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Fecha: 2021-02-20


EL POCHO Y OTROS MUCHOS AMIGOS II


Autor: alejandrogusta

Categoría: Sexo Gay

POOCHO Y OTROS MUCHOS AMIGOS II El policía vecino después de haberme dado todo y con todo me invito a ir en la noche a la comisaria porque él estaba de guardia y quería repetir. Y yo fui. Cuando llegue a la comisaria distante a una cuadra de mi casa, había otro policía con él. Era de la misma edad por la apariencia. Mi vecino tendría por entonces unos 28, 29 años. El compañero andaría por ahí. Casi de la misma estatura. Al oficial Manr…… le decían Tavo él me hizo pasar al interior del lugar hasta un pequeño dormitorio. Allí ellos hablaban de sus cosas. Yo escuchaba. -Y cómo andan rus cosas de mujeres Gringo (le pongamos)? -No pasa nada por ahora -No me digas que andas con el tanque lleno… -Lleno, casi desbordando -No me digas que no ligas ni una mamadita por lo menos… -Nada. Hace como 15 dias que no sacudo los damascos… Y vos?.. -Al día, che. Sin ir más lejos hoy una mamadita y un marroncito que me estrujó… -Que suerte que tenés… (mirándome a mi) ¿y el amigo que cuenta, Tavo?... A media vos dijo -La chupa como los dioses, chota, huevos… -No me digas… -Te lo digo. ¿vos sabes lo que yo calzo, no?... -Sí -Bueno él se lo comio todo por el chiquito… -Como le habras dejaso el ocote, huevon. ¿Lo rompiste vos, Tavo?... -No. Ya estaba… -No creo que se aguante lo mío que tiene el mismo largo que vos pero mucho mas grueso y cabezón. Pero ¿Cuántos años tenes?... -Voy a cumplir 9 en septiembre… -Estamos en enero. Mirá vos. Tan chiquito y ya soplando velitas… -No solo velitas, volteando muñecos… -Y qué muñequitos se voltea el flaquito… - Si vos queres Pablito te puede dar una ayudita con lo tuyo, Gringo… -Che Tavo ¿Le vas a entrar vos también?... -¿Qué te parece? Voy a cerrar la puerta por si viene la recorrida, aunque es muy temprano todavía. Tavo salió del cuarto y fue a cerrar la puerta de la comisaría mientras el Gringo se quitaba el uniforme. Tenía la contextura similar al otro pero era rubio, por eso lo de Gringo. Era muy blanco y peludo. A medida que se quitaba la ropa la ponía de manera ordenada sobre una silla. Tavo volvió quitándose la camisa. El gringo se sacó el calzoncillo y ya tenía patada la verga enorme, muy gruesa y con una cabezota que nunca más volví a encontrar, como ai fuera el puñito cerrado de la manito de un bebé. Tenía un agujerito en la cabeza bastante grando y los huevos colgantes. Tavo no se quedaba atrás. Menos gordita pero también cabezona y venuda. Con una dureza que hablaba de la calentura de los policías. Tavo me quito la remerita y el Gringo me sacó el pantaloncito corto que yo vestía. Los dos, parados a mi lado me ofrecían sus porongas de manera alternativa. Chupaba una mientras sobaba a la otra y acariciaba las bolas. -Es un campeón chupando la chota, el Pablito… -Te lo dije. Esperate cuando te entregue el chiquito, te vas a enloquecer, Gringo… El Gringo le dijo a Tavo que me la pusiera primero para ver si la aguantaba y el oficial me puso en cuatro y me la fue poniendo hasta que no quedó nada afuera. Como siempre yo solo gemia como un perrito. Tavo me dio un rato y le dejó el lugar a Gringo. Con el potito ya dilatado por el otro oficial, no tuvo dificultad en entrar pero igual se sentía. Cuando pegó sus pelos contra mi ano dijo… -Que hermosura, Tavo. Me estruja la chota y no voy a durar mucho… -Acabale si querés. Pablito no tiene apuro y le gusta comer mucho. -Que bueno que sea goloso. Que hermosura de culito tenés flaquito… El Gringo acabó y se fue al baño a orinar y lavarse. Mientras Tavo me la ponía en todas las posiciones. Cuando el otro oficial volvió, me tenía sentado sobre la verga, dándole la espalda y quedé frente al otro que me puso el miembro en la boca. Fue el primer hombre que me dio a probar la leche. La del Gringo era espesa y suave. Se excitó mas cuando vio que no se perdió una gota y que yo segui chupando la super cabeza. -Ya no me interesa que no me de chocho mi novia si tengo aquí a este tesorito… -Te lo dije, Gringo Estuve “preso” hasta que los dos ya no pudieron hacer que los muñecazos levantaran cabeza y me hicieron salir por los fondos. Sentía el culito adormecido por tanta verga. A mi casa entre y nadie se dio cuenta porque mi pieza estaba en el fondo. Con los dos oficiales de la policía pasé muchas guardias hasta que vinieron los traslados y me quedé sin atención. Ese año hicieron los cambios en marzo, a mediados pero en abril ya tenía sucesores. El Gringo me recomendó con un sargento, un poco mayor que los dos y un tanto más robusto. Era viudo desde el año anterior y compartía la guardia con un cabo más joven. Aunque no eran superdotados, también tenían lo suyo y se hacían sentir. Fueron, eso sí, menos reservados y pasaron la voz a otros policías y estos me fueron incorporando a sus guardias y ya no tuve días de descanso. De la dotación de la comisaria no quedó uno que no me haya pasado por las armas y lo que a la distancia puedo criticarles es que algunos eran super higiénicos y otros no tanto. Muchos sabían hacer el sexo anal y otros, los menos por suerte, no tenían idea ni para menearse. En una de las guardias había un oficial principal, de los nuevitos y un cabo primero. El cabo era mas avezado y de larga duración porque acababa después de un tiempo en que el oficialito se iba dos o tres veces en la noche. Eso no es todo. El oficialito tendría unos 25 años y una pija hermosa, larguita pero no sabia copular y el cabo le enseñaba. -Mire, jefe. Cuando le meta la chota en el culito, así como hago yo ahora, mándesela hasta el tronco de los huevos y muévase así. Mire… Me la sacaba el cabo y tomaba su lugar el oficial -Se la pongo hasta los huevos, así y ahora… ¡¡Sí!! Que rico papá Son muchas las historias para contar de la comisaria… ¿Seguiré?


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