Relatos Eróticos de Sexo con Maduras


mi suegra me deseaba

2021-02-12


todo lo que voy a contarles es cierto, y paso una noche que fui a buscar a mi esposa y su madre despues de una fiesta en otro pueblo un poco retirado de nuestra ciudad, mi suegra es una mujer con un cuerpo que se puede decir ni gorda ni delgada. pero eso siii. con unas nalgas lo que se dice grandes. ella mide mas o menos 1,75 mts, y me pasa como 5 cmt. a mi. bueno que las fui a buscar a la fiesta donde habian estado las dos, y me asuste cuando llegue y me estaban esperando afuera de donde habia sido la fiesta,, mi suegra estata sentada en un pequeño muro, y mi esposa a la par de ella, parada y tenia a su madre agarrada del hombro porque estaba bien borracha, mi esposa tambien habia tomado bsatante, pero no como su madre, entre mi esposa y yo subimos a su madre en el asiento de adelante y mi esposa se acostó en el asiento de atras, y luego se durmió, primero fui a dejar a mi suegra a su casa, y le dije a mi esposa que se levantara y me ayudara a cargarla para entrar a su casa, y mi esposa me dijo que me aclarara yo solo, porque ella tenia sueño, asi que la saque como pude del auto y la abracé por la cintura y empece a caminar con ella asi bien agarrada. ella tenia un vestido que le quedaba bien suelto y le llegaba abajo de las rodillas, y con la mano le acariciaba el culo encima de los calzones, me dio las llaves de la casa para abrir la puerta y se sentó en una banca que tienen afuera de la casa, abri la puerta y regrese por ella para que entrara, y ella cuando se paró se me quedó viendo a la cara y empezó a besarme en la boca. y yo le meti la mano por delante y adentro del calzon y la empecé a acariciar de la concha, y ella seguia besandome rico. y me dijo que estaba enamorada de mi y queria que yo fuera su amante, y me dijo que su mejor amiga que vive sola igual a ella se tenia amante. asi que desde entonces soy amante de ella y mi esposa ni se entera de nada, a veces me dice que le lleve alguna comida a su madre, y ahi aprovecho de hecharle un par de buenos polvos, ella esta viuda desde hace mas de quince años. y a pesar de tener 63 años de edad, esta pero buena para culiarla. desde que murio su esposo no habia tenido nada con ningun hombre, asi que hoy me tiene a mi de amante, y yo me estoy pero dando gusto con ella. nuestros encuentros son entre dos a tres veces por semana, y es una mujer pero lo que se dice super buena culiando, a veces hasta tres veces que ella llega al orgazmo, y me dice que nunca lo habia pasado tan rico con su esposo como lo pasa conmigo, el fue su unico hombre, y ahora yo soy su segundo. espero les guste mi aventura con mi suegrita linda.

Autor: Roberto Salas Categoría: Sexo con Maduras

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NARCOSXXX

La inspectora del Liceo.

2020-11-01


Esto me ocurrió a los 18 años, en una reunión de apoderados (cita en el cual los padres, de los alumnos o escolares, son citados para entrega de promedio de notas o exámenes, además de noticias del establecimiento) Mi madre fue conmigo a la reunión la cual se realizaban por lo general a las 20:00 pm, llegamos al liceo puntual, pero yo a diferencia de mis amigos y compañeros, bestia con el uniforme formal de la escuela, ya que me darían un reconocimiento al esfuerzo y mis notas, algunos de mis compañeros me decían sus chistes por como lucia y las niñas se reían entre ellas, pero después de ser reconocido y aplaudido por los padres de mis amigos y compañeros, salí de la sala y me dirigi a las canchas del liceo para ver como jugaban al futbol los compañeros, en eso me desprendo de mi corbata y los guantes blancos, y después de un rato me dan ganas de ir al baño, tome la elección de ir al más lejos, ya que los otros estaban muy hediondos y mojados, había que pasar por el gimnasio que estaba a oscuras y meterse por un pasillo para llegar a ellos. En mi caminar al momento de estar dentro del gimnasio escucho unos gritos leves, me aprovecho del oscuro del recinto para poder acercarme más y poder escuchar con claridad, escucho a una pareja discutir, ella con rabia y llanto le reniega que siente sola y que el hombre no la tiene en cuenta y que tampoco la apoyaba en nada, el hombre por su parte le decía que era una tonta, loca, que no sabía entenderlo y no quería nada mas con ella. Yo por mi parte solo escucha y no me atrevía a ver dicha escena de discusión, al sentir que el hombre se retiraba, me escondí detrás de unas cajas y vi cómo se marcha rápidamente, diciendo garabatos a cada paso que daba y además portaba una botella en su mano la cual bebía a ratos con rapidez, aproveche de orinar en la pared del gimnasio, ya que no aguantaba y por otra parte ponía atención a lo que ocurría detrás del muro y ya no escuchaba a la mujer llorar, fue en ese entonces que me arme de valor para acercarme a ver. Contemple la escena, me fije que estaban usando una oficina, la cual estaba en desuso hace más de un año, en la puerta se veía una fila de botellines de cervezas ya consumidas, en las paredes y en piso se veía desparramado trozos de pizza, me acerque más y me sorprendí mucho al ver que era una inspectora del liceo, aquella que conocíamos como la bomba 4 (bomba4: fotografías eróticas publicadas por el diario “La Cuarta” chile), su nombre era Lucia y sin duda era estupenda media 1.60 m, mas o menos, su cabellera lisa y extensa de color negro, ojos claros, piel blanquita, piernas anchas, buenos senos los cuales no eran enormes, pero si de buen tamaño, además poseía una cintura espectacular la cual hacia resaltar lo mejor que era un culo sabroso, la reconocí porque posee un tatuaje pequeño detrás de la orejita que era una estrellita. La miraba y veía sus piernas y ese culo, me empecé a tocar el pene sobre mi pantalón y se me ponía duro imaginando que llevaría puesto debajo de esa faldita, vestia una camisa blanca y una falda plomita y tacones negro, la cual era vestimenta de trabajar en el liceo, me seguía tocando al tal punto que baje el cierre de mi pantalón y saque mi pene al aire para masturbarme mientras la veía, era tal mi morbosidad, que deliraba con futuras escenas con ella y más dura la tenía, en eso suena su celular y vuelve a discutir, pero por algunos minutos, en eso ella dejaba ver una botella de ron que al parecer seguía bebiendo, se levanta de la mesa y yo con tal morbo más me masturbaba, viéndola detrás de la ventanilla, y para mi error la dejo de ver mientras sigo pensando en su cola y que llevaría puesto, en eso ella sale al pasillo tomando su trago y me vee en suelo sentado con mi pene duro, yo pasmado me levanto rápidamente en intento guardar mi pene duro, ella me reconoce y me dice LUCIA: -que estás haciendo aquí?(con exaltación), mmm tu eres aquel niño de buenas notas o me equivoco Yo: -sí, pero no vi nada y tampoco escuche nada inspectora lucia LUCIA: -y que es eso que sobre sale de tu pantalón, eres un depravado, pensar que te ves tan correcto por el patio Yo: -lo siento, pero yo que sepa no está permitido tomar en establecimiento, si quiere me invita un trago y me quedare en silencio y será nuestro secreto LUCIA: - No eres tan tonto al parecer, esta bien, pero solo tengo cerveza y ron, además ten cuidado esta algo sucio y puedes que te manches tu veston o terno escolar Me siento al frente de ella separados por un pequeño espacio ella bebía su ron y yo mi cerveza, mi erección quería salir pero me contuve, ella me miraba y me decía, porque estaba vestido así, le conté de mi reconocimiento al esfuerzo y mis notas, se no taba aburrida en eso le pregunte que hacia aquí, ella contesto diciendo que tenía preparado algo que no resulto, entre tomar y hablar cosas ella se levanta y en ese movimiento de piernas que tenía cruzadas, logre ver que llevaba algo blanco puesto, me volví a excitar con eso y cuando se agacho para recoger unas llaves, vi ese culo enorme y no podía aguantar, nuevamente mi pene se dejaba notar bajo mi pantalón, ella me dice LUCIA: -Veo que eres bien morboso, se nota que estas duro Yo: -No lo puedo evitarlo, ya que posee un buen culo y eh estado fantaseando contigo algún tiempo, espero no se m*****e LUCIA: - Pero que depravado saliste, yo pensé que solo eran asi el grupo de flaites que siempre juegan pelota y me miran con morbosidad Yo: -es natural con tan bella figura y lindos ojos, quien no la va querer LUCIA: -Además eres lindo diciendo esas cosas, mmm así que fantaseas conmigo, déjame tocar que tan caliente te tengo Yo: -está bien, sienta lo que ah provocado (con harto morbo en la mirada se lo digo) En eso ella me acaricia mi pantalón y siento como sus dedos rodean la cabeza de mi pene, yo me dejo llevar y ella me dice “te gusta”, si siga por favor, pero en eso suena mi celular, veo y era mi madre, decido no contestar, pero ella suguiere que lo haga, en eso contesto: MAMÁ: -Donde estas es hora de ir casa Yo: -ya me fui a la casa, me adelante y además pasare a la casa de un amigo a terminar una tarea. LUCIA: -ya cuelga para hacer las tareas(en susurro) Mi madre confía en mí y cuelga, ella entre risas y yo con nerviosismo, asi que le dije: “ en qué quedamos?”, ella me mira y baja su rostro entre mis piernas, yo esta excitado deduciendo lo que pasaría, ella baja mi cierre y saca con su manito helada mi pene, y empieza a masturbarme con lentitud ya que me lo apretaba fuerte, me mira y dice “que gruesa es, quieres que hagamos la tarea (con cara de caliente)” yo le dije “si por favor” y ella empieza a darme un sexo oral delicioso, sentir su boca y esa lengua cálida, como recorría todo mi pene me tenía prendido, fueron unos buenos minutos, ella me desabrocha el pantalón y me lo saca, yo atine a quitarme mi veston, y camisa, esataba completamente desnudo y ella aun vestia su uniforme de trabajo LUCIA: -Eres caliente, para que te desvistes completo, aunque asi es mejor, además que buen pecho tienes aparte de tu pene Yo: -ahora me toca darte placer bonita LUCIA: -Me voy a quitar todito lento (entre una risa morbosa) Yo: -Solo quítese la camisa blanca y su brasier, quiero verte con tu faldita y esos tacones negros LUCIA: -Que calentón me saliste, bueno como quieras, hoy es tu dia de suerte Me masturbo mientras veo esas tetas, esos pezones oscuros me calientan, y se lo hago saber saboreando mi boca con una mirada caliente, ella “asi te gusta”, yo solo la miraba y me levante era más alto que ella, la di vuelta, agache mi cabeza y empecé a oler su cuello, le susurre al oído “que rico hueles mujer” ella “tócame las tetas y deja sentir tu pecho en mi espalda” yo obedecí a sus pedido acariciaba ese par con ansias, a laves mi pene frotaba su faldita y me lo agarra y empieza a apretarlo eso me calentó y la bese, me empieza a masturbar mientras la beso y en eso apretó unos de sus pezones con mi mano izquierda y con la derecha la pesco del cuello, siento sus primeras quejidos, la suelto. Le pido que ponga las manos en el borde la mesa y se agache su espalda y levante su culo, ella me mira y dice LUCIA: -Eres un caliente corazón, te gusta mi culito paradito Yo: -Si me encanta tu enorme poto que culo más delicioso (y le pego fuerte sobre la ropita) LUCIA: - Levanta mi faldita no quiere ver tu regalito y tu tareíta Yo: -Claro, quiero hacerte mía sabrosa y terminar bien mis tareas (dándole otras dos palmadas en su culo) Me agacho y levanto su faldita y veo con mucha calentura ese enorme culo y poseía un colales blanquito, eso me puso muy prendido, le doy unas palmadas más fuertes y empiezo a pasar mi lengua entre sus nalgas, hago aun lado su colales y meto mis dedos en su vaginita mientras meto mi lengua en su culo, ella: “Ahhh mmm corazón que rico, sigue” yo seguía metiendo mis dedos y sentía como sus líquidos estaban saliendo de apoco le pegaba despacito en la vagina y frotaba su clítoris, eso provoco más quejidos y que saliera un poco más de juguito, me levanto y con mi pene duro empiezo a pegarte en sus nalgas, sin quitarle su ropita interior, me propongo a penetrarla, entro y siento que esta mas mojada, y yo digo “ Así te fantaseaba, asi te quería tener mi putita, sola para mi”…. Ella:” mmm si así trátame soy tu puta, y tu mi depravado que me desea”, “Si asi es putita”. La agarro de la cintura y empiezo a penetrar rápido veo como ese par de nalgas vibra con cada penetración y le empiezo a dar golpes a sus nalgas, la agarró del cuello y empiezo a darle más fuerte y con la otra manito apretó sus tetas, me excita sus gemidos y el morbo que alguien nos escuchara más aun, ella “mmmm si a si… dame duro corazón, soy tu puta trátame como quieras”, escuchar eso me puso más caliente y penetraba más lento, ella: “que pasa bebe perdiste el ritmo” yo: “no preciosa aquí bien lo mejor para ti”. Ella me mira con curiosidad y con cara de putita caliente, por mi parte retiraba mi pelvis hacia atrás, aprecia que mi pene esta rojo de lo caliente y bien duro, en eso como una flecha ingreso a su vagina de un solo golpe y con brutalidad intento forzar más, ella solo se muerde la boca y eso me calienta quería escucharla gemir y hago la segunda clavada y escucho su gemir, yo estaba sudando mucho al igual que ella, seguí penetrando así y ella mostraba mucha resistencia, pero escucharla gemir era mi éxtasis, le digo “siento que me voy a venir mi putita” ella “ no aun no dame por el culo y acaba ahí amorcito”…. No sé cómo aguante, así que escupí en su culo y derrame un poco de cerveza en ese pequeño orificio, jugué un poco para que entrara la cabeza de mi pene, ella me ayudaba con su manito hasta que entro, me dolía un poco estaba muy apretado y ella solo se quejaba pero disfrutaba mucho, entre lento, y en eso ella me mira y dice: “Me toca complacerte mi bebe depravado”, yo solo sonrió y me acerco a devorar su boca, y justo en ese instante siento como mueve su culo y devora mi pene, me tenía sorprendido le empiezo a meter mis dedos en su vaginita bien jugosa y siento sus gemidos, mientras nuestras bocas se devoran mutuamente, ella se levanta sin yo quitarle el pene de su culo, nos las arreglamos para estar yo estar tendido en el suelo y ella encima de mí, movía su culo y saltaba, lo disfrutaba muchísimo, su ritmo era una lujuria, y su tetas sudaban más, las cuales devora con placer, siento que estoy más que listo y se lo hago notar con la mirada y ella me abraza siento su pecho con el mío. Apretó su nalgas para que entre toda mi pene, ella me muerde mi pecho, y en eso libero mi semen, espeso y caliente dentro de enorme culo, no suelto sus nalgas y siento como chorrea por mi pene algunos de mis jugos, saco mi pene exhausto, en cosa de segundo escucho como su culo suena al botar mi semen, que era demasiado Trato de ver su rostro y solo veo como ella tiene su carita sobre mi pecho y me besa mis tetillas, con una sonrisa me regala un beso con ternura y solo la abrazo. Lucia: -bebe sin duda me sorprendiste, eres muy caliente Yo: -gracias, pero tu igual mi diosa, eres muy caliente y sensual Bueno nos vestimos, para nuestra sorpresa vimos la hora y ya eras las 2am, nos reimos y nos apuramos en ordenar todo y apagar todo, como si aquí no hubiera pasado nada, yo llevaba las cervezas vacias y basura en una bolsa, ella su cartera y mi veston, debía estar todo cerrado y el conserje o guardia debía estar rondando por ahí, así que salimos por un lugar donde se fugaban algunos alumnos del liceo, nadie nos vio al parecer deje las bolsas en la calle y me fui con ella de la mano encontramos un taxi y subimos, yo pague como debe ser, fuimos a su casa pero era solo para que la conociera, en eso nos despedimos con un beso. Solo pensaba que por una lado tenía mi relación con Daniela y por otro tenía una amante madura como era Lucia, una de inspectoras candentes del liceo, Obviamente siempre responsable en mis estudios y de bajo perfil para no levantar sospechas. ESPERO QUE TE HAYA GUSTADO Y PERDON SI NO FUI MUY DETALLISTA O TENGO ERRORES ORTOGRAFICOS.

Autor: darknigthxxx Categoría: Sexo con Maduras

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NARCOSXXX

Terapia sexual con vieja de al lado

2020-10-19


Esta historia que le contare fue algo que paso hace tres días, pero antes de contar lo ocurrido empecemos desde el comienzo. Vivo en un departamento y hace aproximadamente 10 años (yo estaba en la adolescencia para aquel entonces) vinieron unos nuevos vecinos al departamento alado de donde vivo, era familia de portugueses conformado por 4 personas, una señora para nada guapa ni buena (que ya la edad más el efecto gravedad había hecho sus achaques con ella, aunque era coqueta porque solía salir maquillada, pero sin enseñar nada, ya que no tenía ningún atractivo físico, y es gordita) de cabello corto, su marido quien está algo enfermo de la cabeza y sus dos hijos (ambos bien adultos) esta señora desde que llego desarrollo simpatía con mi madre y a veces ella solía visitarnos o mi madre iba hasta su casa para visitarla. Desde hace tiempo (ósea desde antes de llegar al edificio donde vivo) ella tenía problemas de nervios, por ello solía tomar pastillas para dormir, hasta en ocasiones mi madre al venir de visitarla me decía que se venía temprano ya que la vecina se quedaba dormida en el sofá mientras veían la tv y hablaban. De un tiempo para acá, por causa de los nervios ella venia hasta mi casa llorando diciendo que no aguantaba las situaciones de su casa, su marido cada vez la tenía más atormentada y no sabía que hacer, sus hijos trataban de controlar la situación, pero la cosa se ponía insoportable cuando ellos estaban trabajando, así que ella venía a desahogarse con mi madre hasta que se calmaba y se iba de vuelta a casa. Hace tres días era mi día libre, por lo que estaba en casa, mi hermano estaba trabajando y mis padres habían salido a visitar a mi abuela, por lo que estaba solo en el departamento. Como no había interrupciones decidí encender la computadora, meterme a internet y ver una porno para masturbarme. Estando bien inspirado escucho que suena el timbre, así que frustrado por no acabar a gusto, me guarde el pene (que estaba erecto pero con la interrupción se vino abajo en unos segundos) y fui a ver quién era, era la vecina que venía otra vez nerviosa y llorando, al abrir la puerta me pregunto si mi madre estaba en casa, yo le conteste que ahorita no se encontraba porque había salido a visitar a mi abuela, ella se quedó pensativa pero entonces me dijo: será que por favor me puedes dejar entrar por lo menos hasta que consiga calmarme, y fue lo que hice, la deje entrar, ella se sentó en la sala, fui a la cocina, serví un vaso con agua y se lo di a ella, hay empezó a decirme que en su casa se estaba por volver loca, que no aguantaba más, entre el esposo y sus hijos que discutían entre si volvían la situación inaguantable, yo solo escuchaba, diciéndole que tenía que tratar de calmarse, tratar de no hacerle caso a esas peleas, pero ella me decía que no podía. Entonces en ese momento se me ocurrió, que no se si era por las ganas frustradas o también porque hace meses no cogía con ninguna mujer, pero me senté en el mismo sofá donde estaba ella, en el grande de la sala y empecé a piropearla, diciendo que era una señora aun atractiva, mientras le empezaba a acariciar la pierna, ella me miraba con cara de sorprendida y extrañada por lo que estaba ocurriendo, hasta me apartaba la mano todo el rato pidiéndome que no dijera no hiciera esas cosas, pero yo insistía, tenía el morbo a tope, además que como decimos aquí “cuca es cuca” así que continúe con mi insistencia tocándola y diciéndole lo atractiva que me parecía (después de todo solo quería cogérmela), ella solo continuaba tratando de quitar mis manos que tenía sobre ella, diciéndome una y otra vez que la dejara, que lo que hacía no era correcto, que ella era mucho más mayor que yo, yo le decía que no me importaba, yo la deseaba a ella así tal cual estaba, además agregue que con el sexo le iba a quitar los nervios y hacer que olvidara los problemas que tiene en casa y como estábamos solos era un secreto solo de los dos, pero en ese instante ella no dijo nada, solo se levantó, me imagino que era para dirigirse a la puerta he irse, pero no se lo permití, la agarre de la cintura y le estampe un beso en la boca, ella trataba de quitarme de encima de ella pero yo no se lo permitía, además que mientras más la besaba ella menos batallaba, lo que me daba a entender que ya le estaba empezando a gustar, por lo que ya no la aprisionaba para que no se me escapara si no que la manoseaba libremente por sus espalda y su culo, ya sus brazos y manos no oponían resistencia, también me tocaba en todas direcciones, entonces sin más nos empezamos a quitar la ropa, ella aun decía que lo que estábamos haciendo estaba mal, pero yo la ignoraba, hice que se sentara e el sofá donde se había levantado, le baje los pantalones junto con la ropa interior dejando ver una vagina peluda, con pelos ya blancos y dentro con un rosado pálido que se notaba hacía años que un pene no entraba en ella, aunque afortunadamente no tenía ningún mal hedor, por lo que empecé a hacerle un oral, ella disfrutaba de las lamidas y chupetones que le daba, me lo decía su respiración acelerada, además que su cuerpo se estaba calentando, pero aun decía que lo que estábamos haciendo estaba mal, pero yo solo no le hacía caso y seguía, después empecé a dilatar su vagina con los dedos, empezando con dos, ya que su entrada era grande y luego metí dos más, entre los lamentos y el vaivén de los dedos empezaron los gemidos, ya no hablaba solo gemía, yo gozaba hacerle el oral en esa gran vagina. Pero de tanto hacerle el oral ya era mi turno de pasarla bien, así que me levante, saque el bóxer (que era lo único que tenía puesto) le paso el pene ya erecto por el rostro, ella al principio estaba negada pero después domando mi pene, lo agarra y se lo mete en la boca dando una buenas mamadas, demostrando lo pervertida que era, sabía muy bien como chuparla, sus mamadas a veces rápidas y a veces lentas en consunto con los movimientos que hacía con su lengua daba una excelente sensación, sin duda en su juventud debió ser muy buena porque eso era lo que me demostraba, después de aquello ella se dejó llevar, se sacó el pene de la boca, me lleva a una de las sillas que está en la casa, me empuja ligeramente para que yo caiga sentado, me agarra el pene y se sienta encima de mí poniendo mi pene dentro de su vagina y hay empiezo a cogérmela sintiendo su vagina caliente sus bellos púbicos y sus nalgas grandes y aguadas en mis piernas, yo jugueteaba con sus tetas también grandes y aguadas, ella lo disfrutaba tanto como yo, lamia sus grandes pezones tocaba sus tetas moldeándolas a mis toques, era un espectáculo sexual y con la que menos pensaba, después ella se levanto y se recostó en la mesa de la sala dejando en pompa su trasero, se lo volví a meter y ella solo movía las caderas, como si fuera una de esas lavadoras, hasta de vez en cuando por lo caliente que estaba le daba nalgadas, era sin duda sensacional, y no decía nada, luego en el suelo se acuesta boca arriba, yo se la vuelvo a meter en plan misionero, la cara de que la estaba pasando de maravilla se le notaba, se notaba que extrañaba muchísimo tener sexo, a pesar que al principio no quería, si que se la estaba pasando en grande, después de eso me hizo una ligera paja rusa con sus tetas, con algo de mamada incluida y para terminar me acosté yo en el suelo sentándose ella en mi entrepierna dándome la espalda, en ese momento sentía que ya estaba a punto de acabar, así que agarrándole las caderas con fuerza y apoyándome de la piernas se la meto bien rápido sus gritos eran alto pero no me importaba, ya estaba a punto de acabar y así fue, estalle dentro de ella, no se la saque hasta que mi pene iba perdiendo tamaño, mi semen se le desbordaba, ambos estábamos sudados y ella super sonriente, nos vestimos y solo nos miramos pero sin decir nada, hasta que ella cruzo la puerta hasta irse a su departamento. Desde aquel día que no nos vemos, pero sin duda fue una excitante experiencia, con la mujer que menos pensaba, demostrando una vez más que hasta señoras aun y teniendo su edad conservan ese lado morboso que tienen oculto y de vez en cuando sale a flote, ya que independientemente de la edad que se tenga el sexo se debe de disfrutar, después de todo la vida es una sola, ahora toca esperar a ver si se repite la experiencia nuevamente.

Autor: GorditoSexual1994 Categoría: Sexo con Maduras

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NARCOSXXX

Resultó ser prostituta

2019-12-22


A veces los buenos polvos tienen que ser trabajados, es decir, tienes que estudiar a la presa, analizar las posibilidades, tener el tino de estar en el momento indicado y esperar que la presa ponga algo de su cuota para que ello ocurra. Cuando se es hombre, somos los que debemos de estar pendientes de identificar las situaciones que se presentan y son pocas las veces en que la mujer cambia el rol de presa y toma el papel de cazadora. Como ya les eh contado, Aidé mi compañera madura algo alborotada y de vida más que licenciosa, era deseada por la mitad de los chicos del trabajo, mientras que la otra mitad ya se había acostado con ella. Una vez que inicié a tener sexo con ella, ya no pude parar, se volvió un tipo de adicción y aunque en ese tiempo también me follaba una que otra buena nena, esa ninfómana de verdad era una maestra Una oportunidad me la crucé muy de mañana, yo salía con dirección a universidad mientras que ella recién llegaba con un rostro que denotaba muchas copas de cerveza encima, ¡sin mencionar las ropas que traía puesta! Una minifalda de cuero bastante reveladora, la blusa roja, los zapatos de taco y una de sus pantimedias que se había colocado mal, que asomaba por debajo de la basta de la minifalda hacían suponer que no había tenido tiempo para vestirse bien. Estaba yo ese día en unas cabinas públicas de Internet, pues mi computadora se había malogrado y tenía que hacer un trabajo para un cliente algo urgente. Alquilé una máquina en un cuarto que estaba destinado para eso y en donde había una máquina que permitía hacer llamadas telefónicas al exterior a bajo costo. Me encontraba a la mitad de mi trabajo cuando la veo entrar, su mirada seductora, sus caderas envueltas en su minifalda negra, ¡inmediatamente logro quitar la atención de mi trabajo y me dediqué solo a mirarla! Como les comenté, es normal que el hombre vea a su presa y haga los intentos de capturarla, pero esta vez la situación cambió completamente. Se acercó donde yo estaba con la intención de pedirme un lapicero, para ello se acercó por mi lado izquierdo, y el lapicero estaba al extremo derecho. Cuando iba a dárselo, la muy pendeja colocó su cabello cerca de mi rostro, sus senos a la altura de mi espalda y con su mano derecha cogió el lapicero, eso me excitó mucho, terminó de hablar y para devolverme el lapicero repitió el mismo movimiento, pero esta vez había una nota que dejó junto al lapicero. Cuando se fue la abrí y la leí: ‘Te espero en 5 minutos en la panadería’, sin pensarlo dos veces grabé mi trabajo en una memoria, acomodé mis cosas en mi mochila, pagué el tiempo alquilado y me fui. Cuando llegué allí estaba ella, bebía una cerveza lo más probable por la cruda, al verme sonrió y me dijo: A: ¡Sabía que vendrías! L: ¡Me dijiste que venga y eso hice! A: ¿Qué estabas haciendo? L: Un trabajo para un cliente potencial y tú? A: La verdad me la pase de loca toda la noche, pero no quiero llegar a casa, ¡no quiero que el viejo me moleste! L: ¿Y que se te ocurre? A: Voy a casa de mi hija mayor, no hay nadie, ¿me acompañas? L: ¡Bueno, vamos! Aidé parecía estar ebria aun, me decía cosas sin sentido, pasamos a comprar unas cervezas, al llegar a casa de su hija, dejamos las cervezas en la mesa, ella tomo mi mano y me llevo al dormitorio de su hija. Adentro, ella fue la que tomó la iniciativa, mi experiencia en prostíbulos me hacía suponer que ella había sido una prostituta, se desenvolvía como tal, se quitó la ropa, y quedo completamente desnuda, como si me tratara de un cliente. Algunas compañeras del trabajo decían que ella, tiempo atrás, se dedicaba a cobrar por sexo, ósea, era prostituta y no puedo negar que así se comportaba, esa vez era diferente, las veces anteriores se comportaba más sumisa, ¡pero ese día era todo un volcán! Me senté al borde de la cama y se arrodilló delante de mí cogió mi verga con las dos manos, me confesó que de todas las pingas que se había comido la mía era tal vez la más linda pues era perfecta, larga, gruesa y agradable, no como otras que eran pequeñas, o delgadas o cuya apariencia espantaban hasta a la puta más barata en busca de dinero fácil. La cogió y me tendí en la cama, desde allí veía como la llenaba de caricias con la lengua, era toda una experta en esa materia, se la metía toda dentro de la boca, la succionaba, la pasaba por su rostro, de vez en cuando me daba una mordida juguetona para salir del éxtasis y no eyacular. L: Uf, Aidé ¿qué traes? A: ¡Nada, solo quiero comerte! L: ¡Pues lo haces maravilloso! A: ¡Calla y disfruta bebe! Me tuvo largo rato así, al estar yo echado en la cama, se trepó sobre ella con la intención de colocar su concha sin pelos a la altura de mi cara, al inicio dudé un poco, pues me acordé de todas las pingas que esa concha se había comido, pero la lujuria pudo más y le metí la lengua lo más hondo posible, ¡entramos en un 69 que nos hacía gozar a los dos de placer! La posición tomada era propicia además para lamerle el ano, cosa que hice inmediatamente, de manera torpe al inicio, pero con el pasar del tiempo fue gustándole cada vez más por lo que luego empecé allí mismo a meterle los dedos al ano, también a la vagina, ¡causando en ella una excitación que la hacía gemir de placer como aquella vez que cogimos en su carro! A: ¡Mmm, mi vida, sigue, agh! L: ¡Me encantas, que rico culo y que rico te mojas! Cambiamos la posición, se puso en cuatro dándome la espalda, entregándome ese coño tan dulce y depilado, su vagina rosadita era una invitación al pecado, ¡a la lujuria a olvidarse de los prejuicios y dar rienda suelta a la pasión! Puse mi verga cerca de su vagina, la humedecí con sus propios jugos, y una vez lubricados los dos, se la ensarté de golpe, para que sintiera que no sería como las veces anteriores, que esta vez gozaría como nunca, ¡como ningún otro hombre la había hecho gozar! El mete y saca era espectacular, la muy perra colaboraba pues de vez en cuando apretaba su vulva para atrapar mi pene, cada vez que hacía eso, ¡se levantaba con la intención de tenerme dentro y no dejarme salir! Se volvía a acostar, y la seguía penetrando cada vez con más fuerza, el sonido de mis muslos chocando con sus nalgas parecían aplausos a un polvo tan bueno que nos estábamos metiendo. L: ¡Aprietas riquísimo nena!! A: ¡Dámela, agh, uhm, si, así, agh!! Terminamos esa posición y se dio vuelta, lista para recibirme otra vez, en esta oportunidad la penetración fue más calmada, veía en su rostro unas lágrimas, no sé si de dolor o de placer, ¡pero no tenía escrúpulos para detenerme! Levanté sus piernas sobre mis hombros, la fuerza con la que entré en su vientre la hizo desprender un grito de dolor, fue tan profunda que el dolor lo sintió a la altura del estómago y no me quedo más que sacarla porque no lo podía soportar. Esta vez me pidió que me echara, lo hice en la misma posición cuando empezó a chupármela y fue ella la que se sentó sobre mí. L: ¿Te lastimé? A: ¡Es que no sabes cómo me ha ido en la semana! L: Tranquila, ¡ahora hazme lo que gustes! A: ¡Eso haré! Era la primera vez en la tarde que ella tomaría la batuta en la faena, sus movimientos eran coordinados, las caderas en forma circular, las piernas de arriba hacia abajo, y yo de vez en cuando cogiéndola de la cadera con la intención de detenerla y meterla una embestida que la haga acordarse de que el que estaba debajo no era uno más, sino el compañero de trabajo que la estaba haciendo gozar. Sus movimientos eran cada vez más rápidos, lo que estaba acelerando mi proceso de excitación, no quería aun eyacular, la saqué de donde estaba, la tumbé nuevamente en la cama pues allí debía estar ella, si la dejaba tomar el control pensaría que era uno más en su lista de conquistas, pero no quería que fuera así. La penetré nuevamente, le hice poner sus piernas alrededor de mi espalda, y con un poco de esfuerzo la levanté, la tenía ahora pegada a mí, unida con brazos y piernas a manera de gancho, yo la cogía de las nalgas para mantenerla así, la penetración de esa forma era más profunda, el dolor y placer que le causaba eran cada vez más notorios lo que no impidió que ella terminara en un satisfactorio y prolongado orgasmo. A: ¡Agh, papi, me duele, pero sigue, ay mi vientre uf! L: ¡Uf, si, goza chiquita, goza!! Yo aún tenía fuerzas y vitalidad para continuar, ¡seguir dándole por la vagina sería repetitivo así que opté por su otro orificio! Su ano se notaba que había recibido muchas pingas en esa semana e historia, era un ano ajetreado, se abría fácilmente a la penetración, pero como ella dijo, ¡la mía era la verga más rica que se había comido! Humedecí su ano con la humedad de su vagina, la fui untando como también a mi verga, puse la cabeza a la altura de su orificio con la certeza de que entraría sin problemas, y la empujé con fuerza con la intención de que le duela, no para hacerle daño, sino para hacerle saber que no sería uno más en su lista sino alguien diferente, alguien especial, el chico que la deseaba desde hacía mucho y que había hecho su sueño realidad. L: ¡Que rico culo! A: Despacio amor, ¡despacio! L: ¡Uf, aprieta magnifico, será mejor que te prepares amor! A: ¿Para qué? Comencé a embestirla salvajemente, le daba nalgadas y le jalaba el cabello, ya no me podía mentir más, ella era una puta y así la trataría, sin consideración alguna, la arremetida hizo que soltara algunas lágrimas, nunca pensé que los gemidos de las películas pornográficas los escucharía en persona, su manera de gemir, de respirar mientras cachábamos me hacía recordar a las actrices de ese tipo de películas. La primera posición para el anal fue ella apoyada sobre sus brazos y piernas, como aun podía seguir la faena, me senté al borde de la cama para que se sentara encima de mí, se daba tremendos sentones la muy puta, ¡mi verga la estaba empalando y sus gemidos me la ponían más y más dura! L. Te gusta nena? A: Me lastima, pero me encanta, no la saques, aunque llore, ¡no la saques! La puse de perrito y como toro la embestía brutalmente, incluso un par de golpes le di en su espalda, la arañaba, le jalaba el cabello de forma violenta, yo estaba excitadísimo, ¡ella también se movía para hacer más placentero el momento! L. Toma perra, toma! A: ¡Asi, agh, soy tuya, soy tu puta! L: ¿Si puta, quien es tu señor? A: ¡tu nene, tu eres mi señor, cógete a esta puta, por el culo, aj! L: ¡Este culo ahora me pertenece, uf! En unos cuantos movimientos sentí que estaba por terminar, la vieja zorra se dio cuenta por mi respiración, se puso de pie, se arrodilló delante de mí y con esa característica costumbre de las películas recibió todo mi semen en la cara, en el cabello, en los senos, metiendo luego las últimas gotas que salían a su boca, y terminando luego metiendo mi verga a su boca para darle el último placer de la tarde. L: ¡Uf, mamita rica, uf! A: ¡Sabes a gloria papacito! Era delicioso verla jugar con mi verga, su cara llena de semen, embarrada toda en esa leche calientita y espesa que saboreaba con tanto placer, se notaba que los disfrutaba, recogía un poco de leche de sus pechos y se lo llevaba a la boca, ¡lo disfrutaba enormemente! Descansamos un momento pues su hija estaba por llegar, nos vestimos, ella se lavó la cara y se humedecido el cabello, le agradecí por la tarde de placer que me regaló esperando que me invitara a vivir una nueva experiencia, pero al terminar me dijo que eran $500, que dejara el billete en la mesa, y que si no tenía me daba una semana para conseguirlo, porque de lo contrario, ella misma se encargaría de correr el rumor entre sus ocasionales clientes de que era gay, que no podía mantener una erección y que no servía para nada. Pero yo respondí mostrándole fotos y videos de nuestros encuentros anteriores, diciéndole que a su marido le llegarían, le advertí que no se volviera a meter conmigo y que esa sería la última vez que la vería, que le daba una semana para irse del trabajo, ¡que de puta le iría mejor! Si de algo me sirvió esa experiencia fue saber que mi intuición no me había fallado. Esa actitud inicial era la de una prostituta que lejos de pararse en una esquina o poner su anuncio en el periódico, apelaba a sus vecinos o compañeros para convertirlos en su clientela, la que iba creciendo día a día sin salir, literalmente, ¡de casa! lf065347@gmail.com

Autor: Esposos(LyL) Categoría: Sexo con Maduras

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NARCOSXXX

En el baño del trabajo

2019-12-16


Unos días después del encuentro sexual con Aidé, las cosas seguían calientes, ella seguía seduciéndome tanto por mensaje como en persona. Cada que miraba a verla ella se mordía los labios o cruzaba las piernas para que s ele viera todo, uf, estaba idiotizado pro esa mujer, que a pesar de su edad seguía inspirando a muchos. Ese viernes caluroso, ella traía una minifalda negra entallada, su blusa blanca marcando sus tetas y sus sandalias enseñando sus hermosos y cuidados pies, no podía dejar de observarla, la verdad la tenía parada y más con el chat que estábamos teniendo. A: ¡Me gustaría estar arriba tuyo otra vez! L: Neta, ¡hoy te ves más rica de lo normal! A: ¡Gracias, si ya vi que no dejas de verme! L: No me culpes, ¡es inevitable! A: ¡Ya apúrate a trabajar porque luego te quedas jajá! L: Con una distracción como tú, ¡esta cañón! Aidé seguía provocándome, subía más su falda, me mandaba fotos de ella en lencería, con poses sugestivas y gestos de lujuria, yo ya no aguantaba la excitación, entre el calor y la madura, no resistía más! Aun así, llegue casi al final del día, cuando todos se alistaban para irse Aidé se maquillaba frente a mí, yo miraba y disfrutaba el show, ¡dios mío!, ya no resistía mas así que se me ocurrió algo peligroso en ese momento. Espere a que algunos compañeros salieran y empecé a cazar a Aidé, en eso cuando vi que se dirigía al baño de mujeres que estaba en medio de las oficinas me pare y escondí entre unas oficinas para que nadie me viera y justo cuando iba a entrar al baño ¡la tome de la mano y la lleve hacia el baño “genérico” que es para hombres y mujeres! A: ¿Que te pasa? L: ¡Mamacita es que ya no aguanto! A: Espera, ¿aquí? L: ¡No me importa, solo quiero entrar en ti! A: ¡Luis, pero es peligroso! L: Me vale, ven, ¡sé que también quieres! Comenzamos a besarnos apasionadamente, la adrenalina invadía nuestros cuerpos, Aidé gemía y cerraba sus ojos, yo apretaba sus nalgas y sus muslos, ¡ella me besaba el cuello y poco a poco accedía a mis deseos! Me baje el cierre y saque mi verga que ya estaba dura, Aidé inmediatamente se agacho para comenzar a mamármelo, ¡uf que rico! la madura devoraba mi pene de manera excepcional, ¡yo miraba hacia la ventana esperando que nadie nos viera y trataba de no gemir mucho! A: ¡Deliciosa verga! L: ¡Síguele mamacita! Aidé me dio una muy rica mamada, pero como teníamos el tiempo contado, ya que su maridó venia por ella, la puse pie, levante su falda y le baje la tanga, la cargue ahoyándola en la pared del baño y la penetre rápido, tratábamos de hacer el menor ruido posible, pero era difícil, esa pose hacia que me apretara as rico mi verga, sin contar que me comía las tetas de Aidé que son grandes y duras y que ella me besaba y mordía el cuello, ese rapidin ya estaba tomando forma de un buen sexo! A: Ah, ¡nene que rico! L: ¡Aprietas magnifico, uhm! A: ¡Más, dame más duro! L: Tómala, ¡es tu castigo por seducirme! A: ¡Castígame mi amor, castígame! Baje la tapa del inodoro solo para que subiera su pierna, en esa pose me deleite magnifico de su vagina, nos besábamos y ambos mirábamos a fuera, ella noto que su marido estaba esperándola, esto la excito más, me pedía más verga, que me apurar antes de que le marcara, ¡yo solo me ponía más duro y la escena de nosotros en el baño y su marido en su carro aun me pone a mil! ¡Me tire al piso y ella arrodillada subió a cabalgar, le mordía las tetas mientras ella lastimando un poco sus rodillas, se movía riquísimo, se dejaba caer mientras le apretaba las tetas, sus fluidos empezaron a salir, nos tocaban la puerta del baño, todo era una locura! L: Muévete nena, uf, ¡que rico! A: ¡Mi marido me espera, dios mío! L: ¡Que siga ahí, vamos muévete! A: ¡Agh, bebe eres un dios sexual! L: ¡Todo el día me tuviste excitado, no me puedes dejar así! A: ¡Mi amor cógeme, cógeme!!! ¡Nos pusimos de pie y la recline apoyándola en la caja del inodoro, y de la pared, ella abrió sus piernas y se empino un poco! A: ¡Métela amor! L: ¡Eres fantástica, tómala! A: ¡Agh, si, agh! L: ¡Nos van a escuchar! A: ¡Perdón, pero es que está muy dura! L: ¡Mmm, mi amor!!! La penetraba fuerte, le daba de nalgadas me acercaba a su cuello para mordérselo, le decía que mirara hacia su marido, ella escurría al hacer eso, yo la embestía cada vez más fuerte, el sonido de nuestros cuerpos chocando ya era fuerte, tuve que bajar la intensidad para no hacer ruido, la verdad no sabía cuánto había pasado. Aidé empezó a moverse muy rico, le jugaba el clítoris con mis manos, ella candente gemía y me pedía más verga, se retorcía como loca, yo le tapaba la boca para que no gritara hasta que no resistimos mas y terminas corriéndonos juntos! L: ¡Agh, Aidé!!! A: ¡Agh, mmm, si, así! L: ¡Que rico, uf! A: ¡Leche, dámela, dámela!!! La llene de semen, inmediatamente sonó su celular y en lo que me limpiaba la verga ella contestaba a su marido, espere a que colgara para darle un beso pasional, ella sonriente y satisfecha me llamo loco, salí primero yo y despejada el área le dije que podía salir, ella salió corriendo directo por su bolsa, aun olía a mi así que se bañó en perfume. Satisfecho regrese a trabajar, deseando que el fin de semana llegara, ¡para llevármela a coger! lf065347@gmail.com

Autor: Esposos(LyL) Categoría: Sexo con Maduras

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NARCOSXXX

Aurora, su hijo y yo

2019-12-10


Aurora una señora recatada de 42 años, ella es arquitecta y esposa de Alberto un médico. Ambos viven en una zona residencial de casas que sin ser lujosas eran de buen ver para gente de clase media alta. Ella es mamá de dos hijos: Daniel de 20 que va al instituto y Matías de 12 en edad escolar. Si bien la edad se ha llevado su delgadez juvenil, a su edad tiene una figura bien conservada, poseedora de unas anchas caderas que le dan unas curvas perfectas para sus nalgas macizas y carnosos muslos que están para comérselos. Su simpático rostro de porte aristócrata le da un matiz de mujer seria y decente. Todo empezó una nublada mañana de invierno, era un martes cuando su hijo olvidó pagar la cuenta de internet. Aurora necesitaba verificar un pago de su cliente para ir de compras, y al no poder regañó a su hijo y éste para reducir la molestia de su mamá decide llevarla a un cibercafé. Mientras buscaban, cruzaron la zona residencial donde ellos vivían y entraron a un suburbio que estaba al frente donde vivían. A Aurora le parecía extraño el lugar pues nunca había estado allí puesto que siempre veía desde fuera esas casas pobres desde su auto mientras conducía al centro de la ciudad. Ambos caminaban en eso Daniel le señala una casucha que decía Cibercafé, en ese entonces yo me encargaba de ese negocio de mi padre y me encantaba atender sobre todo a mujeres como Aurora. ¡El cibercafé estaba medio vacío, era un lugar que más servía para videojuegos, allí había 5 chicos que estaban jugando y cuando vieron a Aurora se quedaron petrificados, nunca habían visto una señora alta y de buen porte entrar a un lugar como ese! Ella al ver los rostros de deseo ignoró a los chicos, ¡mientras caminaba los chicos la devoraban con la mirada! L: Buen día mi reina, ¿qué se le ofrece por aquí? A: ¡Eh queremos una cabina para mi hijo y yo! L: ¡Con gusto pase mi reina pase por aquí! A: ¡Gracias! A Daniel no le gustaba como miraban a su madre y en especial yo que desde un inicio intente chulearla. Estuvieron un rato en el lugar y después cuando se iban, Daniel volteó disimuladamente y me vio mirando con malicia las nalgas de su mamá. A Daniel le provocó ira, pero por alguna extraña razón sintió una deliciosa comezón en el estómago y dejó que su mamá volviera un par de veces más a ese lugar. Un día por casualidad tomó el celular que su madre que había olvidado en su sofá y mientras lo revisaba encontró un chat donde estaba yo chuleándola, pero en el último mensaje le dio una sorpresa: A: "Mira Mofo, eres un chico muy majo, ¿pero creo que debes buscar chicas de tu edad y no insistir en salir conmigo vale!" L: "Pero señora no es nada malo decir que usted es muy hermosa verdad?" A: "Para nada, mejor dejemos esto aquí ¿sí?" L: "Bueno señora, no perdería nada con invitarme a tomar un café" A: "Jijiji que gracioso eres muchachito... vale puede ser... te aviso chao" Daniel estaba muy molesto, puesto que era muy celoso con su mamá, pero a la vez sentía la comezón de aquella vez, y decidió un plan. Simuló que su pc se había malogrado le dijo a su madre que lo llevaría al ciber para que lo arreglara, acepte de buen gusto el trabajo para así frecuentar más seguido la casa de Aurora. Así un día mientras caminaba hacia el paradero para ir a su instituto se cruzó en el camino conmigo, por alguna razón decidió no ir y de regreso fue al ciber, al entrar vio un par de mocosos jugando, al notar que no estaba les preguntó y ellos le dijeron que les había encargado un rato que iba demorar. El decidió esperar y se sentó en la PC donde siempre se sentaba, al estar sentado se sorprendió que dejara mi PC abierta y vio una miniatura de video, lo que llamo su atención, fue en esa miniatura que tenía como fondo la sala de su casa, ¡la maximizó y vio en el video a su mamá en lencería y a un costado mi rostro que la espiaba desde su cuarto con una webcam! Mientras tanto en la casa, ¡me puse de pie para ir caminando hacia ella con mi verga al aire y acercándome por detrás me arrodille y le plante sonoros besos en sus nalgas duras y grandes! Mientras Aurora agachada terminaba de ajustar los portaligas en sus pantimedias, le hundí la cara en medio de sus carnosas nalgas, luego me pare y le arrime la verga entre sus cachetes provocando un sobresalto en ella mientras le decía cosas asquerosas al oído, les besaba el cuello y la nuca a mordiscos. L: ¡Esta buenísima señora! A: ¡Agh, eres un guarro! L: Que nalgotas y que piernas, ¡a todos le paras la verga! A: Basta, ¡acabemos con esto de una vez! ¡Después de un rato de arrimones con su verga en las nalgonas la mamá se dio vuelta y se incoó para llevar a la boca mis juveniles 21 cm! La chupaba magnifico, era una maestra en el arte oral, yo gemía del placer que las chupadas me generaban, ¡sabía que alguien nos miraría en la ventanilla de mi PC lo que no sabía es que era Daniel! La acosté sobre el sofá y levantando sus piernas la penetré lentamente, ¡mientras le mordía las tetas y el cuello! A: ¡Agh, apúrate, nos pueden descubrir! L: No me importa, ¡siempre quise cogerme a una de esta colonia! A: ¡Basta, no seas guarro! L: Disfruta mi verga señora, ¡imagina que rico seria que me encontraran ensartándote! Mientras me la cogía rico, del otro lado del monitor Daniel sudando y acariciando su verga, miraba lo puta que era su mama, ¡esa señora a la cual siempre escucho blasfemar de las mujeres de mi colonia, ahora estaba cabalgándome riquísimo! Sabía que era Daniel quien nos miraba por mi PC, mientras su mamá empinada movía rico su cuerpo, él se masturbaba degeneradamente a escondidas en mi local y no lo culpo su mama era una señora madura y riquísima además era una bomba sexual, ¡los pensamientos de incesto que tenía Daniel, estaban justificados y yo le ayudaba mostrando lo rico que era tener a su mama encima! L: ¡Muévete perra, que rico coges! A: ¡Ah, que rico, más dame más! L: ¡Seguro que tu marido no te coge rico! A: ¡Métemela, métemela! La penetré lentamente por el culo mi verga era grande para su apretado ojete, ¡comencé a embestirla suave para luego comenzar con el mete saca cada vez más rápido dándole brutales embestidas que hacen temblar los cachetes de sus nalgas! L: ¿Le gusta cómo le rompo el culo señora? A ¡aaagggyyy! ¡No tan duro por favor, despacio!!! L: ¿Te gusta zorra? ¿Te gusta cómo te rompo el culo? A: ¡Me encanta!! ¡¿Te morías por esto no pendejo?!!? L: ¡Desde que te vi chiquita! ¡Se escuchaba el ¡pop! de las estocadas que le daba contra el hermoso culo de la mama de Daniel, quien seguía mirando y ya se había corrido, ¡el muy degenerado disfrutaba por webcam como su mamá era mi puta! A: ¡Más papi, dame más! L: ¡Que culazo, esta no será la única vez perra, te cogeré cada que quiera, a partir de hoy eres mi perra! La señora apretaba riquísimo, su culo me daba un gran placer, ella comenzó avenirse riquísimo, sus líquidos salpicaban todo, yo los tomaba con mis dedos y hacia que me los chupara, ¡esa acción hizo que por la webcam Daniel se corriera nuevamente! ¡De pronto tomo fuerte el culazo de Aurora y en un movimiento frenético empecé a dar las últimas estocadas mientras bramaba y estrujaba las nalgas de la hermosa Aurora! L: ¡Toma leche señora puta!! ¡Siente como te lleno el culo de leche!! A: ¡Agg, si!!! L. Que rico, dios mío! A: ¡Ay papi, que rico me cogiste! Luego de reposar el rico orgasmo, tomé mi ropa y empecé a vestirme, Aurora no hablaba ni decía nada, solo respiraba agitada y tenía los ojos cerrados. Me acerque a la webcam y la apague para luego salir de la casa, en el camino me cruce con Daniel quien no me miro, pero lo notaba tenso y nervioso, la verdad me dio igual al llegar vi mi PC con la webcam maximizada y un chico me comento que Daniel estaba ahí mirando sospechoso, yo solo sonreí, ¡al final él fue quien miro como su mamá era mi puta, lo cual me causo más satisfacción! Aurora y yo cogimos unas veces más, siempre en su casa y siempre con la cámara encendida, de alguna forma lograba que Daniel mirara como me cogía a su mama, ¡mientras e satisfacía sus deseos incestuosos! Este relato va dedicado para mi amigo MAX LASSE, quien me dio unas ideas para el relato le mando un fuerte abrazo y Lety un beso. lf065347@gmail.com

Autor: Esposos(LyL) Categoría: Sexo con Maduras

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NARCOSXXX

Teresa la madura

2019-12-08


María Teresa, una señora que conocí apenas el año pasado, lo que tenía ella era un tremendo trasero y unas piernas que dios, ya a sus 46 años con dos hijos en la universidad, parecía estar en las ultimas, pero en realidad era una chispa andante. Desde el primer día que la vi la verdad me dieron ganas de cogérmela, pero bueno era solo ganas, poco a poco me fui volviendo su amigo, hasta que ambos salíamos a comer y hablábamos de problemas del uno y del otro. Una ocasión me dijo que, si la acompañaba a una fiesta, ya que su pareja no iba poder, la verdad como Lety ya tenía planes acepte la invitación. Al llegar por ella casi me infarto al verla con un minivestido negro entallado, con unas medias color negro que resaltaban su tremendo par de piernas, un escote que pronunciaba sus senos, jamás pensé que ella estuviera tan rica, Tere noto mis miradas y solo sonrió diciéndome si jamás había visto a una mujer de verdad, ¡sabía que la deseaba por eso era altanera conmigo! T: ¿Qué te pasa, nunca habías visto a una mujer con mini vestido? L: ¡Como tú, no! T: ¡Jajá, ya mejor vámonos rey! L: ¡Como digas nena! Llegaos a la fiesta, era una reunión de ex compañeros, la pasábamos muy bien, el baile, la plática, los coqueteos, todos los invitados que la conocían le decían que hacíamos bonita pareja, los dos solo sonreíamos y nos abrazábamos como muestra de que estábamos de acuerdo. Ya entrada la noche y con un poco de alcohol, ella se volvió más cariñosa, me abrazaba y me besaba la mejilla y el cuello, al principio me sentí extraño, pensé que me verían mal, pero Teresa logro que poco a poco me fuera soltando y cayendo en su seducción. Empecé a besarla metiendo mi lengua en su boca, mis manos acariciaban su espalda bajando lentamente a su enorme trasero el cual apretaba fuerte para sentir la dureza del mismo, ¡luego bajé para sentir ese tremendo par de piernas que tanto me habían enloquecido! L: ¡Estas buenísima, te tengo muchas ganas! T: Y yo a ti, ¡no sabes cómo me gustas! L: ¡Vámonos a un hotel! T: ¡No, ya no aguanto, mejor busquemos un lugar por aquí! La hembra salió muy caliente, sus ganas de sentirme y tenerme dentro de ella eran notorias, caminamos a adentro de la casa y encontramos un cuarto abierto, al parecer era de la muchacha de servicio, nos metimos y empezamos con el juego de seducción, besos y caricias mientras nuestras ropas caían al piso. Tere se quedó solo con sus medias y sus ligeros, yo ya totalmente desnudo le pedí empezáramos con un 69, ella subió a mi cara para dejarme su vagina con pelitos en mi cara, la verdad había pasado tiempo de que no veía una vagina con pelos, eso me excito mucho, estaba rasurada tipo corte militar, le empecé a lamer su concha con suavidad, mientras tanto ella con su mano acariciaba y llevaba mi verga a su boca! T: ¡Luis, que rica verga! L: ¡Mamacita tu estas buenísima! T: ¡Que rico sabor, la devorare toda! L: Hazlo, ¡es para ti corazón! ¡Me daba un delicioso oral, cada que la metía y sacaba de su boca me mostraba lo experta que era mamando, la mordía riquísimo, su lengua hacia movimientos en círculos sobre mi cabecita, luego la succionaba casi por completo! Mi lengua entraba y salía en forma de rollo de su húmeda concha, luego con mis dedos empecé a penetrarla, mi lengua estaba toda escalda ya que su vagina era muy húmeda y pegajosa, ¡pero su sabor era magnifico! T: ¡Agh, Luis, así, que rico me la mamas! L: ¡Nena tú no te quedas atrás, uf! T: ¿Mmm, ya me la vas a meter? L: ¿Ya la quieres nena? T: ¡Si amor, ya, cógeme, cógeme rico! L: ¡Como gustes nena! Ella se acostó y puso sus piernas en mis hombros, apreté sus muslos y empecé a penetrarla suave, mi verga resbalaba riquísimo, empecé a moverme rápido mientras lamia sus piernas por encima de las medias, el ver sus torneadas piernas cubiertas por sus medias, me excitaba más, y más rápido me movía, le abría las piernas como compas, se las levantaba y las doblaba hasta su frente para penetrarla más rico, me movía como gusano, mi verga era apretada majestuosamente, a pesar de sus 46 años, se sentía como una de 20! T: Ah, Luis, que rico, ¡que dura! L: ¡Tere, eres maravillosa, que piernas! T: Métemela papi, ¡métemela! L: ¡Toma bebe, toma! La puse en cuatro, el ver ese enorme trasero me la puso más dura y como loco empecé a penetrarla, la penetraba fuerte y suave al mismo tiempo, sus gemidos me excitaban más, sus movimientos acompañaban muy rico a los míos, ¡nuestros fluidos se mezclaban ando un aroma excitante! La fuerza de mis embestidas la tiraron en la cama boca abajo el ver su enorme trasero en esa forma me excito más, le daba con todo, le jalaba los cabellos y le daba de fuertes nalgadas y mordidas en el cuello! T: ¡Ah, así papi, métela, que rico! L: ¡Que nalgas!, estas nalgas me matan! T: ¿Te gusta cariño? L: ¡Me enloqueces nena! T: Métela rey, ¡métela! L: ¡Agh, que rico aprietas! La trabaje tan bien que empezó a venirse a chorros, se retorcía como lombriz, sus fluidos mojaban toda la sabana, nos importaba poco que fuera casa ajena, ¡estábamos cogiendo riquísimo! Yo también quería venirme así que me acosté y ella subió para cabalgarme, se movía riquísimo, se levantaba y se dejaba caer, movía su cadera de forma exquisita, ¡trituraba mi verga como nunca antes lo habían hecho! L: ¡Tere dios, esta rico, que rico! T: ¡Goza papi, toma, goza! L: Muévete nena, que rico, que nalgas, que cuerpo, ¡te tenía ganas desde el día uno! T: ¡Agh y yo a ti papacito! ¡Dámela muévete tú también no pares! L: ¡Me vas hacer venir nena, te voy a llenar de mecos! T: Dámelos, los quiero todos, ¡lléname de tu semen! Tere se movía riquísimo, lo hacía tan bien que logro hacerme venir, descargue una buena cantidad de leche dentro de ella, la adrenalina me hacía morderle las tetas y las partes de su cuerpo que estaban a mi alcance, sus gemidos eran fuertes, yo también gemía fuerte, que rico orgasmo nos dábamos mutuamente! L: ¡Tere que rico, mójame, trágate mi semen! T: ¡Agh, si, uf, papacito que rico! ¡Después de que la llene de leche, ella bajo a limpiarme con su boca, como estaba muy sensible me hacía gritar como loco, me la mamo hasta dejarme seco y limpio! Nos vestimos y salimos a la fiesta, la verdad la noche no termino ahí, salimos rumbo a un hotel a seguir cogiendo hasta el amanecer, ¡Teresa se volvía en ese momento una nueva amante madura y les seguiré contando las experiencias con ella! lf065347@gmail.com

Autor: Esposos(LyL) Categoría: Sexo con Maduras

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Maduro follando zorra mayor

2019-12-06


Siendo muy joven e incluso bastante tímido, me han gustado las mujeres bastante mayores. Vecinas del barrio, madres de amigos, conocidas de la familia, mi tía, etc. Aun siendo muy tímido para hablar con ellas, no me cortaba al mirarlas, buscando siempre que se dieran cuenta de que el jovenzuelo del barrio, hijo de una mujer muy querida con un negocio pequeño por el que todas pasaban, se ponía cachondo con cada una de ellas. Lógicamente les gustaba a algunas y a otras no tanto pero a mí me daba igual. En eso no me cortaba y alguna de ellas tampoco pues se giraban y me sonreían a lo que yo reaccionaba más cachondo si cabe. Siempre he sido muy loco en ese sentido. Me ponían y no lo podía ni quería disimularlo, me gustaba pajearme con ellas y a la mínima oportunidad atacar a la que se pusiese a tiro. Ya siendo un veinteañero golfo al que le gustaba la noche y el alcohol y demás me desinhibía bastante empecé la caza. Me despedía de mis amigos diciendo que me iba para casa a eso de las 12 de la noche y me iba solo a un ambiente de gente más mayor dispuesto a follar con mujeres maduras y el primer día ya acabé en casa de una mujer desconocida que se aprovechó de mi juventud e inexperiencia pero de una incansable polla. Gozando aprendiendo a la vez todos los fines de semana follaba con alguna zorra cincuentona desconocida con lo que aprendía a tratarlas y follarlas y a la vez mi timidez desaparecía. Entre ellas corrieron la voz de veinteañero incansable y yo encantado. Algún marido cornudo vino a por mí pero me daba igual me sabía defender. Ahora, bien enseñado por buenas zorras maduras, podía empezar a atacar a alguna de las mías, con las que tantas pajas me había hecho siempre. Sólo necesito decidir a cual, cómo y cuándo. Entonces al salir de ese garito oí una risa y una voz conocidas. Siiii!! Biieenn... ahí estaban Mari Carmen, con dos amigas suyas que yo no conocía o sí… buuff!! Me las he follado a las dos. Siempre andan por aquí. Quería esconderme cuando una voz sensual dijo mi nombre en alto. Dándome la vuelta y haciéndome el sorprendido exclamé: -Mari Carmen!! Hola bellezón le dije mientras mis manos la rodearon atrayendo su cuerpazo hacía mí polla ya dura. No me pude resistir y ella no se echó para atrás, es más se frotó contra ella diciéndome: - Que bien estás nene!! - No tan bien como tu Mari Carmen!! - Os conocéis? Jijii Preguntaron sus amigas pensando que me la había follado como a ellas. - No tan bien como querría, les dije. - No sabes lo que te pierdes Mari Carmen le dijeron sonriendo las dos. - Es muy cortado por eso no nos conocemos bien. Verdad mi niño, dijo mientras su mano acariciaba mi bulto al separarme de ella... - Buufff!! Mari Carmen bellezon! Dónde vamos? Quiero hacerte mía. - Entonces apareció su marido voceando medio borracho - Donde está la puta de mi mujer? - Mari Carmen lo miró con desprecio y me dijo: - Espera un minuto Sergio por favor, que nos vamos de aquí juntos. - Si claro como no bellezon Fue donde el baboso chulo de su marido que estaba agarrado a una puta y le dijo: - Serás hijoputa cerdo!! Me voy a casa de mis amigas hasta el lunes. Ya hablaremos entonces baboso de mierda!! Se acercó a hablar con sus amigas para decirles que le cubrieran que se venía conmigo. Si Mari si. Disfrútalo a tope!! Se montó en el taxi donde yo esperaba ansioso y entró atrás conmigo. El taxista arrancó a donde yo ya le había indicado. Una suite en un hotel rural con su Jacuzzi en la habitación, botellas de cava y demás. La ocasión lo merecía. Fuimos todo el camino cómo dos adolescentes en celo, y ella me dijo: -Uuff!! Hace mucho ya que nooo. No sé yoo. Le tapé la boca con un dedo y le dije: -Eso ya lo veremos bellezon, luego me dices… Después de que te corras varias veces en mi boca, me lo dices.. -Que?? Correrme? Nunca me he corrido, eso es cosa de hombres solamente… -Jajaja!! Que me dices? Déjame hacer primero y luego me dices a ver qué tal… jajaja! Ya en la habitación brindamos y ella fue al baño a asearse y le dije. Limpia bien los dos agujeros corazón. -Que? Pero? A mi nunca... y menos el de atrás... -Limpia mi niña limpia… jaja! Luego fui yo le hice lo propio. Al salir del baño me llevé un sorpresón. Allí estaba ella, en lencería íntima muy sexy, no me lo esperaba pero si, venía preparada para seducir. Tumbada en la cama me hacía el gesto de ven con la mano. Me iba acercando mientras observaba ese cuerpazo. Morena, entradita en carnes, tetazaa, piernas preciosas acompañadas de unos pies muy bonitos y lo demás por descubrir, debajo de una braga casi tanga roja de encajes blancos y un sujetador también precioso que, a decir verdad, estaba deseando quitárselo. No hizo falta porque ella misma se lo quitó dejando esas tetazas libres las cuales agarré y acaricié mientras entrelazábamos nuestras lenguas calientes. Después de besar cada centímetro de ese cuerpazo me dirigí a su entrepierna todavía cubierta por la braga que enseguida deslice para abajo dejándome ver un coñito que no esperaba tan recortadito, justo con un triángulo de pelo cortito encima del clítoris. Perfecto, preparado para la ocasión pensé sorprendido. -Quee?? Sorprendido? -Sii! Gratamente pero… -Jijiji!! Hoy he salido a por ti, hoy no te escapabas Sergio. -Y tú lo has rematado trayéndome a este sitio maravilloso pero que sepas que hoy tú no te me escapabas nene. En el taxi, coche, en la calle o en mi casa pero mis amigas ya me habían dicho que eras “El incansable” jijiji! A ver si es verdad. -Contigo no es lo mismo, quería aprender con todas esas y me han enseñado muy bien. Verás Mari Carmen!! Le puse dos almohadas debajo de la nuca y abrí sus piernas recogidas entonces le pregunté si estaba cómoda y con cara de nervios y ganas de empezar asintió con su cabeza y dijo: -Siiii!!! Hazme tuya ya, haz lo que quieras conmigo corazón…!! Metí mi cabeza entre esas preciosas piernas llevando mi boca a ese coñito cerradito y aún seco, lo rodeé con mi lengua varias veces mientras ella esperaba que en cualquier momento mi lengua lo lamiera, cosa que hice después de jugar un rato. Le pasé la punta de la lengua de arriba abajo mientras acariciaba su clítoris aún escondido, metí mis manos debajo de sus nalgas y levantando un poco ese cuerpo le empecé a lamer ese negro agujerito del culo cosa que no esperaba y le sorprendió un poco diciéndome. -Qué haces? No hace falta quee… Uummm!! Gimió cuando un dedo mío entró en ese agujerito mientras mi boca lo chupaba ansiosa. Después seguí con unos buenos lametazos desde el culito hasta el clítoris que empezaba a asomar a la vez que unos labios que empezaban a asomar por esa rajita virgen de boca Sus gemidos me decían que iba por el buen camino y sus jugos ya impregnaban mi cara. Me dediqué solo a ese ya jugoso coño lamiéndolo con fuerza y sabiduría hasta qué oí a Mari Carmen gemir como loca y con voz entrecortada me decía: -Quita!! Que no sé qué me vienee!! Quita que te meoo!! Sabiendo mejor que ella que era su primera corrida de verdad, la agarré de la cintura con fuerza y apreté mi boca contra ese coñazo que se iba a correr por primera vez y yo iba a ser el afortunado de tragarse esa primera corrida a sus 67 años me mojó toda la cara mientras gritaba de placer y me llamaba cabronazo. Me la tragué y seguí chupando y metiéndole el dedo gordito en el coño y el índice en el culo buscando otra corrida que no se hizo esperar seguida de una tercera al parecer doble. Levanté mi cara empapada y le miré a la cara que todavía era la viva imagen del placee mientras suspiraba profundo. -Queee?? Te ha gustado no? Con su pelo sudado me sonreía y me decía lo bueno que soy, nunca lo había sentido así. -Nunca nadie se ha preocupado de que tú disfrutarás y esto es cosa de disfrutar ambos. Se fue relajando y me dijo. -Déjame qué coja aire y te pongo esa polla dura de una mamada corazón. -El que? Que tienes que poner qué? Le pregunté -Ahora me toca a mí. -Luego, más tarde Mari. -Por? -Porque ahora te voy a follar La puse boca abajo abriéndole un poco las piernas y empecé a pasar mi rabo durísimo por su culo y coño y me decía. -Por atrás noo!! -Tranquila que no mujer. De momento no, ese agujerito hay que trabajarlo bien antes de desvirgarlo. La subí un poco la cintura poniendo ese culete en semi pompa y se la metí de golpe, dura como el hierro empezando una follada de menos a más, así estuvimos unos minutos y ella cogió las riendas y me puso boca arriba para empezar a cabalgarme la polla como una zorra en celo. Buufff!!! Me encantó su iniciativa y más verla botar encima de mí con esas tetazas agarradas con mis manos. Así siguió hasta que nos corrimos los dos a la vez Mezclamos nuestros jugos. Uummmm!! Perfecto para empezar dije. -Jiji!! Empezar? -Sii. Empezar bonita, No nos queda nada hasta el lunes jajaja!! Ese fin de semana lo hicimos de todas las maneras y posturas que se nos ocurrieron. Como me alegra que gracias a mí sepa lo que es sexo del bueno gracias a un chavalín entregado.

Autor: Lukas4.0 Categoría: Sexo con Maduras

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NARCOSXXX

Con la madre de mi amigo

2019-12-02


La inocente visita a casa de su amigo acabó en una completa encerrona por parte de la mujer. Nunca podrá agradecerle suficiente lo mucho que le hizo disfrutar y gozar. Tremendo polvazo el que echaron y que han vuelto a repetir… Sucedió hace unos días. Apenas una semana, no más. Aquella tarde oscura y ventosa de principios de noviembre, me dirigí a casa de mi amigo Simón con el que había quedado para mirar unos apuntes del instituto que se nos atragantaban a ambos. Dos días antes había entrado una de esas famosas y molestas gotas frías que todo o casi todo se llevan por delante; gota fría recorriendo el país de oeste a este y que ya teníamos encima. Lluvia copiosa, cielos nubosos y oscuros, viento de fuertes rachas que obligaba a tomar buen abrigo. Pese al terrible tiempo que nos visitaba, poco más tarde de la comida salí de casa camino de la de mi amigo. Un amplio jersey, el paraguas y un grueso chubasquero pues hacía frío y llovía con fuerza como decía. Simón tenía clases de algunas de las optativas y llegaría sobre las cinco o las seis. Así y libre como en cambio yo me encontraba por la mañana, había quedado con él para la tarde. Ya en el portal y tras traspasar el umbral del mismo, saludé al conserje del edificio. Ascensor arriba después de marcar el botón del noveno y, pronto y con rapidez, el elevador me hizo alcanzar el piso deseado. Con el chubasquero medio abierto tras bajar la cremallera del mismo, frente a la puerta marqué el timbre esperando que me abrieran. A los pocos segundos escuché pasos acercarse. La puerta se abrió apareciendo ante mí la señora Flor, la madre de Simón. - ¡Hola Nico, ¿qué haces aquí? –apoyada en el quicio oscuro de la puerta la mujer me recibió con su sonrisa abierta. - Quedé ayer con Simón para mirar unos temas del instituto. - Oh muy bien. De todos modos llamó hará unos diez minutos diciendo que tardará y que le esperes. ¿No te dijo nada? - Vaya no, no me envió ningún mensaje al móvil. - Se le habrá pasado o andará muy ocupado, no pasa nada –la señora Flor allí plantada frente a mí con su misma sonrisa abierta y acogedora de siempre. Aquella misma sonrisa que yo bien conocía, de dientes blancos que relucientes aparecían bajo el labio inferior. Aquella melena larga, castaña clara y rizada con mechas que le otorgaba a su rostro un aspecto juvenil con aquellos ojos también castaños y algo achinados. - ¿Qué tal te encuentras? Hace días que no te pasas por aquí. –parada en la puerta me preguntó sin perder la amplia sonrisa. - Bien gracias, estos últimos días andamos muy ocupados con los estudios y las clases. - Eso está muy bien, que seáis aplicados y estudiosos. - Oh, pero qué tonta estoy. Perdona por tenerte en la puerta parado. Pasa y charlaremos dentro mejor. - No se preocupe señora Flor, yo vengo más tarde cuando esté Simón. - No no, nada de eso. Pasa adentro, no tardará en llegar y tomamos algo mientras. Así pues con el paraguas en la mano y la mochila a la espalda, traspasé el umbral camino del interior de la casa. Aquel inmueble que tantas y tantas veces había visitado antes. Cerrando ella la puerta y escuchando como tras de mí, la mujer echaba el pestillo a la puerta. Rauda y llena de amabilidad. de mis manos tomó el paraguas dejándolo caer en el paragüero cercano. A la izquierda y llenando la pared, podía verse la amplia y clásica cristalera ante la cual destacaba la igualmente clásica figura de aquella diosa griega o romana, que no sabía bien distinguir a quien correspondía. Echando los pasos a la derecha, la seguí pasillo adelante hasta acabar en el enorme salón de paredes de un amarillo apagado, que mezclaban perfectas con la inmensa librería cubierta de libros por todos los rincones de la misma. Al otro lado, un gran espejo de marco dorado con un par de cuadros a los lados y de tamaño medio, representando escenas de la campiña inglesa. - Siéntate y ponte cómodo, voy a la cocina a por algo de tomar. ¿Qué te apetece, agua, un refresco, una coca, una cerveza fresquita? - Una cerveza estará bien –respondí a la invitación mientras tomaba asiento frente al televisor en el que daban una de aquellas horribles series de después de comer. - Una cerveza pues, cogeré otra para mí. Ponte cómodo, ya sabes que estás en tu casa –exclamó con alegría antes de abandonar el salón, escapando al otro lado de la casa por el pasillo. Deshaciéndome del chubasquero y sentado como me encontraba una vez posada la mochila en el suelo, escuché a doña Flor canturrear a lo lejos. Las escenas del televisor mostraban imágenes de aquella serie costumbrista que nunca veía. Pronto me atreví a tomar el mando que en la mesa cercana reposaba. Empecé a zapear pasando de un canal al otro, un documental sobre la vida salvaje, aburridos programas de reformas, alguna que otra serie tan mala o peor aún que la primera. No tardé en dejar el mando, pasando al primer canal y quedando algo estirado y tirado atrás en el sofá de tres plazas. El suave canturreo de doña Flor escuché acercarse por el pasillo. - Ten Nico, la cervecita fresca que me pediste –entregándomela en la mano que noté rozar levemente con sus dedos. - Gracias señora Flor –acepté devolviéndole la sonrisa al verla sentarse a mi lado. Unos aperitivos había sacado con los que acompañar la bebida, aunque en realidad para nada me apetecían. - Y dime Nico, ¿así que vais muy liados con los estudios? –preguntó antes de darle un primer y largo sorbo a la botella de cerveza. - Pues sí, ciertos temas que tenemos que preparar y que se nos atragantan a los dos. - Bueno, en parte es normal. No todo va a ser fácil, siempre hay cosas más áridas a las que enfrentarse. - Es cierto, aparte que la profesora es un hueso duro de roer. - Jajaja, los estudiantes siempre quejándoos de los profesores –rio divertida tras mi confesión, para enseguida dejar caer mínimamente la mano en mi muslo por encima de la rodilla. Unos tímidos toques fueron aquellos, golpeándome con la palma y los dedos por encima y como por descuido un breve instante. Lo que tuvo la virtud de ponerme alerta. Debo reconocerlo, aquella mujer que no era otra que la madre del que seguramente era mi mejor amigo, me ponía y me ponía mucho desde hacía tiempo. Muchas pajas a su salud me había hecho desde largo tiempo atrás; la señora Flor era uno de los muchos intereses que dentro de mi loca cabeza el elemento femenino centraba. A mis diecisiete años muchas fantasías había imaginado a su lado, esas cosas suelen ser normales entre los chicos de mi edad. Todavía sin novias formales, tanto Simón como yo nos masturbábamos de manera habitual aunque evidentemente no se me pasaba por la cabeza el contarle lo mucho que con su madre soñaba. Año y medio atrás y durante las vacaciones en las que me invitaron al chalé que tienen en la playa, una de esas noches calurosas en las que tanto cuesta conciliar el sueño escuché a la mujer deseada y a su marido jugar entre ellos en el dormitorio. Tímidos cuchicheos, palabras en tono bajo pero que la pared no podía ocultar, me hicieron escuchar y sospechar la tormentosa escena que ambos formaban. Él animándola a seguir, al parecer se la estaba comiendo a base bien. Aquellos leves gemidos mezclados con las tenues palabras del hombre, me llevaron al momento a endurecer bajo el corto pantalón del pijama. En completo silencio, junto a la pared y creyendo que el corazón me iba a estallar, los sonidos continuaron como unos diez minutos largos y eternos y en los que el encuentro amoroso fue avanzando segundo a segundo. Comiéndosela ella sin duda, su marido la animaba a hacerlo con cálidas palabras que desde mi posición no conseguía apreciar. Pero sí podía apreciar el mover de la cama, según ellos seguramente se removían. Al poco percibí un corto y ahogado lamento por parte de ella. Sin duda, acababan de unirse en la feliz copula pues pronto empezaron a sentirse gemidos y lamentos que a duras penas la mujer podía evitar producir. Gimiendo ahora los dos, pude entender claramente como le pedía ella que la follara. El movimiento de la cama resultaba mucho más apreciable, el ir y venir parecía haber ganado en ritmo y velocidad. La señora Flor pedía y reclamaba de su marido mayor fuerza y ligereza, mucho más deprisa era claro que el orgasmo se avecinaba en ella. Se corrió entre débiles grititos aunque eso no pareció detener a su marido que seguía y seguía dándole de lo lindo. Un minuto más debieron estar así, martirizándola el hombre y gimoteando herida la hermosa mujer hasta que finalmente un breve hilillo satisfecho se escuchó en boca de ambos. Todo había acabado por aquella noche, yo allí quieto con la mano bajo el pantalón y con una erección de caballo que tuve que rebajar escondiéndome con rapidez en el lavabo. En el silencio que en la noche reinaba y antes de meterme al baño, la puerta del dormitorio se abrió dando paso a la madura mujer. ¿Habría reparado en mi presencia tal vez? Seguramente no pues nunca más se supo de aquello. Volviendo al relato principal y como comentaba, allí me encontraba en el salón de su casa, los dos solos y con aquellos suaves e insignificantes toques sobre el muslo y la rodilla que no sabía muy bien qué podían significar para la mujer. Siguiendo ella con la conversación y sin poder yo evitar el sentirme alerta, con toda aquella belleza tan cercana y a mi lado. A mis diecisiete años recién cumplidos hacía poco, aquella casi cuarentona tan bien formada era mucho más de lo que uno podía soñar. El amplio flequillo cubriéndole la frente junto a la larga melena castaña y rizada cayéndole sobre los hombros y a lo largo de la espalda, la calefacción templada le permitía vestir aquella tarde un diminuto top blanco de fina lana que le dejaba el vientre y los hombros al aire, dándole una apariencia lozana y jovial en consonancia con aquel rostro lleno de pecas que la hacía parecer mucho más joven de lo que realmente era. Y sin parar de sonreír y hablarme, los dientes blancos viéndosele relucir bajo el par de pómulos salientes que le marcaban el rostro ovalado. Unos tejanos negros y ceñidos además de unas New Balance blancas y algo desgastadas completaban el conjunto con el que ir cómoda por casa. Estaba para comérsela, allí mismo me hubiera lanzado sobre ella si no fuera porque se trataba de la madre de mi mejor amigo del que esperaba su llegada a no mucho tardar. Uno junto al otro, devoramos las cervezas a pequeños sorbos, ofreciéndome la mujer una segunda que rechacé con poca o ninguna convicción dejándome la señora Flor para ir nuevamente a la cocina. Al momento la tenía sentada una vez más, muy cerca el uno del otro. - Con la calefacción apetece una buena cerveza fresquita –declaró pegándole esta vez un largo sorbo a la botella. - Sí, estos días hace frío en la calle. Ya era hora que llegara –respondí sintiéndome caliente y ahogado por dentro. Aquellos labios húmedos que tantas veces había muerto por besar y saborear, juntándolos la mujer uno con otro para secar la humedad del frío líquido provocaban en mí el estar pasándolo cada vez peor. Aquellos ojos rasgados y medio entreabiertos me subyugaban el entendimiento, siguiendo sus palabras con tímidos murmullos de asentimiento. Mis ojos reflejados en el castaño de los suyos, nada decía tan solo enfrascado en mis turbios pensamientos y fuera más de una vez de todo aquello que me decía. Muy sexy y coqueta se me presentaba, removiéndose a mi lado en lentos movimientos. Las caras muy cerca la una de la otra, yo solo tragaba saliva, carraspeaba junto a ella. Era imposible que no se percatara de la horrible turbación que atenazaba cada uno de mis gestos. Su proximidad, allí sentada a mi lado me estaba haciéndolo pasar realmente mal. La mujer largo tiempo deseada y tan lejana para mí y en esos momentos la tenía sentada junto a mí y solos los dos en su casa. Susurrándome en voz baja y casi pegada, ni me enteraba lo que me decía. Fue en un momento de leve lucidez que traté de pararla y separarme, buscando ella seducirme cual animalillo indefenso. - Pero, pero qué hace señora Flor… Simón puede llegar en cualquier momento. - Tranquilo que eché el pestillo para que nadie nos descubra. Si llega te escondes en el baño como si estuvieras meando. Seguro que no sospecha nada, el pobre es tan inocente para esas cosas. En dos ocasiones busqué incorporarme y en ambas volvió a tumbarme en el respaldo sin darme opción a más. - Estate quieto y déjame hacer a mí. ¿O crees que no te descubrí aquella noche con mi marido, espiándonos como estabas tras la puerta? Te harías una buena paja en el baño. De manera que lo sabía todo y desde entonces nada había dicho. Todo estaba al fin más que claro, de forma que no tardé en tenerla encima, temblando todo yo y buscándome ella la boca. - No me digas que no lo deseas, hace tiempo que sé lo mucho que me deseas. Cómo me miras, cómo me comes con la mirada cada vez que me ves… -la voz jadeante y ardiente de la mujer sobre mi rostro. Una encerrona en toda regla la que sufría y de la que no querer escapar, me dejé pronto avasallar por sus labios húmedos y carnosos buscando atrapar los míos. Los besos entre ambos dieron inicio, quedando grandemente sorprendido por lo lanzada que la señora Flor se mostraba. Nos besamos por vez primera, cerrando yo los ojos camino de nuevos placeres desconocidos hasta entonces. - ¿Sí muchacho, te gusta la mami de Simón, te gusta la mami de tu mejor amigo, eh? –al separarnos y quedando con los rostros muy muy pegados, haciéndolo con aquellas palabras aún más morboso. Seduciéndome con sus palabras tan directas y de tan alto contenido erótico, pronto empezó a tocarme. Tumbado en el sofá podía sentir el aliento de la señora Flor golpearme el rostro, respiración acelerada la de la mujer como igualmente lo estaba la mía. Las manos femeninas resbalándome el muslo y la rodilla, la vi incorporarse echada hacia atrás tan hermosa como era. Respirando con fuerza, el pequeño top avanzando adelante bajo el poder de los pulmones. Los ojos entrecerrados tornados en blanco, con los dedos se tiró el flequillo a un lado. Mis ojos, por su parte, se mantenían imagino abiertos como platos sin querer perder detalle del espectáculo que la madura mujer pero más que apetitosa me ofrecía. Estaba buenísima, estaba bien buena y para un jovencito como yo un plato como ese era más de lo que uno podía desear. Su bella y redonda figura de formas opulentas y marcadas bajo las ropas, formas que tantas veces había soñado tener entre las manos. Pechos redondos y duros que, aunque no grandes, en alguna ocasión había podido ver en verano y bajo el bikini o bañador. Recuerdo alguna vez y estando con la familia de Simón junto a la piscina o en la playa, mi mirada curiosa había podido disfrutar la imagen de los revoltosos pezones marcarse en la fina tela que apenas podía soportar su presión. Aquella única mano ahora no marchaba ni parecía tener intención de marchar y abandonar mi muslo, corriendo por encima de la tela del pantalón arriba y abajo. Allí sentada encima y tan llevada por el inicio de la agitación que la envolvía, se la veía radiante y espléndida ante mis ojos que se la comían devorándola enterita para mi total placer. ¡Era tan bella y hermosa! Sobre mis piernas, se removía ajena por completo a mí mientras se acariciaba pasándose la otra mano por encima de la lana del top. Gimiendo débilmente, cerrando los ojos y abriéndolos mínimamente, la mano corría de un pecho al otro sobre la prenda que los escondía. Removiéndose inquieta, apretándose un labio contra el otro para ahogar un nuevo gemido tan débil como los anteriores. Subiendo la mano se alborotó los cabellos, echándolos a un lado y al otro atrapados entre los dedos como los tenía. Gemía, suspiraba con los ojos ahora cerrados y la boca entreabierta y de labios húmedos. Desde mi posición privilegiada, mi breve experiencia solo me daba para disfrutar la belleza de su rostro excitado y todavía de tímidas arrugas. Abriendo los ojos su mirada volvió a tomar interés en mi persona, apoyando la mano esta vez en mi hombro y llevando la otra a la parte baja del jersey con el que se entretuvo llevándola arriba muy lentamente. Yo aguantaba la respiración dejándome hacer por esa mano experta, los dos callados y mudos por lo sugerente del momento. Pronto consiguió hacer que la prenda subiera, apareciendo mi barriga y parte del torso a su vista. La señora Flor nada decía, tan solo haciéndose a lo juvenil de mis formas. La mano buscando subir más el jersey, haciéndome estremecer al notarla bajar la piel abajo. - ¿Te gusta esto? –preguntó musitando lentamente cada una de las palabras? Asentí con un mínimo golpe de cabeza, la respiración forzada por lo muy excitado que me encontraba. Paso a paso iba descubriendo el mucho vicio y morbo ocultos que la bella mujer guardaba. Seduciéndome sin prisa alguna, aprovechándose de mí con cada nuevo gesto que realizaba a lo largo de mi cuerpo entregado a ella. Corriendo la mano arriba y abajo para al momento volver a subirla, cayendo sobre el abdomen para pasar la lengua de manera tranquila provocándome un temblor con el solo roce de aquella lengua maravillosa a lo largo de la barriga y el torso. Muy muy lentamente, clavándome la mirada con el correr de la lengua por encima de cada uno de los músculos. - ¡Diosssssss! –solo pude pronunciar, inmóvil en el sofá como me encontraba y disfrutando el ir y venir de la malvada lengüecilla. Haciéndose con la tetilla que chupó y lamió levemente, arrancándome un cosquilleo y un suspiro prolongado de puro goce. Aquella madurita sabía latín y estaba abriendo mi loca cabecita a un montón de nuevas ideas, llenas todas ellas de la más profunda perversión. No me movía, no podía moverme de tan a gusto como me sentía. Besándome y chupando el pezón, resbalando la lengua mi piel erizada, abriendo ella los ojos de tanto en tanto para comprobar el efecto que en mí producía. Cerrando la boca se incorporó, acercándose ahora sí muy muy peligrosamente. Las bocas muy cerca la una de la otra, volviendo a notar el aliento femenino junto al rostro. Sentí la boca reclamarme con ansia, abriéndola la madura y ladeando la mía para acabar besándonos de forma suave e inmediata. Un beso sincero y delicado con el que mezclar labios y bocas. Vuelta a la carga y alargándolo lo más posible, podía saborear la boca de la señora Flor. Resonando de manera característica al separar los labios y viéndola abrir los labios, necesitada de nuevos besos que complacieran su anhelo más profundo. Los ojos cerrados de ambos, disfrutando el cálido momento. La muy ladina devoraba mis labios entre los suyos, envolviéndolos mimosa con cada nuevo roce. Besos cortos y delicados en el silencio cómplice del salón. Continuamos de ese modo largo rato, uniendo las bocas con desenfreno y sin querer acabar aquello. Besos y más besos que la arrancaron finalmente un primer gemido, acallado por la caricia rápida de mi boca. Gimió largamente y de forma clara, demostrando lo mucho que le gustaba y su necesidad por seguir. Nuevamente envolviendo mis labios entre los suyos, era ella la que llevaba la voz cantante disfrutándolo yo tan solo en mi total placer. Noté entonces la mano por encima del pantalón, buscándome la entrepierna y pasándola a lo largo entre los continuos gemidos que emitía. Sobre el muslo, subiendo a mi sexo, gimiendo esta vez yo al alargar descarado la mano hacia el poderoso muslo femenino. Y seguimos gimiendo y acariciándonos sobre las ropas, al tiempo que continuábamos con los besos suaves y llenos de cariño por el otro. Cada vez la mano me apretaba más, notando sin duda mi sexo crecer y desperezarse bajo el pantalón. Besándome apasionada, dándome sus húmedos labios, abrazándome los hombros por encima y cogida a mis brazos con ganas. Aquel beso se hizo largo y prolongado, no sé cuánto tiempo estuvimos pero puedo asegurar que para mí resultó maravilloso e inolvidable. Se separó finalmente echando la mirada abajo. Con una media sonrisa y murmurando débilmente continuó sobre mi miembro, acariciándolo y pasando lentamente la mano por encima. - Parece que empiezas a estar más que nervioso. - Es por su culpa, señora Flor… todo culpa suya. - ¿Culpa mía? Anda no seas mentiroso que tú también tienes buena parte de culpa –sonrió humedeciéndose levemente los labios. Me encantaba, sin duda y ahora que la conocía de un modo más íntimo lo que más me gustaba de ella era lo obscena y procaz que podía llegar a ser, provocándome con sus miradas y cada uno de sus ademanes y gestos. Sonriéndome al fijar una vez más los ojos en los míos. Los ojos le brillaban de un modo inusual y que nunca había conocido en ella, tan alterada estaba por el completo deseo que la consumía. Acariciándome sin descanso y arrodillada junto a mí, ambos en silencio se mordió el labio inferior mientras me miraba llena de calentura. Aquella mirada tan directa y diáfana me turbaba, sin dejar lugar a la duda de lo que la madura pretendía hacer conmigo. Los dedos y la palma de la mano corriéndome encima, despacio y muy lentamente disfrutando la sensación que en mí producía, la señora Flor paso a paso fue avanzando en su ataque. Los dedos y las manos se apoderaron del cinturón, soltándolo para enseguida hacer caer la cremallera abajo con un rápido sonido de la misma. Estaba más que claro lo que quería y no iba a ser yo quien lo evitara. Gemí pronunciando unos tímidos sonidos de aprobación. Tirando la prenda a los lados y sin decir palabra, por encima empezó a indagar buscando lo que tanto le interesaba. Pero aún no la atrapó sino que con las manos volvió a masajear y sobarme la entrepierna de manera descarada. - Tranquilo, tranquilo cari… tú solo disfrútalo… poco a poco, no hay prisa alguna… Yo para mí pensaba que sí la había pues en cualquier momento podía llegar Simón y desbaratarlo todo. Sin embargo y quieto e inmóvil como me encontraba en manos de la mujer, dejé que todo discurriera del modo que ella marcaba. - Estás duro querido… me encantaaaaa –la mano removiéndose lenta y premiosa a lo largo del miembro que ya empezaba a crecer aún más. - Culpa suya –volví a asegurar en un susurro mientras una sonrisa de circunstancias envolvía mi rostro. - Me encanta lo tierno que eres pequeño –humedeciéndose los labios que vi brillar rosados bajo la luz del exterior. Menuda guarra estaba hecha pensé para mí, tratando de relajarme lo cual me costaba horrores conseguir. La situación evidentemente no daba para ello, los dos solos y en tan excitante estado. Con una sonrisa y murmurando zalamera, la vi caer sobre mí. Abriendo la boca y sacando la lengua, la mirada me descubrió a la madre de mi amigo pasándola por encima del slip. Un suspiro entrecortado lancé, pero continué sin moverme soportando como un valiente el terrible acoso al que me sometía. ¡Resultaba tan difícil el no lanzarse sobre ella! Entre los dientes enganchó la prenda, tirando de la misma hasta hacerla caer atrás. Regodeándose en mi total debilidad, sonrió provocativa al humedecerse los labios una vez más. Aquello me ponía un montón, aquellos labios gordezuelos y rosados que a no mucho tardar vería mostrarse sueltos y maliciosos. Arrodillada y elevada, volvió a pasar la mano sobre el bulto comprometedor. Tomando el pantalón por los lados se entregó a bajarlo, ayudándola yo al elevar mínimamente el trasero. Muslos abajo y hasta las rodillas, el siguiente paso fue volver arriba y de nuevo manosear descarada el horrible volumen. - ¡Joder con el jovencito! Para tu edad no está nada mal lo que aquí tienes –acompañando con estas palabras el continuo ir y venir por encima. - ¿Le gusta… le gusta señora Flor? –me atreví a preguntar en el hilillo que la voz reseca me permitió lanzar. Sin embargo ella nada respondió ante lo muy apurado que me encontraba. Masajeándome por abajo la parte de los huevos, seguramente cargados pese a las muchas pajas que me hacía por entonces. Casi a diario, el elemento femenino a esas edades nos tiene locos teniendo que descargar el deseo sin remedio. En el baño mientras me duchaba o por la noche y en la cama, la mano voluntariosa hacía de las suyas sobre mi persona ayudándome a jugar con las fantasías e ilusiones que me llenaban la cabeza. Y como ya dije, doña Flor resultaba uno de los anhelos secretos, pero que más presencia tenía en mis agitados pensamientos de joven abriéndose paso a machetazos a los misterios del sexo. A mi lado, la mujer tan deseada volvió a buscarme la boca sin dejar por ello lo que entre mis piernas tanto la atraía. - ¿Quieres que siga… dime, quieres que siga? –haciéndomelo cada vez más difícil. Bajo sus labios asentí con un murmullo débil al tiempo que sentía la mano devorarme el miembro duro y encabritado. ¿Cuándo me la iba a sacar finalmente? –estremecido pensaba mientras la madura parecía no tener prisa alguna tal como me había dicho. Besos y más besos, débiles y cortos los unos, apenas unos piquillos y apasionados y prolongados los otros devorándonos y comiéndonos las bocas. Morreándonos, enganchándole la cabeza por detrás para saborear la boca femenina que tan placenteramente me entregaba. Tomándome ella la cara con la mano y haciéndola resbalar por encima hasta caer al cuello. Los besos resonaban en la amplia habitación, todo en silencio para así disfrutar mejor lo que allí sucedía. - Me gustas muchacho, tienes morbo y entrega… dame la boca –cayendo en un nuevo beso profundo y arrebatador. Entonces se separó, haciéndose por fin con el slip que levantó con las manos llevándolo abajo. Así apareció todo aquello a su vista, al dejar caer la prenda por debajo de las rodillas. La terrible erección escapando entre las piernas, cabeceaba y aparecía curvada al enfrentarla directamente. Un murmullo de aprobación la escuché emitir al verla elevarse arriba antes de atrapar el miembro con los dedos. Con la otra mano se llevó el pelo al lado, preparándose para el festín que a mi costa iba a darse. Cayó abajo y con la lengua comenzó a pasarla por encima del glande y el tronco. Dándole pequeños lametones y besitos con los que ir paso a paso tomando confianza. Yo respiré con fuerza, viéndola hacer al pasar y repasar la lengua a lo largo del tronco grueso y hecho una piedra. Mientras, la mujer no dejaba de mirarme gozando mi fragilidad y lo mal que lo estaba empezando a pasar. - Ummmmm –suspiré cerrando los ojos y echando la cabeza atrás. - Tranquilo muchachito, tú solo disfrútalo… me encanta esto que tienes… Siguió a lo suyo, atrapado entre los dedos como me tenía y pasando la lengua en círculos por encima del glande y a lo largo del palpitante tallo. Abajo y arriba y muy despacio, se entretenía saboreándolo y devorándome entre sus labios y lengua. Sacando la lengüecilla, rosada y traviesa la hacía correr lentamente y sin descanso entre los temblores constantes que mi cuerpo producía. Abriendo ahora la boca y envolviendo el hinchado capuchón entre los labios, no pude menos que gemir ruidosamente. - Tranquilo chico y aguanta el tipo… tenemos mucho tiempo por delante. Llenándolo de besitos por encima, el glande se veía brillante y firme con las primeras gotas de líquido pre-seminal escapándome para al momento ser atrapadas con gula extrema entre sus labios. Así fue comiendo y chupando, bajando el tallo hasta la base y de nuevo arriba regalándome un descarado golpe de lengua. Yo no podía más que gozarlo, tan loco y excitado me tenía con su sabio ajetreo. - Joder, qué polla tienes –musitando en voz baja su entrega y determinación. Por dentro me sentí hinchar con sus cálidas palabras ensalzando mi virilidad. Esas cosas al elemento masculino nos pasa y más si es una mujer como aquella la que te lo dice. Cerré los ojos volviendo a dejar caer la cabeza en el respaldo del sofá. Los tímidos gemidos que mi boca producía se mezclaban con el constante chupar y lamer, succionándome con su experta boca que apenas me daba respiro. Abandonándola unos breves instantes, pude disfrutar su imagen entregada al dejarse pasar la polla por la cara. Pasándosela ella misma por encima de los labios, golpeándose la mejilla cogido entre los dedos como me tenía. Una y otra vez, dándose suaves choques con que impactar el miembro sobre el rostro bello y delicado de la mujer. Aquella imagen me hizo suspirar de lujuria mal reprimida. Me tenía loco, mucho más de lo que hubiese podido imaginar. La señora Flor me estaba ofreciendo un espectáculo único y hasta entonces insospechado. Cogiéndola yo ahora se la pasé restregándola entre los suaves sollozos de la mujer. Abriendo la boca y recibiendo sobre los labios el grosor del enorme champiñón. Fue aquella una imagen de las que nunca se olvidan y quedan para siempre marcadas a fuego en la memoria de uno. La señora Flor destilaba voluptuosidad y lujuria en cada gesto que realizaba, produciendo en mi persona un irrefrenable lamento y deseo por ella. Golpes suaves en el rostro los que le daba llenos de un vicio infinito. Aquellos ojos cerrados, su total entrega ronroneando como una gatita perversa y cachonda, la señora Flor sollozaba regalándome aquella apariencia tan rebosante de erotismo y desenfreno. - Dámela cari, dámela –pedía abriendo la boca y buscando el regalo que le entregaba. Tomado con la mano el largo y vibrante falo hizo llevar sobre la boca, pasándolo por encima de la nariz con los ojos cerrados y de nuevo sobre los labios, lo que me hizo todo ello sufrir un escalofrío subirme el cuerpo. Metiéndosela y comenzando a devorarla y envolverla con la boca hambrienta de mí. Abriendo los labios lo que podía, el glande atrapó para luego sacarlo pasándole la lengua a lo largo. Volviéndolo a tomar para empezar a chuparlo, tragándolo hasta la mitad. Murmuraba chupando y succionando el grosor inaudito que mi miembro había alcanzado. Corriéndole la lengua por debajo en el interior de la boca, desde mi posición podía ver su total entrega al ver escapar ligeramente la terrible presencia entre sus labios. Apoderándose de los huevos que lamió maliciosa, sonriéndome con la mirada fija para disfrutar lo que en mi interior sucedía. Gemía fuertemente, removía el vientre contra su boca, abría las piernas para facilitarle la dura tarea en que se encontraba metida. Entre los labios tiró de los huevos provocándome un nuevo gemido, abandonado por entero a lo que me hacía. Soltando la dura bola de entre los labios, lentamente fue ascendiendo el recio monolito que mi polla ya era. Comiéndose el glande lo chupó y lamió con delicadeza y suavidad mientras con la mano me sujetaba el pene por la base. Acariciándome con los dedos las bolas, continuó avanzando en su constante mamar y succionar. - Sí sí –solo podía decir, suplicando mayores atenciones por su parte. Adentro y afuera y entre los labios gordezuelos, la sensación era tremenda para un joven como yo lo era. Hasta entonces nunca había disfrutado un trabajito como el que la madura mujer me estaba regalando. Llenándose la boca cada vez un poco más, pude ver como se lo tragaba centímetro a centímetro desapareciendo entre sus fauces. De forma experta, aquella leona se había comido ya muchas de esas pero en ese momento era yo quien lo gozaba hasta enloquecer. Quedando quieta con ella en la boca, gimoteé herido en la intensa emoción que mi cuerpo recibía. Sin necesidad de las manos, lo mantenía quieto y profundo hasta donde la boca le daba. Muy despacio fue escapando al correr la cabeza arriba, produciéndome una nueva y agradable impresión. - Cómemela, cómemela Flor –me atreví a tutearla por vez primera. - ¿Te gusta eh? Buen chico, deja que te dé placer con mi boquita y la lengua. Al dejarlo ir el falo aparecía brillante y bañado en sus babas, lamiéndolo suavemente, atrapándolo con los labios. Tragando luego el grueso capuchón para llevarlo hasta el fondo lo que le produjo la primera arcada. Lo abandonó, gruñendo al mirarme a los ojos. Tremendo el gesto que mostraba tan lleno de sensualidad y lascivia sin fin. Por abajo se masturbaba en silencio con la braga echada a un lado dando paso a sus hábiles dedos. Parada sobre el glande hizo caer las babas sobre el mismo, humedeciendo buena parte del mismo al resbalarle hacia abajo. Con la mano las esparció arriba y abajo, el largo instrumento entre sus dedos que de forma tan delicada lo trataban. - Me encanta tu polla, grande y dura… -mientras los dedos continuaban esparciendo la humedad que su boca había expulsado. Metiéndosela de nuevo, comenzó ahora a devorarla con mucha más rapidez y desenvoltura. Chupando y mamando el recio mástil, metiéndoselo hasta la mitad para abrazarlo con la lengua como había hecho antes. Llenándose la boca hasta llegarle al paladar e inflamándole el moflete. Una nueva arcada la que le produjo sin abandonarlo por otra parte, succionando sin descanso enloquecida por el temible grosor. Escuchándose los flops-flops de su boca cada vez que lo enganchaba y le escapaba los labios. Ayudándose de la mano con la que masturbarme furiosamente arriba y abajo, al tiempo que con la boca me abrazaba el glande hinchado y palpitante. - Ummmmm, así así… sigue, sigue. Abría la boca viéndosele los dientes asomar sin descuidarla un solo instante. Nuevas arcadas las que sufría y fue cuando la vi quedar parada, deslizándose el miembro lentamente y paso a paso hasta el final de la boca. Por unos segundos lo perdí de vista, pudiendo observar tan solo la boca pegada a mi vientre. Eso me hizo perder el sentido, verla con toda mi polla en tan delicioso orificio de su cuerpo. - Dámela muchacho, dámela… menuda cosa tienes, me encantaaaaa –pajeándome a un ritmo alto con los dedos y entre la mano que me tenía bien atrapado. Levanté el cuerpo estremecido por tanto placer como me daba, gruñendo en voz alta y bramando vanidoso con el constante correr de la mano. Cerré los ojos con la cabeza caída en el respaldo y sintiendo tan solo el vendaval de sensaciones que la madura me ofrecía. Reía, gemía agradecido a sus atenciones, levantaba el culo removiéndolo y echando el vientre hacia ella. Con las dos manos me pajeaba ahora. Arrodillada a mi lado y tan hermosa como era, una mano y la otra me llevaban a la gloria del cercano orgasmo. Despacio y deprisa, metiéndosela en la boca y jugando luego con la mano al sacarla. Arriba y abajo cada vez más y más deprisa, un temblor me corrió el cuerpo al verla acercarme la boca, besándome al darme la traviesa lengua mientras entre las piernas continuaba el ligero ir y venir. Sin aguantar más me corrí, quedando como un pipiolo ante la mujer soñada. Suspirando enardecido, temblándome el vientre y los labios al descargar todo un surtidor de líquido blanquecino que apareció saltando por los aires en forma de cálida y copiosa corrida. El vientre, los muslos y más allá me alcanzó, cubriendo a la vez la mano de la mujer que entre los dedos comprobó el lento relajar del grueso falo cada vez más débil y cansado. Gemí, suspiré derrotado mi tremendo placer, allí sentado y en manos de la señora Flor que me miraba con sus ojos en los que un brillo malvado podía traslucirse. - ¿Te corriste cari? Me encanta tu leche –declaró relamiéndose y tranquilizándome con ello por la rápida corrida. - Perdone, perdone… no pude aguantar –disculpándome y claramente preocupado por ello. - Oh, no pasa nada nene… es normal lo que pasó. Un chico joven y una mujer madura que tanto te gusta, es normal que te vayas rápido. Y entonces la vi caer en mi vientre, lamiendo y saboreando los restos de grumos pastosos y espesos. Chupándola toda con vicio increíble y de forma muy muy lenta, la limpió por entero dejándola aseada y reluciente para finalmente acabar dándole un besito de alivio. En mi debilidad y sin moverme, allí quedé con el miembro flácido y caído a un lado hecho una completa pena. - Fantástico muchacho, te comportaste como esperaba, estuvo muy bien la verdad –tras acabar la vi sentar a mi lado acercándome la cara y volviendo a besarnos como forma perfecta de continuar la fiesta. Alargando la mano no pasó la oportunidad de moverla sobre mi sexo, todavía morcillón aunque cada vez menos tras la batalla librada. Suspiré profundamente por sus nuevas caricias y roces que seguramente le llevarían un buen rato conseguir una nueva respuesta. Yo solo pensaba en que no viniera Simón y lo echara todo a rodar, tan a gusto me encontraba con ella. - Ummmmm, sí sí –murmuraba en mi total relajo bajo el suave roce que los dedos me daban. - ¿Te gusta, te gusta pequeño? Hay que tratarla con cariño y tranquilidad para ver si vuelve a la vida. Tendrás que reponer fuerzas. A veces cuesta más de la cuenta, esperemos que no sea el caso… –lanzándose hacia mí y volviendo a darme su boca húmeda y deseosa de besos. Arrodillada e incorporada atrás en toda su belleza, de mi lado no se movía. Pasándome la mano a lo largo del muslo mínimamente velludo, la hacía correr abajo para luego subir, esta vez rozándolo las largas uñas pintadas de un negro brillante. Mirándome, la muy perra me sacaba la lengua provocándome. Era claro lo mucho que le gustaba jugar conmigo y mis emociones. La señora Flor era mala y su actitud con mi persona me excitaba aún más, haciéndome conocer cotas jamás alcanzadas antes. Aquella mirada malsana reflejada en su rostro no tardó en hacerla precipitar sobre mí. Un nuevo beso con el que mezclar las lenguas en mi boca, sentí la suya entrarme desenfrenada. Mis manos acariciándole el muslo desnudo y con el pantalón a la altura de la rodilla, la presencia femenina me ponía a mil por hora. - Acaríciame, acaríciame así Nico. Muy próxima la vi desnudarse, echando el diminuto top abajo y quedando con el bonito sujetador rosa a la vista, tapándole aquel par de pechos que deseaba comer devorándolos duros y firmes como se mostraban. El amplio y redondo bulto escapando por la parte de arriba del sujetador, la respiración se notaba entrecortada en ella. Un brazo y otro fuera y la blanca prenda le colgó por encima de la cintura. Apresurada y con las manos a los lados, la hizo subir hasta acabar escapando por encima de la cabeza. Luego me ayudó a quitar el jersey llevando el mismo camino que el top. Cogiéndome la polla, me pajeó lentamente y luego más rápido aunque aquello poca o ninguna energía presentaba. Morreándonos las bocas y acariciándome las bolas, con la otra mano parecía buscar la utópica respuesta. Nada, de momento no había forma y así desistió en su intento. Cayendo sentada en el sofá, no acertaba a deshacerse del pantalón por lo muy alterada que se encontraba. De ese modo, tuve que ser yo quien la ayudara en la difícil tarea, quitándole con urgencia las zapatillas y tirando del pantalón abajo haciéndolo resbalar por los pies hasta quedar libre de la molesta prenda. La braguita rosada y tan escasa, vi húmeda de sus jugos al transparentar lo oscuro de la zona del pubis. Bajo la fina tela se vislumbraba una abundante mata de vello, parte de la cual le escapaba por los lados. Me humedecí ahora yo los labios, imaginando todo el manantial de aromas que la madura me tenía reservado. Tumbada en el sofá se la veía caliente y muy muy cachonda, con las pupilas dilatadas y brillándole los ojos de aquel modo tan especial. - Acaríciame, acaríciame toda… me tienes tan cachonda. Tomándome la mano se la llevó entre las piernas y por encima de la braguita. Comprendí lo que la madura me pedía, lo que la madre de mi amigo quería que le hiciera. Removiéndose entre mis manos, respirando acelerada, anhelando mis caricias al ponerme la mano sobre la mía. En silencio entre los débiles gemidos que su boca emitía, moví la mano por encima de la tela. Moviéndola arriba y abajo y notando lo muy mojado que su sexo aparecía. La tela humedecida con el frotar de mis dedos contra su vientre, pasándolos a lo largo en busca de mayores nervios en la mujer. Gimiendo con fuerza tuvo que llevarse la mano a la boca, aguantando el furor que la consumía. Estaba ardiendo y aún no habíamos empezado. Una mancha amplia cubrió la tela transparente bajo mis dedos, seguramente se había corrido con mi solo roce. - Ufffff cari, qué bueno esto –el hilillo de voz, el rostro de rasgos congestionados y contraídos confirmaron mi sospecha. Se había corrido por vez primera, allí espatarrada frente a mí y doblando las piernas que descontroladas se movían. Tan hermosa y delicada se dejaba ver bajo el poder del orgasmo. Tras los espasmos que le corrían la sinuosa figura, quedó quieta y en un estado reposado con los ojos entrecerrados. - Ahora cómeme el coñito quieres… -a todo aquello siguió la invitación entrecortada de sus palabras. Ningún reparo tuve a ello, al revés me moría por probar la dulce fruta madura que la madre de Simón debía guardar allí abajo. Ninguna vergüenza sentí, disfrutando el terrible deseo que el rostro femenino revelaba. Con la mano me acercó a ella, quedando casi hundido en sus piernas. Cogida con los dedos la vi echar la braga a un lado, mostrando la vulva rosada que los labios entreabiertos destapaban. Respirándole encima, ahogándome embebido en los aromas que desprendía hasta que, lanzando un rugido de emoción irrefrenable, me hizo cerrar los ojos al chocar la boca contra su sexo. Rugiendo como digo me pidió que le comiera la flor oculta de su feminidad, mostrada por completo y abiertas las piernas frente a mi boca. Yo no podía creer en mi suerte y al principio me costó reaccionar al ofrecimiento. - ¿Es que no vas a hacerlo nunca?... Vamos chúpalo, dale besitos. - Ponme perra cariño. Aquella mujer madura y casada, que además era la madre de Simón y a la que conocía pero no de aquel modo hasta entonces, desprendía un morbo y vicio infinitos por cada poro de su piel. Me embelesaba por entero. Bramando descontrolada por la turbación que la dominaba, con sus manos me ahogaba animándome a hacerlo. Sin pensarlo más y notándome la nariz rozar el vello femenino, me puse a la labor empezando a lamerla del modo que había visto en aquellas pocas películas porno que por casa corrían escondidas. - Despacio muchacho, despacio –con su voz herida por el deseo, en mi evidente inexperiencia me iba guiando. Sacando la lengua y dándole lentas y suaves caricias en el clítoris, lamiéndolo por encima y ofreciendo después mayor entusiasmo a la vez que pajeaba el interior de la vagina haciéndole sentir uno, dos y hasta tres de mis dedos. Esto último fue idea mía y claramente tuve éxito, pues de su boca comenzaron a escapar débiles sollozos y grititos al estremecerse enterrada en el sofá. Con la otra mano le tiraba los labios a los lados, entreabriéndolos para así poder saborearla a gusto. Gusto que era el suyo, gimoteando complacida mientras entre sus piernas mi boca y mi lengua hacían de las suyas empezando a aprender lo que hacer. Lamiéndola y pasándole la lengua por la raja, poco a poco fui tomando seguridad según ella me indicaba. - Así nene, así… con la lengua por encima… lámelo, lámelo ummmmmm. Jugué con la raja entreabierta, hundiendo mínimamente la lengua en la vulva hecha un charco. Seguí subiendo luego al clítoris, que descubrir endurecerse viéndome anonadado y sorprendido ante la desconocida respuesta que la naturaleza femenina evidenciaba. La señora Flor suspiraba abiertamente, reclamando más y más. Era claro lo mucho que lo disfrutaba y ante eso continué por el mismo camino, entregado a la vulva y al clítoris. Endurecido y animándome a seguir, el diminuto botón parecía buscarme la lengua y los labios al elevarse vigoroso y orgulloso. La mirada se le perdía en algún punto desconocido de su mente cada vez que la lengua le corría la raja. Entreabría la boca por el placer que recibía, los dientes y la lengua a la vista que tanto me ponían. Ojos en blanco de puro goce, los entreabría y cerraba fijándolos en el techo al volverlos a abrir. Realmente lo disfrutaba y mucho lo que le hacía, no iba la cosa tan mal pese a mi poca experiencia. Sollozaba, gimoteaba dejándose hacer relajada y completamente abandonada a mis caricias. Los pezones se le notaban duros y excitados bajo la suavidad de sus manos, acariciándose los pechos y masajeándolos lentamente. Cogiéndose el pezón con los dedos y tirando de él con lo que sacarse un gritito de satisfacción. Oscuros y grandes como una galleta se veían. Continué a lo mío hundiéndome en el calor y los aromas de su sexo brillante de jugos. Suspiró largamente estirándose cual pantera de formas bellas y sinuosas. El sexo húmedo y lubricado, metí dos de mis dedos en el mismo entrándole fácil y entre grititos continuos. Se abría de maravilla, las piernas colgándole, hipando apocada por el gusto que le hacía vivir. Temblaba toda ella, la piel erizada bajo mis dedos que la notaban vibrar entre ellos. Elevaba el cuerpo hacía mí y volvía a caer con el rozar de la lengua pasando y repasándole la flor hecha fuego. - Méteme la lengua… más adentro, más. - Ay joder, cómeme el conejito… despacio despacio… saboréalo vamos. - Más profundo, métela toda Nico… qué gusto me das. Estas eran algunas de las muchas cosas que me decía para animarme a seguir. Respiraba profundamente el calor de su sexo, corriendo la lengua a lo largo de la rajilla abierta, horadándola de tanto en tanto con la lengua a lo que la mujer respondía estremecida al cogerse a la almohada en la que encontrar un mínimo consuelo. Al fin se corrió, gritando su tremendo deleite, removiéndose entre los almohadones y por encima del respaldo del sofá, buscándome la boca al echar el vientre adelante. La pobre mujer tuvo que taparse la boca con el puño para así acallar sus gritos y lamentos de desconsuelo. Al tiempo la espalda se le arqueaba, volviendo a tirar el vientre adelante y pataleando perdido por completo el control de sí misma. - Joder, aaaargggg joder… - ¡Joder, qué me corro tío… joder cari, qué me corro! Yo, hundido entre sus piernas solo hacía que beber y devorar los jugos y fluidos que como un manantial inagotable la abandonaban. Lamiéndole la rajilla una y mil veces, comiéndome el clítoris con lo que hacerla sufrir aún más. Enganchándolo entre los dientes hasta acabar mordiéndolo tímidamente lo que la hizo alcanzar un nuevo orgasmo como continuación perfecta al primero. Pataleando afligida, meneando el cuerpo enardecida por la emoción que la sobrepasaba, cayó finalmente atrás suspirando y lanzando un hilillo de satisfacción con el que quedar inmóvil en su terrible gesto beatífico con que demostrar lo bien que se lo había hecho. - ¡Joder nene, qué bueno ha sido… aprendes rápido… ufffffff! Trepando y acercándome a ella, la besé silenciando mínimamente los jadeos de cansancio que la bella mujer emitía. La señora Flor me abrazó llevándome contra ella, pasándome las manos y los brazos alrededor del cuello para caer ambos en un beso mucho más apasionado y confiado. Notaba los labios femeninos devorar los míos, húmedos y temblorosos al besarnos haciéndola callar en su constante desazón. Al separarnos, entre mis dedos me pajeaba arriba y abajo y adelante y atrás tratando que aquello volviera a tomar vigor y entereza. - Ven, deja que me encargue de eso… vuelve a sentarte aquí –con las manos en los brazos me hizo caer nuevamente en el sofá. Empezó a pajearme teniéndome bien agarrado y sujeto. Despacio y con calma como ya antes me había enseñado. La muy ladina hacía resbalar la mano a todo lo largo, sin dejar de mirarme y provocarme con gestos obscenos y sucios de su boca. Pasándose la lengua por los labios y sacándola luego como si me chupara. Sonriendo traviesa al ver el efecto que en mí producía y siguiendo con sus labios y su lengua al humedecerlos apretándolos uno con otro. - ¿Te gusta esto Nico? Dime, ¿te gusta esto? –la mano masturbándome arriba y abajo a lo largo del miembro que ya empezaba a tomar tamaño. - Ummmmmmmmm. - Sí muchacho, buen mango tienes joder. Con la mano fuertemente cogido y deslizando los dedos arriba y abajo, la piel del prepucio desplazó atrás apareciendo la cabeza altiva y rosada. Arrodillada entre mis piernas, yo gemía y respiraba afanoso disfrutando el suave roce de aquellos dedos y mano. Murmurando ella con lo que excitarme más, la mano no paraba de moverse y hacerse al grosor cada vez mayor que mi sexo presentaba. Bajándose a los huevos, los lamió jugando con ellos mientras su mirada se mantenía en la mía sin apartarla un segundo. - Aaaaaahhhhhhh –me quejaba abiertamente en manos de la mujer experta. Arriba y abajo y volvió a tomarla en la boca, envuelta entre los labios que empezaron una nueva sesión de caricias y roces sobre el delicado instrumento. Cogiéndola entre los labios, estirándola arriba y abajo, mamando y succionando a buen ritmo y sin descanso. Ayudándose de ambas manos, con las que hacerme conocer nuevos terrenos de placer y locura. No paraba, no paraba un momento tan pronto masturbándome con rapidez y furia como trabajándome con la boca y la lengua. Rozándome con esta última, devorando y saboreando el glande que aparecía ya brillante de sus babas. - Sí sí, ummmmmmmmmm –exclamaba mi boca agradecida por tanto tormento. La señora Flor me miraba con sus ojos mitad en blanco mitad abiertos y hechos fuego, succionando una y otra vez al echarse atrás los cabellos que la molestaban. Murmuraba, musitaba con el grueso capuchón entre los labios. Con voz entrecortada le pedí que siguiera. Encantada lo hacía, era claro lo mucho que le gustaba. Chupó con ganas, agarrándome las bolas entre los dedos y acariciándolas cariñosamente. Por arriba jugueteaba con el glande, escupiéndole encima y lubricándolo al correr la lengua a lo largo del falo. Luego se lo metía en la boca, más de la mitad y sin dejar de mirarme fijamente a los ojos. Con la mano le tomé la cabeza, empujándosela con lo que producirle arcadas y haciendo que chupara y comiera con mayor rapidez. Entonces paró, dejándola libre al ponerse en pie. - Vaya, ya vuelves a estar en forma… todavía no hubo uno que se me resistiera. - Espera un momento, no te muevas. Vuelvo enseguida –exclamó dejándome allí tumbado, para salir ella corriendo sin saber muy bien yo en busca de qué. Pronto volví a tenerla a mi lado, viéndola llevar entre los dedos la funda plateada del preservativo. - Espera cari, deja que te ponga esto. No querrás dejarme preñada –riendo al rasgar entre los dientes la funda para sacar el preservativo al volver corriendo del otro cuarto. Así me lo puso, cubriéndome con maestría y saber hacer. Llevándolo con los dedos abajo al pajearme la polla gruesa y dura como una piedra. - Ya estás listo, a ver qué sabes hacer con esto… quiero sentirla… -exclamó sacando la lengua obscena y vivaracha. De pie frente a mí fue bajándose las braguillas hasta quedar libre de ellas con un pie y otro fuera. Supe bien lo que aquello significaba, nadie tuvo que decirme nada al respecto. El gran y deseado momento había llegado. Agarrándome el mango y subiéndose encima al fin quedó montada. Como si de mantequilla se tratara, nada costó el metérsela. Ella misma se metió mi largo instrumento en el húmedo y ardiente coñito. Llevándolo con los dedos adentro no tardamos en estar unidos uno al otro. - ¡Ummmmmmmm joder! Gimió largamente, quedando parada y arqueándose adelante cual pantera en celo. La empapada vulva se hizo con rapidez a mi amplio tamaño, ingresándolo buena parte del mismo y comenzando a cabalgar y moverse arriba y abajo. El culo prieto y duro meneaba, moviéndose lentamente mientras yo dejaba mi mano reposar suavemente en la nalga. Arriba y abajo animándola a moverse, el rostro descompuesto de la madura demostraba lo mucho que lo disfrutaba. - Dios, diossssssss –tirando la cabeza atrás, poco a poco se iba haciendo al grosor de mi sexo juvenil. - Joder joder, qué polla más rica tienes. Llevándole la otra mano al trasero para de ese modo tenerla bien cogida, la señora Flor fue moviéndose y cabalgando a su gusto. Despacio pero sin pararse, el culo arriba y abajo hasta quedar completamente llena de mí. Pude contemplar su gesto excitado, con el ceño fruncido por la presión que entre sus piernas se daba. Gemía largamente, meneando el culillo una y otra vez para acabar su boca sobre la mía besándonos dulcemente. Gimiendo y suspirando, ronroneando débilmente bajo el continuo retozar. Tirándose el pelo a un lado, se movía saltándole las tetas frente a mi turbia mirada. Se retorcía, flexionaba cada uno de sus músculos, curvando la espalda al echarse adelante. Mis manos seguían en sus nalgas teniéndola bien sujeta por miedo a que escapara. Era evidente que la muy perra no pensaba hacerlo. - Sí, qué gusto… qué gusto señora Flor. - ¿Sí, te gusta? ¿Vas bien muchacho, aguantarás? - Sí sí –reconocí sorprendido yo mismo por mi aguante. Y continuó cabalgando, botando y rebotando contra el miembro que la llenaba el cálido conejito. Con los ojos entreabiertos, podía ver cómo le entraba abriéndose las paredes con el lento roce. Acomodada, gimoteando y gritando luego mínimamente, pequeños grititos que me ponían a mil. Tener a semejante hembra a mi merced, solo pensaba en poder comérmela entera. Nos movíamos a buen ritmo, más deprisa ahora lo que la hacía gritar con mayor fuerza y volumen. No quería pensar en qué podía pasar si llegaba Simón en ese instante. - Qué grande Nico, qué polla tan grande… me llena toda -la mano de la mujer corriéndome el cuello y el pecho desnudo. No sé de dónde me vino la idea pero un ligero azote le di en la nalga mientras la madura me cabalgaba con rapidez y premura. Sollozaba con la mirada perdida y luego los ojos en blanco, clavándole el miembro hasta el fondo al quedar totalmente sentada sobre mí. Fue cuando un fuerte manotazo le di en la redonda y prieta nalga lo que la llevó a gritar complacida ante lo duro del golpe. - Sí cariño, ¿te gusta eso? Golpéalas, golpéalas duro –casi gritó sonriendo maliciosa. Una mueca de interrogación le lancé pidiendo nuevo permiso para ello. - Sí sí cari, dales con fuerza… más fuerte, más fuerte –aprovechando yo para con total confianza manotearle encima, arrancándole nuevos grititos satisfechos. Tan fuerte les di que no tardaron en verse rojas y cárdenas bajo el poder de mis manos. Tras su respuesta y consciente de lo mucho que le gustaba, fui más brusco y osado golpeándola cada vez con mayor fuerza e ímpetu, haciéndola gritar con fuerza para luego exclamar en tímidos grititos que me ponían a mil. Elevada y parada con las manos apoyadas en mis hombros, pronto empezó a remover el vientre en círculos para enseguida volver a cabalgar el recio músculo. - Más, más adentro… métemela toda. Cayéndome encima y volviéndonos a besar, enfebrecidos por el deseo. Abriendo la boca y dándomela a probar, al tiempo que por abajo la vulva abierta me ordeñaba a su total placer. Aprovechó ella para con los dedos masturbarse el clítoris, atacándolo furiosa al pasarlos a lo largo de los labios empapados. Era yo el que la follaba esta vez, moviéndome con violencia entre sus paredes, escuchándola quejarse y suplicar más al tiempo. Un nuevo manotazo con el que hacerla vibrar y gritar satisfecha. - Fóllame nene, qué polla tan fantástica tienes… más más. Pero entonces paré para tomarla por la cintura y cambiar de posición. Tumbada en el sofá, se la clavé de un golpe en posición del misionero. Gimoteó herida ante lo profundo del estacazo, cogiéndole las piernas y subiéndolas arriba. - ¡Joder, qué trancazo me has dado cabrón! No conocía su faceta malhablada por entonces y eso me enloqueció hasta límites insospechados. Enloquecido por completo como digo, hasta los huevos se la di quedando hundido en ella. Haciéndola gritar dolorida al volver a darle una y otra vez, resbalándole sin compasión al metérsela entera. A gran velocidad y dueño de ella un estacazo tras otro le di dejándola sin respiración, aullando de dolor ante lo duro de los golpes. - Dios, qué delicia… sigue pequeño… -tirando las piernas a los lados para quedar mucho más abierta y ofrecida. La enganché el muslo para subirle la pierna haciéndola descansar en el hombro y así seguí y seguí follándola lo más salvaje que pude. Entre mis manos la mujer madura temblaba y convulsionaba en espasmos continuos. Supe que me corría con ella y se lo avisé, escapando de su lado al tirarme atrás quitándome con rapidez la goma. - Quítate la goma, quítatela y échamelo todo encima muchacho –al apoderarse del miembro masturbándome furiosa con ambas manos. Bufando y escapándome al momento la vida y las fuerzas por el estrecho agujerillo, en forma de trallazos seminales que le corrieron el cuerpo y la piel bronceada. Me corrí llenándola de mi cálido fluir de goterones blancos y espesos. Cayéndole encima de forma descontrolada, las gotas la iban cubriendo entre los lamentos y gruñidos que los dos producíamos. Goteándole luego los últimos estertores por encima de su vientre y pubis sobre los que los esparció, haciéndolos remover entre los dedos. De ese modo tan intenso dimos por terminada la sesión, corriéndonos y agitándonos entre espasmos y convulsiones. Suspiró en un postrero instante de agotamiento al abrir los ojos y sonreírme agradecida. Devolviéndole la sonrisa, caí rendido sobre ella que me atrapó entre sus brazos abrazándome con fuerza al clavar las uñas en los hombros. Seguidamente y jadeantes, me tomó el cuello con las manos para besarme desenfrenada y salvaje antes de ir recuperando paso a paso el resuello perdido. Un postrero beso nos dimos con el que cerrar el círculo a aquel hermoso e imprevisto encuentro. Una buena mezcla de orgasmos por una parte y por otra había sido aquella. - Gracias –murmuré al incorporarme sobre los brazos tras mi nuevo orgasmo, mucho menos abundante que el primero pero aun así una buena lefada me sacó. - Gracias, gracias Nico… gracias a ti muchacho. Te has portado realmente bien –exclamó al irse recuperando y rebajarse lentamente lo muy exaltada que se encontraba. - ¿Le ha gustado señora Flor? - ¿Qué si me ha gustado? Vuelve cuando quieras cariño… Siempre que mi marido y mi hijo no se encuentren en casa claro. Lo pasaremos bien, ya verás –declaró escapando del sofá al ponerse en pie en busca de sus cosas. Hermosa y bella se la veía, poniéndose primero las bragas y pasando a continuación por los brazos los tirantes del sujetador con el que envolver aquellas tetas que tanto me hechizaban. Luego la ropa por encima y el calzado y parecía que allí no había pasado nada. Al poco de acabar y tras asearme en el baño y acomodarme las ropas llegó Simón, resonando el timbre de la puerta antes de que su madre abriese recibiéndole con un afectuoso beso en la mejilla. Ups, casi nos pilla. Sin casi dar tiempo a Simón a saludarnos y con cualquier excusa barata que pude encontrar, marché por donde había venido no sin antes concertar con una fugaz mirada hacia su madre la necesidad de un próximo encuentro. Ella, en silencio y en total paz consigo misma, comprendió al instante… (lament68@hotmail.com)

Autor: King Crimson Categoría: Sexo con Maduras

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NARCOSXXX

Comenzó en un supermercado

2019-11-26


Hola soy Ernesto, tengo 48 años 1,80 de estatura de complexión normal hago bicicleta un par de veces por semana, la historia que ve os voy a relatar, ocurrió hace unos meses y comienza de una forma casual en un supermercado. Como me gusta la cocina suelo ir a menudo a comprar lo que necesito para mis menús, me gustan los ingredientes frescos, al ir tan menudo al poco tiempo te vas fijando con la gente en su mayoría mujeres que suelen ir con la misma frecuencia y horario que yo. De todas ellas me llamó la atención una en particular una mujer de 1,70 de estatura, de 63 años, con unos pechos medianos, morena, un culo bien sensual, vestía con sencillez y un suave maquillaje que hacía resaltar sus ojos claras y unos labios bien sensuales que es lo que más me impresionó. Desde ese día comencé a buscarla en el supermercado, para coincidir con ella, me hacía el encontradizo, me fijaba en las cosas que compraba y comprobé que teníamos gustos parecidos por los productos que llevaba en el carro. Así transcurrieron varias semanas hasta que me di cuenta que ella también se había fijado en mí y que ahora era ella quien se acercaba a los puestos donde me encontraba y comenzamos a conversar sobre los productos a comprar, hasta que me decidí dar un paso más, así que la invité a tomar un café se lo pensó un poco pero al final aceptó y lo tomamos como rutina, después de la compra el café. Nuestras primeras conversaciones fueron triviales sobre menús y cosas parecidas quedamos para ir juntos hacer la compra y comenzamos a conversar sobre nuestras vidas privadas, Blanca que así se llama, estaba casada, su marido tenía 76 años y pasaba más tiempo en el pueblo que en casa, tiene dos hijas que vivían en el extranjero, se sentía muy sola. Poco a poco noté que cada vez venía más arreglada, con ropa más ajustada resaltando tus tetas su culo y esos labios que me traían loco. Todo ocurrió un día que fui de paso solo para encontrarme con ella llevaba el carro bastante cargado, cuando la vi nos dimos dos besos casi rozando nuestros labios y se puso un poco colorada, al verla así tan cargada me ofrecí a llevar la compra a su casa, ella se resistía un poco pero después de insistir un poco accedió. Noté como le cambiaba la cara tenía una sonrisa especial Llegamos a su casa, después dejar la compra, me ofrece tomar una cerveza, mientras ella se ponía cómoda, la vi desfilar hacia su dormitorio, apareció con una bata liviana, se le marcaba el sujetador rosa y las braguitas a juego, nada más verla se me empezó a empinar, se dio una pequeña vuelta con la excusa de ir a la cocina a buscar otra cerveza para ella, se sentó al lado mío en el sofá, no podía ni quería que viera mi excitación, su mirada directamente a mi paquete y las mías a su escote, brindamos y nos miramos llenos de deseo cuando de repente me dice: - Igual te parece raro pero quiero que me folles bien follada Me quedé un poco parado y me costó un poco reaccionar tenía tantas ganas o más que ella. Se quita la bata y agarra mi polla por encima de los pantalones y ansiosa comienza a sobarla, la levanto y comienzo a comerle esos labios tan carnosos, nuestras lenguas se juntan por primera vez, un poco torpe pero con todo el deseo del mundo, mientras nos besamos le quito el sujetador y aparecen dos pezones marrones que comienzan a crecer, los suspiros y la respiración comienzan agitarse, le acaricio todo su cuerpo y mis manos se sujetan a sus nalgas mientras ella mete mano a mi paquete, después de buen rato de morreo, me baja los pantalones saliendo mi pija como un resorte, se la queda mirando - Qué maravilla, la quiero toda para mi Me tumba en el sofá y comienza a chuparla como si no hubiera un mañana, acaricia mis huevos hasta que se los mete en la boca, la tengo que parar porque ya estaba a punto de correrme, me desnudo y le quito su braguita, su coño es peludo moreno con unos pelillo blancos que lo hacen apetitoso sus labios vaginales son gruesos y su clítoris durito. - Ahora me toca a mi Le meto dos dedos en su cueva ya mojada y sale un pequeño quejido - Con cuidado que hace mucho tiempo que nadie me la meten por ahí, suavecito mi amor. Le meto la lengua para comerme todo ese chochito hasta llegar a su clítoris con su manos me empuja la cabeza casi sin dejarme respirar. - Sigue, sigue cómetelo todo, así, así, que no me lo han comido nunca, que rico uhmm Sigo enchufado a su coño cada vez más mojado, alterando sus labios con su clítoris, hasta que comienza a gemir y arquear su cuerpo, me agarra del pelo - Me vengo, me vegooo así, asiiiiiii Recibo en mi boca todos sus jugos y se los doy a probar besándola mientras juego con sus pezones. Cae medio desmayada en el sofá, nos abrazamos y la dejo respirar. - Vámonos a la cama cariño, quiero que me llenes con tu lechecita. Me acuesto en la cama y comienza a saborear mi polla alternando con mis huevos, esta vez lo hace lentamente como su fuera un rico helado, cuando la siente bien dura se sube encima de mí y se la va metiendo poco a poco, siento el calorcito de su coño cuando se va introduciendo, se queda quieta para que su coñito se vaya adaptando a mi pija, cuando comienza a menear su culo, de lado a lado y subiendo y bajando cada vez como mayor rapidez, mientras mis dedos estirando de sus pezones que están bien duros. - Cabalga mi puta que te voy a follar de todas las maneras. - Si mi amor quiero ser tu puta, que rica que la tienes, como te siento dentro de mí, hacía tiempo que no tengo algo tan maravilloso aquí dentro si, si, siiiiiiii. La bajo y la pongo a lo perrito, me abre su coño y sin miramiento se la meto de un golpe, aprieta su culo para que entre más profundo mientras con su dedos se pajea el clítoris, de doy a chupar mis dedos y cuando están mojados comienzo a acariciar su ojete, siento como responde y le paso la lengua por el agujerito, sigo penetrándola cada vez con más fuerte comienzan las convulsiones y los gemidos cada vez con más intensidad - Dame tu leche, la quiero toda en mi boca, que me vengo otra vez, cabrón que bien me follas, no pares El grito se oyó en toda la casa cuando note el líquido que salía de su vagina, yo a punto de correrme así que se la saqué se la puse en su boca y se tragó todo el capullo y en dos lamidas ya estaba eyaculando, dos chorros de leche inundaran su boca, se la traga toda y unos hilillos aparecen por sus labios. - Uhmmm que rica, como me gusta tu lechita y toda para mi Sigue mamando hasta sacarme hasta la última gota y limpia la verga y los huevos. Caemos rendidos en la cama, casi nos falta el aire de tanto frenesí, nos miramos, besamos, acaricio sus pezones y ella me pajea suavemente. Después de descansar un rato, mi polla comienza a empinarse de nuevo - Parece que mi polla porque ahora es mía tiene ganitas de guerra y lo feliz que me hace, me siento mujer de nuevo, ha sido la mejor follada que he tenido nunca. - Con mi marido solo me abro de piernas y cuando se viene se da la vuelta y a roncar. Sabes hace tiempo que me fije en ti y soñaba con esto, cuantas pajas me he hecho pensando en estos momentos, pero no me atrevía ni sabía cómo decírtelo, tenía miedo que me consideraras una fresca y nunca he sido infiel a mi marido La beso con ternura, acaricio su pelo y la abrazo - También me fije en ti y desde el primer día me atrajiste un montón y las pajas eran pensándote, pero tenía miedo a que me rechazaras - Ja jajá, los dos nos follamos sin saberlo, hasta hoy que lo hemos hecho realidad me siento tu hembra, por fin se lo que un buen polvo No volvemos a abrazar y se pone encima, sus tetas aplastan las mías y su coño sobando mi polla, comienza a moverse y el mástil comienza a elevarse chupa mis pezones y va bajando su lengua por el ombligo hasta llegar al mástil para terminar de despertarlo de todo, después de saborearlo una y otra vez, se lo mete en su coño de espaldas a mí, le estrujo sus tetas mientras cabalga y empiezo a jugar con su ojete con mis dedos, le doy a chupas mis dedos y cuando están mojados le meto uno por su culo, da un respingo y se para - Que haces mi vida, por ahí nunca lo he hecho y debe hacer mucho daño con la tranca que tienes. - Tranquila mi amor, que lo haré despacito, poco a poco sentirás algo de dolor al principio pero vas a disfrutar como nunca, hoy vas a dejar de ser virgen de tu culo, ¿tienes alguna crema hidratante? Se levanta de la cama y va buscar al baño, la pongo a cuatro patas, unto mis dedos y su agujerito con la crema. De voy unos cachetes en sus nalgas y penetro su coñito mientras comienzo a masajear su culo metiendo un dedo que va entrando en sus entrañas, sigo bombeándola y le meto dos dedos, poco a poco se va dilatando el ojete - Que tal corazón - Sigue follándome, me hace un poquito de daño pero me empieza a gustar Sigo el mete y saca, cada vez entran mejor mis dedos ve vuelvo a poner más crema y pongo la punta del capullo en su culo, le cuesta entrar, lo saco más mete y saca y vuelvo a intentarlo, unos azotes en las nalgas y esta vez le meto el capullo y lo dejo para que se vaya adaptando, grita - Duele mi amor, despacito por favor - Tranquila que vas a gozar como nunca Despacito se la voy metiendo, cuando ha entrado casi la mitad, se la saco pongo más crema y vuelvo a penetrarla, esta vez entra con más facilidad - Me vas a partir el culo, pero sigue, que sensación más extraña tengo nunca pensé que me diera tanto placer. Empuja su culo hacia mí y entra hasta los huevos, la saco y la meto toda entera hasta chocar mis huevos contra sus nalgas, en la habitación solo se oyen sus jadeos y el ruido de mis huevos. - Hay que rico, me has desvirgado el culo y no podía saber lo llena que me siento, que delicia, quiero tu leche en mis entrañas. Se la saco del culo y se la vuelvo a meter en su coño, - No, no la quiero en mi culo No lo dudo ni un instante, vuelta a su culo, mientras se masturba con frenesí su coño que está chorreante. - Me voy a correr , quiero tu leche bien adentro Unos cuantos cachetes más y le suelto mis chorros en sus entrañas, aprieta su culo contra mí para que no se salga nada y vuelve a gritar y gemir. - Me vuelto a correr, pero no la saques todavía, que quiero sentirla dentro de mí, gracias mi amor por el mejor día de mi vida, me creía vieja pero hoy me rejuvenecido 30 años o más. - Eres una mujer maravillosa, de vieja nada, que tonto es tu marido teniendo una mujer como tú, la edad está en la mente no en el calendario. Eres divina Después de un rato, la saco de su culo, y tendidos en la cama descansando de tanto ejercicio, acariciándonos despacito, recordando los momentos vividos. Nos duchamos con mamada incluida y con tanto ajetreo teníamos apetito así que me ofrecí a preparar el almuerzo solo te pido un favor, que no te vistas, quiero saborearla en todo su esplendor, sus tetas un poco caídas su barriguita el coñito aterciopelado es toda una inspiración desnudita para mi. - Es la primera vez que voy desnuda por la casa, como quiere mi hombre estoy feliz, pero yo también te pido un favor, mi coñito no ha probado tu leche y me gustaría que te quedes a dormir. Pero eso es otra historia que os contaré.

Autor: Gabriel Categoría: Sexo con Maduras

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