Encontré a papá

2021-02-06


¡Hola! yo soy Mónica, soy polaca y dicen que soy muy bonita con mi 1,75, 60 kilos, una figura esbelta con curvas muy bien marcadas, tengo los senos de mi madre, es decir, muy grandes, ojos azules como ella y cabellos oscuros como mi padre. El recuerdo de mi padre en mi niñez es poco o nada, me recuerdo de un hombre alto, gallardo, musculoso, que cuando solía estar en casa ayudaba a mi madre en la granja y lo recuerdo con calzado deportivo, pantalones cortos y muy sudado subiendo vasijas de trigo hacía la despensa donde se almacenaba el trigo cosechado. Él me tomaba en brazos y me sentaba a horcajadas en su cuello y yo me sentía muy orgullosa de tener este padre, el hombre más alto del sector, 1,95, y veía el mundo desde esas enormes alturas, tengo que haber tenido no más de tres añitos, nació mi hermano Alfredo y nuestro padre desapareció, se fue en unos de sus viajes y jamás le volví a ver, mamá nunca se refirió a él en mala manera, cada vez que yo preguntaba por él, mamá decía … son cosas de grandes … algún día entenderás … Bueno, mi padre es un extranjero que quedó prendado de mamá y dejo todo por ella, se vino a vivir a Polonia y convivio con mamá por seis años, de esa unión nací yo y cuando nació mi hermano, la relación entre mi padre y mi madre se había deteriorado lo que llevo a mi padre a regresar a su país y a no volver nunca más. Desde que él se fue, paso a ser el hombre del dinero, todos los meses mamá recibía una mensualidad para nuestra alimentación, en ese sentido siempre estuvo presente, por las barreras lingüísticas no teníamos ninguna comunicación, pasaron los años, llegó mi adolescencia y gracias a mi desempeño escolástico me fue regalado un celular, mi novio en ese tiempo me dio la idea de contactar a mi padre, sin comentarlo con mi madre, logré obtener una dirección de papá y le escribí sin muchas esperanzas, dándole mi número de WhatsApp. Mi padre sé que siempre instruyó a mamá para que se nos fuera enseñado el idioma inglés, sin ser una erudita de ese idioma, lograba tener ciertos contactos con chicas y chicos extranjeros, lo que ampliaba mis horizontes al mundo globalizado, de hecho, me transformé en asistente de vuelos comerciales, muy poquitas en un país que es muy machista todavía en el siglo XXI. De entre todos los contactos que me respondían a mi celular, un día recibí un saludo brevísimo que decía solamente … ¡hola! hija … espero te encuentres bien … Dad … ¡Dad! … era mi padre … me eche a llorar emocionada … había encontrado al hombre que me dio la vida, a mi genitor, a ese hombre que me hacía mirar al mundo desde las alturas … no paraba de llorar … la gente me miraba extrañada, incluso a cierto punto se me acercó personal del aeropuerto de Varsovia para preguntarme si estaba bien, yo estaba muy bien y con el corazón henchido de una alegría jamás sentida, una emoción enorme, me temblaban las manos, no fui capaz de responderle ese mismo día, mis sentimientos eran tan intensos que me ocasionaron un ataque de nervios, una taquicardia. Tuve que ingresar una licencia médica temporánea y ausentarme del trabajo por una semana, la única persona que sabía de haber encontrado a mi padre era yo, era mi secreto, mi secreto más preciado, inicié una comunicación regular con él e intercambiamos algunas fotografías, papá se veía en muy buen estado a sus 51 años, un hombre fornido con incipientes cabellos blancos, muy alto y conservaba un aspecto juvenil, hombre de amplia sonrisa y muy jovial, poseía una pequeña empresa de transporte y turismo. No se había vuelto a casar, en cambio mamá convivía de hace años con una pareja, me preguntó por mamá y no le dije que tenía pareja, pero sí que había rehecho su vida y él entendió, nunca más volvió a preguntarme por ella, así papa y yo entablamos una relación por medio de la tecnología y nos intercambiábamos mensajes esporádicamente. En mi profesión siempre se presentan oportunidades para cambiar de trabajo y líneas aéreas en Europa hay tantas, llené una aplicación de la línea aérea alemana, muy conocida por lo demás, y gracias a mis excelentes calificaciones, además de inglés, hablo fluentemente alemán y ruso, así con un sustancioso incremento de sueldo, pase a engrosar las filas de esta aerolínea alemana, por mis características idiomáticas, fui asignada a rutas ruso-anglo-americanas, así fue como empezamos a llegar a Sao Paulo, en Brasil y Santiago de Chile. Mi padre es chileno, en el tercer viaje que me toco a Santiago, lo contacté diciéndole que por cambio de tripulación nos quedaríamos allí cerca de 48 horas y que me gustaría verlo, mi emoción era a mil, mis temores tantos. Llego el día y mi padre me esperaba fuera del aeropuerto, mis piernas a duras penas me sostenían, me encontré con un apuesto hombre maduro que en perfecto polaco me dio la bienvenida, se me olvidaron hasta los otros idiomas, se me salió un atropellado discurso en polaco que él no entendió nada, así que, reponiéndome del emotivo momento, no paraba de tocarlo, estrecharlo y mirarlo de pies a cabeza, mi padre, estaba abrazando a mi padre, comenzamos a comunicarnos en inglés. Papá me llevó a su casa, un condominio privado de casas todas iguales, bastante apartado, tenía tres dormitorios, un ambiente abierto muy amplio de sala-comedor-cocina, una terraza y un patio de medianas proporciones, el todo decorado con mucho gusto y ciertos toques muy finos, había una amplia piscina de uso del condominio y en general se veía que tenía un buen pasar. Estuvimos juntos todo el tiempo, él cocino para mí, me llevó a pasear por los alrededores y me mostro algo de la ciudad, almorzamos en un hotel del sector comercial y luego regresamos a su casa, al día siguiente yo tuve que regresar al aeropuerto pues emprendíamos vuelo de regreso a Europa, non despedimos en forma muy afectuosa, Los vuelos se tornaron rutinarios y volvíamos a Santiago de Chile una vez al mes más o menos, fue en marzo que llegando al aeropuerto se nos informó que los vuelos se detenían porque había sido declarada una pandemia internacional, llame a mi padre y él me vino a buscar como siempre lo hacía. El capitán del avión en el cual yo me desempeñaba, me autorizó para ir con mi padre con la premisa de mantener mi celular disponible a toda hora ya que podríamos irnos en cualquier momento, así lo hice manteniéndome alerta, libre y a disposición. Mi padre tenía mi cuarto preparado, había hecho colocar una cama nueva, y también había renovado el mobiliario en general, todo lucía limpio, impecable, él se preocupaba de mí, soy su hija, pensé y el cuida de mí, sentí mucha ternura porque significaba que me quería. La pandemia nos mantenía en tierra, no podíamos volar y mi capitán me informó de estar muy alerta porque estaban tratando de que nos autorizaran despegar a Brasil, donde había mucho menos restricciones, ya habían pasado cuatro días. Mis vestidos era un cambio de mi uniforme y un par de mudas de ropa interior, nada más que eso pues arribando en Alemania me iba a mi departamento y ahí tenía de todo, pero varada aquí en Santiago no tenía nada, mi padre me dio una especie de kimono para poder sacarme mi uniforme, al día siguiente me acompaño a comprar alguna ropa en el escaso comercio que todavía restaba abierto. Habíamos completado diez días en Santiago y aún no recibíamos ordenes, esa tarde a una hora avanzada cerca de la medianoche, recibí una llamada del capitán, pensé que nos iríamos, pero la noticia fue terrible, nuestro capitán había sido diagnosticado con COVID19, la estadía se estaba prolongando por lo menos catorce días más. En Santiago había una férrea cuarentena, así que restábamos mi padre y yo encerrados en su casa, nos sirvió para conocernos un poco más, como mamá nunca nos explicó nada de su separación con papá, una tarde se lo pregunté y el me respondió escuetamente … nos alejamos porque la libido de tu madre no era igual a la mía, yo la deseaba y la buscaba casi todos los días y ella se rehusaba, discutimos en dos, tres años muchas veces, hasta que ella un día exasperada, me dijo … si no te gusta, te puedes ir … me dolió mucho toda la situación, pero no tuve más remedio que tomar un bolso y compré un pasaje a Chile, mi situación económica en ese momento no era de las mejores, así que me dedique solo a trabajar, me embrutecí trabajando tratando de olvidarla a ella, pero no a ustedes, empecé a enviar dinero todos los meses y ese fue el único ligamento que mantuve en todos estos años. Ahora me había enterado de lo que los había separado, mi padre era un hombre de sangre caliente, ahora también se explicaba para mí, por qué mis deseos sexuales eran tan fuertes, sangre de su sangre, yo de siempre me sentí una mujer de libido muy desarrollada, cosa que también me había procurado más de algún problema con las parejas que había tenido hasta ahora, el mismo problema que mi padre había tenido con mi madre. Nada me había preparado para lo que vino después, se habían completado dos semanas en casa de mi padre, no extrañaba nada de mi vida antes de la pandemia, excepto que cada vez que llegaba a Frankfurt, mi novio me esperaba porque nos encerrábamos a hacernos hartos cariñitos por los dos o tres días que no nos habíamos visto, eran maratones de sexo, eso me faltaba, tenía conmigo mi dildo que utilizo en momentos complejos en que tengo que desahogarme y mi pareja no está a mi alcance. Una noche que estuve a solas con mi consolador, me adormecí con el ronroneo del artilugio entre mis muslos, fui absorbida en una modorra y en un sueño, mi padre entraba en baño mientras me duchaba, yo lo llamaba y él entraba en la ducha conmigo, su pene era colosal, mis manos no podían cubrir ni medianamente sus dimensiones enormes, el enjabonaba mis tetas y su miembro alcanzaba la hendedura de mis senos y yo procedía a masajearlo con mis redondeces, aferraba su verga magnifica y la refregaba en mis pezones, luego el metía su coso entre mis muslos e iniciaba un movimiento de atrás y adelante, separando mis grandes labios y rozando mi clítoris hinchado, mi orgasmo fue descomunal, me desperté estremeciéndome de pies a cabeza y apretando mis tetas, el dildo todavía le gruñía suavemente a mi coño tembloroso. Ese sueño dio un vuelco a mi estadía con papá, lo empecé a encuadrar como hombre, mi apetito sexual, mi libido, me estaba haciendo fijar mis ojos en sus entrepiernas, habíamos tenido oportunidad de ir juntos a la piscina en una oportunidad y yo vi un hombre íntegro, con sus abdominales marcadas, su vientre plano y esos pectorales suyos que los recuerdo desde niña, un cuerpo de nadador esplendido. La tarde él me cedía su ordenador y yo chateaba con Europa donde estaban horrorizados por la cantidad de personas muertas a causa de la pandemia, muchas ciudades estaban en una cuarentena dura y ya nada me extrañaba, el mundo había cambiado para siempre y yo también, ahora estaba empeñada en conquistar este hombre tan hermoso, gallardo, varonil, que el destino quiso que también sea mi padre.  ¿Papá como lo haces tú sin tener pareja tanto tiempo?  Igual que tú con tu juguetito, me auto estimulo  ¿Me has escuchado papa?  ´si, las noches son muy silenciosas y mi oído es muy fino  ¿entonces tu libido se mantiene alta?  Ni que lo digas, para mí siempre ha sido así  ¡oh! papá … también para mi Papá se masturbaba a su edad, me lo confiesa sin pudor alguno y además sabe que yo también me pajeo con mi “juguetito” como dijo él, me siento tan cercana a él, siento que por fin estoy conociendo a alguien que me entiende y no se escandaliza, tampoco se molesta, no como alguno novios que tuve en el pasado, que se sentían celosos hasta de mis “juguetitos”, porque siempre los he tenido.  Papá …cuando te auto estimulas ¿piensas en mamá?  sí … a veces …  ¿la amas todavía?  no creo … pero es uno de mis recuerdos más bellos  ¿te gustaría verla? … ¿hacer el amor con ella?  antes pensaba mucho en eso … ahora no … ya no  ¿se ha acabado el amor en ti papá?  absolutamente no … amo la vida y muchas cosas más …  ¿pero no una mujer?  tengo algunas amigas con ventajas por ahí  ¿no quieres que yo las conozca?  son parte de mi privacidad, tú eres parte de mi intimidad, son cosas separadas  sí soy parte de tu intimidad … ¿te auto estimularías junto a mí? No sé en qué momento se me salió esa bestialidad, pero me preparé para lo peor, pensé que había arruinado algo, quizás todo … papá se quedó en silencio por un largo rato  hija … eres una mujer adulta … muy linda por lo demás …  ¡umpf! … ¿entonces? …  bueno … teniendo siempre presente nuestros roles … tú eres mi hija …  y tú eres mi padre … pero también eres hombre y yo soy mujer …  indudablemente … pero son cosas que no se mezclan …  ¿sabes que en Alemania están tratando de abolir la ley del incesto?  sí … y también en Dinamarca … lo sé … pero eso es Europa …  no entiendo … ¿son de otro planeta? … ¿no son seres humanos como tú y yo?  hija … aquí estamos en Sudamérica y la gente es diferente …  y tú papá … ¿también eres diferente?  no hija, no es así … como explicarte …  ¿no crees que sea suficiente mujer para ti? … ¿no soy atractiva? …  hija … asemejas tanto a tu madre …  pero mamá no te quería lo suficiente y yo sí, papá … Mi padre no emitió palabra alguna por varios minutos, pero me miraba y yo sentía que me estaba mirando y recordándose de mamá, pero eso no me importaba, yo lo quería y necesitaba, mi sexo necesitaba de un hombre y si este hombre iba a ser mi padre, mejor él que ningún otro.  hija … entiendo lo que quieres hacer … lo intentaremos …  ¿me vas a hacer el amor o te vas a masturbar conmigo?  no, nos auto estimularemos juntos y solo eso …  bueno papá … espero sea un comienzo … un buen comienzo …  si los dices tú, yo también lo espero … Corrí a buscar mi “juguetito”, papá se disculpó y dijo que necesitaba una ducha, que luego usaríamos su dormitorio para la “primera vez”, yo estaba eufórica, jamás pensé en estar con papá en este modo y ahora estaba excitada, muy encendida. Esperé pacientemente que el estuviera pronto, yo estaba decidida, pero me rendía cuenta que él titubeaba y estaba confuso, me vestí lo más sexy para él, no contaba con muchas prendas donde elegir, así que usé la parte superior de mi pijama sin abotonar los botones, preferí amarrármela ligeramente sobre mi ombligo y los calzoncitos más pequeños que encontré, no tenía ninguna de mis tangas así que tuve que improvisar. Papá me llamó y caminé hacía su dormitorio con mis tacones altos de uniforme ya que me hacían mover mis caderas en forma más coqueta, papá clavó sus ojos en mi chocho directamente, luego en mis senos que se veían veladamente bajo mi pijama abierto. Mi padre creó una barrera ficticia, poniendo su laptop entre él y yo, luego lo encendió y abrió un sitio porno, hombres maduros haciendo el amor con jóvenes chicas, no hice ningún tipo de comentario, lo quería tal cual se presentaba, él se recostó sobre su cama, vestía una bata azul que no dejaba ver nada de su masculinidad, yo quería ver su pene erecto para inspirarme y excitarme, pero él no lo permitía. Me acomodé en el lado mío del lecho, le di la espalda sentándome en mis talones, me quité mis bragas, abrí mis rodillas al máximo, también mis pies, papá fijo sus ojos en mi culo, estaba segura de que podía apreciar el estriado, rugoso y estrecho hoyito de mi ano, como así también mi vagina con sus labios hinchados y ligeramente abiertos, acomodé mi dildo bajo de mi y la punta del “juguetito” separó los bordes de mi chocho y con el peso de mi cuerpo, comencé a engullir los dieciocho centímetros del rojo falo, con un esfuerzo y un grito de lujuria, la punta del colorido ariete invadió mi estrecho canal vaginal, centímetro a centímetro se hundió en mis rosadas carnes. Mis blancos, firmes y redondeados glúteos hicieron contacto con las sabanas de la cama, el dildo estaba todo enterito dentro de mi causándome gemidos y mis ojos miraban con lascivia a mi padre, el cual estaba inmóvil, con sus ojos estáticos en el “juguetito” que hacía gozar a su hija, su bata azul mostraba una amplia “carpa” que delataba su tremenda erección. Mi padre abrió su bata y por primera vez se presento ante mis ojos su pene enhiesto, duro, atrevido, con un dedo papá lo hacía vibrar como la cuerda tesa de un violoncello, mis ojos no podían despegarse de ese tronquito de carne, muy grueso y de un tamaño similar al “juguetito” que ronroneaba suavemente en las profundidades de mi chuchita, comencé un movimiento de sube y baja, estaba encantada con la vista del hermoso pene de mi genitor, puse las manos en mis caderas y acompasadamente empecé a rotar mis caderas lujuriosamente, gozando la longitud del vibrante artilugio inserto en mí, cerré los ojos e imagine la gruesa asta de papá horadando los pliegues delicados y elásticos de mi chochito, unas ricas sensaciones recorrieron toda mi espina haciéndome arquear mi espalda y aumentar la fuerza y la violencia con que mis caderas hacían enterrar el consolador en mi sexo. Me giré y mirando a mi genitor, volví a empalarme el dildo reluciente de mis jugos vaginales, poco a poco lo hice desaparecer en mí, luego tomé mis tetas durísimas en mis manos y la moví hacía arriba y hacía abajo y las apreté hasta juntar mi duros pezones, mi padre estaba subyugado. Sentí algo tibio que aterrizó en mi muslo izquierdo, papá estaba eyaculando gruesos chorros de su lefa que volaban desde su verga, uno de esos chorros cayó sobre mí, el resto papá lo recibió en su pecho, vientre y mano, el ver esa cantidad de semen me hizo emitir varios grititos y caí hacía adelante convulsionando y estremeciéndome sin parar, pero yo quería tocar a mi padre, ese poco de semen en mi muslo no me bastaba, había alcanzado un maravilloso orgasmo, pero yo sabía que él me podía dar mucho más que eso. Papá hechizado con mis tetas, estaba mirando como el largo “juguetito” resbalaba fuera de mi encharcada vagina, su mirada no dejaba lugar a dudas, estaba caliente conmigo, su hija, me apresuré a levantarme y haciendo a un lado su portátil, me arrodillé a su lado y mi mano aferro esa fruta anhelada y prohibida, su gruesa pija en mi mano se sentía tibia y palpitante, todavía emanaba algunas gotas de perla, me incliné y recogí con mi lengua tan preciado néctar, papá me miraba un poco aturdido pero sin reaccionar ante mi osadía, a cierto punto su mano se posó en mis cabellos y me acarició con su ternura habitual, pero nuestra relación había evolucionado para siempre. Mis apetitos no habían sido placados, mi cuerpo estaba dichoso de volver a sentir el sabor aspro de semen, un sabor delirante que encendía en mi fuegos de pasión desenfrenada, así me encontré a mamar la polla de papá para hacerla endurecer y crecer una vez más, mi vigoroso padre se enderezó y se deshizo de su bata quedando completamente desnudo, volví a apreciar su viril, tonificado y recio cuerpo de macho alfa, papá había entrado en mi juego, nuestro juego. Me hizo recostar y se puso a horcajadas sobre mí, agarró mis túrgidos senos y colocó su miembro entre mis tetas y comenzó a follarlas con suaves movimientos, tener el pene de mi padre así de cerca, era una golosina que no podía dejar escapar, así que me acomodé para lamer su bruñido glande cada vez que este aparecía de entre mis blancas redondeces. Papá estaba solazándose con mis pechos y yo disfrutaba tremendamente saboreando el exquisito zumo que surgía de su miembro, mi coño estaba hirviendo y mis muslos se estrechaban para placar las cosquillas en los labios de mi chocho, papá me miraba y leyó mi pensamiento que le imploraba de follar mi boca, se movió hacía arriba y yo aferré su pija centelleante y lo comencé a mamar con todas mis energías. Mis labios envolvían su carne y mi lengua lustraba el brillante glande, mi boca succionaba todo el semen que pudiese salir de su verga, lo estaba chupando con bríos entusiastas y mi ojos se deleitaban mirando el rostro de mi padre que denotaba el goce que mi boca le estaba procurando, papá se movió más hacía arriba levantando y doblando su pierna al lado de mi cabeza, dejando espacio para que una de mis manos alcanzase mi chochito y pudiese hurguetear mis húmedas carnes, de tanto en tanto mis dedos buscaban su ano. Mi amado padre follo mi boca por varios minutos, le pedí que me cogiera, que necesitaba su verga en mí, él se colocó entre mis pierna y comenzó a refregar su glande entre mis labios mayores, provocándome deliciosas sensaciones y un regocijo inaudito, había encontrado a mi padre, lo había encontrado en todo sentido, ahora era mío totalmente. Cógeme papi … métemelo todo papá … pronto su gordo glande presionaba mi chocho empapado, sus fuertes manos se apoderaron de mis senos y el empujo su verga dentro de mí, agarré sus muslos y los tironeaba para que me dieras más de esa pija suya maravillosa, portentosa, deliciosa, me hacía desesperar, abrí mis piernas para él y su pene exquisito, papá tenía un movimiento cadencioso y profundo, a velocidad sostenida, no pude resistir mucho de ese refriegue intenso de papá a mis paredes bañadas que se contraían envolviendo su verga invasora, moviendo mis caderas como una loca, me corrí intensamente, arañando sus muslos y apretando mis tetas a su torso, sentí que el cuerpo de él se tensaba y violentamente el saco su verga de mi chocho y comenzó a bañar mi vientre y la parte inferior de mis senos. ¡No! papá … ¡no! … no lo saques … te quiero dentro de mi con todo lo tuyo … dije un poco exasperada y al borde del llanto, porque me tomó por sorpresa, yo quería que me llenara mi chorito con su acabada, quería sentir esa lefa tibia de papá en mis entrañas, el mismo esperma que embarazó a mamá y creo esa nueva vida que soy yo, quería ese líquido seminal entrando en mi matriz fecunda con la ilusión de ser inseminada por él, quería vivir esa sensación. ¡Pero hija! … no puedo terminar dentro de ti … hay que evitar complicaciones … podrías resultar embarazada y no queremos eso … ¿verdad? papá se disculpaba con cierta razón, lo que él no sabía que yo desde los diecisiete años que tengo un dispositivo infra uterino, que mamá me hizo colocar porque no quería verme con un embarazo no deseado. Papi, no me puedes embarazar porque tengo un aparato anticoncepcional … me olvidé decírtelo, podemos hacerlo sin pensar a esa dificultad … papá tratando de recuperar su respiración, me miraba con alivio … hija, por un momento pensé en lo peor … un embarazo podría arruinar tu carrera … y por nada al mundo quisiera algo así … papá tan cuidadoso de mi persona, había tratado de protegerme una vez más. Me recosté al lado de él y él paso una pierna sobre mi vientre, su gruesa verga quedó al alcance de mi mano y enseguida la envolví con mi mano e inicié a masturbarlo lentamente, mi padre no tardo más de una decena de minutos y su miembro había resucitado, palpitante su sangre rellenaba esas venas azuladas que recorrían en toda su longitud, mi padre estaba con su pene erecto listo para mí. Lo monté a horcajadas y el me tiro hacía a él para comerme las tetas, pasaba de un pezón al otro intermitentemente … ¡cómeme, papá! … comete esas tetas mías … son tuyas papi … pero quiero que me comas el choro, papá … por favor, papá … bésame aquí abajo, papito … tu hija necesita que le comas su almejita, papá … papá con una fuerza increíble, me alzó casi en andas y colocó mi vagina justo sobre su boca, fue todo tan rápido que no sé cómo lo hizo, al segundo su lengua invadía mis preciosa chuchita. Halaba mis pezones y su lengua incansable iba desde mi ano hasta mi clítoris encendido al máximo, nunca hombre alguno me hizo que me corriera tan rápido y tan intenso, grite, gemí, sollocé y mi cuerpo se estremeció en un concadenarse de orgasmos infinitos, refregué mi chocho en su rostro como una loca, le tiré de sus cabellos, aprete su cara con mis muslos, hundí mi ano en su barbilla, paroxismo total, mi sexo entero temblaba en los labios de mi padre. Papá me concedió una breve tregua, me puso boca abajo y acomodó una almohada bajo mi vientre, pensé que me la iba a dar por el culo, respiré profundamente y alargué un poco mis piernas para facilitarle la penetración, me gusta ser cogida por el trasero, pero yo esperaba una descarga de su lechita en mi vagina, el no lubricó mi ano, pensé que me iba a doler y mucho porque mi esfínter es muy estrecho, siempre necesito dilatarlo un poco, pero él es mi padre y mi culito es para él, igual que todo mi ser, pacientemente lo sentí como se deslizaba sobre mis glúteos, luego la zona perianal, me hizo cosquillitas ahí en medio y empujando imperiosamente penetro mi chochito, mi gemido fue de placer y alivio por mi esfínter. Él empezó una cogida de esas que te someten, que te mantienen como hembra dispuesta a aceptar ese falo de tu macho, eres su mujer, eres su propiedad, eres poseída, eres un instrumento de placer exclusivo para tu hombre, eres su amante, eres su puta, eres su diosa, él te posee, porque te ama, está dispuesto a todo por ti, porque eres suya. Papá mordía mi cuello, besaba mis cabellos, tironeaba mis hombros, y sus clavadas enterraban su miembro profundamente en mi chocho, mi culo se había alzado en una posición donde todo mi chorito estaba abierto para sus embestidas, mis rodillas estaban abiertas y sus cojones felpados goleaban mi clítoris, balanceándose como un péndulo que señaba el tiempo de nuestra cogida, veloz, cada vez más veloz … me perdí en un abismo de sensaciones celestiales, veía luces caleidoscópicas que giraban, explosiones de mil estrellas, mi jadeo era pesante, mis manos arrugaban las sabanas y escondí mi rostro deformado por una lujuria bestial … mi padre me provocaba un orgasmo de deleite paradisiaco, meneaba mi poto en todas las direcciones, su verga dura palpitaba enviando borbotones de esperma dentro mi canal vaginal y otra vez me estremecí de pies a cabeza. Esta vez el reposo era tanto para él como para mí, estaba aletargada, estaba desparramada en la cama como una muñeca de trapo, trataba de humedecer mis labios y recuperar mi respiración, papá había rodado junto a mí, también él jadeaba y bufaba, sus resoplidos eran rumorosos, me había dado su todo, su esperma se deslizaba sobre mi clítoris hacia mi vientre, no tenía suficiente fuerza para enderezarme, solo sentía cosas a mi alrededor. Me senté finalmente en la cama, mi padre yacía con un respirar mas calmo, había una amplia mancha sobre la cubierta del lecho y un poza de semen, su semen, recogí un poco y lo espalmé sobre mis muslos, luego me llevé los dedos a la boca, papá me miraba con sus ojos entreabiertos, me sonreía, yo con mi pelo enmarañado también le sonreí, éramos mas que padre e hija, éramos compinches, cómplices, habíamos participado a algo ilegal, pero malditamente satisfactorio, nos habíamos entregado el uno al otro. Tanto él como yo estábamos felices, apagados nuestros apetitos concupiscentes, pero tanto él como yo sabíamos que el deseo no se extingue, es como el calor de un volcán, alimentado desde el interior de la tierra, sabíamos que este fuego volvería a arder y que tanto él como yo, nos daríamos a la tarea desahogar esta fuerza de la naturaleza que fluye por nuestras venas, somos la misma sangre …

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

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Trio hogareño

2021-02-06


Pero mamá esta riquísima, mis sospechas se habían hecho realidad, encontré a mi hija ensartada en la polla de su hermano. Soy gloria, tengo 38 años y tengo una hija, Mariela de 19 años y Mauro, mi hijo de diecisiete años, soy agente vendedora de propiedades, tengo mi propio negocio, empleo a dos personas que me ayudan con los papeleos de cada transacción. Ese sábado, yo había salido con un amigo y no esperaba de regresar a casa muy temprano, pero como el cretino de mi amigo se tomó un par de copas y comenzó a comportarse en forma grosera conmigo, pues ahí no más lo dejé plantado, llamé un Uber y me fui a casa. Me sentía bastante defraudada por el comportamiento de mi amigo, realmente no soy ninguna santa, me encanta follar y que me follen, pero todo tiene su encanto, todo tiene su arte, no pueden ser manotazos por todas partes, eso no tiene nada de atractivo ni es estimulante. No más entrar en el apartamento, escuché gemidos, chillidos y respiración afanosa … pensé, esta descarada de Mariela se trajo un hombre para follar en casa … ni siquiera yo hago algo similar, como se atreve esta desvergonzada a traerse un novio a casa … silenciosamente me acerqué a su puerta, que ni siquiera estaba cerrada … sí, había un hombre sobre ella … ella con sus largas piernotas bien torneadas, envolvía la espalda de su amante y lo tiraba más adentro de sus entrañas … el macho la follaba rítmicamente … afondaba con fuerza su pene dentro de su chocho, para sacarlo casi por completo lentamente y volver a darle una embestida al coño que arrebujaba su verga. Mariela gritaba cada vez que las profundidades de su chocho recibían el golpe certero del macho … me quede paralizada al ver a mi hija como follaba y como gozaba a ser follada … ella movía su cabeza de lado a lado … enterraba su uñas en la espalda de su amante. Tuve que afirmarme a la pared, cuando su amante levantó su cabeza desde el cuello de ella y pude ver los cabellos rubios de mi hijo que cogía con su hermana. No podía moverme, mis piernas casi no me sostenían, pero no tuve el coraje de interrumpir a estos dos asquerosos e incestuosos hermanitos. Salí del apartamento y bajé a tomarme unas copas, mi cabeza era un tumulto de preguntas, ¿Qué hice mal? ¿Cuál habrá sido el mal ejemplo? ¿Dónde lo aprendieron? ¿de quién lo aprendieron? ¿desde cuándo que lo hacen? ¿tiene ella o él alguna protección cuando lo hacen? Mientras sorbeteaba mi segundo Martini, se me acerco un tipo joven y apuesto con la mejor de sus sonrisas, casi lo degüello con mi mirada, así que escapó de volada, no estaba en vena de flirtear con nadie, odiaba a todo el mundo en estos instantes. Volví al apartamento un poco más serena, los dos Martini y el whisky habían hecho el efecto requerido y me sentía mucho más calma, no me sentía para nada emborrachada ni aturdida, era demasiada la impresión sufrida de ver a mis dos hijos hacerse cariñitos como estrellas del porno. El apartamento estaba en completo silencio, metí un poco de bulla como si estuviera algo bebida y me fui a mi habitación, creí escuchar un ruido de carreritas y pensé que mi hijo se regresaba a su cuarto después de haber follado el chocho de su hermana. Me recosté en mi cama, con la viva imagen de la polla larga y gruesa de mi hijo, tirando fuera los pliegues rosados de la carne del pequeño coño de Mariela, los gemidos y chillidos de mi hija, todavía resonaban en mis oídos, me encontré con dos dedos en mi chocho y pellizcando los pezones de mis bondadosas tetas, creo que jamás tuve un orgasmo tan rápido e intenso. Me alcé temprano en la mañana, como al solito, preparé el desayuno y me senté a comer un poco de fruta seca y cereales con leche, como a la media hora, apareció mi bostezante hijo Mauro, se acercó a mí y me beso en la mejilla … ¡hola! mama, ¿qué tal esta mañana? … todo bien hijo, todo bien … mi sensible nariz, olía su aroma a semen … no se había ni siquiera bañado el muy cochino … como leyendo mis pensamientos, dijo … mamá, me llevo la leche al baño, me voy a duchar … y salió de la cocina. Mariela, con una polera vieja de su hermano, entró a la cocina con sus cabellos revueltos … esta es otra cochina que ni se bañó ni se arregló, pensé … ¡hola! mamita, ¿cómo estás? … yo bien hija, ¿y tú? … ¡oh ! mamá … para que te digo, dormí pésimo … no sé cuántas veces me desperté … creo que tendré que pedirle a mi doctor alguna píldora para dormir … sin querer ser demasiado sarcástica, le pregunté … ¿no será algo de tu conciencia, hija? … quizás hay algo que te impide descansar apropiadamente, ¿no crees? … no, madre … tengo mi conciencia en orden … no tengo problemas con nadie y no hago mal a nadie. Mira que descarada, pensé y seguí indagando … ¿y tu novio? ¿no tienes problemas con él? … no mamá, hace meses que terminé con él por ser demasiado celoso y controlador, imagínate que hasta de Mauro tenía celos … ¿lo puedes creer? Al parecer todo el mundo lo sabía o sospechaba, excepto yo, la madre de estos dos cochinos hijos míos. Pasaron las semanas y yo no lograba llegar a ninguna conclusión, ni siquiera tenía pruebas, busque en la WEB por un servicio de investigadores privados, quería que vigilaran a mis dos retoños, los fotografiaran y los grabaran. Llame a uno de los tantos que había en la red, les pedí una visita a mi oficina para conversar sobre la misión a efectuar, primero llego un anciano de sobre setenta años, pasado a tabaco y alcohol, lo salude y lo hice que se fuera casi de inmediato. El segundo llegó un muchacho con pantalones cortos y zapatillas de gimnasia, dijo que era el atuendo apropiado para no despertar sospechas, también lo hice irse de entradita. El tercero me encantó, un tipo alto, musculoso, con chaqueta azul y pantalones beige, parecía elegante, su modo de hablar era simple y honesto, dijo que no era un trabajo muy complicado y acordamos un precio razonable, me pidió fotografías de mis hijos, lugares que frecuentaban, donde estudiaban, etcétera, luego me dijo que el pago era cincuenta por ciento adelantado y cincuenta por ciento al terminar, plazo máximo diez días, me mantendría informada y si era necesario nos encontraríamos en mi oficina. Me parecía haber contratado a mi Magnum P.I. él con sus mostachos enormes y seductores no hacía más que mirar mis caderas, me di cuenta de que no dejaba de mirar mi figura, sobre todo mis senos, lo sé que mis formas curvilíneas son atractivas, me encanta que me miren y me aprecien como mujer, también de vez en cuando un piropo al momento apropiado y con el respeto necesario, es bienvenido, pero él me hacía sentir especial. En la tarde cuando llegaba a casa, Mauro estaba bajo la ducha o acababa de salir de ella, Mariela siempre con sus cabellos alborotados, estos dos seguían follando mientras yo era al trabajo, no tenía ninguna duda, pero no tenía modo de confrontarlos. El viernes, mi investigador me pidió cita y se presentó después de almuerzo en mi oficina, me traía un sobre con una quincena de fotografías a color muy nítidas donde se veían mis hijos en actitudes románticas, besándose en los labios en el parque, entrando a un motel, también me entrego una pendrive con grabaciones, pero las situaciones eran más o menos las mismas de las fotografías. Le insistí en que quería sorprenderlos follando, él me dijo que el único modo seria instalar una cámara escondida en el lugar donde se suponía que ellos transgredían, me pareció tan sutil su forma de decirlo, que le di una mirada de esas que sabemos dar solo las mujeres, entonces, le dije, tendremos que montarlas en la pieza de Mariela. Acordamos que el sábado en la mañana, él vendría a nuestro apartamento y colocaría los dispositivos necesarios, me dijo que necesitaba solo pocos minutos y que estarían conectados a mi computador portátil. Al parecer la rutina de mis hijos era que follaban en casa de lunes a viernes, y el sábado lo hacían en un motel, el domingo como usualmente, yo permanecía en casa nos juntábamos en casa los tres y no lo volvían a hacer hasta el lunes siguiente. Ese viernes llegué a casa a la hora acostumbrada, Mauro con su bata camino a la ducha, Mariela con los ojos brillantes y sus cabellos en completo desorden estaba estirando las sabanas de su cuarto … ya verán, pensé. Mientras cenábamos, les hice saber que el día siguiente vendría un técnico a revisar mi computador para la instalación de un programa que me permitiría trabajar desde casa, Mauro me dijo que él y Mariela habían sido invitados al club de campo y que estarían por allá toda la mañana. Contacte a mi detective privado por WhatsApp, haciéndole saber que podría venir a instalar las cámaras a las 10:00 del sábado, él me confirmo que estaría puntualmente a esa hora. Sábado de mañana, Mauro se levantó temprano y Mariela, esta vez con sus cabellos rubios ordenados, esperaba a su hermano en el salón, los miraba de reojo y pude ver que se hacían señas y trataban de comunicarse sin que yo me diera cuenta … tomaron desayuno sin conversar mucho, luego me saludaron con besos en la mejilla y se fueron. Mi atlético investigador privado llegó con puntualidad suiza, traía una mochila con todo lo necesario, yo me encontraba vistiendo todavía mi quimono azul, mi neglige rojo con mi tanguita del mismo color, estaba sin sujetador y el balanceo de mis senos, lo desconcentraban, lo perturbaban … mi chochito que no recibía atención desde hace un par de meses comenzó a humedecerse, imaginaba a Claudio, el investigador, follándome. Claudio, tal como lo había anticipado, se demoró casi quince minutos en montar y conectar mi computador a las tres cámaras que instaló, lo invité a beber un café en la cocina, él no apartaba sus ojos de mis piernas, me acerqué a él y le pregunté … ¿encuentras interesante mis piernas que las miras tanto? … ¿te gustaría investigar a ellas también? - no me contestó, pero se ruborizó, cosa que me sorprendió un poco … me gusta el trabajo que estás haciendo, me gusta tu forma de ser y me gustas tú, le dije acercándome aún más. Claudio no dijo nada, solo tiró del cordón de mi quimono, el cual se abrió exponiendo mis senos grandes bajo mi neglige traslucido, él me beso los pezones por sobre el género de mi prenda de vestir, me hizo vibrar de pies a cabeza, tomé su cabeza y la aprete contra mis pechos … sentí sus manos en mi cintura, acariciaba mis caderas … estamos solos en casa, vamos a mi habitación, le dije. Él me tomo en sus fuertes brazos y me dijo … indícame el camino, nena … nunca me habían llamado “nena” … me pareció divertido … le mostré como llegar … entramos en mi cuarto y él me deposito delicadamente sobre la cama … no más sacar sus brazos debajo de mis posaderas, se lanzó entre mis muslos y comenzó a pasar su lengua sobre mi tanga, mi chochito vibraba en sintonía con sus lengüetazos … muy pronto me tenía con mis piernas abiertas y había desplazado el pequeño pedazo de tela que cubría mi intimidad, su maravillosa lengua me estaba haciendo gemir y balbucear palabras inconexas, quería decirle que sí, que me cogiera, quería decirle que se sentía rico lo que me estaba haciendo, pero no salían palabras de mi boca … solo sonidos … algunos gruñidos guturales … algunos chillidos y gritos … me estaba volviendo loca. Claudio me hizo acabar … me vine con tal fuerza que mis uñas rasgaron una de las sabanas, él me miraba con sus boca brillante de jugo de chocho, comencé a desabrochar los botones de su camisa … se levantó y se sacos sus pantalones … vestía unos bóxer a cuadritos como de otros tiempos … me causó ternura … éste era un hombre de otros tiempos … me llamo la atención el pronunciado relieve de su polla … ¡pero que polla! … casi tan larga como la de mi hijo, pero no tan gruesa. Me senté al borde de la cama y masajeé su verga con mis senos, Claudio jugaba con mis pezones endurecidos casi tanto como su polla, cuando aparecieron las primeras gotitas perladas de su semen, comencé a bajar con mis pechos hasta sus cojones, para hacer entrar su polla en mi boca, él agarró mi cabeza y comenzó a follar mi labios cerrados en torno a su pene. Claudio dulcemente me sacó mi quimono, luego se acostó y me subió a horcajadas sobre su vientre, como me gusta follar desnuda, me saqué mi neglige, él me atrajo hacia su boca y comenzó a lamer y mordisquear mis pezones, acomodé mi chocho al alcance de su verga e inicie un movimiento alternado hacia atrás y adelante, mis rubios y rizados pelitos hacían cosquillas a su glande, él me tenía por las caderas … mi chocho se refregaba sobre su polla … lancé un grito agudo cuando su glande penetro mis labios mayores y se adentró en mis carnes empapadas … hizo cuatro o cinco movimientos rapidísimos que me hicieron gemir de placer … quería ser follada … dentro de mi lujuria … apareció la polla enorme de mi hijo follando el pequeño chocho de Mariela … veía la cara caliente y lasciva de mi hija que recibía con gozo la verga de su hermano … me levante con mis ojos cerrados y comencé a mover mis caderas desenfrenadamente … Claudio masajeaba mis redondos senos y jalaba de mis pezones … un golpe como una descarga de megatones me comenzó a hacer vibrar todo mi cuerpo … había perdido el control de mis extremidades … mis pies y mis manos tenían vida propia … solo mis caderas obedecían a mis deseos … con fuerza trataba de engullir la verga de este hombre con mi chocho … que orgasmo más esplendido. Con respiros cortos, Claudio continuaba a follarme, sus movimientos también eran breves y veloces … mi chocho comenzó a llenarse de su lechita … estaba acabando dentro de mi … mi chocho volvía a tener olor a macho … que cosa más maravillosa … nos quedamos acostados uno al lado del otro, exhaustos … Me levanté y fui a la cocina a buscar algo refrescante … nos sentamos en la cama desnudos y Claudio termino de adiestrarme al utilizo de las cámaras, luego se fue a la ducha, regresó y se vistió, me agradeció por la hospitalidad, otra de sus sutiles palabras, luego se fue porque tenía otro trabajo en curso. Claudio me había dejado dos pendrives, para grabar por un par de horas en cada una, de propia iniciativa, pasé a un negocio de computadores y compré dos más, las cámaras tenían sensores de movimiento, así que no grababan cuando no había nadie. El domingo transcurrió tal como otro domingo cualquiera, Mariela me dio una mano con el almuerzo, mientras Mauro se esforzaba por hacer limpieza en algunos sectores del departamento. En la tarde nos sentamos a cenar, conversamos de los empeños de cada uno para la semana que estaba por iniciar y llegada la noche nos dimos las buenas noches y cada uno de nosotros se fue a su propio cuarto. Una vez en la soledad de mi cuarto, encendí mi computador y pude ver a Mariela en sus actividades, se desnudó completamente para ir a la cama, no pude dejar de notar lo bella que era mi niña, me recordaba a mi cuando tenía más o menos su edad, sus pechos estaban hechos en modo perfectos, se acarició sus pezones pequeñitos para esos enormes senos, dibujo con sus dedos la redondez de su areolas, sus labios se entreabrieron lascivamente cuando tomó sus pequeños pezones y los tironeo hacia adelante, luego se giró frente al espejo, donde Claudio había mimetizado una de las cámaras, tomo sus glúteos redondos y firmes y los abrió, la vi cuando se dirigió a su mueble y extrajo un consolador rojo de unos 20 centímetros, volvió frente al espejo y comenzó a pasar ese enorme artilugio por en medio de sus nalgas. No estaba absolutamente preparada para lo que sucedió a continuación, Mariela se encontraba frente al espejo en su habitación con un dildo enorme, y lo deslizaba entremedio de sus glúteos, su boca estaba semiabierta y sus ojos como en un ensueño, apoyó el aparatito en el suelo, al parecer este estaba dotado de una ventosa, porque quedo erecto sobre el piso, ella se bajó contorneando sus caderas e hizo descender su zona pélvica sobre el falo rojo, hice un zoom de la cámara y su fisura anal pequeñita quedo a foco en toda la pantalla de mi Pc, aparecieron sus manos sobre sus glúteos, su hoyito perfectamente alineado con el consolador, éste cimbraba al contacto con el ano de Mariela, ella se arrodilló y comenzó a presionar con su cuerpo el dildo que ahora forzaba el esfínter de Mariela, centímetro a centímetro, esa cosa se adentró en su ano. Cambié a la cámara que apuntaba sobre su cama y pude ver solo parte de su cabeza, sus ojos estaban cerrados, se estaba mordiendo sus labios. La cámara que apuntaba a su cama desde otro ángulo, la mostraba arrodillada y meciendo su cuerpo hacia arriba y hacia abajo, su semblante tenía una apariencia diferente, ya no era mi niña, era una mujer caliente que quería follar y se estaba follando su juguete preferido, ¡por el ano! Me quede a contemplarla por varios minutos, hasta que se subió a su cama con esa cosa ensartada en su recto y se acostó casi en posición fetal, continuo a follarse el culo, abrí el menú de la aplicación y seleccione “VOLUMEN”, con el mouse hice deslizar el indicador, y resonaron en mi habitación los gemidos de mi hija, me asusté porque era demasiado alto, lo puse en “SIN VOZ” y busque los audífonos de mi laptop, pude escuchar sus grititos y gemidos, no tenía una visual perfecta de la penetración en curso, pero los movimientos eran inequívocos. Ver a mi joven hija tan caliente, otra vez me hizo recordar a mí misma cuando a esa edad, trataba de satisfacerme en solitario, no tenía los medios económicos suficientes, así que me contentaba con velas, zanahorias, pepinos y cualquier cosa que se asemejase a una polla erecta da enchufarme en mi coño caliente. Pensaba, con que moral puedo yo confrontarla, si yo misma a su edad, hacía las mismas cosas. Jamás follé con mi hermano, pero porque no tenía un hermano, pero los chicos del vecindario me seguían porque sabían que me podían follar si insistían en el modo apropiado. Me encantaba follarme hasta de a dos juntos. Todas estas remembranzas, tenían a mi chochito empapado, así que extraje de mi velador mi vibrador y lo puse sobre mi clítoris, mientras mi hija follaba su culito recostada en su cama, yo habría mis piernas para que el vibrador excitara la entrada de mi chocho, acabamos casi al mismo tiempo, apagué mi computadora y me dispuse a dormir. La mañana siguiente, me desperté a las 06:30 con nuevos bríos y de muy buen humor, habrá sido el orgasmo, pensé, como sea, estaba feliz y feliz de tener a dos hijos tan hermosos y sanos, los saludé con sendos besos augurándoles un día lleno de satisfacciones y cosas hermosas, con curiosidad y sonriéndose entre ambos inquisitivamente, se fueron a sus respectivos colegios. Dejando todo en orden, escondiendo mi laptop, terminé de desayunar y me fui al trabajo, estuve toda la jornada pensando en las cámaras escondidas, ¿las abre dejado en modo de grabación? ¿funcionaran apropiadamente? ¿qué uso daré al material que registre? ¿follaran al retornar del colegio? Retorné a casa lo más apresuradamente posible, para no despertar sospecha alguna, hice como si nada y me comporté en el modo habitual, Mauro con su bata y sus cabellos mojados, acababa de tomar una ducha, como al solito, Mariela solo con una polera larga hasta sus muslos, lucía como si acababa de luchar con King-Kong, me sonreí para mis adentros, no estaba ni molesta ni preocupada, solo curiosa por el material de las cámaras. Compartimos un cena fría y cada uno de nosotros se fue a su cuarto respectivo, me desvestí lentamente, miré mis formas al espejo y sí, mi reflejo en el espejo me mostraba como una bella mujer, mis senos eran un poco más grandes que los de mi hija y se mantenían lo suficientemente firmes, mis glúteos al igual, quizás había una incipiente celulitis, pero nada que no se pudiese corregir con alguna crema especial. Saqué mi computador y comencé a revisar lo que las cámaras habían registrado, como tenía sensores de movimiento, no habían sectores vacíos, prontamente vi a Mariela que apenas regresaba del colegio, procedía a ducharse y a vestirse con una polera de Mauro sin prendas íntimas, estaba desnuda bajo la polera, sus senos se balanceaban sensualmente mientras se desplazaba por su cuarto, no había nada de anormal en esa primera media hora de grabación, luego Mauro entró a su habitación, sin perder un segundo, Mariela se abalanzó sobre él y comenzó a desvestirlo. Mauro batallaba por mantenerse de pie, mientras su hermana tironeaba sus ropas y las iba tirando por su cuarto, cuando quedo con sus calzoncillos y calcetines, ella se arrodilló ante él, terminó de quitarle su prenda interior y procedió a mamar la polla de su hermano, había tal voracidad en la boca de Mariela, que se intuía que Mauro estaba prácticamente siendo violado por su hermana. Jamás se me paso por la mente que era Mariela la que dirigiera los encuentros íntimos entre hermanos, siempre tuve la idea de que, en algún modo, Mauro había seducido a Mariela, el macho que persigue a la hembra. Viendo a Mauro avasallado por su hermana mayor, me hizo casi sentir un poco de lastima por mi hijo. La verga de mi hijo es muy grande y gruesa, me trajo recuerdos de mi marido, se ve que la genética de mi difunto esposo, ha sido traspasada a los genes de este mocoso, a mi aún me parece un niño, pero viéndolo en este momento follando la boca de su hermana, denota que han crecido sin que yo me diera cuenta, sobre todo su verga descomunal. Mauro con su verga erecta, hizo alzarse a su hermana y como en un rito ya acostumbrado, la beso en los labios mientras sus manos jugaban con los senos turgentes de Mariela, ella lo miró con veneración y tirándolo del pene, se lo llevo a la cama, Mauro se posicionó entre sus muslos y comenzó a lamer el chocho de Mariela. Era muy peculiar estar en cama, mirando como mis adorados hijos follaban hace unas cuantas horas, mi mano sin querer se había ubicado sobre mi sexo y mis dedos acariciaban mi clítoris, sabía que eran mis hijos, sabía que no estaba bien lo que estaban haciendo, sabía que tenía que impedir que continuaran, pero mis intenciones no eran esas, estaba casi disfrutando el ver follar a mis retoños, no había en mi la voluntad de intervenir esa relación incestuosa, me parecía mucho más importante el protegerlos de la sociedad puritana y castigadora, sabía que serían condenados por esta sociedad hipócrita y mojigata, y por supuesto yo no lo permitiría, soy su madre y los debo amparar de todo y de todos. En ese momento me puse los audífonos y pude escuchar los gemidos y sonidos eróticos que hacia mi hija mientras su coño venia lengüeteado por su hermano menor, ella le pedía más, ella lo tiraba hacia arriba y le imploraba que se la metiera en su chocho … Mauro, si no me la metes ahora mismo, seguro que moriré, y tu no quieres eso ¿verdad? … Mauro, por favor mételo ya … Mariela estaba desesperada, su chocho necesitaba la verga de su hermano, a Mauro se le veían solo los ojos detrás del pubis de Mariela, esos ojos reflejaban lujuria y deseo por su hermana, él sabía que su hermana estaba a las puertas de un orgasmo y pretendía hacerla acabar, para después follarla sin prisa y sin pausa. Mariela contorsionándose en forma descontrolada, alzaba su cabeza y la dejaba caer sobre su almohada, Mauro aferrado a sus caderas no le permitía escapar, continuaba comiéndole el coño con destreza, los sonidos y las manifestaciones del orgasmo de mi hija, me hicieron arribar también a mí a la cumbre, sin despegar los ojos de la pantalla, convulsioné en una serie de vibraciones que recorrieron mi cuerpo entero, respiraba afanosamente y acariciaba mis labios vaginales hinchados y temblorosos, mis ojos entreabiertos veían como Mauro acercaba su abultada verga a los inflamados labios del chocho de su hermana, Mariela sintiendo la penetración, arqueó su espalda, haciendo alzar sus hermoso pechos, Mauro tomó en mano uno de sus senos y lo masajeaba, provocando en su hermana temblores junto con gemidos y chillidos. Estuvieron follando casi dos horas, la vitalidad de Mauro era impresionante, su polla se recuperaba en tiempo récord, y en un par de oportunidades ni siquiera se lo sacó, continuó a follarla después de haber llenado su coño de lechita caliente, Mariela, por otra parte, muchacha insaciable, no se cansaba de ser poseída por su hermano, revolvía con sus manos a su propia cabellera rubia y tiraba de ella como enloquecida, cubría su propio rostro con sus cabellos de oro, como para ocultar su excitación y lujuria. Cuando terminaron, Mauro recogió sus vestidos y se fue a su cuarto, volvió al cabo de algunos minutos con su bata, Mariela con sus piernas abiertas y con el chocho colmo de la esperma de su hermano, era exhausta, inerte, agotada, Mauro se sentó al borde de la cama y acaricio el coño a su hermanita, Mariela profirió algunos gemidos, ella lo tiró sobre sus senos y lo beso largamente, apasionadamente, con deseos renovados … Mauro como pudo se apartó, diciendo … voy a la ducha porque de un momento a otro llega la mamá y no nos puede encontrar así … levántate y arregla tu cama que está hecha un desastre. Mariela desnuda hizo lo que le había pedido Mauro, ordenó su cama y después se acicaló un poco, sus cabellos en desorden parecían no haber sido cepillados ni peinados, de repente la vi correr hacia su puerta y cerrarla, me di cuenta de que ese era el preciso momento en que yo regresaba a casa. Me levanté para lavar un poco mi coño empapado después de mi orgasmo, volviendo a la cama, saqué mi consolador de mi mueble de noche y mirando por una segunda vez la grabación de mis peques, procedí a procurarme otro maravilloso orgasmo, concentrada en la visualización de la polla de mi hijo, de su tamaño y su potencia, hice algunos zoom y me pareció igual a la de su padre, con más fuerza follé mi coño, Prácticamente toda la semana, estuve asistiendo a las diarias folladas de mis retoños, me calentaba ver la exuberancia de mi hijo y la fecunda lujuria de mi hija, dos bellos cuerpos adolescentes dados al sexo pleno, como mujer puedo entender a ambos, sin justificarlos, pero una hembra como mi hija, voluptuosa y sensual, no puede pretender menos de lo que mi hijo le puede ofrecer en la cama, los vi felices, los vi vigorosos, los vi ardientes, el sexo tórrido de sus encuentros me hacían solo recordar a como había sido yo a esa edad. Mi última reunión con Claudio fue el jueves sucesivo, había logrado mis objetivos, antes de recibirlo pedí a mi asistente que no me pasara llamadas de ninguna índole, Claudio lucia impecable en su traje, su esencia varonil y su aroma exquisito estimularon mis sentidos de hembra, fui derechamente sobre él, puse mis manos sobre sus hombros y lo atraje hacia mí, lo besé, un beso inmediatamente lascivo, mi lengua encontró su lengua y la sedujo en una danza sensual, Claudio se posesionó de mis caderas y me apretó contra sus pectorales, lo hice sentar en el sillón y puse sus dedos en el de mi falda, prontamente Claudio desabotonó el botón y bajo el cierre, haciendo deslizar mi falda hasta mis tobillos, levante sensualmente mis piernas una a la vez, quedando al descubierto mis bien orneadas extremidades envueltas en medias azules, sujetadas por mi liguero y sobre ello mi tanguita también de color azul, Claudio fascinado no despegaba sus ojos del triángulo que cubría mi chocho afeitado el día anterior. Mi top voló por los aires, exponiendo mis senos sostenidos por un sujetador azul que hacía juego con el resto de mi ropa interior, él inmediatamente rodeó mi espalda y liberó mis pechos, el frio aire acondicionado de la oficina hizo endurecer mis pezones, la tibia lengua de Claudio, se hizo cargo de devolverles la temperatura, me mamaba los pechos y mordisqueaba mis pezones, mis gemidos enviaban señales cifrados a la polla de Claudio que se endurecía bajo sus pantalones, mi mano sentía sus latidos, luego de hacerlo poner de pie, comencé a tironear de sus pantalones, me parecía a mi Mariela tironeando los pantalones de su hermano. Desnudé rápidamente a Claudio y tomé su polla en mi boca, acaricié su cojones aterciopelados, sus muslos atléticos me excitaron aún más, masajeé su verga y testículos con mis senos, me levanté, me quité mi tanguita y me senté a horcajadas sobre él, guiando su polla al interno de mi chocho mojado, se deslizo como un pistón en su camisa oleada, suavemente comenzó a follar mi coño de suave pana. Su golpes ligeros y suaves no me motivaban en la forma en que yo quería ser follada, así que me levanté y me recosté en el sillón, Claudio se acomodó un poco y volvió a penetrarme, esta vez con más fuerzas, sus golpes aumentaron de intensidad, ahora lo sentía llegar profundamente, los músculos de mi vagina trataban de aprisionar su verga e incrustarla en mis carnes lujuriosas, lo deseaba, debía saciar este apetito que mi cuerpo sentía por él, me hacía sentir el calor de su polla y los pliegues rosados de mi coño salían arrebujados alrededor de su pene, que sensación más fabulosa. Claudio me besaba en la boca, el rostro, mis orejas, mi cuello, mi frente, su legua jugaba con los lóbulos sensitivos de mis orejas, me hacía erizar en fuego, me hacía salvajemente hembra, me estaba portando a esa dimensión exquisita que solo las mujeres conocemos, porque nuestros orgasmos son capaces de transportarnos en el espacio-tiempo, el mundo entero desaparece cuando esas oleadas van y vienen, cuando tiramos de nuestro hombre, cuando lo envolvemos con nuestras piernas vibrantes, cuando se nos escapan gemidos y sollozos, cuando gritamos y chillamos, cuando nuestras uñas se clavan en las carnes del macho, cuando llega el nuestro orgasmo. Acabamos juntos, su pene pulsaba al ritmo de mis contracciones, mi chuchita exprimía las ultimas gotitas de su manjar, Claudio, al igual que yo, respiraba por la boca tratando de recuperar su aliento, yo no soltaba mi abrazo de sus espaldas y mis piernas lo aferraban con firmeza a mi cuerpo, mi bajo vientre danzaba alrededor de sus cojones. No teniendo una ducha a disposición, nos limpiamos con toallitas húmedas, nos vestimos, nos besamos y sonreímos, luego nos sentamos a mi escritorio y finiquitamos su trabajo, me agradeció y me dejo su tarjeta de visita por si tuviera que recurrir a sus servicios o recomendarlo a terceros, luego caballerosamente beso mi mejilla y salió de mi oficina. Ahora en mi soledad, volví a preguntarme ¿Qué hacer con toda esta información?, en realidad no tenía del todo claro que hacer, por supuesto que debía intervenir, pero no sabía cómo hacerlo, era tal la fogosidad de mis adolescentes, era tal el empeño que ponían para satisfacerse mutuamente, había mucho más que sexo, había afecto, pasión, complicidad, ni siquiera me turbaba ya el hecho de verlos desnudos follando como pareja, su cuerpos despojados no solamente de sus vestidos, sino también sus almas y espíritus estaban en consonancia, había tal entendimiento en su accionar, se pertenecían el uno al otro, había una unión fuerte entre ellos. Mis Hijos eran y son muy bellos, Mauro muy semejante a su padre y Mariela, ella es casi una fotocopia de mi a su edad, los confrontaré y juntos encontraremos modo de solucionar esta situación un poco bochornosa, más mientras más analizaba el todo, menos vergonzoso lo encontraba, El domingo después de almuerzo, le dije a los chicos de quedarse en casa porque tenía que mostrarles algo, se miraron un poco extrañados y dijeron que no tenían planes para salir. Los llame al salón donde tenemos una Tv con mega pantalla y con USB, los hice acomodar y procedí a insertar la primera pendrive, aparecía Mariela cambiándose sus vestidos de colegio, Mariela se llevó las manos a la boca e intento levantarse, quédate ahí jovencita y no te muevas, le dije con tono alto y autoritario de mamá, Mauro hundió sus hombros en su cuerpo empequeñeciéndose en el sillón y quedando en silencio, miramos casi una hora de diferentes situaciones acaecidas en el cuarto de Mariela. Mariela fue la primera en hablar, pero mamá esta riquísima, la verga de mi hermano no tiene iguales, no hay nada que negar, tú nos tienes en tus pendrives y debiste preocuparte un poquito más de nosotros. Mauro y yo nos cuidamos. Yo con el programa del colegio, estoy tomando la píldora desde hace tres años, así que no corremos riesgo de embarazos ni nada de eso, además, con todas las enfermedades que hay hoy en día, el sexo en casa es lo más seguro que hay, después tanto Mauro como yo, sabemos que esto no es para siempre, en un determinado momento, encontraremos parejas y formaremos nuestras familias. Era un sólido argumento, no lo puedo negar, pero el hecho en sí no podía concluirse en modo tan simple, yo soy vuestra madre, me he siempre ocupado de no hacerles faltar nada, los he criado con afecto, con respeto, traté de inculcarles solidos principios, pero me doy cuenta de que he fallado, considero que no es justo que me oponga a vuestras relaciones, pero tengo que pedirles encarecidamente que reflexionen y comiencen a concluir con esta relación anormal. Mariela se levantó y dijo, pero mamá porque no nos dejas y te unes a nosotros, muchacha tu estas loca, dije intempestivamente. Pero mamá, ¿desde hace cuánto tiempo que no tienes un novio? mamá, te pido solo que tu reflexiones sobre lo positivo y negativo de mi propuesta, es más seguro, lo tienes en casa todas las veces que quieras y de verdad es que es riquísimo. Después de haber visto toda la lujuria grabada en los pendrives, mi chocho inundaba mis bragas, mi cabeza era un torbellino, sentías deseos, mi coñito palpitaba. Mariela, muy lista ella, advirtió mi lucha interior, hizo alzar a su hermano Mauro y lo trajo delante a mí, luego procedió a bajar el cierre de sus pantalones, saco la verga de Mauro, la tomó en sus manos diciéndome, ¿has visto una cosa más perfecta que esta? – mira cómo es bella, aún no está erecta, pero espera un poco. Así diciendo, bajo los pantalones de Mauro a sus tobillos, se arrodilló de frente a él y cerró sus labios alrededor de la pija semi erecta de su hermano, él cerro sus ojos y se entregó a las caricias de su hermana, pronto Mauro tenía su pene de más de veinticinco centímetros full erecto y brillante con la saliva de Mariela, ella me miró y vio que mi boca estaba entreabierta y mi lengua humedecía mis labios, con una sonrisa franca me dijo, prueba mamá … prueba … no pude resistirme, era de verdad un espectáculo extraordinario, su polla estaba dura, palpitante, se veían las gruesas venas azulinas que recorrían toda la longitud de ese miembro masculino, mi boca se cerró en torno a su pene y mi lengua dibujo círculos en su glande enorme que llenaba toda mi boca. No tenía dudas, él era fotocopia de mi difunto marido, ahora estaba disfrutando la verga de mi hijo, mientras mi hija me miraba con un sentido de dignidad y admiración, éramos tres y seguiríamos siendo tres, pero nuestra relación sería más próspera y sincera, Mariela se acercó a mí y tomando mi cabeza, me impulsaba a chupar la polla de mi hijo, después comenzó a desvestirme, me preparaba para ser follada por mi hijo, cuando quedé sin sujetador, Mariela puso la verga de Mauro entre mis tetas, estaba tan caliente, que ser dirigida por mi hija, más me calentaba. Mauro me tomó de la mano y me condujo al dormitorio de Mariela, me recostó sobre la cama y haciéndome alzar los muslos, enterró su cabeza en mi coño, Mariela se metió debajo de él y engulló su pene, yo veía como las mejillas de Mariela se deformaban al ser penetrada repetidamente por la verga de Mauro, ella estaba gozando, Mauro estaba gozando y yo gozaba por la atención de mi hijo a mi chocho, y ver a Mariela chupando frenéticamente el asta de mi hijo. Mauro se movió hacia arriba y mirándome fijo a los ojos, deslizo lentamente su verga hasta el fondo de mi chochito, esa primera penetración duro una eternidad que me hizo convulsionar en un primer orgasmo, después comenzó a follarme de verdad, tal como hacía su padre, la punta de su polla tocaba mi cérvix, me hacía gritar, me hacía gemir, me hacía apretarlo contra mi pecho, cerré mis ojos y me entregué a su lujuria, que era mi lujuria también. Acabó dos veces dentro de mí y nunca se detuvo, me hizo gritar con otro orgasmo y me llevo al borde de un tercero, ahora tenía mis pechos en sus manos y se había doblado en tal forma que chupaba mis pezones, sus penetraciones enérgicas me estaban haciendo temblar otra vez, no quería arañar sus espaldas, pero si continuaba así no podría contenerme, gritaba escondiendo mi rostro en su cuello, se alzó por un instante y miró mi desesperación, después cubrió mis labios con los suyos y mi cuerpo se entregó a un estremecimiento gigantesco, su lengua hurgueteaba mi boca, me estaba haciendo suya de verdad, me tenía hasta con el alma aferrada a su pene, mis extremidades se contraían, me estaba revolcando de placer bajo la verga de mi hijo. Los gemidos de Mariela me trajeron a la realidad, ella se contorcía al lado mío, con su chocho lleno de su juguete rojo, también había logrado desahogarse, Mauro daba sus últimos embates y volvía a regalarme su semen filial, me sentía bien, me sentía feliz, me sentía madre, me sentía amante y amada.

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

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Rescate Oceanico.

2021-02-06


Zarpamos de Kupang y nos dirigíamos a Darwin, en el norte de Australia, una navegación relativamente corta en aguas conocidas, el último boletín del tiempo decía que el ciclón tropical “Frank” se estaba debilitando y se esperaba que en las próximas 24 horas descendiera a una tormenta tropical más débil y pequeña, mi esposo, oficial retirado de la marina australiana, dijo que no habría sorpresas así que zarpamos con mar gruesa, esperando que amainara en las próximas 24-48 horas. Tuvimos una noche horrible con mar tormentoso y olas gigantescas que llegaban de todas las direcciones, el océano parecía no darnos tregua, todo el día estuvimos luchando solo para avanzar solo pocas millas y más hacia el océano indico, es decir en la dirección opuesta, llegó la penumbra de la tarde y el tiempo no mejoraba, aun cuando los boletines decían lo contrario. A un cierto momento el mar parecía hervir con espuma y enormes olas blancas, el cielo todavía oscuro, pero hacia el éste se veían estrellas y claros de cielo, pero nosotros estábamos en problemas, el mástil principal crujía desde hace un par de horas, un golpe de mar terrorífico lo hizo tremar y se partió en dos, el pesado pedazo que cayó sobre un costado de la embarcación, abrió un forado de medio metro en el costado del yate. El navío comenzó a embarcar agua rápidamente y en una hora se hundió en el mar tormentoso, quedé sola a merced del oleaje, tenía mi chaleco salvavidas y eso me ayudaba a mantenerme a flote, escuché a mi esposo lanzar el MAYDAY, señal de socorro marítimo internacional, así que esperaba hubiera una búsqueda con medios marítimos y aéreos en las próximas horas. El océano se había calmado y yo continuaba a flotar a la deriva, el sol estaba alto en el cielo y descubrí que me estaba deshidratando, mis labios se estaban partiendo, trataba de aguzar los sentidos por si veía alguna embarcación, sentí el rumor de un avión en la lejanía, pero jamás lo vi, quizás buscaban en un área equivocada, comencé a angustiarme y a pensar que para mí estaba todo terminado, no podría sobrevivir a otro día en el mar abierto, llegó la noche y gracias a dios pasaron unas nubes oscuras y dejaron caer agua sobre mí, traté de beber todo lo que pude en esa media hora de chubascos, al menos mis labios dejaron de arder y resquebrajarse, una noche con un cielo lleno de estrellas me sumió en una oscuridad menos tétrica. Al alba, sentí algo bajo mis pies, una figura grisácea nadaba en las profundidades abajo de mí, se sentía que era un ejemplar grande, imaginé con terror de estar siendo rodeada por un tiburón gigante y famélico, esperaba de recibir un ataque en cualquier momento, en eso apareció un delfín enorme, un delfín nariz de botella que hacía sus ruidos característicos como para saludarme y se alzaba nadando en su cola como para observarme mejor, me volvió el alma al cuerpo, no era un sanguinario tiburón, el delfín se mantuvo nadando entorno a mí por un rato, luego se metió como en medio de mis piernas y me sacó a flote, me llevaba sobre su lomo, nadó con fuerza y velocidad llevándome quizás donde. Estaba exhausta y me adormecí sobre el lomo de este animal que continuaba a llevarme en su lomo como un corcel acuático, no sé cuánto tiempo resté aletargada sobre su espalda, pero una extraña sensación se estaba apoderando de mí y no lo podía creer, algo hurgueteaba en medio a mis piernas y trataba de colarse por mi bikini, abrí los ojos sorprendida, ya no estaba en su lomo estaba en su panza y eso que sentía debía ser su pene, no lo podía creer, pero si ese era el precio por su salvataje, estaba más que dispuesta a pagarlo, lo dejé que hiciera lo que quisiera, es más me acomodé dócilmente en su panza y acaricié sus flancos blanquecinos, el hizo ese sonido como una especie de risa y continuó fisgoneando mis intimidades a través del género de mi bikini, mi chochito se humedeció con singulares sensaciones.. Navegábamos sin pausa, la capacidad natatoria de este animal era formidable, se mantuvo nadando durante toda la noche, luego durante el amanecer, él se sumergió y me dejo flotando en la soledad del océano, no se sentían ruidos solo el rumor del océano, no había ni siquiera aves a indicar la proximidad de tierra, el delfín volvió al cabo de un par de horas, traía dos calamares en su hocico y me los ofreció, sin siquiera pensarlo los devore ávidamente, se ubicó entre mis piernas y miraba mi zona pélvica como si entendiera que yo era una hembra, luego me alzó sobre su lomo y proseguimos nuestro rumbo. Al mediodía pasaron nuevamente unos chubascos y aproveché de beber, juntaba agua en mis cabellos y luego los estrujaba en mi boca, saciando mi sed y mejorando mi hidratación, la calma de las aguas me hacía adormecer, otra vez me desperté con este cachondo delfín hurgando con su pene prensil mi chocho, logrando esta vez mover mi bikini y entrar en contacto con mi vulva, no hubo penetración, pero lo sentí venirse y un líquido blanquecino se mezcló con el agua marina. Al atardecer mi delfín me dejó caer en las aguas repentinamente y se alejó de mí, no me sentí preocupada porque pensé que buscaría alimentarse o algo así, pero no, con terror vi una aleta inconfundible de un tiburón enorme, quizás de unos cuatro metros, nadaba en torno a mí acercándose cautelosamente cada vez más, improvisamente vi a mi delfín saltar fuera del agua y caer sobre la aleta de tiburón, escuché el golpe seco cuando los dos animales se estrellaron, el tiburón desapareció y reapareció unos metros más allá, pero se alejaba, temí por mi delfín que no volvió a aparecer, sino como a la media hora nadando sobre su cola y chillando con su risa característica, como cantando victoria, me alzo en su lomo y continuamos nuestro viaje. En la madrugada del cuarto día, vi al horizonte una pequeña isla, mi delfín se dirigió hacia allí, mientras nadaba se giró y me dejo en su panza, yo ya sabía que quería, me quité la braga bikini y abracé su cuerpo, sentí su pene y esta vez me penetró, era muy cálido, extremadamente largo y se movía dentro de mi vagina acariciando mi interior, como un gran dedo su pene escarbaba en mi interior, no sé en qué momento ubicó mi punto-G y comenzó a estimular esa zona lo que me hizo arquear mi espalda e iniciar un movimiento rotatorio de mis caderas, girando mi chuchita híper estimulada sobre su pene que me procuraba un sin número de orgasmos, me refregaba desesperadamente contra su zona genital y trataba de morder su carne, gocé como nunca había gozado y me corrí en modo salvaje, no podía parar de moverme con sus pene incrustado en mi estrecho chocho, hasta que sentí una violenta descarga de su semen acuoso y todo alrededor nuestro se tornó blanquecino, el continuó a darme su verga por otros cuantos minutos más, regalándome esplendidos orgasmos. El delfín, me mantuvo en su panza por un larguísimo tiempo, yo sentía que su flexible pene acariciaba mis muslos y se refregaba entre mis glúteos, incluso se detuvo en el orificio cerrado y estrecho de mi ano, exploraba mi cuerpo haciéndome cosquillas con su pene y yo reía con lascivia, me estaba acostumbrando al roce y al toque de su pene, mientras él hacia todo eso, su cabeza fuera del agua y sus ojos clavados en los míos como buscando señas de que su estimulación era la correcta. Él me dejó en esas arenas amarillas blanquizcas y desapareció mar adentro, mis piernas las sentía débiles después de esa maratón de sexo, pero me sentía satisfecha y un sentimiento humano de cariño, quizás amor, sentía dentro de mi ser, también agradecimiento a mi salvador, me encontraba viva solo porque él me rescato, eso para mí era lo principal, mi vida se la debía a él y haría todo lo posible para contentarlo en todo lo que él pidiese de mí. Me encaminé por la orilla de la playa y me recosté a la sombra de una frondosa palmera, me saqué mi chaleco salvavidas y mi sujetador quedando completamente desnuda, mi cuerpo cansado me venció y caí en un sueño profundo y reparador. Sonidos estridentes y ya conocidos me despertaron, era él, me levante y corrí hacia él ansiosa, había sentido su ausencia, entré en el agua y lo abracé con afecto, pero entendí que él no quería eso, me mire alrededor y vi dos magníficos pescados, los tomé y los llevé a la playa, luego volví y él se giró y me mostro su panza con un pene blanco de unos 30-35 centímetros, quería su recompensa, salte sobre él y me empalé voluntariosa en su órgano que inmediatamente se puso a escarbar en mi vagina y hacía que mis muslos apretasen sus costados con lujuria, me entregaba a él conscientemente, buscaba ese placer diferente que él me procuraba y del cual ya no podía hacer a menos, me gustaba ese contacto, frotar mi sexo contra el suyo, embestir su pene con mi zona genital una y otra vez, me hacía enloquecer, copulamos por casi una media hora, él se corrió con violencia dentro mi chocho que anhelaba su semen tibio y abundante, un amante extraordinario que me causaba orgasmos extraordinarios. Fred, opté por colocarle un nombre, para llamarlo por su nombre cuando me poseía y hacía que me corriera como una loca … porque gritar … ¡ooohhh! delfín, no me sonaba apropiado, él era un ser vivo, meritaba mi reconocimiento, así que lo bautice como Fred. Lo besé y acaricié, también le hablé, él movía su cabeza y hacía sus sonidos estridentes, se sumergía y siempre terminaba con su hocico presionando mi vagina o incrustado en medio de mis muslos, movía su cola y me empujaba y me levantaba en aire pegado a mi chocho, frotaba mi zona pélvica haciéndome estremecer, deseándolo, a veces buscándolo y tratando de montar su panza para que me penetrara, Fred se había convertido en mi amante y proveedor. Fred venía casi a diario y me traía pescados de buen tamaño que aprendí a comer crudos y también puse a secar al sol alguno de ellos, infaltablemente terminaba sobre su panza con su miembro en lo profundo de mi chochito, sus acometidas hacían temblar todo mi ser, él comenzaba directamente con mi punto-G y me estimulaba a continuos orgasmos, era tan intensa su estimulación, que después que se iba tenía que masturbarme dos o tres veces más para aplacar el fuego ardiente que él dejaba en mi chuchita. Me dediqué a explorar la isla y encontré una fuente de agua dulce, encontré unos bidones abandonados en la playa, también había resto de redes de pescadores y bastante material que me permitió construir una especie de casucha donde guarecerme de los chubascos y de las tardes más frías, con conchitas de moluscos me hice una especie de calendario, para no perder la noción del tiempo transcurrido, generalmente Fred venía dos veces al día, temprano en la mañana y poco antes del ocaso. Siempre él me traía un regalo en forma de alimento como pescados, crustáceos y moluscos, luego de depositar sus obsequios en la playa, yo volvía meneando mis caderas para él, me sentía cachonda y cuando él se giraba y me ofrecía su pene, inmediatamente lo cabalgaba y me enterraba en su verga enorme, era una copulación sin estimulación previa, pero tremendamente calentona, yo lo deseaba y él me quería, con la magia de su flexible miembro prensil, me hacía trastornar y gritar … ¡ooohhh! Fred … soy tuya … más, dame más … y lo cabalgaba hasta el paroxismo de mis orgasmos que no terminaban jamás, porque su pene hasta después de rociar mis paredes vaginales, continuaba a hurgar en mis profundidades, llegando hasta tocar mi matriz y haciéndome gritar su nombre una y otra vez, tantas veces como orgasmos me procuraba. Mis pensamientos se centraban en Fred la mayor parte del día, pero también pensaba que llegaría el día en que pudiese ser rescatada, así que recolecté todo el material combustible que pude recoger, todos los días apilaba más y más material, perdí casi tres días tratando de encender una llama y lo logré, me hice experta y en diez minutos lograba encender una llama para iniciar una fogata, estaba orgullosa de mis logros pues había reunido herramientas que me permitían abrir las nueces de coco para beber su agua y comer su fruto blanco, encendiendo un fuego cocinaba dos o tres pescados a la vez y me alimentaba bastante bien, en las rocas de la playa encontré moluscos, así que ocupaba mis días haciendo tareas que ayudaran a mi sobrevivencia, conté 45 conchitas en mi calendario, pero no me dejaba abatir, siempre estaba Fred que me daba afecto, compañía y mucho sexo. Me hice prendas de vestir, pero cada vez que Fred aparecía cerca de la playa, me despojaba de todo y corría totalmente desnuda como una adolescente a su encuentro, lo había masturbado, se la había mamado, lo había hecho correrse en mis tetas, había puesto mis pechos gordotes y firmes en su hocico, frotaba mis tetas a lo largo de su cuerpo mientras me insertaba dos o tres dedos en mi chocho, Fred parecía deleitarse de todas mis muestras de lujuria cuando estaba junto a él, pero sentir su pene en mi chochito era lo que más deseaba, esa sensación era incomparable y la estimulación duradera. Fred llegó esa tarde y sus llamados eran diferentes, me acerque a él y pude ver que el agua alrededor estaba rojiza, Fred estaba herido, le faltaba un pequeño trozo de su aleta, lo revise por completo y su herida radicaba en su aleta dorsal, corrí a la playa y recogí muchas hojas de palma y volví donde él apesadumbrada y preocupada, envolví su herida en hojas de palma y me quedé con él toda la noche, me acuclille a su lado y termine arrodillada y adormecida cerca de su cabeza, él se mantenía tranquilo y aceptaba mis cuidados, su nariz de botella tocaba mis senos y lanzaba esos sonidos estridentes, al amanecer pude comprobar que había comenzado un proceso de sanación y me alegré mucho, me levanté y fui a buscar algunos pescados secos y lo alimenté con su cabeza en mi regazo, comió con avidez, luego hizo sus sonidos estridentes y se adentró un poco en las aguas, después de nadar un par de minutos, vino hacia mí y enterró su nariz en mi ingle. Él me levanto en el aire y me puso de pie, lo monté y él se giró, ya no sangraba ni parecía que se sintiese débil o adolorido, como todo macho, lo que más quería era una sola cosa y yo estaba dispuesta a dársela todas las veces que me lo pidiese, sobre su panza abrí mis piernas y me deslice hacia su pene que se movía y buscaba mi chocho, su verga entro de a poco y mi chuchita lo fue envolviendo con la misma rapidez, me detuve cuando sentí que Fred movía su pene en mi pequeña abertura de la cérvix, violentando el diminuto orificio a mi matriz, sentía un dolor acompañado de un placer inmenso, mi ano se contraía, mi chocho se contraía, mi cuerpo una vez más convulsionó al sentir una ola de semen siendo depositada directamente dentro de mi útero, me aferré a su cuerpo cilíndrico y grite … ¡ooohhh! Fred … ¡aaahhh! amorcito … vibrando con pasón y locura con su pene hurgando y excitándome sin fin. Fred me descargo de su panza y se alejó, yo me fui a la playa a masturbarme con la humedad de su esperma en mi chuchita famélica de polla, estaba como desesperada y no me detuve hasta que pude insertar toda mi mano dentro mi chocho, me hizo convulsionar esta penetración extrema y me sentí apagada y pude recostarme y dormir. Parece que recién había cerrado mis ojos, cuando sentí los chillidos de Fred, pensé … pero que cachondo mi macho … si me quiere tener, allá voy amor mío … me levanté y me preparé para correr a él … pero él no estaba cerca … estaba más lejos y detrás del lugar donde estaba saltando … una embarcación. Corrí a toda prisa a encender mi fogata, pero estaba tan nerviosa que no lograba encenderla, la brisa moderada la apagaba, miré la barca que estaba más o menos en el mismo lugar, lo intenté de nuevo y prendió fuego, corrí hacia donde tenía preparada una pira para hacer una gran fogata y logré darle fuego, un denso humo negro y blanco se empezó a elevar, pero la barca comenzaba a alejarse … ¡oh! dios … ¡no! mi dios … puse más ramas y deshechos en la fogata incrementado la humareda … y … ¡sí! ,,, la barca dio la vuelta en redondo y puso proa hacia la isla, Fred vino a la playa y me arrastró en su aleta hacia la embarcación, me recogieron, me rescataron. Había estado desaparecida por casi tres meses, nunca más volví a ver a Fred, aunque el recuerdo es imborrable, mis hijos ni nadie se explica cómo pude sobrevivir en un islote desierto por 82 días, tampoco yo pude contar toda la historia, nadie la creería, soy la única sobreviviente del naufragio aquel, quedé viuda, pero no siento la falta de mi marido, siento la falta de él, Fred y su magnífico pene, después de todas las vicisitudes no me la siento de formar pareja, pero mi hija que es bióloga marina del acuario local, me dijo que la habían asignado a los delfines e iba a necesitar ayuda, imagínense que le paso a mi chochito.

Autor: Juan Alberto Categoría: Zoofilia

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Le consigo novio 2

2021-02-06


Tuve una falla en el anterior relato y toque por error agregar relato y no lo termine prosigo. Le pregunté a mi esposa que le pareció el ella me dijo que le llamo la atención le pregunté que si le gusto mi amigo ella por primera vez de todos los que tubo sexo me dijo que si que le gustó y que le pareció bien y así quedó la plática entonces me comunico con el pero para esto le pido el teléfono a mi esposa y le llamo y así platicando con el un rato le dije que me llamara al teléfono de mi esposa porque el mío no servía y así nos comunicamos varias veces hasta que pensando no sé porque se me ocurrió que el se la cogiera pero como le hago entonces se me ocurrió mandarle un mensaje haciéndome pasar por mi esposa y le dije hola el contestó que quien eres soy la esposa de anónimo y así seguimos mandando mensajes hasta que el le envío un mensaje que si podía verla por el tec de San Luis Potosí ella me comentó que mi amigo la invitó a platicar con el a las 7 de la noche para el jueves y estábamos a martes y me dijo que porque la invitó a platicar entonces le mencioné que me hice pasar por ella y le conté lo de los mensajes ella me dijo que como le hacía yo le pregunté que si le gusto me dijo que si entonces si quieres ir dile que si y si no quieres dile que no ella me dijo que lo pensaría y que después le daría su decisión pasó el miércoles y el jueves me dijo que le diría que si a la hora indicada ya estaba bien bañada y vestida normal no muy sexy y se fue al encuentro ella me comentó que platicaron un rato y yo le pregunté que si se lo cogió me dijo que no que sólo se dieron unos besos y que le agarro sus chichitas que le dijo que siempre desde que la conoció le gusto mucho y se quedaron de ver en nuestra casa para dentro de 3 días entonces le dije a mi esposa que lo pasará a una habitación del segundo piso qué tiene una puerta de vidrio que con la luz de día se ve como espejo para adentro y para afuera se transparenta todo y de noche ocurre lo contrario entonces me oculte en una de las habitaciones del primer piso hasta que llegó y tocó la puerta ella le pasó cómo lo platicamos y dejé pasar un ratito y si hacer ruido subí a verlos ella estaba empinada en cuatro y el se estaba sacudiéndose la verga ya había terminado por lo que no vi más que eso y el se salió apresurado pensando que yo podía llegar en cualquier momento y se quedaron de ver dentro de 4 días yo le pregunté a mi esposa que si le gusto que había terminado muy rápido me dijo que si le gusto mucho pero que terminó rápido porque el pensó que yo llevaría pronto pasaron los días y se llegó el día de la cita el llegó tocó ella le habría la puerta y el estaba indeciso de pasar por lo que ella lo estuvo jalando de la mano hasta que entró y yo le comenté a mi esposa que lo pasará a una habitación del primer piso pegada a otra que entre las dos habitaciones hay una ventana que permite ver para ambos lados siempre que estén prendidos los focos pero yo apague el de mi habitación y por un lado de la ventana miré como se la cogió no vi cuando ella le dió una mamadas de su verga y tampoco cuando el le mano su panochita lo que vi fue que le levantó las dos piernas hasta los hombros y le metía toda su verga y yo me decía que como aguantaba mi mujer tales envestidas y luego la empino o más bien ella le decía como quería que se la metiera y luego le dijo que ella se quería subir y lo cabalgó un rato hasta que le exprimió toda su leche y como Les dije ella sabe apretar muy rico la.verga mía entonces la de él que está mucho más grande que la mía se la apretó mucho más y terminó y encarrerado se despidió dejándola bien cogida y con toda su leche adentro ya que como les comenté nunca uso preservativos con nadie siempre su vagina al natural y como le daba miedo que los fuera a encontrar cogiendo ya no vino a coger con mi esposa y nada más esas dos veces se la cogió pero fue la única vez que vi que se interesó por uno de sus muchos atacadores como que se enamoró de él. Después les cuento más de sus y mis correrías con más machos yo viendo y ella cogiendo gracias

Autor: Anónimo Categoría: Erotismo y Amor

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Le consigo novio

2021-02-06


Esto es totalmente real hasta los nombres. Cuando tenía yo como 40 años y mi mujer 38 es dos años más chica que yo cierto día me dirijia a la casa de mi hermana ella vive como unos 300 o 400 metros de donde yo vivo pero para llegar tiene uno que cruzar por un puente si va uno caminando y cierto día me encuentro a un amigo que tenía muchos años que no lo veía el se llama Ciriaco y nos saludamos afectuosamente le pregunto qué se había hecho porque ya tenía muchos años que no sabía nada de él me dijo que tenía poco de haber llegado de Estados Unidos y que estaba consiguiendo trabajo que ya había visto uno como custodio de camiones de carga y así estuvimos platicando un rato el me dijo que le diera el número de teléfono se lo proporcione pero le dije que si no le contestaba que me buscara en mi casa y pasaron los días y un día me llamo pero yo dejé mi teléfono en la casa porque medio fallaba y no le contestaba porque no me avisaba el teléfono ya estaba fallando mucho mi teléfono entonces me fue a buscar a la casa pero yo no estaba y le atendió mí mujer diciéndole que no me encuentro en la casa entonces yo me imagino que el le saco plática a mí esposa y así estuvieron por un rato sin pasarlo a la casa cuando llegue mi esposa me comentó que me fue a buscar un señor de nombre Ciriaco y no se porque le pregunté que le pareció mi amigo que si le había gustado ella me contestó que si. Les voy a narrar las características de cada uno las de mi esposa cómo ya saben en los anteriores relatos la describo chaparrita con pocas o chiquitas chiches unas nalgas preciosas infladas como globos y no fea pero tampoco muy hermosa sino que tenía y todavía tiene algo más que llama la atención como cierta química que atrae a los hombres aparte de su cuerpo ya que me gusta y me sigue gustando mucho vestirla lo más sexy que se pudiera ella aveces no quería ser tan atrevida por pena con su familia y vecinos pero yo le compraba leggins y minifaldas y se veía y se ve todavía nalgona y apetecible pero en ese momento ella estaba muy buena él es un galán empedernido y yo le conocí a varias novias porque está muy. guapo y tiene una muy buena plática. Entonces ñ

Autor: Anónimo Categoría: Erotismo y Amor

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Probé un vecino de mi ex esposa

2021-02-06


Hola, quiero contar lo que paso una vez, una noche con un vecino de mi ex esposa, digo así por que ya nos separamos, Cuando vivía con ella hacíamos el amor normalmente, y aveces pasabamos caminando por el barrio, y cerca vivía un vecino que mi esposa conocía y saludaba de lejos, y ella me decía de broma que tuviera cuidado kn el, ya que le gustaban mujeres y hombres.!!!!.... Me decía de broma y por eso supe de sus preferencias.... Ya kn el tiempo separados, estaba en un bar y lo vi, no se por que pero me acerque a saludarlo y en el saludo me dijo si hiba solo, y al saber que si me invitó a tomar kn el, yo la vdd puse nervioso por lo que mi esposa me había dicho de él, pero aún así acepte, transcurrió la noche tomando y platicando del por qué me había separado de mi bella esposa, por que a él se le hacía bella.... Ya noche al cerrar el lugar me invitó a su casa a seguirla !!!! Y yo sabiendo del riesgo que había, me puse nervioso pero acepte y fuimos a su casa, que estaba a media cuadra así donde vivía mi ex esposa... Ya en si casa, mucho nervio y no se por que, pero pensaba que solo era cuestión de tiempo, ya que el vivía solo... Entre cervezas me empezó a platicar temas de sexo, me habló de mi ex, que se le hacía guapa y que nunca la dejaría ya que se le antojaba mucho.!!! Ahí me puse mas nervioso y me empezaron a salir ganas de dejar que pasarán cosas, e imaginar como el la deseaba.... Ya después dijo que se hiba a po er cómodo y se fue a cambiar y salió kn un shorth de juego, pero ese shorth dejaba ver que su pene lo traía algo parado y ahí me dije que el quería algo, por lo que mi esposa me había dicho.... No se, me trabajo kn sus actos y pláticas que en una de esas se saco su pene y me dijo que tenía muchas ganas de que se la agarrara, así nomas me dijo sin descaro !!!! Y yo pues ya estaba ahí y solo me deje llevar y la vdd me vino a la mente cuando mi aun esposa me dijo que tuviera cuidado con el!!!!

Autor: Ferlinda Categoría: Bisexual

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Alaska

2021-02-06


Hemos estado viviendo por casi cinco años a 350 kilómetros de Marshall, en Alaska, mi marido es un cazador y una vez al año lleva nuestras pieles a la ciudad por el servicio local de helicópteros, esta temporada se fue justo antes de que llegara la tormenta, me quedé sola en casa esperando su regreso, por lo general el proceso toma dos o tres días, pero este año las tormentas siguen llegando una tras otras y ha transcurrido ya una semana y mi marido todavía esta varado a Marshall. Otra noche más sin él, mi vulva ardía y mis labios mayores hervían, todo mi sexo era en llamas, la pira en mi vagina no me daba paz, entrecruzaba mis piernas y trataba de pensar a otras cosas, pero sentía la presión de mi tanga contra la turgencia de mi clítoris inflamado, no pude resistir más, me fui al dormitorio y caí sobre la cama desabrochándome el jeans, baje hasta mis talones mis vestimentas y procedí a tocar mis carnes calientes, con dos dedos me abrí la concha, estaba ya toda mojada, mi chocho desbordaba mis néctares, puse dos dedos dentro mis pliegues y me sacudí en un gemido casi agónico. Me estremecí al penetrarme con vehemencia y casi con urgencia mi vagina rechoncha, arremangué como pude mi polerón y mi sujetador, mis tetas se cimbraron libres, la picazón en mis pezones era insoportable, necesitaba pellizcarlos para aminorar esa sensación de prurito, mis tetas también sufrían un escozor, el refriegue de mi vulva era el único alivio posible y yo lo sabía. Continué la penetración, rascando con suavidad mi clítoris, sentía cosquillitas también en mi ano, así que también me encargué de él, pasé mi mano bajo mis glúteos y forcé mi esfínter primero con un dedo y después con otro más, moviendo mis dedos dentro y fuera de mis ranuras, comenzó esa sensación de cosquillas en mi vientre, mis muslos, mi culo y mi vagina, mis pies estaban encorvados, como también mi espalda, fue entonces que comencé a sacudirme, las convulsiones se apoderaron de mi cuerpo mientras chillidos y gritos escapaban de mi garganta, cerré mis muslos y adopté una posición fetal, los escalofríos y tiritones continuaban sacudiéndome, ese fue el primero de mis orgasmos esa noche. Tratando de recuperar mi respiración, me puse de espalda con mis piernas plegadas y mi almejita rasurada y todavía delicada y sensible se abrió como el capullo de una flor, pasé mis dedos por la hendedura y los lleve primero a mi nariz, si es verdad semejaba a un olor de mariscos, luego los lleve a mi lengua y disfruté el sabor salino de mi chuchita, acomodé mi sujetador y mi polerón, mis tetas se habían apaciguado y la urticaria no me daba molestia, mis tobillos permanecían ligados por mis jeans. Me senté al borde de la cama y finalmente me levanté desperezándome y estirándome, con un histriónico bostezo me fui al baño a refrescarme, me miré al espejo y me dije … eres una guarra … me gusto mi aspecto cachondo, estaba todavía en estado de excitación sexual, la fiebre en mi útero se había mitigado, pero mi chocho continuaba vivo. Me desvestí y decidí ducharme para limpiar las secreciones de mi vagina, y quizás el agua extinguiría los fogonazos en mi chorito, dirigí el chorro de la ducha a mi vulva y una descarga eléctrica recorrió mi humanidad, un poco con la esponja, un poco con mi mano libre, abrí mis muslos y mí chochito y le tiré agua a su interior … ¡apágate! … ¡apágate! … ¡apágate! … pensaba mientras bañaba el interior de mi chocho excitado, pero de mi boca entreabierta escapaban gemidos y en mi cabeza explotaban chispas y flamas, me senté en la bañera y mis dedos refregaron mi botoncito sensible a mil por hora, con mi rostro deformado por la lujuria estallé en otro orgasmo fabuloso, terminé casi acostada en la vasca refregando mi vulva y follando mi mano … ¡oh! mi dios. Con los restos de mi humanidad encima, mis piernas tembleques me llevaron a la cama, me vestí con mi pijama fresco y limpio, apoyé la cabeza en mi almohada y me desvanecí en un sueño reparador. Muy lucida, abrí mis ojos, el reloj de la pared señaba las 06:20, era temprano, sin modorra ni somnolencia, me levanté y me fui a colocar el agua en la salamandra para preparar un poco de café, luego me fui al baño para hacer mis necesidades y lavarme un poco, después volví al dormitorio para estirar la cama y vestirme. No me sentía con mucho apetito, así que volví a la cocina y con abundante café, degusté un ligero desayuno, salí a apalear un poco de nieve fuera de la puerta y luego me fui al granero donde dormían nuestros perros, los alimenté y los hice salir, tenemos ocho perros que mi marido utiliza cuando sale a recorrer las trampas con su trineo, Matt un perro de seis años, es el más experimentado de nuestros animales de trineo, me llegó por atrás a oler mi trasero y después me olfateo por delante, este siente algo de mis dos orgasmos de la tarde anterior, pensé. Despejé la nieve de la entrada del granero, porque una vez que se endurece hay que sacarla con chuzo y picota, la tormenta había dejado casi un metro de nieve en las inmediaciones de nuestra granja, limpié el granero de las porquerías de los perros, me aseguré de que bebieran y los encerré nuevamente, pero Matt me lo llevé a la casa para hacerme un poco de compañía. La región es muy tranquila, no hay un alma viva en kilómetros, pero sabíamos que a unos 30 kilómetros de nosotros había una nueva familia desde el año pasado, hasta el momento no habíamos tenido contacto alguno con ellos. El día se trasformo en rutina, acomodé unas viejas frazadas en las cercanías de la salamandra para Matt, pero el prefirió finalmente echarse cerca de la puerta, al parecer la alta temperatura de la estufa a leña era demasiado para él, en la tarde salí con él a alimentar a sus compañeros y luego volvimos a la casa, mi chochito se había comportado y mi mente se había concentrado en divagar en los quehaceres de la casa y pensar en mi marido que estaba imposibilitado de volver, fuera de casa, el viento había comenzado a recrudecer y la ventisca llego con rugidos furiosos, el viento daba puñetazos a nuestra casa y la nieve había cubierto las ventanas del lado norte, en la lejanía explotaban algunos relámpagos y truenos. El pensar en mi esposo me volvió a hacer sentir ciertos cosquilleos, me recordé que él tenía en su oficina alguno de esas revistas para hombres con fotografías e historietas eróticamente obscenas, me recosté en el diván y comencé a leer alguna de ellas, las fotografías eran bastante sugestivas, pero las cartas de los lectores al editor eran fogonazos directos a mi entrepierna, muy luego había abierto mis jeans y mi mano masajeaba mi chocho. Una lectora narraba la noche que su novio le rompió el culo y como él luego se vino en sus tetas y le hizo limpiar su verga con su lengua, me recordé inmediatamente del color, olor y sabor del semen de mi marido, aunque si había tenido tocacíones anales por parte de mi consorte, hasta ahora no me lo había metido por ahí, esas lecturas me habían perturbado, así que di una última vuelta para asegurarme que estaba todo en orden, puse unos cuantos leños más en la salamandra y me fui a la cama, Matt estaba hecho un ovillo echado cerca de la puerta. Me desnudé completamente y me di a la lectura, estaba medio sentada en la cama mientras mis ojos ávidos recorrían las líneas que describían las más tórridas vicisitudes de los lectores, mis pezones estaban totalmente erectos y con comezón, mis fluidos hacían relucir los labios hinchados de mi vulva, juntando las plantas de mis pies y abriendo mis muslos, había expuesto mi rosácea vagina como un brioche con crema, mis dedos iban de mi vagina a mi boca repetidamente, disfrutaba de mis deliciosos humores, el refriegue continuo a mi florecido capullo me provocó dejar caer la revista y llevar mis piernas a mis tetas y por debajo de mis nalgas perforarme mi chuchita con mis dedos hasta que la potencia de la detonación de mi corrida, me hizo saltar sobre mis sabanas gritando cosas obscenas … quiero pija … alguien que me folle … rómpanme el culo … quiero una vergota en mi chochooooo … Mis gritos despertaron a Matt que ahora me miraba desde el vano de la puerta con curiosidad, como interrogativamente, olfateaba el aire y volvía a mirarme … con voz autoritaria lo gritoneé y el volvió a su lugar, después que me repuse continué leyendo y me volví a correr con igual o mayor intensidad, con mis piernas estrechando mi mano empapada de secreciones, me adormecí como un ángel. El reloj señaba las 05:55, era muy de mañana, me desperté porque algo húmedo resbalaba en mi pierna, estaba cubierta con una manta, pero mi pierna estaba expuesta, la lengua de Matt ungía mi extremidad, sentí escalofríos y cierta repugnancia … ándate de aquí perro chupa picos … le grité muy enfadada, Matt se quedó inmóvil, así que le lancé una pantufla que le llegó por el lomo, atemorizado salió rápidamente de mi dormitorio, me giré y seguí durmiendo. Me levanté pasadas las siete de la mañana, la tormenta afuera todavía rugía con violencia, me fui a la cocina y pasando por el salón, vi a Matt girado hacia la pared y con su hocico hacia su pija … eres un chupa vergas … le grite así como de pasadita y continué hacia la cocina, con el rabo del ojo capte que su verga estaba fuera casi toda, me frené en seco como si hubiese chocado con una barrera invisible, retrocedí y jamás imagine ver tamaña verga gorda, rosadita y con una hinchazón natural en su base … todavía sentí un poco de asco al mirar el sexo de Matt, pero indudablemente era una pija de respeto, no soy ninguna beata, también yo soy una chupa picos, pero de mi esposo particularmente, bueno, también de alguno de mis ex, pero jamás tuve nada que ver con una polla así de grande, sin segundas intenciones me fui a la cocina a desayunar. Esa mañana proseguí con mis labores rutinarias sin mayor novedad, almorcé y como todos los días, escuché la emisora local que transmite mensajes para los lugareños y escuché … “para Laura- 404, su marido Robert le avisa que se encuentra bien, por control médico le encontraron apéndice inflamada, será intervenido mañana, regresará a casita en siete u ocho días más” … yo soy Laura y 404 es el registro de nuestra propiedad, el mensaje era claro, lo había entendido muy bien, pero debía corroborarlo, así que espere a las 22:00, la segunda emisión de mensajes. A las 21:30 me senté a escuchar las transmisiones de la estación local muy nerviosa, pues era la primera vez que hacían referencia a mí, a las 22:00 exactas pusieron la cortina musical que anunciaba la lectura de mensajes y volví a escuchar el mensaje exactamente igual, siendo el único medio de comunicación en estos parajes, lo encontré fantástico el servicio, pero quedé preocupada por mi esposo Robert. Esa noche todo mi entorno giraba en referencia al mensaje en cuestión y mi esposo en particular, al día siguiente fue algo similar, mis sensaciones sexuales se habían desvanecido y lo único que pensaba es que mi marido estuviera bien. Al tercer día me levanté con humedad en mi vulva, fui a buscar las revistas y leyendo y tocando me revolqué en la cama estremeciéndome como una ramera en celo, fueron dos magníficas corridas manoseando mi chocho hasta con cinco dedos de mi mano, me fui a la ducha con los muslos y mi conchita que todavía temblaban. Me senté al borde de la cama todavía con afano en mi respiración y pensando en las pijas que venían mamadas y otras rompe choros de las historias de la revista … ¡una chiquilla con tres compañeros de la escuela! … la muy puta, pensé … y yo acá solitaria mamándome mis propias tetas, porque en el último orgasmo sí que me chupé mis tetitas y me mordí un pezón a la vez, ¡qué cosa más rica! Hice todas las faenas diarias, estuve cortando un poco de leña ya que mi hombre no regresaría tan pronto y mis pensamientos iban y venían con las historias jugosas de Roxana Hollander, las calientes cartas de sus lectores y los acomedidos consejos de ella. Esa tarde escuché los mensajes, no había nada nuevo, me fui a la cama con nuevas revistas de mi marido y me dispuse a jugar con mi chochito, me puse una cómoda bata cortita que cubría justo mi ingle, debajo solo mis masas mamarias con una incómoda picazón, mientras leía las carta de la Xaviera, una particularmente me llamó la atención, una enfermera de un hospital que seducía a sus pacientes, imagine mi Robert en manos de esa puta chupa picos y que agarraba su verga y que le comía el vergón, me puse celosa. Sentí un ruido y vi a Matt cauteloso que me miraba, le hice seña y se acercó, le alargué mi mano cubierta de jugos vaginales y comenzó a lamer mi mano acuciosamente … si lame mi mano, también mi lamerá el chocho, pensé … di unas palmaditas sobre la cama y Matt se encaramó de un salto, luego una palmaditas sobre mi zona púbica y Matt comenzó a barrer mi coño con su lengua que me hacía torcer de placer, mis pies no se podían encrespar más, se echó entre mis piernas y su larga lengua se introdujo en mi vulva que me hizo lanzar un grito. Deje de lado definitivamente las revistas, aquí había algo serio, jamás una lengua me había lamido tan dentro de mi chuchita, me penetraba con diez o quince centímetros de esa belleza que me hacía vibrar, la sensación era única, indesmentible, pero tenía mis aprehensiones, me estaba haciendo gozar y mucho, era una culebra esa lengua, tan flexible, tan áspera, tosca y esquiva, su penetración estaba descubriendo lugares jamás alcanzados por nadie, mi zona pélvica reaccionaba al ritmo de su lengua, mi espalda encorvada me hacía reptar y mover mi chochito para hacerlo entrar más adentro. Matt se había tumbado cómodamente con su hocico sobre sus patas, su cabeza giraba hacia un lado y después hacia el otro, cambiando la angulación de esa lengua intrusa, esa metomentodo que me horadaba y me sacudía en grititos y aullidos, mis manos se habían posado en su cabeza y acariciaban sus orejas, el sentido de rechazo era años luces lejos de mí, mi cuerpo lo aceptaba y yo también … haz que te la meta en tu chorito … haz que te perfore ese chocho pelado … dile que te haga correr como la puta de Babilonia … haz que te lengüeteé el ojetillo rugoso y fétido de tu culo … muéstrale lo guarra que puedes ser … mi cerebro estaba en conexión directa con mi chocho, ya no había vuelta atrás, mi cuerpo y mi cerebro cómplices en esta cachondeada, estábamos entrando al universo bizarro donde la razón era proscrita. Matt me hizo revolcarme y sacudirme en violentas convulsiones orgásmicas, estaba hozando con su hocico dentro mi vulva heroica, mi coño valeroso que no se rendía ante los ataques incesables de su lengua pervertida, mis piernas subían y bajaban, se abrían y se cerraban, tremaban incontrolables … ¡ooohhh! perro pajero comete ese coño … gritaba desesperada, enloquecida, trastornada … ¡aaahhh! ¡ssiii! … haz que me corra … cómeme toda perro conchudo … cómeme … los orgasmos eran tantos, un concadenarse de ola tras ola de sacudidas perversas y lujuriosas, casi me borré. Mi respiración era dificultosa y entrecortada, me había hecho correrme hasta con el cerebro, tenía punzadas en mi cabeza por el esfuerzo de mi sangre corriendo a todo lo que da, para estimular los billones de poros de mi piel, mis dedos enredados en el tironeo y forcejeo con las sabanas, los dedos de mis pies abiertos y separados, quizás si algún día lograre cerrarlos de nuevo, pensé con una sonrisa dibujada, forzada, estaba exhausta. Plegada y en posición fetal, todavía sentía a Matt que se había echado casi a mis pies y miraba el muro como diciendo … ¡yo no fui! … perro maricón, pensé … pero que portento de lengua, me giré para acariciarlo, su lengua pendía de un lado de su hocico, pude apreciar lo larga y gruesa que era, respiraba jadeante y como que rehuía mis ojos … persistía en esa pose de desentenderse de lo que me había provocado, mi mirada hacía él había cambiado para siempre. Mientras acariciaba sus flancos, su pija asomaba uno o dos centímetros fuera de su funda peluda, la punta carmesí llamó mi atención, esa era una polla, una polla formidable, la polla que mi chocho andaba buscando, mi pervertido cerebro, envió señales inequívocas al resto de mi cuerpo, esa polla tenía que ser mía, el comploto carnal comenzó a rondar mis neuronas y mi cuerpecillo frágil se entregó a la falta de razón. Me arrodillé para masajear esa pija con ambas manos, Matt sobrio y caballero como buen perro, se recostó y levantó su pata para darme vía libre a su órgano sexual, rocé sus huevos sintiendo la dureza de sus cojones llenos de lechita y mi vagina me hacía pucheritos, encantada por las visiones que le llegaban directamente a través de mis ojos centelleantes de una apasionada lujuria, mis jadeos comenzaron y mis susurros musicales también. Mi cansancio se había desvanecido, mi vientre plano sobre mis muslos y mi boca a centímetros de esa verga que sospechosa y cautelosa se asomaba lentamente, aumente mi velocidad y presión a su pene canino, mis canticos guturales ritmaban una danza para encantar a la serpiente rosácea que despertaba de su letargo, Matt se había levantado y encorvándose ligeramente, daba estocadas al aire con su ariete que goteaba su néctar acuoso, su pócima trasparente comenzaba a crear un mancha húmeda sobre la toalla, mis dedos bañados de su ambrosía líquida me los llevé a la boca para saborear su preciado semen, delicia de delicias. Mi chocho impúdico suplicaba por esa polla lustrosa y escurridiza, me cubrí mis caderas con una toalla y poniéndome en cuatro, me giré hacia él, separé mis rodillas, arqueé mi espalda y le presenté mi capullo florecido a Matt, casi con pereza se acercó a olfatearme … ¡dale perro maricón métemela ya! … ¡ ya perro guarro, hazme a pedacitos mi chocho! … Matt, se la había tomado en serio, yo era su perra, y su perra debía ser preparada para la inseminación, me lengüeteó repetidas veces, luego sentí su pelaje en mis nalgas y sus patas en mi espalda. Matt probó varias veces, me tenía en ascuas, todo mi chocho hervía … lancé un alarido digno de Tarzán cuando su polla penetro mi vagina, fue todo uno, la entrada violenta y sus patas aferraron mis caderas para tironearme y perforar mi vulva ardiente, era un piqueteo, un martilleo furioso, algo gigantesco me hizo aullar y arañar las sabanas, su bola estaba en mí, ¿dolor? … sí quizás un poco de dolor, pero esa sensación avasalladora de sentirte ultrajada y violentada a voluntad tuya, era nuevo para mí, me sentía un poco vejada, pero no más que guarra y puta lujuriosa, me estaba gustando el todo. Mi peludo amante entre jadeos y saliva que goteaba en mi espalda, detuvo su exaltada y violenta pasión perforadora, estaba enterrado en mi profundamente, comencé a sentir una cosa calentita que se derramaba a borbotones desde su polla a mi chocho, era lechita caliente, pero no era una eyaculación, era un caudal de esperma, mi barriguita se infló y ese calor se esparcía dentro mi cavidad colmando toda mi vagina, y su pene y su bola crecían aún más … ¡oh mi dios! … ¡no hay más espacio dentro de mí! … ¡me va a reventar! Justo en los momentos de angustia, de entre los labios de mi vulva, salieron expelidos con fuerza una serie de chorritos que aliviaron la presión de mis paredes vaginales, su gigantesco miembro tocaba todas mis partes delicadas y excitables, mis contracciones lo hacían bombear más y más de su lechita dentro de mí, como si jamás hubiese tenido una perrita para desahogarse … ¡ahorita tienes tu perrita, maricón, pero no exageres que mi chocho tiene una capacidad finita! … ¡no soy un pozo sin fondo, rompepelucas! … ¡deja ya de rellenar mi chocho, mamabolas! … lo insulte con todo, pero él continuaba bombeando semen dentro de mí, otro par de chorritos escaparon de mi vagina. Matt solo jadeaba, se había girado y estábamos pegados por nuestros culitos, sentí la fricción de su bola y vergota girando dentro de mí, causándome otros espasmos, otros chillidos, otras convulsiones, si lo dejaba ir, me hubiese remolcado por toda la casa, así que aferré sus patas y lo mantuve lo más inmóvil posible, mientras mi vulva con sus grandes labios ondeaba empalada en su asta. El impertérrito Matt, haló un poco hacia adelante y nos desenchufamos con un sonoro “floosch”, el mar de semen se versó sobre las toallas traspasando y humedeciendo las sabanas, caballerosamente vino a limpiar mi abusado y gozador chocho, provocándome tiritones varios y también gemidos, luego salto de la cama y se fue cerca de la puerta de salida a concluir la limpieza de su monstruosa pija. Toda la ropa de cama, toallas, pijamas y mi lencería, las lleve al cuarto de lavado, después sin más ni más, ordene con ropa limpia mí dormitorio y me fui a la cama, dormí como un lirón. Durante la fría noche, sentí movimientos en mi cama, Matt se acomodó a mi lado y se adormeció junto a mí, su perrita, me regocije al sentir un macho, mí macho a darme calor con su cuerpo, durante la noche me desnudé y me abracé a él, mis tetas eran excitadas por su pelaje, mis muslos, mi torso, mi vientre y mis entrepiernas también. En la mañana me despertaron los lengüetazos de mi macho a mis entrepiernas, su lengua era muy incitante para hacer cualquier cosa, abrí espontáneamente mis muslos y sentí el calor y la aspereza de su órgano lingual, comenzó un ataque sostenido a mi conchita, era tan intensa la estimulación que mis piernas temblaban, cuando él sumergía su lengua en el charco de elixires que emanaban de mi chocho, yo contraía mis músculos para atrapar su lengua en mis profundidades, el mete y saca me volvía loca, el hurgueteo continuo a mi ranura me hacía chillar y gemir, gritaba obscenamente mientras mi ojos se posaban en su pija que había salido casi a mitad de su funda. Lo necesitaba en mí coño encharcado, metí dos dedos en la laguna viscosa de mi vagina sintiendo el chapoteo mientras me follaba a mi misma, una, dos, tres y muchas veces más, él hozaba con su hocico en el lodazal de mi sexo portando mis niveles de calentura a un plano superior, quería su huevo dentro de mí, su bola, su aguzada pija entrando y saliendo de mi inflamado chocho, lanzando gemidos alejé su hocico de mi deliciosa chuchita. Me levante y coloque una cortina de baño plástica sobre la cama, traje seis toallas limpias, envolví mi cintura en una de ellas y me coloque en cuatro, Matt me miraba sin mucho interés, pero cuando vio que alcé mi culo, se pegó a mis nalgas lengüeteando mi orificio anal y vaginal al mismo tiempo, mi culo danzaba en su hocico, él salto sobre mí con fuerza y no quedó en buena posición para penetrarme, retrocedió y lo intento como cuatro veces más, luego como si hubiese recordado el come hacerlo, me montó, bajó un poco sus cuartos traseros y empujó su polla dentro de mí sin titubeos, su ardorosa cogida inició a martillear mi chorito, mis chillidos de placer comenzaron cuando su bola se introdujo en mi canal vaginal y empezó a inflarse, flashazos de luces de colores nublaban mi vista a ratos, mi coño se contraía mil veces, mi ano también, la carretada de orgasmos viajaban por todo mi cuerpo a diferentes tiempos, como ondas magnéticas, como olas marinas que besan la playa en un ir y venir infinito. ¡Uuugghh! perro chupetero cógeme … ¡fóllame mi almejita! … ¡hazme todas las cochinadas que quieras! … ¡comete a tu perra caliente! … le gritaba así y todas las obscenidades que se me venían a la cabeza, me había hecho acabar y continuaba a darme un goce increíble, casi demencial, alucinante y enloquecedor, como en una rueda de colores caleidoscópicos los, orgasmos seguían sucediéndose sin pausa, como la piedra lanzada en la superficie de un lago y rebota una, dos, tres y muchas veces más, hundiéndose y dejando círculos concéntricos de nuevas y renovadas olas de placer que jamás terminaban. ¡Ooohhh! ¡ssiii! … sentí las descargas efervescentes y cálidas, su semen anegaba el dique de mis carnes rosadas, hasta el ojete rugoso de mi culo se contraía, los potentes chorros de líquido seminal me hacían acabar una y otra vez, mi vagina se estrechaba y se ensanchaba, mamando su verga que continuaba a disparar lechita caliente, una sensación celestial y paradisiaca obliteraba mis sentidos, mi ser era solo mi chocho y esta verga que escupía semen con perritos directamente en mi matriz, Matt hizo su movimiento y quedamos culo con culo, esta posición lo obligaba a descargar hasta la última gota de sus semillas en mi vagina, maravillosa cosa que me regalaba unos cuantos orgasmos más. Hacer el amor con Matt, era como un alucinógeno que te hace dependiente, pasas a ser adicta, quieres más y siempre más, por eso era un poco contrariada al despegarme de él, quisiera ser follada otra vez, pero él se había ido a limpiar su verga dejándome con los crespos hechos … ¡perro chupetero y maricón! … lo recrimine, pero luego me vino en mente que en el granero tengo siete machos más … me arrebujé en dos frazadas, me puse las botas y fui a buscar a los otros perros … ----- continuará -----

Autor: Juan Alberto Categoría: Zoofilia

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Marco y yo.

2021-02-05


Había un sentido de morbo gigantesco en mí, me sentía aturullada, no era yo la que estaba sintiendo estas sensaciones salaces, soy una mujer cuerda y muy cuidadosa de mi moralidad, no podía ser más que una mala jugada de mi mente, seguramente luego me pasaría y no volvería a sentir ni a pensar en estas atrocidades, soy una mujer adulta y muy responsable de mis acciones, jamás me he permitido libertinajes ni tampoco que alguien se sobrepasase conmigo de ninguna manera, no podía ser de otra manera, soy madre y no podía pensar en el maravilloso, duro, grueso y largo pene de mi hijo que acababa de ver esta mañana mientras se duchaba. Marco mi hijo, tiene apenas diecisiete añitos, es todavía un niño, es mi niño, siempre lo he protegido y me he dedicado con cuerpo y alma a criarlo, yo soy Magda, tengo 34 años, soy enfermera profesional, de siempre me he dedicado a él, su padre es un hombre casado con el cual tuve un desliz y que ni siquiera sabe que me embarazó, cuando quedé preñada me aleje de él y no lo volví a ver jamás, aunque si él vive aquí en esta misma ciudad, pero un sector lejano al mío. Yo no me considero una mujer frívola ni mucho menos de temperamento caliente, desde que me embaracé siempre me he mantenido soltera y sin pareja, al menos no parejas estables, si había mantenido unos cuantos compromisos puertas afuera con algún hombre, pero siempre sin obligaciones ni amarres, me sentía con la responsabilidad de criar a mi hijo sin padre adoptivo, así lo hice y me siento orgullosa de haber criado y educado a mi retoño en el mejor de los modos. Marco ha sido hasta el día de hoy un hijo ejemplar, buen estudiante, hacendoso y colaborador en casa, nunca me ha dado problemas serios, como todo joven adolescente algunas veces se excede en algunas conductas, pero esta siempre llano a escucharme y obedecerme. El hecho es que esta mañana yo lo sentí cuando se recaba al baño para su ducha diaria, luego lo escuché cuando salió y se dirigió a su pieza, no lo escuché por estar al teléfono cuando el regresó al baño, así que entré despreocupada al baño para secar el piso que él a veces deja todo mojado, quizás no me sintió cuando abrí la puerta, solo sé que lo vi a través del vidrio fumé de la ducha, lo vi con su miembro en mano y que lo movía frenéticamente, mi hijo adorado se estaba masturbando, quedé como hipnotizada, no podía moverme, me subyugaba esa visión, me llenaba de ternura ver a mi hijo convirtiéndose en hombre, pero también sentí eso que sentimos las mujeres cuando nos excitamos, mis pezones se endurecieron y mi vagina comenzó a secretar fluidos, cerré la puerta del baño y me encontré mordiéndome el labio inferior … ¡oh mi dios! … es mi hijo … no puedo … no debo … pero mi maldito cuerpo me hacía sentir cosquillitas y humedecí mi ropa interior. Con un sentimiento de culpabilidad enorme mi día continuó, pero cargaba una cruz que me pesaba y mucho, esa imagen de mi hijo me perseguía, me torturaba, fustigaba mi conciencia, pero lo peor es que no dejaba de humedecerme, hasta me pellizqué los pezones más de un par de veces, esa noche me toqué y me encontré bañada, una sensación que pensaba erradicada de mi cuerpo volvió a provocarme, hacía años que no me tocaba, quizás cinco o seis, el deseo carnal estaba martirizándome y no pude rehusar cuando mi chochito se abrió de par en par y permitió a mis dedos que me causaran un orgasmo salvaje y animalesco, me revolqué en mis sabanas con la imagen del pene de mi hijo. Las noches de autoestimulación se repitieron y como vía de desahogo encontré casi plausible el provocarme estas sensaciones casi olvidadas, mi cuerpo me reclamaba noche a noche y el único modo de lograr conciliar mi sueño reparador era con mis dedos chapoteando en el charco de mí sexo, estaba sintiendo ansias carnales, pensé que quizás si me acostaba con alguno de los que usualmente se insinuaban y me acosaban, sería la solución definitiva, así que salí con José el anestesista del pabellón, tenía un buen paquete y lo sabía utilizar bastante bien, funcionó por un par de veces, pero cada vez que me corría lo hacía con la imagen de esa vergota dura, gruesa y larga de mi hijo. Mis orgasmos me llevaban a los sollozos, mi pareja del momento se preocupaba y quería saber si yo estaba bien, si me sucedía algo, si me había hecho daño y se deshacía en preguntas que terminaban por molestarme porque las respuestas las sabía solo yo y no podía revelarle que todo había sido muy bello, pero que todos los estremecimientos que había experimentado eran porque mi subconsciente estaba plagado de figuras del pene duro, grueso y largo de mi vástago. Me acosté con varios de mis compañeros, estaba de boca en boca como la “facilona” del hospital, cosa que me molesto bastante así que di por terminada esa fase y volví a mis masturbaciones, al menos no tenía que dar explicaciones a nadie, pero en casa cuando me topaba con él, no podía dejar de mirar de reojo sus entrepiernas. Al momento de lavar su ropa interior me llevaba a mi nariz la prenda antes de tirarla dentro la lavadora, y si tenía una manchita de lefa era capaz de llevármela a la boca … ¡oh mi dios! … estoy loca, estoy loca por él. Ya habían pasado varios meses y esta absurdidad se había hecho una costumbre, una mala costumbre, pero ya no me escandalizaba estar pellizcando mis pezones endurecidos, con el culo en aire y tres o cuatro dedos en lo profundo de mi chocho, para revolcarme por unos minutos maravillosos y adormecerme con el miembro duro, grueso y largo de mi pimpollo. Terminando el año, programamos de tomar dos semanas de vacaciones a la playa, pensé que sería una buena idea volver a lo que hacíamos en el pasado, me parecían tiempos tan remotos y lejanos, pero en mi desesperación me parecía lo correcto y lo que ayudaría a placar mis apetitos perversos, viéndolo a cada minuto a mi lado, sería como un aglutinamiento y por ende un desahogo a estas ansias represas y mis cochinos y pervertidos pensamientos serían opacados para siempre, pudiendo finalmente retomar la vida de madre-hijo que corresponde. La semana antes de partir me fui a comprar un traje de baño, elegí un bikini blanco que resaltaba el color claro de mi piel y otro rosado que me gustó la hechura, también aproveché de renovar un poco de mi lencería, compré un par de neglige transparentes con tanguitas del mismo color, unos sujetadores del mismo género traslucido y unas batas cortas muy coquetas, las compras calmaron un poco mis ansias. Partimos un viernes después de almuerzo, yo conducía el auto y mi niño era mi copiloto, él se encargaba de la música y me ayudaba a estar atenta con las señaléticas y me entretenía con su conversación amena y divertida, me estaba sintiendo una madre con su hijo al fin, realmente me estaba quitando un peso de encima, contentísima por mi excelente idea, había hasta comenzado a tararear algunas conocidas canciones, me sentía finalmente como una madre normal en compañía de su hijo adolescente. Me hacían sonreír sus historias del colegio, la temperatura del coche comenzó a subir y bajamos un poco la velocidad para bajar las ventanillas del vehículo, fue entonces que me hijo comenzó a tirarse para arriba sus shorts y comencé a ver sus piernas musculosas con todos esos vellos obscuros y esa piel canela, suspiré sonoramente y me di cuenta de que mi chocho reaccionaba a la vista de las peludas piernas de mi bambino. Guardé silencio por el resto del viaje, llegamos a buena hora y nos acomodamos en la cabaña que habíamos rentado, teníamos cuartos separados pero un baño en común, también una cocina-comedor en un ambiente, el arredo de la cabaña había sido hecho con buen gusto y con accesorios de calidad, a mí y a mi hijo nos gustó. La primera noche, él se bañó primero y salió con su bata blanca de genero de toalla y se sentó a mirar televisión, yo me desvestí en el baño y me di cuenta de que mis calzoncitos estaban empapados, me sentía sucia, me sentía con una carga de culpabilidad encima, otra vez habían regresado a mi mente los pensamientos concupiscentes, volvían a mi mente la figura de su pene duro, grueso y largo. Salí del baño con mi bata cortita que me cubría justo a la convergencia de mis torneados muslos, Marco me miró de soslayo mis entrepiernas y luego trato de concentrarse en la pantalla de la televisión, halagada me senté casi frente a él y entrecrucé mis piernas, él no pudo evitar de mirar mis muslos casi fijamente, descubriéndome y desnudándome con su tierna mirada, mi morbo se manifestó cuando abrí descaradamente mis piernas para entrecruzarlas en el sentido contrario, seguro que me vio la hendedura de mi chochito, tuvimos una anodina conversación y luego me alcé y me fui a mi cuarto, caminando coquetamente, mi hijo no despego sus ojos de mi hasta que entré a mi dormitorio. Me recosté en mi cama y toqué mi chochito, estaba encendida, mi piel entera ardía, me volví a sentir cochambrosa, pero ya no me importaba, me sentía mujer, había sentido los ojos de mi hijo sobre mi como hembra, recostada boca abajo, puse una almohada entre mis muslos los apreté y con tres de mis dedos me refregué mi clítoris desenfrenadamente hasta que me corrí con quejidos y gemidos, sintiendo que mi orgasmo lo debía a él, era por él. El día siguiente nos fuimos a la playa temprano, nos ubicamos a metros de las olas y yo me saqué mi pantaloncito y remera, mi niño me miró de pies a cabeza y por segundos se detuvo en mi chocho y mis tetas, le pregunté … ¿te gusta lo que ves? … ¡oh! mamá, estas muy linda y era mucho tiempo que no te veía en traje de baño … y sí me gusta lo bien que te queda ese bikini … pareces mucho más joven … eres hermosa mamá … no me esperaba recibir tantos cumplidos por parte de mi hijo, me ruboricé como una colegiala … ¡oh! mi niño … lo dices porque soy tu madre … te lo agradezco, amor mío … ahora ve … ve a bañarte … se sacó la sudadera y corrió a zambullirse en el oleaje. Estiré las toallas sobre la arena y me recosté boca abajo a tomar el sol, luego de un rato me sentí observada, había un hombre joven que me saludó y trató de entablar comunicación conmigo, después de todos los halagos de mi retoño, me sentía adulada de atraer a otros machos, llego mi hijo mojado y me preguntó si estaba siendo molestada, le dije que no, pero el tono de su voz hizo que el muchacho se alejara saludando con la mano y excusándose con mi hijo. Contigo a mi lado no necesito un marido que me proteja … le dije … ¡oh! mamá estas tan linda que de seguro habrá muchos jotes que querrán picotear esa sabrosa carne tuya … me volví a sonrojar como una quinceañera, este hijo mío se las trae, pensé, me pareció muy lindo de su parte, no me sentí como su madre, me hacía sentir mujer, segura y protegida por su macho. ¿Quieres que te espalme un poco de bronceador, mamá? … sí hijo, por favor, que el sol se empieza a sentir más fuerte … Marco rápidamente me embadurno la espalda y luego los muslos, me gustaba sentir sus manos veloces en mi piel, sin malicia ni picardía, sin segundas intenciones, se sentó sobre mis muslos, un brazo a la vez, me los tiro hacia atrás y los embetunó con bronceador, luego me dijo … no te vayas a levantar, mamá … me desató el sujetador del bikini y volvió a impregnar mi espalda con el bronceador, rápidamente volvió a amarrar mi sujetador y se recostó a mi lado … con una vos de decepción, le dije … ¿y eso sería todo? … ¿ya te cansaste? … ¿quieres que te espalme por delante también, mamá? … sí mi niño, completa tu trabajo y haz que me relaje … Marco se puso a mi lado y comenzó desde los pies, yo me cubrí el rostro con un sombrero de sol para darle toda la libertad de que no iba a mirar lo que él me haría, sus fuertes manos masajearon mis piernas y muslos, a ratos se detenía para echarme más bronceador y continuaba con su enérgico masaje, inevitablemente sus manos se metieron entre mis muslos y rozaron el pequeño calzón de mi bikini, menos mal que el sombrero cubría mi rostro, porque tenía mi boca entreabierta y humedecía mis labios lascivamente con mi lengua, mi respirar se hacía afanoso y estaba combatiendo una guerra para no menear mi zona pélvica, sentí un chorro de bronceador en mi vientre y se me escapó un gemido, pensé a un chorro de su esperma sobre mi barriguita, él masajeo mi vientre y sus dedos se metieron bajo mi bikini y estoy segura que sintió mis vellos púbicos. Continuo su masajear por mis caderas, mis costados y luego más arriba, mis escote y la hendidura de mis tetas, mis hombros, después con cautela me levantó el sombrero, la luz cegó mis ojos, me dijo … mamá estas toda roja, deberías untar tu rostro con bronceador … el protector solar te protegerá … me sentí azorada, un poco turbada, mi hijo estaba mirándome a la cara, el rostro de una mujer con la almejita hirviendo, excitada y caliente, afortunadamente él no se dio cuenta. Me esparcí un poco de bronceador en mi cara y fui a refrescarme un poco en las cálidas aguas mediterráneas, mi chocho me lo agradeció tremendamente, también pude disimular la humedad incipiente en mi bikini. Volví al lado de mi hijo chorreando agua … hijo, ¿quiere bronceador? … sí, mamá … méteme un poco de protector … me monté sobre los peludos muslos de mis hijo, mi piel sensible sentía cada uno de esos pelos haciéndome salaces cosquillas, mi entrepierna estaba sobre sus poderosísimos glúteos, masajeé su recia espalda, hombros, me detenía a palpar la fuerza y energía que emanaba el cuerpo de mi hijo, era un formidable ejemplar de macho, mi chocho rozaba su glúteo derecho y afortunadamente mi bikini estaba húmedo de antes. Me deslice más abajo y masajeé la parte superior de sus muslos, creo haber tocado sus bolas portentosas, su grueso pene se delineaba escondido bajo su cuerpo, me hubiese gustado darle vuelta y bajar su traje de baño para engullir esa carne dura, pero entre ahogados suspiros continué masajeándolo hasta sus pies … hijo, gírate para echarte por delante … no mamá, luego lo haré yo mismo … gracias, mamá … imagine la pija de mi hijo en erección, por eso no se quería voltear, quizás este durísima y goteando semen, pasé mi lengua por mis labios, imaginando su esperma en mi boca. Estuvimos en la playa hasta que el sol se puso demasiado fuerte, nos fuimos a la cabaña y mientras él se bañaba yo preparé un almuerzo, Marco salió del baño envuelto en una toalla y se notaba una protuberancia considerable en la parte delantera, volvió a mí la imagen de la dura, gruesa y larga verga de mi niño como la primera vez que se la vi, un cosquilleo recorrió todo mi cuerpo y junté mis muslos estrechamente. Me fui a la ducha y lo primero que hice fue masturbarme, era tanto el deseo acumulado que me bastaron pocos minutos para obtener un desahogo que me hizo estremecer, sacudirme con maravillosas oleadas orgásmicas, me coloqué un pantalón corto de yoga sin bragas y una remera blanca con malla en mis hombros y hasta la hendidura de mis senos, la sonrisa y mirada de mi hijo me hicieron sentir halagada una vez más. Almorzamos y luego de lavar los platos con la ayuda de mi hijo, este se disculpó y dijo que se iría a su pieza a chatear con sus amigos, yo me sentía algo cansada así que me fui a mi dormitorio a dormir un poco, después de tanto estimulo y excitación me sentía agotada. Me levanté con la boca seca, así que me fui a la cocina para servirme alguna bebida fresca, de la pieza de mi hijo venían algunos quejidos suaves y su cama crujía un poco, me acerque y la puerta estaba entreabierta, mi hijo estaba sobre la cama desnudo con los audífonos puestos y la mirada fija en su portátil viendo porno, se estaba masturbando, no lograba ver su polla porque su cabeza se interponía en la visual, sin hacer ruidos me acerque un metro o poco más, pude ver finalmente esa dura, gruesa y larga polla que él movía con parsimonia y a ratos más rápido, me quedé inmóvil y metí mis dedos sobre mi botoncito, me estaba pajeando junto a mi bebe. Sentí la pesada respiración de Marco en aumento, sabía que estaba por correrse, aumenté el refriegue frenético de mi sexo, quería correrme con mi hijo, en la pantalla había una bella actriz madura follando con una muchacho joven, mi retoño aumento la velocidad de su mano y casi dejo caer su computador mientras chorros de semen aterrizaban en su vientre y pecho, rápidamente salí de su cuarto y me fui a la cocina, una vez allí dejé caer por tierra una vasija plástica tanto para causar ruido. A minutos Marco apareció en la cocina, se acercó a mí por detrás y me dio un beso en la mejilla, tomó un poco de bebida de mi vaso … ¡hola, mamá! Me voy a refrescar pues siento mucho calor … así diciendo siguió de largo hacia la ducha, mí sensible nariz percibió el olor a juvenil semen de macho, no pude resistir y toqué mi chocho frenéticamente hasta sentir el postergado orgasmo … ¡oh mi dios! … ¿por qué me lo haces tan difícil, señor mío? pensé, afirmándome con mis tembleques piernas a la mesa de la cocina. Marco volvió vestido y con su fascinante y dulce sonrisa me dijo … mamá porque no te arreglas y vamos a dar un paseo, la tarde está invitante, ya no hace tanta calor … sí hijo, tienes razón, está agradable como para salir a estirar las piernas … me fui a cambiar y me puse un mini vestidito amarillo que hacía resaltar mis bronceadas piernas, un par de sandalias con tacón medio y una chupalla playera del año pasado, mi hijo cuando me vio se le iluminaran sus ojitos, me tomó una mano y me hizo girar … mamá estás preciosa, con una mujer así a mi lado es para lucirme … ¡oh, hijo! … que dices, son solo prendas del año pasado … ¡entonces mamá eres tú la que estás cada vez más linda que nunca¡ … volví a sentirme como una adolescente a su primera cita con su novio, quería abrazarlo y besarlo. Estuvimos girando, charlando y riéndonos de todo, Marco me tomó de la cintura en señal de posesión y yo me sentí poseída por mi hijo, deseaba sentirme así como la pareja de él, me parecía como la luna de miel que jamás tuve, había una maraña de sentimientos encontrados que me advertían que mi juego era peligroso, pero a su vez las sensaciones que él me regalaba, me hacían estremecer y me hacían apasionar, era como una codicia por su amor de hombre, sus fuertes manos me portaban en el aire, caminaba junto a él como en una burbuja, su esencia de joven macho me perturbaba y me hacía desearlo, era el fruto prohibido y quería darle una mascada, probar su gustillo intoxicante, Nos retiramos a nuestra cabaña prácticamente abrazados como una joven pareja, él me estrechaba a su cuerpo y yo me moría de placer al sentirme entre sus fuertes brazos, hasta un par de acallados gemidos me sacó, a cada momento lo deseaba más, nos bebimos una cerveza compartida y al darle el besito de buenas noches el giro su rostro y termine besando la comisura de sus labios, me pidió excusa y él beso mi mejilla y me deseó buenas noches, pero el roce de sus labios me dejó más turbada aún. Quería acariciar todo mi cuerpo electrizado, quería sentir sus manos sobre mí, me desnudé completamente y refregué mis tetas contra la áspera colcha de la cama, con mi solida almohada entre mis muslos mis manos se perdieron entre los húmedos labios de mi chorito y comencé a procurarme placer hasta que convulsioné en un esplendoroso orgasmo, me cubrí con una manta y con mi culito levantado me adormecí. Todavía el sol no salía, pero estaba amaneciendo, me levanté al baño y el sonido de los muelles de la cama de Marco me llamaron la atención, yo sabía perfectamente de que se trataba, mi vástago se estaba masturbando, una mañanera sonreí pensando, su puerta entreabierta era una invitación perversa, en punta de pies corrí hacía allí, la escena era similar a la tarde anterior, Marco con su laptop a un lado, con audífonos viendo pornografía, el morbo volvió a ganármela y lo observé con mis muslos apretados hasta que disparó sus chorros de lefa sobre sí mismo, era terriblemente adictivo el ver como mi hijo de corría, la boca se me hacía agua, ver ese semen que volaba en el aire, me escapé hacia el baño y luego a mi dormitorio, Me tiré sobre la cama con mis piernas abiertas de par en par, con mis dos manos me abrí los labios de mi vagina y comencé a introducir dos dedos, luego cuatro dedos y estiraba mis carnes rosadas tratando de procurarme placer, necesitaba aplacar mis deseos de verga, esos deseos de una polla dura, gruesa y larga, como la de él, mi hijo. Estaba masturbándome desenfrenadamente, necesitaba ese desahogo, me corrí como una guarra, como una puta caliente, como una ninfómana, lanzaba jadeos y gemidos mientras me revolcaba lujuriosamente, abrí mis ojos y a los pies de mi cama estaba él hipnotizado con la vista de mi chocho desnudo, me cubrí jadeante, balbuceante traté de proferir alguna palabra cuerda, pero solo me salían jadeos y mi lengua que acariciaba mis labios. Después de un minuto o dos … excusa hijo … umh … soy mujer y necesitaba este desahogo … ven siéntate aquí … Marco se sentó a mi lado y miraba todavía el sector de mi zona pélvica … ¿tienes novia verdad? … no, mamá, no tengo … ¿pero has tenido ya relaciones sexuales? … no, mamá … en el mejor modo que pude le explique lo que había visto, que no era nada de extraño ni malo, son cosas que sienten tanto hombres como mujeres, no le dije que lo había visto masturbarse, pero me pareció que entendía perfectamente de que le estaba hablando … mamá, no estoy turbado … eres la primera mujer que veo totalmente desnuda y ha sido maravilloso verte en esta forma … eres tan hermosa, mamá … la dura, gruesa y larga pija de mi hijo era evidente, tenía una erección a mil bajo su pijama. Estaba tan caliente todavía que mi mano se alargó a su muslo derecho y con la punta de mis dedos toqué su polla, me estremecí toda, mi hijo no dijo una sola palabra, pero se recostó a mi lado, se veía el bulto de su verga dura, gruesa y larga, le acaricié esa mole de carne por largo rato, no volaba una mosca, había un silencio de capilla, casi religioso, mi mente era un torbellino y mi cuerpo un volcán … ganó el volcán, metí mí mano en la banda de sus shorts y un glande rabioso de su encierro venía liberado, sereno y estoico se erguía ante mí, bajé totalmente la prenda y los otros 18 centímetros salieron libres, sus cojones descansaban en medio de sus muslos. Estuve contemplando largo rato el fruto prohibido, mi hijo me miraba como orgulloso de su miembro erecto, me senté en mis talones a su lado, Marco no dejaba de mirarme los senos con sus ojos atrevidos, procaces, impúdicos, me sonrojé ante la ávida mirada de mi hijo, mi desnudez lo turbaba, yo su madre le estaba procurando lascivia y lujuria, me sentí un poco puta, pero yo lo quería más que a nada, no iba a renunciar ahora, en mi mano palpitaba la virilidad de mi niño y necesitaba un desahogo urgente al igual que yo, su polla en mis manos era realmente dura, gruesa y larga, tal como las imágenes grabadas a fuego en mi retina. Hice para atrás su prepucio carnoso y suave, inclinándome para mamar su ardorosa polla, el olor a macho joven intoxicaba mis sentidos, quería saborear su semen, con ardor y pasión, engullí su glande bruñido, mi lengua probó el pequeño orificio y el sabor de semen fresco llegó a mi paladar, envolví esa carne purpurea con mi legua y comencé a lamer todo entorno, poco a poco lo hacía penetrar en mi boca tibia, Marco se había acomodado y gozaba con sus ojos cerrados. La tentación hecha carne estaba en mi mano y yo veía esas venas azulinas que estaban henchidas todo al largo del pene venoso, sus latidos se sentían en las yemas de mis dedos, mis labios cerrados que viajaban de arriba abajo por esa asta gloriosa, lo mamé por una decena de minutos acariciando sus cojones suaves como de felpa, pero esa pija la quería por todos mis orificios, por mis tetas, por mis muslos, por mis nalgas, esa pija era mía y de nadie más. Que pene más hermoso tienes, hijo mío … ¿te gusta, mamá? … esta preciosa esta polla tuya, mi niño, y no para de crecer … es por ti, mamá, tú me la pones de ese modo … ¡oh! niño mío, no terminas de halagarme, ¿eh? … no, mamá, te deseo porque eres la mujer más hermosa de mi vida y estoy así por ti … Mi hijo estaba encendido, caliente por su madre, yo no dejaba de lamerlo, chuparlo, baboseando toda su pija, sentí cuando sus pierna se tensaron, su dura, gruesa y larga polla fantástica descargaba borbotones de lefa tibia en mi boca, mi cara, mis parpados y finalmente empapaba mis tetas con una sustanciosa acuosidad que revestía todas mis redondeces y fluía hacia mi vientre, el semen de mi niño estaba todo sobre mí. Su enhiesto pene continuaba duro, grueso y largo, me senté a horcajadas en su regazo y apunté su ariete contra mi vagina, fácilmente se introdujo en mi interior causándome temblorcillos de puro placer, estaba enardecida con su polla a medio camino de mi chuchita, empecé un movimiento de sube y baja haciéndolo entrar de a poco cada vez más, ¡oh! cariño métemela toda … es tuya mamá … es toda tuya, mamita … Fue una follada delirante, estábamos como locos, poseídos por algún trastorno, la calentura del momento era frenética, nos besábamos, nos acariciábamos, nos decíamos frases dulces, nos mordíamos, el me enterraba su pija dura con violencia inaudita, luego se calmaba y yo lo tironeaba para que me la diese con más fuerza, me hacía gritar y gemir, mis piernas estaban tiesas hacia atrás mientras forzaba a mi pelvis contra su vello púbico, lo amaba, estaba carnalmente con mi hijo, estábamos gozando de nuestros sexos como recién casados en luna de miel, ya no nos podíamos detener, ya no queríamos detenernos, ya no había nada ni nadie que pudiese obstaculizar nuestro amor. Me corrí dos veces con su verga bendita, el mordía mis pezones y se corría dentro de mi chocho, pero no lo sacaba, continuaba a darme clavadas infinitas volvía a endurecérsele y me seguía cogiendo con vigor, jamás nadie me folló de esta manera bestial, totalmente animalesca, con tantos bríos que se renovaban después de cada orgasmo, mi cuerpo estaba como poseído, las descargas de su semen me inyectaban energías nuevas y lo buscaba para que me diera más y más. Después de un tiempo maravilloso e infinito, Marco al parecer llegó a su límite, descargando otra rociada de semen en mis abusadas carnes, lanzó un grito y se desplomo sobre mí, jamás sentí un peso más hermoso sobre mis senos, los pectorales de mi propio hijo que respiraba entrecortado y trataba de besar mis orejas, se sentía muy rico quería que continuase follándome y acariciándome, él tomó mi rostro con ambas manos y beso mis labios, fue un beso sin tiempo, dulce, apasionado, cosas de amantes, sus manos viajaban por todo mi cuerpo con infinita dulzura y sensualidad, mis tetas las sentía como hinchadas con tanta excitación y mis pezones durísimos. Marco hizo recostarme y sin soltarme el pezón que tenía entre sus dedos, procedió a lamer mis tetas, la lujuria y frenesí con que lo hacía me pusieron otra vez terriblemente cachonda, me aferré a su pene que también estaba muy duro, lo posicione entre mis muslos, levante mis piernas y me metí su pija mi chocho, fácilmente resbaló dentro de mi y comenzó a cogerme muy rápido, amarre su torso con mis piernas y succioné su polla con los músculos de mi chochito, me corrí para él una vez más. El largo tabú de generaciones, había quedado atrás, no estaba arrepentida para nada, me sentía más mujer, sentía la pureza del amor de mi hijo y quería corresponder ese amor incondicional, mis impudicias, mi voluptuosidad, mis pensamientos salaces, mis desviaciones lujuriosas, pecaminosas, toda mi cachondez de hembra caliente quería vivirlas junto a él, todo mi amor absoluto era para él, yo me sentía correspondida con la misma fuerza.

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

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Fue sin querer queriendo

2021-02-05


Mi hermano Juan estudiaba en la universidad. Y todos los fines de semana se iba de rumba con sus amigos y llegaba tarde en la noche. Vivíamos con mis padres, mi papá era agente viajero y regresaba a casa de mes en mes, mi mamá era enfermera y trabajaba en un hospital y yo, mi nombre, bueno, mi nombre no importa pero si mi edad, tenía en ese entonces 7 años recién cumplidos. Una noche, en la que mi hermano iba de parranda y regresó a la media noche, me levanté para ir al baño pues tenía ganas de hacer pipí, tenía que pasar por la alcoba de mi hermano, al pasar, la puerta estaba entre abierta , el estaba acostado boca arriba desnudo pues se había bañado y se quedó dormido, pude verlo claramente ya que la luz de la luna iluminaba todo, alcance a ver su miembro pero como no sé veía bien de dónde yo estaba la curiosidad me ganó, entre sigilosamente, de puntillas, hasta si cama para ver mejor. La tenía semi parada, acerqué mi mano despacio con un poco de miedo para tocarlo, eres suave al tacto, si contacto me gustó, nunca había hecho eso y nunca había visto un miembro por eso estaba ansiosa de curiosidad. Me animé a darle un beso y me gustó si que seguí besándolo y me lo mejor en la boca como si fuera una bonbombum, y su miembro creció más y se puso duro. Yo sentía como cosquillas en mi panochita, me sentía rara, jamás había sentido algo así. Me quedé viendo a mi hermano para ver si despertaba pero era grande la borrachera, ni sé inmutó. Seguí tocando ese miembro gordo y grande como de 25 cm. Quería que mi hermano despertara y también besara mi panochita pero el no despertaba y no creo que el me hiciera algo así, sabía que lo que estaba haciendo estaba mal pero cuánto más acariciaba y besaba ese miembro más excitada me sentía. Sentía cosas en mi cosita y estaba húmeda, ahí que me quite mi panty y mientras besaba su miembro yo me acariciaba, nunca había sentido algo así, Me subí a su cama despacio con mucho cuidado para no despertarlo, abrí mis piernas para ponerme sobre el pero no llegue a afirmarme sino que estuve como en el aire y puse la punta de su pene para que rozara mi cosita, era delicioso, yo movía mis caderas y más me excitaba, el colchón era muy blando si que tenía cuidado de no moverme mucho para que el colchón no brincara y despertar a mi hermano. Sentí unas ganas de hacer pipí así que fui a bajarme para ir al baño e irme a mi cama, cuando levanté una pierna la otra rodilla estaba apoyada en la sábana que era de seda si que mi rodilla se deslizó de una forma bruscay quedé sentada completamente sobre mi hermano con ese enorme pene todo dentro de mi, me lo metí de un solo sentón hasta el pegue. Sentí un dolor inmenso, sentí que se despertaba mi cosita, quedé inmóvil, sin poder moverme del dolor, del grito que di desperté a mi hermano y como estaba el cuarto en penumbra creyó que era su novia y comienza a moverse, al verlo despierto me olvido del dolor y quedé paralizada sin saber que hacer pero a cada movimiento de mi hermano semi despierto que me agarraba de mis nalgas no podía sacarme, ni quería pues sus movimiento me excitaban cada vez más. El decía entre sueños: aaahhh Valery que rica estás..oooohhhh,aaahhh. Y cuánto más se movía y más gemía más me excitaba y no pude evitar gemir: ahhhhh, oooohhhh oooohhhh mmmmmm siiiiii!!! Si que comencé a moverme también y cada vez más rápido, era delicioso, jamás había sentido algo así Cuando puedo que mi hermano grita con todas sus fuerzas. Aaaaahhhhh aaaaahhhhh oooohhhh. Allí tuve mi primer órgano Aaaaahhhhh aaaaahhhhh oooohhhh mmmmmm siiiiii aaaaahhhhh oooohhhh siiiiii aaaaahhhhh. En eso mi hermoso ante bien los ojos y se da cuenta que no era su novia sino su hermanita y me dice Pero que hay hecho, yo llorando le digo que no fue mi culpa, que resbalé y se me metió toda. Todo esa conversación fue todavía con el miembro dentro de mi. El al sentir toda esa carne tierna y yo sentada sobre el aún, se edita de nuevo y siento como se vuelve a parar su miembro dentro de mi, si que comienza a besarme por el cuello, por la boca abre mis labios y mete su lengua dentro de mi boca y acaricia mi lengua con su lengua en un beso largo que me gustó si que también colaboré. Deprimido la saca, me voltea y mete su lengua en mi ano, uffff que delicioso, no puedo evitar el gemir Oooohhhh mmmmmm siiiiii aaaaahhhhh oooohhhh El al oírme no aguanta más y se pone sobre mi, siento su pene rozar mi ano, que delicia, pero cuando entras la cabeza, que dolor inmenso, yo grito ahhhhggg, el me dice, aguanta un poco más y empuja todo sus 25 cm dentro de mi. Más grité ahhhhggg, el me besa y me dice, aguanta hermanita que te va a gustar y comienza el mete y saca, mete y saca, lo sacaba todo y solo dejaba la puntita dentro y lo volvía a meter, el dolor fue creyendo ante el placer, ya no gritaba sino que gemía. Ahhhhh oooohhhh mmmmmm siiiiii aaaaahhhhh oooohhhh mmmmmm siiiiii, sigue, dame más, maaaassss. Fue mi segundo orgasmo, delicioso como el primero, cuando terminamos nos quedamos acostados boca arriba, luego mi hermano gira hacia mi, me besa y me dice, me alegro que haya pasado, ahora serás mi amante de todas las noches, es el culito más sabroso que me he comido. Espero les haya gustado mi relato

Autor: Dalmirin Categoría: Incesto

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Sin querer queriendo

2021-02-05


Todo paso sin querer. Mi hermano Juan de 26 años estudiaba si último año en la universidad y todos los fines de semanas

Autor: Dalmirin Categoría: Incesto

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