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Fecha: 2021-02-19


EL POCHO Y OTROS MUCHOS AMIGOS


Autor: alejandrogusta

Categoría: Sexo Gay

Contar lo que te ocurrió hace tantos años no resulta fácil, habida cuenta del tiempo transcurrido. Los hechos puntuales puede que no sean los que sucedieron pero sin dudas son muy cercanos. Tenía casi 9 años cuando en mi casa familiar se realizaba una celebración con amigos de mis hermanos. Uno de ellos comenzaba a cumplir con el servicio militar obligatorio que entonces existía y le hacían una “despedida”. Llegaron algunos familiares desde otros lugares y también amigos. Hubo brindis a granel que muy pronto hicieron efecto. Cuando todo terminó resultó que todas las camas disponibles estaban ocupadas, menos la mía que estaba en una habitación hacia los fondos de la casa. Allí me fui a dormir. Antes de entrar a mi pieza apareció a mi lado uno de los amigos de mi hermano, el Pocho y me preguntó… -¿Dormís solo acá?... -Sí… -¿Me dejas que me acueste un ratito con vos?... -Sí. Venga, pase. Entramos y nos acostamos vestidos sobre el cubre cama. Apagamos la luz y yo me dormía pero el Pocho hablaba y no me dejaba. -Hace mucho calor ¿Viste?... -Sí…. -Nos tendríamos que sacar los pantalones para estar mas frescos… -Saqueselo si usted quiere, don… -No. Yo solo no. Nos saquemos los dos, dale… -Bueno dele… Accedí a quitarme la ropa porque, según pensaba, al estar oscura la habitación él no vería que yo no usaba calzoncillos. Me quedé con una remerita. -Viste? Es mejor así. -Si, mejor. -Mirá. Tengo marcada en mi panza el cinturón. Me pica un poco – Tomó mi mano y la puso sobre su panza – Tocá ¿Se siente?... No sentía nada más que los abundantes pelos de su panza pero dejé mi mano ahí… -Oh. Le duele?... -Si, bastante. Me alivia mucho tu manito ahí… -Quiere que le haga un masaje donde le duele, don Pocho?… -Te animás?... -Si usted quiere, si, le hago… -Bueno yo te guío… -¿Dónde hago?... -Ahí en la pancita, mas abajito del ombligo… Así… Bajá un poquito más… -Uh, hay muchos pelos ¿Sigo? -Sí. Seguí. Bajá un poquito más… Acariciaba toda la panza masculina y a medida que bajaba mi mano encontraba más pelos y también la sorpresa mayor… -Oh… Esta es su pichula, don. Esta redura y gigante… Yo tocaba con avidez y no soltaba el enorme pene que mis manos rodeaban. Encontré la bolsa deslizante y tibia de los huevos gigantes y peludos. Por la cabeza gorda y esponjoza salía abundante lubricante… el me preguntó. -Te gusta?... Y yo respondí… -Sí… Como yo estaba sentado en medio de la cama le resultó fácil llegar hasta mis nalgas y acariciarlas buscando con un dedo la roseta del upite. La encontró y acaricio con un dedo mojado en el fluido de su miembro. -Veni. Acostate y date vuelta. Ponete de costado… Así lo hice y recuerdo haber levantado mi pierna y dormirme. Me despertó un dolor profunfo, agudo, lascerante. Me volvi boca abajo pero el hombre se montó sobre mi, separando mis piernas. Por una cuestión refleja yo pujaba para expulsar al intruso que me rompia el upite y lo que lograba es que me entrara más. Yo no gritaba pero si me sacudia para quitármelo de encima sin lograrlo -Don saquemelá, me duele mucho. Sentí que mi ano se abria y sus pelos se pegaban a mis nalgas. Se quedó quieto pero no se bajó. Todo el pene había entrado en mi poto. La verdad era grande. Me sentía partido al medio… -Aguantá un poquito. Relajate y no apretes el potito para que no te duela… Mañana no vayas a contarle a nadie porque si no tu papá te va a castigar… Ahora poné flojito el potito para que te pueda acabar… Aguantame un poquito… Qué hermoso culito tenés. Se la aguanta toda ¿Viste? Te la he metido hasta los huevos y te voy a dar toda la leche de mis huevos… Mientras hablaba se meneaba con suavidad y comenzó a gustarme a pesar del dolor. Cuando acabó me hundió todo el pedazo y yo pude sentir los latidos cuando inundaba mi recto. Se quedó sobre mi hasta que su pene se redujo y salió solo de mi ano. Encendi la luz y lo pude ver desnudo. Era delgado y muy peludo. Su miembro estaba aún morcillón cuando lo limpio con su calzoncillo, esos de elástico muy ancho que antes había,. Don Pocho se vistió, metió el calzoncillo en el bolsillo y tras recomendarme que no contara nada, se fue. Me higienicé en el baño y vi lo que había dejado en mi recto el hombre mezclado con heces. No había nada más. Solo sentía como ardor y dolor cuando fruncía un poco. Todo volvió a su rutina. Por una semana no lo vi a don Pocho. Digo don Pocho y parece que hablara de un hombre muy mayor pero solo tenia 20 o 21 años. Recuerdo que esto ocurría en el año 1958 y era la forma de hablar con los mayores. Yo tenia solo 8 años. Un día al salir de la escuela lo encontré en la esquina, él vivía cerca de allí. -Hola ¿Cómo te va Pabli?... Yo sentía vergüenza y bajaba la cabeza. -¿Por qué no me mirás, Pabli?... Veni te acompaño… Cuando pasábamos por la puerta de su casa me dijo -Vení, Pabli. Pasá Entré con él. Una vez dentro me tomó de la barbilla y me hizo mirarlo… -¿Qué te pasa tontito?... -Nada, don… -¿No me querés ver más?... ¡No! Eso no era lo que yo quería. Sentía vergüenza de haber tenido su pichula en mi potito pero no era que no quería verlo mas. Yo quería otra vez y no sabia como pedirle. A pesar del dolor que había sufrido quería volver a sentir todo otra vez. Hoy diría que me había convertido en un masoquista pero en esos días yo no sabía que era. Lo miré a los ojos y negué con la cabeza… -¿Te gustaría que lo hagamos otra vez?... -Sí Se abrió el pantalón y bajando al casi (calzoncillo de elástico ancho) se acercó a mi. -Tocala, Pabli… Tendí mi mano y volví a tocarlo. El órgano creció rápidamente mientras lo acariciaba comenzando a salir precum en abundancia… -¿Te gusta, Pabli?... -Asentí… -Dale un besito… acá en la cabecita… eso, así. Ahora besala toda… Acá, en los huevitos también… En mis fosas nasales entraba por primera vez el olor del hombre. Olor a limpio pero a la vez olor de su cuerpo y de su sexo. Don Pocho me dominaba. Me pedía y yo obedecía haciendo. -Abri la boca Pabli… Abri y puso dentro de mi boca casi la mitad del glande. Mas no entraba… -Chupa, Pabli. Chupá Me fue guiando como hacerlo y yo lo hacia con entusiasmo, con ganas. Despues me quito el pantaloncito y como no vestia calzoncillo me puso de rodillas sobre una silla del comedor, mirando hacia el respaldo. Me sorprendió sentir que acariciaba mis nalgas y las besaba. Separó las nalgas y metió su lengua en mi rayita hasta llegar al upite y besarlo tratando de meter la lengua. Esto me hacia parar la cola. Apoyó después la cabeza del pene en mi agujerito y comenzó a presionar metiéndola de a poco hasta meterla toda como la primera vez. Me dolia pero aguantaba el bombeo de su piston dentro mio hasta que eyaculó. No fue esta la ultima vez sino el comienzo de mi actividad sexual con este hombre que me inició. Bastaba una seña apena perceptible para que yo acudiera a su casa a cualquier hora. Hasta de noche escapaba de mi casa para ir a su cama. Hasta que como se inició terminó de pronto. Lo volvi a encontrar 30 años después. Ya no era el pibe langa, bonito, que me dominaba sino un hombre grande, casado, con hijos y nietos, gastado por el tiempo. Volviendo atrás. A una cuadra de mi casa estaba la comisaría del barrio y junto a mi casa, la casa de uno de los policías que trabajaba en ella. Era hijo único. El padre policía y la madre docente. Era la época en que llegaban de “contrabando” los primeros jean de marca LEE, los que desteñían. Este vecino vestía uno de esos que parecía que se los ponía con calzadores ya que eran ajustados destacando sus genitales. Ese día estaba sentado sobre la moto de la policía en la puerta de su casa y yo lo miraba con insistencia. Seguro que para molestarme me dijo -¿Qué me miras pendejito?... Con un gesto le señale lo que miraba. El no se daba cuenta hasta que se percató del bulto de su pantalón. Lo tomó con su mano y preguntó -¿Te gusta?... Riéndome asentí. Se bajó de la moto y entró en su casa. Desde el interior me llamó… -¿Te gusta la chota?... -Si -La chupas?... -Bueno… Se abrió el jean, lo bajó un poco con los calzoncillos y me presentó una de las 7 maravillas del mundo. Un hermoso ejemplar de pene: largo, grueso, cabezón de huevos grandes y muy peludos. -Chupá… Y yo me prendi. Lamí, chupé, mamé hasta que me llevó a una pieza donde me puso de perrito y aunque con trabajo me metió todo lo que tenía. El dolor era mucho pero yo aguantaba. Solo gemía quedito. El oficial Manr….. acabó con fuerza dentro mio. Cuando salió de mi entre otras cosas me dijo -Esta noche estoy de guardia. Si queres veni a la comisaria y la seguimos. Y yo fui…..


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