usted? No quedaba nadie en los baños y en un gesto que me pareció cariñoso me tomó del hombro y me atrajo hacia él. Instintivamente puse mi mano por delante y le agarré la verga. -¡Epa! ¿Qué pasó? Dijo él. Yo no dije nada pero le besé la cabecita de la verga. Miró para todos lados mientras se la guardaba en sus interiores. Yo no sabía qué hacer ni qué decir. El se sonrió -Acá no, Pablito Salimos casi juntos de los baños y él se fue a su puesto de custodio del club y yo al lugar con mis hermanos. Todo el tiempo me olía la mano con la que lo había tocado y sentía en mis labios la suavidad de la cabezota de El Pela. -“Acá no, Pablito”, me dijo y no lo entendí hasta un tiempo después en que, otra vez, nos encontramos solos. Una mañana de día feriado, primero de año, me salí temprano de casa y me fui a la calle sin ninguna razón. Todo el mundo dormía sus borracheras por las fiestas. Al llegar a una de las esquinas, camino iba yo del arroyito, me apareció El Pela. Venía de cumplir su guardia en el puesto policial y estaba algo bebido. -Hola Pablito ¿Para dónde vas tan temprano? -Hola don Pela, voy al arroyito. -Te acompaño. Primero dejame sacar el uniforme y me pongo un pantaloncito corto y vamos. La casa donde él vivía quedaba de camino y al llegar a su puerta me dijo. -Vení Pablito. Pasa que me cambio y vamos. Hace mucho calor hoy. Vivía en una casita pequeña, de madera, con un dormitorio, cocina-comedor y un bañito. La había levantado en un lote que se compró y estaba bastante separada de las otras casas en esa cuadra. -Vení, Pabli. Mientras me quito el uniforme, sacame de ese mueble un pantalón corto de jugar futbol. -Bueno. Mientras él se quitó el correaje, la camisa y el pantalón del uniforme. Encontré el pantalón corto y me volví para dárselo y él ya estaba en calzoncillos. -¿Te vas a bañar al arroyito, Pabli? Yo estaba parado frente a él con el pantaloncito en mis manos -Sí. Tengo calor. -Y los de tu casa ¿Dónde están? -Están redormidos En ese momento se quitó el calzoncillo. Tenía la pinga casi parada. Hermosa como en mis sueños obsesivos -Vení. Dale besitos ahora. Acá no nos ve nadie y la vas a poder mamar tranquilo. Si queres hasta la podes comer por el culito. No dudé y lo hice. Acaricié, besé y hasta chupé un poco la cabezota hasta que se le paró al todo y ya no me entraba en la boca. -Vamos a la cama para estar más cómodos pero sacate la remerita y el pantaloncito, total ya nos conocemos. No sé cuánto tiempo estuve prendido a la pinga. Quería aprenderla de memoria. En un momento las manos de él llegaron a mis nalgas y los dedos buscaron el upite. Me puso saliva y me metió un dedo que entró fácil. Muy fácil. -Ah, mirá. Por aquí ya anduvo gente. Mejor. Así te va a entrar más fácil. Puso una almohada bajo mi panza, me tendió boca abajo y me montó. Durante un rato estuvo pincelando con la cabezota de la chota hasta que haciendo presión se hundió en mi culito. No tuve tiempo ni de gritar porque él me tapó la boca. Con dos empujones me metió todo el pene. Sentía los pelos de su pelvis pegados a mi upite. Sentía que me asfixiaba, que tenía la pancita hinchada, que me iba a morir. Con su mano en mi boca solo podía gemir y llorar. El dolor era inmenso. Estuvo mucho tiempo quieto, sin moverse, sobre mi. Cuando dejé de gemir, me dijo -No vayas a gritar porque todo el mundo se va a enterar que te gusta la chota. Vos buscaste que te la plante y termine de romperte el potito. Te va a doler un ratito y después se te va a pasar y vamos a poder culear como la gente ¿Vas a gritar? Negué con mi cabeza. -Tranqui Pablito que ya está. Ahora te voy a poder coger cuando quieras. Cuando yo no trabaje podrás venir a estar conmigo. Chota no te va a faltar. -No. Es muy grandota y me duele mucho. -Es porque es la primera vez que te la pongo. La tenés hasta el tronco de los huevos en el upite. -¿Es verdad? -Meté la manito por abajo y tocate el culito y vas a comprobar. Cuando metí mi mano por mi entrepierna me toqué el culito. Lo sentí estirado y de verdad tenia los huevos enormes de El Pela pegadito al poto. De a poquito comenzó a moverse en mete y saca hasta que mi culito aflojó. Después fue enloquecedor. Se meneaba con fuerza y me hacia morder la sábana. Me dolía y lloraba y solo se calmó cuando su pija latió con fuerza en mi culito derramando litros de leche. No me sacó la chota enseguida. Se puso de costado y me retuvo abrazado con su pene dentro. Estaba duro. Me estuvo hablando y acariciando. Tanto que el segundo polvo fue mas tranquilo y me gustó. Me quedé con él todo el día. Con el tiempo aprendí a conocerlo. A El Pela le gustaba el sexo anal. Sobre todo si lo hacia con algún chico como yo.


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