la hija de mi novia tiene sexo con su novio mayor

2021-02-15


hola. tengo una novia que somos compañeros de trabajo, ella es diez años menor que yo, bueno lo que yo quiero contar es lo siguiente: cuando me fui a dormir a su casa la primera vez me dijo lo siguiente: quiero que te vengas a dormir aqui conmigo los fines de semana, pero un favor si te voy a pedir, y es lo siguiente. con respecto a la vida privada de mi hija, quiero que no te metas en nada, todo lo que aqui en mi casa mires te pido que no lo comentes con nadie. ok. le dije yo pero podrias adelantarme algo de tanto secretismo se trata, y ella riendose me dijo que su unica hija tiene 14 años de edad, y tiene gustos raros y uno de ellos es que le gustan las mujeres, y me contó que casi cada fin de semana llegaba a dormir con ella una profesora de deporte de la escuela donde ella estudia. yo ya la conocia a la hija de ella y sabia que era una niña bien bonita, pero eso nada mas. y cuando yo me quedé donde ellas el primer fin de semana, fue un viernes por la tarde. y llegó en la noche la hija con su amiguita, y la hija me dijo. te presento a mi amiga. y yo en verdad me quedé un poco sorprendido, la tal profesora de gimnasia era bonita, pero tenia algo que me hacia dudar de ella, porque mas tenia aspecto de travesti pero eso si. bien femenina, y con un cuerpo pero lindo. nos acostamos despues de estar los cuatro viendo television, la hija y su amiga se fueron a su dormitorio, y yo con su madre nos metimos al dormitorio de mi novia, como a los cinco minutos empezamos nosotros dos a hacer el amor, y despues de un rato mas o menos una media hora, ya estabamos servidos y descansando un poco, ella se levantó a buscar agua a la cocina y se tardó unos 4 minutos o quizas mas, y llegó sonriendose y me dijo suave. parece que les ganamos nosotros dos a ellas. porque le dije yo. y ella me dijo ven acompañame sin hacer ruido, y llegamos los dos a oirlas por la puerta que aunque estaba cerrada se oia todo bien clarito. ella gemia pero con ganas y le decia que le gustaba como se lo estaba haciendo. yo me hice el ignorante y le dije a mi novia. bueno ella es hombre o mujer, y ella me dijo que era mujer con pene, y me dijo que ella se exita mucho cuando las escucha cuando estan haciendo el amor. huy le dije yo que rico oirlas. claro me dijo ella y supieras como me exito al oirlas a ellas gozando. menos mal que hoy te tengo a ti. me gustaria saber si a alguien le haya pasado algo asi, o por lo menos parecido a lo mio.

Autor: Juanma. Categoría: Jóvenes

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TITO, EL POLICIA Y PABLO, CUÑADOS

2021-02-15


Tito y Pablo Hola estimados: Desde algún lugar del mundo quiero contarles una historia personal. Ruego se tome este texto como lo que es: Un relato de vida. Es mi historia. Algo que yo viví y que nada puede cambiar porque ya fue. No debe entenderse esto como la apología de algo. Que todos aquellos enfermos de moralina recuerden que el inmoral mayor es el que predica sobre moral. No hablemos de ética y moral con la bragueta abierta. Ya, ahora, tengo muchos años y quiero contar esto a mi modo. Desde el momento en que tuve mi primera experiencia con un adulto. Todo buscado por mi. Hoy quiero contarlo de esta manera. Como si lo viera desde afuera: “Dejó de llorar. Finalmente el dolor que le provocaba el llanto lo había anestesiado y el peso que tanto lo asustaba al aplastarlo contra el piso haciéndole sentir cada detalle del terreno irregular en su cuerpo desnudo, se alivió de pronto. El hombre, apoyándose en una de sus manos, incorporó su torso desnudo separándolo de la pequeña espalda. El hombre se irguió un poco y miro la espalda estrecha y las nalgas impúberes. Pensó que en ese momento él le pertenecía sin límites. Bajó su mano libre y lo obligó a abrirse un poco más. Varios centímetros de su grueso miembro estaban todavía fuera del pequeño orificio que se veía muy tenso y dilatado tratando de aceptar al intruso. El hombre impulsó la pelvis hasta lograr que solo quedaran afuera los pelos renegridos de su pubis. Apoyó la mano con la que separó los glúteos insignificantes, en el suelo para sostenerse y retomó el meneo lento y profundo sintiendo la estrechez que lo contenía – ¡¡¡Ayyy…no. No…noooo! –gritó… – ¿Te duele?- preguntó – Siiii…- respondió – ¿Mucho?- volvió a preguntar – Siiii – Aguantá un cachito… – No…no. Me hago caca. Me hago caca – suplicó – No. Te parece. Es porque tenés a mi amiguito hasta los pelos en el upite. Aguantá – ¡¡¡Ayyy!!! Me hago caca – Aguantá un poquito que te doy lechita, dale Sus movimientos se aceleraron y volvieron mas violentos reavivando el dolor Respiración agitada y gemidos de placer en el cuerpo adulto transpirado Quejidos de dolor y llanto en el cuerpo impúber penetrado por el ano. Movimientos acelerados al extremo que llevan al climax al hombre. Una paloma se posa en la copa de un árbol cercano. Desde allí se ve la espalda del cuerpo del hombre conformando una figura extraña. A la altura de sus gruesos y peludos muslos, allí donde se separan las nalgas de las piernas, esas nalgas ahora apretadas fuertemente, sobresalen dos pequeñas extremidades que se agitan en una manifestación de dolor. En el interior del cuerpo penetrado se sienten las violentas pulsaciones del pene cuyo glande se agranda al ritmo de la eyaculación que es abundante. Los cuerpos se aquietan, luego se separan lentamente. Cuando el hombre retira el pene del interior del otro cuerpo dice… -Ya está , Pablito. ¿Te gustó? -Me hago caca…- responde el otro Todo comenzó tres o cuatro años antes, cuando Tito, el hombre, era todavía el novio de la hermana de Pablito. Pablito para entonces era el que acompañaba a los novios a todos lados. Una noche habían concurrido al cine y Pablito se durmió y el hombre lo acunó en su regazo para que su novia estuviese cómoda. A Pablito le gustó esa muestra de afecto. Estaba despierto pero se quedó acurrucado, con su cara pegada al pecho masculino. Soportando estoicamente el cosquilleo que le producían los pelos del hombre en su nariz. Era placentero sentir su calor y olor tan particular. Apoyó los labios sobre la piel y vellos abundantes y se sintió bien. A todo esto entre Tito y Lili se vivían otros momentos. Momentos especiales de esos que tiene toda pareja de novios jóvenes como ellos. Tito con casi 28 años y Lili con casi 21. En la oscuridad de la sala las manos del hombre exploran, buscan, tocan, acarician, amasan y las manos femeninas en reciprocidad ansiosa, responden generando sensaciones especiales, activando glándulas que segregan olores particulares que el niño percibe. Caricias que provocan reacciones físicas que en la mujer no se notan pero que en el hombre tiene manifestaciones evidentes y duras. La dureza la siente Pablito en su nalga derecha. La siente crecer a la par que palpita. Tito desplaza el cuerpo abriendo espacio entre ambos. Al hacerlo la mano que antes descansaba en el regazo se desliza con suavidad para caer con la palma abierta sobre la parte mas tensa de ese momento. Pasa un buen rato hasta que la mano, aguijoneada por los fuertes latidos que percibe, inicia una lenta y prolongada exploración a lo largo y ancho de la geografía palpitante. La manito fisgona recorre el largo camino hasta la base. Allí palpa curiosa , oprime un poco y aprecia un fuerte latido. Impertinente va hacia el otro extremo donde una protuberancia entre esponjosa y dura se hincha al tacto. Toda la noche se la pasó jugando con aquello tan duro y caliente sin que al dueño le provocase alguna reacción enojosa. Al parecer el trabajo de Pablito sobre su humanidad producía una sensación más que placentera. Tanto que en un momento el cuerpo del hombre se estremeció y Pablito sintió el rítmico latir del órgano eyaculando, sin saber ni entender qué ocurría. Después la calma y el juguete que se reduce considerablemente. Termina la función y el regreso a casa. Hasta el próximo jueves. Aunque puede ser el sábado si es que aparece alguna fiesta familiar Entre Pablito y Tito se establece una relación muy especial, sin que hubiera acuerdo alguno. Para Pablito nacía allí un ídolo en principio. Cada jueves de cine permitió un avance que supo aprovechar. Un acuerdo tácito se había establecido entre los dos. Organizado por el padre de Pablito, un grupo de hombres, hicieron un viaje al campo para cazar liebres y quirquinchos. Entre los invitados estaba Tito y como Pablito lo pidió lo incluyeron en la expedición. Eran cinco personas en total. Resultó que al regresar, el camión en el que habían montado la “tienda”, rompió ejes y debieron dejarlo en la ruta quedando Tito y Pablito a su cuidado y los otros tres hombres por distintas razones emprendieron el regreso a la ciudad haciendo dedo para buscar una grúa. Cuando llegó la noche armaron cama en el camión y él le pidió al cuñado dormir juntos porque tenía miedo. Había comenzado a llover. Como el camión tenía tendida una lona impermeable su interior era seguro y confortable. Cuando se acostaron Pablito notó que su cuñado vestía solo un calzoncillo como toda prenda. Entonces el hizo igual y al acostarse adoptó la posición cucharita a la que el hombre no se resistió. Un momento después sintió que contra sus nalgas palpitaba la dureza ya conocida. Metió una manito entre los cuerpos y palpó en el calzoncillo la dureza tan deseada. Para su contento descubrió que la prenda tenía una abertura y por allí metió la mano hasta encontrar que entre una maraña de abundante pelo estaba ella en toda su magnitud desplegada…” Pablito siempre recordaría aquel momento como algo muy curioso. Tonto quizá. Por mucho tiempo había masajeado aquella dureza cubierta por la ropa, la había sentido palpitar tantas veces y otras tantas sentirla como se mojaba para luego quedar blandita, pero nunca jamás hubo comentario alguno con su, ahora, cuñado. De este tema no se habla parecía la premisa, que no le extrañó el silencio del hombre que simulaba estar dormido. Aún cuando han pasado los años, con ellos las modas, los modos, costumbres y hábitos, la familia creció modificándose y las experiencias personales construyeron una persona que supo aprovechar al máximo los momentos que le permitieron construir una historia, no olvida la sensación maravillosa que le produjo el sentir en sus manos aquello que luego sería prohibido. La tersura y suavidad de la tibia piel que a su vez era dura y agresiva, la suavidad de la pilosidad masculina y ese olor tan particular que nunca dejaría de sentir. Olor con el que quedaría impregnada su vida. Su corazón latía con tanta fuerza que creyó que saldría de su pecho con un estallido. Sentía la boca seca y la emoción no le permitía respirar bien. En tanto Tito parecía dormido pues su respiración era calma y sonora. La lluvia se volvía torrencial acompañada de fuerte viento, relámpagos y truenos. La temperatura descendió considerablemente. Tito se volvió de espalda y Pablito debió soltar con pena a su presa. El hombre habló. – Negrito estás despierto?… – Si – Mirá será mejor que nos metamos en la bolsa de dormir. Esta haciendo demasiado frío. – Bueno- dijo el chico El hombre se incorporó de la improvisada cama y con la ayuda de una linterna buscó la bolsa. La extendió sobre el colchón en que estaban. – Vení Pablito. Nos metamos los dos juntos. Es bastante grande para los dos. Querés?… – Sí – dijo casi con alegría. Pablito por un momento pensó que dormirían en bolsas separadas. Rápidamente se introdujeron en la bolsa que era para dos personas adultas. Era espaciosa, amplia y confortable. Los dos se metieron sin ponerse más ropa que la que ya tenía puesta cada uno. Una vez adentro de la bolsa, Tito subió el cierre hasta casi cerrarla por completo. Pablito se deslizó hacia adentro buscando estar cerca de su tesoro tan preciado. – Hey, si te vas para abajo te vas a asfixiar – dijo el cuñado – Tengo frío – dijo el chico – Está bien cuando se te pase el frío subí. Se quedaron en silencio. Solo se oía el ulular del viento que golpeaba con la lluvia el costado del camión. El temporal arreciaba. Cuando la respiración de Tito volvió a ser rítmica y tranquila, Pablito se puso de costado y tendió su brazo sobre el vientre plano del hombre acostado de espaldas. A la altura del ombligo había profusión de pelos. Como un colchón, pensó Pablito. Pasado un momento la mano se abrió plena sobre el vientre y comenzó a descender. El borde del calzoncillo la detuvo un instante que aprovechó para reorientarse. Se desplazó hacia el centro guiada por la pretina de la prenda hasta encontrar dos botones. Ahí comenzaba la abertura que buscaba. En los oídos sentía los violentos latidos de su corazón. Otra vez los labios y la boca seca. Mientras tanto la mano, que no pensaba y actuaba sola, se introdujo por la abertura que no opuso resistencia. Volvió a encontrar la selva suave y espesa. Se abrió camino entre ella hasta encontrarse con la dureza que, aunque desplegada en toda su longitud, descansaba tendida hacia la derecha. La tomó desde la base y la recorrió casi hasta la mitad. No alcanzaba a llegar hasta el extremo por lo que la atrajo suavemente hacia así debiendo sortear los pliegues del calzoncillo. Ahora sí. Con toda la palma rodeó la protuberancia esponjosa y notó que por la punta salía un líquido espeso. Curioso mojó en él sus dedos y los acercó a su nariz. No tenía un olor definido y llevó sus dedos inquietos a la boca y se tocó la lengua. Un sabor apenas salado. No le pareció desagradable. Volvió con su mano a acariciar aquel objeto tibio y suave. Lo recorrió en toda su longitud palpando sus gruesas venas. En la base apreció la diferencia de piel, más rugosa y llena de pelos. Sintió que era como una bolsita pero más suave y deslizante. Pudo sopesar lo que esa bolsita contenía y al hacerlo notó que su cuñado separaba un poco las piernas. Se quedó quieto sosteniendo en su mano desbordada los enormes testículos. Cuando reinició su movimiento sintió que la mano grande y fuerte de su cuñado se cerraba en su muñeca. – Que estás haciendo, Pablito?- Preguntó el hombre con cierto tono de enojo y él solo pudo responder – Nada- con voz temblorosa – Cómo nada si tenés en tu mano mi pichula?… – Estaba jugando, no se enoje… – Ah… te gusta jugar con la “cosa” de otro? Mirá si se entera tu padre… – ¡No le diga por favor!…-rogó – Si no querés que se lo diga me vas a tener que decir de qué manera te gusta jugar con el pito de otro. ¿A qué jugas? – No se, Tito… – Cómo que no sabes si me estabas manoseando todo. ¿A que jugas? – ……. – Si no me contás se lo voy a decir… ¿A quien más le tocas el pito? – …A… – Decime… – A usted nomás Tito cerró la bolsa de dormir y encendió la linterna. Pablito seguía en el mismo lugar y posición. De costado, vuelto hacia el cuñado que estaba de espaldas. La amplitud de la bolsa de dormir le permitió al hombre dirigir el haz de luz de la linterna hacia abajo. Los ojos de Pablito enfrentaron a pocos centímetros de ellos la ancha cabeza del objeto de sus desvelos que seguía en posición de firmes asomándose por la abertura de la prenda íntima. Por primera vez vió esa parte de la humanidad de su cuñado y le pareció enorme. Por el orificio del glande salía el espeso y viscoso fluido lubricante que caía como una gran gota de lluvia sobre el vientre peludo, un poco más arriba del ombligo del hombre – ¿A quien más Pablito? – A usted nomás- dijo casi al borde del llanto. Un instante de silencio que se prolongó, para Pablito, hasta la eternidad. Creía ser aplastado por el mundo. Era enorme el peso que sentía sobre su esmirriada humanidad. Al fin el cuñado habló. – A ver. Agarralo como recién, dale agárralo. Con vacilación la mano se extendió hasta el pene y lo sostuvo casi a la mitad sin alcanzar a rodearlo por completo debido al grosor. El hombre apagó la luz de la linterna pero siguió hablándole al chico – ¿Te gusta? – Si – ¿Te gusta hacerle mimitos, acariciarlo? – Si – A que te gustaría darle besitos -primero lo dijo como afirmación y luego preguntó- ¿O no? Pablito… – … – Dale, mostrame como le das besitos a mi amiguito… Un largo momento que a Pablito le significó un cambio drástico, fuerte y hasta violento de su mundo, hasta entonces mágico. Iba a decidir su vida he iba a concretar lo que siempre deseo A lo largo de los años del noviazgo de su hermana con Tito y desde aquella noche de cine se había instituido una relación silenciosa, sensual, erótica y hasta sexual entre él y su cuñado limitada por dos prendas: un pantalón, diferente cada vez, y un calzoncillo. Esa relación dio esta noche un salto cualitativo en la soledad del campo, a muchos kilómetros de distancia de su hogar, en medio de una torrencial lluvia, para convertirse en crucial y definitoria. Dudó un momento ante la insistencia del hombre. Después decidió. Lentamente fue incorporando su torso para apoyar la cabeza sobre el cuerpo del cuñado. Su mejilla izquierda descansó sobre el peludo vientre de Tito y sus fosas nasales aspiraron por primera vez el olor del hombre. Un olor que nunca encontraría en otros cuerpos. Un olor entre suave y agresivo; entre ácido y dulzón. Un olor que lo marcaría para siempre. Abrió grande los ojos pero nada vió en la oscuridad. La mano derecha atrajo hasta su boca el órgano cuyo hinchado glande quedó sobre sus labios entreabiertos mojándolos con el liquido que manaba del orificio. Fue el primer beso. Un beso prolongado, eterno. Nunca jamás supo describirse para sí las sensaciones que invadieron su cuerpo. Una mezcla entre emoción, alegría desbordante que henchía su corazón y lo hacía palpitar enloquecido. Era sentir por primera vez lo que muchos años después sabría que era el amor. El miembro erecto, con su duro y a la vez suave glande, quedó sobre los labios de Pablito. Bastó una leve presión ejercida por la pelvis para que los labios se abrieran y dejaran entrar a la boca el bálano hinchado. La estrecha cavidad apenas lo contenía y los dientes lo rosaron. – Huyyy!!!… Con los dientitos no, Pablito… Hacé como si fuera un chupetín pero sin morderlo. Como cuando te chupás el dedo… Bastaron apenas unas pocas orientaciones de parte del cuñado para que Pablito aprendiera y pusiera en práctica las enseñanzas. Tenía total y absoluta libertad para explorar aquel campo desconocido para él hasta sólo un momento antes. Acarició, palpó, tocó, besó todo lo que el hombre puso a su disposición. En su boca se acumuló el fluido expelido por el gordo pene y como no supo que hacer se le ocurrió beberlo y como no le supo mal siguió bebiéndolo a medida que fluía. Nunca olvidaría el momento en que, tras un tiempo extenso, la mano del hombre acarició su cabeza a la vez que la pelvis comenzaba un meneo que fue increscendo hasta que la mano sostuvo la cabeza desde la nuca, la pelvis se impulsó un poco sin violencia, el pene latió con fuerza y hasta su garganta llegaron espesos goterones de un líquido tibio y suave. Pablito tragó instintivamente al sentir que se ahogaba, sintió nauseas, pero luego siguió bebiendo hasta el final todo lo que salió del miembro de su cuñado. El cuerpo del hombre quedó inmóvil aunque su respiración era agitada. El miembro, aún en la boca de Pablo, fue perdiendo dureza y se redujo hasta salirse. Pablo lo acarició hasta sentir que las manos del hombre lo subían desde su posición hasta acercar las caras. El hombre extendió una caricia por su mejilla y con la palma limpió la boca del cuñado. Notó que no tenía humedad y preguntó: -Pablito escupiste en la bolsa lo que me salió?… -No… Me lo tragué -¿Te tomaste mi leche?- pregunto sorprendido -¡Qué! ¿Cómo leche?… ¿No era su pis? -No, tontito… Eso es mi leche -¡Oh!… ¿Y le sale por el pito?… – -Claro… A todos los hombres nos sale… -¿Cuándo yo sea grande y haga pis me va a salir igual que a usted?… -Cuando hagas pis, no. Cuando te hagan lo que vos me hiciste con la boca… o cuando la metas por el chochito de las mujeres o por el potito, te da tanto gustito que te sale la leche -Oh… ¿La pichula se mete por el potito? El hombre no contestó pero ya la inquietud había nacido en Pablito y ese sería su próximo objetivo. Lograr que su cuñado lo poseyera de esa manera también. No había plazos estipulados. Existía mucho tiempo por delante. No hablaron más. Los dos se durmieron. Como decía la mujer de la película que Pablito vió en el cine: “Mañana será otro día”. Y el otro día amaneció tan frío y lluvioso que invitaba a quedarse en la bolsa de dormir. Lo hicieron. Se quedaron en la bolsa hasta la media mañana en que el hombre se levantó y preparó el desayuno para los dos. El día transcurrió, en apariencia, como si no hubiese sucedido nada. La lluvia que por momentos era copiosa los obligaba a permanecer en el camión, bajo la carpa. Pasó el día sin noticias del padre de Pablito. A unos sesenta kilómetros del lugar el camino estaba cortado por la creciente y no se podía llegar. La noche volvió a pasar por el lugar y, como un calco, ocurrió todo otra vez. Esta vez hubo menos rodeo. Una vez dentro de la bolsa de dormir, Pablito, se deslizó hacia el interior y apoyó su cara en el vientre de Tito. El hombre simplemente bajó su mano, quitó el botón que sujetaba el calzoncillo y lo deslizó por sus piernas hasta quitarlo. Pablito lo imitó. Los juegos, besos y caricias se prolongaron. Guiado por la sapiencia de su cuñado Pablito conoció con sus labios todo rincón de aquel cuerpo por oculto que estuviese, oculto a la luz del día, mientras que las manos grandes y sabias fueron preparando el camino estrecho por donde avanzaría el endurecido y experimentado trozo tibio que brinda siempre placer, complemento del desproporcionado dolor de la primera vez. Los dos se entregaron completamente y se brindaron placer. Pablito aceptó cuando Tito le propuso probara por la cola lo que había probado con la boca y se dispuso al cruento sacrificio permitiendo que los dedos enormes lo prepararan dilatando su orificio. Se dejó guiar tendiéndose de bruces. Las piernas peludas del hombre ejercieron una leve presión entre las suyas para que las separara. Lo hizo y sintió el cuerpo adulto que se acomodaba sobre el suyo. Apreció como el grueso pene se ubicaba entre sus glúteos separándolos y cómo los enormes y pesados testículos aún mojados por su saliva quedaban un poquito más abajo de su orificio anal. La mano adulta guió el órgano grueso y largo ubicando el hinchado bálano sobre el apenas dilatado upite. Pablito lo sintió mojado y deslizante y no pudo contener pequeñas contracciones de su esfínter que ansiaba engullir aquel tibio garrote. De manera inoportuna impulsó sus glúteos hacia arriba en el momento en que el hombre comenzaba a presionar con el pene. El esfínter cedió y una generosa parte del miembro entro en el chico con tanta fuerza que no pudo contener un grito que traspasó la cortina de agua y recorrió el desolado y oscuro campo siendo oído solo por Tito que siguió empujando hasta meter en el agujerito protegido por los pequeños glúteos un poco más de dos tercios de su deliciosa longitud. Solo se oía el llanto imparable de Pablito que ahora tenía miedo. El hombre inició un suave meneo que le produjo primero más dolor y luego fue despejando hasta sentir un cosquilleo especial centrado en la zona perianal Dejó de llorar. Finalmente el dolor que le provocaba el llanto lo había anestesiado y el peso que tanto lo asustaba al aplastarlo contra el piso haciéndole sentir cada detalle del terreno irregular en su cuerpo desnudo, se alivió de pronto. El hombre, apoyándose en una de sus manos, incorporó su torso desnudo separándolo de la pequeña espalda y encendió la luz de la linterna El hombre se irguió un poco y miro la espalda estrecha y las nalgas magras. Pensó que en ese momento él le pertenecía sin límites. Bajó su mano libre y lo obligó a abrirse un poco más. Varios centímetros de su grueso miembro estaban todavía fuera del pequeño orificio que se veía muy tenso y dilatado tratando de aceptar al intruso. El hombre impulsó la pelvis hasta lograr que solo quedaran afuera los pelos renegridos de su pubis. Apoyó la mano con la que separó los glúteos insignificantes, en el suelo para sostenerse y retomó el meneo lento y profundo sintiendo la estrechez que lo contenía – ¡¡¡Ayyy…no. No…noooo! –gritó… – ¿Te duele?- preguntó – Siiii…- respondió – ¿Mucho?- volvió a preguntar – Siiii – Aguantá un cachito… – No…no. Me hago caca. Me hago caca – suplicó – No. Te parece. Es porque tenés a mi amiguito hasta los pelos en el upite. Aguantá – ¡¡¡Ayyy!!! Me hago caca – Aguantá un poquito que te doy lechita, dale Sus movimientos se aceleraron y volvieron mas violentos reavivando el dolor Respiración agitada y gemidos de placer en el cuerpo adulto transpirado Quejidos de dolor y llanto en el cuerpo impúber penetrado por el ano. Movimientos acelerados al extremo que llevan al climax al adulto. Una paloma se posa en la copa de un árbol cercano. Desde allí se ve la espalda del cuerpo adulto conformando una figura extraña. A la altura de sus gruesos y peludos muslos, allí donde se separan las nalgas de las piernas, esas nalgas ahora apretadas fuertemente, sobresalen dos pequeñas extremidades que se agitan en una manifestación de dolor. En el interior del cuerpo penetrado se sienten las violentas pulsaciones del pene adulto cuyo glande se agranda al ritmo de la eyaculación que es abundante. Los cuerpos se aquietan, luego se separan lentamente. Cuando el hombre retira el pene del interior del cuerpo pequeño dice… -Ya está , Pablito. ¿Te gustó? -Me hago caca…- responde. El cuñado lo ayudó a limpiarse el ano con el agua de la lluvia. Después se metieron en la bolsa y abrazados se durmieron. Esa fue la primera vez Pero no la última. Desde ese momento, Pablo, que al momento del relato contaba con 9 años, idealizó de manera superlativa a Tito quien en su vida profesional era un oficial de policía y se doblegó a todo y obedeció a su cuñado. Esta es mi historia y aunque lo deseo no la puedo volver a vivir. Si alguno quiere contarme su primera vez aquí estoy para escuchar. Los quiero a todos Chau Este relato es para ser leído por gente que acepta la verdad de su condición, sin histerias ni historias. Amén. Ale

Autor: alejandrogusta Categoría: Sexo Gay

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lLOS MUCHACHOS DE MI BARRIO II

2021-02-15


LOS MUCHACHOS DE MI BARRIO II Es oportuno destacar un aspecto en el desarrollo de esta narración para que pueda ser comprendida. Entiendo que todo relato sobre una historia vivida por cada protagonista tiene similitud con otras muchas historias que podemos leer en estas páginas. Los hechos son similares pero son solo vividos por los actores circunstanciales que los interpretan en el escenario complejo de la vida. Me atrevo a decir que la intensidad está determinada por el marco social y el momento histórico que da encuadre a las historias. Todo mundo que haya vivido momentos parecidos sabe que a la edad en que los muchos Chochis (8, 9, 10 años) despiertan con estas experiencias tan cruciales y determinantes en sus vidas se comienzan a vivir experiencias en cantidades nunca soñadas. Es como si de pronto se abrieran todas las puertas para que se encuentre todo ese mundo excitante y maravilloso de los adultos. Complejo, misterioso, apabullante, En mi caso las cosas se sucedían de manera que me llevaban a vivirlas sin razonar, motivado por el impulso antes que por la razón. En mi descargo diré que difícilmente a los 9 años se pueda razonar. Las semanas que estuve con mi tío Tito en el camión me mostraron un mundo del que ya nunca escaparía: El mundo de los grandes. Las cosas me sucedían de manera espontánea. Yo no las buscaba. Simplemente sucedían. Las cuento más bien de manera sintética y no abundo en detalles para que cada lector aporte lo suyo, su imaginación, para que el relato se enriquezca. Por ejemplo conté que la única experiencia con un chico de mi edad o cercano, fue con mi iniciador físico porque todas las posteriores fueron con adultos. Trato de contar lo que mis ojos de 9 años veían, con todas las sensaciones y las emociones de quien descubría todo lo nuevo. Lo del gringo Rafael es tal y como lo cuento. De verdad era enorme, más grande que todo lo que había visto, tocado y probado hasta ese momento. De verdad cada vez que eyaculaba, lo hacía de manera abundante y podía sentirse el latido de su sexo cuando regaba mi interior con su simiente. Desde las vacaciones de invierno que pasé con mi tío Tito en el camión, en el mes de julio hasta finales del mes de octubre conocí cuatro miembros diferentes. Cada dueño lo usaba de manera incomparable. Tenian una textura y un sabor no comparable. Salvo mi tío Tito que me hacía ver estrellas las primeras veces por su tamaño y porque fue el primer adulto que me penetró, los otros tres, mi hermano, el Jacinto y el gringo Rafael me hicieron sentir tanto placer, hicieron que me gustara tanto, que desde ese momento estuve atento a descubrir y aceptar las ocasiones que se me presentaron. No solo fue el tener en mis manos y en mi boca sus miembros sino que era sentir su piel, su cuerpo cubriendo al mío, poseyéndome y enseñándome los secretos para encontrar placer en cada gesto, en cada acción. Hablando de acción. Cuando el zapatero se fue, me quedé un rato más en la laguna. Estaba maravillado por lo ocurrido esa siesta. Primero lo acontecido con el Jacinto. Yo no sabía que se había distanciado de la novia y esa era la razón de sus urgencias que me facilitaron todo. Todavia siento sobre mis glúteos la caricia de su pelvis cuando se cobró la apuesta. La suavidad de su piel y el cosquilleo de los pelos de su pelvis, el roce de su glande húmedo y resbaloso entre mis glúteos y la sensación de su penetración alojándose totalmente en mi cuerpo están siempre presentes. La aparición después del cuidador de la finca fue la culminación de una siesta inolvidable. Lamento no contar con un léxico que me permita describir lo que sentí cuando lo vi desnudo en el borde de la laguna. No era un adonis. Era un hombre grande, quizá 1,80 mts de estatura para un cuerpo formado por el trabajo cotidiano. Piernas gruesas, vientre plano, torax ancho, brazos musculosos, cola pequeña y todo cubierto de abundante pelo castaño. Ya hablé de la parte importante que sobresalía y que me había dejado una sensación de vacío en mi recto. Mientras ne tocaba la zona recordaba: “¿Vas a venir mañana?” No pude cumplir mi promesa de volver al día siguiente. No recuerdo la razón. Sí lo hice el domingo siguiente, unos cuatro días después. Mis hermanos no quisieron llevarme con ellos y los otros chicos a jugar futbol a otro barrio y quedé solo y aburrido. Me acordé de la laguna y hacia allí me fui. En la laguna no había nadie así es que bordeándola pasé y seguí camino a la casa del gringo. Bajo la galería de la casona estaba sentado el gringo Rafael. Cuando me vio se sonrió. Miró para ver que no hubiese nadie más cerca y me hizo señas para que entrara a la casa. -¿Viniste solo, nene?. -Sí… -¿Venis por esto? – dijo tocándose el paquete. Yo asentí. De inmediato se quitó el pantalón y el calzoncillo – Vení. Vamos al dormitorio. Mientras caminaba delante se quitó la camisa y entonces pude apreciar su cuerpo desde atrás. Espalda ancha, cola pequeña y piernas gruesas, muy peludo todo. En el dormitorio, se tendió en la cama. Me dijo que me desnudara y subiera a la cama. Separó sus piernas y yo me ubiqué entre ellas y me apropié de sus genitales. Los acaricié, besé, lamí, chupe todo lo que pude hasta que el miembro se endureció creciendo largo y ancho. -¿Te gusta, nene?. -Sí… -¿Lo queres en el potito?. -Bueno… -Sentate arriba mío y ponete la cabecita en el upite y dejalo que entre despacito. Me abri de piernas de espaldas a él y sobre su cuerpo. Cuando me senté me pinceló el culito con el flujo lubricante que le brotaba del pene, Puso sus manos en mis caderas y me acercaba a su cuerpo. La cabezota entró de golpe, completa y me provocó un dolor tan agudo y fuerte que me hizo caer de bruces hacia sus pies. Él me sostuvo evitando que el miembro se saliese. El gringo se sentó en la cama y me levantó de mis brazos dejándome después tendido sobre su panza peluda. Poco a poco el dolor remitió y comenzó un meneo suave sin sacar el pene y sin querer meter más. -¿Qué pasó, nene? Ya me olvido tu culito… -Me dolió un montón… -¿No queres mi pitito? ¿Queres que te la saque? Tenés adentro solo la cabecita, bicho… Negué con mi cabeza. El gringo se volvió de costado y quedamos en cucharita. Me acariciaba todo. Un rato después tomó mi pierna desde el tobillo y me hizo recogerla, montándola sobre su pierna. Asi, en esa posición inició el meneo delicioso que me dilató y permitió que de a poco el miembro entrara hasta sus dos terceras partes. -Mete tu mano por delante y tocate el potito y mi pichulita – No vi como estaba pero me impresionó sentir que casi había entrado todo ese enorme tripón del gringo – Tratá de tocarme los huevos con la manito – Al querer hacerlo como que yo mismo hice presión y pujé haciendo que todo el miembro entrara en mi. Sentí los pelos pegados a mis nalgas. Entonces el gringo se montó sobre mi y comenzó a cabalgarme de una manera que me obligaba a morder la sabana. Cada empujon en mis entrañas me dejaba sin aire. No se detuvo hasta vaciarse en mi recto. Nunca voy a olvidar el latido violento del miembro mientras eyaculaba. Tras la última contracción volvió a ponernos de cucharita. -¿Te gustó? -Sí… -Todavia tengo la chota dura pero no quiero lastimar al único culito que se aguanta todo mi pedacito. Mañana venite a la siesta y nos echamos otro polvito. ¿Vas a venir?. -A la siesta sí… -No te olvides porque si no tu culito parece que después me desconoce,,, -No. Mañana vuelvo Todos sabemos porque necesariamente hemos atravesado esa etapa inevitable de la vida en la que vamos descubriendo el mundo de los más grandes, que las experiencias se suceden sin solución de continuidad y vienen unas tras otras. Sobre todo en los barrios en donde no existen tantas inhibiciones sociales prontamente aparecen candidatos para darte hasta donde vos quieras. luego de que comienza el boca a boca. Los adultos casados censuran pero cuando te tienen a tiro te bajan la caña como cualquier hijo de vecino y son los que mas saben andar el caminito de tierra todo a condición de que no digas nada. Uno de esos casos fue el del zapatero del barrio que tenía un hermano policía y otro colectivero. Cuando lo vi esa tarde en la laguna me quedó la idea fija de hacerle una visita al taller de calzados. El taller estaba en una piecita chica a la entrada de un conventillo (vecindad) en la que vivian muchas familias de laburantes y tenia puerta hacia la calle y otra hacia el interior. Cuando llegue al tallercito de Manuel, este estaba solo lidiando con unas botas que erreglaba -Eh, Chochi tanto tiempo ¿Qué andás haciendo a esta hora de la siesta?. preguntó -Nada. Estoy aburrido. No se qué hacer… -Andate a la laguna… -Ahora no hay nadie… -Si me esperas un rato, termino esta bota y como no hay mas trabajo, vamos los dos ¿Te parece? -Sí, dije eufórico -Pero mirá si lo que vos querés es ver lo que te mostré el otro día no hace falta que vayamos. Te lo enseño aquí y hasta lo podes probar si querés Sin decir mas se corrió a un lado el delantal de cuero que tenia puesto y sacó de su pantalón tremenda tripa oscurita que dejó colgando a la espera que yo la tocara. Con un gesto me animó y yo la agarré. Suave y tibia. Se sentía pesadita. Quise sacarla más pero no me dejó. Yo quería tocarle los huevos pero me dijo que no porque era muy larga y si venia alguien no la podría guardar sin delatarse… -Dale unos besitos en la cabecita Chochi… La besé y traté de meterme la cabeza en la boca pero no pude… -Mirá Chochi. Los días domingo en la mañana no va nadie a la laguna, si la queres mamar y que te la de por el upite nos encontremos ahí. Aquí viene mucha gente a cada rato y no se puede… En ese momento apareció el hermano policía, el papá del Omarcito A , al que Jacinto ya había inaugurado… -Eh Chochi ¿Qué andás haciendo a esta hora de la siesta?. -Hola don Omar, lo buscaba al Omarcito… -Ya se fueron todos a entrenar con el Grillo allá detrás del molino harinero… -Ah, bueno. Me voy… -Ya sabes Chochi, trae todo el domingo y te lo arreglo. -Bueno. Gracias… Salí corriendo. El padre del Omarcito A me hacia sentir que sabia todo con solo mirarme. No se si estaba obsesionado pero a veces lo veía acariciarse el paquete que se le notaba con el uniforma puesto y parecía que ahi había mucho. Mientras iba camino del molino recordaba al Grillo, un hombre alto, morocho, peludo, de ojos saltones que se bañaba con nosotros en el canal del molino y siempre lo hacia desnudo y con el pedazo duro. No dejaba pasar la oportunidad de tocar alguna cola. Lo hacia como jugando. El canal, en la parte que nos bañábamos estaba rodeado de un gran cañaveral que nos tapaba de miradas indiscretas. Cuando llegué al lugar solo estaba el Grillo, el Omarcito G, el Payito, el Omarcito A y yo que llegaba. Todos estaban jugando en el agua. El Grillo había inventado un juego de preguntas y el que no respondía bien pagaba una prenda. En ese momento la prenda era dejarse pincelar el culito con la chota peluda del Grillo. Habia que ponerse en posición de sapito al borde del canal y allí te pincelaba. Me incorporé al juego y contesté bien. Le tocó al Payito y perdió. Se puso en posición y el Grillo se acercó, le miró el upite y se dio cuenta que ya no era virgen. Vi cuando se escupió la mano, le pincelo la puertita, ubicó bien la cabeza y empujo. Por lo menos la mitad entró. Antes de que el Payito gritara o que los demás se dieran cuenta, lo abrazo y se metió con él al agua. Los otros no se dieron cuenta. En el agua lo soltó y siguió el juego. Esta vez perdió el Omarcito G y cuando el Grillo lo puso en posición vio que todavía esta sanito -Huy papito, un virguito para papá. Ya era hora. Despues de un rato se puso aburrido y el juego terminó. Me quedé con las ganas de equivocarme. Con el Payito y el Omarcito A nos venimos para el barrio. El grillo dijo que el Omarcito G le tocaba ayudarlo a ordenar la cancha y se quedó con él. Al Omarcito G no lo vimos por varios días. Incluso el Grillo desapareció para siempre del barrio y según contaban, lo buscaba la policía. Según cuentan en el barrio, lo había lastimado mucho al Omarcito G y tuvieron que ponerle puntos en el culito. Un día sábado de mañana el hermano del zapatero que se llamaba Mariano y era colectivero me pidió que le vaya a comprar cigarrillos. Mariano vivía solo en una de las piezas del conventillo que daban o tenían puerta directa a la calle. Era soltero, alto como sus hermanos y como pude comprobar cuando vine con el mandado, era repeludo. Cansado de su jornada de trabajo se había acostado sobre al acolchado de su camita vestido con solo un calzoncillo de esos que parecía un paracaídas: celestes, con dos botones en la pretina o cintura y la bragueta libre además de ser amplios de pernera. Estaba con las piernas y los brazos abiertos y roncaba. Como la ocasión hace al ladrón aproveche y me puse a mirar todo. No la pieza no. Miraba a Mariano por todos los rincones de su anatomía. Las piernas gruesas y peludísimas. Por una pernera del calzoncillo se podía apreciar un hermoso, gordo, peludo y colgante par de huevos que pedían a gritos una caricia. Como seguía dormido y roncando a pata suelta tendí mi mano y entre abrí la bragueta. Una selva de pelos y el nacimiento de lo que luego veria un hermoso ejemplar de pene. Parece una cuestión de herencia familiar. Con mucho cuidado lo fui sacando y lo dejé acostado hacia la derecha. Cabeza perfecta de prepucio suelto, lisa, suave y con una boquita bastante grande. La morocha era bien venuda y aunque dormida se anunciaba “obesa” pero una obesidad mórbida jeje. Me quedé sentado admirando esa obra de arte de la naturaleza hasta que no aguante más y me acerque, la acaricié y como no hubo reacción de Mariano, me lo metí en la boca y chupe, chupé hasta que se estiro a mas no poder. Me di cuenta que la puerta no estaba cerrada bien y le puse traba y volvi a la carga. Era un pedazo muy parecido al del gringo Rafael sin llegar a ser tan grande. No me di cuenta, en mi entusiasmo por mamar, cuando Mariano dejó de roncar y se había despertado. Tenia los brazos detrás de la cabeza y me miraba… -¿Te gusta putito? -Si… -¿Por el culito también?. -Si… -Bueno dale, ponete en bolas y segui chupando que hoy vas a comer para toda la semana Mariano me hizo de todo y me hizo hacerle de todo. Fue al primer hombre que le chupe el culito. Me acabó tres veces y las tres veces lo hizo empujándome todo su ser en mi ano. Me hizo sentir bien y cada momento fue placentero. Lo mismo ocurrió al otro dia en la laguna con el zapatero Manuel. Mi madre que pija larga. Mañana les cuento El día domingo me desperté temprano y después de desayunar y hacer los mandados me fui a la calle. No me había olvidado de la propuesta de Manuel, el zapatero, pensando en ir a la laguna me fui caminando haciéndome el distraído prestando atención de que no me viera nadie. Cuando llegué a la esquina de la casa del Jacinto al primero que me encuentro es a él. Despues de una noche de sábado de baile, venia hacia su casa. Traía el saco al hombro, la corbata floja y la camisa afuera. No me pude ocultar a tiempo y me vió -Eh, Chochi ¿Cómo andas? -Bien -¿Qué haces en la calle tan temprano? Hoy es domingo… -Nada… -¿Querés hacer algo?. -No sé… -Vení… Por el costado de la casa había un pasillo por el que se llegaba a la pieza del Jacinto, bien en los fondos de la propiedad. Me hizo señas con el dedo en los labios y entramos sin hacer ruido. Una vez en la pieza cerró la puerta y abrió la ventana que daba a los fondos de otra casa. Se desnudó completamente y luego se acarició los genitales. Despues de mi hermano Pancho, el Jacinto era el que más me gustaba. Era blanco, muy peludo y tenia la chota igual que mi hermano con los huevos bien gordos y con el escroto bien largo por lo que cuando acababa no se le subían y quedaban golpeteando entre las piernas. Las nalgas eran pequeñas, peludas y las piernas gruesas de jugar futbol. Sin decirme nada comenzó a desnudarme. No me resistí y tan pronto me quité el pantaloncito corto que llevaba, me prendí de su verga mamándola con ganas. Sabía que esa noche alguna tonta la despreció dejándola con ganas para mí. El día anterior Mariano me había enseñado a chupar el culito y cuando el Jacinto se tendió en su cama con las piernas abiertas y recogidas, con mi lengua llegué hasta su lugar más oscuro, tibio y un poquito amargo. Estaba limpio aunque muy peludo. Se dejó hacer y le hice todo lo que había aprendido el día anterior. Cuando ya estaba por explotar me tendió boca abajo en su cama, me besó el culito y cubriéndome con su cuerpo me penetro hasta la raíz de su miembro. Con calma me cogió en esa posición hasta llenarme. Se quedó tendido sobre mi. Sentia que su pija estaba dura dentro de mi recto. Descansó un rato y luego volvió a menearse un rato. Me puso en cuatro y de esa manera bombeo hasta venirse otra vez dentro mío. Se salió de mí y se limpió con una toalla que tenía -Gracias Chochi. Siempre que tengo el tanque lleno aparecés vos y me salvás. Me voy a dormir un rato. Sali por donde entramos sin hacer ruido. Chau -Chau… Sentia que tenía el culito lleno de leche pero ya, después de probar tantas chotas a lo largo de casi un año del debut con mi tío Tito, podía tenerla en mi interior el tiempo que yo quisiera. Eran como las 9,00 de la mañana y seguí mi camino hacia la laguna. Cuando llegué, no había nadie. En una parte del descampado, por donde pasaba un canal, habíamos construido un refugio que muy pocos conocían. Allí era donde los más grandes nos hacían las transfusiones de leche a los mas chicos. Escuché que alguien silvaba una canción y cuando me cercioré que era Manuel, el zapatero, salí de mi escondite… -Hola, don Manuel… -Eh Chochi, creí que no ibas a venir… ¿Está algunos de los otros chicos? – preguntó… -No, don Manuel… -¿Te vas a bañar?. -Enseguida… Mire, venga por aquí El hombre me siguió hasta que llegamos al refugio. Era tan alto el cañaveral que podíamos estar de pie sin problemas… -Un lugar secreto… -Don Manuel… ¿Me la va a mostrar?. -¿Me la querés ver?. -Si… Manuel se quitó el pantalón y los calzoncillos y junto con mi ropa hicimos como una camita y se tiró con las piernas abiertas… -Acá la tenés servida, chupala, mamala que después te la vas a comer toda, hasta los huevos… De verdad era la pija más larga que había visto hasta ese momento. Menos gruesa que la del gringo pero sí mucho mas larga. Se la bese y chupe de todas las maneras que yo podía hasta que decidió… -Vení Chochi. Quiero el culito. Despacito pero te la voy a dar toda por el chiquilín… Me puso en cuatro y a pesar de estar dilatado por la cogida de Jacinto, costó un poco que entrara. Como lo dijo, me la fue metiendo despacito hasta que sentí sus pelos en mis nalgas. Entonces ahí me hizo tender boca abajo y comenzó a culearme. Cada metida me sacaba el aire y cada sacada me dejaba vacio. Sin violencia me la hizo comer toda. Sí me dio miedo cuando comenzó a acabarme. La pija se hinchaba enorme y soltaba unos chorros fuertes que creí que se orinaba pero, no. Todo era leche y bien espesa. Me la sacó de la misma manera en que me la puso, con suavidad. Me dejó tan cansado que me quedé acostado allí mientras el se fue a lavar a la laguna. Cuando volvió se vistió y antes de irse me preguntó -¿Te gustó Chochi?. -Sí, don Manuel… ¿Me la metió a toda?. -Hasta los huevos… Lindo culito tenes. Aguantador. Chau… Nos vemos -Chau, don Manuel… La vida siguió su curso. Cada uno de los muchachos del barrio siguió teniendo experiencias de todo tipo. Si bien no reniego de aquellos años y de lo vivido tengo un recuerdo especial para los moralistas de todas las épocas. Siempre hubo un adulto rompiéndole el culo a un chico, ya sea un tío, un primo, un hermano, un vecino, un amigo. Nada cambió. Es solo que la Sociedad hipócrita sigue negando lo que ella misma genera. En mis recuerdos hay un impasse desde don Manuel hasta el próximo adulto que se relaciona sexualmente conmigo. A lo largo de una semana nos reencontramos con los mas chicos: los Omarcitos A y G, el Planeta, el Bolita, el Tato y el Payito. Con el primero que me encontré fue con el Omarcito G al que el Grillo le había roto el potito y tuvieron que ponerle puntos. Le pregunté y me contó como fue que el Grillo lo lastimó tanto. El Omarcito G me dijo que después que nos fuimos los otros chicos se quedó un rato más con el Grillo y volvieron a jugar a las preguntas. Que el perdió muchas veces y que el Grillo le pincelaba el culito con la chota y que de a poquito algo le entró pero que le dolió y se lo dijo al entrenador… -Grillo, acá no juguemos más porque puede venir alguno a bañarse y nos van a ver… -Bueno O. Vení vayamos a los vestuarios a guardar todo y nos vamos. Una vez que guardaron todo el grillo le dijo que jugaran un ratito mas y que se irían. El Omarcito G aceptó y jugaron. Él perdió y el Grillo lo puso en cuatro sobre una banqueta y le pincelo de nuevo pero ahora le puso vaselina y le metió un dedo en el culito. Como le dolió le dijo que nada mas… -Mira, lo juguemos de otra manera. Si perdés, me la tenes que soplar. No era muy difícil el Omarcito G, además el entrenador era un hombre lindo, bien peludo, de ojos grandes, y muy simpático. Volvió a perder y sentado en la banqueta en vez de soplar terminó chupándole la chota al Grillo. Dice que le gustó y que siguió sin que él se lo pida hasta que el hombre le acabó en la boca y se lo hizo tragar. Esperaron un rato y el Grillo le dijo que si no quería que les cuente a los demás que se la había chupado y tomado la leche que se dejara pincelar el potito. Una vez que aceptó lo puso boca abajo y con mucha vaselina se la dejo ir de golpe. El Omarcito G frunció el upite y el Grillo, que de paso portaba una buena chota, se la empujó a la fuerza y lo lastimó. -Omarcito ¿Te gustó chuparle la chota al Grillo? -Sí. No digas nada pero me gustó tomar la leche - ¿Te la vas a dejar poner en el culito? Esa primera tarde nos quedamos en la esquina el Bolita y yo. Ya comenzaba a hacerse noche y el Bolita me dijo… -Tengo unas ganas de hacerme la paja… Me voy a mi casa. Ah estoy solo hasta el sábado. No hay nadie… ¿Queres venir? -Dale… Nos fuimos caminando hasta la casa del Bolita y entramos a su pieza. Era verdad que quería hacerse la paja porque tan pronto entró se desnudó entero y se tiró en la cama y comenzó a tocarse. Al verlo recordé que el Bolita le decían así porque a pesar de su estatura ya tenia 18 años y la pija tan grande como mi hermano. Era bien peludo. tenia unos centímetros mas de estatura que yo, y la forma del cuerpo de un hombre en chiquito. Sentí ganas de tocarsela… -¿Querés que juguemos una luchita Chochi?. -Dale… -Sacate la ropa y vení… Mientras me desnudaba vi que se le había parado y estaba en todo su esplendor. Vista desde mi posición se veía que en el tronco era bien gruesa y tenia venas bien gruesas y visibles. Le mediria como 18 y era bien cabezona. Me desnudé y me subí a la cama y comenzamos. Al ratito ya me tenía boca abajo y con su pija dura puerteandome en el upite. Me quise resistir cuando sentí que la cabeza me entraba…. -No, Bolita, no -Ya entró Chochi. aflojate y no te va a doler. -No,no – me hacia el dificil. -Nadie se va a enterar Chochi. Yo no voy a decir nada te lo prometo. Yo me resistía pero ya no habia retorno. Estaba hasta los pelos La habitación del Bolita tenía una cama amplia una mesita de noche, una mesa escritorio, una silla y un ropero enorme de cuatro puertas que tenía en cada una un espejo a todo lo largo y ancho. Recuerdo que haciéndome el difícil giré mi cabeza y me encontré a mi mismo, mi cara, saliendo de abajo del Bolita. Esa visión me produjo un shock. Sobre mí, que estaba con las piernas separadas, estaba el peludo cuerpo del Bolita. Era chiquito de estatura pero su cuerpo tenía las formas de un hombre. Muslos bien formados, nalguitas pequeñas y muy peludas, torso bien armado por la gimnasia, pelos en la espalda. Habia metido sus brazos por debajo de mis axilas y con sus manos me tomaba de los hombros. Clavaba la punta de sus pies en la cama y bombeaba como los conejos, muy rápido y sin parar. Cuando sentía que llegaba su orgasmo se quedaba quieto hasta calmarse y volvía a empezar. A pesar de la velocidad del bombeo, no hacia daño y provocaba unas sensaciones placenteras incomparables. Cuando notó que me relajé y aflojé mi cuerpo, dijo… -Así, chiquito. Dame bien el potito. Paramelo, Chochi, ponelo bien paradito… -Bolita no vayas a decir nada sino mi viejo me mata… -No papá. Nadie sabrá de esto Chochi… Me quedé con la cabeza vuelta hacia los espejos mirando el trabajo del Bolita sin decirle nada. No sé cuánto tiempo estuvimos ahí pero cuando terminó dentro mío sentí cada chorro de su leche entrando. Además me gustó ver como apretaba sus nalgas mientras acababa. Cada día de esa semana, cada siesta, busqué alguna excusa para quedarme con el Bolita para que al final me invitara a ir a su casa, donde siempre me proponía… -¿Jugamos una luchita?. Y yo siempre aceptaba. Como al tercer día de luchas y cuando ya me tenía boca abajo y con su pene metido en mi culito le dije… -Bolita… -Que papá?. -Mirá tu ropero… -Guau… ¿Te gusta mirar?. -Si… -¿Querés ver como te entra en el culito? -Dale… Desde ese día, cada vez que pude, me gustó mirarme en un espejo… Hace poco tiempo volví al barrio querido. Está cambiado y algunos de los muchachos ya no están. Se fueron. Me encontré con el Bolita. Se casó, tiene muchos hijos, nietos y un bisnieto. Le pregunté del ropero y sonriéndose me dijo… -Lo conservo hermano. Guarda lindos recuerdos. Volviendo al barrio, cuando pasó aquella semana y ya no se pudo volver a la casa del Bolita, una siesta me fui a buscar al Omarcito A, el hijo del policía, al conventillo (en algunos países le llaman “vecindad”). Me extrañaba no verlo. El portón estaba cerrado y en la pieza del tío, Mariano A, el chofer del colectivo, no había nadie. Solo estaba abierta la puerta del taller del zapatero, don Manuel A, también tío del Omarcito. Me quedé en la vereda esperando porque dentro don Manuel hablaba con alguien… -¿Y ahora que vas a hacer? – decía don Manuel – ¿Te vas a La Rioja?… -No. Solo tengo dos días de franco. Si por mi fuera me iría. Tengo los huevos llenos. Hace 8 días que la negra se ha ido y no la puse una sola vez… Tengo leche como para hacer quesillos… -Dale trabajo a la mano… Yo estoy igual que vos, sin hacer nada… -Mirá, de última… Ya veremos. Por lo pronto le voy a dar una paliza a la cama, estoy cansado. Me doy una lavada y a dormir un siestón… Nos vemos. -Bueno… Cuando sonó el golpeteo del martillo sobre algún zapato, entré… -Hola don Manuel… -Eh, Chochi ¿Cómo andas?. -Bien… Estoy buscando al Omarcito… -No está el Omarcito. Vuelve el lunes, creo. –me miro como pensando algo – ¿Andas buscando alguna cosita, Chochi? – tocándose el paquete. Asentí con un movimiento de cabeza. Bajando la voz me dijo… -Mirá Chochi. Ya yo no puedo tengo que entregar unos trabajos hoy pero si vos querés andá hasta la pieza del Omarcito y sin que ningún vecino te escuche decile al padre que digo yo que si en vez de tirar los quesillos no quiere dártelos a vos, que vos te los comés. Pasá… Entre al patio del conventillo, no había nadie. Encontré que el padre del Omarcito A salía del baño tapándose con una toalla pequeña y todo mojado. Entró a su pieza. En la puerta había una cortina de tela tapando la entrada… -Don Omar – llamé – Soy el Chochi y me manda don Manuel… -Veni, pasá que estoy todo mojado. Entrá… Entré. Parado frente a mí, tapándose el bajo vientre con la toallita, estaba el hombre. A diferencia de Manuel o Mariano, este tenía el cuerpo mas trabajado. Piel bastante clara. El pecho, la panza y las piernas cubiertos de abundante pelo… -¿Qué pasa, Chochi?. -Don Omar, dice don Manuel que si usted quiere, en vez de tirar los quesillos me los dé a mí que yo me los como… -¿Qué? No me digas…- al decir esto se le soltó la toalla de una de sus manos y descubrió sus genitales, casi iguales que los de don Manuel – ¿Te gusta comerte esto? – me dijo tocando su pene… -Sí… -A ver… Vení, mostrame… Me acerqué hasta él y tendiendo mi mano tome el grueso y largo miembro y lo llevé a mi boca. Antes de que siquiera lo besara, ya estaba duro y palpitante. Parados en el medio de la pieza lo felé a lo largo y ancho, besé sus grandes huevos. El me dejaba hacer sin obligarme a nada… -¿Me vas a dar el upite? ¿La querés por el culito?. -Despacito… -Pero hasta los huevos… Con suavidad, aún cuando por el grosor limitaba la copula, el hombre me fue penetrando acostados en su cama. Cuando estuve bien receptivo, comenzó a menearse dándome y dándose placer. Siempre se ha dicho que los riojanos saben hacer el culito, que sienten placer de culear y lo hacen muy bien. Yo lo confirmo. Cuando eyaculó, no me la sacó sino que esperó un tiempo manteniendo “la mocha” durita y a los minutos reinicio su meneo y volvió a acabarme bien adentro. Cuando me la sacó se lavó bien mientras yo me vestí y fui al baño. Volví limpio. Él estaba acostado, desnudo y fumando… -¿Te gustó? -Sí… -¿Te dolió?. -Un poco… Me deja que le de besitos?. -Sí. Chupala si querés… Así lo hice. Lo chupé hasta que el me avisó para que la sacara de mi boca y yo le hice un gesto de que no… -¿Querés la lechita?. Asentí y el hombre me dio la vida… Cuando se durmió, Salí de la pieza y me fui al taller… -Comiste, Chochi?. -Sí don Manuel… -Mañana vení en la mañana, si querés… -Bueno… Chau -Chau Camino de mi casa me encontré con el Payito… -Eh, Chochi, te andaba buscando… -¿Para que?. -Veni, vamos a la canchita… La canchita era un terreno baldío que utilizábamos como cancha de futbol. Llegamos y el Payito me dijo… -¿Chochi lo conocés al Felipe?. -¿Al carnicero?. -Ahá… -Sí. ¿Qué pasa?. -Me dijo que si quería ayudarlo a limpiar la carnicería que me iba a pagar y yo le dije que sí, que bueno… -¿Y fuiste?. -Sí… Cuando terminamos quedamos sucios de grasa y nos fuimos a bañar… Se desnudó y se metió a la ducha conmigo… Mamita mía… -¿Qué pasó? -Tiene una chota grandísima… Me la hizo tocar y… -¿Y…?. -Se la chupé y como no me entraba en el potito me acabó en la boca ¡Qué asco!. “¡Que tonto!” pensé yo… -Me dijo que si quiero ir a trabajar y yo le dije si podía ir con vos y me dijo que sí ¿Querés venir?

Autor: alejandrogusta Categoría: Confesiones

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LOS MUCHACHOS DE MI BARRIO

2021-02-14


LOS MUCHACHOS DE MI BARRIO Relato Corría la década de los años 50. Mi edad era de 7 u 8 años, más o menos. Tenía hermanos mayores que yo en más de 10 años y ellos tenían amigos de su misma edad. Siempre andábamos mezclados y por eso fui conociendo las “cosas de grandes”. En este grupo heterogéneo en cuanto a edades había un chico mayor que yo. Tendría entre 10 y 12 años. Le decían Tato. Nuestras correrías se producían en las horas de la siesta que en mi pueblo son sagradas. Siempre el mismo grupo: el Bolita que tenía 14 años pero era tan menudito que parecía más un chico de 8 o 9 años y se diferenciaba porque calzaba un armatoste como el de los más grandes, Jacinto Q y Pancho Q que tenían el mismo apellido pero que no eran parientes y sus edades frisaban los 18 o 19 años, el Cazuela que andaba por los 20, el Tuerto Julio de la misma edad, el Tato M cuya edad ya dije y más chicos entre los que me encontraba yo, el Payito, el Curita, el Planeta, Omarcito G y Omarcito A y otros muchos más. La gomera u honda, era nuestra arma más potente y poderosa con la que no había vidrio de ventanas o farolas que se resistieran. Había quienes tenían una puntería inigualable con ella. El grupo de los cinco más grandes se separaba de nosotros y nos mandaban a jugar a cualquier cosa. A mí me llamaba la atención que incluían en el grupo de ellos al Tato M. Siempre lo llamaban con un gesto que disimulaban y se iban a bañar al canal del Valle Escondido, al de la calle Piedras o a la laguna que había en la finca de los Fernández muy metida hacia dentro de la finca a casi quinientos metros de la calle más cercana y rodeada de sauces llorones, higueras, olivos y parrales que daban privacidad a los bañistas. Casi siempre eran el Jacinto, el Pancho y el Bolita porque el Cazuela y el Tuerto trabajaban y solo aparecían en la siesta del día sábado y el día domingo. El Pancho salía cada día con su cajón de lustrabotas por lo que siempre estaba a la hora de la siesta mientras que el Jacinto laburaba con el padre repartiendo soda en sifones en un carro de cuatro ruedas tirado por un caballo y estaba también a la siesta con el grupo. En tanto que el Bolita trabajaba en una verdulería por la mañana. En una de esas siestas me encontraba yo, el Payito, EL Tato M. y el Jacinto Q. esperando que llegasen los otros. Como demoraban mucho y al parecer el Jacinto Q. tenía apuro dijo… -Chochi (así me decían a mi) vos con el payito espérenlo al Pancho Q. que yo y el Tato M. nos vamos primero para buscar las brevas y vénganse con él… Yo era muy pibe pero no era tan caído del catre (no era bobo) así es que le dije que sí y los miramos marcharse hacia la finca de los Fernández. Con el Payito esperamos un buen rato hasta que pasó el Pancho junto con el padre y dijo que se iban a hacer un trabajo. Entonces nos fuimos detrás del Jacinto y del Tato. Llegamos hasta la finca y nos metimos por un caminito trazado por nosotros para llegar a la laguna. La laguna no era otra cosa que un pozo rodeado de montones de tierra, pastos y arbustos y árboles frutales y de los otros hacia donde desviábamos el agua de riego para bañarnos en verano. Era bastante grande en diámetro y profundidad. En silencio buscamos alrededor a los otros dos y no los veíamos hasta que escuchamos que el Tato lloraba entre unos matorrales donde jugábamos a las escondidas. -No Jacinto, me duele mucho… (sollozos) No tonto ayyy… – Ya está, ya entró. No lo frunzas para que no te duela. Ya termino, aguantá un poquito… – No, nada más aaayyyyy… -Ya acabo, aguantá un poquito que te va a entrar toda la verga. Ahí está. Hasta los huevos Tato… -Ayyyy mamita… El Payito estaba asustado pero seguimos avanzando hasta llegar donde estaban. No nos habían escuchado. El Tato estaba boca abajo y el Jacinto montado sobre él se meneaba haciendo los movimientos clásicos. Los dos desnudos. Las piernas del más chico estaban bien separadas y entre ellas metido el Jacinto. Tenía las nalgas bien peludas y blancas. Cuando hablé se quedaron en la misma posición… -Eh, Jacinto ¿qué están haciendo?... El Jacinto se quedó quieto y el Tato dejó de llorar… -Nada estamos jugando a la lucha y al Tato no le gusta perder, por eso se queja… -Pero están desnudos los dos… -Y bueno, es que nos bañamos primero… ¿Se van a bañar ustedes?. El Jacinto quería distraernos de cualquier manera… -Jacinto tenés el poto re peludo – le dijo el Payito… -Oh, mirá se le ve el agujerito bien peludo en el medio de la rayita –dije yo Apremiado por lo que decíamos el Jacinto giró sobre sí mismo y al separarse del Tato se escuchó un sonido que a mi me pareció como del destape de una botella de sidra ¡Plop!, la verga morcillona, babosa y sucia se golpeo contra su muslo y se quedó tendido mostrando su pedazo baboso y sucio. Junto al sonido -¡Plop! -¡Ayyy! – dijo el Tato que se levanto y corrió a meterse entre los pastos y al momento se le escuchaba evacuar con mucho ruido… -Oh! Mirá que pedazo de chota que tiene el Jacinto – dijo el Payito dirigiéndose a mi… -Já! La tiene recontra peluda y gruesa, jajaja… El Jacinto se incorporó, quedándose sentado en el pasto y nos miraba enojado… -El que diga algo de esto y cuente que estábamos jugando a la lucha con el Tato, lo voy a hacer re cagar y no se va a juntar nunca más con nosotros… -A la lucha dice… -comento el Payito… -Siii, se lo estaba culeando al Tato… Mirá, tiene la chota sucia de caca… -dije yo… -Si dicen algo, el Pancho y los otros se van a enojar y no los van a dejar que vengan con nosotros… -dijo Jacinto -Está bien. No vamos a decir nada, pero vos te lo estabas culeando al Tato ¿O no?. -Y bueno, sí. Al Tato le gusta… -¿Vos te lo culeaste antes? –preguntó el Payito… -No. Esta es la primera vez…Le rompí el upite- dijo Jacinto -¡Oh! Sabés cuando se la ponga el Pancho. - Yo se la he visto parada y la tiene más grandota que vos y le sale leche como un surtidor…-dije yo. Eso lo sabía porque el Pancho era mi hermano y yo lo había visto hacerse la paja hasta acabar y tenía un miembro bien grande, gordo, largo y con una cabeza grande. Los huevos se correspondían y escupía leche en cantidad. – Oh, le va a dejar el poto abierto ¿Cierto Jacinto? -Es seguro. El Pancho no se la pudo meter porque la tiene muy cabezona pero ahora que se lo rompí, le va a dejar el upite como una flor. Ustedes no tienen que decir nada porque el que cuenta lo que ve, es porque anda buscando que le rompan el upite… Lo último que dijo me quedó rondando en la cabeza. Lo demás era cierto. Mi hermano tenía, para mí, la más hermosa chota que pudiera haber sobre la tierra. Pasaron los días y una siesta en que jugábamos con el Payito subidos a un árbol, vimos cuando el Pancho y el Jacinto se iban con el Tato hacia la laguna. -Oh, mira Cho, se lo llevan al Tato para la laguna – dijo el Payito -Seguro que se lo llevan para culearlo los dos… -¿Los sigamos para ver qué hacen?. -No. Si el Pancho me ve, me va a cagar a patadas… -Vayamos al escondite y los espiamos ¿Quieres?. El Payito insistió tanto que al final los seguimos. Nos metimos entre los matorrales y sin hacer ruido llegamos hasta un lugar en que los podíamos espiar sin que ellos nos vieran. La imagen me quedó grabada en la memoria. El Pancho estaba desnudo, recostado en un montículo de tierra. Las piernas abiertas y metido entre las piernas peludas, estaba el Tato que tenia la enorme cabeza del miembro de mi hermano en la boca y lo chupaba. Como estaba boca abajo el Jacinto lo montaba y se meneaba sobre él penetrándolo por el culito. Ninguno hablaba. Hasta que cambiaron de posición. El Jacinto lo puso a chupar el pene baboso y el Pancho se apresto a montarlo. Tenía la verga apuntando al cielo, gruesa, larga y cabezona. Se escupió la mano para untarse el miembro y luego como, ya tendido sobre el Tato guiaba el enorme pedazo para meterlo en el culito del Tato. Su espalda a la altura de los omoplatos cubierta de pelos. También sus nalgas pequeñas y sus piernas. Levanto el trasero para guiar con su mano la verga y ponerla en la roseta del upite del Tato. Cuando lo logró, los ojos del Tato se abrieron como platos y grito… -AAAAAyyyyy, NO PANCHITO, DESPACITO AAAAYYYYYY ME DUELE, ME HAGO CACA PANCHITO NNNNOOOOOOO NNNNAAAAADAAA MMMMAAAASSSSS… El Jacinto le puso el pene en la boca y lo silenció mientras el Pancho se quedaba quieto sobre él. El Tato trataba de safar de su posición y al pujar haciendo fuerza permitía que el miembro entrara más en su recto Un rato después Pancho entró a menearse y fue de a poco aumentando el ritmo hasta que apretando sus glúteos empujó su pelvis para acabarle bien adentro. Después los vimos separarse para meterse a la laguna. Esperamos un tiempo y salimos de nuestro escondrijo y aparecimos en la laguna y tras desnudarnos nos metimos al agua. -¿Recién llegan ustedes? – preguntó Jacinto -Sí – contestamos a dúo… Con el Payito nos miramos sin decir nada. Como todos estábamos desnudos podíamos ver los genitales de los dos más grandes que se veían morcillones. Recuerdo que pensé ¿Qué sentirá el Tato cuando le meten por el poto semejantes pedazos? Lo miraba jugar con los dos y me pareció que estaba contento. Tenía como amantes a los dos muchachos más deseados por las chicas de la zona. Con el tiempo el Tato se pegó mas al Pancho y hasta algunas noches se quedaba a dormir en mi casa. Claro, siempre se acostaba con el Pancho. Todo cambió cuando los dos más grandes se pusieron de novios y ya no necesitaron el poto del Tato. Entonces entró a tallar el Bolita que calzaba un miembro grande como el del Pancho pero tenía la misma estatura que el Tato. Antes de que se produjera eso, hubo toda una etapa de transición. Entre los más chicos (El Payito, el Omarcito G, el Omarcito A y yo) se inició un proceso lógico que tuvo como base la curiosidad. Lo habíamos visto al Tato chuparles las matracas al Jacinto y al Pancho y cómo estos se las metieron por el culin hasta el moño y que a pesar de llorar las primeras veces después andaba detrás de ellos para que le dieran más de lo mismo. Cuando estaba solo me dominaba este tema por sobre todas las cosas. Hasta llegar a imaginarme con la pichula del Jacinto en mi boca. Un día el Payito no apareció y me encontré con el Omarcito A que era hijo de un policía y nos fuimos a la laguna de los gringos Fernández. De casualidad nos encontramos en un escondite con el Planeta que era un poco más grande que el Tato y nos hizo señas de silencio, que no hiciéramos ruido. Cuando llegamos al lugar y miramos hacia donde el nos señalaba vimos al Jacinto desnudo sentado sobre el pasto, con la espalda apoyada a un árbol, las piernas separadas y metido entre las peludas piernas al Omarcito G, también desnudo, boca abajo, chupándole el pedazote. -Con los dientes no, con la lengua y los labios – le decía el Jacinto al chico al que le faltaban manos para tocar y acariciar. Cuando el Omarcito se cansó de mamar, el Jacinto lo montó y comenzó a jugar con su miembro entre las nalgas del chico hasta que embocó el upite y le metió un poco. El Omarcito gritó pero ya era tarde. Era sabido que si uno se dejaba, una vez que entraba la cabecita ya no había vuelta atrás. -A ti no mas… A ti no mas – gritaba el Omarcito G. el decía o quería decir “hasta ahí no más” El Jacinto se quedó quieto un rato y le decía algo que no podíamos escuchar. De vez en cuando hacia algún movimiento y era visible que le separaba cada vez un poco más las piernas hasta que comenzó a menearse despacito y a meter un poco más cada vez. El Omarcito gemía como un animalito hasta que el hombre se agitó y empujó el poto hacia adelante. Había acabado. -Ay, me hago caca, dale, dejame. El Jacinto se bajó y el potito desvirgado hizo como ¡plop! Y el Omarcito G se metió entre los yuyos a evacuar y se le escuchaba el ruido de los gases y el semen. Mientras el Omarcito G estaba entre los yuyos el Jacinto se metió desnudo a la laguna y nosotros hicimos un recorrido para llegar por otro lado así no se daban por descubiertos. En ese recorrido nos encontramos al Bolita que salió de otro escondite y se hizo un gesto con el Planeta que solo yo vi pero me quedé sin decir nada. Después los escuché decirse entre ellos -Que ocote, loco- dijo el Planeta -¿Viste? Ayer se culió al Payito y hoy al Omarcito- contestó el Bolita Esa información me estalló en la cabeza. No sé qué sentí. Como un poquito de envidia. Porque tanto el Jacinto como el Pancho eran la facha misma, mucho más cuando estaban desnudos. Pero yo no podía siquiera pensar en que mi hermano me dejara tocarlo aunque más no sea. -Pero bueno, no hay mal que por bien no venga ¿No?. -¿Por? -Ahora vamos a poder culiar nosotros- dijo el Planeta -Yo vengo culiando con el Tatito hace rato. Vos ¿no?- preguntó el Bolita -Conmigo se dejó una sola vez. Al Tato le gustan las chotas grandes. No quiere la mía -Yo quiero seguir culiandome al Tato porque se la puedo meter hasta los pelitos. Además la chupa como los dioses y se toma la leche huevon… -A mi recién me están saliendo los pelos y tengo poquita leche… -Ya te va a salir más ¿Cuántos años tenes?. -13 -Ves. Tené paciencia y culiate por ahora a estos dos… Me quedé sentado en un bordo de tierra. Pensaba en lo que dijeron. El Bolita tenia la pichula tan grande como el Jacinto y al Planeta le estaban saliendo unos pocos pelitos y tenía una pichula gordita y larga. Llamaba la tención que se le corría el pellejito fácilmente y dejaba descubierta una cabecita con forma de chota de grande como la del Pancho. -Eh, Chochi. Veni a bañarte. -Ya voy- contesté Al rato apareció el Omarcito G. Estaba vestido. Sin decir nada se fue despacito. Parece que le dolía el potito. Pasaron varios días. Una tarde, a la hora de la siesta, estaba aburrido y como no veía a nadie me fui a la laguna. Allí estaba bañándose, desnudo como lo hacíamos siempre, el Planeta. Estaba solo. -Eh, Chochi, vení metete que está buenísimo. Jugamos en el agua durante un largo rato y luego nos salimos y nos tendimos en el pasto. Cuando el Planeta no me miraba yo le miraba la pichula. Tenía más pelitos y como que los huevitos le colgaban un poco más. -Chochi, jugamos unas luchitas? -Dale ¿Qué apostamos? -Lo de siempre ¿Querés? -Bueno. Dale Lo de siempre era que el que se rendía se dejaba apoyar por la cola el pito del vencedor. Comenzamos a luchar y el primero en ganar… Fui yo. El Planeta se tendió boca abajo y yo lo monté. Volvimos a luchar y esta vez perdí yo porque de verdad me ganó. Me tendí boca abajo y separé las piernas. El Planeta me montó y me pinceló la rayita y sentí como que me mojaba el upite. Se tendió sobre mí y al sentir su piel sobre mi piel me relajé. La cabecita húmeda de su pichula estaba ubicada en mi upite. Yo levanté un poco mis nalgas y él hizo apenas presión y se me fue para adentro. No sentí dolor. Le mediría al Planeta unos doce centímetros. No dejó de empujar hasta meterla toda. No dijimos nada. Se entró a menear casi sin separar su pubis de mis nalgas hasta que se estremeció y me acabó adentro. Se salió de mi y no nos dijimos nada. Nos que damos callados un rato. Yo vi que a él no se le bajaba. Estaba duro. -Juguemos otra luchita ¿Querés?- me propuso. -Dale. Bueno. Volvimos a luchar y me ganó otra vez. Entonces el Planeta fue y trajo las ropas de los dos y me dijo vení Cho. Vamos allá, al escondite. Lo seguí Me tendí boca abajo y él me montó. Me pinceló la rayita y se puso saliva. Me penetró despacito y hasta la base. Me entró a bombear suave y esta vez duró mucho más. Me gustaba como lo hacia y lo que yo sentía. En un momento comenzó a agitarse -Huy Cho, que rico culito que tenes. Tiene que ser para mi nada más. No se lo prestes a nadie Cho. Sooooolllooooo paaarrrraaa mmmiiiiiiiiii… Sin que me lo pidiera y sin saber por qué, separé mis nalgas con mis manos para que el entrara más. Se convulsionó y luego se quedó tendido sobre mi. -No digas nada de esto Cho. Es un secreto de los dos ¿Sabes?. Por todo ese verano cada vez que podíamos nos desaparecíamos para tener nuestra historia. Ninguno se dio cuenta y solo la llegada del ciclo escolar y el frío después nos separaron un poco. Pero hasta allí lo hicimos cuantas veces pudimos. Casi a diario. Para las vacaciones de invierno (dos semanas) un tío, hermano de mi papá que era camionero, me invitó a que lo acompañe en un viaje al sur por casi esas dos semanas. Me entusiasmé y mi tío le pidió permiso a mi papá que me dejo ir. Las vacaciones comenzaban el 10 del mes pero el último día de clase fue el dia 7 así que esa noche partimos en un camión doble cabina como se decía entonces y que tenía una sola cucheta. Adentro del camión era cómodo para los dos. El dia sábado 8 casi noche ya, estábamos en un pueblito y habíamos bajado a atar unas sogas que se aflojaron de las carpas o lonas que cubrían la carga. Como si nada se desató una tormenta fenomenal que nos empapó de pies a cabeza. Hacía frío, mucho frío. Estábamos en invierno. Nos metimos en el camión y mi tío lo estacionó a un costado de la ruta y me dijo apremiándome… -Chochi sacate la ropa, toda la ropa y metete a la cucheta, dale. Así lo hice y el estrujó mi ropa y la tendió sobre el torpedo. Después se desnudó él e hizo lo mismo, tras lo cual se metió conmigo en la cucheta (cama del camión). La cama era estrecha y nos pusimos de costado. Sin querer quedamos de cucharita. Mi tío era robusto sin ser gordo, musculoso. Tenía 38 años por entonces y era soltero aunque tenía novia. Era muy peludo. Sobre mi desnudez sentí sus pelos y su piel. El indio se me había despertado. Con unos pocos movimientos acomodé mi cuerpo al suyo y mi cola se apoyó sobre su sexo. Él no dijo nada ni tampoco se alejó de mi. Me acuerdo que él tomó una petaquita que llevaba y de ella bebió un trago y me invitó. Yo tome un poco y tosí. Él se rió. -Un traguito de anís. Es para calentar el cuerpo. A mi se me calentó la cabeza y cada vez que podía movía mi cola sobre su miembro. -Tranqui Cho, que me vas a despertar al amigo y ese cuando se enoja hay que hacerle mimitos para que se calme- dijo -¿Qué amigo Tito?. -¿No sabés cuál amigo?. -No tío Tito…¿Cuál?. -La chota tontin, si moves mas el culito me la vas a hacer parar ¿Y que hacemos? -La hacemos dormir… -¿Sos capaz?. -Claro tío… -¿Con la boca o con el upite?. No invento nada. Esto ocurrió así… Hace un montón de tiempo. Desde el momento en que lo vi desnudarse sentí que mi cuerpo reclamó atención. Lo miré mientras colgaba la ropa en el lugar que fuese posible. En mi memoria están guardados cada detalle de ese cuerpo adulto. Formado por el trabajo de cada día. Piernas fuertes y musculosas, nalgas, piernas y espalda cubiertas de un manto de pelos negros que cubrían también el frente. De entre el bosque tupido que cubría su pelvis emergía un pene blanco bastante gordo y larguito y un par de bolas bien gordas que se balanceaban con los movimientos de mi tío. Me llamó la atención la cabeza del miembro, muy parecida a la cabeza de un bull dog. Mi tío Tito se dio cuenta que lo miraba en detalle y se cubrió con la mano. Después se metió en la cama. Mirada a la distancia comprendo las sensaciones y emociones que sentía a esa edad, casi 9 años y la experiencia vivida con el Planeta (A quien volví a ver hace poco. Cómo pasa el tiempo) que me penetraba casi a diario. Claro que el pedazote que sentía sobre mis nalgas era como cuatro veces más grande. Creo que eso permitió, al provocar mi excitación, la primera parte de la penetración en mi upite de la bestia que tenía mi tío. -Y ¿Qué hacemos? Sentí que el miembro duro y resbaloso se deslizaba por la rayita de mi culito separando las nalgas y mojando todo a su paso. Una corriente eléctrica me sacudió el cuerpo. -¿Con la boquita o con el upite? La enorme cabezota se ubicó en la entrada. -¿Te gusta chuparla Cho? Asenti con un gesto mientras levantaba un poco la cola. Mi tío presionaba suavemente y yo pujé -¿Te tomás la lechita Chochi? -AAAAAyyyyyyy… -Quietito, quietito. Ya pasa. Aguantá un poquito -Ay tío. Me duele mucho. Saquemela… -Tranquilo Chochi. Ya está… La enorme cabeza había entrado en mi culito y me dolía una enormidad. En mi desconocimiento yo pujaba para sacarla de mi culito y lo que lograba era que entrara más. Sentía una enorme presión en mi ano, en la panza. Sentía que me defecaba. Al meter la cabeza y dolerme tendí a darme vuelta, boca abajo, pero mi tío también y lo tenía casi encima de mí por lo que no podía safarme. -Ya está bicho. Ya te entró por el upite la chotita de tu tío. Pensá que hermoso pedazo de chota te estás comiendo Chochi. El tío Tito te la va a dar toda por el potito mi amor. Te voy a llenar de leche cosita. No empujó más pero sí se dedico a acariciarme la cola con una mano y con la otra me buscó y apretaba las tetinas y un poco doblado me besaba. Me di cuenta que en mi afán de quitármelo de encima una de mis manos estaba aferrada a una de sus nalgas peludas y la acaricié. -Así, mamita. Deje que el tío se lo va a culiar como nadie. Tranquilito y no apriete el upite así no le duele y puede comerse todo lo que le doy. Poco a poco sentí que el dolor inicial desaparecia -¿Estas bien Chochi? -Sí -Si te la aguantás bien, tenés chota segura para todo el viaje. Por el culito y por la boquita ¿Te gusta chupar? -Nunca chupé tío Era verdad. Con el Planeta solo hubo penetración. Nunca insinuó que le chupara. -Yo te voy a enseñar. Acá tenés una buena chota para aprender a mamar. Te voy a enseñar a que me chupes los huevos y a tomarte la lechita Cuando notó que me había relajado comenzó a menearse despacito. No sé por qué pero en ese momento recordé a mi hermano Pancho meneándose sobre el Tato y la imagen de su cola peluda levantándose y hundiéndose rítmicamente sobre el Tato me excitaron tanto que no me di cuenta en qué momento mi tío había empujado todo su miembro en mi cola. Me percaté cuando comenzó a eyacular y pegaba su pelvis en mis nalgas y las pulsaciones del grueso miembro me hicieron gritar. Despues se quedó quieto sobre mi hasta que el pedazo salió de mi cola. Como ya no llovía bajamos desnudos a lavarnos. Estábamos en medio del campo. Sin demorarnos mucho por el frío volvimos al camión. Una vez pasada la excitación, sentí que el culito me ardía y me dolía cuando apretaba un poquito. Estábamos desnudos en la cucheta. Mi tío me agarró una mano y la guió hasta su pelvis y me hizo tomar su miembro. Lo acaricié y entonces me tomó de los hombros y me llevó hasta sus genitales para comenzar una clase magistral. Al final, como me dolía mucho el culito y no quise dejarme, me acabó en la boca y pude saborear su espesa y tibia leche. Durante todo el viaje se suscitaron situaciones parecidas que no describo para no aburrir. A las dos semanas volvimos y terminadas las vacaciones reinicie mi actividad. Era invierno y no hubo mucho contacto con los muchachos. Una noche de sábado mis padres tuvieron que ir a casa de unos familiares y me dejaron a cargo de mi hermano Pancho que se había peleado con su novia. Además estaba un poco resfriado y se metió en su cama. Me di cuenta que se estaba acariciando y le dije -Tengo sueño. Dejame acostar con vos. No se negó pero dejó de jugar con su pedazo y me hizo lugar junto a él. Rapidamente me desnudé hasta quedar en calzoncillos y me metí junto a él. Apagó la luz del velador y yo me acomodé dándole la espalda quedando en posición de cucharita. Sentía en mis nalgas el calorcito de los genitales mas deseados por mi. Cada tanto me movía y acomodaba mi cola sobre la zona crítica hasta que sentí que el miembro reaccionaba a mis “caricias” y se ponía duro. No me decidia a dar el paso siguiente. Estaba convencido que si lo tocaba se enojaría. Pero desde que apagó la luz no había dicho nada. Muy lentamente bajé mi mano hasta el miembro duro y lo acaricé por sobre el calzoncillo. El silencio de mi hermano me dio libertad para seguir y lo saqué de su encierro. Lo toqué a lo largo y ancho. Sentí que la cabecita estaba muy humeda y viscosa. Decidido me baje mi calzoncillo y me lo quité. Después oriente la cabecita hasta la entrada de mi ano y la apoyé. Bastó un poquito de presión para lograr que entrara. Me dolió bastante porque mi hermano la tenia mas grande que mi tio pero no me detuve hasta que sentí los pelos de su pubis pegados a mis nalgas. Mi hermano se había quitado antes sus calzoncillos y entonces podía sentir sobre mis glúteos el contacto de su piel y de sus pelos. Metí una de mis manos entre su pelvis y mis nalgas y acaricié el tronco de su miembro y sus gordas bolas, lo único que estaba fuera. El pene tan deseado por mí al fin estaba dentro mío. Sin decirme nada, solo guiándome con su cuerpo, fue poniéndome boca abajo y separando mis piernas se montó sobre mí. De la misma manera que lo hacía con el Tato lo estaba haciendo conmigo. No sé cuánto tiempo estuvo montado sobre mí, meneándose y hundiendo su largo miembro en mi upite. Cuando comenzó a eyacular dentro mío se hundió con fuerza inundando mi interior con su semen. Después nos dormimos. La vida siguió su curso normal, sumando ahora mi actividad con mi hermano que se repitió muchas veces, aún cuando se reconcilió con su novia. Llegó la primavera y recomenzó nuestra visita a la laguna, con menos visitantes porque hasta diciembre que terminaran las clases no podíamos juntarnos todos. Yo iba en horario de mañana por lo que me quedaba la tarde para mí. No tenía con quien ir a la laguna y una siesta me salí de casa y me orienté a la esquina en casa de Jacinto. Antes de continuar quiero comentar algo que puede parecer irreal para quien no vivió una experiencia parecida. A partir de la re-inauguración y ampliación que me hiciera en el viaje el tío Tito, me ocurrieron una serie de hechos, experiencias o como quiera llamárseles, con hombre adultos, mayores, que parecía descubrían rápidamente mi condición. Mirando hacia el pasado y recordando un segmento de tiempo hasta que terminé la escuela primaria hago un recuento de lo vivido y debo decir que conocí todos los tamaños, colores y sabores que tenían dueñas. No me costó mucho acumular experiencias. En muchos casos había hombres que no sabían practicar el sexo anal. Las primeras veces ( o sea que he repetido con muchos) se auto imponían restricciones pero una vez que probaban darme por el culín o que yo los felara, ellos eran los que me buscaban con insistencia. Yo siempre, desde esa edad, fui solidario y no le negué a ninguno un grato momento. Cuando llegué a la esquina, sentado sobre el carromato de sodero sin el equino uncido, estaba Jacinto en soledad. -Hola Cho – me dijo -Hola Jacinto ¿Qué hacés?. -Nada. Estoy aburrido y con los huevos llenos. Esperando por si viene alguno de los pendejos… -No van a venir hasta después de la hora de la escuela… -Huy, cierto – bajando la voz dijo- Me parece que voy a tener que hacerme una pajita si no viene el Payito o el Omarcito… -Están en la escuela- Mientras mi cabeza trataba de crear alguna idea para aprovechar el momento. Yo no olvidé el día en que lo descubrimos montando al Tato y el Jacinto dijo que jugaban una luchita… -¿Lo has visto al Tato? Cho… -Sí… -¿Dónde? -Me dijo que iba a ir a la laguna. Me preguntó si quería ir a nadar… El Jacinto se bajó del carro dispuesto a ir a la laguna -Salvado entonces. Nos vemos… -Esperame. Yo le dije que si iba a ir. La cosa es que nos fuimos los dos camino a la laguna. Ya veré, pensaba, qué se me ocurre después. Nos metimos a la finca y caminamos hasta la laguna. No había nadie. -No hay nadie Cho… -Enseguida llegará. Mientras yo me voy a tirar al agua. Hace mucho calor… Con rapidez me desnudé y dejé mi ropa y zapatillas con cuidado, poniendo dedicación en darle la espalda al Jacinto que no dejó pasar por alto el hecho. -Mirá que hermoso culito que tenés Cho. Me hace cosquillitas la cabeza de la chota, jajá Me reí con él que se acariciaba el bulto. -Vení Jacinto. Nos metamos a la laguna y después jugamos unas luchitas ¿Querés?. Sin decir palabras se desnudó con rapidez. Recordemos que en la laguna todos nos bañábamos desnudos. Se le veía bastante morcillón el miembro y me pareció que desde el año anterior como que le había crecido bastante. Jacinto tenía ya 20 años como mi hermano. Nos metimos al agua y después de nadar un largo rato nos salimos para tendernos al sol. -Dale Cho. Juguemos unas luchitas… -¿Qué apostamos?. -Lo de siempre ¿Querés? -Bueno dale… Lo de siempre era dejarse apoyar en la cola el miembro del que vencía. Esta de suyo que el ganador siempre sería el Jacinto, un hombre de 20 años acostumbrado a trabajar con los cajones de soda. Comenzamos a “luchar” y claro está, me ganó. Me tendí boca abajo y con las piernas separadas para pemitirle que me pincele la raya con su pene. Tan pronto se montó sobre mí, sentí que el pene estaba erecto y destilando gotitas. Me pinceló el upite que se mojó con el precum y me dejó la cabeza del pene apoyada en mi ano. -Que culito hermoso que tenés Cho. Suavecito y sin pelitos. Presionó un poco y mi ano se abrió dejando entrar la cabecita. Entonces fingí dolor -¡Ay! Me duele, Jacinto. Me duele mucho. Hice el gesto como de intentar pararme y Jacinto se tendió sobre mi empujando mas de su pene en mi interior y aplastándome para inmovilizarme. -Huy, que rico Chochi. Que hermoso potito guacho. Por favor prestamelo un ratito. Te lo voy a hacer suavecito para no lastimarte y no le voy a contar a nadie. Te lo prometo. Vos tampoco le vayas a contar a nadie. -No. Jacinto el Pancho me va a castigar y le va a decir a mi papá -Por eso no digamos nada. Se buenito Chochi. Hace muchos días que no la meto y tengo los huevos adoloridos de tanta leche. Dejame que te llene el potito… -No. Jacinto. La leche adentro no A todo esto el Jacinto se meneaba como si se le escapara la vida -Estoy muy caliente Chochi. A este culito lo tengo que llenar… Hhhhhuuuuuuuugggggg me viene Chochi tellenoooooo… Su acabada fue en lo mas profundo de mi cuerpo. Nos quedamos en silencio. Despues se lavó en la laguna se vistió y se fue. Antes me dijo -Es un secreto de los dos… Habia sido diferente con el Jacinto. Me levanté del pasto y me tiré a la laguna. Un rato después escucho que alguien pregunta -¿Está buena el agua?. -Sí. Buenísima – El que me preguntaba era uno de los caseros que tenían en la finca. Un gringo grandote. -¿Está como para bañarse? -Sí…- Había pensado en salirme para irme pero me quedé en el agua al ver que el hombre se quitaba la camisa primero y el pantalón y el calzoncillo después y se paró desnudo en el borde. Era imponente, blanco, peludo por todos lados y con un pedazo largo y gordo que se balanceaba sobre un par de bolas rosaditas bastante grandes. Se tocó los genitales y luego se tiró al agua. Yo me salí primero y enseguida él me siguió. Me tendí en el pasto y él se quedo parado tocándose el miembro. Mirado desde abajo se puede apreciar en su plenitud y en todas sus formas. Nos miramos y el hombre me sonrió. Yo no podía quitar mis ojos del cuerpo desnudo y en particular de los genitales del casero. -¿Te gusta lo que ves?. -Sí. Es bonito -Vení. Si te gusta dale un besito… Me arrodillé delante de él y bese el gordo glande y acaricie todo. Trate de meter la cabezota en mi boca… -Mejor vayamos a la casa. Estoy solo ¿Venís?. Bueno Nos vestimos y caminamos por entre los parrales hacia la casa en que vivía el hombre que luego supe se llamaba Rafael. Como ya dije era el cuidador o casero de la finca. Tenía, calculo, unos 35 años y vivía solo en la finca. Había quedado viudo un par de años atrás y no se volvió a casar. La esposa murió al parir un hijo del gringo al que dejó al cuidado de unos familiares. Llegamos a la casa ubicada en medio de la finca, como a 300 metros de la laguna y me hizo pasar a una habitación en la que él dormía. La cama era grande y tenía una ventana bastante alta, como casa de campo. -Desnudate que tengo un rato hasta volver a controlar el riego de los frutales…-dijo mientras se desnudaba. Yo me quité el short, la remerita y las zapatillas y me senté en el borde de la cama. Desnudo se paró frente a mí ofreciéndome su miembro al que traté de meter en mi boca – Chupa despacito, nene Traté de meter la enorme cabezota en mi boca y apenas cabía la mitad. Entonces lo lamí por todos lados. En verdad este fue el pedazo más grande que conocí en ese tiempo. Gordo y cabezón. Bastante largo y con unas bolas rosaditas bien gordas y peludas, muy colgantes. El gringo era bien peludo. -¿Crees que te puede entrar por el potito?. Vi que el flaco te la mandó hasta los huevos… -¿Usted nos vió? -Sí. No te hagas problemas. Soy una tumba… Seguí chupando… Mira mi chota es más grande que la de tu amigo así que vas a tener que aguantarte un poquito. Te va a doler al comienzo pero una vez que entre la cabecita lo demás va y viene. Si te la aguantas vas a poder venir todas las siestas y hacerte la fiestita con mi pija ¿Qué decís?. -¿Me la va a meter despacito?. -Te lo prometo. Despacito pero hasta los huevos… -Huy, no. Toda es muy grandota… -No te asustes. Te voy a ir abriendo el upite de a poco hasta que llegue el día en que te entre hasta los pelos. Todos los días un poquito más… Acostate boca abajo y pone flojito el potito para que mi bicho te entre. Eso así. Ponete la almohada en la pancita para que el culito quede levantadito y abiertito. Así… Que bonito que se ve… ¿Sabes? Nunca me culié un chico pero cuando vi al flaco que te la daba con todo primero me enoje y lo iba a fajar y escuché que vos querías, entonces me quedé a mirar y se me paró la pija. El hombre este se fue muy rápido y entonces pensé que por lo menos me podrías chupar la chota… Mientras hablaba se trepó a la cama. Acarició mi cola y después llevó de su miembro flujo que le brotaba como un manantial y me mojó la rayita y en especial el agujerito de mi culo. Separó mis piernas y metiéndose entre ellas colocó su miembro entre mis nalgas y me cubrió con su cuerpo, sin aplastarme. Luego pincelaba con su miembro duro y enorme toda mi rayita y mi ano. Sentía mi boca seca y que mi corazón latía alocadamente, pero también me sentía muy excitado. Con una de sus manos guió su miembro hasta la puertita de mi potito, apoyó con firmeza e hizo presión hasta que de golpe entró la cabezota y un poquito más. Me dolió pero mordí la sábana y lo soporté… -Qué rico nenito… Entra bien. Estas bien dilatadito, chiquitín. Tranquilo que lo vamos a pasar muy bien. ¿Te duele mucho?. -Un poquito… ¡Ay! No se mueva, espere un poquito… No me la meta a toda, don… -Tranquilo… No tengas miedo que yo te voy a culear de una manera que te va a gustar y no me vas a olvidar en tu vida… Los movimientos de sus caderas eran apenas perceptibles. El rose de su peluda piel en mis nalgas y en mi espalda me transmitían una sensación de placer que nunca había sentido y esto permitió que me relajara y dilatara mi ano. Sentí como se deslizaron hacia adentro de mi cuerpo varios centímetros más de su miembro. Sentí un placer singular mezclado con un poco de dolor… -¡Huy! -Tranquilo. Se fue solito porque yo no empuje ¿Te duele mucho?. -No, don. Me asusté un poco… -Yo te voy a culear despacito. Si te hago doler o querés que te la saque, decimelo… -Bueno…- ¿Cómo iba a querer que me la saque? Sentía las enormes dimensiones del falo del gringo que empezó a menearse y hacerme sentir que me partía en dos, que me subía el estómago hasta mi boca cuando metía y me dejaba vacío cuando sacaba. Además me hacía sentir el roce de sus pelos en mis nalgas y el balanceo de sus enormes bolas deslizantes, suaves y calientes. -Estás muy apretadito para mí y te voy a llenar enseguida… OOOOHHHHHH TE DOY PENDEJITO… ¡QUE HERMOSO CULITO ME DISTE! Aaaauuuuuugggghhhh A mí también me transmitió su gozo y su placer al sentir la violencia de sus pulsaciones al darme su semen. Acabó de una manera interminable y yo lo disfruté. Era tanto su liquido volcándose en mi recto que le pregunté -Don ¿Se está haciendo pis?. -No. Jajajajajá. Siempre acabo así. Mucha leche sale de mis bolas… Recordé que mi tío Tito me había hecho beber su semen y le dije -Oh. Si se la chupo me va a ahogar… -No. Te tragas un poco y te bañas con el resto, jajajaja Sentía su miembro duro todavía dentro mío y pensé que seguiría como mi tío pero dijo… -Que joda, nene. Me gustaría seguir pero debo ir a controlar el riego. Veni mañana, después de comer y seguimos… ¿Te gustó? –preguntó mientras con suavidad sacaba su miembro de mi ano… -Sí -¿Te hice doler mucho? -No -Entonces ¿mañana vas a venir?. -Sí… Nos vestimos y él se fue en bicicleta hacia el sector de los frutales y yo me fui hacia el lado de la laguna. Antes de llegar me metí entre los matorrales bajo de los parrales y evacué litros de semen. Al levantarme miré y ví que era bastante espeso. Despues seguí hasta la laguna. Me quería meter un rato para lavarme un poco. Al llegar vi que había varios bañistas retirándose, entre ellos el Bolita, Jorgito, Omarcito A y Omarcito G y se quedaba en el agua Manuel, el zapatero del barrio que además era el cuñado del Jacinto. Esperé que se alejaran un poco mientras me desnudaba para meterme al agua. Mientras observaba al hombre que nadaba plácidamente. -Hola Manuel… Saludé y me tiré al agua -Hola Chochi ¿Cómo andás? Estuvimos un rato más y nos salimos. Antes nunca lo había visto a Manuel desnudo y me asombré al ver lo que portaba… -¿Qué mirás tan asustado?. -Mamita mía que pichulón… -Jajajaja. Qué ¿Te gusta? –dijo moviéndose hacia los lados para que el largo miembro se balanceara – Todos los días lo vas a encontrar en mi taller. Claro que va siempre con mis piernas… CONTINÚA? SI QUIEREN

Autor: alejandrogusta Categoría: Confesiones

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Al final termine amándolo.

2021-02-14


¡Hola! me llamo Sandra, soy viuda, mi marido falleció en un accidente en la autopista, pero eso no viene al caso, me casé con Eduardo, antes de cumplir mis dieciocho años, Eduardo tenía treinta en ese entonces, no creo haberme enamorado de él, pero creo que me atrajo su envidiable situación económica, a esa edad él tenía un esplendido auto de marca, un departamento en la ciudad y un par de propiedades en la playa, de profesión arquitecto y con su propio negocio, además, poseía propiedades en asociación con terceros en el extranjero y aquí en el país. A él lo conocí en la iglesia, yo participaba a un grupo de ayuda a los ancianos y también era parte del coro, él era muy colaborador, había regalado un par de guitarras a la iglesia y estas las usábamos nosotros en nuestros canticos, los domingos era infaltable a la misa de las 11:00, el párroco lo estimaba mucho por su sobriedad y porque ayudaba también a personas necesitadas. No sé como él se enteró cuando yo cumplí los diecisiete, pero me hizo un regalo, un maravilloso reloj de pulsera muy fino y femenino, yo era virgen todavía, aunque había tenido un par de novios, pero nada serio, cosas de adolescentes. Ya a esa edad mis formas se habían desarrollado bastante, mi estatura de 1,70 cms. y 61 kilos, mis senos tallan 38C, mi cintura 62 cms. mis caderas 89 cms. mis cabellos rubios muy cortitos, me daban un aspecto masculino a veces, muy pocas veces usaba pantalones, me encantaban las faldas amplias, como así también los polerones o remeras anchas, me molestaba que mirasen mi cuerpo. Eduardo me cortejó desde mis dieciséis años, pero con caballerosidad, jamás me invito a dar una vuelta en su auto ni nada de eso, yo tampoco lo hubiese aceptado porque lo consideraba un hombre mayor, pero si llegaba con dulces y bebidas cuando estábamos a practicar los canticos, generalmente me traía uno aparte para mí, yo sabía que sentía atracción por mí, pero jamás me entretuve con él mucho rato, ni él tampoco se insinuó mucho. Mis amigas me hacían bromas al respecto, prácticamente todo el mundo sabía que él estaba interesado en mí, así cuando cumplí los diecisiete, él se hizo presente con este maravilloso regalo, ya eran casi dos años que él me rondaba y quise darle una oportunidad, entablamos una amistad, nos veíamos solo en la iglesia y con gente alrededor, me daba miedo estar con él a solas. Él me pidió conocer a mis padres, aún cuando él era mayor que yo, su aspecto era juvenil, su estatura era igual a la mía y tanto insistió que tuve que hablar con mis padres, mi padre fue el que primero que se opuso, pero mi madre dijo que, si era un buen tipo y su situación económica era tan buena, porque no conocerlo, resumiendo, mi madre convenció a mi padre. Llegó el día fijado y Eduardo llegó puntualmente en su esplendido auto, papá muy serio lo recibió sin objeciones, me imagino lo que le habrá dicho mi madre, fue una tarde bastante amena y al finalizar, Eduardo le dijo a mi padre que sus intenciones conmigo eran sanas y serias, que él pensaba que podría concretarse una boda, eso no le gusto mucho a mi padre y le dijo que era prematuro hablar de eso y que la que decidiría al fin iba a ser yo. Eduardo nunca me había besado, pero ese día él me pidió un beso y yo se lo di, no fue un beso de enamorados, no hubo pasión ni nada, fue solo un roce de labios y nada más, yo me encontraba un tanto turbada porque yo sabía sus intenciones, él ya las había evidenciado delante de mis padres, pero a mi me simpatizaba solamente, no lo amaba, no lo sentía dentro de mi corazón, no me sentía una prometida esposa, todavía yo pensaba de ser una niña chica. Comenzamos a salir a algunos lugares, como familia humilde, mi vestuario no era el más apropiado para asistir a ciertos lugares, así que él me compro algunos vestidos, me los regaló, así fue como asistimos a la ópera, a conciertos clásicos y comencé a conocer gente de otro nivel, tanto cultural como económico, era un mundo diferente al mío. No sé como me fui entregando a él, él se fue adueñando de mí, comenzó a abrazarme con más fuerza, me tenía junto a él estrecha, me presentaba como su prometida, nunca supe cómo me encontré envuelta en su vida, como su posesión, empecé a aceptar sus besos y sus caricias se hicieron poco a poco más osadas, pero no obscenas ni nada de eso. Me respetó hasta el día de nuestro matrimonio, yo había comenzado a sentir afecto hacía él, me había hecho a la idea de que terminaría enamorándome, porque hasta ese momento se había revelado un buen hombre, quizás no muy efusivo, no muy romántico, pero no me maltrataba, tampoco me sentía rechazada, yo sabía que mi prestancia de mujer lo atraía, pero no me acosaba ni me metía sus manos encima a cada ocasión, cosa que yo había experimentado con el par de novios que tuve, a los cuales debía llamarles la atención cada vez que nos juntábamos en una cita, lo único que querían era meterme sus manos por todas partes, esto jamás lo viví con Eduardo. La noche de bodas yo me esperaba de tener una epifanía de amor, me esperaba de despertar la parte romántica, esperaba algo especial en lo sexual, en cambio fue un evento como parte de un programa, estuvo todo organizado a la perfección, pero no me sentí como lo que yo pensaba y soñaba como matrimonio, fue un tramite más y nada más que eso. Una vez que se termino el agasajo, mis padres se despidieron de mí en forma afectuosa, mi madre no paraba de llorar, mi padre no estaba contento del todo, quizás él como hombre presentía algo que no encajaba en toda esta comedia, yo me sentía un poco extraña, no quisiera decir compungida, pero estaba pasando a una fase nueva de mi vida, desconocida, y esto no me alegraba como yo pensaba que debería ser el día de mi boda. Eduardo había arrendado un vehículo que nos llevó a una de las propiedades que él tenía en un sector turístico cercano al mar, llegamos de madrugada, él se dedicó a ordenar nuestros bagajes, luego me mostro la casa y nos fuimos a nuestra primera noche. Eduardo había preparado todo, sobre el lecho había hasta un camisón de dormir para mí, de esos largos como con velos, con una cierta transparencia, nos duchamos por separados, en el baño había una bata color rosa para mí, la talla era perfecta, luego el se dirigió al baño y salió vistiendo un albornoz y bajo se veía un clásico pijama, todo muy recatado. Eduardo me besó con afecto, delicadamente, yo estaba muy nerviosa porque para mí era mi primer hombre, no había jamás visto un pene de cerca, ni menos tenido uno en mis manos, Eduardo no me desvistió, me toqueteó un poco por todos lados, se detuvo un poco en mis senos, me dijo cuanto era hermosa, me beso el cuello, los lóbulos, mis labios, una mano forcejeó un poco con mis bragas y me las quitó. Me estaba dejando llevar por el todo, sentí que me humedecía entre las piernas, sentí sus dedos explorando mi vagina, después lo sentí sobre mí, me levantó un poco los muslos y su miembro busco la entrada a mi sexo, lo sentí gemir y jadear, luego un dolor lacerante en mi vagina me hizo emitir un grito que él apagó con un beso, pero yo estaba con mis ojos abiertos, no estaba en una nube de ensueños y locuras eróticas y lujuriosas, fui desvirgada por mi marido y el matrimonio fue consumado. Eduardo en la mañana ya se había levantado y me anunció que por empeños de trabajo el regresaría a la capital, pero que al atardecer estaría de regreso conmigo, me dejó con la asistente hogareña que estaba con él desde muchos años, así que era una persona confiable que conocía la casa a la perfección, de modo que ella me mostraría la propiedad y me ayudaría con nuestro equipaje que estaba todavía en las bolsas y maletas. Mirella, la señora de servicio, muy buena y comprensiva, me felicitó por ser la esposa del señor Eduardo y me auguró toda la felicidad del mundo, yo un poco metiche y curiosa quise saber si habían circulado muchas mujeres por la casa, la señora se sintió un poco ofendida y me dijo que don Eduardo era un hombre muy fino y educado y que jamás traía a nadie a la casa. Me sentí un tanto halagada por la respuesta de Mirella, pero todavía me sentía intranquila, definitivamente no me sentía feliz y llena de gozo como soñé que debería de ser mi vida matrimonial, tenía un esposo que se preocupaba de mí, pero no me llenaba mis fantasías y sueños de mujer, de hembra. Me había desvirgado y me entregué a él, pero la fogosidad y ardor del momento estuvieron ausentes, fue un trámite más. La ida inicial de Eduardo a la capital, eran idas y venidas, al final fue rutinario, en las noches charlábamos un rato, él se iba a la cama primero que yo, yo me arreglaba todo lo que podía para estar deseable para él, mi marido, él me esperaba, apagaba las luces, me toqueteaba un poco, subía sobre mí, me penetraba y luego de unos cuantos minutos, menos de diez, se corría y me dejaba a mí mirando el oscuro techo. Después de seis meses de estas copulaciones tres o cuatro veces por semana, me preñó, quedé encinta de Eduardito Alfonso, nuestro único hijo, pensé en dedicarme a mi hijo, pero casi desde un principio, Eduardo contrató dos personas más, que se hicieron cargo del niño casi las veinticuatro horas del día, yo solo lo amamantaba todas las veces que me lo entregaban, ordenes de don Eduardo. Yo le comencé a reclamar estas acciones unilaterales suyas desde un principio, él siempre me tranquilizo diciéndome que era por el bien mío y del niño, que aprovechara mi tiempo en otras cosas más útiles, me mandó a hacer un curso de conducción muy completo, por reales profesionales, seis meses de duración, saqué mi licencia de conducir, Eduardo me regaló una SUV preciosa,  para que te entretengas y ocupes tu tiempo  me dijo. Nuestras relaciones se hicieron cada vez más espaciadas después del nacimiento del bebe, hasta casi desaparecer por completo, me siento culpable de no haber peleado más por la autonomía y derecho como madre en el criar a mi hijo, pero termine acostumbrándome y al final casi ni siquiera pensaba en ello, me había hecho de algunas amistades y participaba en la vida social de la gente adinerada. Nunca me sentí una mujer caliente, pero sí sentía que me faltaba sexo, por las conversaciones con las otras mujeres, muchas de ellas zorras y putas, el cachondeo era algo preponderante en sus vidas, ellas se sentían asombradas de como yo lo hacía solo con mi marido, pensaban que Eduardo fuese una especie de atleta sexual que me satisfacía todas las noches, yo me reía de todas las ocurrencias de ellas y me maravillaba a veces de tanta concupiscencia en la vida de ellas, yo si bien sentía que me faltaba algo de eso, por ninguna razón al mundo iba a abandonarme a esos placeres mundanos, Mi hijo en tanto había alcanzado los diez años y Eduardo decidió mandarlo a una prestigiosa academia norteamericana, donde cursaría el resto de su educación y aprendería un par de idiomas  es por el bien del muchacho  dijo Eduardo, sin jamás tomarme en consideración. La relación con mi hijo se reducía a algún fin de semana que Eduardo le permitía visitarme y solo eso, era una relación tibia, no había una cosa intensa de madre-hijo, él se daba por enterado que yo era su madre y lo había engendrado, como era lo más común en el mundo, una madre da a luz un bebe, un trámite más. Se fue mi niño, como yo solía pensarlo, mi bebe, pero no lo era, ahora me doy cuenta de que jamás lo fue. Mi vida con Eduardo continuaba igual, yo era su esposa y él me tenía para lucirme, así que me compraba caros vestidos y joyas, asistíamos a fiestas en sociedad, fue en una de estas fiestas que él estando un poco bebido, me llevó a un rincón y tironeándome de los hombros me dijo  no te traje aquí para que vengas a putear … si quieres hacer la puta búscate una calle donde venderte  no se a motivo de que, porque hasta ese momento yo platicaba con todos, compartía con todos y en mi inocencia no estaba flirteando con nadie, si me di cuenta que habían algunos que se me acercaban con mayor asiduidad, pero no me quise pasar rollos como se dice, lo único que puedo decir que el tono de Eduardo en vez de hacerme enojar, me hizo sentir cosquillitas en mis entrepiernas y sentí algún fluido humedeciendo mis calzones. Cuando volvimos a casa esa noche, mi marido estaba molesto, de vez en cuando refunfuñaba solo, nos acostamos en nuestra cama, yo me giré para dormir, pero Eduardo me agarró por los hombros y comenzó a insultarme  puta de mierda … que te has creído … ¿qué me casé contigo para que andes vendiéndole el choro a cualquiera? … te vi cómo le meneabas el culo a esos estúpidos … vi la lujuria en tus ojos … eres una pecaminosa y sucia ramera  comenzó a tironearme mi camisón hasta que me lo sacó, yo estaba un poco asustada porque jamás lo había visto así, luego me abrió las piernas y comenzó a cogerme con violencia, yo me excité al instante, entre temores y temblores, arañe su espalda y me corrí como nunca  así te gusta que te culeen … como la prostituta que eres … te gusta que te violen … te gusta que te follen con fuerza, hija de puta  lo amarré con mis piernas a su torso y menee mi pelvis hasta que me corrí por una segunda vez, estaba enloquecida de lascivia, lo empujé en su espalda y me llene la boca con su miembro duro, justo al momento que él se corrió, me lleno la boca de semen y yo lo deglutí con avidez, Eduardo como volviendo en sí, me dijo  perdóname  se giró y se puso a dormir, yo me volví a poner el camisón y con mi boca un poco pegajosa pero sabrosa, me adormecí. A la mañana siguiente Eduardo ya se había levantado, después de casi siete años sin sentir un orgasmo, mi cuerpo estaba todavía vibrando y mi pulso ligeramente acelerado, me fui al baño a enjuagarme un poco y encontré a mi marido en la cocina, me fui por detrás y lo abracé casi con pasión, me había hecho sentir mujer dos veces, pero me encontré al Eduardo frio y distante, al Eduardo de todos los días, con un muro infranqueable delante a él, no hizo ninguna alusión a lo de la ultima noche, ni siquiera me miro a los ojos, tomó su bolsa de negocios, me dio un beso en la mejilla y se fue a su trabajo. Como se dice, me quedé ¡plop!  no sabía que pensar,  me casé con un loco esquizofrénico  pensé, eso sí, estaba contenta porque mi hombre, mi marido, me había hecho correrme como una zorra caliente. Volvimos a nuestras rutinas, mi hijo hablaba conmigo una o dos veces al mes, generalmente hablaba con su padre contándole de sus avances y yo detrás de su silla me enteraba de todo lo que estaba haciendo mi niño, estaba muy orgullosa de él y pensé que quizás Eduardo tenía razón al haberlo educado tan bien, dándole un proyecto de vida asegurado, con una excelente preparación y educación, lo echaba de menos pero no era mi principal preocupación, mi niño estaba bien y progresando. Pero lo que me preocupaba, era que mi esposo no había vuelto a tocarme, mis dos últimos orgasmos habían sido hace un mes y medio atrás, hasta que fuimos invitados a la residencia de un diplomático extranjero que tenía intereses en la empresa de Eduardo, una villa muy lujosa y exclusiva, perteneciente al país del diplomático, como siempre mucho licor y mucha alta sociedad entre los invitados, Eduardo cerca de la medianoche me tomó por el brazo con fuerza, me llevó a un pasillo donde había poca luz, me empujó contra el muro y me metió la mano en mis calzones  apuesto a que estas toda mojada ramera infeliz … ¿a quien estas buscando para que te haga pedazo esa sucia concha tuya? … ya veras cuando regresemos a casa … te la voy a dar hasta por el culo … así aprenderás a no andar vendiéndote maraca barata …  me soltó toda temblorosa, en realidad me moje mis calzones, pero por la violencia en que él me sujeto y me apartó de la muchedumbre, ahora lo único que yo ansiaba era llegar a casa. Nos retiramos en una limusina pagada por la embajada, mi marido estaba bebido total  ¿cómo tienes el choro?  me dijo, sin preocuparse que el conductor lo escuchara  seguramente te estas corriendo sola … tu almejita quiere verguita ¿verdad? … sucia zorra que eres … espera que lleguemos a casa y te voy a llenar la boca de moco … tienes que chupármelo como una buena maraca …  Eduardo no paraba de insultarme y denigrarme y mi chocho no terminaba de generar fluidos, estaba ardiendo de deseos, pero me dedicaba a mirarlo a él y al conductor que nos miraba por su retrovisor, trataba de no pensar, pero estaba juntando mis muslos con lujuria, quería que él me hiciera todas esas cosas que me decía. Llegamos a casa y Eduardo me bajo el vestido exponiendo mis senos al conductor  esta es mi puta personal … si quieres algún día culiártela, recuérdate esta dirección … esta maraca está siempre disponible  le dijo, yo avergonzada y tremendamente excitada trataba de cubrirme mis pechos, pero él me lo impedía tirando mi vestido mas abajo, me agarró del brazo y me condujo con fuerza directamente a nuestro dormitorio, casi me rajó el vestido y los calzones, los tocó y me miró con ojos trastornados  tenía razón … te mojas los calzones de lo caliente que eres … no eres nada mas que una prostituta lujuriosa … ahora solo quieres que te folle … ¿es verdad?  se detuvo y espero mi respuesta  si amor, quiero que me hagas el amor  le respondí  puta asquerosa … lo que tú quieres es que te culee … tu quieres verga … quieres una pija dura dentro de tu chocho asqueroso … eso es lo que quieres  él se había desvestido mientras me ofendía con todas esas frases soeces que para mí sonaban a frases de amor y erotismo, yo lo quería así. Su pene estaba duro y grande  ven a chupármelo mujerzuela sucia si quieres que te folle ese coño tuyo chabacano … ven arrodíllate ante mí y haz que merezca la pena romperte el chocho sucio y hediondo que tienes … ven maraca de mierda  me acerque de rodillas ante él y comencé a succionar ávidamente ese palpitante pene suyo, era mi marido, lo estaba amando así, con todas las obscenidades que me decía, me ultrajaba y violentaba su vocabulario soez, pero al mismo tiempo me hacía hervir las venas, todo mi sexo se contraía esperando tenerlo a él dentro de mí, que me poseyera como una sucia prostituta, si él me quería así, yo sería así para él. Eduardo se corrió en mi boca en forma abundante, me agarró de los cabellos y no me permitió sacar su pene de mi boca, borbotones de lefa descendían directamente por mi garganta, controlé mi respiración y pude tragarme todo sin ahogarme, me sentía una verdadera ramera con experiencia complaciendo a su cliente preferido, mi esposo.  Esta noche te has comportado como la sucia maraca que eres … te vi cuando el embajador te puso la mano en tu espalda … de seguro te agarro ese culo tuyo caliente … te gusta que te manoseen tu hediondo poto ¿verdad? … él te miraba tus tetas cochinas … seguro que deseabas sus manos en tus tetas cochambrosas ¿verdad?  más me insultaba, más me calentaba, estaba gimiendo de excitación y mi marido todavía no me había tocado  ahora tengo que castigar tú desfachatez … eres una ramera inmoral … mostrando tu carnes impúdicas hasta a los choferes desconocidos … no tienes ninguna vergüenza … desvergonzada maraca infeliz …  yo estaba sobre la cama temblando sin saber lo que me haría, lo vi que se acerco al muebles y saco mis pantys, me hizo girar sobre el lecho y me amarró de las muñecas al respaldo de la cama, luego hizo lo mismo con mis piernas bien separadas, ahora estaba a merced de él, pero no me sentía amenazada, me sentía terriblemente excitada y no lo podía evitar, no quería evitarlo, quería que me hiciera cosas, todo lo que se le antoje, estaba convirtiéndome en su esclava sexual y me encantaba serlo. Eduardo se sacó su cinturón y me dio un par de golpe en las nalgas, grite al sentir ese cuero afelpado estrellarse en mi glúteos, mis carnes comenzaron a arder, quería que me diera más golpes, más fuertes, mis gemidos salían de mi rauca garganta en modo gutural, le estaba implorando que me golpease más y más fuerte  te gusta maraca de mierda … te gusta que te azoten ese culo asqueroso y cagón … esta va a ser la vez que te culee de verdad … te voy a empujar esa mierda para adentro … te voy a coger por el culo … eres la más maraca de todas …  mi culito se contraía, nadie había tocado mi ano antes, ahora si mi marido lo quería, yo lo anhelaba como puta caliente. Mi esposo me mordió los glúteos, me paso la lengua en medio a las nalgas, me escupió ahí en medio, me separo los cachetes y hundió su pija en mi trasero, mordí las sabanas para no gritar, pero no le hice el quite, su glande perforó mi hendidura anal con un solo empuje, me la estaba dando por el culo, el dolor no fue tanto, lo soporté con pequeños gritos y cada vez que meneaba mi poto, él más se hundía en mi orificio, me quedé quietecita y abrí lo más que pude mis pierna que estaban atadas a la cama. Como a los cinco minutos de esta violenta penetración, empecé a revolcarme en la cama corriéndome a mil, respiraba con la boca abierta y jadeante, con gruñidos roncos, hubiese querido que me pellizcase las tetas o que me las mordiera, pero como estaba boca abajo él me embestía sin descanso y también emitía gruñidos. Habrá sido la euforia, la violencia, la excitación, estaba como enardecida sus cojones azotaban mis muslos incansablemente, no pude más y me levanté cuanto pude – tócame las tetas … jálame los pezones … culéame más fuerte … dámelo más fuerte amorcito … − mi voz era rauca, extraña, impúdica, cínica, me parecía que no era yo que estaba pidiendo todo eso, en vez de revelarme ante el abuso, lo estaba permitiendo y forzándolo, porque me tenía horrorosamente ardiente con su verga empalada en mi culo, los orgasmos se sucedían uno tras otro. Inesperadamente, sentí que Eduardo me soltaba de manos y pies – date vuelta maraca de mierda … quiero que me la chupes … quiero que me hagas acabar en tu boca, chupa picos … apúrate mierda que no tengo toda la noche para esto … − me giré a toda prisa y engullí la verga de mi marido, sabía a miel, era un néctar exquisito, comenzó a bombear su miembro en mi boca y de ahí a un rato corto, se tensó y con un fuerte quejido se vino en mi boca, se la chupé con toda las ansias y deseos que me hacía sentir. Eduardo se sentó al borde de la cama y me cruzo boca abajo en sus piernas, empezó a darme nalgadas y a meter sus dedos repetidamente en mi choro y en mi culo, a veces al mismo tiempo en mis dos orificios, con la mano izquierda apretaba mis tetas hasta hacerme sentir un poco de dolor, me dominaba y a mí me encantaba, me hacía gozar tremendamente, me tuvo así por unos quince minutos, mis nalgas me ardían e hizo que me corriera una vez más. Sentí la dura verga de mi marido en mi vientre, él se dio cuenta que yo intentaba agarrar su pene, me pego un par de palmetazos muy fuerte – quédate quieta maldita ramera … ya te lo voy a dar por el choro … ya sé que quieres que te joda la concha … ya vi que tienes el chocho todo mojado … solo una putita como tú goza por todos lados … te haré bramar ese chochito tuyo … eres mi puta no te olvides − mi vagina estaba en total ebullición, lo único que quería era que él me lo metiera en lo profundo de mi chochito y hacerme acabar con él. Se levantó haciéndome caer al piso −párate maraca de mierda … acuéstate con las piernas abiertas … te voy a hacer por la concha … ábrete ese asqueroso chocho y prepárate a hacerme gozar, sino te la vas a ver conmigo … muévete puta marrana … ¡muévete! … − lo amarré con mis piernas y comencé a mover mi pelvis contra su pubis, él me follaba con mucha fuerza, era lo que yo necesitaba para que mis orgasmos explotaran en una cadena de sensaciones enloquecedoras que culminaron cuando sentí que el se venía con fuerza apretándome a él, estrechándome a su cuerpo, haciendo que mi cuerpo se sacudiera y estremeciera con fuerza. Quedamos en silencio, jadeando, estábamos exhaustos, Eduardo se dejó caer a un lado y restó inmóvil respirando con su boca abierta, luego se giró hacía mí, me observaba con ojos cansados, se inclinó y me beso en los labios y en la frente ― gracias ― me dijo, girándose a dormir. A la mañana siguiente me desperté al lado del Eduardo educado, correcto y frio, tenía una sensación muy extraña, por un lado, estaba contenta por el sexo de la última noche, por otro, estaba atemorizada porque mi marido tenía una doble personalidad y no quería darse cuenta, también estaba el hecho que solo yo sabía de todo esto, no lo podía revelar a nadie porque nadie me creería, Lo peor de todo es que para mí era terriblemente gratificante ser dominada por él, me gustaba, era una necesidad sentirme sumisa y a disposición de todo lo que él quisiera hacerme, sexualmente cumplía con una fantasía desconocida para mí, hasta ahora, jamás se me había cruzado por la mente de que podía gozar al ser abusada. Sé que el me desea como su esclava sexual, necesita dominarme, necesita poseerme, al aceptar yo todo eso, también yo ejerzo una especie de poder sobre él, lo subyugo con mi personalidad mansueta, el ser sumisa hace que él me necesite para ejercer ese dominio, solo yo lo sé y él lo sabe, soy depositaria de un secreto y él lo sabe. Nuestras vidas no cambiaron mucho, yo traté de enfocar el todo por el lado de ser asistidos como pareja por un terapeuta, necesitábamos una ayuda externa, psicológica, pero Eduardo me dio un rotundo no, me dijo que ese no era un problema si yo lo disfrutaba tanto como él, y en eso yo le encontraba razón, terminé por rendirme a sus razonamientos y me dedique a disfrutar las esporádicas locuras de mi marido, eran los únicos momentos en que lo disfrutaba realmente como esposo, como hombre, una situación enfermiza pero gratificante. Nos acostumbramos a nuestro modo de vida, el me hizo muchas cosas terribles, pero jamás me provoco heridas ni daños, uno que otro moretón y nada más, pero la intensidad de mis orgasmos eran bestiales, yo me entregaba a él con todo mi ser, lo hecho de menos, al final termine amándolo.

Autor: Juan Alberto Categoría: Dominación

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Saliendo de dudas

2021-02-14


A mi me gusta ver qué se cojan a mi mujer y ver cómo se la . meten por su panochita y como les mamá y chupa sus.vergas de diferentes tamaños y colores les comenté en el relato de tengo duda entonces llegué a la conclusión de que el día de los xv años que fuimos a esa fiesta de su sobrina y lo que se tardaron en regresar y como estaba vestida con un micro vestido que le vimos sus calzones varios hombres y que el Alfredo también la observó y como el no deja pasar esas oportunidades y como se tardaron mucho define que se la cogió. Entonces haciendo indagaciónes me enteré que ya se la había cogido por mucho tiempo como ellos vivía en casas que las separa una pared y que las dos casas se comunican por delante y por detrás cuando ella tenía como 10 años se metía a la casa de Alfredo sin tocar tenía mucha confianza y en una de esa metidas encontró a su hermana bien ensartada y pensando que le hacía daño le dijo que dejara a su hermana pero ella la hermana le dijo que estaba jugando con Alfredo y que le gusta mucho jugar entonces mi mujer le dijo que también ella quería jugar pero como ya llevaban varios orgasmos le dijo que se espera para otro día. Como el municipio está lejos de la ciudad y como no tenían en que distraerse así empezaban a coger muy chicas la gran mayoría de niñas y niños, entonces al día siguiente y seleccionada por su s hermanas ya que todas empezaron de esa edad le dijeron que se pusiera vacelina para lubricar su panochita y así fue con Alfredo este ya esperimentado le dijo que ella podía jugar con quién se lo pidiera porque era pecado negarse a jugar pero que no le digas a nadie ni siquiera a sus padres porque era un secreto de ella con dios.y la primera vez que se la cogió le dolió poquito por la vacelina que se unto y nada más cogieron una venida de Alfredo y le dijo que al otro día ya no le dolería nada y se fue y les platico a sus hermanas y ellas le confirmaron que ya no le dolería y que le iba a gustar mucho y que no le contara a nadie que jugará con quien quieras al otro día se la cogió otra vez pero está ves no le dolió nada sino que le gusto mucho y así jugó con casi todos los hombres del rancho y ellos la ensaron a apretar las vergas de cualquier tamaño y yo que pensaba que lo hacía natural pero no fue la mucha práctica y capacitación que recibió hasta que se casó con migo y yo me tarde en proponerle los tríos o que cogiera con otros y yo le co seguí con 17 hombres en diferentes tiempos y como juro no decir nunca me ha dicho nada no siquiera comenta de los que yo le conseguí de diferentes tamaños y colores y toda su vida se la han cogido muchos y hasta ahora empieza a comprender que no fue correcto lo que hizo y ya no quiere comer con nadie aunque sé que lo desea ya que le han metido unos verdaderos troncos el más grande que vi fue Vicente como de 30 cm y como más de 4 pulgadas de grosor luego haber si acepta otra vez y les cuento ella no es una puta siempre penzo que Hera una orden bíblica dónde decía que tenía que compartir con los necesitados de ella fue y lo hizo al pie de la letra hasta que alguien metiche le metió otras ideas

Autor: Anónimo Categoría: Confesiones

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Saliendo de dudas

2021-02-14


A mi me gusta ver qué se cojan a mi mujer y ver cómo se la . meten por su panochita y como les mamá y chupa sus.vergas de diferentes tamaños y colores les comenté en el relato de tengo duda entonces llegué a la conclusión de que el día de los xv años que fuimos a esa fiesta de su sobrina y lo que se tardaron en regresar y como estaba vestida con un micro vestido que le vimos sus calzones varios hombres y que el Alfredo también la observó y como el no deja pasar esas oportunidades y como se tardaron mucho define que se la cogió. Entonces haciendo indagaciónes me enteré que ya se la había cogido por mucho tiempo como ellos vivía en casas que las separa una pared y que las dos casas se comunican por delante y por detrás cuando ella tenía como 10 años se metía a la casa de Alfredo sin tocar tenía mucha confianza y en una de esa metidas encontró a su hermana bien ensartada y pensando que le hacía daño le dijo que dejara a su hermana pero ella la hermana le dijo que estaba jugando con Alfredo y que le gusta mucho jugar entonces mi mujer le dijo que también ella quería jugar pero como ya llevaban varios orgasmos le dijo que se espera para otro día. Como el municipio está lejos de la ciudad y como no tenían en que distraerse así empezaban a coger muy chicas la gran mayoría de niñas y niños, entonces al día siguiente y seleccionada por su s hermanas ya que todas empezaron de esa edad le dijeron que se pusiera vacelina para lubricar su panochita y así fue con Alfredo este ya esperimentado le dijo que ella podía jugar con quién se lo pidiera porque era pecado negarse a jugar pero que no le digas a nadie ni siquiera a sus padres porque era un secreto de ella con dios.y la primera vez que se la cogió le dolió poquito por la vacelina que se unto y nada más cogieron una venida de Alfredo y le dijo que al otro día ya no le dolería nada y se fue y les platico a sus hermanas y ellas le confirmaron que ya no le dolería y que le iba a gustar mucho y que no le contara a nadie que jugará con quien quieras al otro día se la cogió otra vez pero está ves no le dolió nada sino que le gusto mucho y así jugó con casi todos los hombres del rancho y ellos la ensaron a apretar las vergas de cualquier tamaño y yo que pensaba que lo hacía natural pero no fue la mucha práctica y capacitación que recibió hasta que se casó con migo y yo me tarde en proponerle los tríos o que cogiera con otros y yo le co seguí con 17 hombres en diferentes tiempos y como juro no decir nunca me ha dicho nada no siquiera comenta de los que yo le conseguí de diferentes tamaños y colores y toda su vida se la han cogido muchos y hasta ahora empieza a comprender que no fue correcto lo que hizo y ya no quiere comer con nadie aunque sé que lo desea ya que le han metido unos verdaderos troncos el más grande que vi fue Vicente como de 30 cm y como más de 4 pulgadas de grosor luego haber si acepta otra vez y les cuento

Autor: Anónimo Categoría: Confesiones

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mi suegra me deseaba

2021-02-12


todo lo que voy a contarles es cierto, y paso una noche que fui a buscar a mi esposa y su madre despues de una fiesta en otro pueblo un poco retirado de nuestra ciudad, mi suegra es una mujer con un cuerpo que se puede decir ni gorda ni delgada. pero eso siii. con unas nalgas lo que se dice grandes. ella mide mas o menos 1,75 mts, y me pasa como 5 cmt. a mi. bueno que las fui a buscar a la fiesta donde habian estado las dos, y me asuste cuando llegue y me estaban esperando afuera de donde habia sido la fiesta,, mi suegra estata sentada en un pequeño muro, y mi esposa a la par de ella, parada y tenia a su madre agarrada del hombro porque estaba bien borracha, mi esposa tambien habia tomado bsatante, pero no como su madre, entre mi esposa y yo subimos a su madre en el asiento de adelante y mi esposa se acostó en el asiento de atras, y luego se durmió, primero fui a dejar a mi suegra a su casa, y le dije a mi esposa que se levantara y me ayudara a cargarla para entrar a su casa, y mi esposa me dijo que me aclarara yo solo, porque ella tenia sueño, asi que la saque como pude del auto y la abracé por la cintura y empece a caminar con ella asi bien agarrada. ella tenia un vestido que le quedaba bien suelto y le llegaba abajo de las rodillas, y con la mano le acariciaba el culo encima de los calzones, me dio las llaves de la casa para abrir la puerta y se sentó en una banca que tienen afuera de la casa, abri la puerta y regrese por ella para que entrara, y ella cuando se paró se me quedó viendo a la cara y empezó a besarme en la boca. y yo le meti la mano por delante y adentro del calzon y la empecé a acariciar de la concha, y ella seguia besandome rico. y me dijo que estaba enamorada de mi y queria que yo fuera su amante, y me dijo que su mejor amiga que vive sola igual a ella se tenia amante. asi que desde entonces soy amante de ella y mi esposa ni se entera de nada, a veces me dice que le lleve alguna comida a su madre, y ahi aprovecho de hecharle un par de buenos polvos, ella esta viuda desde hace mas de quince años. y a pesar de tener 63 años de edad, esta pero buena para culiarla. desde que murio su esposo no habia tenido nada con ningun hombre, asi que hoy me tiene a mi de amante, y yo me estoy pero dando gusto con ella. nuestros encuentros son entre dos a tres veces por semana, y es una mujer pero lo que se dice super buena culiando, a veces hasta tres veces que ella llega al orgazmo, y me dice que nunca lo habia pasado tan rico con su esposo como lo pasa conmigo, el fue su unico hombre, y ahora yo soy su segundo. espero les guste mi aventura con mi suegrita linda.

Autor: Roberto Salas Categoría: Sexo con Maduras

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¿Mi culito? … ¡uuummff! … podría ser

2021-02-12


Todo empezó porque mi mujer tiene un culo espectacular, redondito, echadito para atrás y para arriba, durito, además, que ella sabe como menearlo espontáneamente, sin darse cuenta, le sale natural, cuando vamos por la calle yo le voy contando cuantos “jotes” se dan vuelta a mirarle tan esplendido culo, codiciado por muchos, pero el afortunado que pone sus manitos encima de tan divino pedazo de carne soy yo. Todos los días desde que la conocí, que le pido que me dé su potito estrechito y virgen, pero ella no lo suelta por nada al mundo, mi señora es muy imaginativa y siempre me sorprende con cosas que podrían ser rutinarias, pero encuentra el modo de buscarle un lado nuevo y excitante. Yo no cejo en pedirle su trasero, se lo manoseo, se lo beso, se lo acaricio, pero hasta ahora la única penetración que he llevado a termine a sido con mi minúsculo meñique, cuando intente con los otros dedos se fue de una rotunda negativa, pero hace unos meses ha ido aflojando y una noche mientras la follaba con fuerza, logré insertar dos dedos y ella se corrió casi de inmediato, así que últimamente lo hemos estado conversando. María mi esposa, me había concedido su culito después de tres años de matrimonio, esa tarde nos habíamos ido a la cama más temprano de lo acostumbrado, era una fría noche de invierno, con un temporal de lluvia tremendo, mi esposa se puso acurrucada a mí a cucharita, sintiendo sus firmes nalgas cerca de mi bestia, la reacción fue natural, una erección fenomenal, comencé a acariciar su cadera y su muslo, ella me reclamaba ¿qué estás haciendo tontín?  ¿no sientes el frio que hace?  pero al mismo tiempo no alejaba su culo del ariete que apuntaba a su estrecha fortaleza, poco a poco le bajé su poco sexy pijama de franela, ahora mis manos estaban sobre su delicada piel, con el frio todavía tenía su piel como de gallina, como con granitos, acaricié sus nalgas, ella movía su espalda e intentaba girar su cabeza mientras yo besaba y mordisqueaba sus lóbulos. Mi señora gemía y rotaba sus cachetes contra mi miembro, señal inequívoca que se estaba calentando, pasé una mano bajo su pijama y acaricié sus naranjitas carnosas y endurecidas, sus gemidos se hicieron como quejumbrosos y con suspiros, empecé a susurrar en sus oídos frases obscenas que sé que a ella la calientan, tenía sus pezones entre mis dedos y los oprimía como para sacarle lechecita, ella gimiendo buscaba mis labios, terminé bajándole los pantalones de su pijama y recostándola sobre su espalda, le abrí sus muslos y me sumergí en ese charco de placer y fluidos. Mi esposa cuando sintió mi lengua en su sexo abrió más sus piernas, aceptaba mis caricias con deseos, comencé a lamer su chochito todo alrededor, pegándole puntadas a su clítoris, ella se estremecía y trataba de alejar su almejita de mis lengüetazos, pero alzo sus piernas y las abrió al máximo, agarré sus muslos para que mantuviera tan invitante posición y me fui de lleno contra su minúsculos orificio anal, María en principio trató de escapar de estas caricias, pero con sus manos agarró sus tetas y comenzó a tironearlas. Mi señora comenzó a rotar sus culito en mi boca, por lo que agarré su glúteos y los abrí para meter mi lengua en su estriado y rosado ano, le mordisquee sus nalgas ante la impotencia de abrir ese hoyito e invadirlo con mi lengua estaba muy estrecho, pero María se estaba volviendo loca como nunca, no cejé en mi tentativos y su esfínter cedió un poco, metí mi dedo pulgar derecho e inicié un mete-saca delicadamente, después agregué mi pulgar izquierdo, con cierta facilidad podía meter ambos pulgares en su pequeño forado, ahora también mi lengua podía escarbar en esa cuevita que se contraía. Mi lengua buscaba manjares nuevos, exploraba carnes vírgenes, indagaba en esos territorios desconocidos, se deleitaba de esas contracciones espontaneas que la acechaban y trataban de apresarla en cada intrusión a esa cava inmaculada, jamás penetrada. Ella entregada a la lujuria de estas sensaciones nuevas, con sus dos manos abrió sus glúteos y buscaba una penetración más profunda, me arrodille con mi perforador frente a tan preciado orificio y le presenté mi glande, la abertura era todavía estrecha pero las caricias y forcejeos la habían ampliado, empuje con fuerza controlada y unos tres centímetros de mi pene se introdujeron en su culito, María intento resistirse por un leve instante, puso su mano en mi vientre como para controlar la penetración, mi presión no era enérgica pero si constante, centímetro a centímetro mi verga iba desapareciendo en esa caverna hirviente. Me incliné a besar su boca carnosa que estaba ligeramente abierta como expresando una “O”, sus ojos estaban cerrados, besé sus parpados, su frente, sus orejas y volví sobre sus labios con un beso profundo y apasionado, cuando me enderecé, mi pene estaba dentro completamente, su potito había iniciado un movimiento como de succión, lo estaba disfrutando, puse sus tobillos sobre mis hombros y comencé a dársela con movimientos continuos, pero sin violencia. Los gemidos se habían transformado en grititos y ella se revolcaba bajo mis embates, nunca había escuchado a mi mujer gritar, me acerqué a su oreja y le susurré  te gusta cómo te follo el culo ¿verdad?  ¿lo quieres más fuerte?  por fin eres mi puta caliente  eres hermosa  eres una guarra cachonda  te llenare de lechita ese sucio poto tuyo  le dije todo lo que con la calentura del momento se me pasó por la cabeza, ella gemía cada vez más fuerte y sus manos iban de mi espalda a mis glúteos empujándome más y más hacia sus profundidades profanadas por mi verga. María chillaba desesperada, me tironeaba y me apretaba contra sus senos, por primera la escuche hablar en una sesión de sexo, implorar en susurros  dámela más fuerte, amorcito  cógeme con fuerza  clávamela toda  amor rico más, quiero más  amorcito rico me vas a hacer acabar  ¡ooohhh!  sorprendido y halagado se la di con fuerza mientras uno de mis dedos acariciaba su clítoris henchido de deseos, hasta que la sentí convulsionar, sus contracciones me hicieron estremecer también a mí y descargué toneladas de esperma en su interior, una andanada de borbotones tibios de nunca acabar, terminé encima de ella, resoplando junto a su oído diciéndole cuanto la amaba. Acabamos simultáneamente, nunca en tres años nos habíamos corrido juntos y con tanta intensidad, yo acariciaba sus cabellos y la besaba sin parar, ella con su respiración entrecortada me apretaba a sus pechos y acariciando mi espalda  casi me matas, amorcito rico  me dijo besándome las mejillas. Por semanas incluimos el sexo anal en nuestro repertorio, siempre disfrutándolo intensamente, María estaba sorprendida de sentirlo tan rico en su trasero, ahora le encantaba ser estimulada en su culito, me ofrecía su potito para que se lo lengüeteara a voluntad, refregaba su ano en mi boca y barbilla, cuando follaba su chochito ella solita se metía sus dedos en su ano, terminamos comprando un consolador anal. Esperamos un fin de semana, mientras nos preparábamos para almorzar, María me llamó a la cocina y mientras yo sacaba una cerveza del refrigerador, ella levantó su holgado vestido y me mostro su culito con el tapón anal ensartado en su trasero, luego se bajó su pollera y me sonrió en forma guarra y picara, mi pene comenzó a endurecerse inmediatamente, no sé qué cosa almorzamos, lo único que cabía en mi mente era ese culo redondo y durito de mi mujer con ese falo en su canal anal. Después de almuerzo yo me abalancé sobre ella, muy delicadamente ella me rechazó y me dijo que eso que me había mostrado era para esta noche y que venía con sorpresa, mi verga estaba que reventaba el cierre del pantalón, mi amadísima señora viendo lo complicado del asunto, me llevó al baño, me pegó una mamada, haciéndome acabar en la bañera, me pegó un palmetazo en el trasero y me dijo  nos vemos esta noche amorcito lindo  Me fui a dar una vuelta al supermercado, me di un par de vueltas alrededor de donde vivimos, anduve como tres horas girando como loco, el culo de mi mujer me perseguía por todos lados, hasta mirando al cielo, vi unas nubes blancas y redondeadas que asemejaban justo al divino trasero de ella, pasé por una plaza donde había dos neumáticos gigantes como dos glúteos igualitos a los de ella, estaba enloqueciendo. Regresé a casa al ocaso, mi señora me esperaba con una cena ligera, me anduvo reprochando mi ausencia, pero le confesé que el único motivo porque ella no fue violentada por mi esta tarde, fue porque yo me mantuve lejos de la casa y que estaba muy caliente por ella, me sonrió diciendo que ella estaba igual de cachonda, cenamos mirándonos casi de reojo, con una implícita culpabilidad de no sé qué cosa, éramos cómplices de algo que no habíamos cometido, pero que sabíamos que nos aprontábamos a cometer, una malicia intrínseca, pecaminosa quizás. Colaboré a limpiar la vajilla y resetear la cocina, luego arrinconé a María cerca del refrigerador y la besé con pasión, con ardor, con necesidad del contacto humano de sus labios reconfortantes, necesidad de su amor de esposa, necesidad de sentir ese cuerpo voluptuoso que enciende todas mis fantasías sensuales, sexuales, eróticas, sentir esos pechos adolescentes, sentir esa entrega femenina que se rinde a una desenfrenada lujuria, sentir que sus manos buscan en mi al hombre, quiere sentir mi virilidad, quiere palpar con mano mi ardor por su femineidad. La tomé en andas y la acomodé sentada sobre el mueble entre la cocina y el refrigerador, me puse en medio a sus muslos y levanté su pollera ligera, tal como pensaba, estaba sin calzoncitos, su chorito prieto se adivinaba en la convergencia de esos muslos carnosos y torneados, me arrodillé y me introduje bajo esa pollera que disimulaba a mala pena mis intenciones, estiré mi lengua y un rayo de energía se generó en mis pies, cruzó en un santiamén todo mi cuerpo y salió disparado por la punta de mi lengua, el golpe hizo impacto en la hendedura donde se refugiaba su clítoris palpitante, María emitió un gemido y apretó mis orejas con sus poderosos muslos, sus manos se estiraron hacia mi nuca aferrando mis cabellos, la posición y el espacio no me permitía afondar mis ataques a ese precioso chocho regordete, pero el sabor y el olor eran embriagantes, mantuve mi lengua a recoger ese zumo de chorito que emanaba con fluidez de esa recóndita cava. Mi María gemía y vibraba al son de mi lengua que horadaba sin descanso en su chuchita escondida, sequé un poco mi rostro en su pollera, me alcé y la volví a besar en esos labios cautivantes, sus piernas temblaban un poco, se apoyó a mí en busca de soporte, nos fuimos prodigándonos amor, afecto y pasión hacia nuestro dormitorio. María como buena virgo, había preparado todo, había unas velitas rojas que iluminaban nuestro lecho matrimonial, había unas toallas, había una botella de espumante con dos copas y portavasos, había un estuche envuelto en papel de regalo, la sorpresa. El ambiente y el deseo eran propios de una pareja de enamorados esposos, yo la deseaba a cada minuto más y más, ella me quitó la camisa rápidamente y con un toque mágico tiro su pollera por sobre sus hombros y quedó completamente desnuda, se puso en cuatro sobre la cama presentándome su culito con el consolador enterrado en sus entrañas, me miró por segundos y meneó sus caderas invitantes, en dos segundos estaba completamente desnudo al lado de ella besando sus nalgas. Con dedos suaves toqué el artilugio embutido en su esfínter, María apoyo su cabeza en la cama y me dejaba hacer, lo tire hacía afuera para ver las dimensiones del tapón anal, en su parte más ancha era casi tan grueso como mi pija, la longitud cerca de unos diez centímetros, se lo quité y lo reemplacé con mi lengua  ¡uuummmpphh!  gimió mi esposa apreciando las caricias  estoy lista para ti, amorcito  agrego. Sin dejar de lamer su culito redondeado, me acomodé y apliqué el lubricante que María tenía en la mesita de noche, a su ano y a mi pija, luego presenté mi glande ante ese hoyito tentador e invitante, empuje un par de centímetros y María tentó una escapatoria, yo la tenía de las caderas y aguante su reflejo, hubo una especie de rebote y otros cuantos centímetros se hundieron en ella, la tire de los hombros hacia mi pecho y comencé a acariciar sus pechos enhiestos, exquisitos y sumisos, ahora ella era mía y comenzaba a gemir su goce y a disfrutar la fricción de mi verga en su estrecho esfínter. María había estirado sus brazos hacía atrás y agarraba mi cintura para ser penetrada más en profundidad, yo besaba su cuello, sus sensibles lóbulos, mordisqueaba sus hombros y entre mis dedos sus pezones temblaban excitantes. María se estremeció y comenzó a empujar hacía atrás con sus nalgas, abría y cerraba sus rodillas y gritaba  más amorcito, más fuerte, dámelo todo  le di con todo, ella estiro su pierna derecha con mucha fuerza, se contorsionaba y temblaba toda, chillaba y gemía, ponía tanta fuerza en su pierna estirada que perdimos el equilibrio y caímos los dos sobre el lecho, ella en un paroxismo increíble, espasmos, gemidos y grititos se subseguían sin parar, era el orgasmo anal que ella había comenzado a experimentar desde hace un tiempo y que buscaba con desesperación cada vez que copulábamos. La besé y seguí follando su culo, pero no logré correrme en su trasero, María aletargada después de su orgasmo, estaba inmóvil y acariciaba mis brazos que envolvían su cuerpo por debajo y sobre sus tetas, se movió y se sentó en sus talones junto a mí, se inclinó y comenzó a besar mi verga y acariciar mi cojones, yo esperaba una mamada para descargar mis bolas rebosantes de esperma. María se detuvo sin explicaciones y alargó su mano hacía el estuche que contenía el regalo para mí, me lo entregó y yo comencé a abrirlo con curiosidad  ¿que estaba maquinando esta mujercita mía adorada?  pensé, apoyado en uno de mis codos terminé de abrir el envoltorio y me encontré con otro consolador anal …  ¿Amorcito, que es esto?  Es un regalo para ti amor, para que sientas lo que yo siento.  Pero amor esto es para introducirlo por atrás.  Sí, tesoro y veras como será bello lo que sentirás.  Pero amor, yo soy hombre … ¿no querrás que me ponga un poco maricón?  ¡Ay! amor no seas bobo … tu eres hombre y eso no te cambiará.  Pero amorcito … ¡me va a doler!  ¿Te recuerdas lo que tú me decías cuando querías que yo practicara sexo anal?  Sí, pero tú eres mujer  Y tú eres hombre y eres mi marido, quiero que pruebes, como yo lo hice por ti.  ¡Pero me va a doler!  No más que a mí, después lo disfrutaras. Así diciendo mi queridísima esposa me hizo recostar nuevamente y se puso con su chorito sobre mi boca  quiero que me comas el chocho mientras yo te follo el culo  dijo, con ese magnifico pedazo de almeja sobre mis labios no pude rehusar nada más  está bien tesorucho, pero no me hagas daño  comencé a lamer ese chocho hermoso e hinchadito como nunca, sentí que me lengüeteaba la verga y abría mis glúteos y probaba con un dedito mi ano estrechísimo, luego sentí que con dos deditos lubricaba mi culo sin dejar de mamar mi pija que estaba cada vez más dura. Jamás imagine que la estimulación de mi culo mientras me hacía una mamada de padre y señor mío, iba a causarme todo este placer, luego mi amada consorte, abrió un poco más mis nalgas e inició a penetrarme con el tapón anal  ¡Wow!  es lo único que salió de mi boca, cuando la parte mas gruesa sobrepasó mi esfínter, mi María aumento la velocidad de su succionar a mi verga, estaba con mis piernas tiesas en el aire en valía de mi mujer que me extraía mi lechita desde lo profundo de mi vesículas seminales, borbotones de lefa entraban en la boca de mi señora, ella no cejaba de chupar y tragar y no se detuvo hasta que la última gota salió de mi glande. El hoyo de mi culo se contraía repetidamente y a cada contracción, un chorro de esperma se iba dentro la boca de mi señora, fue la eyaculada más larga de mi vida, creo que al final me salía solo aire, pero con mis nalgas apretando el consolador seguía follando la boca de mi mujer, ¡que goce dios mío! Mi esposa se quedó con su cabeza apoyada en mi muslo y jugando con mi pene, estrujándolo y viendo como todavía podía sacar una que otra gota de semen y gustársela, acariciando sus cabellos la invité entre mis brazos.  ¿Te gusto amorcito?  Sí, mucho  Ves que yo tenía razón  Sí amor, lo confieso … tenías mucha razón  ¿Quieres repetirlo?  Ahora mismito no … porque estoy seco … no me quedó nada … todavía los dedos de mis pies no logro juntarlos … ni parar de moverlos  Entonces … ¡te gusto!  Sí amor mío … me gusto entregarte mi potito virgen  ¡oh! amorcito … te amo  También yo, tesoro Esta fue mi primera vez, lo debo reconocer, soy un hombre experimentado y este goce nuevo me sorprendió mucho, comenzamos a hacerlo parte de nuestra rutina amatoria, yo me enculaba a María y ella cuando su cachondez se lo indicaba, me mamaba y me penetraba, el resultado era el mismo de siempre, esperma infinita desde mis cojones directamente a la garganta de mi esposa, los dedos de mis pies revolucionados totalmente. Mi esposa ingeniosamente encargó por correo un pene violeta, como una forma de “L”, creo que en la confección estaba escrito algo como “strap-less”, no soy un poliglota pero con el diccionario logré traducirlo como un “sin agarre” o algo por el estilo, me pareció sugestiva la traducción pensando al goce que pudiese prodigar tal artilugio, pensé en lo bestial que debería ser, el ser enculado con tal aparato, no me preocupaban las dimensiones de esa verga, me preocupaba que me estaba poniendo ansioso y que quería que mi consorte me enculase lo más pronto posible, lo estaba deseando  y si no tengo de donde agarrarme no me importa  pensé. Llegó el momento, nos fuimos a la cama, nos acariciamos, nos besamos, nos toqueteamos por todos lados, yo rondaba detrás de su culito y ella detrás del mío, cuando saco esa cosota de debajo de la almohada, me miro tan cachonda y de inmediato comenzó a meterse esa cosa en su chorito, sumisamente me puse en cuatro y le presenté mis nalgas a mi señora, pero ella no me quería así, me hizo colocar un grueso cojín bajo mis glúteos y me empujo haciéndome caer de espalda, después mientras lubricaba mi ano, procedió a engullir mi miembro semi erecto en su boca. Mi pene se puso duro como una roca, con tres deditos en mi culo inició un mete-saca lento, pero constante, luego alzó mis piernas hasta sus hombros y me introdujo con cierta facilidad su falo violeta, no era muy grueso, pero unos veinticinco centímetros de verga comenzaron un ir y venir recorriendo mi intestino  ¡oh mi dios!  susurré, era placentero no solo la sensación que estaba sintiendo, también el ver a mi esposa con una cara de lujuria increíble, sus tetas que se cimbraban a cada embate, sus gemidos y quejidos mientras me culeaba sin cesar. Mi consorte fue la primera en correrse, porque el extremo inserto en su chuchita estaba a estrecho contacto con su punto-G, lo que la hizo estremecerse y colapsar sobre mí, pero sin soltar mi pija que continuaba dura y sensible, fue así como todavía jadeante se enderezó y continuó follándome el ano, claro que esta vez me pajeaba con mayor vigor  no te vayas a correr sin avisarme  me dijo, mi ano lo sentía ligeramente irritado, pero aún así el goce era tremendo, dentro de mi vientre había cosquillitas que jamás había sentido antes  ahora amorcito, ahora … me esta llegando  le dije casi sin aliento, porque mi cuerpo estaba explotando por dentro y todo mi ser enviaba contracciones a mis glúteos y cojones que empezaron a expeler a chorros el semen depositado en mis bolas, mi señora me saco su pija violeta de mi culito, haciéndome gemir y contraer fuertemente mi ano, su boca había aprisionado en sus labios mi verga explosiva, no dejando caer ni una sola gota de lefa. María había engullido todo mi pene hasta su garganta, era una maquina suiza de follar, todo a su tiempo, todo coordinado, todo limpio, todo excitantemente lujurioso, ella entera era una tentación placentera, todo su ser emanaba un vaho de energía y llenaba el ambiente con una calentura increíble, su curvilíneo cuerpo con esas tetas que no se balanceaban, sino que temblaban enhiestas, duras, delicadas, con esos pezones durísimos como pitorros pronto a emanar algún elixir embriagante. Ella se deslizó hasta mi boca y me besó con lengua, el sabor de mi semen me hizo hurgar ávidamente su boca, me calienta sentir mi sabor en los labios de mi esposa, ella todavía tenia en su chocho el falo violeta, me lo refregaba en mi vientre y gemía con placer, me dijo  ¿Estás bien amorcito?  Sí tesoro, estoy chévere  Sabes que te he poseído, ¿verdad?  Sí amorosa, me has hecho tuyo  Ha sido una cosa maravillosa follarte el culo amorcito  También para mí, ni siquiera imaginaba de gozar así tanto  Yo tampoco jamás había pensado en que te pudiese coger por el ano  Yo jamás pensé que algún día me follarías tu a mi  Sabes que me gustaría encargar otro juguetito  Que dices amor … ¿otro más?  Sí, pero este es diferente, es uno largo que tiene como dos puntas  ¡Ah! Sí sé a cuál te refieres  ¿Lo sabes? … con ese podríamos follarnos el culo juntos tu y yo  ¡Oh! que guarra eres, pero me encanta … sí. sí ordénalo  Amor se demora como dos semanas en llegar  Paciencia, lo esperaremos Ahora somos adictos al sexo anal y estamos esperando el nuevo artilugio, ya les contaré cuando nos llegue.

Autor: Juan Alberto Categoría: Sexo Anal

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La chiquita ya quería leña

2021-02-12


Hola me llamo Roberto tengo 54 años tipo atlético hago gimnasio reciente con lo de la pandemia me a tocado trabajar en casa soy divorciado vivo solo tengo hijos ya grandes y tengo una novia en mi piso hay una niña que desde que se mudo hace 6 meses me tenia seco a sus 9 años tiene un culito delicioso que me robo muchas pajas si me gustan las nenas eso comenzó desde mis 28 años con una pareja que tube y tenia una nena de 8 años que me incitó a esos gustos tan exóticos bueno pero eso ya es otro relato hoy hablare de Johana esa niña siempre andaba de falditas o en short a finales de diciembre se me dio mi oportunidad cosa que deseaba pero que nunca ocurria Johana se metió un día al cuarto del depósito de la azotea con un chico como de 15 y para mi suerte los pille me sentí alegre la primera vez subí por mi ropa colgada en la azotea y oí ruidos cuando me acerque y VI por la vetana y allí estaba esta nena chupando la polla de aquel chico los deje hacer un rato que rico lo hacia la nena el chico acabó en la cara de la nena al día siguiente se fue la luzy al llegar tenia que subir las escaleras y allí encontré también a Johana recién llegando de la escuela y aproveche la oportunidad la salude y mientras subía la escaleras me quede tras de ella para ver su culito y hablarle de lo que había visto le dije te VI chupando una polla en la azotea ella se quedó muda y se detuvo en seco yo llegue a ella y sin mucho mediar le dije quiero que me la chupes su carita de nena casi lloraba y la hice subir hasta mi piso y en vez de entrar a su casa la hice entrar a la mía al llegar a mi sala saque mi pene que ya estaba a reventar la nena Sr sorprendió lógico era mas grande que la del chico y le dije toca su manita no podía tener todo el tronco le lo comenzó a masajear y le dije a la boca nena con un morbo rico de tener el poder sin mediar mucho la cabeza entro agustada en su boquita que rica sensación !!! La tome de la cabeza y la hice entrar más y comenze en mete y saca en ese boquita y la sostenía haciéndola traga la mitad era lo que enttaba y casi la hacia vomitar que rico en un envió se la metía mas y si la hice vomitar en mis bolas estaba tan asustada y me calme y la deje hacer me subió la leche y la descargue en su cara y boca!! Mucha leche descargue !!! Pero seguí erecto y subí su faldiya colegial y baje su short y panty hasta la mitad y VI y toque ese culito pase mi glande sobre sus nalguitas que rico!!! Lo aptete entre sus dos nalguitas y me comemze a Pajear ella dijo que debía irse que ya tenía que llegar a casa!! La deje ir y antes de irse le dije que toda esta señalado mi gran palo entraría en su culito otro día y se fue!! Y luego les contare como le abrí el culito a pollazos ese culito rico y abultado!!!

Autor: Roberto Categoría: Sexo Anal

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