Relatos Eróticos de Fantasías Eróticas


MELIÁ, UNA BELLEZA DESPLUMADA: PART 2

2020-12-07


¨EL PRESENTE¨ Recordando lo sucedido esa noche 2 años atrás y aun escuchando esa conversación en mi cabeza, un extraño y placentero recorrido fue cubriendo todo mi cuerpo. Y mientras más mis manos se iban adentrando en esa frondosa melena de princesa, mi viril miembro comenzaba a tornarse duro como roca y perdido entre ese extraño placer. peinaba el cabello de mama con mucha más fuerza, fuerza incontrolable e iracunda, como si inconscientemente quisiera arrancar el cabello de mama a cepillazos, como si quisiera en algún momento ser yo el que quisiera verla calva. El tan solo ruido que producía las cerdas al pasar por esas lacias casi doradas hebras, el ver su cabellera linda estirarse y el que mi vista pudiera ver un poco de esa muy blanca piel escondida por debajo de esos coquetos mechones, hacían que ese extraño placer se convirtiera en un frenesí arrasador y mi pene fuera cada vez más duro, al grado de que sentía como si fuera a romper mi ropa interior. -¡Ay¡ ¡cuidado¡ hijo, no cepilles tan fuerte quieres- mama decidió voltearme a ver con cara sorprendida, yo al escuchar esto Sali inmediatamente de mi extraña excitación que solo hace un par de minutos había tenido, esto me provoco indudablemente un leve mareo y un nada placentero dolor de cabeza. - ¿Te encuentras bien? - diría mama preocupada. -Por supuesto mama no fue nada- diría, aunque ella estaba verdaderamente confundida con lo sucedido, jamás nunca había tenido ese impulso de querer desgreñar la melena de mama con el cepillo, mucho menos de querer arrancárselo de raíz- es que estoy un poco presionado, trabajos de la escuela. Al escuchar esto mama decidió regresar a su pose normal para que siguiera cepillando su frondosa belleza, no sin antes llevarse una mano hacia este para alaciárselo ella misma, mientras que ocultaba que en realidad le estaba dando un masaje, realmente le había dolido. -Ok, entonces continuemos quieres, solo que ahora hazlo un poco más despacio y trátalo con amor si- dijo. Sin dejar en ningún momento de sonreír y sonrojando aún más esas mejillas, sinónimo y a todas luces síntoma que le gustaba desde siempre que yo su hijo adoptivo, cepillara esa larga y lustrosa mata castaña clara. Durante las siguientes 8 semanas después, seguí cepillando el cabello de mi mama como como siempre, pero muy en mi interior sabía que algo me estaba sucediendo. Cada que tocaba ese hermoso césped voluminoso, la extraña sensación que había sentido la primera vez regresaba a mí, cada que mi nariz aspiraba ese hermoso aroma a frutos silvestre que emanaba esa belleza de melena mi pene se tornaba duro. El solo tocarlo, aspirarlo y el ruido que el cepillo producía al tocar cada una de esas mechas aterciopeladas, producía en mí una excitación tal que hacía que mis fantasías se desbocaran, me impulsaban ha cepillar muy fuerte esa bella mata, a quererla arrancar de esa cabecita tan tierna para poder poseerla solo para mí. Y en mis más oscuros pensamientos poder masturbarme solo con ella, cuando terminaba corría a encerrarme en mi habitación y así estando solo procedía a masturbarme. Imaginando cada una de las sesiones que noche tras noche tenía con el cabello de mama, recreando en mi mente lujuriosa el sonido, el aroma y el volumen de esa cabellera exquisita que ella poseía, hasta venirme en mi cama. Así me la pasaba pensando en ese delicado tesoro y cuando dormía soñaba con mama y esa bella mata que emanaba como cascada de finos mechones de color trigo tostado, en mis sueños más íntimos me imaginaba a mama corriendo por una verde y fresca pradera veraniega mientras, que yo contemplaba. A la distancia como se acercaba más a mi jugando, riendo, divirtiéndose y perdiéndose entre sus propios mechones que le producía una alegría desmedida, viéndose aún más hermosa, vestida solo con un vestido blanco trasparente con estampado de rosas que cubría hasta los tobillos, completamente descalza dejando al descubierto tan majestuosos, limpios y delicados pies rosados. En mi muy recurrente sueño mientras mama se acercaba para invitarme a que yo también jugara y peinara esa irresistible mata, su cabello comenzaba a crecer cada vez más y más hasta que parecía que esa verde pradera ahora estaba completamente cubierta a plenitud por una bella, frondosa y suave alfombra castaña, que era el cabello de mama. Pero exactamente en el momento que parecía que estaba a punto de tocar el irresistible y muy largo cabello de mama todo se tornaba gris y nuboso y un ensordecedor ruido comenzaba a llenar el ambiente y de la nada aparecía volando de entre las nubes unas enormes, puntiagudas y filosas tijeras que parecían ser de plata pura. En ese momento la expresión de mama cambiaba de alegría aun terror inimaginable y mientras me gritaba y pedía mi ayuda yo me quedaba completamente parado como si estuviera paralizado de todo el cuerpo, acto seguido de la nada comenzaban a levantarse sendas olas de mechones de cabello castaño del suelo y como un remolino atrapador iban cubriendo todo el paisaje circundante. Mis ojos alcanzaban a ver como esos mechones no tocaban el suelo sino que comenzaba a emprender un viaje hacia el cielo perdiéndose fugazmente en el cercano horizonte. pero el horror de mama y el mío era aún mayor cuando ambos nos percatábamos de que eran esas enormes tijeras las que lanzaban esos mechones por el cielo, iban cortando todo el bello cabello de mama que cubría esa pradera con una agilidad y una velocidad tal, que parecía desafiante, provocadora. Y con una gran crueldad que rápidamente en tan solo dos minutos la melena que antes cubría todo ahora se veía reducida a su largo original, entonces en ese momento se perfilaban listas para terminar de saciar su hambre, mama me gritaba aún más fuerte pero yo no podía moverme. En ese momento mama trataba de correr hacia mí ya con lágrimas en los ojos, pero justo mama tropezaba, enredados sus hermosos y exquisitos pies desnudos, la hacía caer hasta el suelo y solo justo cuando me preparaba para ver el accionar de esa enorme, inmunda y sucia podadora en acción contra esa bella, delicada y dulce mata. Me despertaba, solo para darme cuenta que me había venido. - ¡Ay hijo¡… ¡oye hijo¡… ¡por dios hijo¡ deja de ser tan brusco con mi melena hace unos días estas así con él, que ha pasado. - Lo siento mama es que no sé por qué pero tu cabello está muy enredado el día de hoy. - ¿Enredado?, sabes muy bien que no puede estar enredado, me lo cuido mucho, uso muchos productos para el cuidado del cabello, y además por eso es por lo que tú me lo peinas, para que mi hermosa cabellera siga conservándose igual de hermosa- me dijo. mientras que con sus tibias manos me agarraba ambas mejillas sin dejar de sonreír dulcemente- tú sabes que es mi mayor orgullo, jamás dejaría que se me maltratar Robert, cariño. Después de lo que me dijo esa noche me sentí culpable por todas las veces que me había estado masturbando, pensando en la frondosa melena de mi madre, al fin y al cabo ella era mi madre sustituta la que me había acogido cuando mis padres se habían marchado. Me sentí profundamente decepcionado de mí mismo al tener esos sueños húmedos donde el hermoso cabello de mi bella madre era cortado y me prometí no volver a hacerlo ni a tenerlos y desde ese momento procuraría a volver a tratarlo como se merecía, un verdadero tesoro hermoso y a controlar mis impulsos sobre él. Cuan equivocado estaba yo, porque ni siquiera en mi mente pasaba en ese momento que muy pronto mis sueños se harían realidad, aunque de forma muy diferente y que ni siquiera yo me maginaba. Una tarde 2 mese más tarde, me encontraba corriendo por las calles de la ciudad, completamente apurado, se me había hecho tarde, cortesía de unos amigos que me habían invitado a jugar un partido y para cuando me percate, estaba atrasado 5 minutos, sabía que de no llegar a tiempo mama me iba a castigar por dejarla plantada y su cabello sin peinar. Por eso en cada paso que daba procura avanzar más tomando atajos, esa melena mía no se iba aquedar sin peinar, jamás se había quedado y no sería hoy el día, no quería perderme por un partido seguir disfrutando de ese tesoro bello mucho menos después de lo ocurrido hace tan solo unos meses atrás; Sin siquiera proponérmelo había estado a punto de perder esa bella concesión y no volver a disfrutar de esas mechas que eran todo mi querer, mi mundo. Finalmente una vez llegue a casa, decide entrar rápido pero inmediatamente me percate de algo, mama no estaba por ningún lado, ni en la sala, ni en la cocina mucho menos en su estudio, pero inmediatamente me quedaría petrificado al divisar a una sonriente Mariana bajando las escaleras, mi sorpresa fue mayor al saber yo que hace ya más de un año que mama había dejado de jugar a las cartas. pero en mi mente la pregunta más inmediata que se dibuja era ¿Qué hacía en mi casa? - Hola Roberto ¿Cómo has estado? - Bien- respondería. - Dime ¿Cómo te ha ido en la escuela? Muy bien- diría, tratando de no ser descortés. -Seguro buscas a Meliá, ella se encuentra en el baño- diría soltando una risita y a continuación casi susurrante diría- está dándose una ducha, ja, ja, ja. - Bueno está bien- tratando de ignorar su absurdo comentario- ¿saldrán? -No me temo que no, será algo mucho mejor- diría, sin dejar de sonreír pícaramente. -Bueno, nos vemos, creo que tal vez quieran estar solas, adiós- en inmediatamente mis pasos subirían escaleras arriba para perderme en mi habitación, aunque un poco extrañado ya que mama no me había comentado nada y un poco intrigado por la frase de Mariana, al final de cuentas hoy el cepillado del cabello de mama solo se haría más tarde y eso me tranquilizaba. Pasaría aproximadamente 2 horas cuando el picaporte de mi habitación comenzaría a abrirse lentamente y daría paso a que la puerta se empujara hacia atrás revelando algo que mis ojos y mi mente no podrían comprender inmediatamente. En la puerta parada estaba Mariana, y a diferencia de antes ahora estaba enfundada en un elegante traje de noche color negro con brillo, enfundada en unas botas color negro de cuero, tacón alto y que yo inmediatamente reconocería como propiedad de mi madre. Pero lo más sorprendente aun, a su lado estaba mi madre, vestida solo con una bata de baño y pantuflas como tal, su cabellera aun escurría, estaba mojada, y el rictus de su cara denotaba nerviosismo y tristeza, mirada seria, sus ojos estaban cristalinos como si quisiera llorar y Mariana aun sonreía. En mi mente esto era realmente sorprendente, no lo podía comprender ¿Qué estaba pasando? Mariana finalmente soltaría una estruendosa carcajada de gusto y mis ojos lograrían reconocer esa mirada envidiosa y desafiante, como la de aquella noche 2 años atrás y finalmente mi ser lo comprendió todo. Había sido una promesa, un pacto y ahora había que cumplirlo, de la manera más rápida explicada me di cuenta de que yo también formaba parte de ese pacto y nadie más que yo era el elegido para despojar a Meliá de tan majestuoso atributo y el escenario seria ni más ni menos que mi fortaleza personal, mi habitación, me llene de pánico acaso era un sueño, una pesadilla, pero al ver eso y pellizcar discretamente mi brazo me di cuenta de que era real,. - No, no, no, no tan rápido Meliá, ¿no olvidas algo- mama solo se quedaría de pie y sus ojos se concentraría en el suelo, no sé si por temor o vergüenza a lo que muy pronto estaría por suceder- está bien Meliá, quítate la bata quieres y las pantuflas también. - Pero Ma… - No, no, no- diría Mariana moviendo su dedo- recuerda tu perdiste y ahora solo obedeces quítatelas- mi persona no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Muy lentamente mama comenzaría despojándose de sus pantuflas lentamente, deslizando tan bello, blanquecino y delicado pie de esa atadura para posteriormente ponerlo en el frio, tieso y áspero piso de duela. Acto seguido el otro también saldría de esa atadura y lo único que yo sentía en mi interior en ese momento era el frio que tan bellas plantas debían de estar sintiendo. Inmediatamente mi excitación no tuvo limites, mi pene una vez más de manera casi instantánea se tornó duro y la lujuria y el éxtasis recorrían todo mi ser, incontrolablemente tuve ganas de abalanzarme sobre sus pies, pero me contuve. Tenía unas fuerzas tremendas en mi interior de abrazarlos, cobijarlos, besarlos, me contuve, también de la misma manera mama se iría despojando de esa bata blanca para dar paso, a su majestuoso y bien torneado cuerpo desnudo. A esos puntiagudos y rosados pezones, sus redondos y firmes pechos, y a su muy terso, suave y depilado sexo, me quede de una pieza al contemplar por primera vez el cuerpo desnudo y joven de mi madre sustituta, Mariana soltaría una estrepitosa y ruidosa carcajada, era solo el inicio. - Tal vez ahora estés confundido Roberto, pero te lo explicare de la manera más sencilla, ya que tu mama no tiene el valor para hacerlo- diría Mariana con tono serio- veras hace no mucho Meliá y yo hicimos una apuesta, ya que tu mama, de verdad tiene un problema con ello, si perdía, ustedes disfrutarían de unas bellas vacaciones juntos en Paris todo pagado por 1 mes, además de regalarle un juego de sortijas de plata, regalo de su servidora, se aventuró a hacerla, porque sabes Robert, ella realmente te ama…, bueno si yo perdía, pero si… - ¿Qué dices? - diría, tratando de hacerme el tonto aunque sabía perfectamente lo que estaba pasando. - Desde siempre, como todos los hombres que conocen a tu madre por primera vez, he sentido una gran atracción y debilidad por su larga cabellera, aunque a diferencia de ellos que quieren perderse entre esas hebras castañas y adorarlas, yo…,solo quiero verlas arder y caer, contemplar una bella pradera blanca donde otrora se alzara un majestuoso césped avellana, y tu mi querido Robert, eres el elegido para hacer finalmente mi fantasía realidad, ya que tú también eres parte de esto. Así dentro de algún lugar escondido entre ese elegante vestido de noche sustraería unas largas, puntiagudas y muy afiladas tijeras, y de mi cajón cercano a mi cama sustraería una pequeña rasuradora eléctrica, que usaba cada mañana para cortar mi barba y que yo sabía era muy potente; Me quedaría más que claro que es lo que mama había perdido. - ¡Estas loca si crees que lo hare! - diría. - Está bien, si quieres no lo hagas al final… - ¡Roberto,,, hijo! - diría repentinamente mama, con voz entrecortada pero firme- tienes que hacerlo,,, ¡por favor¡ - No mama claro que no yo no seré…- inmediatamente mama se abalanzaría sobre mí y me abrazaría, sintiendo ese esbelto y tibio cuerpo desnudo sobre mí. - Mi emoción estaba más que al límite y mi cuerpo comenzaba a traspirar una irremediable pasión, mientras que peleaba conmigo mismo para no besar a mama en la boca, qué me estaba pasando?

Autor: RENEGADO FANTASMA Categoría: Fantasías Eróticas

Leer relato »
NARCOSXXX

MELIÁ, UNA BELLEZA DESPLUMADA: PART 1

2020-11-24


Mi nombre es Roberto y cuando sucedió esta historia tenía yo 17 años, de mi vida, tenía tal vez, lo que todo joven podría desear a esa edad, si bien no vivía con mis padres, ya que estos se habían divorciado cuando era yo aún muy joven, el destino me recompenso al ponerme al cuidado de esta muy bella, joven y elegante mujer, quien a partir de ese momento se convertiría en mi madre sustituta, su nombre era Meliá, tenía apenas 22 años cuando decidió adoptarme, amiga de mis padres, y durante 12 años había estado al cuidado mío; Así que creo que es justo que empiece a hablar de ella. Su nombre era Meliá y justo en ese tiempo contaba con 34 jóvenes años de edad, ella era bella, con sus singulares 1.57 cm de altura (yo media 1.85 de alto) su tez profundamente blanca cual leche, esas mejillas rosadas que se cargaba, que en un día de sol podían verse desde muy a los lejos, esa sonrisa perfecta y sus bellos dientes cuales perlas marinas, envuelta en su elegante manera de vestir y caminar enfundada en trajes, escotadas blusas, apretados suéteres que dejaban ver su marcada figura de mujer joven, falditas cortas, pantalones vaqueros apretados, shorts de mezclilla sensuales que combinaban a la perfección con su cuerpo esbelto y dejaban ver unas bien formadas y paraditas nalgas torneadas, sin cómo olvidar esos muy redondos y enormes pechos, que se dejaban ver por detrás de esos ajustados botones de sus blusas de vestir cuales copas c, que combinan a la perfección con ese cuerpo delgado y tan curvilíneo que se cargaba; Pero lo que más destacaba en sí de ella y que puedo decir era la locura y lujuria de muchos hombres, además de la envidia de no pocas mujeres y el sueño de demasiados pervertidos era su muy larga, suave, lacia, frondosa, tupida y castaña cabellera, que llegaba hasta sus lindos tobillos, cubriendo tan majestuosos y bien esculpido cuerpo entre esas hebras casi color trigo y el cual peinaba de mil maneras. En forma de rodete, moño, media cola, cola de caballo, en trenza, pero la que más me gustaba a mí era la que se hacía con motivo de alguna reunión importante en su empresa, la cual consistía en peinar ocultando la mitad de su largo cabello, debajo de este, utilizando siempre una diadema dorada para sujetarlo con fuerza, así que este con el cabello húmedo y suelto se viera con más volumen y brilloso, acto seguido la parte de la coronilla era adornado con un tocado en trenzas y estas a su vez sujetadas firmemente hacia la frente con una especie de anillos para el cabello de color plata, quedando como una corona brillante y como toque final un moño color rojo entre la unión de la diadema y el cabello dividendo la nunca y la parte de arriba de la cabeza. todas la noches después de haberse dado un largo baño de tina de agua tibia, salía completamente con el cabello húmedo y suelto, con este aun escurriendo, me pedía con una dulce, melodiosa y alegre voz llena de bondad y amor tan fina y frágil si podía cepillárselo para que se secara más rápido, acto seguido con una angelical sonrisa me daba un enorme peine de madera y cerdas suaves y se dirigía con premura hacia una silla alta para que yo y solo yo pudiera peinárselo durante un muy largo y buen rato; Y era así como durante poco más de 3 horas podía perderme entre sus castañas raíces de acero, juguetear entre sus suaves mechones de miel, inspeccionar cada una de sus finas hebras de oro, zambullirme entre toda esa espectacular cascada de fino y hermosos cabello y ver la trasformación de este, de un cabello simple, caído y mojado a un terso, suave , manejable y voluminosa cabello natural seco, que hacía resplandecer más su color cuando se terminaba de peinar, entonces me gustaba contemplar fijamente el final de mi trabajo, donde una nariz perfectamente respingada, una piel puramente blanca y un rostro tan bello y llamativo como el de ella hacían juego con una exuberante, frondosa y larga melena castaña caída en cascada, daban molde a la inigualable belleza de mujer que era mi madre sustituta. Ella era bella, bondadosa, hermosa, amorosa, gentil, única y de un buen corazón, también era una mujer firme, fuerte, no era estricta pero si era de carácter valiente, era, como a mí me gustaba decirlo, ¨dura pero justa¨, cumplía lo que prometía y también hacia cumplir a uno lo que le prometían, no le gustaban las negativas y ella jamás negaba ni incumplía nada, así se tratara de lo más insignificante, le gustaba responder y que le respondiera, era directa y muy discretamente, también era orgullosa, ella era una mujer que cumplía a carta cabal; Y es por eso que aquella noche, tan especial y mágica como lo eran todas las que pasaba a merced de tan bella cabellera, a mi cabeza vendría vagamente, sin siquiera yo proponérmelo, un recuerdo, de una noche 2 años atrás, una partida de cartas que mama jugaba con sus amigas y el contenido de esa conversación, por un momento haría que mi cuerpo fuera recorrido por una extraña sensación de placer, al recordar ese momento y en especial el contenido. ¨Una noche 2 años atrás llena de envidias y promesas (INQUEBRANTABLES). ¨ Una noche, cuando mi mama y sus amigas se reunían para jugar cartas, al calor de las copas y lo interesante del juego, una de ellas, una rubia de nombre Taylor había hecho una pregunta de lo más curiosa a otra de ellas, - Dime Hanna- Hanna mujer de unos 28 aproximadamente y la menor del grupo de cabello rojo fuego, de la cual durante un tiempo había estado enamorado en secreto- alguna vez, dentro de este turbulento juego de azar, te atreverías a apostar esa reluciente melena de fuego. - ¿Que?, ¡estas loca Taylor¡, por supuesto que no- diría esta, marcando en su rostro una expresión de horror- tengo un limite sabes y se que ese limite se cumple una vez se acaba el dinero y para mi ya no hay nada más que apostar. -Y tu Marina dime, ¿te atreverías a apostar tu mata en un juego de cartas? - seguiría insistiendo una divertida y picara Taylor. - ¿Yo?, bueno, creo que en esta actualidad hay tantas tendencias, modas y cosas alocadas que creo que,,, bueno la verdad es que a mí me daría igual raparme que dejarlo largo, pero si me atrevería a apostarlo sobre todo sabiendo que alguien mas puede perder su bella melena- en ese momento una sonrisa malvada y unos ojos envidiosos discretamente se irían a posar hacia la bella melena de mama- pero aunque por ahora me gusta como lo tengo.- diría soltando una gustosa carcajada, mientras tocaba su rizada y corta cabellera crespa y tostada, que llegaba a la altura de los hombros. Y así durante un rato las 4 amigas y mama estarían hablando del cabello, la edad y de como una compañera suya con tan solo 40 años se había rapado todo su largo y azabache cabello de la noche a la mañana, argumentando que sufría de crisis de la mediana edad, finalmente seria Mariana la que le preguntaría a mama. - ¿Dime Meliá, tú te atreverías a apostar tan bella melena solo por un juego de cartas? - mientras que una vez mas esa mirada maliciosa se hacía presente- ho es realmente ese cabello muy importante para ti. - - -Bueno- comenzaría diciendo mama algo nerviosa por la pregunta- la verdad es que mi cabello siempre ha sido largo, cuando nací mi cabello tenia el largo de un bebe de 5 meses, mi mama siempre tuvo su cabello largo, papa igual, jamás le gusto cortárselo a maquina como muchos hombres siempre tijera, creo que mi familia siempre ha sido de traer la melena larga y eso es porque mi mama decía que nuestro cabello era muy hermosos largo. - - -Pero Meliá- seguiría insistiendo Mariana, con una marcada envidia en el habla, mientras que no dejaba de mirar el cabello de mama como si quisiera rapárselo en ese momento- no te atreverías a hacerlo por locura, por emoción, por dinero,,, tal vez por guardar un secreto vergonzoso- mientras decía eso sus envidiosos ojos se posaban mas sobre la melena larga de mama. - Por locura, no, por emoción jamás, dinero no me hace falta, recuerden que la empresa es donde trabajamos es propiedad de mi familia. Y por un vergonzoso secreto, entonces ¿si lo harías? - insistiría Mariana ahora con una sonrisa maliciosa en el rostro, apenas disimulable. - Creo, que, bueno yo- trataría de decir mama, como si la pregunta de Mariana realmente hubiera echo que mama se incomodara de verdad- bueno si yo realmente tuviera un secr,,, en ese caso tratar,,, tal vez si lo apostaría. - - ¿De verdad lo cortarías? - diría una Mariana disimulando su gusto por que así fuera, mientras que contemplaba excitada el rostro nervioso de mama. - - Pero Meliá, una apuesta de cabellera, es toda la cabellera y con maquina aun queda un rastrojito de pelo sobre esta- al escuchar esto intuitivamente comprendí al punto al cual quería llegar Mariana y un extraño y gusto escalofrió recorrió todo mi cuerpo al imaginarme ver pasar una navaja de barbero por el cuero cabelludo de mama, despojándola así de ese tesoro capilar que poseía de raíz, mientras que para estas alturas Mariana ya no podía esconder su latente emoción de imaginarse ver a mama perdiendo y rapando su larga y frondosa melena de princesa. - - Es cierto- diría mama serenamente, tratando de no darle mas gusto a una mas que excitada Mariana- aunque no creo que eso llegue a suceder Mariana- inmediatamente el rostro y los ojos de mama se iría han posar sobre una divertidísima Mariana, con un rictus de seriedad y desafío en sus ojos, como retando a Mariana ha que le descubriera algo o mejor aun dándole ha entender que sabia realmente que ella envidiaba su larga melena, como muchas otras mujeres, pero que jamás la obtendría y arremetiendo contra eso y mostrándose orgullosa y valiente como siempre lo era, diría- pero si entiendo tu punto y créeme no tengo ningún problema con que mi hermosa y larga mata sea afeitada con una navaja- terminaría diciendo asiendo un ademan con su cabello. - - - ¡En serio! - diría esta vez Mariana sin lograr contener un pequeño grito ahogado de emoción y sosteniendo su mirada retadora con la de mama, de la cual nadie percataría, pero que yo fingiéndome dormido y habiendo escabullido escaleras abajo había sido capaz de detectar y no sin ver como la diabólica sonrisa de Mariana se hacía presente cada vez más. Tal vez porque la sola idea de ver a mama sentada en una silla de barbero le excitaba, mientras en su mente envidiosa imaginaba a mama siendo rasurada cual borrego por un peluquerete de medio pelo obeso y morboso, mientras todo el largo y bello cabello de mama era despojado de su delicada cabeza y amontonado como basura en el piso sucio y mugriento de un establecimiento, mientras una calva brillante se habría paso cada vez más en el rostro de mama, tal vez se imaginaba siendo ella misma la que rasurara a mama con una navaja de afeitar cual brillante estilista de alta gama, mientras que iba juntado los despojados, pero aun bellos mechones castaños de mama en un bote cualquiera de basura común , listos para ser arrojados a la inmundicia o peor aún, me imaginaba a la cruel Mariana quemando el cabello de mama con algo de alcohol y fuego enfrente del rostro de mama, mientras reía triunfal y en pose de triunfadora, mientras mama solo lloraba por su perdida y tocaba su pelada cabeza con sus propias manos, pero el orgullo, valentía y coraje de mama jamás le darían esa satisfacción de verla llorar. -De verdad- diría en ese justo momento Taylor (que lograría sacarme de mis ensoñaciones y pensamiento más terroríficos y perversos) que no escondía su cara de asombro y pánico que la respuesta de mama le había generado, mientras se llevaba sus manos hacia su rubio y quebrado cabello a la altura de los hombros- la verdad es que el mío es corto y siempre he batallado por que tarda mucho en crecer, yo ni loca lo apostaría y creo que tu Meliá tienes un cabello super largo y hermoso y deberías de despuntarlo de vez en cuando, pero dejarlo afeitar a navaja, seria verdaderamente una locura verte llegar un día pelona a la oficina, para mí sería un shock- diría, sin dejarse de peinar su rubia mata con sus manos. -Tienes mucha razón Taylor- diría Mariana- la verdad es que para algunas el cabello tarda en crecer, como el tuyo, pero crece, siempre crece y en el caso de Meliá se ve que le crece mucho y bastante rápido, así que pasado un tiempo su mata volvería a estar igual de larga, aunque tal vez se vería mucho mejor con un cabellito mas corto- diría, mientras que con sus manos hacían un además de tijeras insinuando cortárselo. - Si crecería, crecerían sin lugar a dudas- mama seguiría sosteniendo su mirada desafiante y valerosa ante el rostro divertido y lujurioso de Mariana, tornándose retador- pero sin dudas dejaría que me la afeitaran, vamos que no le tengo miedo al cuchillo pelador, no me importa lo que piense, mi cabello siempre a gozado de buena salud y crecería bastante rápido, mucho más hermoso y hasta incluso mucho mas tupido- mientras se dedicaba a jugar con su cabello, restregándolo en el rostro de una envidiosa Mariana. - Entonces me lo juras Meliá- diría ya una retadora Mariana, haciéndome saber en ese momento que en todo ese tiempo había sabido de lo que estaba hablando, yo conocía a mama y sabía que ella jamás juraba en vano, jamás, siempre que lo hacía lo cumplía y cuando te hacia jurarlo hacia que lo cumplieras era parte de ese discreto pero muy alto orgullo de mama. Todo había sido una cruel estrategia de Mariana para hacerla jurar, lo único que quería ver en su interior y que más satisfacción le concebía es ver a mama poner un ultimátum de tiempo sobre su propia y hermosísima cabellera mielera. -Lo juro- diría finalmente mama- si alguna vez- lo diría sonando sarcástica- alguien llega a saber un secreto culposo mío, apostare mi frondosa melena sin pensármelo, y si pierdo que me pasen la cuchilla, me encantará sentirme muy libre- sonreirá maliciosa y retadoramente, sosteniendo una mirada aún más retadora a una Mariana cuyo gusto de verla asustada se iba esfumado poco a poco de ese feo rostro.

Autor: RENEGADO FANTASMA Categoría: Fantasías Eróticas

Leer relato »
NARCOSXXX

Mi hijastra menor de edad

2020-11-05


Andrea Camila, no puedo olvidar ese nombre, y es que si, ya estamos separados, pero los años que vivi con ellas, me satisfacía a placer, era una nenita, morenita, tal vez color piel canela, para ser mas especificos, delgada, de piernas largas, de cabellos ondulados de una sonrisa hermosa, ella confiaba plenamente en mi, pues molestaba mucho por dormir con la mamá su pretexto era que le daba miedo dormir en su cuarto, yo llegaba cansado y con ganas de follarme a la mamá y descansar, una morenita, de tetas grandes y redondas, cola no habia, pero si tetas, muchas tetas y pezones, alguna noche, que quede solo con ella, miraba algunas fotos, entre esas unas de Camila, donde estaba en unas medias de malla, y unas pantis, no pude evitar que mi pene se erectara, pues ver su delicado y tierno cuerpo, me puso a pensar muchas cosas, entre ellas, le dije que tenía ganas de dormir sin boxer, y ella tan inocente me dijo que duermiera asi, sin boxer, mi corazón palpitaba a millas por segundo, le expresé lo mismo. ¿VAS A DORMIR SIN PANTI? ME RESPONDIÓ : SI SIN PANTI, ES QUE ME APRETAN MUCHO, MI CORAZÓN SE QUERIA SALIR, NO IRIA A DEJAR IR ESTA GRAN OPORTUNIDAD. cuando cayó mas la noche, algo de mi ser me desperto como por arte de magia, algo me decia que aprovechara la noche, que aun era muy joven, ella yacía dormida, boca abajo de lado, sus tiernas nalgas, hacia mi, yo retire lentamente la cobija sin saber que allí encontraría la meca de mi placer, una piel de terciopelo, un cuerpo perfecto, una nalgas super redondas, un ano virgen y una vagina sin estrenar, inmediatamente mi pene se erecto, me moje, empecé a producir saliva super espesa, sentia un calor en todo el cuerpo, un deseo incontrolable, inmediatamente meti mi mano a tocar, era lo mas arrechante que habia pasado, empece a olerlo, olia a diosa afrodita, su ano, su espectacular ano me decia que lo lameria, asi lo hize, lo lami, inmediatamente ella se mueve, pero soy muy sagas, y le tapo los ojos, para que no vea luz de nada. Me dispongo a hacerme una paja, subo su blusa y lentamente sobo mi pene en todo su cuerpo y dejo derramar mi leche abundante y espesa, sobre su cuerpo tierno, esto fue real, paso cuando ella tenÍa 9 añitos.... Continuará

Autor: Rayomacqeen Categoría: Fantasías Eróticas

Leer relato »
NARCOSXXX

Fantasías

2020-01-15


Hola soy una mujer de 29 años, casada hace 5 y con dos hijos, me considero hermosa, mi esposo es de mi misma edad ( 18 días menor), vivimos en una posición económica holgada en un pueblo del norte de México ubicado entre Monterrey y la frontera con EUA. El fin de año por los niños no pudimos salir, lo celebramos en pareja con una cena romántica en casa acompañada de coñac y amareto, mi esposo había comprado en un sex shop un juego de mesa relativo al sexo, donde tienes que hacer girar una pirinola y dependiendo lo que te toca sacas un castigo, lo cual hizo que pasáramos una noche de sexo bastante lujuriosa, después de varios castigos, en el turno de mi esposo le toca como castigo decir una de sus fantasías, y el dice que le gustaría hacerme el amor junto con otra chica. ( Antes de continuar aclaro yo siempre he sido heterosexual, pero siempre he considerado hermoso el cuerpo de la mujer y me gusta admirarlo, así como también se me hace mucho muy sexy ver a dos chicas acariciándose). Continuamos el juego y por casualidad le vuelve a salir de castigo a mi esposo que diga una fantasía, y él responde que le gustaría verme haciendo el amor con otra mujer, intrigada por sus fantasías le pregunto que porque esas fantasías y me responde que él cree que yo pudiera disfrutarlo muchísimo, pues me encanta acariciar, besar y chupar sus pechos y cuando vemos películas eróticas es lo que mas me excita, ( lo cual es cierto ), continuamos jugando y después de un rato nos dispusimos a dormir. Mi esposo de inmediato quedó dormido, yo por mi parte me quede pensando en las fantasías de mi esposo y lo que nunca había pensado, empecé a imaginarme haciendo el amor con una mujer, mis manos acariciaron todo mi cuerpo tuve el orgasmo más intenso de toda mi vida. De vez en vez, cuando mi esposo se queda dormido antes que yo, me vienen a la mente las fantasías de mi esposo y acabo acariciándome mi cuerpo, masturbándome frenéticamente hasta lograr intensísimos orgasmos, he de decir que solo en esos momentos y en los juegos previos al acto sexual se me vienen esos pensamientos a la cabeza lo que en verdad me excita demasiado y mejora nuestra vida sexual. Pero pasada esa calentura pienso que eso es inmoral y siento rechazo a ello. A finales de Febrero es el cumpleaños de mi esposo, no sabia que regalarle así que una semana antes por la noche le pregunté que le gustaría que le comprara de regalo, él me respondió que cualquier cosa estaría bien para él, que nada en especial deseaba. Yo ( no sé si por tonta o porque mi subconsciente me traicionó) realmente sin pensar en sus fantasías, en forme muy sexy y dejando ver parte de mis encantos le pregunté que si en verdad no había nada que le gustaría que le regalara o que deseara, él sin mas me dijo que le gustaría ver cumplida una de las fantasías que en año nuevo me había dicho, lo que me pillo de sorpresa y en forma molesta le dije que yo no me refería a eso. Viendo mi reacción el muy calmado se disculpó, alegando que si no era por eso, porque entonces la forma sexy y coqueta de preguntarle, provocando que él malinterpretara mi ofrecimiento, agregando que cualquier cosa que yo le regalara para el estaría bien, acto seguido se dispuso a dormir. Me quedé despierta pensando en lo que dijo mi esposo y la verdad tenia razón, yo inconscientemente fui la que provocó la petición, pensando en eso me imaginé haciendo el amor con otra chica y me excité, acariciando mi cuerpo, cuando siento otras manos y caricias que se sumaban a las mías, veo que es mi esposo quien esta acariciándome, me pide que continué acariciándome y llegó al orgasmo, el continua con las caricias, me besa, me chupa, chupa mis jugos los bebe todos, tapa mis ojos con una mascada y me pide que lo acaricié ahora yo a él, estoy excitadísima me dice que lo acaricie pensando que el es una mujer, que le diga cosas, sexy, groserías, le digo que me encantan sus pechos que me los quiero comer todos, que quiero chupar su concha, quiero beber todos sus jugos de pensarlo y decirlo tengo otro orgasmo, el me da vuelta me pone en cuatro y me la mete, que delicia mientras esta en el mete saca me pregunta si me gustaría tener una mujer le respondo que sí, que el día de su cumpleaños ese será su regalo.

Autor: Anónimo Categoría: Fantasías Eróticas

Leer relato »
NARCOSXXX

Excitadas y sin fuerza de voluntad.

2019-12-08


Consecuencia de un tratamiento las mujeres sufren un elevado aumento de la excitación sexual y una paralela pérdida de la fuerza de voluntad. Una difícil elección, la muerte o el sexo desenfrenado y sin control. Queridos amigos lectores, hoy comienzo un nuevo relato de ficción, imaginando un futuro cercano en el que por distintas circunstancias las mujeres se encuentren en un estado de creciente excitación y una pérdida de voluntad que las convierta en marionetas en manos de los hombres. ¿Sois capaces de imaginar un futuro así?. Atreveros a leerlo y me decís que os parece ese futuro hipotético. SITUÉMONOS Verano del año 2025, han pasado doce meses desde que se produjo la pandemia denominada “ la Gran Plaga”. Más de mil doscientos millones de mujeres han fallecido en todo el mundo, sí, solo mujeres, porque es una enfermedad genética de origen desconocido que afecta solamente a las hembras del planeta. La mayoría conocemos las diferencias genéticas entre los hombres y las mujeres: los hombres tienen cromosomas sexuales X e Y, mientras que las mujeres tienen dos cromosomas X. También sabemos que los genes de estos cromosomas pueden actuar de forma diferente en hombres y en mujeres. algunos de los genes diferenciados por género están implicados en el funcionamiento cerebral, algo que volvería a abrir el debate sobre las diferencias en el comportamiento masculino y femenino. Esta diferencia genética también podría explicar por qué los hombres y las mujeres muchas veces reaccionan de forma distinta a las enfermedades. En concreto “La Gran Plaga” afectó solamente a mujeres en las que por edad habían alcanzado la fase de la menopausia. La menopausia es un fenómeno natural que se produce en el cuerpo de las mujeres y que se caracteriza por el cese de la actividad de los ovarios de manera progresiva y por la disminución de los niveles de hormonas. Ese cese progresivo termina desencadenando la desaparición de la menstruación. Es un proceso lento y progresivo que afecta de manera diferente a cada mujer. Suele experimentarse entre los 44 y los 52 años, aunque por supuesto, existen mujeres a las que se les retrasa y a las que se les adelanta. Sin avisar, sin motivo aparente, en un período extremadamente corto, menos de 3 meses todas las mujeres del planeta, en edad madura que habían alcanzado la fase de la menopausia fallecieron. El mundo sufrió un colapso sin precedentes, nuestra civilización se mostró impotente, incapaz de reaccionar, de encontrar una cura, ni siquiera de encontrar una explicación. La cruda realidad es que en el mundo no quedan apenas mujeres con edades superiores a los 50 años, mas de mil millones de hombres del planeta se han quedado viudos de un plumazo. Nuestra civilización ha tardado mas de nueve meses en encontrar una explicación, una respuesta que no trasciende a la población en general, tan sólo unos pocos son conocedores de la realidad, entre ellos se encuentra Juan, nuestro protagonista, científico español de renombre, genetista, que forma parte del denominado Centro Mundial de Respuesta a la Crisis (CMRC). Aturdido por la tensión acumulada en los últimos nueve meses de trabajo constante Juan llega a casa donde le espera Marisa, su mujer. El calor era sofocante en aquel verano del primer aniversario de La Plaga. La vida había sido maravillosa para ellos, Juan a sus 50 años es una eminencia en su campo, genetista de prestigio mundial, autor de infinidad de libros relacionados con la genética humana fue de los primeros en ser reclutado para el plan de emergencia mundial y trasladado al CMRC para liderar una parte importante de las investigaciones relacionadas con La Plaga. -¿Que ocurre Juan?, te veo agotado, ¿Habéis encontrado respuestas?, Hoy has venido muy temprano, ¿sucede algo?- pregunta Marisa, su esposa, ella es una mujer de 46 años, rubia, de gran melena rizada, alta, sobre el 1.75, delgada, de pechos firmes, no muy grandes, puntiagudos, piernas largas y un culo prominente, redondo, rotundo. Por su edad ha comenzado a tener desarreglos hormonales, el inicio de la menopausia está cerca. Juan y Marisa tienes dos hijos adolescentes, Jorge un jovencito apuesto y Marga un poco mas joven, rubita como su madre, cara bonita pero que le hacía aparentar menos años de los que tenía, en contraste con su cuerpo, gordita, de abundantes carnes, nalgas poderosas que formaban un tremendo culazo y tetas mucho mas grandes que las de su madre pero algo caídas por su volumen a pesar de su edad. Ambos están en el centro de actividades para jóvenes, del complejo residencial, cuando su padre llega a casa. La familia vive en una urbanización exclusiva, reservada para científicos del CMRC, consta de un rascacielos inmenso con viviendas de lujo, oficinas, centro comercial y todo tipo de servicios. El edificio es un anexo al complejo de investigación donde Juan investiga una solución para La Plaga. -La plaga no ha terminado. Esta atacando a un gran número de mujeres con un nivel hormonal bajo. Con la llegada de la menopausia desciende en picado la producción hormonal y por eso han sido las primeras afectadas. Si queremos frenar la plaga tenemos que incrementar considerablemente el nivel hormonal en todas las mujeres fértiles del planeta.- Explicó Juan a su mujer con voz seria. -Bueno, eso ya es un avance, sabéis cual es la causa y cómo solucionarlo. ¿Porque estas tan triste cariño?, te veo muy afectado.- respondió Marisa -El Consejo Mundial acaba de aprobar la administración masiva de hormonas para frenar La Plaga. Es algo muy arriesgado, no sabemos las consecuencias que eso puede traernos, los ensayos clínicos son muy pocos todavía, son todo hipótesis de trabajo ¿Y si no sale bien?, podemos exterminar a la raza humana- dijo Juan con voz apagada -Cariño es mejor eso que nada, yo tengo desarreglos con mi período, estoy en fase inicial premenopausia, pero en cualquier momento puedo ser la siguiente víctima, quiero tener una esperanza, algo a lo que aferrarme.- le replicó Marisa -Lo sé cielo, lo sé, por eso he dado mi visto bueno a la administración global de las hormonas, pensando en vosotras sobre todo. El mundo no va ha conocer los verdaderos riesgos del tratamiento, son muchos, conocerlos podría ocasionar el caos en el planeta y como especie no nos hemos recuperado del golpe de ver perder a 1.200 millones de personas. La administración masiva está garantizada, gracias a los implantes digitales que todos llevamos conectados a internet, las dosis de cada persona se administrarán diariamente on-line de forma automática igual que hacemos ahora con cualquier medicina.- -Eso es una gran noticia cariño, no me imagino colas inmensas para vacunarse, afortunadamente la tecnología nos será de gran ayuda para hacerlo on-line -Eso sería inviable Marisa, no es una vacuna, la administración de hormonas tiene que ser diaria para mantener un determinado nivel en cada persona, solo via internet es posible realizar algo así, de forma personalizada, para todo el mundo y diariamente. Está comprobado que determinado nivel hormonal frena el ataque de la plaga pero lo que no conocemos son los efectos secundarios que puede ocasionar la administración elevada de hormonas de forma continuada a una mujer. -Cariño, sean los que sean los efectos secundarios siempre serán mejor que la muerte. ¿no te parece? ¿que efectos secundarios pensáis que pueden ocasionar las hormonas?- pregunto curiosa Marisa al tiempo que estaba muy ilusionada con saber que había una esperanza de seguir con vida. -Pueden ser de todo tipo, las hormonas pueden producir cambios físicos en el cuerpo humano, por ejemplo en las mujeres un aumento de los senos… Marisa no pudo contener la risa y soltó una fuerte carcajada -jajaja si todo el problema es que nos crezcan las tetas no me vendrá mal un aumento de pecho gratis jajaja- reía Marisa mientras sus manos fueron instintivamente a sus pechos, dos conos no muy grandes pero firmes y mirando al frente como los de una jovencita. Juan no pudo evitar reírse al ver la actitud de su mujer, desde luego esa consecuencia no era nada comparada con la muerte, -es solo el ejemplo más claro pero no sabemos bien si puede haber o no otro tipo de afecciones físicas. Lo que si está claro que un aumento considerablemente del nivel hormonal supone aumentar exponencialmente el nivel de la líbido…- Una nueva carcajada de Marisa resonó en el salón -¿Quieres decir que las mujeres estaremos mas cachondas? jajajaja, con las tetas mas grandes y con mas ganas de marcha jajajaja, pues a mi me suena fenomenal este tratamiento- añadió Marisa en tono socarrón. La cara de Juan se tornó mas seria -No es tan sencillo de explicar, nunca se han probado los efectos de un tratamiento así de forma continuada, hablamos de una administración elevada y diaria. Actualmente con la muerte de tantos millones de mujeres hay una desproporción clara entre hombres y mujeres, está aumentando vertiginosamente el número de violaciones y de secuestros de mujeres para obligarlas a prostituirse. Las putas ganan hoy en dia diez veces mas que hace un año. Incrementar de forma brusca el deseo sexual de todas las mujeres en edad fértil puede suponer un cambio social de imprevisibles consecuencias.- -No te preocupes cariño, piensa en positivo, si me crecen las tetas y tengo mas ganas de follar nos vendrá muy bien, la verdad es que los últimos años lo hacemos muy poco. Cualquier cosa será mejor que la expectativa de la muerte- dijo Marisa que se abrazó a su marido de forma cariñosa Juan se abrazó a su mujer, no quiso darle mas argumentos ni hacerle ver las consecuencias que estos podrían tener en una sociedad como la actual con un déficit tan repentino y acusado de mujeres sobre todo en varones de mediana edad. Por ejemplo evitó decirle que la administración elevada de hormonas a una mujer junto con el aumento de líbido, un aumento que podría llegar a ser incontrolable en muchas mujeres dadas las dosis que estaban contemplando, producía también algunas afecciònes en el cerebro, como podía ser la zona del córtex prefrontal donde reside entre otras cosas la fuerza de voluntad. Juan se imaginaba las consecuencias que podría tener si en la sociedad actual las mujeres eran estimuladas sexualmente, de forma artificial, de un modo que no pudiesen controlar y al mismo tiempo su cerebro se veía afectado reduciendo la fuerza de voluntad, la capacidad de decidir por uno mismo de forma consciente, ese hecho era una de las consecuencias que demostraban todas las pruebas realizadas. -Por cierto cariño, tu padre ha llamado, viene mañana, pasará una temporada con nosotros, desde que murió tu madre se encuentra muy solo viviendo en el campo- dijo Marisa a su marido A Juan no pareció hacerle mucha gracia que su padre se instalase en su casa en aquellos momentos, el viejo Agustín, de 70 años, militar retirado, mantenía una vitalidad envidiable, terco como una mula, autoritario, les seguía tratando como si fuesen soldados de cuartel. -Vas a tener que ocuparte tú de él, Marisa. Yo voy a estar muy ocupado en las próximas fechas, mañana se comunicará oficialmente el tratamiento, en 48 horas todas las mujeres en edad reproductiva recibirán el tratamiento hormonal.- -¿Tan rápido? -Si Marisa, no hay tiempo que perder, no se ha hecho público pero hay muchos casos de fallecimientos de mujeres en todas las franjas de edad reproductiva. Hasta que veamos los efectos del tratamiento prefiero que Marga y tú permanezcan en casa.- -Pero Juan, sabes lo apurados que vamos en la empresa. Tenemos muchas bajas de personal y como Directora de Recursos Humanos es mi responsabilidad. Además ni siquiera tengo que salir del complejo, las oficinas están en la planta 22.- -Por favor, ten paciencia unos días, quiero conocer mejor vuestra reacción al tratamiento. Estaré más tranquilo sabiendo que Marga y Tú estáis en casa. Al día siguiente llegó el viejo Agustín, suegro de Marisa, que se instaló en una de las habitaciones de invitados de aquel espléndido piso de lujo.. El gobierno se esforzaba en tener muy cerca a las familias de los investigadores para garantizarse el mayor tiempo de dedicación posible. No se escatimaba en gastos, prácticamente todas sus necesidades estaban cubiertas sin necesidad de salir fuera de aquel monstruoso edificio donde no solo había viviendas, sino centro comercial, cines, oficinas, una pequeña ciudad en vertical. Un día más tarde Marisa y su hija comenzaban el tratamiento, vía wifi su implante neuronal se conectaba a internet y recibía la dosis de hormonas personalizada para cada una en función de su edad, parámetros biométricos, constantes vitales. Era un proceso que en circunstancias normales no debería superar los diez minutos pero dado el colapso de la red global la transferencia demoraba aproximadamente treinta minutos. Durante ese período de tiempo las mujeres conectadas permanecían en un estado latente de somnolencia inducida, relajación, similar al efecto de la anestesia en un quirófano. Marisa y su hija Marga solían sentarse en el sofá del salón para conectarse después del desayuno cuando Jorge, el hijo, se marchaba al centro de actividades juveniles. Juan, su marido, iniciaba la jornada un par de horas antes y no regresaba hasta altas horas de la noche. Por su parte el viejo Agustín aguantaba en la cama hasta media mañana. Esa rutina se repitió durante la primera semana, aparentemente no había ningún efecto secundario por el tratamiento hormonal. Juan regresaba satisfecho por las noches contando cómo se habían reducido drásticamente el número de fallecimientos desde el comienzo del tratamiento. Todo parecía ir de forma satisfactoria de momento. Al octavo día de tratamiento cuando Marisa y su hija despertaron tras media hora de recibir hormonas on-line seguían cogidas de las manos como siempre pero Marga se dirigió a su madre: -Mama, me siento rara, ayer comenzó a picarme mucho ahí abajo, me siento muy excitada, anoche tuve que masturbarme varias veces, no podía dejar de hacerlo. Me quema el chichi.- -Tranquila hija, es por el tratamiento, seguro que se pasa pronto, papá está trabajando en ello. Yo tambien me siento asi, tienes que intentar controlarlo- dijo Marisa que también había tenido que masturbarse varias veces la noche anterior ante la falta de atenciones de su marido, pero se quedo preocupada por el comentario de su hija. Aquella tarde Marga no salió de su cuarto ni siquiera para ver con su abuelo las viejas películas que solían ver los dos sentados en el sofá, abuelo y nieta estaban muy unidos. Marisa se movía sin parar por la casa, se sentía muy excitada, los mismos picores intensos en su sexo que le había descrito su hija. Intentaba controlar sus ganas de encerrarse en el baño para masturbarse pero a medida que pasaban las horas era mas difícil hacerlo, mordía sus labios, juntaba las rodillas, aquel deseo casi necesidad de sexo la estaba matando de ganas por follar. Se dejó llevar por ese deseo y se metió en el baño necesitaba tocarse, correrse, tenía auténtica ansiedad por alcanzar un orgasmo. MARISA EN LA OFICINA Sentada en la taza del WC comenzó a masturbarse compulsivamente y alcanzó con rapidez un primer orgasmo, “joder que ganas tenía de correrme” pensó Marisa cuando de pronto sonó su móvil, era Roberto, su ayudante en el Departamento de Recursos Humanos. -Dime Roberto, ¿que ocurre?- preguntó Marisa -Jefa perdone que le moleste, estamos desbordados, con la situación de emergencia faltan a su puesto de trabajo todas las mujeres, de nuestra empresa dependen gran parte de las infraestructuras tecnológicas que hacen que se puedan suministrar las hormonas on-line. Hay que reestructurar todos los equipos de trabajo o corremos grave riesgo de colapsar el sistema. Le necesitamos Jefa- decía con voz de súplica el voluntarioso aunque inexperto Roberto que se hacía cargo del trabajo que debería estar realizando Marisa. -Tranquilo Roberto, ahora bajo a la planta 22, revisamos la situación y ponemos en marcha un plan de trabajo, no creo que nos lleve mas de dos o tres horas. Espérame ahí, ahora voy.- respondió Marisa segura de si misma, como siempre. La situación parecía lo suficientemente importante como para no entretenerse mucho, por un momento pareció olvidarse de todo y centrar su mente en el trabajo, se concentró un par de minutos, puso la mente en blanco, intento relajar aquellos instintos sexuales que volvían a resurgir después de correrse y salió del baño. En el salón estaba su suegro Agustín, al que le dijo, de carrerilla, sin detenerse, que tenía que bajar a su oficina por un problema urgente y que en un par de horas estaría de regreso. -Esta bien hija, ¿pero ni siquiera vas a cambiarte de ropa?- dijo Agustín al verla salir de casa con la misma ropa. El aire acondicionado funcionaba a tope por culpa de aquel verano sofocante, pero su calentura era tal que toda la ropa le molestaba, se había puesto un vestidito corto rojo, de tirantes, amplio, de escote generoso en el que se marcaban bastante los pezones, se notaba de lejos que no llevaba sostén. Bajo el vestido un diminuto tanga negro, medias negras altas al muslo y zapatos de tacón que llevaba siempre incluso en casa “mas vale muerta que sencilla” se decía una y otra vez cuando le preguntaba su marido, sus medias y sus tacones eran parte de su piel. -No tengo tiempo de cambiarme Agustín, es urgente que baje, tan solo serán un par de horas de trabajo en mi despacho- respondió Marisa, pero ni ella misma entendió aquella reacción, jamás había salido tan provocativa de casa y menos para ir a trabajar. Aquella excitación que sentía era tan fuerte que la hacía comportarse de forma desinhibida, provocativa, su cuerpo le gritaba la necesidad de aparearse, cada poro de su piel pedía sexo, aunque ella en esos momentos no fuese muy consciente de ello. Cinco minutos después estaba en la planta 22, la mitad de las mesas vacías, todas las empleadas mujeres estaban en sus casas, avanzaba con paso firme y decidido, mirando al frente, sin fijarse en nadie, directa a su despacho, mientras una docena de hombres que la vieron entrar no le quitaban los ojos. “Buenos días Señora, buenos días jefa, que alegría verla jefa….” se escuchaba a medida que ella avanzaba por el pasillo central, pero Marisa no respondía a nadie, tenía la mirada fija en el despacho del fondo, el suyo. Cuando por fín lo alcanzó, entró decidida, -Pasa Roberto, infórmame de la situación y cierra la puerta- dijo al verle en su mesa junto a su despacho. Roberto pasó al despacho y cerró la puerta, dejó fuera un murmullo de voces de todos los empleados que estaban trabajando -“¿Habéis visto como ha venido la jefa?, vaya modelazo para pasear por la playa, menudos pitones marca”, decía uno de los mas veteranos. -“Ya te digo, ufff, ha pasado tan rápido que no la he podido ver por delante, pero por detrás joder que culazo marca, con un tanguita que se le clavaba en el culo… que pasada.. “ decía otro. -“¿Creeis que le habrá afectado el tratamiento? se comenta que hay mujeres que están salidas perdidas por culpa de las hormonas”- apuntillaba un tercero -”No lo se, pero te aseguro que como se agache delante de mí y le vea ese culo se la enchufo por si acaso, menudo trasero tiene la jefa. Que a gusto le daba una buena ración de polla aunque luego me despida merecería la pena. Siempre he pensado que ese marido que tiene la folla muy poco” decía otro Mientras tanto Roberto miraba a su jefa con los ojos como platos, no se lo podía creer, siempre tan seria, tan recatada y ahora estaba de pie, detrás de su mesa inclinada leyendo el informe que le había dejado su ayudante con aquel escote que dejaba ver por completo aquellas dos tetas pequeñas pero firmes, tiesas, dos conos con dos pitones que casi se le salían del vestido. Roberto recién licenciado con varios masters, un expediente muy brillante, pero era un chico joven, a sus 28 años había entrado directo como ayudante de dirección gracias a su expediente, pero carecía por completo de experiencia en dirección de equipos de trabajo. Era un joven apuesto, alto, fuerte, deportista y en aquellos momentos con una erección de caballo viendo las tetas a su jefa, permanecía firme sin mover un músculo, en silencio, delante de ella, esperando sus indicaciones, pero había un músculo que no podía controlar, su verga, que presionaba su pantalón de tal modo que parecía lo fuese a explotar. Tras unos eternos minutos en silencio los dos Marisa levantó por fín la cabeza de aquel informe, sus ojos se clavaron en su ayudante, mas concretamente en aquel bulto que marcaba su pantalón, era demasiado para su grado de excitación. -Bien ya tengo claro cómo tenemos que redistribuir el trabajo, tómate nota de lo que tenemos que hacer y encárgate de repartir las nuevas cargas. Roberto tomó nota de las indicaciones y lo anotó todo en la libreta que llevaba en sus manos. -Espera un momento, antes de marcharte tengo que pedirte un favor Roberto. - dijo en tono serio Marisa -Usted dirá Jefe, ¿que quiere que haga?- respondió dispuesto el joven Roberto. -Esas malditas hormonas me están volviendo loca. Necesito que me folles Roberto, tiene que quedar entre nosotros, pero necesito una polla con urgencia- la cara de Marisa era todo un poema mientras lo decía, sonaba a súplica, se mordía los labios, babeaba, juntaba las piernas como si se estuviera meando, -Claro Jefa, lo que usted mande, para eso estamos…- respondió Roberto que no se podía creer aquella petición. Marisa metió sus manos bajo el vestido y se bajó el tanga hasta las rodillas inclinándose sobre el lateral de la mesa, puso el culo en pompa y separó las piernas -¿A que esperas joder? métemela, follame, no aguanto más- suplicaba Marisa Roberto no se lo hizo repetir dos veces, se bajó la bragueta y sacó aquella verga que estaba a punto de reventar su pantalón, grande, gruesa, tiesa como un palo, se colocó entre las piernas de su jefe, apuntó a la raja de aquel coño cuidado, recortado, elegante, suave, jugoso, chorreante de flujo y de un solo golpe la penetró hasta el fondo. Una follada de auténtico empotrador, fuerte, violenta, con ganas, movimientos enérgicos, rápidos, una y otra vez, hasta el fondo y fuera, golpe tras golpe el ruido de dentro comenzó a escucharse fuera. -”¿Estáis oyendo?, se la está zumbando en el despacho”- dijo uno Al momento el grupo de los empleados estaban todos pegados a la puerta del despacho oyendo con nitidez las embestidas y el traqueteo de la mesa. -Sigue, sigue, no pares.. mas fuerte- gritaba Marisa que no podía controlarse Roberto no aguantó mucho mas, saco la verga y se corrió sobre las nalgas de Marisa, una hermosa lechada blanquecina, pastosa, chorretones de semen que se deslizaron por las nalgas y la espalda de Marisa comenzando a gotear en el suelo. -No pares joder… sigue.. quiero más..- decía Marisa no contenta con aquel impetuoso polvo pero demasiado breve para su calentura. -Lo siento Jefa.. yo ya me he corrido.. esto necesita recuperarse. Pero si quiere le digo a otro que pase- dijo Roberto mientras guardaba su polla dentro del pantalón. Roberto se encaminó a la puerta y al abrirla se encontró con el grupo de sus compañeros pegados a ella, lo habían escuchado todo. -Esta cachonda perdida, son los efectos de las hormonas, es como han dicho en las noticias, si es cierto lo que dicen el semen las calma, así que si quereís que os dure cachonda no os corrais dentro- dijo Roberto con total frialdad al grupo de sus compañeros, para aquel engreído novato era toda una hazaña haber sido el primero y se pavoneaba delante de todos mientras los demás le habrían paso. -Ya habéis oído chicos, que nadie se corra dentro, asi la puta de la Jefa nos durará cachonda para todos, venga haced una fila, por orden de antigüedad, de uno en uno, cada cinco minutos entra uno y pasa el siguiente así en una horita nos da tiempo a todos no vaya a ser que venga alguien- dijo el Jefe de sección mas veterano que parecía tener el respeto de todos. La docena de hombres organizaron la fila mientras el primero entraba en el despacho… -Dice Roberto que necesita polla ¿es cierto Jefa?- dijo el primero en tono chulesco nada mas entrar y cerrar la puerta tras él. Marisa permanecía en la misma postura que la había dejado Roberto, inclinada sobre la mesa, ni siquiera se había movido esperando que un nuevo macho entrase para continuar lo que Roberto había dejado a medias. -¿No me ves? ¿A que estas esperando?- respondió Marisa en tono altivo, un tono al que todos estaban demasiado acostumbrados. -No puta no, estoy harto de tus órdenes, de tus humillaciones, de tus aires de señora pija, si quieres polla te la vas a tener que ganar o dejaremos que revientes de ganas sino haces todo lo que te digamos. ¿Me has entendido putón? Aquella voz dominante, el tono autoritario, activaron algo en el cerebro de Marisa, fue como darle a un interruptor, su carácter prepotente se desvaneció como un azucarillo en un café caliente, la dejó en estado de alerta, como esperando una indicación, paralizada, … en modo pausa. -No me gusta que me des la espalda, |Siéntate sobre la mesa| |ábrete de piernas| quiero verte la cara cuando te la meta- Marisa obedeció sin rechistar, se subió a la mesa, se puso frente a su empleado con las piernas completamente abiertas, sus pies y el culo apoyados en el borde de la mesa, su coño completamente abierto y expuesto a la mirada de su empleado. En silencio, sin quejas, sin peticiones por su parte, aquel tono y aquella voz autoritaria parecían haber desconectado su fuerza de voluntad. Ni siquiera su excitación era capaz de superar aquel bloqueo mental que había surgido de repente en su cabeza. -Asi me gusta, que seas una buena perra obediente. Ahora si que puedes pedir que te joda, |Dilo puta| |Di que tienes ganas que te la meta|- dijo el hombre colocado frente a Marisa, con la verga en la mano, dura, firme, esperando ser ensartada en aquel coño tan deseado por todos los empleados. -Jódeme, tengo ganas de que me la metas- dijo Marisa repitiendo las palabras que le habían dicho y el hombre no esperó mas, apoyo la verga en la entrada del coño y en un par de movimientos la calzo hasta la base, comenzando a follarla. Los cinco minutos pasaron deprisa, no tardó en abrirse la puerta y entrar el siguiente ansioso por ocupar el puesto del que la seguía follando. -Aparta, se te han pasado los 5 minutos- le dijo dándole un empujón. -¿Te importa que me quede mirando mientras me pajeo? No me ha dado tiempo a correrme- dijo el primero -Haz lo que quieras, yo no tengo ganas de esperar, el tiempo corre y quiero ser el primero en follarla por detrás- -Espera, mándale exactamente lo que quieres, no se muy bien porqué pero tengo la sensación que obedece órdenes concretas, cortas y sencillas. Creo que tiene que ver algo con la pérdida de voluntad.- dijo el primero mientras no dejaba de pajearse. -Está bien, veamos. Tú, zorra, bajate de la mesa, quítate el vestido y ponte a cuatro patas en el suelo.- ordenó el segundo, viendo que Marisa cumplía exactamente las instrucciones. -Vaya tetas mas ricas, menudos pitones tiene la muy guarra. ¿Te importa que se los sobe mientras me pajeo?- volvió a pedir el primero El segundo lo miraba con cara de pocos amigos, ansioso por encular a su jefa puesta en el suelo a cuatro patas con el culo en pompa y el con la polla apuntando a la entrada del ojete. -Haz lo que quieras, pero no me toques los cojones mas, el tiempo se pasa y quiero metérsela bien, |cállate de una puta vez|- dijo cabreado el segundo comenzando la enculada mientras el otro le sobaba las tetas sin dejar de pajearse. Así fueron pasando los doce durante una hora, mamadas, folladas de coño y culo se fueron sucediendo una tras otra, ninguno se corrió dentro de Marisa que obedecía cualquier indicación que se le decía, fuese la que fuese. Gemía y se retorcía de gusto a cada embestida, incluso tuvo varios orgasmos, pero la excitación de su cuerpo no decaía, al contrario daba la sensación de estar cada vez mas cachonda. Algunos se corrieron sobre su cuerpo, sus tetas y sus nalgas chorreaba semen, varios no consiguieron llegar al orgasmo por la premura del tiempo, terminada la ronda algunos decidieron disfrutar humillandola, haciendo que se exhibiera, adoptando poses obscenas, desfilando como si fuese una modelo en una pasarela formada por las mesas en hilera. Haciendo que se masturbara con las manos y con todo tipo de objetos disponibles en la oficina. Varios comenzaron a grabar videos de estas escenas o hacer fotos de las poses mas provocativas. ”No me lo puedo creer..” era la frase mas repetida por aquellos hombres que seguían siendo sus empleados y ahora la trataban como basura, como un objeto, como una muñeca hinchable o como un robot al que se le pide cualquier cosa. Los que seguían sin correrse quisieron repetir, nadie puso impedimento alguno, comenzaron a follarla de nuevo, esta vez ocupando todos sus agujeros al mismo tiempo, sentada sobre la polla de alguno, enculada por otro y mamando al mismo tiempo. Alguno no debió poder aguantarse en aquella situación y se corrió dentro, a los pocos segundos el efecto milagroso del semen como antídoto a las hormonas hizo su efecto. Marisa recuperó el semblante, su fuerza de voluntad, la razón, había sido plenamente consciente de todo lo ocurrido, sentía vergüenza, asco y al mismo tiempo sabía que su cuerpo necesitaba del semen de un hombre para volver a la cordura, a la razón. -|Basta ya| Dejadme|- grito Marisa, desembarazándose de aquellos hombres, su tono seco, duro, el tono de la jefe de siempre hizo que todos se apartasen. Ella volvió a su despacho, se limpio con unas toallitas como pudo, se puso su ropa y salió de allí, en silencio, sin ser capaz de mirarles a la cara. Habían pasado casi 3 horas cuando regreso a casa, entró con el mismo silencio yendo directamente al baño, necesitaba urgentemente una ducha, limpiarse su cuerpo que frotó con fuerza como si quisiera arrancarse la piel, tardó un buen rato en salir. Su suegro la esperaba en la puerta, no dió ninguna explicación de lo ocurrido, ahora lo único que quería era descansar, su cuerpo estaba agotado, se metió en la cama y tardó casi 6 horas en despertar. ELSUEGRO, LA NUERA Y LA NIETA Su suegro estaba en el sofá como esperando que apareciese, Marisa no soportaba al viejo Agustín, siempre malhumorado, quejoso de todo y por todo, él la trataba a gritos, autoritario, como si su Nuera fuese un vulgar soldado de cuartel. Ella le replicaba siempre como si fuese uno de sus empleados y acababan cada uno por su lado sin hablarse durante horas. Estaba claro que no se soportaban. -Tienes la cocina hecha un asco, mas te vale ponerte a limpiar en lugar de holgazanear en la cama todo el día. ¿Dónde está mi nieta? ¿Está enferma? Es raro que no salga para ver una película como todas las tardes- dijo el viejo Agustín dirigiéndose a Marisa. -No soy una criada. Viene una chica tres veces por semana para encargarse de esas cosas- Respondió Marisa sintiéndose molesta porque su suegro le dijese lo que tenía que hacer y viendo venir una nueva discusión con el viejo mandón. De repente se acordó de su hija, no sabía cómo se encontraba, ¿habría tenido la misma excitación que ella?, lo último que recordaba de ella era la conversación por la mañana cuando le confesó que se había pasado la noche masturbandose. -A mí no me repliques, si te digo que limpies, limpias. Aprende a tenerme respeto.- Espetó Agustín a su nuera con voz seca y seria. Aquella frase dura, seca, directa, de nuevo activó algo en el cerebro de Marisa, ¿se estaba repitiendo de nuevo lo ocurrido horas antes?, tan solo habían pasado unas horas, 7 u 8 horas quizás. De nuevo sentía aquella excitación que le recorría el cuerpo, aquel calor que invadía todo su ser saliendo de sus entrañas. Su cabeza se bloqueaba, como si hubiese perdido toda fuerza de voluntad para oponerse a su suegro. Y de su boca salieron palabras como si fuese una autómata. -¿Que quiere que haga? ¿Que tengo que hacer?- dijo Marisa con voz sumisa El viejo Agustín la miró sorprendido, ¿era su nuera quien había formulado aquellas preguntas?, no recordaba que nunca se hubiese comportado así. Recordó las palabras de su hijo la noche que llegó, cuando se quedaron a solas los dos Juan le confesó sus temores del tratamiento hormonal, entre ellos la posible pérdida de voluntad ¿su nuera había respondido así por el tratamiento?. La observó con detalle, asimilando de nuevo las palabras que había dicho su nuera. -La cocina está sucia, quiero que limpies el suelo y los armarios altos. Esa niñata que viene solo limpia hasta donde le llegan las manos.- El mismo tono seco de voz seria. Una orden clara y directa. -Si claro, ahora mismo lo hago- respondió Marisa con la misma voz sumisa dirigiéndose hacia la terraza para coger la escalera plegable que le permitiese alcanzar los armarios altos de la cocina. Agustín la siguió con la mirada viendo como ella se daba la vuelta y caminaba delante de él. Marisa era una mujer de carácter, acostumbrada a dirigir personas, sería, siempre elegante vestida pero de forma discreta, ni siquiera estando en casa era capaz de desprenderse de sus tacones, sus medias, su falda de tubo casi a la altura de las rodillas, su blusa blanca abotonada casi hasta el cuello. Se había puesto ropa limpia al despertar, una ropa mas acorde a la que solía llevar. El viejo Agustín clavó sus ojos en aquellas nalgas grandes, redondas, rotundas que destacaban en la figura delgada, alta, atractiva de su nuera. A pesar de su avanzada edad a sus 70 años mantenía una buena forma física y seguía disfrutando de generosas erecciones con bastante regularidad pero hacía bastante que no practicaba sexo con ninguna mujer. Circunstancia que le obligaba a masturbarse con frecuencia. Marisa no tardó en volver con aquella alta escalera plegable, gotas de sudor caían por su frente, la blusa blanca se había rozado con la escalera algo sucia y estaba manchada de polvo y sudor. El sudor no era por arrastrar la maldita escalera sino por la excitación creciente que emanaba de su cuerpo, su respiración agitada no podía ocultarla y el viejo Agustín se dió perfecta cuenta. El la observaba fijamente mientras Marisa extendía la escalera y la acercaba junto a los armarios de la cocina. Llevaba un par de paños en una mano y líquido quitagrasas en la otra, intentó subir a la escalera pero la estrecha falda le incomodaba. Sus manos bajaron y se subió la falda lo suficiente para poder ascender por los peldaños, aquellos tacones altos no eran el mejor calzado para subirse a la escalera, aún así consiguió ascender hasta que sus brazos alcanzaron los armarios altos de la cocina. El viejo Agustín se acercó a la escalera, ella parecía ajena a la presencia de su suegro, se afanaba en pasar el paño por los armarios de manera mecánica, parecía un robot al que le das una instrucción. Había subido lo suficiente la falda para que pudiese subir por los peldaños dejando ver sus medias negras hasta medio muslo, sus pies juntos en el peldaño hacían que tuviese las piernas pegadas. Agustín a los pies de la escalera tenía su cabeza a la altura del culo de su nuera. Ella actuaba como si él no estuviera. -Separa las piernas, echa el culo hacia atrás- dijo el viejo Agustín con tono firme. Igual que si de una máquina se tratase Marisa obedeció al instante, sus pies se separaron tocando los extremos del peldaño en el que se apoyaban, flexiono un poco las caderas y echó sus nalgas hacia atrás mientras continuaba pasando el paño por el armario ajena a todo lo demás. Sus piernas se separaron dejando a la vista el final de sus medias negras en la parte alta del muslo, Agustín bajo un poco la cabeza y pudo ver perfectamente por debajo de la falda el culo de su nuera, redondo, macizo, potente, aquella braguita rosa pálido, estrecha, que se ajustaba a su entrepierna, aquella marca de humedad en el centro, perfectamente definida, estaba mojada, no podía ocultarlo. Marisa se paró, el armario estaba limpio, para continuar tenía que bajar y mover la escalera, estaba quieta como si esperase una nueva instrucción, quizás la presencia del hombre producía aquel efecto paralizante al estar en su camino para poder continuar haciendo lo que le había ordenado. Agustín quiso comprobar si era así, dió un par de pasos hacia atrás apartándose de la escalera y vio como ella sin decir nada bajaba de nuevo al suelo, movía la escalera y volvía a subir para continuar limpiando el siguiente armario, sus piernas ahora se separaron sin decirle nada, flexionó el cuerpo y echó el culo hacia atrás, no hubo que repetírselo. Agustín observaba con detalle el comportamiento de su nuera, intentaba comprender cómo funcionaba su cerebro consecuencia de aquel chute brutal de hormonas que la hacía sentirse tan excitada al tiempo que afectaba de forma tan radical a su voluntad y capacidad para gestionar sus decisiones por si misma. El viejo comenzó a darle pequeñas instrucciones para comprobar su grado de respuesta, “para, sube el brazo, bájalo, haz esto o aquello..”, las respuestas eran inmediatas, sin objeciones, sin comentarios, tenían que ser cosas claras, concretas, si él hablaba mucho haciendo la instrucción complicada ella se bloqueaba, se paralizaba o continuaba con la última instrucción. Tras unos minutos así la hizo continuar limpiando al tiempo que le hacía preguntas para que ella respondiese, la palabra funcionaba igual que las acciones, ella respondía de forma escueta, simple, para obtener mas detalles tenía que pedirselos expresamente. -¿Te gusta que tu suegro este en casa?- pregunto por ejemplo Agustín, la respuesta de ella fué un escueto “No”, para ampliarla tuvo que repreguntar. -Dime todo por lo que no te gusta que tu suegro este en casa- -Me hace sentir incómoda, es autoritario, tiene mal genio, me siento observada, tiene la mirada sucia, viciosa, me parece un viejo verde, no me gusta que tenga tantas familiaridades con mi hija, por mucho que sea su nieta tengo la sensación que intenta aprovecharse de ella, he visto cómo la acaricia con disimulo…..- respondía Marisa de forma mecánica sin dejar de limpiar en ningún momento. “Vaya, vaya, así que piensas todo eso, de modo que te hago sentirte incómoda, observada, y tu siempre tan señorona, tan estirada, no entiendo como mi hijo pudo casarse con una pija como tu. Te crees la reina porque todos te tienen miedo en tu empresa como Directora de Recursos Humanos, te gusta verlos humillados, eres prepotente, orgullosa, creida. Estoy convencido que en el trabajo todos te odian, me encantaría escuchar lo que piensan tus empleados de ti.” pensaba Agustín que había vuelto a ponerse junto a la escalera observando la entrepierna de su nuera mientras limpiaba. -| Para |, deja de limpiar- ordenó Agustín, viendo como al instante su nuera dejaba de limpiar y se quedaba quieta con los brazos estirados a lo largo de su cuerpo. -Bajate las bragas hasta las rodillas- ordenó el viejo a continuación viendo como las manos de Marisa se metían bajo la falda tirando de las gomas laterales de sus bragas hasta dejarlas a la altura de sus rodillas que separadas las mantenían tensadas. -Sube mas la falda, quiero verte bien el culo- dijó Agustín viendo como ella la cogía con las dos manos hasta dejarla enrollada en su cintura dejando sus nalgas desnudas completamente a la vista, sin ningún pudor, sin ninguna objeción, nada de protestas, nada de dudas...Desde luego los efectos secundarios del tratamiento eran la fantasía más deseada por millones de hombres en el mundo, una obediencia ciega de las mujeres a cualquier petición de un hombre sea la que fuese y todo ello estando permanente excitada, caliente, dispuesta… Los ojos de Agustín se fijaron ahora en aquel coño desnudo, de escaso vello recortado, muy cuidado, un chocho de lujo, de grandes labios sonrosados, enmarcado por aquellas medias negras altas al muslo y sobre todo aquel culazo, redondo, elevado, firme, nadie podría decir viendo solo el culo que pertenecía a una mujer de su edad. -Abre bien las nalgas con las dos manos- ordenó a continuación viendo como Marisa se apoyaba con su pecho en las barras de la escalera echándose hacia adelante al tiempo que sus dos manos separaban aquellas dos nalgas gloriosas mostrando la entrada del ano, sonrosado, bastante dilatado, parecía que su nuera se dejaba que la jodieran bien por detrás. La escalera se balanceo un poco y Agustín tuvo miedo que terminase cayendo al suelo. -Baja de la escalera- ordenó Agustin observaba a su nuera disfrutando de la escena, decidido a comprobar los límites de aquella obediencia ciega, si existían. -Vas hecha una guarra| Mira como te has puesto la blusa| |Vamos, quitatela| ¿A que estas esperando?- “Este tratamiento es una maravilla” se dijo para si Agustin acercándose a su nuera y poniéndose frente a ella. mientras Marisa dejaba caer la falda en el suelo y se desabotonaba su blusa por completo para terminar en el suelo también. Marisa quedó frente a su suegro en lenceria, zapatos negros de tacón, medias negras, sujetador y braguitas color rosa pálido que seguían bajadas a la altura de sus rodillas. Un dedo del viejo se acercó a los labios de ella… -Lamelo perrita, lamelo…- dijo haciendo que ella comenzase a chuparle el dedo como si fuese la mejor golosina del mundo.-No dejes de chupar el dedo, quiero hacerte algunas preguntas, tú asentiras o negaras con la cabeza Marisa asintió con la cabeza sin dejar de chupar el dedo de su suegro. -¿Estas cachonda? - afirmación -¿Tienes muchas ganas de que te metan una buena verga? - afirmación -¿Mi hijo te folla con frecuencia? - negación -¿Te folla el culo? - negación -Tienes el culo muy dilatado, no me creo que no te follen. ¿Le has puesto alguna vez los cuernos a tu marido? - afirmación -Maldita puta, sacate el dedo de la boca, me vas a contar eso con detalle- dijo Agustín sacando el móvil del bolsillo y activando la grabadora. Marisa permaneció callada, de nuevo Agustín tuvo que reformular preguntas cortas, directas y concretas para obtener las respuestas deseadas.-¿Con quien le has puesto los cuernos a tu marido? ¿Cuantas veces? ¿Con que frecuencia? ¿Un solo hombre o mas de uno?- -Con el director de la empresa, muchas veces, dos o tres veces por semana, solo él hasta hoy que me han follado mis empleados en la oficina- respondió Marisa -Maldita zorra, sabía que eras una puta, seguro que mi hijo te folla poco ¿cuánto hace que no te la mete? Respònde puta|- insistió el suegro. -Hace muchos meses desde antes de la Crisis, no se le levanta, dice que tiene la cabeza en otras cosas- dijo Marisa sin rodeos -Y tu aparentando ser una mojigata, ¿Donde te follas a tu jefe? seguro que el si que te da por el culo ¿es asi?- -En su despacho siempre, cuando todos se van. Me la mete por delante, por detrás, se la chupo, hago todo lo que me pide, soy su perra.- respondió Marisa con total crudeza. -¿Que te atrae de tu jefe? ¿Te lo tiraste para ascender o te obligo?- -Es dominante, me atraen los hombres así, Juan es buena persona pero no me hace sentir como mi jefe, mi marido no tiene carácter.- -¿Te han follado y dado por el culo tus empleados hoy? ¿por eso llevas el culo tan rojo y dilatado? -Si, me han follado todos- respondió sin reparos Marisa. -¿Cuantas pollas te la han metido esta mañana? -Doce, creo.- respondió al instante Marisa -No me extraña que tengas el culo como un abrevadero de patos, joder- comentó Agustín, entre cabreado y sorprendido por la claridad de las respuestas. Marisa respondía como si fuese una autómata, sin expresiones, sin emoción, la mirada un poco perdida, era consciente de todo lo que decía, lo que hacía, pero tenía la sensación como si su voluntad estuviera anulada, apagada. Su mente se activaba con órdenes sencillas, directas, acatándolas de forma mecánica. Sudaba, tenía la respiración agitada, el coño le ardía, el afrodisíaco mas potente del mundo no habría sido capaz de llevarla a un estado de excitación semejante. Le costaba pensar, razonar, un único estímulo comenzaba a ocupar por completo su mente, el deseo terrible de aparearse con un macho. El viejo Agustín no daba crédito a lo que estaba viendo, su nuera en ropa interior delante de él era tan solo un muñeco, una marioneta dispuesta a obedecer cualquier indicación, sin pensar, sin razonar, un robot de carne, real, muy real… -|Quítate el sostén|- Las manos de Marisa buscaron en su espalda el cierre del sujetador para abrirlo y quitárselo sin poner ninguna objeción y tirándolo al suelo. Dos pechos no muy grandes, de forma cónica, firmes, areolas grandes sonrosadas, pezones grandes y muy puntiagudos, ahora duros, prominentes, que no podían ocultar el estado de excitación de la mujer. Las manos de Agustín se lanzaron a manosear aquellos pechos de su nuera, duros, firmes, parecía mentira que fuesen naturales estando tan tiesos mirando al frente pero no había rastro de silicona en ellos. Marisa se dejaba manosear con mirada indiferente, sin poder objeción alguna, al contrario su respiración agitada y sus leves jadeos indicaban el grado de excitación en el que se encontraba. -¿Te gusta que te toque las tetas puta? -Sí- respondió de modo lacónico Viendo la ausencia total de resistencia por parte de su nuera Agustín comenzó a sobarle todo el cuerpo a su antojo, sus manos bajaron al culo de Marisa, amasándolo con descaro, magreándolo a placer, para pasar luego una mano a su coño, metiendo dos dedos dentro, masturbándola, ella comenzo a gemir y no tardó en sacar un chorro de flujo de su sexo, se había corrido en apenas un minuto pero sus jadeos no cesaban, al contrario, parecía que aquello había estimulado más si cabe su grado de excitación. -Estas chorreando como una perra, ansiosa por que te la metan como a una guarra. Vete a tu cuarto, quiero que saques la ropa mas provocativa que tengas, vestidos cortos, minifaldas, transparencias, cualquier cosa que sirva para vestirte como una puta. Espérame allí, yo iré a revisar lo que tienes- Marisa se dió la vuelta, tal como estaba se dirigió a su cuarto dejando su ropa en el suelo en mitad de la cocina -Espera| Recoge tu ropa, llévatela|- dijo Agustín viendo como su nuera se agachaba para recoger sus prendas y ahora si se dirigía a su cuarto con ellas en las manos, desnuda, sus medias y zapatos de tacón eran las únicas prendes. Esa circunstancia parecía no afectarle lo más mínimo. Agustín vio como Marisa entraba en el dormitorio de matrimonio y aprovechó la ocasión para dirigirse hacia el cuarto de su nieta. La puerta estaba cerrada, se escuchaban gemidos dentro, sin pensarlo su mano se apoyó en la manecilla de la puerta y abrió. Sobre la cama, su nieta Marga completamente desnuda abierta de piernas se masturbaba compulsivamente metiéndose los dedos en un coño juvenil completamente ausente de vello. La chica giró la cabeza, vio a su abuelo, pero no dijo nada, no cesó su masturbación, igual que si estuviese estudiando o comiendo, con toda la naturalidad, sin vergüenza, sin sentirse incómoda, … -Marga, |deja de tocarte, levántate|- ordenó Agustín. La chica obedeció al instante, Agustín la observaba, rubia de gran melena rizada como su madre, carita y cuerpo pecosos, ojos azules, boca grande, nariz pequeña. No muy alta, gordita, pechos grandes, algo caídos, bastante mas grandes que los de su madre, areolas y pezones pequeños, nalgas potentes, poderosas que le hacían un culazo grande pero atractivo. Se puso de pie junto a la cama, igual que un soldado de cuartel en la revista matutina, permanecía firme, inmóvil, la mirada al frente sin fijar en ningún punto, como si estuviese mirando al infinito, ajena totalmente al hecho de encontrarse completamente desnuda. -¿Que hacías?- preguntó el abuelo -Tocarme, me pica mucho el chichi, no puedo dejar de hacerlo- dijo ella con naturalidad, indiferencia, igual que si le preguntasen por un plato de la comida. -¿Has tenido sexo alguna vez con un chico? ¿Has follado ya?- preguntó Agustín -No, nunca- respondió al instante con toda naturalidad Agustín recordaba las conversaciones con su nieta las tardes de aquella semana, la chica le había contado que salía con un chico, un amigo especial como ella lo llamaba sin dar muchos mas detalles, Marga era una chica tímida, reservada, siempre se escabulle de aquellas preguntas incómodas cuando su madre se mostraba mas pesada de la cuenta. En aquel mundo actual de tanta facilidad para las relaciones sexuales los jóvenes se iniciaban a muy temprana edad, lo encontraban natural, fácil, placentero, “amigos con derecho a roce” lo llamaban. Pero Marga parecía salirse de esos esquemas era mas parecida a las jovencitas de otra época, asustadiza, vergonzosa y sin embargo ahí estaba completamente desnuda, expuesta ante la mirada de su abuelo que la observaba con detalle y a ella parecía no importarle lo más mínimo. Agustín curioso se decidió a continuar con las preguntas igual que había hecho minutos antes con su nuera, la madre de Marga. -¿Como se llama tu novio?, ese amigo especial que dices que tienes.- -Luis- dijo lacónica Marga -Seguro que Luis te mete mano, se pone cachondo contigo cuando te besa, ¿te toca las tetas Marga? -Si- volvió a responder la chica -Así que no le dejas que te folle, seguro que eso no le gusta, ¿le haces pajas? ¿se la chupas? -Si, sí- volvió a decir Marga -¿Donde? ¿Cuando?, cuéntamelo Marga -En los baños del centro de formación, en los descansos, en el parque, en el centro comercial, cuando estamos solos.- detalló la chica -mmm que rico, y ¿te gusta chuparsela? ¿te gusta hacerle pajas?- -No, no me gusta- dijo sorprendiendo con su respuesta a Agustín -¿Por Qué lo haces entonces? -Luis me gusta, no quiero que me deje, no quiero que eso se lo hagan otras chicas mas guapas. Sus amigos se burlan de mi porque soy gorda- respondió la nieta -¿Sus amigos se burlan de ti? ¿Y el no les dice nada? -Les dice que ninguna chica de clase tiene las tetas mas gordas que yo- -¿Y a ti no te molesta que diga eso? No me parece manera de defender a su novia. -No me importa. Se que es verdad, ninguna chica las tiene mas grandes que yo. -¿Has estado con otros chicos? Además de tu novio quiero decir, ¿otros chicos te han tocado o tu les has tocado? -Si, los amigos de Luis y un profesor.- respondió sincera Marga sorprendiendo con la respuesta a su abuelo. -¿Los amigos de tu novio? ¿y él lo consiente? ¿El lo sabe?- preguntó Agustín sorprendido por aquella respuesta -Si, el les dice que comprueben que son las mas gordas de la clase. Yo me dejo hacer para que siga conmigo.- la cara de Marga reflejaba no solo sinceridad sino desagrado por aquello, se notaba que era consciente que estaban abusando de ella pero no quería decir nada por miedo a perder al único novio que había tenido. -Menudo novio tienes. Te trata como una puta. ¿Y tu dejas solo que te manoseen o les haces algo mas a sus amigos? -Alguna vez Luis me ha pedido que se las toque y a un par que se la chupe tambien. -Vaya con tu novio, menuda pieza está hecho. ¿Y eso del profesor como fué? ¿Que le hiciste? -Solo fué una chupada, un día, para que Luis aprobase un examen. -Menudo chuloputas tienes de novio| -Comprendo. Quiero ver como lo hiciste, arrodíllate delante de mí. Cogete las tetas con las dos manos- Ordenó el abuelo bajándose la cremallera y sacando una hermosa verga, tiesa como un palo. La joven Marga se arrodillo delante de su abuelo, sus manos cogieron aquellas dos hermosas y grandes tetas caídas, intentando abarcarlas con las dos manos al tiempo que las juntaban, cogiéndolas como si las ofreciera, levantó la cabeza y esperó, simplemente esperó. Su abuelo le acercó la verga a sus labios, era grande, mas grande que la de su novio, dura, firme como un palo, bastante gruesa, su glande presionó en la boca. -Abre la boca Marga, quiero que me la chupes como hiciste con ese profesor- ordenó el abuelo. La chica no se lo hizo repetir, abrió la boca y comenzó a chupar con ganas, lamia ansiosa, esforzándose porque aquella verga madura entrase toda en su boca, le costaba conseguirlo. Notó las dos manos de su abuelo cogiendola de la nuca, tirando hacia él hasta que la tuvo toda metida hasta el fondo de su garganta, no la dejó sacarla de nuevo, mantuvo la presión unos segundos, ella sentía como un reflujo subía de su estómago a su boca, tenía arcadas, ganas de vomitar, babeaba mucho. -Uhmm muy bien hija, muy bien, la chupas muy bien, te cabe enterita en la boca, chupasela al abuelo, chupala con ganas, asi, asi, uhmmm que bien lo haces- las manos del viejo Agustín dejaron de presionar la cabeza de su nieta hacia él y dejó que la chica comenzase a chupar con ganas metiendo y sacando su verga una y otra vez de principio a final, desde el glande hasta la base del miembro viril, penetraciones secas, tragandola toda, haciendo que la chica no dejase de babear… La chica se esforzaba en tragarla entera, lo hacía de forma mecánica, sin sentimientos, sin emociones, pero poniendo todo el interés del que era capaz, su cerebro le permitía ser consciente de lo que hacía, pero su fuerza de voluntad totalmente anulada le impedía negarse, una fuerza que no podía controlar la obligaba a obedecer ciegamente cualquier indicación, sin dudarlo, sin titubeos, de manera robótica pero inmediata. -Uhm uhm muy bien hija, muy bien, vas a sacarle toda la leche al abuelo, mmm, sigue, sigue mas rápido, voy a correrme en tu boquita…. mmm mmm si, si, ya toma, tómala toda, trágatela toda… - decía el viejo sin poder controlar la eyaculación en la boca de su nieta. Marga trago hasta la última gota, no fue una gran corrida en cantidad, era una leche espesa, ácida, que impregnó de sabor toda su boca y le costó digerir. La verga se ablandó al instante, volviendo a su flacidez natural, no dejó de lamerla hasta que salió por completo de su boca. -Muy bien hija, muy bien, lo haces muy bien Marga- decía satisfecho el abuelo guardando la verga de nuevo dentro de su pantalón. De repente los gritos de Juan que acababa de llegar a casa sonaron en la entrada, -Marisa, Marga, padre, ¿Donde estais?- -Vístete Marga, es tu padre, algo ocurre no es normal que venga tan temprano- dijo el viejo Agustín saliendo del dormitorio de su nieta. Juan había entrado en el dormitorio de matrimonio viendo a Marisa desnuda sacando ropa de su armario tal como le había ordenado su suegro ajena a los gritos de su marido -Dios mío, tú tambien, |vistete Marisa|- ordeno Juan a su mujer viendo su mirada perdida y que actuaba como un robot, ese era el motivo de llegar tan pronto a su casa. -¿Que ocurre hijo? ¿a que vienen esos gritos?- preguntó el viejo Agustín viendo nervioso perdido a su hijo que salía del dormitorio conyugal. -Es una locura padre, los malditos efectos secundarios del tratamiento. Las mujeres están fuera de sí, ansiosas por tener sexo con el primero que se les pone delante, sin voluntad propia, actúan como robots, el mundo se ha vuelto loco- decía Juan a su padre, desesperado por las consecuencias de aquel tratamiento que él mismo había autorizado. -Y Marga? ¿dónde está? ¿sabes si está afectada también?- preguntó Juan -Lleva todo el dia encerrada en su cuarto, no ha salido de su habitación- dijo Agustín a su hijo sin querer dar mas explicaciones. -Seguro que también está afectada, todas las mujeres que han recibido el tratamiento de las hormonas lo están, a partir de la semana de tratamiento comienzan a aparecer los efectos secundarios, pobre niña, pobre hija mía, yo soy el responsable de esto…- decía Juan echándose a llorar en brazos de su padre. -Tranquilo hijo, tu solo intentas encontrar una solución, no eres responsable de nada- decía Agustín intentando animar a su hijo. En ese momento sonó la puerta de casa, era Jorge, el hijo de Juan que venía con la cara blanca, asustado….-papá, abuelo.. menos mal que estais en casa. Han cerrado el centro de actividades juveniles, nos han mandado a todos a casa, las chicas se han vuelto locas, se comportan de forma muy extraña- Juan intentó calmarse, se abrazó a su hijo, cuando estuvo un poco mas sereno les expuso la situación -el gobierno recomienda que todo el mundo debe permanecer en sus casas, las mujeres actúan como robots, obedecen ciegamente todo lo que se les dice, cualquier cosa y las hormonas les han producido un estado de excitación que no pueden controlar. Están ocurriendo violaciones en masa en cualquier lugar, transportes públicos, centros de trabajo, la situación está fuera de control.- Jorge el hijo ratificaba las palabras de su padre relatando lo que había ocurrido en el centro de actividades, lo que había visto en la tele que transmitían escenas en directo por las calles, en los portales de las casas, en el metro, multitud de mujeres practicando sexo con el primero que se lo pedía, obedeciendo todo tipo de perversiones, haciendo que se desnudaran en cualquier lugar, abusadas y violadas en grupo. Una locura indescriptible. Por ese motivo habían ordenado que todo el mundo fuese a sus casas. -Lo sé hijo lo sé, yo he visto lo mismo por las cámaras de seguridad que hay instaladas en toda la ciudad, lo veíamos impotentes desde el centro de control, no podíamos hacer nada- dijo su padre abatido. -Quizás lo mejor sea suspender el tratamiento, si el responsable de esta locura son las malditas hormonas dejad de sumistrarselas a la población- dijo Agustín, aquello parecía sensato pero Juan le explicó el motivo de no hacerlo. -No podemos hacer eso padre, si suspendemos el tratamiento el virus matara millones de mujeres, quizás sea la extinción de nuestra especie. De momento es lo único que hemos encontrado que frena el virus- -Entonces, ¿Cuál es la solución papá?- preguntó su hijo Jorge -Por su propia seguridad, al menos de momento, todas las mujeres deberán permanecer en sus casas, se está activando un plan de emergencia para abastecer a las que viven solas o sin recursos. Hoy en día está todo informatizado y tenemos identificada a cada persona, donde vive, con quién, etc.- explicó Juan -Si, eso está bien, pero no van a permanecer recluidas el resto de sus vidas en sus casas- matizó el viejo Agustín. -Estamos trabajando en un compuesto que anule ciertos efectos de las hormonas, que las mujeres puedan recuperar su voluntad y reducir el grado de excitación que les producen. Pero de momento solo estamos en pruebas, la base del compuesto es el esperma masculino, hemos comprobado que después de practicar sexo las mujeres recuperan durante unas horas su voluntad y los niveles de excitación se reducen de forma drástica.- dijo resignado Juan -Quieres decir hijo que la única solución para que las mujeres recuperen la cordura ahora mismo es follar como conejos?- preguntó el viejo Agustín a su hijo. -Si, suena grotesco pero es así, la inoculación de semen masculino produce esos efectos, al menos durante unas horas, no es un período fijo, pueden ser de 4 a 12 horas dependiendo de la cantidad y calidad del semen que su cuerpo asimila- explicaba Juan como si estuviese detallando el argumento de una película porno. -Papá esto me parece una pesadilla, dime que no estoy soñando por favor- decía Jorge, el pobre chaval estaba temblando todavía después de lo que había visto aquel día. -Tranquilo hijo, lo solucionaremos, mientras hay vida hay esperanza, fue peor cuando murió la abuela y millones como ella sin poder hacer nada- dijo Juan con voz amable a su hijo. -Una pregunta hijo, ¿el efecto del semen se produce solo con el coito vaginal?- preguntó Agustín -No padre, de cualquier modo que el cuerpo de la mujer lo asimile, da igual si lo traga o si entra vía rectal. Pero con una particularidad, solo es efectivo en el instante de la eyaculación, solo funciona en ese instante, creemos que por las condiciones de temperatura corporal, pero hemos probado inyectandolo y no funciona, ahora mismo no podemos almacenar semen para sumistrarlo a las mujeres, no es efectivo, por eso estamos trabajando todavía en un compuesto que consiga los mismos resultados. Necesitamos solucionarlo con mucha urgencia.- explicó Juan -Bueno imagino que tampoco será tan grave que las mujeres estén en sus casas unos días- dijo Agustín -No es tan sencillo padre, el grado de excitación que han experimentado hoy las mujeres como primer día sabemos que irá incrementándose en los siguientes hasta un grado que puede hacerselo insoportable. Para entenderlo sería como poner una olla de agua a hervir en el fuego, si no apagas el fuego el agua va subiendo de temperatura, no podemos apagar el fuego, pero si podemos añadir agua fría para bajar la temperatura, ese es el efecto que produce el semen en el cuerpo de la mujer. Por ese motivo las mujeres que no tengan sexo y reciban una eyaculación de forma rápida su cuerpo irá aumentando la excitación hasta un límite que posiblemente no puedan controlar- dijo Juan con voz apagada, aquello sonaba a broma pero desde luego de serlo era una broma de muy mal gusto. -Hijo creo que tienes una tarea que hacer ya con Marisa- dijo con voz sería Agustín. -Sinceramente padre, no se si soy capaz, hace mas de un año que no tengo sexo con mi mujer y dudo que ahora por mucho que lo necesite se me levanté, me he tomado ya un par de pastillas azules para lograrlo y de momento nada. La verdad no se que hacer y también está Marga, mi pobre hija, |Dios mío, todo esto es una locura| Tengo que volver al trabajo, solo quería ver que estabais todos bien. Cuidad de las chicas, yo volveré en cuanto pueda- dijo Juan ya mas calmado pero sabiendo que ahora lo primero era su trabajo, de él dependía en gran medida encontrar una solución para aquella catástrofe global. Juan se marchó de casa sin querer ver ni a su mujer ni a su hija, no sabía como actuar con ellas, ¿que hacer?, quizás era un cobarde, pero ahora sabía que estan bien en casa acompañadas por su padre y su hijo, tenía que centrarse en poder encontrar una solución para todas las mujeres. Agustín se quedó con nieto Jorge en el salón de la casa, ninguno de los dos hablaba, aquella situación de pesadilla les desbordaba. -Hijo tendrás que ser fuerte, ya eres un hombrecito, si tu madre o tu hermana nos necesitan tendremos que ayudarles para que se encuentren mejor- dijo abrazando a su nieto. -Abuelo yo no creo que pueda, son mi madre y mi hermana- respondió Jorge imaginando lo que le sugería su abuelo. -Hijo, estas muy desarrollado, eres joven, yo ya soy muy mayor con suerte podría una vez, tu padre ya has oído que no puede, ellas te van a necesitar, ¿prefieres que sea cualquier extraño?, ya oíste a tu padre, se pondrán peor si no lo hacen.- -Abuelo, yo….- el chico no sabía que decir se le hacía un nudo en la garganta solo de pensarlo. -Está bien hijo, seguro que tu padre será capaz de encontrar una solución… pero sigo contando contigo si ellas te necesitan.- El día se hizo largo para Agustín teniendo a su nieto pegado a él todo el tiempo. Por unas horas abandonó las intenciones que tenía con su nuera, Marisa. Marga mas relajada después de recibir el semen de su abuelo dormía plácidamente. A las pocas horas comenzaron a escucharse gemidos que provenían del dormitorio de Marisa, la excitación iba en aumento, no podía evitar masturbarse compulsivamente. Eran altas horas de la noche cuando Juan regreso a casa con cara de preocupación, se le notaba abatido por completo. Necesitaba desahogarse con alguien y su padre le esperaba sentado en el sofá. Jorge, su hijo, hacía bastante rato que se había acostado. -¿Que tal todo hijo? ¿Habéis encontrado una solución?- preguntó ansioso Agustín -La situación se está complicando padre. Hay mujeres que no son capaces de soportar el grado de exci

Autor: mariaruizred Categoría: Fantasías Eróticas

Leer relato »
NARCOSXXX

Sumisión

2019-11-28


Versión de ambos protagonistas sobre una cita a ciegas. Esta es una historia compartida. Cada uno de los dos personajes contaran su versión de lo que ha sucedido y solamente una de ellas será la más próxima a la verdad o ambas mentira. A ti te corresponde descubrirlo. ¿Dirá la verdad Fran?, ¿Irene?, ¿o ambos mienten? en la historia. Todo empieza con la frase publicada en mi perfil en una red social porno. Si te dejara hacer lo que quisieras conmigo, ¿qué harías primero? " Versión de la Historia escrita por Fran Desde el instante en el que recibí su mensaje en el móvil he estado planeando este momento, su mensaje, que no se si recibí por error o fue intencionado decía lo siguiente: " Si te dejara hacer lo que quisieras conmigo, ¿qué harías primero? " Yo le contesté, "Prepararte una sorpresa, ven" Su respuesta no se hizo esperar: "¿Dónde y a qué hora?" Yo no me lo podía creer, o me estaba siguiendo el juego, o creía que estaba hablando con otra persona, porque apenas nos habíamos visto un par de veces. La cité en el Urban GL, un lujoso hotel del centro de Madrid, le pedí que informara de su llegada en recepción, allí le darían instrucciones. A su llegada al hotel el recepcionista le entregará la tarjeta de acceso a la habitación y un sobre con unas instrucciones escritas que ponen lo siguiente: "Ve a la suite que he reservado para ti. Una vez allí ponte la ropa que encontrarás en el armario del dormitorio. Cuando lo hayas hecho llama a mi habitación, el número está junto al teléfono, y te daré más instrucciones." Estoy en la habitación esperando su llamada, espero que no se haya arrepentido, o no le haya surgido nada, se aproxima la hora a la que la había citado, ya debe estar en recepción. Suena el teléfono y es el recepcionista que me avisa de que has llegado, mi impaciencia va en aumento, me miro al espejo, me preparo, me doy los últimos retoques al traje y me siento a esperar que llames. La espera se hace eterna y eso que apenas han pasado diez minutos cuando suena el teléfono de la habitación y oigo tu dulce voz por el teléfono: - Estoy lista, me ha gustado mucho el vestido, es justo de mi talla y los zapatos son comodísimos. ¿Qué tengo que hacer ahora? - Deja la puerta de la habitación entreabierta y espérame en el dormitorio, de espaldas a la puerta y con el pañuelo atado en torno a tus ojos. No hagas nada más. - De acuerdo En cuanto cuelgo el teléfono, me miro de nuevo al espejo y salgo de la habitación rumbo a tu suite, está en la misma planta por lo que no tardo nada en llegar, no quería arriesgarme a que alguien más entrara en tu habitación mientras me esperas. Entro en la suite y cierro despacio, la moqueta amortigua el sonido de mis pasos, llego al dormitorio y ahí estás, sumisa, tal como te he ordenado, con el pañuelo alrededor de los ojos, situada de espaldas a la puerta. Me acerco por detrás, pongo mis manos sobre tus hombros, aparto a un lado tu melena y beso tu cuello. El momento del primer contacto te produce un sobresalto, me esperabas, pero no me oíste llegar. Deslizo mis manos sobre el vestido rojo de seda, acariciando el contorno de tu delgado cuerpo, tus curvas, tus pequeñas tetas, que marcan sus pezones a través de la tela ya que no te he proporcionado ningún sostén para contenerlas. Tus manos buscan mi cuerpo, te agarro las muñecas y te detengo, te susurro al oído: - Tu papel, de momento, es pasivo. Voy a hacerte cosas mientras sigues con los ojos vendados, si algo te incomoda o no lo te gusta solo di "Pasa"; no te voy a golpear ni nada parecido. - De acuerdo. Retomo mi recorrido a lo largo de tu cuerpo, me separo, y comienzo a acariciarte desde puntos aleatorios, provocando cada vez que te todo una ligera vibración de sorpresa en tu cuerpo. Me detengo momentáneamente y voy a buscar algo, un buttplug de acero inoxidable, paso su suave superficie por tus labios, por tus hombros, por tus muslos, vuelvo a tu boca y te pido que la abras, y que lo acaricies con tu lengua. Está frío, pero tu boca enseguida lo calienta, tiene el tamaño y la forma de un gran fresón, la punta se abre paso entre tus labios que se van abriendo a medida que entra hacia la parte más ancha. No sé si habrás adivinado lo que es, pero pronto lo intuirás, mojado en tu saliva lo llevo a tus muslos, y lo deslizo desde las rodillas hacia tus nalgas, con mi mano te empujo la espalda suavemente para que te inclines sobre la cama que está frente a ti. Apoyas las manos sobre las sábanas y yo deslizo hacia arriba el vestido con el plug, dejando a la vista tu hermoso culo y juego con la punta del plug alrededor de tu ano, después de surfear sobre tus labios vaginales y recoger de ellos parte de tu humedad. Finalmente lo deslizo dentro, despacio, hasta el fondo, un suspiro sale de tu boca, una mezcla entre respingo, quejido y gruñido de placer cuando lo sientes encajar con tu esfinter envolviendo la empuñadura. Te invito a ponerte de pie, y de otra caja saco unas bolas chinas de acero, las froto contra tu vientre y voy bajando, masajeándote el abdomen con ellas hasta llegar a la pelvis, todo esto sobre la tela del vestido, ejerciendo una ligera presión; su superficie dura y suave se desliza ahora sobre tus muslos. Al llegar a la rodilla inicio con ellas el camino ascendente, masajeando la piel de la cara interna de tu muslo, hasta llegar a tu sexo, que presiono describiendo pequeños círculos en espiral hasta presionar tu clítoris. De tu boca escapa una vocal, alargada..." Aaaaah" que languidece en el silencio de la suite mientras meto las bolas entre tus jugosos labios y las llevo al interior de tu coñito, visiblemente empapado. Una vez llenos tus orificios con las bolas y el plug te digo al oído: - Ya te puedes destapar los ojos, nos vamos a la ópera y tú llevarás eso puesto todo el rato. Tengo reservado un palco privado en el Teatro Real para que podamos estar solos. Cuando por fin puedes ver de nuevo, ves cómo me acerco a tus labios y nos fundimos en un apasionado beso antes de salir camino del espectáculo. Versión de la Historia escrita por Irene Me sorprendió muchísimo que Fran se pusiera en contacto conmigo a través de esta red social. Fran era un folla amigo mío y ninguno de los dos sabíamos que el otro estaba aquí. Él me había identificado por mis fotos y en cuanto recibí su mensaje que decía: ¿Sabes lo que haría primero?...te observaría con un vestido de seda rojo y los ojos tapados…rápidamente fui a ver su perfil y descubrí que era Fran…ajaja que sorpresa!!!. Como tengo mucha confianza con él, pues conoce todos los detalles de mi cuerpo, le propuse que organizara un encuentro pero que el vestido iba a su cargo…. Él me dijo que me compraría el mejor vestido rojo y los zapatos más bonitos…y una venda negra pero a cambio yo tenía que ser sumisa y seguirle el juego en todo momento. Como le conozco de otras veces y sé que no le va la violencia yo acepte sin ninguna duda…que emoción…ajaja. Me citó a las 8 de la tarde en el hotel URBAN GL. Al llegar al hotel tenía que pedir un sobre, a mi nombre, al recepcionista. Ahí encontraría la llave e instrucciones. Llegue al hotel un poco más tarde de las 8. Había mucho lío en Madrid por la final de la copa de Europa de futbol. Me dirigí a recepción y me dieron un sobre a mi nombre. La verdad es que esa situación me hizo pasar mucha vergüenza pues el recepcionista me miro como si fuera una señorita de compañía además me examino de arriba abajo, vamos que me hizo un escáner corporal. Me senté en el hall de la recepción y abrí el sobre que ponía literalmente: Habitación 17. Ponte el vestido y llámame al móvil. Luego tapate los ojos con la venda y deja la puerta entreabierta. Piensa que a lo mejor no soy yo el que va…puede ser un amigo. Pase lo que pase no te puedes quitar la venda, hasta que yo me vaya, y en ningún momento podemos hablar. Además hay dos entradas para las 22.30 para ir al teatro al palacio de Linares. Subo a la habitación y hay un vestido precioso, rojo, muy escotado sobre la cama. Unos zapatos negros y una venda del mismo color. Voy al cuarto de baño y me desnudo. Me pongo el vestido que me entra como un guante. No me pongo ropa interior. El vestido se ajusta perfectamente a mi cuerpo. Tengo los pezones muy duros y se marcan mucho sobre la seda. Me pongo los zapatos. Salgo a la habitación, llamo a Fran…entreabro la puerta y me pongo la venda. Me quedo de pie de espaldas a la puerta. El tiempo se me hace interminable. Por fin oigo unos pasos y que alguien entra en la habitación. Me asusto y estoy a punto de quitarme la venda. Pero unas manos se posan sobre mi cintura y eso me tranquiliza y me da confianza. Me aparta el pelo y me besa en el cuello. Un beso con lengua…sus manos suben por el vestido hacia mis pechos…me recorre un escalofrío. Agarra mis pezones y me los aprieta. Me da como espasmos de placer, me hace un poco de daño…me los aprieta muy fuerte…pero me gusta mucho. Suspiro profundamente…. Siento como se agacha me sube el vestido y me acaricia el culo….me tumba boca arriba sobre la cama. Me coge el dedo gordo del pie y me lo chupa como si fuera el glande de una polla. Yo me retuerzo de placer… Empieza a subir su lengua por mis piernas…me lame los muslos y a continuación llega a las ingles. Ahí la tortura es máxima. Me lame las ingles durante mucho rato…no termina de ir al coño…me pone muy nerviosa. De repente se para y noto un objeto frio que me toca el clítoris, pienso, no puede ser un consolador pues es como más fino así que deduzco que es un buttplug. Juega con mi clítoris de arriba abajo…yo, al ser multi orgásmica, no paro de tener orgasmos e incluso lloro de placer. Bruscamente me da la vuelta y me pone en posición perrito, de culo. Sin contemplaciones ni miramiento siento como me introduce el buttplug por el ano. Lo mete y lo saca como si me follase... una, dos veces...pierdo la cuenta… Me pone de pies y me abre la boca y me mete el buttplug…yo lo chupo como si hiciera una mamada. Me viene a la mente el pensamiento de si no fuera Fran…quiero quitarme la venda pero el morbo y la excitación me lo impiden…me siento como una puta. El momento es de tanta excitación que me es igual quien este en la habitación. Me abre las piernas y me mete un objeto por el coño…rápidamente me doy cuenta que son unas bolas chinas….aprieto fuertemente la vagina y me vienen otros orgasmos tremendos. Siento como la puerta se abre y se cierra…me asusto y me quito instintivamente la venda. No hay nadie en la habitación…estoy sola. Me tumbo sobre la cama y me masturbo necesito correrme un poco más. Cuando termino y ya estoy más relajada veo sobre la cama un papel que dice: me lleve mí entrada, te dejo la tuya…nos vemos en el teatro…y, por favor, no te quites las bolas. Irene3Ne y Sexticles

Autor: Irene Categoría: Fantasías Eróticas

Leer relato »
NARCOSXXX

Nerdy boy (2-3)

2019-11-24


Una nueva piel Ese fin de semana fue día de ocio, no salí de casa, mis amigas estarían ocupadas y ciertamente el día no era muy bueno para pasear. Desde temprano me dispuse a no hacer nada, me dediqué a ver películas, series y navegar por internet. En esas estaba cuando llegué a una página con ofertas de ropa, así que me perdí visitando los conjuntos, muy bonitos por cierto, y agregando unos cuantos al carrito virtual. Entonces sin planearlo llegué a la sección de ropa interior, pasaba uno por uno los conjuntos y fue en un momento en que el demonio me habló al oído. Observando los conjuntos, me imaginaba como se me verían, fantaseando con las miradas de aquel chico vistiendo esa lencería tan sensual. Deslizando la pantalla llegaba a una sección con conjuntos de una sola pieza, transparentes e increíblemente seductores. Tan solo de imaginarme vistiéndolos me puse un poco nerviosa, pero al imaginarme exhibiéndome a mi alumno simplemente fue demasiado, así que sin dudarlo un poco agregué un par a mi orden de compra. Estaba hecho, había confirmado la compra. Los primeros días de la siguiente semana fueron de total tensión, la ansiedad me estaba matando. No podía esperar a que me llegara paquetería. Mi alumno ya no me miraba con la misma inocencia, ahora me veía temeroso, ansioso, con deseo, como cervatillo esperando el momento para salir huyendo o atacar para defenderse. Por mi parte me la pasé distante, no le dirigía palabra alguna, ni la mirada siquiera. Debajo de aquel escritorio solo se encontraría con unos holgados y estrictamente serios pantalones de oficina. Quería desilusionarlo, deprimirlo, hacerlo perder toda esperanza para que pensara que había sido suerte de un solo día, pero dentro de mí no podía esperar para regresar a aquel juego de miradas, de voyerismo y sumisión en el que lo había envuelto y que me tenía adicta y ebria de poder. Por fin llegaba el día, fue el miércoles por la mañana, estaba a punto de ir a la escuela cuando el repartidor toca la puerta. Llena de alegría recibí el paquete cuando el tipo de la paquetería me extendía el registrador de firmas para que aceptara de recibido. De inmediato firmé y entré para abrir el paquete. Fue un vistazo rápido pues ya tenía el tiempo encima; pude ver los vestidos, las blusas, y por supuesto los tres conjuntos eróticos de lencería. Uno era de dos piezas, un sujetador totalmente transparente con listones encajes y de más adornos tipo corsé. Como complemento una braga tipo cachetero también transparente. Los otros dos eran de una sola pieza, uno de tipo en “V” con transparencias. Y mi favorito, que era un body con pantimedias incluidas, abierta de la parte de la entrepierna y de hermosos detalles. Con esta imagen en mente me fui al trabajo. Ese día estuve muy ansiosa, no me podía quitar de la mente la imagen de mis conjuntos que tantas ganas tenía de exhibir a aquel chico quien al paso de los días parecía resignarse cada vez más. Como pude me contuve y continúe con mi farsa fingiendo total desinterés. El siguiente día, jueves, ya era insoportable, me había probado ya todos mis atuendos y no podía soportar más las ganas de exhibirme debajo de aquel escritorio, pero quise esperar. Quise hacerlo hasta el viernes para así tener el fin de semana próximo y evitar sobrepasarme, quería tener el absoluto control. Era lo que me ponía muy caliente, esa sensación de superioridad, de excitar a alguien a esos niveles y poder hacer lo que quisiese, manteniéndolo a merced de mis gustos y caprichos era completamente adictivo para mí. Esperé hasta el viernes. Ese día desperté desde muy temprano, no podía esperar más, la ansiedad me consumía y no podía pensar en otra cosa más que en lo que sucedería en mi clase. Estaba incontrolable. Terminando de ducharme salí a mi recamara completamente desnuda. Normalmente siempre me pongo una toalla o mi bata, pero ese día no era yo, así que me pasé sin ropa desde el baño hasta mi guarda ropa, sin importar que tuviese que atravesar la sala con las ventanas y cortinas abiertas. No sé si alguien me estuviese espiando, no lo creo, aunque me hubiese gustado mucho. Esa sensación de generar decesos y pasiones a distancia sin que puedan consumarlos me ponía aún más excitada. Me había contenido toda la semana y ya me era insoportable resistirme más, estaba muy caliente Frente al espejo la sexualidad se desbordaba, me encantaba, todas esas horas en el gimnasio para forjar aquel cuerpo había valido la pena, sabía que ningún hombre se me podía resistir. Me puse el primer atuendo de lencería de una pieza y no lo soporté más. Aquel diseño en “V” me enfatizaba la cadera fenomenal, mis tetas encastraban perfectamente en la parte de arriba acentuando mi par de atributos bien parados y firmes. Me toqué un poco, pero me contuve, no quería tirar todo por la borda. Enseguida me puse una blusa abotonada morada y la complementé con una falda muy corta y holgada en color negro. Si, así era, regresarían las faldas por primera vez en la semana, y con ellas las miradas bajo el escritorio. Finalmente me puse un abrigo, el más grande y robusto que tenía y me fui al trabajo. Llegando a la escuela me consumían los nervios, sentía que todos sabían lo que estaba planeando, sufría de paranoia, imaginaba que todos podían verme a través de la ropa. Era muy tonto, lo sé, pero nunca había usado algo así y mi falda era demasiado corta, solo podía cubrirme con mi abrigo el cual no me quité en todo el día. Insoportable Todos me miraban raro, con lujuria y morbo, seguramente preguntándose si traería algo de ropa debajo, por ello me desabroche el abrigo para mostrar mi blusa y mi falda para evitar que me tacharan de exhibicionista. Lo sé, irónicamente lo era, pero no quería hacerlo público. Eso era solo para aquel alumno, de quien sabía, no saldría una sola palabra, aunque quisiera no tenía amigos con quien divulgarlo. Sí, soy terrible. Por fin, llegaba la hora y la clase con aquel muchacho iniciaría. Todo tenía que salir perfecto, no dejaría nada al aire. Lo primero que hice fue ir al baño, quería estar impecable. En el baño de profesores, el cual es muy pequeño ya solo tiene dos plazas para cada sexo, y el lavamanos con dos tarjas. Para mi fortuna no había nadie, así que me quité el abrigo, me acomodé la blusa en mi falda y me puse el abrigo de nuevo. Me arregle el peinado, me retoque el maquillaje y salí temblando de la ansiedad rumbo a mi clase. Una vez más, en aquella vieja bodega que ahora era mi aula de clases. Me senté en mi escritorio haciendo tiempo para que llagaran un poco más de alumnos. Para cuando tomé asiento frente a mi escritorio, aquel joven ya estaba en su sitio, fiel y persistente en el mismo lugar. Le acompañaban otros cuatro estudiantes, con algo de suerte y exagerando un poco, llegarían otras cuatro o cinco personas más. Era una materia horrible. Ahí estaba, de nuevo en posición, y más caliente que nunca. El chico miraba, espiaba entre la madera rota. Yo esperaba. Las piernas me temblaban y la respiración se me entre cortaba, pero tenía que ir lento, la clase aún no comenzaba. Pasados unos minutos que me parecieron horas, daba inicio a la clase, como bien lo sospechaba con nueve alumnos frente a mí. A mí solo me importaba uno a quien intentaba no darle pistas, pese a que no podía evitar mirarle de tanto en tanto su reacción, seguramente trataba de imaginar cómo vestía ese día debajo de mi abrigo. La materia seguía su curso, me apresuré a dejar un trabajo para poder regresar a mi asiento y despejar la pizarra. Terminando de exponer el tema y dejar la actividad que sabía les tomaría algo de tiempo regresaba a mi asiento. Por fin estaba a punto de iniciar el juego del voyerista y la maestra exhibicionista sexy y controladora. Me aproximé a mi silla, me quité el abrigo lentamente asegurándome que me viese hacerlo, lo coloqué en el respaldo de la silla y al inclinarme para posarme en el asiento, le di un veloz tirón a mi falda para hacerla subir hasta mi cintura y no sentarme sobre ella. Estaba hecho, aquel chico me estaría observando, lo sabía, pero no le ponía un ojo encima, me concentraba en mis apuntes aunque no estuviese leyendo nada. Con la cabeza baja y la vista en mi libreta, comenzaba a abrir y cerrar las piernas, despacio, sin mostrar todo de una sola vez. Jugueteaba con mis piernas, cruzándolas una y otra vez, casi no podía soportarlo, sentía como me comenzaba a mojar en cada movimiento. Quería tocarme, realmente lo deseaba. Mientras mis piernas jugaban temblorosas en la privacidad explicita de mi escritorio, yo comenzaba a sudar, poco a poco me calentaba cada vez más a medida de mis piernas debelaban más allá de mis rodillas, pero aquellos movimientos juguetones se hacían insuficientes, quería más. Así que bajé una de mis manos lentamente y comencé a tocarme, de inmediato sentí como mi vagina se dilataba y se humedecía por completo. Quería hacerme venir ahí mismo pero la clase aún no terminaba. Por fin sucedía, después de una larga semana de espera, ahí estaba aquel pobre adolecente muerto de la impresión de verme nuevamente tocándome bajo el escritorio, y yo, luchando por contenerme las ganas de hacerme correr con descaro mientras intentaba disimular lo que sucedía ahí debajo, al resto de la clase. Las sensaciones eran increíblemente placenteras, estaba totalmente perdida en el momento cuando me interrumpe un alumno mostrándome su cuaderno con la actividad realizada y con todas las ganas de poderse ir al fin de tan infame clase. Me estremecí un poco, no lo vi venir, no prestaba atención a la clase, estaba perdida. Cuando se acercó me sobresalté y rápidamente saqué mi mano de mi entrepierna para tomar su cuaderno. Lo revisé, lo califiqué y le dije que podía marcharse. Alegremente, así lo hizo. Uno a uno, los jóvenes alumnos terminaban su trabajo, me lo hacían firmar y se marchaban aliviados. Yo sabía que desde hace tiempo aquel chico ya había terminado, pero no había hecho intento alguno por finalizar. Seguramente quería prolongar el momento, no lo culpaba, no había otra cosa que más deseaba, pero debía ser yo. Debía controlar por completo el juego, era yo la que decidía y no le permitiría tomarse ninguna libertad. No podía pensar ni elegir ninguna decisión que yo no se lo ordenara. Le haría sufrir. Entonces esperé. Mi cuerpo temblaba como nunca, las piernas me titilaban implorándome que las masajeara, que decir de mi coño húmedo como nunca deseoso de mis manos y un buen pene dentro de ella. Pero la sed de poder y sumisión era lo único que importaba. Desde que había experimentado esas sensaciones no podía excitarme con otra cosa. Aquel muchacho debía aprender que era yo la que decidía y otorgaba, el solo podía obedecer y esperar. Si me apetecía hacerlo sucedería y si no, no tendría ningún derecho de suponerlo. Por supuesto que lo quería, lo deseaba y lo necesitaba, pero de alguna forma debía aprender, así que lo hice esperar. Eventualmente mi alumno no pudo fingir más que había terminado aquel trabajo impuesto y sin más remedio se puso de pie para formarse tras el último alumno y entregarme la actividad. Cuando llegó su turno me extendió su cuaderno mirándome a los ojos intentado desesperadamente arrebatarme la mirada. Sin embargo yo nunca le regresé la vista. Fríamente le tomé su cuaderno, se lo revisé y se lo regresé. El pobre se había desilusionado por completo, había terminado con sus esperanzas de llegar más lejos. Era justo como lo que quería, sumiso, cabizbajo y sin más suerte que la que a mí me placiera darle. Regresaba a su pupitre para alistar sus cosas en su morral y salir. Yo esperaba. El pobre tomaba sus cosas y se aventuraba hacía la puerta, lo hacía lo más lento posible, prolongando el momento aunque fuese unos segundos más. Sin duda alguna estaba esperando que lo detuviese, pero quería hundirlo por completo, que abandonara cualquier esperanza. Aguardé en silencio hasta el último momento, justo cuando estaba en la puerta a punto de atravesarla le grité que esperara y le ordené que regresara a su asiento. Un poco dudoso daba media vuelta y sin decir palabra, puso de nuevo su mochila en el suelo y tomó asiento. La dama de negro Pobre, temblaba como gelatina, sudaba y salivaba. Debía creer que la suerte le cambiaría ese día. Pero sufriría como nunca. Sin dirigirle la mirada un solo instante, regresé a mis apuntes repasando las calificaciones del día. No habiendo trabajos que revisar, no existía razón alguna para mantener al chico en el salón, pero eso no me importaba, si en verdad quería estar ahí, debía pagarlo. Su tiempo me pertenecía, ese tiempo que tantos años le había quitado su madre, ahora era totalmente mío. Me encantaba el hecho de separarlo de ella, de arrancarle sus más profundos deseos de hombre a costa de la protección de ella quien bien sabía le estaría esperando en aquel parque a pocas cuadras de ahí. Me levanté sin mirarlo en ningún momento y comencé a desabotonar mi blusa lentamente. Sin prisa separaba botón por botón hasta abrir por completo mi blusa, enseguida la hice deslizarse despacio sobre mis hombros para quitármela, la doblé con toda calma, la acomodé sobre el escritorio y regresé a mi asiento. Ahí aguarde un tiempo con el torso develando aquella hermosa lencería transparente que dejaría ver mi par de pezones tras la delgada tela. No había comunicación de ningún tipo; no le hablaba, no lo miraba, no hacía nada. Tampoco había prisa, sabía que aquel vejestorio de salón nadie se le acercaba, se encontraba fuera del radar, en lo más recóndito de la escuela. Lástima por él si me dirigía la palabra, no tenía derecho de voz ni de voto, pues con el dolor de mi alma me obligaría a terminar con todo. Si tanta prisa tenía, que se largara, pero si iba a estar ahí, sería por mí y para mí. Tras una larga espera sin hacer nada en absoluto más que fingir ocupaciones en mi libreta, mi alumno esperaba sentado pacientemente como niño bueno. Se portaba como todo un buen muchacho. Por fin había logrado alejarlo de su mami, estaba dejando en claro que en ese momento me prefería a mí y eso me hacía sentir increíblemente poderosa, superior y muy, muy caliente. Viendo que se comportaba como quería, decidí premiarlo. Me puse de pie nuevamente y sin cruzar miradas en ningún instante me senté frente a él sobre el escritorio. Ahí por primera vez en todo el día le miré directo a los ojos. Él temblaba, en su mirada se podía observar el miedo y temor pero sobre todo deseo. Sus ojos se calvaban en los míos, pero por supuesto que no podía evitar desviar su mirada a mis pechos, ahora más de cerca podía observar a través de la transparente tela mis pezones erectos color miel tostada. Aun sin decir nada, lentamente abrí mis piernas poco a poco hasta separarlas por completo. Esta vez sin quitarle la mirada ni un instante para observar cada sutil cambio en su reaccionar. Me subí la falda con movimientos lánguidos y pausados hasta develar el resto de mi lencería de una pieza. Mirando como su respiración se hacía tan acelerada y profunda que le hacía tragar grandes tragos de aire por la boca, por fin me toqué como quería hacerlo desde el primer día de la semana. Al fin estaba cumpliendo mi fantasía que tanto tiempo me había llevado fabricar. Estaba ahí, tocándome frente a mi alumno quien paralizado de la impresión, no podía hacer más que observar y esperar cual cachorro bien educado. Justo como lo quería. Entonces me desabroché el traje de los ganchillos que se sujetaban justo en mi entrepierna. El muchacho solo observaba mientras lentamente dejaba mi pálido, húmedo, depilado y brillante coño al descubierto, que ya había dejado mi lencería nueva empapada por completo. Sin poder resistir un solo segundo comencé a masturbarme, siempre con la vista fija, seria y sin expresión en los ojos de mi alumno, quien no me despegaba su mirada de mi vagina mientras la estimulaba a placer. Mis dedos se deslizaban entre mis labios vaginales completamente mojados, producido un chapoteo de lo más excitante, cuando al fin lograba gesticular palabra en mi boca para ordenarle a mi alumno que se pusiera de pie, con voz firme, seductora y completamente excitada al borde del colapso. Le ordené. Él obedeció temblando, mirándome con terror y desesperación. Enseguida le pedí fríamente que se bajara los pantalones. Dudó, pero al ver que no me obedecía, al instante le cerré mis piernas de tajo, las crucé y poniendo mis manos juntas sobre mis rodillas me le quedé mirando seriamente. Si no me quería obedecer, buen tiempo era para que se marchará de regreso con mami, aunque me estuviese muriendo de la excitación por las malditas ganas de hacerme correr de una desgraciada vez. Quizá al ver mi rostro habría deducido mi frustración y enfado, por lo que comenzó a desabrochar su cinturón, desabotonar su pantalón y finalmente bajárselo hasta los tobillos. De inmediato pude ver su pene completamente erecto levantándose como poste debajo de sus bóxers. Nunca me hubiera imaginado que lo tenía así de grande, casi rasgaba la tela de su ropa interior. Aquello me puso todavía más excitada. Enseguida le ordené que se quitara todo. Apenas bajaba su prenda, su largo palo rosado me apuntaba directo a mi coño como animal hambriento y babeante queriendo comérselo. En verdad me moría de ganas por metérmelo hasta adentro y cabalgarlo como zorra de un solo bocado sin importar cuánto me doliera. Pero debía controlarme, el que debía sufrir era él, no yo. Sabía que si yo estaba a esos niveles de excitación, seguramente para él debía ser una terrible y abominable tortura. Sin decir más, separé mis piernas nuevamente y las abrí cuanto mi flexibilidad me lo permitía. Entonces, al separarse mis muslos y labios vaginales, un pequeño flujo escurrió por mi coño derramándose hasta caer al suelo. Realmente nunca había estado tan caliente. De inmediato tomé el delgado hilo de mis fluidos y los restregué en mi clítoris. Estaba al borde del orgasmo, ya nada me importaba, por fin la hora había llegado y me dejaría correr como loca. Regresé mi vista que se había embelesado en mi sexo babeante a los ojos de mi alumno, quien a su vez, no podía separar la vista del increíble espectáculo que sucedía entre mis piernas. Entonces le ordené con voz engarzada completamente extasiada que se masturbara también. Sin dudar un segundo bajó su mano y comenzó a jalársela casi al mismo ritmo que yo me masajeaba mi clítoris. Mientras lo miraba frotando su gran pene con esmero y placer, sentía como mi vagina comenzaba a dilatarse por completo mientras dentro de mí se aglutinaba un enorme orgasmo inminente por explotar en mi vagina. Ya completamente perdida y fuera de cordura, me bajé del escritorio y me acerqué a él, le tomé la mano con la que se estrujaba su miembro y se la llevé hasta mis tetas embarrándome todos los pegajosos jugos de su pene en ellas. Mientras me tocaba, bajé mi mano libre hasta su larga tranca, la sujeté con firmeza y comencé a recorrer mi mano lentamente a lo largo de él. Estaba a punto de agacharme para darle la mejor chupada de mi vida y tragármelo completo, pero en ese momento sentí las espasmódicas contracciones en su miembro que me indicaban que había sido demasiado para el chico. Al bajar la mirada a su tierna extremidad erguida en mi mano, pude ver justo lo que me temía. Aquel pene desfallecía eyaculando con mi palma, mientras el pobre se apretujaba con las manos para recibir su propio semen en ellas, evitando chorrear por todo el piso. En parte había sido mi culpa, lo había llevado a niveles de excitación insoportables, de hecho lo era para mí misma. Había ido demasiado lejos y lo había echado todo a perder. Resignada, di media vuelta a mi silla, tomé mi blusa y comencé a ponérmela sin revelar expresión alguna. Aún abotonándome la prenda, miraba con pena a mi alumno limpiándose con las hojas de cuaderno tiradas en el piso. Después se vistió nuevamente y salió del salón con la mirada baja completamente desdichado. Incontinencia Todavía con la calentura a tope, me acomode mi blusa y mi falda, me puse mi abrigo, lo cerré, y salí de ahí con bolso en mano. Caminé por el oscuro pasillo que conectaba al recóndito almacén/aula con el resto de la civilización en la escuela. Pasé por los baños de maestros y sin pensarlo, entré. Ahí estaba una colega mía arreglándose en el espejo, seguramente restaurando su maquillaje para que sobreviviera la segunda parte del día. La saludé con una gran sonrisa y entré al cubículo del WC. Me senté con la tapa cerrada y la ropa puesta para intentar relajarme. Respiré profundamente y cerré los ojos esperando que me regresara el alma. Pero no pude. Con los ojos en penumbras las imágenes del recuerdo me llegaban vívidas y nítidas a la mente. Podía revivir con claridad el recuerdo del largo, blanco, limpio, rosado y húmedo pene de mi alumno apuntándome como rifle a su presa. Entonces, sin abrir los ojos comencé a tocarme por encima de la blusa metiendo mis manos bajo el abrigo. Estaban duras como nunca, mis pezones erguidos igual que la polla de aquel chico, y mi respiración incontrolable me hacía jadear con la boca abierta, como esperando aún meterse ese jugoso pene para darle una buena mamada. Mientras mis manos recorrían mis senos inmiscuyéndose cada vez más entre los botones de mi blusa tocando aquella lencería, sentía el palpitar fuerte y sonoro de mi corazón bombeando en mi pecho. Lentamente bajé hasta mi falda y sin detenerme metí mi mano debajo hasta mi coño intentando desesperadamente por desabrochar la pieza intima que minutos antes había modelado con descaro frente a mi alumno. Incapaz de hacerlo con una sola mano, me levanté por un momento, me subí la falda y me desenganché la prenda para poderme tocar libremente. De vuelta al inodoro cerrado, abrí mis piernas a su máxima flexibilidad y sin más me ensarté un par de dedos. Fantaseando con el recuerdo de la dura y larga tranca de mi alumno, imaginaba que mis dedos que me hacían el favor por fin, sería aquel pene entrando en mi cavidad mojada. Metía y sacaba los dedos más largos de mi mano, tan profundo como podía, y aunque no era suficiente, aquella sensación me hacía sentir al fin esos placeres que tanto necesitaba, produciendo esos característicos sonidos pegajosos de mis dedos en mi coño chorreante. Sabía que a fuera aún estaría mi compañera arreglándose su peinado, pero no me importó en absoluto, lo necesitaba, ya no lo podía soportar un segundo más, el orgasmo era inminente e insoportable. Entonces, en el recóndito y pequeño cubículo, aceleré los movimientos de mi mano, presionando fuertemente en mi punto de placer al tiempo que mi respiración y jadeos se hacían más evidentes. Poco a poco se me escapaban uno que otro gemido, mientras comenzaba a sentir las contracciones en mi vagina que bombeaban fuertemente desde mi corazón a mi parte más íntima, cuando de pronto sentí al fin, aquel gran orgasmo que se amotinaba en mi entrepierna, explotado fuertemente sin control, entre espasmos que expulsaban todo ese fluido orgásmico que escurría a través de mis dedos, cuando se me escapaba un profundo y agudo grito entre cortado que intentaba capturar con mi otra mano tapándome la boca. Terminando, tras un profundo suspiro con el que relajaba por completo todo mi cuerpo, agradecido por satisfacer las caricias que tanto necesitaba, salí del cubículo del baño. Ahí mi compañera aún se retocaba el maquillaje muy cerca del espejo. Completamente apenada, me acerqué a su lado en el lavamanos restante para enjuagarme mis manos aún impregnadas de mis jugos vaginales. Sin dirigirnos palabra alguna, y en cabida de lo posible la mirada, pude ver con mi visión periférica el reflejo de su rostro en el espejo expresando sofoco, vergüenza y sonrojo. Sabía que habría escuchado todo el espectáculo orgásmico, y que perfectamente tendría en conocimiento lo que acababa de hacer, pero ya no había vuelta atrás, estaba hecho y en verdad lo necesitaba. No me arrepentía, me sentía fresca y aliviada. Si te ha gustado el relato. No te pierdas la primera parte. Que tengas lindas fantasías.

Autor: Erothic Categoría: Fantasías Eróticas

Leer relato »
NARCOSXXX

El mirón

2019-11-22


Hago pasar un momento inolvidable a un amigo de toda la vida que nunca ha tenido una experiencia sexual. Jose, el mirón Desde pequeña voy al colegio con un chico que se llama Jose. El primer año que estuvimos juntos fue en primero de primaria y nos graduamos a la vez en segundo de Bachiller…un total de 8 años compartiendo la misma clase. Por casualidad a los dos nos gustaba la misma carrera universitaria así que nos matriculamos ambos en ella y empezamos otro ciclo de cuatro años como compañeros. Jose era por aquel entonces mi mejor amigo. Era una persona muy tímida más bien feúcho y no salía con ninguna chica. Además nunca había tenido una experiencia sexual. Al contrario yo había salido con varios chicos y aunque no era ninguna experta sabía muy bien de que iba el tema. Yo sabía que gustaba mucho a Jose. Se le notaba lo agusto que se encontraba conmigo. Pasábamos muchísimos ratos estudiando juntos. Él era más listo que yo y la mayoría de las cosas me las explicaba con todo detalle y eso a mí me ayudaba a ir aprobando. Aunque le gustaba nunca se había insinuado a mí y aunque pasaran mil vidas, creo, que tampoco lo haría. Es de esas personas que además de ser muy tímido lleva los sentimientos por dentro y nunca los exterioriza. A mí me daba cierta lástima que con su edad, por aquel entonces teníamos 23 años, nunca hubiese tenido una experiencia sexual, que nunca hubiese visto a una chica desnuda…etc. Era primavera y llevábamos todo el día estudiando en mi casa. Estábamos solos y sin posibilidad de que nadie viniera. Jose, se había volcado toda la tarde conmigo explicándome unos teoremas que me costaba muchísimo entender. Habíamos hecho muchos ejercicios al respecto. Yo le miraba y pensaba pobre Jose como siga así y no cambie, con lo buena persona que es, nunca va a salir con una chica…y me daba pena y hasta remordimientos de conciencia…mi voluntad me decía desnúdate para él y deja que se masturbe observándote….¿qué te cuesta? Pero mi entendimiento me decía…tienes novio…no la líes…que va a salir mal….ajaja….total…que me enrede la manta a la cabeza y la lie…. Me arme de valor…y en un momento determinado le dije. Jose, hagamos una pausa quiero hablar contigo de un tema. No me salían las palabras y estaba muy nerviosa…y excitada. No quería follar con el bajo ningún concepto simplemente que pudiera ver a su mejor amiga desnuda y que se masturbara. Le dije, tal cual, oye Jose te conozco desde hace muchísimos años…eres mi mejor amigo, soy con la persona que más confianza tienes y yo contigo lo mismo, me gustaría desnudarme para ti, por favor no me digas que no. Déjame que me desnude para ti, lo necesito, no lo tomes como agradecimiento sino como cariño, gratitud, amistad…etc. Él se quedó pálido se puso muy rojo pero estaba emocionado. Nos sentamos a una distancia de unos tres metros. Le pedí, por favor, que se masturbara para mi según yo me iba desnudando eso me ayudaría a hacerlo más llevadero…además de excitarme. Era la primera vez que lo hacía y no sabía cómo empezar. Nos miramos varias veces y nos sonreímos mutuamente me acuerdo perfectamente. Me puse de rodillas en el sofá y me quite el jersey. Debajo llevaba una camiseta de tirantes. Me desabroche el sujetador y me lo quite. Se lo eche a los pies a y le hice un gesto, cómplice, como diciendo…vamos sácate la polla y empieza a masturbarte. Se me notaban mucho los pezones en la camiseta, Jose los miraba muy atentamente. Yo le dije…lo dejamos aquí o seguimos….ajaja…él sonrió y me dijo como me dejes así no te hablo más….Me subí la camiseta muy lentamente y mis tetas quedaron al descubierto. Me estire varias veces y sentía como Jose estaba alucinado…le dije…ve despacio no te corras todavía….le pregunte ¿te gustan los pezones? ¿Te los figurabas así?...me acerque a él para que los observara de cerca…y me tire un poco de ellos y me los apreté. Me volví al sofá. Le dije, bueno ahora viene lo mejor…para de masturbarte yo te diré cuando quiero que sigas. Me desabroche el pantalón y me lo quite. Llevaba una braguitas blancas no tanga. Me senté en el sofá con las piernas cerradas y me baje las bragas que también se las eche a Jose. Le dije te puedes quedar bragas y sujetador de recuerdo. Me miraba atentamente deseando que abriera las piernas. Empecé a abrirlas lentamente hasta que por fin le mostré todo mi coño…poco arreglado por aquel entonces. Le pedí que se acercara y se pusiera de rodillas delante de mí. Lo hizo muy rápidamente. Yo puse una pierna en cada uno de sus hombros y le dije…mira me voy a abrir el coño para ti. Lo hice e introduciéndome un dedo le dije…mi vagina….y a continuación me abrí el capuchón del clítoris para que lo viera. Le dije ahora te puedes masturbar hasta correrte observando mi coño abierto. Y de repente Jose me dice: ¿Te puedo pedir una cosa? ¿Qué creéis que me pidió José? © By Irene3Ne

Autor: Irene Categoría: Fantasías Eróticas

Leer relato »
NARCOSXXX

Amigos y amantes

2019-11-18


—No estarías pensando en seducirme ¿verdad? Eso sería muy tonto. —Sí, no, no ¿cómo crees? —Le respondí. —Tu y yo solo somos amigos, siempre te visto así —Me replicó. —Sí, lo sé. Bueno, será mejor que me vaya, ya es tarde —Le dije un poco serio. —No, espera, no te enojes. —No, no es eso, es que mañana tengo que hacer algunas cosas. Me levante y me dirigí a la puerta pero de pronto, Michelle me tomo por la mano. —Ven, no te vayas, vamos a seguir platicando —Me insistió haciendo que regresáramos al sofá. —Mira, para que veas que no soy tan mala, voy a dejar que me toques ¿este bien? —Me preguntó. —No, ¿cómo crees? No necesario —Le respondí. Michelle tomo una de mis manos y la puso sobre su blusa, me quede por un momento ahí, tocándola mientras ella me observaba. Entonces metí mi mano por debajo de su blusa poco a poco y me encontré con su sostén de lencería. Ella sonrió y me dijo: —¿Te gusta? —Sí, claro —Le respondí No puedo creer que quieras acariciarme, solo somos amigos. —Siempre he pensado que eres muy atractiva ¿a quién no le gustaría acariciar a alguien como tú? Michelle sonrió de nuevo, se tomó el cabello y lo coloco detrás de la oreja. Al parecer le gustó lo que dije. Entonces introduje mi mano por debajo de su pantalón. Quería tocar su pantaleta, pero en vez de ello me topé con un poco de su vello púbico. Ella se me quedo viendo y detuvo mi mano. Al parecer solo estaba jugando conmigo, pero ahora no sabía como retomar el control del juego. —No deberías de tocarme ahí ¿sabes? —¿No te gusta? —Le pregunte —Ese es el problema, que me estas excitando —Me respondió un poco seria —Solo déjame tocarte, prometo no pedirte nada más —Bueno, está bien, solo tocarme —Me respondió Nuevamente volví a acariciarle el monte de venus por debajo de su pantalón suavemente. Note que había cerrado los ojos, así que fui un poco más abajo hasta que mis dedos se encontraron con su vulva, la cual ya se sentía húmeda. Sabía que esta noche tendríamos sexo. Michele comenzó a jadear. —No deberías tocarme así Raúl, estás haciendo que me caliente —Me reclamo —Sería algo hermoso para mi hacerte el amor —Le respondí —No Raúl... no, no estaría bien. Solo somos amigos. Siempre seremos amigos. —Me dijo. —¿Sabes? Los verdaderos amigos guardan secretos y comparten cosas —Le dije. Michele se quedó pensando un instante. —¿Guardarías el secreto de que estuvimos juntos? —Me pregunto al tiempo que posaba su mano sobre mi entrepierna —Si, te doy mi palabra. Sera nuestro secreto. Entonces me desabroche el pantalón y deje salir mi pene erecto. Ella empezó a acariciarlo de arriba a abajo suavemente. Michelle volteo a verme y fue entonces que le plante un beso en la boca el cual me devolvió. Después coloque mi mano en su cabeza para indicarle que bajara y al estar cerca de mi pene erecto lo metió en su boca. Sus labios y su lengua me hicieron sentir muy rico. Poco después se puso de pie, se quitó el pantalón pero se dejó las zapatillas. Me sorprendió el tono de su piel, era muy blanca. Se sentó sobre mí, y haciendo a un lado se pantaleta, se introdujo en mi pene húmedo y erecto. Así fue como empecé a tener sexo con mi mejor amiga. —Ah, ahh, si, asi, rico, rico —No dejaba de gemir —Desde que cruzamos esa puerta quería que me comieras completita! —Continúo diciendo Michelle se quitó el sostén. Ella siguió moviéndose de arriba a abajo mientras yo le acariciaba sus nalgas blancas y le besaba los pezones. Estuvimos cogiendo así por rato hasta que Michelle tuvo un orgasmo. Al terminar nos pusimos de pie. —¿Me guardarías otro secreto Raúl? —Si —¿Me harías un perrito?, me encanta hacerlo en esa posición —Si claro Michelle se puso en sus cuatro punto de apoyo sobre el sofá, y aproveche para besar y lamer su vulva, la cual estaba demasiado húmeda. Mientras le hacia el sexo de esa forma, admiraba la belleza de su vulva y labios menores. La tome por la cintura y me introduje en ella suavemente. Poco a poco empezamos a tomar ritmo. Ella comenzó a gemir y en cada uno de mis movimientos ella gemía. Sentí que iba a venirme, así que me salí de ella y empecé a eyacular en su espalda. Michelle volteo a verme y me beso. —Me encanto ¿sabes? —A mi también Raúl, pero por favor no le digas a nadie —Me dijo un poco seria —No, claro que no. Es nuestro secreto ¿recuerdas? —Mira, no sé qué vaya a pasar después de esto entre nosotros ni se si vayamos a volver a hacerlo —Si, no, no te preocupes. Sera mejor que vaya a ducharme ¿nos vemos después? Si claro —Le respondí Como era de esperarse los días siguientes casi no nos vimos hasta que un día me llamo —Hola Raúl, ¿cómo estás? —Bien —He pensado mucho en lo que paso, tu sabes. —Si —¿No le has dicho a nadie verdad? —No, claro que no —Solo quería decirte que me gustó mucho. Lo malo de esto es que ya no nos vemos y te extraño —Yo también te extraño a ti pero no quería incomodarte —¿Por qué no vienes? Al recibirme me dio un abrazo, me invito a sentarme. En un tono un tanto solamente me dijo lo siguiente: —Mira, no sé si estoy lista para una relación formal. —No, no te preocupes. Seguimos siendo amigos como si nada —¿Lo dices en serio? —Si —Me gustó mucho lo que hicimos —Me dijo —Si, a mi también. Si por mi fuera te haría el amor de nuevo Michelle sonrió dudosa. —No, mira, si lo volvemos a hacer no vamos a salir de esto nunca —Por mi está bien que no salgamos de esto nunca Fue así como terminamos de nuevo teniendo sexo, en el sofá, en la cama y hasta en el baño. Cada vez que Michelle me decía que me extrañaba, que quería que nos viéramos para platicar, sabía lo que realmente quería. FIN

Autor: johnsmith2347 Categoría: Fantasías Eróticas

Leer relato »
NARCOSXXX

Mis videollamadas por Skype

2019-11-04


Como un recurso termino convirtiéndose en un vicio... Hola a todos, antes que nada queria agradecerles a todos por los emails y contactos via instagram (@paulakaticastro). Tambien queria comentarles que todo lo relatado es veridico. Nada es inventado. Decidi volcar mis historias aca por una cuestion que si las hice me dan morbo y por supuesto, tambien me da morbo contarlas. Les paso a narrar una hermosa experiencia: Luego de la primer videollamada que realizamos y fue exitosa, la calentura quedo dando vueltas en mi cabeza y en mi cuerpo por supuesto. Nada le mencione a mi marido porque no sabia hasta donde podian llegar sus celos o como habia impactado en él lo sucedido. Pasaron los dias y miradas picantes y comentarios se volvieron cotidianos. Hacia calor, era verano y decidimos ir a un complejo de piletas muy conocido en Bs As, llamado Parque Norte. Llegamos temprano, elegimos un lugar y decidi tirarme a tomar sol antes de meterme al agua. A medida que pasaban los minutos, la gente iba llegando y cada vez habia menos espacio entre la gente. Cerca nuestro se colocaron 2 chicos, aproximadamente de 21 años cada uno. Enseguida le vi la cara a mi marido y pude sospechar que iba a haber accion. Mi marido se fue al agua y yo podia escuchar como los chicos hablaban de las mujeres que iban pasando y claramente comence a imaginarme a ellos opinando de mi y mi cuerpo y me subio cierta excitacion. Me fui al agua con mi marido y entre juego, tonteo y risas le conte lo sucedido. No me dijo nada y seguimos disfrutando del agua, hasta que me dijo que iba a salir. Lo acompañe hasta nuestras toallas y nos tiramos a tomar sol. Yo me puse boca arriba y ahi fue caundo mi marido comenzo a decirme, por que no me achicaba un poco el bikini para quemarme bien las tetas. El hijo de puta lo arremango lo mas que pudo y dejo los triangulos solo tapandome los pezaones. Yo disfrutaba de dar ese espectaculo, mas sabiendo que estaban esos dos chicos ahi y que seguramente estaban viendo. Me di vuelta a tomar sol boca abajo y nuevamente mi marido me pidio que me quemase bien y me achico la tanga lo mas posible. Practicamente me quedo el culo totalmente descubierto. Le pedi que me pase crema a proposito y por supuesto, se digno a darle un show increible a esos chicos. Puse la planta de mis pies apuntandolos y separe las piernas. Mi marido a mi costado tiraba la crema ensima de mis piernas y las frotaba fuertemente. Cuando le toco la parte del culo, no parecia que me estaba dando protector solar, parecia que era un degenerado apretando un culo y que jamas lo habia hecho en su vida. En un momento se avivo y me separo aun mas las piernas y mientras me pasaba la crema me corria un poco la malla, dejando un labio de mi vagina al descubierto a proposito. Yo no cerre las piernas para que los chicos lo noten. El silencio que hubo por un rato largo, fue increible. Yo estaba super caliente y queria sacarme la malla ahi mismo y tomar sol en bolas y que todos me miren. No podia mas de la calentura. Mi marido se colo los lentes de sol y subio la apuesta, me desabrocho la parte de arriba de la bikini con la excusa que no me queden marcas. Al tener las tetas operadas, estas se escapaban por los costados, ya me sentia totalmente desnuda pero me hice la tonta y me hacia la dormida. Pasado unos minutos, mi marido se acerca a mi oido y me dice, "me parece que te estan tomando fotos", saco su celular y haciendo que revisaba algo, filmo a los chicos que claramente estaban apuntando su celular a mi concha y mis tetas y me lo mostro disimuladamente. No aguante mas, me ate la bikini, me pare y le dije que me acompañe a dar una vuelta. Fuimos hasta el estacionamiento, nos metimos en el auto y cuando estaba a punto de garcharmelo, senti unas ganas increible de compartirlo. Saque su celular, prendi skype e hicimos una videollamadas con uno de mis contactos. Ese suertudo fue testigo de uno de los mejores polvos de mi vida, ya que estaba tan mojada que la velocidad con que la pija de mi marido entraba y salia era increible y por supuesto el lente apuntaba directamente a mi concha, le dimos el espectaculo de su vida. Mientras estabamos garchando, puedo leer que la persona que estaba en skype me pide que le chupe la pija a mi marido, no lo dude un minuto, me la saque de la concha y me trague la pija de tal manera que al minuto lo hice acabar en mi boca. Fue hermoso, super caliente y rapido. Volvimos a la zona de las piscinas y nos quedamos hablando. Le conte a mi marido que cada vez me gusta mas esto de las videollamadas y que cada vez tenia mas contactos que me pedian. El me comento que tambien le encataba que me miren y me propuso un juego mas alla de las videollamadas, un trabajo. Me propuso "prostituirme" por skype. Me encanto la idea, porque para sentirme una puta me faltaba hacer eso, cobrar por mi cuerpo y si bien es un precio irrisoria, nos llena de morbo. En el proximo relato les contare nuestra primer experiencia de skype pago. No dejen de seguirme por instagram @paulakaticastro, voy a ir subiendo fotos de los relatos que les paso, comentenlas, y en skype paulakaticastro@gmail.com para quien este dispuesto a comprar esta putita. Gracias por los comentarios, los leo todos aunque no los llegue a contestar.

Autor: paulakaticastro Categoría: Fantasías Eróticas

Leer relato »
NARCOSXXX