Relatos Eróticos de Sexo Lésbico


Festejando mi cumpleaños

2020-11-04


¡Era sábado por la mañana y estaba en los preparativos para la noche! ¡Estaba con un vestido como y el cabello atado, cuando de sorpresa llega Emili mi amiga y me da un manotazo en las nalgas! -Oh! ¡Perra me has sorprendido! - lo se era la idea, lista para esta noche? -casi esta todo pronto le dije. Y le devolví el apretón de nalgas. ¡Después de una larga charla y arreglo terminamos! ¡Me fui a dar una ducha y Emili espero en mi cuarto! ¡Cuando salí, se estaba probando mi ropa como de costumbre, fui y la agarre por atrás! ¡Apreté sus pechos y ella viéndonos al espejo sonrío! ¡Se dio la vuelta y me beso!, ¡le seguí el beso la tira en la cama y me subí arriba, le quiere el vestido y su sujetador! Comencé a besarle el cuello y luego bajé a sus hermosos pechos, que pos cierto eran grandes y ricos. ¡Sus pezones estaban duritos como me gustan y se los comí por un buen rato mientras ella gemía aaah!! ¡Ella comenzó a chupar los míos, que no son tan grandes, pero si ricos! mi mano bajo a su conchita que estaba tan mojadita, y no resistí debía comérsela, ¡y así fue! Introduje dos dedos de una ya no quería esperar. -aaaaah!!, gritaba, quiero más. ¡Así que cumpliendo sus deseos metí otro y luego otro hasta que introduje mi mano entera! ¡Y grito! ¡Tan fuerte que de seguro los vecinos escucharon! ¡Mi mano quedo empapada y como no quería quedarme con las ganas le pedí que hiciera lo mismo conmigo!! ¡Luego de eso nos vestimos y esperamos a nuestros novios! Camino a la playa, no podía dejar de verla, ¡cuánto la deseaba!! Llegamos acomodamos todo ¡y Emili junto con su novio se fue a la playa! Henry se quedó en casa conmigo un rato, donde aproveche a decirle si le gustaría verme con otra.

Autor: Morena_sexy Categoría: Sexo Lésbico

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NARCOSXXX

El secreto de mi madre con Ivonne

2020-10-28


Me llamo Yarumy, tengo 16 años, desde los 8 años vivo solo con mi mama Eva, tiene 34 años, ya que mi papa nos abandonó y nunca hemos vuelto a saber de él, soy hija única, mi madre es intendente en una escuela; nunca la he visto con nadie ni salir; siempre anda de su trabajo a la casa y viceversa ; el mayor tiempo la pasa conmigo, una que otra vez la van a visitar alguna prima o alguna compañera del trabajo, por lo general me quedo a dormir con ella, pero cierta ocasión me dijo que me quedara en mi cuarto a dormir que quería estar sola; le pregunte si algo pasaba y solo me dijo has lo que te digo, esa noche paso un rato y yo no conseguía dormir, me levante iba a ver a mi madre, la puerta de su cuarto estaba entre abierta, me asome y no estaba, todo estaba obscuro, solo se alumbraba con la luz de la tv, entré, en eso escucho que mi madre sale del baño y se dirige a su cuarto. No sé por qué pero de reacción que corro y me escondo en su closet, no se por que lo hice ya que no estaba haciendo nada malo, solo que ella me había dicho que esa noche quería estar sola y yo entre a su cuarto, deje solo un pedacito entre abierta la puerta del closet es de puerta corrediza, en eso veo que mi madre cierra con pasador su puerta, cosa que me inquietó ya que ella nunca lo hacia y mas que solo las 2 vivimos, mi madre y yo deduje que era para que yo no entrara a su cuarto esa noche, cerró bien las cortinas de su cuarto, bajo todo el volumen de la tv se acostó en la cama y cambio de canal en eso tomo su cel y después de un rato cambio a un canal donde estaba la señal en negro después de unos minutos salió un recuadro que decía: canales desbloqueados de x dia a x dia, y al dar en aceptar en la pantalla aparecio un hombre y una mujer teniendo sexo, mi madre habia desbloqueado los canales para adultos, lo curioso es que donde aparecian hombres con mujeres, no les ponía importancia, le cambia de canal hasta que en uno de ellos apareció una de dos mujeres, se besaban, luego se desnudaban y empezaron a tocarse en eso una de ellas pone de rodillas a la otra y comienza a lamer el ano. En eso mi madre que se comienza a masturbarse contoneaba de cierta manera mi madre estaba teniendo un orgasmo, yo no sabia qué hacer, solo ver, después de aquello, mi madre se paró, salió del cuarto y se fue al baño; yo aproveche para ir a mi cuarto y que bueno que lo hice ya que después de salir del baño mi madre fue a mi cuarto a verme, me hice la dormida y solo me dio un beso en la frente, al día siguiente todo igual me fui a la escuela, mi madre al trabajo. A la hora de la comida llegue con mi mejor amiga Ivonne ella tiene 17 años, en lo que comíamos le dije a mi madre si podíamos ver tv hasta altas horas de la noche hacer tipo pijamada y ver pelis ya que al otro dia era sabado y no habia clases, mi madre lo pensó poco y me dijo y crees que le den permiso a Ivonne, yo me quede sorprendida ya que lo decia por mi madre y yo, no por que Ivonne estuviera, pero me emocione por que ella es mi mejor amiga; mi madre se encargo de hablar con Martha la mama de Ivonne, acepto, lo que se me hizo raro despues de un rato es que mi madre le hacia mucha platica a ivonne y muchos cumplidos; hasta llegar a tener celos, se vino la noche estaba ya todo listo para hacer nuestra pijamada en la sala y me pide mi madre que vaya a la cocina por las cosas; palomitas; refresco entre otras cosas y a Ivonne si podia bajarle un cobertor del closet de la parte de arriba; subieron al cuarto y antes de ir a la cocina me dirijo al baño de arriba ,al salir paso por la recamara de mi madre, los cobertores estan en la parte de arriba la unica manera de alcanzarlos es trepandose en algo , voy a decirles si quieren ayuda y en eso Ivonne esta trepada en la escalera ,tratando de alcanzar el cobertor; mi madre agarrandole la escalera pero veo que empieza a hacercar la cara y la nariz a la cola de Ivonne con la otra mano se metio la mano mi mama debajo del pantalon se estaba masturbando ya para cuando Ivonne se iba a bajar de la escalera con el cobertor ; saco rapido la mano mi mama y le dio una olida rapida en la cola sobre los jeans a Ivonne; yo no sabia que hacer pero no dije nada y mi madre no se dio cuenta de que la vi, empezamos a ver pelis, tomar refresco ; palomitas de queso , despues de un rato nos estaba ganando el sueño, mi madre me dijo ya a dormir que nos esta ganando el sueño y ni vemos la peli; yo me levanté y fui a mi recamara a poner todo en orden ya que obvio Ivonne se quedaria conmigo; voy bajando la escalera para llegar a donde estaban en la sala cuando alcanzo escuchar que mi madre le dice : Ivonne dile a Yarumy que te sientes mal y que te vas a quedar conmigo para que yo te cuide ; espero poco y bajo haciendo ruido y le digo a mi madre ya nos vamos a dormir ; en eso Ivonne me dice lo que mi madre le dijo que me dijera; Ivonne es mi mejor amiga casi una hermana la conozco muy bien y por su mirada descubro que eso es por que mi madre se lo pidió , hago como que ya me voy a dormir , me despido dejo mi puerta de mi cuarto con pasador, me meto al closet de la recamara de mi madre, al poco rato llegan al cuarto, cierra con pasador , cierra las cortinas y le baja el volumen a la tv , se llevo mi madre refresco y palomitas , en eso le pone a alguno de esos canales y le pregunta a Ivonne si le gusta o los ha visto en eso en la pantalla aparece otra de mujeres en eso solo se queda viendo Ivonne y no sabe que contestar; comienza mi madre a besarla, la desviste, igual hace lo propio mi madre le comienza a chupar los senos a Ivonne, luego la pone boca abajo y le empieza a oler y lamer los pies mientras mi madre se masturba, después agarra unas palomitas de queso y se las restriega sobre las plantas de los pies de Ivonne para luego olerle y lamer nuevamente sus pies y seguir masturbándose mi madre ; después de un gran rato la pone en cuatro y comienza a olerle y lamerle la cola a Ivonne, hasta que se le empieza a expandir el ano a Ivonne que eso permite que entre y salga con facilidad la lengua de mi madre del ano de Ivonne. Después sirve en un vaso refresco de cola y se lo echa a dentro de la cola de Ivonne, después se echa un pedo y sale aquel liquido que mi madre espera con ansias con la boca abierta, continua mi madre oliendo y lamiendo la cola y los pies de Ivonne por un largo tiempo y le dice mi madre que no le hace nada vaginal ya que Ivonne toda vía sigue siendo virgen, yo sin darme cuenta como es pero ya me estaba dediando la cola, me estaba calentando , en eso mi madre le pone los senos a Ivonne para que se los chupara, después se acuesta en la cama y le dirige la cabeza a su vagina y comienza Ivonne a lamersela, le agarra mi madre una mano y le dice que la comience a dediar y con la otra mano que le agarre los senos, , en eso se pone de rodillas mi madre y le ofrece el ano a Ivonne y comienza a olérselo y a lamerlo , hasta que se le expande y ya Ivonne puede meter y sacar con facilidad la lengua de aquel agujerote de cola, luego le dice a Ivonne que le vacíe refresco de cola en la suya y que despues abra la boca la pegue bien a la cola de mi madre y después que se tome aquel liquido, cosa que despues de unos pedos de mi madre hace Ivonne. Después de un buen rato sigue Ivonne oliendo y lamiendo los pies y cola de mi madre , yo ya no pude aguantar y tuve mi primer orgasmo anal, acompañado de un ventarrón de pedos, pense que quizas se darian cuenta de mi presencia, al asomarme mi madre estaba besando en la boca a Ivonne, se pusieron su blusa y sus respectivas tangas y mi madre tapo a Ivonne y se tapo igual ella y abrazándola se quedaron dormidas con la tv prendida pero ya con la luz del cuarto apagado, yo me sali cerre con pasador, abri mi cuarto lo cerre igual y me fui a dormir ,a la mañana siguiente cuando desperte ya mi madre e Ivonne estaban ya hasta bañadas y arregladas , me disponia a bajar a la cocina a desayunar cuando veo que mi madre le pide a Ivonne que le vacie leche en su cola despues de un ratito acompañado de un pedo sale la leche de la cola de mi madre, sobre un plato, lo mismo le hace mi madre a Ivonne le pone leche en su cola y despues de un pedo sale de la cola de Ivonne sobre un plato, después le lame y le huele la cola y le sube su tanga y jeans y lo mismo hace Ivonne , ya sentadas enfrente de la mesa, del plato donde salió la leche de la cola de mi mama se lo pasa a Ivonne y del de Ivonne lo agarra mi madre, prepara cereal y unas frutas picadas y es lo que desayunan, al terminar mi madre le dice a Ivonne que lo que han echo es un secreto de amor, le pregunta que si lo que mi madre le habia echo le dolio o algo, Ivonne responde que no , mi madre agrega ni a Yarumy se lo puedes decir mas aparte te voy a dar algo de dinero y te comprare lo que necesites y esto se repetirá cuantas veces sea necesarias; después de hablar eso e Ivonne aceptar, mi madre la incó sobre una silla le quito las sandalias y me grito pensando que estaba toda vía durmiendo " hija ya despierta vamos a desayunar , y enseguida sobre sus jeans de Ivonne continuaba oliéndole la cola y pasando la lengua igual sobre el jeans a la altura de su cola , me volvió a gritar lo mismo y enseguida olio y lamio los pies de Ivonne todo esto hasta que yo subí a mi cuarto y le respondí a mi madre y después bajar , ya al oír que yo bajaba mi madre paró, mi madre preparo unas hamburguesas y preparo batido con chocolate y al probarlo se quedaron viendo y sonrieron por lo que mas temprano habían hecho, desayunamos, vimos algo de tele , tocaron el timbre fui a abrir y era doña Martha la mama de Ivonne , estuvo un rato y en lo que comía una galleta con refresco de cola nuevamente se quedaron viendo mi madre e Ivonne, les recordaba algo que pensaban que solo ellas sabian con respecto al refresco, sin pensar que yo fui testigo de todo lo sucedido ,ya al despedirse para irse doña Martha e Ivonne de forma muy sutil sin levantar sospecha alguna mi madre le volvio a oler la cola sobre los jeans y pasar a oler los pies a Ivonne , en eso mi madre saca el cel no se dio cuenta doña Martha pero mi madre habia sacado una foto de Ivonne incada en el sillon y con los pies descubiertos, esa fue la ultima noche donde me quede a dormir sola en mi cuarto , esa noche se volvieron a bloquear esos canales. A la fecha no ha vuelto a pasar, se vino lo de la pandemia mi madre y yo en la casa y sigo durmiendo abrazada y cobijada por mi mama.

Autor: Yarumy Arrope Categoría: Sexo Lésbico

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NARCOSXXX

Mi vecina y sus ganas de nuevas experiencias

2019-12-16


Desde hace un tiempo he tenido una amistad muy profunda con Laura (mi vecina), hemos hablado tanto y hemos llegado a tener tanta confianza que en ocasiones hablamos de nuestras relaciones personales con nuestras parejas. Por lo que me he enterado de que ella desea mucho mas de lo que su compañero la hace sentir. Días pasados nos encontramos en las escaleras y ella me invito a su apartamento me comento que me deseaba contar algo. Yo hice lo posible por negarme ya que venia de hacer ejercicio y me sentía algo sudada. Al fin me convenció y fui a su apartamento, me comento que su compañero se iba ir de viaje de trabajo a Perú casi por 15 días y no quería estar sola durante ese tiempo, yo como buena vecina le dije “puedes contar conmigo en todo lo que desees”, ella me paso una aromática y se sentó conmigo en el sofá. Me volvió a comentar que ella quería que su compañero la hiciera sentir cosas diferentes, y me empezó a preguntar que tipo de cosas hacia yo con mi compañero, le empecé a contar pronto me sentía húmeda y un poco de excitada por hablar de lo que hago con mi compañero. Mi vecina estaba muy atenta a lo que decía, supongo que se imaginaba como yo tenia sexo, al final mis pezones estaban bastante duros y se notaban ya que tenia un top y una blusa, lo cual mi vecina noto y me dijo “se nota que lo disfrutas” le pregunte “¿cómo lo sabía?” y con su boca hizo un gesto apuntando a mi pecho, me sentí algo avergonzada, ella también me comento que deseaba tener mas experiencias sexuales… yo le comente que debería hablar con su compañero, estuvimos hablando un rato hasta que llego el compañero y volví a mi apartamento. Días después asistimos a una fiesta donde compartimos con varios vecinos, hay bebimos unas cuantas cervezas, Laura tomo un poco de más, al salir de fiesta mi compañero me ayudo a llevarla al apartamento, la llevamos hasta la habitación, estaba algo borracha Laura me decía que todo le daba vueltas, le dije a mi compañero que me iba a quedar un rato para cambiarla y poderla acostar, el no tubo mayor inobediente y se fue para nuestro apartamento. Yo me quede con Laura a solas, dijo me da mucha vuelta la cabeza creo que voy a vomitar, la lleve al baño le sujete el pelo y ella saco todo lo que había tomado, cuando acabo. La llevé a la cama y empecé a quitarle la ropa. Empecé por los zapatos, luego por el pantalón (cuando lo quite sentí un poco de morbo), luego la blusa (me fije que su ropa interior combinaba, me empecé a excitar), al tenerla así solo en ropa interior me di cuenta de que tenía un buen cuerpo, sus senos no eran muy grandes, pero se veían redonditos, su cadera era bastante interesante por lo cual su cola se veía muy bien. Cuando la admiraba acostada en la cama reacciono y me dijo “¿qué haces?” yo le respondí “colocándote una pijama”, ella señalo un cajón del armario, voltee y me dirigí al cajón y me di cuenta que su pijama era un camisón, cuando volví a ella se estaba quitante la ropa interior y entro al baño, espere y mientras esperaba sentí la ducha, entre al baño y Laura estaba en la ducha totalmente desnuda y me volteo ver y me dijo “te parezco sexi” y yo le respondí “tienes un gran cuerpo” al decir eso ella salió de la ducha y me dijo “como tengo un gran cuerpo, quiero que me hagas sentir cosas nuevas” ese comentario me puso a mil. y cuando reaccioné me estaba besando y yo la seguía, la besaba, pronto me fui quitando la ropa, cuando ya no tenía ropa vivimos a la cama la empecé a besar cada centímetro de su cuerpo bajando por su cuello hasta el centro de su pecho, bese sus senos los cuales eran redonditos, con aureolas de café oscuro, pronto volví a besarla a los labios y volví a bajar a besarla toda, seguí bajando hasta llegar a su vagina, la tenia muy bien depilada y empecé a desalara a jugar con mi lengua, con mis manos abría sus piernas para besarla bien, con mi mano derecha subí su pierna para seguir besándola, pronto empecé a jugar con mis dedos y mi lengua al mismo tiempo, Laura se estremecía cuando metía los dedos mas profundo y mas rápido. empezaba a gemir fuertemente. ella lubricaba bastante y eso me hacia a jugar con mis dedos más y más rápido, ella se estremecía de placer. Pronto le levanté las dos piernas y ella las puso al lado de sus hombros, me fascinaba como lubricaba y jugaba con mis dedos hasta que la hice venir…. Al hacerla venir me acosté al lado de ella, pero ella quería mas y se levanto y de una bajo a mi vagina y empezó a besarla, yo solo intentaba abrir mis piernas para que ella besara bien y pudiera jugar perfectamente, mientras me besaba jugaba con mis senos… me excitaba mucho y sentía como me mojaba a cada momento mas y más… lo único que yo hacia era agarrar las almohadas del placer que sentía… pronto la coja y la besaba, sentía mis fluidos en su boca, pronto la agarre y la levante de tal forma que su vagina quedó en mi cara, y la besaba tan profundo que sus piernas temblaban mucho, pronto se dio la vuelta y quedamos en un 69, el cual fue me bueno, ya que sentía escurrir sus fluidos vaginales y era genial… ella jugaba con mi vaginita tan bien que pronto me hizo venir y con eso me hizo lubricar tanto que pronto moje mucho la cama… ya pronto ella fue parando hasta que se paró y se acostó a mi lado abrazándome y besándome, pronto se quedo dormida. Al quedarse dormida yo me levanté, me vestí y salí. En ocasiones lo repetimos y hemos gozado mucho.

Autor: Anónimo Categoría: Sexo Lésbico

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NARCOSXXX

Por curiosidad

2019-12-10


Me llamo Lucia. Tengo 20 años y soy de México. De cuerpo; soy delgada, pechos medianos, trasero mediano también. Piel blanca, cabello obscuro, de cara bonita (diría yo). Tengo una amiga de nombre Leticia. Ella tiene unos pechos generosos, piernas bien formadas, trasero mediano; pero muy redondo. Al igual que yo, ella es blanca, cabello castaño claro. Lety y yo no tiene mucho que nos conocimos, pero hemos formado una muy buena amistad; tanto que le he ayudado en las algunas cosas íntimas y por ahí mismo comienza lo ocurrido. No sé el motivo, pero tenía cierta curiosidad o inclinación por querer tocar un cuerpo femenino. Debo de confesar que el acariciarme no me satisfacía y eso que fantaseaba con el hecho de yo acariciaba otro cuerpo. En fin. Un día de tantos con los que me encontraba junto a Lety. Que por cierto le gustaba andar desnuda en su casa cuando no había nadie y es que debo de decir que mi amiga era un poco exhibicionista. He de confesar también que aquel cuerpo me ponía nerviosa, a veces no entendía del porque no tenía ni un poco de pudor al hallarse sin ropa en frente de mi. Esa ocasión hablábamos acerca de sentirse libre; a lo que ella me propuso que me quitara la ropa, para que comprendiera el hecho de sentirme liberada. Luego de tanta insistencia por parte de ella, accedí. Me sentí apenada, porque a excepción de mis hermanas o mi mama no había estado desnuda frente a otra chica. Pero también ese hecho me excito un poco. Estuvimos viendo unas pelis en la recamara de Lety. Pronto ella se quedó dormida. Como estábamos en su cama ella estaba acostada y yo sentada. La curiosidad de contemplar a mi amiga desnuda era tan fuerte que ya ni le ponía atención a la peli; sino, contemplarla. Leticia tenía sus brazos bajo su cabeza, simulando ser almohada; por lo que sus grandes pechos se veían levantados. La visión hacia que me frotara el clítoris. Pero luego de unos minutos, mi mano se dirigía a tocar un seno de mi amiga. Al conseguirlo, me excito de gran manera; tanto que ahora tenía ambas manos en esas bubies, acariciando parte de sus pezones rosados, sintiendo como se hallaban firmes, suaves y deliciosos. Los acariciaba desde el nacimiento, hasta el terminar en sus pezones. Ahora mis manos acariciaban sus piernas, hasta llegar a su peluda vagina. Mi dedo acariciaba con suavidad su botón del placer. El hecho de oler su humedad en mi dedo me hacía casi chorrearme. Me dirigí hacia el baño para masturbarme; pero no podía concentrarme, ese olor en mi dedo no me lo permitía. Así que regrese y para sorpresa Leticia tenia las piernas abiertas. Como pude me acerque para seguir disfrutando de su olor. Olor que me hacía querer probarlo; así que me arme de valor y le di un tímido beso en sus labios vaginales. Algo me hizo seguir besando aquel capullo. Tanto que ya no me importo lo que sucediera; así que mis besos y lengüetadas eran más atrevidas; tanto que Lety, pronto comenzaría a gemir entre sueños. No tardo en despertarse y confundida me dijo " Que haces?" -No pude evitarlo. Perdóname. -No te preocupes. Yo también tengo curiosidad. Y es que como compartíamos tanto en común, que en algún momento le platique acerca de esa curiosidad. Compartíamos tanto que hasta llegamos a compartir ropa interior. Tangas para ser exacta. A mi me gustaba masturbarme cuando le prestaba alguna y ella la devolvía; pensando en que si la habría humedecido... Pero en fin. -¿Quieres seguir con lo que estabas haciendo? -En, en serio? -Si. Ven. Al cabo esto quedara entre nosotras ¿No? Puso dos almohadas para ponerse cómoda, abriendo las piernas lo más que podía; así que como cuando comes algo que se te antojaba, devore su vagina como loca. Pronto Lety empezó a lubricar y echar líquido. La verdad no sé cómo lo hacía, pero ella gemía y se retorcía como loca. Le gusto tanto que puso sus manos en mi cabeza, como empujando para que siguiera con la mamada que le daba. Su sabor y su olor me enloquecían; a tal grado que no paraba de recorrerle el coño con la lengua. Ella me aparto para después darme un beso. De esos besos que en lo personal hagan que me escurra. Sus manos acariciaban mis nalgas, subiendo por mi espalda, hasta colocarse en mis senos. Ahora. Leticia masajeaba y besaba mis pechos. Ohhh!! Que bien lo hacía. Me hizo acostar en la cama, para que ella me devolviera el favor. Favor que me hizo tener un orgasmo, al poco tiempo de que ella comenzó a mamarme la vulva. Volvió a besarme y de ahí me di cuenta a que sabían mis jugos. Pronto estaríamos haciendo un 69. 69, que las dos lo disfrutamos gimiendo y retorciéndonos de placer. Sus jugos salían casi a chorros; por lo que me apuraba a no desperdiciar tan rico líquido, lo mismo hacia ella. Después de que ella termino su orgasmo, era yo la que de nueva cuenta le llenaba la boca con mis jugos. Nos besamos, quedándonos acostadas, para luego quedarnos dormidas. Esta fue mi primera experiencia lésbica y la verdad no me arrepiento de nada. Aunque más bien ahora soy bisexual.

Autor: Vladimir escrit Categoría: Sexo Lésbico

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NARCOSXXX

Mi primera vez con Laura

2019-12-10


Hola. Me llamo Anni, tengo 25 años y estoy en 2º de Farmacia. No es que sea repetidora o mala estudiante, sino que esta es mi segunda carrera. Estudié Enfermería, pero me supo a poco y ahora estoy en Farmacia. Tengo novio desde hace 4 años. La verdad es que estoy muy bien con Carlos, nuestra vida sexual es casi perfecta, y nos complementamos a la perfección. Pero hoy no os voy a hablar de él, sino de la primera vez que tuve una relación con una chica. Siempre he sido hetero, no tengo ninguna duda, pero desde que empecé a salir con Carlos me ha preguntado muchas veces si me gustaría probar alguna vez con una chica. Ya sabéis que todos los tíos flipan con hacer un trío con su novia y otra chica, y Carlos no es una excepción. La primera vez que sacó el tema me pilló totalmente por sorpresa. Yo no me lo había planteado nunca, pero decidí seguirle el juego. Siempre ha quedado dentro del ámbito de la fantasía, pero Carlos incluso me preguntaba con qué chica me gustaría hacerlo, qué es lo que haría con ella, etc. Mis respuestas también eran pura fantasía. He de reconocer que muchas veces me ponía cachonda al dar respuesta a todas sus preguntas, pero siempre pensando que a la hora de la verdad sería incapaz de hacer nada, y mi excitación venía más por la reacción de Carlos que por mis ganas de hacerlo realmente con una chica. Me gustaba inventar e imaginar, porque a Carlos mis respuestas le ponían a cien, pero lo cierto es que poco a poco las fantasías de Carlos pasaron a ser también las mías. Tengo una compañera en la uni que se convirtió en la protagonista de mis películas. No me pregunteis porqué. No era una de mis mejores amigas, simplemente tenía buena relación con ella, nada especial. Pero Laura tenía algo que la hacía muy interesante, y cuando empecé a fantasear con Carlos explicándole con qué chica me gustaría hacer un trio, la verdad es que Laura fue la primera que me vino a la cabeza. Laura era un poquito más alta que yo, cosa que tampoco es muy difícil. Tiene el pelo negro, los ojos verdes y una sonrisa preciosa. Es una chica que sin ser especialmente guapa es realmente atractiva porque es muy dulce y amable. Y lo que más llama la atención: tiene un pecho perfecto. Yo siempre he tenido poco pecho, y por eso envidio a las chicas con unas buenas tetas. Las de Laura parecían perfectas. En verano venía a menudo con camisetas ajustadas y sin sujetador, y a pesar de su tamaño se mantenían en su sitio, como dos globos mirando al cielo. Pues bien, tal como os decía, de tanto explicar a Carlos lo que haría con Laura, llegó el día en que me la empecé a mirar de otra manera. Tampoco era nada exagerado por mi parte, pero de repente pasé a fijarme cada día en como venía vestida, cosa que unos meses atrás habría sido impensable. Ahora bien, el punto de inflexión llegó el día en que me enteré de que Laura era lesbiana. Sin saber porqué, el hecho de conocer ese dato hizo que mi ligero interés en Laura de repente se convirtiera en atracción, y con el tiempo, casi en obsesión. Me enteré por pura casualidad. Un día, en el comedor de la uni, comíamos un grupo de 5 o 6 chicas y salió el tema de la anorexia. Y Laura comentó, con total naturalidad, que un par de años atrás tuvo una novia que tuvo anorexia. Y en ese momento me dio un vuelco el corazón. Yo no tenía la menor idea de que Laura podía ser lesbiana. Todo lo que yo me inventaba con Carlos era pura fantasía, y nunca tuve la intención de llevarlo a la práctica. Pero el hecho de saber que Laura era lesbiana lo cambió todo. No sé si os ha pasado alguna vez, que un chico en el cual no te habías fijado nunca, de repente te empieza a gustar cuando sabes que va detrás tuyo. Pues algo parecido pasó con Laura. Como que siempre pensé que sería totalmente imposible hacer nada con ella, mis fantasías eran totalmente inocentes. Pero el hecho de saber que era lesbiana hizo que esas fantasías pasaran a ser potencialmente realizables, y eso me aceleró el corazón de manera brutal. No quise decirle nada a Carlos sobre la condición sexual de Laura, porque vi que poco a poco me iba obsesionando con ella. Cada día la encontraba más guapa, y empecé a tener la sensación de que ella también sentía algo por mi. No me dijo nada, pero más de una vez al buscarla con la mirada en clase vi que me estaba mirando fijamente. Quizá fueron imaginaciones mías, pero yo tenía la sensación de que Laura había notado mi fascinación con sus tetas, y empezó a venir con prendas más escotadas. Yo no puedo fardar de escote, pero creo que tengo unas piernas muy bonitas y a medida que iba creciendo mi obsesión con Laura se iban acortando mis faldas. Empezamos a tener más relación en la uni, y más de una vez, cuando estábamos juntas hablando de cualquier cosa, me ponía la mano de forma inocente en mi pierna, por encima de la rodilla. Os podéis imaginar que ese gesto inocente -luego supe que de inocente no tenía nada- me ponía a mil. Hasta que llegó el día en que el destino se empeñó en forzar la situación. En la asignatura de química orgánica tuvimos que hacer un trabajo por parejas. En cuanto el profe explicó el trabajo, nuestra reacción fue inmediata: nos buscamos con la mirada y con un simple gesto quedó claro que las dos queríamos hacer el trabajo juntas. Yo vivía en casa de mi madre, que trabajaba en turno de tardes y no llegaba nunca a casa hasta las nueve de la noche. Por lo tanto decidimos quedar en mi casa para hacer el trabajo. Podríamos haber ido directas desde la uni, pero Laura quiso pasar por su casa para sacar a pasear al perro, así que quedamos en casa a las seis. Cuando sonó el timbre y abrí la puerta me di cuenta de que Laura no sólo había sacado a pasear al perro, sino que había aprovechado para ducharse y cambiarse de ropa. Tenía todavía el pelo mojado, y llevaba un top blanco cruzado y una minifalda plisada de color negro. Era espectacular cómo le quedaba el escote con ese top blanco, y Laura lo sabía. No pude evitar hacer un comentario al abrir la puerta: -¡Caray, qué guapa que estás! ¿Te has hecho algo en el pelo? -le dije mientras me daba cuenta de que jamás le había dicho nada parecido y quizá consideraría muy atrevido mi comentario. -No, sólo me lo he lavado y lo llevo recogido. Por cierto, ¡tú también estás muy guapa! Su respuesta me hizo ver que no le molestó en absoluto mi comentario, y que ella se había dado cuenta de que yo también me había cambiado de ropa. La verdad es que me había tirado más de media hora pensando qué ponerme. Al final opté por un minishort de color blanco y una camiseta de lycra de color rosa. Decidí no ponerme suje, la camiseta era muy ceñida y si las cosas salían como quería, no me iba a hacer ninguna falta. Estuvimos un rato en la cocina hablando de nuestras relaciones sentimentales, de la ex de Laura, de mi novio, de sexo y de mil cosas más. Nunca había tenido una conversación de este tipo con Laura, y el hecho de que ella aprovechara para soltar varias indirectas me puso realmente cachonda. Entre otras lindezas me preguntó si yo me había enrollado con una chica alguna vez. Al decirle que no, me dijo: -¿Y nunca has tenido curiosidad? -Bueno, de hecho mi novio me insiste en que hagamos un trío con otra chica, pero no lo veo claro. Supongo que tendría que ir muy borracha para hacer algo así. -¿Empezamos a beber entonces? Y ahí ya no supe qué responder. Me puse más roja que un tomate y más caliente que el palo de un churrero. Dios, le hubiera dado un beso en ese mismo momento, pero supongo que el miedo me frenaba. Yo lo estaba deseando, y parecía claro que Laura también, pero algo en mi me bloqueaba y lo único que se me ocurrió decir fue que empezáramos el trabajo o se nos echaría el tiempo encima. Fuimos a mi habitación, y me senté delante del ordenador para empezar a redactar. Laura se sentó en la cama de tal forma que cuando me giré un momento para preguntarle algo me di cuenta de que se le veía todo el tanga. Dios, vaya tanga. A duras penas le tapaba la mitad de su coñito. Frente a semejante visión fui totalmente incapaz de disimular, me quedé en silencio totalmente embobada. Laura se dio cuenta, pero no quiso aprovechar el momento para dar el siguiente paso, sino que me dijo: -Anni, ¿qué me habías preguntado? Estaba yo para saber qué le había preguntado... Me estaba poniendo totalmente cachonda, pero quise seguir con la conversación y le pregunté cualquier tontería sobre el trabajo. Me giré para seguir tecleando, pero noté como mi coñito se estaba empezando a animar. Y Laura era plenamente consciente. Al cabo de un momento Laura se levantó y se acercó al ordenador para leer lo que yo llevaba escrito. Se quedó de pie junto a mi silla, y se inclinó hacia delante para poder ver bien la pantalla. Eso hizo que sus tetas quedaran junto a mi cara, a la altura de mis ojos. Eran realmente perfectas. Nunca las había tenido tan cerca, y la forma del top que llevaba Laura, unido al hecho de que ella estuviera inclinada hacia delante, hacía que desde mi posición le pudiera ver todo el pecho, incluído el pezón. Laura lo sabía, porque además se movía siguiendo las líneas de texto por la pantalla, algo totalmente innecesario para leer el texto, pero totalmente necesario para que sus tetas se fueran balanceando suavemente y mis pezones se fueran poniendo a tono. No pude apartar mis ojos de sus tetas, entre otros motivos porque el movimiento de Laura hizo que uno de sus pezones rozara con mi mejilla. En ese momento Laura apartó la mirada de la pantalla y clavó sus ojos en los mios. Se quedó un par de segundos mirándome, sin decir nada, con una mirada lasciva que me pedía un beso a gritos. Yo me quedé quieta, sin saber qué hacer, aguantando la mirada mientras me derretía por dentro, y después de esos dos segundos que se me hicieron eternos Laura me dio un beso precioso. Empezó despacio, besando sólo mis labios, para a continuación humedecerlos con su lengua y finalmente meterme la lengua entera y comerme toda la boca. He besado a muchos chicos, y recuerdo besos especialmente intensos, pero nunca había sentido nada así. Estuvimos un buen rato besándonos sin movernos. Yo seguía sentada y Laura de pie junto a mi, acariciándome la cara y el pelo mientras me besaba. Mi grado de excitación era máximo, y mis pezones se pusieron duros como una piedra. En ese momento Laura pasó una mano por detrás de la silla y empezó a acariciar mi pecho por fuera de la camiseta. Al no llevar sujetador se podían notar mis pezones fácilmente y Laura empezó a jugar con ellos. Sus suaves pellizcos me provocaron una excitación total y noté como mi coñito se empezaba a mojar. Supongo que Laura también lo intuyó, porque acto seguido su mano empezó a deslizarse por mi barriga hasta llegar al botón de mis shorts, que abrió con una sola mano. El simple hecho de notar que había abierto el botón hizo que mi coñito reaccionara mojándose todavía más. A continuación metió su mano por dentro del short y pudo notar mi coño totalmente empapado. -¿No llevas ropa interior? -me preguntó con una sonrisa picarona. -Pues con las prisas me habré olvidado -le dije con un tono tan seductor como nervioso. -Qué guarra. Sabía que te morías de ganas de que esto pasara -me dijo mientras volvía a comerme la boca. Me sorprendió que me llamara guarra, pero me lo dijo en un tono tan sexy que me puso más cachonda todavía. Me abrí de piernas tanto como pude para que su mano pudiera jugar libremente por debajo de mis shorts. Tenía el coño totalmente empapado y Laura jugaba con mi clítoris de tal manera que yo era incapaz de hacer nada más. En ese momento mi cabeza no pensaba en sus tetas ni en su tanga, todos mis sentidos estaban puestos en disfrutar como una loca mientras su mano recorría mi coño jugoso y acariciaba mi clítoris. Laura fue subiendo la intensidad con la que movía su mano y no tardé demasiado en correrme por primera vez. No pude evitar soltar un gemido de placer y Laura aprovechó para cogerme del brazo y ponerme de pie. Nos seguimos besando, y mientras Laura seguía con su mano dentro de mis pantalones yo aproveché para empezar a acariciarla por debajo de su falda. Empecé a acariciarle los muslos y a acercarme lentamente hacia su coñito. Tenía unas ganas locas de tocarlo, pero mi mano avanzaba dubitativa porque también tenía cierto miedo a lo desconocido. Por momentos me invadió una rara sensación de estar haciendo algo malo, pero Laura me cogió la mano y la llevó a donde mi corazón la quería llevar pero de donde mi cabeza la intentaba apartar. El coño de Laura también estaba empapado, lo noté cuando mi mano rozó su tanga. Continuará...

Autor: Anni Categoría: Sexo Lésbico

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Andrea

2019-12-06


Narro mi primera relación lésbica con una chica que he conocido en una red social porno. La primera vez que tienes sexo con una chica es muy especial. Mientras que con un chico tienes la sensación de “cierto control”, con una chica es muy diferente. Además, es curioso, una de ambas se erige como la hembra alfa aunque casi siempre prevalece el respeto y la sensibilidad no exento de cierto romanticismo. Por lo menos esa fue mi primera experiencia… Andrea Llevábamos más de un año chateando a través de una red social porno. Conversaciones similares a las que pueden tener dos amigas tomando algo en un bar o paseando por la calle. El sexo no era el principal punto de interés. Si bien es cierto que Andrea, como dice en su perfil en dicha red, es lesbiana y yo soy una persona heterosexual con curiosidad. En alguna conversación, un tanto más picante, nos hemos enviado fotos hechas en el momento de nuestras tetas…caras…y poco más. Un día Andrea me comento que por que no nos conocíamos que llevábamos mucho tiempo hablando y podíamos dar un paso más en nuestra amistad…hasta entonces virtual. A mí me pareció muy atrevido pero, la verdad, que tenía interés y curiosidad. Todo ello motivado por nuestras largas charlas y sobre todo por nuestros momentos eróticos vividos a través del intercambio de fotos. La propuse venir a Madrid, de fin de semana, y quedarse en mi casa. La próxima vez iría yo a la suya en Ciudad Real. La propuesta le pareció interesante así que acordamos conocernos el viernes 11 de octubre en la estación de atocha a las 20 horas. Estación de atocha. Llego con 15 minutos de adelanto. Voy vestida con un pantalón de cuero negro y una camisa blanca por fuera. El ave llega puntualmente. Al poco tiempo aparece Andrea. Yo la conocía por las fotos que nos intercambiamos. Me dirijo a ella y nos fundimos en un abrazo. La cojo la mano y nos vamos andando a la zona donde yo he aparcado el coche. Ambas estamos muy contentas y la situación es emocionante entre risas y complicidad… Yo me encuentro muy a gusto. Es una situación un tanto extraña pues me da la sensación de que somos pareja…sin serlo formalmente. Andrea es una chica muy atractiva, rubia…no tan flacucha como yo y guapa. También es cierto que siento miedo y prudencia por lo que pueda suceder. Temo no estar preparada para ello. Llegamos a mi casa deja las cosas en su cuarto y nos vamos a tomar algo. Nos movemos por los bares de la zona de picoteo mientras vamos hablando y conociéndonos mejor. Una cosa que me intimida y me excita de ella es que me mira mucho a los labios cuando hablamos y además se acerca bastante a lo largo de la conversación. Recorremos, de tapas, la calle Doctor Castelo y al final acabamos en un sitio, muy conocido, de copas. Nos dan cerca de las dos de la mañana hablando. La sintonía entre ambas en total. Se podría decir perfectamente que estamos ligando y a la espera de ver cuál de las dos da el primer paso o el primer beso. Pues sí, dicho momento llega provocado por Andrea. Me da un leve beso muy suave en los labios y se retira un poco. Espera mi reacción. Yo la miro a los ojos y sonrío. Se vuelve a acercar y me vuelve a besar así varias veces hasta que en una de ellas no se separa y me mete su lengua. Yo reacciono de inmediato y presiono su lengua con mis labios y al mismo tiempo la abrazo hacia mí. Es un beso de tornillo súper profundo, en el cual, yo no la pongo nada fácil separarnos. Lo que más me gusta es que de vez en cuando nos separamos nos miramos a los ojos y nos volvemos a lanzar al beso pasional. No siento pudor ni vergüenza. Salimos del local y vamos agarradas directas hacia casa. De esquina en esquina nos paramos y nos volvemos a dar un beso pasional. Entramos en el portal, en el ascensor. Dentro de este Andrea me pone despaldas a ella me mete la mano por el pantalón e introduce su dedo en mi vagina. Sin lugar a duda en esta situación, nueva para mí, ella es la hembra alfa. Entramos en la habitación me tira sobre la cama con agresividad me quita de un tirón el pantalón y las bragas, a la vez, e introduce su cabeza en mi entre pierna. No sé cuánto tiempo esta así. Como sabe que soy primeriza no me lleva a más. Se conforma con comerme el coño y hacerme disfrutar. Me da la sensación que me está demostrando como se debe de comer un coño. Tengo que reconocer que nunca nadie me lo había comido así. Esta cerca de una hora o más jugando con mi coño, lo abre, lo cierra, lo lame, me mete los dedos, lo echa saliva,…en fin todo tipo de cosas que me hacen estar en la nube sin voluntad. Cuando acaba se tumba a mi lado. Yo estoy muy jadeante y me estoy masturbando. Ella me mira y me da muchos besos en la boca. En ningún momento me pide que la haga nada, al contrario está muy permisiva conmigo en ese sentido. Eso si, en un momento determinado, se sienta encima de mí, me echa los brazos hacia atrás me dice Irene espabila que quiero que me respondas a una pregunta, y me dice: ¿Quieres que salgamos juntas y poco a poco te vas soltando hacia mí? By Irene3Ne

Autor: Irene Categoría: Sexo Lésbico

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Mi primera masturbación

2019-11-24


Paso la noche en casa de mi mejor amiga y tumbadas encima de la cama empezamos a cotillear sobre sexo... Mi primera masturbación. Basada en hechos reales…. Sucedió…un poco tardía. Estaba estudiando. Por aquel entonces tenía una amiga íntima que se llamaba Laura y era mucho más madura sexualmente que yo pues, entre otras cosas, salía con un chico…La confianza entre ambas era muy grande y hablábamos mucho de chicos y me contaba lo que hacía con su novio. A ella le sorprendía muchísimo que yo aún no hubiera salido con alguien y no tuviera ninguna experiencia sexual más allá de unos cuantos morreos. Una noche salimos un grupo de amigos, en el cual estaba ella y su novio, y estuvimos de bares por la zona de Malasaña. Nos fuimos a dormir no muy tarde y yo me quede, esa noche, a dormir en su casa. Laura, es una chica morena como yo, con ojos azules estatura mediana tirando a delgada y con pechos medianos…por aquella época. Yo en cambio era muy delgada con muy poco pecho y cara de aniñada… Ya en la habitación suya, tiene dos camas, me decía que se había quedado con ganas de follarse a su novio. Yo muy curiosa, como siempre, le preguntaba donde lo hacían. Y ella me contaba que en su casa y en la del novio cuando los padres no estaban y tenían seguro que no iban a ir. Además también en los probadores de centros comerciales e incluso también en el coche en el parking de su casa…ella se ponía de rodillas en el maletero se bajaba las bragas y él se la follaba….a mi todo esto me quedaba muy muy grande….Veía a mi amiga con cierta envidia… Seguimos hablando de sexo…y ella me comento que le gustaba mucho cuando su novio la comía el coño…y que se corría si la lamia reiteradamente el clítoris…ajaja…a mí lo del clítoris casi me sonaba a chino….La dije que yo no me había masturbado nunca…y que tampoco sabía muy bien cómo hacerlo…y mucho menos que era o como era la sensación de un orgasmo….y de esta conversación surgió mi primera experiencia…. Laura me dijo ¿quieres que nos masturbemos juntas? Yo estaba muy excitada y al mismo tiempo con mucha vergüenza de desnudarme delante de mi amiga. Yo era por aquella época de taparme cuando estaba en un vestuario compartido. Pero muchas veces la voluntad puede con el entendimiento y este fue mi caso…no pude reprimir el deseo en mi estado de excitación…estaba muy muy salida en ese momento…con un grado de nerviosismo, temblores, emoción que nunca antes lo había sentido… Laura me dice, haz lo que yo hago. Laura estaba en braguitas con una camiseta de tirantes y yo exactamente igual la única diferencia es que ella no llevaba puesto el sujetador. Laura se quitó la camiseta y me miro a mí para que hiciera lo mismo. Me quite la camiseta y también el sujetador. Ya estábamos las dos con las tetas al aire como se suele decir…ella me miraba las mías y yo las suyas. Que pezoncitos más pequeños tienes…me comento. De repente ella se chupa los dedos y empieza a acariciarse un pezón…Se levanta muy rápidamente va al servicio y viene con crema en la mano…se unta los dedos y me pringa una teta. A continuación con los dedos untados en crema se masajea ambos pezones…yo hago lo mismo y empiezo a sentir una sensación de placer muy muy extraña. Se me cierran los ojos de placer y ambas suspiramos…nos miramos y nos reímos. Estamos así mucho tiempo…no sé cuánto pues pierdo la noción del mismo. He descubierto que me gusta mucho apretarme los pezones y ver como se me escapan de los dedos. Además, y esto nunca se lo he dicho a Laura, siento muchos deseos de morrearme con ella. Laura, se quita las bragas y yo, sin pensarlo, hago lo mismo. Yo observo lo que hace. Mi primera imagen es que no tiene pelos en el coño. En cambio yo tengo una mata muy importante…ajaja. Ella me mira y se sonríe…pero no me dice nada. Observo como se mete los dedos en el coño lentamente varias veces…los saca y se los chupa. Yo hago lo mismo…pero al introducir los dedos tengo una sensación de mucha lubricación…es increíble…estoy empapada…algo muy nuevo y distinto para mi…saco los dedos y me los chupo…me encanta el sabor de ese líquido viscoso y transparente…Laura se acerca a mí me tumba del todo me coge un dedo y me dice presiónate aquí moviendo lentamente el dedo de arriba hacia abajo. Bueno, que os voy a decir…la sensación es inimaginable…me asusto bastante pues mi cuerpo, mi mente o ambos se encuentran inmersos en un placer muy profundo y continuo que no puedo describir…pero que hoy sé que era mi primer orgasmo profundo y continuado. Además sufro ciertos espasmos que me llevan a una situación como de falta de voluntad…vamos que si en ese momento alguien abre la puerta y entra yo ni me hubiese enterado…hubiera sido un objeto de placer…. No sé cuánto tiempo pasa pero os aseguro que si no es por Laura todavía sigo masturbándome…ajaja. Cuando me recupero, un poco, le digo a Laura que ha sido maravilloso. Que me ha encantado. Además estamos ambas desnudas y no siento vergüenza. Laura, me dice que la próxima vez que lo haga, además de acariciarme el clítoris, me meta al mismo tiempo un dedo en el culo y que la sensación es todavía mucho más placentera. Antes de dormirnos Laura se empeña en que me depile el coño. Yo no quiero pero si acepto a rasurármelo. Así que con unas tijeras me corto el pelo muy cortito. Y con una maquinilla me quito el de las ingles. Esto, en cierto modo también me pone, además sigo notando muy intensamente el deseo de morrearme con Laura y ahora incluso de besarla en el coño…pero no me atrevo a decirlo y tampoco sé cómo sacar ese tema de conversación…pero os aseguro que mi primera experiencia con otra persona podría haber sido lésbica. A veces pienso, todavía hoy en día, como hubiese reaccionada Laura si la hubiera intentado besar… Pero aún falta lo más sorprendente de todo…Laura me pregunta ¿Te gustaría que mi novio nos follara a las dos?...el siempre me dice que tú eres muy guapa...y hacerlo las dos con él de forma consentida no me da celos ni me molesta… Irene3Ne

Autor: Irene Categoría: Sexo Lésbico

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Hetero comiendo un coño

2019-11-13


Nunca me había llamado la atención follar con una chica pero con ella fue diferente Antes de empezar me describiré un poco. Soy una chica "alta" mido 168 cm, buenas tetas la verdad me gustan mucho, con curvas aunque no me considero gorda y con un culo que quita el sentido. Vivo en Salamanca y tengo 18 años. No me enrrollare más hablando de mi y empiezo con el relato. Yo siempre me había considerado heterosexual, siempre que he tenido pareja ha sido con un chico y nunca me llamó la atención follar con otra chica pero con ella fue diferente. Esto ocurrió hace dos meses, no voy a decir su nombre por su privacidad pero la llamaremos Mireia. A Mireia la conocí por Instagram, ella comenzó a seguirme y al principio no pasaba nada fuera de lo normal algun like en mis fotos o contestar a mis historias en fin lo típico, pero poco a poco nuestra relación se volvió más estrecha, empezamos a hablar todos los días y podíamos hablar durante horas y sobre cualquier cosa. Pronto me di cuenta de que Mireia era una chica encantadora y a la vez muy viciosa y eso me encantaba. Yo no me daba cuenta pero empezábamos a gustarnos, sin querer o queriendo nos tirábamos los tejos, y casi sin enterarnos empezamos a tener conversaciones más subidas de todo, hablábamos casi siempre de lo que nos gustaria hacer si consiguiéramos vernos un dí, ambas queríamos vernos y no solo para ir de compras sino para experimentar sexualmente ambas. Empezamos a ser cada vez más claras la una con la otra puesto que las dos sabíamos que queríamos follar juntas. Así que cuadramos el día para quedar en Salamanca. La noche antes hablamos y ambas nos moríamos de ganas por abrazarnos, besarnos, sentirnos y comernos. Esa noche me dijo algo que me provocó muchas más ganas de verla -Cariño *Dime -Mañana te voy a comer ese coño como nunca lo han hecho, te voy a dar los mejores orgasmos de tu vida y no te preocupes que yo me encargo de llevar todo lo necesario para que disfrutes, tu solo ven dispuesta a disfrutar y a divertirte como nunca preciosa Ese mensaje hizo que me mojara entera era una mezcla entre cariño y autoridad, sabía que ella llevaría la delantera en esa ocasión (puesto que NUNCA me había acostado con una chica) y se lo agradecía porque la verdad iba bastante perdida no sabía que hacer pensaba en como iba a darle placer si nunca me había comido un coño. Al día siguiente cogí el coche y fui hasta donde habíamos quedado, era una cafetería prec y muy acogedora. Cuando entré por la puerta la vi allí sentada con su melena morena, en el momento que me vio se levantó y vino hacia mi. Estaba preciosa con un vestido corto negro que marcaban su perfecta figura era delgada pero con unas tetas preciosas que daban ganas de tirarte a por ellas y un culo al que no podía quitarle la vista de encima y algo de lo que no he hablado su preciosa cara con unos ojos color miel que te penetraban, unos labios gruesos pero no demasiado y una sonrisa perfecta. Cuando nos encontramos de frente nos abrazamos y besamos en la mejilla, fuimos hacia la mesa y charlamos un rato mientras nos tomábamos un café, al rato se acercó a mi y me susurró "vamos a mi casa" Pagamos y fuimos de camino, ella vivía cerca pero el camino se me hizo eterno, nl podía aguantar las ganas de besarla. Al fin entramos en su portal y en el ascensor no nos aguantamos las ganas y comenzamos a besarnos apasionadamente y bastante guarro como a mi me gusta, metimos nuestras lenguas en la boca de la otra, la chupamos y jugamos con ellas. Entramos a su casa, cerró la puerta tras de sí y cuando me quise dar cuenta estaba contra la pared, sin mi jersey, con su boca en la mía y sus manos tocándome por todas partes, en mi culo, en mis caderas, o en mis tetas. Me agarró de la mano y me llevó a su habitación, me tiró en la cama, se desnudó, terminó de desnudarme a mi entre besos y lametones me terminó de desnudar a mi. Rápidamente subió a mi boca a besarme y una mano la llevó a mi coño que ya estaba empapado, tocaba mi clítoris, metía sus dedos en mi coño, me tenia muerta de placer. En poco tiempo bajó a mi coño y empezó a chuparlo como nunca primero despacio y luego aumento el ritmo. Para ese momento yo ya me había corrido un par de veces así que para dejarme descansar me dijo que tenía ganas de jugar mucho así que fue a por unos juguetes, sacó dildos, bolas chinas, vibradores... de todo. Cogió un vibrador, lo chupó y me lo ensartó en el coño, yo pegué un respingón y ella empezo a moverlo muy rápido a la vez que lo ponía a la máxima velocidad, yo no podía parar de gemir y gritar, me estaba corriendo como nunca así que pensaba que no podía ir a mejor pero me equivocaba de repente sacó de golpe el vibrador y metió sus dedos los movió y movió rápidamente hasta que sentía que todos los anteriores orgasmos se juntaban en uno solo y sentí un liquido salir de mi, efectivamente consiguio sacarme un squirt. Yo estaba muerta de placer no podía moverme así que empezó a besarme y nos tumbamos juntas para que descansara un poco. Habrá una segunda parte puesto que aún falta mucho por contar. Espero que os guste, mientras cuelgo la segunda parte os dejo aqui mi correo: 00babyhot@gmail.com

Autor: Fuckgirlx Categoría: Sexo Lésbico

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La subasta (primera parte)

2019-11-09


La protagonista participa en una subasta para vender su cuerpo a la mejor postora de un club de lesbianas de Londres. Me acostaba con Helen durante los primeros años de la universidad sin que en ningún momento habláramos de amor ni de nada que se le pareciera. En los prolegómenos de la seducción se podía mostrar como una lesbiana sensible pero una vez satisfacía sus deseos regresaba a una zona de comfort donde era razonablemente hetero y por tanto aceptable para su familia y amigos, aunque nadie excepto yo pudiera juzgarla en la intimidad de la cama. La inmediatez con que abandonaba su lesbianismo tras follar conmigo era digna de estudio. Tenía al menos el tacto de quedarse a mi lado mirando el techo y recuperado el aliento mientras divagaba sobre que aquello era pasajero, que su máxima aspiración era casarse con alguien rico y de buena posición, a ser posible que no fuera un baboso que quisiera dejarla embarazada de inmediato. Helen olvidaba con facilidad las promesas con las que me acababa de seducir para convertirme en un objeto de obsolescencia programada. Así yo no era más que hito en su calculada vida y debía conformarme con una posición tan eventual como frágil. Al principio aquello me molestaba porque en mi subconsciente seguía entregándome por razones que no tenían nada que ver con el deseo carnal. Exigía un cierto romanticismo previo, otro poco mientras follábamos y un largo epílogo de besos y abrazos aunque fueran mero fingimiento. En lugar de una sobremesa de caricias y ternuras me encontraba con alguien que me exponía sin rubor que un día ya no estaría en su vida, tal vez como mucho formaría parte de ella como un recuerdo sonrojante. Aquel día tras el polvo Helen parecía haber olvidado que yo seguía existiendo. Sin dejarme siquiera acurrucar a su lado alegó que tenía mucha prisa. Mientras se volvía a vestir traté de seducirla para que se quedara un poco más. La miraba con mirada lasciva, desnuda sobre la cama, frotándome el clítoris como si el observar cómo se vestía despertara en mi los pensamientos más lúbricos. El mundo al revés de la seducidad seduciendo a la seductora. Visto que no me hacía gran caso aproveché que pasaba a mi lado para agarrarla por la cintura y tumbarla en la cama mientras me sentaba a horcajadas sobre ella. Helen chilló que le iba a destrozar su blusa de Channel. Me lo tomé a risa. Yo no podía comprarme una blusa de Channel y Helen tampoco. Según me contaba su padre era conductor de autobús y su madre trabaja en una inmobiliaria así que a duras penas podian pagarle la universidad. Mucho menos una blusa de Channel. Mi coño aún no había entrado en contacto con la tela y Helen detuvo el forcejeo temerosa de que mis humedades, de seguir agitándose, dejaran una mancha indeleble en la misma. Parecía genuinamente preocupada por la ropa. Arrugué el ceño enojada. Tal vez todo lo que me había explicado sobre la triste y pobre infancia en Liverpool no era más que una de esas mentiras con las que conseguía llevarme a la cama. Le pregunté de dónde había sacado una blusa de Channel y como se mostraba remisa a contestar amenacé con restregar mi baboso coño por ella para arruinársela. Hice un movimiento de cadera y me detuvo con mirada suplicante. Accedió entonces a hablar. Me explicó que la había conseguido en la subasta y le pedí más explicaciones. No hablaba de "una" subasta, si no de "la" subasta, como si fuera un evento único. Esperaba que me hablara de alguna subasta de material robado que se hacía en un local infecto de Camdem Town pero en lugar de eso se refirió a una subasta que en efecto debía ser única porque el objeto que se ponía a la venta era su propio cuerpo. Según me explicó existía un grupo de "damas" con poder adquisitivo que se reunía para tomar el té en una exclusiva vivienda del barrio más caro de Londres. Tras beber el té y tomar las pastas la anfitriona les obsequiaba con un grupito de universitarias por las que podían pujar para obtener el favor de una de ellas. El pago que efectuaban les daba derecho a usar a la chica durante una semana, hasta que llegaba la próxima subasta o simplemente ya había circulado por todas las lesbianas adineradas de manera que el interés por ella cesaba y ya no sería bienvenida. Helen estaba a punto de convertirse en una lesbiana "vieja" a sus veinte años. Eso es al menos lo que dijo con un mohín de fastidio. Ya había pasado por las manos de todas las lesbianas adineradas y pronto la invitarían a abandonar el juego. Se acabaría el dinero, la ropa cara y las comidas en restaurantes de lujo. No supe si creer en lo que me decía. En cualquier caso la liberé y ella continuó vistiéndose a toda prisa y, como liberada también de un secreto, me continuó explicando detalles de la supuesta subasta. Pregunté cuánto pagaban y me quedé sin aliento al saber que cobraba un mínimo de trescientas libras y un máximo incalculable que dependía de cuánto pujaban por ella. Pero ese dinero era lo de menos. Según lo generosa que fuera su "protectora" podía multiplicar por diez las ganancias con los regalos recibidos aparte de otros beneficios inmateriales que se cobraban acudiendo a lugares de moda y conociendo a gente de la alta sociedad, lugares y gentes que una chica de su clase social no podía ni imaginar. Me aclaró que las protectoras no solían pedir nada sexualmente extravagante y desde luego era mucho más agradable compartir la cama con una lesbiana, aunque fuera vieja, que con un hombre maduro que solían ser mucho más pervertidos y sucios. Le pedí participar y se negó, riéndose de una forma que me hirió. Me imaginaba siendo subastada cada semana, consiguiendo mil doscientas libras mensuales. Nunca había ganado tanto dinero. Podría salir de allí, olvidarme de compartir piso. Dejar de calcular mentalmente la suma de los productos que añadía a la cesta en el supermercado por si me excedía del ínfimo presupuesto semanal. Permitirme un taxi de vez en cuando. Por supuesto no le expuse nada de eso a Helen. Era demasiado egoísta para pensar en mi. Sabía que se negaría a ayudarme, así que apelé a su egoismo. Si era verdad que pronto nadie pujaría por ella podría dejarme ir a mi y compartiríamos las ganancias. Al oir la oferta se sentó en la cama. Parecía interesada pero luego se negó. Insistí. Le dije que era una chica latina y eso llamaba la atención a las inglesitas lesbianas. Ella sabía que era muy popular entre ellas, que adoraban mi pelo moreno y mi piel tostada. Ella misma había caído en mis brazos por la misma razón. Se mordió el labio. Había picado. Me puso mil problemas y mil condiciones. Las acepté todas, esperando no tener que cumplir ninguna de ellas. - La mitad, recuerda. - me dijo al salir por la puerta. Asentí con énfasis. Y al abandonar la casa le hice el corte de mangas más sonoro que jamás hubiera hecho. Tan fuerte sonó el golpe que temí que me hubiera oído. Me abrió la puerta una mujer india de mediana edad y aspecto refinado que portaba un sari muy elegante. Me miró de arriba a abajo preguntándome si era la chica latina recomendada de Helen. Su rostro no reflejaba ni aprobación ni rechazo, solo una especie de amabilidad teñida de cansancio o incluso hastío. Le dije que sí temiendo incomodarla. Me hizo pasar al interior de la casa y luego me condujo a una pequeña habitación lateral con unas pocas sillas donde se sentaban una joven asiática con aspecto aburrido y una negrita preciosa que me miraba con sonrisa amistosa. La mujer india me pidió que esperara. Comprendí que las tres chicas éramos los objetos de la subasta. Me senté entre ellas, en la única silla libre. Antes de que pudiera entablar una conversación la puerta se volvió a abrir y la misma mujer nos pidió que la acompañáramos. Nos llevó hasta un baño del tamaño de mi apartamento. Contaba con una pequeña piscina a nivel del suelo con escalerilla romana adornada en las esquinas con estatuas que copiaban originales clásicos llenos de sensualidad. Nunca había visto tal derroche en un aseo. La mujer sonrió al ver mi rostro de asombro y luego nos pidió que nos desnudáramos totalmente. Las dos chicas que me acompañaban lo hicieron con rapidez, lanzando la ropa en una bolsa que la mujer les mostraba frente a ellas. Hice lo mismo, con cierta torpeza y ella suspiró como si le hubiera hecho perder toda la mañana. Seguidamente nos hizo colocar en línea para observarnos bien. Yo era la única que entrelazaba las manos delante del sexo en un postrer gesto de timidez. Por vez primera empleando una brizna de dulzura separó mis manos para colocarlas a lo largo de mis caderas. Me sentía un tanto incómoda. Las otras dos chicas iban depiladas y yo en cambio, siguiendo los consejos de Helen, me había dejado crecer el vello púbico por encima de los labios hasta conseguir una mata rizada. No se por qué las chicas latinas para ser consideradas como tales debían ir con el coño sin depilar. Bajó la mano y sin dejar de mirarme a los ojos enredó los dedos entre los rizos del vello púbico con suma delicadeza. Mi pequeño bosque parecía complacerle. Fue lo único que me tocó. En cambio con la china y la negra fue mucho más explícita. La primera no tenía pecho y sus caderas eran estrechas pero pareció excitarla mucho porque abrazándola con fuerza la besó con suma pasión mientras agarraba sus nalgas con fuerza. Fue el siseo del roce de la seda del sari con el cuerpo desnudo de la asiática el que me empezó a excitar de veras. Estuve tentada a llevar mi mano a mi entrepierna pero el silencio con que todo ocurría me impedía tocarme a pesar de lo mucho que lo deseaba. Por fin se separaron y de su pasión solo quedó un hilo ténue de saliva que unió sus bocas por una milésima de segundo. No intercambiaron ni un monosílabo. La negrita, a mi lado, empezó a respirar con ansia al intuir que sería la próxima. La mujer india, en lugar de besarla, amasó sus enormes tetas y acarició las amplias caderas con cierta brusquedad. La muchacha recibió el magreo entornando los ojos con un placer que se intensificó cuando encontró la mano de la mujer entre sus piernas. El contacto fue breve. Despertando de su propia debilidad se desprendió de ella con la misma rudeza con que la había abordado. Recompuso su hierática pose reordenando los pliegues del sari para ordenar a mis compañeras que me bañaran. Balbuceé que ya me había duchado en casa pero las risitas burlonas de las chicas me hicieron enrojecer. Comprendí que no era su primera vez y que el baño era más por protocolo que por necesidad. Que al igual que Helen buscaban nuevas postoras que compraran sus servicios y que yo no era más que una novata. Las chicas, bajo la mirada severa de la mujer, me cogieron por los hombros y la cadera para obligarme a ponerme a cuatro patas en el centro del baño. Me sentía humillada por sus carcajadas y por la posición que me hicieron adoptar, con el culo levantado y las piernas separadas. Podía sentir los ojos de la mujer clavados en mi sexo. La chinita abrió el agua de la ducha que colgaba de techo y adelantando sus caderas dejó que el agua resbalara por su coño acercándolo a mi boca para que bebiera de él. Aparté la cara y de nuevo se adelantó para que la chupara. Un grito breve de la mujer india detuvo nuevos intentos. La asiática, enfurruñada, se puso de rodillas para enfrascarse a enjabonar mis pechos jugando con los pezones tiesos. No le prestaba atención porque detrás de mi la negrita se dedicaba a llenar de gel mis nalgas y la rajita que halagada con tantas caricias se hinchaba y mojaba no precisamente por el agua que caia del techo. Y sentía de vez en cuando sus tetas apretadas contra mi culo cuando adelantaba las manos para acabar de cubrir mi cuerpo de un líquido con olor a jazmín que por su intensidad me embriagaba. Cuando empecé a mover el culo y mostrarme aún más abierta a las caricias recibidas la mujer volvió a gritar "stop" y las chicas, obedientes, me levantaron para ponerme bajo el chorro directo de la ducha. Luego me secaron con cuidado hasta no dejar ni una gota sobre mi cuerpo. El roce de las toallas sobre mi sexo y mis pechos, las caricias recibidas mientras me tocaban fingiendo que me lavaban, me habían dispuesto a todo. Y el gran premio parecía la mujer india. Así que la miraba con los ojos húmedos y la boca entreabierta, dejando ver un poco mi lengua, deseando que me besara y luego me follara frotando mi coño con el suyo moreno y prieto. Avanzó hacia mi, turbada porque mis ojos no bajaban ante su mirada. Llevaba en la mano un pequeño frasco que inclinó para verter un poco del contenido entre sus dedos. Con ese líquido mojó mi vello púbico y luego, sin separar ni un momento su mirada de la mía, fue rizando los mechones con aquella brillantina de tonos azulados. Las chicas habían dejado de reír. Ahora podía sentir su envidía como una gelatina espesa que las hubiera dejado atrapadas en un pasado desde donde sus voces ni su imagen llegaba. La bellísima y madura india se limpió la mano con una de las toallas y cogiéndome de la mano me llevó desnuda a través de la casa hasta una habitación a nivel de la calle. Me pidió que me tendiera en la cama y sin que me lo pidiera abrí las piernas invitándola a pasar. Miré hacia abajo. La mata de vello púbico se había rizado en dos o tres crestas de oleaje de un intenso color negro azulado. Me gustaba la nueva decoración de mi coño. Retiró entonces la tela de seda que cubría uno de sus hombros y fue deshaciendo el sari hasta quedarse en bragas y sostenes. Tenía la piel oscura y olía a maderas preciosas y perfumes orientales. La imaginaba encima mío y mis caderas se frotaban contra la cama anticipándose al placer que esperaba de aquella mujer tan exótica, acostumbrada como estaba a rosas inglesas, pálidas y exangües. Retiró el sujetador y dos hermosas tetas con pezones oscuros casi negros llenaron de agua mi coño. Entonces me incorporé sin entender. Aquella mujer tan bella y tan femenina escondía un secreto que me hizo temblar. Las braguitas cayeron y en el lugar que debería ocupar su deseada raja encontré una polla tan grande, oscura y larga que casi alcanzaba sus rodillas. La piel era en su miembro aún más oscura y solo el glande rosado intenso que sobresalía con timidez, casi estrangulado por el prepucio, me daba una idea de la longitud en aquella habitación en semi penumbra. Ella no dejó que pensara. Con la misma brusquedad con que había tratado a la negrita se acercó a mi ordenándome que chupara. Sentí la polla penetrando mi boca antes de haber dado mi consentimiento, ahogando una primera protesta. Me alcanzó la garganta, libre el glande del todo de la piel que lo cubría, pareciendo que pugnaba por ir más allá ahogándome como si me hubiera atragantado con un trozo de carne. Aún así gran parte de la polla permanecía fuera y eso me excitó sobremanera. Paré su avance y sacándomela del fondo la chupé tratando de centrarme en la punta porque el tronco era tan grueso que casi no me cabía en la boca. La miraba fijamente, buscando en su rostro algún trazo que me hubiera podido desvelar que aquella mujer bellísima era en realidad un hombre. Palpé sus huevos pero ella llevó mi mano hasta su ano pidiéndome sin palabras que le masturbara con mi dedito por detrás. Me habló por primera vez, con una voz modulada para que sonara femenina, para solicitar que en lugar de un dedo empleara dos o tres. Solo entonces empezó a endurecerse. Quise apartarme porque temía que me ahogara con la lefa pero ella me sujetaba por la cabeza marcándome el ritmo de la mamada. Se quejaba de mis dientes rozando su polla pero no podía ir con más cuidado porque tenía la boca llena de carne. No quedaba ni un resquicio y hasta mi lengua quedaba aprisionada incapaz de moverse libremente. Solo cuando aflojaba y me dejaba que jugara con la punta y el frenillo podía respirar y retornar la mandíbula a una posición cómoda y menos dolorosa. Nunca había visto nada igual salvo en documentales de la televisión que trataban de tribus perdidas de Papua Nueva Guinea que mostraban individuos, felices salvajes, con pollas de tamaño descomunal. Jamás pensé que una transexual se sintiera cómoda con semejante miembro. Lo peor llegó después. Aún no había conseguido que la polla se pusiera dura como una roca que con un gesto rápido me volteó para que les mostrara el culo. Hubiera sido una penetración fácil porque de mi coño brotaban cascadas. En ese momento en que agarró mis caderas para penetrarme me pregunté por primera vez qué estaba haciendo allí, la razón de estar follando con una shemale cuando se suponía que me iban a subastar ante un puñado de lesbianas viejas. Eché la mano hacia atrás y llevándola hasta su muslo detuve lo que era inminente : si iba a ser follada quería saber. Su voz era algo más ronca, como cuando el deseo atenaza nuestra garganta. Me aclaró que pagaba el peaje para poder presentarme ante las lesbianas viejas. Sonreí amargamente mientras que le mentí diciendo que yo era lesbiana y no me gustaba ser penetrada por una polla masculina. Apoyó su cuerpo sobre mi espalda, asomándose a mis ojos para que viera que sonreía. - Yo también soy lesbiana, querida. Soy una mujer como tu. Y a la vez que pronunciaba aquella frase me di cuenta que su polla erecta oscilaba hinchada de sangre entre mi ano y la vagina. En ese instante en que cerrando los ojos aceptaba de forma tácita que mi deseo estaba por encima de mi dignidad, como si se diera cuenta, llevó hacia delante su miembro para entrar por el orificio menos esperado. Traté de zafarme pero no pude. Y ante lo inevitable, para evitar un mayor dolor, separé mis nalgas esperando que mi esfinter se aflojara tanto que permitiera entrar a la inmensa polla y que todo aquello acabara lo antes posible. Recuerdo que lloré con fuerza. Me estaba partiendo por la mitad, sintiendo que llegaba hasta el fondo cuando sus huevos golpeaban mi culo con un chas casi ridículo. Cuando se cansó de taladrar mi culo retiró la polla para echarme la lefa por la espalda y entonces, solo entonces, me corrí con una violencia que ni ella esperaba. Me sentí como una puta. Pero no era un sentimiento feo. Sentí que me gustaba ser una puta, haber sido violada analmente, a pesar del dolor sentido. Me giré y vio mis lágrimas. Me iba a consolar pero yo le hice la cobra para lanzarme a su polla, todavía tiesa, y chuparla con frenesí para extraer todo el poco jugo que le quedaba. Después de limpiarme un poco con una pequeña toalla que extrajo de la cómoda me dijo que me iba a dejar descansar un poco hasta la hora de la subasta. Me acurruqué en la cama desnuda y ella se vistió con ropa que también sacó del mismo mueble. Imaginé que aquella era su habitación. Se puso el sujetador y luego una braguita minúscula. Con un gesto rápido echó la polla hacia atrás hasta hacerla desaparecer y nadie hubiera dicho que aquello no era una mujer. Iba a salir por la puerta cuando regresó para darme un beso en la espalda, el único gesto de cariño que había demostrado durante toda la follada. - Me gustabas más con el sari - le dije y su rostro se iluminó. Hubiera podido odiar a Helen por todo lo que me había ocultado pero antes de que concretara mi venganza el sueño se apoderó de mi. Ni siquiera la oí abandonar la habitación. Me despertó un rumor a mi espalda. La mujer y las dos chicas, ambas desnudas, miraban mi culo comentando que ya no se me veía dilatado. Me levanté como si tuviera un resorte. Me explicaron que era la hora. Me tocaron las tres mujeres. Me acariciaban las nalgas, los pechos y el clítoris. Dijeron que las compradoras gustaban sentir el olor de los coños excitados y los pezones bien tiesos. La negrita me besó con un beso sucio y lleno de lengua y la chinita lamió mi ano como si pretendiera calmar el dolor que sentía. Su saliva picaba en las pequeñas heridas del orificio como una bebida gaseosa. Me di cuenta que ambas llevaban una collar ancho de cuero alrededor del cuello del cual colgaba un pequeño anillo dorado. No hizo falta que lo preguntara. La mujer india me colocó el mío explicando que éramos unas perritas a punto de ser entregadas a las dueñas. Recorrimos la mansión hasta desembocar en una sala grande iluminada por focos cegadores que nos deslumbraban. Al entrar se alzaron unos murmullos y unos "ohs" de admiración. La mujer india nos subió a un pequeño estrado y cuando nos acostumbramos a la luz cegadora pudimos ver que había una veintena de mujeres de mediana edad sentadas, con una taza de té en la mano, agitando el líquido con un tintineo suave de las cucharillas. Y sus ojos, que nos sonreían, con ese brillo húmedo de los que sueñan y viven solo para el sexo. Una de ellas, desde el fondo, pidió inspeccionar y sin esperar la aprobación avanzó hacia el pequeño escenario. Besó en la mejilla a las otras chicas como si las conociera pero sin dedicarles ni un segundo. Se plantó delante mío y estuvo un rato mirándome con descaro. No me sentía incómoda desnuda frente a gente vestida y tampoco estaba dispuesta a bajar la mirada hasta el suelo. Sin mediar palabra adelantó la mano hasta agarrar mi coño como si fuera de su propiedad. Ni siquiera di un salto o me sentí como una doncella violada sorprendida por su atrevimiento. Con lentitud adelanté la mía y la coloqué sobre la ropa en el lugar que debía ocupar su coño. Me gustaba. Era delgada, elegante, morena, madura y con los ojos verdes. Me hubiera gustado ser follada por ella. Y así se lo hice saber con la mirada : que deseaba que tuviera el suficiente dinero para follarme como una perra y hacerme gritar de placer. continuará... (anaisberrocalsex@gmail.com)

Autor: anaisberrocal Categoría: Sexo Lésbico

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NARCOSXXX

El regalo

2019-11-08


Tres mujeres, una casa solitaria y todo el verano por delante. Lo que a continuación narro ocurrió hace unos años. Más adelante explicaré cuando porque es muy importante. Yo y mi amiga Leonor estudiábamos en Salamanca, nos habíamos conocido en primero de carrera. Mi nombre es Ana y a partir de aquí intentaré no ser muy específica en datos que pudiesen revelar, no tanto mi identidad, como la de mi amiga y su familia. La verdad es que yo nunca he ocultado que soy lesbiana pero guardo un enorme respeto por todos aquellos que prefieren mantener su condición sexual en un ámbito privado. Como decía, Leonor y yo nos conocimos en nuestro primer año en Salamanca. Las dos éramos de pueblos distintos no demasiado lejos, pero dadas las terribles comunicaciones por tren y carretera nuestros padres decidieron que lo mejor era que nos quedásemos a vivir en Salamanca durante el curso para que así nos centrásemos en nuestros estudios. Nuestras familias no se conocían por lo que podemos decir que fue el destino el que nos unió. Me explico: nuestros padres alquilaron el piso en el que pasamos todos esos años a través de una agencia, y por supuesto, la única condición era que la otra inquilina fuese chica. Por lo tanto las dos acabamos compartiendo una pequeña pero cómoda buhardilla no lejos del centro. Desde el principio de nuestra convivencia Leonor, Leo como yo la llamaba, supo 'lo mío'. Cuando se lo confesé a los pocos días de vivir juntas, soltó una enorme carcajada. Te crees que no me había dado cuenta? me dijo. Me dejó desconcertada. Pero tanto se me nota le pregunté. Pues sí, me dijo. Me miras las tetas a todas horas. Y sí, era cierto, de la anatomía de Leo si algo sobresalía eran dos enormes pechos que eclipsaban su bonita cara llena de pecas, ojos azules, pelo largo muy liso y de un castaño casi rubio que le daba un aspecto nórdico. Por abajo su culo tampoco estaba nada mal. Ni grande ni pequeño pero muy bien acompañado por unos muslos que si aparecían más gruesos de lo habitual pero muy proporcionados con unas preciosas piernas que para mí tortura y placer solía lucir casi todos los días del año con unas minifaldas que quitaban el hipo. Cómo decía tras mi confesión y su carcajada creí que nuestros caminos se separarían ahí, pero no. Leonor me dijo que no le importaba en absoluto, que aunque a ella le gustaba una buena polla más que nada en el mundo respetaba mi opción sexual y se sentía incluso alagada por mis miradas. Y claro que se sentía alagada, durante todos esos años, tuve mil oportunidades de disfrutar en la distancia de su cuerpo. Llegué a conocerlo palmo a palmo. Leo disfrutaba sintiéndose observada. Como todo el mundo sabe Salamanca es una ciudad en la que hace frío casi todo el año pero en casa nunca pasábamos frio; Leo ponía siempre la calefacción al máximo y nos pasábamos todo el tiempo en tanga y camiseta. Ella disfrutaba cuando la mía saturada del jugo de mi chochito cambiaba de color y transparentaba al pegarse a mis labios que yo en aquellos años llevaba afeitados 'al cero'. Solía pasarme horas y horas empapada con el clítoris inflamado y los pechos duros como piedras. Era tal mi excitación que aunque me masturbaba un par de veces al día, a los pocos minutos mi cuerpo pedía más y más. Mi momento favorito del día era cuando ella se iba a la ducha. Aunque cerraba la puerta, la antigua cerradura, más grande que las de ahora me ofrecía un puesto en primera fila para recrearme. Ella solía pasarse casi una hora en el baño cada noche. Yo me acomodaba tras la puerta con mis piernas abiertas y con cuidado de no calentarme demasiado rápido jugaba con la entrada de mi coño hasta que no podía más y me corría observando a mi diosa. Muchas veces la suerte me sonreía y Leo también se masturbaba al otro lado de aquella puerta que para mí era el paraíso. Solía llevarse objetos de cualquier tipo para frotarse y meterse por el coño, yo acabé por hacer lo mismo y además descubrí que alguno podía serme de gran utilidad dada mi postura frente a la cerradura. Mi favorito era una cuchara grande de metal que sujetaba por el mango con la que trabajaba la entrada de mi vagina, llegue a meterla en el congelador en alguna ocasión y cuando estaba mi chochito bien caliente me la acercaba con cuidado para disfrutar esa sensación de frio, aunque ni así apagaba ese fuego que me hacia acabar en el suelo muchas veces al correrme. Alguna vez dejaba objetos en el baño para que ella se los encontrase y estos acabasen en su coño. Cuando funcionaba me excitaba muchísimo. Buena parte del utillaje de la cocina acabo pasándose por nuestros conos pues luego yo me los llevaba a mi habitación y volvía a darles un nuevo uso. Recuerdo una botella de cristal para decoración que todavía olía a su coño y me relamí de placer con ella durante un buen rato. Nunca supe si ella conocía mi vicio por aquella cerradura. Y tuve oportunidades para preguntárselo pero siempre preferí quedarme con la duda. Ella, en aquella época nunca mostró interés por mí, en el aspecto sexual. Me confesaba divertirse al saber que yo la deseaba, lo hacía sin mala intención, no me hacía sentir mal ni humillada ni nada por el estilo, yo aceptaba la situación e incluso rechace alguna pretendiente que surgió en aquellos primeros anos en la facultad porque aquella extraña relación con Leonor me llenaba. Yo, la verdad, no estoy nada mal. Mido un metro sesenta y cinco, soy morena de pelo, buen pecho no demasiado grande y eso si mi culo es mi parte favorita: grande, carnoso con forma de melocotón, buenos muslos... no me considero guapa pero de haber querido, con los hombres hubiese tenido mucho éxito. Lo noto en sus miradas. Pero nunca me han interesado. A quien si le interesaban y mucho eran a mi amiga Leonor. Tras nuestros dos primeros años de convivencia, en que había flirteado con un par de chicos empezó a salir, y claro a traerse a casa, a un chico un par de años mayor que ella. Tengo que decir que evidentemente esto no me gustaba, no es que yo estuviese enamorada de Leo, que no lo estaba, pero me sentía como el niño al que le quitan su juguete favorito. Lo único positivo de aquello fue que yo empecé a centrarme un poco más en los estudios y pasaron muchos meses en los que mi desenfreno masturbatorio descendió en picado. Ellos solían follar como locos un par de noches por semana, a veces sentí la curiosidad de acercarme a su habitación a echar un vistazo pero no era algo que me llenase tanto como cuando estábamos solas las dos aunque separadas por la puerta del baño. Esto cambio para mi sorpresa un día. A eso de media noche me levante para ir al baño y al pasar por delante de su habitación note un ruido extraño. No era el traqueteo habitual de Leo y su novio follando a todo trapo, la cama hacia mucho más ruido de lo habitual. La curiosidad me pudo. Abrí ligeramente la puerta y vi a Leonor con su novio y otro chico al que creí reconocer de la facultad. El otro chico, un estudiante portugués de origen africano, estaba tendido boca arriba en la cama con Leo encima, tumbada de espaldas sobre él. Su novio completaba la escena por encima. Me fijé y aunque no había demasiada luz vi como alternativamente los dos metían sus pollas por el coño y el culo de mi amiga. Ella gemía de placer, si no me hubiese despertado para mear ella me habría despertado igual con esos gemidos. El chico negro la penetraba con al menos veinte centímetros de polla que entraban por su agujero de atrás con tremenda facilidad. A los dos o tres segundos este retiraba su verga y su novio desde arriba hundía su polla en el coño, por como sonaba ese agujero también gozaba de muy buena lubricación. Así estuvieron varios minutos. Yo me quede en la puerta oculta tras la rendija y enseguida note que mi raja pedía guerra. Tenía un pijama viejo puesto porque era invierno, sin nada debajo. Hacía meses que apenas me masturbaba y casi sin querer al acercar las yemas de mis dedos y apartar los labios para acariciarme la entrada, estos se colaron hacia dentro primero dos y luego un tercero, era como si mi coño se los tragase. Cuando volví a prestar atención a lo que ocurría en aquella cama Leo tenía ya las dos pollas dentro simultáneamente. Estaba totalmente desnuda abierta de piernas con dos pollas entrando y saliendo al mismo tiempo de su culo y vagina. Se la veía feliz, quizás era una de esas fantasías que ahora podía marcar como conseguida en su curriculum. Todos hemos visto alguna vez una peli porno con alguna penetración doble e incluso actrices profesionales del cine X tienen problemas para rodar ese tipo de escenas, se las nota incomodas. Leonor al contrario gozaba cada segundo. Al cabo de unos minutos cuando creo que ya había tenido varios orgasmos los chicos deshicieron la postura y se pusieron uno a cada lado de Leo, ella irguió su torso, apoyo su espalda contra el respaldo de la cama y como si tuviesen todo ensayado de antemano agarró cada polla con una mano y empezó a comérselas. Su cara reflejaba felicidad, tan pronto se metía toda la polla negra de su lado izquierdo en la boca como la dejaba y se iba a por la de su novio que esperaba en su moflete derecho. En cuanto a mi conseguí no correrme rápidamente. Intentaba no tocar ni mi clítoris ni la parte exterior de mi vulva. Tenía ya toda mi mano derecha dentro menos el pulgar. Nunca antes había notado mi cono tan, no sé, elástico por dentro, parecía de silicona, suave, húmedo, flexible. Su jugo llegaba ya a mis rodillas por la parte interna de mis muslos. Quería sacar ya mi mano y frotarme el clítoris hasta hacerlo sangrar. Pero quería esperar y hacerlo cuando Leonor acabase el espectáculo que me estaba dando. Y no me hizo esperar, noté que aquellas dos pollas tampoco podían más y estaban a punto de estallar. Parecía que hasta para correrse habían ensayado porque por un momento pensé que iban a hacerlo sobre sus enormes melones pero no, Leo agarró fuerte las dos pollas y se las puso delante de su boca abierta casi entre los dientes. Los chicos la regaron casi al unisonó. La mayor parte de la leche lleno su boca. Resplandecía blanca en la tenue luz que iluminaba la habitación desde la calle. Ella lejos de darse por vencida todavía tenía ganas de más. Dejo salir todo el semen de su boca y poco a poco fluyo hasta sus pechos. Se lo repartió con las manos hasta embadurnar los dos pezones. Luego se los frotó y pellizcó durante unos minutos como si fuesen dos clítoris. Yo me corrí en ese momento, a pesar del frio tenía el pijama empapado de sudor y de mis jugos, casi no podía andar llegue como pude a mi cama y ya más cómoda rememore lo que había visto y como seguía muy cachonda y mi chocho ya no podía mas empecé a acariciarme el culo, mi enorme culo, no sin dificultad por su tamaño conseguí llegar al ano y tras juguetear con mi dedo unos minutos acabe metiéndome el mango de un cepillo con un poco de crema que remato mi noche más caliente en mucho tiempo con un orgasmo anal. Al día siguiente ninguna de las dos fuimos a clase. Yo no podía casi caminar y me dolía el culo. Cuando por la mañana me di cuenta del tamaño del cepillo me asuste y pensé que realmente debía estar muy caliente la noche anterior. De todos modos al verlo me puse cachonda de nuevo y me dije que al menos había valido la pena. Con el paso de los días Leonor se fue colgando más y más por su novio. Desde la noche del trió yo estaba preocupada por ella, por un lado me preguntaba qué clase de novio era aquel que compartía a su novia con otro hombre y al mismo tiempo me avergonzaba de mi misma y me veía como una mojigata llena de prejuicios y chapada a la antigua. Precisamente yo no era ejemplo de ortodoxia sexual. Todos estos pensamientos, bastante paradójicos, me hicieron alejarme un poco de la hasta entonces mi Diosa. Pasaron los meses y los años y poco a poco ambas fuimos avanzando con nuestras carreras. Aún así andábamos las dos ya por encima de los veinticuatro y aun nos faltaban varias asignaturas para nuestra graduación. Fue en el ultimo invierno que debíamos pasar juntas en aquella buhardilla cuando Leo recibió en muy poco tiempo dos duros golpes que la sumieron en una especie de depresión que yo, como pude, intenté hacerle pasar del mejor modo posible. Por un lado su novio de ya varios anos rompió con ella, no le pregunté por qué ni ella quiso contármelo pero lo cierto es que ella veía en esa relación un futuro que probablemente su novio nunca había contemplado. Por otro lado Leo se enteró, casi por casualidad, de la muerte de su madre biológica, con la que apenas había convivido y que casi no recordaba pero aun así esto la afectó muchísimo. Ella había sido adoptada muy pequeña, adoraba a sus padres adoptivos, su padre se dedicaba a negocios relacionados con la agricultura y la ganadería, podía decirse que era un hombre rico. Su madre, bastante más joven que su padre, tenía negocios relacionados con la peletería y esto era en lo único que chocaba con su hija adoptiva que odiaba ese mundo y juró desde muy joven que nunca se pondría una de esas prendas. Por lo demás, como digo, se adoraban. A Leonor le llevó varios meses ir saliendo de ese pequeño gran hoyo en el que había caído, yo estuve como decía muy pendiente de ella en todo momento. Perdí muchas clases incluso por estar a su lado. Nos habíamos hecho muy amigas, llevábamos ya casi cinco años conviviendo casi todo el año, salvo en verano, que cada una nos volvíamos con nuestros padres. Lo que le ocurría a la una afectaba a la otra. Yo seguía haciéndome mis pajas a su costa, pero no con la frecuencia del principio. Verla triste no me excitaba. Creo que era un lunes por la noche, ya en primavera cuando Leo empezó a salir a flote. Llegamos juntas a casa después de clase. Como cada día después de mi ducha me puse mi tanga y una camiseta, era nuestro uniforme oficial para estar en casa, así lo llamábamos. Me fui al sofá e iba a poner la tele, esta no se había encendido aún cuando vi en ella reflejada a Leonor. Me sorprendió verla casi desnuda, sin camiseta, solo con un tanga, nuevo por cierto, color purpura, minúsculo como todos los suyos. Había tardado una decima de segundo en darme la vuelta y la tenia detrás mía, casi desnuda, a centímetros. Yo la había visto cientos de veces desnuda, pero no a esa distancia, sin la puerta del baño entre nosotras. Estaba increíble, sus pechos cada vez me gustaban mas, con los años se habían caído un poquito y eso a mí me encantaba. Además había cogido un poco de peso y su culo lucia mucho más que años atrás. Sin decir nada se sentó a mi lado en el sofá, y como veía que yo no sabía que decir bromeó como solía hacer antes sobre el color de mi tanga, decía que nunca me las compraba blancas porque ese color delataba la calentura de mi rajita que enseguida las empapaba. Tenía razón llevaba siempre tangas oscuros. Tienes calor? Le pregunté medio en broma. No, me dijo. En realidad quería tener un detalle contigo. . Pues lo has tenido y muy bueno. Sabes que esas dos sandias me vuelven loca, le contesté. No, me refiero a un detalle real, material. Tráeme unas tijeras para desenvolverlo. Hacía tiempo que no veía una sonrisa así en su cara, miré a mí alrededor y no vi ningún paquete ni nada parecido a un regalo pero decidí seguirle el juego y me levanté a por unas tijeras. Con la excitación que tenía tarde en encontrarlas. Cuando regresé me senté de nuevo a su lado y ella se giro en el sofá hacia mí y abrió sus piernas indicándome con un gesto su coñito afeitado bajo la tanga. Por una vez el triangulo de tela no era transparente, ella siempre elegía los tangas más atrevidos, pero yo sabía que aquella raja siempre estaba perfectamente depilada. Yo no sabía qué hacer, estaba más cachonda de lo que había estado jamás, Leo hizo con dos de sus dedos el gesto de la tijera, indicándome que cortase el tanga por el triangulito. Así lo hice, y por su chocho vi asomar un enorme vibrador. Me quedé a cuadros. Sin esperarlo, para nada, había llegado el momento de quitarme el calentón que duraba ya años. Mi primera reacción fue preguntarle, como una tonta, como podía caminar con aquello dentro. No dejé que respondiese a la pregunta, cuando abrió la boca mi lengua estaba ya llegando a su garganta. Nos dimos un morreo que debió durar más de cinco minutos. Nuestras lenguas súper calientes se hacían un nudo, llegamos a hacernos daño sin querer al chocar nuestros dientes, 'mi' vibrador seguía dentro de Leo pero hicimos un pequeño alto para encenderlo, mi coño ardía al frotarlo contra el muslo de mi diosa, dejaba caer todo el peso de mi cuerpo sobre mi rajita que se aplastaba contra aquel muslo que ya estaba completamente mojado con mi jugo. Nuestro morreo se convirtió en algo más parecido a un beso, yo me moría por bajarme a sus tetones pero su boca me atraía y mi primer orgasmo estaba a punto de llegar. Agarré a Leo por la parte superior de sus brazos y usándolos como punto de apoyo recorrí con mi coño todo el camino que iba desde su rodilla hasta su cadera varias veces, ella empezó a sobarme las tetas y chuparme los pezones y movía su muslo ligeramente para darme todavía más placer. El sofá se movió casi un metro cuando me corrí, caí rendida sobre Leo, mi boca volvió a besar su boca, y no perdí tiempo alguno para viajar hasta sus pechos que ahora estaban debajo de los míos, caídos hacia los lados, parecían dos flanes, nunca los había tenido tan cerca. Agarré uno de ellos primero y lo sobé y sobé mientras me comía su pezón, duro y enorme. Podría haberme dedicado a ello durante días pero también quería seguir hacia abajo, me faltaban manos y bocas para realizar todo lo que mi cerebro calenturiento me pedía en esos momentos. Decidí intentar calmarme y regalarle a Leonor un buen orgasmo, se lo merecía, imaginé que aquella era su primera relación lésbica y quería que fuese el polvo de su vida. Era difícil porque ella no paraba de hablar, me decía cosas que ni me atrevo a escribir aquí, y me ponía todavía más cachonda. Acabé acercándome a su coño para ver lo que había por allí. Estaba rasurado como siempre, el vibrador se había salido ligeramente hacia afuera y por los lados salía tanta 'gelatina' que podía habérmela comido con una cucharilla. Lo apague y retire hacia afuera dejándolo sobre el vientre de Leo, ella lo cogió y se lo llevo a su boca para disfrutar de su jugo, la muy golosa estuvo callada durante varios minutos. Yo me lleve lo mejor: al quitar el vibrador de su agujero trajo tras de sí un torrente de sus jugos, parecía semen, blanco y espeso, una parte me lo cené en ese momento, otra parte fui extendiéndolo con mi lengua por todo el coño y me puse a la tarea de llevar a mi diosa al orgasmo. Fui trabajando con paciencia el clítoris y la entrada alternativamente con mi lengua hasta que por su respiración note que ya estaba a punto y le provoque el orgasmo pasándole toda la superficie de mi lengua varias veces de abajo a arriba, presionando con fuerza. Casi me desencajo la mandíbula, como decía antes quería que ella recordase ese día durante toda su vida. Leo tuvo que cerrar sus piernas al correrse. Mi cabeza se quedo atrapada entre ellas y yo empecé a reírme. Ella no se reía, por sus ojos me di cuenta que seguía disfrutando del orgasmo, volví a buscar su boca con la mía y ella me pidió que le dejase lamer mis labios y mi cara llenos del sabor de su coño. Estuvimos besándonos durante un buen rato. Mi conejito pedía cuidados de nuevo y Leo me soltó algo así como: Anita, me lo estoy pasando muy bien pero mi coño quiere algo más que caricias y un poco de látex. La pregunta era retórica pues antes de que yo abriese la boca ella había salido del salón. La oí acercarse a la puerta del piso y luego estuvo un momento en la cocina. Cuando volvió al salón me di cuenta que por muy guarra que yo llegase a ser, nunca podría competir con ella. En su mano traía un bate de beisbol que llevaba años junto a la entrada de casa, quizás propiedad de los antiguos vecinos. Mi cara le hizo gracia, me quede con la boca abierta. Me pasó el bate, y mientras se recostaba boca arriba en el sofá me susurraba: Ana, fóllame, fóllame bien, lléname el chocho. Agarre el bate con mis manos por la parte más gruesa y me puse a la tarea. Mi rajita tenía que esperar. Leonor enseguida me hizo un gesto: no quería el lado 'delgadito', su fantasía era con el extremo gordo. Solté un uff. Tenía miedo de hacerle daño. Empecé con cuidado, acomode el bate sobre la vagina que abrió todo lo que pudo, tenía un pie en el suelo y el otro casi en la parte superior del respaldo del sofá. Fui presionando y girándolo suavemente ella movió un poco las caderas y aquello entró poco a poco hacia adentro, sin prisa, cuando tenía ya unos diez centímetros dentro agarre bien el bate con las dos manos y me puse a follarla con él, note que podía llegar ya al fondo de su vagina y que la madera estaba ya totalmente embadurnada de su leche así que pude sacárselo y penetrarla de nuevo, ya mucho más fácil. Ella no perdía detalle, me miraba, miraba al bate, se miraba sus pechos, creo que la excitaba mas el verse así abierta de piernas frente a mí con todo aquello dentro que el propio bate en sí. Seguí dándole un buen rato, mi raja ya goteaba de nuevo. Le pedí a Leo irnos a la cama para estar más cómodas, yo me lleve el vibrador y nada mas tumbarnos en la cama ella me pidió que continuase con el bate y le metiese el vibrador por detrás. Me negué rotundamente, no quería acabar la noche en urgencias. Ella me lo pedía por favor de una manera que era muy difícil decir que no. Ana, me dijo, pídeme lo que quieras a cambio. Yo no pedí nada porque ya tenía todo lo que quería. Finalmente llegamos a un acuerdo. La situación era un poco grotesca pero también divertida. El vibrador acabo empotrado hasta el fondo en su culazo y el extremo mas delgado del bate en su coño. Aguantó varios minutos y acabó corriéndose envuelta en sudor, su cama estaba empapada, tuve que ayudarle a caminar hasta mi cama, sus piernas seguían temblando un buen rato después. Mi Leonor era una mujer agradecida y me obsequió con otra hora inolvidable, el último orgasmo de la noche fue mío, con el vibrador esta vez en mi culito y su mano por delante, con paciencia, con maestría, me llevó al paraíso. Estuvimos hablando un buen rato antes de dormirnos. Yo le di las gracias por el regalo y de repente se puso seria, casi trascendente, me dijo: Anita, te debo un regalo pero uno grande, lo más grande posible y aun así no conseguiré compensar todo lo que me has dado tú todos estos años, especialmente este último. Lo de esta noche ha sido muy divertido, hace tiempo que te había comprado el vibrador y quería dártelo de un modo original pero muy pronto espero ofrecerte algo que te haga tan feliz como tú me has hecho a mí. Yo sé cuando Leo dice algo en serio y me dejó descolocada. Su familia tiene muchísimo dinero, mis padres también tienen una buena posición, aunque a otro nivel, ninguna de las dos teníamos grandes necesidades materiales. Como a cualquier chica joven nos gustaba la ropa, y podíamos comprar toda la que necesitábamos, ambas teníamos coche, aunque solo los utilizábamos en verano, en fin, podría citar cincuenta cosas más que aunque ella me regalase no justificarían la trascendencia de sus palabras. Le hablé claro: Me asustas un poco cuando te pones tan seria. No soy desagradecida pero sabes que tu amistad es el mejor regalo que puedes hacerme. No necesito más. Quiero tenerte cerca el resto de mi vida, aunque te cases y tengas ocho niños yo quiero seguir ahí, seré la tía Anita, tu marido me odiará. Leo cambió su expresión y sonrió de nuevo. Vale tía Anita, me dijo, no tienes ni idea de lo que puede ser. No todo se compra y vende necesariamente. Te va a encantar y no me va a costar ni una peseta. Un perro!, exclame yo. Leo soltó una carcajada y gritó un largo No. Dormimos juntas y yo me dormí pensando en las palabras de Leonor, mi mejor amiga y también la persona más obstinada que conocía La conocía tan bien que sabía que ese regalo llegaría, tarde o temprano, y esto me producía cierta desazón. Nuestra relación fue, si es posible, todavía mejor a partir de ese día. El verano se acercaba y cada vez pasábamos más tiempo juntas. Apenas un par de fines de semana nos fuimos a visitar cada una a nuestros respectivos padres. Hacía varios veranos que Leo me invitaba a su casa en verano. Sus padres solían veranear en un pequeño pueblo en la costa portuguesa. Un domingo por la noche cuando ambas regresamos de visitar a la familia le di la buena noticia a Leo. Mis padres se iban de crucero durante casi un mes para celebrar con varios años de retraso sus bodas de plata. Nos abrazamos y nos pusimos a saltar y chillar en el salón como chiquillas. Las dos volvimos a tener alguna relación esporádica Leo se trajo a un par de chicos a casa, de uno en uno, quiero decir. Con el segundo me avisó al mediodía y me dijo si quizás me apetecería participar, yo decliné y me lanzó una de sus habituales diatribas: que lesbiana eres. Lo bueno era que siempre adornaba este tipo de comentarios con un beso en la boca. Así era muy difícil tomárselo a mal. Yo por mi parte, también tuve mi rollito. Un día invite a casa a una chica que trabajaba en la frutería, cerca de casa, en la que solíamos comprar. Era una chica muy guapa de unos treinta años, un poco gordita. Sus padres eran los dueños y hacía mucho tiempo que solía hacer lo posible por atenderme para entablar conversación. Varias veces nos habíamos dicho que teníamos que quedar para charlar y tomar algo y finalmente me decidí. No estaba segura de que fuese de las mías, ella tenía novio, pero me atraía bastante. Al mediodía le pedí a Leo que si podía quedarse en su habitación y dejarnos solas por la noche. -Leo. Quien es ella? La conozco? -Ana. La chica de la frutería -Leo. La gordita? -Ana. Si la gordita. -Leo. Y vas a poder tu sola (sonrisa picara) -Ana. Si necesito ayuda te aviso. -Leo. Pero es lesbi? -Ana. Pues (dudando) no estoy segura. -Leo. (Divertida) Pues a estas alturas yo no quiero cambiar de frutería, empléate a fondo y déjala satisfecha. -Ana. No sé, ya tanteare el terreno antes de lanzarme. Espero no quedarme con el calentón. -Leo. (Medio en broma medio en serio) Si la cosa no va vente a mi habitación, tengo la regla pero te hago un favor. Acompañó sus palabras con un explicito movimiento de sus dedos. Yo contesté con un beso en su mejilla. Desde nuestro polvo inaugural habíamos dormido varias veces juntas, no queríamos hacerlo habitual, sería caer en la rutina. No éramos pareja. Eso lo hacía especial, era como una cita. Por supuesto esas noches eran muy largas, por la mañana solíamos repetir, nunca nos levantábamos sin habernos regalado tres o cuatro corridas la una a la otra. Por la noche mi cita fue bien, mi amiga la frutera tenía un desnudo impresionante y me excito muchísimo cuando me di cuenta que Leo nos espiaba desde la puerta entreabierta. Estábamos las dos con nuestros coños pegados haciendo la tijera cuando vi que la puerta se abría unos centímetros, la chica estaba tan caliente que no hubiese oído un terremoto, por una vez yo era la observada y no al revés. Leo se quedo allí un buen rato, luego lo primero que me dijo fue que si no hubiese tenido la regla se hubiese unido y habríamos tenido fruta gratis el resto de nuestras vidas. La chica se fue a eso de las doce. Quedamos en que había que repetirlo. Por suerte, para ella fue solo sexo, porque yo lo había pasado bien pero nada más. La despedí y me fui disparada a meterme en cama con Leo. Me soltó lo del trió nada más entrar. Ella me estaba esperando, le pregunte si quería que me diese una ducha y ella contesto comiéndome la boca y lamiendo mi cara. Deliciosa, me dijo, sabe a fruta. Estábamos solas, nadie podía oírnos, pero en cama siempre hablábamos bajito. -Ana. Pero tú no eras hetero? -Leo. Y lo soy, me susurro. Entre miles de millones de mujeres solo me gustas tú, eso es ser hetero con un pequeño tropiezo. -Ana. Y lo de que te hubieses hecho un trió con mi amiga? -Leo. Ya, pero te habría pedido permiso. Sería más un halago hacia a ti que otra cosa. Me hablaba en un tono que me recordaba a la casi niña que conocí años atrás cuando comenzamos a vivir juntas. Era casi imposible hablar en serio con ella sobre nosotras, enamorarme hubiese sido una locura, ni ella misma tenía claro lo que sentía por mi y, si lo tenía, no encajaba en ninguna convención social para definirlo. No había palabra en el diccionario para adjudicarle a lo nuestro, éramos novias, amigas, hermanas o nada de eso. A la mañana siguiente estaba claro que nadie me subía al paraíso como Leo. Nos despertamos abrazadas, era sábado y estuvo jugando con mi rajita durante más de una hora, me llevaba casi hasta el orgasmo y paraba cuando estaba a un solo roce de explotar. Dejaba que me enfriase un poco y volvía a la carga, escuchaba mi respiración, su boca y sus dedos mandaban en mi vagina, me aceleraba y frenaba como si fuese un simple mecanismo en sus manos, ella estaba en mi cerebro. Llegaba a un punto en que yo intentaba acercar la mano a mi clítoris y correrme ya de una vez porque no podía más pero ella, que era más fuerte, me agarró con firmeza y me ordenó darme la vuelta. Estuvo acariciando mi culo varios minutos, vigilaba mis brazos para que no los acercara a mi vulva. Con su lengua empezó a lamerme el ojete con mucho cuidado y untando sus dedos en mi conito se los lubricaba tan bien que sin necesidad de crema hidratante enseguida acabo metiéndome dos de sus dedos por detrás. Era toda una experta los metía y quitaba con total facilidad. Mi vagina se beneficiaba de cómo me follaban aquellos dos dedos y yo movía mis caderas como si fuese un caballo salvaje, Leo ponía todo el peso de su cuerpo sobre mi espalda y sujetaba mi brazo derecho pero ni así podía contenerme. Yo le suplicaba correrme ya pero ella se acercaba a mi oído y me decía que no quería que aquello se acabase nunca y eso me calentaba todavía más. Al final se apiadó de mí y me ofreció elegir como quería correrme. Estábamos las dos jadeando, Leo dejó que me diese la vuelta y en cuanto pude llevé mi mano al chocho y empecé a frotarlo como nunca antes, ella se rindió y me dejo hacer, no podía besarme en la boca porque yo necesitaba aire, me hubiese ahogado pero me besaba en las mejillas, cuello y orejas. Me sorprendí a mi misma al no correrme en menos de cinco segundos, aguante quizás un minuto o dos frotándome todo lo rápido que podía Por fin me corrí diciendo gracias, gracias sin parar y apretándome mi cuerpo contra el de Leo. Estaba rendida intente corresponderle a Leo pero no pude, ella se masturbo a mi lado. Levaba el tampax puesto y se corrió enseguida tocándose el clítoris Nos dormimos de nuevo toda la mañana y nos despertamos por la tarde muertas de hambre. Fue un gran día . Julio llegó y solo tres días antes de irnos de vacaciones a Portugal el padre de Leonor nos visitó para pasar un par de días con su hija. Se alojo en un hotel no lejos de nuestra casa. Se iba a Madrid durante unos días y luego de viaje de negocios a Argentina, Uruguay y Brasil por un mes. Yo ya lo conocía y fue muy amable conmigo, les acompañe a comer y cenar el primer día en los mejores restaurantes de la ciudad, nos llevo de compras, hizo varios regalos a Leo sobre todo un bolso carísimo y alguna joya. Era un hombre muy educado, sesenta y cinco años, había triunfado en los negocios pero no pensaba en retirarse y disfrutar de lo conseguido, al contrario estaba lleno de planes y soñaba con que Leo se hiciese cargo algún día de sus negocios. Había llegado a Salamanca en el coche de Leo para dejárselo a ella y se fue a Madrid en un coche de alquiler con chófer. El segundo día les deje solos para que pudiesen hablar de sus cosas. Yo había recibido también la visita de mi madre unos días antes, quería despedirse de mí antes de irse de crucero con mi padre y la tuvimos en casa un interminable fin de semana. No paraba de preguntar a Leo si yo tenía novio, porque yo no le contaba nada y Leo decía: bueno, algo hay lo que pasa es que Anita es muy reservada. A ella le parecía divertido, a mi no me hacía gracia, pero que iba a decirle? No señora, a su hija me la estoy tirando yo y también la gordita que atiende la frutería al final de la calle. Se hubiese muerto allí mismo. Prefiero no dar detalles sobre nuestros estudios, ni hablar de graduaciones, asignaturas etc... Mis padres estaban a punto de comprar el piso en el que vivíamos de alquiler así que dejamos nuestras cosas en él, además todavía deberíamos pasar algún tiempo en allí al año siguiente. Nos hubiese resultado duro despedirnos de aquella casa, Leonor se alegro muchísimo cuando le comenté lo de la compra. Antes de continuar me gustaría describir la casa de Leo en la que pasamos aquel maravilloso verano. Es el lugar en el que he sido más feliz en toda mi vida. Estaba situada a apenas un kilómetros del pequeño pueblo a orillas del Atlántico. Era una casa de tres plantas, la única de esa altura en todo el pueblo y probablemente en toda esa zona. Eso la hacía parecer un castillo, majestuosa en lo alto de un pequeño acantilado. A apenas 100 metros de distancia un estrecho y empinado camino bajaba hacia la playa. Había sido construida en los años 70 por los abuelos paternos de Leo. Ella había veraneado allí desde que era capaz de recordar e incluso tenía algunos amigos en el pueblo. La casa tenía tres plantas más sótano. La primera estaba enteramente dedicada a garaje, un pequeño trastero, y una despensa con un gran congelador donde se guardaban todo tipo de precocinados, también había vinos y licores en abundancia y muchas más cosas, parecía un pequeño supermercado. Un viejo deportivo era el único ' inquilino 'del garaje, se encontraba a medio restaurar, su padre había empezado hacía años y era su eterno proyecto inacabado, su Escorial. La madre de Leo siempre dejaba su coche, un gran todoterreno, fuera. La primera planta estaba dedicada casi por completo a cocina y comedor más un pequeño tendedero con una lavadora, allí la pared tenía huecos por donde entraba la brisa del mar pero no la lluvia. Acabó siendo uno de mis lugares favoritos. La cocina no parecía en absoluto la de una casa de veraneo, al contrario, estaba equipada con los mejores utensilios y electrodomésticos de aquel momento. Tenía un gran ventanal justo detrás del fregadero y la encimera desde el que en días sin niebla podían verse varios kilómetros de costa hacia el sur. Solíamos comer allí, aunque al lado teníamos un enorme comedor. Estaba decorado con bastante buen gusto, mesa para comer, un enorme sofá, rodeado de varias butacas muy cómodas donde solíamos dormir la siesta si no hacía buen día. Otro ventanal en la pared opuesta al de la cocina ofrecía otra vista de postal pero hacia el norte del pueblo. También había un televisor con un Dvd y un receptor de satélite, aunque apenas lo utilizábamos. Por último en esta planta había un cuarto de baño que había sido añadido hacia pocos años ya que la casa fue construida con uno solo en la tercera planta y un pequeño despacho. En esta última planta había tres habitaciones, eso sí bastante grandes las tres, dos de ellas estaban abuhardilladas y la más grande contenía ahora el baño original de la casa, en la reforma se le había incluido una enorme bañera que tenía justo encima dos ventanas en el techo que era en realidad el tejado. Esa era la habitación de la madre de Leo y tenía también un vestidor repleto de toda su ropa, eso sí ni una sola prenda de piel pues ella sabía que eso la podía enfrentar con su hija. Aunque en ese momento no lo sabíamos incluso estaba comenzando el proceso para vender su negocio. Su habitación tenía también una gran caja fuerte en la pared, me pareció curioso que no tuviese un cuadro encima, es lo que todos hemos visto siempre en el cine. En un descansillo, entre las tres habitaciones, por una puerta de aluminio se llegaba a una terraza llena de macetas con flores, que la señora que venía por la mañana a hacer algo de limpieza cuidaba durante todo el año. También se podía desayunar o cenar allí en una pequeña mesa y no faltaban unas tumbonas para tomar el sol. Había también varias sombrillas y un toldo que podía cubrir gran parte de la azotea. La vista era increíble desde allí arriba. Casi daba vértigo mirar hacia abajo, a la altura de la casa se sumaba la del pequeño acantilado a un extremo de la playa en cuya parte norte nos encontrábamos. A lo lejos se veía el pequeño pueblo repleto de casas de planta baja que se apiñaban en torno al puerto. Aparte de esto ni un solo rastro más de actividad humana. Ni casas, ni coches, ni campings, ni urbanizaciones a pie de playa ... solo más y más kilómetros de costa hasta donde la vista alcanzaba. La casa tenía un sótano, con (sorpresa) una piscina climatizada. Solía tener el agua a unos veinticinco grados para evitar problemas de condensación y aunque apenas tenía un par de metros de ancho si tenía unos doce de largo, casi la longitud de la vivienda. Con la iluminación del fondo azul de la piscina el sótano parecía más una habitación de lujo que otra cosa. No faltaba detalle, a un lado había un gran mueble bar repleto de bebidas, también una nevera, otro mueble con toallas y más tumbonas y una pequeña mesa. La madre de Leonor disfrutaba mucho con el agua. Por eso me extraño que estando rodeada la casa por unos muros de unos cuatro metros de altura y teniendo un enorme jardín de unas tres hectáreas no se hubiesen construido una piscina. Supongo que estando el mar al lado de casa no les habría parecido necesario. El jardín estaba repleto de árboles, por lo que no necesitaba grandes cuidados. Muchos de estos árboles habían sido traídos por su padre de sus viajes. En una zona más cercana a la casa si había un huerto de apenas cinco por cinco metros donde Lara cultivaba tomates. Se me olvida mencionar que la piscina ocupaba solo una parte del sótano, un tabique con una hilera de pequeñas ventanas opacas en su parte superior y una puerta de metal con un gran candado guardaba la única estancia de la casa a la que en principio no teníamos acceso. Tras casi seis horas de viaje con varias paradas para comer, repostar y consultar el mapa de carreteras, por fin Leo, que conducía, reconoció el lugar donde nos encontrábamos. No estábamos perdidas. Empezábamos a dudar de los lugares por dónde pasábamos, quizás el padre de Leo, con el que ella siempre había hecho el viaje, siguiese otra ruta, pero Leo dijo conocer ya aquella zona. Estábamos a media hora de casa. Por si acaso yo había llamado a Laura, la madre de Leo, mientras ella repostaba en la última parada que habíamos hecho. Queríamos tranquilizarla, por si se nos hacía tarde. La cobertura para los móviles era bastante desigual durante todo el viaje. Por fin vas a conocer a mi madre, me dijo Leo. Tenía razón. A las dos nos parecía increíble que nunca, en tantos años hubiésemos coincidido. Yo había hablado con ella muchísimas veces, sobre todo los primeros años cuando todavía no teníamos móviles, luego menos porque en vez de llamar a casa lo hacía al de su hija. El caso es que varias veces que se había acercado a Salamanca para visitar a Leonor yo estaba en casa de mis padres. Ella tiene muchísimas ganas de verte, se alegró de que tus padres se vayan de crucero y te dejen sola, me dijo Leo. Ya sabes que yo también. Mi amiga había estado callada durante todo el día, podría decir incluso varios días. La notaba preocupada, pero no sabía por qué. Intenté tenderle mi mano durante el viaje varias veces para saber que ocurría pero fue en vano. Finalmente a lo lejos apareció la casa de Leo. Pudimos verla bastante antes que el pueblo. Leo acercó el coche al enorme portal de la finca, yo busqué en la guantera el mando a distancia que lo abría y por fin entramos. La madre de Leonor nos esperaba a medio camino hacia la casa. En ese momento mi corazón empezó a latir a toda pastilla. Supongo que todos tenemos un ideal de hombre o mujer, cuando digo ideal doy por supuesto que esa persona no va a existir, es solo eso: una idea, una ensoñación. Cuando yo fantaseo me excita pensar en una mujer a la que le pongo cara, pechos, culo, piernas, no necesariamente por este orden; es mi fantasía y elijo lo mejor, le pongo un buen par, si es mi sueño por qué voy a conformarme con unas tetitas pudiendo tener dos buenos melones. Pues bien lo terrible es que mi fantasía existía y estaba allí de pie esperando a que bajase del coche para abrazarme. Y así lo hizo, primero se fundió en un abrazo con Leo, que continuó con el coche los cincuenta metros que nos separaban de la casa y luego vino hacia mí y me beso en las mejillas antes de abrazarnos. Mi corazón latía tan fuerte que podía oírlo. Me encantó el olor de su cuello, era un perfume que no conocía pero ya era mi favorito desde ese momento. Lara era una mujer muy guapa, ojos marrones, pelo castaño recogido en una trenza, piel ligeramente morena por las dos semanas que llevaba ya de vacaciones, me encantaban sus brazos, especialmente esas manos grandes pero de finos dedos. Llevaba puesto un vestido de los de ir a la playa, casi hasta la rodilla, parecía algodón, ligerísimamente transparente, de color blanco con franjas azules horizontales, bastante apretado, tirantes que dejaban sus hombros a la vista con poco escote por arriba y dos grandes aberturas por los lados que llegaban hasta sus caderas. La madre de Leo tenía una figura increíble, muchísimo más alta que nosotras, casi un metro ochenta, no llevaba sujetador y me mareaba al ver aquellos pechos, en eso se parecía a su hija, aunque fuese adoptada, ambas competían en talla de sujetador con, quizás un par de tallas a favor de la madre. Aunque aparentaba mucho menos de cuarenta yo sabía que Lara tenía cuarenta y seis, aún así esas dos tetas se aguantaban perfectamente erguidas, solo ligeramente aplastadas a los lados por aquel vestido que claramente estaba un par de tallas por debajo de lo que cualquier mujer menos segura de sí misma se atrevería a lucir. Tragué saliva y tras los saludos subimos parte del equipaje que traíamos a las habitaciones de la tercera planta. Leo y yo cogimos las maletas más pesadas y Lara una mochila mía y una bolsa de deporte de su hija. El mundo se paró cuando me encontré subiendo escaleras arriba. Leo me cedió amablemente el paso y Lara subía delante de mí. Entonces pude contemplar lo que hasta ese momento solo había intuido. Delante de mis ojos, a apenas unos centímetros, tenía el culo más impresionante que en mi vida había visto. Era un culazo al límite. Era todo lo grande que podía ser sin llegar a lo grotesco, pero no lo era porque sus formas eran perfectas. Redondito, parecía mullido como una almohada de algodón. Las nalgas se movían como flanes escaleras arriba. Un tanga tan ajustado como el vestido gritaba estoy aquí, envidiame. La naturaleza me regaló una imagen que aún arde dentro de mi cerebro años después: al llegar al primer descansillo del primer piso el sol del atardecer atravesó la fina tela de aquel vestido y llegó a mis ojos mostrándome aquellas caderas y piernas que completaban la anatomía de mi mujer diez. Aquellos muslos que las aberturas del vestido dejaban ver eran lo suficientemente gruesos para acompañar con solvencia semejante trasero, más gruesos o más delgados también hubiesen desafinado en una partitura que sonaba muy bien de principio a fin. El resto de las piernas de Lara hablaban de una mujer que se quería y se cuidaba, depiladas a la cera, con ese brillo inconfundible y sobre todo aquella piel tan joven, tan sedosa, ni rastro de celulitis ni varices, incluso en la frontera entre muslos y nalgas que el vaivén del vestido me dejaba ver. Seguramente participé en la conversación mientras subíamos pero ni me acuerdo. Al final el mundo arrancó de nuevo, llegamos al descansillo del tercer piso y tuve que separar mi cara de aquella escultura. No me gustan mucho expresiones machistas como mujerón o maciza pero reconozco que no hay adjetivos mucho mejores para definir aquel cuerpo. Y dicho esto Lara vista en conjunto era una mujer, si no delgada en absoluto pasada de peso , su vientre era la envidia de cualquier veinteañera como nosotras, cuello y cara estilizados. Era un sueño de mujer. Me duele definirla como si fuese un objeto, un purasangre en un concurso equino, pero ya tendré tiempo más adelante de hablar de la mujer que había dentro de ese cuerpo a la que pronto valoré como ser humano, más allá de ese físico que tan impresionada acababa de dejarme. Debí parecer tonta mirando al suelo cuando Lara nos preguntó si íbamos a compartir habitación o no. Sentía en mis mejillas ese calor que acompaña a la rojez de la piel. Tenía miedo que ellas notasen el shock que acababa de experimentar. Me tranquilicé al ver que las dos jadeaban después de subir hasta la tercera planta. Hice un comentario, algo así como: guau la próxima vez nos traemos menos equipaje y levanté la vista. Mis ojos se cruzaron con los de Leo y su sonrisa pícara me decía: a mí no me engañas. Qué bien te lo has pasado escaleras arriba. Me conocía demasiado bien. Podía leer mi mente. Mami, si no te importa ya decidimos mientras veníamos hacia aquí usar las dos habitaciones. A mí me parece perfecto, dijo Lara. Lara se llamaba en realidad Laura pero desde niña empezaron a llamarla así. Leo arrastró su equipaje hasta su habitación de todos los años y Lara me acompaño a mí para ayudarme a instalarme. Su voz era suave como su piel. Estuvimos unos veinte minutos poniendo mi ropa en los armarios, me ofreció todo aquello que pudiese necesitar y no me hubiese traído. En tan poco tiempo ya me resultaba una persona muy cercana. Su carácter era muy parecido al de Leo, bromeando continuamente, abierta, sincera, segura de sí misma, generosa y además muy joven de actitud ante la vida. Mis padres tenían un par de años más que ella pero una moral mucho más cerrada. Tras preguntarme si podía dejarme sola unos minutos para bajar a ducharse en el baño de abajo, nos ofreció a Leo y a mí la enorme bañera que su baño tenía. Me imagino que estaréis muy cansadas. De acuerdo mami grito Leo desde su habitación. En ese momento me di cuenta de que Leo había recuperado su habitual buen humor. La habitación de Lara estaba abierta y al fondo también el cuarto de baño tenía su puerta abierta con la enorme bañera ya llena de agua tibia. Me llevé mi bata y tras desnudarnos nos metimos en la bañera y empezamos a charlar. -Ana. Me alegro de que estés más animada. Me habías preocupado estos últimos días, sobre todo hoy. Ahora te veo feliz. Echabas de menos a tu madre? -Leo. No. Olvídalo. Algo me preocupaba y ahora ya no. También un poco cansada. No te preocupes. Y tú qué tal? Qué te parece mi madre? -Ana. Me encanta. Tan amable, me ha ayudado con todo mi equipaje, me hace sentir muy bienvenida. Mientras yo hablaba Leo esbozaba esa sonrisa suya que tan bien conocía. -Leo. Sabes que no me refiero a eso. -Ana. Es muy guapa pero sabes que solo tengo ojos para ti. -Leo. No me digas esas cosas que no soy de piedra. En ese momento ella salto hacia mi lanzando un montón de agua fuera de la bañera y empezó a hacerme cosquillas y meterme mano, era algo que hacía muy a menudo. No la rechace pero tenía miedo que su madre subiese y nos sorprendiste en esa tesitura. Leo paró y se quedó a mi lado rodeándome con su brazo sobre mis hombros. Nos quedamos en silencio mirando al cielo a través de las ventanas del techo, justo encima de la bañera. Ya era de noche pero hacía calor. Leo separó mis piernas y metió su mano bajo el agua, le gustaba saber si mi conejito estaba húmedo. Lo hacía algunas veces desde nuestra primera noche . Aun dentro del agua sus dedos notaron perfectamente lo resbaladizo de mi coñito. Yo hice lo mismo. Ella también estaba caliente. Note que hacía tiempo que no se depilaba, me gusto el tacto distinto al habitual. Oímos subir a Lara, se había duchado y preparado algo para cenar. Nos habló desde la habitación sin entrar en el baño. -Lara. Chicas, vais a dormir en la bañera -Leo. Se está tan bien. Lara se acercó al dintel de la puerta, llevaba una bata blanca de seda preciosa que le cubría hasta la mitad de los muslos. Ahora tenía el pelo suelto y todavía mojado. Las dos la miramos con admiración. Parecía una actriz de Hollywood. -Lara. Lo sé cariño, tenéis que estar muy cansadas. He preparado unas ensaladas, solo falta aliñarlas. Cuando os parezca bien bajáis. Las dos le dimos las gracias y prometimos bajar enseguida. En cinco minutos estábamos secando, recogiendo y limpiando el baño que Lara nos había cedido. Era precioso, grande, con azulejos azules y blancos a distintos niveles. Poniéndote de pie en la bañera podías ver el mar. No hacía nada de frío y la noche era estrellada, sin una sola nube en el cielo. Al acabar de secarnos me surgió una duda. Todo apuntaba a que Leo iba a bajar de uniforme, tanga y una mini camiseta de tirantes, pero yo no sabía que ponerme. -Ana. Leo vas a bajar así? -Leo. Si, se está muy bien. Todavía hace calor. Por qué? -Ana. Yo no sé qué ponerme. No sé qué va a pensar tu madre si bajo medio desnuda como tú. -Leo. Ana te quiero mucho y no quiero ofenderte pero mi madre no es como tus padres, de misa de domingo y comer pescado en semana Santa. Leo me habló con mucho cariño, con voz muy suave, estaba detrás de mí secándome la espalda y me beso en el hombro con mucha suavidad. Tenía razón mis padres eran de moral bastante estricta. Yo había estudiado en colegios religiosos desde los diez años. Uy, nos hemos puesto demasiado serias dijo Leo. Empiezo a hablar como una vieja. Mira ponte lo que quieras pero te aseguro que lo qué somos nosotras, se refería a su madre y ella, te vas a cansar de vernos el culo todo el verano. Leo salió disparada del baño riéndose y gritando: el baño me ha abierto el hambre. Me quedé sola y opté por el término medio. Me puse una de las pocas bragas que tenía y que por suerte había puesto en mi equipaje. Era casi transparente por detrás y por supuesto oscura, pero un azul bastante bonito. Antes de bajar me sequé mi rajita con una toallita, estaba empapada. Bajé y Lara y Leo me esperaban sentadas en el sofá frente al enorme televisor que presidía esa parte del salón. Me mareaba ver a Lara ahora en bata que apenas llegaba un poco más abajo de su cintura. Me pareció que no llevaba nada debajo. El pecho derecho casi se salía de su sitio, estaba anudada de un modo muy descuidado, además como solía hacer su hija iba descalza y eso era algo que a mí me encendía todavía más. Las tres nos fuimos a la cocina y esta vez yo me adelanté. Y mi culazo fue el protagonista. Mientras cenábamos Lara nos puso al corriente del problema que tenía con la señora que cada mañana ayudaba en casa. -Lara. Haber niñas os cuento la situación. Fátima tiene a su hija a menos de una semana de dar a luz y no va a poder venir más que dos o tres días más. Tenemos dos opciones, Fátima puede ayudarnos a contratar a alguien nuevo, pero evidentemente sería meter una persona desconocida en casa, la otra opción es que nosotras nos distribuyamos las tareas. Las dos al unísono apoyamos la segunda opción. Nos repartimos las tareas. Cada una se ocuparía de su habitación y yo y Leo ayudaríamos a Lara con la suya, mucho mayor y con el baño que usaríamos para evitar, especialmente de noche tener que bajar al de la segunda planta. Yo me ocuparía de la colada, Lara de cocinar, Leo de pasar el aspirador etc.. Era ya tarde y estábamos muy cansadas, recogimos la mesa, pusimos el lavaplatos y tras comprobar Lara que tanto el portal de la finca como la única puerta que tiene la casa estaban correctamente cerradas subimos juntas hacia las habitaciones. Esperé un momento para ver si Lara o Leo cerraban sus puertas, Lara dejó la suya abierta pues el baño estaba en su habitación y Leo también así que yo hice lo mismo. Me quité la camiseta y me metí en bragas en cama. El silencio era absoluto, no se oía ni el ruido del mar, tenía sueño pero también estaba muy excitada. Las imágenes de Lara iban pasando rápidamente por mi cabeza. La cena había sido muy agradable, habíamos charlado como si nos conociéndonos de toda la vida, había disfrutado viendo aquellas piernas, aquellos muslos. Aquellos melones inquietos debajo de la seda moviéndose como flanes. Oí la fuerte respiración de Leo, conocía ese jadeo, yo no podía dormir tampoco con mi coñito latiendo como si fuese un segundo corazón. La habitación de Leo estaba pegada a la mía, su jadeo me ponía aún más cachonda, me quité las bragas y me puse a darle un buen masaje a mi clítoris, quería correrme rápido, hacia horas que ya no podía más con las ganas. Oí a Leo, se corrió enseguida y yo tardé muy poco más. Dormí de un tirón, me desperté triste, preocupada. Era absurdo, no había sido un sueño, mi mujer ideal existía, la has conocido ayer me decía y debe seguir en algún sitio de esta casa. Intenté quitarme esa angustia y me fui hacia su habitación, además me estaba meando. Vi su cama vacía, por suerte porque iba completamente desnuda, se me había olvidado ponerme algo. Volví a la habitación y cogí mi bata, volví al baño y luego me lancé escaleras abajo. Leo estaba todavía dormida. Encontré a Lara en la cocina, necesitaba asegurarme que mi imaginación calenturienta no me había jugado una mala pasada. Lara estaba sentada en la mesa de la cocina desayunando. Al verme se levantó preocupada. -Lara. Cariño te encuentras bien ? Estás completamente blanca. -Ana. Sí, bueno he tenido una pesadilla y me he levantado algo angustiada. Ella me abrazó y pegó mi cara contra sus pechos. Sentí sus brazos rodeándome, me tranquilicé al ver que todo seguía en su sitio. La caída de la bata sobre su cuerpo delataba la presencia de aquel culazo, seguía en su sitio, mi tortura continuaba. Llevaba una bata más bonita todavía que la del día anterior, de estilo oriental, roja y con motivos dorados. Corta, muy corta. Poco a poco iba perdiendo la vergüenza que siempre tuve cuando me gustaba alguna chica mayor que yo y empecé a mirar con menos disimulo. Cuando nos separamos la cadena de mi cuello se enganchó en la bata y esta se abrió casi del todo. Lara me dijo cuidado Anita y se acercó de nuevo a mí para evitar romperla. Arqueo sus brazos y encontró el cierre de la cadena en mi nuca, lo abrió y está vez si pude apartarme. Delante de mí deshizo completamente el nudo de la bata para poder acercar a sus ojos la zona, al nivel del pecho, donde mi cadena seguía enmarañada. Vencí mi timidez y me recree en la vista, Lara no llevaba nada debajo, me quedé mirando el coño más goloso que he visto en mi vida. No me sorprendió que estuviese casi totalmente depilado, sabía que Lara se había hecho la depilación láser el verano anterior, algo bastante novedoso y exclusivo en aquella época, lo más goloso para mí era lo marcada que tenía la vulva, carnosa, con muy poco vello, parecía un melocotón amarillo, jugoso, quizás la depilación, que solo dejaba ya crecer vello en los labios externos ayudaba a crear aquel efecto. Se me hizo la boca agua pensar que delicioso sería comerse aquel manjar. No presté atención a los pechos ni a los muslos ni a aquella barriguita tan hermosa, me quedé hipnotizada mirando y guardando cada detalle para dedicarle mi próxima paja. -Lara. Ya esta cariño. -Ana. Gracias. -Lara. Te gusta? Se refería a su pubis. Conteste tomando la pregunta en el estricto sentido estético. -Ana. Me encanta. Está precioso. -Lara. La verdad es que sí y resulta muy cómodo pero su sacrificio cuesta. Son muchas sesiones de laser. -Ana. Duele? -Lara. Bueno, a mi edad si una quiere cuidarse hay un precio que pagar. -Ana. No digas eso. Tu edad es perfecta. Estás increíble. La bata seguía abierta y yo continuaba mirando a alternativamente sus ojos y su coño cuando las dos nos asustamos. Leo rompía aquel silencio con un sonoro: buenos días, si molesto me vuelvo a la cama. Las tres nos reímos, la bata se cerró y Leo nos dio una buena palmada a cada una en el culo. -Leo. Me alegro que hayáis intimado tan rápido (riéndose y mirándome). Has visto el coñito de trescientos mil escudos. -Lara. Bueno ha sido un pequeño accidente. -Leo. Lo sé, os he oído desde el salón. Me alegro mucho de que os llevéis tan bien. -Ana. Pero qué es eso de los trescientos mil escudos? -Lara. Bueno, es el precio del tratamiento, me lo hice el año pasado aquí en Portugal. Continuamos charlando mientras desayunábamos. Lara ya había acabado y se puso a recoger algo la cocina. Yo, tras el mal comienzo del día me sentía ahora feliz. Lo tenía todo. Las dos mujeres que mas me habían gustado en mi vida y yo, solas en aquella casa, el día era radiante, no eran ni las nueve y ya hacía calor. Aunque innecesario precisar fechas sí que tengo la sensación de que en un tiempo más cercano nada hubiese sido igual a como lo fue en aquel verano. La sensación de aislamiento que vivíamos nos hacía estar más unidas, un teléfono fijo en el salón con un supletorio en la habitación de Lara era toda nuestra comunicación con el mundo. Internet todavía estaba naciendo, las tres teníamos ya un móvil gsm pero en aquel lugar de la costa portuguesa faltaban años para que llegase el servicio. Aparte de la televisión y un equipo de música solo la lectura y la conversación eran nuestro entretenimiento. No nos pasábamos el día pendientes de redes sociales ni páginas web ni smartphones. El tiempo discurría despacio, los días parecían eternos, pero eternos no significa aburridos, de eso estoy muy segura. Leo había bajado medio desnuda y yo seguía con las bragas transparentes del día anterior. Lara nos dijo: chicas a las diez llega Fátima y seria una falta de respeto que nos paseásemos así por la casa, mientras ella esté aquí, poneros algo, luego ya si os apetece os cambiáis de nuevo y sois libres de vestir como os apetezca. Así lo hicimos, sabia por Leo que su madre apreciaba mucho a su empleada, de hecho, habíamos traído varios regalos para Fátima desde Salamanca por encargo de su madre. Cuando subimos a cambiarnos Leo tuvo la idea de bajar a la playa, a dar un paseo o quizás tomar el sol. A mí no me apetecía demasiado, prefería quedarme con su madre en casa, pero accedí. Nos pusimos los bikinis, el mío naranja y azul él de Leo, eran de los que se atan con lazo a un lado y sujetador de triangulo. Creo que eran la misma talla por lo que los tetones de Leo parecían a punto de salirse y a mí no llegaba casi a taparme ni la raja de mi culazo. Antes de bajar a la playa pedimos a Lara unos pareos, y nos dejó dos iguales. Tuvimos que terminar de descargar el coche y subir a casa lo que habíamos dejado la tarde anterior y en menos de diez minutos ya estábamos paseando sobre la arena. Al quedarnos solas temí que Leo llevase la conversación hacia lo que había sucedido por la mañana. Yo seguía pensando en aquel pubis depilado y aquellos labios que parecían hechos para mi boquita y ya estaba lo suficientemente caliente como para que ella me encendiese todavía más. De momento tuve suerte, la playa todavía estaba casi vacía. Leo conocía a algunas de las personas con las que nos cruzábamos y saludaba graciosamente en portugués, lo hablaba, para mi sorpresa bastante bien. Llegamos caminando por la playa al pequeño embarcadero por donde los barcos eran sacados del agua cada día, no existía lo que conocemos como un puerto propiamente. A esa hora casi no había nadie pero vimos a un chico que se acercaba rápidamente caminando, Leo lo reconoció y corrió hacia él se saludaron y vinieron hacia mí, el chico me dio dos besos al estilo español e hizo el esfuerzo de hablarme en castellano. No tenía más de dieciocho años era guapo, no demasiado alto y por sus manos y sus brazos se veía que ya no se dedicaba a estudiar sino a trabajar en el mar. Los tres juntos continuamos paseando por la playa ya alejándonos hacia el otro lado del pueblo, caminamos unos die minutos, poco a poco yo me fui quedando atrás deliberadamente, lo suficiente para que pudiesen charlar sin escucharles. Les seguí durante un rato hasta que vi correr a Leo de vuelta hacia a mí. Repitió mi nombre varias veces como siempre que me pedía algo y junto las dos palmas de sus manos como rezando. Sabía que esa era la llave para que yo no hiciese preguntas y accediese rápidamente. -Leo. Ves ese hueco entre las rocas con arena. -Ana. Si lo veo. -Leo. Súbete a la roca y vigila que no venga nadie. Pregunté absurdamente para qué. Cuando llegué a mi puesto de vigilancia Leo ya estaba sacando de los vaqueros del chico su polla y empezando a dar lengüetazos en su glande. A ella el tamaño si le parecía importante porque era la tercera polla que veía entre sus manos y todas eran de categoría XXL. Yo estaba a unos dos metros de altura, prácticamente sobre ellos. Intentaba mirar a mí alrededor por si venía alguien pero no era fácil concentrarse en la vigilancia. Me gustaba ver la cara redondita, preciosa de Leo mientras se metía toda la polla en la boca, todavía llevaba el bikini y el pareo y su larga melena lisa brillaba al sol pareciendo más rubia de lo habitual. El miedo a que yo tuviese que interrumpirlos hizo que ella enseguida se desatase uno de los lazos de bikini en su muslo y se tumbase sobre la toalla extendida en la arena. Se apartó el triangulo del bikini que seguía atado a su otro muslo y el chico la penetró sin contemplaciones, hasta el fondo, sin cuidado alguno, me dolió hasta a mí, si no llega a estar muy bien lubricada le habría hecho mucho daño. Ella soltó un grito que parecía de placer, yo me tranquilicé, el chico no parecía tener gran experiencia como amante, o quizás fuese la prisa, lo que si tenía era la polla dura como el acero, la sacaba totalmente del coño de Leo y la metía violentamente hasta el fondo de nuevo, una y otra vez. Ella debajo, el encima. Yo seguía mirando y reprimiendo mis ganas, los veía desde arriba, el chico de espaldas a mí. Veía el cono de Leo y aquella polla que seguía taladrándola. Ella de vez en cuando me miraba y me hacía sentir parte del polvo. Ponía sus ojos en los míos y parecía decirme: me gusta mucho mas contigo ahí mirando. Follaron como posesos unos diez minutos y el chico cuando ya parecía estar a punto agarró su polla yéndose hacia las tetas de Leo, ella había perdido la parte de arriba del bikini hacia un rato y el portuguesito se las había comido mientras la penetraba, bastante torpemente, en mi opinión. Pero Leo no estaba de acuerdo. Pronuncio un no, no, no, dentro, dentro, y la polla volvió a su cueva. Aquel chico debía llevar tiempo sin descargar porque desde que note por la cara de Leo que empezaba a correrse todavía dio varias embestidas mas, cada una de ellas lanzaba los pechos de mi amiga hacia el cielo y caían de nuevo haciendo un sonido muy característico. Leo se puso rápido el bikini dio unas chupadas a la polla, que todavía continuaba goteando algo de leche y se despidió del chico. Este me miró y me dio las gracias, le saludé con la mano, como despidiéndome y se fue por un sendero entre las rocas que yo no me había ni percatado de que existía. Menuda vigilante estaba hecha. Bajé de mi atalaya y ayudé a Leo a recoger sus cosas, la ayude a atarse bien el lazo del bikini, ella jadeaba todavía. No dije nada, empezaba a darme cuenta de que ella no buscaba en los hombres lo mismo que buscaba en mí, eran sexualidades diferentes, no sabría explicar las diferencias pero conmigo no follaba como con los chicos y no me refiero a las obvias diferencias anatómicas. Caminábamos en silencio de vuelta a casa. Leo tenía en su cara una mueca de satisfacción y orgullo. Por fin me atreví a romper aquel silencio. -Ana. Supongo que te lo habías tirado ya antes. Cuántos años tiene? -Leo. Unos 19. Hace años que follamos tres o cuatro veces cada a

Autor: ana Categoría: Sexo Lésbico

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