Relatos Eróticos de Incesto


Mi tía y mi cumpleaños.

2021-02-24


La lectora había terminado de leer un relato erótico de una familia incestuosa, la había impresionado placenteramente la vida de la protagonista, la cual se declaraba no lésbica, pero sus encuentros amorosos eran generalmente con otras amigas, incluyendo su madre, con la cual tenía relaciones incestuosas muy gratificantes para ambas. La lectora si sintió turbada sexualmente, mientras leía los avatares de la vida de la protagonista, le resultaban excitantes los encuentros lésbicos de la muchacha, la que participaba con efusión inaudita, gozaba apasionadamente de estos encuentros, no los buscaba, pero tampoco los rehuía, además, siempre declarándose no lésbica. Sí, es cierto que ella se declaraba bisexual, incluso había perdido su virginidad con un muchacho, pero sus encuentros eran generalmente con chicas y si bien no andaba a la caza de mujeres, las circunstancias la hacían terminar inexorablemente comiéndose un chocho de alguien. La lectora de Nombre Noemí Bravo fue sorprendida por las formas en que las protagonistas se solazaban unas a otras, no por la calentura y la lujuria expresada, sino porque la lectora tenía solo dieciséis años y su tendencia sexual no la tenía totalmente definida, se puede decir que se identificaba con la joven protagonista, más aún porque hasta el momento había conservado su virginidad, al igual que lo había hecho la protagonista del relato. Pero Noemí no solo se sentía identificada, ella hija de padres divorciados, el padre un alcohólico y su madre después del divorcio, encontró pareja y se desentendió de su hija, por lo tanto, ella encontró refugio con la hermana menor de su madre, Carolina es su joven tía, diez años menor que su madre, con exuberantes 22 años, terminando una carrera de ingeniería civil, gracias a haber sido becada durante su enseñanza secundaria debido a sus excelentes resultados académicos. Pero Carolina no era ni por nada la matea del curso, a ella le gustaba divertirse y salir con chicos y chicas, lo que la caracterizaba por sobre la media de sus contemporáneos, es que era muy ordenada, se podría decir, maniacamente ordenada y organizada, jamás mezclaba las cosas, si tenía que estudiar, pues estudiaba, si tenía que divertirse lo hacía como cualquier chavala de su edad. Noemí estaba muy agradecida de que su tía le hubiese hecho un lugar donde habitar y proseguir sus estudios, su madre se encargaba de poner dinero para su alimentación y educación, pero de todo el resto Carolina se había hecho responsable, y como sabéis, ella comenzó a influenciar a su sobrina en todo sentido, la estaba convirtiendo en su clon, con horarios fijos de estudio y salidas al parque a tomar aire, trotar y relacionarse con otros chicos y chicas. El secreto de Carolina es que ella se relacionaba casi exclusivamente con muchachas, más o menos de la edad de Noemi, es más muchas veces la utilizaba para enganchar con estas adolescentes, los fines de semana la organizada Carolina, programaba encuentros entre chicas de la edad de Noemí y los únicos chicos presentes, era acompañantes de alguna de las chicas invitadas, es decir, siempre los muchachos eran escasos en estos mítines. Terminado el año escolástico, la tía se recibió de flamante ingeniera civil y por sus estupendos resultados, una importante empresa europea, le ofreció un excelente contrato y comenzó a trabajar para ellos, Noemí estaba orgullosa de su tía y sus logros, así, más se esforzaba por asemejarse a ella y estudiaba con verdadero ahínco, supervisada de cerca por su tía Carolina. En su inocencia, Noemí no veía nada de extraño en su tía que continuaba a organizar festejos a cada ocasión, así fue como, al cumplir los diecisiete, tía Carolina organizó un festejo para el fin de semana solo para ellas dos. Se encaminaron por las señoriles calles de la Puerta del Sol, vitrineando en esas caras tiendas de estilistas famosos, se detuvieron a tomar un refrigerio en un pequeño pero elegante local cerca de la plaza Mayor, luego Carolina insistió en comprar algunas prendas de lencería femenina en un conocido y prestigioso local, ahí regaló a Noemí con algunas costosas y finas prendas, muy refinadas y elegantes también, la chiquilla se sintió mujer al ser obsequiada de este refinado vestuario femenil. Se entretuvieron mirando a los extranjeros que deambulaban con sus cámaras y sus teléfonos sacando fotografías de todo lo que les parecía importante, se rieron de sus cretinadas y de la personalidad relajada de ellos. Se detuvieron a cenar en un conocido restaurant italiano y se deleitaron con las pastas italianas, muy sabrosas por lo demás, habían pedido una pequeña botella de Carmenere Sauvignon, y Noemí se sintió un poco mareada pero feliz de estar festejando con su tía y muy contenta además por sus regalos, había sido una magnifica velada y ya anochecía. Habían recorrido por tantos lugares elegantes, refinados y caros, que Noemí no se sorprendió cuando ingresaron a uno de los prestigiosos hoteles de la plaza, tampoco le pareció extraño cuando su tía se dirigió a la recepción y le entregaron las llaves de una habitación, fueron acompañadas por un dependiente del hotel al segundo piso, recorrieron el alfombrado pasillo y el empleado les solicitó las llaves y las hizo ingresar a una habitación. Cuando ingresaron había una tremenda torta con diecisiete velitas y la acostumbrada escrita, “Feliz Cumpleaños Noemí”, a la chica le temblequearon las piernas, se sintió emocionada, abrazó a su tía casi en sollozos, no terminaba de darle las gracias por el espectacular cumpleaños que su tía había organizado, el empleado con una amplia sonrisa les devolvió las llaves y se despidió de ellas. Noemí no cabía en sí de la emoción, recorrieron la habitación, había un gran lecho con bronces bruñidos de antes, todo era clásico en esa habitación, gozaban de una amplia vista hacía la plaza, Carolina abrazó a su sobrina y le mostró todo lo que disponía la habitación, entre las comodidades, un amplio baño con jacuzzi, abrazadas volvieron a la mesilla que acomodaba la hermosa torta de cumpleaños, Carolina encendió las velitas e invito a su sobrina a apagarlas no sin antes pedir un deseo con toda su alma. Mientras Noemí apagaba las velas, Carolina extrajo una botella de buen espumante moscatel y vertió unas abundantes copas para ambas, Noemí se sintió un poco achispada con dos copitas burbujeantes y dulces, Carolina todo le celebraba, se sacaron los zapatos y se pusieron a danzar con música del celular de Noemí, ambas chicas saltaban un poco por allí y un poco por allá, tenían su propia fiesta y bailaban abrazadas. Carolina apretaba a su cuerpo a Noemí y le hacía sentir sus prodigiosas tetas, Noemí se sentía un tanto sensual, todo ese roce de pezones era un tantico excitante, la muchacha se sentía un poco extraña y turbada porque estaba sintiéndose atraída por su bellísima tía, esos senos turgentes jamás los había visto ni tenido tan de cerca, eran un portento de la naturaleza, pero ella es su tía. Noemí no se podía contener y le dijo a su tía que necesitaba ir al baño, la chica fue a la toilette y se dio cuenta que sus bragas estaban totalmente mojadas, sintió vergüenza de sí misma y se puso a llorar, Carolina sintió los gemidos y sollozos de la joven y entró a ver que le sucedía, encontró a la chiquilla sentada en el inodoro y con sus bragas entre sus rodillas, le bastó una mirada para darse cuenta de la mancha en los calzoncitos de Noemí. Puso una rodilla en el piso ― ¿Qué te sucede mi pequeña? … ¿Por qué lloras? ― le pregunto con preocupación ― ¡ay! tía … me siento extraña … al bailar contigo me sentí muy azorada … turbada al sentir tú proximidad … nunca me había sentido así ― dijo la nena entre sollozos ― ¡Oh! mi nenita … no te acongojes … a todas nos pasa alguna vez en la vida … nos sentimos atraídas por otra chica … es normal … hoy estas de fiesta, tienes que estar feliz … mira que tienes tus bragas todas mojadas … ― Carolina trataba de consolar a su afligida sobrina. Noemí logró reponerse ― ¡Oh! tía he bañado mis bragas por ti … perdóname si te decepciono … ha sido una cosa involuntaria ― ella trataba de excusarse ― cariño, no me decepcionas … es más, me siento halagada de haberte puesto cachonda … también a mí me sucede contigo ― diciendo esto, Carolina deslizo su mano al desnudo chocho de Noemí, la chica abrió sus labios un poco sorprendida, un poco con lujuria, Carolina se acercó y la besó en esos labios entreabiertos. No pararon más de besarse ― cariño, vamos a disfrutar tu torta … ven ― Carolina le había sacado las bragas y a culito pelado se la llevo a comer torta, Noemí se sentía un poco incomoda con su trasero al aire ― tía no me siento a gusto sin bragas ― dijo, esperando le retornasen sus calzoncitos ― nenita … sirvámonos un poco de tu torta y luego me gustaría que tú y yo nos probásemos la lencería, así podrás vestir unas bragas limpias, secas y sexys … ― dijo Carolina versando un poco más de espumante a Noemí ― ¡Oh! tía no veo la hora de probarme esas bragas tan lindas y sofisticadas ― dijo la chica olvidándose completamente de sus bragas, pero aún sentía el toque de los dedos de su tía a su chochito mojado. Mientras sorbían traguitos de espumante burbujeante y saboreaban la exquisita torta, Carolina le pidió a Noemí de sentarse en su regazo, la chica voluntariosa accedió y luego su culito desnudo estaba en los muslos de su tía, Carolina apoyo su mano en los voluptuosos muslos de su sobrina. Noemí no habituada a beber, estaba chispeante, bebió un sorbo de espumante y luego se giró hacía su tía y besándola, le metió su lengua en la boca de ella y le traspaso un poco del líquido, Carolina respondió al beso y luego tomó su vaso y se versó unas gotitas en la hendedura de sus senos, Noemí se alzó y se sentó a horcajadas en las piernas de su tía, dejando su conchita expuesta y abierta, se inclinó y comenzó a lamer el líquido de los senos de su tía, Carolina deslizó su mano y atrapó el pequeño chochito entero de su sobrina en su mano. Se intercambiaron caricias y besos, el masaje de Carolina al coñito de Noemí, estaba surtiendo efecto, la chica gemía y rotaba sus caderas, también había logrado bajar los tirantes del vestido de su tía y tenía sus tetas asomadas por sobre su sujetador y estaba lamiendo esos pezones duros e incitantes de Carolina. Ambas chicas estaban envueltas en un acalorado toqueteo, querían descubrirse, conocerse carnalmente, Carolina había abierto la blusa de Noemí y los esplendorosos pechos adolescentes estaban por fin al alcance de su mano, estaba concentrada en meter esos escurridizos pezones entre sus dedos, los blanquizcos senos de la chiquilla la embriagaban de lujuria, eran solidas masas de carnes que poco a poco se estaba llevando a sus carnosos labios, ― Cariño, porque no vamos a refrescarnos un poco antes de proseguir ― dijo la organizada Carolina ― creo que sería oportuno tía, porque ha sido un día ajetreado y muy caluroso … ¿qué sugieres? ― preguntó la dulce Noemí, masajeando y mordisqueando los opulentos pechos de Carolina ― tenemos un magnifico jacuzzi … vamos a aprovecharlo como se debe … después modelaremos nuestro regalos ¿te parece? ― dijo Carolina ― ¡oh! tiita sería perfecto … me muero por verme vistiendo esas prendas ― respondió la chiquilla dándole un afectuoso besito en los labios. Ambas mujeres se fueron al dormitorio, coquetamente abrazadas, una vez allí se despojaron de sus vestimentas, mirando sus agraciados cuerpos, Noemí vio que su tía tenía su coño completamente rasurado, acercándose y contorneando sus caderas, la chiquilla tomo con toda su mano la invitante chuchita de su tía, le paso un brazo por la cintura y atrayéndola hacía sí, la miro a los ojos ― tía, me encanta tu chocho lampiño … ¿me ayudaras a que el mío luzca igual al tuyo? ― dijo presionando los cálidos y húmedos labios de Carolina ― por supuesto que sí cariño … es una rica sensación sentirse así peladita … yo lo haré por ti … tengo una rasuradora en mi bolso ― respondió Carolina atrapando la mano de Noemí entre sus suaves muslos. Totalmente desnudas, se fueron al baño, Carolina abrió el agua del jacuzzi y salió en busca de la afeitadora, en tanto Noemí encontró sales de baño y comenzó a versar algunos granitos en el agua tibia que comenzaba a espumar por los potentes chorros, sumergió sus piernas en las tibias aguas y espero a su tía, Carolina entró en la bañera levantando su piernas, Noemí no se pudo contener y encontrándose su tía aún de pie, apoyo sus labios en la convergencia de sus muslos y con su lengua intentó de acariciar el coño de su tía ― ¡oh! cariño, me vas hacer caer … espera un poco … tenemos toda la noche solo para nosotras … no desesperes y acomódate para sacarte esos pocos pelitos que tienes en tu coñito ― reclamó Carolina, buscando apoyo para mantenerse en pie. Noemí se giró y se puso de espalda a su tía, Carolina la atrajo a sí y puso sus manos sobre las juveniles tetas de Noemí, después descendió con una de sus manos hacía el chochito de su sobrina, encontró el coñito estrecho de la chiquilla e introdujo uno de sus dedos, Noemí abrió sus piernas gimiendo y acariciando las piernas de Carolina, estuvieron así por un rato hasta que la muchacha comenzó a mover la mano de su tía frenéticamente, sintiendo la proximidad de un orgasmo estremecedor, Carolina excitadísima besaba el cuello de la chica y mordisqueaba sus lóbulos, Noemí se corrió apretando sus muslos y lanzando uno que otro chillido, carolina delicadamente mantuvo su mano sobre el chocho tembloroso de su sobrina. Noemí se giró para besar a su tía con pasión y mostrar su entrega y reconocimiento a aquel fantástico orgasmo, Carolina respondió efusivamente a los besos y caricias de la chica ― siéntate al borde de la bañera para afeitar tu chocho ― dijo Carolina y Noemí se alzó chorreando agua y sentándose tal como se lo había pedido su tía, abrió sus piernas exponiendo su sexo a las atenciones de Carolina, sobajeando sus muslos con bastante jabón, ella extendió la espuma por toda la zona pélvica de Noemí, comenzó desde sus muslos, prosiguió por el bajo vientres y enseguida con destreza rasuró los labios del pequeño coño de su sobrina, no pudiendo evitar de tocar su sensible clítoris y haciendo que la chiquilla se estremeciese y gimiese cachonda durante el exquisito proceso, la hizo girar y le abrió los glúteos y aplicando abundante espuma, procedió a rasurar los incipientes pelos del culito de Noemí, enjuagó con abundante agua y metió su nariz entre esas blancas nalgas y su lengua alcanzo el prieto orificio anal de Noemí ― ¡oh! tía … me quieres matar … ― Carolina se alzó y repasó su propio coño con la rasuradora, Noemí se acercó para observar de cerca ese chorito lampiño, tomo las caderas de su tía y la hizo girar, Noemí comenzó a meter dos deditos en ese chocho encharcado de fluidos cálidos, Carolina inició un movimiento de sube-baja aumentando la estimulación a su concha, Noemí abrió los glúteos de su tía y con fuerza le langüeteo su orificio anal, Carolina gimió con concupiscencia refregando su ojete en los labios de su sobrina. Con una linda sonrisa, Carolina invitó a Noemí a la cama, pero primero fue a buscar su bolso donde ella conservaba la fina ropa que habían comprado, más algunas sorpresas, Noemí se acomodó sobre el lecho ligeramente recostada, apoyada en las almohadas y con sus piernas cruzadas, su tía regresó con los obsequios y el total de la compra, ambas se sentaron desnudas en la cama y comenzaron a abrir las confecciones, Noemí eligió un completo rojo encendido y Carolina uno calipso, se miraban mutuamente como se vestían sus bellísimos cuerpos. Carolina se acercó a Noemí, arreglando la presentación de las prendas, permitiéndose de tocar la tibia piel de la muchacha, sus manos acariciaron sus caderas y bajó luego sobre la delgada tela de la tanga, a tocar sus labios recién rasurados, sentía con la yema de sus dedos la rajita de ella, Noemí gimiendo bajó el sujetador de su tía y atrapo sus pezones ya endurecidos, luego le quito la prenda para dejar libres los protuberantes senos de su tía, Carolina gimió audiblemente cuando su sobrina posó ambas manos en sus pechos, se quedaron sentadas frente a frente, gozando de las reciprocas caricias a sus pechos. Carolina le quitó el sujetador a Noemí y se alzó de rodillas, colocando sus pechos a la altura de los labios de ella, la chica tomó a su tía de la cintura y la hizo caer recostada en la cama, acarició los turgentes senos de su tía y luego la dejó totalmente desnuda quitándole la tanga calipso, por varios minutos la chiquilla se apoderó de esos enhiestos pezones y se los comió, babeando completamente esas colinas majestuosas, Carolina bramaba de placer y movía su pelvis arriba y abajo sin poderse contener. Casi con autoridad, Carolina le quitó la tanguita roja a su sobrina y le abrió las piernas de par en par, luego la montó colocando su chochito en estrecho contacto con la pequeña vulva de Noemí, los jugos de ambas se mezclaron y se sintió un chapoteo de labios vaginales que se encontraban y se besaban, la pequeña tomada por sorpresa abrió sus ojos y su boca lascivamente, jamás antes su chocho había sido tocado así tan sensible y rico, casi en agonía enloquecedora comenzó a mover sus juveniles caderas, frotando su vagina contra la vagina de su tía, Carolina estuvo a punto de caer, pero se sostuvo en una pierna de la muchacha e incremento la velocidad de fricción entre chocho y chocho. La pobre Noemí se revolcaba violentamente en un orgasmo múltiple, mientras su tía no le daba tregua y continuaba a follar su sexo velozmente, finalmente Carolina también se corrió y jadeante y estremeciéndose colapsaba al costado de Noemí, la chica sintió la mano de su tía que se cerraba sobre uno de sus senos, con ambas manos y su respiración aún entrecortada, apretó la mano de su tía contra su seno. Se quedaron exhausta después de ese maravilloso orgasmo, se acariciaban en silencio, las palabras no podrían expresar lo que estaba sintiendo la una por la otra, era un momento mágico, estaban en una burbuja, en un espacio perteneciente solo a ellas, sus lenguas humedecían esos labios que habían dado tanto placer, tantas caricias, Carolina fue la primera en alzarse y sentarse en sus talones al lado de Noemí, la miraba con una ternura infinita, acarició los cabellos de la muchacha y le beso la frente, la nariz y los labios, fue un beso de cariño y afecto, la pasión podía esperar, el amor no, ahora la estaba amando y demostrándole un cariño, ternura y sentimiento, tía y sobrina, la misma sangre que cuando hierve no conoce barreras ni limites, son parientes, son amantes, son dos mujeres libres y deseosas la una de la otra, al amor no se comanda. Noemí se enderezó y beso a su tía, quería más de aquella maravillosa sensación que acababa de sentir, su cuerpo sabía como obtenerlo y se pego con sus senos a los senos de su tía, la apretó tan fuerte que le sacó un gemido reprimido a Carolina, con cierta agresividad la chica tumbó a su tía sobre el lecho y le abrió esos muslos sedosos, se puso a horcajadas sobre la cabeza de su tía y se inclino tirando esas piernas felpadas hacía arriba, aprisionó con sus brazos ambas piernas de Carolina y se sumergió en ese chocho rosado que se abría goloso a su ávida lengua, le separó las nalgas y la beso succionando su pequeñísimo ano, Carolina tuvo una sensación de hormigueo que la recorrió de pies a cabeza, su culito y la rajita de su vulva estaban siendo estimuladas contemporáneamente, miles de gemidos escaparon de su boca y se volvió loquita de lujuria y placer, se corrió en la boca de su sobrina que no escatimaba esfuerzos para deleitarla con esa lengua voraz. Carolina quería escapar de esa tortura de exquisitas caricias que la estaban trastornando, pero la chicuela tenía muchísima fuerza y no se lo permitió, la hizo correrse sin piedad una y otra vez, lengüeteando sus orificios e insertando dedos y mas dedos en el uno y luego en el otro orificio, ya no sabía cuantas manos tenía esta chiquilla, sus dedos se multiplicaban sin control, tanto como sus orgasmos. Noemí sintió la serie de estremecimientos causado a su tía y aflojó su agarre, Carolina estaba aturdida por las convulsiones espasmódicas de su lujuria, el dulce pecado de yacer con su sobrina rendía el todo mucho más sabroso, pero el estremecimiento fue tan fuerte que sus energías habían sido menguadas y lo único que atinaba a hacer era a cerrar sus muslos y mover su pelvis escondiendo su fuente de placer ya aplacada, estaba sumisa y vencida por la fuerza de su goce sexual. La invencible Carolina, se apoyo en sus codos e hizo un esfuerzo para abrir sus ojos azules que destellaban deseos, los fijo en el voluptuoso cuerpo de su sobrina que yacía relajada tocando los labios de su conchita reluciente de fluidos, se alzó y de su bolso extrajo uno de sus juguetes preferido, un dildo rojo de medianas dimensiones, girando la tapita beige, lo hizo ronronear, Noemí abrió los ojos y estos se le iluminaron al ver la verga que su tía tenía en sus manos, lucía cautivante al igual que el dulce rumor que emitía. Carolina acerco el artilugio a los labios vaginales de Noemí, esta casi dio un brinco al sentir la electrizante vibración en sus sensibles labiecitos de su chocho, Carolina lo paseó de arriba abajo por interminables minutos, Noemí dejo caer su cabeza hacía atrás y se entregó a las sensaciones que le procuraba el aparato y a la maestría de su tía, con un apagado grito sintió que la estaba penetrando y abrió de reflejo un poco más sus piernas, gemidos altisonantes escapaban de su atribulada garganta que se había casi secado. Noemí grito en modo inaudible y su estremecimiento fue casi imperceptible cuando su himen fue roto, un casi invisible hilo de sangre salió de su coño, su tía la había desvirgada y eso le procuraba placer, no se sintió traumada ni adolorida, estaba disfrutando la penetración profunda, casi quince centímetros de dulzura, que su tía manejaba con ternura y llevándola poco a poco a la cúspide de sensaciones renovadas, esta era la primera vez que un objeto así largo y vibrante era inserido en su conchita, lo estaba disfrutando sobremanera, había comenzado a mover su pelvis fornicando con el aparato, ya no sentía ninguna molestia, solo placer in crescendo. Noemí sintió esas cosquillitas en su vientre, eran diferentes, algo había estimulado nuevas zonas erógenas, estaba follando el dildo con gusto, Carolina puso sus dedos en el clítoris de la muchacha y la hizo correrse hasta que ella alzo su pelvis en el aire para ser penetrada al infinito por el falo rojo que no cesaba de gruñir en su interior, Carolina extrajo el pene artificial del coñito tembloroso y se lo acerco a sus labios saboreando los flujos de su sobrina que yacía exhausta. Carolina apago el dildo y se tumbo al costado de Noemí que fatigaba a recomponer su respiración, la arrebujó con una manta y con el control remoto bajo la brillantez de las luces de la habitación, dejándola en penumbras y se acomodó para un merecido descanso. Afuera en la ciudad ya amanecía, las chicas se habían divertido y luego debían regresar a su vieja casa, pero con renovadas emociones y renovados sentimientos. Comentarios, sugerencias, criticas, experiencias propias y todo lo que contribuya a mejorar mis relatos se agradecen de antemano, escribir a: luisa_luisa4634@yahoo.com

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

Leer relato »
NARCOSXXX

Lucila.

2021-02-20


¡Hola! soy Adriano de 21 años, tengo una hermana Lucila de 18, ella es hermosa, con una nariz respingona, cabellos oscuros muy largos, su cuerpo es como un reloj de arena, una cinturita pequeñísima con amplias caderas, lo que se produce en un culo con dos nalgas armoniosamente anchas, redonditas y duritas, su busto no es enorme, pero tiene lo suyo y se notan muy bien esas como naranjitas hinchaditas, cuando esta sin sujetador, la protuberancia de sus pezones hace enloquecer a cualquiera. Hoy en día van de moda esas muchachas flacas con culos mínimos y sin tetas, como las modelos de las pasarelas que uno ve por Internet o en la Tele, a mí me gustan con sabor latino, con caderas pronunciadas y culos prósperos con que fantasear, como las bellas nalgas de mi hermanita. Todo empezó una tarde en que nuestros padres salieron a festejar un aniversario de bodas y nos dijeron que iban a regresar muy tarde y que no los esperáramos, nos sentamos a ver la Tele después de haber cenado, era una tarde de verano calurosa, Lucila se adormeció y yo estaba viendo un anodino programa que me hacía bostezar, ella se deslizó en el sillón y sus shorts lila se le arremangaron por el muslo mostrando sus bien torneadas piernas, esos pantaloncitos son de esos anchos que parecen una falda, se le arremangaron tanto que se veía la carne blanca, la marca de su bikini, estaba sin bragas. La calor la tenía un poco sudada y la polera ajustada, casi se rompía por la prepotencia de sus pezones que apuntaban al aire como dos armas cargadas, de un momento a otro se disparaban esos cosos y armábamos una tercera guerra mundial, pensé riendo para mis adentros, sus largos cabellos azabache ocultaban parte de su hermosísimo rostro. Me quede mirando como hipnotizado esos muslos morenos y la parte más blanquita de su piel sin bragas, como hechizado me acerque a ella y me arrodillé silenciosamente junto a sus piernas, podía sentir el calor y la esencia de hembra que emanaba su cuerpo, toqué su muslo atrevidamente, no hubo ninguna reacción de su parte, continuaba a respirar normal y no se movía, esto me dio coraje para mover mis dedos hacía el borde blanquecino de su piel. Me detuve cuando mis yemas tocaron ese límite invisible, levanté un poco la tela de sus shorts y pude ver sus pelitos rizados, mis dedos continuaron reptando hacía su tesoro, mis yemas palparon un enmarañado de vellos púbicos muy suaves, repentinamente apareció en la punta de mis falanges indagadoras, una fisura caliente y ligeramente húmeda, con mucho cuidado hice un poco de presión al borde de esos territorios nuevitos. Lucila dejo escapar un gemido y un largo suspiro y como que se acomodó abriendo ligeramente sus piernas, yo mantenía mi mano a milímetros de su piel, solo la yema de mi dedo medio escarbaba en ese abismo caliente como el cono de un volcán. Mi dedo comenzó a masajear delicadamente su chuchita, Lucila comenzó a gemir y su respiración se hizo más agitada, mi verga estaba un poco retorcida y durísima en mis pantalones que casi me dolía, apoye mi dedo índice y continué a masajear su botoncito, vi que una mano de ella alcanzaba uno de sus senos, atrapando la punta de uno de sus pezones, Lucila tenía todos sus cabellos sobre su rostro como escondiendo su calentura, ocultando lo que su cuerpo delataba, mi hermana estaba despierta y susurraba con una voz rauca ― no te detengas … ¡ssiii! … sigue … ¡huy! que rico … ― mi mano se movió a su remera de tirantes y se los baje por los hombros, muy luego sus hermosos pezones estaban libres e invitando a ser tocados. Ya sin más necesidad de ocultar nada, le bajé sus shorts, ella levantó sus tobillos y se los saqué, su chocho inflamado y enrojecido por la excitación fue mi principal foco de atención, me acomodé para meter mis deditos en esa caldera en ebullición, sus jugos bañaban sus pelitos y seguían fluyendo, dos de mis dedos se hicieron camino en su conchita, mientras con la otra mano no dejaba de estimular su botoncito endurecido y vibrante. Lucila se revolcaba en el sillón meneando sus caderas al son del ritmo que le imprimían mis dedos, había abierto sus muslos de par en par, estaba gozando, se mordía los labios y sus manos se movían en automático, como si quisieran atrapar algo en el aire, se abrían y se cerraban, levantó su chochito en el aire con violencia, después se dejó caer y estiro sus muslos tiesos y con un estremecimiento se corrió gimoteando, chillando, con su respiro afanoso y sus manos aferradas al sillón. Me coloqué en medio a sus piernas y comencé a saborear los jugos de su chuchita que fluían sin cesar, sin tocar su delicado e inflamado botoncito, le abrí sus labios regordetes y los acaricié con delicadeza y ternura, ella seguía refugiada detrás de esos cabellos suyos que cubrían hasta sus tetas, jadeaba y de vez en cuando tiritaba, sentí sus manos acariciando mis cabellos, señal que aceptaba mis caricias a su chocho hirviente. Por unos instantes retocé en esos muslos carnosos y suaves, besaba sus carnes morenas y acariciaba sus caderas voluptuosas, ella gemía y disfrutaba mis cariños, me desabroché mis jeans y tiré fuera mi verga dura como acero, ella se dio cuenta que me había bajado los pantalones y se arregló sus cabellos para tener la visual libre, sus hermosísimo rostro de muñeca angelical, no hizo más que ponérmela más dura aún. Lucila me tiro de la mano haciéndome acercar a ella, se acomodó en el sillón y cogió mi verga en su mano, tiró mi prepucio hacia atrás haciendo emerger mi bruñida capela, sus tibios labios envolvieron mi aguzada asta, mi hermanita comenzó a chupármela con maestría, estaba tan caliente por ella que bastaron solo unos minutos para tenerme listo ― ¡oh! Lucila estoy por acabar … ¿dónde quieres que acabe? ― le pregunté ― échame un poco en las tetas y en mi cara … me gusta comerme el semen … échame un poco en la boca ― me respondió muy animada, aumento la velocidad de la mamada y no pude aguantar más ― ¡ooohhh! hermanita … ahora … ¡aaahhh! … ¡ssiii! … me vengo ― empecé a disparar los chorros de esperma, ella cerró sus ojos y recibió unos chorros en su angelical rostro, luego lo bajo a sus tetitas y por último abrió su boca y recibió los últimos chorritos, me succiono la verga con fuerza y luego se tragó todo, no podía abrir sus ojos porque tenía unos chorros en sus parpados, se limpió con sus dedos y se los llevó a su boca para lamerlos. Una hermana así de bella y guarra, caliente y empeñosa, apasionada y tan femeninamente agraciada, con sus curvas, con esos ojos de sirena, esos labios brillantes de mi semen fresco, mi cerebro estaba hiper extasiado de tanta delicia hecha mujer, no podía quitar mis ojos de ella, de sus movimientos, no me soltaba el pene, lo refregaba en sus pezones, lo estrujaba para hacer salir una gota más para recogerla con su lengua ávida de esperma, desde mi altura yo me regocijaba de esta espectacular mujer que gozaba con mi miembro entre sus dedos y me miraba con esos ojos de querer más. Le pasé mi remera para que se secara la lefa de su rostro, ella pestañaba pasa despegar el semen de sus pestañas, movía sus labios muy dulces mientras hacía esa faena, sus senos se erguían y bajaban con el movimientos de sus brazos, sus muslos estaban cerrados escondiendo su sexo, su pose como medio sentada en el sillón, pero si era como ver a la Betsabé de Rembrandt, una obra de arte de esas del renacimiento, me calentaba su pulcra desnudez. Lucila desecho la remera a un lado y sus manitas aferraron mi pene otra vez, al parecer quería más y yo se lo iba a dar, se levantó y nos fuimos a su cuarto, ella me hizo recostar en su cama y se sentó sobre sus talones sin soltar mi pija que se estaba poniendo dura de nuevo, escalofríos y estremecimiento me provocaron sus carnosos labios aprisionando mi verga, mi hermanita volvía a chupármelo, yo acomodé dos de sus almohadas y me medio senté a gozar la mamada de ella, abrí mis piernas y ella se acomodó en medio, sus tetazas se apoyaron sobre la colcha y los bordes se expandieron a sus lados, sus largos cabellos volvieron a cubrir mi vientre y ella comenzó la furtiva tarea de subir y bajar sobre mi pene, oculta tras su tupida cabellera. Estaba con los ojos semi abiertos gozando de lo lindo, mi hermanita se detuvo y se fue a su bolso, extrajo una tira con cuatro condones, volvió al lecho y con una maestría única, se colocó un condón en su boca y sin darme cuenta lo deslizó en mi pene endurecido al máximo, luego me monto y se empaló en mi asta enhiesta, su chorito apretado acorraló mi ariete dentro de sus cálidas y voraces carnes, sus teta se cimbraban cuanto comenzó a cabalgarme con sus manos en sus caderas, su cabellera fluctuante que cubría sus ojos que no se despegaban de los míos, mordía su labio inferior y profería gemidos y quejidos varios. Ella estaba comiéndose mi pedazo de carne con fuerza y placer, se tocaba sus pechos y tironeaba sus pezones hacía arriba haciendo parecer sus tetas aún más grandes, sus gemidos se habían transformados en grititos agudos, mi pene estaba palpitando y mis cojones estaban por explotar ― hermanita me voy a correr … no puedo esperar … me voy a correr dentro de ti … ― le estaba casi gritando entre gemidos ― ¡no! … no lo hagas … no todavía … espérame … estoy casi llegando … espérame ― entre jadeos y gemidos, mi hermanita me pedía que nos corriéramos juntos, me mordí la lengua y aguanté un poco la respiración y traté de concentrarme, agarré su pezones y le di unas embestidas salvajes ― ¡ahora! … ¡ahora! hermanito … estoy viniendo … cógeme fuerte … ¡ooohhh! hermanito … ¡ssiii! fóllame fuerte … ― le di unos golpes bestiales y me corrí con mi hermana. Lucila y yo nos convertimos en amantes, nuestro pasatiempo favorito era encontrarnos a follar como neo esposos en luna de miel, habíamos hecho casi de todo, lo única que faltaba es que mi pene invadiera su pequeñito orificio anal, ella no quería porque le temía al dolor, yo no cejaba de pedírselo en todos los modos posibles. Era tanta mi insistencia, que ella accedió a que iniciara a toquetear su estrecho canal anal, mientras follábamos insertaba un dedito y a veces dos, ella de a poco empezó a habituarse a la sensación, otras veces mientras ella estaba boca abajo yo masajeaba sus nalgas, ella separaba un poco sus piernas y me dejaba que le dilatara el ano hasta meterle cuatro dedos en su culito, una tarde que se corrió con cuatro de mis dedos en su ano, ella me dijo que el día que se sintiera pronta pata darme su culo lo haría vistiendo una tanguita roja, esa sería la señal. Al día siguiente, fui a un negocio de lencería y elegí cuatro tanguitas rojas, una con bordados, una como con plumitas de fantasía, una con la escrita “soy tuya” y una con encajes orlados, el todo para regalarle a mi hermanita Lucila, se las escondí debajo de su almohada, cuando ella regresó a casa, como a la media hora me sorprendió cuando salía del baño, me abrazó ― gracias por tu regalo … no te impacientes … ya llegará el momento ― me dijo guiñándome un ojo toda cachonda, a mí el pene se me puso duro instantáneamente. Lucila había comenzado a gemir y mover sus caderas cuando yo jugada con su ano, ya no me reclamaba y aprendió a disfrutarlo, pero aún se rehusaba a darme su culito, a veces me hacía desesperar, entonces le pedía una buena mamada o ella de su propia iniciativa me pajeaba hasta dejarme seco. Un tarde acordamos de ir a una disco a bailar, llamamos un Uber y cuando nos dirigíamos al local de costumbre, Lucila me beso en los labios dulcemente y me dijo en un susurro ― me gustaría ir a un motel, ¿te va? ― yo soy capaz de todo cuando ella se me insinúa con ganitas, así que tomé mi celular y cambié la destinación del Uber, el conductor me hizo un seño de asentimiento y nos dirigimos a un motel ya conocido por nosotros, ella me volvió a besar y se acurrucó a mí. Llegamos, nos acomodamos en nuestra habitación y Lucila dijo que quería ir al baño, como todas las mujeres, se demoró un largo rato, pero la espera valió la pena, Lucila apareció en el vano de la puerta del baño, plegó un poco sus piernas con sus muslos muy juntos, separó sus brazos uno hacia un costado y el otro en alto, pero lo que hizo que mi miembro casi rebotara en mi vientre, fue la minúscula tanga con la escrita “soy tuya”, de un encendido color rojo, Perdí toda compostura, no me salía ni siquiera el habla, todo lo que mi cerebro alcanzaba a procesar era la tanguita de color rojo, me desvestí en un santiamén y me fui a acariciar esas nalgonas redondas de mi hermana, me parecía de estar en el reino de las mil y una nalga, creo que está en alguna parte del extremo oriente, mojé su orificio anal con mi lengüita, luego le comí sus tetitas que sé le vuelve loca, luego baje a su conchita mojada y drené sus fluidos hacía mi boca, estaba gozando a mi hermana y ella gozaba de mis atenciones. Nos enfrascamos en un sesenta y nueve que me permitió inserir deditos en su recto, Lucila se corrió en mis labios, la puse boca abajo con una almohada en su vientre, mis dos pulgares entraron fácilmente en el estrecho ano de Lucila, suavemente empecé a dilatar los bordes de su esfínter, su culito cedía cada vez más a la fuerza de mis dedos, ella gemía y meneaba su potito en forma invitante. Me coloqué a horcajadas sobre sus muslos, su culito blanquito por las marcas de su bikini lucía cada vez más incitante, exhortaba a ser penetrado y yo no pude aguantar más, puse mi glande entre sus nalgas y ella con sus manos abrió sus glúteos, el boquete rosado dio la bienvenida a mi miembro, pude inserir casi la mitad de mi verga en su cuevita cálida, Lucila se quejó un poco y una de sus manos se colocó en mi vientre, detuve la penetración y esperé que ella se acomodara a mi pene. Luego con el peso de mi cuerpo, terminé de hundirme en su pequeñísimo ano, me hice hacía adelante y comencé a mordisquear su cuello y sus orejas, con mis manos bajo su cuerpo alcancé su tetas para estimular sus pezones, cuando ella comenzó a gemir más fuerte, comencé a follarle el culo suavemente, sus gemidos aumentaron y abrió más sus piernas, al fin me estaba culeando a mi hermosísima hermanita. Ella era totalmente mía, sus manos acariciaban mi torso, mi vientre, mis brazos, mientras contorsionaba sus caderas suavemente, le sentí gritar y estremecerse en un primer orgasmo, las contracciones de su esfínter casi me hace acabar también a mí, pero me detuve e hice mis movimientos más lentos y pude superar el momento, quería que esta primera vez de ella perdurara lo más largo posible, la estrechez de su ano envolviendo mi verga era algo que no podía terminar tan rápido ni tan abruptamente, le folle el culo por media hora y más, cuando comenzó a chillar, sollozar y menear su poto con intensidad, la empecé a follar con fuerza, casi con violencia y ella se corrió a gritos y llantos, yo descargue una cantidad inconmensurable de semen en su canal anal. Lucila me arañaba los brazos y se quejaba guturalmente apretando sus glúteos y convulsionando en espasmódicas ondas orgásmicas, gruñía animalescamente, meneaba su potito sin cesar y jadeando afanosamente escondía parte de su lujuria en la almohada, nos quedamos así hasta que mi miembro victorioso, fue expulsado por su esfínter conquistador, habíamos combatido una pelea sin vencidos, ambas partes habían logrado una victoria enloquecedora de placer. La encerré en mis brazos dándole miles de besos y caricias, ella estaba todavía en su nube de pasión, me dejaba a solazarme con sus carnosos labios, sus túrgidos senos, sus enhiestos pezones, sus torneadas caderas, una mano me aferró la verga ― no pensé que podría ser tan bello ― me dijo ― lo sé tesoro y me alegro que lo hayas disfrutado tanto como yo ― le respondí, ella alzo sus labios y besó los míos, ella con su mirada entre temerosa y tímida, me sonreía con esos ojos hermosos y su rostro divinamente inocente, me hacía estremecer y regocijo en el fondo de mi corazón, ella es una alma pura ― te amo, hermosa ― atiné a expresar, ella se acurruco más a mí y nos adormecimos. Lucila me estaba haciendo cosquillas en los cojones, su manita acariciaba y sobaba mis testículos muy suavemente, mi polla se despertó de su letargo y comenzó a enderezarse en el aire en forma indolente, ganando poco a poco su energía, tomé su mano y la puse en mi pija, ella la envolvió con sus deditos y su pulgar empezó a hurguetear el orificio de mi glande, su dedo se comenzó a humedecer con liquido pre seminal, ella tomo esas gotitas entre su pulgar y su índice y jugaba a ver lo pegajoso del líquido entre sus dedos, luego se los llevó a la boca cono niña malcriada, que todo se lo lleva a la boca, me miró y lo repitió varias veces haciendo deslizar su lengua alrededor de sus labios. Mi pene estaba otra vez pronto para cualquier cosa que ella me pidiese, yo quería sentir otra vez el sabor de su delicioso chochito, así que de a poco comencé a escurrirme hacía abajo, bese y mordisquee sus duros pezones, lamí sus exquisitas tetas, recorrí su vientre saboreando el sudor de su cuerpo sensual, su ombligo me obligó a detenerme e inspeccionarlo con mi lengua, su suave pelvis con sus vellos púbicos me anunciaba la proximidad de su sexo húmedo. Me acomodé entre sus muslos y abrí sus labiecitos hinchados y gozadores, su carne rosada con el pináculo de su clítoris envuelto en su capucha de sutiles pliegues, llamaba en modo imperceptible a mi órgano lingual, el vaho que emanaba su chuchita era embriagante, adictivo, cautivante, algo que se apodera de tu voluntad, te somete, te fascina, te domina, mi lengua comenzó a desnudar su botoncito procurando exquisitos gemidos y temblores a Lucila, con mis dedos hice más para atrás la delgada piel y atrape en mis labios tan preciado prisionero, estaba masturbando su clítoris con la punta de mi lengua y ella comenzó a enloquecer, su mano se apoderó de mis cabellos y sus muslos aprisionaron mis mejillas. Pero el morbo mayor era el incesto de follarme a mi hermana, eso me hacía hervir la sangre, además, esa carita suya de inocente y buena niñita me ponía a mil, no me cansaba de masajear sus tetas, de morder sus pezones, desfondar ese apretado chocho suyo, hacerla gritar de lujuria y verla contorcerse en valía de mi lengua que escarbaba en lo profundo de su vagina, ya se había corrido un par de veces cuando con mi cara bañada de sus fluidos, me levanté a mirar ese rostro que ella prefería esconder con su tupida melena, solo vi sus cabellos y unos labios semi abiertos desde donde escapaban sonidos de lascivia. Refregué mi cara en las sabanas para secar un poco el sudor y los fluidos de ella, me fijé en su almejita con ese hoyito cerrado al centro como de virgencita y no pude resistirlo, se la clave como para crucificarla en mi verga, Lucila dejo escapar un gritito agudo y me amarro con sus muslos, comenzamos a follarnos como trastornados, una follada demencial, quien se la daba más fuerte al otro, yo la picaneaba con fuerza hasta el fondo, ella me apretaba y succionaba como para extraerme hasta el alma, su choro me devoraba la pija con unos músculos que ni Arnold Schwarzenegger tiene. Ella soltó un chillido ― me corro … ¡ooohhh! … hermanito me corro … ¡oh! mi dios … ¡aaahhh! … ¡ssiii! ― yo se la metí todavía más fuerte y sus maravillosos músculos del chocho hicieron el resto, como si me estuviera ordeñando, su músculos vaginales me extraían toda mi leche a borbotones, me tenía como electrizado, sus contracciones y espasmos se transmitían a mi verga y mi semen salía sin parar. Lucila se quedó inmóvil por casi media hora, respiraba y suspiraba en una quietud y paz post coital que es característico en ella, como que su mente se va a vagar por quien sabe dónde, yo me dedique a jugar con sus senos y cuando la vi que volvía a ser ella misma, mi amadísima hermanita Lucila, la abracé fuerte y la bese castamente en su frente ― hermanita, es hora de que nos vayamos … se ha hecho tarde y debemos regresar a casa … prepárate mientras yo me voy a bañar ― me levanté y me fui a la ducha, cuando regrese ella ya estaba vestida ― ¡Lucila! … ¿no te vas a ir a bañar? … ― le dije un tanto preocupado ― ¡no! … no quiero perder todo lo que me has dado esta tarde … dormiré con todo lo tuyo dentro de mí … ― me dijo y no pude hacer nada más que abrazarla y emocionarme un poco, estrechándola fuerte la besé, creo que nos hemos enamorado, no esta bien lo sé, pero al corazón no se comanda ni tampoco al señor cara de papa. _____________________________________________________________________ Comentarios, sugerencias, criticas, experiencias propias y todo lo que contribuya a mejorar mis relatos se agradecen de antemano, escribir a: luisa_luisa4634@yahoo.com

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

Leer relato »
NARCOSXXX

La cosa no es fácil.

2021-02-17


Me estás chupando el clítoris otra vez, me haces estremecer, me chupas tan fuerte que siento que te estoy follando la boca con mi botoncito, mi pelvis hace ese movimiento de follar en automático, no sé si es el cuarto o quinto orgasmo, me tienes exhausta, tomo tus cabellos y te acaricio, siento tus jadeos y tus labios recomienzan a besar el interno de mi vagina, mi cuerpo se enciende una vez más y mis temores se alejan, me miras con tus ojos claros y centelleantes, sé que me amas y me has siempre amado, tu sonrisa coqueta me transmite sentimientos, a veces me provoca y me seduce, me relajo y abro atrevidamente más mis piernas para ti, estoy unida a ti de siempre, mis senos se estremecen cuando tú los tocas, los amasas, los refriegas, mi pezones te apuntan, son tuyos, vibran entre tus dedos y me entrego a tu pasión desenfrenada, me transportas en ondas enloquecedoras, me revuelco con tu boca en la mía, te sientas en el lecho y acomodas mis medias rojas, esas que a ti te gustan tanto, esas que tú me regalaste, esas que tú me calzaste esta mañana cuando me vestiste como a una niña, porque sé que me adoras y me cuidas como a una niña, aun cuando ya soy mayor de edad, para ti no soy más que una niña, soy tú niña mamá. La nebulosa brillante, envolvente, obnubila mi entorno, rayos y centellas aclaran esa tiniebla rosa, el azul se desborda y se transforma en tonos diversos, unos más claros que otros, es un arcoíris, no, son combinaciones simétricas que varían en mil matices, estallan todas juntas en mi cabeza cuando me sacudo y estremezco en otro orgasmo, me sostienes por las caderas y tú boca no cesa de replicar esos temblores en mi botoncito delicado. ― ¡ooohhh! mamá detente … por favor … no resisto otro más ― te imploro mientras estrujo la almohada en mi rostro, siento que besas mis muslos con tu boca húmeda, bañada en mis fluidos, acaricias mi vientre, subes hacia mí y te detienes en mis tetas que aún tiemblan sólidas y firmes, apartas la almohada y me besas en la frente ― ¿te gusto nenita mía? ― me preguntas, ― ¡huy! mamá tú sabes hacérmelo y sabes que siempre me ha gustado ― te respondí jadeando. No soy lésbica, jamás lo he sido, pero mamá es lésbica, ella quisiera que en este mundo hubiese solo mujeres, yo soy Marianna y tengo 22 años, mamá se llama Sonya y cumplirá 39 el próximo mes de agosto, ella quiso tenerme y acordó con un amigo suyo lo necesario para preñarse, según lo que ella me cuenta, este tipo la desvirgó y la embarazó en el curso de mes y medio, después de eso ella jamás ha vuelto a yacer con hombre alguno, no les odia ni nada de eso, simplemente que no son cosa suya, no le llaman su atención. Mamá me crio sin preconceptos, no me metió cosas en la cabeza contra el sexo opuesto, así que yo desde mi adolescencia he tenido novios con la aprobación de ella, claro que mi primera experiencia sexual fue ella, mi madre, pero con hombres yo empecé después de los dieciséis, toqueteos, mamadas y mi primera relación fue poco después que cumplí mis dieciocho años, quiero decir, tampoco soy una ninfómana desencadenada, me considero bisexual ya que también he tenido un par de aventurillas fugaces con compañeras de colegio, pero nada más que por calentura, si debo elegir, prefiero un buen pene grueso y erecto, me encantan los hombres con todas sus estupideces y torpezas, me deleita el romanticismo y el sentirme deseada por un macho. Mi madre desde muy niña me provoco mis primeros orgasmos, quizás ante de los cinco o seis años, nos bañábamos juntas, lo que más me ha atraído de ella son sus tetas enormes, desde pequeña me recuerdo jugando con ellas y humedeciéndome con ardor mientras ella me lamía mi chorito lampiño de niña, a veces ella me sentaba con mi almejita en uno de sus pezones, me recuerdo de haber temido más de un orgasmo de ese modo. Fue después de los diez o doce años que me di cuenta de que mi mundo era diferente, mi familia de mamá y yo, era diferente a las otras familias, pero jamás vi eso como una anomalía perversa ni nada de eso, entendía que éramos diversas y que debíamos mantener en secreto nuestra diversidad, no tuve traumas ni remordimientos, ni tuve que dejar nada de lo que yo consideraba normal, para mí era normalísimo y deseado el yacer con mamá y darnos decenas de orgasmos un fin de semana cualquiera. Cuando ella no me busca a mí, yo la busco a ella, lo sé que sus tetas son muy sensibles, así que la ataco por ahí, ella comienza a desvestirme con prisa, a ella le gusta todo mi cuerpo, me despoja de las medias negra, los calzones casi me los quita con sus dientes, sus manos se pierden en mi sexo, en mis muslos, en mis nalgas, en mis senos, sin descanso sus labios buscan mi chocho, quiere sentir ese olor y sabor a mujer, eso que a ella la vuelve loca, ahora no soy su hija, soy su amante y me dará goce, y me dará caricias, y me dará pasión junto a una lujuria que solo ella es capaz de generar. Hacer el amor con mamá, de siempre ha sido una aventura, son episodios que jamás se repiten, ella es capaz de convertirlos en nuevos sucesos cada vez, mamá es preciosa, su chocho es único, como si tuviese solo labios mayores, sus labios menores cerrados casi herméticamente, como guardianes de ese secreto que esconde mamá, me recuerdo que a la edad de diez años más o menos, era capaz de meter mi manita entre esos pequeños pliegues y forzar mi bracito dentro de su chocho, me encantaba sentir sus tibias carnes envolviendo mi brazo. Mamá se volvía loca con mi brazo dentro de su vagina, yo no sentía todavía toda esa calentura que puedo sentir ahora que soy adulta, pero a esa edad era como un poder que tenía yo sobre mi madre, como una chica super poderosa, mamá se contorsionaba y prendía mi brazo empujándoselo más adentro, se perdía en su lujuria y deseos de orgasmos. Ella jamás me penetró, solo me lamía y acariciaba esa partecita de mi chocho que me hacía reír en forma incontrolable, un cosquilleo por todo mi cuerpo descontrolado me revolcaba en su cama y mi pequeñísima vulva se llenaba de fluidos que mamá bebía como zumo del paraíso, era una cosa magnética su chocho, era mi juguete preferido y ella me lo daba todas las veces que yo lo quería. Fue un muchacho del colegio que, en un baile de la institución educacional, me llevo a una sala vacía y entre besos y abrazos, me corrió mi calzoncito y me penetró, yo estaba muy atemorizada, entendía lo que estaba pasando, pero en mi chocho yo siempre había sentido cosas ricas, sensaciones maravillosas, en cambio ahora sentía que algo me había herido y la fricción me hacía más daño aún, afortunadamente el chico se dio cuenta de mi sufrimiento y un poco entre anonadado y avergonzado me dejo ir. Me fui a casa muy preocupada, apenas entré, encontré a mamá y me lancé en sus brazos llorando, le conté todo, ella me consoló como solo una madre sabe hacerlo, me explicó muchas cosas y me tranquilice, no había hecho nada de malo, era algo natural y que en un par de días ni siquiera recordaría mi dolor, eso fue lo que en realidad pasó, no me dolía nada y sabía que había perdido mi virginidad. Mamá me llevo al ginecólogo y empecé a tomar la píldora, jamás ella me prohibió de andar con chicos, siempre me recomendaba de cuidarme, de ser una dama, no andar de pija en pija y lo más importante usar preservativos, ―no arruines tu vida antes de vivirla― me decía, más tiempo pasaba y más sentido tenían esas simples palabras, con chicas metidas en la droga, infectadas con VIH, chicas abandonadas por ser madres solteras y tantas otras cosas desagradables que se viven hoy en día. Mario fue mi primer novio estable, con el tuve mis primeros orgasmos heterosexuales, tenía buenas dimensiones el muchacho y la sabia usar muy bien, me enamoré de él perdidamente, por meses yo y mamá no nos tocamos, nada había cambiado en nuestra relación diaria, ella era mi confidente, todo lo que yo hacía con Mario se lo contaba a ella sin omitir detalles, ella me daba valiosos consejos. Un día mi chico apareció con otra chica y me destrozó el corazón, creí morir, no lo entendía y fue mamá que me sacó de la desdicha y me dio fuerzas para seguir tirando el carro de la vida, son cosas que le suceden a todos los seres humanos, yo me las había tomado contra el género, no quería nada que tuviese a que ver con hombres, seres sucios y asquerosos que no te saben valorar, es mejor el amor entre las chicas. Antonella, una compañera mía de la secundaria fue mi primer amor lésbico, mamá me permitió llevarla a casa y nunca se interpuso entre nosotras, como jóvenes adolescentes, teníamos tanta fuerza y energía que pasábamos horas y horas a comernos el chocho y a procurarnos decenas y decenas de orgasmos, estuve con ella hasta que terminamos la secundaria y ella tuvo que marchar a otra ciudad para seguir con la universidad, gracias a mis puntajes y la elección de mi carrera, yo seguí en una universidad local. Lucía, una chica del sur, muy cachonda ella, fue mi amor a primera vista, apenas la vi supe que ella tenía que ser mía, era alta como yo, pero su cuerpazo era divino, todos los chicos andaban detrás de ella, pero ella eligió a mí, estuvimos tres años juntas, después sus padres cambiaron de ciudad y se llevaron a ella a otra casa de estudios, nos escribimos por un tiempo, pero la distancia hizo mella en nuestro amor y cortamos la comunicación deseándonos lo mejor. Bueno con mamá la cosa jamás se suspendió, siempre encontrábamos un tiempito para nosotras, jamás ella me celó ni con los chicos ni con las chicas, ella siempre a mi lado como un soporte maestro, mantenía el inmueble en pie, suceda lo que suceda, mamá estaba siempre ahí para mí, hasta para recogerme en pedacitos y volver a armarme como un lego. ¿Las parejas de mamá? … como las mías, iban y venían, pero ella era más fuerte que yo, porque jamás la vi sufrir ni llorar, un día admirada se lo pregunté ―madre mía, ¿Cómo haces tú para pararte una y otra vez? ¿eres inmune a las penitas del corazón? ― me contesto ―no, pero hay que aprender a dar vuelta la hoja, la vida es tan bella que, así como te quita, así como te da, tienes que aprender a vivir con filosofía y apertura de mente, paciencia hija mía paciencia … esa es la clave― Cuanta sabiduría y razón de esta madre mía, luego conocí a Margot, ella fue un gran amor y nada más, la chica yo la conocía de la secundaria, pero era de otra clase, alguna vez nos sonreímos en el patio del colegio, como de rebote ella llegó a mi vida, venía de una relación tortuosa con un muchacho mayor que ella y de otro colegio. Nos hicimos amigas al instante, mi novio de ese entonces pertenecía al mismo colegio de su novio, solo que el de ella era un cretino y un energúmeno, le metía las manos encima, más de una vez la vi con moretones y a llorar perdidamente enamorada de ese salvaje, me transformé en su confidente, el estúpido la golpeaba cada vez que tenían relaciones y ella no lo satisfacía totalmente, el tipo la agarraba y la golpeaba, maltratándola verbalmente, a veces hasta la abusaba. Margot no escuchaba a nadie, su corazón estaba prendado con el cavernícola aquel, un día llegó a mí a casa y lloraba a mares, estaba preñada de tres meses y sus padres no lo sabían, juntos con mamá la hicimos calmar, la consolamos y la aconsejamos de hablar primero con su madre y que ella viera como afrontar esta situación con el padre de ella, afortunadamente su padre no hizo ningún drama y acepto la situación y decidió protegerla, ahí fue cuando ella empezó a acercarse más a mí, se sentía bien conmigo y nos seguimos viendo, siguieron nuestras confidencias, un día me soltó que tenía unas ganas locas de tener sexo, su pancita había aumentado y comenzaba a hacerse notar. Ella es una chica preciosa, alta y de silueta totalmente femenina, con su culo redondo y firme, amplias caderas y unos pechos que quizás con el embarazo seguían creciendo, un día mientras estábamos en mi cuarto, la vi que se tocaba sus entrepiernas como si tuviera una comezón ― ¿te pica? … ¿quieres alguna cremita para eso? ― le pregunté, me dejo pasmada su respuesta ― ¿Cuál cremita? … lo que yo necesito es una pija que me rompa el choro … ¡las hormonas me tienen loca! ― Me levanté y le coloqué una mano en medio a sus muslos ― ¿quieres una mano? ― no me respondió, pero se echó para atrás y abrió sus piernas, le toque su guatita de piel suave y tensada, metí mis manos bajo la banda elástica de sus pantalones de gimnasia y ella colaboró levantando sus glúteos para poder sacárselos, sus calzoncitos de algodón revelaban un incipiente humedecimiento de la prenda, acaricie sus rizos oscuros y tibios que sobresalían por los bordes de su ropa interior, acerqué mi rostro a sus muslos y la esencia de mujer invadió mis fosas nasales. Margot me miraba con ojos ávidos, interesados, inquisidores, acarició mis cabellos cuando mis labios besaron sus muslos, bajé sus bragas hasta sus tobillos y me lancé de lleno a sus labios hinchados y los abrí, sus carnes rosadas y mojadas se me presentaron invitantes, no hay mujer poco agraciada cuando uno está al nivel de sus genitales, todas son hermosas, y ella no era la excepción, su coñito era esplendoroso. Me sumergí en ese mar de muslos y extasiada, mi lengua hizo contacto con su morbidez, escuché como sus gemidos cobraban fuerza, encontré la capucha que escondía su clítoris encendido y túrgido, lo envolví con mi lengua tratando de aprisionarlo y apoderarme de él, lo desvestí de sus pliegues y lo tomé entre mis labios, acariciándolo con la punta de mi lengua, la sentí estremecerse y gritar complacida. Nos acomodamos en mi cama y continué a desvestirla, me encantaba esa pancita suya, sabiendo que cobijaba un nuevo ser en su interior, era algo como demasiado tierno estar amando a esta mujer embarazada, no somos dos sino tres, claro uno ignaro de todo, pero está allí, volví a acariciar su vulva regordeta insertando dos de mis dedos, ella comenzó a follar mi mano haciendo subir y bajar su pelvis, acompañando sus movimientos a gemidos, casi en susurros y entre dientes me pedía más. Después de unos cinco minutos de follarla con mis dedos y besuquear su clítoris, Margot dejo escapar con voz rauca varios quejidos y se corrió intensamente, mis dedos sentían las contracciones de su chocho, sin parar de mover sus caderas, ella dijo ―no te detengas … por favor … sigue … sí, sigue ― continué a mover mis dedos dentro y fuera de su vagina, sus fluidos abundantes corrían por mi mano, comencé a guiarlos hacía su ano y con mi otra mano, esparcí la pegajosa mezcla en su pequeño orificio y comencé a introducir mis falanges en tan estrecho boquete. Margot exhalo quejidos junto a espontaneas convulsiones, empujando sus nalgas engullendo mis dedos en su ano ― fóllame el culo … ¡huy! que rico se siente … ¡ooohhh! sí … ― me decía levantando sus muslos y moviendo y rotando su trasero, yo estaba muy excitada y comencé a sobajear mi propia almejita que emanaba torrentes de flujos, ella en algún modo se dio cuenta de esto y me dijo ― ven … móntate sobre mi cabeza ― me quite mis bragas y me puse a horcajadas sobre su boca, Margot se pegó a mi concha y no me soltó más. Era tanta mí excitación que me corrí a los pocos minutos refregando mi choro entero en su cara, continuamos en esta posición donde nos podíamos comer a voluntad nuestros chochitos, y yo forzando sus muslos flexibles se los levante hasta dejarlos aprisionados con mis brazos, ahora tenía su chuchita y su culito ampliamente abiertos a mi famélica lengua, procedí a besar ese pequeño orificio de su culo y volví a introducir mis dedos en esa abertura, fuertes gemidos y movimientos de sus caderas me decían que ella disfrutaba tremendamente mis caricias, con tres dedos en su ano, atrapé su clítoris endurecido con mis labios y lo comencé a golpear con mi lengua y roces veloces de derecha a izquierda. Margot gritaba como una loca y con fuerzas estiró sus muslos hacía adelante, los puso tiesos y se corrió una vez más, me mordió un muslo y también sentí un dedito suyo invadiendo la estrechez de mi culito, sus chillidos no cesaban y sus convulsiones tampoco, su tibia respiración yo la sentía en mis muslos cerca de mi chocho que necesitaba un poco de atención, un escalofrío recorrió mi espina cuando mi vulva fue usurpada por una lengua vibrante, oscilante, movediza, sentí una succión en mi botoncito y mis piernas comenzaron a agitarse por si solas, ella no soltó el agarré de mi clítoris hasta cuando me sintió colapsar sin fuerzas. Me acurruqué a su lado acariciando esa guatita embarazada, Margot puso su mano sobre la mía y la presionó sobre su abdomen, nuestros instintos maternos se unieron en una caricia a ese nuevo ser que palpitaba dentro de ella, estábamos las dos desnudas compartiendo ese sentimiento tan de mujer, le di un casto beso en su frente, pero ella me aferro el pezón izquierdo y lo haló con la fuerza suficiente para tirar mi torso hacía arriba y hacía sus labios. Margot quería más, yo también, le metí mis dos senos al alcance de su boca mordísqueadora, de su lengua ofidia que salía de entre sus labios, humedecía mis pezones y luego desaparecía, yo me contorsionaba como una serpiente en torno a su presa, quería envolverla con mi cuerpo y tragarla así enterita desnuda como estaba, me la tenía que comer y comencé directamente por su clítoris que una vez más recibió mi lengua en posición estoica, pronto a recibir mis lengüetazos sin misericordia, esta vez no soltaría mi presa, ella con su botoncito todavía delicado por los orgasmos anteriores, trato de retroceder con sus caderas, pero yo me había convertido en una lapa y no pudo despegarme de ella, aun cuando estremeciéndose y convulsionando en otro orgasmo, gritaba para que yo la soltara. Cuando sentí sus sollozos, aflojé mi presa y Margot en pleno llanto se giró dándome la espalda y continuaba estremeciéndose en lágrimas, yo me preocupé y me acerqué a ella apoyando mis tetas a su espalda ― cariño … ¿Qué te sucede? … ¿estás bien? … ¿algo te duele? ― entre sollozos, me respondió ― ¡no! … no me sucede nada … estoy dichosa y tú me has ayudado a sentirme bella, a sentirme deseada, a sentirme mujer otra vez, me has dado ese empujoncito para seguir pa’ a’elante … estoy contenta y es gracias a ti … ― me emocionó su respuesta, me quedé sin palabras, le di un beso en la mejilla y la cubrí con una manta, luego a cucharita me adormecí a su lado. No sé cuanto tiempo dormí, pero Margot estaba de pie vestida y me dijo que tenía que regresar a su casa, yo le ofrecí de quedarse, pero ella me dijo que no quería preocupar a su madre y que tenía que volver a su hogar, me puse una bata y la acompañé a la puerta, con un beso en la mejilla, ella me dio las gracias y desapareció girando la esquina. Me fui a la ducha y cuando salí, mamá estaba desnuda en mi cama, había ordenado el desorden que había dejado Margot y con sus piernas entrecruzadas, me dijo ― parece señorita que aquí ha habido una batalla … ¿no? … hay rastros de una tarde cachonda entre dos hembras calientes … ¿Quién fue esta vez, tesoro? … ― mirando fijamente su chocho y sus preciosos senos, le dije ― ¡ay! mamá … era Margot que estaba bajoneada y necesitaba … necesitaba un impulso para seguir tirando el carro y yo se lo di … ― mamá socarronamente ― ¿y de adonde la empujaste que perdió todo este líquido? … además, desarmaron la cama por completo … hiciste de buena samaritana con mucho gusto, al parecer … ― me dio un poco de risa los comentarios de mamá, pero no pude evitar de sentarme en los talones y meter mi manita entre sus muslos cerrados, mamá me apretó la mano con sus piernas y me agarró la otra mano y la puso en su seno. ―Necesito yo también un empujoncito de los tuyos …buena samaritana … ve que puedes hacer con mis restos … soy tu madre y estoy a pedacitos … acabo de pelear con Marcia … me dijo que no me quiere ver más … ― la cara de mamá era un puzle, no sabía si lo estaba sintiendo de verdad o estaba celebrando de haberse desecho de un cacho y quería festejarlo con un par de orgasmos. Mis manos abrían su cuevita estrecha, mamá sentía mi aliento en su chocho y había cerrado sus ojos, humedecí con mi lengua la abertura de su chochito rosado y lleno de pliegues mojados, introduje dos de mis dedos y con mi pulgar acariciaba su clítoris mientras las follaba con mi dedo índice y medio ― hazlo más fuerte ― dijo mamá abriendo más sus muslos, entonces puse mi mano con cuatro dedos en punta y cuatro deditos entraron en su vagina elástica. Me senté en mis talones y continué a follar a mamá con toda mi mano derecha, ella gemía sonoramente y con sus manos en sus muslos, como si tratara de abrir más sus labios vaginales, mi mano entraba casi toda en su vagina, ella apretaba sus dientes y gemía con quejidos profundos, yo ya sabía lo que ella esperaba de mí, así que extraje mi mano de su chocho y saque de mi velador el líquido lubricante, me verse un buen poco en mi mano y un poco en su vagina. Presente otra vez mi mano en su tibia abertura y mi mano se deslizó hasta quedar aprisionada por la estrechez de su chuchita, mamá resoplaba y meneaba sus caderas, tomó mi mano por la muñeca y la empujo más adentro, con un gemido de relajo, hizo desaparecer toda mi mano en su vulva ― ahora fóllame con fuerza nenita ― me dijo con su rostro contorsionado en una mueca de pura lascivia y lujuria, mi mano penetraba abundantemente su vagina, mamá estaba al séptimo cielo. Comencé un mete y saca continuo, pero no violento ― ¡aaahhh! … ¡aaahhh! … ¡aaahhh! ― gemía mamá cada vez que mi brazo desaparecía dentro de ella, cuando empezó a tratar de agarrar mi brazo incremente mi velocidad y profundidad de mi mano en ella, mamá se puso como enloquecida, tenía gran parte de mi brazo dentro de su chocho y chillaba pidiendo entre dientes ― más … más fuerte, amor … hazlo más fuerte … ¡ooohhh! … ¡ssiii! … me corro … ¡ooohhh! ― mamá convulsionaba sobre mi cama y yo sabía que, si le atrapaba su clítoris con mis labios, la podría hacer venir más veces, porque ella es multiorgásmica, así que extraje mi mano toda bañada de su chocho y me incliné a besar su botoncito. Mamá trato de alejar su vientre de mis labios, pero yo había atrapado sus muslos y me había anclado como con cadenas a su coñito tembloroso ― ¡aaagghh! … ¡aaagghh! … ¡aaagghh! ― gritaba mamá como poseída y delirante mientras su orgasmo se transformaba en una secuencia de superlativas y espasmódicas contracciones vaginales, se estaba corriendo sin parar. Cuando resto inerte y sin fuerzas, solté sus muslos y me acomodé a su lado acariciando su rostro hermoso y placido, calmo y dichoso, sereno, mamá había tenido lo suyo, nos quedamos en silencio, ella con sus piernas abiertas y su vientre que subía y bajaba al ritmo de sus respiros, sus senos vencidos alojados uno a cada lado de su torso, la belleza de mamá era inconmensurable, jamás me cansare de mirar todas sus formas femeninas y delicadas, la edad no hace mella en su gracia y perfección, la cubrí y sintiendo la tibieza y la proximidad del cuerpo de mi madre, me sentí protegida y me adormecí junto a ella. De siempre despertarme con mi madre al lado, me alegra la vida, vuelvo a ser niña por unos instantes, quisiera arrullarme en sus brazos y ser alatada por sus pechos maternales, mamá al igual que yo, estaba desnuda completamente, su pelo enmarañado y sus ojos somnolientos, olía a sexo de mujer ― gracias, hija … me diste lo que necesitaba … ahora necesito alzarme y bañarme … me siento cochambrosa ― dijo estirándose y bostezando teatralmente ― ve mamá … yo iré a colocar el agua y la leche para el desayuno ― dije yo alzándome y yendo hacía la cocina. Nos encontramos en la cocina, mamá con su pelo envuelto en una toalla como turbante y su gruesa bata azul de baño ― anda tú ahora y déjame a mi preparar el resto ― dijo mamá, así que la deje y partí a ducharme. Volví a la cocina y mamá seguía con su turbante, pero se había vestido con un polerón con la escrita de una universidad y una minifalda de jeans, me acerqué sigilosamente a ella y le metí mi mano entre sus muslos, mis dedos tocaron su chocho desnudo ― ¡ay! chiquilla no le hagas eso a tu madre … ― dijo ella saltando alarmada ― ¡ay! mamá … como es que no te calzas tus bragas … como puedes ser tan guarra de venir a desayunar con tu hija y sin ropa interior ― dije yo matándome de la risa ― cariño … que la leche estaba por hervir y no podía dejar que se subiera … ¿no? … ahora si vas a estar tú aquí, yo voy a meterme unos calzones para que no te ofendas ― me respondió socarronamente, ― ¡ay! mamá … que no me ofendo … tu eres mi hermosa madre con o sin churrines ― le dije yo abrazándola, y sintiendo sus pesados senos bajo su polerón ― ¡ay! mami … ¡que tampoco te has colocado un sostén! ― agregué ― no seas bruja … que yo no te he enseñado así ― me dijo sonriendo y salió hacía su dormitorio. Mamá volvió con su habitual sonrisa ― anda tu ahora … termina de vestirte y no te olvides de tu sujetador y churrines ― cuando volví ella había preparado cereales y una paila de choricillos picantes y huevos frescos, se me despertó un apetito atroz, charlamos con mamá de todos sus rollos y de lo que había pasado con su novia, ella me dijo que la tenía sin cuidado porque desde hacía un tiempo que venían discutiendo casi por todo, el marido de Marcia había descubierto sus amoríos entre nosotras y quería que hiciésemos un trio, ― ¡ni loca! ― le dije y eso no le pareció muy bien y comenzó a culparme por los problemas con su esposo y como chantajeándome me dijo ― si no lo quieres hacer … es porque ya no me quieres … hasta aquí llega lo nuestro ― y sin más ni más se fue. ― ¡Ay! mamá … pero si es una tontera … de seguro volverá a llamarte … dale un poco de tiempo― le dije tratando de consolarla ―no, he tenido suficiente … además, tú sabes que no quiero nada con hombres ― me respondió ― lo sé mamá … pero se veían tan bien ustedes dos … Marcia es tan bonita … ― le dije ―lo sé cariño … pero un rostro bello no lo es todo … ese hermoso cuerpazo de ella tampoco … necesito darme un tiempo yo sola y dar vuelta la página … ― dijo mamá dando por concluido el tema. Mamá es virgo y si dice que va a dar vuelta la página, de seguro eso iba a hacer, conociéndola, no me preocupé mucho de su porvenir amoroso, porque cachonda como es ella, de seguro encontrara otra pareja muy luego. Estaba ordenando mi pieza cuando me llamo mi actual pareja, Laura, una ex compañera de trabajo que quiso conocer mi lado lésbico y lo encontró, quería saber si nos íbamos a ver este fin de semana, yo le dije que por supuesto, que la estaba echando de menos y que necesitaba esas manitas suyas, esos labiecitos suyos, esa lengüita suya, ese potito suyo, ese chorito regordete suyo, y que la necesitaba con urgencia porque había un fuego a extinguir, mi chocho estaba ardiendo por ella, soltó una carcajada de esas y me dijo cuanto era loca, pero que me amaba, así que quedamos de juntarnos mas tarde, le di unos besitos por teléfono y colgué. No soy lésbica, me gustan las chicas y todavía no encuentro el hombre justo, no pierdo las esperanzas de encontrarlo, pero la cosa no es fácil.

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

Leer relato »
NARCOSXXX

padre hija

2021-02-11


bueno mi nombre es marcus tengo 40 años y mi hija 16 años todo soy separado y vivo solo en un departamento mi hija como toda adolescente le gusta salir con las amigas y fiestas su mama no la dejaba pero cuando me tocaba tenerla que ella se queda cada 15 días en casa or 4 días yo si la deja salir y asta hacia reuniones en casa con sus amigas una ves se fue auna disco y me llamo que la recogiera había tomado mucho y las amigas también la regase a casa y estaba mareada ellas y las amigas en casa me dijeron si podían tomar algo mas cosa que accedí y mes invite unas cervezas y tome con ellas todo bien hasta que cuando yo también Marie empezaron los bailes y todo y ya a mi hija y sus amigas me miraba con otros ojos entre amigas platicaban de ropa de marcas cosas así mi hija me decía que me regalara y bueno ese dio tomaron y que tuvimos mas confianza y siempre salía y tomaba y yo al recogía y hasta le cubrían de las travesuras que hacia para que su mama no la castigue

Autor: marcus Categoría: Incesto

Leer relato »
NARCOSXXX

Nos pertenecemos.

2021-02-07


Lo hago con mi madre, porque solo en ella confío, ella me trajo a este mundo lleno de mojigaterías y mentiras blancas, una media verdad es una entera mentira, mi madre me enseño eso, porque ella fue madre soltera a los 15 años y la sociedad la castigó y la relegó casi a ciudadana de segunda categoría, hija de un dios más pequeño o quizás sin dios. Mi madre hija de campesinos devotos de la fe cristiana, no perdonaron el pecado de mamá, así que ella tuvo que emigrar al norte, donde nadie la conocía ni podían juzgarla, trabajó como esclava por casi seis años, logro mantenernos y también terminar su educación, obtuvo un diploma de secretariado profesional y consiguió un trabajo en una importante empresa, lo que hizo mejorar nuestro nivel de vida. Nos cambiamos a un departamento y comencé mi educación básica en un colegio cercano, el amor de mi madre era infinito, ella conversaba conmigo todas las tardes y me enseñaba la importancia de la educación laica, no asistíamos a la iglesia ni profesábamos ningún credo, tampoco éramos del todo ateos, ella me decía que había una fuerza universal que estaba presente en todos nosotros, tomando conciencia de que esta energía estaba en nuestro interior, seriamos capaces de superar cualquier obstáculo. La confianza en nosotros mismos es la base de esta energía, me decía, así desde muy pequeño me hice cargo de mi personita, mamá me bañaba todos los días después de jugar conmigo, ella se desnudaba junto a mi e ingresábamos juntos en la bañera, yo estaba acostumbrado a verla desnuda y no me causaba ninguna impresión, era una cosa normal, no había malicia en nuestro actuar. De ella aprendí las diferencias entre hombre y mujer, la hembra tiene un ojete entre sus piernas llamado vagina y tiene una canaleta en su interior, el hombre tiene un órgano llamado pene y en edad de procrear, este lo puede inserir en la canaleta para fertilizar un huevo de la hembra de donde nacerá un ser humano, además, este sistema no es solo presente en hombres y mujeres, sino que, en casi todos los animales del planeta, me quedaron muchas dudas, pero el principio lo entendí prontamente. Muchas cosas las aprendía en el colegio, pero mamá era siempre muy clara en explicarme algunas cosas no solo biológicas, sino también de historia, matemáticas, algebra y muchas otras, mamá para mí era un genio, como un ser tan bello, armonioso y femenino podía estar enterada de tantas cosas de este mundo, era una maravilla viviente esta mamá mía. Desde pequeño dormí en un cuarto separado de mamá, ella tenía su alcoba y mi cuarto estaba en el lado opuesto del departamento, pero los fines de semana, a veces nos veíamos alguna película en su alcoba y como yo me adormecía antes del final, ella me arropaba y me dejaba dormir a su lado, muchas veces yo me despertaba durante la noche y me iba a mi cuarto. Mi mundo cambió repentinamente cuando llegó mi pubertad y tuve mis primeras erecciones, mis primeros sueños húmedos, me despertaba en medio de la noche convulsionando en eyaculaciones que dejaban mi pijama imposible. Así aprendí a masturbarme, no tenía figuras femeninas en quien pensar, excepto mi madre, ella y yo continuábamos a bañarnos juntos, yo cohibido por mis erecciones ante ella y ella muy tranquila diciéndome que eso era normal y natural, que no debía sentirme culpable de nada porque era la naturaleza y nuestros instintos ancestrales, poco a poco me fui desinhibiendo, ya no me importaba estar delante de ella con mi verga apuntando en alto, ella tampoco le daba importancia, así que no era tema. Uno de esos días, cuando estábamos bañándonos, yo con mi verga dura llena de jabón y gozando del roce de la esponja, mamá me preguntó … ¿hijo te masturbas? … yo colorado como un tomate, dije … ¿no mamá? … deberías hacerlo hijo así no tendrías esa cosa tuya tan parada y dura cada vez que nos bañamos, dijo … no sé cómo hacerlo mamá, respondí … es de lo más fácil, dijo ella agarrando mi pene enjabonado en sus suaves y cálidas manos, se hace así … comenzó a moverlo de arriba abajo … quizás porque había estado jugando con mi polla hacía ya largo rato … casi se me cortó la respiración cuando mi pene exploto en sus manos lanzando chorritos en su cara y sus cabellos … mamá estaba impresionada, su boca semi abierta estaba a punto de saborear una lagrima de mi semen que bajaba por su labio superior … mamá excúsame, perdóname, yo no quise hacerlo, fue una cosa refleja que no pude contener … mi amor no es un problema tuyo, es tu edad y es de lo más normal, no te acongojes porque no ha sucedido nada, mamá siempre tan clara para sus explicaciones rápidamente me calmó, luego lavó su rostro cubierto con mí semen y salimos de la bañera. La imagen de mamá con mi semen en su rostro fue mi leitmotiv para pajearme todas las noches, no podía imaginar nada más bello que sus ojos claros sorprendidos recibiendo la lluvia de mi semen juvenil, esas gotas chorreando por la comisura de sus labios carnosos me hacían corcovear en mi cama con acabadas infinitas, pero mamá tenía razón, mi pija ya no siempre se alzaba cada vez que nos bañábamos, solo de vez en cuando. Una noche mientras me masturbaba, estaba sobre mi cama sin mi pantalón de pijama y mi pija la tenía aferrada con mis dos manos, justo cuando un torrente de lava seminal explotaba desde la profundidad de mi cojones, mi querida mamá abrió mi puerta, estaba en éxtasis y mi pene expelía semen a toda fuerza … ¡oh mi dios! hijo … espera, no te muevas … mamá salió de carrera y regreso con un par de toallitas de ella, se sentó a mi lado y agarro mi pene envolviéndolo en una toallita y procedió a limpiarme, limpió mis cojones imberbes y dejó la toallita en mi mueble de cama, agarró mi prepucio lo hecho para atrás y prosiguió limpiándome con la segunda toalla, todo alrededor de mi glande, me causaba exquisitas vibraciones en mí verga casi follaba su mano, ella reía y me decía de calmarme, me quedé acostado de espalda hasta que mi madre terminó de limpiarme, luego me beso en la mejilla deseándome buenas noches y guiñándome un ojo, un feliz descanso, estaba tan aturdido de mi acabada fenomenal que me adormecí casi inmediatamente. A los dieciséis, mamá dijo que me había convertido en un hombrecito, por lo tanto, se acabaron los baños juntos y que de ahora en adelante tenía que hacer mis cosas cuidando mi privacidad y mi autoerotismo debía ser con las precauciones del caso, para no tener que andar limpiando mi semen de todas partes, me dijo que me amaba mucho, pero había que respetar reglas sociales. No entendí por qué, pero me causó una horrible depresión no poder continuar a gozar de la maravillosa figura de mamá, esas piernas largas, estilizadas y sin celulitis, sus glúteos redondos y firmes, sus caderas sensacionales, la hendidura de su peluda vagina y sus exuberantes senos, no me conformaba con la decisión de mamá y ni menos aceptarla, pero fingí de haber entendido y me dediqué a espiarla. Ni por más que hiciese ruidos elocuentes, mamá jamás volvió a abrir mi puerta mientras me masturbaba, pero más de una vez la sentí acercarse a mi puerta y presentí su presencia escuchando mis gruñidos y gemidos de macho caliente en busca de un desahogo y mis gritos finales cuando eyaculaba pensando en ella … Gloria … quiero follarte Gloria … quiero hacerte mía … Gloria, amor mío … mi semen se esparcía sobre mi estomago gritando el nombre de mamá … Gloria. Yo también me acercaba a su puerta cuando me levantaba durante la noche para limpiarme el semen de mis masturbaciones, mamá jamás cerraba su puerta, siempre estaba semi abierta. Una noche de esas, mamá gimoteaba y suspiraba con afano, me acerqué sigilosamente y el espectáculo fue increíble, mamá tenía sus largas y bien torneadas piernas en alto, sus senos opulentos subían y bajaban, se dejaban ver y se escondían detrás de sus piernas temblorosas que hacían figuras en el aire, tenía una mano por debajo de sus nalgas y dos de sus dedos invadiendo su estrechísimo ano, mientras que con la otra mano sobajeaba frenéticamente su clítoris, no podía ver su rostro, sentía su voz quebrada en sollozos y gemidos … ¡ooohhh! Antonio …. ¡aaahhh! … Mi pene se había puesto duro otra vez, más aún porque yo soy Antonio y mi madre me había nombrado al momento de su orgasmo. Entonces entendí porque ella había tomado distancia de mí, no era solo yo que fantaseaba con ella y todas sus dulces y apetitosas curvas, también ella se sentía atraída por mí, su hijo. Había tardes en que yo y mamá habíamos mantenido la costumbre de ver alguna buena película acostados en su cama, ella debajo de las sabanas y yo cubierto con un chal de su cama o con una pequeña frazada que traía de mi cuarto, generalmente los fines de semana, maquiavélicamente comencé a bajar videos románticos y con un cierto grado de erotismo incestuoso. Un fin de semana vimos la película “Soplo al corazón”, una película de los años setenta, ambientada en la Europa cristiana y religiosa de los años 50, que trata la vida de una madre y su hijo de 14 años con una enfermedad incurable al corazón, los doctores lo habían desahuciado, el muchachito le pide a su mama de dejarlo tener relaciones sexuales con ella, para no irse sin haber sentido lo que es yacer con una mujer, la trama de la película es esa, se trata la temática con las implicancias religiosas y civiles del incesto entre una madre y un hijo destinado a morir, al final de la película, mientras los dos estaban desnudos en la bañera ella accede y se entrega por una vez a su hijo. ¿Mamá, tú hubieras hecho lo mismo que esa madre? … mi madre me miró por largo rato y luego dijo … hijo tu siempre has sido sano, gracias a dios, nunca se me ha pasado por la cabeza una situación de ese tipo … sí, pero ponte en el caso de ella, ¿me hubieses dejado hacer el amor contigo? … hijo son cosas hipotéticas, no sabría decírtelo, hay circunstancias y es complejo decir sí o no … mamá, si yo estuviera así de enfermo, estoy seguro de que te pediría que hiciésemos el amor, eres tan bella, definitivamente haría el amor contigo antes de dejar este mundo, mamá … ella me miraba con curiosidad … ¿tú me lo hubieras pedido? … pero por supuesto, mírate al espejo, eres una mujer de ensueño, cualquier hijo hubiese deseado hacerlo con una mamá, así como tú … ella se quedó en silencio y ligeramente turbada, yo recogí mis cosas y me fui a mi cuarto. Mamá llego a mi habitación diez minutos después … ¿de verdad te gustaria hacerme el amor? … sí, mamá … eres una mujer muy linda … pero hijo, yo ya soy vieja … no, mamá no lo eres, tienes apenas 34 años, además muy bien portados … pareces menos de 30 … me halagas hijo … no agregó nada más, me dio un beso en la mejilla y regresó a su pieza. La semana trascurrió en la rutina acostumbrada, mis hormonas me mantenían caliente la mayor parte del día, así que procedía a masturbarme con el fresco de la noche, no había logrado volver a ver a mamá masturbándose, pero no perdía ocasiones para gozar de la vista casual de sus pechos, piernas, glúteos y cualquier parte de su hermosísimo cuerpo que descuidadamente ella exponía en mi presencia. El fin de semana vimos la película “Savage Grace”, donde la madre con un hijo homosexual mantenía relaciones incestuosas con él para curarlo de su homosexualidad, en los tiempos en que aún se creía que la homosexualidad era una enfermedad mental, discutimos la temática con mamá, pero no pude encausar la conversación por el lado erótico Paso otra semana y bajé una película “Womb”, en esta la madre pierde a su marido y con los espermios congelados de él decide engendrar un hijo, con el cual una vez adolescente inicia una relación incestuosa pensando en que su hijo es un clon del marido fallecido, la dramática historia tenía su lado meloso y romántico, las escenas además, eran bastante eróticas, a mamá le gustó mucho la historia, pero no la comentamos porque yo había tenido una semana infernal y lo único que deseaba era irme a la cama y eso hice. Estaba aletargado, como en el primer sueño, sentí que mamá me tocaba el hombro, estaba oscuro así que encendí la luz del velador y me giré hacia ella, mamá estaba sobre mi cama sin su bata, estaba con su neglige celeste y tanga del mismo color, sus largas piernas me hicieron despertar y llamaron mi completa atención, también la bestia entre mis piernas recibió la señal. Hijo yo sé lo que tú quieres y creo que también yo lo quiero … ¡oh! mamá no sabes lo feliz que me haces … nos besamos no como madre e hijo, no … fue un beso de liberación de sentimientos y un despertar a una nueva relación … no perdí tiempo, giré a mi madre sobre su espalda y le arranqué su neglige que voló por los aires, dejando sus tetas libres y bien dispuestas a mis ataques, le mordí los pezones … ¡uuuhhh! … mamá gemía … luego dijo … eran años que no me mordían y besuqueaban y me lamian y me sobajeaban, así tan rico … soy tuya, hijo … alzó sus ojos hacia los míos … ¡oh! mamá … no digas nada hijo … disfrutemos. Poco a poco me fui deslizando hacía la ranura que me había traído a este mundo, admiraba el bosque rizado que tenía en su entrepierna y que parecía vibrar con vida propia, era como un santuario al que siempre había querido visitar, sus opulentos pechos seguían la cadencia de su respiración, con mi barbilla cerca de su pubis, observaba la llanura plana de su vientre que se extendía hasta esas dos colinas turgentes, blancas y redondas que ocultaban su rostro, estaba subyugado por el cuerpo exquisito de mamá. El aroma de su sexo caliente llego a mi nariz, sus enmarañados rizos oscuros eran la ultima defensa que protegía tan preciada fortaleza, mis dedos hicieron espacio y sus gruesos labios vaginales aun estrechamente cerrados, se resistían a mi lengua que comenzaba a saborear las fértiles carnes de mamá, mi lengua invasiva forzaba perentoriamente la ultima obstinada oposición, mi madre se rindió a mis lamidos y abrió sus muslos de par en par. Sentí sus delicadas manos aferrar mis cabellos, mientras su torso se contorsionaba y ondas de placer la hacían gemir en éxtasis, un paroxismo inaudito se apoderó de ella y la hacía estremecerse, forzando mis labios contra su vagina, su orgasmo la hacían morder las sabanas para apagar sus gritos de lujuria, mamá se había corrido en mi boca, su fuente de gozo palpitaba y emanaba sus fluidos que rebosantes yo intentaba beber, mi rostro aprisionado en sus muslos que follaban mi cara en modo incontrolable. Mamá con sus dos brazos tensos y sus manos que aun se contorsionaban, tenía su cabeza hacia atrás y respiraba con su boca entreabierta, parecía como una muñeca inerte, su cuerpo entero estaba cubierto de una brillante y sutil capa de sudor, lucía hermosa, mamá se giró sobre su espalda, puso su brazo bajo su nuca y me miraba con una sonrisa adorable, su monte de venus sobresalía y sus labios vaginales se habían vuelto a cerrar, pero resplandecían invitantes. Mi pene estaba erecto y listo a consumar mi mayor fantasía, me ubique en medio a sus piernas, mamá miraba mi pija que se avecinaba a su chocho, estaba como en un trance, nos mirábamos sin palabras, ella aun respiraba afanosamente, cuando ella abrió sus piernas, fue la señal que yo esperaba, agarré mi miembro durísimo y enfilé la cabezota entre sus grandes labios y empujé hacia su interior, mamá era muy estrecha, así que lo más delicadamente posible, la penetre centímetro a centímetro hasta que mis cojones tocaron sus nalgas, mamá levanto sus piernas y rodeó mi cintura en un abrazo cálido. Sentí sus brazos cerrarse alrededor de mi cuello y tirarme estrecho contra sus pechos, era un abrazo de amante, un abrazo de hembra, un abrazo de concubina, mi madre se entregaba a mi sin puritanismos ni hipocresías, su amor y mi amor eran reales y verdaderos, di inicio a un movimiento suave de mete y saca para acostumbrarla a mi envergadura, mi pene no es exageradamente largo, pero es bastante grueso, mamá mordía mis labios que besaban su boca tierna, dulce y carnosa, nuestras lenguas jugaban entre ellas e incrementaban la pasión al sentir que nuestros sexos se habían unido por la primera vez. No había nada más maravilloso que estar con mi pene deslizándose con bríos dentro la húmeda cavidad vaginal de mamá, ella gemía con pasión y se aferraba a mis hombros, a ratos sus uñas arañaban mi espalda, cosa que me hacía aumentar mis embates a su estrecha chuchita, lo que a su vez sacaba de su boca grititos lujuriosos y sus brazos me apretaban más contra ella, estaba gozando ella y yo, su zona pélvica tremaba y rotaba chupando mi verga hacia sus interiores. Tomé sus muslos y los levanté hasta colocar sus tobillos en mis hombros, su culo se levantó de la cama y yo comencé a martillar su chocho con fuerza, mamá enloqueció, su cabeza se movía de lado a lado, sus uñas se enterraron en mi piel, sus gritos eran audibles a distancia, mis cojones eran un torbellino azotándose contra sus glúteos, la tomé de sus hombros y enterré mi pija con violencia en esa ranura divina de mamá, disparé mi primer chorro de semen con escalofríos en todo mi cuerpo, sus chillidos me excitaban y continué a pistonear su chocho con vehemencia, mi esperma eruptiva venía a colmar su vagina y su cuerpo de hembra se estremecía bajo mis golpes pélvicos al ser inseminada con mi esperma cálido y juvenil. Me quedé dentro su vagina bombeando hasta la última gota de mí líquido seminal, mamá sollozaba y acariciaba mis cabellos dándome repetidos besos … ¡oh! hijo … te amo, dijo mamá … yo también mamá, yo también, respondí besando sus mejillas. Me recosté al lado de mamá y ella se acurrucó junto a mí, con una mano acariciaba mi abdomen cariñosamente, habíamos trasgredido los limites impuestos por la sociedad, éramos dos desalmados a ojos ajenos, nuestro romance debía restar dentro de los muros de nuestra casa, aunque si nuestro amor era gigantesco y completo, era un amor vetado por ley, nos habíamos convertido en proscritos, nuestro amor era ilegal. Nunca tocamos el tema con mamá, yo la deseaba y ella me deseaba, no había momento en que yo pudiese rechazar sus caricias o ella las mías, cuando regresaba del colegio un poco cansado, ella me tenía la bata lista para mandarme a la ducha y apenas salía del baño ella se arrodillaba a mamarme la pija que era pronta a sus tocacíones, mamá se había trasformado en una obsesa de mi verga, no me daba tregua y esto me hacía adorarla con fervor casi religioso. Una noche que estábamos desnudos después de haber tenido relaciones, mamá recomienza el jueguito metiéndoselo en boca, yo la animo acariciando sus cabellos, ella se gira y se pone a horcajadas sobre mi cabeza, su chocho resplandecientemente húmedo y fresco de mi esperma, estaba ahí al alcance de mi lengua, procedo a comerme el coño de mamá con frenesí, mi rostro entero embadurnado con sus fluidos y mi semen, mamá se endereza, pone sus manos en sus caderas y comienza una danza sobre mi boca, casi ahogándome, luego coloca su ano directamente en mi boca y lo ofrece a mi lengua. Delicia de delicias, tomé sus caderas intentando de penetrar su estrecho boquete con mi lengua, mamá tremaba sin control, chillaba y gemía, sus manos se habían desplazado sobre sus tetas jaloneando y pellizcando sus pezones, luego de un rato sentí sus manos en mi pene y sus labios volvieron a succionar mi miembro, después a gatas de desplazó y se enderezó justo sobre mi verga que latía dura como una roca, su mano aferró mi pene con autoridad y lo encamino a su culito redondito, tomó un poco de saliva de su boca y la esparció sobre su ano, luego apuntó mi glande contra su estrechez y lo hizo entrar, acomodó sus piernas y con el peso de su cuerpo se empaló poco a poco toda mi polla en su orificio anal, desde mi posición privilegiada, fui actor y testigo de la primera enculada de mamá, mamá suspirando fuertemente azotaba sus nalgas contra mi pelvis, mi verga horadaba su recto estrecho, la tomé por los hombros y la hice caer sobre mi pecho, mientras jugaba con sus preciosidades redondas y firmes, perforé su canal rectal con todas mis fuerzas, mamá se había venido ya, sus contorsiones y convulsiones no hicieron mas que excitarme y apurar una descarga interminable de esperma, borbotones y borbotones de semen inundaban sus vísceras, mientras apretaba fuertemente sus tetas y mordía su cuello sin piedad, la hice mía … esta mamá es solo mía. Descansamos sin pronunciar palabras, solo nuestras respiraciones afanosas llenaban el sonido ambiental de su dormitorio, mamá inerte sobre mi pecho y regazo, mi pene flácido se deslizo fuera de su culito, ella estiró sus piernas y se acomodó sobre mí, su cabeza restaba hacia atrás sobre mi hombro, comencé a lamer el lóbulo de su oreja, ella giro su cabeza y nuestros labios de encontraron en un beso relámpago. Mi madre había entrecruzado sus piernas y seguía reposando sobre mí, para mi era una carga maravillosamente agradable … hijo, dijo ella … ¿no crees que soy muy puta? … ¡no! mamá, por supuesto que no … no estas vendiendo nada y yo no estoy comprando nada … esto entre tú y yo es diferente … es espontaneo … esto es un acto de amor entre tú y yo … aunque si nuestra relación no esté permitida, no tenemos porque ensuciarla con las pequeñeces y mojigaterías de la sociedad … yo soy un producto de ti madre mía … te pertenezco … es así … nos pertenecemos … la hice girar y ella me beso con un beso infinito.

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

Leer relato »
NARCOSXXX

Encontré a papá

2021-02-06


¡Hola! yo soy Mónica, soy polaca y dicen que soy muy bonita con mi 1,75, 60 kilos, una figura esbelta con curvas muy bien marcadas, tengo los senos de mi madre, es decir, muy grandes, ojos azules como ella y cabellos oscuros como mi padre. El recuerdo de mi padre en mi niñez es poco o nada, me recuerdo de un hombre alto, gallardo, musculoso, que cuando solía estar en casa ayudaba a mi madre en la granja y lo recuerdo con calzado deportivo, pantalones cortos y muy sudado subiendo vasijas de trigo hacía la despensa donde se almacenaba el trigo cosechado. Él me tomaba en brazos y me sentaba a horcajadas en su cuello y yo me sentía muy orgullosa de tener este padre, el hombre más alto del sector, 1,95, y veía el mundo desde esas enormes alturas, tengo que haber tenido no más de tres añitos, nació mi hermano Alfredo y nuestro padre desapareció, se fue en unos de sus viajes y jamás le volví a ver, mamá nunca se refirió a él en mala manera, cada vez que yo preguntaba por él, mamá decía … son cosas de grandes … algún día entenderás … Bueno, mi padre es un extranjero que quedó prendado de mamá y dejo todo por ella, se vino a vivir a Polonia y convivio con mamá por seis años, de esa unión nací yo y cuando nació mi hermano, la relación entre mi padre y mi madre se había deteriorado lo que llevo a mi padre a regresar a su país y a no volver nunca más. Desde que él se fue, paso a ser el hombre del dinero, todos los meses mamá recibía una mensualidad para nuestra alimentación, en ese sentido siempre estuvo presente, por las barreras lingüísticas no teníamos ninguna comunicación, pasaron los años, llegó mi adolescencia y gracias a mi desempeño escolástico me fue regalado un celular, mi novio en ese tiempo me dio la idea de contactar a mi padre, sin comentarlo con mi madre, logré obtener una dirección de papá y le escribí sin muchas esperanzas, dándole mi número de WhatsApp. Mi padre sé que siempre instruyó a mamá para que se nos fuera enseñado el idioma inglés, sin ser una erudita de ese idioma, lograba tener ciertos contactos con chicas y chicos extranjeros, lo que ampliaba mis horizontes al mundo globalizado, de hecho, me transformé en asistente de vuelos comerciales, muy poquitas en un país que es muy machista todavía en el siglo XXI. De entre todos los contactos que me respondían a mi celular, un día recibí un saludo brevísimo que decía solamente … ¡hola! hija … espero te encuentres bien … Dad … ¡Dad! … era mi padre … me eche a llorar emocionada … había encontrado al hombre que me dio la vida, a mi genitor, a ese hombre que me hacía mirar al mundo desde las alturas … no paraba de llorar … la gente me miraba extrañada, incluso a cierto punto se me acercó personal del aeropuerto de Varsovia para preguntarme si estaba bien, yo estaba muy bien y con el corazón henchido de una alegría jamás sentida, una emoción enorme, me temblaban las manos, no fui capaz de responderle ese mismo día, mis sentimientos eran tan intensos que me ocasionaron un ataque de nervios, una taquicardia. Tuve que ingresar una licencia médica temporánea y ausentarme del trabajo por una semana, la única persona que sabía de haber encontrado a mi padre era yo, era mi secreto, mi secreto más preciado, inicié una comunicación regular con él e intercambiamos algunas fotografías, papá se veía en muy buen estado a sus 51 años, un hombre fornido con incipientes cabellos blancos, muy alto y conservaba un aspecto juvenil, hombre de amplia sonrisa y muy jovial, poseía una pequeña empresa de transporte y turismo. No se había vuelto a casar, en cambio mamá convivía de hace años con una pareja, me preguntó por mamá y no le dije que tenía pareja, pero sí que había rehecho su vida y él entendió, nunca más volvió a preguntarme por ella, así papa y yo entablamos una relación por medio de la tecnología y nos intercambiábamos mensajes esporádicamente. En mi profesión siempre se presentan oportunidades para cambiar de trabajo y líneas aéreas en Europa hay tantas, llené una aplicación de la línea aérea alemana, muy conocida por lo demás, y gracias a mis excelentes calificaciones, además de inglés, hablo fluentemente alemán y ruso, así con un sustancioso incremento de sueldo, pase a engrosar las filas de esta aerolínea alemana, por mis características idiomáticas, fui asignada a rutas ruso-anglo-americanas, así fue como empezamos a llegar a Sao Paulo, en Brasil y Santiago de Chile. Mi padre es chileno, en el tercer viaje que me toco a Santiago, lo contacté diciéndole que por cambio de tripulación nos quedaríamos allí cerca de 48 horas y que me gustaría verlo, mi emoción era a mil, mis temores tantos. Llego el día y mi padre me esperaba fuera del aeropuerto, mis piernas a duras penas me sostenían, me encontré con un apuesto hombre maduro que en perfecto polaco me dio la bienvenida, se me olvidaron hasta los otros idiomas, se me salió un atropellado discurso en polaco que él no entendió nada, así que, reponiéndome del emotivo momento, no paraba de tocarlo, estrecharlo y mirarlo de pies a cabeza, mi padre, estaba abrazando a mi padre, comenzamos a comunicarnos en inglés. Papá me llevó a su casa, un condominio privado de casas todas iguales, bastante apartado, tenía tres dormitorios, un ambiente abierto muy amplio de sala-comedor-cocina, una terraza y un patio de medianas proporciones, el todo decorado con mucho gusto y ciertos toques muy finos, había una amplia piscina de uso del condominio y en general se veía que tenía un buen pasar. Estuvimos juntos todo el tiempo, él cocino para mí, me llevó a pasear por los alrededores y me mostro algo de la ciudad, almorzamos en un hotel del sector comercial y luego regresamos a su casa, al día siguiente yo tuve que regresar al aeropuerto pues emprendíamos vuelo de regreso a Europa, non despedimos en forma muy afectuosa, Los vuelos se tornaron rutinarios y volvíamos a Santiago de Chile una vez al mes más o menos, fue en marzo que llegando al aeropuerto se nos informó que los vuelos se detenían porque había sido declarada una pandemia internacional, llame a mi padre y él me vino a buscar como siempre lo hacía. El capitán del avión en el cual yo me desempeñaba, me autorizó para ir con mi padre con la premisa de mantener mi celular disponible a toda hora ya que podríamos irnos en cualquier momento, así lo hice manteniéndome alerta, libre y a disposición. Mi padre tenía mi cuarto preparado, había hecho colocar una cama nueva, y también había renovado el mobiliario en general, todo lucía limpio, impecable, él se preocupaba de mí, soy su hija, pensé y el cuida de mí, sentí mucha ternura porque significaba que me quería. La pandemia nos mantenía en tierra, no podíamos volar y mi capitán me informó de estar muy alerta porque estaban tratando de que nos autorizaran despegar a Brasil, donde había mucho menos restricciones, ya habían pasado cuatro días. Mis vestidos era un cambio de mi uniforme y un par de mudas de ropa interior, nada más que eso pues arribando en Alemania me iba a mi departamento y ahí tenía de todo, pero varada aquí en Santiago no tenía nada, mi padre me dio una especie de kimono para poder sacarme mi uniforme, al día siguiente me acompaño a comprar alguna ropa en el escaso comercio que todavía restaba abierto. Habíamos completado diez días en Santiago y aún no recibíamos ordenes, esa tarde a una hora avanzada cerca de la medianoche, recibí una llamada del capitán, pensé que nos iríamos, pero la noticia fue terrible, nuestro capitán había sido diagnosticado con COVID19, la estadía se estaba prolongando por lo menos catorce días más. En Santiago había una férrea cuarentena, así que restábamos mi padre y yo encerrados en su casa, nos sirvió para conocernos un poco más, como mamá nunca nos explicó nada de su separación con papá, una tarde se lo pregunté y el me respondió escuetamente … nos alejamos porque la libido de tu madre no era igual a la mía, yo la deseaba y la buscaba casi todos los días y ella se rehusaba, discutimos en dos, tres años muchas veces, hasta que ella un día exasperada, me dijo … si no te gusta, te puedes ir … me dolió mucho toda la situación, pero no tuve más remedio que tomar un bolso y compré un pasaje a Chile, mi situación económica en ese momento no era de las mejores, así que me dedique solo a trabajar, me embrutecí trabajando tratando de olvidarla a ella, pero no a ustedes, empecé a enviar dinero todos los meses y ese fue el único ligamento que mantuve en todos estos años. Ahora me había enterado de lo que los había separado, mi padre era un hombre de sangre caliente, ahora también se explicaba para mí, por qué mis deseos sexuales eran tan fuertes, sangre de su sangre, yo de siempre me sentí una mujer de libido muy desarrollada, cosa que también me había procurado más de algún problema con las parejas que había tenido hasta ahora, el mismo problema que mi padre había tenido con mi madre. Nada me había preparado para lo que vino después, se habían completado dos semanas en casa de mi padre, no extrañaba nada de mi vida antes de la pandemia, excepto que cada vez que llegaba a Frankfurt, mi novio me esperaba porque nos encerrábamos a hacernos hartos cariñitos por los dos o tres días que no nos habíamos visto, eran maratones de sexo, eso me faltaba, tenía conmigo mi dildo que utilizo en momentos complejos en que tengo que desahogarme y mi pareja no está a mi alcance. Una noche que estuve a solas con mi consolador, me adormecí con el ronroneo del artilugio entre mis muslos, fui absorbida en una modorra y en un sueño, mi padre entraba en baño mientras me duchaba, yo lo llamaba y él entraba en la ducha conmigo, su pene era colosal, mis manos no podían cubrir ni medianamente sus dimensiones enormes, el enjabonaba mis tetas y su miembro alcanzaba la hendedura de mis senos y yo procedía a masajearlo con mis redondeces, aferraba su verga magnifica y la refregaba en mis pezones, luego el metía su coso entre mis muslos e iniciaba un movimiento de atrás y adelante, separando mis grandes labios y rozando mi clítoris hinchado, mi orgasmo fue descomunal, me desperté estremeciéndome de pies a cabeza y apretando mis tetas, el dildo todavía le gruñía suavemente a mi coño tembloroso. Ese sueño dio un vuelco a mi estadía con papá, lo empecé a encuadrar como hombre, mi apetito sexual, mi libido, me estaba haciendo fijar mis ojos en sus entrepiernas, habíamos tenido oportunidad de ir juntos a la piscina en una oportunidad y yo vi un hombre íntegro, con sus abdominales marcadas, su vientre plano y esos pectorales suyos que los recuerdo desde niña, un cuerpo de nadador esplendido. La tarde él me cedía su ordenador y yo chateaba con Europa donde estaban horrorizados por la cantidad de personas muertas a causa de la pandemia, muchas ciudades estaban en una cuarentena dura y ya nada me extrañaba, el mundo había cambiado para siempre y yo también, ahora estaba empeñada en conquistar este hombre tan hermoso, gallardo, varonil, que el destino quiso que también sea mi padre.  ¿Papá como lo haces tú sin tener pareja tanto tiempo?  Igual que tú con tu juguetito, me auto estimulo  ¿Me has escuchado papa?  ´si, las noches son muy silenciosas y mi oído es muy fino  ¿entonces tu libido se mantiene alta?  Ni que lo digas, para mí siempre ha sido así  ¡oh! papá … también para mi Papá se masturbaba a su edad, me lo confiesa sin pudor alguno y además sabe que yo también me pajeo con mi “juguetito” como dijo él, me siento tan cercana a él, siento que por fin estoy conociendo a alguien que me entiende y no se escandaliza, tampoco se molesta, no como alguno novios que tuve en el pasado, que se sentían celosos hasta de mis “juguetitos”, porque siempre los he tenido.  Papá …cuando te auto estimulas ¿piensas en mamá?  sí … a veces …  ¿la amas todavía?  no creo … pero es uno de mis recuerdos más bellos  ¿te gustaría verla? … ¿hacer el amor con ella?  antes pensaba mucho en eso … ahora no … ya no  ¿se ha acabado el amor en ti papá?  absolutamente no … amo la vida y muchas cosas más …  ¿pero no una mujer?  tengo algunas amigas con ventajas por ahí  ¿no quieres que yo las conozca?  son parte de mi privacidad, tú eres parte de mi intimidad, son cosas separadas  sí soy parte de tu intimidad … ¿te auto estimularías junto a mí? No sé en qué momento se me salió esa bestialidad, pero me preparé para lo peor, pensé que había arruinado algo, quizás todo … papá se quedó en silencio por un largo rato  hija … eres una mujer adulta … muy linda por lo demás …  ¡umpf! … ¿entonces? …  bueno … teniendo siempre presente nuestros roles … tú eres mi hija …  y tú eres mi padre … pero también eres hombre y yo soy mujer …  indudablemente … pero son cosas que no se mezclan …  ¿sabes que en Alemania están tratando de abolir la ley del incesto?  sí … y también en Dinamarca … lo sé … pero eso es Europa …  no entiendo … ¿son de otro planeta? … ¿no son seres humanos como tú y yo?  hija … aquí estamos en Sudamérica y la gente es diferente …  y tú papá … ¿también eres diferente?  no hija, no es así … como explicarte …  ¿no crees que sea suficiente mujer para ti? … ¿no soy atractiva? …  hija … asemejas tanto a tu madre …  pero mamá no te quería lo suficiente y yo sí, papá … Mi padre no emitió palabra alguna por varios minutos, pero me miraba y yo sentía que me estaba mirando y recordándose de mamá, pero eso no me importaba, yo lo quería y necesitaba, mi sexo necesitaba de un hombre y si este hombre iba a ser mi padre, mejor él que ningún otro.  hija … entiendo lo que quieres hacer … lo intentaremos …  ¿me vas a hacer el amor o te vas a masturbar conmigo?  no, nos auto estimularemos juntos y solo eso …  bueno papá … espero sea un comienzo … un buen comienzo …  si los dices tú, yo también lo espero … Corrí a buscar mi “juguetito”, papá se disculpó y dijo que necesitaba una ducha, que luego usaríamos su dormitorio para la “primera vez”, yo estaba eufórica, jamás pensé en estar con papá en este modo y ahora estaba excitada, muy encendida. Esperé pacientemente que el estuviera pronto, yo estaba decidida, pero me rendía cuenta que él titubeaba y estaba confuso, me vestí lo más sexy para él, no contaba con muchas prendas donde elegir, así que usé la parte superior de mi pijama sin abotonar los botones, preferí amarrármela ligeramente sobre mi ombligo y los calzoncitos más pequeños que encontré, no tenía ninguna de mis tangas así que tuve que improvisar. Papá me llamó y caminé hacía su dormitorio con mis tacones altos de uniforme ya que me hacían mover mis caderas en forma más coqueta, papá clavó sus ojos en mi chocho directamente, luego en mis senos que se veían veladamente bajo mi pijama abierto. Mi padre creó una barrera ficticia, poniendo su laptop entre él y yo, luego lo encendió y abrió un sitio porno, hombres maduros haciendo el amor con jóvenes chicas, no hice ningún tipo de comentario, lo quería tal cual se presentaba, él se recostó sobre su cama, vestía una bata azul que no dejaba ver nada de su masculinidad, yo quería ver su pene erecto para inspirarme y excitarme, pero él no lo permitía. Me acomodé en el lado mío del lecho, le di la espalda sentándome en mis talones, me quité mis bragas, abrí mis rodillas al máximo, también mis pies, papá fijo sus ojos en mi culo, estaba segura de que podía apreciar el estriado, rugoso y estrecho hoyito de mi ano, como así también mi vagina con sus labios hinchados y ligeramente abiertos, acomodé mi dildo bajo de mi y la punta del “juguetito” separó los bordes de mi chocho y con el peso de mi cuerpo, comencé a engullir los dieciocho centímetros del rojo falo, con un esfuerzo y un grito de lujuria, la punta del colorido ariete invadió mi estrecho canal vaginal, centímetro a centímetro se hundió en mis rosadas carnes. Mis blancos, firmes y redondeados glúteos hicieron contacto con las sabanas de la cama, el dildo estaba todo enterito dentro de mi causándome gemidos y mis ojos miraban con lascivia a mi padre, el cual estaba inmóvil, con sus ojos estáticos en el “juguetito” que hacía gozar a su hija, su bata azul mostraba una amplia “carpa” que delataba su tremenda erección. Mi padre abrió su bata y por primera vez se presento ante mis ojos su pene enhiesto, duro, atrevido, con un dedo papá lo hacía vibrar como la cuerda tesa de un violoncello, mis ojos no podían despegarse de ese tronquito de carne, muy grueso y de un tamaño similar al “juguetito” que ronroneaba suavemente en las profundidades de mi chuchita, comencé un movimiento de sube y baja, estaba encantada con la vista del hermoso pene de mi genitor, puse las manos en mis caderas y acompasadamente empecé a rotar mis caderas lujuriosamente, gozando la longitud del vibrante artilugio inserto en mí, cerré los ojos e imagine la gruesa asta de papá horadando los pliegues delicados y elásticos de mi chochito, unas ricas sensaciones recorrieron toda mi espina haciéndome arquear mi espalda y aumentar la fuerza y la violencia con que mis caderas hacían enterrar el consolador en mi sexo. Me giré y mirando a mi genitor, volví a empalarme el dildo reluciente de mis jugos vaginales, poco a poco lo hice desaparecer en mí, luego tomé mis tetas durísimas en mis manos y la moví hacía arriba y hacía abajo y las apreté hasta juntar mi duros pezones, mi padre estaba subyugado. Sentí algo tibio que aterrizó en mi muslo izquierdo, papá estaba eyaculando gruesos chorros de su lefa que volaban desde su verga, uno de esos chorros cayó sobre mí, el resto papá lo recibió en su pecho, vientre y mano, el ver esa cantidad de semen me hizo emitir varios grititos y caí hacía adelante convulsionando y estremeciéndome sin parar, pero yo quería tocar a mi padre, ese poco de semen en mi muslo no me bastaba, había alcanzado un maravilloso orgasmo, pero yo sabía que él me podía dar mucho más que eso. Papá hechizado con mis tetas, estaba mirando como el largo “juguetito” resbalaba fuera de mi encharcada vagina, su mirada no dejaba lugar a dudas, estaba caliente conmigo, su hija, me apresuré a levantarme y haciendo a un lado su portátil, me arrodillé a su lado y mi mano aferro esa fruta anhelada y prohibida, su gruesa pija en mi mano se sentía tibia y palpitante, todavía emanaba algunas gotas de perla, me incliné y recogí con mi lengua tan preciado néctar, papá me miraba un poco aturdido pero sin reaccionar ante mi osadía, a cierto punto su mano se posó en mis cabellos y me acarició con su ternura habitual, pero nuestra relación había evolucionado para siempre. Mis apetitos no habían sido placados, mi cuerpo estaba dichoso de volver a sentir el sabor aspro de semen, un sabor delirante que encendía en mi fuegos de pasión desenfrenada, así me encontré a mamar la polla de papá para hacerla endurecer y crecer una vez más, mi vigoroso padre se enderezó y se deshizo de su bata quedando completamente desnudo, volví a apreciar su viril, tonificado y recio cuerpo de macho alfa, papá había entrado en mi juego, nuestro juego. Me hizo recostar y se puso a horcajadas sobre mí, agarró mis túrgidos senos y colocó su miembro entre mis tetas y comenzó a follarlas con suaves movimientos, tener el pene de mi padre así de cerca, era una golosina que no podía dejar escapar, así que me acomodé para lamer su bruñido glande cada vez que este aparecía de entre mis blancas redondeces. Papá estaba solazándose con mis pechos y yo disfrutaba tremendamente saboreando el exquisito zumo que surgía de su miembro, mi coño estaba hirviendo y mis muslos se estrechaban para placar las cosquillas en los labios de mi chocho, papá me miraba y leyó mi pensamiento que le imploraba de follar mi boca, se movió hacía arriba y yo aferré su pija centelleante y lo comencé a mamar con todas mis energías. Mis labios envolvían su carne y mi lengua lustraba el brillante glande, mi boca succionaba todo el semen que pudiese salir de su verga, lo estaba chupando con bríos entusiastas y mi ojos se deleitaban mirando el rostro de mi padre que denotaba el goce que mi boca le estaba procurando, papá se movió más hacía arriba levantando y doblando su pierna al lado de mi cabeza, dejando espacio para que una de mis manos alcanzase mi chochito y pudiese hurguetear mis húmedas carnes, de tanto en tanto mis dedos buscaban su ano. Mi amado padre follo mi boca por varios minutos, le pedí que me cogiera, que necesitaba su verga en mí, él se colocó entre mis pierna y comenzó a refregar su glande entre mis labios mayores, provocándome deliciosas sensaciones y un regocijo inaudito, había encontrado a mi padre, lo había encontrado en todo sentido, ahora era mío totalmente. Cógeme papi … métemelo todo papá … pronto su gordo glande presionaba mi chocho empapado, sus fuertes manos se apoderaron de mis senos y el empujo su verga dentro de mí, agarré sus muslos y los tironeaba para que me dieras más de esa pija suya maravillosa, portentosa, deliciosa, me hacía desesperar, abrí mis piernas para él y su pene exquisito, papá tenía un movimiento cadencioso y profundo, a velocidad sostenida, no pude resistir mucho de ese refriegue intenso de papá a mis paredes bañadas que se contraían envolviendo su verga invasora, moviendo mis caderas como una loca, me corrí intensamente, arañando sus muslos y apretando mis tetas a su torso, sentí que el cuerpo de él se tensaba y violentamente el saco su verga de mi chocho y comenzó a bañar mi vientre y la parte inferior de mis senos. ¡No! papá … ¡no! … no lo saques … te quiero dentro de mi con todo lo tuyo … dije un poco exasperada y al borde del llanto, porque me tomó por sorpresa, yo quería que me llenara mi chorito con su acabada, quería sentir esa lefa tibia de papá en mis entrañas, el mismo esperma que embarazó a mamá y creo esa nueva vida que soy yo, quería ese líquido seminal entrando en mi matriz fecunda con la ilusión de ser inseminada por él, quería vivir esa sensación. ¡Pero hija! … no puedo terminar dentro de ti … hay que evitar complicaciones … podrías resultar embarazada y no queremos eso … ¿verdad? papá se disculpaba con cierta razón, lo que él no sabía que yo desde los diecisiete años que tengo un dispositivo infra uterino, que mamá me hizo colocar porque no quería verme con un embarazo no deseado. Papi, no me puedes embarazar porque tengo un aparato anticoncepcional … me olvidé decírtelo, podemos hacerlo sin pensar a esa dificultad … papá tratando de recuperar su respiración, me miraba con alivio … hija, por un momento pensé en lo peor … un embarazo podría arruinar tu carrera … y por nada al mundo quisiera algo así … papá tan cuidadoso de mi persona, había tratado de protegerme una vez más. Me recosté al lado de él y él paso una pierna sobre mi vientre, su gruesa verga quedó al alcance de mi mano y enseguida la envolví con mi mano e inicié a masturbarlo lentamente, mi padre no tardo más de una decena de minutos y su miembro había resucitado, palpitante su sangre rellenaba esas venas azuladas que recorrían en toda su longitud, mi padre estaba con su pene erecto listo para mí. Lo monté a horcajadas y el me tiro hacía a él para comerme las tetas, pasaba de un pezón al otro intermitentemente … ¡cómeme, papá! … comete esas tetas mías … son tuyas papi … pero quiero que me comas el choro, papá … por favor, papá … bésame aquí abajo, papito … tu hija necesita que le comas su almejita, papá … papá con una fuerza increíble, me alzó casi en andas y colocó mi vagina justo sobre su boca, fue todo tan rápido que no sé cómo lo hizo, al segundo su lengua invadía mis preciosa chuchita. Halaba mis pezones y su lengua incansable iba desde mi ano hasta mi clítoris encendido al máximo, nunca hombre alguno me hizo que me corriera tan rápido y tan intenso, grite, gemí, sollocé y mi cuerpo se estremeció en un concadenarse de orgasmos infinitos, refregué mi chocho en su rostro como una loca, le tiré de sus cabellos, aprete su cara con mis muslos, hundí mi ano en su barbilla, paroxismo total, mi sexo entero temblaba en los labios de mi padre. Papá me concedió una breve tregua, me puso boca abajo y acomodó una almohada bajo mi vientre, pensé que me la iba a dar por el culo, respiré profundamente y alargué un poco mis piernas para facilitarle la penetración, me gusta ser cogida por el trasero, pero yo esperaba una descarga de su lechita en mi vagina, el no lubricó mi ano, pensé que me iba a doler y mucho porque mi esfínter es muy estrecho, siempre necesito dilatarlo un poco, pero él es mi padre y mi culito es para él, igual que todo mi ser, pacientemente lo sentí como se deslizaba sobre mis glúteos, luego la zona perianal, me hizo cosquillitas ahí en medio y empujando imperiosamente penetro mi chochito, mi gemido fue de placer y alivio por mi esfínter. Él empezó una cogida de esas que te someten, que te mantienen como hembra dispuesta a aceptar ese falo de tu macho, eres su mujer, eres su propiedad, eres poseída, eres un instrumento de placer exclusivo para tu hombre, eres su amante, eres su puta, eres su diosa, él te posee, porque te ama, está dispuesto a todo por ti, porque eres suya. Papá mordía mi cuello, besaba mis cabellos, tironeaba mis hombros, y sus clavadas enterraban su miembro profundamente en mi chocho, mi culo se había alzado en una posición donde todo mi chorito estaba abierto para sus embestidas, mis rodillas estaban abiertas y sus cojones felpados goleaban mi clítoris, balanceándose como un péndulo que señaba el tiempo de nuestra cogida, veloz, cada vez más veloz … me perdí en un abismo de sensaciones celestiales, veía luces caleidoscópicas que giraban, explosiones de mil estrellas, mi jadeo era pesante, mis manos arrugaban las sabanas y escondí mi rostro deformado por una lujuria bestial … mi padre me provocaba un orgasmo de deleite paradisiaco, meneaba mi poto en todas las direcciones, su verga dura palpitaba enviando borbotones de esperma dentro mi canal vaginal y otra vez me estremecí de pies a cabeza. Esta vez el reposo era tanto para él como para mí, estaba aletargada, estaba desparramada en la cama como una muñeca de trapo, trataba de humedecer mis labios y recuperar mi respiración, papá había rodado junto a mí, también él jadeaba y bufaba, sus resoplidos eran rumorosos, me había dado su todo, su esperma se deslizaba sobre mi clítoris hacia mi vientre, no tenía suficiente fuerza para enderezarme, solo sentía cosas a mi alrededor. Me senté finalmente en la cama, mi padre yacía con un respirar mas calmo, había una amplia mancha sobre la cubierta del lecho y un poza de semen, su semen, recogí un poco y lo espalmé sobre mis muslos, luego me llevé los dedos a la boca, papá me miraba con sus ojos entreabiertos, me sonreía, yo con mi pelo enmarañado también le sonreí, éramos mas que padre e hija, éramos compinches, cómplices, habíamos participado a algo ilegal, pero malditamente satisfactorio, nos habíamos entregado el uno al otro. Tanto él como yo estábamos felices, apagados nuestros apetitos concupiscentes, pero tanto él como yo sabíamos que el deseo no se extingue, es como el calor de un volcán, alimentado desde el interior de la tierra, sabíamos que este fuego volvería a arder y que tanto él como yo, nos daríamos a la tarea desahogar esta fuerza de la naturaleza que fluye por nuestras venas, somos la misma sangre …

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

Leer relato »
NARCOSXXX

Trio hogareño

2021-02-06


Pero mamá esta riquísima, mis sospechas se habían hecho realidad, encontré a mi hija ensartada en la polla de su hermano. Soy gloria, tengo 38 años y tengo una hija, Mariela de 19 años y Mauro, mi hijo de diecisiete años, soy agente vendedora de propiedades, tengo mi propio negocio, empleo a dos personas que me ayudan con los papeleos de cada transacción. Ese sábado, yo había salido con un amigo y no esperaba de regresar a casa muy temprano, pero como el cretino de mi amigo se tomó un par de copas y comenzó a comportarse en forma grosera conmigo, pues ahí no más lo dejé plantado, llamé un Uber y me fui a casa. Me sentía bastante defraudada por el comportamiento de mi amigo, realmente no soy ninguna santa, me encanta follar y que me follen, pero todo tiene su encanto, todo tiene su arte, no pueden ser manotazos por todas partes, eso no tiene nada de atractivo ni es estimulante. No más entrar en el apartamento, escuché gemidos, chillidos y respiración afanosa … pensé, esta descarada de Mariela se trajo un hombre para follar en casa … ni siquiera yo hago algo similar, como se atreve esta desvergonzada a traerse un novio a casa … silenciosamente me acerqué a su puerta, que ni siquiera estaba cerrada … sí, había un hombre sobre ella … ella con sus largas piernotas bien torneadas, envolvía la espalda de su amante y lo tiraba más adentro de sus entrañas … el macho la follaba rítmicamente … afondaba con fuerza su pene dentro de su chocho, para sacarlo casi por completo lentamente y volver a darle una embestida al coño que arrebujaba su verga. Mariela gritaba cada vez que las profundidades de su chocho recibían el golpe certero del macho … me quede paralizada al ver a mi hija como follaba y como gozaba a ser follada … ella movía su cabeza de lado a lado … enterraba su uñas en la espalda de su amante. Tuve que afirmarme a la pared, cuando su amante levantó su cabeza desde el cuello de ella y pude ver los cabellos rubios de mi hijo que cogía con su hermana. No podía moverme, mis piernas casi no me sostenían, pero no tuve el coraje de interrumpir a estos dos asquerosos e incestuosos hermanitos. Salí del apartamento y bajé a tomarme unas copas, mi cabeza era un tumulto de preguntas, ¿Qué hice mal? ¿Cuál habrá sido el mal ejemplo? ¿Dónde lo aprendieron? ¿de quién lo aprendieron? ¿desde cuándo que lo hacen? ¿tiene ella o él alguna protección cuando lo hacen? Mientras sorbeteaba mi segundo Martini, se me acerco un tipo joven y apuesto con la mejor de sus sonrisas, casi lo degüello con mi mirada, así que escapó de volada, no estaba en vena de flirtear con nadie, odiaba a todo el mundo en estos instantes. Volví al apartamento un poco más serena, los dos Martini y el whisky habían hecho el efecto requerido y me sentía mucho más calma, no me sentía para nada emborrachada ni aturdida, era demasiada la impresión sufrida de ver a mis dos hijos hacerse cariñitos como estrellas del porno. El apartamento estaba en completo silencio, metí un poco de bulla como si estuviera algo bebida y me fui a mi habitación, creí escuchar un ruido de carreritas y pensé que mi hijo se regresaba a su cuarto después de haber follado el chocho de su hermana. Me recosté en mi cama, con la viva imagen de la polla larga y gruesa de mi hijo, tirando fuera los pliegues rosados de la carne del pequeño coño de Mariela, los gemidos y chillidos de mi hija, todavía resonaban en mis oídos, me encontré con dos dedos en mi chocho y pellizcando los pezones de mis bondadosas tetas, creo que jamás tuve un orgasmo tan rápido e intenso. Me alcé temprano en la mañana, como al solito, preparé el desayuno y me senté a comer un poco de fruta seca y cereales con leche, como a la media hora, apareció mi bostezante hijo Mauro, se acercó a mí y me beso en la mejilla … ¡hola! mama, ¿qué tal esta mañana? … todo bien hijo, todo bien … mi sensible nariz, olía su aroma a semen … no se había ni siquiera bañado el muy cochino … como leyendo mis pensamientos, dijo … mamá, me llevo la leche al baño, me voy a duchar … y salió de la cocina. Mariela, con una polera vieja de su hermano, entró a la cocina con sus cabellos revueltos … esta es otra cochina que ni se bañó ni se arregló, pensé … ¡hola! mamita, ¿cómo estás? … yo bien hija, ¿y tú? … ¡oh ! mamá … para que te digo, dormí pésimo … no sé cuántas veces me desperté … creo que tendré que pedirle a mi doctor alguna píldora para dormir … sin querer ser demasiado sarcástica, le pregunté … ¿no será algo de tu conciencia, hija? … quizás hay algo que te impide descansar apropiadamente, ¿no crees? … no, madre … tengo mi conciencia en orden … no tengo problemas con nadie y no hago mal a nadie. Mira que descarada, pensé y seguí indagando … ¿y tu novio? ¿no tienes problemas con él? … no mamá, hace meses que terminé con él por ser demasiado celoso y controlador, imagínate que hasta de Mauro tenía celos … ¿lo puedes creer? Al parecer todo el mundo lo sabía o sospechaba, excepto yo, la madre de estos dos cochinos hijos míos. Pasaron las semanas y yo no lograba llegar a ninguna conclusión, ni siquiera tenía pruebas, busque en la WEB por un servicio de investigadores privados, quería que vigilaran a mis dos retoños, los fotografiaran y los grabaran. Llame a uno de los tantos que había en la red, les pedí una visita a mi oficina para conversar sobre la misión a efectuar, primero llego un anciano de sobre setenta años, pasado a tabaco y alcohol, lo salude y lo hice que se fuera casi de inmediato. El segundo llegó un muchacho con pantalones cortos y zapatillas de gimnasia, dijo que era el atuendo apropiado para no despertar sospechas, también lo hice irse de entradita. El tercero me encantó, un tipo alto, musculoso, con chaqueta azul y pantalones beige, parecía elegante, su modo de hablar era simple y honesto, dijo que no era un trabajo muy complicado y acordamos un precio razonable, me pidió fotografías de mis hijos, lugares que frecuentaban, donde estudiaban, etcétera, luego me dijo que el pago era cincuenta por ciento adelantado y cincuenta por ciento al terminar, plazo máximo diez días, me mantendría informada y si era necesario nos encontraríamos en mi oficina. Me parecía haber contratado a mi Magnum P.I. él con sus mostachos enormes y seductores no hacía más que mirar mis caderas, me di cuenta de que no dejaba de mirar mi figura, sobre todo mis senos, lo sé que mis formas curvilíneas son atractivas, me encanta que me miren y me aprecien como mujer, también de vez en cuando un piropo al momento apropiado y con el respeto necesario, es bienvenido, pero él me hacía sentir especial. En la tarde cuando llegaba a casa, Mauro estaba bajo la ducha o acababa de salir de ella, Mariela siempre con sus cabellos alborotados, estos dos seguían follando mientras yo era al trabajo, no tenía ninguna duda, pero no tenía modo de confrontarlos. El viernes, mi investigador me pidió cita y se presentó después de almuerzo en mi oficina, me traía un sobre con una quincena de fotografías a color muy nítidas donde se veían mis hijos en actitudes románticas, besándose en los labios en el parque, entrando a un motel, también me entrego una pendrive con grabaciones, pero las situaciones eran más o menos las mismas de las fotografías. Le insistí en que quería sorprenderlos follando, él me dijo que el único modo seria instalar una cámara escondida en el lugar donde se suponía que ellos transgredían, me pareció tan sutil su forma de decirlo, que le di una mirada de esas que sabemos dar solo las mujeres, entonces, le dije, tendremos que montarlas en la pieza de Mariela. Acordamos que el sábado en la mañana, él vendría a nuestro apartamento y colocaría los dispositivos necesarios, me dijo que necesitaba solo pocos minutos y que estarían conectados a mi computador portátil. Al parecer la rutina de mis hijos era que follaban en casa de lunes a viernes, y el sábado lo hacían en un motel, el domingo como usualmente, yo permanecía en casa nos juntábamos en casa los tres y no lo volvían a hacer hasta el lunes siguiente. Ese viernes llegué a casa a la hora acostumbrada, Mauro con su bata camino a la ducha, Mariela con los ojos brillantes y sus cabellos en completo desorden estaba estirando las sabanas de su cuarto … ya verán, pensé. Mientras cenábamos, les hice saber que el día siguiente vendría un técnico a revisar mi computador para la instalación de un programa que me permitiría trabajar desde casa, Mauro me dijo que él y Mariela habían sido invitados al club de campo y que estarían por allá toda la mañana. Contacte a mi detective privado por WhatsApp, haciéndole saber que podría venir a instalar las cámaras a las 10:00 del sábado, él me confirmo que estaría puntualmente a esa hora. Sábado de mañana, Mauro se levantó temprano y Mariela, esta vez con sus cabellos rubios ordenados, esperaba a su hermano en el salón, los miraba de reojo y pude ver que se hacían señas y trataban de comunicarse sin que yo me diera cuenta … tomaron desayuno sin conversar mucho, luego me saludaron con besos en la mejilla y se fueron. Mi atlético investigador privado llegó con puntualidad suiza, traía una mochila con todo lo necesario, yo me encontraba vistiendo todavía mi quimono azul, mi neglige rojo con mi tanguita del mismo color, estaba sin sujetador y el balanceo de mis senos, lo desconcentraban, lo perturbaban … mi chochito que no recibía atención desde hace un par de meses comenzó a humedecerse, imaginaba a Claudio, el investigador, follándome. Claudio, tal como lo había anticipado, se demoró casi quince minutos en montar y conectar mi computador a las tres cámaras que instaló, lo invité a beber un café en la cocina, él no apartaba sus ojos de mis piernas, me acerqué a él y le pregunté … ¿encuentras interesante mis piernas que las miras tanto? … ¿te gustaría investigar a ellas también? - no me contestó, pero se ruborizó, cosa que me sorprendió un poco … me gusta el trabajo que estás haciendo, me gusta tu forma de ser y me gustas tú, le dije acercándome aún más. Claudio no dijo nada, solo tiró del cordón de mi quimono, el cual se abrió exponiendo mis senos grandes bajo mi neglige traslucido, él me beso los pezones por sobre el género de mi prenda de vestir, me hizo vibrar de pies a cabeza, tomé su cabeza y la aprete contra mis pechos … sentí sus manos en mi cintura, acariciaba mis caderas … estamos solos en casa, vamos a mi habitación, le dije. Él me tomo en sus fuertes brazos y me dijo … indícame el camino, nena … nunca me habían llamado “nena” … me pareció divertido … le mostré como llegar … entramos en mi cuarto y él me deposito delicadamente sobre la cama … no más sacar sus brazos debajo de mis posaderas, se lanzó entre mis muslos y comenzó a pasar su lengua sobre mi tanga, mi chochito vibraba en sintonía con sus lengüetazos … muy pronto me tenía con mis piernas abiertas y había desplazado el pequeño pedazo de tela que cubría mi intimidad, su maravillosa lengua me estaba haciendo gemir y balbucear palabras inconexas, quería decirle que sí, que me cogiera, quería decirle que se sentía rico lo que me estaba haciendo, pero no salían palabras de mi boca … solo sonidos … algunos gruñidos guturales … algunos chillidos y gritos … me estaba volviendo loca. Claudio me hizo acabar … me vine con tal fuerza que mis uñas rasgaron una de las sabanas, él me miraba con sus boca brillante de jugo de chocho, comencé a desabrochar los botones de su camisa … se levantó y se sacos sus pantalones … vestía unos bóxer a cuadritos como de otros tiempos … me causó ternura … éste era un hombre de otros tiempos … me llamo la atención el pronunciado relieve de su polla … ¡pero que polla! … casi tan larga como la de mi hijo, pero no tan gruesa. Me senté al borde de la cama y masajeé su verga con mis senos, Claudio jugaba con mis pezones endurecidos casi tanto como su polla, cuando aparecieron las primeras gotitas perladas de su semen, comencé a bajar con mis pechos hasta sus cojones, para hacer entrar su polla en mi boca, él agarró mi cabeza y comenzó a follar mi labios cerrados en torno a su pene. Claudio dulcemente me sacó mi quimono, luego se acostó y me subió a horcajadas sobre su vientre, como me gusta follar desnuda, me saqué mi neglige, él me atrajo hacia su boca y comenzó a lamer y mordisquear mis pezones, acomodé mi chocho al alcance de su verga e inicie un movimiento alternado hacia atrás y adelante, mis rubios y rizados pelitos hacían cosquillas a su glande, él me tenía por las caderas … mi chocho se refregaba sobre su polla … lancé un grito agudo cuando su glande penetro mis labios mayores y se adentró en mis carnes empapadas … hizo cuatro o cinco movimientos rapidísimos que me hicieron gemir de placer … quería ser follada … dentro de mi lujuria … apareció la polla enorme de mi hijo follando el pequeño chocho de Mariela … veía la cara caliente y lasciva de mi hija que recibía con gozo la verga de su hermano … me levante con mis ojos cerrados y comencé a mover mis caderas desenfrenadamente … Claudio masajeaba mis redondos senos y jalaba de mis pezones … un golpe como una descarga de megatones me comenzó a hacer vibrar todo mi cuerpo … había perdido el control de mis extremidades … mis pies y mis manos tenían vida propia … solo mis caderas obedecían a mis deseos … con fuerza trataba de engullir la verga de este hombre con mi chocho … que orgasmo más esplendido. Con respiros cortos, Claudio continuaba a follarme, sus movimientos también eran breves y veloces … mi chocho comenzó a llenarse de su lechita … estaba acabando dentro de mi … mi chocho volvía a tener olor a macho … que cosa más maravillosa … nos quedamos acostados uno al lado del otro, exhaustos … Me levanté y fui a la cocina a buscar algo refrescante … nos sentamos en la cama desnudos y Claudio termino de adiestrarme al utilizo de las cámaras, luego se fue a la ducha, regresó y se vistió, me agradeció por la hospitalidad, otra de sus sutiles palabras, luego se fue porque tenía otro trabajo en curso. Claudio me había dejado dos pendrives, para grabar por un par de horas en cada una, de propia iniciativa, pasé a un negocio de computadores y compré dos más, las cámaras tenían sensores de movimiento, así que no grababan cuando no había nadie. El domingo transcurrió tal como otro domingo cualquiera, Mariela me dio una mano con el almuerzo, mientras Mauro se esforzaba por hacer limpieza en algunos sectores del departamento. En la tarde nos sentamos a cenar, conversamos de los empeños de cada uno para la semana que estaba por iniciar y llegada la noche nos dimos las buenas noches y cada uno de nosotros se fue a su propio cuarto. Una vez en la soledad de mi cuarto, encendí mi computador y pude ver a Mariela en sus actividades, se desnudó completamente para ir a la cama, no pude dejar de notar lo bella que era mi niña, me recordaba a mi cuando tenía más o menos su edad, sus pechos estaban hechos en modo perfectos, se acarició sus pezones pequeñitos para esos enormes senos, dibujo con sus dedos la redondez de su areolas, sus labios se entreabrieron lascivamente cuando tomó sus pequeños pezones y los tironeo hacia adelante, luego se giró frente al espejo, donde Claudio había mimetizado una de las cámaras, tomo sus glúteos redondos y firmes y los abrió, la vi cuando se dirigió a su mueble y extrajo un consolador rojo de unos 20 centímetros, volvió frente al espejo y comenzó a pasar ese enorme artilugio por en medio de sus nalgas. No estaba absolutamente preparada para lo que sucedió a continuación, Mariela se encontraba frente al espejo en su habitación con un dildo enorme, y lo deslizaba entremedio de sus glúteos, su boca estaba semiabierta y sus ojos como en un ensueño, apoyó el aparatito en el suelo, al parecer este estaba dotado de una ventosa, porque quedo erecto sobre el piso, ella se bajó contorneando sus caderas e hizo descender su zona pélvica sobre el falo rojo, hice un zoom de la cámara y su fisura anal pequeñita quedo a foco en toda la pantalla de mi Pc, aparecieron sus manos sobre sus glúteos, su hoyito perfectamente alineado con el consolador, éste cimbraba al contacto con el ano de Mariela, ella se arrodilló y comenzó a presionar con su cuerpo el dildo que ahora forzaba el esfínter de Mariela, centímetro a centímetro, esa cosa se adentró en su ano. Cambié a la cámara que apuntaba sobre su cama y pude ver solo parte de su cabeza, sus ojos estaban cerrados, se estaba mordiendo sus labios. La cámara que apuntaba a su cama desde otro ángulo, la mostraba arrodillada y meciendo su cuerpo hacia arriba y hacia abajo, su semblante tenía una apariencia diferente, ya no era mi niña, era una mujer caliente que quería follar y se estaba follando su juguete preferido, ¡por el ano! Me quede a contemplarla por varios minutos, hasta que se subió a su cama con esa cosa ensartada en su recto y se acostó casi en posición fetal, continuo a follarse el culo, abrí el menú de la aplicación y seleccione “VOLUMEN”, con el mouse hice deslizar el indicador, y resonaron en mi habitación los gemidos de mi hija, me asusté porque era demasiado alto, lo puse en “SIN VOZ” y busque los audífonos de mi laptop, pude escuchar sus grititos y gemidos, no tenía una visual perfecta de la penetración en curso, pero los movimientos eran inequívocos. Ver a mi joven hija tan caliente, otra vez me hizo recordar a mí misma cuando a esa edad, trataba de satisfacerme en solitario, no tenía los medios económicos suficientes, así que me contentaba con velas, zanahorias, pepinos y cualquier cosa que se asemejase a una polla erecta da enchufarme en mi coño caliente. Pensaba, con que moral puedo yo confrontarla, si yo misma a su edad, hacía las mismas cosas. Jamás follé con mi hermano, pero porque no tenía un hermano, pero los chicos del vecindario me seguían porque sabían que me podían follar si insistían en el modo apropiado. Me encantaba follarme hasta de a dos juntos. Todas estas remembranzas, tenían a mi chochito empapado, así que extraje de mi velador mi vibrador y lo puse sobre mi clítoris, mientras mi hija follaba su culito recostada en su cama, yo habría mis piernas para que el vibrador excitara la entrada de mi chocho, acabamos casi al mismo tiempo, apagué mi computadora y me dispuse a dormir. La mañana siguiente, me desperté a las 06:30 con nuevos bríos y de muy buen humor, habrá sido el orgasmo, pensé, como sea, estaba feliz y feliz de tener a dos hijos tan hermosos y sanos, los saludé con sendos besos augurándoles un día lleno de satisfacciones y cosas hermosas, con curiosidad y sonriéndose entre ambos inquisitivamente, se fueron a sus respectivos colegios. Dejando todo en orden, escondiendo mi laptop, terminé de desayunar y me fui al trabajo, estuve toda la jornada pensando en las cámaras escondidas, ¿las abre dejado en modo de grabación? ¿funcionaran apropiadamente? ¿qué uso daré al material que registre? ¿follaran al retornar del colegio? Retorné a casa lo más apresuradamente posible, para no despertar sospecha alguna, hice como si nada y me comporté en el modo habitual, Mauro con su bata y sus cabellos mojados, acababa de tomar una ducha, como al solito, Mariela solo con una polera larga hasta sus muslos, lucía como si acababa de luchar con King-Kong, me sonreí para mis adentros, no estaba ni molesta ni preocupada, solo curiosa por el material de las cámaras. Compartimos un cena fría y cada uno de nosotros se fue a su cuarto respectivo, me desvestí lentamente, miré mis formas al espejo y sí, mi reflejo en el espejo me mostraba como una bella mujer, mis senos eran un poco más grandes que los de mi hija y se mantenían lo suficientemente firmes, mis glúteos al igual, quizás había una incipiente celulitis, pero nada que no se pudiese corregir con alguna crema especial. Saqué mi computador y comencé a revisar lo que las cámaras habían registrado, como tenía sensores de movimiento, no habían sectores vacíos, prontamente vi a Mariela que apenas regresaba del colegio, procedía a ducharse y a vestirse con una polera de Mauro sin prendas íntimas, estaba desnuda bajo la polera, sus senos se balanceaban sensualmente mientras se desplazaba por su cuarto, no había nada de anormal en esa primera media hora de grabación, luego Mauro entró a su habitación, sin perder un segundo, Mariela se abalanzó sobre él y comenzó a desvestirlo. Mauro batallaba por mantenerse de pie, mientras su hermana tironeaba sus ropas y las iba tirando por su cuarto, cuando quedo con sus calzoncillos y calcetines, ella se arrodilló ante él, terminó de quitarle su prenda interior y procedió a mamar la polla de su hermano, había tal voracidad en la boca de Mariela, que se intuía que Mauro estaba prácticamente siendo violado por su hermana. Jamás se me paso por la mente que era Mariela la que dirigiera los encuentros íntimos entre hermanos, siempre tuve la idea de que, en algún modo, Mauro había seducido a Mariela, el macho que persigue a la hembra. Viendo a Mauro avasallado por su hermana mayor, me hizo casi sentir un poco de lastima por mi hijo. La verga de mi hijo es muy grande y gruesa, me trajo recuerdos de mi marido, se ve que la genética de mi difunto esposo, ha sido traspasada a los genes de este mocoso, a mi aún me parece un niño, pero viéndolo en este momento follando la boca de su hermana, denota que han crecido sin que yo me diera cuenta, sobre todo su verga descomunal. Mauro con su verga erecta, hizo alzarse a su hermana y como en un rito ya acostumbrado, la beso en los labios mientras sus manos jugaban con los senos turgentes de Mariela, ella lo miró con veneración y tirándolo del pene, se lo llevo a la cama, Mauro se posicionó entre sus muslos y comenzó a lamer el chocho de Mariela. Era muy peculiar estar en cama, mirando como mis adorados hijos follaban hace unas cuantas horas, mi mano sin querer se había ubicado sobre mi sexo y mis dedos acariciaban mi clítoris, sabía que eran mis hijos, sabía que no estaba bien lo que estaban haciendo, sabía que tenía que impedir que continuaran, pero mis intenciones no eran esas, estaba casi disfrutando el ver follar a mis retoños, no había en mi la voluntad de intervenir esa relación incestuosa, me parecía mucho más importante el protegerlos de la sociedad puritana y castigadora, sabía que serían condenados por esta sociedad hipócrita y mojigata, y por supuesto yo no lo permitiría, soy su madre y los debo amparar de todo y de todos. En ese momento me puse los audífonos y pude escuchar los gemidos y sonidos eróticos que hacia mi hija mientras su coño venia lengüeteado por su hermano menor, ella le pedía más, ella lo tiraba hacia arriba y le imploraba que se la metiera en su chocho … Mauro, si no me la metes ahora mismo, seguro que moriré, y tu no quieres eso ¿verdad? … Mauro, por favor mételo ya … Mariela estaba desesperada, su chocho necesitaba la verga de su hermano, a Mauro se le veían solo los ojos detrás del pubis de Mariela, esos ojos reflejaban lujuria y deseo por su hermana, él sabía que su hermana estaba a las puertas de un orgasmo y pretendía hacerla acabar, para después follarla sin prisa y sin pausa. Mariela contorsionándose en forma descontrolada, alzaba su cabeza y la dejaba caer sobre su almohada, Mauro aferrado a sus caderas no le permitía escapar, continuaba comiéndole el coño con destreza, los sonidos y las manifestaciones del orgasmo de mi hija, me hicieron arribar también a mí a la cumbre, sin despegar los ojos de la pantalla, convulsioné en una serie de vibraciones que recorrieron mi cuerpo entero, respiraba afanosamente y acariciaba mis labios vaginales hinchados y temblorosos, mis ojos entreabiertos veían como Mauro acercaba su abultada verga a los inflamados labios del chocho de su hermana, Mariela sintiendo la penetración, arqueó su espalda, haciendo alzar sus hermoso pechos, Mauro tomó en mano uno de sus senos y lo masajeaba, provocando en su hermana temblores junto con gemidos y chillidos. Estuvieron follando casi dos horas, la vitalidad de Mauro era impresionante, su polla se recuperaba en tiempo récord, y en un par de oportunidades ni siquiera se lo sacó, continuó a follarla después de haber llenado su coño de lechita caliente, Mariela, por otra parte, muchacha insaciable, no se cansaba de ser poseída por su hermano, revolvía con sus manos a su propia cabellera rubia y tiraba de ella como enloquecida, cubría su propio rostro con sus cabellos de oro, como para ocultar su excitación y lujuria. Cuando terminaron, Mauro recogió sus vestidos y se fue a su cuarto, volvió al cabo de algunos minutos con su bata, Mariela con sus piernas abiertas y con el chocho colmo de la esperma de su hermano, era exhausta, inerte, agotada, Mauro se sentó al borde de la cama y acaricio el coño a su hermanita, Mariela profirió algunos gemidos, ella lo tiró sobre sus senos y lo beso largamente, apasionadamente, con deseos renovados … Mauro como pudo se apartó, diciendo … voy a la ducha porque de un momento a otro llega la mamá y no nos puede encontrar así … levántate y arregla tu cama que está hecha un desastre. Mariela desnuda hizo lo que le había pedido Mauro, ordenó su cama y después se acicaló un poco, sus cabellos en desorden parecían no haber sido cepillados ni peinados, de repente la vi correr hacia su puerta y cerrarla, me di cuenta de que ese era el preciso momento en que yo regresaba a casa. Me levanté para lavar un poco mi coño empapado después de mi orgasmo, volviendo a la cama, saqué mi consolador de mi mueble de noche y mirando por una segunda vez la grabación de mis peques, procedí a procurarme otro maravilloso orgasmo, concentrada en la visualización de la polla de mi hijo, de su tamaño y su potencia, hice algunos zoom y me pareció igual a la de su padre, con más fuerza follé mi coño, Prácticamente toda la semana, estuve asistiendo a las diarias folladas de mis retoños, me calentaba ver la exuberancia de mi hijo y la fecunda lujuria de mi hija, dos bellos cuerpos adolescentes dados al sexo pleno, como mujer puedo entender a ambos, sin justificarlos, pero una hembra como mi hija, voluptuosa y sensual, no puede pretender menos de lo que mi hijo le puede ofrecer en la cama, los vi felices, los vi vigorosos, los vi ardientes, el sexo tórrido de sus encuentros me hacían solo recordar a como había sido yo a esa edad. Mi última reunión con Claudio fue el jueves sucesivo, había logrado mis objetivos, antes de recibirlo pedí a mi asistente que no me pasara llamadas de ninguna índole, Claudio lucia impecable en su traje, su esencia varonil y su aroma exquisito estimularon mis sentidos de hembra, fui derechamente sobre él, puse mis manos sobre sus hombros y lo atraje hacia mí, lo besé, un beso inmediatamente lascivo, mi lengua encontró su lengua y la sedujo en una danza sensual, Claudio se posesionó de mis caderas y me apretó contra sus pectorales, lo hice sentar en el sillón y puse sus dedos en el de mi falda, prontamente Claudio desabotonó el botón y bajo el cierre, haciendo deslizar mi falda hasta mis tobillos, levante sensualmente mis piernas una a la vez, quedando al descubierto mis bien orneadas extremidades envueltas en medias azules, sujetadas por mi liguero y sobre ello mi tanguita también de color azul, Claudio fascinado no despegaba sus ojos del triángulo que cubría mi chocho afeitado el día anterior. Mi top voló por los aires, exponiendo mis senos sostenidos por un sujetador azul que hacía juego con el resto de mi ropa interior, él inmediatamente rodeó mi espalda y liberó mis pechos, el frio aire acondicionado de la oficina hizo endurecer mis pezones, la tibia lengua de Claudio, se hizo cargo de devolverles la temperatura, me mamaba los pechos y mordisqueaba mis pezones, mis gemidos enviaban señales cifrados a la polla de Claudio que se endurecía bajo sus pantalones, mi mano sentía sus latidos, luego de hacerlo poner de pie, comencé a tironear de sus pantalones, me parecía a mi Mariela tironeando los pantalones de su hermano. Desnudé rápidamente a Claudio y tomé su polla en mi boca, acaricié su cojones aterciopelados, sus muslos atléticos me excitaron aún más, masajeé su verga y testículos con mis senos, me levanté, me quité mi tanguita y me senté a horcajadas sobre él, guiando su polla al interno de mi chocho mojado, se deslizo como un pistón en su camisa oleada, suavemente comenzó a follar mi coño de suave pana. Su golpes ligeros y suaves no me motivaban en la forma en que yo quería ser follada, así que me levanté y me recosté en el sillón, Claudio se acomodó un poco y volvió a penetrarme, esta vez con más fuerzas, sus golpes aumentaron de intensidad, ahora lo sentía llegar profundamente, los músculos de mi vagina trataban de aprisionar su verga e incrustarla en mis carnes lujuriosas, lo deseaba, debía saciar este apetito que mi cuerpo sentía por él, me hacía sentir el calor de su polla y los pliegues rosados de mi coño salían arrebujados alrededor de su pene, que sensación más fabulosa. Claudio me besaba en la boca, el rostro, mis orejas, mi cuello, mi frente, su legua jugaba con los lóbulos sensitivos de mis orejas, me hacía erizar en fuego, me hacía salvajemente hembra, me estaba portando a esa dimensión exquisita que solo las mujeres conocemos, porque nuestros orgasmos son capaces de transportarnos en el espacio-tiempo, el mundo entero desaparece cuando esas oleadas van y vienen, cuando tiramos de nuestro hombre, cuando lo envolvemos con nuestras piernas vibrantes, cuando se nos escapan gemidos y sollozos, cuando gritamos y chillamos, cuando nuestras uñas se clavan en las carnes del macho, cuando llega el nuestro orgasmo. Acabamos juntos, su pene pulsaba al ritmo de mis contracciones, mi chuchita exprimía las ultimas gotitas de su manjar, Claudio, al igual que yo, respiraba por la boca tratando de recuperar su aliento, yo no soltaba mi abrazo de sus espaldas y mis piernas lo aferraban con firmeza a mi cuerpo, mi bajo vientre danzaba alrededor de sus cojones. No teniendo una ducha a disposición, nos limpiamos con toallitas húmedas, nos vestimos, nos besamos y sonreímos, luego nos sentamos a mi escritorio y finiquitamos su trabajo, me agradeció y me dejo su tarjeta de visita por si tuviera que recurrir a sus servicios o recomendarlo a terceros, luego caballerosamente beso mi mejilla y salió de mi oficina. Ahora en mi soledad, volví a preguntarme ¿Qué hacer con toda esta información?, en realidad no tenía del todo claro que hacer, por supuesto que debía intervenir, pero no sabía cómo hacerlo, era tal la fogosidad de mis adolescentes, era tal el empeño que ponían para satisfacerse mutuamente, había mucho más que sexo, había afecto, pasión, complicidad, ni siquiera me turbaba ya el hecho de verlos desnudos follando como pareja, su cuerpos despojados no solamente de sus vestidos, sino también sus almas y espíritus estaban en consonancia, había tal entendimiento en su accionar, se pertenecían el uno al otro, había una unión fuerte entre ellos. Mis Hijos eran y son muy bellos, Mauro muy semejante a su padre y Mariela, ella es casi una fotocopia de mi a su edad, los confrontaré y juntos encontraremos modo de solucionar esta situación un poco bochornosa, más mientras más analizaba el todo, menos vergonzoso lo encontraba, El domingo después de almuerzo, le dije a los chicos de quedarse en casa porque tenía que mostrarles algo, se miraron un poco extrañados y dijeron que no tenían planes para salir. Los llame al salón donde tenemos una Tv con mega pantalla y con USB, los hice acomodar y procedí a insertar la primera pendrive, aparecía Mariela cambiándose sus vestidos de colegio, Mariela se llevó las manos a la boca e intento levantarse, quédate ahí jovencita y no te muevas, le dije con tono alto y autoritario de mamá, Mauro hundió sus hombros en su cuerpo empequeñeciéndose en el sillón y quedando en silencio, miramos casi una hora de diferentes situaciones acaecidas en el cuarto de Mariela. Mariela fue la primera en hablar, pero mamá esta riquísima, la verga de mi hermano no tiene iguales, no hay nada que negar, tú nos tienes en tus pendrives y debiste preocuparte un poquito más de nosotros. Mauro y yo nos cuidamos. Yo con el programa del colegio, estoy tomando la píldora desde hace tres años, así que no corremos riesgo de embarazos ni nada de eso, además, con todas las enfermedades que hay hoy en día, el sexo en casa es lo más seguro que hay, después tanto Mauro como yo, sabemos que esto no es para siempre, en un determinado momento, encontraremos parejas y formaremos nuestras familias. Era un sólido argumento, no lo puedo negar, pero el hecho en sí no podía concluirse en modo tan simple, yo soy vuestra madre, me he siempre ocupado de no hacerles faltar nada, los he criado con afecto, con respeto, traté de inculcarles solidos principios, pero me doy cuenta de que he fallado, considero que no es justo que me oponga a vuestras relaciones, pero tengo que pedirles encarecidamente que reflexionen y comiencen a concluir con esta relación anormal. Mariela se levantó y dijo, pero mamá porque no nos dejas y te unes a nosotros, muchacha tu estas loca, dije intempestivamente. Pero mamá, ¿desde hace cuánto tiempo que no tienes un novio? mamá, te pido solo que tu reflexiones sobre lo positivo y negativo de mi propuesta, es más seguro, lo tienes en casa todas las veces que quieras y de verdad es que es riquísimo. Después de haber visto toda la lujuria grabada en los pendrives, mi chocho inundaba mis bragas, mi cabeza era un torbellino, sentías deseos, mi coñito palpitaba. Mariela, muy lista ella, advirtió mi lucha interior, hizo alzar a su hermano Mauro y lo trajo delante a mí, luego procedió a bajar el cierre de sus pantalones, saco la verga de Mauro, la tomó en sus manos diciéndome, ¿has visto una cosa más perfecta que esta? – mira cómo es bella, aún no está erecta, pero espera un poco. Así diciendo, bajo los pantalones de Mauro a sus tobillos, se arrodilló de frente a él y cerró sus labios alrededor de la pija semi erecta de su hermano, él cerro sus ojos y se entregó a las caricias de su hermana, pronto Mauro tenía su pene de más de veinticinco centímetros full erecto y brillante con la saliva de Mariela, ella me miró y vio que mi boca estaba entreabierta y mi lengua humedecía mis labios, con una sonrisa franca me dijo, prueba mamá … prueba … no pude resistirme, era de verdad un espectáculo extraordinario, su polla estaba dura, palpitante, se veían las gruesas venas azulinas que recorrían toda la longitud de ese miembro masculino, mi boca se cerró en torno a su pene y mi lengua dibujo círculos en su glande enorme que llenaba toda mi boca. No tenía dudas, él era fotocopia de mi difunto marido, ahora estaba disfrutando la verga de mi hijo, mientras mi hija me miraba con un sentido de dignidad y admiración, éramos tres y seguiríamos siendo tres, pero nuestra relación sería más próspera y sincera, Mariela se acercó a mí y tomando mi cabeza, me impulsaba a chupar la polla de mi hijo, después comenzó a desvestirme, me preparaba para ser follada por mi hijo, cuando quedé sin sujetador, Mariela puso la verga de Mauro entre mis tetas, estaba tan caliente, que ser dirigida por mi hija, más me calentaba. Mauro me tomó de la mano y me condujo al dormitorio de Mariela, me recostó sobre la cama y haciéndome alzar los muslos, enterró su cabeza en mi coño, Mariela se metió debajo de él y engulló su pene, yo veía como las mejillas de Mariela se deformaban al ser penetrada repetidamente por la verga de Mauro, ella estaba gozando, Mauro estaba gozando y yo gozaba por la atención de mi hijo a mi chocho, y ver a Mariela chupando frenéticamente el asta de mi hijo. Mauro se movió hacia arriba y mirándome fijo a los ojos, deslizo lentamente su verga hasta el fondo de mi chochito, esa primera penetración duro una eternidad que me hizo convulsionar en un primer orgasmo, después comenzó a follarme de verdad, tal como hacía su padre, la punta de su polla tocaba mi cérvix, me hacía gritar, me hacía gemir, me hacía apretarlo contra mi pecho, cerré mis ojos y me entregué a su lujuria, que era mi lujuria también. Acabó dos veces dentro de mí y nunca se detuvo, me hizo gritar con otro orgasmo y me llevo al borde de un tercero, ahora tenía mis pechos en sus manos y se había doblado en tal forma que chupaba mis pezones, sus penetraciones enérgicas me estaban haciendo temblar otra vez, no quería arañar sus espaldas, pero si continuaba así no podría contenerme, gritaba escondiendo mi rostro en su cuello, se alzó por un instante y miró mi desesperación, después cubrió mis labios con los suyos y mi cuerpo se entregó a un estremecimiento gigantesco, su lengua hurgueteaba mi boca, me estaba haciendo suya de verdad, me tenía hasta con el alma aferrada a su pene, mis extremidades se contraían, me estaba revolcando de placer bajo la verga de mi hijo. Los gemidos de Mariela me trajeron a la realidad, ella se contorcía al lado mío, con su chocho lleno de su juguete rojo, también había logrado desahogarse, Mauro daba sus últimos embates y volvía a regalarme su semen filial, me sentía bien, me sentía feliz, me sentía madre, me sentía amante y amada.

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

Leer relato »
NARCOSXXX

Marco y yo.

2021-02-05


Había un sentido de morbo gigantesco en mí, me sentía aturullada, no era yo la que estaba sintiendo estas sensaciones salaces, soy una mujer cuerda y muy cuidadosa de mi moralidad, no podía ser más que una mala jugada de mi mente, seguramente luego me pasaría y no volvería a sentir ni a pensar en estas atrocidades, soy una mujer adulta y muy responsable de mis acciones, jamás me he permitido libertinajes ni tampoco que alguien se sobrepasase conmigo de ninguna manera, no podía ser de otra manera, soy madre y no podía pensar en el maravilloso, duro, grueso y largo pene de mi hijo que acababa de ver esta mañana mientras se duchaba. Marco mi hijo, tiene apenas diecisiete añitos, es todavía un niño, es mi niño, siempre lo he protegido y me he dedicado con cuerpo y alma a criarlo, yo soy Magda, tengo 34 años, soy enfermera profesional, de siempre me he dedicado a él, su padre es un hombre casado con el cual tuve un desliz y que ni siquiera sabe que me embarazó, cuando quedé preñada me aleje de él y no lo volví a ver jamás, aunque si él vive aquí en esta misma ciudad, pero un sector lejano al mío. Yo no me considero una mujer frívola ni mucho menos de temperamento caliente, desde que me embaracé siempre me he mantenido soltera y sin pareja, al menos no parejas estables, si había mantenido unos cuantos compromisos puertas afuera con algún hombre, pero siempre sin obligaciones ni amarres, me sentía con la responsabilidad de criar a mi hijo sin padre adoptivo, así lo hice y me siento orgullosa de haber criado y educado a mi retoño en el mejor de los modos. Marco ha sido hasta el día de hoy un hijo ejemplar, buen estudiante, hacendoso y colaborador en casa, nunca me ha dado problemas serios, como todo joven adolescente algunas veces se excede en algunas conductas, pero esta siempre llano a escucharme y obedecerme. El hecho es que esta mañana yo lo sentí cuando se recaba al baño para su ducha diaria, luego lo escuché cuando salió y se dirigió a su pieza, no lo escuché por estar al teléfono cuando el regresó al baño, así que entré despreocupada al baño para secar el piso que él a veces deja todo mojado, quizás no me sintió cuando abrí la puerta, solo sé que lo vi a través del vidrio fumé de la ducha, lo vi con su miembro en mano y que lo movía frenéticamente, mi hijo adorado se estaba masturbando, quedé como hipnotizada, no podía moverme, me subyugaba esa visión, me llenaba de ternura ver a mi hijo convirtiéndose en hombre, pero también sentí eso que sentimos las mujeres cuando nos excitamos, mis pezones se endurecieron y mi vagina comenzó a secretar fluidos, cerré la puerta del baño y me encontré mordiéndome el labio inferior … ¡oh mi dios! … es mi hijo … no puedo … no debo … pero mi maldito cuerpo me hacía sentir cosquillitas y humedecí mi ropa interior. Con un sentimiento de culpabilidad enorme mi día continuó, pero cargaba una cruz que me pesaba y mucho, esa imagen de mi hijo me perseguía, me torturaba, fustigaba mi conciencia, pero lo peor es que no dejaba de humedecerme, hasta me pellizqué los pezones más de un par de veces, esa noche me toqué y me encontré bañada, una sensación que pensaba erradicada de mi cuerpo volvió a provocarme, hacía años que no me tocaba, quizás cinco o seis, el deseo carnal estaba martirizándome y no pude rehusar cuando mi chochito se abrió de par en par y permitió a mis dedos que me causaran un orgasmo salvaje y animalesco, me revolqué en mis sabanas con la imagen del pene de mi hijo. Las noches de autoestimulación se repitieron y como vía de desahogo encontré casi plausible el provocarme estas sensaciones casi olvidadas, mi cuerpo me reclamaba noche a noche y el único modo de lograr conciliar mi sueño reparador era con mis dedos chapoteando en el charco de mí sexo, estaba sintiendo ansias carnales, pensé que quizás si me acostaba con alguno de los que usualmente se insinuaban y me acosaban, sería la solución definitiva, así que salí con José el anestesista del pabellón, tenía un buen paquete y lo sabía utilizar bastante bien, funcionó por un par de veces, pero cada vez que me corría lo hacía con la imagen de esa vergota dura, gruesa y larga de mi hijo. Mis orgasmos me llevaban a los sollozos, mi pareja del momento se preocupaba y quería saber si yo estaba bien, si me sucedía algo, si me había hecho daño y se deshacía en preguntas que terminaban por molestarme porque las respuestas las sabía solo yo y no podía revelarle que todo había sido muy bello, pero que todos los estremecimientos que había experimentado eran porque mi subconsciente estaba plagado de figuras del pene duro, grueso y largo de mi vástago. Me acosté con varios de mis compañeros, estaba de boca en boca como la “facilona” del hospital, cosa que me molesto bastante así que di por terminada esa fase y volví a mis masturbaciones, al menos no tenía que dar explicaciones a nadie, pero en casa cuando me topaba con él, no podía dejar de mirar de reojo sus entrepiernas. Al momento de lavar su ropa interior me llevaba a mi nariz la prenda antes de tirarla dentro la lavadora, y si tenía una manchita de lefa era capaz de llevármela a la boca … ¡oh mi dios! … estoy loca, estoy loca por él. Ya habían pasado varios meses y esta absurdidad se había hecho una costumbre, una mala costumbre, pero ya no me escandalizaba estar pellizcando mis pezones endurecidos, con el culo en aire y tres o cuatro dedos en lo profundo de mi chocho, para revolcarme por unos minutos maravillosos y adormecerme con el miembro duro, grueso y largo de mi pimpollo. Terminando el año, programamos de tomar dos semanas de vacaciones a la playa, pensé que sería una buena idea volver a lo que hacíamos en el pasado, me parecían tiempos tan remotos y lejanos, pero en mi desesperación me parecía lo correcto y lo que ayudaría a placar mis apetitos perversos, viéndolo a cada minuto a mi lado, sería como un aglutinamiento y por ende un desahogo a estas ansias represas y mis cochinos y pervertidos pensamientos serían opacados para siempre, pudiendo finalmente retomar la vida de madre-hijo que corresponde. La semana antes de partir me fui a comprar un traje de baño, elegí un bikini blanco que resaltaba el color claro de mi piel y otro rosado que me gustó la hechura, también aproveché de renovar un poco de mi lencería, compré un par de neglige transparentes con tanguitas del mismo color, unos sujetadores del mismo género traslucido y unas batas cortas muy coquetas, las compras calmaron un poco mis ansias. Partimos un viernes después de almuerzo, yo conducía el auto y mi niño era mi copiloto, él se encargaba de la música y me ayudaba a estar atenta con las señaléticas y me entretenía con su conversación amena y divertida, me estaba sintiendo una madre con su hijo al fin, realmente me estaba quitando un peso de encima, contentísima por mi excelente idea, había hasta comenzado a tararear algunas conocidas canciones, me sentía finalmente como una madre normal en compañía de su hijo adolescente. Me hacían sonreír sus historias del colegio, la temperatura del coche comenzó a subir y bajamos un poco la velocidad para bajar las ventanillas del vehículo, fue entonces que me hijo comenzó a tirarse para arriba sus shorts y comencé a ver sus piernas musculosas con todos esos vellos obscuros y esa piel canela, suspiré sonoramente y me di cuenta de que mi chocho reaccionaba a la vista de las peludas piernas de mi bambino. Guardé silencio por el resto del viaje, llegamos a buena hora y nos acomodamos en la cabaña que habíamos rentado, teníamos cuartos separados pero un baño en común, también una cocina-comedor en un ambiente, el arredo de la cabaña había sido hecho con buen gusto y con accesorios de calidad, a mí y a mi hijo nos gustó. La primera noche, él se bañó primero y salió con su bata blanca de genero de toalla y se sentó a mirar televisión, yo me desvestí en el baño y me di cuenta de que mis calzoncitos estaban empapados, me sentía sucia, me sentía con una carga de culpabilidad encima, otra vez habían regresado a mi mente los pensamientos concupiscentes, volvían a mi mente la figura de su pene duro, grueso y largo. Salí del baño con mi bata cortita que me cubría justo a la convergencia de mis torneados muslos, Marco me miró de soslayo mis entrepiernas y luego trato de concentrarse en la pantalla de la televisión, halagada me senté casi frente a él y entrecrucé mis piernas, él no pudo evitar de mirar mis muslos casi fijamente, descubriéndome y desnudándome con su tierna mirada, mi morbo se manifestó cuando abrí descaradamente mis piernas para entrecruzarlas en el sentido contrario, seguro que me vio la hendedura de mi chochito, tuvimos una anodina conversación y luego me alcé y me fui a mi cuarto, caminando coquetamente, mi hijo no despego sus ojos de mi hasta que entré a mi dormitorio. Me recosté en mi cama y toqué mi chochito, estaba encendida, mi piel entera ardía, me volví a sentir cochambrosa, pero ya no me importaba, me sentía mujer, había sentido los ojos de mi hijo sobre mi como hembra, recostada boca abajo, puse una almohada entre mis muslos los apreté y con tres de mis dedos me refregué mi clítoris desenfrenadamente hasta que me corrí con quejidos y gemidos, sintiendo que mi orgasmo lo debía a él, era por él. El día siguiente nos fuimos a la playa temprano, nos ubicamos a metros de las olas y yo me saqué mi pantaloncito y remera, mi niño me miró de pies a cabeza y por segundos se detuvo en mi chocho y mis tetas, le pregunté … ¿te gusta lo que ves? … ¡oh! mamá, estas muy linda y era mucho tiempo que no te veía en traje de baño … y sí me gusta lo bien que te queda ese bikini … pareces mucho más joven … eres hermosa mamá … no me esperaba recibir tantos cumplidos por parte de mi hijo, me ruboricé como una colegiala … ¡oh! mi niño … lo dices porque soy tu madre … te lo agradezco, amor mío … ahora ve … ve a bañarte … se sacó la sudadera y corrió a zambullirse en el oleaje. Estiré las toallas sobre la arena y me recosté boca abajo a tomar el sol, luego de un rato me sentí observada, había un hombre joven que me saludó y trató de entablar comunicación conmigo, después de todos los halagos de mi retoño, me sentía adulada de atraer a otros machos, llego mi hijo mojado y me preguntó si estaba siendo molestada, le dije que no, pero el tono de su voz hizo que el muchacho se alejara saludando con la mano y excusándose con mi hijo. Contigo a mi lado no necesito un marido que me proteja … le dije … ¡oh! mamá estas tan linda que de seguro habrá muchos jotes que querrán picotear esa sabrosa carne tuya … me volví a sonrojar como una quinceañera, este hijo mío se las trae, pensé, me pareció muy lindo de su parte, no me sentí como su madre, me hacía sentir mujer, segura y protegida por su macho. ¿Quieres que te espalme un poco de bronceador, mamá? … sí hijo, por favor, que el sol se empieza a sentir más fuerte … Marco rápidamente me embadurno la espalda y luego los muslos, me gustaba sentir sus manos veloces en mi piel, sin malicia ni picardía, sin segundas intenciones, se sentó sobre mis muslos, un brazo a la vez, me los tiro hacia atrás y los embetunó con bronceador, luego me dijo … no te vayas a levantar, mamá … me desató el sujetador del bikini y volvió a impregnar mi espalda con el bronceador, rápidamente volvió a amarrar mi sujetador y se recostó a mi lado … con una vos de decepción, le dije … ¿y eso sería todo? … ¿ya te cansaste? … ¿quieres que te espalme por delante también, mamá? … sí mi niño, completa tu trabajo y haz que me relaje … Marco se puso a mi lado y comenzó desde los pies, yo me cubrí el rostro con un sombrero de sol para darle toda la libertad de que no iba a mirar lo que él me haría, sus fuertes manos masajearon mis piernas y muslos, a ratos se detenía para echarme más bronceador y continuaba con su enérgico masaje, inevitablemente sus manos se metieron entre mis muslos y rozaron el pequeño calzón de mi bikini, menos mal que el sombrero cubría mi rostro, porque tenía mi boca entreabierta y humedecía mis labios lascivamente con mi lengua, mi respirar se hacía afanoso y estaba combatiendo una guerra para no menear mi zona pélvica, sentí un chorro de bronceador en mi vientre y se me escapó un gemido, pensé a un chorro de su esperma sobre mi barriguita, él masajeo mi vientre y sus dedos se metieron bajo mi bikini y estoy segura que sintió mis vellos púbicos. Continuo su masajear por mis caderas, mis costados y luego más arriba, mis escote y la hendidura de mis tetas, mis hombros, después con cautela me levantó el sombrero, la luz cegó mis ojos, me dijo … mamá estas toda roja, deberías untar tu rostro con bronceador … el protector solar te protegerá … me sentí azorada, un poco turbada, mi hijo estaba mirándome a la cara, el rostro de una mujer con la almejita hirviendo, excitada y caliente, afortunadamente él no se dio cuenta. Me esparcí un poco de bronceador en mi cara y fui a refrescarme un poco en las cálidas aguas mediterráneas, mi chocho me lo agradeció tremendamente, también pude disimular la humedad incipiente en mi bikini. Volví al lado de mi hijo chorreando agua … hijo, ¿quiere bronceador? … sí, mamá … méteme un poco de protector … me monté sobre los peludos muslos de mis hijo, mi piel sensible sentía cada uno de esos pelos haciéndome salaces cosquillas, mi entrepierna estaba sobre sus poderosísimos glúteos, masajeé su recia espalda, hombros, me detenía a palpar la fuerza y energía que emanaba el cuerpo de mi hijo, era un formidable ejemplar de macho, mi chocho rozaba su glúteo derecho y afortunadamente mi bikini estaba húmedo de antes. Me deslice más abajo y masajeé la parte superior de sus muslos, creo haber tocado sus bolas portentosas, su grueso pene se delineaba escondido bajo su cuerpo, me hubiese gustado darle vuelta y bajar su traje de baño para engullir esa carne dura, pero entre ahogados suspiros continué masajeándolo hasta sus pies … hijo, gírate para echarte por delante … no mamá, luego lo haré yo mismo … gracias, mamá … imagine la pija de mi hijo en erección, por eso no se quería voltear, quizás este durísima y goteando semen, pasé mi lengua por mis labios, imaginando su esperma en mi boca. Estuvimos en la playa hasta que el sol se puso demasiado fuerte, nos fuimos a la cabaña y mientras él se bañaba yo preparé un almuerzo, Marco salió del baño envuelto en una toalla y se notaba una protuberancia considerable en la parte delantera, volvió a mí la imagen de la dura, gruesa y larga verga de mi niño como la primera vez que se la vi, un cosquilleo recorrió todo mi cuerpo y junté mis muslos estrechamente. Me fui a la ducha y lo primero que hice fue masturbarme, era tanto el deseo acumulado que me bastaron pocos minutos para obtener un desahogo que me hizo estremecer, sacudirme con maravillosas oleadas orgásmicas, me coloqué un pantalón corto de yoga sin bragas y una remera blanca con malla en mis hombros y hasta la hendidura de mis senos, la sonrisa y mirada de mi hijo me hicieron sentir halagada una vez más. Almorzamos y luego de lavar los platos con la ayuda de mi hijo, este se disculpó y dijo que se iría a su pieza a chatear con sus amigos, yo me sentía algo cansada así que me fui a mi dormitorio a dormir un poco, después de tanto estimulo y excitación me sentía agotada. Me levanté con la boca seca, así que me fui a la cocina para servirme alguna bebida fresca, de la pieza de mi hijo venían algunos quejidos suaves y su cama crujía un poco, me acerque y la puerta estaba entreabierta, mi hijo estaba sobre la cama desnudo con los audífonos puestos y la mirada fija en su portátil viendo porno, se estaba masturbando, no lograba ver su polla porque su cabeza se interponía en la visual, sin hacer ruidos me acerque un metro o poco más, pude ver finalmente esa dura, gruesa y larga polla que él movía con parsimonia y a ratos más rápido, me quedé inmóvil y metí mis dedos sobre mi botoncito, me estaba pajeando junto a mi bebe. Sentí la pesada respiración de Marco en aumento, sabía que estaba por correrse, aumenté el refriegue frenético de mi sexo, quería correrme con mi hijo, en la pantalla había una bella actriz madura follando con una muchacho joven, mi retoño aumento la velocidad de su mano y casi dejo caer su computador mientras chorros de semen aterrizaban en su vientre y pecho, rápidamente salí de su cuarto y me fui a la cocina, una vez allí dejé caer por tierra una vasija plástica tanto para causar ruido. A minutos Marco apareció en la cocina, se acercó a mí por detrás y me dio un beso en la mejilla, tomó un poco de bebida de mi vaso … ¡hola, mamá! Me voy a refrescar pues siento mucho calor … así diciendo siguió de largo hacia la ducha, mí sensible nariz percibió el olor a juvenil semen de macho, no pude resistir y toqué mi chocho frenéticamente hasta sentir el postergado orgasmo … ¡oh mi dios! … ¿por qué me lo haces tan difícil, señor mío? pensé, afirmándome con mis tembleques piernas a la mesa de la cocina. Marco volvió vestido y con su fascinante y dulce sonrisa me dijo … mamá porque no te arreglas y vamos a dar un paseo, la tarde está invitante, ya no hace tanta calor … sí hijo, tienes razón, está agradable como para salir a estirar las piernas … me fui a cambiar y me puse un mini vestidito amarillo que hacía resaltar mis bronceadas piernas, un par de sandalias con tacón medio y una chupalla playera del año pasado, mi hijo cuando me vio se le iluminaran sus ojitos, me tomó una mano y me hizo girar … mamá estás preciosa, con una mujer así a mi lado es para lucirme … ¡oh, hijo! … que dices, son solo prendas del año pasado … ¡entonces mamá eres tú la que estás cada vez más linda que nunca¡ … volví a sentirme como una adolescente a su primera cita con su novio, quería abrazarlo y besarlo. Estuvimos girando, charlando y riéndonos de todo, Marco me tomó de la cintura en señal de posesión y yo me sentí poseída por mi hijo, deseaba sentirme así como la pareja de él, me parecía como la luna de miel que jamás tuve, había una maraña de sentimientos encontrados que me advertían que mi juego era peligroso, pero a su vez las sensaciones que él me regalaba, me hacían estremecer y me hacían apasionar, era como una codicia por su amor de hombre, sus fuertes manos me portaban en el aire, caminaba junto a él como en una burbuja, su esencia de joven macho me perturbaba y me hacía desearlo, era el fruto prohibido y quería darle una mascada, probar su gustillo intoxicante, Nos retiramos a nuestra cabaña prácticamente abrazados como una joven pareja, él me estrechaba a su cuerpo y yo me moría de placer al sentirme entre sus fuertes brazos, hasta un par de acallados gemidos me sacó, a cada momento lo deseaba más, nos bebimos una cerveza compartida y al darle el besito de buenas noches el giro su rostro y termine besando la comisura de sus labios, me pidió excusa y él beso mi mejilla y me deseó buenas noches, pero el roce de sus labios me dejó más turbada aún. Quería acariciar todo mi cuerpo electrizado, quería sentir sus manos sobre mí, me desnudé completamente y refregué mis tetas contra la áspera colcha de la cama, con mi solida almohada entre mis muslos mis manos se perdieron entre los húmedos labios de mi chorito y comencé a procurarme placer hasta que convulsioné en un esplendoroso orgasmo, me cubrí con una manta y con mi culito levantado me adormecí. Todavía el sol no salía, pero estaba amaneciendo, me levanté al baño y el sonido de los muelles de la cama de Marco me llamaron la atención, yo sabía perfectamente de que se trataba, mi vástago se estaba masturbando, una mañanera sonreí pensando, su puerta entreabierta era una invitación perversa, en punta de pies corrí hacía allí, la escena era similar a la tarde anterior, Marco con su laptop a un lado, con audífonos viendo pornografía, el morbo volvió a ganármela y lo observé con mis muslos apretados hasta que disparó sus chorros de lefa sobre sí mismo, era terriblemente adictivo el ver como mi hijo de corría, la boca se me hacía agua, ver ese semen que volaba en el aire, me escapé hacia el baño y luego a mi dormitorio, Me tiré sobre la cama con mis piernas abiertas de par en par, con mis dos manos me abrí los labios de mi vagina y comencé a introducir dos dedos, luego cuatro dedos y estiraba mis carnes rosadas tratando de procurarme placer, necesitaba aplacar mis deseos de verga, esos deseos de una polla dura, gruesa y larga, como la de él, mi hijo. Estaba masturbándome desenfrenadamente, necesitaba ese desahogo, me corrí como una guarra, como una puta caliente, como una ninfómana, lanzaba jadeos y gemidos mientras me revolcaba lujuriosamente, abrí mis ojos y a los pies de mi cama estaba él hipnotizado con la vista de mi chocho desnudo, me cubrí jadeante, balbuceante traté de proferir alguna palabra cuerda, pero solo me salían jadeos y mi lengua que acariciaba mis labios. Después de un minuto o dos … excusa hijo … umh … soy mujer y necesitaba este desahogo … ven siéntate aquí … Marco se sentó a mi lado y miraba todavía el sector de mi zona pélvica … ¿tienes novia verdad? … no, mamá, no tengo … ¿pero has tenido ya relaciones sexuales? … no, mamá … en el mejor modo que pude le explique lo que había visto, que no era nada de extraño ni malo, son cosas que sienten tanto hombres como mujeres, no le dije que lo había visto masturbarse, pero me pareció que entendía perfectamente de que le estaba hablando … mamá, no estoy turbado … eres la primera mujer que veo totalmente desnuda y ha sido maravilloso verte en esta forma … eres tan hermosa, mamá … la dura, gruesa y larga pija de mi hijo era evidente, tenía una erección a mil bajo su pijama. Estaba tan caliente todavía que mi mano se alargó a su muslo derecho y con la punta de mis dedos toqué su polla, me estremecí toda, mi hijo no dijo una sola palabra, pero se recostó a mi lado, se veía el bulto de su verga dura, gruesa y larga, le acaricié esa mole de carne por largo rato, no volaba una mosca, había un silencio de capilla, casi religioso, mi mente era un torbellino y mi cuerpo un volcán … ganó el volcán, metí mí mano en la banda de sus shorts y un glande rabioso de su encierro venía liberado, sereno y estoico se erguía ante mí, bajé totalmente la prenda y los otros 18 centímetros salieron libres, sus cojones descansaban en medio de sus muslos. Estuve contemplando largo rato el fruto prohibido, mi hijo me miraba como orgulloso de su miembro erecto, me senté en mis talones a su lado, Marco no dejaba de mirarme los senos con sus ojos atrevidos, procaces, impúdicos, me sonrojé ante la ávida mirada de mi hijo, mi desnudez lo turbaba, yo su madre le estaba procurando lascivia y lujuria, me sentí un poco puta, pero yo lo quería más que a nada, no iba a renunciar ahora, en mi mano palpitaba la virilidad de mi niño y necesitaba un desahogo urgente al igual que yo, su polla en mis manos era realmente dura, gruesa y larga, tal como las imágenes grabadas a fuego en mi retina. Hice para atrás su prepucio carnoso y suave, inclinándome para mamar su ardorosa polla, el olor a macho joven intoxicaba mis sentidos, quería saborear su semen, con ardor y pasión, engullí su glande bruñido, mi lengua probó el pequeño orificio y el sabor de semen fresco llegó a mi paladar, envolví esa carne purpurea con mi legua y comencé a lamer todo entorno, poco a poco lo hacía penetrar en mi boca tibia, Marco se había acomodado y gozaba con sus ojos cerrados. La tentación hecha carne estaba en mi mano y yo veía esas venas azulinas que estaban henchidas todo al largo del pene venoso, sus latidos se sentían en las yemas de mis dedos, mis labios cerrados que viajaban de arriba abajo por esa asta gloriosa, lo mamé por una decena de minutos acariciando sus cojones suaves como de felpa, pero esa pija la quería por todos mis orificios, por mis tetas, por mis muslos, por mis nalgas, esa pija era mía y de nadie más. Que pene más hermoso tienes, hijo mío … ¿te gusta, mamá? … esta preciosa esta polla tuya, mi niño, y no para de crecer … es por ti, mamá, tú me la pones de ese modo … ¡oh! niño mío, no terminas de halagarme, ¿eh? … no, mamá, te deseo porque eres la mujer más hermosa de mi vida y estoy así por ti … Mi hijo estaba encendido, caliente por su madre, yo no dejaba de lamerlo, chuparlo, baboseando toda su pija, sentí cuando sus pierna se tensaron, su dura, gruesa y larga polla fantástica descargaba borbotones de lefa tibia en mi boca, mi cara, mis parpados y finalmente empapaba mis tetas con una sustanciosa acuosidad que revestía todas mis redondeces y fluía hacia mi vientre, el semen de mi niño estaba todo sobre mí. Su enhiesto pene continuaba duro, grueso y largo, me senté a horcajadas en su regazo y apunté su ariete contra mi vagina, fácilmente se introdujo en mi interior causándome temblorcillos de puro placer, estaba enardecida con su polla a medio camino de mi chuchita, empecé un movimiento de sube y baja haciéndolo entrar de a poco cada vez más, ¡oh! cariño métemela toda … es tuya mamá … es toda tuya, mamita … Fue una follada delirante, estábamos como locos, poseídos por algún trastorno, la calentura del momento era frenética, nos besábamos, nos acariciábamos, nos decíamos frases dulces, nos mordíamos, el me enterraba su pija dura con violencia inaudita, luego se calmaba y yo lo tironeaba para que me la diese con más fuerza, me hacía gritar y gemir, mis piernas estaban tiesas hacia atrás mientras forzaba a mi pelvis contra su vello púbico, lo amaba, estaba carnalmente con mi hijo, estábamos gozando de nuestros sexos como recién casados en luna de miel, ya no nos podíamos detener, ya no queríamos detenernos, ya no había nada ni nadie que pudiese obstaculizar nuestro amor. Me corrí dos veces con su verga bendita, el mordía mis pezones y se corría dentro de mi chocho, pero no lo sacaba, continuaba a darme clavadas infinitas volvía a endurecérsele y me seguía cogiendo con vigor, jamás nadie me folló de esta manera bestial, totalmente animalesca, con tantos bríos que se renovaban después de cada orgasmo, mi cuerpo estaba como poseído, las descargas de su semen me inyectaban energías nuevas y lo buscaba para que me diera más y más. Después de un tiempo maravilloso e infinito, Marco al parecer llegó a su límite, descargando otra rociada de semen en mis abusadas carnes, lanzó un grito y se desplomo sobre mí, jamás sentí un peso más hermoso sobre mis senos, los pectorales de mi propio hijo que respiraba entrecortado y trataba de besar mis orejas, se sentía muy rico quería que continuase follándome y acariciándome, él tomó mi rostro con ambas manos y beso mis labios, fue un beso sin tiempo, dulce, apasionado, cosas de amantes, sus manos viajaban por todo mi cuerpo con infinita dulzura y sensualidad, mis tetas las sentía como hinchadas con tanta excitación y mis pezones durísimos. Marco hizo recostarme y sin soltarme el pezón que tenía entre sus dedos, procedió a lamer mis tetas, la lujuria y frenesí con que lo hacía me pusieron otra vez terriblemente cachonda, me aferré a su pene que también estaba muy duro, lo posicione entre mis muslos, levante mis piernas y me metí su pija mi chocho, fácilmente resbaló dentro de mi y comenzó a cogerme muy rápido, amarre su torso con mis piernas y succioné su polla con los músculos de mi chochito, me corrí para él una vez más. El largo tabú de generaciones, había quedado atrás, no estaba arrepentida para nada, me sentía más mujer, sentía la pureza del amor de mi hijo y quería corresponder ese amor incondicional, mis impudicias, mi voluptuosidad, mis pensamientos salaces, mis desviaciones lujuriosas, pecaminosas, toda mi cachondez de hembra caliente quería vivirlas junto a él, todo mi amor absoluto era para él, yo me sentía correspondida con la misma fuerza.

Autor: Juan Alberto Categoría: Incesto

Leer relato »
NARCOSXXX

Fue sin querer queriendo

2021-02-05


Mi hermano Juan estudiaba en la universidad. Y todos los fines de semana se iba de rumba con sus amigos y llegaba tarde en la noche. Vivíamos con mis padres, mi papá era agente viajero y regresaba a casa de mes en mes, mi mamá era enfermera y trabajaba en un hospital y yo, mi nombre, bueno, mi nombre no importa pero si mi edad, tenía en ese entonces 7 años recién cumplidos. Una noche, en la que mi hermano iba de parranda y regresó a la media noche, me levanté para ir al baño pues tenía ganas de hacer pipí, tenía que pasar por la alcoba de mi hermano, al pasar, la puerta estaba entre abierta , el estaba acostado boca arriba desnudo pues se había bañado y se quedó dormido, pude verlo claramente ya que la luz de la luna iluminaba todo, alcance a ver su miembro pero como no sé veía bien de dónde yo estaba la curiosidad me ganó, entre sigilosamente, de puntillas, hasta si cama para ver mejor. La tenía semi parada, acerqué mi mano despacio con un poco de miedo para tocarlo, eres suave al tacto, si contacto me gustó, nunca había hecho eso y nunca había visto un miembro por eso estaba ansiosa de curiosidad. Me animé a darle un beso y me gustó si que seguí besándolo y me lo mejor en la boca como si fuera una bonbombum, y su miembro creció más y se puso duro. Yo sentía como cosquillas en mi panochita, me sentía rara, jamás había sentido algo así. Me quedé viendo a mi hermano para ver si despertaba pero era grande la borrachera, ni sé inmutó. Seguí tocando ese miembro gordo y grande como de 25 cm. Quería que mi hermano despertara y también besara mi panochita pero el no despertaba y no creo que el me hiciera algo así, sabía que lo que estaba haciendo estaba mal pero cuánto más acariciaba y besaba ese miembro más excitada me sentía. Sentía cosas en mi cosita y estaba húmeda, ahí que me quite mi panty y mientras besaba su miembro yo me acariciaba, nunca había sentido algo así, Me subí a su cama despacio con mucho cuidado para no despertarlo, abrí mis piernas para ponerme sobre el pero no llegue a afirmarme sino que estuve como en el aire y puse la punta de su pene para que rozara mi cosita, era delicioso, yo movía mis caderas y más me excitaba, el colchón era muy blando si que tenía cuidado de no moverme mucho para que el colchón no brincara y despertar a mi hermano. Sentí unas ganas de hacer pipí así que fui a bajarme para ir al baño e irme a mi cama, cuando levanté una pierna la otra rodilla estaba apoyada en la sábana que era de seda si que mi rodilla se deslizó de una forma bruscay quedé sentada completamente sobre mi hermano con ese enorme pene todo dentro de mi, me lo metí de un solo sentón hasta el pegue. Sentí un dolor inmenso, sentí que se despertaba mi cosita, quedé inmóvil, sin poder moverme del dolor, del grito que di desperté a mi hermano y como estaba el cuarto en penumbra creyó que era su novia y comienza a moverse, al verlo despierto me olvido del dolor y quedé paralizada sin saber que hacer pero a cada movimiento de mi hermano semi despierto que me agarraba de mis nalgas no podía sacarme, ni quería pues sus movimiento me excitaban cada vez más. El decía entre sueños: aaahhh Valery que rica estás..oooohhhh,aaahhh. Y cuánto más se movía y más gemía más me excitaba y no pude evitar gemir: ahhhhh, oooohhhh oooohhhh mmmmmm siiiiii!!! Si que comencé a moverme también y cada vez más rápido, era delicioso, jamás había sentido algo así Cuando puedo que mi hermano grita con todas sus fuerzas. Aaaaahhhhh aaaaahhhhh oooohhhh. Allí tuve mi primer órgano Aaaaahhhhh aaaaahhhhh oooohhhh mmmmmm siiiiii aaaaahhhhh oooohhhh siiiiii aaaaahhhhh. En eso mi hermoso ante bien los ojos y se da cuenta que no era su novia sino su hermanita y me dice Pero que hay hecho, yo llorando le digo que no fue mi culpa, que resbalé y se me metió toda. Todo esa conversación fue todavía con el miembro dentro de mi. El al sentir toda esa carne tierna y yo sentada sobre el aún, se edita de nuevo y siento como se vuelve a parar su miembro dentro de mi, si que comienza a besarme por el cuello, por la boca abre mis labios y mete su lengua dentro de mi boca y acaricia mi lengua con su lengua en un beso largo que me gustó si que también colaboré. Deprimido la saca, me voltea y mete su lengua en mi ano, uffff que delicioso, no puedo evitar el gemir Oooohhhh mmmmmm siiiiii aaaaahhhhh oooohhhh El al oírme no aguanta más y se pone sobre mi, siento su pene rozar mi ano, que delicia, pero cuando entras la cabeza, que dolor inmenso, yo grito ahhhhggg, el me dice, aguanta un poco más y empuja todo sus 25 cm dentro de mi. Más grité ahhhhggg, el me besa y me dice, aguanta hermanita que te va a gustar y comienza el mete y saca, mete y saca, lo sacaba todo y solo dejaba la puntita dentro y lo volvía a meter, el dolor fue creyendo ante el placer, ya no gritaba sino que gemía. Ahhhhh oooohhhh mmmmmm siiiiii aaaaahhhhh oooohhhh mmmmmm siiiiii, sigue, dame más, maaaassss. Fue mi segundo orgasmo, delicioso como el primero, cuando terminamos nos quedamos acostados boca arriba, luego mi hermano gira hacia mi, me besa y me dice, me alegro que haya pasado, ahora serás mi amante de todas las noches, es el culito más sabroso que me he comido. Espero les haya gustado mi relato

Autor: Dalmirin Categoría: Incesto

Leer relato »
NARCOSXXX

Sin querer queriendo

2021-02-05


Todo paso sin querer. Mi hermano Juan de 26 años estudiaba si último año en la universidad y todos los fines de semanas

Autor: Dalmirin Categoría: Incesto

Leer relato »
NARCOSXXX