Mi tía y prima Celia. Primera parte

2019-07-30


!Hola! Soy, Alberto, tengo 21 años y voy iniciar mis estudios en la universidad de Barquisimeto. Tuve que abandonar mi ciudad natal que es Cabimas. Mi tía Elsa, tiene 38 años es hermana de mi madre y vive con su hija Celia que acaba de cumplir 15 años. Mi madre habló con mi tía Elsa, para que me hospedara por lo menos hasta que consiguiera una residencia así que ella aceptó tranquilamente. Al llegar a que mi tía Elsa, ya me tenía preparada la habitación. Acomodé mis pertenencias y me instalé. Mi tía es una mujer muy bonita de cuerpo espectacular senos parados, cabello negro y largo, 1,75 de estatura, delgada, y se viste muy provocativa. Mi prima al igual que su madre bien linda con su rostro angelical, como toda quinceañera su cuerpo impresionante, como modelo, pompi paradito, senos no muy grandes pero si apetecibles, cabello largo teñido rubio claro con algunas mechas blancas de esa que están muy de moda. Se viste muy provocativa, así que todo un paraíso para mis ojos. Mi tía quedó viuda hace más de un año y por lo tanto aun no había tenido otra relación. Ese primer día conversamos los tres muchas cosas de nuestras familias después nos fuimos a descansar todos. Mi prima se levantó temprano y se fue a su colegio y mi tía había salido hacer unas compras. Por curiosidad decidí entrar en la habitación que ellas estaban compartiendo. Rebuscando entre sus gavetas para mi sorpresa me consigo un dildo en forma de pene color carne aproximadamente de 15 cm. Mi mente empezó a maquinar de quién sería si de mi tía o de mi prima, sentí que mi tía llegaba así que abandoné rápidamente su habitación e hice como si nada ha pasado me coloqué mis zapatos y me retiré a la universidad. En los días siguientes, estaba todavía con la incertidumbre de quién sería el dildo. Imaginé que era de mi tía para masturbarse y consolarse por su viudez. Llegó el fin de semana a ver si conseguía residencia fui a una que me quedaba cerca de la universidad pero era demasiado costosa y lujosa para mi poder adquisitivo, por lo tanto, la descarté y fui a otra que era más barata pero me quedaba muy retirada y complicado para llegar a la universidad. Llegué agotado a que mi tía - y ellas celebraban tomando un cóctel con amigas y amigos de mi prima. Después de terminar le conté a mi tía sobre las residencias que estaba buscando y ella me dice que no hay apuro que lo tomara con calma. Esa misma noche, como las 2 de la madrugada, me desperté y fui al baño. De regreso escucho unos gemidos desde la habitación de mi tía pero la puerta estaba cerrada, giré la manilla y empujé la puerta lentamente y pude visualizar que ambas estaban haciéndose sexo oral con gemidos excitantes, yo andaba con mi bóxer de lycra y en segundos mi verga se me empalmó al ver semejante show. Sólo había abierto una parte, así que traté de abrir otro poco, y para mi sorpresa no tuve cuidado y tumbé un florero que estaba cerca de la puerta, y quedé al descubierto - ellas me vieron y mi tía me dice !Alberto! qué pasa? qué haces aquí? apenado me disculpé le dije tía escuché un ruido, y quise ver que pasaba... y bueno me puse muy cachondo tía. -Bueno Alberto, invadiste nuestra privacidad ... bueno acércate y ven... y me dice si te gusta lo ves ... por supuesto tía las dos están hermosas... Mi tía responde somos muy cachondas llevamos haciendo esto antes de que mi marido muriera pero él ya lo sabía de hecho lo hicimos varias veces con él.... Yo tragué grueso al escuchar aquel relato,... ahora Alberto te va tocar a ti follarnos a las dos... que dices? ,,, y mi tía sin titubear agarró mi verga y la manoseaba por encima del bóxer... yo seguía todavía medio sorprendido de aquello que me estaba pasando, Celia mi prima bajó desnuda de la cama y se puso por mi espalda acariciar mi pecho, mi tía bajó mi bóxer y tomó mi verga y la metió en su boca. Seguidamente, mi prima ya me besaba- su lengua paseaba mis labios con una sensación única que jamás había sentido- mi verga explotaba como si fuese un corazón que bombeaba sangre de lo dura- era increíble, mi tía chupaba un poco más rápido y después de varios minutos ya estaba acostado en su cama y le comía el coñito hermoso de mi prima con ese clítoris rosadito donde sentía su piel suave de quinceañera. Mi tía trataba de tragarse mi verga que erecta mide 20 cm - mi prima estaba en posición de 69, pero mi tía era la que chupaba mi polla hasta que cedió el turno a mi prima. Celia mamaba suavemente mordía la parte superior de mi pene y exclamaba que grande la tienes...primo... pude cambiar la posición y coloqué a mi prima en posición de perrito, !Dios santo!, aquella vista era sensacional de calidad de exportación sin un desperdicio - mi prima muy buena- y yo follándola... al rato le tocó el turno a mi tía, !Dios! aquello también impecable su coño tan provocativo que pedía polla- le introduje en su coño un poco más suelto que el de mi prima, estaba a punto de venirme, bajé el ritmo de mete y saca, para no acabar, logré contenerme, y seguí,.. después mi tía se me sentó en mi polla alternándose varias veces con mi prima tanto de espalda como de frente, ... luego no pude mas... y pude vaciar mi esperma entre la cara y pechos de ellas luego mi prima se la metió en la boca hasta sacar mi última gota de semen. Luego repetimos la acción sexual, hasta quedar exhausto. Así dormimos hasta el domingo al medio día. Y mi tía me comenta ... Alberto no busques más residencia te quedas con nosotras así nos puedes follar cuando tú quieras. - Ok tía, en mi pensamiento no lo podía creer lo que había ocurrido y con semejante incesto que habíamos cometido -- pero para mi - - era lo mejor que me ha pasado en mi vida pasional. Después contaré la segunda parte. Hasta pronto. Alberto.

Autor: Carlosp28 Categoría: Incesto

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Demasiado liberal o puta

2019-07-30


Ese viernes por la noche mi esposa y yo regresábamos a casa después de pasar un buen rato en un antro y mientras yo conducía ella comenzó a tocarme la verga y ya cuando la sintió dura me dijo que quería chuparla en ese instante por lo que abandone la vía principal para detener el auto y me chupara la verga con toda calma No solo me saque la verga me baje los pantalones pensando que a esa hora nadie nos vería en esa solitaria calle y ella se saco la blusa y el sostén con la intención de que yo la acariciara mientras ella mamaba y cuando mas entusiasmando nos encontrábamos fuimos iluminados por una potente luz, confieso que yo me quede paralizado al vernos sorprendidos por ese par de policías pero la reacción de mi esposa ante los argumentos de ellos me dejo sin habla No sea malo poli no eche a perder la cachondez de esta noche si quiere les puedo chupar la verga también a ustedes y todos felices les dijo, se miraron entre ellos y el que llevaba el mando dice, bueno porque no pero te tragas mi leche, ya con la verga de fuera mi esposa comenzó a chuparle la verga y le hizo un excelente trabajo ya que en apenas tres minutos se vino y mi esposa ya tenía su verga apenas rosando sus labios para que el viera como su leche entraba en la boca de ella y se la trago así le llego su turno al otro poli pero este si resulto estar muy bien dotado cuando le mire la verga le calcule más de veinte centímetros y la golosa de mi esposa con el si se tomo todo el tiempo del mundo y tardo chupando su verga algo así como diez o más minutos y también se trago la leche que por cierto fue muy abundante En el intercambio de palabras para despedirnos mi esposa se coloco la blusa y aprovecho para anotar su número de cel. Y al despedirse de mano se lo dio al de la verga enorme y ya en casa y después de haber cogido un par de veces ella me dice, no tienes idea de las ganas que me dieron de sentir dentro de mí la enorme verga de ese poli y yo aun caliente y con la euforia del momento de dije, pues te lo hubieras cogido, lo pensé pero me dije que sería mejor un trió así mientras él me coge te chupo a ti la verga y luego una doble penetración tu estrenas mi culito y él me da por la panocha que te parece mi amor se te antoja Eran la nueve de la mañana cuando sonó se cel. le estaba llamando el poli y lo cito en nuestra casa donde una vez que llego ella puso las condiciones diciendo, esto va a ser un trato entre cabrones y caballeros si te cite es porque anoche se me antojo tu verga y tengo el deseo de probarla pero solo una vez no quiero que después me estés chingando a cada rato Sellado el trato los tres desnudos en mi habitación mi esposa comenzó a chupar la verga del poli que por cierto es de veintidós centímetros, luego se coloco en cuatro y no bien se la empezó a hundir ella comenzó a decir hay que rico que rica verga tienes la quiero toda pero hazlo despacito hay así, así que rico dame mas dame mas, yo me coloque frente a ella con la verga bien dura y la metí en su boca para que dejara de hablar y ella aun con toda mi verga dentro de su boca entre mamada y mamada lograba decir, así cariño dame mas verga y movía el culo como poseída por algún ser maligno Para mi resulto demasiado morbo ver a mi tierna esposa mover su trasero con tanta facilidad y gracia y pidiendo más verga y no pude resistir mas así que tome su cabeza con ambas manos metiéndole toda la verga me vacié en lo más profundo de ella, creo que en mi vida había arrojado tal cantidad de semen que mi esposita estuvo a punto de ahogarse con él y expulsando y tragando algo convulsiono como si la estuvieran exorcizando con la aparición del mayor orgasmo que había experimentado junto antes de que el poli también se viniera El ambiente se encontraba lleno agitadas respiraciones hasta que este fue roto por mi esposa que dijo dirigiéndose al poli, no mames esta fue una cogida celestial en mi vida había tenido un orgasmo tan intenso y luego me dice a mí y tu cariño donde tenias guardada tanta leche casi me ahogas con ella pero esto aun no termina vamos a descansar un rato antes de continuar Ella ya tenía el control y nos indico lo que cada uno de nosotros tenía que hacer y cómo colocarnos así que el poli se coloco boca arriba con la verga ya bien parada y ella se monto de frente a él y lentamente se fue clavando la verga entre excitantes gemidos mientras yo me entretenía impregnando mi verga con aceite para bebe y cuando ella se inclina exponiendo su ano yo comienzo a estimular su esfínter para que cediera al tiempo que también lo iba lubricando y cuando mi dedo se hundió can facilidad supe que ya estaba lista para recibir mi verga así que la coloque en su ano y comencé a hacer presión y su esfínter cedió dejando que mi glande entrara y me resulto maravilloso sentir esa presión en mi verga, ya con el glande dentro el resto fue más fácil pero me fui tomando mi tiempo y con lentos bombeos se la fui metiendo mientras ella gemía y gritaba fuera de control pidiendo mas y mas verga y yo no sabía si me la pedía a mi o al poli hasta que ella dice, ya, ya los dos denme toda su verga y toda su leche ya no aguanto más yo ya estoy vacía de tantos orgasmos y como si estuviéramos sincronizados el poli y yo nos venimos al unisonó Pasada más de una hora y una buena ducha el poli se retiro de casa satisfecho de haber hecho feliz a mi esposa y reiterando su compromiso de no molestar jamás a mí esposa Más adelante escribiré algunas de nuestras aventuras

Autor: Anónimo Categoría: Heterosexual

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Mi secretaria

2019-07-30


- El empleo es suyo Cerró la carpeta con un golpe seco, la dejó encima de la mesa y apoyó ambas manos sobre ella. - De todos los candidatos usted ha sido el que mejor ha superado todas las pruebas. Creemos que el puesto de jefe de la sección de ventas le vendrá como anillo al dedo. Pero recuerde que en esta empresa somos un equipo. Las individualidades no están bien vistas porque... Bla, bla, bla. Siempre el mismo cuento. Cada vez que entras a trabajar en una empresa te sueltan las mismas tonterías. ¿Tendrán alguna grabación debajo de la cama diciendo lo mismo todas las noches para aprendérselo de memoria? El caso es que mientras el encargado de personal no dejaba de hablar, yo me sentía inmensamente contento. Aquel puesto era el más importante que había tenido que desempeñar hasta entonces. Era la primera vez que me asignaban un despacho propio y secretaria personal. Iba a tener a mis órdenes a toda una plantilla de empleados, y lo único que debía de hacer para ascender en la empresa era aumentar en un 10\% el nivel de las ventas. Pocos minutos después, me dirigía hacia lo que para mí era la culminación de una vida de estudios y malos tragos. Había tenido que renunciar a muchas cosas para estar allí. Había pasado por trabajos de mala muerte con el fin de conseguir experiencia y un curriculum. Pero al final lo había conseguido. Cuesta mucho entrar en el mundillo, pero una vez dentro, lo único que puedes hacer es seguir subiendo. Ni siquiera la historia que me habían contado sobre el señor Diez, mi antecesor en el cargo, podía ensombrecer mi ego en aquellos momentos. Según decían, a los pocos meses de estar trabajando allí, el estrés pudo con él. Un día no se presentó a trabajar, y en su lugar envió una nota diciendo que se iba a realizar un viaje por el mundo. Dejó su empleo, a su mujer y a sus tres hijos y nadie le había vuelto a ver. Mi secretaria no estaba en su sitio. Tenía un pequeñísimo despacho a las puertas del mío, así que nadie podía pasar dentro sin que ella le diera permiso para hacerlo. Pero si no estaba allí, no podría cumplir ese encargo. No quería comenzar siendo duro con ella, pero le daría una pequeña regañina en cuanto pudiera. A los empleados hay que demostrarles la fuerza de carácter de uno. Tienes que causar respeto para que te respeten. Mi despacho no era enorme, pero desde luego era mayor que cualquier otro sitio donde hubiera trabajado. Incluso era mayor que aquella habitación de mi anterior trabajo donde estábamos metidos siete personas durante todo el día. Miré por el ventanal. La vista era relajante y tranquilizadora. A lo lejos podía distinguir... - Buenos días Aquella voz me sobresaltó. Me volví para encontrar a una atractiva mujer de unos treinta años, alta, morena y con un rostro inquietante. Iba vestida con la corrección que aconsejaba la empresa. Una blusa blanca de manga larga, botones abrochados hasta el cuello, falda oscura por encima de las rodillas, medias negras y zapatos de tacón, aunque sin exagerar. - Buenos días - respondí - Supongo que usted debe de ser... - ... su secretaria. Mi nombre es Laura. Lamento no haber estado aquí cuando ha llegado usted, pero tenía que hacer unas copias. y mi fotocopiadora se ha estropeado. La excusa era correcta. No me pareció oportuno reñirla tan pronto, así que opté por ser amable con ella. - No se preocupe. En lo sucesivo le agradeceré que me avise cuando tenga que ausentarse de su puesto. No soy una persona exigente. Creo que seremos buenos amigos. - a los empleados siempre les gusta que les digan estas cosas - Lo único que deberemos de hacer es trabajar como un equipo. Cuando me di cuenta de que estaba a punto de recitarle el rollo que me acababa de soltar el encargado de personal, sonreí levemente. - Bien, señorita Alvarez... - Laura, por favor. - De acuerdo, Laura. Por favor, póngame al día. Resultó ser una empleada muy eficaz. Cumplía todos mis encargos de manera rápida y eficiente. Se amoldó muy bien a mi forma de trabajar. Lo único que yo exijo a mis subordinados es que puedan leerme el pensamiento. Y ella casi lo conseguía muchas veces. Sabía exactamente cuando necesitaba una taza de café. Nunca repetía dos veces la misma excusa a la misma persona. Cuando tenía que quedarme a trabajar hasta tarde, casi siempre se quedaba conmigo para ayudarme. Se adelantaba a mis deseos cuando le pedía información, e incluso cuando no se la pedía. Parecía disfrutar con su empleo. Era correcta en su trabajo y en su forma de ser y de vestir. Nunca llevaba pantalones. Las faldas las prefería cortas. Las medias siempre negras, y los zapatos con un cierto tacón. Me pregunté como una mujer como ella no ascendía en la empresa. Me informé. Llevaba ya varios años trabajando allí, pero parecía estar un tanto gafada. Todos los jefes que le asignaban, al poco tiempo desaparecían, abandonaban la empresa o eran trasladados, así que no pasaba el tiempo suficiente con nadie que pudiera recomendarla para un ascenso. Una noche, muy tarde, éramos ya las únicas personas trabajando en la empresa. Tenía una operación importante entre las manos y no podía dejarla pasar. Me encontraba cansado, pero al día siguiente tenía que presentar un informe y no podía permitirme el lujo de irme a casa. Como siempre, ella adivinó mis pensamientos y me trajo un café, muy caliente y con dos terrones de azúcar. Mientras lo tomaba noté un cierto sabor agridulce, pero lo achaqué a mi nerviosismo. Aparte de eso, estaba delicioso. A los pocos minutos me encontré cansado. Muy cansado. Terriblemente cansado. Apenas podía mantener los ojos abiertos. La visión se me nublaba por momentos, hasta que mi cabeza cayó sobre los papeles que abarrotaban mi mesa. Lo último que recuerdo fue la borrosa figura de mi secretaria mirándome fijamente desde la puerta del despacho. Después, la oscuridad. Cuando desperté estaba solo. Eran las siete de la mañana. Mi cabeza parecía una bombona de butano a punto de explotar y mi visión era un tanto borrosa. Como pude, revisé los papeles. El trabajo estaba ya muy adelantado. La noche anterior lo había dejado casi terminado antes de dormirme. De dormirme. Sí. Eso fue. El cansancio había podido conmigo y me había dormido. Lo que no entendía era porqué no me había despertado Laura. Pero eso ya no importaba. Tenía que terminar el informe para llevarlo a gerencia. Me apresuré a ello y en menos de un par de horas lo dejé en la mesa de Laura con una nota para que lo entregara en cuanto llegara. Ya más tranquilo, me senté en mi sillón y me permití el lujo de dar una pequeña cabezadita. - Buenos días. Tenía la maldita costumbre de sobresaltarme. Abrí los ojos y me incorporé sobre el sillón para que no se diera cuenta de que me había dormido. - ¿Ha dormido bien? - Una amplia sonrisa de complicidad se dibujó en su rostro. - ¿Porque no me despertó anoche? - Comprobé que el informe ya estaba muy adelantado y no lo consideré necesario. Lleva muchos días trabajando en esto sin descansar, así que decidí dejarle dormir. ¿Hice mal? Su voz sonaba como la de una niña pequeña cuando quiere ser perdonada por algo que ha hecho y que sabe que no está bien. La verdad es que, habiendo terminado el trabajo, la cosa ya no tenía mayor importancia. - No se preocupe, Laura. Ahora lo único que quiero es descansar un poco. Me sentía enormemente cansado, como si en vez de dormir, me hubiera pasado la noche descargando camiones. Intenté desperezarme. No era algo que soliera hacer delante de mis subordinados, pero por algún motivo, no me importó hacerlo delante de ella. Una pequeña molestia en un costado me impidió hacerlo completamente a gusto. Toqué por allí y encontré un pequeño moretón, como si me hubiera golpeado. No era muy grande, pero dolía horrores. El golpe debió de ser muy fuerte, pero no recordaba haberme dado ninguno. - Cerraré la puerta e intentaré no pasarle llamadas durante un par de horas. Si quiere echarse un rato en el sofá, le despertaré si viene alguien. Se dirigió hacia la puerta con unos increíble e insinuantes movimientos de cadera. ¿Siempre se había movido así? Nunca antes me había dado cuenta. La miré de arriba a abajo. Vestía como siempre, elegantemente, con falda y medias negras. Sus piernas, envueltas en maravilloso nylon negro. ¡Dios mío! ¡Que piernas!. Y sus zapatos. Eran maravillosos. Negros, con un tacón de aguja más propio de una fiesta que de unas oficinas. ¿Porqué nunca antes me había fijado en aquellos zapatos? ¿Como había podido no haberme fijado en ella de aquella manera? Con cada movimiento de caderas que realizaba, una palabra se dibujaba en mi cerebro: fóllame, fóllame. Cada paso que daba, cada taconazo que sonaba en el suelo, me parecían los sonidos más maravillosos que pueden provenir del cuerpo de una mujer. Se detuvo en la puerta. Me miró. Sonrió enigmáticamente y la cerró. Me quedé solo. Solo con mis pensamientos. Y en mis pensamientos solo estaba ella. Me quedé solo con ella. ¿Que diablos me estaba ocurriendo? Ella no era más que una subordinada. La empresa prohibía tajantemente las relaciones entre sus empleados. Pero aquellos zapatos... ¿Zapatos? Yo nunca había sido un fetichista. Me gustaban las piernas de las mujeres, claro, y más aún cuando están envueltas en nylon. Pero de ello a lo que había sentido cuando miraba sus zapatos... De todas las partes del cuerpo de una mujer los pies no eran mis preferidos a la hora de excitarme. Sin embargo, noté que mi pene estaba completamente dispuesto para la batalla. Lo había estado desde que miré sus zapatos. Me acosté sobre el pequeño sofá que había en el despacho. Intenté dormir, pero no lo conseguí del todo. No podía quitarme aquellos maravillosos zapatos negros de la cabeza. Medio adormilado, me encontré a mi mismo masturbándome mientras pensaba en ellos. Me despertó el teléfono un par de horas después. Era Laura para decirme que el gerente quería verme para discutir mi informe. Todavía no había acabado de colgar el teléfono cuando ella entró en el despacho con una pequeña bolsa de aseo en sus manos. - Aquí encontrará todo lo que necesita para afeitarse y acicalarse un poco. No puede ir a ver al gerente así. Tiene una pinta horrible. Me miré a mi mismo y comprendí que tenía razón. Toda mi ropa estaba arrugada, e imaginé mi rostro dejando entrever la primera barba de la mañana. - La ropa no será problema. Si se pone la chaqueta y procura estar de pié el menor tiempo posible, no se darán cuenta. Acérquese al cuarto de baño y aféitese. - ¿De donde ha sacado esto? - Su predecesor, el señor Diez, también solía quedarse dormido en el despacho muchas noches. - ¿Fue usted la secretaria del señor Diez? - Si. Hasta que se marchó. Ya sabe... - Sí. Ya lo sé. Nadie me había dicho que ella fuera su secretaria. Supongo que pensaron que no tenía importancia. Yo tampoco se la di. Me afeité, me acicalé un poco y fui a la reunión con el gerente. La cosa salió estupendamente. Mi primer trabajo de importancia había sido un éxito. Incluso el gerente me invitó a comer. Pasamos toda la tarde discutiendo el informe y bien caída la noche me felicitó y nos despedimos. Estaba contento. Casi eufórico cuando llegué a mi despacho. Era Viernes, aquella noche ya no tenía que trabajar, el gerente me había felicitado y tenía todo el fin de semana por delante. La vida me sonreía. Me sorprendí al encontrar allí a Laura. Apenas quedaba ya nadie trabajando. - ¿Todavía no se ha ido a casa? - pregunté mientras me dirigía a mi mesa y me sentaba en mi sillón. - Quería saber como le había ido. Había un tono de sinceridad en su voz. Parecía como si le importara realmente que yo triunfara. Enablé una enorme sonrisa de satisfacción y la miré. - Me ha felicitado. - ¡Lo sabía! La verdad es que se lo merece. Ha trabajado mucho en este proyecto como para que no se lo reconocieran. Mientras hablaba, se acercó a la mesa, la bordeó y se colocó en la parte de atrás, donde yo me encontraba. - Me gustaría celebrarlo. ¿Quiere venir mañana a cenar a mi casa? Soy una buena cocinera. Le aseguro que no le decepcionaré. ¿Cenar en su casa? ¿Se había vuelto loca? ¿Quien se había creído ella que era? - Verás, Laura, el caso es que yo... - No puede negarse. Ya lo tengo todo preparado. Me molestó el casi imperceptible todo de condescendencia de su voz. Parecía una madre intentando razonar con su hijo pequeño. En un acto de confianza inconcebible, se sentó en la mesa, dejando en alto sus hermosas piernas... y sus zapatos. - La empresa prohibe expresamente... prohibe... la empresa... No conseguía concentrarme. El incesante balanceo de sus pies me tenían casi hipnotizado. Aquellas maravillosas piernas, culminadas con los más increíbles zapatos que habían visto nunca. - No te preocupes por la empresa. Nadie tiene porqué enterarse, ¿no crees? - Yo no... puedo... no... - ¿Te gustan mis zapatos? La pregunta me dejó helado. Se había dado cuenta de que la miraba. Intenté recuperar mi compostura pero no pude apartar mis ojos de aquellos maravillosos zapatos. - Me parece que sí que te gustan, ¿no es así? Pues tengo algo mejor aún para enseñarte. Con un movimiento dejó caer al suelo sus zapatos. Sus pies aparecieron radiantes, cubiertos también por el oscuro velo de las medias negras. Sin darme tiempo a reaccionar, los acercó a mi cuerpo y comenzó a tocar mis piernas con ellos. - Ya veo que te gusta mucho mirarme. ¿Te gusta también que te toque? No podía casi moverme. Notaba que mi cuerpo no quería obedecerme. Haciendo un esfuerzo increíble, conseguí levantar la vista, para darme cuenta de que lo que ahora me atraía eran sus pechos. La blusa que llevaba puesta era transparente. Durante todo el día había ido enseñando el sujetador a través de la suave tela blanca. Pero ahora no llevaba. Se lo había quitado. Bajo el velo de la tela aparecían radiantes sus oscuros pezones. La forma de sus pechos era claramente visible desde donde yo estaba. Menos de un metro me separaba de ella. Sus pies seguían jugueteando con mis piernas. Levantó uno de ellos y lo colocó sobre mi vientre. Al hacerlo, mis ojos volvieron a verse irremediablemente atraídos hacia ellos. ¿Que demonios me estaba ocurriendo? Yo no podía estar allí, mirando los pies de mi secretaria como si fuera un colegial enamorado de su profesora. ¡Ni siquiera me gustaban los pies! - ¿Estas seguro de que no quieres venir mañana a mi casa? Una perversa sonrisa cruzaba su rostro cuando deslizó su pie hacia mi ingle. El contacto de su pie con mi pene a través de la tela del pantalón me causó un efecto inmediato. Noté la presión de mi sexo sobre los pantalones, intentando liberar sus energías. Laura también lo notó. Incrementó sus juegos ayudándose del otro pie y presionando como si fuera una verdadera profesional. Me estaba masturbando con sus pies, y lo peor de todo era que yo la estaba dejando hacerlo. - ¿Te gusta esto, mi duro jefe? De todo lo que estaba ocurriendo, el oír mi propia voz no fue lo que menos me sorprendió. - Ssssssi - Quieres que siga con ello, ¿verdad? - Sssi, pppor favvvorr - Pues entonces tendrás que venir mañana a mi casa. ¿Porqué estaba tan empeñada en aquello? ¿Para qué diantres tenía que ir a su casa? ¿Creía realmente que podía obligarme a ir? - De acuerdo, de acuerdo. Iré, pero no paressss... ¿Había dicho yo aquello? Me horroricé al comprobar que así había sido. No podía dejar de mirar sus pies mientras realizaban su placentero trabajo con mi sexo. Cada vez me sentía más y más excitado. - Muy bien, así me gusta. Te has portado bien, y voy a darte tu recompensa. Vas a correrte, como nunca antes en toda tu vida te habías corrido. Te gustan mis pies y vas a correrte gracias a ellos, y cuando lo hagas, tu vida nunca volverá a ser la misma. Vas a correrte... ¡ahora! Justo en el instante en que ella lo dijo, los espasmos comenzaron a recorrer mi cuerpo. El placer era increíble. Nunca antes había sentido un orgasmo como aquel. Mientras me corría, sus pies seguían presionando sobre mi pene, al ritmo de las convulsiones, causándome aún más goce, si eso era posible. Después de cuatro o cinco sacudidas, mi cuerpo quedó sin fuerzas, exhausto en el sillón. Yo seguía mirando sus pies como un pajarillo hipnotizado por una serpiente mientras notaba como una mancha húmeda aparecía en mis pantalones. El semen había quedado todo en mi ropa interior y comenzaba a dar muestras de su existencia. Con la voluntad rota y mi cuerpo sin fuerzas, como una marioneta, la miré mientras sus hermosos pies volvían a introducirse dentro de sus increíbles zapatos, y sus más aún hermosas piernas la llevaban hacia la puerta del despacho. - A las ocho y media. Tienes mi dirección sobre tu mesa. Hasta mañana, jefe. Con una diabólica sonrisa en su boca, cerró la puerta y me dejó solo con mi angustia, y con mis pantalones mojados de semen. Cuando estaba a punto de llamar al timbre me pregunté, por enésima vez en la noche, el motivo por el que mi cuerpo se había dirigido allí. Era como si mi mente no tuviera ya el control de mis músculos, o como si, inconscientemente, fuera impulsado por una fuerza misteriosa y me viera impelido a realizar cosas contra mi voluntad. Haciendo un último esfuerzo, intenté no tocar el timbre de la puerta, pero fue en vano. La odiosa campanilla sonó cuando mi dedo presionó sobre el botón. Pese a todo, no estaba preparado para la visión que me esperaba cuando se abrió la puerta. Una mujer me miraba con cara de odio. Le devolví la mirada, pero con temor en mis ojos, mientras me daba cuenta de que llevaba los pechos al aire. Dos tiras de cuero se cruzaban entre sus pechos para desaparecer tras su espalda. No llevaba pantalones, ni falda, ni siquiera bragas. Solamente un liguero negro, unas medias del mismo color, y unos inconcebibles zapatos negros con un tacón de aguja de más de 10 centímetros de altura. Pero lo que más me sorprendió fue que los ojos que con tanto odio me miraban eran los de Laura, la eficaz secretaria que de alguna forma me había hecho ir hasta su casa, después de proporcionarme el mejor orgasmo de toda mi vida. - ¡Entra, cerdo! Sus palabras se clavaron en mí como cuchillos, mientras comprobaba asustado como mi pene reaccionó a aquel insulto con una casi inmediata erección. Aunque intenté rebelarme con todas mis fuerzas, entré en la casa como un cordero que sabe perfectamente que la puerta que cruza le conduce hasta el matadero. Escuché como la puerta se cerraba detrás de mí cuando súbitamente me di cuenta de que el suelo ascendía vertiginosamente hacia mi cara. Tumbado en el suelo comprobé que me habían empujado sin miramientos. - A partir de este momento, solo te pondrás de pie en mi presencia cuando yo te dé permiso, ¿entendido? Aquella mujer estaba loca. Cerré mis ojos y comencé a desear con fuerza: esto no me está ocurriendo, esto no me está ocurriendo... Un fuerte dolor sacudió mi costado, obligándome a arquearme sobre mi mismo, cuando ella me golpeó con su pié. - ¿Es que no me has oído? - Ssssi, ssi. - Te he dicho que solo te pondrás de pié cuando te dé mi permiso. ¿Entendido? - Sí. No quería que volviera a golpearme, así que decidí seguirle la corriente. - Muy bien, no te muevas de aquí. tengo algo que hacer. Y me dejó tendido en el suelo, con un enorme dolor en el costado, y llorando como un niño pequeño. Pero nada de aquello me preocupaba más que el que mi pene estuviera en continua erección desde que ella me había abierto la puerta. Al cabo de unos minutos escuché el sonido de sus tacones contra el suelo. Entreabrí los ojos para mirar como se sentaba en el sillón que había en medio de la habitación. Llevaba una cadena en la mano. Siguiendola con la mirada comprobé estupefacto que terminaba en un collar que se encontraba alrededor del cuello de un hombre semidesnudo. Apenas llevaba unas tiras de cuero sobre el cuerpo, similares a las de ella, y un par de tiras más alrededor de las piernas. Estaba arrodillado, casi como si estuviera a cuatro patas. Aparte de eso, la única peculiaridad que podía observar en él era que su pene estaba tan erecto como un cuchillo de cocina dispuesto a trinchar un pavo. - ¿No saluda a nuestro invitado, señor Diez? Laura no se dirigía a mí, sino al hombre que tenía a su lado, atado con una correa como si fuera un perro. - Hola - fue la escueta respuesta del hombre ¿Diez? ¿Había dicho señor Diez? ¿Mi predecesor? Se suponía que ese hombre se había visto afectado por el estrés y se había ido de viaje. Ella debió de ver la estupefacción en mi rostro, y con la misma eficacia que me leía el pensamiento cuando estábamos trabajando, lo hizo también en esta ocasión. - Sí. Es el señor Diez. Y aquellos de la esquina son sus otros predecesores. Miré hacia donde me había señalado. Acurrucados, a cuatro patas, desnudos excepto por las tiras de cuero como las del señor Diez, habían tres hombres más. No reconocí sus rostros, pero sí que reconocí la erección que todos tenían. Al parecer todos los hombres en aquella casa tenían... teníamos la misma capacidad de permanecer en erección durante largo tiempo. - Tengo los zapatos sucios. ¿No te apetece limpiármelos? ¿Limpiar sus zapatos? Claro, ¿porqué no? Con tal de que no me pegara cogería un trapo y los limpiaría. Me arrastré hacia ella y comencé a limpiárselos. No fue hasta algunos segundos después cuando me di cuenta de que no estaba usando ningún trapo, sino ¡mi propia lengua!. - Muy bien, muy bien. así me gusta. Eres muy obediente. ¿Como podía estar limpiando los zapatos de una mujer con mi lengua? No podía comprenderme a mi mismo. De cuando en cuando, algunos de mis lametazos se salían de los zapatos e iban a parar a sus pies, cubiertos por la fina tela de las medias. El sabor de la piel de los zapatos, unido al del nylon de las medias, en lugar de repugnarme, me llenaba de una extraña excitación. Mi pene seguía erecto como nunca, llegando a producirme un cierto dolor cuando me movía. Laura, de nuevo, leyó mi mente. - ¿Te aprietan los pantalones? Eso tiene fácil solución, querido. ¡Quítatelos! ¿Se habría creído esa loca que me iba a quitar los pantalones delante de ella? ¡Ni hablar! Noté una especie de liberación cuando mi pene consiguió salir del aprisionamiento de mis pantalones y mis calzoncillos. Antes de darme cuenta, sin saber el motivo por el que lo había hecho, me encontraba desnudo de cintura para abajo. Mi pene parecía querer alcanzar el cielo, apuntando directamente al cuerpo de mi secretaria. - ¿Te alegras de verme, corazón? - Una cínica sonrisa convertía su rostro en el reflejo mismo de la depravación - Demuéstramelo. ¡Mastúrbate! Esta vez no me cogió por sorpresa el encontrarme a mi mismo obedeciendo su orden. Comencé a jugar con mi pene, con suaves movimientos al principio, aumentando el ritmo a medida que mi voluntad desaparecía mientras mis ojos no podían apartar la vista de sus pies. No conocía el motivo, pero a cada minuto que pasaba, me sentía más y más excitado por ellos. - ¿Sientes curiosidad de saber lo que te ha pasado, querido? ¿Lo que ha pasado? Si, si. Quería saberlo. Quería que me explicara porqué no podía controlar mis impulsos, porque me estaba masturbando delante de ella y de cuatro hombres más. - Es muy sencillo. Todos los hombres sois unos cerdos. Os aprovecháis de las mujeres en la vida y en los negocios. Nos tratáis como esclavas. Tan solo nos permitís ser vuestras secretarias, en lugar de vuestras compañeras o vuestras superiores. Tú y todos ellos - señaló a los otros - habéis pasado de ser mis jefes a ser mis esclavos. Desde el fondo de mi alma conseguí fuerzas para hacer una simple pregunta. - Pero... ¿como...? - Es muy sencillo. Una pequeña cantidad de cierta droga en el café, y quedáis indefensos. Primero notáis somnolencia, pero es algo más que eso. Dejáis la consciencia, aunque sin entrar directamente en el sueño. La droga causa un efecto narcótico que actúa sobre el centro de voluntad del cerebro. Una vez drogados, sois muy susceptibles a la hipnosis. Cualquiera con unos mínimos conocimientos puede haceros pasar del sueño de la droga al trance hipnótico. Después, unas simples sugerencias post-hipnóticas os convierten en mis esclavos. Como animales que sois, la primera muestra de humillación es el amor que sentís hacia mis pies. Adoráis mis pies, y no tenéis más remedio que obedecer mis órdenes cuando los estáis mirando. Después, ya es fácil jugar con vosotros. Una vez en mi casa ya sois míos completamente. Nunca más volverás a salir de esta casa, al menos sin mi permiso. Escribirás una carta a la empresa despidiéndote. El estrés causado por la necesidad de acabar el informe de ayer pudo más que tú. Todavía no he decidido a donde vas a decir que te has escapado, pero seguro que algo se me ocurrirá. Mientras ella hablaba, yo seguía masturbándome con todas mis fuerzas. A medida que sus palabras iban entrando en mi cerebro, el deseo iba consumiendo los últimos restos de mi voluntad. Sus pies salieron de sus zapatos para juguetear de nuevo con mi pene, aunque en esta ocasión, el suave tacto del nylon de las medias directamente sobre la piel de mi órgano más sensible me produjo unas inmensas oleadas de placer. - ¡No te corras! Todavía no te he dado permiso. Mis testículos estaban a punto de estallar, pero me encontré sin fuerzas para correrme. Ella lo había ordenado y a pesar de que mis manos se movían frenéticamente sobre mi pene, no podía llegar de ninguna manera. El placer de la masturbación, unido al dolor de mis testículos, creaban unas sensaciones que no había sentido en toda mi vida. Sentí como una de mis manos cogía su pié y lo restregaba sobre mi pene, mientras que mi otra mano seguía frenéticamente intentando obtener lo que se me había prohibido. Mientras tanto, ella se reía ruidosamente. Sus carcajadas tan solo me hacían sentir más placer. Todo lo que ella hacía o decía incrementaba mis sentidos hasta límites insospechados. El calor de su piel llegaba a mi mano y a mi pene a través de la suavidad de sus medias. Apenas podía mirar a otra parte que no fueran sus pies. Tenía delante de mis ojos la gloriosidad de su sexo totalmente al descubierto, abierto completamente el tener que mantener uno de sus pies sobre mi sexo y el otro apoyado en el suelo. Adivinaba sus pechos moviéndose seductores al ritmo que yo agitaba su pierna con mis bruscos movimientos intentando usar su pie para llegar al orgasmo. Pero a pesar de todo, yo no podía apartar mi vista de aquellos maravillosos y deseables pies. Sabía que mi sentimiento era forzado, que no era más que una sugerencia post-hipnótica que ella me había implantado. Pero nada tenía ya importancia. Tan solo la necesidad de llegar al orgasmo. Mi pene comenzaba a resentirse de los esfuerzos a los que le estaba sometiendo. La fricción sobre mi piel empezaba a dolerme. Ella seguía riendo. En una huidiza mirada conseguí verla, exuberante, riéndose de mí mientras usaba su mano para masturbar al señor Diez, cuyo rostro reflejaba una felicidad absoluta y una gratitud sin límites por usarle a él para darse placer a sí misma. - Muy bien, creo que ya estas listo. Cuando yo te diga, te correrás. Y cuando lo hagas, con cada gota de semen que salga de tu polla, tu voluntad desaparecerá por completo. Te convertirás en mi esclavo, en mi perro personal, en un animal de compañía, dispuesto siempre para mí, con la polla siempre a punto para mi placer. Jamás pensarás en darte placer a ti mismo si no es para proporcionármelo a mí. Tu vida no tendrá ningún otro sentido más que amarme, obedecerme y servirme. Nada será más importante que yo. Cada una de sus palabras era un cuchillo que perforaba el centro del placer de mi cerebro. No importaba lo que decía, tan solo deseaba correrme, llegar al orgasmo e irme de aquella maldita casa para siempre. Irme. Correrme. Tocar sus piernas. No volver nunca. Besar sus pies. Salir de allí. Lamer sus zapatos... - Ya puedes correrte. Fue como si un invisible tapón fuera apartado de la punta de mi pene. El semen comenzó a salir con una presión extraordinaria. Mis manos, el suelo, y sus pies se vieron inundados por oleadas de mi líquido blanco, causándome un placer mayor incluso que el de la noche anterior. Con el primer espasmo, mi mente comenzó a pensar en la forma de salir de allí. Con el segundo, pensé que tenía tiempo para pensarlo. No tenía prisa. Con el tercero, el más fuerte, no me importaba estar allí hasta el día siguiente. El cuarto y quinto espasmos fueron cortos, y el sexto casi inexistente. Cuando acabé de correrme, casi sin fuerzas, contemplé el espectáculo que había causado con mi orgasmo, pero de todo lo que vi, tan solo me importaba una cosa: su pie estaba completamente manchado con mi semen. Una vez más, Laura leyó mi mente. - ¡Límpialo, esclavo! Sin dudar ni un solo instante, contento por la posibilidad de que mi lengua volviera a tocarla, comencé a lamer su pie. La suavidad del semen se confundía con el sabor agridulce de las medias. No era algo tan desagradable el beber semen. Al fin y al cabo, era mío. Con el rabillo del ojo contemplé como el señor Diez se corría a la orden de Laura y su pene perdía fuerza y erección, tal y como me había pasado a mí. Pero al comprobar mi propio órgano, contemplé como cada vez que lamía el pie de Laura, volvía poco a poco a la posición de erección original, increíblemente a punto para lo que fuera necesario. Perdido en mis observaciones, no me di cuenta de que ya no quedaba semen en el pié, a pesar de que yo seguía lamiendo como si hubiera pasado varias semanas sin comer. - Ya está bien, esclavo. Ahora ven aquí y lámeme el coño. Aquella orden me complació. Contento y con nuevas energías, me acerqué a ella. Lo único que tenía en la cabeza era cumplir su orden, darle placer. Lejos, en el fondo de mi cerebro, una pequeña, minúscula idea intentaba no morir aplastada por el peso del deseo. La idea de escapar era ya tan minúscula que no me di cuenta ni de que se desvanecía en el olvido absoluto. Cuando desapareció, ni una sola parte de mi cerebro lo lamentó. Del fondo de mi alma, reflejando mis verdaderos anhelos, mis únicos deseos de servir a aquella mujer, salieron mis siguientes palabras. - Gracias, ama.

Autor: Anónimo Categoría: Dominación

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Mi primer contacto

2019-07-30


Hola chicos, soy nueva aquí. Y para irnos conociendo les platico mi historia. Como muchas de nosotras, desde temprana edad nos gustaba jugar de forma distinta que los hombres, y robar ropa de la hermana o de mamá. Este sentimiento también lo tuve de chiquita pero nunca trascendió hasta que en la secundaría y con la pubertad tuve la gran necesidad interna de vestirme. Así que comencé a robar prendas cuando iba al tianguis e incluso compré lencería en los fabulosos mercados del DF. Es impresionante que encuentras de todo y bien barato. Además nadie sospecha cuando la consigues en la paca. Eso si, necesitas lavarla muy bien antes de usarla. Así poco a poco fui consiguiendo un closet fabuloso, tenia desde jeans que te levantan las nalgas, blusitas que tienen un escote hermoso, faldas de colegiala y hasta minifaldas de mezclilla. De ropa interior conseguí cacheteros de encaje y tangas. También me hice de un corset con liguero que me hace ver con una figura hermosa. Total, soy fanática de usar los jeans, y debajo tener mis medias sujetas al liguero, y a veces usar el corset, arriba una playera o blusa. Una vez conseguido mi atuendo comencé a jugar con mi colita, y para ello usaba zanahorias o cualquier cosa que tuviera forma de pene y me permitiera montarlo con facilidad, pues lo gran fantasía siempre ha sido montar a mi macho intensamente hasta exprimir la ultima gota de semen. No me había dado cuenta que mi actitud cambiaba también y fui creciendo, pero siempre me dio miedo expresarlo en público y a la fecha sigo siendo de closet. Hasta hace poco tiempo, no me hubiera imaginado entrar a paginas como esta y abrir una cuenta sino fuera por Alan, un chico de mi trabajo que de conocerme comenzó a sospechar que tenia un delicioso secreto guardado. Alan es el típico compañero de oficina que es un empleado renegado, le gustaba llegar tarde y contradecir a nuestro jefe. A la hora de la comida siempre coincidíamos y hablábamos de fútbol e incluso de mujeres, cómo nos gustaba que se vistieran y , creo que fue ahí donde poco a poco descubrió que me encanta travestirme en secreto, pues siempre le decía como se llamaban las prendas, las tallas y equivalencias para los hombres y el maquillaje. Un día lluvioso mientras comíamos vimos por la ventana de la oficina como una compañera se mojaba, llevaba puesta una falda hermosa y unos tacones altísimos, su blusa negra tenia un escote donde se mostraba el nacimiento de dos pequeños pero tiernos pechos y en medio, un collar monísimo. Sentí envidia y Alan al ver mi cara me preguntó: si fueras mujer cómo te vestirías. A lo que contesté emocionada: pues para venir a trabajar me pondría un pantalón bien pegadito de color azul, con unos tacones abiertos para mostrar mi pie y un poco altos para aguantar el trabajo. Mi blusa sería de color guinda y bien justita a la cintura, un poco corta para dejar ver mi piel, no mucho para dejar que los hombres imaginen lo demás. Cuando volteé a ver a Alan, tenia una cara de incredulidad y me dijo: se me hace que te vistes de mujer en las noches; reimos un poco y volvimos a chambear no sin sentir que me había delatado y tener nervios que me empezara a m*****ar con algo que era verdad!Al día siguiente, fue un jueves, a la hora de la comida me informó que el dia siguiente, viernes, era el ultimo dia en la empresa, pues nuestro jefe ya se había cansado de él. Cuando salimos a fumar un cigarro se me acercó y me susurró: yo se que tu eres mas de lo que muestras, no estaría mal que me despidieras como eres, una niña sumisa y bien putita. Yo me ruborice al instante y comencé a negar todo: de que estas hablando. A lo que el contestaba: ya sabes!, apoco creías que ibas a pasar desapercibida después de 4 meses comiendo y platicando de mujeres a la hora de la comida, se te notaba que querías ser como ellas. Además, siempre tienes las manos cuidadas y no me sorprendería que hasta te depilaras todita y cuides de tus pies. Al decirme todo esto me ruborice y no supe que contestarle, solo pude decir: es hora de trabajar. En la noche no podía dormir de pensar en todo lo que había pasado, pero noté que estaba súper excitada y me vestí de niña. Me puse unas medias blancas y mi faldita de colegiala. Una blusita blanca que me queda ligeramente grande para amarrarlo a mi cintura y le saqué brillo a uno de mis dildos preferidos, lo coloqué sobre una silla e imaginaba que montaba a Alan en la oficina. Cuando llegué al orgasmo, fue tan fuerte que casi me voy de rodillas con todo y pito de plástico en la cola. Toda la noche me temblaron las piernas y me di cuenta que si esto era capaz de hacer el pensar en un chico que sabia mi secreto y me propusiera un encuentro, aunque sin decirme de que manera, entonces debía dar el siguiente paso para disfrutar de mi sexualidad secreta aun mas. Pero tenia mucho miedo. Casi no pude dormir.al día siguiente me desperté con la sorpresa que la cama estaba húmeda, tuve seguramente sueños húmedos con él, pensé que esto solo me pasaría en mi pubertad. Cuando me metí a bañar mi cabeza dio un giro total y sin pensarlo me hice un lavado rápido y me depilé los pocos vellos que habían crecido de la ultima depilada de mis piernas y me retoqué mi bello púbico. Los viernes se acostumbra a usar en las oficinas de México, ropa casual, por lo que me puse unos jeans de hombre pero abajo llegaba puesto mi liguero con medias negras y encaje, me puse una tanga roja y encima un cachetero negro para que apretara bien mi clítoris y no se notara. Arriba me puse un corselette y una playera de hombre. Como es tiempo de lluvias me puse mi chamarra y no se notaba nadita lo que traía puesto. En mi mochila rápidamente metí unos tacones tipo sandalia y unos jeans de los que levantan las nalgas. También metí un rimel, labial de un color rojo quemadito, y un lápiz delineador. La putita ya estaba lista. Cuando llegué al trabajo, ahi estaba Alan, con una caja recogiendo sus pertenencia y entregando su informe de como dejaba la chamba. Yo estaba nerviosa porque no sabia que estaba dispuesta a hacer. De nuevo sin pensarlo, fui con la señora de la limpieza media hora antes de la comida, y la llave del cuarto de servicio. La perra que llevo dentro planeó todo tan rápido: a la hora de la comida llevo a Alan al cuarto de servicio, aprovechando que la señora también va a comer y me entrego toda para darle su despedida. Ni tarde ni perezosa al tener la llave en mi poder con el pretexto de evitarle trabajo pues según ha la derramado cafe en mi escritorio, le aventé un papelito a Alan: me descubriste, te mereces tu despedida. A la hora de la comida, en el cuarto de servicio del tercer piso. Cuando leyó ésto, se asomó a mi cubo y le verte el ojo de manera coqueta. El cuarto de servicio se encuentra en las escaleras, y como hay ascensor, casi nadie pasa por ahi. Llego la hora de comida y yo me fui rapido al pequeño cuarto. Como pude acomode una cubeta a modo de silla y rápidamente me puse mis jeans de niña y mis tacones, saque un espejito que también traje y me maquillé. Pasaron 20 minutos y pensé que Alan se había arrepentido, y me sentía fatal, una pendeja, y ahora tenia miedo que me delatara con toda la oficina. Pero en eso se escuchó que tocó la puertA: Samantha, soy yo, Alan. Déjame pasar. Nunca había pensado en mi nombre de mujer y el a la primera me había bautizado! Fue genial y mi corazón latia horrores! Estaba excitada y mi clítoris estaba súper contenido bajo las dos prendas de niña que llevaba. Cuando le abrí, lo jalé rápidamente y cerre con llave, se sento en la cubeta: vaya vaya vaya! Que bien te ves! De saber todo eso que tenias guardadito ya te habría hecho mío. A lo que contesté: esque este es tu regalo de despedida. En automático me incline y le empecé a morder su paquete, que de porsi ya estaba marcadisimo y el desabrocho su cinturón, se paró y me arrodille para bajarle su pantalón y unas truzas súper sexys que llevaba puesto. Su pene era un pene promedio, de 15 cm mas o menos pero estaba tan excitado Alan que tenia la cabeza bien inflada y ya hasta babeaba. La comencé a lamer pero el no pudo y me agarro del cabello y me forzó a tragarla toda. Estaba riquísima, era una sensación deliciosa sentir su verga tan caliente y palpitante en mi interior, el comenzó a asirme y le dio ritmo a la mamada. Pero de pronto me levantó. La cintura y comenzó a acariciar mis nalgas. Yo mientras con una mano me sostenía a una de sus piernas y con la otra masturbaba a la vez que mamaba su verga. Era la primer mamada que daba y me perdió por completo! El comenzó a bajarme mi jeans hasta las rodillas, de tal manera que no podía abrir las piernas, se excitó tanto al ver un poco de mi liguero que senti como su pene se ensanchaba, señal de que su semen seria mío muy pronto, pero el muy cabron se controló y acaricio mis piernas y me nalgeaba, cuando bajó mi cachetero y vio tenga se excito mas y me dijo: eres mas puta de lo que imaginaba. Yo contesté: para ti papito, nunca sere lo suficientemente puta, te gusta como te la mamo? Y el me contestó con una nalgada tan fuerte y rica que gemí. Me hizo a un lado la tanga e introdujo un dedo de un golpe, no me había lubricado y senti un poco de dolor. Hasta ese momento repare que tenia unas manos de piel gruesa y tosca y unos dedos gruesos. Después me metió otro dedo y mientras los metía y sacaba no sin que sintiera dolor, yo tenía con su verga adentro hasta que ya no pudo mas me me metió un tercer dedo y me nalgueo tan fuerte que se la mame mas rapido y duro. Senti como explotaba su cabeza y toda su leche era entregada a mi boca. Me agarro del cuello para evitar que me lo sacara y escupiera su semen y lo trague. Después se sento y en eso tocaron la puerta. Rápidamente se subió el pantalón y cuando supimos que se había marchado con seguridad la señora, el se salió. Yo volví a echar llave y me puse de nuevo mi playera y chamarra, mi pantalón y mis zapatos. Me desmaquille rapido en la tarja del cuarto de lavado. Y salí a la oficina. La señora me estaba buscando para que le diera las llaves. Dio la hora de salida y no vi a Alan. Me di cuenta que se había marchado antes. Lo espere al dia siguiente y las noches siguientes le daba brillo a mi dildo pensando en el y lo rico que seguro me cogería. Pero nunca regreso a la oficina y la pendeja que soy, nunca le pedi su teléfono. Total, sigo virgen de pene de carne y hueso y seguiré siendo de closet menos aquí, tal vez alguien me pueda ligar y en una de esas me desvirgue sabroso, pero eso si, a Alan nadie lo suplirá. Saludos mis chicos guapos!

Autor: Anónimo Categoría: Transexual

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Belly dancing

2019-07-30


Éste amigo de trabajo me lo había presentado mi esposo tres años atras cuando me lo encontre cuando yo regresaba de parcticar el baile de belly dancig. Con él es muy facil hacer amistad porque es muy ameno y respetuoso. Le decia de donde venia/él no lo sabia/y al enterarse le causo una sensacion que no lo podia creer "Tu? bailando eso?" me imagino cómo tu esposo te debe gozar" me senti un poco rara porque por primera vez me decia algo mas alla de los limites porque, a mi parecer, entendi a lo que él se referia de hecho que decidia cambiar de tema, pero él insistia a seguir hablando del tema que me decia que no perdia las esperanzas de verme bailar el belly dancing/ sus ojos ya me miraban mi cintura con deseos de saber mas de mi/ Al parecer se daba de cuenta que yo estaba un poco incomoda y deseosa a seguir mi camino a casa. Hacía un intento mas en preguntarme si tenia esperanzas de verme bailar tan siquiera un poquito del belly dancig y le conteste que ese baile solo era para mi esposo y nadie mas. Él me contesteto que entendia y me invitaba a un cafe al cual le acepte. Salimos de la cafeteria y cada quien tomaba su camino y al ver la intencion de él, le decia que no empezara a preguntar sobre mi belly dancing. Cuando alguien se acerco a él y lo llamo por inspector/resulto ser que éste amigo era un polica encubierto y nosotros no lo sabiamos ni los demas del grupo de amigos/ se despedia de mi y en apuros se marchaba con el tipo que le habia ido a llamar/ Por la tarde me llamaba y me preguntaba si yo era capaz de mantener secretos y me pedia que por favor no dijera nada de lo que habia visto sobre su persona. Pregunte si era policia y me decia que si, que solo estaria por cinco años ahi en mi ciudad por razones de trabajo. Mas tarde me lo comprobaba y me pedia discrecion sobre su identidad. La impresion que tuve de él me hacía senri un placer muy especial sobre él que pense que se merecia un show mio de belly dancing, pero recapacitaba y decia "No, esto no puede ser...esto es de mi marido y nadie mas" LLegue a perfeccionar el belly dancing y en una fiesta mi esposo anunciaba a sus invitados que su esposa bailaba el belly dancing y que yo les iba a dar una demostracion. Ahi estaba el encubierto y me miro a los ojos y entonces decia yo "Este es la oportunidad de que vea como lo hago" Mi esposo puso la musica y salia de mi cuarto con vestida como toda una belly dancing incluyendo todos los atuendos que incluyen en el baile. Todso estaban sorprendidos, pero los ojos del que me interesaba me miraba de una manera que me daba el visto bueno de lo que yo hacía estaba muy bien. En aquel cafe juntos los dos el encubierto me decia que lo habia excitado de una manera muy salvaje y le pregunte de manera agresiva "Qué? se teparo bien?" Él se quedo atonito y miraba alrededor de la mesa "Mas de lo que tu te puedes creer y no solo yo, los demas hombres presentes decian en voz baja de que te puedes mover de lo mas bien y que envidiaban a tu esposo, pero yo no envidio nada porque tu me vas a dar a probar de tu baile ese que saber hacer bien" Me puse a reir y le preguntaba qué le hacía saber de que yo le iba a dar a probar de mi belly dancing/ aunque por dentro, hacía tiempo que se habia ganado mi panocha, pero no sabia cómo acercarme al punto, pero esta vez los dos estabamos hablando mas claro e entendible y la probalidades a un si estaban a la entrada de la puerta para hacer una relacion intima con el encubierto" Le pregunte si estaba caliente y me decia que si. Me puse a reir y le decia a él "Hombre, pues ya somos dos" Lo demas se lo dejaba a su decision, pero ya estaba decidida a darselo todo y bailar encima de él mi belly dancing. Me llevo a su apartamento y ahi aprovechando cada segundo y en un zas! estabamos desnudos, y a su cama y le decia que yo arriba de él. Mire como tenia su pija de colorada y estaba rica para yo poderme sentarme en ella. Me sente en su pija y despacio mi panocha se la tragaba de a poquito hasta quedar bien embasada en todda su berga que no quedaba nada afuera de mi. Levante mis brazos para agarrar el tubo del cabezal de su cama y ahi comence a bailar mi belly dancing para hver berrear de placer al encubierto. Le preguntaba si le gustaba y éste ni me podia contestar del gusto que estaba sintiendo. Le pregunte si queria otra pose y me contesto que no y que siguiera ahi con mi belly dancing hasta que yo lo hice correr/ sus ojos se cerraron cuando se corria en mi/ sintiendo su leche desparramrse en mis adentros. El oficial me pedia que me sentara en su boca y ahi fue donde yo me vine a correr cuando me dio lengua y me corria dejando todos sus dientes llenos de mi leche y la suya....Espero que les guste, pero el belly dancing me ha ofrecido mucha seguridad con mi esposo.

Autor: Anónimo Categoría: Heterosexual

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El reencuentro

2019-07-30


Enrique y yo llevabamos tiempo sin vernos y como decía él, debía ser carencia de sexo lo que teníamos porque si no hubiera sido imposible. Jamás habíamos practicado sexo como aquella noche. No digo que las otras veces hubiera estado mal, siempre me hacía enloquecer de placer entre las sábanas pero no como aquella noche. Llevabamos tanto tiempo preparandola que me mojaba simplemente de pensar en ella. Y ahora recordandolo también me estoy humedeciendo, noto como mi clítoris palpita a velocidades abismales. Llegué al aeropuerto y allí estaba él esperando con cara sonriente. Nos fundimos en uno de esos besos apasionados que siempre terminas recordando y noté a la vez que me abrazaba como su miembro se iba endureciendo, tanto que parecía que iba a romper el pantalón. Fuimos a casa porque se suponía que debía cambiarme de ropa antes de salir a celebrar nuestro reencuentro, pero al verme desnuda en el cuarto no pudo resistirse. Yo estaba agachada intentando subirme las medias cuando noté el roce de su pene contra mi culito. Me puse cachondísima. A medida que se rozaba más y más iba acariciando mis pechos con tal fuerza que sentía una mezcla de pequeño dolor con gran dosis de placer. Me dio la vuelta, me tiró contra la cama y me desgarró las medias. Estaba excitadísimo. Yo estaba tumbada sobre el colchón con las piernnas en el aire y él, arrodillado en el suelo, se fue aproximando lamiendome los muslos hasta que llegó al enrojecido clítoris y se dispuso a lamerlo, primero despacio, con cuidado y a medida que me iba excitando más y más fuerte. No me dejaba moverme y a mi me temblaban las piernas y me estremecía con cada caricia, con cada beso, con cada mordisco. Asimismo llegaba su lengua hasta mi ano y me ponía a mil. Cuando consiguió que me corriera como una loca en su boquita es cuando me dejó moverme. Entonces me abalancé sobre él, le empujé contra la pared de la habitación y arrodillandome, me puse a lamerle la polla como jamás lo había hecho. Introducía de vez en cuando la punta de mi lengua en el orificio de su pene y eso le hacía gritar. También le dediqué un rato a sus huevos, los lamía y los mordía, incluso los metía enteros en mi boquita. Jamás le vi tan excitado. Parecía que le iba a reventar la polla. Justo cuando se iba a correr noté como mis flujos me chorreaban por los muslos, estaba teniendo un orgasmo solamente de verle tan excitado. Notaba las contracciones de su polla cuando se corría y me comi toda su lechecita, me estaba sabiendo a gloria. Con mi lengua limpié todos sus restos y él no paraba de gemir y de decirme "que rico mi vida, que rico". Supe que lo tenía todo planeado cuando me cogio en brazos con mis piernas abrazando su cintura y me llevó al cuarto de baño. Allí estaba la bañera llena de agua con espuma, muchísimas velas, unos fresones con nata y una botella de champán. Comenzó a untarse la nata en el pene y a rozarme con ella los pezones, que ya estaban duros como piedras. Sabe que eso me pone a cien. Cogí su polla con una mano y la aproximé a mi clítoris llenandolo todo de nata e indicandole que me lo lamiera de nuevo. Practicamos un 69 espectacular nuevamente en el suelo, aunque ninguno de los dos llegamos a corrernos. No me dejó tiempo. Nos metimos en la bañera y con las piernas entrecruzadas comenzó a penetrarme. Primero yo marcaba el ritmo lentamente, pero él estaba tan subido que empezó a apretarme más y más fuerte (todavía tiene las marcas del grifo en la espalda). Después de estar durante una hora en esa posición el agua comenzó a quedarse fría y decidimos proseguir en la cama. Primero él se puso sobre mi, yo dispuse las piernas sobre sus hombros y me penetró tan fuerte que a las dos embestidas yo estaba teniendo el orgasmo más rico que he sentido nunca. Pero él quería más y más, así que me puse sobre eél y comencé a cabalgarle acariciandole con una mano los huevos y con la otra acariciandome los pezones. Mientras él acariciaba mi clítoris mientras yo me movía en moviemientos circulares preguntandole si le gustaba como le follaba su putita. Ponía unas caras de placer que me ponían más y más cachonda y eso aceleraba el ritmo de mis piernas sentaba sobre su polla dura. Me avisó de que se iba a correr todo y le dije que si prefería correrse dentro de mi o si quería correrse sobre mis tetitas. Eligió la opción B y creo que no he visto tanta leche junta en mi vida. Terminó y empezó a coger con sus dedos los restos y unas veces se los chupaba él y otras veces me los metía en la boca a probar. Estaba tan excitada que después de terminar las tareas de limpieza me coloqué de espaldas a él, para que me abrazara como siempre que hace al dormirnos y empecé a roza mi culo con su polla. Se puso otra vez durísimo y empezó a meter su dedo en mi ano. Es una posición que al pricipio es dolorosa, lo reconozco pero que una vez dilatado el asunto es lo más rico que he probado nunca. Me penetró con tal dureza que sangré incluso, pero no me importó, porque yo solo deseaba que me empujara más y más fuerte hasta que ambos nos corrimos a la vez. Esta vez ya si le dejé dormir.

Autor: Anónimo Categoría: Heterosexual

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Relación Caída

2019-07-30


Mi esposo y yo hemos sidos parejas luchadoras...él es conductor de autobuses turisticos y yo he trabajado como secretaria de una compañia. Desde hace poco aca he notado que mi esposo ha ido cambiado para conmigo en la intimidad y no sé por qué cuando los dos hemos buscado la manera de como mantener vivo el fuego del amor. Hector, mi esposo, regresa de esos viaje largos y he notado que se me suve como para salir del compromiso conmigo y no se le para como antes. Mis amigas como siempre me preguntan si la relacion de mi esposo es igual y como siempre, les digo cada dia mejor y me inventaba decir que la noche anterior mi esposo y yo habiamos cogido por largas horas siendo todo esto una mentira. Tomaba ventaja de poder engañar algunas secretarias porque ella eran jovenes y se ponian muy cachondas a mis historias intimas que algunas veces cuando iba al baño escuche gemidos de las que me habian escuchado mis historias intimas. Estaba en el lavabo del baño cuando una de las secretarias salia del baño y me encontraba y bajaba su cabeza y se lavaba sus manos y salia del baño...obvio no de que ella se habia masturbado. "He venido escuchando tus historias sin que te des de cuenta y todo eso que dices... quizas en un tiempo atras pudo haber sido verdad, pero a tus casi mas de cuarenta se notan los cambios de la vida. Mira Rebeca, el proximo año cumplo los cincuenta y ya no es lo mismo como cuando tenia veinte, pero cuando me toca una chamaca mas joven que mi mujer entonces la berga revive como si tuviera veinte años de edad...no preguntes el por qué, pero asi es y presiento que el cuerpo lo que necesita es algo nuevo que quiere sentir. Tu esposo es conductor de autobuses de turismo...te imaginas los culos que van en ese autobus? dicen que los conductores, musico y deportistas son los que se comen los mejores culos. No te quiero desanimas, pero tu estas viviendo de un pasado que ya no regresa. Por qué tu y yo nos damos un cafe despues del trabajo...te aseguro que la pasaremos bien" Rogelio me habia dejado pensativa, pero tenia miedo de que éste me llevara a la cama y que se armara un escandalo de familia. Miraba a Rogelio en la planta y queria que me siguiera hablando mas porque se miraba muy interesante. Las nuevas secretarias se reunian conmigo en los recesos mientras Rogelio me miraba contando mis historias de intimidad y se ponia a reir. Un dia despues de salir del trabajo Rogelio y yo nos fuimos a un lugar donde él pedia un cafe con Brandy porque estaba frio y nunca antes yo habia tomado cafe con brandy y me gusto y me puse mas platicadora con él y le confese que mi esposo ya no me tocaba, pero que no queria que nadia mas lo supiera. Rogelio se sento al lado mio y mi cuerpo comenzo a sentir una sensacion que habia dejado de sentir por años y cuando me beso senti ganas de darselo a él y se daba cuenta que yo le respondia cuando me pedia que lo tocara por bajo de la mesa. Me asuste y le decia que eso era imposible...ya me tomaba mi mano y me la llevaba para abajo de la mesa hasta que le tocaba su berga "Hacia tiempo que no se me paraba asi Rebeca" yo continuaba aho agarrada de su berga que no la queria soltar "Y que vas hacer?" le pregunte a Rogelio "Por ahora nada Rebeca, pero si voy a ir a coger a mi mujer y despues hablamos" Rogelio me dejo toda jodida de la mente porque me imaginaba cogiendo a su mujer cuando estaba arrecostada en mi cama y mi marido lejos en un viaje de excursion. Me vi sola y me decia hacia mi misma que bien podria coger con Rogelio si tenia todo el tiempo que yo quisera. Senti necesidad de Rogelio, pero preferia que él me buscara para no abrir sospechas de que yo buscaba que me dieran berga. Fuimos al cafetin y ahi hablamos de que todo lo que pasara entre los dos seria muy confidencial. Mas tarde yo mordia la sabana de la cama de un hotel cuando Rogelio me tenia en cuatro patas. Me habia entrado toda la berga de Rogelio y se me olvido todo aquel temor de ser infiel. Me decian que yo le ha♂a sentir bien como si fuese un muchacho y yo tambien descubria que yo me sentia al igual que Rogelio. Me tomaban de las manos y Rogelio me arreaba como su yeguita cuando sentia que me corria sin pensar que alguien mas iba a sentir mi leche...ahora solo faltaba sentir la leche de Rogelio dentro de mi y sin compasion de que yo fuese una mujer ajena, Rogelio escupia de su berga aquella torrentada de leche caliente dentro de mi. Estos son los pasajes oscuros que todos tenemos en nuestras vidas porque poco a poco fui conociendo mas parejas que hacen lo mismo que no me siento culpable de ello. Todavia cuento mis historias de intimidad a las nuevas secretarias y con disimulo algunas de estas jovenes se van al baño a darse sus pajitas porque yo he escuchado de sus gemidos.

Autor: Anónimo Categoría: Heterosexual

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Una sorpresa agradable al llegar a casa

2019-07-30


Esa noche me marche a trabajar, al rato de comenzar mi jornada laboral empecé a sentirme mal y me marché a mi domicilio. Cuando llegué al mismo, abrí la puerta lo más despacio posible, no quería despertar a mi mujer. Subí las escaleras tras desplazarme en la entrada para ir a mi dormitorio, al llegar a mitad de las escaleras escuché unos leves gemidos mezclados con el ruido de la televisión, acelere mi ascenso y de forma sigilosa me asomé al dormitorio, cuál fue mi sorpresa al ver como Sara que así se llama mi mujer, se encontraba con una mano acariciándose sus pequeños pero bien puestos pechos, y la otra la tenía acariciándose sus labios vaginales, tras la sorpresa inicial decidí seguir observando, mi excitación estación a máxima, cuantas veces le habría pedido que se masturbara cuando estuviera yo trabajando, que lo grabará y me mandara el vídeo. Ella seguía a lo suyo, se notaba que estaba muy caliente, dejó de amasar sus tetas y mientras con una mano abría los pliegues de su coño con la otra introducía dos dedos en su interior, primero despacio para ir aumentando el ritmo. Su coño brillaba a causa de su humedad, sus ojos cerrados y mordiéndose el labio inferior, se notaba que estaba gozando, volvió a subir su mano derecha para restregar los jugos que había recogido con sus dedos del interior de su ser por sus pezones, dejándolos también húmedos. Con la mano izquierda comenzó a acariciar su clítoris de forma circular, ya tenía mojados hasta el interior de sus muslos, se notaba en su cara la proximidad de un orgasmo, inclino la cabeza y sacando su lengua y elevando con la mano sus pechos lámina sus pezones, le quedaba segundos para llegar al éxtasis, sus dedos castigaba su clítoris y de vez en cuando se los introducía para humedecerlos, esta acción la fue alternando hasta que el aumento de sus gemidos y ver como arqueaba su espalda anunció su orgasmo, tuvo varios espasmos y quedó rendida en la cama recuperando el aliento. En ese mismo momento entre en el dormitorio, totalmente desnudo y con mi polla dura y en su máxima expresión, mi mujer al verme puso cara mezcla de Vergüenza y sorpresa, me acerqué a ella y tras besarla me tumbar junto a ella, el olor a sexo impregnada la cama, intentó darme explicaciones pero la interrumpí con un nuevo beso, proseguí bajando por su cuello hasta sus pechos, los lamí, bese y sabores el líquido de su intimidad que anteriormente ella se había esparcido por las mismas, luego seguí mi recorrido hasta su entrepierna, el olor era intenso, me encantaba ese aroma, saque mi lengua y comencé muy despacio a recoger el resultado de su excitación, la anterior y la que estaba sintiendo ahora. Estuve un buen rato saboreando y comiéndose su coño, hasta que note que estaba otra vez a punto de llegar al clímax, me coloqué de rodillas entre sus piernas, las levante hasta mis hombros y de forma brusca le metí mi miembro hasta que mis huevos chocaron contra su culo, a Sara se le escapó un fuerte gemido al que siguieron más al ritmo de mis embestidas, Yo estaba a punto de correrme y al notar que ella estaba ya también llegando al orgasmo me vine en los más profundo de su interior, me derrumbe encima suya y así abrazados nos quedamos dormidos.

Autor: Raul40 Categoría: Heterosexual

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Laura y el tanga

2019-07-30


Laura se quedó pensativa. Encontrarse el tanga debajo de la cama le hizo pensar. Eso significaba que Gustavo no había pasado la noche solo. Es más. Habría tenido una noche divertida. Seguro que excitante. Las manchas sobre las sabanas eran la prueba de ello. Su mente empezó a imaginar. Su subconsciente lujurioso le traicionaba. Y el haber visto a Gustavo con la ropa deportiva ajustada le vino a su memoria. Pensaba en cómo habría disfrutado su amante de ese cuerpo de Adonis. Los imagino sobre aquellas sabanas gozando. Noto como su coño se empezaba a humedecer solo de pensarlo. Se estaba excitando. Se sentó en la cama. Los imagino desnudos. Acariciándose. Besándose. Dándose placer. Se dejó caer de espaldas en la cama. Le llegaba el olor de Gustavo impregnado en las sabanas. Y notaba crecer su humedad. Su mano soltó los botones de su short. Empezó a acariciarse por encima de la fina tela de su tanga. Los veía ahí mismo gemir. Acoplados. Follando con intensidad. Aparto ahora su tanga y llegó a su vagina. Quería darse placer allí mismo. Pensando en que era a ella a la que montaba. A quien le metía aquel pene que imaginaba todo erecto. Rosado casi púrpura. Lo deseaba dentro de ella. Introdujo sus dedos. Los noto húmedos al momento. Estaba muy cachonda. Mucho. Ese olor a hombre. Quería tenerlo entre sus piernas. Pero ahora deseaba su lengua. Sus labios. Quería tener su lengua acariciando lo que ahora acariciaban sus dedos. Imaginaba que sus dedos eran su lengua. Ahora era ella la protagonista bajo la acción de Gustavo. Pensaba en él lamiéndole. Comiéndole ese coño que ahora estaba tan mojado. Notaba su lengua suave. La notaba dándole unas caricias tremendas en su clítoris. A la vez le iba metiendo los dedos en su vagina. La combinación le estaba matando de placer. Lo sentía. Lo disfrutaba. Era tan real en su mente. Estaba sintiéndolo. Sentía el roce de su barba en la piel de sus muslos. Era su zona más sensible. Su boca la estaba devorando. Lamia su coño con sabiduría. Con toda la lengua. De abajo a arriba. Con la punta de la lengua. De lado a lado. De arriba abajo. Deprisa. Rápido. Luego lento. Eso la mataba. La desesperaba. Sentía. Gozaba. Disfrutaba. Era intenso. Y veía como el alzaba la mirada y le guiñaba un ojo. Paro y le vio su sonrisa. Y de nuevo sintió su lengua. Sus dedos. Como sus brazos se aferraban a sus muslos. Como la inmovilizaba cuando se revolvía ante sus caricias. Era algo sensacional. Se estaba masturbando como nunca. Jadeaba. Gemía. Le puso su mano sobre su cabeza acariciando su cabello negro. Le apretaba contra su ingle para sentir más intensidad. Estaba al máximo de placer. Hoy estaba excitadísima. Sus manos no pararon de acariciar su propio cuerpo. Su coño. Sus pechos. Sus pezones. Tiro de ellos. Endureciéndolos más. Los pellizco. Estaban muy erectos. Y se acarició más y más. Sintió la lengua y los labios de Gustavo mil veces sobre su inflamado clítoris. Hasta que al fin grito. Estallo su orgasmo. Su explosión de placer fue casi infinita. Se tensó. Todo su cuerpo se puso rígido. Tembló. Disfrutó. Agarro las sabanas con una mano mientras la otra culminaba su última e intensa caricia sobre su empapado coñito. La corriente eléctrica que recorrió su cuerpo fue tremenda. La convulsiono. Se revolvió llena de gozo sobre aquellas sabanas que la habían transportado a vivir el mejor orgasmo de su vida.

Autor: JulioG Categoría: Mastubación

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