Categorías de relatos eróticos:

Sexo Duro  Heterosexual  Incesto  Sexo con Maduras  Sexo con Maduros  Sexo Anal  Sexo en Grupo  Dominación  Transexual  Bisexual  Gay  Lésbico  No Consentido  Infidelidad  Voyeurismo  Confesiones  Primera Vez  Masturbación  Fetichismo  Fantasías Eróticas  Erotismo y Amor  BDSM  Intercambios  Zoofilia  Interracial  Sexo Oral  Jóvenes  Tabú


Fecha: 2021-02-23


Alaska II


Autor: Juan Alberto

Categoría: Zoofilia

Matt se había refugiado a lamer su hermoso pene y yo estaba desecha con mis cabellos enmarañados y llena de semen canino, pero quería más, solo que mi compañero estaba exhausto y quería tomarse su tiempo Yo desesperaba y más caliente que nunca, agarré dos frazadas, me puse mis botas térmicas y me fui corriendo hacía el granero donde estaban los otros perros, entré y cerré con fuerza el portón, creo que la temperatura exterior deberían ser al menos unos veinte grados bajo cero, pero al interior del granero con todo los perros aglutinados, la temperatura era mucho más alta, soportable, los perro estaban con sus collares y amarrados en sus respectivos lugares, pero todos tiraron a abalanzarse sobre mí. Me acerqué de uno a uno y me abrí mi chuchita para darles a probar mis jugos mezclados con los fluidos de Matt, la lengua de Circeo me provocó unos escalofríos exquisitos, también la de Lancelot me hizo cosquillitas, los solté a ambos y se me vinieron encima, Lancelot el más grande me hizo tastabillar y caí en la posición de perrita, me saltó sobre la espalda y ahí me arrepentí de haberlos soltado a ambos, porque Lancelot quedó a la altura justa de mi ano y me clavo su polla hasta la mitad en mi pequeño orificio, En tanto Circeo rondaba a nuestro alrededor gimiendo desesperado por tomar parte en el asunto, vino y me lengüeteo el rostro, me saqué un poquito de jugo de mi chocho y me los pase por mis téticas que necesitaban un poco de atención, Lancelot estaba empujando su polla con vigor en mi ano que sufría sus embates estoicamente, mi ano se dilató lo suficiente para dejar entrar la bola de Lancelot y me abotonó, su mete-saca se transformó en algo frenético, muy rápido, muy veloz me enterraba su coso en las profundidades de mi intestino, haciéndome olvidar el frio que había comenzado a sentir, porque ondas espasmódicas me hicieron convulsionar y apretando los músculos vaginales, sentí el semen caliente de Lancelot vertiéndose abundantemente en mi culito, la sensación fue abrumadora al igual que mi orgasmo que non tenía fin. Me volví a cubrir mis impúdicas carnes ante el frio que cortaba el aire, la tibieza del cuerpo de Lancelot me permitía de no congelarme ante estas bajas temperaturas, las cosquillitas y los lengüetazos de Circeo también ayudaban a mantener el calor de mi cuerpo ensartado en la polla de Lancelot. Al cabo de unos quince minutos la bola y la pija de Lancelot resbalaron fuera de mi chocho, así que me arrebujé con mis frazadas hasta la cabeza y salí seguida de Lancelot y Circeo de carrera hacia la casa, estaba comenzando a nevar otra vez, Matt estaba detrás de la puerta y apenas me vio me metió su fría nariz en el culo, lengüeteando la esperma de Lancelot que salía abundante de mi trasero, necesitaba lavarme un poco, así que les di un poco de alimento a cada uno y me fui a la ducha. Había dejado la puerta del baño cerrada con seguro para no ser molestada mientras me relajaba y bañaba, me hice un edema para limpiar mi intestino de la corrida de Lancelot y tenerlo listo por si acaso, cuando salí del baño no pude evitar de reírme con una carcajada, los tres perros estaban sentados fuera del baño como si alguien los hubiese ordenado, de menor a mayor, alineados y con una mirada astuta en sus ojos, como preguntándome ― ¡a quien vas a elegir primero, mami? ― se lamían el hocico casi en forma obscena, como si estuvieran esperando su perra caliente … ¡eh! … esa perra caliente soy yo. Solo Circeo no había probado todavía mi chorito así que lo elegí a él, me lo llevé del collar a mi dormitorio, Matt y Lancelot trotaban detrás de nosotros, pero Matt era el que le hacía más empeño a lengüetear mis nalgas desnudas, Lancelot olfateaba el aire y al parecer eso le bastaba. Llegamos a la cama y me acosté de espalda con mis piernas abiertas al máximo, Lancelot y Matt se turnaban a lamerme la concha, mientras yo posicionaba a Circeo para saborear su pija, Circeo me lengüeteaba las tetas mientras yo manipulaba su instrumento, dos bajos un trombón y una corneta, éramos casi una orquesta y la música se estaba comenzando a sentir, mi caderas se estaban contorneando a los embates lingüísticos del dúo dinámico, Circeo en tanto se pegaba como cinco jadeadas y dos lengüetazos a mis tetas, el ritmo aunque singular era casi perfecto. Yo ya tenía en mi boca el clarinete este de Circeo y lo estaba afinando a lamidas varias, se estaba prendiendo y engrosando, mi concha estaba hirviente y mis jugos vertidos se los dividían entre Matt y Lancelot, si no los detengo me van a hacer que me corra y yo quiero correrme con Circeo, lo encuentro que es muy tierno y me apasiono con él, también por su respetable polla que casi bajaba por mi garganta de lo larga que se había puesto. ― ¡Ya! … organicémonos … por favor señores … más orden en esta case de puta … ― dije yo medio en serio, los perros se detuvieron a mirarme con ojos inquisidores, no entendían que mierda pasaba, porque se acababa la diversión, hice descender a Matt y Lancelot de la cama, agarré a Circeo de su collar, porque el pelotudo también se quería ir, acomodé tres cojines bajo mi vientre, porque así no tengo que soportar el peso del animal, lo acomodé detrás de mí y lo anime a montarme, el muy menso se puso a lamerme y tanto Matt como Lancelot subieron a la cama con sus pijas a medio salir, ver tantas vergas todas dispuestas a follarme me hizo excitarme aún más, Circeo se avispo finalmente y me montó, yo tenía mi mano lista como un embudo y su pisa se deslizo dentro de mi chuchita a la primera, que le dijeron al pobre Circeo, que se puso a follarme en modo enloquecedor y su bola la metió de una y no duró ni tres minutos y se corrió a mares, dejándome con los crespos hechos, me lleno de lefa pero no me hizo correrme, así que espere los minutos necesarios para que me desabotonara. Apenas su pene se deslizo fuera de mi concha, Matt le gano el quien vive al pobre Lancelot que de pura rabia le gruño un par de veces, pero Matt más experimentado, me ensarto y ladró … si supiera el lenguaje perruno, creo que quiso decir ― ¡te cague! ― el pobre Lancelot se echó al costado de espalda, no quería ni siquiera mirar de lo enrabiado que estaba. Matt cuando se sintió dentro con bola y todo, se tomó su tiempo, se acomodó lo mejor posible y me comenzó a follar como el amante que es, su pija me llegó hasta la cérvix y como que resbalaba fuera de esa acariciándome, me tenía a mil, estaba moviendo mis flancos y aferré sus patas para tironearlo más adentro de mí, me hacía gemir, me provocaba sollozos, me hacía gritar, un momento quise arañar sus patas peludas, me tenía totalmente encendida y a su merced, mi chocho estaba todo escondido en su pelaje y mi culito no cesaba de moverse hacía atrás. Sapientemente, Matt me folló una maravilla, me hizo explotar en un orgasmo maravilloso, siguió y siguió, mi espalda estaba totalmente arqueada, mi culito hacia arriba y mis rodillas abiertas al máximo, los cojones azotaban mi clítoris cuando me corrí una segunda vez con él, millones de voltios salieron de su pija y me electrocutaron en un espasmo agónico, casi me desmayo, ensartada como estaba el movía mis extremidades, yo estaba sin voluntad de nada, eran oleadas de sensaciones que me tenían gruñendo y gritando, y mis manos y piernas que no cesaban de tiritar, su verga me tenía poseída e un paroxismo total. Cuando creí que me estaba recuperando y saliendo de ese trance, de ese laberinto de lujuria, Matt exploto dentro de mí con fuerza tal que me hizo acabar por tercera vez, pero no tenía más energías en mí, gracias a los cojines que me mantuvieron en el lugar, no colapsé desvanecida, pero mi vagina no paraba de temblar, sentía los pelos de Matt como pequeños alfileres que arañaban mi pobre clítoris sensible y palpitante, mi amado Matt me lengüeteaba los cabellos, dándome amor, paz y tranquilidad, me relaje pendiendo de su verga incrustada en mi concha. Follando el tiempo pasa veloz, sin darme cuenta mi buen Matt me desabotonó y con todo el quilombo que habíamos hecho, Lancelot se había levantado a mirar, así que Matt intentó lengüetearme el chocho, pero Lancelot salto sobre mi espaldita, y comenzó a puntear su pija hacía mi chocho, come se usar decir “el apetito viene comiendo”, así que lo deje que me ensartara y ya me vendrían más ganitas, porque Matt me la había dado de corazón y me dejo casi satisfecha, pero al parecer mi concha era de otra opinión y quien soy yo para oponerme. Lancelot empezó a fornicar como perrito frenético, se movía a mil, no sé porque Mat vino y me meo el muslo y una pata del pobre Lancelot que volvió a gruñirle, parece que estos dos se tienen bronca, pensé, a mí no me importaba, fueron tan ricos los orgasmos que me dio Matt que se la perdono, pero el pobre Lancelot estaba furia, con esa furia me lo estaba dando con todo y con esa furia mi concha estaba despertando y vibrando otra vez, estrechando mis dientes aferré sus patas y me corrí otra vez, el tamaño de la verga de Lancelot era descomunal, me rozaba por todas partes, no había lugar en mi vagina que no sintiera la fricción de verga contra chocho, muy pronto me llevo otra vez a la cúspide y completó su cogida con una rociada de semen interminable, esta vez colapsé sobre los cojines, necesitaba un descanso. La inmensa polla de Lancelot estaba trabada en mí, él muy paciente esperaba que se achicase para que saliera de mis profundidades, yo me sentía regaloneada al follar con tres machos todos para mí solita, floosch, hizo la polla resbalando fuera de mí, Lancelot me limpio bien pulcra mi conchita y con una manta cubrí mi cuerpo ardoroso. Me levanté para cumplir con algunas labores de rutina, fui a alimentar a los otros perros, aprovechando que el cielo mostraba unas manchas de azul, me puse a cortar unos cuantos leños para la salamandra, alimenté a mis machos y me alimenté también yo con una sartenada de huevos con tocino y queso y un tazón de leche en polvo caliente con café, fragorosos truenos en la lejanía anunciaban que la tormenta continuaría. Los perros andaban detrás de mí y no me dejaban concentrarme en las cosas que tenía que hacer, así que les abrí la puerta y los hice salir, lo dije, esos dos se tiene bronca, Matt y Lancelot salieron gruñéndose, Circeo al parecer tenía algo urgente que hacer porque desapareció en el bosque. Ordené todo, limpié todo, escuché los mensajes de la radio, no había novedades ni noticias para mí, me puse a leer a la Xaviera y mi chocho comenzó a humedecerse, me había relajado bastante así que fui a abrir la puerta que cada cierto tiempo venía arañada por los perros, estaba los tres ahí expectantes, Matt fue el primero en entrar, Circeo se coló por detrás de mis piernas y Lancelot entro con unos gruñidos que quizás a quien iban dirigidos, porque Matt se colocó cerca de la salamandra y lo único que quería era abrigarse. Me fui a mí dormitorio a continuar a leer y el único que me siguió fue Circeo, me acomodé en mi cama fresca y limpia, no había traído toallas, así que me levanté y saqué dos gruesas toallas desde el mueble, la extendí sobre la cama y me acomodé con la revista, estaba leyendo la carta de una lectora que pedía consejos sobre si era buena mamársela a su novio o era una costumbre de evitar, la Xaviera le respondía que si quería conservar al novio, tenía que mamársela mañana-tarde y noche, la mejor manera de conservar al hombre era darle lo que el hombre busca, todo eso me hizo pensar en mi marido que todavía estaba en la ciudad, Mi marido Robert que me tiene sola sin saber el día que regresará, la tormenta no amaina y lo sé que si el tiempo continua así, el helicóptero no me lo traerá, me acomodo en mi cama, Circeo duerme a mis pies echo un ovillo, afuera el viento sopla produciendo extraños ruidos, la explosión de los truenos es estruendosa, la tormenta está pasando, pero está lejos de debilitarse, voy a escuchar una vez más los mensajes de la tarde, no hay nada para mí. Continuo con las calientes cartas de “Xaviera contesta”, son todas referente a lo sexual, a la gente les gusta el sexo, a todos nos gusta el sexo, con todo lo que eso implica, hay relaciones hetero, homosexuales, lésbicas, zoofílicas, masoquistas, sadistas y un sinfín de cosas que son extrañísimas, hay gente para todo, y si las circunstancias lo permiten, alguien nos puede convencer a llevar a cabo cualquier cosa, basta un poco de calentura, como yo que he logrado calmar mi voraz apetito sexual con nuestros perros, pero pienso que el semen canino tiene algún componente que te induce a tener relaciones constantemente, más coges, más quieres coger y por todos lados, es perturbador, pero te apasionas a ese otro ser, aunque sea un animal, te produce placer, tú le das placer, es un gana-gana, reciproca satisfacción, sin tener que dar cuenta a nadie, es hasta más simple si lo tienes a mano y lo disfrutas. Circeo duerme raja y yo estoy calma, mi chocho está en paz, los otros dos machos al parecer están bien, me recuerdo de la Xaviera y recojo la revista para continuar a leer, había una historia particular de una esposa que había quedado aislada en una isla por los mares del sur y unos aborígenes la habían ayudado a sobrellevar esa imprevista soledad, los aborígenes tenían una particularidad, eran altos y tenían unas pijas enormes, eran tan detallados los pormenores de la historia relatada, que no me di ni cuenta como mi mano había desabrochado mis jeans y estaba separando mis labios vaginales para acariciar mi clítoris. Me estaba masturbando lentamente cuando Circeo levantó su cabeza y olfateo el aire, sintió olor a chocho y parsimoniosamente se levantó, a continuación, lo tenía lengüeteando mis muslos, acercándose rápidamente a mi vagina, abrí mis piernas y me relajé para disfrutar del momento, muy pronto estaba acariciando su cabeza enterrada en mi chocho, la intensidad de sus lamidas me tenía a cada momento más caliente, estaba gimiendo y abriendo mi concha a sus lengüetazos, Estaba extasiada como en un sueño, me imaginaba de ser esa isleña y que altos y vigorosos indígenas me lamían la chuchita, agarré mis pezones y comencé a tirarlos hacia arriba alargando mis tetas hacía el cielo, mi pelvis se movía follando esa lengua audaz, esa máquina de lamer me estaba estremeciendo y no tarde en correrme. Mientras me reponía de este primer orgasmo, Circeo había agarrado una de mis piernas y estaba tratando de follarme la rodilla, ya líquido pre seminal fluía por mi pierna, no podía desperdiciar esa lechita, así que me enderecé y acomodé los cojines para gozar de perrita, Circeo me saltó encima justo en el momento en que aparecieron Matt y Lancelot, este último se acercó a Circeo y le gruño, pero Circeo estaba tan concentrado en metérmela que no se dio ni por enterado, el impasible Matt se echó al rincón de la cama y nos dio la espalda sin inmutarse. Lancelot era busca pleitos, eso estaba claro, mi Circeo me estaba casi desarmando con su follada desordenada, enérgica y veloz, me claveteaba como si se fuera a acabar el mundo, sentí su leche rociando mis paredes vaginales y tuve un mini orgasmo, no pasaron ni siquiera cinco minutos y con un ruidoso “floosch” se despegó de mí, quizás porque el energúmeno de Lancelot giraba alrededor de nosotros y se le escapaban rugidos hacía el pobre Circeo. La cosa es que el malas pulgas de Lancelot, no dejo ni siquiera que Circeo me limpiara, él mismo me lengüeteo un poco de prisa y me ensarto en su pija enorme, la diferencia de tamaño me hizo correrme una vez más, afortunadamente descansaba en los cojines porque el cuerpo de Lancelot es mas pesado, pero su pija es maravillosa, dura, gruesa y larga, además que vibra y tirita dentro de mí y las consecuencias es que me hace enloquecer, le acaricio su pelaje que me excita, estoy abotonada a él y él a mí me lengüetea con ternura, me folla con frenesí, me trastorna su tosca forma de ser, me domina y además el volumen de su pene me llena completamente y me regala tantos orgasmos, Estaba gozando el momento de sentirme amada por mis machos y quizás un poco reflexionando, tan aislada del resto del mundo, desnuda totalmente, sintiendo el peludo animal que me está poseyendo así tan rico, haciéndome sentir tan lujuriosa, tan puta, pero al mismo tiempo disfrutar de sensaciones que no son conocidas por el resto de las mujeres, son emociones diferentes y que jamás se me hubiese pasado por la mente existiesen, lo disfruto tremendamente y … ¡oh! … ¡aaahhh! … está acabando en mi interior … tanta … tanta de su lechita caliente … la siento … siento como se desplaza en mi interior … siento que me infla, que me dilata, que me llena, que me vuelve loca y me provoca esas cosquillitas, me hace temblar y empujar mi trasero hacía atrás, me sacudo y vibro de placer … ¡ooohhh! … lo volvería a hacer una y mil veces más … correrme así de intenso para siempre. Aprieto su pene estrechando mis muslos y mi vagina envuelve a su miembro magnifico Lancelot había vertido toda su lechita caliente dentro de mi ensanchada vulva, con un poco de tribulación esperaba su bolita gigante se deshinchase y me dejara vacía otra vez, yo quisiera estar todo el día así llenita de sus cálidos juguitos y de ese trozo de carne que me hace tan dichosa, pero como se usar decir “lo bueno dura poco”, con un poco de resignación esperaba que eso sucediera. Comencé a mirar a Matt que todavía estaba echadito ahí a los pies de la cama, ahora se estaba limpiando su miembro, y una buena parte de este ya estaba afuera, me preguntaba ― ¿sabe él que Lancelot ha casi terminado y se está preparando sin que nadie se lo diga? ― realmente estos animalitos a veces me sorprenden, porque como si tuvieran una comunicación superior a la de los humanos, no necesitan palabras para enterarse de ciertas cosas, lo saben y basta ― pero ¿cómo lo hacen? ― Lancelot impaciente como siempre, comenzó a tironear y bastó solo un par de ellos, para desabotonarnos con un sonoro “floosch”, me quedé toda bañada esperando que el rio de fluidos saliera de mi conchita, hice un poco de fuerza para apurar la salida del líquido, ya que Matt se había alzado y me estaba lengüeteando el rostro, lo sé que me ama y se también lo que quiere, yo también lo quiero, así que le devuelvo sus besitos estirando mi lengua hacía su hocico, nos besamos por un rato, Lancelot estaba usando su riquísima lengua limpiándome como buen galán. Mi peludísimo amante Matt, me lengüeteó por todos lados, y luego se centro en mi culo, me estaba pasando su lengua por el orificio pequeñito y me estaba calentando muchísimo, si quería mi pequeño hoyito, yo estaba más que dispuesta, así que me acomodé una vez más en los cojines, mis tetas las sentía con comezón, sobre todo mis pezones, así que mientras Matt me lubricaba el ano, me enderecé un poco para sobajear mis mamas y pellizcar un poco mis pezones, lo que me puso más caliente todavía. Matt me montó diestramente y yo intenté cubrir mi vagina y dirigirlo a mi culito, pero no fue necesario, hizo todo él solito, con tres poderosos embates, me metió su bolita en el culo y comenzó su frenética follada, me estaba inflando el trasero con su bola, me estaba sintiendo con sensaciones como si quisiera defecar, pero eso es normal, así que me concentré en el placer de tenerlo enterrado en mis vísceras, Matt había hundido su estaca hasta sus bolas, las que golpeaban como el badajo de una campana contra los labios de mi vulva, la sensación es maravillosa porque esos golpes van contra mi clítoris también y la estimulación es enloquecedora, Matt me tenía entre sus zampas gritando y gimiendo como una perra en celo. Sus estocadas se hicieron más lentas hasta que casi se detuvo, me metí la mano entre mis piernas y comencé a sobajearme el clítoris, luego comencé a estremecerme en espasmódicas convulsiones, mi vientre, mis muslos, mi torso, todo temblaba y me hacía gritar lujuriosamente empujando mi culito hacía atrás para recibir toda esa lechita en mi intestino, la pija de Matt esta hecha para mi ano, me llena completamente sin hacerme sentir ninguna incomodidad, solo un inmenso placer, muevo mi culo para sentirlo, para vivirlo, para devorarlo con mi intestino estimulado por la fricción, siento cada molécula de ese pene vibrando en mi trasero, quiero su lechita en mi trasero y Matt no me decepciona, siento su cuerpo en mi espalda que también vibra y siento como me vierte su semen en mi estrecho canal anal, siento como ese acuoso semen llena mi tripa, muevo mi culito porque lo quiero todo, hasta la última gota. Matt amoroso como es, lengüetea mi espalda y mis cabellos, me ama, me tira mas hacia sí, me estrecha entre sus zampas amorosas, me quiere sentir más suya, me quiere dar más lechita tibia, me posee y yo me entrego a él con todo mi cuerpo, acaricio sus patas y su pelaje, su peso sobre mi espalda me enternece, lo amo y me siento amada. Mi amante perruno se gira y quedamos culo con culo, Lancelot se acerca y le gruñe, pero Matt diplomáticamente lo ignora, Matt sabe que entre nosotros hay un “feeling” especial lo entendemos solo yo y él, no es necesario ni siquiera que lo agarre de sus patas, el espera pacientemente que su bola se achique para tirarla fuera sin daño para él y sin dolor para mí, es el amante perfecto y preocupado. Después del habitual y sonoro “floosch”, su verga magnifica resbala casi solita, fuera de mi ano, no estoy ni siquiera adolorida, pero corro en baño a desocupar mi esfínter, me lavo y me hago un enema para limpiar mis vísceras, me acaricio mi ensanchado boquete y gozo con deleite mi masajeo, aprovecho de ducharme y terminar de limpiar mi cuerpo usado y abusado, pero contenta, feliz y apagada. Es hora de descansar, todos mis machos están reposando y yo también necesito recuperar y así estar lista para la jornada sucesiva, porque no me cansaré jamás de recibir tanto goce, tanta salvaje ternura, tanto salvaje amor.


¿Qué te parece el relato?